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21 AGOSTO 2018
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>Entrevista a Francisco Aldecoa Luzárraga

´El tejado del edificio europeo es la reforma federal´

Ángel Satué

Francisco Aldecoa Luzárraga, catedrático de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid, ha sido recientemente elegido presidente del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo en sustitución de Eugenio Nasarre, que ha estado al frente del mismo los últimos seis años.

El Consejo es una de las 39 secciones del Movimiento Europeo Internacional, constituido en 1949. Tradicionalmente, su presidencia recae en una persona afín ideológicamente al gobierno de turno, y en este caso se ha vuelto a cumplir con esta regla no escrita que es un pacto entre caballeros. Una organización al servicio de Europa para propiciar una identidad europea y que España sea un factor dinamizador en el proceso de construcción de la Unión.  

Recientemente ha colaborado y coordinado con Eugenio Nasarre la edición de un libro llamado “Europa como tarea”. Cuando para unos la Unión ha llegado al máximo de sus posibilidades como superestructura política, mientras que para otros no es sino el comienzo de un proceso federativo mundial, ¿qué tarea es la que queda por hacer aún en Europa?

Me encuentro entre los que entienden que estamos en un momento avanzado del proceso de creación de la Federación Europea., esto es, poner tejado al edificio de la construcción europea. El tejado es la reforma federal. Por otro lado, el proceso federativo mundial de momento es otra cosa, y está parado.

¿Cómo se pueden trasladar las conclusiones e ideas del libro a la sociedad?

La idea del libro es que la Unión Europea está inacabada y hay que dar pasos sucesivos. En el Congreso de la Haya nace Europa, por impulso de la sociedad civil. Es esta la que debe estar presente en la profundización de lo que falta por hacer. Espontáneamente o, mejor, de forma canalizada, por la vía de una mejor participación.

Usted está acostumbrado a las lides europeas, es asiduo a los mentideros de Bruselas y de otras capitales europeas, está conectado con la juventud desde su cátedra en la Universidad Complutense y en asociaciones europeístas, ¿tiene Bruselas un modo tecnocrático de hacer política y economía, hasta llegar a ser un fin en sí misma para sus dirigentes?

Yo creo que no. Esta acusación, tan manida, sobre Bruselas es una exageración. Los hitos políticos importantes los ha hecho el Parlamento europeo. A veces ha habido excesos de regular cosas, si me permite la expresión, “tontas”, pero no en lo fundamental. El proceso político, hoy, es equivalente al de los países democráticos y, si cabe, menos tecnocráticos que el de los Estados miembros.

¿Se puede seguir hablando de déficit democrático en la Unión Europea?

No. El fundador de la Unión Europea de Federalistas, Spinelli, ya dijo que existía en el  84 un déficit democrático. Para solucionarlo nace la iniciativa del Parlamento Europeo de establecer un nuevo tratado. Posteriormente, ha habido cinco reformas de los tratados para mejorar el sistema, y actualmente el sistema democrático de la Unión es equivalente al de sus Estados miembros, o incluso en algunos casos es mejor, lo cual no quiere decir que no sea mejorable su calidad democrática, como el caso de nuestro Estado  español.

>Entrevista a Francisco Aldecoa Luzárraga

"El tejado del edificio europeo es la reforma federal"

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>Entrevista a Dolores González Pastor

"Corruptos y corruptibles habrá siempre, lo relevante es cómo lo afrontas y lo atajas"

Ángel Satué

Dolores González Pastor es diputada por el partido Ciudadanos en la Asamblea de Madrid. Es presidenta de la Comisión de Investigación sobre corrupción política en la Comunidad de Madrid y portavoz en la Comisión de Vigilancia de las Contrataciones, así como de Regeneración y Transparencia. Antes, durante 20 años, ha trabajado en multinacionales tecnológicas y de gran consumo. Es experta en análisis y estrategia de modelos de negocio, Big Data, innovación tecnológica y contenidos digitales.

Es usted una de nuestros representantes políticos españoles más comprometidos con la transparencia y la lucha contra la corrupción. ¿Qué lecciones para el futuro saca de su presidencia de la Comisión de Investigación sobre corrupción política en la Comunidad de Madrid?

Las lecciones concretas las estamos desarrollando en el dictamen de la Comisión, que ya hemos empezado a elaborar los grupos, sobre una muestra representativa de casos que elegimos en el plan de trabajo y que esperamos tener terminado para finales de este año. Era imposible abordar de forma exhaustiva todos los casos de los que hemos tenido indicios desde 2007, elegimos los más representativos desde el punto de vista del interés social y de lo que había que investigar como presunta corrupción política, fuese in vigilando, in eligendo o porque implicase un abuso de poder en la forma de organizar los procesos de gobierno y esto fuese indicio de algún delito que pueda concluirse llevar a la fiscalía. En todo caso, serían circunstancias de las que hay que rendir cuentas ante los ciudadanos en sede parlamentaria. Las comisiones de investigación están avaladas y protegidas por nuestra Constitución y el derecho parlamentario, como en las mejores democracias de nuestro entorno. Un hecho muy significativo es que ha sido el fin de las mayorías absolutas lo que ha permitido constituir comisiones de investigación parlamentarias independientes del gobierno de turno, a pesar de pataleos y presiones.

¿Cree que los madrileños se han sensibilizado respecto a la corrupción que, como dice el papa Francisco, es la polilla de la política, y de la propia sociedad?

El declive de viejos partidos que han ostentado largas mayorías absolutas, sea a nivel nacional o regional, es la muestra de que dicha sensibilización es un hecho. Pero como sociedad también debemos mirarnos a nosotros mismos. Es necesario que exijamos más a nuestros políticos y que no les permitamos ni la más mínima duda en la lucha contra la corrupción. A la larga, se está demostrando que la corrupción mal atajada pasa factura institucional, política y electoral. Hace unos días lo reconocía, por primera vez, la exvicepresidenta del gobierno de Rajoy en una entrevista, en la que decía que habían perdido tres millones de votos por la corrupción pero que los responsables eran los corruptos. Siguen errando el planteamiento: corruptos y corruptibles habrá siempre, lo relevante es cómo lo afrontas y lo atajas, qué controles y contrapesos dispones. Las mayorías absolutas han propiciado un desmantelamiento progresivo de controles independientes, el Consejo de Europa se lo ha afeado a España muchas veces. ¿Sabe qué país era profundamente corrupto a principios del siglo XX? Suecia. ¿Son los nórdicos hoy diferentes? Lo que es diferente es que hay controles efectivos y, por tanto, no hay impunidad, que es el germen de la corrupción sistémica.

>Entrevista a Dolores González Pastor

"Corruptos y corruptibles habrá siempre, lo relevante es cómo lo afrontas y lo atajas"

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>XXVIII Aula de Verano del Instituto E. Mounier

Noviolencia o destrucción

“No-violencia o destrucción” era la alternativa que presentaba Gandhi y que repetían sus discípulos. No-violencia era la respuesta del movimiento de liberación de la India, cuando las bombas de Hiroshima y Nagasaki apenas acababan de golpear la conciencia de la humanidad. La violencia se había desatado hasta el paroxismo recogiendo una cosecha de muerte como nunca había conocido la humanidad. En el futuro la destrucción total de la humanidad no era impensable. Por primera vez, decía Mounier, la humanidad tenía la posibilidad de elegir el suicidio colectivo. El camino de la violencia llevaba directamente a la destrucción masiva. Continuarlo era una locura. La cordura aconsejaba que había que cambiar de camino y poner la esperanza en la no-violencia activa.

Más de medio siglo después, hemos aprendido a ignorar el peligro, nos hemos acostumbrado a convivir con el mal en forma de destrucción mutua asegurada, y casi instantánea. A cambio hemos aceptado multitud de guerras diseminadas por toda la tierra que llevan la miseria, el envilecimiento y la muerte por tantos rincones de la tierra alejados de los países enriquecidos, tranquilos y apaciguados.

“Noviolencia o destrucción” es también el lema de la 28ª Aula de Verano del Instituto Emmanuel Mounier (Burgos, 26-29 de julio), con el que pretendemos recordar que esa alternativa está en letargo, pero sigue vigente, aunque lo hayamos olvidado. La violencia es acumulativa en relaciones sociales internas de las naciones y en las relaciones internacionales, basta una chispa para que estalle. Por eso, para desmontar la bomba de relojería, cuya hora está cubierta de incertidumbre, es necesario analizar la agresividad y la violencia latente en la naturaleza humana y la artificialmente creada por las sociedades actuales, un análisis que estará a cargo de los profesores Carlos Beorlegui y J. A. Zamora.

Uno de los mecanismos esenciales que generan la violencia es la codicia (David Montesinos). El mundo, decía Gandhi, puede satisfacer las necesidades humanas, pero nunca podrá satisfacer los deseos de la codicia humana. La codicia, la opulencia y la violencia están sólidamente fundidas. La humanidad debe aprender la pobreza –que no equivale a la miseria–, como capacidad de compartir solidariamente los bienes de la tierra. Desde el sermón de la montaña, hace 2000 años, la receta de la pobreza, la humildad y la mansedumbre está por aplicarse para sanar a una humanidad enferma. Hay enormes posibilidades de aplicarla en la cultura, en la economía, en la política y en la vida cotidiana para civilizar nuestras sociedades. Moisés Mato lo explicará, pero también lo mostrará de manera plástica en su Teatro del Abrazo.

Otros conferenciantes disertarán sobre la posibilidad de una guerra justa en las condiciones históricas actuales (Gonzalo Tejerina), sobre el comportamiento humano agresivo contra la naturaleza y sus consecuencias para la humanidad (Joaquín Araujo). Las experiencias de la lucha no violenta frente a la mafia en Sicilia llevada a cabo por Danilo Dolci y la objeción de conciencia promovida por D. Lorenzo Milani serán las aportaciones del profesor siciliano Nunzio Bombaci.

>XXVIII Aula de Verano del Instituto E. Mounier

Noviolencia o destrucción

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>Editorial

A la orilla del río

Fernando de Haro

Mañana. En una de las orillas del manso río Cam, en compañía de su agua verde, pacífica y educada. A las espaldas quedan los colleges, sus agujas góticas, sus jardines ahora secos (a lo mejor el agostamiento es consecuencia de un brexit imposible), sus iglesias, la mayoría con aíre de museo, la vida universitaria de uno de los centros que sigue siendo puntero en muchas cuestiones. Lejos, eso sí, muy lejos los años fundacionales, el distante siglo XIII de los orígenes, cuando el estudio era la expresión de una identidad precisa, clara. Cambridge, vieja ciudad europea, educada como su río, primero por los romanos y luego por los cristianos, se pasea junto al agua en un mosaico de roles. La ribera, salteada con grandes tilos, castaños y nogales asiste a un desfile: parejas de todo tipo, esforzados deportistas, asiáticos de acento británico, británicas que aspiran a ser latinas, amantes que desean ser miméticamente gemelos a pesar de la distante genética... la lista es interminable. Se antoja que solo los grandes árboles que crecen junto al río Cam saben quiénes son. Leo bajo ellos, citado por un buen amigo, algunas líneas del sociólogo de Erving Goffman, padre de la microsociología. Buenos párrafos para entender la procesión que tengo ante mis ojos.

No importa lo que uno sea, sino lo que logra parecer. El yo no existe, es un producto circunstancial, lo que realmente cuenta es el papel que se asume en función de la situación en la que se está. Es necesario abandonarse en el rol y aprovechar las ventajas de identidad que puede proporcionar, explica Goffman. Los paseantes junto al río Cam no lo hacen por maldad, por renegar del origen o de lo dado. ¿Quién conoce el origen? Simplemente están en su laberinto, en un juego de espejos infinito, sin más energía que la voluntad, sin más posibilidad que crearse y recrearse a sí mismos. Incluso los que, en su acento, en sus creencias, en sus ropas, quieren mostrarse “tradicionales”, han construido una máscara nueva, decorada eso sí con los viejos ornamentos de lo antiguo para huir del anonimato de la globalización. El manso Cam no refleja en su agua verde la educación de siglos (¿hay dónde encontrarla?). A los nuevos remeros y a los nuevos paseantes el agua del río, el camino, no les parecen suficientemente reales.

Tarde. En la sala de pintura italiana del museo Fitzwilliam. Quatroccento. Una Anunciación deliciosa. La casa de María pintada de un rosa pálido, el mundo atento a la escena a través de una ventana abierta. Gabriel sutilísimo, inclinado, con un dedo señalando al cielo. La Elegida, a unos metros, con los brazos cruzados sobre el pecho. Aceptando, acogiendo, diciendo sí. El silencio, la elocuencia del cuadro, de la escena, tiene siglos. Las dos libertades, la que elige y la que acepta la elección, en su momento más dramático. La Elegida conociéndose, descubriendo su identidad al aceptar la elección. Y no hay quien se separe de tanta belleza. Pasan los minutos en un suspiro. ¿Acaso ha dejado de suceder esta belleza en las riberas de los educados ríos de Europa? ¿No sucede o la hemos tapado? ¿Acaso no puede reconocerse y por eso hay que inventar?

>Editorial

A la orilla del río

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  73 votos

Fórmate en counselling e intervención en duelo con el Centro de Humanización de la Salud

El Centro de Humanización de la Salud presenta la oferta de formación de posgrado para el nuevo curso 2018-2019 con el aval de 29 años experiencia. Nuestro Centro, por el que ya han pasado más de 1.700 alumnos de posgrado, se caracteriza por ofrecer un acompañamiento personalizado y una formación de calidad a todos sus alumnos homologada por la Universidad Ramón Llull. Además posee instalaciones completamente equipadas con Cámara Gesell para las prácticas y un campus virtual que facilita los procesos de aprendizaje a distancia.

Todo ello nos ha llevado a obtener la certificación EFQM +500, que acredita al Centro como entidad enmarcada en el modelo de la Excelencia Europea, especialmente por la coherencia entre sus valores y la gestión y por el compromiso permanente de calidad y mejora.

Esta propuesta de formación se dirige prioritariamente a profesionales de los ámbitos sociosanitario, educativo, de la gestión, de la pastoral y a toda persona que quiera mejorar su relación con los que sufren o realizar un camino de crecimiento personal.

Primer Máster de Intervención en Duelo en España

Este Máster presenta la experiencia del  Centro de Escucha San Camilo, que lleva más de 17 años acompañando a personas en situación de duelo. Atendiendo a más de 800 personas al año y que ha dado lugar a más de 35 centros repartidos por la geografía española y 6 en Latinoamérica.

Máster de Counselling

El Máster de Counselling acredita una experiencia de 16 años formando a alumnos que desean especializarse en el acompañamiento a personas que viven una situación de crisis, dificultad o necesitan asesoramiento en toma de decisiones. El modelo de aprendizaje del Centro de Humanización de la Salud es muy práctico con entrevistas supervisadas en cámara Gesell con actores, con compañeros y el análisis de entrevistas en grupo.

Diploma de Especialización Universitaria de gestión y atención a la Dependencia

Más de 700 alumnos han cursado en el Centro de Humanización de la Salud el Diploma de Especialización Universitaria en Gestión de centros y Servicios para personas mayores y atención a la Dependencia.

Esta titulación se dirige fundamentalmente a aquellas personas que dirigen o quieran liderar un centro o servicio de atención a la dependencia. De hecho, este curso habilita para la dirección de centros residenciales y servicios sociales conforme a la normativa de la Comunidad de Madrid.

De modalidad semipresencial, cuenta con un valor añadido notable: el Prácticum, con el que los alumnos pueden presenciar, vivir y participar de la planificación de actividad residencial en el Centro Asistencial San Camilo.

•    Diploma de Especialización Universitaria en modalidad a distancia en Cuidados Paliativos Multidisciplinares,

•    Humanización de la Salud e Intervención Social y

•    Pastoral de la Salud, con sesiones presenciales opcionales:

El Diploma de Especialización Universitaria en Cuidados Paliativos se dirige a todos los profesionales vinculados con personas al final de la vida: sanitarios, religiosos, trabajadores sociales, educadores, asistentes espirituales… Y ofrece un Prácticum, consistente en la realización de prácticas supervisadas en la Unidad de Cuidados Paliativos San Camilo, Unidad que ha cumplido 14 años de vida.

Fórmate en counselling e intervención en duelo con el Centro de Humanización de la Salud

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>Entrevista a Mikel Buesa

"La elección de Pablo Casado supone una ruptura en el proceso de desideologización de la política en España"

Juan Carlos Hernández

El cambio de liderazgo y de discurso que supone la elección de Casado puede no sólo frenar la deriva de su partido, sino posibilitar que recupere a una parte de los electores que lo abandonaron, afirma Mikel Buesa.

Más allá de las imágenes que sobre Pablo Casado se quieran proyectar, a su juicio, ¿qué supone desde un punto de vista ideológico su elección?

Creo que lo fundamental es la recuperación de las ideas básicas del discurso del centro-derecha: libertad, familia, papel subsidiario del Estado, unidad de España, solidaridad, etc. Esa recuperación supone una ruptura con el proceso de desideologización que había experimentado la política en España, especialmente en el caso del PP, y que había dado lugar tanto al descontento de una parte del electorado como sobre todo a su desorientación. La política se había convertido con Rajoy en puro pragmatismo y ello había dado lugar a un fracaso principalmente en dos terrenos: uno, el del malestar de las clases medias, exacerbado con la crisis financiera; y dos, el de la ruptura de la unidad de España con la independencia de Cataluña.

Su elección ¿podría ser signo de un descontento dentro del PP por la gestión de los últimos años?

En la elección de Casado han cristalizado los descontentos de la gente de centro-derecha. Los empobrecidos con la crisis, los desorientados con el discurso apolítico de Rajoy, los cristiano-demócratas que vieron desechadas sus políticas sociales, los liberales inconformes con el modo de afrontar la intervención del Estado, los que tienen una visión patriótica de la política. Buena parte de esos descontentos abandonaron al PP en las últimas elecciones (tres millones de votos) y se desplazaron hacia Ciudadanos o la abstención. Pero con el fracaso que evidenció la declaración de independencia de Cataluña, según las encuestas, se sumaron otros más (entre millón y millón y medio). El PP iba a una debacle que, paradójicamente, frenó la moción de censura a Rajoy.

¿Podría frenar la caída en intención de voto del PP?

Creo que, efectivamente, el cambio de liderazgo y de discurso que supone la elección de Casado puede no sólo frenar la deriva de su partido, sino posibilitar que recupere a una parte de los electores que lo abandonaron. Será, en todo caso, un proceso lento, al menos al principio, y seguramente lleno de trampas puestas por la izquierda. La habilidad de Pablo Casado para superarlas mostrará si tiene madera de líder o si su elección es sólo flor de un día.

¿Cuáles son los desafíos más urgentes que debe de afrontar?

Su desafío inmediato es rehacer la estructura del partido y ordenar y dotar de coherencia al discurso político-ideológico del PP. A partir de ahí puede ejercer una poderosa oposición, pues no en vano tiene la mayoría del Senado y es el primer partido en el Congreso. Su acción debe ser justificada en razones ideológicas; y a la vez podrá mostrarse capaz de llegar a acuerdos con el gobierno. Está, además, la preparación de las elecciones que se van a suceder a partir del otoño, lo que implica hacer una buena selección de candidatos y un programa electoral que entiendan los votantes.

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"La elección de Pablo Casado supone una ruptura en el proceso de desideologización de la política en España"

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  31 votos

Historias urbanas

Ángel Satué

Los días en Madrid son ya largos y calurosos, aunque comienzan a acortarse inapreciablemente. Como cuando crece la hierba. ¿Quién está atento a esto en las ciudades que no cesan? A las 7:30 de la mañana comienza a despertar Madrid, porque lo hace su tráfico. Su pulso se acelera con cada acelerón. Es cuando amanece en Madrid.

A esa hora los ejecutivos ya habrán desayunado, o en ayunas irán al primer bar de la esquina, con algún compañero, a tomarse el primer café del día, mientras se despachan con comentarios y aspavientos cotidianos, a modo de otro tipo de alimento light. Que si el fútbol, que si el rey, que si el golfo ese, que si mira esta…

El tiempo sucede circular, aunque para nosotros, mortales, es lineal. Cuando llega la noche la ciudad hace como que duerme, pero no duerme, ya ni sueña. Solo que vive de noche, sin sueños. Por eso la gente enmudece, ennegrece y entristece tanto.

Sin embargo, como un reloj atómico, la gitana está ahí, a las 7:30 y al caer el sol, a la fresca. En un semáforo. El más concurrido de la capital. A la espera de una moneda por un lavado rápido de parabrisas.

Hace unos días que Pedro, oficinista, lo que haga falta para sacar una familia adelante, se paró en el semáforo. La gitana se abalanzó sobre su parabrisas. Le dio unos céntimos. Desde aquel día, la gitana cuando ve el viejo coche de Pedro y a éste le pilla el semáforo, tal avalancha corre hacia el capó. Cuando el semáforo se abre y Pedro no para, da igual, saluda a Pedro al pasar, para estupefacción de los otros oficinistas somnolientos. Siempre con una sonrisa que ilumina el enorme cartel de El Corte Inglés que anuncia rebajas, el verano o el año chino. No le pagan por esa luz.

Pedro se queda pensando cuando arranca. Ha estado días esquivando esta mirada que le interroga. Ha circulado por otras calles evitando el semáforo porque esa sonrisa, de una descartada de la sociedad, es para él un misterio. Le hace preguntarse muchas cosas, muchas prioridades. Su vida entera. Los sueños que tuvo un día y que la ciudad de las oportunidades ahoga. Un euro por una sonrisa, o una sonrisa por un euro. Gitana que bien sonríes, a la ciudad perteneces.

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Pablo Casado, ¿una nueva derecha?

Francisco Pou

La fórmula monárquica absolutista de los partidos tradicionales se rompe. Y le tocaba el turno al Partido Popular. De un delfinato múltiple y reñido, y en forma de intento de democratizar la elección, ha sido finalmente Pablo Casado, con el 57% de los votos, el elegido para suceder a Rajoy. Han sido unos pocos “compromisarios”, una figura que en los partidos intenta ser la “salvaguardia de las esencias”, quienes han decidido, por más que la mayoría de los observadores nos preguntamos si realmente había “esencias que guardar”.

Y sin embargo siempre hay espacio para la esperanza. Pablo Casado, nacido en 1981, tiene certificado de juventud. Importante cuando parece que la efebocracia, el gobierno de la juventud, parece que se extiende en Europa, por más que Soraya Sáenz de Santamaría se esforzase en recordar que lo de la juventud es algo que se arregla con el tiempo. Hay quien esperaba que la condición de género de Soraya podía ser un factor decisivo en una democracia, la española, que no cumple esa hueca exigencia de las cuotas. Ciertamente, no hemos tenido todavía ninguna presidenta en una España donde la “cuestión” de género no es que importe cada vez más, sino que puede ser decisiva en la formación de gabinetes, con miembros y miembras intentando alcanzar la proporción, el cóctel culturalmente correcto en una sociedad escrupulosa en su nueva ingeniería moral.

¿Cuál va a ser el cambio, la diferencia? Muchos ven a Casado como un sucesor de Aznar como contraposición a una versión extendida del Rajoyato con Sáenz de Santamaría. Ese esperar para seguir esperando como postura vital, y esa tozuda y evasiva subcontratación a los jueces o a los tribunales las decisiones que un presidente debía tomar en el ámbito político. Ciertamente son dos estilos. El de Soraya Sáenz de Santamaría evadiendo en su campaña el llamado “debate ideológico”, que sitúa, para algunos, a Pablo Casado como “extrema derecha” por no haberse situado como proabortista ni tampoco entusiasta del matrimonio del mismo género.

Ciertamente la esperanza va más allá. Cuando las ideologías se han mostrado estériles para generar ilusiones y certezas, y cuando el pacto de la democracia con la sociedad del bienestar no se está cumpliendo, solo una nueva forma de empezar a hacer política, una nueva forma de vivir, puede ilusionar a las nuevas generaciones que quieren propuestas algo más consistentes que embalsamar una Transición democrática. Una fórmula que no ha renovado sus propuestas y su atractivo para una unidad de España que se está rompiendo, una monarquía con una seria crisis reputacional, y una pirámide de población –¡ay esa correcta ingeniería moral!– que no garantiza ese bienestar que la democracia prometía.

Llega Pablo Casado con una tarea de recomponer un partido acomplejado que, a base de no decir nada, había dejado a un partido como Ciudadanos recogiendo sus defraudados, del PP y también del PSOE. Va a necesitar tiempo… urgentemente ante unas elecciones, las próximas generales, que sin ser “constituyentes” van a constituir el perfil –¿Venezuela, Francia, USA, Italia?– con el que debamos definir nuestra convivencia en España.

Pablo Casado, ¿una nueva derecha?

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Inmigración. Camisetas rojas y camisas blancas

Giuseppe Frangi

Ante las noticias que a diario llenan las crónicas informativas sobre inmigración, es muy fácil sentirse objetivamente desorientados. Muchos podemos tener una percepción clara de cuál es la actitud más adecuada, y por tanto humana, frente a un fenómeno que a menudo adquiere tintes dramáticos, pero resulta muy complicado presentar a nivel público las razones de este enfoque “civil”. Estamos en un momento en que las razones del bien sufren de afasia. Mejor dicho, estamos en un momento en que el bien no consigue llegar a expresar claramente sus propias razones.

Cuando uno se prepara para entrar en faena con la intención de hacer frente a la ofensiva creciente de los “malpensados”, al final casi siempre acaba aduciendo razones que parecen poco realistas ante la brutalidad de las razones que hoy resultan vencedoras. ¿Por qué pasa esto? La primera respuesta es sencilla: porque el fenómeno migratorio se contempla en último término en función de la política, tanto en un bando como en otro. De tal modo que no interesa tanto proponer y fortalecer las buenas razones (probablemente a base de hechos) sino conquistar espacios. Algunos en Italia se ponen ahora camisetas rojas pero en el fondo no les interesa realmente el destino de estos inmigrantes, les preocupa más desmarcarse y mantener limpia su tacha moral frente a la vulgaridad dominante. Se reivindica así la propia nobleza ética por un día pero la cosa acaba ahí. Al día siguiente volvemos a la camisa blanca como si nada.

La segunda respuesta podría ser esta. El bien ha pecado de idealismo y simplismo en sus análisis. Es decir, se ha confiado a una lógica elemental, según la cual las rutas migratorias son rutas que se generan espontáneamente siguiendo el sueño de una vida distinta por parte de cientos de miles de personas. Sin duda es así, pero es igual de cierto que no solo es así. La inmigración se alimenta de intereses ajenos, de quienes ven una gran posibilidad de hacer negocio. Y no me refiero solo a los contrabandistas y traficantes, también a los que les empujan a marcharse e incluso a veces, desgraciadamente, también a los que les acogen.

Esta observación sugiere una tercera respuesta. Los que están del lado del bien no han tenido el coraje de mirarse a sí mismos. No han visto que entre sus filas muchos hablaban muy bien pero actuaban muy mal. En nombre de la emergencia, se han legitimado modelos de acogida no solo fracasados sino muchas veces humillantes para los que eran acogidos. Así lo demuestra una investigación realizada en centros de acogida extraordinaria en Italia. Se ha desatado una especie de codicia que ha llevado a crear centros enormes sin preocuparse de invertir en la contratación de personal adecuadamente preparado. El resultado ha supuesto la creación de una presión social sobre comunidades que se han visto obligadas a convivir con estos enclaves de solicitantes de asilo abandonados a su suerte en estas estructuras. Resumiendo, el bien se ha autolegitimado demasiado a priori y por el camino ha perdido sus razones.

Inmigración. Camisetas rojas y camisas blancas

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El algoritmo y el hombre

Giorgio Vittadini

Hace unas semanas circuló por las redes una fotografía falseada del hallazgo de tres niños muertos en un naufragio el 29 de junio en las costas libias. La intención era demostrar que no era real, sino que se había montado en un estudio, como si también la noticia fuera falsa. Pero el naufragio y los muertos se han confirmado y documentado. Llegados a este punto de manipulación tan odiosa, el tema de las noticias falsas nos obliga a mirar a fondo el problema de cómo se forma nuestro conocimiento.

Ciertamente, la desinformación no es un fenómeno nuevo. Solo que hoy se conoce más por la enorme cantidad de datos y por la velocidad con la que circulan por la red. El grado de falsedad que encontramos es variado y oculta diversas motivaciones, desde las económicas (los clics que incrementan el tráfico y por tanto la contratación de publicidad) a las ideológicas, con frases y títulos efectistas que pretenden dar un sentido general a fenómenos complejos, y cifras y datos sacados de contexto. Todo esto orientado naturalmente a nuestro lado más débil, pues todos sabemos que, como seres humanos, parece que por naturaleza necesitemos ver confirmados incluso nuestros prejuicios. Más que nunca en estos tiempos inciertos buscamos seguridad, asertividad, atajos en nuestra búsqueda de la verdad. Y cada vez estamos menos dubitativos, reflexivos y sedientos de conocer.

Pero buscar la verdad nunca es fácil. La verdad está viva, no soporta los automatismos. Es como si exigiera ser verdaderamente querida y buscada. Además, al engañamos de lo contrario disponemos de un acceso directo a la información que era impensable en otros tiempos. Por eso los big data de la era digital se valoran actualmente como si fueran el santo grial del conocimiento. La digitalización nos está obligando a dar un potente paso adelante con su idea de que recogiendo grandes cantidades de datos podremos hacer descubrimientos extraordinarios. Pero corremos el riesgo de olvidar que interpretar tanta información no solo requiere instrumentos específicos para “manejar” tal cantidad sino también criterios que valoren su calidad, más allá de enfoques interpretativos evidentes.

Paradójicamente, muchos datos en este momento corren el riesgo de no significar “más conocimiento” sino “más ideología”, porque para conocer hacen falta criterios y objetivos. Es decir, sabiduría. Para hacernos idea de la dificultad de una investigación, a mis alumnos de estadística les digo que es como estudiar la contaminación de un lago. Con las técnicas modernas podremos tener millones de datos. Si además llegáramos a descubrir que su efecto es nulo, podría suceder en cambio que en ese lago muera alguien a causa precisamente de algún agente contaminante. ¿Por qué? Porque la distribución de los agentes contaminantes puede no ser homogénea y concentrarse de manera nociva en ciertos puntos. Es decir, la peligrosidad de los agentes contaminantes no se puede detectar con un algoritmo “mecánico”, que resulta incapaz de captarla en la enorme masa del agua de un lago.

El algoritmo y el hombre

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A la orilla del río

Fernando de Haro

Mañana. En una de las orillas del manso río Cam, en compañía de su agua verde, pacífica y educada. A las espaldas quedan los colleges, sus agujas góticas, sus jardines ahora secos (a lo mejor el agostamiento es consecuencia de un brexit imposible), sus iglesias, la mayoría con aíre de museo, la vida universitaria de uno de los centros que sigue siendo puntero en muchas cuestiones. Lejos, eso sí, muy lejos los años fundacionales, el distante siglo XIII de los orígenes, cuando el estudio era la expresión de una identidad precisa, clara. Cambridge, vieja ciudad europea, educada como su río, primero por los romanos y luego por los cristianos, se pasea junto al agua en un mosaico de roles. La ribera, salteada con grandes tilos, castaños y nogales asiste a un desfile: parejas de todo tipo, esforzados deportistas, asiáticos de acento británico, británicas que aspiran a ser latinas, amantes que desean ser miméticamente gemelos a pesar de la distante genética... la lista es interminable. Se antoja que solo los grandes árboles que crecen junto al río Cam saben quiénes son. Leo bajo ellos, citado por un buen amigo, algunas líneas del sociólogo de Erving Goffman, padre de la microsociología. Buenos párrafos para entender la procesión que tengo ante mis ojos.

No importa lo que uno sea, sino lo que logra parecer. El yo no existe, es un producto circunstancial, lo que realmente cuenta es el papel que se asume en función de la situación en la que se está. Es necesario abandonarse en el rol y aprovechar las ventajas de identidad que puede proporcionar, explica Goffman. Los paseantes junto al río Cam no lo hacen por maldad, por renegar del origen o de lo dado. ¿Quién conoce el origen? Simplemente están en su laberinto, en un juego de espejos infinito, sin más energía que la voluntad, sin más posibilidad que crearse y recrearse a sí mismos. Incluso los que, en su acento, en sus creencias, en sus ropas, quieren mostrarse “tradicionales”, han construido una máscara nueva, decorada eso sí con los viejos ornamentos de lo antiguo para huir del anonimato de la globalización. El manso Cam no refleja en su agua verde la educación de siglos (¿hay dónde encontrarla?). A los nuevos remeros y a los nuevos paseantes el agua del río, el camino, no les parecen suficientemente reales.

Tarde. En la sala de pintura italiana del museo Fitzwilliam. Quatroccento. Una Anunciación deliciosa. La casa de María pintada de un rosa pálido, el mundo atento a la escena a través de una ventana abierta. Gabriel sutilísimo, inclinado, con un dedo señalando al cielo. La Elegida, a unos metros, con los brazos cruzados sobre el pecho. Aceptando, acogiendo, diciendo sí. El silencio, la elocuencia del cuadro, de la escena, tiene siglos. Las dos libertades, la que elige y la que acepta la elección, en su momento más dramático. La Elegida conociéndose, descubriendo su identidad al aceptar la elección. Y no hay quien se separe de tanta belleza. Pasan los minutos en un suspiro. ¿Acaso ha dejado de suceder esta belleza en las riberas de los educados ríos de Europa? ¿No sucede o la hemos tapado? ¿Acaso no puede reconocerse y por eso hay que inventar?

A la orilla del río

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Fernando de Haro, Gaza

Suhaila Tarazi completó sus estudios de Gestión y Dirección en Londres. Con unos 60 años, la actividad al frente del Al Ahli Hospital la tiene exhausta. Antes de responderme algunas preguntas se detiene para tomar aire. El hospital es un oasis en el centro de la ciudad de Gaza. Fuera de sus puertas la vida hierve. Las calles están sucias en la capital de la franja. Los carros tirados por burros o caballos son frecuentes. La gasolina es muy cara en esta gran prisión a cielo abierto de 365 kilómetros cuadrados de la que no pueden salir, salvo especial permiso que no se concede casi nunca, sus dos millones de habitantes.

Al occidental se le saluda con sorpresa, los niños ensayan su única frase en inglés al ver a los periodistas: “What is your name?”. La inmensa mayoría de los jóvenes menores de 20 años no han salido nunca de esta parte de los territorios palestinos. A pocos kilómetros de aquí, en la frontera este, algunos de esos jóvenes se enfrentan a las balas del ejército de Israel. Desde hace semanas el goteo de los que mueren solo se convierte en noticia cuando los fallecidos superan la docena. Jóvenes sin futuro, encarcelados por la política del Gobierno de Israel, ya sin los túneles hacia Egipto que Al Sisi ha cerrado (por los que llegaron a circular camiones), con una ira que el ineficiente y manipulador Gobierno de Hamas instrumentaliza para no asumir responsabilidad alguna y para no reconocer que es incapaz de proporcionar a su pueblo una vida digna.

Suhaila, tan pronto sale de su despacho y se dirige a las clínicas, es asaltada por un médico que le cuenta una nueva urgencia y por un paciente que le da las gracias. Nuestra conversación se ve interrumpida a menudo. Las instalaciones médicas son modestísimas. En un viejo y desvencijado frigorífico se guardan las bolsas de plasma. El frigorífico está conectado a un generador. En Gaza solo hay cuatro horas de electricidad al día y nunca se sabe cuándo se va a poder contar con ella. Si la luz llega de madrugada hay que aprovechar ese momento para poner una lavadora. Suhaila se detiene especialmente en la consulta infantil. Con la ayuda de la Misión Pontificia el hospital mantiene un programa para luchar contra la malnutrición de los niños. Hay zonas de la franja donde el 50 por ciento de los menores están por debajo del peso que deberían tener y la tasa de mortalidad infantil se acerca al 23 por mil. Cinco niños pálidos, sin fuerzas para jugar, esperan con sus madres el turno para ser atendidos.

Cuando vuelva

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>Editorial

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

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>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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