Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
27 JUNIO 2016
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>Editorial

La revolución tendrá que esperar, habrá Gobierno moderado

Fernando de Haro

La noche electoral deja muchas sorpresas, la mayoría positivas. El PP gana los comicios, recupera 600.000 votos y sube 14 diputados (137). Fulmina las encuestas. La coalición Unidos Podemos, lejos de conseguir el previsto sorpasso respecto a los socialistas, pierde un millón de votos respecto a diciembre. Es llamativo el retroceso en la capital, Madrid. El PSOE sigue liderando la izquierda, se mantiene prácticamente en el mismo número de votos, aunque se deja 5 diputados (se queda con 85). Ciudadanos pierde 400.000 votos que recupera el PP y pierde 8 escaños.

El avance del populismo en España, afortunadamente, no es tan rápido como parecía. Ya no es tan claro que Podemos tenga en un futuro inmediato opciones de Gobierno. Un número considerable de votantes de Podemos pueden haberse quedado en casa, otros habrán vuelto al PSOE. Iglesias, el líder de la formación morada, ya no es el hombre elegido por el destino para alcanzar el cielo de forma inmediata. El miedo a su triunfo y seguramente el Brexit han sacado de la abstención a decenas de miles de votantes del PP que estaban desencantados por la corrupción. Ha funcionado el mensaje del voto útil de Rajoy que ha restado peso a Ciudadanos. La suma de los diputados del PP y de Ciudadanos (169) está muy cerca de la mayoría absoluta (176). Sería difícil de entender que Ciudadanos no apoyara la investidura de un Rajoy al que no puede vetar. Sería también difícil de entender que el PSOE, después de haber descendido a 85 diputados, no facilitara esa investidura con una abstención. La intervención de Pedro Sánchez, el secretario general de los socialistas, tras conocer los resultados parece anticipar una actitud diferente, una superación de los vetos de los últimos seis meses. Es razonable pensar que haya un Gobierno del PP con participación de Ciudadanos. Se superarían así los bloqueos de los meses anteriores: España tendría Gobierno y un Gobierno constitucional.

Eso no significa que todo esté resuelto. El PP tiene pendiente una urgente tarea de renovación. Rajoy con la victoria de este domingo debería empezar a trabajar cuanto antes en una sucesión ordenada. El PSOE tiene por delante el inmenso reto de rehacerse. Ha sido un alivio no verse superado por Podemos, pero está en mínimos históricos y el riesgo de perder el liderazgo de la izquierda no ha quedado eliminado. Ciudadanos ha quedado colocado como un partido bisagra con un papel más humilde que el que sus líderes se atribuían. Si quiere mantener su hueco, que está más en el centro derecha que en la centro izquierda, tendrá que madurar y superar ciertas arrogancias. Y el hecho de que Podemos no se haya convertido en la segunda fuerza no supone ni mucho menos que el populismo haya desaparecido de la escena política española. La legislatura va a ser muy difícil. Hay importantes sacrificios pendientes y esos sacrificios alimentarán el victimismo populista. Ese victimismo exige superar la polarización, hacer pedagogía y una llamada a la responsabilidad colectiva.

Afortunadamente se ha producido una amplia victoria de las fuerzas moderadas. Y eso da un poco más de tiempo, estabilidad económica y respiro para acometer grandes reformas pendientes (educación, sistema productivo, estructura territorial). Pero hay tres tareas urgentísimas: una auténtica regeneración democrática que acerca a la vida política a la sociedad, una conversación que saque a los partidos de su ensimismamiento y una educación popular de la capacidad crítica que permita superar sueños utópicos. Son cuestiones en las que los gobiernos del centro derecha, que han pecado de tecnocráticos, no se han querido meter hasta ahora.

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La revolución tendrá que esperar, habrá Gobierno moderado

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Una Europa que refundar. Palabra de Benedicto XVI

Robi Ronza

Habrá que ver el precio que nos quieren hacer pagar las élites que hasta el momento han pretendido, con éxito, construirse una Europa a su medida pretendiendo que fuese también nuestra Europa. Pero lo primero que hay que decir del referéndum británico a favor o en contra de la Unión Europea es que ha sido un acto de gran libertad, y abre grandes esperanzas. En Gran Bretaña los electores han votado principalmente contra un orden constituido, político y mediático, que ha hecho todo lo que ha podido para que votara de otro modo.

En declaraciones a la RAI en su informativo matinal, de máxima audiencia, el ex presidente de la República italiana Giorgio Napolitano se ha permitido calificar de “incauto” al premier británico Cameron por haber sometido a referéndum popular la cuestión de la permanencia o no de su país a la UE. En cuestiones de tal importancia, según Napolitano, es mejor que el pueblo quede al margen. Dando muestras de una notable falta de pudor, su pupilo Mario Monti ha dicho aún más. El que fue jefe de un gobierno impuesto al Parlamento, y para ello nombrado senador pocos días antes de su entrada en el cargo, Monti ha afirmado que al convocar el referéndum Cameron habría nada menos que “abusado de la democracia”.

Resumiendo, cuando un pueblo vota según su propio parecer, y no como querrían ellos, a las élites acostumbradas a considerar como “cosa nostra” las instituciones europeas se les cae la máscara. En estos días, los Napolitano y Monti de toda Europa están fuera de sí, hasta el punto de ser ya incapaces de ocultar el autoritarismo recóndito, ya sea post-comunista o masón, que caracteriza su visión política desde hace no poco. Aunque en mi opinión el Brexit puede ser un shock saludable para la Unión Europea, sin duda no es algo que suceda todos los días. Como decía, las élites que no lo querían intentarán hacer pagar al mundo entero el fracaso de su proyecto, convirtiéndonos en chivo expiatorio sobre el que descargar emergencias que no tienen nada que ver con esto.

Es el caso, por ejemplo, de las acciones de grandes grupos bancarios que no saben qué puede pasar con el éxodo de Londres de la UE. Habrá pues que dar por descontado que nos esperan días turbulentos en los mercados internacionales, y quien tenga la capacidad de hacerlo debería intervenir para estabilizarlos. Entretanto, ya se ha disparado la “máquina” de la mistificación del significado más profundo del Brexit. En último término, el episodio en sí es un signo clamoroso del fracaso de la pretensión de construir la Europa política basándose solo en sus intereses y prescindiendo testarudamente de su propia historia y de los valores que la caracterizan. Europa solo se puede salvar si cambia decididamente de camino para redescubrir lo mejor de sí misma. Por el contrario, ya se está intentado difundir la idea de que, para salir de la crisis que ha puesto en evidencia el Brexit, no hace falta cambiar de rumbo sino seguir adelante con la cabeza gacha, como si nada.

Por motivos que son evidentes, las claves de la solución de esta crisis están en gran parte en manos de la gente de fe. Pero solo si la gente de fe es a su vez fiel a lo que ha encontrado. En ese caso, es buen momento para retomar un documento que hoy resulta más actual que nunca: el discurso de Benedicto XVI a los participantes en el congreso de la Comisión de los Episcopados de la Comunidad Europea, reunida en Roma el 24 de marzo de 2007, en vísperas del 50º aniversario de los tratados constitutivos de las primeras organizaciones europeas. Después de destacar los aspectos positivos del proceso que dio comienzo entonces, Benedicto XVI observó que Europa “de hecho está perdiendo la confianza en su propio porvenir. (…) No todos comparten el proceso mismo de unificación europea, por la impresión generalizada de que varios ‘capítulos’ del proyecto europeo han sido ‘escritos’ sin tener debidamente en cuenta las expectativas de los ciudadanos”.

Una Europa que refundar. Palabra de Benedicto XVI

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26-J: un voto complejo y nada ideológico

Fernando de Haro

Tres podrían ser los objetivos que buscara un voto moderado el próximo domingo: llevar a la Moncloa un Gobierno constitucional, reducir la creciente polarización y fomentar una renovación de la vida pública. Cada uno de esos propósitos puede desplegarse. Un Gobierno constitucional no será solo aquel que sea fiel al espíritu de la Carta Magna del 78, será también el que impulse, con ánimo de consenso, la larga lista de reformas pendientes para favorecer la creación de empleo, aumentar la productividad, mejorar el sistema educativo y un largo etcétera en el que hay que incluir una salida propositiva para la situación de Cataluña. La renovación no es solo un cambio de caras, que también. Implica además una transformación de los partidos que hasta ahora han sido mayoritarios para abrirlos a la sociedad y para impulsar la necesaria modificación del sistema electoral. Son muchos propósitos para dos papeletas, pero el solo hecho de aceptar la complejidad es ya una riqueza a la hora de ponerse ante la urna. Con independencia de cuáles sean los sobres finalmente elegidos, puede aportar mucho no aceptar de entrada las visiones simplistas: las que separan al país entre buenos y malos, entre los de arriba y los de abajo, entre la derecha y la izquierda. Los bienes y las libertades a tutelar son numerosos, unos sin duda más importantes que otros.

En política puede suceder cualquier cosa. Las encuestas apuntan a un empate entre el bloque de centro y de centro-derecha con el bloque formado por el centro-izquierda y la izquierda-izquierda. La mayoría de los partidos constitucionales es rotunda. Si el resultado del 26-J coincide con lo que apuntan los sondeos, la posibilidad de que el PSOE apoye un Gobierno de Podemos parece no ser muy alta. Sobre todo porque sería la tercera fuerza. De hecho, en el cuartel general de Podemos ya dan por sentado que se quedan en la oposición. Y están encantados con ese papel. Sería un suicido para la formación política que todavía lidera Pedro Sánchez apoyar a un Gobierno de Pablo Iglesias. Repetir lo que hicieron los socialistas hace un año en los ayuntamientos de Madrid, Barcelona o Valencia supondría sepultar para siempre sus siglas en la irrelevancia. Los Gobiernos de coalición siempre salen muy caros para la fuerza minoritaria. De hecho, lo sucedido desde las pasadas elecciones municipales y autonómicas bien podría considerarse un aviso. Eso no significa que el riesgo sea cero. El riesgo existe, en el PSOE se pueden volver todos locos, pueden no quitarse de encima a un Sánchez doblemente fracasado, pueden olvidarse de su pasado y de su presente socialdemócrata y pueden dejarse dominar por la obsesión de no dejar gobernar al centro-derecha. La mayor o menor percepción del riesgo de un nada conveniente Gobierno de socialistas y podemitas, junto al peso que se les otorgue a los mencionados objetivos de saneamiento y superación de la polarización pueden inclinar el voto en favor de una u otra de las fuerzas constitucionales.

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26-J: un voto complejo y nada ideológico

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Cien años del Genocidio armenio: un siglo de silencio

Fernando José Vaquero Oroquieta

Armenia sigue siendo una gran desconocida para la inmensa mayoría de españoles; y ello a pesar de la presencia de unos 35.000 armenios entre nosotros, procedentes en su inmensa mayoría de la antigua Armenia soviética, y de unos cientos de argentinos de origen armenio radicados hace ya varias décadas en España.

Tal vez sea esta circunstancia la que ha empujado al periodista Arthur Ghukasian, fundador de Armenia Press y español de adopción, a desarrollar una notable labor difusora de la –varias veces– milenaria historia de su pueblo y del hecho que le marcó para siempre: el Genocidio armenio.

A pesar de tal desconocimiento, Armenia y España tienen no pocos puentes en común, particularmente sus raíces cristianas. De hecho, Armenia fue, además de una de las más antiguas del mundo, la primera nación cristiana de la Historia; antes, incluso, que la propia Roma.

Pese a tan glorioso tránsito, en la segunda década del pasado siglo el pueblo armenio pudo desaparecer por completo de la mano del ejército turco. No fue la primera agresión sufrida mientras la Sublime Puerta rigiera sus destinos. Ya en 1880 miles de armenios fueron asesinados en un primer pogromo. En 1896 lo serían otros 300.000 bajo el sultanato de Abdul Hamid II. Y en 1908 fueron masacrados unos 30.000 armenios en la ciudad de Adaná. Pero fue en 1915 cuando se desplegó una cuidada estrategia que pretendía la eliminación de toda la población armenia residente en territorio turco, perpetrándose el que constituyó primer genocidio moderno. Se inició en febrero de ese año cuando unos 60.000 reclutas armenios del ejército turco fueron fusilados. Inmediatamente, todos los varones armenios con edades comprendidas entre los 15 y 45 años fueron enrolados en el ejército; siendo maltratados y explotados hasta la muerte casi en su totalidad.

Como fecha crucial en la memoria histórica del pueblo armenio y su genocidio se ha establecido la del 24 de abril de aquel año. No en vano, 600 de sus líderes (intelectuales, periodistas, políticos, comerciantes, sacerdotes…) fueron detenidos en Estambul y ejecutados; de ahí su gigantesco valor simbólico. Los genocidas no se detuvieron: la restante población armenia de Anatolia –niños, mujeres y ancianos– fue desalojada de sus localidades y organizada en unas «marchas de la muerte» hacia el desierto de Siria y el mar Negro; falleciendo por hambre, sed y malos tratos en su inmensa mayoría. Aún, a finales de la Primera Guerra Mundial, unos 300.000 armenios fueron masacrados en el Cáucaso controlado por Turquía. Y entre 1920 y 1923 se perpetraron las últimas matanzas.

A lo largo de aquellos terribles años, decenas de miles de mujeres y niños fueron raptados y violados; el patrimonio personal y cultural del pueblo armenio fue destruido; su riqueza, expropiada… Y todo ello ante la pasividad internacional; limitándose las potencias europeas a unas escasas advertencias nominales y mínimas investigaciones. De los dos millones de armenios que vivían en Anatolia en 1914, una vez finalizadas las diversas oleadas genocidas apenas sobrevivía una cuarta parte; refugiada en Líbano, Francia, Argentina y en la casi residual Armenia soviética. Los responsables de este exterminio sistemático fueron los «Jóvenes Turcos»: militares nacionalistas que perpetraron tamaña «limpieza étnica» en el marco del proyecto de una Turquía «moderna» concebida por Mehmet Tallat, Ismael Enver y Ahmed Jemal.

Todavía hoy, Turquía sigue sin reconocer el Genocidio armenio; persistiendo en un tozudo e inflexible negacionismo; tanto en su interior como en la acción diplomática exterior. Por el contrario, el pasado 2 de junio, el Parlamento alemán, siguiendo los pasos de otros estados, aprobó una resolución que reconocía como genocidio las matanzas y deportaciones de armenios cristianos perpetradas durante el Imperio Otomano, pese a las amenazas del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan; quien había advertido a Berlín en el sentido de que esa decisión perjudicaría a las relaciones diplomáticas, económicas, políticas y militares existentes entre ambos países. Una nueva crisis diplomática que enlaza con otra previa más “caliente” abierta –en la región del Cáucaso– con la reactivación del conflicto armado en Nagorno Karabaj a partir del pasado 2 de abril y que ha vuelto a enfrentar a Armenia con su vecino Azerbaiyán.

Cien años del Genocidio armenio: un siglo de silencio

Fernando José Vaquero Oroquieta | 0 comentarios valoración: 3  15 votos

Mi hija, mi hermana

Víctor Alvarado

Todos hemos disfrutado con películas del oeste protagonizadas por John Wayne como El dorado y Río rojo de Howard Hawks o las dirigidas por Raoul Walsh, ¿se acuerdan ustedes de Murieron con las botas puestas o Una trompeta lejana? Pues bien, la cinta en cuestión es un homenaje al mejor cineasta de la historia, John Ford, autor de la “Trilogía de la caballería” o Centauros del desierto, producción que guarda ciertos paralelismos con Mi hija, mi hermana. La diferencia del afrontamiento de dos generaciones distintas ante esa situación traumática entre el padre y el hermano de la secuestrada es un signo de distinción con respecto al western del citado cineasta de origen irlandés.

Alain es un francés que todos los años disfruta con su familia del festival de música country de su país con una fragancia a Far West. Ese mismo día su hija desaparece, con lo que la familia queda destrozada. Este hombre moverá Roma con Santiago para localizar a su hija con la ayuda del hermano de ésta.

Este trabajo ha sido dirigido por Thomas Bidegain. Se trata de un guionista de prestigio ganador de los César al Mejor Guión por Un profeta y Óxido y hueso. Además, ha escrito el libreto de la taquillera La familia Belier. Como habrán podido imaginar, esta cinta tiene un claro aroma a western con buenos paisajes, presentando un ritmo pausado, que invita a la reflexión para comprender la odisea del personaje, pero que puede resultar cansino para el espectador medio acostumbrado otro tipo de cadencia.

El protagonista de esta producción es François Damiens, al que recordarán por su excelente trabajo en la melancólica pero intensa La delicadeza, basada en la novela de David Foenkinos. El actor transmite la autenticidad y la serenidad necesarias para no ponerse nervioso en situaciones de extrema tensión.

Mi hija, mi hermana refleja la necesidad que tenemos de saber lo que pasa con nuestros seres queridos. Vemos la actitud de un padre coraje que no se resigna y la entrega generosa y desinteresada de un hermano capaz de sacrificar su juventud. La película deja entrever la problemática de las personas que caen en las redes del islamismo radical, elemento que encaja a la perfección en una sociedad como la gala donde se fomenta el multiculturalismo, al tener unas raíces superficiales que permiten ser manipuladas con facilidad. Nos parece imprescindible el juego de miradas de los últimos fotogramas del largometraje para comprender el calvario de los protagonistas y, con gran economía de gestos, se transmite esperanza; y la escena final pone los pelos de punta.

Mi hija, mi hermana

Víctor Alvarado | 0 comentarios valoración: 2  7 votos
>Entrevista a Ángel González Sainz

"Más allá de siglas y e ideologías, caminar a una"

P.D.

El escritor Ángel González Sainz, en víspera de la cita con las urnas, valora para www.paginasdigital.es el manifiesto de CL hecho público con motivo de las elecciones.

¿Qué le ha llamado la atención del manifiesto de Comunión y Liberación sobre las elecciones?

Es una llamada a aprender de lo sucedido. Se suele llamar, muchas veces con pasiones tristes, a recordar o a olvidar. Pero pocas veces a aprender de ello, de memorias y olvidos. Es una llamada a ir más allá de las siglas y las ideologías, a buscar otro espacio que una o donde caminar a una. Es una llamada a no convertir al adversario o al otro en enemigo, a no caer en la dinámica amigo/enemigo por la que nos vamos deslizando o, mejor, van empujando algunos. Es una llamada a desmoralizar la política.

En el texto se habla de la necesidad de recuperar el valor del otro para fundamentar la convivencia. ¿Por qué cree que se ha perdido la evidencia de que el otro es un bien? ¿Qué razones históricas, sociales, políticas o antropológicas ha habido para que se produzca este proceso?

No creo que aparezca la palabra conflicto. La vida es conflicto, lucha de intereses, de aspiraciones, de perspectivas, de credos… La política sería el arte, la técnica, de búsqueda resolutiva de la mejor convivencia en un mundo conflictivo. Esa búsqueda de acuerdo de lo que no concuerda tiene que separar política de teología o religión (también política de deporte o de estética, por ejemplo), políticos de mesías, pareceres de unciones… no aplicar los esquemas de una cosa a otra. Es muy peligroso. Muchas veces quienes se declaran antirreligiosos son más eclesiásticos y clericales que las personas religiosas. Son dos cosas distintas. Religión, si entiendo bien, es re-ligo, es unión y es un espacio o abre espacios de unión, de camino juntos, en otro orden que el de la política.

El manifiesto menciona como una referencia la Transición. ¿Lo es?

Un pueblo que ha caído o se ha dejado llevar a una guerra civil tiene que tener como primer cuidado no volver a las andadas, saber que lo peor, lo mucho más que malo, es el enfrentamiento civil. Que, sobre todo, no vuelva a ocurrir, es lo primero. Por lo tanto hay que cuidarse de repetir los caminos o los mecanismos que podrían llevar de nuevo a la tragedia, donde, a partir de un determinado momento, ya nadie tiene toda la razón y hay que tomar posiciones en una trinchera. NO llegar nunca a ese momento ni a los que lo preceden: eso requiere centinelas y vigilancias que vean venir las cosas desde lejos. Por lo tanto hay, por muy imperfecta que se sea o se quiera que sea, valores importantes en esa decisión de la Transición de dejar atrás lo que hay que dejar atrás y mirar hacia delante con el otro. Claro, cuanto más justicia haya menos bazas se da a los pregoneros de conflictos.

Se propone, para recuperar el diálogo, hacer algo juntos. ¿Qué es lo que los españoles podemos hacer juntos en este momento?

Aprender a vivir en libertad, aprender a convivir, a mejorar la convivencia, a elegir mejor, a distinguir la conveniencia y lo común, a dirimir cómo ser más prósperos y justos y ricos dentro. Tarea infinita y cotidiana, grandiosa y humildísima. Pero no sé a qué les suena a muchos eso hoy.

>Entrevista a Ángel González Sainz

"Más allá de siglas y e ideologías, caminar a una"

P.D. | 0 comentarios valoración: 1  10 votos

Defender la casa común

José Luis Restán

Recuerdo el momento emocionante, hace cuatro años, en que sentados uno junto a otro, inauguraban el EncuentroMadrid Mons. Fernando Sebastián y el líder socialista Enrique Múgica. El lema de aquella edición era “Las fuerzas que cambian la historia son las mismas que cambian el corazón del hombre”, y no había mejor explicación que verlos y escucharlos mientras narraban la aventura de la Transición, en la que ambos jugaron un papel destacado.

Si hay un momento de nuestra historia reciente en el que se hizo evidente que el otro, el diferente, el que no piensa como nosotros ni pertenece a nuestra matriz cultural, no es un enemigo sino un compañero de construcción y de camino, ese momento fue la Transición. No fue un camino de rosas ni algo autoevidente. La memoria estaba fresca, la historia pesaba, los malentendidos mutuos no se habían despejado… había otras alternativas que para muchos resultaban más recomendables. Muy al contrario de lo que se ha dicho con notable frivolidad, no fue el tiempo del olvido sino el de la memoria, pero por una vez, una memoria ancha y generosa, capaz de incluir el dolor del otro, sus razones, sus expectativas. Tampoco fue el triunfo de un pragmatismo desnudo, sino de un verdadero realismo que entiende que las construcciones humanas son siempre imperfectas, que los ordenamientos políticos son relativos y sólo así pueden aproximarse a la justicia.

En términos cuajados en la tradición cristiana podríamos decir que fue un momento en que se ejerció la caridad política (algunos la ejercieron explícitamente), o bien un momento en que logró una exitosa traducción política de la misericordia. De hecho el humus de la cultura cristiana era ampliamente compartido de izquierda a derecha. Para la Iglesia la palabra clave de aquel momento fue “reconciliación”, pero esta palabra tenía una densidad y unas implicaciones que hubo que declinar cuidadosa y pacientemente. Para todos, partidos, intelectuales, medios de comunicación, sindicatos, la propia Iglesia, fue necesario un camino de purificación, de sacrificio, de apertura hacia el que hasta hace poco era visto como adversario, más aún, con el que se pensaba tener legítimas cuentas pendientes.

Así surgió el abrazo de la Transición, que no es una evocación poética sino la descripción de una obra política de gigantesca envergadura en la que todos corrieron sus riesgos. Como toda política verdadera, ésta tenía un cimiento cultural, incluso espiritual, de mucho fuste; estaba alimentada por la vivencia de un pueblo, por el protagonismo de una sociedad que descubrió su propia autoestima. Pero fue necesario forjar el instrumento político-jurídico, sin el cual no sabemos cómo hubiese acabado la historia. Recordemos que hubo fuerzas, a izquierda y derecha, que se opusieron hasta el final. Hace pocas semanas, el cardenal Ricardo Blázquez recordaba que “la Constitución fue gestada en un ambiente de diálogo y de consenso, al que no fue ajena la Iglesia y más en concreto nuestra Conferencia Episcopal; deseábamos entrar en una nueva etapa en la que todos tuviéramos espacio, reconciliándonos como ciudadanos y convivientes, sin privilegios ni exclusiones”.

Defender la casa común

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Francia, la rebelión de los excluidos

Robi Ronza

Debido a un cúmulo de tensiones sociales de orígenes diversos, Francia se ha visto sacudida estas semanas por un conjunto de conflictos heterogéneos pero muy vinculados entre sí por lo que parece a primera vista. Las causas inmediatas del fenómeno son por un lado la Eurocopa de fútbol y por otro la reforma laboral.

Más allá de otros detalles, la causa última es sin embargo solo una, la ya evidente consolidación en Europa de un amplio estrato social constituido por los trabajadores actuales o potenciales con una formación similar, orientada a profesiones y formas de trabajar que ya no tienen futuro. El desarrollo de la economía post-industrial les empuja fuera del mercado, o les ofrece relaciones laborales y niveles salariales pésimos en comparación con lo que esperaban. En cierto modo, es algo parecido al proceso de expulsión imparable de masas de campesinos de los campos ingleses en los siglos XVIII-XIX, pero con una diferencia radical a peor. Al emigrar a las ciudades, esas masas de campesinos desocupados encontraron entonces trabajo abundante en las fábricas urbanas, aunque fuera mal pagado e insalubre. Pero hoy, a estos nuevos desempleados no se les ofrece nada en sustancia. Ni siquiera pueden esperar mucho de la emigración, pues no hay países a los que puedan dirigirse con una esperanza razonable.

En este escenario, los que entre ellos tienen un puesto de trabajo fijo a la antigua usanza se movilizan para defenderlo contra todo y contra todos, sabiendo que si lo pierden ya no lo recuperarán. Aquellos –obviamente más jóvenes en general– que ya no pueden esperar se ven devorados por un ansia feroz, que en muchos de ellos tiende a desembocar en vandalismo y desórdenes en cuanto se les presenta la menor oportunidad. Con la aparición en masa de hinchas de un país a otro y de una ciudad a otra, con la coartada fácil de la pasión deportiva, la Eurocopa supone una ocasión ideal al respecto. Si hacemos la “radiografía” socio-económica de las masas de descendientes de inmigrantes musulmanes no integrados de las que procedían los autores de los últimos atentados terroristas en Francia y Bélgica, vemos que en gran medida se trata de personas que se sitúan en la categoría de esos jóvenes sin empleo o sin futuro. Claro está que también intervienen causas culturales específicas y agravantes de las que mucho se ha hablado, pero este detalle también es importante.

Evidentemente sin darse cuenta del riesgo que suponía, el gobierno francés del primer ministro Manuel Valls abrió el melón de su “jobs act” a pocos meses de la Eurocopa de fútbol, provocando así la unión, antes nunca vista, entre los dos principales segmentos más afectados por el gigantesco malestar social. Ahora no puede hacer otra cosa que intentar afrontar el enorme desafío al orden público que se ha derivado. Pero ya llegará el momento de profundizar en la cuestión. Aprovechar los grandes eventos deportivos para las revueltas ya es un problema que hay que afrontar de manera orgánica, también en la sede europea.

Presentada por el ministro de Trabajo del gobierno de Valls, Myrian El Khomri, la reforma francesa amplía las causas de despido sin reintegro. Una caída en las ventas durante varios trimestres consecutivos y la pérdida de productividad durante varios meses, así como las innovaciones tecnológicas o las reestructuraciones empresariales pueden aducirse como causas legítimas para proceder a despidos. Aunque sobre este punto Valls ha prometido que el artículo referido a los despidos se reformulará “con el fin de evitar que los grandes grupos puedan provocar artificialmente dificultades económicas en sus establecimientos franceses para justificar los despidos”, haciendo una distinción entre los resultados del grupo y los de la sociedad.

Francia, la rebelión de los excluidos

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>Manifiesto del CL

Faltan referentes comunes

José Jiménez Lozano

Pienso que el manifiesto se mueve en un ámbito de una sociedad que piensa y se pregunta por sus responsabilidades morales y políticas, pero esta sociedad no es la nuestra ni el mundo del manifiesto es el mundo general de nuestros modos de pensar y vivir, y ¡ojalá me equivoque! Ayer mismo se invadió una capilla universitaria y se realizaron pintadas, cuando todavía conservo el impacto de la lectura de un recorte de un periódico italiano que titulaba: “Via croci e nomi cristiani da strade e cimiteri. Non è lo Stato islamico, ma la Spagna”.

Es evidente que no nosotros todos los españoles sino ciertos grupos de españoles, que son nuestros representantes aunque ni los conozcamos, siempre han actuado para que siga la bola de nuestra triste historia de violencias y estupidez o para estar a la cabeza de la libertad y la unión del país. A veces parece que estamos repitiendo el XIX y otras los años treinta del XX. Y son estos grupos los que, por lo visto, piensan por los españoles y siempre van a traer un mundo nuevo. Vivimos en un régimen de minorías rectoras con ideas modernísimas de hace ochenta a ciento cincuenta años, que siempre quieren modernizar la situación. Pero otros de estos nuestros representantes tuvieron el acierto de querer convivir como en el 78, y fue posible la convivencia como hoy lo sería. Una voluntad de ser normales en política y en todo lo demás, ¿cómo va a ser algo caduco?

A veces, no es fácil entender algo en este caos hispánico, ya que idénticos referentes intelectuales y morales de una gran mayoría de los españoles, aunque fueran adversarios políticos, eran comunes; pero ahora esos referentes no existen; sólo está ahí la soberanía absoluta de “yos” y sectas “ad infinitum imperiales e intratables”, y no hay ningún criterio objetivo de racionalidad, en el alegre nihilismo en que vivimos: nada es nada ni significa nada, y yo decido. Sin una conciencia moral, ni una ley imperando en la sociedad y que tenga bajo ella a todos los que la forman, comenzando por el Estado –lo que es la esencia de la democracia–, una sociedad será difícil que sobreviva, y quizás nuestro único problema es el de que recuperemos la racionalidad y la buena fe, y no estaría mal tampoco que hiciéramos un hueco a algún saber mínimamente sólido y serio. Porque, de otro modo, todo será hablar por hablar, y con las pésimas consecuencias del palabreo: los innecesarios enredos sin salida.

>Manifiesto del CL

Faltan referentes comunes

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Brexit: más Europa, menos Alemania

Fernando de Haro

David Cameron, al convocar el referéndum del Brexit, ha cometido un pecado de esencialismo, que también podemos llamar integrismo democrático. Algo poco democrático. Cameron ha cometido un pecado propio de los populismos que no está a la altura de la gran tradición británica. En su competencia con el UKIP prometió la consulta popular, admitió jugar el partido con las reglas fijadas por los populistas. Ese fue su gran error. Un error que puede costarle muy caro a su partido y al conjunto del país.

Desde el Renacimiento los occidentales vivimos en una perpetua exaltación de la voluntad. Ahora vuelve bajo la equívoca identificación de la democracia como la expresión permanente y sistemática de la voluntad popular: la mayoría expresada, aquí y ahora –no sabemos qué dirá dentro de un minuto- pretende imponerse como la única regla. Siglos de democracia británica, también continental, nos habían enseñado que la voluntad popular se expresa a través de muchos cauces, está autolimitada constitucionalmente –aunque la Constitución no sea escrita-. También nos habían enseñado que es necesario contrapesar el pueblo-sufragio con el pueblo-reflexión y con el pueblo-juez. Más aún cuando el imperio de los medios y de los mercados ha creado un nuevo poder.

Todo eso es lo que el conservador nada conservador Cameron ha colgado de la Torre de Londres con el referéndum sobre el Brexit.

¿Cuál es la respuesta que se debe dar si, por desgracia, triunfa el Brexit? Ante todo sosiego. A corto plazo será necesaria mucha política monetaria: manguerazo de liquidez para la especulación que quiere hacerse rica apostando contra el euro y la libra. Y luego la Unión tendrá que poner a los partidarios del Brexit ante sus propias contradicciones. A los partidarios del Brexit solo les reúne su voluntad de salir de la Unión. Pero entre ellos hay tribus muy variadas: los hay que no quieren nada con Europa, los hay que quieren un acuerdo de libre comercio, un acuerdo como el turco de unión aduanera, un acuerdo como el de Noruega que permite participar en la mayor parte del mercado interior comunitario sin necesidad de adherirse a otras políticas europeas como la agricultura, la pesca o política exterior. También está el modelo suizo. Que propongan. Y entonces la Unión deberá decidir estableciendo unas claras líneas rojas. Y aquí la linea-Juncker es inteligente: no se pueden quedar con lo bueno y rechazar lo malo. Un acuerdo de mercado interior sin libertad de movimiento de personas sería inaceptable. No se le consiente al Reino Unido, no se le puede consentir a Noruega. Suiza, que mantiene 120 acuerdos sectoriales con la Unión Europea, contribuye al presupuesto comunitario. El que se va se ha ido.

El Brexit no tiene nada de deseable. Pero si en la Unión Europea hubiera liderazgo podría ser una ocasión para reforzarse. De lo que se trata es de mostrar al mundo que el proyecto de construcción europeo sigue adelante aunque los británicos se hayan quedado atrás. Hay muchas maneras de hacerlo. La más sencilla y más contundente sería avanzar rápido en el gobierno económico. Hasta ahora Alemania, con miedo a las elecciones del otoño del año que viene, ha supuesto un freno. Es un buen momento para levantar ese freno. Para darle una acelerón a la unión bancaria que, como ha señalado recientemente la OCDE, está inacabada y necesita más medidas de vigilancia de las entidades financieras o de garantía de los depósitos. Se puede adelantar la puesta en marcha del Fondo Único de Resolución previsto para las quiebras, que no entra en vigor hasta 2023. Se puede seguir las recomendaciones del FMI de ampliar el Plan Juncker de inversiones, se pueden lanzar más inversiones públicas. Se puede avanzar en la mutualización de la deuda o la integración fiscal. La lista de tareas pendientes para hacer una Europa más federal es muy larga. A grandes males grandes remedios. Si el Reino Unido se va, más Europa. Para eso es necesario que Alemania deje de pensar en términos nacionales y permita a Europa ser Europa. No es el voluntarismo popular, a los pies del populismo, el que nos sacará de esta situación. Y en Francia tenemos presidenciales el próximo año.

Brexit: más Europa, menos Alemania

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La revolución tendrá que esperar, habrá Gobierno moderado

Fernando de Haro

La noche electoral deja muchas sorpresas, la mayoría positivas. El PP gana los comicios, recupera 600.000 votos y sube 14 diputados (137). Fulmina las encuestas. La coalición Unidos Podemos, lejos de conseguir el previsto sorpasso respecto a los socialistas, pierde un millón de votos respecto a diciembre. Es llamativo el retroceso en la capital, Madrid. El PSOE sigue liderando la izquierda, se mantiene prácticamente en el mismo número de votos, aunque se deja 5 diputados (se queda con 85). Ciudadanos pierde 400.000 votos que recupera el PP y pierde 8 escaños.

El avance del populismo en España, afortunadamente, no es tan rápido como parecía. Ya no es tan claro que Podemos tenga en un futuro inmediato opciones de Gobierno. Un número considerable de votantes de Podemos pueden haberse quedado en casa, otros habrán vuelto al PSOE. Iglesias, el líder de la formación morada, ya no es el hombre elegido por el destino para alcanzar el cielo de forma inmediata. El miedo a su triunfo y seguramente el Brexit han sacado de la abstención a decenas de miles de votantes del PP que estaban desencantados por la corrupción. Ha funcionado el mensaje del voto útil de Rajoy que ha restado peso a Ciudadanos. La suma de los diputados del PP y de Ciudadanos (169) está muy cerca de la mayoría absoluta (176). Sería difícil de entender que Ciudadanos no apoyara la investidura de un Rajoy al que no puede vetar. Sería también difícil de entender que el PSOE, después de haber descendido a 85 diputados, no facilitara esa investidura con una abstención. La intervención de Pedro Sánchez, el secretario general de los socialistas, tras conocer los resultados parece anticipar una actitud diferente, una superación de los vetos de los últimos seis meses. Es razonable pensar que haya un Gobierno del PP con participación de Ciudadanos. Se superarían así los bloqueos de los meses anteriores: España tendría Gobierno y un Gobierno constitucional.

Eso no significa que todo esté resuelto. El PP tiene pendiente una urgente tarea de renovación. Rajoy con la victoria de este domingo debería empezar a trabajar cuanto antes en una sucesión ordenada. El PSOE tiene por delante el inmenso reto de rehacerse. Ha sido un alivio no verse superado por Podemos, pero está en mínimos históricos y el riesgo de perder el liderazgo de la izquierda no ha quedado eliminado. Ciudadanos ha quedado colocado como un partido bisagra con un papel más humilde que el que sus líderes se atribuían. Si quiere mantener su hueco, que está más en el centro derecha que en la centro izquierda, tendrá que madurar y superar ciertas arrogancias. Y el hecho de que Podemos no se haya convertido en la segunda fuerza no supone ni mucho menos que el populismo haya desaparecido de la escena política española. La legislatura va a ser muy difícil. Hay importantes sacrificios pendientes y esos sacrificios alimentarán el victimismo populista. Ese victimismo exige superar la polarización, hacer pedagogía y una llamada a la responsabilidad colectiva.

Afortunadamente se ha producido una amplia victoria de las fuerzas moderadas. Y eso da un poco más de tiempo, estabilidad económica y respiro para acometer grandes reformas pendientes (educación, sistema productivo, estructura territorial). Pero hay tres tareas urgentísimas: una auténtica regeneración democrática que acerca a la vida política a la sociedad, una conversación que saque a los partidos de su ensimismamiento y una educación popular de la capacidad crítica que permita superar sueños utópicos. Son cuestiones en las que los gobiernos del centro derecha, que han pecado de tecnocráticos, no se han querido meter hasta ahora.

La revolución tendrá que esperar, habrá Gobierno moderado

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>Editorial

Elecciones: el otro bien

Fernando de Haro

En la campaña electoral se habla de bienes importantes que se deben preservar en nuestra democracia: la igualdad, la libertad religiosa, la libertad de educación, el estado del bienestar. Todos son, sin duda, importantes. Pero se habla menos de otro bien: el bien de otro. Este periódico ha querido suscitar un debate entre pensadores y responsables de la sociedad civil en torno a los fundamentos de nuestra convivencia. Para eso ha tomado como base el manifiesto de Comunión y Liberación hecho público con motivo de los comicios: La aventura de descubrir al otro también en política. A continuación, se recogen, en una síntesis muy libre, algunas conclusiones de las aportaciones recibidas. El trabajo de reflexión no está ni mucho menos cerrado.

Hay desconfianza por el modo de hacer política. Tanto la política como la economía se están volviendo autorreferenciales. Parece que su objeto es servir al dinero y al poder. Esto afecta también a las palabras: las palabras que se usan en la vida política suscitan recelo. Las palabras se sanean cuando se refutan y van más allá de sí mismas, se convierten en una invitación a hacer algo juntos.

Hemos llegado a una situación en la que el bien del otro ya no es evidente. La raíz última de esta despersonalización es la disolución del humus humanista de la cultura occidental que convierte sus mejores frutos –el Estado de Derecho y la democracia– en fantasmas desquiciados carentes de fundamento. La despersonalización se expresa en una “cosificación del adversario político”.

El aprecio por el otro, ahora perdido, empezó en Grecia y fue universalizado por el cristianismo. Los primeros pensadores griegos intuyeron que el hombre podía identificar con certeza bienes objetivos dignos de ser protegidos y las mejores mentes romanas vieron que hay algo justo y bueno en todos que nos hace buenos si lo respetamos. La gran aportación cristiana fue dar un fundamento objetivo a esas intuiciones y universalizar su alcance.

Pero las ideologías han acabado destruyendo esa conquista que la Ilustración quiso hacer llegar a todos. Y las ideologías dominan la vida política. Es un fenómeno que consideramos normal, pero puede haber una política no ideológica. Hoy nos cuesta imaginar en qué consiste.

Política no ideológica

Las ideologías intentan dar explicaciones globales de todo lo que ocurre en una sociedad. Una ideología define cuáles son las preguntas importantes y cuáles son las únicas respuestas correctas para esas preguntas. La pretensión de las ideologías ha invadido muchas áreas de la sociedad. El propio catolicismo en su esfuerzo por oponerse a las ideologías ha acabado, en no pocas ocasiones, sucumbiendo a lo ideológico. Y ha perdido así lo más interesante que tiene. En una política invadida por las ideologías, es normal que el otro no sea un bien: el otro es quien sostiene una ideología diferente a la mía, el otro es un peligro. Como las ideologías intentan explicarlo todo, aspiran continuamente a un mundo cerrado, atrapado y fijado. Para ese propósito, el otro, el diferente, el que no cabe del todo en esa totalidad inventada, resulta incómodo. Se crean así mapas sociales marcados por fronteras que sirven para proyectar temores no reconocidos: lo que cuenta es una nueva solidaridad intergrupal donde el otro no pinta nada. Hay una cierta forma de concebir el Estado de Derecho que apuntala nuestro miedo a que el otro me impida ser yo.

Elecciones: el otro bien

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>Editorial

Libertad para ser de todos

Fernando de Haro

Empieza la campaña electoral en España. Campaña para unas elecciones repetidas. ¿Campaña también para la comunidad católica que, por el hecho de ser comunidad, es un factor de la vida política? ¿Qué posición es la más conveniente para esta realidad “sui generis”? Desde luego la respuesta no es sencilla y seguramente buena parte debe quedar abierta.

El presidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Ricardo Blázquez, en una reciente entrevista ha asegurado que España “se encuentra en una encrucijada histórica”. Por eso es necesario mantenerse en el cauce constitucional, superar “proyectos ideologizados”. Ya en otra ocasión reciente Blázquez advertía de una descalificación mutua en el ámbito político y de una confrontación que resucita las dos o las muchas Españas. El presidente de la CEE criticaba, además, las posiciones anticlericales de los ayuntamientos en los que gobierna Podemos. Sin mencionar a la formación populista aseguraba que “no se ven aciertos en las instituciones”.

Si la hora es tan “grave”, ¿no convendría que los líderes de la comunidad cristiana y sus instituciones se pronunciaran de modo más concreto para frenar la amenaza del populismo? ¿No habría que establecer al menos unos criterios claros para orientar el “voto bueno”?

El Concilio Vaticano II y su adecuada asimilación, todavía pendiente como ha señalado el cardenal Sebastián, ayudan a hacer una distinción entre la comunidad cristiana, sujeto político en sentido amplio, los políticos cristianos y las opciones que toman los cristianos en política. A la luz del Vaticano II, de la historia española de los dos últimos siglos y de las circunstancias actuales se puede comprender la conveniencia de no sugerir un voto.

Los pastores de la Iglesia al indicar que en España falta diálogo, capacidad de superar los proyectos ideológicos o falta de valoración del otro no están haciendo escapismo político ni consagrando necesariamente una forma de dualismo que saca a la fe de la vida pública. Apuntar a las tendencias de fondo que se mueven en esta encrucijada no representa una huida de la realidad, sino ofrecer una mirada más profunda. Mirada de la que luego habrá que sacar las consecuencias contingentes en un nivel de la política más concreto que no es el propio de la comunidad cristiana entendida en su conjunto. Sin esa mirada larga no se hace una aportación decisiva.

Hay preocupación lógica por la libertad. La libertad de la Iglesia –ejercida en beneficio de todos- es, de hecho, el gran criterio político. Pero esa libertad no se ve solo limitada de forma externa, también se restringe con ciertas alianzas que se han producido a lo largo de la historia. Alianzas que han restado limitación para la catolicidad propia de su misión: ser para todos testigos de la novedad del acontecimiento cristiano. Hemos tenido experiencia en los últimos siglos y en los últimos decenios de lo mucho que se pierde con cierto tiempo de alianzas. El “occidentalismo cristiano” de la segunda postguerra mundial - resucitado por los teocon estadounidenses de la época Bush en contra del relativismo-, el “tercermundismo cristiano” de la descolonización y de los años 70, algunas formas de teología de la liberación o ciertas teologías anticasta en la India han acabado siendo todas ellas formas de teología política. Son todos abrazos del oso, llevados a cabo con muy buena voluntad en nombre de la urgencia y de las necesarias mediaciones, que pusieron y han puesto a la comunidad cristiana de una parte, haciéndole perder su libertad esencial: la posibilidad de ser con todos y para todos. Se pierde mucho más de lo que se gana con este tipo de alianzas. Sería absurdo que la defensa de las obras cristianas obligara a renunciar al derecho y el deber de catolicidad. Ni estamos en los años de la postguerra europea en la que el sur de Europa estaba amenazado por el comunismo, ni estamos en la Europa de los años 90 del pasado siglo. Quizás entonces el partido único, el voto único fueran necesarios. Han cambiado las circunstancias. Ha cambiado la conciencia que tiene la comunidad cristiana de su tarea.

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>Columna derecha

>CULTURA

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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Eva Martínez Cid de Rivera, médico de Familia SERMAS

1. El estudio no declara que no exista conflicto de intereses entre sus resultados y cualquier vinculación personal o económica con posibles beneficiados por dichos resultados, y esto ya de por sí invalida cualquier estudio científico. Es una de las primeras cribas que debe pasar cualquier estudio si se quiere publicar en cualquier revista o ser mínimamente considerado. Sobre este punto me gustaría indicar que el actual consejero de Sanidad, Fernandez Lasquetty, acudió a la presentación del estudio, lo que deja algo en entredicho la ausencia de conflicto de interés.

2. Existe un importante sesgo de selección: un sesgo es todo aquello que limita la capacidad de extrapolar resultados de ese estudio. Es decir le resta evidencia científica en cuanto a la capacidad de afirmar lo que quiere afirmar. El principal sesgo del estudio es que los hospitales no han sido seleccionados de una muestra representativa de hospitales (un estudio científico de rigor debe elegir una muestra representativa de la población total para el análisis), sino que los hospitales cuyos datos se han utilizado para el estudio (que por cierto en ningún momento revelan cuáles son) han sido incluidos en él por haberse presentado voluntariamente a una evaluación de calidad que realiza la misma empresa (el Hospitales Top 20-2011). Es evidente que por este motivo la muestra no es representativa, y que en todo momento se deberían referir a los resultados como "En los hospitales de gestión privada evaluados en nuestro informe..." ya que al no ser la muestra representativa los resultados no son extrapolables a todos los hospitales de España o de la CAM.

3. El estudio no compara propiamente hospitales de gestión pública con gestión privada, sino que la clasificación de hospitales se ha hecho según el tipo de contrato mayoritario en el personal: asumiendo que en los hospitales de Gestión Directa Administrativa (GDA) el personal es estatutario, y en Otras Formas de Gestión (OFG) el personal es laboral. Es cierto que el modelo de relación laboral marca diferencias, pero deberían explicar bien este dato cuando afirman rotundamente que están comparando dos modelos de gestión, ya que sería más correcto decir que lo que comparan son dos modelos de relación laboral.

4. Como se indica en el estudio, el grupo OFG incluye cualquiera de los hospitales con las fórmulas existentes (Fundaciones, Empresas Públicas, Concesiones, PFI, PPP) y por ello este grupo presenta una gran variabilidad entre sí, es decir, hay situaciones y datos muy diferentes entre hospitales del mismo grupo grupo. Dentro de este grupo hay organizaciones con ánimo de lucro y sin ánimo de lucro. Cuando se hace un grupo de comparación cuyos elementos son muy diferentes entre sí (variabilidad intragrupo) se está limitando mucho la validez del estudio a la hora de hacer una comparación con otro grupo, y por tanto de nuevo en este caso está limitada tanto la validez a la hora de extrapolar los resultados a todos los hospitales de gestión privada, como la validez de los datos que comparan la gestión pública con las otras formas de gestión.

El informe IASIST no demuestra nada

Eva Martínez Cid de Rivera, médico de Familia SERMAS

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Marcelo Duarte

Las empresas estatales fueron ineficaces y las privadas resulta que también. Conclusión: son ineficaces porque toda la clase dirigente no controla, levanta manos solo se accede al poder porque la política ya no busca solucionar los problemas de la gente sino solo hacer un negociado que exprime al pueblo que genera riqueza para pagarles la fiesta a ellos. A la vista está cómo la misma gente que dejó en manos de privados YPF en los 90, hoy después de casi 15 años desde 1998 votan lo contrario. Durante más de 10 años la política energética no les importó nada, es más profundizaron la privatización con los amigos del poder y Repsol pudo saquear a nuestra patria porque los vende patria que tenían que controlar y defender nuestros intereses no lo hicieron. Estos que tenían que controlar parece que son los mismos que van a tomar el timón.

Con los trenes de 11 pasó lo mismo, están mirando a otro lado. Con los subsidios para construir casas en la fundación de las abuelas de plaza de mayo están mirando a otro lado. Los jueces hacen la vista gorda al escándalo Boudu. La Valija de Venezuela y las valijas del baño de la ministra... La minería a cielo abierto, la pesca que cuela nuestro río Paraná, los radares que no existen para controlar el contrabando de droga en el norte del país favoreciendo el narcotráfico, la prostitución, la trata de blancas, el tráfico de bebés y niños, la timba y la vagancia que genera el dar recursos a gente sin educarlos en el trabajo.

Todo es cartón pintado para que la propaganda quede linda pero cuando te acercas y te pones en tema encuentras que nada es real, todo es utilería.

En este contexto, se haga lo que se haga, seguro estará mal o tendrá un coste mayor. El parlamento no piensa, solo es obsecuente. ¿Quién te defiende de un estado así? Solo un pueblo educado; en el sentido de que todos los días aumenta la conciencia de lo real, atento a todos los factores comparando las noticias y los hechos que tocamos con las manos, con las exigencias de su corazón; la de verdad, de justicia de Amor... Puede sobreponerse a esta crisis de valores donde todo parece estar bien pero si aprietas un poco las cosas no funcionan y se desmoronan. La plata no alcanza, no hay trabajo, la salud no funciona, la energía escasea y ya no podés comer el famoso asado argentino porque ya no hay tantas vacas. Para comer asado se necesita un sueldo de político.

Ya el tiempo nos va a mostrar con más claridad el verdadero trasfondo de todas las cosas que hoy percibimos en forma de confusión y nos hace dudar de todo, pero si no hacemos un juicio de los hechos ahora, en este momento, no vamos a saber si estuvimos errados o no. Así crece la democracia.

Cartón pintado

Marcelo Duarte
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Javier Ortega

No obstante lo anterior, creo que tu acertado acercamiento al problema no debería evitarnos, como dice el refrán, "coger el toro por los cuernos": la expropiación de una compañía (en particular, la de una compañía cotizada), en una economía de mercado, es injustificable como colofón a los argumentos que expones. Sencillamente injustificable. Y pone a vuestro país en el foco internacional de la inseguridad jurídica, por la que en el Cono Sur (con pocas y deshonrosas excepciones) venís trabajando (parecía que denodadamente) en los últimos años. Si vuestros políticos decidieron vender una compañía estatal que producía beneficios, habrá entonces que pedirle cuentas a esos políticos, ¿no crees? Casualmente, parece que los que entonces vendieron (y cobraron) y ahora expropian (y se muestran reacios a pagar) son casi los mismos.

Coincidirás conmigo, amigo Horacio, que la estampa de Axel Kicillof, viceministro de Economía de tan solo 30 años, antiguo dirigente de La Cámpora y carilindo patilludo de la Kirchner, dando lecciones de economía al mundo entero, resulta kafkiana; y más que favorecer la idea de que se trata de un asunto imperativo nacional, apoya la impresión de que parece tratarse de un simple negocio, o de una vendetta, o de ambas cosas al tiempo.

Acabamos asimismo de saber que el presidente Evo Morales ha decidido expropiar la filial boliviana de Red Eléctrica Española, resbalando por la misma senda por la que ya rueda el affaire YPF. Y no solo eso, sino que se ha usado en este otro caso un discurso familiar, pues se trataría también de "garantizar el suministro estratégico nacional". ¿Ves, amigo Horacio? Los extremos se tocan, y aquellos Estados en los que los políticos resultan (de hecho) más incapaces de garantizar la prosperidad del pueblo, son los que ahora se convierten en robinhoods del pueblo, en campeones de la justicia popular (y populista): expoliemos al rico, al explotador, al gallego... Siempre, faltaría más, para el bien del pueblo.

Pero verás, amigo Horacio, que el bien del pueblo no llegará, nunca llega. Por y para el pueblo, pero sin el pueblo. Quizá sirva solo como excusa para hacer negocio con los chinos, o con los americanos (del norte), o con los árabes. El pueblo seguirá empobrecido y engañado, hablando de fútbol en los bares.

La expropiación es injustificable

Javier Ortega
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Jesús Domingo

De confirmarse esta medida, habría que ver quién sería el verdaderamente penalizado, si Argentina o el sector ganadero español y de manera especial el catalán.

La ganadería intensiva española es muy dependiente de las importaciones de harinas de soja, especialmente de las de Argentina. En 2011, España importó 2,2 millones de tn de las que un 75% (1,6 mill. tn) procedían de Argentina. No se trata de una situación coyuntural sino que es la tendencia que se ha registrado en los últimos años. Entre 2003 y 2011, la media anual importada de harinas de soja fue de 3,1 millones de tn de los que el 82% procedían de Argentina.

La harina de soja se utiliza en la mayor parte de las explotaciones ganaderas, al ser un aporte básico de proteínas para los animales. España es muy deficitaria en el cultivo de la soja, por lo que debe importar grandes cantidades de este cultivo. En concreto, la soja en forma de harina se importa en un 85% desde Argentina. Creo "muy complicado" encontrar exportadores alternativos en caso de que se cumpliera la amenaza del Gobierno español de cancelar las importaciones desde Argentina.

España precisa unos 4,6 millones de tn de harina de soja para alimentar a su ganadería. 2,2 millones de tn proceden de la importación y el resto de la molturación de los 3 millones de habas de soja importadas (fundamentalmente de Brasil y EEUU).

El motivo de que se importe más harina de soja de Argentina que de otros lugares es porque resulta más barato. Si las importaciones argentinas se suspendieran, habría que buscar otros orígenes para la importación, que serían opciones más caras, que tendrían menos disponibilidad y que podrían contener posibles trazas de maíz MG no autorizado en la UE, como en el caso de que se importara de EEUU, contraviniendo el principio de tolerancia.

Importar más haba de soja tampoco sería solución por problemas en la capacidad de molturación y por la escasez de oferta en el mercado.

Por el contrario, en un mercado mundial como el actual, con poca producción de soja, Argentina no tendría grandes problemas en exportar la harina que no exporte a España a otros destinos, como el sudeste asiático.

Algunas OPAs han pedido al Gobierno "cautela y prudencia" en sus reacciones a la nacionalización del 51% de la empresa petrolífera YPF, decretada por el Gobierno de Argentina. "Los ganaderos no podemos ser las víctimas de una reacción precipitada que puede tener efectos nefastos sobre el sector primario español", han declarado desde una de estas OPA.

Han advertido de que, en caso de consumarse la supresión de importaciones, se produciría un "desabastecimiento grave" de soja y el precio de esta materia prima subiría "de forma insoportable" para los ganaderos españoles, inmersos desde hace tiempo en una grave crisis de rentabilidad por la subida de los costes de producción y el bajo precio que perciben por sus productos, problemas a los que se ha sumado este año la sequía, que genera más gasto en alimentación a los ganaderos por la carencia de pastos en el campo.

¿Quién sería el más penalizado?

Jesús Domingo
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Javier Terán

El gobierno hizo entrar a su socio, Eskenazi, sin capital; reformó el estatuto de YPF (con complicidad de Repsol) a fin de que distribuyeran dividendos inclusive iguales a las utilidades, que es lo que hicieron... ¿Cómo puedo invertir en exploración, producción, si me "como" todas las utilidades? Ni haciendo magia... Lo demás es pura demagogia. ¿No habría sido más equitativo, llegado el caso, expropiar proporcionalmente a las tenencias accionarias de todos y no solo al grupo extranjero?

Apariencias democráticas que esconden pensamientos y acciones en otro sentido.

Cuestión de apariencias

Javier Terán
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Aníbal Fornari (Santa Fe, Argentina)

Para que Repsol hiciera lo que hizo se requería un gobierno argentino cómplice, que usara del estado como propiedad privada, amparado en el mayor ingreso de divisas por comodities que, como nunca, el mercado internacional le brinda a nuestra nación. Por lo que se da la extraña coincidencia entre "modelo" económico "sojero" y clientelismo político estatista a gran escala. Además, en la polvareda de las discusiones nada aparece acerca de la creación y uso de ENARSA por los gobiernos Kirschner, la empresa estatal importadora de hidrocarburos a gran escala, en manos del Sr. De Vido. Todo esto se da en el marco de un Parlamento genuflexo y empachado de ideologismo zapaterista, donde la cuestión del desarrollo integral de la Argentina, en esta época tan favorable es el tema absolutamente ausente.

Los contratos de YPF

Aníbal Fornari (Santa Fe, Argentina)
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Nadir Rodrigo SAUD (Buenos Aires, Argentina)

Primero que los intereses son divergentes y polarizados, el Estado argentino busca el autoabastecimiento y Repsol el rendimiento del capital. Segundo, los temperamentos de ambas partes son diferentes, el Gobierno tiene una alta carga de política ideológica en todo su desempeño, de frente a criterios empresariales. Y tercero, las coyunturas en las que Repsol decidió invertir en YPF en 1992 y tomar el control en 1998, son muy diferentes a las del presente, cualquiera sea el punto de vista que se escoja (local, internacional, energético), por lo que las decisiones no serían las mismas.

Entonces, ¿qué alternativas tenían ambas partes? Repsol sabía lo expuesto, también cuando decidió girar dividendos en el último trimestre del 2011 desafiando las específicas advertencias contrarias del Gobierno. Un gobierno cualquiera, frente al desabastecimiento podría responder con políticas creativas, innovadoras, profundas,  ejerciendo la propiedad que el Estado siempre tiene sobre los recursos del subsuelo. O hasta incluso decidir tomar el control sobre YPF y/o la salida de Repsol, de manera consensuada. Pero este Gobierno, no lo haría así, porque tiene un estilo de ganar o perder, tómalo o déjalo, amigo o enemigo, de no negociar nada, por el que jamás toma decisiones en conjunto. Esto lo tenemos comprobado durante casi 9 años de gobierno. Lo sabemos todos, incluido Repsol. Por lo que para este gobierno, frente a un problema y desobediencia tales, no hay otra alternativa que la expropiación, y así lo demuestran con todas las justificaciones que están haciendo todos estos días en todos los foros.

Y, ¿qué significa políticamente para Argentina? Además que el Gobierno cuenta con mayoría simple propia en ambas cámaras, está logrando llegar a la mayoría absoluta en ambos casos, por el consenso, aunque sea con matices, que logra despertar en la fragmentada y desorientada oposición. El único partido que se opuso de manera directa es el PRO, con Mauricio Macri a la cabeza, quien enunció una serie de verdaderas razones por las que no apoyar el proyecto de ley de expropiación. Con las cuales no ha entusiasmado a nadie. No ha logrado, hasta el momento emerger como un referente claro, y vaya si esta es una ocasión. Yo creo que si comunicara al pueblo dos razones, con energía, de manera contundente y conceptual, por ejemplo: "la expropiación es la alternativa que nos sale más caro", o bien "la intervención a YPF es la prueba de 9 años de inexistencia de políticas energéticas", o bien "puesto que el Estado es de todos, el bienestar no se alcanza con medidas unilaterales", tendría que lograr posicionarse. Pero parece que no tiene ángel. Mientras que el gobierno abruma.

Si proyectamos esta situación a las elecciones presidenciales del 2015, parece que nuevamente el kirchnerismo con cualquier candidato, incluido una hipotética habilitación constitucional a la reelección de Cristina, no tendrá contra. Así nos pregunto, foristas argentinos de Páginas Digital: ¿cómo contribuimos a que emerja una referencia opositora que refleje el sentimiento de felicidad de un pueblo, una alternativa de porte, políticamente eficaz? ¿Cuántos años necesitamos con un estilo, al menos incómodo, como el actual para madurar otro sujeto en política?

Tres matices

Nadir Rodrigo SAUD (Buenos Aires, Argentina)
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Angel Satué

Como jurista, lo primero que necesitaría hacer para opinar (en Derecho) sería poder leer los términos de la adquisición de YPF por Repsol, así como todo tipo de acuerdos societarios y contractuales existentes. A falta de esto, cualquier juicio jurídico debe reconducirse de modo automático a los principios generales del derecho que rigen en las relaciones entre estados e inversiones extranjeros.

De entre estos principios, el de la seguridad jurídica es tal vez el más fundamental de todos. Consiste en que todo inversor extranjero tenga la expectativa y confianza legítima de que unas normas, regulaciones o actos no variarán atendiendo a razones arbitrarias o discriminatorias, ni contra los procedimientos establecidos a tal fin, que además no podrán ser modificados ad hoc. Se trata de movernos en la predictibilidad de las consecuencias jurídicas de los actos administrativos.

Si un inversor es tratado claramente, a ojos de la opinión pública nacional e internacional, de manera desigual a otros inversores, la seguridad jurídica del país quiebra en proporción inversa al aumento del riesgo-país. Apostar por la seguridad jurídica no es apostar por la imposibilidad de actuar por parte de un gobierno. Nada más lejos. En primer lugar, porque este puede (y debe) regular una materia siempre que nuevos hechos imprevisibles e inexistentes en un momento anterior aparezcan. En segundo lugar, porque si un país es percibido como estable y de fiar, atraerá inversión y capital, imprescindible para elevar el nivel tecnológico de un país, y por tanto, la única manera, en el largo plazo, de generar bienestar en una sociedad que se diga abierta, progresista y preocupada por el desarrollo social y económico. Esto es, sin duda, dar todas las opciones a un gobierno para actuar. Lo opuesto es un gobierno de pensamiento débil y mano dura, y lengua vivaracha.

En la nueva sociedad global donde efectivamente rigen los intereses nacionales de siempre, sin embargo, cada vez más, surgen sinergias, complementariedades y reforzamientos no ya entre Estados, sino entre estos y otros actores de la sociedad civil que a escala global son verdaderamente importantes. Si estas relaciones se dan entre sujetos que comparten hondos valores comunes, como los que unen a la Argentina y a España, y al resto de naciones occidentales y latinoamericanas, no puede sino ser bueno para todos acrecentarlas.

Quid prodest?

Angel Satué
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Rafael de Juan

A mí personalmente me interesa conocer la verdad en este asunto y sobrepasar, en la medida de lo posible, los esquemas ideológicos que, por otra parte, todos tenemos aunque no lo creamos. Y sé también que este también es el objetivo de los que escriben en Páginas Digital. Y la explicación de Eduardo Sánchez sinceramente no me parece ni suficiente ni convincente, y me gustaría conocer con mayor detalle el porqué de estas justificaciones. No obstante, puedo extraer de la carta de Eduardo, así como de otras explicaciones que hemos oído de gobernantes argentinos, una justificación común para este caso que se resumiría en la obligación de cualquier inversor extranjero de alienar su actividad con los intereses del país en donde realiza la inversión.

Esto a los españoles (ni a ningún otro país que haya tenido inversores extranjeros) no nos resulta ajeno. Por poner un ejemplo, a finales del siglo XIX muchas compañías mineras vinieron a "explotar" nuestros recursos mineros, generaron ingentes beneficios y poco repercutió al Estado de entonces. Pero este saqueo de nuestros recursos mineros también propició la creación de escuelas para los hijos de los mineros, construcción de carreteras y el aguzamiento del ingenio de nuestros gobernantes de entonces para aprobar leyes que regulasen de forma más equitativa esta actividad, instaurar un sistema fiscal más eficiente, etc. Ellos sacaron mucho dinero de nuestros recursos pero creo que supimos aprovechar lo aprovechable de esa situación. Todavía hay inversores extranjeros en España, y creo que desde el punto de vista empresarial nos seguimos aprovechando de ello, y aprendemos a trabajar mejor y a crecer como país, además de beneficiarnos de los impuestos que pagan en España y de los puestos de trabajo que crean. No sé si los argentinos están dispuestos a aprender algo de los inversores extranjeros, o tienen una mínima apertura a ello. Y ello pese a que, insisto, pueda conllevar un sacrificio pensar que los beneficios que obtiene una empresa extranjera los podría haber obtenido el país mismo, aunque muchas veces esto sea ideológico.

Más allá de los esquemas ideológicos

Rafael de Juan

El bienestar de la sociedad argentina

Julio V. Alfonzo (Caracas, Venezuela)
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Estimado director:

Recibo por mail con mucho gusto su diario de "Información" como ustedes describen al mismo. Pero es mi obligación manifestar mi disconformidad con la nota sobre la expropiación de YPF, firmada por Medina.

Afirmaciones como "la ficción de la vida económica argentina", la ideología nacionalista..., falta de política económica, gran parte del progreso se debe a, etc, etc, no hacen más que confirmar que las anteojeras ideológicas de quien redacta le impiden ver bien la realidad, enmarañado en su propio análisis ideológico y de quien cita, que no hace más que aportar una visión parcial y devaluada de los "argentinos". Además de que discutir de "peronismo" en Argentina es un terreno escabroso.

Hay en Argentina mucha mala información y que todos repiten sistemáticamente y mal intencionada, lo cual hace más daño que el que menciona la nota. La misma Unión Europea ha salido a desmentir por nota de su embajador sobre informaciones que Clarín le atribuye a la misma UE, de injerencia en un tema que no le compete.

Otros sectores del espectro político español han salido a decir que España no es sinónimo de Repsol y que el mismo gobierno utiliza este caso para tapar la viga de su ojo, de su propia crisis e incapacidad de resolverla.

Sin entrar en detalles técnicos y la profundidad del problema, de lo cual hay muy buena información dada por especialistas, digo solo algunos elementos a tener en cuenta. El tema YPF responde a una falta de inversión por parte de la empresa y a una especulación con el precio del barril hacia la misma Argentina, por tanto contrario a los legítimos intereses de Argentina, solo con informarse bien es suficiente para darse cuenta de esto y sumado a la necesidad de Argentina de incrementar su producción de energía por su crecimiento sostenido en estos años. Desde el año 2001 se inició en Argentina un proceso de re-industralización del país postergado hace décadas, una reactivación del consumo interno, un incremento del acceso a la educación de muchos sectores pobres, un re-direccionamiento de la educación en función del sistema productivo del país entre muchas otras cosas positivas, por ejemplo la esperanza del pueblo, centrar el análisis en errores políticos solamente conlleva al error que cometen todos, incluso nuestros propios políticos.

¿Qué valoración para la expropiación de YPF? Los lectores opinan

Andalucía merece un cambio de aire sano

José González Ramírez

Reforma laboral

Enrique Chuvieco Salinero

Una falsa primavera

María Muñoz

Tendencioso y demagógico

Santiago Jiménez Delgado

Los funcionarios

Jorge Hernández Mollar

Plus ultra

A.F.

De dioses y hombres

Josefa Romo Garlito

Impotencia de género

José Morales Martín

¿Es Zapatero valiente?

José L. Linares

A pesar de todo...

Pilar Mariscal

Una aclaración

Joaquín Aráuz, secretario general de Fed. Enseñanza USO-Andalucía

El concepto de ser humano según Aído

Jesús Domingo Martínez

Dios, Hawking y Collins

Lucía Rivera

La Última Cima

Josefa Romo Garlito

Huelga de funcionarios

Gregorio Silanes Susaeta

La sinrazón con Garzón

Vicente Franco

De todo esto, ¿qué dice Garzón?

Pedro J. Piqueras Ibáñez

¿Habrá verdadero pacto?

José Morales Martín

En agradecimiento a D. Miguel Delibes

Jesús Domingo Martínez

¿Es justa la vida?

Algunos estudiantes del Liceo Gimnasio Alessandro Volta de Bogotá

A propósito de Haití

Alberto Fernández

La fe de Susan Boyle

Eva N. Ferraz

Copenhague depende de todos

Jaume Catalán Díaz

Otra vez la laicidad mal entendida

José Morales Martín

Como en las catacumbas

Arturo Ortega

"Tenía razón"

Jesús D Mez Madrid

Aborto: prohibir o educar

Ángel Moraleda

"Un gran honor"

Enric Barrull Casals

Sobre los muros

Brígida Pirolo

France Telecom

Franco Chianale

Argumentario pro-aborto agotado

Juan Salazar Romero

En cualquier caso insólito

José Morales Martín

Autoridad en las aulas

Jesús Domingo Martínez

Apostar por la vida

Elena Baeza

Zapatero y la píldora

Isabel Planas

Educación y educadores

Jesús Tanco Lerga

Sobre el espejismo de la disciplina

José Joaquín Garralda

A modo de respuesta

Enric Barrull Casals

Sobre el fallecimiento de Rayan

Luis Martín Cólliga

Caso Savater

Luis Miguel Brugarolas

Honduras

José F. Guijarro

El filo de la navaja

Mª Luisa Ruiz

Por fin alguien mostró valentía

Jaume Catalán Díaz

Con motivo del "cara a cara"

Jesús Martínez Madrid

Reprobar a Benedicto XVI

Pilar Prados de la Plaza

La propuesta de diálogo

Valentín Abelenda Carrillo

Pío Moa en italiano

Elena Rossato

¿Sabe lo que dice?

Ana Carmen Trujillano

Las rupturas familiares

Valentín Abelenda Carrillo

Es una gallina

José Morales Martín

¿Por qué han ido a Madrid?

Domingo Martínez Madrid

Espíritu de abstracción

Pepita Taboada Jaén

La Iglesia frente al Sida

Keka Lorenzo de Astorga

Maltrato, aborto y suicidio

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La pasión de la crisis

Nieves Jiménez

¿Quiénes odian la Cruz?

Nieves Jiménez

Un humanitario gesto

Alberto López Palanco

Respeto a la dignidad humana

Cristina Huete Cara

Crisis moral

José María Pérez

El dolor del feto humano

José Ignacio Moreno Iturralde

¿Hacia dónde nos dirigimos?

Ana María Ros Domínguez

Felicitación al alcalde De Zaragoza

Keka Lorenzo de Astorga

Ahora cualquiera puede ser ministro

Mª Luisa García Ocaña

¿Destruir la familia o negarla?

Valentín Abelenda Carrillo

No quiero perder mi empleo

Nieves Jiménez

Células madre, Obama y la Iglesia

Jesús Domingo Martínez

A Mariano Rajoy

María Fernández Vicente

Dos visiones de la vida embrionaria

Domingo Martínez Madrid

El coste de un alumno de la concertada

Jesús Domingo Martínez

Aborto y relativismo

Enric Barrull Casals

Una política para la maternidad

Pilar Pérez Rodríguez

El aborto, un agujero negro

Margarita Fraga Iribarne

Dos aspectos sobre la ley de plazos

José Morales Martín

El agua y la sal

Ángel Caldas

Socialismo y aborto

José Ignacio Moreno Iturralde

Las monjas de Eluana

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Preparando el aborto libre

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El Dios de Darwin

Lisa Justiniano

Un duro golpe a la eutanasia

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