Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
18 NOVIEMBRE 2017
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Una belleza más fuerte que el odio

Aliosha Miranda

«La belleza salvará al mundo» escribió Dostoievski. Sí, pero ¿qué belleza? ¿Qué belleza tiene el poder de pararse frente al mal y redimirlo? ¿Qué belleza puede salvar a Venezuela? ¿Qué nos puede salvar, entre otras cosas, de toda la violencia, la inseguridad y el odio que hay en el país?

La inseguridad en Venezuela es terrible: si se comparan cifras del Observatorio Venezolano de Violencia con cifras del Iraq Body Count, se observa que el número de muertes violentas entre 2011 y 2016 que hubo en Venezuela es similar al número de muertes de civiles que hubo en la guerra de Iraq entre 2003 y 2011. En mi país hay tantas muertes como en una guerra, se ha vuelto común que un amigo te sorprenda con una noticia diciéndote que mataron a alguien cercano, en mi país da rabia ver cómo tantas vidas se pierden en manos de la inseguridad y que nuestros gobernantes no mueven un dedo para afrontar este problema. Además, la impunidad es impresionante, aquí sabes que si le das un tiro a una persona lo más probable es que no te vaya a pasar nada; el sistema judicial es inútil; el Poder Judicial no hace nada en contra de quienes asesinan, pareciera que su única función es inhabilitar y apresar dirigentes opositores.

Y lo peor de todo: ¿cómo podemos consolar a todas las personas que han sufrido en carne propia este flagelo? A esa madre que con el corazón destrozado debe enterrar a su hijo, a ese hijo que con el corazón destrozado debe enterrar a su madre, a esas personas que ven a los asesinos de sus seres queridos cometiendo más fechorías mientras la asamblea nacional constituyente programa otra elección fraudulenta, promulga una palurda ley contra el odio y busca la manera de apresar a otro líder opositor. A esas personas en las que el rencor puede ser algo totalmente comprensible. ¿Qué se les puede decir? ¿Cómo pararse frente a esas personas, mirarlas a los ojos y decirles “no sientas odio hacia el que te ha hecho daño”? Pareciera imposible, incluso injusto, hacer algo así. ¿Cómo podemos evitar que el odio en el país se convierta en una espiral de violencia sin fin?

En una situación como esta uno podría pensar que la belleza no tiene nada que hacer, pareciera absurdo e idealista pensar que el origen de la solución a los problemas en mi país esté en la belleza. Pareciera que frente al odio y el rencor la belleza no tiene nada que hacer.

Sin embargo, Dostoievski también vivió situaciones dramáticas, basta decir que fue apresado y condenado a muerte injustamente, pero no dudó al escribirlo: «La belleza salvará al mundo».

Sí, pero ¿qué belleza? ¿Qué belleza es más fuerte que el odio? Para estas grandes preguntas, la organización “Caracas mi convive” ofrece una respuesta, ellos testimonian que esta belleza tiene un nombre concreto: el perdón.

Una belleza más fuerte que el odio

Aliosha Miranda | 0 comentarios valoración: 3  9 votos

 

¿Son seguros los alimentos procedentes de organismos transgénicos?

Nicolás Jouve

La modificación genética de un ser vivo constituye una parcela muy especial de la Biotecnología. El caso más general consiste en aislar del genoma de un organismo una región de su ADN correspondiente a un gen que confiere alguna ventaja a su portador e insertarlo en algún lugar del genoma de otro organismo de la misma o diferente especie. Estas operaciones de “ingeniería genética” se vienen practicando desde finales de los años setenta. Los primeros experimentos trataron de modificar el genoma de bacterias con fines aplicados. Más tarde se extendieron a las plantas cultivadas y animales domésticos con fines de mejoramiento de sus propiedades aplicadas.

El proceso de modificación genética comienza con la identificación del gen responsable de una característica de interés de un organismo “donante”, que se aísla mediante técnicas de ingeniería genética y se inserta en el genoma de una célula del organismo “receptor”, una bacteria, una planta de cultivo, o una célula animal cultivada en el laboratorio. Hay diversos procedimientos para introducir genes en el genoma receptor (pistola de genes o biolística, electroporación, canalización a través de un vector natural de ADN como plásmidos bacterianos, etc.). Sea cual sea el método de modificación utilizado, la célula receptora incorpora entre sus genes el gen extraño, usualmente de forma aleatoria, por lo que es necesario identificar las células que habiéndolo incorporado lo mantienen en condiciones adecuadas. En el caso de las plantas esto se facilita gracias a su capacidad de regeneración vegetativa, en cultivos in vitro sobre medios inductores para el desarrollo. Las plántulas se analizan después para determinar si está presente el gen extraño y se seleccionan si funciona adecuadamente.

A los organismos modificados de esta forma se les denomina “organismos modificados genéticamente” (OMG) o “transgénicos”, y las aplicaciones han sido hasta el momento muy provechosas al permitir obtener bacterias que sintetizan fármacos (hormonas, enzimas, insulina humana, vacunas, vitaminas, factores de coagulación, etc.), variedades de plantas cultivadas resistentes a insectos, virus, bacterias, condiciones ambientales adversas, mejor calidad o producción, etc. y razas de animales domésticos de mejor calidad, más productivos o más resistentes a enfermedades.

La gran diferencia de la metodología para obtener los OMG y el mejoramiento genético tradicional, basado en el cruzamiento y selección, es que ahora se pueden saltar las barreras del aislamiento reproductor. De este modo se puede trasladar información genética de una especie a otra por muy alejadas que estén en la escala evolutiva sin recurrir a la vía del intercambio sexual. Además de conducir a la modificación de los caracteres de interés para su explotación comercial, la transgénesis abre la posibilidad de modificar los organismos en caracteres imposibles de abordar mediante la mejora genética tradicional.

Un par de ventajas más, desde el punto de vista de lo que supone la obtención de los OMG, es que el organismo adquiere la nueva propiedad de forma constitutiva. Hace suya la incorporación del gen extraño y su función será independiente de los agentes externos. Por otra parte, la modificación genética es mínima, apenas un gen o una región restringida del genoma de efectos conocidos, mientras que en la mejora genética tradicional basada en el cruzamiento y selección se mezclan los genomas de las formas parentales, lo que exige una labor de criba muy laboriosa a posteriori.

¿Son seguros los alimentos procedentes de organismos transgénicos?

Nicolás Jouve | 0 comentarios valoración: 3  4 votos
>Entrevista a Fernando Vidal

"La economía y el estado del bienestar no son sostenibles sin la persona"

Francisco Medina

Fernando Vidal es sociólogo, presidente de la Fundación RAIS, con un destacado recorrido en temas de agenda social y autor de numerosos e interesantes trabajos acerca del panorama social del mundo de hoy. Dialogamos con él acerca de las implicaciones de la llamada cultura del descarte y del derrumbe de las evidencias en torno al sujeto, y de las consecuencias de una sociedad líquida y de una economía capitalista que tenga en cuenta al sujeto.

En la ‘Laudato Si’ se hablaba de los efectos de la degradación ambiental en el desarrollo aparte de los efectos de la cultura del descarte. En tu opinión, ¿cuál es el diagnóstico que se puede dar en Europa, sobre todo en España, en qué crees que se concreta esto que dice el Papa de la cultura del descarte?

La modernidad es cierto que se construyó contra las personas. En el siglo XIX la opción fue construir grandes máquinas donde las personas quedaban muy empequeñecidas y ciertamente la economía en las ciudades, la burocracia, los partidos, los sindicatos, puede que también incluso las religiones, superaron mucho la escala humana y la persona se vio como algo que tenía que estar “en función de”. Después de los desastres y fracasos de la modernidad, lo que vemos es que es imprescindible que sea la sociedad la que esté en función de la persona, la economía en función de la persona. Por ejemplo, a principios del siglo XX en Nueva York morían siete mil niños por accidentes de tráfico, atropellados, y luego hay que decir que los niños fueron expulsados de la ciudad, que fue construida contra las personas, contra las familias. Ahora estamos de nuevo en un proceso de reapropiación de las ciudades por parte de las familias, con las puertas humanas, la rehumanización de espacios y plazas, de lugares vacíos, y creo que debe suceder en el conjunto, también en las empresas. Las empresas que no se humanizan no son sostenibles. En esto creo que el problema de los modelos de desarrollo reside en una modernidad que dio énfasis al funcionalismo por encima del humanismo. Ciertamente esto se manifiesta en todos los ámbitos, ambiental, económico, pero también en el propio crecimiento del Estado.

¿Cuáles crees que han sido las causas por las que se ha producido este vaciamiento, este derrumbe de evidencias sobre la persona?

>Entrevista a Fernando Vidal

"La economía y el estado del bienestar no son sostenibles sin la persona"

Francisco Medina | 0 comentarios valoración: 3  11 votos

William Congdon. Ese punto de encuentro entre la carne y la tierra

Rodolfo Balzarotti

A finales de octubre se celebró en Grosseto (Italia) la “Semana de la Belleza”. En siete días se concentró una gran variedad de propuestas culturales, exposiciones, conciertos, mesas redondas y testimonios. Era la segunda edición y llevaba como lema “Los rostros de la esperanza”, que ha contado con el cardenal Angelo Scola, arzobispo emérito de Milán, invitado a dar una lectio magistralis sobre la esperanza y la belleza precisamente en Grosseto, la diócesis donde comenzó su ministerio episcopal en los primeros años 90.

En esta iniciativa también colaboró la Fundación William Congdon, con una exposición del gran maestro americano que todavía permanece abierta al público durante esta semana. Una selección de 28 obras que no siguen un orden cronológico sino que mezclan pinturas de épocas muy distantes entre sí y que ponen el foco en dos figuras centrales de la producción de este artista: la carne y la tierra. La carne es la de Cristo crucificado, del que se presenta una decena de versiones, todas realizadas en los años 70; la tierra es la Bassa milanesa, sujeto casi exclusivo de la última etapa en la vida de Congdon, entre 1979 y 1998, año de su muerte.

En efecto, la vocación divina de la tierra y la corporeidad –caro cardo salutis– atraviesa como un hilo rojo todo el itinerario artístico de William Congdon. Partiendo de sus vistas urbanas y monumentales de los años 50 hasta su última etapa, renovada por la luz y el color redescubiertos en los escombros, y en los campos de arroz, cebada, grano y maíz de la Bassa lombarda.

En medio, una singular y sorprendente meditación pintada sobre el cuerpo de Cristo crucificado, donde cruz y cuerpo nunca se distinguen y donde ambos están en pleno proceso de consumación, que es también consumación del cosmos, de la naturaleza, del paisaje, de nuestra propia forma de ver y mirar.

Si bien es cierto que en los resultados extremos la imagen canónica del Cristo crucificado ya no es reconocible, eso no se debe a una búsqueda exasperada de novedad u originalidad, sino más bien a una profunda identificación, hasta sentir la contemporaneidad con la Pasión de Cristo, ya no simplemente representada sino testimoniada en el cuerpo mismo de la pintura.

Un proceso análogo de identificación se puede ver en las obras dedicadas a la Bassa milanesa, donde Congdon descubrió una fecundidad insospechada siguiendo el ritmo del tiempo atmosférico, las estaciones y cultivos. La tierra, en su constante diálogo con el cielo, siempre la vio también como “cuerpo”, como dilatación de la pasión de Cristo. Las estaciones del Via Crucis siempre aparecen vinculadas a las estaciones de la tierra.

En las ordenadas partituras de color del último Congdon, la cruz revela en todo caso su doble valor. Por una parte, símbolo cósmico, del cosmos como “coordenada”, donde se cruzan los dos ejes, vertical y horizontal, del panel. Pero por otra parte sigue siendo el marco de la irreducible singularidad cristiana: el cuerpo del Crucificado.

William Congdon. Ese punto de encuentro entre la carne y la tierra

Rodolfo Balzarotti | 0 comentarios valoración: 2  5 votos

Universitas: 20 años construyendo la universidad

José Díaz

Del interés por construir la universidad y por que la cultura recupere su lugar en la sociedad nace la asociación Universitas, una comunidad de profesores y académicos caracterizada por su interdisciplinariedad: desde los orígenes de la Unión Europea, revividos a partir de las figuras de Robert Schuman y Jean Monnet, hasta la transición española como paradigma histórico de la fuerza de la reconciliación; desde la aventura humana de La Rosa Blanca, el grupo de estudiantes universitarios que se opuso al régimen nazi, hasta la vida y la obra de Tolkien, Solzhenitsyn, María Zambrano o Jérôme Lejeune, descubridor de la trisomía que causa el síndrome de Down; o desde la extraordinaria combinación de circunstancias que han hecho posible la aparición y evolución de la vida en nuestro planeta, hasta los orígenes medievales de la ciencia moderna.

La clave del éxito de Universitas y de su interés por tantos y tan variados aspectos de la naturaleza y la cultura se resume bien en las palabras pronunciadas en 2008 por la profesora Guadalupe Arbona, entonces presidenta de la asociación, con motivo del anterior acto de homenaje a los socios de honor: “El tiempo transcurrido nos ha permitido comprobar, con sorpresa y agradecimiento, el valor inestimable de nuestra vocación. El legado que hemos recibido de nuestros mayores exige de nosotros una conciencia crítica y sistemática. Aprendemos que el hombre tiene un instrumento seguro: la propia experiencia original” –la exigencia de verdad, belleza, bien y justicia– “a la que se puede volver una y otra vez para descubrir el valor de la realidad. Así el profesor universitario cumple, profesionalmente, ese trabajo al que está llamado todo hombre”.

El viernes 17 de noviembre tendrá lugar un acto de reconocimiento y homenaje a sus nuevos socios de honor. En esta ocasión los homenajeados son cuatro grandes maestros de las ciencias jurídicas, naturales y sociales: Marta Cartabia, catedrática de Derecho Constitucional, magistrada y vicepresidenta del Tribunal Constitucional italiano; León Atilano González Sotos, catedrático de Ciencias de la Computación e Inteligencia artificial de la Universidad de Alcalá; Juan José Gómez Cadenas, profesor
de investigación del CSIC y director del grupo de Física de Neutrinos del Instituto de Física Corpuscular (centro mixto del CSIC y de la Universidad de Valencia); y Víctor Pérez Díaz, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y Premio Nacional de Sociología y Ciencia Política en 2014.

La novedad del acto no estará en glosar su currículum, sino en acoger su testimonio sobre lo que ha hecho crecer su humanidad desde dentro de su experiencia académica, lo que les mantiene apasionados por su trabajo, y lo que les ha permitido convertirse en maestros para otros. Ojalá que escucharles permita a los asistentes al acto percibir algo de la eterna juventud de la vida universitaria, esa que se vislumbra cuando el científico experimenta la fascinación del descubrimiento, el crítico vibra ante la belleza de la obra artística o literaria, o el jurista reconoce la contribución del derecho a la “vida buena” y el bien común. Pues, en palabras de Pavese, “la única alegría del mundo es comenzar. Es bello vivir porque vivir es comenzar, siempre, a cada instante”.

Día: viernes, 17 de noviembre.

Hora: 19:15.

Lugar: Fundación Ramón Areces (c/Vitruvio, 5).

Universitas: 20 años construyendo la universidad

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Votantes decepcionados (y enfadados) que pueden acabar con Trump

Carl Larky

La actual crisis política en Estados Unidos va más allá de las controversias sobre Donald Trump y afecta a aspectos más generales, que llegan incluso al escenario europeo. Un primer problema viene del riesgo de violar ese principio fundamental para la democracia estadounidense, y en general para la democracia, que es el juego de equilibrios entre los diversos poderes del Estado, legislativo, ejecutivo y judicial. Aunque está bajo ataque constante y por muchos motivos resulte un presidente cojo, sus casi nueve meses de mandato han visto 51 órdenes ejecutivas, un número claramente superior en comparación con los emanados, en el mismo periodo de tiempo, de todos los presidentes que le han precedido en los últimos sesenta años. En concreto, dobla los de Barack Obama.

Otra polémica es la surgida con motivo del asesinato de cuatro soldados americanos en Níger, en una emboscada yihadista a principios de octubre. A pesar de la presencia en el país africano de al menos 800 militares estadounidenses, varios senadores han declarado no ser conscientes de ello, incluidos ciertos “halcones” republicanos. En cambio, el Pentágono y la Casa Blanca afirman que informaron debidamente al congreso. La polémica recuerda a la que hubo contra Obama por intervenir en Libia sin aprobación parlamentaria. En varios países europeos, la percepción de la presencia de los propios militares en el extranjero también parece estar un poco ofuscada y tampoco parece adecuadamente discutida en el Parlamento.

Tanto el partido republicano como el demócrata están atravesando crisis profundas en su seno y con sus respectivos votantes. En el partido demócrata, Hillary Clinton se enfrente a las acusaciones de haberse hecho de manera inapropiada con el control del comité nacional del partido, perjudicando gravemente a Bernie Sanders, su adversario en las primarias. Vuelven a la palestra las modalidades poco ortodoxas con que gestionó informaciones reservadas cuando ocupaba la secretaría del Estado. También se está movilizando el mundo feminista que, huérfano tras la derrota de Clinton, parece haber encontrado nueva candidata en la senadora Elizabeth Warren, punta de lanza del ala progresista del partido demócrata. Warren podría entrar en la lista de posibles candidatos demócratas a la presidencia, junto al exvicepresidente Joe Biden y Sanders. En la fecha natural de 2020 o incluso antes, si consiguieran hacer dimitir a Trump.

La presencia nada desdeñable en la escena política de personajes como Warren y Sanders es indicativa de un desplazamiento a la izquierda entre los demócratas, algo que parece interesar más a los electores que al partido. La dirigencia y el aparato todavía parecen estar alineados detrás de Clinton y Obama y una parte del electorado les acusa de estar más interesados en Wall Street que en Main Street.

Votantes decepcionados (y enfadados) que pueden acabar con Trump

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>Entrevista a Teo Uriarte

'Los viejos partidos españoles están bunkerizados en exceso'

Juan Carlos Hernández

En un artículo afirmaba usted que “ha sido habitual en las sociedades y gobiernos débiles esconder los problemas”. ¿En qué percibe esta debilidad?

Percibo la debilidad en la incapacidad de detectar la dimensión de los problemas y en la capacidad de asumirlo con decisión. Pero hay una cuestión previa, la rutina partidista convierte a los partidos en un fin en sí mismo y, en segundo lugar, en un fin en sí mismo. Los viejos partidos españoles están en excesos bunkerizados para aproximarse a la realidad.

En ocasiones, usted ha sido crítico con la actual dirección del PSOE pero da la impresión que en las últimas semanas han apostado por la “opción constitucionalista”. ¿Cómo ve la posición actual del partido? ¿Podría ser el inicio para desmarcarse de Podemos?

Creo que la crisis provocada por el nacionalismo catalán ha obligado al PSOE de Sánchez a volver a la política y alejarse de facto del populismo. Opción forzada ante la ruptura con la anterior generación del propio partido y la debacle electoral.

Y las medidas adoptados por el Gobierno, ¿le parece que han sido adecuadas?

Las medidas adoptadas por el Gobierno han sido en general hábiles en un marco de obligación (sorprendente contradicción) marcado por el rey. Hábil la rápida convocatoria de elecciones, prudente la intervención administrativa, pero parca y arriesgada al dejar sin control los medios de comunicación dependientes de la Generalitat.

¿Es suficiente con la justa aplicación de las leyes para afrontar el desafío secesionista? ¿Se puede proponer un proyecto más ilusionante, más adecuado a la realidad del que proponen los independentistas?

La mera aplicación de la legalidad ante un problema político no sólo es insuficiente sino que muestra una actitud defensiva en un terreno fundamentalísimo de la política como es la destrucción del sistema. El problema catalán es un problema español, de la debilitación del discurso nacional al que nos ha conducido la partitocracia y su desgarradora dialéctica de enfrentamiento entre sus detentadores.

Las manifestaciones multitudinarias en Barcelona organizadas por Sociedad Civil Catalana, ¿pueden haber sido un punto de inflexión? ¿Cómo ve la respuesta de la sociedad civil?

Efectivamente, las manifestaciones promovidas por Sociedad Civil Catalana pueden significar un signo de inflexión, pero no nos engañemos, a la ciudadanía, a los demócratas, no les gusta salir a la calle, lo hace sólo en momentos críticos, es el Estado el que debe estar en ella. Por el contrario, los nacionalismos viven en la calle.

Stanley Payne ha afirmado que en la Transición hubiera sido deseable “una delimitación mucho más estricta de las competencias de las autonomías”. ¿Le parece acertado este diagnóstico?

Payne tiene razón en que se debía haber cerrado más el aspecto autonómico. Pero sospecho que no se llegó a más por el choque entre una concepción tradicionalista de la descentralización, en la que participaban los nacionalismos periféricos, y una tímida vocación federal de la izquierda a la que la derecha se enfrentó por la experiencia de la I República que se llamaba federal y fue cantonalista. Falta cerrar la descentralización bajo un modelo de participación federal que bien se podía haber inspirado en el alemán.

¿Nos ha faltado regar la planta que juntos construimos en la Transición?

>Entrevista a Teo Uriarte

'Los viejos partidos españoles están bunkerizados en exceso'

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La sorprendente fascinación de un bandido

Giuseppe Frangi

Estos días me toca acompañan a menudo a gente que quiere visitar la exposición de Caravaggio en el palacio real de Milán. Una muestra que está siempre abarrotada, pues presenta veinte obras cuya atribución nadie pone en duda, y eso ya es noticia porque a menudo las exposiciones sobre Caravaggio se convierten en un pretexto para insertar en el catálogo obras muy dudosas por interés de sus propietarios.

En 1951 Milán albergó la exposición más importante de la historia sobre Caravaggio. Una exposición mítica, que supuso una novedad extraordinaria desde el punto de vista científico y que contó con un éxito de público nunca superado. Caravaggio hablaba entonces de un mundo aún familiar y bien conocido porque aquellos que hacían fila para admirar sus obras. Hoy el mundo ha cambiado profundamente y la mayoría de los sujetos representados por ese gran artista resultan “oscuros”, aunque su capacidad para atraer y conquistar al público permanece intacta.

Por ser más concretos, ver en 2017 a miles de personas con brillo en los ojos, que no pueden ocultar una conmovida admiración ante un cuadro como la Virgen de los Peregrinos, procedente de la iglesia romana de San Agustín, es algo que llama poderosamente la atención. No basta explicar esta atracción afirmando que obras como estas son de una belleza que irrumpe con evidencia. No basta, porque la belleza no es una categoría que se pueda abstraer del contenido representado ni de la experiencia de quien la hace entrar en una relación profunda y misteriosa con ese contenido. La belleza, para ser tal, siempre se “encarna” en una experiencia. La de Caravaggio, por ejemplo, era la experiencia de un hombre ciertamente al límite, no solo por su temperamento sino también por la dramática inquietud, a veces subversiva, que le invadía. Su historia nos muestra que la belleza nunca es fruto de mecanismos automáticos sino el resultado de una contaminación imprevista de diversos factores y a veces hasta incompatibles sobre el papel. En el caso de Caravaggio, puede suceder que una naturaleza bandida y un temperamento a veces ferozmente antagónico como el suyo desemboquen, por caminos totalmente misteriosos, en obras de una religiosidad intensa, profunda, viva. En el cuadro citado, es una religiosidad impregnada por el espíritu del oratorio de san Felipe Neri.

La belleza es, por tanto, fruto de esta combinación imprevista. Si un público tan vasto e indiferenciado se ve conquistado hoy por la belleza de estas obras, es precisamente porque percibe que esa belleza sigue siendo un proceso en acto: en acto ante los ojos y el corazón de quien los mira. Roberto Longhi, gran historiador de arte del siglo XX, cuando presentó aquella muestra milanesa en 1951, de la que era comisario, afirmaba que la fuerza de Caravaggio es la de saber llevarlo todo al “hoy”, y para subrayar la centralidad de este concepto escribió en cursiva la palabra “hoy”. La belleza de Caravaggio es una estupenda y sorprendente reliquia de un pasado. Es un hecho que sigue tocando el corazón en el presente. Incluso en un presente aparentemente tan lejano como el nuestro.

La sorprendente fascinación de un bandido

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>Editorial

Caso Trump: ¿cómo valorar a un político?

Fernando de Haro

Primer año de la era Trump. Doce meses después, su apoyo popular es uno de los más bajos de un presidente reciente: poco más del 30 por ciento. Hay que remontarse a Harry Truman, en 1946, para encontrar un nivel tan bajo. ¿Un fracaso?

El presidente de los Estados Unidos era hasta ahora una figura tendencialmente “inclusiva”, el de todos los estadounidenses. Pero con Trump la presidencia ha cambiado radicalmente. Es el presidente post-moderno que ha perdido la aspiración al bien común: un particular que representa a un particular sector de la población, a una minoría mayoritaria sin voluntad de universalidad. Obama y Bush, los dos expresidentes vivos más distanciados ideológicamente entre ellos, han coincidido en cargar contra las políticas del inquilino de la Casa Blanca. Son las críticas de la vieja política.

Trump, un año después, mantiene el apoyo de los que le hicieron presidente, y eso es lo que cuenta. Un éxito. El “alto” nivel de respaldo se apoya en un mecanismo muy líquido: a base de fake news (falsas noticias) se ha convertido en un fake president. Este es un buen momento para revisar qué ha anunciado, dando a entender que se había producido un cambio, y qué ha cambiado realmente. El primer decreto del magnate, firmado en enero en el despacho oval, fue contra el Obamacare. Tema obsesivo en su campaña. Diez meses después no ha conseguido que su partido, mayoritario en las dos cámaras, lo derribe y ha tenido que recurrir a un decreto para conseguir un retoque, importante porque modifica en parte el sistema de seguros, pero muy lejos del derribo anunciado.

En el campo económico estaba previsto un gran programa de expansión de infraestructuras con gasto público. La propuesta que llegó al Congreso era de tres billones de dólares de déficit extra, de momento la cifra ya se ha rebajado a 1,5 billones. Y ya veremos qué sucede si efectivamente se pone en marcha la reforma fiscal prometida. No es posible recaudar menos y gastar más.

El presidente ha dado un giro relevante a la política exterior de Estados Unidos en Oriente Próximo, pero mucho menos agudo de lo que asegura su propaganda. Uno de los pocos aciertos de la política exterior de Obama fue el acuerdo con Irán para frenar su programa nuclear. Sirvió de contrapeso a la relación preferente con Arabia Saudí. Trump, por el contrario, ha cultivado el eje Arabia Saudí-Israel para atacar Irán. Ha anunciado que no certificará el acuerdo, pero no lo ha roto y lo ha dejado en manos del Congreso. En Siria, se puso teóricamente frente a Bashar Al Assad y los rusos, con el bombardeo de la base aérea de Shayrat por el uso de armas químicas. Pero ha acabado llegando a un entendimiento práctico con Moscú. Lo mismo ha sucedido con China.

>Editorial

Caso Trump: ¿cómo valorar a un político?

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  14 votos

En nombre de la verdad, opciones ideológicas (teóricamente) contrarias al relativismo

Massimo Borghesi

www.paginasdigital.es publica un adelanto del libro de Massimo Borghesi, Jorge Mario Bergoglio, una Biografia Intellettuale, dedicado al pensamiento de Francisco.

En el arco de tiempo que va de finales de los años 90 a los primeros años 2000, Bergoglio pone el foco en las categorías que encontraremos en el centro del documento final del gran congreso de la Iglesia latinoamericana en Aparecida en el año 2007. La idea de fondo nace de una fórmula que Bergoglio halla ejemplarmente descrita en la Deus caritas est de Benedicto XVI: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”. Es la fórmula citada en la introducción del documento conclusivo de Aparecida y tiene un sabor decididamente “giussaniano”. El hecho de estar presente en Benedicto XVI y luego citada por Francisco en la Evangelii gaudium le confiere un valor especial. Indica el punto inicial de la fe, ayer igual que hoy, y al mismo tiempo supone un juicio histórico sobre la deriva “ética” que caracteriza al catolicismo de la era de la globalización. Una vez terminada la época candente del compromiso histórico de izquierdas, típico de los años ’70, marcados por las teologías políticas, la revolución, la esperanza, etcétera, asistimos desde los años ’80 a una suerte de reflujo, de encerramiento en un recinto protegido. El compromiso en el mundo se confía a la defensa de un conjunto, definido y seleccionado, de valores descendentes de la ética y de la antropología cristiana amenazados por la onda relativista que caracteriza a los nuevos tiempos. Paralelamente, decae la atención por la cuestión social y se atenúa considerablemente la percepción de una Iglesia misionera, proyectada, más allá de sus propios confines, hacia la dimensión del “encuentro”.

El proceso de secularización determina, en el mundo cristiano, una reacción ética. Con ella, la idea de Methol Ferré, compartida por Bergoglio, del testimonio cristiano vivido como respuesta adecuada al ateísmo libertino empieza a perderse. La Iglesia se opone pero no es capaz, positivamente, de ponerse, de afirmar una tipología humana en la que el “atractivo de Jesús” sea más fuerte que el atractivo estético de una sociedad opulenta. La deriva ética de la Iglesia indica una estrategia de resistencia, no una era de renacimiento. Esta tendencia ética, por la cual el encuentro cristiano pasa a un segundo plano, permite aclarar la corrección que propone Francisco en la Evangelii gaudium. Se trata de volver a poner en evidencia lo que primerea: la gracia de un anuncio transmitido por un testimonio humanamente creíble.

En nombre de la verdad, opciones ideológicas (teóricamente) contrarias al relativismo

Massimo Borghesi | 0 comentarios valoración: 2  30 votos

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Caso Trump: ¿cómo valorar a un político?

Fernando de Haro

Primer año de la era Trump. Doce meses después, su apoyo popular es uno de los más bajos de un presidente reciente: poco más del 30 por ciento. Hay que remontarse a Harry Truman, en 1946, para encontrar un nivel tan bajo. ¿Un fracaso?

El presidente de los Estados Unidos era hasta ahora una figura tendencialmente “inclusiva”, el de todos los estadounidenses. Pero con Trump la presidencia ha cambiado radicalmente. Es el presidente post-moderno que ha perdido la aspiración al bien común: un particular que representa a un particular sector de la población, a una minoría mayoritaria sin voluntad de universalidad. Obama y Bush, los dos expresidentes vivos más distanciados ideológicamente entre ellos, han coincidido en cargar contra las políticas del inquilino de la Casa Blanca. Son las críticas de la vieja política.

Trump, un año después, mantiene el apoyo de los que le hicieron presidente, y eso es lo que cuenta. Un éxito. El “alto” nivel de respaldo se apoya en un mecanismo muy líquido: a base de fake news (falsas noticias) se ha convertido en un fake president. Este es un buen momento para revisar qué ha anunciado, dando a entender que se había producido un cambio, y qué ha cambiado realmente. El primer decreto del magnate, firmado en enero en el despacho oval, fue contra el Obamacare. Tema obsesivo en su campaña. Diez meses después no ha conseguido que su partido, mayoritario en las dos cámaras, lo derribe y ha tenido que recurrir a un decreto para conseguir un retoque, importante porque modifica en parte el sistema de seguros, pero muy lejos del derribo anunciado.

En el campo económico estaba previsto un gran programa de expansión de infraestructuras con gasto público. La propuesta que llegó al Congreso era de tres billones de dólares de déficit extra, de momento la cifra ya se ha rebajado a 1,5 billones. Y ya veremos qué sucede si efectivamente se pone en marcha la reforma fiscal prometida. No es posible recaudar menos y gastar más.

El presidente ha dado un giro relevante a la política exterior de Estados Unidos en Oriente Próximo, pero mucho menos agudo de lo que asegura su propaganda. Uno de los pocos aciertos de la política exterior de Obama fue el acuerdo con Irán para frenar su programa nuclear. Sirvió de contrapeso a la relación preferente con Arabia Saudí. Trump, por el contrario, ha cultivado el eje Arabia Saudí-Israel para atacar Irán. Ha anunciado que no certificará el acuerdo, pero no lo ha roto y lo ha dejado en manos del Congreso. En Siria, se puso teóricamente frente a Bashar Al Assad y los rusos, con el bombardeo de la base aérea de Shayrat por el uso de armas químicas. Pero ha acabado llegando a un entendimiento práctico con Moscú. Lo mismo ha sucedido con China.

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La inteligencia tiene nombre de encuentro

Fernando de Haro

Dos meses escasos para que termine 2017 y se puede decir que en Europa hemos parado el golpe. La política monetaria expansiva del BCE, que muy poco a poco se va reduciendo, ha permitido mantener un cierto crecimiento económico. Francia y Alemania han frenado los populismos. La UE ha ganado peso por su firmeza en la negociación del Brexit y se ha hecho imprescindible para que la crisis de Cataluña fuera encauzada de forma razonable. No podemos ni imaginar lo que hubiera significado para España la pretendida secesión sin el auxilio de la Comisión o en el Parlamento europeo. Puigdemont, el expresidente catalán fugado de la justica, solo ha encontrado cierto eco en Bruselas porque Bélgica es un país separado por un muro, el que divide al nacionalismo flamenco del nacionalismo valón.

¿Tiempo pues para retomar proyectos, para reconstruir el edificio derrumbado sobre los cimientos que han quedado en pie? ¿A pesar de que la extrema derecha se haya convertido en la tercera fuerza en Alemania? ¿A pesar de que la mitad de los catalanes quieran un estado independiente porque persiguen un proyecto nacionalista? Hace unas semanas, la investigadora Catarina Kinnvall, de la Universidad de Lund (Suecia), publicaba “Racism and the role of imaginary others in Europe”. El estudio constata el aumento de la xenofobia entre los europeos. Es el miedo, según la profesora, lo que genera la nostalgia de una “identidad pura”.

El tiempo de la claridad, el tiempo de la luz parece haber desaparecido. Solo hay amenazas. Hay quien insiste en recurrir a la voluntad. A comienzos del año que entra va a publicarse (el título lo dice todo) “Enlightenment now: The case for reason, science, humanism and progress” (Ilustración ahora, el caso para la razón, el humanismo y el progreso). Será el último libro de Steven Pinker, psicólogo y filósofo del lenguaje, referencia de culto del liberalismo más optimista. Pinker lo deja muy claro: frente al nacionalismo y al populismo, la solución es defender la democracia, la ley y el orden, defender con militancia los valores de la Ilustración. Se podría añadir, quizás con más sutileza, para completar el argumento de este canadiense, que es necesario hacer un ejercicio de inteligencia y decir, en esta época de crisis, toda la verdad. La tradición liberal, la tradición cristiana, todas las tradiciones aún en pie, deberían someter a examen “la gran deriva” de la luz a la incertidumbre y construir un edifico sólido y consistente de argumentos y juicios que den adecuada respuesta.

Es una solución que, a juzgar por los resultados, puede calificarse como un ejercicio de voluntarismo, en palabras del sociólogo español Víctor Pérez Díaz. Un ejemplo es lo que sucedió minutos después de que en Cataluña se declarara la independencia. El ex vicepresidente Oriol Junqueras, hombre culto, aseguró que la secesión se proclamaba en nombre de "valores universales que el mundo cristiano llama la igualdad a ojos de Dios, o el amor fraterno, y que el mundo ilustrado llama fraternidad, igualdad y libertad”. Un buen catálogo de valores y de juicios, desligados de la experiencia que los generó, sirven ya para casi cualquier cosa.

La inteligencia tiene nombre de encuentro

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>CINE

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Un documental de Nínive se estrena... mientras estalla otra vez la guerra

Miriam Díez Bosch

“Para mí ha sido una experiencia muy intensa estar en esos pueblos, derruidos, destrozados por la persecución. Ha sido un auténtico genocidio, según lo que dice el derecho internacional”. Son las declaraciones del director Fernando de Haro a Aleteia, que en los últimos días ha vivido “sobrecogido por la noticia de que 850 familias que habían vuelto a sus pueblos después de la derrota del Daesh hayan tenido que volver a huir por el enfrentamiento entre kurdos e iraquíes”.

La fe de estas personas no va a menos. “Lo sorprendente es que en medio de esa prueba haya muchos cuya fe haya crecido. Han tenido experiencia de que Dios los sostenía, los acompañaba”.

De hecho la película recoge el testimonio de un joven que se pregunta dónde está Dios en medio de tanta injusticia. “Es la pregunta que se hacía Job, la que nos hacemos todos. Y es sorprendente que, a través del encuentro con algunas personas, este chico haya redescubierto a un Dios que daba por descontado. Un testimonio así me acompaña”, cuenta de Haro.

“La situación es muy difícil. Hay una lucha intensa por hacerse con el control de la zona. Después de la derrota del Daesh, la lucha es ahora entre los kurdos y los iraquíes. Es necesario que las fuerzas internacionales pacifiquen la zona y que haya un proyecto de Iraq estable en el que los cristianos puedan vivir en paz. En el país han quedado muy pocos cristianos. Son el resto de Israel, pero ya hemos visto en otras ocasiones de la historia cómo la vida resurge a través de un resto”, añade.

La sede del CEU en Madrid, en la calle Julián Romea 23, será testigo el lunes día 30 del estreno de este documental sobre la llanura de Nínive, donde de nuevo se están enfrentando el ejército kurdo y el iraquí.

Este documental del periodista Fernando de Haro es la historia de las personas que han sufrido uno de los genocidios del siglo XXI, quizás el más reciente. Nínive relata la vida cotidiana de algunas de ellas. Entra en sus casas, en sus sufrimientos, en sus esperanzas. Recoge su testimonio de fidelidad y de amor a aquello en lo que creen.

En el verano de 2014, más de 120.000 cristianos se vieron obligados a huir de sus pueblos de la llanura de Nínive, una zona del norte de Iraq, que se encuentra cerca de Mosul. Es una de las cunas de la civilización. A la llanura de Nínive el cristianismo llegó en los primeros siglos y siempre ha sido un lugar con una presencia de bautizados muy significativa. En sus aldeas y sus pueblos se conservan las grandes tradiciones siriacas, caldeas y asirias.

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>Columna derecha

>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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