Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
17 NOVIEMBRE 2019
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>Editorial

Contra el proceso de centrifugado

Fernando de Haro

La crisis política española que comenzó hace cuatro años ha incrementado la polarización hacia los extremos y el voto en defensa de intereses particularistas. En 2011, antes de que la formación de mayorías estables se complicara, uno de cada siete españoles apoyaba a las dos formaciones que coincidían en la defensa de la Constitución. El espacio de centro lo ocupaba casi todo. En 2015, a pesar de la aparición de los nuevos partidos, de la ruptura del bipartidismo y de la emergencia de una formación de izquierda-izquierda como Podemos, todavía había un 65 por ciento de españoles que optaban por el centro. En los comicios del 10 de noviembre pasado, los resultados muestran una centrifugación de las posiciones. A pesar de la caída de Podemos, ya solo la mitad de los electores (54 por ciento) optan por formaciones claramente constitucionales. El crecimiento de Vox por la derecha hasta llegar a sumar el 15 por ciento de los apoyos y la subida de las formaciones independentistas/nacionalistas vascas y catalanas ha hecho el resto. El sistema electoral y especialmente la estructura de las circunscripciones les ha dado un peso relevante a los partidos regionalistas creados para la defensa de intereses de pequeños territorios. Las causas de la radicalización son múltiples: tienen que ver en una primera fase con la crisis económica, en un segundo momento con el intento de secesión de Cataluña. A lo que hay que añadir el tacticismo y el autismo de los partidos constitucionales, empeñados en gobernar o en liderar la oposición al cualquier precio. La conexión con la sociedad civil no ha llegado a producirse en ningún momento. Las élites políticas han seguido con su propia agenda que ha acelerado la fuerza giratoria.

El Gobierno de coalición que busca el PSOE con Podemos, tras las elecciones del pasado domingo, está pendiente de la abstención del independentismo. Es difícil hacer pronósticos. Pero es previsible que los partidos secesionistas rebajen sus exigencias de una mesa de negociación paralela al Congreso, que supondría una expropiación de las reglas de representación de la soberanía nacional. Lo más probable es que los socialistas acaben haciendo un gesto al independentismo y que eche a andar un Ejecutivo claramente escorado hacia la izquierda. Se dará así la paradoja de que un Podemos minoritario (menos del 13 por ciento del voto) sea el que dé color a las políticas del Gobierno. Eso hará crecer previsiblemente a la derecha-derecha de Vox que ahora está en el 15 por ciento. Es fácil prever que el proceso de centrifugado se acelere. Más aún si se hacen concesiones al independentismo que no estén suficientemente pactadas y asimiladas por los partidos de centro.

En el terreno económico lo previsible es un considerable aumento del gasto público en materia de pensiones y en algunas políticas sociales sectoriales (de dudosa eficacia), así como subida de impuestos, incumplimiento de objetivo de reducción de déficit (2,2 por ciento previsto para 2020), aumento de los costes de la contratación, rigidificación del mercado laboral y estatalismo. Aumentarán las tensiones con Bruselas. Pero el problema no será el aumento del gasto sino que ese aumento no irá destinado a una modernización del tejido productivo.

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Contra el proceso de centrifugado

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El futuro de las religiones

Angelo Scola

Justo después del Concilio Vaticano II, a partir de numerosas investigaciones sociológicas, se empezó a hablar de crisis del cristianismo en el norte occidental del planeta. Incluso se llegó a establecer la fecha de su fin, entre los años 30 y 50 de este siglo.

Dos serían los fenómenos causantes: secularización y descristianización. No podemos entrar aquí a describir, aunque solo sea sintéticamente, estos procesos cuyas consecuencias aún están presentes. Pero podemos dar una idea general. La secularización tiene un doble valor. Por un lado, la separación entre Estado e Iglesia, cuya consecuencia es el dominio de lo político sobre la religión, sancionado en Westfalia (1648), que aún hoy deja notar sus efectos; por otro, el derrumbe de la práctica religiosa.

La descristianización indica un proceso de deculturación de la fe que acaba haciéndola incomunicable y puede ser considerada, aunque no totalmente, como una consecuencia de la secularización de los valores.

Lo que queda del cristianismo según los defensores de estas tesis se puede reducir en ciertos aspectos a ética, cuando no a magia o fábula. En la consideración del cristianismo se ha producido una grave reducción de la persona de Jesucristo y de su historia, de su naturaleza teándrica, de su relación de contemporaneidad (Kierkegaard, 1756-1838) con el hombre y con la familia humana de todo tiempo y lugar. En una palabra, de eso que se solía llamar, de manera un poco abstracta, “sobrenatural”. Por tanto, habríamos entrado en una fase de declive del cristianismo.

Es necesario precisar que este proceso no se puede circunscribir al cristianismo ni a Europa. A causa de la globalización, al menos las grandes religiones, según formas bastante distintas entre sí, han padecido el mismo fenómeno.

Entre fe y religión (cualquier religión) tiene lugar, de hecho, un intercambio provechoso y necesario. Por una parte la fe, en virtud de la estructura simbólica de la realidad, abre una libertad finita a la pregunta sobre la verdad absoluta. Por otra, justo porque esa libertad se sitúa siempre histórica y comunitariamente, la fe misma siempre vive, en cierto modo, dentro de la religión como un hecho de pueblo, caracterizado por ritos, costumbres, tradiciones. Pero toda religión es obligada por la fe a plantearse la cuestión del sentido. Por tanto, la fe posee una pretensión crítica ante cualquier religión porque la urge inevitablemente a pronunciarse acerca de la verdad. Y esa pretensión no es extrínseca a la religión, sino que la exige su propia naturaleza. En consecuencia, la teología de las religiones y el diálogo interreligioso representan una exigencia intrínseca al desplegarse de la fe.

Por ello, queremos ofrecer algunas notas en favor de un futuro para las religiones que pueda valer, al menos en sentido general, para todas las religiones, sobre todo para las clasificadas como mayoritarias: islam, cristianismo, confucianismo, hinduismo, budismo, judaísmo, según el elenco de la Biblioteca pública de Nueva York. La mentalidad europea sigue y seguirá siendo un punto de referencia inevitable, aunque con distinto peso, en todos los continentes y respecto a todas las religiones.

Aquí nos limitaremos a sugerir unas breves notas sobre el futuro del cristianismo en sí y en su relación con las demás religiones, sobre todo con el islam por el peso que este último ha asumido en Occidente desde hace ya unas décadas.

El futuro de las religiones

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La ética en el inicio de la vida

Los próximos días 19 y 20 de noviembre de 16.00 a 20.00 h, organizadas por la asociación ÁPEX de la UCM, se van a celebrar las III Jornadas de Bioética en la facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, que tendrán por título “La ética en el inicio de la vida”, tema que abordarán en distintas ponencias sobre reproducción asistida, contracepción, diagnóstico prenatal, cuidados paliativos perinatales o naprotecnología.

Contará con la presencia de grandes expertos en estos temas como la Dra. Mónica López Barahona (directora de la Cátedra de Bioética Jérôme Lejeune Madrid y directora general académica del Centro de Estudios Biosanitarios), el Dr. José Ignacio Sánchez Méndez (especialista en obstetricia y ginecología y jefe de sección del Hospital Universitario la Paz) o D. Álvaro Ortega, director general de Fertilitas, que participará en una mesa redonda sobre naprotecnología con la Dra. Patricia Alonso, ginecóloga y especialista en naprotecnología.

El objetivo de estas jornadas, al igual que otras actividades organizadas desde esta asociación, es ofrecer formación en bioética en el ámbito universitario. Una bioética basada en la defensa de la dignidad humana, la actualidad científica y la buena práctica clínica.

Estas jornadas están organizadas por la Asociación Universitaria Ápex de la UCM y colaboran: Fundación Jerome-Lejeune Madrid, Fertilitas, Instituto de Bioética de la Universidad Francisco de Vitoria, ABIMAD, Asociación Española de Farmacéuticos Católicos y la Asociación Universitaria de Médicos por la Ética Clínica de la Universidad Autónoma de Madrid.

Para más información http://www.apexbioetica.es

La ética en el inicio de la vida

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>Entrevista a Mikel Buesa

"Por acuerdos como estos, en Francia el Partido Socialista ha acabado siendo marginal"

Juan Carlos Hernández

"La izquierda ha hecho de la política de identidades su única actividad. Ello expulsa al diálogo racional de la acción política y dificulta enormemente la gobernación del país", afirma Mikel Buesa con el que valoramos la actualidad a raíz del pasado 10N.

Tenemos lo que parece un principio de acuerdo entre PSOE y Unidas Podemos. ¿Es un suicidio político de Pedro Sánchez o puede dormir tranquilo el presidente?

No creo que a Pedro Sánchez le quite el sueño el acuerdo al que ha llegado con Podemos. Cumple con su principal objetivo que no es otro que el de permanecer en el poder. Otra cosa es lo que le ocurra en el futuro a su partido. Por acuerdos como estos, en Francia el Partido Socialista ha acabado siendo marginal. Rompe con el consenso constitucional que consolidó la participación del PSOE en la democracia del 78.

Existe una derecha que no considera legítima a la izquierda y una izquierda que tampoco considera legítima a aquella. En el fondo Sánchez y Casado son hijos de esta mentalidad. Incluso en los tiempos más duros del terrorismo muchos criticaron la unión de Mayor Oreja con Redondo Terreros. ¿Habrá pacto algún día PSOE/PP?

No estoy de acuerdo con que el PP considere ilegítimo al PSOE ni viceversa (aunque esto último con matices). El problema está en que la negociación y el acuerdo, salvo para unos pocos asuntos de Estado, no se ha instalado en la cultura política de los partidos españoles (salvo para el PNV). Ello no era necesario cuando imperaba el bipartidismo, pero se ha convertido en imprescindible dentro de la España de la fragmentación. La solución a este problema es cultural y, por tanto, trabajosa y lenta. También podría abordarse este problema desde una reforma del sistema electoral que devolviera la formación de mayorías y dejara fuera de la representación a las fuerzas políticas localistas que cuentan con pocos votos.

>Entrevista a Mikel Buesa

"Por acuerdos como estos, en Francia el Partido Socialista ha acabado siendo marginal"

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El cuadro que deja el 10-N

Miguel García García-Revillo

Salvo las de Tezanos, las encuestas han acertado estos meses de atrás en averiguar las tendencias en el voto de los españoles. También han acertado en el resultado electoral, en líneas generales. Hace unos dos meses marcaban una tendencia distinta, según la cual, en unas nuevas elecciones, el PSOE engulliría a Podemos y el PP se comería a Vox y a parte de Ciudadanos, que ya había certificado su suicidio político con tanto bandazo. Ese era el panorama real entonces. No se equivocaban Sánchez y Casado cuando veían en unas nuevas elecciones un retorno al bipartidismo. Se equivocaron después, al poner en marcha sus maquinarias electorales para conseguir el poder, lo único que parece interesarles desde hace décadas. Su desconexión con la sociedad es muy grande y, por la lectura que han hecho de los resultados, parece que va a más.

Sánchez ha fracasado fundamentalmente por sacar a pasear el cadáver de Franco mientras dejaba a los violentos hacerse con las calles de Cataluña en la peor crisis institucional sufrida por España desde el golpe separatista del 1 de octubre. Desenterrar a Franco, humillando a su familia, no le ha dado ni un voto por la izquierda y le ha dado muchos votos a Vox sin descontárselos al PP, como pretendía. El votante de izquierdas está harto de que le quieran azuzar contra la derecha sacando a pasear los odios generados en una guerra del siglo pasado y una dictadura terminada hace más de 40 años. La izquierda social quiere política, valores, protección social a los enfermos, a los viejos, a los marginados, quiere trabajo, y la izquierda política sólo le habla de Franco. La izquierda social, como la derecha social, quiere también a España, sufriendo como cualquier español la humillación de ver que los violentos se hacen con Cataluña mientras su Gobierno no hace nada, que se insulta y se calumnia a nuestro país y a sus soldados y policías, entregándoles para que los linchen, mientras se afirma cínicamente que se puede dar un paseo con toda normalidad por el centro de Barcelona. Para esto, mejor quedarse en casa y que la casta política se las apañe por sí sola en su lucha por el poder y los privilegios que conlleva. Eso, en mi opinión, es lo que han pensado miles de votantes de izquierda y centro-izquierda en España.

El cuadro que deja el 10-N

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Gracias Albert

Javier Folgado

La Física nos explica que el equilibrio se consigue cuando el sumatorio de todas las fuerzas resulta ser nula. Por tanto, no es una situación estática sino dinámica. Es muy fácil perder el equilibrio, no es difícil perder el centro. Algo parecido le ha podido pasar a Albert Rivera. Es muy complejo llegar a las cotas que alcanzó Ciudadanos en abril en número de votos traducidos en escaños cuando hace años empezaba un partido desde la nada en Cataluña casi literalmente en “pelotas”.

Una vez en las alturas cualquier error puede romper la situación de equilibrio y cualquier caída puede resultar muy dolorosa. Muchos cuando fuimos a votar en abril no quisimos creer que fuera verdad el veto al PSOE o no lo quisimos ver. Nunca se puede contentar a todo el mundo pero fue un error mayúsculo renunciar a su vocación de partida bisagra y querer tomar la derecha “por asalto”. Ahora Rivera dimite, lo cual le honra, y muchos afiliados nos preguntamos si no deberían hacer lo mismo todos los asesores “iluminados” que hace algún tiempo recomendaban dar un giro a la derecha al partido.

Mi madre que no ha estudiado Ciencias Políticas, ni Sociología... pero que tiene la sabiduría que da la experiencia de la vida me decía hace tiempo: me gusta Albert pero le falta experiencia para llegar a ser presidente del gobierno. Como a muchas mujeres de su época, le gusta votar al centro desde aquella mítica UCD o la CDS, y más si el candidato es un buen mozo como Adolfo Suárez o Albert Rivera… porque además no me gustan los extremos, diría mi madre. Al ex líder de Ciudadanos le ha faltado templanza. Hay que saber cuándo merece la pena ser arriesgado y cuando hay que ser prudente.

El problema no es la irrisoria cifra de diez escaños de Ciudadanos, el problema es que la política española se rige por el sentimiento, la confrontación y las políticas “identitarias”… falta una idea de bien común.

Gracias Albert. Con tus aciertos y errores justo es reconocerte una pasión por la política y espero que tus días sean felices porque, es verdad, también hay vida fuera de la política.

Gracias Albert

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La conversión de la Iglesia universal

Antonio Spadaro

El Sínodo panamazónico ha sido como el gran fresco del Juicio universal en la Capilla Sixtina, donde todo se pone ante los ojos de Cristo nuestro Señor: la vida de la Iglesia, la política, la economía, la custodia de la casa común. Un gran fresco donde “todo está conectado”, como dijeron varias veces los padres sinodales, citando la Laudato Si’, todo un punto de referencia en este gran evento, donde la encíclica ha tomado un cuerpo concreto. Ahora empieza un proceso que deberá profundizar en los temas tratados. Ya se pueden discernir ciertos rasgos fundamentales de esta experiencia que quedarán en la vida eclesial. Para empezar enumeraré cinco de ellos.

La Iglesia ha asumido plena conciencia de que su doctrina social se preocupa por la defensa del planeta y que esta colisiona con ciertos intereses políticos y económicos, que en muchos casos urden ataques contra la propia Iglesia y sus pastores. La relación entre el cristianismo y la vida del mundo se ha visto impregnada de un sano realismo, más allá de cualquier ideología, asumiendo finalmente los rasgos de un compromiso decisivo de valor global, fruto siempre del impulso evangélico que requiere una “conversión ecológica”.

Roma se convirtió esos días en un lugar de escucha profunda de experiencias del catolicismo consideradas “periféricas” y de frontera. El enfoque “misionero” se integró totalmente con una valoración de la experiencia cristiana en la Amazonia, significativa y profética para la Iglesia universal. Después de la acción misionera, es necesario que la Iglesia local descubra los rasgos específicos de su propio rostro, para el bien del cuerpo entero de la Iglesia universal.

En este sentido, otro elemento claro ha sido el deseo de la Iglesia de una “conversión cultural”, capaz de dar una respuesta verdaderamente católica a la exigencia de una inmersión plena del anuncio del Evangelio y la liturgia en una cultura concreta, valorando su cosmovisión, sus tradiciones, sus símbolos y sus ritos originarios. Pero de manera que el Evangelio purifique las culturas en que se inserta, madurando por tanto el debate eclesial sobre los ritos locales y la inculturación.

El papel de los laicos –especialmente de la mujer– estuvo en el centro del debate. Obispos y sacerdotes hacen lo que pueden, atraviesan distancias enormes, pero las comunidades viven gracias al compromiso de laicos y laicas. Ante los padres se desplegó toda una Iglesia ministerial que se interrogaba para profundizar en qué significa que la Iglesia está fundada en el Bautismo. Por otro lado, la cuestión de los hombres de fe probada no ha puesto en absoluto en discusión el celibato, sino la escucha del drama percibido por la ausencia de los sacramentos en la vida ordinaria de muchos fieles.

Por último, resulta clara la opción y la “conversión” sinodal de la Iglesia. Durante las muchas horas del Sínodo se escucha mucho y se discute mucho, tanto en el aula como en grupos, y con franqueza, dentro de un discernimiento comunitario comprometido, para el que se invoca la presencia del Espíritu. Así han sido las palabras compartidas por los padres sinodales: abiertas, francas, libres, fieles a la Iglesia, movidas por una urgencia pastoral extraordinaria y compartida. En todos los temas tratados, con el deseo de permanecer en la verdad del Evangelio y construir el mundo a partir de esa buena noticia.

La conversión de la Iglesia universal

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Sánchez se marcha, Casado se abstiene

Lola Martínez

Hay mucho nerviosismo del PSOE. Ayer, después de la Ejecutiva Federal, José Luis Ábalos, secretario de organización, comparecía ante los medios y le reprochaba a uno de los periodistas que no se le reconociera la victoria a Pedro Sánchez. El problema no es que la prensa le reconozca o no la victoria a Sánchez. El problema es que Sánchez reconozca la realidad. Ábalos aseguró que no quiere una gran coalición con el PP y que no quiere contar con los independentistas. Entonces no tendrá investidura. La única posibilidad, si no cuenta con el voto afirmativo de ERC o de Bildu, es sumar a siete partidos: PSOE, Unidas Podemos, Más País, BNG, PNV, PRC y Teruel existe. Y ni siquiera así le sale la suma. Haría falta la abstención de ERC o de Bildu. Y ERC ya ha dicho que no va regalar la abstención como en julio, que hay que hablar de autodeterminación y amnistía.

España no puede ir a unas terceras elecciones. Sánchez tendría que tener altura de miras. Sánchez tendría que saber que hay un verbo que se llama dimitir. Primera persona del singular: yo dimito. Como ha hecho Rivera. ¿Por qué tenemos que dar por supuesto que los políticos como Sánchez solo piensan en ellos mismos? ¿Por qué no podemos exigir a nuestros políticos que piensen en el conjunto del país, en España?

El PSOE no quiere hablar de una gran coalición. Muy bien. Que no haya una gran coalición. Pero el PP, segunda fuerza política, tiene que hacer todo lo que esté en su mano para que no haya repetición electoral. El PP ha pedido que Sánchez dé un paso a un lado. El PP tiene miedo de que Vox le coma la tostada. Es lógico que el PP exija un precio alto por el apoyo. Pero Casado no puede convertir su lucha con Vox en el único criterio. Por encima está el bien del país, por encima está evitar que Sánchez se eche en brazos de ERC. El cálculo de lo que pueda perder por el flanco de Vox no puede justificar que el PP no apoye un Gobierno constitucionalista. Sus electores y buena parte de los electores de Vox entenderían un sacrificio del PP.

Sánchez se marcha, Casado se abstiene

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Un proyecto común desde una historia común

Francisco Medina

Cuentan Anne Applebaum en su libro El telón de acero y Michael Burleigh en Causas sagradas, cómo la llegada de las tropas soviéticas a los países de Europa Oriental en 1944 no hizo sino poner en marcha un proceso más sistemático de creación de frentes populares con miras a conseguir la toma del poder por parte de los partidos comunistas y la formación de Estados-satélites de Moscú como medio para modelar la sociedad. Polonia, Alemania Oriental, Hungría, Checoslovaquia, Rumanía, Bulgaria…Con excepción de Yugoslavia y Albania –que impondrían un comunismo de corte propio–, todos y cada uno de ellos fueron cayendo en lo que el presidente Truman denominaría efecto dominó.

7 de mayo de 1945. Una Alemania que había sido galvanizada y organizada en un proyecto ideológico del Reich de los mil años se encuentra totalmente desarticulada y firma el armisticio que ponía fin a la II Guerra Mundial. El país se encontraba totalmente arruinado; y en los años posteriores se produce el éxodo de miles de personas al interior. Entretanto, en la Conferencia de Postdam, los aliados acuerdan la desnazificación de Alemania. El deseo de Roosevelt de congraciarse con Stalin –y que tanto exasperaba a Winston Churchill– resultó un error de consecuencias incalculables. Pronto toda la Europa del Este caería en manos soviéticas.

7 de octubre de 1949. Tras la crisis de Berlín –que obligó a los soviéticos a levantar el bloqueo– y el control de los partidos por parte del Partido Socialista Unificado (SED), la proclamación de la República Democrática Alemana (Deutsche Demokratischen Republik –DDR o RDA–) como nación soberana es el inicio de un proceso más amplio de división de Europa en dos bloques y del inicio de la Guerra Fría. Se consolida el proceso de totalitarismo de situar al Partido por encima del Estado, cuyos órganos se limitarán a aprobar y ejecutar las resoluciones del SED. En 1950, Walter Ulbricht será elegido secretario general y dirigirá los destinos del país hasta su sustitución por Erich Honecker en 1971. Parecía que la puesta en marcha del nuevo experimento político-ideológico de carácter utópico resultaría sencilla.

17 de junio de 1953. Tras la muerte de Stalin, parecía que Moscú emprendería un cierto cambio de rumbo. En la RDA se da un Nuevo Curso a la política económica, para dar más peso a los bienes de consumo. Sin embargo, el aumento de las cuotas de producción provoca un levantamiento en Berlín Este, aplastado por la Volkspolizei y los soviéticos. Sería el preludio de lo que iba a suceder en Hungría tres años después. La DDR crearía su propio Ejército Nacional y se integraría en el Pacto de Varsovia.

13 de agosto de 1961. La Guerra Fría se aproxima al momento más álgido –con la crisis de los misiles de Cuba– y Khruschev decide tensar la cuerda jugando la baza de Berlín. Walter Ulbricht, cuya doctrina de no aproximarse a Alemania Occidental encerraría a la DDR en sí misma, ordena la construcción en secreto de un Muro que partiría a Alemania en dos. Funcionarios y empleados de la Stasi y miembros del Nationale Volksarmee (Ejército Popular Nacional) acordonan el perímetro que dividía a Berlín Oriental de Berlín Occidental y comienzan a consumar la separación física, política y económica de Alemania.

Un proyecto común desde una historia común

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Salvar el centro

Fernando de Haro

La repetición electoral en España deja un panorama político más fragmentado y radicalizado. Las fuerzas del consenso constitucional pierden peso. Avanza el independentismo catalán y vasco. Avanza una derecha soberanista. Las mayorías son más difíciles y la suma más probable es un “Frankenstein” de partidos que no puede dar estabilidad a gobierno alguno y que alejaría a los socialistas de una política de reformas razonables más necesaria que nunca.

Pedro Sánchez, a pesar de haber ganado los comicios, ha sido el gran derrotado. El líder de los socialistas desde el mes de mayo apostó por una repetición electoral y la convirtió en una suerte de plebiscito, una segunda vuelta irresponsable para obtener un respaldo mayor que en abril. Quería gobernar en solitario (con al menos 150 diputados de los 350 que tiene el Congreso). La nueva convocatoria de las urnas ha supuesto dejar al país sin presupuestos y sin un Gobierno estable que afronte la desaceleración económica y el reto de la situación en Cataluña. Sánchez, empeñado en convertir su agenda personal en la agenda del país, minusvaloró el efecto que tenía una cita electoral a pocos días de la sentencia del Tribunal Supremo sobre el intento de independencia de Cataluña. Era más que previsible una sentencia de condena, era más que previsible que esa sentencia provocase durante un cierto tiempo alteraciones del orden público y reacciones airadas.

Sánchez ha fracasado radicalmente, ha perdido tres escaños y 800.000 votos, después de haber utilizado durante meses los resortes del Gobierno para hacer campaña electoral. No suma votos ni de las formaciones a su izquierda ni de los liberales de Ciudadanos que se desploman. La sentencia del procés le da más fuerza al independentismo catalán en el Congreso. Y, sobre todo, la sensación de inseguridad provocada por los altercados tras el pronunciamiento del Tribunal Supremo provoca una subida récord de la derecha soberanista de VOX que se convierte en la tercera fuerza. Con toda probabilidad, si las elecciones se hubiesen celebrado dentro de un par de años, cuando las cosas en Cataluña hubieran estado más calmadas, las contradicciones internas del independentismo catalán habrían pasado factura a los secesionistas. Tampoco habría subido tanto una fuerza como Vox que recoge un voto enfadado y poco reflexivo. Vox trae a la vida política española un antieuropeísmo hasta el momento desconocido y una criminalización de los inmigrantes basada en noticias falsas. No llega a ser una fuerza de ultraderecha como las que han proliferado en Alemania, Italia y Francia, pero es una expresión más del populismo.

Lo llamativo es que, en estas circunstancias, después de este rotundo fracaso que polariza a la sociedad española, Sánchez no se haya planteado dar un paso atrás o al lado para favorecer un Gobierno de las fuerzas constitucionalistas. Se trataría de un acuerdo entre PSOE y PP porque Ciudadanos, que en las pasadas elecciones aspiraba a convertirse en la segunda formación, es ya casi irrelevante con diez diputados.

En la noche de este lunes, lejos de barajar la posibilidad de una Gran Coalición con el PP, que daría el único Gobierno estable, habló expresamente de un Ejecutivo de “fuerzas progresistas” (la solución Frankenstein).

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Indio americano o cachorro dálmata

Fernando de Haro

Tom Peters es un británico de 32 años que se ha paseado en las últimas semanas por los programas matutinos de televisión explicando que quiere ser un cachorro dálmata. Declara que le gustaría ser reconocido como el primer hombre transespecie, mezcla de humano y de perro. El caso parece el producto típico de un momento de crisis en los medios: las televisiones generalistas luchan con cualquier cosa contra la inexorable caída de audiencia en favor de pantallas y contenidos más segmentados. Las televisiones de siempre intentan evitar su declive con la industria de la nostalgia, la explotación del miedo y los relatos inverosímiles. En cualquier caso, Tom Peters insiste en que, desde hace años, al salir de su trabajo, vive como si fuera un perro, come golosinas para mascotas y pienso para animales. Asegura que lo hace para huir de una realidad que le resulta demasiado gravosa. Es fácil imaginarnos respondiendo a Tom con un largo discurso dedicado a la objetividad de su naturaleza y la belleza de la condición humana. Podríamos leerle el discurso de Pico de la Mirándola sobre la excelencia de la especie a la que pertenece. Pero seguramente no nos escucharía o diría que precisamente lo que está haciendo es responder a la invitación del gran humanista: ha elegido, y ha elegido no ser hombre. Toda esta conversación (no-conversación) sería fácil. Más difícil es comprender por qué Tom quiere ser perro. Más interesante es asumir, acompañar la soledad, el desconcierto, la inquietud que lleva a Tom a ponerse su disfraz canino.

Miguel Ángel Quintana Paz explicaba en un acertado artículo hace unos días lo que nos ocurre y por qué se dan casos como el de Tom. Quintana no es precisamente un tradicionalista que defienda la incuestionable evidencia objetiva de la naturaleza humana. Se dedica a los estudios de género. El filósofo ha dedicado buenas energías en defensa no de la ideología de género, que dice que no existe, pero sí de todos los valores culturales, variables, que junto al sexo determinan la personalidad. Quintana señala atinadamente que vivimos en una época de hiperindividualismo. Podría parecer que este término es contradictorio con el auge de los nacionalismos y de otros tipos de identidades de grupo. Quintana sostiene que son dos fenómenos confluyentes. “¿No vivimos una época en que cada vez más personas se sienten parte de una identidad común y ansían disolverse en ella? ¿No estamos ante un apogeo de los nacionalismos, ante un resurgir de los fundamentalismos religiosos, ante un empeño de todos por fundirse cada cual en su colectivo (las mujeres, los gais, los distintos grupos de inmigrantes, los negros, los pensionistas, los triscaidecáfobos) y olvidarnos allí de que yo soy yo?” –se pregunta el pensador–. Estamos ante “colectivos que elige el individuo: esa es la ironía de nuestros días”. Es lo que está pasando “con el fundamentalismo islámico: a menudo son jóvenes musulmanes los que optan por afiliarse a mezquitas más y más radicales, obedecer a imanes más y más integristas, alejándose así del islam más moderado de sus familias (o del que ellos mismos profesaban poco tiempo atrás). Es una decisión estrictamente individual. También en los nacionalismos podemos observar idéntico fenómeno. Pronto, con el transhumanismo, quizá podamos elegir incluso nuestra especie o en qué soporte (o bien un cuerpo de carne y hueso, o bien unos bits en un superordenador) preferimos vivir”.

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Esperando el #Me Too del islam

Fernando de Haro, Lahore

El comisario del servicio secreto militar me explica con mucho énfasis que en el islam no está permitido que el hombre lleve al descubierto la parte del cuerpo comprendida entre el ombligo y las rodillas. Lo hace levantándome la camiseta y tocándome las piernas. El clérigo de la madrasa (escuela coránica) donde sucede la escena mira al militar con satisfacción. La madrasa en la que hemos estado grabando hasta unos minutos es una de las históricas de Lahore, la capital del Punjab. En sus aulas, sentados en el suelo, con movimientos rítmicos, a gritos, los niños aprenden de memoria las suras del Corán. El interrogatorio del comisario, que nos obligará más tarde a abandonar precipitadamente Pakistán, demuestra quién manda en el país. Da igual que el primer ministro sea de un partido musulmán o un play boy populista. Quien rige los destinos de esta nación de más de 200 millones de habitantes, encrucijada de Asia, es la alianza entre islamismo y ejército que le dio su identidad. El comisario tiene que demostrar al clérigo que hace cumplir la interpretación más estricta del islam y el clérigo presta su apoyo al comisario. Hasta no hace mucho era frecuente en Lahore, la ciudad fronteriza con la India, que los hombres paseasen con pantalones cortos y zapatillas por sus parques. El avance del partido radical Tehreek-e-Labaik ha cambiado las costumbres. Islamismo sobre islamismo, sobre el de Ali Bhutto de los años 70, sobre el del general Zia de los años 80, sobre el islamismo que impulsó Estados Unidos para combatir en Afganistán a los talibanes.

Mientras escucho al comisario predicar se me viene a la cabeza el rostro de Sadaf, una niña de 12 años que horas antes acaba de contarme su historia. Sadaf usa un pañuelo que le cubre la cabeza, viste como una musulmana, o como una hindú. Muchos cristianos del Punjab no se distinguen por su ropa. Son el vivo retrato de lo que decía la carta a Diogneto. Sadaf tiene el rostro severo y la expresión tímida pero enseguida le sale el carácter. Sadaf me ha explicado que una compañera de clase le invitó el pasado mes de abril a pasar una tarde con ella. Después de resistirse durante un tiempo accedió. La invitación fue una trampa para que el hermano de su compañera, Sabtain, la raptara. A Sadaf la drogaron, la trasladaron a Faisalabad y allí Sabtain abusó de ella. Sadaf lo relata todo con aplomo, sin bajar la mirada. Después de la agresión sexual, recibió una instrucción rápida de nociones sobre el islam y fue forzada a convertirse. A la conversión forzada se unió un matrimonio también forzado con un expediente falso. Sadaf no quería ser musulmana y no quería ser una posesión de Sabtain. Así que en un nuevo traslado tuvo el coraje de saltar del autobús en el que viajaba. Huyó y pidió un móvil a una persona desconocida. Consiguió llamar a su padre que fue rápidamente a recogerla. Ahora ha vuelto a ser acogida en su familia. Sadaf, que ya no tiene la mirada de una niña, me explica que ella no quería dejar de ser cristiana.

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Convicciones sin realidad

Fernando de Haro

La miniserie Chernóbil de HBO ha hecho furor. Los cinco capítulos escritos por Craig Mazin y dirigidos por Johan Renck han ocupado el hueco dejado en la audiencia por Juego de Tronos. La pasión por lo sucedido en el reactor nuclear ha generado un extraño turismo de la catástrofe. Chernóbil es mucho más que un desastre nuclear. El accidente de 1986, la cadena de decisiones tomadas, la reacción del poder soviético, la respuesta de los científicos y de la población nos hablan del riesgo de la energía atómica, pero también de la fe y de la realidad, de una realidad negada, y de un pensamiento, de una creencia que construía/construye un sistema contra la experiencia.

Nos atrae la serie porque en estos tiempos de miedo y de incertidumbre refleja las consecuencias de un uso imprudente de la tecnología. Efectos que se prolongan en el tiempo más allá de lo que se puede imaginar. No es solo terror al átomo. La ficción da forma a ese fantasma de la sociedad del riesgo que llevamos en el alma y que puede tener mil maneras de concretarse. El temor está dentro de nosotros y sentimos cierta afinidad por los relatos que alimentan lo que el sociólogo Luhmann llamaba “la extravagante preocupación por las improbabilidades extremas”. Es improbable una invasión de migrantes, una muerte por epidemia generalizada, una violenta guerra en todo el planeta. Pero las distopías cinematográficas que insisten en mundos creados por sucesos de este tipo florecen. La afición que tenemos en este comienzo del siglo por las improbabilidades extremas de destrucción más que por las improbabilidades extremas de ser nos retrata.

Ha habidos algunas críticas que le han afeado a Chernóbil no haber reflejado de modo adecuado cómo funcionaba el poder soviético a mitad de los años 80. Probablemente no se le puede pedir a una serie capacidad suficiente para describir algo que era no solo un conflicto entre la verdad o la mentira, o entre los expertos y los burócratas. Los privilegios de las autoridades, la escasa estima por la vida humana y el abuso del Estado marcaron la reacción a la crisis. Pero el caso Chernóbil es más que todo eso. Es el momento en el que se hace evidente el choque entre la fe del hombre soviético y la realidad. Por eso es tan actual. Y por eso hay que volver a la lectura de Voces de Chernóbil. Con el imponente mosaico de testimonios que construye Svetlana Alexievich, en la que aparece la vida real, el amor, el sufrimiento de los que vivieron el accidente y de los que trabajaron cerca de la central, se comprende por qué, como dice uno de los protagonistas, lo ocurrido sirvió para “aprender a decir yo”.

El monólogo de Marat Filipovich, ex ingeniero del Instituto de Energía Nuclear, refleja el sistema de “doble verdad” en el que se vivía y que se parece, a pesar de que estamos en sociedades libres, al nuestro. El problema era la fe, una fe sin base alguna en la realidad.

Convicciones sin realidad

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>Editorial

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

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>Columna derecha

>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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