Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
20 MAYO 2019
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Y ahora, ¿qué?

Ángel Satué

Antes de las elecciones ha habido manifiestos que indicaban el sentido del voto. Otros no lo hacían, pero eran suficientemente ambiguos para dejarnos igual. Ha habido conversaciones hasta altas horas de la noche. En familia, con amigos, compañeros de trabajo, hasta en la calle. Hemos retuiteado y reenviado por guasap noticas falsas, verdaderas y medio pensionistas. Hemos creído que todo acababa ayer, lo malo. Que lo bueno empezaba ahora. Que los muros que había se derruían. Que como en la “Nit del Foc”, el fuego se llevaría lo viejo y lo antiguo. Que el voto limpiaría nuestra conciencia, que el voto salvaría España, que el voto aniquilaría o purificaría tal o cual ideología. Hemos pensado que por fin dábamos la colleja que había que dar, el golpe en la mesa que mucho había tardado en llegar. Hemos pateado el trasero del cuñado, aquel que nos dio la murga en Navidad con el “voy a votar a…”. Somos modernos. Todos hemos pensado esto. Es nuestra manera de pensar. Y ahora, ¿qué?

Ahora toca el trabajo más gris y complicado que pueda pedirse a un ciudadano. Recomponer los puentes quebrados dentro de la sociedad. Afianzar los muros, asfaltar el firme, asegurar las tierras. Si hubiera una profesión que exigiese ahora el mayor salario sería la de pontonero. O ingeniero de caminos, canales y puertos (y puentes).

Ahora es el momento, si no se ha hecho antes, de salvar a las personas, aunque militen en otros partidos e ideologías.

Ahora es el momento de superar en nuestro imaginario colectivo la terrible distinción entre amigo-enemigo de Carl Schmitt aplicada a la política, puesto que apostar por una visión más amiga de nuestra visión del mundo es agrupar entre amigos y enemigos, desde la ideología, sin salvar a la persona, sin valorar a otros políticos de otros partidos. Los perjudicados, sin duda alguna, las iniciativas o proyectos concretos.

Ahora es el momento de trabajar de sol a sol, codo con codo. Ese sería el partido que debería surgir, el movimiento aún no concebido.

Ahora es el momento de no escoger a los amigos, pues seleccionamos a los enemigos en el mismo acto. La política no es agrupar a las personas en dos bandos, en varios colores, de manera que el otro es enemigo inevitable.

Ahora es el momento de profundizar en la sociedad civil, que no es sólo libertad para hacer, al más puro sentido liberal, sino que desde el evangelio esta libertad es otra cosa. Es libertad para conmoverme o no con las obras del tú, que es el otro. Con la compañía del “tú”, que es el otro. Contigo mismo.

Ahora es el momento de abandonar y superar la lógica de los espacios, como dice Francisco, y entrar poco a poco, codo con codo, de sol a sol, en la de los procesos.

Y ahora, ¿qué?

Ángel Satué | 0 comentarios valoración: 2  13 votos

 

>Entrevista a Pedro Linares, profesor de la Universidad Pontificia de Comillas-ICAI

Ante la inevitable transición energética

Francisco Medina

¿Qué significa el proceso de Transición energética? ¿De dónde surge?

En realidad, transiciones energéticas siempre han existido. Normalmente, un proceso de transición es una evolución de una situación a otra. En un principio usábamos la leña, las velas y los candiles; luego pasamos a usar aceite, luego carbón, luego energía nuclear, gas, ahora renovables, etc. ¿Qué es lo que comúnmente se denomina ahora mismo “transición energética”? Una aceleración de esa evolución, impulsada fundamentalmente por la necesidad de reducir emisiones de CO2 para frenar el cambio climático.

Partimos entonces de que se da un cambio climático…

Claro. Cada vez se tiene más claro, aunque algunos aún lo niegan, que hay un cambio climático y que además, más allá del cambio climático natural, hay otro de origen antropocéntrico, de origen humano, que es el que se ha producido a una escala mucho mayor de lo que veníamos viendo en los últimos 150 años, desde que empezamos a usar combustibles fósiles; eso es lo que llamamos cambio climático a efectos de la transición energética. No tanto el cambio natural que se produce a lo largo de cientos de miles de años sino el cambio que se está produciendo en estos últimos 150-200 años porque, si seguimos así, se va a acentuar más y ese es el que intentamos evitar dentro de lo posible, porque hay una parte que no vamos a poder evitar, con la transición energética. En el fondo, de lo que se trata es de ver cómo dejamos de usar combustibles fósiles, que son los que están contribuyendo al cambio climático.

¿Es un fenómeno nuevo el cambio climático? Hace pensar, a primera vista, en un paralelismo con el proceso de reconversión industrial que hemos tenido en España…

De hecho, hace poco tuvimos una jornada sobre transición energética justa y hablábamos de la reconversión, porque es un ejemplo, aunque es verdad que no es exactamente igual, tampoco en términos de plazos, porque la transición energética ya lleva muchos años haciéndose. Ahora parece que todo es urgente, pero ni aunque sea urgente la vamos a poder hacer en cinco años. Por ejemplo, a 2030, que es el escenario que se está planteando en Europa, vamos a transformar una parte, y reduciremos nuestras emisiones un 20% sobre el año 90, y eso no es nada, porque en 2050 deberíamos llegar a eliminarlas totalmente.

Realmente, si piensas de verdad en la transición, es algo que va a llevar cuarenta años y en la que ya llevamos veinte. Eso supone unos plazos que no son ni mucho menos los de las reconversiones, que en diez años tenías que hacerlo. Pero a cambio tiene otras circunstancias. Por ejemplo, la reconversión industrial se hacía porque no había más remedio. En la reconversión no había alternativas: había que cerrar y punto. De modo que tiene algunos elementos similares, pero otros no. Ahora hay alternativas, no es que de repente tengas que cerrar todos los fósiles, aunque habrá que hacerlo, pero con más tiempo. Entretanto vas teniendo alternativas que, además, van siendo competitivas, no ahora necesariamente, pero a lo mejor dentro de diez años esas alternativas ya son competitivas, con lo que podríamos decir que ya no supone tanto esfuerzo.

¿Qué energías alternativas crees que serán más competitivas?

>Entrevista a Pedro Linares, profesor de la Universidad Pontificia de Comillas-ICAI

Ante la inevitable transición energética

Francisco Medina | 0 comentarios valoración: 3  13 votos
>Editorial

Concretamente europeos

Fernando de Haro

Estamos ya en plena campaña de unas elecciones al Parlamento Europeo que van a ser decisivas. Decisivas por muchas razones. Por primera vez un grupo antieuropeo y nacionalista, como es el encabezado por Salvini y Le Pen, se puede convertir en la cuarta fuerza. El resultado de los populares y socialdemócratas, debilitados, va a ser determinante para que el alemán Manfred Weber (conservador) o el holandés Frans Timmermans (socialista) puedan aspirar a presidir la Comisión Europea (el verdadero órgano legislativo europeo). Si las que hasta ahora han sido las dos grandes familias políticas europeas salen muy debilitadas, la presidencia de la Comisión y otros cargos relevantes no tendrán en cuenta la composición de la Cámara. El resultado de los comicios será también decisivo para la elaboración del presupuesto 2021-2027. Si los partidos netamente europeístas pierden fuerza, será más difícil una presión efectiva a la Comisión y a los gobiernos nacionales para aumentar el gasto y modernizar la distribución de sus partidas. Y con menos votos en favor de esas formaciones será también más difícil terminar la reforma del euro. Aunque no dependa del Parlamento Europeo, es inevitable que un voto por menos Europa suponga una dificultad mayor para aprobar un presupuesto que actúe como estabilizador ante recesiones, para convertir el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) en un Fondo Monetario Europeo y para culminar la unión bancaria.

Pero estas elecciones no solo son decisivas porque el resultado puede suponer un freno en la construcción de Europa. Sino por el “ánimo” con el que muchos electores acudirán o no acudirán a votar y porque el mundo ha cambiado sustancialmente en los últimos cinco años. La victoria de Trump supone, en gran medida, haber perdido el apoyo del vínculo atlántico. El presidente de los Estados Unidos recibe a Orban, el antieuropeo presidente de Hungría, mientras que la semana pasada el secretario de Estado Pompeo cancelaba una entrevista con Merkel. China ya no oculta su voluntad imperial y sus planes de hacerse con sectores estratégicos y Rusia está decidida a desestabilizar todo lo que pueda.

En este contexto, como bien señala Ivan Krastev (autor de After Europe), los europeos están dominados por la nostalgia. A una Europa cansada porque ha renegado de su origen (Francisco), le asalta ahora el miedo. Estamos ante una nostalgia imprecisa que no sabe definir cuál fue nuestra edad dorada (quizás la reconstrucción tras la II Guerra Mundial). Y ante un miedo no solo a un futuro peor o a la creciente desigualdad (Habermas). Más bien es el temor de no saber bien quiénes somos. La mayor o menor confianza en Europa no depende solo de un déficit democrático (Weiler) sino de una inseguridad sobre nuestra identidad.

>Editorial

Concretamente europeos

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 1  15 votos

Los ciudadanos que forman Europa. Un nuevo desafío

Antonio Spadaro

Reflexionando sobre el devenir de nuestro continente, algunos políticos –pero también partidos y movimientos– parecen poner en cuestión no solo la Unión Europea tal como la conocemos, sino la existencia misma de un proceso de construcción de Europa. ¿Cómo situarse ante estas tensiones, fruto de la desconfianza y de un sentimiento nacionalista?

Demos un paso atrás. En 1918 se firmó un armisticio en Compiègne que puso fin al ruido de las armas, acabando así con un conflicto destructivo, la Primera Guerra Mundial. Pero terminó creando las condiciones de un segundo conflicto en Europa que 21 años después se extendió al mundo entero. También hay que admitir que, con el paso de los siglos, raras veces Europa dejó de estar en guerra. El proceso de construcción de la Unión fue un factor importante en la pacificación del continente, pero aún sigue quedando mucho por hacer. Por tanto, hay que aclarar una cosa: interrumpir o poner en discusión el proceso europeo significa, de hecho, evocar fantasmas que ya habíamos acallado.

Volvamos con nuestra memoria a los “padres fundadores” de Europa. Su decisión y compromiso se apoyaba en sus respectivas experiencias, algunas de ellas plasmadas por el magisterio social de la Iglesia. Alcide De Gasperi, Altiero Spinelli, Jean Monnet, Robert Schuman, Joseph Bech, Konrad Adenauer, Paul-Henri Spaak... en 1918 no se conocían, pero los tortuosos caminos de la historia les llevaron, cada uno por su parte, a contribuir en un proyecto que permitía crear las condiciones de una sociedad europea pacífica, desarrollada, justa y solidaria. En febrero de 1930, 'La Civiltà Cattolica' ya expresaba así esta conciencia: “Se podrá discutir mucho y batallar sin tregua sobre la técnica de una nueva organización de Europa, pero sin duda no sobre su necesidad actual”. Fueron igualmente fundadoras de Europa todas las ciudadanas y ciudadanos que resistieron a las dos grandes dictaduras del siglo XX, tanto al oeste como al este del continente, derramando su sangre hasta el final de sus vidas, para que los valores que ponen a la persona humana en el centro del proyecto social europeo fueran una realidad, tanto a nivel nacional como supranacional.

En 2012 la UE ganó el premio Nobel por su contribución a la paz, a la reconciliación, a la democracia y a los derechos humanos en Europa. El premio era merecido, pero no olvidemos que estos 60 años de paz en Europa no han discurrido como un río en calma. También han estado llenos de confrontación ideológica, acciones contrarias a los derechos humanos, intervenciones militares que violaban la autodeterminación de los pueblos. Sin embargo, se han vivido acontecimientos que supusieron momentos de despertar para los pueblos y de transformación para la sociedad europea. Uno de ellos fue la caída del Muro de Berlín en 1989, que fue un punto de inflexión en la historia del continente y de la comunidad europea, poniéndola frente a sus responsabilidades, obligándola a abrirse para recibir a los estados del antiguo bloque del este, facilitando así la recuperación y difusión de los valores de la Europa libre. En aquella época, prevalecía el deseo de ampliar la comunidad europea por encima de la profundización política.

Los ciudadanos que forman Europa. Un nuevo desafío

Antonio Spadaro | 0 comentarios valoración: 2  28 votos

Postureo y acercamiento a Podemos

R.I.

De todas las reuniones celebradas estos días en Moncloa, la única reunión relevante ha sido la de Sánchez con Iglesias. Iglesias está cuestionado por los anticapitalistas y por algunos barones de sus partidos que señalan que el acercamiento al PSOE provocará más sangría de votos. Pero esas críticas son poca cosa, hace tiempo que Iglesias eliminó a cualquier crítico. Y si se ponen un poco pesados, convocará una consulta popular y resolverá el asunto, que es lo que hace Iglesias cuando tiene un problema. Cuando Iglesias tiene un problema recurre a la democracia directa. Iglesias va a pedir ministerios, Sánchez no se los va a dar, pero eso no es problema. Porque si Sánchez se niega a darle ministerios, Iglesias seguramente no va votar en contra de la investidura porque eso es votar con Casado y Rivera. Para lo de los ministros siempre queda la solución de los independientes.

Lo importante son las políticas que se están pactando. Políticas económicas, políticas de memoria histórica, políticas de restricción de la libertad educativa. Sánchez ya pactó las políticas de gasto o de subida del Salario Mínimo Interprofesional con Iglesias para esos presupuestos que no salieron adelante. Los presupuestos no salieron adelante pero buena parte de las políticas sí salieron adelante. Y Bruselas ya ha advertido de que no son buenas políticas.

Rivera está más interesado en liderar la oposición que en conseguir la moderación de Sánchez con un pacto como el de 2016. No han empezado nada bien las cosas. Esperemos que después de las municipales y autonómicas esto se asiente. Y tengamos un presidente menos pendiente de las fotos, va a ser difícil, y a un Casado y a un Rivera menos preocupados por la competencia mutua. Ni el 155 se puede aplicar en este momento ni España necesita con urgencia que Ciudadanos sea el partido de referencia de la oposición. Lo que sí le vendría bien a España sería que Ciudadanos gobernara con Sánchez para dar estabilidad y para evitar protagonismo de Podemos.

Postureo y acercamiento a Podemos

R.I. | 0 comentarios valoración: 2  37 votos

Cómo salvar a la democracia del miedo

Gustavo Zagrebelsky

El miedo es el hilo conductor de nuestra historia, desde la época de los grandes conflictos en Europa, las “guerras civiles de religión”, los conflictos de clases y la llamada guerra civil europea el siglo pasado, hasta nosotros y el renacimiento del nacionalismo, el llamado soberanismo y el racismo, denominados “supremacismo blanco”. Las situaciones que hemos creado, empezando por el Estado, son hijas del miedo, no de la confianza.

En el Estado hay algo paradójico y contradictorio. Hunde sus raíces en el miedo y se propone combatirlo. La seguridad es su razón de ser. ¿Cómo lo hace? Mediante la concentración, podríamos decir, de la “administración del miedo” en sus manos. Si, por una hipótesis utópica, venciese definitivamente su batalla contra e miedo, ya no tendría razón de ser. Al contrario, la difusión del miedo no hace más que reforzar esa administración. El círculo vicioso de las sociedades de los miedosos reside aquí: la solución se busca en otro miedo, en un miedo mayor que prevalezca sobre los miedos menores. Esta es la paradoja de las instituciones humanas. Para contrastar el miedo se crea otro mayor. Cuanto más crece el miedo, más dispuestos parecemos estar a renuncias que afectan a nuestros derechos y libertades. Protégeme, que yo a cambio me someto, pues cuanto más miedo tengo, más dispuesto estoy a someterme. A medida que avanzan las aspiraciones democráticas, hemos asociado al miedo el consenso, pero es un añadido. La raíz no se ha apagado.

El consenso tiene que ver, pero como un componente penúltimo. El último es el miedo. Si hoy el tema que domina los debates sobre la crisis de la democracia es el miedo, es solo porque emerge así un elemento primordial en todas las sociedades. Resulta hasta superfluo recordar que la representación más famosa de la esencia del Estado moderno, elaborada en tiempos de feroces luchas intestinas por territorios donde coexistían credos religiosos y políticos implacablemente enemigos, tenía en su centro el problema de la liberación del miedo. El Leviatán fue hijo del miedo. Hoy los miedos se han multiplicado. Por ejemplo, por la disponibilidad de bienes naturales esenciales que escasean, por las llamadas identidades culturales amenazadas por el llamado multiculturalismo. Hubo un tiempo en que el miedo afectaba al presente, hoy afecta al presente y al futuro.

Por tanto, entre todos los componentes de la convivencia humana, el miedo es el más determinante. Si distinguimos el miedo extendido como un veneno social del miedo concentrado como instrumento de dominio político, podemos decir que sin el primero, el segundo quedaría atrofiado, pues se mostraría en su total arbitrariedad, quedaría privado de legitimidad, se apoyaría en sus fuerzas desnudas sin justificación. Los “regímenes fuertes” no se basan, en última instancia, en la fuerza sino en el miedo, porque el miedo invoca a la fuerza y la hace no solo tolerable sino incluso deseable. Tiempo de miedos, tiempo de autoritarismos. La historia es un testigo generoso en ejemplos, pero también lo es la actualidad, donde avanzan la internacionalización y la globalización del miedo. Y el miedo nos hace todos más malos: sálvese quien pueda, primero nosotros y los demás al mar.

Cómo salvar a la democracia del miedo

Gustavo Zagrebelsky | 0 comentarios valoración: 2  30 votos
>Editorial

La oportunidad tras la victoria socialista

Fernando de Haro

Una semana después estamos en mejores condiciones de comprender lo que ha sucedido en las elecciones generales y de entender la oportunidad que puede proporcionar la nueva situación política. Tras diez meses de un Gobierno en precario, el PSOE ha conseguido una victoria amplia (123 escaños de un total de 350) en un Congreso con cinco fuerzas de peso nacional. Todo esto en una Europa en la que los partidos tradicionales tienden a desaparecer. La victoria se debe a la recuperación de parte del voto que había emigrado al populismo de izquierdas (Podemos), a la movilización de un millón extra de votantes de izquierda y a la fragmentación de la derecha en tres fuerzas (PP, Ciudadanos y Vox). Algo más de un tercio de los votos de Vox (700.000 votos) se han quedado sin representación parlamentaria y han favorecido al PSOE por la ley electoral.

En realidad no se entiende la victoria de los socialistas sin la emergencia de Vox, convenientemente utilizada para sembrar el pánico y movilizar a los abstencionistas de la izquierda. La nueva formación se presentaba como el partido que, después de años de renuncias de la derecha a principios y valores, venía a restaurarlos. Ha hecho de la unidad de España, de la lucha contra la ideología de género, de la lucha contra el aborto, del combate contra el feminismo, sus banderas. No es un partido como el Frente Nacional o Alternativa por Alemania porque apenas recibe un cinco por ciento de votos desencantados de la izquierda. Es un partido apoyado por cierta derecha sociológica que, curiosamente, hace suyo algo propio de la izquierda utópica: convertir la política en un instrumento salvífico, reclamar la teologización de la política para que defienda ciertos valores aunque estos hayan sido abandonados o relativizados por la sociedad (se acaba culpando a la “ingeniería social” de su destrucción).

Vox, que se enfrenta al progresismo, acaba asumiendo los principios metodológicos revolucionarios, sobre todo cierto maniqueísmo dialéctico (cuanto peor, mejor). Para algunos es el partido católico, a pesar de haber perdido lo más católico que hay en política: la “reserva escatológica”, la referencia de las dos ciudades.

La voluntad expresa de afirmar políticamente ciertos valores, porque el PP no lo hacía, y el corrimiento del PP hacia posiciones de Vox ha provocado la movilización de una casi-mayoría de izquierda (48 por ciento) y el crecimiento de la opción liberal que no se reconoce en esos principios. El empeño en afirmar un bien innegociable ha contribuido a que no se realizara el bien posible.

La victoria de los socialistas en cualquier otro país de la Unión Europea podría verse como una buena noticia. Ha estado acompañada de la emergencia con fuerza de un partido bisagra liberal (Ciudadanos), y llega después de que el ciclo del centro-derecha (PP) quedara claramente agotado por la gestión de la crisis y por la corrupción.

Pero no todo es tan sencillo. La derrota cosechada por el centro-derecha (PP) permite vaticinar, si no la desaparición del partido, sí una larga travesía del desierto, lo que sin duda no será bueno para el sistema de contrapesos. A menos que los liberales de Ciudadanos lo sustituyan por completo (lo han sustituido ya en la mente muchos ex votantes del PP).

>Editorial

La oportunidad tras la victoria socialista

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  39 votos

¿Triunfadores y derrotados?

Miguel G. García-Revillo

Obviamente, como en todo proceso electoral, hay triunfadores (PSOE, Ciudadanos y Vox) y derrotados (PP y Podemos). Sin embargo, al contrario que muchos analistas, de uno y otro signo, creo que las claves de estas elecciones y, particularmente, de los dos resultados electorales más llamativos, esto es, la victoria del PSOE y el monumental batacazo del Partido Popular, no están donde se está diciendo sino en otros datos. Vayamos por partes.

Las encuestas electorales del CIS se aproximaron en cuanto al número de escaños, pero no en los porcentajes de voto, donde estaban muy lejos de la realidad. Como en tantas elecciones generales, España refleja un sano equilibrio entre izquierda y derecha, casi por mitad, que sólo se altera en casos muy excepcionales, y ligeramente. A diferencia del “CIS de Tezanos”, que arrojaba una ventaja a favor del bloque de izquierdas de casi 10 puntos, los resultados electorales dan, aproximadamente, un 43 por ciento al bloque PSOE-Podemos y un 41 por ciento al formado por PP, Ciudadanos y Vox. En votos, la diferencia es aún más ajustada. Apenas cien mil votos de ventaja para las izquierdas sobre las derechas. Este resultado no se ve sustancialmente alterado si contamos también a los partidos nacionalistas, pues al triunfo de la izquierda (ERC) se contrapone el peso de la derecha (PNV-Junts per Catalunya) en parecidas proporciones.

Al contrario de lo que dicen muchos analistas, la gran derrota electoral del PP no viene motivada porque haya perdido el centro, o por la supuesta radicalización de su discurso españolista. Con los datos en la mano, de los casi 8 millones de votos obtenidos en las elecciones anteriores, al PP se le han ido 2 millones y medio a la derecha (a Vox) y “apenas” un millón al centro (Ciudadanos), si es que el millón de votos que gana C’s viene entero del PP, que lo dudo. El PP no ha perdido el centro. Ha perdido, sobre todo, la derecha. Y ha perdido también por su manifiesta ineptitud, desde hace más de 30 años, en materia de comunicación, de transmisión de su mensaje, de su proyecto y de sus logros, cosa que la izquierda tiene garantizada mediáticamente y que, en el bloque de las derechas, C’s maneja muy bien y Vox también ha logrado con un mensaje directo y sin complejos. Eso, sumado a una corrupción grave, en casos significativos, ha mandado al PP a la lona, y le mandará al abismo, como ocurrió con la desaparecida UCD, si no da un brusco cambio de orientación a su conducta, que lo dudo.

¿Triunfadores y derrotados?

Miguel G. García-Revillo | 0 comentarios valoración: 2  40 votos
>Entrevista a Valentì Puig

"La demagogia ha logrado seducir al votante"

Juan Carlos Hernández

Valentí Puig valora para Páginas Digital los resultados electorales del 28A. El escritor ve decisiva la próxima cita electoral para vislumbrar las perspectivas futuras del PP.

¿Qué valoración hace de los resultados electorales?

Me temo que son la consecuencia de una cadena de confusiones semánticas y de travestismos. Evidentemente, es lo que han votado los electores pero esto no obsta para que uno pueda suponer que en algunos casos la demagogia ha logrado seducir al votante. Hablemos de una democracia de superficie, con la conducta del hombre-masa seducida por twitter. ¿Cómo es posible que alguien que, como Pablo Iglesias, no reniega del chavismo y que acusa al capital de todos los males luego vaya a un debate, se haga el moderado, el hombre con buenas formas y la gente se lo crea?

Para explicar la acusada bajada del PP, ¿basta con los problemas de corrupción o estamos en un cambio de ciclo donde los valores que representaba el partido ya no son mayoritarios en la sociedad española?

Entiendo que la clave está en el centro. Para parar la fuga de votos hacia Vox, Pablo Casado le cedió el voto de centro a un líder ajeno al centrismo, como es Pedro Sánchez. La moción de censura y la retirada de Rajoy fue un legado gravoso para su sucesor. El presidente de la Junta de Galicia se echó para atrás. Y Casado asumió lastres aznaristas y aguirristas, sin margen para reformular el PP. Después de las elecciones municipales, autonómicas y europeas se verá si el PP logra proyectarse en el futuro.

¿Se complica aún más con estos resultados afrontar el desafío independentista?

Personalmente, me asombra que los antiguos votantes pujolistas, después de todo lo que ha pasado, vean en ERC un retorno al pactismo siendo un partido de historia turbulenta, republicano hasta la médula e independentista genuino, aunque ahora haga fintas posibilistas. Sigue, aunque con menos votos, el riesgo secesionista. El “procés”, digamos, está prácticamente agotado pero la masa independentista está ahí.

>Entrevista a Valentì Puig

"La demagogia ha logrado seducir al votante"

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  53 votos
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>Columna izquierda

>Editorial

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>Editorial

La oportunidad tras la victoria socialista

Fernando de Haro

Una semana después estamos en mejores condiciones de comprender lo que ha sucedido en las elecciones generales y de entender la oportunidad que puede proporcionar la nueva situación política. Tras diez meses de un Gobierno en precario, el PSOE ha conseguido una victoria amplia (123 escaños de un total de 350) en un Congreso con cinco fuerzas de peso nacional. Todo esto en una Europa en la que los partidos tradicionales tienden a desaparecer. La victoria se debe a la recuperación de parte del voto que había emigrado al populismo de izquierdas (Podemos), a la movilización de un millón extra de votantes de izquierda y a la fragmentación de la derecha en tres fuerzas (PP, Ciudadanos y Vox). Algo más de un tercio de los votos de Vox (700.000 votos) se han quedado sin representación parlamentaria y han favorecido al PSOE por la ley electoral.

En realidad no se entiende la victoria de los socialistas sin la emergencia de Vox, convenientemente utilizada para sembrar el pánico y movilizar a los abstencionistas de la izquierda. La nueva formación se presentaba como el partido que, después de años de renuncias de la derecha a principios y valores, venía a restaurarlos. Ha hecho de la unidad de España, de la lucha contra la ideología de género, de la lucha contra el aborto, del combate contra el feminismo, sus banderas. No es un partido como el Frente Nacional o Alternativa por Alemania porque apenas recibe un cinco por ciento de votos desencantados de la izquierda. Es un partido apoyado por cierta derecha sociológica que, curiosamente, hace suyo algo propio de la izquierda utópica: convertir la política en un instrumento salvífico, reclamar la teologización de la política para que defienda ciertos valores aunque estos hayan sido abandonados o relativizados por la sociedad (se acaba culpando a la “ingeniería social” de su destrucción).

Vox, que se enfrenta al progresismo, acaba asumiendo los principios metodológicos revolucionarios, sobre todo cierto maniqueísmo dialéctico (cuanto peor, mejor). Para algunos es el partido católico, a pesar de haber perdido lo más católico que hay en política: la “reserva escatológica”, la referencia de las dos ciudades.

La voluntad expresa de afirmar políticamente ciertos valores, porque el PP no lo hacía, y el corrimiento del PP hacia posiciones de Vox ha provocado la movilización de una casi-mayoría de izquierda (48 por ciento) y el crecimiento de la opción liberal que no se reconoce en esos principios. El empeño en afirmar un bien innegociable ha contribuido a que no se realizara el bien posible.

La victoria de los socialistas en cualquier otro país de la Unión Europea podría verse como una buena noticia. Ha estado acompañada de la emergencia con fuerza de un partido bisagra liberal (Ciudadanos), y llega después de que el ciclo del centro-derecha (PP) quedara claramente agotado por la gestión de la crisis y por la corrupción.

Pero no todo es tan sencillo. La derrota cosechada por el centro-derecha (PP) permite vaticinar, si no la desaparición del partido, sí una larga travesía del desierto, lo que sin duda no será bueno para el sistema de contrapesos. A menos que los liberales de Ciudadanos lo sustituyan por completo (lo han sustituido ya en la mente muchos ex votantes del PP).

La oportunidad tras la victoria socialista

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>Editorial

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

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>Columna derecha

>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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