Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
25 NOVIEMBRE 2020
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Jesús también iba al colegio

Giuseppe Frangi

En la cripta de la catedral de Siena, a principios de la pasada década, tuvo lugar uno de los descubrimientos artísticos más extraordinarios de los últimos años. Liberando un espacio de los restos de una antigua obra de relleno por problemas en el coro de la catedral, aparecieron unos frescos extraordinarios de finales del siglo XIII. En algunas partes, esos frescos conservan una calidad cromática impresionante justamente porque han estado durante siglos “protegidos” de la luz y de otros agentes atmosféricos. Este ciclo es un documento precioso del inicio de la gran pintura sienesa, donde algunos expertos han llegado a reconocer en ciertas escenas al primer Duccio, y allí aparece una escena curiosa e insólita: un niño Jesús sentado en un banco de escuela con una tablilla escrita delante. Es un niño Jesús muy aplicado, que levanta la mano para hacer una pregunta al maestro que tiene delante. Es un tema extraño, pero no único. En Alemania, por ejemplo, en una de las vidrieras del siglo XIV de Nuestra Señora de Esslingen, en Stuttgart, el artista representa una escena bellísima de María llevando al colegio a Jesús niño, en este caso un poco reacio. De hecho, le agarra del brazo enérgicamente. Es probable que ambas escenas se inspiraran en el Evangelio de la infancia de Tomás, uno de los evangelios apócrifos. «Entró decidido en la escuela y tomó un libro colocado en el atril», se dice allí. Es bonito pensar en Jesús en clase durante estos días tan delicados e importantes para nuestros colegios. Él también pasó por las aulas, por los maestros, por los pupitres. Él también vivió esas actitudes opuestas de diligencia y pereza. Aquí el primero de la clase, allí un poco rebelde. Un alumno que causaba cierta preocupación a sus padres, aunque eran preocupaciones para las que todos los padres firmarían: Jesús sabía demasiado y dejaba sin palabras a sus maestros, como cuenta el Evangelio de Tomás. Es bonito ver que la escuela es una experiencia importante y decisiva para la historia y el crecimiento de una persona, tanto que hasta el hijo de Dios pasó por allí, como todos. Jesús también tuvo compañeros de clase, hizo deberes con ellos, escuchó las lecciones de los maestros. El hijo de María y José también aprendió a leer y escribir el arameo. Podemos imaginar que le gustaba el colegio, no por su naturaleza especial, sino porque el colegio es una experiencia que no puede no gustar, por mucho que cueste. Es el lugar donde se aprende a aprender. El lugar de los encuentros y de la apertura a la realidad, como dijo el papa Francisco, uno de los grandes forofos de la educación. “Ir a la escuela significa abrir la mente y el corazón a la realidad, en la riqueza de sus aspectos, de sus dimensiones. Y nosotros no tenemos derecho a tener miedo de la realidad. La escuela nos enseña a comprender la realidad. Ir a la escuela significa abrir la mente y el corazón a la realidad, en la riqueza de sus aspectos, de sus dimensiones. ¡Y esto es bellísimo!”, decía Bergoglio en 2014 a un grupo de estudiantes y profesores. Realmente, la escuela es mucho mayor que los miedos.

Jesús también iba al colegio

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Educación. Más allá del escepticismo de los adultos y las heridas de los jóvenes

Nicola Itri

Acaba de publicarse un libro de lectura ágil y agradable, escrito por Julián Carrón, bajo el título Educación. Comunicación de uno mismo, una contribución del presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación a la jornada convocada por el papa Francisco el pasado 15 de octubre bajo el lema “Reconstruir el pacto educativo global”.

Escribe Carrón en la introducción de este libro que “es difícil imaginar un reto mayor que el educativo. De hecho, el desconcierto domina en todas partes por el vértigo que experimentan los adultos (padres y educadores de todo tipo) y los jóvenes. La expresión «emergencia educativa» nunca ha estado tan cargada de significado como en estos tiempos. Por ello la iniciativa del papa Francisco para «reconstruir el pacto educativo global» es una ocasión para todos: «Todas las instituciones deben interpelarse […] asumiendo un compromiso personal y comunitario […] renovando la pasión por una educación más abierta e incluyente, capaz de la escucha paciente, del diálogo constructivo y de la mutua comprensión». Con este desafío chocan el escepticismo de los adultos y las heridas de los jóvenes. Las dificultades desbordan por todas partes. Hay quien propone acotarlas multiplicando las reglas y las instrucciones de uso, estableciendo normas y límites. Pero reglas e instrucciones de uso se revelan cada vez más incapaces de suscitar el yo, de despertar su interés hasta llegar a implicarlo en un camino que le permita crecer. ¿Y entonces? ¿Tenemos que tirar la toalla y declarar fallido el desafío? «Un imprevisto es la única esperanza», decía Eugenio Montale. (…) Por el contexto en que nos hallamos, se ha generado una sospecha; de hecho, en todos los ámbitos domina una desconfianza en las relaciones, con el consiguiente «basta» ante el riesgo de abuso y de manipulación de los pequeños por parte de los adultos, un riesgo propio de cualquier relación educativa. (…) Aunque, por un lado, esto va a hacer que resulte más difícil responder al desafío educativo, por otro lado –paradójicamente– podrá revelarse como una oportunidad extraordinaria para nosotros los cristianos: podremos testimoniar la sobreabundancia que experimentamos en la relación con Cristo, de la que brotan la libertad y la gratuidad en la relación con el otro”.

Después de la introducción, el primer capítulo del libro se titula “La educación es comunicar el sentido de la vida; no es una palabra, es una experiencia”, y es la transcripción de un discurso que Carrón pronunció con motivo de la inauguración de la escuela Oliver Twist en Como el 19 de septiembre de 2009.

Carrón parte de un hecho sucedido en una escuela para extranjeros en Dublín, donde solo el director lograba comprender a un joven francés que las había liado pardas. “Hizo falta un hombre que no tuviera miedo de arriesgar”, comenta Carrón, “que no se limitara a dar lecciones sino que le retara a tomarse en serio su corazón, mostrándole un modo desconocido para él de mirar la realidad”.

Educación. Más allá del escepticismo de los adultos y las heridas de los jóvenes

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CRISPR-Cas9: una técnica para un Nobel de Química

Nicolás Jouve

Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna han recibido el Nobel de Química por sus investigaciones en el sistema CRISPR-Cas9 como herramienta de “terapia génica” para la curación de enfermedades importantes. Realmente se podría decir que el “padre” de esta técnica es el español Francis Mojica pero la academia sueca ha preferido premiar a quienes han desarrollado las herramientas de edición genética más que a su descubridor. Con tal motivo hemos querido “recuperar” este artículo del profesor Jouve en donde describe el descubrimiento, potencialidad y desafíos que la técnica CRISPR/Cas9 ha aportado.

Hace más de veinte años que el microbiólogo ilicitano Francisco Juan Martínez Mojica, que firma sus publicaciones como Francis Mojica, descubrió que unos microorganismos que habitan en las salinas de Santa Pola (Alicante), las arqueas de la especie Haloferax mediterranei, poseen en su genoma unas cortas secuencias de ADN, repetidas regularmente e interespaciadas, a las que dio el nombre de CRISPR, que en combinación con una enzima llamada Cas9 constituye un sistema de defensa frente a ADN extraño que pudiera invadir su ambiente intracelular [1]. Este descubrimiento es doblemente trascendental, tanto por el interés básico que encierra como por sus potenciales aplicaciones.

En primer lugar por desvelar que no solo los seres más evolucionados han desarrollado sistemas inmunológicos para defenderse de los miles de agentes agresivos que limitan su existencia. El trabajo de Mojica demostraba que también los procariotas unicelulares, archaeas y bacterias, poseen un sistema para defenderse de sus enemigos naturales, usualmente ADN invasor procedente de virus (bacteriófagos), plásmidos u otros orígenes. La primera vez que un ADN extraño entra en el ámbito citoplásmico de una bacteria o una archaea, el ADN invasor se trocea y los pequeños trocitos se integran en el genoma de la bacteria, justo en los espacios intercalares que median entre las secuencias repetidas del sistema CRISPR. Estas pequeñas secuencias de ADN invasor se denominan protoespaciadores y serán utilizadas para defenderse de una ulterior entrada de ADN del mismo agente invasor. La denominación Cas9 se refiere a una enzima que corta el ADN invasor. De este modo, cuando se produce el segundo ataque o posteriores de ADN extraño, la bacteria expresa la región CRISPR. Es decir genera una molécula de ARN mediante el ensamblado de bases nucleotídicas complementarias del ADN previamente integrado, los protoespaciadores. Esta molécula será procesada para dar lugar a varios ARN más pequeños denominados crARN (CRISPR ARN) cada uno de los cuales llevará información de un protoespaciador distinto y una parte de las secuencias repetidas. Lo que va a ocurrir a continuación, es que cada crARN se unirá a otro ARN del sistema denominado transactivador y juntos formarán un complejo con la enzima Cas9. El protoespaciador presente en cada complejo dirige al conjunto hacia las secuencias del ADN invasor, reconoce las bases homólogas presentes en él, hibrida con ellas y promueve su degradación por medio de la enzima Cas9. Se trata de un sistema inmunológico magníficamente ordenado y su descubrimiento se debe a la excelente y meticulosa investigación de Francis Mojica [1].

CRISPR-Cas9: una técnica para un Nobel de Química

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Una nueva "Pacem in terris"

Massimo Borghesi

“Fratelli tutti”, la encíclica recién publicada, hay que leerla con atención para comprenderla adecuadamente. De hecho, corremos el riesgo de una banalización mediática que, centrándose en dos o tres puntos, reduzca este documento a una serie de intenciones piadosas. Se trata, sobre todo, de precisar el horizonte en el que se sitúa: un mundo que se precipita hacia destinos de guerra. Los Papas no escriben encíclicas sobre la fraternidad para una tierra tranquila.

La Pacem in Terris de Juan XXIII salió después de que, con la crisis de los misiles en Cuba, estuviéramos a dos pasos de la tercera guerra mundial. No es el caso actual, afortunadamente. Sin embargo, resulta innegable que la crisis de la globalización, el enfrentamiento cada vez más insistente entre bloques (EE.UU, China, Rusia), el continuo combate de guerras por diversas vías, el terrorismo religioso, etc., están configurando un mundo altamente inestable, a punto de estallar.

Hay que añadir las grandes disparidades económicas, la tragedia del Covid con sus efectos en los países más pobres, la inmigración. El cambio de época asiste, después del 89, a un progresivo desmoronamiento de los esquemas y contrapesos que la humanidad había previsto tras la enorme tragedia de la segunda guerra mundial, desde los grandes organismos a la declaración de derechos universales o el proceso de unificación europea. Todo se descompone: la ONU, la UE, el vínculo entre EE.UU y Europa, mientras que el relativismo cultural tiende a exaltar el particularismo y el aislamiento. El espíritu de los tiempos eleva el maniqueísmo en todas sus formas: política, económica, religiosa. Por todas partes resurgen las barreras, antiguas diferencias y viejos nacionalismos.

En este contexto es donde Francisco lanza el sueño de una fraternidad renovada entre pueblos y personas: fraternidad religiosa, política, económica, social. Un sueño análogo al de Martin Luther King, cuyo nombre aparece citado al final junto a los de san Francisco, Gandhi, Desmond Tutu, Charles de Foucauld: “I have a dream”. No se trata de ceder ingenuamente al espíritu utópico, a la filantropía humanitaria, como lamentan los críticos del Papa. Francisco es un realista que conoce perfectamente la crítica de san Agustín a la teología política, a la confusión entre el Reino de Dios y el reino de los hombres. Pero es un realista que sabe que el realismo, si no quiere ser cínico, debe ir siempre más allá, debe arriesgar un proyecto ideal, debe abrir a la esperanza. El cristiano es un hombre con esperanza y no con resignación. El auténtico realismo es un real-idealismo. Por eso, Fratelli Tutti representa en este momento una poderosa roca en el pantano de las ideas, de la política, de una fe estancada.

Una nueva "Pacem in terris"

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>Editorial

Buscando razones

Fernando de Haro

La segunda ola del virus, que ya se extiende por toda Europa, se topa con la fatiga. El Centro Europeo de Control de Enfermedades tenía registrados a mediados de septiembre 2,3 millones de contagiados en el Viejo Continente. Ahora son casi el doble. Hubo en la primera ola responsabilidad para aceptar un confinamiento duro, confianza no en los políticos, pero sí en el personal sanitario y en el resto de la sociedad. Hubo solidaridad espontánea. Ahora aparecen, con mucha más rapidez, la irritación y las reacciones individualistas. Lo saben bien los que trabajan en los hospitales y en los centros de salud. Lo apuntan las encuestas. El cuadro es especialmente acusado en España donde se salió mal del encierro, apenas hubo transición entre la primera y la segunda ola y la polarización política sigue disparada

Seguramente es inevitable que suceda algo así. Por más que se advirtió que esto sería largo, nos habíamos imaginado un final, un momento en el que todo se acabaría. Desde luego no ha ayudado la expresión “nueva normalidad” que nos ha invitado a poner límites temporales. Curiosamente ahora ya casi no se habla de lo que hemos aprendido y de cómo será el mundo después de la pandemia. Muchas de las energías iniciales han desaparecido. Y son las razones de carácter moral, que fundan esas energías, las que más necesitamos.

Se han hecho avances en el conocimiento sobre la propagación y en la respuesta médica. Pero a la hora de aclarar cómo convivir con el virus del modo menos dañino posible, la razón científica sigue sin encontrar un suelo firme. A partir de determinado grado de incidencia, si la capacidad de rastreo se ve superada, solo son útiles los confinamientos para frenar la transmisión comunitaria. Es la tesis de la OMS y de buena parte de la comunidad médica. Tesis rebatida por la Declaración de Great Barrington de hace unos días que ha apostado por suprimir los confinamientos, dejar circular el virus, hacer una protección focalizada a los más vulnerables y lograr la inmunidad de rebaño. El documento ha sido impulsado por expertos de Harvard, Oxford y Stanford. En ayuda de esta posición, completamente heterodoxa, ha venido David Nabarro, profesor del Instituto del Imperial College de Londres y asesor especial del secretario general de la OMS. Nabarro sostiene que los confinamientos solo sirven para ganar tiempo y que, si son generales, aumentan la pobreza. Días antes, el FMI, en su documento ‘The Great Lockdown: Dissecting The Economic Effects’, sostenía lo contrario. Sus expertos defendían que permitir la movilidad cuando hay una circulación significativa del virus podía ser más negativo para la economía que un confinamiento temporal.

No hay evidencias científicas para la segunda ola. Seguramente el progreso tecnológico nos ha acostumbrado a pensar que el desarrollo del conocimiento tiene los mismos tiempos que el desarrollo de una herramienta. Y son dos cosas diferentes. Desde marzo hemos visto cómo la biología se imponía a la tecnología. Y, sorprendidos y alertados, descubrimos que los tiempos de la razón, también de la científica, no son igual a cero.

>Editorial

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Justicia en forma de armonía

Marta Cartabia

Para comprender la realidad de los delitos y las penas “hace falta haber visto”. Así lo señalaba Piero Calamandrei en una famosa intervención sobre la situación carcelaria publicada en la revista Il Ponte en 1949.

Para Carlo Maria Martini también comenzó así, después de haber visto. Mejor dicho, después de haber visitado. Martini comenzó su actividad pastoral como arzobispo de Milán eligiendo como lugar de elección precisamente la cárcel de San Vittore, donde resonaba para él aquel versículo del capítulo 25 del Evangelio según Mateo que tantas veces citó en sus textos e intervenciones: “Estuve en la cárcel y me visitasteis”.

La acción de visitar en el pensamiento de Martini tiene un valor humano y religioso muy profundo. Son numerosísimas las veces que aparece en sus textos el reclamo a dicho versículo evangélico, donde visitar –lejos de la formalidad del acto de cortesía que suele evocar el lenguaje común– significa implicarse en una relación comprometida, como el pasaje bíblico donde Dios visita a su pueblo.

De haber visto surge la idea. Idea viene del griego idéin, que significa ver. Cuando uno se deja implicar por la experiencia de lo “que hemos oído, visto, contemplado y tocado”, surgen las grandes preguntas. Son sobre todo las “experiencias paradójicas” de un “mundo al revés” las que despiertan las preguntas y las “ideas brotan cuando uno se pone a buscar, se hace preguntas”. De ahí la potencia creativa e innovadora del conocer visitando.

Lo que uno descubre visitando la cárcel es el conocimiento de que detrás de esos muros habita un mundo paradójico, un mundo al revés donde, para frenar la violencia, hay que realizar un acto de fuerza; donde, para tutelar los derechos, hay que limitar derechos; donde, para garantizar la libertad, hay que restringir libertades; donde, para proteger a débiles e indefensos, hay que hacer débiles e indefensos a los agresores y violentos.

La cárcel es un lugar donde sucede que en cada visita las preguntas que surgen son bastante más numerosas y complejas que las respuestas que pueden ofrecerse. En este sentido, la cárcel es una de esas realidades que espera ser visitada, por esa inexplicable potencia de relaciones que allí se establecen, que obligan a hablarse con verdad.

La génesis de “pensamientos elevados”, valientes y luminosos de Martini ofrece una reflexión de candente actualidad, que se arraiga en su acción, además de en su pensamiento. El problema de la justicia no solo se puede afrontar desde una clave teórico-especulativa. Martini lo afirma claramente en un diálogo con Gustavo Zagrebelsky. Cualquier intento de acercarse a este tema desde un plano meramente especulativo resulta infructuoso y está destinado a fracasar, porque la justicia no es tanto una idea que se sitúa fuera de nosotros sino “una exigencia que postula una experiencia personal: la experiencia, precisamente, de la justicia o, mejor dicho, de la aspiración a la justicia que nace de la experiencia de la injusticia y del dolor que de ella deriva”.

Otra sugerencia metodológica que custodiar al releer las obras de Martini sobre la justicia se refiere a la escucha de la experiencia vivida, de los acontecimientos de la vida personal y social, de los hechos que entretejen las historias personales y del pueblo, que connotan su magisterio, su pensamiento y su acción.

Justicia en forma de armonía

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>Entrevista a Pedro González Cuevas

El telón de fondo de la Ley de Memoria Democrática

Francisco Medina

Dialogamos con Pedro González Cuevas, profesor de Historia de las Ideas Políticas y de Historia del Pensamiento Español en la UNED, acerca de las implicaciones del nuevo anteproyecto de Ley de Memoria Democrática.

¿Qué opinión te merece el anteproyecto de Ley de Memoria Democrática?

Desde el punto de vista de los historiadores, creo que es un desastre. Es el fin de cualquier forma de libertad interpretativa, al igual que la estupidez que han hecho algunos de mis colegas firmando un manifiesto contra la retirada de las estatuas de Indalecio Prieto y Largo Caballero. Hay un sector de la historiografía española que es cómplice de esa barbaridad.

Para empezar a aclarar algunos conceptos, ¿qué es la Memoria Histórica y qué relación tiene con la llamada Memoria Democrática?

Como decía Carl Schmitt, todos los conceptos políticos son conceptos polémicos. Es decir, Memoria democrática es la memoria de las izquierdas. ¿Por qué? porque se parte de que, en la guerra civil y durante el franquismo, los que encarnaban las ideas democráticas eran las izquierdas. La llamada memoria histórica es un concepto; la memoria es recordar lo que ha ocurrido, pero lo que se entiende por memoria democrática lleva detrás una trampa, en el sentido de lo que afirmaba Josep Fontana (historiador que desapareció hace dos años y que era un maestro del terrorismo intelectual) que decía que la memoria histórica no era recordar el pasado sino el presente recordado. Es decir, que como toda la historia es historia contemporánea, al reivindicar una serie de personajes y sectores políticos y sociales, la memoria histórica se convierte en la mitificación de un sector de la sociedad y de la vida política, y traerlos al presente como víctimas y acusar a los que se oponían a ellos por su crueldad.

Asistimos a una especie de presentismo…

Ésta es la cuestión. El tema es que no se trata de recordar a los muertos. La cuestión de las tumbas, si llega un pacto, como ha sucedido en otros sitios, puede resolverse, pero este presente recordado consiste en sacar a la luz para restregarlo a otros. Como el Partido Popular no ha percibido esa idea, y no la ha querido llevar a la práctica, ha quedado inerme. No ha dado importancia al ámbito histórico, dando prioridad, sin embargo, a la economía. No ha visto que también existe un sector que propugna avanzar por un camino que es el que traza la visión de la historia que quiere.

El anteproyecto de ley de Memoria Democrática parece ir un paso más allá, respecto de la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, del Gobierno Zapatero, en el sentido de prever, entre otras medidas, la ilegalización de fundaciones que enaltezcan el régimen franquista. Claramente, parece apuntar a la Fundación Francisco Franco. En el supuesto de que a dicha fundación se la ilegalizase y pasase al Estado, ¿cree que se mermaría el acceso a los documentos y archivos conservados en ella?

Si se ilegaliza, como piden algunos, se pretende que esos documentos pasen al Archivo Histórico Nacional.

La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, ha hablado del deber de memoria y ha dicho que “la sociedad española está madura para mirarse a sí misma”, pero la realidad es que la cuestión sigue generando controversia.

>Entrevista a Pedro González Cuevas

El telón de fondo de la Ley de Memoria Democrática

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>Entrevista a Fernando Palmero

"El populismo ya está instalado en el Gobierno"

Juan Carlos Hernández

Ante la muerte de miles de personas en nuestro país, muchas de ellas en las residencias de ancianos, el periodista de El Mundo hace suya una pregunta de Jiménez Lozano: “la vida, ¿qué valor tiene?”.

¿Cómo valora el contencioso entre la Comunidad de Madrid y el Gobierno central?

La verdad es que es un espectáculo bastante lamentable. Estamos en mitad de una pandemia, y con la crisis económica que se avecina, ver que los políticos, sobre todo por parte del Gobierno, del Ministerio de Sanidad, están intentando por razones espurias desgastar a la presidenta Díaz Ayuso me parece una falta de responsabilidad increíble. Y yo achaco la mayor parte de culpa al Gobierno, que es a quien se le llena la boca hablando de cogobernanza. Después de estar dos días cuestionando y negando las cifras de la Comunidad de Madrid, declara cínicamente que ha sido un malentendido. ¿Cómo va a ser un malentendido? Si dijeron literalmente que no se fiaban de las cifras que daba la Comunidad de Madrid. Al final tuvieron que recular porque ya no les quedaba más salida, pero Madrid se ha quedado cerrado, con las consecuencias económicas que eso tiene para muchísimos sectores y para la población en general (esta entrevista se realizó antes de declararse el estado de alarma, ndr). Del mismo modo que a finales de junio se impidió a Madrid pasar de fase en plena desescalada siguiendo los consejos de unos expertos que luego resultó que no existían. Y no hay consecuencias, después de mentir literalmente, de reconocer que no ha actuado por criterios científicos sino políticos, porque no había comité de expertos y entonces tomó la decisión, ¿con qué criterio? Para desgastar al gobierno de la Comunidad de Madrid. Se ve que lo que no consiguieron por las urnas están intentando conseguirlo a través de este tipo de enjuagues, aprovechando la debilidad del gobierno. Aprovechando todo eso, se intenta desgastar sin dejar de lanzar el aviso de estar preparando una moción de censura, aunque Gabilondo, el líder del PSOE en Madrid, está llamando a la tranquilidad y a la responsabilidad. Es una falta de responsabilidad absoluta estar con estos juegos políticos, con este tira y afloja cuando hay gente que está muriendo todos los días y estamos en medio de una pandemia que no sabemos parar.

>Entrevista a Fernando Palmero

"El populismo ya está instalado en el Gobierno"

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>Editorial

La imposible colonización (definitiva) del hastío

Fernando de Haro

Instagram, propiedad de Facebook desde 2012, ha cumplido diez años en el momento en el que arrecian las críticas a los gigantes de internet y de las redes sociales, al llamado capitalismo de vigilancia. El informe de la Subcomisión Antitrust de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, después de estudiar más de un millón de documentos y de celebrar algunas audiencias, ha concluido que Facebook, Google, Amazon y Apple actúan como monopolios, con poco o ningún respeto a la privacidad. Especialmente dramáticas han sido algunas de las intervenciones que han señalado la debilidad de los medios de comunicación tradicionales, dependientes ya de la “granja industrial de Facebook”. El informe pierde fuerza porque no ha sido ratificado por los republicanos, pero en cualquier caso aporta material interesante.

Para los que no podemos adentrarnos en las complejidades de cómo actúan las empresas de Silicon Valley, The Social Dilemma, el documental de Jeff Orlowski, es muy útil. Entendemos mejor con este trabajo cómo “monetizan” (es decir ganan toneladas y toneladas de dinero) e influyen en las conductas personales y sociales

El caso de Cambridge Analytica en 2018 nos abrió los ojos. Entendimos que los algoritmos de la Inteligencia Artificial se utilizan para explotar la psicología de muchos. En aquel escándalo se procesaron datos de 50 millones de usuarios de Facebook para influir, quizás la palabra más precisa sea manipular, a los votantes de las elecciones presidenciales en 2016. “En lugar de estar en la plaza pública, decir lo que piensas y luego dejar que la gente venga y te escuche, estás susurrando en los oídos de todos y cada uno de los votantes. Y puedes susurrar una cosa a uno y otra a otro”, explica Christopher Wylie, uno de los creadores de la empresa británica, en su libro Mindf*ck.

Pero ahora hemos ido más allá. No se trata de que una consultora, un bando político, haga campaña por un candidato o por una causa con los datos de las redes sociales. Lo interesante de The Social Dilemma es que detalla cómo las propias redes pueden generar, y de hecho en muchos casos lo hacen, lo que Tristan Harris, exdirectivo de Google, llama una modificación existencial. Junto a Harris, muchas voces de personas que tuvieron altas responsabilidades en las grandes compañías de internet y de redes sociales denuncian que la adicción y la violación de la privacidad no son errores o abusos, forman parte del sistema. Sabíamos que cuando en internet algo es gratis es porque nosotros, nuestro tiempo, es el producto. Pero en el documental Jaron Lanier relata, con eficacia, que el producto, en realidad, es un cambio ligero e imperceptible del comportamiento y del usuario. Con el objetivo de hacerlo más dependiente, más necesitado de las aprobaciones a través de los “like”, más intervenido en su modo de mirar al mundo y a sí mismo. Jaron Lanier ya había denunciado este mecanismo en su libro Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato.

>Editorial

La imposible colonización (definitiva) del hastío

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Realidad vs. ideología

Eduardo A. Sánchez

“No existen hechos, solo interpretaciones”. La frase contundente del gran filósofo Nietzsche parecería cobrar cada día más fuerza en la compleja realidad argentina. Los medios de comunicación se afanan en tratar de ganar terreno bajo este axioma. Frente a una opinión pública cada vez más desconcertada ante tanta batería de información, hay quienes se enfervorizan detrás de esta dirección que desemboca en la queja o en una mayor exasperación, creyendo en soluciones ilusorias que nunca llegaron a buen término. Hay de todo. Por un lado, quienes niegan la eficacia destructiva del virus, por el otro quienes solo se fijan en la afectación del virus a la economía, y además quienes se aferran a los ya conocidos dogmas del mercado, siempre los mismos dogmas y teorías que crearon un mundo más injusto y desigual, como expresa el papa Francisco en la reciente encíclica Fratelli Tutti, una mirada llena de esperanza, pero denunciando grandes fracasos frente a modelos que hoy nos ponen como salvadores. En medio de todo este bazar de interpretaciones se instala la famosa y llamada grieta en Argentina. La disputa política ha pasado a ser una suerte de competencia o habilidad para desacreditar más al otro, como si el sistema republicano cambiara los ejes hacia un árbitro impoluto (la corte suprema). No es seguramente lo que imaginó Rousseau cuando pensó en el sistema democrático y su equilibrio de poderes. Los eslóganes más abstractos porque representaban otros ideales de otras épocas, como defendamos la república, logran enconos encendidos y violencia.

Hoy la realidad actual en Argentina indica a través de la consulta a los principales encuestadores serios del país, mediante recientes sondeos, que la imagen del presidente Fernández goza de buena salud, como el líder latinoamericano con mejor imagen en épocas de pandemia (Raúl Kollmann, Pagina 12 de 4 de octubre), a pesar del bombardeo negativo al que le tratan de acorralar por las consecuencias económicas de la pandemia. Sin embargo, haber priorizado el cuidado de la salud desde el inicio y haber preparado el sistema de salud le mantiene con una buena imagen, además de la opción que tomó de haber comenzado por la atención de los que menos tienen en la escala social. La negación de un sistema de gobierno legítimamente elegido por el voto popular en el sistema democrático (48,24% Fernández- Fernández vs 40,28% Macri-Picheto) vía la judicialización de la política, la comparación con otros países de Latinoamérica, la descalificación de los debidos procesos parece ser la base del accionar político de la oposición, acompañada por declaraciones de un expresidente despertando fantasmas de golpes militares. Esta estrategia no le dio resultados en las últimas elecciones, es por ello que una parte de la misma oposición busca alternativas distintas a este tipo de confrontación (encabezados por el actual jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Horacio Larreta). Los tenues brotes positivos de una economía como por ejemplo la deuda externa argentina y su sinceramiento frente al sistema financiero internacional, la asistencia a sectores claves, el nuevo diseño presupuestario, etc, fue opacada por las disputas basadas en la confrontación y la violencia.

Realidad vs. ideología

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>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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