Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
23 JUNIO 2017
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Buscando un nuevo rumbo

Ángel Satué

El partido conservador ha ganado las elecciones. Con un sistema electoral en el que hay que ganar circunscripción por circunscripción, en las que sólo puede haber un único ganador, como si se tratara de la película de Los Inmortales, de Christopher Lambert y Sean Connery, los tories han obtenido, por ahora, 318 diputados en los Comunes para los próximos cinco años (tal vez se queden en 319 o 320).

May, sin embargo, no es la ganadora moral. Por la mínima. De una manera nada contundente, su partido ha perdido, al menos, 11 circunscripciones (tenían 331 diputados), y con ellas, la mayoría absoluta, que se sitúa en 326. La derrota de su más directo rival, el partido laborista, ha sido dulce (+/- 261). A pesar de haber planteado May una campaña entre laboralistas y tories (ambos favorables a abandonar la Unión Europea), hay otros partidos con representación en Westminster, y pasan a ser decisivos para conformar un gobierno de coalición, o para apoyar a uno en minoría.

A los frentes que tenía en el horizonte, como la negociación del Brexit –uno duro o uno más suave–, la necesaria construcción de una relación duradera con EE.UU., el terrorismo, la globalización, el multiculturalismo y la economía –que ya no lidera el crecimiento del G7 (hasta 2014, G8, con Rusia, que fue excluida tras la anexión de Crimea)–, se une ahora el frente interno de su partido y la necesidad de gobernar en minoría, o pactar la entrada en el gobierno de los unionistas norirlandeses –con 10 diputados–. Aunque los liberal-demócratas serían el socio natural, aprendieron la lección en el pasado y, salvo un cambio de la ley electoral, y un nuevo referéndum para entrar en la Unión, no es imaginable que apoyen a los conservadores. También hemos de considerar que el Sinn Fein ha ganado 7 asientos en el Parlamento, y que no suelen tomar su acta de diputados, lo que beneficiaría en último término a los tories, pero es muy tentador forzar a los tories a echarse en manos de los norirlandeses unionistas en pura lógica política regional.

May quiso tomar ventaja de la diferencia que le separaba del partido laborista, y reforzar así su posición tanto dentro del partido como frente a Bruselas, y no parece que se hayan cumplido sus expectativas. Le ha pasado algo parecido a lo que le pasó al otro augur torie, Cameron, que casi perdió el referéndum escocés y que provocó, como si tal cosa, la salida del Reino Unido de la Unión Europea.

Buscando un nuevo rumbo

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Demos gracias nosotros a los Echevarría

F.H.

Ana Echevarría, la hermana del héroe del puente de Londres, sale de un juzgado donde le acaban de comunicar cómo murió su hermano. Han hecho falta cuatro días para que se le informara oficialmente. Por la tarde, por fin la familia ha podido ver el cadáver de Ignacio. Pero solo a través de un cristal. Y todavía harán falta algunos días más para que vuelva a España. Y de la boca de Ana no salen más que agradecimientos. A los amigos, a las autoridades británicas a las que todo el mundo critica, a las autoridades españolas. Sin quejas, sin intentar echar la culpa a nadie, sin resentimiento. Así lleva toda la familia casi una semana. Por una vez los periodistas hemos sido discretos, hemos esperado a que quisieran hablar. Porque cuando aparece lo sorprendente hasta los periodistas sabemos callar. Lo sorprendente es que Ana ha dicho que “algo muy triste, muy duro se está convirtiendo en algo muy bonito y muy grandioso”.

“Pero, Dios mío, ¿quién es esta gente?”, nos preguntamos todos. Porque delante de un micrófono siempre hay lamentos: contra la policía, contra los políticos, contra los recortes, contra los pájaros que cantan demasiado pronto o demasiado tarde, contra la vida, contra el destino... Y esta familia, destrozada por el dolor, no hace más que dar las gracias. Ignacio dio la vida por salvar a una mujer que estaba siendo agredida, y su familia prolonga su extraño modo de vivir y de perder a un ser querido, su extraña manera de usar la razón. Y nosotros, siempre quejosos, siempre queriendo preservar como nuestro cada minuto de vida, por una vez callamos, por una vez reconocemos que ante el desgarro de la muerte, ante el último precipicio, no solo hay un abismo, que también se puede no-estar-cabreado por el que se va y por el que se queda. Demos las gracias nosotros a los Echevarría porque, de pronto, hemos visto cómo queremos vivir y cómo queremos morir.

Demos gracias nosotros a los Echevarría

F.H. | 0 comentarios valoración: 3  105 votos
>El Kiosco

¿Quién eres?

Elena Santa María

El pasado sábado por la noche, mientras el Madrid ganaba la Champions, un nuevo ataque terrorista en suelo europeo volvió a dejarnos mudos. Esta vez en Londres, una ciudad de la que Ignacio Pereyó habla así en El Mundo: "Durante siglos, el amor por Londres ha ido de la mano del amor por la libertad". El autor cita las palabras de un líder conservador: "si el Reino Unido ha sido el mayor éxito político, cultural y social de los últimos 300 años es por la convicción de que gentes con distintas historias e identidades pueden vivir juntos, y que esa diversidad hace su cultura, su economía y su política más fuertes". Y añade: "Londres ha sido, incluso en las circunstancias más ásperas, el decantado recinto de la libertad, donde los pubs se negaron a cerrar bajo las bombas nazis no ya por la cerveza, sino por esa declinación de la libertad que es la conversación. Cada mañana, a pesar de las bombas, el transporte funciona, se reparten las cartas, el pan y la leche llegan a la puerta".

Tras varios días de espera, la confirmación de la muerte de un español, Ignacio Echeverría, en los atentados, mientras protegía a otras víctimas ha sacudido una vez más nuestras rutinas. De nuevo, se hace evidente nuestra fragilidad. Una fragilidad que constata Leila Guerriero en su columna de El País al describir el entierro del padre de unos amigos: "por una grieta del cielo pesado de nubes como montañas se coló la pena del mundo. Siempre es difícil ser feliz. Ese día me bastó saber que, cuando caemos, no estamos solos". Esta fragilidad la describe de forma muy clara el exfutbolista Pedja Mijatovic en una entrevista que concede a El Mundo: "En los años más bonitos de mi carrera viví la enfermedad de mi hijo. En esos momentos en los que crees que incluso puedes volar, cuando te sentías poderoso y notabas el calor de toda la gente, mi hijo siempre tenía crisis. Muchos días y noches en el hospital. Yo me decía: no eres nadie, ya ves que no eres nadie, no puedes hacer nada para que tu hijo mejore. Te preguntas: ¿quién eres? y la respuesta es nadie. Mi hijo ha tenido una misión en mi vida. La de salvar a su padre. Piensas que eres Dios y en realidad no eres nadie”.

El periodista Carles Capdevila, recientemente fallecido, también se enfrentaba diariamente a la fragilidad desde que le diagnosticaron su enfermedad. Con motivo de su muerte el periódico Ara ha vuelto a publicar este texto que él escribió hace unos meses: "Tras meses de tratamiento mi pelo se ha rendido. Me lo he tenido que cortar. Es un problema pequeño, el drama auténtico es que hace tiempo que tengo que mirar la muerte de cara, y no con qué cara lo hago, pero este cambio de imagen forzado, a pesar de ser banal, superficial, anecdótico, lo he vivido como un pequeño luto. Una derrota triste. Porque no era ninguna decisión, era una nueva renuncia, una prueba más de que no tienes la vida bajo control (...) El primero en recibirme en casa fue mi hijo pequeño, de 8 años. ‘¡Pero qué guapo que quedas con la gorra, papá, qué envidia!’, exclamó con unos ojos brillantes y una sinceridad entrañable. Me cayó la lagrimita, y era de alegría. (...) La belleza está en la mirada, y no hay privilegio más hermoso que ser observado desde el amor incondicional y la alegría de vivir, como hace esta criatura dulcísima. (...) No hay ninguna inversión más segura y rentable que rodearnos de personas que nos quieren tal como somos, que nos encuentran guapísimos al margen de lo que dicte el espejo. Porque nos miran siempre con buenos ojos".

>El Kiosco

¿Quién eres?

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El Reino Unido puede ganar con una May débil

P.D.

Salvo sorpresa, este jueves Theresa May va a sufrir un importante revés. No va a vencer por el amplio margen que establecían las encuestas cuando convocó las elecciones. Llamó a las urnas para ganar legitimidad en la negociación de un Brexit duro, para que no hubiera quien le tosiera en su nacionalismo frente a Europa.

Ya antes del ataque del pasado sábado, May perdía margen frente a Corbyn. La primera ministra ha querido explotar durante los últimos diez meses un fuerte sentido de la identidad británica esquemático, el que tenían muchos de los votantes del UKIP. Sus discursos han estado impregnados de un nacionalismo barato. Ha asegurado que “si crees que eres ciudadano del mundo no eres ciudadano del mundo”. Su carta de salida de la Unión Europea contenía amenazas sobre la cooperación en seguridad, un tema que se ha vuelto delicadísimo tras los últimos atentados.

Su campaña ha pretendido relativizar al Partido Conservador y ensalzarla a ella y a su gestión. Lo que ha resultado contraproducente. Y la idea del “impuesto de la demencia”, que haría pagar a los mayores parte de su asistencia sanitaria pública, le ha hecho mucho daño. En los últimos días se la ha visto rígida, robótica. A todos sus errores precedentes se ha sumado el de querer utilizar los atentados en su provecho. Ha hecho lo mismo que Corbyn, pero ella estaba al frente del Gobierno.

¿Cómo acabaran votando los británicos que están preocupados por un futuro sin Unión Europea, por el destino del Sistema Nacional de Salud, por el incremento del extremismo y por el crecimiento de la desigualdad? Lo sabremos dentro de unas horas. Pero, a lo mejor, esas preocupaciones, muy reales, dan lugar a un Gobierno menos presuntuoso.

El Reino Unido puede ganar con una May débil

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Gratitud a un socialista

José Luis Restán

A veces la grandeza no equivale a la victoria, sino que obtiene como recompensa amarga el ostracismo de propios y ajenos. El todavía presidente de la Gestora del PSOE, Javier Fernández, se vuelve a Asturias para cerrar no sólo un ciclo, sino toda una vida de servicio público. Quizás no sea sólo él quien inicia ahora una amarga despedida. Tras el golpe del 1 de octubre en Ferraz, con el que el Comité Federal trató de impedir in extremis que descarrilase el PSOE que inventó Felipe González, los barones socialistas encargaron al líder asturiano la ingrata tarea de conducir al partido hasta las primarias. Los libros de historia analizarán la debacle de un partido que se ha revuelto contra su propia tradición y contra sus líderes para aupar de nuevo a un secretario general que le ha conducido a sus peores derrotas y, lo que es peor, al extravío de su propia identidad como partido reformista de centro-izquierda, protagonista indispensable de la Transición.

Javier Fernández ha presidido esta semana la última reunión de la Gestora y lo ha hecho con la concisión y austeridad que siempre han caracterizado su figura. No ha perdido demasiado tiempo en la defensa de su propio trabajo, bien sabe hasta qué punto eso resultaría ya inútil, pero tampoco ha buscado un lugar bajo el nuevo sol, como se han apresurado a hacer muchos de los que le encargaron pilotar la nave en medio de la tormenta. Fernández no necesita mucha argumentación para exhibir su pedigrí de izquierda. Nació en Mieres en el seno de una familia de larga tradición socialista, estudió Ingeniería de Minas y se afilió al PSOE en 1985. Desde entonces ha servido a su partido, a Asturias y a España, desde una identidad socialista transparente que nunca le ha empujado al sectarismo ni a la trinchera.

Todo esto lo sabían sus compañeros, y hasta hace poco amigos. Para buena parte de ellos el reproche principal no radica en haber participado en el golpe que descabalgó a Sánchez y haber asumido la dirección de la Gestora, sino en haberse atrevido a argumentar en voz alta que el PSOE no podía buscar alianzas con la extrema izquierda, con el populismo y con los nacionalistas. En un tiempo en que la aversión a la derecha se había convertido en una suerte de dogma en las filas de la izquierda, Fernández tuvo una osadía verdaderamente notable: afirmó que, a pesar de los casos de corrupción, no se puede demonizar a un partido que ha recabado el apoyo de ocho millones de españoles en las últimas elecciones, y que con el PSOE articula la base de nuestro sistema democrático. No ha habido otro líder socialista en ejercicio que haya formulado de forma tan clara la necesidad de un pacto constitucionalista frente a la tentación de un frente de izquierdas con los nacionalistas, algo que para Fernández constituiría algo más que un error histórico, significaría el final del partido que él ha conocido y que tanto ha servido (con todas sus limitaciones y fracasos) a la reconciliación y el progreso de los españoles.

Gratitud a un socialista

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>Entrevista a Víctor Pérez Díaz

"Tenemos un déficit cívico crónico desde hace mucho tiempo"

Fernando de Haro

El sociólogo Víctor Pérez Díaz acaba de publicar hace unas semanas, “La voz de la sociedad ante la crisis”, una radiografía del momento que vive España. Hablamos con él de sus conclusiones.

Una de las conclusiones del libro es que existe convergencia entre los que se sienten más cercanos al liberalismo y a la socialdemocracia en una zona de moderación. ¿Es esa la sensibilidad de la mayoría de los españoles?

Yo más que convergencia diría que hay un terreno híbrido en el que se puede conversar, escucharse unos a otros, rectificar, cambiar posiciones. Se puede estar en un terreno en gran parte compartido, con diferencias de opinión continuas. No es la congruencia a la que llamamos consenso, en sentido estricto, sino una conversación que puede ser explorada. Unas veces se va en una dirección, y a la vista de los resultados, los adversarios se convencen de que la cosa ha ido bien, o bien sale todo fatal y hay una rectificación. Es un terreno de encuentros y desencuentros, con algunas reglas prácticas de convivencia. Hay un terreno común desde el punto de vista económico y social: la economía de mercado, regulada más o menos, con un sistema de bienestar amplio y más o menos complejo. Ese es un terreno de encuentro que está avalado por tres o cuatro generaciones que funciona funcionando bien ciertos países y regular en otros. En torno a esa idea, está un 60-70% de país. Si bien a la expectativa de experiencias diversas.

Eso significa una gran mayoría y apunta a que la imagen de polarización del país es un poco espejismo.

No es espejismo. Es un melodrama, en parte construido a partir de unas ciertas malquerencias que existen dentro del mundo mediático y político, y de los expertos a su servicio, que muchas veces exageran la intensidad de los sentimientos y la rigidez de las ideas. Lo hacen en parte porque hay una deriva hacia el dramatismo y también porque se dejan llevar poco del espíritu cainita: porque imaginan que la política es un mundo de amigos-enemigos. Por eso hay esa tendencia a buscar culpables y a hacer descargar el rayo celestial o infernal sobre algunos culpables a los que hay que castigar. Entonces, esa es una forma muy simple de resolver problemas complicados.

Es interesante que esto de la polarización sea algo artificial.

Relativamente artificial. Siempre hay segmentos intensamente polarizados en un sentido u otro pero en general no existe esa polarización. Por ejemplo en Estados Unidos, donde parece que todo está muy radicalizado, hay un 70-80% del país que no está tan polarizado.

Otra conclusión interesante es que en el imaginario de los españoles la referencia es la comunidad política española. ¿Eso significa que hay menos identificación con Europa o con las Comunidades Autónomas?

>Entrevista a Víctor Pérez Díaz

"Tenemos un déficit cívico crónico desde hace mucho tiempo"

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No basta tolerar. Hace falta amar

Wael Farouq

Los cristianos coptos saben que hoy en Egipto ir a la iglesia a rezar es arriesgado. Daesh ha amenazado con quemarlos en las iglesias y solo unos días antes las fuerzas de seguridad desactivaron un artefacto en el mismo templo que el Domingo de Ramos sufrió uno de los terribles atentados terroristas. Sin embargo, los cristianos egipcios siguen yendo a la iglesia a rezar. El Domingo de Ramos es un día especial para los niños. Antes las madres se dedicaban a crear símbolos y juguetes con hojas de palma. Nosotros, niños musulmanes, recibíamos coronas, estrellas y espadas hechas con estas hojas, mientras los niños cristianos llevaban las cruces. Les acompañábamos en cortejo hasta las puertas de la iglesia. Ellos entraban en misa y a nosotros nos daban algún dulce. Luego, esperando a que salieran, protegíamos a la iglesia de enemigos y demonios invisibles con nuestras espadas verdes.

Creo que la mía fue la última generación que vivió esta alegría. Después, a finales de los años 70 del siglo XX, el presidente Anwar al-Sadat abrió el espacio público a los islamistas y millones de egipcios emigraron hacia los países del Golfo, a sociedades uniformes que no conocían el pluralismo religioso ni lo aceptaban. Fue el inicio de la propaganda del ocio contra los cristianos en general y los egipcios en particular. En todos los barrios había una mezquita controlada por los propagandistas del islam político. Bajo la protección de Sadat y la indiferencia de sus sucesores, la propaganda contra los cristianos duró cuarenta años. Los jeques decían a los musulmanes que los cristianos eran “incrédulos”, que no había que comer de su comida, que no debíamos amarlos. “Matan a vuestros hermanos en Iraq, Palestina y Afganistán”, decían: “No les felicitéis en sus fiestas, no les dirijáis el saludo”.

Pero a pesar de los años que duró esta macabra propaganda, los egipcios supieron recuperar su unidad en la plaza Tahrir. La revolución creó un espacio de encuentro entre el musulmán, que había sido tentado de olvidar el amor y una convivencia secular, y el cristiano, que se había resignado a emigrar o aislarse del mundo, encerrándose entre los muros de su iglesia en su propio país. La revolución, en los pocos años que han pasado, destruyó décadas de odiosa propaganda. Muchos egipcios, a pesar de la propaganda del odio y de las matanzas terroristas, están redescubriendo el bien de la unidad. Tras los atentados del Domingo de Ramos, los cristianos rendían homenaje en las redes sociales a los heroicos agentes –todos musulmanes– que habían muerto mientras cumplían con su deber de proteger la misa oficiada por el papa Tawadros. Él era el objetivo principal de los ataques. El primero, en la iglesia de Tanta, tenía el objetivo de llamar la atención para golpear pocas horas después al líder espiritual de los cristianos coptos en la catedral de San Marcos de Alejandría. Pero el terrorista, al no conseguir entrar, se hizo estallar en la puerta del templo, matando así a cristianos y musulmanes.

No basta tolerar. Hace falta amar

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El otro es un bien, también en política

El otro es un bien, también en política

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El cantero de Alepo

Fernando de Haro

El cantero de Alepo es un hombre minucioso. No han dado aún las 9 de la mañana. Hace las marcas en una gran piedra blanca y luego las corta con esmero. Son las piedras que servirán para reparar la catedral melquita que ha perdido toda la cubierta por las bombas. La catedral melquita, la catedral armenia y la catedral maronita están juntas, en la pequeña Plaza de Fharat, donde comienza o comenzaba el Viejo Alepo. En las fiestas, en la plaza no cabía un alfiler.

Pero este domingo no hay nadie. Cuando el cantero apaga la sierra mecánica vuelve el silencio y se oye a las tórtolas de Alepo. Las tórtolas se posan sobre las piedras caídas, sobre los muros derribados. Se oyen las tórtolas volar y de vez en cuando las bombas que lanza todavía el ejército de Al Asad contra las posiciones de los yihadistas al oeste de la ciudad. (“No es nada -te explican los amigos cuando pones cara de preocupación- es solo para recordarles a los rebeldes que el ejército tiene controlada la ciudad”).

“Ver cómo ha quedado el Viejo Alepo hace mal al corazón”, me ha dicho una de las personas con las que he hablado estos días. Y lleva razón. No podías imaginar que las palabras mentirosas, la ideología, que parece un juego, sea capaz de sembrar tanta destrucción. Hasta que la ves. Y aquí son las piedras -piedras nobles, calles estrechas, tesoro de siglos que a pesar de haber sido prácticamente reducido a cascotes conserva su belleza-, pero el daño en las madres, en las esposas, en los hijos, ese daño que no se ve es como un océano de dolor inmenso y silencioso. Un océano que se vierte en lágrimas cuando entras en las casas de los vecinos de Alepo y empiezas a escuchar. No hay iglesia en la que no se celebre un funeral.

La bella Alepo, la ciudad cortejada por los cruzados, la que criaba a las más guapas princesas, es ahora una población diezmada. Todos los millennials deberían pasear por la zona este de Alepo, por sus calles reducidas a escombros, por los edificios semidesnudos, por el recuerdo vivísimo del infierno que se ha sufrido aquí en los dos últimos años. Todos deberían pasearse por estas calles de Alepo este para quedar dominados al menos un segundo por el silencio asombrado que te embarga al ver las consecuencias de las ideologías. Para derribar por un instante esa banalidad obstinada en la que vivimos. Detrás de cada piedra que está fuera de su sitio hay una historia, un drama.

Alepo este es una ciudad inhabitable. Alepo oeste es una ciudad sin luz regular, donde truenan los generadores, sin ascensores, con restaurantes de grandes comedores en los que solo se sirve café. A veces da la sensación de que solo las zapaterías y las heladerías tienen género. En algunos barrios solo hay agua corriente dos veces por semana. Y la mayoría de las familias no pueden pagar lo que cuesta un generador para poner una lavadora.

El cantero de Alepo

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No, Trump no mola

Fernando de Haro

¿Y si Trump llevase razón al sacar a Estados Unidos del Acuerdo de París, dándole con la puerta en las narices a todo el internacionalismo catastrófico del cambio climático? Bien, vale. Seguramente es excesivo decir una cosa así. El cambio climático está ahí. ¿Pero no mola que alguien haya sacado su voz del coro y le haya dado una buena sacudida a la casta, a las plañideras burocráticas de la ONU y a todo ese rollo del progresismo planetario? Al fin y al cabo, el Acuerdo de París no iba por buen camino como tampoco lo fue el Protocolo de Kioto. Las dos preguntas han quedado en el aire después de la decisión anunciada por el 45º presidente de los Estados Unidos. Y es que Trump no es un conservador, es un líder absolutamente postmoderno, un producto de la sociedad líquida que siembra dudas en aquel último punto firme que le quedaba a la razón moderna: la ciencia.

La primera gira internacional de Trump no comenzó en México o en Canadá, como es tradición desde hace algunos años, sino en Arabia Saudí. Para cerrar contratos millonarios de venta de armas (110.000 millones de dólares) en el principal país del Golfo. Rompía así con el único acierto de la política de Obama en Oriente Próximo: un acercamiento a Irán, cada vez más dispuesto a abrirse a las reformas, cada vez más patrocinador de un chiismo que permite el encuentro entre el islam y la modernidad. La “reconciliación” de Trump con el mundo musulmán se producía en la patria del wahabismo, esa corriente del sunismo que se ha convertido en la patrocinadora de todos los radicalismos que van desde el norte de África a buena parte de Asia. El último acto de la gira fue su participación en la reunión del G7 en Taormina. Allí destruyó cualquier posibilidad de que, al menos en la cuestión climática, haya un cierto germen de Autoridad Mundial que compense la cesión de la soberanía a los mercados (propia de la globalización) y la tendencia proteccionista.

El Acuerdo de París para la reducción de los gases de efecto invernadero, aprobado en 2015, tiene problemas. El objetivo es conseguir que la temperatura del planeta no aumente a final de siglo más de dos grados. No hay reducciones nacionales de las emisiones que se impongan desde fuera. Cada uno de los países firmantes es libre de determinar cuánto las rebaja. Y esas reducciones voluntarias, presentadas por los países firmantes, de momento no son suficientes para conseguir el propósito marcado para 2099. El anuncio de Trump siembra dudas en el arduo camino emprendido en la capital francesa. Además de reducir las emisiones (Estados Unidos y China son los dos países más contaminantes), el Acuerdo incluía la creación de un fondo de 100.000 millones para ayudar a los países más pobres en el desarrollo de energías sostenibles. Ahora todo eso será más difícil o imposible.

No, Trump no mola

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>Editorial

Cataluña, a través de la libertad

Fernando de Haro

Dentro de unos meses, quizás semanas, se va a convocar el segundo referéndum de secesión en el seno de la Unión Europea. El primero fue el de Escocia en 2014, el segundo el de Cataluña. Nada impedía que los miembros del Reino de Escocia, unido al de Inglaterra en 1707, votasen tres siglos después sobre una eventual separación. En el caso de España la prohibición de la consulta está contenida en la Constitución de 1978. La libertad de unos cuantos no puede ejercerse sin contar con el soberano, el pueblo. Pero cuando las aguas se tranquilicen, habrá que dar alguna salida al “deseo de decidir” (la libertad) de muchos: las constituciones no son eternas.

En los últimos días hemos conocido el borrador de la llamada “ley de desconexión”. Un texto secretísimo que el Gobierno de la Generalitat de Cataluña tiene preparado para declarar de forma unilateral la independencia. Madrid no va permitir, a diferencia de lo que sucedió en 2014, que el Gobierno independentista instale las urnas para un referéndum que ha sido prohibido por el Tribunal Constitucional. Sobre el papel, según la ley de desconexión, tras la prohibición, se crearía de forma unilateral la República de Cataluña que pasaría a ser titular de los bienes del Estado español en la zona, asumiría a los funcionarios y nombraría a los jueces. El español dejaría de ser lengua oficial.

Con toda probabilidad, nada de esto va a suceder. De hecho, los partidos que defienden la independencia se preparan para unas elecciones autonómicas tras la anulación de la consulta por parte del Tribunal Constitucional. ERC, la formación que, según todos los pronósticos, va a vencer aplazará durante un tiempo la agenda independentista.

Todas las encuestas reflejan que Cataluña está dividida por la mitad entre los partidarios y los contrarios a la independencia (con una ventaja de 4 puntos entre los contrarios que va en aumento). Casi un 70 por ciento de los catalanes rechaza una declaración unilateral de independencia. Pero los partidarios del referéndum, si es pactado, superan el 70 por ciento. Hay una gran mayoría que quiere decidir.

Con el tiempo hemos ido siendo cada vez más conscientes de que en democracia no se pueden mantener en pie valores, por muy esenciales que sean, que no son evidentes para el soberano, es decir para el pueblo. Eso no quiere decir que en democracia todo esté siempre a disposición de cualquier mayoría. La Constitución, como pacto fundacional, establece el cauce por el que el soberano, el pueblo, quiere que naveguen las mayorías. El principio de autolimitación de las libertades rige también para la definición de quién es el propio soberano: una minoría no puede ir contra la mayoría del pueblo de España constitucionalmente definido.

Cataluña, a través de la libertad

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>Editorial

La Venezuela que ya es libre

Fernando de Haro

Error de cálculo, nerviosismo por el miedo a perder el poder. En los próximos días se irá aclarando por qué el chavismo protagonizó la semana pasada un autogolpe de Estado y después intentó dar marcha atrás. Todo indica que estamos ante una guerra civil dentro del propio chavismo. Maduro no controla todos los hilos.

Los hilos de las decisiones del Tribunal Superior de Justicia, que actúa como Tribunal Constitucional, los controla el Ejecutivo. Y el Ejecutivo, en principio, lo controla Maduro. Pero hay indicios de que las sentencias 155 y 156, que vaciaron de competencias a la Asamblea Nacional, son obra del ala extremista del chavismo liderada por Diosdado Cabello. Una decisión a la que se habría opuesto el propio Maduro. Eso explicaría las críticas de la fiscal general del Estado, Luisa Ortega Díaz, mujer que ha prestado grandes servicios al régimen. Sorprendieron sus declaraciones críticas con el Supremo y la descalificación del autogolpe que hizo el Consejo de Defensa Nacional, un organismo a medida del presidente.

El golpe de la semana pasada, impulsado por el sector radical, llegaba en el momento más inoportuno. Cuando la Organización de Estados Americanos (OE), después de años de dudas, estaba estudiando la aplicación de la Carta Interamericana a Venezuela. Esa carta supone en la práctica extender un certificado de dictadura o semidictadura. Privar al parlamento de sus poderes ha dado al resto de los países de la región motivos para su decisión.

El golpe podía ser inoportuno para quien quería mantener todavía una cierta apariencia de democracia. Pero no para los más extremistas, para esa facción del ejército con negocios de blanqueo y narcotráfico, dispuestos a que no haya más elecciones.

En realidad, el golpe en Venezuela ha sido un golpe a cámara lenta. Primero fue el encarcelamiento de muchos opositores (113 presos políticos), entre los que está Leopoldo López. Luego llegó el bloqueo permanente de la Asamblea, la utilización del Tribunal Supremo para validar un decreto de emergencia alimentaria que había rechazado la oposición, las trabas al referéndum revocatorio y su posterior suspensión, así como la eliminación de las elecciones locales. Y lo último había sido el complejo mecanismo, de cumplimiento obligatorio e imposible, para que los partidos de la oposición se inscribieran, de nuevo, en el Consejo Electoral Nacional. Decisión que, en realidad, suponía que las elecciones presidenciales de 2018 fueran elecciones de partido único.

A lo peor Diosdado Cabello y el ala radical del chavismo no han errado el cálculo y simplemente han buscado subir un grado más la polarización, con violencia en las calles, para justificar la cubanización definitiva del régimen.

La Venezuela que ya es libre

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>CINE

La ciudad de las estrellas (La La Land)

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 2  848 votos
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Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D.

One, la nueva película de Fernando de Haro que se estrena en Madrid el próximo lunes, cuenta lo que nunca te han contado sobre la India. En la mayor democracia del mundo, en el país que compite con China por el liderazgo de Asia y de buena parte del planeta, sigue vigente un rígido sistema de castas. Por eso la minoría cristiana, que se atreve a afirmar la igualdad efectiva entre los indios, es perseguida. Los parias (los sin-casta) que abandonan el hinduismo y abrazan el cristianismo, buscando una vida más digna, pierden las ayudas sociales. Los obstáculos legales que limitan las conversiones han sido respaldados por el Tribunal Supremo. Un nuevo nacionalismo hindú no duda en recurrir a la violencia para restringir la libertad y lleva a cabo prácticas que algunos califican como prácticas genocidas. Prueba de ello es lo que sucedió en el distrito de Kandhamal durante 2008. Se pretendió “limpiar” de bautizados una amplia zona.

Este documental está grabado en Nueva Delhi; en Bhubaneswhar, la gran ciudad del hinduismo; y en las selvas de Orissa, junto al Golfo de Bengala. Recoge los rostros y las historias de gente sencilla (la inmensa mayoría de los bautizados de la India son parias) que ha encontrado en el cristianismo una forma más humana de vivir. Muchos explican por qué abrazaron la nueva religión y han abandonado la antigua. Otros relatan las injusticias sufridas y los motivos que les permiten ser fieles al credo de la cruz. La película da voz también a los nacionalistas hindús que justifican las políticas de discriminación.

Estamos ante el cuarto documental de una serie dedicada a los cristianos perseguidos. El primero de ellos, "Walking next to the wall", fue rodado en Egipto y está dedicado a los coptos. El segundo, Nasarah, grabado en el Líbano, está dedicado a los sirios e iraquíes perseguidos por el Daesh. El tercero, Aleluya, a Nigeria. Los cuatro están disponibles en la plataforma Vimeo. La serie está dirigida por Fernando de Haro que trabaja con la productora N Medio. El proyecto se lleva a cabo con la ayuda del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo y la Fundación Hernando de Larramendi.

A las 19 horas del lunes 23 de enero en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Julián Romea, 23. 28003 Madrid.

Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  811 votos

>Columna derecha

>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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