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21 MAYO 2019
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Entre Netanyahu y Gantz, si vía de salida palestina

Filippo Landi

Apagados los focos sobre Gaza, la campaña electoral en Israel retoma su curso “normal”. La política israelí, en esto, resulta un poco extraña a ojos europeos. El problema de encontrar solución al conflicto con los palestinos se ha convertido en un obstáculo a las estrategias de partidos, viejos y nuevos, que se disputan la mayoría de los 120 diputados de la Knéset, el parlamento israelí. Se habla de todo, de Jerusalén al Golán, de la confrontación con los países árabes “moderados” a la guerra latente con Irán, del apoyo de Donald Trump a Israel a las nuevas posibles alianzas con Arabia Saudí, Egipto…

Por estas razones, misil disparado desde Gaza que explotó en la periferia de Tel Aviv no ha desviado el curso de la campaña electoral. El primer ministro Netanyahu ha intentado evitar una nueva guerra a poco más de una semana de las elecciones, ha debido considerar que el impacto electoral no sería positivo.

El pasado domingo se reabrieron los puestos de control en la frontera entre Israel y Gaza, el de Kerem Shalom para el paso de mercancías y el de Erez para el tránsito de personas. Todo ello a pocas horas de los últimos bombardeos, pero esa reapertura formaba parte del compromiso no escrito que llevó, el día anterior, a contener la rabia de los palestinos de Gaza, que salieron a la calle para recordar el primer aniversario de la Marcha del Retorno de refugiados. Hace un año, en mayo, en un solo día murieron casi setenta palestinos. El pasado sábado, el balance de víctimas fue de cuatro jóvenes muertos a manos de soldados israelíes y un centenar de heridos. Un balance dramático, sin duda, pero contenido. El gobierno de Netanyahu ofreció en las horas previas una serie de aperturas para aliviar las consecuencias del asedio de Gaza en la población: camiones de mercancías y ayuda humanitaria, ampliación de la zona de pesca frente a las costas de Gaza, energía eléctrica más horas al día, luz verde a las ayudas financieras prometidas por Qatar.

Cuando parece que ha vuelto la calma, Netanyahu y su nuevo principal adversario, el ex general Benny Gantz, junto a los líderes de una miríada de pequeños partidos posibles aliados unos de otros, han vuelto a la “confrontación”. Los sondeos afirman que el nuevo partido de “centro” Azul y Blanco de Gantz podría llegar a 31 escaños, distanciándose del Likud de Netanyahu, que podría quedarse en 27. Pero el bloque los partidos de centro-derecha, empezando por los que se nutren de los votos judíos ultraortodoxos, podría regalar a Netanyahu la mayoría en la Knéset, haciéndole superar el listón de los 60 votos necesarios para la mayoría. Ya pasó en las elecciones de febrero de 2009, cuando Tzipi Livni, líder de Kadima, derrotó al Likud de Netanyahu, pero nada pudo contra el bloque de sus aliados.

Entre Netanyahu y Gantz, si vía de salida palestina

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>Entrevista a Nihal Batdal

La nueva fuerza que ha derrotado a Erdogan en Turquía

I.S.

La derrota de Erdogan en Turquía ha sido dura, tanto que esta vez ha sido él quien ha denunciado un fraude electoral exigiendo un recuento de votos, sobre todo en Ankara, la capital de país, que ha pasado a la oposición después de 25 años. Pero no solo Ankara. La oposición laica ha ganado en las principales ciudades turcas, desde el centro industrial de Adana al turístico en Antalya. Pero, sobre todo, pierde Estambul. Hablamos con la periodista turca Nihil Batdal.

¿Ya se ha confirmado la derrota en Estambul?

Por lo que dicen hasta las agencias estatales, en Estambul, aunque por pocos miles de votos, ha ganado el candidato del partido republicano, Ekrem Imamoglu. Es un dato de enorme importancia. El propio Erdogan dijo en campaña que perder Estambul significaba perderlo todo.

Estas grandes victorias en los principales centros metropolitanos, ¿eran esperadas o ha sido una sorpresa?

La gente no se lo esperaba, muchos ni siquiera han ido a votar porque ya están desilusionados y empiezan a pensar que es imposible hacer algo contra un gobierno que lo controla todo. Por suerte, ha habido mucha gente que ha votado de todas formas, a pesar de estar segura de que la victoria no era posible. La gente era muy pesimista.

Entonces la sorpresa ha sido doble, pero en Anatolia y en la Turquía rural Erdogan ha ganado. ¿El país está dividido después de estas elecciones?

La pérdida de las grandes metrópolis supone una gran pérdida, el propio Erdogan empezó su carrera política como alcalde de Estambul, le interesaba especialmente mantener su control. La pérdida de Ankara es también muy importante, era algo que no pasaba desde hace muchos años. Pero no diría que la nación está dividida en dos, como dice el gobierno.

¿Qué importancia ha tenido en estas elecciones la profunda crisis económica de Turquía y el voto anti-Erdogan?

La crisis económica es el principal motivo de esta victoria, pero la novedad que nos muestran estas elecciones es que se han unido dos fuerzas. El voto político anti-Erdogan no bastaba para conseguir el cambio que se ha logrado, se ha unido la clase intelectual y cultural con la clase medio-baja que necesita un bienestar económico. Las dos cosas juntas han dado lugar a esta victoria.

Erdogan ya ha dicho que habrá que esperar a las próximas elecciones dentro de cuatro años, mientras que en Turquía siempre se ha votado una vez al año, ¿es señal de que el presidente está asustado?

Sí, porque cuando uno tiene miedo al cambio obviamente prefiere la estabilidad. Se votaba una vez al año para confirmar su poder, en cambio, ahora que sabe que corre el riesgo de perderlo todo prefiere espaciar el voto cada cuatro años, con la esperanza de recuperar apoyos.

¿Se puede decir que Turquía asiste por fin a un cambio inesperado?

>Entrevista a Nihal Batdal

La nueva fuerza que ha derrotado a Erdogan en Turquía

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>Entrevista a monseñor Mario Zenari, arzobispo de Damasco

'El hambre está matando a más niños que las bombas'

I.S.

Según Unicef, en 2018 murieron en Siria 1.106 niños, es el mayor número de niños muertos en un año desde que empezó la guerra. Pero la realidad seguramente es más grave que los números proporcionados por la ONU. Números que dicen que la guerra en Siria está muy lejos de haber acabado a pesar de las proclamas de Trump y Putin. En Siria la gente sigue muriendo y, como siempre, la población civil paga el precio más alto.

Como señala en esta entrevista monseñor Mario Zenari, arzobispo de Damasco –aunque es una noticia que nunca se ha difundido en Occidente, lo que hace pensar en cuántos casos se conocen y cuántos se ignoran– cerca de 70 niños menores de cinco años de edad han muerto de frío y de hambre intentando llegar a los campos de refugiados, huyendo de Baghouz, el último bastión del Isis.

Monseñor Zenari, Unicef habla de más de mil niños muertos en 2018, la cifra más alta desde que empezó el conflicto. ¿La situación sigue siendo tan dramática?

Por desgracia, la ONU es una fuente fiable. Por tanto, estas cifras son verídicas. La gente sigue muriendo en Siria. Aparte de los campos de minas, diseminados por todas partes, o los explosivos abandonados, también se muere de hambre y de frío. Desde diciembre, entre los niños y las madres que huyeron de Baghouz hacia los campos de refugiados, muchos murieron, hubo unos setenta niños menores de cinco años que murieron en la calle a causa del frío, la deshidratación y la desnutrición.

¿Pero la guerra no se encamina hacia su conclusión?

Es un gran disparate decir que la guerra ha terminado, no es así. En la provincia de Idlib (donde se encuentran los milicianos del Isis huidos del resto del país) todavía viven tres millones de civiles y nadie sabe qué va a pasar. Hay zonas, como Damasco y Homs, donde ya no caen bombas, pero la población tiene que enfrentarse a otro tipo de bomba: la pobreza. La ONU ha declarado que ocho de cada diez personas en Siria viven por debajo del umbral de la pobreza.

En esta situación tan dramática, los países occidentales siguen manteniendo las sanciones contra Assad. ¿Qué le parece?

Hablar de eso quiere decir abrir un capítulo infinito y difícil de abordar. Hay en marcha varios tipos de sanciones, desde las personales, que afectan a 277 personas que no pueden viajar a Europa, hasta las comerciales y de productos petrolíferos. Y eso doblega a Siria.

La Iglesia siempre ha estado en primera línea ayudando a la población, ¿cómo están las cosas actualmente?

Cada uno hace lo que puede. El grueso de la ayuda viene de Naciones Unidas, que debe atender a casi 13 millones de personas necesitadas de asistencia humanitaria. Las iglesias siempre intentan llegar a la gente en la medida de sus posibilidades.

¿Se ha retomado la actividad comercial en Damasco?

En el centro de la ciudad las tiendas siempre han estado abiertas, así como los restaurantes, también porque allí están las embajadas y los palacios de gobierno. Pero Damasco no refleja lo que pasa en el resto de Siria. Basta ir a la periferia, donde hay barrios enteros donde falta comida y trabajo.

>Entrevista a monseñor Mario Zenari, arzobispo de Damasco

'El hambre está matando a más niños que las bombas'

I.S. | 0 comentarios valoración: 2  12 votos
>Entrevista a Olivier Roy

'Una guerra más racial que religiosa'

Lorenzo Cremonesi (Corriere della sera)

“Los terroristas que han cometido la masacre en Nueva Zelanda son auténticos neonazis. La suya no es una guerra de religión, sino de raza. No se presentan como yihadistas cristianos contra los musulmanes. Todo lo contrario, son paganos blancos que se ven como paladines de la raza blanca y van a la caza de los negros. No se trata de un fenómeno social, no representan un movimiento, su base política es casi nula. Pero son muy peligrosos, bastarían veinte o treinta fanáticos como ellos, dispuestos a atacar en Estados Unidos, Europa o Australia, para crear problemas muy serios”. Con palabras del politólogo francés Olivier Roy, experto en radicalismo islámico, que recientemente ha publicado un libro sobre el estado de la identidad cristiana en Europa. “Pero en este caso las categorías interpretativas son diferentes. Para entender el mensaje de los nuevos racistas paganos tenemos que remontarnos a los textos de Arthur de Gobineau y a los teóricos del racismo laico del XIX europeo, a los padres del antisemitismo nazi. Sin duda, un supremacista blanco muy cercano a su sensibilidad es Oswald Mosley, el fundador del fascismo británico”.

¿No le parece paradójico y extraño que, justo cuando el Isis está a punto de ser abatido en Siria y el terrorismo islámico parece aquietarse, estos terroristas blancos ataquen mezquitas en un lugar remoto y tranquilo?

Diría que no es extraño en absoluto. Hay que leer sus documentos para comprender que ellos se conciben como héroes mártires solitarios, vanguardia de una batalla en devenir. Como Ander Breivik, el terrorista de Oslo en 2011, o Timothy McVeigh, responsable de la matanza de Oklahoma City en 1995. Su gesto quiere ser una piedra en el estanque. Afirman que la democracia occidental no se sabe defender, que es cobarde ante la invasión migratoria. Son puros gestos demostrativos. Casan totalmente con la teoría de la “gran sustitución” del autor francés Renaud Camus: la Europa blanca está en peligro por el hecho de que está siendo sustituida por los inmigrantes. Junto a él, citan también a Jean Respail y su novela más famosa, “El campamento de los santos”. Aquí también predomina la idea de que el peligro de la migración radica en su carácter silencioso, progresivo, no violento. Si les dejamos, los inmigrantes harán suyas nuestras casas. El diferente siempre se ve como alguien hostil y astuto en su falsa quietud. A sus ojos, la masacre de las mezquitas desata las contradicciones, enciende los focos.

¿Pero por qué en Nueva Zelanda?

Porque siempre ha sido considerada como una región periférica. Es un lugar simbólico, una señal de alarma: si los de fuera llegan hasta aquí, estamos acabados.

¿Qué relación tienen con los nuevos populismos?

Los consideran moderados y decadentes, aliados que han perdido el rumbo. Por ejemplo, acusan a Marine Le Pen por haber bajado el tono y haber sido derrotada en las últimas elecciones presidenciales. Se consideran intérpretes de la pequeña burguesía blanca empobrecida, se quejan del feminismo y de la caída de la masculinidad. Quizás por un instante creyeron a los populistas, pero ya no. Dicen que no es el momento de ir a votar sino de cargar la ametralladora. Me recuerdan a los anarquistas nihilistas que mataban a reyes y príncipes como gestos demostrativos. Se creen instrumentos de un plan histórico superior.

¿Pueden captar adeptos?

>Entrevista a Olivier Roy

'Una guerra más racial que religiosa'

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Irán. Los orígenes de la revolución islámica

Carlo Cereti

“Sah raft, Imam amad”. Esta frase es la que mejor capta la esencia más profunda de los acontecimientos que tuvieron lugar el 16 de enero y el 1 de febrero de 1979 respectivamente, abriendo camino, el 11 de febrero de aquel mismo año, a lo que daría lugar a la República Islámica de Irán.

Un soberano cansado y enfermo abandonaba Irán, poniendo fin a la dinastía Pahlaví, cuyo fundador, Reza Khan, se inspiró en la república kemalista de Turquía y fue llevado por el propio clero a tomar la corona. Con el paso de los años, un enérgico ayatolá se presentaba como símbolo del nuevo Irán, líder inesperado de una revolución con muchas caras, hija de un proceso de modernización autóctono que dio comienzo en los primeros años del siglo XX para luego tejerse mediante miles de hechos puntuales.

Una revolución imprevista y tal vez imprevisible, dominada por la carismática figura de Ruhollah Jomeini, su guía incontestable. Una revolución marcada por los mismos ritmos que la religión, construida sobre manifestaciones que respetaban cadencias rituales, días de respeto y luto a los mártires, con himnos de alabanza a Dios. Todavía recuerdo el clima de aquellos días frenéticos que siguieron al nacimiento de la república islámica. En los primeros meses, la revolución latía en miles de almas con un movimiento desordenado pero tendente a un futuro mejor. Luego, tras la toma de la embajada de los Estados Unidos de América el 4 de noviembre, llegaron la tensión y la preocupación, un creciente aislamiento internacional, un estado de conflicto permanente. Hasta la agresión del Iraq guiado por Saddam Hussein, que imaginaba un Irán demasiado dividido para reaccionar y quiso aprovechar la ocasión para hacerse con el control del río Shat al-Arab y los campos de petróleo del Kurdistán iraní. El 22 de septiembre de 1980, el dictador iraquí ordenó a sus tropas marchar hacia las fronteras con Irán, cambiando así la historia de la recién nacida república y de hecho de todo Oriente Medio. La guerra que siguió solo fue la primera de un rastro ininterrumpido de sangre que llega hasta nuestros días.

Fazlollah Nurí y la revolución constitucional

Pero vayamos por orden. Las más antiguas raíces culturales y religiosas de lo que pasó nacen en las llanuras de Karbala, donde el tercer imán chiita Hussein encontró la muerte, o quizás antes aún, en las prodigiosas capitales de los imperios persas de la antigüedad, donde se formó la identidad iraní, un sentimiento de ser nación que aún hoy permea la política nacional.

De manera más sencilla, las raíces políticas de la revolución hay que buscarlas en los años de la Revolución Constitucional, entre 1906 y 1909, especialmente en la figura de un eminente líder del clero, Sheij Fazlollah Nurí, que jugó un importante papel en aquellos acontecimientos, primero como promotor de aquel movimiento y luego como paladín de la restauración monárquica, hasta que fue condenado a muerte cuando los constitucionalistas volvieron al poder.

La revolución constitucional consagró el nacimiento de la alianza entre clero y bazar, que unía rasgos de marcada conservación con aspiraciones reformadoras y sinceramente democráticas. Fazlollah Nurí, hombre de cualidades fuera de lo común, dio voz a las convicciones del clero, cuestionando la legitimidad del parlamento para legislar en ausencia de consenso entre jurisprudentes.

Irán. Los orígenes de la revolución islámica

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Conferencia de Seguridad de Múnich. Pence, Merkel y Biden.

Ángel Satué

Este fin de semana tuvo lugar en Múnich la 55ª Conferencia de Seguridad, creada en el marco de la relación transatlántica EE.UU.–Europa, durante la guerra fría. Un encuentro privado al que acuden dirigentes políticos, think tanks, periodistas, militares, organismos internacionales, industrias de seguridad y defensa, en torno a una de las materias de mayor interés global: la seguridad global.

Como siempre en este tipo de foros, durante tres días se suceden encuentros entre bambalinas con declaraciones a los medios, ruedas de prensa, entrevistas, discursos, etc., con el objetivo inconfesable de influir en aliados y adversarios. España brilla por su ausencia en este tipo de encuentros, salvo por alguna que otra personalidad.

Son decenas de expertos y responsables de asuntos exteriores y de defensa, la mayoría grandes desconocidos para la opinión pública mundial, pero tienen toda una cosa en común, se encuentran condicionados por EE.UU. y las relaciones del hegemón con el resto. Por eso conviene posar la mirada en lo que dicen los que representan o lo han hecho a esta república “imperial”. En este baile de máscaras cada uno cumple su papel, mantiene su discurso y rara vez hay sorpresas (Putin, en 2007, la dio, “rompiendo” con Occidente, como apuntó en estas páginas Antonio Rubio Plo).

Por EE.UU. habló su vicepresidente, Pence, que fue recibido por un gélido tendido, poco dado a la euforia transatlántica, si el que está en la otra orilla es un enviado de Trump. Pence construyó un discurso formalista, lleno de florituras para loa y justificación de la política exterior de EE.UU. que pudo ser percibido como una sucesión de órdenes y avisos a aliados y adversarios, en una línea difícil ya de trazar desde que Trump entró en la Casa Blanca. Si Europa mira al este, Pence advirtió con un rostro severo, una mirada desafiante, una mandíbula apretada, EE.UU. no podrá asegurar su defensa. Afirmó que era el momento de pasar a la acción contra Irán, y de que Europa siguiera su política de embargos comerciales. Definió el concepto de liderazgo americano, cuando aseveró que era decirle a sus socios de la OTAN que invirtieran al menos el 2% de su PIB, cosa que, según dijo, ha logrado que la mitad lo cumpla ya, y sobre el resto les pidió unos planes a supervisar para llegar a esa cifra, de la que al menos un 20% deberá ser para adquisiciones de material ¿americano? Prosiguió con un discurso en que situaba como grave amenaza el interés de China por la tecnología y las empresas occidentales de telecomunicaciones, nombrando explícitamente a Huawei.

Ante este dechado de virtudes diplomáticas, Joe Biden, el anterior vicepresidente, que también habló en la Conferencia, puso el contrapunto.

Conferencia de Seguridad de Múnich. Pence, Merkel y Biden.

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>Conferencia de seguridad de Múnich

Discursos reiterativos y escepticismo sobre Trump

Antonio R. Rubio Plo

En mi opinión, muchos de los discursos de la Conferencia de Seguridad de Múnich, que desde hace más de medio siglo tiene lugar en la capital bávara, han ido perdiendo interés por la reiteración de los argumentos de los líderes políticos internacionales. Unos afirman y otros niegan, todos exponen sus alegatos, pero sus percepciones de la realidad y del escenario internacional son muy distintos. Hay quien hace un balance positivo de las décadas pasadas, sobre todo si se trata de políticos norteamericanos y europeos. Otros, en cambio, no dudan en arremeter contra la visión satisfecha de los occidentales y les acusa de llevar un doble rasero. Las intervenciones públicas y las ruedas de prensa marcadas por la dialéctica, y no tanto por el diálogo, están al orden del día. El apasionamiento y la virulencia de los discursos queda, sin embargo, muy por debajo del ya histórico discurso en este mismo foro del presidente Putin en 2007, que marcó la ruptura definitiva entre Rusia y los países occidentales, que en los años siguientes se confirmó plenamente y llego a su punto álgido en 2014 con la crisis de Ucrania.

Pero algunos oradores no pueden sustraerse a una realidad marcada por la sospecha o por la percepción de que el presidente Trump no se siente identificado con el título de líder del mundo libre que se atribuyó tradicionalmente a los inquilinos de la Casa Blanca desde los inicios de la guerra fría. En este sentido, se comprende el panegírico que de Donald Trump ha hecho el vicepresidente Mike Pence, al que ha presentado como un hombre que cumple con sus compromisos, un político más de acción que de palabras, y no ha podido por menos de sustraerse a la evocación del antológico discurso de Trump en Varsovia en julio de 2017, que muchos analistas consideraron una defensa apasionante de los valores occidentales al hilo de la historia reciente de Polonia. Pero el que Trump lo pronunciara en la capital polaca en vez de en una capital de Europa occidental para muchos solo es un signo de que el mandatario norteamericano siempre ha pretendido dividir a Europa, con el fomento de los soberanismos y de las relaciones bilaterales por encima del proceso de integración europeo, en el que evidentemente Trump no cree. Esta semilla de división se vería acaso confirmada por el hecho de que las maniobras de la OTAN más importantes desde el final de la guerra fría se desarrollen en Noruega, Letonia o Polonia, una respuesta al desafío ruso, pero también una confirmación de que es Washington, y no Bruselas, quien garantiza la seguridad europea. Y esto no deja de ser cierto, por mucho que algunos crean que ha llegado el momento de la Europa de la seguridad gracias al tratado de Aquisgrán, en el que hay quien solo ve un piadoso ejercicio de voluntarismo.

>Conferencia de seguridad de Múnich

Discursos reiterativos y escepticismo sobre Trump

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Asia Bibi y el poder islamista en Paquistán

Tasnim Altaf Butt

El 31 de octubre de 2018, el Tribunal Supremo paquistaní ordenó la liberación de Asia Bibi, la mujer cristiana y madre de familia condenada a muerte en 2010 por blasfemia tras una banal disputa en un pueblo rural. Pero la cuestión sigue lejos de resolverse. Las autoridades paquistaníes tardaron unos días en dejarla salir, trasladándola a una localidad secreta donde espera el asilo de algún país occidental, como Alemania, Francia o Canadá. Sin embargo, parece que su partida podría provocar una grave crisis política y desde su liberación se han producido violentas manifestaciones de islamistas que durante tres días paralizaron el país y obligaron al gobierno a aceptar una revisión de la sentencia, entre otras cosas impidiendo que Asia Bibi salga del país.

La paradoja paquistaní: pocos islamistas, pero poderosos

Dejando al margen los aspectos jurídicos, el caso de Asia Bibi ha puesto en evidencia la influencia que ejercen en Paquistán los partidos islamistas que, si bien rechazados en las urnas y políticamente minoritarios, han logrado imponer su voluntad al Estado. Por ejemplo, en 2017 bloquearon las principales autopistas de la capital con violentas manifestaciones contra un pequeño cambio en la ley electoral que permitiría a la minoría musulmana ahmadí participar en las elecciones.

Aunque el gobierno se empeñó en rectificar el “error”, los islamistas siguieron presionando hasta obtener no solo la dimisión del ministro de Justicia, Zahid Hamid, sino también la liberación de sus activistas. En general, concesiones como estas comprometen la autoridad del Estado paquistaní, al que le resulta muy complicado gestionar el factor islamista.

El contexto islamista en Paquistán

Ante todo hay que distinguir entre islamistas y yihadistas. Los primeros actúan generalmente dentro de un escenario institucional. Se suelen constituir en auténticos partidos políticos, con programas y afiliados, reconocen la legitimidad del Estado paquistaní y aceptan el método electoral como vía privilegiada de acceso al poder. Por el contrario, los yihadistas se constituyen en grupos armados que, sobre todo en el caso de los más organizados, tienen secciones dedicadas a la predicación. No reconocen la legitimidad del Estado y en general no participan en las elecciones. Desde esta perspectiva, la violencia se erige para ellos como la única vía de acceso al poder.

Los movimientos islamistas y yihadistas son muy numerosos en Paquistán. Entre ellos se encuentran tanto los sunitas como los chiítas. Los sunitas se dividen en tres grupos principales: los barelvi, los deobandi y los Ahl-e-Hadith, a los que hay que añadir Jamaat-i-Islami, un partido político que no hace referencia a ningún grupo en concreto.

Asia Bibi y el poder islamista en Paquistán

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Rohani en el punto de mira

Giorgia Perletta

El “Joint Comprehensive Plan of Action”, más conocido como “Acuerdo nuclear iraní”, ha alcanzado un éxito histórico para la diplomacia multilateral. El acuerdo alcanzado en Viena en julio de 2015 apuntaba a abolir las sanciones contra Teherán a cambio de una restricción de su programa nuclear. La noche del acuerdo, miles de iraníes invadieron las calles de la capital festejando y repitiendo con entusiasmo y optimismo: “El mundo ha cambiado”, como decía el titular del día siguiente en el diario reformista Etemad.

Efectivamente, desde aquella noche muchas dinámicas cambiaron, dentro de Irán y fuera. Los desafíos relacionados con la seguridad nacional, la reconstrucción y la gestión de los flujos de refugiados confirmaron que Irán debería reintegrarse plenamente en la región, a pesar de que los Estados Unidos intentaron frenar esta tendencia desde el principio de la era Trump. Irán no es solo un actor fundamental en la lucha contra el Estado Islámico en Iraq, sino que además tiene un papel clave en el desarrollo de la situación siria.

La república islámica ya no está aislada sino directamente implicada en las diversas disputas que se libran en Oriente Medio, y seguirá manteniendo sus prioridades geopolíticas con o sin el reconocimiento internacional. La implicación de Irán garantizaría por tanto una mayor seguridad en la región y en Europa, como ha señalado insistentemente Federica Mogherini, alta representante para los Asuntos Exteriores y la Política de Seguridad de la Unión Europea.

Restauración de sanciones

Internamente, en Irán, las expectativas puestas en el acuerdo por desgracia se están desvaneciendo. Después del “implementation day” en enero de 2016, cuando el acuerdo entró oficialmente en vigor, un número considerable de empresas extranjeras empezó a invertir allí. Sin embargo, en mayo de 2018, Estados Unidos se retiró unilateralmente del acuerdo y anunció su intención de imponer a Teherán sanciones secundarias, que en consecuencia castigarían a terceros países implicados comercialmente con Irán. Las sanciones americanas se fueron restaurando en dos rondas: una preliminar en agosto, que impactó en el acceso de Irán al dólar, el software industrial, el comercio de metales y el sector automovilístico; la segunda en noviembre, limitando las transacciones financieras y las exportaciones de crudo. Ya en abril, la exportación de crudo y condensado iraní había caído al 39%.

Con la repentina salida unilateral de EE.UU. del acuerdo, las empresas extranjeras abandonaron Irán para evitar las sanciones norteamericanas, mientras la administración Trump mostraba una postura explícitamente anti-iraní. John Bolton, consejero de Seguridad Nacional, y Mike Pompeo, secretario de Estado, advirtieron a Irán de que si no modificaba su comportamiento en la región tendría que prepararse para sufrir las “sanciones más duras de la historia”. Estas amenazas no iban vinculadas al acuerdo, puesto que Irán siempre respetó sus términos, como demuestran los controles realizados por la Agencia de Energía Atómica Internacional. En realidad, el objetivo de las sanciones estadounidenses es debilitar la economía iraní, provocar desórdenes internos y descontento en la sociedad, generar inestabilidad política y allanar el camino al colapso del régimen.

Mientras la UE intentaba, de manera totalmente inadecuada, mantener con vida el acuerdo, mediante un reglamento de bloqueo y un “Special Purpose Vehicle”, la imposición de sanciones secundarias ha provocado el freno de las inversiones en Irán por parte de las empresas europeas.

Rohani en el punto de mira

Giorgia Perletta | 0 comentarios valoración: 1  12 votos
>Entrevista a Olivier Roy

'Los islamistas se radicalizan en la cárcel'

P.R.

“Radicalizarse en prisión significa ante todo recuperar la dignidad perdida”, afirma el orientalista y politólogo francés Olivier Roy. “Además, la conversión a un islam extremo te puede hacer entrar en una fraternidad que te ayuda a combatir la violencia en las cárceles. Cuando formas parte de un clan musulmán, los demás se lo piensan dos veces antes de agredirte porque tienes a tus ‘hermanos’ para defenderte”.

¿Este es el motivo por el que la mitad de los terroristas franceses tienen antecedentes penales?

Sí, la delincuencia y la prisión suelen preceder a la islamización más extrema. Pero radicalizarse en la cárcel también es una forma de autoafirmarse. Da la impresión de que has llegado a ser alguien, porque la prisión también es una contra-sociedad con sus dinámicas perversas, a las que los grupos islamizados resisten mejor. El que se convierte al islam, o a un islam más “puro”, se siente “renacer”.

¿Pero cómo se radicalizan en prisión?

Nunca hemos identificado un imán enviado a las cárceles para radicalizar a los jóvenes delincuentes. Eso sucede siempre por voluntad individual. El que predica suele tener más carisma que los demás y u n poder de convicción que hace que todos le escuchen, no es por su sabiduría real sino por su prestigio. Luego, los presos están abandonados a su suerte y en una celda con seis personas basta una radicalizada para convencer fácilmente a las demás.

¿Radicalizarse puede ser también una forma de revuelta?

Claro, es una revuelta generacional contra el orden del mundo, contra el islam de sus padres, contra los valores de la sociedad, y no es para nada una construcción ideológica.

¿Todos los que se radicalizan en la cárcel son jóvenes, pobres y desempleados de los suburbios?

No son necesariamente pobres y desempleados, pero dos tercios de ellos son inmigrantes de segunda generación que viven en barrios complicados.

Lo que está claro es que no ha bastado con derrotar al Califato en Raqqa y Mosul para acabar con los atentados.

No, porque no es el Estado islámico el que recluta a estos terroristas, sino que son los jóvenes radicalizados los que quieren enrolarse en sus filas. Dicho esto, gracias a la destrucción de gran parte de su logística en Siria e Iraq, en los últimos dos años los atentados terroristas en Europa han sido artesanales e individuales, es decir, realizados por gente que puede haber sido contactada por algún emisario yihadista.

¿Es posible detenerlos?

Puesto que no se trata de fenómenos sociales ni grupos organizados ni movimientos de masas, la única carta que les queda a las autoridades es la de la inteligencia, que funciona bastante bien, pues Chérif, el terrorista de Estrasburgo, estaba en la lista de posibles terroristas para ser detenido. Gracias a esto, muchos jóvenes radicalizados han sido encarcelados antes de que cometieran un atentado.

Entonces, ¿debemos acostumbrarnos a la idea de que cualquier lobo solitario pueda cometer una masacre en Europa?

Habrá una cadena de atentados, pero se irá desvaneciendo con el tiempo. Algo parecido pasó en Italia. Después de que el Estado derrotara a las Brigadas Rojas, durante un tiempo aún hubo algunos atentados esporádicos, pero luego se acabó. Y creo que la estrategia yihadista está actualmente muy debilitada.

>Entrevista a Olivier Roy

'Los islamistas se radicalizan en la cárcel'

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Gran imán de Egipto: 'No queremos conquistar Europa'

Francesco Battistini

“No queremos construir una civilización islámica en Europa, solo queremos una civilización humana y del corazón”. En el gran salón de su residencia, a dos pasos de la universidad de Al Azhar, el gran imán sunita recibe a una delegación del Meeting de Rímini citando a Juan Pablo II (“no queremos construir una civilización cristiana…”). Son días complicados. El caso Khassoggi golpea al islam y reabre en Occidente las preguntas sobre a quién defender y a quién no…

El noble jeque Ahmad al-Tayyeb es educado pero está un poco cansado al volver de un viaje al Vaticano. No habla de política. Solo de san Francisco y del sultán, de su amistad con el papa Francisco. Luego, la foto con un libro de Luigi Giussani en árabe. Y los temas del extremismo religioso, el sufrimiento de los pobres, porque en la ayuda a los últimos el gran imán encuentra un terreno común con el mundo cristiano. “Nosotros no creemos en las teorías del choque de civilizaciones –dice– sino en el encuentro y en el reconocimiento mutuo”.

Encontrarse, reencontrarse: seamos realistas, decían en el 68, pidamos lo imposible. O al menos lo improbable. Por ejemplo, entrando en el reino del faraón Al Sisi –donde es mejor no hablar de revoluciones– con una exposición sobre el 68 y la revolución de las costumbres. Y llegar a las raíces del sunismo para llevar el evento más arraigado del catolicismo italiano, el Meeting de Rímini. En definitiva, salir al encuentro de este papa de los musulmanes de medio mundo. Por primera vez desde las primaveras árabes, Comunión y Liberación ha viajado a Egipto para intentar llevar a cabo un diálogo que a decir verdad nunca se ha roto del todo pero sí se ha deshilachado un poco.

Bajo el signo del “pluralismo que construye el yo”, se ha celebrado un encuentro de tres días entre la Biblioteca de Alejandría y El Cairo, reiterando a una platea islámica que “yo soy el otro y el otro es un bien para mí”, como resume Roberto Fontolan. “El concepto de la libertad religiosa es un derecho de la persona sobre el que se fundamenta nuestra sociedad plural. Hay que encontrar una tierra media entre el fundamentalismo y el relativismo”. También porque las preguntas que se plantea la juventud egipcia, recuerda la presidenta del Meeting, Emilia Guarnieri, “no son distintas de las que se planteaban los jóvenes a finales de los años sesenta”.

“Es importante interrogarse sobre el extremismo que nació después del 68 –señala el escritor Ahmed Bahaa el-din Shaaban, que era universitario en aquellos años de contestación–, especialmente ahora que nos asedia otro extremismo. Entonces, ninguno de nosotros se interesaba por la religión. Pero al final fue la religión quien se interesó por nosotros”. Se muestra de acuerdo el intelectual Sayed Mahmoud: “La frustración del 68 se parece a la de los jóvenes de las revueltas de la plaza Tahrir contra Mubarak. El caos expresivo del 68 fracasó igual que el de 2011. Lo que queda es la esperanza de una mayor tolerancia y de un posible diálogo”.

Gran imán de Egipto: 'No queremos conquistar Europa'

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Memoria, esperanza, perdón: la respuesta de los cristianos de Oriente ante la persecución

Amal Marogy

“Pero ten cuidado y guárdate bien de olvidar las cosas que han visto tus ojos y que no se aparten de tu corazón mientras vivas; cuéntaselas a tus hijos y a tus nietos” (Dt 4,9). Son las palabras que Moisés dirige a los israelitas en el desierto tras haber derrotado a Sijón, rey de los amorreos, y Og, rey de Basán. Resumen perfectamente la herencia de mi familia y la de tantas otras familias cristianas que recientemente han vuelto a sus ciudades, en los pueblos liberados del Isis al norte de Iraq y en la llanura de Nínive. ¿Pero qué pide Dios a los israelitas y cuál es esta herencia?

“Congrégame al pueblo y les haré oír mis palabras para que aprendan a temerme mientras vivan en la tierra, y las enseñen a sus hijos” (Dt 4,10). A primera vista, la respuesta podría sorprender, puesto que hablar del temor de Dios en tiempos de persecución sería difícil de aceptar. Frente al sufrimiento, ¿acaso no es el temor lo que nos esforzamos en evitar? Ante esta paradoja, el principio de la hermenéutica de la continuidad del papa Benedicto XVI podría ayudarnos, por analogía, a distinguir un rasgo significativo y en sintonía con el comportamiento y la respuesta de los cristianos de Oriente Medio a la persecución que sufren.

Solo poniendo el acento en la respuesta cristiana al sufrimiento y a la persecución, resulta más claro ver que el temor de Dios siempre ha sido el antídoto al odio y a la desesperación. Lo más asombroso de vivir en el temor de Dios en tiempos de persecución es que eso nos pueda empujar a recordar su bondad pasada y confiar en su providencia. El temor de Dios no es más que una solicitud de sabiduría y comprensión, y la oración para no perder el sentido de nuestro ser pecadores, vulnerables.

Por eso, cuando la oleada de persecuciones disminuye, los supervivientes se enfrentan a tres preguntas existenciales: cómo dar sentido a un pasado trágico; cómo afrontar un presente desconsolador, marcado por lo que se ha perdido y por la incertidumbre; y qué futuro podemos garantizar a nuestros hijos y nietos. Estas preguntas nos permiten centrarnos en tres palabras clave que, a lo largo del tiempo, engloban la respuesta cristiana a la persecución: la memoria, la esperanza y el perdón.

Los perseguidos también han visto golpeada su posibilidad de sostenimiento cotidiano y han sufrido pérdidas materiales, exilio y humillaciones. Muchos han pagado con el sacrificio último. Aliviar las necesidades materiales inmediatas de nuestros hermanos y hermanas supone por tanto una cuestión de justicia y caridad. Sin embargo, no podemos sucumbir a la tentación de convertir estas ayudas en la respuesta principal, en condición sine qua non para la supervivencia de la Iglesia perseguida. De hecho, los perseguidos tienen necesidades espirituales a las que hay que responder con igual celo y fervor. Hacerse cargo espiritualmente de los perseguidos no es un deber sino un privilegio. Aún debe madurar una adecuada atención pastoral orientada especialmente a las víctimas de persecución, tanto durante como después de la misma.

Memoria, esperanza, perdón: la respuesta de los cristianos de Oriente ante la persecución

Amal Marogy | 0 comentarios valoración: 2  26 votos

La Europa del presidente Trump

Antonio R. Rubio Plo

La agenda europea de Donald Trump en julio de 2018 habla por sí sola: presencia en la cumbre de la OTAN en Bruselas, visita a Theresa May en Londres y encuentro con Vladimir Putin en Helsinki. Tres eventos claramente diferenciados entre sí. La Europa de Trump es poliédrica y multilateral, y no tanto un encuentro de amigos y aliados. El sentimiento mutuo de serlo parece que se está desvaneciendo.

Con ocasión de otras cumbres atlánticas, un presidente americano visitaba sucesivamente diversas capitales de los aliados europeos. En estos momentos todo eso carece de significado: no nos imaginamos a Trump visitando a Merkel en Berlín. Tuvieron suficiente tiempo de hablar de sus divergencias comerciales en la cumbre del G7. Visitar a Macron tuvo su ocasión en 2017 cuando el presidente estadounidense estuvo presente en el desfile militar del 14 de julio. Viajar a Varsovia tuvo su momento hace un año con un discurso muy elaborado en el que repasaba la historia heroica de Polonia en los últimos dos siglos. ¿Y otros países europeos? Sencillamente no pasan por la mente de Trump. Además, para algunos jefes de gobierno hasta resultaría una incomodidad perturbadora de sus asuntos domésticos. Otros, en cambio, estarían encantados, pero su peso en la escena europea no es tan relevante como para recibir una visita del inquilino de la Casa Blanca.

¿Qué queda entonces tras la cumbre de la OTAN? Sencillamente Gran Bretaña, pero no parece que sea para recordar la alianza forjada por Winston Churchill, hijo de británico y americana. En la mente de Trump estará más presente el Brexit, por no decir las cuestiones comerciales, que otra cosa, aunque en los discursos haya un lugar para aquello de “nunca tantos debieron a tan pocos” o “sangre, sudor y lágrimas”. En apariencia, lo primero es la economía, o a lo mejor habría que decir el comercio internacional, donde los proteccionistas pasan por librecambistas y los librecambistas por proteccionistas. De la agenda de la cumbre de la OTAN pocos se quedan con lo de la ‘smart defence’, las maniobras en las fronteras de Rusia o las complejidades que acarrea la ciberguerra. Lo único que merece la atención es el estribillo del incremento de los gastos de defensa, que vuelve a sonar aunque algunos aliados, pero no todos, hayan prometido, por activa o pasiva, que alcanzarán el objetivo del dos por ciento del PIB en 2024. De todos modos, la visita a May sirve para recordar, a quien no quiera recordarlo, que las relaciones bilaterales para Trump son más importantes que las multilaterales. Para esto es útil el encuentro con los primos anglosajones, aunque ese encuentro carezca de sustancia, en un tiempo en que el gobierno de Theresa May vive horas bajas.

La Europa del presidente Trump

Antonio R. Rubio Plo | 0 comentarios valoración: 2  33 votos

Fuera cristianos de Jerusalén

Fernando de Haro, Jerusalén

Abu Walid, musulmán, echó los dientes en el Hotel Imperial. Lo regentaba su padre y muy de niño aprendió el negocio. El hotel, a pocos metros de la puerta de Jaffa, una de las puertas principales de la Ciudad Vieja de Jerusalén, está a la entrada del barrio cristiano y del barrio armenio. Un enclave estratégico. Desde su terraza, Abu Walid nos muestra las cúpulas de la Basílica del Santo Sepulcro, la Explanada de las Mezquitas donde estuvo el templo, y la Torre de David. El padre de Abu Walid fue arrendatario, como él, de la iglesia ortodoxa a la que pertenece el Hotel Imperial. Su despacho está lleno de fotos del propio Abu Walid con mandatarios de Oriente Próximo y líderes eclesiales.

Abu Walid, que está a punto de cumplir los 75 años, derrocha energía. Mientras contesta a mis preguntas, atiende al teléfono, escucha a sus clientes, anota reservas. El hotel se construyó a finales del siglo XIX, y ha sido remozado en varias ocasiones. Pero hay rincones que necesitarían una mano de pintura, un repaso. Pero a Abu Walid no le dejan ni cambiar una bombilla sin permiso de las autoridades. A Abu Walid y a la Iglesia ortodoxa en realidad le quieren quitar el Hotel Imperial. Es una más de las operaciones en marcha para reducir la presencia de los cristianos en la ciudad en la que murió y resucitó Jesús.

En el breve mandato (2004-2005) del patriarca ortodoxo Ireneo se vendieron y se cedió el usufructo de una serie de propiedades de la Iglesia a tres sociedades internacionales vinculadas a la sociedad nacionalista judía Ateret Cohanim. La sociedad tiene como propósito la colonización judía de la parte cristiana de Jerusalén. La cesión del usufructo se hizo en evidente fraude de ley, por un importe muy inferior al precio de mercado (un millón de euros) y aprovechando las debilidades del patriarca. A pesar del claro engaño, los tribunales de Israel le han dado la razón a los representantes de Ateret Cohanim. El caso está en el Tribunal Supremo y se espera una resolución para el mes de octubre.

Abu Walid lleva más de diez años batallando para que el hotel no pase a manos judías. Han sido años difíciles. Recibe todo tipo de presiones. Cada poco tiempo le hacen una oferta y los compradores le explican que puede determinar la cantidad que considera conveniente, que el dinero no es el problema. Durante ocho meses una periodista le estuvo siguiendo para grabar su vida familiar, su tiempo libre, su tiempo de trabajo, con el fin de producir un documental. En el documental Abu Waid aparece solo tres minutos. No es extraño que algunos guías lleven a sus clientes al hotel para enseñárselo y para explicarles que el alojamiento es de origen judío y que está, de forma temporal, en manos cristianas. Por eso Abu Waid ha decidido colgar en la entrada un gran retrato del actual patriarca.

“Me paso las noches pensando qué puedo hacer para evitar el desalojo, pero ya no sé muy bien cómo seguir”, confiesa Abu Waid. “Los judíos nos mandan a su gente para quedarse con esta parte de la Ciudad Vieja y los cristianos no hacen nada”, añade.

Fuera cristianos de Jerusalén

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Manos de caridad

Fernando de Haro, Gaza

Son las cuatro de la tarde. Y un sol de justicia me hace buscar las sombras del casco viejo de la ciudad de Gaza. El asentamiento tiene 4.000 años, lo fundaron los cananeos. Al comienzo tampoco fue fácil la vida para los cristianos en esta localidad. Incluso después de Constantino, la iglesia principal se construyó fuera de las murallas para evitar los ataques. Las dos parroquias que siguen abiertas, la ortodoxa de San Porfirio y la católica de la Sagrada Familia, no están identificadas con cruces en sus puertas.

A San Porfirio, a pesar del calor, entran mujeres y hombres vestidos de negro, traen sus mejores galas. Suben al primer piso de los locales parroquiales, y allí, separados por sexos, se les ofrece un café negro fuerte y agua fresca. Han venido a participar en el memorial que se celebra a la semana del fallecimiento de un miembro de la comunidad. En este caso se trata de una mujer, muy querida por todos, que ha muerto con poco más de 60 años de cáncer. Obtuvo el permiso del Gobierno de Israel para salir de la Franja en los dos primeros ciclos de quimioterapia, pero no para el tercero. Los conocidos se acercan durante toda la tarde para dar sus condolencias a la familia. Entre ellos hay musulmanes.

Jaber, un laico que en gran medida hace de líder parroquial, les invita a visitar la iglesia y les explica los tesoros que contiene. El templo, cuya primera factura es del siglo V, ha quedado semienterrado. La entrada principal da directamente al coro. Jaber se detiene ante los iconos, ante la tumba de San Porfirio, y les explica a dos mujeres cubiertas con velo el significado de lo que ven. “Nuestra convivencia con los musulmanes aquí no tiene ningún problema”, me dirá luego Jaber. No quiere hablar de los ataques que sufrió el convento y el colegio de las Hermanas del Rosario (católicas) hace once años. “Fue cosa de algunos pocos extremistas, no de Hamas”, me comenta otro de los parroquianos. En San Porfirio no se oyen críticas contra el gobierno de los islamistas, en realidad en San Porfirio no se quiere hablar de ningún Gobierno. Los cristianos de Gaza prefieren no hablar ante los periodistas, tienen miedo, no se quieren hacer notar, su entrada y salida de la Franja, su posible tratamiento, su visita a Jerusalén depende de unos permisos que en la pasada Pascua no se concedieron.

Jaber enseña a los visitantes también el pequeño cementerio que hay junto a la iglesia de San Porfirio. Un trozo de terreno con tantas tumbas que resulta difícil caminar. Se detiene ante la de su madre y reza. “Nuestras raíces están aquí”, me explica. “¿Y no temes que dentro de poco de los cristianos de Gaza solo queden sus tumbas?”, le pregunto. “Eso no va a suceder –me dice con esperanza– seremos pocos, pero seguiremos aquí”. Un grupo nutrido de jóvenes scout pasa junto a nosotros rompiendo el recogimiento en el que nos hemos quedado.

Manos de caridad

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No lejos del pesebre

Fernando de Haro, Belén

Claire me enseña con orgullo una talla de madera de olivo en la que aparece la Sagrada Familia y de fondo un muro que se quita y se pone. Claire está muy orgullosa de haber sido ella la que ha diseñado este recuerdo de Belén. Es uno de los productos que se ofrecen en su tienda, un local muy poco visitado al que sólo cada media hora llega algún estadounidense o algún ruso extraviado.

La tienda de Claire se encuentra en los bajos de su casa. Una casa en la que se ve el muro que separa a los vecinos de Belén de Jerusalén, desde la habitación de invitados, y desde el lado opuesto, desde la cocina y el huerto. La casa de Claire está literalmente rodeada por el muro de la vergüenza. Lo levantaron en una noche, en la que era la carretera principal a Jerusalén y ahora hace un recodo frente al hogar de esta cristiana. Antes de que levantaran en una noche los bloques de hormigón, Claire tuvo durante mucho tiempo, enfrente de su ventana, a un grupo de francotiradores del ejército israelí. Una noche, de eso hace muchos años, puso música y los invitó a bailar. Y bailaron. Pero la mayor parte del tiempo no dejaban su fusil ni para dormir. Fueron meses, años, oyendo disparos. Incluso para subir a la azotea para abrir las cisternas del agua les tenía que pedir permiso. “Entonces fue cuando aprendí a confiar en la fuerza del Espíritu Santo. Fue el Espíritu Santo el que nos salvó. Esta es la tierra de los milagros, y que no muriéramos en la guerra de los años 90 fue un auténtico milagro”. Claire espera a sus clientes con paciencia y mientas me cuenta que hay muchos cristianos de Belén que pueden viajar por todo el mundo pero no recorrer los pocos kilómetros que les separan de Jerusalén para celebrar la Navidad o la Pascua. No pueden hacerlo si las autoridades israelíes no les dan un permiso. “A pesar de todo yo no pienso marcharme. Esta es mi tierra, esta es la tierra en la que nació Jesús, nuestra misión es estar aquí, ¿qué sería de la tierra de Jesús si nos marchamos?” –comenta–. “El muro caerá, más tarde o más temprano. Dios hizo milagros conmigo durante la guerra, los hará con el muro” –sentencia–.

No lejos del pesebre

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Qué futuro para los huérfanos de la yihad

Claudio Fontana

Alepo, la ciudad siria más poblada, capital económica del país antes de la guerra, lleva cuatro años dividida en dos: la parte occidental, controlada por las fuerzas gubernamentales y las milicias aliadas a Damasco, y la oriental, bajo control de la galaxia de fuerzas opositoras al presidente Bashar al-Assad.

Con el decisivo y controvertido papel de las fuerzas rusas e iraníes, la batalla de Alepo terminó a finales de 2016 con el abandono de la zona oriental por parte de los rebeldes y de las milicias yihadistas.

Más de dos mil huérfanos

Pero una ciudad destruida por los bombardeos y miles de muertos no son la única herencia del conflicto en esta zona de Siria. En los años de la ocupación de parte del centro urbano, a los milicianos de Jabhat al-Nusra, grupo yihadista originariamente ligado a Al-Qaeda, y del Estado islámico se sumaron sus esposas, pues se casaron con mujeres del lugar y secuestraron a las jóvenes que pertenecían a minorías religiosas para convertirlas en esclavas sexuales.

De estas uniones han nacido miles de niños que hoy, muertos o huidos sus padres, han quedado huérfanos y sin reconocimiento por parte del Estado. Algunos de ellos ya tienen seis o siete años. “Es una parte de la sociedad a la que nadie quiere mirar, un problema que se suele esconder para no crear escándalo”, afirma un documento de la Asociación Pro Terra Sancta.

“Un nombre y un futuro”

Para hacer frente a esta emergencia la Iglesia ha puesto en marcha un proyecto con este nombre dedicado enteramente a estos niños y a sus madres y hermanas. De momento ya atiende a casi 200 niños abandonados que, después de haber sufrido los traumas de la guerra y de los bombardeos, corren el riesgo de ser víctimas de redes criminales o terroristas. Son niños que no reciben ningún tipo de asistencia, el Estado no se hace cargo de ellos y además se les suele “mirar con hostilidad porque son considerados hijos del pecado”, según narran los dos sacerdotes responsables de esta iniciativa, fray Firas Lutfi y monseñor Abou Khazen, vicario apostólico latino de Alepo.

El primer punto de este proyecto pide modificar la legislación siria y promover la aprobación de una norma que permita “censar” a estos niños, sin que se les endose la culpa de sus padres. Actualmente, la ley se está discutiendo en el Parlamento. Paralelamente a esta primera fase, gracias a la estructura organizativa puesta a disposición de la asociación Pro Terra Sancta, encargada de la recogida de fondos, se quiere atender las necesidades esenciales de 500 familias, en términos de alimentación, ropa y otros bienes de primera necesidad.

Pero el proyecto, a cargo conjuntamente de las comunidades católicas locales –que según monseñor Abou Khazen tienen un papel de “puente”– y de las autoridades musulmanas, va más allá de la asistencia básica. Mediante el apoyo a nivel psicológico, pedagógico y con la participación en proyectos educativos específicos, esta iniciativa quiere permitir que cada niño pueda integrarse totalmente en la sociedad, favoreciendo la superación de los traumas causados por la guerra.

Qué futuro para los huérfanos de la yihad

Claudio Fontana | 0 comentarios valoración: 2  23 votos

En Siria cada uno libra su propia guerra

Giovanni Parigi

Siete años desde que comenzó la guerra civil, en marzo de 2011, el final del conflicto en Siria parece estar lejos y la situación sobre el terreno sigue siendo crítica e incierta. Más aún, el escenario sirio deja entrever lo que podrían ser los síntomas de un nuevo y preocupante ciclo de conflictos cruzados.

Francia ha asegurado su apoyo y ha ofrecido su mediación para estabilizar la región norte de Siria, controlada por los kurdos, aliados desde hace años de Europa y América en su misión anti-Isis. Esta zona es escenario de una operación militar de Turquía desde el 20 de enero. Parece que París está dispuesta a enviar tropas al Manbij para evitar una ofensiva turca en la ciudad controlada por las Fuerzas Democráticas Sirias. Se trata de milicias árabes sunitas, turcomanas y asirias, pero compuestas de hecho por fuerzas kurdas de la Unidad de Protección Popular (YPG), un grupo considerado terrorista por Ankara. Tras el encuentro del presidente francés Emmanuel Macron con una delegación de este movimiento, la reacción contrariada del gobierno turco no se hizo esperar. “Rechazamos cualquier esfuerzo dirigido a promover un diálogo, contacto o mediación entre Turquía y estos grupos terroristas”, declaró el portavoz de la presidencia turca, Ibrahim Kalin.

Pero este contraste entre turcos y sirios kurdos frente al posible despliegue francés solo es un episodio más en una serie de conflictos paralelos surgidos en estos años de guerra en Siria.

Sobre el terreno

Con la caída de Raqqa en Siria y Mosul en Iraq, el estado islámico quedó relegado a áreas marginales. De hecho, con muchas ambigüedades, la lucha contra el Isis aparentemente ponía de acuerdo a todos los actores presentes en Siria. Ahora, con la derrota del califato, pierde fuelle la justificación que muchos utilizaron para participar en el conflicto, y emergen de manera evidente los intereses particulares.

En segundo plano, la “Pax Russica”, el proceso de estabilización puesto en marcha desde Moscú para salvar el régimen de Bashar el-Assad, no termina de despegar. Una cosa es ganar la guerra contra los rebeldes anti-gubernamentales, otra es imponer una paz que supere los vetos cruzados entre los propios aliados. En otros términos, Rusia, aun manteniendo su alianza con Turquía, Irán y el gobierno sirio, no consigue equilibrar los intereses de los aliados y obligarles a aceptar un compromiso de no beligerancia.

Pero entretanto, Moscú se ve obligada a unos equilibrismos políticos y diplomáticos a la larga insostenibles, que la exponen a un juego muy peligroso. Por ejemplo, el Kremlin tiene buenas relaciones tanto con Israel como con Irán, pero abastece con armas a las fuerzas sirias e iraníes que Israel bombardea; otro ejemplo de la ambigua posición de Moscú está en su coordinación sobre el terreno con Ankara, mientras mantiene buenas relaciones con los movimientos kurdos sirios, a los que se opone la acción del presidente y aliado Recep Tayyip Erdogan.

Además, después de negociar duramente la creación de cuatro zonas de distensión, Rusia ve ahora cómo dos de estas sufren los ataques del propio gobierno sirio al que apoya, el Ghouta e Idlib.

En Siria cada uno libra su propia guerra

Giovanni Parigi | 0 comentarios valoración: 2  25 votos
>Entrevista a Camille Eid

'No es verdad que haya ganado Hezbolá'

I.S.

Las primeras elecciones libanesas después de nueva años dejan un panorama confuso de un país dividido y a merced de grandes coaliciones como la de Hezbolá. Hablamos con el profesor libanés Camille Eid.

Lo primero que llama la atención es la baja participación, menos del 54% en las últimas elecciones de hace nueve años. ¿A qué se debe?

Personalmente, me esperaba una participación al menos del 60% pero evidentemente la nueva ley electoral, de tipo proporcional, le ha parecido demasiado confusa a los electores. Esta abstención se agrava aún más porque de un millón y medio de inmigrantes con ciudadanía libanesa solo han solicitado el voto 90.000, y de estos han votado 50.000.

¿Es fruto de la desconfianza en la política durante estos nueve años?

Exactamente, el país hoy queda muy dividido entre posiciones antitéticas.

Se habla de una victoria de Hezbolá, ¿es así realmente?

No, de ninguna manera. Cuando se habla de Hezbolá y de elecciones, hay que hablar de una coalición llamada 8 de Marzo que contiene fuerzas muy distintas entre sí, por ejemplo una parte del partido cristiano maronita. Se habla de 67 escaños conquistados por Hezbolá, pero si Hezbolá llega al 12% ya es mucho. Se trata de 27 escaños chiítas divididos entre Amal y Hezbolá. También hay que decir que en su fortaleza electoral Hezbolá ha perdido dos escaños de diez, que han ido a parar uno a una lista rival y otro a las Fuerzas Libanesas.

Fuerzas Libanesas, un grupo cristiano de matriz anti-iraní y anti-siria, ha doblado sus escaños, llegando a 15, ¿cómo es posible?

Expresa un crecimiento del sentimiento anti-íraní y anti-Hezbolá debido a la guerra en Siria. De hecho, la nueva ley electoral ha roto el monopolio de las coaliciones, que ahora están obligadas a repartir la tarta con otros grupos.

Estados Unidos y Arabia Saudí apostaron por Hariri, actual jefe del gobierno, pero a él tampoco le ha ido muy bien, ¿qué supone esto?

Todos recordamos el humillante episodio en que Haariri fue prácticamente detenido en Riad por el delito de romper la alianza con Hezbolá. Esto redujo el número de libaneses favorables a Arabia Saudí, pero Hariri no fue capaz de recuperar su popularidad, dañada por la sospecha de connivencia con los árabes. Probablemente será de nuevo el jefe de gobierno, como prevé la constitución libanesa, con un primer ministro suní, un presidente de la cámara chiíta, y un presidente de la república cristiano. Sin duda se verá obligado a llegar a ciertos compromisos, permitiendo entrar como ministros de su gobierno a miembros de Hezbolá.

¿Qué significa para Israel este resultado electoral?

No cambia gran cosa. El problema es qué pasará a nivel geopolítico, tenemos por delante una semana caliente en la que Trump viajará a inaugurar la embajada norteamericana en Jerusalén. Si luego el presidente americano deja realmente el acuerdo nuclear iraní, el Líbano terminará situado en medio de un conflicto que le afectará.

Sobre el conflicto entre Israel e Irán que debería combatirse en territorio sirio, ¿cuál es la importancia de Beirut en todo lo que está en juego?

>Entrevista a Camille Eid

'No es verdad que haya ganado Hezbolá'

I.S. | 0 comentarios valoración: 2  25 votos

A todas las naciones, ¡escuchad y someteos!

Por su interés, publicamos la declaración conjunta de los patriarcas greco-ortodoxo, siriaco-ortodoxo y greco-melquita católico de Antioquía y de Todo el Oriente sobre el bombardeo contra Siria.

Nosotros los Patriarcas,

 Juan X, Patriarca greco-ortodoxo de Antioquía y de Todo el Oriente;

 Ignacio Efraín II, Patriarca siriaco-ortodoxo de Antioquía y de Todo el Oriente y

 José Absi, Patriarca greco-melquita católico de Antioquía, de Alejandría y de Jerusalén,

condenamos y denunciamos la agresión brutal que tuvo lugar la mañana del pasado 14 de abril contra Siria, nuestro tan querido país, por parte de Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, bajo alegaciones de uso de armas químicas por el gobierno sirio.

Elevamos nuestras voces para afirmar lo siguiente:

1. Esta agresión brutal constituye una violación manifiesta de las leyes internacionales y de la Carta de las Naciones Unidas ya que se trata de una agresión injustificada contra un país soberano, miembro de la ONU.

2. Sufrimos al comprobar que esos bombardeos han sido perpetrados por países poderosos a los que Siria no ha causado ningún tipo de perjuicio.

3. Las alegaciones de Estados Unidos y de otros países, según las cuales el ejército sirio usa armas químicas y Siria es un país que posee y utiliza ese tipo de armamento, son injustificadas y no se basan en pruebas suficientes y claras.

4. El calendario de esta agresión injustificada contra Siria socava el trabajo de la Comisión Investigadora internacional e independiente, que está a punto de viajar a Siria.

5. Esta agresión brutal destruye las posibilidades de alcanzar una solución pacífica y provoca una escalada de la violencia y más complicaciones.

6. Esta agresión injusta estimula a las organizaciones terroristas y las impulsa a proseguir sus actos barbaros.

7. Demandamos al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que asuma su papel aportando paz en lugar de contribuir a la escalada de guerra.

8. Hacemos un llamado a todas las Iglesias de los países que participaron en el bombardeo a cumplir con sus deberes cristianos, según las enseñanzas del Evangelio, a condenar esta agresión y a que llamen sus gobiernos a comprometerse en la protección de la paz internacional.

9. Saludamos el coraje, el heroísmo y los sacrificios del Ejército Árabe Sirio, que protege Siria con valentía y garantiza la seguridad de su pueblo. Rezamos por las almas de los mártires y por el restablecimiento de los heridos. Estamos seguros de que el Ejército no se inclinará ante las agresiones terroristas externas o internas; de que seguirá luchando valientemente contra el terrorismo hasta que cada centímetro de la tierra siria sea purificado del terrorismo. Saludamos igualmente la posición valiente de los países aliados de Siria y de su pueblo.

Elevamos nuestras plegarias por la seguridad, la victoria y la liberación de Siria frente a todas las formas de guerra y de terrorismo. Rezamos igualmente por la paz en Siria y en el mundo entero y llamamos a redoblar los esfuerzos en pro de la reconciliación nacional con vista a proteger el país y a preservar la dignidad de todos los sirios.

A todas las naciones, ¡escuchad y someteos!

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