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18 JUNIO 2019
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>Entrevista a Joseba Arregi

´Tiene razón Carrón: el miedo surge de la falta de significado´

P.D.

Joseba Arregi, columnista y exconsejero del Gobierno Vasco comenta para www.paginasdigital.es la entrevista de Julián Carrón en L’Osservatore Romano, titulada “La fuerza desequilibrada del cristianismo”.

¿Qué impresión le ha producido esta entrevista?

Es de una gran riqueza que obliga a leerla una y otra vez, y que solo puede surgir de lo que pone de manifiesto, de haber entrado en contacto con la presencia de Cristo. Pocas veces se pueden encontrar pensamientos tan críticos y constructivos para los problemas de nuestro tiempo.

El miedo que parece dominar el tiempo presente, ¿está relacionado con el problema del significado?

Sin duda alguna. Hay quien se refiere al miedo como sensación de desamparo, otros hablan de desorientación, de falta de brújula, y también hay quien piensa que el miedo nace de la sensación de vacío, tanto mayor cuantas más cosas poseemos. Creo que nuestra cultura y nuestras sociedades padecen lo que se podría llamar el problema de la herencia de la muerte de Dios. Hegel afirma que la doble muerte de Dios –en la cruz de Jesucristo históricamente y en la cultura moderna metafísicamente– es el suceso constitutivo de la cultura moderna. Ésta no encuentra la forma de gestionar esa herencia creada por la desaparición de Dios del horizonte del pensamiento moderno. Nuestra cultura y nuestras sociedades están enfermas por su incapacidad de gestionar esa herencia tremenda del "Dios ha muerto". Si no hay Dios, no hay realidad, todo se vuelve inconsistente, nada es objetivo, todo se reduce a la subjetividad. Las palabras no significan, no es posible el acuerdo que requiere dejarse limitar por el sentido de las palabras, de la realidad, de algo objetivo. El significado no es posible en una cultura de la que se ha expulsado a Dios (Descartes decía que podía existir un Dios maligno que hiciera creer a los hombres que existía la realidad, por eso necesitaba a Dios para relegar al ser que piensa con la realidad exterior). Hans Jonas, filósofo alemán judío, dice que el existencialismo y el nihilismo modernos obligan al sujeto a ser el creador del sentido, del significado, empeño en el que no tiene más remedio que fracasar. Tiene toda la razón Julián Carrón cuando dice que el miedo surge de la falta de significado. Sería colocar al ser humano en la posición del Barón de Münchausen, figura literaria del romanticismo alemán que intenta salvarse de ser engullido por las tierras movedizas de un lodazal tirándose de su propia coleta.

Estamos en una época nihilista. ¿Destella por algún sitio el deseo de ser querido?

>Entrevista a Joseba Arregi

"Tiene razón Carrón: el miedo surge de la falta de significado"

P.D. | 0 comentarios valoración: 0  0 votos

Joseba Arregi, columnista y exconsejero del Gobierno Vasco comenta para www.paginasdigital.es la entrevista de Julián Carrón en L’Osservatore Romano, titulada “La fuerza desequilibrada del cristianismo”.

 

Cirilo y Metodio. La Europa real y el arte de vivir juntos

Giovanna Parravicini

Durante la reciente visita del papa Francisco a Bulgaria y Macedonia del Norte, estuve con un grupo de amigos en Salónica –la antigua Tesalónica–, centro de la Macedonia griega adonde llegó san Pablo después de haber tenido en sueños la visión de un macedonio que invocaba la predicación del Evangelio. Allí nacieron los hermanos santos Cirilo y Metodio, misioneros apostólicos de los eslavos.

El Papa citó a ambos, señalando que la visión de Pablo es un “símbolo de la entrada del cristianismo en Occidente”. Cambió radicalmente los proyectos del apóstol, pues “él se iba a Asia. Es un misterio esa llamada”. Y marcó el inicio de la universalidad del cristianismo, más allá de la civilización europea. Respecto a Cirilo y Metodio, recalcó el hecho de que, “mientras los signos premonitorios presagiaban las dolorosas divisiones que sucederían en los siglos posteriores, eligieron la perspectiva de la comunión. Misión y comunión: dos palabras que se entrelazan siempre en la vida de los dos santos y que pueden iluminarnos el camino para crecer en fraternidad”.

Probablemente no muchos reconozcan en este aparente limbo de tierra en la periferia de Europa, fuera de los tableros de juego de las grandes potencias y de los circuitos intelectuales que forman opinión, un lugar y una experiencia que durante milenios ha determinado en muchos aspectos el rostro de nuestro continente. Sin embargo, ya en el siglo V a.C. el griego Lisias señaló un acontecimiento que tuvo lugar en estas regiones durante las Termópilas en el año 480, un hecho extraordinario. “Aquel día –afirma el orador griego– se instauró la libertad en Europa”. Un puñado de heroicos combatientes salió al encuentro de la muerte, hasta el último día, para impedir al ejército persa la conquista de su tierra. Era el desafío de unos cuantos contra una multitud; la afirmación del valor de la libertad y el honor antes que el propio bienestar y comodidad; el apego a la patria hasta el sacrificio extremo, la conciencia de que el individuo no es inicio y fin de todas las cosas, sino que puede sacrificarse por la comunidad y por los hijos, aun sin esperanza de satisfacción inmediata.

En un valle solitario, que hoy sigue despoblado, donde solo una lápida recuerda el heroísmo de Leónidas y sus 300 soldados espartanos, hace 2.500 años nacía la conciencia que hizo grande la civilización europea; 500 años después, una misteriosa llamada daría rostro y nombre a la nostalgia de la belleza última que distingue al mundo griego. Transcurrirían otros ocho siglos antes de que la consciente y sufrida decisión de Cirilo y Metodio de adoptar una posición propositiva y abierta juntos –algo que hoy a muchos les parece imposible conseguir– pusiera las bases de la unidad de la “Europa del Atlántico a los Urales”, usando una expresión de Juan Pablo II.

Cirilo y Metodio. La Europa real y el arte de vivir juntos

Giovanna Parravicini | 0 comentarios valoración: 0  0 votos
>Editorial

Convicciones sin realidad

Fernando de Haro

La miniserie Chernóbil de HBO ha hecho furor. Los cinco capítulos escritos por Craig Mazin y dirigidos por Johan Renck han ocupado el hueco dejado en la audiencia por Juego de Tronos. La pasión por lo sucedido en el reactor nuclear ha generado un extraño turismo de la catástrofe. Chernóbil es mucho más que un desastre nuclear. El accidente de 1986, la cadena de decisiones tomadas, la reacción del poder soviético, la respuesta de los científicos y de la población nos hablan del riesgo de la energía atómica, pero también de la fe y de la realidad, de una realidad negada, y de un pensamiento, de una creencia que construía/construye un sistema contra la experiencia.

Nos atrae la serie porque en estos tiempos de miedo y de incertidumbre refleja las consecuencias de un uso imprudente de la tecnología. Efectos que se prolongan en el tiempo más allá de lo que se puede imaginar. No es solo terror al átomo. La ficción da forma a ese fantasma de la sociedad del riesgo que llevamos en el alma y que puede tener mil maneras de concretarse. El temor está dentro de nosotros y sentimos cierta afinidad por los relatos que alimentan lo que el sociólogo Luhmann llamaba “la extravagante preocupación por las improbabilidades extremas”. Es improbable una invasión de migrantes, una muerte por epidemia generalizada, una violenta guerra en todo el planeta. Pero las distopías cinematográficas que insisten en mundos creados por sucesos de este tipo florecen. La afición que tenemos en este comienzo del siglo por las improbabilidades extremas de destrucción más que por las improbabilidades extremas de ser nos retrata.

Ha habidos algunas críticas que le han afeado a Chernóbil no haber reflejado de modo adecuado cómo funcionaba el poder soviético a mitad de los años 80. Probablemente no se le puede pedir a una serie capacidad suficiente para describir algo que era no solo un conflicto entre la verdad o la mentira, o entre los expertos y los burócratas. Los privilegios de las autoridades, la escasa estima por la vida humana y el abuso del Estado marcaron la reacción a la crisis. Pero el caso Chernóbil es más que todo eso. Es el momento en el que se hace evidente el choque entre la fe del hombre soviético y la realidad. Por eso es tan actual. Y por eso hay que volver a la lectura de Voces de Chernóbil. Con el imponente mosaico de testimonios que construye Svetlana Alexievich, en la que aparece la vida real, el amor, el sufrimiento de los que vivieron el accidente y de los que trabajaron cerca de la central, se comprende por qué, como dice uno de los protagonistas, lo ocurrido sirvió para “aprender a decir yo”.

El monólogo de Marat Filipovich, ex ingeniero del Instituto de Energía Nuclear, refleja el sistema de “doble verdad” en el que se vivía y que se parece, a pesar de que estamos en sociedades libres, al nuestro. El problema era la fe, una fe sin base alguna en la realidad.

>Editorial

Convicciones sin realidad

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  5 votos
>El kiosco

Una promesa

Elena Santa María

Durante las celebraciones de la conmemoración del desembarco de Normandía, el presidente Macron utilizó la palabra promesa para referirse a lo que nos llega de lo que sucedió hace 75 años en aquellas playas. Lo recogía Mariam Martínez-Bascuñán en El País. “La única forma de romper la frialdad estadística para hilvanar presente, pasado y futuro es una historia, una narración que describa y defina su sentido. Por eso afirmaba Arendt que el héroe sin discurso está ‘literalmente muerto para el mundo’. La promesa de Normandía es ese hilo conductor, el relato que nos permite entendernos hoy, y mirarnos en el espejo de quien estuvo aquí antes que nosotros. Porque de aquella promesa surgieron los pactos que, aún hoy, aunque sea de forma temblorosa, mantienen vivas las instituciones, arquitecturas pensadas para posibilitar la vida en común preservando nuestras diferencias”. ¿Sigue siendo una promesa?

Manuel Vicent, también en El País, se pregunta cuál es la promesa ante la muerte. Recordando a sus amigos fallecidos señala: “Esos amigos eran de derechas o de izquierdas, pero la guadaña les ha segado la ideología bajo los pies y ahora todos militan en el partido único de la muerte. Una noche de insomnio, a altas horas de la madrugada, hice la prueba. Antes de eliminar de la agenda el nombre de un amigo muerto me armé de valor y marqué su número de teléfono. Después de varias señales sentí que alguien levantaba el auricular al otro lado. El silencio largo y profundo que siguió a la llamada estaba lleno de lágrimas, fiestas, placeres, desgracias, éxitos, fracasos y carcajadas”.

Y ante la revolución tecnológica, ¿cuál es la promesa? “Los robots son máquinas, no tienen corazón. Sólo tienen microchips. Los chips nunca podrán soñar como el corazón lo hace. El corazón tiene amor, sueños y creatividad. Si los seres humanos solo usan sus cerebros, no importa cuánto trabajemos, no podremos competir contra las máquinas. El corazón está relacionado con el EQ (coeficiente emocional) y el cerebro con el IQ (coeficiente intelectual). Si solo competimos con nuestro coeficiente intelectual, perderemos. Tenemos que competir con nuestro EQ y LQ (coeficiente afectivo) además de nuestro IQ. Ese es el sistema educativo que el mundo necesita”. Así responde en una entrevista para ABC Jack Ma, presidente del grupo Alibaba.

La hija de Susana Quadrado, columnista en La Vanguardia, ha encontrado una promesa en las clases de su profesor de filosofía. “El profesor filósofo le había enseñado a mirar. A saber qué cosas merecen la pena ser miradas y cuáles no, sacándole algo de dentro que ni ella sabía que tenía. En definitiva, le había dado los planos para escapar de alguno de los laberintos en los que te metes a los 17 años, mientras él esperaba pacientemente a la salida. Y al final se descubrió ella: porque ese tipo lo había revuelto todo y ya era otra”.

>El kiosco

Una promesa

Elena Santa María | 0 comentarios valoración: 3  2 votos

Europa entre el compromiso y la polarización: un debate en curso

Víctor Pérez-Díaz

Por su interés publicamos la nota redactada por el sociólogo Víctor Pérez tras un coloquio que, sobre el tema “Europa entre el compromiso y la polarización”, tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino en noviembre de 2018.

Diría, de entrada, y con su punto de exageración para propiciar en lo posible una lectura quizá curiosa y un tanto a distancia, que, con esta reflexión, intento dar cuenta de una conversación laboriosa e intensa pero más bien tentativa, sobre un tema excesivo, en el sentido de que apunta a una sobreabundancia de temas, que pueden desbordarnos.

Como interpretación abierta, sin conclusión muy nítida y con su cierto desorden incluido, esta nota trata de dejar constancia de algunas de las ideas fuerza, las avenencias, las disparidades de criterio, las ambigüedades y las indecisiones del debate que tuvo lugar en el coloquio: lo cual, de algún modo, refleja lo que sucede entre los políticos y los ciudadanos europeos, en general. Podría incluso decirse que el carácter de ensayo y tentativa de esta discusión, combinado, sin embargo, con su búsqueda de sentido y su orientación, refleja la mezcla de orden y desorden que caracteriza hoy al debate público en Europa sobre el tema, elites políticas, académicas y mediáticas incluidas. La interpretación aquí esbozada intenta ser fiel a esa experiencia, y apunta a ese contexto de debates en curso.

Lo primero es darnos cuenta de que el relato habitual que subyace en el debate tiende a ser uno de (muy) corta duración. Insiste en la fundación de una Europa políticamente más o menos unida que arranca de la experiencia de las dos guerras civiles europeas del siglo XX, en particular de la II Gran Guerra. Un trauma, de conflictos por superar. Luego vendría un período relativamente largo y bastante exitoso en términos de paz, estabilidad política, prosperidad e influencia en el mundo. De modo que el relato combina un mal recuerdo de guerras europeas, que a su modo nos une, con un buen recuerdo de post-guerra, que también nos une, de otra forma. Post-guerra en la que las distancias entre demo-cristianos, liberales, conservadores, social-demócratas no son tan grandes; en realidad acaban siendo, más bien, relativamente pequeñas. Y todo esto nos aboca a la caída del muro, y a ser testigos del fracaso de la alternativa, de la Europa del Este. Y al llamado fin de la historia.

Lo que ahora ocurre es que los europeos se han dado cuenta o se van dando cuenta de que la historia no ha terminado. Parecen desorientados. Y la crisis económica reciente (que no les ha afectado a todos por igual) ha reforzado esa sensación. Ahora es normal hablar de crisis, futuro problemático, desigualdad creciente, distancia entre ciudadanos y clase política, batallas culturales, tensiones en torno a la inmigración, una geopolítica reactiva, etcétera.

El debate sobre qué hacer en estas circunstancias tiende a plantearse entre dos bandos bastante hostiles entre sí, de globalistas y de nacionalistas o localistas; y aquí es donde se van alternando y sucediendo las críticas a un globalismo de establishment con poca capacidad de liderazgo, y a diversos populismos con su exceso de demagogia. Pero también a unos medios de comunicación que no facilitan apenas el debate, y a unas elites culturales que tampoco proporcionan un relato convincente.

Europa entre el compromiso y la polarización: un debate en curso

Víctor Pérez-Díaz | 0 comentarios valoración: 1  5 votos
>EUROPA

Entre el miedo y la esperanza

Juan Carlos Hernández

La asociación “sed.cultura” organizó un encuentro, en la sede de la editorial Ediciones Encuentro, el pasado lunes 10 de junio con Joseph Weiler, senior fellow del Centro de Estudios Europeos de Harvard, y José María de Areilza, secretario general de Aspen Institute y profesor titular de la cátedra Jean Monnet en ESADE, con el motivo de dialogar sobre los retos que Europa afronta en esta nueva etapa política en un contexto social y económico cargado de incertidumbres.

Sed.cultura busca ayudar a construir un lugar en el que podamos aprender de otros entre personas que buscan la verdad. La asociación quiere “generar espacios y oportunidades de encuentro”, según palabras del moderador del acto, Antonio Lázaro. “Aunque España sea quizá uno de los países de Europa menos euroescépticos, miedo y esperanza podrían ser las palabras que definen el momento en el que vive Europa”, empezaba afirmando el moderador como hipótesis de partida.

Joseph Weiler comenzó destacando la “revolución silenciosa que se está produciendo en Europa como comunidad de destino como consecuencia del Brexit. Ahora todo el mundo entiende que es imposible abandonar la Unión Europea”. Por otra parte, el Parlamento Europeo ha ganado poder pero el problema del déficit democrático no está resuelto, ya que no existe la posibilidad de elegir gobierno europeo. No existe la posibilidad de elegir entre una opción de centro derecha o de centro izquierda. Las opciones se reducen a pro-europeo o anti-Europa pero no hacia qué dirección va a tomar.

José María de Areilza destacaba cómo los padres fundadores de Europa supieron “aunar realismo e idealismo”. El realismo de poner en común la producción del acero y el carbón y el idealismo del perdón a los enemigos. “Hoy el idealismo está denostado en política”. Es muy difícil reinventarse cuando se tienen 70 años, recalcaba de Areilza al ser preguntado sobre qué camino debe recorrer Europa. “Tenemos que volver a hablar de ideales, la UE no puede aspirar a regularlo todo y ser compatible, al mismo tiempo, con las identidades de los países. No se trata de crear un ‘superestado’ europeo”.

Podemos pensar que este cambio debe ser protagonizado por una gran personalidad pero esa esperanza resulta infantil. Los cambios necesitan grandes acuerdos, ya que la mayoría de los desafíos a los que nos enfrentamos vienen de fuera de nuestras fronteras estamos frente a un reto muy grande si Europa no es capaz de tener una influencia en el mundo.

Weiler continuaba el diálogo destacando que “no es posible que millones de personas en Europa se hayan vuelto fascistas y populistas de repente”, preguntado acerca de los nacionalismos. “Después de la aparición de los fascismos en Europa la palabra patriotismo ha sido denostada. Pero es un valor que hay que recuperar cuando es entendido como corresponsabilidad de la persona ante lo que pasa en nuestra sociedad. Es necesario recuperar este sano patriotismo que significa ser responsable de la patria”.

“El discurso político se reduce a una propuesta mercantil”, no existe un ideal como decía su discípulo Areilza; en los programas de los partidos se encuentran solamente promesas materiales pero ningún ideal.

>EUROPA

Entre el miedo y la esperanza

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 1  5 votos

Let's go, Raptors! Un anillo para Toronto, Canadá y España

Lucas de Haro

El polideportivo de Coal Harbour en downtown Vancouver mira las deliciosas pistas de esquí de Grouse Mountain desde la orilla del Pacífico. En él se dan cita para jugar al baloncesto a la hora del almuerzo diferentes profesionales que trabajan en la zona. Persas, hindúes, caucásicos, asiáticos, hispanos; todos canadienses. Llega el mes de mayo, sus conversaciones en el vestuario no pueden contener el entusiasmo ante la primera Final de Conferencia que jugarán los Raptors de Toronto, esa ciudad hermana que dista más de 4.000 kilómetros. Las caras en el vestuario tampoco pueden contener un rictus de pavor ante la evidente paliza que sufrirán ante los Cavaliers de Lebron. Así sucedería en mayo de 2016, tres años antes de que los Raptors –la franquicia de todo un país– ganara su primer anillo de la NBA.

En la NBA, los primeros años de la década de los 10 se podrían definir como “todos contra James”, mientras que los cursos siguientes han testimoniado el dominio “epocal” de los Warriors, quienes han dejado que el cierre al decenio lo echara el primer anillo de Toronto, el primer anillo no americano. El primer título para Marc Gasol e Ibaka, el tercero para jugadores españoles tras los conseguidos por Pau Gasol con los Lakers en el 09 y el 10.

Los Raptors se fundaron en el año 1995, al igual que los Vancouver Grizzlies. La NBA por fin acogía dos franquicias canadienses, estableciendo así un campeonato inter-fronterizo como ya fuera la National Hockey League desde que se sumaran los equipos estadounidenses. Vancouver se quedaría más tarde sin equipo de baloncesto y, por esas contradicciones que nos ofrecen el marketing y el comercio, los Grizzlies migrarían desde su hábitat natural hasta Memphis en Tennessee; por la misma razón que los lagos de Minesota son angelinos o el jazz de Nueva Orleans habita en Utah. En el año 2001 Canadá diría adiós a los Grizzlies y Toronto alcanzaría la semifinal de la Conferencia Este liderados por Vince Carter; desde entonces los Raptors se convertirían en la franquicia de todo un país. Los siguientes quince años serían duros para los del norte, jugarían los playoffs solamente en cinco ocasiones y en todas caerían en primera ronda. Es la época de Calderón, Carbajosa y Chris Bosh.

En la temporada 13-14, los Raptors llegan de nuevo a la fase de eliminatorias y dos años más tarde un equipo liderado por DeRozan, con Lowry de 1 y el lituano Jonas Valaciunas (JV) de 5 llegaría a la Final de la Conferencia Este, consiguiendo así el mayor logro de la historia del equipo hasta la fecha. Allí dieron buena cuenta de ellos los Cleveland Cavaliers, campeones de la NBA aquella temporada con un monstruoso Lebron y un descomunal Irving. El tapón del primero a Igouadala y el triple del segundo en los últimos suspiros del séptimo partido de la final, la final-final, contra los Warriors harían de aquel enfrentamiento una cita memorable.

Let's go, Raptors! Un anillo para Toronto, Canadá y España

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>Entrevista a Agustín Domingo Moratalla

"El 'sanchismo' consolida de la estrategia socialista más 'líquida'"

Juan Carlos Hernández

¿Cómo ve el resultado del PSOE, qué significa?

El resultado lo veo con cierta preocupación por un doble motivo. Primero porque a nivel interno se acallan las críticas al “sanchismo”, lo que significa la consolidación de la estrategia más “líquida” de las huestes socialistas, y a nivel externo la debilidad de un centro derecha acomodaticio al nuevo diseño institucional de los grupos parlamentarios. Además, hay una generación de nuevos líderes socialistas instalados en cierto pragmatismo posmoderno líquido que en lugar de sentirse orgullosos de la historia de España, en lugar de repensar las condiciones laborales de los trabajadores, evitar el paternalismo en políticas sociales y fortalecer estrategias de responsabilidad cívica, refuerzan el estado asistencial electoralista, presumen de cultura individualista y minusvaloran (por no decir desprecian claramente) el hecho religioso en los espacios públicos de deliberación o construcción cultural. El resultado es fácil de entender; más estado asistencial, más impuestos, más atomismo moral, menos sociedad civil, menos vida familiar, menos estímulo e incentivo al esfuerzo, la excelencia y el ahorro familiar. Mala noticia para el profesional esforzado que se verá devorado por los impuestos y buena noticia para el asalariado o simple empleado que tendrá trabajo para “ir tirando”.

¿La del PP es una dulce derrota?

Casado ha salvado los muebles y el partido tiene que acomodarse a la nueva situación. Y este será el problema, si se conforma con los resultados y se acomoda a cierta travesía del desierto. No le ha dado tiempo a reformar el partido y renovar las bases, se ha ido fiando de unos y otros según las circunstancias para cerrar las listas electorales pero faltan ideas, propuestas, valores, orgullo y sentido de la tradición política.

El PP tiene la costumbre de despreciar al militante de toda la vida, al cuadro medio que lleva toda la vida levantando la persiana del local, al ciudadano medio que se siente identificado con la tradición del centro derecha y al profesional que históricamente lo ha votado o colaborado con él. El partido ha instrumentalizado a cientos de excelentes profesionales a los que una vez cesados los ha tirado a la papelera, no ha generado tradición ni capital social propio. A veces han presumido de fichar a un comunista, o socialista o liberal y han despreciado a su propia gente liberal, democristiana o conservadora. Era más fácil triunfar en el PP habiendo sido socialista o comunista que siendo socialcristiano de toda la vida. El votante medio y el profesional medio del centro derecha español está siendo maltratado por estos partidos de centro derecha. Sus líderes no están a la altura moral de sus votantes y militantes. Les falta fe en su tradición.

>Entrevista a Agustín Domingo Moratalla

"El 'sanchismo' consolida de la estrategia socialista más 'líquida'"

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Oportunidades y desafíos de las minorías islámicas en el mundo

Yahya Sergio Yahe Pallavicini

En el siglo XXI, tal vez por primera vez en la historia, las comunidades islámicas están presentes en todos los países del mundo, incluso allí donde el islam no es mayoritario. En Europa hay 25 millones de musulmanes, en China casi 30. Esto supone una serie de desafíos inéditos para la umma, la comunidad islámica. Los instrumentos sapienciales de la tradición no faltan pero hoy hace falta un nuevo esfuerzo de interpretación, adaptado a los tiempos posmodernos y las sociedades occidentales secularizadas.

Precisamente sobre esto discutieron el pasado mes de mayo en Abu Dhabi más de 550 representantes religiosos, intelectuales, científicos y figuras políticas procedentes de diversas instituciones islámicas, hombres de negocios y otras entidades de más de 140 países de todo el mundo. “El futuro del musulmán: oportunidades y desafíos” fue el título de esta primera conferencia internacional de minorías islámicas bajo el patrocinio del ministro de Estado por la Tolerancia de los Emiratos Árabes Unidos, S.A. Shaykh Nahyan Bin Mubarak Al Nahyan, donde se firmó una declaración final con objetivos claros y compartidos.

Seguridad y ciudadanía

La presencia de musulmanes fuera de los países de mayoría islámica se ha valorado por parte de los sabios de Abu Dhabi como una “riqueza” y no como un elemento de posible “amenaza” a una identidad meramente dependiente de fronteras geográficas o nacionales. Por eso hacen falta instrumentos operativos concretos para la “integración de las comunidades islámicas en el contexto no islámico”, como señala la Carta Global de las Comunidades Musulmanas redactada y adoptada por este congreso a su término. Entre otros puntos, se pide “a los musulmanes que cumplan con su deber en sus comunidades y países con el fin de alcanzar la paz y la seguridad social, y proteger a sus hijos de las corrientes extremistas y de los movimientos separatistas”.

Respeto a las leyes y jurisdicciones

El congreso reafirmó su adhesión a todas las cartas de derechos humanos “que prohíben la discriminación racial, religiosa y la limpieza étnica, que minan las bases más importantes sobre las que se funda la ONU, como salvaguarda de la paz y de la seguridad internacional, la democracia y el respeto a los derechos humanos”. En otras palabras, se pide a los países de acogida que acepten las exigencias de ciudadanía de los musulmanes y, a los países islámicos, que ofrezcan un apoyo intelectual adecuado para una justa definición de las exigencias educativas y religiosas de los musulmanes allí donde son minoritarios.

Dignidad y fraternidad interreligiosa por los valores sagrados

Oportunidades y desafíos de las minorías islámicas en el mundo

Yahya Sergio Yahe Pallavicini | 0 comentarios valoración: 1  8 votos
>Entrevista a Miguel Ángel Quintana

'Existe una desconexión entre nuestros problemas y el discurso político'

Juan Carlos Hernández

El profesor de la Universidad Europea Miguel de Cervantes percibe una decadencia en Unidas Podemos pero advierte que, como la gripe, el populismo cambia de envoltorio cada pocos años.

¿Qué valoración le merece el periodo electoral que acabamos de finalizar?

De un periodo electoral tan largo, así como del agitado último año político (tras la moción de censura), creo que podemos extraer una conclusión: los españoles empezamos a estar un tanto hastiados de la política. Especialmente porque toda la faramalla y abundancia noticiosa que nos circunda no se traduce en aquello para lo cual deberían servir los políticos: resolver nuestros problemas presentes y futuros. Todo el mundo sabe que nuestro actual sistema de pensiones no es sostenible, pero este asunto está ausente del debate político. Todo el mundo sabe que urge mejorar nuestro sistema educativo, pero de nuevo se trata de una cuestión que brilla por su ausencia en nuestros debates. Todo el mundo sabe que el orden internacional hacia el que nos vemos abocados no tiene nada que ver con el que hasta ahora nos rodeaba, pero una vez más fue difícil discernir en cada partido político qué propuestas concretas tenían para lidiar con ese orbe que nos viene.

Mi impresión es que España camina aceleradamente hacia una situación similar a la que hace décadas se ha hecho habitual en Italia: un país con una agitación impresionante, casi diaria, en el mundillo político, y con una sociedad que ha aprendido a caminar mal que bien al margen de ese revuelo entre los partidos. Se trata de algo que a los italianos no les fue del todo mal (han llegado a estar en el G-7), de forma que tendremos que aprender a verle los rasgos positivos.

El sociólogo Francisco Llera afirma que “tenemos datos desde hace mucho tiempo de que la gente está fatigada con la polarización de los políticos, y también de los medios […] tenemos un electorado y una ciudadanía muy moderada y pragmática”. ¿Existe una fractura entre la sociedad y los partidos?

La polarización es el resultado de que la política se haya convertido en el espectáculo al que he tratado de apuntar en mi respuesta anterior. Un espectáculo concita más audiencia si se vuelve agónico. Naturalmente, al final los políticos son presas de esa polarización que ellos mismos, coaligados con el periodismo, han generado: pues es esa polarización la que les impide alcanzar acuerdos o adaptar sus posiciones a las nuevas circunstancias sin provocar entre sus fans más encendidos una virulenta reacción.

>Entrevista a Miguel Ángel Quintana

'Existe una desconexión entre nuestros problemas y el discurso político'

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Convicciones sin realidad

Fernando de Haro

La miniserie Chernóbil de HBO ha hecho furor. Los cinco capítulos escritos por Craig Mazin y dirigidos por Johan Renck han ocupado el hueco dejado en la audiencia por Juego de Tronos. La pasión por lo sucedido en el reactor nuclear ha generado un extraño turismo de la catástrofe. Chernóbil es mucho más que un desastre nuclear. El accidente de 1986, la cadena de decisiones tomadas, la reacción del poder soviético, la respuesta de los científicos y de la población nos hablan del riesgo de la energía atómica, pero también de la fe y de la realidad, de una realidad negada, y de un pensamiento, de una creencia que construía/construye un sistema contra la experiencia.

Nos atrae la serie porque en estos tiempos de miedo y de incertidumbre refleja las consecuencias de un uso imprudente de la tecnología. Efectos que se prolongan en el tiempo más allá de lo que se puede imaginar. No es solo terror al átomo. La ficción da forma a ese fantasma de la sociedad del riesgo que llevamos en el alma y que puede tener mil maneras de concretarse. El temor está dentro de nosotros y sentimos cierta afinidad por los relatos que alimentan lo que el sociólogo Luhmann llamaba “la extravagante preocupación por las improbabilidades extremas”. Es improbable una invasión de migrantes, una muerte por epidemia generalizada, una violenta guerra en todo el planeta. Pero las distopías cinematográficas que insisten en mundos creados por sucesos de este tipo florecen. La afición que tenemos en este comienzo del siglo por las improbabilidades extremas de destrucción más que por las improbabilidades extremas de ser nos retrata.

Ha habidos algunas críticas que le han afeado a Chernóbil no haber reflejado de modo adecuado cómo funcionaba el poder soviético a mitad de los años 80. Probablemente no se le puede pedir a una serie capacidad suficiente para describir algo que era no solo un conflicto entre la verdad o la mentira, o entre los expertos y los burócratas. Los privilegios de las autoridades, la escasa estima por la vida humana y el abuso del Estado marcaron la reacción a la crisis. Pero el caso Chernóbil es más que todo eso. Es el momento en el que se hace evidente el choque entre la fe del hombre soviético y la realidad. Por eso es tan actual. Y por eso hay que volver a la lectura de Voces de Chernóbil. Con el imponente mosaico de testimonios que construye Svetlana Alexievich, en la que aparece la vida real, el amor, el sufrimiento de los que vivieron el accidente y de los que trabajaron cerca de la central, se comprende por qué, como dice uno de los protagonistas, lo ocurrido sirvió para “aprender a decir yo”.

El monólogo de Marat Filipovich, ex ingeniero del Instituto de Energía Nuclear, refleja el sistema de “doble verdad” en el que se vivía y que se parece, a pesar de que estamos en sociedades libres, al nuestro. El problema era la fe, una fe sin base alguna en la realidad.

Convicciones sin realidad

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>Editorial

¿De qué marca son hoy los tanques?

Fernando de Haro

Las palabras de justificación del ministro de defensa chino, Wie Fenghe, han clarificado casi todo. Cuando se cumplían 30 años de la masacre de Tiananmen, el Gobierno-Partido que rige los destinos del Imperio del Centro, ha explicado que era necesario, para mantener la estabilidad y generar la prosperidad de las tres últimas décadas, reprimir a unos estudiantes que reclamaban más libertad. Casi todo ha quedado claro. En 1989 hubo que recurrir a la violencia y matar a miles de universitarios y hoy es necesario seguir utilizando campos de internamiento, la amenaza, la tortura, la persecución del disidente.

Antes del aniversario se habían recrudecido los controles en torno a la plaza de Tiananmen, como cuando se celebra la reunión anual de un Parlamento totalmente controlado por Xi Jinping. Pekín ha vivido las jornadas habituales de un nerviosismo cuyo origen es difícil de precisar. Los responsables de los hoteles, los miembros de base del partido, la ciudad entera está atenta para identificar cualquier movimiento, cualquier persona, que pueda ser una “fuente de inestabilidad”. Las cámaras distribuidas por cada rincón de la capital recogen todas las imágenes posibles y estos días se han examinado, gracias a la nueva tecnología, con especial vigilancia para detectar cualquier tipo de anomalía. Ahora no es como hace 30 años, el poder totalitario con sistemas de Inteligencia Artificial lo hace mucho más eficaz.

Con dificultad se ha podido acceder a la plaza para, aunque sea en silencio, hacer memoria de aquel joven desconocido que desafió a una fila de tanques. No importa. Desde cualquier región del planeta, se puede rendir homenaje a aquel muchacho indefenso, con los brazos caídos, pero con la cabeza bien erguida, delante de un carro de combate con su cañón enorme listo para disparar. La máquina de la opresión es un crustáceo gigante: el tanque de la nada, el tanque de la historia, el tanque sin rostro dispuesto a aplastar frente a la figura solitaria que se mantiene en pie. No se puede rendir homenaje a todas las víctimas sin releer las páginas de los Escritos Corsarios del gran Pasolini denunciando las nuevas formas de dominación de un poder que ya no necesita de la violencia para imponerse. ¿Han desaparecido los tanques de la nada, como decían los liberales ilustrados, precisamente hace tres décadas? ¿Cuáles son ahora los tanques del nuevo poder que domina las plazas del mundo? ¿Cuál es la marca de los nuevos carros de combate?

Ian Buruma, en un provocativo artículo publicado estos días, ha destacado en Tiananmen no triunfó el régimen comunista, sino “un capitalismo autoritario”, el creado por Deng Xiaoping, el hombre de la apertura. “Las clases urbanas educadas de las que había salido la mayoría de los estudiantes que protestaron en 1989 recibieron grandes beneficios”, a cambio de no meterse en política. Lo ocurrido tras Tiananmen dejó claro que democracia y capitalismo eran perfectamente separables. Posiblemente han hecho faltan treinta años para que nos demos cuenta. “Lo que sucedió tras su aplastamiento señala que el capitalismo autoritario se ha convertido en un modelo atractivo para autócratas de todo el mundo, incluso en países que hace treinta años consiguieron librarse del yugo comunista”, concluye con agudeza Buruma.

¿De qué marca son hoy los tanques?

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>Editorial

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

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>Columna derecha

>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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