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19 OCTUBRE 2019
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>ENCUENTROMADRID

El destino de Europa se mide con Václav Havel

En la última jornada de EncuentroMadrid, la primera conferencia del día se ha basado en conocer más a fondo al político checo Václav Havel, al que está dedicada la exposición central de esta XVI edición. Ubaldo Casotto, periodista y comisario de la exposición ‘El poder de los sin poder’, Joseph H.H. Weiler, profesor universitario de la Facultad de Derecho de la Universidad de Nueva York, y Rocío Martinez-Sampere, directora de la Fundación Felipe González, han debatido sobre el presente y el destino de Europa después de la caída del Muro de Berlín, según los conocimientos de Havel.

La charla ha comenzado con las disculpas de uno de los ponentes, concretamente de Ubaldo Casotto. El periodista italiano no ha podido leer lo que tenía preparado debido a un problema en la garganta y ha pasado sus hojas a la persona que ha presentado la conferencia, David Blázquez, jefe del gabinete del consejero de Economía, Empleo y Competitividad de la Comunidad de Madrid. Ubaldo Casotto ha dado voz al político checo al hablar duramente de Europa. “Havel nos recuerda nuestra responsabilidad durante los 40 años del comunismo. Critica su burocracia y su materialismo. Dice que Europa carece de espíritu de corazón, está fijada en sus intereses económicos y es egocéntrica”.

Casotto ha hablado también de la “responsabilidad” ciudadana. “La nueva Europa debe redescubrir su libertad. La conciencia y la responsabilidad están relacionadas con el hombre”. El periodista italiano ha querido transmitir la idea que tenía el político checo sobre la ‘responsabilidad’ y ha resaltado estas palabras de Havel: “Me importa quién hace el bien sin que lo vean”. A esto, Ubaldo Casotto añadía: “La conciencia es eso por lo cual cuando estás solo te comportas como si alguien te estuviera mirando. Los europeos dudan cada vez más de ese otro”. Casotto ha reafirmado en palabras de Havel que hay que “respetar la libertad de los demás”. “Europa tiene que empezar a cambiar el mundo a partir de sí misma arriesgándose a que nadie siga su ejemplo, pero esta puede ser ejemplo de cómo vivimos juntos. Europa debe asumir la cruz de este mundo. Europa es la historia de un largo encuentro entre creyentes y no creyentes”.

El periodista italiano ha querido enlazar a Havel con el Papa emérito, Benedicto XVI. “Ratzinger decía que la libertad religiosa es también la libertad de decir ‘no’ a Dios. Es solo la posibilidad del ‘no’ lo que garantiza el ‘sí’”. Por esto mismo, Casotto ha recordado lo que dijo Havel en el Senado de Roma en 2002: “Debemos volver a la tradición de la duda y la pregunta, porque es la tradición de la maravilla y la humanidad a donde debemos volver. Para el no creyente siempre existe la duda de la incredulidad. Siempre seguirá acosado por la duda de si la fe es realmente la realidad. Tanto el creyente como el no creyente comparten dudas y fe, siempre y cuando no intenten escapar de sí mismos y de la verdad de la existencia”. El periodista italiano ha querido finalizar agradeciendo a Václav Havel “reconciliarme con la duda”.

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El destino de Europa se mide con Václav Havel

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El globalismo egocéntrico que oprime a los débiles en nombre del "bien"

Aleksandr Solzhenitsyn*

Hace casi cinco siglos, el humanismo se apasionó por un proyecto tentador: hacer suyas las ideas más luminosas del cristianismo, su bondad, la compasión por los oprimidos y marginados, el respeto a la libre voluntad de cada persona… pero todo ello prescindiendo del creador del universo.

La idea pareció tener éxito. Un siglo tras otro, ese humanismo llegó a incidir en el mundo como un movimiento inspirado en altos ideales puramente humanitarios llegando incluso en ciertos casos a mitigar el mal y la crueldad de la historia. Sin embargo, en el siglo XX estallaron, casi como ollas a presión fuera de control, dos guerras de una crueldad monstruosa: la primera y segunda guerra mundial. Después de aquello, al humanismo-humanitarismo solo le quedaban dos vías: o dejar caer sus brazos con impotencia o, multiplicando sus esfuerzos, alzarse a un nuevo nivel. Así, a mediados del siglo XX, el humanismo reapareció con las directrices de un Globalismo Prometedor. En resumen, llegó la hora. Llegó la hora de institucionalizar en todo el planeta un orden racional (como si eso fuera posible) que ensalzara a los demás pueblos a un nivel aceptable, común para toda la humanidad, abrir a toda la población de la Tierra la perspectiva de sentirse ciudadanos del mundo de pleno derecho. Crear un único gobierno mundial regido por personas de alto nivel intelectual que se encarguen, con audacia y premura, de las necesidades de cualquier pequeño pueblo, en cualquier periferia de la Tierra. Durante un tiempo breve, parecía que el mito del gobierno mundial estaba a punto de hacerse realidad, se hablaba de ello con seguridad y se instituyó la Organización de las Naciones Unidas.

Pero en las décadas que siguieron inmediatamente a aquello, en la segunda mitad del siglo, empezó a resonar, como un reclamo alarmante, un gong. Su sonido nos decía que nuestro planeta es más pequeño y angosto de lo que imaginamos. Y mucho menos capaz de soportar, sin sufrir las consecuencias, la contaminación producida por la acción del hombre.

Todos recordamos la famosa conferencia sobre ecología en Río de Janeiro y otros consejos internacionales análogos que la siguieron. Todos los pueblos del mundo suplicaban a coro –¡a coro!– a EE.UU. y a los demás países más desarrollados: ¡moderaos, frenad el incremento incontrolado de vuestra industria, se está haciendo insoportable, para todos nosotros y para el planeta! Los habitantes de EE.UU. solo constituyen el 5% de la población mundial, pero consumen el 40% de todos los recursos minerales y semielaborados, y contribuyen con el 50% de la contaminación global. Su respuesta fue categórica: ¡no! O en algunos casos firmaron compromisos insignificantes que no resuelven el problema.

El globalismo egocéntrico que oprime a los débiles en nombre del "bien"

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>Entrevista a Antonio Rivera, catedrático de la Universidad del País Vasco

'No es demagógico ni populista acusar a la clase política'

Fernando de Haro

Antonio Rivera repasa con paginasdigital.es las causas que han provocado la repetición de elecciones. Reclama que los líderes y los partidos se adapten a las nuevas circunstancias.

¿Cuáles son las causas que han provocado esta repetición electoral?

Sin duda, la desconfianza de los socialistas, y a su frente Pedro Sánchez, con respecto a sus inevitables socios de Unidas Podemos a la vista de las decisiones que tendría que tomar en un hipotético gobierno, referidas en principio a la crisis catalana y a la crisis económica, sin olvidar los extremos de las reformas de las leyes tomadas por los gobiernos conservadores anteriores. A ello ha contribuido también un esquema de negociación entre esas dos formaciones que se ha mostrado ineficaz, tanto por las formas como posiblemente por las posibilidades de los negociadores de ambos lados.

En última instancia, los grupos ajenos a ese diálogo tampoco han proporcionado ningún atisbo de posibilidad razonable para ensayar una fórmula alternativa. Pero lo principal ha sido la percepción de Pedro Sánchez en cuanto a la confianza que le podía proporcionar su socio de Unidas Podemos e incluso la consideración de que unas nuevas elecciones moverían en su favor la situación en base a los nuevos resultados.

¿Pero va a ser posible la formación de mayorías estables en un futuro con un sistema de cinco partidos nacionales?

En puridad, eso no debería ser un problema. Los partidos tienen que adaptarse a los escenarios nuevos que marcan la cultura política de un país en un momento dado. La tradición de mayorías absolutas (o casi) con la fórmula de dos grandes partidos nacionales tampoco ha funcionado del todo porque demandaba finalmente depender de los grupos nacionalistas. Ahora se vuelve a una situación donde esas mayorías se fracturan en cada campo (izquierda-derecha) pero, al repetirse el equilibrio de bloques, posiblemente este se resuelve recurriendo de nuevo a los nacionalistas, cuando una parte de estos está en una posición poco colaborativa.

Por otro lado, la expectativa centrista de Ciudadanos se ha volatilizado por mor de la estrategia de su líder de solo jugar en el campo de la derecha, lo que ha reestablecido los dos grandes bloques que ya teníamos en el tiempo de los dos grandes partidos y de las mayorías absolutas (sumando a algún nacionalista). Los líderes y los partidos se tendrán que acostumbrar al nuevo escenario, quieran o no, salvo que se dispongan a someter al país a una crisis interminable, lo que redunda también gravemente en su legitimidad ante los ciudadanos.

¿Cómo ha afectado a la situación el intento de secesión de Cataluña?

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'No es demagógico ni populista acusar a la clase política'

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La "vía báltica" llega a Hong Kong

Angelo Bonaguro

Agosto 1939. El pacto Molotov-Ribbentrop entre la Alemania nazi y la URSS somete a los países bálticos a la órbita soviética. Cincuenta años después, una cadena humana de dos millones de personas pide en las calles libertad y, poco después, la URSS se disuelve. Dos aniversarios importantes para la historia, no solo europea.

El 23 de agosto de 1939 los ministros de Exteriores de Alemania, Joachim von Ribbentrop, y la URSS, Viaceslav Molotov, suscribieron un pacto de no agresión entre ambos países, al que se añadió un apéndice secreto que establecía el reparto de Europa oriental por esferas de interés: para Alemania gran parte de Polonia y para la URSS –aparte de Finlandia, parte de Polonia, Besarabia y Bucovina septentrional– los Estados bálticos.

Ocupadas por primera vez en 1940 por la Armada Roja, Lituania, Estonia y Letonia pasaron temporalmente al Tercer Reich durante el ataque nazi a la URSS para ser “liberados” por la Armada en el 44. Bajo dominación soviética, las poblaciones bálticas –tan cerca de Occidente– se vieron golpeadas por la discriminación y la represión, y diezmadas por las deportaciones realizadas en varias tandas hasta después de la muerte de Stalin en el 53 (se calcula que entre 1944 y 1955 medio millón de bálticos fueron deportados a Siberia o Asia central, donde muchos murieron de hambre en los campos de trabajos forzosos).

Un escenario reconstruido hace unos años en versión satírica por los actores estonios Ott Sepa y Märt Avandi, autores del programa televisivo Tujurikkuja («El aguafiestas»). En el clip Küüditamine («Deportación») recrean la irrupción de soldados del NKVD “de alguna parte de Estonia” en casa de la familia Poim, a la que comunican su partida inmediata hacia Siberia. Pero en vez de desesperarse, la familia, reunida para una magra cena a la luz de las velas, se muestra felicísima por poder partir en un “viaje gratuito” y gozar de una “larga estancia”, hasta el punto de ponerse a brindar. El video no pretende faltar al respeto de la historia estonia, y menos en un tema tan delicado para los pueblos bálticos, se trata más bien de una sátira contra la relectura histórica que periódicamente sale a la luz en los medios rusos con motivo de aniversarios o debates sobre el papel de los diversos contendientes de la Segunda Guerra Mundial. No en vano esos tres minutos terminan con este título de crédito: “Financiado por el Comité por la verdad histórica de la Duma rusa de Estado”.

Más divisiones a los 80 años del pacto

Este año, con motivo del 80 aniversario del pacto Molotov-Ribbentrop, en los medios rusos progubernamentales aparecieron varios artículos en línea con la opinión expresada tanto por el presidente Putin en 2015, según el cual “con este pacto se pretende garantizar la seguridad de la Unión Soviética”, como por el ministro de Cultura, Medinsky, que lo definió como “un gran éxito de la diplomacia estalinista desde el punto de vista de los intereses soviéticos”.

La "vía báltica" llega a Hong Kong

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>Editorial

Caso Greta: ¿solo tenemos buenas ideas?

Fernando de Haro

Faltaba Putin. Faltaba el presidente de Rusia en el coro de comentarios y de reacciones al discurso, de no más de cinco minutos, que pronunció Greta Thunberg el pasado 23 de septiembre en Naciones Unidas. Y el hombre que se fotografía a caballo, con el torso desnudo en las estepas, y que quiere resucitar los viejos sueños imperiales ha sentenciado que la adolescente sueca está mal informada y que “el mundo moderno es complicado”.

Durante dos semanas, ese mundo moderno se ha divido entre partidarios y detractores de Greta en debates que han ponderado las formas, el contenido y la denuncia de una “extinción masiva” en el planeta. La denuncia contra “los mayores” que no han conseguido frenar de un modo adecuado la emisión de los gases con efecto invernadero. Las críticas le han llegado a Greta desde todos los frentes. En una columna del “liberal” New York Times, Christopher Caldwell aseguraba que Greta es antidemocrática cuando dice que su generación no puede esperar para salvar la Tierra. La “democracia es a menudo una llamada para esperar y para ver, la paciencia es la virtud cardinal en la democracia. El cambio climático es una cuestión seria, pero decir que no podemos esperar es crear un problema mayor”, apuntaba Caldwell señalando los riesgos del milenarismo de Greta. En The Federalist, Jonathan Tobin advertía, por su parte, de los peligros de atender a una niña que ha forzado a sus padres “a adoptar una dieta vegana” y ha “presionado a su madre a abandonar su carrera profesional porque tenía que coger aviones”.

Tras la pregunta de Greta, “¿cómo os atrevéis?”, y sus denuncias contra la avidez de dinero, muchos se han vuelto con miedo hacia losFridaysForFuture por su catastrofismo. Hay quien, para superar los efectos del enfado de Greta, ha retomado la lectura de Steven Pinker. Necesitaba escuchar, de nuevo, que la evaluación negativa del estado del mundo es un error intelectual si se atiende a los datos. Han querido leer una vez más que todo ha ido a mejor desde que el racionalismo ilustrado se convirtió en la base de su organización social entre los siglos XVIII y XIX. El efecto Greta ha incrementado también la consulta de los textos de Pascal Bruckner y su denuncia de que el ambientalismo es la forma más evolucionada de un marxismo que acusa al capitalismo de oprimir a los pueblos más pobres. Bruckner explica, a los que se sienten inquietos por las palabras de Greta, que la Tierra se ha convertido en el nuevo proletariado y que hay que cuidarse de la causa verde porque es fácil acabar en los extremos del Movimiento por la Extinción Voluntaria de los Humanos. Este neomarxismo ambientalista, convertido en puritanismo verde, sería el último avatar de un triste neocolonialismo que le estaría predicando a las culturas no occidentales una sabiduría que nunca han tenido. Estaría poniendo límites a su desarrollo, inevitablemente acompañado de polución.

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Caso Greta: ¿solo tenemos buenas ideas?

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En busca de un rostro en EncuentroMadrid

Elena Santa María

¿Qué tienen en común Václav Havel con Mons. Luis Argüello, una reconocida alpinista, especialistas en inteligencia artificial o los refugiados? Todos ellos, entre otros muchos, participan –al menos su figura– este fin de semana en EncuentroMadrid. Desde esta tarde a las 15.00 y durante todo el fin de semana, el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo abre sus puertas a todo el que pase por Madrid, en la que ya es la 16ª edición de este evento cultural. EncuentroMadrid dista mucho de ser un congreso o una feria. Es un lugar de encuentro, sostenido por voluntarios. Pensado para todos: niños, jóvenes, adultos, mayores, tocará temas que van desde la política hasta la música, pasando por el arte, la historia, la ciencia, la tecnología o el deporte.

El cartel de este año es una ciudad oscura llena de gente que camina sin rostro. Se asemeja al mundo en el que vivimos, donde algún país ha tenido que dedicar un ministerio a la soledad para luchar contra este problema creciente. Sin embargo, el deseo de ser, y de ser único, permanece. ¿De dónde nace el yo? ¿Qué configura nuestro rostro humano? ¿Qué da valor y significado irreductible a cada persona? Con el lema de este año, “En busca del rostro humano”, EncuentroMadrid 2019 pretende ser una compañía para responder a estas preguntas.

Lo hará de la mano de todos los ponentes que participarán en las diferentes mesas redondas. De los rostros humanos de los voluntarios que trabajan durante todo el fin de semana para sostener el gesto, de las letras de U2 –concierto esta noche– o de los niños que descubran África con el Dr. Livingstone.

Es de hecho la humanidad lo que une a Václav Havel, Mons. Luis Argüello, la alpinista Tamara Lunger, la especialista en inteligencia artificial Elena González-Blanco y los refugiados.

En busca de un rostro en EncuentroMadrid

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PP y PSOE con ADN compartido: ni tan mal

Lola Martínez

“Es una anomalía democrática, es un desprecio a la democracia que el presidente en funciones no quiera someterse a debates electorales”. Eso es lo que decía en las elecciones de 2015 y en las de 2016 el líder de la oposición que era Sánchez. Ahora ha quedado claro que al Sánchez presidente en funciones no le gustan los debates. En abril tardó en comprometerse a debatir y cuando no le quedó más remedio intentó solo asistir al debate de TVE. Iglesias, Casado y Rivera le obligaron a ir al de Antena 3. A Sánchez no le gustan los debates pero sí le gustan las entrevistas. En la última ha declarado que Cataluña no necesita una reforma del Estatuto. En julio de 2018 Sánchez se estrenaba en el Gobierno prometiendo una reforma del Estatuto de Cataluña para que los catalanes votasen dentro de la Constitución.

Ya lo único que le falta es decir que no habrá indultos. En realidad ya lo ha dicho Iceta. El líder del PSC ha asegurado en las últimas horas que no habrá amnistías. Las amnistías en España están prohibidas desde la Constitución. Se refería a los indultos. El Sánchez constitucionalista suena bien si uno se olvida de muchas cosas.

Sánchez quiere recuperar los votos de Ciudadanos. Casado quiere recuperar los votos de Vox. Le ha pedido a Abascal que haga un Errejón y no se presente en las 26 circunscripciones en las que Vox resta. En abril 800.000 votos de Vox se quedaron sin representación.

Abascal ha reaccionado ofendido asegurando que el PP y el PSOE tienen el mismo ADN. No sería mala cosa que el PP y el PSOE tuvieran una composición genética similar. Por encima de sus diferencias son dos partidos de Estado.

PP y PSOE con ADN compartido: ni tan mal

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Acuerdo PSOE-PP: ¿imposible?

Lola Martínez

Estamos más cerca del Brexit duro. La carta que ha mandado Johnson a Bruselas supone volar la salvaguarda para Irlanda del Norte que había pactado May con la UE. La cláusula de salvaguardia establecía que el Reino Unido seguiría en la Unión Aduanera después de 2020, mientras que Irlanda del Norte seguiría en el mercado único para mantener abierta la frontera. Lo que propone Johnson es que el Reino Unido salga de la Unión Aduanera, que Irlanda del Norte siga bajo algunas reglas de mercado único pero que se extiendan fronteras virtuales y, sobre todo, que esa excepción se acabe en 2025. Ya veremos cuál es la reacción de la UE. La ruptura está más cerca cuando en España ha quedado certificada, con los datos de paro registrado en septiembre, la ralentización en la creación de empleo.

Todo esto nos pilla sin Gobierno, y lo que es peor aún, con unas encuestas que dicen que no hay mayorías ni en el bloque de izquierda ni en el de derechas. Casado está explicando a quien le pregunta que su avance en la intención de voto se debe a que ha dejado atrás la cultura del bloqueo. ¿Está dispuesto Casado a llevar esa filosofía del no bloqueo hasta las últimas consecuencias, está dispuesto a propiciar un acuerdo con Sánchez o a evitar con su abstención una nueva repetición electoral? La abstención ya se la dieron los socialistas con Rajoy. El acuerdo entre populares y socialistas está inédito. Le daría mucha fuerza a Podemos, pero en Alemania algo similar ha funcionado. ¿Somos tan diferentes?

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Que Dios nos salve del populismo

Gigi Riva

Olivier Roy sonríe cuando piensa en Matteo Salvini besando el crucifijo y apelando al corazón de la Virgen María. “Hace folclore católico, una exhibición de signos religiosos totalmente desvinculados de los valores y normas cristianas. Como también hizo folclore, por otra parte, con la propaganda de la Liga Norte. Por otra parte, su iconografía tiene una impronta profundamente sexual y contraria a los principios de la Iglesia, pues siempre aparece al lado de una rubia despampanante que no es su mujer”.

Este politólogo especialista en religiones, un francés de 70 años recién cumplidos, lleva diez años como titular de la cátedra Mediterránea en el Robert Schuman Centre for Advanced Studies del Instituto Universitario Europeo de Florencia. Salvini es el paradigma de su nuevo libro “¿Europa sigue siendo cristiana?”, donde el punto de partida es un pleonasmo absoluto, pues está clara su conclusión: no, ya no lo es, y es difícil, si no imposible, que pueda volver a serlo en el futuro.

La secularización del Viejo Continente parece irreversible, un proceso de larga duración que sería injusto, según este experto, remontar como se suele hacer a la Ilustración. “La Ilustración fue importante, cambió el modelo metafísico y ontológico porque introdujo un nuevo esquema sobre el que fundar la verdad, pero no cambió el sistema moral. La laicidad no era más que el cristianismo secularizado, los valores y la visión antropológica de la familia compartidos”. Hasta tal punto que, por poner un ejemplo, los padres fundadores de Europa, Robert Schuman, Alcide De Gasperi, Konrad Adenauer, no sintieron la necesidad de subrayar, escribiéndolo, que las raíces de nuestro mundo eran cristianas. Habría sido redundante, como señalar una evidencia, “y si hoy se quiere hacer es exactamente porque ya no es evidente”.

Que Dios nos salve del populismo

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>Entrevista a Joseba Arregi

'Ni la derecha se fia de la lealtad de la izquierda ni la izquierda de la legitimidad de la derecha'

Juan Carlos Hernández

En el espacio público de la democracia, dentro de la Constitución, todos los actores son igualmente legítimos. La falta de compresión de esta norma básica es lo quiebra continuamente la democracia en España, afirma Joseba Arregi.

La situación de bloqueo político ha mostrado unos líderes alejados de la realidad y ha desvelado una clara falta de confianza que no permite poder construir nada en común. ¿Es esta la primera tarea, recobrar la confianza hacia el otro?

Estoy convencido de que la democracia española tienen un mal de raíz. Su origen igual no está en la transición pero de tanto celebrar lo bien que fue se nos olvidó una cosa muy importante. Y es que la democracia no sobrevive si no se hace pedagogía democrática día a día. Franco nos dejó una herencia mortal en ese sentido y es que nos hizo creer que por estar contra él éramos demócratas. Y no sabíamos lo que era la democracia realmente. Hemos acertado con la transición pero luego hemos creído que como ya somos demócratas ya no tenemos que hacer pedagogía y no tenemos nada que aprender. Y yo creo que ese es uno de los grandes agujeros de la democracia española la falta de pedagogía democrática y el ir continuamente a menos.

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'Ni la derecha se fia de la lealtad de la izquierda ni la izquierda de la legitimidad de la derecha'

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>Columna izquierda

>Editorial

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Indio americano o cachorro dálmata

Fernando de Haro

Tom Peters es un británico de 32 años que se ha paseado en las últimas semanas por los programas matutinos de televisión explicando que quiere ser un cachorro dálmata. Declara que le gustaría ser reconocido como el primer hombre transespecie, mezcla de humano y de perro. El caso parece el producto típico de un momento de crisis en los medios: las televisiones generalistas luchan con cualquier cosa contra la inexorable caída de audiencia en favor de pantallas y contenidos más segmentados. Las televisiones de siempre intentan evitar su declive con la industria de la nostalgia, la explotación del miedo y los relatos inverosímiles. En cualquier caso, Tom Peters insiste en que, desde hace años, al salir de su trabajo, vive como si fuera un perro, come golosinas para mascotas y pienso para animales. Asegura que lo hace para huir de una realidad que le resulta demasiado gravosa. Es fácil imaginarnos respondiendo a Tom con un largo discurso dedicado a la objetividad de su naturaleza y la belleza de la condición humana. Podríamos leerle el discurso de Pico de la Mirándola sobre la excelencia de la especie a la que pertenece. Pero seguramente no nos escucharía o diría que precisamente lo que está haciendo es responder a la invitación del gran humanista: ha elegido, y ha elegido no ser hombre. Toda esta conversación (no-conversación) sería fácil. Más difícil es comprender por qué Tom quiere ser perro. Más interesante es asumir, acompañar la soledad, el desconcierto, la inquietud que lleva a Tom a ponerse su disfraz canino.

Miguel Ángel Quintana Paz explicaba en un acertado artículo hace unos días lo que nos ocurre y por qué se dan casos como el de Tom. Quintana no es precisamente un tradicionalista que defienda la incuestionable evidencia objetiva de la naturaleza humana. Se dedica a los estudios de género. El filósofo ha dedicado buenas energías en defensa no de la ideología de género, que dice que no existe, pero sí de todos los valores culturales, variables, que junto al sexo determinan la personalidad. Quintana señala atinadamente que vivimos en una época de hiperindividualismo. Podría parecer que este término es contradictorio con el auge de los nacionalismos y de otros tipos de identidades de grupo. Quintana sostiene que son dos fenómenos confluyentes. “¿No vivimos una época en que cada vez más personas se sienten parte de una identidad común y ansían disolverse en ella? ¿No estamos ante un apogeo de los nacionalismos, ante un resurgir de los fundamentalismos religiosos, ante un empeño de todos por fundirse cada cual en su colectivo (las mujeres, los gais, los distintos grupos de inmigrantes, los negros, los pensionistas, los triscaidecáfobos) y olvidarnos allí de que yo soy yo?” –se pregunta el pensador–. Estamos ante “colectivos que elige el individuo: esa es la ironía de nuestros días”. Es lo que está pasando “con el fundamentalismo islámico: a menudo son jóvenes musulmanes los que optan por afiliarse a mezquitas más y más radicales, obedecer a imanes más y más integristas, alejándose así del islam más moderado de sus familias (o del que ellos mismos profesaban poco tiempo atrás). Es una decisión estrictamente individual. También en los nacionalismos podemos observar idéntico fenómeno. Pronto, con el transhumanismo, quizá podamos elegir incluso nuestra especie o en qué soporte (o bien un cuerpo de carne y hueso, o bien unos bits en un superordenador) preferimos vivir”.

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Esperando el #Me Too del islam

Fernando de Haro, Lahore

El comisario del servicio secreto militar me explica con mucho énfasis que en el islam no está permitido que el hombre lleve al descubierto la parte del cuerpo comprendida entre el ombligo y las rodillas. Lo hace levantándome la camiseta y tocándome las piernas. El clérigo de la madrasa (escuela coránica) donde sucede la escena mira al militar con satisfacción. La madrasa en la que hemos estado grabando hasta unos minutos es una de las históricas de Lahore, la capital del Punjab. En sus aulas, sentados en el suelo, con movimientos rítmicos, a gritos, los niños aprenden de memoria las suras del Corán. El interrogatorio del comisario, que nos obligará más tarde a abandonar precipitadamente Pakistán, demuestra quién manda en el país. Da igual que el primer ministro sea de un partido musulmán o un play boy populista. Quien rige los destinos de esta nación de más de 200 millones de habitantes, encrucijada de Asia, es la alianza entre islamismo y ejército que le dio su identidad. El comisario tiene que demostrar al clérigo que hace cumplir la interpretación más estricta del islam y el clérigo presta su apoyo al comisario. Hasta no hace mucho era frecuente en Lahore, la ciudad fronteriza con la India, que los hombres paseasen con pantalones cortos y zapatillas por sus parques. El avance del partido radical Tehreek-e-Labaik ha cambiado las costumbres. Islamismo sobre islamismo, sobre el de Ali Bhutto de los años 70, sobre el del general Zia de los años 80, sobre el islamismo que impulsó Estados Unidos para combatir en Afganistán a los talibanes.

Mientras escucho al comisario predicar se me viene a la cabeza el rostro de Sadaf, una niña de 12 años que horas antes acaba de contarme su historia. Sadaf usa un pañuelo que le cubre la cabeza, viste como una musulmana, o como una hindú. Muchos cristianos del Punjab no se distinguen por su ropa. Son el vivo retrato de lo que decía la carta a Diogneto. Sadaf tiene el rostro severo y la expresión tímida pero enseguida le sale el carácter. Sadaf me ha explicado que una compañera de clase le invitó el pasado mes de abril a pasar una tarde con ella. Después de resistirse durante un tiempo accedió. La invitación fue una trampa para que el hermano de su compañera, Sabtain, la raptara. A Sadaf la drogaron, la trasladaron a Faisalabad y allí Sabtain abusó de ella. Sadaf lo relata todo con aplomo, sin bajar la mirada. Después de la agresión sexual, recibió una instrucción rápida de nociones sobre el islam y fue forzada a convertirse. A la conversión forzada se unió un matrimonio también forzado con un expediente falso. Sadaf no quería ser musulmana y no quería ser una posesión de Sabtain. Así que en un nuevo traslado tuvo el coraje de saltar del autobús en el que viajaba. Huyó y pidió un móvil a una persona desconocida. Consiguió llamar a su padre que fue rápidamente a recogerla. Ahora ha vuelto a ser acogida en su familia. Sadaf, que ya no tiene la mirada de una niña, me explica que ella no quería dejar de ser cristiana.

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Convicciones sin realidad

Fernando de Haro

La miniserie Chernóbil de HBO ha hecho furor. Los cinco capítulos escritos por Craig Mazin y dirigidos por Johan Renck han ocupado el hueco dejado en la audiencia por Juego de Tronos. La pasión por lo sucedido en el reactor nuclear ha generado un extraño turismo de la catástrofe. Chernóbil es mucho más que un desastre nuclear. El accidente de 1986, la cadena de decisiones tomadas, la reacción del poder soviético, la respuesta de los científicos y de la población nos hablan del riesgo de la energía atómica, pero también de la fe y de la realidad, de una realidad negada, y de un pensamiento, de una creencia que construía/construye un sistema contra la experiencia.

Nos atrae la serie porque en estos tiempos de miedo y de incertidumbre refleja las consecuencias de un uso imprudente de la tecnología. Efectos que se prolongan en el tiempo más allá de lo que se puede imaginar. No es solo terror al átomo. La ficción da forma a ese fantasma de la sociedad del riesgo que llevamos en el alma y que puede tener mil maneras de concretarse. El temor está dentro de nosotros y sentimos cierta afinidad por los relatos que alimentan lo que el sociólogo Luhmann llamaba “la extravagante preocupación por las improbabilidades extremas”. Es improbable una invasión de migrantes, una muerte por epidemia generalizada, una violenta guerra en todo el planeta. Pero las distopías cinematográficas que insisten en mundos creados por sucesos de este tipo florecen. La afición que tenemos en este comienzo del siglo por las improbabilidades extremas de destrucción más que por las improbabilidades extremas de ser nos retrata.

Ha habidos algunas críticas que le han afeado a Chernóbil no haber reflejado de modo adecuado cómo funcionaba el poder soviético a mitad de los años 80. Probablemente no se le puede pedir a una serie capacidad suficiente para describir algo que era no solo un conflicto entre la verdad o la mentira, o entre los expertos y los burócratas. Los privilegios de las autoridades, la escasa estima por la vida humana y el abuso del Estado marcaron la reacción a la crisis. Pero el caso Chernóbil es más que todo eso. Es el momento en el que se hace evidente el choque entre la fe del hombre soviético y la realidad. Por eso es tan actual. Y por eso hay que volver a la lectura de Voces de Chernóbil. Con el imponente mosaico de testimonios que construye Svetlana Alexievich, en la que aparece la vida real, el amor, el sufrimiento de los que vivieron el accidente y de los que trabajaron cerca de la central, se comprende por qué, como dice uno de los protagonistas, lo ocurrido sirvió para “aprender a decir yo”.

El monólogo de Marat Filipovich, ex ingeniero del Instituto de Energía Nuclear, refleja el sistema de “doble verdad” en el que se vivía y que se parece, a pesar de que estamos en sociedades libres, al nuestro. El problema era la fe, una fe sin base alguna en la realidad.

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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 1  983 votos

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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