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4 DICIEMBRE 2016
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De la patria al peor imperio

Fernando de Haro

La muerte de Fidel es como un espejo, las reacciones que provoca retratan las posiciones ideológicas de cada uno. Vuelven algunas viejas sensibilidades que ensalzan a Castro. Pero la pregunta más importante es la más práctica. ¿Todo ha quedado atado y bien atado? ¿Lo que no consiguió Franco tras su muerte lo logrará Fidel Castro? El Comandante, con mayúscula porque en la isla no hay otro, había dejado oficialmente el poder en 2008. Se había convertido en un anciano de movimientos torpes, enfundado siempre en ropa deportiva. Aparentemente no contaba nada. Ya ni tenía fuerzas para una de sus grandes pasiones: esos largos monólogos en los que pontificaba sobre lo divino y lo humano. Era incluso un estorbo para su hermano Raúl, el actual presidente, por sus salidas de tono. La muerte de Fidel es para algunos irrelevante, solo una ocasión del castrismo para mostrarse más vivo que nunca. Su fallecimiento en la cama no tendría otro valor político que confirmar la capacidad de resistencia del comunismo cubano.

Seguramente las cosas no son tan sencillas. Es cierto que el poder real en Cuba hasta el pasado viernes ha estado en y está en manos Raúl Castro y, sobre todo, en manos del grupo de militares, no más de diez, que integran el Politburó. Son esos militares los que controlan la industria pesada y la industria turística del país. Tienen más poder que el Partido Comunista. Se trata de una especie de Junta Militar en la que sus miembros se vigilan intensamente pensado en el día en que muera Raúl Castro (que tiene 85 años) o en el que se retire (tiene prometido que lo hará en 2018). En ese momento lo más probable es que haya un duelo abierto entre Miguel Díaz Canel, el vicepresidente del Gobierno, que representa el ala reformista, y Alejandro Castro, hijo de Raúl Castro, coronel que controla todos los servicios de inteligencia y que representa el ala dura.

Se van a cumplir dos años desde que se anunciara la reapertura de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos. Obama, en un gesto inteligente, que estuvo auspiciado por el Papa Francisco, quiso reabrir su país a Cuba, pero en este tiempo Raúl Castro no ha dado pasos significativos para abrir Cuba a la libertad. Las embajadas en La Habana y en Washington funcionan con normalidad, el presidente saliente ha paseado el deshielo por la Habana vieja, los cubanos han podido bailar con la música en directo de los Rolling Stones. Pero en lo esencial todo sigue igual. Como quedó claro en VII Congreso del Partido Comunista Cubano de la pasada primavera, Raúl Castro no es Gorbachov. Las reformas económicas en favor de la iniciativa privada son tan tímidas y tan simbólicas que no aportan más crecimiento. La tasa de formación de capital no rebasa el 9 por ciento mientras que en las economías más pobres de América Latina triplica esa referencia (27 por ciento República Dominicana, 21 por ciento Bolivia).

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De la patria al peor imperio

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La concertada puede dar el primer paso

Fernando de Haro

El nuevo Gobierno echa a andar en España. Las dos tareas más urgentes: aprobar unos presupuestos que permitan reducir el déficit al 3 por ciento (lo que supone un ajuste de 5.500 millones de euros) y el Pacto de Educación prometido para los próximos seis meses. La minoría parlamentaria de Rajoy no le va a impedir sacar adelante las cuentas públicas. A sus 137 diputados añadirá, sin dificultad, los de Ciudadanos (32), los del nacionalismo vasco (5) y el voto canario (1). Solo le haría falta un diputado más y es posible que los socialistas (84) acaben absteniéndose.

El presidente del Gobierno tiene el viento a favor. De vez en cuando, para ganar más fuerza, recuerda que puede convocar unas nuevas elecciones de las que él y su partido saldrían ganando. Y al final la economía se ha convertido en un terreno más o menos neutro en la que el acuerdo es fácil. Hay que subir impuestos y eso lo haría cualquier partido de la oposición constitucional.

Otra cosa bien diferente es el Pacto de Educación. La enseñanza es el mejor ejemplo de una política ideologizada en la que se enfrentan dos modos de entender el Estado, la sociedad y la persona, sin posibilidades aparentes de encontrar un terreno común. Desde que volvió la democracia a España hasta 2014, salvo un breve período, las leyes que han regido el sistema educativo han sido socialistas. En parte porque al centro-derecha le interesó poco la cuestión (Aznar solo impulsó un cambio cuando estaba a punto de finalizar sus ocho años de mandato) en parte porque los socialistas derogaron inmediatamente y con mucho sectarismo esa reforma. La actual ley de educación, la LOMCE (2014), promulgada por el PP, se ha encontrado con una oposición férrea. Es una norma que con timidez quiere corregir el modelo comprensivo puesto en marcha a mitad del siglo XX en el Reino Unido, vigente todavía en España, a pesar de sus malos resultados. La comprensividad, en nombre de la igualdad, da a todos los alumnos la misma enseñanza, sin distinguir entre resultados, aptitudes o inclinaciones. La LOMCE establecía reválidas externas para garantizar la calidad y fomentar la competencia entre los colegios. Y implantación de esas reválidas ha sido el caballo de batalla de toda la oposición. El Gobierno sufrió la semana pasada una derrota en el Parlamento porque hasta sus socios reclamaron que no las pusiera en marcha y derogara la LOMCE. La derrota ha sido más simbólica que real porque Rajoy había prometido ya que las suspendería, como así hizo el viernes.

La negociación para un Pacto de Educación fracasará si se centra en los presupuestos ideológicos. Es muy difícil localizar puntos de encuentro sobre la asignatura de Religión, el régimen de conciertos (que permite una alta tasa de subsidiariedad educativa) o la mayor o menor comprensividad necesaria. La izquierda entiende la laicidad a la francesa, es muy reacia a introducir criterios de competencia y quiere dar protagonismo a los centros de gestión pública. El PP, no por convencimiento propio sino porque tiene detrás a muchos votantes con esa sensibilidad, está inclinado a dar un mejor trato al sistema de conciertos. Se debate sobre un marco general, porque luego cada Comunidad Autónoma es la competente.

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La concertada puede dar el primer paso

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Mosul es nombre de libertad seducida

Fernando de Haro

En arameo. Los dos curas se hablan entre ellos en la lengua de Jesús. Acuerdan cómo trepar al segundo piso de la parroquia de la Inmaculada Concepción de Qaraqosh, a 30 kilómetros de Mosul. La iglesia, que antes de la llegada del Daesh albergaba a 3.000 fieles, está ahora ennegrecida. El altar profanado, los libros de canto por el suelo, el órgano destrozado. Los yihadistas utilizaban el templo como arsenal porque sabían que la coalición no lo bombardearía. Los dos curas sirio católicos llegan al tejado e improvisan una cruz con dos trozos de madera. La plantan junto a la torre semiderruida. Son unos segundos. Pero la cruz vuelve a estar sobre el cielo de Qaraqosh, sujeta por los dos curas que cantan, en arameo, la lengua de Jesús. Cantan un Aleluya. Las campanas, las campanas cristianas de la llanura de Nínive han vuelto a sonar. Las crónicas que nos llegan invitan a viajar hasta el que ahora es el lugar más santo del mundo. Para ponerse de rodillas y besar de forma discreta, mientras el fragor de la batalla suena muy cerca, esa cruz de los curas sirio católicos que hablan en Arameo. Por los que ya no están, por los que se han mantenido fieles en medio de la gran persecución, por los musulmanes que han visto ultrajado el nombre del Corán con la barbarie de los yihadistas (“¿qué sentirías si unos terroristas estuvieran matando en nombre de tu religión?”, preguntan los piadosos seguidores de Mahoma). Qaraqosh, pueblo de 50.000 habitantes, fue un pueblo-refugio hasta agosto de 2014. Hacia Qaraqosh huyeron los cristianos de Mosul cuando las cosas se pusieron mal, de Qaraqosh huyeron hacia el Kurdistán.

Obama, antes de salir de la Casa Blanca, quiere conseguir una victoria. Y dejar así atrás los errores de Bush y sus propios errores. La intervención de Bush en 2003 y el desmantelamiento del ejército y de la policía convirtieron a Iraq en un estado casi fallido. El radicalismo democrático de Obama, hace cinco años, y sus idas y venidas impidieron una victoria más rápida sobre el Daesh. Nadie sabe ni cómo ni cuándo va a ser liberado Mosul. La toma de los pueblos circundantes está siendo relativamente rápida. La ambigüedad de hace dos años ha desaparecido. Haber acabado con las fuentes de financiación, sobre todo con la venta de petróleo a través de Turquía, y con el doble juego de Erdogan ha sido de gran ayuda. En las localidades pequeñas, rodeadas de campo, se puede utilizar armamento pesado y técnicas de guerra tradicional. Otra cosa bien distinta es conquistar y limpiar una ciudad grande como Mosul si los yihadistas resisten y no huyen a Raqa, la capital de su califato de horror, en el norte de Siria. Entonces habría que pelear casa por casa. La moral de los combatientes es un factor esencial. Hasta no hace mucho el nihilismo violento, la nada destructiva, ejercía una gran fascinación.

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Mosul es nombre de libertad seducida

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Vista general de un colorido pueblo conocido por los lugareños como Kampung Warna-Warni en Malang, Java Oriental (Indonesia). Fully Handoko (EFE)

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