Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
17 ENERO 2019
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La nueva época, marcada por los muros

Antonio Polito

Hace treinta años, la caída de un muro puso fin a la guerra fría. Treinta años después, América cierra sus puertas, la cerradura más larga de la historia, para construir un muro. Hasta 1989 Occidente quería abatir las barreras para liberar a los que habían quedado dentro. En 2019 quiere alzarlas para dejar fuera a los que quieren entrar. No hay nada más simbólico que una simple pared de cemento para entender cómo ha cambiado la historia del mundo en solo tres décadas. Con el Muro de Berlín acabó la gran ilusión del comunismo, para dar paso un nuevo orden liberal que ahora se desvanece.

Cambiamos globalización por cosmopolitismo y estamos pagando el precio con la venganza de las naciones. La historia, que al profesor Fukuyama le parecía acabada, ha vuelto a ponerse en marcha, pero hacia atrás. Cuando los berlineses se libraron del muro, había 16 muros en el mundo. Treinta años después, hay 63. Una cerca para mantener fuera a los mexicanos se levanta ya a lo largo de más de mil kilómetros, con sensores electrónicos y visores nocturnos, pero a Donald Trump no le basta. Por su parte, los mexicanos se han construido uno para mantener fuera a los guatemaltecos. Hungría, el país que inutilizó el Muro de Berlín desmantelando el alambre de espino electrificado en la frontera con Austria y abriendo así un paso hacia Occidente a los alemanes que huían del este, ahora ha reconstruido su propia barrera de alambre de espino, de 175 kilómetros de largo y 3,5 metros de alto, en la frontera con Serbia, para frenar a los inmigrantes.

Los pueblos que quedaron atrapados tras el Telón de Acero son hoy los más ansiosos por construir uno nuevo. Y donde hay mar, y no se pueden construir muros, se cierran fronteras, como con el brexit, o puertos, como Salvini. Desde que el mundo es mundo, las civilizaciones utilizan las obras de albañilería como si fueran un código político, un programa cultural, construyendo o derrumbando. El emperador Quin Shi Huang unificó China haciendo la Gran Muralla. Los comunes italianos, al culminar la unión, edificaron catedrales y torres. Osama bin Laden pasó a la historia por sus dotes demoledoras. Los que tienen miedo construyen muros, los que tienen confianza construyen puentes. Al final del siglo XIX, el Circo Barnum llevó al puente de Brooklyn a 21 elefantes para convencer a los neoyorquinos de que era estable y sólido. Génova todavía tiene que demoler el puente Morandi para poder tener uno así.

Los que tienen esperanza construyen calles. Por las vías del imperio romano ha pasado la civilización entera, mercancías e ideas, soldados y apóstoles. En su apogeo, la red se extendía por cien mil kilómetros de calles pavimentadas, que entre ellas unían a 32 naciones de nuestros días. Sin ellas el cristianismo nunca habría podido difundirse por la cuenca del Mediterráneo a tal velocidad, y la historia de Europa habría sido muy distinta. Digamos que más bárbara. Construir es el destino del hombre.

La nueva época, marcada por los muros

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>Entrevista a Olivier Roy

¿Europa sigue siendo cristiana?

Isabelle de Gaulmyn y Jean-Christophe Ploquin

Olivier Roy es profesor de Ciencias Políticas en el Instituto Europeo de Florencia. En esta entrevista, publicada en el diario galo La Croix, el politólogo francés explica la compleja relación que mantiene hoy Europa con el cristianismo, tema al que dedica su último libro.

Usted es conocido como experto en el islam político. ¿Por qué este libro sobre el cristianismo europeo?

En realidad, mis primeras investigaciones versaban sobre el cristianismo. Mi libro La santa ignorancia suscitó un gran debate en el ámbito cristiano. Hoy estamos asistiendo en Europa a todo un movimiento que subraya la identidad cristiana en oposición al islam. Pero estoy seguro de que el problema del islam, en Europa, es el árbol que no nos deja ver el bosque. Hay tendencias que se remontan a mucho antes de su aparición. El islam no es lo que ha vaciado las iglesias, y los católicos en Francia no se han manifestado contra el islam, sino contra el matrimonio homosexual. Por tanto, lo que intento es descubrir qué es lo que se corresponde con aquella famosa “identidad cristiana” europea.

¿Todavía se puede hablar de una Europa cristiana?

Europa se sigue percibiendo como cristiana. Pero la secularización ha llevado a una profunda descristianización. Desde 1968, Europa ha vivido un cambio antropológico muy importante, que separa profundamente los valores de la sociedad de los de cristianismo. La verdadera descristianización no es tanto el derrumbe de la práctica cristiana sino la referencia a una nueva antropología centrada en el deseo individual, totalmente contrario al cristianismo. En compensación, y esa es la auténtica paradoja, en todos los países, a excepción de Inglaterra, una mayoría de europeos se sigue declarando cristiana. Pero esto ya no tiene nada que ver con la fe. Por el contrario, se constata una ignorancia total de los elementos básicos del cristianismo.

El discurso sobre la identidad cristiana, ¿no es signo de un retorno a lo religioso?

Mi tesis es que aquellos que reivindican para sí una identidad cristiana sin referirse a los valores cristianos aceleran la descristianización. Precisamente aquellos que quieren promover las raíces cristianas no predican en absoluto un retorno a la fe, pues ni ellos mismos la practican. Esto no tiene nada que ver con la religión.

¿Pero la religión no necesita acaso una relación con la cultura?

Sí. Y hoy la distancia entre la comunidad de fe y la cultura es muy grande, un divorcio. Benedicto XVI y Juan Pablo II han sido muy claros sobre esto. Sin embargo, la Iglesia católica sigue enorgulleciéndose de esta relación entre cultura y fe. En Europa, hoy estamos viviendo una crisis cultural mucho más que religiosa. Ciertas religiones como el salafismo y el evangelismo se aprovechan de esta deculturación generalizada. El divorcio de la cultura es mucho más doloroso para el catolicismo. Frente a esta cultura que se les ha hecho tan extraña, su problema es saber cómo situarse en la sociedad.

Usted indica tres actitudes posibles: replegarse sobre uno mismo, la lucha política o el retorno a los valores.

>Entrevista a Olivier Roy

¿Europa sigue siendo cristiana?

Isabelle de Gaulmyn y Jean-Christophe Ploquin | 0 comentarios valoración: 4  11 votos
>Entrevista a Rémi Brague

"Europa debe defenderse del laicismo hipócrita"

Daniele Zappalà

“Europa debe plantearse preguntas claras y dejar de atrincherarse tras la hipocresía del laicismo militante. La felicidad de nuestros jóvenes depende de esto”. El famoso filósofo francés Rémi Brague lleva años realizando un trabajo de elucidación sobre los fundamentos del hecho religioso, a lo que ha dedicado su último ensayo “Sobre la religión”.

¿Por qué ha querido escribir una obra sobre la religión en general?

Por un cierto fastidio a causa del modo en que se emplea, como algo banal, este término extraordinariamente ambiguo. Muchos dicen “las religiones” metiéndolas todas en el mismo saco, a menudo en el mismo saco de basura. He optado por un título plano porque quería reconsiderar así esta noción, planteando preguntas sencillas: ¿de dónde proviene la palabra y su uso?, ¿pertenece al pasado, o estamos en cambio ante la aparición continua de nuevos ídolos, aún más sanguinarios que antes?, ¿qué relación tienen las religiones con el derecho, la política, la violencia?

Sus tesis sobre las raíces cristianas de Europa, expuestas hace más de un siglo, se acogen ahora más favorablemente, incluso fuera del mundo católico y cristiano. ¿Es otro pequeño signo de una reflexión que, de un modo u otro, se abre paso en los países europeos?

Esas tesis me permitieron salir del microcosmos académico. Me alegra poder ayudar a reflexionar sobre el significado de Europa, que es mucho más antiguo y profunda que la UE. Europa bebe de fuentes culturales (prefiero esta metáfora a la de las “raíces”) que son un tesoro. Sería estúpido desprenderse de ellas. Todavía seguimos viviendo gracias a estas fuentes.

En nuestra época, marcada por las preocupaciones ecológicas, ¿las religiones siguen siendo el fundamento más sólido para legitimar nuestro llamamiento a la existencia de las generaciones futuras?

Realmente no veo otro. Los que hablan de “trascendencia horizontal” y nos ofrecen una versión precocinada del viejo mito del progreso no saben lo que dicen. El porvenir, las generaciones futuras, dependen de nuestra voluntad. ¿Cómo podría trascendernos lo que depende de nosotros? Las generaciones futuras existirán si decidimos ahora llamarlas a existir. Pero ciertamente no podemos pedirles su opinión, ni podemos estar totalmente seguros de que serán felices. Solo tenemos derecho a hacerlas nacer si la vida es un bien, un bien sólido y un bien en sí mismo. ¿Cómo afirmarlo si no creemos que todo lo que existe ha sido creado por un Dios bueno?

En Francia, y fuera de ella, los ámbitos laicistas suelen agitar los fantasmas de las guerras de religión. ¿Estas críticas o miedos tienen un fundamento concreto en la Europa actual?

Francia es un país que, después de dos siglos de relativa paz civil, sacudida por revueltas rurales, probó la sangre durante la revolución y no la perdió después, como vimos con la represión y la resistencia que siguió a las purgas de la posguerra. Hay una cierta ironía en el hecho de que los defensores de una laicidad militante, y por tanto guerrillera, quieran causar molestias a los creyentes evocando violencias pasadas. Además, imputándolas a la religión y olvidando el contexto que envenenó las diferencias religiosas, es decir, el nacimiento del estado moderno y su política secularizada, con Maquiavelo o Hobbes.

>Entrevista a Rémi Brague

"Europa debe defenderse del laicismo hipócrita"

Daniele Zappalà | 0 comentarios valoración: 4  13 votos
>Editorial

Occidentalismo del pánico

Fernando de Haro

Primeros pasos del nuevo partido ¿populista? que ha aparecido en Europa. Vox, formación que se autodenomina de “extrema necesidad”, ha llegado a un acuerdo con el PP para facilitar el relevo en el Gobierno de la Comunidad Autónoma de Andalucía. El texto del compromiso para ceder votos tiene muy poco de populista y nada de extremo. Pero, a pesar de lo firmado, los líderes del nuevo partido insisten en afirmar que se ha atendido una de sus reivindicaciones originales (muchas de ellas irrealizables y extravagantes): la expulsión de 52.000 inmigrantes irregulares que el Gobierno de Andalucía habría estado camuflando. No es cierto. Pero en el tiempo de las fake la veracidad no cuenta. Lo importante es poder utilizar el pánico que genera una “invasión de subsaharianos” en unos tiempos en los que el valor de la persona se ha oscurecido.

Hace semanas el secretario general de Vox, Ortega Smith, hablaba precisamente de una invasión de inmigrantes que estarían recurriendo a estrategias militares. El presidente del PP, Pablo Casado, se refería a “una avalancha” de millones de africanos. Palabras especialmente graves porque el PP es partido de Gobierno. Parece trasladarse miméticamente a España un discurso del miedo que se extiende en Italia y en Alemania, en buena parte de Europa.

El discurso del pánico no se alimenta de realidad sino de terrores y de desconciertos. La llegada de inmigrantes irregulares a Europa durante 2017 ha descendido a los niveles más bajos de los últimos cinco años. Mientras el “relato de la invasión” se disparaba exponencialmente en Italia durante 2018, las llegadas se reducían un 80 por ciento (23.000). Es cierto que en España las entradas irregulares (57.000) han marcado un récord. Pero esa cifra no supone ni mucho menos un dato que justifique una alerta desmedida. Según algunas estimaciones, entre un 33 y un 50 por ciento de los llegados son devueltos a su país de origen porque la mayoría de ellos son marroquíes o argelinos. Los últimos datos oficiales disponibles son los de 2016. Ese año llegaron 15.000 inmigrantes de forma irregular y fueron expulsados 19.000. El miedo se extiende, en parte, por la mala gestión que hace de la situación el Gobierno socialista de Sánchez (los centros de acogida e internamiento no funcionan, no se pide ayuda a Frontex para los rescates).

Hay que tener además en cuenta que la inmigración irregular representa un pequeño porcentaje respecto a la que establece de forma regular su residencia en España. En 2017 llegaron de forma regular más de 500.000 personas, las llegadas irregulares no alcanzaron el 5 por ciento. Solo desde 2016 el saldo migratorio, en un país que no tiene hijos, ha vuelto a ser positivo.

¿Por qué en España y en Europa se extiende este estado de pánico sin fundamento real? Cuando acabó la II Guerra Mundial, el Viejo Continente hubiera estallado por los aires si aquella generación hubiera tenido que afrontar el problema de los desplazados y refugiados con la conciencia que tenemos ahora. Todos los desplazados eran europeos, sí, pero eso hacía incluso más difícil el realojo porque pertenecían muchos de ellos a minorías y los particularismos representaban un gran obstáculo.

>Editorial

Occidentalismo del pánico

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  18 votos
>Entrevista a Julián Carrón

«Los soberanismos están condenados al fracaso»

Gian Guido Vecchi

«Recuerdo la impresión que me produjo la noticia de un inmigrante paquistaní: llegó extenuado a un centro de acogida italiano, y allí conoció a un voluntario que le llamó por su nombre y le preguntó si quería pasta sola o con salsa, carne o pescado. El hombre rompió a llorar, porque desde que había salido de su país nadie le había llamado hasta entonces por su nombre. Un gesto sencillo de humanidad le hizo cambiar de idea sobre los que, hasta ese momento, para él eran solo “infieles”». Julián Carrón, elegido por el fundador don Giussani como sucesor suyo, guía Comunión y Liberación desde 2005.

Han pasado diecinueve días antes de que alguien ayudase a las cuarenta y nueve personas que se hallaban en alta mar. ¿Qué está sucediendo en Europa para que haya hecho falta que interviniera Francisco en el Ángelus para despertar a los dirigentes?

«Es el signo de una crisis que no es ante todo política o económica, sino antropológica, porque tiene que ver con los fundamentos de la vida personal y social. Un ofuscamiento del pensamiento obliga al Papa a volver a poner delante de todos la realidad, antes que las ideas o los posicionamientos. Ya Benedicto XVI recordaba que la experiencia migratoria hace vulnerables a las personas: explotación, abusos, violencia. Por eso el pontífice actual reclama a todos a respetar el imperativo moral de garantizar a los migrantes la tutela de sus derechos fundamentales y a respetar su dignidad. El cristiano reconoce que los migrantes tienen necesidad de leyes y de programas de desarrollo, y también de “ser mirados a los ojos”, como decía Francisco: “Necesitan a Dios, al que encuentran en el amor gratuito”. Entonces todo puede cambiar».

Quizá el problema es que se habla de números, de «ilegales» en abstracto…

«Así es. Forma parte de nuestra mirada reducida, que nos impide percibir lo humano. Los migrantes, antes que números, son personas concretas, rostros, nombres, historias, como dijo el Papa en Lesbos en 2016. Debería ser algo evidente, pero ya no lo es, señal de que está en crisis nuestra relación con la realidad: por eso suenan tan “revolucionarias” sus palabras. Miramos todo a través de filtros que ya no llegan hasta la persona real. El Papa nos indica el método: “Solo se ve bien con la cercanía que da la misericordia”».

Francisco ha denunciado la reaparición de populismos y nacionalismos que «debilitan» el «sistema multilateral». ¿Por qué sucede esto?

«Con el tiempo, ha terminado prevaleciendo la dimensión universal, un intento que hunde sus raíces en la Ilustración: salvaguardar los valores –persona, vida, familia, sociedad– desligándolos de la pertenencia a la historia particular que los había generado. A la globalización, expresión última del intento ilustrado, se opone una concepción de pertenencia nacionalista. Pero tal reacción no resuelve el problema, únicamente lo traslada al futuro posponiendo su solución: un equilibrio correcto entre pertenencia a una historia particular y apertura a lo universal».

¿Cómo se puede remediar la estrategia del miedo?

>Entrevista a Julián Carrón

«Los soberanismos están condenados al fracaso»

Gian Guido Vecchi | 0 comentarios valoración: 2  20 votos
>El kiosco

Año nuevo, ¿vida nueva?

Elena Santa María

El cambio de año es un momento inevitable de balance del año que se va, de repasar los mejores y peores momentos y de hacer, o al menos intentarlo, "borrón y cuenta nueva". Edurne Portela, en El País, decía que "enseguida sustituimos el objeto roto por otro nuevo, despedimos el año viejo y abrazamos el nuevo como si de repente, por cambiar de número en el calendario, dejáramos atrás nuestras penas y dolores; nosotros a quienes no nos enseñan qué hacer con los afectos que se rompen salvo reprimirlos o relegarlos al olvido".

El 1 de enero llega siempre como una bocanada de aire nuevo, es la posibilidad de volver a empezar, de volver a vivir, aunque el panorama que tenemos por delante sea aparentemente oscuro. Decía www.elmundo.es/opinion/2019/01/03/5c2ca62321efa083208b45c9.html" target="_blank">Iñaki Gil en El Mundo que "pese a todas las incertidumbres mundiales, pese a que nuestra clase política parezca llena de replicantes, 2019 pinta mucho mejor que como lo imaginó Blade Runner". "Es tiempo de vivir", añadía. Pero, ¿qué pasa con esas penas y dolores que arrastrábamos en diciembre? "No tarda en aparecer la materia macilenta, eterna y común, de los viejos días, y con ella las cuitas y problemas que quisimos desterrados en diciembre", reflexionaba Juan Claudio de Ramón en The Objective. Su hipótesis es: "no seamos cenizos, y disfrutemos mientras dure la ilusión de una vida que hoy –refiriéndose al 1 de enero– al menos hoy, precisamente hoy, nos parece una pisada fresca en la arena".

Aunque, como vemos, cada uno responde como puede, lo que está claro es que los primeros días del año, incluso ya cuando empieza de nuevo la vorágine cotidiana, tienen un telón de fondo de silencio. Precisamente, "la práctica del silencio nos enseña a aprender a estar en la vida y no huir de ella", decía Manuel Llorente en El Mundo. Y continuaba: "hay que volver a lo que hay. Hay que saber estar en lo que estás, ahí está la vida".

>El kiosco

Año nuevo, ¿vida nueva?

Elena Santa María | 0 comentarios valoración: 2  17 votos

La 'belleza desarmada' en Egipto

Niccolò Magnani

“En un mundo como el que vivimos, donde se trata de resolver conflictos creando muros, necesitamos generar espacios donde, escuchándonos y abriéndonos a la contribución de los demás, podamos salir distintos de como entramos. Y eso a pesar de todas nuestras diferencias, por las que tantas veces pensamos que es imposible. Esta es la belleza desarmada que trato de comunicar, que nos atrae a todos, sin necesidad de otras ‘armas’”. Así terminó en Alejandría (Egipto) la presentación de su libro “La Belleza Desarmada” Julián Carrón, en una conferencia de alto valor simbólico, social y religioso, en un templo de la cultura musulmana como es la histórica Biblioteca Alejandrina.

Esta presentación vio en tierras egipcias, aparte del presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación y autor del libro, al traductor y decano de la facultad de Lenguas y Literaturas Extranjeras en la Bedr University de El Cairo, Hussein Mahmoud. Otros protagonistas fueron Marta Cartabia, vicepresidenta del Tribunal Constitucional italiano, y Wael Farouq, profesor de Lengua y Literatura árabes en la Universidad Católica de Milán. La pregunta sobre el papel de la religión como “adhesivo” entre los pueblos, en un periodo tan complejo como el que hoy vivimos, reside en el texto de Carrón, pero va mucho más allá. “Nos preguntamos qué está pasando”, dijo Mahmoud en su intervención, “en Europa… pero también aquí. Es una pregunta que afecta a todos, creyentes o no. La religión se da en la vida cuando muestra su fuerza para iluminarla”.

Encuentro y libertad

Sin la verificación de la fe, ilustra el autor en este ensayo que acaba de traducirse al árabe, los desafíos cotidianos que nos rodean se incrementan, y con ellos la incertidumbre existencial del hombre. El profesor musulmán señaló en este sentido que “hace falta que fe, religión y cultura vayan unidas. El hombre sin fe es como si tuviera la batería descargada”.

El diálogo partió de una amistad personal y de una voluntad de encontrarse entre mundos muy diferentes pero “interesados” en perseguir el deseo de bien y felicidad que alberga el corazón de cada individuo. Solo de un profundo cambio del pensamiento, se lee en La Belleza Desarmada, puede nacer “el reconocimiento del otro como un ‘don’, un bien en sí mismo”, afirmó Carrón también en su intervención. Según la vicepresidenta del Tribunal Constitucional italiano, las palabras clave del libro son dos esencialmente: “encuentro y libertad. Para él la fe es un acontecimiento que respeta la libertad”. Podría decirse por tanto que existe una relación entre ley y libertad, aunque con la mayor delicadeza y complejidad. “¿Cómo se puede respetar la libertad sin caer en el relativismo? La ley puede ser “bella” cuando es capaz de dejar espacios blancos de libertad, explicó Cartabia, que subrayó que “siempre y en todas partes hace falta un encuentro. En una sociedad plural lo que necesitamos no es tanto la integración entre culturas sino la interacción entre personas”.

La belleza del encuentro

La 'belleza desarmada' en Egipto

Niccolò Magnani | 0 comentarios valoración: 1  11 votos

Penalización por maternidad y reto demográfico

Viviana González Hincapié

En España nacen 1,3 hijos por mujer. Quizás se trate de un dato ya conocido por muchos, gracias a la preocupación mediática y política que produce la situación demográfica actual. No se trata de un fenómeno nuevo: desde mediados de la década de los 70, el número medio de hijos por mujer (Indicador Coyuntural de Fecundidad) no ha dejado de disminuir, situándose por debajo del nivel de reemplazo generacional desde mediados de los 80. No se trata del único cambio de los últimos 40 años. En este mismo período de tiempo ha tenido lugar uno de los grandes cambios sociales en la España contemporánea: la incorporación creciente de la mujer al trabajo remunerado. Y es que, según datos de la Encuesta de Población Activa (INE), en 1977 las mujeres “activas” apenas superaban los 3,7 millones, con una tasa de actividad del 28%. En 2017, su número se había incrementado por encima de los 10,5 millones, alcanzando una tasa de actividad superior al 53%.

Mucho se ha escrito acerca de las desigualdades que ellas afrontan en el mercado de trabajo remunerado. Pero se ha analizado poco la incidencia de los “hijos” sobre las posibles desventajas que experimentan las mujeres que son madres en el mercado de trabajo —la llamada “penalización por maternidad”—. “¿Existe penalización por maternidad? Mujeres y mercado laboral en España desde una perspectiva de familia”. Así se titula el estudio que acaba de publicar la Unidad de Investigación de Acción Familiar junto al Grupo de Investigación en Políticas de Familia de la Universidad Complutense y profesores de la Universidad de Sevilla.

Utilizando microdatos de la Agencia Tributaria y la Muestra Continua de Vidas Laborales, el estudio concluye que son las madres jóvenes —hasta los 34 años— quienes experimentan una mayor penalización en términos de menor incremento salarial y mayor probabilidad de caer en desempleo. La interpretación de estos resultados requiere precaución: respecto al menor incremento salarial en mujeres que son madres, habría que distinguir qué parte corresponde a una discriminación —directa o indirecta— por parte del empleador, y qué parte responde a decisiones y opciones tomadas por parte de la propia trabajadora —por ejemplo, una reducción de jornada—. Porque una pérdida de incremento salarial no siempre constituye una “penalización”, sobre todo si responde a preferencias o necesidades personales de otro tipo, y si termina generando consecuencias positivas en la calidad de vida.

Resulta preocupante la mayor probabilidad de caer en desempleo que experimentan las madres jóvenes, teniendo en cuenta que alrededor del 60% de los nacimientos en España lo son de mujeres entre 20 y 34 años. La legislación española ampara a las mujeres embarazadas frente al despido, pero los datos indican que, de hecho, todavía operan lógicas distintas. Quizás la protección jurídica no sea suficiente o efectiva frente a la posible discriminación en el momento de la contratación. La estructura de las prestaciones sociales y del mercado de trabajo, unida a elementos culturales, podría estar operando una desincentivación de la contratación de mujeres madres jóvenes. Nuestros resultados obligan a plantearse la pregunta.

Penalización por maternidad y reto demográfico

Viviana González Hincapié | 0 comentarios valoración: 2  18 votos

VOX, ¿un partido de extrema necesidad?

Ángel Satué

Ciertamente, la manera menos conservadora de votar en política es con las vísceras. O, como decían en el antiguo Egipto, con el hígado. Es el basta ya, el hasta aquí hemos llegado.

En España, VOX responde a este patrón de voto. También en su momento Podemos. También todos los tipos de nacionalismos. Varían las causas del basta ya. Unos, por la ideología de género, otros por tradiciones populares o la caza, otros por la crisis y la corrupción, otros por necesidad de un lenguaje claro, llano, que proponga soluciones fáciles a problemas tan complejos como la contaminación o la globalización. Otros, ante los ataques intolerables de “Madrit”.

Con VOX, en mi opinión, los más que lo han votado y votarán será para oponerse en las urnas a la cada vez más cercana secesión de la región fallida de Cataluña, para decir a los partidos de siempre que “así se hacen las cosas”.

Siendo el voto que se aproxima a VOX un voto-protesta, cada cual que escucha lo de extrema necesidad que repiten hasta la saciedad lo lleva a su propia necesidad.

Es un mantra que proviene del derecho penal, el estado de necesidad, que excusa cometer determinados tipos penales. Excusar la acción. El mantra actúa como un escudo y aspira a ser una descripción “ideológica” trasversal. Supone, además, aumentar, como si de una lente se tratase, los problemas de todos nosotros, y la percepción de que la vida no merece ser vivida, porque tenemos una mala vida, dada la cantidad de problemas que tenemos, y que podríamos dejar de tener si reaccionásemos votando a VOX.

Sorprende que cuaje en España este discurso, salvo porque domine la percepción de que el estado es incapaz de poner coto a la cuestión catalana nacionalista y la vasca.

El que sufre en todo caso es el “nosotros” como sujeto político, que se torna más reducido y excluyente, a diferencia del otro “nosotros” posible, que engloba lo español, y se abre a la europeidad. Con VOX, el “nosotros” también se cierra en sí mismo.

Si, como dicen en VOX, son el partido de la extrema necesidad, es porque se creen necesarios, porque existiría una cierta urgencia en su aparición, porque todos somos contingentes menos ellos, que serían los necesarios (frase berlanguiana, por cierto).

Si son necesarios, es que los otros no lo eran tanto, por lo que ya se introduce un factor populista en escena, el “nosotros” (los necesarios, los imprescindibles), de por sí reducido, y en frente, el “ellos” (los innecesarios, los prescindibles).

Un nosotros cerrado, o un nosotros abierto, esta sería la realidad de lo que subyace votando neopopulistas, de corte nacionalista.

VOX, teniendo como referentes ideológicos al Tea Party estadounidense, ultraliberal en lo económico y ultraconservador en el plano moral y social, y compuesto por una especie de activismo ciudadano muy diverso, en torno a tres o cuatro causas esenciales, así como al movimiento de Steve Bannon, ex asesor de Trump (los “neopopulistas”), tiende a manipular la acción política y a aparecer como partido contundente.

VOX, ¿un partido de extrema necesidad?

Ángel Satué | 0 comentarios valoración: 1  17 votos
>Editorial

Exuberancia irracional

Fernando de Haro

El miedo y la insatisfacción son como dos grandes lentes que han acabado condicionando la percepción de la realidad y determinando buena parte de la actualidad política y social de España y del conjunto de Europa. El temor y la falta de satisfacción democrática actúan como inhibidores de cualquier conocimiento regido por los principios de universalidad. Y así tendemos a seleccionar aquellos aspectos particulares de la realidad que son negativos y que confirman una decisión tomada de antemano. Buscamos, como ciudadanos a los que el bien común les resulta una abstracción, los datos que justifican la queja o que confirman la incertidumbre que nos acompaña. La inseguridad previa opera como un filtro selectivo que engrandece los problemas de representación popular, el peso excesivo de las ideologías que nos parecen equivocadas, la amenaza de la inmigración o todo aquello que justifique la queja. Vivimos en un estado de exuberancia irracional negativa que silencia aquellos aspectos particulares positivos, los que todavía mantienen la sociedad en pie, aspectos que son cuantitativamente y cualitativamente más relevantes.

El proceso de exuberancia irracional se ve incrementado por agentes que necesitan explotar de forma muy agresiva los sentimientos. Los medios de comunicación generalistas han ido abandonando progresivamente la que debería ser la agenda más veraz. En la inmensa mayoría de las televisiones, radios y periódicos, el criterio de racionalidad periodística que tendía a distinguir lo importante de lo anecdótico (una traducción práctica del principio de universalidad) ha sido sustituido por “lo interesante”. Y “lo interesante” es simplemente lo que más vende o más cuota inmediata de audiencia proporciona. “Lo interesante” acaba siendo la particularidad negativa que confirma la pulsión sentimentalmente insegura e insatisfecha del público. Los partidos políticos caen en la misma dinámica. Las nuevas formaciones europeas, alimentadas en mayor o menor medida por el populismo, han nacido para explotar la irracionalidad y la inseguridad. Los partidos tradicionales, sin certezas ciudadanas, se ven desplazados hacia la exuberancia negativa. La incertidumbre inicial se alimenta por partidos y medios que quieren vender a toda costa.

El problema es pues de percepción. Hemos decidido no percibir la realidad tal y como es. En España se han sucedido en los últimos meses tres ejemplos que ilustran los mecanismos de la “exuberancia irracional de lo negativo”. Ejemplos referidos a la inseguridad ciudadana, la inmigración o la subsidiariedad vertical. En uno de los países más seguros del mundo, con una de las tasas más altas de estancia en prisión para los condenados, ha bastado un nuevo caso de presunta violación y asesinato de una joven en Huelva para que el público de todos los partidos se haya reforzado en su convicción de que hay que mantener la “prisión permanente revisable” (en la práctica una cadena perpetua). No importa que ese tipo de condena no estuviese prevista para el delito cometido o que no hubiera servido para evitar el crimen. Estamos hablando de una sociedad para la que el misterio del mal se hace insoportable y el sentimiento de indefensión se hace casi absoluto.

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Occidentalismo del pánico

Fernando de Haro

Primeros pasos del nuevo partido ¿populista? que ha aparecido en Europa. Vox, formación que se autodenomina de “extrema necesidad”, ha llegado a un acuerdo con el PP para facilitar el relevo en el Gobierno de la Comunidad Autónoma de Andalucía. El texto del compromiso para ceder votos tiene muy poco de populista y nada de extremo. Pero, a pesar de lo firmado, los líderes del nuevo partido insisten en afirmar que se ha atendido una de sus reivindicaciones originales (muchas de ellas irrealizables y extravagantes): la expulsión de 52.000 inmigrantes irregulares que el Gobierno de Andalucía habría estado camuflando. No es cierto. Pero en el tiempo de las fake la veracidad no cuenta. Lo importante es poder utilizar el pánico que genera una “invasión de subsaharianos” en unos tiempos en los que el valor de la persona se ha oscurecido.

Hace semanas el secretario general de Vox, Ortega Smith, hablaba precisamente de una invasión de inmigrantes que estarían recurriendo a estrategias militares. El presidente del PP, Pablo Casado, se refería a “una avalancha” de millones de africanos. Palabras especialmente graves porque el PP es partido de Gobierno. Parece trasladarse miméticamente a España un discurso del miedo que se extiende en Italia y en Alemania, en buena parte de Europa.

El discurso del pánico no se alimenta de realidad sino de terrores y de desconciertos. La llegada de inmigrantes irregulares a Europa durante 2017 ha descendido a los niveles más bajos de los últimos cinco años. Mientras el “relato de la invasión” se disparaba exponencialmente en Italia durante 2018, las llegadas se reducían un 80 por ciento (23.000). Es cierto que en España las entradas irregulares (57.000) han marcado un récord. Pero esa cifra no supone ni mucho menos un dato que justifique una alerta desmedida. Según algunas estimaciones, entre un 33 y un 50 por ciento de los llegados son devueltos a su país de origen porque la mayoría de ellos son marroquíes o argelinos. Los últimos datos oficiales disponibles son los de 2016. Ese año llegaron 15.000 inmigrantes de forma irregular y fueron expulsados 19.000. El miedo se extiende, en parte, por la mala gestión que hace de la situación el Gobierno socialista de Sánchez (los centros de acogida e internamiento no funcionan, no se pide ayuda a Frontex para los rescates).

Hay que tener además en cuenta que la inmigración irregular representa un pequeño porcentaje respecto a la que establece de forma regular su residencia en España. En 2017 llegaron de forma regular más de 500.000 personas, las llegadas irregulares no alcanzaron el 5 por ciento. Solo desde 2016 el saldo migratorio, en un país que no tiene hijos, ha vuelto a ser positivo.

¿Por qué en España y en Europa se extiende este estado de pánico sin fundamento real? Cuando acabó la II Guerra Mundial, el Viejo Continente hubiera estallado por los aires si aquella generación hubiera tenido que afrontar el problema de los desplazados y refugiados con la conciencia que tenemos ahora. Todos los desplazados eran europeos, sí, pero eso hacía incluso más difícil el realojo porque pertenecían muchos de ellos a minorías y los particularismos representaban un gran obstáculo.

Occidentalismo del pánico

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Exuberancia irracional

Fernando de Haro

El miedo y la insatisfacción son como dos grandes lentes que han acabado condicionando la percepción de la realidad y determinando buena parte de la actualidad política y social de España y del conjunto de Europa. El temor y la falta de satisfacción democrática actúan como inhibidores de cualquier conocimiento regido por los principios de universalidad. Y así tendemos a seleccionar aquellos aspectos particulares de la realidad que son negativos y que confirman una decisión tomada de antemano. Buscamos, como ciudadanos a los que el bien común les resulta una abstracción, los datos que justifican la queja o que confirman la incertidumbre que nos acompaña. La inseguridad previa opera como un filtro selectivo que engrandece los problemas de representación popular, el peso excesivo de las ideologías que nos parecen equivocadas, la amenaza de la inmigración o todo aquello que justifique la queja. Vivimos en un estado de exuberancia irracional negativa que silencia aquellos aspectos particulares positivos, los que todavía mantienen la sociedad en pie, aspectos que son cuantitativamente y cualitativamente más relevantes.

El proceso de exuberancia irracional se ve incrementado por agentes que necesitan explotar de forma muy agresiva los sentimientos. Los medios de comunicación generalistas han ido abandonando progresivamente la que debería ser la agenda más veraz. En la inmensa mayoría de las televisiones, radios y periódicos, el criterio de racionalidad periodística que tendía a distinguir lo importante de lo anecdótico (una traducción práctica del principio de universalidad) ha sido sustituido por “lo interesante”. Y “lo interesante” es simplemente lo que más vende o más cuota inmediata de audiencia proporciona. “Lo interesante” acaba siendo la particularidad negativa que confirma la pulsión sentimentalmente insegura e insatisfecha del público. Los partidos políticos caen en la misma dinámica. Las nuevas formaciones europeas, alimentadas en mayor o menor medida por el populismo, han nacido para explotar la irracionalidad y la inseguridad. Los partidos tradicionales, sin certezas ciudadanas, se ven desplazados hacia la exuberancia negativa. La incertidumbre inicial se alimenta por partidos y medios que quieren vender a toda costa.

El problema es pues de percepción. Hemos decidido no percibir la realidad tal y como es. En España se han sucedido en los últimos meses tres ejemplos que ilustran los mecanismos de la “exuberancia irracional de lo negativo”. Ejemplos referidos a la inseguridad ciudadana, la inmigración o la subsidiariedad vertical. En uno de los países más seguros del mundo, con una de las tasas más altas de estancia en prisión para los condenados, ha bastado un nuevo caso de presunta violación y asesinato de una joven en Huelva para que el público de todos los partidos se haya reforzado en su convicción de que hay que mantener la “prisión permanente revisable” (en la práctica una cadena perpetua). No importa que ese tipo de condena no estuviese prevista para el delito cometido o que no hubiera servido para evitar el crimen. Estamos hablando de una sociedad para la que el misterio del mal se hace insoportable y el sentimiento de indefensión se hace casi absoluto.

Exuberancia irracional

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La Europa del contrapunto

Fernando de Haro

Huang y John han seguido con poca atención la cumbre del G20. John, vecino de Miami, ha visto las imágenes de la cena de Donald Trump y de Xi Jinping en la televisión del 7Eleven donde suele comprar su café con sabor a vainilla. Y Haung le ha echado un vistazo a la foto publicada en la prensa oficial. No se ha detenido a leer la información. Ni Huang ni John siguen de cerca la guerra comercial que desde junio enfrenta a las dos principales economías del mundo.

Huang trabaja en una compañía inmobiliaria de Wenzhou, una ciudad al borde del mar, de tamaño medio, en la costa, en plena expansión. El clima es más benigno que en la cercana Sanghai. La empresa de Huang, controlada por el Estado, realiza inversiones en la Nueva Ruta de la Seda. Huang trabaja muy duro, su nivel de vida ha subido, está orgulloso de lo que está haciendo Xi Jinping por su país, orgulloso de la capacidad de control que el Estado tiene sobre los ciudadanos –es una garantía de seguridad–, de la expansión más allá de los mares de Asia. Huang piensa que, después de tantos años de un trabajo callado, China por fin puede mostrarle al mundo cómo es de grande.

John es votante de Trump, siente rechazo hacia su arrogancia, hacia sus excesos. No le gusta el modo que tiene de hablar de los inmigrantes. Pero aunque no se lo confiese del todo, vibra cuando le escucha hablar de América. Aunque no es ese el motivo por el que votó al actual presidente. Le votó y le volvería a votar porque su historia le impide votar a los demócratas. John es un hombre religioso, convertido después de algunos problemas con el alcohol, rechaza la vida de los ricos que han venido a jubilarse a Florida. Rechaza esa vida liberal, que parece haber perdido las esencias de la América que madruga, esos Estados Unidos de la infelicidad donde cunde la adicción a los opiáceos.

Huang y John no deciden el destino del mundo. O sí. Al menos no lo deciden como sus presidentes, pero sin ellos no hubiéramos tenido el G20 que se ha celebrado en Buenos Aires. A comienzos de siglo ya era evidente que el Planeta Tierra necesitaba algo así como un “Gobierno del Mundo”. Sabíamos que las soberanías nacionales, tal y como habían quedado definidas en Westfalia, eran incapaces de hacer frente a las necesidades de la globalización, al imperio del dinero. Tampoco los proyectos de integración regional estaban a la altura. Era necesario crear nuevas instancias. Y por algunos momentos se pensó que el G20 podría servir como herramienta inicial para desarrollar ese nuevo gobierno global. La cumbre del G20, de hecho, celebrada en Washington en 2008, si no fue un Consejo de Ministros planetario al menos sirvió para tomar la decisión de no cometer los errores del 29 y apostar por la mayor fiesta de política monetaria expansiva de la historia.

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>Editorial

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

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>Columna derecha

>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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