Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
23 MARZO 2017
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El diapasón de la asamblea episcopal

José Luis Restán

La renovación de cargos en la Conferencia Episcopal Española, que acaba de tener lugar, refleja una lógica continuidad (la Iglesia nunca se mueve mediante saltos ni rupturas) matizada por algunos elementos interesantes para comprender la dinámica histórica en la que se inscribe la presencia y misión de la Iglesia. El principal factor de continuidad es la reelección del cardenal Ricardo Blázquez como presidente para un segundo trienio. Blázquez concita en este momento un amplio consenso entre obispos que pueden tener acentos y sensibilidades diversas. Representa a un tiempo la solidez doctrinal y la cordialidad pública, se le reconoce una trayectoria no exenta de sacrificios gravosos (como su ministerio en Bilbao en años muy duros, marcados por el terror de ETA) y una capacidad de sumar que, ahora mismo, resulta imprescindible. Sus apelaciones a la laicidad positiva consagrada por nuestro texto constitucional, y su advertencia clara y templada sobre las consecuencias de un laicismo agresivo que parece tristemente rebrotar, sintetizan con austeridad castellana la palabra de la Iglesia en este último trienio, que incluye un 2016 marcado por la inestabilidad política y el populismo.

El último trienio de la CEE ha estado marcado por el cansancio que había provocado un modo de presencia pública que vino exigido por la pleamar del zapaterismo. Las valoraciones pueden ser diversas y aun contradictorias, pero es un hecho que una mayoría episcopal reclamaba una especie de pausa, un replanteamiento de las formas y un redimensionamiento de las insistencias, en línea también con las sugerencias del papa Francisco. Por otra parte, batallas de muy hondo calado social y ético como las del aborto, el matrimonio homosexual o Educación para la Ciudadanía, requerían ya un nuevo planteamiento, una vez que las respectivas legislaciones están asentadas. Además, el fuerte impacto social de la crisis económica unido a la cuestión creciente de la inmigración y posteriormente de los refugiados reclamaban una renovada atención eclesial, no sólo en el plano de la acción (que jamás ha faltado) sino también en el discurso público. A eso vino a responder la Instrucción Pastoral “Iglesia servidora de los pobres”, que en absoluto ha representado una ruptura pero sí un acento propio de la implicación histórica de la Iglesia.

El nuevo periodo que ahora se abre sigue marcado en buena medida por estas claves, pero el tiempo histórico corre de prisa y los obispos entienden que las coordenadas de 2017 no son exactamente las mismas que las de 2014. Quizás eso explique la relativa “sorpresa” de que hayan llamado de nuevo al cardenal Antonio Cañizares a ocupar la vicepresidencia. Y es que Cañizares ha representado la necesidad de alzar la voz en defensa de libertades fundamentales, no solo de los católicos, frente a una prepotencia y una intolerancia redivivas. El acoso a la escuela concertada y a los símbolos católicos en el ámbito de la comunidad y el ayuntamiento valencianos ha movido al arzobispo de aquella sede a levantar la voz, y consecuentemente a sufrir acoso social y político. Pero algo similar, aunque con envoltorio más blando, sucede en otras Comunidades Autónomas, donde gobiernos de izquierda y derecha imponen la ideología de género a través de la escuela y del discurso oficial, amenazando con sanciones que constituyen un grave peligro para la libertad.

El diapasón de la asamblea episcopal

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Pacto de Estado por una mejor Función Pública española

Francisco Medina

El Gobierno resultante de las elecciones generales celebradas en 2016, tras arduas negociaciones, ya está constituido desde hace algo más de dos meses. Los ministros ya están nombrados, pero está todo muy en el aire. Aparentemente, con el Real Decreto 415/2016, de 3 de noviembre, y el Real Decreto 424/2016, de 11 de noviembre, todos los Departamentos Ministeriales están creados, pero lo único que se está moviendo es el traspaso de funciones y competencias que han de sufrir algunos de los Ministerios que han sufrido una reestructuración mayor, como son el caso del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad –cuyo titular es Luis de Guindos– y el del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital –capitaneado por Álvaro Nadal, antiguo director de la Oficina Económica y Presupuestaria de Presidencia del Gobierno–. Algún cambio menor en los Ministerios de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente y en el Ministerio de Hacienda y Función Pública, al que se ha desgajado la parte relativa a las relaciones con las Administraciones territoriales para engarzarla en la Vicepresidencia del Gobierno, cuya titularidad la ostenta Soraya Sáenz de Santamaría. En el fondo, ha cambiado todo y no ha cambiado nada.

Y poco más. Han pasado más de tres meses desde el acuerdo alcanzado entre el PP y C´s, abstención mediante del PSOE –tras la salida de Pedro Sánchez– para la formación de Gobierno y no se está haciendo más que tramitar algunos proyectos de Reales Decretos de estructura orgánica básica, como el del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte; mientras las negociaciones que se están llevando a cabo entre los Ministerios de Luis de Guindos y Álvaro Nadal en orden al traspaso de las competencias y los medios materiales y personales aún no han concluido. Nada es seguro, quizá porque aún se está a la espera de la aprobación de los Presupuestos, hecho que no es posible dar por descontado, a la vista de la incertidumbre del resultado de las elecciones primarias que tendrán lugar en el seno del PSOE por el mes de mayo: el fantasma de Pedro Sánchez –a quien muchos creían políticamente muerto– asoma de nuevo.

Por un lado, es cierto que, en este contexto de incertidumbre, resulta muy difícil tomar decisiones políticas y legislativas de cualquier calado. Las mayorías absolutas, como las que se han dado en España, pueden constituir una especie de rodillo o apisonadora para adoptar medidas que pueden ir contra el interés común de todos los españoles, pero también han proporcionado una estabilidad que ha permitido el funcionamiento de las instituciones y la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, con las dotaciones necesarias para la formulación y ejecución de políticas públicas en materia de sanidad, educación, I+D+i, seguridad ciudadana, defensa, energía, medio ambiente, telecomunicaciones y demás. Es obvio que este tipo de escenarios ya han pasado a la historia.

Pacto de Estado por una mejor Función Pública española

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El islam se enfrenta al fantasma de la laicidad

Robi Ronza

Una declaración de coexistencia mutua entre cristianos y musulmanes se firmó hace unos días en El Cairo al término de una conferencia sobre “Libertad, ciudadanía, diversidad e integración”, promovida por la universidad de Al Azhar, el principal centro cultural del islam suní, y el Consejo islámico de los Ancianos, un organismo que tiene su sede en Abu Dhabi.

Siguiendo el Mensaje de Amán de junio de 2005 y la Declaración de Marrakesh de enero de 2016, esta nueva declaración es otra importante etapa en el camino iniciado en el seno del mundo musulmán para dar fundamento en términos de ortodoxia islámica a principios como la libertad religiosa, la libertad de conciencia y las libertades civiles. Y, por tanto, deslegitimar el integrismo islamista envaneciendo su pretensión de ser el islam auténtico.

Así se concibe también la Carta de Medina, es decir, el acuerdo que Mahoma suscribió con los habitantes de aquella ciudad garantizando a todos ellos su libertad para profesar libremente su fe, cualquiera que esta fuera. Si bien es cierto que el islam puede liberarse del integrismo solo en virtud de una reforma interna y no por presiones externas, hay que felicitarse por que tal proceso avance positivamente. De hecho, las presiones externas por sí solas no pueden tener más que efectos contraproducentes.

Es importante y prometedor el hecho de que las tres iniciativas hayan tenido lugar bajo la égida de los más relevantes líderes del mundo musulmán sunita: los dos reyes, Abdalá II de Jordania y Mohamed VI de Marruecos, cuyas dinastías proceden de una descendencia directa del Profeta, y el presidente egipcio Abdel Fatah Al-Sisi, es decir, quien gobierna el país más importante del mundo árabe. Pero supone una limitación nada desdeñable el hecho de que todo ello suceda en un ámbito suní que por el momento no llega a implicar al islam chiíta, minoritario pero consistente.

Con el Mensaje de Amán se fundamentaba en el Corán la libertad de la persona, afirmando que “el islam honra a todo ser humano independientemente del color de su piel, raza o religión”. En la Declaración de Marrakesh, teniendo en cuenta que “en diversas partes del mundo musulmán la situación se ha deteriorado peligrosamente a causa del recurso a la violencia y a la lucha armada como instrumento para resolver los conflictos e imponer a otros el propio punto de vista”, se invitaba a los países de mayoría islámica a reformar sus constituciones tomando como base la Carta de Medina, la Carta de Naciones Unidas y otros documentos relacionados, “como la Declaración universal de los derechos humanos”. Y lanzaba además un llamamiento a los “expertos e intelectuales musulmanes de todo el mundo para desarrollar jurisprudencia sobre el concepto de ciudadanía, inclusivo de los diversos grupos”.

Un llamamiento que ha sido acogido de manera evidente en la Conferencia de El Cairo, donde la ciudadanía era el tema clave. En la conferencia han participado más de 600 académicos, políticos y autoridades religiosas cristianas y musulmanas procedentes de casi cincuenta países distintos. Sus dirigentes han sido el presidente del Consejo islámico de los Ancianos y el gran imán de Al Azhar, Ahmad Al Tayyib. El papa cristiano copto Tawadros II también estaba entre los participantes.

El islam se enfrenta al fantasma de la laicidad

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>ARGENTINA

Un debate "delirante" sobre los derechos humanos

Arturo Illia

Argentina es un país único por muchos factores extraordinarios, pero por desgracia también mantiene esta particularidad debido a muchos hechos negativos que a menudo impiden no solo su desarrollo sino también su supremacía mundial. Sin exagerar, dados sus enormes recursos, no solo energéticos sino también intelectuales. Por una lógica inexplicable, a veces parece que este país estuviera en otro planeta muy lejano. Una sociedad dividida gasta gran cantidad de energía en diatribas que la dividen aún más, provocando fracturas gravísimas, sobre todo respecto a hechos históricos que, con el tiempo, se van distorsionando hasta el punto de que el aforismo de Voltaire “la historia es una broma pesada que le gastan los vivos a los muertos” parece pronunciado después de una visita al “fin del mundo”.

No solo se llega a revisiones históricas que comparan a Cristóbal Colón con el general Videla, cuya imbecilidad ha llegado a provocar la destrucción de un monumento donado por la comunidad italiana el siglo pasado y retirado por su sistematización natural (ante la residencia presidencial de la Casa Rosada) por orden de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner; también abundan declaraciones delirantes sobre los tristes años setenta, dominados lamentablemente por acciones permeadas por el demonio de la violencia, perpetrada tanto por movimientos terroristas como por una genocida junta militar.

Todavía no se había apagado la polémica sobre el número real de desaparecidos (todos los datos oficiales concuerdan con las descripciones de muchos personajes de la época sobre la necesidad de engordar la cifra para que los organismos internacionales reconozcan el estatus de genocidio), que no fueron los “míticos” 30.000 sino casi 8.700 (una cifra que ya es absolutamente aterradora); cuando la semana pasada, durante una retransmisión televisiva, el responsable de las aduanas argentinas, el exmilitar Gómez Centurión, aparte de reiterar por enésima vez que sobre el número de desaparecidos existen “8.000 verdades que chocan contra 22.000 mentiras”, hurgó aún más en la herida afirmando que la junta militar no tenía ningún plan sistemático de eliminación física durante los años 70. Cosa que no solo contrasta con las conclusiones del famoso proceso contra la junta militar bajo la presidencia de Raúl Alfonsín, sino también con las declaraciones del mismísimo exgeneral Rafael Videla, que en su larga entrevista con el periodista Ceferino Reato lo había admitido sin medias tintas.

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Un debate "delirante" sobre los derechos humanos

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Cinco caminos para la Unión

Ángel Satué

La pasada semana el presidente de la Comisión Europea, del Partido Popular europeo, Jean-Claude Juncker, presentó un Libro Blanco sobre los 5 escenarios políticos posibles que tiene la Unión Europea ante sí la próxima década. No una visión, sino nada más y nada menos que cinco caminos posibles. Los medios y los tertulianos apenas han dedicado unos minutos a este asunto fundamental para una Europa libre, en paz y próspera.

Los escenarios aventurados son: (1) “Sigamos así”. Avanzar como hasta ahora. Poco a poco. Con el riesgo muy probable de que una crisis aún mayor que las vividas acabe con la Unión para siempre; (2) “Nada, excepto el mercado interior”. Amarrarse a una unión de mercaderes; (3) “Los que quieren más, hacen más”. Aprovechar el Tratado de Lisboa, y seguir la estela de las cooperaciones reforzadas en los sectores más importantes –bancario, defensa, justicia–; (4) Consensuar prioridades, abandonando pretensiones sobre áreas como el desarrollo regional, la salud pública, las políticas sociales y de empleo, donde los estados tienen mayor valor añadido –en mi opinión, el título de “Hacer menos más eficientemente” no está bien traído–; (5) “Hacer más todos juntos”, en una clara vía federal, o unionista, basada en la cesión de soberanía de los estados a Bruselas.

Los escenarios 3º y 4º son los más probables, según las declaraciones de Juncker y Merkel, pero se echa en falta la mención a la subsidiariedad y a la solidaridad en cualquiera de los cinco escenarios, como si apostar por el 5º supusiera apostar por un estado centralista, o apostar por el 2º por un mercado común europeo, solo.

Por cierto, ¿a que echa de menos saber cómo es Juncker, amable lector, y está pensando que no tiene elementos de juicio, pero que si se hablara de Pablo, Mariano o Albert sería otra cosa? Esto es lo que está en juego. Saber más de Europa porque nos interese más.

Sin duda, Juncker abre la veda para la política. Esto ya es noticia. Política a calzón quitado. ¿Se imaginan a Rajoy esbozando un documento parecido? Sería el éxtasis de los nacionalistas. El fin de Rajoy también en esta España cainita. Se podrá criticar el contenido (¿estamos para escenarios ahora?), el momento (¿tras el Brexit?), las formas (¿un Libro Blanco?), la ausencia de redoble de tambores previo o actividad mediática suficiente que calara en la opinión pública europea… pero ahí está un político haciendo política con un estilo, por cierto, muy inglés, a pesar del Brexit.

Es política porque se trata de comenzar a debatir a escala europea sobre el papel de Europa en el mundo, qué rol en materia de seguridad quiere tener, cómo va a abordar su modelo de bienestar –si a escala nacional o a escala europea–, y su sostenibilidad, así sobre cómo va regular el sector bancario y financiero. Ahora bien, abrir este debate exige buenas dotes de liderazgo, porque es la primera vez que se recuerde que la Comisión admite que exista la posibilidad de ir hacia atrás, en un momento tan crucial, si bien, asumiendo la unidad de los 27, en lo que sea posiblemente una jugada estratégica que podría llamarse: “Iremos a menos, pero todos juntos. O iremos a más, aunque sea unos pocos”.

Cinco caminos para la Unión

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Bielorrusia: defendamos a nuestros muertos

Andrej Strocev

El final del invierno y el inicio de la primavera en Bielorrusia están marcados por una palabra recurrente, “Kuropaty”. De Kuropaty se ha hablado, se ha discutido en Facebook y se piensa continuamente. En Kuropaty se ha cantado, se ha preparado de comer, se ha recitado poesía, se ha rezado. Hay incluso quien ha dormido y despertado allí en las dos últimas dos semanas. ¿Pero qué es Kuropaty?

Así se llama un bosque a las afueras de Minsk. En 1988 los historiadores Zenon Poznjak y Evgenij Šmygalëv publicaron el artículo “Kuropaty, el camino de la muerte”, donde los autores referían los relatos de los habitantes de la zona, según los cuales antes de la guerra en aquel bosque todas las noches se oían los disparos de los fusilamientos. El artículo lo leyó mucha gente y fue imposible ignorarlo. La fiscalía de la Bielorrusia soviética abrió entonces una investigación y comenzaron las excavaciones. En el bosque hallaron más de 500 fosas que contenían restos humanos, ropa, balas. La investigación concluyó que en aquel lugar se había sepultado al menos a treinta mil personas, todas fusiladas por los órganos de la NKVD (policía secreta soviética) entre 1937 y 1941. Una conclusión que después fue confirmada por los habitantes de la zona y algunos exagentes de la NKVD.

Aquello, en los ultimísimos años soviéticos, fue un verdadero shock para nuestra sociedad. En 1988 se celebró en Kuropaty una manifestación masiva que condenaba abiertamente el estalinismo. Las fuerzas del orden dispersaron la concentración utilizando incluso gases lacrimógenos, pero aquello no hizo más que incrementar el interés por Kuropaty, que se convirtió en un importante símbolo de la lucha por la independencia nacional. En 1989, con motivo de la fiesta de los abuelos, tradicionalmente el día de la memoria, que coincide con la fiesta religiosa de todos los santos, tuvo lugar una primera procesión y se plantó en el bosque una gran cruz. Desde entonces, esta procesión se ha repetido todos los años y ahora en ese lugar se encuentran cerca de un millar de cruces.

La tensión política en torno a Kuropaty nunca ha decaído. En Bielorrusia este se ha convertido en el lugar por antonomasia de la memoria de las víctimas soviéticas, aunque algunos han intentado afirmar muchas veces que en realidad en aquel bosque no se sepultó a las víctimas de la NKVD estalinista sino a las de los nazis, asesinadas durante la segunda guerra mundial. Sin embargo, nuevas excavaciones demostraron que aquellos fusilamientos se remontan a finales de los años 30, y que las víctimas son muchas más de treinta mil. Según varios cálculos, podría haber cien mil y hasta doscientas mil. Pero el número preciso se ignora, pues los viejos archivos de la NKVD están cerrados y la actual KGB bielorrusa se niega a abrirlos. Mejor dicho, ni siquiera se sabe si siguen existiendo esos archivos. Por ese mismo motivo, no puede decirse quién, entre todos los muertos asesinados entre 1937 y 1941, está realmente aquí. Solo se han recuperado con certeza unos cuantos nombres.

Bielorrusia: defendamos a nuestros muertos

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>Editorial

Cataluña y la sacra decisión

Fernando de Haro

En Vic. El camarero sirve el café. Y con una sonrisa cordial te explica sin que hayas preguntado nada: “Es que queremos que nos dejen decidir si queremos ser independientes, que nos dejen votar”. La conversación se prolonga. El camarero quiere explicarse. Vic es el centro, la yema de huevo del separatismo catalán. El pueblo se construyó en torno a uno de los obispados más antiguos de Europa. Ahora lo sacro, más que en la catedral, está en la calle, en la plaza central: de muchos balcones cuelga la estelada, la bandera de la independencia. Junto a la enseña se han escrito palabras sagradas: la independencia es libertad, la independencia es felicidad, la independencia es…

El camarero de Vic va a votar sin tardar. Va a votar para decidir, pero no si Cataluña es independiente, va a votar para elegir a los representantes del parlamento autonómico. Por cuarta vez en los últimos siete años los catalanes serán convocados a unas elecciones anticipadas. En eso es lo que va a acabar, de momento, el proceso de desconexión que se puso en marcha en octubre de 2015 para crear “la república” de Cataluña. Salvo sorpresa de última hora, la convocatoria de un referéndum con la que el Gobierno catalán desafiará de nuevo al Tribunal Constitucional quedará anulada. Esta vez no habrá urnas, como sí las hubo en el simulacro de 2014. El Gobierno de Rajoy tiene el propósito de ser inflexible pero proporcionado. Tiene la intención de no utilizar las herramientas extremas que le atribuye la Constitución.

Y también, salvo sorpresa de última hora, el independentismo aceptará tranquila y pacíficamente la suspensión del referéndum convocado. No deja de ser una forma de desbloquear la situación de parálisis en la que se encuentra el Gobierno de Junts pel Si, forzado a pactar con los antisistema de la CUP, con los que es imposible dar un paso. En el momento de la suspensión del referéndum quizás haya algunas manifestaciones en las calles y protestas. Si hubiera violencia estaríamos hablando de otra cosa. Pero no es probable.

En el momento en el que se convoquen nuevas elecciones se habrá llegado a un nuevo punto de partida. Todas las encuestas reflejan que hay dos Cataluñas (la española y la partidaria de la independencia) prácticamente del mismo tamaño. En los últimos meses los contrarios están por encima de los partidarios de la independencia, pero solo con un punto de ventaja. Una inmensa mayoría de los catalanes están a favor de la celebración de un referéndum –como el camarero de Vic– pero solo entre un 35 y un 37 apoya que ese referéndum no sea pactado con Madrid. El referéndum que los catalanes quieren no es posible porque la Constitución española lo prohíbe.

>Editorial

Cataluña y la sacra decisión

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Cuánto pesa en América Central el dinero que envían los emigrantes

Alver Metalli

¿Qué significa para las economías de América Central el dinero que envían los emigrantes de esos países que viven en Estados Unidos? Se puede comprender de una manera fácil con el ejemplo de Nicaragua. El monto de los depósitos que los nicaragüenses envían desde Estados Unidos se incrementó en los últimos cinco años hasta alcanzar los 264 millones de dólares en 2016 (70 millones más que en 2015), una cifra que representa el 9,6 por ciento del Producto Interior Bruto del país y que por sí sola supera los ingresos de divisas por la exportación de los principales productos como la carne, el café y el oro. Después de Estados Unidos, Costa Rica es el segundo país elegido por los emigrantes nicaragüenses más pobres, al que siguen España y Panamá.

En cuanto al uso del dinero que envían los emigrantes a los que permanecen en Nicaragua, una encuesta entre los nicaragüenses que se encuentran en Estados Unidos muestra que los beneficiarios en Nicaragua utilizan lo que reciben para pagar los servicios básicos (electricidad y agua), alimentos, educación y medicinas. Poco y casi inexistente es el ahorro, lo cual confirma que la emigración se produce por la necesidad tanto del que emigra como del que se queda. Eso significa que los envíos tienen una incidencia decisiva en el incremento del consumo y la reducción de la pobreza.

Luis Alaniz, director de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), traza una consideración alarmada sobre el impacto que tendrán en Nicaragua las medidas restrictivas anunciadas por el presidente Trump. “El decrecimiento de los envíos significaría contar con menos dinero para cubrir el déficit comercial; por lo tanto, el Estado se vería obligado a tomar tres posibles decisiones: importar menos, financiar la falta de recursos con préstamos –pero eso aumentaría la deuda-país– o implementar una política económica más restrictiva”.

Cuánto pesa en América Central el dinero que envían los emigrantes

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>Entrevista a Valentí Puig

"Urge reequilibrar el sistema mediático y contrarrestar el frente digital de la secesión"

Juan Carlos Hernández

El escritor Valentí Puig valora para Páginas Digital la actualidad del desafío secesionista en Cataluña.

En el contexto histórico actual, ¿es factible una ruptura como ocurrió en 1934?

Incluso la CUP sabe que el contexto histórico no es el mismo y que no hay mayoría social para cualquier tipo de fractura unilateral. En cuanto a las medidas legales, no soy jurista ni constitucionalista pero creo que tendría sentido una respuesta legal, paso a paso, gradual. Los órganos consultivos de la Generalitat, y más aún el funcionariado, no dan cobertura a una declaración unilateral. Las imputaciones respecto a la consulta anterior tienen valor de ejemplaridad y, en general, una gradación de contramedidas sin concesión alguna, pero con el método de mano de hierro en guante de seda, parece lo más indicado. Sobre todo, es fundamental distinguir entre el conjunto de la sociedad catalana y la oligarquía secesionista. Esta es la cuestión. Eso no es un choque de trenes porque no se puede equiparar la fuerza legítima del Estado a un convoy renqueante y grotesco.

¿Qué medidas legales se deben tomar frente a la posibilidad de un referéndum independentista?

En primer lugar debo decir que soy uno de los que piensan que el referéndum de secesión no se va a celebrar y que todo lo que se está escenificando ahora no es más que una lucha terminal por el poder. En caso de no ser inhabilitado, Artur Mas desea intensamente regresar a la política liderando los retales de Convergència, Junqueras –hábil a la hora de esquivar graves imputaciones– quiere presidir la Generalitat cuando haya elecciones anticipadas, Puigdemont amaga con una declaración unilateral a la que su propio partido no se atreve y Ada Colau espera en el flanco de la batalla, ambigua respecto a una consulta. De modo que, desde mi punto de vista, el riesgo de secesión sería simbólico y gestual, aunque nadie puede dar por sentado que no se produzca una rasgadura como lo fue en octubre de 1934 un intento de golpe de Estado acallado en cuestión de horas, con grave daño institucional.

La aplicación de la ley es necesaria, pero a mi juicio insuficiente. ¿Qué trabajo cultural debe hacerse para frenar el auge independentista?

En primer lugar, haría falta desactivar el lenguaje secesionista que se propala por los medios de comunicación públicos y los subvencionados, algo difícil si ERC resulta ser el partido más votado. Cada “mantra” secesionista ha ido perdiendo fuelle, desde el “España nos roba” a salirse de España quedándose en la Unión Europea. El más reciente es la idea de una democracia que se salta la ley porque pertenece a la soberanía catalana. Quiero decir que desactivar el secesionismo es tarea de duración. Haría falta avanzar en diversos frentes, cultural, mediático, educativo. En primera instancia, la urgencia es reequilibrar el sistema mediático y contrarrestar el frente digital de la secesión, generalmente subvencionado con dinero público. El “fair play” pluralista marcaría una gran diferencia.

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"Urge reequilibrar el sistema mediático y contrarrestar el frente digital de la secesión"

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 3  59 votos
>El Kiosco

Generación millennial

Elena Santa María

A los nacidos entre 1982 y 2004 nos llaman la generación millennial. Nacimos en años de prosperidad pero al llegar a la veintena nos hemos encontrado con la crisis. La Fundación Porcausa habla de nosotros como "el colectivo de los sueños rotos". Javier Ayuso, en un artículo para El País afirma que los millennials se ven a sí mismos "como una generación perdida en el camino entre dos mundos”. Como decía una joven millennial de forma gráfica esta misma semana en un conocido programa de radio: "Somos una generación de transición. Somos la última en muchas cosas y la primera en otras tantas. Estamos entre lo viejo, que no acaba de morir, como el papel o el bipartidismo, y lo nuevo, que no acaba de nacer. Una generación que compra las entradas de cine en Internet y luego las imprime". En esa incertidumbre, "Vivir la vida" es una frase que repiten cuando les preguntas a qué aspiran. Para Elías Rodríguez, de 25 años, esa expresión se resume en "tener un buen sueldo trabajando poco". Amalia Barrigas, de la misma edad, es más contundente: "La generación millennial aspira a vivir la vida, pero porque creo que no tiene ni puta idea de lo que es la vida". Esta sensación la explica bien Leila Guerriero, también en El País, cuando habla de sus deseos de la infancia. Ella quería ser como la "gente que andaba por ahí sin más rumbo que la inmensidad, que no se quedaba nunca en ninguna parte, que no tenía más patria que la de su sombra, más ansia que la de partir".

Con esta incertidumbre, este no saber a dónde ir, miramos a nuestro alrededor, a lo que nos ofrece la sociedad. Desde Suecia, un país referente en muchos aspectos, nos llega la "teoría sueca del amor", con dos ingredientes: independencia y soledad. Inma Monsó nos pone algunos ejemplos en La Vanguardia: "una clase de sueco para refugiados procedentes de Siria y Eritrea. La profesora les recuerda que respondan con monosílabos: los suecos son poco comunicativos. Los alumnos se quejan de la falta de inmersión lingüística: no pueden practicar por falta de suecos dispuestos a conversar. Otra escena: como los bosques en Suecia son inmensos y los suecos pasean solos, cada semana se pierden montones de ellos. De modo que se organizan grupos de buscadores (sólo un alto concepto del civismo logra agrupar a los suecos) que hacen batidas los fines de semana". Más adelante cita a Bauman: "La independencia, dice, ‘es cómoda y por tanto adictiva: cuando la tienes quieres más y más’ (bueno, no podemos olvidar que Bauman ha sido el filósofo de la modernidad líquida y también que de¬sarrolló una interesante teoría del temor al vínculo y al compromiso). Luego Bauman nos invita a preguntarnos sobre el papel del Estado de bienestar en este malestar individual. ¿Debemos concluir que las cotas de bienestar social alcanzadas por los suecos son en parte responsables de este estado de cosas? ¿O que el bienestar social impecable al que tan ávidamente aspiramos los países del sur ha de desembocar necesariamente en la soledad y, por tanto, en otro tipo de malestar aún más insidioso que el de la miseria?".

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El errante error holandés

Fernando de Haro

Respiramos aliviados, con razón, por el resultado de las elecciones de la pasada semana. Pero nos cuesta trabajo reconocer que la derrota de la xenofobia es muy relativa. La agenda de Wilders se ha convertido en un fenómeno transversal en una Holanda próspera. En la nación de los tulipanes hay casi pleno empleo y los musulmanes suman un tercio de lo que los holandeses se imaginan. Los problemas de integración no vienen de fuera. Lo que ocurre en Holanda es el síntoma de una Europa que no sabe reconocer la realidad, perseguida por sus propios fantasmas. Desorientada se empeña en construir una ciudadanía si identidad. Prueba de ello es el pronunciamiento, también esta semana, del Tribunal Europeo de Justicia que ha confirmado la prohibición de usar el velo en el trabajo.

Las encuestas se equivocaron esta vez para bien. La primera de las tres citas electorales del año en Europa (después vendrán Francia y Alemania) no suma puntos a la xenofobia y al antieuropeísmo. Wilders no ha ganado las elecciones, pero ha vencido al determinar la agenda política holandesa. Con solo un 14 por ciento de los votos, el Partido por la Libertad ha impuesto un discurso duro contra la inmigración y una práctica de europeísmo tibio o problemático. Influencia que afecta a casi todas las formaciones y de la que solo se libran los verdes.

Ha cundido la desafortunada especie de que para frenar a Wilders había que ser como Wilders, pero más moderado. Seamos menos buenistas, más firmes con la inmigración porque algo de razón llevan los xenófobos –se argumenta–. Holanda, junto con el Reino Unido, ha sido el socio más problemático de la Unión Europea. El que nunca quería aprobar los rescates de Grecia (nos hubiéramos ahorrado muchos problemas con una condonación de la deuda a tiempo), el que ha dicho no a la asociación con Ucrania.

No hay ni ha habido una crisis en Holanda que justifique su rebelión contra Bruselas y contra sus propias instituciones. La tasa de paro está en torno al 5 por ciento: pleno empleo. Casi la mitad de los trabajadores tienen jornada a tiempo parcial por decisión propia. La renta per cápita es de 39.000 euros anuales. El gran superávit comercial es otro indicador de su prosperidad. Los holandeses gozan de servicios públicos de calidad, con un gran nivel de subsidiariedad, de buena educación. Es el enfado, la rebeldía de los satisfechos. De donde se deduce que la satisfacción cívica no puede ser solo económica.

La apreciación de los holandeses respecto a la inmigración y la comunidad musulmana no se ajusta a la realidad. Ni por asomo están sufriendo una invasión. Hace unos días la consultora Ipsos Mori ha hecho público el resultado de una encuesta en la que preguntaba cuántos musulmanes cree el público que hay en los diferentes países europeos. Después comparaba los resultados del sondeo con la realidad. Los holandeses creen que en su país la población musulmana representa el 19 por ciento, cuando en realidad asciende a un 6 por ciento del total. Porcentaje, sin duda, significativo pero que se compadece poco con el fantasma de una invasión.

El errante error holandés

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Cataluña y la sacra decisión

Fernando de Haro

En Vic. El camarero sirve el café. Y con una sonrisa cordial te explica sin que hayas preguntado nada: “Es que queremos que nos dejen decidir si queremos ser independientes, que nos dejen votar”. La conversación se prolonga. El camarero quiere explicarse. Vic es el centro, la yema de huevo del separatismo catalán. El pueblo se construyó en torno a uno de los obispados más antiguos de Europa. Ahora lo sacro, más que en la catedral, está en la calle, en la plaza central: de muchos balcones cuelga la estelada, la bandera de la independencia. Junto a la enseña se han escrito palabras sagradas: la independencia es libertad, la independencia es felicidad, la independencia es…

El camarero de Vic va a votar sin tardar. Va a votar para decidir, pero no si Cataluña es independiente, va a votar para elegir a los representantes del parlamento autonómico. Por cuarta vez en los últimos siete años los catalanes serán convocados a unas elecciones anticipadas. En eso es lo que va a acabar, de momento, el proceso de desconexión que se puso en marcha en octubre de 2015 para crear “la república” de Cataluña. Salvo sorpresa de última hora, la convocatoria de un referéndum con la que el Gobierno catalán desafiará de nuevo al Tribunal Constitucional quedará anulada. Esta vez no habrá urnas, como sí las hubo en el simulacro de 2014. El Gobierno de Rajoy tiene el propósito de ser inflexible pero proporcionado. Tiene la intención de no utilizar las herramientas extremas que le atribuye la Constitución.

Y también, salvo sorpresa de última hora, el independentismo aceptará tranquila y pacíficamente la suspensión del referéndum convocado. No deja de ser una forma de desbloquear la situación de parálisis en la que se encuentra el Gobierno de Junts pel Si, forzado a pactar con los antisistema de la CUP, con los que es imposible dar un paso. En el momento de la suspensión del referéndum quizás haya algunas manifestaciones en las calles y protestas. Si hubiera violencia estaríamos hablando de otra cosa. Pero no es probable.

En el momento en el que se convoquen nuevas elecciones se habrá llegado a un nuevo punto de partida. Todas las encuestas reflejan que hay dos Cataluñas (la española y la partidaria de la independencia) prácticamente del mismo tamaño. En los últimos meses los contrarios están por encima de los partidarios de la independencia, pero solo con un punto de ventaja. Una inmensa mayoría de los catalanes están a favor de la celebración de un referéndum –como el camarero de Vic– pero solo entre un 35 y un 37 apoya que ese referéndum no sea pactado con Madrid. El referéndum que los catalanes quieren no es posible porque la Constitución española lo prohíbe.

Cataluña y la sacra decisión

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  56 votos
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>Editorial

Nos falta estima

Fernando de Haro

Hipótesis arriesgada. Pero en estos momentos de perplejidad, perdido ya mucho, quizás convenga asumir riesgos más allá de lo acostumbrado. Los informes hechos públicos en las dos últimas semanas en Bruselas detallan el laberinto en el que estamos. El Informe España 2017 y el Libro Blanco sobre el futuro de la Unión describen la impotencia de un crecimiento que no garantiza el bienestar. Acaso el problema económico no solo sea resultado de políticas monetarias tomadas a destiempo, o de las dificultades para aunar intereses del sur y del norte, para incrementar la productividad, o para mejorar la educación. Quizás falta algo previo, una estima elemental por lo que nos hacer ser europeos o españoles. ¿Será que los primeros que tienen necesidad de ser acogidos somos nosotros mismos -nuestra propia experiencia-?

El Libro Blanco presentado por Juncker la semana pasada apuesta sin decirlo claramente por aquello en lo que creen los franceses y los alemanes más europeístas: una Europa a dos velocidades que aparque el federalismo para todos. Ahora que el Reino Unido se marcha, reconoce que “la Unión ha estado por debajo de las expectativas en la peor crisis financiera, económica y social de la posguerra”. El problema no es solo que se recetara austeridad cuando era necesario gasto. Ahora que se ha iniciado la recuperación, la desigualdad permanece o se acrecienta y no se ha vuelto ni al nivel de renta ni al nivel de empleo de hace 10 años. Y, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, los jóvenes pueden vivir peor que sus padres. Por eso dudan de la eficacia de la economía social de mercado.

El Informe España 2017 va en la misma dirección: la economía crece con fuerza y la moderación salarial contribuye a la creación de empleo. Pero Bruselas señala que el amplio uso de los contratos temporales no es bueno para la productividad y que el riesgo de pobreza para los que están contratados persiste. Los servicios públicos de empleo no funcionan bien y la ayuda a las familias es baja. La desigualdad amenaza la cohesión de la vida social.

Parece difícil deshacer el enredo: para crear empleo se desregula el mercado laboral y el trabajo de no pocos no les saca de la pobreza. La reactivación genera ingresos para corregir las desviaciones de déficit, pero no para más gasto social (la política tributaria deja mucho que desear). Las políticas expansivas son cosa del BCE. No hay ni capacidad ni voluntad reformadora para darle la vuelta a las políticas públicas. Es es el caso de la política de empleo que está paralizada por un estatalismo absolutamente ineficaz propio de los años 80 del pasado siglo (el dinero de la formación acaba siendo una subvención a sindicatos y organizaciones empresariales a los que se les exige poco a cambio).

Dice la Comisión que crece la desconfianza ante la economía social de mercado. No es de extrañar. Los europeos, en general, y los españoles en particular, quizás sin ser muy conscientes, se encuentran atrapados en unas categorías que van del viejo liberalismo al viejo estatalismo sin conflicto alguno. La crisis ha desmontado muchas cosas, pero curiosamente no parece haber descabalgado esa interpretación de la vida social y económica que va en contra de la experiencia de mucha gente, de la experiencia elemental que te impulsa a trabajar, a crear empresa, a emprender.

Nos falta estima

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  109 votos

>CINE

La ciudad de las estrellas (La La Land)

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 2  368 votos
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Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D.

One, la nueva película de Fernando de Haro que se estrena en Madrid el próximo lunes, cuenta lo que nunca te han contado sobre la India. En la mayor democracia del mundo, en el país que compite con China por el liderazgo de Asia y de buena parte del planeta, sigue vigente un rígido sistema de castas. Por eso la minoría cristiana, que se atreve a afirmar la igualdad efectiva entre los indios, es perseguida. Los parias (los sin-casta) que abandonan el hinduismo y abrazan el cristianismo, buscando una vida más digna, pierden las ayudas sociales. Los obstáculos legales que limitan las conversiones han sido respaldados por el Tribunal Supremo. Un nuevo nacionalismo hindú no duda en recurrir a la violencia para restringir la libertad y lleva a cabo prácticas que algunos califican como prácticas genocidas. Prueba de ello es lo que sucedió en el distrito de Kandhamal durante 2008. Se pretendió “limpiar” de bautizados una amplia zona.

Este documental está grabado en Nueva Delhi; en Bhubaneswhar, la gran ciudad del hinduismo; y en las selvas de Orissa, junto al Golfo de Bengala. Recoge los rostros y las historias de gente sencilla (la inmensa mayoría de los bautizados de la India son parias) que ha encontrado en el cristianismo una forma más humana de vivir. Muchos explican por qué abrazaron la nueva religión y han abandonado la antigua. Otros relatan las injusticias sufridas y los motivos que les permiten ser fieles al credo de la cruz. La película da voz también a los nacionalistas hindús que justifican las políticas de discriminación.

Estamos ante el cuarto documental de una serie dedicada a los cristianos perseguidos. El primero de ellos, "Walking next to the wall", fue rodado en Egipto y está dedicado a los coptos. El segundo, Nasarah, grabado en el Líbano, está dedicado a los sirios e iraquíes perseguidos por el Daesh. El tercero, Aleluya, a Nigeria. Los cuatro están disponibles en la plataforma Vimeo. La serie está dirigida por Fernando de Haro que trabaja con la productora N Medio. El proyecto se lleva a cabo con la ayuda del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo y la Fundación Hernando de Larramendi.

A las 19 horas del lunes 23 de enero en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Julián Romea, 23. 28003 Madrid.

Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  332 votos

>Columna derecha

>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  592 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  1687 votos

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