Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
23 FEBRERO 2018
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>Entrevista a José Luis Segovia Bernabé

´Prisión permanente: es preocupante la rentabilización política de las víctimas´

P.D.

www.paginasdigital.es entrevista a José Luis Segovia Bernabé, sacerdote, jurista y criminólogo. Ha sido coordinador del área jurídica del Departamento de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española.

¿Qué valoración le merece el debate que se está produciendo sobre la prisión permanente revisable? ¿Qué trasfondo cultural apunta? ¿Por qué nos resulta tan difícil aceptar el principio de reinserción en algunos supuestos?

La política criminal exige un diálogo con todos los actores sociales y necesariamente ha de cambiar en función de los datos de la realidad. El problema es cuando no se buscan ni se analizan esos datos, sino que se legisla a golpe de telediario y buscando no la verdad sino el impacto emocional en los votantes. En ese sentido, es preocupante la rentabilización política de las víctimas. Éstas han pasado de ser groseramente ignoradas por el sistema penal –eran una simple prueba de cargo para condenar al culpable– a ser utilizado su sufrimiento y a confundir sus comprensibles deseos con las necesidades reales de la política criminal.

En el fondo, late una visión negativa, pesimista, hobbesiana del ser humano. Late por debajo un individualismo atroz que apuesta por la vindicación y que pone en duda la perfectibilidad de los seres humanos. Tenía razón Benedicto XVI cuando apuntaba a que detrás de múltiples cuestiones sociales lo que hay es una concepción antropológica de bajo vuelo.

La experiencia de más de 30 años en torno al sistema penitenciario me ha permitido comprobar que el ser humano es mucho más que su conducta, por abyecta y reprobable que sea. Me he encontrado con que personas responsables de crímenes horribles han sido capaces de caer en la cuenta de que habían cometido salvajadas irreparables, arrepentirse sinceramente, dar un vuelco a su vida e incluso pedir de corazón perdón a los familiares de sus víctimas. Y lo que es más impresionante, comprobar cómo éstas últimas en un ejercicio inconmensurable de dignidad y humanidad les perdonaban. No nos damos cuenta de que la venganza (por muy maquillada que la queramos presentar) deshumaniza siempre al que la practica. Igual que las torturas pueden arrancar confesiones, la cadena perpetua puede dejar una cierta sensación de satisfacción ante lo irreparable del daño cometido por el asesino, pero ninguna de las dos sacan lo mejor de unos y de otro.

España es uno de los países más seguros de Europa, pero la población penitenciaria ha aumentado exponencialmente. Tenemos una de las medias europeas más altas de estancia en prisión. ¿Falla algo?

>Entrevista a José Luis Segovia Bernabé

"Prisión permanente: es preocupante la rentabilización política de las víctimas"

P.D. | 0 comentarios valoración: 3  8 votos

www.paginasdigital.es entrevista a José Luis Segovia Bernabé, sacerdote, jurista y criminólogo. Ha sido coordinador del área jurídica del Departamento de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española.

 

Se caldea el frente sirio de los USA

Caleb J. Wulff

El final de la guerra en Siria sigue estando lejos y las consecuencias cada vez son más dolorosas para la población civil. La amenaza del extremismo islámico sigue estando presente a pesar de la derrota del Isis, que no es definitiva, y continúa el enfrentamiento contra el gobierno de Damasco.

Esta guerra está poniendo de manifiesto los errores de cálculo de la administración Obama, que esperaba una caída rápida del régimen, con la consiguiente estabilización de Siria bajo la égida de Washington. Assad continúa en el poder, el papel de Rusia es cada vez más decisivo, se ha abierto el frente kurdo con la consiguiente intervención de Turquía, que sigue manteniendo un comportamiento ambiguo respecto a los extremismos islámicos, y cada vez resulta más difícil identificar a los “moderados” entre las numerosas milicias sobre el terreno y sus mutables alianzas.

Donald Trump tampoco ha sido capaz de resistir al poder del establishment, que puede continuar con su irracional y peligrosa estrategia, que parece no tener en cuenta las experiencias previas. La de Iraq, por ejemplo, donde antes de la invasión americana en 2003 la minoría suní gobernaba con fuerza sobre la mayoría chií y los kurdos. Tras la caída de Hussein, la mayoría chií consolidó su predominio, una de las causas por las que hasta los suníes más alejados del Isis se volvieron partidarios suyos. Por su parte, los kurdos ya no se conforman con su autonomía actual dentro de un Iraq unido y piden la independencia total.

En Siria la minoría alauí, perteneciente al mundo chií, gobernaba con fuerza sobre la mayoría suní y el temor de los chiíes a una represión en una Siria gobernada por los suníes es una de las razones de que se mantenga el régimen de Assad. Por otro lado, los suníes han demostrado estar notablemente divididos en su seno. En este contexto, solo un acuerdo real entre las potencias extranjeras implicadas en el país, empezando por EE.UU. y Rusia, seguidos por Irán, Turquía y Arabia Saudí, podría llevar a imponer una solución aceptable para todas las facciones locales en lucha. Pero por desgracia, esta hipótesis parece estar muy lejos.

En realidad, Donald Trump sí ha logrado un cambio con su rechazo al acuerdo nuclear con Irán y con su clara apertura al gobierno de Benjamin Netanyahu. Esta actitud ha favorecido de hecho la agresiva estrategia del premier israelí en Siria, con reiterados bombardeos sobre las posiciones gubernamentales. Siria se están convirtiendo así en tierra de enfrentamientos entre Irán e Israel, por el momento indirectos pero podría convertirse en una guerra frontal, y hay que recordar que Israel posee armas atómicas y podría verse obligado a utilizarlas para impedir que las construya, o las consiga, también Teherán.

Se caldea el frente sirio de los USA

Caleb J. Wulff | 0 comentarios valoración: 3  2 votos
>Entrevista a Massimo Borghesi

'La confusión en la Iglesia la provocan los que amplifican el disenso'

Andrea Tornielli

La confusión en la Iglesia existe, pero “quien la provoca no es precisamente el Papa sino aquellos que, con tal de oponerse a él, no dudan en multiplicar las voces de disenso”. Así lo afirma el filósofo Massimo Borghesi, autor del primer estudio científico sobre el pensamiento de Francisco, Jorge Mario Bergoglio. Una biografía intelectual, que en esta entrevista aborda las nuevas críticas que han surgido en varios ámbitos al pensamiento teológico de Joseph Ratzinger, el documento escrito por tres obispos kazajos sobre Amoris Laetitia, y la matriz neoescolástica del tradicionalismo que acusa de modernismo al Concilio Vaticano II y a los papas que se han sucedido desde entonces.

El nuevo libro de Enrico Maria Radaelli, reseñado por Antonio Livi, con una crítica a Ratzinger –al que se identifica como uno de los responsables de la teología “neomodernista” con derivas “heréticas”– demuestra que muchos opositores al pontífice actual en realidad también son muy críticos con sus predecesores y, en último término, con el Concilio Vaticano II. ¿Qué le parece?

>Entrevista a Massimo Borghesi

'La confusión en la Iglesia la provocan los que amplifican el disenso'

Andrea Tornielli | 0 comentarios valoración: 2  12 votos

No solo terrorismo. El verdadero desafío es la libertad

Martino Diez y Michele Brignone

Todavía nos quedan muchos años que seguir oyendo hablar de yihadismo, pero no está mal echar la vista de vez en cuando un poco más allá, hacia un Oriente Medio que después de décadas de hegemonía cultural islamista trata de dar un giro, cuando hasta en Arabia Saudí el príncipe heredero Mohamed Bin Salman anuncia que quiere abrir una nueva etapa a nivel económico y político, pero también cultural y religioso.

Aparte de las valoraciones sobre la viabilidad de esta proclama saudí, es difícil que la reforma religiosa que tantos invocan pueda llevarse a cabo realmente si no se toma en serio la insistente demanda que resuena desde 2011: libertad. Después de años de violencia yihadista, sectarismos, derivas neo-autoritarias, volvemos a partir de aquí. De lo contrario, nos adentraremos cada vez más en una guerra total.

Esta pregunta acompaña realmente todo el último siglo y medio de la historia árabe islámica, desde que a mediados del XIX el pensamiento reformista pusiera en el centro de su reflexión la limitación del arbitrio político. El texto más significativo de ese periodo, el libro-manifiesto del sirio Abd al-Rahman al-Kawakibi sobre el despotismo, sigue siendo una referencia para las generaciones futuras, y nutre la teoría política de toda una generación de ideólogos e intelectuales islamistas.

Sin embargo, el antídoto que estos últimos proponen contra la tiranía, un sistema vinculado a la ley divina, considerada como la garantía más sólida para la libertad humana, termina en el callejón sin salida de la teocracia. Así, como reacción a la presión islamista, el pensamiento sobre la libertad busca hoy nuevos caminos. Uno es el que propone Emran El-Badawi, director ejecutivo de IQSA (International Qur'anic Studies Association): la apertura de los estudios coránicos y en general de la producción científica islámica a los instrumentos de investigación crítica modernos que, bloqueados por las instituciones oficiales, han encontrado un canal de expresión en internet, las redes sociales y vía satélite.

Luego está la solución “laica” de quien no adelanta necesariamente lecturas nuevas del islam, pero confía la tutela de las libertades civiles y políticas a los instrumentos que ofrece la tradición jurídica moderna. Es lo que hizo hace poco el presidente tunecino Beji Caid Essebsi, modificando las normas del derecho matrimonial y abriendo la paridad sucesoria entre hombre y mujer, con una decisión, que ha pillado a contrapié al partido islámico Ennahda. El tema de la libertad es también especialmente querido para los cristianos del mundo árabe, que desde hace más de dos siglos lo enarbolan. Comprensiblemente, puesto que su futuro está en juego. La necesidad de contrarrestar el paso del pseudo-califato ha llevado a las instituciones religiosas oficiales, con Egipto y Marruecos a la cabeza, a volver a hablar, tal vez con un plus de convicción inducido por las ondas de choque de Al-Baghdadi y sus socios, de ciudadanía e igualdad de derechos entre musulmanes y no musulmanes.

No solo terrorismo. El verdadero desafío es la libertad

Martino Diez y Michele Brignone | 0 comentarios valoración: 2  8 votos
>Entrevista a Julián Ríos, profesor de Derecho Penal en Comillas-ICADE

"Una pena con futuro incierto no solo niega la reinserción sino la dignidad"

P.D.

Esta anunciada ampliación de la prisión preventiva parece contar con un gran respaldo dentro de la opinión pública. ¿Qué argumentos hay para intentar rescatar incluso a personas que han cometido graves delitos?

Hay un argumento legal, que la Constitución establece en el artículo 25 que las penas estarán orientadas a la reeducación y reinserción social. Hay además un argumento que es la dignidad de los seres humanos. Hay un argumento que tiene que ver con la prohibición de las penas inhumanas. Cuando se condena a una persona de por vida a prisión con un futuro incierto, que si no hay un juicio de peligrosidad negativo estará toda la vida en prisión, se está negando no solo la reinserción sino la dignidad, y la pena se está convirtiendo en un castigo inhumano. Por otro lado, está el argumento de que han cometido delitos gravísimos, y es verdad. Para estos delitos en el Código Penal ya hay penas de hasta cuarenta años, más luego diez años de libertad vigilada. Pero al menos cuarenta años, treinta, veinte, dependiendo de la cuantía de la penas, es un fin cierto. Lo otro es negar el derecho a la esperanza.

Con penas de hasta cuarenta años más diez de libertad vigilada, hubiera sido innecesario aprobar la cadena perpetua revisable.

Así es. Es una pena innecesaria y es una instrumentalización, como siempre ha ocurrido a lo largo de la historia, por parte de los grupos políticos para obtener réditos electorales. Es obvio que los ciudadanos, ante delitos tan graves como el de Diana Quer y estos crímenes tan execrables contra menores, cuando alguien pide la cadena perpetua o incluso la pena de muerte todos firmamos, claro. Pero otra cosa es el Estado. Las víctimas, obviamente, los familiares tienen esa categoría de poder pedir hasta el final por el dolor que sienten. Pero el Estado no puede volcar solamente hacia ahí la barca, tiene que equilibrar, porque hay un principio que exige que todas las personas, incluso habiendo cometido delitos tan graves, puedan, pasados muchos años porque para estos delitos insisto en que hay penas de treinta y cuarenta años, recuperar la libertad. Y el Estado tiene que estar en medio, equilibrando el derecho de la víctima, sin duda legítimo, lo que es un castigo lo suficientemente amplio como el que tenemos en este momento para poder corregir conductas y castigar, pero nunca se puede negar la capacidad de resocialización y rehabilitación de las personas, pasados muchos años, porque hablamos de penas gravísimas.

¿La reinserción es una utopía o existe?

>Entrevista a Julián Ríos, profesor de Derecho Penal en Comillas-ICADE

"Una pena con futuro incierto no solo niega la reinserción sino la dignidad"

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  13 votos

Remnant: los restos que la guerra no logró arrancar de Siria

Ignacio Pou

No hará más de dos semanas, coincidí con el fotoperiodista de guerra Manu Brabo en la presentación de un nuevo proyecto. En esta ocasión no hablaba de guerra, pero en algún momento dejó escapar un comentario sobre lo que le ha convertido en merodeador en multitud de conflictos bélicos: la guerra cambia los cauces de la vida tal como los conocemos, revela un mundo distinto y totalmente desconocido, en el que la amistad, la vida, la familia o tantos otros valores tienen un peso y una consistencia distintos.

Lo que en la paz experimentamos a menudo como algo superfluo -desde el agua corriente hasta el vínculo familiar o la devoción religiosa- en guerra es el vértice de cada decisión, de cada acto moral. Hay una serie de virtudes, un tipo de heroísmo, que encuentran la mejor ocasión para florecer cuando lo tienen todo en su contra, en medio de la desolación y el peligro inminente.

Algo parecido volví a escuchar esta semana en la presentación del último documental de Fernando de Haro, Remnant: “La guerra saca lo que hay en el corazón de cada persona“. El periodista rebusca entre los restos de una Siria prácticamente destruida, tanto en las ciudades como en los pueblos, para recoger el testimonio de quienes, por falta de medios para huir o por vínculo con la tierra y la comunidad, se han visto obligados a sufrir la guerra en sus propias carnes y en las de sus familiares, amigos y vecinos.

Las protagonistas son diez mujeres, que en medio de una lluvia de bombas, en el secuestro, en la pérdida de un hijo pequeño, en la carestía, la persecución, el miedo y la incomprensión, han pasado por el filtro de la guerra (“la guerra saca lo que hay en el corazón de cada persona”). Lo que ocurre después, aquello de lo que el trabajo de Fernando de Haro es testigo, solo puede provocar estupor y multitud de preguntas: ¿Cómo es posible que después de todo esto no surja el odio? ¿Cómo es posible que no haya resentimiento o el desapego hacia los suyos? ¿De dónde viene esta manera de estar ante el dolor, ante la pérdida y la persecución? Y, más aún, ¿qué sostiene este amor?

Se trata de nueve cristianas y una musulmana que viven en distintos puntos de Siria: Malula, Damasco, Wadi Nasarah, Homs y Alepo. Son todas estas zonas en las que, de distinto modo, la guerra ha puesto a prueba hasta lo indecible la capacidad del ser humano para odiar. Y sin embargo, la respuesta de estas diez mujeres, de la mano de su fe, eleva el misterio de lo religioso a la enésima potencia, en la medida en que es a través de ellas (a través de su sí a su Dios en la incomprensión y en el dolor) como empiezan a manifestarse los cimientos para una nueva Siria que ya empieza a verse entre los escombros.

Remnant: los restos que la guerra no logró arrancar de Siria

Ignacio Pou | 0 comentarios valoración: 2  8 votos
>Editorial

Re/Irrelevancia política

Fernando de Haro

Paradoja. La globalización está acabando con el concepto y la experiencia de soberanía nacional tal y como la conocíamos desde hace tres siglos. Los partidos políticos de la postguerra (Alemania y Francia), los que se crearon con el ciclo de democratización de los años 70 (España y Portugal) y las nuevas formaciones surgidas en los años 90 (Italia) dan síntomas de agotamiento. Y, sin embargo, en la vida social, el ser para/en/con partido, se convierte casi en una obsesión.

Las almas nobles, defensoras de grandes ideales, con una sana vocación histórica, advierten del riesgo de la irrelevancia política si no hay comercio de partido. Histórico y realista comercio de partido: votos por políticas. No ser reconocido por el partido, por alguno de los partidos, no ser en cierto modo “partido” se identifica con la insignificancia social o política y produce ansiedad. Tanto es así que los movimientos que han nacido en los últimos años con la pretensión de renovar la vida pública (15M en España, 5 Stelle en Italia), o de protestar por la política migratoria (populismos varios) han adoptado inmediatamente la estructura y las prácticas de las antiguas formaciones.

Los viejos y nuevos partidos consiguen, en un momento de evidente declive, su máximo poder. Solo existes, solo eres alguien si eres capaz de que los partidos incluyan en algún rincón de su agenda aquellas cosas bonitas en las que crees o que has levantado con tu esfuerzo y sacrificio. La libertad depende de que haya un político que defienda “lo nuestro”. Y “lo nuestro”, de este modo, deja de ser lo nuestro para transformarse en el hueco que hemos conseguido abrir en la agenda de un partido. Sin abrir un espacio político, entendido tal y como lo entienden los partidos, creemos no tener tiempo, no ser. Es el más alto grado de partitocracia y probablemente una de las consecuencias de entender la política como simple mediadora entre intereses privados.

La evolución de los partidos en los últimos años en buena parte de los países de Europa ha provocado que su base popular, su relación con la sociedad civil, sea cada vez menos relevante. El fenómeno ha sido especialmente acusado en España. Ha acabado imponiéndose un tipo de formación que es partido-Estado. Concebida y preparada para captar el mayor número de votos, a través de una mediación mediática, su único fin parece ser el de ocupar el mayor espacio posible de la Administración con la menor implicación social posible. La voluntad de ocupar espacios administrativos se acaba trasladando a la justicia, a las organizaciones colegiales, a la vida universitaria, a las iglesias.

Si la política es una simple mediación y ordenación de los intereses privados, capaces por sí mismos de generar prosperidad, es lógico que se entienda al partido-Estado como el mediador o el conseguidor por excelencia.

>Editorial

Re/Irrelevancia política

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  17 votos

La Chimerica de Niall Ferguson: retorno al realismo de Kissinger

Antonio R. Rubio Plo

El historiador británico Niall Ferguson acuñó en 2007 el término Chimerica, una deseable asociación de EEUU y China en un escenario global, y ha vuelto a referirse a ella en una reciente conferencia en la universidad de Pekín. El texto de la conferencia confirma la adscripción de Ferguson a la escuela del realismo político en las relaciones internacionales, y tampoco es casualidad que este historiador esté finalizando la segunda parte de una biografía de Henry Kissinger. En función de este realismo, un conservador norteamericano, en este caso anglosajón, puede entenderse perfectamente con un régimen nacional-comunista chino. No otra cosa hicieron Kissinger y Nixon en su histórico viaje a Pekín en febrero de 1972.

Si las relaciones internacionales no han de enfocarse desde un prisma ideológico sino que han de basarse en el tradicional equilibrio entre las grandes potencias, tan querido a Kissinger y a su admirado canciller austriaco Metternich, no resulta extraño que Ferguson cuestione el orden internacional liberal. Para empezar, el historiador británico considera que nunca ha habido realmente un orden, y menos todavía internacional. Su escepticismo está, como él mismo reconoce, en la línea de Gandhi que pensaba que la civilización occidental sería una buena idea. Ferguson sale al paso de la opinión de politólogos y periodistas que creen que el orden liberal internacional surgió en 1945 de la mano de la victoria de los aliados en la Segunda Guerra y de las instituciones de rango universal creadas en aquellos años: las Naciones Unidas, el FMI, el Banco Mundial… La elección de Donald Trump representaría, en consecuencia, la llegada de un político que cuestionaría ese orden liberal, con todo lo que esto supondría para la seguridad y la estabilidad globales.

Ferguson piensa que esto es una falacia histórica. Aquellas instituciones económicas eran de corte keynesiano, marcadas por un intervencionismo de los Estados ajeno al liberalismo clásico, y además no existía un orden liberal en lo político: tan solo el equilibrio de las grandes potencias en un mundo bipolar y sometido al riesgo de destrucción por las armas nucleares. El historiador insiste en que el período de la guerra fría no correspondió a la implantación de un orden liberal. En mi opinión, nuestro historiador solo tiene razón a medias: ciertamente no dominaba el mundo, pero existía un Occidente, compuesto por Europa occidental y EEUU, que se identificaba en líneas generales con los sistemas liberales democráticos, que no equivalían, después de las experiencias de la gran depresión y de la guerra, al liberalismo clásico del siglo XIX. Existía un orden liberal democrático, unido en gran parte por la existencia de un adversario común: el bloque soviético y sus aliados.

Sin embargo, Ferguson parece identificar el orden liberal con el libre comercio y la libre circulación de capitales. En este sentido, los felices 90 serían la época dorada de este liberalismo, la del auge del proceso de globalización. Esa época llegó a su fin con la crisis económica y financiera de 2008. El período citado representó la gran oportunidad para la emergencia de China como potencia global, y esas expectativas no desaparecieron en 2008. Antes bien, continuaron creciendo y el antiguo imperio del centro se convirtió en la segunda potencia económica mundial. ¿Qué pasó entonces con el orden liberal internacional?

La Chimerica de Niall Ferguson: retorno al realismo de Kissinger

Antonio R. Rubio Plo | 0 comentarios valoración: 2  12 votos

"En la prisión permanente no se puede seguir una corriente mediática que hace mucho daño a nuestra democracia"

P.D.

El portavoz de Interior en el PSOE, David Serrada, valora para www.paginasdigital.es la propuesta de ampliación de la prisión permanente aprobada por el Gobierno. El diputado defiende el principio de reinserción.

¿Por qué el PSOE se muestra tan crítico con la posible ampliación de la prisión permanente revisable?

La postura del partido socialista no es nueva, la venimos defendiendo desde hace tiempo. Hay una cuestión fundamental. No se puede legislar a golpe de casos, a golpe de lo que la opinión pública pueda pensar en un determinado momento. El partido socialista siempre está al lado de las víctimas, y siempre que hay una víctima el Estado debe garantizar la protección. Ahora bien, a partir de ahí, determinados casos y sobre todo cuando hay un debate político encima de la mesa entre partidos políticos con un corte ideológico muy determinado, no podemos caer en medidas que supongan legislar basándonos en cuestiones claramente populistas. Tenemos que ser más rigurosos y la posición del partido socialista ya vino expresada en una proposición no de ley presentada en el Congreso de los Diputados, vino expresada en un posicionamiento político en torno al debate que se generó sobre esta misma cuestión en el Congreso, y ha venido expresada por el posicionamiento político del partido frente a esa posición que el PP ha pretendido marcar en este debate. Por tanto, creemos que la postura del PSOE es de sobra conocida y que se ajusta a un criterio razonable en un tema que creemos que es muy sensible.

Pero en los países de nuestro entorno hay prisión permanente revisable. En Reino Unido, en Francia, en Alemania es una figura penal y penitenciaria que existe.

No podemos caer en trampas argumentales. Lo primero que tenemos que ver es cuál es la propuesta que hay encima de la mesa en nuestro país y qué es lo que se está haciendo en otros países. Y más allá de eso, tenemos que pensar qué es lo que hay en nuestro código penal y qué es lo que se puede mejorar, sin necesidad de incluir ese tipo de pena, que va en contra de una cuestión fundamental, que es la reinserción y la reeducación de los presos, tal como viene explicada en nuestra Constitución. Por tanto, creo que si esa propuesta la está haciendo el PP, debe ser explicada claramente a los ciudadanos, y debe decir expresamente en qué la diferencia de lo que sucede en otros países y qué aporta que no esté aportando ya el código penal.

¿Es suficiente con lo que hay en el Código Penal para afrontar el problema en este momento?

La cuestión es que el PP está intentando poner en marcha una medida con la que el partido socialista no está en absoluto de acuerdo porque creemos que atenta contra un principio constitucional muy claro. A partir de ahí, podemos entrar en cualquier tipo de debate, pero tenemos que tener esa cuestión muy clara, y eso es lo que va a regir la postura de nuestro partido, como creo que ha sido defendida desde el primer momento.

Estableciendo un sistema de revisión de la pena de la prisión permanente, ¿no se salvaguarda el principio de reinserción de la Constitución?

"En la prisión permanente no se puede seguir una corriente mediática que hace mucho daño a nuestra democracia"

P.D. | 0 comentarios valoración: 1  18 votos

El portavoz de Interior en el PSOE, David Serrada, valora para www.paginasdigital.es la propuesta de ampliación de la prisión permanente aprobada por el Gobierno. El diputado defiende el principio de reinserción.

Cartas para una política no ideológica (2)

Mikel Azurmendi / Fernando de Haro

Querido Mikel:

La semana pasada dejábamos abiertos dos asuntos. La posibilidad de hacer una política que tenga como criterio el bien común y la cuestión de la transición. Recojo tus comentarios sobre la dificultad de reconocer un bien que lo sea para todos y te relanzo algunas cuestiones. Esta “disolución” de una ética común de la que tú hablas es la que describe Julián Carrón en La Belleza Desarmada (2016), retomando a Ratzinger: la Ilustración intentó sostener unos valores morales comunes, capaces de superar las contradicciones que generaba ponerse de acuerdo sobre su origen. El proyecto ha fracasado.

Lo que me llama la atención –lo he visto especialmente con motivo de la crisis catalana– es cómo permanece, a pesar del evidente derrumbamiento del proyecto de una moral común, la confianza algo ingenua en la capacidad que puede tener el Estado de Derecho, que es la traducción jurídica del proyecto ilustrado, en solucionar esta situación. No estoy criticando el Estado de Derecho, sino la confianza algo ciega y ahistórica en el liberalismo político. En “ese liberalismo político que es concebido –según Habermas– como una justificación no religiosa y post metafísica de los fundamentos normativos del Estado constitucional democrático”.

Sin duda es necesario, para que el Estado sea laico, que las justificaciones religiosas, metafísicas, o como se las quiera llamar, se “traduzcan” en una racionalidad secular. ¿Pero es posible mantener en pie esos fundamentos y la misma convivencia sin que esas justificaciones estén presentes de algún modo? Presentes, por supuesto, desde la experiencia de cada uno, respetando las reglas propias de una sociedad plural y de la libertad. ¿Por qué seguimos pensando que ser libres e iguales en derechos es suficiente para mantenernos juntos? Me parece más realista Habermas cuando dice que el “Estado liberal debería tener en cuenta la posibilidad de que la “cultura del sentido común” no consiga conservar, frente a los retos totalmente nuevos, el nivel de articulación que tuvo en sus orígenes. Hoy el lenguaje del mercado prevalece en todos sitios, obligando a que todas las relaciones se desarrollen dentro de los esquemas de las preferencias individuales”.

¿Por qué nos falta este realismo elemental? Habermas añade que “los vínculos sociales que nacen del reconocimiento recíproco no se agotan en las nociones contractuales, en las decisiones racionales y en obtener más beneficios” (Fe y Saber, 2001). Interesante la puerta de salida que apunta: el reconocimiento recíproco. Pero eso lo dejamos para otro día. Me parece que, por algunas cosas que te he oído, tú ya no tienes mucha confianza en que el Estado liberal, per se, sea capaz de conservar la cultura del sentido común. ¿Por qué tenemos tanta dificultad para reconocer el problema? ¿No sería ese reconocimiento ya un buen comienzo para resolverlo?

Se nos han disuelto las nieves que llegaron la semana pasada. Supimos que habían llegado porque cayeron, como siempre, sin hacer ruido. Aprendiendo de tu vigilancia, amigo.

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Cartas para una política no ideológica (2)

Mikel Azurmendi / Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
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Re/Irrelevancia política

Fernando de Haro

Paradoja. La globalización está acabando con el concepto y la experiencia de soberanía nacional tal y como la conocíamos desde hace tres siglos. Los partidos políticos de la postguerra (Alemania y Francia), los que se crearon con el ciclo de democratización de los años 70 (España y Portugal) y las nuevas formaciones surgidas en los años 90 (Italia) dan síntomas de agotamiento. Y, sin embargo, en la vida social, el ser para/en/con partido, se convierte casi en una obsesión.

Las almas nobles, defensoras de grandes ideales, con una sana vocación histórica, advierten del riesgo de la irrelevancia política si no hay comercio de partido. Histórico y realista comercio de partido: votos por políticas. No ser reconocido por el partido, por alguno de los partidos, no ser en cierto modo “partido” se identifica con la insignificancia social o política y produce ansiedad. Tanto es así que los movimientos que han nacido en los últimos años con la pretensión de renovar la vida pública (15M en España, 5 Stelle en Italia), o de protestar por la política migratoria (populismos varios) han adoptado inmediatamente la estructura y las prácticas de las antiguas formaciones.

Los viejos y nuevos partidos consiguen, en un momento de evidente declive, su máximo poder. Solo existes, solo eres alguien si eres capaz de que los partidos incluyan en algún rincón de su agenda aquellas cosas bonitas en las que crees o que has levantado con tu esfuerzo y sacrificio. La libertad depende de que haya un político que defienda “lo nuestro”. Y “lo nuestro”, de este modo, deja de ser lo nuestro para transformarse en el hueco que hemos conseguido abrir en la agenda de un partido. Sin abrir un espacio político, entendido tal y como lo entienden los partidos, creemos no tener tiempo, no ser. Es el más alto grado de partitocracia y probablemente una de las consecuencias de entender la política como simple mediadora entre intereses privados.

La evolución de los partidos en los últimos años en buena parte de los países de Europa ha provocado que su base popular, su relación con la sociedad civil, sea cada vez menos relevante. El fenómeno ha sido especialmente acusado en España. Ha acabado imponiéndose un tipo de formación que es partido-Estado. Concebida y preparada para captar el mayor número de votos, a través de una mediación mediática, su único fin parece ser el de ocupar el mayor espacio posible de la Administración con la menor implicación social posible. La voluntad de ocupar espacios administrativos se acaba trasladando a la justicia, a las organizaciones colegiales, a la vida universitaria, a las iglesias.

Si la política es una simple mediación y ordenación de los intereses privados, capaces por sí mismos de generar prosperidad, es lógico que se entienda al partido-Estado como el mediador o el conseguidor por excelencia.

Re/Irrelevancia política

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  17 votos
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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

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Las ventajas de mirar (insistentemente) una lata de sopa

Fernando de Haro

Warhol ha desembarcado en Madrid. Y a muchos les pasará inadvertido que la llegada del líder del pop-art, más allá de ser un acontecimiento pictórico para las élites, supone una provocación social, un juicio político, una moción a la mirada post-ideológica/superideológica de la España de 2018.

En una de las salas de referencia del Paseo del Prado (Caixa Fórum), se exponen casi 350 piezas de aquel chico de Pittsburgh que subió a los cielos de Nueva York. Warhol es pre-impresionista y postmoderno al mismo tiempo, y sin duda postdigital. Nos quedamos imantados ante su repetición del retrato de Mao. No resulta fácil despegarse del rostro del líder comunista que es el mismo y es diferente, según tenga los labios rosas, la piel azul marino, los párpados blancos. Lo mismo sucede ante su Jackie Kennedy o su Marilyn. La desconexión del arte contemporáneo ha desaparecido: la repetición de los mitos que la cultura televisiva hizo archifamosos invita a mirar una y otra vez, y a descubrir lo que ya no se mira porque se cree conocer. El tratamiento del color, o la insistencia en la representación de objetos cotidianos como la lata de sopa Campbell, se convierten en una especie de corrección de la mirada del homo videns: el hombre al que el abuso de la pantalla ha mutado antropológicamente. El homo videns es el hombre que mira y ya no ve. Está en el último escalón evolutivo que comenzó en el momento en que el ser humano se identificó con una forma de abstracción, de ejercer el noble ejercicio de la crítica y del pensamiento, sin someterlo a vínculo alguno con las cosas. Esas cosas son ahora solo imágenes a las que se dedica poco más que un instante. Si no fuera una exageración, se podría decir que con su repetición de lo mirado y no visto Warhol nos obliga a hacer un ejercicio que nos rescata, nos recupera de los efectos más nocivos que puede tener la digitalización.

En el mundo anglosajón hay una corriente pedagógica que ha subrayado durante los últimos años lo que Warhol parece proponer. Esta corriente insiste en la observación para fomentar la capacidad de innovación. Algunos teóricos subrayan la importancia de enseñar a los más jóvenes a mirar un cuadro, no los 30 segundos que le solemos dedicar sino al menos 10 minutos. De este modo se fomentan las capacidades creativas. Por eso quizás, cuando el Ministerio de Educación de Finlandia, referencia por sus buenos resultados educativos, se planteó nuevas mejoras hace unos años propuso aumentar las horas semanales de Arts & Crafts (educación artística). Hay cierta “educación de la mirada” que parece ser muy conveniente. Es precisamente este tipo de educación en el modo de ver la que viene revindicando desde hace algún tiempo Andrés Trapiello, uno de los grandes referentes del mundo literario español. Trapiello sostiene que nos conviene a todos educarnos para recuperar “la mirada compasiva” de Cervantes, el autor del Quijote. Un modo de enfrentarse al mundo, nacido de la primacía de la observación, que huye del resentimiento: cuanto más y mejor se mira más difícil es que prevalezca la queja e incluso esa casi inevitable distancia que siempre deja el mal sufrido o causado.

Las ventajas de mirar (insistentemente) una lata de sopa

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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