Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
4 DICIEMBRE 2016
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El populismo: un complejo fenómeno para un cambio de época

Francisco Medina

En este siglo XXI, estamos asistiendo de forma privilegiada a procesos de cambio social, político, económico… a nivel global. La política tradicional y la sociedad civil se están viendo convulsionados por procesos internos que se han activado por las consecuencias de la crisis. La división del mundo entre el pueblo –concebido como sabio y virtuoso– y las élites –vistas como explotadoras y corruptas– está teniendo una difusión sorprendente.

El término populismo no es unívoco, sino poliédrico. Así, puede definirse un populismo de izquierdas como movimiento político-social cuya concepción del mundo está marcada por la división entre ricos y pobres, en línea con el pensamiento marxista. Según esta corriente, es la oligarquía dominante la que explota los recursos naturales y económicos en su propio beneficio, acentuando las desigualdades y siendo responsable de los efectos devastadores de la Gran Recesión, provocada por la avaricia y la especulación. Autores como Hobsbawm o Noah Chomsky se han hecho eco de muchos de los postulados de este populismo de izquierdas, cuyas soluciones –enmarcadas en la línea de la resolución marxista tesis-antítesis– no pasan de ser meros recetarios propagandísticos o, en el mejor de los casos, sentimentales.

Existe otro populismo, el populismo de derechas, que, si bien no profundiza en el conflicto de clases marxista, sí presenta la vuelta a la tradición propia o, si se quiere, un repliegue frente a los problemas que la realidad político-social plantea y que puede amenazar todo lo conseguido. Llegando, en ocasiones, al rechazo del diferente, del que llega de fuera. La tradición que se desea recuperar ya no se propone como algo vivo, sino en clave de paraíso perdido de John Milton.

En cualquier caso, ambas corrientes plantean una exigencia de verdad, de justicia, de construcción de una sociedad más verdadera, más justa… que exige dar una respuesta adecuada a los problemas económicos, sociales y existenciales provocados por la crisis. Podría decirse que surge como resultado de un proceso de globalización que, según algunos, exige ser replanteado. Ciertamente, bajo el populismo subyacen las frustraciones vitales de la gente, mal canalizadas y azuzadas de forma explícita por los mass media. Ambos, asimismo, conciben al otro como el culpable de los problemas sociales, políticos, económicos… se traza la barrera que separa a los “buenos” de los “malos”.

Es interesante observar, en este sentido, cómo se ha difundido a nivel global.

En primer lugar, para mirar al origen, hay que acudir a América Latina: en la primera década del siglo XXI, el fenómeno comenzó con el régimen chavista de Venezuela y ha contagiado a otros países del entorno (los indigenismos de Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador, la presidencia controvertida de Lula da Silva en Brasil…).

Posteriormente, el fenómeno ha adquirido un carácter transcontinental, a raíz de las consecuencias de la Gran Recesión, al pasar a los países de la Unión Europea (2008-2011). Primero, surge en Grecia, con Syriza, un partido situado más a la izquierda del PASOK que supo recoger las frustraciones de una población griega que percibía como lejanas las instituciones comunitarias y los mecanismos de la Unión Económica y Monetaria y la Unión Política previstos tanto en el Tratado de Maastricht (1992) como en los sucesivos tratados de modificación, así como por el Tratado de Lisboa.

En nuestro entorno, no cabe olvidar, en el caso español, el papel que un grupo de profesores de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid ha venido desempeñando como correa de transmisión. La experiencia del asesoramiento al régimen chavista (léase Juan Carlos Monedero) les ha permitido articular un discurso propio typical Spanish –que ha sabido ganarse a un sector muy importante de la sociedad, como los jóvenes y los afectados duramente por la crisis– y un movimiento que les permita ir más allá de la representación parlamentaria y apropiarse de las instituciones del Estado. Podemos, en este sentido, debería calificarse más como movimiento que como un partido.

El populismo: un complejo fenómeno para un cambio de época

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Quién lucha contra el Isis en Mosul

Giovanni Parigi

Mosul, la antigua Nínive, está dividida en dos por el Tigris y se asienta en una llanura fértil entre el desierto y los montes del Kurdistán. En sus ocho mil años de vida ha visto librarse infinitas batallas y a numerosos pueblos acercarse a sus tierras, hasta el punto de que todavía hoy, en cierto modo, se puede considerar a esta ciudad como una especie de monumento erigido en un cruce de fronteras inciertas y conflictivas en Oriente Medio.

Mosul marca el punto de fricción entre la franja árabe y la kurda; y también entre las provincias sunitas, nostálgicas del expresidente Saddam Hussein, y el gobierno de Bagdad, dominado por los chiítas. Es también la línea del frente entre las fuerzas del califa, que proclaman la restauración del califato de la gran mezquita de Al-Nuri, y sus numerosos enemigos, divididos en todo excepto en su lucha contra el Estado Islámico. Por último, la ciudad es el punto de cruce entre los intereses de Turquía, Irán, Estados Unidos y sus aliados locales. Por tanto, en la batalla que se está librando para reconquistar Mosul, detrás del objetivo común de eliminar al Isis, se esconde una peligrosa heterogeneidad de fines, que plantean una grave incógnita sobre la futura estabilidad de la zona.

Si analizamos la composición de las tropas sobre el terreno, la complejidad de la situación es muy evidente. De hecho, en el frente sur se encuentran la 15ª división del ejército iraquí, la policía federal y sus fuerzas especiales, que actúan con el apoyo de la artillería americana. Su objetivo es, básicamente, avanzar por el eje que lleva hasta el aeropuerto de Mosul. Al sureste, en el eje de Khuwair, están las fuerzas kurdas y la 1ª y 9ª divisiones del ejército iraquí, que avanzan por la autopista de Bagdad al oeste del Tigris; con el apoyo de fuerzas francesas y de la 9ª división acorazada iraquí, mientras que a sus espaldas el territorio liberado parece estar bajo control de las milicias cristianas, dada la presencia de pueblos cristianos.

En cambio, en el frente este avanzan los peshmerga kurdos, seguidos por la “División de Oro”, la punta de diamante de las fuerzas iraquíes, formada por unidades del servicio antiterrorista. Al noreste, en el eje de Bashiqa, con presencia turca, están los peshmerga, pero en la base de Zilkan actúan varios miles de militares turcos con el apoyo de casi 3.500 milicianos sunitas locales, armados por Ankara y guiados por Atheel al-Nujaifi, exgobernador suní de la provincia. Por otro lado, la presencia de tropas turcas se ha visto abiertamente obstaculizada por el gobierno de Bagdad, pero Turquía se niega a retirarlas y la tensión entre ambos países es altísima. Al norte y noroeste están las posiciones de la 16ª división iraquí, algunos batallones antiterroristas y otros peshmerga. Al oeste, en el eje hacia Tel Afar, hay milicias chiítas de las fuerzas de movilización popular (Hashd el-Shaab) apoyadas por Irán.

Las estimaciones de conjunto son extremadamente aproximativas, pero sobre el terreno podría haber al menos cien mil hombres. Lo que llama la atención es la debilidad de las fuerzas del Estado Islámico, estimadas entre 3.000 y 7.000 hombres, incluido un millar de combatientes extranjeros. El hecho de que unos pocos miles de milicianos tengan aún bajo control una ciudad de casi un millón y medio de habitantes demuestra el estado de terror creado entre la población por el Isis.

El plan de la coalición implicada en la operación de Mosul contempla un cerco progresivo de la zona urbana de la ciudad, con la conquista de decenas de pueblos circundantes. La ofensiva avanza mediante una serie de ataques simultáneos por casi todas direcciones, y ahora las fuerzas iraquíes avanzan por el este hacia el centro de la ciudad, mientras que en el sur el avance es lento. Todo ello con el apoyo aéreo de las fuerzas occidentales.

Quién lucha contra el Isis en Mosul

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En el tribunal se habla de historia

Marta dell`Asta

Este verano ha estallado un caso judicial interesante en Rusia. Por primera vez, un ciudadano ha sido condenado en virtud del nuevo artículo 354.1 por la «recuperación del nazismo», introducida en el Código Penal en la primavera de 2014. El tribunal federal de apelaciones rechazó el recurso de Denis Luzgin, un mecánico di Perm, confirmando la sentencia de condena a una multa de 200.000 rublos (casi ocho veces un salario medio) por haber colgado en su blog la siguiente frase (escrita por otros): “Los comunistas y Alemania atacaron juntos a Polonia, haciendo estallar la Segunda Guerra Mundial, o sea que comunismo y nazismo colaboraron lealmente”. El tribunal consideró que esta frase constituye una «recuperación del nazismo».

Los delitos vinculados con la historia son siempre una materia muy delicada, porque se corre el gran peligro de dar a los casos históricos interpretaciones de parte según las implicaciones políticas del momento, ya sea de parte del ciudadano individual, o mucho más de parte del poder político. De modo que las interpretaciones históricas suelen convertirse en fuente de problemas éticos y legales. En realidad, como ciencia humana, la historia siempre está en fase de revisión, a medida que nuevas informaciones vienen a corregir los juicios inexactos o incompletos, y a cada paso la historia se precisa y se reformula. Tal vez lo hace de forma muy discutible, como sucedió a menudo después de la Segunda Guerra Mundial, con temas como el nazismo y la shoah, donde se llegaron a alcanzar formas de negacionismo absoluto.

En el caso del mecánico de Perm, lo que se ha puesto sobre la mesa no era la existencia de un genocidio, ni siquiera una forma de incitación a la discriminación y a la violencia racial, sino si hubo realmente colaboración entre la Alemania nazi y la Unión Soviética. Para ello, la sala no discutió si la frase en cuestión constituía una recuperación del nazismo, sino si la Unión Soviética había o no colaborado con el Tercer Reich. Un observador comentaba que “el debate se parecía más a una conferencia histórica”. Otro decía que, bien visto, el debate en la sala era más bien un duelo apasionante.

Efectivamente, el caso de Denis Luzgin ha tenido cierta resonancia justo porque tocaba un nudo histórico muy delicado en Rusia, el de la Segunda Guerra Mundial. La principal preocupación de Rusia actualmente parece ser la de ver reconocido por parte de Occidente su papel central en los equilibrios europeos y mundiales. En esta perspectiva se subraya con fuerza el papel “antifascista” de la Unión Soviética y el alto tributo de sangre pagado por la URSS para liberar a Europa del nazismo. Cosas que parecen indudables y que en realidad nadie puede poner seriamente en discusión. Los 27 millones de muertos que dejó la Unión Soviética en los campos de la Segunda Guerra Mundial son un tributo que ningún revisionismo histórico puede poner en duda ni minimizar.

En el tribunal se habla de historia

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Boko Haram se alimenta de la pobreza de una Nigeria que aún reivindica la vida

El periodista Fernando de Haro ofrece en su último libro, “En tierras de Boko Haram” (Editorial Confluencias), un doble retrato. Por un lado, un "retrato impresionista" sobre el pueblo nigeriano para que el lector complete lo que lee, y por otro, el del grupo terrorista Boko Haram, activo en Nigeria, Camerún, Chad, Níger y Mali.

Así lo ha afirmado el autor el pasado jueves 3 de noviembre en Madrid en un encuentro con periodistas para hablar sobre su libro, que llegó a las librerías en el mes de septiembre. El periodista propone al lector viajar a Nigeria a través de este libro que incluye "connotaciones" de 'road-movie' y que está concebido no como una "tesis" sino como una "especie de rompecabezas".

"Es importante recorrer la tierra, ver de qué color es, a qué huele", expresa De Haro, que también incide en la importancia de lo que se oye o lo que se ve. Precisamente el escritor, que viajó hasta el país pese a las dificultades y al riesgo al que se exponía, defiende que para comprender Nigeria, "no se puede dejar de sentir, por ejemplo, la fecundidad de su tierra, la emoción de su baile o su involucración en cómo se vive el sufrimiento, el duelo".

Esto último, a su juicio, es lo que mejor define al pueblo nigeriano. "Es un pueblo que sufre", resume. Para el autor, esta "fidelidad" y "dignidad" hacia la vida de los nigerianos, sea cual sea su condición religiosa y a pesar del sufrimiento, es lo que más le sorprendió.

De hecho, De Haro concluye su libro con el testimonio de Hanatu, una profesora de un campo de refugiados. "Saber deletrear, saber el alfabeto, es afirmar la vida –reivindica–. Ese es el retrato que sale, y yo creo que es más imponente que el retrato del terror, al final es la persona contra el poder, la educación frente la violencia, y eso es lo que encontrará el lector en este libro".

Retrato del mal

Boko Haram se alimenta de la pobreza de una Nigeria que aún reivindica la vida

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>60º aniversario de la crisis de Suez

Lecciones de historia y de actualidad

Antonio R. Rubio Plo

Se cumplen en estos días 60 años de la crisis de Suez, en la que Francia y Gran Bretaña tuvieron que plegarse a las presiones de EEUU y la URSS y retiraron sus tropas de Egipto, enviadas como respuesta a la nacionalización del canal por el presidente Nasser. Fue una aventura de corte colonial, mal planteada desde el principio, en un mundo que nada tenía que ver con el inmediatamente anterior a la II Guerra Mundial, pese a estar muy próximo en el tiempo. Es cierto que se intentó revestir a esta aventura de un toque de “guerra fría” o incluso de “guerra justa”, al presentar a Nasser como comunista o como un nuevo Hitler de rasgos árabes. Esta imagen no convenció a nadie, y las tropas que habían salido vencedoras sobre el terreno tuvieron que retirarse. Un Nasser derrotado se convirtió en el auténtico vencedor.

Recordar estos hechos va más allá de la pura efeméride. Sirven para recordarnos la dificultad de ganar una guerra, pese a la superioridad militar, si no se tiene a favor a la opinión pública, nacional o internacional, y si se carece de objetivos concretos, palpables, para cuando callen las armas. Sin embargo, algunos historiadores destacan que aquella acción militar “mal preparada y patética”, según el diplomático americano George F. Kennan, contribuyó al nacimiento de las Comunidades Europeas. Se dice que el canciller alemán Konrad Adenauer comentó en 1956: “Europa será nuestra revancha”. Pero estas palabras ya no tienen un tono triunfante sesenta años después.

En cualquier caso, Suez marcó el inicio de una mayor cercanía y asociación entre Londres y Washington, pues los británicos, siempre reticentes a implicarse en asuntos de la Europa continental, consideraron que el verdadero poder mundial radicaba al otro lado del Atlántico. ¿Podrían hoy decir lo mismo? La implicación de la Gran Bretaña de Blair en la guerra de Iraq, más allá de lo que aconsejaba una cierta prudencia, no fue demasiado acertada para la relación trasatlántica, y el Brexit está lejos de potenciar esa relación, porque el mundo es demasiado complejo y su futuro no se juega solo en el espacio euroatlántico. Tampoco la intervención militar franco-británica en Libia en 2011 pudo considerarse, aunque algunos así lo presentaran, como un desquite de Suez. Londres y París actuaron por delegación de Washington, pero los resultados están a la vista. No solo dejaron un vacío de poder en Libia, con una guerra civil prolongada, sino que también arruinaron los esfuerzos de Naciones Unidas para la protección de la población civil en los conflictos armados. Difícilmente se aprobará ahora una resolución del Consejo de Seguridad en este sentido, como la n. 1973, pues siempre será interpretada como un intento de legitimación de los intereses de las grandes potencias.

El fracaso de Suez supuso para Londres una especie de Brexit, únicamente corregido con su ingreso en las Comunidades Europeas en 1973, gracias a la tenacidad de un conservador tan pragmático como el primer ministro de entonces, Edward Heath. Por cierto, cuando era un veterano diputado de Westminter y habiendo superado con creces los ochenta años, Heath ya tuvo ocasión de mostrar sus abiertas discrepancias con aquel periodista eurófobo llamado Boris Johnson, aunque en 2016 el cronista, transformado en político, alcanzó una amarga victoria sobre Europa. Y Suez implicó también el origen de la entente franco-alemana, motor durante décadas de la construcción europea. Con todo, actualmente asistimos a la desproporción entre una Francia, debilitada por su convulsa política interna y sus problemas económicos, y una Alemania fuerte en lo económico, aunque sin voluntad de liderazgo europeo.

Suez implicó también la pérdida de poder de Europa en Oriente Medio, colmado enseguida por americanos y soviéticos. Sin embargo, ni el final de la guerra fría ni el nacimiento de una diplomacia europea han servido para que Europa recupere capacidad de influencia en esa región, donde Washington intenta mantenerse, pese a los fiascos de Iraq y Afganistán, y Moscú a duras penas se aferra a su aliado sirio. Para el futuro de Oriente Medio cuentan bastante más los intereses de Turquía, Irán, Arabia Saudí y los países del Golfo Pérsico. El conflicto de Siria, prolongado durante más de cinco años, es otra muestra de la pérdida de influencia europea. Ni Kerry ni Lavrov se han sentido obligados, y esto ha cambiado poco desde 1956, a asociar a Europa a sus iniciativas diplomáticas.

>60º aniversario de la crisis de Suez

Lecciones de historia y de actualidad

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La guerra y su antídoto

Tatiana Kasatkina

No dejan de bombardearnos inquietantes noticias. Sobre hechos que quizá luego resulta que nunca han sucedido, pero esto ahora es secundario, pues entretanto consiguen el efecto buscado. Son noticias que insinúan la idea de una conspiración creciente, de una próxima guerra. Nos suscitan sentimientos de inquietud, inseguridad, depresión, confusión, falta de perspectivas. Impotencia. Sentimientos todos ellos que generan en nosotros un ardiente deseo de certeza.

Que aquello que nos inquieta no nos ataque por todos lados sino solo por uno, o como mucho por tres, de modo que al menos nuestras espaldas queden cubiertas. Porque detrás tenemos algo que defender, que al menos por allí no nos lleguen los golpes. Así nos obligan a “alinearnos”. A sentirnos miembros de un grupo determinado que se contrapone a otro grupo. Poco importa el fundamento sobre el que se construya, lo que importa es que ese es tu bando, el que te cubre las espaldas y te da seguridad. Y también te dice, claro está, dónde está el enemigo.

El enemigo lo tenemos delante. Y eso es muy cómodo porque así la amenaza viene por un solo lado. Está claro a quién hay que atacar para que todo siga como antes, para que vuelva la certeza. Para que la depresión se esfume. Tú eres tus convicciones. O, mejor dicho, no las tuyas sino las del grupo con el que te has alineado. En ese punto estás dispuesto a morir y a sacrificarte, con tal de que un día todo vuelva a ser como antes. Tal vez no por ti. Pero como tú eres tu colectivo, también será por ti.

La cuestión es que durante demasiado tiempo, durante miles de años, esta ha sido la verdad. O casi la verdad. Por eso cedemos tan fácilmente a esta manipulación banal: basta identificar a los amigos y enemigos, y la confusión acabará. Con el resto nos podemos apañar siempre y cuando combatamos al enemigo.

Sin embargo, no todos ceden a las manipulaciones. Y en aquellos que no ceden, todos los sentimientos enumerados antes se agudizan, sobre todo la sensación de impotencia. Porque es evidente que yo solo no puedo hacer nada. De hecho, ¿qué puedo hacer en medio de gente dispuesta a ir a la guerra, gente que ha hecho suya una retórica que deshumaniza a la otra parte, que ya no percibe al otro bando como un opositor sino que lo ve como un estúpido obstáculos a sus nobles objetivos? Ellos son la fuerza, es imposible abatirlos. Ellos no piensan a partir de toda una serie de problemas; ellos tienen las respuestas, y esas respuestas no pueden ser puestas en duda. Porque si dudáramos, volveríamos a estar con las espaldas a descubierto. Es una situación terrible. Pero es todavía peor reconocer que no combatirán por sí mismos, sencillamente serán utilizados por gente que tiene unos objetivos totalmente distintos. Por eso, cada “yo” puede detener la guerra dentro de sí. De hecho, la guerra no comienza un día, una hora, un minuto preciso. La guerra germina en miles de puntos invisibles. La guerra se nutre de cualquier discordia, incluso del pensamiento de la discordia.

La guerra y su antídoto

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>ELECCIONES EN MARRUECOS

Los bloques políticos al servicio del statu quo

Antonio R. Rubio Plo

Las elecciones legislativas en Marruecos, celebradas el pasado 7 de octubre, no arrojaron ninguna sorpresa en sus resultados. Algunos las plantearon como un combate entre la religión y la modernidad, representados respectivamente por el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) y el Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM). Lo que está claro es que este combate no tendría nunca un claro vencedor. Ningún partido está en condiciones de obtener una mayoría absoluta de un total de 395 escaños. Se explica porque es un sistema proporcional que excluye, además, a las formaciones políticas que no hayan superado el 3% de los sufragios emitidos. En la práctica esto significa que los partidos están obligados a entenderse y construir mayorías de gobierno que necesariamente constituirán formaciones dispares. Esto es lo que sucedió en las pasadas elecciones de 2011, en las que los islamistas moderados del PJD obtuvieron 107 escaños y tuvieron que formar gobierno con el Istiqlal, el partido nacionalista más antiguo de Marruecos, presente en el parlamento con 45 escaños.

Lo que sucede en el país vecino sería poco comprensible si no lo situamos en el contexto de las revueltas de la Primavera Árabe de 2011, que tuvieron consecuencias trágicas en Libia, Siria y Egipto, entre otros países. Con todo, Mohamed VI se anticipó a los acontecimientos y promovió reformas desde el poder que garantizasen una mayor representación popular. Una monarquía no puede confiar indefinidamente en el apoyo de sus súbditos con el exclusivo fundamento de la religión o la tradición. En un mundo globalizado como el nuestro, este tipo de vínculos, muy importantes en Marruecos, no resultan suficientes. El monarca lo comprendió enseguida, aunque también lo había entendido su padre, Hassan II, en los últimos años de su reinado: se hacía preciso granjearse un mayor grado de legitimidad fundamentado en las urnas. Las reformas constitucionales de 2011 transcurrieron en este sentido, y así la figura del primer ministro se veía potenciada en el sistema político marroquí. Gobernaría el partido que hubiera sido más respaldado en las urnas, y el rey ya no se limitaría a nombrar a alguien de su confianza. Marruecos no se convertía en una monarquía parlamentaria al estilo de las europeas, pero las urnas servían para dar visibilidad a la figura del primer ministro. En tiempos no tan lejanos era visto únicamente como un hombre de palacio, aunque también hubiera sido designado de entre los parlamentarios.

El líder del PJD, Abdelillah Bekirán, acostumbra a calificar a su agrupación como “un partido de raíces islamistas” y no como un partido islamista en la línea, por ejemplo, de los Hermanos Musulmanes, ahora proscritos en Egipto. De hecho, los Hermanos cometieron en el país del Nilo el error de no tener en cuenta el pluralismo existente en la sociedad y parecían aspirar a un modelo “restauracionista”, alejado de la realidad de la calle y de una revolución, la de 2011, caracterizada por la diversidad de sus actores. El PJD no aspira a caer en la misma trampa y se presenta como fiel al sistema de la monarquía alauita. Está interesado en reformas económicas que combatan la pobreza del país y en la lucha contra una corrupción considerada como unos de los factores responsables del atraso social y económico de Marruecos. Partiendo del principio de lealtad al rey, que es a la vez Comendador de los Creyentes, el PJD considera a la religión musulmana como una fuerza capaz de transformar la sociedad si se vive la autenticidad de la fe. Y otro de sus mensajes es que no existe contradicción entre la modernidad y la religión. La consabida creencia, extendida a partir del positivismo de Comte, de que la superación del credo religioso es el paso de la etapa infantil de la superstición a la adulta de la razón y la ciencia, ha podido triunfar en Occidente, pero no en el mundo árabe y musulmán. Por el contrario, el vacío religioso conlleva no pocos riesgos, los representados por una juventud sin coordenadas de referencia y entregada a un materialismo consumista sin freno. Todo vacío espera ser llenado y acaba colmándolo un radicalismo de barniz religioso y a la vez profundamente nihilista.

>ELECCIONES EN MARRUECOS

Los bloques políticos al servicio del statu quo

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Los reyes del mercado negro de Damasco

Nqur Samaha

Un día entre semana de mediados de agosto el tráfico obstruye las calles del centro de Damasco. Cafés y restaurantes están llenos de clientes, relajándose mientras fuman narguiles con los amigos. Los zocos están llenos de compradores casi todos los días, y la industria de servicios está en auge. En Bab Sharqi, un barrio de la ciudad vieja, al menos una docena de bares han abierto en los últimos ocho meses. Los fines de semana están llenos de gente que va a apostar y que disfruta de bebida y comida mientras escucha lo último de Taylor Swift, interrumpida por alguna explosión mortal ocasional. En menos de un kilómetro de distancia el ejército sirio y las milicias pro-gubernamentales están combatiendo contra islamistas y Al-Qaeda con grupos armados en una guerra que determinará el futuro de su país.

Mientras que en un primer vistazo Damasco parece aislada del conflicto en el que está envuelto el resto del país, es ese mismo conflicto el que hace posible esta ilusión de normalidad. "Es posible abrir tales lugares porque mucha gente está viajando al extranjero, o incluso a otros lugares del país. Pero siguen queriendo salir. Así que van a restaurantes y bares en sus propias ciudades", explicaba el propietario de un bar en Bab Sharqi, "tienen dinero para gastar y no quieren quedarse en casa".

Siria atraviesa su sexto año de guerra, y mucha gente que vive en las áreas controladas por el Gobierno, como Damasco, continúa sufriendo las heridas de la crisis económica que persiste aunque las armas se hayan silenciado. Un reportaje realizado por la Comisión Económica y Social de la ONU para Asia Occidental (ESCWA por sus siglas en inglés) en 2015 estimó pérdidas acumuladas entre 2011 y 2015 de 260.000 millones de dólares, aproximadamente un 55% se perdió en 2011. Para el final de este año la economía siria habrá disminuido 10 veces desde que empezó el conflicto, según habitantes de Damasco.

Simplemente no hay mucho que entre o salga de Siria; la imposición de sanciones por parte de Estados Unidos y la Unión Europea en 2011 ha impedido la importación de bienes básicos. Las sanciones, junto con la destrucción de la industria, devastada por la guerra, han llevado a la disminución de las exportaciones en un 90%, según ESCWA. Las infraestructuras de petróleo y gas han sido destruidas en gran parte. Para adaptarse a esta nueva realidad algunos han tomado medidas desesperadas: vender sus posesiones, aceptar otros trabajos e incluso robar.

Otros, sin embargo, huelen la oportunidad en medio del caos. Los beneficiarios de la guerra han labrado un próspero mercado negro que elude las sanciones del régimen produciendo millones a través de la importación y venta de los bienes más deseados, que van desde barritas de Kit Kat a cigarrillos cubanos. Mediante la acumulación de beneficios y poder han llegado a obtener un inmenso grado de control sobre la vida de los sirios que viven en las áreas controladas por el Gobierno.

El ascenso de los reyes del mercado negro empezó pronto, en abril de 2011, mes en el que se produjo el levantamiento de Siria, cuando el presidente Barack Obama impuso, mediante una orden ejecutiva, el primero de los cuatro sets de sanciones económicas a Siria. Según la administración de Obama estas medidas tenían como objetivo castigar los abusos a los derechos humanos del presidente Bashar al-Assad sofocando la economía siria, impidiendo el acceso a bienes esenciales como medicamentos y fuel, y bloqueando las transferencias bancarias. Pusieron en marcha una onda destructiva en toda Siria, que distorsionó una economía que pronto se vería devastada por el agravamiento del conflicto.

Los reyes del mercado negro de Damasco

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La stamina de Donald Trump

Antonio R. Rubio Plo

Cuando el debate del pasado lunes entre Trump y Clinton llegaba a su fin, el candidato republicano echó mano de un término, que ha utilizado en otras ocasiones, para desacreditar a su oponente demócrata. Se trata de stamina, cuya traducción sería la de aguante, fortaleza o agallas, entre otros significados. Este término derivado del latín implicaría tener algo esencial para ejercer la presidencia. Según Trump, Clinton carece de ello, pues “para ser presidente de este país, se necesita una tremenda stamina”.

Tener stamina será una cualidad para Donald Trump, pues él debe sentirse investido de ella, pero nos parece que esto es una visión política de corto alcance. La stamina es la cualidad de un resistente, y no tanto de quien toma iniciativas. Implica tener fortaleza y capacidad de aguante. Responde al viejo eslogan de “resistir es vencer” y representa, en consecuencia, una estrategia defensiva, de ciudadela sitiada. En ella, el enemigo tendría que replegarse ante las férreas posiciones de quien defiende lo que considera una única verdad, la suya. La stamina supone la imposibilidad de cualquier tipo de pactos, pues serían una traición a unas convicciones políticas incapaces de admitir un término medio. Históricamente las resistencias armadas o las sociales no eran un fin en sí mismo sino un método de contribuir a una victoria que debía llegar más adelante. La stamina, entendida como capacidad de resistencia, sólo encuentra su justificación en el poder por el poder, en el gobierno de un político omnisciente con la innata cualidad de saber lo que más le conviene a su pueblo.

Un partidario de Donald Trump nos diría que la stamina es mucho más que resistencia. Es también habilidad para llevar a cabo determinadas tareas. En su asimilación de la política con los negocios, el candidato republicano piensa que Clinton no tiene la habilidad que él posee para los negocios. Si la política exterior se identifica, en gran parte, con las relaciones económicas, la ex secretaria de Estado carecería de la habilidad suficiente para defender los intereses norteamericanos. Trump ve las cosas de un modo simplista: si las alianzas militares cuestan cientos de millones de dólares, estamos haciendo un mal negocio con Arabia Saudí o Japón, entre otros países. Está convencido de que Clinton no tendrá la suficiente stamina para hacérselo saber y, sobre todo, para obligarles a pagar más por su defensa. En cambio, el candidato republicano presume de agallas al respecto, también con los países que forman parte de la OTAN. En el fondo, el economicismo de Trump socava las relaciones de Washington con sus aliados, pues prescinde de unos valores comunes compartidos y cuestiona la relación trasatlántica, por no decir el propio concepto de Occidente. Alimenta además el antiamericanismo europeo, que se encontrará complacido, en caso de una hipotética victoria de Trump, con el hallazgo de un nuevo chivo expiatorio para sustituir a George W. Bush. ¿Y cuál puede ser la reacción de un Trump presidente? Hacer acopio de grandes dosis de stamina, por supuesto.

La stamina de Donald Trump

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Vence un nuevo pacto social

Giovanna Parravicini

“El resultado electoral constituye una vez más una reacción de nuestros ciudadanos ante las presiones que llegan desde fuera de Rusia, con amenazas, sanciones, intentos de desestabilizar la situación de nuestro país desde dentro”. Son palabras de Vladimir Putin la semana pasada, tras conocer los resultados definitivos de las elecciones y que ofrecen una clave de lectura de lo sucedido en Rusia durante la jornada electoral del 18 de septiembre.

Los resultados son buenos y malos para el gobierno actual, pues sale vencedor pero al mismo tiempo derrotado en varios aspectos. Vencedor porque Rusia Unida ha obtenido 343 escaños y la mayoría absoluta de la Duma. El nuevo parlamento conserva los mismos cuatro partidos que la legislatura anterior; además del partido en el gobierno, los comunistas tendrán 42 escaños, los demócratas liberales (LDPR, el partido de Zhirinovski) 39, y Rusia Justa 23. Por comparar con el año 2011 y la Duma saliente, el partido de Putin obtuvo entonces 238 escaños, los comunistas 92, LDPR 64 y RJ 56.

Hace cinco años, en diciembre de 2011, unas elecciones que parecían obvias, después de una serie de fraudes electorales de dimensiones realmente excesivas incluso para Rusia, dieron lugar a una gran oleada de protestas y desacuerdos que solo se aplacaron con el paso de los años. Ahora, para evitar posibles problemas de este tipo, el gobierno de Medvedev ha hecho todo lo posible por dar legitimidad a la votación. En 2015 cambió la ley electoral, introduciendo un sistema mixto (proporcional y mayoritario), redujo el umbral del siete al cinco por ciento para permitir una mínima participación, permitiendo entrar incluso, por primera vez a nivel federal, al partido disidente Parnas, fundado por el ex vice primer ministro Boris Nemcov, asesinado en Moscú. También admitió la participación de 18 candidatos apoyados por el oligarca “enemigo” Chodorkovski. Al frente de la Comisión electoral se situó a Ella Pamfilova, respetada presidenta de Transparency International-Rusia», donde sustituye a Curov, que en 2011 fue el primer objetivo de las protestas contra el fraude. Ahora se dice que el fraude no habría sido tanto. Pamfilova, que la víspera de la votación prometió su dimisión en caso de “fiasco”, ha determinado que las elecciones pueden considerarse “legítimas” si bien no “inmaculadas”. Además, el informe de la OSCE tampoco ha sido negativo en términos generales.

Hasta aquí la victoria. ¿Y la derrota? Sin duda se sitúa en la caída de la afluencia a las urnas: 47,8%, la tasa más baja de toda la historia de Rusia. Aunque ya lo veía venir el centro estadístico Levada, que unos días antes reveló una flexión de los apoyos a la mayoría y sobre todo una caída en el interés por la convocatoria electoral, por lo que inmediatamente fue acusado de ser un “agente extranjero”.

Vence un nuevo pacto social

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Boko Haram se divide en tres, ¿cambia algo para los cristianos?

Massimo Introvigne

Hace unos días se anunció la “destitución” de Abu Bakr Shekau, líder de Boko Haram, el grupo terrorista nigeriano famoso por sus secuestros de jóvenes cristianas y por sus masacres en iglesias, que han causado la muerte de casi nueve mil cristianos en los últimos diez años. Parece que Boko Haram se considera parte del califato del Isis y el califa Al-Baghdadi, molesto con algunas tesis de Shekau, ha decidido sustituirlo por Abu Mus'ab al-Barnawi. En realidad, según un estudio publicado por el historiador Roman Caillet y el centro suizo Religioscope, las cosas son más complicadas, y Boko Haram se habría dividido en tres grupos distintos, aunque todos ellos capaces de atacar y reconquistar las posiciones que el ejército nigeriano arrancó a los terroristas durante los últimos años.

Ante todo conviene recordar qué significa "Boko Haram". La palabra "haram", contrapuesta a "halal", indica en el islam algo que es impuro e ilícito. "Boko" en Nigeria es originariamente un atributo despreciativo, que significa “engañifa”, procede del alfabeto latino que los colonizadores ingleses intentaron imponer en lugar del árabe, pero por extensión comprende la cultura, la educación y las ideas occidentales, cristianismo incluido. Todo ello es declarado ilícito por Boko Haram —que, como suele suceder, no nació con este nombre, pero cuando se lo adjudicaron los medios no lo rechazaron— y por tanto objeto de destrucción. El movimiento fue fundado originalmente por el influyente imán Muhammad Yusuf (1967-2009). Entonces no era una organización terrorista ni tenía un ejército propio con la aspiración de controlar porciones de territorio nigeriano ni atacar incluso a los países limítrofes. Estas transformaciones siguieron al asesinato de Yusuf en una cárcel de Nigeria en 2009 y al ascenso de Shekau, reconocido como líder del grupo en 2010.

Shekau es un extremistas que considera lícito matar a los musulmanes sunitas que no se rebelen contra un gobierno “apóstata” como el nigeriano. Boko Haram ataca sobre todo a los cristianos, pero también destruye mezquitas favorables al gobierno. Esto provoca en 2012 el cisma de una parte de Boko Haram llamada Ansaru, que se adhiere a Al-Qaeda, quien paradójicamente tiene una línea más moderada respecto a la licitud de matar a musulmanes y atacar mezquitas sunitas. Esta división se refleja en la de Iraq, entre Al-Qaeda e Isis. De hecho, cuando en 2014 el Isis se separa de Al-Qaeda en Iraq, el grupo mayoritario de Boko Haram, guiado por Shekau, se adhiere al Isis.

Pero la adhesión oficial no se anuncia hasta 2015, parece que debido a las dudas del Isis sobre el extremismo de Shekau y sus pretensiones de liderazgo mundial, que le convertían en rival del califa Al-Baghdadi. Efectivamente, la relación entre Boko Haram (facción Shekau) y el Isis dura solo de marzo de 2015 a agosto de 2016, cuando el Isis destituye a Shekau y pone en su lugar a Al-Barnawi. Este último se ha apresurado a declarar que matar a civiles musulmanes sunitas que no manifiestan abiertamente su hostilidad al califato no es lícito, aunque esta cuestión tiene su controversia en el seno del Isis y Caillet recuerda las posiciones similares a las de Shekau sobre Abu Omar al-Koweiti, aliado del Isis en Siria antes de ser ajusticiado por extremismo por el propio Isis en 2014.

Sin embargo, Shekau no acepta la destitución y el resultado por el momento es que en Nigeria hay tres Boko Haram: el grupo mayoritario de Al-Barnawi, adherido al Isis; Ansaru, que forma parte de Al-Qaeda; y la facción independiente y extremista de Shekau. Un mundo donde todo es provisional y los enemigos de hoy pueden aliarse de nuevo mañana. La fragmentación y el consiguiente debilitamiento de Boko Haram debería ser una buena noticia para los cristianos nigerianos. O no: porque las diversas facciones podrían competir a golpe de atentado para demostrar su existencia y su poder.

Boko Haram se divide en tres, ¿cambia algo para los cristianos?

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Idas y venidas de la ley de construcción de iglesias en Egipto

Tewfik Aclimandos

Desde hace más de dos meses, los coptos egipcios esperan que una nueva ley sobre la regulación de la construcción de lugares de culto pueda poner fin a la discriminación de su comunidad. La nueva legislación debería superar el llamado “escrito imperial”, en vigor desde 1856, que ponía la edificación de iglesias bajo jurisdicción del gobernante, más las diez condiciones que en 1934 añadió el ministerio egipcio de Interior, convirtiendo la construcción de iglesias en una cuestión burocrática larga y espinosa.

El pasado 25 de agosto, tras meses de tensión entre la Iglesia copta y el gobierno, el Sínodo de la Iglesia copta anunció haber alcanzado un acuerdo de compromiso con las autoridades, pocos días después de haber atacado las propuestas de enmienda propuestas por el Parlamento a este proyecto de ley tan esperado. Ahora la ley tendrá que ser enviada al gobierno para su aprobación, antes de ser ratificada por el Parlamento. Los retrasos de esta norma han suscitado una creciente preocupación en el Papa Tawadros, patriarca de la Iglesia ortodoxa copta, que recientemente ha publicado un artículo en la prensa egipcia donde resume las dificultades que los coptos encuentran para ejercer su culto desde el siglo VII, lo cual agudiza las tensiones y los desencuentros confesionales entre cristianos y musulmanes en Egipto, donde los coptos representan el 10% de una población de casi 90 millones de habitantes.

Los coptos, que vivieron con aprensión, por no decir terror, la llegada al poder de los Hermanos Musulmanes en 2012, han pasado del miedo –traducido en numerosas salidas hacia otros países– a la esperanza. No solo millones de personas se manifestaron contra los islamistas el 30 de junio de 2013, sino que inesperadamente Egipto eligió al presidente más filo-copto de su historia reciente. Un presidente que multiplicaba sus llamamientos a llevar a cabo una “revolución religiosa”, renovando los discursos de los doctores del islam, y los gestos simbólicos, participando en la misa de navidad y felicitando a los fieles, una novedad total en la historia de este país. Los progresos siguieron creciendo. El Parlamento nunca ha tenido tantos diputados coptos, nunca ha habido tantos llamamientos a la fraternidad y tan sinceros, nunca el espectro del fundamentalismo salafita o ligado a la Hermandad había estado lejos durante tanto tiempo. La institución militar ha animado a reflexionar sobre un concepto de ciudadanía que implica igualdad. Los incidentes confesionales se hicieron más esporádicos.

Pero la primavera pasada, el Papa Tawadros volvió a empezar a preocuparse. El presidente empezó a hablar solo de “rectificación” del discurso religioso, cada vez menos a menudo. Los organismos de seguridad retomaron las negociaciones con los Hermanos Musulmanes y el nuevo liderazgo en el poder de Arabia Saudí se fue haciendo menos anti-islamista y más implicado en la política de Al-Azhar que en tiempos del difunto rey Abdalá. La ley sobre lugares de culto, reclamada por la Iglesia, se quedó parada en fase de estudio.

En mayo, los enfrentamientos confesionales tuvieron un aumento muy brusco, con una frecuencia inédita en los incendios de iglesias, y ataques a negocios y viviendas de cristianos. Las causas, siempre las mismas: coptos que construyen o son acusados de construir lugares de culto sin autorización, historias de amor entre personas de comunidades distintas que suscitan la ira de terceros, a menudo –aunque no siempre– salafitas. Estos incidentes se “gestionan” de la misma manera que antes. La ley no se aplica, los oficiales locales niegan la existencia del incidente o lo minimizan, y consejos de conciliación tradicionales llegan a una pseudo-solución sin castigar a los culpables. O peor aún, los ataques contra la comunidad ya no resultan ser solo la reacción de una multitud encolerizada y manipulada, son que aumentan las acusaciones de complicidad contra las administraciones locales.

Idas y venidas de la ley de construcción de iglesias en Egipto

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>Entrevista a Remi Brague

'Hay que distinguir entre islam y musulmanes'

Remi Brague, profesor emérito en la Sorbona, repasa el reto que supone el islamismo en una reciente entrevista concedida a firstthings.com

¿Qué cuenta del hecho de que a nuestros líderes políticos, de François Hollande para abajo, les cueste nombrar a nuestros enemigos? Hay un pánico extraño a mezclar islam con islamismo. ¿Por qué?

¿Tenemos algún líder político? ¿Hay algún piloto en este avión? Sería una grata sorpresa descubrir que alguien tiene el control. El miedo a poner nombre al enemigo viene de lejos. ¿Quién, antes de que cayera el muro de Berlín, se atrevió a dar un nombre verdadero al marxismo-leninismo o a la Unión Soviética? La gente prefería hablar vagamente de "ideologías". El plural era una niebla conveniente.

Esto sucede de nuevo hoy cuando la gente habla de "religiones". Del mismo modo, algunas personas prefieren usar el acrónimo DAESH, que sólo los escolares árabes entienden, antes que decir "el Estado islámico" porque el adjetivo nos remite al islam. Y no hay una verdadera línea divisoria entre islam e islamismo. Es una cuestión de grado y no de clase. Por esta razón es necesario distinguir verdaderamente entre, el islam por un lado, con todos sus niveles de intensidad, y por otro los musulmanes de carne y hueso. El rechazo legítimo a mezclar islam e islamismo conlleva la distinción de la gente concreta desde el sistema religioso que prevalece en su país de origen.

El sentimiento de mudez y angustia producido por el atropello de Niza (armando un camión, matando niños), ¿es síntoma de una cultura que ha perdido su sentido de la tragedia, su conciencia del mal y de la muerte?

La gente dice que estamos en guerra. Pero nadie tiene el coraje de hacer lo que hizo Churchill, y decirnos que no tiene nada que ofrecernos excepto sangre, sudor y lágrimas. Desde el final de la guerra en la que Churchill dejó su país, ha habido 70 años de paz y prosperidad. Eso se ha convertido en lo normal para nosotros, y pensamos en ello como nuestro derecho, como un hecho que es así sin que haya que decirlo. Guerra, hambruna... son cosas que le pasan a otra gente. Nuestro proverbio dice que "la gente feliz no tiene historia". Pero no nos hemos hecho a nosotros mismos más felices por imaginar que hemos escapado de la historia.

La intención de estos atropellos era dejarnos mudos, y los medios de comunicación con su cobertura continua están ayudando a conseguir ese objetivo. Olvidamos que la violencia es principalmente un medio, y que necesitamos quitar los ojos de la violencia en sí misma y preguntarnos cuál es el objetivo que persigue. Ese objetivo es establecer a lo largo del mundo un sistema legal que sea una especie de sharía y que legisle el comportamiento de los individuos, de las familias, de la economía, y a largo plazo, todo el sistema político. Nos hemos fijado en el aspecto espectacular de los atropellos, en las decapitaciones como las que el Estado Islámico pone ante nosotros con mucho cuidado y habilidad. Pero todo eso nos está distrayendo de la verdadera cuestión, que es la finalidad de estas cosas. Este final podría conseguirse a través de medios que son más discretos pero igualmente efectivos, como acusar de culpabilidad al enemigo, la presión social, incesante propaganda de guerra, cualquier tipo de truco.

La violencia quizá es un medio, sin la necesidad de implicar mucha acción. Todo lo que necesita es una amenaza lo suficientemente grande para forzar al adversario a rendirse sin luchar. Por un lado, el uso de la violencia psicológica podría ser contraproducente, en el sentido de que podría provocar un levantamiento del enemigo. Sería más inteligente tranquilizar a la gente con bonitas palabras o demostrar el poder sin utilizarlo.

En “L'Europe la voie romaine (Eccentric Culture: A Theory of Western Civilitation)”, muestra cómo nuestro continente fluye desde los griegos, los romanos y los cristianos. ¿Pueden Europa y Francia hacer una resistencia sólida a la amenaza islamista sin basarse en el legado intelectual que está en su ADN?

>Entrevista a Remi Brague

'Hay que distinguir entre islam y musulmanes'

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Volvamos al encuentro de Cuba, desde arriba y desde abajo

Zelinskij Vladimir

Es un encuentro del que se llevaba hablando décadas. Los papas y patriarcas iban cambiando, y la espera se prolongaba indefinidamente. Siempre que he tenido que hablar de ortodoxia, al final se me acaba planteando la misma pregunta: ¿cuándo podrá el Papa (Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco…) ir a Moscú? Pues bien, ha sucedido. De momento, no a Moscú sino a una tierra alejadísima de Rusia, pero en todo caso a una zona de influencia rusa. Un cruce que parecía casi de improviso, pero que se había preparado hasta el último detalle. Un encuentro fraterno, aunque sin una oración compartida. Una visita ecuménica, pero sin tocar ningún punto caliente teológico.

Cuando pienso en ese encuentro, imagino un precioso lago bajo el sol. Sobre la superficie, dos grandes naves que avanzan una hacia otra y que paran un momento para luego proseguir el viaje juntas, en una dirección común. Así se suele presentar la escena a los ojos de espectadores occidentales. Pero las aguas del lago se mueven. Bajo su reflejo hay corrientes profundas. El Papa Francisco puede ignorarlas y no mirar hacia abajo, hacia un fondo poco transparente: su nave en todo caso se sostiene bien. Con el patriarca es diferente. Habría debido considerar todas las piedras ocultas bajo el agua, todos los riesgos que le comportaría ese encuentro.

Los comentarios de la prensa europea que he podido leer partían de la premisa indiscutible de que Moscú estaba representada por él, patriarca “de todas las Rusias”. Pero hay “Rusias” muy discordes, sobre todo en el tema del ecumenismo. La misma palabra “ecumenismo” tiene una tonalidad distinta en Rusia y en Occidente. En Italia ha llegado a ser un lugar común, algo indiscutible al menos desde el Vaticano II, pero en el mundo ortodoxo, sobre todo en Rusia, especialmente desde su salida del comunismo, esta hermosa palabra suena a veces casi como una ofensa. No para todos, pero sí para muchos fieles, si bien no fuertes numéricamente hablando aunque sí por su influencia interna. Para algunos de ellos, el hecho mismo del encuentro del Patriarca con el Papa fue una traición a la verdadera fe, su rendición ante la herejía de las herejías, que es como la llamada “derecha ortodoxa” llama al ecumenismo. ¿Pero qué ecumenismo?, se podría objetar. Oficialmente, ¿el Papa y el Patriarca no se encontraron solo para declarar su preocupación por la suerte de los cristianos perseguidos en Oriente Medio? Dejemos estar a la política, responden otros, el hecho mismo de un contacto entre el Patriarca y el Papa significa el reconocimiento abierto del líder de “otra iglesia” (mientras que la Iglesia no puede ser más que una, fundada por Cristo) y del papismo, rechazado durante mil años por el Oriente cristiano. El abrazo entre ambos sería el texto más importante de la declaración, un texto acordado en cada palabra mucho tiempo antes.

Personalmente, el Patriarca puede ser ecuménico o no (Kiril es ecuménico), pero hay dos cosas más fuertes que él, que en este momento teme la Iglesia rusa: perder la metrópolis ucraniana (y por tanto también las demás diócesis de los estados independientes ex-soviéticos) y sufrir un cisma. Cualquier cambio (el calendario, la lengua eclesiástica eslava, el acercamiento a Roma…) puede provocar un terremoto y el Patriarca lo sabe demasiado bien. Nadie ha olvidado los dos cismas, el de los viejos creyentes y el de los innovadores, que sacudieron la Iglesia rusa en los siglos XVII y XX. Estas heridas aún no han cicatrizado. Todavía es pronto para hablar de cisma ahora, pero ya se perfila una pequeña grieta. Después de este acontecimiento, algunos sacerdotes del patriarcado de Moscú han dejado de conmemorar al Patriarca durante la divina liturgia por considerarlo hereje.

¿Sabía él de estos riesgos? Claro que lo sabía. Pero su encuentro con el Papa también llevaba dentro un mensaje político. ¿Alguien duda de que bajo el abrazo cubano no estaba también la mano de Putin, que con su aislamiento actual trata de utilizar la diplomacia oficiosa? Más aún, este encuentro tuvo lugar en el contexto del Concilio panortodoxo, los medios de todo el mundo llevaron a Moscú (que ocupa el quinto puesto en el díptico de las iglesias ortodoxas) a primerísima plana, pero los encuentros del Papa con el Patriarca ecuménico ya no son un acontecimiento extraordinario. Entre todos estos riesgos y cálculos, conviene dejar espacio al Espíritu Santo, capaz de entrar en los proyectos humanos, incluso en los que son demasiado humanos.

Volvamos al encuentro de Cuba, desde arriba y desde abajo

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Qué tiene que ver la matanza de Niza con el golpe en Turquía

Robi Ronza

En un contexto internacional tremendamente inestable, cada vez se hace más evidente la delicadeza de esta fase de transición que se está produciendo entre el final de la presidencia de Obama y el inicio de una nueva presidencia americana más imprevisible que nunca. En periodos así se abren vacíos que, si no se llenan de otra manera, acabarán remitiendo a fuerzas oscuras de matrices de lo más diverso: fuerzas que en otras circunstancias quedarían confinadas a los pasadizos subterráneos de la historia.

Más allá de los detalles específicos más relevantes, la masacre terrorista en el paseo marítimo de Niza, eslabón de una larga cadena de ataques terroristas islamistas, y el golpe en Turquía, contraataque a la aventura neo-otomana de Erdogan en Oriente Próximo, se encuentran en esa misma categoría. El problema es arduo, aunque todavía no es insuperable. Pero para afrontarlo hacen falta al mismo tiempo energías espirituales y culturales, materiales y físicas, personales y sociales, individuales y políticas.

Es evidente que el malestar de los franco-musulmanes de origen norteafricano es resultado de un largo proceso de segregación social y cultural, en parte inducido pero en parte también buscado, al que no se podrá poner remedio en un santiamén. Por eso conviene meterle mano lo antes posible. En el caso del atentado de Niza llama la atención la banalidad, la “normalidad” tanto de la persona como del instrumento que ha utilizado para cometer la masacre. Hay sin duda cientos, si no miles, de individuos en Francia con un perfil socio-psicológico análogo al de este terrorista. Usando de un modo perverso las técnicas modernas de persuasión masiva se pueden difundir odio y sugerencias técnicas para convertir en asesino a más de uno. Ni siquiera hace falta elegir concretamente a alguno. A una cierta cantidad de “promoción” en ese sentido, se le puede calcular un cierto resultado. La defensa inmediata ante tal peligro solo puede ser la policía, pero a largo plazo tiene que ser necesariamente una defensa cultural.

De la misma manera, también en el caso de Turquía vemos que el origen está en un vacío mal llenado. Se trata del vacío provocado por el incipiente éxodo de Estados Unidos del Mediterráneo, que ha desatado las ambiciones neo-otomanas de Erdogan. A su modo, Turquía es un país democrático, uno de los países más democráticos de la zona del mundo en que se encuentra, que es Oriente y no Europa. Pero se trata de una democracia no carente de ciertas particularidades importantes. Una es que se trata de un país muy “laico”, pero donde si no eres musulmán no puedes acceder a ningún cargo público de cierta relevancia.

Hay griegos, armenios y siriacos cristianos de nacionalidad turca, pero no se recuerda a ninguno que haya llegado a ser alcalde, ministro, alto oficial o director general de un ministerio. Otra particularidad reside en el papel asignado a las fuerzas armadas por el propio Mustafà Kemal Atatürk, fundador de la Turquía moderna, democrática y republicana en los primeros años 20 del siglo pasado. De hecho, por su voluntad las fuerzas armadas tienen derecho a intervenir en la vida pública incluso suspendiendo el gobierno civil democráticamente elegido si sus jefes consideran que ya no es fiel a los principios sobre los que se fundó la Turquía moderna. Lo que quiere decir que en Turquía el golpe de Estado militar no es una revuelta sino una institución.

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La 'victoria' sobre el Isis no supone una victoria sobre el yihadismo

Felice Dassetto

Dice un manual del buen yihadista “para lobos solitarios y pequeñas células” que circula por internet, y que resume las lecciones impartidas en campos de entrenamiento yihadista, que “el factor sorpresa ya es la mitad de la victoria, pues sorprender al enemigo en el momento y en el lugar ofrece las mayores posibilidades de éxito”. Mientras nos preparábamos para ataques con explosivos y kalashnikov la semana pasada nos sorprendía el horror que nos golpeaba de una manera sencilla: un camión contra la multitud.

Otra enseñanza del manual en cuestión es la seguridad de las operaciones en función de su éxito, que depende de la adecuación de los objetivos a los medios disponibles y a la posibilidad de reacción del enemigo. Lanzar un camión contra una muchedumbre efectivamente puede causar daños terribles antes de que la primera reacción tenga tiempo de poner fin a la operación. El objetivo que, según las palabras del Corán que cita el yihadismo, consiste en “aterrorizar al enemigo” ya estaba conseguido, y más aún en un momento especialmente simbólico para Francia, como era el 14 de julio.

Este atentado se encuadra en las lógicas contemporáneas del yihadismo, cuya doctrina, elaborada desde los primeros años 2000 por figuras como Al-Suri o Naji, puntos de referencia del mundo yihadista, consiste en promover una estrategia de la yihad cada vez más extendida y una estrategia del caos. En otras palabras, se trata de promover la difusión de la yihad en la vida cotidiana del enemigo, golpear allí donde sea posible, promoviendo una lógica de la tensión mutua y permitiendo ampliar el campo en que sea posible instaurar un orden islámico. La guerra que se está produciendo en Siria ha permitido al Daesh desde 2014 arraigarse e imponerse infiltrándose en medio del caos sirio. Del mismo modo, ha permitido a Al-Qaeda en el Maghreb islámico extenderse por el África subsahariana.

El Daesh será golpeado duramente, sin duda, Mosul y el territorio del que extrae considerables recursos financieros serán reconquistados por el ejército iraquí, apoyado por América y Occidente, pero la “victoria” sobre el Daesh no corresponderá a una victoria sobre el yihadismo, igual que la victoria sobre los talibanes y Al-Qaeda en Afganistán no significó una victoria sobre el radicalismo yihadista. Harán falta décadas de lucha contra el radicalismo, y costarán muy caras a las arcas públicas. Seguro que mañana se podrán retirar los soldados de las calles, o reemplazarlos por otras fuerzas policiales. La privatización de la seguridad a la que nos encaminamos con la ilusión de una perspectiva limitada en el tiempo no permitirá hacer frente a la necesaria seguridad de los ciudadanos.

Esto por lo que respecta a la seguridad inmediata y a la acción orientada a la lucha contra el radicalismo, que es el primer aspecto. Pero también habría que aprender las lecciones de los años 2000. Habíamos pensado que la eliminación armada de los grupos yihadistas, de los talibanes o de Al-Qaeda sería suficiente para secar la fuente del yihadismo. Fue una gran ilusión. Así lo demuestra la prolongación del yihadismo en los años 2000 y su expansión en 2011. De hecho, el yihadismo no es más que la punta visible del iceberg que emerge de un background cultural muy extendido y que ha constituido el terreno fértil para el yihadismo.

La 'victoria' sobre el Isis no supone una victoria sobre el yihadismo

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Tres islas, una sola unidad

Adriano Dell`Asta

Tres islas en la historia de la Iglesia y de la confirmación de su unidad: primero Cuba, luego Lesbos y ahora Creta. Después de los dos primeros encuentros (entre Francisco y Kiril en Cuba; luego entre Francisco, Bartolomé y Jerónimo en Lesbos), no era descabellado esperar un tercero con motivo del tan esperado Concilio Panortodoxo. Cincuenta años de discusiones y encuentros preliminares, después de que durante todo el siglo XX se sucedieran varios intentos fallidos y después de una historia plurisecular en que las Iglesias ortodoxas no han sido capaces de reunirse todas juntas. Y aunque el resultado ha sido claramente menos feliz de lo esperado, resulta exagerado decir que se ha producido un “cisma de facto”; con la ayuda del Espíritu Santo (que todos siguen invocando sinceramente), podemos esperar que en el futuro la situación se convierta en una ocasión de renacer, aunque por el momento parezca bloqueada en un callejón sin salida.

El pasado mes de enero se decidieron la fecha y el lugar, y se publicaron los documentos programáticos finales sobre los temas a debate, que fueron “completamente aprobados” por las Iglesias que se preparaban para celebrar el Concilio, mientras que un documento sobre el matrimonio que había suscitado la contrariedad de la Iglesia georgiana, contraria a los matrimonios mixtos, fue eliminado para mantener la unanimidad. Luego, inesperadamente, a partir de primeros de junio, empezaron las defecciones y de las catorce Iglesias que debían estar presentes quedaron diez: los patriarcados de Constantinopla, Alejandría, Jerusalén, Serbia y Rumania, las Iglesias de Chipre, Grecia, Polonia, Albania, Chequia y Eslovaquia; mientras que han declarado su indisponibilidad para presenciar la asamblea de Creta los patriarcados de Bulgaria, Antioquía, Georgia, y por último el de Moscú.

Qué ha pasado y por qué es una cuestión muy compleja y obviamente es objeto de polémicas más o menos encendidas. Algunos han señalado que es como si un estudiante se diera cuenta la noche previa al examen de que no ha leído los textos del programa. Otros tratan de explicarlo con motivos no del todo convincentes o rigurosos. En efecto, parece discutible negarse a participar en un encuentro tan importante por la controversia entre los patriarcados de Antioquía y Jerusalén sobre la pertenencia canónica del territorio de Qatar, o por la discusión sobre si a Georgia le corresponde el sexto o el noveno puesto en el orden de importancia. Se han aducido otras motivaciones, algunas tal vez más realistas, pero otras más dolientes. Que dentro de una Iglesia ortodoxa se haya desarrollado una fuerte oposición a las aperturas hacia el exterior; que concuerde mal la idea de concilio con un presunto “papismo de Constantinopla” o con un “imperialismo griego”; que moleste la idea de perder identidad ante una creciente influencia de Roma; que varias Iglesias toleren mal el hecho de que en los documentos preparatorios (por otro lado ya aprobados) se utilizara el término “Iglesias” para referirse a católicos y protestantes (en vez de considerarlos heterodoxos cuando no incluso herejes); y, por último, que en el orden del día pudiera incluirse la cuestión de la independencia de Moscú respecto a la Iglesia ortodoxa ucraniana, que actualmente depende del patriarcado moscovita.

Esto y mucho más se ha dicho pero, más allá de todo eso, queda la dolorosa constatación a la que han llegado muchos ortodoxos rusos: la ausencia de una jerarquía única y, más profundamente, la ausencia de un centro real de unidad, independiente de intereses particulares (ya sean de honor, étnicos, territoriales, económicos o de poder, etcétera), hace que la ortodoxia actual sea extremadamente débil ante los desafíos del mundo contemporáneo, y sobre todo ante la necesidad de testimoniar una perspectiva de vida fascinante y una salvación eficaz.

Tres islas, una sola unidad

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Terror islámico en los lugares sagrados del islam

Amr Al-Shubaki

Si un terrorista suicida del Isis pone en su punto de mira a las fuerzas de seguridad saudíes durante el mes sagrado, en el momento de la llamada a la oración vespertina, y además en las inmediaciones de la tumba del Profeta, eso significa que estamos ante una metamorfosis de las operaciones terroristas.

En el impacto, cuatro agentes de seguridad perdieron la vida, una escena que ha alterado los sentimientos religiosos de cualquier musulmán, así como la propia humanidad. Quien cierre los ojos ante los crímenes del Isis porque este ponga en su punto de mira a otras confesiones y religiones podría ser considerado cómplice del terrorista. De hecho, los crímenes que comete esta organización contra los árabes y musulmanes sunitas son mayores que los que comete contra los musulmanes chiítas o los no musulmanes. Quien haya permanecido en silencio ante la explosión en el barrio de Karrada en Baghdad, que causó más de 130 víctimas, en su mayoría chiítas, y haya pensado que lo sucedido en Al-Qatif, de mayoría chií, no se repetiría en Medina o La Meca, sería igualmente culpable, pues el terrorismo del Isis es un terrorismo asesino y sus criminales no tienen patria, religión ni confesión.

Un terrorista que se hace estallar cerca de la mezquita del Profeta refleja la transformación de los grupos terroristas y el paso de la fase del grupo yihadista que acusa de descreídos (takfīr) a un gobernante o a un sistema pero restringe el asesinato de ciudadanos civiles y no comete operaciones suicidas, a la fase de los grupos takfiristas que no ponen límite alguno a los asesinatos o degollaciones cotidianas, como sucede en Iraq, Siria, Egipto, Túnez, Francia, Turquía y América, llegando hasta el corazón de las tierras sagradas de los musulmanes, Medina.

La metamorfosis de los grupos terroristas comenzó probablemente después de los ataques del 11 de septiembre y la guerra de América contra el terrorismo, que favoreció la difusión de este último. Por aquel entonces, apareció una nueva especie de terroristas, diferentes de los viejos terroristas. Los nuevos eran en parte usuarios de las redes sociales, pero procedían en su mayoría de organizaciones ideológicas que banalizan las normas relativas a la “dār kufr (casa de los incrédulos)”, “dār ridda (casa de los apóstatas)”, “dār Islām (casa del islam)”, “dār da‘wa (casa de la llamada)”… hasta llegar a realizar operaciones terroristas en las inmediaciones de la tumba del Profeta del islam.

Los grupos terroristas han pasado del conflicto contra el poder interno, con el objetivo de hacerlo caer y llevar a cabo su proyecto islamista, a la venganza contra el mundo y la humanidad, aunque saben bien que no son capaces de derrocar un régimen ni en Oriente Medio ni en Occidente, sino solo de buscar venganza contra el sistema, democrático o autoritario, y contra el pueblo, musulmán o no musulmán. De hecho, estos grupos han crecido al ritmo de eslóganes superficiales y takfiristas que se repiten en las redes sociales y que en pocas semanas forman a jóvenes frustrados para que emprendan operaciones suicidas, desconocidas por las organizaciones yihadistas del siglo pasado.

Iraq y Siria se han convertido en las fuentes por excelencia del nuevo terrorismo porque ofrecen un ambiente fértil que atrae a personas frustradas, movidas por el deseo de dominación, venganza o dinero, y privadas de formación doctrinal. A un joven de Tanzīm Al-Jihad o de Jamā‘at Islāmiyya le sometían a años de preparación psicológica, doctrinal y religiosa antes de agarrar un arma y matar a una persona. Ahora, en cambio, un joven está preparado para tomar las armas en pocos días, y en pocas semanas para cometer un atentado. Lo cual se debe a que no le guían impulsos propiamente doctrinales sino la venganza, la situación de marginación y, a veces, el dinero, aunque todo ello se rellene con términos religiosos.

Los sociólogos y psicólogos, y no solo los expertos en seguridad, deberían estudiar a fondo los motivos que han movido al terrorista suicida de Medina. Forma parte de una organización que odia al islam y a los musulmanes, y combate tanto a los sunitas como a los chiítas. Dios se apiade de los mártires del terrorismo en Arabia Saudí y en todo el mundo.

Terror islámico en los lugares sagrados del islam

Amr Al-Shubaki | 0 comentarios valoración: 2  22 votos

Oriente Medio, el trabajo que falta

José Luis Restán

En un reciente coloquio sobre la situación de los cristianos en Oriente Medio, el Nuncio apostólico en Bagdad, Alberto Ortega, comentaba el shock que provocan en muchos musulmanes sencillos las terribles matanzas cometidas invocando el nombre de Alá y la enseñanza del Corán. Personas que trabajan y cuidan a sus familias, que rezan y ayudan a los necesitados, que se sienten parte de una comunidad y herederas de una sabiduría de siglos, se encuentran de pronto con la aberración de que algunos invocan la religión a la que ellos pertenecen para justificar la inhumanidad más absoluta. Pero es preciso ir al fondo de esa conmoción y extraer consecuencias.

Los últimos días han sido terribles en la región, como si la furia asesina ya experimentada tantas veces hubiese desbordado cualquier pesadilla. Primero el atentado en el aeropuerto de Estambul, después el asesinato a sangre fría de rehenes en un restaurante de Dacca, y por último el aquelarre sangriento en un barrio chií de Bagdad, que ha provocado doscientos muertos entre una población que había salido a la calle para festejar el final del Ramadán. Hay algo demoníaco en esta orgía sangrienta, como ha dejado ver el Patriarca de los caldeos, Louis Raphael Sako, que acudió al lugar de los hechos para rezar y consolar a las familias. Es la pretensión de dominar el mundo mediante la eliminación de cualquier obstáculo, el odio convertido en palanca de un delirante proceso histórico.

Mar Sako, que ha prodigado todo tipo de gestos de cercanía y solidaridad práctica con los musulmanes de Irak, no ha dejado de advertir que este cáncer amenaza desde dentro al propio islam, y requiere por tanto un combate mucho más decidido, compacto y tajante. La intervención del patriarca caldeo ha sido, como siempre, concreta y aguda, señalando la necesidad de una condena sin fisuras del uso de la violencia, que no puede quedar restringida al momento de shock provocado por los atentados. La condena de la violencia requiere una traducción educativa sostenida en el tiempo y apoyada en medidas concretas. Es necesaria una relectura auténticamente religiosa de la tradición musulmana, una nueva forma de educación, reclamada insistentemente en Egipto por el presidente Al Sisi; una apertura a la experiencia de ciudadanía, que implica mucho más que la mera tolerancia, implica cancelar definitivamente el sectarismo y emprender la cooperación con los miembros de otras comunidades. Sako ha hablado de construir un verdadero “Estado laico” que custodie el mosaico cultural y religioso de Irak. Y no hay otro camino, aunque sea largo y fatigoso.

La sensación que uno tiene es que el coro de las meras condenas resulta ya estéril y cansino, lo cual explica en este caso la ira de la población contra unas estructuras institucionales que no terminan de poner el dedo en la llaga. Estos días terribles de sangre y de fuego han tenido su momentáneo epílogo con varios atentados en Arabia Saudí, junto al corazón mismo del islam sunní, lo que demuestra que el monstruo no acepta territorios protegidos. El complejo mundo saudí sabe mucho de la génesis de esta monstruosidad que se llama Daesh y que ahora también le golpea. Y desde Teherán ha llegado una extraña invitación a cerrar filas, sunníes y chiíes contra un terror sin fronteras que ha desbordado ya todas las líneas imaginables. No es mala pista, siempre que exista verdadera voluntad de afrontar la raíz de este mal. Porque una cosa está clara, nuestro mundo no está haciendo lo suficiente, no está acertando con la tecla para afrontar este terrible mal.

Quizás nos vendría bien a todos (países occidentales y árabes, musulmanes y laicos secularizados, intelectuales, periodistas y autoridades religiosas, incluso militares y agentes de inteligencia) refrescar aquella vieja lección de Benedicto XVI en Ratisbona. Tanta sangre inocente reclama algo más que agitación y condenas formales. Frente a un gran mal, también las palabras tienen que recobrar su peso y su filo.

Oriente Medio, el trabajo que falta

José Luis Restán | 0 comentarios valoración: 3  31 votos
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'Debemos crear juntos un Estado laico'

P.V.

Doscientos muertos y otros tantos heridos constituyen el balance de los atentados cometidos durante la noche del pasado sábado en un barrio popular de Bagdad. Un camión frigorífico cargado de explosivo estalló mientras la gente celebraba el Ramadán por las calles. El Estado islámico ha reivindicado el atentado afirmando que se trató de una operación kamikaze. Esa misma noche se produjo un segundo atentado cuando una bomba colocada al borde de la carretera explotó en un mercado, causando la muerte de dos personas. Hablamos con monseñor Louis Raphael Sako, presidente de la Asamblea de obispos católicos en Iraq, presidente del Sínodo de la Iglesia caldea y patriarca metropolitano de los caldeos en Bagdad.

Monseñor Sako, ¿cómo ha vivido estos atentados en Bagdad?

El lunes por la mañana me acerqué a visitar el lugar de los atentados para reunirme con los padres que todavía buscaban a sus hijos. Se cuentan 400 personas entre muertos y heridos. Recé y encendí las velas para mostrar nuestra solidaridad y cercanía con nuestros hermanos musulmanes, la mayoría de las víctimas, a las que se añaden también dos cristianos. Para mí ha sido la ocasión de condenar estos actos de terrorismo y enviar un mensaje al gobierno iraquí para que supere sus diferencias internas.

¿Por qué estos atentados se han cobrado tantas víctimas?

Se han producido en un barrio popular. Los terroristas han aprovechado la noche porque el clima es bueno y durante el Ramadán la gente sale después de anochecer. Los musulmanes van a hacer la compra, comen, se reúnen.

¿Qué siente la población de Bagdad?

La gente se ha acostumbrado un poco a estos atentados. En Bagdad residen siete millones de personas y no se puede vivir recluido. Salen de casa y nadie sabe cuándo será la próxima explosión. El gobierno tiene la tarea de garantizar la seguridad y proteger a la gente.

¿La gente piensa en marcharse?

No, en primer lugar porque la sociedad iraquí se fundamenta aún en gran parte sobre familias patriarcales donde hay comunión de bienes y afectos. Por tanto, un iraquí no puede pensar en marcharse solo. Además, aquí la gente tiene casa y trabajo, y la economía sería incluso floreciente si no fuera por la corrupción de los miembros del gobierno. Los iraquíes están muy apegados a su patria. Muchos cristianos se han marchado, pero cuando uno se va lleva consigo un gran sufrimiento en el corazón.

¿Dónde tienen puesta su esperanza los iraquíes?

Tenemos mucha esperanza en el hecho de que el mal no tiene futuro, las guerras terminarán y llegará la paz. Por tanto, hay que tener paciencia y colaborar con todos, empezando por los musulmanes, para construir un futuro mejor. Hay que construirlo día tras día, no es algo que se prepare por arte de magia. Mi deseo es que se camine hacia un régimen laico, no teocrático ni totalitario, cuya base sea la ciudadanía y no la religión, teniendo en cuenta que los musulmanes también deben separar la religión del Estado.

¿Por qué los medios occidentales han prestado tan poca atención al atentado de Bagdad?

Porque hay dos pesos o medidas. Cuando matan a un occidental, todo el mundo lo comenta, en Bagdad tenemos 400 personas entre muertos y heridos y parece una noticia de segundo nivel. Lo considero un escándalo, es la documentación de un mundo sin valores. ¿Quién es responsable de todo este mal que vive hoy la gente de Oriente Medio, en Iraq, Siria, Líbano, Yemen, Libia, Egipto? ¿Quién está detrás y cuál es la razón?

¿Qué podría responder usted?

Son los intereses de Occidente. ¿Qué sentido tiene, por ejemplo, cambiar un régimen por otro peor, o crear el caos y la anarquía? Si se quiere cambiar el régimen, primero hay que ayudar a la población. Además, ¿quién está detrás del Isis financiándolo? ¿De dónde vienen las armas, el dinero, los militantes? Hoy el Isis quiere dominar el mundo entero con su ideología, atacar cualquier país y matar al mayor número posible de personas para desatar el pánico.

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