Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
20 FEBRERO 2019
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>El futuro de la escuela

´Eduquemos en el respeto a la consistencia de los grifos´

P.D.

Entrevista a Gregorio Luri, doctor en filosofía y licenciado en Ciencias de la Educación. Ha trabajado como maestro de primaria, como profesor de filosofía en bachillerato y como profesor universitario en la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado varios textos de política, filosofía y pedagogía. En 2017 recibió el Premio MEP (Mejora tu Escuela Pública).

¿En qué momento está nuestra escuela? ¿Es necesaria una refundación? ¿En qué sentido?

Lo primero que hay que decir es que la escuela es una causa noble, pero imperfecta. Es una noble causa imperfecta. En la medida en que ponemos el acento en su nobleza o en su imperfección contribuimos a la una o a la otra. Precisamente por su nobleza, la escuela nunca está completamente satisfecha consigo misma y eso está bien. Pero tiene que saber gestionar su insatisfacción con inteligencia. La escuela, como la ley, debe ser tocada con mano temblorosa, porque lo que está continuamente puesto en cuestión corre el riesgo de dejar de ser respetado. En resumen: la escuela debe aprender a aprender de su propia experiencia y esto sólo es posible si se compromete con prácticas reflexivas y con la consecución de evidencias.

¿Un enfoque en el desarrollo de habilidades STEM puede alejar de la reflexión?

Soy un firme partidario de reforzar las STEM, pero con un matiz: lo que necesitamos es dar forma curricular a un humanismo STEM. Para ello debemos comenzar pensando que las matemáticas son un lenguaje y que quien no lo domina no podrá dialogar con su tiempo. Añado que las matemáticas han formado siempre parte del núcleo del humanismo. Un sistema educativo fracasado es, por ejemplo, aquel cuyos alumnos viven con angustia el aprendizaje de las matemáticas y las ciencias. Pensar un problema matemático es un fenomenal ejercicio de reflexión.

Cada vez es más necesaria la creatividad, ¿cómo vincular STEM con innovación?

El ser humano necesita de la creatividad tanto como de las rutinas. Un discurso pedagógico que no comprenda la importancia de la rutina no comprende al ser humano. Por otra parte, la creatividad es un concepto universalmente alabado, pero eso no quiere decir que sepamos cómo fomentarla. Desde los años 60 se han desarrollado cientos de programas de desarrollo de la creatividad con resultados más bien mediocres. Proporcionemos conocimientos a nuestros alumnos. Todo conocimiento sustantivo nos recrea y aprendiendo a recrearnos, creamos. El joven que tenga conocimientos podrá ser un joven creativo o, en su defecto, un magnífico técnico.

¿La insistencia en el desarrollo de competencias puede convertir la educación en instrucción?

El riesgo del aprendizaje competencial es que tiende a ignorar el gozo de la comprensión, del descubrimiento, de la persecución de un objeto; la alegría del disfrute gratuito del instante, de perderse en la contemplación de las nubes, de dejarse invadir por la emoción de la música; etc. Cuando Sócrates estaba a punto de morir, se empeñó en aprender a tocar con la flauta una canción. “Pero Sócrates, le preguntaron, ¿de qué te va a servir eso?”. “Me servirá, contestó, para tocar esta canción con soltura”. Dicho lo anterior, yo siempre he sido partidario de la taxonomía de Bloom que entiende el dominio cognoscitivo como un proceso que sigue esta dirección: conocimiento, comprensión, aplicación, análisis, síntesis y (auto)evaluación.

>El futuro de la escuela

"Eduquemos en el respeto a la consistencia de los grifos"

P.D. | 0 comentarios valoración: 4  5 votos

 

>Conferencia de seguridad de Múnich

Discursos reiterativos y escepticismo sobre Trump

Antonio R. Rubio Plo

En mi opinión, muchos de los discursos de la Conferencia de Seguridad de Múnich, que desde hace más de medio siglo tiene lugar en la capital bávara, han ido perdiendo interés por la reiteración de los argumentos de los líderes políticos internacionales. Unos afirman y otros niegan, todos exponen sus alegatos, pero sus percepciones de la realidad y del escenario internacional son muy distintos. Hay quien hace un balance positivo de las décadas pasadas, sobre todo si se trata de políticos norteamericanos y europeos. Otros, en cambio, no dudan en arremeter contra la visión satisfecha de los occidentales y les acusa de llevar un doble rasero. Las intervenciones públicas y las ruedas de prensa marcadas por la dialéctica, y no tanto por el diálogo, están al orden del día. El apasionamiento y la virulencia de los discursos queda, sin embargo, muy por debajo del ya histórico discurso en este mismo foro del presidente Putin en 2007, que marcó la ruptura definitiva entre Rusia y los países occidentales, que en los años siguientes se confirmó plenamente y llego a su punto álgido en 2014 con la crisis de Ucrania.

Pero algunos oradores no pueden sustraerse a una realidad marcada por la sospecha o por la percepción de que el presidente Trump no se siente identificado con el título de líder del mundo libre que se atribuyó tradicionalmente a los inquilinos de la Casa Blanca desde los inicios de la guerra fría. En este sentido, se comprende el panegírico que de Donald Trump ha hecho el vicepresidente Mike Pence, al que ha presentado como un hombre que cumple con sus compromisos, un político más de acción que de palabras, y no ha podido por menos de sustraerse a la evocación del antológico discurso de Trump en Varsovia en julio de 2017, que muchos analistas consideraron una defensa apasionante de los valores occidentales al hilo de la historia reciente de Polonia. Pero el que Trump lo pronunciara en la capital polaca en vez de en una capital de Europa occidental para muchos solo es un signo de que el mandatario norteamericano siempre ha pretendido dividir a Europa, con el fomento de los soberanismos y de las relaciones bilaterales por encima del proceso de integración europeo, en el que evidentemente Trump no cree. Esta semilla de división se vería acaso confirmada por el hecho de que las maniobras de la OTAN más importantes desde el final de la guerra fría se desarrollen en Noruega, Letonia o Polonia, una respuesta al desafío ruso, pero también una confirmación de que es Washington, y no Bruselas, quien garantiza la seguridad europea. Y esto no deja de ser cierto, por mucho que algunos crean que ha llegado el momento de la Europa de la seguridad gracias al tratado de Aquisgrán, en el que hay quien solo ve un piadoso ejercicio de voluntarismo.

>Conferencia de seguridad de Múnich

Discursos reiterativos y escepticismo sobre Trump

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>Editorial

28 de abril, no solo un cambio de Gobierno

Fernando de Haro

Las elecciones que se van a celebrar en España el próximo 28 de abril pondrán fin al ciclo que se inició con las celebradas en diciembre de 2015. O no. Los comicios de hace poco más de tres años tenían lugar en un país que había hecho un gran esfuerzo para responder a las crisis. Los recortes de Zapatero y las reformas de Rajoy habían dejado una sensación de cansancio y un distanciamiento de muchos electores de los dos partidos, PP y PSOE, que habían liderado la izquierda y la derecha durante décadas. El sufrimiento económico y social, la corrupción y el desencanto hicieron que muchos votantes, sobre todos los más jóvenes, buscaran otras opciones. Saltó por los aires el bipartidismo. Ni las nuevas ni las viejas formaciones estaban preparadas para afrontar una Cámara que necesitaba pactos. Los socialistas no dejaron gobernar al PP de Rajoy porque habían ido muy lejos en las críticas a la gestión de la crisis. Y la nueva izquierda, Podemos, no dejó gobernar al PSOE con los liberales de Ciudadanos. Impensable una gran coalición de socialistas y conservadores (aunque las coincidencias ideológicas son numerosas) en un país en el que el casticismo, la dialéctica del enemigo, domina la vida pública desde el año 2000. Prácticamente toda la clase política ha querido en este período instrumentalizar el desencanto y conducirlo hacia una creciente polarización que coloniza ideológicamente la experiencia social vivida durante la crisis. En lugar de destacar todas las energías positivas desplegadas, los partidos viejos y nuevos han favorecido una lectura de lo sucedido en términos de dialéctica de contrarios.

Hubo que repetir elecciones en 2016. Y esta vez los socialistas sí dejaron gobernar al centro derecha, pero Rajoy no supo entender que el Gobierno es más que gestión y que los casos de corrupción habían minado el crédito de su partido. Tampoco supo comprender y reaccionar ante el proceso secesionista en Cataluña. Y Sánchez, tras el éxito de su moción de censura, en lugar de convocar elecciones, decidió formar Gobierno. Era imposible acabar la legislatura por su escaso respaldo parlamentario y porque necesitaba el apoyo de los independentistas. Pero al líder de los socialistas le interesaba, sobre todo, utilizar la presidencia como herramienta de promoción personal para las siguientes elecciones.

Hace ocho meses era evidente que no existía la vía que solo Pedro Sánchez creía haber encontrado para conseguir el apoyo de los independentistas catalanes y no incumplir las mínimas reglas constitucionales. Desde el principio se sabía que el secesionismo no iba a renunciar a sus peticiones de máximos mientras no tuviera lugar el juicio y no hubiera sentencia sobre los doce líderes acusados por el intento de secesión. Si en algún momento hay solución política (que se debe explorar) a las pretensiones de independencia de la mitad de los catalanes, será después de que la sentencia sea firme.

>Editorial

28 de abril, no solo un cambio de Gobierno

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  14 votos

Si Vox no existiese y sus votos se los repartiesen Ciudadanos y PP...

Kiko Llaneras y Borja Andrino (El País)

Por su interés, proponemos el artículo publicado este domingo en El País bajo el título “La importancia del territorio en el voto: el caso de Vox”, donde se pone de manifiesto que si los votos de Vox se repartieran entre el Partido Popular y Ciudadanos, estos dos partidos rondarían los 190 escaños.

No todos los votos cuentan igual. Se ha dicho muchas veces que algunas provincias ofrecen escaños “baratos”, porque se consiguen con menos votos. Pero el reparto también puede provocar otras carambolas, como que miles de votos en Alicante o Cádiz sean irrelevantes (si no mueven ningún diputado) y que un solo voto en Murcia decida un escaño. Nuestro sistema electoral, como tantos otros, tiene también algo de caprichoso.

Los politólogos conocen sus particularidades, o al menos las conocían, porque no está claro si lo que era cierto para un equilibrio bipartidista sigue siéndolo ahora. Sabemos que el sistema tiene un sesgo rural que acaba siendo conservador. Las provincias menos pobladas reparten más escaños por habitante, y como esa “España vacía” votaba más por el PP, los conservadores partían con ventaja. Como explicó Alberto Penadés en este periódico, “si el PSOE y el PP hubieran empatado a votos en las últimas elecciones —quedando lo demás igual— el PP habría obtenido nueve escaños más que el PSOE”. Esto podría estar cambiando, no obstante, si como parece el voto de las provincias pequeñas beneficia al PSOE antes que a Podemos. Tampoco está claro cómo afecta el sesgo rural a Ciudadanos, ahora que ronda el 18% de votos, o a Vox, que es una incógnita.

La otra característica del sistema era el sesgo mayoritario. Excepto en las grandes provincias (Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante y Sevilla), el resto reparten pocos escaños y eso penaliza a fuerzas pequeñas de voto disperso. Ese fue el caso de Izquierda Unida en 2015, por ejemplo, cuando no obtuvo ni un 1% de escaños aunque tenía el 3,7% de los votos. Era habitual usar un atajo y presumir que los partidos de ámbito estatal necesitaban superar el 15% de voto nacional para no ser muy perjudicados en escaños. Sin embargo, esas referencias podrían no valer ahora.

Para demostrarlo hemos hecho una simulación. Primero hemos tomado las encuestas más recientes (que dicen que la suma de PP, Ciudadanos y Vox rondará el 49% de votos). Después hemos encontrado una forma de distribuir los votos por provincias, como explicamos en la metodología. Y por último, hemos ido variando los votos de Vox para observar sus efectos. La suma de escaños de la derecha puede ser muy diferente si el partido de Santiago Abascal sube hasta el 15% de votos o se queda en un 6%, aunque los tres partidos sumen exactamente los mismos votos. Esto es así por los efectos no proporcionales que tiene el sistema electoral.

Si Vox no existiese y sus votos se los repartiesen Ciudadanos y PP...

Kiko Llaneras y Borja Andrino (El País) | 0 comentarios valoración: 2  6 votos

Por su interés, proponemos el artículo publicado este domingo en El País bajo el título “La importancia del territorio en el voto: el caso de Vox”, donde se pone de manifiesto que si los votos de Vox se repartieran entre el Partido Popular y Ciudadanos, estos dos partidos rondarían los 190 escaños.

Polarización. ¿El fracaso de la política?

Francisco Medina

En su libro La promesa de la política, Hannah Arendt refiere el fenómeno político –referido siempre en la tradición del pensamiento occidental a la vida de la polis– a un hecho derivado de la pluralidad de los hombres, un hecho derivado del estar juntos y de convivir con el otro, con el diverso, generador de un espacio que los une y, a la vez, los separa: el mundo en el que vivimos y nos movemos. La política, pues, no es algo separado de la vida de los hombres, y que guarda mucho que ver con la libertad no sólo de reunión, expresión y asociación, sino libertad para tomar parte activa en los asuntos públicos.

Para Arendt, la política es un narrarse, un conversar los unos con los otros, debatir porque únicamente de esta “confrontación”, de este diálogo, es como mi experiencia del mundo se amplía, se enriquece con el fenómeno del otro. Tal espacio común, como señala la pensadora, tiene un marco, un contorno que la tradición occidental había establecido: la constitución emanada del pueblo; la lex (en latín, significa poner en relación), las costumbres y nuestras instituciones, y en cuyo seno se hace posible la acción de gobierno.

Es difícil no tener presente la realidad de nuestra sociedad al leer las agudas y provocadoras reflexiones que Hannah Arendt hace sobre el fenómeno de la política: una España que, desde hace una década, lleva atenazada por el “miedo que nos paraliza”, por una mentalidad del corto plazo y de lo provisional. Por una sociedad líquida, donde las cosas no se aprehenden sino que se consumen, y donde el miedo a la vida, al riesgo, al dolor, a la muerte, al fracaso… está omnipresente. Es una España donde la clase política ha cruzado la delgada línea roja y se ha adentrado en la huida hacia adelante de las utopías (nacionalismo, los nuevos derechos o el recurso a los valores), y la sociedad ha seguido acríticamente.

No podemos negar que, como sociedad, nos hemos polarizado: el juego irresponsable de la moción de censura promovida por Pedro Sánchez ha degenerado en una posición irresponsable de un Gobierno que no dice ni sí ni no, sino todo lo contrario, negociando con partidos nacionalistas que únicamente buscan perpetuar el cortijo socavando ya no sólo el sistema constitucional, sino el marco social de convivencia al enfrentar a sus propios ciudadanos (y no sólo me refiero a Cataluña; también en el País Vasco y Navarra); recabando apoyos de un Podemos que cada vez más adopta la forma de una izquierda líquida, en la que no existe más que la huida a ninguna parte; así también en el PSOE cuyo único proyecto de ingeniería social y jurídica es el de la vida líquida que Zygmunt Bauman denunciaba (y con el que muchos defensores del Estado liberal concordarían). La polarización por la izquierda está pasando factura.

Polarización. ¿El fracaso de la política?

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Wild Wild Country: homenaje a los Buenos

Javier García Arevalillo

En 1980 una secta nacida en India se trasladó, encabezada por su gurú, a un pueblo de 50 habitantes en medio del estado de Oregón. Hay algo que me dejó con la boca abierta durante cada uno de los seis capítulos de esta serie documental, “Wild Wild Country”.

Baghwan Rajneesh, un gurú New Age de India, funda en los 60 una secta, los Sannyassins, que visten de naranja y predican básicamente el nacimiento de un hombre nuevo. Es arriesgado realizar una serie documental de una secta. Pero creo que juzga lo sucedido con ecuanimidad. Y no era fácil, porque estamos en una sociedad que se identificará más fácilmente con el sentimentalismo de los Sannyassins que con la mentalidad de los que se enfrentaron a ellos y les persiguieron.

El gurú va atrayendo a miles de seguidores hasta que decide fundar una comuna en Poona. Pero, por la persecución de la primera ministra Ghandi, decide irse a un gran rancho en el desierto de Oregón y fundar algo más que una comuna: Rajneeshpuram, una nueva ciudad, que llegaría a fagocitar el pueblo cercano de Antelope.

Un gurú ponía el marketing, el mensaje para la nueva religión. El poder detrás de él, la fuerza de la naturaleza detrás de la construcción de un vergel y una ciudad en medio del desierto, fue Ma Anand Sheela, la secretaria personal de Bhagwan y el personaje más interesante de la serie.

Inicialmente me costaba entrar en un documental de sectas… pero esto es otra cosa. Es un ejercicio inteligente, que aborda los grandes temas de fondo al hablar de sectas: la necesidad de la pertenencia, la percepción de ser escogidos, de ser más listos y mejores gracias al conocimiento que compartimos, y sobre todo la veneración acrítica al líder. Ingredientes que generan una energía aparentemente positiva: risas, creatividad, riqueza…

La serie no censura el testimonio de nadie, de ningún bando. Algunos del bando “de la ley”, de la minoría que se enfrentó a la colonización sannyasin, son antipáticos, mientras en el bando sannyassin todo son sonrisas, amor flower power, vivacidad… Pero por los frutos los conoceréis: solo un bando se sumergió sin pudor en la comisión de crímenes para lograr los objetivos. Como decía el fiscal general: al final de la serie vemos hasta qué punto no fue una cuestión de avaricia… fue simple y llanamente maldad. Y no digo más.

Más allá del ritmo trepidante del documental, de lo increíble de la historia, de los giros que van dando los acontecimientos… me parece un precioso homenaje a los pocos “buenos” que no se conformaron con no hacer nada, y que dieron la batalla legal (y moral) contra una realidad que pretendía colonizar hasta su estilo de vida. Y una lección de que detrás de una intensidad fanática se acaba mostrando la violencia de una ideología.

Wild Wild Country: homenaje a los Buenos

Javier García Arevalillo | 0 comentarios valoración: 2  11 votos

Adiós Sánchez, adiós

Rafael Izquierdo

Este 13 de febrero Sánchez ha visto cómo sus presupuestos de 2019 eran rechazados en el Congreso, lo que le obliga a convocar elecciones. El pasado 1 de junio Rajoy perdía el Gobierno después de una moción de censura. Rajoy perdió la moción de censura por el cambio de voto de los nacionalistas vascos. Sánchez se ve obligado a convocar elecciones porque los independentistas catalanes han dejado de apoyarle. Los nacionalistas vascos retiraron a Rajoy el apoyo por sorpresa. Los independentistas catalanes siempre dejaron claro que exigían a Sánchez un referéndum de autodeterminación que Sánchez no podía darles. Sánchez, en su adanismo, creyó que podía abrir un camino donde no había vía.

Tras la devolución de los presupuestos solo queda por saber la fecha de las elecciones. Esperamos a que Pedro Sánchez tenga a bien salir pronto de twiter y comunicar cuándo van a ser los comicios. Rajoy se quedó encerrado en un plasma, Sánchez en un hilo de twitter.

180 diputados votaron contra Rajoy, pero la moción de censura en España es constructiva, por eso votaron a favor de Sánchez. Y Sánchez llegó a la presidencia del Gobierno sin haber presentado un proyecto en su investidura y con la promesa incumplida de convocar elecciones. Hoy hemos vuelto a la votación del 1 de junio, al punto de partida. Sánchez ocho meses después ha tenido solo 158 votos para sus presupuestos. Nunca tuvo 180 votos, una mayoría suficiente, para gobernar.

Estamos en la misma casilla de salida de hace ocho meses después de que España haya visto cómo un Gobierno intentara resucitar el fantasma de la Guerra Civil, impulsara una contrarreforma educativa sin consensuarla con nadie, aceptara una cumbre bilateral con el Gobierno de Cataluña como si fueran dos países diferentes, se mostrara dispuesto a vender muy barata la soberanía nacional con una mesa de partidos que hubiera ninguneado al Congreso. Ocho meses después de que un Gobierno haya aprobado una subida de las pensiones y del salario de los funcionarios que dispara el déficit, después de que se haya aprobado una subida del Salario Mínimo Interprofesional del 22 por ciento que puede destruir el empleo, y después de haber buscado el apoyo de una izquierda como la de Podemos que está fuera del consenso constitucional y que sigue apoyando a Maduro en Venezuela. Estamos en la casilla de salida con una España más polarizada, en la que Sánchez ha terminado por destruir ese gran consenso de la transición por el que transitaba la socialdemocracia, los liberales y los conservadores. Sánchez ha batido muchos récords, pero nunca hasta ahora nadie al frente del Gobierno había destruido tanto en tan poco tiempo. Sería un alivio por el bien del país, por el bien del PSOE, que haya comenzado el final político de un presidente del Gobierno frívolo que ha pensado mucho más en su propia imagen que en el bien común de España.

Adiós Sánchez, adiós

Rafael Izquierdo | 0 comentarios valoración: 3  13 votos

La ocasión perdida

Juan Carlos Hernández

Con la vista puesta en el juicio a unos políticos, que se presentan como presos políticos cuando en realidad, como diría Pedro Cuartango, son políticos presos, miles de españoles se han concentrado el pasado domingo en la plaza de Colón dada la gravedad de los desafíos que atraviesa nuestra nación.

Esta concentración debería de servir como catalizador de una respuesta de la sociedad civil y de la clase política frente a un presidente del Gobierno sin una idea clara en la cabeza a excepción de querer ocupar su sillón en la Moncloa, debe ser que no hay otro sitio mejor para escribir su libro. Sin embargo, lo que hemos podido leer estos días en las crónicas muestra la percepción contraria. La sociedad civil y, por tanto, también la clase política parece más preocupada por lo anecdótico, por la foto, por si llevaba la camisa más o menos abrochada… Por otra parte, el manifiesto leído por los periodistas era ciertamente mejorable.

La única evidencia clara llegados a este punto es que este maldito “procés” ha inoculado en todos, constitucionalistas y separatistas, la división. También dentro de los constitucionalistas y dentro de los “indepes”. Hemos perdido la evidencia de que la unidad es un bien.

Es necesario manifestarse frente a los que quieren saltarse la ley, es necesario manifestarse frente a un presidente del Gobierno esclavo de su debilidad. Es muy preocupante que el Gobierno busque negociar con los independentistas, no para buscar mejorar la vida de los ciudadanos sino para mantenerse en el poder a cualquier costa. Es verdad que no es el primer gobierno con esta tendencia. Pero este caso es especialmente grave dada la extrema debilidad de un Gobierno con 84 escaños que ha llevado a plantear la posibilidad estrambótica de un relator en las negociaciones.

Pero aún más necesario que manifestarse es mostrar un proyecto de unidad, un proyecto más ilusionante y esto no se hace con declaraciones altisonantes ni escribiendo en twitter. Nos falta imaginación y nos sobran tuits. Lo que urge es construir un proyecto colectivo. Si una concentración de estas características en lugar de fomentar este proyecto colectivo lo que se hace es dividirnos, hemos perdido el tiempo.

Un sano patriotismo puede mostrar la bandera como reconocimiento de una tradición que se te ha donado gratuitamente, una tradición que no es algo estático, como una foto del pasado, sino que se enriquece continuamente. No vaya a ser que podamos caer en los mismos errores que los nacionalismos periféricos.

Es probable que tengamos elecciones pronto, ojalá que así sea, pero esto por sí solo no es suficiente para solucionar nuestros males.

La ocasión perdida

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 3  17 votos
>El kiosco

Demasiado tiempo con los ojos secos

Elena Santa María

El cantante Dani Martín se preguntaba en una entrevista reciente en Jot Down "¿por qué el mundo está como está ahora mismo? ¿Por qué un tío desde una ventana se pone a matar gente en Las Vegas? ¿Qué pasa en este planeta? ¿Por qué hay tanta desigualdad, por qué somos tan malos vecinos? (...) ¿Qué cojones está pasando aquí?".

¿Qué está pasando aquí? Carlos G. Reigosa en La Voz de Galicia responde que "la realidad es que el guirigay que tenemos en España, con más de media docena de versiones para explicar lo que sucede y lo que debería suceder, confunde hasta a los más hábiles y mejor formados". Y añade que, "sin embargo, debe recordarse que las verdades deben prevalecer y que caminar de su mano suele tener el premio de las decisiones sabias, que tan necesarias son para el buen funcionamiento de las sociedades, de los Estados y de los propios individuos. Porque la verdad sí existe y nos hace dignos y libres. ¿Acaso han olvidado esto nuestros políticos?".

¿Qué está pasando aquí? Pedro Simón, en El Mundo, responde con un ejemplo concreto de algo que también está pasando. Lo hace con el ejemplo de Luisa, una mujer sobre la que dice que "hubo un tiempo lejano en que le sobraban todos y le faltaba su espacio. No tenía tiempo para ella, ni espejo, ni pausa, y así fueron pasando los años. Hasta que poco a poco se le fue devolviendo todo de golpe. Las horas. El hueco en el sofá. El mando para ella sola. La soledad, claro. Y el miedo también. En España hay más de tres millones de personas que viven solas porque no les queda otra. Uno de cada cuatro mayores no recibe nunca visitas de familiares cercanos. Tienes no sé cuántas ocupaciones. Un montón de contactos en las redes. Muchas pantallas que mirar. Pero cuánto hace que no vas a ver a Luisa".

¿Qué está pasando aquí? Jorge Marirrodriga, en El País, dice que lo que pasa es que "cantamos a lo que no tenemos y aspiramos a lo que no podemos alcanzar. Somos humanos. Es cierto que esa búsqueda puede convertirse en persecución y esa inquietud, en enfermedad. Y si es generalizada, en una pandemia. Pero, si lo pensamos detenidamente, ese anhelo es el motor que, al final, nos mueve. Tal vez no se puede ser totalmente feliz todo el tiempo". Pero concluye que “seguramente perseguir la felicidad es doloroso y frustrante y encima puede que la cosa acabe mal. O no. En la duda –y la esperanza– que genera ese ‘o no’ reside lo importante. Chesterton decía que si de verdad vale la pena hacer algo, entonces vale la pena hacerlo a toda costa. Y ya lo canta Meat Loaf: recorrer todo el camino solo es el comienzo".

¿Qué está pasando aquí? Otra respuesta concreta de un hecho concreto. En este caso del día siguiente a la celebración de la gala de los Goya. Carlos Boyero, crítico de cine de El País, escribió entonces que "la revelación más gozosa, conmovedora y memorable de esta fiesta de pompa y circunstancias que este año les ha quedado tan correcta y previsiblemente empoderada (creo que se dice así) ha sido el discurso de agradecimiento de un señor muy bajito, calvo y con terribles problemas de visión llamado Jesús Vidal. Noto la cercanía de la lágrima (con causa o sensiblera, me da igual cómo aflore en estos ojos que llevan secos tanto tiempo) ante lo que cuenta y cómo lo expresa al recibir su premio. Ignoro si Jesús Vidal es un actor extraordinario, con capacidad para provocar en los receptores las sensaciones que le dé la gana, si su discurso estaba preparado o improvisado, pero fue precioso. Hablo de memoria, aunque no creo que me ofusque. Creo haber escuchado a Jesús Vidal lo siguiente: ‘Amar la vida con los ojos de la inteligencia y del corazón’ y ‘sí me gustaría tener un hijo como yo porque tengo unos padres como vosotros’. Destila emoción auténtica, cercanía sentimental, calidez, verdad". De nuevo la verdad que decía Reigosa que nos hace dignos y libres. Y en ese momento, con los ojos secos o no, todos la reconocieron.

>El kiosco

Demasiado tiempo con los ojos secos

Elena Santa María | 0 comentarios valoración: 3  19 votos

800 años después, un nuevo abrazo y un compromiso de paz

Andrea Tornielli

Ochocientos años después del encuentro entre Francisco de Asís y el sultán Malik Al-Kamil, el Papa que lleva el nombre del santo se ha presentado ante los “hermanos musulmanes” como un “creyente sediento de paz”. Junto al gran imán de Al-Azhar ha firmado una declaración llamada a marcar no solo la historia de las relaciones entre el cristianismo y el islam sino también la propia historia del mundo islámico.

El papa Francisco, inventor de la expresión “guerra mundial a trozos”, se inserta con este viaje y con este gesto en el camino trazado por sus predecesores dando un paso más. Ya san Juan Pablo II, desde el encuentro de Asís de 1986 –cuando pesaba sobre el mundo la amenaza nuclear que lamentablemente vuelve a cernirse sobre nosotros–, implicó a los líderes religiosos para destacar cómo los credos más distintos deben promover la paz, la convivencia, la fraternidad. Después del 11 de septiembre de 2001, cuando el fundamentalismo terrorista se introdujo perturbadoramente en el escenario internacional, el anciano pontífice polaco hizo todos los esfuerzos posibles para borrar cualquier justificación religiosa que abusara del nombre de Dios para explicar actos de violencia, terrorismo, asesinato de hombres, mujeres y niños inocentes. Por este mismo camino avanzó también Benedicto XVI durante todo su pontificado. En septiembre de 2006 el papa Ratzinger decía a los líderes de los países musulmanes que “hace falta que, fieles a las enseñanzas de sus respectivas tradiciones religiosas, cristianos y musulmanes aprendan a trabajar juntos, como ya sucede en varias experiencias comunes, para evitar toda forma de intolerancia y oponerse a cualquier manifestación violenta”.

Ahora el papa Francisco ha firmado un documento donde no solo se rechaza con contundencia cualquier justificación de la violencia cometida en nombre de Dios, sino donde se hacen afirmaciones importantes y vinculantes que afectan al islam y a algunas de sus interpretaciones. Destacan a este respecto las palabras que piden respeto a los creyentes de credos distintos, la condena de toda discriminación, la necesidad de proteger todos los lugares de culto y el derecho a la libertad religiosa, así como el reconocimiento de los derechos de las mujeres. También es significativo cómo subraya una de las raíces más profundas del terrorismo nihilista, que toma su origen de las interpretaciones erróneas de los textos religiosos, pero también de un “deterioro de la ética, que condiciona la acción internacional, y un debilitamiento de los valores espirituales y del sentido de responsabilidad”. Elementos que favorecen la frustración y la desesperación, “llevando a muchos a caer o en la vorágine del extremismo ateo o agnóstico, o bien en el fundamentalismo religioso, en el extremismo o en el integrismo ciego”. Occidente y Oriente, creyentes de religiones distintas que se miran mutuamente como hermanos –declaran el obispo de Roma y el gran imán de Al-Azhar– pueden ayudarse recíprocamente para tratar de evitar que la guerra mundial a trozos estalle con toda su potencia destructiva.

800 años después, un nuevo abrazo y un compromiso de paz

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28 de abril, no solo un cambio de Gobierno

Fernando de Haro

Las elecciones que se van a celebrar en España el próximo 28 de abril pondrán fin al ciclo que se inició con las celebradas en diciembre de 2015. O no. Los comicios de hace poco más de tres años tenían lugar en un país que había hecho un gran esfuerzo para responder a las crisis. Los recortes de Zapatero y las reformas de Rajoy habían dejado una sensación de cansancio y un distanciamiento de muchos electores de los dos partidos, PP y PSOE, que habían liderado la izquierda y la derecha durante décadas. El sufrimiento económico y social, la corrupción y el desencanto hicieron que muchos votantes, sobre todos los más jóvenes, buscaran otras opciones. Saltó por los aires el bipartidismo. Ni las nuevas ni las viejas formaciones estaban preparadas para afrontar una Cámara que necesitaba pactos. Los socialistas no dejaron gobernar al PP de Rajoy porque habían ido muy lejos en las críticas a la gestión de la crisis. Y la nueva izquierda, Podemos, no dejó gobernar al PSOE con los liberales de Ciudadanos. Impensable una gran coalición de socialistas y conservadores (aunque las coincidencias ideológicas son numerosas) en un país en el que el casticismo, la dialéctica del enemigo, domina la vida pública desde el año 2000. Prácticamente toda la clase política ha querido en este período instrumentalizar el desencanto y conducirlo hacia una creciente polarización que coloniza ideológicamente la experiencia social vivida durante la crisis. En lugar de destacar todas las energías positivas desplegadas, los partidos viejos y nuevos han favorecido una lectura de lo sucedido en términos de dialéctica de contrarios.

Hubo que repetir elecciones en 2016. Y esta vez los socialistas sí dejaron gobernar al centro derecha, pero Rajoy no supo entender que el Gobierno es más que gestión y que los casos de corrupción habían minado el crédito de su partido. Tampoco supo comprender y reaccionar ante el proceso secesionista en Cataluña. Y Sánchez, tras el éxito de su moción de censura, en lugar de convocar elecciones, decidió formar Gobierno. Era imposible acabar la legislatura por su escaso respaldo parlamentario y porque necesitaba el apoyo de los independentistas. Pero al líder de los socialistas le interesaba, sobre todo, utilizar la presidencia como herramienta de promoción personal para las siguientes elecciones.

Hace ocho meses era evidente que no existía la vía que solo Pedro Sánchez creía haber encontrado para conseguir el apoyo de los independentistas catalanes y no incumplir las mínimas reglas constitucionales. Desde el principio se sabía que el secesionismo no iba a renunciar a sus peticiones de máximos mientras no tuviera lugar el juicio y no hubiera sentencia sobre los doce líderes acusados por el intento de secesión. Si en algún momento hay solución política (que se debe explorar) a las pretensiones de independencia de la mitad de los catalanes, será después de que la sentencia sea firme.

28 de abril, no solo un cambio de Gobierno

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Ciudadanos, pero ¿de qué ciudad?

Fernando de Haro

El documento de Abu Dabi, dedicado a la fraternidad humana y firmado por el gran imán del Al Azhar y el Papa, da un paso más en la exploración de qué puede significar para la comunidad islámica el concepto de ciudadanía. Un avance que llega, curiosamente, desde el suelo más sagrado de los musulmanes (la Península Arábiga), cuando no han transcurrido aún cinco años de que cierta facción del sunismo proclamara un nuevo califato (con el proyecto de imponer una sanguinaria y falsa interpretación de la sharía). El islam se abre a la idea de una comunidad, que puede servir de referencia para las diversas pertenencias sociales y religiosas, mientras paradójicamente en Occidente el sentido del nosotros se diluye por identidades que casi absolutizan lo particular (género, religión, lengua, etnia, etc).

La defensa de la libertad religiosa, la condena del uso de la religión para justificar el terrorismo, y el compromiso “para establecer en nuestra sociedad el concepto de plena ciudadanía y de renunciar al uso discriminatorio de la palabra minorías” que contiene el documento de Abu Dabi llegan en un momento de especial tensión en Oriente Próximo. El abandono de las tropas de Estados Unidos de Siria resucita en el mundo sunní el miedo a una extensión de la influencia chiita. Puede completarse el arco que va desde Teherán al Mediterráneo (con el apoyo del Gobierno de Iraq, del régimen de Bachar al Asad que ha ganado la Guerra de Siria y de Hezbolá en Líbano). Fue ese miedo el que llevó a cierta parte del mundo sunní del Golfo Pérsico a apoyar la creación del Daesh. La hegemonía sunní está más condicionada que nunca, la política errática de Mohamed bin Salmán al frente de Arabia Saudí, la guerra de Yemen y el enfrentamiento entre Qatar y la casa de Saud son ingredientes más que suficientes para que el salafismo, la corriente más inmovilista del sunismo, se impusiera como única referencia. Por eso el texto de Abu Dabi, con su apertura, es especialmente significativo.

Un occidental cuando lee la expresión “plena ciudadanía” difícilmente comprende el valor que tienen esas dos palabras en los países de mayoría musulmana. Olivier Roy ha dejado claro que en la historia del islam no existe, como a menudo se piensa, una identificación absoluta entre la comunidad política y la comunidad religiosa (la separación ya apareció en el califato Omeya). Pero en el islam, cuando hay que afrontar el problema del estatus de aquellos miembros de la comunidad política que no son musulmanes, se toma como referencia la Constitución de Medina dada por Mahoma en el 622 y el documento del segundo califa, Omar, dictado en el 637 tras la toma de Jerusalén. Y la interpretación más extendida de los dos textos establece para los dhimmi (cristianos y judíos) un régimen de tolerancia basado en una condición de súbdito de segunda categoría que no goza de plenitud de derechos.

Ciudadanos, pero ¿de qué ciudad?

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>Editorial

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

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>Columna derecha

>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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