Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
21 MAYO 2019
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Postureo y acercamiento a Podemos

R.I.

De todas las reuniones celebradas estos días en Moncloa, la única reunión relevante ha sido la de Sánchez con Iglesias. Iglesias está cuestionado por los anticapitalistas y por algunos barones de sus partidos que señalan que el acercamiento al PSOE provocará más sangría de votos. Pero esas críticas son poca cosa, hace tiempo que Iglesias eliminó a cualquier crítico. Y si se ponen un poco pesados, convocará una consulta popular y resolverá el asunto, que es lo que hace Iglesias cuando tiene un problema. Cuando Iglesias tiene un problema recurre a la democracia directa. Iglesias va a pedir ministerios, Sánchez no se los va a dar, pero eso no es problema. Porque si Sánchez se niega a darle ministerios, Iglesias seguramente no va votar en contra de la investidura porque eso es votar con Casado y Rivera. Para lo de los ministros siempre queda la solución de los independientes.

Lo importante son las políticas que se están pactando. Políticas económicas, políticas de memoria histórica, políticas de restricción de la libertad educativa. Sánchez ya pactó las políticas de gasto o de subida del Salario Mínimo Interprofesional con Iglesias para esos presupuestos que no salieron adelante. Los presupuestos no salieron adelante pero buena parte de las políticas sí salieron adelante. Y Bruselas ya ha advertido de que no son buenas políticas.

Rivera está más interesado en liderar la oposición que en conseguir la moderación de Sánchez con un pacto como el de 2016. No han empezado nada bien las cosas. Esperemos que después de las municipales y autonómicas esto se asiente. Y tengamos un presidente menos pendiente de las fotos, va a ser difícil, y a un Casado y a un Rivera menos preocupados por la competencia mutua. Ni el 155 se puede aplicar en este momento ni España necesita con urgencia que Ciudadanos sea el partido de referencia de la oposición. Lo que sí le vendría bien a España sería que Ciudadanos gobernara con Sánchez para dar estabilidad y para evitar protagonismo de Podemos.

Postureo y acercamiento a Podemos

R.I. | 0 comentarios valoración: 2  39 votos

¿Triunfadores y derrotados?

Miguel G. García-Revillo

Obviamente, como en todo proceso electoral, hay triunfadores (PSOE, Ciudadanos y Vox) y derrotados (PP y Podemos). Sin embargo, al contrario que muchos analistas, de uno y otro signo, creo que las claves de estas elecciones y, particularmente, de los dos resultados electorales más llamativos, esto es, la victoria del PSOE y el monumental batacazo del Partido Popular, no están donde se está diciendo sino en otros datos. Vayamos por partes.

Las encuestas electorales del CIS se aproximaron en cuanto al número de escaños, pero no en los porcentajes de voto, donde estaban muy lejos de la realidad. Como en tantas elecciones generales, España refleja un sano equilibrio entre izquierda y derecha, casi por mitad, que sólo se altera en casos muy excepcionales, y ligeramente. A diferencia del “CIS de Tezanos”, que arrojaba una ventaja a favor del bloque de izquierdas de casi 10 puntos, los resultados electorales dan, aproximadamente, un 43 por ciento al bloque PSOE-Podemos y un 41 por ciento al formado por PP, Ciudadanos y Vox. En votos, la diferencia es aún más ajustada. Apenas cien mil votos de ventaja para las izquierdas sobre las derechas. Este resultado no se ve sustancialmente alterado si contamos también a los partidos nacionalistas, pues al triunfo de la izquierda (ERC) se contrapone el peso de la derecha (PNV-Junts per Catalunya) en parecidas proporciones.

Al contrario de lo que dicen muchos analistas, la gran derrota electoral del PP no viene motivada porque haya perdido el centro, o por la supuesta radicalización de su discurso españolista. Con los datos en la mano, de los casi 8 millones de votos obtenidos en las elecciones anteriores, al PP se le han ido 2 millones y medio a la derecha (a Vox) y “apenas” un millón al centro (Ciudadanos), si es que el millón de votos que gana C’s viene entero del PP, que lo dudo. El PP no ha perdido el centro. Ha perdido, sobre todo, la derecha. Y ha perdido también por su manifiesta ineptitud, desde hace más de 30 años, en materia de comunicación, de transmisión de su mensaje, de su proyecto y de sus logros, cosa que la izquierda tiene garantizada mediáticamente y que, en el bloque de las derechas, C’s maneja muy bien y Vox también ha logrado con un mensaje directo y sin complejos. Eso, sumado a una corrupción grave, en casos significativos, ha mandado al PP a la lona, y le mandará al abismo, como ocurrió con la desaparecida UCD, si no da un brusco cambio de orientación a su conducta, que lo dudo.

¿Triunfadores y derrotados?

Miguel G. García-Revillo | 0 comentarios valoración: 2  42 votos

El rumbo incierto de Podemos

Carlos Bueno

Hace ya cierto tiempo que las disputas entre las distintas facciones de Podemos dejaron de ser noticia. Pese a que la formación se afanaba en mostrar una unidad que no era tal y acusaba a la prensa de querer sembrar la disrupción entre sus filas, se hacía complicado no ver que, lejos de existir una supuesta conspiración mediática, en Podemos coexistían distintas sensibilidades políticas, estrategias e incluso ideologías.

Estas diferencias de criterio determinaban el día a día de la formación y le hacían muy complicada la tarea de seguir creciendo, ya que eran habituales la indefinición o la disparidad de opiniones entre sus dirigentes respecto a asuntos tan relevantes como la crisis en Cataluña o el acuerdo de pactos para la formación de gobierno en España.

En ocasiones estas disputas se saldaban con la dimisión, voluntaria o no, de aquel cargo que no comulgase con el parecer de la dirección nacional. Otras veces, si el disidente no tenía la fuerza suficiente o el respaldo necesario como para resistir, era apartado directamente. En definitiva, si era posible, se forzaba la tan ansiada unidad tratando de no hacer demasiado ruido.

No obstante, pese al firme liderazgo que aparentaba ejercer Pablo Iglesias en Podemos, la disidencia se atrevió a plantarle cara abiertamente. Fue en Vistalegre II, el Consejo Ciudadano Estatal de la formación celebrado en febrero de 2017. En aquella ocasión, Íñigo Errejón, de perfil más moderado y partidario de buscar el entendimiento con el PSOE, le disputó a Iglesias el liderato. Perdió.

Errejón no fue defenestrado de Podemos, pero sí quedó relegado a ejercer un papel secundario, aunque no menor. Pasó de ocupar la portavocía del Congreso de los Diputados a ser designado como candidato del partido a las elecciones autonómicas de 2019 en la Comunidad de Madrid. A día de hoy quizás Iglesias esté arrepentido de no haber optado por liquidar políticamente a Errejón, como suelen hacer los partidos tradicionales en estas situaciones, véase el caso de Eduardo Madina en el PSOE o el de Soraya Sáenz de Santamaría en el PP.

La fórmula empleada por Podemos para resolver sus grandes disputas –la consulta a las bases– no era nueva en el seno de la formación. De hecho, es una táctica que gusta a Iglesias y con la que el líder de la formación se siente muy cómodo. Es un todo o nada en el que se vale de su imagen personal y de su notoriedad para imponer su criterio. Iglesias la empleó y puso su cargo a disposición de la militancia incluso cuando fue enormemente criticado por adquirir un chalé valorado en unos 600.000 euros. Iglesias nunca ha sido uno de los líderes mejor valorados de este país, precisamente porque es de aquellos que consiguen levantar odio y pasión a partes iguales. El primer sentimiento entre sus adversarios y el segundo entre sus seguidores. Es por ello que no es difícil adivinar el resultado de sus victorias personales en Podemos antes de que estas se produzcan, si son las bases las que deciden.

El rumbo incierto de Podemos

Carlos Bueno | 0 comentarios valoración: 1  11 votos
>Entrevista a Francisco Igea

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

>Entrevista a Francisco Igea

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

F.H. | 0 comentarios valoración: 3  32 votos
>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  33 votos

'El enunciado del diálogo en el seno de la ley es enriquecedor; fuera de ella suele ser destructivo'

Juan Carlos Hernández

Paginasdigital.es entrevista al gerente de la Fundación para la Libertad, que afirma que “la cultura desarrollada en los últimos tiempos, desde la memoria histórica a la defensa de minorías discriminadas, ha ido más a la búsqueda del enfrentamiento que a la resolución de problemas y al encuentro positivo en el seno de la sociedad”.

En un artículo suyo reciente afirmaba que “en el ADN del socialismo actual está inserta la búsqueda de acuerdo con los adversarios del sistema constitucional”. ¿Es algo coyuntural achacable a personas concretas que lideran el partido? ¿O es el socialismo, frente a los desafíos de la modernidad, lo que está en crisis?

El socialismo español padece una fuerte influencia del anarcosindicalismo, o de un obrerismo moral, siendo muy deficitario en cuanto a una cultura política suficiente. Esta naturaleza del socialismo español se debe fundamentalmente a dos causas: históricamente surgió bajo la hegemonía del anarquismo en la clase obrera española, y la debilidad política de las élites liberales que llevaron al fracaso sus dos proyectos más autónomos como fueron las dos repúblicas de resultados tan frustrantes.

Es decir, surgió condicionado por el anarquismo sindicalista y ante una política desprestigiada en manos de las élites de la Restauración. Por ello en la esencia del socialismo español está una espontánea reacción de rechazo al sistema político y una deriva permanente hacia el totalitarismo provocada por su excesivo sectarismo partidista y negación del republicanismo democrático. El social-liberalismo impulsado en la etapa de Felipe González fue un hecho coyuntural debido a la práctica reconstrucción del partido, al consenso constitucional, y a la necesaria primacía que la política impuso en el pensamiento político a la hora de constituir un sistema político democrático tras cuarenta años de dictadura. El social-liberalismo ha muerto desde la irrupción de Zapatero frente a Bono, y la colaboración de Alfonso Guerra en la derrota de éste, recuperando el partido sus orígenes filorrevolucionarios.

¿Vamos camino, parafraseando la famosa frase de Guerra en los 80, de que a este PSOE no lo va a conocer ni la madre que lo parió?

Si la madre que parió al PSOE fue la etapa de González es evidente que este partido tiene poco que ver con aquel. Pero la abuela del PSOE, la de Largo Caballero, sí lo reconocería mejor que la que ZP enterró, aquel PSOE más volcado en la revolución social que en erigir una república para todos.

Por lo pronto, la primera evidencia es que el “procés” es fuente de división y de fricciones tanto en el bando constitucionalista como incluso en los nacionalistas. ¿Cuáles deberían ser las pocas grandes cosas en que deberían llegar a un punto en común los constitucionalistas?

La primera y fundamental sería la de lealtad con el sistema, respeto republicano de la ley, abandono de mutaciones constituciones y concesiones ilegales en provecho propio para ganarse el apoyo de los adversario del sistema, el secesionismo y los populismos antisistema. Sin un marco de lealtad común, sin un núcleo constitucionalista, con iniciativas en un sentido positivo y constructivo, el sistema acabará por derrumbarse.

'El enunciado del diálogo en el seno de la ley es enriquecedor; fuera de ella suele ser destructivo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  26 votos
>Entrevista Antonio Rivera, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad del País Vasco

'Es un disparate establecer el artículo 155 como una condición previa'

Fernando de Haro

Antonio Rivera es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad del País Vasco. Vinculado al Partido Socialista de Euskadi, fue diputado autonómico y viceconsejero. Es coautor del Informe Foronda, uno de los grandes esfuerzos que se han hecho para contar la verdadera historia del terrorismo de ETA.

Hay quien habla de la “cultura de la Transición” como un espejismo de reconciliación creado artificialmente para imponer el olvido. ¿Qué le parecen estas revisiones que se producen a los 40 años de la aprobación de la Constitución?

Me parecen absurdas políticamente, disparatadas desde el punto de vista historiográfico y peligrosas en el sentido social. La revisión es una actitud que debe ser constante: en política, en el trabajo del historiador o en lo que constituyen las convicciones de una sociedad siempre tenemos que estar en revisión. Pero, a la vez, tenemos que tener conciencia de que la historia solo se ha producido una vez; que podía haberse producido de mil maneras, pero que solo lo hizo de una. Quienes pretenden diseñar un futuro alternativo suelen empezar por dibujar un pasado diferente al asumido por la mayoría. Es normal hacerlo, pero hay que ser conscientes de lo que se está haciendo. La Transición fue el intermedio posible en aquel momento entre una oposición que movilizaba, pero no lo suficiente como para derribar los restos de la dictadura, y el epílogo de un régimen que, aunque muy debilitado y deslegitimado, todavía controlaba lo sustancial del Estado y mantenía la adhesión de la parte no movilizada de la población. Venir ahora a decir que todo podía haber sido diferente es pura melancolía, una reconstrucción ahistórica e insolvente. Hablar de traición de la izquierda es seguir con el clásico del izquierdismo que confunde su mejor con lo bueno y que pretende con ello quitarse de en medio a todos sus competidores que estuvieron allí, que tuvieron que ver con aquello. Cuestionar sin más la política del acuerdo, con gratuidad, es abrirnos a una manera de hacer política que resulta muy simpática en los ensayos –de Carl Smith a Laclau, todos los que apuestan por una “política de contrarios, de enemigos”–, pero muy peligrosa en sus resultados cuando se lleva a la realidad. Los pecados de nuestro tiempo no son de la Transición en su mayoría –sí algunos, por supuesto–; más bien pertenecen a las décadas de democracia –¡cuatro!– que hemos transitado sin reparar en errores que resultaban evidentes y que así se denunciaron en su día.

Hablando de cuatro décadas, ¿40 años después qué balance se puede hacer del modelo territorial de las Autonomías? ¿Cuáles son sus principales éxitos y sus principales fracasos?

>Entrevista Antonio Rivera, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad del País Vasco

'Es un disparate establecer el artículo 155 como una condición previa'

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>Entrevista a Miquel Escudero

'El horizonte se despejará si pretendemos, con hechos, una España de todos'

Fernando de Haro

Miquel Escudero es un hombre difícil de clasificar. Profesor de Matemática Aplicada de la Universidad Politécnica de Cataluña, crítico literario y articulista. Conversamos con él sobre el proceso de secesión, los 40 años de la Constitución y la crisis/oportunidad de una cultura en la que la belleza sigue siendo irrenunciable.

Hace unos días reseñaba el libro de Juan Claudio de Ramón Diccionario de lugares comunes sobre Cataluña (Deusto, 2018). De Ramón sostiene que incluir naciones políticas en un mismo Estado sería como "meter escorpiones en una botella: garantía de riña y autodestrucción". ¿Está de acuerdo en esa tesis?

En efecto; en nuestro caso no responde a la realidad y es garantía de pelea y división. Con este supuesto se abre de forma lógica el paso a porfirizar toda sociedad, dejándola desmenuzada; ninguna es monolítica. Hay que evitar las logomaquias, discusiones sobre palabras emotivas que nos alejan de lo fundamental. Lo que debería importar de veras es la ilusión de potenciar y desarrollar entre todos los ciudadanos una vida humana, que se guie por la razón y siempre en libertad.

De Ramón también defiende un diálogo en el marco de la ley, a tres niveles, entre catalanes; entre catalanes y el resto de los españoles; entre el gobierno central y los autonómicos. ¿Cuál debería ser el contenido de ese diálogo y cómo podría articularse?

No hay diálogo posible sin el reconocimiento personal de ‘los otros’, y esto exige respeto y juego limpio. Por desgracia, ambas cosas brillan por su ausencia. Así, tras un largo rodaje en el poder, el nacionalismo catalán convertido abiertamente al secesionismo no considera siquiera a la mayoría de los catalanes. Reparten el dinero público solo en función de sus intereses; de este modo, promueven el desentendimiento de la cosa pública y fomentan a la vez el fatalismo de su triunfo inevitable y la sumisión del silencio.

¿Cuál es el detonante del proceso de secesión de Cataluña? Jordi Amat sostiene que, sustancialmente, el proceso comienza en el momento en el que el Tribunal Constitucional corrige la reforma del Estatuto votada en referéndum. Sin embargo, Lola García, directora adjunta de La Vanguardia, en El Naufragio (Península, 2018) defiende que el origen del proceso está en la decisión de Artur Mas, tomada en 2012, de olvidarse de la reclamación de un modelo de financiación y de asumir las reivindicaciones de secesión para compensar la falta de popularidad por los recortes.

Todo estaba incubado desde hace muchos años. Tengo claro que el padre del ‘procés’ es el exhonorable Jordi Pujol. Los hitos que usted cita fueron materia de ruidosa propaganda y agravantes de lo que Josep Tarradellas dijo en 1981, al año de ser elegido Pujol presidente de la Generalitat, por primera vez: claramente se estaba gestando el deterioro de los afectos, lo que llevaría a la desunión, a tiranteces y a enfrentamientos. Fue una acusación muy grave pero certera, así ha sido.

Hemos celebrado recientemente el 40 aniversario de la Constitución. ¿Qué es lo más destacable del contexto en el que se redactó? ¿Cuál es su valor como referencia para una política en la que una gran mayoría pueda reconocerse?

>Entrevista a Miquel Escudero

'El horizonte se despejará si pretendemos, con hechos, una España de todos'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
>Entrevista a José Antonio Garrido, presidente de Bilbao Metrópoli-30

'España necesita visión de largo plazo'

P.D.

José Antonio Garrido es doctor ingeniero industrial y graduado por el IESE en el Programa de Alta Dirección. Ha sido consejero delegado de Iberdrola y presidente del Consejo Asesor Internacional de MAPFRE Global Risk, impulsando más de 300 proyectos de investigación con empresas, universidades y centros tecnológicos del País Vasco. Actualmente preside la Asociación para la Revitalización del Bilbao Metropolitano Bilbao Metropoli-30.

¿Cuáles cree que son las claves para que una sociedad occidental de este siglo sea habitable, a medida de la persona?

En la sociedad nos enfrentamos al reto de adaptarnos a esa nueva realidad que es la globalización. Y en este punto tenemos que ser conscientes de que los gobiernos y las administraciones no pueden ocupar nuestro lugar. El primer paso nos corresponde a nosotros, que somos quienes, desde nuestra responsabilidad personal, tenemos que elegir el papel que queremos jugar en un mundo que, nos guste o no, es global.

En esencia la globalización define un contexto y un concepto de mundo. Y sin lugar a dudas en este nuevo contexto la principal barrera no es ni la distancia, ni las distintas regulaciones, sino la cultura y los valores. Por eso hoy se empieza a hablar de la emergencia de una economía global constituida por mercados culturales. Estos nuevos espacios culturales van a sustituir a los mercados protegidos y regulados por la nación-estado de la era industrial. Y es en medio de estos nuevos espacios culturales donde nosotros debemos ubicarnos.

Necesitamos proyectos que adecuen nuestras virtudes tradicionales –trabajo bien hecho, esfuerzo cotidiano, asunción de riesgos, etc.– a las realidades actuales. Tenemos que cambiar la dirección de la tendencia. Hemos de recuperar la preocupación por lo trascendente, por la convivencia, por la solidaridad y por la observancia de las normas éticas más elementales.

Los nuevos proyectos deben crear ilusión, generar expectativas, prometer y facilitar información y, sobre todo, poner a su frente líderes con credibilidad profesional y humana. Estos proyectos deben basarse en compartir una visión, unos valores esenciales y unos principios de actuación en los diferentes entornos.

Una nueva forma de ciudad ha aparecido con la globalización: la ciudad global. Las ciudades globales se han convertido en un elemento central del proyecto político de los principales estados. ¿Cuál es su opinión al respecto?

El mundo queda no suficientemente descrito si nos fijamos en las fronteras de los estados. Lo importante hoy, quien verdaderamente tiene el poder, son las ciudades globales. Para medir su importancia no hay baremo mejor que las conexiones que mantienen entre ellas, su conectividad, su grado de interacción respecto al resto, lo que nos permite evaluar su poder económico. La GaWC (Globalization and World Cities Research Network) propone desde 2010 una clasificación según la conectividad, de más a menos, de las que llama ciudades globales: ciudades alfa (entre las que destacan Londres y Nueva York, además de París y Pekín y más abajo Madrid y Barcelona), ciudades beta (Munich, Lyon, Dallas, Rotterdam…), ciudades gamma (Valencia, Bilbao…) y por último ciudades con cantidad suficiente de servicios (Málaga, Córdoba, Santa Cruz de Tenerife, Montpelier…).

Algunos aseguran que las ciudades globales van a ser las líderes de este siglo en el crecimiento económico, innovación… ¿Qué opina usted?

>Entrevista a José Antonio Garrido, presidente de Bilbao Metrópoli-30

'España necesita visión de largo plazo'

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Con los chicos del Frente Obrero

Rafael Izquierdo

Lo han llamado un escrache pero no lo fue. En realidad ha sido el mejor debate de pre-campaña que se ha producido hasta ahora. La escena transcurre el pasado martes en un callejón, en el barrio de la UVA de Madrid, una zona desfavorecida de la capital, castigada por la droga. Algunos de sus vecinos viven en una marginalidad absoluta. En el callejón, a la salida de un centro cívico, se produce un encendido debate entre Íñigo Errejón, que hace campaña con Más Madrid, y unos jóvenes muy de izquierdas, en concreto del Frente Obrero, que quieren mejorar la UVA.

Los militantes del Frente Obrero le reprochan a Errejón que ellos llevan años haciendo política de base, trabajando por el barrio, y que los de Podemos han dejado de ocuparse por los trabajadores de verdad. “Os dedicáis a poner parches a un sistema que no se puede parchear, no vais a la raíz del problema y habéis dejado a los trabajadores”, añade un joven.

Con vehemencia, pero sin violencia, los chicos del barrio, como se llaman a sí mismos, le reprochan a Errejón que se hayan convertido en unos oportunistas y no por sus principios. Errejón intenta explicarles que en política no se puede hacer todo.

"¿Y qué proponéis, ‘compa’?", les pregunta Errejón en tono sosegado, intentado llegar a un entendimiento. "Políticas reales, no sólo salir por la tele, organizar a las familias obreras (...) El problema es que si llegáis vosotros al poder vais a hacer lo mismo, no vais a hacer nada", le contestan.

Es significativo que Errejón, un hombre de Podemos hasta hace unos días, que hizo su carrera política gracias al movimiento de los indignados del 15-M de 2011, haya tenido que escuchar, cuando todavía no han pasado ocho años de aquello, la acusación de haberse convertido en un miembro de la casta.

Es evidente que Podemos y sus productos políticos se han desgajado de sus bases. Y que eso es especialmente llamativo en quienes llegaron a la política para derrocar a la casta.

Pero eso no convierte este debate en el debate de pre-campaña. Este es el debate de pre-campaña porque probablemente este diálogo que ha tenido Errejón con sus bases es el que en este momento tendrían todas las bases y todos los votantes con los líderes de sus partidos políticos. La experiencia social, la construcción social, de barrio, de empresa, de asociaciones de vecinos, cada vez está más separada de una política partitocrática, de maquinarias burocráticas alejadas de la experiencia de la gente-gente. Seguramente tengo poco en común ideológicamente con los chicos del Frente Obrero, pero he vibrado al escuchar esa reclamación de hacer política de base, política atenta a las necesidades concretas de la gente concreta. Este es el debate de la pre-campaña porque plantea algo de lo que nadie habla: la irresoluble tensión entre las aspiraciones de cambio y el cambio posible.

Con los chicos del Frente Obrero

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