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4 DICIEMBRE 2016
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A las cosas, también en política

R.I.

El acercamiento en el Gobierno y el PSOE certificado este jueves en el Consejo de Política Fiscal y Financiera es una buena noticia. Socialistas y populares han acercado posiciones para sacar adelante el techo de gasto, primer paso para los presupuestos. Las Comunidades Autónomas socialistas necesitaban más margen de déficit, el Gobierno les ha ofrecido un 0,6 por ciento, y en ese porcentaje se han puesto de acuerdo. Podemos grita. Que grite. A los socialistas, que necesitan tiempo para rehacerse, les conviene aparecer como un partido de gobierno, como un partido centrado. Es una buena señal que haya un acercamiento práctico del PP, del PSOE y de Ciudadanos sobre la política económica que necesita España. Y al Gobierno le conviene que el PSOE pueda exhibir ciertas victorias, ciertas concesiones.

El relevo de Sánchez por la gestora y los primeros anuncios del Gobierno del PP, que ya no está en campaña, han facilitado una paulatina confluencia de las posiciones de los partidos mayoritarios.

Tal y como afirmaban los socialistas en las dos campañas electorales que hemos tenido en el último año, no es posible, de momento, bajar impuestos para cumplir el objetivo de déficit. El importante crecimiento del PIB no permite por sí solo lograr la consolidación fiscal si no se quieren realizar ajustes en los gastos que comprometan prestaciones sociales. En esto están de acuerdo los dos partidos. El Gobierno de Rajoy ya ha dejado claro que habrá que incrementar los ingresos subiendo los impuestos. No sería imposible que los dos partidos siguieran acercando posiciones.

En la cuestión de las pensiones también ha habido acercamiento. En la primera reunión del Pacto de Toledo la ministra Báñez ha abierto la posibilidad de utilizar los impuestos para sufragar algunas pensiones y las bonificaciones, como pedían los socialistas. En las últimas horas han negociado la eliminación de los topes máximos de las cotizaciones, una reivindicación de la izquierda.

Más allá de las diferencias ideológicas, frente a los problemas concretos, hay un terreno amplio para el entendimiento. A las cosas, también en política.

A las cosas, también en política

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'El PNV sabe que la independencia es inviable porque los dejaría fuera de la UE'

Juan Carlos Hernández

El profesor y economista Mikel Buesa analiza para PáginasDigital el reciente pacto de gobierno entre el PNV y el PSE en el País Vasco.

El reciente pacto entre PNV y PSE plantea, entre otros aspectos, una reforma del estatuto de Guernica. ¿Se está más cerca de la autodeterminación?

No lo creo, aunque dependerá del planteamiento que finalmente se haga del tema en función de los acontecimientos y de la discusión política entre los nacionalistas. Es claro que Bildu y Podemos, que en esto son bastante simplistas, hacen de la autodeterminación su bandera. Sin embargo, el PNV parece que preferiría un País Vasco dentro de España aunque reconocido como entidad nacional y, por tanto, con una relación bilateral con el Estado. Es verdad que el PNV no ha clarificado demasiado sus pretensiones ni ha definido de manera nítida su proyecto. Pero en el PNV saben y asumen que la independencia es inviable porque dejaría a los vascos fuera de la Unión Europea, y que la independencia sólo tiene la adhesión de una cuarta parte de la población vasca. Y en consecuencia, no han hecho desde hace tiempo ningún planteamiento secesionista, seguramente también porque recuerdan que el último intento en ese sentido (el Plan Ibarretxe) le condujo a perder el poder (o sea, a la catástrofe). En resumen, me parece que en estos asuntos conviene no simplificar las cosas. Ello no obsta para que considere que el PSE ha hecho demasiadas cesiones en su pacto con el PNV, especialmente en el terreno simbólico y en el reconocimiento del planteamiento nacionalista.

La política de dispersión de presos de la ETA se realizó en un contexto de fuerte presión de la banda terrorista. Ahora esa presión ha disminuido al menos en sus expresiones más sanguinarias ¿Sería un momento adecuado para el acercamiento de presos bajo determinadas condiciones? ¿Sería fiable un gobierno PNV-PSE con las competencias de prisiones en este contexto?

La dispersión de los presos de ETA debe, en mi opinión, mantenerse mientras ETA no se disuelva y siga aspirando a ser un interlocutor político. Otra cosa distinta sería que, entre esos presos, se promoviera la desvinculación con respecto a la organización terrorista, de manera que uno de sus frutos fuera el acercamiento al País Vasco e incluso una rebaja de penas. Puntualizo que una política de este tipo debería realizarse mediante una ley específica (no mediante una relajación de los criterios con los que se aplica el actual código penal o mediante un "hacer la vista gorda") circunscrita únicamente a los miembros de ETA que no son responsables de asesinatos (por tanto, dejando fuera a los dirigentes y a los ejecutores de atentados con resultado de muerte o heridos). Actualmente hay unos 290 etarras en prisión dentro de España y otros 100 en Francia. De ellos, sólo unos 150 carecen de delitos de sangre, por lo que una política como la que acabo de enunciar tiene un alcance limitado.

'El PNV sabe que la independencia es inviable porque los dejaría fuera de la UE'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  11 votos
>Entrevista a Daniel Innerarity

'Miramos al otro con recelo por inseguridad'

Fernando de Haro

Daniel Innerarity es una de esas nuevas voces del panorama cultural español que refresca el ambiente. Catedrático de filosofía política y social en la Universidad del País Vasco, ha escrito “La política en los tiempos de indignación” (Galaxia Gutemberg, 215). Innerarity sostiene que, aunque ya tengamos Gobierno es necesario un cambio de cultura política, un diálogo basado en las necesidades concretas.

Por fin después de diez meses tenemos Gobierno. ¿Ha cambiado algo en la cultura política española en estos diez meses? ¿Los políticos han entendido la necesidad de pactos y acuerdos, o simplemente este es un Gobierno por agotamiento?

Yo más bien me inclino por lo segundo, porque de hecho da la impresión por lo que hemos visto de sesión de investidura, en el tipo de discursos, que en general ha sido una cuestión de pura necesidad. La necesidad apretaba y la necesidad ha ahogado. Las tres fuerzas que han contribuido a que fuera posible este gobierno creo que han actuado más por necesidad que por convicción. Quizás lo más interesante de todo es cómo hemos estado durante mucho tiempo haciendo propuestas de cómo gobernar bien, cómo regenerar la democracia, cómo hacerla más representativa, etc., y nos habíamos olvidado de que para eso antes es necesario gobernar. Y, por ejemplo, la cuestión de cómo se gobierna una sociedad compleja, y concretamente una sociedad más pluralista como es la española actualmente, es una cuestión que todavía está pendiente de resolver. Estamos en una sociedad compleja, donde probablemente no vuelva a haber las mayorías anteriores, pero parece también que falta una cultura de diálogo político, de acuerdos,

¿Por qué la democracia española, que hizo tantas cosas bien ha fallado? ¿A qué se puede atribuir esta torpeza, esta dificultad, incluso esta incapacidad para superar las diferencias ideológicas?

Habría muchas explicaciones, pero fundamentalmente me vienen a la cabeza ahora dos: una de tipo constitucional y otra de tipo de cultura política. La de tipo constitucional es que todas nuestras previsiones constitucionales estaban pensadas para conseguir gobiernos estables. La previsión de técnica constitucional que favorece mayorías absolutas, que dificulta mucho la formación de un Gobierno, pero igualmente dificulta mucho la revocación de ese Gobierno. Cosa que no ocurre en algunas autonomías.

Fue el mal recuerdo de la II República lo que llevó a los constitucionalistas a hacer algo de este tipo.

Seguramente. Yo recuerdo aquellos debates. La obsesión por la estabilidad era una cuestión fundamental. Y había pocos partidos que tenían capacidad de gobernar.

Luego está el tema de la cultura política, que es muy interesante.

Lo primero sería relativamente fácil de solucionar, incluso una de las reformas que se podrían proponer es hacerlo de otra manera, aunque no soy un especialista. Lo otro me preocupa más porque me parece que es más difícil. Viendo también los debates de la investidura se percibe que, a pesar de un cierto buen tono en algunas cosas, hay una cierta cultura política por la que no nos necesitamos unos a otros. Desde el punto de vista ideológico y territorial, no estamos a la altura de una convivencia en una sociedad compleja. No estamos en una sociedad donde el 60% pueda gobernar sobre el otro 40%, o el centro sobre las periferias. Nuestra sociedad requiere un trabajo de deliberación, de argumentación, y sobre todo de confianza entre los agentes políticos que me parece que no tenemos.

>Entrevista a Daniel Innerarity

'Miramos al otro con recelo por inseguridad'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  15 votos
>Entrevista a Teo Uriarte

'El PSOE debe hacer una profunda autocrítica'

Juan Carlos Hernández

Teo Uriarte habla con Páginas Digital sobre la crisis interna del PSOE. El exdirigente socialista denuncia la influencia ideológica de Podemos sobre el socialismo y apuesta por una refundación del partido en un congreso.

¿Le parece, como ha dicho Javier Fernández, que una parte del PSOE se ha podemizado?

Eso es evidente. El discurso izquierdista iniciado por Zapatero facilitó el bagaje ideológico de Podemos y desde éste, hoy en día, se influye de una manera muy profunda en un socialismo sin defensas ideológicas ante este fenómeno.

¿Qué camino debe recorrer el PSOE para recuperar su espacio de centro-izquierda en el arco político español? En este sentido, ¿es suficiente la labor de Javier Fernández para llevar el partido a la centralidad?

Javier Fernández está realizando un papel con gran prudencia, pero con gestos que buscan reconducir su partido. El problema es que acabará dejándolo. No va a ser suficiente su labor personal. La clave estaría en el congreso, que debiera tener un carácter de refundación, y para ello tendrá que partir de una profunda autocrítica, tarea para la que no está preparado el PSOE, a pesar de que los descalabros electorales sean la prueba palpable de la necesidad de la autocrítica.

En una entrevista para este periódico, Nicolás Redondo Terreros expresaba “lo que nos unía y nos puede unir al centro-derecha y al centro-izquierda, por la defensa de la libertad, la defensa de la democracia, la defensa de la Constitución del 78 [...] y no tenemos que avergonzarnos por este pensamiento común”. ¿El PSOE actual tiene clara esta idea que expresaba el exsecretario del PSE?

El problema es que, pensando así, Redondo se vio apartado del partido. Hoy este discurso democrático es minoritario en el PSOE, el PSOE se avergüenza del espacio común con la derecha, ha alcanzado la cumbre del maniqueísmo que hiciera imposibles otras experiencias como la II República.

En esa misma entrevista Redondo Terreros afirmaba: “La aparición de otros partidos, que han roto en cierta medida el bipartidismo, obedece a cierto desagrado por parte de la sociedad a la ocupación de todos los espacios por la política, la política no tiene que ocupar todos los ámbitos”. ¿Qué le parece esta afirmación?

Creo que se refería, más que a la política, que efectivamente monopoliza de una manera frívola los espacios de audiencia en televisiones, a la influencia de los partidos añejos en la sociedad. El final del bipartidismo es producto, en gran medida, de la excesiva influencia de los partidos.

>Entrevista a Teo Uriarte

'El PSOE debe hacer una profunda autocrítica'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  12 votos
>Entrevista a Mikel Buesa

'Las bajas que se han producido en el gobierno me parecen acertadas'

Elena Santa María

El catedrático de Economía Mikel Buesa valora para Páginas Digital la composición del nuevo gobierno de Mariano Rajoy.

¿Qué le parece la composición del nuevo Ejecutivo? ¿Por qué cree que ha apostado Rajoy por él?

Es difícil formarse un juicio razonable sobre un gobierno antes de que empiece su andadura política, especialmente cuando incorpora figuras que carecen de experiencia ministerial previa. No obstante, sí puedo decir que las bajas que se han producido me parecen acertadas, pues en mi opinión García Margallo era disonante y Fernández Díaz sumaba demasiados fracasos en su haber. En este terreno de las bajas podría haber estado la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, aunque no me sorprende su permanencia.

El nuevo gobierno, por otra parte, se resuelve en función de los equilibrios internos entre las diferentes corrientes o familias que hay en el PP. No se trata sólo de la presencia de Sáenz de Santamaría vs. Cospedal. Está también la cuota catalana y, en el área económica, la bipolaridad entre Guindos y Montoro (que en el pasado implicó bastante disfuncionalidades y conflictos) que ahora puede verse descompensada con la presencia de Nadal.

Pero todo esto son especulaciones. Habrá que ver la acción del gobierno en concreto y la capacidad de los ministros para arbitrar acuerdos con la oposición y, de esa manera, para dar salida a un programa reformista razonable.

Montoro seguirá al frente del Ministerio de Hacienda y De Guindos del de Economía. En cambio Rajoy ha prescindido de Fernández Díaz, Margallo y Morenés. ¿Qué le parece?

La continuidad de Guindos estaba cantada. Es un extraño ministro al que, cuando habla de asuntos económicos enrevesados, le entiende todo el mundo; y aunque no es popular, sí es respetado con generalidad. Cuenta además con unas excelentes relaciones exteriores, lo que hace de él una persona muy valiosa. Y a todo ello añade un gran conocimiento de la economía. En cuanto a Montoro hay que decir que su gestión en el pasado, aunque criticable en algunos aspectos (como el de la configuración actual del impuesto sobre la renta), ha sido en general exitosa, salvo en lo que concierne al freno del déficit público en las Comunidades Autónomas. Parece que este asunto se lo va a quedar la vicepresidencia, con lo que le ahorrarán quebraderos de cabeza a Montoro. Este ministro tiene, además, respaldo orgánico en el PP y ello le hacía difícilmente sustituible.

En cuanto a las bajas, ya lo he dicho, García Margallo era claramente disonante, se ha metido en charcos que no le correspondían (como el de Cataluña) y hacía la guerra por su cuenta. Esto último es muy malo para un gobierno minoritario que ha de actuar con una coordinación férrea. A su vez, Fernández Díaz, además de haberse metido en escándalos conspiratorios impropios de un ministro de Interior, ha tenido una gestión muy deficiente en lo referente tanto al final de ETA como a las víctimas del terrorismo. Y por último, Morenés quería dejar el gobierno hace tiempo y, aunque su gestión ha sido acertada a pesar de la constricción presupuestaria, parece que Rajoy ha encontrado la oportunidad de sustituirlo para colocar a Cospedal.

>Entrevista a Mikel Buesa

'Las bajas que se han producido en el gobierno me parecen acertadas'

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Buen Gobierno demasiado pepero

Fernando de Haro

Rajoy a estas alturas no iba a sorprender. No es un hombre de revoluciones. Después de darse un inexplicable plazo de cinco días, ha hecho una remodelación del gabinete poco traumática pero muy reveladora de la política que quiere hacer. Continuidad en Economía y refuerzo en Educación (¡por fin!) con un equipo muy del partido. Salen Margallo y Fernández Díaz, amigos personales del presidente y especialmente quemados. Será más fácil una negociación con Cataluña. También sale Morenés, que siempre dijo que quería irse.

Después de muchas idas y venidas, Luis de Guindos se mantiene al frente de Economía y además gana Industria. En el entorno de Soraya Sáenz de Santamaría había quien pretendía sustituir a Guindos, pero Rajoy ha tenido el buen criterio de mantenerlo con mando. Montoro conserva a Hacienda, pero pierde Administraciones Públicas que sí va a la vicepresidenta, la encargada de negociar con Cataluña. Quizás una de las mejores noticias es que Íñigo Méndez de Vigo se queda en Educación. Por fin alguien en el PP se tomará en serio la enseñanza y hablará con todos. Méndez de Vigo es el hombre que puede conseguir lo que no se ha conseguido en España desde hace décadas: un pacto. Por talante y por formación puede considerarse el último democristiano del PP, un apelativo que seguramente él mismo rechazaría. Va a ser este amante de Frank Sinatra y de los aperitivos madrileños de fin de semana el nuevo portavoz. El Gobierno gana así talante dialogador y una cierta ironía política, que falta le hacía.

Rajoy le tenía prometida cartera a Cospedal, que estará al frente de Defensa. La secretaria general del PP no tendrá un ministerio de primea línea. El desgaste político que ha sufrido parecía no recomendarlo.

Más PP: al poner a Zoido, el que fuera alcalde de Sevilla, al frente de Interior opta por un hombre muy diferente a Fernández Díaz. El nuevo ministro será más conciliador y su condición de juez puede servirle de ayuda en ese pantano que es siempre la cartera dedicada a la seguridad. Por lo demás, pocos cambios: Catalá sigue al frente de Justicia (ha pacificado a jueces y fiscales); Nadal, que aspiraba a sustituir a Guindos, se queda con una nueva cartera menor de Energía; Tejerina en Agricultura y Báñez en empleo no se mueven. Entran como nuevos Dastis en Exteriores (poca sorpresa porque es un diplomático de carrera), De la Serna en Infraestructura y Dolores Montserrat en Sanidad. Los dos últimos, los dos jóvenes. Los dos PP de pata negra, del núcleo duro del partido.

En este Gobierno hay poca renovación generacional y, sobre todo, poquísimos independientes.

Buen Gobierno demasiado pepero

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La tarea de la legislatura

Juan Carlos Hernández

El pasado sábado 29 de octubre, después de varios meses de Gobierno en funciones y dos elecciones generales, el Congreso de los Diputados votó por mayoría simple a Mariano Rajoy como presidente del Gobierno. Casi en el último minuto se han podido evitar unas terceras elecciones que para muchos ciudadanos de a pie suponían un hartazgo de la política y de los políticos.

¿Qué tarea toca afrontar ahora? En circunstancias normales estaríamos hablando de aprobar presupuestos, de leyes educativas, de creación de empleo, de política antiterrorista… todo ello de suma importancia. Será trascendental, en medio de las provocaciones de Podemos, no perder de vista todas estas cuestiones fundamentales. Pero, a través de todas esas vicisitudes, ¿qué nos jugamos en esta legislatura? Recobrar la confianza del ciudadano en la política y, por tanto, si el populismo crece o no. No olvidemos que uno de los factores que explica el auge de Podemos es el desencanto hacia los partidos tradicionales. Desencanto que en muchas ocasiones ha sido justificado y en otras ocasiones injusto por esperar de la política lo que no puede dar.  

En los próximos meses será crucial el entendimiento entre PP, PSOE y C´s. No será fácil por la larga tradición de enfrentamientos, por la falta de cultura del diálogo y por el circo permanente de Podemos. Sin embargo, la mezcla de estos tres partidos no tiene que ser mala. Cada uno con su historia, con sus sensibilidades, con sus virtudes y defectos puede aportar al bien común. Sin embargo, para que la reacción entre los tres partidos funcione les puede hacer falta un catalizador. Mariano Rajoy ha demostrado ser un hombre prudente frente a la travesía del desierto del PSOE en las últimas semanas pero no parece la persona más capaz de ser ese catalizador. Quizá Albert Rivera pueda desempeñar ese papel dadas las circunstancias.

Capítulo aparte merece el PSOE que se debate entre dos almas, como explicaba Redondo Terreros en este periódico, “una izquierda pragmática y otra utópica. De vencer esta última no tardará en ser devorado por Podemos”. En cómo salga el PSOE nos jugamos mucho en esta legislatura (bastante tenemos ya con Podemos y nacionalistas radicales) y para ello será decisiva la elección del líder del partido.

En la transición todos los protagonistas (Cortes franquistas, PSOE, Partido Comunista, Iglesia Católica…) tuvieron que renunciar a una parte de su hegemonía pero existía un ideal al cual todos se podían sumar. Hoy en día, ¿existe un ideal en el que los partidos constitucionalistas se puedan reconocer? Todos tenemos amigos que son votantes de Podemos porque están desencantados de la política pero que están alejados de las ideas radicales de sus dirigentes. ¿Se puede construir una política atractiva y realista para ellos? En estas páginas Valentí Puig afirmaba que “si se hace política de calidad, con rigor e imaginación, la gran demagogia de Podemos tal vez vaya perdiendo fuelle”. No es baladí el reto de esta legislatura.

La tarea de la legislatura

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  24 votos

No solo mayoría y leyes

Fernando de Haro

En el segundo debate de investidura de este jueves ha quedado claro, después de diez meses, que este domingo habrá Gobierno no porque se haya producido un cambio de la cultura política española sino por agotamiento. El protagonismo fue para el cara a cara entre Rajoy y Pablo Iglesias. El PSOE bastante tuvo con lo suyo. Antonio Hernando, el portavoz de los socialistas, tenía que justificar la abstención y, a la par, mantenerse como oposición. Estuvo aseado sobre el alambre. Rivera se envolvió en la memoria de Suárez y tuvo el acierto de no repetir la agresividad de otras veces con el aspirante al que va a votar.

Iglesias sabía que tenía una oportunidad de oro para convertirse, de facto, en el líder de la oposición y la aprovechó. Pero el problema de Iglesias es que acaba devorándose a sí mismo (un millón de votos menos que hace un año). Subió a la tribuna con su uniforme de revolucionario 2.0 -camisa blanca remangada- y difamó y le tocó las narices a todo el mundo. Su discurso fue un ejercicio de esa pedantería-progre-llena-de-citas-de-autores-que-nadie-conoce tan habitual en él. Su “campanazo” fue sostener que había más delincuentes potenciales dentro del hemiciclo que fuera. Iglesias parece no haberse dado cuenta de que el 15-M se ha disuelto y que él forma parte del hemiciclo.

Rajoy estuvo brillante en la forma, pero pobre en el fondo. El aspirante tiró con mucha habilidad de ironía para desenmascarar la soberbia de Iglesias. Desnudó su pose engolada y faltona. Y tuvo a bien recordarle que de su lado hay más diputados que los que hay en el lado de Podemos. Mariano supo ganar el lance sin alterarse, con gracia. Iglesias a la postre fue poco adversario. Una vez más se vio que al líder de Podemos (no así a su compañero catalán Domenech) la tribuna del Congreso se le queda grande. Su tremendismo y su radicalismo chirrían en la Carrera de San Jerónimo (dentro).

El presidente del Gobierno en funciones que va a dejar de serlo apeló a la mayoría frente a Iglesias y a la ley frente a Tardá. El portavoz de ERC repitió la frase que el independentismo ha hecho célebre: referéndum o referéndum. Ley y mayoría son las grandes debilidades de Rajoy. Necesarias pero insuficientes. La mayoría de la investidura es circunstancial y la ley es insuficiente para gobernar. El primer arranque de Iglesias se puede frenar con ironía pero sus críticas a Santiago Carillo por encarnar una izquierda mansa, su voluntad de declarar terminado lo que llama el “régimen del 78”, su denuncia con fundamentos de una sociedad mucho más desigual, su voluntad de descalificar para siempre a los partidos constitucionalistas (“le recomiendo a sus señorías del PP que cuando se pronuncie en este hemiciclo la palabra 'delincuentes' ustedes se callen”, llegó a asegurar) y a las instituciones requería y requiere mucha política de la buena. La política inteligente es la que sabe recoger del adversario lo que hay de justo por muy negativa y parcial que sea su posición (y en Podemos y ERC hay mucha parcialidad) y crear algo nuevo. Eso todavía no ha llegado.

No solo mayoría y leyes

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Rajoy reescribe en una tarde de membrillo

Fernando de Haro

La música sonaba como siempre. El mismo tono tedioso de un Rajoy que a base de ser previsible ha conseguido enfriar cualquier pasión. Solo la conciencia del deber ciudadano, (por-fin-estamos-ante-el-discurso-de-investidura-que-nos-hará-tener-Gobierno), permitía no apagar el televisor y pasearse por la tarde de Madrid, tarde regada por las últimas lluvias y todavía con un otoño dulce bajo los leones de la Carrera de San Jerónimo. La letra sí era distinta.

Los versos de Mariano siguieron siendo de rima economicista (volvió a reivindicar su excelente gestión en este campo), pero la insistencia en el diálogo, la renuncia al tacticismo y los pactos anunciados eran nuevos. Pidió apoyo a cambio de una legislatura duradera que no lo será. El anuncio de un Pacto de Educación en un plazo de seis meses supone, de facto, que el PP está dispuesto a revisar la aplicación de la LOMCE. La reforma del ministro Wert, el ministro fugado, fue una mala reforma y el tiempo la empeora. Ese compromiso de suspender la aplicación ya estaba en el pacto del PP con Ciudadanos del pasado mes de agosto. El ministro en funciones Íñigo Méndez de Vigo ha hablado del asunto con los responsables de la formación naranja en los últimos días. Rajoy tuvo el tino de asegurar que todo lo pactado con Ciudadanos sigue vigente y de agradecerlo. El anuncio de una convocatoria de la Conferencia de Presidentes en el Senado, para empezar a hablar de la reforma del sistema de financiación autonómica, fue un guiño al PSOE. El cambio es urgente y Moncloa va a contar con los presidentes socialistas, que han estado asfixiados, como el resto de presidentes, por un sistema obsoleto y por la prórroga del presupuesto.

En una bonita tarde de otoño, mientras la luz se hacía de membrillo en la Carrera de San Jerónimo, Rajoy habló de humildad, de falibilidad, de unidad y de la oportunidad que supone el diálogo. Acabó refiriéndose a la tentación de convocar unas nuevas elecciones para que el PP obtenga más apoyos y la rechazó con severidad. Pablo Iglesias se lanzó a los micrófonos para denunciar una Triple Alianza entre PP, PSOE y Ciudadanos. Más quisiéramos.

Rajoy reescribe en una tarde de membrillo

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>Entrevista a Valentí Puig

'Con política de calidad, rigor e imaginación, la demagogia de Podemos tal vez vaya perdiendo fuelle'

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Valentí Puig sobre el debate de investidura y la próxima legislatura. El escritor valora positivamente el rol arbitral de Javier Fernández.

¿Qué podemos esperar del debate de investidura?

Supongo que es una cuestión de acentos y simulaciones más que de contenidos. En la primera sesión, el candidato no puede arremeter contra el PSOE y el PSOE tiene que ir justificando como pueda su abstención en la segunda sesión. Previsiblemente, Podemos va a dirigir toda su artillería contra la “entente” para la investidura. Es decir, la abstención socialista en segunda vuelta. Por parte del PSOE tiene interés ver cómo se expresará su portavoz, Antonio Hernando, para prologar la abstención de su grupo parlamentario después de haber sido portavoz del “no” en tiempos de Pedro Sánchez. En fin, habrá un bloque central complementado con Ciudadanos y todos los populismos –nacionalismo hirsuto e izquierda radical– conjurados contra la investidura. Lo tienen fácil pero a veces los excesos salen caros y las formas parlamentarias están ahí por razones obvias. Al haberse producido la investidura tiene lógica que inmediatamente el PSOE corte amarras con la “entente”. Queda por ver qué hará el PSC, con Miquel Iceta al frente. Lleva demasiado tiempo perdiendo votos de modo imparable y su estrategia postinvestidura es por ahora una incógnita.

El grupo parlamentario socialista va a optar por la abstención, lo cual ha provocado malestar entre ciertos sectores del partido. ¿Qué debe hacer el PSOE para rearmarse y ser un partido con un proyecto nacional? ¿Le parece adecuada la gestión de Javier Fernández?

Creo que para muchos ciudadanos –partidarios de la moderación, el consenso y la estabilidad– el buen rol arbitral de Javier Fernández ha sido una revelación positiva. Eso hace pensar, aunque con el PSOE nunca se sabe, que Javier Fernández pueda acabar siendo presidente del partido para inyectarle serenidad y cohesión. En cuanto al rearme socialista, hay un problema añadido y es la crisis de la socialdemocracia. De todos modos, hay espacio para un centro-izquierda que busque anclarse en la renovación de ideas para el siglo XXI mientras va achicando el agua que Podemos le bombea, con viejos métodos demagógicos. En el peor de los casos, tanto PSOE como Podemos pueden enzarzarse en luchas internas. Para el PSOE es capital acertar en el nuevo candidato y, dicha sea la verdad, pensar más en sus votantes que en su militancia, que es una terminología del siglo XIX y no para el mundo de las redes y la sociedad del conocimiento.

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'Con política de calidad, rigor e imaginación, la demagogia de Podemos tal vez vaya perdiendo fuelle'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  20 votos
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>Entrevista a Valentí Puig
>Entrevista a Valentí Puig

Vista general de un colorido pueblo conocido por los lugareños como Kampung Warna-Warni en Malang, Java Oriental (Indonesia). Fully Handoko (EFE)

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