Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
23 OCTUBRE 2017
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>Editorial

Auto- determinación

Fernando de Haro

La Unión Europea, con sus máximos representantes, acudió en respaldo de uno de sus miembros en el momento en que su soberanía era contestada. Un cuestionamiento de lenguaje moderno y alma postmoderna. Los presidentes del Parlamento Europeo, del Consejo y de la Comisión acudieron a Oviedo, a la entrega de los Premios Princesa de Asturias, a dar soporte al Rey de España (Jefe de Estado de un socio de la Unión) y a Mariano Rajoy. Lo hicieron horas antes de que el Gobierno decidiera limitar severamente las competencias de autogobierno de Cataluña para imponer la obediencia constitucional. Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo, recordó el fantasma nacionalista del pasado: “demasiadas veces se nos ha ofrecido el paraíso cambiando las fronteras, y se nos ha llevado con ello a los infiernos”. Cataluña puede ser la primera ficha de un dominó que el Viejo Continente conoce demasiado bien. “No quiero una Europa de 98 Estados”, había asegurado Juncker días antes.

El nacionalismo resurge como fórmula potsmoderna –fórmula de neo soberanía–, como proyecto de construcción de una identidad alternativa, justificada en un pasado recreado. Y lo hace como intento de respuesta frente a las incertidumbres de un mundo líquido. Los días de tensión que está viviendo España se explican por un conflicto de soberanía entendido en el modo más clásico. Es llamativo que este conflicto se produzca cuando la globalización y la fuerza de los mercados parecían haberse disuelto o relativizado las atribuciones propias de los Estados. La amenaza tradicional de la pérdida de integridad territorial, aparentemente superada porque a los nuevos poderes no les interesan los territorios sino las almas, ha resucitado al Estado clásico y las atribuciones que se le dieron en Westfalia. El Gobierno de España ha recurrido a un mecanismo límite, copiado de la Constitución de Alemania. Ese mecanismo permite intervenir y limitar las facultades de autogobierno de uno de los estados federales (en este caso autonomías). Se trata de tutelar el derecho de soberanía de todos los españoles ante un poder que se autoproclama soberano. La duda es si, en el mediano y en el largo plazo, en este mundo líquido las atribuciones del Estado clásico son suficientes.

El discurso de Carmen Forcadell, presidenta del parlamento de Cataluña, horas después de la intervención del Gobierno en Madrid, ilustra bien qué mentalidad fundamenta la voluntad de convertir el autogobierno en independencia. Forcadell se lamentó de que se hubiera vulnerado la soberanía del Parlamento catalán. Cataluña, según esta mentalidad, ya es soberana.

Esa mentalidad que atribuye a Cataluña una soberanía clásica se ha fraguado desde el siglo XIX. Fue ese momento en el que se produjo una transferencia de sacralidad. Durante un largo tiempo las iglesias siguieron llenas, pero de forma imperceptible el sujeto eclesial, como criterio de acción y de afecto, como cultura primaria, fue sustituido por el pueblo, la nación catalana. Y las iglesias se vaciaron porque lo que sobra en la vida se desecha. La salvación ya estaba en otra parte. La “razón del corazón”, propia del romanticismo, fue ocupándolo todo, la voluntad de lo que se quiere ser –y se quiere ser nación y toda nación exige un Estado– se fue haciendo más determinante que la identidad recibida.

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Auto- determinación

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 4  5 votos

 

Leyendo a Josep Pla: los excesos del romanticismo

Antonio R. Rubio Plo

No sé si en la Cataluña actual, o en la que aspiran a construir los independentistas, se seguirá leyendo a Josep Pla, pero mi respuesta tiene que ser negativa porque no es un escritor cómodo para quienes supeditan su existencia a una política en que la racionalidad brilla por su ausencia. A estos les resulta fácil tacharlo de conservador, cuando en realidad el escritor ampurdanés huyó de todo encasillamiento, incluso literario. El sentido del humor, que en Pla llega a ser socarronería, se da de bruces con formalismos postizos y engolados, bien sean de la política o de la cultura. ¿Qué habría pensado de los acontecimientos de la Cataluña de hoy?

Hombre de experiencias vitales y literarias, Josep Pla no habría necesitado de la formación de un jurista o de un politólogo para dar su punto de vista sobre la situación en su tierra catalana. Nos basta con releer algunos párrafos que escribió sobre el romanticismo, y que resultarían incómodos hoy en día, pues parecen escritos por alguien que no aprueba que el sentimiento sea elevado a la categoría de la religión: “El temperamento romántico implica dar más importancia al sentimiento que a la inteligencia, al instinto que a la prudencia. El romanticismo vive en un mundo hecho a su medida… El romántico, ciudadano de un mundo que no existe, tiene, en el mundo en que vive, un disgusto diario porque las cosas difícilmente se adaptan a sus deseos”. Basta con sustituir romanticismo por nacionalismo, sea del signo que sea, para comprender la clave de muchas cosas que están pasando. Y se llega además a una serie de conclusiones: el romanticismo, en todo lo que tiene de fantasía y de exaltación desorbitada de la imaginación, es forzosamente un movimiento antiintelectual, pone entre paréntesis a la razón y se deja llevar por el sentimiento hasta extremos irracionales. Eso no le podía gustar a Pla, que no creía ni en los porvenires gloriosos ni en esa insensata vulgaridad, atribuida a Stalin o a su apologista, el periodista Walter Duranty, de que para hacer una tortilla hay que romper necesariamente los huevos. No podía creer, ni muchos menos, en que las perturbados de hoy serán los prudentes gobernantes del mañana. No podía creer en los males necesarios que hay que padecer estoicamente, casi con los ojos vendados, para acomodarse en un futuro paraíso.

Pla identifica el romanticismo con la juvenil carencia de concreción. Hay que coincidir con el escritor en que el romanticismo se mueve a gusto en la inconcreción, y no estaría satisfecho si contemplara algún tipo de planificación del porvenir. Sería como matar la imaginación en la que se mueve. Concretar le resulta violento, pues es como si le privaran de su libertad. Con buen sentido, Josep Pla se pregunta qué puede construirse sobre la vaguedad. Se diría que ese romanticismo ha perdido deliberadamente la brújula y no desea recuperarla.

Leyendo a Josep Pla: los excesos del romanticismo

Antonio R. Rubio Plo | 0 comentarios valoración: 5  4 votos
>Entrevista a Jordi Amat

"Distingamos a Cataluña dentro de la Constitución"

Fernando de Haro

Jordi Amat se ha distinguido en los últimos años por ser un joven y agudo historiador de las ideas y de los procesos culturales que se viven en España. Hace dos años escribió “El llarg procés. Cultura i politica a la Catalunya contemporania (1937-2014)”, un libro que revisitamos en esta conversación.

¿Esto qué está pasando en Cataluña tiene causa solo en la corrección que hizo el Constitucional al Estatut o es un largo proceso que comienza en la transición o quizás antes?

Me pides una respuesta para lo que creo que va a ser el tema más importante de toda mi generación. No es nada fácil. Me pareció que echar la culpa solo a la sentencia del Constitucional sobre el Estatut era una explicación muy esquemática. La ciudadanía catalana no se puede dormir un día autonomista y despertar a la mañana siguiente independentista solo por una sentencia que la mayoría no leímos porque entonces no teníamos el conocimiento suficiente, Me parece que había muchas variables que se debían tener en cuenta. Una de ellas era el pujolismo, como un proyecto descaradamente nacionalizador que fue votado por la mayoría de los catalanes durante muchos años y que pasado el tiempo ha tenido unas determinadas consecuencias.

Sin pujolismo no habríamos llegado hasta aquí. ¿Pero Pujol hubiera llegado hasta aquí?

Me parece que has formulado una distinción muy precisa. El pujolismo en gran medida llegaba hasta aquí, pero es altamente probable que Pujol –que también era un político muy experimentado, muy consciente de la correlación de fuerzas– hubiera entendido que llevar el autogobierno catalán a este extremo era altamente perjudicial para sus propios intereses, no personales sino para la solidez del Gobierno catalán. Creo que era demasiado listo como para que la situación se le desbocase de esta manera.

En tu libro aparecen debates intelectuales de altura entre ese nacionalismo o pujolismo y la izquierda que existió hasta un determinado momento y ya no existe. ¿En qué momento desapareció ese sujeto que hacía oposición consistente, en el terreno de las ideas?

>Entrevista a Jordi Amat

"Distingamos a Cataluña dentro de la Constitución"

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  13 votos

Sin prisas

R. Abril

Madrid parece un clamor reclamando que el Gobierno apriete ya el botón del 155 en Cataluña. Madrid, Andalucía, Extremadura... el 155 no es un botón mágico y el grave problema que tenemos no se soluciona sacando banderas constitucionales al balcón (quien quiera sacarlas que las saque).

El 155 de la Constitución es un proceso complejo, con muchas garantías jurídicas, que tiene delante a dos millones de catalanes, de los que una buena parte están dispuestos a pasarse mucho tiempo en la calle, a enfrentarse a la Policía Nacional y a la Guardia Civil. Hemos llegado hasta aquí después de mucha pasividad, de mucho no hacer nada. Pero ahora conviene no tener prisa. Con demasiada frivolidad, hay madrileños muy ilustrados que le restan importancia a la posibilidad de que en unos eventuales altercados se produjera un muerto. La ley es la ley. Sí, pero la ley no impide ser inteligente, prudente. La prisión preventiva de los “Jordis” al frente de ANC y Omnium Cultural, decidida por una juez, no por el Gobierno, es un aviso a navegantes. La derrota del Estado el 1 de octubre, con huida de la Policía Nacional incluida, debe estar muy presente en la memoria. Llegados a este punto no hay prisa. Puigdemont no quiere levantar la suspensión de la independencia no proclamada porque sabe que es lanzarse por el precipicio. Se lo ha dicho Artur Mas, se lo ha dicho Europa. La CUP, ACN y Omnium seguirán presionando, las empresas se seguirán marchando. El independentismo se cuece en el fuego lento de sus contradicciones. ¿Qué sentido tiene, llegados a este punto, darle pretextos para que retomen la iniciativa con victimismo? Llegados a este punto esto va de quién parpadea antes.

Sin prisas

R. Abril | 0 comentarios valoración: 3  21 votos
>Entrevista a Massimo Borghesi

'En Cataluña han encontrado una nueva religión'

Juan Carlos Hernández y Fernando de Haro

Vivimos una época de caída de las evidencias, también de aquellas evidencias que fundamentaron la democracia. Lo vemos en el auge de los populismos pero, ¿podría ser un ejemplo de esto el movimiento independentista en Cataluña?

El movimiento independentista catalán tiene un origen antiguo. Sus premisas están al comienzo de la era moderna cuando, con el descubrimiento de América, Cataluña tuvo que sufrir las dificultades económicas debidas al desplazamiento del comercio hacia las Américas, de cuyas rutas Cataluña quedaba excluida en favor de Castilla, y con la reducción de su margen de maniobras mercantiles en la cuenca mediterránea, a causa de la expansión otomana. En este contexto es donde maduran los sentimientos anticastellanos y separatistas que llevarán a la decisión política de apoyar a Francia contra Felipe IV. Si bien estas son las premisas más lejanas, hay que decir que el fenómeno del independentismo se ha radicalizado en los últimos diez años, paralelamente al estallido de la crisis económica interna en España y también internacional. La crisis económica funciona como detonador de antiguas rivalidades. El populismo catalán es distinto del italiano, alemán, austriaco, inglés. No tiene nada que ver con los fenómenos de la inmigración, la presencia musulmana, etc. El populismo catalán es un populismo nacional o, mejor dicho, nacionalista. Presenta analogías con el vasco y escocés. Los independentistas piden ser considerados como una auténtica nación. Por eso, en marzo de 2006, adoptaron una nueva versión del Estatuto catalán con la aprobación del entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero, donde se reforzaba a la comunidad autónoma. En el texto se definía a Cataluña como una “nación” dentro del Estado español y se establecía además “el derecho y el deber” de los ciudadanos catalanes de conocer y hablar el catalán y el castellano. Pero en julio de ese mismo año, el Partido Popular de Mariano Rajoy, por aquel entonces en la oposición, presentó un recurso ante el Tribunal Constitucional que, cuatro años después, en junio de 2010, anuló una parte del estatuto catalán, la que establecía la referencia a Cataluña como “nación”, porque no tenía “ningún valor jurídico”. El motivo de la anulación de una parte del estatuto está en el hecho de que la Constitución postfranquista de 1978, que convirtió al país en una monarquía parlamentaria, “no reconoce más que la nación española” y está pensada para una España “indisoluble”. Los principios sancionados constitucionalmente son por tanto superiores a cualquier decisión tomada en un parlamento autónomo.

En el origen del catalanismo está sin duda la obra del obispo Torras i Bages, que a finales del siglo XIX ve en el desarrollo de la identidad regional o nacional de Cataluña un modo de detener la secularización. Ese intento está reflejado en su famosa frase “Cataluña será cristiana o no será”. En la historia ha habido otras operaciones similares. ¿Qué consecuencias tiene una opción de este tipo?

>Entrevista a Massimo Borghesi

'En Cataluña han encontrado una nueva religión'

Juan Carlos Hernández y Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  43 votos

Mucho más que una "cuestión moral"

Federico Pichetto

El Papa Francisco ha tenido la ocasión de encontrarse personalmente con los miembros de la Comisión Pontificia para la protección de menores, una nueva realidad que él mismo ha creado para sistematizar las decisiones de sus predecesores a la hora de condenar y denunciar públicamente los abusos a niños por parte del clero.

El camino de esta comisión no ha sido nada fácil: varios abandonos y polémicas por un presunto retraso y una supuesta “poca colaboración” por parte de ciertos organismos eclesiales. Pero Francisco no ha querido derivar el problema y ha hablado, sin medias tintas, de un pecado del que posiblemente la propia Iglesia aún no ha tomado plena conciencia en toda su gravedad, con las resistencias internas de quien reduce la pedofilia a una cuestión moral sin ver, por el contrario, su dimensión patológica.

Se trata de un nuevo paso del pontífice en las palabras y praxis utilizadas estos años. Ya no es solo cuestión de reconocer el fenómeno y colaborar con las autoridades civiles para denunciarlo y castigarlo. Se trata de comprender su verdadera naturaleza. La pedofilia, afirma Francisco, no es un comportamiento del que uno se arrepiente y “ya está”, la pedofilia es un problema inherente a la estabilidad psíquica de la persona, a su madurez afectiva y espiritual, por lo que “basta un solo comportamiento de este tipo” para ser excluido del sacerdocio y reducido al estado laical.

No son palabras sencillas las del sucesor de Pedro. Es como si el Papa llamara a todos a dar un salto de conciencia decisivo, donde ya no se admiten zonas de sombra pero donde “reconocer la culpa” forma parte de un proceso de crecimiento cuyo resultado no se puede gestionar según las leyes canónicas habituales, sino que merece un tratamiento excepcional que haga comprender al tejido social y a la persona el grado de culpa que adquiere un sacerdote pedófilo. Por eso el Papa ha excluido, para un sacerdote condenado por pedofilia y luego arrepentido, la posibilidad de obtener medidas de gracia, pues la gracia sana el pecado pero no puede curar al hombre de una enfermedad psíquica.

Quizás todavía hay demasiado pudor en la Iglesia para afrontar procesos de purificación, para volverse a ganar el pasado de un modo crítico, juzgándolo según el nivel de conciencia que el momento presente ha permitido desarrollar dentro del tejido eclesial. La moral es objetiva: el bien es bien y el mal es mal. Pero hay ciertos momentos de la historia en que algunos males se han combatida y afrontado con fuerza porque apuntaban a problemas antropológicos estructurales más profundos. La pedofilia habla de un camino afectivo insano que disfraza de problema moral lo que, por el contrario, es una cuestión médica y psiquiátrica.

Mucho más que una "cuestión moral"

Federico Pichetto | 0 comentarios valoración: 2  17 votos

Tambores en Barcelona

Carlos Pérez Laporta

El sol ya se ha puesto hace rato y mientras comienzo a escribir estas líneas resuenan de nuevo esos instrumentos de percusión caseros, hechos de útiles de cocina que nunca fueron pensados para hacer borbotear la ciudad. Hacía tiempo que el silencio producido por el cansancio cotidiano de los barceloneses dominaba nuestras noches. Era quizá esa calma que precede a la tempestad. Han ingresado en prisión Sànchez y Cuixart.

Se han publicado dos videos en los que cada uno profetizaba su encarcelación preventiva. En sus mensajes están combinadas palabras pacíficas y combativas: serenidad y resistencia, democracia y fuerza, justicia y represión, civismo y poder. Esta mezcla agridulce ensalza en un gesto los sentimientos opuestos más profundos del alma, y es esta contraposición la que sostiene el impulso de la revolución. Mientras los escucho aún suenan los pucheros. Esas palabras parecen haberlos transformado en tambores de guerra. El repique metálico de las cacerolas rezuma inquina por las ventanas de algunos hogares, acumulada por la frustración de la última semana. Como decía Baudelaire, «el oscuro Enemigo que nos roe el corazón / va creciendo y con nuestra sangre cobra vigor». Si es así, no tardarán en responder los tambores de la otra mitad de las ventanas de la ciudad. Ojalá sea todo un efecto auditivo, pero esta noche no puedo evitar acostarme sobrecogido.

Estoy de acuerdo con Cuixart en la trascendencia del momento histórico, pero dudo que lo esté en los motivos. Los momentos históricos no son trascendentes porque debamos ser absorbidos totalmente en ellos; sino al contrario, lo son cuando exigen un juicio político personal que vaya más allá de ese instante. Trascender el momento es ir más allá de lo fáctico, sin abandonarlo, pero uniéndolo con el resto de la historia. Su verdad no está en su supuesto carácter absoluto; sino, al contrario, en su relación con los demás momentos del tiempo.

Si no se observa esa relación se está suministrando opio al pueblo que, como advirtió Weil, no era la religión, sino la revolución: «la esperanza de la revolución es siempre un narcótico». La “movilización permanente” y “organizada” a la que llaman Sànchez y Cuixart, tiene como fin alcanzar la “completa libertad”. Cara promesa, que dudo que ni la más perfecta de las repúblicas que hayan podido pensar sea capaz de proporcionar. Los límites de la absoluta libertad andan por doquier: cualquier aspecto de la alteridad (desde los poderes económicos hasta el vecino del piso de al lado) aparecerán siempre en la historia; entonces parecerá verdad la sartriana identificación del infierno con los otros, por lo que la revolución tendrá que ser siempre reemprendida.

Sin embargo, la urgencia del momento dificulta analizar la completa situación; no es posible esperar a que todo el mundo comprenda la totalidad del problema. Eso sería algo también, si no revolucionario, utópico. Por suerte, como ha señalado Arendt, no son los más inteligentes y formados los que son capaces de juzgar en un momento histórico trascendente; sino los que tienen por cierta una cosa: «que, pase lo que pase, mientras vivamos, tendremos que convivir con nosotros mismos».

Tambores en Barcelona

Carlos Pérez Laporta | 0 comentarios valoración: 3  45 votos
>AUSTRIA Y ALEMANIA

Elecciones a ninguna parte

Ángel Satué

El gran historiador británico Arnold Toynbee (en su obra A Study of History), afirma que el suicido de la civilización se produce cuando los líderes dejan de reaccionar de un modo innovador a los retos que tienen delante.

Asume por tanto que deben existir minorías, líderes, élites que de uno u otro modo son las que preparan el camino a la mayoría. Personas que sean capaces de ejercer un liderazgo creativo, como si de un sacerdocio se tratase. Por amor a su vocación y a los demás.

Entre populus y plebs cabe la misma distinción que podría darse entre alta cocina y comida basura. En ambos casos, el pueblo, la plebe, serán lideradas por unas minorías. Sólo en el primer caso, las minorías nacerán y se harán del propio pueblo, siendo verdaderamente libres. Cuando en cambio, tan solo hay plebe, el ejercicio responsable de la libertad es prácticamente imposible.

En Austria, el pasado domingo, el partido ultraderechista quedó como tercera fuerza política en el parlamento austríaco, superando la barrera del 4%, que prevé la Constitución para favorecer la gobernabilidad. El FPÖ de Heinz Christian Strache obtuvo un 26%, quedando a décimas de los socialdemócratas. El Nuevo Partido Popular (ÖVP) austríaco, liderado por el treintañero Sebastian Kurz (31) logró un 31,7%.

El ganador moral, empero, ha sido el FPÖ en la medida en que durante la campaña electoral ha condicionado absolutamente el mensaje, tanto en el fondo como en las formas: inmigración, cierre de fronteras, fin de las ayudas a inmigrantes...

Prácticamente al mismo tiempo, en Alemania, hace apenas tres semanas era AFD –partido de extrema derecha– la que obtenía unos brillantes resultados, cosechando un 13% del voto alemán, que en teoría lo creíamos vacunado frente al nazismo y al comunismo, y otros ismos. O eso creíamos.

¿Hay tantos xenófobos y racistas en estos países del norte? Qué duda cabe que los habrá dentro de ese 26%, pero la pregunta que me hago es, por comparación, si los había en los años 30 en Austria y Alemania, y otros países del este fascista del período de entreguerras. Era un racismo expresado contra otro tipo de extranjero. Sobre todo, creo que había gente con miedo, con esperanzas no cumplidas, frustradas, con ganas de seguridad y de bienestar, que habían dejado de ser pueblo para ser plebe, deseosa de seguir a cualquiera que le dijera lo que querían oír. ¿Puede volver a pasar? Claro que sí.

En el auge de estos extremismos políticos que se dan en la actualidad, pienso que hay más riesgos para todos nosotros de los que atisbamos en lontananza. Ahora el enemigo es el musulmán, o el refugiado sirio o libio, o el negro de ébano o el latino, y si no, es el funcionario de Bruselas, con sus sueldos de 5.000 euros netos, y toda su regulación y normativas, pero no tardaremos en ver que el enemigo es el otro, el francés, o el polaco, o el español, o el alemán. Entonces, será tarde, porque Merkel en Alemania, o Kurz en Austria, habrán jugado con los argumentos de los extremistas para permanecer en el poder, pues no otra cosa ha pasado en sendos partidos conservadores.

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Elecciones a ninguna parte

Ángel Satué | 0 comentarios valoración: 3  29 votos
>Entrevista a Stanley Payne

"Hay que actuar con astucia y evitar crear mártires"

Juan Carlos Hernández

Hablamos con el hispanista Stanley Payne sobre el desafío secesionista en Cataluña. El catedrático de Historia acaba de publicar “En defensa de España: desmontando mitos y leyendas negras” (Ed: Espasa).

¿Cómo valora la situación actual en Cataluña con el desafío independentista?

Como el peor problema doméstico de cualquier país occidental. Su historia ya es larga.

¿Cómo cree que se debería afrontar?

Manteniendo la legalidad, sin concesiones no constitucionales, pero con astucia, en la medida de lo posible evitando crear “mártires” y con mucha atención a las imágenes. Pero sin ceder a las grandes concesiones en que insiste cierta opinión extranjera.

Vivimos una época de ruptura, al menos en Occidente, que usando palabras suyas “busca la deconstrucción de las instituciones, de la cultura, de los principios”. ¿Es una respuesta a la globalización?

Realmente, no. Es el resultado de un proceso político-cultural exclusivamente occidental, inimaginable en otra civilización histórica o en cualquier país contemporáneo no influido por Occidente. No hay civilización en la historia que se haya vuelto enemiga de sí misma.

Olivier Roy, en su descripción de la actual sociedad occidental, ha hablado de un proceso de deculturación, es decir, de separación entre lo religioso y lo cultural que provoca un vacío. ¿Podría ser un factor para entender este momento de ruptura?

Es un factor muy importante, aunque no el único. Esto nunca ha pasado en la historia del mundo antes del Occidente moderno y contemporáneo, o en la cultura rusa decimonónica, una cultura “colateral” semioccidental o muy influida por Occidente, que luego ha transmitido esto a países exóticos, como estos también han sido influidos por Occidente.

>Entrevista a Stanley Payne

"Hay que actuar con astucia y evitar crear mártires"

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 3  31 votos

Elecciones en tiempos de dictadura

Aliosha Miranda

Cerca de las diez de la noche del pasado 15 de octubre Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), se dirigió al país para anunciar los resultados de las elecciones regionales en Venezuela. Sí, Tibisay Lucena, esa que ha sido víctima de sanciones internacionales por sus atentados contra la democracia en el país, esa que apoya abiertamente el régimen de Nicolás Maduro, esa que pasó un año impidiendo el referéndum revocatorio pero aprobó las elecciones para la constituyente en cuestión de días, auspiciando así el mayor fraude electoral de nuestra historia; repito, esa que auspició el mayor fraude electoral de nuestra historia es la principal responsable de garantizar la transparencia en los procesos electorales del país.

Así de adversas están las cosas para los dirigentes opositores, pensemos un poco antes de destruirlos con nuestras críticas emocionales.

Los resultados anunciados por esta funcionaria pública fueron contrarios a lo que todas las encuestas y las expectativas predecían antes de las elecciones: con un 61,2% de participación, de los 23 estados del país el chavismo se adjudicó 17 gobernaciones mientras que la oposición solamente logró cinco, quedando así una gobernación en proceso de escrutinio. Estos resultados generan mucha suspicacia; minutos antes de los anuncios de Lucena la dirigencia opositora había advertido al país y a la comunidad internacional: los resultados de la elecciones serían fraudulentos, además, según un estudio liderado por el economista Omar Zambrano, para este índice de participación la oposición se acreditaría al menos 12 gobernaciones y, por otro lado, cuesta pensar que un pueblo que está pasando por todas las vicisitudes que atraviesa Venezuela, un pueblo que estuvo cuatro meses en la calle pidiendo un cambio, un pueblo que muere porque no hay comida ni medicinas, dé su apoyo a un gobierno que, en primer lugar, es el gran responsable de esta situación y además no hace nada por encontrar una solución.

Aquí no podemos dejar de mencionar todas las irregularidades que hubo antes del proceso electoral llevado a cabo el 15 de octubre: los candidatos oficialistas prácticamente tenían financiamiento del Estado para realizar sus campañas electorales, llevaban bolsas de comida a la población para comprar sus votos, dos días antes de las elecciones el CNE cambió de su centro electoral a cerca de un millón de personas arbitrariamente. Todo esto hace pensar que las elecciones del 15 de octubre no son más que un fraude. Es como si las elecciones fueran una fachada con la que el régimen sólo busca un poco de credibilidad internacional para poder encontrar financiamiento que les permita seguir pagando la deuda externa en los plazos fijados. Pareciera que las leyes son sólo una construcción más que la dictadura ha hecho para mantener su mentira frente al mundo.

Sobre esto, debo decir dos cosas.

Elecciones en tiempos de dictadura

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>Columna izquierda

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Auto- determinación

Fernando de Haro

La Unión Europea, con sus máximos representantes, acudió en respaldo de uno de sus miembros en el momento en que su soberanía era contestada. Un cuestionamiento de lenguaje moderno y alma postmoderna. Los presidentes del Parlamento Europeo, del Consejo y de la Comisión acudieron a Oviedo, a la entrega de los Premios Princesa de Asturias, a dar soporte al Rey de España (Jefe de Estado de un socio de la Unión) y a Mariano Rajoy. Lo hicieron horas antes de que el Gobierno decidiera limitar severamente las competencias de autogobierno de Cataluña para imponer la obediencia constitucional. Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo, recordó el fantasma nacionalista del pasado: “demasiadas veces se nos ha ofrecido el paraíso cambiando las fronteras, y se nos ha llevado con ello a los infiernos”. Cataluña puede ser la primera ficha de un dominó que el Viejo Continente conoce demasiado bien. “No quiero una Europa de 98 Estados”, había asegurado Juncker días antes.

El nacionalismo resurge como fórmula potsmoderna –fórmula de neo soberanía–, como proyecto de construcción de una identidad alternativa, justificada en un pasado recreado. Y lo hace como intento de respuesta frente a las incertidumbres de un mundo líquido. Los días de tensión que está viviendo España se explican por un conflicto de soberanía entendido en el modo más clásico. Es llamativo que este conflicto se produzca cuando la globalización y la fuerza de los mercados parecían haberse disuelto o relativizado las atribuciones propias de los Estados. La amenaza tradicional de la pérdida de integridad territorial, aparentemente superada porque a los nuevos poderes no les interesan los territorios sino las almas, ha resucitado al Estado clásico y las atribuciones que se le dieron en Westfalia. El Gobierno de España ha recurrido a un mecanismo límite, copiado de la Constitución de Alemania. Ese mecanismo permite intervenir y limitar las facultades de autogobierno de uno de los estados federales (en este caso autonomías). Se trata de tutelar el derecho de soberanía de todos los españoles ante un poder que se autoproclama soberano. La duda es si, en el mediano y en el largo plazo, en este mundo líquido las atribuciones del Estado clásico son suficientes.

El discurso de Carmen Forcadell, presidenta del parlamento de Cataluña, horas después de la intervención del Gobierno en Madrid, ilustra bien qué mentalidad fundamenta la voluntad de convertir el autogobierno en independencia. Forcadell se lamentó de que se hubiera vulnerado la soberanía del Parlamento catalán. Cataluña, según esta mentalidad, ya es soberana.

Esa mentalidad que atribuye a Cataluña una soberanía clásica se ha fraguado desde el siglo XIX. Fue ese momento en el que se produjo una transferencia de sacralidad. Durante un largo tiempo las iglesias siguieron llenas, pero de forma imperceptible el sujeto eclesial, como criterio de acción y de afecto, como cultura primaria, fue sustituido por el pueblo, la nación catalana. Y las iglesias se vaciaron porque lo que sobra en la vida se desecha. La salvación ya estaba en otra parte. La “razón del corazón”, propia del romanticismo, fue ocupándolo todo, la voluntad de lo que se quiere ser –y se quiere ser nación y toda nación exige un Estado– se fue haciendo más determinante que la identidad recibida.

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Más allá de los barrotes de nuestros valores

Fernando de Haro

A las afueras de Milán todavía hay pegados algunos carteles de un acto político celebrado hace unas semanas con la frase: “Un nuevo inicio con nuestros valores”. Es el lema de la escisión del PD de Renzi, que ha dado lugar al MDP, un partido que, liderado por el histórico Bersani, reivindica las esencias de la izquierda. En realidad, en toda Europa, y en todo el mundo, la izquierda y la derecha hablan de la necesidad de volver a “nuestros valores”, a los que en otro tiempo nos definieron, a los que nos dieron una identidad segura antes de que la globalización pusiera patas arribas todo. ¿Ha sido la globalización realmente la que nos ha “robado” una identidad estable? ¿O ha sido esta creciente diversidad que inunda el mundo?

“Nuestros valores”, lo que nos han quitado o nos quieren quitar. ¿Cuáles son esos valores? Los de nuestra nación, los de nuestra religión, los de nuestro pueblo… Sí, bien. ¿Pero cuáles son los valores de nuestra nación, de nuestra religión o de nuestro pueblo? A la segunda pregunta, quizás a la tercera, las respuestas se hacen más dubitativas, más imprecisas. La mayoría de los mortales no sabríamos responder con precisión. Los intelectuales, los clérigos, los tertulianos son los que saben recitar los idearios. En un porcentaje altísimo esos idearios son nocionales, doctrinalmente perfectos, sin carne alguna de experiencia. Los intelectuales se ganan a menudo el sueldo explotando la sensación que muchos tienen de haber sufrido un robo de lo suyo.

En esta época, que la profesora de literatura de Harvard Svetlana Boym ha calificado como una época afectada por una “epidemia de nostalgia”, domina un sentimiento de pérdida y desplazamiento, un deseo de reconstruir un hogar perdido, que en realidad nunca ha existido. Es lo propio de un momento de desconcierto.

Como señaló Bauman en uno de sus últimos escritos antes de morir, el anhelo de volver a una patria moral que nunca existió está acompañado de un retorno a la tribu. Los síntomas están por todos lados. Prosperan los que ofrecen una versión simplificada de los hechos. A pesar de las llamadas al diálogo, nadie escucha a nadie porque se ha creado un filtro emocional. Y solo se oyen aquellos mensajes que tienen un significado emotivo para quien necesita más que nunca alguna forma de pertenencia. El debate solo tiene como propósito conjurar la ansiedad para mostrar al adversario lo ciego y lo sordo. El otro sirve, fundamentalmente, como señalaba el gran sociólogo, para “saciar nuestra propia sed de superioridad”. Si no existieran los extranjeros, los gentiles, los enemigos de la verdad, los grandes centros de poder que están cambiando el mundo habría que inventarlos.

La ciudad que dice estar construida sobre los pilares de la racionalidad, la eficiencia y la utilidad se fragmenta en bandos que, a través de una recompensa afectiva, prometen reducir la incomprensible y paralizante complejidad de un mundo que se percibe como amenaza.

Más allá de los barrotes de nuestros valores

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Venezuela: un cambio que puede tardar

Fernando de Haro

La palabra dictadura ha dejado de ser una metáfora para describir lo que sucede en Venezuela. El inicio de los trabajos de la falsa Constituyente, la destitución de la fiscal general Luisa Ortega -una de las pocas voces libres del chavismo que se alzaba todavía contra Maduro-, el modo en el que los opositores Leopoldo López y Antonio Ledezma han ido y vuelto desde sus casas a la prisión de Ramo Verde son todos ellos indicios más que suficientes. La decisión del Vaticano de reclamar la suspensión de la Asamblea, elegida de forma fraudulenta para redactar una nueva Constitución, supone la constatación de que el presidente venezolano ha volado todos los puentes.

La Secretaría de Estado está convencida de que en este momento no hay diálogo posible. Roma apuró hasta el final las posibilidades de un entendimiento, apuesta que muchos no entendieron. Es lógico que la Iglesia hablara con una voz a través de los obispos locales y con otra desde el Vaticano. Es una fórmula tradicional. Las críticas que ahora se formulan desde la Sede de Pedro pueden ser un buen ejemplo para Zapatero. El expresidente español intentó también una negociación que se ha visto frustrada por un régimen que no tiene ninguna voluntad de encontrar una salida a la situación. Ahora convendría que hablara.

Algunos exiliados cubanos encuentran muchas similitudes entre lo que está sucediendo este verano en Venezuela y lo que ocurrió en Cuba en enero de 1959, cuando Fidel Castro tomó el poder. No hay que exagerar los parecidos. No estamos ante un golpe sino ante un autogolpe de Estado. A diferencia de lo que ocurrió hace casi 60 años, en este caso hay un sólido bloque opositor que está resistiendo heroicamente al tirano, ahora no hay una Comunidad Internacional confundida (Estados Unidos reconoció el primer Gobierno de Fidel). Pero sí existe una alta posibilidad de que fragüe una dictadura sostenida por el ejército y por el negocio del narcotráfico de algunos de sus líderes. Una dictadura que, paradójicamente, no puede presentarse como la solución a la miseria del pueblo, al clima de terror y de violencia sino como una prolongación de una postración que dura ya demasiado tiempo.

Venezuela: un cambio que puede tardar

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>CINE

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El Churchill de la debilidad y la inacción

Antonio R. Rubio Plo

El biopic es un género de moda en el cine actual, aunque muchos directores ya no abordan biografías completas de personajes sino que se centran en algún episodio más o menos significativo de su existencia, narrando unos hechos que sucedieron en pocos días o semanas, pero que resultarían suficientes para definir al biografiado. Se diría que los anglosajones se han tomado desde siempre muy en serio aquello de que la Historia es la historia de los grandes hombres, tal y como afirmaba Thomas Carlyle en Los Héroes. Sin embargo, el público también suele esperar ver de cerca sus debilidades para de esta manera sentirlos más cercanos. Eso sucede, sin ir más lejos, con el film Churchill de Jonathan Teplitzky, en el que el héroe, a sus setenta años, se siente deprimido y angustiado.

Es posible que el creciente interés por Churchill en su país de origen guarde relación con el Brexit. No es casual que uno de sus más fervientes partidarios, Boris Johnson, escribiera hace algunos años una difundida hagiografía de Churchill. Y es que Gran Bretaña, al alejarse de Europa, tiene que volver necesariamente la vista hacia el que muchos siguen considerando el británico más importante de todos los tiempos. Aquel primer ministro y sus antológicos discursos fueron el brillante acto final a la subsiguiente clausura del Imperio británico. Sin embargo, la Gran Bretaña actual guarda más relación con el triunfo electoral laborista de 1945, que mandó a la oposición al propio Churchill, que con nostalgias de la época victoriana, de la que el premier era casi un rezagado. Lo cierto es que, después de la guerra, se impuso el Estado del bienestar en el país y Churchill no fue capaz de cuestionarlo, pues de otro modo no habría conseguido retornar a Downing Street en 1951. Pero el Churchill casi octogenario de aquella época no interesa ni a los guionistas de cine ni a la mayoría de los historiadores, probablemente porque su política exterior, aferrada a salvar algunos retazos imperiales como el canal del Suez, terminó en fracaso. Interesa únicamente el político que expresa de continuo su voluntad de combatir a la Alemania hitleriana con “sangre, sudor y lágrimas”, y que expresa el deseo de no rendirse jamás y de combatir en todas partes contra una monstruosa tiranía.

El Churchill de la debilidad y la inacción

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Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D.

One, la nueva película de Fernando de Haro que se estrena en Madrid el próximo lunes, cuenta lo que nunca te han contado sobre la India. En la mayor democracia del mundo, en el país que compite con China por el liderazgo de Asia y de buena parte del planeta, sigue vigente un rígido sistema de castas. Por eso la minoría cristiana, que se atreve a afirmar la igualdad efectiva entre los indios, es perseguida. Los parias (los sin-casta) que abandonan el hinduismo y abrazan el cristianismo, buscando una vida más digna, pierden las ayudas sociales. Los obstáculos legales que limitan las conversiones han sido respaldados por el Tribunal Supremo. Un nuevo nacionalismo hindú no duda en recurrir a la violencia para restringir la libertad y lleva a cabo prácticas que algunos califican como prácticas genocidas. Prueba de ello es lo que sucedió en el distrito de Kandhamal durante 2008. Se pretendió “limpiar” de bautizados una amplia zona.

Este documental está grabado en Nueva Delhi; en Bhubaneswhar, la gran ciudad del hinduismo; y en las selvas de Orissa, junto al Golfo de Bengala. Recoge los rostros y las historias de gente sencilla (la inmensa mayoría de los bautizados de la India son parias) que ha encontrado en el cristianismo una forma más humana de vivir. Muchos explican por qué abrazaron la nueva religión y han abandonado la antigua. Otros relatan las injusticias sufridas y los motivos que les permiten ser fieles al credo de la cruz. La película da voz también a los nacionalistas hindús que justifican las políticas de discriminación.

Estamos ante el cuarto documental de una serie dedicada a los cristianos perseguidos. El primero de ellos, "Walking next to the wall", fue rodado en Egipto y está dedicado a los coptos. El segundo, Nasarah, grabado en el Líbano, está dedicado a los sirios e iraquíes perseguidos por el Daesh. El tercero, Aleluya, a Nigeria. Los cuatro están disponibles en la plataforma Vimeo. La serie está dirigida por Fernando de Haro que trabaja con la productora N Medio. El proyecto se lleva a cabo con la ayuda del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo y la Fundación Hernando de Larramendi.

A las 19 horas del lunes 23 de enero en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Julián Romea, 23. 28003 Madrid.

Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

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>Columna derecha

>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  2689 votos

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