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24 MAYO 2019
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26-M. Esta vez el examen es para los electores

P.D.

Este domingo los españoles estamos llamados de nuevo a las urnas. El ciclo electoral ha sido demasiado largo. Hace menos de un mes votamos para las generales y en realidad llevamos en campaña desde 2015. No por eso la cita es menos importante. Tenemos que elegir a los responsables de las políticas municipales y, en muchos casos, a los responsables de las políticas autonómicas. Son las políticas más cercanas a la vida cotidiana. Nos jugamos casi más que en los comicios al Congreso y al Senado. Y, aunque parezca paradójico, el voto al Parlamento Europeo tiene ese mismo sesgo: menos abstracto y más vinculado con decisiones que nos afectan en el día a día.

Salvo sorpresa todo indica que el domingo el resultado va a ser muy semejante al de finales de abril: una España en la que la derecha y la izquierda están empatadas. El grado de fragmentación de cada uno de los bloques es el que, en muchos casos, decantará quién está al frente de los gobiernos locales o regionales. Descartada en casi todos los casos la alianza que con cierta lógica sería la más razonable (PP y PSOE), el resultado va a servir para medir de nuevo varios elementos: cómo es de intenso el cambio de ciclo en favor de la izquierda (PSOE y Podemos), cómo de profunda es la crisis de los populares, cómo de profundo es el empuje en favor del relevo de Ciudadanos, cómo de fiel es el apoyo a Vox. Son sin duda cuestiones a tener en cuenta para decidir la papeleta.

Pero votar solo en una onda nacional sería olvidar lo que se decide. Lo que cuenta para el domingo de verdad es qué política de limpieza, de seguridad, de intervención social, de cultura de barrio se va a hacer en nuestro pueblo y en nuestra ciudad en los próximos años. Y en este caso conviene olvidarse de siglas y de referencias ideológicas genéricas. Lo que cuenta es lo que se ha hecho hasta ahora y la relación que como vecinos, como sociedad civil, hemos tenido con quien gobierna en los municipios. En las Comunidades Autónomas hay algo más de distancia pero el criterio es el mismo, aplicado en este caso a cuestiones como la sanidad o la educación.

Por todo eso, por el momento en el que vive España y porque estamos ante unas elecciones locales y municipales, se puede decir que, en cierto modo, quienes nos examinamos el domingo somos los electores. Si al votar lo hacemos solo por consideraciones abstractas, por criterios más o menos justos, estamos dejando el cambio solo en manos de la agenda de los políticos. Durante los últimos cinco años ya hemos tenido experiencia de lo limitada que es esa agenda. Pero si al votar podemos tomar en cuenta la relación que tenemos ya, de hecho, con el poder municipal y autonómico, si podemos decidir en función de un cambio que ya estamos generando como sociedad civil, entonces votar será algo diferente.

26-M. Esta vez el examen es para los electores

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Europa: nacionalismo y sentido religioso

Juan Carlos Hernández

Estamos en la antesala de unas elecciones europeas con la incertidumbre del posible crecimiento de grupos nacionalistas que ponen en duda el proyecto europeo. Pankaj Mishra en “La edad de la ira” (Ed. Galaxia Gutenberg) habla del nacionalismo como el medio para establecer y reforzar la identidad colectiva, y para especificar quiénes somos “nosotros” y en qué medida nos diferenciamos de “ellos”. La gente busca autoestima a través de sentimiento de pertenencia a un grupo definido por etnicidad, raza o cultura dominante, afirma el autor indio.

En un contexto donde la globalización genera inseguridades en muchas personas, muchos aprovechan esta debilidad para “generar confianza” apelando a un sentimiento nacionalista. Pero ¿dónde está la frontera entre un sano patriotismo y un nacionalismo excluyente?

Una cierta idea de patriotismo es positiva. Es justo (y deseable) un cierto amor a la patria, a sus tradiciones y el conocimiento de su historia. Pero esto se oscurece cuando es instrumentalizado y se crea, más o menos de forma artificiosa, un enemigo común, llámese inmigrante, musulmán, cristiano, ateo, España nos roba…

Mishra, en un intento de explicar las contradicciones y dramas del mundo moderno, cita en su libro a Bakunin. “Mirad en vuestro interior y decidme honestamente: ¿estáis satisfechos de vosotros mismos, y podéis estarlo? ¿No sois todos tristes y andrajosas manifestaciones de una época triste y andrajosa? ¿No estáis llenos de contradicciones? ¿Sois hombres completos? ¿Creéis realmente en algo? ¿Sabéis lo que queréis y podéis querer algo?”.

Las preguntas últimas de Bakunin, que hoy en día se podrían actualizar añadiendo la preocupación por la ecología y por la libertad, son esencialmente las mismas para el hombre moderno.

Estas preguntas, con otras formulaciones, las han puesto Podemos y sus confluencias en el debate político y, por eso, han encandilado a tantas personas. Otra cosa es que luego su respuesta sea realmente realista o que genere una violencia porque tienen la pretensión de ser la respuesta utópica a ese deseo. Quien promete un mundo mejor ignora la libertad humana, nos enseñaba Joseph Ratzinger.

En el otro lado del escenario político, el centro derecha normalmente no ha entendido la conexión entre política y sentido religioso. No estoy hablando de ir a misa los domingos sino de deseo de felicidad, de justicia social, las preocupaciones por la ecología, de jóvenes que ven que sus ideales no se realizan… las preguntas de Bakunin.

El centro derecha, a veces con razón, otras no tanto, exclama: “¡Pero si nosotros gestionamos mejor, si disminuye el paro cuando gobernamos! ¡¿Cómo es que no nos votan?!”. Como si la persona se pudiera reducir solo a una cuestión económica. Cree que es suficiente una gestión económica mejor pero no se pregunta cuál es el origen de los populismos, no se pregunta si la gente desea algo más.

Antes de poner el calificativo de “facha” o “comunista” sería positivo hacer un ejercicio de preguntarse qué es lo que mueve a tanta gente (no puede ser que todos sean fachas o comunistas) a optar por opciones populistas que quizá sería mejor definir como opciones de voto protesta.

Europa: nacionalismo y sentido religioso

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La Europa de las luces y de los jóvenes

Antonio R. Rubio Plo

Hace unos días encontré una frase del pensador franco-búlgaro Tzvetan Todorov que me ha dado que pensar, “no hay Europa sin luces, ni luces sin Europa”. Una frase que viene bien para una reflexión sobre las elecciones al Parlamento Europeo, pero que va más allá de ese evento. La cita es una invitación a la memoria, una apelación a la historia y también a la cultura.

Hubo una generación que vivió en su infancia los horrores de la Segunda Guerra Mundial, y otra inmediatamente posterior que padeció sus consecuencias en los años que precedieron al boom económico de la segunda mitad del siglo XX. Ellos y sus hijos, en gran mayoría, tenían asumido lo que podía ser un mundo en el que solo reinaba la arbitrariedad y la ley del más fuerte, revestidas de ideologías en apariencia contrarias. Y si se habían olvidado, allí estaba el telón de acero para recordárselo en medio de la comodidad de sus refugios del bienestar económico. Pero cayó el muro de Berlín y el nuevo mundo se hizo más complejo e inestable que el de las seguridades aparentes del mundo anterior. En medio de la incertidumbre siempre renace la nostalgia, una nostalgia que no es algo ajustado a la realidad sino que se alimenta de mitos que un historiador riguroso en sus investigaciones, y con sentido común, podría desmontar.

Los mitos están reñidos con la razón, lo cual es una mala noticia para los que creen en la Europa de las luces, una Europa que tiene mucho de cartesiana, pero que es cuestionada en estos tiempos de la derrota del pensamiento, en expresión de Alain Finkielkrauft, con tres décadas de existencia y que aún sigue vigente. No es extraño que este filósofo, ingresado recientemente en la Academia francesa, tenga que soportar insultos y descalificaciones, a los que responde con argumentos que sus interlocutores desprecian precisamente porque su “argumentario” solo es el de las emociones, y entre ellas aflora el antisemitismo dirigido contra Finkielkrauft.

Este tipo de actitudes está reñido con la idea de Europa, renacida en los años de la posguerra. Esa idea se basa, como ha recordado el politólogo Dominique Möisi en un reciente libro, en la reconciliación. Una reconciliación que pusiera fin a las continuas guerras civiles entre europeos de los últimos siglos, pero también a los conflictos internos de cada país. La cooperación y la solidaridad tendrían que ir ahora de la mano para apartar a los viejos fantasmas sembradores de pasiones y violencias. Si ahora esos fantasmas vuelven a la vida, sobrealimentados de mitos indigestos, solo puede ser por un desconocimiento o un olvido egoísta de la historia.

Möisi acuña otra frase acertada en su libro: “Sin jóvenes, no hay Europa”. Para algunos, Europa es una utopía muerta, aunque no tienen claro con qué pueden sustituirla. Su mundo es más pequeño, y quizás sea el resultado de unas sociedades carcomidas por la soledad y la ausencia de horizontes. No siempre es fácil enseñarles historia. Lo digo como profesor, pero no es imposible enseñarles a reflexionar, poner delante de ellos la sombra de la duda para que se atrevan a pensar y alimenten el deseo de saber más.

La Europa de las luces y de los jóvenes

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>Entrevista a Joseba Arregi

"Debemos recuperar el Parlamento como lugar de discusión de las leyes"

Juan Carlos Hernández

El exconsejero vasco ve un peligro para la salud de nuestra democracia que en la campaña del PSOE se reduzca a toda la derecha como extrema.

¿Cuál sería una primera valoración de los resultados de las pasadas elecciones?

Ha habido una especie de canto de alabanza a la ciudadanía española por haber participado masivamente para evitar los extremos. Se ha dicho que es una ciudadanía centrada que quiere evitar la aparición de los populismos siempre pensando que estos están en la derecha. Sin embargo, se ha oscurecido los datos ya que estos dicen con más exactitud que la proporción entre la derecha y la izquierda es bastante similar en número de votos. Lo que ha ocurrido es que el reparto de parlamentarios ha sido distinto a pesar del aumento de participación. Así que la situación, al menos en cuanto a número de votos, es de empate. Por otro lado, si dejamos de lado la pelea por ver quién es el líder de la oposición, estos datos y estas elecciones han supuesto un avance en la desaparición de los partidos de centro derecha tanto en Cataluña como en Euskadi.

El PSOE se ha presentado como el partido de la moderación y la modernidad, más allá de lo ficticio o real que sea esa imagen ¿Podría significar esto que los españoles desean esa moderación y huir de la polarización?

Quizá es más importante preguntarse qué significa la idea que ha vendido el PSOE por la que dice que “yo soy el centro” y lanzo a todos los demás a los extremos. Este es un acto político de tremenda transcendencia y que daña la calidad de nuestra democracia al reducir a toda la derecha como extrema. No es que la ciudadanía deseara moderación sino que es la campaña electoral la que le dice que debe evitar extremos. Y en ese sentido, la campaña del PSOE, desde un punto de vista electoral, ha sido un éxito. Por otra parte, Pedro Sánchez dice que no ha pactado con nacionalistas y separatistas… Si eso es así, se aclarará en los meses que van a venir ahora.

Todos los partidos pueden caer en un cierto populismo. Pero en el caso de Podemos y Vox, que también han tenido una representación significativa, podríamos hablar de un “voto protesta”.

De hecho, antes al voto populista se le llamaba voto protesta.

Pero, antes de poner la etiqueta de “comunista” o “fascista”, ¿no deberíamos hacer un ejercicio para entender las razones del otro? Estoy hablando principalmente a nivel de sus votantes.

Es lo mismo que pasó con Donald Trump. Hay que analizar por qué tantas personas han votado a Trump. Si no, no entenderemos qué está sucediendo. Aquí en Europa está pasando exactamente lo mismo y no se quiere preguntar dónde están los problemas porque la izquierda se cree en posesión de la verdad y de la moral de la historia. La campaña de Sánchez ha sido totalmente destructiva al calificar como extrema a toda la derecha. Muchos nacionalistas están festejando la victoria de Sánchez porque, fruto de la campaña de Sánchez, la derecha ha perdido representatividad.

>Entrevista a Joseba Arregi

"Debemos recuperar el Parlamento como lugar de discusión de las leyes"

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Europa, más allá del condominio

Maurizio Vitali

A menos de dos semanas para las elecciones europeas, poco se oye hablar de Europa. No es nada nuevo, pero ahora es aún más triste porque Europa, que antes se daba por descontada, hoy está en cuestión, y da la impresión de que no nos damos cuenta de lo que está en juego. Y lo que está en juego es un unicum económico, político y social, una realidad que no tiene igual en el mundo. Bastan tres cifras: 7% de la población que produce el 25% de la riqueza (PIB) del mundo y destina al sistema de bienestar la mitad de los recursos que se destinan al resto del mundo entero. Números que ofrecen la cuenta de resultados de un ethos y una cultura muy peculiares que ya no valoramos… Si bien es cierto que nada se construye ni se salva a nadie quedándose en el quejoso lamento de los valores de antaño. El desafío es hoy, sabiendo que lo que nos interesa hoy, el papel y la misión de la peculiaridad europea en los nuevos escenarios mundiales, no es la polémica intencionada sobre cualquier cosa y su contraria entre bandos enfrentados.

Los partidos que votemos en estas elecciones enviarán a sus diputados a Estrasburgo y estos no se agruparán por países de procedencia sino por grupos políticos, más o menos correspondientes a los diversos partidos europeos (40) a los que los diversos partidos nacionales están afiliados. De modo que sus líneas de acción tendrán que situarse necesariamente dentro de las líneas guías de estas formaciones: las proclamas individuales pueden mostrar una intención más o menos sincera, pero no más.

El principal grupo en el parlamento de Estrasburgo es el Partido Popular Europeo, llamémosle de centro-derecha. En él se encuentran los demócrata-cristianos alemanes, los populares españoles, los republicanos franceses, la antigua Democracia Cristiana italiana, hoy Forza Italia…, con una inspiración de fondo demócrata y liberal, con influencias de la doctrina social cristiana y de la tradición ilustrada. Europeísta convencida, a esta tradición pertenecen los tres padres fundadores de la Comunidad europea –Schuman, De Gasperi y Adenauer–, aunque actualmente no está muy claro si hace algún que otro guiño a los soberanismos. El líder actual, Weber, ha decidido que no, y el partido del húngaro Orbán, campeón de la “democracia no liberal”, ha sido suspendido. Respecto a la inmigración, propone un plan Marshall para África de 50.000 millones. El PPE parece que baja pero no demasiado.

El segundo grupo es la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas. Agrupa a todos los partidos históricos del socialismo europeo. También ellos europeístas convencidos, no tienen una línea de política económica muy diferente de los populares. Se les supone una demarcación más sensible en el tema de los derechos individuales y la paridad de género, temas sobre los cuales el grupo europeo en su conjunto parece más marcado por una impostación laicista. Parece que aquí la caída se prevé mayor.

La Alianza de los Liberales y Demócratas reúne a los liberales alemanes, el Movimiento Demócrata francés, el partido Más Europa de Emma Bonino y Ciudadanos en España. Europeístas sin reservas, con una ideología liberal laica, laica.

La izquierda-izquierda tiene su propio grupo y está muy dispersa.

Europa, más allá del condominio

Maurizio Vitali | 0 comentarios valoración: 1  9 votos
>Editorial

¿Quién debe prestar los servicios públicos?

Fernando de Haro

Los españoles llegan a las próximas elecciones del 26 de abril agotados por una campaña electoral que empezó en 2015 y que no se termina nunca. En realidad las elecciones municipales y las elecciones autonómicas, por las transferencias de competencias, son, en cierto modo, las más importantes. Deciden las políticas que más influyen en la vida cotidiana. Pero las agendas de los partidos están dominadas por reposicionamientos, tras la aparición de la quinta formación con peso significativo en el panorama nacional (Vox). Todo es búsqueda de una posición táctica, quizás estratégica, que proporcione una determinada imagen.

El debate sobre cuestiones concretas se ha dejado de lado. Y por eso no se ha producido una discusión seria sobre las ventajas y los inconvenientes que tiene la prestación de servicios públicos regionales o locales por la propia administración o a través de empresas privadas y/o entidades del tercer sector.

Si, por casualidad, aparece la cuestión, se zanja rápido. En cierto modo es lógico, teniendo en cuenta la historia reciente y la falta de parámetros válidos para examinar quién está prestando mejores servicios.

Hace cuatro años los que se autodenominaron “ayuntamientos del cambio”, los formados por Podemos y sus confluencias (con un fuerte sesgo de izquierda), dijeron que llegaban a hacer una nueva política municipal basada en la “renacionalización” de los servicios y en un incremento del gasto. Los datos de los que disponemos reflejan que esos ayuntamientos han gastado lo mismo que los ayuntamientos de la izquierda y de la derecha tradicional. Es lo que dice el Observatorio de Servicios Urbanos. Los gastos en becas y ayudas a comedor y conciliación son muy similares. A gestión de residuos, limpieza viaria, abastecimiento de agua, alcantarillado y otros servicios, los Gobiernos "tradicionales" dedican 153 euros/habitante de media anual frente a los 151,63 de los Gobiernos municipales de izquierda-izquierda.

Hay motivos para que ciertas formas de externalización de los servicios generen suspicacias. La Comisión Nacional del Mercado y de la Competencia avisó en 2015 de que, en algunos casos, los contratos públicos para la prestación de servicios sufrían un encarecimiento del 25 por ciento. A diferencia de lo que sucede en Alemania, Austria o Italia, la debilidad del Sector No Lucrativo provoca que algunos servicios sociales, como el de la atención a la dependencia de algunas Comunidades Autónomas, hayan sido adjudicados fundamentalmente a empresas y no a cooperativas o a entidades sin ánimo de lucro. El caso de Andalucía es ilustrativo. En los años 90, los servicios públicos concertados con cooperativas sociales, según algunas fuentes, representaban el 60 por ciento, y ahora ya son solo el 2 por ciento. Las empresas suelen tener más capacidad para hacer mejores ofertas económicas. Y no se puede pasar por alto que, en algunos casos, la externalización supone un empeoramiento de las condiciones de trabajo y no necesariamente una mejora de la calidad.

>Editorial

¿Quién debe prestar los servicios públicos?

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Y ahora, ¿qué?

Ángel Satué

Antes de las elecciones ha habido manifiestos que indicaban el sentido del voto. Otros no lo hacían, pero eran suficientemente ambiguos para dejarnos igual. Ha habido conversaciones hasta altas horas de la noche. En familia, con amigos, compañeros de trabajo, hasta en la calle. Hemos retuiteado y reenviado por guasap noticas falsas, verdaderas y medio pensionistas. Hemos creído que todo acababa ayer, lo malo. Que lo bueno empezaba ahora. Que los muros que había se derruían. Que como en la “Nit del Foc”, el fuego se llevaría lo viejo y lo antiguo. Que el voto limpiaría nuestra conciencia, que el voto salvaría España, que el voto aniquilaría o purificaría tal o cual ideología. Hemos pensado que por fin dábamos la colleja que había que dar, el golpe en la mesa que mucho había tardado en llegar. Hemos pateado el trasero del cuñado, aquel que nos dio la murga en Navidad con el “voy a votar a…”. Somos modernos. Todos hemos pensado esto. Es nuestra manera de pensar. Y ahora, ¿qué?

Ahora toca el trabajo más gris y complicado que pueda pedirse a un ciudadano. Recomponer los puentes quebrados dentro de la sociedad. Afianzar los muros, asfaltar el firme, asegurar las tierras. Si hubiera una profesión que exigiese ahora el mayor salario sería la de pontonero. O ingeniero de caminos, canales y puertos (y puentes).

Ahora es el momento, si no se ha hecho antes, de salvar a las personas, aunque militen en otros partidos e ideologías.

Ahora es el momento de superar en nuestro imaginario colectivo la terrible distinción entre amigo-enemigo de Carl Schmitt aplicada a la política, puesto que apostar por una visión más amiga de nuestra visión del mundo es agrupar entre amigos y enemigos, desde la ideología, sin salvar a la persona, sin valorar a otros políticos de otros partidos. Los perjudicados, sin duda alguna, las iniciativas o proyectos concretos.

Ahora es el momento de trabajar de sol a sol, codo con codo. Ese sería el partido que debería surgir, el movimiento aún no concebido.

Ahora es el momento de no escoger a los amigos, pues seleccionamos a los enemigos en el mismo acto. La política no es agrupar a las personas en dos bandos, en varios colores, de manera que el otro es enemigo inevitable.

Ahora es el momento de profundizar en la sociedad civil, que no es sólo libertad para hacer, al más puro sentido liberal, sino que desde el evangelio esta libertad es otra cosa. Es libertad para conmoverme o no con las obras del tú, que es el otro. Con la compañía del “tú”, que es el otro. Contigo mismo.

Ahora es el momento de abandonar y superar la lógica de los espacios, como dice Francisco, y entrar poco a poco, codo con codo, de sol a sol, en la de los procesos.

Y ahora, ¿qué?

Ángel Satué | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
>Entrevista a Pedro Linares, profesor de la Universidad Pontificia de Comillas-ICAI

Ante la inevitable transición energética

Francisco Medina

¿Qué significa el proceso de Transición energética? ¿De dónde surge?

En realidad, transiciones energéticas siempre han existido. Normalmente, un proceso de transición es una evolución de una situación a otra. En un principio usábamos la leña, las velas y los candiles; luego pasamos a usar aceite, luego carbón, luego energía nuclear, gas, ahora renovables, etc. ¿Qué es lo que comúnmente se denomina ahora mismo “transición energética”? Una aceleración de esa evolución, impulsada fundamentalmente por la necesidad de reducir emisiones de CO2 para frenar el cambio climático.

Partimos entonces de que se da un cambio climático…

Claro. Cada vez se tiene más claro, aunque algunos aún lo niegan, que hay un cambio climático y que además, más allá del cambio climático natural, hay otro de origen antropocéntrico, de origen humano, que es el que se ha producido a una escala mucho mayor de lo que veníamos viendo en los últimos 150 años, desde que empezamos a usar combustibles fósiles; eso es lo que llamamos cambio climático a efectos de la transición energética. No tanto el cambio natural que se produce a lo largo de cientos de miles de años sino el cambio que se está produciendo en estos últimos 150-200 años porque, si seguimos así, se va a acentuar más y ese es el que intentamos evitar dentro de lo posible, porque hay una parte que no vamos a poder evitar, con la transición energética. En el fondo, de lo que se trata es de ver cómo dejamos de usar combustibles fósiles, que son los que están contribuyendo al cambio climático.

¿Es un fenómeno nuevo el cambio climático? Hace pensar, a primera vista, en un paralelismo con el proceso de reconversión industrial que hemos tenido en España…

De hecho, hace poco tuvimos una jornada sobre transición energética justa y hablábamos de la reconversión, porque es un ejemplo, aunque es verdad que no es exactamente igual, tampoco en términos de plazos, porque la transición energética ya lleva muchos años haciéndose. Ahora parece que todo es urgente, pero ni aunque sea urgente la vamos a poder hacer en cinco años. Por ejemplo, a 2030, que es el escenario que se está planteando en Europa, vamos a transformar una parte, y reduciremos nuestras emisiones un 20% sobre el año 90, y eso no es nada, porque en 2050 deberíamos llegar a eliminarlas totalmente.

Realmente, si piensas de verdad en la transición, es algo que va a llevar cuarenta años y en la que ya llevamos veinte. Eso supone unos plazos que no son ni mucho menos los de las reconversiones, que en diez años tenías que hacerlo. Pero a cambio tiene otras circunstancias. Por ejemplo, la reconversión industrial se hacía porque no había más remedio. En la reconversión no había alternativas: había que cerrar y punto. De modo que tiene algunos elementos similares, pero otros no. Ahora hay alternativas, no es que de repente tengas que cerrar todos los fósiles, aunque habrá que hacerlo, pero con más tiempo. Entretanto vas teniendo alternativas que, además, van siendo competitivas, no ahora necesariamente, pero a lo mejor dentro de diez años esas alternativas ya son competitivas, con lo que podríamos decir que ya no supone tanto esfuerzo.

¿Qué energías alternativas crees que serán más competitivas?

>Entrevista a Pedro Linares, profesor de la Universidad Pontificia de Comillas-ICAI

Ante la inevitable transición energética

Francisco Medina | 0 comentarios valoración: 2  19 votos
>Editorial

Concretamente europeos

Fernando de Haro

Estamos ya en plena campaña de unas elecciones al Parlamento Europeo que van a ser decisivas. Decisivas por muchas razones. Por primera vez un grupo antieuropeo y nacionalista, como es el encabezado por Salvini y Le Pen, se puede convertir en la cuarta fuerza. El resultado de los populares y socialdemócratas, debilitados, va a ser determinante para que el alemán Manfred Weber (conservador) o el holandés Frans Timmermans (socialista) puedan aspirar a presidir la Comisión Europea (el verdadero órgano legislativo europeo). Si las que hasta ahora han sido las dos grandes familias políticas europeas salen muy debilitadas, la presidencia de la Comisión y otros cargos relevantes no tendrán en cuenta la composición de la Cámara. El resultado de los comicios será también decisivo para la elaboración del presupuesto 2021-2027. Si los partidos netamente europeístas pierden fuerza, será más difícil una presión efectiva a la Comisión y a los gobiernos nacionales para aumentar el gasto y modernizar la distribución de sus partidas. Y con menos votos en favor de esas formaciones será también más difícil terminar la reforma del euro. Aunque no dependa del Parlamento Europeo, es inevitable que un voto por menos Europa suponga una dificultad mayor para aprobar un presupuesto que actúe como estabilizador ante recesiones, para convertir el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) en un Fondo Monetario Europeo y para culminar la unión bancaria.

Pero estas elecciones no solo son decisivas porque el resultado puede suponer un freno en la construcción de Europa. Sino por el “ánimo” con el que muchos electores acudirán o no acudirán a votar y porque el mundo ha cambiado sustancialmente en los últimos cinco años. La victoria de Trump supone, en gran medida, haber perdido el apoyo del vínculo atlántico. El presidente de los Estados Unidos recibe a Orban, el antieuropeo presidente de Hungría, mientras que la semana pasada el secretario de Estado Pompeo cancelaba una entrevista con Merkel. China ya no oculta su voluntad imperial y sus planes de hacerse con sectores estratégicos y Rusia está decidida a desestabilizar todo lo que pueda.

En este contexto, como bien señala Ivan Krastev (autor de After Europe), los europeos están dominados por la nostalgia. A una Europa cansada porque ha renegado de su origen (Francisco), le asalta ahora el miedo. Estamos ante una nostalgia imprecisa que no sabe definir cuál fue nuestra edad dorada (quizás la reconstrucción tras la II Guerra Mundial). Y ante un miedo no solo a un futuro peor o a la creciente desigualdad (Habermas). Más bien es el temor de no saber bien quiénes somos. La mayor o menor confianza en Europa no depende solo de un déficit democrático (Weiler) sino de una inseguridad sobre nuestra identidad.

>Editorial

Concretamente europeos

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Los ciudadanos que forman Europa. Un nuevo desafío

Antonio Spadaro

Reflexionando sobre el devenir de nuestro continente, algunos políticos –pero también partidos y movimientos– parecen poner en cuestión no solo la Unión Europea tal como la conocemos, sino la existencia misma de un proceso de construcción de Europa. ¿Cómo situarse ante estas tensiones, fruto de la desconfianza y de un sentimiento nacionalista?

Demos un paso atrás. En 1918 se firmó un armisticio en Compiègne que puso fin al ruido de las armas, acabando así con un conflicto destructivo, la Primera Guerra Mundial. Pero terminó creando las condiciones de un segundo conflicto en Europa que 21 años después se extendió al mundo entero. También hay que admitir que, con el paso de los siglos, raras veces Europa dejó de estar en guerra. El proceso de construcción de la Unión fue un factor importante en la pacificación del continente, pero aún sigue quedando mucho por hacer. Por tanto, hay que aclarar una cosa: interrumpir o poner en discusión el proceso europeo significa, de hecho, evocar fantasmas que ya habíamos acallado.

Volvamos con nuestra memoria a los “padres fundadores” de Europa. Su decisión y compromiso se apoyaba en sus respectivas experiencias, algunas de ellas plasmadas por el magisterio social de la Iglesia. Alcide De Gasperi, Altiero Spinelli, Jean Monnet, Robert Schuman, Joseph Bech, Konrad Adenauer, Paul-Henri Spaak... en 1918 no se conocían, pero los tortuosos caminos de la historia les llevaron, cada uno por su parte, a contribuir en un proyecto que permitía crear las condiciones de una sociedad europea pacífica, desarrollada, justa y solidaria. En febrero de 1930, 'La Civiltà Cattolica' ya expresaba así esta conciencia: “Se podrá discutir mucho y batallar sin tregua sobre la técnica de una nueva organización de Europa, pero sin duda no sobre su necesidad actual”. Fueron igualmente fundadoras de Europa todas las ciudadanas y ciudadanos que resistieron a las dos grandes dictaduras del siglo XX, tanto al oeste como al este del continente, derramando su sangre hasta el final de sus vidas, para que los valores que ponen a la persona humana en el centro del proyecto social europeo fueran una realidad, tanto a nivel nacional como supranacional.

En 2012 la UE ganó el premio Nobel por su contribución a la paz, a la reconciliación, a la democracia y a los derechos humanos en Europa. El premio era merecido, pero no olvidemos que estos 60 años de paz en Europa no han discurrido como un río en calma. También han estado llenos de confrontación ideológica, acciones contrarias a los derechos humanos, intervenciones militares que violaban la autodeterminación de los pueblos. Sin embargo, se han vivido acontecimientos que supusieron momentos de despertar para los pueblos y de transformación para la sociedad europea. Uno de ellos fue la caída del Muro de Berlín en 1989, que fue un punto de inflexión en la historia del continente y de la comunidad europea, poniéndola frente a sus responsabilidades, obligándola a abrirse para recibir a los estados del antiguo bloque del este, facilitando así la recuperación y difusión de los valores de la Europa libre. En aquella época, prevalecía el deseo de ampliar la comunidad europea por encima de la profundización política.

Los ciudadanos que forman Europa. Un nuevo desafío

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La oportunidad tras la victoria socialista

Fernando de Haro

Una semana después estamos en mejores condiciones de comprender lo que ha sucedido en las elecciones generales y de entender la oportunidad que puede proporcionar la nueva situación política. Tras diez meses de un Gobierno en precario, el PSOE ha conseguido una victoria amplia (123 escaños de un total de 350) en un Congreso con cinco fuerzas de peso nacional. Todo esto en una Europa en la que los partidos tradicionales tienden a desaparecer. La victoria se debe a la recuperación de parte del voto que había emigrado al populismo de izquierdas (Podemos), a la movilización de un millón extra de votantes de izquierda y a la fragmentación de la derecha en tres fuerzas (PP, Ciudadanos y Vox). Algo más de un tercio de los votos de Vox (700.000 votos) se han quedado sin representación parlamentaria y han favorecido al PSOE por la ley electoral.

En realidad no se entiende la victoria de los socialistas sin la emergencia de Vox, convenientemente utilizada para sembrar el pánico y movilizar a los abstencionistas de la izquierda. La nueva formación se presentaba como el partido que, después de años de renuncias de la derecha a principios y valores, venía a restaurarlos. Ha hecho de la unidad de España, de la lucha contra la ideología de género, de la lucha contra el aborto, del combate contra el feminismo, sus banderas. No es un partido como el Frente Nacional o Alternativa por Alemania porque apenas recibe un cinco por ciento de votos desencantados de la izquierda. Es un partido apoyado por cierta derecha sociológica que, curiosamente, hace suyo algo propio de la izquierda utópica: convertir la política en un instrumento salvífico, reclamar la teologización de la política para que defienda ciertos valores aunque estos hayan sido abandonados o relativizados por la sociedad (se acaba culpando a la “ingeniería social” de su destrucción).

Vox, que se enfrenta al progresismo, acaba asumiendo los principios metodológicos revolucionarios, sobre todo cierto maniqueísmo dialéctico (cuanto peor, mejor). Para algunos es el partido católico, a pesar de haber perdido lo más católico que hay en política: la “reserva escatológica”, la referencia de las dos ciudades.

La voluntad expresa de afirmar políticamente ciertos valores, porque el PP no lo hacía, y el corrimiento del PP hacia posiciones de Vox ha provocado la movilización de una casi-mayoría de izquierda (48 por ciento) y el crecimiento de la opción liberal que no se reconoce en esos principios. El empeño en afirmar un bien innegociable ha contribuido a que no se realizara el bien posible.

La victoria de los socialistas en cualquier otro país de la Unión Europea podría verse como una buena noticia. Ha estado acompañada de la emergencia con fuerza de un partido bisagra liberal (Ciudadanos), y llega después de que el ciclo del centro-derecha (PP) quedara claramente agotado por la gestión de la crisis y por la corrupción.

Pero no todo es tan sencillo. La derrota cosechada por el centro-derecha (PP) permite vaticinar, si no la desaparición del partido, sí una larga travesía del desierto, lo que sin duda no será bueno para el sistema de contrapesos. A menos que los liberales de Ciudadanos lo sustituyan por completo (lo han sustituido ya en la mente muchos ex votantes del PP).

La oportunidad tras la victoria socialista

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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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