Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
17 ENERO 2020
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Dialéctica ignaciana que guía el espíritu

Massimo Borghesi

El pasado 27 de noviembre falleció Juan Carlos Scannone, teólogo jesuita, uno de los protagonistas de la “teología del pueblo” de la escuela argentina del Río de la Plata, famoso también por haber sido maestro de Jorge Mario Bergoglio. Entre sus últimos libros está ‘La teología del pueblo. Raíces teológicas del papa Francisco’.

Juan Carlos Scannone fue decano de filosofía en la Universidad del Salvador (en Buenos Aires y San Miguel) y vicepresidente de la Sociedad Argentina de Teología, y profesor de griego y literatura de Bergoglio cuando este era seminarista. Su tesis doctoral se titulaba ‘Ser y encarnación. El trasfondo teológico de los primeros escritos de Maurice Blondel’. Personalmente, lo recuerdo en el único encuentro que tuve con él, el viernes 21 de marzo de 2014 en la Radio Vaticana de Roma, con motivo de la presentación del libro-entrevista de Alver Metalli, ‘El Papa y el filósofo’, sobre la figura de Alberto Methol Ferré. Nos acompañaban el secretario de la Comisión Pontificia para América Latina, Guzmán Carriquiry y el padre Federico Lombardi.

Cuando publiqué en 2017 mi libro ‘Jorge Mario Bergoglio. Una biografía intelectual’, encontré su nombre ampliamente citado. Obviamente, sentí curiosidad por conocer su reacción pero, al no tener contacto directo, aquello no llegó a producirse. Un punto importante del texto se poyaba en su afirmación sobre el origen de la formación intelectual del joven Bergoglio, según la cual ejercía una influencia decisiva sobre el futuro Papa el pensamiento de Maurice Blondel. Pero las conversaciones que tuve con el Papa durante la realización de mi libro me llevaron a conclusiones diferentes. En una grabación sonora del 3 de enero de 2017, el papa Francisco confesaba que “el autor que ha tenido mayor influencia en mí fue Gaston Fessard. He leído varias veces ‘La dialectique des Exercices spirituels de saint Ignace de Loyola’ y otros textos suyos. Él me dio muchos elementos que luego se fueron mezclando”.

Fessard, y no Blondel, estaba al inicio del pensamiento de Jorge Mario Bergoglio. Scannone no podía saberlo, ni otros, pues entonces las citas del jesuita francés por parte de Bergoglio eran mínimas. Sin embargo, Scannone no se había equivocado al trazar una ascendencia blondeliana del futuro Papa, pues la dialéctica de Fessard depende directamente de Blondel. En el libro me preguntaba si “la cuestión pendiente de aclarar era su fuente, o de quién había tomado el joven Bergoglio ese interés por el libro de Fessard. Una lectura nada fácil para un joven estudiante. Muy probablemente de su profesor de filosofía, Miguel Ángel Fiorito. En un artículo de 2015, Juan Carlos Scannone fue el primero, y hasta entonces el único, en formular la hipótesis de una convergencia entre Fessard y Fiorito al inspirar a Bergoglio”. Se trataba del ensayo ‘La filosofía de la acción de Blondel y el obrar del papa Francisco’. Allí Scannone afirmaba que “es notable la coincidencia entre la interpretación de los Ejercicios de Gaston Fessard y la del jesuita argentino Miguel Ángel Fiorito, reconocida, al menos oralmente, por ambos. Por otra parte, es conocida la veneración de Bergoglio por el segundo, al que en la Provincia jesuítica argentina todos llamaban ‘el maestro’ por su comprensión de la espiritualidad ignaciana”.

Dialéctica ignaciana que guía el espíritu

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>Editorial

De Jerusalén a Belén

Fernando de Haro

Se levantan mucho antes de que amanezca, antes de que el sol en amanecida tiña de rojo las piedras blancas con que todo está construido en Tierra Santa. Comienzan a llegar estos días los peregrinos, sobre todo de Asia, a la explanada de la Basílica de la Natividad antes de las cinco de la mañana. Ya hay alguien vendiéndoles té o café. Vienen, como dice Francisco, a “sentir, a tocar, la pobreza que el Hijo de Dios eligió para sí mismo en su encarnación”. Son los nuevos pastores que corren a Belén, muchos de ellos llegados de un Oriente lejano, “contemporáneos del acontecimiento que se hace vivo y actual en los más diversos contextos históricos y culturales”. Paradojas del momento, a los que vienen de lejos, de mundos diversos, se les deja pasar a ver el lugar en el que ese “modo de actuar de Dios que casi aturde (...) porque duerme, toma leche de su madre, llora y juega como todos los niños”. Los que están cerca, a una hora y media de coche, tendrán que mirar las figuritas de los belenes que se han instalado en la parroquia católica de la Sagrada Familia y la parroquia ortodoxa de San Porfirio en el centro histórico de Gaza. Quedan ya menos de 1.000 cristianos en la Franja y algunos de ellos habían pedido esta Navidad salir por el paso de Erez pero no podrán hacerlo.

Los peregrinos hacen largas colas antes de la Basílica de la Natividad. Ha habido que ampliar el horario, hasta las ocho de la tarde. El año se cerrará con más de tres millones de peregrinos, lo que supone un crecimiento del 17 por ciento respecto al año pasado. Hay ya 12.000 camas disponibles para pasar la noche en ese pequeño pueblo en el que nació Jesús, aislado del resto del mundo por un muro vergonzoso que se sigue extendiendo por Cisjordania para construir la Gran Jerusalén. No hace muchos años solo había 2.000 camas. Se ha seguido trabajando en este tiempo junto al pesebre de María para recibir a los peregrinos. Una buena noticia cuando los datos de emigración de cristianos siguen siendo altísimos, cuando la expresión un territorio-dos Estados es ya retórica, cuando no hay –ni se le espera– proceso de paz y cuando las terceras elecciones en Israel seguirán dándole la llave de la gobernabilidad a Liberman, defensor de una política durísima no solo con los asentamientos, también con los árabes-israelíes. La noticia de los peregrinos es una noticia importante cuando la presión de los grupos judíos como Ateret Cohanim sigue trabajando para limitar la presencia cristiana en Jerusalén.

>Editorial

De Jerusalén a Belén

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>Entrevista a Juan Antonio Ortega y Díaz-Ambrona

"No es concebible que ERC coopere a la gobernación de España"

Juan Carlos Hernández

Repasamos la actualidad política con el ministro de la UCD que lamenta que el PP no haya presentado aún ninguna propuesta constructiva y ve un gran error que Albert Rivera renunciara en su momento a pactar con Pedro Sánchez.

¿Es un suicidio político un pacto a tres bandas PSOE-Unidas Podemos-ERC para el PSOE cuando ni siquiera le basta con esta coalición para gobernar?

No sería un buen pacto de investidura. Una buena investidura requiere una construcción amplia de confianza, suficiente para gobernar. ERC no aporta esa calidad de confianza. No es concebible que ERC coopere a la gobernación de España, cuando quiere la desmembración de España. Hasta el más ciego ve que quien quiere romper España no es buen socio para gobernar en España.

¿Debería el PP tomar la iniciativa y proponer un pacto al PSOE? Si no lo hace, ¿no sería cometer el mismo error de Ciudadanos en su momento?

Tengo idea que el PP no se aclara mucho sobre lo que le conviene a España y a él mismo. El PP debería interpretar mejor los resultados de las últimas elecciones, con su pequeña subida, la muy grande de VOX, el hundimiento de Ciudadanos y las bajadas sensibles de PSOE y Unidas Podemos. En política hay que elegir casi siempre entre inconvenientes. El PP no ha presentado ninguna propuesta constructiva. No lo es limitarse a decir que va a votar NO a la investidura. Sus electores merecen una iniciativa positiva. Lo sería proponer una gran coalición al PSOE en la línea actual de Inés Arrimadas, que ya ha aprendido del error anterior de Albert Rivera. Puede haber otras.

¿Habrá pacto algún día PSOE/PP? ¿Por qué es tan difícil que estos dos partidos lleguen a una “gran coalición”?

Nadie parece querer esa gran coalición por pánico escénico del competidor vecino, frente al que se teme perder votos. El PSOE a su izquierda, preocupado con Unidas Podemos. El PP obsesionado con VOX. Estos miedos se pueden llevar por delante el sistema de 1978, amenazado ya por los independentistas. Y de paso esos dos partidos pueden caer en la irrelevancia o, al menos, sus actuales líderes, que se la están jugando echando la culpa a los electores porque votan de modo distinto a lo que ellos preferirían. Nuestra cultura política está saturada de maniqueísmo y huérfana de espíritu de concordia y pacto. Si esta situación hubiese sido la situación en 1975 o 1976 no hubiéramos tenido ni Transición ni Constitución.

¿Por qué los partidos de centro parece que nunca terminan de mantenerse en el tiempo en nuestra democracia?

Un partido de centro debe tender a amortiguar los enfrentamientos más fuertes de sus vecinos de la derecha y de la izquierda. En España la ley electoral no ayuda al mantenimiento estable y potente de un centro, que por definición puede apoyar, según los casos, a quien está más a la derecha o más a la izquierda. Los precedentes manifiestan esa dificultad que arrastró, por distintas razones, a partidos como UCD, CDS, PDP, UPyD y acaba de sumir en la miseria a Ciudadanos, por la equivocación radical de Albert Rivera de no haber pactado en su día con el PSOE.

>Entrevista a Juan Antonio Ortega y Díaz-Ambrona

"No es concebible que ERC coopere a la gobernación de España"

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  43 votos

Abolido el secreto pontificio. La verdad se ama, no se teme

Federico Pichetto

Las denuncias, los procedimientos y las decisiones internas de la Iglesia inherentes a las causas relacionadas con el abuso de menores ya no estarán cubiertas por el secreto pontificio. La histórica decisión del papa Francisco ha llegado el día de su 83 cumpleaños y marca otro punto de no retorno en la política de la transparencia emprendida por el pontífice sobre un tema que ha marcado profundamente la percepción de la Iglesia entre la gente en estos primeros veinte años del siglo XXI.

Pero detrás de la noticia hay algo más. No mera conspiración, como pretenden ciertos comentaristas incapaces de leer en profundidad las decisiones del Papa, sino –una vez más– una tensión educativa, un deseo de indicar un camino para la experiencia de fe de cada uno.

Para entender el nivel en que se sitúa esta decisión del Papa hay que dar un paso atrás y preguntarse por qué la Iglesia se “inventó” el secreto pontificio. Este nace de la convicción de que existen cosas que solo deben tratar aquellos que viven un juicio que brota de la fe. La Iglesia no puede permitir a cualquiera acercarse a cuestiones delicadas que merecen una mirada que no es merca empatía humana sino el deseo de reconocer –hasta en el caso más oscuro– la impronta del Espíritu. La Iglesia pide silencio para proteger, respectar y dar dignidad a cosas que, de otro modo, podrían abordarse como si se tratara de cotilleos cuando en cambio hablan de grandes dramas y heridas.

Pues bien, este secreto pontificio –que nació para custodiar la mirada de Cristo hacia la realidad– se ha utilizado bastante en el pasado reciente como instrumento de poder y de obstrucción a la justicia humana en cuestiones consideradas propias de una casta que se autojuzga y autoprocesa.

Esta es la revolución –la enésima– que el Papa lleva a cabo: suprimir una medida que nació para perseguir una forma de caridad desde la esfera del poder, del abuso y la violencia. Es como si el Papa nos obligara a preguntarnos si los usos y costumbres con que abordamos cuestiones delicadas e importantes en nuestras comunidades son usos y costumbres al servicio de la verdad, a beneficio de la caridad, o no son más que formas ostentosas de preservar el poder y de obstinada dilación de un juicio claro sobre lo que ha sucedido –y sigue sucediendo– dentro de la vida de la Iglesia.

Francisco nos invita a no tener nada que esconder, nada que defender, nada que considerar superior a la justicia de los hombres, devolviendo la confianza en la humanidad y confiando a esa misma humanidad que los abusos han herido la responsabilidad de emitir un juicio justo y aclarar cómo ni siquiera dentro de la Iglesia se ha escuchado su propio grito.

De hecho, con el secreto pontificio muchísimas víctimas no sabían siquiera los procedimientos –a veces más graves y duros que los civiles– que la Iglesia había aplicado a sus verdugos. Todo quedaba envuelto en un silencio que no animaba a pedir el amor de Cristo sino que abría paso a los malos pensamientos, a las insinuaciones y a una percepción de la Iglesia como casa y fortín inaccesible.

Abolido el secreto pontificio. La verdad se ama, no se teme

Federico Pichetto | 0 comentarios valoración: 2  30 votos
>Entrevista a Manuel Mostaza, director de Asuntos Públicos de ATREVIA

"Mucha gente que no es antisistema ha buscado respuestas fuera de los partidos tradicionales"

Juan Carlos Hernández

Hemos dialogado con el sociólogo y politólogo Manuel Mostaza acerca de la actualidad política de nuestro país.

Tenemos lo que parece un principio de acuerdo entre PSOE, Unidas Podemos y ERC. ¿Qué consecuencias políticas puede tener este acuerdo para el futuro de Pedro Sánchez en particular y el del PSOE?

Hay que diferenciar entre acuerdo de investidura y un acuerdo de gobernabilidad. Parece que lo que se está hablando es sobre un Gobierno de investidura pero tampoco es un tema que esté cerrado. Si hay un acuerdo de investidura permitiría a Pedro Sánchez formar un gobierno, en principio con Podemos, pero luego habrá que ver la gobernabilidad cómo se desarrolla porque se va a necesitar el apoyo de ERC o su abstención para poder aprobar los presupuestos y gobernar en los próximos años. En cualquier caso, parece una base parlamentaria complicada para empezar a trabajar. Desde luego, este no es el escenario que prefería el presidente Sánchez cuando convocó las elecciones.

¿El voto expresa una polarización más ficticia de la que realmente se da en la sociedad?

Los dos principales partidos que suman una mayoría muy sólida, que son el PSOE y el PP, están en el centro del sistema. Los dos partidos más votados no están en los extremos, no son Vox y Podemos y, en cualquier caso, la polarización no es solamente un problema español y ha llegado hace tiempo a la política en occidente. Este no es un fenómeno nuevo ni exclusivo de nuestro país. Pero es verdad que los resultados de los votos son los que son y fuerzas contrarias al sistema están obteniendo mejores resultados ahora que los que tenían hace 10 ó 15 años y esto obedece a esta polarización de la que los partidos son, en realidad, un reflejo.

“Los usos y costumbres de la democracia no se improvisan, se van a aprendiendo y se van construyendo”

¿Habrá pacto algún día PSOE-PP? ¿Por qué es tan difícil que estos dos partidos lleguen a una “gran coalición”?

En España tenemos menos trayectoria democrática que en países donde sí se han celebrado estas grandes coaliciones como en Alemania que nos saca 30 años de cultura democrática. De hecho, hasta ahora ni siquiera hemos tenido un gobierno de coalición como para hablar ahora de una coalición entre partidos que tradicionalmente se han alternado en el poder. Yo creo que los usos y costumbres de la democracia no se improvisan, se van aprendiendo y se van construyendo. Si en España ahora tenemos un gobierno de coalición, pues bueno, será un momento para sumar a la normalización de un sistema político que es reciente pero sólido en nuestro país. Y quizá en algún momento llegue ese escenario de “gran coalición”. Pero yo creo que está más relacionado con la falta de cultura de gobiernos de coalición que con una incompatibilidad que pueda haber entre PSOE y el PP que compiten por un espacio electoral que está en el centro.

“La crisis económica ha cambiado el sistema de partidos”

¿Es la composición del Congreso expresión de un cambio de época?

>Entrevista a Manuel Mostaza, director de Asuntos Públicos de ATREVIA

"Mucha gente que no es antisistema ha buscado respuestas fuera de los partidos tradicionales"

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Brexit: el problema es prepolítico

Francisco Medina

Los hechos que suceden en nuestro entorno invitan, cada vez más, a pensar que la sociedad líquida de la que hablaba Z. Bauman (o, si se quiere, el concepto de sociedad del riesgo de Ulrich Beck) ha venido para quedarse. Un contexto en el que lo provisional, el corto plazo, ya está determinando el rumbo de sociedades enteras. El derecho a la desconexión parece haberse convertido en un principio rector en la configuración de nuevas realidades y comienza a penetrar en las capas freáticas de lo que son, actualmente, los cimientos de una cultura helénico-romano-cristiana que había configurado Europa hasta el siglo XX.

En este orden de cosas, era factible una victoria del conservador Boris Johnson en las elecciones generales del Reino Unido por mayoría absoluta, que vendría a despejar algunas de las incertidumbres en las que se hallaba el Reino Unido. Y, sin embargo, la incertidumbre global continúa: algunos señalan que era preferible este resultado que la victoria del laborista Jeremy Corbyn; otros, que la integridad territorial del Reino Unido se ve comprometida por la exigencia de Escocia de un referéndum para su independencia; hay quien ve incierto el camino de las negociaciones con la Unión Europea acerca de un Brexit blando; mientras que alguno predice que el proceso de salida del Reino Unido se va a alargar años.

Sería muy interesante conocer las implicaciones geopolíticas que va a tener el resultado de las elecciones del Reino Unido de la pasada semana. Por un lado, porque es evidente la sintonía plena entre el primer ministro británico y Donald Trump. La posibilidad de acuerdos comerciales “lucrativos”, como ha señalado el presidente americano, está a la vista. Por otro lado, las implicaciones de este acercamiento para la Unión Europea. De momento, podría pensarse que la mayoría absoluta obtenida por Johnson moviera a los 27 a aceptar el Get Brexit Done. Sólo el tiempo lo dirá.

Brexit: el problema es prepolítico

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>Entrevista a Angelo Scola

'El Estado laico necesita cristianos'

Domenico Agasso

Fue patriarca de Venecia durante nueve años y arzobispo de Milán durante seis. Hoy el cardenal Angelo Scola está “contento de poder dedicarme a ser cura, escuchar a la gente, confesar”. Imberido, en la provincia de Lecco, es “un buen retiro” para este purpurado de 78 años que, a pesar de “algunos achaques” sigue haciendo “todo lo que hacía antes, pero en menor medida”. Con un “pensamiento dominante: pedir a la Virgen la gracia de ver el rostro de Dios”.

Eminencia, ¿cómo ve la situación general de la Iglesia, especialmente en Italia y Europa?

La Iglesia, igual que el mundo, atraviesa dolores de parto, especialmente en Europa, y por tanto también en Italia. Dolores de parto es una expresión positiva, pues supone la espera de un nuevo nacimiento.

Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, ¿cuáles son los aspectos más incisivos de sus respectivos pontificados?

Juan Pablo II es el Papa de la libertad, personal, eclesial y social. Benedicto XVI es, como él mismo ha dicho, un “humilde siervo en la viña” que nos donó una profundización genial del sentido cristiano de la vida que aún está por explorar. Francisco es el Papa de la cultura popular, capaz de una cercanía extraordinaria con las personas, sobre todo con los marginados.

¿Cómo interpreta los ataques al Papa desde dentro de la Iglesia?

Los ataques, sobre todo al Papa, siempre son un error. De pequeño aprendí que “el Papa es el Papa”. Otra cosa son las críticas constructivas.

¿Teme que haya un cisma?

No. Más bien temo que en la oposición entre “conservadores” y “progresistas” estemos volviendo cuarenta años atrás. Eso me entristece porque cuando comencé mi ministerio en Milán me parecía que por fin se había superado aquella contraposición.

¿Qué papel debería tener el cristianismo en Europa?

Los cristianos son una comunidad llamada a mantener viva la cuestión del “sentido” de la vida de cada hombre y de cada pueblo. Sentido como significado: ¿por “quién” vuelvo a levantarme todas las mañanas? Y sentido como dirección, es decir, como opción, llena de alegría, por la propuesta de Cristo y de la Iglesia.

El cristianismo parece sacudido por los que quieren convertirlo en una religión civil y quien lo concibe solo con intransigencia doctrinal, ¿qué camino hay que recorrer?

Reducir el cristianismo a religión civil significa afirmar la doctrina y los valores separados de un sujeto personal y comunitario, como si la Iglesia no fuera un lugar de verdad y belleza que abre de par en par a una vida feliz en esta tierra y hace concreta la promesa del paraíso. Los llamados “progresistas” hablan mucho de un retorno al Evangelio, pero no siempre indican sus implicaciones, sobre todo las éticas. En cambio, son muy sensibles a las sociales, pero una reducción de este tipo corre el riesgo de la ideología, aun sin querer.

¿Cree que los católicos todavía pueden contar en la política italiana?

Aunque solo hubiera uno que viviera la política con los criterios citados, contaría. Pero no creo que sea el momento de una nueva etapa del catolicismo político en sentido estricto. Esperamos y rezamos para que surjan cristianos capaces de crear una realidad política “laica” en la que, con condiciones claras, cualquiera pueda encontrar espacio para expresarse.

>Entrevista a Angelo Scola

'El Estado laico necesita cristianos'

Domenico Agasso | 0 comentarios valoración: 2  23 votos
>Editorial

Es la confianza, la confianza

Fernando de Haro

Johnson es un histrión, un político con muchas dosis de oportunismo, pero no es tonto. Y en su primer discurso frente al número 10 de Downing Street, después de visitar a la reina, hizo un llamamiento a la unidad y expresó su deseo de que el Reino Unido se cure de la discusión árida sobre el Brexit. Parte de esa discusión la ha protagonizado él mismo. Johnson sabe que la mayoría absoluta de 365 diputados no significa ni una victoria rotunda de los partidarios del Brexit ni va a cerrar las heridas de una sociedad profundamente fracturada.

La amplia mayoría que han obtenido los conservadores en Westminster tiene varias causas. El sistema electoral mayoritario del país da un plus de representación a los ganadores. Corbyn ha llevado al Partido Laborista al mayor de los desastres conocidos desde los años 80: ha perdido apoyo en el centro y el norte de Inglaterra, donde tradicionalmente tenía su reserva de votos. Las opciones excesivamente izquierdistas del líder laborista no han conectado con las nuevas preocupaciones de su electorado. El “Get Brexit Done” de Johnson sin duda ha sido decisivo. Pero no ha sido la única variable. Los conservadores han ganado más de seis puntos por el apoyo de los partidarios de abandonar la Unión Europea que no les habían votado antes. Los laboristas han perdido diez puntos de los brexiters que les han abandonado. Pero no todos los votantes conservadores necesariamente son brexiters ni todos los laboristas son remainers. Admitamos, por un momento y para simplificar, que fuera así y que las elecciones hubieran sido un referéndum El voto popular de Johnson es del 43,6 por ciento, apenas un punto más que en 2017 cuando los conservadores obtuvieron un 42,4 por ciento. Probablemente un nuevo y auténtico referéndum arrojaría una nueva división entre dos partes casi iguales.

Unidad. Recuperación de los vínculos. Johnson sabe que ese es el reto. Unidad de Escocia con el resto del Reino Unido. De Irlanda del Norte. Recuperar los vínculos de Londres con el norte de Inglaterra, de las diferentes clases sociales y de los británicos con la realidad. De esto último es de lo que menos se habla.

La crisis territorial de Escocia es inminente. El SNP (el partido nacionalista escocés) ha obtenido una aplastante victoria y sus líderes ya están reclamando un nuevo referéndum. ¿Si el Reino Unido se separa de la Unión Europea, por el resultado ajustado de un referéndum, por qué no va a derogarse el Acta de la Unión de 1707 que hizo de Escocia parte del Reino Unido con otro referéndum? El virus de la fractura. Y habrá que ver qué sucede en Irlanda del Norte, donde los partidos nacionalistas (remainers) han obtenido más escaños que los unionistas.

>Editorial

Es la confianza, la confianza

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  26 votos
>Entrevista a Benito Zambrano

"El hombre tiene muchas posibilidades de ejercer el bien, la bondad, la belleza"

F.H.

Benito Zambrano se ha atrevido con el guion de una de las mejores novelas que se han escrito en España en los últimos tiempos, Intemperie, de Jesús Carrasco.

Empecemos por el final, por la dedicatoria en las últimas escenas de los créditos. Te dejas la dedicatoria para el final, a los que han sabido perdonar, a los que nos han enseñado a perdonar, ¿por qué?

En estos tiempos que corren, creo que hace falta homenajear a la gente que hace un esfuerzo por el diálogo, por intentar crear un mundo mejor. El pastor, nuestro personaje principal, se convierte en una especie de guía, maestro, casi padre, en esta historia y guía a un niño, yo diría desde la oscuridad, desde la parte tenebrosa y triste del ser humano, hacia la parte más luminosa y bondadosa. Y eso, ese personaje que interpreta Luis Tosar, es un maestro de la vida, es alguien que también viene herido, que también ha sufrido lo suyo, pero ya en una etapa de la vida en que ha sido capaz de intentar cerrar sus heridas y que ahora está intentando ayudar al niño a cerrarlas, enseñarle que, si odias, lo que vas a hacer es desperdiciar tu vida. Esa es una de las frases que más nos gustan de la película: no malgastes tu vida odiando. Creo que tiene que ser un homenaje a toda la gente que intenta ayudar a crear un mundo mejor.

La película tiene dos grandes protagonistas: el cabrero y el niño, que huye de una situación terrible y de pronto se encuentra fortuitamente con un adulto que, como dices, se convierte casi en su padre. ¿Qué impresión produce en ti la lectura de la novela y de ese encuentro entre el cabrero y el niño?

Quizás porque procedo del mundo rural, de familia de jornaleros, una de las cosas que siempre admiré y que me sirvieron en la vida fue aprender de mis mayores, de una manera de sentir la vida, de una actitud digna de estar en la vida, pobre pero digna. Eso siempre me gustó y siempre me ha interesado contar eso de alguna manera, dejarlo entrever. Intemperie me lo permitía. Es una novela dura, cruda, te habla de una realidad donde la miseria económica y social a veces también te lleva a una miseria humana, pero no a todo el mundo y no siempre. Allí estaba este personaje del cabrero que, dentro de su manera de vivir y su forma de entender la vida, pegado a la tierra y al respeto a los animales y a todo, supo enseñarle al niño esa dignidad de estar. Eso fue algo que me parecía muy potente en la novela, y da igual en qué tiempo y espacio lo coloques, es algo que está ahí y necesitamos que alguien nos lo recuerde todos los días.

Decías que el cabrero es alguien que viene con sus heridas de la vida y eso está muy bien contado en la película, pero esas heridas no se han transformado en un rencor hacia las cosas, hacia la gente. La acogida del niño es sorprendente. ¿Esa es quizá la principal fuerza del cabrero, que la herida no se transforme en odio sino en capacidad de acogida?

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"El hombre tiene muchas posibilidades de ejercer el bien, la bondad, la belleza"

F.H. | 0 comentarios valoración: 2  23 votos
>Entrevista a Miriam González

"Los ciudadanos debemos implicarnos en política"

F.H.

Miriam González Durántez, autora de Devuélveme el poder (Península), es abogada especialista en comercio internacional.

¿Quién tiene que devolver el poder?

Los partidos políticos y sus líderes. Tenemos un sistema que concentra muchísimo poder en los políticos, y además les pone muy pocos controles, creo que se debe a nuestras circunstancias históricas, a querer que no descarrilara la Transición, pero ya ha pasado medio siglo y es hora de que lo modernicemos un poco.

¿Cuál fue el mecanismo para que los políticos tuvieran tanto poder? Dice usted que tiene que ver con la Transición, ¿cuáles son las causas de que los partidos hayan acumulado tanto poder?

En ese momento, justo después de salir de una dictadura, que además acaba porque el dictador muere ya mayor en cama, había interés en que el poder no se compartiera mucho con los ciudadanos, porque cuanto más desagregas el poder, más fácil es que las cosas vayan en direcciones que tú no controlas. Se ve en el hecho de no haber puestos controles en la administración, por ejemplo; los contratos públicos se han podido hacer de manera muy directa por parte de los partidos políticos y gobernantes. Las listas electorales son un buen ejemplo, no se nos deja elegir exactamente al candidato que queremos sino que nos los ponen en una lista y en el orden que quieren. Como ciudadano, no hay nada que tú puedas hacer para elegir a la persona que quieres. Esas cosas a lo mejor tenían sentido a finales de los 70, en los 80, pero ya han pasado 40 años y creo que la sociedad española ha dado muchísimos ejemplos de madurez, hay muchísimos controles que tienen lugar en muchos países similares al nuestro, donde con toda naturalidad se puede controlar al poder político, y no sé por qué los españoles nos tenemos que contentar con darles tanto poder a nuestros políticos.

Hay una responsabilidad por parte de la clase política, que si se encuentra el terreno abonado, tira hacia adelante, ¿pero qué responsabilidad tenemos los españoles como sociedad civil, somos especialmente pasivos, estamos dispuestos a tragar con casi todo, haría falta empezar a tomar conciencia de esto? De abajo arriba, ¿qué falta para recuperar el poder?

Yo defiendo la implicación de los ciudadanos en la política, que además no creo que implicarse en política signifique necesariamente presentarse como candidato a parlamentario, sino que hay muchísimas maneras en las que se puede participar, a nivel local, regional, simplemente haciéndoles saber a los políticos tus opiniones. Normalmente nos quejamos por escrito con más facilidad de un restaurante que no nos gusta que de una política que no nos gusta. Se nota una cierta inercia, una cierta pasividad, y para mí, personalmente, el año 2010, cuando llegó el voto de Trump, el voto del Brexit, fue una llamada de atención a la implicación, a que hay que implicarse. De hecho, para mí este libro es una forma de implicarme desde donde estoy, que es muy lejos de España, pero creo que cada uno de nosotros debe buscar su manera. Si no reformamos el sistema desde dentro, se va a romper desde fuera, y eso se ve cada vez de una manera más clara. Los últimos resultados son una prueba más de ello.

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"Los ciudadanos debemos implicarnos en política"

F.H. | 0 comentarios valoración: 2  29 votos
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Indio americano o cachorro dálmata

Fernando de Haro

Tom Peters es un británico de 32 años que se ha paseado en las últimas semanas por los programas matutinos de televisión explicando que quiere ser un cachorro dálmata. Declara que le gustaría ser reconocido como el primer hombre transespecie, mezcla de humano y de perro. El caso parece el producto típico de un momento de crisis en los medios: las televisiones generalistas luchan con cualquier cosa contra la inexorable caída de audiencia en favor de pantallas y contenidos más segmentados. Las televisiones de siempre intentan evitar su declive con la industria de la nostalgia, la explotación del miedo y los relatos inverosímiles. En cualquier caso, Tom Peters insiste en que, desde hace años, al salir de su trabajo, vive como si fuera un perro, come golosinas para mascotas y pienso para animales. Asegura que lo hace para huir de una realidad que le resulta demasiado gravosa. Es fácil imaginarnos respondiendo a Tom con un largo discurso dedicado a la objetividad de su naturaleza y la belleza de la condición humana. Podríamos leerle el discurso de Pico de la Mirándola sobre la excelencia de la especie a la que pertenece. Pero seguramente no nos escucharía o diría que precisamente lo que está haciendo es responder a la invitación del gran humanista: ha elegido, y ha elegido no ser hombre. Toda esta conversación (no-conversación) sería fácil. Más difícil es comprender por qué Tom quiere ser perro. Más interesante es asumir, acompañar la soledad, el desconcierto, la inquietud que lleva a Tom a ponerse su disfraz canino.

Miguel Ángel Quintana Paz explicaba en un acertado artículo hace unos días lo que nos ocurre y por qué se dan casos como el de Tom. Quintana no es precisamente un tradicionalista que defienda la incuestionable evidencia objetiva de la naturaleza humana. Se dedica a los estudios de género. El filósofo ha dedicado buenas energías en defensa no de la ideología de género, que dice que no existe, pero sí de todos los valores culturales, variables, que junto al sexo determinan la personalidad. Quintana señala atinadamente que vivimos en una época de hiperindividualismo. Podría parecer que este término es contradictorio con el auge de los nacionalismos y de otros tipos de identidades de grupo. Quintana sostiene que son dos fenómenos confluyentes. “¿No vivimos una época en que cada vez más personas se sienten parte de una identidad común y ansían disolverse en ella? ¿No estamos ante un apogeo de los nacionalismos, ante un resurgir de los fundamentalismos religiosos, ante un empeño de todos por fundirse cada cual en su colectivo (las mujeres, los gais, los distintos grupos de inmigrantes, los negros, los pensionistas, los triscaidecáfobos) y olvidarnos allí de que yo soy yo?” –se pregunta el pensador–. Estamos ante “colectivos que elige el individuo: esa es la ironía de nuestros días”. Es lo que está pasando “con el fundamentalismo islámico: a menudo son jóvenes musulmanes los que optan por afiliarse a mezquitas más y más radicales, obedecer a imanes más y más integristas, alejándose así del islam más moderado de sus familias (o del que ellos mismos profesaban poco tiempo atrás). Es una decisión estrictamente individual. También en los nacionalismos podemos observar idéntico fenómeno. Pronto, con el transhumanismo, quizá podamos elegir incluso nuestra especie o en qué soporte (o bien un cuerpo de carne y hueso, o bien unos bits en un superordenador) preferimos vivir”.

Indio americano o cachorro dálmata

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Esperando el #Me Too del islam

Fernando de Haro, Lahore

El comisario del servicio secreto militar me explica con mucho énfasis que en el islam no está permitido que el hombre lleve al descubierto la parte del cuerpo comprendida entre el ombligo y las rodillas. Lo hace levantándome la camiseta y tocándome las piernas. El clérigo de la madrasa (escuela coránica) donde sucede la escena mira al militar con satisfacción. La madrasa en la que hemos estado grabando hasta unos minutos es una de las históricas de Lahore, la capital del Punjab. En sus aulas, sentados en el suelo, con movimientos rítmicos, a gritos, los niños aprenden de memoria las suras del Corán. El interrogatorio del comisario, que nos obligará más tarde a abandonar precipitadamente Pakistán, demuestra quién manda en el país. Da igual que el primer ministro sea de un partido musulmán o un play boy populista. Quien rige los destinos de esta nación de más de 200 millones de habitantes, encrucijada de Asia, es la alianza entre islamismo y ejército que le dio su identidad. El comisario tiene que demostrar al clérigo que hace cumplir la interpretación más estricta del islam y el clérigo presta su apoyo al comisario. Hasta no hace mucho era frecuente en Lahore, la ciudad fronteriza con la India, que los hombres paseasen con pantalones cortos y zapatillas por sus parques. El avance del partido radical Tehreek-e-Labaik ha cambiado las costumbres. Islamismo sobre islamismo, sobre el de Ali Bhutto de los años 70, sobre el del general Zia de los años 80, sobre el islamismo que impulsó Estados Unidos para combatir en Afganistán a los talibanes.

Mientras escucho al comisario predicar se me viene a la cabeza el rostro de Sadaf, una niña de 12 años que horas antes acaba de contarme su historia. Sadaf usa un pañuelo que le cubre la cabeza, viste como una musulmana, o como una hindú. Muchos cristianos del Punjab no se distinguen por su ropa. Son el vivo retrato de lo que decía la carta a Diogneto. Sadaf tiene el rostro severo y la expresión tímida pero enseguida le sale el carácter. Sadaf me ha explicado que una compañera de clase le invitó el pasado mes de abril a pasar una tarde con ella. Después de resistirse durante un tiempo accedió. La invitación fue una trampa para que el hermano de su compañera, Sabtain, la raptara. A Sadaf la drogaron, la trasladaron a Faisalabad y allí Sabtain abusó de ella. Sadaf lo relata todo con aplomo, sin bajar la mirada. Después de la agresión sexual, recibió una instrucción rápida de nociones sobre el islam y fue forzada a convertirse. A la conversión forzada se unió un matrimonio también forzado con un expediente falso. Sadaf no quería ser musulmana y no quería ser una posesión de Sabtain. Así que en un nuevo traslado tuvo el coraje de saltar del autobús en el que viajaba. Huyó y pidió un móvil a una persona desconocida. Consiguió llamar a su padre que fue rápidamente a recogerla. Ahora ha vuelto a ser acogida en su familia. Sadaf, que ya no tiene la mirada de una niña, me explica que ella no quería dejar de ser cristiana.

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>Editorial

Convicciones sin realidad

Fernando de Haro

La miniserie Chernóbil de HBO ha hecho furor. Los cinco capítulos escritos por Craig Mazin y dirigidos por Johan Renck han ocupado el hueco dejado en la audiencia por Juego de Tronos. La pasión por lo sucedido en el reactor nuclear ha generado un extraño turismo de la catástrofe. Chernóbil es mucho más que un desastre nuclear. El accidente de 1986, la cadena de decisiones tomadas, la reacción del poder soviético, la respuesta de los científicos y de la población nos hablan del riesgo de la energía atómica, pero también de la fe y de la realidad, de una realidad negada, y de un pensamiento, de una creencia que construía/construye un sistema contra la experiencia.

Nos atrae la serie porque en estos tiempos de miedo y de incertidumbre refleja las consecuencias de un uso imprudente de la tecnología. Efectos que se prolongan en el tiempo más allá de lo que se puede imaginar. No es solo terror al átomo. La ficción da forma a ese fantasma de la sociedad del riesgo que llevamos en el alma y que puede tener mil maneras de concretarse. El temor está dentro de nosotros y sentimos cierta afinidad por los relatos que alimentan lo que el sociólogo Luhmann llamaba “la extravagante preocupación por las improbabilidades extremas”. Es improbable una invasión de migrantes, una muerte por epidemia generalizada, una violenta guerra en todo el planeta. Pero las distopías cinematográficas que insisten en mundos creados por sucesos de este tipo florecen. La afición que tenemos en este comienzo del siglo por las improbabilidades extremas de destrucción más que por las improbabilidades extremas de ser nos retrata.

Ha habidos algunas críticas que le han afeado a Chernóbil no haber reflejado de modo adecuado cómo funcionaba el poder soviético a mitad de los años 80. Probablemente no se le puede pedir a una serie capacidad suficiente para describir algo que era no solo un conflicto entre la verdad o la mentira, o entre los expertos y los burócratas. Los privilegios de las autoridades, la escasa estima por la vida humana y el abuso del Estado marcaron la reacción a la crisis. Pero el caso Chernóbil es más que todo eso. Es el momento en el que se hace evidente el choque entre la fe del hombre soviético y la realidad. Por eso es tan actual. Y por eso hay que volver a la lectura de Voces de Chernóbil. Con el imponente mosaico de testimonios que construye Svetlana Alexievich, en la que aparece la vida real, el amor, el sufrimiento de los que vivieron el accidente y de los que trabajaron cerca de la central, se comprende por qué, como dice uno de los protagonistas, lo ocurrido sirvió para “aprender a decir yo”.

El monólogo de Marat Filipovich, ex ingeniero del Instituto de Energía Nuclear, refleja el sistema de “doble verdad” en el que se vivía y que se parece, a pesar de que estamos en sociedades libres, al nuestro. El problema era la fe, una fe sin base alguna en la realidad.

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>Editorial

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

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>Columna derecha

>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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