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17 OCTUBRE 2019
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Teología política en el siglo XXI (1)

Massimo Borghesi

paginasdigital.es reproduce el debate que se ha producido entre Massimo Borghesi y Rodolfo Casadei en la prensa italiana sobre las relaciones entre poder y cristianismo.

Puede que a Rodolfo Casadei no le guste demasiado que tome su artículo titulado “Religión y política nunca se han separado”, publicado en Tempi, como ejemplo del modelo teológico-político que caracteriza en este momento a la derecha religiosa en Occidente y en América Latina. Es el mismo modelo que subyace a las críticas hacia el papa Francisco, acusado de ser un Papa rojo, modernista, relativista. Lo que no se le puede perdonar al pontífice, según sus críticos, es su abandono del terreno del conflicto, la lucha por los principios no negociables, la necesaria alianza con las fuerzas conservadoras para frenar, con el auxilio del poder, las tendencias disolventes del mundo contemporáneo.

Al Papa le combaten porque se niega a legitimar religiosamente a la derecha que se opone al movimiento de la globalización. De hecho, el problema, como evidencia el artículo de Casadei, es el de la legitimación religiosa de las fuerzas seculares. Al movimiento de neutralización de los símbolos religiosos, propio de la globalización, la derecha religiosa opone una teología política, una reacción identitaria y particularista que busca en el poder la vía de salvación respecto al nihilismo contemporáneo. Con una tesis que expresa claramente Casadei, para quien “religión y política nunca podrán estar separadas del todo”. Y ello por dos motivos.

“El primero es que la religión siempre ha desarrollado también la función social de mantener unida una comunidad humana. Religión viene del latín ‘res ligare’, es decir, ligar las cosas, y la cosa pública, la república, es la primera de las cosas que necesita cohesión. Los reyes sumerios, la civilización más antigua que se recuerda, eran también sacerdotes, y entre los cargos que se le asignaron a Cayo Julio César estaba también el de Pontifex maximus, la máxima autoridad religiosa romana. Constantino, haya visto o no realmente en el cielo nocturno una cruz luminosa donde se leía ‘in hoc signo vinces’, sabía perfectamente que el poder político necesita una sanción sagrada para funcionar, y que la legitimidad que procede de la fuerza de las armas o de cualquier otro principio secular no es suficiente”.

La política necesita una legitimación religiosa y viceversa, la religión necesita una encarnación política. Cualquier otra perspectiva es liquidada como angelismo, espiritualismo, desencarnación, falta de realismo. En realidad, existe otra política modelada por la fe, pero no obedece al modelo teológico-político teorizado por Carl Schmitt y acogido acríticamente por Casadei. De hecho, en la historia del pensamiento cristiano existe una teología política y una teología de la política.El paso de la segunda perspectiva a la primera es imperceptible pero, sin embargo, sustancial. Como señala Joseph Ratzinger en ‘Iglesia, ecumenismo y política’, “el cristianismo, a diferencia de sus deformaciones, no ha fijado el mesianismo en la política. Sino que se ha empeñado desde el principio en dejar lo político en la esfera de la racionalidad y de la ética. Ha enseñado a aceptar lo imperfecto y lo ha hecho posible. En otras palabras, el Nuevo Testamento contempla un ethos político, pero ninguna teología política”.

Teología política en el siglo XXI (1)

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No hay quien se lo crea, Albert

R.I.

Estábamos este lunes muy olvidados de la política, pendientes sobre todo de recibir a los campeones del mundo para celebrar con ellos la victoria y decidió Rivera intentar hacerse un hueco en la pantalla de Gasol, Rubio y Scariolo.

Cuando ya estaba en marcha la segunda ronda de consultas del Rey con los grupos políticos, cuando todo sesteaba hacia las elecciones buscadas por Sánchez, Rivera decidió hacerse un hueco. Todas las encuestas dicen que Rivera va a ser el gran perdedor de la más que posible repetición electoral, con una caída que puede llevarle de 57 escaños a 35. Rivera hasta ahora ha sostenido que con Sánchez no había nada que hablar. Para intentar evitar el desastre (su desastre) Rivera le propuso una reunión a Casado para explorar una posible abstención de Ciudadanos y del PP si Sánchez cumplía tres condiciones. Las tres condiciones eran: la ruptura del pacto con Bildu en Navarra, que el PSN-PSOE acordase un gobierno constitucionalista de coalición con Navarra Suma; el compromiso de no subir los impuestos; y la apertura de una mesa de negociación para estudiar la aplicación de nuevo del artículo 155 de la Constitución en Cataluña si Torra desacata la sentencia del procés.

Las tres condiciones para la abstención parecían pensadas para provocar el no de Sánchez. Sánchez no podía, por ejemplo, romper un pacto con Bildu que nunca ha admitido. O no podía deshacer el Gobierno de la Comunidad Foral con Geroa Bai en horas. Pero una vez hecha la oferta, podía pensarse que el Rey estaba obligado a convocar un debate de investidura para explorar la hipotética abstención de Ciudadanos, aunque Sánchez no quisiera ni por asomo ser investido presidente del Gobierno. Para evitar cualquier equívoco, Sánchez se dio prisa en rechazar las tres condiciones, asegurando que solo aceptaba una abstención técnica de Ciudadanos y del PP a cambio de nada.

Desde el momento en que se producía esa respuesta de Sánchez, volvíamos al punto de partida. Después de la respuesta de Sánchez, Rivera está obligado a votar en contra.

Rivera que durante meses no ha querido hablar con el PSOE, Rivera, empeñado en ser el líder de la oposición, empeñado en ser más duro que el PP, en realidad no ha cambiado de criterio. La jugada de Rivera ha sido demasiado evidente: ha querido evitar el desgaste. Otro político utilizando las instituciones en su favor.

No hay quien se lo crea, Albert

R.I. | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
>Editorial

Otra aparente guerra religiosa perdida

Fernando de Haro

La guerra está perdida. La primera guerra iniciada tras el 11 de septiembre se ha convertido en una guerra civil crónica. Fue y es una guerra aparentemente religiosa que nos deja avisos muy claros sobre los peligros de “teologizar” los conflictos.  

Meses después de los atentados del 11 de septiembre, la periodista Elizabeth Spiers escribía algunas frases que sintetizaban parte del desconcierto del momento. “Miramos más allá de las ruinas de aquel día y vemos… ¿qué vemos? No vemos ningún enemigo. Solo humo y cascotes. Un rostro terrible de contemplar”, aseguraba en su artículo Beatiful Day. Cuando se tiene entre las manos las ruinas del futuro, el carácter enigmático e incomprensible del daño sufrido genera un dolor difícil de soportar. Se busca el nombre del violento, se intenta localizar los apellidos del terrorista. Y una vez que se encuentran, nunca se acaba de dar crédito porque el rostro del atacante, su historia y su ideología siempre parecen insuficientes para explicar el mal que ha causado. La sensación, habitual en estos casos, fue aún mayor tras el derrumbamiento de las Torres Gemelas porque detrás de tanto sufrimiento no había “enemigos al uso”.

Por eso tuvo tanto éxito político la “guerra contra el terror” inventada por Bush y el grupo de teocon que le asesoraba. La respuesta iniciada con los ataques contra Afganistán, que luego se extendió a Iraq, simplificaba las cosas. No era necesario entender la naturaleza de los pastunes, ni la relación entre islam e islamismo. Por fin había un rostro malvado al otro lado de las ruinas contra el que se podía luchar.

La “guerra contra el terror” cometió dos errores fundamentales. El primero fue la despolitización. Al considerar terroristas a los talibanes y a los combatientes sunníes, no les reconoció capacidad de ser interlocutores políticos. Eso redujo desde el primer momento la posibilidad de obtener buenos resultados. El segundo fue la “teologización”. La guerra contra el terror interpretó la ideología islamista como un fenómeno religioso al que había que oponer la religión cristiana o lo que quedaba de ella, sus valores. Tras la invasión soviética de Afganistán, Estados Unidos fomentó “la alianza de los creyentes” (fortaleciendo el islamismo) para combatir a los comunistas ateos. Esta vez se alimentó el imaginario de una guerra entre cristianos y musulmanes. No se supo ver que el islamismo es un factor de secularización.

A pesar de sus promesas, Obama no pudo acabar con la guerra “supuestamente” religiosa iniciada por Bush. Hubiera sido un error marcharse sin arreglar el desastre provocado. Como fue un error marcharse demasiado pronto (2011) de Iraq. Es el  que va a cometer un presidente aislacionista como Trump.  

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Otra aparente guerra religiosa perdida

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  19 votos

El oro del Mundial y el deseo de bien

Juan Carlos Hernández

España ha conseguido su segundo Mundial de Baloncesto aparte de la clasificación directa para los próximos Juegos Olímpicos. Una gran gesta si además tenemos en cuenta que la gloriosa generación de los “juniors de oro” ya no está y las numerosas bajas con las que se afrontó el campeonato.

Muchos analistas han escrito que la selección española le ha puesto “cojones” al asunto. Desde luego, se han dejado la piel pero los otros equipos también lo han hecho. Más bien la diferencia ha estado en la dureza mental de saber afrontar los momentos decisivos. España ha ganado, aparte de por su calidad, su entrega en la pista, los planteamientos tácticos de Scariolo… por su dureza mental.

En medio de la alegría por el triunfo obtenido sorprenden las declaraciones de Ricky Rubio. “El baloncesto no es lo más importante en la vida”, se sinceraba el MVP del torneo. Podría ser una traducción moderna de la cita evangélica “De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si se pierde a sí mismo”. Su madre falleció hace unos años de un cáncer y el base español en las declaraciones postpartido la recordaba y afirmaba que su madre aún lo cuidaba donde quiera que esté. Algo parecido ha sucedido con Rudy Fernández que recordaba a su abuelo recientemente fallecido y a su hermana Marta (exjugadora de baloncesto) que hace algunas semanas sufrió un aborto estando en avanzado estado de gestación. El alero español, emocionado al final del partido, agradecía a su familia porque “sin ellos yo no estaría aquí”.

A poco que afloran los sentimientos se percibe que existe un deseo de que las relaciones perduren, existe la necesidad de un padre, de una madre, de un abuelo… incluso –por qué no decirlo– de “algo” más allá de la muerte.

Este mundo moderno, con toda su confusión, no es enemigo. Suscita una simpatía humana uno que diga que el baloncesto no es lo más importante en la vida a pesar de ser oro, nos conmueve uno que diga a su madre fallecida ‘ojalá fueras eterna’.

El oro del Mundial y el deseo de bien

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Estamos en campaña

R.I.

La presidenta del Congreso, Meritxell Batet, anunció ayer que habrá una nueva ronda de consultas del Rey con los grupos parlamentarios, el próximo lunes y el próximo martes. Pero el modo en el que hizo el anuncio sugirió que volveremos a votar, porque en realidad Batet hizo campaña. Meritxell Batet no solo anunció la fecha de las nuevas consultas, aseguró que el Rey y ella coinciden en que España debe tener Gobierno y que ese Gobierno debe ser estable.

Le faltó a Batet decir que el Rey, el Jefe del Estado y ella, piensan que el Gobierno debe ser el de Sánchez con los votos de Iglesias y, si es posible, de alguien más. No lo dijo pero lo sugirió con sus palabras. La presidenta del Parlamento hizo un uso partidista de su función institucional. Ahora se ha puesto de moda eso de contar lo que se ha hablado con el Rey.

La presidenta del Congreso no tiene entre sus funciones empujar para que haya Gobierno. Tampoco es la de del Rey. A Meritxel Batet le puede parecer bien o mal que haya Gobierno, pero lo prudente como presidenta del Parlamento es no expresar su opinión al anunciar una nueva ronda de consultas, sobre todo si esa opinión es favorable a su partido.

El espíritu del artículo 99 de la Constitución establece que el Rey encargará la formación de Gobierno a quien tiene los apoyos parlamentarios. La investidura se encarga a quien tiene los apoyos, no se encarga para que se busquen los apoyos. Nuestra Constitución tiene lagunas y por eso el primer encargo hay que hacerlo para que corra el plazo y pueda haber unos comicios si no se consiguen los apoyos suficientes. Pero el Rey no es un presidente de República ni es el informateur, una figura neutral de la política de los Países Bajos cuya misión es mediar entre los partidos y explorar las opciones para facilitar un acuerdo. Las instituciones del Estado, tal y como está redactada nuestra Constitución, no pueden decantarse por la formación de Gobierno o por la repetición de elecciones.

Otra prueba de que las elecciones están más cerca es que Tezanos nos ha sacado otro CIS que favorece al PSOE. Recoge datos de hace casi tres meses. El CIS asegura que el PSOE tendría más votos que PP, Cs y Podemos juntos. En las pasadas elecciones, estos tres partidos lograron 4,7 millones de votos más de los que logró el Partido Socialista. No habla el CIS de Tezanos del incremento que otras encuestas pronostican para el PP. Ciudadanos y Vox bajarían pero el PP no capitalizaría ninguna de esas caídas. Estamos en campaña.  

Estamos en campaña

R.I. | 0 comentarios valoración: 2  18 votos

Una corrosiva falta de sinceridad

Rafael Izquierdo

Cuando Sánchez estaba en la oposición criticaba con acierto que Rajoy huyera del control parlamentario. El PSOE recurrió al Tribunal Constitucional porque durante los diez meses en los que el líder del PP estuvo en funciones no se sometió al control del Parlamento. El Constitucional le dio la razón. Nuestra democracia es una democracia representativa que otorga al Congreso, entre otras, la función de controlar al Ejecutivo y no es excusa que esté en funciones. Antes de que triunfara su moción de censura, Sánchez prometió que le iba a dar al Congreso la centralidad que se merecía. Pero han hecho falta seis meses para que Sánchez haya comparecido en el Congreso para dar explicaciones de los últimos Consejos Europeos.

La comparecencia de Sánchez había despertado mucha expectación porque era el primer cara a cara entre Iglesias y Sánchez después de la bronca sesión de no investidura del pasado 22 de julio. Después del fracaso de la no-negociación del lunes, no hubo novedades. Iglesias le reprochó a Sánchez que hubiese recurrido a una simulación, pero después le volvió a tender la mano para una última negociación. Y Sánchez le respondió que de negociación cara a cara nada y que ya hay equipos negociadores. Lo peor de todo no es el cansancio, lo peor no es que nos lleven a unas elecciones, lo peor no es que estén utilizando las instituciones en provecho propio. Lo peor es la falta de sinceridad que tiene mucho de cinismo. Lo peor es que el secretario general de los socialistas y presidente en funciones asegurara que no quiere unas elecciones. Bien está que Sánchez intente convencer a todo el mundo de que la culpa de que haya nuevos comicios no es suya. Pero su lenguaje cínico, ese lenguaje alejado en millones de años luz de una palabra verdadera, corroe la vida pública. Todos sabemos que Sánchez no ha hecho esfuerzo alguno para evitar las elecciones. Sánchez quiere elecciones y Rivera sigue empeñado en ser el líder de la oposición por más que los números no le salgan. Como en la campaña electoral, le sigue exigiendo a Sánchez condiciones de imposible cumplimiento. Ayer, en un ejercicio retórico, dijo estar dispuesto a hablar con Sánchez si aplicaba el 155. A Rivera, que siempre le fueron bien las encuestas, ahora le van mal. Muchos de sus electores no entienden que no haya estado dispuesto a investir y moderar a Sánchez.

Una corrosiva falta de sinceridad

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Incomprensible

L.M.

Este martes hemos escuchado el testimonio de Ana Julia Quezada, la presunta asesina del niño Gabriel Cruz, el pescaíto. Quezada ha declarado en el juicio de la Audiencia Provincial de Almería. En su relato la acusada ha reconocido que mató al pescaíto, pero que se ve inocente. Con su testimonio Quezada ha querido convencer al jurado de que la muerte del niño no fue premeditada sino accidental. Quezada ha reconocido que el niño era muy educado pero ha contado que le llamó negra fea. Después de eso le tapó la boca y que no recuerda más. El pescaíto habría muerto asfixiado como consecuencia del arrebato de Quezada.

Este testimonio contrasta con el relato de los abogados de los padres de Gabriel que sostuvieron que el niño agonizó entre 45 y 90 minutos. ¿Cuál es más creíble, la versión de Quezada o la de los abogados de los padres? Al final un juicio así es un caso práctico de conocimiento indirecto. Hay muchas cosas que no conocemos de forma directa, hay muchas personas que no han estado en América, pero que creen que existe América porque se fían de testigos fiables que dicen que América existe. ¿Es fiable la declaración de Quezada? El fiscal dio un golpe severo a la fiabilidad que le pudiera quedar porque le ha preguntado si había insultado a Patricia, la madre del pescaíto. Quezada lo ha negado y el fiscal, a continuación, ha hecho que se escuchara una grabación en la que se podía escuchar a Quezada insultando a Patricia.

“Yo nunca le haría daño a un niño”, dijo Quezada. Esto es lo que nos estremece de este juicio. Estamos ante el incomprensible sufrimiento de un inocente al que se le ha arrebatado la vida. El sufrimiento de los inocentes nos deja sin aliento, ¿Por qué alguien puede causar conscientemente dolor a un inocente? Conoceremos el veredicto y la sentencia. Quezada cumplirá condena y seguiremos haciéndonos la misma pregunta. Nos explicarán que el niño le estorbaba y quizás nos expliquen que lo hizo por dinero. Pero seguirán siendo respuestas insuficientes. El mal voluntariamente causado a un inocente es como un vértice, como un enigma irresoluble que desafía nuestra razón. No hay respuesta. No es un mal banal, causado porque se ha ejercido en un sistema totalitario. No es la enfermedad, no es la debilidad, no es el descuido, es la voluntad firme y decidida de hacer daño. Los actos de Quezada desafían nuestra inocencia de creer poder explicarlo todo teniendo en cuenta las causas antecedentes. Aquí hay algo sombríamente más grande y más perverso que todos los análisis.  

Incomprensible

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¿Científicos o humanistas? Dante pide mentes abiertas

Marco Bersanelli

Hace tiempo leí un artículo sobre la estructura del paraíso de Dante, un tema fascinante que siempre ha puesto en cuestión a expertos y estudiosos de todo el mundo. Aquel artículo presentaba una interpretación de las visiones dantescas de los últimos cantos del Paraíso lamentando el escaso interés que hasta ahora la crítica había reservado a sus tesis. Al mismo tiempo, se esforzaba en deslegitimar otra hipótesis de lectura de la configuración geométrica del cosmos dantesco, llegando a definirla como “un cúmulo de contradicciones”, demostrando su malestar por no haberla comprendido bien. Se trata de una interpretación que en las últimas décadas ha sido considerada por varios expertos, la mayoría procedentes del mundo científico, y en la que he profundizado en varias ocasiones.

No es este lugar para describir detalladamente la visión geométrica en cuestión, ni cómo viene sugerida por una lectura atenta de los versos de Dante. Extremadamente resumido, se trata de la posibilidad de que Dante –directamente o desde fuentes externas– intuyera un cosmos con propiedades geométricas en una superficie esférica, siendo un especio de tres dimensiones. Se trata de un pensamiento profundo pero sencillísimo, que no requiere sofisticados conocimientos de geometría ni matemáticas sino que exige una mente abierta, pura, disponible a mirar aspectos de la realidad aparentemente obvios con ojos distintos. Algo parecido a lo que debió pasar por la mente de los primeros que concibieron la Tierra no ya como un disco plano sino como un globo esférico fluctuando por el espacio.

Aquel artículo excluía esa lectura de manera categórica y a veces irrisoria, pero al mismo tiempo mostraba no haber captado del todo su sentido. Por ejemplo, cuando afirmaba que, según esta hipótesis, en el cosmos de Dante los ángeles vivirían “en una cuarta dimensión del espacio destinada para ellos”, simplemente demuestra que ha entendido la idea de la curvatura del espacio. Sería como decir que, para explicar cómo dos personas que caminan en dirección opuesta sobre la superficie curva de la Tierra tarde o temprano se encontrarán, hubiera que pensar que una de ellas tiene que subirse a un avión.

Cuando afirma después con ironía que, según esta lectura, “Dante también adelantaría seis siglos la teoría de Einstein de la relatividad general (1917)”, evidentemente no ha captado el punto. Sería como afirmar que Leucipo y Demócrito, al proponer la idea de “átomo” hubieran anticipado la mecánica cuántica y la física de las partículas elementales. Una exageración insensata… quizás no hacía falta construir el acelerador LHC para descubrir el bosón de Higgs, ¡ya habían llegado los antiguos griegos! Dicho esto, queda el notable hecho de que, partiendo de la base de una imaginación audaz y genial, estos antiguos pensadores introdujeron una idea cualitativa, nueva, profunda, que a siglos de distancia ha encontrado fuertes resonancias con la física moderna, y ese es un dato de hecho. En este sentido, un nexo análogo leería a Dante desde la cosmología relativista.

¿Científicos o humanistas? Dante pide mentes abiertas

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Indio americano o cachorro dálmata

Fernando de Haro

Tom Peters es un británico de 32 años que se ha paseado en las últimas semanas por los programas matutinos de televisión explicando que quiere ser un cachorro dálmata. Declara que le gustaría ser reconocido como el primer hombre transespecie, mezcla de humano y de perro. El caso parece el producto típico de un momento de crisis en los medios: las televisiones generalistas luchan con cualquier cosa contra la inexorable caída de audiencia en favor de pantallas y contenidos más segmentados. Las televisiones de siempre intentan evitar su declive con la industria de la nostalgia, la explotación del miedo y los relatos inverosímiles. En cualquier caso, Tom Peters insiste en que, desde hace años, al salir de su trabajo, vive como si fuera un perro, come golosinas para mascotas y pienso para animales. Asegura que lo hace para huir de una realidad que le resulta demasiado gravosa. Es fácil imaginarnos respondiendo a Tom con un largo discurso dedicado a la objetividad de su naturaleza y la belleza de la condición humana. Podríamos leerle el discurso de Pico de la Mirándola sobre la excelencia de la especie a la que pertenece. Pero seguramente no nos escucharía o diría que precisamente lo que está haciendo es responder a la invitación del gran humanista: ha elegido, y ha elegido no ser hombre. Toda esta conversación (no-conversación) sería fácil. Más difícil es comprender por qué Tom quiere ser perro. Más interesante es asumir, acompañar la soledad, el desconcierto, la inquietud que lleva a Tom a ponerse su disfraz canino.

Miguel Ángel Quintana Paz explicaba en un acertado artículo hace unos días lo que nos ocurre y por qué se dan casos como el de Tom. Quintana no es precisamente un tradicionalista que defienda la incuestionable evidencia objetiva de la naturaleza humana. Se dedica a los estudios de género. El filósofo ha dedicado buenas energías en defensa no de la ideología de género, que dice que no existe, pero sí de todos los valores culturales, variables, que junto al sexo determinan la personalidad. Quintana señala atinadamente que vivimos en una época de hiperindividualismo. Podría parecer que este término es contradictorio con el auge de los nacionalismos y de otros tipos de identidades de grupo. Quintana sostiene que son dos fenómenos confluyentes. “¿No vivimos una época en que cada vez más personas se sienten parte de una identidad común y ansían disolverse en ella? ¿No estamos ante un apogeo de los nacionalismos, ante un resurgir de los fundamentalismos religiosos, ante un empeño de todos por fundirse cada cual en su colectivo (las mujeres, los gais, los distintos grupos de inmigrantes, los negros, los pensionistas, los triscaidecáfobos) y olvidarnos allí de que yo soy yo?” –se pregunta el pensador–. Estamos ante “colectivos que elige el individuo: esa es la ironía de nuestros días”. Es lo que está pasando “con el fundamentalismo islámico: a menudo son jóvenes musulmanes los que optan por afiliarse a mezquitas más y más radicales, obedecer a imanes más y más integristas, alejándose así del islam más moderado de sus familias (o del que ellos mismos profesaban poco tiempo atrás). Es una decisión estrictamente individual. También en los nacionalismos podemos observar idéntico fenómeno. Pronto, con el transhumanismo, quizá podamos elegir incluso nuestra especie o en qué soporte (o bien un cuerpo de carne y hueso, o bien unos bits en un superordenador) preferimos vivir”.

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Esperando el #Me Too del islam

Fernando de Haro, Lahore

El comisario del servicio secreto militar me explica con mucho énfasis que en el islam no está permitido que el hombre lleve al descubierto la parte del cuerpo comprendida entre el ombligo y las rodillas. Lo hace levantándome la camiseta y tocándome las piernas. El clérigo de la madrasa (escuela coránica) donde sucede la escena mira al militar con satisfacción. La madrasa en la que hemos estado grabando hasta unos minutos es una de las históricas de Lahore, la capital del Punjab. En sus aulas, sentados en el suelo, con movimientos rítmicos, a gritos, los niños aprenden de memoria las suras del Corán. El interrogatorio del comisario, que nos obligará más tarde a abandonar precipitadamente Pakistán, demuestra quién manda en el país. Da igual que el primer ministro sea de un partido musulmán o un play boy populista. Quien rige los destinos de esta nación de más de 200 millones de habitantes, encrucijada de Asia, es la alianza entre islamismo y ejército que le dio su identidad. El comisario tiene que demostrar al clérigo que hace cumplir la interpretación más estricta del islam y el clérigo presta su apoyo al comisario. Hasta no hace mucho era frecuente en Lahore, la ciudad fronteriza con la India, que los hombres paseasen con pantalones cortos y zapatillas por sus parques. El avance del partido radical Tehreek-e-Labaik ha cambiado las costumbres. Islamismo sobre islamismo, sobre el de Ali Bhutto de los años 70, sobre el del general Zia de los años 80, sobre el islamismo que impulsó Estados Unidos para combatir en Afganistán a los talibanes.

Mientras escucho al comisario predicar se me viene a la cabeza el rostro de Sadaf, una niña de 12 años que horas antes acaba de contarme su historia. Sadaf usa un pañuelo que le cubre la cabeza, viste como una musulmana, o como una hindú. Muchos cristianos del Punjab no se distinguen por su ropa. Son el vivo retrato de lo que decía la carta a Diogneto. Sadaf tiene el rostro severo y la expresión tímida pero enseguida le sale el carácter. Sadaf me ha explicado que una compañera de clase le invitó el pasado mes de abril a pasar una tarde con ella. Después de resistirse durante un tiempo accedió. La invitación fue una trampa para que el hermano de su compañera, Sabtain, la raptara. A Sadaf la drogaron, la trasladaron a Faisalabad y allí Sabtain abusó de ella. Sadaf lo relata todo con aplomo, sin bajar la mirada. Después de la agresión sexual, recibió una instrucción rápida de nociones sobre el islam y fue forzada a convertirse. A la conversión forzada se unió un matrimonio también forzado con un expediente falso. Sadaf no quería ser musulmana y no quería ser una posesión de Sabtain. Así que en un nuevo traslado tuvo el coraje de saltar del autobús en el que viajaba. Huyó y pidió un móvil a una persona desconocida. Consiguió llamar a su padre que fue rápidamente a recogerla. Ahora ha vuelto a ser acogida en su familia. Sadaf, que ya no tiene la mirada de una niña, me explica que ella no quería dejar de ser cristiana.

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Convicciones sin realidad

Fernando de Haro

La miniserie Chernóbil de HBO ha hecho furor. Los cinco capítulos escritos por Craig Mazin y dirigidos por Johan Renck han ocupado el hueco dejado en la audiencia por Juego de Tronos. La pasión por lo sucedido en el reactor nuclear ha generado un extraño turismo de la catástrofe. Chernóbil es mucho más que un desastre nuclear. El accidente de 1986, la cadena de decisiones tomadas, la reacción del poder soviético, la respuesta de los científicos y de la población nos hablan del riesgo de la energía atómica, pero también de la fe y de la realidad, de una realidad negada, y de un pensamiento, de una creencia que construía/construye un sistema contra la experiencia.

Nos atrae la serie porque en estos tiempos de miedo y de incertidumbre refleja las consecuencias de un uso imprudente de la tecnología. Efectos que se prolongan en el tiempo más allá de lo que se puede imaginar. No es solo terror al átomo. La ficción da forma a ese fantasma de la sociedad del riesgo que llevamos en el alma y que puede tener mil maneras de concretarse. El temor está dentro de nosotros y sentimos cierta afinidad por los relatos que alimentan lo que el sociólogo Luhmann llamaba “la extravagante preocupación por las improbabilidades extremas”. Es improbable una invasión de migrantes, una muerte por epidemia generalizada, una violenta guerra en todo el planeta. Pero las distopías cinematográficas que insisten en mundos creados por sucesos de este tipo florecen. La afición que tenemos en este comienzo del siglo por las improbabilidades extremas de destrucción más que por las improbabilidades extremas de ser nos retrata.

Ha habidos algunas críticas que le han afeado a Chernóbil no haber reflejado de modo adecuado cómo funcionaba el poder soviético a mitad de los años 80. Probablemente no se le puede pedir a una serie capacidad suficiente para describir algo que era no solo un conflicto entre la verdad o la mentira, o entre los expertos y los burócratas. Los privilegios de las autoridades, la escasa estima por la vida humana y el abuso del Estado marcaron la reacción a la crisis. Pero el caso Chernóbil es más que todo eso. Es el momento en el que se hace evidente el choque entre la fe del hombre soviético y la realidad. Por eso es tan actual. Y por eso hay que volver a la lectura de Voces de Chernóbil. Con el imponente mosaico de testimonios que construye Svetlana Alexievich, en la que aparece la vida real, el amor, el sufrimiento de los que vivieron el accidente y de los que trabajaron cerca de la central, se comprende por qué, como dice uno de los protagonistas, lo ocurrido sirvió para “aprender a decir yo”.

El monólogo de Marat Filipovich, ex ingeniero del Instituto de Energía Nuclear, refleja el sistema de “doble verdad” en el que se vivía y que se parece, a pesar de que estamos en sociedades libres, al nuestro. El problema era la fe, una fe sin base alguna en la realidad.

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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

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>Columna derecha

>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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