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13 NOVIEMBRE 2019
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Sánchez se marcha, Casado se abstiene

Lola Martínez

Hay mucho nerviosismo del PSOE. Ayer, después de la Ejecutiva Federal, José Luis Ábalos, secretario de organización, comparecía ante los medios y le reprochaba a uno de los periodistas que no se le reconociera la victoria a Pedro Sánchez. El problema no es que la prensa le reconozca o no la victoria a Sánchez. El problema es que Sánchez reconozca la realidad. Ábalos aseguró que no quiere una gran coalición con el PP y que no quiere contar con los independentistas. Entonces no tendrá investidura. La única posibilidad, si no cuenta con el voto afirmativo de ERC o de Bildu, es sumar a siete partidos: PSOE, Unidas Podemos, Más País, BNG, PNV, PRC y Teruel existe. Y ni siquiera así le sale la suma. Haría falta la abstención de ERC o de Bildu. Y ERC ya ha dicho que no va regalar la abstención como en julio, que hay que hablar de autodeterminación y amnistía.

España no puede ir a unas terceras elecciones. Sánchez tendría que tener altura de miras. Sánchez tendría que saber que hay un verbo que se llama dimitir. Primera persona del singular: yo dimito. Como ha hecho Rivera. ¿Por qué tenemos que dar por supuesto que los políticos como Sánchez solo piensan en ellos mismos? ¿Por qué no podemos exigir a nuestros políticos que piensen en el conjunto del país, en España?

El PSOE no quiere hablar de una gran coalición. Muy bien. Que no haya una gran coalición. Pero el PP, segunda fuerza política, tiene que hacer todo lo que esté en su mano para que no haya repetición electoral. El PP ha pedido que Sánchez dé un paso a un lado. El PP tiene miedo de que Vox le coma la tostada. Es lógico que el PP exija un precio alto por el apoyo. Pero Casado no puede convertir su lucha con Vox en el único criterio. Por encima está el bien del país, por encima está evitar que Sánchez se eche en brazos de ERC. El cálculo de lo que pueda perder por el flanco de Vox no puede justificar que el PP no apoye un Gobierno constitucionalista. Sus electores y buena parte de los electores de Vox entenderían un sacrificio del PP.

Sánchez se marcha, Casado se abstiene

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El debate que construye

Juan Carlos Hernández

El pasado viernes 8 de noviembre la Compañía de las Obras (CdO) organizó una mesa redonda con la intención de debatir acerca del manifiesto que esta asociación había publicado con motivo de la cita electoral del 10-N. La mesa estaba compuesta por Francisco Romo (director de Colegios FUSARA), Luis Rubalcaba (catedrático de Política Económica de la UAH) y Raúl Jiménez (coordinador del Área de integración de CESAL) miembros de la CdO que habían participado en la redacción de dicho manifiesto, y que se confrontaban con Mikel Buesa (catedrático de Economía de la UCM) y Fernando Palmero (columnista de El Mundo).

El presidente de la CdO, Juan Sánchez Corzo, moderaba el acto y comenzaba parafraseando el título del manifiesto “Necesitamos que vuelvan las políticas y el buen gobierno”. Sánchez Corzo afirmaba que todos vivimos en una “negociación continua”: cuando trabajamos discutimos con los compañeros, ponemos en común ideas; con mayor o menor facilidad nos corregimos y nos dejamos corregir; de igual manera, hacemos concesiones en nuestro ámbito personal. No siempre salimos contentos de estas situaciones, a veces nos parece haber perdido, pero muchas otras nos alegramos del resultado final, sencillamente porque avanzamos.

Como hipótesis de partida el moderador proponía mirar la búsqueda del deseo de felicidad frente a la realidad como punto de partida, como motor que nos mueve en el día a día.

En una primera ronda con los ponentes, Francisco Romo destacaba que “cuando los hombres construyen juntos se supera la ideología. Cuando dos profesores miran el problema de un chaval se sienten unidos a pesar de que piensen distinto. Es mirar la propia realidad lo que te permite superar la ideología”. Luis Rubalcaba comenzó alertando del peligro de “cuando las discusiones se plantean en el plano de las ideas y se renuncia a someter esas ideas a la experiencia. Las propuestas del manifiesto son originales porque nacen de una experiencia que es original. Sin la confianza en las relaciones no puede haber un ámbito de seguridad y si no hay una estabilidad económica y política en el país, es más difícil conseguir esta confianza”.

Por otra parte, Raúl Jiménez, miembro de la ONG CESAL, que trabaja con jóvenes inmigrantes, aseveraba que “la inmigración no es un problema, de hecho necesitamos inmigrantes para poder completar nuestro mercado laboral, el problema es cómo integrarla. Dependiendo de las políticas que pongamos en marcha se puede generar un problema si no se integran bien. Se tiene que trabajar desde Europa por que los flujos sean regulados. Pero la cuestión es que hacemos con los que ya están aquí”. Jiménez desafiaba diciendo que “podemos tener un miedo a que nos quiten cosas pero, ¿eso se resuelve levantando muros o soy yo el que tiene que abrirse al otro?”.

Fernando Palmero comenzó agradeciendo este manifiesto por “tomarse la molestia de reflexionar sobre los problemas de la sociedad española que, aun con particularidades, son básicamente los mismos que en Europa”. El columnista de El Mundo comparaba el espíritu de ilusión que supuso un impulso en Europa como fue la caída del muro de Berlín y, sin embargo, “30 años después, ¿por qué hemos pasado de ese espíritu optimista a levantar muros hoy en día? La irrupción de los populismos y la globalización transforma la sociedad en la que estamos”.

El debate que construye

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 3  8 votos

Estados de paz

Agustín Domingo Moratalla

Publicamos, por su interés, este artículo publicado el domingo 27 de octubre de 2019 en el diario Las Provincias.

Uno de los conceptos más importantes de la ética política es el de “estados de paz”. No tiene nada que ver con la “paz de los cementerios”, ni está relacionado con el libro de Gironella que llevaba por título “Ha estallado la paz”. Menos aún con los famosos “años de paz” del régimen de Franco. Sin embargo, conviene traerlo a la memoria para reflexionar sobre la calificación moral de la exhumación e inhumación de Franco como un acto de justicia restaurativa.

El concepto de “estados de paz” aparece en la obra de Paul Ricoeur que lleva por título ‘Caminos del reconocimiento’. Se entiende bien cuando lo pensamos como una situación contraria a tiempos cainitas de venganza, lucha y enfrentamiento. Lo utiliza para mostrar que la ética pública de sociedades modernas no puede ser una permanente “lucha por el reconocimiento”, como si la historia de los pueblos fuera un sucesivo enfrentamiento entre víctimas y verdugos, amos y esclavos. Quiere marcar distancias con Hobbes y Hegel para quienes la guerra de todos contra todos, o la lucha entre amos y esclavos era el motor de la historia. Una historia a la altura de la dignidad humana necesita momentos de confianza mutua, de sosiego, de reconciliación, de fiesta y de generosidad mutua. Los ciudadanos no pueden estar en permanente lucha si quieren construir relaciones de amistad cívica y cooperación mutua. Un estado de paz describe un tiempo esperanzado de convivencia y consolidación de la amistad cívica.

Ricoeur recuerda el gesto del canciller Willy Brandt cuando se arrodilló en Varsovia ante el monumento en memoria de las víctimas del Holocausto. Era un gesto que podía contribuir a terminar con las luchas y los procesos de victimización continua. Nuestra transición está llena de gestos de esta naturaleza que supusieron la reconciliación entre españoles. El Rey Juan Carlos, Adolfo Suárez, Santiago Carrillo, el cardenal Tarancón y cientos de ciudadanos que protagonizaron la transición a la democracia son ejemplos de que los estados de paz tienen más fuerza cívica que la permanente voluntad de lucha. Los estados de paz representan una lógica social de la sobreabundancia y la generosidad que desborda la lógica de la equivalencia cuya versión más primitiva es la Ley del Talión.

Las amnistías y el perdón forman parte de esta justicia cordial que parece incomprensible porque emerge de una generosidad cívica y no de un odio victimario. Después de comprobar la teatralización mediática realizada con el traslado de Franco, hay dudas razonables de que la Ley de memoria histórica haya fortalecido el estado de paz que generó nuestra transición. No se está utilizando para fortalecer la convivencia y la amistad cívica sino para potenciar electoralistas relatos de lucha y revictimización social. Tristes iniciativas de odio y resentimiento, sin migaja alguna de generosidad moral.

Estados de paz

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A tres día del voto

Lola Martínez

España no tiene problemas económicos serios y si los tiene el PSOE es el mejor partido para resolverlos. La situación en Cataluña está controlada porque el Gobierno de Sánchez es muy eficaz. Sánchez tiene mano firme con el independentismo. Esto son los tres mensajes que con gran urgencia tiene que colocar el candidato Sánchez de aquí al domingo porque las encuestas no le son favorables. Desde el lunes no se pueden publicar encuestas pero, como es habitual, el Periódico de Andorra está dando a conocer las suyas, y ese sondeo dice que los socialistas no mejoran, que pueden tener entre 115 y 120 diputados, por debajo de lo que le daba la media de las encuesta hasta el lunes, que eran 125.

Por eso Ábalos ha dicho que el paro ha aumentado porque hay más confianza en encontrar un trabajo, por eso Marlaska ha dicho que las protestas contra el Rey fueron "mínima oposición". Y por eso en el debate del lunes Sánchez prometió recuperar el delito por referéndum ilegal que suprimió Zapatero y por eso también en el debate prometió que traería de vuelta a Carles Puigdemont. Una promesa que no está en su mano cumplir porque depende de que la justicia belga ejecute la nueva euroorden. Por nerviosismo o por banalidad política, o por las dos razones, Sánchez ha asegurado que si la fiscalía ha pedido al juez que reactive la euroorden es porque la fiscalía está a sus órdenes. “Yo soy el que mando. Y yo voy a traer a Puigdemont”. A Sánchez le ha dado lo mismo contradecirse, le ha dado lo mismo faltar a la verdad, le ha dado lo mismo poner en peligro la euroorden. Hay que ganar votos como sea. Hace unos meses el propio Sánchez, en relación al caso de desobediencia de Torra, defendía justo lo contrario, que la fiscalía era independiente.

¿La fiscalía es dependiente o independiente del Gobierno? Los fiscales desde luego no toman una u otra decisión porque les llamen de Moncloa. Al fiscal general del Estado lo nombra el Gobierno y el Gobierno tiene mucha mano en el Consejo Fiscal. Pero la fiscalía española es la más autónoma de toda la UE. No tiene una dependencia jerárquica, tiene una relación orgánica, pero no una dependencia funcional de lo que le diga el Gobierno. Además en España el fiscal tiene el contrapeso del juez de instrucción que compensa cualquier filiación política del fiscal. La actual fiscal general del Estado, la fiscal Segarra, ha dado prueba de independencia. Sánchez con estas declaraciones puede provocar que la justicia belga diga que no hay separación de poderes y que al final no nos manden a Puigdemont.

A tres día del voto

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>Sobre el manifiesto de Comunión y Liberación ante las próximas elecciones generales

Un juicio incidente requiere una educación en el amor a la realidad

Francisco Medina

Necesitamos personas libres. La primera vez que he leído el manifiesto lanzado por Comunión y Liberación ante las próximas elecciones me ha dejado buena impresión: creo que ha sido un acierto ir más allá del intento de dar un criterio –más o menos genérico, o no– a la hora de dar el voto teniendo en cuenta factores como libertad de educación, subsidiariedad, unidad de España…, los cuales, siendo justos, no eliminan la necesidad de aprender a vivir con responsabilidad personal. Porque el proceso de cambios sociales, políticos y económicos que está acaeciendo tanto a nivel nacional como a nivel global, aun revistiendo aspectos positivos, se está llevando por delante muchas de las evidencias que teníamos como tales.

En este sentido, y haciéndome eco de la pregunta que lanza el manifiesto: ¿Qué debemos aprender?, me parece claro que, en primer lugar, es necesario aprender a leer los tiempos. Hodie et nunc, el primer elemento es “la dificultad a la hora de ir más allá de la propia ideología y sentarse a hablar con personas que piensan de forma diferente”, como dice el manifiesto. Una partida de cartas en la que los jugadores no quieren las que les reparte la mano, en realidad, nos simboliza a todos, no sólo a nuestros políticos, que, en el fondo, son aquéllos a quienes hemos votado. En esto el manifiesto me parece que acierta cuando señala nuestra incapacidad de afrontar la realidad. Yendo más allá, diría que nos urge volver a recuperar el narrarse como relación con otros. Jürgen Habermas y Hannah Arendt, a su manera, ya sentían esta urgencia de componer el elemento prepolítico como factor de construcción. Para ello, me parece privilegiado poner sobre el tapete ese aguijón de nuestra propia humanidad que hace que uno no se conforme con cualquier cosa, poner delante de nuestros ojos la tristeza que nos domina –porque no tengo la independencia, porque han aprobado la ley del aborto o la eutanasia, han sacado de malas maneras a Franco y los del PSOE se ponen pesaditos con la Memoria Histórica… y un largo y tedioso etcétera que nos dice que la vida no se cumple–; me parece crucial, por tanto, entender lo que nos pasa: lo que me pasa a mí y lo que nos pasa como sociedad.

>Sobre el manifiesto de Comunión y Liberación ante las próximas elecciones generales

Un juicio incidente requiere una educación en el amor a la realidad

Francisco Medina | 0 comentarios valoración: 3  25 votos

El no debate de los señores del bloqueo

Lola Martínez

La madrugada estaba ya entrada cuando los cinco líderes de los partidos nacionales comparecieron para hacer una valoración del debate. Encantados de haberse conocido. Como si no se dieran cuenta de que nos estaban haciendo trasnochar innecesariamente, como si no se hubieran dado cuenta de que nos llevan, enfadados, a otras elecciones. Encantados de haberse conocido después de que solo quedara claro que el bloqueo continúa.

Sánchez siempre sale a no perder. Pero este lunes llevó hasta la exageración ese lenguaje corporal que dice “yo-en-realidad-soy-el-puto-amo-y-no-debería-estar-aquí-porque-mi-sitio-es-Moncloa-y-para-dejarlo-claro-solo-miro-mis-papeles-y-anuncio-cambios-en-el-Gobierno”.

Sánchez, que llegó al poder con una moción de censura, quiere que el partido ganador gobierne de forma automática. Los hechos no cuentan, todo lo sucedido no tiene peso: exige una investidura sin bajarse de un trono en el que él solo se ha subido. No quiso cerrar la puerta a un acuerdo con el independentismo. Es muy previsible que Sánchez gane las elecciones. Es muy previsible que consiga la investidura. Pero el debate dejó claro que es muy dudoso que sepa o pueda negociar los apoyos para una legislatura estable. Rivera se despidió de la política y lo malo es que no lo sabe.

El discurso frailuno de Iglesias contentó a los suyos. Y la amenaza de Abascal se materializó. Cuanto más suave es en las formas, cuanto más lejos está de Salvini, más peligroso. Peligrosa su criminalización de los inmigrantes, peligroso su populismo para pobres, peligrosa la ausencia de rigor –¿para qué sirven los hechos?– al hablar de las amenazas que sufre la España del siglo XXI. Casado estuvo eficaz en algunas preguntas a Sánchez, pero perdió mucho al riverizarse en las interrupciones.

El no debate de los señores del bloqueo

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10-N: Necesitamos que vuelvan las políticas y el (buen) gobierno

Por su interés, publicamos la contribución de la asociación Compañía de las Obras de cara a las elecciones del domingo, "con el objeto de recuperar la concreción de la política".

Los españoles estamos nuevamente convocados a votar en elecciones generales el día 10 de noviembre, la cuarta vez en cuatro años. Nos resulta chocante la incapacidad de nuestros representantes en el Congreso de llegar a acuerdos. Todos vivimos en una “negociación continua” en nuestra cotidianidad: cuando trabajamos discutimos con los compañeros, comentamos, ponemos en común ideas; con mayor o menor facilidad nos corregimos y nos dejamos corregir; de igual manera, hacemos concesiones en nuestro ámbito personal. No siempre salimos contentos de estas situaciones, a veces nos parece haber perdido, pero muchas otras nos alegramos del resultado final, sencillamente porque avanzamos. No podemos permitirnos repetir el mismo desencuentro político indefinidamente. Es de esperar que esta vez nuestros representantes sean capaces de constituir un gobierno que dé al país la necesaria y deseada estabilidad.

En la Compañía de las Obras queremos ejercer nuestra responsabilidad de construir, formulando iniciativas y propuestas, a partir de nuestra experiencia. Hemos preguntado a nuestros asociados qué medidas concretas les gustaría que se implementaran en nuestro país sobre cinco grandes temas. Este documento resume las respuestas recibidas de médicos, economistas, ONGs, profesores y empresarios de toda España. El resultado lo compartimos con el deseo de que contribuya a un debate concreto sobre la vida pública, sin miedo alguno a la discrepancia o al desacuerdo, porque las diferentes perspectivas no deberían generar trincheras, sino puntos de partida para el trabajo común.

ECONOMÍA, EMPRESA Y TRABAJO

Los indicadores e instituciones de referencia internacional muestran que la economía se está desacelerando en nuestro país. Algunos de nuestros problemas estructurales no han sido atajados durante los últimos años de bonanza: incremento de la deuda pública, falta de competitividad, bajas exportaciones, alto nivel de desempleo, estancamiento salarial, disminución del poder adquisitivo, reducción de la caja de pensiones, etc. La globalización de la economía ha provocado una contracción del sector productivo en España, compensada por un auge del sector servicios. Por otro lado, la revolución tecnológica sigue generando nuevas posibilidades para todos. Si miramos al mercado de trabajo, dos son los colectivos más vulnerables: los parados - entre los que destacan los más jóvenes, que sufren una tasa de paro superior al 30%, y los parados de larga duración- y los migrantes y refugiados. Ante estas circunstancias, hemos identificado algunas políticas que pueden contribuir al crecimiento económico sostenible y justo para nuestra sociedad:

• Estabilidad y realismo: no incrementar el déficit y la deuda pública y ajustarse a las políticas económicas de la Unión Europea.

• Adoptar medidas fiscales que favorezcan la inversión de capital público y privado en empresas incipientes e innovadoras

• Maximizar el talento sénior, mediante la potenciación de actividades a tiempo parcial, una vez alcanzada la edad de jubilación.

• Mejorar la productividad y la competitividad mediante los planes estratégicos de industrialización digital y formación, horarios flexibles y eficaces y la posibilidad de simultanear varias actividades.

• Acercar la universidad y la empresa, así como la formación profesional y la empresa.

• Fomentar la internacionalización, diversificando bienes, servicios y geografías (especialmente Asia), así como mejorando la promoción de nuestros productos más apreciados en el extranjero.

• Promover las actividades ambiental y social, de manera que se premie la eficiencia y cambiar la dinámica de subvenciones generalizadas por otra de desgravaciones fiscales.

• Post Brexit: negociar acuerdos comerciales con Reino Unido tras su salida de la Unión.

10-N: Necesitamos que vuelvan las políticas y el (buen) gobierno

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Una realidad apaleada

Francisco Pou

Estoy en el tren de Sarriá, uno de los barrios de renta más alta; los de Barcelona “de toda la vida”. Un grupo de parejas, de unos 50 y pico, en los asientos contiguos comentan jocosos “lo de ayer”. Lo de ayer fueron incendios, pedradas, un policía con el cráneo perforado por una bola de acero. Estaban ahí sus hijos. “Han llegado ya de día a casa”, contaban en el nítido catalán urbano. “Mi hijo llevaba una toalla y le he preguntado si venía de torear y hacer pases a la policía, ja, ja, ja”, “es una policía de Paco Martínez Soria, ja, ja”. Las parejas del tren, con cuidada ropa burguesa de marca, intercambiaban felices macabros vídeos del móvil. “Estos chicos...”. “Travesuras”.

La foto junto a estas líneas, que tomé en plena turba frente a Via Layetana en Barcelona, y la anécdota de esa mañana en el tren, nos llevan a poner la mirada en “esos chicos”, lanzados a la calle para “hacer Historia”. Una expresión, la de “hacer Historia” que es lugar común reincidente, una vez y otra, de titulares de mal periodismo. Todos quieren hacer Historia porque no les hemos sabido proponer nada. Pero la Historia se hace de la historia doméstica, personal de cada día. Me preguntaba por el atracón ideológico de prejuicios con el que nuestros hijos han crecido en Cataluña; millones de historias multiplicadas en libros de texto, informativos, instagrams. Fake-news diseñadas con odio, una traducción constante de la realidad adaptada a una dialéctica de casposo laboratorio nacionalista del XIX… Pero es que hay más. Unos políticos en España que no han querido ver qué pasaba en Cataluña. Cataluña no ha sido más que una pieza electoral desde aquellos famosos “pactos del Majestic” de un PP comprando votos y calma mientras el nacionalismo conseguía recursos y tolerancia para construir una nueva patria. Un trabajo de siembra de 22 años con la agenda minuciosamente trazada por Jordi Pujol. Distancia. Mirar hacia otro lado desde Madrid. Lo primero son los votos.

Ahora unos políticos evaden, subcontratan un problema político, que no se atreven a afrontar poniéndolo sólo en manos del poder judicial. No hay ya más propuesta, parece, que la fuerza en una sociedad. Y lo primero siguen siendo los votos, ahora para el presidente Pedro Sánchez con la mirada en sus cercanas elecciones mucho más que en el fuego en Barcelona. En un cuarto de siglo, los partidos constitucionalistas en Madrid han abandonado y desollado sus filiales en Cataluña.

Hora de sentarse todos los que tengan la valentía de mirar a la cara a “esos chicos”, con los que todos han jugado, utilizado, hiperventilado. Es una urgencia educativa para todos. La urgencia de conectar con esa realidad apaleada durante generaciones por la ideología y la avaricia de poder en toda España. Cataluña incluida.

Una realidad apaleada

Francisco Pou | 0 comentarios valoración: 4  80 votos
>Entrevista a Valentí Puig

'El independentismo solo asume la ruptura con España, sin alternativas ni matices'

Juan Carlos Hernández

El articulista y escritor acaba de publicar el ensayo "Memoria o caos" (Ed. Destino), una interesantísima reflexión sobre cómo la aceleración del tiempo acorta nuestra memoria y, en consecuencia, nos desliga irremediablemente de las formas del pasado. Según Puig, “sería necesario un acuerdo constitucionalista de mínimos que pueda ser dique de contención. Pero no hay lideratos constitucionalistas surgidos de la sociedad y es un momento de poca estrategia general en el constitucionalismo”.

La sentencia del procés ha sido criticada duramente tanto por los constitucionalistas como por los independentistas. En todo caso, es la sentencia que se ha emitido y hay que acatarla. Pero, a largo plazo, ¿podría ser esta sentencia la que mejor puede ayudar a afrontar los desafíos del secesionismo desde el punto de vista de los constitucionalistas?

Lo cierto es que cualquier sentencia salvo la absolución sería considerada injusta por el secesionismo. No creo que sea el mismo caso con los constitucionalistas. En realidad, el constitucionalismo consiste en acatar cualquier decisión judicial, aunque todas sean criticables. Eso es lo que requiere este momento. ¿Qué otra sentencia sería más positiva? Pues la que dictasen los jueces en cada momento. Hay que tener siempre “in mente” que el independentismo solo asume la ruptura con España, sin alternativas ni matices. Suponer otra cosa es el error de lo que llamamos “tercera vía”.

¿Podría la sentencia tener un efecto beneficioso, a largo plazo, en el sentido de frenar la tentación a la ilegalidad en los dirigentes independentistas catalanes actuales? ¿Puede la sentencia ayudar a devolverles a la realidad?

Por el momento, no. Quizás atemorice a los menos belicosos pero en el independentismo radical la desconexión con España se da ya por hecha. Durante años el Estado prefirió ignorar que un buen número de pequeños municipios ya estaban desconectados. No hubo sanciones. Mientras tanto, hasta un punto que muchos no nos creíamos, estaba incubando la idea de secesión en pleno pujolismo de transacción. Dada la voluntad integradora de la Constitución de 1978 esa es, sin ambages, la historia de una deslealtad.  

No se puede afrontar un desafío de tal calibre desde la posición de un solo partido aunque fuera el partido del gobierno. Es absolutamente necesario que los partidos constitucionalistas hagan frente común. Sin embargo, ni la derecha ni la izquierda consideran legítimos al otro.  ¿Cómo superar estas diferencias?

De momento, siendo cierto que las luchas internas en el seno del separatismo son brutales, el constitucionalismo también anda dividido. Algunos apostamos por un constitucionalismo “mainstream”, un acuerdo constitucionalista de mínimos que pueda ser dique de contención. Por ahora, las elecciones generales obstaculizan ese empeño en lugar de darle fuerza. No hay lideratos constitucionalistas surgidos de la sociedad. Es un momento de poca estrategia general en el constitucionalismo y, al mismo tiempo, en el independentismo incluso elementos radicales como el “Tsunami democràtic” y los CDR están enfrentados. Compiten en capacidad destructiva. Vamos hacia la anomia.

No todo el independentismo es necesariamente violento y estoy hablando a nivel de sociedad civil y esta violencia daña la convivencia también entre los partidarios de la independencia. ¿El fanatismo que hemos visto estos días en las calles puede ser contraproducente desde el punto de vista del independentismo?

>Entrevista a Valentí Puig

'El independentismo solo asume la ruptura con España, sin alternativas ni matices'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  20 votos

Contención y paciencia

Lola Martínez

Torra no es creíble cuando condena a última hora, tras tres noches de disturbios, la violencia. Los radicales están en la calle, incendian las ciudades catalanas, provocan sufrimiento y desorden. Difícilmente el independentismo puede afirmar que la guerrilla callejera es consecuencia de grupos infiltrados. Hay guerrilla porque se ha alimentado un determinado discurso. Los Mossos, la Policía Nacional, con su contención, con su equilibrio están ganando una batalla esencial para el futuro: no hay soluciones milagrosas para Cataluña y desenmascarar la violencia independentista es un gran paso.

Estamos hablando mucho de la ley de Seguridad Nacional pero no se puede pensar que esa ley sea un instrumento que de forma milagrosa resuelva todos los problemas, quizás haya que usarla y sea conveniente usarla, pero no resolvería todos los problemas. Todos, especialmente los catalanes, que están sufriendo la violencia de los radicales, querríamos que esa violencia se acabase pronto. Pero las cosas no son tan fáciles, no se soluciona necesariamente todo incrementado la fuerza usada por el Estado, de hecho un uso de la fuerza desmedido puede ser contraproducente. Porque aquí es necesario ganar no una batalla sino una guerra a largo plazo, es necesario restar adhesiones al independentismo unilateral.

La ley de Seguridad Nacional es una especie de bisturí jurídico que permite que sea el Estado quien coordina, es decir, quien tiene la dirección política sobre la seguridad nacional. El control directo de cualquier órgano de cualquier administración, funcionarios o policías, estaría en manos de la Administración General del Estado. Eso permitiría quitar al Torra el control de los Mossos. Se acabaría la ambigüedad de Torra pero, de momento, los Mossos están luchando contra el desorden. Hace falta seguir teniendo contención y paciencia.

Contención y paciencia

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