Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
11 DICIEMBRE 2018
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¿TV, cine? Las series, a por la nueva audiencia digital

Francisco Pou

Por primera vez el consumo medio de TV en España está bajando. Desciende especialmente entre los millenials, quienes ven ahora casi una hora y media menos al día de TV convencional que el resto, que la ve con una media de 4 horas y 22 minutos cada día. Sin embargo, nunca hemos estado tanto tiempo ante una pantalla. Lo que ocurre es que las plataformas de “videos bajo demanda” para la gran pantalla o para el móvil o el laptop no se consideran “televisión”, no entran en los estudios de audiencias, y sin embargo están cambiando nuestros contenidos, nuestros formatos y nuestros hábitos de entretenimiento. Formatos y hábitos que contemplan -y miden- fenómenos como los “binge watch”, los atracones de series que aquí han recibido la helénica y épica denominación de “maratón”.

Ciertamente no es estrictamente TV. Ni siquiera son películas “en” o “para” la TV. Las series de nueva generación están diseñadas para ser consumidas así, en atracones, o en dosis (“temporadas”) tan largas como la audiencia aguante. Por primera vez los presupuestos de producción compiten con la industria de Hollywood (150 millones de dólares para episodios de “Juego de Tronos”, por ejemplo) y, ciertamente, junto a morralla de desecho, encontramos también piezas cinematográficamente ágiles, frescas, de gran calidad narrativa y con sugestivas propuestas.

Hay de todo. “El aburrimiento acecha, ¡prepárate!”, advierte una de las plataformas “on demand”. Video bajo demanda especial, que en realidad se clasifica en “catch-up TV”, esto es, canales on-line en los que poder ver lo que te has perdido en la TV en directo, y que lo ofrecen 24 horas combinado con lo que han producido y seleccionado especialmente desde Youtube. Es el caso de los nuevos canales Flooxer, PlayZ o Mtmad, creados desde las grandes televisiones de siempre. Son canales gratuitos, esculpidos a la medida de una audiencia adolescente, con productos y capítulos “snack”, de 3 minutos de duración y poca necesidad de reflexión. Y de belleza. Entre los anuncios de contenidos hay “mini documentales” con títulos como “No comas esto o tus pedos olerán fatal”, o “Susana y Manu sobre su vida sexual; nuestras relaciones son la hostia”.

Sin embargo, no todo el contenido bajo demanda es morralla. Plataformas de pago como Netflix se han convertido no sólo en distribuidoras de contenido, sino en productores de primerísima línea. Compiten con la TV convencional, pero sobre todo con una veterana industria del cine que tiene que repensarse a sí misma. En muchos hogares hay ya imagen y sonido de más calidad que en las salas, con entradas que además cuestan casi el importe de un mes de “barra libre” entre decenas de miles de títulos para escoger. No sólo con Netflix, HBO, Movistar o Amazon Prime Video; también cine europeo independiente (el que llamábamos antes de “arte y ensayo” o “de autor”) como Filmin (en España), o de todo el cine castizo-costumbrista-histórico español, como es el caso de FlixOlé.

¿TV, cine? Las series, a por la nueva audiencia digital

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Andalucía necesita un cambio

Rafael Izquierdo

Susana Díaz, la candidata del PSOE a presidir la Junta de Andalucía, señaló en el debate del pasado lunes que Andalucía es un referente en las políticas de bienestar. Bruselas ha señalado a Andalucía como la región más corrupta de España. Andalucía es, con Canarias, la Comunidad Autónoma con peores indicadores de calidad de vida. En este momento el abandono educativo temprano está 13 puntos por encima de lo que lo está en la UE.

Andalucía es la segunda Comunidad Autónoma de España con menos proporción de enfermeras por habitante, en algunas provincias los médicos de familia tienen asignados más de 1.500 pacientes y no pueden atender un mínimo de diez minutos a cada paciente. No hay ni libertad para prescribir ni para encargar todas las pruebas que consideren suficientes. Andalucía sigue siendo, de hecho, la Comunidad que menos presupuesto por habitante destina a sanidad. La comunidad con peor ratio de camas hospitalarias de España por cada mil habitantes

La cifra es redonda: la Comunidad Autónoma de Andalucía ha recibido en los últimos años 100.000 millones de ayuda de Europa. ¿Por qué, si ha recibido tanto dinero, Andalucía tiene una tasa de paro del 46 por ciento entre la gente joven? ¿Por qué es unas de las regiones más pobres de Europa? Porque las políticas económicas de los últimos 40 años, las políticas económicas del PSOE, han sido políticas económicas malas. No se han dedicado a fortalecer la capacidad productiva de Andalucía, han buscado, sobre todo, fortalecer las instituciones públicas regionales. El dinero ha mejorado el Estado del Bienestar, es cierto, ha habido mejoras, pero el segundo objetivo ha sido fortalecer al Partido-Estado de Andalucía. Los gobiernos del PSOE en los últimos 40 años no han fomentado el desarrollo de la industria, no han ido de la mano de los empresarios. Hay una Andalucía que exporta, que innova, hay industria aeronáutica, pero el objetivo de los gobiernos socialistas ha sido la tranquilidad y no fomentar una mejora de la educación, un apoyo a sectores de valor añadido. Por eso la economía andaluza depende en exceso del turismo, de actividades de bajo valor añadido y poco uso de mano de obra. Andalucía necesita una política económica menos conservadora, con más industria, con menos burocracia, con más capacidad de atraer inversión. El PSOE ha demostrado no tener capacidad de innovación.

Andalucía necesita un cambio

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La Universidad Complutense acoge unas jornadas sobre "La ética al final de la vida"

Los próximos días 3 y 4 de diciembre de 16.00 a 20.00 se van a celebrar las II Jornadas de Bioética en la facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, en la que abordaremos el tema de “La ética al final de la vida”.

Contaremos con la presencia de personalidades como Antonio del Moral, magistrado juez del Tribunal Supremo; César Nombela, catedrático de Farmacia y miembro del Comité de Bioética de España; o Álvaro Gándara, expresidente de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos.

El objetivo de las Jornadas de Bioética es fomentar entre los estudiantes de ciencias biosanitarias y por extensión a toda la comunidad universitaria esa dimensión ética necesaria para ejercer las distintas profesiones de las ciencias de la salud de manera correcta. En estas jornadas en particular trataremos el tema de la ética en los últimos momentos de vida del paciente desde una perspectiva médica, jurídica y humana.

Están organizadas por la Asociación Universitaria Ápex en colaboración con la Fundación Jerome-Lejeune, la Asociación Española de Farmacéuticos Católicos y la Asociación Universitaria de Médicos por la Ética Clínica de la Universidad Autónoma de Madrid.

La Universidad Complutense acoge unas jornadas sobre "La ética al final de la vida"

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Discutir a Dios

Miguel Ángel Quintana

Un hecho singular acaeció el pasado 13 de octubre, sábado, en el Pabellón de Cristal de la madrileña Casa de Campo ante un millar largo de asistentes.

En primer lugar, lo que los convocaba no era un evento deportivo o artístico, sino un debate. Tengo para mí, desde hace ya años, que una de las principales diferencias entre la cultura anglosajona y la nuestra es que allí los debates apasionan de veras, aquí solo de boquilla. Puedes notar enseguida que mucho público se revuelve, incómodo, si dos ponentes de cualquier evento académico o cultural se enzarzan en una discusión seria, incluso aunque se haya publicitado como tal; solo unos pocos nos arrellanamos en nuestros asientos. Cuando estudié en la Universidad de Salamanca la carrera de Filosofía, una especialidad que en principio se prestaría a la discusión constante, vi transcurrir los cinco años que duraba la licenciatura sin que ningún profesor sugiriera nunca algo así como “Bueno, ahora vamos a dedicar el resto de la clase a debatir estas ideas de, qué sé yo, el pensador Voir M. Granovetter”. Decía Ludwig Wittgenstein que un filósofo que nunca discute es como un boxeador que jamás saltara al ring; en España nos gustan más los masajes que nos pueda dar con la toalla el entrenador, o el público, o incluso el supuesto contrincante. La cosa ha llegado tan lejos que el Ayuntamiento de Madrid ya convoca, incluso, debates en los que se reserva la participación a solo los que estén de acuerdo con la propuesta de la alcaldesa que se pretende discutir.

El pasado 13 de octubre en el Pabellón de Cristal, empero, la cosa se planteó desde el inicio como un debate y como uno no reservado a gente concordante. Se trató además de un debate bien serio tanto por su temática (Dios, el mal, la libertad), como por sus dos ponentes: el sacerdote Julián Carrón, presidente de Comunión y Liberación, ante Pedro G. Cuartango, periodista de ABC y agnóstico contundente.

Es este el segundo aspecto que vuelve singular nuestro acontecimiento. Incluso en ambientes religiosos resulta un tanto insólito ponerse a discutir sobre Dios, sin más. No escasean sin embargo en ambientes católicos las charlas sobre la sociedad, sobre pastoral, sobre diversas preocupaciones económicas, sobre los esfuerzos interreligiosos o ecuménicos, sobre la propia organización de la Iglesia, sobre tal o cual aspecto exegético. Y cómo podríamos negar la relevancia de todo ello. Pero si recordamos el pasaje que nos refiere Lucas (10, 38-42) sobre Jesús y sus amigas Marta y María, quizá esas preocupaciones se cuenten más entre las que embargaban a la primera que entre las que recomendablemente cautivaron a la segunda. ¿Por qué no hablar a veces, incluso a menudo, tan solo de Dios?

Discutir a Dios

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>EL ROSTRO DE LA GENTE-GENTE

'El inmigrante viene a aportar, no a quitar nada'

Francisco Medina

Dialogamos con Ángel Misut, de la Casa de San Antonio, que nos cuenta su experiencia en la acogida de inmigrantes.

Vamos a empezar por tu historia. ¿Por qué te lanzas a esta iniciativa de la Casa de San Antonio?

En realidad, la Casa de San Antonio surgió en 2005. Nosotros teníamos una asociación que daba soporte a determinadas actividades de tipo cultural o social, pero empezar a trabajar con la pobreza, con gente necesitada, empezó en 2005. Y no empezó porque tuviéramos un programa sino porque, en un momento dado, en la parroquia donde estábamos, y yo vimos la necesidad de empezar a hacer algo para las personas que venían buscando un refugio, un sitio donde poder dormir. No había más plan que ese. De hecho, en un inicio habíamos pensado en montar un pequeño albergue para transeúntes.

¿De dónde nace esta inquietud?

Yo llevaba años colaborando con distintas obras, pero, al final, la inquietud surge porque ves cosas y empiezas a hacerte preguntas. Conocía el movimiento de Comunión y Liberación desde hacía unos años. Ese carisma provocó en mi vida el hecho de empezar a hacerme preguntas por todo lo que me sucedía. Empezó a venir gente que no tenía dónde dormir y yo me preguntaba qué tenía eso que ver conmigo, qué podía hacer yo por ellos. Estas preguntas las empecé a compartir con un amigo. Empezamos, simplemente, a hablar acerca de si era simplemente una pretensión absurda o realmente podía tener sentido. En un cierto momento, decidimos contarlo a otros amigos e hicimos una reunión con unas cincuenta personas, les contamos lo que queríamos hacer, que era ofrecer a esta gente un lugar donde dormir. Eran transeúntes que estaban de paso y nosotros nos limitábamos a darles dinero para que subieran al metro y se fueran al albergue de San Isidro de Madrid.

Empezamos a preguntarnos qué podíamos hacer: ¿eso tenía algo que ver con nuestra vida o no? Y decidimos intentar abrir un pequeño albergue. Se lo propusimos a un montón de amigos, después de estudiar el tema durante cinco o seis meses, viendo posibilidades, dificultades, inconvenientes, etc. La mayoría nos dijo que no, que eso era imposible, que trabajar con este tipo de personas era muy difícil y que no sabíamos dónde nos estábamos metiendo.

Este era el primer reto, el de la acogida…

Sí. Pero hubo cuatro o cinco que se sumaron y seguimos dando pasos. Recuerdo que teníamos ni un euro en la cuenta para empezar. Es más, aquella noche, que habíamos preparado una cena, recuerdo que les dije a todos –porque todos preguntaban de dónde íbamos a sacar el dinero–: “la cena ha costado tres euros, así que ponemos seis y ya tenemos un excedente para empezar a dar pasos”. Y así fue como empezamos. Surgió la necesidad de la acogida, empezamos a cuidar esta necesidad de acoger a la gente que no tenía dónde dormir y, aproximadamente, un año después abrimos nuestra primera casa de acogida; dada la demanda que teníamos, se dirigió a mujeres sin hogar. Hoy tenemos cuatro, dos para mujeres sin hogar con sus hijos, otra a hombres sin hogar y otra a familias. Ahora tenemos a 30 personas acogidas, y en lo que va de año han pasado 53.

¿Todos eran inmigrantes?

>EL ROSTRO DE LA GENTE-GENTE

'El inmigrante viene a aportar, no a quitar nada'

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>Editorial

Dependencia en tiempos transhumanos

Fernando de Haro

Arkangel es el título del segundo episodio de la cuarta temporada de Black Mirror, una de las series que forman parte ya de la mitología del momento. La producción la presentó la compañía Endemol como un producto “que se nutre de nuestro malestar por el mundo contemporáneo”. Refleja, con una alta factura de calidad audiovisual, las perplejidades y los dolores de un futuro inmediato en el que la tecnología que ya tenemos ha desarrollado todas sus potencialidades.

Ankangel fue dirigida por Jodie Foster con un estilo frío y clásico. Relata la historia de una madre que cría a su hija sola. Ante el miedo de los peligros que debe afrontar la niña en su vida normal, la madre decide instalarle un chip en la cabeza. Este pequeño ejercicio de transhumanismo parece no tener más que ventajas. Frente al miedo que provoca la libertad de la hija, la tecnología permite saber siempre dónde está, qué hace. El chip puede ser también utilizado como inhibidor que censura las situaciones desagradables que causan malestar. La madre se da cuenta de que necesita abandonar la herramienta cuando su hija ha crecido, pero es incapaz de abandonar el control parental que le proporcionan los nuevos medios. No depende de su hija. Depende demasiado de su miedo, del proyecto que tiene sobre ella. Sus intervenciones son cada vez más invasivas.

Joseba Arregi, expolítico en el País Vasco y uno de los hombres que ha luchado contra el mal uso de la libertad de los terroristas, sin referirse al capítulo de Black Mirror, ha señalado hace unos días que este síndrome que sufre la madre de Arkangel es uno de los rasgos del momento actual. En este periódico, tras leer el libro de Mikel Azurmendi El Abrazo, indicaba, citando al antropólogo alemán Arnold Gehlen, que hemos vuelto “al arcaísmo”. Lo que antes se atribuía a la magia o a las viejas religiones se atribuye ahora a la tecnología. “La tecnología como continuación de la magia de la religión, por otros medios, busca lo mismo, establecer ritmos, control. La magia es controlar los poderes ocultos y la tecnología nos permite exactamente lo mismo; buscar las rutinas y sobre todo la subjetivación y la desaparición de la frontera entre yo mismo y el exterior”. La digitalización se extiende en un mundo en el que el deseo de libertad se ha convertido en miedo, y la voluntad de autonomía ha provocado que “el otro no existe”.

>Editorial

Dependencia en tiempos transhumanos

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'Las devoluciones en caliente son una barbaridad'

P.D.

Entrevistamos a Isabel E. Lázaro, profesora de Derecho Internacional Privado en la Universidad Pontificia de Comillas, para analizar la situación actual de la política migratoria en España y en Europa.

¿Cómo valora la política del Gobierno de Sánchez con la migración? Cuando se produjo la crisis migratoria en Italia, se le pidió mucha más ayuda a Frontex para los rescates en el Mediterráneo. ¿Debería hacerlo el Gobierno de Sánchez?

No soy especialista en ese tema, pero creo que este Gobierno no quiere tirar de esa cuerda entre otras cosas porque, aunque a España está llegando un número importante de inmigrantes por esa vía, no es comparable esta situación con la que se dio con la crisis siria en Italia y Grecia. No nos está llegando ese volumen de gente, ni muchísimo menos. Estamos todavía en el marco de una migración que es la que habitualmente llega a España. Ha crecido un poco, pero no estamos en unos términos que resulten exorbitantes. Otra cosa es que no aceptamos esta movilidad humana respecto de la pobreza. Los países ricos resultamos atractivos para la gente que vive en unas condiciones que no son las que parecen más deseables y que permiten el progreso humano.

Se está estudiando si dejar las devoluciones en caliente en la ley “mordaza” o pasarlo a la ley de inmigración, ¿qué le parece esta fórmula?

Las devoluciones en caliente son una barbaridad porque no permiten valorar las circunstancias individuales de cada sujeto. Desde luego, respecto de los menores es completamente intolerable, pero también respecto de los adultos impiden discriminar si la persona, por ejemplo, viene huyendo de una persecución que entra en el ámbito de aplicación del estatuto del refugiado. No se entra en ninguna consideración de este tipo, o si se dan circunstancias humanitarias que fuerzan a la acogida de una persona en otras condiciones. Es verdad que tener un proceso con garantías siempre es más caro, pero es que queremos proteger los derechos humanos.

¿Por qué están tan desbordados todos los centros de acogida e identificación? ¿Qué es lo que funciona mal?

Lo que funciona mal es que el modelo no se ha adaptado, no ha crecido con arreglo a las necesidades de la presencia extranjera en España. Mantenemos el mismo número de plazas que teníamos hace quince años, y hemos tenido varias crisis migratorias muy serias que exigían otros números. No han crecido las plazas y los centros están desbordados. Habría que ajustar a las necesidades reales las plazas disponibles. Sin trasladar el control de fronteras allí donde no hay que trasladarlo. Pensemos que si tenemos un centro mal dotado, mal atendido, y estoy recibiendo más jóvenes de las plazas que tengo, no van a venir. Eso es intolerable. Preferiríamos que no vinieran, y que no vinieran solos ni en estas condiciones. Pero una vez que están aquí, hay que protegerlos. Y por tanto establecer un sistema en las condiciones que necesitamos, empezando por las plazas, indudablemente. Es un problema que con los menores es flagrante, pero también existe con los adultos.

Entonces, es como si no se estuviera trabajando por mejorar la situación para evitar el efecto llamada.

'Las devoluciones en caliente son una barbaridad'

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Voegelin y Flannery O'Connor. Sin Abrahán no hay historia

Roberto Gabellini

Abrahán, Voegelin y O’Connor, con un vínculo aparentemente bastante improbable, han encontrado un inesperado punto de encuentro en una recensión escrita por Flannery O’Connor (1925-1964) en 1958.

La escritora americana, desde mediados de los años 50 hasta 1964, año de su muerte, reseñó más de un centenar de libros –entre ensayos y novelas– para dos periódicos diocesanos de Georgia, considerando esta tarea parte de su propia vocación y participación en la vida de la Iglesia.

El elenco de autores tratados confirma entre otras cosas su atención a la cultura y al catolicismo europeos, que la propia O’Connor admite en sus cartas: de Guitton a Guardini, de Gilson a De Lubac, a Eliade, Mounier, Mauriac, Péguy. Entre estas reseñas se encuentran las relativas a los tres volúmenes publicados entonces de “Orden e historia” de Eric Voegelin (1901-1985).

Para el primero de estos libros “Israel y la revelación”, O’Connor identifica en la salida de Abrahán de Ur el nudo central del libro y la llamada por parte de Dios como el punto de ruptura, el desgarro del que nace la historia (ya no es el hombre quien busca a Dios sino que es Dios quien busca al hombre), por lo que el hombre da un “salto en el ser”.

Resulta significativo que O’Connor —a través de Voegelin— oponga a la mentalidad de su tiempo este “salto” o, dicho de otro modo, este nacimiento del yo, un tema que por otro lado, en un periodo tan marcado por la “fragilidad del ser” como el nuestro, sigue siendo de gran actualidad y no se enmarca en una sola discusión entre expertos.

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Reino Unido y la Unión Europea. ¿Rule Britannia?

Ángel Satué

“Hay niebla en el canal. El continente queda aislado”. Es una de las frases que describen el genio del espíritu británico. Esta niebla ahora podría ser el borrador de Acuerdo de 585 páginas sobre el Brexit que se alcanzó esta semana pasada. Un borrador de Acuerdo cuestionado por dos dimitidos ministros y cinco que aún lo son –entre aquellos, el que estaba a cargo del Brexit (¡!)– y por una porción nada desdeñable de diputados tories, y que teniendo en cuenta que tampoco es apoyado –por ahora, pero ya conocemos a los nacionalistas– por el partido norirlandés con representación en el Parlamento –que amenaza también con bloquear los presupuestos generales– , hará muy complicada su aprobación. También la supervivencia de una May que era antes de que ganara el Brexit una de las “remainers” (pro Unión Europea), y no una “brexiter”.

Mi valoración es que se trata de un mal acuerdo para los “brexiters”, que se quieren ir, porque se van a cámara lenta y sin dar un portazo, y un mal acuerdo para los “remainers”, porque se van en todo caso, y porque este acuerdo no fuerza (aún) un segundo referéndum, que en todo caso casaría mal con la democracia (votar y votar hasta que salga quedarse).

No le gusta a nadie, y tal vez sea lo único que haga bueno el acuerdo a ojos de la opinión pública, así como que May se pliegue a gobernar una salida en la que no creía aceptando la voluntad de la mayoría –lo cual es valorado por los más acérrimos defensores de la tradición inglesa–. En cualquier caso, si tiene un logro este acuerdo es generar la sensación en la conciencia de la sociedad británica de que no hay vencedores y vencidos, de que todos pierden. En España, esta conciencia es al revés. Sólo unos piensan que han perdido y otros no creen haber ganado. Todo a pesar del abrazo que se dio la “Generación del 78”. Abrazo que quedó retratado en la Constitución. Volviendo al caso inglés, en cuanto a la percepción de que gana la Unión, para una parte muy sustancial de la población es así, lo cual no es bueno “in fine” para la causa de la unidad europea en el Reino Unido, pero es un aviso a navegantes al resto de países de la Unión.

A primeros de diciembre del año pasado se sentaron las bases para este Acuerdo sobre tres grandes victorias para los intereses de la Unión Europea: los derechos de los ciudadanos comunitarios en las islas; el coste del divorcio; la no existencia de frontera entre Irlanda y el territorio británico de Irlanda del Norte.

Con el nuevo acuerdo, la Unión se garantiza un período de tutela sobre el Reino Unido de, mínimo, dos años, en que ésta no tendrá ni voz, ni voto, ni representantes en el Parlamento europeo, y sí le aplicará todo el acervo comunitario.

Reino Unido y la Unión Europea. ¿Rule Britannia?

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>Entrevista a Joseba Arregi

"Siempre hay que pensar desde el otro"

Juan Carlos Hernández

Joseba Arregi participó la semana pasada en la presentación del libro de Mikel Azurmendi “El abrazo” (Ed: Almuzara) donde el autor vasco relata su convivencia en los últimos años con los amigos que pertenecen a la experiencia eclesial de Comunión y Liberación. El exconsejero del Gobierno Vasco afirma que el libro “te cuestiona y te hace avanzar y lo que soporta todo eso es al final la fuerza del encuentro con Jesús que te dice: ‘tú solo no puedes pero yo estoy contigo’”.

En la presentación del libro se le veía como un niño con zapatos nuevos. ¿Un cristianismo vivido con autenticidad es pertinente al corazón del hombre?

Creo que sí, al final hoy que tanto se habla de verdad, que uno de los gravísimos problemas que tenemos hoy en día es que todas las palabras están ya malgastadas, hasta el punto de que no significan nada. Términos como caridad, honestidad, todo ha perdido ya su sentido. Hay que volver a recuperar el término “verdad”. Pensamos que la verdad está en los números, en las estadísticas, y no hay forma más fácil de mentir que con las estadísticas. Hay que buscar otro tipo de verdad, y no puede ser una verdad teórica sino una verdad de vida. Esa verdad de vida hoy se puede encontrar en pocos sitios más que en el cristianismo. En la vida del cristiano que es vida o intento de seguir en la vida propia de cada uno, en la medida de las posibilidades, el ejemplo de Cristo que es darse por los demás. Y por tanto vivir desde las exigencias de los demás. En la presentación del libro de Mikel Azurmendi quería haber citado a un rabino que cuenta en una lectura talmúdica de Levinas y dice: “los derechos humanos son siempre primero los derechos del otro, no los de uno mismo”. Siempre hay que pensar desde el otro. Esa es la enseñanza del cristianismo y es la verdad de la vida. Darse porque hemos recibido. Ese vivir desde el otro, y el ejemplo más claro es Jesucristo que vive para los otros y desde los otros, que somos nosotros.

>Entrevista a Joseba Arregi

"Siempre hay que pensar desde el otro"

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El sueño de volver a contar

Fernando de Haro

En España, la celebración del 40 aniversario de la Constitución ha coincidido con la aparición como fuerza parlamentaria (de momento solo en Andalucía) de una fuerza de derecha con un ideario hasta ahora ausente. Vox cuestiona algunos de los principios esenciales de la Carta Magna como Podemos lo hace por la izquierda o el independentismo catalán de forma transversal. El nuevo partido, al rechazar el modelo territorial de las Comunidades Autónomas (un federalismo no reconocido ni vertebrado del todo), alimenta uno de sus vectores en la reacción al proceso secesionista que se intentó materializar hace algo más de un año. Es nuevo. Ni siquiera hace cuatro décadas existía una derecha parlamentaria que rechazara el texto constitucional.

La solemnidad de las celebraciones del 40 cumpleaños de la Constitución, con buenos discursos de la presidenta del Congreso y del Rey Felipe VI, ha silenciado por unos momentos la crisis política. Cuanto más solemnes han sido las celebraciones en torno a la Constitución de 1978 (la que más tiempo ha estado en vigor desde que se iniciara la revolución liberal en España hace 200 años), más evidente se ha hecho que en las cuatro últimas décadas la experiencia que la hizo posible ha ido apagándose por la “neutralidad liberal” que domina el espacio público. Una neutralidad, alimentada por izquierda y derecha, que ha considerado una cuestión privada el reconocimiento del otro, la reconciliación, la unidad pre-política y pre-jurídica, los elementos de significado implicados en el hecho de ser ciudadano.

Más de un 85 por ciento de los españoles hacen una valoración positiva de la Constitución del 78. Valoración que no es del texto sino del acuerdo que lo fundamenta. Pero un 27 por ciento cree que en este momento España está estancada. Al menos uno de cada cuatro españoles cuestiona los partidos y la política. No es de extrañar que desde la derecha surjan ahora “opciones de protesta” que hasta el momento no habían existido. La política como pura gestión, la política como fuente de corrupción, provoca rechazo y resurge la política como utopía, como queja. Es el síntoma de un proceso que exige una respuesta adecuada. Al final lo que está en juego es si la participación en el espacio público tiene que optar entre la tecnocracia neutral o la frustración, si hay algún protagonismo posible en un ámbito dominado por la partitocracia.

Vox ha surgido en Andalucía con fuerza (10 por ciento de votos) sumando, según los primeros estudios demoscópicos, diversos elementos. El rechazo a la descentralización autonómica es uno de ellos, seguramente el más importante. A eso hay que añadir la reacción provocada por aumento de la llegada de inmigrantes (percibida falsamente como una suerte de invasión) y la voluntad de que, por fin, haya quien defienda cierta “agenda católica”. Una agenda que querría ser respuesta a una secularización inducida desde el poder y que pone el énfasis en ciertos aspectos –la defensa del no nacido, respuesta a la ideología de género– y minusvalora otros –migrantes, proyecto común–. A todo eso hay que sumar la reacción a las políticas emprendidas para luchar contra la tremenda lacra de la violencia que sufren las mujeres (la inmensa mayoría de los votantes de Vox son hombres). Hay muchos otros componentes que con el tiempo irán desvelando su peso.

El sueño de volver a contar

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La Europa del contrapunto

Fernando de Haro

Huang y John han seguido con poca atención la cumbre del G20. John, vecino de Miami, ha visto las imágenes de la cena de Donald Trump y de Xi Jinping en la televisión del 7Eleven donde suele comprar su café con sabor a vainilla. Y Haung le ha echado un vistazo a la foto publicada en la prensa oficial. No se ha detenido a leer la información. Ni Huang ni John siguen de cerca la guerra comercial que desde junio enfrenta a las dos principales economías del mundo.

Huang trabaja en una compañía inmobiliaria de Wenzhou, una ciudad al borde del mar, de tamaño medio, en la costa, en plena expansión. El clima es más benigno que en la cercana Sanghai. La empresa de Huang, controlada por el Estado, realiza inversiones en la Nueva Ruta de la Seda. Huang trabaja muy duro, su nivel de vida ha subido, está orgulloso de lo que está haciendo Xi Jinping por su país, orgulloso de la capacidad de control que el Estado tiene sobre los ciudadanos –es una garantía de seguridad–, de la expansión más allá de los mares de Asia. Huang piensa que, después de tantos años de un trabajo callado, China por fin puede mostrarle al mundo cómo es de grande.

John es votante de Trump, siente rechazo hacia su arrogancia, hacia sus excesos. No le gusta el modo que tiene de hablar de los inmigrantes. Pero aunque no se lo confiese del todo, vibra cuando le escucha hablar de América. Aunque no es ese el motivo por el que votó al actual presidente. Le votó y le volvería a votar porque su historia le impide votar a los demócratas. John es un hombre religioso, convertido después de algunos problemas con el alcohol, rechaza la vida de los ricos que han venido a jubilarse a Florida. Rechaza esa vida liberal, que parece haber perdido las esencias de la América que madruga, esos Estados Unidos de la infelicidad donde cunde la adicción a los opiáceos.

Huang y John no deciden el destino del mundo. O sí. Al menos no lo deciden como sus presidentes, pero sin ellos no hubiéramos tenido el G20 que se ha celebrado en Buenos Aires. A comienzos de siglo ya era evidente que el Planeta Tierra necesitaba algo así como un “Gobierno del Mundo”. Sabíamos que las soberanías nacionales, tal y como habían quedado definidas en Westfalia, eran incapaces de hacer frente a las necesidades de la globalización, al imperio del dinero. Tampoco los proyectos de integración regional estaban a la altura. Era necesario crear nuevas instancias. Y por algunos momentos se pensó que el G20 podría servir como herramienta inicial para desarrollar ese nuevo gobierno global. La cumbre del G20, de hecho, celebrada en Washington en 2008, si no fue un Consejo de Ministros planetario al menos sirvió para tomar la decisión de no cometer los errores del 29 y apostar por la mayor fiesta de política monetaria expansiva de la historia.

La Europa del contrapunto

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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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