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25 MARZO 2019
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El rumbo incierto de Podemos

Carlos Bueno

Hace ya cierto tiempo que las disputas entre las distintas facciones de Podemos dejaron de ser noticia. Pese a que la formación se afanaba en mostrar una unidad que no era tal y acusaba a la prensa de querer sembrar la disrupción entre sus filas, se hacía complicado no ver que, lejos de existir una supuesta conspiración mediática, en Podemos coexistían distintas sensibilidades políticas, estrategias e incluso ideologías.

Estas diferencias de criterio determinaban el día a día de la formación y le hacían muy complicada la tarea de seguir creciendo, ya que eran habituales la indefinición o la disparidad de opiniones entre sus dirigentes respecto a asuntos tan relevantes como la crisis en Cataluña o el acuerdo de pactos para la formación de gobierno en España.

En ocasiones estas disputas se saldaban con la dimisión, voluntaria o no, de aquel cargo que no comulgase con el parecer de la dirección nacional. Otras veces, si el disidente no tenía la fuerza suficiente o el respaldo necesario como para resistir, era apartado directamente. En definitiva, si era posible, se forzaba la tan ansiada unidad tratando de no hacer demasiado ruido.

No obstante, pese al firme liderazgo que aparentaba ejercer Pablo Iglesias en Podemos, la disidencia se atrevió a plantarle cara abiertamente. Fue en Vistalegre II, el Consejo Ciudadano Estatal de la formación celebrado en febrero de 2017. En aquella ocasión, Íñigo Errejón, de perfil más moderado y partidario de buscar el entendimiento con el PSOE, le disputó a Iglesias el liderato. Perdió.

Errejón no fue defenestrado de Podemos, pero sí quedó relegado a ejercer un papel secundario, aunque no menor. Pasó de ocupar la portavocía del Congreso de los Diputados a ser designado como candidato del partido a las elecciones autonómicas de 2019 en la Comunidad de Madrid. A día de hoy quizás Iglesias esté arrepentido de no haber optado por liquidar políticamente a Errejón, como suelen hacer los partidos tradicionales en estas situaciones, véase el caso de Eduardo Madina en el PSOE o el de Soraya Sáenz de Santamaría en el PP.

La fórmula empleada por Podemos para resolver sus grandes disputas –la consulta a las bases– no era nueva en el seno de la formación. De hecho, es una táctica que gusta a Iglesias y con la que el líder de la formación se siente muy cómodo. Es un todo o nada en el que se vale de su imagen personal y de su notoriedad para imponer su criterio. Iglesias la empleó y puso su cargo a disposición de la militancia incluso cuando fue enormemente criticado por adquirir un chalé valorado en unos 600.000 euros. Iglesias nunca ha sido uno de los líderes mejor valorados de este país, precisamente porque es de aquellos que consiguen levantar odio y pasión a partes iguales. El primer sentimiento entre sus adversarios y el segundo entre sus seguidores. Es por ello que no es difícil adivinar el resultado de sus victorias personales en Podemos antes de que estas se produzcan, si son las bases las que deciden.

El rumbo incierto de Podemos

Carlos Bueno | 0 comentarios valoración: 1  8 votos
>Entrevista a Francisco Igea

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

>Entrevista a Francisco Igea

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

F.H. | 0 comentarios valoración: 2  21 votos
>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
>Entrevista a Eduardo Uriarte, ex concejal del PSE

'El enunciado del diálogo en el seno de la ley es enriquecedor; fuera de ella suele ser destructivo'

Juan Carlos Hernández

Paginasdigital.es entrevista al gerente de la Fundación para la Libertad, que afirma que “la cultura desarrollada en los últimos tiempos, desde la memoria histórica a la defensa de minorías discriminadas, ha ido más a la búsqueda del enfrentamiento que a la resolución de problemas y al encuentro positivo en el seno de la sociedad”.

En un artículo suyo reciente afirmaba que “en el ADN del socialismo actual está inserta la búsqueda de acuerdo con los adversarios del sistema constitucional”. ¿Es algo coyuntural achacable a personas concretas que lideran el partido? ¿O es el socialismo, frente a los desafíos de la modernidad, lo que está en crisis?

El socialismo español padece una fuerte influencia del anarcosindicalismo, o de un obrerismo moral, siendo muy deficitario en cuanto a una cultura política suficiente. Esta naturaleza del socialismo español se debe fundamentalmente a dos causas: históricamente surgió bajo la hegemonía del anarquismo en la clase obrera española, y la debilidad política de las élites liberales que llevaron al fracaso sus dos proyectos más autónomos como fueron las dos repúblicas de resultados tan frustrantes.

Es decir, surgió condicionado por el anarquismo sindicalista y ante una política desprestigiada en manos de las élites de la Restauración. Por ello en la esencia del socialismo español está una espontánea reacción de rechazo al sistema político y una deriva permanente hacia el totalitarismo provocada por su excesivo sectarismo partidista y negación del republicanismo democrático. El social-liberalismo impulsado en la etapa de Felipe González fue un hecho coyuntural debido a la práctica reconstrucción del partido, al consenso constitucional, y a la necesaria primacía que la política impuso en el pensamiento político a la hora de constituir un sistema político democrático tras cuarenta años de dictadura. El social-liberalismo ha muerto desde la irrupción de Zapatero frente a Bono, y la colaboración de Alfonso Guerra en la derrota de éste, recuperando el partido sus orígenes filorrevolucionarios.

¿Vamos camino, parafraseando la famosa frase de Guerra en los 80, de que a este PSOE no lo va a conocer ni la madre que lo parió?

Si la madre que parió al PSOE fue la etapa de González es evidente que este partido tiene poco que ver con aquel. Pero la abuela del PSOE, la de Largo Caballero, sí lo reconocería mejor que la que ZP enterró, aquel PSOE más volcado en la revolución social que en erigir una república para todos.

Por lo pronto, la primera evidencia es que el “procés” es fuente de división y de fricciones tanto en el bando constitucionalista como incluso en los nacionalistas. ¿Cuáles deberían ser las pocas grandes cosas en que deberían llegar a un punto en común los constitucionalistas?

La primera y fundamental sería la de lealtad con el sistema, respeto republicano de la ley, abandono de mutaciones constituciones y concesiones ilegales en provecho propio para ganarse el apoyo de los adversario del sistema, el secesionismo y los populismos antisistema. Sin un marco de lealtad común, sin un núcleo constitucionalista, con iniciativas en un sentido positivo y constructivo, el sistema acabará por derrumbarse.

>Entrevista a Eduardo Uriarte, ex concejal del PSE

'El enunciado del diálogo en el seno de la ley es enriquecedor; fuera de ella suele ser destructivo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 1  14 votos
>Entrevista Antonio Rivera, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad del País Vasco

'Es un disparate establecer el artículo 155 como una condición previa'

Fernando de Haro

Antonio Rivera es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad del País Vasco. Vinculado al Partido Socialista de Euskadi, fue diputado autonómico y viceconsejero. Es coautor del Informe Foronda, uno de los grandes esfuerzos que se han hecho para contar la verdadera historia del terrorismo de ETA.

Hay quien habla de la “cultura de la Transición” como un espejismo de reconciliación creado artificialmente para imponer el olvido. ¿Qué le parecen estas revisiones que se producen a los 40 años de la aprobación de la Constitución?

Me parecen absurdas políticamente, disparatadas desde el punto de vista historiográfico y peligrosas en el sentido social. La revisión es una actitud que debe ser constante: en política, en el trabajo del historiador o en lo que constituyen las convicciones de una sociedad siempre tenemos que estar en revisión. Pero, a la vez, tenemos que tener conciencia de que la historia solo se ha producido una vez; que podía haberse producido de mil maneras, pero que solo lo hizo de una. Quienes pretenden diseñar un futuro alternativo suelen empezar por dibujar un pasado diferente al asumido por la mayoría. Es normal hacerlo, pero hay que ser conscientes de lo que se está haciendo. La Transición fue el intermedio posible en aquel momento entre una oposición que movilizaba, pero no lo suficiente como para derribar los restos de la dictadura, y el epílogo de un régimen que, aunque muy debilitado y deslegitimado, todavía controlaba lo sustancial del Estado y mantenía la adhesión de la parte no movilizada de la población. Venir ahora a decir que todo podía haber sido diferente es pura melancolía, una reconstrucción ahistórica e insolvente. Hablar de traición de la izquierda es seguir con el clásico del izquierdismo que confunde su mejor con lo bueno y que pretende con ello quitarse de en medio a todos sus competidores que estuvieron allí, que tuvieron que ver con aquello. Cuestionar sin más la política del acuerdo, con gratuidad, es abrirnos a una manera de hacer política que resulta muy simpática en los ensayos –de Carl Smith a Laclau, todos los que apuestan por una “política de contrarios, de enemigos”–, pero muy peligrosa en sus resultados cuando se lleva a la realidad. Los pecados de nuestro tiempo no son de la Transición en su mayoría –sí algunos, por supuesto–; más bien pertenecen a las décadas de democracia –¡cuatro!– que hemos transitado sin reparar en errores que resultaban evidentes y que así se denunciaron en su día.

Hablando de cuatro décadas, ¿40 años después qué balance se puede hacer del modelo territorial de las Autonomías? ¿Cuáles son sus principales éxitos y sus principales fracasos?

>Entrevista Antonio Rivera, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad del País Vasco

'Es un disparate establecer el artículo 155 como una condición previa'

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>Entrevista a Miquel Escudero

'El horizonte se despejará si pretendemos, con hechos, una España de todos'

Fernando de Haro

Miquel Escudero es un hombre difícil de clasificar. Profesor de Matemática Aplicada de la Universidad Politécnica de Cataluña, crítico literario y articulista. Conversamos con él sobre el proceso de secesión, los 40 años de la Constitución y la crisis/oportunidad de una cultura en la que la belleza sigue siendo irrenunciable.

Hace unos días reseñaba el libro de Juan Claudio de Ramón Diccionario de lugares comunes sobre Cataluña (Deusto, 2018). De Ramón sostiene que incluir naciones políticas en un mismo Estado sería como "meter escorpiones en una botella: garantía de riña y autodestrucción". ¿Está de acuerdo en esa tesis?

En efecto; en nuestro caso no responde a la realidad y es garantía de pelea y división. Con este supuesto se abre de forma lógica el paso a porfirizar toda sociedad, dejándola desmenuzada; ninguna es monolítica. Hay que evitar las logomaquias, discusiones sobre palabras emotivas que nos alejan de lo fundamental. Lo que debería importar de veras es la ilusión de potenciar y desarrollar entre todos los ciudadanos una vida humana, que se guie por la razón y siempre en libertad.

De Ramón también defiende un diálogo en el marco de la ley, a tres niveles, entre catalanes; entre catalanes y el resto de los españoles; entre el gobierno central y los autonómicos. ¿Cuál debería ser el contenido de ese diálogo y cómo podría articularse?

No hay diálogo posible sin el reconocimiento personal de ‘los otros’, y esto exige respeto y juego limpio. Por desgracia, ambas cosas brillan por su ausencia. Así, tras un largo rodaje en el poder, el nacionalismo catalán convertido abiertamente al secesionismo no considera siquiera a la mayoría de los catalanes. Reparten el dinero público solo en función de sus intereses; de este modo, promueven el desentendimiento de la cosa pública y fomentan a la vez el fatalismo de su triunfo inevitable y la sumisión del silencio.

¿Cuál es el detonante del proceso de secesión de Cataluña? Jordi Amat sostiene que, sustancialmente, el proceso comienza en el momento en el que el Tribunal Constitucional corrige la reforma del Estatuto votada en referéndum. Sin embargo, Lola García, directora adjunta de La Vanguardia, en El Naufragio (Península, 2018) defiende que el origen del proceso está en la decisión de Artur Mas, tomada en 2012, de olvidarse de la reclamación de un modelo de financiación y de asumir las reivindicaciones de secesión para compensar la falta de popularidad por los recortes.

Todo estaba incubado desde hace muchos años. Tengo claro que el padre del ‘procés’ es el exhonorable Jordi Pujol. Los hitos que usted cita fueron materia de ruidosa propaganda y agravantes de lo que Josep Tarradellas dijo en 1981, al año de ser elegido Pujol presidente de la Generalitat, por primera vez: claramente se estaba gestando el deterioro de los afectos, lo que llevaría a la desunión, a tiranteces y a enfrentamientos. Fue una acusación muy grave pero certera, así ha sido.

Hemos celebrado recientemente el 40 aniversario de la Constitución. ¿Qué es lo más destacable del contexto en el que se redactó? ¿Cuál es su valor como referencia para una política en la que una gran mayoría pueda reconocerse?

>Entrevista a Miquel Escudero

'El horizonte se despejará si pretendemos, con hechos, una España de todos'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
>Entrevista a José Antonio Garrido, presidente de Bilbao Metrópoli-30

'España necesita visión de largo plazo'

P.D.

José Antonio Garrido es doctor ingeniero industrial y graduado por el IESE en el Programa de Alta Dirección. Ha sido consejero delegado de Iberdrola y presidente del Consejo Asesor Internacional de MAPFRE Global Risk, impulsando más de 300 proyectos de investigación con empresas, universidades y centros tecnológicos del País Vasco. Actualmente preside la Asociación para la Revitalización del Bilbao Metropolitano Bilbao Metropoli-30.

¿Cuáles cree que son las claves para que una sociedad occidental de este siglo sea habitable, a medida de la persona?

En la sociedad nos enfrentamos al reto de adaptarnos a esa nueva realidad que es la globalización. Y en este punto tenemos que ser conscientes de que los gobiernos y las administraciones no pueden ocupar nuestro lugar. El primer paso nos corresponde a nosotros, que somos quienes, desde nuestra responsabilidad personal, tenemos que elegir el papel que queremos jugar en un mundo que, nos guste o no, es global.

En esencia la globalización define un contexto y un concepto de mundo. Y sin lugar a dudas en este nuevo contexto la principal barrera no es ni la distancia, ni las distintas regulaciones, sino la cultura y los valores. Por eso hoy se empieza a hablar de la emergencia de una economía global constituida por mercados culturales. Estos nuevos espacios culturales van a sustituir a los mercados protegidos y regulados por la nación-estado de la era industrial. Y es en medio de estos nuevos espacios culturales donde nosotros debemos ubicarnos.

Necesitamos proyectos que adecuen nuestras virtudes tradicionales –trabajo bien hecho, esfuerzo cotidiano, asunción de riesgos, etc.– a las realidades actuales. Tenemos que cambiar la dirección de la tendencia. Hemos de recuperar la preocupación por lo trascendente, por la convivencia, por la solidaridad y por la observancia de las normas éticas más elementales.

Los nuevos proyectos deben crear ilusión, generar expectativas, prometer y facilitar información y, sobre todo, poner a su frente líderes con credibilidad profesional y humana. Estos proyectos deben basarse en compartir una visión, unos valores esenciales y unos principios de actuación en los diferentes entornos.

Una nueva forma de ciudad ha aparecido con la globalización: la ciudad global. Las ciudades globales se han convertido en un elemento central del proyecto político de los principales estados. ¿Cuál es su opinión al respecto?

El mundo queda no suficientemente descrito si nos fijamos en las fronteras de los estados. Lo importante hoy, quien verdaderamente tiene el poder, son las ciudades globales. Para medir su importancia no hay baremo mejor que las conexiones que mantienen entre ellas, su conectividad, su grado de interacción respecto al resto, lo que nos permite evaluar su poder económico. La GaWC (Globalization and World Cities Research Network) propone desde 2010 una clasificación según la conectividad, de más a menos, de las que llama ciudades globales: ciudades alfa (entre las que destacan Londres y Nueva York, además de París y Pekín y más abajo Madrid y Barcelona), ciudades beta (Munich, Lyon, Dallas, Rotterdam…), ciudades gamma (Valencia, Bilbao…) y por último ciudades con cantidad suficiente de servicios (Málaga, Córdoba, Santa Cruz de Tenerife, Montpelier…).

Algunos aseguran que las ciudades globales van a ser las líderes de este siglo en el crecimiento económico, innovación… ¿Qué opina usted?

>Entrevista a José Antonio Garrido, presidente de Bilbao Metrópoli-30

'España necesita visión de largo plazo'

P.D. | 0 comentarios valoración: 3  19 votos

Con los chicos del Frente Obrero

Rafael Izquierdo

Lo han llamado un escrache pero no lo fue. En realidad ha sido el mejor debate de pre-campaña que se ha producido hasta ahora. La escena transcurre el pasado martes en un callejón, en el barrio de la UVA de Madrid, una zona desfavorecida de la capital, castigada por la droga. Algunos de sus vecinos viven en una marginalidad absoluta. En el callejón, a la salida de un centro cívico, se produce un encendido debate entre Íñigo Errejón, que hace campaña con Más Madrid, y unos jóvenes muy de izquierdas, en concreto del Frente Obrero, que quieren mejorar la UVA.

Los militantes del Frente Obrero le reprochan a Errejón que ellos llevan años haciendo política de base, trabajando por el barrio, y que los de Podemos han dejado de ocuparse por los trabajadores de verdad. “Os dedicáis a poner parches a un sistema que no se puede parchear, no vais a la raíz del problema y habéis dejado a los trabajadores”, añade un joven.

Con vehemencia, pero sin violencia, los chicos del barrio, como se llaman a sí mismos, le reprochan a Errejón que se hayan convertido en unos oportunistas y no por sus principios. Errejón intenta explicarles que en política no se puede hacer todo.

"¿Y qué proponéis, ‘compa’?", les pregunta Errejón en tono sosegado, intentado llegar a un entendimiento. "Políticas reales, no sólo salir por la tele, organizar a las familias obreras (...) El problema es que si llegáis vosotros al poder vais a hacer lo mismo, no vais a hacer nada", le contestan.

Es significativo que Errejón, un hombre de Podemos hasta hace unos días, que hizo su carrera política gracias al movimiento de los indignados del 15-M de 2011, haya tenido que escuchar, cuando todavía no han pasado ocho años de aquello, la acusación de haberse convertido en un miembro de la casta.

Es evidente que Podemos y sus productos políticos se han desgajado de sus bases. Y que eso es especialmente llamativo en quienes llegaron a la política para derrocar a la casta.

Pero eso no convierte este debate en el debate de pre-campaña. Este es el debate de pre-campaña porque probablemente este diálogo que ha tenido Errejón con sus bases es el que en este momento tendrían todas las bases y todos los votantes con los líderes de sus partidos políticos. La experiencia social, la construcción social, de barrio, de empresa, de asociaciones de vecinos, cada vez está más separada de una política partitocrática, de maquinarias burocráticas alejadas de la experiencia de la gente-gente. Seguramente tengo poco en común ideológicamente con los chicos del Frente Obrero, pero he vibrado al escuchar esa reclamación de hacer política de base, política atenta a las necesidades concretas de la gente concreta. Este es el debate de la pre-campaña porque plantea algo de lo que nadie habla: la irresoluble tensión entre las aspiraciones de cambio y el cambio posible.

Con los chicos del Frente Obrero

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>Entrevista a Daniel Gascón

'Existe una percepción de la identidad amenazada, y es por los nacionalismos'

Juan Carlos Hernández

Entrevistamos a Daniel Gascón, es escritor, traductor y editor de la edición española de la revista Letras Libres. “A pesar de las circunstancias actuales, de una conversación pública irresponsable y propensa al antagonismo, las instituciones de la democracia liberal resisten”, afirma el articulista del periódico El País.

En un editorial de este periódico se afirmaba que “la democracia requiere de una conciencia del nosotros, de un bien común para aquellos que pertenecen a una comunidad siempre superior a los intereses de los grupos particulares y a sus diferencias. Es lo que ha desaparecido”. ¿Qué le sugiere esta afirmación?

Me parece que se produce una especie de rechazo a ciertos impulsos disgregadores: social y culturalmente rompen algunos vínculos; económicamente estamos en una situación más inestable e individualista. El mundo del trabajo ya no es como antes, una cierta idea de identidad que tenía que ver con la clase, con lo que eras y hacías, se debilita. El Estado-nación tampoco sirve para muchos de esos problemas. No hay otro modelo económico viable que la economía de mercado desde el 89, pero este tiene fallos y produce injusticias. Creo que son factores que influyen en una percepción de la identidad amenazada, y que eso tiene que ver con el rebrote de los nacionalismos, del repliegue. Defiendes algo que crees que corre peligro de desaparecer.

Muchos grupos tienden a intentar defender sus intereses particulares, que pueden ser legítimos, pero que a veces pueden caer en una estigmatización del que piensa distinto. Mark Lilla habla de una “política de la identidad”. ¿Podría ayudar el juicio de Lilla a explicar lo que está ocurriendo?

Estamos en un tiempo de subjetivismo y polarización. Es más importante el elemento expresivo, nuestra visión sobre el mundo, que lo que sucede fuera. Lilla dice que el énfasis en la identidad por parte de los progresistas ha sido contraproducente, porque debilita la unión que permitiría la victoria de la izquierda. Para él, tienes que ganar para defender los derechos de las minorías, tienes que buscar un discurso que unifique para luego implementar tu programa. Un problema de esa idea es que a lo mejor estás hablando de un mundo que ya no puede ser. El discurso encajaba en una comunidad más homogénea y afianzaba una coalición de votantes que ahora parece más complicada por muchos factores. Otros dirían que ese universalismo, que se presenta teñido de nostalgia, no dejaba de ser un particularismo, y que lo que se presentaba como algo para todos era menos inclusivo de lo que pensamos.

¿Cómo se pueden traducir sus ideas a la realidad española?

>Entrevista a Daniel Gascón

'Existe una percepción de la identidad amenazada, y es por los nacionalismos'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  14 votos

Si Vox no existiese y sus votos se los repartiesen Ciudadanos y PP...

Kiko Llaneras y Borja Andrino (El País)

Por su interés, proponemos el artículo publicado este domingo en El País bajo el título “La importancia del territorio en el voto: el caso de Vox”, donde se pone de manifiesto que si los votos de Vox se repartieran entre el Partido Popular y Ciudadanos, estos dos partidos rondarían los 190 escaños.

No todos los votos cuentan igual. Se ha dicho muchas veces que algunas provincias ofrecen escaños “baratos”, porque se consiguen con menos votos. Pero el reparto también puede provocar otras carambolas, como que miles de votos en Alicante o Cádiz sean irrelevantes (si no mueven ningún diputado) y que un solo voto en Murcia decida un escaño. Nuestro sistema electoral, como tantos otros, tiene también algo de caprichoso.

Los politólogos conocen sus particularidades, o al menos las conocían, porque no está claro si lo que era cierto para un equilibrio bipartidista sigue siéndolo ahora. Sabemos que el sistema tiene un sesgo rural que acaba siendo conservador. Las provincias menos pobladas reparten más escaños por habitante, y como esa “España vacía” votaba más por el PP, los conservadores partían con ventaja. Como explicó Alberto Penadés en este periódico, “si el PSOE y el PP hubieran empatado a votos en las últimas elecciones —quedando lo demás igual— el PP habría obtenido nueve escaños más que el PSOE”. Esto podría estar cambiando, no obstante, si como parece el voto de las provincias pequeñas beneficia al PSOE antes que a Podemos. Tampoco está claro cómo afecta el sesgo rural a Ciudadanos, ahora que ronda el 18% de votos, o a Vox, que es una incógnita.

La otra característica del sistema era el sesgo mayoritario. Excepto en las grandes provincias (Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante y Sevilla), el resto reparten pocos escaños y eso penaliza a fuerzas pequeñas de voto disperso. Ese fue el caso de Izquierda Unida en 2015, por ejemplo, cuando no obtuvo ni un 1% de escaños aunque tenía el 3,7% de los votos. Era habitual usar un atajo y presumir que los partidos de ámbito estatal necesitaban superar el 15% de voto nacional para no ser muy perjudicados en escaños. Sin embargo, esas referencias podrían no valer ahora.

Para demostrarlo hemos hecho una simulación. Primero hemos tomado las encuestas más recientes (que dicen que la suma de PP, Ciudadanos y Vox rondará el 49% de votos). Después hemos encontrado una forma de distribuir los votos por provincias, como explicamos en la metodología. Y por último, hemos ido variando los votos de Vox para observar sus efectos. La suma de escaños de la derecha puede ser muy diferente si el partido de Santiago Abascal sube hasta el 15% de votos o se queda en un 6%, aunque los tres partidos sumen exactamente los mismos votos. Esto es así por los efectos no proporcionales que tiene el sistema electoral.

Si Vox no existiese y sus votos se los repartiesen Ciudadanos y PP...

Kiko Llaneras y Borja Andrino (El País) | 0 comentarios valoración: 2  14 votos

Por su interés, proponemos el artículo publicado este domingo en El País bajo el título “La importancia del territorio en el voto: el caso de Vox”, donde se pone de manifiesto que si los votos de Vox se repartieran entre el Partido Popular y Ciudadanos, estos dos partidos rondarían los 190 escaños.

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>Reconectar el voto y la experiencia social

Globalización es desarrollo

Juan Carlos Hernández

Analizamos en profundidad con Daniel Innerarity el momento de la campaña electoral. Para el catedrático de Filosofía Política, existe una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político.

En las campañas electorales se producen situaciones de polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido. ¿Exageramos cuando aseguramos que se disuelve el “nosotros compartido? ¿Hay alguna relación entre esta disolución y la aparición de cordones sanitarios a izquierda y derecha?

Me da la impresión de que hay estrategias de los partidos, de unos más que de otros, que han puesto en marcha dinámicas que luego son difíciles de parar. En términos estructurales me parece que se podría hablar de una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político. ¿En qué se caracteriza una campaña? En que polariza y se critica al adversario (a veces en exceso). El problema es que luego hay que pactar con él y aquellas estrategias que sirvieron para ganar dificultan posteriormente la acción de gobierno, cuando se requiere la colaboración del adversario.

¿La polarización política es un falso espejo de la vida social? ¿En nuestro espacio público hay sujetos que se narran, hay relaciones interpersonales y relaciones entre entidades sociales más sanas de las que se dan en la política de partidos?

Es normal que en la política haya una dramatización de los antagonismos que no tiene por qué coincidir con el que hay en la vida real. En la política hay siempre esos dos elementos (antagonización y escenificación) y los ciudadanos tendríamos que aprender a descodificar un poco lo que observamos en la esfera política. Lo que ocurre es que a veces en la vida los personajes que interpretamos terminan devorando a la persona que somos.

Los estudios sociológicos reflejan un interés sostenido por lo político, pero una desafección hacia los líderes políticos. Parece imposible pensar en la política como una vocación animada por un ideal. ¿Qué nos ha pasado? ¿Tenemos graves carencias culturales y educativas?

En mi último libro “Comprender la democracia” analizo un problema que me preocupa desde hace tiempo. Hablamos de una ciudadanía que decide y controla, pero lo cierto es que carecemos de las capacidades necesarias para ello por falta de conocimiento político, por estar sobrecargados, incapaces de procesar la información cacofónica o simplemente desinteresados. El origen de nuestros problemas políticos reside en el hecho de que la democracia necesita unos actores que ella misma es incapaz de producir. Una opinión pública que no entienda la política y que no sea capaz de juzgarla puede ser fácilmente manipulable.

'El entrelazamiento de los destinos colectivos impide definir nuestro bien como el reverso del mal de otros'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 1  9 votos
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Globalización es desarrollo

Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

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>Reconectar el voto y la experiencia social

Globalización es desarrollo

P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

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>Reconectar el voto y la experiencia social

Globalización es desarrollo

P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

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>Entrevista a Daniel Gascón

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Juan Carlos Hernández

Entrevistamos a Daniel Gascón, es escritor, traductor y editor de la edición española de la revista Letras Libres. “A pesar de las circunstancias actuales, de una conversación pública irresponsable y propensa al antagonismo, las instituciones de la democracia liberal resisten”, afirma el articulista del periódico El País.

En un editorial de este periódico se afirmaba que “la democracia requiere de una conciencia del nosotros, de un bien común para aquellos que pertenecen a una comunidad siempre superior a los intereses de los grupos particulares y a sus diferencias. Es lo que ha desaparecido”. ¿Qué le sugiere esta afirmación?

Me parece que se produce una especie de rechazo a ciertos impulsos disgregadores: social y culturalmente rompen algunos vínculos; económicamente estamos en una situación más inestable e individualista. El mundo del trabajo ya no es como antes, una cierta idea de identidad que tenía que ver con la clase, con lo que eras y hacías, se debilita. El Estado-nación tampoco sirve para muchos de esos problemas. No hay otro modelo económico viable que la economía de mercado desde el 89, pero este tiene fallos y produce injusticias. Creo que son factores que influyen en una percepción de la identidad amenazada, y que eso tiene que ver con el rebrote de los nacionalismos, del repliegue. Defiendes algo que crees que corre peligro de desaparecer.

Muchos grupos tienden a intentar defender sus intereses particulares, que pueden ser legítimos, pero que a veces pueden caer en una estigmatización del que piensa distinto. Mark Lilla habla de una “política de la identidad”. ¿Podría ayudar el juicio de Lilla a explicar lo que está ocurriendo?

Estamos en un tiempo de subjetivismo y polarización. Es más importante el elemento expresivo, nuestra visión sobre el mundo, que lo que sucede fuera. Lilla dice que el énfasis en la identidad por parte de los progresistas ha sido contraproducente, porque debilita la unión que permitiría la victoria de la izquierda. Para él, tienes que ganar para defender los derechos de las minorías, tienes que buscar un discurso que unifique para luego implementar tu programa. Un problema de esa idea es que a lo mejor estás hablando de un mundo que ya no puede ser. El discurso encajaba en una comunidad más homogénea y afianzaba una coalición de votantes que ahora parece más complicada por muchos factores. Otros dirían que ese universalismo, que se presenta teñido de nostalgia, no dejaba de ser un particularismo, y que lo que se presentaba como algo para todos era menos inclusivo de lo que pensamos.

¿Cómo se pueden traducir sus ideas a la realidad española?

'Existe una percepción de la identidad amenazada, y es por los nacionalismos'

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>Entrevista a Francisco Igea

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F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

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>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

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Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

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Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

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Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

'La democracia es incompatible con la noción de enemigo'

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>Entrevista a Joseba Arregi

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Juan Carlos Hernández

Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

Últimamente se ha hablado mucho de los movimientos feministas. ¿Cuál es su valoración?

'El populismo es peligroso cuando tiende a convertirse en totalitarismo'

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>Entrevista a Tulio Álvarez

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Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

'En Venezuela no se enfrentan dos actores políticos, hay un régimen de facto contra un pueblo'

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El otro es un bien, también en política

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