Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
29 JULIO 2017
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Venezuela. De la esperanza al escepticismo

Aliosha Miranda

El pasado 16 de julio se dio en Venezuela uno de los actos más grandes de democracia de toda su historia. 14 días después, el 30 de julio, se llevará a cabo uno de los actos más bochornosos y totalitaristas de toda su historia.

Así están las cosas en este país, en cuestión de dos semanas hemos visto muestras elevadas de democracia, que evidencian el deseo de paz y de libertad de un pueblo, vimos la alegría y el entusiasmo de un pueblo que dejaba claro que puede expresarse en paz y que desea una salida no violenta para la crisis que se está viviendo, vimos cómo la esperanza reinaba en los corazones de la gente aquel día. Pero también hemos visto a un régimen que sigue reprimiendo y asesinando, hemos visto que nuestros gobernantes reciben sanciones internacionales en las que pierden cientos de millones de dólares que, evidentemente, le han robado al pueblo. Hemos visto cómo, muy rápidamente, a medida que se acerca la elección de la asamblea nacional constituyente, la esperanza se ha convertido en escepticismo, pareciera que el 30 de julio es el día Juicio, que como no se pudo evitar esta elección ya no hay nada que hacer, que todo está perdido.

En dos semanas el ambiente ha pasado de la esperanza al escepticismo.

Pero hay razones para ello.

La semana pasada, luego del 16 de julio, luego de esa clamorosa expresión de libertad y democracia, la oposición, a través del poder legislativo, procedió a nombrar un nuevo poder judicial, lo que pasó luego de esto fue que varios de los magistrados de este nuevo poder judicial fueron arrestados por la dictadura; el régimen, a pesar de todo, no cambió su tónica de intransigencia y represión, no le importó privar su libertad a unos magistrados designados por una Asamblea Nacional legítimamente elegida; por si fuera poco, hubo detenciones arbitrarias, allanamientos, el alcalde de Lechería (opositor) fue destituido por la dictadura y no hubo ningún indicio de diálogo o negociación entre el gobierno y la oposición.

El inicio de esta semana estuvo marcado por la convocatoria de un paro cívico por la oposición. Ante la posición del gobierno, el miércoles y el jueves de esta semana la oposición convocó un paro cívico, es decir, durante esos días la oposición propuso no salir, no trabajar, no abrir negocios, no hacer nada, quedarnos todos en nuestras casas en señal de protesta. Sí, porque Venezuela sigue protestando, porque Venezuela está peor que cuando comenzaron las protestas.

Venezuela. De la esperanza al escepticismo

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>Entrevista a Mikel Azurmendi

'Nadie trabaja por que los presos de ETA se replanteen la vida'

Fernando de Haro

Se habla muchas veces de la batalla que se está produciendo actualmente en el País Vasco, la batalla del relato, de lo que sucedió durante los largos y duros años en los que ETA mató. Ahí está el best-seller de Patria, la novela Ojos que no ven de Ángel González Sainz, y ahora se suma un trabajo que se titula precisamente así, El relato vasco, de Mikel Azurmendi. Hablamos con él.

En este libro usted recoge a escritores, cineastas, intelectuales que en los años duros digamos que hacían un relato alternativo al relato oficial sobre ETA. ¿Por qué recuperar en este momento a esta gente, como Cristina Cuesta, Fernando Aramburu, Aurelio Arteta, José María Calleja, que en los años difíciles querían construir un relato alternativo?

Ellos no querían construir un relato alternativo. Ellos lo que querían es mostrar lo que aquí pasaba, analizarlo, sistematizarlo y darnos razones, fundamentalmente darnos razones para combatir el nacionalismo obligatorio, para combatir el terrorismo. Ahora lo podemos llamar relatos pero eran actas casi notariales de lo que pasaba. Empezar a decir ahora e inventar cada cual según su memoria, pues oye… Aquí se ha hablado mucho de lo que pasaba año tras año, ha habido gente fundamental, escritores, algunos cineastas, incluso algún cantor, que han estado diciéndonos lo que pasaba y nos han animado, nos han incentivado, nos han clarificado la mente para que saliéramos en tromba. Lo de Miguel Ángel Blanco no habría sido posible si no hubiera habido un montón de gente que ya veía claro y que condenaba todo lo que estaba sucediendo, la pasividad y demás. Traerlos hoy, si se va a buscar alguna vez un consenso, vamos a pasar y repasar todo lo que ha sido escrito de lo que estaba sucediendo.

¿Hay una pretensión de imponer una visión políticamente correcto de lo sucedido en los años de ETA de tal modo y manera que haya una victoria última del terrorismo en la narración?

Yo no diría una victoria última, pero sí un empate. El empate es decir que ellos por supuesto hicieron mucho daño, y ahí queda, sin especificar cuál, como si el daño fuera “solo” haber matado a más de ochocientas personas, haber dejado sin brazos, sin piernas, a varios miles, etcétera. El relato que ellos buscan no es solo decir que han causado un daño sino que el Estado también hizo daño a la sociedad, con los casos Lasa y Zabala, por ejemplo, con que ahora no quiere atraer los presos hacia acá, como si eso fuera contra los derechos. Es decir, tratan de buscar una especie de empate en el que ni unos ni otros sino que todos tendríamos bastante culpa, todos habríamos hecho algo malo. Es una versión de la equidistancia, todos hemos cometidos errores, por tanto pelillos a la mar y empecemos de nuevo la nueva historia; la nueva historia empieza ahora. Eso es lo que trata de hacer el gobierno vasco, las instituciones están ahí.

>Entrevista a Mikel Azurmendi

'Nadie trabaja por que los presos de ETA se replanteen la vida'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 4  6 votos

¿Qué (nos) pasa con el islam?

Miriam Díez Bosch

Samir Khalil Samir es un experto en islam. El periodista Fernando de Haro le ha entrevistado en un libro-entrevista editado por Encuentro. Ambos ahondan en el islam del siglo XXI, y advierten que el islam es plural y está demasiado estereotipado. “No podemos seguir viendo al otro como algo negativo. No es serio que sigamos así”, nos responde.

¿Qué pasa con el islam?

Pasan muchas cosas. ¿Qué nos pasa a nosotros con el islam? ¿Y qué le pasa al islam? Podríamos empezar por ahí. A nosotros nos sobra ignorancia y nos sobran interpretaciones ideológicas sobre el islam, nos sobran leyendas rosas y leyendas negras.

Creemos que el mundo del islam es un mundo compacto y uniforme, cuando es un mundo muy complejo.

De hecho habría que hablar de muchas formas de islam: del islam del pueblo, realmente religioso; del que ha sido instrumentalizado por proyectos políticos y de poder, o sea del islamismo; del chiismo; del sunismo, de las corrientes wahabitas dentro del chiismo que se extiende por el mundo gracias al dinero de Arabia Saudí, de corrientes que rechazan la crítica textual del Corán y que suelen ser poco claras con la cuestión de la violencia; del sunismo de Al Azhar, la gran mezquita del Cairo, que se abre a la libertad religiosa y al concepto de ciudadanía; del sunismo reformista que distingue comunidad religiosa y política; del islam europeo que se enfrenta con los retos de la modernidad…

Estamos hablando de un universo lleno de galaxias muy diferentes entre sí. Y a menudo nos pasa que reducimos esa gran complejidad a cuatro eslóganes o a una interpretación simplista.

Dentro del universo islámico se está viviendo una época de turbulencias muy semejante a la que se vivió en Europa en la I Guerra Mundial. Turbulencias culturales, religiosas, geoestratégicas.

El islam se encuentra ante el reto que la globalización plantea a cualquier forma de pertenencia. En muchos sitios las antiguas identidades están sufriendo una crisis severa. Los padres han perdido la capacidad de transferir sus creencias a los hijos y aparecen “identidades de sustitución”.

Los estamos viendo en Europa con los yihadistas que atentan. Ya no pertenecían a la comunidad islámica, se dedicaban a la droga y a internet. Y el Estado Islámico, que ni es Estado ni es Islámico, les ha ofrecido una identidad nueva, violenta, nihilista que toma como pretexto algunos pasajes del Corán. El islam se encuentra con el reto de hacer frente a esta forma de nihilismo que dice actuar en su nombre.

También hay intereses menos identitarios y más territoriales.

Sí, el reto tiene mucho que ver con las disputas territoriales. Arabia Saudí y los países del Golfo, patrocinadores del wahabismo suní, están luchando por una hegemonía en Oriente Próximo ante el temor de que Irán y la minoría chiita gane terreno. Sin esta clave no se entiende la fuerza del Daesh. Tampoco se entiende sin las equivocaciones de Occidente que sigue pensando en clave de choque de civilizaciones, que firma contratos millonarios con Riad y que da por adquiridos los presupuestos antropológicos necesarios para desarrollar una democracia como la nuestra.

¿Qué (nos) pasa con el islam?

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La verdadera victoria es la fe

José Luis Restán

El pasado martes algunos jóvenes cristianos iraquíes auparon sobre sus hombros al cardenal de Lyon, Philippe Barbarin, para que colocase una pequeña imagen de Nuestra Señora de Fourvière en un muro de la antigua catedral de Mosul. La ciudad había sido definitivamente liberada del Daesh hacía pocos días y la férrea seguridad en torno al gesto da idea de la precariedad que todavía domina la vida cotidiana. Pero el arzobispo de Lyon no ha querido esperar para cumplir la promesa realizada tres años atrás, cuando aseguró a los cristianos refugiados en Erbil que una vez liberada Mosul volvería trayendo la imagen de la patrona de la sede primada de las Galias.

La prontitud del cardenal francés para acudir no es una cuestión secundaria, porque hace saber y sentir a los cristianos de Iraq, en este momento trepidante en el que deciden la grave cuestión de la vuelta a sus tierras, que la Iglesia universal sufre y se alegra con ellos, y que no les deja solos. He contemplado las imágenes del cardenal recorriendo las calles de Qaraqosh y Mosul en medio de los aplausos y las lágrimas de los cristianos, muchos de ellos recién llegados. Antes de entrar en la iglesia de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, en Qaraqosh, para celebrar la eucaristía, Barbarin se ha postrado en tierra junto a los obispos iraquíes y juntos han besado el suelo que da acceso al templo, un gesto que evoca el dolor provocado por la destrucción (no sólo material) que ha llevado a cabo el Daesh, con especial saña donde se encontraban los signos de la presencia cristiana.

Algunos han titulado hermosamente que “la Virgen vuelve a reinar en Mosul”. Dios lo quiera, aunque hay que entender bien ese reinado. Sin olvidar que de momento la ciudad es caótica e insegura, que muchos cristianos sienten miedo y comprensible incertidumbre, y que el panorama político-institucional es inquietante, con las maniobras de kurdos y chiíes para controlar el terreno y con las discordias que ya asoman entre algunos grupos cristianos sobre la mejor fórmula para asegurar su presencia en el futuro.

Las imágenes de estos días están llenas de esperanza y yo no puedo ni quiero sustraerme a la alegría, por ejemplo al contemplar repleta la nave de la iglesia de la Inmaculada en Qaraqosh, cuyos muros siguen ennegrecidos pero en los que vuelve a levantarse el Cuerpo del Señor. Estas imágenes nos hablan de una realidad que afecta a la Iglesia en todo tiempo y lugar. La Iglesia está siempre rompiéndose y reconstruyéndose, como dice Eliot en Los Coros de la Roca. Siempre está mordiendo el polvo y experimentando una regeneración que viene de lo Alto. Es importante observar esta dinámica de destrucción-reconstrucción que nuestros hermanos de Iraq contemplan ahora entre llantos y sonrisas, porque esta dinámica nos afecta a todos, a cada fiel cristiano y a cada una de sus comunidades.

La verdadera victoria es la fe

José Luis Restán | 0 comentarios valoración: 4  16 votos

Borghesi: "Las lágrimas de Scalfari valen más que 30 tratados de teología". El periodista responde

Paolo Vites

Toma y daca entre el filósofo Massimo Borghesi y el fundador del diario La Repubblica, Eugenio Scalfari. Un toma y daca de alto nivel, como solo las mentes libres y abiertas al diálogo pueden hacer. Hace unos días Borghesi publicó un artículo en La Stampa donde analizaba el nuevo encuentro-entrevista entre el Papa Francisco y el periodista, que como ya sucedió en ocasiones anteriores parecidas, había suscitado cierto malestar en algunos ámbitos católicos. Borghesi subrayó la sorprendente amistad que une a dos personas aparentemente tan distintas, un hombre de izquierda y un pontífice. A Borghesi le había llamado la atención la conmoción de Scalfari delante de Francisco: “Sus lágrimas valen más que 30 tratados de teología”.

De modo que Scalfari respondió a Borghesi con un largo artículo en La Repubblica, titulado “Mi amistad con Francisco, la conciencia del yo y las falsas preocupaciones del alma”. En su escrito, el exdirector de La Repubblica reconoce la apertura del filósofo, citando la última parte de su artículo, donde Borghesi dice que esta amistad entre ambos es “un reconocimiento peligrosos. Tanto a los ojos de los laicos integristas como de los antipapa más firmes, así como de laicos ‘ortodoxos’ y de la ideología. (…) Más allá de estas oposiciones, aliadas en su lucha, se sitúa el espacio del encuentro entre un pontífice y un intelectual laico a quien le preocupa, a pesar de todo, el misterio de la vida”.

Scalfari afirma no sentirse “preocupado” pero reconoce que desde hace tiempo “la vida de nuestra especie, a diferencia de los demás seres vivientes vegetales o animales, está dominada por la existencia del yo. Nosotros somos y estamos dominados por la conciencia de nuestro yo, que se duplica: el yo que actúa y vive, y el yo que lo guía desde fuera y lo juzga. El yo humano es doble, en el sentido de que mientras vive, habla, lucha, se resigna, está alegre, insatisfecho, desesperado, triste, ama, odia, tiene valor, tiene miedo, y entretanto se mira desde fuera y se juzga. A menudo este juicio es negativo y no siempre pero muchas veces es justo, sin embargo en el trasfondo de cada uno de nosotros está este verse desde fuera mientras se actúa y se vive”.

Scalfari recuerda que hace veinte años escribió un libro titulado “Encuentro con Yo”, donde el protagonista es Odiseo, “el héroe moderno que suplanta conscientemente al yo (…) Soy consciente de que toda nuestra actividad, desde la más banal a la más significativa, está dominada por el yo aunque no siempre lo sepamos ni nos demos cuenta. Normalmente, las multitudes ni siquiera saben que el problema del yo existe. Siguen sus instintos, sus pulsiones, su timidez, su miedo o su coraje y su audacia, pero esto ya lo he dicho, lo que más escapa de ellos es la profunda diversidad de las variadas formas de la naturaleza humana”, añade.

Borghesi: "Las lágrimas de Scalfari valen más que 30 tratados de teología". El periodista responde

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Un sorprendente ecumenismo

Antonio Spadaro y Marcelo Figueroa

In God We Trust. Esta frase aparece impresa en los billetes de Estados Unidos de América y es también el lema nacional. Apareció por primera vez en una moneda en 1864, pero no se hizo oficial hasta la aprobación de una resolución conjunta del Congreso en 1956. Significa: «En Dios confiamos». Un lema importante para una nación que cuenta en sus raíces fundacionales con motivaciones de carácter religioso. Para muchos se trata de una simple declaración de fe, para otros es la síntesis de una problemática fusión entre religión y Estado, fe y política, valores religiosos y economía.

Religión, maniqueísmo político y culto al apocalipsis

Especialmente en ciertos gobiernos de los USA en las últimas décadas, se ha notado el papel cada vez más incisivo de la religión en los procesos electorales y en las decisiones del gobierno. Un papel también en el orden moral a la hora de identificar lo que está bien y lo que está mal.

A veces esta compenetración entre política, moral y religión ha adoptado un lenguaje maniqueo que subdivide la realidad entre el Bien absoluto y el Mal absoluto. De hecho, después de que Bush hablara en su momento de un “eje del mal” al que hacer frente y reclamara la responsabilidad de “liberar al mundo del mal” tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, ahora el presidente Trump orienta su lucha contra una entidad colectiva genéricamente amplia, la de los “malos” o incluso “muy malos”. En ocasiones el tono utilizado en ciertas campañas por parte de sus defensores asume connotaciones que podrían llamarse “épicas”.

Estas actitudes se basan en principios fundamentalistas cristiano-evangélicos de principios del siglo pasado que se han ido radicalizando poco a poco. De hecho, se ha pasado de un rechazo a todo lo que es “mundano”, tal como se consideraba la política, a la persecución de una influencia fuerte y determinante por parte de esa moral religiosa en los procesos democráticos y sus resultados.

El término “fundamentalismo evangélico” que hoy se puede asociar a la “derecha evangélica” o “teo-conservadurismo” tiene sus orígenes en los años 1910-15. En aquella época, un millonario del sur de California, Lyman Stewart, publicó doce volúmenes titulados Fundamentals. El autor trataba de responder a la “amenaza” de las ideas modernistas de la época, mostrando el pensamiento de los autores en los que valoraba un apoyo doctrinal. De este modo ejemplificaba la fe evangélica en sus aspectos morales, sociales, colectivos e individuales. Contó entre sus admiradores con varios líderes políticos e incluso dos presidentes recientes, como Ronald Reagan y George W. Bush.

El pensamiento de los colectivos sociales religiosos inspirados en autores como Stewart considera a Estados Unidos como una nación bendecida por Dios, y no duda en basar el crecimiento económico del país en una adhesión literal a la Biblia. Con el paso de los años también se ha alimentado de la estigmatización de sus enemigos, que han sido progresivamente digamos “demonizados”.

Un sorprendente ecumenismo

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El canto de amor que dio a conocer a Eliot

Silvia Ballabio

Hace cien años, la revista Poetry publicaba “La canción de amor de J. Alfred Prufrock”, escrita por Thomas Stearns Eliot a los 22 años, gracias a la mediación de Ezra Pound, el mentor de Eliot o su mejor artesano, como el propio Eliot definió a Pound. A esta publicación le siguió un folleto, “Prufrock y otras observaciones” en 1917, y a partir de ahí ya es historia conocida.

El nacimiento de ese astro de la poesía moderna llamado Thomas Stearns Eliot tuvo lugar con aquel poema de 140 versos, reelaborado y revisado como siempre hacía Eliot, y como siempre hecho de fragmentos: suyos, de la Biblia, de Hesíodo, de Shakespeare, Chaucer, Marvell, versos libres por donde desfilan el famoso “paciente eterizado en una mesa”, Miguel Ángel y el menos conocido “yo”, formulado en boca de otros hasta convertirse en un insecto “espetado a la pared”.

Pero más allá del Panteón de la gloria inmortal, el canto de amor menos lírico y romántico de la poesía inglesa, ¿ha sobrevivido a la evolución de la sensibilidad? Retrato de un alma o tumba de su desesperación, este poema está cargado de preguntas planteadas todas en primera persona, como laberintos donde cada ocasión es “tiempo para cien visiones y revisiones / antes del té con tostadas”. No hay espacio para la “pregunta abrumadora” que solo Hamlet osó pronunciar, “To be, or not to be, that is the question”, que en Prufrock se limita a un “¿Me animo, si pudiera / a perturbar el universo?”. Que al final se queda en “¿Me animaré a comer / una papaya?”. Una imparable y precipitada caída.

Aparte de sus quejumbrosas preguntas, la voz casi petulante de Prufrock se desvela en su gesto de decir quién no es él. No es Hamlet, como mucho es un “bufón”. No es Juan el Bautista, y a nadie le importa su cabeza “traída en una fuente”. Tampoco es Lázaro, “vuelto entre los muertos, [para] contarles todo”, ese pobre que vuelve de los cielos para advertir a los que pierden su vida en la tierra. Ni Ulises, puesto que no cree que las sirenas, ni siquiera en sus oídos, “vayan a cantar para mí”. En el océano del ser (o del no ser) no viajamos, ni descubrimos, ni exploramos; “nos ahogamos” en el eterno presente de un mundo donde el tiempo es siempre y solo futuro o una ocasión perdida.

Las palabras de Prufrock han seguido el camino del vino que se deja envejecer, prácticamente imposible de beber el día que se embotella (fue durísimo el comentario anónimo publicado en 1917 en la revista The Times Literary Supplement, afirmando que esas “observaciones no tienen relación alguna con la poesía”) pero que adquiere valor con el paso del tiempo. Las eruditas menciones a la Biblia, Shakespeare, Marwell, Hesíodo o Chaucer sirven de catapulta a sentimientos y sensaciones de miedo, soledad, alienación, frustración e impotencia, que el siglo XX transformó, pasando a ser de sentimientos rechazados por el hombre a la experiencia más común: signo de la disolución del yo. También y sobre todo en la poesía. También y sobre todo en nuestros días.

El canto de amor que dio a conocer a Eliot

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Los granos de Mahoma

Wael Farouq

Los orígenes del café se remontan a Etiopía y Yemen, desde donde llegó a Egipto con los estudiantes yemeníes de Al-Azhar, y a la península arábiga con los peregrinos que se dirigían a La Meca, para arribar luego a Levante y Turquía. Desde la Turquía otomana, los mercaderes venecianos lo llevaron hasta Italia, de allí a Inglaterra y Francia, hasta el Nuevo Mundo.

Este movimiento geográfico dio inicio con un paso históricamente muy interesante, sobre todo desde el punto de vista de la historia religiosa. De hecho, el café partió para su viaje de los graneros de los sufitas del Yemen y de los de los monjes cristianos de Etiopía, para los que era una bebida mágica energizante que ayudaba a prolongar las oraciones nocturnas. Por tanto, el café nació en primer lugar como una bebida espiritual, capaz de incrementar las capacidades del cuerpo para responder a las exigencias del espíritu.

Unas décadas después, esta bebida se difundió por La Meca, El Cairo, Damasco y Estambul. Paralelamente, también se extendió un nuevo fenómeno social, es decir, las cafeterías (o cafés), casas reservadas para el consumo de esta bebida, donde la gente se juntaba para escuchar canciones y relatos, asistir al teatro popular, jugar al ajedrez y discutir sobre política y sobre la vida. El café creó un nuevo espacio público fuera del control de las autoridades tradicionales, en primer lugar de la religiosa. Así fue como empezó también la historia de la persecución del café.

Primero, los expertos en derecho islámico afirmaron que el café embriagaba (“café” es una antigua palabra árabe que significa “bebida alcohólica”), pero cuando quedó claro que no era así empezaron a decir que todo aquello que provocaba algún efecto mental, positivo o negativo, estaba prohibido. A principios del siglo XVI, el jeque Abdel Haqq Al-Sanbaty emprendió en El Cairo una violenta campaña contra los bebedores de café. Se decía que estos, en el día de la resurrección, tendrían el rostro negro como sus posos. Esto hizo que los integristas y la gente común empezaran a atacar las cafeterías, donde se produjeron episodios de violencia que condujeron a la caída del primer mártir del café.

Campañas del mismo tipo se repitieron en La Meca, donde los ulemas de la ciudad, convocados por el gobernante Khayr Bey, no prohibieron el café pero declararon que “las reuniones de gente en torno a esta bebida estaba prohibido por la sharía”. Al-Ghuri, sultán de Egipto y del Hijaz, decretó en cambio su prohibición, por ser “portador de corrupción moral”. Lo mismo hizo el sultán otomano Suleiman Al-Qanuni, quien aprobó un edicto en 1546 que vetaba el café y las cafeterías en todo el imperio.

La “bebida del espíritu” tampoco se salvó de la demonización en el mundo cristiano. En el siglo XVII hubo un debate público sobre esta “nueva bebida oriental” que hacía a los ingleses maleables ante los encantos de los turcos –esto es, del islam– para alejarse del cristianismo. Se extendió la convicción de que el café formaba parte de una conjura turca para destruir el cristianismo, lo que llevó al arzobispo de Canterbury William Laud a enviar a la Cámara de los Comunes una nota donde pedía una ley que prohibiera los “granos de Mahoma”, y en 1637 se emitió un edicto en este sentido.

Los granos de Mahoma

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Hölderlin. El dolor no frena a la poesía

Francesco Roat

Las obras de Johann Christian Friedrich Hölderlin (1770-1843) se escribieron a caballo entre los siglos XVIII y XIX, pero su producción poética –a excepción de la juvenil, marcada aún por el clasicismo (oda pindárica) y por modelos consolidados (Klopstock, Stolberg)– sigue siendo considerada de manera unánime como precursora de instancias, inquietudes y formas estilísticas mucho más modernas y casi propias del siglo XX.

No en vano y de manera provocadora, Friederike Mayröcker ha querido abrir una antología de la lírica alemana del siglo XX precisamente volviendo a proponer la lírica hölderliniana, de verso libre, de 1805: Hälfte des Lebens ("Mitad de la vida"), un texto sin duda extremadamente innovador, con una acertada y actual intensidad figurativa, metafórica y alusiva. “Con peras amarillas / y llena de silvestres rosas / pende la tierra sobre el lago. / Vosotros, bellos cisnes, sumergís, / ebrios de besos, la cabeza, / en aguas de sagrada sobriedad. // ¡Ay de mí! ¿Dónde cogeré las flores / cuando sea invierno, y dónde / el relumbre del sol / y la sombra en la tierra? / Los muros se levantan / fríos y sin palabras, y en el viento / las veletas chirrían”.

A propósito de la actualidad de una poesía tan adelantada a su tiempo, Luigi Reitani, en la introducción a su traducción de estos versos al italiano, sostiene sin medias tintas que “ningún otro poeta de la edad moderna expresa del mismo modo la tensión hacia un lenguaje lírico absoluto, capaz de nombrar en la fragilidad de la palabra el todo que es la vida y la creación; el drama de una existencia dedicada a la potencia del arte, en su doble vertiente de esplendor y destrucción”.

En efecto, solo a partir del siglo XX empezó a obtener el reconocimiento que merecía y que aún no le había sido tributado, gracias en primer lugar a la “escuela” de Stefan George y otros intelectuales, entre los que destacan los nombres de Norbert von Hellingrath (responsable de la primera edición crítica de las obras de Hölderlin), Peter Szondi, Heidegger y Gadamer.

Hölderlin. El dolor no frena a la poesía

Francesco Roat | 1 comentarios valoración: 1  8 votos
>Editorial

No decir nunca nada que, en cierto modo, no esté ocurriendo

Fernando de Haro

Tiempos interesantes. El desarrollo de la inteligencia artificial más allá de lo que podríamos haber imaginado hace unos años y la crisis de cierta forma de pensamiento moderno plantean retos apasionantes. Quizás sean una invitación a recuperar una forma de pensar y de hablar diferente, más humana.

La inteligencia artificial (IA) parece estar llevando a cabo el viejo sueño de crear sistemas perfectos que, al menos en ciertos aspectos de la vida, resuelvan la fatiga de tener que ejercer la libertad. Las “máquinas pensantes” vienen en auxilio del ser humano en ámbitos decisivos. La policía de Nueva York utiliza desde años la IA para seguir o dejar de seguir a un sospechoso. Cada vez es más frecuente que los operadores del mercado utilicen el high frequency trading, un sistema que toma decisiones de compra y venta de títulos en fracciones de segundo. Protagoniza ya casi la mitad de las operaciones en las bolsas europeas y ha dejado obsoletos los modelos de análisis de comportamiento basados en el modo de invertir de los “sapiens de carne y hueso”. En todos estos casos se procesan datos y se toman decisiones gracias a algoritmos. El algoritmo, por definición, es un conjunto de reglas que permite obtener un resultado previsible.

Hace unos días, Ramón López de Mantaras, premio Walker de la Conferencia Internacional de Inteligencia Artificial, advertía de los riesgos de dejar a los algoritmos tomar decisiones por sí solos. Primero, porque en la selección de datos siempre se producen sesgos que es necesario corregir. Y segundo -señalaba López de Mantaras en una entrevista de La Vanguardia- porque una cosa es el conocimiento y otra son los datos.

Todos las posibilidades que ofrece el Big Data -los resultados en el campo de la intervención humanitaria y social son ya muy llamativos- replantean la distinción entre información y saber. “El conocimiento implica -señalaba Mantaras- que se comprende cómo se toma una decisión. Con los datos, el algoritmo llega a una decisión, pero no tenemos acceso al razonamiento que hay detrás. Es una caja negra. Si dejamos que un algoritmo tome decisiones que nos afectan deberíamos poder exigir que rinda cuentas”. Las máquinas pensantes pueden tomar decisiones, de hecho ya hemos dejado que las tomen. Pero según Mantaras no pueden conocer en sentido literal, porque no conocen que conocen, y por eso es absurdo exigirles responsabilidad. Sin saber que se está conociendo no hay conocimiento y no hay libertad. Batty, el replicante de Blade Runner que está a punto de morir, al lamentarse porque todo lo que ha visto vaya a perderse como “lágrimas en la lluvia”, ha dejado de ser IA para convertirse en una inteligencia humana que desea lo eterno.

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No decir nunca nada que, en cierto modo, no esté ocurriendo

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
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No decir nunca nada que, en cierto modo, no esté ocurriendo

Fernando de Haro

Tiempos interesantes. El desarrollo de la inteligencia artificial más allá de lo que podríamos haber imaginado hace unos años y la crisis de cierta forma de pensamiento moderno plantean retos apasionantes. Quizás sean una invitación a recuperar una forma de pensar y de hablar diferente, más humana.

La inteligencia artificial (IA) parece estar llevando a cabo el viejo sueño de crear sistemas perfectos que, al menos en ciertos aspectos de la vida, resuelvan la fatiga de tener que ejercer la libertad. Las “máquinas pensantes” vienen en auxilio del ser humano en ámbitos decisivos. La policía de Nueva York utiliza desde años la IA para seguir o dejar de seguir a un sospechoso. Cada vez es más frecuente que los operadores del mercado utilicen el high frequency trading, un sistema que toma decisiones de compra y venta de títulos en fracciones de segundo. Protagoniza ya casi la mitad de las operaciones en las bolsas europeas y ha dejado obsoletos los modelos de análisis de comportamiento basados en el modo de invertir de los “sapiens de carne y hueso”. En todos estos casos se procesan datos y se toman decisiones gracias a algoritmos. El algoritmo, por definición, es un conjunto de reglas que permite obtener un resultado previsible.

Hace unos días, Ramón López de Mantaras, premio Walker de la Conferencia Internacional de Inteligencia Artificial, advertía de los riesgos de dejar a los algoritmos tomar decisiones por sí solos. Primero, porque en la selección de datos siempre se producen sesgos que es necesario corregir. Y segundo -señalaba López de Mantaras en una entrevista de La Vanguardia- porque una cosa es el conocimiento y otra son los datos.

Todos las posibilidades que ofrece el Big Data -los resultados en el campo de la intervención humanitaria y social son ya muy llamativos- replantean la distinción entre información y saber. “El conocimiento implica -señalaba Mantaras- que se comprende cómo se toma una decisión. Con los datos, el algoritmo llega a una decisión, pero no tenemos acceso al razonamiento que hay detrás. Es una caja negra. Si dejamos que un algoritmo tome decisiones que nos afectan deberíamos poder exigir que rinda cuentas”. Las máquinas pensantes pueden tomar decisiones, de hecho ya hemos dejado que las tomen. Pero según Mantaras no pueden conocer en sentido literal, porque no conocen que conocen, y por eso es absurdo exigirles responsabilidad. Sin saber que se está conociendo no hay conocimiento y no hay libertad. Batty, el replicante de Blade Runner que está a punto de morir, al lamentarse porque todo lo que ha visto vaya a perderse como “lágrimas en la lluvia”, ha dejado de ser IA para convertirse en una inteligencia humana que desea lo eterno.

No decir nunca nada que, en cierto modo, no esté ocurriendo

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Terrorismo: ¿algo más que memoria?

Fernando de Haro

Las conclusiones de la cumbre del G20 celebrada en Hamburgo han incorporado una aportación española para que sean reconocidas y apoyadas las víctimas del terrorismo. España, después de haber sufrido durante años el terrorismo de ETA, se ha convertido en una experta en víctimas. Tiene mucho que decir en este campo ahora que la lacra del asesinato político e ideológico se extiende por todo el mundo.

La aportación llega cuando se cumplen 20 años del asesinato de ETA que cambió radicalmente las cosas: el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Hasta bien entrada la década de los 90 había todavía una ambigüedad sobre la banda terrorista. Se condenaban los atentados. Pero perduraba la duda sobre la posible legitimidad no de los medios, pero sí de alguno de sus fines. Contribuía a ello que hubiera empezado a utilizar la violencia bajo la dictadura de Franco y la cantinela de que en el País Vasco había un conflicto político. El asesinato de Blanco en el 97 abrió los ojos, proporcionó una dolorosa claridad moral y permitió deshacerse de ciertos complejos propios de una democracia demasiado joven. A partir de ese momento fue evidente que los asesinos no podían seguir haciendo política.

Las víctimas, que durante muchos años habían sufrido no solo la violencia sino una perversa transferencia de culpa de los victimarios, empezaron a ser reconocidas política y socialmente. Se acuñó entonces el lema “memoria, dignidad y justicia”. Una fórmula que quería escribir en mármol el agradecimiento de la sociedad española a los más débiles, a los que más han sufrido y a los que han sido siempre leales al Estado de Derecho. Ahora que la violencia va quedando atrás y que es necesario construir el relato de lo ocurrido, el recuerdo de los asesinados, torturados, humillados, secuestrados, mutilados es esencial. Lo han puesto de manifiesto dos recientes novelas: Patria y Ojos que no ven.

Hasta el momento, la obstinación de una banda terrorista que se resiste a disolverse y la pretensión de sus sucesores políticos de imponer la mentira sobre lo sucedido han hecho difícil abrir una posibilidad que en casos similares ha servido para reparar muchas vidas y reconciliar algunas sociedades. Estamos hablando de la posibilidad de que las víctimas que lo deseen den un paso más allá de su gran sufrimiento. Gestos como el que ha hecho el alcalde de Rentería, de Bildu (partido sucesor de ETA), pidiendo perdón a dos víctimas facilitan las cosas.

Terrorismo: ¿algo más que memoria?

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  57 votos

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Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D.

One, la nueva película de Fernando de Haro que se estrena en Madrid el próximo lunes, cuenta lo que nunca te han contado sobre la India. En la mayor democracia del mundo, en el país que compite con China por el liderazgo de Asia y de buena parte del planeta, sigue vigente un rígido sistema de castas. Por eso la minoría cristiana, que se atreve a afirmar la igualdad efectiva entre los indios, es perseguida. Los parias (los sin-casta) que abandonan el hinduismo y abrazan el cristianismo, buscando una vida más digna, pierden las ayudas sociales. Los obstáculos legales que limitan las conversiones han sido respaldados por el Tribunal Supremo. Un nuevo nacionalismo hindú no duda en recurrir a la violencia para restringir la libertad y lleva a cabo prácticas que algunos califican como prácticas genocidas. Prueba de ello es lo que sucedió en el distrito de Kandhamal durante 2008. Se pretendió “limpiar” de bautizados una amplia zona.

Este documental está grabado en Nueva Delhi; en Bhubaneswhar, la gran ciudad del hinduismo; y en las selvas de Orissa, junto al Golfo de Bengala. Recoge los rostros y las historias de gente sencilla (la inmensa mayoría de los bautizados de la India son parias) que ha encontrado en el cristianismo una forma más humana de vivir. Muchos explican por qué abrazaron la nueva religión y han abandonado la antigua. Otros relatan las injusticias sufridas y los motivos que les permiten ser fieles al credo de la cruz. La película da voz también a los nacionalistas hindús que justifican las políticas de discriminación.

Estamos ante el cuarto documental de una serie dedicada a los cristianos perseguidos. El primero de ellos, "Walking next to the wall", fue rodado en Egipto y está dedicado a los coptos. El segundo, Nasarah, grabado en el Líbano, está dedicado a los sirios e iraquíes perseguidos por el Daesh. El tercero, Aleluya, a Nigeria. Los cuatro están disponibles en la plataforma Vimeo. La serie está dirigida por Fernando de Haro que trabaja con la productora N Medio. El proyecto se lleva a cabo con la ayuda del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo y la Fundación Hernando de Larramendi.

A las 19 horas del lunes 23 de enero en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Julián Romea, 23. 28003 Madrid.

Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  2308 votos

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