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22 MAYO 2018
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>Entrevista a Jordi Amat

`Para resolver el problema de Cataluña hay que encarar la cuestión de la soberanía española`

Fernando de Haro

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, hizo en su discurso de investidura la promesa de abrir un nuevo proceso constituyente para proclamar, lo antes posible, la república. Parece alejarse así de otras sensibilidades más dispuestas al compromiso. ¿Qué consecuencias puede tener esta decisión?

Por ahora son sólo palabras. Y diría que son palabras dichas para contentar a la CUP que en la legislatura anterior ya fue la vanguardia de una comisión parlamentaria con el objetivo de activar dicho proceso. Mientras sean sólo palabras, a corto plazo, no va a tener consecuencias. Mi duda es cómo puede combinarse una actitud de desescalada al conflicto y, al mismo tiempo, mantener un discurso que plantea escenarios de confrontación.

En tu libro ‘La conjura de los irresponsables’ sostienes que todo el proceso en el que estamos inmersos se desencadena por un "conflicto de legitimidades" entre el resultado del referéndum de la reforma del Estatut y la actuación del Tribunal Constitucional, instada por el PP. Me parece que sugieres que hubiera sido suficiente que el PP hubiera hecho gestos "de comprensión" hacia el nacionalismo tras la sentencia del Constitucional para no dar argumentos a un soberanismo que venía preparándose desde hacía mucho tiempo. ¿He entendido bien? ¿Cómo se hubiera podido resolver este conflicto de legitimidades cuando, según lo que dijo el Tribunal Constitucional, la reforma del Estatut desbordaba los límites de la Carta Magna del 78?

Mi hipótesis es que, tras el acuerdo del 96 entre populares y convergentes que posibilita la alternancia en el gobierno español, el desarrollo del Estado territorial del 78 se bloquea. La mecánica que hasta entonces había dinamizado ese modelo empieza a estropearse y, al fin, deja de funcionar por diversos motivos que pone en marcha el proceso de reforma estatutaria. Y entonces, sí, se produce un conflicto entre ley y legitimidad porque la soberanía, tal como se define en la Constitución, es cuestionada. Llegados a ese punto sólo un replanteamiento leal de la soberanía hubiese permitido, creo, una reforma positiva del sistema.

¿Ves alguna vía para desatascar la situación?

A corto plazo, no. Estamos en un bucle degradador. Para empezar yo creo que la situación de los presos –yo creo que son presos políticos– y los políticos que decidieron instalarse en el extranjero –digamos en el exilio– imposibilita retomar unas conversaciones que, tarde o temprano, deberán producirse. Para que haya respeto mutuo, para refundar una lealtad compartida. Eso pide tiempo. Pide mucho tiempo y una generosidad que implique magnanimidad. Y cuando se haya creado ese clima, sólo entonces, podrá buscarse una solución que no será volver al modelo territorial anterior a la crisis.

Sostienes, si no entiendo mal, que Pujol no quería desbordar la Constitución del 78. Ya sabes que hay quien cuestiona esta tesis.

Esa es la idea que él formula en la conferencia que comento en ‘La confabulación’. Otra cosa distinta es si las políticas de nacionalización que implementó, tal como intentó contar en ‘Largo proceso, amargo sueño’, eran leales al Estado del 78. Y eso es más discutible. No digo que no lo fueran. Digo que es pertinente preguntarse por las consecuencias de dichas políticas que fueron democráticamente avaladas por la ciudadanía durante más de dos décadas.

>Entrevista a Jordi Amat

'Para resolver el problema de Cataluña hay que encarar la cuestión de la soberanía española'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  10 votos
>Entrevista a Valentí Puig

'Con Torra habrá confrontación'

P.D.

¿De dónde surge el discurso de exclusión de Torra?

Procede de un mundo residual que estuvo incubando durante años la nostalgia de una Cataluña belicosa y excluyente, con sus precedentes paramilitares, como es el caso de Raimon Galí, uno de los inspiradores de Jordi Pujol. La veneración de Torra por los golpistas de 1934 –héroes del fascismo catalán– es un dato brutal entre otras cosas porque los hechos del 34 y la revolución de Asturias son el preámbulo efectivo del pronunciamiento militar de Franco en 1936. Esa incubación del “Delenda est Hispania” ha sido posible gracias a la pasividad e indiferencia de élites y sectores de la población que se sintieron cómodos y protegidos con el pujolismo, tal vez porque así no hacía falta ejercer el pluralismo crítico. En realidad, por abstención o por complacencia, todos hemos hecho posible esto aunque, desde luego, unos más que otros. ¿Cómo los medios influyentes no destacaron nunca el perfil de Torra? ¿Ha existido una estrategia de Estado para seducir y fidelizar a la Cataluña que no es independentista?

¿Vamos a ver más confrontación o las declaraciones de Torra son fuego de artificio?

Torra se cree un intelectual –cuyo referente es la falsedad de 1714– y eso lo hace aún más peligroso que Puigdemont. Por el momento, es vasallo del expresidente prófugo y a la vez la ERC de Junqueras no es capaz de embridarlo. Torra tiene una manifiesta voluntad de confrontación y su lenguaje es más republicano y separatista que el de ERC. Para Torra solo es posible un sentido de la historia que es abandonar la España depredadora y lo alimenta con una concepción de Cataluña radicalmente endógena y predemocrática, iliberal. Para alguien como Torra pasar de las palabras a los hechos es un dogma. En fin, habrá indudablemente en uno u otro grado una confrontación entre la Cataluña no independentista y la que ha escogido a Torra como su presidente, como la habrá entre la Generalitat y el Estado. La unidad estratégica del constitucionalismo, tan incierta ahora mismo, es fundamental.

¿Por qué ERC no sirve de elemento moderador?

Quizás lo intente pero pudiera llegar tarde. Si no vuelve aplicarse el 155, ahora puede tener mucho poder, controlando áreas de gobierno sustanciales y con buenas perspectivas para las municipales, en Barcelona, por ejemplo. ERC sigue con la sorpresa de haber sido superada electoralmente por el Junts per Cataluña que Puigdemont improvisó de cualquier manera.

¿A partir de ahora cuál puede ser la hoja de ruta?

La de Torra será la provocación permanente hasta generar algún efecto reactivo. Esa estrategia tiene alto riesgo porque esas cosas no se controlan fácilmente y la CUP –decisiva en la elección de Torra– y su entorno “kale borroka” pueden tomar la iniciativa. Para una nueva aplicación del 155, esta vez hará falta hacerlo con más intensidad y amplitud. Mientras tanto, sin la garantía fundamentada de seguridad jurídica, la economía seguirá deteriorándose.

¿Hay algún modo de superar el conflicto?

>Entrevista a Valentí Puig

'Con Torra habrá confrontación'

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>Entrevista a Juan Milián Querol

'Torra es una oportunidad'

P.D.

El vicesecretario de Estudios y Programas del PPC, Juan Milián Querol, valora para paginasdigital.es la elección de Quim Torra como presidente de la Generalitat.

¿Mantendrá Quim Torra el radicalismo del que ha hecho gala en el debate de investidura con sus acciones de gobierno?

Las palabras de Torra no son propias de este siglo. Su supremacismo y su etnicismo deberían avergonzar a todos aquellos que le han votado en el Parlament y obliga a una reflexión a todos aquellos que en algún momento han creído que el nacionalismo es una buena idea. No lo es. El separatismo es su instrumento, pero el verdadero problema en Cataluña es el nacionalismo. Las palabras de Torra ni ayudan a la reconciliación, ni ayudan al regreso de las empresas. Todo lo contrario. Y llevarlas a la práctica sería fomentar irresponsablemente un conflicto civil.

¿Va a empezar realmente un nuevo proceso constituyente para acabar otra vez en una declaración de independencia?

No. Quiero pensar que todos los partidos constitucionalistas son ya conscientes de que estamos ante una grave amenaza a la convivencia, a la democracia y a la libertad. Y que cualquier vulneración de la Constitución será rápidamente contestada. La aplicación del artículo 155 supuso un alivio para la mayoría de los catalanes. Si vuelven a perpetrar un golpe como los de los plenos del 6 y 7 de septiembre, un nuevo 155 más duradero e intervencionista sería necesario.

ERC había apostado por una vía más realista. ¿Ya no tiene peso?

ERC empujó al anterior govern y Parlament a declarar la independencia en contra de la voluntad y de los derechos de la mayoría de catalanes. Visto su fracaso, ahora pretenden dulcificar su retórica para replegar fuerzas y facilitar pactos de izquierdas en las próximas municipales. Sin embargo, el miedo a ser considerados los traidores del procés ha hecho que votaran como presidente a un fanático que considera que los catalanes que nos sentimos españoles somos “bestias con forma humana”.

Unas nuevas elecciones parecen cercanas. ¿Cuál sería la estrategia más inteligente para el constitucionalismo?

Los partidos constitucionalistas deben trabajar con lealtad para ofrecer una respuesta conjunta al desafío. La mayoría de constitucionalistas agradecimos que, en aquellos plenos del Parlament que llevaron a Cataluña al borde del abismo, PPC, PSC y Ciudadanos colaboraran y fueran unidos, sin tacticismos, ni obsesionados por las encuestas. Aquel es el espíritu que debería impregnar la estrategia de todos estos partidos respecto a la situación política y social en Cataluña.

¿Cómo se puede rebajar la polarización social?

>Entrevista a Juan Milián Querol

'Torra es una oportunidad'

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>Entrevista a Álvaro de Diego

'La transición eleva a la categoría política lo que socialmente ya existía'

Juan Carlos Hernández

Álvaro de Diego es el autor del libro “La transición sin secretos” (Ed. ACTAS). Según el autor los franquistas abrieron la puerta de la democracia y fue en gran parte una obra de Torcuato Fernández Miranda.

Usted afirma en su libro que un sector del franquismo lidera la transición. ¿Por qué?

La forma en que España entra en la democracia, en la segunda parte de los años 70 del siglo pasado, es una forma legalista, ordenada, relativamente pacífica y que además se ha tomado como ejemplo en otros países, como modelo o paradigma a imitar. ¿En qué consiste básicamente? En que no hay una ruptura, no hay una revolución del tipo que sea, lo que hay es una reforma ordenada desde la propia dictadura, una dictadura larga, nacida a consecuencia de una guerra civil, pero que al ser tan longeva y tan larga va evolucionando. Entonces son los protagonistas de esta dictadura, una vez muerto Franco, los que impulsan el proceso de cambio, y sobre todo los que abren la puerta de la democracia. Yo incluso matizaría el subtítulo del libro, no tanto “los franquistas trajeron la democracia”, que fue una obra colectiva, sino “es verdad que los franquistas abrieron la puerta de la democracia”, es decir, facilitaron el tránsito ordenado desde un sistema autoritario a un sistema parlamentario, partidista, a través de esa ley para la reforma político.

Pero dentro del franquismo existían distintas familias.

La dictadura es relativamente plural en los años 70, hay fuerzas que son aperturistas, que están a favor del cambio, de un cambio ordenado, que respete la legalidad, que no vaya contra nadie, que tenga cierta consideración para con quienes han sido vencedores de la guerra, pero que a la vez desde dentro desmonte el sistema dictatorial. ¿Qué ocurre? Que al final del franquismo, al final de la dictadura, la correlación de fuerzas es partidaria una parte de la apertura y otra no. Al morir Franco, cambia la cabeza de la jefatura del Estado y es en la cúspide donde hay un partidario de la reforma, que es el propio Rey, un Rey que pertenece a otra generación, que ha nacido en Roma en el 38, que no tiene las hipotecas que tiene un vencedor de la guerra civil, y que por tanto también trata de cambiar la cúspide de ese régimen para tener cerca de él personas partidarias del cambio.

¿No es la sociedad civil también un motor de ese cambio?

Si bien es verdad que la Transición es un proceso desde arriba, estoy convencido de que es un proceso político al que el pueblo se suma y respalda rotundamente. Si en el último franquismo se había apostado por el inmovilismo y por no avanzar en reformas políticas, es verdad que una vez muerto Franco esto cambia completamente. La cosa tiene sus reticencias y marchas atrás, pero lo cierto es que hay un liderazgo claro que permite que se lleve a cabo la Transición con éxito. Ahora bien, también es cierto que hay una sociedad civil que demanda esto.

¿Qué motivos mueven a la sociedad civil?

>Entrevista a Álvaro de Diego

'La transición eleva a la categoría política lo que socialmente ya existía'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 1  11 votos
>Entrevista a Mikel Buesa

'ETA fue derrotada, pero sobrevive políticamente'

Juan Carlos Hernández

La ausencia de una campaña terrorista ha mejorado mucho las relaciones ciudadanas pero ello no obsta para que queden muchas zonas de desconfianza y para que puedan surgir casos como el de Alsasua, afirma Mikel Buesa.

Al respecto del último comunicado de la banda terrorista ETA, ¿se puede vislumbrar alguna novedad? ¿Qué valoración le merece?

Desde mi punto de vista hay dos novedades. La primera se refiere a la distinción que hace ETA entre las víctimas que participaron y las que no participaron en el "conflicto". Se trata de la clásica distinción entre combatientes y no combatientes. De estos últimos ETA dice que lo fueron por las necesidades de su lucha armada y, por tanto, sólo cabe interpretar que se trató de efectos colaterales de sus acciones violentas. El derecho internacional de la guerra señala que tanto las que se producen entre los combatientes como las colaterales son víctimas legítimas. O sea que ETA lo que está diciendo es que todas sus víctimas fueron legítimas y que, aun así, pide perdón sólo a las de la segunda categoría.

La segunda novedad es que se reafirma en la idea de que el "conflicto político e histórico" con el que justifica su existencia –continuando la guerra civil que el bombardeo de Guernica no finalizó– sólo terminará con su "solución democrática"; o sea, si el País Vasco llega a la independencia, tal como ETA ha defendido desde la formulación en 1976 de la "alternativa KAS". En consecuencia sugiere que, si no se llega a ese final, la violencia, la lucha armada, puede resurgir. Ambas novedades me parecen rechazables.

A pesar de que la ETA hace una distinción entre las víctimas al afirmar que “a consecuencia de errores o de decisiones erróneas, ETA ha provocado también víctimas que no tenían una participación directa en el conflicto”, también reconoce el “daño que ha causado en el transcurso de su trayectoria armada”. ¿Podría existir alguna corriente dentro de la banda donde este reconocimiento del dolor provocado fuera sincero?

De mi interpretación anterior se desprende que, en ETA, no hay el menor arrepentimiento ni dolor sincero por los daños que ha causado. Y ya no hay disidencias entre sus militantes. Por tanto, mi respuesta a tu pregunta es negativa.

Algunos analistas no dudaron en afirmar que cuando la banda terrorista anunció el abandono de las armas en 2011, en realidad se trataba de un cambio de estrategia ya que la banda estaba policialmente vencida. Con la perspectiva del tiempo, ¿cree que esta posición sigue siendo válida hoy en día? ¿Existen matices?

En lo esencial esa posición es correcta. ETA fue policialmente derrotada, pero sobrevive políticamente al dejar la lucha armada. Además, su proyección hacia Sortu y la coalición Bildu fue bendecida por el Tribunal Constitucional. El abandono de la violencia armada ayuda a mantener ese statu quo, a partir del cual se abre una etapa en la que prima la acción político-institucional. Pero ETA, de momento, sigue existiendo y lo que se anuncia para dentro de unos días no parece que vaya a cambiar esa situación.

>Entrevista a Mikel Buesa

'ETA fue derrotada, pero sobrevive políticamente'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 1  17 votos
>Entrevista a Ana Oramas

'El adversario político no es un enemigo'

Juan Carlos Hernández

La diputada de Coalición Canaria Ana Oramas valora para páginasDigital.es la actualidad política nacional. Es imposible asegurar las pensiones con los índices de natalidad actuales, afirma la diputada de Coalición Canaria.

Lamentablemente varios casos de víctimas inocentes en los últimos meses han conmocionado a la opinión pública y han decantado un movimiento a favor de la prisión permanente revisable. Pero, ¿es la cárcel, hoy en día, un lugar donde se ayuda al preso a cambiar de vida?

Creo que en la modificación en su momento del código penal, uno de los objetivos fundamentales fue trabajar en el sentido de que la prisión pudiera servir para reinsertar y reincorporar a la sociedad a personas que en un momento dado hubieran delinquido. Sin embargo, la realidad es que la actual dotación presupuestaria, tan insuficiente tanto en inversiones en nuevas prisiones como en personal cualificado, lo impide. Los centros están desbordados en su capacidad y lo que puede ser el personal, psicólogos, terapeutas, expertos en formación profesional y lo que podría ser la política de integración laboral y social cuando la gente obtiene el tercer grado no cuenta tampoco con recursos, lo que imposibilita que el objetivo que tenía el legislador se pueda cumplir en este momento. Al final, cárceles hacinadas, funcionarios desbordados y años y años en la cárcel sin actividades que supongan herramientas para la inserción laboral, familiar... nos llevan a la frustración.

¿Cómo se podría conjugar la necesaria protección de la sociedad con la posibilidad de que el culpable por un delito grave tenga la posibilidad de una reinserción?

Coalición Canaria, como manifestó en el debate de la toma en consideración de la modificación de la prisión permanente revisable, está en contra de su derogación. Creemos por un lado que en estos dos años que han pasado desde que se aprobó, sólo se ha aplicado en dos casos y no tiene suficiente recorrido para hacer una valoración. También creemos que en determinados delitos graves donde los asesinos tienen determinadas patologías y donde no hay arrepentimiento ni capacidad de garantizar que no vuelvan a cometer delitos abominables que han conmocionado a toda la sociedad no se deberían aplicar beneficios penitenciarios y desde luego se deberían cumplir por tanto las penas íntegras y tener los medios adecuados que para que no salgan en determinados permisos sin un control que garantice la no reiteración del delito. Por todo ello nosotros los nacionalistas canarios creemos que la mayoría de la ciudadanía española somos partidarios de que no se modifique la prisión permanente revisable en estos momentos.

Vivimos un momento de gran polarización en la vida política nacional. Esta manera de hacer política que vive en campaña permanente hace muy difícil que la legislatura pueda ser productiva. ¿Es algo coyuntural? ¿O es síntoma de algo más profundo?

>Entrevista a Ana Oramas

'El adversario político no es un enemigo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  23 votos
>Entrevista a Pedro G. Cuartango

'Rajoy tendrá que sacrificar a Cifuentes'

P.D.

¿Cuáles son las claves del caso Cifuentes, que se ha convertido en un problema para el PP? ¿Qué puede pasar?

Creo que es un ejemplo de una serie de malas decisiones que se han ido tomando y que han ido complicando el asunto. Me parece que el tema de los títulos, que también afecta a Pablo Casado y a otras personas, se está sacando de quicio, nos estamos volviendo un poco locos con esto. Parece que ahora vamos a revisar todos los títulos de todas las personas que ejercen la actividad pública. El tema de fondo no me parecía tan importante, pero hay una cuestión esencial: si ella ha mentido o ha dicho la verdad. Todo gira en torno a eso. Si ha mentido, y parece que ha mentido –parece–, tiene que irse; y si ha dicho la verdad, evidentemente, no hay ningún motivo para que se vaya.

Desde el punto de vista político, tenemos poco más de un año para nuevas elecciones, Madrid es muy importante.

Para el PP es un revés muy importante, no se puede permitir el lujo de perder la Comunidad de Madrid. Y para el PSOE sería un gran éxito colocar a su candidato al frente de la Comunidad. Al final, por sentido común, creo que Rajoy de alguna forma tendrá que asumir que tiene que sacrificar a Cristina Cifuentes para mantener la Comunidad, porque dejarle a Gabilondo un año como presidente de la Comunidad de Madrid me parece que es hacerle un enorme papel al PSOE.

¿Y el papel de Ciudadanos?

Tiene un papel muy complicado porque tiene una contradicción entre su discurso de la regeneración y sus intereses políticos. A Ciudadanos no le conviene para nada que prospere una moción de censura, no le conviene para nada poner en bandeja el gobierno de Madrid al PSOE. Por eso ha tenido una actitud un tanto ambigua. Finalmente han tenido que decidir apoyar la moción de censura si Cifuentes no dimite, pero creo que ese escenario no se va a producir. Me parece que lo que va a pasar es que en los próximos días Cifuentes, como hizo Pedro Antonio Sánchez en Murcia, renunciará y el PP buscará un nuevo candidato.

>Entrevista a Pedro G. Cuartango

'Rajoy tendrá que sacrificar a Cifuentes'

P.D. | 0 comentarios valoración: 1  11 votos
>Entrevista a María Elvira Roca

'Los Austrias eran más modernos que Lutero'

Fernando de Haro

La leyenda negra forma parte de la conciencia de España desde hace mucho tiempo. Es una leyenda negra que han fabricado otros pero que nosotros hemos acabado repitiendo. Es sorprendente la cantidad de tópicos y estereotipos sobre nosotros mismos que hemos aceptado y que prepararon los italianos, los franceses, los alemanes… De estas cosas habla Mª Elvira Roca en su libro titulado “Imperofobia y leyenda negra”.

Los españoles somos judíos y a la vez bárbaros, decían los italianos.

Decían los italianos, sí. El prejuicio antisemita, que realmente hubiera merecido una monografía desde hace ya mucho, ha acompañado la hispanofobia a lo largo del tiempo, por muchos siglos. La vinculación del español con esa especie de pasado extraño con una gran presencia de judíos, que era algo así como público y notorio que en España había muchos y además socialmente muy bien posicionados, horrible palabra, pero que tenían una proyección social incluso en la corte, cerca de los reyes, etc. Cuando empezó a excitarse el prejuicio antiimperial, que es algo casi universal, y se buscan razones para decir que no son tan altos ni tan guapos, ni se merecen para nada el imperio que tienen, los judíos chocaban muchísimo, el prejuicio antisemita estaba arraigadísimo, y era fácil relacionar a los españoles con sus judíos.

Pero se nos acusa por un lado de ser judaizantes y luego de expulsar a los judíos con Isabel la Católica. Se nos acusa de las dos cosas.

Se nos acusa. La cuestión está en entender que hay que acusar. Luego uno ya buscará razones. Uno de los motivos por los que nunca se ha entendido bien la leyenda negra es porque se ha considerado que los pretextos eran causas. Y los pretextos son pretextos, no causas. No aparece la leyenda negra o la hispanofobia en Italia porque los españoles tuvieran un vínculo tradicional con los judíos y aquí hubiera muchos judíos y mezcla de sangre. No. Es que los italianos buscan razones en las que cimentar ese enorme malestar, esa especie de mezcla virulenta de envidia y admiración que produce quien ocupa un poder hegemónico en una época determinada en un sitio determinado. Si buscas razones las vas a encontrar.

Otra de las fuentes de la leyenda negra es Flandes, la crítica a los Austrias. Hemos interiorizado en gran medida que los Austrias fueron unos reyes un poco raros porque eran muy religiosos, porque quisieron preservar un imperio cuando era poco razonable. ¿Qué parte hay de leyenda negra interiorizada y qué parte hay de historicidad en esa relación tan problemática y crítica que tenemos fundamentalmente con Carlos V y Felipe II?

>Entrevista a María Elvira Roca

'Los Austrias eran más modernos que Lutero'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  31 votos

Escuchando al catalanismo

Fernando de Haro

Jordi Amat es un brillante, todavía joven, ensayista. Tiene un modo especial de reconstruir la historia más reciente de España. Nunca le falta la perspectiva cultural, esa perspectiva tan ausente en nuestra historiografía. Jordi Amat acaba de publicar lo que ha llamado un panfleto, un cuaderno, en el que reconstruye desde una visión catalanista, quizás nacionalista, el proceso del procés. La conjura de los irresponsables repasa con inteligencia lo sucedido desde 1996, cuando Aznar hablaba catalán en la intimidad, hasta el presente.

La tesis que vertebra el trabajo de Amat no es especialmente original. Señala como gran factor desencadenante de la pretendida ruptura independentista la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut, la actitud del PP antes y después de esa sentencia. Si el recurso previo al Tribunal Constitucional hubiera estado vigente, sostiene Amat, no se hubiera producido el “choque de legitimidades” entre el resultado de un referéndum que apoyó la reforma del Estatuto y la regulación constitucional.

No es original la tesis de Amat y habría mucho que hablar sobre cómo cuenta ciertos momentos (especialmente los hechos que se produjeron el 1 de octubre), sobre cómo pondera las diferentes causas que provocaron la mutación del pujolismo. Es discutible la caracterización que hace del proyecto de Pujol, la lealtad que le atribuye al modelo de la Transición del 78. Si hay tantas cuestiones discutibles en La conjura de los irresponsables, ¿por qué merece la pena leerlo? Porque en este momento sobran “versiones indiscutibles” de lo sucedido en Cataluña.

Amat, que es muy crítico con el independentismo rupturista, tiene la virtud de explicar cómo el nacionalismo ha acabado arrastrando a dos millones de personas a votar un proyecto inviable. El agravio percibido, que tan mal se entiende desde Madrid y desde el resto de España, queda retratado en estas páginas. Sin hacer las cuentas con ese agravio real o ficticio es imposible una solución política. El ensayista, que tiene la inteligencia de ponderar adecuadamente el peso que ha tenido en nuestra reciente historia el terrorismo de ETA, presenta cómo fueron recibidas las decisiones que tomó Aznar cuando estaba en la oposición y en el Gobierno, entre lo que entonces se llamaba el “nacionalismo moderado”. Sin escuchar esa sensibilidad, que llega a votar sin saber muy bien por qué el 1 de octubre, no se puede entender lo que ha sucedido. La tesis de Amat es que los efectos negativos de la sentencia del Constitucional hubieran podido ser contrarrestados con una actitud diferente del Gobierno del PP, tras la victoria de Rajoy con mayoría absoluta. Juicio que tiene especial actualidad. Amat rechaza una solución basada solo en la actuación de los jueces. Hace ver el dolor y el escándalo de la prisión preventiva. En resumen, una buena lectura para constitucionalistas abiertos. Merece la pena escuchar lo que queda del catalanismo.

Escuchando al catalanismo

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PP y Ciudadanos: la derecha bicéfala

José Ignacio Wert Moreno

El pasado 15 de enero, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, dijo que su partido tenía que “aglutinar todo ese voto de izquierdas en torno a la única fuerza que puede ganar a la derecha bicéfala”. Como toda expresión surgida del argumentario de una formación política, tiende a la simplificación. Pero da una idea muy gráfica –esa era, nos tememos, la intención- del nuevo escenario que la irrupción de Ciudadanos ha traído consigo. La frenética sucesión de elecciones del período 2014-2016 ha hecho difícil encontrar el reposo necesario para hacer la digestión de tanta novedad. Ya con cierta perspectiva, unos y otros van asimilando la realidad: el centro-derecha ha dejado de ser propiedad exclusiva del Partido Popular (PP).

En 2015, Ciudadanos obtuvo, con 40 diputados, el mejor resultado de una cuarta fuerza política en el presente período democrático. Los ocho escaños perdidos en junio de 2016 han podido desenfocar un poco la importancia de su entrada en escena. Como veremos ahora mismo, no es ni mucho menos la primera vez que el centro-derecha estatal se divide, pero nunca antes la porción del “pez chico” había sido tan importante.

El centro-derecha español entre 1977 y 2015

En los primeros compases de la Transición, la derecha sociológica obtiene representación parlamentaria a través de dos partidos. Uno es el ganador de las elecciones de 1977, la Unión de Centro Democrático (UCD). Surgida de la suma de familias políticas bastante heterogéneas –de aperturistas del tardofranquismo a socialdemócratas, pasando por la democracia cristiana- obtiene 165 diputados gracias al carisma de su líder, Adolfo Suárez, auténtico icono de aquel proceso desde que asumiera la presidencia del Gobierno, todavía por el mecanismo previsto en la ley franquista, tras el cese de Carlos Arias Navarro en julio de 1976.

El otro es Alianza Popular (AP), el vehículo elegido por Manuel Fraga para encontrar un papel en el nuevo escenario. Plagada de rostros ligados al franquismo –con el propio Arias Navarro encabezando la candidatura al Senado por Madrid después de que Juan Carlos I le definiera como un “desastre sin paliativos”– la formación conservadora apenas consiguió convencer a millón y medio de votantes, que se tradujeron en 16 diputados. En 1979 el escenario quedó todavía más fracturado, al irrumpir con un escaño por Madrid el ultraderechista Blas Piñar. (UCD revalidó mayoría con 168 diputados y AP, que se presentó como Coalición Democrática, se derrumbó hasta los 10 representantes).

Todo da un vuelco en 1982. La gobernante UCD se desploma después de dos años de luchas internas a múltiples bandas y se queda con 11 diputados. No lo resiste y opta por disolverse en enero de 1983. Su legado es paradójicamente recogido por AP, que en coalición con los democristianos huidos de UCD llega a obtener 106 actas. Al mismo tiempo, el nuevo partido de Suárez, el Centro Democrático y Social (CDS), consigue un diputado para su líder en Madrid y otro por su provincia natal, Ávila, para su fiel lugarteniente Agustín Rodríguez-Sahagún. Es cierto que el PSOE obtuvo un resultado tan histórico como meritorio (202 diputados), pero conviene tener en cuenta que lo hizo con el centro-derecha dividido en tres partidos de considerable peso específico.

PP y Ciudadanos: la derecha bicéfala

José Ignacio Wert Moreno | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
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