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22 ABRIL 2019
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>Entrevista a Cristóbal López Romero, arzobispo de Rabat

La Iglesia en Marruecos, un puente entre cristianos y musulmanes

Claudio Fontana

Cristóbal López Romero fue nombrado arzobispo de Rabat el 29 de diciembre de 2017 y tomó posesión el 10 de marzo siguiente. Además de haber desarrollado varias tareas en Paraguay, Bolivia y España, también pasó siete años en Marruecos, de 2003 a 2010, como director de una escuela salesiana. Hablamos con él mientras espera recibir la próxima visita del Papa.

¿Qué supone para la Iglesia en Marruecos y para todo el país la visita del Papa?

Para nosotros, la visita del Papa significa muchas cosas. En primer lugar, que el Papa aprecia y ama nuestro país, y que valora los esfuerzos que tanto el rey como todo nuestro pueblo está haciendo desde hace tiempo para mejorar las condiciones de vida de la gente. En segundo lugar, que desea reforzar, aquí y en todo el mundo, el diálogo interreligioso y, más concretamente, el encuentro islamo-cristiano. En tercer lugar, significa que el Papa aprueba y anima el camino de esta pequeña comunidad cristiana, visitándola en un momento en que celebramos el año jubilar por los 800 años de presencia franciscana en esta tierra, coincidiendo con el misma aniversario del encuentro entre Francisco de Asís y el sultán Al-Malik en Egipto.

El Papa viene a cumplir su misión de confirmarnos en la fe, a sostener nuestra esperanza (el lema del viaje es “Servidor de la esperanza”) y a encender en nosotros la llama del amor. Francisco es un Papa que no se limita a predicar con palabras y documentos, sino que habla y transmite el Evangelio con gestos y hechos, como el de venir aquí antes incluso de visitar pueblos y naciones tradicionalmente cristianos.

Antes de ser nombrado arzobispo de Rabat, usted ya estuvo en Marruecos de 2003 a 2010, ¿cómo fue su experiencia?

Pasé casi ocho años en Kenitra, una ciudad de más de medio millón de habitantes al norte de Rabat. Soy salesiano y era director de la escuela de Don Bosco. No daba clase, pero todos los días hablaba con los alumnos, con sus padres, participaba en las reuniones de profesores. En la escuela primaria y secundaria todos eran musulmanes. Solo había dos católicos: la escuela y yo. Todos los profesores eran musulmanes y solo esporádicamente tuvimos algunos colaboradores católicos franceses. La experiencia fue muy interesante porque, a pesar de que todos eran musulmanes, la escuela era verdaderamente salesiana.

¿Qué quiere decir? ¿Cómo es posible definir como salesiana una escuela donde todos son musulmanes?

El espíritu familiar, el ambiente de la comunidad educativa, la amabilidad, el sistema preventivo de don Bosco, el sentido religioso (no cristiano, sino musulmán), son los elementos que aún hoy caracterizan esa escuela. Todos los viernes se proclama el Corán, que fue una decisión mía personal. Yo me ponía de pie junto al chaval que, al micrófono, recitaba el Corán. Yo rezaba por mi cuenta, como cristiano.

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La Iglesia en Marruecos, un puente entre cristianos y musulmanes

Claudio Fontana | 0 comentarios valoración: 1  11 votos

 

>El kiosco

Nacer, crecer, morir

Elena Santa María

España será en breve el país del mundo con mayor esperanza de vida. Según la OMS, entre 2015 y 2050 la población mundial con más de 60 años pasará de 900 a 2.000 millones. Pero cuanto mayores nos hacemos, menos queremos saber de la vejez. Dice Leila Guerriero en El País: “en la vida real, no hablamos de esas cosas. Más bien, inventamos más y mejores eufemismos para mentar a los viejos: tercera edad, adultos mayores”. “Seremos muchos, pero vamos hacia la vejez sin saber —sin querer saber— cómo. O casi: dejamos que Netflix nos explique”.

Lo mismo le está pasando a España. “El abandono del mundo rural y su sustitución por la urbe –unas pocas ciudades de éxito, en realidad– nos hablan no sólo de las nuevas tendencias marcadas por el abanico de oportunidades de la globalización, sino también del debilitamiento de una esperanza. La España vacía refleja el olvido de una parte del país que no supo vertebrarse con todas sus consecuencias. Dicen que España es el país menos poblado de Europa. Reforestar nuestras tierras sería entonces como rehacer un mundo que desaparece. La vida se manifiesta como vida; el abandono, la soledad y la muerte como abandono, soledad y muerte. Protegernos del desierto –hay iniciativas ya en este sentido– equivale a reivindicar el futuro. Y eso también constituye una forma de piedad”. Son las palabras de Daniel Capó en The Objective.

¿Y mientras tanto? Mientras tanto “el estrés nos devora, envenena y mata, pero nos lo negamos hasta que le vemos las orejas al lobo”. Dice Luz Sánchez Mellado en El País que “igual lo que borras en WhatsApp es lo que realmente quieres decirle al otro y no te atreves, lo que te callas a ti mismo es lo que de verdad te quita el sueño y, a veces, la vida”.

Pero de fondo siempre hay una pregunta, como la que le surge a Pilar Rahola en La Vanguardia a raíz del odio que nos rodea. “Millones de muertos en cámaras de gas, niños, ancianos, familias enteras… ¿quién responde al ‘¿por qué?’ final de mi hijo? ¿Y quién responderá a ese mismo ‘¿por qué?’ de otros niños que hoy lloran la muerte de los suyos, entre las decenas de víctimas de la matanza de Nueva Zelanda, perpetrada por supremacistas blancos?”.

>El kiosco

Nacer, crecer, morir

Elena Santa María | 0 comentarios valoración: 2  17 votos

La desigualdad envenena Europa más que los nacionalismos

Jürgen Habermas

¿Cómo ha podido agudizarse tanto, en los últimos diez años, la contradicción entre la adhesión teórica a Europa (adhesión que se sigue confirmando) y la oposición concreta a las acciones necesarias de cooperación e integración europeas? ¿Cómo va a mantenerse en pie la Unión monetaria europea cuando todos los países asisten a un continuo crecimiento de la resistencia “anti-Bruselas” llevada a cabo por los populismos y cuando en el corazón de Europa, en uno de los seis estados fundadores de la CEE, esta resistencia ha llevado incluso a una alianza programática antieuropeísta entre los populismos de derecha e izquierda?

El tema de la inmigración y las políticas de reconocimiento de asilo político, que desde septiembre de 2015 pueblan los medios alemanes y atraen de manera exclusiva la atención de la opinión pública, se proponen como respuesta inmediata a la pregunta sobre la causa determinante de los mecanismos de defensa cada vez más agudos por parte de los antieuropeístas. Pero si consideramos a Europa en su conjunto, y sobre todo la eurozona en su conjunto, el aumento de las migraciones no puede constituir la explicación principal para el crecimiento de los populismos, pues el cambio de la opinión pública se produjo mucho antes, como respuesta a las controvertidas políticas emprendidas para superar la crisis financiera que comenzó en 2008 y la crisis de deuda soberana desatada con la crisis económica de 2010.

Las voces críticas que más suenan en la escena económica internacional, esto es, las de la corriente anglosajona escorada contra las medidas de austeridad impuestas por Schäuble y Merkel, han obtenido poco espacio y consideración por parte de las redacciones económicas de los grandes medios, exactamente igual que las redacciones políticas han evitado informar sobre los daños sociales y humanos que, no solo en países como Grecia o Portugal, han provocado dichas medidas. En algunas regiones la tasa de desempleo todavía es poco inferior al 20%, mientras el paro juvenil asciende casi al doble. Es un escándalo que, en el edificio todavía incompleto de la UE, una medida capaz de penetrar tan a fondo en el tejido social de cualquier nación se haya adoptado sin ninguna legitimación real, al menos según nuestros habituales estándares democráticos. Esta espina está aún más clavada en la carne y en la conciencia de las poblaciones europeas.

Pero la eurozona tal como la conocemos sufre un problema que corre el riesgo de perjudicar a todo el proyecto europeo. Nosotros, y especialmente los habitantes de una Alemania en expansión económica, desviamos la mirada ante el simple hecho de que el euro fue adoptado con la expectativa, y al mismo tiempo con la promesa política, de una alineación de condiciones en todos los países miembros, mientras que en lo concreto se ha producido justo lo contrario. Desviamos la mirada ante el motivo real de la falta de cooperación entre los estados, más urgente que nunca, es decir, ante el hecho de que ninguna unión monetaria puede sobrevivir a una divergencia continua y duradera entre los presupuestos económicos de cada país, lo que implica también una divergencia en las condiciones de vida.

La desigualdad envenena Europa más que los nacionalismos

Jürgen Habermas | 0 comentarios valoración: 1  12 votos
>Editorial

En busca de las confluencias

Fernando de Haro

Afortunadamente la propuesta realizada por Vox en la precampaña electoral, para permitir un más fácil acceso a las armas de autodefensa personal, ha sido rechazada por la inmensa mayoría de la opinión publicada, queremos creer también que del público y por el resto de los partidos. Es un ejemplo extremo de creación de un conflicto artificial y de su utilización para captar la atención y ganar adeptos. El resto de formaciones políticas no han llegado –todavía hay grandes diferencias– a una tergiversación e instrumentalización de la realidad tan radical para aprovecharse de un miedo creado o existente. Pero en la política española y europea cunde la tendencia a exagerar las diferencias, a centrarse en problemas inexistentes, a no afrontar en su complejidad los auténticos, a alentar las enemistades y a silenciar las conversaciones públicas, los puntos positivos de construcción.

Lo peor es que un estado de conflicto y de pánico (in) moral, jaleado por los medios de comunicación, coloniza la conciencia de la ciudadanía que, a menudo, tiene dificultades para leer su experiencia social, que suele ser mucho más rica y más alentadora. Lo ha hecho Vox con las armas. Y, salvando todas las diferencias, que son muchas, lo ha hecho la Liga en Italia con la inmigración. Lo hace el PSOE cuando sostiene que necesita un nuevo mandato para que la vuelta de la derecha al poder no acabe con el Estado del Bienestar que Mariano Rajoy estuvo a punto de destruir. Lo hace el PP cuando augura que un nuevo Gobierno de Sánchez supondrá el fin de la libertad de educación y un acuerdo con los independentistas que romperá España. Lo hace Ciudadanos cuando promete no pactar con Sánchez, limitando así uno de los posibles Gobiernos constitucionales. Es así en España desde 1996, desde que Aznar obtuvo la primera mayoría absoluta. El expresidente se ha convertido en uno de los promotores del pánico moral que él mismo sufrió.

La técnica del pánico llega a su punto máximo de inmoralidad cuando el riesgo en nombre del que se quiere actuar no existe. Es el caso de las armas. La inseguridad ciudadana es el decimosegundo problema para los españoles. Solo 2 de cada 100 españoles la ven como amenaza. El 69 por ciento aseguran sentirse seguros porque viven en un país seguro. En España apenas se cometieron el último año 225 robos por cada 100.000 con fuerza en viviendas.

La cuestión de la inmigración no es exactamente igual pero tiene similitudes. Un estudio publicado hace unos días por el Pew Research Institute refleja que, en los 20 países de todo el mundo que más inmigrantes han recibido en los últimos años, la inmensa mayoría de los ciudadanos piensa que la llegada de extranjeros hace más fuerte su nación. Curiosamente algunos de los países que menos inmigrantes han recibido en ese grupo son los que peor valoran a los inmigrantes. En esos países hay partidos políticos dispuestos a explotar el pánico moral.

Ni las armas personales son necesarias para defenderse, ni los inmigrantes llegados constituyen necesariamente una amenaza, ni una victoria de los socialistas supone el fin de la España constitucional y de la libertad educativa ni tampoco una victoria del PP acabaría con las conquistas sociales. Al menos en términos netos. Las cosas son mucho más complejas.

>Editorial

En busca de las confluencias

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>Reconectar el voto y la experiencia social

'Un Gobierno abierto a la sociedad civil, no ideológico y con sensibilidad social'

Fernando de Haro

CESAL es una de las ONG españolas más consolidadas en España de las que se dedican a la cooperación internacional. paginasdigital.es conversa con Pablo Llano, su director general, sobre el valor de su experiencia para la construcción de una sociedad en la que sea cada vez más frecuente un diálogo real, sobre la relación más adecuada entre Estado y sociedad civil. Abordamos también el reto de la migración y le pedimos que nos defina el mejor Gobierno para su labor.

CESAL es una ONG que desde hace más de 30 años viene trabajando en el campo de la cooperación internacional y de la intervención social. ¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho en este tiempo?

La historia de CESAL se ha ido construyendo a través de personas apasionadas por la realidad del hombre y por el mundo. Desde la humildad de saber que no tenemos respuestas para todo pero con la certeza de tener una hipótesis que poner en juego y a través de la cual podemos afrontar el desafío de responder juntos a las necesidades y aspiraciones de tantas personas que no cuentan con oportunidades ni nadie que los acompañe en el camino.

De esta forma, nos hemos ido encontrando con personas, con iniciativas, con experiencias que nos han ayudado a conocer y a adentrarnos más en el corazón del desarrollo. Y también hemos ido tejiendo una red de relaciones que nos han mostrado la posibilidad de construir con cualquiera, siempre que se esté dispuesto a un diálogo abierto y sincero que no parta de prejuicios sino de un mismo deseo de aprender, de construir, de generar respuestas que responden a problemas reales de las personas. De esta forma, se han dado relaciones y alianzas inimaginables con personas e instituciones que desde orígenes y presupuestos diferentes comparten una misma pasión y un mismo interés

De esta experiencia, ¿qué puede tener valor como método y como contenido para el conjunto de la sociedad española?

En primer lugar, el diálogo sobre problemas reales que afectan a personas con un rostro identificable. No porque renunciemos a incidir en políticas públicas, al contrario, pero si el diálogo no parte de la realidad es fácil abstraer y reducir el diálogo a un debate ideológico.

En segundo lugar, hay un aspecto de método muy arraigado en la forma de trabajar de CESAL que considero que sería un bien en los debates sociales y políticos y es el “partir de lo positivo”. Existe un valor y una riqueza muy grande de la que partir, hay múltiples iniciativas que ya tratan de responder con creatividad y entusiasmo a los problemas que nos afectan. Y, en última instancia, la propia persona encierra un potencial muy grande que hay que ayudar a desvelar y desarrollar.

Si en lugar de amenazas viéramos oportunidades, provocaciones que nos ayudan a crecer y ser mejores, se generaría una cultura del encuentro más creativa y constructiva.

>Reconectar el voto y la experiencia social

'Un Gobierno abierto a la sociedad civil, no ideológico y con sensibilidad social'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  23 votos
>Entrevista a monseñor Mario Zenari, arzobispo de Damasco

"El hambre está matando a más niños que las bombas"

I.S.

Según Unicef, en 2018 murieron en Siria 1.106 niños, es el mayor número de niños muertos en un año desde que empezó la guerra. Pero la realidad seguramente es más grave que los números proporcionados por la ONU. Números que dicen que la guerra en Siria está muy lejos de haber acabado a pesar de las proclamas de Trump y Putin. En Siria la gente sigue muriendo y, como siempre, la población civil paga el precio más alto.

Como señala en esta entrevista monseñor Mario Zenari, arzobispo de Damasco –aunque es una noticia que nunca se ha difundido en Occidente, lo que hace pensar en cuántos casos se conocen y cuántos se ignoran– cerca de 70 niños menores de cinco años de edad han muerto de frío y de hambre intentando llegar a los campos de refugiados, huyendo de Baghouz, el último bastión del Isis.

Monseñor Zenari, Unicef habla de más de mil niños muertos en 2018, la cifra más alta desde que empezó el conflicto. ¿La situación sigue siendo tan dramática?

Por desgracia, la ONU es una fuente fiable. Por tanto, estas cifras son verídicas. La gente sigue muriendo en Siria. Aparte de los campos de minas, diseminados por todas partes, o los explosivos abandonados, también se muere de hambre y de frío. Desde diciembre, entre los niños y las madres que huyeron de Baghouz hacia los campos de refugiados, muchos murieron, hubo unos setenta niños menores de cinco años que murieron en la calle a causa del frío, la deshidratación y la desnutrición.

¿Pero la guerra no se encamina hacia su conclusión?

Es un gran disparate decir que la guerra ha terminado, no es así. En la provincia de Idlib (donde se encuentran los milicianos del Isis huidos del resto del país) todavía viven tres millones de civiles y nadie sabe qué va a pasar. Hay zonas, como Damasco y Homs, donde ya no caen bombas, pero la población tiene que enfrentarse a otro tipo de bomba: la pobreza. La ONU ha declarado que ocho de cada diez personas en Siria viven por debajo del umbral de la pobreza.

En esta situación tan dramática, los países occidentales siguen manteniendo las sanciones contra Assad. ¿Qué le parece?

Hablar de eso quiere decir abrir un capítulo infinito y difícil de abordar. Hay en marcha varios tipos de sanciones, desde las personales, que afectan a 277 personas que no pueden viajar a Europa, hasta las comerciales y de productos petrolíferos. Y eso doblega a Siria.

La Iglesia siempre ha estado en primera línea ayudando a la población, ¿cómo están las cosas actualmente?

Cada uno hace lo que puede. El grueso de la ayuda viene de Naciones Unidas, que debe atender a casi 13 millones de personas necesitadas de asistencia humanitaria. Las iglesias siempre intentan llegar a la gente en la medida de sus posibilidades.

¿Se ha retomado la actividad comercial en Damasco?

En el centro de la ciudad las tiendas siempre han estado abiertas, así como los restaurantes, también porque allí están las embajadas y los palacios de gobierno. Pero Damasco no refleja lo que pasa en el resto de Siria. Basta ir a la periferia, donde hay barrios enteros donde falta comida y trabajo.

>Entrevista a monseñor Mario Zenari, arzobispo de Damasco

"El hambre está matando a más niños que las bombas"

I.S. | 0 comentarios valoración: 2  12 votos
>Entrevista a Olivier Roy

"Una guerra más racial que religiosa"

Lorenzo Cremonesi (Corriere della sera)

“Los terroristas que han cometido la masacre en Nueva Zelanda son auténticos neonazis. La suya no es una guerra de religión, sino de raza. No se presentan como yihadistas cristianos contra los musulmanes. Todo lo contrario, son paganos blancos que se ven como paladines de la raza blanca y van a la caza de los negros. No se trata de un fenómeno social, no representan un movimiento, su base política es casi nula. Pero son muy peligrosos, bastarían veinte o treinta fanáticos como ellos, dispuestos a atacar en Estados Unidos, Europa o Australia, para crear problemas muy serios”. Con palabras del politólogo francés Olivier Roy, experto en radicalismo islámico, que recientemente ha publicado un libro sobre el estado de la identidad cristiana en Europa. “Pero en este caso las categorías interpretativas son diferentes. Para entender el mensaje de los nuevos racistas paganos tenemos que remontarnos a los textos de Arthur de Gobineau y a los teóricos del racismo laico del XIX europeo, a los padres del antisemitismo nazi. Sin duda, un supremacista blanco muy cercano a su sensibilidad es Oswald Mosley, el fundador del fascismo británico”.

¿No le parece paradójico y extraño que, justo cuando el Isis está a punto de ser abatido en Siria y el terrorismo islámico parece aquietarse, estos terroristas blancos ataquen mezquitas en un lugar remoto y tranquilo?

Diría que no es extraño en absoluto. Hay que leer sus documentos para comprender que ellos se conciben como héroes mártires solitarios, vanguardia de una batalla en devenir. Como Ander Breivik, el terrorista de Oslo en 2011, o Timothy McVeigh, responsable de la matanza de Oklahoma City en 1995. Su gesto quiere ser una piedra en el estanque. Afirman que la democracia occidental no se sabe defender, que es cobarde ante la invasión migratoria. Son puros gestos demostrativos. Casan totalmente con la teoría de la “gran sustitución” del autor francés Renaud Camus: la Europa blanca está en peligro por el hecho de que está siendo sustituida por los inmigrantes. Junto a él, citan también a Jean Respail y su novela más famosa, “El campamento de los santos”. Aquí también predomina la idea de que el peligro de la migración radica en su carácter silencioso, progresivo, no violento. Si les dejamos, los inmigrantes harán suyas nuestras casas. El diferente siempre se ve como alguien hostil y astuto en su falsa quietud. A sus ojos, la masacre de las mezquitas desata las contradicciones, enciende los focos.

¿Pero por qué en Nueva Zelanda?

Porque siempre ha sido considerada como una región periférica. Es un lugar simbólico, una señal de alarma: si los de fuera llegan hasta aquí, estamos acabados.

¿Qué relación tienen con los nuevos populismos?

Los consideran moderados y decadentes, aliados que han perdido el rumbo. Por ejemplo, acusan a Marine Le Pen por haber bajado el tono y haber sido derrotada en las últimas elecciones presidenciales. Se consideran intérpretes de la pequeña burguesía blanca empobrecida, se quejan del feminismo y de la caída de la masculinidad. Quizás por un instante creyeron a los populistas, pero ya no. Dicen que no es el momento de ir a votar sino de cargar la ametralladora. Me recuerdan a los anarquistas nihilistas que mataban a reyes y príncipes como gestos demostrativos. Se creen instrumentos de un plan histórico superior.

¿Pueden captar adeptos?

>Entrevista a Olivier Roy

"Una guerra más racial que religiosa"

Lorenzo Cremonesi (Corriere della sera) | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
>Reconectar el voto y la experiencia social

'Voto a quien creo que me garantiza un mayor grado de libertad'

P.D.

Entrevista a Juan Sánchez Corzo, presidente de la Compañía de las Obras, una asociación que engloba a iniciativas empresariales y sin ánimo de lucro en toda España.

La CdO es una realidad que agrupa desde hace ya algunos años a empresas y entidades no lucrativas. ¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho en este tiempo?

La CdO es un lugar de encuentro entre personas y realidades de muy distintos ámbitos. Es un lugar en el que las distintas realidades se acompañan entre sí, se hace networking, se comparten experiencias, se producen encuentros, se imparte formación, nos ayudamos mutuamente... se amplían los horizontes, se recupera la ilusión por los quehaceres cotidianos. Uno de sus elementos originales, en efecto, es que entidades con y sin ánimo de lucro comparten el mismo patio, un mismo lugar común.

Son las obras asociadas las que sostienen en primer lugar esa tarea de construcción social, ya sea generando empleo y riqueza o ayudando a los menos desfavorecidos. En la CdO nos ocupamos de las obras asociadas o de quienes las promueven. ¿Cómo? Te pongo un ejemplo. Uno de los grandes déficits de la pyme española es la gestión, motivada en gran medida por la falta de experiencia y de conocimientos del pequeño y mediano empresario. Pues bien, desde hace algún tiempo venimos teniendo sesiones periódicas en las que un grupo de empresarios –en este caso del sector servicios–, compartiendo experiencias y necesidades y poniéndolas delante de un consultor de empresas, tratan de mejorar determinados aspectos de la gestión de la empresa (recursos humanos, tecnología, marketing, proyectos, internacionalización...). En el ámbito de las obras sociales, se encuentran con una cierta periodicidad para trabajar aspectos de su vida cotidiana, tales como, por ejemplo, el trabajo con voluntarios o la financiación de proyectos.

De esta experiencia, ¿qué crees que tiene un valor para el conjunto de la sociedad española?

Siempre que tenemos oportunidad, compartimos experiencias, incluso negativas, enriquece muchísimo y genera confianza. ¡Qué pocas veces nos ponemos realmente en juego con los demás y qué formalistas solemos ser! 

>Reconectar el voto y la experiencia social

'Voto a quien creo que me garantiza un mayor grado de libertad'

P.D. | 0 comentarios valoración: 3  21 votos
>Reconectar el voto y la experiencia social

'El entrelazamiento de los destinos colectivos impide definir nuestro bien como el reverso del mal de otros'

Juan Carlos Hernández

Analizamos en profundidad con Daniel Innerarity el momento de la campaña electoral. Para el catedrático de Filosofía Política, existe una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político.

En las campañas electorales se producen situaciones de polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido. ¿Exageramos cuando aseguramos que se disuelve el “nosotros compartido? ¿Hay alguna relación entre esta disolución y la aparición de cordones sanitarios a izquierda y derecha?

Me da la impresión de que hay estrategias de los partidos, de unos más que de otros, que han puesto en marcha dinámicas que luego son difíciles de parar. En términos estructurales me parece que se podría hablar de una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político. ¿En qué se caracteriza una campaña? En que polariza y se critica al adversario (a veces en exceso). El problema es que luego hay que pactar con él y aquellas estrategias que sirvieron para ganar dificultan posteriormente la acción de gobierno, cuando se requiere la colaboración del adversario.

¿La polarización política es un falso espejo de la vida social? ¿En nuestro espacio público hay sujetos que se narran, hay relaciones interpersonales y relaciones entre entidades sociales más sanas de las que se dan en la política de partidos?

Es normal que en la política haya una dramatización de los antagonismos que no tiene por qué coincidir con el que hay en la vida real. En la política hay siempre esos dos elementos (antagonización y escenificación) y los ciudadanos tendríamos que aprender a descodificar un poco lo que observamos en la esfera política. Lo que ocurre es que a veces en la vida los personajes que interpretamos terminan devorando a la persona que somos.

Los estudios sociológicos reflejan un interés sostenido por lo político, pero una desafección hacia los líderes políticos. Parece imposible pensar en la política como una vocación animada por un ideal. ¿Qué nos ha pasado? ¿Tenemos graves carencias culturales y educativas?

En mi último libro “Comprender la democracia” analizo un problema que me preocupa desde hace tiempo. Hablamos de una ciudadanía que decide y controla, pero lo cierto es que carecemos de las capacidades necesarias para ello por falta de conocimiento político, por estar sobrecargados, incapaces de procesar la información cacofónica o simplemente desinteresados. El origen de nuestros problemas políticos reside en el hecho de que la democracia necesita unos actores que ella misma es incapaz de producir. Una opinión pública que no entienda la política y que no sea capaz de juzgarla puede ser fácilmente manipulable.

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'El entrelazamiento de los destinos colectivos impide definir nuestro bien como el reverso del mal de otros'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  20 votos
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>Columna izquierda

>Editorial

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>Editorial

Aprender del Imperio, no defenderlo

Fernando de Haro

Mario Vargas Llosa, al responder a Andrés Manuel López Obrador, ha retomado una interesante línea de autocrítica sobre la revolución liberal y el proceso de independencia de América. Sus palabras han rescatado la tesis de Octavio Paz con el que coincidió en muchas cosas y discutió en otras. A estas alturas es difícil seguir manteniendo un relato simplista, sostenido por algún criollismo de élite y por algún indigenismo ideológico, sobre el papel de España en el Nuevo Mundo.

El Premio Nobel de Literatura aprovechó el III Congreso Internacional de la Lengua para criticar las cartas con las que el presidente de México ha reclamado al Rey de España y al Papa que pidan perdón por los excesos de la conquista. Vargas Llosa recordó que América es independiente de España desde hace doscientos años y que sigue teniendo millones de indios marginados, pobres e ignorantes. Sorprende que, después de todo lo que se ha escrito y estudiado en las últimas décadas, López Obrador haya recurrido a la versión más simple de la leyenda negra. El recurso a los fantasmas del pasado, el abuso de la memoria, sigue siendo un resorte político útil.

El lema que acompañó a López Obrador hasta las elecciones fue “Primero los pobres”. Si alguien sabe de pobreza y exclusión en México son los indios. En México hay una población de 15,7 millones. Casi todos sufren la marginación.

López Obrador quiso en su campaña fotografiarse con indios de estados como el Chiapas, les prometió trenes y estaciones hidroeléctricas. Pero los líderes de las comunidades llevan semanas criticándole por hacer demagogia.

La economía mexicana se ha enfriado desde el pasado mes de octubre y apenas ha crecido en los primeros meses del año. La mayoría de los economistas pronostica un drástico declive en los ingresos públicos este año, así como un descenso de las inversiones extranjeras y nacionales. El presidente ha prometido pensiones para los ancianos, becas para los estudiantes, asistencia financiera para las personas con discapacidad y muchas cosas más. Va a ser difícil que cumpla sus promesas. Tampoco está, de momento, teniendo mucho éxito en la lucha contra la violencia. Resucitar un debate sobre los excesos del imperio siempre es más fácil que gobernar.

Aprender del Imperio, no defenderlo

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En busca de las confluencias

Fernando de Haro

Afortunadamente la propuesta realizada por Vox en la precampaña electoral, para permitir un más fácil acceso a las armas de autodefensa personal, ha sido rechazada por la inmensa mayoría de la opinión publicada, queremos creer también que del público y por el resto de los partidos. Es un ejemplo extremo de creación de un conflicto artificial y de su utilización para captar la atención y ganar adeptos. El resto de formaciones políticas no han llegado –todavía hay grandes diferencias– a una tergiversación e instrumentalización de la realidad tan radical para aprovecharse de un miedo creado o existente. Pero en la política española y europea cunde la tendencia a exagerar las diferencias, a centrarse en problemas inexistentes, a no afrontar en su complejidad los auténticos, a alentar las enemistades y a silenciar las conversaciones públicas, los puntos positivos de construcción.

Lo peor es que un estado de conflicto y de pánico (in) moral, jaleado por los medios de comunicación, coloniza la conciencia de la ciudadanía que, a menudo, tiene dificultades para leer su experiencia social, que suele ser mucho más rica y más alentadora. Lo ha hecho Vox con las armas. Y, salvando todas las diferencias, que son muchas, lo ha hecho la Liga en Italia con la inmigración. Lo hace el PSOE cuando sostiene que necesita un nuevo mandato para que la vuelta de la derecha al poder no acabe con el Estado del Bienestar que Mariano Rajoy estuvo a punto de destruir. Lo hace el PP cuando augura que un nuevo Gobierno de Sánchez supondrá el fin de la libertad de educación y un acuerdo con los independentistas que romperá España. Lo hace Ciudadanos cuando promete no pactar con Sánchez, limitando así uno de los posibles Gobiernos constitucionales. Es así en España desde 1996, desde que Aznar obtuvo la primera mayoría absoluta. El expresidente se ha convertido en uno de los promotores del pánico moral que él mismo sufrió.

La técnica del pánico llega a su punto máximo de inmoralidad cuando el riesgo en nombre del que se quiere actuar no existe. Es el caso de las armas. La inseguridad ciudadana es el decimosegundo problema para los españoles. Solo 2 de cada 100 españoles la ven como amenaza. El 69 por ciento aseguran sentirse seguros porque viven en un país seguro. En España apenas se cometieron el último año 225 robos por cada 100.000 con fuerza en viviendas.

La cuestión de la inmigración no es exactamente igual pero tiene similitudes. Un estudio publicado hace unos días por el Pew Research Institute refleja que, en los 20 países de todo el mundo que más inmigrantes han recibido en los últimos años, la inmensa mayoría de los ciudadanos piensa que la llegada de extranjeros hace más fuerte su nación. Curiosamente algunos de los países que menos inmigrantes han recibido en ese grupo son los que peor valoran a los inmigrantes. En esos países hay partidos políticos dispuestos a explotar el pánico moral.

Ni las armas personales son necesarias para defenderse, ni los inmigrantes llegados constituyen necesariamente una amenaza, ni una victoria de los socialistas supone el fin de la España constitucional y de la libertad educativa ni tampoco una victoria del PP acabaría con las conquistas sociales. Al menos en términos netos. Las cosas son mucho más complejas.

En busca de las confluencias

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Recordemos lo aprendido en la crisis

Fernando de Haro

La frase ha provocado que la semana pasada se volviera a hablar de crisis. "El debilitamiento en los datos apunta a una moderación notable en el ritmo de expansión económica, que se extenderá a lo largo del año", aseguró Mario Draghi, el gobernador del BCE, el pasado jueves, en una comparecencia que había generado mucha expectación. La notable rebaja de las previsiones de crecimiento para 2019 en apenas unas semanas (del 1,7 por ciento de diciembre al 1,1 por ciento de comienzos de marzo) y, sobre todo, la contundencia de las medidas de política monetaria adoptadas, reflejan hasta qué punto el riesgo de que volvamos a tener problemas serios es alto. Tanto el BCE como la OCDE han rechazado la posibilidad de una nueva recesión (dos trimestres de crecimiento negativo), pero hay expertos menos optimistas.

¿Qué le pasa a Europa? ¿Otra nueva recaída, cuando, además, en el mes de mayo, las elecciones al Parlamento Europeo pueden suponer un tsunami político? La economía del Viejo Continente es una de las más expuestas a la situación global. Un estornudo de los dos gigantes, Estados Unidos y China, supone un resfriado o una gripe en Europa. La última crisis nos enseñó que los mercados perfectos no existen, la relación entre oferta y demanda no sigue unas leyes físicas neutrales que generan, de forma automática, el bienestar. Hay muchas “perturbaciones” que no permiten transformar el egoísmo de los que compran y venden en una globalización provechosa.

China y Estados Unidos compiten en una guerra tecnológica y comercial, animadas por una pulsión nacionalista, y eso no significa más crecimiento para todos. De momento supone una caída de las compras en el exterior, y eso nos afecta a los europeos, y especialmente al sector industrial (automovilístico) alemán. Las expectativas negativas de un Brexit sin acuerdo provocado por el nacionalismo británico también nos hacen daño. En este contexto es difícil entender el entusiasmo de algunos por “la solución rusa”, otro nacionalismo con severos problemas económicos y demográficos, que puede ofrecer gas, sí, pero sobre todo desestabilización democrática y noticias falsas (sus dos productos favoritos).

En este contexto de riesgo es esencial recordar lo que hemos aprendido en la última gran crisis: la ingenuidad liberal no está a la altura de los problemas. Estamos en un mundo globalizado en el que las soberanías nacionales no tienen prácticamente capacidad de intervención. Hacen falta decisiones políticas con más peso del que ofrece un solo país. Y a la par, aunque parezca paradójico, es necesario subrayar el protagonismo de la persona, no como individuo aislado que es capaz de sacar rédito del mercado, sino como sujeto relacional, dotado de toda una serie de recursos y de habilidades para reconstruir y reinventarse en un mundo global y en rápido proceso de digitalización, un mundo en el que las viejas formas de trabajo tienden a desaparecer.

Recordemos lo aprendido en la crisis

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 1  68 votos
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>Editorial

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

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>Columna derecha

>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón | 27 comentarios valoración: 2  3581 votos

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