Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
20 SEPTIEMBRE 2018
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Andrea, demasiados `likes` al final te han dejado solo

Federico Pichetto

Andrea Barone quería existir. En lo alto del centro comercial Sarca de Sesto San Giovanni buscaba la enésima fotografía que colgar en Instagram diciendo al mundo entero que su vida valía la pena. Es difícil saber qué pensaba o sentía realmente, pero hay deseos y emociones que te llevan a bajar la guardia, a pensar que la realidad se someterá a tu voluntad de poder, a tu necesidad de existir. Es la arrogante presunción de omnipotencia propia de la adolescencia, esa que en cierta época lleva a los hijos a sentirse mejores que sus padres, la que permite a los jóvenes ser geniales, locos, lanzados, esa que hace decir a un chico de 15 años que las reglas —hasta las de la física— y los límites —hasta los de la mortalidad— ya son agua pasada, quedan superados ante una nueva generación que va más allá porque ya no es esclava de los miedos de sus padres. Una generación mejor que la anterior, que trata de buscar una justificación para su propia existencia mostrando su valor, su capacidad de bromear con el alcohol, las drogas, el sexo y la muerte. En un juego en el que siempre van a ganar, siempre y en todas partes. Más allá de lo posible.

Por desgracia, Andrea no tuvo en cuenta el conducto del aire acondicionado. Tal vez no lo había visto, tal vez no le pareció tan significativo como para tomarlo en consideración. Bastó un instante, un pie mal puesto, para que su equilibrio vacilara y una vida se viniera abajo desde más de cuarenta metros de altura. Y se acabó. Los sociólogos lo llaman “fomo”, equivalente a las siglas de “fair of missing out”, miedo a quedar fuera del círculo de los importantes, miedo a caer en el olvido. Hace unos días, el Papa se refirió a este fenómeno en su entrevista al diario Il Sole 24 Ore como desocupación, “quedar lejos del movimiento con que el hombre se apropia de su propio lugar, de su propio pedazo de realidad”. Es la plaga y el drama de nuestro tiempo, la distancia entre el sentimiento que tenemos de nosotros mismos, nuestra autoconciencia, y nuestro deseo de existir, de que la vida valga la pena.

Todos los adultos palidecen al oír estas cosas y se criminaliza a las redes sociales. No se dan cuenta de que nada hay más terrible que la duda de si la vida merece la pena, que no hay nada más oprimente que la sospecha de no estar a la altura, de ser un intento fallido de una noche de finales del verano, en una época de meteoros y de vacíos demasiado grandes como para poder soportarse.

Andrea, demasiados 'likes' al final te han dejado solo

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Diez claves para el PP de Casado

Agustín Domingo Moratalla

1.- Integración y ajuste de cuentas. Las primarias han dejado el partido más tocado de lo que era previsible. La herencia de los congresos de 2004 y 2008 no se arregla repintando la casa sino revisando los cimientos. Una manita de pintura puede ser engañosa, hace falta construir desde las bases porque hay aluminosis. Aunque tendrá que andarse con cuidado con los suyos, serán tiempos de ajuste de cuentas que exigirán cautela, prudencia y menos buena fe de la que demostró simpáticamente en las primarias.

2.- Techo de cristal. Semanas antes de saber los resultados, algunos militantes históricos del PP comentaron que Pablo Casado tenía el “techo de cristal”. No sé si utilizaron esta expresión para moderar las expectativas que empezaba a generar, porque conocían su ambiciosa trayectoria desde pequeñito o porque conocían las debilidades de su liderazgo. Quienes le conocen saben que además de la humildad y la proximidad deberá prestar atención a la sinceridad y la autenticidad.

3.- Expectativa nacional sin experiencia local. A pesar de la experiencia acumulada en los últimos años, en Casado pesan más las expectativas que ha despertado que su competencia o capacidad para reconstruir lo que fue el proyecto político anterior a los congresos de 2004. Tendrá que contar con gente de mucha experiencia para que sus expectativas no sean ilusorias sino ilusionantes. No basta clonar el “estilo Rivera” para hacerse con la España de las banderas, hace falta conocer de primera mano el desvigorizado músculo local y autonómico del partido. Las elecciones andaluzas están a la vuelta de la esquina.

4.- Régimen del 78. El momento político español está determinado por las dudas que genera el PSOE para mantener su fidelidad al régimen político del 78. Hay serias dudas de que Pedro Sánchez quiera contentar a la vieja guardia socialista que nunca coqueteó con los populismos. Los socialistas, los comunistas y los liberales más “clásicos” o responsables deberían ser aliados de Casado en su nuevo horizonte político. El vigor moral de la sociedad que promovió la Constitución del 78 se ha fragmentado, diluido y casi liquidado. Los diferentes gobiernos de las últimas décadas no regaron esa planta y ahora se encuentran con el invernadero de la sociedad española culturalmente agostado y vulnerable.

5.- Vino nuevo en odres viejos. La reconstrucción del PP debe realizarse desde abajo y contando con experiencias cívicas de participación que ya existen. No hay que inventar nada sino limpiarse los oídos, graduarse las gafas y tomar un cuaderno para apuntar lo que dice la gente. Los viejos clichés de las ejecutivas tienen que ser cuestionados porque parece ser que Casado quiere representar a la clase media y no a los grupos de poder económico, cultural y mediático que, como hemos visto, no tienen ningún interés en fortalecer vínculos comunitarios o promover ciudadanos mayores de edad.

Diez claves para el PP de Casado

Agustín Domingo Moratalla | 0 comentarios valoración: 3  5 votos

¿Nos salvará el Papa del Titanic?

Giorgio Vittadini

Ni la caída de la producción, ni la ralentización del PIB, la novedad económica más significativa de los últimos días es la acusación radical, por parte del papa Francisco, a los presupuestos que rigen nuestro sistema: el beneficio como fin y no como medio, la obsesión financiera, el paso a un segundo plano de la dignidad del trabajo. “La centralidad actual de la actividad financiera respecto de la economía real no es casual. Tras ello se esconde la decisión de alguien que piensa, equivocadamente, que el dinero se hace con dinero. Pero el dinero de verdad se hace con trabajo. El trabajo es lo que confiere dignidad al hombre, no el dinero”, afirma el pontífice en la reciente entrevista concedida al diario italiano Il Sole 24 Ore.

Será complicado desclasificar estas palabras como “obligadas” por parte de una autoridad católica –la máxima en este caso– para mantener la fe en la bandera de sus valores fundantes: el trabajo como imagen del “Dios eterno trabajador”, la atención a los últimos, la caridad. En las palabras del Papa hay algo más que puede chirriar en las orejas de los neoliberalistas del mundo entero. No es solo una acusación al drenaje de capitales de la economía real a las finanzas, sino también al principio fundamental del liberalismo.

Lo afirma citando las consideraciones del Pablo VI en la encíclica Populorum progressio: la ley del libre cambio, que representa una ventaja para las partes contrayentes que se encuentran en condiciones económicas similares, conduce a “resultados desiguales” entre países en situaciones desiguales. Si bien es cierto que las palabras de esta encíclica se escribieron en 1967, solo podemos imaginar hasta qué punto estas afirmaciones siguen siendo vigentes actualmente. De hecho, los datos lo siguen confirmando, pues crecen las desigualdades entre países y dentro de los propios países.

El principal problema no es por tanto la relación con los países más pobres. El pensamiento del Papa parece dirigirse ante todo a una cierta “pobreza”, mejor dicho, a una cierta “pequeñez” que está afectando a los países más desarrollados. La primera acusación se dirige a la soledad que domina nuestras sociedades, que llena nuestras agendas de contactos pero que nos deja fundamentalmente solos, asustados, no porque nos sintamos amenazados sino aislados. Se han rescindido “los vínculos de pertenencia a la sociedad a la que pertenecemos”. Así, se han debilitado las bases de la construcción común porque mientras se exaltan las “capacidades singulares” se pierde de vista el hecho de que el “resultado alcanzado” no es “simplemente la suma de las capacidades singulares”.

Falta, en definitiva, la dimensión comunitaria, que también se puede mantener viva en el mundo empresarial si no se pierden de vista ciertos elementos: “la distribución y la participación en la riqueza producida, la inserción de la empresa en un territorio, la responsabilidad social, el bienestar empresarial, la paridad salarial entre hombres y mujeres, la conciliación entre la vida familiar y laboral, el respeto al medio ambiente, el reconocimiento de la importancia del ser humano frente a la máquina y el reconocimiento de un salario justo, la capacidad de innovación”.

¿Nos salvará el Papa del Titanic?

Giorgio Vittadini | 0 comentarios valoración: 3  15 votos
>Gratuitas. 24 de septiembre, 3 y 4 de octubre

Las cuestiones éticas al final de la vida y otros desafíos asistenciales protagonizan las Jornadas de Puertas Abiertas y las Jornadas de Familia y Cuidados Paliativos en el CEHS

El Centro de Humanización de la Salud, fiel a su compromiso social de promover e impulsar el conocimiento para el bienestar de los más frágiles y vulnerables, ha potenciado su foco sobre el final de la vida y todo lo que le rodea. Así, antes de celebrar las veteranas Jornadas de Familia y Cuidados Paliativos, que tendrán lugar en el CEHS los días 3 y 4 de octubre (13ª edición), ahondará en esta realidad ya en otras Jornadas previas, las de Puertas Abiertas, el próximo 24 de septiembre. Y es que en este evento, donde el Centro abre sus puertas para todos aquellos interesados en conocer de primera mano el trabajo y la actividad de los profesionales, destaca una Másterclass impartida por www.josecarlosbermejo.es/" target="_blank">José Carlos Bermejo, Director del Centro, sobre "Cuestiones éticas al final de la vida".

JORNADA DE PUERTAS ABIERTAS

Es la ocasión perfecta para conocer de primera mano nuestro modelo académico, unas instalaciones formativas de vanguardia y los distintos programas de formación que ponemos a tu disposición: Formación de posgrado, másters, diplomas de especialización universitaria, Certificados de profesionalidad, formación profesional…

Conocerás, directamente de mano de los profesionales, una amplia oferta de acciones formativas para contribuir a la humanización de la salud, la intervención social, el ámbito educativo… y por supuesto la propia vida personal. Te invitamos a participar de esta actividad que se llevará a cabo el próximo 24 de septiembre a partir de las 16:30 horas. ¿El lugar? El auditorio del Centro de Humanización de la Salud, (en el Centro San Camilo, Sector Escultores 39, 28760 Tres Cantos, Madrid). Además, en la Jornada contaremos con la presencia y participación de José Carlos Bermejo, Director del Centro, que impartirá una masterclass muy especial sobre "Cuestiones éticas al final de la vida".

INSCRÍBETE Y RESERVA TU PLAZA

XIII JORNADAS DE FAMILIA Y CUIDADOS PALIATIVOS

Para ir "abriendo boca", os avanzamos que en las Jornadas de Familia y Cuidados Paliativos contaremos con la presencia de Rafael Mota, Presidente de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL). Impartirá la conferencia inaugural sobre "Desafíos del cuidado paliativo a las personas con enfermedad avanzada".

También resulta interesante, viendo el programa, otra conferencia de la mano de Javier de la Torre, Teólogo y Director del Máster de Bioética de la Universidad Pontificia de Comillas, sobre "Eutanasia y cuidados paliativos".

No faltarán actividades "veteranas" de estas jornadas, como la Celebración del Día Mundial de los Cuidados Paliativos (con la lectura del manifiesto, una actividad celebrativa, un homenaje...) o los espacios temáticos –talleres– simultáneos.

En esta ocasión, profesionales de medicina, psicología, enfermería, teología, bioética y cuidados paliativos tratarán "El final de la vida a través del cine", "Nutrición y alimentación creativa al final de la vida", "La importancia de los ritos al final de la vida", "Claves para la comunicación alternativa en pacientes con ELA y dificultades para la expresión oral"... Estas Jornadas están acreditadas por la SECPAL.

PROGRAMA COMPLETO E INSCRIPCIÓN

>Gratuitas. 24 de septiembre, 3 y 4 de octubre

Las cuestiones éticas al final de la vida y otros desafíos asistenciales protagonizan las Jornadas de Puertas Abiertas y las Jornadas de Familia y Cuidados Paliativos en el CEHS

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El Centro de Humanización de la Salud, fiel a su compromiso social de promover e impulsar el conocimiento para el bienestar de los más frágiles y vulnerables, ha potenciado su foco sobre el final de la vida y todo lo que le rodea. Así, antes de celebrar las veteranas Jornadas de Familia y Cuidados Paliativos, que tendrán lugar en el CEHS los días 3 y 4 de octubre (13ª edición), ahondará en esta realidad ya en otras Jornadas previas, las de Puertas Abiertas, el próximo 24 de septiembre. Y es que en este evento, donde el Centro abre sus puertas para todos aquellos interesados en conocer de primera mano el trabajo y la actividad de los profesionales, destaca una Másterclass impartida por José Carlos Bermejo, Director del Centro, sobre "Cuestiones éticas al final de la vida".

>Editorial

Diez años de una crisis (de confianza)

Fernando de Haro

Diez años de la quiebra de Lehman Brothers, diez años de estallido de la crisis que cambió definitivamente nuestras vidas. ¿Cuándo se equivocaron las autoridades estadounidenses? ¿Se equivocaron cuando dejaron quebrar a Lehman y no lo rescataron como habían hecho antes con Bear Stearns y harían luego con JP Morgan? ¿Se equivocó George Bush y su equipo al corregir su credo liberal y adoptar una intervención no vista hasta el momento? La discusión no se ha terminado todavía. Se cometió una injusticia porque se utilizó el dinero de todos para rescatar bancos quebrados por la codicia de algunos. ¿Era necesario asumir una gran injusticia, el riesgo moral de acciones canallas (el “envasado” de hipotecas basura), para salvar el bien de todos?

Las preguntas persisten, pero al menos, una década después, hay algunas respuestas. No podemos seguir diciendo con la alegría de los años 90 aquello de que es necesario “menos Estado y más sociedad”. Sobre todo si más sociedad se entiende como más mercado. Difícilmente la burbuja hubiera crecido tanto sin la desregulación del sistema financiero. No le hubiera sido tan fácil a las finanzas de la codicia convertir, a través de la titulización, deudas fallidas en productos de inversión aparentemente convenientes y rentables. No se distinguían de los que estaban relacionados con la economía productiva. El sistema financiero inventó herramientas diabólicas para multiplicar un fraude que las instituciones públicas debían haber detectado y prohibido. Pero la soberanía de los supervisores había desaparecido en un mercado global. Todo ello mientras se teorizaba sobre las falsas virtudes liberales, esas que, por arte de magia, convierten el egoísmo privado en un bien público. Tras la caída de Lehman descubrimos que no había mercados perfectos, capaces de autorregularse y de proporcionarnos una transparencia que nos haga libres. Dejado a su inercia, el mercado es víctima de la codicia y se olvida de que las finanzas deben estar al servicio de la economía real, del trabajo de la gente.

La crisis de hace diez años no fue como la del 29 porque hubo una intervención decidida del Estado a través de la Reserva Federal y del Banco Central Europeo (este último lo hizo tarde porque hasta la llegada de Draghi los europeos estuvimos atenazados por el tabú antiinflacionista de los alemanes). Afortunadamente al frente de la Reserva Federal estaba entonces Bernanke que había estudiado los errores cometidos en el 29 y apostó desde el principio por una política monetaria expansiva de tipos de interés negativos y de compra de activos. Toda la munición disponible y más, inventando nuevos instrumentos, para meter mucha liquidez en el sistema. Era necesario que corriera el dinero. La solución no llegó a Europa hasta que en 2015 el BCE no puso en marcha nuestro programa de Quantitative Easing. Diez años después de esta política de dinero barato estamos experimentado la resaca de tanta expansión monetaria. Desde que Estados Unidos empezó a retirar los estímulos y dejó atrás la política de tipos ultrabajos, los países emergentes han empezado a notarlo. No sabemos lo que pasará en Europa. La guerra comercial, la transición digital y la subida del precio del petróleo plantea nuevas incógnitas.

>Editorial

Diez años de una crisis (de confianza)

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  8 votos

El informe Viganò puede hundir a la Iglesia en el moralismo

Massimo Borghesi

La potencia geométrica con que el documento Viganò golpeó al Papa el día que participaba en el Encuentro Mundial de las Familias de Dublín ya se ha puesto de manifiesto abundantemente en todos los medios. Francisco hablaba de la suciedad en la Iglesia, pedía perdón por los vergonzosos delitos del clero, y apareció una carta implicándole, a él y a sus predecesores, como si él mismo fuera corresponsable de esa plaga con sus silencios y omisiones. La maniobra del vaticanista Marco Tosatti, el “creador” del informe Viganò, le salió a la perfección.

Los opositores del Papa no son corderitos blancos. Como zorros viejos, saben usar muy bien los medios. Las críticas deben resultar explosivas, lacerantes, generar caos en nombre de la verdad, poner al rebaño en contra del pastor. Con el informe Viganò, cuyo eco ha sido aún más fuerte en Estados Unidos que en Europa, nos encontramos con el “segundo golpe” contra Francisco. El primero fue con motivo de la publicación de la exhortación apostólica Amoris Laetitia en 2016. Entonces la oposición subterránea contra el Papa salió a la luz y se concentró en una pequeña nota –sobre la posibilidad de dar la comunión, en ciertas condiciones concretas, a los divorciados vueltos a casar– para contestar a la ortodoxia del Papa en materia de matrimonio. Las “dudas” de cuatro cardenales dieron la vuelta al mundo, los tradicionalistas pidieron la acusación del pontífice, una marea negra parecía rodear a Bergoglio. Luego las acusaciones mostraron ser lo que eran, un fuego de paja. El Papa no modificó nada en la doctrina sobre la indisolubilidad del matrimonio. La primera mitad de 2018 se ha caracterizado por una calma relativa, pero tras el informe Viganò volvemos a tener a Francisco bajo la luz de los focos por culpas que se remontan a mucho antes de su pontificado.

El informe Viganò puede hundir a la Iglesia en el moralismo

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>PAPA FRANCISCO

Los negocios no viven de facturar muchos ceros sino de un corazón abierto

Giuseppe Frangi

“Es como una pequeña encíclica”, le dijo el Papa a Guido Gentili, director del diario italiano Il Sole 24 Ore, al término de una larga e intensa entrevista de dos páginas que este periódico acaba de publicar. Una pequeña encíclica que toca muchos temas de la actualidad social y económica. El entrevistador no buscaba anécdotas para conseguir titulares, por eso el discurso de Francisco pudo distenderse, con gran claridad y amplitud. El inicio del diálogo es emblemático del tipo de mirada de Francisco hacia el desarrollo económico y el crecimiento. Inmediatamente advierte que lo que hoy ya no funciona es confiar en performance individuales como motores de tracción de una riqueza colectiva. Esa lógica no funciona, como demuestra el hecho de que este proceso esté generando descartes a nivel humano y social. Descartes que ya no solo genera gente explotada y pobre, sino “expulsados” y “completamente rechazados”.

El Papa habla también de “exclusión estratégica de los que viven al lado”. Eso no es verdadero crecimiento, es un crecimiento enfermo. Es un proceso que ha olvidado la componente fundamental de todo desarrollo auténtico: la dimensión de pueblo. Aquí Francisco hace una interesante observación. Dice que la dimensión de pueblo no es el resultado de una acción voluntarista. La dimensión de pueblo es un dato de hecho que consiste en millones de acciones cotidianas, la mayoría gratuitas, que permiten la convivencia. Para caer en la cuenta de esto, señala el Papa, basta “mirar alrededor con el corazón abierto”. Es un dato de hecho que tiene en la dinámica familiar el primer modo de desvelarse. ¿Cuál es la característica fundamental de esta amalgama que reconocemos como pueblo? La de ser inclusivo, afirma Francisco. De una economía enferma de individualismo ansioso, debemos pasar a una economía basada en esa aportación realmente positiva que es propia de toda dinámica comunitaria. Es un cambio de paso que no solo obedece a necesidades morales sino también a una lógica de convivencia auténtica.

El Papa dice también que este paso hacia una economía inclusiva no es solo una buena intención sino una realidad ya presente y activa en el tejido social. Es el tercer sector, un sujeto que ya no solo tiene un rol “reparador” (reparar las heridas abiertas en el tejido social por un desarrollo desigual) sino propulsivo. Es decir, que pone en marcha procesos cuyo beneficio no solo se mide en dividendos sino en valor y crecimiento social generado. Tampoco se trata aquí de armarse de buenas intenciones sino de convencerse para caminar sobre terrenos más sólidos, y el bienestar social es la condición esencial para que una empresa pueda crecer. “Perseguir únicamente el beneficio ya no garantiza la vida de una empresa”, afirma con mucha determinación Francisco.

>PAPA FRANCISCO

Los negocios no viven de facturar muchos ceros sino de un corazón abierto

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Memoria histórica y conciencia del Yo (I): Auschwitz

Francisco Medina

En el mundo en que vivimos hoy día, en pleno shock tras la trágica materialización del principio “no existen los hechos, sólo las interpretaciones” que Nietzsche había acuñado a finales del siglo XIX, anticipando de forma profética lo que iba a suceder con la proclamación de la muerte de Dios –y, por ende, la abolición o muerte de la verdad–, paradójicamente, parece cobrar impulso el fenómeno consistente en un esfuerzo, más o menos consciente, de un retorno al pasado, a la historia vivida por los pueblos y los Estados, bajo la forma de custodia de una conciencia colectiva: la llamada memoria histórica.

Tal concepto ideológico e historiográfico, acuñado por Pierre Nora, y definido –en palabras de M. Halbwachs– como “la memoria de acontecimientos no vividos directamente, sino transmitidos por otros medios, un registro intermedio entre la memoria viva y las esquematizaciones de la disciplina histórica”, resulta enormemente discutido por la implicación del relato que suele presentarse, de una forma alternativa a otros, lo que suele ser especialmente frecuente en hechos y procesos históricos en los que la mirada no es unívoca, sino compleja. En este sentido, tal como ha sido acuñada, la memoria histórica va más allá de la fijación de unos hechos y se centra en la construcción de una identidad o conciencia colectiva: en suma, con la memoria colectiva, la sociedad se narra, se construye un relato que constituye su razón de ser y de ser-con-otros; identificando y potenciando, para ello, una serie de instrumentos conocidos: los escenarios de la memoria (libros, bibliotecas, inscripciones en tablillas, los espacios simbólicos, los parques temáticos, los museos…).

La primera cuestión que se plantea, y así lo han constatado varios historiadores (Tony Judt, Stanley Payne, E. Hobsbawn, entre otros), es si una construcción de la memoria histórica, así concebida, no resulta sesgada y autorreferencial. En efecto, y en línea con lo que S. Payne ha señalado, la memoria individual tiene que ver con el yo, y no deja de estar impregnada de subjetividad –cómo me percibo yo, cómo me perciben los otros–. En consecuencia, y a falta de otros relatos sobre los hechos en base a los cuales construyo mi identidad, reduzco la conciencia que tengo de mí mismo y de la sociedad en la que vivo a lo que yo conozco o a lo que otros me transmiten de una forma más o menos sesgada. De suerte que muchos hechos pueden caer en el olvido o ser censurados: es la reducción de mi propia realidad y conciencia histórica a apariencia.

Memoria histórica y conciencia del Yo (I): Auschwitz

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>Editorial

Ni refugios ni contenciones: gracias cívicas

Fernando de Haro

En este inicio de curso político 2018-19 hay algo que hermana a Italia y a España. Los dos países tienen dos gobiernos que solo van a tomar decisiones en función de unas elecciones generales que no están convocadas pero que no tardarán en llegar. En Italia, Salvini, primer ministro de facto, trabaja para conseguir una futura victoria rotunda de la Liga. Sabiendo utilizar como palanca los temores y las perplejidades de una buena parte de la opinión pública, muta los valores de la república. En España, Sánchez, que debiera ser un socialdemócrata centrista y antipopulista, conducido por sus socios de Podemos, vuelve a alimentar la crispación en cuestiones sociales e impugna de facto el pacto de la transición. En las próximas semanas se van a celebrar los 40 años de la Constitución del 78. Podemos empuja para cuestionar el acuerdo que refundó España tras la dictadura.

En Italia y en España, en este inicio de curso político, se asoman tres tentaciones frente a lo que de verdad cuenta: el avance de una antropología positiva de base que no caiga en la polarización, que abra nuevos espacios sociales y que permita hacer política de otro modo.

La destrucción de los valores de la República en un caso y de los valores de la Constitución en otro puede despertar una “ansiedad por contener” la disolución social. Es una disolución acelerada por gobiernos, de un modo u otro, determinados por el populismo. Contener lo que se pueda contener es necesario siempre que se tenga realismo y proporcionalidad. Como existe una minoría-mayoritaria o una mayoría-minoritaria que está con los valores de la República o de la Constitución, es fácil que en este momento el espejismo de la contención sea especialmente atractivo. La contención es una tentación cuando se convierte en la única actividad que realizan todos en todo momento, cuando todas las energías disponibles se emplean en ella. De hecho la contención solo tiene sentido como tarea para algunos, en ciertos momentos, si saben que contendrán poco y durante un breve espacio de tiempo.

Junto a la contención, la segunda tentación es un optimismo desmedido sobre la naturaleza humana, o lo que es lo mismo, sobre la capacidad que tienen los valores cívicos para mantenerse en pie. Da lo mismo que hablemos de inmigración, convivencia, eutanasia o cualquier otro aspecto de la vida democrática. La naturaleza es áspera, amarga e induce a la confusión. Los recientes comentarios de Benedicto XVI sobre la multiplicación de los derechos son, por eso, muy sugerentes. A los todavía ilustrados y católicos demasiado optimistas, el papa emérito les recuerda: “con el olvido del pecado original se constituye una confianza ingenua en la razón que no alcanza a comprender la complejidad fáctica del conocimiento racional en el campo ético. El drama de la disputa sobre el derecho natural muestra claramente que la racionalidad metafísica no es inmediatamente evidente” (Liberar la libertad).

>Editorial

Ni refugios ni contenciones: gracias cívicas

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Iglesia y pedofilia, una purificación inevitable

Federico Pichetto

¿A quién afecta la cuestión del vínculo entre Iglesia católica y pedofilia, tristemente de vuelta a las portadas informativas en estas últimas semanas? ¿Es un problema del Papa? ¿De ciertos obispos? ¿O solo afecta a los implicados? ¿O a las jóvenes víctimas? El sistema mediático parece estar concebido para contar a diario delitos que afectan a otros, se ocupa de poner al lector o usuario del lado delos buenos y a la caza de los malos. Sacerdotes, cardenales y papas se convierten en la encarnación de un mal que, si ellos desaparecen, parece que se puede tener seriamente la esperanza de poder acabar con él.

La verdad es que el tema de la pedofilia afecta a todos, sin excluir a nadie. Tiene que ver ante todo con nuestra manera de relacionarnos con el dolor de los demás. Familias enteras reclaman justicia por heridas mortales causadas por hombres que afirmaban servir a Dios y estos gritos de dolor en vez de usarse, incluso en parte del mundo católico, como advertencia o invitación a la penitencia, se utilizan como prueba de la bondad de sus prejuicios hacia la Iglesia, el Papa y la doctrina.

En vez de sentir vergüenza y pedir perdón por el dolor que una parte de un único cuerpo ha provocado a muchos, se defienden poniendo en evidencia todo el bien que hace la comunidad cristiana, casi como si infinitas buenas acciones pudieran justificar en el fondo un crimen.

El vínculo entre pedofilia e Iglesia afecta por tanto a la relación de cada creyente con el poder. ¿Cuántas veces la “misión divina”, la “causa”, el “buen nombre” de una parroquia, de una orden religiosa, de una comunidad o movimiento, ha prevalecido sobre las reglas, sobre la dignidad y sobre la historia de las personas, transformando basura y mezquindad en “despreciables” daños colaterales? ¿Cuántas veces una sensación de impunidad ha rodeado a los gurús del momento, volviendo sordas las conciencias individuales al imperativo evangélico de la responsabilidad y el amor?

El vínculo entre pedofilia e Iglesia católica afecta a fin de cuentas a todo creyente que crea poder dejar a sus espaldas los errores cometidos, sus propios pecados, en virtud de una autoabsolución colectiva, impuesta por la necesidad de sentirse siempre entre los justos y por el poder purificador de una misericordia utilizada no como camino de conciencia sino como arma de banalización de la más tétrica lascivia.

No existen los pedófilos y los otros. No se puede esperar reducir el grito del Papa a un ridículo debate sobre pedofilia y homosexualidad, pedofilia y celibato sacerdotal, o a un conflicto de política interna dentro de una iglesia que va perdiendo el sentido de lo sagrado en nombre de una creciente mundanización de la confrontación y del diálogo fraterno. La cuestión del vínculo entre pedofilia e Iglesia católica va a abrir escenarios inéditos que verán precipitarse inexorablemente la credibilidad de la Iglesia, la probable casi extinción del catolicismo en muchos países del mundo, la apertura de un debate cada vez más necesario sobre los seminarios, la sexualidad, la relación entre fe y deseo.

Iglesia y pedofilia, una purificación inevitable

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Diez años de una crisis (de confianza)

Fernando de Haro

Diez años de la quiebra de Lehman Brothers, diez años de estallido de la crisis que cambió definitivamente nuestras vidas. ¿Cuándo se equivocaron las autoridades estadounidenses? ¿Se equivocaron cuando dejaron quebrar a Lehman y no lo rescataron como habían hecho antes con Bear Stearns y harían luego con JP Morgan? ¿Se equivocó George Bush y su equipo al corregir su credo liberal y adoptar una intervención no vista hasta el momento? La discusión no se ha terminado todavía. Se cometió una injusticia porque se utilizó el dinero de todos para rescatar bancos quebrados por la codicia de algunos. ¿Era necesario asumir una gran injusticia, el riesgo moral de acciones canallas (el “envasado” de hipotecas basura), para salvar el bien de todos?

Las preguntas persisten, pero al menos, una década después, hay algunas respuestas. No podemos seguir diciendo con la alegría de los años 90 aquello de que es necesario “menos Estado y más sociedad”. Sobre todo si más sociedad se entiende como más mercado. Difícilmente la burbuja hubiera crecido tanto sin la desregulación del sistema financiero. No le hubiera sido tan fácil a las finanzas de la codicia convertir, a través de la titulización, deudas fallidas en productos de inversión aparentemente convenientes y rentables. No se distinguían de los que estaban relacionados con la economía productiva. El sistema financiero inventó herramientas diabólicas para multiplicar un fraude que las instituciones públicas debían haber detectado y prohibido. Pero la soberanía de los supervisores había desaparecido en un mercado global. Todo ello mientras se teorizaba sobre las falsas virtudes liberales, esas que, por arte de magia, convierten el egoísmo privado en un bien público. Tras la caída de Lehman descubrimos que no había mercados perfectos, capaces de autorregularse y de proporcionarnos una transparencia que nos haga libres. Dejado a su inercia, el mercado es víctima de la codicia y se olvida de que las finanzas deben estar al servicio de la economía real, del trabajo de la gente.

La crisis de hace diez años no fue como la del 29 porque hubo una intervención decidida del Estado a través de la Reserva Federal y del Banco Central Europeo (este último lo hizo tarde porque hasta la llegada de Draghi los europeos estuvimos atenazados por el tabú antiinflacionista de los alemanes). Afortunadamente al frente de la Reserva Federal estaba entonces Bernanke que había estudiado los errores cometidos en el 29 y apostó desde el principio por una política monetaria expansiva de tipos de interés negativos y de compra de activos. Toda la munición disponible y más, inventando nuevos instrumentos, para meter mucha liquidez en el sistema. Era necesario que corriera el dinero. La solución no llegó a Europa hasta que en 2015 el BCE no puso en marcha nuestro programa de Quantitative Easing. Diez años después de esta política de dinero barato estamos experimentado la resaca de tanta expansión monetaria. Desde que Estados Unidos empezó a retirar los estímulos y dejó atrás la política de tipos ultrabajos, los países emergentes han empezado a notarlo. No sabemos lo que pasará en Europa. La guerra comercial, la transición digital y la subida del precio del petróleo plantea nuevas incógnitas.

Diez años de una crisis (de confianza)

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La gran luz del pontificado de Francisco

Fernando de Haro

En medio de la gran tormenta, de la traición, del pecado de los suyos, la mirada la mantiene fija en lo esencial. A la vuelta de su viaje a Irlanda, uno de los países donde la pederastia y los delitos de los sacerdotes más daño han hecho, después de que el ex nuncio Viganò pidiera su renuncia con mentiras, Francisco afirma en la audiencia general: Cristo quiere “hacer del mundo un hogar donde nadie esté solo, no querido, o excluido”. Los ojos del papa argentino buscan, en un momento de prueba, la mirada de Jesús hacia el mundo. No cae en la trampa, mil veces denunciada, de la autorreferencialidad. Francisco reacciona ante la crisis como un cristiano en el que el cristianismo no se ha convertido en una “doctrina sin misterio” o en una “voluntad sin humildad”. Responde, alzando la vista, “reconociendo la presencia de Jesucristo y siguiendo”. Este cristianismo cristiano de Francisco, este estar “fascinado y lleno de estupor ante la excepcionalidad” del “encuentro con un acontecimiento, con una Persona” es lo que hace luminoso su pontificado. Luz para un mundo en transición, herido por el colapso de los tiempos modernos. Claridad para una Iglesia afectada por una crisis severa en la que la fe de los sencillos pretende ser confundida por instancias clericales que cuestionan su fundamento y garantía: la autoridad. Francisco mira a lo esencial y anuncia, incasablemente, la gran alegría de la encarnación.

Bergoglio es un joven que encuentra su vocación en un confesionario. Luego será un joven ex provincial de los jesuitas que, sin tarea alguna, pasa larguísimas horas en otro confesionario. Y en los confesionarios aprende cuál es el signo de los tiempos. En un mundo postcristiano, “el deseo de la bondad divina es lo propio del hombre de hoy” que “bajo la pátina de seguridad de sí mismo y de la propia justicia, esconde un profundo conocimiento de sus heridas” (Benedicto XVI). Ya no es el hombre quien se justifica ante Dios, sino Dios el que se justifica ante el hombre, como Aquel que responde al mal con una ternura vencedora. Esta es la gran inteligencia histórica de Bergoglio, el jesuita, el papa para el que solo la Misericordia es digna de fe. Ante el don de un papado así es sorprendente que prevalezca la queja o la incomodidad por el “estilo de Francisco”, por su forma de hablar, por sus supuestas imprecisiones o imprudencia.

La gran luz del pontificado de Francisco

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>Editorial

Un Gobierno antifranquistamente franquista

Fernando de Haro

Ni un minuto más. A España no le conviene caer en la trampa en la que le quiere meter el Gobierno de Pedro Sánchez. No le conviene seguir hablando ni un minuto más de Franco. El Gobierno socialista ha comenzado un largo proceso para sacar los restos mortales del dictador del Valle de los Caídos, un mausoleo casi olvidado, construido por presos de la república, en el que yacen fallecidos de los dos bandos de la Guerra Civil.

El proceso de la exhumación va a durar tres meses. Una desgracia, lo mejor que podría suceder es que el Gobierno lo hiciera mañana mismo. Para que 40 años después de aprobada la Constitución no se vuelva a caer en la buscada y ficticia polarización franquismo-antifranquismo. Que lo vuelvan a enterrar donde quieran, pero que lo entierren otra vez.

Es evidente que es un despropósito iniciar el proceso de exhumación con un decreto-ley, figura legal prevista para los casos urgentes. El dictador lleva más de 40 años en su tumba. Es evidente que el Gobierno no ha buscado consenso alguno. La Comisión de Expertos que en 2011 recomendó el traslado de Franco lo hizo con importantes votos particulares en contra. En abstracto, parece recomendable el traslado. Pero como no hay nada abstracto, lo mejor es que se hubiera llegado a un acuerdo con la familia y con todos los grupos parlamentarios. Ahora que el Gobierno ha decidido resucitar a Franco (para esconder su debilidad parlamentaria, para contentar a la izquierda-izquierda, para ganar quién sabe qué votos) hay que pedirle que se dé prisa. Se equivoca el PP al anunciar el recurso al decreto de exhumación (algo que técnicamente no tiene sentido porque se convalidará como ley) y al insistir en criticar con pasión la decisión. Era precisamente el objetivo buscado por un Gobierno débil que no puede ni quiere gobernar. Está en campaña electoral.

Como señalaba en su momento con agudeza Augusto del Noce, en ocasiones, la mejor manera de ser fascista es ser un antifascista. El antifascismo, como el antifranquismo, está definido por aquello a lo que se opone. Franco fue despiadado con su anticomunismo. El propio Del Noce señalaba que “el postfascismo no debe ser un fascismo en sentido contrario (antifascismo) sino lo contrario del fascismo”. El Gobierno de Sánchez se empeña en enterrar el postfascismo y el postcomunismo construidos por la sociedad española durante la transición.

El verdadero milagro español, propiciado por comunistas y católicos (muy conscientes de sus errores) fue que, de un modo natural, popular, el país salió de la dictadura con una democracia postfranquista y postcomunista. Los dos polos estaban superados. No aniquilados, no superados por una síntesis que anulara las experiencias, las creencias, las heridas de las personas de una u otra sensibilidad. La lección, el tesoro, de la transición española es que se produjo, como en toda verdadera reconciliación, algo nuevo que superó a lo antiguo. Es por lo que luchaba hace muchas décadas Bergoglio: ni peronismo ni antiperonismo, sino unidad polar. No hay que negar nada para afirmar cada parte, no hay que buscar una síntesis dialéctica sino algo nuevo, superior, en lo que todos puedan reconocerse. Y eso fue lo que tuvimos.

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>Editorial

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

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>Columna derecha

>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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