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17 OCTUBRE 2017
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>Entrevista a Stanley Payne

´Hay que actuar con astucia y evitar crear mártires´

Juan Carlos Hernández

Hablamos con el hispanista Stanley Payne sobre el desafío secesionista en Cataluña. El catedrático de Historia acaba de publicar “En defensa de España: desmontando mitos y leyendas negras” (Ed: Espasa).

¿Cómo valora la situación actual en Cataluña con el desafío independentista?

Como el peor problema doméstico de cualquier país occidental. Su historia ya es larga.

¿Cómo cree que se debería afrontar?

Manteniendo la legalidad, sin concesiones no constitucionales, pero con astucia, en la medida de lo posible evitando crear “mártires” y con mucha atención a las imágenes. Pero sin ceder a las grandes concesiones en que insiste cierta opinión extranjera.

Vivimos una época de ruptura, al menos en Occidente, que usando palabras suyas “busca la deconstrucción de las instituciones, de la cultura, de los principios”. ¿Es una respuesta a la globalización?

Realmente, no. Es el resultado de un proceso político-cultural exclusivamente occidental, inimaginable en otra civilización histórica o en cualquier país contemporáneo no influido por Occidente. No hay civilización en la historia que se haya vuelto enemiga de sí misma.

Olivier Roy, en su descripción de la actual sociedad occidental, ha hablado de un proceso de deculturación, es decir, de separación entre lo religioso y lo cultural que provoca un vacío. ¿Podría ser un factor para entender este momento de ruptura?

Es un factor muy importante, aunque no el único. Esto nunca ha pasado en la historia del mundo antes del Occidente moderno y contemporáneo, o en la cultura rusa decimonónica, una cultura “colateral” semioccidental o muy influida por Occidente, que luego ha transmitido esto a países exóticos, como estos también han sido influidos por Occidente.

>Entrevista a Stanley Payne

"Hay que actuar con astucia y evitar crear mártires"

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 4  6 votos

 

Elecciones en tiempos de dictadura

Aliosha Miranda

Cerca de las diez de la noche del pasado 15 de octubre Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), se dirigió al país para anunciar los resultados de las elecciones regionales en Venezuela. Sí, Tibisay Lucena, esa que ha sido víctima de sanciones internacionales por sus atentados contra la democracia en el país, esa que apoya abiertamente el régimen de Nicolás Maduro, esa que pasó un año impidiendo el referéndum revocatorio pero aprobó las elecciones para la constituyente en cuestión de días, auspiciando así el mayor fraude electoral de nuestra historia; repito, esa que auspició el mayor fraude electoral de nuestra historia es la principal responsable de garantizar la transparencia en los procesos electorales del país.

Así de adversas están las cosas para los dirigentes opositores, pensemos un poco antes de destruirlos con nuestras críticas emocionales.

Los resultados anunciados por esta funcionaria pública fueron contrarios a lo que todas las encuestas y las expectativas predecían antes de las elecciones: con un 61,2% de participación, de los 23 estados del país el chavismo se adjudicó 17 gobernaciones mientras que la oposición solamente logró cinco, quedando así una gobernación en proceso de escrutinio. Estos resultados generan mucha suspicacia; minutos antes de los anuncios de Lucena la dirigencia opositora había advertido al país y a la comunidad internacional: los resultados de la elecciones serían fraudulentos, además, según un estudio liderado por el economista Omar Zambrano, para este índice de participación la oposición se acreditaría al menos 12 gobernaciones y, por otro lado, cuesta pensar que un pueblo que está pasando por todas las vicisitudes que atraviesa Venezuela, un pueblo que estuvo cuatro meses en la calle pidiendo un cambio, un pueblo que muere porque no hay comida ni medicinas, dé su apoyo a un gobierno que, en primer lugar, es el gran responsable de esta situación y además no hace nada por encontrar una solución.

Aquí no podemos dejar de mencionar todas las irregularidades que hubo antes del proceso electoral llevado a cabo el 15 de octubre: los candidatos oficialistas prácticamente tenían financiamiento del Estado para realizar sus campañas electorales, llevaban bolsas de comida a la población para comprar sus votos, dos días antes de las elecciones el CNE cambió de su centro electoral a cerca de un millón de personas arbitrariamente. Todo esto hace pensar que las elecciones del 15 de octubre no son más que un fraude. Es como si las elecciones fueran una fachada con la que el régimen sólo busca un poco de credibilidad internacional para poder encontrar financiamiento que les permita seguir pagando la deuda externa en los plazos fijados. Pareciera que las leyes son sólo una construcción más que la dictadura ha hecho para mantener su mentira frente al mundo.

Sobre esto, debo decir dos cosas.

Elecciones en tiempos de dictadura

Aliosha Miranda | 0 comentarios valoración: 4  4 votos
>Editorial

Al despertar, la realidad seguía allí

Fernando de Haro

Cuando despertó, cuando despertaron, la realidad seguía allí. El problema es si la realidad es el dinosaurio del cuento de Augusto Monterroso o un animal menos amenazador y frustrante. Imaginemos lo que supone tener en frente un diplodocus de 30 metros de longitud, la amenaza que conlleva si queremos sentirnos mínimamente libres.

Bastantes catalanes, el pasado martes, al comprobar que no se proclamaba de forma clara y rotunda la secesión, sintieron que el diplodocus seguía allí. Algunos que trabajan en el campo se llevaron esa tarde la radio como compañera, otros cerraron antes la empresa, todos conectados al móvil. La independencia no fue declarada, pero sí suspendida por el presidente de la Generalitat. Frustración y rabia.

La realidad seguía allí. 540 empresas han cambiado de domicilio porque no quieren estar donde no hay seguridad jurídica. Cataluña se ha quedado sin grandes bancos, el gran destino turístico que es Barcelona ha visto caer de forma drástica sus reservas. La gran burguesía que “hizo el país” y que tan ambigua había sido durante tanto tiempo pedía echar el freno. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, reclamaba que se respetase el orden constitucional. Horas más tarde el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, dejaba claro, una vez más, que no quería una Cataluña independiente, porque no quería una Europa de 98 Estados. Porque –Juncker no lo dijo explícitamente, pero todos los sabemos– la construcción europea ha sido, con todas sus limitaciones, el esfuerzo más inteligente que se haya hecho nunca para superar ese espejismo que es el nacionalismo, el que llevó a millones de jóvenes a alistarse en varias guerras como si fueran al paraíso, el que luego los dejó muertos, mutilados de alma y cuerpo en el fondo de las más oscuras trincheras.

¿Por qué esos vientos del nacionalismo vuelven a soplar con fuerza en Europa? La carta de la CUP, la formación anticapitalista en la que se apoya la Generalitat, pidiendo ya la república catalana permite entender el proceso. Está en juego, decía la misiva, la posibilidad de ser feliz. “Seguiremos –afirmaban– sin apoyos de mercados y estados, seguiremos sin grandes riquezas naturales y sin poderes económicos que nos den apoyo, pero lo haremos con la gente y con sus esperanzas y con toda su dignidad”.

>Editorial

Al despertar, la realidad seguía allí

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  16 votos

¿Es que vamos a seguir jugando el mismo juego de engañarnos unos a otros?

Mikel Azurmendi

Si yo fuese nacionalista y tuviese bajo mi gobierno las competencias políticas, económicas y culturales de la Generalitat con esos suntuosos edificios y palacios y sillones; si la policía judicial fuese mía y no dependiente de los tribunales, y me saludase al paso; si yo estuviese metido en una burbuja en la que todos se me muestran lacayos y me dan palmaditas, yo también sería como Puigdemont. Ni más ni menos sería uno como él, y desearía más poder con más coerción contra quienes no estuviesen por mi empoderamiento.

También yo llamaría nación a ese deseo mío y mentiría como él y me valdría de insidias para declararme Estado independiente. Y para ello también yo fabricaría una ley como me viniese en gana, sin atender a los parlamentarios de la oposición ni a los letrados. Por eso yo entiendo a Puigdemont, le entiendo bien y no tengo nada contra él, de la misma forma que he entendido siempre a Hitler, un pobre hombre con muy malas ideas y peores ideales.

Puigdemont tiene malas ideas y un pésimo ideario. Un ideario para ir escindiendo la sociedad catalana desde la escuela y la televisión. Acaso yo no soy mejor persona que Puigdemont pero he elegido mejor que él tras haber pasado por una experiencia nacionalista. Una experiencia que me mostró el daño irreparable de buscar escindir la sociedad vasca y separarla de España.

“Defender la secesión con mentiras, insidias, corrupción y violencia es inmoral y es pecado”, ha dicho el 30 de septiembre el arzobispo de Oviedo. Yo vi que eso era inhumano ya hace casi 50 años. Una lástima que Puigdemont y el nacionalismo no crean en el pecado ni tengan conciencia de humanidad. El nacionalismo es la creencia en que uno es siempre diferente a todos los demás y en que se merece un trato que no se le da. Por eso marca líneas de separación entre los hombres, traza esencias lingüísticas, urde un pasado imaginario y se encumbra en el ensimismamiento de lo que uno pudo haber sido pero otros nunca le dejaron ser. Y culpa al otro, al español, al judío o a quien fuere. Y lo considera un perro, un súbdito, vamos, algo sin figura humana.

Rajoy no posee esas creencias de Puigdemont, para nada. Es más, no posee casi ninguna pero le va bien creer en la Constitución. Sobre todo ahora que le apoyamos los que creemos en ella. Antes de hacer nada contra Puigdemont Rajoy prefiere advertirle que es mejor entenderse en eso de la Constitución: “¡qué más dará que sigas siendo nacionalista, hombre! Sé como quieras, Carles, pero anda, di que sí a la Constitución!”.

Qué nos importará a nosotros lo que Carles Puigdemont diga ahora con todo lo que ya ha hecho y dicho. Lo que de verdad nos debiera importar es si vamos a dejar que los nacionalistas juren la Constitución sin abjurar de su ideario de romper la convivencia cívica a base de imponer la mentira en las escuelas, las insidias en la política, la posverdad en los informativos y la violencia lingüística en la administración de las personas y las cosas.

¿Es que vamos a seguir jugando el mismo juego de engañarnos unos a otros?

Mikel Azurmendi | 0 comentarios valoración: 4  16 votos

La economía, motor y freno del independentismo catalán, a la búsqueda de la confianza perdida (II)

Luis Rubalcaba, catedrático de Economía

Comentábamos el viernes el balance de la historia que contrapesa con gran fuerza los posibles argumentos económicos a favor de la independencia. Pensemos hoy en lo que sucede estos días. La economía actual se mueve por la confianza y se para por desconfianza, que es lo que está pasando ahora en Cataluña. Los bancos han vivido en estado de pánico estos días, en particular porque necesitan el paraguas europeo del Banco Central, que no tendrían en una Cataluña independiente. Ante la incertidumbre, el dinero, que es cobarde por definición, huye hacia donde encuentra más seguridad. La independencia fuera del crédito del BCE abre la puerta el riesgo de la falta de crédito, que tiene en el corralito su extremo más terrible. Ello no pasaría si Cataluña tuviera poca deuda, tuviera unas finanzas muy saneadas y un sistema bancario muy robusto y receptor fácil de financiación, lo que pasa en Suiza, pero no en la Cataluña de hoy, donde, como todo en el resto del sistema bancario español, aún estamos pagando la terrible crisis económica y financiera que hemos sufrido.

La dependencia del crédito bancario internacional y necesidad de financiación de la economía catalana son hechos que, por sí solos, aconsejarían parar la independencia. Y por esto seguramente nunca, al menos en el corto y medio plazo, nunca habría independencia ni de Cataluña ni de ninguna otra región dentro de la Unión Europea, si la economía fuera la que decidiese (otra cosa es que haya regiones donde los Estados acuerden la independencia de alguna región por otros motivos, no económicos principalmente). Para que Cataluña pudiera convertirse en una potencial Suiza independiente mucho tendría que llover antes.

Además, no debemos hablar solamente de bancos y crédito. El que muchas de las grandes empresas catalanas estén cambiando su sede social fuera de Cataluña dice también cómo la cuestión de la confianza no es solamente un tema de economía financiera sino una cuestión de economía real, que también se nutre de la confianza. Las empresas catalanas necesitan la confianza de los inversores, accionistas, trabajadores y clientes que están profundamente anclados en el territorio español, pese a que los porcentajes internacionales de negocio fuera de España sean crecientes, y en ningún caso a ningún agente económico le interesa el clima conflictivo y de incertidumbre financiera, jurídica y política que hay en estos momentos. Por último, la merma de confianza también estaría omnipresente en un hipotético re-encaje de una Cataluña independiente en la Unión Europea, que nunca sería un proceso fácil ni corto (los países con nacionalismo en algunas regiones, como Francia o Bélgica, nunca apoyarán un precedente continental catalán que les pudiera contagiar) ni tampoco exento de un severo coste económico durante los muchos años de esa hipotética espera.

La economía, motor y freno del independentismo catalán, a la búsqueda de la confianza perdida (II)

Luis Rubalcaba, catedrático de Economía | 0 comentarios valoración: 3  14 votos
>La economía, motor y freno del independentismo catalán

A la búsqueda de la confianza perdida (I)

Luis Rubalcaba, catedrático de Economía

La economía catalana está en vilo con el proceso independentista. El pánico de bancos y empresarios catalanes ha coincidido, no por casualidad, con el rechazo a la DUI por la mayor parte de la prensa catalana antes de la declaración del 1-O y justo en medio de un proceso de fuga de sedes de los bancos y empresas. La economía, que ha sido uno de los factores impulsores del espíritu independentista con el doble ancla del “agravio” y del manido “España nos roba”, ahora es, paradójicamente, el factor que lo frena de manera más implacable.

Algunos de los mejores economistas españoles, y de los de más fama y prestigio académico, son catalanes; algunos han estado o están vinculados a americanas de gran prestigio como Columbia, casos de Xavier Sala-i-Martí y de Jordi Gali. Entre ellos vemos posiciones claramente a favor de la independencia de Cataluña por motivos económicos, entre otros. Citan argumentos que yo resumiría a través de tres tipos: que Cataluña tiene en España una rémora, que impide avanzar a Cataluña hacia un país avanzado y moderno, que sufre un agravio comparativo fiscal con otras regiones y que, si se independiza, podría convertirse en un país más rico (una nueva Suiza he oído decir a algunos de mis colegas independentistas), sin depender de ataduras ni con el resto de España ni necesariamente con Europa. Aunque muchos en estos días niegan radicalmente todos los motivos económicos que subyacen a la independencia, me parece necesario partir de la parte de verdad que ellas pueden encerrar, aunque sólo sea por la alta credibilidad académica y prestigio de quienes las citan. Es cierto que en los gobiernos centrales del Estado se han hecho muchas cosas mal que han afectado a Cataluña –al igual que al resto de regiones españolas–, es cierto que Cataluña da más que recibe en las balanzas fiscales –aunque mucho menos de lo que dice el movimiento indepe–, y es verdad, bajo ciertas condiciones –que desde luego hoy no se dan–, que Cataluña podría ser económicamente independiente fuera del Estado español.

>La economía, motor y freno del independentismo catalán

A la búsqueda de la confianza perdida (I)

Luis Rubalcaba, catedrático de Economía | 0 comentarios valoración: 3  28 votos
>Entrevista a Ángel Sánchez Navarro, profesor de derecho constitucional

"Hubo declaración de independencia pero nula"

F.H.

¿Qué calificación jurídico-constitucional merece lo que se  hizo en el parlament este martes?

Primer punto. No puede declarar la independencia quien no es dueño de la capacidad de hacerlo, quien no es competente jurídicamente para hacerlo, cosa que está clara. Pero solo se puede suspender lo que previamente se ha declarado. Me parece que claramente sí hubo un acto en el que en términos más o menos literales se asumió un automatismo que del resultado del referéndum se desprendía una voluntad favorable a la constitución de una república. Por tanto, se tomaba nota, se constataba ese dato, el hecho habilitante de la república, y en el mismo momento se renunciaba, se pedía la suspensión de eso. Para pedir la suspensión de los efectos, previamente hay un acto de reconocimiento, por virtud de la aplicación de la legislación. Para simplificar, creo que lo que se hizo fue, de forma evidentemente incompetente en el sentido técnico y por tanto de forma ilegal e inconstitucional, dar validez a unos hechos que han sido previamente anulados, no tienen validez desde el punto de vista del derecho, y acto seguido, partiendo de que se ha dado validez y se ha declarado la voluntad de infringir el ordenamiento y dar validez a esos hechos, generosa y magnánimamente se ha decidido suspender esos efectos. Para mí, hubo declaración, aunque fuera nula, y posteriormente ese dejarlo sin efecto.

La declaración a favor de la independencia que solo firmaron los diputados independentistas en una sala adjunta, ¿cómo tenemos que interpretarla?

Una de las cosas claras del derecho constitucional clásico y parlamentario es que el parlamento solo funciona cuando está debidamente constituido, con convocatoria, etc, y esto fue un acto privado que políticamente se puede entender como complementario del anterior. Es una forma de que la mayoría quiera interpretar lo que antes ha hecho de forma oscura, pero como acto en sí no tiene mayor validez. No hay convocatoria y eso es una regla, si los parlamentarios no son debidamente convocados nunca genera un acto parlamentario.

¿El requerimiento por parte de Rajoy para que responda puede entenderse como el requerimiento que exige el 155?

No. Yo creo que es un requerimiento previo. A mi juicio, el requerimiento del 155 es el requerimiento para que cese la actuación contraria a las obligaciones constitucionales o legales, o a la actuación que atenta gravemente al interés general de España. En este caso se trata de un requerimiento para saber qué es lo que realmente ha hecho, en función de comprobación de hechos. Luego esto dará lugar probablemente a un carrusel, supongo que se alargará un poco.

Y en esta situación de indefinición, ¿qué sería lo más conveniente? ¿Esperar, utilizar otro mecanismo?

>Entrevista a Ángel Sánchez Navarro, profesor de derecho constitucional

"Hubo declaración de independencia pero nula"

F.H. | 0 comentarios valoración: 3  32 votos

¿Y ahora cómo hacemos para vivir?

Rafael Abril

Si no fuera trágico sería esperpéntico. Ha sido en cualquier caso patético. Como aseguró Iceta en el Parlament: “usted, señor Puigdemont, ha declarado suspendida la independencia sin haberla proclamado”. El presidente de la Generalitat, en efecto, aseguró que aceptaba el mandato para la independencia para dejarlo en el limbo.

El viaje a la luna de Puigdemont lo ha dejado colgado del satélite. Su discurso en el Parlament tenía tintes lunáticos, irreales. Una larga justificación basada en un mundo virtual que no existe. Puigdemont, de pronto, se ha dado cuenta de que se precipitaba en el abismo. Nadie en Europa ha reconocido su aventura, las grandes empresas se han marchado, el aliento de la fuerza del Estado se ha vuelto demasiado contundente, la manifestación del domingo reveló que lo que hacía lo hacía al menos contra la mitad de Cataluña. Y ahora no sabe cómo bajar, cómo entrar otra vez en órbita. Es imposible, tiene en frente al Estado, la mayoría silenciada que se ha puesto en pie, la CUP que le ha empujado al disparate, Europa, los empresarios. Pide negociación cuando rompió todos los puentes.

¿Quién se hará cargo de todo el mal sembrado? El mal de la mala imagen de Cataluña, el mal de la fractura social, el mal del desprestigio institucional, el mal de las mentiras. Y, sobre todo, el mal de utilizar el corazón de tantos catalanes prometiéndoles una felicidad que nunca podría dar ni un proyecto de independencia ni la idolatría de nación. Porque hoy hay que levantarse otra vez de la cama y volver a convivir con esa exasperada, exigente, indomable voz que pide dentro una satisfacción auténtica, una plenitud auténtica, una alegría auténtica. ¿Cómo hacemos ahora para vivir? El mal, sobre todo el mal de haber sustituido el Misterio de la vida por las banderas, requiere reparación, redención, respuesta positiva, ternura, acompañamiento, significado. Nada de eso vendrá de la política.

¿Y ahora cómo hacemos para vivir?

Rafael Abril | 0 comentarios valoración: 3  47 votos
>Entrevista a Mikel Buesa

"Hace falta tiempo y empuje político para que se produzca un cambio de la sociedad civil en Cataluña"

Juan Carlos Hernández

Mikel Buesa valora para páginasDigital.es la multitudinaria manifestación liderada por Sociedad Civil Catalana del pasado fin de semana.

¿Qué valoración le merece la multitudinaria manifestación celebrada el pasado domingo en Barcelona? ¿Podría ser un punto de inflexión?

Creo que ha sido un hecho relevante pero no creo que, en lo inmediato, ello suponga un cambio radical en cuanto a la pasividad de la sociedad civil frente al empuje nacionalista. Para lograr esto se requiere mucho tiempo y una acción continuada de las asociaciones cívicas, además de un apoyo claro de las fuerzas políticas constitucionalistas. El movimiento está empezando y el apoyo político externo es más bien circunstancial. No soy, por ello, optimista en este asunto.

¿Cómo se debería de canalizar lo sucedido el domingo?

Debe haber una acción continuada del movimiento cívico obligando a los partidos no nacionalistas a un compromiso creciente con él que les aparte de la tentación pactista con los independentistas.

En su discurso Josep Borrel ha reclamado a “rehacer la convivencia”. ¿Cuál es el camino para recuperar las relaciones de concordia?

Rehacer la concordia sólo es posible si se adquiere visibilidad y, además, si se deja de hablar con suavidad a los nacionalistas, tratándoles como iguales, no como sensibles.

Vargas Llosa apelo a lo mejor de la tradición y de la vocación de Cataluña como punta de lanza de un estado moderno. ¿Podría ser este el camino adecuado para afrontar la deriva nacionalista? Proponer un proyecto más ilusionante, más adecuado a la realidad que el que proponen los independentistas.

No lo creo. Lo que debe hacerse es poner a los nacionalistas ante el principio democrático y sus procedimientos. Me parece que no se trata de inventar otro sistema político, sino de exigir a los nacionalistas lo mismo que a los demás. Y ello supone negarles la posibilidad de hablar en nombre del pueblo para que pasen a defender su proyecto dentro de los procedimientos constitucionales. Son una minoría, lo mismo que otras opciones políticas. Pero, como los demás, pueden convertirse en mayoría y, para constatarlo, deben ajustarse al procedimiento democrático, no a interpretaciones torticeras de la realidad política y sociológica.

El ejemplo del País Vasco es nítido a este respecto: después de Ibarretxe, los nacionalistas perdieron el poder y han tardado una legislatura en recuperarlo, precisamente porque se han adaptado a la realidad sociológica y política. Esa realidad señala que, a medida que el independentismo ha ido menguando (hasta llegar a su mínimo histórico, por debajo del 20% actualmente) el PNV, apartado del independentismo y vuelto sobre el regionalismo, está registrando sus mejores resultados. El PNV sigue siendo minoritario (la minoría más amplia, pero minoría) y tiene que volcarse hacia los pactos con otras fuerzas políticas no nacionalistas (PSOE y PP) porque ese es el camino al que le obliga el principio democrático. De eso se trata, no de inventar un artificio cuyo contenido y significado puede ocultarse tras la retórica política.

¿Qué papel debe jugar el Gobierno de Rajoy frente al desafío independentista?

>Entrevista a Mikel Buesa

"Hace falta tiempo y empuje político para que se produzca un cambio de la sociedad civil en Cataluña"

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 3  37 votos

¿Un gran divorcio catalán?

Francisco Pou

Escribía C.S. Lewis en “El gran divorcio” que la tortura del infierno consistiría en convertir los marcos mentales en fuente única de conocimiento, mientras la gran recompensa del cielo es la contemplación real de toda la realidad. ¿Qué pasó el domingo en Barcelona en relación con la “cuestión catalana”? Básicamente se puso en evidencia más completa la realidad, con la presencia de cientos de miles de personas defendiendo la ley y la convivencia a las que a menudo se les ignora por su silencio. ¿Contribuirá conocer esta realidad a sacarnos del infierno de este gran divorcio en potencia?

No creo que sea el momento de analizar cada soflama. Imposible. Pero sí que la unión estaba bajo una convocatoria que rechazaba la violencia y el populismo de los gritos –que los hubo– de “Puigdemont a la prisión”. Borrell, PSC, expresidente del Parlamento Europeo, uno de los que intervinieron, invitó a reconducirlo: “a la cárcel sólo quien digan los jueces”. Y hablando de las estrellas de la enseña de la Unión Europea recordaba que “las fronteras no son más que las cicatrices que deja la Historia; no abramos más”.

Tomaba hoy un café en el que una pareja desautorizaba la intervención de Mario Vargas Llosa en el acto: “¿qué nos importa lo que diga un peruano? Por más premio Nobel que sea no le importa”.

La presencia de una multitud este domingo demostraba precisamente, desde muchos puntos de Cataluña pero también desde otros lugares de España, que Cataluña la sienten como propia y les importa.

¿Elecciones?

¿Proclamará Puigdemont hoy la independencia de la República catalana? Probablemente vaya con una fórmula que intente calmar a sus socios de la izquierda, gracias a los cuales es presidente. Posiblemente no logre evitar la supresión urgente de competencias desde el gobierno central, que con toda seguridad se aplicará por completo con la aplicación del famoso artículo 155 si la declaración es expresa.

Incertidumbre todavía. Hay llamadas aún minoritarias a la huelga general de una semana y a la movilización en la calles, esto último por parte del grupo Arran. Muchas llamadas al diálogo. Bastantes probabilidades de una convocatoria de elecciones autonómicas (para Puigdemont “constituyentes”) cuanto antes. Ojalá haya diálogo. Pero ojalá sea un diálogo fuera de los “marcos mentales” y pegados a la realidad. Porque lo que este domingo se vio alto y claro desde Barcelona en todo el mundo es que el intento de una división partiría en dos, con una gran herida, la convivencia en Cataluña, que es difícil ya.

¿Un gran divorcio catalán?

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Al despertar, la realidad seguía allí

Fernando de Haro

Cuando despertó, cuando despertaron, la realidad seguía allí. El problema es si la realidad es el dinosaurio del cuento de Augusto Monterroso o un animal menos amenazador y frustrante. Imaginemos lo que supone tener en frente un diplodocus de 30 metros de longitud, la amenaza que conlleva si queremos sentirnos mínimamente libres.

Bastantes catalanes, el pasado martes, al comprobar que no se proclamaba de forma clara y rotunda la secesión, sintieron que el diplodocus seguía allí. Algunos que trabajan en el campo se llevaron esa tarde la radio como compañera, otros cerraron antes la empresa, todos conectados al móvil. La independencia no fue declarada, pero sí suspendida por el presidente de la Generalitat. Frustración y rabia.

La realidad seguía allí. 540 empresas han cambiado de domicilio porque no quieren estar donde no hay seguridad jurídica. Cataluña se ha quedado sin grandes bancos, el gran destino turístico que es Barcelona ha visto caer de forma drástica sus reservas. La gran burguesía que “hizo el país” y que tan ambigua había sido durante tanto tiempo pedía echar el freno. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, reclamaba que se respetase el orden constitucional. Horas más tarde el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, dejaba claro, una vez más, que no quería una Cataluña independiente, porque no quería una Europa de 98 Estados. Porque –Juncker no lo dijo explícitamente, pero todos los sabemos– la construcción europea ha sido, con todas sus limitaciones, el esfuerzo más inteligente que se haya hecho nunca para superar ese espejismo que es el nacionalismo, el que llevó a millones de jóvenes a alistarse en varias guerras como si fueran al paraíso, el que luego los dejó muertos, mutilados de alma y cuerpo en el fondo de las más oscuras trincheras.

¿Por qué esos vientos del nacionalismo vuelven a soplar con fuerza en Europa? La carta de la CUP, la formación anticapitalista en la que se apoya la Generalitat, pidiendo ya la república catalana permite entender el proceso. Está en juego, decía la misiva, la posibilidad de ser feliz. “Seguiremos –afirmaban– sin apoyos de mercados y estados, seguiremos sin grandes riquezas naturales y sin poderes económicos que nos den apoyo, pero lo haremos con la gente y con sus esperanzas y con toda su dignidad”.

Al despertar, la realidad seguía allí

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>Editorial

Más allá de los barrotes de nuestros valores

Fernando de Haro

A las afueras de Milán todavía hay pegados algunos carteles de un acto político celebrado hace unas semanas con la frase: “Un nuevo inicio con nuestros valores”. Es el lema de la escisión del PD de Renzi, que ha dado lugar al MDP, un partido que, liderado por el histórico Bersani, reivindica las esencias de la izquierda. En realidad, en toda Europa, y en todo el mundo, la izquierda y la derecha hablan de la necesidad de volver a “nuestros valores”, a los que en otro tiempo nos definieron, a los que nos dieron una identidad segura antes de que la globalización pusiera patas arribas todo. ¿Ha sido la globalización realmente la que nos ha “robado” una identidad estable? ¿O ha sido esta creciente diversidad que inunda el mundo?

“Nuestros valores”, lo que nos han quitado o nos quieren quitar. ¿Cuáles son esos valores? Los de nuestra nación, los de nuestra religión, los de nuestro pueblo… Sí, bien. ¿Pero cuáles son los valores de nuestra nación, de nuestra religión o de nuestro pueblo? A la segunda pregunta, quizás a la tercera, las respuestas se hacen más dubitativas, más imprecisas. La mayoría de los mortales no sabríamos responder con precisión. Los intelectuales, los clérigos, los tertulianos son los que saben recitar los idearios. En un porcentaje altísimo esos idearios son nocionales, doctrinalmente perfectos, sin carne alguna de experiencia. Los intelectuales se ganan a menudo el sueldo explotando la sensación que muchos tienen de haber sufrido un robo de lo suyo.

En esta época, que la profesora de literatura de Harvard Svetlana Boym ha calificado como una época afectada por una “epidemia de nostalgia”, domina un sentimiento de pérdida y desplazamiento, un deseo de reconstruir un hogar perdido, que en realidad nunca ha existido. Es lo propio de un momento de desconcierto.

Como señaló Bauman en uno de sus últimos escritos antes de morir, el anhelo de volver a una patria moral que nunca existió está acompañado de un retorno a la tribu. Los síntomas están por todos lados. Prosperan los que ofrecen una versión simplificada de los hechos. A pesar de las llamadas al diálogo, nadie escucha a nadie porque se ha creado un filtro emocional. Y solo se oyen aquellos mensajes que tienen un significado emotivo para quien necesita más que nunca alguna forma de pertenencia. El debate solo tiene como propósito conjurar la ansiedad para mostrar al adversario lo ciego y lo sordo. El otro sirve, fundamentalmente, como señalaba el gran sociólogo, para “saciar nuestra propia sed de superioridad”. Si no existieran los extranjeros, los gentiles, los enemigos de la verdad, los grandes centros de poder que están cambiando el mundo habría que inventarlos.

La ciudad que dice estar construida sobre los pilares de la racionalidad, la eficiencia y la utilidad se fragmenta en bandos que, a través de una recompensa afectiva, prometen reducir la incomprensible y paralizante complejidad de un mundo que se percibe como amenaza.

Más allá de los barrotes de nuestros valores

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>Editorial

Venezuela: un cambio que puede tardar

Fernando de Haro

La palabra dictadura ha dejado de ser una metáfora para describir lo que sucede en Venezuela. El inicio de los trabajos de la falsa Constituyente, la destitución de la fiscal general Luisa Ortega -una de las pocas voces libres del chavismo que se alzaba todavía contra Maduro-, el modo en el que los opositores Leopoldo López y Antonio Ledezma han ido y vuelto desde sus casas a la prisión de Ramo Verde son todos ellos indicios más que suficientes. La decisión del Vaticano de reclamar la suspensión de la Asamblea, elegida de forma fraudulenta para redactar una nueva Constitución, supone la constatación de que el presidente venezolano ha volado todos los puentes.

La Secretaría de Estado está convencida de que en este momento no hay diálogo posible. Roma apuró hasta el final las posibilidades de un entendimiento, apuesta que muchos no entendieron. Es lógico que la Iglesia hablara con una voz a través de los obispos locales y con otra desde el Vaticano. Es una fórmula tradicional. Las críticas que ahora se formulan desde la Sede de Pedro pueden ser un buen ejemplo para Zapatero. El expresidente español intentó también una negociación que se ha visto frustrada por un régimen que no tiene ninguna voluntad de encontrar una salida a la situación. Ahora convendría que hablara.

Algunos exiliados cubanos encuentran muchas similitudes entre lo que está sucediendo este verano en Venezuela y lo que ocurrió en Cuba en enero de 1959, cuando Fidel Castro tomó el poder. No hay que exagerar los parecidos. No estamos ante un golpe sino ante un autogolpe de Estado. A diferencia de lo que ocurrió hace casi 60 años, en este caso hay un sólido bloque opositor que está resistiendo heroicamente al tirano, ahora no hay una Comunidad Internacional confundida (Estados Unidos reconoció el primer Gobierno de Fidel). Pero sí existe una alta posibilidad de que fragüe una dictadura sostenida por el ejército y por el negocio del narcotráfico de algunos de sus líderes. Una dictadura que, paradójicamente, no puede presentarse como la solución a la miseria del pueblo, al clima de terror y de violencia sino como una prolongación de una postración que dura ya demasiado tiempo.

Venezuela: un cambio que puede tardar

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>CINE

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El Churchill de la debilidad y la inacción

Antonio R. Rubio Plo

El biopic es un género de moda en el cine actual, aunque muchos directores ya no abordan biografías completas de personajes sino que se centran en algún episodio más o menos significativo de su existencia, narrando unos hechos que sucedieron en pocos días o semanas, pero que resultarían suficientes para definir al biografiado. Se diría que los anglosajones se han tomado desde siempre muy en serio aquello de que la Historia es la historia de los grandes hombres, tal y como afirmaba Thomas Carlyle en Los Héroes. Sin embargo, el público también suele esperar ver de cerca sus debilidades para de esta manera sentirlos más cercanos. Eso sucede, sin ir más lejos, con el film Churchill de Jonathan Teplitzky, en el que el héroe, a sus setenta años, se siente deprimido y angustiado.

Es posible que el creciente interés por Churchill en su país de origen guarde relación con el Brexit. No es casual que uno de sus más fervientes partidarios, Boris Johnson, escribiera hace algunos años una difundida hagiografía de Churchill. Y es que Gran Bretaña, al alejarse de Europa, tiene que volver necesariamente la vista hacia el que muchos siguen considerando el británico más importante de todos los tiempos. Aquel primer ministro y sus antológicos discursos fueron el brillante acto final a la subsiguiente clausura del Imperio británico. Sin embargo, la Gran Bretaña actual guarda más relación con el triunfo electoral laborista de 1945, que mandó a la oposición al propio Churchill, que con nostalgias de la época victoriana, de la que el premier era casi un rezagado. Lo cierto es que, después de la guerra, se impuso el Estado del bienestar en el país y Churchill no fue capaz de cuestionarlo, pues de otro modo no habría conseguido retornar a Downing Street en 1951. Pero el Churchill casi octogenario de aquella época no interesa ni a los guionistas de cine ni a la mayoría de los historiadores, probablemente porque su política exterior, aferrada a salvar algunos retazos imperiales como el canal del Suez, terminó en fracaso. Interesa únicamente el político que expresa de continuo su voluntad de combatir a la Alemania hitleriana con “sangre, sudor y lágrimas”, y que expresa el deseo de no rendirse jamás y de combatir en todas partes contra una monstruosa tiranía.

El Churchill de la debilidad y la inacción

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Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D.

One, la nueva película de Fernando de Haro que se estrena en Madrid el próximo lunes, cuenta lo que nunca te han contado sobre la India. En la mayor democracia del mundo, en el país que compite con China por el liderazgo de Asia y de buena parte del planeta, sigue vigente un rígido sistema de castas. Por eso la minoría cristiana, que se atreve a afirmar la igualdad efectiva entre los indios, es perseguida. Los parias (los sin-casta) que abandonan el hinduismo y abrazan el cristianismo, buscando una vida más digna, pierden las ayudas sociales. Los obstáculos legales que limitan las conversiones han sido respaldados por el Tribunal Supremo. Un nuevo nacionalismo hindú no duda en recurrir a la violencia para restringir la libertad y lleva a cabo prácticas que algunos califican como prácticas genocidas. Prueba de ello es lo que sucedió en el distrito de Kandhamal durante 2008. Se pretendió “limpiar” de bautizados una amplia zona.

Este documental está grabado en Nueva Delhi; en Bhubaneswhar, la gran ciudad del hinduismo; y en las selvas de Orissa, junto al Golfo de Bengala. Recoge los rostros y las historias de gente sencilla (la inmensa mayoría de los bautizados de la India son parias) que ha encontrado en el cristianismo una forma más humana de vivir. Muchos explican por qué abrazaron la nueva religión y han abandonado la antigua. Otros relatan las injusticias sufridas y los motivos que les permiten ser fieles al credo de la cruz. La película da voz también a los nacionalistas hindús que justifican las políticas de discriminación.

Estamos ante el cuarto documental de una serie dedicada a los cristianos perseguidos. El primero de ellos, "Walking next to the wall", fue rodado en Egipto y está dedicado a los coptos. El segundo, Nasarah, grabado en el Líbano, está dedicado a los sirios e iraquíes perseguidos por el Daesh. El tercero, Aleluya, a Nigeria. Los cuatro están disponibles en la plataforma Vimeo. La serie está dirigida por Fernando de Haro que trabaja con la productora N Medio. El proyecto se lleva a cabo con la ayuda del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo y la Fundación Hernando de Larramendi.

A las 19 horas del lunes 23 de enero en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Julián Romea, 23. 28003 Madrid.

Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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