Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
24 JULIO 2017
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>Editorial

No decir nunca nada que, en cierto modo, no esté ocurriendo

Fernando de Haro

Tiempos interesantes. El desarrollo de la inteligencia artificial más allá de lo que podríamos haber imaginado hace unos años y la crisis de cierta forma de pensamiento moderno plantean retos apasionantes. Quizás sean una invitación a recuperar una forma de pensar y de hablar diferente, más humana.

La inteligencia artificial (IA) parece estar llevando a cabo el viejo sueño de crear sistemas perfectos que, al menos en ciertos aspectos de la vida, resuelvan la fatiga de tener que ejercer la libertad. Las “máquinas pensantes” vienen en auxilio del ser humano en ámbitos decisivos. La policía de Nueva York utiliza desde años la IA para seguir o dejar de seguir a un sospechoso. Cada vez es más frecuente que los operadores del mercado utilicen el high frequency trading, un sistema que toma decisiones de compra y venta de títulos en fracciones de segundo. Protagoniza ya casi la mitad de las operaciones en las bolsas europeas y ha dejado obsoletos los modelos de análisis de comportamiento basados en el modo de invertir de los “sapiens de carne y hueso”. En todos estos casos se procesan datos y se toman decisiones gracias a algoritmos. El algoritmo, por definición, es un conjunto de reglas que permite obtener un resultado previsible.

Hace unos días, Ramón López de Mantaras, premio Walker de la Conferencia Internacional de Inteligencia Artificial, advertía de los riesgos de dejar a los algoritmos tomar decisiones por sí solos. Primero, porque en la selección de datos siempre se producen sesgos que es necesario corregir. Y segundo -señalaba López de Mantaras en una entrevista de La Vanguardia- porque una cosa es el conocimiento y otra son los datos.

Todos las posibilidades que ofrece el Big Data -los resultados en el campo de la intervención humanitaria y social son ya muy llamativos- replantean la distinción entre información y saber. “El conocimiento implica -señalaba Mantaras- que se comprende cómo se toma una decisión. Con los datos, el algoritmo llega a una decisión, pero no tenemos acceso al razonamiento que hay detrás. Es una caja negra. Si dejamos que un algoritmo tome decisiones que nos afectan deberíamos poder exigir que rinda cuentas”. Las máquinas pensantes pueden tomar decisiones, de hecho ya hemos dejado que las tomen. Pero según Mantaras no pueden conocer en sentido literal, porque no conocen que conocen, y por eso es absurdo exigirles responsabilidad. Sin saber que se está conociendo no hay conocimiento y no hay libertad. Batty, el replicante de Blade Runner que está a punto de morir, al lamentarse porque todo lo que ha visto vaya a perderse como “lágrimas en la lluvia”, ha dejado de ser IA para convertirse en una inteligencia humana que desea lo eterno.

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No decir nunca nada que, en cierto modo, no esté ocurriendo

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Liu Xiabo. La soledad del disidente

Antonio R. Rubio Plo

El término disidente parece haber perdido la fuerza que tenía en las décadas de los 70 y 80. Se diría que es un personaje de otros tiempos, propio de sistemas totalitarios ya desaparecidos. Pero el que no se hable hoy mucho de totalitarismos, y hasta se evite el término porque destila incomodidad, no significa que no existan. Y porque existen, también existen los disidentes, todos aquellos que se enfrentan a sistemas que cuestionan la dignidad humana, aunque a menudo intenten seducir a los gobernados con todo un despliegue retórico. La muerte del escritor chino Liu Xiabo, Premio Nobel de la Paz en 2010, supone la desaparición física de un disidente, mientras medios de comunicación oficiales afirman que su recuerdo está destinado a caer en el olvido.

Deng Xiaoping es el padre de la China actual, aunque no hasta el punto de hacer olvidar el legado de Mao, del que Deng afirmaba que había cometido un treinta por ciento de errores, pero desacreditar a Mao, del modo que se hizo en la URSS con Stalin, no es aceptable porque sería cuestionar la legitimidad del partido comunista chino. Las viejas heridas, efectos de la masacre de Tiananmen, de la revolución cultural y de otros experimentos maoístas, han intentado ser cicatrizadas con los bálsamos del orgullo nacional y la prosperidad económica. Sin embargo, Liu Xiabo estaba convencido de que estas recetas eran insuficiente porque eran claramente materialistas, y no eran efectivas frente a la endémica corrupción, resultado inevitable de la ausencia de valores éticos o religiosos.

Liu Xiabo fue un hijo de la revolución cultural y padeció en su niñez la trepidación de las consignas maoístas, que incitaban a niños y jóvenes a rebelarse contra sus progenitores y superiores en nombre de una revolución inconclusa. Vivió una época de sufrimientos y humillaciones que le dejaron profunda huella. En la década de 1980, siendo doctor en literatura china y profesor de universidad, con un brillante currículo académico y la posibilidad de enseñar en universidades norteamericanas, Liu Xiabo echó todo por la borda para solidarizarse con los estudiantes de Tiananmen. Desde entonces comenzaría su vida de disidente, en la que no faltaron años de cárcel y arrestos domiciliarios. Sin embargo, el escritor nunca podría ser clasificado como un mero opositor político. Eso sería olvidar que el disidente, en su versión clásica, tiene una alta preocupación por la ética. No puede concebir la política desvinculada de la ética, es decir, no aspira al poder por el poder. En este sentido, uno de sus slogans era “Ni enemigos, ni odiados”, que otro disidente de la Europa comunista, el checo Vaclav Havel, podía perfectamente haber hecho suyo.

Liu Xiabo. La soledad del disidente

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Cataluña: la hora de los fantasmas

Francisco Pou

La verdad es que no quedan muchas cosas por decir. Millones de tuits, memes, columnas de opinión, whatsaps, debates, firmas, apoyos, pancartas y zascas han corrido ya. El proceso de los independentistas para Cataluña sigue copando primeras páginas de unos periódicos que cada vez venden menos ejemplares. Y cada vez, cansados todos, interesa menos. Las razones en un sentido u otro, muy pocas, ya se han dicho. De todos los colores. Desde sesudas defensas de la ley y la Constitución, hasta contabilidades macro para todos los gustos.

He tenido ocasión de compartir estos días impresiones con gobierno y con govern con parte de los protagonistas de ese llamado “choque de trenes” que viene el 1 de octubre, ese pretendido referéndum que hoy por hoy, como en el caso de Venezuela, no sustenta ninguna ley. Entendiendo la ley como un terreno de verdad aceptado por todos. Para convivir. Pues bien, la impresión para todos es que lo que viene es inevitable: un impredecible guión que, con las razones agotadas, será violento.

Ante el inminente choque de “sin razones” el govern, de monocolor independentista, se ha reservado el control de la policía autonómica en su referéndum sustituyendo a su director por Pere Soler, calificado incluso por la prensa pro-govern con adjetivos como “exaltado” o “hiperventilado”.

Esa misma mañana la propaganda secesionista hacía aparecer en ciudades de toda Cataluña una enorme fotografía de Franco con un mensaje: “No votes, el 1 de octubre, No a la República”. Después de una larga etapa de repetitiva propaganda se está conjurando ya el miedo del pasado para huir a un pretendido futuro imaginado e impuesto. Es el momento de los exaltados, los “hiperventilados”; de esas locas historias que precipitan la Historia que desde el gobierno de Rajoy no se ha querido ver. A tiempo. Una táctica, la de la avestruz, que personalmente le ha podido salir bien para “resistir” él, pero que para la convivencia en Cataluña deja “la gran finale” fuera de control y en manos de quienes con por exaltación podemos llegar a volver a ver tiempos que dábamos ya por enterrados. Al final vence siempre el diálogo. Lo malo es que seguramente no hemos llegado al final.

Cataluña: la hora de los fantasmas

Francisco Pou | 0 comentarios valoración: 3  14 votos

En la línea de fuego

José Luis Restán

La República Democrática del Congo es un país que produce vértigo, incluso si se mira de lejos. Inmenso, vibrante, con un paisaje arrebatador, riquezas minerales que provocan los peores instintos y una convivencia siempre al borde del estallido. Los numerosos misioneros con los que he hablado en los últimos años siempre reflejan la paradoja que produce contemplar la aventura de un pueblo lleno de vitalidad y de empuje, y un contorno institucional pésimo que arrastra una corrupción endémica inimaginable y toda clase de abusos de poder. El tablero se complica aún más debido a las tensiones étnicas, a las guerrillas de difícil clasificación (especialmente en la zona lindante con los Grandes Lagos) y la influencia de agentes extranjeros de todo tipo, los chinos han sido los últimos en llegar y son ahora los más activos.

No hace falta decir que la violencia ha acompañado el camino de este gran país africano desde antes incluso de su independencia. El momento actual está marcado por la resistencia del presidente Joseph Kabila a abandonar el poder, tal como establecen la Constitución y los llamados Acuerdos de San Silvestre, firmados “in extremis” con la oposición la noche del pasado 31 de diciembre. Estos acuerdos, alcanzados gracias a la mediación tenaz de los obispos congoleños, establecían la formación de un gobierno de transición que nunca ha visto la luz, entre otras cosas porque el líder de la oposición, Etienne Tshisekedi, falleció inesperadamente en Bruselas mientras se sometía a un chequeo. Lo cierto es que Kabila y la red de intereses que se mueve a su alrededor no desean que se produzca un cambio, mientras aumenta el malestar de la gente y se extiende una sensación de descontrol que el propio presidente usa para justificar su inmovilismo. A inicios de julio el presidente se entrevistó con Marcel Utembi, arzobispo de Kisangani y presidente de la Conferencia Episcopal (CENCO), y de nuevo reiteró su intención de convocar elecciones cuando sea posible. Los obispos católicos, convertidos en actores principales de este drama, ya que son la única fuerza con capacidad para dialogar con todos, conocen de sobra las malas artes de Kabila, pero insisten en que no hay alternativa a los Acuerdos de San Silvestre.

El bloqueo de la situación política tiene numerosos efectos perniciosos para la vida diaria que los obispos no dejan de denunciar. Por ejemplo surgen por todas partes bandas armadas para oponerse a un orden injusto, pero de las que no puede esperarse ninguna solución estable sino que terminan generando un calvario que sufre la gente sencilla. Esta inestabilidad endémica y llena de peligros ha creado una fuerte crisis económica que está llevando la tensión social al límite.

Un hecho destacable es que esa mediación, que cuenta con el apoyo de la inmensa mayoría de la población, no le está saliendo gratis a la Iglesia. De hecho se detecta un crescendo de la violencia contra instituciones católicas en el último año: han sido asaltados e incendiados parroquias y seminarios, especialmente en las regiones de Kivu y Kasai, y también los sacerdotes están en el punto de mira. El pasado día 16 el párroco y el coadjutor de Notre-Dame des Anges, en la región de Kivu-Norte, fueron secuestrados tras un ataque de un grupo de milicianos que destrozaron varios locales y aterrorizaron a la población.

En la línea de fuego

José Luis Restán | 0 comentarios valoración: 3  26 votos
>VENEZUELA

La esperanza, el poder electoral y el poder de los sin poder

Aliosha Miranda

«La esperanza, dice Dios, que esos pobres niños vean todos los días cómo va eso, y que todos los días crean que irá mejor la mañana del día siguiente, que todas las mañanas al levantarse crean que el día será bueno, y que olviden de momento los días malos. Que crean, a pesar de todo, que esta mañana esto va bien. Eso me confunde, eso me excede y no salgo de mi asombro. Soy tan viejo, he visto tanto y he hecho tanto. Pero no salgo de mi asombro.» Así afirma el poeta católico Charles Péguy en “El Pórtico del Misterio de la Segunda Virtud”. Según este escritor, no hay nada más conmovedor que un rostro lleno de esperanza en medio del sufrimiento; para Péguy, un corazón lleno de esperanza es capaz de sorprender al mismísimo Dios.

Pues bien, el pasado domingo el Creador seguro estaba muy asombrado con lo que acontecía en Venezuela.

Recordemos que el pasado 3 de julio la oposición a la dictadura del país sudamericano convocó una consulta popular en la que el pueblo podía expresarse, votar en contra del régimen; a través de las tres preguntas propuestas por la oposición en la consulta, el pueblo podía decir no a la asamblea nacional constituyente, el pueblo podía decir basta a la represión que se ha vivido en los últimos tres meses, el pueblo podía pedir una renovación de los poderes públicos en Venezuela. A través de esta consulta, los venezolanos teníamos la posibilidad de ejercer uno de los derechos que la dictadura nos ha robado: votar.

La consulta se llevaría a cabo el 16 de julio.

En ese momento, la propuesta generó muchas dudas. En primer lugar, porque la organización de este evento no tendría el apoyo del poder electoral de Venezuela, así como tampoco contaría con las fuerzas de seguridad del estado para resguardar el proceso. De hecho, se temía que la Guardia Nacional Bolivariana y la policía reprimieran los centros de votación. Es decir, era una gran incógnita si la oposición tenía la capacidad técnica y publicitaria para organizar un evento que arrojara resultados significativos. En segundo lugar, dado que la consulta estaba fuera de la institucionalidad electoral venezolana, los resultados de la misma no generarían cambios en los puestos políticos del país, al menos no en el corto plazo. Y, en tercer lugar, no se sabía si la gente acudiría de manera multitudinaria a expresarse en este acto organizado por la oposición, ya eran casi 100 muertos en más de 100 días de protestas, ¡más de 100 días de protestas!, y el gobierno no había otorgado ninguna concesión, ninguna señal de querer negociar, sólo daba señales de querer eliminar a todo aquel que pensara distinto con tal de perpetuarse en el poder. Había mil y un razones para que los venezolanos estuvieran escépticos y desesperanzados y no salieran a votar, era totalmente comprensible.

Pero el 16 de julio no reinó el escepticismo, reinó la esperanza.

>VENEZUELA

La esperanza, el poder electoral y el poder de los sin poder

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¿Qué será de Charlie?

Ilaria Bertini

Desde hace días, la historia de Charlie Gard está ante los ojos de todos y ha desatado las reacciones más diversas, sobre todo de consternación, rabia y angustia. Reacciones sin duda más que naturales porque no parece otra cosa que un homicidio a manos del Estado donde los padres han quedado relegados en un rincón sin poder tomar decisión alguna respecto a la salud (o mejor dicho, salvación) de su propio hijo. ¿Pero cuántos de nosotros nos hemos preguntado si las informaciones que nos bombardean desde la prensa, los blogs, las redes sociales, etc, están describiendo de verdad la realidad de los hechos?

Ni siquiera ha bastado el testimonio de una enfermera que trabaja en ese hospital para interpelarnos, rápidamente se la ha etiquetado de visionaria. ¿Cuántos de nosotros, aparentemente tan interesados en “entender”, han encontrado tiempo y ganas de abordar las sentencias inglesas, las del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (donde además se incluyen todas las evidencias médicas recogidas durante meses) o los comunicados oficiales del hospital donde Charlie está ingresado para conocer mejor su historia, qué le ha llevado hasta allí y por qué su caso ha terminado ante los tribunales? Este es el único material del que disponemos. No hay que ser expertos en el oficio para poder hacerlo porque no se trata ante todo de un problema de vericuetos legales sino de verificar si lo que nos ofrecen como verdad realmente lo es. Entonces podremos dar la batalla para defenderla. Pero no antes.

¿Qué será de Charlie?

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Charlie Gard y la muerte digna

Nicolás Jouve

De verdad que resulta patético y causa un cierto dolor contemplar el espectáculo de tribunales de justicia, órganos internaciones de supuesta defensa de los Derechos Humanos, autoridades políticas, médicos y particulares pronunciarse sobre el caso de un bebé de 11 meses, Charlie Gard, aquejado de una enfermedad mitocondrial, y sentenciar que se le debe retirar todo tipo de cuidados médicos porque según señalan su enfermedad es irreversible. Un primer motivo de asombro se produce cuando se sabe que el niño no sufre y que los padres solo desean agotar todas las posibilidades médicas de paliar la enfermedad y mientras gozar de la presencia de su hijo.

Los médicos del Great Ormond Street Hospital de Londres que lo atienden opinan que el bebé tiene un daño cerebral invariable, que apenas puede moverse, ni llora, ni oye… Pero sus jóvenes padres, Connie Yates y Chris Gard, se aferran a la esperanza de algún tratamiento que al menos permita prolongar su vida. Desean la curación del bebé del que afirman no sufre ningún dolor y piden que se le permita agotar todas las posibilidades de tratamiento médico. Para ello, han recaudado una suma importante de fondos mediante un crowdfunding y están dispuestos a luchar por prolongar la vida del pequeño hasta el final.

La rara enfermedad de Charlie Gard es grave, pero hay distintos equipos médicos que afirman tener soluciones para al menos paliar los efectos de una enfermedad degenerativa mitocondrial que va minando las energías del bebé. Así, el Dr. Ramon Martí, líder del grupo de patología neuromuscular y mitocondrial, del Institut de Recerca de Vall d’Hebron (VHIR) de Barcelona y sus colaboradores, entre ellos varios de otros países, afirman tener un tratamiento experimental que han aplicado a 19 pacientes, 13 de ellos en España, con otra anomalía genética fisiológicamente parecida a la de Charlie Gard. ¿Qué se pierde por intentarlo?

El revuelo que ha causado este caso se parece mucho a otros que sirvieron para crear un caldo de cultivo favorable a alguna de las ideas que a la postre determinaron la implantación de alguna de esas leyes de “ingeniería social” que se disfrazan de progresismo… Se utiliza la emotividad para después justificar una ley de rango más amplio, aunque se lleve por delante principios o valores de orden superior, como la familia, la maternidad, la patria potestad, la vida del no nacido o la objeción de conciencia. No otra cosa es lo que pasó con el aborto en caso de violación o de enfermedades “graves” detectadas por diagnóstico genético prenatal, o con las leyes de protección de determinados colectivos, no particularmente con los discapacitados, o cuando se utiliza la llamada maternidad altruista, o el derecho a morir dignamente… y así sucesivamente.

Charlie Gard y la muerte digna

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>Entrevista a Julián Carrón (II)

Un cristianismo más allá de las guerras culturales

John L. Allen Jr. e Inés San Martín

Una de las cuestiones más problemáticas que tienen que afrontar los cristianos en Occidente a comienzos de este siglo es si la Iglesia tiene el deber de seguir combatiendo las batallas culturales, y cómo debería hacerlo.

A la izquierda hay una fuerte corriente de pensamiento que considera que la Iglesia debería mantenerse al margen del campo de batalla porque con respecto a algunos temas, como la contracepción o la mujer, está en el parte equivocada. En el lado opuesto, algunos, como Rod Dreher con su propuesta de la «opción Benedicto», sostienen que la Iglesia debería retirarse porque ya es una perdedora, y lo máximo a lo que puede aspirar en esta cultura es a mantener vivas pequeñas islas de fe.

De hecho don Julián Carón, responsable del influyente movimiento católico de Comunión y Liberación, indica otro modo de afrontar la discusión para evitar poner el énfasis en las batallas culturales. En su opinión, el problema no es que las posiciones tradicionales de la Iglesia estén equivocadas, y mucho menos que la batalla esté ya perdida.

Considera que partir de la ética ha sido siempre un modo equivocado de comunicar al mundo el cristianismo que, en esencia, es un «acontecimiento» –un término que puede parecer banal en su uso corriente, pero que en el lenguaje de Comunión y Liberación, que nace de su fundador, el sacerdote italiano Luigi Giussani, está cargado de significado.

«Que la fe es un acontecimiento significa que la vida de uno cambia cuando se encuentra con un hecho, como les sucedió a Juan y Andrés cuando se encontraron con Jesús», ha declarado a Crux. «No se puede evitar la realidad de un hecho que ha sucedido, no se puede eliminar. Pensemos en san Pablo, que perseguía a los cristianos tratando de eliminarlos. El encuentro con Cristo vivo revolucionó su forma de pensar».

«No se puede reducir la cuestión a una elección entre las batallas culturales y un cristianismo vaciado de contenido, porque ninguna de estas dos hipótesis tiene nada que ver con Abrahán y la historia de la salvación», afirma Carrón. «Abrahán fue elegido por Dios para empezar a introducir en la historia una forma nueva de vivir que pudiese generar con el tiempo una realidad visible capaz de hacer la vida digna, plena».

En su casa de Milán, entre otros temas, Carrón ha hablado con Crux sobre la edición en lengua inglesa de su libro La belleza desarmada (Disarming Beauty), sobre cómo se puede proponer el «acontecimiento» cristiano en la cultura secularizada del Occidente posmoderno.

A continuación, la segunda parte de la conversación de Crux con Carrón.

Recientemente, Rod Dreher ha sostenido que los cristianos deberían abandonar las batallas culturales en Occidente porque ya las han perdido, y lo máximo a lo que pueden aspirar es la «opción Benedicto», es decir, la conservación de pequeñas islas de fe en un contexto de cultura hostil y decadente. Usted parece sostener que deberíamos dejar atrás las batallas culturales sin renunciar a esas posiciones, pero por un motivo distinto.

>Entrevista a Julián Carrón (II)

Un cristianismo más allá de las guerras culturales

John L. Allen Jr. e Inés San Martín | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
>Editorial

El futuro afortunadamente no es lo que solía ser

Fernando de Haro

Este es un tiempo de distopías (neologismo anglosajón que se utiliza para describir sociedades del futuro indeseables). Las distopías vuelven a dominar la narrativa cinematográfica (estos días se estrena el tercer capítulo de un remake del clásico Planeta de los Simios), los relatos económicos y también los sociológicos y antropológicos. Estos últimos se pueblan de barbarie y de humanos desnaturalizados que han adquirido características propias de los primates más elementales.

Seguramente esta “literatura del declive” en la que hay mucho material de no ficción tiene que ver con el momento de transición que vivimos, con la incertidumbre de un cambio demasiado agudo, con el miedo que suscita percibir que la tierra conocida ha desparecido y no emerge la nueva.

La digitalización, por ejemplo, ha generado pulsiones apocalípticas. En un trabajo publicado ya hace unos meses por Carl Benedikt, profesor de la Universidad de Oxford, titulado “The future is not what it used to be” (El futuro no es lo que solía ser), se pronostica que casi el 50 por ciento de los trabajos que en este momento realizamos van a desaparecer por la automatización. La cuarta revolución industrial (la de los datos) suscita temores y reacciones semejantes a los que provocó el ludismo de hace doscientos años, cuando los artesanos ingleses se alzaron contra los telares industriales de la primera revolución industrial. La máquina era entonces el enemigo, ahora lo es esa actividad digital que representa el 20 por ciento del PIB mundial, porcentaje que irá en aumento, y ese flujo de datos que se ha multiplicado al menos por 45 desde 2005.

El asunto es complejo y sin duda los efectos de la “destrucción creativa” no serán inmediatos, la digitalización genera nuevas formas de exclusión (no por casualidad se habla de la famosa brecha) y como señalaba el informe "The Future of Jobs: Employment, Skills and Workforce Strategy for the Fourth Industrial Revolution" (presentado en el World Economic Forum de 2016) hay ámbitos en los que se pueden destruir 7 millones de empleos y crear solo 2. Pero responder al reto y al cambio pensando que estamos ante el “fin del trabajo”, como señalan algunos, es ignorar el más elemental de los principios económicos: las necesidades son infinitas, los recursos son escasos.

Percibir en el cambio una amenaza y no oportunidad dice mucho de los recursos disponibles que tiene el observador, de con qué y cómo afronta el presente. La regla sirve lo mismo para lo económico como para lo antropológico. Rod Dreher, editor de www.theamericanconservative.com y autor del gran best seller espiritual de los últimos meses en los Estados Unidos (The Benedict-Option), en uno de sus recientes post hacía una loa del discurso pronunciado por Trump en su visita a Polonia. Rod Dreher, que aboga por refugiarse en un arca mientras pasa el diluvio antropológico, sostenía que “mantener la hegemonía judeo-cristiana -lo que significa comprendernos como el pueblo que encuentra su unidad en las historias de la Biblia- es vital para mantener nuestra identidad. Como hace tiempo que no lo hacemos, estamos en declive”.

>Editorial

El futuro afortunadamente no es lo que solía ser

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  16 votos

Job sienta a Dios en el banquillo: sobre el sufrimiento inocente

Ignacio Carbajosa

«Creo que si hay un libro en el mundo que merece la palabra sublime ese es el de Job». Palabras de Jorge Luis Borges en una conferencia pronunciada en el Instituto Cultural Argentino-Israelí en 1965. El mismo calificativo emplea Paul Claudel, de la Academia Francesa, que en su monografía sobre el libro de Job dice que, entre los libros del Antiguo Testamento, «Job es el más sublime, el más conmovedor, el más audaz, y al mismo tiempo el más enigmático, el más desalentador y, estaría por decir, el más repulsivo». Justificando sus calificativos, el autor francés añade: «¿Quién ha defendido la causa del hombre con tanto arrojo, con tanta energía? ¿Quién ha encontrado en las profundidades de su fe espacio para un grito como ese, para un clamor, para una blasfemia como la de Job?». La causa del varón de Us, que es la causa de toda la humanidad, en este libro se convierte en un grito desgarrador dirigido directamente a Dios: ¿por qué el sufrimiento inocente?

Desde que esta obra entrara en el canon judío, y por ende cristiano, ha inspirado a multitud de autores y se ha convertido, tal vez, en el libro más «reescrito» del Antiguo Testamento, en especial desde que Leibniz, en la primera mitad del siglo XVIII, diera origen a una rama de la filosofía llamada teodicea, destinada a tratar el problema de la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal. Si Dios es único, bueno y omnipotente, ¿por qué existe el mal? ¿Acaso Dios, que es omnipotente, permite el mal? Entonces tendríamos que dudar de su bondad. ¿Acaso quiere evitar el mal pero no puede? Entonces pondríamos en entredicho su omnipotencia.

Una de las páginas que mejor han planteado el drama del mal y, sobre todo, del sufrimiento inocente, se encuentra en la obra de Fiódor Dostoyevski “Los hermanos Karamazov”. En un diálogo entre Iván y su hermano Aliocha, el primero, incrédulo, quiere evitar que su hermano, novicio, siga los pasos del starets Zósimo. Para ello le plantea la objeción más potente a la existencia de Dios: el sufrimiento inocente. Ya el mal que sufren los adultos sería una objeción de peso pero, al fin y al cabo, «han comido la manzana y han entrado en conocimiento del bien y el mal (…). Y siguen comiéndola». Es decir, tienen una última responsabilidad en el desorden del mundo. Pero el dolor de los niños… es injustificable.

La pluma de Dostoyevski, dando voz a Iván, no nos ahorra el relato de algunas de las atrocidades que se han cometido con los niños, de modo que la objeción a la justicia divina o a su misma existencia no resulte abstracta. En unas páginas durísimas para el lector, Iván describe las barbaridades con las que los turcos frenan las revueltas en su país. Delante de las madres, lanzan los bebés al aire y los reciben en las puntas de sus bayonetas. Hacen reír a un niño en brazos de su madre y lo encañonan con un revólver para que lo coja. En ese momento le vuelan la cabeza. Todo como parte de una pura diversión.

Job sienta a Dios en el banquillo: sobre el sufrimiento inocente

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No decir nunca nada que, en cierto modo, no esté ocurriendo

Fernando de Haro

Tiempos interesantes. El desarrollo de la inteligencia artificial más allá de lo que podríamos haber imaginado hace unos años y la crisis de cierta forma de pensamiento moderno plantean retos apasionantes. Quizás sean una invitación a recuperar una forma de pensar y de hablar diferente, más humana.

La inteligencia artificial (IA) parece estar llevando a cabo el viejo sueño de crear sistemas perfectos que, al menos en ciertos aspectos de la vida, resuelvan la fatiga de tener que ejercer la libertad. Las “máquinas pensantes” vienen en auxilio del ser humano en ámbitos decisivos. La policía de Nueva York utiliza desde años la IA para seguir o dejar de seguir a un sospechoso. Cada vez es más frecuente que los operadores del mercado utilicen el high frequency trading, un sistema que toma decisiones de compra y venta de títulos en fracciones de segundo. Protagoniza ya casi la mitad de las operaciones en las bolsas europeas y ha dejado obsoletos los modelos de análisis de comportamiento basados en el modo de invertir de los “sapiens de carne y hueso”. En todos estos casos se procesan datos y se toman decisiones gracias a algoritmos. El algoritmo, por definición, es un conjunto de reglas que permite obtener un resultado previsible.

Hace unos días, Ramón López de Mantaras, premio Walker de la Conferencia Internacional de Inteligencia Artificial, advertía de los riesgos de dejar a los algoritmos tomar decisiones por sí solos. Primero, porque en la selección de datos siempre se producen sesgos que es necesario corregir. Y segundo -señalaba López de Mantaras en una entrevista de La Vanguardia- porque una cosa es el conocimiento y otra son los datos.

Todos las posibilidades que ofrece el Big Data -los resultados en el campo de la intervención humanitaria y social son ya muy llamativos- replantean la distinción entre información y saber. “El conocimiento implica -señalaba Mantaras- que se comprende cómo se toma una decisión. Con los datos, el algoritmo llega a una decisión, pero no tenemos acceso al razonamiento que hay detrás. Es una caja negra. Si dejamos que un algoritmo tome decisiones que nos afectan deberíamos poder exigir que rinda cuentas”. Las máquinas pensantes pueden tomar decisiones, de hecho ya hemos dejado que las tomen. Pero según Mantaras no pueden conocer en sentido literal, porque no conocen que conocen, y por eso es absurdo exigirles responsabilidad. Sin saber que se está conociendo no hay conocimiento y no hay libertad. Batty, el replicante de Blade Runner que está a punto de morir, al lamentarse porque todo lo que ha visto vaya a perderse como “lágrimas en la lluvia”, ha dejado de ser IA para convertirse en una inteligencia humana que desea lo eterno.

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>Editorial

Terrorismo: ¿algo más que memoria?

Fernando de Haro

Las conclusiones de la cumbre del G20 celebrada en Hamburgo han incorporado una aportación española para que sean reconocidas y apoyadas las víctimas del terrorismo. España, después de haber sufrido durante años el terrorismo de ETA, se ha convertido en una experta en víctimas. Tiene mucho que decir en este campo ahora que la lacra del asesinato político e ideológico se extiende por todo el mundo.

La aportación llega cuando se cumplen 20 años del asesinato de ETA que cambió radicalmente las cosas: el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Hasta bien entrada la década de los 90 había todavía una ambigüedad sobre la banda terrorista. Se condenaban los atentados. Pero perduraba la duda sobre la posible legitimidad no de los medios, pero sí de alguno de sus fines. Contribuía a ello que hubiera empezado a utilizar la violencia bajo la dictadura de Franco y la cantinela de que en el País Vasco había un conflicto político. El asesinato de Blanco en el 97 abrió los ojos, proporcionó una dolorosa claridad moral y permitió deshacerse de ciertos complejos propios de una democracia demasiado joven. A partir de ese momento fue evidente que los asesinos no podían seguir haciendo política.

Las víctimas, que durante muchos años habían sufrido no solo la violencia sino una perversa transferencia de culpa de los victimarios, empezaron a ser reconocidas política y socialmente. Se acuñó entonces el lema “memoria, dignidad y justicia”. Una fórmula que quería escribir en mármol el agradecimiento de la sociedad española a los más débiles, a los que más han sufrido y a los que han sido siempre leales al Estado de Derecho. Ahora que la violencia va quedando atrás y que es necesario construir el relato de lo ocurrido, el recuerdo de los asesinados, torturados, humillados, secuestrados, mutilados es esencial. Lo han puesto de manifiesto dos recientes novelas: Patria y Ojos que no ven.

Hasta el momento, la obstinación de una banda terrorista que se resiste a disolverse y la pretensión de sus sucesores políticos de imponer la mentira sobre lo sucedido han hecho difícil abrir una posibilidad que en casos similares ha servido para reparar muchas vidas y reconciliar algunas sociedades. Estamos hablando de la posibilidad de que las víctimas que lo deseen den un paso más allá de su gran sufrimiento. Gestos como el que ha hecho el alcalde de Rentería, de Bildu (partido sucesor de ETA), pidiendo perdón a dos víctimas facilitan las cosas.

Terrorismo: ¿algo más que memoria?

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  50 votos

>CINE

La ciudad de las estrellas (La La Land)

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 2  980 votos
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Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D.

One, la nueva película de Fernando de Haro que se estrena en Madrid el próximo lunes, cuenta lo que nunca te han contado sobre la India. En la mayor democracia del mundo, en el país que compite con China por el liderazgo de Asia y de buena parte del planeta, sigue vigente un rígido sistema de castas. Por eso la minoría cristiana, que se atreve a afirmar la igualdad efectiva entre los indios, es perseguida. Los parias (los sin-casta) que abandonan el hinduismo y abrazan el cristianismo, buscando una vida más digna, pierden las ayudas sociales. Los obstáculos legales que limitan las conversiones han sido respaldados por el Tribunal Supremo. Un nuevo nacionalismo hindú no duda en recurrir a la violencia para restringir la libertad y lleva a cabo prácticas que algunos califican como prácticas genocidas. Prueba de ello es lo que sucedió en el distrito de Kandhamal durante 2008. Se pretendió “limpiar” de bautizados una amplia zona.

Este documental está grabado en Nueva Delhi; en Bhubaneswhar, la gran ciudad del hinduismo; y en las selvas de Orissa, junto al Golfo de Bengala. Recoge los rostros y las historias de gente sencilla (la inmensa mayoría de los bautizados de la India son parias) que ha encontrado en el cristianismo una forma más humana de vivir. Muchos explican por qué abrazaron la nueva religión y han abandonado la antigua. Otros relatan las injusticias sufridas y los motivos que les permiten ser fieles al credo de la cruz. La película da voz también a los nacionalistas hindús que justifican las políticas de discriminación.

Estamos ante el cuarto documental de una serie dedicada a los cristianos perseguidos. El primero de ellos, "Walking next to the wall", fue rodado en Egipto y está dedicado a los coptos. El segundo, Nasarah, grabado en el Líbano, está dedicado a los sirios e iraquíes perseguidos por el Daesh. El tercero, Aleluya, a Nigeria. Los cuatro están disponibles en la plataforma Vimeo. La serie está dirigida por Fernando de Haro que trabaja con la productora N Medio. El proyecto se lleva a cabo con la ayuda del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo y la Fundación Hernando de Larramendi.

A las 19 horas del lunes 23 de enero en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Julián Romea, 23. 28003 Madrid.

Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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