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22 AGOSTO 2019
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El nombre, el nacimiento y el frenesí de la sociedad de los like

“Todos hemos recibido el nombre al nacer y en casi todas las culturas son los padres los que piensan un nombre para el hijo. Nos llamaron por nuestro nombre desde pequeños”. Así comenzó Guadalupe Arbona Abascal, profesora de Literatura Comparada y coordinadora del máster de Escritura Creativa de la Universidad Complutense de Madrid, su explicación del lema de la XL edición del Meeting de Rímini en un encuentro moderado por Emilia Guarnieri, presidenta de la Fundación Meeting por la Amistad entre los Pueblos.

Pero si siempre nos han llamado, ¿por qué el propio nombre debería nacer de lo que miramos?

“Conciencias agudas de nuestro tiempo han percibido la urgencia de volver a nacer, de nacer de nuevo, como García Lorca o Camus”, explica la docente. “Giussani y Testori dialogaron en 1980 en torno al tema del nacimiento, en una conversación que parte del gemido de Camus y de una generación que padece una ausencia. Es como si la conciencia de nacer no estuviese presente en su juventud, como si no hubieran asumido todavía esa dependencia. Es decir, que han sido queridos, decía Giussani. Mientras que hoy la búsqueda por ser alguien se hace frenética y se pretende nacer a cada instante, o ser muchos”.

Esta condición actual es muy diferente a la de entonces, pero no por ello es menos interesante.

“Los jóvenes de hoy ven las cosas separadas, cada cosa debe ser abandonada para ser reemplazada por la siguiente. Se busca ser uno mismo en las posibilidades y reflejos que ofrece la realidad virtual, cada nuevo like es una forma de preferencia. Se dice que los algoritmos pueden definir quiénes somos, que un algoritmo permite el conocimiento de una persona, incluso superior al del padre o la madre, o de uno mismo. El historiador Harari habla de una cultura datacéntrica. Se cree que nuestro yo se resuelve con el cálculo de sus likes, sus compras en Amazon y sus fotos en Instagram. ¿Pero los datos que dejamos en la red son suficientes para definir quiénes somos? Se busca y rebusca en las múltiples posibilidades, ¿pero se puede esperar que haya un pixel, un punto de color, que permita renacer y nos remita a nuestro origen?”.

Y si así fuera, ¿qué pixeles tendría la realidad?

“Queremos ser preferidos y seguidos. Necesitamos de alguien que nos lo diga. Pero Giussani invita a imaginar un nuevo nacimiento, y para mí este ejemplo es decisivo. Si abriéramos los ojos ahora, con una conciencia nueva, ¿qué sería más importante, las cosas que tenemos o el estupor de una presencia?”. De hecho, según la ponente, “lo que propone Giussani constituye un giro antropológico de tal envergadura que necesitaba ser seriamente comprobado. Una presencia que hace atractivas y vivas las cosas y permite que el yo se conozca en un encuentro. Este giro antropológico propuesto por Giussani funciona”.

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Del islam al islamismo. El viaje de vuelta ya es posible

El Meeting de Rímini ha sido testigo de una etapa decisiva en el camino de conocimiento y comprensión de una realidad cercana pero aún demasiado lejana como es el islam. En un auditorio abarrotado, Wael Farouq, profesor de Lengua y Literatura Árabe en la Universidad Católica del Sacro Cuore de Milán, moderó un diálogo con Muhammad Bin Abdul Karim Al-Issa, secretario general de la Liga Musulmana Mundial, y Olivier Roy, director de estudios e investigaciones sobre el Mediterráneo en el European University Institute.

¿Cómo es posible que el islam se haya convertido en islamismo? Fue la pregunta inicial de Farouq a Roy, que desde finales de los años 80 del siglo pasado estudia detalladamente todo lo que sucede en el mundo islámico. Roy respondió describiendo ese paso como una reacción, en las primeras décadas del siglo XX, del mundo intelectual islámico ante la evidente superioridad de Occidente en el ámbito de la política, además del de la técnica. De ahí el impulso de la revolución según el modelo del comunismo y del fascismo.

El experto añadió que “la máxima realización de esto se vio con la revolución de 1978 en Irán, que llevó al estado islámico. Entonces sucedió también en otros lugares y siempre con el silencio de las autoridades religiosas musulmanas, porque ‘estado islámico’ no quería decir implicación de la religiosidad”. La situación era bien vista en las zonas de los países islámicos que hoy son inestables, donde suenan con fuerza las exigencias de los derechos de ciudadanía. “Puede decirse que este proceso ha favorecido el proceso de secularización. En este sentido, el islamismo ha muerto y ha dado paso a otra cosa”.

“El islamismo deriva del olvido del islam auténtico”. Su Excelencia Al-Issa, delegado electo de los representantes no de los gobiernos sino de las asociaciones de cincuenta países del mundo islámico, añadió que “en los últimos sesenta años la autenticidad del Corán ha sido sustituida por la aclamación de textos que exaltan ideas políticas. Esos textos son los que han hecho escuela, con una fuerte influencia en los jóvenes, moldeando así un pensamiento privado de los valores de nuestra religión”. La toma de conciencia está llegando, tanto que se puede decir que “el islam está bien y conduce a una lucha contra el islamismo, nunca antes organizada, hasta ahora”.

Del islam al islamismo. El viaje de vuelta ya es posible

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Un nuevo sujeto por el bien común

Giorgio Vittadini

La intervención de Giorgio Vittadini en el encuentro inaugural del Meeting de Rímini 2019.

Nos encontramos al cabo de un largo trayecto que nos ha llevado a una grave crisis institucional, de la que no sabemos aún cómo vamos a salir. Esto sucede en un momento histórico especialmente delicado por la larga crisis, no solo económica sino también estructural que atraviesa Italia desde hace ya casi treinta años.

El país parece bloqueado en una crisis de identidad y en una preocupante astenia. El desencanto y escepticismo son palpables, y se nota la frustración y rabia de la gente, totalmente comprensible. Pero tras el rencor hay un malestar, y tras el malestar cada vez más a menudo hay soledad, aislamiento, empobrecimiento de las relaciones y de los vínculos.

La carcoma disgregadora empezó hace tiempo a insinuar la idea de que los otros, los diferentes, son siempre el mal absoluto. En el otro no hay nada que pueda servir para mi bien. Hasta el punto de llegar a creer que estaríamos mejor a los que van más desviados o más recto, a los más pobres o a los más ricos.

Nuestro país se puede comparar a un terreno de naturaleza florida que se va desertificando. Concretamente, estamos asistiendo a un empobrecimiento del tejido de realidades asociativas, agregaciones que históricamente habían creado una unidad de pueblo antes aún de la unidad de la nación.

¿Por qué empezó a costar tanto implicarse en proyectos por el bien común? ¿Por dónde podemos volver a empezar? Hace falta un nuevo modo de conocer, no reducido a análisis sino capaz de mirar la realidad más a fondo, de utilizar la mirada, de sorprenderse. Esto permite dejar de ser personas sin rostro, figuras anónimas, como dice el papa Francisco al comentar el lema del Meeting, sino personas que sepan mirar, sorprenderse y encontrar en ello su identidad.

Lo que los análisis económicos no pueden captar, porque no es previsible, es la chispa frente a situaciones concretas que despierta las ganas y la capacidad de ir hacia adelante, de arriesgar. Como dice Julián Carrón, “la cuestión fundamental es identificar dónde se genera un sujeto adulto, capaz de crear una expresión cultural a la altura de los desafíos de los tiempos que vivimos”. Sigue siendo central a todos los niveles el "desafío educativo”.

¿Qué supone en último término un desafío así? El crecimiento de la autoconciencia personal, la maduración de la razón, del afecto, de la libertad. Pero, como sabemos, esto puede suceder cuando uno acepta abrirse, conocer, entrar en materia, meter las manos en la masa, correr el riesgo de equivocarse.

Sin esto tampoco habrá creatividad, ni capacidad para identificar soluciones nuevas para problemas complejos, como los que debe afrontar la sociedad contemporánea. Volver a empezar por la persona y por la comunidad, como ha señalado el presidente Mattarella. Estas realidades, como los movimientos (originariamente el católico y el obrero), asociaciones, partidos, sindicatos, a lo largo de la historia han ayudado a las personas a encontrarse, a confrontarse, a conocer, a profundizar, a hacerse preguntas. Sobre todo han sostenido sus deseos, ideales y capacidad de iniciativa frente a la tentación de reducirse.

Un nuevo sujeto por el bien común

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Para no estar amontonados

Fernando de Haro

No es una conversación en medio de la nada. Hay ya un camino hecho que ha permitido un mayor conocimiento entre el islam y Occidente, un comprenderse mejor para afrontar los retos de una convivencia que no es nada fácil. El encuentro entre el secretario general de la Liga Musulmana Mundial, Muhammad Abdul Karim Al-Issa, y el profesor Olivier Roy, que tiene lugar el martes 20 de agosto en el Meeting de Rímini, se produce en un momento crucial para el mundo sunní y para la cultural occidental. Los dos interlocutores son representantes muy significativos y muy lúcidos de dos mundos en transformación que, de hecho, están ya mezclados en las calles de los pueblos y de las ciudades de Europa.

Se trata de conjurar el peligro del que advertía el cardenal Tauran cuando aseguraba, meses antes de morir, que “no nos amenaza un choque de civilizaciones sino el choque de las ignorancias y de los radicalismos”. Eran palabras que pronunciaba un hombre, empeñado hasta el final en el diálogo interreligioso, en su histórica visita de abril de 2018 a Arabia Saudí. Viaje en el que firmaba con Al-Issa un acuerdo de cooperación en nombre del Vaticano.

Al-Issa llega al Meeting representando la sensibilidad de una parte del sunnismo saudí, con una organización detrás que ha construido 7.000 mezquitas y tiene presencia en más de 30 países de Asia y en varios europeos. La Liga Musulmana Mundial, a la que representa, encarna bien la encrucijada en la que se encuentra el sunnismo en este momento. Al-Issa forma parte de un islam oficial que, tras el fracaso del califato del Daesh, busca alejarse del radicalismo. En la misma Arabia Saudí, con todas sus contradicciones, el príncipe  Mohammad bin Salman, quiere distanciar al wahabismo (la tendencia sunní más importante en el país) de la alianza que en 1979 le llevó a la sahwa (el despertar islámico), un pacto con los sectores más extremistas. Arabia Saudí se enfrenta con Qatar, gran promotor de los Hermanos Musulmanes y del fundamentalismo. Todo esto mientras los Emiratos Árabes apoyan al Consejo de los Sabios Musulmanes, entidad que promueve una importante apertura. Prueba de ello es el viaje del Papa Francisco del pasado mes de febrero que celebró una misa en la tierra más sagrada del islam. El documento firmado con motivo de ese viaje, el documento de Abu Dabi, supuso un paso más en la apertura del islam oficial al concepto de ciudadanía, algo esencial para el islam europeo y para el islam de Oriente Próximo. Sin una apertura al concepto y la experiencia de ciudadanía, la expresión cultural de la fe islámica del siglo XXI no afrontará la exigencia de la libertad.

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Para no estar amontonados

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La Inteligencia Artificial salva la razón

Fernando de Haro

Nextfilx y HBO, las dos grandes plataformas de series de ficción, libran una dura batalla comercial. Los términos del enfrentamiento desvelan uno de los grandes conflictos que plantea la revolución digital. Reaparece, en una cuestión aparentemente banal, la pluralidad de caminos de la razón, la insuficiencia del método analítico, ahora auxiliado por la “minería de datos”. ¿De quién es razonable fiarse para elegir la serie que veremos esta noche en la pantalla del móvil o del ordenador? ¿Es más conveniente entregarse exclusivamente a los algoritmos de la Inteligencia Artificial (IA), que analizan hasta el último detalle de nuestras preferencias, o es necesario seguir contando con las recomendaciones de una persona que inspira confianza?

Elegir serie es algo muy serio. Estamos hablando del tiempo de ocio, del relato que vamos a dejar que entre en nuestra vida durante un cierto periodo de tiempo. Es la historia con la que vamos a evadirnos, la que va remover nuestros sentimientos y nuestra curiosidad. Antes, cuando no había más que cuatro o cinco canales de televisión, la cosa era más sencilla. Pero ahora Nextflix y HBO tienen una oferta inmensa. Es fácil pasar la noche entera curioseando entre los diferentes trailers sin llegar a ver un solo capítulo. Para solucionar este problema Netflix hace ciertas sugerencias en función de todos los datos de los que dispone de su cliente. La plataforma analiza lo que ya ha visto, las simpatías que ha expresado y recomienda lo que cree que puede satisfacer sus necesidades de entretenimiento. El análisis es automatizado. En no pocas ocasiones acierta. Lo que ha llevado a asegurar a los optimistas que los algoritmos pueden llegar a conocernos mejor que nosotros mismos. Pero, en otras ocasiones, las recomendaciones no satisfacen a los clientes de Netflix. Por eso HBO ha contraatacado con un anuncio muy sugerente que ha titulado Recommended by Humans (recomendado por humanos). En la publicidad de HBO aparecen personas que podrían ser nuestros vecinos o nuestros compañeros de trabajo: cuentan qué les ha entusiasmado. Una chica asiática y un chico occidental relatan que han visto uno de los títulos siete veces. Un chico negro con pinta de intelectual asegura que ver el primer capítulo es como leer el primer capítulo de un libro. HBO no subraya la promoción de una serie en concreto. Lo que HBO reivindica es el consejo no de máquinas sino de personas de las que los espectadores se pueden fiar. ¿Es más fácil decidir utilizando una razón analítica potenciada extraordinariamente, pero no humana, o recurriendo al testimonio personal que incluye siempre importantes elementos subjetivos?

La pregunta no solo afecta a la industria del entretenimiento, también es determinante en otros campos como el mundo médico, para hacer diagnósticos, o en el mundo de la gestión empresarial para tomar decisiones de management. Hace dos años un estudio de la consultora Accenture revelaba que el 85 por ciento de los ejecutivos de las grandes compañías querían invertir más en IA para poder decidir mejor. Pero para ciertas cuestiones nos resistimos a entregar nuestra libertad a una máquina. Las encuestas reflejan que el 73 por ciento de los estadounidenses tienen miedo de subirse en un coche sin conductor. Preferimos también doctores humanos a algoritmos, aunque la IA ofrezca diagnósticos más precisos.

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La Inteligencia Artificial salva la razón

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Encadenados al mal causado

Fernando de Haro

La reivindicación de un pasado oscuro no cesa en el País Vasco. Los homenajes a los miembros de ETA que están saliendo de sus cárceles, tras haber cumplido condena, parecen acreditar que no ha sucedido nada. ¿No ha ocurrido nada en los últimos años? ¿No les ha sucedido nada a los que abandonan la prisión? ¿No tienen un solo motivo que les permita distanciarse del mal causado? Parece que no. No hay espacio para que acontezca nada en un sistema donde la ideología sigue asfixiándolo todo. Queda así una parte importante de la sociedad vasca encadenada a la tiranía de intentar reescribir una historia de horror en términos positivos, de justificar lo injustificable. Sin admitir el mal hecho y sin pedir perdón, a las víctimas les resulta prácticamente imposible cualquier vía de justicia restaurativa. Se las encadena a poder reclamar solo la memoria, la dignidad y la justicia del Estado de Derecho. Todo ello es absolutamente necesario, pero insuficiente para encontrar el camino hacia una paz verdadera a quien tanto ha sufrido. Los dioses griegos tuvieron la sabiduría de frenar la cadena de reacciones que provocó la vuelta de Ulises a casa. Los que fueron miembros de ETA vuelven a casa sin haber hecho viaje alguno, sin haber cruzado el oscuro mar de la culpa.

Desde su disolución hace año y medio, la última banda terrorista que quedaba en Europa se ha convertido en un fenómeno carcelario que agrupa a 250 presos. De forma sistemática, cada liberación de los que han terminado de cumplir su condena, en algunos casos de más de 20 años, son recibidos como héroes en sus pueblos. El Gobierno viene denunciando sistemáticamente "estas fiestas de recepción" ante los tribunales. Pero los jueces archivan las denuncias argumentando, fundamentalmente, que las recepciones no constituyen un delito de exaltación del terrorismo. Ese tipo penal de delito requiere el riesgo de que se produzca otro atentado terrorista.

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Encadenados al mal causado

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Vacaciones. La banalidad y el milagro

Federico Pichetto

La banalidad hiere profundamente el deseo que tenemos de vivir. El verano puede ser el tiempo de la banalidad y dejarnos con heridas enormes. Son banales los comentarios, los eslóganes, las contraposiciones, pero también es banal a veces el tiempo que pasamos juntos, sin contarnos nunca lo que importa, lo que de verdad llevamos en el corazón. El verano despierta la banalidad, el tiempo libre a veces la amplifica hasta convertirla en la manera normal de vivir, un modo que nos deja más cansados y más solos. El tiempo de descanso se convierte así en el tiempo de la insatisfacción, y el tiempo de las relaciones en una escenografía de ilusiones adornadas de alegría.

El hombre nada puede contra la banalidad. Ni por la fuerza del amor –el otro queda demasiado distante por mucho que se acerque– ni por la fuerza del dolor –todo se olvida enseguida, sepultado por comentarios y palabras que solo intentan quitarnos ese sabor y estupor–. Por eso es un milagro encontrar en el corazón del verano un rostro, una trama de rostros que, en su incierto estar juntos, en su intento torpe de estar ahí, veteado con un poco de épica o con un velo de nostalgia, despierten la fuerza de nuestra dignidad. Dignidad de vivir y de querer vivir. Dignidad de amar y de ser amados. Dignidad de perdonar y de ser abrazados.

La dignidad es la mejor amiga del deseo. Porque un deseo sin dignidad se queda en capricho, en pretensión, instinto, obstinación. La búsqueda de un amigo, en la canícula de nuestras ciudades o en las alturas de nuestras montañas, es la búsqueda de un bien, de una consistencia, de una humanidad. El milagro no es solo que este amigo esté, que pueda ser una compañía de amigos tal que nos arranque nuestro prejuicio y nuestra suposición más allá de la muerte a la que todo parece estar condenado; el milagro es –sobre todo– permitir que ese rostro que encontramos nos cambie, que esas caras que rompen ciertas jornadas aún las podamos buscar y encontrar. El milagro es que, en el fragor de estos días tan estúpidos pero tan violentos, el corazón pueda tomar afecto a algo, los ojos puedan de nuevo empezar a ver, las manos vuelvan a ponerse a construir. No que suceda –¡la vida sucede siempre!–, no que dure –nadie puede decidir hacerlo durar–, sino que cambie. Ese es el milagro que nos arranca de la banalidad y nos devuelve, con un poco de sana ironía, al temblor del invierno. Si alguien se diera cuenta de todo esto, si alguien encontrara Algo que aunque solo por un instante le devolviera la dignidad, el pecado ya no sería traicionar, o equivocarse, o distraerse. El pecado sería seguir como si nada. Devorarlo en esos pensamientos, en esas palabras y en esos razonamientos que son tan perfectos que hacen que todo se vuelva viejo, y que todo inicio resulte banal. Ese sería el mal, ese sería –incluso en un caluroso día de julio– el final del verano.

Vacaciones. La banalidad y el milagro

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Pasolini y el 68 en su columna de "El caos"

Simone Invernizzi

El 6 de agosto de 1968 daba comienzo una colaboración entre el semanario «Tempo illustrato», dirigido por Arturo Tofanelli, y Pier Paolo Pasolini, al que se le encargó una columna titulada “El caos”, que mantendrá hasta enero de 1970. Para Pasolini fue su segunda experiencia en contacto con el gran público de la prensa, después de su columna “Diálogos con Pasolini”, que el escritor tuvo en la revista del PCI «Vie Nuove» entre mayo de 1960 y septiembre de 1965.

La naturaleza periodística de esta publicación da un carácter de actualidad a las intervenciones de Pasolini, suscitadas por las noticias o las cartas de sus lectores, por la necesidad de explicar o defender sus posicionamientos políticos, o por cuestiones literarias. En esta miscelánea de temas, los estudiantes eran un tema recurrente. Pasolini valora su compromiso político pero en cambio critica las derivas violentas y la rigidez ideológica, denuncias acompañadas por un reiterado esfuerzo por comprender los errores y dinámicas que los habían generado, con una tensión cognoscitiva y pedagógica a la vez.

La lectura de “El caos” no ofrece un juicio unívoco o coherente del 68. Al contrario, lo que de allí emana es un contexto diverso y “en movimiento”. Me permito recoger aquí algunas de estas valoraciones. Quien tenga una cierta familiaridad con la obra de Pasolini se dará cuenta de que muchos temas vuelven a aparecer en otras obras de aquella época y posteriores.

“El caos”

Al presentar a sus lectores su primera columna, publicada en agosto de 1968, Pasolini declara desde el principio su intención de escribir sin miedo a contradecirse o exponerse, pues considera que sus palabras no tienen “ninguna autoridad”. De ahí el título –“El caos”– y el subtítulo “ideal” –“Contra el terror”–, porque la autoridad, que impone reglas, “da siempre terror, incluso cuando es dulce”. Esta ejerce de hecho un poder opresivo que pretende servirse de los hombres, imponiendo su propia visión del mundo y su propia moral. Con esta columna, Pasolini se prepara para luchar “contra toda forma de terror”, cada vez más difundido en la sociedad, “a la derecha clérigo-fascista de este mundo”, pero también “a la izquierda”.

En esta lucha sabe que no tiene aliados, alguien que le “apoye” y con quien compartir “intereses comunes que defender”. Cuando siente simpatías políticas (“cierto radicalismo y cierta Nueva Izquierda católica”), “son simpatías que no suponen ningún pacto ni acuerdo”. La suya es una lucha en “soledad”, y eso es justamente lo que le garantiza “una cierta, aunque tal vez loca y contradictoria, objetividad”.

“Venecia y el terrorismo juvenil”

El 25 de agosto de 1968 se abre en Venecia la 29ª edición de la Muestra Internacional de Arte Cinematográfico en un clima de protesta creciente. Es la ocasión para empezar a mostrar una primera y significativa distancia entre Pasolini y los jóvenes del 68.

Pasolini y el 68 en su columna de "El caos"

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El impasse del voto católico

Olivier Roy

En Francia, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta los primeros años dos mil, el voto de los católicos practicantes permaneció estable. Votaban mayoritariamente a la derecha conservadora y al centro-derecha, y tenían una mínima representación en la extrema derecha. El episcopado invitaba a votar teniendo en cuenta una visión global del “bien”, pero dejaba a cada uno la tarea de establecer una jerarquía entre los diversos “bienes” (era la visión de la Democracia Cristiana, aunque esta nunca puso un pie en Francia como partido político).

Todo cambió en torno al año 2010. El tabú contra el voto al Frente Nacional cayó, un pequeño grupo de católicos militantes empujó en 2007 al presidente Sarkozy a defender una idea más cristiana de Francia y de la sociedad, pero sobre todo la Manif pour Tous [MPT, colectivo de asociaciones nacido en 2012 en oposición a la ley del matrimonio homosexual, ndt] trajo consigo la aparición de un “partido católico” que luchaba por la defensa de los principios no negociables referidos a la familia y a la procreación. Se abandonaba la idea de una visión global del “bien” para concentrarse en un aspecto específico, que quedaba absolutizado.

Inicialmente, la Manif pour Tous no pretendía ser expresión de la comunidad católica pero, a pesar de los esfuerzos realizados, obtuvo poco apoyo fuera de los católicos practicantes, aparte de algún psicoanalista lacaniano cuyo peso electoral fue nulo. El movimiento Sens Commun lo expresó así: un “partido católico” que juega con un chantaje electoral a los candidatos de derecha para que estos se comprometan a aplicar los “principios no negociables” (abolición del matrimonio homosexual, prohibición de la procreación asistida, rechazo a la teoría de género).

Esta estrategia electoral resultó un fracaso. En las últimas elecciones europeas, el cabeza de lista de los republicanos, François-Xavier Bellamy, hizo una buena campaña, pero su 8,5% es el peor resultado obtenido por la derecha conservadora francesa. En primer lugar hay que señalar que el peso de los católicos practicantes en Francia es muy bajo (menos del 5% de los electores); en segundo lugar, la mayor parte de los católicos practicantes volvió a votar al centro-derecha tradicional, representado esta vez por La République en Marche (LRM); y, por último, a la opinión pública no le interesa una “contrarrevolución” anti-68. Por tanto, solo queda un pequeño núcleo irreductible de católicos “observantes”, según la expresión de Yann Raison du Cleuziou, que dan prioridad a los principios normativos de la Iglesia en su vida social y política. Más allá de estas consideraciones puramente electorales, el fracaso de la Manif pour Tous en versión política revela un profundo cambio en la sociedad francesa, que ha llevado a los católicos observantes a los márgenes de la vida política.

El fracaso de la estrategia de lobby electoral es estructural. Ningún candidato que desee ser elegido puede comprometerse con esos “principios no negociables”, so pena de derrota. La sociedad francesa ha ratificado los nuevos valores que emergieron de la revolución antropológica de los años 60. La secularización venció, y esto es algo que Marine Le Pen ha entendido muy bien, pues pone la laicidad y no el cristianismo en el centro de la identidad francesa.

El impasse del voto católico

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Libertad religiosa en China. El único método es el diálogo

Agostino Giovagnoli

La libertad religiosa es un problema dramático en muchas partes del mundo. Por ello nunca debería ser instrumentalizada. Este principio ocupa actualmente el centro de un duro enfrentamiento entre Estados Unidos y China. El congreso organizado recientemente por el primero ha supuesto la ocasión de un fuerte ataque contra la segunda. “China es la patria de una de las peores crisis de derechos humanos de nuestros tiempos, es sin duda la gran mancha de nuestro siglo”, afirmó el secretario de Estado americano, Mike Pompeo, refiriéndose a la situación de los uigures musulmanes de Xinjiang. “La carta de libertad religiosa es un truco que EE.UU usa desde hace mucho para presionar” a otros países, respondió el Global Times, diario oficioso de Pekín, estigmatizando las contradicciones de la administración Trump, que comenzó con el famoso veto a los visitantes procedentes de siete países musulmanes que agravó “la hostilidad y la extrañeza entre Oriente y el mundo islámico”.

La historia muestra que los Estados han tratado de afirmar o ampliar su soberanía sirviéndose de cuestiones religiosas. Durante siglos, España, Portugal, Francia y otros países europeos han afirmado su poder en América Latina, África y Asia erigiéndose como “protectores” de los derechos de los fieles católicos. En el ámbito anglosajón, han perseguido objetivos parecidos mediante la afirmación de la “libertad religiosa”. A menudo, la afirmación de esta libertad ha ido ligada a la imposición de “puertas abiertas”, donde la presencia de múltiples minorías nacionales, lingüísticas y religiosas favorece el desarrollo de tráficos comerciales, económicos o financieros. En otros casos, en cambio, la libertad religiosa es reivindicada en situaciones –como las regiones fronterizas– donde este problema se mezcla con el de las minorías étnicas, repartidas en diversas soberanías. Suma y sigue.

Hace tiempo, la Iglesia católica se desvinculó de las instrumentalizaciones del colonialismo europeo, rechazando la lógica del protectorado. En China, el Evangelio se anuncia mejor sin los cánones de la armada francesa, afirmaba ya León XIII a finales del siglo XIX. Pero hoy la Iglesia sufre grandes presiones para decantarse en las batallas occidentales en cuestión de libertad religiosa. El acuerdo entre la Santa Sede y China del 22 de septiembre de 2018 no gustó a los que querían usar la cuestión religiosa como arma política contra el gobierno de Pekín. Pero la firmeza de la fe no puede confundirse con afirmaciones de fuerza. Si la Santa Sede aceptara un uso instrumental de la libertad religiosa, se vería como aliada de potencias enemigas de China, y conseguiría bastante poco para la libertad de los creyentes.

Libertad religiosa en China. El único método es el diálogo

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Indio americano o cachorro dálmata

Fernando de Haro

Tom Peters es un británico de 32 años que se ha paseado en las últimas semanas por los programas matutinos de televisión explicando que quiere ser un cachorro dálmata. Declara que le gustaría ser reconocido como el primer hombre transespecie, mezcla de humano y de perro. El caso parece el producto típico de un momento de crisis en los medios: las televisiones generalistas luchan con cualquier cosa contra la inexorable caída de audiencia en favor de pantallas y contenidos más segmentados. Las televisiones de siempre intentan evitar su declive con la industria de la nostalgia, la explotación del miedo y los relatos inverosímiles. En cualquier caso, Tom Peters insiste en que, desde hace años, al salir de su trabajo, vive como si fuera un perro, come golosinas para mascotas y pienso para animales. Asegura que lo hace para huir de una realidad que le resulta demasiado gravosa. Es fácil imaginarnos respondiendo a Tom con un largo discurso dedicado a la objetividad de su naturaleza y la belleza de la condición humana. Podríamos leerle el discurso de Pico de la Mirándola sobre la excelencia de la especie a la que pertenece. Pero seguramente no nos escucharía o diría que precisamente lo que está haciendo es responder a la invitación del gran humanista: ha elegido, y ha elegido no ser hombre. Toda esta conversación (no-conversación) sería fácil. Más difícil es comprender por qué Tom quiere ser perro. Más interesante es asumir, acompañar la soledad, el desconcierto, la inquietud que lleva a Tom a ponerse su disfraz canino.

Miguel Ángel Quintana Paz explicaba en un acertado artículo hace unos días lo que nos ocurre y por qué se dan casos como el de Tom. Quintana no es precisamente un tradicionalista que defienda la incuestionable evidencia objetiva de la naturaleza humana. Se dedica a los estudios de género. El filósofo ha dedicado buenas energías en defensa no de la ideología de género, que dice que no existe, pero sí de todos los valores culturales, variables, que junto al sexo determinan la personalidad. Quintana señala atinadamente que vivimos en una época de hiperindividualismo. Podría parecer que este término es contradictorio con el auge de los nacionalismos y de otros tipos de identidades de grupo. Quintana sostiene que son dos fenómenos confluyentes. “¿No vivimos una época en que cada vez más personas se sienten parte de una identidad común y ansían disolverse en ella? ¿No estamos ante un apogeo de los nacionalismos, ante un resurgir de los fundamentalismos religiosos, ante un empeño de todos por fundirse cada cual en su colectivo (las mujeres, los gais, los distintos grupos de inmigrantes, los negros, los pensionistas, los triscaidecáfobos) y olvidarnos allí de que yo soy yo?” –se pregunta el pensador–. Estamos ante “colectivos que elige el individuo: esa es la ironía de nuestros días”. Es lo que está pasando “con el fundamentalismo islámico: a menudo son jóvenes musulmanes los que optan por afiliarse a mezquitas más y más radicales, obedecer a imanes más y más integristas, alejándose así del islam más moderado de sus familias (o del que ellos mismos profesaban poco tiempo atrás). Es una decisión estrictamente individual. También en los nacionalismos podemos observar idéntico fenómeno. Pronto, con el transhumanismo, quizá podamos elegir incluso nuestra especie o en qué soporte (o bien un cuerpo de carne y hueso, o bien unos bits en un superordenador) preferimos vivir”.

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Esperando el #Me Too del islam

Fernando de Haro, Lahore

El comisario del servicio secreto militar me explica con mucho énfasis que en el islam no está permitido que el hombre lleve al descubierto la parte del cuerpo comprendida entre el ombligo y las rodillas. Lo hace levantándome la camiseta y tocándome las piernas. El clérigo de la madrasa (escuela coránica) donde sucede la escena mira al militar con satisfacción. La madrasa en la que hemos estado grabando hasta unos minutos es una de las históricas de Lahore, la capital del Punjab. En sus aulas, sentados en el suelo, con movimientos rítmicos, a gritos, los niños aprenden de memoria las suras del Corán. El interrogatorio del comisario, que nos obligará más tarde a abandonar precipitadamente Pakistán, demuestra quién manda en el país. Da igual que el primer ministro sea de un partido musulmán o un play boy populista. Quien rige los destinos de esta nación de más de 200 millones de habitantes, encrucijada de Asia, es la alianza entre islamismo y ejército que le dio su identidad. El comisario tiene que demostrar al clérigo que hace cumplir la interpretación más estricta del islam y el clérigo presta su apoyo al comisario. Hasta no hace mucho era frecuente en Lahore, la ciudad fronteriza con la India, que los hombres paseasen con pantalones cortos y zapatillas por sus parques. El avance del partido radical Tehreek-e-Labaik ha cambiado las costumbres. Islamismo sobre islamismo, sobre el de Ali Bhutto de los años 70, sobre el del general Zia de los años 80, sobre el islamismo que impulsó Estados Unidos para combatir en Afganistán a los talibanes.

Mientras escucho al comisario predicar se me viene a la cabeza el rostro de Sadaf, una niña de 12 años que horas antes acaba de contarme su historia. Sadaf usa un pañuelo que le cubre la cabeza, viste como una musulmana, o como una hindú. Muchos cristianos del Punjab no se distinguen por su ropa. Son el vivo retrato de lo que decía la carta a Diogneto. Sadaf tiene el rostro severo y la expresión tímida pero enseguida le sale el carácter. Sadaf me ha explicado que una compañera de clase le invitó el pasado mes de abril a pasar una tarde con ella. Después de resistirse durante un tiempo accedió. La invitación fue una trampa para que el hermano de su compañera, Sabtain, la raptara. A Sadaf la drogaron, la trasladaron a Faisalabad y allí Sabtain abusó de ella. Sadaf lo relata todo con aplomo, sin bajar la mirada. Después de la agresión sexual, recibió una instrucción rápida de nociones sobre el islam y fue forzada a convertirse. A la conversión forzada se unió un matrimonio también forzado con un expediente falso. Sadaf no quería ser musulmana y no quería ser una posesión de Sabtain. Así que en un nuevo traslado tuvo el coraje de saltar del autobús en el que viajaba. Huyó y pidió un móvil a una persona desconocida. Consiguió llamar a su padre que fue rápidamente a recogerla. Ahora ha vuelto a ser acogida en su familia. Sadaf, que ya no tiene la mirada de una niña, me explica que ella no quería dejar de ser cristiana.

Esperando el #Me Too del islam

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>Editorial

Convicciones sin realidad

Fernando de Haro

La miniserie Chernóbil de HBO ha hecho furor. Los cinco capítulos escritos por Craig Mazin y dirigidos por Johan Renck han ocupado el hueco dejado en la audiencia por Juego de Tronos. La pasión por lo sucedido en el reactor nuclear ha generado un extraño turismo de la catástrofe. Chernóbil es mucho más que un desastre nuclear. El accidente de 1986, la cadena de decisiones tomadas, la reacción del poder soviético, la respuesta de los científicos y de la población nos hablan del riesgo de la energía atómica, pero también de la fe y de la realidad, de una realidad negada, y de un pensamiento, de una creencia que construía/construye un sistema contra la experiencia.

Nos atrae la serie porque en estos tiempos de miedo y de incertidumbre refleja las consecuencias de un uso imprudente de la tecnología. Efectos que se prolongan en el tiempo más allá de lo que se puede imaginar. No es solo terror al átomo. La ficción da forma a ese fantasma de la sociedad del riesgo que llevamos en el alma y que puede tener mil maneras de concretarse. El temor está dentro de nosotros y sentimos cierta afinidad por los relatos que alimentan lo que el sociólogo Luhmann llamaba “la extravagante preocupación por las improbabilidades extremas”. Es improbable una invasión de migrantes, una muerte por epidemia generalizada, una violenta guerra en todo el planeta. Pero las distopías cinematográficas que insisten en mundos creados por sucesos de este tipo florecen. La afición que tenemos en este comienzo del siglo por las improbabilidades extremas de destrucción más que por las improbabilidades extremas de ser nos retrata.

Ha habidos algunas críticas que le han afeado a Chernóbil no haber reflejado de modo adecuado cómo funcionaba el poder soviético a mitad de los años 80. Probablemente no se le puede pedir a una serie capacidad suficiente para describir algo que era no solo un conflicto entre la verdad o la mentira, o entre los expertos y los burócratas. Los privilegios de las autoridades, la escasa estima por la vida humana y el abuso del Estado marcaron la reacción a la crisis. Pero el caso Chernóbil es más que todo eso. Es el momento en el que se hace evidente el choque entre la fe del hombre soviético y la realidad. Por eso es tan actual. Y por eso hay que volver a la lectura de Voces de Chernóbil. Con el imponente mosaico de testimonios que construye Svetlana Alexievich, en la que aparece la vida real, el amor, el sufrimiento de los que vivieron el accidente y de los que trabajaron cerca de la central, se comprende por qué, como dice uno de los protagonistas, lo ocurrido sirvió para “aprender a decir yo”.

El monólogo de Marat Filipovich, ex ingeniero del Instituto de Energía Nuclear, refleja el sistema de “doble verdad” en el que se vivía y que se parece, a pesar de que estamos en sociedades libres, al nuestro. El problema era la fe, una fe sin base alguna en la realidad.

Convicciones sin realidad

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>Editorial

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

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>Columna derecha

>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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