Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
25 SEPTIEMBRE 2017
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>Editorial

Cataluña ante el gran desafío

Fernando de Haro

Faltan pocos días para el referéndum secesionista en Cataluña. Una de las voces que con más sensatez se han pronunciado en las últimas horas ha sido la de Joan Manuel Serrat. El cantautor catalán, exiliado durante unos años en la época de Franco, partidario del derecho a decidir, ha criticado la consulta convocada para el próximo domingo. La considera “poco transparente”, apoyada en una ley catalana que se ha aprobado sin discusión alguna y a las espaldas de la oposición. “Votar sí, pero no así”, ha venido a decir. Pero quizás lo más interesante de lo que ha señalado Serrat es que “en Cataluña hay una fractura social que tardará mucho tiempo en superarse”.

La convocatoria y el mantenimiento de la convocatoria del referéndum en Cataluña, también la respuesta que se le está dando, es una muestra estrepitosa de cómo aquellos valores y evidencias que sustentaban la democracia –los dábamos por adquiridos para siempre– se han disuelto de forma silenciosa. La evaporación de esas certezas ha seguido un proceso casi inadvertido, las consecuencias están formando un gran escándalo.

Justificar la violencia o no querer verla, pensar que el proyecto en el que uno cree debe salir adelante cuando la mitad de la sociedad no lo comparte y exigir su materialización cuando está en contra de las leyes y de las instituciones… todo eso supone que convencimientos que fueron elementales se han esfumado. No hacer daño, aceptar con realismo los límites del marco constitucional, primar en política la paciencia que exige el tiempo sin sucumbir a las urgencias del espacio, no convertir la mayoría en la regla única de la convivencia… eran algunas de las certezas cívicas que se han derrumbado. También ha desaparecido la evidencia de que la sola ley, por mucho que se insista en ella, no puede fundamentar la democracia.

Pero de todas las evidencias elementales, la que más ha sufrido es la que reconoce en el otro, piense como piense, sienta como sienta, a un compañero de camino. A eso es lo que apunta Serrat con inteligencia. A las conversaciones censuradas mientras se almuerza en familia, a la renuncia al esfuerzo por relatar aquello que se desea y en lo que se cree, al ruido atronador de discursos cerrados, al no escucharse. Para vivir hay que estar callado. Y mientras calla la voz de la vida solo se siente el parloteo de los aparatos. Casi todas las heridas se pueden cerrar, siempre y cuando los miembros de una sociedad mantengan una estima por el que consideran diferente. Sin la experiencia que los españoles hicieron durante la Transición y los europeos tras la II Guerra Mundial, se mira con recelo, con miedo al otro y surge la pretensión de eliminarlo cívicamente porque se piensa que resta algo. Una identidad madura, segura de sí misma –que es lo que falta– convierte la relación con otro en una ocasión.

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Cataluña ante el gran desafío

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  14 votos

 

Desafío independentista en Cataluña, ¿la hora de la fuerza?

Francisco Pou

Hay en la “cuestión catalana” una cuestión de método: unos hablan del corazón, las leyendas y la fuerza de la calle (son realidades) y otros de normas jurídicas y procesales, realidades también. E imperativas. No se encuentran. Los dos tienen razones. Y todo es una sinrazón. Si una desavenencia matrimonial, como solución, se envía a un juez para dirimirla, el método, el jurídico, ya define la expulsión del diálogo y el afecto, por mucha razón jurídica que se tenga. El hombre es un animal político, y necesita respuestas políticas también.

Hoy en Cataluña ya no hay razones, sólo cacerolas, policías e “y tú más”. Va a costar lo suyo reponer la fractura social. Las Fuerzas Pesadas del Ejército español, la antigua legendaria Brunete, tiene un curioso lema: Cañones, Corazas y Corazón. Hasta la secular experiencia castrense tiene su sabiduría. Si no se conquista el corazón puede haber victorias de fuerza, pero pierde el hombre. Perdemos todos.

Puede ser una comparación muy darwiniana, pero la actitud excluyente del mono que se considera diferente y envía a cada uno “a su árbol” está lejos de la condición humana, que del árbol y la cueva pasa a construir aldeas, ciudades, pueblos y naciones. Con el imperio de la ley, sí, pero cautivando corazones. Va a hacer falta mucho tiempo, pero hay que empezar ya.

Desafío independentista en Cataluña, ¿la hora de la fuerza?

Francisco Pou | 0 comentarios valoración: 4  7 votos

En Cataluña hará falta la política que no ha habido

Fernando de Haro

A pesar de las detenciones y de la incautación de material electoral, Puigdemont quiere que el 1 de octubre se vote. Como sea. Quiere referéndum a toda costa. Aunque haya pocas urnas, aunque la participación sea menor que en la del 9-N. ¿Significa eso que está decidido a proclamar la independencia el mismo domingo o el 2 de octubre? No parecería razonable, pero hace tiempo que el president de la Generalitat no se comporta de forma razonable.

Las detenciones de altos cargos practicadas por el titular del juzgado número 13 de Barcelona, Juan Antonio Ramírez Sunyer, le han venido al pelo a Rajoy. La estrategia del presidente del Gobierno no es reducir a cero la consulta, objetivo que es imposible. Urnas aparecerán y votantes habrá. El objetivo de Moncloa ha sido y es, sin recurrir a una suspensión formal de la autonomía, hacer materialmente muy difícil el voto. De modo y manera que no se puedan ofrecer cifras serias de participación, que “la cosa” del 1 de octubre no tenga visos de seriedad y que a todos sea evidente que han ido a depositar su papeleta menos de esos dos millones que se movilizaron en 2014. De ahí el control de las cuentas. Seguramente no va a cerrar todos los colegios o pseudocolegios electorales que se abran el día 1, y hará bien. No tiene sentido que la Guardia Civil persiga urnas de cartón. Pero las detenciones sirven, diez días antes de la fecha señalada, para lanzar un aviso de que el Estado va en serio y para tener controlados a los organizadores del referéndum. La única duda es si la lógica búsqueda de una respuesta proporcional se ha visto sobrepasada por la actuación judicial. Hay un cierto sector de la opinión pública de Madrid que lleva años sin hablar con un catalán y que quiere mano dura, pero Rajoy hace bien en no dar más pretextos al victimismo. Las detenciones se han hecho con mucho tiempo: las protestas en las calles, incluidos los incidentes de violencia contra la Guardia Civil, van a necesitar mucha moral para mantenerse vivas. Solo dentro de unos días sabremos si los arrestos ordenados por el juez y las reacciones de los radicales van a movilizar o disuadir a los independentistas no radicales.

Si no se produce esa movilización masiva, el Gobierno va a conseguir, lo tiene en parte conseguido, que la consulta no tenga entidad. Y habrá vencido. Otra cosa es que consiga convencer. Convencer a los independentistas no radicales de que es un disparate seguir a Puigdemont por el despeñadero. Si Puigdemont se empeña en “subirse al balcón” para proclamar la independencia, después de una consulta convertida en una pantomima y después de una semana larga de actos violentos de la borroka catalana en la calle, será fundamental que los independentistas y nacionalistas con sentido común, que no son pocos, lo abandonen. Porque si hay proclamación de la independencia, entonces sí habrá que aplicar el 155 de la Constitución y suspender la autonomía. Y sería un desastre tener que tomar esa medida con más del 40 por ciento de los catalanes en contra.

En Cataluña hará falta la política que no ha habido

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  19 votos

La "conversión" de Turquía prepara el fin del Isis

P.R.

El 23 de enero de 2016 el New York Times publicaba un artículo que revelaba el nombre codificado de la guerra multinacional secreta de la CIA en Siria. El plan se llamaba Timber Sycamore. La elección de este nombre encontraba su significado en la intención de “plantar” a los rebeldes en Siria como sicómoros, árboles caracterizados por crecer muy deprisa. El New York Times desvelaba que esta era la modalidad con que Arabia Saudí y la CIA habían preparado una guerra secreta para derrocar el gobierno de Bashar al Assad. El proyecto contemplaba que los demás estados colaboradores, como Turquía, Jordania y Qatar, proporcionaran redes de reclutamiento y armas destinadas a las milicias yihadistas.

La novedad es que la semana pasada se desvelaron más detalles del plan Timber Sycamore. Una cuidadosa investigación realizada por los grupos del Investigative Reporting Network (Birn) y la Organización para la Monitorización de la Criminalidad y la Corrupción ha sacado a la luz que la administración americana regaló a la oposición armas por un total de 2.200 millones de dólares. De esta suma, una primera tanda de 1.200 millones de euros fue financiada por Arabia Saudí, Jordania, Turquía y los Emiratos Árabes Unidos.

Las armas se entregaban a las milicias que EE.UU identificaba como “moderadas”. Pero eran solo operaciones de fachada. La provisión de armas pasaba de los destinatarios finales a comandos unificados de rebeldes que a su vez las ponían a disposición de organizaciones yihadistas.

En definitiva, el apoyo exterior de los países conspiradores llevó a la situación que todos conocemos y que se ha prolongado en Siria durante seis años sin solución hasta la intervención de Rusia en 2015. Solo cuando la iniciativa de paz pasó de los estados implicados a Rusia e Irán, los “chicos malos” sancionados por la comunidad internacional, hemos podido empezar a ver los primeros progresos, tras las negociaciones de paz de Astana (Kazajistán). Moscú, Teherán y Ankara se han convertido en garantes de los primeros intentos de alto el fuego. La colaboración de Turquía ha sido consecuencia del fallido golpe de estado tramado por EE.UU contra Erdogan. Aquel hecho hizo que el presidente turco se decidiera a “cambiar de registro” y colaborar con Rusia e Irán. Este acercamiento llevó a la liberación de Alepo y permitió crear después zonas de distensión por toda Siria.

El camino emprendido llevó al sexto round en las negociaciones de paz de Astana, celebradas el 14 y 15 de septiembre con la participación de los países garantes (Rusia, Turquía e Irán), los grupos de oposición armada y el gobierno sirio.

La "conversión" de Turquía prepara el fin del Isis

P.R. | 0 comentarios valoración: 2  15 votos
>Entrevista a Juan Antonio Ortega y Díaz Ambrona

"En Cataluña el Gobierno debe adueñarse de la iniciativa política"

F.H.

Ortega y Díaz Ambrona tiene mucho que decir sobre lo que está pasando en Cataluña. Secretario de Estado para el Desarrollo Constitucional durante la Transición y ministro adjunto al presidente Suárez para la coordinación legislativa, su experiencia quedó documentada en su obra Memorial de Transiciones (1939-1978). La Generación de 1978.

¿Cuál debería ser la respuesta del Gobierno ante el desafío del 1 de octubre?

Para salir de la situación presente hay que empezar por concienciar a todos de su enorme gravedad. Hay una discordancia asombrosa entre la intensa percepción del fenómeno del independentismo en Cataluña y en el resto de España. Según el Barómetro del CIS de mayo de este año el índice de preocupación por la independencia de Cataluña en la opinión general era solo del 0,9 frente al 71,4 sobre el paro y 54,3 sobre la corrupción.

La respuesta del Gobierno (y añado de las fuerzas políticas serias y responsables) debería ir en una doble dirección. Por una parte, firme respuesta para mantener el orden constitucional democrático, evitar una sedición y golpe de Estado con anestesia epidural, sin que uno se entere, y cortar en seco las ínfulas secesionistas y separatistas. Y, por otro lado, un gran esfuerzo por parte de todos para dar salida a esta grave situación mediante el diálogo, el acuerdo consensuado y la llamada de todos a la firma. Los independentistas pretenden robar al conjunto de los españoles su derecho a decidir. Derecho a decidir, sí, pero para todos y entre todos. En este asunto el Gobierno parece conformarse con ir a rastras de los independentistas catalanes, en vez de adueñarse de la iniciativa política.

¿El mecanismo del artículo 155 de la Constitución debe ser aplicado antes o después de que se declare la independencia? ¿Qué permite realmente hacer ese artículo?

El artículo 155 de la Constitución debería haberse aplicado ya. Es lo que toca dada la situación. Se ha mitificado y demonizado. Se ha dado una versión de él que no responde a la realidad, como si implicase por necesidad la suspensión o la eliminación de la autonomía catalana. El artículo 155 tramitado en el Senado podía haber procurado ya mejor y más firme respaldo a gran parte de las medidas que se están adoptando en estos días, incluido el bloqueo del presupuesto de la Comunidad Autónoma, para evitar los gastos públicos en el referéndum ilegal; el mando efectivo sobre los mossos, para el mismo fin y la eliminación de la publicidad y machaqueo totalitario y antidemocrático de TV3, Catalunya Ràdio, etc. El art. 155 podría haberse concretado en un repertorio de medidas progresivas y proporcionadas al desarrollo de la situación, antes y después del 1-O, con recuperación temporal de competencias estatales, que la Generalitat está usando de modo perverso y evidente para alcanzar un fin contrario a la Constitución.

Tampoco habría que excluir ninguna medida todo lo fuerte –aunque temporal– que fuese precisa, para convencer a todos de que este partido no es la final ni lo gana 1-0 el independentismo.

>Entrevista a Juan Antonio Ortega y Díaz Ambrona

"En Cataluña el Gobierno debe adueñarse de la iniciativa política"

F.H. | 0 comentarios valoración: 3  32 votos

Una vergüenza para la democracia

José Luis Restán

Finalmente Carles Puigdemont ha podido interpretar el papel que tenía asignado desde que se escribió el guion de este drama, el de un líder acosado por un poder arbitrario y cerril, empeñado en impedir el vuelo de la libertad que estaba llamado a pilotar. Lo malo es que este guion no tiene nada que ver con la realidad de los hechos, la primera sacrificada en el ara del llamado “procés”. “¡Es una vergüenza para la democracia!”, ha clamado tras conocer la operación ordenada por un juez que se ha saldado con el desmantelamiento de la logística del referéndum del 1-O y con la detención de catorce responsables de su organización, que ahora habrán de hacer frente a la acusación de varios delitos, ninguno de ellos cosa de broma. No olvidemos que han sido las asociaciones de jueces, todas a una, las que han calificado la situación generada por el secesionismo como verdadero golpe a la democracia.

Efectivamente, la verdadera vergüenza para la democracia es la quiebra descarada de la legalidad, el desafío sistemático al orden constitucional, las amenazas y la violencia latente ejercidas contra quienes no han querido ceder y se mantienen en el marco de la ley y, en fin, el experimento, propio de aprendiz de brujo, al que los líderes secesionistas están sometiendo a la sociedad catalana. No lo podía decir mejor el president: “vergüenza para la democracia”. En una suerte de alocada carrera hacia el desastre, los actuales gobernantes de Cataluña ensartan las mentiras como si fueran cerezas. La última es la que afirma que la autonomía catalana ha sido suspendida de facto. Nada más falso. Las últimas actuaciones, realizadas siempre bajo mandato judicial, pretenden únicamente restaurar el orden que hace posible el ejercicio de la autonomía con sus amplísimas competencias reconocidas por la Constitución. De hecho, con su política de proporcionalidad y su administración de los tiempos Rajoy está resistiendo la presión de influyentes sectores sociales y de su propio electorado, que cada día le reclaman a voces mano dura. La microcirugía de Rajoy, aplicada según algunos a cámara lenta, está evitando las evidentes provocaciones en las que el bloque secesionista desea que incurra el Estado, para poder así agitar la calle y exacerbar el victimismo. Pero eso no significa que no esté metiendo el bisturí donde corresponde. De hecho, ahora mismo el referéndum del 1-O es técnicamente imposible, y va a ser muy difícil arrancar de nuevo la maquinaria.

Una vergüenza para la democracia

José Luis Restán | 0 comentarios valoración: 4  50 votos

Un sexto escenario para Europa

Ángel Satué

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, compareció el pasado miércoles 13 de septiembre ante el Parlamento para hacer balance del año y presentar el nuevo curso político. El debate sobre el estado de la Unión es la primera gran cita de la política europea, para el curso que comienza tras el parón del verano. El conservador Juncker –elegido por la mayoría del Parlamento en 2014– se dirigió al Parlamento de más de 500 millones de personas, la mayor unión de democracias del mundo.

La expectación era máxima, pues Juncker debía concretar cuál de los cinco escenarios de futuro, de aquí a 2025, pensaba más adecuado para la Unión Europea. Estos escenarios se publicaron por la Comisión antes de la Cumbre de Roma del 25 de marzo, para celebrar el 60º aniversario de la UE. El primero consiste en “Seguir igual”; el segundo, en reducir la Unión al “Mercado único”; el tercero, en apostar por varias velocidades de integración (“Los que desean hacer más, hacen más”); el cuarto, centrarse en hacer menos políticas comunitarias donde no aporte su intervención, pero gastando mejor; y el quinto escenario sería hacer mucho más.

Resultó que Juncker ha invitado a los 500 millones de europeos a un sexto escenario, mezcla de todos los anteriores, basado en una Eurozona para todos los 27 estados (sin Reino Unido) y una Europa a una única y alta velocidad de integración y, por descontado, con el marchamo de origen del intervencionismo comunitario, ciertamente estatalista.

Su discurso se centró en los retos y desafíos a los que se enfrentan los ciudadanos europeos (aviso a nacionalistas: somos ciudadanos europeos, por ser ciudadanos de los 28 países que componen la Unión) en 2017.

"Una UE más unida, fuerte y democrática". “Es el tiempo de movernos desde la reflexión a la acción; del debate a la decisión”. "El Estado de derecho no es una opción: es una obligación". "En Europa impera la fuerza de la ley, no la ley del más fuerte. La UE se basa en el Estado de derecho y hay que respetar las sentencias judiciales". "Turquía se está alejando de la UE a pasos agigantados. No podemos tolerar que los líderes turcos llamen a nuestros primeros ministros nazis y fascistas. Los periodistas deben estar en las redacciones, no en las cárceles". "El Brexit es triste, es trágico: siempre lo lamentaremos, ustedes también". “El Brexit no es el final de Europa". “Los avances en los aspectos financieros (unión bancaria, Eurozona, presupuesto comunitario, fondo monetario europeo bajo control parlamentario, euro ministro de finanzas de la Unión) solo funcionarán si la Unión adopta un pilar de derechos sociales para proteger a trabajadores, pensionistas y garantiza estándares comunes”. “Inmigración legal es una necesidad para una Europa envejecida”. “La gente sin derecho a permanecer en Europa debe ser retornada a sus países de origen”. “Un único presidente que lidere la Comisión y el Consejo Europeo, elegido después de una campaña electoral llevada a cabo por todo el continente”. Extender mayorías cualificadas (en vez de la unanimidad) para política exterior y temas fiscales puede hacer avanzar a la UE en el camino a la integración.

Un sexto escenario para Europa

Ángel Satué | 0 comentarios valoración: 2  21 votos

La cuestión alemana, crucial para todos

G.P.

Estamos en la recta final de las elecciones alemanas, unas votaciones que nos afectan a todos. Por un lado, la Alemania del primer escorzo del siglo XXI tiene en Europa un papel muy parecido a la época del canciller Bismarck. Tan grande que un murmullo suyo reverbera en todo el continente (o al menos en toda la Unión Europea, más aún en la eurozona), pero no lo suficientemente grande como para resolver todos los problemas europeos. En medio de este dilema, las tres cancillerías de Angela Merkel han sido ejemplares.

Por una parte, ha intentado ser una de las raras personalidades políticas europeas con una idea clara del futuro de Europa. No es una “federalista” en el sentido estricto, pero persigue ante todo el proyecto de una confederación donde puedan coexistir estados y naciones con historias y tradiciones diferentes pero con ciertos objetivos fundamentales comunes. A nivel interno (europeo), el de evitar confrontaciones que ya la bañaron en sangre en el pasado, y poder ser “un lugar donde se vive bien y donde uno se alegra de vivir”. Este es el objetivo que Alemania ha perseguido y que le asegura (a menos que haya sorpresas de última hora) un cuarto mandato a la canciller. Últimamente he visitado bastante esta república federal. Se respira bienestar (aunque sin ostentación) y no se advierten grandes diferencias ni tensiones sociales. Un “modelo” al que deberían aspirar numerosos países de la Europa en vías de integración.

Para llegar a la victoria, puesto que dirige el partido con mayoría relativa, Merkel no ha dudado en buscar socios de gobierno (por tanto, alianzas) ni en efectuar cambios sustanciales en las políticas públicas (de especial relieve ha sido la relativa a la inmigración procedente de Oriente Próximo). A veces lo ha hecho sin miramientos, pero siempre pendiente de los “sentimientos” de la opinión pública.

En estos días, víspera de las elecciones, los opinadores se preguntan cuál será su política de alianzas dentro de la república. Más aún se lo preguntarán después del 24 de septiembre, sobre todo si, como suele pasar en Alemania, las negociaciones para la formación de gobierno se alargan. En mi opinión, Angela Merkel ya ha comprendido perfectamente que las alianzas solo se asientan después de definir acuerdos concretos sobre proyectos de ley presentados en el parlamento.

Todas son cuestiones importantes, pero creo que hay una que resulta crucial. ¿Qué pasará después del cuarto mandato de Merkel? Es un problema que nos afecta a todos. No creo que sea posible, entre otras cosas por motivos de edad, un quinto mandato. Además, creo que otro país europeo, por ejemplo Francia, puede aspirar a desarrollar el mismo papel que la República Federal Alemana. Sin embargo, no parece que los demócrata-cristianos y los socialistas cristianos tengan preparado algún sucesor entre sus filas. El partido liberal y el partido verde son demasiado pequeños para aspirar a la cancillería. Los dos partidos de extrema derecha y extrema izquierda no tienen pretensiones de liderazgo europeo, de hecho son antieuropeos. Al día siguiente de las elecciones, el “post-Merkel” debería ser el tema central del debate.

La cuestión alemana, crucial para todos

G.P. | 0 comentarios valoración: 3  23 votos

Encrucijada

Gabriel Richi Alberti

“No conseguirán cambiar nuestra forma de vivir”. Esta es una de las expresiones que más se han repetido tras los terribles atentados de Barcelona y de Cambrils. La hemos escuchado en boca de políticos, de periodistas, de muchas de personas de buena voluntad que han manifestado públicamente su repulsa ante semejantes crímenes irracionales. “No conseguirán cambiar nuestra forma de vivir”. ¿Estamos seguros? De hecho, lo queramos o no, algunas cosas cambian: se acentúan las medidas de seguridad –cada vez más necesarias–, surgen brotes no solo de intolerancia, sino también de odio al islam y a los musulmanes que viven entre nosotros, brotes que pueden conducir a la violencia; y, sobre todo, se difunde una desconfianza generalizada respecto a lo diferente.

Ante esta expresión, sin embargo, se hace presente una batería de preguntas todavía más radicales: ¿cómo es que ahora hablamos de “nuestra forma de vivir”? ¿Qué significa ese “nuestra”? ¿Es posible identificar un núcleo de bienes y de valores comunes a todos por los que estamos dispuestos a trabajar juntos? ¿Qué hacemos entonces con el primado del individualismo que gobierna nuestra vida social? De repente, ante la hostilidad asesina del yihadismo, resurge de las cenizas la reivindicación de una “forma de vivir” –la occidental– que ha caracterizado Europa durante la llamada modernidad y que, casi solemnemente, se había dado ya por fenecida. Las muertes de los atentados parecen tener la virtud de resucitar el ideal ilustrado de una sociedad libre y racional, como si fuese un ideal socialmente compartido y anhelado por todos. Pero ¿es así? La fragmentación a todos los niveles que impera en la vida personal y social parece negarlo. Al menos el individualismo galopante de nuestra sociedad, que nos hace cada vez más incapaces de comunicar entre nosotros, no nos permite referirnos de forma pacífica e ingenua a una supuesta “forma de vivir” común. Basta pensar en las lógicas de exclusión que rigen la economía y la política y, por tanto, las relaciones sociales. La fragmentación impera hasta tal punto que se hace difícil poder decir con verdad que existe “nuestra forma de vivir”. En efecto, «el individualismo posmoderno y globalizado favorece un estilo de vida que debilita el desarrollo y la estabilidad de los vínculos entre las personas» (Francisco, Evangelii gaudium 67). Ciertamente la situación es más compleja. No faltan entre nosotros, en efecto, expresiones de solidaridad y trabajo común –las hemos visto en acto durante los años más duros de la crisis– que señalan una cierta persistencia de la idea de bien común. Y, sin embargo, dichas expresiones –verdaderas y generadoras de vida buena en la sociedad– no parecen tener la fuerza de modificar la mentalidad individualista dominante.

¿Entonces?

Ante estos atentados –respecto a los que es necesario reaccionar con todas las medidas oportunas que asegura el estado de derecho y a todos los niveles, también y fundamentalmente a nivel educativo– cada uno de nosotros se encuentra ante una alternativa radical. Puede ser más o menos consciente de ella, pero el modo en el que “recomience” su existencia cotidiana tras la noticia de los atentados mostrará cuál es su elección.

Encrucijada

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Más allá de los barrotes de nuestros valores

Fernando de Haro

A las afueras de Milán todavía hay pegados algunos carteles de un acto político celebrado hace unas semanas con la frase: “Un nuevo inicio con nuestros valores”. Es el lema de la escisión del PD de Renzi, que ha dado lugar al MDP, un partido que, liderado por el histórico Bersani, reivindica las esencias de la izquierda. En realidad, en toda Europa, y en todo el mundo, la izquierda y la derecha hablan de la necesidad de volver a “nuestros valores”, a los que en otro tiempo nos definieron, a los que nos dieron una identidad segura antes de que la globalización pusiera patas arribas todo. ¿Ha sido la globalización realmente la que nos ha “robado” una identidad estable? ¿O ha sido esta creciente diversidad que inunda el mundo?

“Nuestros valores”, lo que nos han quitado o nos quieren quitar. ¿Cuáles son esos valores? Los de nuestra nación, los de nuestra religión, los de nuestro pueblo… Sí, bien. ¿Pero cuáles son los valores de nuestra nación, de nuestra religión o de nuestro pueblo? A la segunda pregunta, quizás a la tercera, las respuestas se hacen más dubitativas, más imprecisas. La mayoría de los mortales no sabríamos responder con precisión. Los intelectuales, los clérigos, los tertulianos son los que saben recitar los idearios. En un porcentaje altísimo esos idearios son nocionales, doctrinalmente perfectos, sin carne alguna de experiencia. Los intelectuales se ganan a menudo el sueldo explotando la sensación que muchos tienen de haber sufrido un robo de lo suyo.

En esta época, que la profesora de literatura de Harvard Svetlana Boym ha calificado como una época afectada por una “epidemia de nostalgia”, domina un sentimiento de pérdida y desplazamiento, un deseo de reconstruir un hogar perdido, que en realidad nunca ha existido. Es lo propio de un momento de desconcierto.

Como señaló Bauman en uno de sus últimos escritos antes de morir, el anhelo de volver a una patria moral que nunca existió está acompañado de un retorno a la tribu. Los síntomas están por todos lados. Prosperan los que ofrecen una versión simplificada de los hechos. A pesar de las llamadas al diálogo, nadie escucha a nadie porque se ha creado un filtro emocional. Y solo se oyen aquellos mensajes que tienen un significado emotivo para quien necesita más que nunca alguna forma de pertenencia. El debate solo tiene como propósito conjurar la ansiedad para mostrar al adversario lo ciego y lo sordo. El otro sirve, fundamentalmente, como señalaba el gran sociólogo, para “saciar nuestra propia sed de superioridad”. Si no existieran los extranjeros, los gentiles, los enemigos de la verdad, los grandes centros de poder que están cambiando el mundo habría que inventarlos.

La ciudad que dice estar construida sobre los pilares de la racionalidad, la eficiencia y la utilidad se fragmenta en bandos que, a través de una recompensa afectiva, prometen reducir la incomprensible y paralizante complejidad de un mundo que se percibe como amenaza.

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Más allá de los barrotes de nuestros valores

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Cataluña ante el gran desafío

Fernando de Haro

Faltan pocos días para el referéndum secesionista en Cataluña. Una de las voces que con más sensatez se han pronunciado en las últimas horas ha sido la de Joan Manuel Serrat. El cantautor catalán, exiliado durante unos años en la época de Franco, partidario del derecho a decidir, ha criticado la consulta convocada para el próximo domingo. La considera “poco transparente”, apoyada en una ley catalana que se ha aprobado sin discusión alguna y a las espaldas de la oposición. “Votar sí, pero no así”, ha venido a decir. Pero quizás lo más interesante de lo que ha señalado Serrat es que “en Cataluña hay una fractura social que tardará mucho tiempo en superarse”.

La convocatoria y el mantenimiento de la convocatoria del referéndum en Cataluña, también la respuesta que se le está dando, es una muestra estrepitosa de cómo aquellos valores y evidencias que sustentaban la democracia –los dábamos por adquiridos para siempre– se han disuelto de forma silenciosa. La evaporación de esas certezas ha seguido un proceso casi inadvertido, las consecuencias están formando un gran escándalo.

Justificar la violencia o no querer verla, pensar que el proyecto en el que uno cree debe salir adelante cuando la mitad de la sociedad no lo comparte y exigir su materialización cuando está en contra de las leyes y de las instituciones… todo eso supone que convencimientos que fueron elementales se han esfumado. No hacer daño, aceptar con realismo los límites del marco constitucional, primar en política la paciencia que exige el tiempo sin sucumbir a las urgencias del espacio, no convertir la mayoría en la regla única de la convivencia… eran algunas de las certezas cívicas que se han derrumbado. También ha desaparecido la evidencia de que la sola ley, por mucho que se insista en ella, no puede fundamentar la democracia.

Pero de todas las evidencias elementales, la que más ha sufrido es la que reconoce en el otro, piense como piense, sienta como sienta, a un compañero de camino. A eso es lo que apunta Serrat con inteligencia. A las conversaciones censuradas mientras se almuerza en familia, a la renuncia al esfuerzo por relatar aquello que se desea y en lo que se cree, al ruido atronador de discursos cerrados, al no escucharse. Para vivir hay que estar callado. Y mientras calla la voz de la vida solo se siente el parloteo de los aparatos. Casi todas las heridas se pueden cerrar, siempre y cuando los miembros de una sociedad mantengan una estima por el que consideran diferente. Sin la experiencia que los españoles hicieron durante la Transición y los europeos tras la II Guerra Mundial, se mira con recelo, con miedo al otro y surge la pretensión de eliminarlo cívicamente porque se piensa que resta algo. Una identidad madura, segura de sí misma –que es lo que falta– convierte la relación con otro en una ocasión.

Cataluña ante el gran desafío

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Más allá de los barrotes de nuestros valores

Fernando de Haro

A las afueras de Milán todavía hay pegados algunos carteles de un acto político celebrado hace unas semanas con la frase: “Un nuevo inicio con nuestros valores”. Es el lema de la escisión del PD de Renzi, que ha dado lugar al MDP, un partido que, liderado por el histórico Bersani, reivindica las esencias de la izquierda. En realidad, en toda Europa, y en todo el mundo, la izquierda y la derecha hablan de la necesidad de volver a “nuestros valores”, a los que en otro tiempo nos definieron, a los que nos dieron una identidad segura antes de que la globalización pusiera patas arribas todo. ¿Ha sido la globalización realmente la que nos ha “robado” una identidad estable? ¿O ha sido esta creciente diversidad que inunda el mundo?

“Nuestros valores”, lo que nos han quitado o nos quieren quitar. ¿Cuáles son esos valores? Los de nuestra nación, los de nuestra religión, los de nuestro pueblo… Sí, bien. ¿Pero cuáles son los valores de nuestra nación, de nuestra religión o de nuestro pueblo? A la segunda pregunta, quizás a la tercera, las respuestas se hacen más dubitativas, más imprecisas. La mayoría de los mortales no sabríamos responder con precisión. Los intelectuales, los clérigos, los tertulianos son los que saben recitar los idearios. En un porcentaje altísimo esos idearios son nocionales, doctrinalmente perfectos, sin carne alguna de experiencia. Los intelectuales se ganan a menudo el sueldo explotando la sensación que muchos tienen de haber sufrido un robo de lo suyo.

En esta época, que la profesora de literatura de Harvard Svetlana Boym ha calificado como una época afectada por una “epidemia de nostalgia”, domina un sentimiento de pérdida y desplazamiento, un deseo de reconstruir un hogar perdido, que en realidad nunca ha existido. Es lo propio de un momento de desconcierto.

Como señaló Bauman en uno de sus últimos escritos antes de morir, el anhelo de volver a una patria moral que nunca existió está acompañado de un retorno a la tribu. Los síntomas están por todos lados. Prosperan los que ofrecen una versión simplificada de los hechos. A pesar de las llamadas al diálogo, nadie escucha a nadie porque se ha creado un filtro emocional. Y solo se oyen aquellos mensajes que tienen un significado emotivo para quien necesita más que nunca alguna forma de pertenencia. El debate solo tiene como propósito conjurar la ansiedad para mostrar al adversario lo ciego y lo sordo. El otro sirve, fundamentalmente, como señalaba el gran sociólogo, para “saciar nuestra propia sed de superioridad”. Si no existieran los extranjeros, los gentiles, los enemigos de la verdad, los grandes centros de poder que están cambiando el mundo habría que inventarlos.

La ciudad que dice estar construida sobre los pilares de la racionalidad, la eficiencia y la utilidad se fragmenta en bandos que, a través de una recompensa afectiva, prometen reducir la incomprensible y paralizante complejidad de un mundo que se percibe como amenaza.

Más allá de los barrotes de nuestros valores

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Venezuela: un cambio que puede tardar

Fernando de Haro

La palabra dictadura ha dejado de ser una metáfora para describir lo que sucede en Venezuela. El inicio de los trabajos de la falsa Constituyente, la destitución de la fiscal general Luisa Ortega -una de las pocas voces libres del chavismo que se alzaba todavía contra Maduro-, el modo en el que los opositores Leopoldo López y Antonio Ledezma han ido y vuelto desde sus casas a la prisión de Ramo Verde son todos ellos indicios más que suficientes. La decisión del Vaticano de reclamar la suspensión de la Asamblea, elegida de forma fraudulenta para redactar una nueva Constitución, supone la constatación de que el presidente venezolano ha volado todos los puentes.

La Secretaría de Estado está convencida de que en este momento no hay diálogo posible. Roma apuró hasta el final las posibilidades de un entendimiento, apuesta que muchos no entendieron. Es lógico que la Iglesia hablara con una voz a través de los obispos locales y con otra desde el Vaticano. Es una fórmula tradicional. Las críticas que ahora se formulan desde la Sede de Pedro pueden ser un buen ejemplo para Zapatero. El expresidente español intentó también una negociación que se ha visto frustrada por un régimen que no tiene ninguna voluntad de encontrar una salida a la situación. Ahora convendría que hablara.

Algunos exiliados cubanos encuentran muchas similitudes entre lo que está sucediendo este verano en Venezuela y lo que ocurrió en Cuba en enero de 1959, cuando Fidel Castro tomó el poder. No hay que exagerar los parecidos. No estamos ante un golpe sino ante un autogolpe de Estado. A diferencia de lo que ocurrió hace casi 60 años, en este caso hay un sólido bloque opositor que está resistiendo heroicamente al tirano, ahora no hay una Comunidad Internacional confundida (Estados Unidos reconoció el primer Gobierno de Fidel). Pero sí existe una alta posibilidad de que fragüe una dictadura sostenida por el ejército y por el negocio del narcotráfico de algunos de sus líderes. Una dictadura que, paradójicamente, no puede presentarse como la solución a la miseria del pueblo, al clima de terror y de violencia sino como una prolongación de una postración que dura ya demasiado tiempo.

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Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D.

One, la nueva película de Fernando de Haro que se estrena en Madrid el próximo lunes, cuenta lo que nunca te han contado sobre la India. En la mayor democracia del mundo, en el país que compite con China por el liderazgo de Asia y de buena parte del planeta, sigue vigente un rígido sistema de castas. Por eso la minoría cristiana, que se atreve a afirmar la igualdad efectiva entre los indios, es perseguida. Los parias (los sin-casta) que abandonan el hinduismo y abrazan el cristianismo, buscando una vida más digna, pierden las ayudas sociales. Los obstáculos legales que limitan las conversiones han sido respaldados por el Tribunal Supremo. Un nuevo nacionalismo hindú no duda en recurrir a la violencia para restringir la libertad y lleva a cabo prácticas que algunos califican como prácticas genocidas. Prueba de ello es lo que sucedió en el distrito de Kandhamal durante 2008. Se pretendió “limpiar” de bautizados una amplia zona.

Este documental está grabado en Nueva Delhi; en Bhubaneswhar, la gran ciudad del hinduismo; y en las selvas de Orissa, junto al Golfo de Bengala. Recoge los rostros y las historias de gente sencilla (la inmensa mayoría de los bautizados de la India son parias) que ha encontrado en el cristianismo una forma más humana de vivir. Muchos explican por qué abrazaron la nueva religión y han abandonado la antigua. Otros relatan las injusticias sufridas y los motivos que les permiten ser fieles al credo de la cruz. La película da voz también a los nacionalistas hindús que justifican las políticas de discriminación.

Estamos ante el cuarto documental de una serie dedicada a los cristianos perseguidos. El primero de ellos, "Walking next to the wall", fue rodado en Egipto y está dedicado a los coptos. El segundo, Nasarah, grabado en el Líbano, está dedicado a los sirios e iraquíes perseguidos por el Daesh. El tercero, Aleluya, a Nigeria. Los cuatro están disponibles en la plataforma Vimeo. La serie está dirigida por Fernando de Haro que trabaja con la productora N Medio. El proyecto se lleva a cabo con la ayuda del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo y la Fundación Hernando de Larramendi.

A las 19 horas del lunes 23 de enero en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Julián Romea, 23. 28003 Madrid.

Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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