Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
21 MAYO 2019
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>Editorial

Un votante tipo

Fernando de Haro

Elecciones generales el próximo domingo en España. Unos comicios en los que es la primera vez para muchas cosas. La primera vez con cinco partidos de ámbito nacional que pueden obtener más de un 10 por ciento del voto. La primera vez después de un intento serio de secesión de una parte del territorio (Cataluña). La segunda vez que a una semana de las elecciones todavía entre un 25 y un 30 por ciento de los votantes están indecisos.

Todo esto provoca una especie de “curvatura en el tiempo y en el espacio” electoral. El voto que identifica a los electores con un cierto partido por sus valores o por sus reivindicaciones ha ido desapareciendo. Si queremos lograr ciertos propósitos con nuestro voto, en un escenario de cinco formaciones, con una alta tasa de indecisión, cada vez es más importante el momento y el lugar en el que se elige la papeleta. Cuanto más tarde, y cuanta mayor sea la información disponible, mejor. En este contexto, es determinante también en qué circunscripción se vota (el sistema electoral español es casi mayoritario puro en las circunscripciones pequeñas y casi proporcional puro en las circunscripciones grandes).

Hagamos un intento de simulación teniendo en cuenta los objetivos de un cierto votante y los datos disponibles. Supongamos un votante que tiene como primer criterio reducir la polarización creciente que existe en la vida política española, rebajando el peso de los extremos. Querría con su voto dar menos espacio a “las éticas que se nutren de una sola cuestión: antifascismo-prolibertad, cambio climático como única cuestión o feminismo como "la" cuestión por encima de todo” (Joseba Arregi), limitar la tendencia a “marcar nuestras señas de identidad excluyendo” (Reyes Mate), porque “la democracia es incompatible con la noción de enemigo (Juan José Laborda). Este votante reconoce que “el entrelazamiento de los destinos colectivos impide definir nuestro bien como el reverso del mal de otros” (Daniel Inneratity). Está preocupado por la desaparición del nosotros y por la posibilidad de que, a medio o largo plazo, el crecimiento del independentismo en Cataluña provoque una secesión. Desea un “proceso de reintegración de la mayoría de los catalanes en un marco común, con un consenso entre los constitucionalistas” (Juan José Laborda), y a la par está dispuesto a hacer una “interpretación flexible del texto constitucional para mantener consensos básicos” (Ferrán Pedret).

Nuestro votante ha visto con preocupación que un partido como el PSOE durante los ocho meses que ha gobernado, en contra de su mejor tradición, haya coqueteado con el independentismo para sacar adelante los presupuestos. Valora en los socialistas el que supongan un freno importante al ascenso del populismo que ha aumentado en Europa, pero lo preocupa su estatalismo y está incomodo con su uso de la memoria histórica. Tiene algunas dudas de su capacidad de gestionar una nueva crisis económica (tras la experiencia de Zapatero).

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Un votante tipo

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>Entrevista a Gregorio Luri

'Manifiesto de CL, actividad terapéutica'

El pensador Gregorio Luri comenta en paginasdigital.es el manifiesto de Comunión y Liberación con motivo de las elecciones.

¿Qué valoración le merece el manifiesto "Por una amistad social"?

Cualquier ejercicio de alejamiento de lo inmediato para ganar perspectiva me parece una actividad terapéutica. Las campañas electorales tienden a animarnos a ver la realidad de manera sesgada (lo cual es normal, porque cada ideología política considera que su sesgo es un criterio de objetividad) y parcial (para sostener lo anterior es imprescindible focalizar unos aspectos de la realidad, especialmente los que confirman nuestros prejuicios, dejando fuera del objetivo otros, habitualmente los que los refutan). Esto es obvio, pero hay veces en que descubrir lo obvio es lo más urgente.

Se asegura en el texto que "nuestra vida pública, muy ideologizada y con una violencia dialéctica exasperante, parece haber perdido ese «nexo» con la realidad, con la vida cotidiana de la mayoría de los ciudadanos". ¿Le parece pertinente esta afirmación? ¿Por qué cree que ha sucedido?

La divergencia política que –con precaución– podemos calificar de “sana” es la que se da sobre un fondo de intereses comunes compartidos. Es decir, cuando la legítima pluralidad no olvida la imprescindible unidad (estoy pensando en el lema norteamericano “e pluribus unum”). Hay datos que parecen sugerir que lo que nos une está ahí (el país no va mal y en algunos aspectos va muy bien), pero que lo que nos interesa electoralmente es resaltar lo que nos separa.

También se afirma que "nuestra experiencia nos enseña que somos capaces de colaborar por el bien común en contextos donde no todos piensan igual, como en la familia o en el trabajo". ¿Tiene algún valor esa experiencia?

¡Claro que tiene valor! Esta experiencia es especialmente valiosa porque vive y se manifiesta en un tiempo más largo que el de las campañas electorales. Cuando se recuenten los votos y se proclamen ganadores y perdedores, continuará siendo inteligente llevarnos bien con el vecino del quinto, independientemente de lo que haya votado. El “nosotros” sociológico, que es el del sentido común, no encaja (¡gracias a Dios!) en el “nosotros” político-ideológico porque éste es más reducido que aquél.

¿Más allá de las diferencias ideológicas es posible que los españoles construyamos juntos a partir de problemas concretos?

Es posible, es necesario, luego el sentido común aconseja hacerlo. Recordemos aquello de Duns Scoto: “Potuit, decuit, ergo fecit”. En cualquier caso, en la medida en que las autopercepciones forman parte de la realidad política, el optimismo es un dato que no conviene escamotearle a la realidad.

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'Manifiesto de CL, actividad terapéutica'

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El drama de perder una casa que nació para albergar a todos

Giuseppe Frangi

“Notre Drame”, titulaba el diario de la izquierda laica e intelectual francesa, Libération. Un título emblemático y sintético, hasta el punto de que ni siquiera ha añadido una línea de sumario. Un título que documenta una conmoción inesperada. Ese “notre” (nuestra) es la palabra que más resonaba entre las miles de personas que se congregaron a orillas del Sena en un silencio casi irreal, con los ojos puestos en esas llamas que inflamaban el cielo parisino. En el momento en que la antigua catedral se plegaba a la acción devastadora del fuego, cada uno pudo sentir en sus propias carnes hasta qué punto aquella estructura antigua, mirada incluso muchas veces con la suficiencia con que se miran los despojos del pasado, era “suya”. Y por tanto “nuestra”.

No cae simplemente un símbolo. Cae un lugar, una casa que precisamente por esa primera persona del plural era una casa que nació para albergar a todos. Se podía pasar de largo, se podía desdeñar las ceremonias y ritos que, en estos tiempos tan desenvueltamente secularizados, se seguían celebrando en su interior igualmente. Pero esa catedral era una presencia de la que era inimaginable poder prescindir. Una presencia necesaria, algo parecido a la tierra bajo nuestros pies. Ni siquiera consideramos la posibilidad de que pudiera no estar. Imposible pensar en su ausencia.

Nos damos cuenta ahora, frente a ese incendio que en pocas horas se ha tragado la antigua techumbre de la catedral, con sus inclinaciones de 55 grados de pendiente, cubiertas con placas de plomo y apoyadas en una carpintería en madera de roble que en gran parte se remonta hasta el año 1220, “el bosque de Notre-Dame” le llamaban, debido a los 1.300 árboles que hicieron falta para conseguir la madera necesaria.

“Notre” (nuestro) era el fuerte sentimiento de impotencia para detener el desastre que en directo y con una velocidad inimaginable estaba devorando el techo y hacía que se precipitara la enorme ajuga del siglo XIX proyectada por Viollet-le-Duc. Lo que mostraba su fragilidad no era la catedral, éramos nosotros (todos) al descubrirnos dramáticamente frágiles al quedar privados de la catedral. “Notre Drame”, como con espontánea sinceridad y con un inesperado dolor de corazón afirma el titular de Libération, aunque quizá lo haya escrito alguien que probablemente no haya puesto un pie allí desde quién sabe cuándo…

El drama de perder una casa que nació para albergar a todos

Giuseppe Frangi | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
>Manifiesto CL

Cultura del encuentro sí, pero con discernimiento

Miguel Ángel Quintana Paz

El manifiesto “Por una amistad social” me merece una muy buena valoración. Apostar por la posibilidad de encuentro, y aportar testimonios de la vida real como apoyo para ello, es algo que no solo responde al carisma más propio de Comunión y Liberación, sino especialmente valiente en tiempos de crispación como los actuales. También lo es rememorar la Transición como un momento en que fue posible la concordia.

Ahora bien, veo difícil ayudar a una cultura del encuentro si no hay un discernimiento previo que evite ver pardos todos los gatos. Porque ver todos los gatos pardos no es especialmente bondadoso ni loable. Es simplemente cortedad de miras.

¿Ponen todas las opciones políticas las mismas trabas al encuentro y la amistad social? Estos días Cayetana Álvarez de Toledo, candidata del PP por la circunscripción de Barcelona, ha sufrido un ataque de decenas de personas en la Universidad Autónoma de Barcelona que simplemente no la querían dejar hablar. ¿Está a la misma altura Cayetana que los energúmenos que trataban de negar su derecho a la libertad de expresión? Las declaraciones de Junts per Catalunya, echándole la culpa a ella por acudir "donde no es bienvenida"; o de José Zaragoza, diputado del PSC, que aprovechó para tildarla de "la derecha más reaccionaria", ¿están a la misma altura (a la hora de favorecer una "amistad social") que la simple voluntad de Cayetana de hablar? Creo que todos vemos que obviamente no. Por ello, en la medida que el manifiesto "Por una amistad social" sobrevuela estos problemas, en la medida en que no identifica que ciertos partidos y ciertas ideologías están avivando el desprecio al contrincante de un modo mucho más grave, me parece que no cumple del todo con el deber de justicia que todos tenemos.

En democracia no es necesario hacer las cosas "todos juntos"; de hecho, la democracia es inseparable de la pluralidad, y en el momento en que somos plurales es inevitable que ya no todos hagamos las mismas cosas. Aunque se trate de una cosa tan loable como "construir juntos". Lo que tiene que haber, simplemente para que esa pluralidad sobreviva, es respeto de todos para con todos: eso también es inseparable de la democracia. El problema actual de España es que mucha gente, avivada por numerosos líderes políticos, basa sus proyectos en la exclusión del otro, en la falta de respeto a su proyecto personal de vida, en no considerarlo como un igual ante la ley. Eso sí que es intolerable. Y me refiero, obviamente, a ideologías que se nutren de la intolerancia: el nacionalismo y el populismo. En la medida en que el manifiesto "Por una amistad social" ignora ese elefante en nuestra habitación, aun con todas las cosas buenas que sin duda le animan, creo que adolecerá de una carencia palpable.

>Manifiesto CL

Cultura del encuentro sí, pero con discernimiento

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>La comparación de los genomas

La singularidad biológica de la especie humana II

Nicolás Jouve

Una vez alcanzada la capacidad de leer el lenguaje de los genes y de todo el ADN del genoma humano, cuyo proyecto finalizó en 2003, quedaron abiertas las posibilidades de aplicación del enorme caudal de datos que suponía para desvelar los secretos de la información responsable de la vida. Además de los deseados estudios en Medicina, especialmente en los campos diagnóstico, explicado en un artículo anterior, y terapéutico, sobre el que hablaremos más adelante, surgió una aplicación biológica de enorme interés. Se pensó que la comparación de las secuencias del ADN de los genomas humano y de diferentes especies permitiría conocer, con enorme detalle, sus relaciones evolutivas.

Recordemos que todos los seres vivos partieron de un ancestro común, algunos lo llaman el “cenancestro”, otros “LUCA” (Last Universal Common Ancestor), que vivió hace más de 3.500 millones de años. Aquel organismo primitivo ya tendría el mismo tipo de moléculas de la vida, el ADN, y un código genético, que por su eficacia se ha conservado en todos los seres surgidos desde entonces, con mínimas excepciones que no contradicen su universalidad,

El estudio de los genomas y la comparación de los de distintas especies, permitiría conocer su parentesco y reconstruir su historia evolutiva con mayor precisión que ningún otro método utilizado anteriormente. Es como tener una máquina del tiempo que nos permitiría saber, a través de la comparación de los genomas, qué se conserva y qué se ha diferenciado de una información genética que tiempo atrás fue común, pero que desde su separación, empezó a diferenciarse por acumulación de mutaciones. Se puede incluso tasar el tiempo transcurrido desde que un grupo de especies se separaron de su ancestro común.

La “genómica comparada” se basa en contrastar las coincidencias y diferencias en las secuencias del genoma de diferentes especies. La comparación del genoma humano con el del chimpancé, el mono Rhesus, el ratón, etc. O cualquier otra especie, ofrece por tanto una perspectiva de enorme interés para explicar las grandes diferencias entre unos y otros. Conocido el genoma de las especies actuales, e incluso muchas de las ya extinguidas –si las condiciones de conservación de su ADN no lo han deteriorado-, se podría indagar la proximidad filogenética entre ellas. Esto, a su vez, permitiría desvelar las causas de las características morfológicas y propiedades de adaptación a los tipos de ambientes y condiciones de vida de las especies implicadas en el estudio. En consecuencia, la genómica comparada constituye la más poderosa herramienta que jamás se haya podido soñar para estudiar los cambios evolutivos entre los organismos.

>La comparación de los genomas

La singularidad biológica de la especie humana II

Nicolás Jouve | 0 comentarios valoración: 2  19 votos
>Editorial

En busca de batallón

Fernando de Haro

Miedo a lo que vendrá. Miedo a que “el batallón” en el que se desfila sea el de los perdedores. Miedo a que el bienestar desaparezca. Pero no solo. Miedo a que los valores y los bienes del mundo en el que se había nacido se esfumen. Miedo a perder los rasgos distintivos que nos hacen hombres. Un temor sin un presente positivo, de pertenencias débiles, que nos hace a todos vulnerables a políticos que quieren sacar partido de nuestra zozobra. El miedo nos hace conflictivos. La campaña electoral que tiene lugar en España es un buen ejemplo. Todas las formaciones azuzan el temor al otro: la derecha destruirá el Estado del Bienestar, la izquierda destruirá España.

Ignacio Urquizu, sociólogo socialista, era una de las grandes promesas de su partido. Hasta que hace unos días Sánchez, que no perdona a los críticos, lo ha descabezado. Su defenestración de las listas ha coincidido con la publicación de su último libro, “¿Cómo somos?” (2019). Urquizu hace un retrato de lo que él llama la “gente corriente”. Ese amplio grupo de gente que representa el 40 por ciento de la población española, que está formado por obreros cualificados, con un nivel formativo medio-bajo, y con ingresos también bajos. Este español medio “teme perder mucho en el futuro”, “su condición de perdedor del presente y del futuro es el principal rasgo que define al hombre medio ante la incertidumbre del cambio tecnológico y de la globalización”. Los grandes perdedores de la crisis cuestionaron los sistemas políticos y económicos, ahora la respuesta es más identitaria. “Algunos pueden querer que el mundo se pare, que no avance y no se modernice, buscando además refugio en su comunidad más próxima: un repliegue sobre la tribu” –apunta el sociólogo–.

¿A qué se le tiene miedo? Urquizu responde desde el punto de vista económico y social, pero apunta algo más. El hombre medio es el que más miedo tiene a los robots y a la inteligencia artificial. Miedo a la globalización, a perder trabajos poco cualificados, a que el Estado del Bienestar no redistribuya. España siempre se ha presentado como uno de los países más tolerantes con la inmigración. Pero el inmigrante imaginado (23 por ciento) difiere del inmigrante real (9 por ciento). El hombre medio no teme que el inmigrante le quite servicios públicos sino que trabaje por menos dinero. De momento, no hay mayoría de gente corriente que se sienta tentada por opciones populistas. Pero Urquizu no tiene claro qué puede suceder en el futuro.

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En busca de batallón

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El hilo que une Abu Dabi con Rabat

Michele Brignone

En el mapa del mundo árabe, Abu Dabi y Rabat se encuentran en las antípodas: en el extremo oriente y junto al golfo Pérsico la primera, en el extremo occidente y orientada hacia el Atlántico la segunda. Pero estos días su distancia geográfica se ha visto colmada simbólicamente por la presencia del papa Francisco. La secuencia extraordinariamente cercana de ambos viajes papales no parece simple coincidencia. De hecho, ambos países tienen varias características en común.

La primera viene representada por su compromiso para hacer frente al extremismo religioso. Marruecos y los Emiratos, que comparten además su pertenencia a la escuela jurídica maliki, han reaccionado con determinación al desafío lanzado por el terrorismo yihadista, promoviendo en su patria y en el exterior una lectura abierta y conciliadora del islam. La monarquía marroquí fue la primera en moverse, respondiendo a los atentados de Casablanca en 2003 con una significativa reforma de la estructura religiosa del país. A diferencia de Marruecos, que alberga una de las universidades islámicas más antiguas del mundo (Qarawiyyin di Fes) y cuyo jefe de Estado es llamado el “comandante de los creyentes”, los Emiratos no disponen de instituciones religiosas tradicionales tan prestigiosas. Sin embargo, en el contexto marcado por las revueltas árabes de 2011 y después con la afirmación del yihadismo terrorista, Abu Dabi impulsó la creación de nuevas organizaciones religiosas que rápidamente transformaron los Emiratos en un centro de referencia para el mundo musulmán contemporáneo.

En 2016, el esfuerzo de ambos estados asumió la forma de una iniciativa conjunta, la Conferencia de Marrakech sobre los derechos de las minorías religiosas en el mundo islámico, promovida por el Ministerio marroquí de Habous o Asuntos Islámicos, y por el Foro para la Promoción de la Paz en las Sociedades Musulmanas, una fundación con sede en los Emiratos Árabes Unidos dirigida por Abdullah Bin Bayyah.

No es casual que en sus viajes el papa Francisco haya visitado dos lugares simbólicos de la política religiosa de estos países, el Consejo de Sabios musulmanes de Abu Dabi, una red de ulemas presidida por el gran imán de Al Azhar, Ahmad al-Tayyeb, y el Instituto Mohammed VI para la formación de imanes en Rabat, nacido en 2015 para formar guías religiosos preparados frente a las interpretaciones fundamentalistas.

Pero la afinidad entre Emiratos y Marruecos no se limita al islam que promueven. También les caracteriza la presencia, en su territorio, de consistentes comunidades de inmigrantes. Hacia el país del Golfo convergen millones de personas procedentes de países asiáticos (India, Filipinas, Bangladesh, Pakistán, etc.); por su parte, Marruecos es territorio tanto de residencia como de tránsito para migrantes que llegan del África subsahariana. A este fenómeno va unida la presencia de la Iglesia tanto en el Golfo como en el extremo occidente norteafricano. Y ya sabemos la importancia que estas realidades tienen para el Papa, que nos tiene acostumbrados a mirar el mundo desde sus periferias.

Uno de los intelectuales más valorados por el papa Francisco, el pensador uruguayo Alberto Methol Ferré, leía las relaciones entre las iglesias europeas y latinoamericanas a la luz de la distinción entre “iglesia-fuente” e “iglesia-reflejo”. La elección de Bergoglio al solio pontificio marca en este sentido la consagración de la tradición latinoamericana como “fuente” para toda la Iglesia universal.

El hilo que une Abu Dabi con Rabat

Michele Brignone | 0 comentarios valoración: 1  14 votos
>Entrevista a Joseba Arregi

Manifiesto CL: contra el lenguaje cerrado

F.H.

El pensador Joseba Arregi comenta en paginasdigital.es el manifiesto de Comunión y Liberación con motivo de las elecciones.

¿Qué valoración le merece el manifiesto "Por una amistad social"?

El documento me parece bueno: creo que es un verdadero servicio que la Iglesia y en concreto los creyentes de la Fraternidad ofrecen a la sociedad, en este caso la española. Sobre todo porque es un manifiesto que se rebela contra el lenguaje cerrado, ficcional, en el que se ha encerrado la política, no solo española, en nuestros días. La única forma de salir de la ficción –una ficción que surge porque cada uno de los actores se cree omnipotente y así da a las palabras que utiliza el sentido que le interesa en cada momento, sin que exista algo objetivo que lo limite, algo objetivo sobre lo que se establece la relación con quien usa la misma palabra y permite así el diálogo, imposible si cada uno es dueño de su palabra, como hoy cada uno es dueño de su cuerpo, de su vida, de su muerte, individualismo radical, negación de la relacionalidad como característica fundamental del ser humano, y demasiadas veces afirmado desde el progresismo y la izquierda– es viendo al otro, tomándolo en serio, y tomarlo en serio implica diferir de él no pocas veces en ideas pero seguir respetándolo, seguir tomándolo en serio y sentirse interpelado por sus ideas, a las que se siente obligado a responder argumentando, estableciendo así un diálogo que debate.

Se asegura en el texto que "nuestra vida pública, muy ideologizada y con una violencia dialéctica exasperante, parece haber perdido ese «nexo» con la realidad, con la vida cotidiana de la mayoría de los ciudadanos". ¿Le parece pertinente esta afirmación? ¿Por qué cree que ha sucedido?

Pérdida del nexo con la realidad: no solo la política lo ha perdido, sino que la propia realidad social se ha convertido en ficción porque lo que no llega a ser parte del espectáculo no existe –la prueba más macabra, y para mí pornográfica, de ello es el último caso de eutanasia como ayuda al suicidio–. En la realidad de ficción en la que vivimos cada uno se crea su propia realidad, que no es más que el escenario en el que pone de manifiesto su omnipotencia. Y sin esa realidad-escenario, construye otra realidad-escenario. Así es imposible que surja nada común. La salida es descubrir al otro. Como dijo Derrida, alumno de Emmanuel Levinas, en su funeral, “de qué sirve la tierra por muy santa que sea ante la herida al hermano”. De esa pregunta surge la realidad, a través del otro, sobre todo del otro que sufre. El mismo Levinas recuerda en una de sus Lecturas Talmúdicas el dicho de un rabino según el cual “los derechos humanos son siempre los derechos humanos del otro”. Creo que éste es el camino que deben seguir los cristianos para mostrar a la sociedad en la que viven que otra manera de ver la realidad y de vivirla –viendo a los otros, viviendo con ellos, respondiendo de ellos– y así poner un espejo en el que también la política y los políticos se pueden mirar.

>Entrevista a Joseba Arregi

Manifiesto CL: contra el lenguaje cerrado

F.H. | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
>Reconectar el voto y la experiencia social

"Líderes cada vez más inconsistentes seducen a votantes desquiciados por el cruce de identidades"

Juan Carlos Hernández

Analizamos con Valentí Puig la actualidad política. El escritor percibe cómo los valores en común se escurren y, como sustitutos, toman cuerpo identidades excluyentes incluso agresivas.

Existe una preponderancia en nuestra vida civil de grupos identitarios que tomando un valor, que podría tener aspectos positivos, este es absolutizado y usado como arma contra el del que piensa distinto. ¿Hemos perdido el sentido del “nosotros” a favor de intereses particulares?

Esa es una de tantas circunstancias que al concretarse nos lleva a preguntarnos cómo no nos dimos cuenta de que eran previsibles. Pero no las habíamos previsto. Al fin y al cabo fueron pocos los que anunciaron la ruina de la Unión Soviética. Si reaparecen o se reinventan identidades es, entre otras cosas, porque por lógica tenía que producirse una resistencia a realidades que, como la globalización o el desierto de las sociedades desvinculadas, parecían robarnos identidad. Lo que ocurre es que esas resistencias aparecen en un mundo muy fragmentado, que avanza o retrocede a ritmos muy distintos. Tenemos al mismo tiempo comunidades “low cost” y élites cognitivas. La fractura se hace inevitable. El “demos” de las naciones se atomiza y los grupos identitarios actúan como grupos de presión con estrategia de mundo feudal. Cierto, el “nosotros” que usamos a menudo es impostado.

Desaparece el voto de pertenencia a los partidos tradicionales y sin embargo toma fuerza el voto identitario. En una sociedad cada vez más fragmentada parecen interesar no tanto ofertas políticas con soluciones generales sino opciones de sectores sociales que quieren hacer oír su voz. ¿Se podría decir que el voto es sentimental, no racional? ¿Es posible recuperar una agenda común en medio de esta vorágine?

En realidad, el voto más normal sería el emitido como un híbrido de razón y emoción. Esa combinación ahora mismo no es proporcionada y el emocionalismo pesa mucho más que la razón. Eso ocurre en un mundo en que nunca hubo tantas opciones para estar razonablemente informado y, sin embargo, el voto es de cada vez más volátil, decidido –por no decir improvisado– a última hora, casi ya en la cola ante las urnas, por un tuit. Eso se suma a la pulverización del “nosotros” con lo que de cada vez nos alejamos más de una idea de la comunidad política que comparte alguna noción –por minimalista que sea– del bien común. Es un factor que ha alterado los mapas políticos de Europa y que tiene por completo desconcertada a lo que quedaba de las clases dirigentes y muy en concreto a la institucionalización de la Unión Europea. Los valores en común se escurren. Como sustitutos, toman cuerpo identidades excluyentes, estancas, incluso agresivas.

>Reconectar el voto y la experiencia social

"Líderes cada vez más inconsistentes seducen a votantes desquiciados por el cruce de identidades"

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 1  15 votos
>Reconectar el voto y la experiencia social

Por una 'amistad social'

«Lo que está en crisis es este misterioso nexo que une nuestro ser con la realidad, algo tan profundo y fundamental que es nuestro íntimo sustento» (María Zambrano, “Hacia un saber sobre el alma”). Nuestra vida pública, muy ideologizada y con una violencia dialéctica exasperante, parece haber perdido ese «nexo» con la realidad, con la vida cotidiana de la mayoría de los ciudadanos. Cuando nos disponemos a afrontar varias convocatorias electorales, el debate político promueve un ambiente de fractura en nuestra sociedad que no refleja nuestra experiencia real.

Se nos dibuja un país dividido en derechas e izquierdas, invitando a caer de un lado o del otro. El que no cae de mi lado es enemigo. Y al enemigo ni agua. Pero no es así en nuestras familias, en las que un candidato de izquierdas tiene un padre de derechas o un votante de derechas tiene una hija de izquierdas. Con todo, el ambiente enrarecido consigue nublar nuestra experiencia real y separarla de unas ideas que asumimos como nuestras, y que tal vez promovemos, a pesar de que nuestra realidad las desmiente.

¿Realmente la política es esto? El papa Francisco nos recuerda que «la política no es mera búsqueda de eficacia, estrategia y acción organizada. La política es vocación de servicio, diaconía laical que promueve la amistad social para la generación de bien común. Solo de este modo la política colabora a que el pueblo se torne protagonista de su historia» (Discurso a los participantes en un seminario sobre el compromiso político en América Latina, 4 de marzo 2019).

¿Es el “bien común” un concepto demasiado abstracto? ¿Es un ideal inalcanzable? ¿Tenemos que resignarnos a definir nuestra convivencia a partir del axioma de Hobbes, “el hombre es un lobo para el hombre”? Compartimos deseos y exigencias que definen nuestra naturaleza común. Cuando ellos son nuestro punto de partida es fácil reconocer en el otro un compañero de camino y no un enemigo.

Nuestra experiencia nos enseña que somos capaces de colaborar por el bien común en contextos donde no todos piensan igual, como en la familia o en el trabajo. Y el pasado reciente nos enseña que hemos colaborado también en el contexto más amplio de nuestra sociedad: durante la Transición se dejaron atrás enemistades y se sacrificaron posiciones para salir de la dinámica de la violencia y el rencor. La política debe recuperar su vocación de servicio al bien común, que no se reduce al bien de una mayoría que legítimamente se ha impuesto con sus votos.

En el mismo discurso, el Papa afirma que nuestro protagonismo «evita que las llamadas “clases dirigentes” crean que ellas son quienes pueden dirimirlo todo. El famoso adagio liberal exagerado, todo por el pueblo, pero nada con el pueblo». Vivimos tiempos en los que la fractura entre los políticos y la gente de a pie representa una amenaza real a la libertad y a la iniciativa social. El intervencionismo y el mesianismo político viven de espaldas a la riqueza de iniciativas sociales que salen al encuentro de nuestras necesidades. La amenaza crece en la medida que esa iniciativa social no existe o no se expresa libremente.

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Por una 'amistad social'

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La oportunidad tras la victoria socialista

Fernando de Haro

Una semana después estamos en mejores condiciones de comprender lo que ha sucedido en las elecciones generales y de entender la oportunidad que puede proporcionar la nueva situación política. Tras diez meses de un Gobierno en precario, el PSOE ha conseguido una victoria amplia (123 escaños de un total de 350) en un Congreso con cinco fuerzas de peso nacional. Todo esto en una Europa en la que los partidos tradicionales tienden a desaparecer. La victoria se debe a la recuperación de parte del voto que había emigrado al populismo de izquierdas (Podemos), a la movilización de un millón extra de votantes de izquierda y a la fragmentación de la derecha en tres fuerzas (PP, Ciudadanos y Vox). Algo más de un tercio de los votos de Vox (700.000 votos) se han quedado sin representación parlamentaria y han favorecido al PSOE por la ley electoral.

En realidad no se entiende la victoria de los socialistas sin la emergencia de Vox, convenientemente utilizada para sembrar el pánico y movilizar a los abstencionistas de la izquierda. La nueva formación se presentaba como el partido que, después de años de renuncias de la derecha a principios y valores, venía a restaurarlos. Ha hecho de la unidad de España, de la lucha contra la ideología de género, de la lucha contra el aborto, del combate contra el feminismo, sus banderas. No es un partido como el Frente Nacional o Alternativa por Alemania porque apenas recibe un cinco por ciento de votos desencantados de la izquierda. Es un partido apoyado por cierta derecha sociológica que, curiosamente, hace suyo algo propio de la izquierda utópica: convertir la política en un instrumento salvífico, reclamar la teologización de la política para que defienda ciertos valores aunque estos hayan sido abandonados o relativizados por la sociedad (se acaba culpando a la “ingeniería social” de su destrucción).

Vox, que se enfrenta al progresismo, acaba asumiendo los principios metodológicos revolucionarios, sobre todo cierto maniqueísmo dialéctico (cuanto peor, mejor). Para algunos es el partido católico, a pesar de haber perdido lo más católico que hay en política: la “reserva escatológica”, la referencia de las dos ciudades.

La voluntad expresa de afirmar políticamente ciertos valores, porque el PP no lo hacía, y el corrimiento del PP hacia posiciones de Vox ha provocado la movilización de una casi-mayoría de izquierda (48 por ciento) y el crecimiento de la opción liberal que no se reconoce en esos principios. El empeño en afirmar un bien innegociable ha contribuido a que no se realizara el bien posible.

La victoria de los socialistas en cualquier otro país de la Unión Europea podría verse como una buena noticia. Ha estado acompañada de la emergencia con fuerza de un partido bisagra liberal (Ciudadanos), y llega después de que el ciclo del centro-derecha (PP) quedara claramente agotado por la gestión de la crisis y por la corrupción.

Pero no todo es tan sencillo. La derrota cosechada por el centro-derecha (PP) permite vaticinar, si no la desaparición del partido, sí una larga travesía del desierto, lo que sin duda no será bueno para el sistema de contrapesos. A menos que los liberales de Ciudadanos lo sustituyan por completo (lo han sustituido ya en la mente muchos ex votantes del PP).

La oportunidad tras la victoria socialista

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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 1  762 votos

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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