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24 SEPTIEMBRE 2019
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>Entrevista a Miquel Esqudero

´La sentencia del procés reclama unidad´

P.D.

Miquel Escudero, crítico literario, profesor de matemáticas y ensayista, analiza para paginasdigital.es la situación de Cataluña.

El independentismo está dividido. ¿Qué reacción se puede producir después de que conozcamos la sentencia del procés?

Sí, el independentismo está dividido pero hoy gobiernan juntos. ¿La reacción que se puede producir? La que ya está anunciada: la agitación callejera. Desde el principio, el poder independentista declaró por activa y por pasiva que no aceptaría otra sentencia que no fuera la absolución de los encausados. Lógicamente, si ésta se llegara a dar, también habría movilizaciones airadas.

¿Es posible tras la sentencia llegar a un acuerdo con ERC que encauce el conflicto catalán dentro de los límites de la Constitución?

Los constitucionalistas también están divididos, pero en cambio no gobiernan juntos. Un acuerdo del PSC con ERC es muy probable. Para los independentistas sería una forma de ganar tiempo, a la espera de avanzar sus posiciones con la mayor efectividad posible para su único propósito. Espero que esta vez ERC no le vuelva a ‘comer la tostada’ al PSC, como siempre ha hecho de manera calamitosa.

¿Hay vías intermedias para Cataluña? ¿La posición de PSC sirve de ayuda?

La actitud del PSC produce desolación por su incoherencia, siempre da una de cal y otra de arena: repasen sus actuaciones en las localidades donde tiene alguna responsabilidad de gobierno; o sepan que estos días ha aceptado entrar en el Diplocat (organismo de propaganda separatista por todo el mundo). En cuanto a la vía ganadora que representaba Ciudadanos (ganadora en votos y en escaños en las últimas elecciones autonómicas) se está desvaneciendo con la torpe gestión autoritaria, básicamente antiliberal, de los riveristas dentro de su partido. Ciudadanos está descolocado y es irreconocible desde su espíritu fundador. Esto es muy preocupante.

¿Sería útil un nuevo Estatut, un nuevo modelo de financiación?

¿Útil, para qué? No hay democracia sin respeto a la Ley, y esto es innegociable e insustituible. A partir de aquí, y sólo a partir de aquí, se puede negociar lo que sea. Es fundamental saber que el separatismo jamás se hace cargo de las concesiones que se puedan plantear o efectuar con la buena intención de apaciguarlo o contentarlo; al contrario, se envalentona. No se olvide. Que nadie se engañe. “No se debe intentar satisfacer a quien con nada se va a satisfacer”, enseñó Julián Marías. Hay que plantear las cosas con claridad, competencia y realismo, tomar iniciativas viables y atractivas que nos alejen de la tóxica verborrea separatista.

¿Cuál es la razón de fondo que ha provocado la repetición electoral?

Sólo soy un espectador, pero veo a Pedro Sánchez interesado en seguir aumentando su número de escaños y en el retorno al bipartidismo; Podemos y Ciudadanos, que tienen muy malas previsiones de voto, lo facilitan. Albert Rivera perdió, quizá por ceguera personal, una oportunidad preciosa para plantear reeditar el pacto del abrazo, fallido gracias a Pablo Iglesias. Las urnas hablarán dentro de poco (también con votos en blanco y en abstención). Y la sentencia del procés andará por esas fechas, lo que reclamaría unidad.

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"La sentencia del procés reclama unidad"

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La voz del independentismo pacífico

Lola Martínez

Muchas veces, como científica o como madre de familia, no puedes comprobar personalmente los hechos. No puedes ir al Amazonas para ser testigo de la tala de árboles o no puedes interpretar una radiografía. Y entonces, como científica o como madre de familia, tienes que buscar a alguien que te haga un relato de los hechos lo más verídico posible y una interpretación fiable. ¿De quién nos podemos fiar? En las últimas horas nos hemos encontrado ante esa disyuntiva.

Tenemos un hecho: la detención de nueve personas en seis localidades catalanas, entre ellas Sabadell y Sant Vicenç de Torelló, que tenían material para fabricar explosivos. La operación, dirigida por el juez de la Audiencia Nacional Manuel García-Castellón, persigue posibles delitos de terrorismo y rebelión. De un lado tenemos la explicación de la Fiscalía que nos ha dicho que los detenidos son un "grupo terrorista". El ministerio público asegura que ha actuado contra ellos ante la "certeza" de que pensaban "perpetrar" acciones "entre el aniversario del referéndum ilegal de autodeterminación del 1 de octubre de 2017 y el anuncio de la sentencia del juicio del procés”. Del otro lado tenemos la explicación que nos ha dado Torra, el presidente de la Generalitat, que en un tuit ha afirmado que las detenciones de estas personas, miembros de los llamados CDR, es una represión del Estado español que quiere construir un relato de violencia para preparar la sentencia del Supremo. La interpretación de Torra ha sido compartida por todo el independentismo, desde ERC hasta la CUP, pasando por la ANC y Omnium Cultural. ¿Qué interpretación es más fiable?

Después de las detenciones Torra ha seguido diciendo que el independentismo es pacífico. Es una generalización que no se compadece con los hechos. Hay un independentismo pacífico y hay otro violento. La Fiscalía del Supremo dio por probado que en el intento de independencia de Cataluña se utilizó una violencia suficiente para provocar una rebelión. La Fiscalía aseguró que hubo nexo causal entre esa violencia y la finalidad de la declaración de independencia: los acusados tuvieron conocimiento de que se iban a producir enfrentamientos y si se sirvieron o instrumentalizaron esa violencia. Ya veremos lo que dice la sentencia. La Generalitat presidida por Torra reconoció hace ya meses que los llamados CDR han protagonizado actos de violencia en sus protestas. Se han abierto decenas de diligencias judiciales por presuntos delitos de desorden público. Los tribunales catalanes ya condenaron este verano a una pareja por ese delito.

Hay un independentismo pacífico y hay otro independentismo violento. Si el independentismo pacífico no alza la voz para distanciarse del independentismo violento valida sus métodos.

La voz del independentismo pacífico

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>Editorial

La primera política es la confianza

Fernando de Haro

Los españoles volverán a votar el próximo mes de noviembre. Cuartas elecciones en cuatro años. Las preguntas se amontonan. ¿Es una catástrofe volver a las urnas? ¿Hay algo en el ADN de los nuevos políticos españoles que les impide llegar a acuerdos que sí se alcanzan en otros países? ¿El sistema de partidos que surgió tras la crisis y tras los casos de corrupción del PP ha provocado ingobernabilidad? ¿Qué consecuencias tiene esta repetición?

La emergencia de VOX en las elecciones del mes de abril provocó que el número de partidos nacionales con representación parlamentaria se elevara hasta cinco. Solo en las primeras elecciones democráticas de 1977 había sucedido algo remotamente parecido. Desde los inicios de los años 80 hasta las elecciones de 2015, el centro izquierda (PSOE) y el centro derecha (PP) se habían alternado en el poder con mayorías absolutas o mayorías simples, apoyados por nacionalistas vascos y catalanes. Estos últimos no habían optado hasta entonces abiertamente por la independencia. Hace cuatro años, tras los sacrificios exigidos por la crisis y la corrupción, el sistema de partidos se fragmentó a izquierda y a derecha con la aparición de Ciudadanos y de Podemos.

Pero no hay nada en ese sistema que impida la formación de mayorías suficientes. El PP y el PSOE, los dos partidos más clásicos, han sufrido importantes desgastes cuando han salido del poder pero luego se han recompuesto. Los populares parece que van camino de ello. Y la estructura ideológica es bastante clásica (izquierda-izquierda, centro-izquierda, liberales que pueden hacer de bisagra, y centro-derecha). Tampoco hay una especie de maldición oculta y una resistencia general al diálogo. En 2015 hubo que repetir comicios porque el líder de los socialistas, Pedro Sánchez, se negó –con una opción personalísima– a facilitar el Gobierno de Rajoy. Y en 2019 no ha habido investidura por la personalísima opción de Sánchez de no negociar seriamente los apoyos necesarios, por el personalísimo empeño de Iglesias, el líder de Podemos, de entrar en el Gobierno. Y por la personalísima opción del líder de Ciudadanos, Rivera, que ha preferido intentar ser el líder de la oposición. Algunas de estas opciones seguramente hubieran sido diferentes si Sánchez no hubiera llegado al Gobierno con el apoyo del independentismo catalán y si no hubiese buscado sus votos durante un tiempo.

La repetición de los comicios ha convertido a la clase política en la segunda preocupación de los españoles, pero no provoca un alejamiento de los partidos. Es lo que refleja el Estudio de Valores 2019 de la Fundación BBVA, que compara las actitudes en Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y España. Los españoles son los que más piensan que los políticos se dedican a sus intereses y no al bien común (82%), solo superados por los italianos (87 por ciento). Pero el porcentaje de españoles que dice no identificarse con los partidos tradicionales es el más bajo de los países de su entorno, muy por debajo de Italia que está en máximos. Hay un 23 por ciento de españoles que dicen no estar interesados en la política, pero es un porcentaje idéntico a la media. La valoración de la democracia está en el 4,6 sobre 10 (similar a la de los países de su entorno), pero ha mejorado desde 2012 a pesar de las repeticiones electorales.

>Editorial

La primera política es la confianza

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Sin lo gratis no hay democracia

Lola Martínez

Este jueves un coche procedente de la prisión de Brieva llegaba al Hogar Don Orione en Pozuelo, un centro en el que se atiende a discapacitados. En ese coche viajaba Urdangarín que iba a hacer voluntariado con personas que sufren una discapacidad profunda. Urdangarín. Repetirá estas salidas de ocho horas diarias dos veces a la semana después de que el juez de Vigilancia Penitenciaria 1 de Castilla y León, Florencio de Marcos, las autorizase.

Pedro Sánchez, el director del centro, ha explicado que en Don Orione se cuida de la vida. Urdargarín ha entrado en ese club de las personas que hacen voluntariado en España: tiene entre 3,5 y 4 millones de miembros que dedican su tiempo a alguna tarea de forma gratuita. El voluntariado se ha considerado muchas veces como un adorno para gente que tiene mucho tiempo libre o que tiene ciertas inclinaciones altruistas. El voluntariado es mucho más que eso. El voluntariado, el trabajo gratuito es un engranaje esencial de nuestra democracia. En España no lo solemos valorar como no valoramos el sector no lucrativo o tercer sector. Solemos considerar al Tercer Sector una especie de tapa-agujeros cuando es todo lo contrario.

Tenemos la ingenuidad de pensar que una sociedad está en pie porque el Estado y el mercado se ocupan de casi todo. Unas necesidades las cubrimos comprando servicios a las empresas y otras necesidades nos las cubre el Estado del Bienestar después de pagar impuestos. Pero eso no significa que todas las necesidades queden cubiertas. Tenemos necesidades de relación, de cuidados que solo pueden ser gratuitos y ahí es donde entra el voluntariado. Una sociedad no está en pie solo porque funcione el mercado y porque funcione el Estado, porque se apliquen las leyes. Nuestra sociedad tiene déficit democrático también porque tiene déficit de relaciones y déficit de cuidados. Los cuidados no son solo algo privado. No es verdad que nada sea gratis. Hay muchas cosas que son gratis, muchas personas que dan su tiempo y su vida gratis.

Sin lo gratis no hay democracia

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Teología política en el siglo XXI (3)

Massimo Borghesi

Me alegra que Rodolfo Casadei haya querido responder a mi artículo donde contestaba a algunas de sus tesis sobre la relación entre religión y política. El autor mitiga, y eso es bueno, ciertas expresiones puntiagudas que resultaban francamente inaceptables. Concretamente dos: la santificación de las naciones soberanistas por su oposición “religiosa” al modelo europeo y el elogio acrítico al partido soberanista italiano en virtud de su “sacralización” de las fronteras nacionales.

En su respuesta, Casadei señala que “con todo esto, no he escrito ni pienso, como afirma Borghesi, que la Polonia y Hungría actuales representen el modelo ideal contemporáneo de la relación entre religión y política para los que se dicen cristianos. En este sentido, los modelos ideales no existen, solo existen modelos históricos, que justo por ser históricos no se pueden exportar ni imitar más que en una mínima parte”. La relativización de los modelos es un paso importante hacia la superación de la ideología teológico-política.

Igualmente importante es la segunda aclaración de Casadei. “No soy soberanista –afirma–, también por algunas de las razones que Borghesi ilustra, pero creo que, a corto plazo y teniendo la única alternativa de elegir entre aliarse con los partidos soberanistas o con los de lo políticamente correcto, para los cristianos sería más oportuno lo primero. A medio-largo plazo sería un abrazo mortal tanto la alianza con los soberanistas como con los de los políticamente correcto, con la única diferencia de que la primera sería una muerte lenta mientras que la segunda sería una muerte muy rápida”. Observo que se trata de una aclaración que deja amplios márgenes para la discusión y, sin embargo, resulta innegable que el autor tiende aquí al menos a diluir la “santa alianza” entre cristianismo y fuerzas conservadoras, a no revestirla con un blindado “religioso”.

Es lo que yo pedía. El resto pertenece al análisis político, a la valoración de las fuerzas políticas por parte de un católico comprometido, al cálculo de costes y beneficios. Se puede discutir legítimamente sobre cuál es la mejor fórmula política en el contexto actual y sobre ello los católicos pueden dividirse, por supuesto, aunque tienen el deber de intentar vías unitarias. Lo que no es correcto es sacralizar la esfera política, de derecha o de izquierda. En mi intervención no criticaba el modelo teológico-político de izquierdas por la simple razón de que hoy, a diferencia de los años 70-80, cuando era hegemónica, no existe.

Teología política en el siglo XXI (3)

Massimo Borghesi | 0 comentarios valoración: 2  18 votos

Teología política en el siglo XXI (2)

Rodolfo Casadei

Mis diferencias con el profesor Massimo Borghesi no tienen nada que ver con la contraposición entre derecha e izquierda (Ortega y Gasset tenía razón cuando decía que identificarse con solo una de estas dos categorías constituye “una forma de hemiplejia mental”), o entre teología política y teología de la política. Se trata de una diferencia de enfoque de la realidad: teorético el suyo, práctico el mío.

Recomiendo a todos los lectores el libro ‘La historia perdida del cristianismo’ de Philip Jenkins, que muestra la historia de los cristianos de Oriente y evoca entre otras cosas un caso muy instructivo, el de los coptos de Egipto. Cuando en el año 642 los musulmanes conquistan Alejandría y absorben Egipto en el califato naciente, los cristianos representan el 90% de todos los egipcios. En torno al año 1000, después de tres siglos de dominio musulmán, siguen siendo más de la mitad de la población. Hoy son oficialmente el 10% de la población egipcia (más concretamente son el 5-6%) mientras que los musulmanes se han convertido en el 90%.

La inversión de proporciones fue gradual y progresiva porque solo una pequeña parte se debió a la eliminación física de los cristianos por parte de los musulmanes o a su conversión forzosa, lo que solo sucedió a gran escala con la persecución de 1354. Antes y después de esta fecha, las conversiones del cristianismo al islam se debieron principalmente a la presión social y a las leyes, los impuestos a los llamados ‘dhimmi’, la falta de oportunidades económicas o de carrera en la función pública para los cristianos, etcétera.

El resumen es que catorce siglos de poder político-religioso musulmán casi secaron, a través de múltiples formas de presión donde la violencia física es solo la última y la menos practicada, excepto en ciertos momentos concretos, la cuenca cristiana egipcia.

En Italia, donde los diversos poderes que se sucedieron desde el final del Imperio Romano animaron al cristianismo católico, en el momento del resurgimiento de la Unidad casi toda la población era católica y la Iglesia había modelado la civilización italiana. Se deduce que la política religiosa de aquellos que detentan el poder y promueven una religión antes que otra tiene una gran influencia en la fortuna de las diversas confesiones religiosas, incluidas las cristianas. Pero esta es evidentemente una deducción de puro sentido común a partir de los datos de hechos históricos, y acusarme por ello de “heterodoxia” no hará que esos hechos desaparezcan.

Mi reflexión va en el surco de la legítima autonomía de las realidades terrenas (Concilio Vaticano II), como la de los exegetas que aplican el método histórico-crítico a las Escrituras. Insistir en que “la gracia sobrenatural no necesita nada para acontecer. Solo requiere el asentimiento del corazón humano. Dios puede salir al encuentro del hombre, en cualquier lugar y bajo las condiciones más adversas” implica lógicamente, a la luz de la historia, que los italianos se habrían mostrado más abiertos a la gracia que los egipcios.

Teología política en el siglo XXI (2)

Rodolfo Casadei | 0 comentarios valoración: 3  20 votos

Buscando consuelo

R.I.

Hubo una época en España en que cumplir con la tarea que el artículo 99 atribuye al Rey era algo relativamente fácil. Fue desde 1977 hasta 2015. El Rey recibía en esa época a los partidos políticos, el candidato que había sido más votado llevaba los apoyos preparados y el Rey encargaba la investidura. Nadie rechazaba el encargo del Rey, ningún republicano le pedía al Rey que hiciera de presidente de República y nadie llegaba al palacio de la Zarzuela después de haber fingido buscar un acuerdo durante meses sin haber movido un dedo. Nadie fingía a última hora estar dispuesto a abstenerse a cambio de condiciones no negociadas previamente. Pero todo eso cambió en enero de 2016. Aquel mes y aquel año Rajoy rechazó el encargo del Rey porque sabía que no tenía apoyos suficientes y porque quería evitar que se pusiera en marcha el plazo de dos meses que disuelve de forma automática las cortes.

Después de eso, desde de las elecciones del pasado mes de abril, hemos visto de todo. Hemos visto que el líder del partido más votado, Sánchez, ha dejado correr el calendario buscando las tablas. Sánchez se ha reunido con todos los colectivos de la sociedad civil que le son amables pero que no le pueden dar votos. Sánchez ha hecho kilómetros para negociar el voto de un solo diputado, pero no ha querido reunirse con el líder de Podemos. Hemos visto reuniones de los equipos negociadores de Podemos y del PSOE en las que no se ha hablado de nada durante cuatro horas. Hemos visto cómo el supuesto socio republicano de Sánchez, Iglesias, desesperado, le pedía a Felipe VI que borboneara como hacía su bisabuelo Alfonso XIII antes de perder el trono. Iglesias le ha pedido a Felipe VI que se olvidara de la Constitución del 78 y que se convirtiera a Sánchez en un Maura con él dentro del Gabinete. Y por si no habíamos tenido suficiente circo, Rivera ha ofrecido una abstención de última hora, a cambio de tres condiciones de imposible cumplimiento. Rivera ha querido, incluso después de la conversación con el Rey, mantener ficticiamente abierta la partida.

Un triste espectáculo. Buscando consuelo político, solo encontramos dos motivos. El primero: es mejor no tener Gobierno a tener un Gobierno débil que hubiera dependido en parte de los independentistas. Y el segundo es que Rivera ahora parece dispuesto a acercarse a Sánchez.

Buscando consuelo

R.I. | 0 comentarios valoración: 1  8 votos

Teología política en el siglo XXI (1)

Massimo Borghesi

paginasdigital.es reproduce el debate que se ha producido entre Massimo Borghesi y Rodolfo Casadei en la prensa italiana sobre las relaciones entre poder y cristianismo.

Puede que a Rodolfo Casadei no le guste demasiado que tome su artículo titulado “Religión y política nunca se han separado”, publicado en Tempi, como ejemplo del modelo teológico-político que caracteriza en este momento a la derecha religiosa en Occidente y en América Latina. Es el mismo modelo que subyace a las críticas hacia el papa Francisco, acusado de ser un Papa rojo, modernista, relativista. Lo que no se le puede perdonar al pontífice, según sus críticos, es su abandono del terreno del conflicto, la lucha por los principios no negociables, la necesaria alianza con las fuerzas conservadoras para frenar, con el auxilio del poder, las tendencias disolventes del mundo contemporáneo.

Al Papa le combaten porque se niega a legitimar religiosamente a la derecha que se opone al movimiento de la globalización. De hecho, el problema, como evidencia el artículo de Casadei, es el de la legitimación religiosa de las fuerzas seculares. Al movimiento de neutralización de los símbolos religiosos, propio de la globalización, la derecha religiosa opone una teología política, una reacción identitaria y particularista que busca en el poder la vía de salvación respecto al nihilismo contemporáneo. Con una tesis que expresa claramente Casadei, para quien “religión y política nunca podrán estar separadas del todo”. Y ello por dos motivos.

“El primero es que la religión siempre ha desarrollado también la función social de mantener unida una comunidad humana. Religión viene del latín ‘res ligare’, es decir, ligar las cosas, y la cosa pública, la república, es la primera de las cosas que necesita cohesión. Los reyes sumerios, la civilización más antigua que se recuerda, eran también sacerdotes, y entre los cargos que se le asignaron a Cayo Julio César estaba también el de Pontifex maximus, la máxima autoridad religiosa romana. Constantino, haya visto o no realmente en el cielo nocturno una cruz luminosa donde se leía ‘in hoc signo vinces’, sabía perfectamente que el poder político necesita una sanción sagrada para funcionar, y que la legitimidad que procede de la fuerza de las armas o de cualquier otro principio secular no es suficiente”.

La política necesita una legitimación religiosa y viceversa, la religión necesita una encarnación política. Cualquier otra perspectiva es liquidada como angelismo, espiritualismo, desencarnación, falta de realismo. En realidad, existe otra política modelada por la fe, pero no obedece al modelo teológico-político teorizado por Carl Schmitt y acogido acríticamente por Casadei. De hecho, en la historia del pensamiento cristiano existe una teología política y una teología de la política.El paso de la segunda perspectiva a la primera es imperceptible pero, sin embargo, sustancial. Como señala Joseph Ratzinger en ‘Iglesia, ecumenismo y política’, “el cristianismo, a diferencia de sus deformaciones, no ha fijado el mesianismo en la política. Sino que se ha empeñado desde el principio en dejar lo político en la esfera de la racionalidad y de la ética. Ha enseñado a aceptar lo imperfecto y lo ha hecho posible. En otras palabras, el Nuevo Testamento contempla un ethos político, pero ninguna teología política”.

Teología política en el siglo XXI (1)

Massimo Borghesi | 0 comentarios valoración: 2  28 votos

No hay quien se lo crea, Albert

R.I.

Estábamos este lunes muy olvidados de la política, pendientes sobre todo de recibir a los campeones del mundo para celebrar con ellos la victoria y decidió Rivera intentar hacerse un hueco en la pantalla de Gasol, Rubio y Scariolo.

Cuando ya estaba en marcha la segunda ronda de consultas del Rey con los grupos políticos, cuando todo sesteaba hacia las elecciones buscadas por Sánchez, Rivera decidió hacerse un hueco. Todas las encuestas dicen que Rivera va a ser el gran perdedor de la más que posible repetición electoral, con una caída que puede llevarle de 57 escaños a 35. Rivera hasta ahora ha sostenido que con Sánchez no había nada que hablar. Para intentar evitar el desastre (su desastre) Rivera le propuso una reunión a Casado para explorar una posible abstención de Ciudadanos y del PP si Sánchez cumplía tres condiciones. Las tres condiciones eran: la ruptura del pacto con Bildu en Navarra, que el PSN-PSOE acordase un gobierno constitucionalista de coalición con Navarra Suma; el compromiso de no subir los impuestos; y la apertura de una mesa de negociación para estudiar la aplicación de nuevo del artículo 155 de la Constitución en Cataluña si Torra desacata la sentencia del procés.

Las tres condiciones para la abstención parecían pensadas para provocar el no de Sánchez. Sánchez no podía, por ejemplo, romper un pacto con Bildu que nunca ha admitido. O no podía deshacer el Gobierno de la Comunidad Foral con Geroa Bai en horas. Pero una vez hecha la oferta, podía pensarse que el Rey estaba obligado a convocar un debate de investidura para explorar la hipotética abstención de Ciudadanos, aunque Sánchez no quisiera ni por asomo ser investido presidente del Gobierno. Para evitar cualquier equívoco, Sánchez se dio prisa en rechazar las tres condiciones, asegurando que solo aceptaba una abstención técnica de Ciudadanos y del PP a cambio de nada.

Desde el momento en que se producía esa respuesta de Sánchez, volvíamos al punto de partida. Después de la respuesta de Sánchez, Rivera está obligado a votar en contra.

Rivera que durante meses no ha querido hablar con el PSOE, Rivera, empeñado en ser el líder de la oposición, empeñado en ser más duro que el PP, en realidad no ha cambiado de criterio. La jugada de Rivera ha sido demasiado evidente: ha querido evitar el desgaste. Otro político utilizando las instituciones en su favor.

No hay quien se lo crea, Albert

R.I. | 0 comentarios valoración: 2  12 votos
>Editorial

Otra aparente guerra religiosa perdida

Fernando de Haro

La guerra está perdida. La primera guerra iniciada tras el 11 de septiembre se ha convertido en una guerra civil crónica. Fue y es una guerra aparentemente religiosa que nos deja avisos muy claros sobre los peligros de “teologizar” los conflictos.  

Meses después de los atentados del 11 de septiembre, la periodista Elizabeth Spiers escribía algunas frases que sintetizaban parte del desconcierto del momento. “Miramos más allá de las ruinas de aquel día y vemos… ¿qué vemos? No vemos ningún enemigo. Solo humo y cascotes. Un rostro terrible de contemplar”, aseguraba en su artículo Beatiful Day. Cuando se tiene entre las manos las ruinas del futuro, el carácter enigmático e incomprensible del daño sufrido genera un dolor difícil de soportar. Se busca el nombre del violento, se intenta localizar los apellidos del terrorista. Y una vez que se encuentran, nunca se acaba de dar crédito porque el rostro del atacante, su historia y su ideología siempre parecen insuficientes para explicar el mal que ha causado. La sensación, habitual en estos casos, fue aún mayor tras el derrumbamiento de las Torres Gemelas porque detrás de tanto sufrimiento no había “enemigos al uso”.

Por eso tuvo tanto éxito político la “guerra contra el terror” inventada por Bush y el grupo de teocon que le asesoraba. La respuesta iniciada con los ataques contra Afganistán, que luego se extendió a Iraq, simplificaba las cosas. No era necesario entender la naturaleza de los pastunes, ni la relación entre islam e islamismo. Por fin había un rostro malvado al otro lado de las ruinas contra el que se podía luchar.

La “guerra contra el terror” cometió dos errores fundamentales. El primero fue la despolitización. Al considerar terroristas a los talibanes y a los combatientes sunníes, no les reconoció capacidad de ser interlocutores políticos. Eso redujo desde el primer momento la posibilidad de obtener buenos resultados. El segundo fue la “teologización”. La guerra contra el terror interpretó la ideología islamista como un fenómeno religioso al que había que oponer la religión cristiana o lo que quedaba de ella, sus valores. Tras la invasión soviética de Afganistán, Estados Unidos fomentó “la alianza de los creyentes” (fortaleciendo el islamismo) para combatir a los comunistas ateos. Esta vez se alimentó el imaginario de una guerra entre cristianos y musulmanes. No se supo ver que el islamismo es un factor de secularización.

A pesar de sus promesas, Obama no pudo acabar con la guerra “supuestamente” religiosa iniciada por Bush. Hubiera sido un error marcharse sin arreglar el desastre provocado. Como fue un error marcharse demasiado pronto (2011) de Iraq. Es el  que va a cometer un presidente aislacionista como Trump.  

>Editorial

Otra aparente guerra religiosa perdida

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>Columna izquierda

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Indio americano o cachorro dálmata

Fernando de Haro

Tom Peters es un británico de 32 años que se ha paseado en las últimas semanas por los programas matutinos de televisión explicando que quiere ser un cachorro dálmata. Declara que le gustaría ser reconocido como el primer hombre transespecie, mezcla de humano y de perro. El caso parece el producto típico de un momento de crisis en los medios: las televisiones generalistas luchan con cualquier cosa contra la inexorable caída de audiencia en favor de pantallas y contenidos más segmentados. Las televisiones de siempre intentan evitar su declive con la industria de la nostalgia, la explotación del miedo y los relatos inverosímiles. En cualquier caso, Tom Peters insiste en que, desde hace años, al salir de su trabajo, vive como si fuera un perro, come golosinas para mascotas y pienso para animales. Asegura que lo hace para huir de una realidad que le resulta demasiado gravosa. Es fácil imaginarnos respondiendo a Tom con un largo discurso dedicado a la objetividad de su naturaleza y la belleza de la condición humana. Podríamos leerle el discurso de Pico de la Mirándola sobre la excelencia de la especie a la que pertenece. Pero seguramente no nos escucharía o diría que precisamente lo que está haciendo es responder a la invitación del gran humanista: ha elegido, y ha elegido no ser hombre. Toda esta conversación (no-conversación) sería fácil. Más difícil es comprender por qué Tom quiere ser perro. Más interesante es asumir, acompañar la soledad, el desconcierto, la inquietud que lleva a Tom a ponerse su disfraz canino.

Miguel Ángel Quintana Paz explicaba en un acertado artículo hace unos días lo que nos ocurre y por qué se dan casos como el de Tom. Quintana no es precisamente un tradicionalista que defienda la incuestionable evidencia objetiva de la naturaleza humana. Se dedica a los estudios de género. El filósofo ha dedicado buenas energías en defensa no de la ideología de género, que dice que no existe, pero sí de todos los valores culturales, variables, que junto al sexo determinan la personalidad. Quintana señala atinadamente que vivimos en una época de hiperindividualismo. Podría parecer que este término es contradictorio con el auge de los nacionalismos y de otros tipos de identidades de grupo. Quintana sostiene que son dos fenómenos confluyentes. “¿No vivimos una época en que cada vez más personas se sienten parte de una identidad común y ansían disolverse en ella? ¿No estamos ante un apogeo de los nacionalismos, ante un resurgir de los fundamentalismos religiosos, ante un empeño de todos por fundirse cada cual en su colectivo (las mujeres, los gais, los distintos grupos de inmigrantes, los negros, los pensionistas, los triscaidecáfobos) y olvidarnos allí de que yo soy yo?” –se pregunta el pensador–. Estamos ante “colectivos que elige el individuo: esa es la ironía de nuestros días”. Es lo que está pasando “con el fundamentalismo islámico: a menudo son jóvenes musulmanes los que optan por afiliarse a mezquitas más y más radicales, obedecer a imanes más y más integristas, alejándose así del islam más moderado de sus familias (o del que ellos mismos profesaban poco tiempo atrás). Es una decisión estrictamente individual. También en los nacionalismos podemos observar idéntico fenómeno. Pronto, con el transhumanismo, quizá podamos elegir incluso nuestra especie o en qué soporte (o bien un cuerpo de carne y hueso, o bien unos bits en un superordenador) preferimos vivir”.

Indio americano o cachorro dálmata

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Esperando el #Me Too del islam

Fernando de Haro, Lahore

El comisario del servicio secreto militar me explica con mucho énfasis que en el islam no está permitido que el hombre lleve al descubierto la parte del cuerpo comprendida entre el ombligo y las rodillas. Lo hace levantándome la camiseta y tocándome las piernas. El clérigo de la madrasa (escuela coránica) donde sucede la escena mira al militar con satisfacción. La madrasa en la que hemos estado grabando hasta unos minutos es una de las históricas de Lahore, la capital del Punjab. En sus aulas, sentados en el suelo, con movimientos rítmicos, a gritos, los niños aprenden de memoria las suras del Corán. El interrogatorio del comisario, que nos obligará más tarde a abandonar precipitadamente Pakistán, demuestra quién manda en el país. Da igual que el primer ministro sea de un partido musulmán o un play boy populista. Quien rige los destinos de esta nación de más de 200 millones de habitantes, encrucijada de Asia, es la alianza entre islamismo y ejército que le dio su identidad. El comisario tiene que demostrar al clérigo que hace cumplir la interpretación más estricta del islam y el clérigo presta su apoyo al comisario. Hasta no hace mucho era frecuente en Lahore, la ciudad fronteriza con la India, que los hombres paseasen con pantalones cortos y zapatillas por sus parques. El avance del partido radical Tehreek-e-Labaik ha cambiado las costumbres. Islamismo sobre islamismo, sobre el de Ali Bhutto de los años 70, sobre el del general Zia de los años 80, sobre el islamismo que impulsó Estados Unidos para combatir en Afganistán a los talibanes.

Mientras escucho al comisario predicar se me viene a la cabeza el rostro de Sadaf, una niña de 12 años que horas antes acaba de contarme su historia. Sadaf usa un pañuelo que le cubre la cabeza, viste como una musulmana, o como una hindú. Muchos cristianos del Punjab no se distinguen por su ropa. Son el vivo retrato de lo que decía la carta a Diogneto. Sadaf tiene el rostro severo y la expresión tímida pero enseguida le sale el carácter. Sadaf me ha explicado que una compañera de clase le invitó el pasado mes de abril a pasar una tarde con ella. Después de resistirse durante un tiempo accedió. La invitación fue una trampa para que el hermano de su compañera, Sabtain, la raptara. A Sadaf la drogaron, la trasladaron a Faisalabad y allí Sabtain abusó de ella. Sadaf lo relata todo con aplomo, sin bajar la mirada. Después de la agresión sexual, recibió una instrucción rápida de nociones sobre el islam y fue forzada a convertirse. A la conversión forzada se unió un matrimonio también forzado con un expediente falso. Sadaf no quería ser musulmana y no quería ser una posesión de Sabtain. Así que en un nuevo traslado tuvo el coraje de saltar del autobús en el que viajaba. Huyó y pidió un móvil a una persona desconocida. Consiguió llamar a su padre que fue rápidamente a recogerla. Ahora ha vuelto a ser acogida en su familia. Sadaf, que ya no tiene la mirada de una niña, me explica que ella no quería dejar de ser cristiana.

Esperando el #Me Too del islam

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Convicciones sin realidad

Fernando de Haro

La miniserie Chernóbil de HBO ha hecho furor. Los cinco capítulos escritos por Craig Mazin y dirigidos por Johan Renck han ocupado el hueco dejado en la audiencia por Juego de Tronos. La pasión por lo sucedido en el reactor nuclear ha generado un extraño turismo de la catástrofe. Chernóbil es mucho más que un desastre nuclear. El accidente de 1986, la cadena de decisiones tomadas, la reacción del poder soviético, la respuesta de los científicos y de la población nos hablan del riesgo de la energía atómica, pero también de la fe y de la realidad, de una realidad negada, y de un pensamiento, de una creencia que construía/construye un sistema contra la experiencia.

Nos atrae la serie porque en estos tiempos de miedo y de incertidumbre refleja las consecuencias de un uso imprudente de la tecnología. Efectos que se prolongan en el tiempo más allá de lo que se puede imaginar. No es solo terror al átomo. La ficción da forma a ese fantasma de la sociedad del riesgo que llevamos en el alma y que puede tener mil maneras de concretarse. El temor está dentro de nosotros y sentimos cierta afinidad por los relatos que alimentan lo que el sociólogo Luhmann llamaba “la extravagante preocupación por las improbabilidades extremas”. Es improbable una invasión de migrantes, una muerte por epidemia generalizada, una violenta guerra en todo el planeta. Pero las distopías cinematográficas que insisten en mundos creados por sucesos de este tipo florecen. La afición que tenemos en este comienzo del siglo por las improbabilidades extremas de destrucción más que por las improbabilidades extremas de ser nos retrata.

Ha habidos algunas críticas que le han afeado a Chernóbil no haber reflejado de modo adecuado cómo funcionaba el poder soviético a mitad de los años 80. Probablemente no se le puede pedir a una serie capacidad suficiente para describir algo que era no solo un conflicto entre la verdad o la mentira, o entre los expertos y los burócratas. Los privilegios de las autoridades, la escasa estima por la vida humana y el abuso del Estado marcaron la reacción a la crisis. Pero el caso Chernóbil es más que todo eso. Es el momento en el que se hace evidente el choque entre la fe del hombre soviético y la realidad. Por eso es tan actual. Y por eso hay que volver a la lectura de Voces de Chernóbil. Con el imponente mosaico de testimonios que construye Svetlana Alexievich, en la que aparece la vida real, el amor, el sufrimiento de los que vivieron el accidente y de los que trabajaron cerca de la central, se comprende por qué, como dice uno de los protagonistas, lo ocurrido sirvió para “aprender a decir yo”.

El monólogo de Marat Filipovich, ex ingeniero del Instituto de Energía Nuclear, refleja el sistema de “doble verdad” en el que se vivía y que se parece, a pesar de que estamos en sociedades libres, al nuestro. El problema era la fe, una fe sin base alguna en la realidad.

Convicciones sin realidad

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>Editorial

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

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>Columna derecha

>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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