Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
29 JULIO 2017
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Diario de Siria 8

Fernando de Haro, Alepo

Youhaina toma notas en un cuaderno en el que hay ya dibujados algunos patrones. Asiste a un curso de corte de 90 horas organizado por los hermanos maristas de Alepo. La clase se imparte en una de las pocas aulas que quedó en manos de la comunidad después de la nacionalización del colegio en los años 60. A los hermanos les quitaron el gran centro escolar que habían levantado pero ellos se quedaron en la ciudad, junto a la que había sido su obra educativa. Youhaina no vivió esa época. Es una joven madre que conoció a los hermanos hace dos años, en lo más crudo de la guerra. Empezó a recibir su ayuda cuando vivía en Alepo este y su familia no tenía para comer. Luego, cuando la situación se hizo insostenible, los hermanos la acogieron en su casa. Youhaina consulta con ellos muchas cosas, sobre todo de la educación de una de sus hijas que ha entrado en la adolescencia. Youhaina, que es musulmana, no tiene problema alguno en buscar el apoyo de un cristiano. “Siria necesita a los cristianos”, me dice con prisa por volver a casa. Youhaina cumple con rigor las prescripciones del Ramadán, no ha comido ni bebido desde la salida del sol y tiene que preparar la gran cena con la que se rompe el ayuno.

Junto a una de las iglesias ortodoxas de la ciudad, horas antes, hemos visto cómo los voluntarios cristianos repartían un puré caliente para 2.000 familias, la inmensa mayoría musulmanes. Bajo el logotipo de una de las ONG locales más potentes, logotipo con la imagen de un pantocrátor, reciben todos los días pan y una ración medida (250 gramos por persona) de una comida caliente. La comida la prepara el servicio de los jesuitas para los refugiados. En el local la actividad es frenética. Antes de repartir las raciones, un grupo de 20 mujeres ha estado preparando bolsas con artículos de limpieza para los pobres. “Repartimos la ayuda sin distinguir entre musulmanes y cristianos. El 90 por ciento de los que la reciben son musulmanes porque esa es la estructura demográfica de la ciudad”, me comenta un médico que trabaja como voluntario. Me lo explica mientras atiende a varias personas que solicitan su consejo experto en problemas relacionados con la salud. Una de ellas es familiar de una mujer afectada por un cáncer de colon. Antes de despedirnos vemos cómo aparca a la puerta un motocarro cargado de colchones, los mandan unas religiosas que ya no los necesitan.

Diario de Siria 8

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Diario de Siria 7

Fernando de Haro, Wadi Nasarah

A los pies de la cama de Aida hay una gran ventana que se abre sobre Wadi Nasarah, el Valle de los Cristianos. Dicen los que conocen bien Oriente Próximo que esta pequeña comarca es una de las más bonitas de la región. El valle se va elevando con un juego de verdes que desmienten la imagen de una Siria seca y desértica. Su nombre, Nasarah, lo toma de unas 30 aldeas y pueblos habitados en su mayoría por bautizados. A todo cristiano sirio que se precie se le ilumina la cara nombrándolos.

Wadi Nasarah, a una hora en coche de Homs, y cercano a la frontera norte con el Líbano, ha servido como refugio para muchos de los cristianos sirios que huyeron de sus casas, especialmente de Homs, durante los últimos duros años de la guerra. El valle ha vivido con relativa tranquilidad los últimos tiempos. Con relatividad tranquilidad porque hay pueblos como el de Al Ashon, en el que buena parte de los edificios han quedado reducidos a escombros.

Al Ashon era el pueblo de Aida. Está en la parte alta del valle, la carretera principal que lo cruza es empinada. La última colina está ocupada por el Krac des Chevaliers, un formidable e inmenso castillo de la época de las cruzadas, sede de la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén. La piedra blanca y las sólidas y altas murallas producen la sensación de que es inexpugnable. El Gobierno hace sonar en su puerta música clásica. Pero nadie la escucha porque Ashon está casi desierto. Solo unos niños juegan cerca del lienzo este. La fortaleza fue usada por los yihadistas para realizar sus ataques.

Aida creció bajo el Castillo de los Caballeros y allí se casó con el que luego sería el párroco melquita (griego católico) del pueblo. “¿No te arrepientes de haberte casado con un cura?” –le pregunto–. Me responde con un la (no) rotundo y repetido. Se lo pregunto después de que me cuente el surgimiento de los últimos años. Al marido lo secuestraron los yihadistas cuando tomaron el pueblo. Lo secuestraron durante quince días en la iglesia que estaba a 20 metros de la casa familiar. Aida me cuenta cómo rezaba por él, teniéndole cerca pero sin poderlo ver. A los pies de la cama de Aida se ve buena parte del Valle de los Cristianos. Pero la casa en la que ahora vive Aida, con un huerto en el que las granadas empiezan a madurar, no es la suya. La familia se ha instalado a 20 kilómetros del castillo, en otra de las aldeas del valle. No se quiere ir más lejos, “porque –dice– nuestra vida como cristianos está aquí”. Tampoco se ha querido ir más lejos Majd, una joven dentista que me hace de traductora. Traduce y corrige mi inglés. Majd tiene a su padre en Boston y ha dejado de ejercer de dentista para dedicarse a atender a los desplazados. “Mi vida está aquí”, me comenta. Llegó a Wadi Nasarah huyendo de Homs pero no quiere ir más lejos. Estudia un master en Derechos Humanos on line. Y es peleona, muy peleona. “No intentes pronunciar mi nombre, no lo vas conseguir”, me dice al despedirse.

Diario de Siria 7

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Diario de Siria 6

Fernando de Haro, Alepo

Oula estudió literatura inglesa en la universidad pero nunca ha salido del país. Ahora es profesora en un colegio privado. Corrige a menudo a su novio Philip por sus incorrecciones gramaticales con la lengua de Shakespeare. Philip tampoco ha salido del país y su sueño es hacer un master relacionado con el mundo de los negocios. De momento trabaja como vendedor de DVD. Oula y Philip se quieren casar antes de que acabe el verano, pero el sueldo no les da.

Cada uno de ellos gana 50 dólares al mes. Y alquilar un apartamento cuesta 150 dólares. “Luego hay que pagar la luz, el agua, y algo tendremos que comer”, me dice Oula. El agua corriente solo le llega dos días a la semana. Aunque Oula dice que con dos botellas de agua sabe cómo lavarse el pelo. “En estos años de guerra me he acordado mucho de cuando era pequeña y mis padres me decían que no podía ducharme durante 20 minutos porque había gente sin agua”, me confiesa. “Me parecía imposible que alguien no tuviese agua”, añade. La electricidad necesaria para poner una lavadora cuesta el equivalente a una semana de sueldo. No se nota, Oula y Philip van implacables.

Oula confiesa que antes de la guerra ya percibía una cierta discriminación por ser cristiana. “No te decían nada abiertamente pero en la universidad, por ejemplo, oías ciertos comentarios por nuestro modo de vestir”, relata. “¿Pero en Siria las mujeres no visten como quieren?”, le pregunto. “Depende de las ciudades, y depende de los barrios. Hay barrios aquí en Alepo en los que no debo entrar tal y como voy”, responde. Oula va maquillada, con tacones, con las uñas pintadas, pero recatada, con un estilo profesoral.

Oula acabó la carrera durante la guerra. “La universidad aquí es buena. Tiene buenos profesores. Pero hemos vivido circunstancias muy extrañas. Había compañeros de clase que por la mañana luchaban en los barrios de los yihadistas y que por la tarde cruzaban el frente para presentarse a los exámenes en la zona del Gobierno”, señala.

“Llegamos a acostumbrarnos a las bombas, hablábamos de ellas como se habla del tiempo”, me cuenta. Pero Oula no se acostumbra a esta Siria que parece haber retrocedido 100 años. Y recuerda la convivencia en paz, la sanidad y la educación gratuitas. Y como casi todos los sirios está convencida de que hay una conspiración internacional contra su país.

Le animo a casarse cuanto antes, a olvidarse de los gastos de la ceremonia. Y me dice con una sonrisa grande y nada profesoral: “pero yo quiero invitar a mis amigos a celebrar con nosotros la alegría de casarnos, a participar en una fiesta, aunque sea sencilla. Es un día en la vida”. A final del verano, quizás en octubre, tenemos boda en Alepo. Y aunque estemos lejos, vaya si será un gran día de fiesta.

Diario de Siria 6

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Hermanos musulmanes, gas y fútbol. Los 'pecados' de Doha

Caleb J. Wulff

La maniobra de cerco a Qatar guiada por Bahrein y Arabia Saudita ha sido definida por gran parte de la prensa como “improvisada pero no inesperada”, puesto que las tensiones con los países árabes de la zona ya son de hace tiempo y llevaron a una ruptura de relaciones diplomáticas en 2014. Entonces la causa fue el apoyo de Qatar a las primaveras árabes y concretamente a los Hermanos Musulmanes, un apoyo que sigue siendo una de las razones que mantienen el conflicto abierto.

Bastante distinta resulta la motivación de la financiación y colusión de Qatar con el Isis, Al Qaeda y demás movimientos extremistas con una acusación que viene de Arabia Saudita, que en esta materia puede dar lecciones. Esta vez no se trata de una interrupción en las relaciones diplomáticas durante unos meses, como en 2014, sino de un auténtico asilamiento de Qatar, tanto diplomático como geográfico, con la expulsión no solo de sus diplomáticos sino también de todos sus ciudadanos presentes en los países partícipes, la interrupción de los vuelos con origen o destino en Qatar y el bloqueo de fronteras.

Habrá que preguntarse por las verdaderas razones de esta decisión y por qué justo ahora. Un motivo de fondo que une al menos a algunos de los estados, Arabia Saudita y Bahrein principalmente, son las buenas relaciones de Doha con Teherán, debido al aprovechamiento común de un enorme yacimiento de gas natural que hace de Qatar el tercer productor mundial de gas natural y el primer exportador de gas natural licuado. Los sauditas están comprometidos con una sangrienta guerra en Yemen contra los rebeldes Houthi, chiitas y apoyados por Irán, que está provocando una catástrofe humanitaria silenciada probablemente por la participación de Estados Unidos, y esperan problemas a causa de su consistente minoría chiita. A su vez, Bahrein está gobernado por una dinastía sunita que se siente amenazada por una revuelta de la población, de mayoría chiita y apoyada por Irán.

Los aspectos anti-iranís explican, según muchos, por qué la iniciativa se ha tomado justo ahora, interpretando como una suerte de vía libre la visita de Trump a Riad y su ataque al acuerdo nuclear con Teherán. La participación de Egipto podría derivar sobre todo del ya citado apoyo de Doha a los Hermanos Musulmanes y a Hamás. Junto al Isis, la Hermandad representa el mayor peligro para el régimen militar de El Cairo.

Da la impresión de que Arabia Saudita está acelerando la definición de las relaciones de fuerza apoyada en la claridad, para bien y para mal, de la política de Trump, en comparación con la opacidad e incertidumbre de Obama. Resulta significativa la prudente respuesta del principal acusado, Irán, al menos por parte del reelegido moderado presidente Rohani, con la invitación a llegar a un acuerdo entre los diversos contendientes. Una invitación parecida ha llegado de Turquía, en buenas relaciones con los Hermanos Musulmanes y preocupada por tomar posiciones sauditas en la maraña siria que puedan ser “incómodas” para Ankara. Los países del Golfo se han alineado con los sauditas y ahora piden rudamente a Qatar que decida de qué parte está, saliendo de su tradicional posición de jugador a varias bandas gracias a sus considerables recursos financieros.

Hermanos musulmanes, gas y fútbol. Los 'pecados' de Doha

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Diario de Siria 5

Fernando de Haro, Homs

La casa de Fadua, a las afueras de Homs, no es una casa bonita. Es un bajo en un bloque a medio terminar. Pero la parra que tiene a la entrada lo llena todo de dignidad. Las uvas están todavía verdes. La calle, una calle pobre, está llena de alegría por los almendros cargados, por los nísperos que ya están maduros y por las higueras que en este tiempo ya son toda una promesa. Un grupo de hombres, sentados a la puerta, toma el café que les ha servido Fadua, lo acompañan de almendras y de pipas de calabaza salada. En la casa de Fadua, para entrar hay que descalzarse. Fadua viste un modesto pantalón vaquero y una camiseta algo raída. El esmalte de las uñas desgastado, el pelo largo y negro, desarreglado.

Fadua vive en las afueras de Homs porque en agosto de 2015 el Daesh entró en su pueblo, Qaryatyn. En la pequeña aldea, a una hora de Homs, murieron más de 20 cristianos que intentaron escapar. A Fadua la tuvieron detenida en medio del monte durante días, en un campo de internamiento improvisado, y luego la metieron en prisión con cinco mujeres más. Mañana y tarde le decían que el cristianismo no era una religión y que debía convertirse al islam. “Mientras estábamos en el monte rezaba en silencio, en mi corazón. Cuando podíamos nos reuníamos dos o tres y, en voz muy baja, para que no nos escucharan los vigilantes del Daesh, decíamos el Padre Nuestro”, explica.

El caso de Fadua y el de la aldea de Qaryatyn ilustra lo que algunas llaman el sufrimiento dentro del sufrimiento. Cristianos y musulmanes son perseguidos en esta guerra por el Daesh. Pero hay sitios y circunstancias en las que la persecución es especialmente sangrienta con los bautizados. Lo que sucedió en Qaryatyn sucede en todas aquellas zonas donde los diferentes yihadismos que combaten en Siria tienen el control: la provincia de Idlib, en el noroeste, y la zona en torno a Raqqa, en el noreste. En estas dos bolsas los cristianos sufren más que los musulmanes.

En cualquier caso Fadua lo tiene claro. Mujer tranquila, solo se altera cuando le pregunto si en algún momento no ha pensado hacerse musulmana. El sol declina mientras Fadua le da de comer pan duro a sus cinco gallinas. Esta última luz del día dibuja con más precisión la destrucción de una de las ciudades más devastadas por la guerra. El 60 por ciento de las casas del centro de Homs están dañadas. El paisaje urbano es extraño. Los edificios están en pie pero desencarnados, con el hormigón destrozado por las bombas, las fachadas acribilladas a balazos. Y en el edificio que parece el retrato del infierno aparece a veces una niña, un anciano, señal de que la familia ha vuelto a pesar de no contar con agua corriente y electricidad. Y piensa uno que esta ciudad, que se la antoja tan irreal, la ha visto en otro sitio. Y es verdad que estaba en otra parte, estaba en los libros de historia, así eran las fotos de las ciudades de la postguerra europea. Pero esto no son imágenes, esto que veo tiene la solidez del cemento que ha saltado por los aires, la memoria insistente, obsesiva, de la metralla.

Diario de Siria 5

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Diario de Siria 4

Fernando de Haro, Malula

Bajo una morera con las moras todavía verdes y bajo dos nogales, Elías y Osama se bañan en la acequia que recorre la parte baja de Malula. No hace calor, corre una brisa deliciosa, los dos niños se bañan vestidos por el gusto de jugar con el caño del agua. Los juegos han vuelto a esta aldea que arranca de una hendidura en la piedra donde se fundó en el siglo IV, si no antes, un convento dedicado a Santa Tecla, una de las discípulas de San Pablo. El villorrio está abrazado por dos montañas de una caliza roja. Y abundan las cuevas. Muchas de las casas en realidad no son más que prolongaciones de grandes agujeros que parecen haber sido excavados por el viento. Cuando se abre el valle, los huertos completan la belleza de un paisaje moldeado por la mano humana durante siglos. El asentamiento se hunde en el pozo del tiempo.

Las rosas están en flor en este, uno de los pocos pueblos del mundo donde se habla el mismo dialecto del siriaco que hablaba Jesús, el arameo. Es una lengua solo hablada, sin escritura. Entre sus calles, muchas de ellas estrechas, reina un silencio sólo desmentido por las huellas de los tiroteos en muchos muros. En septiembre de 2013 los yihadistas se apostaron cerca del convento de Santa Tecla y comenzaron a gritar en el nombre de Alá, el eco multiplicaba sus voces. Parecían miles. Marah, 27 años, recuerda muy bien el momento porque pasaron delante de su puerta. Estaba embarazada. A su marido, Sarkis, lo secuestraron mientras iba a trabajar al campo. Pidieron un alto rescate, estuvo 50 días en manos de los yihadistas. Antoinette, soltera, cerca de los 40, también recuerda aquella mañana, los asaltantes pidieron a sus hermanos que salieran de su habitación prometiéndoles que no les harían nada. Uno de ellos fue asesinado a sangre fría delante de sus ojos. Antoniette ha vuelto a su casa. Hablamos en la terraza en la que mataron a su hermano. La casa de Antoniette, como la de Marah, cuelga de la roca. Antoniette cuida de su padre casi durante las 24 horas del día, el anciano tiene dificultad para moverse. Marah amasa pasteles caseros sin perder un ojo del hijo por el que tanto temió.

Antoniette y Marah no dudaron en volver a Malula a los pocos días de que fuera liberado. Antoniette está convencida de que fue una intervención divina la que le salvó de la muerte y la que le ha permitido recuperar la movilidad en un brazo, afectado por los disparos. Marah le da las gracias a Dios por haber recuperado a su marido. Sarkis, cuando estaba secuestrado, una de las pocas veces que le permitieron hablar por teléfono, le pidió que rogara a la Virgen y a Jesús por su liberación. Las dos mujeres se emocionan cuando recuerdan aquellos días terribles pero se muestran orgullosas de haber vuelto. La mitad de los cristianos ha retornado a sus casas, las monjas lo harán cuando acaben las labores de reconstrucción de Santa Tecla. Todo en Malula está en obras, para borrar las huellas del terror, para rehacer la vida. El dinero llega de fuera.

Diario de Siria 4

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Diario de Siria 3

Fernando de Haro, Damasco

“¡Mujer no llores!”. Balbuceo algunas palabras de consuelo. Y luego me callo por respeto a esta dolorosa que acabo de conocer. “Aquí fue donde me lo encontré”. Lina Hazim se deshace en lágrimas y se me abraza en el patio del colegio de los armenio-católicos, junto a Bab Touma, la puerta de Santo Tomás, una de las siente puertas del antiguo Damasco. Lina vive a unos metros de Bab Touma, convertida ahora en una zona fuertemente militarizada. Vive en una casa pequeña a la que se sube por una empinada escalera. Fue por estos escalones por los que se lanzó hace cuatro años cuando oyó que había caído un mortero. Tenía el presentimiento de que algo le podía suceder a sus gemelos de 10 años. Y se encontró en el suelo a uno de ellos, a Sinar. Lina lo perdió cuando tenía diez años, su llanto es silencioso y desgarrado. Solo después de unos largos minutos se repone. Caminamos por las calles aledañas a Bab Touma, el barrio cristiano de Damasco, a cien metros la casa de Ananías donde San Pablo se convierte en apóstol. Ha sido el barrio más castigado durante la guerra.

Lina anda sobre unos tacones altos, en vaqueros, con una belleza madura que no esconde. No pasa inadvertida. Parece una figura delicada entre tantos fusiles y tantos uniformes. Pero se muestra muy firme cuando uno de los soldados nos franquea el paso. ¿Por qué el yihadismo atacó especialmente el barrio de Bab Touma? “Por dos razones -me contesta Lina- porque sabían que era un barrio cristiano y porque estaba junto al frente”. Sus vecinos conocen perfectamente el sonido de “los amigos”, así llaman a los misiles del ejército del Gobierno. Primero suena como una cadena rozando sobre metal. Es el momento en el que la han lanzado. Luego hay que esperar algo más de un minuto y entonces se puede oír una explosión ronca. Es el momento en el que ha estallado. Todo es lejano, irreal. El ejército de Al Asad bombardea el vecino barrio de Yoba, el último bastión yihadista. Todo ocurre mientras nos tomamos un café, mis interlocutores no se alteran lo más mínimo.

Bab Touma ha visto correr demasiada sangre en los últimos años. ¿Por qué no te marchas, Lina? “Porque soy de Siria, esta es mi tierra”. ¿Y la fe, tu fe cristiana, cómo te ayuda? “Me ayuda mucho, al principio estaba enfadada con Dios por la muerte de Sinar, ahora no. Ahora sé que está en un lugar seguro”, me contesta.

Diario de Siria 3

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Diario de Siria 2

Fernando de Haro, Damasco

Sandra Awat es la encarnación de la feminidad oriental. Con coquetería confiesa que está a punto de cumplir los 40. Las uñas pintadas, el maquillaje generoso, las pestañas más que largas. Estudió Derecho pero las leyes le aburren y hace tiempo que se dedica a la comunicación.

Hemos llegado hasta su despacho en el este de Damasco después de un viaje desde Beirut que no tendría que haber durado, en circunstancias normales, más de dos horas y que se ha prolongado más de cinco. Después de disfrutar de la primavera en un valle de la Bekaá, todavía fresco, con rosas en flor, y viñedos y cipreses e higueras que te dan la sensación de estar en casa, al acercarnos a la raya el paisaje se ha hecho más desértico. Cruzar la frontera, a pesar de tener todos los papeles en regla, requiere mucha paciencia y más de cinco controles. La obsesión de los policías sirios que custodian la entrada al país son los dispositivos que pueden emitir con conexión vía satélite. El último registro ha sido especialmente exhaustivo. No querían dejarnos pasar y después de insistir he conseguido una entrevista con el oficial al mando. No sabía inglés. Escribía lo que me quería decir en su ordenador y sus comentarios me llegaban a través de la voz metálica del traductor de Google.

Después de cruzar la marca la carretera está limpia hasta Damasco. Camuflados entre las rocas rojas y calizas, números puestos del ejército. Te detienes a tirar unos planos y los soldados aparecen de no sabes dónde para explicarte que estás en zona militar.

Al entrar en la capital, la sensación es la de estar en una ciudad en fiesta. Ni siquiera el rigor del Ramadán frena el deseo de vida. “Estamos saliendo de una guerra, todos queremos estar en la calle, vivir con más intensidad, disfrutar”, me explica Sandra. Esas ganas de disfrutar llena los parques y los restaurantes. Ofrece un paisaje humano que debe parecerse al de antes de 2011: mujeres veladas caminan junto a mujeres nada recatadas, no se ve, al menos en el centro de la ciudad, huella de la hiperinflación. A pesar del prescriptivo ayuno hay quien come y fuma por la calle, impensable incluso en Jordania.

Pero hay mucho de apariencia. “Aquí, en la parte este de la ciudad, seguimos oyendo las bombas de los barrios y de los pueblos que todavía controlan los yihadistas. Esta misma mañana las hemos oído, el frente está a cuatro kilómetros de aquí”, explica Sandra. “Nuestro país se ha convertido en el terreno que han escogido todas las potencias del mundo para enfrentarse en una guerra mundial. Somos el pretexto”, añade. El Damasco de la fiesta es también el Damasco que calla, el que teme, el que sigue desconfiando.

Diario de Siria 2

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Huérfanos de un atlantismo que ya no tiene sentido

Robi Ronza

Ya dijo Obama en 2009, claro y rotundo, que le parecía que el G7 era algo ya superado. Considerando además que la zona del Pacífico ya era más importante para EE.UU que la del Atlántico, propuso sustituirlo por el G20, del que también forman parte los principales países asiáticos (y de los demás continentes del hemisferio sur). Sin prestar atención a las consecuencias de esta propuesta podría tener para Europa, el gran coro de la prensa europea siguió tocando las trompetas por Obama.

Con la llegada de Trump, para los huérfanos y viudas inconsolables de Obama ya nada va bien, tampoco su atención a Europa. Pero si nos fijamos en la realidad de las cosas más allá de los fuegos de artificio, veremos que con Trump se acaba el atlantismo, sí, pero no el diálogo entre USA y Europa. El atlantismo no se acaba porque Trump entre en escena sino porque desaparecen las condiciones históricas que lo justificaban: la guerra fría terminó hace casi treinta años, EE.UU no es la única superpotencia económica absoluta como lo fue tras la segunda guerra mundial, Europa ya no está en ruinas, la Unión Soviética no existe, la Europa oriental se ha conectado con la occidental. En este nuevo contexto ya no hay deudores ni acreedores morales. Cada país debe hacer por tanto su tarea y asumir la responsabilidad que le compete. Eso es lo que Trump ha dicho tanto en Bruselas como en Taormina. No estamos pues ante ninguna catástrofe sino sencillamente ante un nuevo status quo, que por cierto puede tener sus ventajas. Puede suceder que para alguien esto pueda suponer un brusco despertar, pero también se trata de un saludable retorno a la realidad. Con la ventaja de que, cuando EE.UU podía interpretar sin límites el papel del gigante bueno, resultaba muy difícil tomar distancias cuando los hechos contradecían esa imagen tan benévola. De ahora en adelante todos pagan de su bolsillo y todos tienen el derecho y el deber de controlar la lista de gastos.

Estando así las cosas, la reacción de los biempensantes de la prensa europea no deja de sorprenderme. Es un coro de gritos de cólera y de dolor sin el más mínimo intento de profundizar en los hechos y comprender los pros y los contra. Por su compacidad y su desproporción, el fenómeno parece indicar algo que va más allá. En busca de un motivo, manejemos la hipótesis de que aquí nos enfrentemos a los impactos de una onda mucho más larga: la de la reconstrucción de la prensa independiente después de los años del fascismo y el nazismo. Durante la segunda posguerra mundial, la prensa tuvo que restaurar la herencia de las dictaduras bajo la égida de grandes diarios americanos cercanos a las presidencias demócratas de la época, empezando por el New York Times y el Washington Post.

Huérfanos de un atlantismo que ya no tiene sentido

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Una cumbre decepcionante

Carl Larky

En las reuniones internacionales la cordialidad, aunque disimulada, y las buenas maneras caracterizan un comportamiento que no en vano se define como diplomático también en el lenguaje común, orientado a esconder tras la suavidad de los tonos una realidad a menudo conflictiva. La reciente cumbre de la OTAN parece representar una excepción en este sentido, debido a la “aspereza” de Donald Trump, que ha proporcionado un sabroso material mediático. Como el video en que da un empujón al primer ministro de Montenegro para colocarse en primera fila, o el famoso apretón de manos con el francés Macron, al que también vemos en otro video evitando a Trump para ir a saludar calurosamente a Angela Merkel.

Donald también ha facilitado mucho el trabajo de los medios al preguntarse provocadoramente cuánto costaba la nueva sede de la OTAN, pero sobre todo cuando, según Der Spiegel, ha dicho en un encuentro con Jean-Claude Juncker y Donald Tusk que los alemanes “son malos, realmente malos”, porque exportan millones de coches a los USA. Una afirmación ante los líderes de la UE pocas horas antes de encontrarse con Merkel en la cumbre de la OTAN.

En este contexto no precisamente idílico se insertaron los discursos propiamente políticos. El encuentro estuvo precedido por unas declaraciones a la prensa por parte del secretario general Jens Stoltenberg, que planteó como temas principales de la cumbre la lucha contra el terrorismo y un reparto más equitativo de los costes de la Alianza. Después de definir como éxito la intervención de la OTAN en Afganistán, Stoltenberg señaló como uno de los principales proyectos de futuro la constitución de una nueva célula de inteligencia antiterrorista. Luego declaró que la OTAN se sumará a la coalición anti-Isis, apoyando a varios estados miembros que ya forman parte de ella.

Algunas preguntas de los periodistas mostraron su perplejidad ante el proclamado éxito de la OTAN en Afganistán, así como sobre la eficacia de las operaciones en Iraq mencionadas por el secretario. Sobre la adhesión a la coalición contra el Isis, Stoltenberg declaró que no implicará ninguna intervención militar, pero sí “un fuerte mensaje político”. Respecto a la cuestión de la inteligencia, un par de periodistas se refirieron al contraste entre Estados Unidos y Reino Unido por la filtración de noticias sobre el atentado de Manchester, que demostraría las dificultades para conseguir una acción común. Stoltenberg lo resolvió diciendo que se trataba de un asunto “bilateral” en el que no quería entrar.

Sin embargo, fue muy claro sobre Rusia, al declarar que siempre ha estado en la agenda de la OTAN “con un mensaje fuerte y claro, que hace falta una disuasión creíble, con capacidad de defensa y diálogo”. En este sentido, citó el despliegue de fuerzas de la OTAN en los países de Europa oriental, con militares canadienses en Letonia. También afirmó que la Alianza apoya las sanciones contra Rusia, pero dejando claro que son la UE y EE.UU quienes deciden.

Una cumbre decepcionante

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>Entrevista a Wael Farouq

'Dejémonos de discursos abstractos'

P.V.

Cerca de 35 cristianos coptos fueron atacados cuando se dirigían a visitar un monasterio. Es la última matanza de cristianos en Egipto, la última de una serie infinita. Hablamos con el profesor egipcio Wael Farouq.

¿Está de algún modo unido este atentado con la reciente visita del Papa?

Seguramente. La visita del Papa ha mostrado un gran cambio no solo durante la propia visita, que ha sido el mayor evento de la historia en Egipto, durante el cual la misa se retransmitió por televisión a millones de musulmanes; también está el acuerdo histórico con la iglesia copta, la gente en pie en las barcas del Nilo para ver al Papa, todo esto sin duda ha provocado a los terroristas.

¿Hasta el punto de desatar tanta violencia?

Le cuento un episodio que tuvo lugar estos días, un hecho que antes de la visita del Papa sería inimaginable. Por primera vez, un imán que predica por televisión fue denunciado y llevado al tribunal por decir que los cristianos son infieles. Este episodio ya muestra un cambio en marcha en los palacios del poder pero también entre la gente común, musulmanes incluidos, que lo ha denunciado. Como el director de la biblioteca de Alejandría, pidiendo que el texto del discurso del Papa se explique en las escuelas públicas. Son musulmanes que no tienen miedo. De ahí el atentado, para hacer creer que las cosas no están cambiando.

Entonces hay esperanza, ¿aunque sea manchada de sangre?

Le digo la verdad, es la primera vez en mi vida que mi esperanza disminuye día tras día, pero no por la gente común a la que veo cambiar, ni por los musulmanes que van a Europa y cada vez están menos convencidos de la posibilidad de una convivencia pacífica.

¿Entonces?

Por los sistemas de poder occidentales e islámicos, por la ideología del islam político, que es la fuente del mal de verdad. Ver a Trump vendiendo armas a Arabia Saudí por miles de millones de dólares es muy doloroso, cuando sabemos que la gran parte de esas armas hasta ahora han terminado en manos del Isis. Nos perdemos en discursos estúpidos como el choque de civilizaciones, o entre identidades y religiones distintas, y esa no es la cuestión.

¿Y cuál es?

Recientemente hice un estudio para la revista Oasis y me sorprendió el 99% de las preguntas que los musulmanes plantean en internet. No se refieres al velo ni a la mezquita. Lo que les preocupa es la posibilidad de vivir armónicamente en Europa con la sociedad que les acoge. Debemos distinguir entre la ideología del mal, que es la ideología política islámica encarnada en los Hermanos Musulmanes, y el deseo de los musulmanes de verdad.

¿Existe algún tipo de conexión entre el atentado de Manchester y el de Egipto?

El kamikaze de Manchester ha sido autor de una acción política. Esta persona estuvo en Libia, en Turquía, estaba marcada por su comunidad y su mezquita. Por tanto, el problema no es quién viene a Europa, el problema es una ideología que todos sabemos quién la financia y quién la propaga, Arabia Saudí.

Pero los líderes occidentales se guardan mucho de decir esto.

>Entrevista a Wael Farouq

'Dejémonos de discursos abstractos'

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El gobernador Ahok en prisión. Temor por el futuro de Indonesia

José Luis Restán

En Yakarta, capital de la inmensa, dinámica y contradictoria Indonesia, se está jugando una partida crucial para el futuro. El pasado martes el Tribunal del Distrito Norte ha dictado condena de dos años de prisión para quien hasta hace pocos días ha sido su gobernador, Basuki Purnama, por delito de blasfemia. Aunque sus abogados interpondrán un recurso ante la Corte del Estado, ya ha sido conducido a prisión. Purnama es un cristiano de raíces chinas conocido por el apodo de Ahok, y goza de enorme popularidad en Yakarta. A pesar de eso, fue derrotado inesperadamente hace apenas un mes en la segunda vuelta de unas elecciones que ha vencido el candidato apoyado por los grupos extremistas musulmanes.

Ambos procesos, judicial y electoral, han corrido entrelazados y se han resuelto con sendas derrotas para Ahok. Pero no sólo para él, también para quienes luchan por una Indonesia abierta y respetuosa de los derechos de sus diversos componentes culturales y religiosos. De hecho Ahok es uno de los baluartes de la política de apertura del presidente Joko Widodo, un musulmán que está en la diana de los fundamentalistas islámicos desde que lograra la victoria con un programa decididamente reformista, claramente protector de la libertad religiosa. La condena de Ahok y su derrota en Yakarta han sido pésimas noticias para todo lo que Widodo trata de impulsar desde la presidencia.

Recordemos brevemente que Ahok fue acusado por varios grupos fundamentalistas de haber incurrido en delito de blasfemia. La excusa fueron sus palabras en un mitin electoral en el que había denunciado el uso abusivo de un texto del Corán por parte de los fundamentalistas, que sostienen que los musulmanes no pueden votar, en ningún caso, a uno que no lo sea. Desde que comenzara el proceso, la presión de los fundamentalistas ha sido tenaz y violenta, con masivas manifestaciones en la calle y toda clase de manipulaciones y chantajes en diversos ámbitos sociales. Yakarta es una ciudad moderna y variopinta (lo que explica también la popularidad del cristiano Ahok) pero eso no ha impedido que sus ciudadanos hayan padecido esa presión a flor de piel.

La mayor parte de los observadores independientes consideran que la presión ha hecho mella también en los jueces del Tribunal del Distrito, que han sido objeto de señalamiento por parte de estos grupos radicales. De hecho ha sorprendido que la condena haya sido mucho más dura de la que proponía el fiscal, que solicitaba la opción de libertad condicional. En los días previos a dictarse la sentencia, cuando ya se conocía su derrota electoral, miles de ciudadanos de Yakarta no han dejado de desfilar por la sede de la municipalidad para dejar flores y mensajes de agradecimiento. Ahora la sensación es de miedo e incertidumbre, porque se ha comprobado la debilidad congénita del sistema constitucional indonesio y la fragilidad del edificio reformista del presidente Widodo. La lucha será larga y el riesgo es que una parte de la sociedad civil se sienta amedrentada.

El gobernador Ahok en prisión. Temor por el futuro de Indonesia

José Luis Restán | 0 comentarios valoración: 3  269 votos

El imán de Al Azhar, la modernidad del islam y sus enemigos

Fady Noun

Detrás de la mirada oblicua de Ahmad al Tayyeb, gran imán de Al Azhar, que le asemeja en cierto modo a un animal atrapado, se esconde alguien “extremadamente tímido”, asegura el exministro libanés de Cultura, Tarek Mitri. Le conoce desde la época universitaria que pasaron juntos en París: uno estudiaba la filosofía de las relaciones internacionales, y el otro la filosofía de las religiones. Nos encontramos muy lejos de las imágenes de feroces “guardianes del dogma” o “grandes inquisidores” que uno podría hacerse al seguir su carrera pública.

Hijo del jeque de una “tarika”, una vía sufí del Said (Alto Egipto), Ahmad el-Tayyeb, 71 años, cuenta con una sólida formación filosófica adquirida en la Sorbona, en los cursos de Paul Ricoeur. “Su pensamiento religioso está formado por una parte por el misticismo y por otra por la filosofía”, precisa Tarek Mitri. “No es un ‘fakih’, un jurista o un canonista”.

En el discurso que pronunció en la universidad de Al Azhar el pasado 27 de abril, el imán reclamó al existencialismo y habló de la posmodernidad. ¿Solo exhibicionismo? El exministro libanés no opina así: “Cuando se expresa en público, el imán se encuentra con una lógica de choque entre la fe religiosa y el nihilismo moderno. Pero en realidad es un hombre que dialoga con la modernidad. Está por tanto el hombre y su función. En público, su función toma todo el protagonismo, pero creo que le preocupa mucho conseguir que el mensaje religioso resulte plausible, creíble a los ojos de los ‘modernos’. Es consciente de que hay una modernidad llena de angustia en el mundo musulmán”.

En el ámbito público, el gran imán de Al Azhar, nombrado por el entonces presidente Hosni Mubarak en 2010, cuenta sin duda con la aprobación de muchos, pero también es objeto de amplias críticas. Los fundamentalistas lo detestan y el poder político conspira para echarlo. En 2011, durante las jornadas revolucionarias que acabaron con Mubarak, los revolucionarios le acusaron de ser un aliado del régimen. Él, sin ser revolucionario, era muy sensible a lo que los jóvenes reclamaban. Por eso, los que ostentaban el poder perdieron la confianza en él, sospechando que era demasiado favorable a las nuevas ideas.

“Como un hecho sin precedentes –califica Mitri– el imán decidió hacer de Al Azhar un lugar de diálogo. Creó la Beit el A’ila el Masria (la Casa de la familia egipcia), un lugar donde todos los líderes religiosos cristianos se sienten como en casa e intentan resolver y desatascar las tensiones confesionales, alcanzar soluciones puntuales a problemas puntuales, como hace una familia. Durante los últimos dos años ha reunido en varias ocasiones a intelectuales islamistas más o menos moderados, así como liberales musulmanes y cristianos. De ahí ha nacido un compromiso con la noción de Estado constitucional. También ha proclamado –después de consultarlo con gran número de intelectuales de todas las posiciones– una carta de libertades que llegan muy lejos: libertades artísticas, libertades intelectuales e incluso libertad de conciencia, aunque sin utilizar esta palabra. En definitiva, ha intentado infundir el concepto de ciudadanía en el mundo islámico”.

El imán de Al Azhar, la modernidad del islam y sus enemigos

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Urge una solución no militar para Corea del Norte

Robi Ronza

Después de generar una gran aprensión –realmente mucho más en Europa que en Estados Unidos y en otros países más directamente interesados– la crisis desatada a propósito de Corea del Norte parece que se está desinflando. En todo esto hay algo de ritual. Un país hambriento, atrasado, sometido al juego de una feroz dictadura hereditaria, Corea del Norte gasta la mayor parte de sus pocos recursos en armamento estratégico (artillería nuclear, misiles de largo alcance) que blande contra Corea del Sur y Japón, y con el que pretende algún día conseguir amenazar a los Estados Unidos.

Efectivamente, tal amenaza no tiene el más mínimo fundamento. Con su fuerza militar desmesuradamente superior respecto a todo el resto del mundo y con su control absoluto de toda la red mundial de telecomunicaciones, los USA están preparados en todo momento para defenderse a sí mismos y a sus aliados. Sin dificultades, puede dejar puntualmente fuera de juego las armas estratégicas de Corea del Norte, cuya artillería nuclear entre otras cosas hasta ahora no consiste más que en potentes minas y no auténticas cabezas nucleares disponibles para lanzar con misiles.

Hasta ahora, Washington ha preferido mantener a raya a Corea del Norte de manera discreta. En este sentido, bajo la presidencia de Barack Obama, el Pentágono puso a punto sus herramientas de ataque cibernético y electrónico contra el arsenal misil norcoreano, gracias a lo cual los misiles que Corea del Norte intenta lanzar o bien explotan en vuelo o bien son interceptados y desviados a alta mar. Señal de que el sistema sigue funcionando es que el misil lanzado el día de Pascua explotó en vuelo, a pocas horas de la llegada del vicepresidente americano Mike Pence a Seúl, capital de Corea del Sur.

Pero parece que a Trump esta solución puramente práctica del problema no le basta. De hecho, tras aterrizar en Corea del Sur, primera etapa de un viaje de diez días por varios países del Extremo Oriente con meta en Japón, el vicepresidente americano declaró que por lo que se refiere a Corea del Norte “el tiempo de la paciencia estratégica se ha acabado”. Hasta hoy, esa paciencia resultaba inevitable en parte porque la dictadura norcoreana podía contar con el apoyo incondicional de China. Pero parece que ahora Pekín ya no está dispuesto a dar su apoyo a toda costa a un aliado embarazoso que le ofrece muy pocas ventajas. Sin embargo, tampoco está dispuesto a aceptar la perspectiva de un ataque militar y por tanto un final catastrófico para el régimen norcoreano, con todos los daños y desequilibrios que esto conllevaría. Por otro lado, un aliado de EE.UU como Corea del Sur no saldría indemne, por rápida que fuera la guerra. Su capital, Seúl, está muy cerca de la frontera con Corea del Norte, a tiro de una amplia formación de artillería pesada norcoreana, siempre dispuesta a abrir fuego, por lo que no puede ser objeto de un ataque preventivo sin poner en riesgo a Seúl.

Urge una solución no militar para Corea del Norte

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No basta tolerar. Hace falta amar

Wael Farouq

Los cristianos coptos saben que hoy en Egipto ir a la iglesia a rezar es arriesgado. Daesh ha amenazado con quemarlos en las iglesias y solo unos días antes las fuerzas de seguridad desactivaron un artefacto en el mismo templo que el Domingo de Ramos sufrió uno de los terribles atentados terroristas. Sin embargo, los cristianos egipcios siguen yendo a la iglesia a rezar. El Domingo de Ramos es un día especial para los niños. Antes las madres se dedicaban a crear símbolos y juguetes con hojas de palma. Nosotros, niños musulmanes, recibíamos coronas, estrellas y espadas hechas con estas hojas, mientras los niños cristianos llevaban las cruces. Les acompañábamos en cortejo hasta las puertas de la iglesia. Ellos entraban en misa y a nosotros nos daban algún dulce. Luego, esperando a que salieran, protegíamos a la iglesia de enemigos y demonios invisibles con nuestras espadas verdes.

Creo que la mía fue la última generación que vivió esta alegría. Después, a finales de los años 70 del siglo XX, el presidente Anwar al-Sadat abrió el espacio público a los islamistas y millones de egipcios emigraron hacia los países del Golfo, a sociedades uniformes que no conocían el pluralismo religioso ni lo aceptaban. Fue el inicio de la propaganda del ocio contra los cristianos en general y los egipcios en particular. En todos los barrios había una mezquita controlada por los propagandistas del islam político. Bajo la protección de Sadat y la indiferencia de sus sucesores, la propaganda contra los cristianos duró cuarenta años. Los jeques decían a los musulmanes que los cristianos eran “incrédulos”, que no había que comer de su comida, que no debíamos amarlos. “Matan a vuestros hermanos en Iraq, Palestina y Afganistán”, decían: “No les felicitéis en sus fiestas, no les dirijáis el saludo”.

Pero a pesar de los años que duró esta macabra propaganda, los egipcios supieron recuperar su unidad en la plaza Tahrir. La revolución creó un espacio de encuentro entre el musulmán, que había sido tentado de olvidar el amor y una convivencia secular, y el cristiano, que se había resignado a emigrar o aislarse del mundo, encerrándose entre los muros de su iglesia en su propio país. La revolución, en los pocos años que han pasado, destruyó décadas de odiosa propaganda. Muchos egipcios, a pesar de la propaganda del odio y de las matanzas terroristas, están redescubriendo el bien de la unidad. Tras los atentados del Domingo de Ramos, los cristianos rendían homenaje en las redes sociales a los heroicos agentes –todos musulmanes– que habían muerto mientras cumplían con su deber de proteger la misa oficiada por el papa Tawadros. Él era el objetivo principal de los ataques. El primero, en la iglesia de Tanta, tenía el objetivo de llamar la atención para golpear pocas horas después al líder espiritual de los cristianos coptos en la catedral de San Marcos de Alejandría. Pero el terrorista, al no conseguir entrar, se hizo estallar en la puerta del templo, matando así a cristianos y musulmanes.

No basta tolerar. Hace falta amar

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Trump y los católicos decepcionados

Massimo Borghesi

La decepción, palpable, de los católicos trumpianos con el presidente de los USA debería ser motivo de reflexión. Hasta hace unas semanas, eran paladines entusiastas del emperador contra el “papa obamiano”. Ahora parece que Trump también se ha vuelto “obamiano”. La explicación es que ha cedido al “aparato” militar-industrial-neocon. No ha estado a la altura. Pero entonces también Obama, tan criticado en parte justamente dada su desastrosa política en Oriente Medio, habría cedido al “aparato”.

¿Cuál es la diferencia –preguntemos a los entusiastas decepcionados– entre Trump y Obama si el “aparato” lo decide todo? Bien entendido, el aparato existe pero la capacidad de un presidente consiste en manejarlo y no dejarse manejar por él. En cualquier caso, a la luz de los hechos, ¿acaso no tenía razón monseñor Parolin cuando, en nombre del Papa, declaraba, en relación con Trump, que había que esperar a los hechos antes de juzgar? Los católicos que tanto se jactaban de un Papa a merced del cambio histórico mundial, del eje Trump-Putin, tienen ahora un motivo para reflexionar. Esperamos que lo hagan, por su bien.

Es una invitación a ser más críticos con los poderes del mundo. Tanto entusiasmo por los emperadores, enfrentándose al Papa, resulta realmente embarazoso para los que se consideran tutores de la ortodoxia. La historia de la Iglesia debería enseñarnos algo. Estas sencillas observaciones valen también para aquellos que, aun habiendo apoyando lealmente a Francisco tras todos los vergonzosos ataques de los que ha sido objeto, han avalado igualmente la decisión de Trump sobre Siria.

Esos deberían recordar que fue el Papa, con su vigilia de oración en la plaza de San Pedro, quien ofreció apoyo a Putin como mediador en el momento mismo en que Obama, después de decir que se había cruzado la línea roja, se veía casi “obligado” a la guerra. Una guerra de resultados catastróficos. El Papa entonces estaba contra Obama. Así que no se entiende por qué hoy debería estar, ante la misma situación, a favor de Trump.

Trump y los católicos decepcionados

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>De los archivos secretos ucranianos

La KGB y la gran carestía

Angelo Bonaguro

Los servicios secretos ucranianos (SBU) han publicado dos informaciones sobre el último director de la KGB soviética, el general Nikolai Golusko, que a finales de los 80 se refería a la multiplicación de iniciativas occidentales que documentaban el “holodomor”, la carestía causada por el régimen estalinista en los años 30 en Ucrania, en el bajo Volga y en algunas regiones kazajas al forzar la colectivización de los campos y deshacerse de los campesinos obligados a abandonar sus habituales formas de vida.

En las dos breves informaciones, de los años 1988 y 1990 respectivamente, desclasificadas hace unos años, Golusko con tono irritado refiere al comité central del partido comunista ucraniano “los intentos del enemigo de preparar una campaña antisoviética debido a la llamada ‘carestía inducida’ en los años 1932-33”, así como los “esfuerzos de la campaña antisoviética en el extranjero, en relación al hambre masiva en Ucrania”, con el objetivo de “acusar a la URSS de haber cometido un ‘genocidio’ con el pueblo ucraniano”.

La noticia se publicó el pasado 18 de febrero en la página de Facebook del SBU, donde algunos colgaron ciertos comentarios polémicos, como: “¿y dónde está el secreto?”, o “¿todo lo que tienen los archivos ocupa solo dos páginas?”.

En realidad, la publicación no era más que un gesto simbólico del gobierno ucraniano para honrar la memoria de James Mace (1952-2004), historiador y profesor americano que hizo muchas investigaciones sobre el tema del “holodomor” y que justo el 18 de febrero habría cumplido 65 años. Entre 1986 y 1990, Mace fue director de la Comisión americana de investigación sobre esta carestía y grabó numerosos testimonios orales de la diáspora ucraniana en América antes de trasladarse a Kiev para dar clase de ciencias políticas.

La primera información de Golusko, fechada el 5 de mayo de 1988, iba dirigida a Vladimir Scerbicki, por aquel entonces secretario primero del comité central del PC ucraniano, que estuvo en el cargo de 1972 a 1989. En el lenguaje ideológico de la época, Golusko ataca la actividad “antisoviética” de los “centros subversivos” occidentales y cita como ejemplo los libros del “sovietólogo reaccionario” Robert Conquest (sobre todo “La cosecha del dolor”); los ensayos “Ejecución por hambre” y “El holocausto escondido” del lingüista y periodista ucraniano Miron Dolot (con el pseudónimo de Simon Starov, definido como un “traidor a la patria” por haberse refugiado en América después de la Segunda Guerra Mundial); y el documental “La cosecha de la desesperación: el Holocausto desconocido”, de los “nacionalistas” Slavko Novyckij y Jurij Lugovyj.

Una primera amenaza a la posición de la historiografía soviética sobre el “holodomor” ya se había presentado años atrás con la fundación del Instituto de Estudios sobre Ucrania, en Edmonton (Canadá) y en Harvard.

“Desde sus primeros años de actividad –escribe Argentieri en su presentación del libro de Conquest ‘La cosecha del dolor’– el instituto [de Harvard] se planteó el problema de romper definitivamente la cortina de silencio que había caído desde la época del holodomor”. Junto a Conquest se situó Mace, “un joven investigador en vías de concluir su tesis doctoral bajo la dirección de Roman Szporluk, uno de los exponentes más ilustres de la historiografía ucraniana en el exterior”.

El negacionismo soviético

>De los archivos secretos ucranianos

La KGB y la gran carestía

Angelo Bonaguro | 0 comentarios valoración: 3  331 votos
>ENTREVISTA CON LA ESCRITORA TURCA NIHAL BATDAL

'Una derrota para Erdogan'

I.S.

“Habrá una única bandera, una única nación y sobre todo un único pueblo”, dijo Erdogan al cerrar las urnas, pero los votos del domingo son una bofetada para el hombre que quería para sí toda la nación turca. La reforma constitucional pasa con el 51,3% de votos afirmativos, apenas un millón más que los negativos, mayoritarios en tres de las principales ciudades del país, como Estambul, Ankara y Esmirna. En su discurso, el presidente ha invocado el respeto al resultado, diciendo que “sobre todo los países que consideramos aliados deberían respetar nuestras decisiones”. Una declaración en cierto modo preocupante, que no elimina del todo el miedo a nuevas tensiones en Turquía y que invita a la cautela en los países europeos.

Con la victoria del Sí, Turquía abandona el sistema parlamentario establecido por Mustafa Kemal en 1924 y adopta un sistema presidencial que concede amplísimos poderes al jefe del Estado. La reforma abole el cargo de primer ministro y transfiere sus poderes al presidente, que se convierte así en jefe de Estado y de gobierno. El presidente nombra a los ministros y a los altos funcionarios, sin necesidad de consultar con el parlamento ni obtener su aprobación, nombra a cuatro de los trece miembros del Consejo Superior de jueves y ministerios públicos, así como al ministro de Justicia y a su secretario de Estado, decide el nombramiento de los rectores universitarios y puede disolver las cortes en cualquier momento.

“Turquía se ha roto en dos –dice al teléfono la escritora turca Nihal Batdal—. Este resultado demuestra que el pueblo no está contento con una campaña electoral tan agresiva y destructiva, y Erdogan tendrá que medirse con este enfoque que ha elegido”.

El presidente refuerza sus poderes. Con la nueva reforma constitucional podrá seguir en el poder hasta el año 2034.

Creo que aún no hay certezas sobre esa fecha, pero es evidente que con tales poderes no será fácil que Erdogan deje pronto su cargo de presidente.

¿Turquía sigue siendo una democracia?

Depende de la definición que se dé a la democracia. Si se entiende como el poder de la mayoría, sí. Pero si la entendemos también como separación de poderes, entonces no, ya no será un país democrático.

“Es un sí a una nación, una bandera, una patria, un estado”, ha dicho Erdogan. ¿Cómo debemos entender esta declaración?

Me parece más bien un eslogan para convencer al electorado del movimiento nacionalista y tener a todos contentos, defendiendo la unidad nacional.

¿Quién es en este momento el principal adversario de Erdogan?

Los dos principales partidos de la oposición sostienen que el sistema presidencial abrirá el camino a un régimen de un solo hombre al mando. El referéndum ha demostrado que todavía hay mucha gente que apoya a la oposición.

Los defensores del No han denunciado actos de violencia e intimidación, ¿es cierto?

Más allá de la violencia y la intimidación, está también el hecho de que un número elevado de certificados electorales no llevan el timbre oficial, y sin embargo se han considerado votos regulares. Erdogan saludó a sus simpatizantes celebrando la victoria antes incluso de conocerse los resultados oficiales.

>ENTREVISTA CON LA ESCRITORA TURCA NIHAL BATDAL

'Una derrota para Erdogan'

I.S. | 0 comentarios valoración: 3  339 votos

Bombas contra coptos: objetivo, el islam que se abre

F.H.

El Domingo de Ramos es siempre un gran día para los fieles coptos. Acuden desde muy temprano a la catedral de San Marcos de Alejandría. En la verja de entrada hay numerosos vendedores de palmas decoradas, talladas, trenzadas. Este domingo las palmas han sido más que un producto de artesanía, han sido las palmas para los nuevos mártires. Para los que han perdido su vida a las orillas del Mediterráneo, en la ciudad a la que llegó el cristianismo en el primer siglo, y en Tanta. Otra vez las víctimas son gente corriente cuyo único delito es acudir a misa, llevar tatuada la cruz en la muñeca. Otra vez la Iglesia de Egipto vuelve a ser la Iglesia de los mártires.

Y otra vez está el Daesh, ataca a los coptos para desestabilizar al Gobierno. Antes y después de la primavera árabe, los Hermanos Musulmanes atacaron a los cristianos para hacer política, para hacerse con el poder cuando no lo tenían y para afianzarse en él en los escasos meses en los que lo controlaron.

Pero ahora no son los Hermanos Musulmanes sino el Daesh. El ataque de este domingo, con sus cerca de 50 muertos, forma parte del mismo plan que incluye el ataque de diciembre contra la catedral del Cairo y la limpieza étnica que ha obligado a 150 familias a abandonar el Sinaí. En el Sinaí el Daesh ha querido demostrar que tiene capacidad para modificar la demografía. Con los atentados de este domingo y del pasado mes de diciembre el Daesh quiere cambiar el régimen político de Egipto, como hizo en Iraq y en Siria. El objetivo es Al Sisi, el presidente creyente, que apuesta por otro islam. Al Sisi con todas sus limitaciones promueve un islam respetuoso con la minoría cristiana. Al Sisi empuja a Al Azhar, la gran mezquita de referencia del mundo suní, a la condena de la violencia religiosa, al reconocimiento de cierta libertad de conciencia. Al Azhar acaba de celebrar en febrero un gran simposio con el Vaticano sobre la laicidad y la ciudadanía en el mundo musulmán. Por eso, porque Egipto es un hervidero del islam que quiere abrirse a la modernidad, el Papa va a viajar al Cairo. El Daesh mata coptos para impedir cualquier apertura en el islam. Y los coptos, la pobre gente que lleva la cruz tatuada, confiesa su fe ante el mundo. Aclaman ya desde la Jerusalén del cielo. Se les oye con sus palmas: ¡Hosanna!

Bombas contra coptos: objetivo, el islam que se abre

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Una tragedia que parece esconder verdades incómodas

Patrizio Ricci

El 4 de abril un ataque aéreo de la aviación siria en el pueblo de Khan Shaykhun, situado en la fortaleza yihadista de Idlib, causó más de 70 muertos y al menos un centenar de heridos. El Observatorio sirio de derechos humanos ha declarado que la aviación siria usó gas sarín. La noticia se ha dado a conocer junto a una serie de imágenes que muestran a los “cascos blancos” socorriendo a las víctimas del ataque, entre ellas numerosos niños.

Ante estos hechos, la comunidad internacional atribuyó rápidamente la responsabilidad de lo sucedido a Assad y condenó el episodio amenazando con medidas serias. Las acusaciones de los líderes europeos y del propio presidente Trump han sido muy fuertes. Este último incluso ha querido reforzar sus palabras refiriéndose al ataque químico en Guta (Damasco) el 21 de agosto de 2013 (que se ha demostrado que no fue obra de Assad) para criticar a Obama, calificando de “error” no haber ordenado entonces un ataque directo.

Rusia también da su versión. El representante del Ministerio de Defensa ruso, Igor Konashenkov, afirmó que la aviación siria atacó el 4 de abril bases en Khan Shaykhun donde los militantes trabajaban en la producción de municiones con agentes químicos. La explosión volatilizó y dispersó las sustancias tóxicas almacenadas por los terroristas. Por su parte, el gobierno sirio ha desmentido haber utilizado nunca munición química y ha declarado que no la posee.

Pero Estados Unidos, Reino Unido y Francia mantienen sus acusaciones y han presentado una moción de condena al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas contra la República Árabe Siria, que no habría cumplido sus obligaciones en la destrucción de armas químicas. El documento se ha topado con el veto ruso.

Es evidente que lo sucedido peca de un defecto ya muy repetido. Deberíamos empezar por analizar los hechos de manera leal y abstenernos de hacer condenas preventivas antes de que se demuestren. Las declaraciones de condena de la comunidad internacional no han tenido en cuenta numerosos factores. El ejemplo de esta praxis se demuestra en las palabras de Trump, que todavía atribuye al gobierno sirio la matanza de Guta en 2013.

Es imposible que el presidente de los Estados Unidos de América no conozca los resultados de las investigaciones realizadas tras aquella masacre. Él sabe perfectamente que todas las indagaciones exoneraban al gobierno sirio. Sin embargo, no solo lo omite sino que utiliza aquel episodio para regenerar el clima de aquellos días.

Vale la pena recordar aquel episodio porque parece la fotocopia del ataque químico en Idlib. De Guta no se sabe exactamente el número de víctimas y la Comisión de la ONU aún no ha conseguido dirimir las responsabilidades. Además de los informes oficiales, destaca la investigación realizada por el premio Pulitzer Seymour Hersh, icono del periodismo de investigación mundial, titulada “Whose sarin?”. El resultado es que el ataque fue realizado por fuerzas rebeldes y no gubernamentales.

Una tragedia que parece esconder verdades incómodas

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