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21 ENERO 2018
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>Entrevista a José Carlos Bermejo, director del Centro San Camilo

`El Centro San Camilo es un hervidero de solidaridad compasiva`

P.D.

Con casi tres décadas décadas a sus espaldas de experiencia en relación de ayuda, duelo, pastoral de la salud… y con más de 40 libros publicados, José Carlos Bermejo, director del Centro San Camilo (Centro Asistencial y Centro de Humanización de la Salud), reflexiona sobre el hermoso oficio de contribuir al desarrollo humano.

El Centro San Camilo lleva 28 años cuidando y enseñando a cuidar.

El Centro Asistencial nació como Residencia para mayores y abrió sus puertas en 1983. Fue decisión de los religiosos camilos de España la de dejar la Clínica San Camilo de Madrid y construir un Centro para mayores, que poco a poco ha ido ampliando sus servicios, añadiéndose el Centro de Día, la Unidad de Cuidados Paliativos, y coordinándose con la ya existente Atención a domicilio desde mediados del siglo pasado. Por su parte, el Centro de Humanización de la Salud vio su luz en 1989, fruto de la apuesta de los camilos por reforzar la parte del carisma relacionada con la cultura humanizadora de los cuidados. Fue un proyecto escrito como trabajo académico mientras estudiaba en Roma, y nos apasionamos por llevarlo a la práctica en sus diferentes vertientes de formación, publicaciones (libros y revista HUMANIZAR), Centro de Escucha e investigación.

Desde hace unos meses, la humanización “está de moda” (empieza a ser considerada una prioridad en la planificación y gestión de los servicios sanitarios de muchas comunidades autónomas), un concepto que viven y practican los Religiosos Camilos desde hace 400 años… ¿Qué aportan de forma práctica a este “desafío” hoy día?

Los Camilos, desde el Centro de Humanización de la Salud aportamos un conjunto de servicios que contribuyen a generar cultura humanizadora. Nuestra especificidad es que podemos contrastar aquello que proponemos con los servicios asistenciales que prestamos. Hablamos y practicamos. Escribimos y nos comprometemos. Con nuestros límites, pero intentando ser referentes. Por otro lado, nos inspira una fuente maravillosamente poderosa: el Evangelio. La antropología de fondo es humanizadora por antonomasia. No somos una moda sin contenido sólido, sino que tenemos solera en las claves inspiradoras, que desde el Centro intentamos encarnarlas en la cultura de hoy y en nuestro mundo de la salud y del sufrimiento actuales.

Cuidar y enseñar a cuidar en la fragilidad humana, en la dependencia, en el final de la vida, en el duelo… ¿Qué camino nos falta por recorrer o, al menos, iniciar?

Para humanizar en nuestro entorno nos falta por recorrer caminos de accesibilidad y universalidad de los servicios. En teoría tenemos todos derechos reconocidos en el campo de la salud y del alivio del sufrimiento. En la práctica, nos toca esperar, no hemos alcanzado modelos de intervención personalizados, los planes de formación en las profesiones de salud responden a paradigmas muy biologicistas, conservamos miradas que no son suficientemente solidarias con los más pobres de nuestro planeta, nos queda mucho por recorrer en interdisciplinariedad y mirada holística del ser humano.

Acompañar el sufrimiento inevitable e intentar eliminar el sufrimiento evitable… ¿De verdad es posible?

>Entrevista a José Carlos Bermejo, director del Centro San Camilo

'El Centro San Camilo es un hervidero de solidaridad compasiva'

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El mendigo del rosario

Aliosha Miranda

Cada día es más difícil, cada día es más evidente que no podemos solos, que necesitamos ayuda, que hay que poner las necesidades en común, cada día es más evidente que hay pedir, pedir siempre, pedir por todo y, sobre todo, cada día es más evidente que necesitamos una nueva manera de afrontar los problemas, una nueva manera de afrontar la crisis que se vive en Venezuela.

El año pasado fue brutal. Hubo 4 meses de protestas contra el gobierno, sí, 4 meses, 120 días seguidos de intensas protestas en las que la salvaje represión de la dictadura dejó un saldo de más de 100 muertos, se vivió la muerte de la democracia en el país, vivimos los fraudes electorales más grandes de nuestra historia, nos quedamos perplejos al enterarnos de que se produjeron varios ataques al Parlamento, cosa que no se había visto en más de 100 años, la economía entró en hiperinflación, vemos cómo cada semana los precios se multiplican, durante todo el año leímos cientos de noticias de neonatos que morían por desnutrición y personas mayores que morían por falta de medicinas y mientras todas estas desgracias ocurrían, también veíamos la mirada pasiva de nuestros gobernantes, preocupados únicamente por seguir en el poder.

Fue terrible el año pasado, de los peores de nuestra historia, pero 2018 pinta para ser aún peor. Es evidente que necesitamos una nueva manera de afrontar la crisis una manera adecuada. Pero ¿de dónde surge esta postura adecuada?

Aquí, viene a mi memoria una experiencia del 14 de junio del año pasado.

En ese momento, ya habían pasado más de 70 días de las protestas que duraron 4 meses. Frente a las atrocidades que ocurren todos los días en el país los vecinos de mi urbanización decidieron rezar un rosario todas las noches para pedir al Creador un cambio en el país. Siempre que podía les acompañaba. El Rosario era en la calle, había velas, cantos y todo nuestro deseo de justicia y libertad para ponernos delante del Misterio.

Eran más de 70 días observando cómo el gobierno acababa con un pueblo que protesta para que haya medicinas en las farmacias, por eso mis vecinos rezaban todas las noches. Más de 70 días leyendo en las noticias: "hubo otro muerto", por eso mis vecinos rezaban todas las noches. Más de 70 días con muchas universidades paradas, muchos estudiantes sin la posibilidad de estudiar, por eso mis vecinos rezaban todas las noches. Más de 70 días viendo que las cosas seguían igual, cada vez era más difícil conseguir comida o medicinas, cada vez más inflación y cada vez más tristeza y sufrimiento en los corazones de este pueblo. Muchas protestas, pero el gobierno no daba señales de querer rectificar, todo lo contrario, por eso mis vecinos rezaban todas las noches. Esta enorme crisis hizo que mis vecinos y yo nos encontráramos todas las noches para pedir. Esto es, sin duda alguna, una cosa positiva.

El mendigo del rosario

Aliosha Miranda | 0 comentarios valoración: 2  29 votos
>Entrevista a Miguel Ángel Quintana

'Las ideas sobre género no están organizadas congruentemente'

Juan Carlos Hernández

El profesor Quintana, estudioso de lo que denomina las ideas o teorías sobre el género, propone en esta entrevista en www.paginasdigital.es un diálogo sobre las relaciones entre los términos sexo y género.

Usted ha venido afirmando recientemente que la “ideología de género no existe”. ¿Podría explicar a qué se refiere con esta afirmación?

Si me lo permite, voy a empezar diciendo a qué no se refiere esa frase, con que titulé un artículo mío de hace unos meses; ya que por desgracia he comprobado que mucha gente de buena fe la ha malinterpretado por completo.

En primer lugar, lo que no quise decir, naturalmente, es que todo lo que se dice sobre el género sea correcto o valioso. Entre otras cosas, esto sería imposible, porque muchas de las cosas que se dicen al respecto son contradictorias entre sí.

Tampoco quise decir que lo que muchos llaman “ideología de género” se refiera a cosas que tengan todas que ser aceptables. El problema es englobar bajo una sola etiqueta, y tan inadecuada, un montón de cosas muy distintas entre sí; pero uno tiene perfecto derecho a no aceptar cada una de ellas en particular.

Tampoco negué que últimamente se haya producido una difusión, tanto en el mundo académico como en la política y en los medios de comunicación, de ideas al respecto del género y del sexo que pueden resultar especialmente novedosas y, por supuesto, perfectamente criticables. Es más, yo soy firme crítico de muchas de ellas. Pero (de nuevo) eso no significa que constituyan una ideología. En primer lugar, porque no están organizadas teóricamente entre sí en un conjunto más o menos congruente (que es condición sine qua non de toda ideología). En segundo lugar, porque el problema de esas teorías no es que empleen el término “género” (que es perfectamente aceptable, e incluso imprescindible hoy en día, por cualquier investigador serio de estos asuntos; sobre esto volveré más adelante); sino que su problema es otro bien distinto.

¿Qué es entonces lo que sí quería decir al titular uno de sus artículos “La ideología de género no existe”?

Bueno, cuando alguien habla de “ideología de género” parece que se refiere, como he dicho, a un conjunto más o menos organizado de ideas defendidas por un movimiento determinado. De hecho, ese es el sentido que le da a la palabra “ideología” el diccionario de la RAE. Ahora bien, cuando uno ve todo lo que se incluye dentro de lo que la gente llama “ideología de género”, comprueba que se trata de ideas muy distintas entre sí, a menudo opuestas, y que no son defendidas por un solo movimiento, sino por varios, frecuentemente enfrentados entre sí de manera voraz. Por lo tanto, no hay una cosa llamada ideología de género, sino ideas y movimientos muy diferentes que hablan sobre género; algunos de los cuales serán aceptables, otros lo serán parcialmente y otros lo serán aún menos. El término omniabarcante “ideología de género” ahorra ese análisis minucioso que, empero, cualquier intelectual serio debería acometer.

¿Podría ponerme un ejemplo de esto que señala?

>Entrevista a Miguel Ángel Quintana

'Las ideas sobre género no están organizadas congruentemente'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  29 votos
>Editorial

El (único) poder útil contra las "fakes"

Fernando de Haro

Dispuestos a acabar con la amenaza. Si 2017 fue el año de las fake news (noticias falsas), ha llegado el momento de ponerles coto. El objetivo es que no interfieran como lo han hecho en los procesos electorales (Alemania, Estados Unidos, Francia, etc.), y que no aumenten la inestabilidad como ha sucedido en los momentos delicados vividos en Cataluña. ¿Hay capacidad para detener las viejas y nuevas mentiras?

Macron, el “chico listo y culto” de las democracias europeas, anunció la semana pasada un proyecto de ley para controlar las televisiones estatales extranjeras (o sea rusas) y para dotar de más transparencia a internet. En otro tiempo hubiera sido difícil que un líder de la “regeneración institucional” propusiera con tanta alegría una mayor intervención del Estado para limitar la libertad de prensa. Es el signo de los tiempos. España ha incluido en su Estrategia de Seguridad Nacional la lucha contra las noticias falsas. La OTAN trabaja a través de su Allied Command Transformation en una estrategia en este campo que debería estar preparada a finales de año.

Las noticias falsas amenazan la democracia por dos razones. Una obvia: existen poderes interesados en utilizarlas. La segunda se refiere al modo que tenemos de relacionarnos con la realidad.

La desinformación se ha convertido en un arma de desestabilización. Y el ejemplo más claro es lo que se conoce como la “guerra de combinación” (kombinaciya) utilizada por Rusia al integrar ciberguerra, ciberinteligencia, desinformación y propaganda.

La nueva arma funciona porque nuestro modo de informarnos ha cambiado radicalmente. Los medios clásicos (radio, televisión, prensa), incluso los sitios informativos de internet están pasando a segundo plano. Las redes sociales se convierten en las fuentes principales para conectar con mundo: el 44% de los estadounidenses se informa ya a través de Facebook. El cambio ha provocado, como señala Andrés Ortega, analista del Instituto Elcano, que “vivamos en burbujas informativas, en cámaras de eco o de resonancia”.

Las redes sociales multiplican a menudo el “efecto tribu”, generado por la perplejidad de globalización y de las sociedades multiplurales. Los medios informativos clásicos, aunque estén sesgados por las orientaciones ideológicas, tienen que justificarse ante sí mismos y ante su audiencia con una cierta tendencia a la veracidad. En el consumo tribal de las redes sociales esa tensión desaparece. El filtro emotivo, que reduce la apertura de la realidad a las propias inclinaciones, está justificado de antemano. Los miembros de una cierta “etnia informativa” solo quieren escuchar lo que creen ya saber. Los hechos se diluyen hasta convertirse en un pretexto. El hecho de informar e informarse es un ejercicio práctico (y humilde) de una racionalidad de la que abdicamos con demasiada frecuencia. Otro signo de esta época marcada por la desconfianza y el miedo hacia la razón.

La debilidad crítica, que renuncia a los hechos y a su observación, es la que permite el éxito de la desinformación. Con solo 200 dólares de inversión en publicidad en Facebook se puede crear un conflicto cívico entre indignados por la presencia de inmigrantes musulmanes e indignados por la creciente islamofobia. Es lo que hizo un grupo ruso en Texas en 2016.

>Editorial

El (único) poder útil contra las "fakes"

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La caja de Pandora del presidente Wilson

Antonio R. Rubio Plo

No es un centenario para celebrar en la América de Trump. El 8 de enero de 1918 el presidente Thomas Woodrow Wilson leyó ante el Congreso sus famosos catorce puntos para la paz y la organización de las relaciones internacionales con la vista puesta en el fin de la Primera Guerra Mundial. Cien mil soldados americanos murieron en las trincheras europeas y otros tanto fueron víctimas de la epidemia de gripe que barrió entonces el planeta. Hay quien piensa que EEUU debió de elegir otro método para convertirse en la primera potencia mundial. Inmiscuirse en los asuntos europeos contravenía el testamento de George Washington que había recomendado a sus compatriotas en 1796 justamente lo contrario. Un partidario de Trump, y que al mismo tiempo tuviera ciertas nociones de historia, nos recordaría que el demócrata Wilson llevó a su país a un gran error en política exterior: convertirse en apóstol de la democracia en el mundo. Fue la negación de America First, aunque los aislacionistas de la época de Roosevelt resultaron los verdaderos inventores de este eslogan, pero Wilson pensaba, sin duda, que EEUU ocuparía el primer lugar, en todos los sentidos, si asumía una activa participación en los asuntos mundiales.

Con Wilson primero, y más tarde con Roosevelt y Truman, surgió el concepto de EEUU como líder de Occidente o de lo que más tarde se daría en llamar mundo libre. Hoy en día es difícil, sin embargo, definir dicho mundo y más todavía designar a su líder. Tanto es así que algunos se preguntan si ese líder será Macron o Merkel. Más preocupante es que haya otros que afirmen que solo la Rusia de Putin encarna los auténticos valores de Occidente. Pero volvamos al centenario de un discurso del que salió la Sociedad de Naciones, la consagración del libre comercio internacional y la prohibición de la diplomacia secreta, aunque algunos condicionaron este límite a los tratados en su forma clásica y no a ningún otro tipo de acuerdo entre los gobiernos. Gran parte de los puntos abren la puerta al derecho de autodeterminación de los pueblos del Imperio austro-húngaro y otomanos, entre otros, además de reconocer la independencia de Polonia o garantías territoriales para los Estados balcánicos que lucharon en el bando de los aliados. Nada dicen, sin embargo, los puntos de la autodeterminación de Irlanda, que se habían sublevado contra los británicos en 1916.

La caja de Pandora del presidente Wilson

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>Entrevista a William Chislett

'La sociedad española está envejeciendo rápidamente y eso supondrá un reto'

Juan Carlos Hernández

William Chislett es investigador asociado al Real Instituto Elcano y autor del libro “A New Course for Spain: beyond the crisis” publicado hace tres años, donde el autor analiza de forma ponderada una gran cantidad de datos sobre la situación en nuestro país desde la última crisis vivida.

En su libro afirma que ha sido la institución de la familia unos de los soportes que nos han permitido afrontar la crisis de los últimos años. Con nuestra actual tasa de natalidad y teniendo en cuenta que cada vez las parejas tienen su primer hijo con mayor edad, en una hipotética crisis dentro de cincuenta años ¿quedará familia para ayudarnos a afrontar la crisis?

No es fácil hacer pronósticos demográficos con certeza pero todo parece indicar que España va a combinar una larga esperanza de vida con baja natalidad, y esto va a incrementar el coeficiente de dependencia de la tercera edad. De hecho, hace poco la OCDE ha dicho que España tendrá 76 jubilados por cada 100 personas en edad laboral en 2050 en comparación con solo 13 personas en 1950, 19 en 1975 y 27 en 2000. Será la segunda ratio más alta de los países de la OCDE solo superado por la japonesa. Los españoles ya viven de media de 83 años, casi tres años más que la media de los países de la OCDE y la tasa de fertilidad es de 1,3 hijos por mujer, uno de los más bajos en el mundo y por debajo de la tasa de reemplazo de la población. Si no fuera por el flujo de inmigrantes en los últimos 20 años la población española hubiera caído fuertemente. La sociedad española está envejeciendo rápidamente y esto, según la OCDE, supondrá un reto “sobre la sostenibilidad financiera y la adecuación de los ingresos de los sistemas de pensiones”. Por supuesto, la tasa de fertilidad podría aumentar en las próximas décadas, pero no creo que la esperanza de vida vaya a bajar. Lógicamente todo esto necesita reformas.

¿Qué medidas se pueden tomar para ayudar a las familias y poder incrementar así la natalidad?

Las políticas familiares en España no son muy generosas (tipo reducciones de impuestos, ayudas, etc). Siempre he opinado que una medida esencial para poder incrementar la natalidad es crear una red extensa y gratis de guarderías, como hay en los países nórdicos e incluso en Alemania.

Destaca en su libro los bajos niveles en ranking internacionales de nuestras universidades. Sin embargo, algunas facultades o escuelas de negocios están entre las mejores del mundo. España gasta mucho más en juegos de azar y loterías que en I+D. Así es muy difícil poder dar un salto de calidad.

>Entrevista a William Chislett

'La sociedad española está envejeciendo rápidamente y eso supondrá un reto'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 1  30 votos
>IGNACIO ZULOAGA

El último maestro de la gran escuela española de pintura

Elena Simón

La Fundación Mapfre avanza un paso más en su brillante trayectoria expositiva con la muestra “Zuloaga en el París de la Belle Époque (1889-1914)”, que cierra este domingo. En ella defiende la condición vanguardista, reconocida internacionalmente, de Zuloaga enfrentada al juicio negativo en su país, donde era considerado un divulgador vergonzoso de la España negra: estamos ante la “cuestión Zuloaga”.

La exposición trabaja cinco secciones: Sus años primeros en París. El círculo francés de amigos y maestros como Gauguin, Emile Bernard o Rodin. Zuloaga y sus retratos entre los famosos de este género en París. Su faceta coleccionista (El Greco, Zurbarán, Goya). La vuelta a las raíces y a los grandes maestros españoles.

Esta exposición se ha trazado el objetivo, y lo ha conseguido, de relanzar el prestigio de Zuloaga, europeo y vanguardista, gran viajero, quien vivió durante 25 años en París, al menos unos meses cada año, pues su alma inquieta le llevó a trabajar también permanentemente en Sevilla, Segovia o Zumaya, para retornar después cada año a su hogar francés en París, desde donde era proyectado con éxito hacia Europa y América.

Ignacio Zuloaga (1870-1945), natural de Eibar (Guipúzcoa), fue nieto del armero jefe de la Real Armería del Palacio Real de Madrid, e hijo de Plácido Zuloaga, el damasquinador más célebre de Europa. Se educó en Francia con los jesuitas y vivió envuelto en colecciones artísticas en su casa desde la cuna, y muy joven, con dieciséis años, decide romper los deseos de su padre, que anhelaba estudios de ingeniero para el chico, y dedicarse a la pintura. Solo su madre le apoya y le da a escondidas escasos dineros, por lo que tendrá que trabajar en lo que se tercie.

Tras copiar a los maestros del Prado, Velázquez, El Greco y Ribera, marcha con diecinueve años a una Roma decadente que le hace cambiar el rumbo hacia París, la meca del arte en aquel momento. Residirá en Montmartre, con Santiago Rusiñol entre otros, y formará parte del naciente grupo Simbolista, encabezado por Gauguin, a cuyas tertulias asistía, con Maurice Denis, Serusier, Toulouse Lautrec, etc. Se casó en París, con 29 años, con Valentine Dethomas, cartel de esta exposición, concebida en su figura romántica casi como El Caballero del Greco, en una pose realizada cuatro años antes de su compromiso. Era hermana de Maxime, amigo de Zuloaga y también pintor, quien había sugerido al pintor tomar a sus hermanas por modelos, gratuitamente, dado el escaso poder adquisitivo del artista. Valentine era hija de banqueros, de la alta burguesía parisina, lo que relacionó y promocionó a Ignacio entre las altas esfera de la ciudad.

Este gran retratista y paisajista, además de dramaturgo pictórico, retomaba a Velázquez, a Ribera, a Goya, y al Greco, al que redescubre, desempolvándolo ante la vanguardia europea y lo descubre a pintores como Modigliani, o Picasso, que se apasionó en su juventud por él.

>IGNACIO ZULOAGA

El último maestro de la gran escuela española de pintura

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Quien no te quiere no te ayuda

Jean Koulio

Jean Koulio es originario de Guinea Conakry. Llegó a España hace tres años pero tardó dos en llegar porque tuvo que recorrer toda la mitad norte de África, atravesando varios países, yendo y viniendo, hasta llegar a Melilla. Ha sido uno de los protagonistas de la campaña de la ONG Cesal de estas Navidades. La campaña “¿Dónde está mi hogar?” está dedicada a cuatro proyectos de acogida. Reproducimos el relato que Koulio hace de su experiencia.

Por África pasé por casi la mitad de los países del norte. Para mí es una historia que hace que me duela la cabeza cada vez que la cuento porque quiero olvidarla, pero en el mundo hay siempre felicidad y llanto. En África, antes de llegar a Melilla, pasé momentos muy difíciles, durmiendo en el bosque, comiendo lo que la gente tiraba a la basura, y todo eso era para mí una lección de vida. Algo que no te mata te hace fuerte. Como no me ha matado, es para mí una lección para seguir viviendo más fuerte, para luchar por lo que quiero. Al salir de África, siete metros después de la valla de Melilla vi que por delante tenía un cambio, pero este cambio, ¿quién me lo podía asegurar? Solo yo y la ayuda de Dios. Así que, a partir de ese momento, me puse a buscar, a pensar, a ver qué podía encontrar. Porque salir de tu país, llegar a un sitio donde no tienes padre ni madre, ¿cuál es tu arma? La paciencia y el buen comportamiento. Así que a partir de ese momento me puse a aprender español porque me decía que en un país, antes que defenderte, debes hablar su cultura, hay que saber para defenderte porque nadie te va a defender, podrán ayudarte pero tus propias habilidades son tu mejor defensa. La persona que mejor te puede defender eres tú. Pasé entonces dos meses en Melilla estudiando el idioma. Como le dije una vez a un formador, yo quería aprender las palabras pero no el alfabeto, eso ya lo sabía. De Melilla me trajeron a Madrid seis meses después, donde viví en un centro de refugiados otros seis meses.

Quien no te quiere no te ayuda

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>Entrevista a Sebastián Mora (II)

"Siempre se ha criticado a la Iglesia por estar cerca de los pobres, incluso desde dentro"

Francisco Medina

Continuamos el diálogo con Sebastián Mora, exsecretario general de Cáritas, acerca de la situación social en España, las causas y los retos a afrontar a nivel social y, sobre todo, eclesial.

Entro en un tema espinoso. En ciertos círculos sociales e, incluso, eclesiales se denuncia que, cuando se habla de opción por los pobres en la Iglesia, existe el riesgo de una cierta podemización en la labor asistencial de la Iglesia, por cuanto se hace insistencia en la garantía de cubrir necesidades básicas (vivienda digna, empleo digno, etc.) ¿Nos cuesta a los católicos asumir este acento en el que la Iglesia –y ahora el Papa Francisco– ha insistido?

Siendo provocador. ¿Podemos hablar de podemización de la asistencia de la Iglesia o eclesialización de la doctrina de Podemos? La Iglesia lleva predicando la opción preferencial por los pobres muchísimos siglos antes de que existiera Podemos, y siempre ha sido nuclear. A la Iglesia se la ha acusado de comunista en los tiempos del comunismo, se la ha acusado de socialista en los tiempos del socialismo, se la ha acusado de podemita en los tiempos de Podemos, pero la Iglesia siempre ha tenido muy claro cuál es su espacio: cerca de los pobres y con los más pobres. Y eso podemos verlo en Juan XXIII, en Pablo VI, en Juan Pablo II, en Benedicto XVI y en el Papa Francisco. Siempre, siempre, siempre se ha criticado a la Iglesia cuando hablamos de los pobres. Lo que pasa es que tenemos muy poca memoria, pero cuando Juan Pablo II escribió la Sollicitudo Rei Socialis hubo muchas críticas a determinados elementos que comentaba esa encíclica. Entre otras cosas, cuando habló del pecado estructural o estructuras de pecado, y cuando habló incluso de enajenar bienes de la Iglesia para ayudar a los pobres, pero tenemos la memoria muy corta y nos quedamos en Francisco, que es más social que otros papas, y no es verdad. También lo fue Juan Pablo II, pero tenía otras vertientes. La Sollicitudo Rei Socialis es una encíclica de una potencia social que el Podemos de hoy en día no iría más allá de ella. Siempre, y esto me gustaría destacarlo, se ha criticado a la Iglesia por estar cerca de los pobres, incluso la gente de dentro de la misma Iglesia; más aún, especialmente la gente de la misma Iglesia.

¿Una cierta influencia del neoliberalismo?

>Entrevista a Sebastián Mora (II)

"Siempre se ha criticado a la Iglesia por estar cerca de los pobres, incluso desde dentro"

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La polémica francesa entre islamosfera e islamofobia

Jean Duchesne

Recientemente se ha desatado en Francia una polémica en torno al islam que resulta un tanto extraña desde muchos puntos de vista. En primer lugar, porque solo una minoría de los protagonistas de la discusión es musulmana y se toman en consideración aspectos muy superficiales del islam. También porque el debate empezó por una serie de declaraciones de responsables de movimientos asociativos que en su momento no llamaron la atención pero luego su circulación por redes sociales desató toda una cadena de reacciones.

A partir de ahí ciertos medios, sobre todo Le Figaro Magazine, sirvieron de megáfono cuando aún no habían despertado pasiones entre el gran público, al que le cuesta tomar postura. La perplejidad que produce esta indiferencia nace sobre todo del hecho –y este es el tercer elemento desconcertante– de que los dos campos opuestos están todavía poco definidos y pertenecen a ámbitos de lo que se sigue llamando “la gauche”, la izquierda, aunque no está del todo claro qué significa esto tanto política como filosóficamente.

El objetivo no era solo el islam

Ninguna de las dos facciones rivales se ha dado un nombre. Por un lado está la “islamofobia”, la corriente en la que empezaron los ataques. El objetivo no era explícitamente el islam sino las religiones en general, punto de mira en virtud de la amenaza que representan para la laicidad.

En esta corriente encontramos organizaciones como los Printemps Républicain (con el sociólogo Laurent Bouvet, el filósofo Marcel Gauchet, el politólogo e islamólogo Gilles Kepel), el Gran Oriente de Francia (la principal obediencia masónica, ferozmente anticlerical desde hace 150 años), la LICRA (Liga Internacional contra el Racismo y el Antisemitismo, que pronto cumplirá cien años y que se opone, en nombre de la igualdad y de los derechos del hombre, a las expresiones públicas de las especificaciones culturales), personalidades como el exprimer ministro Manuel Valls o el académico Alain Finkielkraut (que parece considerar al islam como intrínsecamente represivo), así como partisanos del movimiento político La France Insoumise de Jean-Luc Mélenchon. La mayoría de esta gente pide que “la religión quede confinada entre las paredes de casa o los lugares de culto” y se haga lo más discreta posible en la sociedad, esperando, piensan, su ineluctable desaparición, como requeriría “el sentido de la historia”.

Si bien el cristianismo tiende a considerarse hoy como minoritario, el judaísmo lo es, digamos, constitutivamente y, a pesar de sus progresos, también sigue siendo minoritario el budismo, este discurso antirreligioso tiene como objetivo tácito al islam, sospechoso de ambiciones de conquista. La acusación se vuelve directa cuando se trata de la condición de las mujeres y del “conservadurismo moral” de la tradición musulmana.

La polémica francesa entre islamosfera e islamofobia

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No hay fuertes sobre la colina

Fernando de Haro

En Madrid, en la sede del Congreso, han comenzando los trabajos de la comisión que va a estudiar la oportunidad de reformar la Constitución del 78. Empieza el debate sobre la oportunidad de revisar una Carta Magna que cumple 40 años. Es la más joven de los países europeos que no estuvieron bajo el telón de acero. España se tumba en el diván y se pregunta cuándo una historia de éxito se convirtió en un relato problemático. La perplejidad se explica, en gran medida, porque estamos ante un caso práctico del carácter no acumulativo en el progreso social. Ha desaparecido la cultura ilustrada que sustentaba a la Constitución, pero seguimos pensando que el derecho o la convivencia son como la expansión del Universo: una vez conocida no hay vuelta atrás.

La primera sesión dejó claro que en este campo puede haber un acusado retroceso. Intervinieron los tres ponentes que quedan vivos. Y la comparación entre los diputados de hace 40 años y los actuales hacía evidente lo mucho que hemos perdido. El nivel de los representantes de la Soberanía Nacional ha caído drásticamente. Pero no es ese el indicativo más decisivo.

El éxito de la Constitución de 1978 se valora adecuadamente cuando se mira la reciente historia española. Durante dos siglos (desde comienzo del XIX), la voluntad de imponer una revolución liberal sin apenas sujeto, por parte de unos, y la resistencia de otros a aceptar la libertad como criterio definitivito en la vida pública hizo conflictivo, a veces sangriento, el proyecto nacional. La voluntad de superar lo mucho que se había sufrido y un encuentro de facto engendraron el acuerdo constitucional del 78.

Los derechos fundamentales consagrados entonces recogían, esencialmente, los valores compartidos en Occidente. Se les sumaron algunas conquistas sociales de nueva generación. A finales de los 70 esos valores, aportaciones de una cultura cristiana recogidos por la cultura laica, no eran especialmente problemáticos. Solo los socialistas se opusieron a una definición de la libertad religiosa que incluyera una mención explícita a la colaboración con la Iglesia católica. La apuesta en favor de una laicidad positiva se abrió paso porque los comunistas, todavía con peso en ese momento, la defendieron.

El resto del articulado, a grandes rasgos, no es conflictivo. Sin embargo, el modelo territorial, todo el mundo lo reconoce, constituye una auténtica chapuza. Se adoptó una mala solución, o la única posible para satisfacer los deseos de los nacionalistas (catalanes y vascos). España no se configuraba ni como un Estado federal, ni centralista, quedaba abierto. Al texto de la Constitución no se le pueden poner grandes objeciones, pero sí al proceso que debería haberle dado vida. Una Carta Magna no es solo el texto inicial. Es su historia: su desarrollo normativo, su reforma o no reforma, la conversación que la hace posible. Y esa es la que no ha habido. No es de extrañar que en este momento una minoría considerable (mayoría de jóvenes) no se reconozca en ella, o que la mitad de los votantes de Cataluña la den por absolutamente amortizada.

No hay fuertes sobre la colina

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El (único) poder útil contra las `fakes`

Fernando de Haro

Dispuestos a acabar con la amenaza. Si 2017 fue el año de las fake news (noticias falsas), ha llegado el momento de ponerles coto. El objetivo es que no interfieran como lo han hecho en los procesos electorales (Alemania, Estados Unidos, Francia, etc.), y que no aumenten la inestabilidad como ha sucedido en los momentos delicados vividos en Cataluña. ¿Hay capacidad para detener las viejas y nuevas mentiras?

Macron, el “chico listo y culto” de las democracias europeas, anunció la semana pasada un proyecto de ley para controlar las televisiones estatales extranjeras (o sea rusas) y para dotar de más transparencia a internet. En otro tiempo hubiera sido difícil que un líder de la “regeneración institucional” propusiera con tanta alegría una mayor intervención del Estado para limitar la libertad de prensa. Es el signo de los tiempos. España ha incluido en su Estrategia de Seguridad Nacional la lucha contra las noticias falsas. La OTAN trabaja a través de su Allied Command Transformation en una estrategia en este campo que debería estar preparada a finales de año.

Las noticias falsas amenazan la democracia por dos razones. Una obvia: existen poderes interesados en utilizarlas. La segunda se refiere al modo que tenemos de relacionarnos con la realidad.

La desinformación se ha convertido en un arma de desestabilización. Y el ejemplo más claro es lo que se conoce como la “guerra de combinación” (kombinaciya) utilizada por Rusia al integrar ciberguerra, ciberinteligencia, desinformación y propaganda.

La nueva arma funciona porque nuestro modo de informarnos ha cambiado radicalmente. Los medios clásicos (radio, televisión, prensa), incluso los sitios informativos de internet están pasando a segundo plano. Las redes sociales se convierten en las fuentes principales para conectar con mundo: el 44% de los estadounidenses se informa ya a través de Facebook. El cambio ha provocado, como señala Andrés Ortega, analista del Instituto Elcano, que “vivamos en burbujas informativas, en cámaras de eco o de resonancia”.

Las redes sociales multiplican a menudo el “efecto tribu”, generado por la perplejidad de globalización y de las sociedades multiplurales. Los medios informativos clásicos, aunque estén sesgados por las orientaciones ideológicas, tienen que justificarse ante sí mismos y ante su audiencia con una cierta tendencia a la veracidad. En el consumo tribal de las redes sociales esa tensión desaparece. El filtro emotivo, que reduce la apertura de la realidad a las propias inclinaciones, está justificado de antemano. Los miembros de una cierta “etnia informativa” solo quieren escuchar lo que creen ya saber. Los hechos se diluyen hasta convertirse en un pretexto. El hecho de informar e informarse es un ejercicio práctico (y humilde) de una racionalidad de la que abdicamos con demasiada frecuencia. Otro signo de esta época marcada por la desconfianza y el miedo hacia la razón.

La debilidad crítica, que renuncia a los hechos y a su observación, es la que permite el éxito de la desinformación. Con solo 200 dólares de inversión en publicidad en Facebook se puede crear un conflicto cívico entre indignados por la presencia de inmigrantes musulmanes e indignados por la creciente islamofobia. Es lo que hizo un grupo ruso en Texas en 2016.

El (único) poder útil contra las 'fakes'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 1  31 votos

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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