Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
28 ABRIL 2017
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La genialidad de una moción de censura

F.H.

Aguantar y esperar a que el chaparrón escampe. Esa parece ser la consigna en el PP desde que la semana pasada fuera detenido el expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, y desde que se destapara la presunta red de impresentable, ética y estéticamente chulo-corrupción montada en torno al Canal de Isabel II.

En realidad, el lema de esperar a que el chaparrón escampe es la consigna de Rajoy mientras los jóvenes dirigentes, los que en algún momento heredarán las siglas, andan cabreados como monas, llorando en el hombro de quien quiera escuchar sus cuitas. La legislatura, a la espera del resultado de las primarias en el PSOE, estaba relativamente encaminada para un Gobierno al que solo se le puede pedir estabilidad y eficacia en la gestión económica: el PIB va a crecer un 3 por ciento, la recaudación va a ser record, se van a crear más de 400.000 puestos de trabajo, el PNV, Ciudadanos y los canarios iban a dar el sí, ERC y el PdeCat se pelean, es evidente que el referéndum de secesión no se va a celebrar, el futuro Gobierno de Esquerra va a aparcar la independencia por un tiempo…

¿A qué alterarse? ¿No se ganaron las elecciones de octubre con amplio margen a pesar de la Gurtel y de todos los pesares? Hay cosechas buenas y cosechas malas, a veces el granizo se lleva las espigas ya granadas, pues lo mismo hay presidentes autonómicos honrados y otros que roban mucho, se espera y se les aparta, cuando se puede, que no conviene acelerarse, y si los jóvenes no votan al PP, y si el escándalo entre los que no tienen empleo o tienen un empleo precario es mayúsculo ante tantos millones distraídos, ante la ordinaria fascinación por un dinero macarra, pues qué se le va a hacer, lo que cuenta es la estabilidad y la creación de empleo. Dejar pasar al tiempo. O esperar a que a Podemos, un grupo parlamentario que no pisa el Parlamento, se le ocurra presentar una moción de censura. Porque con una moción de censura todo está arreglado: otra vez cerradas las filas ante la amenaza de una España populista. ¿En qué momento habrá convencido Rajoy a Iglesias para que diera un paso adelante? Es un genio.

La genialidad de una moción de censura

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>Entrevista a Antoni Fernández Teixidó

'Reclamamos  un catalanismo que no sea soberanista'

Juan Carlos Hernández

Antoni Fernández Teixidó es el promotor de Lliures, nueva formación que pretende recoger la herencia del centroderecha catalán. Teixidó, dirigente de la antigua Convergencia, hace un llamamiento al diálogo.

¿Por qué surge la iniciativa de un partido nuevo como Lliures?

La razón es un balance preciso de lo que el procés, así conocido, ha significado en Cataluña y cómo un partido, en este caso una coalición como CiU, en todo este proceso, que podría ser identificada como una formación de centro catalanista moderada, ha desaparecido del mapa. En otras palabras, una de las consecuencias de lo que el procés ha significado en Cataluña es que este espacio de centro político, que tradicionalmente liberales y demócrata-cristianos han compartido con un sentimiento desde el punto de vista político moderado en cuanto a la cuestión nacional, hoy sencillamente está huérfano. Y hay todo un electorado que reclama este tipo de políticas. Reclama políticas propias del catalanismo, propias del liberalismo político, pero no encuentran hoy ninguna referencia ni en la política del gobierno ni en la política de los partidos mayoritarios.

Cuando usted habla de medidas propias del catalanismo, ¿qué medidas son más urgentes en Cataluña?

Gobernar y dedicarse a un sinfín de temas que creo que tenemos bastante paralizados, porque en Cataluña lo que significa la tensión hacia este objetivo, desde mi punto de vista fantasioso, de la independencia ha generado un estancamiento de las políticas y un ligero pero constante desplazamiento de estas políticas in absentia hacia posiciones de izquierda más radicalizadas. Dicho de otra manera, quien gobierna básicamente la agenda del gobierno catalán en Cataluña es la CUP. Así de sencillo. Y la CUP, naturalmente, que obedece a un tipo de lógica revolucionaria, antisistema y anticapitalista, dificulta la acción en un parlamento y en un gobierno que debería tener otro tipo de planteamientos, objetivos y orientaciones. En otras palabras, la aspiración del gobierno por la independencia, y específicamente por el referéndum, ha hecho de este tema prácticamente el tema principal de la agenda y con resultados que desde nuestro punto de vista son claramente insatisfactorios, en la acción de gobierno y en la obtención de parcelas de autonomía que en definitiva ha quedado arruinada por un planteamiento maximalista.

A su juicio, ¿existe una fractura real en Cataluña a un nivel prepolítico o es algo puramente político?

>Entrevista a Antoni Fernández Teixidó

'Reclamamos  un catalanismo que no sea soberanista'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 3  103 votos

El 'otro', en política y en educación

Jesús Pueyo

Hace unos días, paginasDigital.es organizó en el Senado una conversación entre Juan Carlos Girauta, Pablo Casado y Ramón Jáuregui que moderó Fernando de Haro. El tema sobre el que versaron sus intervenciones fue el capítulo "El otro es un bien, también en política", del libro La Belleza Desarmada de Julián Carrón. Aprovecho estas letras para recomendarles el visionado de la tertulia.

Desde luego la cuestión es atractiva, y estos tres políticos de primera actualidad dedicaron a sus oyentes importantes aseveraciones sobre la importancia de considerar al “otro” un bien. Sin duda, un planteamiento que en este ámbito resulta cuanto menos audaz.

Como bien expuso Fernando de Haro en esta cita, estamos en unos tiempos en los que hay interés por la política, por las decisiones que se toman o no, por sus consecuencias... y las discusiones, las tertulias o los debates se producen en cualquier momento y en cualquier escenario. Pero paralelamente a este interés, no se puede negar que hay una evidente desazón, un principio de desafección, una enorme decepción y, ¿por qué no decirlo?, cierto rechazo hacia los políticos.

Parece claro que desdecirse de una posición y opinión personal porque la de otro es mejor es un signo de inteligencia, de altruismo y generosidad, sin embargo esta acción desgraciadamente escasea en nuestra clase política, que no consigue ser un ejemplo y modelo edificante a seguir.

La democracia no puede entenderse, ni ser, como un proceso solo para imponer ideas y decisiones, sin tener en cuenta sus consecuencias sobre todos los ciudadanos sin excepción. En estos años de ejercicio democrático en nuestro país hemos vivido la primacía del interés particular y partidista, la práctica de una posición de fuerza y dominancia sobre el otro, se ha propuesto y expandido un modelo en el que el rival político, el rival ideológico, es un enemigo a batir, un enemigo al que eliminar. Se ha trasladado a la sociedad un ejemplo que aumenta y alimenta una crisis de valores, de ética. La institución política es un modelo que la sociedad no ve bien, que está cuestionado, que debilita nuestra convivencia cuando no ayuda a resolver los problemas que tenemos.

Y llegados a esta realidad, ¿quién es responsable? Pues si hablamos de responsabilidad, mucha recae en el hecho incontestable de que no estamos contemplando al “otro” como un gran beneficio, como una enorme riqueza que debe complementar y no separar.

De hecho en las palabras se refleja este hecho. Partimos de que el “otro” es alguien diferente, contrario, distinto, y el solo hecho de denominarlo de esta forma trasluce ya distancia y precaución hacia esa persona y lo que ella pueda representar.

El 'otro', en política y en educación

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>Entrevista a Mikel Buesa

'La sentencia a Artur Mas es vergonzosa'

Juan Carlos Hernández

Mikel Buesa analiza la actualidad política de las últimas semanas marcada por la crisis del pacto PP y C´s y por la inhabilitación a Artur Mas como cargo público.

Ante las circunstancias de las últimas semanas, ¿cómo ve la salud del pacto entre el PP y C´s? ¿Será una crisis temporal?

Mi impresión es que de ese pacto no queda prácticamente nada, que el PP ha ninguneado a Ciudadanos porque, para formar mayorías, necesita al PSOE, y que Ciudadanos está apostando por un adelanto electoral en la idea de que puede salir beneficiado. Esta idea se basa en algunos sondeos, como el último publicado por El País, cuya fiabilidad es muy discutible.

¿Debía C´s haber entrado en el gobierno con algún ministerio?

Ciudadanos cometió el error de no pedir su entrada en el Gobierno para, desde el Consejo de Ministros, controlar mejor al PP y llevarle a la senda reformista. Les dio miedo porque carecen de experiencia. Pero su actitud les ha conducido a la irrelevancia y a mantener una política errática en la que es muy difícil identificar cuál es su proyecto.

Tradicionalmente los partidos constitucionalistas han tenido que llegar a pactos con partidos nacionalistas. ¿No sería más inteligente por parte del PP “mimar” a C´s, lo cual le permite poder llegar a acuerdos con un partido constitucionalista?

No lo creo de esa manera. Los partidos de gobierno que son minoritarios lo que tienen que hacer es buscar la forma de lograr mayorías coyunturales para sacar adelante sus proyectos. Ciudadanos es, para eso, insuficiente además de poco claro. Por eso la opción de buscar al PSOE resulta más razonable para el PP una vez que ha obtenido la investidura.

¿Dónde cree que debería estar el límite para renunciar a un cargo público? ¿Imputado, apertura de juicio oral…? ¿Sería aconsejable que todos los partidos llegaran a un acuerdo y usaran el mismo criterio?

Desde mi punto de vista lo relevante no es cuándo dimite un cargo político, sino más bien cuál es la actitud de su partido para excluirle o arroparle. Además, tenemos un grave problema de lentitud en la justicia que no favorece en nada que este tipo de asuntos se resuelvan razonablemente. Con procesos que duran inexplicablemente seis, ocho o diez años, la lucha contra la corrupción nunca tendrá éxito por mucho que algún partido se empeñe en unos ceses inmediatos que, además, no respetan la presunción de inocencia.

Disminución del número de aforados, ¿sí o no? ¿Cuál debe ser el límite razonable?

Yo condicionaría este tema a un cambio en la legitimación de los partidos o asociaciones vinculadas a ellos para actuar como acusadores populares. Mientras acusar salga gratis cuando hay falsedad, mejor será mantener los aforamientos.

¿Qué le ha parecido la sentencia del Tribunal Constitucional que inhabilita a Artur Mas a ejercer u optar a cargo público? ¿Tendrá un efecto positivo a la hora de frenar el desafío secesionista?

>Entrevista a Mikel Buesa

'La sentencia a Artur Mas es vergonzosa'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 3  155 votos

Una difícil solución

Teo Uriarte

La actual crisis que padece desde hace años el PSOE es de muy difícil solución y menos en este clima de crispación y de cambio de papeles que determinados líderes ejercen en estos momentos. La solución, que debiera sostenerse sobre el debate y aprobación de un proyecto político, por limitado que este fuera, ha sido saboteada por el debate entre personas y la llamada a la crispación. Solamente la vuelta como candidato del secretario general defenestrado por el Comité Federal, da forma de un enfrentamiento muy profundo y de ruptura en su seno. En el pasado, los perdedores hacían mutis por el foro, y a alguno con suerte se le permitía volver a algún puesto de importancia.

Que durante años el PSOE se haya mantenido cohesionado sólo en la exagerada condena de la derecha, predice no sólo un debate político pobre, más bien inexistente, y que éste se ciña, una vez más, a una llamada por parte de todos los candidatos a la secretaría general a los elementos sentimentales que pueden producir adhesión. Personajes en litigio y contenido emotivo de los mensajes harán subir el nivel de tensión. Así, el tema central, y no es broma, será quién odia más al PP, como a los romanos en La Vida de Brian. Lo que debieran saber los futuros gestores del PSOE es que la bandera de la emotividad en la izquierda la tiene Podemos, y el odio que éste esgrime es muy difícil superarlo.

Los personajes en la escena del congreso del PSOE se mueven a la manera de un Vaudeville. Los actores cambian de habitación y de compañía con una rapidez inusitada, a la vez que parecen ejecutar otro papel. Zapatero, responsable de la apertura a la demagogia desde la izquierda, la búsqueda de una identidad fóbica con la derecha mediante la memoria histórica, padre del nihilismo buenista, presta su apoyo a la candidata oficial, sucesora de una gestora cuyo presidente, Javier Fernández, que se tiene que marchar, ha sido el socialista que mejor discurso socialdemócrata ha realizado en los últimos años. Y Eduardo Madina, el otrora delfín del zapaterismo, rechazado como secretario general en el anterior congreso, pasa al centro de la escena convirtiéndose en el encargado de llevar la ponencia oficial. Y Pedro Sánchez, el candidato que los notables sacaron de la segunda fila para oponerlo en su día a Eduardo Madina, para que diera estabilidad al partido, se convierte en el candidato izquierdista dispuesto a llevar hasta el fin el sinsentido político del no es no y la demagogia más destructiva. Y se podría seguir con más personajes que alternan los papeles, pero estos son por su significancia representativos del follón. No hay debate de proyecto, es sólo quién manda sobre lo que quede del PSOE.

Una difícil solución

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>Entrevista a Valentí Puig

'Urge reequilibrar el sistema mediático y contrarrestar el frente digital de la secesión'

Juan Carlos Hernández

El escritor Valentí Puig valora para Páginas Digital la actualidad del desafío secesionista en Cataluña.

En el contexto histórico actual, ¿es factible una ruptura como ocurrió en 1934?

Incluso la CUP sabe que el contexto histórico no es el mismo y que no hay mayoría social para cualquier tipo de fractura unilateral. En cuanto a las medidas legales, no soy jurista ni constitucionalista pero creo que tendría sentido una respuesta legal, paso a paso, gradual. Los órganos consultivos de la Generalitat, y más aún el funcionariado, no dan cobertura a una declaración unilateral. Las imputaciones respecto a la consulta anterior tienen valor de ejemplaridad y, en general, una gradación de contramedidas sin concesión alguna, pero con el método de mano de hierro en guante de seda, parece lo más indicado. Sobre todo, es fundamental distinguir entre el conjunto de la sociedad catalana y la oligarquía secesionista. Esta es la cuestión. Eso no es un choque de trenes porque no se puede equiparar la fuerza legítima del Estado a un convoy renqueante y grotesco.

¿Qué medidas legales se deben tomar frente a la posibilidad de un referéndum independentista?

En primer lugar debo decir que soy uno de los que piensan que el referéndum de secesión no se va a celebrar y que todo lo que se está escenificando ahora no es más que una lucha terminal por el poder. En caso de no ser inhabilitado, Artur Mas desea intensamente regresar a la política liderando los retales de Convergència, Junqueras –hábil a la hora de esquivar graves imputaciones– quiere presidir la Generalitat cuando haya elecciones anticipadas, Puigdemont amaga con una declaración unilateral a la que su propio partido no se atreve y Ada Colau espera en el flanco de la batalla, ambigua respecto a una consulta. De modo que, desde mi punto de vista, el riesgo de secesión sería simbólico y gestual, aunque nadie puede dar por sentado que no se produzca una rasgadura como lo fue en octubre de 1934 un intento de golpe de Estado acallado en cuestión de horas, con grave daño institucional.

La aplicación de la ley es necesaria, pero a mi juicio insuficiente. ¿Qué trabajo cultural debe hacerse para frenar el auge independentista?

En primer lugar, haría falta desactivar el lenguaje secesionista que se propala por los medios de comunicación públicos y los subvencionados, algo difícil si ERC resulta ser el partido más votado. Cada “mantra” secesionista ha ido perdiendo fuelle, desde el “España nos roba” a salirse de España quedándose en la Unión Europea. El más reciente es la idea de una democracia que se salta la ley porque pertenece a la soberanía catalana. Quiero decir que desactivar el secesionismo es tarea de duración. Haría falta avanzar en diversos frentes, cultural, mediático, educativo. En primera instancia, la urgencia es reequilibrar el sistema mediático y contrarrestar el frente digital de la secesión, generalmente subvencionado con dinero público. El “fair play” pluralista marcaría una gran diferencia.

>Entrevista a Valentí Puig

'Urge reequilibrar el sistema mediático y contrarrestar el frente digital de la secesión'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 3  190 votos

Más allá del ámbito político

Pablo Duro

El pasado jueves 23 de febrero me invitaron a un evento muy interesante en el Senado que tenía por título el de un libro de Julián Carrión: “La belleza desarmada”. Julián Carrión es el actual presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación y responsable de este movimiento eclesial desde la muerte de su fundador, Luigi Giussani.

Tengo que reconocer que asistí al coloquio sin haber leído el libro ni conocer a su autor, por lo que no sabía exactamente qué iba a escuchar, pero el plantel de invitados me parecía muy atractivo: moderaba Fernando de Haro, director de este diario, y entre los ponentes estaban representantes de primer nivel de los principales partidos políticos como Pablo Casado del PP, Juan Carlos Girauta de Ciudadanos y Ramón Jáuregui del PSOE.

Después de una breve introducción sobre el papel del Senado en nuestra democracia representativa y bicameral, su función territorial, etc por parte de la senadora Cristina Ayala del Partido Popular, Fernando comenzó a hacer preguntas a los ponentes teniendo como telón de fondo las tesis o reflexiones que hace Julián Carrión en “La belleza desarmada”. El núcleo gordiano del coloquio era discutir si “el otro” se puede ver fundamentalmente y en primer lugar como un bien para uno mismo, cuestión que en la arena política puede plantear muchas dudas dado lo enconado que el debate político suele devenir… el otro que es irreductible, que sigue teniendo ideas distintas a las nuestras, que nos confronta, que también nos ayuda a identificarnos, a conocer nuestras debilidades…

Lo cierto es que las ideas que salieron fueron realmente muy buenas: se habló del proceso de la transición y de lo que ha significado para nosotros como españoles. De la importancia de los grandes acuerdos, de saber pactar, de saber dialogar, de la necesidad de ceder para llegar a acuerdos. El diálogo entendido como un camino y no un fin en sí mismo…

En el dialogo, en el pacto se aprende del adversario político, a veces de su experiencia de gobierno como apuntaba Girauta citando a personas concretas como Fátima Báñez, ministra de Empleo del Partido Popular.

Girauta insistió en la importancia de contar con un ascensor social para el correcto funcionamiento del Estado y las instituciones. La democracia, comentaba, debe ser regada y mimada, no puede darse por supuesto y mucho menos, añado yo, concluida, asentada o terminada. Jáuregui apuntaba la necesidad de aceptar al otro, de reconocerlo y respetarlo abandonando la cultura del enfrentamiento. Por eso no se puede banalizar el debate político.

Casado, por su parte, habló de la importancia de reivindicar la labor política, tarea noble y que no puede ser substituida. Previno sobre los nacionalismos y populismos que pueden devenir en totalitarismos y que hacen imposible o impracticable el debido respeto al otro. Para acabar con estos enemigos de la democracia, decía, hay que hacerlos en la práctica innecesarios.

Lo cierto es que el coloquio se me pasó volando y quedé encantado de escuchar las reflexiones que los políticos hacían sobre estas ideas. Creo que estas reflexiones deberíamos todos hacérnoslas más allá del ámbito político en nuestro propio ámbito: en mundo de la empresa, la familia, las amistades, etc.

Más allá del ámbito político

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Sin el otro hemos enloquecido en la política española

Mikel Azurmendi

Tras el visionado del film sobre la mesa redonda dirigida por Fernando de Haro y presentada por la senadora Cristina Ayala, tenida recientemente en el Senado entre tres políticos adversarios pero constitucionalistas, yo también me congratulo de que es un comienzo, todo un comienzo de algo que es nuevo en la situación política actual, y algo que podría llevarnos lejos. Todo lo lejos que quieran ir en el diálogo los tres más importantes partidos constitucionalistas.

Sin embargo mi esperanza no es inmensa debido a que esos tres partidos de aquella mesa redonda no se caracterizan precisamente por el diálogo en sus respectivos foros internos y con sus propias afiliaciones y militancias. Débil es también mi esperanza por cuanto todos los partícipes del debate aceptaron la nada inocente premisa inicial de Cristina Ayala –en un discurso más que aceptable, hay que decirlo– de que en esta legislatura el valor del otro será fundamental puesto que, “al no haber mayorías absolutas claras, se hará necesario el diálogo”. O sea, el otro es un bien porque mi partido tiene minoría parlamentaria, que si no... para rato. Es más, afirmaba la senadora que el diálogo no puede ser un fin en sí mismo sino “el camino”, o sea, un medio para lograr mayorías parlamentarias. El fin serían nuestros valores axiales que van desfigurándose desde la Transición acá, como la libertad, la tolerancia, la responsabilidad, etc. ¿Es esto así? ¿Es el otro, es mi adversario político solamente un medio para hablando con él lograr estabilizar una legislatura ahora que no tenemos mayoría absoluta?

Es un hecho que nuestra política del sistema democrático no está anclada en el bien común y por eso usa el diálogo, utiliza el debate parlamentario para otra cosa distinta del debate mismo: siempre va dirigida a obtener una mayoría favorable a tal o cual ley. Por eso más que debate ha resultado siempre un rodillo o un rifirrafe avinagrado cuando no una suma de improperios, protestas y pataletas por parte de las minorías, que con ello afirman no tener el objetivo de convencer sino de oponerse, amilanar o hasta chantajear. Si los parlamentarios buscasen el bien común, el primero de todos los bienes sería el “hablar” mismo entre parlamentarios, el encuentro de los diferentes puntos de vista para debatir propuestas, analizar los pros y contra, comparar los resultados habidos en otros lugares, etc. a fin de lograr un acuerdo lo más consensuado posible. Hablar entre parlamentarios es ya un bien común del país, o sea, un fin de la política democrática más que un medio propiamente dicho, como parecía sostener la diputada Ayala. El diálogo como “un camino” para lograr mayoría parlamentaria supone aceptar que lo importante es a dónde nos llevará el camino y no el hecho mismo de hablar, debatir, discutir para buscar acuerdos acercándose al mejor posible. El encuentro con el otro, hablar con el oponente político no es un simple medio de la política democrática sino el fin mismo. El bien primero del parlamentario es su práctica cotidiana de hablar para entenderse y tratar de encontrar puntos comunes. Considerar el diálogo como una técnica... para obtener mayorías, que es lo que venía a sostener Cristina Ayala, es usar el hablar para usar a las personas y no como un bien interno al ejercicio mismo del hablar democrático.

Sin el otro hemos enloquecido en la política española

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De polémicas y autobuses

Cristina López Schligting

No voy a decir que me haya encantado el autobús de Hazte Oír, es demasiado obvio que intentaba provocar y si algo sobra en España es provocación. Pero tampoco acabo de entender que se cargue la caballería contra los del autobús ¿o es que se va a multar de verdad a la gente que diga que los chicos tienen pene y son chicos para siempre? ¿Está prohibido decir eso en público? Flaco favor a la libertad de expresión.

Más que un país parecemos un ring. Me gustaría proponer aquí algo totalmente diferente, un debate al que los medios no han dedicado ni un solo minuto. La pasada semana, en el Senado, se citaron a puertas abiertas Ramón Jáuregui del PSOE, Pablo Casado del PP y Juan Carlos Girauta de Ciudadanos. Fueron convocados por mi colega de COPE, Fernando de Haro, y por la senadora Cristina Ayala en torno a la importancia de tender puentes, a partir del libro “La belleza desarmada”, de Julián Carrón. A la cita había sido invitado Podemos y no asistió. Les aseguro que resultó reconfortante escuchar a los tres rivales políticos.

Jáuregui comenzó explicando: “La aceptación del otro exige, en primer lugar, reconocerlo, para después respetarlo. No está en la cultura española el reconocimiento del otro”, y señaló como ejemplo el pacto alcanzado en Alemania entre la señora Merkel y los socialistas. Recordó el trabajo de los padres constitucionales y lamentó que hubiese actualmente media docena de asuntos graves (entre ellos pensiones, Cataluña o educación) pendientes de acuerdos que no parece que seamos capaces de alcanzar.

Pablo Casado recogió el testigo y la frase de Voltaire: “Lucharé incansablemente para que tú puedas defender tus ideas” e instó a explicar, en especial a los jóvenes, que la democracia no puede darse por supuesta y que “puede que no esté siempre ahí”. Finalmente Girauta, asintiendo, subrayó que “el ser humano es social, sin el otro enloquecemos”, y recalcó que Robinson Crusoe es una ficción imposible. Fue desgranando su experiencia en la negociación fallida con el PSOE y la que posteriormente ha llevado al PP al Gobierno, y reconoció con humor: “Debo ser un pésimo negociante, porque mis adversarios políticos han sabido convencerme de varias cosas”. Citó con agradecimiento a José Enrique Serrano (PSOE) y Fátima Báñez (PP).

Eché de menos la presencia de las cámaras en el hemiciclo. A los presentes nos quedó la sensación de que el debate habría servido al gran público. Porque puso de relieve que el otro, que muchas veces tiene ideas diferentes a las tuyas, es un bien. Que el diálogo es la posibilidad de comprenderte mejor a ti mismo, de aprender de los demás e incluso de reconocer deseos comunes. ¿Acaso un transexual no busca tan intensamente la felicidad como un católico? ¿Acaso no sufren ambos?, ¿no buscan la verdad y el camino los dos? Es impresionante que la polémica oculte la sorpresa por esta necesidad común.

Artículo publicado en La Razón

De polémicas y autobuses

Cristina López Schligting | 0 comentarios valoración: 3  232 votos
>Debate sobre La Belleza Desarmada en el Senado

Regando la democracia

P.D.

Sala Europa del Senado del Reino de España. Una de las salas habitualmente usadas para los trabajos de la Cámara Alta. Un hemiciclo en el que en esta ocasión no se debate sobre ninguna ley, la sesión está dedicada al capítulo sobre política de La Belleza Desarmada. Orden del Día: “el otro también en política es un bien”. Intervienen: Pablo Casado, vicesecretario del PP; Ramón Jáuregui, portavoz del PSOE en el Parlamento Europeo; y Juan Carlos Girauta, portavoz de Ciudadanos en el Congreso.

La mesa redonda comienza con un saludo de la senadora Cistina Ayala que da la bienvenida a los ponentes y a los participantes. “Vivimos un momento muy complejo, hemos tenido en nuestra democracia comportamientos poco ejemplares y sufrimos una crisis de valores. Se ha producido, además, la apropiación de conceptos ilusionantes –señala la senadora por Burgos-. En esta legislatura el valor del otro es fundamental y se hace necesario el diálogo, diálogo que no puede ser un fin en sí mismo sino un camino”.

Fernando de Haro, moderador, lanza la primera pregunta. El momento es complejo, sobre todo porque parecen haberse disuelto las evidencias que hicieron posible la transición a la democracia, la evidencia de que el otro es un bien. Ahora el adversario político es percibido como un enemigo. “¿Qué ha sucedido?”. Según Girauta hay que afrontar la cuestión en dos niveles. “Por un lado hay una situación coyuntural. La crisis que hemos sufrido ha tenido efectos disgregadores, hay muchos sectores que se han quedado sin acceso al ascensor social. Y además –señala el portavoz de Ciudadanos- hay una cuestión más de fondo. La democracia hay que regarla, hay que recordar su sentido. En una democracia lo importante no es lo ideológico sino lo metodológico”. Jáuregui añade que “la aceptación del otro exige reconocimiento y respeto. Y en la cultura española no tenemos hábito de reconocimiento del otro. Los padres fundadores de Europa se reconocieron entre ellos, pero en España ese reconocimiento no llegó hasta la transición”. El portavoz socialista señala que, con el tiempo, se han ido perdiendo los valores que vertebran a la sociedad española. Después de la transición y durante los 80 había un país que sabía a dónde iba. “Después el debate político se ha banalizado, y los liderazgos se han disuelto. La crisis ha contribuido a diluir nuestro contrato social”, añade el socialista.

Casado comienza su intervención revindicando la política y la tradición de acuerdos de la democracia. El miembro del PP recuerda que, según Vargas Llosa, estamos amenazados por nacionalismos y populismos que pueden devenir en totalitarismos. El representante del PP recuerda que en la política son necesarios los principios y los valores.

“¿Por qué el otro puede ser un bien o un recurso cuando sigue siendo otro, incluso cuando cuestiona la transición y el actual régimen democrático?”, pregunta el moderador que invita a los ponentes a relatar su experiencia en este campo. Casado asegura que el otro no es solo un recurso sino alguien imprescindible. Y señala el valor de la transición que quiso construir un régimen “en el que cupiéramos todos”. El representante del PP denuncia que se quiere demoler el legado de la transición. Afirma además que la crisis es una ocasión para reconstruir porque invita a una deconstrucción creativa. Jáuregui insiste en que en España falta valoración del acuerdo. Pero “la Constitución del 78 fue un salto con el que decidimos reconocer al otro”. El portavoz socialista asegura que con el pacto siempre se gana. Recuerda el pacto de Gobierno al que llegaron los socialistas y nacionalistas en el País Vasco del que él fue protagonista. Un pacto que a mediados de los años 90 fue, según el socialista, decisivo para acabar con el terrorismo de ETA. Con ironía Jáuregui asegura que está considerado como un mal negociador en su partido porque se suele dejar convencer por aquellos con los que negocia. “La esencia del pacto es que te enriquece”, señala. Y recuerda los versos de Machado: “El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve”.

Girauta, que ha sido protagonista de las negociaciones que hicieron posible la investidura, asegura que él también es considerado mal negociador en su partido porque suele aceptar las razones de los demás. “La experiencia de la negociación es una ocasión de aprendizaje. El otro no es solo un recurso, sin el otro no somos nada. Vivimos una incurable otredad”, señala el portavoz de Ciudadanos.

>Debate sobre La Belleza Desarmada en el Senado

Regando la democracia

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