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17 ENERO 2020
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>Ante el nuevo gobierno

Aún se puede construir

Francisco Medina

Consummatum est. Tras un turbulento debate de investidura, finalmente, Pedro Sánchez ha logrado su objetivo de ser investido como presidente de Gobierno en coalición con Unidas Podemos y con el apoyo de un núcleo de partidos regionalistas, independentistas y localistas. Ya hay Gobierno. Y desde el 7 de enero de 2020 se han ido concretando los pasos para la puesta en marcha de la composición y nombramiento de los ministros.

Al igual que en 2018, cuando, tras la moción de censura, Sánchez fue investido, el mecanismo ha sido el siguiente: una vez comunicados los ministros del nuevo Gobierno, el proceso comienza con la publicación en el Boletín Oficial del Estado (BOE) de la reestructuración de los ministerios; posteriormente, con el nombramiento de quienes asumen las carteras y la posterior toma de posesión; y los sucesivos Consejos de Ministros en los que irán articulándose la concreción de la estructura: creación y nombramiento de los secretarios de Estado y subsecretarios; nombramiento de secretarios generales técnicos y directores generales y así, sucesivamente, hasta llegar a las unidades con rango de subdirección general. Y, finalmente, la publicación de la estructura orgánica básica de cada departamento ministerial. Así funciona.

Y así ha sido también ahora, con una particularidad: el lunes 13 de enero se publicaron en el BOE el Real Decreto 2/2020, de 12 de enero, por el que se reestructuraban los departamentos ministeriales; y el Real Decreto 3/2020, por el que se establecían cuatro vicepresidencias: la primera, designada a Carmen Calvo, encargada de la cartera de Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática; la segunda, para Pablo Iglesias, que tendría la cartera de Derechos Sociales y Agenda 2030; la tercera, para Nadia Calviño, correspondiente a Asuntos Económicos y Transformación Digital; y la cuarta, para Teresa Ribera, responsable del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

El peso y tamaño de la administración se engrandece aún más con los ministerios de: Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación; Justicia; Defensa; Hacienda; Interior; Transportes, Movilidad y Agenda Urbana (nombre que sustituye a Fomento); Educación y Formación Profesional; Trabajo y Economía Social; Industria, Comercio y Turismo; Agricultura, Pesca y Alimentación; Política Territorial y Función Pública; Cultura y Deporte; Sanidad; Ciencia e Innovación; Igualdad; Consumo; Inclusión, Seguridad Social y Migraciones; y Universidades, a los que se añaden los ministerios que ostentan las vicepresidencias, en lo que, seguramente, constituya el Gobierno de mayor tamaño en toda la historia de la democracia española, si exceptuamos los primeros Gobiernos de Suárez en la Transición Española.

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Aún se puede construir

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Lo que cuenta es el hacer, no el ser

Lola Martínez

Sánchez ofreció su primera rueda de prensa como presidente del Gobierno el martes. Le preguntaron por la que va a ser la nueva fiscal general del Estado, Dolores Delgado. Y Sánchez dio un triple salto mortal para justificar su elección. Evitó dar explicaciones de por qué ha propuesto a alguien como fiscal general del Estado que ha sido diputada del PSOE y ministra hasta ayer. Acabó asegurando que el PP y las asociaciones de fiscales critican el nombramiento porque bloquean todo, bloquean la justicia. La oposición critica su decisión porque no reconoce el resultado electoral.

El presidente del Gobierno equiparó la crítica a una de sus primeras decisiones con un cuestionamiento de su legitimidad. Reconocer su legitimidad como presidente del Gobierno no significa considerar bueno todo lo que hace. El ser y el hacer son dos cosas distintas en democracia. De hecho, la democracia se basa en la distinción entre los dos planos. Porque se le reconoce como legítimo presidente de un Gobierno democrático y no como monarca absoluto, se critica lo que ha hecho. Sánchez confunde la legitimidad de “su persona” –como le gusta decir– como presidente del Gobierno, legitimidad que solo cuestiona Vox, con que aceptemos todo lo que hace, aunque quiebre claramente la independencia de las instituciones.

Cuando la política se traslada al ámbito de la identidad se crea una fractura insalvable. La política es el ámbito de la gestión, de lo contingente. La identidad como negro, como blanco, como progresista, como liberal o como presidente del Gobierno, perfectamente legítima, ni es cuestionada ni da un plus de valor a las decisiones que se toman. Quien acepta entrar en un debate de legitimidad y de identidades hace la misma política de Sánchez, que es una política de fracturas insalvables. El que ha sido elegido por el Congreso como presidente tiene toda la legitimidad, es decir toda la bendita vulnerabilidad de un sistema democrático, para ser valorado, juzgado y votado por lo que hace, no por lo que es.

Lo que cuenta es el hacer, no el ser

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El mayor problema no es Sánchez sino nuestro miedo

Javier Folgado

Pedro Sánchez, que va por la vida haciéndose pasar por moderado, no ha hecho ningún esfuerzo por llegar a un entendimiento con los partidos constitucionalistas. Por otra parte, tanto el PP como Ciudadanos se lo han puesto en bandeja y el presidente no ha tenido y no ha querido ver otra posibilidad que volverse hacia la izquierda y los independentistas. Por mucho que los editoriales de El País lo vean como una ocasión es necesario volver a recordar lo obvio y es que, como Díaz-Ambrona afirmaba en una entrevista a este periódico, no es concebible que ERC coopere a la gobernación de España como ellos mismos han manifestado.

Posiblemente llamar socialista a Pedro Sánchez sea darle un sustrato teórico del cual adolece en buena medida. Sánchez es lo que haga falta. Tanto en la ideología liberal como la conservadora o la socialdemócrata podemos encontrar virtudes y debilidades pero el presidente es fundamentalmente un buen producto de marketing. Sin duda, es esta una época de la política de la imagen y en esos parámetros Sánchez o sus asesores han ganado por goleada. Con mensajes en positivo (“Somos la coalición progresista”), con sus eslóganes de campaña… ha ganado la carrera por la imagen de la moderación, ha ocupado el centro político y es la imagen de la modernidad al menos para una gran parte de los españoles como han demostrado los resultados electorales. También aquí PP y C´s se lo han puesto fácil.

Pero más allá de la imagen, es preocupante ver cómo un sector amplio del PSOE se ha “podemizado”. El PSOE ha sido unas de las patas de nuestra democracia y esta deriva y este dar por bueno el discurso de los independentistas, insisto de un sector del partido, pone en riesgo nuestra estabilidad constitucional.

Una buena pregunta para los sociólogos sería si el votante medio socialista está más cerca del PP que de Unidas Podemos en cuestiones prácticas pero se siente sentimentalmente más cercano al partido de Pablo Iglesias. Una cuestión similar se podría plantear de los votantes del PP cambiando Unidas Podemos por Vox.

No cabe duda que este gobierno va a ser muy dañino para España, hará un país más pobre y menos solidario. ¿Pero son unos malvados todos los que no piensan como yo? ¿Puede un gobierno por malo o bueno que sea sustituir mi responsabilidad frente a mis hijos, frente a mi trabajo…? Existe un mal mayor aún que el gobierno que se nos viene encima y es el miedo que nos paraliza que se observa estos días en nuestras conversaciones. En medio de nuestro enfado no deberíamos caer en la tentación de considerar enemigo al que piensa distinto porque cuando uno se encuentra con otro que narra sus razones descubres que tu razón se abre. Muchos quieren vencer este miedo votando a Vox, que por supuesto que es un voto legítimo, pero que expresa este malestar de muchas personas que en realidad no son extremistas.

El mayor problema no es Sánchez sino nuestro miedo

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Abandonar el campo embarrado

Lola Martínez

Ya tenemos presidente del Gobierno, pero no tenemos Gobierno. Este miércoles Felipe VI en broma le ha dicho a Pedro Sánchez, tras la promesa de su cargo, que la toma de posesión “ha sido rápida, simple y sin dolor”, a lo que ha añadido que “el dolor viene después”. A lo mejor no era en broma. El dolor de después ya ha empezado: se nota en los esfuerzos para marcar el terreno perdido frente a Podemos. Carmen Calvo el sábado decía en el Congreso que había que darse prisa en formar el Ejecutivo. Ahora la formación de Gobierno se pospone hasta la semana que viene. Sánchez, como en otras ocasiones, pliega las instituciones a sus necesidades personales: en este caso marcar terreno frente a Podemos. Así arranca esta legislatura, con el socio principal intentado recuperar el terreno ya perdido frente a un Iglesias que le ha comido la merienda a Sánchez, que le ha hecho la agenda económica e ideológica. Iglesias selecciona las políticas, Iglesias hace el discurso e Iglesias anuncia los pasos a dar. No va a ser fácil lo del Gobierno de coalición.

Siempre quedará la solución adoptada durante el debate de investidura. Hacer oposición de la oposición. La fórmula está ensayada. Sánchez convirtió el debate de investidura en un ataque a la oposición para no tener que explicar qué había pactado con ERC. Es una estrategia hábil porque obliga a la oposición a jugar en un campo que Sánchez controla. Y así siempre se gana. Los términos del debate están invertidos, es la oposición la que tiene la culpa de todo. También Iglesias nos dio la clave de lo que va a hacer al anunciar que van a ser atacados por lo que son, no por lo que hacen. Este va a ser un Gobierno identitario: tan pronto como se juzgue su gestión se presentará como una víctima de la derecha, del IBEX 35, del patriarcado, de los antiprogresistas y de los autoritarios. Este Gobierno tiene como gasolina la polarización de los extremos. Hay que abandonar el campo embarrado. La oposición política y la oposición de la sociedad civil que no quiera verse arrastrada por la polarización del Gobierno va a requerir inteligencia, sangre fría, razones y y no sentimientos exaltados, ganas de construir más que discutir.

Las cosas importantes se resuelven viviendo, haciendo. Por eso es el momento de que la sociedad española tome el protagonismo para mostrar que es más lo que nos une que lo que nos separa, que por encima de diferencias ideológicas podemos construir juntos.

Abandonar el campo embarrado

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Frente a polarización, amistad cívica

Francisco Medina

Incertidumbre: ésa sería la nota que caracterizaría la realidad política, económica y social de nuestro país desde que en el año 2015 se celebraron las elecciones generales que dieron la mayoría al Partido Popular. No puede hablarse ya de mayorías suficientes que proporcionen estabilidad, como tampoco puede hablarse de estabilidad económica –con una crisis que se nos viene encima–, ni mucho menos social –crisis en Cataluña, polarización social también en el resto de España–. No está escrito, ni mucho menos, que pueda haber un Gobierno investido en diciembre. Polarización en lo político.

Polarización también en lo social; también es un hecho. Un ejemplo significativo ha sido la polémica derivada de las declaraciones de la ministra de Educación y Formación Profesional, en la que venía a afirmar que no existía, stricto sensu, un derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos e invocaba algunos pronunciamientos del Tribunal Constitucional acerca de una ley que no llegó a aplicarse. Sectores de la enseñanza concertada parecen haber desenterrado el hacha de guerra y la Conferencia Episcopal ha entrado en el ruedo del debate. Parece haber comenzado una batalla por ver quién gana, qué relato es el que va a prevalecer.

En su libro La promesa de la política, Hannah Arendt señala que la política viene a ser el mundo realmente propio del hombre, entendida como el conjunto de condiciones con arreglo a las cuales hombres y mujeres –en su pluralidad y en su distinción unos de otros– viven juntos y se acercan para conversar con una libertad que solamente ellos pueden otorgar y garantizarse mutuamente. Según la pensadora, sólo en la libertad de nuestro conversar unos con otros es como emerge el mundo, como realidad objetiva y poliédrica. La experiencia del mundo y la conversación son componentes inseparables; es la libertad para interactuar, mediante el discurso, y su confrontación con otros donde experimentamos, al tiempo, la pluralidad del hombre y nuestro ser únicos

¿Cómo articular esta dinámica? Para Hannah Arendt, es la amistad política la que hace posible el diálogo veraz y entender la verdad inherente a la opinión del otro. Porque el amigo comprende cómo y en qué condiciones el mundo común se aparece al otro. En suma, hace posible la simpatía, ver el mundo desde el punto de vista del otro (o, como actualmente se dice, ponerse en el punto de vista del otro) es lo que constituye el conocimiento político por excelencia. Por eso, la virtud más quintaesencial de un verdadero hombre de Estado es comprender el mayor número posible de realidades (no tanto puntos de vista subjetivos, que también), tal y como ellas se muestran en las opiniones de los ciudadanos y, a la vez, ser capaz de conectar a sus propios ciudadanos con sus opiniones, de forma que se haga evidente lo común. Porque sólo al hablar con los otros sobre el mundo tal como se me muestra es como surge lo común a nosotros.

Frente a polarización, amistad cívica

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El cuadro que deja el 10-N

Miguel García García-Revillo

Salvo las de Tezanos, las encuestas han acertado estos meses de atrás en averiguar las tendencias en el voto de los españoles. También han acertado en el resultado electoral, en líneas generales. Hace unos dos meses marcaban una tendencia distinta, según la cual, en unas nuevas elecciones, el PSOE engulliría a Podemos y el PP se comería a Vox y a parte de Ciudadanos, que ya había certificado su suicidio político con tanto bandazo. Ese era el panorama real entonces. No se equivocaban Sánchez y Casado cuando veían en unas nuevas elecciones un retorno al bipartidismo. Se equivocaron después, al poner en marcha sus maquinarias electorales para conseguir el poder, lo único que parece interesarles desde hace décadas. Su desconexión con la sociedad es muy grande y, por la lectura que han hecho de los resultados, parece que va a más.

Sánchez ha fracasado fundamentalmente por sacar a pasear el cadáver de Franco mientras dejaba a los violentos hacerse con las calles de Cataluña en la peor crisis institucional sufrida por España desde el golpe separatista del 1 de octubre. Desenterrar a Franco, humillando a su familia, no le ha dado ni un voto por la izquierda y le ha dado muchos votos a Vox sin descontárselos al PP, como pretendía. El votante de izquierdas está harto de que le quieran azuzar contra la derecha sacando a pasear los odios generados en una guerra del siglo pasado y una dictadura terminada hace más de 40 años. La izquierda social quiere política, valores, protección social a los enfermos, a los viejos, a los marginados, quiere trabajo, y la izquierda política sólo le habla de Franco. La izquierda social, como la derecha social, quiere también a España, sufriendo como cualquier español la humillación de ver que los violentos se hacen con Cataluña mientras su Gobierno no hace nada, que se insulta y se calumnia a nuestro país y a sus soldados y policías, entregándoles para que los linchen, mientras se afirma cínicamente que se puede dar un paseo con toda normalidad por el centro de Barcelona. Para esto, mejor quedarse en casa y que la casta política se las apañe por sí sola en su lucha por el poder y los privilegios que conlleva. Eso, en mi opinión, es lo que han pensado miles de votantes de izquierda y centro-izquierda en España.

El cuadro que deja el 10-N

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Gracias Albert

Javier Folgado

La Física nos explica que el equilibrio se consigue cuando el sumatorio de todas las fuerzas resulta ser nula. Por tanto, no es una situación estática sino dinámica. Es muy fácil perder el equilibrio, no es difícil perder el centro. Algo parecido le ha podido pasar a Albert Rivera. Es muy complejo llegar a las cotas que alcanzó Ciudadanos en abril en número de votos traducidos en escaños cuando hace años empezaba un partido desde la nada en Cataluña casi literalmente en “pelotas”.

Una vez en las alturas cualquier error puede romper la situación de equilibrio y cualquier caída puede resultar muy dolorosa. Muchos cuando fuimos a votar en abril no quisimos creer que fuera verdad el veto al PSOE o no lo quisimos ver. Nunca se puede contentar a todo el mundo pero fue un error mayúsculo renunciar a su vocación de partida bisagra y querer tomar la derecha “por asalto”. Ahora Rivera dimite, lo cual le honra, y muchos afiliados nos preguntamos si no deberían hacer lo mismo todos los asesores “iluminados” que hace algún tiempo recomendaban dar un giro a la derecha al partido.

Mi madre que no ha estudiado Ciencias Políticas, ni Sociología... pero que tiene la sabiduría que da la experiencia de la vida me decía hace tiempo: me gusta Albert pero le falta experiencia para llegar a ser presidente del gobierno. Como a muchas mujeres de su época, le gusta votar al centro desde aquella mítica UCD o la CDS, y más si el candidato es un buen mozo como Adolfo Suárez o Albert Rivera… porque además no me gustan los extremos, diría mi madre. Al ex líder de Ciudadanos le ha faltado templanza. Hay que saber cuándo merece la pena ser arriesgado y cuando hay que ser prudente.

El problema no es la irrisoria cifra de diez escaños de Ciudadanos, el problema es que la política española se rige por el sentimiento, la confrontación y las políticas “identitarias”… falta una idea de bien común.

Gracias Albert. Con tus aciertos y errores justo es reconocerte una pasión por la política y espero que tus días sean felices porque, es verdad, también hay vida fuera de la política.

Gracias Albert

Javier Folgado | 0 comentarios valoración: 2  19 votos

Sánchez se marcha, Casado se abstiene

Lola Martínez

Hay mucho nerviosismo del PSOE. Ayer, después de la Ejecutiva Federal, José Luis Ábalos, secretario de organización, comparecía ante los medios y le reprochaba a uno de los periodistas que no se le reconociera la victoria a Pedro Sánchez. El problema no es que la prensa le reconozca o no la victoria a Sánchez. El problema es que Sánchez reconozca la realidad. Ábalos aseguró que no quiere una gran coalición con el PP y que no quiere contar con los independentistas. Entonces no tendrá investidura. La única posibilidad, si no cuenta con el voto afirmativo de ERC o de Bildu, es sumar a siete partidos: PSOE, Unidas Podemos, Más País, BNG, PNV, PRC y Teruel existe. Y ni siquiera así le sale la suma. Haría falta la abstención de ERC o de Bildu. Y ERC ya ha dicho que no va regalar la abstención como en julio, que hay que hablar de autodeterminación y amnistía.

España no puede ir a unas terceras elecciones. Sánchez tendría que tener altura de miras. Sánchez tendría que saber que hay un verbo que se llama dimitir. Primera persona del singular: yo dimito. Como ha hecho Rivera. ¿Por qué tenemos que dar por supuesto que los políticos como Sánchez solo piensan en ellos mismos? ¿Por qué no podemos exigir a nuestros políticos que piensen en el conjunto del país, en España?

El PSOE no quiere hablar de una gran coalición. Muy bien. Que no haya una gran coalición. Pero el PP, segunda fuerza política, tiene que hacer todo lo que esté en su mano para que no haya repetición electoral. El PP ha pedido que Sánchez dé un paso a un lado. El PP tiene miedo de que Vox le coma la tostada. Es lógico que el PP exija un precio alto por el apoyo. Pero Casado no puede convertir su lucha con Vox en el único criterio. Por encima está el bien del país, por encima está evitar que Sánchez se eche en brazos de ERC. El cálculo de lo que pueda perder por el flanco de Vox no puede justificar que el PP no apoye un Gobierno constitucionalista. Sus electores y buena parte de los electores de Vox entenderían un sacrificio del PP.

Sánchez se marcha, Casado se abstiene

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El debate que construye

Juan Carlos Hernández

El pasado viernes 8 de noviembre la Compañía de las Obras (CdO) organizó una mesa redonda con la intención de debatir acerca del manifiesto que esta asociación había publicado con motivo de la cita electoral del 10-N. La mesa estaba compuesta por Francisco Romo (director de Colegios FUSARA), Luis Rubalcaba (catedrático de Política Económica de la UAH) y Raúl Jiménez (coordinador del Área de integración de CESAL) miembros de la CdO que habían participado en la redacción de dicho manifiesto, y que se confrontaban con Mikel Buesa (catedrático de Economía de la UCM) y Fernando Palmero (columnista de El Mundo).

El presidente de la CdO, Juan Sánchez Corzo, moderaba el acto y comenzaba parafraseando el título del manifiesto “Necesitamos que vuelvan las políticas y el buen gobierno”. Sánchez Corzo afirmaba que todos vivimos en una “negociación continua”: cuando trabajamos discutimos con los compañeros, ponemos en común ideas; con mayor o menor facilidad nos corregimos y nos dejamos corregir; de igual manera, hacemos concesiones en nuestro ámbito personal. No siempre salimos contentos de estas situaciones, a veces nos parece haber perdido, pero muchas otras nos alegramos del resultado final, sencillamente porque avanzamos.

Como hipótesis de partida el moderador proponía mirar la búsqueda del deseo de felicidad frente a la realidad como punto de partida, como motor que nos mueve en el día a día.

En una primera ronda con los ponentes, Francisco Romo destacaba que “cuando los hombres construyen juntos se supera la ideología. Cuando dos profesores miran el problema de un chaval se sienten unidos a pesar de que piensen distinto. Es mirar la propia realidad lo que te permite superar la ideología”. Luis Rubalcaba comenzó alertando del peligro de “cuando las discusiones se plantean en el plano de las ideas y se renuncia a someter esas ideas a la experiencia. Las propuestas del manifiesto son originales porque nacen de una experiencia que es original. Sin la confianza en las relaciones no puede haber un ámbito de seguridad y si no hay una estabilidad económica y política en el país, es más difícil conseguir esta confianza”.

Por otra parte, Raúl Jiménez, miembro de la ONG CESAL, que trabaja con jóvenes inmigrantes, aseveraba que “la inmigración no es un problema, de hecho necesitamos inmigrantes para poder completar nuestro mercado laboral, el problema es cómo integrarla. Dependiendo de las políticas que pongamos en marcha se puede generar un problema si no se integran bien. Se tiene que trabajar desde Europa por que los flujos sean regulados. Pero la cuestión es que hacemos con los que ya están aquí”. Jiménez desafiaba diciendo que “podemos tener un miedo a que nos quiten cosas pero, ¿eso se resuelve levantando muros o soy yo el que tiene que abrirse al otro?”.

Fernando Palmero comenzó agradeciendo este manifiesto por “tomarse la molestia de reflexionar sobre los problemas de la sociedad española que, aun con particularidades, son básicamente los mismos que en Europa”. El columnista de El Mundo comparaba el espíritu de ilusión que supuso un impulso en Europa como fue la caída del muro de Berlín y, sin embargo, “30 años después, ¿por qué hemos pasado de ese espíritu optimista a levantar muros hoy en día? La irrupción de los populismos y la globalización transforma la sociedad en la que estamos”.

El debate que construye

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  14 votos

Estados de paz

Agustín Domingo Moratalla

Publicamos, por su interés, este artículo publicado el domingo 27 de octubre de 2019 en el diario Las Provincias.

Uno de los conceptos más importantes de la ética política es el de “estados de paz”. No tiene nada que ver con la “paz de los cementerios”, ni está relacionado con el libro de Gironella que llevaba por título “Ha estallado la paz”. Menos aún con los famosos “años de paz” del régimen de Franco. Sin embargo, conviene traerlo a la memoria para reflexionar sobre la calificación moral de la exhumación e inhumación de Franco como un acto de justicia restaurativa.

El concepto de “estados de paz” aparece en la obra de Paul Ricoeur que lleva por título ‘Caminos del reconocimiento’. Se entiende bien cuando lo pensamos como una situación contraria a tiempos cainitas de venganza, lucha y enfrentamiento. Lo utiliza para mostrar que la ética pública de sociedades modernas no puede ser una permanente “lucha por el reconocimiento”, como si la historia de los pueblos fuera un sucesivo enfrentamiento entre víctimas y verdugos, amos y esclavos. Quiere marcar distancias con Hobbes y Hegel para quienes la guerra de todos contra todos, o la lucha entre amos y esclavos era el motor de la historia. Una historia a la altura de la dignidad humana necesita momentos de confianza mutua, de sosiego, de reconciliación, de fiesta y de generosidad mutua. Los ciudadanos no pueden estar en permanente lucha si quieren construir relaciones de amistad cívica y cooperación mutua. Un estado de paz describe un tiempo esperanzado de convivencia y consolidación de la amistad cívica.

Ricoeur recuerda el gesto del canciller Willy Brandt cuando se arrodilló en Varsovia ante el monumento en memoria de las víctimas del Holocausto. Era un gesto que podía contribuir a terminar con las luchas y los procesos de victimización continua. Nuestra transición está llena de gestos de esta naturaleza que supusieron la reconciliación entre españoles. El Rey Juan Carlos, Adolfo Suárez, Santiago Carrillo, el cardenal Tarancón y cientos de ciudadanos que protagonizaron la transición a la democracia son ejemplos de que los estados de paz tienen más fuerza cívica que la permanente voluntad de lucha. Los estados de paz representan una lógica social de la sobreabundancia y la generosidad que desborda la lógica de la equivalencia cuya versión más primitiva es la Ley del Talión.

Las amnistías y el perdón forman parte de esta justicia cordial que parece incomprensible porque emerge de una generosidad cívica y no de un odio victimario. Después de comprobar la teatralización mediática realizada con el traslado de Franco, hay dudas razonables de que la Ley de memoria histórica haya fortalecido el estado de paz que generó nuestra transición. No se está utilizando para fortalecer la convivencia y la amistad cívica sino para potenciar electoralistas relatos de lucha y revictimización social. Tristes iniciativas de odio y resentimiento, sin migaja alguna de generosidad moral.

Estados de paz

Agustín Domingo Moratalla | 0 comentarios valoración: 3  23 votos
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