Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
24 JUNIO 2017
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Época de transición

Elena Santa María

“De todas las crisis que hoy nos envisten, una nos golpea por encima de todas. Me refiero a la ilusión". Así empieza Joana Bonet su última columna en La Vanguardia. "La ilusión es el condimento imprescindible para que levantarse de la cama e ir al trabajo no sea un patético dibujo animado. Es la voluntad de asombro que tan bien le sienta a nuestro rostro (...) El desencanto se ha apoltronado en miles de vidas cotidianas, rebajando los niveles de dicha”. Más adelante, la catalana pone un ejemplo representativo de esta idea: “En la España de hoy se ha desterrado la ilusión. Chocante ha sido el contraste con la celebración del 40º aniversario de las primeras elecciones democráticas, donde muchos han evocado la febril ilusión de 1977 en un país que lo tenía todo por hacer, ante un clarísimo horizonte triangular: pluralismo-modernidad-Europa. De ella no queda casi ni la nostalgia”. De este aniversario hablaba también Manuel Hidalgo en El Mundo. “Sabíamos que íbamos a ser protagonistas de la vida de nuestro país y protagonistas de nuestra propia vida, y sabíamos que ambas iban a estar muy relacionadas. Todo estaba por hacer, y lo íbamos a hacer nosotros (...) Cuando hoy celebramos las elecciones de aquel 15-J, han pasado, precisamente, 40 años –como habían pasado para mi padre en el 77–, y ya hay muchas voces que desaprueban lo que se hizo y se pudo hacer entonces y en los años siguientes. ¿Ha empezado la transición a otra época?”.

Esta pregunta también la hace, de otra manera, Leila Guerriero en El País: “Ayer recordé cómo era el mundo cuando el mundo era otro”, al contar una visita, hace muchos años, a una aldea de Tailandia. “Llegábamos en la tarde, poco antes del rezo, para escuchar el llamado del muecín lleno de melancolía, devoción y dulzura. Yo, atea iluminada, hubiera querido morirme porque no se podía aguantar tanta belleza (...) Por entonces usabas una cruz cristiana de madera colgada del cuello que, creo, alguien te había regalado en Brasil. No se nos ocurrió que eso pudiera ser agresivo o peligroso. Y no lo era. Los habitantes de la aldea veían tu cruz y sonreían y decían ‘¡christian, christian!’, y eso era todo. Como quien dice ‘todos creemos en algo’. Volvíamos de noche en moto a nuestra cabaña, lejos de ahí, sintiendo que dejábamos atrás algo entrañable y misterioso, pero algo a lo que siempre podríamos regresar. Quiero pensar que todavía podríamos, podemos”.

Manuel Arias Maldonado, también en El País, intenta responder a la pregunta en una tribuna que acaba así: “A largo plazo, sería aconsejable que las sociedades democráticas hiciesen un esfuerzo de maduración, a fin de comprenderse mejor a sí mismas. O sea: como suma de ciudadanos responsables que forman parte de una comunidad política pluralista y asumen su irremediable orfandad tras la muerte del viejo padre soberano. Porque estamos solos. Y en esa soledad democrática debemos encontrarnos”.

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Época de transición

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África o la hipocresía

Giorgio Vittadini

Al hablar solemos usar expresiones como “bomba de relojería”, “eje de la balanza del nuevo orden mundial”, pero a pesar de estos epítetos tan cargados de significado de África nunca se habla lo suficiente. Ni siquiera cuando los países del G20 se ponen a debatir sobre su desarrollo, como la semana pasada en Berlín, un hecho que pasó casi inadvertido.

En cambio, habría que tenerla siempre presente y vigilar lo que los gobiernos de los países más ricos del mundo pretenden hacer para afrontar las tensiones sociales, económicas y demográficas del continente negro (en 2050 su población se doblará, llegando a 2.500 millones), pero también las enormes oportunidades que podría ofrecer, sobre todo a sus propios habitantes.

Lo más preocupante es el progresivo neocolonialismo que sigue presente en África. Diez países ricos en recursos absorben el 72% de las inversiones europeas (como Egipto, Marruecos, Nigeria, Kenia y Sudáfrica), mientras que “países frágiles” como los del África subsahariana (Costa de Marfil y Ghana) o Tanzania, Etiopía, Mozambique se quedan totalmente descuidados, abandonados al hambre y al subdesarrollo.

Según un informe de Ernst & Young (mayo 2017), las inversiones directas extranjeras en África en 2016 crecieron un 31%, llegando a 94.000 millones de dólares. Las europeas, que en los últimos años llegan un poco a corriente alterna, alcanzarán los 48.000 millones de euros en 2020 (el último dato de 2015 es de 30.900). El primero inversor en África (36.000 millones, +38%) ha sido en 2016 China, cuyo presidente Xi Jinping ha anunciado que quiere llegar a 60.000 millones al año en sus inversiones en el continente. Por lo tanto, las inversiones crecen por todas partes, ¿pero para hacer qué?

Resulta especialmente emblemática la actitud de China. El país del dragón no lleva a África tecnología ni educación, ni promueve el flujo de jóvenes estudiantes africanos a China. La renta “distribuida” es en gran parte para “mano de obra”, explotación de los recursos mineros de África (petróleo, uranio, metales, etc) a un precio bajísimo, intervenciones en la construcción, por ejemplo en la realización de megaestadios de fútbol en muchas ciudades africanas, como Kinshasa en el Congo).

Por si no fuera suficiente, la explotación de los recursos naturales por parte de los países desarrollados se suele pagar con armas que llegan a manos de los tiranos o rebeldes de turno, que siguen garantizando la continuidad de intereses neocoloniales. África se ha convertido en el mercado privilegiado para la exportación de armas de las industrias occidentales y asiáticas.

África o la hipocresía

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Diario de Siria 8

Fernando de Haro, Alepo

Youhaina toma notas en un cuaderno en el que hay ya dibujados algunos patrones. Asiste a un curso de corte de 90 horas organizado por los hermanos maristas de Alepo. La clase se imparte en una de las pocas aulas que quedó en manos de la comunidad después de la nacionalización del colegio en los años 60. A los hermanos les quitaron el gran centro escolar que habían levantado pero ellos se quedaron en la ciudad, junto a la que había sido su obra educativa. Youhaina no vivió esa época. Es una joven madre que conoció a los hermanos hace dos años, en lo más crudo de la guerra. Empezó a recibir su ayuda cuando vivía en Alepo este y su familia no tenía para comer. Luego, cuando la situación se hizo insostenible, los hermanos la acogieron en su casa. Youhaina consulta con ellos muchas cosas, sobre todo de la educación de una de sus hijas que ha entrado en la adolescencia. Youhaina, que es musulmana, no tiene problema alguno en buscar el apoyo de un cristiano. “Siria necesita a los cristianos”, me dice con prisa por volver a casa. Youhaina cumple con rigor las prescripciones del Ramadán, no ha comido ni bebido desde la salida del sol y tiene que preparar la gran cena con la que se rompe el ayuno.

Junto a una de las iglesias ortodoxas de la ciudad, horas antes, hemos visto cómo los voluntarios cristianos repartían un puré caliente para 2.000 familias, la inmensa mayoría musulmanes. Bajo el logotipo de una de las ONG locales más potentes, logotipo con la imagen de un pantocrátor, reciben todos los días pan y una ración medida (250 gramos por persona) de una comida caliente. La comida la prepara el servicio de los jesuitas para los refugiados. En el local la actividad es frenética. Antes de repartir las raciones, un grupo de 20 mujeres ha estado preparando bolsas con artículos de limpieza para los pobres. “Repartimos la ayuda sin distinguir entre musulmanes y cristianos. El 90 por ciento de los que la reciben son musulmanes porque esa es la estructura demográfica de la ciudad”, me comenta un médico que trabaja como voluntario. Me lo explica mientras atiende a varias personas que solicitan su consejo experto en problemas relacionados con la salud. Una de ellas es familiar de una mujer afectada por un cáncer de colon. Antes de despedirnos vemos cómo aparca a la puerta un motocarro cargado de colchones, los mandan unas religiosas que ya no los necesitan.

Diario de Siria 8

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La Iglesia niña de Laos

José Luis Restán

Todavía recuerdo las escenas en la pequeña televisión en blanco y negro, a mediados de los 70 del pasado siglo, que nos trasladaban la crueldad de la guerra en Indochina. Entre los diversos nombres que se agolpan en la memoria recuerdo el del Pathet Lao, el movimiento comunista que era reflejo del Viet Cong en Laos. Allí se dilucidaba un fragmento de la guerra entre occidente y el comunismo, pero entonces poco sabíamos por estos lares sobre el sufrimiento que todo eso supuso para los católicos de aquellos países. Todo esto viene a cuento de que el próximo 28 de junio, por primera vez en la historia, será agregado al colegio de los cardenales un laosiano, Louis-Marie Ling.

Francisco ya nos tiene acostumbrados a sus sorpresas, pero ésta parecía superior, dado que la comunidad católica en ese país apenas alcanza el 1% de la población, unas 70.000 personas. Sin embargo no ha sido difícil atar cabos. A finales de enero de este año los obispos de Camboya y Laos realizaron la preceptiva visita ad límina y fueron recibidos por el Papa. Francisco confesó la profunda conmoción que había experimentado al escuchar algunos de los testimonios de los obispos laosianos que habían sufrido cárcel por su fidelidad al Evangelio. Uno de ellos, Tito Banchong, tras salir de la cárcel en el año 2000, emprendió la búsqueda de los cristianos dispersos puerta a puerta. Los que habían sobrevivido a las purgas del Pathet Lao se habían refugiado en las aldeas de las montañas, no tenían iglesias ni podían celebrar los sacramentos. Cuando se enteraron de que había vuelto un sacerdote bajaron para que los bendijera y para confesar su fe, que había permanecido intacta.

El otro obispo que contó su historia a Francisco era Louis-Marie Ling que, como el anterior, sufrió prisión durante los años duros del comunismo. Él mismo relató en Roma que aquel fue un tiempo de sufrimiento material que le llevó a adelgazar mucho: “no podíamos celebrar misa pero nosotros mismos éramos un sacrificio vivo que agradaba a Dios”, ha comentado el que ahora es obispo de Paksé, en el centro del país, donde guía a 15.000 fieles. El lema que eligió para su ordenación episcopal es “Todo lo que tengo es tuyo”, y expresa bien su propia conciencia y la de la “Iglesia niña de Laos”, como a él le gusta definirla, una Iglesia volcada en el primer anuncio, especialmente dirigido a las tribus de religión animista. El ya inminente cardenal nació en las montañas y su padre murió cuando sólo tenía 10 meses. En una reciente entrevista ha recordado la pobreza en que vivía su familia, y que para ir a la escuela tenía que caminar seis kilómetros cada día. Sin embargo su obispo logró enviarle a estudiar a Canadá, y a la vuelta pronto fue nombrado vicario de la capital, Vientián, lo que le colocó en el foco de las autoridades y le condujo a la cárcel. Pero de su boca no sale un reproche.

La Iglesia niña de Laos

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Diario de Siria 7

Fernando de Haro, Wadi Nasarah

A los pies de la cama de Aida hay una gran ventana que se abre sobre Wadi Nasarah, el Valle de los Cristianos. Dicen los que conocen bien Oriente Próximo que esta pequeña comarca es una de las más bonitas de la región. El valle se va elevando con un juego de verdes que desmienten la imagen de una Siria seca y desértica. Su nombre, Nasarah, lo toma de unas 30 aldeas y pueblos habitados en su mayoría por bautizados. A todo cristiano sirio que se precie se le ilumina la cara nombrándolos.

Wadi Nasarah, a una hora en coche de Homs, y cercano a la frontera norte con el Líbano, ha servido como refugio para muchos de los cristianos sirios que huyeron de sus casas, especialmente de Homs, durante los últimos duros años de la guerra. El valle ha vivido con relativa tranquilidad los últimos tiempos. Con relatividad tranquilidad porque hay pueblos como el de Al Ashon, en el que buena parte de los edificios han quedado reducidos a escombros.

Al Ashon era el pueblo de Aida. Está en la parte alta del valle, la carretera principal que lo cruza es empinada. La última colina está ocupada por el Krac des Chevaliers, un formidable e inmenso castillo de la época de las cruzadas, sede de la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén. La piedra blanca y las sólidas y altas murallas producen la sensación de que es inexpugnable. El Gobierno hace sonar en su puerta música clásica. Pero nadie la escucha porque Ashon está casi desierto. Solo unos niños juegan cerca del lienzo este. La fortaleza fue usada por los yihadistas para realizar sus ataques.

Aida creció bajo el Castillo de los Caballeros y allí se casó con el que luego sería el párroco melquita (griego católico) del pueblo. “¿No te arrepientes de haberte casado con un cura?” –le pregunto–. Me responde con un la (no) rotundo y repetido. Se lo pregunto después de que me cuente el surgimiento de los últimos años. Al marido lo secuestraron los yihadistas cuando tomaron el pueblo. Lo secuestraron durante quince días en la iglesia que estaba a 20 metros de la casa familiar. Aida me cuenta cómo rezaba por él, teniéndole cerca pero sin poderlo ver. A los pies de la cama de Aida se ve buena parte del Valle de los Cristianos. Pero la casa en la que ahora vive Aida, con un huerto en el que las granadas empiezan a madurar, no es la suya. La familia se ha instalado a 20 kilómetros del castillo, en otra de las aldeas del valle. No se quiere ir más lejos, “porque –dice– nuestra vida como cristianos está aquí”. Tampoco se ha querido ir más lejos Majd, una joven dentista que me hace de traductora. Traduce y corrige mi inglés. Majd tiene a su padre en Boston y ha dejado de ejercer de dentista para dedicarse a atender a los desplazados. “Mi vida está aquí”, me comenta. Llegó a Wadi Nasarah huyendo de Homs pero no quiere ir más lejos. Estudia un master en Derechos Humanos on line. Y es peleona, muy peleona. “No intentes pronunciar mi nombre, no lo vas conseguir”, me dice al despedirse.

Diario de Siria 7

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La poesía teológica de Margherita Guidacci

Antonio R. Rubio Plo

Hace 25 años, en junio de 1992, fallecía en Roma Margherita Guidacci, poeta y ensayista, una de las principales representantes de la poesía de inspiración cristiana del siglo XX. No es una escritora demasiado conocida en España, y ni siquiera en su Italia natal fue siempre comprendida. Sin embargo, Guidacci despertó mi interés tras la reciente lectura de uno de sus artículos que parecía escrito hoy mismo. Lo publicó hace unos días L’Osservatore Romano, y en él se denunciaban los peligros de vivir en un mundo mecanocéntrico, en el que las máquinas desplazan a las relaciones humanas. Pensé en el uso prolongado e insaciable de los dispositivos electrónicos con todas sus secuelas de aislamiento y deshumanización, y solo pasado un tiempo me di cuenta de que era un artículo escrito hace varias décadas, aunque no había perdido nada de su fuerza expresiva.

Margherita Guidacci reconocía la existencia de dos épocas en la historia de Occidente, identificados con el Medioevo y la Modernidad: un período teocéntrico y otro antropocéntrico. Lo habitual para muchos intelectuales, y para otros que no lo son tanto, es contraponer los dos períodos, enfrentarlos y apostar por el triunfo inexorable de una de estas dos concepciones de la vida en un supuesto reino de este mundo. En cambio, Guidacci no creía en ese antagonismo perpetuo entre el hombre y Dios. El cristianismo no es una religión de las disyuntivas sino de las integraciones, simbolizada por la conjunción y. La escritora recuerda que el cristianismo abarca lo temporal y lo espiritual, porque Cristo es a la vez Dios y hombre. Sin embargo, al presentar nuestro tiempo como una época mecanocéntrica, Guidacci está certificando que los seres humanos han terminado por desconfiar de la fe y de la razón. Han puesto exclusivamente sus esperanzas en la tecnología, lo que les aleja tanto de la naturaleza como de Dios. Así, la vida humana se concibe como una perfecta imitación de la máquina. Pero Margherita Guidacci, que amaba a la vez la literatura y las matemáticas, sabía muy bien que esto era falso.

Suele ser frecuente que quienes hacen un diagnóstico de la situación del mundo se dejen llevar por la estéril nostalgia de una remota edad de oro. No sucede esto con Margherita Guidacci, autora siempre abierta a la trascendencia, y que no cultiva una poesía de imágenes sombrías y huérfana de significados. Sin embargo, no practicó un estilo literario fruto del ensimismamiento ante las tempranas contrariedades de su vida, marcada por la prematura muerte del padre, el abogado florentino Antonio Guidacci, o por una infancia solitaria con apenas otra compañía que la de los libros. Por el contrario, tal y como subrayan algunos críticos literarios, Margherita Guidacci cultivaba la poesía teológica. Sin embargo, la suya no es una poesía estática, ni mucho menos “contemplativa”. Sus poemas son a la vez de nostalgia de Dios y de combate, y personalmente me recuerdan a la lucha de Jacob con el ángel. Pienso que es una comparación que le habría agradado, pues consideraba la Biblia, en especial los libros proféticos y sapienciales, como una de sus principales inspiraciones.

La poesía teológica de Margherita Guidacci

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Diario de Siria 6

Fernando de Haro, Alepo

Oula estudió literatura inglesa en la universidad pero nunca ha salido del país. Ahora es profesora en un colegio privado. Corrige a menudo a su novio Philip por sus incorrecciones gramaticales con la lengua de Shakespeare. Philip tampoco ha salido del país y su sueño es hacer un master relacionado con el mundo de los negocios. De momento trabaja como vendedor de DVD. Oula y Philip se quieren casar antes de que acabe el verano, pero el sueldo no les da.

Cada uno de ellos gana 50 dólares al mes. Y alquilar un apartamento cuesta 150 dólares. “Luego hay que pagar la luz, el agua, y algo tendremos que comer”, me dice Oula. El agua corriente solo le llega dos días a la semana. Aunque Oula dice que con dos botellas de agua sabe cómo lavarse el pelo. “En estos años de guerra me he acordado mucho de cuando era pequeña y mis padres me decían que no podía ducharme durante 20 minutos porque había gente sin agua”, me confiesa. “Me parecía imposible que alguien no tuviese agua”, añade. La electricidad necesaria para poner una lavadora cuesta el equivalente a una semana de sueldo. No se nota, Oula y Philip van implacables.

Oula confiesa que antes de la guerra ya percibía una cierta discriminación por ser cristiana. “No te decían nada abiertamente pero en la universidad, por ejemplo, oías ciertos comentarios por nuestro modo de vestir”, relata. “¿Pero en Siria las mujeres no visten como quieren?”, le pregunto. “Depende de las ciudades, y depende de los barrios. Hay barrios aquí en Alepo en los que no debo entrar tal y como voy”, responde. Oula va maquillada, con tacones, con las uñas pintadas, pero recatada, con un estilo profesoral.

Oula acabó la carrera durante la guerra. “La universidad aquí es buena. Tiene buenos profesores. Pero hemos vivido circunstancias muy extrañas. Había compañeros de clase que por la mañana luchaban en los barrios de los yihadistas y que por la tarde cruzaban el frente para presentarse a los exámenes en la zona del Gobierno”, señala.

“Llegamos a acostumbrarnos a las bombas, hablábamos de ellas como se habla del tiempo”, me cuenta. Pero Oula no se acostumbra a esta Siria que parece haber retrocedido 100 años. Y recuerda la convivencia en paz, la sanidad y la educación gratuitas. Y como casi todos los sirios está convencida de que hay una conspiración internacional contra su país.

Le animo a casarse cuanto antes, a olvidarse de los gastos de la ceremonia. Y me dice con una sonrisa grande y nada profesoral: “pero yo quiero invitar a mis amigos a celebrar con nosotros la alegría de casarnos, a participar en una fiesta, aunque sea sencilla. Es un día en la vida”. A final del verano, quizás en octubre, tenemos boda en Alepo. Y aunque estemos lejos, vaya si será un gran día de fiesta.

Diario de Siria 6

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La Europa que amó Helmut Kohl

Ángel Satué

El pasado viernes varias organizaciones europeístas que trabajan por lograr algún día los Estados Unidos de Europa se dieron cita en Madrid.

El Grupo Spinelli –que toma su nombre del italiano Altiero Spinelli, uno de los padres fundadores de la idea federal de la Unión–, el Movimiento Europeo y la Unión de Europeístas y Federalistas organizaron un acto en el Congreso de los Diputados sobre los retos y la situación presente de la Unión Europea.

A pesar de casi llegar a los 40 grados, a las 17h, hora torera de antaño, más de 300 personas nos reunimos en una sala moderna y bien refrigerada del Congreso de los Diputados.

El ministro y portavoz del gobierno Méndez de Vigo abrió el acto. Lo acompañaban, entre otros, Joaquín Almunia, Luis Garicano, los eurodiputados Calvet y Elmar Brok, junto a expertos internacionalistas y académicos.

El ministro iba a hablar de Europa en la encrucijada y, al final, habló de Europa en la encrucijada. Pero de otra manera a la que todos imaginábamos. Horas antes había fallecido Helmut Kohl, que para los lectores más jóvenes fue, junto con el francés Mitterrand, de los políticos europeos de raza más fervientes devotos de la unidad del continente, como valor moral.

El grande del democristiano Kohl gobernó Alemania entre 1982 y 1998. En aquel tiempo, tras años en la oposición, se erigió como un estadista incomparable. Tenía, en palabras de Aznar, una “extraordinaria calidad de hombre de Estado y de persona entrañable” y en él “la idea de Alemania era inseparable de la idea europea”. ¿Por qué? Nos lo explicó el ministro y portavoz del gobierno. Una vez le dijo que, de niño, había tenido que recorrer a pie cientos de kilómetros para encontrarse con su familia en el norte de Alemania, lo que le dejó un gran impacto al tener que atravesar las fronteras existentes en el corazón de Europa.

Supo plantar cara a los soviéticos, y no se arredró cuando el Pacto de Varsovia desplegó misiles en el este apuntando a las democracias del oeste. Al escribir estas líneas, me ha venido a la memoria un video que debería ser obligatorio en los colegios, de 22/11/1989, en el que François Mitterrand y Helmut Kohl fueron a hablar ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo.

El español Enrique Barón daba el turno de palabra al canciller de la reunificación de Alemania, que pronunció un breve pero intenso discurso de seis minutos. En el primero reconoció que estaban viviendo un momento de importancia histórica para asentar, acto seguido, su compromiso con el desarrollo de las comunidades europeas, como proceso que debía continuar tras la caída del Telón de Acero.

Tuvo tiempo para recordar los méritos del secretario general Gorbachov y su Perestroika en todo el proceso y habló, posiblemente por vez primera, de la reunificación europea, elevando el tono del debate. No se trataba de Alemania, y de la igualdad de los alemanes del este y del oeste, sino que siempre se trató de Europa. En él resonaron las palabras de otro canciller, también democristiano, Konrad Adenauer: “en una Europa unida y libre, una Alemania unida y libre”.

La Europa que amó Helmut Kohl

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El cantero de Alepo

Fernando de Haro

El cantero de Alepo es un hombre minucioso. No han dado aún las 9 de la mañana. Hace las marcas en una gran piedra blanca y luego las corta con esmero. Son las piedras que servirán para reparar la catedral melquita que ha perdido toda la cubierta por las bombas. La catedral melquita, la catedral armenia y la catedral maronita están juntas, en la pequeña Plaza de Fharat, donde comienza o comenzaba el Viejo Alepo. En las fiestas, en la plaza no cabía un alfiler.

Pero este domingo no hay nadie. Cuando el cantero apaga la sierra mecánica vuelve el silencio y se oye a las tórtolas de Alepo. Las tórtolas se posan sobre las piedras caídas, sobre los muros derribados. Se oyen las tórtolas volar y de vez en cuando las bombas que lanza todavía el ejército de Al Asad contra las posiciones de los yihadistas al oeste de la ciudad. (“No es nada -te explican los amigos cuando pones cara de preocupación- es solo para recordarles a los rebeldes que el ejército tiene controlada la ciudad”).

“Ver cómo ha quedado el Viejo Alepo hace mal al corazón”, me ha dicho una de las personas con las que he hablado estos días. Y lleva razón. No podías imaginar que las palabras mentirosas, la ideología, que parece un juego, sea capaz de sembrar tanta destrucción. Hasta que la ves. Y aquí son las piedras -piedras nobles, calles estrechas, tesoro de siglos que a pesar de haber sido prácticamente reducido a cascotes conserva su belleza-, pero el daño en las madres, en las esposas, en los hijos, ese daño que no se ve es como un océano de dolor inmenso y silencioso. Un océano que se vierte en lágrimas cuando entras en las casas de los vecinos de Alepo y empiezas a escuchar. No hay iglesia en la que no se celebre un funeral.

La bella Alepo, la ciudad cortejada por los cruzados, la que criaba a las más guapas princesas, es ahora una población diezmada. Todos los millennials deberían pasear por la zona este de Alepo, por sus calles reducidas a escombros, por los edificios semidesnudos, por el recuerdo vivísimo del infierno que se ha sufrido aquí en los dos últimos años. Todos deberían pasearse por estas calles de Alepo este para quedar dominados al menos un segundo por el silencio asombrado que te embarga al ver las consecuencias de las ideologías. Para derribar por un instante esa banalidad obstinada en la que vivimos. Detrás de cada piedra que está fuera de su sitio hay una historia, un drama.

Alepo este es una ciudad inhabitable. Alepo oeste es una ciudad sin luz regular, donde truenan los generadores, sin ascensores, con restaurantes de grandes comedores en los que solo se sirve café. A veces da la sensación de que solo las zapaterías y las heladerías tienen género. En algunos barrios solo hay agua corriente dos veces por semana. Y la mayoría de las familias no pueden pagar lo que cuesta un generador para poner una lavadora.

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El cantero de Alepo

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Hermanos musulmanes, gas y fútbol. Los "pecados" de Doha

Caleb J. Wulff

La maniobra de cerco a Qatar guiada por Bahrein y Arabia Saudita ha sido definida por gran parte de la prensa como “improvisada pero no inesperada”, puesto que las tensiones con los países árabes de la zona ya son de hace tiempo y llevaron a una ruptura de relaciones diplomáticas en 2014. Entonces la causa fue el apoyo de Qatar a las primaveras árabes y concretamente a los Hermanos Musulmanes, un apoyo que sigue siendo una de las razones que mantienen el conflicto abierto.

Bastante distinta resulta la motivación de la financiación y colusión de Qatar con el Isis, Al Qaeda y demás movimientos extremistas con una acusación que viene de Arabia Saudita, que en esta materia puede dar lecciones. Esta vez no se trata de una interrupción en las relaciones diplomáticas durante unos meses, como en 2014, sino de un auténtico asilamiento de Qatar, tanto diplomático como geográfico, con la expulsión no solo de sus diplomáticos sino también de todos sus ciudadanos presentes en los países partícipes, la interrupción de los vuelos con origen o destino en Qatar y el bloqueo de fronteras.

Habrá que preguntarse por las verdaderas razones de esta decisión y por qué justo ahora. Un motivo de fondo que une al menos a algunos de los estados, Arabia Saudita y Bahrein principalmente, son las buenas relaciones de Doha con Teherán, debido al aprovechamiento común de un enorme yacimiento de gas natural que hace de Qatar el tercer productor mundial de gas natural y el primer exportador de gas natural licuado. Los sauditas están comprometidos con una sangrienta guerra en Yemen contra los rebeldes Houthi, chiitas y apoyados por Irán, que está provocando una catástrofe humanitaria silenciada probablemente por la participación de Estados Unidos, y esperan problemas a causa de su consistente minoría chiita. A su vez, Bahrein está gobernado por una dinastía sunita que se siente amenazada por una revuelta de la población, de mayoría chiita y apoyada por Irán.

Los aspectos anti-iranís explican, según muchos, por qué la iniciativa se ha tomado justo ahora, interpretando como una suerte de vía libre la visita de Trump a Riad y su ataque al acuerdo nuclear con Teherán. La participación de Egipto podría derivar sobre todo del ya citado apoyo de Doha a los Hermanos Musulmanes y a Hamás. Junto al Isis, la Hermandad representa el mayor peligro para el régimen militar de El Cairo.

Da la impresión de que Arabia Saudita está acelerando la definición de las relaciones de fuerza apoyada en la claridad, para bien y para mal, de la política de Trump, en comparación con la opacidad e incertidumbre de Obama. Resulta significativa la prudente respuesta del principal acusado, Irán, al menos por parte del reelegido moderado presidente Rohani, con la invitación a llegar a un acuerdo entre los diversos contendientes. Una invitación parecida ha llegado de Turquía, en buenas relaciones con los Hermanos Musulmanes y preocupada por tomar posiciones sauditas en la maraña siria que puedan ser “incómodas” para Ankara. Los países del Golfo se han alineado con los sauditas y ahora piden rudamente a Qatar que decida de qué parte está, saliendo de su tradicional posición de jugador a varias bandas gracias a sus considerables recursos financieros.

Hermanos musulmanes, gas y fútbol. Los "pecados" de Doha

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El cantero de Alepo

Fernando de Haro

El cantero de Alepo es un hombre minucioso. No han dado aún las 9 de la mañana. Hace las marcas en una gran piedra blanca y luego las corta con esmero. Son las piedras que servirán para reparar la catedral melquita que ha perdido toda la cubierta por las bombas. La catedral melquita, la catedral armenia y la catedral maronita están juntas, en la pequeña Plaza de Fharat, donde comienza o comenzaba el Viejo Alepo. En las fiestas, en la plaza no cabía un alfiler.

Pero este domingo no hay nadie. Cuando el cantero apaga la sierra mecánica vuelve el silencio y se oye a las tórtolas de Alepo. Las tórtolas se posan sobre las piedras caídas, sobre los muros derribados. Se oyen las tórtolas volar y de vez en cuando las bombas que lanza todavía el ejército de Al Asad contra las posiciones de los yihadistas al oeste de la ciudad. (“No es nada -te explican los amigos cuando pones cara de preocupación- es solo para recordarles a los rebeldes que el ejército tiene controlada la ciudad”).

“Ver cómo ha quedado el Viejo Alepo hace mal al corazón”, me ha dicho una de las personas con las que he hablado estos días. Y lleva razón. No podías imaginar que las palabras mentirosas, la ideología, que parece un juego, sea capaz de sembrar tanta destrucción. Hasta que la ves. Y aquí son las piedras -piedras nobles, calles estrechas, tesoro de siglos que a pesar de haber sido prácticamente reducido a cascotes conserva su belleza-, pero el daño en las madres, en las esposas, en los hijos, ese daño que no se ve es como un océano de dolor inmenso y silencioso. Un océano que se vierte en lágrimas cuando entras en las casas de los vecinos de Alepo y empiezas a escuchar. No hay iglesia en la que no se celebre un funeral.

La bella Alepo, la ciudad cortejada por los cruzados, la que criaba a las más guapas princesas, es ahora una población diezmada. Todos los millennials deberían pasear por la zona este de Alepo, por sus calles reducidas a escombros, por los edificios semidesnudos, por el recuerdo vivísimo del infierno que se ha sufrido aquí en los dos últimos años. Todos deberían pasearse por estas calles de Alepo este para quedar dominados al menos un segundo por el silencio asombrado que te embarga al ver las consecuencias de las ideologías. Para derribar por un instante esa banalidad obstinada en la que vivimos. Detrás de cada piedra que está fuera de su sitio hay una historia, un drama.

Alepo este es una ciudad inhabitable. Alepo oeste es una ciudad sin luz regular, donde truenan los generadores, sin ascensores, con restaurantes de grandes comedores en los que solo se sirve café. A veces da la sensación de que solo las zapaterías y las heladerías tienen género. En algunos barrios solo hay agua corriente dos veces por semana. Y la mayoría de las familias no pueden pagar lo que cuesta un generador para poner una lavadora.

El cantero de Alepo

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No, Trump no mola

Fernando de Haro

¿Y si Trump llevase razón al sacar a Estados Unidos del Acuerdo de París, dándole con la puerta en las narices a todo el internacionalismo catastrófico del cambio climático? Bien, vale. Seguramente es excesivo decir una cosa así. El cambio climático está ahí. ¿Pero no mola que alguien haya sacado su voz del coro y le haya dado una buena sacudida a la casta, a las plañideras burocráticas de la ONU y a todo ese rollo del progresismo planetario? Al fin y al cabo, el Acuerdo de París no iba por buen camino como tampoco lo fue el Protocolo de Kioto. Las dos preguntas han quedado en el aire después de la decisión anunciada por el 45º presidente de los Estados Unidos. Y es que Trump no es un conservador, es un líder absolutamente postmoderno, un producto de la sociedad líquida que siembra dudas en aquel último punto firme que le quedaba a la razón moderna: la ciencia.

La primera gira internacional de Trump no comenzó en México o en Canadá, como es tradición desde hace algunos años, sino en Arabia Saudí. Para cerrar contratos millonarios de venta de armas (110.000 millones de dólares) en el principal país del Golfo. Rompía así con el único acierto de la política de Obama en Oriente Próximo: un acercamiento a Irán, cada vez más dispuesto a abrirse a las reformas, cada vez más patrocinador de un chiismo que permite el encuentro entre el islam y la modernidad. La “reconciliación” de Trump con el mundo musulmán se producía en la patria del wahabismo, esa corriente del sunismo que se ha convertido en la patrocinadora de todos los radicalismos que van desde el norte de África a buena parte de Asia. El último acto de la gira fue su participación en la reunión del G7 en Taormina. Allí destruyó cualquier posibilidad de que, al menos en la cuestión climática, haya un cierto germen de Autoridad Mundial que compense la cesión de la soberanía a los mercados (propia de la globalización) y la tendencia proteccionista.

El Acuerdo de París para la reducción de los gases de efecto invernadero, aprobado en 2015, tiene problemas. El objetivo es conseguir que la temperatura del planeta no aumente a final de siglo más de dos grados. No hay reducciones nacionales de las emisiones que se impongan desde fuera. Cada uno de los países firmantes es libre de determinar cuánto las rebaja. Y esas reducciones voluntarias, presentadas por los países firmantes, de momento no son suficientes para conseguir el propósito marcado para 2099. El anuncio de Trump siembra dudas en el arduo camino emprendido en la capital francesa. Además de reducir las emisiones (Estados Unidos y China son los dos países más contaminantes), el Acuerdo incluía la creación de un fondo de 100.000 millones para ayudar a los países más pobres en el desarrollo de energías sostenibles. Ahora todo eso será más difícil o imposible.

No, Trump no mola

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>Editorial

Cataluña, a través de la libertad

Fernando de Haro

Dentro de unos meses, quizás semanas, se va a convocar el segundo referéndum de secesión en el seno de la Unión Europea. El primero fue el de Escocia en 2014, el segundo el de Cataluña. Nada impedía que los miembros del Reino de Escocia, unido al de Inglaterra en 1707, votasen tres siglos después sobre una eventual separación. En el caso de España la prohibición de la consulta está contenida en la Constitución de 1978. La libertad de unos cuantos no puede ejercerse sin contar con el soberano, el pueblo. Pero cuando las aguas se tranquilicen, habrá que dar alguna salida al “deseo de decidir” (la libertad) de muchos: las constituciones no son eternas.

En los últimos días hemos conocido el borrador de la llamada “ley de desconexión”. Un texto secretísimo que el Gobierno de la Generalitat de Cataluña tiene preparado para declarar de forma unilateral la independencia. Madrid no va permitir, a diferencia de lo que sucedió en 2014, que el Gobierno independentista instale las urnas para un referéndum que ha sido prohibido por el Tribunal Constitucional. Sobre el papel, según la ley de desconexión, tras la prohibición, se crearía de forma unilateral la República de Cataluña que pasaría a ser titular de los bienes del Estado español en la zona, asumiría a los funcionarios y nombraría a los jueces. El español dejaría de ser lengua oficial.

Con toda probabilidad, nada de esto va a suceder. De hecho, los partidos que defienden la independencia se preparan para unas elecciones autonómicas tras la anulación de la consulta por parte del Tribunal Constitucional. ERC, la formación que, según todos los pronósticos, va a vencer aplazará durante un tiempo la agenda independentista.

Todas las encuestas reflejan que Cataluña está dividida por la mitad entre los partidarios y los contrarios a la independencia (con una ventaja de 4 puntos entre los contrarios que va en aumento). Casi un 70 por ciento de los catalanes rechaza una declaración unilateral de independencia. Pero los partidarios del referéndum, si es pactado, superan el 70 por ciento. Hay una gran mayoría que quiere decidir.

Con el tiempo hemos ido siendo cada vez más conscientes de que en democracia no se pueden mantener en pie valores, por muy esenciales que sean, que no son evidentes para el soberano, es decir para el pueblo. Eso no quiere decir que en democracia todo esté siempre a disposición de cualquier mayoría. La Constitución, como pacto fundacional, establece el cauce por el que el soberano, el pueblo, quiere que naveguen las mayorías. El principio de autolimitación de las libertades rige también para la definición de quién es el propio soberano: una minoría no puede ir contra la mayoría del pueblo de España constitucionalmente definido.

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>Editorial

La Venezuela que ya es libre

Fernando de Haro

Error de cálculo, nerviosismo por el miedo a perder el poder. En los próximos días se irá aclarando por qué el chavismo protagonizó la semana pasada un autogolpe de Estado y después intentó dar marcha atrás. Todo indica que estamos ante una guerra civil dentro del propio chavismo. Maduro no controla todos los hilos.

Los hilos de las decisiones del Tribunal Superior de Justicia, que actúa como Tribunal Constitucional, los controla el Ejecutivo. Y el Ejecutivo, en principio, lo controla Maduro. Pero hay indicios de que las sentencias 155 y 156, que vaciaron de competencias a la Asamblea Nacional, son obra del ala extremista del chavismo liderada por Diosdado Cabello. Una decisión a la que se habría opuesto el propio Maduro. Eso explicaría las críticas de la fiscal general del Estado, Luisa Ortega Díaz, mujer que ha prestado grandes servicios al régimen. Sorprendieron sus declaraciones críticas con el Supremo y la descalificación del autogolpe que hizo el Consejo de Defensa Nacional, un organismo a medida del presidente.

El golpe de la semana pasada, impulsado por el sector radical, llegaba en el momento más inoportuno. Cuando la Organización de Estados Americanos (OE), después de años de dudas, estaba estudiando la aplicación de la Carta Interamericana a Venezuela. Esa carta supone en la práctica extender un certificado de dictadura o semidictadura. Privar al parlamento de sus poderes ha dado al resto de los países de la región motivos para su decisión.

El golpe podía ser inoportuno para quien quería mantener todavía una cierta apariencia de democracia. Pero no para los más extremistas, para esa facción del ejército con negocios de blanqueo y narcotráfico, dispuestos a que no haya más elecciones.

En realidad, el golpe en Venezuela ha sido un golpe a cámara lenta. Primero fue el encarcelamiento de muchos opositores (113 presos políticos), entre los que está Leopoldo López. Luego llegó el bloqueo permanente de la Asamblea, la utilización del Tribunal Supremo para validar un decreto de emergencia alimentaria que había rechazado la oposición, las trabas al referéndum revocatorio y su posterior suspensión, así como la eliminación de las elecciones locales. Y lo último había sido el complejo mecanismo, de cumplimiento obligatorio e imposible, para que los partidos de la oposición se inscribieran, de nuevo, en el Consejo Electoral Nacional. Decisión que, en realidad, suponía que las elecciones presidenciales de 2018 fueran elecciones de partido único.

A lo peor Diosdado Cabello y el ala radical del chavismo no han errado el cálculo y simplemente han buscado subir un grado más la polarización, con violencia en las calles, para justificar la cubanización definitiva del régimen.

La Venezuela que ya es libre

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>CINE

La ciudad de las estrellas (La La Land)

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 2  855 votos
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Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D.

One, la nueva película de Fernando de Haro que se estrena en Madrid el próximo lunes, cuenta lo que nunca te han contado sobre la India. En la mayor democracia del mundo, en el país que compite con China por el liderazgo de Asia y de buena parte del planeta, sigue vigente un rígido sistema de castas. Por eso la minoría cristiana, que se atreve a afirmar la igualdad efectiva entre los indios, es perseguida. Los parias (los sin-casta) que abandonan el hinduismo y abrazan el cristianismo, buscando una vida más digna, pierden las ayudas sociales. Los obstáculos legales que limitan las conversiones han sido respaldados por el Tribunal Supremo. Un nuevo nacionalismo hindú no duda en recurrir a la violencia para restringir la libertad y lleva a cabo prácticas que algunos califican como prácticas genocidas. Prueba de ello es lo que sucedió en el distrito de Kandhamal durante 2008. Se pretendió “limpiar” de bautizados una amplia zona.

Este documental está grabado en Nueva Delhi; en Bhubaneswhar, la gran ciudad del hinduismo; y en las selvas de Orissa, junto al Golfo de Bengala. Recoge los rostros y las historias de gente sencilla (la inmensa mayoría de los bautizados de la India son parias) que ha encontrado en el cristianismo una forma más humana de vivir. Muchos explican por qué abrazaron la nueva religión y han abandonado la antigua. Otros relatan las injusticias sufridas y los motivos que les permiten ser fieles al credo de la cruz. La película da voz también a los nacionalistas hindús que justifican las políticas de discriminación.

Estamos ante el cuarto documental de una serie dedicada a los cristianos perseguidos. El primero de ellos, "Walking next to the wall", fue rodado en Egipto y está dedicado a los coptos. El segundo, Nasarah, grabado en el Líbano, está dedicado a los sirios e iraquíes perseguidos por el Daesh. El tercero, Aleluya, a Nigeria. Los cuatro están disponibles en la plataforma Vimeo. La serie está dirigida por Fernando de Haro que trabaja con la productora N Medio. El proyecto se lleva a cabo con la ayuda del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo y la Fundación Hernando de Larramendi.

A las 19 horas del lunes 23 de enero en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Julián Romea, 23. 28003 Madrid.

Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

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>Columna derecha

>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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