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23 MAYO 2018
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Maduro gana unas elecciones a las que el pueblo renunció

Arturo Illia

El Comité Nacional Electoral venezolano ha declarado vencedor de las elecciones al presidente Nicolás Maduro con 5,8 millones de votos entre el 45% de los electores que han votado, pues ya se anunciaba una abstención histórica. Hasta su aliado europeo Zapatero ha reconocido que estos datos apelan a un diálogo necesario, mientras los medios gubernamentales hablan de altos porcentajes de participación.

El propio Maduro, en el colegio Miguel Antonio Caro de la ciudad de Catia, donde ejerció su derecho al voto, saludó a un público inexistente, aunque también es cierto que fue el primero en acudir a votar, a las seis de la mañana. Después de ejercer su derecho, declaró que le dan igual todos aquellos que le definen como dictador. “El pueblo venezolano ha protagonizado hoy un acto de desobediencia civil histórico, desertando masivamente de los colegios. Más del 80% de la población ha rechazado la farsa con la que Maduro pretende entronizarse en el poder”, declaró el exalcalde de Caracas, exiliado en España, Antonio Ledezma.

Ya se han empezado a registrar las primeras denuncias de irregularidades. Por ejemplo, el candidato Javier Bertucci ha contado más de 1.400, que ha presentado con documentación y han sido tomadas en consideración por el CNE. Todo ello en una jornada electoral a la que la opositora MUD (Mesa de Unión Democrática) aconsejó renunciar. De ahí la creciente abstención, con cifras que algunos observadores llegan a situar en el 90%, lo que dejaría a la consulta como un fiasco total.

Un fiasco al que se suman anécdotas que pueden llegar a resultar hasta cómicas, como la participación de Diego Armando Maradona en el acto final de Maduro, culminando su discurso con un baile del ex “pibe de oro” ondeando la bandera venezolana, lo que ha suscitado numerosos comentarios sarcásticos sobre la capacidad de un exdeportista de fama mundial de hacerse cómplice de la tragedia que sacude a uno de los países potencialmente más ricos del mundo pero donde la situación se ha hecho catastrófica, hasta el punto de que más de 20.000 personas salen diariamente del país huyendo del hambre, las enfermedades y una inflación del 13.000%, que ha destrozado cualquier perspectiva de una vida digna de este nombre.

Parece bastante claro que Maduro ha ganado estas elecciones presidenciales, que se sitúan entre las mayores farsas que la historia moderna pueda recordar. Su adversario político, el candidato exmilitar Henry Falcon, que ha quedado en segundo puesto con 1.798.496 votos (de un total de votos de ocho millones en todo el país), ya ha pedido nuevas elecciones y la anulación de estas.

Maduro gana unas elecciones a las que el pueblo renunció

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Un cuento de hadas de verdad que despierta nuestra nostalgia

Federico Pichetto

¿Qué se esconde tras la atención que todos los medios y la gente de a pie ha dedicado a la boda entre el príncipe Harry y la hermosa Meghan? Sin duda la complicidad de quien al menos una vez en la vida se ha identificado con el novio o la novia; tampoco es nada secundario el morbo propio de la naturaleza humana cuando se asoma a la vida privada de otros indagando, escrutando y tratando de captar los secretos que puedan ocultarse; sin duda también abunda una buena dosis de sempiterna envidia social por las bodas de cuentos de hadas. Todo esto está, pero también hay algo más.

No solo es la parábola del hombrecillo blasonado que tantos recuerdan desfilando siendo aún un niño tras el féretro de su madre, muerta trágicamente en el túnel del Alma. Un chaval que tuvo que crecer solo, afrontando todo el malestar de un milenial y todo el honor de ser una personalidad pública, y que al final consiguió encontrar a la bella e independiente princesa que le redimiera y lo convirtiera en icono de un Imperio, el británico, temeroso de estar en primera línea. Aparte del drama humano, aparte de la curiosidad de sus súbditos y de los demócratas de otros países terriblemente huérfanos de sus reyes y reinas, lo que invade la atmósfera que se respira en torno a Windsor es la nostalgia. Nostalgia no de una Europa aristocrática y centro del mundo –que quizás también– sino sobre todo nostalgia de una fiesta a la que todos, en el fondo, se sienten invitados.

La verdad es que la nada en que vivimos, el terror de que cualquier sombra pueda ser algo malo, un enemigo que nos atenaza, al final no nos convencen. Como tampoco nos convence el sentimiento de frustración e injusticia que anima nuestras pulsiones más fervientes, que se transforma con gran facilidad en rabia y violencia. La noticia de las bodas del príncipe es como si viniera a rescatarnos. Como si la nada, la debilidad, la confusión y la maldad de nuestro tiempo no tuvieran la última palabra, como si esas bodas fueran también nuestras, mías. Hay una fiesta en el castillo y nuestra humanidad quiere ir allí, quiere participar, cansada de sentirse maltratada por los que engañan y mortifican nuestro corazón.

En la Odisea, Penélope, cuando reconoce por fin en el extranjero que tiene delante a su marido, justifica así su incertidumbre, su aparente cinismo. “Mi corazón se estremecía dentro del pecho por temor a que alguno de los mortales se acercase a mí y me engañara con sus palabras, pues muchos conciben proyectos malvados para su provecho”. La percepción de encontrarnos ante una auténtica fiesta, un cuento hecho realidad, reabre inesperadamente nuestro deseo de vivir y nos empuja a salir corriendo, todavía un poco escépticos, a ver qué puede haber de nuevo “en este maldito país”.

Un cuento de hadas de verdad que despierta nuestra nostalgia

Federico Pichetto | 0 comentarios valoración: 3  4 votos
>Editorial

El resentimiento que rechazamos

Fernando de Haro

El nombramiento de Quim Torra como nuevo presidente de la Generalitat de Cataluña, a pocos días de que expirara el plazo para la convocatoria de unas nuevas elecciones, supone el inicio de un capítulo inédito en el proceso de secesión. El nuevo capítulo inédito, en un océano de capítulos inéditos, está sin duda marcado por la nula voluntad de Torra de encontrar un punto de entendimiento con el Gobierno. No hay voluntad de encontrar una fórmula posible, de esperar para ampliar las bases de los partidarios de la independencia tal y como reclamaba ERC. Torra aplica la política que marca el expresident Puigdemont desde Berlín. Va a la confrontación directa y elige para su nuevo Gobierno a cuatro exconsejeros que están en prisión o en el exilio, procesados por delito de rebelión.

Pero el capítulo es inédito, sobre todo, porque supone la “verbalización del rencor” por parte de quien tiene la máxima responsabilidad institucional. Torra es conocido por sus tuits y por sus escritos en los que les falta el respeto a los españoles no catalanes. Son ellos, los maleducados, los que solo saben expoliar, los ocupadores desde 1714. Torra verbaliza la culpa situándola en el otro de forma expresa. Incomoda a los defensores de la Constitución del 78 y a muchos independentistas que se ven atrapados en la descalificación.

Es la dinámica que domina buena parte de la vida política del planeta y, aunque con otros tonos, todos la hemos practicado. Es el signo de los tiempos en esta edad de la ira. En Alemania se azuza el odio al inmigrante, al que se le culpa de todos los males; el islamismo radical, en nombre de una tradición que desconoce, se lanza contra el occidente laico del que copia su última estación nihilista; la islamofobia aglutina a los que se sienten olvidados en sociedades desiguales; los nacionalistas proteccionistas del comercio y de una cultura que ya no tiene nada que ver con local se lanzan contra la mundialización… la lista de los fenómenos es muy larga y cada uno de ellos tiene muchas cosas en común.

Lo de Torra tiene precedentes muy clásicos en la historia de Europa. Con mucha menos genialidad intelectual, con menos capacidad de construcción de discurso, el nuevo presidente de la Generalitat alimenta la misma reacción que tuvo parte de la cultura alemana romántica cuando vio avanzar la ideología de la Ilustración francesa. Era necesario, frente al proyecto homologador, que el individuo volviera a sentirse bien en su mundo, rescatar la comunidad tradicional, reencontrar el orgullo frente al otro, huir de la tecnocracia, recuperar el espíritu, consumar la “transferencia de sacralidad”, de modo que los nombres de la fe quedaran vacíos de contenido y ahora exaltaran la nueva patria. Entonces como ahora, la reacción se parece mucho a la acción. Ni la tradición es tradición ya, ni el espíritu pertenece al pueblo ni hay memoria viva. Son construcciones que toman de prestado el contenido y la forma de aquello contra lo que se sublevan.

>Editorial

El resentimiento que rechazamos

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  9 votos

Dos en uno

Guadalupe Arbona Abascal

Hace unos días, se presentó en al Facultad de Físicas de la UCM la novela de Juanjo Gómez Cadenas titulada ‘Los saltimbanquis’. El coloquio entre el autor, los asistentes y tres amigos que estábamos en la mesa –un neuro-científico que estudia el Alzheimer en Houston, un exégeta y catedrático de Biblia y yo, profesora de literatura– tuvimos que dar razón de lo que ofrece la novela. No es corriente asistir en una Facultad de Físicas a la presentación de una obra literaria, como no es normal ver a un científico puntero que declara su estima por la belleza y le dedica sus mejores horas. ¿Hay algo en común entre hacer ciencia y escribir literatura? Fue la pregunta que se repitió y abordó de maneras diferentes. La respuesta nos la daba el autor, su mirada es la del estupor, la de la sorpresa porque las cosas sean, pudiendo no ser. Él mismo hacía unos meses, cuando fue nombrado socio de honor de la Asociación Universitas, lo decía. Gómez Cadenas se asombra con lo inmensamente pequeño y hace sentir que por tu uña pasan cada segundo 100 billones de neutrinos; de la misma manera le pasa con lo grande: el cosmos gigante, lo inmensamente grande y lejano, le sobrecoge cuando por la noche alza la vista y ve las estrellas; le pasma que haya cien billones de hombres y mujeres que han pisado esta tierra cada uno con su historia particular; y sigue la retahíla de sus asombros porque no se maravilla menos con la inaudita capacidad del hombre que puede percibir la belleza de una rosa y la de una ecuación matemática. Esta capacidad de mirar los hechos, en su inmensidad, en su pequeñez, en su variedad inmensa… y sobre todo ese asombro es lo que Dostoyevski denominaba la mirada de un artista: “Tomad un hecho cualquiera de la vida real –decía el ruso–, aunque no sea tan evidente a primera vista, y si tenéis un mínimo de fuerza y ojos, reconoceréis en él una profundidad (…) Esta es la cuestión: ¿quién posee esta mirada, quién tiene esta fuerza? Porque no sólo para crear obras de arte, sino simplemente para percibir un hecho, se requiere ser –en cierto modo– un artista” (F. Dostoyevski, ‘Diario de un escritor’).

Dos en uno

Guadalupe Arbona Abascal | 0 comentarios valoración: 2  12 votos
>Entrevista a Jordi Amat

"Para resolver el problema de Cataluña hay que encarar la cuestión de la soberanía española"

Fernando de Haro

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, hizo en su discurso de investidura la promesa de abrir un nuevo proceso constituyente para proclamar, lo antes posible, la república. Parece alejarse así de otras sensibilidades más dispuestas al compromiso. ¿Qué consecuencias puede tener esta decisión?

Por ahora son sólo palabras. Y diría que son palabras dichas para contentar a la CUP que en la legislatura anterior ya fue la vanguardia de una comisión parlamentaria con el objetivo de activar dicho proceso. Mientras sean sólo palabras, a corto plazo, no va a tener consecuencias. Mi duda es cómo puede combinarse una actitud de desescalada al conflicto y, al mismo tiempo, mantener un discurso que plantea escenarios de confrontación.

En tu libro ‘La conjura de los irresponsables’ sostienes que todo el proceso en el que estamos inmersos se desencadena por un "conflicto de legitimidades" entre el resultado del referéndum de la reforma del Estatut y la actuación del Tribunal Constitucional, instada por el PP. Me parece que sugieres que hubiera sido suficiente que el PP hubiera hecho gestos "de comprensión" hacia el nacionalismo tras la sentencia del Constitucional para no dar argumentos a un soberanismo que venía preparándose desde hacía mucho tiempo. ¿He entendido bien? ¿Cómo se hubiera podido resolver este conflicto de legitimidades cuando, según lo que dijo el Tribunal Constitucional, la reforma del Estatut desbordaba los límites de la Carta Magna del 78?

Mi hipótesis es que, tras el acuerdo del 96 entre populares y convergentes que posibilita la alternancia en el gobierno español, el desarrollo del Estado territorial del 78 se bloquea. La mecánica que hasta entonces había dinamizado ese modelo empieza a estropearse y, al fin, deja de funcionar por diversos motivos que pone en marcha el proceso de reforma estatutaria. Y entonces, sí, se produce un conflicto entre ley y legitimidad porque la soberanía, tal como se define en la Constitución, es cuestionada. Llegados a ese punto sólo un replanteamiento leal de la soberanía hubiese permitido, creo, una reforma positiva del sistema.

¿Ves alguna vía para desatascar la situación?

A corto plazo, no. Estamos en un bucle degradador. Para empezar yo creo que la situación de los presos –yo creo que son presos políticos– y los políticos que decidieron instalarse en el extranjero –digamos en el exilio– imposibilita retomar unas conversaciones que, tarde o temprano, deberán producirse. Para que haya respeto mutuo, para refundar una lealtad compartida. Eso pide tiempo. Pide mucho tiempo y una generosidad que implique magnanimidad. Y cuando se haya creado ese clima, sólo entonces, podrá buscarse una solución que no será volver al modelo territorial anterior a la crisis.

Sostienes, si no entiendo mal, que Pujol no quería desbordar la Constitución del 78. Ya sabes que hay quien cuestiona esta tesis.

Esa es la idea que él formula en la conferencia que comento en ‘La confabulación’. Otra cosa distinta es si las políticas de nacionalización que implementó, tal como intentó contar en ‘Largo proceso, amargo sueño’, eran leales al Estado del 78. Y eso es más discutible. No digo que no lo fueran. Digo que es pertinente preguntarse por las consecuencias de dichas políticas que fueron democráticamente avaladas por la ciudadanía durante más de dos décadas.

>Entrevista a Jordi Amat

"Para resolver el problema de Cataluña hay que encarar la cuestión de la soberanía española"

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  11 votos
>Entrevista a Valentí Puig

"Con Torra habrá confrontación"

P.D.

¿De dónde surge el discurso de exclusión de Torra?

Procede de un mundo residual que estuvo incubando durante años la nostalgia de una Cataluña belicosa y excluyente, con sus precedentes paramilitares, como es el caso de Raimon Galí, uno de los inspiradores de Jordi Pujol. La veneración de Torra por los golpistas de 1934 –héroes del fascismo catalán– es un dato brutal entre otras cosas porque los hechos del 34 y la revolución de Asturias son el preámbulo efectivo del pronunciamiento militar de Franco en 1936. Esa incubación del “Delenda est Hispania” ha sido posible gracias a la pasividad e indiferencia de élites y sectores de la población que se sintieron cómodos y protegidos con el pujolismo, tal vez porque así no hacía falta ejercer el pluralismo crítico. En realidad, por abstención o por complacencia, todos hemos hecho posible esto aunque, desde luego, unos más que otros. ¿Cómo los medios influyentes no destacaron nunca el perfil de Torra? ¿Ha existido una estrategia de Estado para seducir y fidelizar a la Cataluña que no es independentista?

¿Vamos a ver más confrontación o las declaraciones de Torra son fuego de artificio?

Torra se cree un intelectual –cuyo referente es la falsedad de 1714– y eso lo hace aún más peligroso que Puigdemont. Por el momento, es vasallo del expresidente prófugo y a la vez la ERC de Junqueras no es capaz de embridarlo. Torra tiene una manifiesta voluntad de confrontación y su lenguaje es más republicano y separatista que el de ERC. Para Torra solo es posible un sentido de la historia que es abandonar la España depredadora y lo alimenta con una concepción de Cataluña radicalmente endógena y predemocrática, iliberal. Para alguien como Torra pasar de las palabras a los hechos es un dogma. En fin, habrá indudablemente en uno u otro grado una confrontación entre la Cataluña no independentista y la que ha escogido a Torra como su presidente, como la habrá entre la Generalitat y el Estado. La unidad estratégica del constitucionalismo, tan incierta ahora mismo, es fundamental.

¿Por qué ERC no sirve de elemento moderador?

Quizás lo intente pero pudiera llegar tarde. Si no vuelve aplicarse el 155, ahora puede tener mucho poder, controlando áreas de gobierno sustanciales y con buenas perspectivas para las municipales, en Barcelona, por ejemplo. ERC sigue con la sorpresa de haber sido superada electoralmente por el Junts per Cataluña que Puigdemont improvisó de cualquier manera.

¿A partir de ahora cuál puede ser la hoja de ruta?

La de Torra será la provocación permanente hasta generar algún efecto reactivo. Esa estrategia tiene alto riesgo porque esas cosas no se controlan fácilmente y la CUP –decisiva en la elección de Torra– y su entorno “kale borroka” pueden tomar la iniciativa. Para una nueva aplicación del 155, esta vez hará falta hacerlo con más intensidad y amplitud. Mientras tanto, sin la garantía fundamentada de seguridad jurídica, la economía seguirá deteriorándose.

¿Hay algún modo de superar el conflicto?

>Entrevista a Valentí Puig

"Con Torra habrá confrontación"

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  13 votos

Europa merece, una vez más, que la defendamos y que la refundemos

Miguel de Haro Izquierdo

En días pasados conmemoramos la festividad del día de Europa. Para muchos europeos la festividad era lo más parecido a un lúgubre cumpleaños que quiere ser olvidado y silenciado con los amigos más cercanos, ante la fatiga de una celebración vacía, sin esperanza y carente de sentido. Parece como si uno pudiera “palpar en nuestras sociedades cómo se expande la idea y el sentimiento de una Europa cansada y envejecida, no fértil y vital, donde los grandes ideales que inspiraron a Europa parecen haber perdido fuerza y atracción”, tal y como exponía el Papa Francisco en su discurso al recoger el Premio Carlomagno en el año 2016.

Los acontecimientos políticos y sociales generados en muchas naciones europeas en los últimos años han minado la confianza europeísta. La corriente euroescéptica de Gran Bretaña, con un demoledor brexit que daña tanto al país anglosajón como al resto de miembros de la UE por las consecuencias de su separación en el ámbito social, económico, y sobre todo por la ruptura de la unidad del ideal de proyecto común europeo. El problema del euro y el futuro de nuestra política económica y fiscal común. El incremento de partidos anti-integracionistas. La crisis de los refugiados que ha sido incapaz de ser asumida tanto a nivel humanitario como a nivel político y social. Los frecuentes ataques terroristas en Francia, Alemania, España… y el terror que conlleva la pérdida de vidas y su inmediata generación de sentimientos de inseguridad entre la población. La incapacidad de dar respuesta a nuestras fronteras en el sur del Mediterráneo, donde millones de personas mueren soñando poder llegar a un paraíso personal de condiciones más favorables.

Nuestra política exterior y de acción común también se observa debilitada ante un nuevo escenario mundial en que naciones comercialmente superiores a nuestros recursos toman posición ante el futuro de un nuevo orden mundial económico. Nuestra presencia en el conflicto de Siria, las deterioradas relaciones políticas con Rusia y EE.UU, ahonda la sensación de una esclerosis múltiple europea.

Ante tanto desconcierto creo que es importante hacer referencia a dos personalidades que han tenido una especial trascendencia estas semanas, y que pueden recuperar en el presente el liderazgo y el origen de la verdadera Europa. Por un lado, Emmanuel Macron, al concederse el premio Carlomagno en Aquisgrán, y por otro Antonio Tajani, al recibir el premio Carlos V en Yuste.

El presidente francés ha resaltado y recomendado que “no seamos débiles, no nos dividamos, no tengamos miedo, no esperemos” frente a todos los retos y debilidades de nuestro continente. Ante el derrumbe de los principios democráticos y del populismo, “no tengamos miedo del mundo en el que vivimos, de lo que somos, de nuestros principios. No los traicionemos”. Frente a todas las incertidumbres no podemos "estar enfrentados a las tentaciones de abandonar los fundamentos de nuestro Estado de derecho. No cedamos nada".

Europa merece, una vez más, que la defendamos y que la refundemos

Miguel de Haro Izquierdo | 0 comentarios valoración: 3  25 votos
>Entrevista a Juan Milián Querol

'Torra es una oportunidad'

P.D.

El vicesecretario de Estudios y Programas del PPC, Juan Milián Querol, valora para paginasdigital.es la elección de Quim Torra como presidente de la Generalitat.

¿Mantendrá Quim Torra el radicalismo del que ha hecho gala en el debate de investidura con sus acciones de gobierno?

Las palabras de Torra no son propias de este siglo. Su supremacismo y su etnicismo deberían avergonzar a todos aquellos que le han votado en el Parlament y obliga a una reflexión a todos aquellos que en algún momento han creído que el nacionalismo es una buena idea. No lo es. El separatismo es su instrumento, pero el verdadero problema en Cataluña es el nacionalismo. Las palabras de Torra ni ayudan a la reconciliación, ni ayudan al regreso de las empresas. Todo lo contrario. Y llevarlas a la práctica sería fomentar irresponsablemente un conflicto civil.

¿Va a empezar realmente un nuevo proceso constituyente para acabar otra vez en una declaración de independencia?

No. Quiero pensar que todos los partidos constitucionalistas son ya conscientes de que estamos ante una grave amenaza a la convivencia, a la democracia y a la libertad. Y que cualquier vulneración de la Constitución será rápidamente contestada. La aplicación del artículo 155 supuso un alivio para la mayoría de los catalanes. Si vuelven a perpetrar un golpe como los de los plenos del 6 y 7 de septiembre, un nuevo 155 más duradero e intervencionista sería necesario.

ERC había apostado por una vía más realista. ¿Ya no tiene peso?

ERC empujó al anterior govern y Parlament a declarar la independencia en contra de la voluntad y de los derechos de la mayoría de catalanes. Visto su fracaso, ahora pretenden dulcificar su retórica para replegar fuerzas y facilitar pactos de izquierdas en las próximas municipales. Sin embargo, el miedo a ser considerados los traidores del procés ha hecho que votaran como presidente a un fanático que considera que los catalanes que nos sentimos españoles somos “bestias con forma humana”.

Unas nuevas elecciones parecen cercanas. ¿Cuál sería la estrategia más inteligente para el constitucionalismo?

Los partidos constitucionalistas deben trabajar con lealtad para ofrecer una respuesta conjunta al desafío. La mayoría de constitucionalistas agradecimos que, en aquellos plenos del Parlament que llevaron a Cataluña al borde del abismo, PPC, PSC y Ciudadanos colaboraran y fueran unidos, sin tacticismos, ni obsesionados por las encuestas. Aquel es el espíritu que debería impregnar la estrategia de todos estos partidos respecto a la situación política y social en Cataluña.

¿Cómo se puede rebajar la polarización social?

>Entrevista a Juan Milián Querol

'Torra es una oportunidad'

P.D. | 0 comentarios valoración: 3  35 votos

Lo que Marx no sabía

Giorgio Vittadini

Últimamente se multiplican los diagnósticos sobre el cuerpo enfermo del sistema capitalista. Hay quien considera que el incremento de los nuevos ricos (récord en 2017 según el informe Oxfam) es un bien que recaerá en el resto de la población. Pero también hay quien señala la otra cara de la moneda: no solo crece el número de ricos, también el de pobres, y con perspectivas cada vez más inciertas. El capitalismo financiero, que pone en el centro de la organización social el dinero en vez del trabajo, ofrece muchos ejemplos y realmente nadie puede imaginar a qué futuro nos llevará.

Un ingeniero americano contaba a un amigo que en su empresa, muy bien organizada, los robots son los que realizan tareas como elegir, transportar o empaquetar los productos. En teoría, podrían usar robots también para otras labores, pero de momento no era conveniente. ¿Por qué? La recogida del cartón, por ejemplo, explicaba el ingeniero, se la encargaban a los guatemaltecos porque era más barato. No es casual. La financiarización, que comporta rendimientos superiores a los que garantiza la economía real, sumada a la ventaja que supone vivir en áreas urbanas respecto a centros pequeños, está llamada a agudizar la desigualdad entre personas. Los datos sobre el empobrecimiento no dejan lugar a dudas y recuerdan a la situación de la primera industrialización a principios del XIX, con la misma alarma entre los pobres más pobres.

Karl Marx, que nació hace exactamente doscientos años, el 11 de mayo de 1818, tuvo en aquella época el mérito de dedicar su reflexión al tema de la injusticia que se genera con la explotación de los trabajadores. El esquema de la lucha de clases terminó generando una violencia y una opresión aún peor, pero al menos intentó poner en discusión una idea de desarrollo basada en el papel estructural de los explotados. ¿Existe un camino alternativo al esquema marxiano que no sea un simple y distraído encogimiento de hombros? En la misma época en que vivió Marx, nació otro movimiento, el de muchos cristianos que se pusieron al lado de los últimos de los últimos. Entre ellos muchos santos sociales, como don Bosco, Calasancio, Cottolengo. Y un sacerdote francés, desconocido para la mayoría, el padre Stefano Pernet, que dedicó su vida a ayudar a los desheredados de las periferias urbanas en las primeras ciudades industrializadas.

En ambientes hostiles a la Iglesia, Pernet fundó la congregación de las Hermanitas de la Asunción, mujeres jóvenes que acudían a las casas de gente que necesitaba cuidados y desempeñaban tareas sencillas, como cocinar, limpiar, dar la medicación… Sin recibir nada a cambio, a menudo en silencio y sin tener en mente forma alguna de proselitismo. A diferencia de gran parte de la Iglesia de entonces, Pernet no se opuso de forma ideológicamente hostil al mundo nuevo, como dijo a las monjas de la congregación a los pocos días de llegar a Nueva York. “En esta potencia del trabajo hay algo bueno. Nosotros debemos imitarlo, pero dando al buen uso del tiempo un objetivo distinto del ganar dinero. Nuestro objetivo es ganar el corazón de Nuestro Señor y el Paraíso. Podéis estar seguras de que nuestra ganancia es mucho más alta que la de los neoyorquinos. En este país hay energía, vida, grandes esperanzas”.

Lo que Marx no sabía

Giorgio Vittadini | 0 comentarios valoración: 2  25 votos
>Editorial

Sucederá la flor, también al final

Fernando de Haro

Ha llegado estos días a las librerías españolas un librito, “Sucederá la flor” (Pretextos). Pocas páginas en las que el joven poeta Jesús Montiel relata con excelente prosa sus experiencias mientras su hijo es tratado de leucemia. En el hospital, con el sufrimiento de los inocentes en el alma, con la muerte en ocasiones como compañera, Montiel, herido por el hijo enfermo, llorando, escribe que “el dolor se abraza o no se abraza” y confiesa que “el dolor me ha dado el canto”.

Páginas luminosas y silenciosas las de Montiel que llegan mientras en la vida pública aparece la enésima crispación, por el enésimo debate, que lo llena todo de un griterío sordo. Esta vez se trata de la eutanasia. El último de los “nuevos derechos” que no estaba recogido en la legislación española. Se alzan voces encrespadas, casi todas ellas muy diferentes a las que se emplean en los pasillos y en las habitaciones de los hospitales.

Hasta hace poco más de un año el PSOE había rechazado que la eutanasia y el suicidio asistido se convirtieran en derechos. Coincidía con el PP, el partido en el Gobierno, y ese acuerdo básico de las dos formaciones todavía (quizás por poco tiempo) mayoritarias permitió frenar el cambio de legislación propuesto por Podemos. Pero hace unos días los socialistas, con un giro inesperado, han presentado en el Congreso una propuesta que recoge las principales ideas de la formación morada sobre la llamada “muerte digna”. También se ha tomado en consideración una propuesta similar que llega desde el Parlament de Cataluña. El PP sigue en contra, pero está en minoría.

Antes de iniciarse cualquier tipo de diálogo sobre una cuestión tan delicada, ya ha quedado sentenciada para la opinión pública. De un lado están los que, probablemente con un amplio apoyo, entienden que es inconcebible no sacar hasta el final las consecuencias del principio de autodeterminación personal. Consideran inaceptable, una rémora de una cultura religiosa que ensalza el sufrimiento, admitir algún tipo de coto al derecho a decidir sobre la propia existencia. Máxime cuando se trata de decidir sobre el final. Es el último resto de dependencia a una referencia externa que limita la libertad. De otro lado se sostiene que el principio del valor de la persona, desde su nacimiento hasta su último respiro, es innegociable, expresión de su dignidad. Parece no comprenderse que en democracia un principio es innegociable para quien lo es, y para todos si lo determina la Constitución o la mayoría.

>Editorial

Sucederá la flor, también al final

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El resentimiento que rechazamos

Fernando de Haro

El nombramiento de Quim Torra como nuevo presidente de la Generalitat de Cataluña, a pocos días de que expirara el plazo para la convocatoria de unas nuevas elecciones, supone el inicio de un capítulo inédito en el proceso de secesión. El nuevo capítulo inédito, en un océano de capítulos inéditos, está sin duda marcado por la nula voluntad de Torra de encontrar un punto de entendimiento con el Gobierno. No hay voluntad de encontrar una fórmula posible, de esperar para ampliar las bases de los partidarios de la independencia tal y como reclamaba ERC. Torra aplica la política que marca el expresident Puigdemont desde Berlín. Va a la confrontación directa y elige para su nuevo Gobierno a cuatro exconsejeros que están en prisión o en el exilio, procesados por delito de rebelión.

Pero el capítulo es inédito, sobre todo, porque supone la “verbalización del rencor” por parte de quien tiene la máxima responsabilidad institucional. Torra es conocido por sus tuits y por sus escritos en los que les falta el respeto a los españoles no catalanes. Son ellos, los maleducados, los que solo saben expoliar, los ocupadores desde 1714. Torra verbaliza la culpa situándola en el otro de forma expresa. Incomoda a los defensores de la Constitución del 78 y a muchos independentistas que se ven atrapados en la descalificación.

Es la dinámica que domina buena parte de la vida política del planeta y, aunque con otros tonos, todos la hemos practicado. Es el signo de los tiempos en esta edad de la ira. En Alemania se azuza el odio al inmigrante, al que se le culpa de todos los males; el islamismo radical, en nombre de una tradición que desconoce, se lanza contra el occidente laico del que copia su última estación nihilista; la islamofobia aglutina a los que se sienten olvidados en sociedades desiguales; los nacionalistas proteccionistas del comercio y de una cultura que ya no tiene nada que ver con local se lanzan contra la mundialización… la lista de los fenómenos es muy larga y cada uno de ellos tiene muchas cosas en común.

Lo de Torra tiene precedentes muy clásicos en la historia de Europa. Con mucha menos genialidad intelectual, con menos capacidad de construcción de discurso, el nuevo presidente de la Generalitat alimenta la misma reacción que tuvo parte de la cultura alemana romántica cuando vio avanzar la ideología de la Ilustración francesa. Era necesario, frente al proyecto homologador, que el individuo volviera a sentirse bien en su mundo, rescatar la comunidad tradicional, reencontrar el orgullo frente al otro, huir de la tecnocracia, recuperar el espíritu, consumar la “transferencia de sacralidad”, de modo que los nombres de la fe quedaran vacíos de contenido y ahora exaltaran la nueva patria. Entonces como ahora, la reacción se parece mucho a la acción. Ni la tradición es tradición ya, ni el espíritu pertenece al pueblo ni hay memoria viva. Son construcciones que toman de prestado el contenido y la forma de aquello contra lo que se sublevan.

El resentimiento que rechazamos

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  9 votos
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Sucederá la flor, también al final

Fernando de Haro

Ha llegado estos días a las librerías españolas un librito, “Sucederá la flor” (Pretextos). Pocas páginas en las que el joven poeta Jesús Montiel relata con excelente prosa sus experiencias mientras su hijo es tratado de leucemia. En el hospital, con el sufrimiento de los inocentes en el alma, con la muerte en ocasiones como compañera, Montiel, herido por el hijo enfermo, llorando, escribe que “el dolor se abraza o no se abraza” y confiesa que “el dolor me ha dado el canto”.

Páginas luminosas y silenciosas las de Montiel que llegan mientras en la vida pública aparece la enésima crispación, por el enésimo debate, que lo llena todo de un griterío sordo. Esta vez se trata de la eutanasia. El último de los “nuevos derechos” que no estaba recogido en la legislación española. Se alzan voces encrespadas, casi todas ellas muy diferentes a las que se emplean en los pasillos y en las habitaciones de los hospitales.

Hasta hace poco más de un año el PSOE había rechazado que la eutanasia y el suicidio asistido se convirtieran en derechos. Coincidía con el PP, el partido en el Gobierno, y ese acuerdo básico de las dos formaciones todavía (quizás por poco tiempo) mayoritarias permitió frenar el cambio de legislación propuesto por Podemos. Pero hace unos días los socialistas, con un giro inesperado, han presentado en el Congreso una propuesta que recoge las principales ideas de la formación morada sobre la llamada “muerte digna”. También se ha tomado en consideración una propuesta similar que llega desde el Parlament de Cataluña. El PP sigue en contra, pero está en minoría.

Antes de iniciarse cualquier tipo de diálogo sobre una cuestión tan delicada, ya ha quedado sentenciada para la opinión pública. De un lado están los que, probablemente con un amplio apoyo, entienden que es inconcebible no sacar hasta el final las consecuencias del principio de autodeterminación personal. Consideran inaceptable, una rémora de una cultura religiosa que ensalza el sufrimiento, admitir algún tipo de coto al derecho a decidir sobre la propia existencia. Máxime cuando se trata de decidir sobre el final. Es el último resto de dependencia a una referencia externa que limita la libertad. De otro lado se sostiene que el principio del valor de la persona, desde su nacimiento hasta su último respiro, es innegociable, expresión de su dignidad. Parece no comprenderse que en democracia un principio es innegociable para quien lo es, y para todos si lo determina la Constitución o la mayoría.

Sucederá la flor, también al final

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Liberación número 1

Fernando de Haro

Hablo con Irene Villa mientras ETA, la última banda terrorista de Europa, anuncia su disolución sin pedir perdón a las víctimas, reivindicando su pasado de sangre. Irene Villa perdió, cuando tenía doce años, las dos piernas. Fue en un atentado de los que, en estos días, al despedirse, justifican su violencia por la represión de la Guerra Civil. Mentira arqueológica.

“Tras al atentado empecé una vida mucho más dramática de lo que había pensado. Mi vida era la de una adolescente feliz. De pronto, empecé a vivir sin piernas -me cuenta Villa-. Decidí perdonar porque quería rehacerme, renacer”.

Escucho a Irene mientras las televisiones emiten una y otra vez el acto montado por el ya disuelto grupo terrorista en Cambo, en el País Vasco francés. Los autodenominados mediadores internacionales dan lectura a la Declaración de Arnaga. Horas antes, Josu Ternera, el que fuera jefe de los terroristas, ha grabado un mensaje para solemnizar el punto final.

La Declaración de Arnaga, como el mensaje de Ternera, falta dolorosamente a la verdad cuando hay más de 850 personas asesinadas. Llama a ETA grupo armado, sigue hablando de “conflicto”, pide solución para los presos y para los fugados de la justicia y le riñe al Gobierno por no haber dialogado con los terroristas.

Aparto la vista del televisor y me agarró, como un náufrago a punto de sucumbir, a la voz firme de Villa. Voz firme y cálida que perdió la adolescencia, pero no la vida y que me rescata de esa ola de suciedad que despierta en mí el mal y el daño que causaron y causan los violentos.

“El hecho de perdonar significa romper el vínculo con la persona que te ha hecho daño -me explica Irene-. Cuando no perdonas a alguien, te mantienes de algún modo vinculado al mal que te ha hecho esa persona. Hay un hilo invisible que te vincula al terrorista para siempre. Lo he visto en mi hermana, que estuvo a punto de quedarse sin hermana y sin madre y que es incapaz de perdonar. He visto en ella más dolor que en mí porque yo perdoné”.

Liberación número 1

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>Editorial

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

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>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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