Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
27 NOVIEMBRE 2020
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Legislar contra la libertad y la pluralidad

Jesús Pueyo

Asistimos estos días a la desenfrenada carrera del Gobierno para aprobar cuanto antes su Proyecto de LOMLOE, también conocida como Ley Celaá. En medio de una seria crisis sanitaria, económica, política y social, este Gobierno, además de eludir la posibilidad de que el Consejo de Estado emitiera un informe sobre el Proyecto, ha rechazado e impedido la participación, diálogo y negociación con los agentes sociales y representantes de la comunidad educativa y lo está tramitando en un tiempo exprés.

Estamos ante una nueva Ley de Educación con una fuerte carga ideológica y partidista de un Gobierno bicéfalo en el que la cabeza pequeña controla el cerebro de la grande decidiendo por las dos. La LOMLOE no responde a los intereses del conjunto de la sociedad civil ni de la comunidad educativa; nace con un fuerte rechazo social y político, permanecerá mientras dure este Gobierno y va a ser objeto de una fuerte judicialización.

El texto merma derechos y libertades interpretando de una forma muy peculiar la Constitución y algunos Acuerdos Internacionales que el Estado español tiene ratificados. Un medio de comunicación nacional atribuía a Educación hace pocos días la siguiente expresión: “Todos sabemos que una parte (de la Ley) se declarará anticonstitucional pero es el peaje para sacar la ley”. ¡Tremendo! Se paga un peaje y es nada menos que ir contra la Constitución.

La LOMLOE planifica una reducción progresiva de la enseñanza concertada en favor de la pública asignando a la primera un papel absolutamente subsidiario.

Se potencia la enseñanza pública como único eje vertebrador del sistema y se promueve el incremento de plazas escolares públicas aunque no sean necesarias. El tándem PSOE-Unidas Podemos propone, por ejemplo, que “las administraciones incrementarán progresivamente la oferta de plazas públicas en el primer ciclo de infantil (0-3 años) con el fin de atender todas las solicitudes de escolarización de la población infantil de cero a tres años”. Todo bien controlado desde el inicio de la escolarización y todo público.

Por otro lado, las administraciones no tendrán en cuenta la demanda de las familias cuando planifiquen la red de centros y la oferta de plazas escolares; no importa lo que éstas soliciten y quieran para sus hijos. A partir de ahora, “las administraciones promoverán un incremento progresivo de puestos escolares en la red de centros públicos y garantizarán el derecho de todos a la educación mediante la oferta de plazas públicas”.

Por lo tanto, las plazas de la enseñanza concertada no serán necesarias para garantizar el derecho a la educación porque ya nos han dicho que los hijos no pertenecen a los padres y que el derecho de elección no está recogido en el art. 27 de la Constitución.  

Es fácil conocer los datos de evolución de la natalidad en España. Llevamos años de una fuerte caída de nacimientos y parece que la proyección no anima a ser optimistas en este sentido.

Si cada vez hay menos niños, ¿por qué hay que incrementar plazas públicas que nadie necesita ni demanda? ¿A costa de quién se van a llenar esas plazas? Es evidente que el objetivo final del proceso es que sólo exista una red gratuita y ésta sea la red pública.

Legislar contra la libertad y la pluralidad

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Ni es el momento ni son las formas

Jesús Pueyo

El Gobierno presentó en marzo su “Proyecto de Ley Orgánica por la que se modifica la Ley Orgánica de Educación” conocido como LOMLOE o Ley Celaá. Estamos ante una nueva ley orgánica de educación que será aprobada sin un consenso razonable y nos aleja del necesario Pacto por la Educación que permita dar estabilidad al sistema educativo. Este Pacto debería figurar entre las cuestiones que los partidos políticos deberían abordar en la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica de España que se ha constituido en el Congreso de los Diputados.

El Proyecto de Ley, más allá de proponer modificaciones estructurales del sistema educativo y su currículo que pueden ser mejorables, contiene su dosis de carga ideológica que vuelve a centrarse en medidas que, entre otras cuestiones, dificultan la libertad de enseñanza y de elección por parte de los padres, la presencia de la asignatura de religión en el currículo de las distintas etapas educativas o generan intranquilidad en las familias y profesionales de centros de educación especial. Por supuesto, no hay ni una sola mejora para paliar la difícil situación que tienen los centros concertados y sus profesionales derivada de la escasez de financiación de los conciertos educativos. Eso no interesa.

Por mucho que se empeñen el Gobierno y la ministra de Educación en decir que este proyecto ha sido debatido y que han podido hacer aportaciones quienes han querido, intentando con ello dar apariencia de diálogo y negociación, la realidad es que el Ministerio se ha negado a trabajar este proyecto en el marco de la Mesa Sectorial de la Enseñanza Concertada y no ha intentado mejorar y consensuar su texto con el sector.

Si bien el Gobierno sometió a dictamen del Consejo Escolar del Estado un “Anteproyecto de Ley” en enero de 2019, no ha presentado en 2020 el texto del “Proyecto de Ley”, que no es exactamente el mismo que presentó en la primera ocasión. Tampoco lo ha remitido al Consejo de Estado para que emitiera un informe como suele ser habitual en leyes de este calado.

Es difícil entender que en la situación tan excepcional que estamos viviendo como consecuencia de la pandemia del COVID-19, el trámite parlamentario de esta Ley sigue adelante con la intención, por parte del Gobierno, de que sea aprobada cuanto antes.

El estado de alarma ha impedido que las organizaciones y agentes sociales que representamos a la comunidad educativa hayamos podido tener reuniones con los grupos parlamentarios con normalidad para explicar nuestras propuestas de enmiendas y tratar de conseguir su apoyo. Parece que tampoco se va a considerar un periodo de comparecencias en el Congreso para que personalidades de reconocido prestigio y representantes de la comunidad educativa puedan trasladar a los partidos políticos su opinión sobre el proyecto.

Lo urgente ahora no es aprobar una nueva ley. Lo urgente es dar solución a los problemas reales que están teniendo los profesionales, alumnado y familias.

Ni es el momento ni son las formas

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La confianza necesaria

Javier Folgado

Los asuntos de la vida social y económica –cooperación, creatividad, innovación– requieren tanto riesgo como confianza. Para que nuestras instituciones funcionen bien, debemos creer que la gente que trabaja o aprende junto a nosotros es en general decente (hasta que se demuestre lo contrario). Si la cautela y la sospecha son nuestras actitudes por defecto, y si cada uno de nosotros sabe que una palabra o acción malinterpretada se podría usar contra nosotros, aunque la motivara la mejor de las intenciones, no necesitaremos de un virus para mantener nuestra distancia social. Quien escribe esto es Emily Yoffe en “Una taxonomía del miedo”. Aunque lo escribe en referencia a Norteamérica parece un juicio igualmente válido para la situación de nuestro país.

En un contexto con un Congreso totalmente fragmentado, más que nunca urge entender que el otro es un bien. Frente a esto vivimos en una asfixiante política del cortoplacismo y de la imagen, del cálculo de ‘te doy un indulto para que me apoyes en los presupuestos’ en lugar de ponernos a trabajar buscando los presupuestos más adecuados para la situación del país. ¿Acaso en nuestro trabajo no tenemos que ponernos de acuerdo con personas que piensan distinto para buscar una solución adecuada?

En una sociedad plural se nos pone delante el desafío de buscar una síntesis de consensos básicos que nos permitan construir. Lo explicaba agudamente Redondo Terreros en una columna en El Mundo. “Seguimos sin comprender que la pluralidad de las sociedades modernas exige, para no asfixiarse o disolverse en el desbarajuste, de democracias capaces de integrar esa diversidad política, social, cultural y hasta religiosa. Pero para conseguir tan grandioso objetivo, las democracias necesitan de consensos sólidos y de unidad en cuestiones básicas”. 

No parece que la ruptura drástica con el 78, otra cosa son las reformas necesarias, con todo lo que ello implica, sea el modo más adecuado de buscar este suelo seguro desde donde construir. El PSOE busca irresponsablemente agitar el fantasma de Franco y la memoria histórica, como si no tuviéramos ya suficientes problemas, para movilizar a su electorado. Para buscar esta movilización del electorado más a la izquierda les ha salido un aliado perfecto en Vox, que junto a Unidas Podemos ha generado el efecto, deseado por ellos o no, de radicalizar las posturas de los partidos constitucionalistas y que previsiblemente eran más moderados.

Aunque no todas las ideologías son iguales y algunas son más dañinas que otras, un punto de partida para buscar este suelo desde donde construir debería ser la conciencia de lo que afirma Joseba Arregi: “en el espacio público de la democracia no hay ninguna verdad última ni legitimidad última y nadie es, por tanto, poseedor ni de la verdad última ni de la legitimidad última”. ¿Acaso no es culturalmente más revolucionaria una postura que busque la parte de verdad que me aporta el otro? ¿No es signo de una identidad segura aceptar matizar las propias opiniones al escuchar otras que tengan algo que aportarnos?

La confianza necesaria

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La República de la ruptura

Javier Folgado

Las supuestas irregularidades del Rey Emérito ha puesto en entredicho a nuestra Monarquía. Muchos han aprovechado, este momento de debilidad, para atacar a esta institución secular. Por supuesto que la justicia tendrá que evaluar la credibilidad de estas sospechas pero que como consecuencia de estos presuntos delitos tenga que ponerse en tela de juicio la Monarquía es ya un salto que habría que analizar detenidamente.

El hecho de que una persona que ostente un cargo cometa un delito no implica necesariamente que la institución que representa sea inútil. De hecho, si seguimos la regla de tres no habría institución que quedará en pie (Junta Andaluza, Comunidad Valenciana, Generalitat de Cataluña, Guardia Civil…) en este país incluidos los partidos políticos.

El legado de Juan Carlos I, más allá de lo que pueda juzgar la justicia, en su conjunto ha sido positivo para España aunque solo sea por su liderazgo en la transición, que no fue empresa pequeña y en la que también otras personalidades como Adolfo Suárez y, más en la sombra, Torcuato Fernández-Miranda tuvieron un papel estelar en su liderazgo. Es cierto que la monarquía ha permitido un periodo de cierta estabilidad política que ha ayudado a desarrollar una transición compleja y un periodo posterior de cierta alternancia política. No me parece que una Monarquía sea especialmente ventajosa o no respecto a una República. Pero si en la tradición del país es una institución ya afianzada veo más inconvenientes en cambiarla que en mantenerla. De hecho, en la historia de España la irrupción de las repúblicas siempre ha sido una experiencia traumática. La Monarquía presenta una serie de ventajas ya que permite una figura de relevancia internacional que puede servir de “embajador universal”. Y, por otro lado, es un punto de referencia para el pueblo sin ligazón política.

¿Mejoraría la capacidad de los políticos de llegar a acuerdos con una República? ¿Dejarían los partidos políticos de ser estructuras cerradas donde se cultiva el seguimiento ciego al líder y el desprecio a lo que hagan otros partidos? ¿Depende la mejora de la calidad de nuestra democracia de que el sistema sea una Monarquía o una República? No creo que por ser una República, tampoco por ser una Monarquía, estemos en mejores condiciones de afrontar estas preguntas. Realmente, los males que acusa nuestra joven democracia ¿dependen de cuál sistema rija?

Mañana España podría ser una República, y no tiene que ser algo intrínsecamente malo, pero es notorio que lo más forofos republicanos de nuestro país no coincide con aquellos que buscan el bien común sino con una idea rupturista del país. Y es notorio también como muchos republicanos se han sentido cómodos en los últimos cuarenta y cinco años y este también ha sido otro gran éxito de la Monarquía.

La República de la ruptura

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Llamados a responder

Compañía de las Obras

Las consecuencias de las medidas que ha sido necesario tomar para controlar la pandemia provocada por el Covid 19 están a la vista de todos. Ante esta situación, podemos estar desconcertados, desanimados y enfadados, incluso bloqueados. Sabemos que no podemos quedarnos así mucho tiempo. No nos gusta atascarnos en la queja, limitarnos a protegernos de los golpes. Tenemos un gran deseo de construir, de ser protagonistas de una vida que esté a la altura de los retos. ¿Qué nos puede ayudar? Encontrar a otras personas que ya estén respondiendo de un modo adecuado, participar de la vida que se genera en torno a ellas. Nada resulta hoy más necesario que atesorar la experiencia de relaciones positivas, en las que el compromiso auténtico con la vida y el propio trabajo permiten redescubrir la fuerza del bien y del diálogo.

Durante lo más duro de la pandemia hemos visto a personas para las que el miedo o las dudas sobre el futuro no tenían la última palabra. Esas personas nos ayudan a entender que los hechos implican una llamada (a ser creativos, a trabajar con otros, a repensar lo que dábamos por descontado, a conocernos mejor mientras hacemos). Si no se atiende esa llamada se crece menos como persona.

Algunos ejemplos de lo que hemos visto:

En el ámbito social

Las personas que llaman a las puertas de las ONG, junto con su necesidad de ayuda, traen preguntas, angustia e incertidumbre. Ante esta situación, el compromiso con los más vulnerables ha llevado a la ONG CESAL (www.cesal.org) a repartir cestas de alimentos a 500 familias en Madrid. Esta acción ha ido más allá de una ayuda asistencial. Ha implicado un acompañamiento, un seguimiento para darle a esas familias el impulso necesario que les permitiera salir de la precariedad. El reparto de menús para personas en situación de vulnerabilidad ha hecho surgir nuevas iniciativas que atendían a una necesidad de formación: cerca de 300 jóvenes en riesgo de exclusión han empezado a recibir cursos de ayudantes de cocina. Eso ha sido posible gracias a la colaboración entre el Ayuntamiento de Madrid, algunas empresas y la propia ONG. Y ha permitido aprender cómo apoyarse en los otros para responder con rapidez, más eficazmente y con más inteligencia.

En Fuenlabrada (Madrid), los responsables de la Casa de San Antonio (www.casadesanantonio.es/es/), una asociación que trabaja con personas en riesgo de exclusión social, se han dado cuenta de que ayudas como el nuevo Ingreso Mínimo Vital son necesarias. Necesarias pero no suficientes. Resulta crucial que los beneficiarios salgan de la situación que lo justifica, y para lograrlo necesitan un entorno de gratuidad, donde se sientan queridos, valorados, afirmados y, al mismo tiempo, se les exija. El Ayuntamiento también lo tiene claro: esta asociación se ha convertido en un referente, el alcalde ha pasado varias horas en su sede rellenando cajas con alimentos.

En las empresas

Llamados a responder

Compañía de las Obras | 0 comentarios valoración: 2  49 votos

La descalificación de la realidad

Juan Carlos Hernández

“Un ‘idealismo’ se ha deslizado en las mentes europeas desde el siglo XVIII y no ha hecho más que crecer desde entonces, consistente en suponer que la realidad debe ajustarse a ciertos deseos del hombre, y si no es así hay que declararla mala e inaceptable. La descalificación de la realidad es un rasgo constante de los últimos dos siglos […] La dificultad ha sido el elemento natural del hombre, y por supuesto lo sigue siendo, aunque se haya ido paliando a costa de tremendos esfuerzos creadores […] Esto lo sabía muy bien el hombre de otras épocas. Las penalidades de todo tipo, las fatigas, los sufrimientos, nada de eso era objeción contra la real grandeza que veían por todas partes, y que significaba una increíble dilatación de su horizonte vital”.

Quien escribe esto es Julián Marías en su memorable ‘La España inteligible’ (Ed. Alianza). Y me ha parecido un comentario muy oportuno para los tiempos que corren. Habíamos pensado que teníamos “derecho” a una sanidad, a una educación, a un nivel de vida… extraordinarios y se nos había olvidado que en buena parte son dones recibidos y que lo que hemos recibido tenemos que volver a ganárnoslo.

Tengo la sensación de que toda la “judicialización” de la vida política y nuestro enfado ante el desafío que ha supuesto esta pandemia tiene en parte que ver con nuestra resistencia a aceptar esta dificultad de la vida como elemento natural en la vida del hombre que decía el gran filósofo español.

Una cosa es que la gestión de la crisis no haya sido buena, en el fondo ninguno estábamos preparados, otra cosa es que no somos todopoderosos. Hay que ser cuidadoso y separar la responsabilidad política de la responsabilidad judicial.

Si este fuera el punto y final de este artículo podría sonar a un pensamiento escéptico sobre nuestra condición humana. Sin embargo, ahora que este virus de ARN ha mortificado nuestra existencia y nuestra “calidad de vida” conviene recordar las palabras del Papa Francisco el Domingo de Ramos: “Mirad a los verdaderos héroes que salen a la luz en estos días. No son los que tienen fama, dinero y éxito, sino son los que se dan a sí mismos para servir a los demás”.

Ahora que han empezado nuevamente las ligas, ¿queremos jugar el partido de la realidad?

La descalificación de la realidad

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¿A quién le echamos la culpa?

Juan Carlos Hernández

La crisis del Covid-19 ha puesto de manifiesto de manera aún más evidente algunos de los males de la política no solo en España sino también en buena parte del mundo occidental. Entre otros vamos a enumerar dos.

En primer lugar la desconexión que existe entre el discurso político y la realidad. El postureo político cansa y más cuando tenemos detrás tantos muertos y un desafío económico tan grande. En nuestra experiencia tratamos con personas de distintas ideas políticas. Todos tenemos un cuñado que es más socialista que Alfonso Guerra, una sobrina que no sabemos cómo pero siente fascinación por Unidas Podemos, tenemos un gran amigo que ha sido toda su vida del PP y ahora está con Vox… Y en ningún caso se nos ha ocurrido pensar que por eso eran unos malvados. El médico y el enfermo que ha cuidado con esmero en esta pandemia quizá son de partidos rivales.

Y en segundo lugar el deporte nacional de echar la culpa de todos los males al adversario político. Que en el fondo es la extensión de nuestro creer que el problema siempre está en nuestro jefe, mujer, hijos… Esto se ve agravado por discursos que fomentan la semilla de la discordia. El mensaje es fácil, basta con buscar un chivo expiatorio. Ponga usted el nombre de algo que no le gusta para ponerlo en la diana: facha, progre, independentista, pijo, cristiano, inmigrante… También en el periodismo es fácil crear un enemigo para alinearse con un bando y tener a un público forofo satisfecho que lee lo que quiere que le digan. Lo difícil tanto en la política como en el periodismo es la reflexión serena.

Esto no elude la crítica a la gestión de esta pandemia. Y la lista es larga, por ejemplo, es responsabilidad del gobierno de Sánchez dar unas ruedas de prensa que sirvan para dar indicaciones claras y precisas, no para hacer un mitin político. El gobierno ha sido incapaz de que, en un tiempo razonable, tuviéramos el material de protección necesario. Ha dado en muchas ocasiones mensajes contradictorios para desdecirse días o incluso horas después. Rectificar es de sabios pero no improvisar o actuar de manera descoordinada. Fue su responsabilidad autorizar las manifestaciones del 8M y cualquier acto multitudinario como eventos deportivos durante esas semanas. Sin embargo, Sánchez en lugar de reconocer su error sigue presentándose como adalid del feminismo cuando ese no es el problema.

Estoy completamente seguro de que al presidente del gobierno, sus ministros y sus asesores científicos les duele el gran número de víctimas. Otra cosa es valorar su gestión. Tampoco era necesario que llegara una gran crisis para saber que con los mimbres de este gobierno difícilmente iban a poder gestionar nada con mucho éxito.

¿A quién le echamos la culpa?

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  34 votos

Recuperar el espacio público y la conversación

Francisco Medina

Ante la confusión que se está viviendo hoy en España, es alentador comprobar que aún existen algunas mentes pensantes en la prensa digital y en Twitter que constatan las consecuencias, a nivel social y político, de la cultura de las performances y de los llamados “zascas”, del postureo y el recurso al insulto inmediato, signo de la burbuja y de lo arraigada que está hoy la cultura de lo identitario como autoafirmación. A nivel político, ciertamente, las últimas sesiones del Congreso fueron un lamentable espectáculo, una patética puesta en escena en que el narcisismo del tipo “¿me estás amenazando, Echániz?” o “no envíes a tus sicarios a mi casa. Ven tú” son un reflejo de lo que a nivel social sucede. Los políticos son el rostro de lo que la sociedad, en cierto modo, elige.

Se puede y se debe criticar al Gobierno, y hasta se debe plantear alternativa. Con los desafíos que el COVID-19 ha planteado y los que ya están desde hace tiempo (una economía de rostro humano, una revolución tecnológica que no sustituya al pensamiento y al discurso de los hombres, una urgente toma de conciencia de los desafíos del cambio climático…) podría, y debería, empezar a abrirse camino en la sociedad –entre la gente, entre nosotros– el contenido de la experiencia de lo que significa la vida pública como estar juntos. Que yo pueda ser visto y oído por otros, que podamos mirar un mismo objeto desde diferentes puntos de vista, que existe un mundo común que compartimos, y en el que podemos hablar es un verdadero milagro que nosotros no podemos darnos, es consecuencia de algo que está antes: el origen es prepolítico.

Lo que ha puesto de relieve, a mi juicio, el autollamado movimiento de resistencia democrática es reflejo de un problema estructural originado por la incapacidad para dialogar y para escuchar. A los llamados escraches han sucedido las caceroladas y nuevos escraches, parte del tan cansino movimiento hegeliano que nos está consumiendo de tesis-antítesis, y del que no se deriva ninguna síntesis. Parece como si la única forma de narrar la experiencia de cada uno fuese exhibir banderas (anarquistas, republicanas o monárquicas, lo mismo me da que me da lo mismo) y músculo y soltar mamporros verbales (y físicos) a diestro y siniestro.

Nunca fueron inocentes las protestas que la izquierda, en su día, organizó contra el Gobierno del Partido Popular (el No a la Guerra, el Prestige…y tantas otras convocatorias “espontáneas”), como también resultó evidente la apropiación de un deseo de justicia que albergó, en el origen, el movimiento 15-M (fagocitado por las corrientes que, en su día, fundaron Podemos) o el de las Mareas. La ideología te acaba convirtiendo en un auténtico Maquiavelo. El problema es que te llevas a mucha gente por delante.

Recuperar el espacio público y la conversación

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>Entrevista a Mikel Buesa

'El gobierno ha mostrado una notable incompetencia en la gestión de la pandemia'

Juan Carlos Hernández

El catedrático de Economía Aplicada analiza la gestión del Gobierno y los desafíos económicos que ha supuesto la pandemia.

¿Qué valoración le merece la gestión del gobierno frente a la pandemia?

Valoro muy negativamente la gestión de esta epidemia por parte del gobierno de Sánchez. Primero, porque las decisiones para adoptar medidas frente a ella fueron muy tardías, seguramente porque el gobierno tenía otros objetivos políticos de muy corto plazo que interferían en ello, como la celebración del Día de la Mujer. El gobierno no comprendió la dinámica explosiva del COVID-19 y no tomó medidas de distanciamiento social más que cuando la situación estaba fuera de control. Ello hizo inevitable el confinamiento. Segundo, porque durante el confinamiento ha mostrado una notable incompetencia en cuanto a la gestión de suministros, a la protección de los médicos y sanitarios, a la situación de las residencias de ancianos, etc. Además, no es descartable que ello guarde relación con posibles casos de corrupción que podrán desvelarse cuando se investigue la gestión de compras. Tercero, porque todo ello ha estado trufado de mensajes contradictorios en cuanto a la protección individual de los ciudadanos (el uso de mascarillas, por ejemplo), cuando no de mentiras difundidas sin el menor rubor. Cuarto, porque no se ha preparado suficientemente a la población para el proceso de vuelta a la normalidad, ni se han hecho todas las reformas organizativas que puedan garantizar un manejo convencional de la epidemia con los procedimientos habituales de la gestión de la salud pública (por ejemplo, el reforzamiento de los servicios de atención primaria, la ampliación de la plantilla de médicos epidemiólogos, la disponibilidad de test PCR para la detección y aislamiento de contagiados). Y quinto, porque la información sobre el curso de la epidemia ha sido deficiente, sujeta a cambios metodológicos no justificados y tendentes a la ocultación de datos, especialmente en los casos de los sanitarios contagiados y, mucho más importantemente, de las personas fallecidas.

“El mal menor es dejar a Sánchez con sus poderes excepcionales, aunque vigilando estrechamente sus actuaciones”

¿Ve necesario continuar con el estado de alarma? ¿Cree que es adecuada la postura del PP a la hora de abstenerse para prorrogarla?

>Entrevista a Mikel Buesa

'El gobierno ha mostrado una notable incompetencia en la gestión de la pandemia'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  31 votos

¿Condenados a la polarización?

Javier Folgado

A la ya habitual polarización de la vida política en España se ha venido a sumar la crisis por el COVID-19. Teniendo en cuenta la crisis económica que ya está entre nosotros no parece que vayamos camino de calmar los ánimos. En las conversaciones en los chats o en los titulares de periódicos se acusa de todos los males a políticos de un signo u otro; quizá no acabamos de ser conscientes del todo de nuestra fragilidad a pesar del “bofetón” de realismo que ha supuesto esta pandemia. Pero creo que es necesario hacer una puntualización.

Una cosa es la justa crítica cuando se considera que la gestión no ha sido la adecuada y otra cosa es la sospecha o la acusación de que al adversario político las víctimas, tanto las que han fallecido a causa de la enfermedad o la están padeciendo como a las víctimas económicas, le resultan indiferentes.

Se puede considerar nefasta la gestión del gobierno de Sánchez, de hecho a mi juicio ha resultado bastante incompetente, pero si partimos de la hipótesis de que al adversario político no le preocupa la vida de las personas entonces es imposible construir una vida en común. Lo mismo podríamos decir si el gobierno estuviera ocupado por la derecha como en el caso de la Comunidad de Madrid. ¿Acaso un político del PSOE o del PP o del partido que sea no tiene padres ancianos objeto de sus desvelos? ¿No tendrán también hijos jóvenes que han perdido su trabajo? Quizá de un modo equivocado, pero ¿no buscarán el bien común?

Introducir la sospecha de que ser de unas determinadas siglas políticas implica que no eres sensible a los enfermos, a los trabajadores, a los empresarios… envenena nuestra vida pública. Cuando un partido o dirigente busca sembrar la semilla de la discordia y eludir el debate sereno no ayuda a construir el bien común. Lo hacen todos los partidos… aunque algunos más que otros. O mejor, algunos dirigentes más que otros.

Seguramente un lector avezado podría objetar que en muchas ocasiones los políticos solo buscan su propio interés e incluso en los casos más graves se dan casos de corrupción (no es un problema exclusivo de la política). Efectivamente esto ocurre y en exceso, desgraciadamente. Pero si esto es así es porque la persona, con su libertad, ha decidido actuar de este modo, no es por su pertenencia a un partido u otro. La realidad ha mostrado que la corrupción no es patrimonio de ningún partido político sino más bien es directamente proporcional al poder que se tiene.

Los simpatizantes o afiliados o votantes también tenemos nuestra parte de corresponsabilidad al seguir como forofos, y no con espíritu crítico, las consignas de nuestro partido “favorito” o las consignas de nuestra cabecera periodística favorita.

¿Condenados a la polarización?

Javier Folgado | 0 comentarios valoración: 1  18 votos
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