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30 SEPTIEMBRE 2016
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>Entrevista a Manuel de la Rocha

`Han dificultado enormemente la capacidad de maniobra del secretario general`

Elena Santa María

Manuel de la Rocha, secretario de Economía del PSOE y miembro de la Comisión Ejecutiva, valora en Páginas Digital la situación que atravisa su partido y las consecuencias que esta crisis puede tener en la situación política nacional.

¿Qué está pasando en el PSOE? ¿Cómo valora los últimos acontecimientos?

Hay una división y un cuestionamiento del liderazgo que viene desde hace tiempo y que ha dificultado enormemente la capacidad de maniobra del secretario general. En este enconamiento el secretario general ha tratado de aclarar ese liderazgo mediante la convocatoria de unas primarias y de un Congreso. La parte contraria no lo ha aceptado y ha intentado mediante un procedimiento estatutario pero poco legítimo echar a un secretario general elegido en unas primarias por los militantes. Ha sido un procedimiento muy expeditivo y muy feo. Eso no se ha logrado y ahora estamos en un proceso abierto.

¿Cómo va a repecutir esta crisis en la formación de gobierno?

Evidentemente no ayuda porque el Partido Socialista es clave en la gobernabilidad de España y esta crisis en estos momentos dificulta la toma de posiciones y la búsqueda de una salida. Es más difícil.

En un artículo publicado en El Mundo, Vicente Lozano dice que el problema de fondo del PSOE es la crisis de identidad de la socialdemocracia. ¿Qué le parece esta afirmación?

Estoy de acuerdo en parte en que la pérdida electoral del PSOE viene de lejos, viene desde la crisis, y tiene que ver con la dificultad que encuentra la socialdemocracia para encontrar respuestas políticas a una crisis y a un mundo muy globalizado y competitivo donde los márgenes de actuación política son muy estrechos, los poderes de los Estados soberanos son muy limitados y los problemas sociales, económicos y medioambientales trascienden los de los Estados. La socialdemocracia se basa en un poder público fuerte. Este es un problema que está ocurriendo en toda Europa y en todo el mundo occidental y la socialdemocracia tiene dificultades para resolver estos problemas de una forma equitativa, cohesionada y justa. Dicho esto, en mi opinión, por muchas potenciales carencias que pueda tener el ideario socialdemócrata es mucho mejor que las alternativas, ya sea el populismo de izquierdas o el neoliberalismo de la derecha.

César Molina señalaba en una entrevista también en El Mundo el desconocimiento de las raíces. "Yo no veo que [el PSOE] se sienta heredero (de su historia), que conozca sus orígenes, que ni siquiera sepa bien quién era Pablo Iglesias". ¿Qué representa o cuál es el lugar del PSOE en España?

El Partido Socialista es el partido que por tradición, por historia, por sus líderes históricos, mejor ha representado a España a lo largo de un sigo y medio, desde su creación. Con el paréntesis de la dictadura, porque no se pudo hacer mucho, pero en concreto desde el restablecimiento de la democracia el PSOE ha sido el partido más importante y que ha gobernado más tiempo en el Gobierno central, que ha gobernado en todos los niveles de la administración, en todas las Comunidades Autónomas. La España que conocemos hoy, constitucional y autonómica, la España del Estado de Bienestar, el PSOE es el que más ha contribuido a ponerla en pie. Es el partido que más se parece a España: diverso, con historia, de debate de militancia. Es muy importante para España.

>Entrevista a Manuel de la Rocha

'Han dificultado enormemente la capacidad de maniobra del secretario general'

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>El Kiosco

Grandes preguntas

Elena Santa María

Durante esta semana, tan ajetreada como incierta, han aparecido grandes preguntas en la prensa con un denominador común. Leila Guerriero citaba en su columna de El País el poema de Ana Blandiana “El sol de más allá” y “El reflejo de los sentidos”: «Me ahogo en la realidad: mis pasos ya no son anónimos (...) Ya no me reconozco. Me he olvidado. Me gustaría volver. Pero, ¿hacia quién?». Este poema recuerda a la explicación de Joseba Arregui en El Mundo sobre cómo votan los vascos: «lo que vota el ciudadano vasco es la bendición que parece venirle de la mano del Gobierno vasco del PNV para que no tenga que mirarse en el espejo y preguntarse qué hizo, dónde estuvo mientras duró la historia de terror de ETA».

«Miro el televisor y tengo tan llena la retina de dolor (...) que intento entender por qué somos tantos buena gente, y tanta buena gente resulta tan indiferente», provocaba Pilar Rahola en La Vanguardia. «El lenguaje de la conciencia trasciende la banalidad y la cotidianidad y aterriza en ese lugar inconcreto y temido del alma en el que aún nos hacemos preguntas». Parece que Pedro G. Cuartango le contesta en El Mundo: «estamos condenados a no saber y es posible que jamás lleguemos a resolver el misterio de quiénes somos y de dónde venimos».

El protagonista indudable de la semana ha sido el PSOE. Algunos apuntan a que no es tan diferente su crisis de estas preguntas que planteaban distintos columnistas. En una entrevista concedida a El Mundo, César A. Molina confesaba que «yo me impliqué en un momento dado con el PSOE por ser un partido heredero de esto [de la Constitución], pero ahora no veo que se sienta heredero, que conozca sus orígenes, que ni siquiera sepa bien quién era Pablo Iglesias, el verdadero. Ahora hay en el PSOE una tremenda orfandad». En el mismo periódico y en la misma línea reconocía Vicente Lozano que «el problema de fondo del PSOE no es el liderazgo de Sánchez, sino la crisis de identidad de la socialdemocracia desde finales del siglo».

Llegados a este punto, algunos se atreven a señalar hacia la educación. Juan Manuel Escourrido explicaba en El País que hay que defender las Humanidades mostrando «su indispensabilidad para entender a otros; para promover la igualdad y la justicia social; (...) para la convivencia democrática; para la comprensión de las fuerzas históricas que construyen la realidad; y para aprender, entender y moverse con soltura en el conjunto de las mejores respuestas que la humanidad ha dado a sus grandes preguntas». También César Molina en la entrevista citada decía: «lo que no se conoce no se ama».

>El Kiosco

Grandes preguntas

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La vaca

Juan Orellana

En los tiempos que corren, oscuros y terribles, dentro del cine independiente hay cineastas que entienden que su arte debe estar al servicio de la esperanza y no limitarse a constatar el desastre. Ya lo hicieron los neorrealistas italianos tras el horror de la Segunda Guerra Mundial. Ahora que el islam es una amenaza real para Occidente, no sólo por el terrorismo sino por su imparable enraizamiento en Europa, no nos es fácil mantener una mirada libre sobre él. De Francia nos llega una historia argelina, tan pequeña y sencilla en sus pretensiones como grande e inteligente en sus resultados. La dirige Mohamed Hamidi, muy condicionado por su amor al film de Fernandel La vaca y el prisionero (Duvivier, 1959). La vaca nos cuenta la peripecia de Fatah, un hombre de campo que con su mujer e hijas vive en un pueblo perdido de Argelia y que decide presentar a su vaca Jacqueline al concurso de la Feria de Agricultores de Port de Versalles (París). Pero para esta aventura no va a contar con el apoyo de su mujer, que piensa que se trata de un capricho insensato, ya que, al no tener dinero, tendrá que llevar la vaca a pie desde Marsella hasta París. Pero tal es la ilusión de Fatah que emprende su viaje a pesar de las burlas de muchos del pueblo. Por el camino encontrará diversas personas y hará nuevos amigos, poniéndonos de manifiesto paulatinamente la pureza de su corazón.

Mohamed Hamidi reconoce que esta divertida y simpática road movie tiene ciertos paralelismos con Una historia verdadera, de David Lynch, aunque aquí el tono es deliberadamente cómico, más a lo Pequeña Miss Sunshine, de Jonathan Dayton, y el aspecto social y comunitario es mucho más importante. También su tono humano nos puede recordar a ciertas películas de Berlanga o a algunos títulos del citado neorrealismo italiano, como Milagro en Milán de Vittorio de Sica. Por su parte el actor argelino Fatsah Bouyahmed, que interpreta al protagonista, tiene ecos de Roberto Benigni. En fin, a pesar de sus posibles referentes, La vaca tiene su propia personalidad, desbordante de sensibilidad humana y con un guión lleno de detalles inteligentes. Guión de Alain-Michel Blanc en el que han colaborado tanto el director como el actor protagonista, especialmente en los diálogos. La vaca elogia la pureza de un hombre bueno y pobre, frente a la complicada vida occidental, llena de problemas artificiales o secundarios. Pero también quiere mostrar una mirada crítica sobre ciertos aspectos de la vida de Argelia, a la vez que exalta la solidaridad y la conciencia de "pueblo". El film contiene muchos pequeños mensajes, como la posible convivencia entre religiones o el poder las nuevas redes sociales. Para nuestra colección de delicatesen.

La vaca

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En busca de un nuevo horizonte político

Jorge Martínez Lucena

Los líderes políticos nos están dando una lección. Mariano Rajoy sigue la estrategia de la esfinge. Se pone de perfil y espera a que España cambie de opinión y vuelva a sus cabales, devolviéndole esa mayoría absoluta de la que se siente justo acreedor, porque así lo afirman en Europa. Pedro Sánchez no se rinde. Pese a la paliza que le han dado en las urnas gallegas y vascas y la samanta de palos que le están dando en su partido, ha declarado la guerra total a las baronías insurgentes, aunque eso suponga nuevas elecciones, como asumiendo la cultura política de nuevos partidos menos tradicionales que el suyo, más asamblearios y preocupados por la opinión de las bases. En el tercer rincón del cuadrilátero nacional tenemos la épica de Pablo Iglesias, que ahora mismo lucha a calzón quitado por mantener su pontificado púrpura, en busca de un pegamento suficientemente potente como para hacer confluir lo que ha separado la rebelión de los niños y conseguir así que el nuevo nombre de su partido en la próxima cita electoral no pase del número de caracteres máximos de un tuit. Y para terminar, y siguiendo el orden de escaños, tenemos a Albert Rivera, que ahora mismo ha dejado de representar el papel mediático de estadista dialogante y capaz de entendimiento, para vivir el desengaño de los “zero points” en las dos autonómicas citadas y sumirse en la elaboración del duelo, hundido en la sospecha de que el navajazo es mucho más rentable que el apretón de manos en la democracia española del espectáculo.

Todos ellos tienen ideales. No se puede negar. Rajoy busca la salvación por la economía, a través de una especie de materialismo dialéctico invertido donde el proletariado en lugar de alzarse se abaja progresivamente. Sánchez corre como un hámster atrapado en el bucle de la eterna legitimización por unas bases del partido que, a juzgar por los resultados electorales, se encuentran en cuarto menguante. Iglesias lucha puño en alto por la canalización del deseo de justicia social del pueblo, aunque parece que incluso la “gente” más cercana quiere llevar las aguas por otros derroteros. Rivera, con sonrisa profident, brinda soluciones dialogadas y pragmáticas, aunque los ciudadanos no parecen entrar en sintonía con sus moderneces de chico de ESADE, y entienden sus acercamientos a los demás como un signo de debilidad, de falta de convicción y de identidad.

Todo esto, avizorando ya las elecciones del 18 de diciembre, nos lleva a una reflexión. Parece que, por lo menos en abstracto, todo el mundo está de acuerdo en que es necesario el diálogo para que la nueva configuración del arco parlamentario español sea fructífera y nos dé un gobierno, entrando España así en una nueva era de su democracia, quedando atrás su endémico guerracivilismo. Sin embargo, cosa curiosa, a medida que se multiplican nuestras citas electorales sucesivas parece que el desánimo crece entre la población y se incremente el porcentaje de voto para aquellos que consiguen mantenerse firmes e idénticos sea cual sea la circunstancia. Parece que las urnas, contra los omnipresentes discursos de lo nuevo y de la relevancia del otro para ser uno mismo, se empecinan en la perennidad y la solidez del más de lo mismo y del Jesusito Jesusito que me quede como estoy.

En busca de un nuevo horizonte político

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El empeño de cuidar la vida

José Luis Restán

La asamblea de los obispos de Canadá, reunida estos días, afronta el desafío que supone la aprobación de la norma que legaliza el suicidio asistido y la eutanasia en aquel país. La Iglesia católica no ha permanecido pasiva en los debates previos, participando activamente en una amplia coalición civil denominada HealthCARE and Conscience. El arzobispo de Toronto, cardenal Thomas Collins, tomó la palabra el pasado mes de febrero ante el Comité Especial Adjunto del parlamento canadiense para estudiar este grave asunto, y advirtió sobre el riesgo de que la nueva legislación impulse un cambio de mentalidad según el cual matar a una persona se verá en ciertos casos como una forma de “cuidado de la salud”, y sobre la presión que soportarán en el futuro los más vulnerables, de modo que el supuesto “derecho a morir” en la práctica se convertirá para algunos en el “deber de morir”.

Lo cierto es que esas advertencias, así como el testimonio de una larga tradición de cuidados a los enfermos terminales que promueve su dignidad integral, no fueron escuchadas por los parlamentarios canadienses, que han preferido montar en la ola del nihilismo y la ingeniería social. El tiempo permitirá calibrar las consecuencias sociales de esta legislación, que evidentemente no nace de la nada, sino sobre la base de una cultura alimentada por los grandes centros de poder desde hace décadas, y seguramente por la debilidad de una verdadera cultura de la vida.

Por todo ello los obispos canadienses han invitado a su asamblea a un ponente de excepción, el cardenal de Utrech, Willem Eijk, médico antes que teólogo, experto en bioética médica y pastor de una comunidad que vive desde 1993 en el contexto de la permisividad social y el apoyo legal a la eutanasia. El cardenal holandés ha dibujado ante sus hermanos el sombrío panorama de una sociedad que, en buena medida, se ha embotado frente a las grandes preguntas éticas que surgen de la cuestión de la eutanasia. Y a buen seguro que también ha señalado la debilidad de la respuesta eclesial durante muchos años. En cualquier caso, la cultura nihilista ambiental y una legislación pro-activa han actuado como un sistema de biela-manivela que ha profundizado una mentalidad no sólo permisiva sino favorecedora de la eutanasia. De modo que lo que empezó siendo respuesta legal a supuestos problemas-límite, ahora se acepta como solución plausible para quien atraviesa una depresión o sufre una discapacidad. “Una vez que se permite acabar con la vida de alguien que padece algunos tipos de sufrimiento, ¿por qué no habría que permitirlo para quien sufre un poco menos?”. Seguramente las cosas no serán deferentes en Canadá.

Mientras la ley C-14 entraba en vigor y daba sus primeros pasos, este verano se inauguraba en Montreal, junto al Riviére-des-Praires, un moderno pabellón para enfermos terminales enclavado en la Citadelle Marie-Clarc, que regentan las hermanas de la Caridad de Santa María. Las religiosas lo han construido porque muchos enfermos no querían abandonar el hospital (ya existente desde hace cincuenta años) por el terror a morir solos, todo un signo de la época en que vivimos. Y lo han concebido como un lugar en el que los enfermos viven serenamente hasta el final, con una atención que tiene en cuenta todas las dimensiones de su vida. El pabellón “Oasis de paz” dispone de 36 camas y está pensado para que las familias puedan estar siempre cerca, con habitaciones grandes, y ventanas que se abren sobre el río y permiten contemplar la belleza del paisaje, también en los últimos momentos de la vida. Pero el alma de este lugar son las hermanas y voluntarios cuyo estilo consiste en la escucha, la sonrisa, el respeto a la dignidad de cada uno, de manera que el pabellón se convierte en un santuario. “Nuestro valor como sociedad se medirá por el apoyo que demos a los más vulnerables”, había dicho el cardenal Collins ante el Comité parlamentario. La partida está abierta, en todos los campos.

El empeño de cuidar la vida

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La stamina de Donald Trump

Antonio R. Rubio Plo

Cuando el debate del pasado lunes entre Trump y Clinton llegaba a su fin, el candidato republicano echó mano de un término, que ha utilizado en otras ocasiones, para desacreditar a su oponente demócrata. Se trata de stamina, cuya traducción sería la de aguante, fortaleza o agallas, entre otros significados. Este término derivado del latín implicaría tener algo esencial para ejercer la presidencia. Según Trump, Clinton carece de ello, pues “para ser presidente de este país, se necesita una tremenda stamina”.

Tener stamina será una cualidad para Donald Trump, pues él debe sentirse investido de ella, pero nos parece que esto es una visión política de corto alcance. La stamina es la cualidad de un resistente, y no tanto de quien toma iniciativas. Implica tener fortaleza y capacidad de aguante. Responde al viejo eslogan de “resistir es vencer” y representa, en consecuencia, una estrategia defensiva, de ciudadela sitiada. En ella, el enemigo tendría que replegarse ante las férreas posiciones de quien defiende lo que considera una única verdad, la suya. La stamina supone la imposibilidad de cualquier tipo de pactos, pues serían una traición a unas convicciones políticas incapaces de admitir un término medio. Históricamente las resistencias armadas o las sociales no eran un fin en sí mismo sino un método de contribuir a una victoria que debía llegar más adelante. La stamina, entendida como capacidad de resistencia, sólo encuentra su justificación en el poder por el poder, en el gobierno de un político omnisciente con la innata cualidad de saber lo que más le conviene a su pueblo.

Un partidario de Donald Trump nos diría que la stamina es mucho más que resistencia. Es también habilidad para llevar a cabo determinadas tareas. En su asimilación de la política con los negocios, el candidato republicano piensa que Clinton no tiene la habilidad que él posee para los negocios. Si la política exterior se identifica, en gran parte, con las relaciones económicas, la ex secretaria de Estado carecería de la habilidad suficiente para defender los intereses norteamericanos. Trump ve las cosas de un modo simplista: si las alianzas militares cuestan cientos de millones de dólares, estamos haciendo un mal negocio con Arabia Saudí o Japón, entre otros países. Está convencido de que Clinton no tendrá la suficiente stamina para hacérselo saber y, sobre todo, para obligarles a pagar más por su defensa. En cambio, el candidato republicano presume de agallas al respecto, también con los países que forman parte de la OTAN. En el fondo, el economicismo de Trump socava las relaciones de Washington con sus aliados, pues prescinde de unos valores comunes compartidos y cuestiona la relación trasatlántica, por no decir el propio concepto de Occidente. Alimenta además el antiamericanismo europeo, que se encontrará complacido, en caso de una hipotética victoria de Trump, con el hallazgo de un nuevo chivo expiatorio para sustituir a George W. Bush. ¿Y cuál puede ser la reacción de un Trump presidente? Hacer acopio de grandes dosis de stamina, por supuesto.

La stamina de Donald Trump

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>Entrevista a Mikel Azurmendi

"Nuestros políticos no son capaces de hacer cosas juntos, y mucho menos por nuestro país"

Juan Carlos Hernández

Mikel Azurmendi analiza para Páginas Digital la actualidad política en donde cuestiona la imagen de moderación que algunos analistas dan al PNV.

¿Qué valoración hace de los resultados de las elecciones en el País Vasco?

Por una parte, los ciudadanos vascos han castigado el constitucionalismo. La inmensa mayoría de la Cámara vasca está contra España y sus instituciones, a todo lo cual llaman “el Estado” en referencia a su propia exigencia de soberanía compartida, de Estado a Estado. Para lo cual precisan el reconocimiento constitucional de la nación vasca. Es lo que ha afirmado el ganador Urkullu la noche misma de los comicios. Los comentaristas políticos yerran cuando afirman que el PNV hace una política centrista y moderada, cuando el PNV lo que está es simplemente agazapado tras el desarrollo independentista catalán. Su estrategia es incrementar paulatinamente la presión lingüística y cultural pero arriar las velas del independentismo a la espera de los resultados de la confrontación en Cataluña, no cometiendo los errores de CiU en su abrazo con Ezquerra y efectuando una gestión lo más límpida posible y socialmente aceptable. Lo que está Urkullu es más escarmentado que Ibarretxe pero avizora lo mismo que éste.

Pero, además, los ciudadanos vascos han privilegiado el envoltorio del “progresismo” de los mensajes electorales, por ejemplo en lo relativo a la política de género y al “apaciguamiento del conflicto vasco”. Así, Euskal Telebista y múltiples comentaristas se han solazado glorificando la mayoría de mujeres en la Cámara vasca sin hacer referencia a su supuesta valía personal ni a las responsabilidades profesionales que hubieran contraído en la vida ordinaria. Y así, también ha prevalecido ampliamente la voz de los que no quieren llamar al terrorismo por su nombre ni deslegitimarlo sino reconocer parecidos errores en “ambas partes”.

Parece que el fenómeno Podemos se ha estancado, incluso que retrocede. ¿Cuál podría ser la explicación?

No sé si eso es exactamente así. En Galicia han sobrepasado al PSOE y en Euskadi han irrumpido de la nada con cierta fuerza. Otra cosa son las expectativas electorales de los sondeos. Está claro que existe mucho ex votante de Podemos que ha sido defraudado por su gestión política en Ayuntamientos y CCAA, pero aquí, en Euskadi, es una alternativa real a la izquierda abertzale manchada con su colaboración con ETA. Podemos ofrece al votante vasco casi lo mismo que Bildu pero con la conciencia de tener manos limpias. La izquierda abertzale prosigue no obstante prietas sus filas, defendiendo a ETA con sus doscientos mil votos de siempre y no se lo va a poner fácil a nadie, a menos que pierda la partida en el relato sobre qué fue el terrorismo. Hoy por hoy continúa ganándola.

Por otro lado, los mejores resultados del partido de Pablo Iglesias suelen darse en Cataluña y País Vasco. ¿Podría ser un problema educativo?

En Cataluña y Euskadi existe un problema bastante similar de radicalización de los ciudadanos nacidos tras la Transición. Carod Rovira pactando con ETA un acuerdo de no agresión mutua significaba que los maestros y profesores catalanes iban a dar por buena la “resistencia vasca contra el Estado” y que iban a recuperar el sufrimiento de los perdedores de la guerra civil para socializarlo y vigorizar un imaginario de enfrentamiento civil en la sociedad española de ahora. Esto lo ha teatralizado perfectamente en la víspera de los comicios el señor Iceta clamando a Pedro Sánchez aquello de “líbranos de Rajoy”, o sea, ¡líbranos del mal! y ¡a por ellos hasta enterrarlos en el mar! La juventud vasca ha sido educada en gran medida por maestros y profesores con esa cosmovisión de enfrentamiento radical y me temo que en Cataluña haya sucedido algo similar.

Teo Uriarte afirmaba en este periódico: “los partidos eran finalmente un fin en sí mismo y se dedicaban a disfrutar del poder frente a una sociedad educada en el consumismo y muy poco ciudadana. Hay que empezar por la educación, hay que exigir mucho más nivel cultural y profesionalidad a los medios, y menos sectarismo, proximidad entre los partidos y el electorado, y finalmente cultura y responsabilidad a la gente”. ¿Se puede cambiar esta tendencia sin una sociedad civil fuerte y consciente de su responsabilidad? ¿Qué valoración le merece la reflexión de Uriarte?

>Entrevista a Mikel Azurmendi

"Nuestros políticos no son capaces de hacer cosas juntos, y mucho menos por nuestro país"

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 3  8 votos

Sánchez, hipérbole de la desconexión

P.D.

Sánchez se ha convertido en el paradigma del gran mal de la política española: una creciente desconexión de la realidad y una concepción del partido y del líder como un fin en sí mismo. El suyo es un ejemplo hiperbólico, llevado al extremo de lo ridículo si no fuera trágico, didáctico en su exageración: si las urnas me retiran el apoyo, se trata de fabricar unas urnas buenas, unas urnas que me pongan a salvo de la realidad. Para eso está la democracia directa, la convocatoria de primarias, la celebración de un Congreso. No importa que coincida con las fechas de la investidura, no importa que eso suponga unas terceras elecciones. Sánchez secuestra a su partido, deja a España sin Gobierno, se inventa una fractura ideológica interna y recurre a la democracia directa de los militantes. La democracia directa suele ser la solución menos democrática porque siempre plantea cuestiones previamente mediatizadas e instrumentalizadas por el líder.

El futuro del PSOE está seriamente comprometido. El PSOE que lo fuera de González y de Zapatero puede desaparecer. Puede desaparecer como el partido de Gobierno que, en alternancia con el PP, vertebra políticas constitucionales, realistas y eficaces. Todo eso puede saltar por los aires. El liderazgo de la izquierda puede ser asumido por Podemos. Pablo Iglesias, que se moviliza como los tiburones cuando huele sangre, ya nada hacía su víctima. A pesar de haber perdido terreno y de su división interna, ha visto en la crisis del PSOE una gran oportunidad. Buena parte del antiguo voto socialista en próximos comicios puede ir a la formación morada. Algunos restos urbanos decantarse por Ciudadanos y el resto a la abstención. Solo quedarán los fieles, cada vez menos. O la rebelión es intensa o el desastre está asegurado.

Sánchez, hipérbole de la desconexión

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Obstinadas urnas

P.D.

Este lunes comienza el juicio por las tarjetas black de CajaMadrid. Pasarán delante del juez lo más granado de la partitocracia y la sindicatocracia española. La semana que viene se inicia el juicio por el caso Gürtel. Vamos a tener ración sobrada de corrupción. Hay una corrupción que encaja en los tipos penales. Y hay otra, quizás más grave, que consiste en ignorar la realidad e intentar blindarse frente a las urnas. De esa hemos tenido mucha desde hace nueve meses. El dictamen de las urnas es, sin embargo, testarudo. Y lo ha vuelto a ser en el elecciones gallegas y vascas. El PP que triunfa es del Feijóo; Sánchez ha conseguido que su partido pierda el liderazgo de la izquierda; el PNV no secesionista, que se aleja de la secesión y que pide perdón a las víctimas triunfa; Podemos ha venido para quedarse y Ciudadanos no cuaja fuera de las grandes ciudades.

Feijóo revalida su mayoría absoluta en Galicia. Su forma de hacer política convence aun en los momentos más difíciles. Ha combinado buena gestión con sensibilidad social y con una claridad rotunda en la crítica a la corrupción. Gana puntos para un desembarco en Madrid.

Algo parecido se puede decir del País Vasco. El PNV de Urkullu gana las elecciones después de una gestión realista, alejada de cualquier secesionismo. Ha sabido distanciarse del radicalismo de Bildu que resta apoyos después del fin de la violencia.

Por el contrario, el PSOE de Pedro Sánchez pierde mucho terreno en Galicia y en el País Vasco. Este PSOE, alejado de la socialdemocracia clásica, es difícil de distinguir de opciones más a la izquierda. Y los votantes prefieren el original a la copia. Por eso En Marea adelanta a los socialistas en votos en Galicia y se convierte en la cuarta fuerza en el País Vasco. En las dos Comunidades Autónomas el descalabro es relevante. Los socialistas siguen bajando escalones en una deriva que puede hacerlos irrelevantes.

Es fácil deducir de los comicios de este domingo una advertencia para el líder de los socialistas. Si Sánchez se empeña en formar gobierno con Podemos y los independentistas, corre el peligro de entregar el liderazgo de la izquierda a su más cercano competidor. Eso en un momento en el que Podemos y sus confluencias acusan la debilidad de haber perdido un millón de votos y de las divisiones internas.

Obstinadas urnas

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Vence un nuevo pacto social

Giovanna Parravicini

“El resultado electoral constituye una vez más una reacción de nuestros ciudadanos ante las presiones que llegan desde fuera de Rusia, con amenazas, sanciones, intentos de desestabilizar la situación de nuestro país desde dentro”. Son palabras de Vladimir Putin la semana pasada, tras conocer los resultados definitivos de las elecciones y que ofrecen una clave de lectura de lo sucedido en Rusia durante la jornada electoral del 18 de septiembre.

Los resultados son buenos y malos para el gobierno actual, pues sale vencedor pero al mismo tiempo derrotado en varios aspectos. Vencedor porque Rusia Unida ha obtenido 343 escaños y la mayoría absoluta de la Duma. El nuevo parlamento conserva los mismos cuatro partidos que la legislatura anterior; además del partido en el gobierno, los comunistas tendrán 42 escaños, los demócratas liberales (LDPR, el partido de Zhirinovski) 39, y Rusia Justa 23. Por comparar con el año 2011 y la Duma saliente, el partido de Putin obtuvo entonces 238 escaños, los comunistas 92, LDPR 64 y RJ 56.

Hace cinco años, en diciembre de 2011, unas elecciones que parecían obvias, después de una serie de fraudes electorales de dimensiones realmente excesivas incluso para Rusia, dieron lugar a una gran oleada de protestas y desacuerdos que solo se aplacaron con el paso de los años. Ahora, para evitar posibles problemas de este tipo, el gobierno de Medvedev ha hecho todo lo posible por dar legitimidad a la votación. En 2015 cambió la ley electoral, introduciendo un sistema mixto (proporcional y mayoritario), redujo el umbral del siete al cinco por ciento para permitir una mínima participación, permitiendo entrar incluso, por primera vez a nivel federal, al partido disidente Parnas, fundado por el ex vice primer ministro Boris Nemcov, asesinado en Moscú. También admitió la participación de 18 candidatos apoyados por el oligarca “enemigo” Chodorkovski. Al frente de la Comisión electoral se situó a Ella Pamfilova, respetada presidenta de Transparency International-Rusia», donde sustituye a Curov, que en 2011 fue el primer objetivo de las protestas contra el fraude. Ahora se dice que el fraude no habría sido tanto. Pamfilova, que la víspera de la votación prometió su dimisión en caso de “fiasco”, ha determinado que las elecciones pueden considerarse “legítimas” si bien no “inmaculadas”. Además, el informe de la OSCE tampoco ha sido negativo en términos generales.

Hasta aquí la victoria. ¿Y la derrota? Sin duda se sitúa en la caída de la afluencia a las urnas: 47,8%, la tasa más baja de toda la historia de Rusia. Aunque ya lo veía venir el centro estadístico Levada, que unos días antes reveló una flexión de los apoyos a la mayoría y sobre todo una caída en el interés por la convocatoria electoral, por lo que inmediatamente fue acusado de ser un “agente extranjero”.

Vence un nuevo pacto social

Giovanna Parravicini | 0 comentarios valoración: 2  6 votos
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#prayandunderstandSiria

Fernando de Haro

Lo primero la compasión, y con la compasión, la compresión y el juicio. Alepo, zona cero del planeta. Después de cinco años de guerra, ahora la ofensiva final de Asad y de Putin sin distinguir entre “rebeldes buenos” y yihadistas. Sin miramiento alguno con la población civil. Ahora se comprende por qué la tregua de la semana pasada ha saltado por los aires, por qué el convoy humanitario de Naciones Unidas no llegó a su destino.

Alepo es una ciudad llena de “dolorosas”. Las agencias internacionales enviaban este fin de semana, tras los últimos bombardeos, una foto durísima, una foto que cuesta trabajo mirar. Una madre vestida de negro sostiene en sus brazos un niño con una gran herida en la cabeza. Un hiyab le tapa la boca. La mujer llora sin lágrimas. El pañuelo enmarca con más fuerza sus ojos, ojos levantados hacia el cielo, encharcados por el gran dolor, que no lo hay más grande que perder a un hijo.

Querría uno mirar para otro lado, que ya tiene uno bastante con lo suyo, y que ahora encima mirar a lo de Siria es demasiado. Parece que esta vez la actitud del postmoderno (esto-ya-lo-he-visto-y-ya-me-lo-sé) parece si no honrosa al menos recomendable.

Pero cuando se vence la primera resistencia se da uno cuenta de que mirar es conveniente, no por la dolorosas de Alepo, que también, sino por uno mismo. Todo es más humano que mirar para otro lado. Y al mirar uno puede blasfemar, puede quedarse en silencio, puede gritar, puede rezar, cada uno mirará con sus ojos, no puede ser de otro modo. Pero es más humano vivir con los dolores de los otros, que la compasión no ocupa espacio y recoloca todo, resitúa. Es más humano mirar la vida con los ojos llenos de las dolorosas de Alepo, con sus miradas doliente clavadas en el cielo.

Las dolorosas de Alepo lo son por una combinación de luchas de poder y porque algunos siguen cometiendo la inmensa torpeza de concebir la democracia como algo abstracto. Ni Asad ni Putin han querido una tregua efectiva, como tampoco la quisieron en febrero, porque ven cerca una victoria total. Sobre el Daesh, sobre el antiguo Al Nusra (filial de Al Qaeda) y sobre los grupos rebeldes no yihadistas. En realidad nadie sabe bien dónde está la frontera entre unos y otros, desde luego no lo sabe Estados Unidos que apadrina a la oposición nacida de la primavera Siria (¿qué quedará de ella?). Rusia ha encontrado la guerra perfecta para su nuevo imperialismo. El petróleo a menos de 48 dólares no es problema, tampoco lo es la crisis económica y demográfica si Moscú tiene una península de Crimea que invadir y subir así su testosterona nacionalista. No hay nada que le pueda venir mejor que plantarse en el Mediterráneo, segunda tenaza que encaja con la primera del Mar Negro. Y Putin no está para “delicadezas” occidentales. Si mueren unos cientos, unos miles, unas decenas de miles de civiles siempre será secundario para exhibir una victoria sobre el Daesh y para eliminar a la oposición no yihadista. Con Asad y con Irán de aliados, frente a Arabia Saudí.

#prayandunderstandSiria

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>CINE

La vaca

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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