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28 MARZO 2017
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El papel de Al-Azhar en la lucha contra el fanatismo

Muhyī al-Din `Afīfī Ahmad

El extremismo nace debido a varias causas. Veamos algunas.

1. Escaso conocimiento de la religión

Algunas personas se atreven a emitir normas jurídicas, sobre todo en referencia a cuestiones doctrinales, partiendo de un análisis superficial de ciertos versos coránicos y afirmaciones del profeta, pero sin conocimiento alguno de otros textos ligados al martirio y sus fundamentos, considerando pasajes alegóricos del Corán y dejando fuera otros más explícitos, o tomando aspectos particulares a expensas de las reglas generales. Los que emiten las fatwa, sobre todo en referencia al ámbito doctrinal, deberían cumplir unos requisitos científicos necesarios para predicar a la gente presentando su propia visión islámica de la vida. Esto confirma la importancia de dedicarse con celo al estudio de la religión y poseer una preparación específica. Quien actúa sin conocimiento corre el riesgo de causar más mal que bien.

2. Imitación ciega

La imitación ciega nace del fanatismo y de la confianza en la guía que se toma como modelo, en su metodología y en su enfoque interpretativo. No obstante, por lo que se refiere a las cuestiones jurídicas, el taqlid es una necesidad legal, pues no podemos pretender que todos se formen una interpretación personal de la ley. Si se abren las puertas de la interpretación a los que carecen de preparación científica, caeremos en infinitos errores que nos alejarán completamente de la religión. Como dijo un sabio de manera admirable, “no seguir un madhhab [escuela jurídica] es la puerta de la irreligión”.

3. Replegarse en sí mismo

Los fanáticos parten de su comprensión particular y de su reflexión. Por vía de su fanatismo, no se dejan persuadir por la opinión de otros ni llegan a persuadir a otros. Cada uno de ellos considera que sus propias ideas y su propio punto de vista coinciden con la religión, y que todos los demás puntos de vista son errores manifiestos. Con el paso del tiempo, el individuo se repliega sobre sí mismo, cerrando la puerta del diálogo y de la comprensión mutua.

La mayor parte de los fanáticos se concentra en una única idea y se limita a leer ciertas páginas específicas de determinados libros, pensando que no hay nada más allá de eso. Esto, junto a muchos otros factores, conduce a replegarse en sí mismos y al aislamiento doctrinal que les impide gozar de los frutos producidos por generaciones de juristas, intelectuales e investigadores.

4. No consideración del nexo de causalidad

Entre las causas del fanatismo, están la ausencia de una mentalidad científica y metodológicamente formada que respete las leyes del movimiento histórico, la ausencia de la idea de causalidad, la destrucción de los criterios necesarios para la corrección, la crítica y la revisión, la eliminación de las finalidades de la acción humana y la proclamación de eslóganes desviados revestidos de una pátina religiosa según los cuales estamos llamados a actuar pero no a considerar las consecuencias de nuestras acciones. Estos factores llevan a la confusión conceptual y al retroceso, alimentando el aislamiento y el inmovilismo intelectual respecto a las leyes que regulan la vida.

El papel de Al-Azhar en la lucha contra el fanatismo

Muhyī al-Din `Afīfī Ahmad | 0 comentarios valoración: 3  13 votos

El empeño del Isis por convertirnos en un 'gran Israel'

Gianluigi Da Rold

El atentado de Londres nos deja sin aliento y sume a Europa entera, a todo Occidente, en el drama y ansiedad que genera la más oscura incertidumbre. Los servicios ingleses y de Scotland Yard, probablemente los mejores del mundo, fueron rápidos a la hora de calificar el atentado terrorista y luego, como de costumbre, parcos en los detalles de la investigación.

Según los expertos en seguridad, el método utilizado por los ingleses es propio de quien tiene una pista concreta que seguir y lo hace con una discreción indispensable. El ataque terrorista se ha producido en Westminster, que es el corazón de la capital británica, el lugar que representa históricamente el centro, donde nació la democracia parlamentaria y representativa. Un simbolismo que supone una hipótesis que aún hay que verificar.

Todo se está sucediendo en un clima de alarma terrorista mundial, que se repite después de los atentados de Francia, con una cadencia continuada y obsesiva, y que coincide con una serie de aniversarios: los 60 años de Europa, los atentados de Bruselas hace un año, las próximas manifestaciones que ponen en discusión las decisiones políticas que se toman en Europa y en Occidente en general.

No cabe duda de que la raíz ideológico-político-religiosa que anima estos atentados nos reconduce al Isis, al estado islámico y sus “profetas” asesinos. Pero encontrar en estos atentados una estrategia y una racionalidad bélicas, aun en la asimetría propia del terrorismo, resulta difícil y complicado.

Las noticias hablan de un hombre que lanzó su coche, un todo terreno, por el puente de Westminster contra la multitud, embistiendo a la gente. Luego se apeó armado con un cuchillo, apuñaló a un policía y fue abatido por otros agentes, como si hubiera ido buscando el “sacrificio” para ganarse el paraíso y honrar el “verbo” del califa. Sigue el patrón del atentado suicida tristemente habitual en estos últimos años.

Se puede pensar que la guerra siria e iraquí, con el estado islámico en dificultades para actuar sobre el terreno, esté buscando respuestas desesperadas e incite por ello a sus simpatizantes a cometer atentados en Occidente. Se puede pensar en respuestas de venganza por la posible caída de Mosul y los problemas en Raqqa, la “capital” del califato.

Pero según los expertos occidentales en materia de seguridad, todos estos razonamientos, estos símbolos son fruto de la racionalización occidental, es decir, de nuestra racionalización. Lo demás es solo el fruto de una estrategia terrorista que ha llegado a un segundo nivel y solo quiere crear precariedad e incertidumbre. Pero la base de este terrorismo se basa sobre todo en una espontaneidad que nos deja atónitos.

Parece ser que los nuevos terroristas ni siquiera frecuentan las mezquitas, que los nuevos adeptos se han radicalizado tras conocer los ambientes del fundamentalismo islámico. Muchos son jóvenes inmigrantes de segunda generación que viven sumidos en una situación de malestar y que encuentran una razón para vivir y para morir en el sacrificio supremo del atentado, que se convierte casi inevitablemente en una forma de suicidio. La historia de Abu Muhammad Al Adnani es emblemática en este sentido.

El empeño del Isis por convertirnos en un 'gran Israel'

Gianluigi Da Rold | 0 comentarios valoración: 3  30 votos

Quién es Aoun, el nuevo presidente libanés

Amin Elias

Si el general Michel Aoun ha llegado al palacio presidencial de Baabda, en Beirut, es porque ha conseguido convertirse en el punto de convergencia de una triple alianza (maronita-sunita-chiíta) entre tres rivales. Esta triple alianza, de momento, ha salvado el acuerdo de Taif –tratado inter-libanés firmado en 1989 que puso fin a la guerra civil libanesa– y le ha dado un nuevo significado. La gran pregunta que se plantea ahora es si este acuerdo puede representar una nueva posibilidad de encuentro islamo-cristiano en el Líbano. Hay que tener en cuenta que, en una región donde los cristianos son perseguidos en Iraq y Siria por grupos extremistas islámicos sunitas y chiítas, en Líbano un partido religioso chiíta, Hezbolá, y una corriente de mayoría sunita llamada Futuro (Al-Mustaqbal), de Saad Hariri, han decidido apoyar la candidatura del general Aoun como gesto de reconocimiento de la importancia que tiene el papel de los cristianos en el Líbano y en toda la región.

Desde el punto de vista de la geopolítica regional, la llegada del general Aoun a la presidencia tiene diversos significados. En primer lugar, hay una clara voluntad internacional real de estabilizar política y económicamente el Líbano, considerado un enclave indispensable en medio del caos de Oriente Medio para gestionar la crisis medioriental y la cuestión de los refugiados sirios. En segundo lugar, la llegada de Aoun refleja el equilibrio actual en el Líbano entre las fuerzas del eje Arabia Saudí-Qatar, apoyado por Estados Unidos, y el eje Siria-Iraq-Irán, apoyado por Rusia. Respecto a las alianzas internas, la elección de Aoun ha conseguido restablecer relaciones equilibradas entre Siria, Irán y Rusia por un lado, y Estados Unidos, Francia y Qatar por otro. Sobre este punto, conviene recordar que los responsables franceses han tenido un papel discreto pero muy importante para convencer a Arabia Saudí de que retirara su veto contra el general, lo que permitió a Saad Hariri apoyar a Aoun.

Quién es el exgeneral

Hijo de una familia modesta de Hārit Hrayk, barrio de la periferia sur de Beirut, y formado en la escuela militar, Michel Naïm Aoun llegó a ser comandante en jefe del ejército en 1984 después de una brillante carrera militar coronada por una serie de victorias contra las milicias drusas del señor feudal Walid Jumblat, en su momento apoyado por tropas palestinas y sirias en el frente del Souq al-Gharb, al norte de Beirut. Durante su carrera, el general Aoun siempre se opuso al establishment político que, en su opinión, no había previsto la inminencia de la guerra civil en Líbano y no hizo nada por evitarla. Luego también se opuso al gobierno de las milicias que siguió al estallido de las guerras de 1975. Mientras tanto, la clase política libanesa no fue capaz de elegir a un nuevo presidente para la República, razón por la cual el general se sintió en el deber de generar las condiciones necesarias para las elecciones presidenciales en el plazo más breve posible. También se implicó en una doble lucha contra el ejército sirio que desplegado en aquel momento en el territorio libanés y en el que Aoun veía un ejército de ocupación.

Simultáneamente, el escenario internacional y regional se vio sacudido por una serie de cambios dramáticos de naturaleza militar, política y geoestratégica: la caída de la Unión Soviética y el ascenso de Estados Unidos como primera y única fuerza regional, la invasión de Kuwait por parte de las fuerzas iraquíes y la consiguiente creación de la coalición internacional liderada por EE.UU contra el Iraq de Saddam Hussein. En aquel momento, la comunidad internacional decidió poner fin a la crisis libanesa que se remontaba a 1975 y se llegó entonces a un compromiso internacional y regional donde los actores principales eran Estados Unidos, Siria y Arabia Saudí. El compromiso establecía un nuevo pacto para los libaneses, previa subordinación del Líbano a una tutela siro-saudí. En otros términos, el presidente Hafez al-Assad, que había apoyado y defendido la coalición internacional contra Iraq, se vio recompensado viendo cómo le ofrecían el Líbano en bandeja de plata. Para hacer efectivo el compromiso internacional y regional, solo faltaba la aprobación de los libaneses. Para ello, los diputados libaneses fueron convocados en Taif, Arabia Saudí, para firmar, bajo la forma de un acuerdo, el compromiso americano-siro-saudí aprobado por los países europeos y el Vaticano. El general Michel Aoun se opuso entonces al compromiso. El 13 de octubre de 1991, los cazas sirios atacaron el palacio presidencial anunciando la entrada en vigor de Taif. El general Aoun abandonó el palacio y el poder para refugiarse con su familia en la embajada de Francia antes de emprender camino al exilio.

Quién es Aoun, el nuevo presidente libanés

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Negociaciones en Ginebra y bombas en Homs, así es el 'método' de Arabia Saudí

Patrizio Ricci

Las negociaciones de paz de Ginebra entre el gobierno sirio y la oposición armada que dieron comienzo el 23 de febrero está previsto que lleguen a su fin el próximo viernes 3 de marzo. El principal obstáculo es que las facciones líderes de Riad son las más representativas y tratan de excluir a cualquier otro grupo opositor que no apruebe la intransigente visión saudí.

Los métodos de persuasión son los habituales, pero las negociaciones se vieron empañadas el sábado por un sangriento atentado en Homs. Seis terroristas suicidas pertenecientes al grupo Fateh al Sham (Al Nusra) se hicieron estallar durante un encuentro entre el general dedicado a la seguridad local y algunos de sus superiores directos que se habían desplazado hasta allí procedentes de Damasco. Las deflagraciones acabaron con la vida de más de cuarenta personas entre militares y civiles.

Dada la influencia que Arabia Saudí ejerce en este grupo, no se descarta que Al Nusra haya cometido este atentado justamente para incrementar el peso específico de sus patrocinadores en las negociaciones de paz. Por otro lado, los estrechos vínculos que unen Al Nusra con Arabia Saudí no son ningún misterio, pues hay numerosos documentos reservados traspapelados en Wikileaks que revelan que “los gobiernos de Arabia Saudí y Qatar siguen proporcionando ayuda financiera y logística clandestina al Isis y a otros grupos radicales sunitas”.

Ya lo reconoció el mismísimo vicepresidente americano Joe Biden en una conferencia a los estudiantes de la Universidad de Harvard en 2014. En aquella ocasión, Biden señaló a Turquía, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes como los países más determinantes para derrocar a Assad. Biden también detalló que ellos habían proporcionado “cientos de decenas de millones de dólares y toneladas de armas a todos aquellos que luchaban contra Assad”. El vicepresidente especificó que las personas que recibían ese suministro pertenecían al grupo terrorista Al Nusra, incluyendo todos los grupos afiliados a Al Qaeda y los elementos extremistas yihadistas procedentes de todos los rincones del mundo. También afirmó que los países del Golfo seguían armando a los grupos terroristas a pesar de la contrariedad americana y que los grupos beneficiados incluían también el Isis.

Según el vicepresidente estadounidense aquel apoyo continuó hasta 2014, cuando hasta los países del Golfo comprendieron que los grupos que estaban abasteciendo habían llegado a ser peligrosos incluso para ellos. En una entrevista en el periódico alemán Kölner Stadt-Anzeiger realizada en Alepo, el líder de Al Nusra, Abu Al Ezz, confirmó todo lo dicho por el vicepresidente Biden salvo que ese apoyo hubiera terminado.

Negociaciones en Ginebra y bombas en Homs, así es el 'método' de Arabia Saudí

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Trump, la posdemocracia y la Unión Europea: de la amenaza a la oportunidad (II)

Ángel Satué

Durante la cumbre del mes de septiembre del Consejo Europeo, en Bratislava (Unión Europea), tras la resaca del Brexit –junio– y antes del triunfo electoral de Trump –noviembre–, la Unión Europea ya se sabía en un momento crítico.

Por eso, para los 27 la palabra Bratislava es algo así como un revulsivo, una palabra mágica que pronunciar a modo de conjuro.

El “efecto Bratislava”, en teoría, debe de tener su colofón final en apenas unas semanas, cuando en marzo de 2017 se conmemore en Roma el 60º aniversario del Tratado que lleva el nombre de la ciudad eterna. En este momento se establecerán las orientaciones para el futuro en común de los europeos y todos nosotros desfilaremos por los Campos Elíseos, bajo la Puerta de Brandemburgo o el Quirinale, pintados de azul pitufo, cantando el himno de la Alegría.

La realidad sin embargo es tozuda, y las elecciones en Francia, Alemania y Holanda, y el auge de la alt-right europea, o “derecha identitaria” (excluyente), tipo UKIP, así como del populismo neocomunista, antiliberal y antiglobalización, amenazan con un divorcio sonado entre la Unión y la gente, y con desgarro de la propia convivencia entre europeos de todas las creencias.

Al mismo tiempo, sabemos que la Unión obedece más a una obra de ingeniería social y política de arriba hacia abajo –no hay más que ver el aún relativo papel del Parlamento europeo–, que parte más bien de la iniciativa de políticos funcionariales y de funcionarios políticos que del deseo del hombre europeo, por muchas ventajas que pueda tener viajar a Eurodisney sin pasaporte o mojarse el culete en Canarias o Mallorca. El resto de beneficios solo los podemos ver si estamos en el día a día de los asuntos europeos; si no, hay que explicarlos.

Al apenas conectar con los deseos nacionales se avanza sin la gente y se configura una alt-Europa, fuera de la realidad, y la Unión Europea corre el grave riesgo de quedar en manos de la posdemocracia, una ideología que bien pudiera representar las declaraciones de Javier Solana, cuando el pasado viernes 10 de febrero en Casa América mencionaba que los americanos debían repensar su sistema de votaciones cada dos años, porque ponen patas arriba todo, y decisiones tomadas en términos locales en EE.UU. está visto que tienen efectos globales más o menos de efecto inesperado (Trump), conjeturó.

Trump, la posdemocracia y la Unión Europea: de la amenaza a la oportunidad (II)

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>CONFERENCIA DE SEGURIDAD DE MÚNICH 2017

Aplausos tibios y preocupación por Occidente

Antonio R. Rubio Plo

La Conferencia de Seguridad de Múnich, celebrada anualmente en febrero, no ha servido para tranquilizar a los aliados europeos a un mes de la toma de posesión del presidente Trump. No ha acudido, desde luego, el mandatario americano, pues prefiere cultivar el favor del electorado de la América que le respalda con una agenda más volcada en los asuntos internos, sociales o económicos. La política exterior la deja para sus subordinados, cuya misión se ha reducido a intentar tranquilizar o matizar las opiniones controvertidas de Trump, aunque poco se puede explicar de sus silencios, que son el terreno favorito para las ambigüedades de una presidencia cuyo rasgo principal es la capacidad de resistencia del inquilino de la Casa Blanca ante las tormentas mediáticas, sociales o políticas.

El secretario de Defensa, Jim Mattis, habló del legado de la libertad y la amistad en la Alianza Atlántica, o de trabajar juntos para un futuro pacífico o próspero, sin dejar de recordar que no solo existen las realidades estratégicas sino también las necesidades políticas, que hacen indispensable compartir las cargas económicas de la seguridad. No era un discurso fervientemente atlantista, centrado en los valores compartidos, pero tampoco era del todo novedoso. Obama habría sido menos explícito que los miembros de la Administración Trump en las exigencias económicas, si bien compartía este punto de vista y su europeísmo siempre resultó poco convincente ante quienes creían que EEUU estaba desplazando sus intereses a las orillas del Pacífico. Pero la intervención del vicepresidente Mike Pence en Múnich no fue más afortunada, pese a insistir en que EEUU apoya fuertemente a la OTAN, aunque repitió que los costes deben ser compartidos. No faltaron tampoco los recuerdos históricos: caída del muro de Berlín, liderazgo de Reagan, Thatcher, Kohl, Walesa, Havel… Sin embargo, su discurso solo alcanzó aplausos tibios.

En resumen, ¿alguien se creyó que la relación trasatlántica seguiría como hasta ahora, o incluso más potenciada, si los aliados incrementaran sus gastos de defensa?

La preocupación ante los discursos de los representantes de la Administración Trump en Múnich va más allá de lo meramente económico o estratégico. Lo que está en juego es el concepto de Occidente, tal y como lo hemos conocido desde el final de la II Guerra Mundial. EEUU no cometió el error de desentenderse de Europa, tal y como había hecho en la contienda anterior, y promovió una alianza de las democracias de Europa y América del Norte frente al bloque comunista. Esta alianza, la OTAN, actuaba en paralelo al proceso de integración europea, aunque en algunas ocasiones afloraran sonoras discrepancias entre europeos y americanos. Finalizada la guerra fría, las ampliaciones de la OTAN y la UE pretendieron ser un ejemplo de que Occidente expandía sus valores, aunque el tiempo ha demostrado que el apresuramiento en algunas adhesiones de países, en aras de la estabilidad, no resultó un buen consejero.

>CONFERENCIA DE SEGURIDAD DE MÚNICH 2017

Aplausos tibios y preocupación por Occidente

Antonio R. Rubio Plo | 0 comentarios valoración: 3  142 votos

El futuro de Irán después de Rafsanjani

Claudio Fontana

El equilibrio político de Irán se ha visto sacudido por la inesperada muerte del expresidente de la República islámica, Ali Akbar Hashemi Rafsanjani. Desde la revolución islámica de 1979, Rafsanjani, en cuyos funerales ha participado una multitud enorme, a pesar de la gran parte de la población que lo consideraba un emblema de la corrupción que aflige al país, ha tenido un papel central en el panorama político iraní. Portavoz parlamentario en los años 80, comandante en jefe de las fuerzas armadas en los momentos finales de la sangrienta guerra entre Irán e Iraq, presidente de la República durante dos mandatos, presidente del Consejo para el Discernimiento (órgano encargado de redimir las controversias entre el Parlamento y el Consejo de los Guardianes) y miembro de la Asamblea de Expertos. El conservador pragmático Rafsanjani supo atravesar, permaneciendo siempre en el centro del tablero político, todas las etapas de la vida de la República islámica. Tanto cuando eran reformistas los que gestionaban el poder como cuando los ultraconservadores ocupaban los cargos políticos más importantes.

Pejman Abdolmohammadi, investigador de la London School of Economics y profesor en la Universidad de Génova, subraya la centralidad de Rafsanjani, muerto en Teherán a los 82 años por un paro cardiaco, en la historia reciente de su país, y explica qué efectos tendrá su desaparición en Irán y esa turbulenta región. El mismo guía supremo, el ayatolá Ali Jamenei, “difícilmente habría ocupado su posición actual si, a la muerte del ayatolá Ruhollah Jomeini, Rafsanjani no lo hubiera apoyado”, explica Abdolmohammadi. Se trata de un dato que Jamenei recuerda con cierta dificultad. No es casual que el guía haya enviado su mensaje de condolencias por Rafsanjani no utilizando el título de ayatolá –que le pertenecía– sino el de hojjatoleslam, que es inferior en el clero chíita, casi como queriendo remarcar su superioridad.

El ascenso de los pasdaran

A pesar de las divergencias entre ambos, la capacidad del pragmático Rafsanjani para desarrollar un papel de equilibrio entre los distintos centros de poder iraníes le faltará al guía supremo, que sigue estando privado de uno de los “pilares” de la República islámica. El expresidente erra uno de los pocos, quizás el único, que desde su posición podía criticar el sistema, hablando sin rodeos hasta con él. Basta pensar que fue Rafsanjani en 2011 quien aconsejó al guía supremo que marginara a los ultraconservadores, explicándole los riesgos del “fascismo islámico” de los pasdaran (guardianes de la revolución), declara Riccardo Redaelli, profesor de Geopolítica en la Universidad Católica de Milán. Precisamente esta es la previsión de Abdolmohammadi: al faltar Rafsanjani, se hace más fuerte el empuje hacia el poder por parte de los pasdaran y del frente conservador cercano al establishment militar. Rafsanjani habría podido influir en el futuro incluso en las negociaciones para la elección de un nuevo guía supremo, dada la edad –77 años– y la salud incierta de Jamenei. Y en las negociaciones para la elección del guía supremo, el dominus de todo el sistema político-religioso iraní, quieren jugar un papel cada vez más importante, incluso a pesar del clero tradicional, muchas “instituciones revolucionarias”, como los pasdaran y las bonyad, fundaciones y centros de poder económico local que controlan capitales enormes.

Rouhani y Zarif

El futuro de Irán después de Rafsanjani

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>Entrevista a Wael Farouq

Quiénes son los estados árabes que miman al Isis

Andrea Mainardi

“El problema no es el islam, sino el islam político: el islamismo. Es decir, una ideología. Favoreciendo una ideología religiosa moderada no es como Europa vencerá a esa ideología extremista que es el terrorismo. En el mundo de la ideología vence el más fanático y organizado, el que arma la cultura de la violencia”. Son palabras de Wael Farouq, egipcio y musulmán, profesor de Ciencias lingüísticas en la Universidad Católica de Milán.

¿Eso es lo que está pasando en Turquía?

El atentado de Estambul fue consecuencia del apoyo de Erdogan a los grupos combatientes islámicos en Siria, como Al-Nusra. Potencias regionales como el régimen de Erdogan creen poder controlar a grupos como Al-Nusra y utilizarlos para conseguir sus propios objetivos. Quizás puedan controlar el destino del grupo interno, pero no a los miles de individuos que pertenecen a este grupo, a los que se les ha hecho un lavado de cerebro y que están dispuestos a hacerse explotar en nombre de Dios. Algunos autores occidentales han publicitado a Erdogan como símbolo de un islamismo moderado, pero este último año ha mostrado su rostro autoritario.

¿Debemos preocuparnos de lo que sucederá a partir de ahora?

En Siria, Occidente ha cometido el grave error de apoyar, en los primeros años del conflicto, a los grupos islamistas armados, presentándolos como combatientes por la libertad. Ahora, miles de jóvenes europeos que se han enrolado en estos grupos con un papel importante en esta guerra, ¿qué harán si el acuerdo de paz tiene éxito? No creo que vuelvan a Europa para descansar, sino para continuar su lucha y vengar la caída del Califato. Ya pasó en los años 90, cuando, al acabar la guerra de Afganistán contra los soviéticos, los combatientes islámicos apoyados por Occidente volvieron a Argelia, Egipto y Túnez, y tuvimos una década de terrorismo. Aunque espero equivocarme.

¿Recibir buenos deseos para el nuevo año ofende su sensibilidad religiosa?

Eso es una estupidez. Solo quien vive encerrado en su mundo de miedo e indiferencia es incapaz de ver las celebraciones en los países musulmanes. En Bagdad está el árbol de Navidad más alto del mundo. Millones de cristianos y musulmanes lo festejan juntos. Los coptos y el presidente del gobierno han celebrado la Navidad ortodoxa en Egipto. En El Cairo, las mujeres musulmanas compran muñecos de Papá Noel. Tratemos de mirar la realidad entera. Yo vivo en Milán y mis tres hijos, vestidos de ángeles, han participado con decenas de otros niños, musulmanes y cristianos, en un belén viviente organizado por las monjas de Via Martinengo. ¿Queremos contar estas cosas?

En Turquía se han oído sermones en contra de las fiestas navideñas. Hace unos días, el imán Hocine Drouiche denunció que la mayoría de los imanes de Francia y Bélgica habían prohibido a sus fieles celebrar Navidad y año nuevo.

Eso son tonterías de algún estúpido que quiere encerrar a los musulmanes en un estereotipo. Las fatwā del seij de Al-Azhar, la mayor autoridad religiosa islámica, y el Gran Muftí de Egipto han dicho muy claro que no hay contradicción alguna en el islam al celebrar la Navidad. No podemos ocultar que hay imanes y musulmanes que son presa de la ideología, pero hacemos mucho daño a todos si secundamos ese estereotipo. El mundo es mucho más grande que los imanes de Qatar o Turquía.

Europa vive bajo presión, ¿cómo evitar sospechas contra los musulmanes?

También se vive bajo presión en Siria, en Bagdad y en Egipto, que está sufriendo el terrorismo contra musulmanes y cristianos desde hace años. ¿Y quién reacciona contra el Isis? Los jóvenes musulmanes iraquíes, kurdos, egipcios, que han liberado pueblos cristianos en Siria y devuelto la cruz a algunas iglesias de Iraq. El problema de Occidente es otro.

¿Cuál?

>Entrevista a Wael Farouq

Quiénes son los estados árabes que miman al Isis

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Tres años del Maidán. La memoria sangra

Han pasado ya tres años desde las revueltas de protesta popular en Kiev, que llevaron a un nuevo gobierno, una nueva convivencia civil e incluso una guerra obstinada que hiere al país, aunque rehúye a las conciencias porque ya es casi imperceptible.

Las conmemoraciones del Maidán, tan intensas que todavía no se pueden calificar como “celebraciones”, se unen al rito fúnebre por las nuevas víctimas de la guerra, que precisamente estos días ha reactivado su violencia en la zona de Avdiivka. Las escaramuzas cotidianas, que acabaron convirtiéndose en rutina, han sufrido una escalada inesperada, hasta el punto de que las autoridades locales están preparadas para una evacuación total en caso de que los conflictos continúen.

Entre la memoria de los días de 2014, la aparente normalidad actual y el homenaje a las nuevas y jóvenes víctimas, señalamos un comentario publicado en redes: «En el frente, todos los días muere alguien, y así desde hace dos años. Todos los días entierran a alguien en silencio, no como en el Maidán sino en familia, sin fanfarrias. Y todo esto pasa sin que nosotros nos demos cuenta, sin que nos demos cuenta realmente de lo que eso significa. Tal vez ahora sí, después de recordar el Maidán, ahora podamos entender el precio de la paz que todavía disfrutamos en el resto de Ucrania».

Tres años del Maidán. La memoria sangra

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>Nínive 7

Keremles

Fernando de Haro

“Aloja” es la palabra que utiliza Almass para referirse a Dios. Es un término del dialecto siriaco de Keremles, uno de los pueblos cristianos de la llanura de Nínive. En Qaraqosh, a escasos kilómetros, se habla otro dialecto. Keremles tiene una larga historia. Su origen se hunde en el tiempo de los sumerios. Todavía en el centro del pueblo, ahora abandonado, hay una arquitectura popular que recuerda las formas asirias. Su iglesia más antigua, la de San Jorge, es una fundación del siglo VI.

Almass, madre de familia, se seca las lágrimas con un pañuelico de papel. Se acerca a unos 50 llenos de vida, se mueve como un rabo de lagartija. Llora al contemplar el que fue su cuarto hasta que el Daesh les obligó a escaparse, a ella y a su familia, en una noche que recuerda con dolor. El vinagre sobre la encimera de la cocina, las camas en la azotea (en las noches de un verano de 50 grados se duerme al raso ), el cepillo de dientes sobre el lavabo hablan de esas horas en las que dejó todo atrás. “Mis hijos ya estaban dormidos, eran las 12 de la noche, los desperté y nos metimos en el coche”, recuerda. Antes de abandonar el pueblo, después de más de dos años de ocupación, el Daesh quemó su hogar como quemó el 80 por ciento de las casas de Keremles.

Ya han pasado dos veranos pero Almass no se acostumbra. “En Keremles teníamos una vida bonita, por la mañana iba a la iglesia a rezar y después volvía a trabajar en las cosas de la casa”, explica. El marido de Almass era un hombre de varios oficios, como casi todo el mundo en el pueblo. Le dedicaba un rato al campo, trabajaba en la construcción y también en un taller mecánico. Me lo enseña con orgullo. En la puerta, una jaculatoria a “Aloja”. La higuera, tenaz, en el jardincillo donde estaban las gallinas, se resiste a la guerra. El marido de Almass además es diácono y se dedicaba a enseñar a los niños en la escuela de la iglesia la escritura caldea, una de las variantes del siriaco que contrae la lengua. Por eso guardaba con mimo, junto a su cuarto, una respetable biblioteca que ahora está reducida a cenizas.

Paseamos por un Keremles desierto en compañía de Almass y su marido. El día es soleado y bajo una tierna luz de invierno que calienta el alma se suaviza el aspecto de las calles desiertas, el abandono y la soledad. La iglesia parroquial se ha salvado del incendio pero las cruces están, como siempre, mutiladas. En su atrio se esconde el doble martirio de un sacerdote de Mosul. El padre Ragheed, originario de Keremles, fue asesinado por Al Qaeda en Mosul cuando todavía era muy joven. Le amenazaron de muerte pero no quiso abandonar a sus fieles. Ahora su tumba, en la que fue su parroquia, está profanada. El Daesh no lo ha dejado reposar en paz. También están profanadas las tumbas que rodean la cercana iglesia de san Jorge. Un ataúd abierto yace a la entrada.

Almass estrecha el pañuelico de sus lágrimas entre las manos y le viene un suspiro al pecho. Llora con los ojos y me sonríe con la boca. “Nuestra vida no puede ser otra cosa que confiar en Dios (Aloja), rezarle”, me dice. Pocas palabras, rotundas, ciertas. Pocas palabras que sostienen una vida difícil.

Keremles está lleno de túneles. El Daesh los utilizaba para escapar. Entramos en uno de ellos que se alarga unos 70 metros. En las paredes, sacos terreros. Sobre el suelo todavía la sandalia de algún combatiente. Y la porquería de la guerra: ropa sucia, una caja de queso de marca egipcia rasgada, restos de combustible, el humo negro de un generador y los nombres de los combatientes escritos aquí y allí.

Almass, como todos los cristianos de la llanura de Nínive, tenía la costumbre de visitar el monasterio de san Behnam. Un monasterio levantado en el siglo IV. Junto a la tumba de uno de los fundadores del cristianismo en esta región, se construyó una iglesia ricamente decorada con un estilo oriental fascinante. La iglesia está rodeada de numerosas estancias donde las familias solían pasar varios días de celebración y de fiesta.

>Nínive 7

Keremles

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  265 votos
>Nínive 6

Qaraqosh, Iraq

Fernando de Haro

Yohanna Towaya rebusca entre sus libros. Por las ventanas rotas entra un viento helado. Quizás el frío esté dentro del cuerpo. Quizás el frío provenga de la destrucción a la que no te acostumbras, de las casas sin alma ni vida, de que todo esté sucio, con ese polvo siniestro que deja la guerra.

Yohanna es un nombre siriaco. Este profesor de derecho comercial, que en el tiempo libre explotaba una granja familiar, a sus 60 años, ha comenzado la vida tres veces. Huyó de Mosul por las amenazas de Al Qaeda, huyó de Qaraqosh pocas horas antes de que llegara el Daesh. Y ha vuelto a empezar en Erbil. “Lo primero que les dije a mis hijos y a mis hermanos cuando llegamos al Kurdistán con lo puesto fue que tenían que olvidarse del pasado, que no podíamos lamentarnos por lo perdido, que había que empezar de nuevo”, me dice. No se lamenta delante de su antigua biblioteca, saca de un montón un libro de arte cristiano de la llanura de Nínive, lo limpia, y me lo regala. Las jornadas con Yohanna, que me acompaña desde hace varios días, son de trece horas. No se para a comer. Solo el domingo se detiene una hora para asistir a misa.

“Estuve en los Estados Unidos explicando lo que nos había pasado. La comunidad internacional tiene razón al calificar lo que le ha sucedido a la minoría yazidí como un genocidio –explica–. Pero no pueden negar que a nosotros nos ha sucedido lo mismo. Naciones Unidas no quiere reconocer nuestro genocidio porque dice que tuvimos la opción de quedarnos en nuestras casas pagando el impuesto islámico. ¿Qué opción es esa? Además no es cierto, la única opción era convertirse al islam”. Yohanna no se lamenta, no se altera pero tiene una tenacidad de hierro. “No podemos volver a nuestras casas mientras no haya seguridad. Y la batalla que se va a producir después de la batalla de Mosul ya ha comenzado. Los kurdos quieren quedarse con la llanura de Nínive, los chiítas quieren quedarse con llanura de Nínive, y los estadounidenses, como siempre, como en 2003, no tienen un plan para el día después” –asegura–.

Yohanna lo da todo por su pueblo pero es muy crítico con lo que está sucediendo en los campos de refugiados. “Hemos cambiado desde que salimos de Qaraqosh. Cuando vivíamos allí éramos laboriosos, estudiábamos. Ahora el dinero fácil de la ayuda de las Iglesias y de la comunidad internacional nos está volviendo perezosos. Yo le he dicho a los obispos que no tienen que repartir a todos, solo a los más necesitados. Lo que hay que hacer es buscarles trabajo. Nos pagan poco, pero si no trabajamos no tenemos futuro. No se puede educar a los jóvenes si creamos un sistema de asistencia permanente”, señala.

Entramos en una pequeña instalación militar y Yohanna me presenta a Jaward Habbed, el general que está al mando de la Niniveh Plain Protection Units. Una milicia cristiana formada por 500 hombres que presta, sobre todo, servicios de seguridad bajo el paraguas del ejército iraquí. Su valor es solo testimonial. “Nosotros estamos aquí para proteger a los cristianos, porque nadie se ocupa de ellos”. Poco pueden hacer un puñado de hombres en una región en la que se han desplegado casi todos los poderes de Próximo Oriente.

A Yohanna le llaman desde Mosul sus amigos musulmanes, los que le ayudaron a escapar una vez. Le dicen que han ido a comprar cartones de cigarrillos para celebrar la liberación de su barrio. De fondo se oye el combate.

Nos encaminamos al cementerio de Qaraqosh. Una patrulla iraquí no quiere dejarnos pasar. Es el único momento en el que Yohanna se altera. Al final lo consigue. Las tumbas están saqueadas, las cruces destruidas. Algunos cuerpos han sido extraídos de sus nichos. Yohanna se detiene ante la tumba de su padre y reza unos minutos. Yohanna reza; Yohanna quiere que su pueblo trabaje; Yohanna no mira al pasado; Yohanna quiere futuro. Yohanna es un cristiano recio. Yohanna es un cristiano.

>Nínive 6

Qaraqosh, Iraq

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>Nínive 5

Mar Mattai

F.H.

El abuna Yousif Ibrahim no es muy alto. Viste sotana negra y el gorro de los monjes orientales. Durante nuestras dos primeras horas de conversación se muestra distante, guarda largos silencios. Cambia después de que comamos unas deliciosas cebollas frescas del huerto monacal con un guiso de carne. Saca un paquete de cigarrillos, enciende varios y se apasiona hablando de fútbol y de política.

Este ingeniero que un día escogió las soledades es monje en el monasterio más antiguo de Iraq. Su fundación se remonta al siglo IV. Mattai (Mateo), el fundador, vino de Persia y se estableció con un grupo de eremitas en lo alto de una montaña de roca clara, uno de los límites de la llanura de Nínive. Mattai se encontró por casualidad con un miembro de la familia real del momento que se convirtió. El rey ajustició al converso pero al final, en palacio, acabaron recurriendo a Mattai y a su poder de curar. Del monarca para abajo todos aceptaron la nueva fe que les había llegado a través de los eremitas que excavaban las rocas.

Desde el siglo IV los peregrinos han acudido a este lugar santo, que también ha sido lugar de hospitalidad para los refugiados durante la persecución del Daesh. Tras los primeros triunfos del nuevo califato, los monjes acogieron a decenas de familias. Pero cuando el frente se fue moviendo y los terroristas se quedaron a cuatro kilómetros de Mar Mattai, todos se fueron. Todos se fueron menos los monjes que pusieron los archivos a salvo y se dispusieron para lo peor. Esta vez lo peor no ha llegado como sí llegó otras veces. El monasterio, a lo largo de su historia, ha sufrido los ataques de kurdos, persas, mongoles y un largo etcétera. Yousif Ibrahim me muestra los restos de una antigua muralla y el lugar elevado desde el que los asaltantes lanzaban grandes piedras. Desde la terraza del monasterio, que está como colgado en la roca, se extiende una segunda fila de montañas y detrás de ellas Mosul. Hasta no hace mucho se podían escuchar los combates.

Son las cuatro de la tarde. Toca la campana. Es la llamada a la oración. Dos monjes, solo dos monjes, donde hubo cientos, rezan en arameo utilizando el tono recto. Los otros tres que forman parte de la comunidad no han llegado a tiempo. El incienso sube hasta una cúpula excavada en la roca del siglo IX, es lo poco antiguo que han conservado las sucesivas reformas. Quizás esta sea esta la última persecución después de catorce siglos. Los dos monjes son el testimonio de fidelidad y de una larga tradición que puede estar a punto de extinguirse. Al despedirnos el abuna Yousif Ibrahim trabaja en mejorar la instalación de la conexión wifi. Me explica que en este momento es mejor seguir al Barça que al Madrid.

>Nínive 5

Mar Mattai

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>Nínive 4

Teleskof

F.H.

Marvin tiene 20 años. Alto, delgado, discreto y delicado. Marvin no había salido nunca de su pueblo, Teleskof, hasta que tuvo que huir del Daesh. Pasea con nosotros por una localidad en la que había en su momento 4.000 habitantes y que ahora está desierta. Solo algunos equipos de limpieza rompen el silencio en las afueras. Pero a Marvin le gusta el centro, la casa de sus abuelos y el mercado donde ayudaba a uno de sus amigos. En esta parte de Teleskok las construcciones son tradicionales, alguien las llamaría asirias. Cubos limpios por fuera, muros de adobe, grandes terrazas.

Marvin insiste en que tenemos que visitar a su abuelo, que tenemos que acercarnos al cementerio. La suya es una de las primeras tumbas. Está abierta y profanada. Marvin, Ignacio que graba y yo nos quedamos en silencio. Después de unos instantes Marvin, emocionado, me explica: “no quieren dejar descansar a los muertos. Este es un sitio de paz. Mi abuelo estaba descansando”. Hay más tumbas abiertas, las cruces yacen por el suelo rotas.

Caminamos hasta la casa de Marvin. Una de las estrechas calles está llena de zapatos. Salen de un pequeño almacén. Parece que no le gustaron al Daesh o que algún saqueador, después de examinarlos todos, no se quedó con ninguno. Más silencio. La destrucción no es tan intensa como en Batnaya. Las casas están en pie pero quizás por eso la desolación es mayor. Un pueblo pero vacío, como si hubiera caído una bomba que solo hubiera acabado con la vida humana. Un pueblo sin pueblo, cada comercio abandonado a prisa, cada terraza sin voces, cada iglesia sin canto son un gran grito de ausencia.

La casa de Marvin en Teleskof es grande. Una casa de pueblo con una cocina espaciosa en la primera planta. El padre se dedicaba al campo, ha tenido seis hijos. Entramos en el cuarto de los dos hermanos mayores. “Casi todos los recuerdos de mi infancia están aquí”, nos cuenta Marvin. “Pero siempre que vuelvo y abro esta puerta lo que me viene a la memoria es ese día en el que a los 10 de la noche metí algo de ropa en una bolsa y, llorando, la cerré para escapar del Daesh. Todos en mi familia llorábamos. Mi padre dijo que teníamos que marcharnos porque estaban avanzado hacia Teleskof”.

Marvin se sienta en una silla en medio de dos camas. Sobre el suelo sigue tirada su ropa que el Daesh o los saqueadores sacaron de un armario. Sillas rotas, trozos de un espejo sobre los lechos sin colchones. Todo roto, sucio.

“Los primeros meses después de la huida estaba muy confundido –cuenta Marvin–. Yo creía en Dios pero no iba a menudo a la iglesia. Decidí empezar a visitarla más. Le preguntaba a mi Dios por qué había permitido lo que nos había pasado. Yo era un chico normal que quería seguir sus estudios, jugar con sus amigos. Nunca había salido de Teleskof. Le preguntaba a Dios por qué había consentido que nos hicieran esto”. Las palabras de Marvin comienzan a espesarse, respira despacio tras pronunciar cada frase en un inglés que ha aprendido sin salir de un pueblo perdido en el norte de Iraq. “En estos tres años he leído la Biblia, he encontrado a gente que me ha ayudado, me he acercado más a la iglesia y ahora sé que Dios está a mi lado, sosteniéndome, acompañándome”, asegura Marvin. Cuando dice “a mi lado” extiende la mano y señala el espacio que tiene a su derecha. “Estos tres años han sido duros, pero yo ahora soy diferente. Quiero volver cuanto antes, volver a dormir aquí en mi cuarto, en mi cama”.

Marvin, 20 años. Un rostro dulce, una certeza potente, palabras sin ira, sin odio. Una víctima del genocidio de Nínive con un corazón liberado de la espiral del odio que siembra el Daesh. El mal de los terroristas no es para siempre. Marvin, 20 años, un hombre hecho y derecho, reconstruido. Más cristiano, más humano que antes de la huida. Los pueblos, las carreteras, las calles se reconstruirán con esfuerzo, con dinero, con ayuda internacional. ¿Quién cerrará las heridas del corazón? ¿Quién volverá a dar paz a los muertos y a los vivos?

>Nínive 4

Teleskof

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>Nínive 3

Batnaya

F.H.

Sulaka tiene los ojos azules. Pasea entre la que fue su casa. El salón está quemado, los milicianos del Daesh lo utilizaron como dormitorio. Entre los escombros encuentra un gran rosario que pendía de la pared, lo toma del suelo y lo besa. Me explicaba que nadie salía de su casa sin dar ese beso. Encima de la cama del cuarto de uno de sus hijos hay ropa sucia hecha un gurruño. No me atrevo a preguntarle si es de la familia o si la dejó la gente del califato. Me enseña lo que queda de su molino y de su almacén de grano. Vuelve a menudo desde que Batnaya fuera liberado.

Estamos a 20 kilómetros al norte de Mosul, el último pueblo antes del frente. Pequeños banderines rojos marcan los lugares donde quedan bombas sin desactivar. Al entrar en esta localidad, en la que vivieron 800 familias cristianas, nos invade a Ignacio y a mí un silencio profundo. Grabamos encima de un pick up. Tardamos en articular alguna palabra. La furia de la guerra, la voluntad de destrucción sistemática de los seguidores del ISIS lo invade todo, mires hacia donde mires. No queda casi ninguna casa en pie. Muchas están reducidas a montones de escombros. Aquí y allí pintadas a favor del califato. Los impactos casi infinitos de las balas en los muros semiderruidos hablan de combates feroces, casa por casa, metro por metro.

La presencia del ISIS es casi física a pesar del paso del tiempo. Un coche estrellado a propósito frente el porche de una vivienda, restos de incendios en cada rincón. Destrucción desordenada, improvisada. El sol limpio de enero parece la única fuerza de redención entre los hierros retorcidos, los cascotes y una soledad preñada de una memoria abrumadora. Hay muchas lanzaderas de proyectiles, caseras, abandonadas a toda prisa, y casquillos por las calles. Y luego están los socavones de las bombas estadounidenses y los túneles que los terroristas utilizaban para refugiarse.

Batnaya es el ground zero del genocidio de la llanura de Nínive.

La iglesia de san Koriakos, orgullo del pueblo, se mantiene en pie. Sus columnas de mármol han resistido la ocupación. Pero los signos de profanación están por todas partes. Una imagen de María tiene las manos amputadas y un disparo en el corazón. He querido besarla antes de seguir adelante. Las Biblias quemadas y tiroteadas yacen en el suelo. En el lugar donde se encontraba una de las cruces que presidía la nave, decenas de impactos de bala. La bandera negra del califato ondeaba sobre el ábside. El primer día de la liberación el párroco restituyó la cruz. En una de las capillas laterales hay grafitis contra los cristianos, redactados en perfecto alemán de un combatiente del Daesh que seguramente llegó de Europa.

Sulaka habla en arameo. Sus ojos azules están tranquilos en medio de la desolación. Quiere volver, aunque cuatro de sus quince hijos se han marchado a Alemania. Pero él quiere quedarse. Cuando cae el sol retornamos a Alqosh, un pueblo cercano en el que está refugiado. Ha alquilado una casa de dos pisos. Nos invita a cenar. Él y los suyos nos sirven como príncipes. Se une toda la familia. No hay sombras en sus rostros. La hospitalidad es desproporcionada, sacramental. Sobre la mesa han puesto más de 20 platos y no nos dejan marchar sin haberlos probado todos. Sulaka me pregunta, a través del amigo que nos hace de intérprete, qué me parece lo que he visto en Batnaya. Le respondo que tengo la sensación de haber viajado a un infierno, que afortunadamente se ha quedado vacío. Y me quedo con las ganas de decirle también que él y los suyos lo sabrán convertir en un lugar de vida. Alguien que acoge así al extranjero, que le da así de cenar, que le abre su casa de este modo es el más indicado para reconstruir, para empezar de nuevo, para conseguir que el mal no sea irrevocable. Los ojos azules de Sulaka brillan cuando nos despedimos. Me explica que en arameo su nombre significa Asunción.

>Nínive 3

Batnaya

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Nínive 2

F.H., Erbil

El alumno de primera fila se ha dormido. Tiene tres años y no consigue seguir la lección de Neval Nabil, la profesora de inglés que se encarga de la escuela infantil del campo de refugiados Asthi2, en el barrio de Ankawa. Neval da las clases en una caravana. Neval vive con su marido en una caravana: una sola habitación. Su hijo ha nacido en el campo, tiene 10 meses. Neval es contundente: “no quiero volver a Qaraqosh. No hay futuro. Me quiero marchar a Australia”.

Neval tiene 24 años, un inglés correctísimo –sonríe con discreción cuando me escucha hablar– y un marido que trabaja desde las 9 de la mañana a las 12 de la noche en un café para mantener a la familia. La familia de Neval ha vuelto a Qaraqosh de visita después de la liberación. El ejército kurdo deja pasar a los cristianos que vivían en los pueblos de la llanura de Nínive para visitar sus casas. Pero no les deja quedarse a dormir en ellos. Es zona militar. Qaraqosh era el pueblo cristiano más grande de los que rodean Mosul. Ahora es un pueblo fantasma. En esas excursiones de un día los refugiados intentan arreglar hogares que han sido incendiados, saqueados. Algunos, muchos, hacen planes para volver. No quieren marcharse como Neval. Pero no han tomado la decisión aún.

La jornada ha sido larga en Erbil. Con la ayuda de un colega jubilado de la BBC que ha decidido venirse a echar una mano y de una antigua vecina de Mosul, hemos hablado con mucha gente. Responsables eclesiales, jóvenes que trabajan con los refugiados, refugiados, responsables políticos kurdos y un largo etcétera. No es imposible que una buena parte de los 120.000 cristianos vuelvan. Pero hacen falta muchas cosas. La fundamental: cierta seguridad de que lo que pasó no volverá a ocurrir. Anhelan una seguridad como la que se vive en Erbil, ciudad tranquila y limpia, como el Bagdad que conocí en los años 90. Luego hacen falta infraestructuras, dinero para reconstruir las casas derruidas. Luz y agua. ¿Serviría para algo que la declaración de genocidio fuera más contundente? ¿Habría que crear un tribunal especial? Sí, sobre todo para salvaguardar la memoria de las víctimas. Unos a favor del Gobierno de los kurdos para toda la región de Nínive. Otros reclamando una región autónoma con el respeto de Bagdad que ahora no existe.

Neval quizás logre marcharse a Australia. Los más jóvenes quieren otra vida. Neval dejará su tierra, “pero a lo que no renuncio –afirma con contundencia– es a Jesús. Nunca dejaré de ser cristiana”.

Nínive 2

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Nínive 1

Fernando de Haro, Estambul

Volamos hacia Iraq. Nuestro destino es la llanura de Nínive, la llanura que rodea Mosul. Es el lugar en el que, según el Parlamento Europeo y la Secretaría de Estado de Estados Unidos, se ha producido uno de los últimos genocidios, protagonizado en este caso por el Daesh. Genocidio en sentido técnico, con voluntad expresa de eliminar o de hace huir a un grupo religioso o étnico.

Sobrevolamos el Mediterráneo y los Balcanes en una ruta inversa a la que han seguido cientos de miles de refugiados. Esos que han huido del tenebroso proyecto de crear un nuevo califato del terror y de la muerte. Me acompaña I. en este que será nuestro quinto documental. Es el quinto que vamos a rodar después de Egipto, Líbano, Nigeria y la India. Se pone el sol pronto, I. ve una película y yo repaso notas.

Hace un par de meses, cuando hablé por primera vez con las autoridades kurdas que nos prestan su apoyo, me anunciaron que Mosul estaría liberado definitivamente en estas fechas. Pero a pesar de los avances de la coalición internacional, el ejército iraquí, las milicias chiítas y el ejército kurdo, la liberación definitiva tardará en llegar. El post-Daesh en la llanura de Nínive plantea muchos interrogantes.

Nínive (Mosul) y la llanura que le rodea son cuna de la humanidad. En ella se cumple aquello que decía el clásico: “profundo es el pozo del tiempo”. Para no llegar hasta lo más profundo podemos recordar que hace 4.000 años, en la planicie se sucedían en su hegemonía el Imperio Babilónico y del Imperio Asirio. Precisamente una buena parte de los cristianos de la zona, que llegaron en el siglo II, se denominan “asirios del Este”. Asirios, ni árabes ni kurdos. Orgullosos de usar todavía la lengua siriaca, que es un arameo del Este. Hasta el siglo VI la zona estuvo ocupada, sobre todo, por cristianos asirios nestorianos (forman en este momento una Iglesia separada de Roma). Luego llegaron los sirios ortodoxos, miembros de otra Iglesia jacobita, separada también de Roma en los primeros siglos. Y por último se extendieron los caldeos que sí son católicos.

Qaraqosh, Bartalla, Keremlis... son nombres que dicen poco a la opinión publica occidental. Son nuestro destino. Mosul está rodeado por una corona de pueblos de mayoría cristiana que tuvieron que ser abandonados a medida que avanzaba el Daesh. Se encuentran separados del frente y, ahora que han sido liberados, los kurdos garantizan su seguridad. Los cristianos han querido celebrar la Navidad en sus iglesias pero eso no significa ni mucho menos que haya vuelto la normalidad.

120.000 personas salieron huyendo en el verano de 2014 para refugiarse buena parte de ellas en Erbil, en el Kurdistán iraquí. Los kurdos aprovecharon la caída de Sadam para aumentar su autonomía y convertir la región en una especie de estado confederado. De hecho, a diferencia de lo que sucede para viajar a Bagdad, a nosotros los kurdos no nos exigen visado.

¿Volverán esas 120.000 personas a sus casas? Algunas seguro que no porque ya han emigrado a otros países. ¿Qué va a hacer el resto? ¿Han vuelto ya algunos? ¿Cómo han quedado sus iglesias y sus propiedades? ¿Qué seguridad tienen y necesitan? ¿Creen que es conveniente la creación de un tribunal especial para una causa de genocidio como el que se creó en Bosnia? ¿Estarían más seguros si Nínive fuera una provincia autónoma dentro o fuera del Kurdistán? El avance del frente ha ampliado de facto la zona controlada por los kurdos. Ya veremos qué dicen los turcos y los chiítas iraquíes cuando todo acabe. ¿Qué caras, qué sentimientos, qué fe tienen las víctimas de este genocidio? ¿Qué justicia esperan, qué reconciliación es posible? Muchas preguntas a la espera de respuestas.

Nínive 1

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Alá y poder, de Libia a Indonesia una 'mayoría' a la que nadie escucha

Caleb J. Wulff

No dejamos de hablar de terroristas y de terrorismo, definiciones que, aunque objetivamente correctas, corren el riesgo de ocultar la verdadera esencia del problema, es decir, el objetivo al que se dirigen estas acciones terroristas. Sea cual sea su matriz, los actos de terrorismo no son fines en sí mismos sino que se dirigen a un objetivo concreto: infundir terror en el enemigo.

Son actos de guerra que tienen como objetivo no a los miembros de los ejércitos enemigos sino a los civiles, con el fin de debilitar la resistencia psicológica y moral de los que considera adversarios. En este contexto se enmarcan por ejemplo los bombardeos de ciudades italianas y alemanas durante la segunda guerra mundial, dirigidos esencialmente contra objetivos civiles para minar la resistencia de sus poblaciones. De la misma manera habría que juzgar las bombas nucleares lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, donde la matanza de civiles no fue un “daño colateral” sino el objetivo intencionado para obligar a Japón a rendirse. Una América terrorista que se contrapone a la que envió a tantos de sus hijos a morir en Europa y Asia para defender la libertad propia y de los demás.

En la misma perspectiva, sería objetivamente más cercano a la realidad hablar de islam terrorista en vez de terrorismo islámico, contraponiéndolo a ese islam decididamente mayoritario que rechaza el terrorismo como medio para imponer la propia religión y la propia concepción del Estado. Sin embargo, el problema del fundamentalismo islámico no termina con el fenómeno del terrorismo. En Oriente Medio y en el norte de África, esas que consideramos organizaciones terroristas, como el Isis, Boko Haram o los shabaab somalíes, dieron lugar a auténticas estructuras estatales y las propias articulaciones de Al Qaeda se comportan como ejércitos, aunque sean irregulares.

El islam terrorista, en sus diversas formas, se presenta por tanto como una expresión extrema de un islam armado que encuentra fundamento y apoyo en corrientes concretas del variado mundo musulmán. El principal responsable de esta deriva fundamentalista, al menos por lo que se refiere a los sunitas, se puede identificar en el salafismo y su derivación saudí, el wahabismo. Contra estas corrientes se celebró el pasado mes de agosto en Grozni (Chechenia) un congreso donde participaron casi doscientas personalidades del mundo suní procedentes de varios países musulmanes. El congreso terminó con la práctica exclusión sunita del salafismo/wahabismo y por tanto con una condena explícita de Arabia Saudí y de Qatar, donde estas corrientes son dominantes. Una decisión que de todos modos no parece haber tenido grandes efectos prácticos empezando por la ONU, donde Arabia Saudí sigue sentada en el Consejo de los Derechos Humanos. Ni parece plantear problemas la falta de libertad religiosa que domina en los países regidos por la sharía, la ley coránica, donde los no musulmanes se ven sometidos a duras discriminaciones, que se extienden muchas veces también a corrientes islámicas que no son bien vistas, como es el caso de los chiítas. Estos, por su parte, instauraron una rígida teocracia en Irán.

La tendencia a la radicalización islamista va en aumento. Las intervenciones de Occidente derribaron las dictaduras militares que gobernaban países como Afganistán, Iraq o Libia, un intento que también se puso en marcha en Siria con un resultado caótico que ha dejado gran espacio a los movimientos fundamentalistas. El mismo proceso se está produciendo en Pakistán, con un precio especialmente alto para los cristianos, como muestran el asesinato de Shahbaz Bhatti y la condena a muerte de Asia Bibi, los casos más evidentes de una persecución mucho más amplia. Fenómenos similares empiezan a salir a la luz en un estado hasta ahora sustancialmente tolerante, como Indonesia, el país musulmán más poblado, donde acabó procesado el gobernador cristiano de Yakarta. Igual que en Pakistán, aquí también hay una ley de la blasfemia que se utiliza para discriminar y atacar a los no musulmanes.

De nuevo emerge el punto crítico que distingue al islam en gran parte: la estrecha identificación entre religión y política, que lleva inevitablemente a la constitución de teocracias. Sin resolver este problema, las mayorías islámicas pacíficas no conseguirán contrastar a las minorías fundamentalistas.

Alá y poder, de Libia a Indonesia una 'mayoría' a la que nadie escucha

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>Entrevista a Nihal Batdal

'El atentado de Estambul no es otro Bataclan'

Caza al hombre en Estambul en busca del responsable de la masacre de la discoteca Reina en fin de año, situada a orillas del Bósforo. Un ataque que causó 39 muertos y 69 heridos. La policía sigue pistas relacionadas con el estado islámico. La prensa europea ha recordado inmediatamente los sucesos de la sala Bataclan, lugar emblemático de la vida parisina y escenario del atentado cometido por un comando del Isis el 13 de noviembre de 2015. Pero hay que ser prudentes, según la intelectual turca Nihal Batdal.

¿Por qué tantos ataques contra Turquía?

Porque este país no es capaz de reconocer la gravedad de la situación. Este atentado se podía haber previsto, la invitación a no celebrar el año nuevo ha ocupado muchísimo espacio estos días en los discursos públicos, en los periódicos y en las redes sociales. El Milli Gazete (Gaceta Nacional) decía el 31 de diciembre que era el último día para decidir. El titular era “¡Fiestas no!”. ¿Un ultimátum? ¿Una sugerencia? No lo sé, pero es un ejemplo entre otros muchos.

¿El gobierno también advirtió del peligro?

La Dirección de Asuntos Religiosos (Diyanet Isleri Baskanligi) en su discurso del viernes condenaba públicamente las fiestas de año nuevo, poniendo en su punto de mira sobre todo el consumo de alcohol y los juegos de azar, diciendo que “no son para un creyente”. Obviamente, nadie ha dicho que se vaya a disparar contra la gente que festeje, pero salta a la vista la mentalidad que se está creando.

¿Entonces habrían elegido ese objetivo por ser típicamente occidental?

Claro. El Reina es un local de clase alta, esa clase social que todavía no considera el año nuevo como el mal que viene de Occidente. Por eso se ataca a quien se atreve a celebrar el año nuevo a pesar de todas las invitaciones a no hacerlo.

Gran parte de la prensa europea ha visto el atentado de Estambul como el Bataclan turco, ¿es una lectura adecuada?

Yo no estoy de acuerdo. El Bataclan se ha convertido en un símbolo, pero hay que ver las dinámicas internas de cada país que sufre atentados parecidos. En Turquía, la batalla contra la población más secularizada se está recrudeciendo cada vez más. ¿Pero quién libra esta batalla? ¿Y contra quién? En Turquía esta batalla se ve alimentada e incitada por un lenguaje excluyente: el que bebe no es buen creyente, el que juega no es buen creyente, etcétera.

Son insinuaciones muy fuertes, una acusación grave.

>Entrevista a Nihal Batdal

'El atentado de Estambul no es otro Bataclan'

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>Entrevista al padre Francesco Patton, Custodio de Tierra Santa

Igual es más fácil reconstruir Siria que Europa

I.S.

“La única novedad real es la que supone la encarnación del Hijo de Dios, su pasión, muerte y resurrección”. Todo gira en torno a esta piedra viva, esta certeza, en el diálogo con el padre Francesco Patton, elegido el pasado mes de mayo como Custodio de Tierra Santa. “Nuestra fe no se basa en un mito sino en algo que ha acontecido en la historia”.

Usted no solo es custodio de los santos lugares sino el superior de los hermanos menores que viven en todo Oriente Medio. ¿Cuál es su balance personal de estos siete meses en la Custodia?

Más que el superior, estoy llamado a ser su custodio, que es una palabra muy bonita porque es bíblica —invita a custodiar el rebaño, la casa, la familia— y porque la usó san Francisco para expresar el servicio que debemos prestarnos entre hermanos para ayudarnos mutuamente a vivir nuestra vocación, cada uno según su propia responsabilidad. Mi balance personal se sitúa a mitad de mi “noviciado” en Tierra Santa, así que todavía tengo muchísimo que aprender, pero puedo decir que estoy contento por la disponibilidad que he encontrado entre mis hermanos, entre la gente y también a nivel ecuménico.

¿Qué sentido tiene hoy, con los cristianos repartidos por el mundo entero, custodiar los santos lugares?

¿Qué sentido tiene custodiar la memoria de nuestros orígenes? El sentido de ser conscientes de nuestras raíces para poder vivir hoy nuestra fe con humildad y conciencia. Por desgracia, el nuestro es el tiempo de la “memoria corta”, donde solo cuenta lo que es nuevo. Pero aquí, en realidad, custodiamos los lugares donde es posible recordar que la única verdadera novedad es la que supone la encarnación del Hijo de Dios, su pasión, muerte y resurrección. ¿Acaso hay novedades más grandes o importantes que el hecho de que Dios haya colmado la distancia que nos separaba de Él precisamente aquí, en Nazaret y Belén? ¿Hay una novedad mayor que la que emana del sepulcro vacío, que testimonia que la muerte ha sido realmente derrotada para siempre y lo testimonia delante de todos aquellos que saben ver los signos de Dios y creer lo que Dios nos dice mediante esos signos? Custodiar estos lugares significa ofrecer a todos los que vienen aquí la posibilidad de “tocar” lo que el beato Pablo VI llamaba acertadamente el quinto Evangelio. Custodiar los santos lugares y hacerlos accesibles para los peregrinos quiere decir afirmar físicamente que nuestra fe no se basa en un mito sino en algo que ha acontecido en la historia. Usando el lenguaje del Nuevo Testamento, algo que aconteció “en la plenitud de los tiempos”.

Ha concluido el Jubileo de la Misericordia. El Papa Francisco habla de misericordia en todo momento. ¿Por qué? ¿Qué añade la misericordia a lo que ya conocemos de la verdad por nuestra fe?

La misericordia es Dios mismo. No olvidemos lo que le dice el ángel a san José cuando le aclara el sentido del embarazo de la Virgen María y le explica el significado que tendrá la existencia de ese niño. Será el Emmanuel, es decir, Dios con nosotros, y se llamará “Jesús, y Él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1,21). La misericordia es una de las formas en que Dios se nos manifiesta y nos dona la salvación. En los evangelios hay una invocación muy recurrente que nosotros utilizamos aún en la liturgia: “Kyrie, eleison”, una invocación brevísima que significa precisamente “Señor, ten misericordia”. La misericordia nos recuerda que somos frágiles y pecadores, y que al mismo tiempo Dios nos ofrece acogida, perdón, salvación y vida nueva a través de su hijo Jesús. Quien sube al Calvario y se detiene a rezar ante la Cruz está llamado a vivir esta experiencia y darse cuenta del “elevado precio” de la misericordia. Esto no debería hacernos superficiales en la vida cristiana, sino sobre todo agradecidos y responsables. Los santos que vivieron esta experiencia de la misericordia siempre se sintieron provocados a dar la propia vida. Subrayar la misericordia hoy quiere decir ante todo darnos cuenta que nosotros en primer lugar, a lo largo de todo el arco de nuestra vida, necesitamos misericordia. Pero también quiere decir tomar en serio lo que nos dice Jesús en el discurso de la montaña: “Sed misericordiosos como el Padre” (Lc 6,36).

>Entrevista al padre Francesco Patton, Custodio de Tierra Santa

Igual es más fácil reconstruir Siria que Europa

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Ese estupor que nos cambió la vida

Adriano Dell`Asta

Romano Scalfi ha subido al cielo el día de la venida a tierra del Señor. Solo eso ya es un gran misterio y un gran consuelo. Decir que deja tras de sí una enorme herencia es verdad, porque Rusia Cristiana es sin duda una realidad cuyo papel y testimonio son indiscutibles. Todavía estábamos pensando en redactar un comunicado en ruso cuando la red se llenó de comentarios y homenajes de los primeros amigos rusos que se habían enterado de la noticia. La gran poetisa Olga Sedakova escribía, menos de tres horas después de la muerte del padre: “pocos como él amaron tanto a Rusia y su tradición cristiana, e hicieron tanto para que fuera conocida en el mundo”. Sin duda, la herencia que deja el padre Romano es enorme.

Pero decir todo esto no es suficiente, porque el padre Romano deja algo más. Deja una miríada de personas que se lo deben todo. Yo mismo le debo todo, como muchísimos otros, pero como todos de una forma única. Él mismo solía decir que Dios los crea únicos, mientras que el diablo hace copias.

Por tanto, a él debo todo lo que me constituye. Ante todo, gracias al padre Romano recuperé la fe, como muchos otros, pero como algo que era para mí. En Legnano, una noche de niebla en que yo buscaba las vías de la revolución, él me hizo caer en la cuenta de otra Rusia a la que amar sin miedo: la de un Cristo capaz de transfigurar el mundo entero, donde no hacía falta soñar un futuro brillante porque el presente ya estaba totalmente lleno de sentido, un sentido que pasaba a través de las injusticias, las dificultades y el dolor, sí, pero que no por eso era menos real, concreto y eficaz.

Luego, gracias a él, encontré una dirección que darle a mis investigaciones y a mis estudios. Mientras muchos seguían perdiéndose siguiendo contraposiciones abstractas (derecha e izquierda, conservadores y progresistas, fe y razón), él nos hacía descubrir en la fe una potencia de unidad y de significado que lo simplificaban todo, sin separarnos ni un instante del compromiso del trabajo ni anular la dificultad de los problemas y divisiones. Sencillamente, la fe, igual que Cristo, se convertía en “luz de la razón”, y en esa luz la razón podía funcionar mejor, resolviendo problemas sin anular el misterio de la vida. “Los conceptos de Dios crean ídolos, solo el estupor aferra algo”, no dejaba de repetirnos en los seminarios que impartía en la Universidad Católica junto a don Giussani. Era precioso verlos discutir sobre quién había sido el primero en sugerir al otro aquella cita de Gregorio de Nisa. Para luego empezar con una serie de citas que nos dejaban sin palabras por lo hermosas que eran y por su capacidad para comprender y exaltar todo nuestro deseo de verdad. Mientras descubríamos la vieja tradición, surgía toda una nueva Filokalia del oriente y occidente modernos, con Leopardi, Péguy, De Lubac, Dostoievski, Soloviev, Berdiayev.

Gracias al padre Romano, en un mundo que pretendía resolverlo todo y producía más crisis de las que creía superar (eran los años de la contestación y el fin de los grandes sueños), pudimos comprobar que aquella razón, iluminada por la fe, daba luz a nuestra vida precisamente porque nos permitía descubrir el misterio que la hacía inagotable, irreducible. No era un discurso ni una proclama, sino el relato de la resistencia en los campos de concentración y en las prisiones soviéticas, es decir, el relato de cómo era posible vivir incluso en el abismo de la negación más radical de lo humano.

Ese estupor que nos cambió la vida

Adriano Dell`Asta | 0 comentarios valoración: 3  283 votos
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