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28 JUNIO 2017
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>Entrevista a Teresa López

´La maternidad subrogada que propone Cs desnaturaliza la familia´

P.D.

Este martes Ciudadanos ha presentado una proposición de ley en el Congreso para dar carta de naturaleza a los vientres de alquiler. La propuesta exige a la mujer gestante tener más de 25 años, ser española, haber sido madre con anterioridad y cumplir con una renta mínima. La fórmula ha provocado divisiones en el partido. Hablamos con María Teresa López López, presidenta del Comité de Bioética.

¿Por qué el Comité de Bioética ha rechazado la fórmula de la maternidad subrogada?

Fundamentalmente por el respeto a la dignidad de la mujer y a la dignidad del niño, porque cuando hablamos de maternidad subrogada siempre pensamos en los derechos de la mujer y aquí hay un tercero implicado, y los derechos del menor tienen que estar por encima de todo.

La propuesta que ha hecho Ciudadanos es una propuesta de maternidad subrogada gratuita, ¿eso no resuelve el problema principal?

No resuelve absolutamente nada y la falta de respeto a la explotación de la mujer y a los derechos del menor siguen produciéndose exactamente igual, sea o no remunerada. En cualquier caso, ahí tenemos un problema añadido porque la propuesta es no remunerada pero sí con compensación, por lo tanto el control de qué signifique esa compensación puede terminar cayendo en lo mismo, es decir, en una remuneración materializada de otra manera. Luego hay una segunda razón importante y es que desnaturaliza la familia, porque nos podríamos encontrar con una abuela que es madre a la vez, o una tía que es a la vez madre, es decir, es difícil entender que, sin existir ningún tipo de relación familiar, alguien se preste a un desconocido a gestar el hijo de un tercero al que no conoce o que simplemente no tiene ninguna relación con él. Lógicamente, si eso no es así, como está pasando en otros países, y es la madre la que está gestando el hijo a su hija, pues tenemos un conflicto en la esencia de la persona. Esa mujer, ¿es madre o es abuela? No tiene ningún sentido.

¿Hay un vacío legal que exija regular esta figura de la gestación subrogada?

No hay ningún vacío legal, puesto que en el caso de España lo que tenemos es la ley de reproducción asistida y las distintas reformas que se han ido haciendo, donde figura como un contrato que no tiene ninguna consecuencia, por tanto es nulo y las consecuencias no están reconocidas como tales. Está regulado, lo único que hay que hacer es aplicar la ley vigente, y si el contrato es nulo lo serán también las consecuencias de ese contrato.

>Entrevista a Teresa López

"La maternidad subrogada que propone Cs desnaturaliza la familia"

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El Profeta galileo ¿por qué no hace nada?

Javier Prades

Una novela que hace gustar de la escritura y vuelve humano el corazón. Lástima que el título no sugiera la riqueza estremecedora que encierran sus páginas. Basta empezar a leer. Luego está hecho. Desde la primera escena hasta el final ya no hay quien lo deje.

Es muy arriesgado escribir un relato sobre el relato de los relatos, la Biblia. Muy pocas veces dejo de pensar que el original supera infinitamente cualquier versión o adaptación narrativa. No me atrevo a opinar sobre las películas de argumento bíblico, aunque en general me sucede lo mismo. Quizá en la música sí quepa reconocer verdaderas obras maestras que –por decirlo de algún modo– están a la altura del guion bíblico. Victoria, Pergolesi, Bach, Mozart, Dvořák o Poulenc, entre otros, son dignos de la belleza única de la Sagrada Escritura... Pero no me quiero desviar de nuestro asunto.

El relato de la Pasión, proclamado en la liturgia de la Semana Santa, y releído en otros momentos del año litúrgico, soporta maravillosamente el paso del tiempo. No unos meses, no. Más de dos mil años. Cada vez que te acercas a él descubres un matiz de la redacción, un rasgo psicológico, una descripción del drama humano o una consecuencia para tu vida en la que no habías reparado, aunque lo lleves escuchando o leyendo desde hace 50 años. ¿Qué obra de la literatura universal se somete a una prueba semejante?

Los relatos sobre personajes bíblicos, como digo, raramente ayudan a entrar mejor en esta historia inaudita que han tejido los autores sagrados. En el siglo XX, los Misterios de Péguy, el Barrabás de Lagerkvist o el Bar Jona de Sartre, en España Jiménez Lozano... Sin duda hay excepciones de valor. Salisachs también acepta el desafío. Y no sale malparada. Elige un personaje evangélico, conocido popularmente por su nombre, Dimas “el buen ladrón”, pero cuyas andanzas hasta terminar colgado en la cruz no se narran en los evangelios.

La familia de Dimas va dibujándose resueltamente nada más empezar. Destaca la figura grandiosa de su madre, Eva, afligida por una maldición que cayó sobre el niño al nacer. Nos sumergimos en las costumbres y en la mentalidad de los judíos observantes que esperaban al Mesías. Exploramos los corazones de los personajes, sus pliegues más oscuros y sus horizontes más luminosos. Salisachs compone una trama en la que va aflorando poco a poco, aquí y allá, puras alusiones, la figura del Profeta.

Con ese bagaje a las espaldas desembocamos en los capítulos más sobrecogedores de la novela. Dimas se marchó hace años, para cumplir sus sueños y colmar su ambición. Eva queda viuda en casa. Sólo la sostiene el recuerdo de su hijo querido y la esperanza de volver a verlo. Lidia también espera su vuelta para casarse y empezar esa familia vislumbrada tantas veces a escondidas. La noticia cae sobre ellas como un martillazo: han prendido a Dimas por sus crímenes, y va a ser condenado junto con Gestas, tal es el nombre del otro ladrón que será crucificado en el Gólgota. No lo creen. No lo quieren creer. Dimas no.

El Profeta galileo ¿por qué no hace nada?

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La presencia de los cristianos en una sociedad pluralista

Massimo Borghesi

Sin duda, con este título abordamos un tema delicado, complejo, objeto de muchas controversias. Para obtener una reflexión mínimamente útil habría que tener presentes al menos dos factores: el primero es el escenario histórico y sus cambios, y el segundo todo lo que sugiere la fe en el momento histórico actual, a la luz del magisterio del Papa. Resumiendo, tener claro el contexto histórico que ha llevado a la situación presente y tener claro qué es lo que más urge en este momento desde el punto de vista de la fe.

No cabe duda. Los últimos setenta años, desde la posguerra hasta hoy, han visto variaciones sensibles en la presencia de los católicos en el espacio democrático, que ha sufrido profundas mutaciones. Desde 1945 hasta los primeros años 90, el catolicismo político encontró su expresión en la Democracia Cristiana, baluarte de la democracia italiana. La DC era, frente a un partido comunista orgánicamente ligado a la Unión Soviética, la democracia italiana, y esto lo reconocerán, después de 1989, ilustres exponentes del Partido Comunista. La ecuación entre DC y democracia italiana fue posible por una serie de motivos. Primero, el partido de los católicos era un partido popular de masas, el único capaz de oponerse al PC. Los partidos laicos, por el contrario, no tenían ningún consenso popular. Era el partido de la mediación entre las clases sociales y, en este sentido, era un partido "popular". El segundo motivo dependía de la legitimación de las potencias vencedoras, empezando por Estados Unidos. No se podía gobernar sin el consenso americano. Italia era un país vencido, esto lo solemos olvidar, era un país bajo tutela. Y lo sigue siendo, setenta años después. Tercer motivo, la DC no fue un partido clerical sino el heredero del partido popular de Sturzo, es decir, un partido laico de inspiración católica. La DC siempre tuvo esta naturaleza de partido laico de los católicos, y eso era bueno. Esa naturaleza laical y no clerical de la DC permitió el apoyo de las masas. De hecho, en este partido la presencia pública de los católicos se expresaba con figuras de altísimo nivel, como De Gasperi, Fanfani, Moro y el siciliano La Pira.

La presencia de los cristianos en una sociedad pluralista

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Occidente e islam, ¿encuentro o enfrentamiento?

Javier Prades

El último informe del Pew Research Center ofrece datos sorprendentes sobre la evolución de las religiones: el cristianismo representa hoy el 31,2 % de la población mundial, y el islam, el 24,1%. Se estima que en 2060 el cristianismo alcanzará un 31,8% frente al 31,1% del islam. La estadística prevé la equiparación de estas dos religiones a mediados del siglo, así como la evidencia de que entre ambas sumarán casi el 63% de la población mundial. La evolución de cada una de ellas, y su relación recíproca, es del mayor interés para el debate social en Occidente. En efecto, el islam pregona una forma de monoteísmo que quiere reformar y superar al monoteísmo judeocristiano, y además pretende ser una verdad universal, de un modo distinto, por ejemplo, al de las religiones del Extremo Oriente. Por eso, la creciente presencia de musulmanes en Europa reabre la pregunta por la compatibilidad entre distintas cosmovisiones en la esfera pública. ¿Cabe un encuentro entre Occidente e islam o están condenados al enfrentamiento? Las sociedades europeas se encuentran en dificultades para afrontar esta delicada situación, con obvias diferencias entre ellas que no es posible detallar. En términos generales, la cultura dominante ha puesto en crisis las afirmaciones antropológicas de alcance universal, y especialmente las de la religión vivida en Occidente: el cristianismo. La unidad cultural y política de la fe medieval se fracturó, tras la Reforma, en bandos que se combatieron con guerras cuyos efectos fueron devastadores para la vida social. Por eso la filosofía moderna nació –entre otros objetivos– con la intención de superar las divisiones confesionales y mantener alguna referencia universal que garantizase la convivencia. Al final del proceso, el valor universal de la singular confesión de fe cristiana quedó cuestionado, apareciendo formas alternativas de universalidad secularizada. El lugar de Dios lo fueron ocupando la Razón, la Ciencia, el Estado, la Historia, la Raza, el Mercado... No obstante, es frecuente oír hablar de «modernidad insatisfecha». El indiscutible progreso tecno-científico de Europa occidental, su altísimo nivel de desarrollo económico y social (que tantos envidian) no ha ido acompañado de un avance similar en lo tocante a las preguntas últimas sobre el sentido de la vida y sobre Dios. Las dos atroces guerras del siglo XX y los totalitarismos han dejado una huella sombría en Europa.

Occidente e islam, ¿encuentro o enfrentamiento?

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>Editorial

El mal del bando

Fernando de Haro

No se había podido poner mejor ejemplo. El cambio de posición de los socialistas españoles respecto al CETA, el acuerdo de libre comercio de Europa con Canadá, es un caso paradigmático del llamado “mal del bando”. El PSOE, como todo el socialismo europeo, estaba a favor del acuerdo al que solo se oponen los verdes, la extrema derecha y la izquierda extrema de la eurocámara. Pero su nuevo líder quiere cambiar de bando, quiere acercarse a Podemos, y las razones que hasta hace unos días eran válidas han dejado de serlo para castigo de los muchos socialistas que siguen usando la cabeza.

El mal del bando se caracteriza por una pertenencia muy poco sana que clausura la apertura de la razón. En política se justifica por razones tácticas, primero afecta a los partidos y a sus líderes y después a sus votantes. La fórmula se extiende también a la vida social de diferentes modos. El mal del bando le impide al PP, que se autoconcibe como la derecha que ha salvado a España del desastre y que ha hecho posible la recuperación económica, reconocer lo evidente: la falta de control y la acumulación de poder fue un caldo de cultivo para numerosos casos de corrupción. Algunos de sus votantes que lo son porque están convencidos de que el PP puede evitar una descomposición del país, porque creen que es la solución menos mala para la libertad de enseñanza, se sienten moralmente obligados a no tener muy en cuenta sus debilidades: su inclinación a la tecnocracia; su incapacidad para afrontar con seriedad todo lo que tiene que ver con la cultura o la educación; o simplemente su dificultad para dialogar con la sociedad. Como si el voto fuese una suerte de compromiso de fidelidad a unas siglas que exige no ser exhaustivo en la ponderación de los actores en juego. En la cuestión de la independencia de Cataluña o la unidad de España sucede lo mismo: hay formas de estar juntos, bajo ciertas siglas y ciertas identidades, que alimentan la pereza y que impiden escuchar al que no piensa igual.

El mal del bando tiene especiales consecuencias en la vida social. Si se pertenece, por ejemplo, al de los intelectuales que abanderaron en algún modo el 68 y han hecho un camino de vuelta, se hará gala de un occidentalismo sin fisuras. Nunca se estará dispuesto a reconocer algún valor al mundo musulmán, a la izquierda, y al deseo de cambio del movimiento en que militaron.

>Editorial

El mal del bando

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Don Milani, Pirandello y un viejo misal

Antonio R. Rubio Plo

El 26 de junio de 1967 moría, con tan solo cuarenta y cuatro años de edad, don Lorenzo Milani, el sacerdote que descubrió en la educación el octavo de los sacramentos, y al que el papa Francisco rindió homenaje con una oración ante su tumba. En efecto, don Milani no concebía la escuela como algo distinto, y radicalmente separado, de su misión de sacerdote. Tampoco quería limitarse a ser un mero emisor de conocimientos, que él, además, tenía en abundancia por proceder de un ambiente familiar culto, de la alta burguesía florentina, aunque ajeno al cristianismo.

Don Milani tenía en gran estima la cultura pero no la reservaba para sí, a la manera de quienes la ocultan como el talento del empleado perezoso, sin posibilidad de producir ganancia por estar envuelto en un pañuelo. “El saber solo sirve para darlo”, escribirá en su Carta a una maestra. No podría ser de otro modo, pues cuando se abraza sinceramente el cristianismo, la vida se torna expansiva en todos los ámbitos. La vida se entiende como comunicación y relación, y el cristiano auténtico recibe una imperiosa llamada, que solo puede ser de origen divino, para salir de los muros del ensimismamiento y la indiferencia.

Sin embargo, una vida, como la de don Milani, no se construye de repente. Antes del fruto estaban las semillas, la de las inquietudes despertadas por sus tempranas lecturas o la de la inestimable cualidad de ser un buen amigo de los amigos, por citar tan solo dos ejemplos. Sobre este particular, me llama la atención una carta del joven Lorenzo Milani, con diecinueve años y todavía alejado de la Iglesia. En el verano de 1942, escribe a su amigo Oreste del Buono, antiguo compañero del liceo Berchet de Milán y futuro periodista y crítico literario, que ha hecho un singular descubrimiento en la capilla de una de las fincas propiedad de su familia: “He encontrado un viejo misal, aquí en Gigliola… He leído la misa. ¿Sabes que es más interesante que Seis personajes en busca de autor?”. Milani parece demostrar un peculiar sentido del humor, pero habla totalmente en serio, aunque esté lejos de sospechar que un año después ingresará en el seminario mayor de Florencia.

Don Milani, Pirandello y un viejo misal

Antonio R. Rubio Plo | 0 comentarios valoración: 3  18 votos
>El Kiosco

Época de transición

Elena Santa María

“De todas las crisis que hoy nos envisten, una nos golpea por encima de todas. Me refiero a la ilusión". Así empieza Joana Bonet su última columna en La Vanguardia. "La ilusión es el condimento imprescindible para que levantarse de la cama e ir al trabajo no sea un patético dibujo animado. Es la voluntad de asombro que tan bien le sienta a nuestro rostro (...) El desencanto se ha apoltronado en miles de vidas cotidianas, rebajando los niveles de dicha”. Más adelante, la catalana pone un ejemplo representativo de esta idea: “En la España de hoy se ha desterrado la ilusión. Chocante ha sido el contraste con la celebración del 40º aniversario de las primeras elecciones democráticas, donde muchos han evocado la febril ilusión de 1977 en un país que lo tenía todo por hacer, ante un clarísimo horizonte triangular: pluralismo-modernidad-Europa. De ella no queda casi ni la nostalgia”. De este aniversario hablaba también Manuel Hidalgo en El Mundo. “Sabíamos que íbamos a ser protagonistas de la vida de nuestro país y protagonistas de nuestra propia vida, y sabíamos que ambas iban a estar muy relacionadas. Todo estaba por hacer, y lo íbamos a hacer nosotros (...) Cuando hoy celebramos las elecciones de aquel 15-J, han pasado, precisamente, 40 años –como habían pasado para mi padre en el 77–, y ya hay muchas voces que desaprueban lo que se hizo y se pudo hacer entonces y en los años siguientes. ¿Ha empezado la transición a otra época?”.

Esta pregunta también la hace, de otra manera, Leila Guerriero en El País: “Ayer recordé cómo era el mundo cuando el mundo era otro”, al contar una visita, hace muchos años, a una aldea de Tailandia. “Llegábamos en la tarde, poco antes del rezo, para escuchar el llamado del muecín lleno de melancolía, devoción y dulzura. Yo, atea iluminada, hubiera querido morirme porque no se podía aguantar tanta belleza (...) Por entonces usabas una cruz cristiana de madera colgada del cuello que, creo, alguien te había regalado en Brasil. No se nos ocurrió que eso pudiera ser agresivo o peligroso. Y no lo era. Los habitantes de la aldea veían tu cruz y sonreían y decían ‘¡christian, christian!’, y eso era todo. Como quien dice ‘todos creemos en algo’. Volvíamos de noche en moto a nuestra cabaña, lejos de ahí, sintiendo que dejábamos atrás algo entrañable y misterioso, pero algo a lo que siempre podríamos regresar. Quiero pensar que todavía podríamos, podemos”.

Manuel Arias Maldonado, también en El País, intenta responder a la pregunta en una tribuna que acaba así: “A largo plazo, sería aconsejable que las sociedades democráticas hiciesen un esfuerzo de maduración, a fin de comprenderse mejor a sí mismas. O sea: como suma de ciudadanos responsables que forman parte de una comunidad política pluralista y asumen su irremediable orfandad tras la muerte del viejo padre soberano. Porque estamos solos. Y en esa soledad democrática debemos encontrarnos”.

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Época de transición

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África o la hipocresía

Giorgio Vittadini

Al hablar solemos usar expresiones como “bomba de relojería”, “eje de la balanza del nuevo orden mundial”, pero a pesar de estos epítetos tan cargados de significado de África nunca se habla lo suficiente. Ni siquiera cuando los países del G20 se ponen a debatir sobre su desarrollo, como la semana pasada en Berlín, un hecho que pasó casi inadvertido.

En cambio, habría que tenerla siempre presente y vigilar lo que los gobiernos de los países más ricos del mundo pretenden hacer para afrontar las tensiones sociales, económicas y demográficas del continente negro (en 2050 su población se doblará, llegando a 2.500 millones), pero también las enormes oportunidades que podría ofrecer, sobre todo a sus propios habitantes.

Lo más preocupante es el progresivo neocolonialismo que sigue presente en África. Diez países ricos en recursos absorben el 72% de las inversiones europeas (como Egipto, Marruecos, Nigeria, Kenia y Sudáfrica), mientras que “países frágiles” como los del África subsahariana (Costa de Marfil y Ghana) o Tanzania, Etiopía, Mozambique se quedan totalmente descuidados, abandonados al hambre y al subdesarrollo.

Según un informe de Ernst & Young (mayo 2017), las inversiones directas extranjeras en África en 2016 crecieron un 31%, llegando a 94.000 millones de dólares. Las europeas, que en los últimos años llegan un poco a corriente alterna, alcanzarán los 48.000 millones de euros en 2020 (el último dato de 2015 es de 30.900). El primero inversor en África (36.000 millones, +38%) ha sido en 2016 China, cuyo presidente Xi Jinping ha anunciado que quiere llegar a 60.000 millones al año en sus inversiones en el continente. Por lo tanto, las inversiones crecen por todas partes, ¿pero para hacer qué?

Resulta especialmente emblemática la actitud de China. El país del dragón no lleva a África tecnología ni educación, ni promueve el flujo de jóvenes estudiantes africanos a China. La renta “distribuida” es en gran parte para “mano de obra”, explotación de los recursos mineros de África (petróleo, uranio, metales, etc) a un precio bajísimo, intervenciones en la construcción, por ejemplo en la realización de megaestadios de fútbol en muchas ciudades africanas, como Kinshasa en el Congo).

Por si no fuera suficiente, la explotación de los recursos naturales por parte de los países desarrollados se suele pagar con armas que llegan a manos de los tiranos o rebeldes de turno, que siguen garantizando la continuidad de intereses neocoloniales. África se ha convertido en el mercado privilegiado para la exportación de armas de las industrias occidentales y asiáticas.

África o la hipocresía

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Diario de Siria 8

Fernando de Haro, Alepo

Youhaina toma notas en un cuaderno en el que hay ya dibujados algunos patrones. Asiste a un curso de corte de 90 horas organizado por los hermanos maristas de Alepo. La clase se imparte en una de las pocas aulas que quedó en manos de la comunidad después de la nacionalización del colegio en los años 60. A los hermanos les quitaron el gran centro escolar que habían levantado pero ellos se quedaron en la ciudad, junto a la que había sido su obra educativa. Youhaina no vivió esa época. Es una joven madre que conoció a los hermanos hace dos años, en lo más crudo de la guerra. Empezó a recibir su ayuda cuando vivía en Alepo este y su familia no tenía para comer. Luego, cuando la situación se hizo insostenible, los hermanos la acogieron en su casa. Youhaina consulta con ellos muchas cosas, sobre todo de la educación de una de sus hijas que ha entrado en la adolescencia. Youhaina, que es musulmana, no tiene problema alguno en buscar el apoyo de un cristiano. “Siria necesita a los cristianos”, me dice con prisa por volver a casa. Youhaina cumple con rigor las prescripciones del Ramadán, no ha comido ni bebido desde la salida del sol y tiene que preparar la gran cena con la que se rompe el ayuno.

Junto a una de las iglesias ortodoxas de la ciudad, horas antes, hemos visto cómo los voluntarios cristianos repartían un puré caliente para 2.000 familias, la inmensa mayoría musulmanes. Bajo el logotipo de una de las ONG locales más potentes, logotipo con la imagen de un pantocrátor, reciben todos los días pan y una ración medida (250 gramos por persona) de una comida caliente. La comida la prepara el servicio de los jesuitas para los refugiados. En el local la actividad es frenética. Antes de repartir las raciones, un grupo de 20 mujeres ha estado preparando bolsas con artículos de limpieza para los pobres. “Repartimos la ayuda sin distinguir entre musulmanes y cristianos. El 90 por ciento de los que la reciben son musulmanes porque esa es la estructura demográfica de la ciudad”, me comenta un médico que trabaja como voluntario. Me lo explica mientras atiende a varias personas que solicitan su consejo experto en problemas relacionados con la salud. Una de ellas es familiar de una mujer afectada por un cáncer de colon. Antes de despedirnos vemos cómo aparca a la puerta un motocarro cargado de colchones, los mandan unas religiosas que ya no los necesitan.

Diario de Siria 8

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La Iglesia niña de Laos

José Luis Restán

Todavía recuerdo las escenas en la pequeña televisión en blanco y negro, a mediados de los 70 del pasado siglo, que nos trasladaban la crueldad de la guerra en Indochina. Entre los diversos nombres que se agolpan en la memoria recuerdo el del Pathet Lao, el movimiento comunista que era reflejo del Viet Cong en Laos. Allí se dilucidaba un fragmento de la guerra entre occidente y el comunismo, pero entonces poco sabíamos por estos lares sobre el sufrimiento que todo eso supuso para los católicos de aquellos países. Todo esto viene a cuento de que el próximo 28 de junio, por primera vez en la historia, será agregado al colegio de los cardenales un laosiano, Louis-Marie Ling.

Francisco ya nos tiene acostumbrados a sus sorpresas, pero ésta parecía superior, dado que la comunidad católica en ese país apenas alcanza el 1% de la población, unas 70.000 personas. Sin embargo no ha sido difícil atar cabos. A finales de enero de este año los obispos de Camboya y Laos realizaron la preceptiva visita ad límina y fueron recibidos por el Papa. Francisco confesó la profunda conmoción que había experimentado al escuchar algunos de los testimonios de los obispos laosianos que habían sufrido cárcel por su fidelidad al Evangelio. Uno de ellos, Tito Banchong, tras salir de la cárcel en el año 2000, emprendió la búsqueda de los cristianos dispersos puerta a puerta. Los que habían sobrevivido a las purgas del Pathet Lao se habían refugiado en las aldeas de las montañas, no tenían iglesias ni podían celebrar los sacramentos. Cuando se enteraron de que había vuelto un sacerdote bajaron para que los bendijera y para confesar su fe, que había permanecido intacta.

El otro obispo que contó su historia a Francisco era Louis-Marie Ling que, como el anterior, sufrió prisión durante los años duros del comunismo. Él mismo relató en Roma que aquel fue un tiempo de sufrimiento material que le llevó a adelgazar mucho: “no podíamos celebrar misa pero nosotros mismos éramos un sacrificio vivo que agradaba a Dios”, ha comentado el que ahora es obispo de Paksé, en el centro del país, donde guía a 15.000 fieles. El lema que eligió para su ordenación episcopal es “Todo lo que tengo es tuyo”, y expresa bien su propia conciencia y la de la “Iglesia niña de Laos”, como a él le gusta definirla, una Iglesia volcada en el primer anuncio, especialmente dirigido a las tribus de religión animista. El ya inminente cardenal nació en las montañas y su padre murió cuando sólo tenía 10 meses. En una reciente entrevista ha recordado la pobreza en que vivía su familia, y que para ir a la escuela tenía que caminar seis kilómetros cada día. Sin embargo su obispo logró enviarle a estudiar a Canadá, y a la vuelta pronto fue nombrado vicario de la capital, Vientián, lo que le colocó en el foco de las autoridades y le condujo a la cárcel. Pero de su boca no sale un reproche.

La Iglesia niña de Laos

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El mal del bando

Fernando de Haro

No se había podido poner mejor ejemplo. El cambio de posición de los socialistas españoles respecto al CETA, el acuerdo de libre comercio de Europa con Canadá, es un caso paradigmático del llamado “mal del bando”. El PSOE, como todo el socialismo europeo, estaba a favor del acuerdo al que solo se oponen los verdes, la extrema derecha y la izquierda extrema de la eurocámara. Pero su nuevo líder quiere cambiar de bando, quiere acercarse a Podemos, y las razones que hasta hace unos días eran válidas han dejado de serlo para castigo de los muchos socialistas que siguen usando la cabeza.

El mal del bando se caracteriza por una pertenencia muy poco sana que clausura la apertura de la razón. En política se justifica por razones tácticas, primero afecta a los partidos y a sus líderes y después a sus votantes. La fórmula se extiende también a la vida social de diferentes modos. El mal del bando le impide al PP, que se autoconcibe como la derecha que ha salvado a España del desastre y que ha hecho posible la recuperación económica, reconocer lo evidente: la falta de control y la acumulación de poder fue un caldo de cultivo para numerosos casos de corrupción. Algunos de sus votantes que lo son porque están convencidos de que el PP puede evitar una descomposición del país, porque creen que es la solución menos mala para la libertad de enseñanza, se sienten moralmente obligados a no tener muy en cuenta sus debilidades: su inclinación a la tecnocracia; su incapacidad para afrontar con seriedad todo lo que tiene que ver con la cultura o la educación; o simplemente su dificultad para dialogar con la sociedad. Como si el voto fuese una suerte de compromiso de fidelidad a unas siglas que exige no ser exhaustivo en la ponderación de los actores en juego. En la cuestión de la independencia de Cataluña o la unidad de España sucede lo mismo: hay formas de estar juntos, bajo ciertas siglas y ciertas identidades, que alimentan la pereza y que impiden escuchar al que no piensa igual.

El mal del bando tiene especiales consecuencias en la vida social. Si se pertenece, por ejemplo, al de los intelectuales que abanderaron en algún modo el 68 y han hecho un camino de vuelta, se hará gala de un occidentalismo sin fisuras. Nunca se estará dispuesto a reconocer algún valor al mundo musulmán, a la izquierda, y al deseo de cambio del movimiento en que militaron.

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El cantero de Alepo

Fernando de Haro

El cantero de Alepo es un hombre minucioso. No han dado aún las 9 de la mañana. Hace las marcas en una gran piedra blanca y luego las corta con esmero. Son las piedras que servirán para reparar la catedral melquita que ha perdido toda la cubierta por las bombas. La catedral melquita, la catedral armenia y la catedral maronita están juntas, en la pequeña Plaza de Fharat, donde comienza o comenzaba el Viejo Alepo. En las fiestas, en la plaza no cabía un alfiler.

Pero este domingo no hay nadie. Cuando el cantero apaga la sierra mecánica vuelve el silencio y se oye a las tórtolas de Alepo. Las tórtolas se posan sobre las piedras caídas, sobre los muros derribados. Se oyen las tórtolas volar y de vez en cuando las bombas que lanza todavía el ejército de Al Asad contra las posiciones de los yihadistas al oeste de la ciudad. (“No es nada -te explican los amigos cuando pones cara de preocupación- es solo para recordarles a los rebeldes que el ejército tiene controlada la ciudad”).

“Ver cómo ha quedado el Viejo Alepo hace mal al corazón”, me ha dicho una de las personas con las que he hablado estos días. Y lleva razón. No podías imaginar que las palabras mentirosas, la ideología, que parece un juego, sea capaz de sembrar tanta destrucción. Hasta que la ves. Y aquí son las piedras -piedras nobles, calles estrechas, tesoro de siglos que a pesar de haber sido prácticamente reducido a cascotes conserva su belleza-, pero el daño en las madres, en las esposas, en los hijos, ese daño que no se ve es como un océano de dolor inmenso y silencioso. Un océano que se vierte en lágrimas cuando entras en las casas de los vecinos de Alepo y empiezas a escuchar. No hay iglesia en la que no se celebre un funeral.

La bella Alepo, la ciudad cortejada por los cruzados, la que criaba a las más guapas princesas, es ahora una población diezmada. Todos los millennials deberían pasear por la zona este de Alepo, por sus calles reducidas a escombros, por los edificios semidesnudos, por el recuerdo vivísimo del infierno que se ha sufrido aquí en los dos últimos años. Todos deberían pasearse por estas calles de Alepo este para quedar dominados al menos un segundo por el silencio asombrado que te embarga al ver las consecuencias de las ideologías. Para derribar por un instante esa banalidad obstinada en la que vivimos. Detrás de cada piedra que está fuera de su sitio hay una historia, un drama.

Alepo este es una ciudad inhabitable. Alepo oeste es una ciudad sin luz regular, donde truenan los generadores, sin ascensores, con restaurantes de grandes comedores en los que solo se sirve café. A veces da la sensación de que solo las zapaterías y las heladerías tienen género. En algunos barrios solo hay agua corriente dos veces por semana. Y la mayoría de las familias no pueden pagar lo que cuesta un generador para poner una lavadora.

El cantero de Alepo

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Cataluña, a través de la libertad

Fernando de Haro

Dentro de unos meses, quizás semanas, se va a convocar el segundo referéndum de secesión en el seno de la Unión Europea. El primero fue el de Escocia en 2014, el segundo el de Cataluña. Nada impedía que los miembros del Reino de Escocia, unido al de Inglaterra en 1707, votasen tres siglos después sobre una eventual separación. En el caso de España la prohibición de la consulta está contenida en la Constitución de 1978. La libertad de unos cuantos no puede ejercerse sin contar con el soberano, el pueblo. Pero cuando las aguas se tranquilicen, habrá que dar alguna salida al “deseo de decidir” (la libertad) de muchos: las constituciones no son eternas.

En los últimos días hemos conocido el borrador de la llamada “ley de desconexión”. Un texto secretísimo que el Gobierno de la Generalitat de Cataluña tiene preparado para declarar de forma unilateral la independencia. Madrid no va permitir, a diferencia de lo que sucedió en 2014, que el Gobierno independentista instale las urnas para un referéndum que ha sido prohibido por el Tribunal Constitucional. Sobre el papel, según la ley de desconexión, tras la prohibición, se crearía de forma unilateral la República de Cataluña que pasaría a ser titular de los bienes del Estado español en la zona, asumiría a los funcionarios y nombraría a los jueces. El español dejaría de ser lengua oficial.

Con toda probabilidad, nada de esto va a suceder. De hecho, los partidos que defienden la independencia se preparan para unas elecciones autonómicas tras la anulación de la consulta por parte del Tribunal Constitucional. ERC, la formación que, según todos los pronósticos, va a vencer aplazará durante un tiempo la agenda independentista.

Todas las encuestas reflejan que Cataluña está dividida por la mitad entre los partidarios y los contrarios a la independencia (con una ventaja de 4 puntos entre los contrarios que va en aumento). Casi un 70 por ciento de los catalanes rechaza una declaración unilateral de independencia. Pero los partidarios del referéndum, si es pactado, superan el 70 por ciento. Hay una gran mayoría que quiere decidir.

Con el tiempo hemos ido siendo cada vez más conscientes de que en democracia no se pueden mantener en pie valores, por muy esenciales que sean, que no son evidentes para el soberano, es decir para el pueblo. Eso no quiere decir que en democracia todo esté siempre a disposición de cualquier mayoría. La Constitución, como pacto fundacional, establece el cauce por el que el soberano, el pueblo, quiere que naveguen las mayorías. El principio de autolimitación de las libertades rige también para la definición de quién es el propio soberano: una minoría no puede ir contra la mayoría del pueblo de España constitucionalmente definido.

Cataluña, a través de la libertad

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  181 votos
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>Editorial

La Venezuela que ya es libre

Fernando de Haro

Error de cálculo, nerviosismo por el miedo a perder el poder. En los próximos días se irá aclarando por qué el chavismo protagonizó la semana pasada un autogolpe de Estado y después intentó dar marcha atrás. Todo indica que estamos ante una guerra civil dentro del propio chavismo. Maduro no controla todos los hilos.

Los hilos de las decisiones del Tribunal Superior de Justicia, que actúa como Tribunal Constitucional, los controla el Ejecutivo. Y el Ejecutivo, en principio, lo controla Maduro. Pero hay indicios de que las sentencias 155 y 156, que vaciaron de competencias a la Asamblea Nacional, son obra del ala extremista del chavismo liderada por Diosdado Cabello. Una decisión a la que se habría opuesto el propio Maduro. Eso explicaría las críticas de la fiscal general del Estado, Luisa Ortega Díaz, mujer que ha prestado grandes servicios al régimen. Sorprendieron sus declaraciones críticas con el Supremo y la descalificación del autogolpe que hizo el Consejo de Defensa Nacional, un organismo a medida del presidente.

El golpe de la semana pasada, impulsado por el sector radical, llegaba en el momento más inoportuno. Cuando la Organización de Estados Americanos (OE), después de años de dudas, estaba estudiando la aplicación de la Carta Interamericana a Venezuela. Esa carta supone en la práctica extender un certificado de dictadura o semidictadura. Privar al parlamento de sus poderes ha dado al resto de los países de la región motivos para su decisión.

El golpe podía ser inoportuno para quien quería mantener todavía una cierta apariencia de democracia. Pero no para los más extremistas, para esa facción del ejército con negocios de blanqueo y narcotráfico, dispuestos a que no haya más elecciones.

En realidad, el golpe en Venezuela ha sido un golpe a cámara lenta. Primero fue el encarcelamiento de muchos opositores (113 presos políticos), entre los que está Leopoldo López. Luego llegó el bloqueo permanente de la Asamblea, la utilización del Tribunal Supremo para validar un decreto de emergencia alimentaria que había rechazado la oposición, las trabas al referéndum revocatorio y su posterior suspensión, así como la eliminación de las elecciones locales. Y lo último había sido el complejo mecanismo, de cumplimiento obligatorio e imposible, para que los partidos de la oposición se inscribieran, de nuevo, en el Consejo Electoral Nacional. Decisión que, en realidad, suponía que las elecciones presidenciales de 2018 fueran elecciones de partido único.

A lo peor Diosdado Cabello y el ala radical del chavismo no han errado el cálculo y simplemente han buscado subir un grado más la polarización, con violencia en las calles, para justificar la cubanización definitiva del régimen.

La Venezuela que ya es libre

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  472 votos

>CINE

La ciudad de las estrellas (La La Land)

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 2  877 votos
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Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D.

One, la nueva película de Fernando de Haro que se estrena en Madrid el próximo lunes, cuenta lo que nunca te han contado sobre la India. En la mayor democracia del mundo, en el país que compite con China por el liderazgo de Asia y de buena parte del planeta, sigue vigente un rígido sistema de castas. Por eso la minoría cristiana, que se atreve a afirmar la igualdad efectiva entre los indios, es perseguida. Los parias (los sin-casta) que abandonan el hinduismo y abrazan el cristianismo, buscando una vida más digna, pierden las ayudas sociales. Los obstáculos legales que limitan las conversiones han sido respaldados por el Tribunal Supremo. Un nuevo nacionalismo hindú no duda en recurrir a la violencia para restringir la libertad y lleva a cabo prácticas que algunos califican como prácticas genocidas. Prueba de ello es lo que sucedió en el distrito de Kandhamal durante 2008. Se pretendió “limpiar” de bautizados una amplia zona.

Este documental está grabado en Nueva Delhi; en Bhubaneswhar, la gran ciudad del hinduismo; y en las selvas de Orissa, junto al Golfo de Bengala. Recoge los rostros y las historias de gente sencilla (la inmensa mayoría de los bautizados de la India son parias) que ha encontrado en el cristianismo una forma más humana de vivir. Muchos explican por qué abrazaron la nueva religión y han abandonado la antigua. Otros relatan las injusticias sufridas y los motivos que les permiten ser fieles al credo de la cruz. La película da voz también a los nacionalistas hindús que justifican las políticas de discriminación.

Estamos ante el cuarto documental de una serie dedicada a los cristianos perseguidos. El primero de ellos, "Walking next to the wall", fue rodado en Egipto y está dedicado a los coptos. El segundo, Nasarah, grabado en el Líbano, está dedicado a los sirios e iraquíes perseguidos por el Daesh. El tercero, Aleluya, a Nigeria. Los cuatro están disponibles en la plataforma Vimeo. La serie está dirigida por Fernando de Haro que trabaja con la productora N Medio. El proyecto se lleva a cabo con la ayuda del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo y la Fundación Hernando de Larramendi.

A las 19 horas del lunes 23 de enero en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Julián Romea, 23. 28003 Madrid.

Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  839 votos

>Columna derecha

>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  1103 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  2199 votos

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