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23 ENERO 2019
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Convención en libertad

Juan Milián Querol

Pocas horas antes de acreditarnos en la convención del Partido Popular, Juanma Moreno era investido como presidente de la Junta de Andalucía; lo que ayudaba a generar un clima emocional en el recinto de Ifema de Madrid muy distinto a la sensación de fin de ciclo que habíamos vivido el año pasado, precisamente, en Sevilla.

La convención, bajo el eslogan “España en libertad”, se inició la tarde del pasado viernes dejando bien claro que los ponentes no venían como comparsas, ni con el objetivo de agradar al público. El sentimiento de desamparo que habíamos sentido muchos catalanes en los últimos años fue puesto en evidencia, pero también se supo agradecer a un cercano Mariano Rajoy tanto su confianza en la sociedad española, fundamental para una recuperación económica sin tutelajes, como su elegante discreción en la transición que está viviendo su partido.

El sábado vivimos toda una reivindicación de los pilares fundamentales de la libertad individual: economía de mercado, Unión Europea, derechos humanos, seguridad, sociedad abierta, bienestar centrado en la persona… Y también escuchamos a José María Aznar llamar a aglutinar el voto de liberales, conservadores y democristianos: “los votos que España necesita… son los votos que deben ir al Partido Popular”. El expresidente, además, fijó el perímetro que separa al principal partido del centro-derecha español de aquellos que compiten por su espacio electoral: “estamos lejos de las modas políticas estridentes, del griterío de los alborotadores y de la arrogancia de los simplistas” y “no pidamos el voto del miedo. El voto que ha de pedir el PP es el voto de la esperanza y del patriotismo”.

Finalmente, el domingo Pablo Casado subió al escenario para rematar el “rearme ideológico” con un discurso que, emocionando a los asistentes como otras veces, se proyectó más allá del auditorio para decirle a la mayoría de los españoles que aquí hay una idea de España fundamentada en la libertad y desgranada en un decálogo que busca la no siempre fácil coherencia entre los principios liberales y conservadores.

Como afiliado del Partido Popular, esta convención reforzó la ilusión con la que viví el proceso de primarias y su resultado -renovación con integración-. Sin embargo, aquel domingo me tomé una agradable tarde madrileña para reflexionar con la perspectiva politológica. Así, no puedo dejar de preocuparme por la ansiedad que, en gran parte de nuestra sociedad, provoca el incierto futuro económico y por la deriva emocional que las nuevas tecnologías de la comunicación están alimentando.

En estas circunstancias, los cantos de sirena del populismo son seductores, pero ceder ante ellos es hacer naufragar la nave de la nación contra los acantilados de la demagogia. Es cebar el enfrentamiento social que tanto persiguen los que hacen del conflicto su negocio electoral y, en última instancia, es quedarse atrapado en el bucle del malestar al agravar los problemas que lo generaron.

Así, el reto del centro-derecha es reconectar con las preocupaciones reales de trabajadores y clase media con un discurso integrador, que no disuelva esos lazos afectuosos que construyen el sentido de una nación, que forje un proyecto que atienda a las injusticias y que recupere la sensación de optimismo ante un mundo complejo y cambiante. Casi nada. El desafío es enorme pero, sinceramente, creo que la convención del Partido Popular fue en la buena dirección.

Convención en libertad

Juan Milián Querol | 0 comentarios valoración: 4  10 votos

La vía está en el centro

Rafael Izquierdo

Al terminar la Convención del PP de este fin de semana, los líderes de más confianza de Casado han querido reconocer los errores de un PP excesivamente tecnocrático durante la época de Rajoy. También convendría que reconocieran los errores de la época de Aznar y sus casos de corrupción, que son los que hicieron prosperar la moción de censura.

En su intervención de clausura de la Convención, Pablo Casado ofreció un decálogo de propuestas, una especie de contrato con España. Esas propuestas son de corte claramente liberal. Casado ha hablado de recuperar un PP de amplias mayorías. Para que el PP sea un partido de grandes mayorías no solo es necesario revindicar la inspiración liberal de Aznar -más liberal desde que es expresidente-, también necesita apoyarse en el consenso socialdemócrata que Rajoy no abandonó.

Lo más interesante de este programa de Casado es su intención de dar protagonismo a la sociedad civil. Lo que requiere separarse de la actual partitocracia. También es interesante su intención de reforzar la libertad de elección de los padres y de dar apoyo a la vida. En cualquier caso el subrayado en la libertad afortunadamente está acompañado de referencias a la igualdad. España ha salido de la crisis con más diferencias, somos un país con desigualdad. Casado defiende una “España autonómica y autonomista”, distinguiéndose de VOX. Denuncia la polarización, apuesta por la concordia y por fomentar experiencias compartidas entre los españoles. Suena bien.

Estamos ante un programa de liberalismo conservador que distingue al PP de las posiciones de VOX y del liberalismo casi absoluto de Ciudadanos. Es bueno que el PP tenga personalidad. Ahora tiene que conectar con los votantes perdidos, que en su inmensa mayoría están en el centro.

De centro es una política que esté enfocada al bien común, no solo a agendas particulares; realista, sin radicalismos que se aprovechan de los miedos de los votantes. El centro es un espacio que no absolutiza las diferencias ideológicas, que no convierte la cuestión identitaria (ya sea personal, social o territorial) en un motivo de conflicto.

La vía está en el centro

Rafael Izquierdo | 0 comentarios valoración: 2  9 votos

VOX, ¿un partido de extrema necesidad?

Ángel Satué

Ciertamente, la manera menos conservadora de votar en política es con las vísceras. O, como decían en el antiguo Egipto, con el hígado. Es el basta ya, el hasta aquí hemos llegado.

En España, VOX responde a este patrón de voto. También en su momento Podemos. También todos los tipos de nacionalismos. Varían las causas del basta ya. Unos, por la ideología de género, otros por tradiciones populares o la caza, otros por la crisis y la corrupción, otros por necesidad de un lenguaje claro, llano, que proponga soluciones fáciles a problemas tan complejos como la contaminación o la globalización. Otros, ante los ataques intolerables de “Madrit”.

Con VOX, en mi opinión, los más que lo han votado y votarán será para oponerse en las urnas a la cada vez más cercana secesión de la región fallida de Cataluña, para decir a los partidos de siempre que “así se hacen las cosas”.

Siendo el voto que se aproxima a VOX un voto-protesta, cada cual que escucha lo de extrema necesidad que repiten hasta la saciedad lo lleva a su propia necesidad.

Es un mantra que proviene del derecho penal, el estado de necesidad, que excusa cometer determinados tipos penales. Excusar la acción. El mantra actúa como un escudo y aspira a ser una descripción “ideológica” trasversal. Supone, además, aumentar, como si de una lente se tratase, los problemas de todos nosotros, y la percepción de que la vida no merece ser vivida, porque tenemos una mala vida, dada la cantidad de problemas que tenemos, y que podríamos dejar de tener si reaccionásemos votando a VOX.

Sorprende que cuaje en España este discurso, salvo porque domine la percepción de que el estado es incapaz de poner coto a la cuestión catalana nacionalista y la vasca.

El que sufre en todo caso es el “nosotros” como sujeto político, que se torna más reducido y excluyente, a diferencia del otro “nosotros” posible, que engloba lo español, y se abre a la europeidad. Con VOX, el “nosotros” también se cierra en sí mismo.

Si, como dicen en VOX, son el partido de la extrema necesidad, es porque se creen necesarios, porque existiría una cierta urgencia en su aparición, porque todos somos contingentes menos ellos, que serían los necesarios (frase berlanguiana, por cierto).

Si son necesarios, es que los otros no lo eran tanto, por lo que ya se introduce un factor populista en escena, el “nosotros” (los necesarios, los imprescindibles), de por sí reducido, y en frente, el “ellos” (los innecesarios, los prescindibles).

Un nosotros cerrado, o un nosotros abierto, esta sería la realidad de lo que subyace votando neopopulistas, de corte nacionalista.

VOX, teniendo como referentes ideológicos al Tea Party estadounidense, ultraliberal en lo económico y ultraconservador en el plano moral y social, y compuesto por una especie de activismo ciudadano muy diverso, en torno a tres o cuatro causas esenciales, así como al movimiento de Steve Bannon, ex asesor de Trump (los “neopopulistas”), tiende a manipular la acción política y a aparecer como partido contundente.

VOX, ¿un partido de extrema necesidad?

Ángel Satué | 0 comentarios valoración: 2  26 votos
>Entrevista a Fernando Palmero

'El proceso de descentralización ha sido muy rápido'

Rafael Izquierdo

Fernando Palmero es el autor de Homenaje a la Constitución, un volumen en el que reputados especialistas y personalidades de la vida pública hacen una valoración de los 40 años de la Constitución del 78.

¿Podemos decir que la Constitución del 78 es un éxito?

Sin ninguna duda. La Constitución y todo el proceso de la Transición fue un éxito, no solo de la clase política sino también de la sociedad española. En el libro he hecho catorce entrevistas. Algunos reconocen que estaban en contra de la Constitución y del proceso de Transición, unos porque querían una mayor ruptura, otros porque querían una ruptura menor, pero todos llegan a la misma conclusión: la Constitución no es solo un texto jurídico, que también lo es, también es un símbolo de la unidad nacional, de la integración española y fundamentalmente de la reconciliación nacional. Una reconciliación que se hizo en un periodo cortísimo de tiempo. A veces se nos olvida que desde la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975 hasta la aprobación de la Constitución en diciembre del 78 pasan tres años escasos, y en esos tres años se desmonta un régimen que había sido una dictadura que había durado casi cuarenta años, una clase política –las cortes franquistas– se hace el harakiri, una clase nueva entra sin rencor, aprueba una ley de amnistía, aunque muy dura para muchos sectores es lo que se reclamaba por la izquierda, y una Constitución que es de todos, y eso es lo fundamental. Porque hasta entonces nuestra historia constitucional había sido una historia trágica donde las constituciones solo habían sido la constatación de una relación de poder de una España sobre otra España. En este caso no, y la prueba está en sus 40 años y en que todos los españoles se sienten representados. De alguna forma en el prólogo que nos hace Fernando Savater dice que la Constitución es buena porque a ninguno nos gusta del todo, todos tuvieron que ceder, todos estamos a gusto con ella y a disgusto con alguna parte, y eso es la democracia, la tolerancia y la convivencia con el otro.

En estas entrevistas abordas muchas cuestiones: poder judicial, Tribunal Constitucional… pero el modelo territorial autonómico, cuestionado ahora, con los límites del Título VIII, aparece por todas partes. De la conversación con tantas personalidades inteligentes, ¿qué conclusión sacas sobre esta cuestión?

>Entrevista a Fernando Palmero

'El proceso de descentralización ha sido muy rápido'

Rafael Izquierdo | 0 comentarios valoración: 1  33 votos

Vox y la búsqueda de sentido

Francisco Pou

Tendemos tanto a etiquetar… Y a simplificar. ¿Por qué la quinta posición en votos en las elecciones de Andalucía, algo más de un 10%, se convierte en el tema central? Porque estamos hablando de Vox, para la prensa liberal-correcta “extrema derecha” (aunque en esa geometría la extrema izquierda no exista) y para otros, sencillamente, fascismo puro. ¿Es todo así de fácil?

Todos han hecho la campaña de Vox, a quien se le dio el papel de “gran amenaza” en ese guiñol electoral de caza de buenos y malos en el que han venido a convertirse las tradiciones de ese maratón de celebraciones y mítines de la vieja democracia. Mítines, curioso nuevo término españolizado del inglés, meeting, que utilizado así, en campaña, convierte la reunión de unos cuantos en una celebración quasi litúrgica con un nuevo significado si de sacralizar la democracia se trata.

En esa sagrada geometría de las ideas Vox se ha quedado con la posición de la cual todos huyen, en su caza del codiciado “centro”. Un centro que, cada vez más, consiste en no decir casi nada. Santiago Abascal, el líder de Vox, no es Mussolini, y con un mínimo de pensamiento crítico es difícil asimilar su ideario al “fascismo”, sencillamente porque propone (porque hoy por hoy es eso, proponer, no imponer) una forma de Estado distinta al modelo de las Autonomías, que muchos otros liberales (que no son eso, “fascistas”) consideran poco eficaz y poco rentable.

Lo cierto es que para Vox lo “eficaz” y “rentable” es lo que debe imponer el criterio de lo político. Poco parece importarles que el “tema” catalán y vasco sean realidades de tropezones históricos a veces mal resueltos a cañonazos. Para Vox supone posicionarse en una oferta que parece “nueva” a los cansados testigos ajenos, como los andaluces, a las tensiones con los nacionalistas-separatistas. Para Vox, muerto el perro se acabó la rabia; con un Estado central simétrico no hay debate del distinto. Igual que para Vox ha sido rentable su “moderado” posicionamiento sobre el aborto. Que la Seguridad Social no lo pague, es su programa. El aborto ha sido la prueba del algodón para quienes considerándose nacional-católicos buscaban una sociedad sana a base de esculpir contra la piedra una legislación a costa de todos. Tarde o temprano se pierde, porque la democracia se construye con personas, y son las personas que votan las leyes quienes hoy están en una lamentable situación abortiva de sentido.

Podemos seguir intentando clasificar, que si galgos o podencos, este nuevo fenómeno de Vox que todos necesitan etiquetar y que quizá es un síntoma de que la propuesta del Estado burgués de bienestar cada vez funciona peor, con un horizonte de bancarrota. Vox se nutre de clases medias desencantadas, también procedentes en Andalucía de una izquierda que había instaurado un nuevo sistema de nobleza subvencionada. Otra vez el populismo haciendo cosecha. Con Podemos, difícilmente clasificable como “extrema” izquierda, aparece Vox y se añade a esa carta de oferta, con todos los sabores; una promesa al desencanto de una civilización vieja que no funciona y que intenta arreglarse tapando los síntomas de su vacío. ¡Idiota, no era la economía, era la sustancia, el sentido!

Vox y la búsqueda de sentido

Francisco Pou | 0 comentarios valoración: 2  32 votos

Cuarenta años de democracia

Juan Carlos Hernández

Con motivo del aniversario de la Constitución española hemos querido retomar algunas ideas que algunos autores han dicho en estas Páginas sobre este periodo de nuestra historia reciente.

Según el prestigioso hispanista Stanley Payne, la Transición española fue “un modelo porque consiguió la transformación de una dictadura fuertemente arraigada, y establecida por mucho tiempo [...] Fue un paso original no solo en la historia política de España, sino en la historia política de Europa y del mundo. Y fue respaldado enseguida por el apoyo del pueblo. Se cometieron algunos errores, en cuanto al modelo de Estado, pero abrió paso a una nueva fase de democratización en todo el mundo”.

El historiador Álvaro de Diego habla de “un proceso político al que el pueblo se suma y respalda rotundamente una sociedad civil bastante pujante que está preparada para el cambio y que quiere hacerlo además de forma ordenada, no quiere perder la relativa tranquilidad”. Este periodo, afirma Álvaro de Diego, se puede describir por la frase de que “el empresario era el Rey, el que tenía la idea de llevar al país a la democracia desde la cúspide del Estado, de que hubo un autor de escena que fue Torcuato Fernández Miranda, que era el que tenía el guion y finalmente el actor principal, el que ejecuta lo que otro quiere y lo que otro diseña, que es Adolfo Suárez”.

La consecución de una nueva Constitución a pesar de: una reciente Guerra Civil, los años de dictadura, las propias limitaciones humanas… es posible porque hay una sociedad civil con un deseo positivo y una clase política que lidera este deseo positivo.

Fernando Álvarez de Miranda afirmaba: “Yo creo que sería imprescindible volver a ese deseo positivo y a esa actitud de concordia para poder resolver nuestra vida parlamentaria. Yo recuerdo un espíritu después de las elecciones del 15 de junio de 1977, a pesar de las diferencias políticas, de concordia por parte de todos para poder buscar fórmulas de entendimiento y de articular lo que llego pues a ser primero la Constitución de 1978 y luego la consolidación de toda la transición”.

La España de hoy en día no es la del 78, ni podemos pretender que vuelva a serlo. Pero sí podemos aprender las lecciones de la historia.

El que fuera presidente de las Cortes Constituyentes, en una entrevista para este periódico poco antes de fallecer, nos dejaba una tarea ante los desafíos del presente. Recuperar el espíritu de concordia suficiente para poder vivir en una democracia parlamentaria.

Posiblemente el valor de nuestra Constitución no esté tanto en el propio texto, siempre susceptible de ser mejorado, sino en el espíritu que lo hizo posible.

Cuarenta años de democracia

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 1  20 votos

Tras las elecciones andaluzas: ahora, la responsabilidad

Francisco Medina

El resultado de las elecciones andaluzas ha sido contundente pero no totalmente imprevisible: es evidente que VOX iba a resurgir ante el agotamiento de los dos grandes partidos (PSOE y Partido Popular) y la política tan errática de confrontación ideológica por parte de la izquierda populista (Podemos, IU), que no ha dudado en activar una especie de “cordón sanitario” en torno al partido liderado por Santiago Abascal, legitimando sus alianzas con partidos nacionalistas y antisistema que han hecho del rechazo a la Constitución y de la utopía de un Estado independiente (PdCat, Junts per Sí, CUP, Bildu, EAJ-PNV, EA, Geroa Bai) su seña de identidad, y ello en aras de su proyecto político de una España confederal y republicana, aderezada con un concepto doctrinario de ciudadanía. La socialdemocracia ha sido engullida por un movimiento hegemónico en el ámbito de la cultura y cierto pensamiento dominante –importado de las corrientes sociológicas de izquierda del momento–, caracterizado por una desconfianza –yo diría aún más: un miedo– a una sociedad civil articulada en lazos personales y familiares generadores de vínculo, independientes del partido y del Estado.

Con todo, y siendo esto cierto, resulta evidente que en Andalucía ha sucedido algo: el surgimiento del partido VOX en el Parlamento andaluz con nada más y nada menos que 12 escaños; lo que significa que mucha gente –incluidos votantes de Podemos– han decidido dar su apoyo a un partido que ha puesto sobre el tapete muchas propuestas que, ab initio, suscribiría cualquier ciudadano sensato. Muchos hablan de aire fresco; y, en cierto modo, VOX viene a serlo en cuanto a que socava el tradicional bipartidismo de una forma importante. Ahora es llave de gobernabilidad: eso es un dato a tener en cuenta.

Sin embargo, no me sustraigo al hecho de un inquietante proceso que parece inundar ya el panorama político y social europeo y nacional: el de la búsqueda de soluciones fáciles a la complejidad y riqueza de los fenómenos y procesos sociales, políticos y jurídicos. Es decir, la tentación de respuestas simples y contundentes a problemas como la inmigración, la cultura del descarte, la extensión de los nuevos derechos (la identidad de género, la denominada “muerte digna”, la gestación subrogada…), la memoria histórica, la educación, la sanidad, la justicia, la política económica, la política energética y medioambiental.

VOX ha vuelto a propugnar, recientemente, esgrimiendo como parte de la negociación, la reducción de competencias autonómicas en sanidad y educación; parte de considerar la inmigración como un problema a resolver con la restricción de entrada y la supresión del arraigo; vuelve a una acuñación de la identidad nacional, de la historia de España y del castellano en clave nacionalista; y una política económica y social en clave muy liberal; la propugnación de una política familiar con un Ministerio de Familia y ayudas y subvenciones… si se echa un vistazo al programa electoral el latente recurso a la defensa de los valores en casi todas sus medidas –llevado casi al extremo– hace difícil no ver en ello otra forma de populismo. La identidad y la pertenencia que se presentan aquí como propuesta tienen un tinte hegemónico.

Tras las elecciones andaluzas: ahora, la responsabilidad

Francisco Medina | 0 comentarios valoración: 3  34 votos
>Entrevista a José María Marco

'El balance de estos cuarenta años es muy positivo'

Juan Carlos Hernández

“Los que propugnan una República la imaginan no como un régimen neutro en lo ideológico –como es la monarquía–, sino como una palanca para un cambio, cuando no una revolución”, afirma el profesor de la Universidad Pontificia de Comillas.

En este próximo cuarenta aniversario de la Constitución, ¿cuál le parece que podría ser el balance global?

Excelente, en casi todos los términos. La España de hoy es un país más próspero, más moderno, más abierto y los españoles están mejor preparados e incluso han empezado a dejar atrás algunos de los complejos que las minorías gobernantes siempre se habían empeñado en inculcarles. Hay problemas, claro está: una educación que no acaba de despegar, con un fracaso escolar dramático; una economía dual, que deja a mucha gente fuera; un exceso de gasto por el Estado y, sobre todo –herencia de estos cuarenta años–, un empeño suicida en construir una democracia liberal sin nación que la sostenga, como si las naciones fueran algo prescindible o caduco. De ahí el poder que han adquirido los nacionalistas, que hasta hace muy pocos años eran un elemento vertebrador de España y el colmo del progresismo. Los que no comulgábamos con los nacionalistas fuimos fascistas hasta ayer.

¿Es necesaria una reforma constitucional? ¿Existe una clase política con la suficiente altura de miras para llevar a cabo una obra de tal calibre?

No es absolutamente necesaria una reforma constitucional, pero estaría bien proceder a fijar de una vez las competencias del Estado central y las de las Autonomías. Podría ser una reforma federal, y no obligadamente recentralizadora. Se trata de reafirmar lo que nos es común a todos los españoles. El problema, como insinúa usted, es que la reforma de la Constitución no es posible en la actualidad. Se ha frivolizado con la reforma constitucional hasta el punto de hacer de ella parte de algunos programas políticos. Así se ha bloqueado cualquier reforma. Efectivamente, los políticos españoles, a veces, no parecen muy finos.

Nuestra monarquía se pone actualmente en tela de juicio desde algunos sectores. Sin duda un sistema republicano es también una forma de gobierno lícita y, de hecho, es el sistema de democracias occidentales análogas a la nuestra. Pero en el caso concreto de España parece que siempre la opción de una república es más por un deseo de ruptura que una propuesta propositiva. ¿Qué opinión le merece?

>Entrevista a José María Marco

'El balance de estos cuarenta años es muy positivo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  20 votos

Cambio es cambio

Rafael Izquierdo

Cambio es cambio. Cambio en Andalucía es que deje de gobernar el PSOE, que el PSOE deje de decidir después de 36 años y después de que una mayoría de andaluces haya apostado por un relevo histórico. Las elecciones andaluzas de este domingo no son cualquier cosa. Son históricas. PP, Ciudadanos y Vox suman 59, cuatro más que la mayoría absoluta. Pero Juan Marín quiere presidir la Junta. ¿Hasta dónde está dispuesto Ciudadanos a llevar su pretensión de presidir la Junta? Sería incomprensible que Ciudadanos frenara el cambio o provocara una repetición de las elecciones por poner a su candidato como presidente. ¿Pretende Ciudadanos llegar a un nuevo acuerdo con los socialistas para que cambie todo y no cambie nada? Rivera dijo en el final de campaña que no iba a rechazar los votos de Vox. ¿Por qué quiere ahora Ciudadanos buscar al PSOE?

Hay muchas cosas que analizar del resultado de las elecciones andaluzas. En tres años los socialistas han perdido uno de cada tres electores. ¿Qué ha pasado? Han pasado muchas cosas. Sin duda muchos votantes de siempre del PSOE en Andalucía están escandalizados y desanimados por la política de Sánchez, por su acercamiento al independentismo. Las elecciones andaluzas han sido las primeras tras la moción de censura. El votante socialista de Andalucía es un votante constitucionalista que no entiende los acuerdos con el secesionismo, con Podemos y con Bildu. La gestión de Susana Díaz, además, ha sido una mala gestión. La corrupción es una factura que, a largo plazo, siempre se paga. Y Andalucía está a la cola en número de empresas, en resultados educativos, en atención sanitaria. Susana Díaz se ha quedado sin futuro político, ha ido de derrota en derrota. Lo sorprendente es que ahora haga un llamamiento a los partidos constitucionalistas para frenar el cambio. Ese razonamiento valía hasta junio de este año.

Cambio es cambio

Rafael Izquierdo | 0 comentarios valoración: 2  22 votos

¿Qué voto para un cambio en Andalucía?

P.D.

¿Qué puede hacer un votante en Andalucía que sigue valorando la Constitución del 78, que no gusta de radicalismos y que se mueve en ese amplio espectro de la moderación que el realismo político aconseja? El PSOE andaluz no es como el PSOE de Sánchez. El partido de Susana Díaz es un partido mucho más centrado que el que gobierna en este momento España. Su distancia con el radicalismo de Podemos es grande. El constitucionalismo de los socialistas andaluces, frente a los embates independentistas, está fuera de duda. Si el PSOE a nivel nacional fuera como el PSOE andaluz todo nos iría mejor. Siempre y cuando no hubiera estado casi 40 años en el poder y, siempre y cuando, abandonara ciertos prejuicios ideológicos hacia la iniciativa social. Pero el problema es que el PSOE lleva demasiados años gobernando en Andalucía y ha desarrollado un estatalismo inconveniente. La falta de relevo ha provocado una fusión entre el partido y la Administración que desaconseja apostar por Susana Díaz. De hecho, el 60 por ciento de los andaluces quieren un cambio. Para propiciarlo no parece adecuado votar al PSOE.

¿En qué medida Ciudadanos puede propiciar ese cambio? Ciudadanos, como todos recordamos, apoyó al PSOE en la última legislatura. Ahora ha prometido que no volverá a hacerlo. Eso lo incluye entre las opciones posibles para fomentar el relevo. Pero el voto a Ciudadanos implica asumir el riesgo de que la formación no cumpla con su promesa. El partido naranja queda como opción de cambio para los que quieran asumir una cierta tasa de incertidumbre, y que por razones muy comprensibles no se sientan cómodos con el voto a favor del PP. Es lógico que entre algún sector de votantes partidarios del relevo esté muy presente la falta de vigor, de propuesta, las divisiones internas de los populares. Aunque también es lógico que para otros partidarios de acabar con una historia de casi 40 años todas esas objeciones no sean invencibles. Estamos hablando fríamente, de política, de lo posible. Es lógico que entre los andaluces que quieren cambio haya muchos que estén cansados de la situación política de su Comunidad Autónoma. Es lógico que haya alarma por lo que está sucediendo en los últimos meses en el Estrecho, muchos migrantes se han ahogado y Andalucía no cuenta con suficiente apoyo de Madrid y de Bruselas para hacer frente a la crisis migratoria.

Pero ni el cansancio ni la crisis de los últimos meses parece justificar el voto a VOX, un voto protesta que demoniza a los inmigrantes, que cuestiona a Europa y que resta más que suma para el voto del cambio. La prueba es que en la recta final de campaña Susana Díaz ha hablado mucho de Vox: es la derecha que puede ser funcional. Votar es un ejercicio de coraje y el mayor coraje es el realismo de aceptar lo posible.

¿Qué voto para un cambio en Andalucía?

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  26 votos
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