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21 AGOSTO 2017
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`No hemos estado lo suficientemente atinados frente a los indignados`

Juan Carlos Hernández

Entrevistamos a Óscar Puente, portavoz de la Ejecutiva Federal del PSOE y alcalde de Valladolid. El dirigente socialista participará como ponente este viernes en el curso “Los valores de la Transición, hoy”, organizado por la Universidad Europea Miguel de Cervantes.

Usted va a ser unos de los ponentes del curso de verano “Los valores de la transición, hoy” organizado por el profesor Quintana Paz. ¿Qué podemos aprender de este periodo de nuestra historia?

Lo primero que debemos aprender, o mejor no olvidar, es que hubo muchas personas, anónimas la mayor parte de ellas, de diferentes sensibilidades políticas, que lucharon denodadamente por traer la libertad y la democracia a nuestro país. Y no pocas de ellas lo pagaron caro.

Y segundo, que la Transición entre la dictadura y la democracia constituyó uno de los procesos políticos más interesantes de los que se han producido en la historia reciente, por cuanto supuso un cambio transcendental, no solo de carácter político sino también social, que no había tenido parangón hasta entonces en todo el mundo. Y lo relevante de ese proceso es que el diálogo y el acuerdo primaron sobre las diferencias entre quienes tenían distinta concepción ideológica.

Se ha resaltado, con razón, la talla política y el buen talante que demostraron aquellos políticos que fueron responsables de sacar adelante la Constitución española, el símbolo más destacado de ese proceso conocido como la Transición, y que solo fue posible porque primó el consenso entre quienes pensaban diferente. Aquellos políticos, que demostraron una gran altura de miras, sabían de la dificultad de la empresa y actuaron con generosidad. Esta es otra de las cuestiones que debemos aprender.

Y tampoco podemos olvidar que, a pesar de la bondad de ese proceso que nos condujo a la democracia, el camino no fue ni mucho menos fácil. En este sentido, cabe recordar que entre 1975 y 1983 se produjeron en nuestro país casi seiscientas muertes por violencia política, especialmente por parte del terrorismo de ETA, pero no solo, puesto que los pistoleros de extrema derecha y los excesos de algunos de los miembros de las llamadas por entonces Fuerzas de Orden Público contribuyeron a engrosar esa lista, bien es cierto que en menor medida. Tampoco cabe obviar el golpe de estado de 1981, y los intentos previos, que contribuyeron a que en España hubiera en esa época un temor evidente a lo que podría suponer el ruido de sables.

En definitiva, se trató de un proceso con muchas luces, pero también con ciertas sombras. A pesar de lo cual considero que el resultado del mismo ha sido netamente positivo.

En el texto de presentación del curso se plantea si podemos inspirarnos hoy en el espíritu de concordia que guio a los protagonistas de la Transición. ¿Hemos perdido la conciencia de que el adversario político es un bien, no un enemigo?

Hoy también resulta necesario el entendimiento entre quienes piensan distinto, no solo entre los políticos, sino también en el conjunto de la sociedad, en la que se observa un cierto grado de crispación que hace difícil el debate sereno.

'No hemos estado lo suficientemente atinados frente a los indignados'

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>Entrevista a Amelia Valcárcel

"Se subroga una hipoteca, pero un embarazo no se compra"

Fernando de Haro

Amelia Valcárcel, catedrática de Filosofía moral y política, miembro del Consejo de Estado, referente en el feminismo español valora la maternidad subrogada y el momento que vive España.

Se habla mucho últimamente de los vientres de alquiler o gestación subrogada. Hay quien lo presenta como una forma de autodeterminación. Usted es de las que están en contra de esta fórmula, ¿por qué?

Yo estoy en contra del eufemismo. Hay muchas cosas que no se pueden subrogar. Se puede subrogar una hipoteca, pero las enfermedades, por ejemplo, no hay manera de subrogarlas, no tiene sentido de hablar con eufemismos para que una práctica parezca lo que no es. De lo que se trata es de que en el cuerpo de una mujer se implanta un embrión cuyo óvulo, normalmente, es de otra mujer y el espermatozoide de un varón que se supone que de esa manera no va a tener su carga genética, eso es lo que se busca, que la carga genética de la mujer que va a ser madre no sea la del embrión. Eso es tanto como desconocer todo lo que es la epigenética y desde luego es una mentira desde el inicio. No hay nada que se llame técnica de reproducción asistida en esto. Esto es un embarazo normal, con el anidamiento de un embrión en el útero de una mujer que es su madre, y que lo va a gestar durante 40 semanas, y que va a desprenderse de esa criatura porque alguien se la va a llevar mediante dinero. Y no tiene más. Nadie en su sano juicio puede estar a favor de una práctica que vulnera derechos inalienables. Hay cosas que no se pueden comprar ni vender, la vida humana. Nos ha costado siglos hacernos cargo de esta verdad. Muchas sociedades pensaron, por supuestos, que los seres humanos se pueden comprar y vender, muchísimas. Hemos acabado con la esclavitud casi no hace un siglo en algunos lugares. De tal manera que pretender, llamándole técnica a lo que no lo es, o llamando subrogación a una compra, volver a introducir por la puerta de atrás una práctica tan detestable como esta, que consiste en que una madre no tenga derechos sobre la criatura que gesta y pare, que esa criatura vaya a terceros que se encargan de un pago, que puede decirse también con un eufemismo que es por las molestias habidas, que un embarazo no son unas molestias habidas sino como la gente solemos venir al mundo.

Parece que estamos cerca de un pacto contra la violencia de género, pero dicen los juristas que ya se puede afinar poco el ordenamiento jurídico para combatir esta plaga, ¿qué nos falta en el terreno educativo? ¿Las nuevas generaciones femeninas han perdido una sólida autoestima que permita vencer la violencia de género no solo en el ámbito jurídico sino en el ámbito cultural, el de las relaciones? ¿Qué nos falta para poder responder seriamente a este gravísimo problema que sufrimos?

>Entrevista a Amelia Valcárcel

"Se subroga una hipoteca, pero un embarazo no se compra"

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Si no se alcanzan los objetivos, ¿repetir curso así es la solución?

Jesús Pueyo

Como muchos de los alumnos de nuestro sistema educativo que no han logrado alcanzar los objetivos propuestos en este curso, la “Subcomisión del Congreso de los Diputados para el Pacto Educativo” tampoco ha logrado el suyo y tendrá que prorrogar sus trabajos otros seis meses. Lejos de suponer un fracaso como puede ser entendido en el caso de la mayoría de los alumnos a los que les toca repetir, el solo hecho de que se haya constituido este grupo de trabajo y estén compareciendo distintas personalidades expertas en el mundo educativo, representantes de instituciones vinculadas a la educación, miembros de la comunidad educativa o perfiles políticos ya supone un gran paso para acercarse a la consecución de un consenso que permita alcanzar unas conclusiones finales que dé como fruto un Pacto de Estado Social y Político por la Educación, resultado de las aportaciones y los distintos puntos de vista de todos los que han participado en el debate.

Muchos están siendo los temas abordados y, entre ellos, uno que especialmente debe preocuparnos, si el objetivo es mejorar el sistema y por ende la formación de nuestras generaciones futuras, es la repetición de curso de aquellos que no han alcanzado las metas propuestas al inicio. En la subcomisión se ha planteado desde su supresión hasta su modificación o su consolidación.

Desde la Federación de Sindicatos Independientes de Enseñanza (FSIE), una de las voces que ya se han oído en esta subcomisión, se ha trasladado a sus señorías que la repetición de curso se debe debatir, analizar y modificar. No son nuevos los estudios que cuestionan la eficacia de nuestro sistema de repeticiones y señalan el elevado coste de las mismas. Urge por lo tanto analizar en profundidad este asunto y proponer otras medidas alternativas que puedan servir para lograr el mismo objetivo siendo más eficaces.

¿Se han preguntado alguna vez de qué cifras estamos hablando? En España el porcentaje de alumnos que no terminan la ESO en el año que les corresponde es de los más elevados de Europa. Según la OCDE, “los alumnos escolarizados en 4º de la ESO que han repetido al menos un año representan el 35%, muy lejos de la media de la OCDE que está en el 13%”. Este mismo estudio afirma que “el coste de la repetición supone unos 20.000 euros por cada alumno, lo que supone un 8% del gasto en Educación Primaria y Secundaria”. El informe, entre sus conclusiones, también afirma que “si España redujese las tasas de repetición y la brecha de rendimiento entre los alumnos repetidores y no repetidores, el sistema educativo español se posicionaría en el mismo nivel o superior al de la OCDE”.

Estos datos reflejan la gravedad del problema y ponen el acento en lo que muchos docentes ya vienen expresando desde las aulas hace años, confirmando que es necesaria la reflexión sobre lo que estamos haciendo, ya que son muchos los que repiten pero muy pocos los que mejoran de verdad.

Si no se alcanzan los objetivos, ¿repetir curso así es la solución?

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>Entrevista a Rodolfo Martín Villa

"Nos movió un deseo infinito de reconciliación"

Fernando de Haro

Rodolfo Martín Villa era ministro de Gobernación, lo que sería ahora ministro del Interior, en el Gobierno que organizó las primeras elecciones democráticas en España hace 40 años. Martín Villa, uno de los hombres de la Transición recuerda las claves de lo sucedido hace cuatro décadas.

La época de la Transición fue de mucha violencia, ETA quiso boicotear las elecciones del 77, pero también había violencia de la extrema derecha. Recordemos el atentado de Atocha contra los abogados laboralistas. ¿Por qué cree usted que a pesar de esa intensa violencia la Transición salió adelante?

Fundamentalmente porque teníamos una España abierta y socialmente democrática y avanzada. Es verdad que no lo era el régimen político, pero fue fundamental la transformación social, cultural y económica. El desarrollo de los años 70-75 fue esencial para permitirlo. El Gobierno de Suárez fue el verdadero Gobierno de la Transición, porque al final de su mandato donde no había partidos los había, donde no había cámaras legislativas las había, donde no había pluralismo sindical lo había. Por primera vez en la historia de España, en muchos años, no había un solo preso político ni un solo exiliado. Tuvo fe el Gobierno. Porque hubo momentos gravísimos, especialmente a finales de enero de 1977.

Fue aquella semana trágica.

La semana trágica fue entre el 23 y el 30 de diciembre. A los atentados de los abogados laboralistas de Atocha, siguieron los atentados de ETA, también estaba presente el Grapo… hubo secuestros. Pero hay que decir, con humildad, pero también con orgullo, que no cedimos ni un milímetro. Tuvimos que atemperarnos en el ritmo a estos acontecimientos, pero en el objetivo, que era que al final tuviéramos una España democratizada y unas Cámaras impecablemente representativas del pueblo español que hicieran una Constitución, no cedimos.

En el caso del atentado contra los abogados laboralistas, el PCE estuvo a la altura, ¿no?

Estuvo a la altura todo, pero en concreto el PCE lo estuvo claramente. En la cabeza de aquel Gobierno y en concreto de la de su presidente Adolfo Suárez ya estaba la idea de su legalización. Pero si había alguna duda - como dice el viejo dicho de que se escribe derecho con renglones torcidos-, el torcidísimo renglón de los atentados produjo un comportamiento del PCE como un partido de orden, de su orden, pero de orden.

Torcuato Fernández Miranda tenía la obsesión de que se pasara “de la ley a la ley”, de la legislación franquista a la legislación democrática, y en ese lema se enmarca la reforma política del 77. Precisamente eso es lo que se cuestiona ahora. Se dice que, en realidad, la única sucesión legal que hubiera sido legítima es la que hubiera recuperado la legalidad republicana. Esta es una de las objeciones que se le hace a la Transición.

>Entrevista a Rodolfo Martín Villa

"Nos movió un deseo infinito de reconciliación"

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El Profeta galileo ¿por qué no hace nada?

Javier Prades

Una novela que hace gustar de la escritura y vuelve humano el corazón. Lástima que el título no sugiera la riqueza estremecedora que encierran sus páginas. Basta empezar a leer. Luego está hecho. Desde la primera escena hasta el final ya no hay quien lo deje.

Es muy arriesgado escribir un relato sobre el relato de los relatos, la Biblia. Muy pocas veces dejo de pensar que el original supera infinitamente cualquier versión o adaptación narrativa. No me atrevo a opinar sobre las películas de argumento bíblico, aunque en general me sucede lo mismo. Quizá en la música sí quepa reconocer verdaderas obras maestras que –por decirlo de algún modo– están a la altura del guion bíblico. Victoria, Pergolesi, Bach, Mozart, Dvořák o Poulenc, entre otros, son dignos de la belleza única de la Sagrada Escritura... Pero no me quiero desviar de nuestro asunto.

El relato de la Pasión, proclamado en la liturgia de la Semana Santa, y releído en otros momentos del año litúrgico, soporta maravillosamente el paso del tiempo. No unos meses, no. Más de dos mil años. Cada vez que te acercas a él descubres un matiz de la redacción, un rasgo psicológico, una descripción del drama humano o una consecuencia para tu vida en la que no habías reparado, aunque lo lleves escuchando o leyendo desde hace 50 años. ¿Qué obra de la literatura universal se somete a una prueba semejante?

Los relatos sobre personajes bíblicos, como digo, raramente ayudan a entrar mejor en esta historia inaudita que han tejido los autores sagrados. En el siglo XX, los Misterios de Péguy, el Barrabás de Lagerkvist o el Bar Jona de Sartre, en España Jiménez Lozano... Sin duda hay excepciones de valor. Salisachs también acepta el desafío. Y no sale malparada. Elige un personaje evangélico, conocido popularmente por su nombre, Dimas “el buen ladrón”, pero cuyas andanzas hasta terminar colgado en la cruz no se narran en los evangelios.

La familia de Dimas va dibujándose resueltamente nada más empezar. Destaca la figura grandiosa de su madre, Eva, afligida por una maldición que cayó sobre el niño al nacer. Nos sumergimos en las costumbres y en la mentalidad de los judíos observantes que esperaban al Mesías. Exploramos los corazones de los personajes, sus pliegues más oscuros y sus horizontes más luminosos. Salisachs compone una trama en la que va aflorando poco a poco, aquí y allá, puras alusiones, la figura del Profeta.

Con ese bagaje a las espaldas desembocamos en los capítulos más sobrecogedores de la novela. Dimas se marchó hace años, para cumplir sus sueños y colmar su ambición. Eva queda viuda en casa. Sólo la sostiene el recuerdo de su hijo querido y la esperanza de volver a verlo. Lidia también espera su vuelta para casarse y empezar esa familia vislumbrada tantas veces a escondidas. La noticia cae sobre ellas como un martillazo: han prendido a Dimas por sus crímenes, y va a ser condenado junto con Gestas, tal es el nombre del otro ladrón que será crucificado en el Gólgota. No lo creen. No lo quieren creer. Dimas no.

El Profeta galileo ¿por qué no hace nada?

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La presencia de los cristianos en una sociedad pluralista

Massimo Borghesi

Sin duda, con este título abordamos un tema delicado, complejo, objeto de muchas controversias. Para obtener una reflexión mínimamente útil habría que tener presentes al menos dos factores: el primero es el escenario histórico y sus cambios, y el segundo todo lo que sugiere la fe en el momento histórico actual, a la luz del magisterio del Papa. Resumiendo, tener claro el contexto histórico que ha llevado a la situación presente y tener claro qué es lo que más urge en este momento desde el punto de vista de la fe.

No cabe duda. Los últimos setenta años, desde la posguerra hasta hoy, han visto variaciones sensibles en la presencia de los católicos en el espacio democrático, que ha sufrido profundas mutaciones. Desde 1945 hasta los primeros años 90, el catolicismo político encontró su expresión en la Democracia Cristiana, baluarte de la democracia italiana. La DC era, frente a un partido comunista orgánicamente ligado a la Unión Soviética, la democracia italiana, y esto lo reconocerán, después de 1989, ilustres exponentes del Partido Comunista. La ecuación entre DC y democracia italiana fue posible por una serie de motivos. Primero, el partido de los católicos era un partido popular de masas, el único capaz de oponerse al PC. Los partidos laicos, por el contrario, no tenían ningún consenso popular. Era el partido de la mediación entre las clases sociales y, en este sentido, era un partido "popular". El segundo motivo dependía de la legitimación de las potencias vencedoras, empezando por Estados Unidos. No se podía gobernar sin el consenso americano. Italia era un país vencido, esto lo solemos olvidar, era un país bajo tutela. Y lo sigue siendo, setenta años después. Tercer motivo, la DC no fue un partido clerical sino el heredero del partido popular de Sturzo, es decir, un partido laico de inspiración católica. La DC siempre tuvo esta naturaleza de partido laico de los católicos, y eso era bueno. Esa naturaleza laical y no clerical de la DC permitió el apoyo de las masas. De hecho, en este partido la presencia pública de los católicos se expresaba con figuras de altísimo nivel, como De Gasperi, Fanfani, Moro y el siciliano La Pira.

La presencia de los cristianos en una sociedad pluralista

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Los refugiados como factor actual de la vocación cristiana

Jorge Martínez Lucena

El número de personas que mueren en el Mediterráneo sigue incrementándose drásticamente. Las noticias se suceden. El 17 de enero de 2017 Europa Press decía: “Las muertes en el Mediterráneo se duplican en 2017, con 219 inmigrantes fallecidos”, solo en 17 días. A mediados del año pasado, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, afirmaba que desde 2014 habían muerto ya 10000 personas en este mare nostrum convertido en cementerio. El Papa ha estado en Lampedusa y en Lesbos, rezando por los difuntos y pidiendo ayuda para los que han conseguido llegar y malviven en condiciones denigrantes, sometidos a las inclemencias meteorológicas y a una espera sin sentido ni final previsible. Incluso las portadas han apelado a nuestra conciencia a través de fotografías de niños muertos en las playas, como la de Aylan Kurdi, que no conseguiremos olvidar, en 2015.

El problema no es el silencio mediático. Las noticias no dejan de llegar, aunque pierden notoriedad rápidamente, porque la gente no las elige, no las lee, ni las retuitea o comparte en Facebook. Porque de lo que se trata, no lo olvidemos, es de ser feliz en la medida de nuestras pequeñas posibilidades, y ver la desgracia de nuestros hermanos los inmigrantes y refugiados no ayuda demasiado al buen rollito.

Mientras tanto, nos llenamos la boca de lo importante que es la educación de nuestros hijos, de que el proyecto ilustrado ha fracasado (aunque por suerte a algunos nos queda el cristianismo), de que sólo es posible transmitir los propios valores a través del testimonio de vida, etc. Tenemos clarísimo lo fundamental de transmitir la tradición cristiana a nuestros hijos.

Sin embargo, a uno se le hace un poco cuesta arriba la contradicción entre los alarmantes datos de los refugiados, sus condiciones de vida paupérrimas y en confinamiento, y la irreverente falta de hospitalidad de Europa, que nos convierte en una sociedad post-cristiana de pleno derecho. Algo especialmente sorprendente en países de tradición católica incuestionable como España, donde hace pocos años teníamos marchas por la vida y la familia con casi un millón de manifestantes en las calles de Madrid.

Es verdad que en Barcelona se reunieron 200.000 personas bajo el lema “Nuestra casa, vuestra casa” este febrero y que este mayo hemos visto a 100.000 personas en Milán marchando y coreando el “Juntos sin muros”, encabezados por 200 refugiados portando una lancha neumática. Pero son marchas menos numerosas que la antes mencionada y mucho más plurales y transversales ideológicamente. Lo cual, en dos sentidos, es muy positivo: primero, porque estas manifestaciones se convierten en ocasiones de cohesión social en el contexto de una causa común justa; y segundo, porque una de las razones de la falta de concurrencia católica en dichas manifestaciones es que los obispos no han llamado a filas, lo cual está muy bien, porque así no se substituye la conciencia y la libertad de los feligreses, y podemos tomarle el pulso a nuestro grado de somnolencia real.

Los refugiados como factor actual de la vocación cristiana

Jorge Martínez Lucena | 0 comentarios valoración: 3  166 votos
>Entrevista a Valentí Puig

"Cataluña no es la del 34, hay que milimitrar la respuesta"

P.D.

El escritor Valentí Puig valora para paginasdigital.es el anuncio de un referéndum en Cataluña el próximo 1 de octubre. Está convencido de que lo que hay por delante no es una secesión sino unas elecciones autonómicas.

El viernes pasado Puigdemont anunció fecha y pregunta del referéndum para la secesión. Hay quien lo ha comparado con el anuncio que Companys hace en octubre del 34. ¿Son más las diferencias o las similitudes?

Lo que Puigdemont ofició el pasado viernes fue un brindis al sol, una declaración política –mendaz y manipuladora de la realidad de Cataluña– que, siendo inquietante y a la vez grotesca, jurídicamente no tiene valor ejecutivo. La respuesta jurídica del Estado se activará en el momento en que el anuncio de convocatoria de un referéndum a todas luces ilícito –de sinrazón iliberal– quede reflejado en un documento oficial, lo que constituirá una ilegalidad claramente punible según dicte la ley. Es significativo que tanto representantes de la policía autonómica –los “mossos d’esquadra”– como portavoces del funcionariado en general estén advirtiendo que no secundarán ninguna ilegalidad. En el caso de octubre de 1934, Companys proclamó el Estado Catalán y así se lo hizo saber al Capitán General, conminándole a ponerse a sus órdenes. Entonces hubo barricadas, actuación de grupos paramilitares independentistas y el ejército tuvo que proclamar el estado de guerra. Total: cuarenta y seis muertos. Companys y sus adláteres fueron condenados por rebelión militar. En el caso actual, el panorama más a mano no es el de una declaración unilateral de independencia sino el de elecciones autonómicas anticipadas, por lo que la escenificación del viernes va a constatarse como una farsa, un desprecio al pluralismo y un gesto de subversión institucional pero, en el fondo, el secesionismo sabe que el referéndum no tendrá lugar. De hecho la legislatura que han gestionado –es un decir– Junts pel Sí y los antisistema de la CUP ha expirado hace ya tiempo. Ahora de lo que se trata es de estar bien situado en la línea de salida para unas elecciones autonómicas que se querrá disfrazar de plebiscitarias. Evidentemente, por ahora toda irresponsabilidad vale.

Según las encuestas hay una mayoría de catalanes que no quieren un referéndum unilateral. ¿Cómo debería moverse a partir de este momento para hacer cumplir la ley y no generar más adeptos a la causa independentista?

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"Cataluña no es la del 34, hay que milimitrar la respuesta"

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>Entrevista a Víctor Pérez Díaz

"Tenemos un déficit cívico crónico desde hace mucho tiempo"

Fernando de Haro

El sociólogo Víctor Pérez Díaz acaba de publicar hace unas semanas, “La voz de la sociedad ante la crisis”, una radiografía del momento que vive España. Hablamos con él de sus conclusiones.

Una de las conclusiones del libro es que existe convergencia entre los que se sienten más cercanos al liberalismo y a la socialdemocracia en una zona de moderación. ¿Es esa la sensibilidad de la mayoría de los españoles?

Yo más que convergencia diría que hay un terreno híbrido en el que se puede conversar, escucharse unos a otros, rectificar, cambiar posiciones. Se puede estar en un terreno en gran parte compartido, con diferencias de opinión continuas. No es la congruencia a la que llamamos consenso, en sentido estricto, sino una conversación que puede ser explorada. Unas veces se va en una dirección, y a la vista de los resultados, los adversarios se convencen de que la cosa ha ido bien, o bien sale todo fatal y hay una rectificación. Es un terreno de encuentros y desencuentros, con algunas reglas prácticas de convivencia. Hay un terreno común desde el punto de vista económico y social: la economía de mercado, regulada más o menos, con un sistema de bienestar amplio y más o menos complejo. Ese es un terreno de encuentro que está avalado por tres o cuatro generaciones que funciona funcionando bien ciertos países y regular en otros. En torno a esa idea, está un 60-70% de país. Si bien a la expectativa de experiencias diversas.

Eso significa una gran mayoría y apunta a que la imagen de polarización del país es un poco espejismo.

No es espejismo. Es un melodrama, en parte construido a partir de unas ciertas malquerencias que existen dentro del mundo mediático y político, y de los expertos a su servicio, que muchas veces exageran la intensidad de los sentimientos y la rigidez de las ideas. Lo hacen en parte porque hay una deriva hacia el dramatismo y también porque se dejan llevar poco del espíritu cainita: porque imaginan que la política es un mundo de amigos-enemigos. Por eso hay esa tendencia a buscar culpables y a hacer descargar el rayo celestial o infernal sobre algunos culpables a los que hay que castigar. Entonces, esa es una forma muy simple de resolver problemas complicados.

Es interesante que esto de la polarización sea algo artificial.

Relativamente artificial. Siempre hay segmentos intensamente polarizados en un sentido u otro pero en general no existe esa polarización. Por ejemplo en Estados Unidos, donde parece que todo está muy radicalizado, hay un 70-80% del país que no está tan polarizado.

Otra conclusión interesante es que en el imaginario de los españoles la referencia es la comunidad política española. ¿Eso significa que hay menos identificación con Europa o con las Comunidades Autónomas?

>Entrevista a Víctor Pérez Díaz

"Tenemos un déficit cívico crónico desde hace mucho tiempo"

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  236 votos

No basta tolerar. Hace falta amar

Wael Farouq

Los cristianos coptos saben que hoy en Egipto ir a la iglesia a rezar es arriesgado. Daesh ha amenazado con quemarlos en las iglesias y solo unos días antes las fuerzas de seguridad desactivaron un artefacto en el mismo templo que el Domingo de Ramos sufrió uno de los terribles atentados terroristas. Sin embargo, los cristianos egipcios siguen yendo a la iglesia a rezar. El Domingo de Ramos es un día especial para los niños. Antes las madres se dedicaban a crear símbolos y juguetes con hojas de palma. Nosotros, niños musulmanes, recibíamos coronas, estrellas y espadas hechas con estas hojas, mientras los niños cristianos llevaban las cruces. Les acompañábamos en cortejo hasta las puertas de la iglesia. Ellos entraban en misa y a nosotros nos daban algún dulce. Luego, esperando a que salieran, protegíamos a la iglesia de enemigos y demonios invisibles con nuestras espadas verdes.

Creo que la mía fue la última generación que vivió esta alegría. Después, a finales de los años 70 del siglo XX, el presidente Anwar al-Sadat abrió el espacio público a los islamistas y millones de egipcios emigraron hacia los países del Golfo, a sociedades uniformes que no conocían el pluralismo religioso ni lo aceptaban. Fue el inicio de la propaganda del ocio contra los cristianos en general y los egipcios en particular. En todos los barrios había una mezquita controlada por los propagandistas del islam político. Bajo la protección de Sadat y la indiferencia de sus sucesores, la propaganda contra los cristianos duró cuarenta años. Los jeques decían a los musulmanes que los cristianos eran “incrédulos”, que no había que comer de su comida, que no debíamos amarlos. “Matan a vuestros hermanos en Iraq, Palestina y Afganistán”, decían: “No les felicitéis en sus fiestas, no les dirijáis el saludo”.

Pero a pesar de los años que duró esta macabra propaganda, los egipcios supieron recuperar su unidad en la plaza Tahrir. La revolución creó un espacio de encuentro entre el musulmán, que había sido tentado de olvidar el amor y una convivencia secular, y el cristiano, que se había resignado a emigrar o aislarse del mundo, encerrándose entre los muros de su iglesia en su propio país. La revolución, en los pocos años que han pasado, destruyó décadas de odiosa propaganda. Muchos egipcios, a pesar de la propaganda del odio y de las matanzas terroristas, están redescubriendo el bien de la unidad. Tras los atentados del Domingo de Ramos, los cristianos rendían homenaje en las redes sociales a los heroicos agentes –todos musulmanes– que habían muerto mientras cumplían con su deber de proteger la misa oficiada por el papa Tawadros. Él era el objetivo principal de los ataques. El primero, en la iglesia de Tanta, tenía el objetivo de llamar la atención para golpear pocas horas después al líder espiritual de los cristianos coptos en la catedral de San Marcos de Alejandría. Pero el terrorista, al no conseguir entrar, se hizo estallar en la puerta del templo, matando así a cristianos y musulmanes.

No basta tolerar. Hace falta amar

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Barcelona: la urgencia de vivir a la altura del desafío

Fernando de Haro

Horas de muerte, de terror, de miedo y de confusión en Barcelona, el destino turístico más visitado de Europa. Atropello en Las Ramblas, en el centro de la ciudad, una decena de asesinados y ochenta heridos. Durante horas información confusa y el miedo a que los terroristas estuvieran atrincherados. Antes de cualquier análisis, lo primero es un instante de humanidad, una oración de quien sepa rezar por las víctimas, los heridos y su familia. Un segundo para tomar en consideración el dolor de cada uno de los golpeados. Sin ese gesto para hacernos cargo del mucho sufrimiento, el mal que quieren sembrar los bárbaros se expande. España lo sabe bien. Ante la voluntad de causar un mal irreparable por parte de quien conducía la furgoneta de la muerte, solo un gesto de libertad, gratuito, de com-pasión para afirmar la vida está a la altura del reto. Los cientos de donantes de sangre que han visitado los hospitales de Barcelona en las últimas horas lo intuían. A los que vierten la sangre solo se les responde con un acto de donación. Sabemos que es necesario conseguir medidas de seguridad más eficaces, más colaboración policial en Europa, más inteligencia geoestratégica para acabar con los santuarios que alimentan el yihadismo, más y mejor educación para combatir el radicalismo de grupos minoritarios que abrazan un nihilismo huérfano de identidad. Pero todo eso no será suficiente. Solo una respuesta gratuita que afirme la vida es eficaz.

Hasta ahora España había quedado a salvo de la barbarie de los violentos que siembran la muerte con atropellos. Hace algo más trece meses comenzaron con el atentado de Niza y luego vinieron Estocolmo, Berlín, París y Londres (en tres ocasiones). La policía esperaba algo así. El terrorismo yihadista ya hizo mucho daño hace 13 años en Madrid, el conocido como 11-M dejó casi 200 muertos. Pero aquel yihadismo, el de Al Qaeda, ya es algo muy lejano. Los atentados de Atocha fueron preparados por una célula de extranjeros a las órdenes de uno de los responsables de una organización terrorista vertebrada, organizada, que se vengaba de detenciones previas. Esto es otra cosa. Aquí estamos ante un terrorismo que no necesita ni comandos, ni organización, ni preparación previa. La policía española lleva muchos años consiguiendo importantes logros en la lucha contra el terrorismo islamista. Pero ni la experiencia acumulada tras los atentados de 2004 en Madrid, ni la intensa actividad policial que ha permitido detener a 200 yihadistas en los últimos cinco años ha impedido que se produjera un atentado que es muy difícil de evitar. Aunque la integración de los dos millones de musulmanes que viven en España es alta, hay algunas bolsas de radicalismo violento en la provincia de Barcelona, en Ceuta y Melilla (ciudades en suelo africano) y en el área metropolitana de Madrid. Los que planean el dolor pueden ser identificados, los que no utilizan planificación alguna son casi invisibles.

Barcelona: la urgencia de vivir a la altura del desafío

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El loco, las pastillas y la geoestrategia

Fernando de Haro

La época de la Guerra Fría desarrolló fórmulas diplomáticas mucho más complejas de las que se usan en estos tiempos. En plena tensión con el bloque comunista, la administración estadounidense creó la llamada “teoría del loco” como instrumento disuasivo. La utilizó el equipo de Nixon para intentar forzar a los vietnamitas a negociar. Kissinger tuvo mucho que ver en el desarrollo de un recurso que consistía en hacer creer a los soviéticos, o a cualquier potencial adversario, que en el Despacho Oval había sentado un presidente al que no se podía controlar, dispuesto a cualquier cosa.

Quizás la “teoría del loco” se haya sofisticado. Quizás las amenazas volcadas durante los últimos días por Trump contra Corea del Norte (también contra Venezuela) sean parte de una complicada operación de disuasión. Aunque es difícil creer que todo esté planificado. El presidente de Estados Unidos ha hablado de responder con “furia y fuego”, ha asegurado que está dispuesto a disparar y a provocar algo “que no se ha visto nunca”. El Secretario de Estado, Rex Tillerson, se ha ocupado, como en otras ocasiones, de hacer de “policía bueno” y de rebajar las amenazas. Ya ha sucedido en otros incendios de los muchos que ha provocado Trump.

Más que una sofisticada operación de simulación parece que estamos ante un nuevo error, consecuencia del gusto o de la necesidad de alimentar la imagen de la “fortaleza asediada”. A Trump no le importa tener unos índices de popularidad muy bajos, pero necesita que su suelo no descienda del 36 por ciento de aprobación. Y para ese fin es necesario mantener la imagen de un gran peligro del que hay que defenderse con firmeza y de forma elemental, algo más urgente para Trump que las victorias en política internacional.

El presidente, de hecho, al enzarzarse en una polémica con Kim Jong-un ha perdido buena parte de la ventaja que consiguió hace unos días su embajadora en Naciones Unidas. Nikki Haley arrancó una interesante resolución del Consejo de Seguridad para aumentar las sanciones. El veto a las exportaciones de carbón, hierro, plomo y marisco, al que no se opuso China, supuso una gran conquista. En lugar de quedarse callado, después de semejante avance, Trump ha incumplido una de las reglas fundamentales en cualquier conflicto: no polemices, no discutas con quien está en una posición inferior. Es el mismo error que ha cometido con Venezuela. Nada le puede venir mejor a Maduro que un presidente de los Estados Unidos amenazándole con una intervención armada.

La primera advertencia de “furia y fuego” se producía curiosamente después de que Trump participara en una reunión para afrontar la grave epidemia por el consumo de opiáceos que afecta al país. La cuestión es seria y refleja el profundo “estado de infelicidad” de un importante segmento de la población estadounidense. Por mucho que algunos pretendan restarle relevancia, recordando que ya hubo unas epidemias similares por el consumo de los derivados del opio en el siglo XIX, los datos son contundentes.

El loco, las pastillas y la geoestrategia

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>Editorial

Venezuela: un cambio que puede tardar

Fernando de Haro

La palabra dictadura ha dejado de ser una metáfora para describir lo que sucede en Venezuela. El inicio de los trabajos de la falsa Constituyente, la destitución de la fiscal general Luisa Ortega -una de las pocas voces libres del chavismo que se alzaba todavía contra Maduro-, el modo en el que los opositores Leopoldo López y Antonio Ledezma han ido y vuelto desde sus casas a la prisión de Ramo Verde son todos ellos indicios más que suficientes. La decisión del Vaticano de reclamar la suspensión de la Asamblea, elegida de forma fraudulenta para redactar una nueva Constitución, supone la constatación de que el presidente venezolano ha volado todos los puentes.

La Secretaría de Estado está convencida de que en este momento no hay diálogo posible. Roma apuró hasta el final las posibilidades de un entendimiento, apuesta que muchos no entendieron. Es lógico que la Iglesia hablara con una voz a través de los obispos locales y con otra desde el Vaticano. Es una fórmula tradicional. Las críticas que ahora se formulan desde la Sede de Pedro pueden ser un buen ejemplo para Zapatero. El expresidente español intentó también una negociación que se ha visto frustrada por un régimen que no tiene ninguna voluntad de encontrar una salida a la situación. Ahora convendría que hablara.

Algunos exiliados cubanos encuentran muchas similitudes entre lo que está sucediendo este verano en Venezuela y lo que ocurrió en Cuba en enero de 1959, cuando Fidel Castro tomó el poder. No hay que exagerar los parecidos. No estamos ante un golpe sino ante un autogolpe de Estado. A diferencia de lo que ocurrió hace casi 60 años, en este caso hay un sólido bloque opositor que está resistiendo heroicamente al tirano, ahora no hay una Comunidad Internacional confundida (Estados Unidos reconoció el primer Gobierno de Fidel). Pero sí existe una alta posibilidad de que fragüe una dictadura sostenida por el ejército y por el negocio del narcotráfico de algunos de sus líderes. Una dictadura que, paradójicamente, no puede presentarse como la solución a la miseria del pueblo, al clima de terror y de violencia sino como una prolongación de una postración que dura ya demasiado tiempo.

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>Editorial

Terrorismo: ¿algo más que memoria?

Fernando de Haro

Las conclusiones de la cumbre del G20 celebrada en Hamburgo han incorporado una aportación española para que sean reconocidas y apoyadas las víctimas del terrorismo. España, después de haber sufrido durante años el terrorismo de ETA, se ha convertido en una experta en víctimas. Tiene mucho que decir en este campo ahora que la lacra del asesinato político e ideológico se extiende por todo el mundo.

La aportación llega cuando se cumplen 20 años del asesinato de ETA que cambió radicalmente las cosas: el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Hasta bien entrada la década de los 90 había todavía una ambigüedad sobre la banda terrorista. Se condenaban los atentados. Pero perduraba la duda sobre la posible legitimidad no de los medios, pero sí de alguno de sus fines. Contribuía a ello que hubiera empezado a utilizar la violencia bajo la dictadura de Franco y la cantinela de que en el País Vasco había un conflicto político. El asesinato de Blanco en el 97 abrió los ojos, proporcionó una dolorosa claridad moral y permitió deshacerse de ciertos complejos propios de una democracia demasiado joven. A partir de ese momento fue evidente que los asesinos no podían seguir haciendo política.

Las víctimas, que durante muchos años habían sufrido no solo la violencia sino una perversa transferencia de culpa de los victimarios, empezaron a ser reconocidas política y socialmente. Se acuñó entonces el lema “memoria, dignidad y justicia”. Una fórmula que quería escribir en mármol el agradecimiento de la sociedad española a los más débiles, a los que más han sufrido y a los que han sido siempre leales al Estado de Derecho. Ahora que la violencia va quedando atrás y que es necesario construir el relato de lo ocurrido, el recuerdo de los asesinados, torturados, humillados, secuestrados, mutilados es esencial. Lo han puesto de manifiesto dos recientes novelas: Patria y Ojos que no ven.

Hasta el momento, la obstinación de una banda terrorista que se resiste a disolverse y la pretensión de sus sucesores políticos de imponer la mentira sobre lo sucedido han hecho difícil abrir una posibilidad que en casos similares ha servido para reparar muchas vidas y reconciliar algunas sociedades. Estamos hablando de la posibilidad de que las víctimas que lo deseen den un paso más allá de su gran sufrimiento. Gestos como el que ha hecho el alcalde de Rentería, de Bildu (partido sucesor de ETA), pidiendo perdón a dos víctimas facilitan las cosas.

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>CINE

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Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D.

One, la nueva película de Fernando de Haro que se estrena en Madrid el próximo lunes, cuenta lo que nunca te han contado sobre la India. En la mayor democracia del mundo, en el país que compite con China por el liderazgo de Asia y de buena parte del planeta, sigue vigente un rígido sistema de castas. Por eso la minoría cristiana, que se atreve a afirmar la igualdad efectiva entre los indios, es perseguida. Los parias (los sin-casta) que abandonan el hinduismo y abrazan el cristianismo, buscando una vida más digna, pierden las ayudas sociales. Los obstáculos legales que limitan las conversiones han sido respaldados por el Tribunal Supremo. Un nuevo nacionalismo hindú no duda en recurrir a la violencia para restringir la libertad y lleva a cabo prácticas que algunos califican como prácticas genocidas. Prueba de ello es lo que sucedió en el distrito de Kandhamal durante 2008. Se pretendió “limpiar” de bautizados una amplia zona.

Este documental está grabado en Nueva Delhi; en Bhubaneswhar, la gran ciudad del hinduismo; y en las selvas de Orissa, junto al Golfo de Bengala. Recoge los rostros y las historias de gente sencilla (la inmensa mayoría de los bautizados de la India son parias) que ha encontrado en el cristianismo una forma más humana de vivir. Muchos explican por qué abrazaron la nueva religión y han abandonado la antigua. Otros relatan las injusticias sufridas y los motivos que les permiten ser fieles al credo de la cruz. La película da voz también a los nacionalistas hindús que justifican las políticas de discriminación.

Estamos ante el cuarto documental de una serie dedicada a los cristianos perseguidos. El primero de ellos, "Walking next to the wall", fue rodado en Egipto y está dedicado a los coptos. El segundo, Nasarah, grabado en el Líbano, está dedicado a los sirios e iraquíes perseguidos por el Daesh. El tercero, Aleluya, a Nigeria. Los cuatro están disponibles en la plataforma Vimeo. La serie está dirigida por Fernando de Haro que trabaja con la productora N Medio. El proyecto se lleva a cabo con la ayuda del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo y la Fundación Hernando de Larramendi.

A las 19 horas del lunes 23 de enero en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Julián Romea, 23. 28003 Madrid.

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>Columna derecha

>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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