Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
19 FEBRERO 2018
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>Editorial

Re/Irrelevancia política

Fernando de Haro

Paradoja. La globalización está acabando con el concepto y la experiencia de soberanía nacional tal y como la conocíamos desde hace tres siglos. Los partidos políticos de la postguerra (Alemania y Francia), los que se crearon con el ciclo de democratización de los años 70 (España y Portugal) y las nuevas formaciones surgidas en los años 90 (Italia) dan síntomas de agotamiento. Y, sin embargo, en la vida social, el ser para/en/con partido, se convierte casi en una obsesión.

Las almas nobles, defensoras de grandes ideales, con una sana vocación histórica, advierten del riesgo de la irrelevancia política si no hay comercio de partido. Histórico y realista comercio de partido: votos por políticas. No ser reconocido por el partido, por alguno de los partidos, no ser en cierto modo “partido” se identifica con la insignificancia social o política y produce ansiedad. Tanto es así que los movimientos que han nacido en los últimos años con la pretensión de renovar la vida pública (15M en España, 5 Stelle en Italia), o de protestar por la política migratoria (populismos varios) han adoptado inmediatamente la estructura y las prácticas de las antiguas formaciones.

Los viejos y nuevos partidos consiguen, en un momento de evidente declive, su máximo poder. Solo existes, solo eres alguien si eres capaz de que los partidos incluyan en algún rincón de su agenda aquellas cosas bonitas en las que crees o que has levantado con tu esfuerzo y sacrificio. La libertad depende de que haya un político que defienda “lo nuestro”. Y “lo nuestro”, de este modo, deja de ser lo nuestro para transformarse en el hueco que hemos conseguido abrir en la agenda de un partido. Sin abrir un espacio político, entendido tal y como lo entienden los partidos, creemos no tener tiempo, no ser. Es el más alto grado de partitocracia y probablemente una de las consecuencias de entender la política como simple mediadora entre intereses privados.

La evolución de los partidos en los últimos años en buena parte de los países de Europa ha provocado que su base popular, su relación con la sociedad civil, sea cada vez menos relevante. El fenómeno ha sido especialmente acusado en España. Ha acabado imponiéndose un tipo de formación que es partido-Estado. Concebida y preparada para captar el mayor número de votos, a través de una mediación mediática, su único fin parece ser el de ocupar el mayor espacio posible de la Administración con la menor implicación social posible. La voluntad de ocupar espacios administrativos se acaba trasladando a la justicia, a las organizaciones colegiales, a la vida universitaria, a las iglesias.

Si la política es una simple mediación y ordenación de los intereses privados, capaces por sí mismos de generar prosperidad, es lógico que se entienda al partido-Estado como el mediador o el conseguidor por excelencia.

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Re/Irrelevancia política

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 4  8 votos

 

La Chimerica de Niall Ferguson: retorno al realismo de Kissinger

Antonio R. Rubio Plo

El historiador británico Niall Ferguson acuñó en 2007 el término Chimerica, una deseable asociación de EEUU y China en un escenario global, y ha vuelto a referirse a ella en una reciente conferencia en la universidad de Pekín. El texto de la conferencia confirma la adscripción de Ferguson a la escuela del realismo político en las relaciones internacionales, y tampoco es casualidad que este historiador esté finalizando la segunda parte de una biografía de Henry Kissinger. En función de este realismo, un conservador norteamericano, en este caso anglosajón, puede entenderse perfectamente con un régimen nacional-comunista chino. No otra cosa hicieron Kissinger y Nixon en su histórico viaje a Pekín en febrero de 1972.

Si las relaciones internacionales no han de enfocarse desde un prisma ideológico sino que han de basarse en el tradicional equilibrio entre las grandes potencias, tan querido a Kissinger y a su admirado canciller austriaco Metternich, no resulta extraño que Ferguson cuestione el orden internacional liberal. Para empezar, el historiador británico considera que nunca ha habido realmente un orden, y menos todavía internacional. Su escepticismo está, como él mismo reconoce, en la línea de Gandhi que pensaba que la civilización occidental sería una buena idea. Ferguson sale al paso de la opinión de politólogos y periodistas que creen que el orden liberal internacional surgió en 1945 de la mano de la victoria de los aliados en la Segunda Guerra y de las instituciones de rango universal creadas en aquellos años: las Naciones Unidas, el FMI, el Banco Mundial… La elección de Donald Trump representaría, en consecuencia, la llegada de un político que cuestionaría ese orden liberal, con todo lo que esto supondría para la seguridad y la estabilidad globales.

Ferguson piensa que esto es una falacia histórica. Aquellas instituciones económicas eran de corte keynesiano, marcadas por un intervencionismo de los Estados ajeno al liberalismo clásico, y además no existía un orden liberal en lo político: tan solo el equilibrio de las grandes potencias en un mundo bipolar y sometido al riesgo de destrucción por las armas nucleares. El historiador insiste en que el período de la guerra fría no correspondió a la implantación de un orden liberal. En mi opinión, nuestro historiador solo tiene razón a medias: ciertamente no dominaba el mundo, pero existía un Occidente, compuesto por Europa occidental y EEUU, que se identificaba en líneas generales con los sistemas liberales democráticos, que no equivalían, después de las experiencias de la gran depresión y de la guerra, al liberalismo clásico del siglo XIX. Existía un orden liberal democrático, unido en gran parte por la existencia de un adversario común: el bloque soviético y sus aliados.

Sin embargo, Ferguson parece identificar el orden liberal con el libre comercio y la libre circulación de capitales. En este sentido, los felices 90 serían la época dorada de este liberalismo, la del auge del proceso de globalización. Esa época llegó a su fin con la crisis económica y financiera de 2008. El período citado representó la gran oportunidad para la emergencia de China como potencia global, y esas expectativas no desaparecieron en 2008. Antes bien, continuaron creciendo y el antiguo imperio del centro se convirtió en la segunda potencia económica mundial. ¿Qué pasó entonces con el orden liberal internacional?

La Chimerica de Niall Ferguson: retorno al realismo de Kissinger

Antonio R. Rubio Plo | 0 comentarios valoración: 3  4 votos

"En la prisión permanente no se puede seguir una corriente mediática que hace mucho daño a nuestra democracia"

P.D.

El portavoz de Interior en el PSOE, David Serrada, valora para www.paginasdigital.es la propuesta de ampliación de la prisión permanente aprobada por el Gobierno. El diputado defiende el principio de reinserción.

¿Por qué el PSOE se muestra tan crítico con la posible ampliación de la prisión permanente revisable?

La postura del partido socialista no es nueva, la venimos defendiendo desde hace tiempo. Hay una cuestión fundamental. No se puede legislar a golpe de casos, a golpe de lo que la opinión pública pueda pensar en un determinado momento. El partido socialista siempre está al lado de las víctimas, y siempre que hay una víctima el Estado debe garantizar la protección. Ahora bien, a partir de ahí, determinados casos y sobre todo cuando hay un debate político encima de la mesa entre partidos políticos con un corte ideológico muy determinado, no podemos caer en medidas que supongan legislar basándonos en cuestiones claramente populistas. Tenemos que ser más rigurosos y la posición del partido socialista ya vino expresada en una proposición no de ley presentada en el Congreso de los Diputados, vino expresada en un posicionamiento político en torno al debate que se generó sobre esta misma cuestión en el Congreso, y ha venido expresada por el posicionamiento político del partido frente a esa posición que el PP ha pretendido marcar en este debate. Por tanto, creemos que la postura del PSOE es de sobra conocida y que se ajusta a un criterio razonable en un tema que creemos que es muy sensible.

Pero en los países de nuestro entorno hay prisión permanente revisable. En Reino Unido, en Francia, en Alemania es una figura penal y penitenciaria que existe.

No podemos caer en trampas argumentales. Lo primero que tenemos que ver es cuál es la propuesta que hay encima de la mesa en nuestro país y qué es lo que se está haciendo en otros países. Y más allá de eso, tenemos que pensar qué es lo que hay en nuestro código penal y qué es lo que se puede mejorar, sin necesidad de incluir ese tipo de pena, que va en contra de una cuestión fundamental, que es la reinserción y la reeducación de los presos, tal como viene explicada en nuestra Constitución. Por tanto, creo que si esa propuesta la está haciendo el PP, debe ser explicada claramente a los ciudadanos, y debe decir expresamente en qué la diferencia de lo que sucede en otros países y qué aporta que no esté aportando ya el código penal.

¿Es suficiente con lo que hay en el Código Penal para afrontar el problema en este momento?

La cuestión es que el PP está intentando poner en marcha una medida con la que el partido socialista no está en absoluto de acuerdo porque creemos que atenta contra un principio constitucional muy claro. A partir de ahí, podemos entrar en cualquier tipo de debate, pero tenemos que tener esa cuestión muy clara, y eso es lo que va a regir la postura de nuestro partido, como creo que ha sido defendida desde el primer momento.

Estableciendo un sistema de revisión de la pena de la prisión permanente, ¿no se salvaguarda el principio de reinserción de la Constitución?

"En la prisión permanente no se puede seguir una corriente mediática que hace mucho daño a nuestra democracia"

P.D. | 0 comentarios valoración: 1  9 votos

El portavoz de Interior en el PSOE, David Serrada, valora para www.paginasdigital.es la propuesta de ampliación de la prisión permanente aprobada por el Gobierno. El diputado defiende el principio de reinserción.

Cartas para una política no ideológica (2)

Mikel Azurmendi / Fernando de Haro

Querido Mikel:

La semana pasada dejábamos abiertos dos asuntos. La posibilidad de hacer una política que tenga como criterio el bien común y la cuestión de la transición. Recojo tus comentarios sobre la dificultad de reconocer un bien que lo sea para todos y te relanzo algunas cuestiones. Esta “disolución” de una ética común de la que tú hablas es la que describe Julián Carrón en La Belleza Desarmada (2016), retomando a Ratzinger: la Ilustración intentó sostener unos valores morales comunes, capaces de superar las contradicciones que generaba ponerse de acuerdo sobre su origen. El proyecto ha fracasado.

Lo que me llama la atención –lo he visto especialmente con motivo de la crisis catalana– es cómo permanece, a pesar del evidente derrumbamiento del proyecto de una moral común, la confianza algo ingenua en la capacidad que puede tener el Estado de Derecho, que es la traducción jurídica del proyecto ilustrado, en solucionar esta situación. No estoy criticando el Estado de Derecho, sino la confianza algo ciega y ahistórica en el liberalismo político. En “ese liberalismo político que es concebido –según Habermas– como una justificación no religiosa y post metafísica de los fundamentos normativos del Estado constitucional democrático”.

Sin duda es necesario, para que el Estado sea laico, que las justificaciones religiosas, metafísicas, o como se las quiera llamar, se “traduzcan” en una racionalidad secular. ¿Pero es posible mantener en pie esos fundamentos y la misma convivencia sin que esas justificaciones estén presentes de algún modo? Presentes, por supuesto, desde la experiencia de cada uno, respetando las reglas propias de una sociedad plural y de la libertad. ¿Por qué seguimos pensando que ser libres e iguales en derechos es suficiente para mantenernos juntos? Me parece más realista Habermas cuando dice que el “Estado liberal debería tener en cuenta la posibilidad de que la “cultura del sentido común” no consiga conservar, frente a los retos totalmente nuevos, el nivel de articulación que tuvo en sus orígenes. Hoy el lenguaje del mercado prevalece en todos sitios, obligando a que todas las relaciones se desarrollen dentro de los esquemas de las preferencias individuales”.

¿Por qué nos falta este realismo elemental? Habermas añade que “los vínculos sociales que nacen del reconocimiento recíproco no se agotan en las nociones contractuales, en las decisiones racionales y en obtener más beneficios” (Fe y Saber, 2001). Interesante la puerta de salida que apunta: el reconocimiento recíproco. Pero eso lo dejamos para otro día. Me parece que, por algunas cosas que te he oído, tú ya no tienes mucha confianza en que el Estado liberal, per se, sea capaz de conservar la cultura del sentido común. ¿Por qué tenemos tanta dificultad para reconocer el problema? ¿No sería ese reconocimiento ya un buen comienzo para resolverlo?

Se nos han disuelto las nieves que llegaron la semana pasada. Supimos que habían llegado porque cayeron, como siempre, sin hacer ruido. Aprendiendo de tu vigilancia, amigo.

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Cartas para una política no ideológica (2)

Mikel Azurmendi / Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  13 votos

Una biografía intelectual de Jorge Mario Bergoglio

Massimo Borghesi

Con motivo del viaje del Papa Francisco, “Humanitas”, la revista de la Pontificia Universidad Católica de Santiago de Chile, ha traducido al español la introducción del último libro del filósofo Massimo Borguesi.

En la noche del 28 de febrero de 2013, un helicóptero blanco despegaba de San Pedro, volando sobre la ciudad de Roma, acompañado por el sonido de las campanas de las iglesias de la capital.

Conducía a Benedicto XVI, el ex Pontífice, el primero en renunciar a su ministerio en la era moderna. El teólogo más grande de nuestra época se encontró conduciendo un difícil legado, de Juan Pablo II, con una Iglesia señalada por problemas y escándalos que alteraron y mancharon la imagen de la misma ante el mundo. La determinación de resolverlos y combatirlos no fue suficiente ante el debilitamiento de sus fuerzas. Su sucesor, el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Mario Bergoglio, venía “del otro extremo del mundo”. La dulzura apacible de Ratzinger era sustituida por la dulzura impetuosa de Francisco, su forma sencilla de hablar, su manera directa de expresarse y llegar al corazón de la gente: un testimonio persuasivo hasta el punto de modificar, en el curso de pocos años, a partir del 13 de marzo de 2013, la mirada a la Iglesia, cuyo pesado legado ya no es objeto de acusación. El éxito planetario de la figura de Francisco no ha cubierto, como en los años de Juan Pablo II, el vacío progresivo de las iglesias; sostiene la fe humilde de los pueblos, de los sencillos, de quienes en el escenario de la historia son los “invisibles”. Sin embargo, el encuentro entre el Pontificado y la realidad popular no ha provocado aplausos y reconocimientos. Como escribe Agostino Giovagnoli:

“Su popularidad, sin embargo, no se extiende por todas partes ni en todos los ambientes, y sobre todo la novedad que él trae no siempre es aceptada y comprendida. Así ocurre con gran parte de las clases dirigentes europeas y especialmente los intelectuales y los académicos del Viejo Continente. De hecho, en Europa, el mundo de la cultura parece al menos dudoso con respecto a él. Indudablemente, ha habido pocas visitas del Papa Francisco a grandes instituciones cultura-les y han sido escasos los encuentros con exponentes de la academia. De él no se recuerdan clases magistrales como las de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona o en el Collège des Bernardins, en París. Han sido pocas, además, las ocasiones en que ha hablado de manera explícita sobre actividad cultural, investigación científica o problemas de los intelectuales. Pero todo eso no basta para explicar la distancia entre Francisco y el mundo de la cultura europea”.

Una biografía intelectual de Jorge Mario Bergoglio

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Un ejército "democrático" a cambio de petróleo

Patrizio Ricci

Estados Unidos acusó la semana pasada al ejército sirio de invadir su zona de disuasión y atacar a un comando de las fuerzas filoamericanas Syrian Democratic Force (SDF) en los campos petrolíferos de Omar, al noreste de Siria. El resultado ha sido la reacción inmediata de las fuerzas aéreas estadounidenses y de la artillería americana bombardeando al ejército sirio.

La intervención de la aviación y artillería norteamericanas en zona desértica contra unidades sin bases estratégicas no debe haber sido una operación especialmente complicada. El United States Central Command estima que ha eliminado al menos a un centenar de milicianos filogubernamentales, mientras que en el otro lado, en las filas de la SDF solo se ha registrado un muerto. Cien contra uno pero, según ha declarado la parte estadounidense, “se ha actuado en legítima defensa”. Lo ha escrito en un tuit, imitando acaso la costumbre de Trump.

Pero el gobierno sirio disiente, dice que el objetivo de esas unidades no era el comando de las SDF situado junto a los pozos petrolíferos sino elementos del Isis que a menudo hacen incursiones en la zona siria. Eso explica por qué entre los sirios han muerto también miembros de "Isis Hunters", una unidad siria que va a la caza específica de elementos propios del Daesh.

Parece que los sirios tenían razón. No existe ninguna zona de disuasión al norte de Siria y las fuerzas de EE.UU están ilegalmente en Siria. Está claro que se trata de una situación de hecho, impuesta solo en virtud del preponderante potencial militar estadounidense.

Por lo que se refiere a la justificación del derecho-deber de defender a los propios aliados de la Syrian Democratic Force (SDF) vale la pena recordar que estos no tienen impunidad alguna. Son los mismos que son masacrados en estos momentos en el cantón de Afrin por las fuerzas armadas turcas y por los rebeles sirios del Free Syrian Army. Coherentemente, sería más necesario que los americanos protegieran a las fuerzas kurdas en Afrin antes que en norte del Eúfrates, donde el gobierno sirio ha ofrecido tantas veces su mano tendida para acuerdos ventajosos para ambas partes. Pero si esa evidencia no encuentra consenso en la parte americana, es porque en ciertas circunstancias el aliado turco es un aliado más rentable que el kurdo.

Entonces, si las SDF son los kurdos y los kurdos no critican a la Siria de Assad sino que solo desean un estado autónomo, ¿qué hacen junto a los americanos? Sorprendentemente, para aclarar ciertos equívocos sobre la verdadera génesis de las SDF ha salido a nuestro encuentro el general Raymond Thomas, responsable de comando de operaciones especiales del ejército de EE.UU. Pues bien. El eminente oficial del US Army, en una entrevista realizada el 21 de julio de 2017 en el Aspen Institute Security Forum, aclaró que las SDF no son más que una invención prefabricada del Pentágono. Según el general, las SDF no son más que la reedición con otras siglas de las Unidades de Protección Popular kurdas (YPG).

Un ejército "democrático" a cambio de petróleo

Patrizio Ricci | 0 comentarios valoración: 1  10 votos
>Entrevista a Xavier Echevarría, profesor del ICADE, Universidad Pontificia de Comillas

"Hay que preservar el derecho a la esperanza de los condenados"

P.D.

Cuando se dice prisión permanente revisable, ¿estamos hablando de cadena perpetua? La regulación actual permite revisar la condena entre 25 y 35 años. ¿Esto es similar a lo que hay en nuestro entorno en derecho comparado o es diferente?

Siempre se ha llamado cadena perpetua y era revisable. Por ejemplo, en el código de 1870, que es el último en que existió en España, se llamaba cadena perpetua y se indultaba al condenado a los 30 años salvo alguna excepción. O sea, que siempre se ha llamado cadena perpetua y siempre ha sido revisable, pero eso no es lo fundamental. En otros países de nuestro entorno europeo efectivamente existen diferentes formas de prisión perpetua con diferentes nombres. En Italia, Alemania, Francia, Inglaterra. Lo diferente en la nuestra es que los plazos de revisión son muy superiores a los que existen en otros países, donde se revisa la prisión perpetua a los 10-15 años, hasta los 25 máximo. El Tribunal de Derechos Humanos ha establecido en el caso de Inglaterra, que quizá es el que tiene la mayor duración de esta pena, que 25 años es como el límite máximo. Sin embargo, nuestra prisión perpetua no se puede revisar hasta los 25 o 35 años. En ese sentido, es la prisión perpetua más dura que hay en Europa.

Entre los detractores y partidarios, hay quien dice que por tener una prisión permanente revisable no se evitan esos gravísimos delitos, que ahora el Gobierno quiere ampliar a aquellos secuestros que impliquen la muerte, al asesinato con el uso de elementos químicos… ¿Es cierto o no que un código penal más duro tiene poca eficacia en la prevención del delito?

Es bastante cierto. Los estudios empíricos tienen que ir en relación con tipos de delitos concretos, pero es cierto que hoy día en los términos en que se sitúa el debate se me ocurre un símil. Es como si estuviéramos hablando de la sequía y estuviéramos discutiendo sobre si hay que salir en procesión o no. Tenemos un ordenamiento jurídico en que estos hechos a los que se refiere estarían castigados con penas de hasta 30 años, con máximos de cumplimiento de hasta 40 años. Realmente la diferencia punitiva entre el régimen que había hasta 2015, además de un régimen de cumplimiento íntegro de las penas que se aprobó en 2003, no hay diferencia disuasoria de ningún tipo. Todos estos casos famosos, que son los que han traído este debate a primer plano, ninguno habría sido evitado con la existencia de la prisión perpetua. De hecho, en el caso de Diana Quer ya existía la prisión perpetua. Por tanto, realmente no es su capacidad preventiva. La capacidad preventiva del sistema de penas obviamente es algo que entre los expertos se discute continuamente, y continuamente es objeto de debate, pero no es en la dureza de las penas donde vamos a encontrar mayor eficacia preventiva. Hay que buscarla en otros sitios. Lo que ocurre es que es más complejo, y este debate es más sencillo.

Luego está la cuestión de preservar a la sociedad de delincuentes que cometen crímenes horribles. Eso por un lado, y por otro el principio constitucional de la reinserción. Hay quien argumenta que hay ciertos tipos de criminales que no se reinsertan nunca, ¿qué le parecen estos argumentos?

>Entrevista a Xavier Echevarría, profesor del ICADE, Universidad Pontificia de Comillas

"Hay que preservar el derecho a la esperanza de los condenados"

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  17 votos

Fronteras peligrosas

Nicolás Arizmendi

Fuerte disminución de los intentos de ingreso ilegal a los Estados Unidos en 2017, pero incremento del número de migrantes muertos en la frontera. Un informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) registra que 412 personas murieron el año pasado en ambos lados de la frontera, 38 más que en 2016. En el primer mes de 2018 ya contabilizó 16 víctimas. Al aumento de decesos en la frontera, corresponde un menor número de detenciones realizadas por los agentes federales, que en el mismo año considerado por el informe se redujeron un 44 por ciento, pasando de 611.000 en 2016 a 314.000 en 2017.

«El aumento del número de muertos es preocupante desde el momento que los datos a disposición muestran que el año pasado muchos menos migrantes ingresaron a Estados Unidos a través del límite con México» comentó Frank Lacko, quien dirige el centro de análisis de datos de la Organización Internacional para las Migraciones. Solamente cinco de las muertes registradas, destaca el especialista, fueron oficialmente atribuidas a actos de violencia. La mayoría de los cuerpos se encontraron en el desierto, donde muchos pierden la vida por falta de agua.

Según la organización, el nexo entre estos datos contradictorios radica en el hecho de que al aumentar las probabilidades de ser arrestados, los inmigrantes eligen rutas cada vez más remotas para evitarlo. Además, la agencia observa que la exposición prolongada a condiciones extremas en la frontera, donde las temperaturas alcanzan marcas de 40 grados, unido a la dificultad para asistir a las personas que se encuentran en áreas remotas, son las principales causas de muerte en esos tramos limítrofes. El límite con el estado de Texas (USA) es una de las zonas más preocupantes con un total de 191 muertos en 2017, un 26% más que en 2016, cuando la cifra anual llegó a 151 decesos.

Los datos publicados en estos días se recolectaron a través del Proyecto Missing Migrants de la Organización Internacional para los Migrantes, que desde su creación en 2014 ha registrado un total de 1.469 muertos en esta frontera, equivalente a una por día.

Fronteras peligrosas

Nicolás Arizmendi | 0 comentarios valoración: 1  13 votos
>Entrevista a Xavier Pericay

'Es necesario recomponer las relaciones entre catalanes'

Juan Carlos Hernández

El diputado de C´s en el Parlamento de Baleares responde a Páginas Digital acerca del desafío del independentismo catalán. El escritor y periodista ve necesario un nuevo proyecto para España.

¿Le parecen adecuadas las medidas legales que se han adoptado hasta ahora frente al desafío del nacionalismo catalán?

Hasta cierto punto. Las que se tomaron el 1-O manifiestamente no lo fueron, visto el resultado. Tampoco la forma en que se aplicó el 155, especialmente habiendo dejado fuera de su ámbito de aplicación la intervención de la radio y la televisión públicas catalanas. Y, en general, toda la gestión del desafío independentista por parte del Gobierno central, desde el año 2012 por lo menos, ha sido más que deficiente.

La aplicación de la ley, siendo necesaria, parece insuficiente. ¿Cómo reconstruir las relaciones? ¿Cómo recuperar la confianza mutua?

Volviendo, ante todo, a la supremacía del Estado de derecho. Luego, recomponiendo las relaciones entre catalanes a partir del reconocimiento y tratamiento de los problemas reales de la gente. Y, en fin, con mucho tiento y mucho tiempo.

Sin caer en un Estado centralista, ¿se podría reconsiderar si algunas competencias deben de estar transferidas a las Autonomías?

Considerarlo siempre se puede. Pero antes habría que desarrollar sin duda lo que el propio ordenamiento constitucional permite. Pongo por caso, la Alta Inspección Educativa, que ningún gobierno de PP o PSOE se ha atrevido a afrontar hasta la fecha.

En una reciente entrevista a Felipe González, el expresidente apostaba por ofrecer un proyecto más ilusionante que el de los nacionalistas. ¿Cuál es el camino?

Sin duda un nuevo proyecto para España. Moderno, reformista y progresista. Sin complejos. Un proyecto regenerador, de unión e igualdad entre todos los españoles.

¿Se puede combatir el nacionalismo a pesar de toda su red clientelar y su predominio de los medios de comunicación en Cataluña?

Difícilmente. Hace falta un cambio de gobierno, algo que los últimos resultados electorales, a pesar del triunfo de Ciudadanos, no permite imaginar.

¿En los próximos años podría ocurrir algo parecido en Baleares a lo acontecido en Cataluña?

Podría ocurrir, aunque por suerte estamos lejos de vivir una situación parecida. La sociedad balear es distinta de la catalana y el nacionalismo “pancatalanista” no tiene, ni ha tenido jamás, un peso comparable. Ahora bien, hay que plantar cara al “pancatalanismo” balear desde ya, y no bajar la guardia. Ellos no cejarán en el empeño de repetir lo de Cataluña.

>Entrevista a Xavier Pericay

'Es necesario recomponer las relaciones entre catalanes'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 1  15 votos
>Editorial

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

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Prisión permanente: justicia insuficiente

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Re/Irrelevancia política

Fernando de Haro

Paradoja. La globalización está acabando con el concepto y la experiencia de soberanía nacional tal y como la conocíamos desde hace tres siglos. Los partidos políticos de la postguerra (Alemania y Francia), los que se crearon con el ciclo de democratización de los años 70 (España y Portugal) y las nuevas formaciones surgidas en los años 90 (Italia) dan síntomas de agotamiento. Y, sin embargo, en la vida social, el ser para/en/con partido, se convierte casi en una obsesión.

Las almas nobles, defensoras de grandes ideales, con una sana vocación histórica, advierten del riesgo de la irrelevancia política si no hay comercio de partido. Histórico y realista comercio de partido: votos por políticas. No ser reconocido por el partido, por alguno de los partidos, no ser en cierto modo “partido” se identifica con la insignificancia social o política y produce ansiedad. Tanto es así que los movimientos que han nacido en los últimos años con la pretensión de renovar la vida pública (15M en España, 5 Stelle en Italia), o de protestar por la política migratoria (populismos varios) han adoptado inmediatamente la estructura y las prácticas de las antiguas formaciones.

Los viejos y nuevos partidos consiguen, en un momento de evidente declive, su máximo poder. Solo existes, solo eres alguien si eres capaz de que los partidos incluyan en algún rincón de su agenda aquellas cosas bonitas en las que crees o que has levantado con tu esfuerzo y sacrificio. La libertad depende de que haya un político que defienda “lo nuestro”. Y “lo nuestro”, de este modo, deja de ser lo nuestro para transformarse en el hueco que hemos conseguido abrir en la agenda de un partido. Sin abrir un espacio político, entendido tal y como lo entienden los partidos, creemos no tener tiempo, no ser. Es el más alto grado de partitocracia y probablemente una de las consecuencias de entender la política como simple mediadora entre intereses privados.

La evolución de los partidos en los últimos años en buena parte de los países de Europa ha provocado que su base popular, su relación con la sociedad civil, sea cada vez menos relevante. El fenómeno ha sido especialmente acusado en España. Ha acabado imponiéndose un tipo de formación que es partido-Estado. Concebida y preparada para captar el mayor número de votos, a través de una mediación mediática, su único fin parece ser el de ocupar el mayor espacio posible de la Administración con la menor implicación social posible. La voluntad de ocupar espacios administrativos se acaba trasladando a la justicia, a las organizaciones colegiales, a la vida universitaria, a las iglesias.

Si la política es una simple mediación y ordenación de los intereses privados, capaces por sí mismos de generar prosperidad, es lógico que se entienda al partido-Estado como el mediador o el conseguidor por excelencia.

Re/Irrelevancia política

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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

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>Editorial

Las ventajas de mirar (insistentemente) una lata de sopa

Fernando de Haro

Warhol ha desembarcado en Madrid. Y a muchos les pasará inadvertido que la llegada del líder del pop-art, más allá de ser un acontecimiento pictórico para las élites, supone una provocación social, un juicio político, una moción a la mirada post-ideológica/superideológica de la España de 2018.

En una de las salas de referencia del Paseo del Prado (Caixa Fórum), se exponen casi 350 piezas de aquel chico de Pittsburgh que subió a los cielos de Nueva York. Warhol es pre-impresionista y postmoderno al mismo tiempo, y sin duda postdigital. Nos quedamos imantados ante su repetición del retrato de Mao. No resulta fácil despegarse del rostro del líder comunista que es el mismo y es diferente, según tenga los labios rosas, la piel azul marino, los párpados blancos. Lo mismo sucede ante su Jackie Kennedy o su Marilyn. La desconexión del arte contemporáneo ha desaparecido: la repetición de los mitos que la cultura televisiva hizo archifamosos invita a mirar una y otra vez, y a descubrir lo que ya no se mira porque se cree conocer. El tratamiento del color, o la insistencia en la representación de objetos cotidianos como la lata de sopa Campbell, se convierten en una especie de corrección de la mirada del homo videns: el hombre al que el abuso de la pantalla ha mutado antropológicamente. El homo videns es el hombre que mira y ya no ve. Está en el último escalón evolutivo que comenzó en el momento en que el ser humano se identificó con una forma de abstracción, de ejercer el noble ejercicio de la crítica y del pensamiento, sin someterlo a vínculo alguno con las cosas. Esas cosas son ahora solo imágenes a las que se dedica poco más que un instante. Si no fuera una exageración, se podría decir que con su repetición de lo mirado y no visto Warhol nos obliga a hacer un ejercicio que nos rescata, nos recupera de los efectos más nocivos que puede tener la digitalización.

En el mundo anglosajón hay una corriente pedagógica que ha subrayado durante los últimos años lo que Warhol parece proponer. Esta corriente insiste en la observación para fomentar la capacidad de innovación. Algunos teóricos subrayan la importancia de enseñar a los más jóvenes a mirar un cuadro, no los 30 segundos que le solemos dedicar sino al menos 10 minutos. De este modo se fomentan las capacidades creativas. Por eso quizás, cuando el Ministerio de Educación de Finlandia, referencia por sus buenos resultados educativos, se planteó nuevas mejoras hace unos años propuso aumentar las horas semanales de Arts & Crafts (educación artística). Hay cierta “educación de la mirada” que parece ser muy conveniente. Es precisamente este tipo de educación en el modo de ver la que viene revindicando desde hace algún tiempo Andrés Trapiello, uno de los grandes referentes del mundo literario español. Trapiello sostiene que nos conviene a todos educarnos para recuperar “la mirada compasiva” de Cervantes, el autor del Quijote. Un modo de enfrentarse al mundo, nacido de la primacía de la observación, que huye del resentimiento: cuanto más y mejor se mira más difícil es que prevalezca la queja e incluso esa casi inevitable distancia que siempre deja el mal sufrido o causado.

Las ventajas de mirar (insistentemente) una lata de sopa

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>Columna derecha

>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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