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7 DICIEMBRE 2019
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>Entrevista a Carlos Hoevel, profesor de Filosofía de la Economía en la Universidad Pontificia de Chile

`En América Latina hay hartazgo por la endémica cultura del privilegio`

Fernando de Haro

Carlos Hoevel repasa para www.paginasdigital.es las causas de las protestas en América Latina. No están animadas solo por cuestiones económicas, según Hoevel, que apunta a cuestiones antropológicas. El profesor de la Universidad Pontificia de Argentina repasa y juzga los acontecimientos que han marcado las últimas semanas en su país y en Argentina.

¿Hay algún denominador común en las protestas que se están produciendo en Colombia, Bolivia, Ecuador y Chile?

Tiendo a interpretar el movimiento de protestas en América Latina dentro del contexto de las protestas que observamos en muchas partes del mundo. Lo común que veo tanto en Santiago como en El Cairo, en Bogotá como en París o en La Paz como en Hong Kong, es un descontento muy grande con la clase dirigente en general, sea esta última de izquierda, de centro o de derecha. En muchas partes parece registrarse un fin de la tolerancia por parte del ciudadano común, a una clase dirigente que, al mismo tiempo que acumula cada vez más privilegios y sospechas de corrupción, no ofrece soluciones a los problemas de su vida cotidiana. También veo en común el papel que están teniendo las nuevas tecnologías de la comunicación para potenciar enormemente -y a veces de modo irrealista- tanto las expectativas de progreso como las posibilidades de acción conjunta, rápida y sorpresiva, de los hasta hace no mucho tiempos silenciosos y dispersos disconformes.

Un tercer elemento en común es la crisis de la globalización que ha detenido, de modo bastante abrupto, el crecimiento del consumo y la mejora del bienestar en estos países. Hay que tomar en cuenta el hecho de que por primera vez en la historia de América Latina -gracias a la prosperidad inédita por el auge del precio de los commodities durante el vertiginoso ascenso de China- muchas personas han logrado salir de la indigencia o la pobreza crónica e ingresado ya sea a un estado de pobreza más tolerable o al estrato más bajo de la clase media. Pero al detenerse el flujo de dinero que entraba por las exportaciones, este ascenso que venían disfrutando se ha detenido. A esto hay que sumarle el uso puramente consumista que han hecho varios gobiernos -populistas o no- del dinero ingresado en los últimos tiempos de prosperidad. Muchos se han concentrado en cobrar impuestos, aumentar el gasto estatal, fomentar inversiones estatales o de empresas subsidiadas no competitivas, generando una cultura consumista de base económica débil que produce expectativas poco realistas y desmesuradas de progreso rápido y fácil, y han descuidado la inversión privada genuina a largo plazo que es la que crea empleos competitivos y estables.

¿Y el factor de la desigualdad?

>Entrevista a Carlos Hoevel, profesor de Filosofía de la Economía en la Universidad Pontificia de Chile

'En América Latina hay hartazgo por la endémica cultura del privilegio'

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Carlos Hoevel repasa para www.paginasdigital.es las causas de las protestas en América Latina. No están animadas solo por cuestiones económicas, según Hoevel, que apunta a cuestiones antropológicas. El profesor de la Universidad Pontificia de Argentina repasa y juzga los acontecimientos que han marcado las últimas semanas en su país y en Argentina.

 

>Entrevista a Abel Hernández

'El Gobierno de gran coalición reduciría unos años los extremismos y enfrentamientos'

Juan Carlos Hernández

El periodista apuesta decididamente por un entendimiento entre el PSOE y el PP ya que "el acuerdo es imprescindible, se forme el Gobierno que se forme, en los grandes asuntos de Estado y en las grandes reformas".

A pesar de las evidentes contradicciones del presidente del Gobierno, el PSOE ha sido el partido que más votos ha recibido en las dos últimas elecciones. ¿Por qué? ¿Ha conseguido el PSOE mostrar una imagen, ya sea ficticia o real, de moderación y modernidad?

Lo que ha conseguido con seguridad es mostrar al electorado la imagen deformada de la derecha, poco menos que en manos de los extremistas de Vox. Esta ha sido, y sigue siendo, la clave de su propaganda: el miedo a la ultraderecha y a los compromisos del PP y Ciudadanos con ella. Todos en el mismo saco. Las poderosas terminales mediáticas de la izquierda han contribuido a esta deformación, y en eso siguen. A pesar de todo, Pedro Sánchez sufrió el 10-N una evidente derrota moral: perdió tres escaños en el Congreso, 750.000 votos y la mayoría en el Senado. Además en la campaña ofreció, en efecto, una falsa imagen de moderación. Le quitaba el sueño la idea de pactar con Unidas Podemos y se mostraba radicalmente enfrente de los separatistas catalanes a los que no haría ninguna concesión. Mucha gente se lo creyó. Y ahí anda el hombre intentando formar Gobierno con los que había repudiado.

¿Qué valoración le merece el acuerdo del PSOE con Unidas Podemos?

Me produce una fuerte inquietud, tanta como le producía a Sánchez hace menos de un mes sentar a Pablo Iglesias en el Consejo de Ministros, con todos los “poderes fácticos” en contra. Unidas Podemos es el heredero del Partido Comunista, enemigo declarado de la Monarquía parlamentaria y de la Constitución del 78 y defensor de la autodeterminación de Cataluña y del País Vasco. Suficientes motivos para la preocupación. Sin contar su influencia en la política económica y social, que puede ser funesta, con una crisis en puertas, para la confianza de los inversores y el pulso de la recuperación.

“El pacto de la izquierda con los nacionalistas es una contradicción y no puede traer nada bueno”

¿Es el acercamiento a ERC un suicidio político para el PSOE?

Con Pedro Sánchez al frente, el PSOE está apostando fuerte por la autodestrucción. Desde luego, sus acuerdos con los separatistas catalanes y vascos se corresponden con una tendencia, sobre todo desde Zapatero, a uncir su suerte a ellos de forma suicida. En este caso, dependerá del alcance de los compromisos. Para los observadores más críticos, es una amenaza a la pervivencia de España. Personalmente no voy tan lejos. El pacto de la izquierda con los nacionalistas es una contradicción y no puede traer nada bueno.

¿Es la irrupción de Vox algo coyuntural?

>Entrevista a Abel Hernández

'El Gobierno de gran coalición reduciría unos años los extremismos y enfrentamientos'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  8 votos
>Entrevista a Antonio Salvador

"Queda aún mucho para poder decir que el caso ERE ha terminado"

Juan Carlos Hernández

El coautor de “El saqueo de los ERE” (Investigación) nos explica los entresijos del caso donde la Administración autonómica implantó un sistema con el que eludió deliberadamente los mecanismos de control y la fiscalización de las ayudas según la sentencia. El periodista también afirma que una democracia sólo es robusta si cuenta con medios de comunicación libres e independientes que pueden ejercer ese papel de contrapeso del poder sin limitaciones.

¿Podría explicar a nuestros lectores qué se ha juzgado en el caso de los ERE?

En la pieza de la que acabamos de conocer la sentencia se ha juzgado si era legal el procedimiento instaurado por la Junta de Andalucía para el reparto de ayudas a prejubilaciones y empresas en crisis durante una década (2000-2009). A la espera de que se pronuncie el Tribunal Supremo cuando resuelva los recursos que anuncian los condenados, la sentencia de la Audiencia de Sevilla es contundente: la Administración autonómica implantó un sistema con el que eludió deliberadamente los mecanismos de control y la fiscalización de las ayudas. Se trata de la primera pieza de esta macrocausa que ha sido juzgada. En ramas separadas se irá dilucidando durante los próximos años la responsabilidad penal derivada de la concesión y percepción de cada una de las ayudas concedidas con cargo a la partida presupuestaria 31.L, rebautizada como “fondo de reptiles” por el ex director general de Trabajo y Seguridad Social Javier Guerrero cuando declaró como testigo ante la Policía Nacional en diciembre de 2010. Queda aún mucho para que pueda afirmarse que el caso ERE ha terminado.

“El reparto arbitrario de las ayudas permitió conseguir la ‘paz social’ en una comunidad muy castigada por el desempleo y muy probablemente apuntalar la hegemonía del Partido Socialista”

Por tanto, ¿se podría decir que más que un negocio económico se trataría de un negocio político que ha permitido al PSOE andaluz ser hegemónico durante años en Andalucía?

>Entrevista a Antonio Salvador

"Queda aún mucho para poder decir que el caso ERE ha terminado"

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  10 votos
>Editorial

Por la desigualdad ecológica

Fernando de Haro

Arranca la Cumbre del Clima COP25 que tenía que haberse celebrado en Santiago de Chile, pero que al final va a tener lugar en Madrid. Durante dos semanas se debatirá en la capital de España cómo conseguir que la subida de la temperatura se limite a 1,5 grados. Los objetivos del Acuerdo de Paris con los que se buscaba limitar el ascenso de la temperatura a 2 grados han sido superados en muy poco tiempo. El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) sostiene que, con las emisiones actuales, la temperatura global subirá 3,2 grados. Los compromisos nacionales para reducir esas emisiones son insuficientes.

Habrá reuniones de alto contenido técnico, pero también un enfrentamiento ideológico sobre los modelos de desarrollo más convenientes. Escucharemos, de nuevo, a Greta Thunberg acusando a muchos de no estar dispuestos a abandonar su forma de pensar cuando La Tierra está en riesgo. Las profetisas, aun cuando sean laicas, siempre utilizan un lenguaje duro e incómodo. Son necesarias. La situación es dramática.

Lo que no es tan necesario, ni siquiera conveniente, es lo que Ramón del Castillo llama en su libro 'El jardín de los delirios' una forma de ecología que ha convertido “la naturaleza en el nuevo foco de atención del mercado de la religión y de la religión del mercado”.

La teologización de la ecología no es ni mucho menos un fenómeno nuevo. Y ahora que todos tenemos que luchar seriamente por la descarbonización y por la modificación de nuestro sistema energético, ahora que hay que debatir con calma sobre los cambios sociales que esa lucha implica, es necesario, como señala Manuel Arias Maldonado, liberar “a la causa ambiental de la hiperideologizacion” .

Quizás convenga retomar el debate que se produjo hace treinta años (este no es un asunto nuevo) en Estados Unidos. Y ahí destaca la figura de Murray Bookchin, el ya desaparecido ecologista social que se inspiraba en una matriz libertaria y anticapitalista. Un año después del desastre de Chernobil, Murray Bookchin asistió a un congreso de los verdes norteamericanos. Se quedó tan sorprendido de lo que escuchó en esa reunión que dedicó uno de sus libros (Rehacer la sociedad. Senderos hacia un futuro verde) a responderlo. En aquel congreso uno de los ponentes defendió la necesidad de “obedecer a las leyes de la naturaleza” porque la gente era la amenaza. Era la misma tesis que Bookchin había encontrado en una exposición del Museo de Historia Natural, en la que “al público se le exponía una larga serie de presentaciones y se terminaba con una instalación con un cartel asombroso: el animal más peligroso de la Tierra. La instalación consistía en un espejo gigantesco que reflejaba al visitante humano”.

Boockchin denunció, en nombre de la ecología social, la extensión de “la ecología profunda” fundada por el escalador Arne Naess. Esta ecología profunda está basada en el “igualitarismo biosférico” para el que los seres humanos no tienen mayor derecho a la vida que los organismos no humanos. El respeto a la Madre Tierra, con estos y otros autores, se “cargaba de mitos biocéntricos” provenientes de una creencia budista y taoísta en una unidad tan cósmica que los seres humanos con toda su peculiaridad son disueltos en una forma de igualdad biocéntrica omnicomprensiva”.

>Editorial

Por la desigualdad ecológica

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  15 votos
>Entrevista a Astrid Barrio, presidenta de la Lliga Democràtica

"Solo a través de fuerzas moderadas es posible garantizar la formación de gobierno y la estabilidad"

Juan Carlos Hernández

La politóloga afirma que vivimos una crisis multidimensional de las sociedades occidentales (económica, política, cultural) en la que la comunicación política está basada "en relatos emocionales, que simplifican la realidad, más que en ideas complejas fruto de un debate racional".

¿Qué objetivos busca la Lliga Democràtica? ¿Podría ser una oportunidad para recuperar lo mejor del catalanismo?

La Lliga Democràtica busca la reconciliación de la sociedad catalana que corre el riesgo de quedar fracturada por el comportamiento de algunos dirigentes políticos que irresponsablemente han alimentado la división y la crispación, quiere tender puentes entre mundos que hasta ahora han vivido enfrentados con el objetivo de garantizar la convivencia y aspira, desde el gobierno, a recuperar el prestigio de las instituciones catalanas, a ejercer el autogobierno de manera responsable, a defender la especifidad de Cataluña y a contribuir a la gobernabilidad de España desde la lealtad, lo que constituye el programa clásico del catalanismo.

“Nos preocupa más el futuro que el pasado, buscar soluciones más que buscar culpables”

Pero este catalanismo moderado, ¿no debería hacer también autocrítica de por qué hemos llegado a esta situación?

Una parte del catalanismo es responsable de la deriva, la parte que ha mutado en independentismo. Pero hay otro catalanismo que no tiene ninguna responsabilidad con lo sucedido. Pero más que buscar responsables y señalar culpables, ya que los principales responsables han sido juzgados y duramente condenados por su comportamiento, incluso de manera excesiva, o se les quiere llevar ante la justicia, lo que quiere la Lliga es situarse en el postproceso. Nos preocupa más el futuro que el pasado, buscar soluciones más que buscar culpables, buscar complicidades para tender puentes y dejar de cavar trincheras.

En un escenario de polarización las opciones moderadas son especialmente necesarias y al mismo tiempo presentan la dificultad de abrirse paso en medio de la confrontación. ¿Cómo superar este escollo?

En un escenario de polarización y de competencia centrífuga la moderación lo tiene más difícil pero paradójicamente solo a través de fuerzas moderadas, en un contexto de elevada fragmentación como el actual, es posible garantizar la formación de gobierno y la estabilidad. Después de muchos años de mal gobierno y de ausencia de políticas, de radicalidad infructuosa y de confrontación hay muchos ciudadanos que se sienten huérfanos y que esperan una oferta política que gobierne responsablemente y que defienda los intereses generales, no los de una minoría, y que contribuya a garantizar la convivencia y la paz social.

¿Cómo están afectando a la vida cotidiana de los ciudadanos los actos violentos cometidos por un sector del independentismo en las últimas semanas?

El mes de octubre fue muy caliente pero progresivamente las acciones han ido a la baja evidenciando los límites de esa estrategia. El independentismo, mayoritariamente, es no violento y no se siente cómodo con la violencia, de modo que no se puede criminalizar al conjunto de un movimiento que tiene aspiraciones legítimas por lo que hace una minoría.

“Se abre paso la política de la identidad, un terreno abonado para la movilización de lo emocional, de los sentimientos”

>Entrevista a Astrid Barrio, presidenta de la Lliga Democràtica

"Solo a través de fuerzas moderadas es posible garantizar la formación de gobierno y la estabilidad"

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>Entrevista a Federico Ponzoni, profesor de la Universidad Católica de Chile

"Lo que pide Chile es un nuevo pacto de convivencia"

Lola Martínez

Las protestas sacuden desde hace días “el oasis chileno”. El profesor Ponzoni, de la Universidad Católica, ofrece las claves de lo que está sucediendo, relativizando la importancia de la desigualdad.

¿Cuál es la causa de las protestas que se están produciendo en Chile?

Desde mi perspectiva no hay una sola causa sino varias. La desigualdad que ha bajado, pero no suficientemente. La configuración de la globalización en este momento está creando incertidumbre, miedo y rabia en todo el mundo. Porque divide entre quien es parte de su círculo y quien es excluido de ella. La cultura del abuso difundida a todo nivel en la sociedad chilena. El escándalo de la Iglesia católica, en realidad, es espejo de una sociedad profundamente abusiva, en el interior de la familia, en las relaciones de trabajo incluso en la manera en la que se conduce en el tráfico. El "desmoronamiento de antiguas certezas" que actúa a todo nivel. No hay certeza de que lo que se dice en los medios sea verdad. No hay certeza de que mi trabajo sirva a un propósito más grande. No hay certeza de que las mismas palabras tengan significado y por lo tanto la forma de hacerse escuchar es la violencia. Un sistema educativo que no educa en la democracia, en el cual las humanidades están relegadas en un rincón del currículum y donde no se enseña ni educación cívica ni habilidades de pensamiento crítico, reflexivo y dialógico.

El 18-O además no se explica sin una falla profunda de los órganos de inteligencia estatal. Las anteriores cuatro causas hacen de Chile un pasto seco muy apto para quemar, pero existe un cierto consenso en que la chispa desde la que estalló el incendio hubiese podido y debido ser prevenida con una obra paciente y seria de los servicios de seguridad nacional.

¿Es un problema económico o de expectativas democráticas?

Ni lo uno ni lo otro. Es un problema de una crisis profunda del pacto social que ha regido el país por los treinta años de vuelta a la democracia. Mucho de lo que se pide en la calle tiene que ver con un ajuste al sistema económico: mejores pensiones, mejor sistema de salud, mejor acceso a la educación, etc. Pero junto a esos pedidos se añade el del fin de los abusos y el de una nueva constitución. Me parece poder afirmar que lo que Chile pide es un nuevo pacto de convivencia social sobre bases más igualitarias. Desde otra perspectiva, pero es un problema de sentido. Muchos de los jóvenes que protestan sienten que el gesto de rebeldía, la expresión de la rabia, la pertenencia a algo más grande que dé finalmente sentido a una vida que de otra forma no lo tendría. Uno de los eslóganes más terribles que se ha escuchado ha sido "Luchar hasta que tenga sentido vivir".

¿Qué importancia tiene la desigualdad?

Voy a atreverme a afirmar que tiene una importancia relativa. Me parece que, como hemos dicho antes, la desigualdad es sólo una de las causas del 18-O. El malestar que se expresa en las marchas no va sólo dirigido a obtener mayores beneficios sociales, es un grito desordenado y desestructurado que pide una vida llena de sentido. De hecho, con una nueva constitución no se va a obtener más igualdad.

>Entrevista a Federico Ponzoni, profesor de la Universidad Católica de Chile

"Lo que pide Chile es un nuevo pacto de convivencia"

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El silencio de Hiroshima y el grito del Papa

Andrea Tornielli

Hubo un grito que rompió el gran silencio en memoria de las víctimas de Hiroshima y Nagasaki. La firme condena no solo del uso sino también de la posesión de armamento atómico que Francisco pronunció desde los lugares simbólicos del holocausto nuclear de la Segunda Guerra Mundial supone un paso más en el magisterio social de la Iglesia, aunque el Papa ya utilizara una expresión parecida en un discurso de hace dos años.

En Nagasaki, en el Atomic bomb Hypocenter Park, el Papa afirmó que la paz y la estabilidad internacional son incompatibles con cualquier intento de construir sobre el miedo a la destrucción mutua o a una amenaza de aniquilación total. Definió como “un atentado continuo que clama al cielo” el dinero gastado y las fortunas adquiridas por fabricar, modernizar, mantener y vender armas, cada vez más destructivas, en el mundo actual, “donde millones de niños y familias viven en condiciones inhumanas”. Y denunció la erosión del enfoque multilateral, un fenómeno más grave aún ante el desarrollo de las nuevas tecnologías de las armas que nos está encaminando hacia una Tercera Guerra Mundial aunque de momento se combate “a trozos”, como suele repetir el propio Francisco.

En Hiroshima, última etapa de su larga jornada japonesa, el Papa quiso reiterar que “el uso de la energía atómica con fines bélicos es, hoy más que nunca, un crimen, no solo contra el ser humano y su dignidad sino contra toda posibilidad de futuro en nuestra casa común. El uso de la energía atómica con fines bélicos es inmoral”. También añadió que es igualmente inmoral la posesión de estas armas devastadoras.

En realidad, el Papa ya habló de esto el 10 de noviembre de 2017, en el Vaticano, dirigiéndose a los participantes en el congreso “Perspectivas para un mundo libre de armas nucleares y un desarme integral”, diciendo que “no podemos evitar sentir una viva sensación de inquietud si consideramos las catastróficas consecuencias humanitarias y ambientales que derivan de cualquier uso de artillería nuclear. Por tanto, tomando en consideración el riesgo de una detonación accidental de dichas armas por un error de cualquier tipo, hay que condenar con firmeza la amenaza que supone su uso, además de su mera posesión, precisamente porque su existencia se debe a una lógica del miedo que no solo afecta a las partes implicadas en el conflicto sino a todo el género humano”.

El silencio de Hiroshima y el grito del Papa

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Frente a polarización, amistad cívica

Francisco Medina

Incertidumbre: ésa sería la nota que caracterizaría la realidad política, económica y social de nuestro país desde que en el año 2015 se celebraron las elecciones generales que dieron la mayoría al Partido Popular. No puede hablarse ya de mayorías suficientes que proporcionen estabilidad, como tampoco puede hablarse de estabilidad económica –con una crisis que se nos viene encima–, ni mucho menos social –crisis en Cataluña, polarización social también en el resto de España–. No está escrito, ni mucho menos, que pueda haber un Gobierno investido en diciembre. Polarización en lo político.

Polarización también en lo social; también es un hecho. Un ejemplo significativo ha sido la polémica derivada de las declaraciones de la ministra de Educación y Formación Profesional, en la que venía a afirmar que no existía, stricto sensu, un derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos e invocaba algunos pronunciamientos del Tribunal Constitucional acerca de una ley que no llegó a aplicarse. Sectores de la enseñanza concertada parecen haber desenterrado el hacha de guerra y la Conferencia Episcopal ha entrado en el ruedo del debate. Parece haber comenzado una batalla por ver quién gana, qué relato es el que va a prevalecer.

En su libro La promesa de la política, Hannah Arendt señala que la política viene a ser el mundo realmente propio del hombre, entendida como el conjunto de condiciones con arreglo a las cuales hombres y mujeres –en su pluralidad y en su distinción unos de otros– viven juntos y se acercan para conversar con una libertad que solamente ellos pueden otorgar y garantizarse mutuamente. Según la pensadora, sólo en la libertad de nuestro conversar unos con otros es como emerge el mundo, como realidad objetiva y poliédrica. La experiencia del mundo y la conversación son componentes inseparables; es la libertad para interactuar, mediante el discurso, y su confrontación con otros donde experimentamos, al tiempo, la pluralidad del hombre y nuestro ser únicos

¿Cómo articular esta dinámica? Para Hannah Arendt, es la amistad política la que hace posible el diálogo veraz y entender la verdad inherente a la opinión del otro. Porque el amigo comprende cómo y en qué condiciones el mundo común se aparece al otro. En suma, hace posible la simpatía, ver el mundo desde el punto de vista del otro (o, como actualmente se dice, ponerse en el punto de vista del otro) es lo que constituye el conocimiento político por excelencia. Por eso, la virtud más quintaesencial de un verdadero hombre de Estado es comprender el mayor número posible de realidades (no tanto puntos de vista subjetivos, que también), tal y como ellas se muestran en las opiniones de los ciudadanos y, a la vez, ser capaz de conectar a sus propios ciudadanos con sus opiniones, de forma que se haga evidente lo común. Porque sólo al hablar con los otros sobre el mundo tal como se me muestra es como surge lo común a nosotros.

Frente a polarización, amistad cívica

Francisco Medina | 0 comentarios valoración: 2  19 votos
>Entrevista a Valentí Puig

'El pluralismo supone un afán de aproximarse a la verdad'

Juan Carlos Hernández

Conversamos con Valentí Puig sobre su nuevo libro “Memoria o caos” (Ed: Destino), un pequeño e interesante ensayo donde el autor reflexiona acerca de la sociedad actual. El escritor afirma que “existe una mayoría silenciosa que no se deja llevar por los bandazos de la opinión publicada. Si no la vida en común ya sería un hecho imposible y no es así”.

Sin memoria no hay historia, es una de las hipótesis clave de su libro. Habla de una sociedad marcada por las modas donde las costumbres son algo perecedero. ¿En qué momento y por qué ha empezado este cambio social?

A mi entender comienza en los años sesenta del pasado siglo. De ahí arrancan los inicios de un nuevo paradigma que aún no podemos divisar por completo. Será algo decisivo para este siglo. Mayo de 1968 es una combinación de anécdota y sustancia pero –salvo el hecho capital de Checoslovaquia– todo es bastante confuso. Revueltas estudiantiles, sociedad de la abundancia, inicios de un descrédito de la autoridad, costumbres sexuales de consecuencias imprevisibles, indicios de crisis de la familia, el aula sin muros como modelo educativo, erosión del concepto de continuidad civilizatoria y de los valores de tradición cristiana. Y ahora, con el nuevo siglo, todo se ha acelerado exponencialmente. Un tuit vale lo que una oda de Píndaro.

“La aplicación banal de la idea de progreso al sistema educativo lo ha perjudicado mucho”

Francois-Xavier Bellamy habla en su libro “Los desheredados” (Ed. Encuentro) de una sociedad que ha renunciado a transmitir una cultura. ¿Podría ayudar esta hipótesis a entender este cambio de época?

Sin duda. Bellamy hace un diagnóstico muy acertado. Al mismo tiempo el eclipse de la figura del padre desubica el rol del profesor. Eso es, la transmisión de la cultura y del saber –de la tradición viva– se disloca. Estamos dándole vueltas a cuestiones propias del siglo XIX –como el nacionalismo– y no afrontamos la gran reforma del sistema educativo. Pero es que el consenso parece ahora mismo imposible porque lo que está en cuestión es el valor de ejemplaridad, unos contenidos sustanciales, el espíritu meritocrático que da energía al ascensor social. La aplicación banal de la idea de progreso –progresista– al sistema educativo lo ha perjudicado mucho y muchos padres han asumido esa mutación, tan políticamente correcta.

“Esa aceleración del cambio de costumbres es un rasgo fundamental de las dos primeras décadas del siglo XXI”

Hace varias referencias a la pérdida de la figura del padre así como a la disciplina que no a su caricatura tiránica. “Sin la autoridad del padre, no hay autoridad legítima en la sociedad, por democrática que sea […] Sin memoria familiar no hay comunidad y sin comunidad no hay ley, solo individuos atomizados, lastrados por una infancia sin norte”. ¿Esta ausencia de la figura paterna podría ser una de las causas que explica entre los jóvenes el consumo de drogas, suicidio, la generación ni-ni…?

>Entrevista a Valentí Puig

'El pluralismo supone un afán de aproximarse a la verdad'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  25 votos
>Editorial

La América de la que no se habla

Fernando de Haro

Cuando en 2015 estalló la crisis de refugiados en Europa, en la fachada de muchos ayuntamientos de España se colgaron pancartas que daban la bienvenida a los que huían de la guerra de Siria. Llegaron pocos porque el país no estaba en sus rutas ni era un destino anhelado. Ahora que ha estallado la otra crisis de refugiados, la crisis de los refugiados americanos, no se habla de ellos y España concede poco asilo y poco techo. En el último año las peticiones se han duplicado y en 2019 van a ser casi 100.000. La política con el Gobierno de Rajoy y con el Gobierno de Sánchez, con la derecha y la izquierda, ha sido la misma. España concede asilo solo a uno de cada cuatro solicitantes. Es una de las tasas más baja de toda Europa. No hay motivo alguno para negarlo. Los que lo piden vienen huyendo de Venezuela (un tercio) donde la crisis humanitaria y la persecución política hace muy difícil la vida. También de Colombia y de los países de Centroamérica duramente castigados por la violencia. Los refugiados americanos que llegan a España suelen pertenecer a la clase media, tienen un buen nivel de formación en muchos casos y el idioma y su cultura les permite una integración plena en un país con una de las tasas de natalidad más bajas de todo el Viejo Continente.

Ni acogida ni reflexión crítica. La crisis de los refugiados americanos no genera un debate público a la altura del fenómeno. La América de habla hispana que vivió muy de lejos la II Guerra Mundial está sufriendo un fenómeno histórico que no había vivido nunca. Es ya uno de los acontecimientos más decisivos desde que se produjeran las independencias. Probablemente tan importante o más que la revolución cubana o que la llamada década perdida. Sin embargo la falta de “utilidad ideológica” lo hace pasar como una cuestión puramente asistencial o humanitaria. Naciones Unidas estima que en muy poco tiempo habrá cinco millones de refugiados procedentes de Venezuela que intenten iniciar una nueva vida en los países cercanos. Con todo lo que eso supone para las políticas sociales y de integración. El fenómeno venezolano tiene proporciones descomunales pero no es el único. Ha habido cuatro millones de movimientos en el último año y la ruta desde Centroamérica hacia el norte ha tenido un intenso tránsito.

Mientras se producen estos movimientos de población, clases populares y clases medias salen a las calles de Bolivia, Ecuador, Chile, Colombia. Tampoco hay sobre esta cuestión una conversación seria. Solo se recurre a explicaciones simplistas, conspirativas. Después de décadas de análisis polarizado entre las interpretaciones liberales que denunciaban a los “redentores populistas” y las interpretaciones del socialismo del siglo XXI que cargaban contra el neocapitalismo, no parece haber más que perplejidad.

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La América de la que no se habla

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>Columna izquierda

>Editorial

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Indio americano o cachorro dálmata

Fernando de Haro

Tom Peters es un británico de 32 años que se ha paseado en las últimas semanas por los programas matutinos de televisión explicando que quiere ser un cachorro dálmata. Declara que le gustaría ser reconocido como el primer hombre transespecie, mezcla de humano y de perro. El caso parece el producto típico de un momento de crisis en los medios: las televisiones generalistas luchan con cualquier cosa contra la inexorable caída de audiencia en favor de pantallas y contenidos más segmentados. Las televisiones de siempre intentan evitar su declive con la industria de la nostalgia, la explotación del miedo y los relatos inverosímiles. En cualquier caso, Tom Peters insiste en que, desde hace años, al salir de su trabajo, vive como si fuera un perro, come golosinas para mascotas y pienso para animales. Asegura que lo hace para huir de una realidad que le resulta demasiado gravosa. Es fácil imaginarnos respondiendo a Tom con un largo discurso dedicado a la objetividad de su naturaleza y la belleza de la condición humana. Podríamos leerle el discurso de Pico de la Mirándola sobre la excelencia de la especie a la que pertenece. Pero seguramente no nos escucharía o diría que precisamente lo que está haciendo es responder a la invitación del gran humanista: ha elegido, y ha elegido no ser hombre. Toda esta conversación (no-conversación) sería fácil. Más difícil es comprender por qué Tom quiere ser perro. Más interesante es asumir, acompañar la soledad, el desconcierto, la inquietud que lleva a Tom a ponerse su disfraz canino.

Miguel Ángel Quintana Paz explicaba en un acertado artículo hace unos días lo que nos ocurre y por qué se dan casos como el de Tom. Quintana no es precisamente un tradicionalista que defienda la incuestionable evidencia objetiva de la naturaleza humana. Se dedica a los estudios de género. El filósofo ha dedicado buenas energías en defensa no de la ideología de género, que dice que no existe, pero sí de todos los valores culturales, variables, que junto al sexo determinan la personalidad. Quintana señala atinadamente que vivimos en una época de hiperindividualismo. Podría parecer que este término es contradictorio con el auge de los nacionalismos y de otros tipos de identidades de grupo. Quintana sostiene que son dos fenómenos confluyentes. “¿No vivimos una época en que cada vez más personas se sienten parte de una identidad común y ansían disolverse en ella? ¿No estamos ante un apogeo de los nacionalismos, ante un resurgir de los fundamentalismos religiosos, ante un empeño de todos por fundirse cada cual en su colectivo (las mujeres, los gais, los distintos grupos de inmigrantes, los negros, los pensionistas, los triscaidecáfobos) y olvidarnos allí de que yo soy yo?” –se pregunta el pensador–. Estamos ante “colectivos que elige el individuo: esa es la ironía de nuestros días”. Es lo que está pasando “con el fundamentalismo islámico: a menudo son jóvenes musulmanes los que optan por afiliarse a mezquitas más y más radicales, obedecer a imanes más y más integristas, alejándose así del islam más moderado de sus familias (o del que ellos mismos profesaban poco tiempo atrás). Es una decisión estrictamente individual. También en los nacionalismos podemos observar idéntico fenómeno. Pronto, con el transhumanismo, quizá podamos elegir incluso nuestra especie o en qué soporte (o bien un cuerpo de carne y hueso, o bien unos bits en un superordenador) preferimos vivir”.

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Esperando el #Me Too del islam

Fernando de Haro, Lahore

El comisario del servicio secreto militar me explica con mucho énfasis que en el islam no está permitido que el hombre lleve al descubierto la parte del cuerpo comprendida entre el ombligo y las rodillas. Lo hace levantándome la camiseta y tocándome las piernas. El clérigo de la madrasa (escuela coránica) donde sucede la escena mira al militar con satisfacción. La madrasa en la que hemos estado grabando hasta unos minutos es una de las históricas de Lahore, la capital del Punjab. En sus aulas, sentados en el suelo, con movimientos rítmicos, a gritos, los niños aprenden de memoria las suras del Corán. El interrogatorio del comisario, que nos obligará más tarde a abandonar precipitadamente Pakistán, demuestra quién manda en el país. Da igual que el primer ministro sea de un partido musulmán o un play boy populista. Quien rige los destinos de esta nación de más de 200 millones de habitantes, encrucijada de Asia, es la alianza entre islamismo y ejército que le dio su identidad. El comisario tiene que demostrar al clérigo que hace cumplir la interpretación más estricta del islam y el clérigo presta su apoyo al comisario. Hasta no hace mucho era frecuente en Lahore, la ciudad fronteriza con la India, que los hombres paseasen con pantalones cortos y zapatillas por sus parques. El avance del partido radical Tehreek-e-Labaik ha cambiado las costumbres. Islamismo sobre islamismo, sobre el de Ali Bhutto de los años 70, sobre el del general Zia de los años 80, sobre el islamismo que impulsó Estados Unidos para combatir en Afganistán a los talibanes.

Mientras escucho al comisario predicar se me viene a la cabeza el rostro de Sadaf, una niña de 12 años que horas antes acaba de contarme su historia. Sadaf usa un pañuelo que le cubre la cabeza, viste como una musulmana, o como una hindú. Muchos cristianos del Punjab no se distinguen por su ropa. Son el vivo retrato de lo que decía la carta a Diogneto. Sadaf tiene el rostro severo y la expresión tímida pero enseguida le sale el carácter. Sadaf me ha explicado que una compañera de clase le invitó el pasado mes de abril a pasar una tarde con ella. Después de resistirse durante un tiempo accedió. La invitación fue una trampa para que el hermano de su compañera, Sabtain, la raptara. A Sadaf la drogaron, la trasladaron a Faisalabad y allí Sabtain abusó de ella. Sadaf lo relata todo con aplomo, sin bajar la mirada. Después de la agresión sexual, recibió una instrucción rápida de nociones sobre el islam y fue forzada a convertirse. A la conversión forzada se unió un matrimonio también forzado con un expediente falso. Sadaf no quería ser musulmana y no quería ser una posesión de Sabtain. Así que en un nuevo traslado tuvo el coraje de saltar del autobús en el que viajaba. Huyó y pidió un móvil a una persona desconocida. Consiguió llamar a su padre que fue rápidamente a recogerla. Ahora ha vuelto a ser acogida en su familia. Sadaf, que ya no tiene la mirada de una niña, me explica que ella no quería dejar de ser cristiana.

Esperando el #Me Too del islam

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>Editorial

Convicciones sin realidad

Fernando de Haro

La miniserie Chernóbil de HBO ha hecho furor. Los cinco capítulos escritos por Craig Mazin y dirigidos por Johan Renck han ocupado el hueco dejado en la audiencia por Juego de Tronos. La pasión por lo sucedido en el reactor nuclear ha generado un extraño turismo de la catástrofe. Chernóbil es mucho más que un desastre nuclear. El accidente de 1986, la cadena de decisiones tomadas, la reacción del poder soviético, la respuesta de los científicos y de la población nos hablan del riesgo de la energía atómica, pero también de la fe y de la realidad, de una realidad negada, y de un pensamiento, de una creencia que construía/construye un sistema contra la experiencia.

Nos atrae la serie porque en estos tiempos de miedo y de incertidumbre refleja las consecuencias de un uso imprudente de la tecnología. Efectos que se prolongan en el tiempo más allá de lo que se puede imaginar. No es solo terror al átomo. La ficción da forma a ese fantasma de la sociedad del riesgo que llevamos en el alma y que puede tener mil maneras de concretarse. El temor está dentro de nosotros y sentimos cierta afinidad por los relatos que alimentan lo que el sociólogo Luhmann llamaba “la extravagante preocupación por las improbabilidades extremas”. Es improbable una invasión de migrantes, una muerte por epidemia generalizada, una violenta guerra en todo el planeta. Pero las distopías cinematográficas que insisten en mundos creados por sucesos de este tipo florecen. La afición que tenemos en este comienzo del siglo por las improbabilidades extremas de destrucción más que por las improbabilidades extremas de ser nos retrata.

Ha habidos algunas críticas que le han afeado a Chernóbil no haber reflejado de modo adecuado cómo funcionaba el poder soviético a mitad de los años 80. Probablemente no se le puede pedir a una serie capacidad suficiente para describir algo que era no solo un conflicto entre la verdad o la mentira, o entre los expertos y los burócratas. Los privilegios de las autoridades, la escasa estima por la vida humana y el abuso del Estado marcaron la reacción a la crisis. Pero el caso Chernóbil es más que todo eso. Es el momento en el que se hace evidente el choque entre la fe del hombre soviético y la realidad. Por eso es tan actual. Y por eso hay que volver a la lectura de Voces de Chernóbil. Con el imponente mosaico de testimonios que construye Svetlana Alexievich, en la que aparece la vida real, el amor, el sufrimiento de los que vivieron el accidente y de los que trabajaron cerca de la central, se comprende por qué, como dice uno de los protagonistas, lo ocurrido sirvió para “aprender a decir yo”.

El monólogo de Marat Filipovich, ex ingeniero del Instituto de Energía Nuclear, refleja el sistema de “doble verdad” en el que se vivía y que se parece, a pesar de que estamos en sociedades libres, al nuestro. El problema era la fe, una fe sin base alguna en la realidad.

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>Editorial

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

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>Columna derecha

>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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