Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
14 AGOSTO 2020
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Mi corazón no duerme

Fernando de Haro
Not too much to ask. No es demasiado pedir. Es el título, que nos remite a una vieja canción de Bob Dylan, con el que el Meeting de Rímini de este año agrupa una serie de tres documentales-entrevistas. Tres conversaciones con José Ángel González Sainz -escritor español-, Maurizio Maggiani -escritor italiano- y Cornel West -filósofo estadounidense-. No es demasiado pedir que en el marasmo de los juegos con la nada alguien tenga un vínculo efectivo con la realidad, alguien sea capaz de ofrecer un rato de conversación que supere los esquemas y las fórmulas manidas. Esas santas y buenas fórmulas que han convertido en nostalgias podridas y en herramientas de poder las palabras que en un tiempo sucedieron. No es demasiado pedir una mirada que nos devuelva el gerundio: lo que está sucediendo. O quizás sí, quizás sea pedir un poco demasiado y eso hace interesante esta serie. 'Mi corazón no duerme' es el título del capítulo que tiene como protagonista a J.A. González Sainz, autor de 'Ojos que no ven', la novela que quizás haya retratado con más agudeza la contaminación nihilista con que la banda terrorista ETA invadió la sociedad española. Los ojos de González Sainz, promotor de un ambicioso proyecto cultural para extranjeros en la ciudad de Soria, miran y remiran buscando "la irrupción de la realidad". "El problema de no querer ver -explica- me pareció siempre esencial; todos en nuestra vida tenemos momentos en los que no queremos ver ciertas cosas y otros momentos en los que se nos abren los ojos, viene una luz y vemos". Confiesa que su obra, su vida, es una búsqueda, una lucha entre lo dado y las palabras, la imaginación, la memoria. Quiere huir de la palabra de los demagogos, de los clérigos, de los ideólogos, de los comunicadores y de la publicidad. Busca esos instantes en los que delante de las cosas, de los árboles, del agua, se produce una "epifanía". "Un ejercicio que hago a menudo con los extranjeros que vienen - explica- es pasearlos y preguntarlos: ¿qué veis? Y al cabo unos días les pregunto otra vez: ¿y ahora qué veis? Reconocen que no habían visto". A González Sainz se le puede atribuir lo que él mismo dice de su gran personaje Felipe Díaz Carrión. Felipe es un hombre de Castilla al que ETA ha arruinado la vida. Ante la tentación de la nada, da un paso atrás. Da un paso atrás por una extraña sabiduría. "Esa sabiduría le viene del camino, es una apertura a lo eterno. Es una sabiduría sabia con deje melancólico, una puerta que se abre sobre los goznes elaborados a partir de los grandes enigmas de la vida del hombre", apunta. "Cualquier narración que se precie, o al menos las que más me interesan, son aquellas en las que aparece un eco de que alguien ha tenido que ver con esos goznes".
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Mi corazón no duerme

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La admiración como conocimiento

Fernando de Haro

Azurmendi en italiano. El libro El Abrazo de Mikel Azurmendi, publicado hace un par de años en español, aparece dentro de unos meses en italiano. El que fuera profesor en la Universidad del País Vasco y en París, antropólogo y ensayista, con motivo de esta nueva edición, ha recorrido de nuevo su itinerario de aproximación al cristianismo en un documental-entrevista que será presentado en el Meeting de Rímini.

En su infancia su padre le educó desde muy pronto en el trabajo duro. Dos horas antes de entrar en el colegio y dos horas después trabajaba en la carbonería familiar. Allí aprendió a hacer bien las cosas, a hacerlas hasta que estuvieran realmente terminadas. Entró muy joven en el seminario de San Sebastián, pero a los 21 años el cristianismo ya había dejado de ser algo significativo, se había reducido a un referente mítico y a reglas. Lo que realmente le interesaba en ese momento -estamos en los años 60- era la justicia social, la justica que consideraba imposible bajo el régimen de Franco. Así que salió del País Vasco, viajó a Francia y a Alemania. Estuvo trabajando en una fábrica, en un empleo muy duro. Fuera de España, uno de los miembros de la banda terrorista ETA, que estaba naciendo en ese momento, le captó. Ingresó en la organización, volvió a España y trabajó de descargador para conseguir nuevos adeptos.

Pero pronto se topa con lo que realmente significa el terrorismo. En una reunión de su grupo se vota si hay que matar a una persona. Por un solo voto “se le perdona la vida”. Esa experiencia le marcará para siempre. Le repugna profundamente el hecho de atentar contra la vida, de matar o de ser matado. Cuando se produce en el 68 el primer asesinato de ETA, el terrorista que lo comete es uno de los jóvenes que había captado. Y se da cuenta de que él podría haber sido el asesino. Desde ese momento empieza una lucha contra ETA que marca buena parte de su vida. La banda no le perdona su oposición y vivirá muchos años amenazado. Tendrá que utilizar un cierto tiempo una identidad falsa.

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La admiración como conocimiento

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>Entrevista a Guillermo Fernández

'Nos hace falta repensar nuestro modelo productivo'

Juan Carlos Hernández

Conversamos con el coordinador del estudio “Distancia social y derecho al cuidado”, un informe elaborado por la Fundación FOESSA y Cáritas española que analiza la situación social en nuestro país.

¿Qué escenario post COVID-19 ha dejado, desde un punto de vista de la exclusión social, esta pandemia?

Lo que hemos visto, en este grupo de personas, es que se ha confirmado la tendencia que venía detectándose en los últimos años y es que el sector de la población más excluido ha continuado creciendo y esta pandemia lo que ha hecho ha sido disparar, aún más, las cifras de exclusión social. En tres meses hemos perdido prácticamente todo lo que habíamos conseguido recuperar en los últimos cinco años de recuperación económica.

Otro elemento importante es que en términos de empleo, donde más o menos la mitad de ese grupo se había reinsertado al mercado laboral, pues prácticamente ha perdido la mitad de las posibilidades que tenían en el mercado de trabajo.

Y un tercer impacto que estamos observando es el factor salud. En los últimos años, fruto lógicamente del incremento de la esperanza de vida, ha vuelto a emerger no porque la gente más excluida haya sufrido más el COVID sino porque han sufrido más las consecuencias del cierre sanitario (seguimiento de tratamientos, acceso a hospitales, enfermedades crónicas…) ya que era una población con un mayor deterioro en términos de salud.

Otro elemento interesante que hemos visto en esta investigación tiene que ver con la resiliencia de los entornos de apoyo cercanos. Este era un grupo donde tradicionalmente casi la mitad de él no contaba con ese tipo de apoyo y hemos observado qué ha pasado con la otra mitad que aún sí los conservaba y hemos visto que en términos de apoyo emocional se ha conservado. La gente seguía pudiendo tirar a nivel emocional del ambiente a su alrededor pero todo lo que eran redes y materiales de apoyo han tendido todavía más a romperse, a degradarse, es decir, la falta de colchón de resistencia de estas familias ha terminado por quebrarse totalmente. Emocionalmente todavía tienen soporte pero materialmente ya prácticamente no tienen capacidad de tirar de nadie de sus alrededores.

Ante la pandemia ha habido un movimiento loable de muchas personas que han ayudado de distintas formas pero ¿se ha convertido esto en método o se corre el riesgo de que, pasada la emotividad del momento, se diluya?

>Entrevista a Guillermo Fernández

'Nos hace falta repensar nuestro modelo productivo'

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Bizancio desarmado: ninguna guerra de civilizaciones

Fernando de Haro

No ha sido un 29 de mayo. Pero casi. A finales de mayo de 1543, Mehmet II, conocido luego como el conquistador, conseguía entrar en Constantinopla. La tomaba después de un largo asedio. Y hacía su camino triunfal desde Santa Sofía hasta el Palacio Imperial, aclamado por sus soldados. El viernes pasado, el camino ha sido el inverso: Erdogan salía de su residencia en un largo coche negro con dos banderas en las que ondeaba la media luna. Entraba en Santa Sofía para iniciar la oración del viernes. Los mosaicos cubiertos, que no quedara rastro de la Roma cristiana de Oriente. Erdogan ha querido deshacer simbólicamente el camino emprendido por Kemal Atatürk y su proyecto de una república laica. El presidente turco deja atrás el kemalismo con un nacionalismo religioso neotomano. En el momento en el que agarraba el micrófono para rezar hacía un gesto de teología política muy propio de este siglo XXI.

Los cristianos de Oriente lloran estos días la conversión de Haghia Sofia, de nuevo, en una mezquita. Hemos vuelto al siglo XVI, a la caída de Bizancio. Hay sin duda motivos para las lágrimas. Pero antes de la “reconquista de Constantinopla” por Erdogan, se había ya producido otra reconquista más importante. Esos cristianos orientales han recuperado, con su testimonio, no con las armas ni con la política, el Bizancio anterior a la primera basílica del 360, la construida por Constancio II. Con el testimonio dado bajo la presión sangrienta del Daesh y del yihadismo, los cristianos de Oriente han vuelto al Bizancio sin fracturas. El ecumenismo de la sangre ha devuelto la unidad que se perdió tras el Concilio de Nicea (325) y el de Calcedonia (451). Se ha cerrado, con la última persecución, la fractura abierta con la revuelta de Alejandría y de Antioquía contra el Bizancio que proclamaba la divinidad y la humanidad de Jesús. Ya no hay en la vida práctica distinción entre nestorianos, monofisitas e “imperiales”. El testimonio supera, por elevación, el buscado conflicto de civilizaciones.

El gesto de Erdogan es contrario a una tradición que es normativa en el islam. Los piadosos recuerdan que, cuando se le ofreció al segundo califa Umar (581-644) la posibilidad de rezar en el Santo Sepulcro, la rechazó. No quería que los musulmanes pudieran utilizar su oración como argumento para transformar una iglesia en mezquita.

El presidente turco lucha por recuperar su popularidad que ha descendido de forma considerable desde la crisis de 2008. La nueva recesión provocada por el Covid ha disminuido aún más el respaldo. Erdogan intenta poner de su parte a los sectores islamistas a los que tanto necesita. De hecho, en las elecciones municipales de marzo del año pasado, buscó la bendición de un grupo de clérigos.

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Bizancio desarmado: ninguna guerra de civilizaciones

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La República de la ruptura

Javier Folgado

Las supuestas irregularidades del Rey Emérito ha puesto en entredicho a nuestra Monarquía. Muchos han aprovechado, este momento de debilidad, para atacar a esta institución secular. Por supuesto que la justicia tendrá que evaluar la credibilidad de estas sospechas pero que como consecuencia de estos presuntos delitos tenga que ponerse en tela de juicio la Monarquía es ya un salto que habría que analizar detenidamente.

El hecho de que una persona que ostente un cargo cometa un delito no implica necesariamente que la institución que representa sea inútil. De hecho, si seguimos la regla de tres no habría institución que quedará en pie (Junta Andaluza, Comunidad Valenciana, Generalitat de Cataluña, Guardia Civil…) en este país incluidos los partidos políticos.

El legado de Juan Carlos I, más allá de lo que pueda juzgar la justicia, en su conjunto ha sido positivo para España aunque solo sea por su liderazgo en la transición, que no fue empresa pequeña y en la que también otras personalidades como Adolfo Suárez y, más en la sombra, Torcuato Fernández-Miranda tuvieron un papel estelar en su liderazgo. Es cierto que la monarquía ha permitido un periodo de cierta estabilidad política que ha ayudado a desarrollar una transición compleja y un periodo posterior de cierta alternancia política. No me parece que una Monarquía sea especialmente ventajosa o no respecto a una República. Pero si en la tradición del país es una institución ya afianzada veo más inconvenientes en cambiarla que en mantenerla. De hecho, en la historia de España la irrupción de las repúblicas siempre ha sido una experiencia traumática. La Monarquía presenta una serie de ventajas ya que permite una figura de relevancia internacional que puede servir de “embajador universal”. Y, por otro lado, es un punto de referencia para el pueblo sin ligazón política.

¿Mejoraría la capacidad de los políticos de llegar a acuerdos con una República? ¿Dejarían los partidos políticos de ser estructuras cerradas donde se cultiva el seguimiento ciego al líder y el desprecio a lo que hagan otros partidos? ¿Depende la mejora de la calidad de nuestra democracia de que el sistema sea una Monarquía o una República? No creo que por ser una República, tampoco por ser una Monarquía, estemos en mejores condiciones de afrontar estas preguntas. Realmente, los males que acusa nuestra joven democracia ¿dependen de cuál sistema rija?

Mañana España podría ser una República, y no tiene que ser algo intrínsecamente malo, pero es notorio que lo más forofos republicanos de nuestro país no coincide con aquellos que buscan el bien común sino con una idea rupturista del país. Y es notorio también como muchos republicanos se han sentido cómodos en los últimos cuarenta y cinco años y este también ha sido otro gran éxito de la Monarquía.

La República de la ruptura

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Fumar en solitario

Fernando de Haro

Disonancia cognitiva. Esa fue la expresión que fue acuñada ya hace más de 70 años por el psicólogo social Leon Festinger. Es un término con el que quiso explicar cómo reaccionamos cuando conocemos dos hechos contradictorios o cuando un hecho conocido contradice un comportamiento. La disonancia no puede mantenerse mucho tiempo. Es necesario olvidar el hecho conocido, cambiar de conducta o construir una justificación. El fumador sigue encendiendo doce o veinte pitillos al día, pero sabe que “fumar mata” porque lo dicen todas las cajetillas. La contradicción no se puede mantener mucho tiempo. Por eso los fumadores o lo dejan o tienden a darse un motivo que justifique sus actos: “fumo porque me mantengo delgado, porque no quiero morir de viejo” (las justificaciones no suelen ser coherentes). La disonancia cognitiva es más dolorosa cuando las evidencias ponen en cuestión el modo habitual en el que una persona o un grupo se ven a sí mismos.

El votante que ha optado por determinado partido, casi inconscientemente, tiende a justificar las acciones de los líderes que representan a sus siglas, aunque sean incorrectas o inconvenientes. Y el comprador habitual de una marca de coches suele olvidar que es cara o que los modelos gastan mucha gasolina. Las decisiones tomadas disparan una especie de pertenencia que acaba olvidándose de los hechos. El mecanismo es sencillo y lo conocemos todos, pero solemos minusvalorar su poder emotivo. Y este es un tiempo en el que la emotividad es prácticamente todo.

Un par de psicólogos sociales han retomado la disonancia cognitiva para explicar en The Atlantic el comportamiento de muchos estadounidenses durante el Covid. El país está siendo golpeado duramente por la pandemia. El confinamiento, el aislamiento o el uso de mascarilla, evidentemente, sirven para frenar al virus. Esos datos están en contradicción con la decisión de volver al trabajo, al bar favorito o a la reunión de amigos. Por eso hay tanta gente diciendo que las mascarillas les impiden respirar o reclamando una libertad que va contra sus vidas.

La disonancia cognitiva explica comportamientos sociales, pero también comportamientos de las élites y de la clase política. Es una buena herramienta, por ejemplo, para entender lo que sucede en la vida política española. Los datos son contundentes, la pandemia se ha gestionado mal. El Informe Anual sobre Desarrollo Sostenible de la Universidad de Cambridge ha llegado a asegurar que, de todos los países de la OCDE, España ha sido el que peor ha respondido al virus. Y esta mala nota no se puede atribuir desde luego al comportamiento de los ciudadanos que, en su inmensa mayoría, han sido ejemplares durante el confinamiento. Ni a sus médicos y a sus enfermeras, que han sido heroicos. La sociedad civil, el mundo de la empresa, se ha volcado con una generosidad que ha ido más allá de un cansancio que hubiera sido comprensible. España está a la cola por la gestión de su Gobierno central y, probablemente, de buena parte de sus Gobiernos Autonómicos. Es un problema, fundamentalmente, del Gobierno de Sánchez, pero también de la organización del sistema territorial de competencias entre las Comunidades Autónomas y la Administración Central.

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Fumar en solitario

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>Entrevista a Fernando Vidal

"Ante el tsunami del coronavirus se ha alzado un tsunami de solidaridad social de primera magnitud"

Juan Carlos Hernández

El sociólogo apuesta por la sociedad civil avivando la comunidad de barrio, fortaleciendo la autonomía y desarrollo de la sociedad profesional, y estrechando la cooperación con la sociedad empresarial para ser capaces de estar a la altura del desafío que tenemos por delante.

¿Qué le ha parecido la respuesta de la sociedad civil frente a esta pandemia? ¿Existe una energía social para construir?

La pandemia Covid-19 ha sido un tiempo que ha confinado a dos tercios de la humanidad en un periodo imprevisto, corto e intenso, lo cual ha cortado drásticamente la expansión del contagio. Dicho confinamiento no hubiera sido posiblemente meramente con el peso de la ley, sino que ha sido un gran logro de la sociedad civil. La auto-organización es lo que ha hecho posible que en las condiciones de cuarentena las personas vulnerables hayan sido atendidas, gracias a los voluntariados organizados por ONG, redes vecinales y la solidaridad familiar. La necesidad levantó una gran ola solidaria no solo en España. A mitad de marzo el gobierno británico solicitó a una de las mayores ONG la creación de una red de 250.000 voluntarios para poder atender a dos millones de personas vulnerables durante el confinamiento. En dos semanas ya se habían apuntado más de setecientos mil ciudadanos y el programa tuvo que dejar de aceptar voluntarios. En España carecemos de datos generales, pero en una de las ciudades más castigadas, Madrid, se organizaron cincuenta redes vecinales espontáneas que con distintos tamaños y modos movilizaron a más de cinco mil voluntarios que atendieron a unas quince mil personas. El dato fue aportado por uno de los líderes de dichas redes en la Comisión de Reconstrucción del Ayuntamiento de Madrid. También hay datos de una de las principales organizaciones que ayudan a personas sin hogar, Bocatas. Durante el confinamiento recibieron medio millar de nuevos voluntarios para ayudar a las 675 personas sin hogar que se quedaron en las calles de Madrid durante la pandemia. La inmediata respuesta tras el confinamiento, ante la trepidante crisis económica, ha elevado más redes vecinales y parroquiales. Por ejemplo, en una de las zonas más afectadas de Madrid por la mortandad de la pandemia, Tetuán-Ventilla, las parroquias jesuitas han llegado a recaudar en una sola semana más de veinte mil euros y a movilizar voluntarios para conseguir doce toneladas de comida semanales para repartir en los hogares necesitados. Es evidente que ante el tsunami del coronavirus se ha alzado un tsunami de solidaridad social de primera magnitud.

“Una de las medidas más importantes para construir una mayor sociedad civil sería el fortalecimiento de las sociedades profesionales”

>Entrevista a Fernando Vidal

"Ante el tsunami del coronavirus se ha alzado un tsunami de solidaridad social de primera magnitud"

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Wael Farouq: "Santa Sofía no es símbolo de poder sino testimonio de belleza"

Giulia Cerqueti

“Una agresión”. Wael Farouq, egipcio, musulmán, profesor de Lengua y Cultura árabe en la Universidad Católica de Milán, define con esta contundencia la decisión del presidente turco Erdogan de convertir de nuevo en mezquita Santa Sofía, la antigua basílica bizantina de Estambul, transformada en mezquita con la conquista de los otomanos y en museo desde 1934. “Lo que ha hecho Erdogan es una agresión contra la convivencia para lavarse las manos de la sangre de los miles de víctimas de las guerras de Iraq, Siria y ahora también Libia. No es ninguna sorpresa. El presidente turco es un vendedor de la fe y su decisión es puramente política, no tiene nada que ver con la religión”.

No usa medias tintas Farouq, experto en islam y firme promotor desde hace años del diálogo interreligioso. “La primera pregunta a la que debemos responder es por qué Erdogan ha transformado Santa Sofía en mezquita. En Turquía hoy gobierna una dictadura implicada en muchas guerras, en Siria, Libia, la guerra civil contra los kurdos que estos años se ha endurecido gravemente. Más de una cuarta parte de los periodistas encarcelados en todo el mundo están en Turquía, todos los escritores turcos importantes están en el exilio. Lo que ha hecho Erdogan es una provocación pura y dura contra Occidente. La reacción del mundo occidental y cristiano juega a su favor, le sirve para erigirse como protector del islam ante sus seguidores islamistas, para demostrar a los extremistas que él lucha por el mundo islámico. En Estambul no faltan precisamente mezquitas, no hacía falta tener otra”.

El punto central de la cuestión, según Farouq, es que “Erdogan ve a Santa Sofía como un símbolo de poder. Pero hay que tener en cuenta que este edificio histórico es un testimonio extraordinario de belleza, que resistió a los siglos del imperio otomano. La ideología del islam político mira este edificio como un símbolo de poder, que se conquista por la fuerza y la violencia. Y eso nos lleva a una reflexión fundamental sobre la relación, frágil, lábil, casi inexistente, entre la ideología del islam político y la belleza. ¿Cuántos escritores o artistas, cuántos generadores de belleza pertenecen al islam político? Ninguno. Todos los musulmanes que se distinguen o han distinguido como artistas o filósofos son contrarios a la ideología islamista. La ideología religiosa elimina la belleza porque pone en el centro el valor de la pureza. En cambio, la fe es una experiencia profunda de belleza. Para el islam político, lo que protege la pureza es la ley y la regla –la sharía–, mientras que la fe, para cristianos y musulmanes, contempla y pone en el centro el perdón. Pensemos en Afganistán. Cuando los talibanes llegaron al poder en 2001 destruyeron las estatuas de Buda de Bamiyan, porque para ellos eran símbolos de poder, no testimonios de belleza. Para la ideología, lo bello es peligroso porque habla directamente al corazón, penetra en el alma. Y por eso hay que eliminarlo, aniquilarlo”.

Wael Farouq: "Santa Sofía no es símbolo de poder sino testimonio de belleza"

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>Entrevista a Joseba Arregi

"En el País Vasco necesitamos innovación y creatividad"

Juan Carlos Hernández

Joseba Arregi reflexiona en Páginas Digital sobre los desafíos que plantea la pandemia que estamos sufriendo. El exconsejero vasco vislumbra un futuro difícil en su tierra ya que quien no vive de su propio esfuerzo está condenado a ser poco innovador.

Estos meses muchos articulistas han hablado del descubrimiento de nuestra vulnerabilidad. ¿Nos hemos caído del caballo de nuestra presunción de ser como dioses?

En la vieja tradición cristiana de Europa había un himno, que era el Salve Regina, en el que se recordaba que éramos exiliados en este valle de lágrimas, lo que pasa es que determinada impresión de la Ilustración nos hizo creer que habíamos dejado atrás lo del valle de lágrimas y habíamos dejado atrás lo de ser exiliados y que estábamos en la patria verdadera y definitiva gracias a la razón y a la ciencia. Yo creo que esa palabra, vulnerabilidad, oculta algo que ha sucedido al mismo tiempo, que es la fe en la ciencia. Aquí está la contradicción, somos vulnerables pero tenemos un escudo protector, otra palabra muy empleada en estos tiempos, que nos salvará de todas las incertidumbres y es la ciencia y son los expertos. Si ponemos juntas las dos percepciones, la vulnerabilidad y al mismo tiempo la fe en algo que nos salvará de toda incertidumbre como es la ciencia y la calidad de los expertos que saben todo, entonces no sabemos si somos vulnerables o si estamos creyendo en algo que nos va a redimir de la vulnerabilidad, pero no transcendente sino propio, nuestro, que es nuestra propia razón y el producto excelente de esa razón que es la ciencia.

“La vida del hombre es una lucha sobre la tierra”

Julián Marías escribía que “la dificultad ha sido el elemento natural del hombre, y por supuesto lo sigue siendo, aunque se haya ido paliando a costa de tremendos esfuerzos creadores […] Esto lo sabía muy bien el hombre de otras épocas. Las penalidades de todo tipo, las fatigas, los sufrimientos, nada de eso era objeción contra la real grandeza que veían por todas partes, y que significaba una increíble dilatación de su horizonte vital”. ¿Ya no somos conscientes de esta dificultad de la vida?

Recuerdo de niño y también de adolescente que había un confesor en mi parroquia que en todas las confesiones nos repetía siempre la misma idea. La vida del hombre es una lucha sobre la tierra. Nos hemos ido olvidando completamente de eso porque además para algo está “papá Estado”, que con su escudo social y con su capacidad de no dejar a nadie atrás va a hacernos olvidar nuestra fragilidad y la necesidad de tener que luchar todos los días para salir adelante. Nos hemos creído que con la razón humana y su producto más esplendoroso, la ciencia, íbamos a solucionar todos los problemas y superar todas las contingencias

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"En el País Vasco necesitamos innovación y creatividad"

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"La decisión de Erdogan abre una seria fractura en su alianza con Putin"

Anais Ginori

“Es comprensible que el Papa se lamente, pero hay que recordar que Santa Sofía es ante todo un símbolo para los ortodoxos”. Olivier Roy está convencido de que la “provocación”, así la define, de reconvertir la antigua basílica y museo de Santa Sofía en mezquita es una decisión fallida de Recep Tayyip Erdogan también para su relación con Vladimir Putin, gran defensor de la Iglesia ortodoxa. “Esta decisión no solo va a acentuar su distancia con los americanos y Occidente en general, sino que puede abrir nuevas tensiones con Rusia”, afirma el orientalista y politólogo, cuyo último libro que se titula ‘¿Europa es aún cristiana? Contra el nuevo nacionalismo’.

¿Erdogan persigue a toda costa el sueño de un nuevo imperio otomano?

En sus declaraciones quiere hacer del pueblo turco una vanguardia para todos los musulmanes, pero este papel no se lo reconocen los demás países del mundo árabe, de hecho la mayoría rechaza la idea de un nuevo modelo otomano. Igualmente me gustaría señalar que los otomanos no eran nacionalistas turcos. No se puede decir que lo que es bueno para Turquía sea bueno para la ‘umma’ (la comunidad de fieles en el islam).

¿Es entonces un intento de ganar apoyos en el mundo árabe?

No creo que la gente salga a la calle por Erdogan en Marruecos o Túnez. Desde el punto de vista de las alianzas en la región medioriental, Erdogan está cada vez más solo, en la práctica solo puede contar con Qatar. Ahora se aísla aún más porque a nivel del diálogo interreligioso el islam árabe sunita va en la dirección contraria, se ha abierto mucho con la postura de la Liga musulmana mundial o la visita del Papa a Abu Dabi.

¿El presidente turco ha querido contentar a los grupos más radicales?

Las presiones para reconvertir Santa Sofía en mezquita no venían tanto de los islamistas sino de la extrema derecha nacionalista. Basta ver los pocos militantes islámicos que se han manifestado últimamente ante la antigua basílica. No creo que sea una decisión que refuerce a Erdogan, su liderazgo es muy frágil.

¿Por qué le parece frágil el nuevo sultán?

En la primera década de este siglo ha construido su fuerza sobre la base del boom económico, pero eso ya se ha acabado. Últimamente Erdogan se ha encontrado con las dificultades derivadas de la crisis del Covid-19. Aunque tiene un Estado fuerte que tendría los medios para afrontar esta emergencia, ha tardado en tomar medidas de prevención, negando inicialmente la gravedad de la amenaza sanitaria. En los sondeos ha bajado mucho. En este momento, todo le va mal.

En cambio, a nivel internacional, desde Siria hasta Libia, su influencia parece reforzada.

Es una fuerza ilusoria. En los escenarios de guerra donde Turquía está activa militarmente, de manera directa o indirecta, los acontecimientos se han suspendido hasta las próximas decisiones de Rusia. Si Rusia decide reaccionar en Libia o Siria, Erdogan volvería a tener problemas. El diálogo entre Erdogan y Putin pende de un hilo.

¿Cree que su relación con Putin se está rompiendo?

El 80% de los cristianos de Oriente son ortodoxos. De hecho, Rusia ha protestado contra la decisión de Erdogan. El presidente turco corre un grave riesgo porque necesita llegar a acuerdos con Moscú y ahora todo se ha complicado.

"La decisión de Erdogan abre una seria fractura en su alianza con Putin"

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón | 596 comentarios valoración: 2  4304 votos

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