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26 ABRIL 2017
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Macron y Le Pen: la tierra, los muertos y la globalización

Antonio R. Rubio Plo

La victoria de Enmanuel Macron en la primera vuelta de las presidenciales francesas, sobre Marine Le Pen, aunque haya sido por un reducido margen, ha tranquilizado a los mercados y a Bruselas que ven alejarse de esta manera el fantasma de un Frexit. Se repetirá la historia de las elecciones de 2002: todos contra Le Pen, en este caso Marine, pues entonces era preferible para la izquierda francesa votar a un presidente bajo sospecha de corrupción a permitir una victoria de la extrema derecha. Relajación general en las primeras páginas de los medios informativos, hostiles por definición a Marine Le Pen. Se ha salvado la UE y de paso, el eje franco-alemán, dirían algunos. Sin embargo, la segunda vuelta conocerá una campaña electoral encarnizada, en la que los asesores de la candidata del Frente Nacional (FN) quizás quieran plantear la lucha como una versión francesa del enfrentamiento entre Donald Trump y Hillary Clinton. En esta ocasión, es una mujer francesa la que pelea contra el establishment, contra el exbanquero Macron que en su día trabajó para los Rotschild, contra los mercaderes de Bruselas y contra todos aquellos que quieren robar el espíritu de Francia en nombre de la globalización, la máxima expresión del nuevo totalitarismo sin rostro.

Pese a sus intentos de adoptar una imagen más atractiva para sus votantes, renegando incluso del legado político de su padre, Marine Le Pen no se ha apartado demasiado de la mentalidad de Maurice Barrès, aquel escritor nacionalista que en 1899 rendía culto en una influyente conferencia a la tierra y a los muertos. Los muertos no son otra cosa que el pasado glorioso de Francia. En este sentido, los muertos están bien vivos, como la Juana de Arco de los mítines del FN, que poco tiene que ver con la santa católica, y en esas reuniones políticas a veces ha resucitado Carlos Martel, el vencedor de los musulmanes en Poitiers (732), al que algunos militantes llaman familiarmente Charlie Martel. Barrès profesaba una ideología con raíces en la tradición y en la tierra, que no es otra que la Francia campesina, y no es casual que uno de sus combativos libros se llame Los Desarraigados. El escritor arremetía contra los partidos de su época que estarían secuestrando el espíritu de la Francia eterna, el de la tierra y los muertos. Dicho nacionalismo solo podía desembocar en agudas críticas de la democracia parlamentaria, considerada no representativa del auténtico pueblo hasta el punto de que un golpe de fuerza no sería censurable para derribar a los políticos corruptos. De hecho, la Tercera República francesa (1870-1940) conoció una abultada crónica de escándalos. En sus primeros tiempos, entre 1886 y 1889, hubo también un político populista, el general Georges Boulanger, aclamado por las multitudes y refrendado por los votos en París, aunque no se atrevió a dar un golpe bonapartista contra la República.

Macron y Le Pen: la tierra, los muertos y la globalización

Antonio R. Rubio Plo | 0 comentarios valoración: 3  7 votos

 

De la voz a la presencia. Un documental ucraniano

Pëtr Zacharov

Cuando una situación está confusa… hay que intentar comprender. Puede sonar a Perogrullo pero sin embargo, en esta época de crisis, es importante captar el sentido que se esconde tras las cosas evidentes. Pero comprender no es lo mismo que conocer. Cuando una persona se queja de que nadie la comprende, desea que la escuchen, no que la analicen. Comprender quiere decir saber captar la voz humana más allá de la confluencia de factores sociales, históricos, biográficos. A esto se dedica el cine documental. No la producción científico-divulgativa de la BBC sino la mirada del hombre hacia una situación humana concreta tomando la forma de una narración fílmica.

A este trabajo se dedica el cineasta Vitaly Mansky, fundador del festival de cine documental de Moscú Artdocfest. Durante sus 21 años de carrera profesional, Mansky ha narrado el espíritu de sacrificio de la campiña rusa, la escandalosa gira del dúo ruso de música pop t.A.T.u, la vida cotidiana en Corea del Norte, pero en todo ello siempre resuenan las palabras del gran Aleksei German: “No puedo hacer una película si no está mi padre dentro”. Todo lo que hace el artista habla de él como el punto personal donde el hombre y el mundo se encuentran. Y en los documentales de Mansky esto mismo lo testimonia la voz en off del cineasta.

Su último film se titula Rodnye (2016) y es una respuesta a la crisis política y a la guerra en Ucrania, acontecimientos que los padres de Mansky contemplan desde Odessa, Leópolis, Sebastopol, Doneck. Cuatro ángulos geográfica y políticamente muy distantes: el sur pragmático, el oeste patriótico, Crimea y el Donbass. Esta generación, formada bajo el régimen soviético, tras la “revolución de la dignidad” de 2014 se ve obligada por primera vez a caer en la cuenta de su propia situación geográfica. Bajo el influjo del televisor, que aparece a menudo como fondo de las escenas, esta conciencia se convierte en “posicionamiento político”. El cineasta termina siendo el único personaje del film que se siente incómodo en este contexto, hasta el punto de que su voz en off pasa a la lengua ucraniana, sin sonrojarse por sus muchos errores.

La película se ha rodado siguiendo el riguroso equilibrio típico de Mansky, unido a una voz extremadamente personal. Mirar y no juzgar es la primera regla del que quiere ver. No esconderse detrás de los hechos es la primera regla del narrador honesto. Un estilo que permite al espectador comprender la posición del autor y al mismo tiempo formular un juicio autónomo sobre lo que ha visto. El breve episodio de la mesa en la que cantan las cancioncillas de los dibujos animados soviéticos para algunos puede resultar un signo de desolación y para otros puede suponer un tierno recuerdo.

De la voz a la presencia. Un documental ucraniano

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No habrá frexit

Ángel Satué

Se terminó la incertidumbre. En dos semanas, Francia tendrá nuevo presidente. Un joven de 39 años, delfín de Hollande en el Partido Socialista francés, que era ministro de Economía desde 2014. Se llama Macron.

Su nuevo partido socio-liberal (centrista-moderno), En Marcha, es solo un movimiento. Un soplo. Ha obtenido en primera vuelta electoral cerca del 24% de los votos, muchos provenientes de antiguos votantes socialistas, algunos de cuyos dirigentes le han apoyado públicamente. En frente, la tormenta del Frente Nacional. Con cerca del 22% de apoyo directo. Un partido de derecha identitaria. Fillon, de la derecha conservadora, se quedó en un 19,5% y los comunistas de Melenchón, alrededor del 19%.

Francia ha optado por un candidato joven, más liberal que los demás candidatos, que viene del mundo de las altas finanzas después de obtener plaza como inspector de finanzas del estado. Es parte de la superclase, de la élite contra la que ha votado un 40% de franceses que, en junio, pueden tener esta representación en la Asamblea Nacional (legislativo).

Puede ser una solución momentánea que viene enfrascada en un tarrito de lujo, de la mano de lo antiguo, con una marca inconfundible: Escuela Nacional de Administración y Banca Rothschild. Parece más bien un producto de laboratorio, de última hora, apoyado por los medios y la superclase. Una mezcla perfecta entre lo nuevo y moderno, frente a lo tradicional y de siempre, siendo mucho de lo de siempre.

Macron dice representar la renovación que Francia necesita. De su mano, será sosegada y “tecnoexperta”, europeísta. Le Pen, unos minutos antes, tras conocer los primeros resultados, se congratulaba de que los franceses, los mismos que ya dijeron una vez no a la Constitución europea, podrían por fin elegir entre dos modelos claramente distintos. Entre la globalización y las fronteras abiertas, o una Francia con sus fronteras, y su identidad nacional intacta, si es que eso es posible en una Le Pen que huye de la herencia, y ni que decir tiene de la vivencia, de la Francia cristiana.

Como dice el filósofo Luc Ferry, Macron es un político capaz de plasmar el carisma de Kennedy y Obama –al menos antes de ser presidentes–.

En una Francia harta de la superclase política y financiera, y que de computarse el voto en blanco estos alcanzarían un 40% del resultado, el efecto macroniano no deja de ser sorprendente. Como su ascenso y su movimiento, de seis meses de vida. Ante él la autoproclamada candidata del pueblo, Le Pen, y del Frexit. También un porcentaje de abstención del 30%, que sería el primer partido en lid, demasiado alto sabiendo el ascenso del Frente Nacional y de los comunistas antisistema.

En su discurso, lleno de lugares comunes, sabía ya que contaba con el apoyo de conservadores y gaullistas, así como de los socialistas para la segunda vuelta.

¿Será el tapado del régimen gaullista de la V República (1958), que nació tras el desastre de Argelia? ¿Un Suárez a la francesa para una refundación francesa?

No habrá frexit

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Venezuela. Pruebas de guerra civil

Luis Badilla

La prolongada y dramática crisis venezolana divide radicalmente las opiniones de los observadores, expertos y políticos, sobre todo en América Latina. Entre tanto, la situación es cada vez más crítica: en pocos días los muertos aumentaron a 21. Desde hace días, a distintas horas de la jornada y en todas las principales ciudades del país, los choques se multiplican y la espiral de violencia no se detiene. Obviamente la situación venezolana divide también a la opinión pública en todas partes y en los medios de comunicación. Algunos dan la razón al gobierno del presidente Nicolás Maduro y a los partidos que lo apoyan, ocho en total, de los cuales cuatro tienen representación parlamentaria. Por otro lado están quienes respaldan a los partidos de la oposición agrupados en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que son dieciséis, de los cuales trece poseen representación parlamentaria. En la Asamblea Nacional, parlamento unicameral, el gobierno cuenta con 55 votos y las oposiciones con 112.

Sin embargo, dentro del país las cosas son un poco más articuladas, porque una parte de los venezolanos, bastante minoritaria, está involucrada en la dialéctica que hemos señalado, y por lo general son grupos dirigidos y manipulados por los partidarios o bien por los opositores al gobierno. Son minorías, pero ruidosas, y saben usar con astucia los medios de comunicación que, divididos también entre ambas posiciones, participan del juego con entusiasmo.

Pero la inmensa mayoría del país vive, mejor dicho sobrevive, en otra dimensión: a favor o en contra de Maduro hay millones de venezolanos que día tras día tratan de conseguir lo necesario para vivir y para garantizar mínimamente su futuro. Ellos no tienen tiempo para participar activamente en el enfrentamiento que arrasa y devasta a toda la nación venezolana. Sus cabezas funcionan en otra dimensión, a años luz de la guerra entre las oligarquías que han tomado al país como rehén. Si en las manifestaciones de estos días salieron a la calle seis millones de venezolanos, cifra imposible de comparar o verificar, serían solo el 20% de la población total (30.410.000).

En Venezuela ninguna de las partes, gobierno y oposiciones, representan una solución; más bien el gobierno y las oposiciones son el verdadero problema, sobre todo porque ninguna reconoce a la otra como verdadero interlocutor. Desde hace por lo menos cuatro años el país está paralizado, maniatado, en continuo descenso, por el odio recíproco, por la mediocridad política, por las ambiciones desmedidas de los líderes o presuntos líderes y por la confusión mental que afecta en igual medida a lo que queda del “chavismo” sin Chávez (Maduro y los suyos, cuya fuerza solo existe porque están apoyados por las fuerzas armadas) y lo que se denomina oposición, pero que en realidad es un agrupamiento de cuatro o cinco pretendientes al sillón de Maduro con su propia fachada de partido político.

Venezuela. Pruebas de guerra civil

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>Editorial

Primera vuelta con López

Fernando de Haro

Me confieso. Este domingo he faltado a mis sacrosantos deberes profesionales. Mientras Francia votaba, en unas de las elecciones más decisivas para el país y para toda Europa, al menos durante una hora y media, no he apagado mi ansiedad como se debe hacer en estos casos. No he repasado por enésima vez los últimos sondeos, el empate técnico que daban las encuestas para Le Pen, Macron, Fillon, y Mélenchon. Tampoco he repasado los efectos del atentado de 2015 en la victoria del Frente Nacional en la primera vuelta de las regionales. Ni las posibilidades de que en la segunda vuelta pueda repetirse lo que sucedió en 2002, cuando Chirac consiguió un formidable 82 por ciento de votos para frenar a Le Pen padre que se había metido en la segunda vuelta.

Durante 90 minutos, quizás algo más, estuve escuchando una formidable conversación que se produjo en la edición 2017 de EncuentroMadrid. Una conversación entre el más famoso de los pintores españoles, Antonio López, y Rosa Hinojosa, una inteligente profesora de arte. Antonio López inició, junto a un grupo llamado la escuela realista de Madrid, una aventura muy arriesgada a mediados de los años 50: volver a hacer pintura figurativa después del largo viaje emprendido por el arte europeo con el postimpresionismo. La apuesta era difícil porque, como él mismo explica, a esas alturas la capacidad de representar la realidad era prerrogativa casi exclusiva del cine y de la fotografía. Ya parece que no es necesario un retrato de Inocencio X, como el de Velázquez, porque las disciplinas audiovisuales parecen darnos la representación perfecta de cosas y personas. López pinta objetos familiares, calles, vida cotidiana. Sus obras, realistas, tienen la fuerza y la discreción de un buen poema: invitan a mirar lo habitual de otro modo, es lo de siempre y ya no es lo de siempre, por algún sitio se abren a lo-no-visto.

Mientras escuchaba a Antonio López me distraje con la pregunta que me obsesionaba desde que a las ocho de la mañana habían abierto en los colegios electorales: ¿Cómo es posible que en Francia pueda haber una presidenta del Frente Nacional? ¿Cómo es posible que las encuestas otorguen a las opciones de ultraizquierda y ultraderecha, antieuropeas, un 40 por ciento en la intención de voto? Una frase del pintor me hizo volver a prestar atención a la conversación: en el arte hace tiempo que perdimos la claridad sobre cómo hacer las cosas. Antes se sabía cómo había que pintar. “Ahora –señalaba López– el arte es como en la vida, nada está claro. Es lo mismo que le pasa a la política. Te preguntas por qué no hay partidos a la altura de las circunstancias y te das cuentan de que tendrán que desaparecer, surgirán otros nuevos”.

>Editorial

Primera vuelta con López

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  30 votos
>COMUNICADO FINAL DE ENCUENTROMADRID 2017

La herida de una belleza desarmada

Rafael Gerez

Una nueva edición de EncuentroMadrid llega a su fin. Una edición, la decimocuarta, en la que hemos buscado entender que la belleza es una necesidad constitutiva del hombre. Así lo han puesto de manifiesto los diferentes encuentros y exposiciones y, de modo muy destacado, las conversaciones que hemos mantenido con el pintor Antonio López, con el poeta Davide Rondoni o el concierto homenaje a Antonio Vega y su pasión por la belleza.

EncuentroMadrid es, además –ha querido serlo siempre–, un momento en el que mirar cara a cara la realidad. Una realidad en la que la confusión, la violencia y el desmoronamiento de certezas que creíamos inamovibles se encarna en conflictos como los de Oriente Medio, la persecución de los cristianos o los profundos cambios sociales y tecnológicos que estamos viviendo en nuestros días.

Seguramente muchos de los encuentros y exposiciones han abierto en nosotros heridas que desconocíamos o creíamos ya cicatrizadas. La experiencia de las cárceles APAC en Brasil, el testimonio de los mártires reflejado en la exposición de Ayuda a la Iglesia Necesitada o el diálogo en torno al acogimiento familiar abren un camino de esperanza para todos. En cualquier circunstancia, aun en las más desfavorables, son posibles el bien, el abrazo del otro –incluso de los enemigos, como nos recordaban los padres Ibrahim Alsabagh y Benham Benoka– y el florecer de una belleza inesperada.

Por eso parece particularmente pertinente el recorrido realizado por el padre Mauro Lepori. Él nos ha recordado que es en el rostro de Cristo donde acontece la belleza que permite al hombre recomenzar en cualquier situación en la que se encuentre, por difícil que sea. Esta belleza se hace carne hoy en la vida de la Iglesia, a través de todas las limitaciones de sus miembros. Es una belleza desarmada que se ofrece al mundo y que puede sanar sus profundas heridas, tan patentes en este momento de la historia. De hecho, EncuentroMadrid es un lugar donde se viene haciendo realidad una historia de amistad sencilla y sin pretensiones con personas de muy diversas procedencias culturales.

La forma alegre y gratuita en que se ha desarrollado una vez más el trabajo de seiscientos voluntarios, la presencia de cientos de familias con sus hijos, y el asombro que estos han manifestado al participar en la exposición infantil, conforman también un gesto que interpela a nuestra ciudad común y la enriquece.

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La herida de una belleza desarmada

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Cuando la justicia afirma al hombre por encima de su mal

EncuentroMadrid ha clausurado la edición de este año presentando la experiencia del método APAC en cincuenta cárceles de Brasil, una iniciativa apoyada por la justicia de este país que ha reducido drásticamente la reincidencia, la corrupción y la violencia en los últimos años. Un expresidiario, un magistrado y uno de los fundadores han mostrado cómo es posible una ejecución de la pena en la que confluyen el bien del Estado, la sociedad y el recuperando, partiendo de la premisa de que el crimen y el hombre que lo comete no son la misma cosa.

¿Es posible un sistema penitenciario en el que la sociedad se regenere haciendo la vida más justa para víctimas y delincuentes? Después de lo vivido en el Teatro Auditorio de la Casa de Campo en el acto de clausura de EncuentroMadrid, cabe decir que sí.

El método APAC (Asociación de Protección y Asistencia a los Condenados) nace como respuesta a la situación de abandono, corrupción y violencia que asola la mayoría de cárceles en Brasil, ofreciendo un tratamiento personalizado al recuperando por parte de funcionarios y voluntarios conscientes de que “no hay ni un solo error que un hombre cometa que otro no sea capaz de cometer”. Este proyecto, nacido de la experiencia del movimiento católico Cursillos de Cristiandad, se está extendiendo a varios países de todo el mundo, pues está produciendo resultados efectivos en la sociedad brasileña, como la reducción drástica de la reincidencia en unos reclusos que viven en unas cárceles sin guardias, armas, violencia, droga ni corrupción.

Valdeci Antonio Ferreira, presidente ejecutivo de APAC, ha señalado que su primer llamamiento es a la sociedad para que “toquen las heridas abiertas que hay en las cárceles aun sabiendo que al hacerlo se reabrirán también las suyas”. Estas heridas no son fáciles de curar, pues “los presos que llegan a la cárcel lo hacen destruidos física, psíquica y espiritualmente”. Respecto a su principal tarea, Ferreira destaca que consiste en “arrancar un corazón de piedra y poner uno de carne a través de la realidad”. Y para ello, una vez que los recuperandos son plenamente conscientes del mal que han cometido, les ayudan “a descubrir que son más grandes que su crimen” pues “el crimen y el hombre que lo comete no son la misma cosa”.

Luis Carlos Rezende e Santos, magistrado de la justicia brasileña, comenzaba su intervención asegurando que “la eficacia del sistema penal se mide por la eficacia de la pena, la cual tiene como beneficiarios al Estado, la sociedad y el delincuente”. Sin embargo, la experiencia mayoritaria en las penas privativas de la libertad es que “el Estado enclaustra, la comunidad culpa y el preso muere socialmente”. Rezende ha reconocido que apoya y abraza esta causa porque los jueces están asistiendo “a una verdadera resurrección de los vivos”.

Cuando la justicia afirma al hombre por encima de su mal

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"No somos nosotros los que mantenemos viva la fe, es la fe la que nos mantiene vivos a nosotros"

El padre Ibrahim Alsabagh es desde 2014 párroco en la iglesia de San Francisco de Asís y responsable de la comunidad latina en Alepo, una de las ciudades más martirizadas por la guerra siria. El padre Behnam Benoka es sacerdote iraquí, sirocatólico si atendemos al rito de la Iglesia a la que pertenece. Lleva años compatibilizando su trabajo en Erbil, en el kurdistán iraquí, a donde se han desplazado casi la totalidad de la comunidad cristiana del país, con su presencia en distintos países para contar su testimonio. Ambos han dado su testimonio en el acto “Una belleza que construye historia. Crónicas de guerra y esperanza desde Siria e Irak”.

“Nuestras escuelas están destruidas. No hay hospitales, las iglesias se derrumban, no tenemos electricidad y llevamos 70 días sin agua. Acudir a los pozos más cercanos nos supone cuatro horas a pie. Estamos malnutridos, enfermos y el 85 por ciento de la población está en paro. Por eso dos tercios de los habitantes se ha lanzado al mar: para huir de una situación insostenible”. Con este crudo relato de la realidad de su país natal ha comenzado el padre Ibrahim Alsabagh, que actualmente atiende a la comunidad latina de Alepo, una de las ciudades más martirizadas por la guerra siria. Pero su ponencia en el acto “Una belleza que construye historia. Crónicas de guerra y esperanza desde Siria e Irak” no ha sido únicamente alarmista. Si bien ha querido explicar la difícil situación que atraviesan tanto los refugiados como los que han permanecido en el país, el franciscano ha afirmado que su pueblo se siente “tranquilo en las manos de un Padre que nos mira con ternura”: “Sólo la fe nos permite vivir aquí. No pensamos en el futuro, el hoy nos basta”.

En una conversación moderada por José Luis Restán, director editorial de la cadena COPE, tanto el padre Ibrahim como el padre Behnam Benoka han destacado la fuerza de la fe para sostener sus respectivas comunidades. “Pero no somos nosotros quienes mantenemos viva la fe, sino que es la fe la que nos mantiene vivos a nosotros, la que nos da sentido. Estamos viviendo un milagro; estamos viviendo por un milagro”, ha explicado Benoka, sacerdote sirio-católico que durante la salida de los cristianos de Mosul, a causa de los fuertes ataques del Estado Islámico, creó el sistema Sanitario de los campos de refugiados, gestionando el cuidado de los enfermos. “Vemos, por la historia, que la Iglesia es una planta débil, que ha sido devastada tantísimas veces… Pero nadie ha podido arrancar esta planta. Por eso la historia refuerza nuestra fe, y encontramos consuelo en el abandono y la contemplación de la belleza de Jesucristo; una belleza que vemos en los rostros de todos los que sufren”, ha añadido el padre Ibrahim.

"No somos nosotros los que mantenemos viva la fe, es la fe la que nos mantiene vivos a nosotros"

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Conversaciones sobre la belleza  con Antonio López

El pintor español Antonio López ha acudido a EncuentroMadrid para conversar sobre su obra y la belleza del arte con Rosa Hinojosa, profesora del Colegio Internacional JH Newman, patrocinador de este acto.

El encuentro ha comenzado con la interpretación de la canción Ramito de mejorana, que tanto gusta al pintor nacido en Tomelloso. López se formó en la Escuela de San Fernando, en Madrid, y ganó entre muchos otros premios el Príncipe de Asturias en 1985. Miguel Delibes lo describía así: “¿Qué admirar más en Antonio, su persona o su obra? Su bondad, la modestia machadiana de su aliño indumentario, su humildad creadora, su absorbente profesionalidad, el afán de apartarse, de desplazar sobre otros su valía”.  

A partir de las preguntas de Rosa, el artista ha ido reflexionando sobre el arte en la actualidad, su relación con la vida cotidiana, con la sociedad, y el encaje de su obra en este contexto. Primero ha hablado del instinto y del arte como reflejo de la verdad. Su obra tiene dos puntos de partida: la realidad objetiva y los sueños, aunque actualmente la pintura atraviesa un momento de desorientación.

Ante la pregunta por la influencia positiva del arte en la sociedad, López ha sido rotundo: “Vamos hacia el precipicio, no tiene arreglo, al lado de los problemas del mundo el problema de la pintura no es nada”. Rosa le ha preguntado también por la evolución en su pintura. “¿Se ha aclarado su paleta?”. Según el pintor, su obra ha evolucionado con él. “Mi rostro no es el mismo que el de hace 50 años, por eso mi pintura no es la misma (…) pero mi interés por acercarme a algo interesante no ha cambiado”.

También se le ha preguntado por el arte compartido, el trabajo conjunto con otros. López ha expresado la dificultad actual del arte contemporáneo para ello. “Antes había un lenguaje común, el pintor no trabajaba solo, tenía su equipo”. Se ha referido además a la obra de su mujer, también pintora, María Moreno. “Cuando se tiene un alma bella, la obra sale bella”, ha dicho de ella.

Pero no solo ha hablado de belleza, ha puesto de ejemplo a Caravaggio como artista que también refleja la suciedad y el conflicto, y que son también reflejo de lo que sucede en el mundo. Aun así, defiende que “es un alivio delante de tanta mugre estar delante de algo que tiene valor. El arte es lo mejor que tiene el hombre”.  

Las dos últimas preguntas se las ha lanzado el público. La primera sobre el agotamiento del arte abstracto, ante lo que ha respondido que en España tenemos miedo de jugárnosla con el arte figurativo. Y la última con respecto al futuro. ¿Qué recomienda a un joven que se quiere dedicar al mundo artístico? Que se deje apoyar en el camino, también en el fracaso y ante las dificultades, que siempre llegan.

Conversaciones sobre la belleza  con Antonio López

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"No hay verdadera belleza sin la herida abierta del costado de Cristo"

El obispo auxiliar de Madrid, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, ha presidido esta mañana una eucaristía en EncuentroMadrid.

“¿De dónde nace la Iglesia? De la herida del costado de Cristo”. Esta ha sido la afirmación central de la homilía de monseñor Martínez Camino a los organizadores, voluntarios y participantes en el EncuentroMadrid, en referencia al lema que preside los actos de este año, “Heridos por la belleza”.

“La Iglesia no ofrece al mundo un sentido, sentido ofrecen mucho hoy. La Iglesia ofrece al mundo una sangre, que es el sentido de los sentidos”, ha añadido. “Por eso nosotros tenemos esperanza ante la fealdad de nuestro pecado, no por una utopía sino por esta esperanza que nace de la herida del costado de Cristo. Una belleza herida y una belleza que nos hiere, porque nosotros somos seres heridos”.

Martínez Camino ha manifestado su gratitud a la “gente contenta” del EncuentroMadrid, incluso ha hecho un guiño al cierre de los accesos a la Casa de Campo de Madrid esta mañana debido a la celebración de una maratón. “Entró Jesús en la casa donde estaban los discípulos, estando las puertas cerradas, dice el Evangelio. Igual que nosotros entramos hoy aquí por él, a pesar de que también estén cerradas las puertas de la Casa de Campo”.

Esta eucaristía se ha celebrado en un Teatro Auditorio repleto donde Rafael Gerez, presidente del EncuentroMadrid, ha expresado “nuestro agradecimiento a la presencia del obispo auxiliar y nuestra disponibilidad para estar al servicio de la Iglesia en Madrid”.

"No hay verdadera belleza sin la herida abierta del costado de Cristo"

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Primera vuelta con López

Fernando de Haro

Me confieso. Este domingo he faltado a mis sacrosantos deberes profesionales. Mientras Francia votaba, en unas de las elecciones más decisivas para el país y para toda Europa, al menos durante una hora y media, no he apagado mi ansiedad como se debe hacer en estos casos. No he repasado por enésima vez los últimos sondeos, el empate técnico que daban las encuestas para Le Pen, Macron, Fillon, y Mélenchon. Tampoco he repasado los efectos del atentado de 2015 en la victoria del Frente Nacional en la primera vuelta de las regionales. Ni las posibilidades de que en la segunda vuelta pueda repetirse lo que sucedió en 2002, cuando Chirac consiguió un formidable 82 por ciento de votos para frenar a Le Pen padre que se había metido en la segunda vuelta.

Durante 90 minutos, quizás algo más, estuve escuchando una formidable conversación que se produjo en la edición 2017 de EncuentroMadrid. Una conversación entre el más famoso de los pintores españoles, Antonio López, y Rosa Hinojosa, una inteligente profesora de arte. Antonio López inició, junto a un grupo llamado la escuela realista de Madrid, una aventura muy arriesgada a mediados de los años 50: volver a hacer pintura figurativa después del largo viaje emprendido por el arte europeo con el postimpresionismo. La apuesta era difícil porque, como él mismo explica, a esas alturas la capacidad de representar la realidad era prerrogativa casi exclusiva del cine y de la fotografía. Ya parece que no es necesario un retrato de Inocencio X, como el de Velázquez, porque las disciplinas audiovisuales parecen darnos la representación perfecta de cosas y personas. López pinta objetos familiares, calles, vida cotidiana. Sus obras, realistas, tienen la fuerza y la discreción de un buen poema: invitan a mirar lo habitual de otro modo, es lo de siempre y ya no es lo de siempre, por algún sitio se abren a lo-no-visto.

Mientras escuchaba a Antonio López me distraje con la pregunta que me obsesionaba desde que a las ocho de la mañana habían abierto en los colegios electorales: ¿Cómo es posible que en Francia pueda haber una presidenta del Frente Nacional? ¿Cómo es posible que las encuestas otorguen a las opciones de ultraizquierda y ultraderecha, antieuropeas, un 40 por ciento en la intención de voto? Una frase del pintor me hizo volver a prestar atención a la conversación: en el arte hace tiempo que perdimos la claridad sobre cómo hacer las cosas. Antes se sabía cómo había que pintar. “Ahora –señalaba López– el arte es como en la vida, nada está claro. Es lo mismo que le pasa a la política. Te preguntas por qué no hay partidos a la altura de las circunstancias y te das cuentan de que tendrán que desaparecer, surgirán otros nuevos”.

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Coptos: mártires por un fracaso

Fernando de Haro

Francisco viaja a finales de abril a un Egipto en el que el yihadismo de última generación, liderado por el Daesh, ha reconocido su fracaso. Las televisiones que emitirán las imágenes del Papa recorriendo las calles de El Cairo son las mismas televisiones que desde hace años se han convertido en el mejor altavoz de intelectuales y líderes de opinión que claman por un islam abierto a la modernidad. Por un islam dispuesto a aceptar una “muwatana” (ciudadanía) que de algún modo separe lo religioso de lo político. Egipto, que se ha convertido más que nunca en la tierra de los mártires coptos, lo es porque el ISIS se ha visto frustrado en su intento por extender la violencia sectaria.

Los atentados del Domingo de Ramos, los del pasado mes de diciembre y la limpieza étnica que el Daesh ha llevado a cabo en la Península del Sinaí (han expulsado de sus casas a 150 familias) forman parte de una nueva fase bien diferente en la persecución de los coptos. Los muertos entre diciembre (25) y abril (44) son muchos más que los provocados en las masacres precedentes: 28 muertos en Maspero (octubre de 2011) y los 22 de Alquidisim (enero de 2011). Pero el cambio no está solo en las cifras.

Hasta los años 80 del pasado siglo la situación de los coptos en Egipto era de una tranquilidad relativa, dentro de un régimen de libertad restringida. El giro de Sadat hacia el islamismo cambia las cosas. Y a partir de 2000 se empiezan a producir ataques frecuentes. El último Mubarak deja a los Hermanos Musulmanes el control de muchas mezquitas y de la educación, lo que populariza la violencia sectaria. Esa penetración en una parte de la sociedad es decisiva cuando llega la revolución de 2011. Los Hermanos Musulmanes tienen prisa en hacerse con la revolución que no han protagonizado. Y tienen que atacar un objetivo fácil (cristianos) cuando las masivas manifestaciones los echan del poder. Pero, a pesar de que la persecución se incrementa, no consigue destruir lo que Mokhtar Awad, investigador de la Georgetown University, llama la “relativa cohesión de la sociedad egipcia”.

Los coptos siguen haciendo política, siguen haciendo negocios, siguen manteniendo unas relaciones normales con una parte importante de la población musulmana. Su presencia anima a Al Sisi a pedir a Al Azhar que reforme el islam. Es difícil pensar que, sin los coptos en Egipto, Al Azhar, la gran mezquita de referencia para el mundo suní, hubiese celebrado en el mes de febrero un encuentro con una delegación del Vaticano y luego una conferencia sobre “libertad, ciudadanía, diversidad e integración”. Conferencia que ha terminado con una declaración sobre la coexistencia islámico-cristiana. Ha sido un escalón más en un proceso que dura ya años y que, con todas sus limitaciones, supone una importante apertura.

Coptos: mártires por un fracaso

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Errado disparo de Trump

Fernando de Haro

Trump ya es un líder más normalizado. Desde que el viernes pasado decidiera lanzar los 59 misiles Tomahawk contra el campo aéreo de Shayrat, en la ciudad de Homs, se parece, un poco, solo un poco, a sus predecesores. Se parece al Bush que ordenó la invasión de Iraq en 2003 y al Obama que atacó Libia en 2011. También al Obama que quería bombardear en 2013 las posiciones de Assad en Siria, como represalia por el uso de armas químicas. Sadam y Gadafi, como Assad, eran dos tiranos con ningún respeto por los derechos humanos. Iraq no ha levantado cabeza en los últimos catorce años y Libia se ha convertido en un estado fallido, nido del yihadismo del Magreb. La diferencia, la ventaja, es que en el caso de Trump no parece que haya un plan, una voluntad firme de cambiar de rumbo. Por más que Nikki Haley, la embajadora de Estados Unidos ante la ONU, asegure en el Consejo de Seguridad que se puede seguir bombardeando, no parece que la cosa vaya a ir a más.

¿A quién beneficia la decisión de Trump? No parece que al pueblo sirio. Una acción de esas características, con dificultad, va a frenar el uso de armas químicas. Obama quiso eliminar esas armas con ataques desde el aire contra el ejército sirio. Afortunadamente el plan inicial se sustituyó por una negociación, en la que se involucró Rusia y el Gobierno de Damasco. Con la ayuda de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas se terminó de destruir buena parte del arsenal en enero de 2016. Es más que evidente que las armas no destruidas han sido usadas en el ataque de Jan Sheijun, en la provincia de Idlib. La masacre del pasado martes clama al cielo. Pero, militarmente, la respuesta de Trump no tiene ninguna consecuencia. Si acaso le da más fuerza a la Comisión Suprema para las Negociaciones, el grupo rebelde apoyado por Arabia Saudí, que ya se había visto crecido por el ataque químico de Assad y que es el que lleva la voz cantante en las conversaciones entre los rebeldes y el Gobierno.

Errado disparo de Trump

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>Editorial

La Venezuela que ya es libre

Fernando de Haro

Error de cálculo, nerviosismo por el miedo a perder el poder. En los próximos días se irá aclarando por qué el chavismo protagonizó la semana pasada un autogolpe de Estado y después intentó dar marcha atrás. Todo indica que estamos ante una guerra civil dentro del propio chavismo. Maduro no controla todos los hilos.

Los hilos de las decisiones del Tribunal Superior de Justicia, que actúa como Tribunal Constitucional, los controla el Ejecutivo. Y el Ejecutivo, en principio, lo controla Maduro. Pero hay indicios de que las sentencias 155 y 156, que vaciaron de competencias a la Asamblea Nacional, son obra del ala extremista del chavismo liderada por Diosdado Cabello. Una decisión a la que se habría opuesto el propio Maduro. Eso explicaría las críticas de la fiscal general del Estado, Luisa Ortega Díaz, mujer que ha prestado grandes servicios al régimen. Sorprendieron sus declaraciones críticas con el Supremo y la descalificación del autogolpe que hizo el Consejo de Defensa Nacional, un organismo a medida del presidente.

El golpe de la semana pasada, impulsado por el sector radical, llegaba en el momento más inoportuno. Cuando la Organización de Estados Americanos (OE), después de años de dudas, estaba estudiando la aplicación de la Carta Interamericana a Venezuela. Esa carta supone en la práctica extender un certificado de dictadura o semidictadura. Privar al parlamento de sus poderes ha dado al resto de los países de la región motivos para su decisión.

El golpe podía ser inoportuno para quien quería mantener todavía una cierta apariencia de democracia. Pero no para los más extremistas, para esa facción del ejército con negocios de blanqueo y narcotráfico, dispuestos a que no haya más elecciones.

En realidad, el golpe en Venezuela ha sido un golpe a cámara lenta. Primero fue el encarcelamiento de muchos opositores (113 presos políticos), entre los que está Leopoldo López. Luego llegó el bloqueo permanente de la Asamblea, la utilización del Tribunal Supremo para validar un decreto de emergencia alimentaria que había rechazado la oposición, las trabas al referéndum revocatorio y su posterior suspensión, así como la eliminación de las elecciones locales. Y lo último había sido el complejo mecanismo, de cumplimiento obligatorio e imposible, para que los partidos de la oposición se inscribieran, de nuevo, en el Consejo Electoral Nacional. Decisión que, en realidad, suponía que las elecciones presidenciales de 2018 fueran elecciones de partido único.

A lo peor Diosdado Cabello y el ala radical del chavismo no han errado el cálculo y simplemente han buscado subir un grado más la polarización, con violencia en las calles, para justificar la cubanización definitiva del régimen.

La Venezuela que ya es libre

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>CINE

La ciudad de las estrellas (La La Land)

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 2  539 votos
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Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D.

One, la nueva película de Fernando de Haro que se estrena en Madrid el próximo lunes, cuenta lo que nunca te han contado sobre la India. En la mayor democracia del mundo, en el país que compite con China por el liderazgo de Asia y de buena parte del planeta, sigue vigente un rígido sistema de castas. Por eso la minoría cristiana, que se atreve a afirmar la igualdad efectiva entre los indios, es perseguida. Los parias (los sin-casta) que abandonan el hinduismo y abrazan el cristianismo, buscando una vida más digna, pierden las ayudas sociales. Los obstáculos legales que limitan las conversiones han sido respaldados por el Tribunal Supremo. Un nuevo nacionalismo hindú no duda en recurrir a la violencia para restringir la libertad y lleva a cabo prácticas que algunos califican como prácticas genocidas. Prueba de ello es lo que sucedió en el distrito de Kandhamal durante 2008. Se pretendió “limpiar” de bautizados una amplia zona.

Este documental está grabado en Nueva Delhi; en Bhubaneswhar, la gran ciudad del hinduismo; y en las selvas de Orissa, junto al Golfo de Bengala. Recoge los rostros y las historias de gente sencilla (la inmensa mayoría de los bautizados de la India son parias) que ha encontrado en el cristianismo una forma más humana de vivir. Muchos explican por qué abrazaron la nueva religión y han abandonado la antigua. Otros relatan las injusticias sufridas y los motivos que les permiten ser fieles al credo de la cruz. La película da voz también a los nacionalistas hindús que justifican las políticas de discriminación.

Estamos ante el cuarto documental de una serie dedicada a los cristianos perseguidos. El primero de ellos, "Walking next to the wall", fue rodado en Egipto y está dedicado a los coptos. El segundo, Nasarah, grabado en el Líbano, está dedicado a los sirios e iraquíes perseguidos por el Daesh. El tercero, Aleluya, a Nigeria. Los cuatro están disponibles en la plataforma Vimeo. La serie está dirigida por Fernando de Haro que trabaja con la productora N Medio. El proyecto se lleva a cabo con la ayuda del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo y la Fundación Hernando de Larramendi.

A las 19 horas del lunes 23 de enero en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Julián Romea, 23. 28003 Madrid.

Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

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>Columna derecha

>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  1856 votos

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