Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
21 SEPTIEMBRE 2020
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La República de la ruptura

Javier Folgado

Las supuestas irregularidades del Rey Emérito ha puesto en entredicho a nuestra Monarquía. Muchos han aprovechado, este momento de debilidad, para atacar a esta institución secular. Por supuesto que la justicia tendrá que evaluar la credibilidad de estas sospechas pero que como consecuencia de estos presuntos delitos tenga que ponerse en tela de juicio la Monarquía es ya un salto que habría que analizar detenidamente.

El hecho de que una persona que ostente un cargo cometa un delito no implica necesariamente que la institución que representa sea inútil. De hecho, si seguimos la regla de tres no habría institución que quedará en pie (Junta Andaluza, Comunidad Valenciana, Generalitat de Cataluña, Guardia Civil…) en este país incluidos los partidos políticos.

El legado de Juan Carlos I, más allá de lo que pueda juzgar la justicia, en su conjunto ha sido positivo para España aunque solo sea por su liderazgo en la transición, que no fue empresa pequeña y en la que también otras personalidades como Adolfo Suárez y, más en la sombra, Torcuato Fernández-Miranda tuvieron un papel estelar en su liderazgo. Es cierto que la monarquía ha permitido un periodo de cierta estabilidad política que ha ayudado a desarrollar una transición compleja y un periodo posterior de cierta alternancia política. No me parece que una Monarquía sea especialmente ventajosa o no respecto a una República. Pero si en la tradición del país es una institución ya afianzada veo más inconvenientes en cambiarla que en mantenerla. De hecho, en la historia de España la irrupción de las repúblicas siempre ha sido una experiencia traumática. La Monarquía presenta una serie de ventajas ya que permite una figura de relevancia internacional que puede servir de “embajador universal”. Y, por otro lado, es un punto de referencia para el pueblo sin ligazón política.

¿Mejoraría la capacidad de los políticos de llegar a acuerdos con una República? ¿Dejarían los partidos políticos de ser estructuras cerradas donde se cultiva el seguimiento ciego al líder y el desprecio a lo que hagan otros partidos? ¿Depende la mejora de la calidad de nuestra democracia de que el sistema sea una Monarquía o una República? No creo que por ser una República, tampoco por ser una Monarquía, estemos en mejores condiciones de afrontar estas preguntas. Realmente, los males que acusa nuestra joven democracia ¿dependen de cuál sistema rija?

Mañana España podría ser una República, y no tiene que ser algo intrínsecamente malo, pero es notorio que lo más forofos republicanos de nuestro país no coincide con aquellos que buscan el bien común sino con una idea rupturista del país. Y es notorio también como muchos republicanos se han sentido cómodos en los últimos cuarenta y cinco años y este también ha sido otro gran éxito de la Monarquía.

La República de la ruptura

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>Editorial

Fumar en solitario

Fernando de Haro

Disonancia cognitiva. Esa fue la expresión que fue acuñada ya hace más de 70 años por el psicólogo social Leon Festinger. Es un término con el que quiso explicar cómo reaccionamos cuando conocemos dos hechos contradictorios o cuando un hecho conocido contradice un comportamiento. La disonancia no puede mantenerse mucho tiempo. Es necesario olvidar el hecho conocido, cambiar de conducta o construir una justificación. El fumador sigue encendiendo doce o veinte pitillos al día, pero sabe que “fumar mata” porque lo dicen todas las cajetillas. La contradicción no se puede mantener mucho tiempo. Por eso los fumadores o lo dejan o tienden a darse un motivo que justifique sus actos: “fumo porque me mantengo delgado, porque no quiero morir de viejo” (las justificaciones no suelen ser coherentes). La disonancia cognitiva es más dolorosa cuando las evidencias ponen en cuestión el modo habitual en el que una persona o un grupo se ven a sí mismos.

El votante que ha optado por determinado partido, casi inconscientemente, tiende a justificar las acciones de los líderes que representan a sus siglas, aunque sean incorrectas o inconvenientes. Y el comprador habitual de una marca de coches suele olvidar que es cara o que los modelos gastan mucha gasolina. Las decisiones tomadas disparan una especie de pertenencia que acaba olvidándose de los hechos. El mecanismo es sencillo y lo conocemos todos, pero solemos minusvalorar su poder emotivo. Y este es un tiempo en el que la emotividad es prácticamente todo.

Un par de psicólogos sociales han retomado la disonancia cognitiva para explicar en The Atlantic el comportamiento de muchos estadounidenses durante el Covid. El país está siendo golpeado duramente por la pandemia. El confinamiento, el aislamiento o el uso de mascarilla, evidentemente, sirven para frenar al virus. Esos datos están en contradicción con la decisión de volver al trabajo, al bar favorito o a la reunión de amigos. Por eso hay tanta gente diciendo que las mascarillas les impiden respirar o reclamando una libertad que va contra sus vidas.

La disonancia cognitiva explica comportamientos sociales, pero también comportamientos de las élites y de la clase política. Es una buena herramienta, por ejemplo, para entender lo que sucede en la vida política española. Los datos son contundentes, la pandemia se ha gestionado mal. El Informe Anual sobre Desarrollo Sostenible de la Universidad de Cambridge ha llegado a asegurar que, de todos los países de la OCDE, España ha sido el que peor ha respondido al virus. Y esta mala nota no se puede atribuir desde luego al comportamiento de los ciudadanos que, en su inmensa mayoría, han sido ejemplares durante el confinamiento. Ni a sus médicos y a sus enfermeras, que han sido heroicos. La sociedad civil, el mundo de la empresa, se ha volcado con una generosidad que ha ido más allá de un cansancio que hubiera sido comprensible. España está a la cola por la gestión de su Gobierno central y, probablemente, de buena parte de sus Gobiernos Autonómicos. Es un problema, fundamentalmente, del Gobierno de Sánchez, pero también de la organización del sistema territorial de competencias entre las Comunidades Autónomas y la Administración Central.

>Editorial

Fumar en solitario

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>Entrevista a Fernando Vidal

"Ante el tsunami del coronavirus se ha alzado un tsunami de solidaridad social de primera magnitud"

Juan Carlos Hernández

El sociólogo apuesta por la sociedad civil avivando la comunidad de barrio, fortaleciendo la autonomía y desarrollo de la sociedad profesional, y estrechando la cooperación con la sociedad empresarial para ser capaces de estar a la altura del desafío que tenemos por delante.

¿Qué le ha parecido la respuesta de la sociedad civil frente a esta pandemia? ¿Existe una energía social para construir?

La pandemia Covid-19 ha sido un tiempo que ha confinado a dos tercios de la humanidad en un periodo imprevisto, corto e intenso, lo cual ha cortado drásticamente la expansión del contagio. Dicho confinamiento no hubiera sido posiblemente meramente con el peso de la ley, sino que ha sido un gran logro de la sociedad civil. La auto-organización es lo que ha hecho posible que en las condiciones de cuarentena las personas vulnerables hayan sido atendidas, gracias a los voluntariados organizados por ONG, redes vecinales y la solidaridad familiar. La necesidad levantó una gran ola solidaria no solo en España. A mitad de marzo el gobierno británico solicitó a una de las mayores ONG la creación de una red de 250.000 voluntarios para poder atender a dos millones de personas vulnerables durante el confinamiento. En dos semanas ya se habían apuntado más de setecientos mil ciudadanos y el programa tuvo que dejar de aceptar voluntarios. En España carecemos de datos generales, pero en una de las ciudades más castigadas, Madrid, se organizaron cincuenta redes vecinales espontáneas que con distintos tamaños y modos movilizaron a más de cinco mil voluntarios que atendieron a unas quince mil personas. El dato fue aportado por uno de los líderes de dichas redes en la Comisión de Reconstrucción del Ayuntamiento de Madrid. También hay datos de una de las principales organizaciones que ayudan a personas sin hogar, Bocatas. Durante el confinamiento recibieron medio millar de nuevos voluntarios para ayudar a las 675 personas sin hogar que se quedaron en las calles de Madrid durante la pandemia. La inmediata respuesta tras el confinamiento, ante la trepidante crisis económica, ha elevado más redes vecinales y parroquiales. Por ejemplo, en una de las zonas más afectadas de Madrid por la mortandad de la pandemia, Tetuán-Ventilla, las parroquias jesuitas han llegado a recaudar en una sola semana más de veinte mil euros y a movilizar voluntarios para conseguir doce toneladas de comida semanales para repartir en los hogares necesitados. Es evidente que ante el tsunami del coronavirus se ha alzado un tsunami de solidaridad social de primera magnitud.

“Una de las medidas más importantes para construir una mayor sociedad civil sería el fortalecimiento de las sociedades profesionales”

>Entrevista a Fernando Vidal

"Ante el tsunami del coronavirus se ha alzado un tsunami de solidaridad social de primera magnitud"

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Wael Farouq: "Santa Sofía no es símbolo de poder sino testimonio de belleza"

Giulia Cerqueti

“Una agresión”. Wael Farouq, egipcio, musulmán, profesor de Lengua y Cultura árabe en la Universidad Católica de Milán, define con esta contundencia la decisión del presidente turco Erdogan de convertir de nuevo en mezquita Santa Sofía, la antigua basílica bizantina de Estambul, transformada en mezquita con la conquista de los otomanos y en museo desde 1934. “Lo que ha hecho Erdogan es una agresión contra la convivencia para lavarse las manos de la sangre de los miles de víctimas de las guerras de Iraq, Siria y ahora también Libia. No es ninguna sorpresa. El presidente turco es un vendedor de la fe y su decisión es puramente política, no tiene nada que ver con la religión”.

No usa medias tintas Farouq, experto en islam y firme promotor desde hace años del diálogo interreligioso. “La primera pregunta a la que debemos responder es por qué Erdogan ha transformado Santa Sofía en mezquita. En Turquía hoy gobierna una dictadura implicada en muchas guerras, en Siria, Libia, la guerra civil contra los kurdos que estos años se ha endurecido gravemente. Más de una cuarta parte de los periodistas encarcelados en todo el mundo están en Turquía, todos los escritores turcos importantes están en el exilio. Lo que ha hecho Erdogan es una provocación pura y dura contra Occidente. La reacción del mundo occidental y cristiano juega a su favor, le sirve para erigirse como protector del islam ante sus seguidores islamistas, para demostrar a los extremistas que él lucha por el mundo islámico. En Estambul no faltan precisamente mezquitas, no hacía falta tener otra”.

El punto central de la cuestión, según Farouq, es que “Erdogan ve a Santa Sofía como un símbolo de poder. Pero hay que tener en cuenta que este edificio histórico es un testimonio extraordinario de belleza, que resistió a los siglos del imperio otomano. La ideología del islam político mira este edificio como un símbolo de poder, que se conquista por la fuerza y la violencia. Y eso nos lleva a una reflexión fundamental sobre la relación, frágil, lábil, casi inexistente, entre la ideología del islam político y la belleza. ¿Cuántos escritores o artistas, cuántos generadores de belleza pertenecen al islam político? Ninguno. Todos los musulmanes que se distinguen o han distinguido como artistas o filósofos son contrarios a la ideología islamista. La ideología religiosa elimina la belleza porque pone en el centro el valor de la pureza. En cambio, la fe es una experiencia profunda de belleza. Para el islam político, lo que protege la pureza es la ley y la regla –la sharía–, mientras que la fe, para cristianos y musulmanes, contempla y pone en el centro el perdón. Pensemos en Afganistán. Cuando los talibanes llegaron al poder en 2001 destruyeron las estatuas de Buda de Bamiyan, porque para ellos eran símbolos de poder, no testimonios de belleza. Para la ideología, lo bello es peligroso porque habla directamente al corazón, penetra en el alma. Y por eso hay que eliminarlo, aniquilarlo”.

Wael Farouq: "Santa Sofía no es símbolo de poder sino testimonio de belleza"

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>Entrevista a Joseba Arregi

"En el País Vasco necesitamos innovación y creatividad"

Juan Carlos Hernández

Joseba Arregi reflexiona en Páginas Digital sobre los desafíos que plantea la pandemia que estamos sufriendo. El exconsejero vasco vislumbra un futuro difícil en su tierra ya que quien no vive de su propio esfuerzo está condenado a ser poco innovador.

Estos meses muchos articulistas han hablado del descubrimiento de nuestra vulnerabilidad. ¿Nos hemos caído del caballo de nuestra presunción de ser como dioses?

En la vieja tradición cristiana de Europa había un himno, que era el Salve Regina, en el que se recordaba que éramos exiliados en este valle de lágrimas, lo que pasa es que determinada impresión de la Ilustración nos hizo creer que habíamos dejado atrás lo del valle de lágrimas y habíamos dejado atrás lo de ser exiliados y que estábamos en la patria verdadera y definitiva gracias a la razón y a la ciencia. Yo creo que esa palabra, vulnerabilidad, oculta algo que ha sucedido al mismo tiempo, que es la fe en la ciencia. Aquí está la contradicción, somos vulnerables pero tenemos un escudo protector, otra palabra muy empleada en estos tiempos, que nos salvará de todas las incertidumbres y es la ciencia y son los expertos. Si ponemos juntas las dos percepciones, la vulnerabilidad y al mismo tiempo la fe en algo que nos salvará de toda incertidumbre como es la ciencia y la calidad de los expertos que saben todo, entonces no sabemos si somos vulnerables o si estamos creyendo en algo que nos va a redimir de la vulnerabilidad, pero no transcendente sino propio, nuestro, que es nuestra propia razón y el producto excelente de esa razón que es la ciencia.

“La vida del hombre es una lucha sobre la tierra”

Julián Marías escribía que “la dificultad ha sido el elemento natural del hombre, y por supuesto lo sigue siendo, aunque se haya ido paliando a costa de tremendos esfuerzos creadores […] Esto lo sabía muy bien el hombre de otras épocas. Las penalidades de todo tipo, las fatigas, los sufrimientos, nada de eso era objeción contra la real grandeza que veían por todas partes, y que significaba una increíble dilatación de su horizonte vital”. ¿Ya no somos conscientes de esta dificultad de la vida?

Recuerdo de niño y también de adolescente que había un confesor en mi parroquia que en todas las confesiones nos repetía siempre la misma idea. La vida del hombre es una lucha sobre la tierra. Nos hemos ido olvidando completamente de eso porque además para algo está “papá Estado”, que con su escudo social y con su capacidad de no dejar a nadie atrás va a hacernos olvidar nuestra fragilidad y la necesidad de tener que luchar todos los días para salir adelante. Nos hemos creído que con la razón humana y su producto más esplendoroso, la ciencia, íbamos a solucionar todos los problemas y superar todas las contingencias

>Entrevista a Joseba Arregi

"En el País Vasco necesitamos innovación y creatividad"

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"La decisión de Erdogan abre una seria fractura en su alianza con Putin"

Anais Ginori

“Es comprensible que el Papa se lamente, pero hay que recordar que Santa Sofía es ante todo un símbolo para los ortodoxos”. Olivier Roy está convencido de que la “provocación”, así la define, de reconvertir la antigua basílica y museo de Santa Sofía en mezquita es una decisión fallida de Recep Tayyip Erdogan también para su relación con Vladimir Putin, gran defensor de la Iglesia ortodoxa. “Esta decisión no solo va a acentuar su distancia con los americanos y Occidente en general, sino que puede abrir nuevas tensiones con Rusia”, afirma el orientalista y politólogo, cuyo último libro que se titula ‘¿Europa es aún cristiana? Contra el nuevo nacionalismo’.

¿Erdogan persigue a toda costa el sueño de un nuevo imperio otomano?

En sus declaraciones quiere hacer del pueblo turco una vanguardia para todos los musulmanes, pero este papel no se lo reconocen los demás países del mundo árabe, de hecho la mayoría rechaza la idea de un nuevo modelo otomano. Igualmente me gustaría señalar que los otomanos no eran nacionalistas turcos. No se puede decir que lo que es bueno para Turquía sea bueno para la ‘umma’ (la comunidad de fieles en el islam).

¿Es entonces un intento de ganar apoyos en el mundo árabe?

No creo que la gente salga a la calle por Erdogan en Marruecos o Túnez. Desde el punto de vista de las alianzas en la región medioriental, Erdogan está cada vez más solo, en la práctica solo puede contar con Qatar. Ahora se aísla aún más porque a nivel del diálogo interreligioso el islam árabe sunita va en la dirección contraria, se ha abierto mucho con la postura de la Liga musulmana mundial o la visita del Papa a Abu Dabi.

¿El presidente turco ha querido contentar a los grupos más radicales?

Las presiones para reconvertir Santa Sofía en mezquita no venían tanto de los islamistas sino de la extrema derecha nacionalista. Basta ver los pocos militantes islámicos que se han manifestado últimamente ante la antigua basílica. No creo que sea una decisión que refuerce a Erdogan, su liderazgo es muy frágil.

¿Por qué le parece frágil el nuevo sultán?

En la primera década de este siglo ha construido su fuerza sobre la base del boom económico, pero eso ya se ha acabado. Últimamente Erdogan se ha encontrado con las dificultades derivadas de la crisis del Covid-19. Aunque tiene un Estado fuerte que tendría los medios para afrontar esta emergencia, ha tardado en tomar medidas de prevención, negando inicialmente la gravedad de la amenaza sanitaria. En los sondeos ha bajado mucho. En este momento, todo le va mal.

En cambio, a nivel internacional, desde Siria hasta Libia, su influencia parece reforzada.

Es una fuerza ilusoria. En los escenarios de guerra donde Turquía está activa militarmente, de manera directa o indirecta, los acontecimientos se han suspendido hasta las próximas decisiones de Rusia. Si Rusia decide reaccionar en Libia o Siria, Erdogan volvería a tener problemas. El diálogo entre Erdogan y Putin pende de un hilo.

¿Cree que su relación con Putin se está rompiendo?

El 80% de los cristianos de Oriente son ortodoxos. De hecho, Rusia ha protestado contra la decisión de Erdogan. El presidente turco corre un grave riesgo porque necesita llegar a acuerdos con Moscú y ahora todo se ha complicado.

"La decisión de Erdogan abre una seria fractura en su alianza con Putin"

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>Editorial

Caminos ásperos

Fernando de Haro

Suena el viejo, el nuevo, Dylan. Suena el último disco 'Rough and Rowdy Ways'. (Ásperos y ruidosos caminos). Más que cantar, recita con lentitud sobre una melodía que desgarra con suavidad. Canta el viejo, nuevo, Dylan su 'Murder Most Foul'. Cuenta el asesinato de Kennedy. Está el presidente sobre la mesa de autopsias, los doctores mutilan su cuerpo, "but his soul was no there where it was supposed to be at" (pero su alma no estaba donde se suponía que debía estar). Cincuenta años buscándola y el viejo trovador no la ha encontrado. Cincuenta años buscando 'Freedom above me' (la libertad sobre mí).

Suena el viejo, el nuevo Dylan, convocando una antigua emoción y leo en Harper´s la carta de 150 personalidades contra la intolerancia del activismo progresista. Lo quieren dejar claro: nada que objetar a la lucha contra el racismo, el problema es la falta de libertad de expresión. Lo explica Mark Lilla, el que ya hace tiempo criticó el progresismo identitario y ha sido uno de sus promotores. Se trata de reclamar el derecho a disentir sobre lo que se supone que “hay que pensar” sin autocensura, sin censura en la prensa (despido de Bennet en The New York Times). Lilla señala que Estados Unidos no se ha movido “hacia el siglo XXI sino que ha regresado realmente al siglo XIX. Un siglo de denuncia, de indiferencia”.

Lilla habla del siglo XIX en la semana en la que un vicepresidente del Gobierno de España ha señalado a los periodistas que informan de forma crítica y ha “pedido” que se normalice el insulto en las redes sociales. “La libertad de prensa pertenece a la ciudadanía, no a las empresas de comunicación ni a los periodistas”, explica en un tuit su principal ideólogo. Y cuando leo ciudadanía, leo Estado. ¿Vuelta al comienzo del siglo XIX? ¿Son otra vez necesarias las revoluciones burguesas que consagraron la dimensión negativa de la libertad frente al poder? "But his soul was no there where it was supposed to be at".

Sigue Dylan, repetitivo, la canción dura dieciséis minutos. "Freedom above me". Y leo que Tik Tok, la gran red social que está descargada en 2.000 millones de dispositivos, ha anunciado que se retira de Hong Kong. Es la respuesta a la aplicación de la ley de seguridad nacional. Tik Tok, basada en microvídeos, hace furor entre los adolescentes de todo el mundo. Probablemente su retirada de la excolonia británica es un ejercicio de camuflaje. Tik Tok pertenece a ByteDance, empresa china. Y todas las empresas chinas tienen el mismo dueño. Y se me agolpan las preguntas: ¿Es Tik Tok un fenómeno similiar a Huawei? ¿Sería efectiva una sentencia como la que ha dictado un tribunal alemán contra la compañía de telefonía por no respetar la protección de datos? ¿Dónde va el ánima inmensa de miles de millones de jóvenes retratada en esas imágenes cortas, subidas aprisa, que buscan en el cielo de la nube un abrazo? ¿Es la minería de datos el poder del siglo XXI? "But his soul was no there where it was supposed to be at".

>Editorial

Caminos ásperos

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Llamados a responder

Compañía de las Obras

Las consecuencias de las medidas que ha sido necesario tomar para controlar la pandemia provocada por el Covid 19 están a la vista de todos. Ante esta situación, podemos estar desconcertados, desanimados y enfadados, incluso bloqueados. Sabemos que no podemos quedarnos así mucho tiempo. No nos gusta atascarnos en la queja, limitarnos a protegernos de los golpes. Tenemos un gran deseo de construir, de ser protagonistas de una vida que esté a la altura de los retos. ¿Qué nos puede ayudar? Encontrar a otras personas que ya estén respondiendo de un modo adecuado, participar de la vida que se genera en torno a ellas. Nada resulta hoy más necesario que atesorar la experiencia de relaciones positivas, en las que el compromiso auténtico con la vida y el propio trabajo permiten redescubrir la fuerza del bien y del diálogo.

Durante lo más duro de la pandemia hemos visto a personas para las que el miedo o las dudas sobre el futuro no tenían la última palabra. Esas personas nos ayudan a entender que los hechos implican una llamada (a ser creativos, a trabajar con otros, a repensar lo que dábamos por descontado, a conocernos mejor mientras hacemos). Si no se atiende esa llamada se crece menos como persona.

Algunos ejemplos de lo que hemos visto:

En el ámbito social

Las personas que llaman a las puertas de las ONG, junto con su necesidad de ayuda, traen preguntas, angustia e incertidumbre. Ante esta situación, el compromiso con los más vulnerables ha llevado a la ONG CESAL (www.cesal.org) a repartir cestas de alimentos a 500 familias en Madrid. Esta acción ha ido más allá de una ayuda asistencial. Ha implicado un acompañamiento, un seguimiento para darle a esas familias el impulso necesario que les permitiera salir de la precariedad. El reparto de menús para personas en situación de vulnerabilidad ha hecho surgir nuevas iniciativas que atendían a una necesidad de formación: cerca de 300 jóvenes en riesgo de exclusión han empezado a recibir cursos de ayudantes de cocina. Eso ha sido posible gracias a la colaboración entre el Ayuntamiento de Madrid, algunas empresas y la propia ONG. Y ha permitido aprender cómo apoyarse en los otros para responder con rapidez, más eficazmente y con más inteligencia.

En Fuenlabrada (Madrid), los responsables de la Casa de San Antonio (www.casadesanantonio.es/es/), una asociación que trabaja con personas en riesgo de exclusión social, se han dado cuenta de que ayudas como el nuevo Ingreso Mínimo Vital son necesarias. Necesarias pero no suficientes. Resulta crucial que los beneficiarios salgan de la situación que lo justifica, y para lograrlo necesitan un entorno de gratuidad, donde se sientan queridos, valorados, afirmados y, al mismo tiempo, se les exija. El Ayuntamiento también lo tiene claro: esta asociación se ha convertido en un referente, el alcalde ha pasado varias horas en su sede rellenando cajas con alimentos.

En las empresas

Llamados a responder

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Ennio Morricone. La originalidad nace de la sorpresa

Elena Santa María

A menudo la vida de los grandes genios pasa inadvertida, eclipsada por sus grandes obras. Y cuando uno de estos grandes genios muere, a uno le da por investigar. Algo especial debe haber en el alma de un hombre que compone bandas sonoras como La Misión o Cinema Paradiso.

Para emocionar a todo el mundo hay que emocionarse antes con lo que nadie ve. Ennio Morricone reconoció en una entrevista el año pasado –con nada menos que 90 años– que en toda su vida solo había llorado dos veces. Es evidente que no contó las veces que se le ha escapado la lagrimita en público al dirigir una orquesta o por el agradecimiento de ver reconocida su obra.

Se ha dicho de él que es un mago del sonido, un revolucionario del cine, una leyenda. ¿Pero de dónde nace ese don? A Giuseppe Tornatore –otro genio– le pidieron en una ocasión que describiera a su amigo. Su respuesta fue: “Morricone es un hombre sorprendido”. Sorprendido por la belleza de la música, del cine, de sus hijos y de su mujer. Quizá se entienda mejor con un ejemplo. La primera vez que lloró el compositor italiano fue al visionar La Misión. Imagínese ver La Misión sin escuchar el tema Gabriel’s Oboe. Así la vio él, la primera vez. Y tras hacerlo, se negó a componer la banda sonora, pues pensaba que la película ya lo tenía todo, no había que añadir nada. Gabriel´s Oboe y los demás temas de la película nacieron de esa sorpresa, de esas lágrimas.

Dos días después de su muerte ha salido a la luz una carta de despedida con su firma. En la misiva Ennio pide un funeral privado “para no molestar” y se despide sencillamente de todos los que le eran queridos. De sus palabras se desprende de nuevo esta sorpresa, esta vez por el amor que compartió con su mujer, María, durante más de 60 años. “A ella renuevo el amor extraordinario que nos ha mantenido juntos y que lamento abandonar. Para ella es mi más doloroso adiós”, escribe.

A ella le dedicó este poema: “El sonido de tu voz recoge en el aire un tiempo invisible, inmovilizándolo en un momento eterno. Ese eco ha entrado en mí quebrando los frágiles cristales de mi presente suspendido, sin vuelta atrás. Tendré que buscar el futuro siguiendo ese sonido yo mismo, desesperado eco, para reencontrarme”.

Ennio Morricone. La originalidad nace de la sorpresa

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Un magisterio por la paz y contra la hipocresía

Andrea Tornielli

Estos días el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha aprobado una resolución para el “cese inmediato de hostilidades en todas las situaciones durante al menos noventa días consecutivos) para garantizar la asistencia humanitaria a las poblaciones afectadas y verificar las devastadoras consecuencias de la expansión del Covid-19. Francisco, con su intervención al final del Ángelus, ha querido mostrar su apoyo a esta iniciativa, deseando que el alto el fuego global sea observado “efectiva y puntualmente”. Este gesto del Papa representa un nuevo paso en un largo camino. Un paso aún más urgente por la crisis provocada por la pandemia, cuyas consecuencias más devastadoras –al igual que las de las guerras– recaen sobre los más pobres.

El domingo 29 de marzo, el pontífice ya avanzó esta petición, apoyando el llamamiento en este sentido lanzado cinco días antes por el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, pidiendo un “alto el fuego global e inmediato en todos los rincones del mundo”, debido a la emergencia provocada por el Covid-19, que no conoce fronteras. Francisco se sumó “a todos aquellos que acojan este llamamiento” e invitó a “todos a secundarlo poniendo fin a toda forma de hostilidad bélica, favoreciendo la creación de corredores humanitarios, la apertura de la diplomacia, la atención a los que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad”.

El Papa mostró su deseo de que el compromiso conjunto contra la pandemia pudiera “llevar a todos a reconocer la necesidad de reforzar nuestros vínculos fraternos como miembros de una única familia. Espero especialmente que suscite en los responsables de las naciones y demás partes involucradas un compromiso renovado para superar rivalidades. Los conflictos no se resuelven con la guerra. Es necesario superar los antagonismos y contrastes mediante el diálogo y una búsqueda constructiva de la paz”.

En los días siguientes, Francisco volvió a deplorar el gasto en armamento y en la homilía pascual afirmó: “Acallemos los gritos de muerte, que terminen las guerras. Que se acabe la producción y el comercio de armas, porque necesitamos pan y no fusiles”. El papa Bergoglio quiso volver a recordar este tema, que representa una constante en su pontificado, así como en la más larga de sus oraciones marianas, a las que invitó a los fieles al término del rezo del rosario en el mes de mayo. “Asiste a los líderes de las naciones, para que actúen con sabiduría, diligencia y generosidad, socorriendo a los que carecen de lo necesario para vivir, planificando soluciones sociales y económicas de largo alcance y con un espíritu de solidaridad. Santa María, toca las conciencias para que las grandes sumas de dinero utilizadas en la incrementación y en el perfeccionamiento de armamentos sean destinadas a promover estudios adecuados para la prevención de futuras catástrofes similares”.

Muchas veces y con diversos motivos el papa Francisco denunció en años pasados la “hipocresía” y el “pecado” de los líderes de esos países que “hablan de paz y venden armas para mantener estas guerras”. Palabras que volvió a repetir tras su último viaje internacional antes de la pandemia, a Tailandia y Japón. “En Nagasaki e Hiroshima permanecí en oración, me reuní con algunos supervivientes y familiares de las víctimas, y reiteré la firme condena a las armas nucleares y la hipocresía de hablar de paz construyendo y vendiendo artefactos de guerra”.

Un magisterio por la paz y contra la hipocresía

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>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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