Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
20 JUNIO 2019
Búsqueda en los contenidos de la web

>El kiosco

¿Incompatibles?

Elena Santa María

“Cuando por la mañana se dibuja su sonrisa asombrada al buscarnos, nos derretimos al verle. ¿Quién soy yo para despertar tanto agradecimiento y tanto amor en una criatura tan pequeña? Es asombro que engendra asombro. Es el amor más puro y tierno que habla: he olvidado tus miradas duras y tus deseos de verme dormir cuanto antes, necesito confiar en ti y quererte siempre. Es la vulnerabilidad en estado puro que redime cualquier rastro de culpabilidad en nuestro corazón”.

Sorprende que en un mundo en el que huimos de la dependencia, las páginas de los periódicos se llenen de referencias a la infancia con nostalgia, al niño que depende. Aunque en este caso la perspectiva es diferente. En este caso Catherine L’Ecuyer (en El País) es el adulto que se maravilla al contemplar a un niño durmiendo, con la “dulce culpabilidad que habita permanentemente en el corazón de una madre, de un padre, que ama”. También Juan José Millás escribía sobre un instante cotidiano con su nieto. Leyéndole un cuento se sorprende de que “las ilustraciones no dejan lugar a dudas sobre la existencia de los contrarios, pero resulta imposible averiguar dónde termina lo pequeño y comienza lo grande (…) La frontera es un lugar confuso para el pensamiento infantil, incluso para el adulto. De ahí las concertinas. De ahí Trump. De ahí el sentimiento nacional. De ahí el otro, lo otro. (…) El mundo, en su cabeza, se conformará como un juego de oposiciones, no como una posibilidad de encuentros”.

Pero afortunadamente, esa posibilidad de encuentros existe. Esa posibilidad permitió la construcción de Europa tras dos guerras mundiales. “Hubo quienes apartaron un día la espada y se inclinaron por la palabra para construir otra Europa”. Lo recuerda, también en El País, José Andrés Rojo. “Y levantaron un marco donde todas las disputas fueran posibles, pero siempre gobernadas por la voluntad de buscar acuerdos en las diferencias, más allá de enfrentamientos entre identidades que se reclaman incompatibles”.

>El kiosco

¿Incompatibles?

Elena Santa María | 0 comentarios valoración: 2  15 votos

 

>Editorial

No reinan los extremos (salvo excepciones)

Fernando de Haro

No ha habido ola populista ni soberanista en Europa. El extremismo de izquierdas sufre un importante retroceso en las elecciones municipales y autonómicas de España. Todavía es pronto para entonar un canto para despedir a los populares y los socialdemócratas, a las familias políticas tradicionales de la Unión Europea.

Como siempre, por fortuna, la realidad en el Viejo Continente es más compleja que un simple esquema. Por comodidad interpretativa y analítica habíamos metido en un mismo saco a todas las fuerzas soberanistas y eurófobas. El resultado de las elecciones de este domingo pone de manifiesto hasta qué punto es un error generalizar.

Socialistas y populares dejarán de tener la mayoría en la Cámara Europea, pero podrán sumar con los liberales de ALDE. La emergencia de los Verdes frena el auge de las formaciones antieuropeas que quedan lejos de la minoría de bloqueo. En Alemania es cierto que la CDU y el SPD sufren un importante retroceso, lo que a nivel nacional pone en peligro la Gran Coalición. Pero el partido de Merkel con casi un 29 por ciento de los votos consigue un buen resultado. El principal varapalo es para el SPD (15,6 por ciento). Y la ultraderecha de Alternativa por Alemania no llega al 11 por ciento. En los países escandinavos y bálticos la derecha antieuropea cosecha malos resultados y en Holanda resucitan los socialdemócratas y también quedan frenados los radicales.

El soberanismo no es un problema generalizado en toda Europa: es un desafío serio en algunos países y en cado uno de ellos por razones diferentes. Especialmente preocupante es la victoria de Salvini en Italia, Le Pen en Francia y el buen resultado de Farage en el Reino Unido. En los tres casos estamos ante un paisaje dibujado por el desgaste por causas distintas de los partidos tradicionales. El auge de Salvini parece el penúltimo capítulo del agotamiento de los partidos de la II República, nacidos a mitad de los años 90. El líder de la Lega ha dado forma y ha aumentado un espejismo del descontento (inmigración, austeridad) que busca un chivo expiatorio en Bruselas, sin querer hacer las cuentas con la realidad. Es ese mismo descontento, de una parte importante de la Francia rural y de la Francia que se resiste a hacer reformas, el que le permite a Le Pen ganar. Los límites del neogaullismo de élite de Macron hacen imposible frenar a un Frente Nacional que ha conseguido convertirse en la formación transversal del resentimiento para una importante minoría. Los franceses están acostumbrados a dos vueltas y en esta ocasión no las hay.

Y lo del Reino Unido era más que previsible. Conservadores y Laboristas se han empeñado en suicidarse con motivo del Brexit, sin ofrecer una salida a un país encerrado en el laberinto que sus propios políticos arrogantes le han creado. El buen resultado de las fuerzas de la derecha no europea en Polonia y en Hungría responde también a historias particulares.

>Editorial

No reinan los extremos (salvo excepciones)

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 1  33 votos

La lección europea de Romano Guardini

Francesco Milano

¿Europa es una utopía? Al sueño de los padres fundadores de Europa, ¿todavía le queda alguna posibilidad? Estas preguntas son de total actualidad, mueven nuestra historia pero interpelan aún más intensamente nuestro presente y nuestro futuro. No son preguntas retóricas, inútiles ni ociosas, sino problemas abiertos a los que hay que prestar máxima atención. Todavía podemos encontrar una palabra luminosa en Romano Guardini y su reflexión dedicada al desarrollo de la cultura europea y al crecimiento de un ethos europeo. Guardini abordó el significado de Europa en muchos de sus escritos, en algunos persiste en su análisis ofreciendo valiosas pistas y sugerencias, ya desde los primeros años de su producción filosófica y de su importante actividad educativa.

Podemos identificar tres líneas de investigación dentro del pensamiento de Guardini, útiles para intentar responder a las preguntas planteadas. La primera línea guardiniana es, en mi opinión, la línea de la fidelidad: la capacidad para saber armonizar las distintas fidelidades en una única gran dimensión de fidelidad. Guardini, italiano de nacimiento, alemán por decisión, fue consciente muy pronto de los peligros del nacionalismo en un mundo que mudaba rápidamente y que ya llevaba tiempo atravesando procesos de globalización que él supo identificar claramente. Europa será biográficamente el lugar que acoja sus dos fidelidades, pero culturalmente es el espacio de una unidad capaz de mantener unidas las diferencias, abriéndolas al mundo entero. Por tanto, para Guardini, la fidelidad no viene a asumir ese carácter absoluto que tuvieron y tienen visiones políticas angostas, capaces de comprender tan solo el vínculo con la propia tierra, sino que adquiere sentido y valor solo desde una perspectiva más amplia y comprensiva. Por otra parte, Guardini estaba convencido desde sus años de juventud, como testimonia Joseph Aussem, de que “ya no existe el dato de hecho de un pueblo como un mundo en sí mismo” y que “un pueblo asciende y desciende con el otro”. Por tanto, en el nuevo espacio europeo ya no se considera la patria –afirma Guardini– “en su antigua forma cerrada, sino coordinada junto con las demás naciones del continente europeo”.

Guardini tampoco absolutiza a Europa y esto es lo que hace especialmente significativo su europeísmo. Ya en los años 20 escribía en sus Cartas del Lago de Como: “Antes –sin ninguna duda– Europa consideraba su propia cultura como medida en virtud de la cual valorar y criticar a todas las demás (…) La autocomplacencia del hombre europeo ha estallado (…) La conciencia y obra de cada pueblo son examinadas y juzgadas a la luz de una crítica fundada sobre la conciencia del mundo entero”, un mundo “donde pueblos diversos, cada uno con su propia cultura, tendrán que coexistir y cooperar”. Esto planteaba ya entonces nuevas tareas a Europa y le imponía una nueva y diversa apertura de horizontes. La cuestión planteada por Guardini resulta aún más actual casi un siglo más tarde, después de toda la compleja historia del siglo XX y los primeros años del nuevo milenio. En Europa se hace cada vez más necesaria una perspectiva distinta de la historia y de su unidad, una visión capaz de unir el todo a la parte, repensando de manera diferente su relación, su composición potencial y su difícil equilibrio.

La lección europea de Romano Guardini

Francesco Milano | 0 comentarios valoración: 2  15 votos

26-M. Esta vez el examen es para los electores

P.D.

Este domingo los españoles estamos llamados de nuevo a las urnas. El ciclo electoral ha sido demasiado largo. Hace menos de un mes votamos para las generales y en realidad llevamos en campaña desde 2015. No por eso la cita es menos importante. Tenemos que elegir a los responsables de las políticas municipales y, en muchos casos, a los responsables de las políticas autonómicas. Son las políticas más cercanas a la vida cotidiana. Nos jugamos casi más que en los comicios al Congreso y al Senado. Y, aunque parezca paradójico, el voto al Parlamento Europeo tiene ese mismo sesgo: menos abstracto y más vinculado con decisiones que nos afectan en el día a día.

Salvo sorpresa todo indica que el domingo el resultado va a ser muy semejante al de finales de abril: una España en la que la derecha y la izquierda están empatadas. El grado de fragmentación de cada uno de los bloques es el que, en muchos casos, decantará quién está al frente de los gobiernos locales o regionales. Descartada en casi todos los casos la alianza que con cierta lógica sería la más razonable (PP y PSOE), el resultado va a servir para medir de nuevo varios elementos: cómo es de intenso el cambio de ciclo en favor de la izquierda (PSOE y Podemos), cómo de profunda es la crisis de los populares, cómo de profundo es el empuje en favor del relevo de Ciudadanos, cómo de fiel es el apoyo a Vox. Son sin duda cuestiones a tener en cuenta para decidir la papeleta.

Pero votar solo en una onda nacional sería olvidar lo que se decide. Lo que cuenta para el domingo de verdad es qué política de limpieza, de seguridad, de intervención social, de cultura de barrio se va a hacer en nuestro pueblo y en nuestra ciudad en los próximos años. Y en este caso conviene olvidarse de siglas y de referencias ideológicas genéricas. Lo que cuenta es lo que se ha hecho hasta ahora y la relación que como vecinos, como sociedad civil, hemos tenido con quien gobierna en los municipios. En las Comunidades Autónomas hay algo más de distancia pero el criterio es el mismo, aplicado en este caso a cuestiones como la sanidad o la educación.

Por todo eso, por el momento en el que vive España y porque estamos ante unas elecciones locales y municipales, se puede decir que, en cierto modo, quienes nos examinamos el domingo somos los electores. Si al votar lo hacemos solo por consideraciones abstractas, por criterios más o menos justos, estamos dejando el cambio solo en manos de la agenda de los políticos. Durante los últimos cinco años ya hemos tenido experiencia de lo limitada que es esa agenda. Pero si al votar podemos tomar en cuenta la relación que tenemos ya, de hecho, con el poder municipal y autonómico, si podemos decidir en función de un cambio que ya estamos generando como sociedad civil, entonces votar será algo diferente.

26-M. Esta vez el examen es para los electores

P.D. | 0 comentarios valoración: 1  15 votos
< Anterior 1 |  2 |  3 |  4

>Columna izquierda

>Editorial

vista rápida >
>Editorial

Convicciones sin realidad

Fernando de Haro

La miniserie Chernóbil de HBO ha hecho furor. Los cinco capítulos escritos por Craig Mazin y dirigidos por Johan Renck han ocupado el hueco dejado en la audiencia por Juego de Tronos. La pasión por lo sucedido en el reactor nuclear ha generado un extraño turismo de la catástrofe. Chernóbil es mucho más que un desastre nuclear. El accidente de 1986, la cadena de decisiones tomadas, la reacción del poder soviético, la respuesta de los científicos y de la población nos hablan del riesgo de la energía atómica, pero también de la fe y de la realidad, de una realidad negada, y de un pensamiento, de una creencia que construía/construye un sistema contra la experiencia.

Nos atrae la serie porque en estos tiempos de miedo y de incertidumbre refleja las consecuencias de un uso imprudente de la tecnología. Efectos que se prolongan en el tiempo más allá de lo que se puede imaginar. No es solo terror al átomo. La ficción da forma a ese fantasma de la sociedad del riesgo que llevamos en el alma y que puede tener mil maneras de concretarse. El temor está dentro de nosotros y sentimos cierta afinidad por los relatos que alimentan lo que el sociólogo Luhmann llamaba “la extravagante preocupación por las improbabilidades extremas”. Es improbable una invasión de migrantes, una muerte por epidemia generalizada, una violenta guerra en todo el planeta. Pero las distopías cinematográficas que insisten en mundos creados por sucesos de este tipo florecen. La afición que tenemos en este comienzo del siglo por las improbabilidades extremas de destrucción más que por las improbabilidades extremas de ser nos retrata.

Ha habidos algunas críticas que le han afeado a Chernóbil no haber reflejado de modo adecuado cómo funcionaba el poder soviético a mitad de los años 80. Probablemente no se le puede pedir a una serie capacidad suficiente para describir algo que era no solo un conflicto entre la verdad o la mentira, o entre los expertos y los burócratas. Los privilegios de las autoridades, la escasa estima por la vida humana y el abuso del Estado marcaron la reacción a la crisis. Pero el caso Chernóbil es más que todo eso. Es el momento en el que se hace evidente el choque entre la fe del hombre soviético y la realidad. Por eso es tan actual. Y por eso hay que volver a la lectura de Voces de Chernóbil. Con el imponente mosaico de testimonios que construye Svetlana Alexievich, en la que aparece la vida real, el amor, el sufrimiento de los que vivieron el accidente y de los que trabajaron cerca de la central, se comprende por qué, como dice uno de los protagonistas, lo ocurrido sirvió para “aprender a decir yo”.

El monólogo de Marat Filipovich, ex ingeniero del Instituto de Energía Nuclear, refleja el sistema de “doble verdad” en el que se vivía y que se parece, a pesar de que estamos en sociedades libres, al nuestro. El problema era la fe, una fe sin base alguna en la realidad.

Convicciones sin realidad

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  9 votos
vista rápida >
>Editorial

¿De qué marca son hoy los tanques?

Fernando de Haro

Las palabras de justificación del ministro de defensa chino, Wie Fenghe, han clarificado casi todo. Cuando se cumplían 30 años de la masacre de Tiananmen, el Gobierno-Partido que rige los destinos del Imperio del Centro, ha explicado que era necesario, para mantener la estabilidad y generar la prosperidad de las tres últimas décadas, reprimir a unos estudiantes que reclamaban más libertad. Casi todo ha quedado claro. En 1989 hubo que recurrir a la violencia y matar a miles de universitarios y hoy es necesario seguir utilizando campos de internamiento, la amenaza, la tortura, la persecución del disidente.

Antes del aniversario se habían recrudecido los controles en torno a la plaza de Tiananmen, como cuando se celebra la reunión anual de un Parlamento totalmente controlado por Xi Jinping. Pekín ha vivido las jornadas habituales de un nerviosismo cuyo origen es difícil de precisar. Los responsables de los hoteles, los miembros de base del partido, la ciudad entera está atenta para identificar cualquier movimiento, cualquier persona, que pueda ser una “fuente de inestabilidad”. Las cámaras distribuidas por cada rincón de la capital recogen todas las imágenes posibles y estos días se han examinado, gracias a la nueva tecnología, con especial vigilancia para detectar cualquier tipo de anomalía. Ahora no es como hace 30 años, el poder totalitario con sistemas de Inteligencia Artificial lo hace mucho más eficaz.

Con dificultad se ha podido acceder a la plaza para, aunque sea en silencio, hacer memoria de aquel joven desconocido que desafió a una fila de tanques. No importa. Desde cualquier región del planeta, se puede rendir homenaje a aquel muchacho indefenso, con los brazos caídos, pero con la cabeza bien erguida, delante de un carro de combate con su cañón enorme listo para disparar. La máquina de la opresión es un crustáceo gigante: el tanque de la nada, el tanque de la historia, el tanque sin rostro dispuesto a aplastar frente a la figura solitaria que se mantiene en pie. No se puede rendir homenaje a todas las víctimas sin releer las páginas de los Escritos Corsarios del gran Pasolini denunciando las nuevas formas de dominación de un poder que ya no necesita de la violencia para imponerse. ¿Han desaparecido los tanques de la nada, como decían los liberales ilustrados, precisamente hace tres décadas? ¿Cuáles son ahora los tanques del nuevo poder que domina las plazas del mundo? ¿Cuál es la marca de los nuevos carros de combate?

Ian Buruma, en un provocativo artículo publicado estos días, ha destacado en Tiananmen no triunfó el régimen comunista, sino “un capitalismo autoritario”, el creado por Deng Xiaoping, el hombre de la apertura. “Las clases urbanas educadas de las que había salido la mayoría de los estudiantes que protestaron en 1989 recibieron grandes beneficios”, a cambio de no meterse en política. Lo ocurrido tras Tiananmen dejó claro que democracia y capitalismo eran perfectamente separables. Posiblemente han hecho faltan treinta años para que nos demos cuenta. “Lo que sucedió tras su aplastamiento señala que el capitalismo autoritario se ha convertido en un modelo atractivo para autócratas de todo el mundo, incluso en países que hace treinta años consiguieron librarse del yugo comunista”, concluye con agudeza Buruma.

¿De qué marca son hoy los tanques?

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  21 votos
vista rápida >
>Editorial

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 1  806 votos

>Columna derecha

>CULTURA

vista rápida >

Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  2577 votos
vista rápida >

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón | 47 comentarios valoración: 2  3679 votos

>SÍGUENOS EN

>Entrevistas

El otro es un bien, también en política

Arte y pintura en Páginas Digital

El caballero de la mano en el pecho

David vencedor de Goliat de Caravaggio

>Boletín electrónico

Recibe los titulares de PÁGINASDIGITAL.es en tu correo electrónico
Darse alta y baja en el boletín electrónico

 

Darme de baja