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20 SEPTIEMBRE 2017
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La culpa siempre es del otro

Francisco Pou

No vale la pena entrar en el debate de “cuántos eran” el día de la Diada. Una fiesta de Cataluña absorbida en exclusiva por los separatistas. Basta observar que las respetables fuentes van desde 300.000 a un millón. Los primeros contando metros cuadrados y personas, los segundos contando con la “intuición”. ¿Qué va a pasar en Cataluña? Si en la realidad de cuántos eran hay tantas versiones, calcúlese cuántas habrá para predecir el futuro.

Porque el futuro a tres semanas tiene dos ópticas tan lejanas como el número de asistentes. Para Puigdemont amaneceremos en un orden nuevo, la República Catalana Independiente. Para Rajoy, aquí no va a pasar nada.

Quizá lo único cierto es que sí que pasa y mucho. ¿Recuerdan lo de “cambio de época”? Es verdad, no es una época de cambios sino un cambio de época y quien no lo lea así no se va a enterar de nada. La división generada en la sociedad española y catalana no la arregla la Guardia Civil. Son estertores de un sistema en fase de crisálida. No es sólo nacionalismo. Es también un imperio ideológico de izquierda apuntado al festival burgués.

De las pancartas que vi me quedo con una, increpada y silbada por muchos aludidos: “Los malos gobiernos dividen los pueblos”, y más abajo: “La culpa siempre es del otro”. “Vete al valle de los caídos”, le increpaba la multitud. El hombre tranquilamente sonreía. Probablemente, de todos, fuese quien más razón tenía.

La culpa siempre es del otro

Francisco Pou | 0 comentarios valoración: 3  40 votos

Cataluña y sus circunstancias

Ángel Satué

Cataluña es una región gobernada por una élite política que persigue su propio ideal de felicidad. No es la excepción en la España de las Autonomías, de sus nacionalidades y regiones. Esta élite ya está separada de facto de los agobios cotidianos de sus vecinos, y de la sociedad global en la que vivimos. En Cataluña y en Lugo.

Me pregunto si los gobernantes nacionalistas conservadores –todo conservador, incluso del PP, tiende en el estado autonómico al nacionalismo- situados del lado del dinero, en unión a los anti institucionalistas, populistas e izquierdistas, del lado de las ganas, en el caso de que alcancen su arcadia feliz de la secesión de España, serán capaces de construir un país, en vez de destruir sus ricas tradiciones seculares y, con ellas, la convivencia entre vecinos y hermanos (capital social acumulado), por efecto del odio, el rencor, la discriminación y la discordia, porque de eso habrá y mucho.

Me pregunto si Cataluña por libre (que no es una Cataluña libre) habrá vivido más (en España) de lo que le pueda quedar que vivir (por su cuenta). Me pregunto si habrá versiones cartageneras, jienenses, alicantinas o salmantinas, de lo que acontece en País Vasco y Cataluña.

Opino que es muy dudoso que los políticos separatistas puedan liderar una convivencia en paz y justa en forma de estado, ni que Cataluña perviva en forma de pueblo. De hecho, ninguna región puede hacerlo cuando todo lo juega a la carta de la ideología de la separación sin causa justa. Realmente, ninguna ideología va a traer la unidad, pues sólo cuando se produzca el reconocimiento hacia el otro, vecino, como de gran valor para mí y la comunidad, cabe pensar en el milagro de la unidad armoniosa de un pueblo, y la existencia de un estado justo.

Al igual que en el futuro España pervivirá en la Unión Europea como un estado de una unión federal o confederal, pues la unidad es un bien absolutamente mayor, y por existir un poso común europeo a todas sus naciones (Ortega), las regiones españolas perviven con sus tradiciones, lenguas, cultura e idiosincrasia en la unidad de España, pues España es precisamente la amalgama de todo eso, puesta a andar en el tiempo. Siendo como dice Ortega el estado un movimiento, un puro dinamismo, el estado español, capaz de haber hecho convivir durante 40 años a 47 millones de españoles en paz y libertad, su impulso lo dirige ahora hacia Europa, el futuro. Cataluña, cuyo poso común es español, como el de Galicia o Madrid, busca el vector contrario de la historia.

En el plano geopolítico, ni la OTAN ni la Unión Europea van a permitir un estado nuevo, que pueda ceder sus puertos a Rusia o China. África es el nuevo campo de batalla de los intereses mundiales. De hecho, la ONU ha establecido en Valencia su cuartel general para el seguimiento de sus misiones de paz en África, y EE.UU. ha desplegado a sus marines en Morón de la Frontera y en Rota. También es poco probable que el resto de España quedara impasible.

Cataluña y sus circunstancias

Ángel Satué | 0 comentarios valoración: 3  162 votos

La sola ley no salva

P.D.

El Parlamento de Cataluña ha aprobado la ley del referéndum, una norma a todas luces contraria a derecho. La decisión del independentismo catalán es un buen ejemplo de una mala política: la que pretende dar primacía al espacio sobre el tiempo, la que quiere resolver de forma inmediata un conflicto sin utilizar el diálogo ni el respeto al marco constitucional. La ley, cuando es contraria a la Constitución, no salva y se convierte en una forma de violencia. Hay un porcentaje importante de catalanes que quieren la independencia pero este no es, seguro, el modo de darles respuesta. Lo que hizo ayer el Parlamento de Cataluña es un caricatura de la peor democracia liberal: utilizar una mayoría de diputados, que no de votos, contra una amplia minoría de votos, mayoría de escaños, para imponerse en contra de lo dictado por el Tribunal Constitucional. Si algún día llega la independencia a Cataluña tendrá que ser por otros cauces.

La ley que ahora el Gobierno debe hacer cumplir, no obstante, tampoco salva. La democracia se basa en el cumplimiento de la ley pero también en un proceso deliberativo constante a través de los canales parlamentarios y de canales informales en el que los sujetos públicos se narran, concuerdan y redefinen continuamente el proyecto común. La nación es algo vivo que, ante nuevas circunstancias, renueva sus vínculos esenciales. Esa renovación es tarea de todos, pero en este momento difícil es tarea especialmente del Gobierno.

El diálogo, rechazado por unos, debe ser el arma de quien tiene la ley de su lado. Diálogo con los partidos constitucionalistas, diálogo con los independentistas que no quieren saltarse la ley, diálogo con todos. Las palabras de Francisco, tras la recogida del Premio Carlomagno, son un programa, también en estas circunstancias: “Si hay una palabra que tenemos que repetir hasta cansarnos es ésta: diálogo. Estamos invitados a promover una cultura del diálogo, tratando por todos los medios de crear instancias para que esto sea posible y nos permita reconstruir el tejido social. La cultura del diálogo implica un auténtico aprendizaje, una ascesis que nos permita reconocer al otro como un interlocutor válido; la búsqueda de consensos y acuerdos, pero sin separarla de la preocupación por una sociedad justa, memoriosa y sin exclusiones”.

La sola ley no salva

P.D. | 0 comentarios valoración: 3  62 votos

El atentado no es culpa de la secularización: superemos The Walking Dead

Jorge Martínez Lucena

Pocos días después del atentado de las Ramblas, ya tenemos abatidos o en la Audiencia Nacional a todos los supuestos responsables. En la estela de la aciaga concatenación de sucesos quedan las víctimas: 15 muertos, más de un centenar de heridos, y todas las familias y amigos de los damnificados. Pero los círculos concéntricos de afectados se expanden: los barceloneses y demás amigos de la ciudad ya no podrán ir a Canaletas sin ver en las fuentes un túmulo funerario, o llegar al mosaico de Miró que hay al salir de la estación de Liceu sin acordarse de los benditos airbags de la furgoneta; los autóctonos de Cambrils y sus visitantes ya no se abandonarán de igual modo al sereno deambular por el Paseo Marítimo; los profesores y educadores sociales de Ripoll ya no mirarán igual a los chavales que les lleguen; los que aparquen en la zona universitaria de la ciudad condal, antes de salir del coche, mirarán bien si hay alguien agazapado o escondido; etc.

Queramos o no, va a haber un antes y un después del 17-A. Los atropellamientos y los apuñalamientos no se desvanecerán fácilmente, ni de la memoria de los testigos presenciales, ni de la de todos aquellos que tuvieron noticia de los fatídicos hechos y no pudieron despegarse de la actualidad noticiosa hasta el deseado desenlace de Subirats, en que la maldita célula yihadista quedó neutralizada.

Durante los cuatro días de persecución de Younes Abouyaaqoub se han sucedido las informaciones erróneas, que variaban a medida que el mayor de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluís Trapero, comparecía desmintiendo ciertas conjeturas con datos contrastados. Pero, sin duda, el espectáculo más bochornoso al que hemos asistido, tanto en las redes sociales como en los medios generalistas, ha sido la continua búsqueda de un chivo expiatorio a quien colgarle el San Benito de la matanza, arrimando el ascua a la propia sardina. Todo un circo de los despropósitos ha ido desfilando ante nuestros ojos al grito acusica del “y tú más”: la alcaldía de Barcelona diciendo que, pese a las sugerencias de Interior, no se habían instalado bolardos y maceteros en el inicio de las Ramblas por culpa de la Generalitat; un eminente y televisivo sacerdote madrileño haciendo política bajo palio en un sermón en el que decía que Podemos tiene buena parte de culpa de lo sucedido; también hemos recibido demasiados mensajes contra el islam, pese a que ha habido claras manifestaciones de repulsa frente a estos actos violentos por parte de diferentes colectivos musulmanes al grito de “no en mi nombre”; por no hablar de aquellos que intentaban reducir el problema al manido “procés”, de uno u otro bando; etc.

El atentado no es culpa de la secularización: superemos The Walking Dead

Jorge Martínez Lucena | 0 comentarios valoración: 3  115 votos
>Entrevista a Mikel Azurmendi

'Nadie trabaja por que los presos de ETA se replanteen la vida'

Fernando de Haro

Se habla muchas veces de la batalla que se está produciendo actualmente en el País Vasco, la batalla del relato, de lo que sucedió durante los largos y duros años en los que ETA mató. Ahí está el best-seller de Patria, la novela Ojos que no ven de Ángel González Sainz, y ahora se suma un trabajo que se titula precisamente así, El relato vasco, de Mikel Azurmendi. Hablamos con él.

En este libro usted recoge a escritores, cineastas, intelectuales que en los años duros digamos que hacían un relato alternativo al relato oficial sobre ETA. ¿Por qué recuperar en este momento a esta gente, como Cristina Cuesta, Fernando Aramburu, Aurelio Arteta, José María Calleja, que en los años difíciles querían construir un relato alternativo?

Ellos no querían construir un relato alternativo. Ellos lo que querían es mostrar lo que aquí pasaba, analizarlo, sistematizarlo y darnos razones, fundamentalmente darnos razones para combatir el nacionalismo obligatorio, para combatir el terrorismo. Ahora lo podemos llamar relatos pero eran actas casi notariales de lo que pasaba. Empezar a decir ahora e inventar cada cual según su memoria, pues oye… Aquí se ha hablado mucho de lo que pasaba año tras año, ha habido gente fundamental, escritores, algunos cineastas, incluso algún cantor, que han estado diciéndonos lo que pasaba y nos han animado, nos han incentivado, nos han clarificado la mente para que saliéramos en tromba. Lo de Miguel Ángel Blanco no habría sido posible si no hubiera habido un montón de gente que ya veía claro y que condenaba todo lo que estaba sucediendo, la pasividad y demás. Traerlos hoy, si se va a buscar alguna vez un consenso, vamos a pasar y repasar todo lo que ha sido escrito de lo que estaba sucediendo.

¿Hay una pretensión de imponer una visión políticamente correcto de lo sucedido en los años de ETA de tal modo y manera que haya una victoria última del terrorismo en la narración?

Yo no diría una victoria última, pero sí un empate. El empate es decir que ellos por supuesto hicieron mucho daño, y ahí queda, sin especificar cuál, como si el daño fuera “solo” haber matado a más de ochocientas personas, haber dejado sin brazos, sin piernas, a varios miles, etcétera. El relato que ellos buscan no es solo decir que han causado un daño sino que el Estado también hizo daño a la sociedad, con los casos Lasa y Zabala, por ejemplo, con que ahora no quiere atraer los presos hacia acá, como si eso fuera contra los derechos. Es decir, tratan de buscar una especie de empate en el que ni unos ni otros sino que todos tendríamos bastante culpa, todos habríamos hecho algo malo. Es una versión de la equidistancia, todos hemos cometidos errores, por tanto pelillos a la mar y empecemos de nuevo la nueva historia; la nueva historia empieza ahora. Eso es lo que trata de hacer el gobierno vasco, las instituciones están ahí.

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'Nadie trabaja por que los presos de ETA se replanteen la vida'

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Cataluña: la hora de los fantasmas

Francisco Pou

La verdad es que no quedan muchas cosas por decir. Millones de tuits, memes, columnas de opinión, whatsaps, debates, firmas, apoyos, pancartas y zascas han corrido ya. El proceso de los independentistas para Cataluña sigue copando primeras páginas de unos periódicos que cada vez venden menos ejemplares. Y cada vez, cansados todos, interesa menos. Las razones en un sentido u otro, muy pocas, ya se han dicho. De todos los colores. Desde sesudas defensas de la ley y la Constitución, hasta contabilidades macro para todos los gustos.

He tenido ocasión de compartir estos días impresiones con gobierno y con govern con parte de los protagonistas de ese llamado “choque de trenes” que viene el 1 de octubre, ese pretendido referéndum que hoy por hoy, como en el caso de Venezuela, no sustenta ninguna ley. Entendiendo la ley como un terreno de verdad aceptado por todos. Para convivir. Pues bien, la impresión para todos es que lo que viene es inevitable: un impredecible guión que, con las razones agotadas, será violento.

Ante el inminente choque de “sin razones” el govern, de monocolor independentista, se ha reservado el control de la policía autonómica en su referéndum sustituyendo a su director por Pere Soler, calificado incluso por la prensa pro-govern con adjetivos como “exaltado” o “hiperventilado”.

Esa misma mañana la propaganda secesionista hacía aparecer en ciudades de toda Cataluña una enorme fotografía de Franco con un mensaje: “No votes, el 1 de octubre, No a la República”. Después de una larga etapa de repetitiva propaganda se está conjurando ya el miedo del pasado para huir a un pretendido futuro imaginado e impuesto. Es el momento de los exaltados, los “hiperventilados”; de esas locas historias que precipitan la Historia que desde el gobierno de Rajoy no se ha querido ver. A tiempo. Una táctica, la de la avestruz, que personalmente le ha podido salir bien para “resistir” él, pero que para la convivencia en Cataluña deja “la gran finale” fuera de control y en manos de quienes con por exaltación podemos llegar a volver a ver tiempos que dábamos ya por enterrados. Al final vence siempre el diálogo. Lo malo es que seguramente no hemos llegado al final.

Cataluña: la hora de los fantasmas

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'No hemos estado lo suficientemente atinados frente a los indignados'

Juan Carlos Hernández

Entrevistamos a Óscar Puente, portavoz de la Ejecutiva Federal del PSOE y alcalde de Valladolid. El dirigente socialista participará como ponente este viernes en el curso “Los valores de la Transición, hoy”, organizado por la Universidad Europea Miguel de Cervantes.

Usted va a ser unos de los ponentes del curso de verano “Los valores de la transición, hoy” organizado por el profesor Quintana Paz. ¿Qué podemos aprender de este periodo de nuestra historia?

Lo primero que debemos aprender, o mejor no olvidar, es que hubo muchas personas, anónimas la mayor parte de ellas, de diferentes sensibilidades políticas, que lucharon denodadamente por traer la libertad y la democracia a nuestro país. Y no pocas de ellas lo pagaron caro.

Y segundo, que la Transición entre la dictadura y la democracia constituyó uno de los procesos políticos más interesantes de los que se han producido en la historia reciente, por cuanto supuso un cambio transcendental, no solo de carácter político sino también social, que no había tenido parangón hasta entonces en todo el mundo. Y lo relevante de ese proceso es que el diálogo y el acuerdo primaron sobre las diferencias entre quienes tenían distinta concepción ideológica.

Se ha resaltado, con razón, la talla política y el buen talante que demostraron aquellos políticos que fueron responsables de sacar adelante la Constitución española, el símbolo más destacado de ese proceso conocido como la Transición, y que solo fue posible porque primó el consenso entre quienes pensaban diferente. Aquellos políticos, que demostraron una gran altura de miras, sabían de la dificultad de la empresa y actuaron con generosidad. Esta es otra de las cuestiones que debemos aprender.

Y tampoco podemos olvidar que, a pesar de la bondad de ese proceso que nos condujo a la democracia, el camino no fue ni mucho menos fácil. En este sentido, cabe recordar que entre 1975 y 1983 se produjeron en nuestro país casi seiscientas muertes por violencia política, especialmente por parte del terrorismo de ETA, pero no solo, puesto que los pistoleros de extrema derecha y los excesos de algunos de los miembros de las llamadas por entonces Fuerzas de Orden Público contribuyeron a engrosar esa lista, bien es cierto que en menor medida. Tampoco cabe obviar el golpe de estado de 1981, y los intentos previos, que contribuyeron a que en España hubiera en esa época un temor evidente a lo que podría suponer el ruido de sables.

En definitiva, se trató de un proceso con muchas luces, pero también con ciertas sombras. A pesar de lo cual considero que el resultado del mismo ha sido netamente positivo.

En el texto de presentación del curso se plantea si podemos inspirarnos hoy en el espíritu de concordia que guio a los protagonistas de la Transición. ¿Hemos perdido la conciencia de que el adversario político es un bien, no un enemigo?

Hoy también resulta necesario el entendimiento entre quienes piensan distinto, no solo entre los políticos, sino también en el conjunto de la sociedad, en la que se observa un cierto grado de crispación que hace difícil el debate sereno.

'No hemos estado lo suficientemente atinados frente a los indignados'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 3  168 votos
>Entrevista a Amelia Valcárcel

'Se subroga una hipoteca, pero un embarazo no se compra'

Fernando de Haro

Amelia Valcárcel, catedrática de Filosofía moral y política, miembro del Consejo de Estado, referente en el feminismo español valora la maternidad subrogada y el momento que vive España.

Se habla mucho últimamente de los vientres de alquiler o gestación subrogada. Hay quien lo presenta como una forma de autodeterminación. Usted es de las que están en contra de esta fórmula, ¿por qué?

Yo estoy en contra del eufemismo. Hay muchas cosas que no se pueden subrogar. Se puede subrogar una hipoteca, pero las enfermedades, por ejemplo, no hay manera de subrogarlas, no tiene sentido de hablar con eufemismos para que una práctica parezca lo que no es. De lo que se trata es de que en el cuerpo de una mujer se implanta un embrión cuyo óvulo, normalmente, es de otra mujer y el espermatozoide de un varón que se supone que de esa manera no va a tener su carga genética, eso es lo que se busca, que la carga genética de la mujer que va a ser madre no sea la del embrión. Eso es tanto como desconocer todo lo que es la epigenética y desde luego es una mentira desde el inicio. No hay nada que se llame técnica de reproducción asistida en esto. Esto es un embarazo normal, con el anidamiento de un embrión en el útero de una mujer que es su madre, y que lo va a gestar durante 40 semanas, y que va a desprenderse de esa criatura porque alguien se la va a llevar mediante dinero. Y no tiene más. Nadie en su sano juicio puede estar a favor de una práctica que vulnera derechos inalienables. Hay cosas que no se pueden comprar ni vender, la vida humana. Nos ha costado siglos hacernos cargo de esta verdad. Muchas sociedades pensaron, por supuestos, que los seres humanos se pueden comprar y vender, muchísimas. Hemos acabado con la esclavitud casi no hace un siglo en algunos lugares. De tal manera que pretender, llamándole técnica a lo que no lo es, o llamando subrogación a una compra, volver a introducir por la puerta de atrás una práctica tan detestable como esta, que consiste en que una madre no tenga derechos sobre la criatura que gesta y pare, que esa criatura vaya a terceros que se encargan de un pago, que puede decirse también con un eufemismo que es por las molestias habidas, que un embarazo no son unas molestias habidas sino como la gente solemos venir al mundo.

Parece que estamos cerca de un pacto contra la violencia de género, pero dicen los juristas que ya se puede afinar poco el ordenamiento jurídico para combatir esta plaga, ¿qué nos falta en el terreno educativo? ¿Las nuevas generaciones femeninas han perdido una sólida autoestima que permita vencer la violencia de género no solo en el ámbito jurídico sino en el ámbito cultural, el de las relaciones? ¿Qué nos falta para poder responder seriamente a este gravísimo problema que sufrimos?

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'Se subroga una hipoteca, pero un embarazo no se compra'

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>Entrevista a José María Marco

'El perdón y la reconciliación en la transición fue la traducción práctica de algo que ya estaba en la sociedad'

Juan Carlos Hernández

José María Marco valora para Páginas Digital el momento de la transición política en España. Marco apuesta por un bien común que, en términos cívicos, se llama España.

Recientemente hemos conmemorado el cuarenta aniversario de las primeras elecciones democráticas en España después de la dictadura de Franco. Con la perspectiva que nos da el tiempo transcurrido, ¿qué cree que hizo posible que cuarenta años después de una guerra civil se pudieran celebrar unas elecciones con ese espíritu de concordia?

El perdón y la voluntad de reconciliación. En nuestro país se dieron, como en el resto de países europeos, en ese largo período que va del final de la guerra a los años 60. Es el mismo movimiento que lleva a asumir la creación de lo que luego sería la UE. Eso fue lo que hizo posible la Transición, que es la traducción práctica de algo que ya había cuajado en la sociedad. También lo hizo posible el desarrollo económico, de ritmo distinto al de los otros países europeos pero de consecuencias idénticas, en particular la consolidación de una amplia clase media.

Sin embargo, muchos ponen hoy en tela de juicio la época de transición, sin querer idealizar ninguna obra humana pero ¿hemos fallado en la transmisión a las nuevas generaciones del valor que tenía la reconciliación y el enorme mérito que supuso esa época?

Me parece que no todos hemos fallado, o no hemos fallado igual. Una parte muy importante de la izquierda no ha admitido nunca, al menos en el discurso y en la estrategia, que todos los que aceptan la democracia liberal tienen la misma legitimidad política. En consecuencia, siempre ha habido partidos y personas más demócratas que los demás. Tampoco se ha hecho el menor esfuerzo por articular la identidad española, que la generalidad de los españoles (salvo la elite político intelectual) ha vivido hasta ahora con naturalidad, y la acción cívica y política. Así que hemos acabado viviendo en una sociedad en la que la lealtad política no se funda en la convicción de que existe un bien común, que en términos cívicos se llama España. Al contrario, esta palabra (y la nación, que es su fórmula política) están siempre bajo sospecha. En vez de profundizar en la reconciliación, basada en el perdón, desde las propias instituciones se ha fomentado –no hay más que ver la enseñanza y la cultura oficial– la sospecha y la revisión de los términos en los que se hizo la Transición. Frivolidad y cobardía son los términos que definen la acción realizada.

En una entrevista a este periódico, Fernández Álvarez de Miranda afirmaba poco antes de fallecer: “Lo que soñábamos entonces y que creíamos haber consolidado, que era un sistema democrático parlamentario suficientemente estructurado, de repente pues parece que va fallando, que no se consigue en estos momentos normalizar el juego democrático”. Decía Von Goethe que “lo que heredaste de tus padres, conquístalo para poseerlo”. ¿Cómo podemos reconquistar nuestra democracia?

>Entrevista a José María Marco

'El perdón y la reconciliación en la transición fue la traducción práctica de algo que ya estaba en la sociedad'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 3  181 votos
>Entrevista a Rodolfo Martín Villa

'Nos movió un deseo infinito de reconciliación'

Fernando de Haro

Rodolfo Martín Villa era ministro de Gobernación, lo que sería ahora ministro del Interior, en el Gobierno que organizó las primeras elecciones democráticas en España hace 40 años. Martín Villa, uno de los hombres de la Transición recuerda las claves de lo sucedido hace cuatro décadas.

La época de la Transición fue de mucha violencia, ETA quiso boicotear las elecciones del 77, pero también había violencia de la extrema derecha. Recordemos el atentado de Atocha contra los abogados laboralistas. ¿Por qué cree usted que a pesar de esa intensa violencia la Transición salió adelante?

Fundamentalmente porque teníamos una España abierta y socialmente democrática y avanzada. Es verdad que no lo era el régimen político, pero fue fundamental la transformación social, cultural y económica. El desarrollo de los años 70-75 fue esencial para permitirlo. El Gobierno de Suárez fue el verdadero Gobierno de la Transición, porque al final de su mandato donde no había partidos los había, donde no había cámaras legislativas las había, donde no había pluralismo sindical lo había. Por primera vez en la historia de España, en muchos años, no había un solo preso político ni un solo exiliado. Tuvo fe el Gobierno. Porque hubo momentos gravísimos, especialmente a finales de enero de 1977.

Fue aquella semana trágica.

La semana trágica fue entre el 23 y el 30 de diciembre. A los atentados de los abogados laboralistas de Atocha, siguieron los atentados de ETA, también estaba presente el Grapo… hubo secuestros. Pero hay que decir, con humildad, pero también con orgullo, que no cedimos ni un milímetro. Tuvimos que atemperarnos en el ritmo a estos acontecimientos, pero en el objetivo, que era que al final tuviéramos una España democratizada y unas Cámaras impecablemente representativas del pueblo español que hicieran una Constitución, no cedimos.

En el caso del atentado contra los abogados laboralistas, el PCE estuvo a la altura, ¿no?

Estuvo a la altura todo, pero en concreto el PCE lo estuvo claramente. En la cabeza de aquel Gobierno y en concreto de la de su presidente Adolfo Suárez ya estaba la idea de su legalización. Pero si había alguna duda - como dice el viejo dicho de que se escribe derecho con renglones torcidos-, el torcidísimo renglón de los atentados produjo un comportamiento del PCE como un partido de orden, de su orden, pero de orden.

Torcuato Fernández Miranda tenía la obsesión de que se pasara “de la ley a la ley”, de la legislación franquista a la legislación democrática, y en ese lema se enmarca la reforma política del 77. Precisamente eso es lo que se cuestiona ahora. Se dice que, en realidad, la única sucesión legal que hubiera sido legítima es la que hubiera recuperado la legalidad republicana. Esta es una de las objeciones que se le hace a la Transición.

>Entrevista a Rodolfo Martín Villa

'Nos movió un deseo infinito de reconciliación'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  187 votos
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