Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
19 ABRIL 2018
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>GAUDETE ET EXSULTATE

Ser santos, la gracia de una felicidad más grande que nuestras medidas

Federico Pichetto

El impacto es de esos que dejan huella. Gaudete et Exsultate, la nueva exhortación apostólica del Papa Francisco sobre la llamada a la santidad en el mundo actual, redibuja los contornos de una experiencia –la de la santidad– que durante mucho tiempo que ha considerado propia de unos pocos y para unos pocos. Son muchos los matices de este documento y muchas las intervenciones que podrán ayudar a entenderlo, pero de momento podemos empezar por señalar algunos detalles que hacen reflexionar y dejan el gusto de ciertas palabras de Francisco.

En primer lugar, la consideración del hecho de que la santidad tiene que ver con la alegría. Es la tercera exhortación apostólica de este pontífice que en su título hace una referencia explícita a la alegría. De hecho, Evangelii Gaudium y Amoris Laetitia son las bases de un programa sistemático del obispo de Roma que tiene en la reconciliación del cristianismo con el placer y la alegría de vivir su clave más alta y rompedora. Ser cristianos, ser santos, es experimentar una conmoción y una belleza única donde no caben moralismos, y que abre de par en par a un deseo infinito de bien y de autenticidad sin compromisos formales.

El don de la vida coincide con el don de la felicidad. Esta es la conciencia que el encuentro con Cristo, aun como un alba vacilante, despierta poderosamente en cada uno de nosotros. Hagamos lo que hagamos, sea cual sea nuestro camino, la última palabra es este inicio indómito de ternura y misericordia que nunca se rinde y que, como un presentimiento, nos sigue y nos busca.

La santidad por tanto no es un resultado, no es el fruto de un conocimiento gnóstico o de una voluntad pelagiana de perfección, no es la repetición de un modelo sino una inmersión en la vida, una relación verdadera con uno mismo y con la realidad. Todos podemos pensar en los rostros de ciertos amigos y en su carrera hacia Dios llena de entusiasmo y de una gran libertad. Santos de la puerta de al lado, como los llama el Papa, que no se encuentran sobre los altares, cuya vida no es tanto un modelo de imitación sino una mirada a seguir. La prueba está en que su ausencia, como la ausencia de tantos de nuestros seres queridos, nos ha dejado dolor, consternación, pero también espacio para una nueva e impensable presencia. Porque estos testimonios operantes que diariamente entre nosotros trabajan, ríen y habitan intensamente cada instante no eliminan toda la aridez y fatiga del vivir, la pregunta de un porqué, de un sentido ante la injusticia y el dolor.

>GAUDETE ET EXSULTATE

Ser santos, la gracia de una felicidad más grande que nuestras medidas

Federico Pichetto | 0 comentarios valoración: 2  26 votos

 

Escuchando al catalanismo

Fernando de Haro

Jordi Amat es un brillante, todavía joven, ensayista. Tiene un modo especial de reconstruir la historia más reciente de España. Nunca le falta la perspectiva cultural, esa perspectiva tan ausente en nuestra historiografía. Jordi Amat acaba de publicar lo que ha llamado un panfleto, un cuaderno, en el que reconstruye desde una visión catalanista, quizás nacionalista, el proceso del procés. La conjura de los irresponsables repasa con inteligencia lo sucedido desde 1996, cuando Aznar hablaba catalán en la intimidad, hasta el presente.

La tesis que vertebra el trabajo de Amat no es especialmente original. Señala como gran factor desencadenante de la pretendida ruptura independentista la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut, la actitud del PP antes y después de esa sentencia. Si el recurso previo al Tribunal Constitucional hubiera estado vigente, sostiene Amat, no se hubiera producido el “choque de legitimidades” entre el resultado de un referéndum que apoyó la reforma del Estatuto y la regulación constitucional.

No es original la tesis de Amat y habría mucho que hablar sobre cómo cuenta ciertos momentos (especialmente los hechos que se produjeron el 1 de octubre), sobre cómo pondera las diferentes causas que provocaron la mutación del pujolismo. Es discutible la caracterización que hace del proyecto de Pujol, la lealtad que le atribuye al modelo de la Transición del 78. Si hay tantas cuestiones discutibles en La conjura de los irresponsables, ¿por qué merece la pena leerlo? Porque en este momento sobran “versiones indiscutibles” de lo sucedido en Cataluña.

Amat, que es muy crítico con el independentismo rupturista, tiene la virtud de explicar cómo el nacionalismo ha acabado arrastrando a dos millones de personas a votar un proyecto inviable. El agravio percibido, que tan mal se entiende desde Madrid y desde el resto de España, queda retratado en estas páginas. Sin hacer las cuentas con ese agravio real o ficticio es imposible una solución política. El ensayista, que tiene la inteligencia de ponderar adecuadamente el peso que ha tenido en nuestra reciente historia el terrorismo de ETA, presenta cómo fueron recibidas las decisiones que tomó Aznar cuando estaba en la oposición y en el Gobierno, entre lo que entonces se llamaba el “nacionalismo moderado”. Sin escuchar esa sensibilidad, que llega a votar sin saber muy bien por qué el 1 de octubre, no se puede entender lo que ha sucedido. La tesis de Amat es que los efectos negativos de la sentencia del Constitucional hubieran podido ser contrarrestados con una actitud diferente del Gobierno del PP, tras la victoria de Rajoy con mayoría absoluta. Juicio que tiene especial actualidad. Amat rechaza una solución basada solo en la actuación de los jueces. Hace ver el dolor y el escándalo de la prisión preventiva. En resumen, una buena lectura para constitucionalistas abiertos. Merece la pena escuchar lo que queda del catalanismo.

Escuchando al catalanismo

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  22 votos

Dos Europas frente a frente en Hungría

Antonio R. Rubio Plo

Tal y como se esperaba, el primer ministro Viktor Orban ha ganado las elecciones legislativas del 8 de abril de 2018. Algunos dirán que ha sido gracias a un discurso antieuropeo, pero en realidad al primer ministro húngaro, y a su partido Fidesz, no le oiremos clamar contra Europa. Hungría es Europa, un concepto que no tiene que coincidir con Bruselas, aunque la capital belga sea la principal sede de la organización en la que los húngaros se integraron en 2004. Fidesz encarna un acentuado soberanismo, que se muestra escéptico ante el proceso de integración europea, que se ve no como una oportunidad sino como una amenaza para uniformizar los distintos pueblos y culturas que integran nuestro continente.

En contraste, la oposición socialdemócrata da a sus conciudadanos una visión de Europa que no comparte una gran mayoría de húngaros. Por eso solo ha obtenido una veintena de diputados. Y es que los defensores de la integración europea no tienen buena prensa en una Hungría nacionalista, en la que todo europeísmo es sospechoso de limitar la soberanía recuperada por la nación tras la caída del comunismo. Europa, o mejor dicho Bruselas, es una especie de mal necesario. No se trata de abandonar la UE, aunque ésta haga amagos de sancionar o recriminar a Hungría y a otros países centroeuropeos, sino de defender la idea de que Europa, ante todo, es un conjunto de estados soberanos. Tan Europa es Budapest como Berlín, París o Roma. Puede compartirse soberanía en algunos aspectos, sobre todo económicos, pues son ventajosos para países con menor nivel de renta, aunque no se darán pasos significativos hacia una unión más plena, y si esto conlleva estar alejado del pelotón de cabeza, presente en Europa occidental, no importa. Antes bien, habrá que encontrar a países en con planteamientos semejantes para hacer un frente común. Tal parece ser el enfoque del grupo de Visegrado, compuesto por Polonia, Hungría, Chequia y Eslovaquia.

Los gobiernos de esos países en el poder, empezando por el del propio Orban, se han dado perfecta cuenta de que la economía y el bienestar material, en general, no son ilusionantes para un pueblo, no despiertan a los electores de su rutina diaria. El economicismo, asociado a la globalización, y por supuesto a la UE conllevaría el riesgo de dejar en un segundo plano los intereses nacionales y la propia cultura. Consecuencia lógica es la reafirmación de la identidad nacional, que a veces se reviste de defensa de Occidente, de la civilización europea e incluso del cristianismo. La globalización, el mundialismo, se propone liquidar la cultura y la identidad nacional, y los nacionalistas ponen un rostro visible a la amenaza: la inmigración. ¿Por qué han de venir a Hungría sirios y afganos, de religión y cultura musulmana? Para un nacionalista centroeuropeo esto no es xenofobia. Hay otros países, dominados por el multiculturalismo y con mayor nivel económico, que pueden acogerlos. La multiculturalidad solo trae conflictos. El rechazo a este tipo de inmigración no sería xenofobia sino un servicio a la civilización europea.

Dos Europas frente a frente en Hungría

Antonio R. Rubio Plo | 0 comentarios valoración: 2  20 votos

Europa en punto muerto

Ángel Satué

Nuestro dictador ha ganado. Es lo que seguramente haya vuelto a decir el presidente de la Comisión europea, Juncker, del Partido Popular Europeo, al que pertenece el partido húngaro Fidesz vencedor de las pasadas elecciones en Hungría.

Lo lidera Víktor Órban, que ha pasado de militar en posiciones muy liberales en 1980 contra el régimen comunista a, ya en democracia, militar en el conservadurismo nacionalista.

Su partido, que en absoluto es extrema derecha pues hay otro partido en la cámara que es abiertamente xenófobo y antisemita, ha obtenido 133 escaños de los 199 posibles, en coalición con el Partido Popular Demócrata Cristianos (KDNP). La izquierda apenas tiene una representación del 25%, hundiéndose el partido socialista, heredero del que había antes de 1989, y actualmente en el Partido Socialista Europeo.

La participación del 70% en un estado de unos 10 millones de habitantes ha supuesto un record. Todo hay que ponerlo en la perspectiva de que en 1990 el partido Fidesz era un partido minoritario en la cámara con apenas 20 escaños. Sin embargo, ha ido incrementando su resultado, ganando por primera vez en 1998 hasta 2002, y como colofón esta última vez, la tercera consecutiva desde 2010.

Durante la campaña el partido de Órban ha puesto el acento en su stop inmigrantes musulmanes, y su oposición a la política de distribución de los mismos mediante cuotas de la Unión Europea de Merkel –política de cuotas que está siendo en todo caso un estrepitoso fracaso, y que comenzó con una derogación implícita de las normas sobre fronteras de la UE–. También ha centrado el foco en el origen judío del multimillonario de izquierda liberal Soros (si los millonarios tienen ideología), que le pagó sin embargo, según informaciones, parte de sus estudios de Derecho en Inglaterra.

Han sido muchas las críticas en la prensa internacional a ciertas medidas electoralistas como la reducción de la factura del gas para la clase media trabajadora húngara en vísperas electorales. Para los críticos, tanto estas actuaciones como que el Banco Mundial haya empeorado la calificación en materia de corrupción del país, son el botón de muestra para medir la calidad de la democracia húngara. Siempre un escalón por debajo de la Europa occidental y del norte.

Indagando en las razones de una victoria tan rotunda, Hungría y en general los países de “Mitteleuropa” –la Europa del este, antes de la caída del Telón de Acero–, y por supuesto los otros países balcánicos, han hecho una difícil transición desde el sistema de economía centralizada (sin mercado) a una economía de mercado (con intervención del estado). Estas dificultades hacen que muchos húngaros vean el pasado como una etapa de seguridad y de ciertas cotas de bienestar social que hoy añoran. Sucede lo mismo en Rumanía.

Europa en punto muerto

Ángel Satué | 0 comentarios valoración: 2  16 votos

PP y Ciudadanos: la derecha bicéfala

José Ignacio Wert Moreno

El pasado 15 de enero, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, dijo que su partido tenía que “aglutinar todo ese voto de izquierdas en torno a la única fuerza que puede ganar a la derecha bicéfala”. Como toda expresión surgida del argumentario de una formación política, tiende a la simplificación. Pero da una idea muy gráfica –esa era, nos tememos, la intención- del nuevo escenario que la irrupción de Ciudadanos ha traído consigo. La frenética sucesión de elecciones del período 2014-2016 ha hecho difícil encontrar el reposo necesario para hacer la digestión de tanta novedad. Ya con cierta perspectiva, unos y otros van asimilando la realidad: el centro-derecha ha dejado de ser propiedad exclusiva del Partido Popular (PP).

En 2015, Ciudadanos obtuvo, con 40 diputados, el mejor resultado de una cuarta fuerza política en el presente período democrático. Los ocho escaños perdidos en junio de 2016 han podido desenfocar un poco la importancia de su entrada en escena. Como veremos ahora mismo, no es ni mucho menos la primera vez que el centro-derecha estatal se divide, pero nunca antes la porción del “pez chico” había sido tan importante.

El centro-derecha español entre 1977 y 2015

En los primeros compases de la Transición, la derecha sociológica obtiene representación parlamentaria a través de dos partidos. Uno es el ganador de las elecciones de 1977, la Unión de Centro Democrático (UCD). Surgida de la suma de familias políticas bastante heterogéneas –de aperturistas del tardofranquismo a socialdemócratas, pasando por la democracia cristiana- obtiene 165 diputados gracias al carisma de su líder, Adolfo Suárez, auténtico icono de aquel proceso desde que asumiera la presidencia del Gobierno, todavía por el mecanismo previsto en la ley franquista, tras el cese de Carlos Arias Navarro en julio de 1976.

El otro es Alianza Popular (AP), el vehículo elegido por Manuel Fraga para encontrar un papel en el nuevo escenario. Plagada de rostros ligados al franquismo –con el propio Arias Navarro encabezando la candidatura al Senado por Madrid después de que Juan Carlos I le definiera como un “desastre sin paliativos”– la formación conservadora apenas consiguió convencer a millón y medio de votantes, que se tradujeron en 16 diputados. En 1979 el escenario quedó todavía más fracturado, al irrumpir con un escaño por Madrid el ultraderechista Blas Piñar. (UCD revalidó mayoría con 168 diputados y AP, que se presentó como Coalición Democrática, se derrumbó hasta los 10 representantes).

Todo da un vuelco en 1982. La gobernante UCD se desploma después de dos años de luchas internas a múltiples bandas y se queda con 11 diputados. No lo resiste y opta por disolverse en enero de 1983. Su legado es paradójicamente recogido por AP, que en coalición con los democristianos huidos de UCD llega a obtener 106 actas. Al mismo tiempo, el nuevo partido de Suárez, el Centro Democrático y Social (CDS), consigue un diputado para su líder en Madrid y otro por su provincia natal, Ávila, para su fiel lugarteniente Agustín Rodríguez-Sahagún. Es cierto que el PSOE obtuvo un resultado tan histórico como meritorio (202 diputados), pero conviene tener en cuenta que lo hizo con el centro-derecha dividido en tres partidos de considerable peso específico.

PP y Ciudadanos: la derecha bicéfala

José Ignacio Wert Moreno | 0 comentarios valoración: 2  13 votos
>Editorial

Liberación: ninguna pulsión antimoderna

Fernando de Haro

No hay por qué negarlo. Han vuelto las viejas cadenas. Cadenas gastadas, simples. 50 años después de que el deseo de liberación se impusiera como criterio único (68), la fuerza de múltiples poderes se ha incrementado. Un buen ejemplo es la guerra comercial entre Estados Unidos y China, episodio de rancio nacionalismo. Lo extraño es que el fracaso del deseo de liberación sirva para descalificar, como si fueran lo mismo, la aspiración de mayor libertad con los métodos utilizados para conseguirla y los resultados obtenidos. La pulsión antimoderna no distingue.

La insistencia, el tiempo y la energía que se dedican a analizar y denostar los rasgos de la cultura de la post-liberación (género, liquidez, etc.) son inversamente proporcionales a la capacidad de rescatar el deseo de libertad que renace una y otra vez, y de emprender caminos nuevos. La pulsión antimoderna, blandiendo los fracasos de la Ilustración y del 68, quiere rescatar el viejo temor al deseo (la hibris tiene que ser conjurada). Quiere hacernos creer que hay algo de peligroso en convertir la libertad -la crítica subjetiva, la satisfacción, el camino de cada uno- en criterio. El nuevo miedo a la libertad y al sujeto es parte de la crisis, del problema, no de la solución.

Vamos con el ejemplo de la guerra comercial. Si Estados Unidos y China acaban imponiendo aranceles por valor de 50.000 o 100.000 millones de dólares se produciría un desastre. Se rompería el difícil equilibrio que permite un sistema de colaboración entre las dos principales economías del planeta (China exporta al Tío Sam, Estados Unidos financia al Gigante Asiático). Estamos al borde de una gran catástrofe porque buena parte de los estadounidenses y de los chinos están dispuestos a satisfacer su deseo de liberación en el nacionalismo low cost de Trump y de Xi Jinping. Trump sabe que se juega su futuro en las elecciones de noviembre. Por eso, en contra la de élite republicana, está dispuesto a alimentar esa sustitución de las aspiraciones existenciales de buena parte del electorado estadounidense por un buen chivo expiatorio. Los chinos son los culpables de la decadencia porque venden a los americanos lo que antes les han robado, asegura el karma nacionalista. Del otro lado, lo mismo. Los pasos dados por Xi Jinping para consolidarse como el nuevo Mao hubieran sido imposibles sin la exaltación que habla mañana, tarde y noche de un país fuerte, líder mundial. El verdadero rostro del comunismo-capitalismo también es nacionalista. No habría guerra comercial sin manipulación antropológica, si el nuevo poder no ofreciera libertad a cambio de banderas.

Nadie lo niega ya. La Ilustración ha fracasado. Pero como solución, no como aspiración. Porque el deseo de universalidad es inextirpable. Y porque la laicidad, una vez que entró en la historia, se ha mostrado más conveniente que todas las teologías políticas que confunden Iglesia-Estado. El siglo XXI de momento está siendo un siglo muy religioso y las teologías políticas de la confusión han vuelto con fuerza.

>Editorial

Liberación: ninguna pulsión antimoderna

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  27 votos

Lo que la religión puede ofrecer a la política

Adnane Mokrani

Antes de ver qué es lo que la religión ofrece a la política, a la ciudadanía y a la convivencia, debemos entender bien qué es lo que no ofrece. Como teólogo musulmán, creo que la naturaleza y misión de la religión es ante todo educativa: ayudar al hombre a alcanzar una madurez humana y espiritual, realizando y actualizando su potencial innato de humanidad y santidad.

Lo que la religión no puede ofrecer

1. La religión no puede ofrecer un sistema político o económico. De hecho, no se puede identificar una religión con un sistema político. La religión ni es monárquica ni republicana, ni capitalista ni socialista, ni de derechas ni de izquierdas.

Las religiones se han adaptado a lo largo de la historia a sistemas diversos, incluso contradictorios. El Corán habla, por ejemplo, de la consulta, la shura, como valor social (3,159; 42,38) pero no explica cómo puede aplicarse este principio. Habla de la limosna obligatoria, la zakat, (2,43, 83, 110…), como forma de solidaridad social, pero estas indicaciones resultan insuficientes para construir un sistema económico. La ausencia de una teoría política o económica no es un signo de debilidad o carencia, sino más bien un signo de flexibilidad que permite que las religiones sobrevivan a los cambios de época.

Al mismo tiempo, los religiosos han valorado y criticado estos sistemas de varias formas. En otras palabras, es cierto que las religiones no producen sistemas políticos ni económicos, sin embargo no todos los sistemas se perciben del mismo modo por parte de todas las religiones, por de los diversos grupos dentro de una misma religión. Obviamente, todo esto se debe contextualizar histórica y geográficamente.

Hoy el sistema democrático parece ser el más justo del que disponemos para nuestras sociedades contemporáneas, con la condición de que exista una conciencia popular que exija y aplique las reglas democráticas. Esta conciencia colectiva está en la base de una cultura democrática. No se puede transportar la democracia. Una democracia impuesta es una contradicción absurda, una locura que solo puede servir como pretexto para justificar y embellecer tentaciones imperialistas y expansionistas.

2. La religión no ofrece un sistema jurídico. Puede parecer paradójico. Eso no significa que la religión no sea normativa. Esta misma normatividad ha generado a lo largo de la historia sistemas y escuelas jurídicas, pero en nuestro mundo de hoy, secularizado, globalizado, pluralista y sobre todo democrático, resulta difícil cuando no “inmoral” imponer un sistema jurídico religioso. El estado religioso es un estado de hipocresía por naturaleza, pues obliga a la gente a vivir una doble vida, una privada en casa y otra pública en la calle o en el trabajo. Es por tanto un estado antirreligioso porque traiciona y mata aquello que hace de la religión una experiencia auténtica, es decir, la sinceridad del corazón.

Lo que la religión puede ofrecer a la política

Adnane Mokrani | 0 comentarios valoración: 2  20 votos
>Entrevista a Monseñor Georges Abou Khazen

Un puñado de cristianos muestra que un pueblo entero puede renacer

P.V.

El 19 de julio de 2012 las milicias rebeldes anti-Assad, gran parte de las cuales se nutre de grupos yihadistas, atacaron la ciudad de Alepo, después de Damasco la más importante y poblada de Siria. El ataque llevó en pocas semanas a su división en dos: la zona este en manos rebeldes y la oeste con tropas gubernamentales. Es el inicio de una de las batallas más sangrientas de la historia moderna, que no terminó oficialmente hasta el 22 de diciembre de 2016, cuando el último convoy de los rebeldes que se habían rendido dejó la ciudad.

El altísimo número de muertes entre combatientes y sobre todo civiles se calcula en torno a las 31.000 víctimas, tanto que a Alepo la llaman “la Stalingrado de Siria”. Al acabar los combates, la ciudad estaba prácticamente a ras del suelo y casi todos los habitantes que no habían muerto habían huido. Monseñor Georges Abou-Khazen, de la Custodia de Tierra Santa y vicario apostólico de Alepo, afirma que la situación ahora es aún más difícil, y que el abandono de los cristianos sigue siendo una triste realidad.

Ha pasado más de un año desde el fin de la batalla, ¿cómo es la situación actual de Alepo?

Gracias a Dios, desde que Alepo fue liberada los combates acabaron, pero todavía estamos en situación de emergencia más de un año después.

¿Por qué?

La gran parte de las viviendas sigue estando destruida. Si queremos que la gente regrese hay que darle una vivienda y un trabajo, que ahora faltan casi por completo.

En Alepo había una de las comunidades cristianas más numerosas, ¿ha vuelto alguien desde que se acabó el conflicto?

Algunas familias han vuelto, pero por desgracia al mismo tiempo otras han querido irse. Aquí no hay trabajo ni casas para tener una existencia digna.

¿Y desde el punto de vista de la ayuda humanitaria?

La ayuda llega gracias a nuestros benefactores y a las organizaciones eclesiásticas. De este modo podemos ayudar a casi toda la gente que lo necesita: un paquete de alimentos al mes, educadores en las escuelas que siguen en pie, y sobre todo medicinas y cuidados para los que sufren. Intentamos por todos los medios salir al encuentro de las necesidades de la gente. Doy gracias a Cáritas Internacional, a Ayuda a la Iglesia Necesitada, y a todos los que nos permiten subsistir.

Después de la Semana Santa hemos llegado a la Pascua, ¿cómo se vive este evento en una ciudad mártir que ha visto tanta muerte y destrucción?

Una Semana Santa que dura desde hace siete años. Alepo es una auténtica ciudad mártir. Ahora el temor es que Siria sea dividida. Hay kurdos, turcos, americanos, iraníes que quieren hacerla pedazos y esto sería un daño gravísimo. Siria es un hermoso mosaico de etnias y religiones distintas que vivían en paz, ahora este mosaico lo están haciendo pedazos y también tienen culpa las potencias occidentales. Tenemos miedo de que en vez del antiguo mosaico Siria quede teñida de un solo color, el negro.

¿Qué significaría esto para los cristianos?

>Entrevista a Monseñor Georges Abou Khazen

Un puñado de cristianos muestra que un pueblo entero puede renacer

P.V. | 0 comentarios valoración: 1  14 votos

Donatello. La Pascua no es cuestión de buenos modales

Giuseppe Frangi

¿Cómo representar la resurrección? ¿Cómo poner imágenes a un hecho que nadie vio en el momento en que sucedió? En la experiencia de un artista, debe ser como un salto al vacío. O nos refugiamos en el convencionalismo de un imaginario sencillo o, si nos separamos de ahí, corremos el riesgo de ser visionarios. Así nacen obras maestras, como la de Tiziano con un Cristo Olímpico, o la de Mathias Grünewald en el altar de Issenheim, un Cristo como entidad luminosa. Sin embargo, se ve que demasiadas veces los artistas se ven obligados a poner dosis de “invención”, a refugiarse en los “efectos especiales”. En cierto sentido están justamente sujetos ante la grandeza misteriosa de lo acontecido.

Pero Donatello, el gran Donatello, es una excepción. Le llamaron para representar la resurrección al final de su carrera, cuando ya había regresado a Florencia tras su larga estancia en Padua, en uno de los dos púlpitos de la basílica de San Lorenzo, la basílica de los Medici. Donatello ya había trabajado en San Lorenzo hacía treinta años, en la vieja sacristía proyectada por Brunelleschi, realizando las extraordinarias puertas de bronce con los apóstoles discutiendo, que a veces parecen luchar entre sí. Fue un trabajó que le procuró el ostracismo de Brunelleschi, irritado por ese desorden de vida que insertó en el extraordinario equilibrio de su arquitectura.

Esta vez Brunelleschi había muerto hacía 15 años. Y Donatello podía sentirse libre para ser él mismo, aunque teniendo que afrontar un tema “imposible” como la resurrección. Ser él mismo significaba poder renunciar a las buenas maneras. Por eso su narración renuncia a cualquier toque edulcorado. Es una resurrección agitada, con un tono dramático que fluye por los laterales del púlpito. Los testigos están descolocados por lo que ha sucedido. Las mujeres que llegan al sepulcro parecen tambalearse ante la evidencia y el anuncio del ángel. Llevan el velo delante de los ojos, como si fueran clandestinas. Las mujeres iban “con las caras mirando al suelo”, narra Lucas. “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”, dice María Magdalena en el Evangelio de Juan. Fuera los soldados, más que dormir parecen extenuados tras una batalla. Donatello intercepta todo el estupor, pero también ese miedo humanísimo propio de ese instante, ante un hecho que todavía no se comprende bien.

Donatello. La Pascua no es cuestión de buenos modales

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No es solo astenia primaveral

P.D.

Las mini-vacaciones de Semana Santa están sobrevaloradas, políticamente hablando. Unas vacaciones por cortas que sean nunca están sobrevaloradas. El descanso, siempre necesario, suele servir para que uno se dé cuenta de cuántas cosas innecesarias hay en su vida normal. Y tras la primera tarde de cervecitas, el tiempo libre sirve para darse cuenta del engaño que supone haberse convertido en un homo faber.

En la semana de Pascua todo sigue donde estaba. La detención de Puigdemont, por sorprendente que parezca, no ha cambiado nada en Cataluña. Desde la prisión alemana donde está recluido sigue bloqueando cualquier solución que le permita al independentismo hacer las cuentas con la realidad y con parte de sus votantes.

Los jueces alemanes compartirán ahora el protagonismo con el juez Pablo Llarena, mientras el Gobierno de Rajoy se dedica a su especialidad: dejar pasar el tiempo. Rajoy ha presentado este miércoles los presupuestos para 2018 con seis meses de retraso. Entra dinero en las arcas públicas y los presupuestos tienen dos objetivos políticos: recuperar el voto de pensionistas y funcionarios, a los que se les trata con generosidad, y permitir que Rajoy acabe la legislatura. Si arranca el apoyo del PNV puede quedarse en Moncloa hasta 2020. Tendremos, a pesar de todo, una legislatura larga. La legislatura en la que menos política se habrá hecho en la reciente historia de España. Habremos tenido estabilidad, una estabilidad gatopardiana en la que no ha cambiado nada.

Si algo puede estar cambiando es el ciclo del centro-derecha por el adelanto, o el empate, de Ciudadanos con el PP. A los naranjas se les ve muy ansiosos por tomar el relevo, ansiosos pero poco acertados en definir un proyecto preciso. Mientras el PSOE de Sánchez sigue estancado en sus contradicciones internas, es fácil tener la sensación de cierto cansancio por el tono del debate político. No es astenia primaveral. Es la evidencia de que las conexiones entre la sociedad civil, que lucha por consolidar la recuperación, y el mundo político son cada vez más débiles.

No es solo astenia primaveral

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  13 votos
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Chacras para lo humano

Fernando de Haro, Lima

Cerro Esmeralda, en Lima, está a menos de una hora en carro del centro de la ciudad donde se celebra la VIII Conferencia de las Américas. Pero parece que un abismo separa el barrio de Huachipa del Gran Teatro Nacional, en San Borja, donde las calles están bien asfaltadas y limpias. En el Cerro Esmeralda la tierra tiene color arcilla, la arcilla que sirve para hacer ladrillos y que ha dado de comer ya a varias generaciones desde que llegaron los primeros desde el Perú más pobre hasta este asentamiento informal donde han sido tanto o más pobres de lo que lo eran antes. La tierra de Cerro Esmeralda es polvo porque rara vez cae la garua, la lluvia escasa de Lima que moja poco. Y el polvo es duro, como la vida en el cerro. Los jóvenes se juntan pronto, que no se casan. Las chicas se suelen quedar embarazadas antes de los 17 años y se unen a los padres de sus hijos sin que muchas veces haya amor. Las parejas no suelen compartir lo poco que tienen y los hombres a menudo se buscan a otra mujer. Los jóvenes padres trabajan haciendo ladrillos, de taxistas, vendiendo algo en los mercados de la ciudad. No les gusta que las jóvenes madres estén fuera de casa. A menudo hay violencia doméstica y mucho alcohol para acompañar la miseria. Y los niños en Cerro Esmeralda crecen sin afecto. Al volver a casa desde el colegio no hay ni tiempo ni sitio ni ganas para estudiar. Y sin estudiar no hay futuro.

No hay mucho verde en los ojos de los niños de Cerro Esmeralda porque el polvo lo llena todo. Las chacras, los pequeños campos de cultivo que se abastecían del agua del río, se han ido abandonado. La fiebre del ladrillo lo llenó todo, cambió el terreno. El superciclo de las materias primas que, gracias a la explotación de la minería, dejó tasas de crecimiento en Perú del 7% anual provocó una intensa actividad ladrillera en Huachipa. Pero la lluvia de millones que cayó entre 2003 y 2013 en una buena parte de América Latina sorprendió a muchas zonas sin capacidad ni voluntad de diversificar económicamente, sin instituciones democráticas consolidadas, sin buena gobernanza como la llaman ahora. Y se acabó el dinero, ya no hay garua de millones, y muchas cosas han seguido igual en Huachipa.

Chacras para lo humano

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Liberación: ninguna pulsión antimoderna

Fernando de Haro

No hay por qué negarlo. Han vuelto las viejas cadenas. Cadenas gastadas, simples. 50 años después de que el deseo de liberación se impusiera como criterio único (68), la fuerza de múltiples poderes se ha incrementado. Un buen ejemplo es la guerra comercial entre Estados Unidos y China, episodio de rancio nacionalismo. Lo extraño es que el fracaso del deseo de liberación sirva para descalificar, como si fueran lo mismo, la aspiración de mayor libertad con los métodos utilizados para conseguirla y los resultados obtenidos. La pulsión antimoderna no distingue.

La insistencia, el tiempo y la energía que se dedican a analizar y denostar los rasgos de la cultura de la post-liberación (género, liquidez, etc.) son inversamente proporcionales a la capacidad de rescatar el deseo de libertad que renace una y otra vez, y de emprender caminos nuevos. La pulsión antimoderna, blandiendo los fracasos de la Ilustración y del 68, quiere rescatar el viejo temor al deseo (la hibris tiene que ser conjurada). Quiere hacernos creer que hay algo de peligroso en convertir la libertad -la crítica subjetiva, la satisfacción, el camino de cada uno- en criterio. El nuevo miedo a la libertad y al sujeto es parte de la crisis, del problema, no de la solución.

Vamos con el ejemplo de la guerra comercial. Si Estados Unidos y China acaban imponiendo aranceles por valor de 50.000 o 100.000 millones de dólares se produciría un desastre. Se rompería el difícil equilibrio que permite un sistema de colaboración entre las dos principales economías del planeta (China exporta al Tío Sam, Estados Unidos financia al Gigante Asiático). Estamos al borde de una gran catástrofe porque buena parte de los estadounidenses y de los chinos están dispuestos a satisfacer su deseo de liberación en el nacionalismo low cost de Trump y de Xi Jinping. Trump sabe que se juega su futuro en las elecciones de noviembre. Por eso, en contra la de élite republicana, está dispuesto a alimentar esa sustitución de las aspiraciones existenciales de buena parte del electorado estadounidense por un buen chivo expiatorio. Los chinos son los culpables de la decadencia porque venden a los americanos lo que antes les han robado, asegura el karma nacionalista. Del otro lado, lo mismo. Los pasos dados por Xi Jinping para consolidarse como el nuevo Mao hubieran sido imposibles sin la exaltación que habla mañana, tarde y noche de un país fuerte, líder mundial. El verdadero rostro del comunismo-capitalismo también es nacionalista. No habría guerra comercial sin manipulación antropológica, si el nuevo poder no ofreciera libertad a cambio de banderas.

Nadie lo niega ya. La Ilustración ha fracasado. Pero como solución, no como aspiración. Porque el deseo de universalidad es inextirpable. Y porque la laicidad, una vez que entró en la historia, se ha mostrado más conveniente que todas las teologías políticas que confunden Iglesia-Estado. El siglo XXI de momento está siendo un siglo muy religioso y las teologías políticas de la confusión han vuelto con fuerza.

Liberación: ninguna pulsión antimoderna

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  27 votos
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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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