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26 MARZO 2019
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>Entrevista a monseñor Mario Zenari, arzobispo de Damasco

`El hambre está matando a más niños que las bombas`

I.S.

Según Unicef, en 2018 murieron en Siria 1.106 niños, es el mayor número de niños muertos en un año desde que empezó la guerra. Pero la realidad seguramente es más grave que los números proporcionados por la ONU. Números que dicen que la guerra en Siria está muy lejos de haber acabado a pesar de las proclamas de Trump y Putin. En Siria la gente sigue muriendo y, como siempre, la población civil paga el precio más alto.

Como señala en esta entrevista monseñor Mario Zenari, arzobispo de Damasco –aunque es una noticia que nunca se ha difundido en Occidente, lo que hace pensar en cuántos casos se conocen y cuántos se ignoran– cerca de 70 niños menores de cinco años de edad han muerto de frío y de hambre intentando llegar a los campos de refugiados, huyendo de Baghouz, el último bastión del Isis.

Monseñor Zenari, Unicef habla de más de mil niños muertos en 2018, la cifra más alta desde que empezó el conflicto. ¿La situación sigue siendo tan dramática?

Por desgracia, la ONU es una fuente fiable. Por tanto, estas cifras son verídicas. La gente sigue muriendo en Siria. Aparte de los campos de minas, diseminados por todas partes, o los explosivos abandonados, también se muere de hambre y de frío. Desde diciembre, entre los niños y las madres que huyeron de Baghouz hacia los campos de refugiados, muchos murieron, hubo unos setenta niños menores de cinco años que murieron en la calle a causa del frío, la deshidratación y la desnutrición.

¿Pero la guerra no se encamina hacia su conclusión?

Es un gran disparate decir que la guerra ha terminado, no es así. En la provincia de Idlib (donde se encuentran los milicianos del Isis huidos del resto del país) todavía viven tres millones de civiles y nadie sabe qué va a pasar. Hay zonas, como Damasco y Homs, donde ya no caen bombas, pero la población tiene que enfrentarse a otro tipo de bomba: la pobreza. La ONU ha declarado que ocho de cada diez personas en Siria viven por debajo del umbral de la pobreza.

En esta situación tan dramática, los países occidentales siguen manteniendo las sanciones contra Assad. ¿Qué le parece?

Hablar de eso quiere decir abrir un capítulo infinito y difícil de abordar. Hay en marcha varios tipos de sanciones, desde las personales, que afectan a 277 personas que no pueden viajar a Europa, hasta las comerciales y de productos petrolíferos. Y eso doblega a Siria.

La Iglesia siempre ha estado en primera línea ayudando a la población, ¿cómo están las cosas actualmente?

Cada uno hace lo que puede. El grueso de la ayuda viene de Naciones Unidas, que debe atender a casi 13 millones de personas necesitadas de asistencia humanitaria. Las iglesias siempre intentan llegar a la gente en la medida de sus posibilidades.

¿Se ha retomado la actividad comercial en Damasco?

En el centro de la ciudad las tiendas siempre han estado abiertas, así como los restaurantes, también porque allí están las embajadas y los palacios de gobierno. Pero Damasco no refleja lo que pasa en el resto de Siria. Basta ir a la periferia, donde hay barrios enteros donde falta comida y trabajo.

>Entrevista a monseñor Mario Zenari, arzobispo de Damasco

'El hambre está matando a más niños que las bombas'

I.S. | 0 comentarios valoración: 2  7 votos
>Entrevista a Olivier Roy

'Una guerra más racial que religiosa'

Lorenzo Cremonesi (Corriere della sera)

“Los terroristas que han cometido la masacre en Nueva Zelanda son auténticos neonazis. La suya no es una guerra de religión, sino de raza. No se presentan como yihadistas cristianos contra los musulmanes. Todo lo contrario, son paganos blancos que se ven como paladines de la raza blanca y van a la caza de los negros. No se trata de un fenómeno social, no representan un movimiento, su base política es casi nula. Pero son muy peligrosos, bastarían veinte o treinta fanáticos como ellos, dispuestos a atacar en Estados Unidos, Europa o Australia, para crear problemas muy serios”. Con palabras del politólogo francés Olivier Roy, experto en radicalismo islámico, que recientemente ha publicado un libro sobre el estado de la identidad cristiana en Europa. “Pero en este caso las categorías interpretativas son diferentes. Para entender el mensaje de los nuevos racistas paganos tenemos que remontarnos a los textos de Arthur de Gobineau y a los teóricos del racismo laico del XIX europeo, a los padres del antisemitismo nazi. Sin duda, un supremacista blanco muy cercano a su sensibilidad es Oswald Mosley, el fundador del fascismo británico”.

¿No le parece paradójico y extraño que, justo cuando el Isis está a punto de ser abatido en Siria y el terrorismo islámico parece aquietarse, estos terroristas blancos ataquen mezquitas en un lugar remoto y tranquilo?

Diría que no es extraño en absoluto. Hay que leer sus documentos para comprender que ellos se conciben como héroes mártires solitarios, vanguardia de una batalla en devenir. Como Ander Breivik, el terrorista de Oslo en 2011, o Timothy McVeigh, responsable de la matanza de Oklahoma City en 1995. Su gesto quiere ser una piedra en el estanque. Afirman que la democracia occidental no se sabe defender, que es cobarde ante la invasión migratoria. Son puros gestos demostrativos. Casan totalmente con la teoría de la “gran sustitución” del autor francés Renaud Camus: la Europa blanca está en peligro por el hecho de que está siendo sustituida por los inmigrantes. Junto a él, citan también a Jean Respail y su novela más famosa, “El campamento de los santos”. Aquí también predomina la idea de que el peligro de la migración radica en su carácter silencioso, progresivo, no violento. Si les dejamos, los inmigrantes harán suyas nuestras casas. El diferente siempre se ve como alguien hostil y astuto en su falsa quietud. A sus ojos, la masacre de las mezquitas desata las contradicciones, enciende los focos.

¿Pero por qué en Nueva Zelanda?

Porque siempre ha sido considerada como una región periférica. Es un lugar simbólico, una señal de alarma: si los de fuera llegan hasta aquí, estamos acabados.

¿Qué relación tienen con los nuevos populismos?

Los consideran moderados y decadentes, aliados que han perdido el rumbo. Por ejemplo, acusan a Marine Le Pen por haber bajado el tono y haber sido derrotada en las últimas elecciones presidenciales. Se consideran intérpretes de la pequeña burguesía blanca empobrecida, se quejan del feminismo y de la caída de la masculinidad. Quizás por un instante creyeron a los populistas, pero ya no. Dicen que no es el momento de ir a votar sino de cargar la ametralladora. Me recuerdan a los anarquistas nihilistas que mataban a reyes y príncipes como gestos demostrativos. Se creen instrumentos de un plan histórico superior.

¿Pueden captar adeptos?

>Entrevista a Olivier Roy

'Una guerra más racial que religiosa'

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Irán. Los orígenes de la revolución islámica

Carlo Cereti

“Sah raft, Imam amad”. Esta frase es la que mejor capta la esencia más profunda de los acontecimientos que tuvieron lugar el 16 de enero y el 1 de febrero de 1979 respectivamente, abriendo camino, el 11 de febrero de aquel mismo año, a lo que daría lugar a la República Islámica de Irán.

Un soberano cansado y enfermo abandonaba Irán, poniendo fin a la dinastía Pahlaví, cuyo fundador, Reza Khan, se inspiró en la república kemalista de Turquía y fue llevado por el propio clero a tomar la corona. Con el paso de los años, un enérgico ayatolá se presentaba como símbolo del nuevo Irán, líder inesperado de una revolución con muchas caras, hija de un proceso de modernización autóctono que dio comienzo en los primeros años del siglo XX para luego tejerse mediante miles de hechos puntuales.

Una revolución imprevista y tal vez imprevisible, dominada por la carismática figura de Ruhollah Jomeini, su guía incontestable. Una revolución marcada por los mismos ritmos que la religión, construida sobre manifestaciones que respetaban cadencias rituales, días de respeto y luto a los mártires, con himnos de alabanza a Dios. Todavía recuerdo el clima de aquellos días frenéticos que siguieron al nacimiento de la república islámica. En los primeros meses, la revolución latía en miles de almas con un movimiento desordenado pero tendente a un futuro mejor. Luego, tras la toma de la embajada de los Estados Unidos de América el 4 de noviembre, llegaron la tensión y la preocupación, un creciente aislamiento internacional, un estado de conflicto permanente. Hasta la agresión del Iraq guiado por Saddam Hussein, que imaginaba un Irán demasiado dividido para reaccionar y quiso aprovechar la ocasión para hacerse con el control del río Shat al-Arab y los campos de petróleo del Kurdistán iraní. El 22 de septiembre de 1980, el dictador iraquí ordenó a sus tropas marchar hacia las fronteras con Irán, cambiando así la historia de la recién nacida república y de hecho de todo Oriente Medio. La guerra que siguió solo fue la primera de un rastro ininterrumpido de sangre que llega hasta nuestros días.

Fazlollah Nurí y la revolución constitucional

Pero vayamos por orden. Las más antiguas raíces culturales y religiosas de lo que pasó nacen en las llanuras de Karbala, donde el tercer imán chiita Hussein encontró la muerte, o quizás antes aún, en las prodigiosas capitales de los imperios persas de la antigüedad, donde se formó la identidad iraní, un sentimiento de ser nación que aún hoy permea la política nacional.

De manera más sencilla, las raíces políticas de la revolución hay que buscarlas en los años de la Revolución Constitucional, entre 1906 y 1909, especialmente en la figura de un eminente líder del clero, Sheij Fazlollah Nurí, que jugó un importante papel en aquellos acontecimientos, primero como promotor de aquel movimiento y luego como paladín de la restauración monárquica, hasta que fue condenado a muerte cuando los constitucionalistas volvieron al poder.

La revolución constitucional consagró el nacimiento de la alianza entre clero y bazar, que unía rasgos de marcada conservación con aspiraciones reformadoras y sinceramente democráticas. Fazlollah Nurí, hombre de cualidades fuera de lo común, dio voz a las convicciones del clero, cuestionando la legitimidad del parlamento para legislar en ausencia de consenso entre jurisprudentes.

Irán. Los orígenes de la revolución islámica

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Conferencia de Seguridad de Múnich. Pence, Merkel y Biden.

Ángel Satué

Este fin de semana tuvo lugar en Múnich la 55ª Conferencia de Seguridad, creada en el marco de la relación transatlántica EE.UU.–Europa, durante la guerra fría. Un encuentro privado al que acuden dirigentes políticos, think tanks, periodistas, militares, organismos internacionales, industrias de seguridad y defensa, en torno a una de las materias de mayor interés global: la seguridad global.

Como siempre en este tipo de foros, durante tres días se suceden encuentros entre bambalinas con declaraciones a los medios, ruedas de prensa, entrevistas, discursos, etc., con el objetivo inconfesable de influir en aliados y adversarios. España brilla por su ausencia en este tipo de encuentros, salvo por alguna que otra personalidad.

Son decenas de expertos y responsables de asuntos exteriores y de defensa, la mayoría grandes desconocidos para la opinión pública mundial, pero tienen toda una cosa en común, se encuentran condicionados por EE.UU. y las relaciones del hegemón con el resto. Por eso conviene posar la mirada en lo que dicen los que representan o lo han hecho a esta república “imperial”. En este baile de máscaras cada uno cumple su papel, mantiene su discurso y rara vez hay sorpresas (Putin, en 2007, la dio, “rompiendo” con Occidente, como apuntó en estas páginas Antonio Rubio Plo).

Por EE.UU. habló su vicepresidente, Pence, que fue recibido por un gélido tendido, poco dado a la euforia transatlántica, si el que está en la otra orilla es un enviado de Trump. Pence construyó un discurso formalista, lleno de florituras para loa y justificación de la política exterior de EE.UU. que pudo ser percibido como una sucesión de órdenes y avisos a aliados y adversarios, en una línea difícil ya de trazar desde que Trump entró en la Casa Blanca. Si Europa mira al este, Pence advirtió con un rostro severo, una mirada desafiante, una mandíbula apretada, EE.UU. no podrá asegurar su defensa. Afirmó que era el momento de pasar a la acción contra Irán, y de que Europa siguiera su política de embargos comerciales. Definió el concepto de liderazgo americano, cuando aseveró que era decirle a sus socios de la OTAN que invirtieran al menos el 2% de su PIB, cosa que, según dijo, ha logrado que la mitad lo cumpla ya, y sobre el resto les pidió unos planes a supervisar para llegar a esa cifra, de la que al menos un 20% deberá ser para adquisiciones de material ¿americano? Prosiguió con un discurso en que situaba como grave amenaza el interés de China por la tecnología y las empresas occidentales de telecomunicaciones, nombrando explícitamente a Huawei.

Ante este dechado de virtudes diplomáticas, Joe Biden, el anterior vicepresidente, que también habló en la Conferencia, puso el contrapunto.

Conferencia de Seguridad de Múnich. Pence, Merkel y Biden.

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>Conferencia de seguridad de Múnich

Discursos reiterativos y escepticismo sobre Trump

Antonio R. Rubio Plo

En mi opinión, muchos de los discursos de la Conferencia de Seguridad de Múnich, que desde hace más de medio siglo tiene lugar en la capital bávara, han ido perdiendo interés por la reiteración de los argumentos de los líderes políticos internacionales. Unos afirman y otros niegan, todos exponen sus alegatos, pero sus percepciones de la realidad y del escenario internacional son muy distintos. Hay quien hace un balance positivo de las décadas pasadas, sobre todo si se trata de políticos norteamericanos y europeos. Otros, en cambio, no dudan en arremeter contra la visión satisfecha de los occidentales y les acusa de llevar un doble rasero. Las intervenciones públicas y las ruedas de prensa marcadas por la dialéctica, y no tanto por el diálogo, están al orden del día. El apasionamiento y la virulencia de los discursos queda, sin embargo, muy por debajo del ya histórico discurso en este mismo foro del presidente Putin en 2007, que marcó la ruptura definitiva entre Rusia y los países occidentales, que en los años siguientes se confirmó plenamente y llego a su punto álgido en 2014 con la crisis de Ucrania.

Pero algunos oradores no pueden sustraerse a una realidad marcada por la sospecha o por la percepción de que el presidente Trump no se siente identificado con el título de líder del mundo libre que se atribuyó tradicionalmente a los inquilinos de la Casa Blanca desde los inicios de la guerra fría. En este sentido, se comprende el panegírico que de Donald Trump ha hecho el vicepresidente Mike Pence, al que ha presentado como un hombre que cumple con sus compromisos, un político más de acción que de palabras, y no ha podido por menos de sustraerse a la evocación del antológico discurso de Trump en Varsovia en julio de 2017, que muchos analistas consideraron una defensa apasionante de los valores occidentales al hilo de la historia reciente de Polonia. Pero el que Trump lo pronunciara en la capital polaca en vez de en una capital de Europa occidental para muchos solo es un signo de que el mandatario norteamericano siempre ha pretendido dividir a Europa, con el fomento de los soberanismos y de las relaciones bilaterales por encima del proceso de integración europeo, en el que evidentemente Trump no cree. Esta semilla de división se vería acaso confirmada por el hecho de que las maniobras de la OTAN más importantes desde el final de la guerra fría se desarrollen en Noruega, Letonia o Polonia, una respuesta al desafío ruso, pero también una confirmación de que es Washington, y no Bruselas, quien garantiza la seguridad europea. Y esto no deja de ser cierto, por mucho que algunos crean que ha llegado el momento de la Europa de la seguridad gracias al tratado de Aquisgrán, en el que hay quien solo ve un piadoso ejercicio de voluntarismo.

>Conferencia de seguridad de Múnich

Discursos reiterativos y escepticismo sobre Trump

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Asia Bibi y el poder islamista en Paquistán

Tasnim Altaf Butt

El 31 de octubre de 2018, el Tribunal Supremo paquistaní ordenó la liberación de Asia Bibi, la mujer cristiana y madre de familia condenada a muerte en 2010 por blasfemia tras una banal disputa en un pueblo rural. Pero la cuestión sigue lejos de resolverse. Las autoridades paquistaníes tardaron unos días en dejarla salir, trasladándola a una localidad secreta donde espera el asilo de algún país occidental, como Alemania, Francia o Canadá. Sin embargo, parece que su partida podría provocar una grave crisis política y desde su liberación se han producido violentas manifestaciones de islamistas que durante tres días paralizaron el país y obligaron al gobierno a aceptar una revisión de la sentencia, entre otras cosas impidiendo que Asia Bibi salga del país.

La paradoja paquistaní: pocos islamistas, pero poderosos

Dejando al margen los aspectos jurídicos, el caso de Asia Bibi ha puesto en evidencia la influencia que ejercen en Paquistán los partidos islamistas que, si bien rechazados en las urnas y políticamente minoritarios, han logrado imponer su voluntad al Estado. Por ejemplo, en 2017 bloquearon las principales autopistas de la capital con violentas manifestaciones contra un pequeño cambio en la ley electoral que permitiría a la minoría musulmana ahmadí participar en las elecciones.

Aunque el gobierno se empeñó en rectificar el “error”, los islamistas siguieron presionando hasta obtener no solo la dimisión del ministro de Justicia, Zahid Hamid, sino también la liberación de sus activistas. En general, concesiones como estas comprometen la autoridad del Estado paquistaní, al que le resulta muy complicado gestionar el factor islamista.

El contexto islamista en Paquistán

Ante todo hay que distinguir entre islamistas y yihadistas. Los primeros actúan generalmente dentro de un escenario institucional. Se suelen constituir en auténticos partidos políticos, con programas y afiliados, reconocen la legitimidad del Estado paquistaní y aceptan el método electoral como vía privilegiada de acceso al poder. Por el contrario, los yihadistas se constituyen en grupos armados que, sobre todo en el caso de los más organizados, tienen secciones dedicadas a la predicación. No reconocen la legitimidad del Estado y en general no participan en las elecciones. Desde esta perspectiva, la violencia se erige para ellos como la única vía de acceso al poder.

Los movimientos islamistas y yihadistas son muy numerosos en Paquistán. Entre ellos se encuentran tanto los sunitas como los chiítas. Los sunitas se dividen en tres grupos principales: los barelvi, los deobandi y los Ahl-e-Hadith, a los que hay que añadir Jamaat-i-Islami, un partido político que no hace referencia a ningún grupo en concreto.

Asia Bibi y el poder islamista en Paquistán

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Rohani en el punto de mira

Giorgia Perletta

El “Joint Comprehensive Plan of Action”, más conocido como “Acuerdo nuclear iraní”, ha alcanzado un éxito histórico para la diplomacia multilateral. El acuerdo alcanzado en Viena en julio de 2015 apuntaba a abolir las sanciones contra Teherán a cambio de una restricción de su programa nuclear. La noche del acuerdo, miles de iraníes invadieron las calles de la capital festejando y repitiendo con entusiasmo y optimismo: “El mundo ha cambiado”, como decía el titular del día siguiente en el diario reformista Etemad.

Efectivamente, desde aquella noche muchas dinámicas cambiaron, dentro de Irán y fuera. Los desafíos relacionados con la seguridad nacional, la reconstrucción y la gestión de los flujos de refugiados confirmaron que Irán debería reintegrarse plenamente en la región, a pesar de que los Estados Unidos intentaron frenar esta tendencia desde el principio de la era Trump. Irán no es solo un actor fundamental en la lucha contra el Estado Islámico en Iraq, sino que además tiene un papel clave en el desarrollo de la situación siria.

La república islámica ya no está aislada sino directamente implicada en las diversas disputas que se libran en Oriente Medio, y seguirá manteniendo sus prioridades geopolíticas con o sin el reconocimiento internacional. La implicación de Irán garantizaría por tanto una mayor seguridad en la región y en Europa, como ha señalado insistentemente Federica Mogherini, alta representante para los Asuntos Exteriores y la Política de Seguridad de la Unión Europea.

Restauración de sanciones

Internamente, en Irán, las expectativas puestas en el acuerdo por desgracia se están desvaneciendo. Después del “implementation day” en enero de 2016, cuando el acuerdo entró oficialmente en vigor, un número considerable de empresas extranjeras empezó a invertir allí. Sin embargo, en mayo de 2018, Estados Unidos se retiró unilateralmente del acuerdo y anunció su intención de imponer a Teherán sanciones secundarias, que en consecuencia castigarían a terceros países implicados comercialmente con Irán. Las sanciones americanas se fueron restaurando en dos rondas: una preliminar en agosto, que impactó en el acceso de Irán al dólar, el software industrial, el comercio de metales y el sector automovilístico; la segunda en noviembre, limitando las transacciones financieras y las exportaciones de crudo. Ya en abril, la exportación de crudo y condensado iraní había caído al 39%.

Con la repentina salida unilateral de EE.UU. del acuerdo, las empresas extranjeras abandonaron Irán para evitar las sanciones norteamericanas, mientras la administración Trump mostraba una postura explícitamente anti-iraní. John Bolton, consejero de Seguridad Nacional, y Mike Pompeo, secretario de Estado, advirtieron a Irán de que si no modificaba su comportamiento en la región tendría que prepararse para sufrir las “sanciones más duras de la historia”. Estas amenazas no iban vinculadas al acuerdo, puesto que Irán siempre respetó sus términos, como demuestran los controles realizados por la Agencia de Energía Atómica Internacional. En realidad, el objetivo de las sanciones estadounidenses es debilitar la economía iraní, provocar desórdenes internos y descontento en la sociedad, generar inestabilidad política y allanar el camino al colapso del régimen.

Mientras la UE intentaba, de manera totalmente inadecuada, mantener con vida el acuerdo, mediante un reglamento de bloqueo y un “Special Purpose Vehicle”, la imposición de sanciones secundarias ha provocado el freno de las inversiones en Irán por parte de las empresas europeas.

Rohani en el punto de mira

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>Entrevista a Olivier Roy

'Los islamistas se radicalizan en la cárcel'

P.R.

“Radicalizarse en prisión significa ante todo recuperar la dignidad perdida”, afirma el orientalista y politólogo francés Olivier Roy. “Además, la conversión a un islam extremo te puede hacer entrar en una fraternidad que te ayuda a combatir la violencia en las cárceles. Cuando formas parte de un clan musulmán, los demás se lo piensan dos veces antes de agredirte porque tienes a tus ‘hermanos’ para defenderte”.

¿Este es el motivo por el que la mitad de los terroristas franceses tienen antecedentes penales?

Sí, la delincuencia y la prisión suelen preceder a la islamización más extrema. Pero radicalizarse en la cárcel también es una forma de autoafirmarse. Da la impresión de que has llegado a ser alguien, porque la prisión también es una contra-sociedad con sus dinámicas perversas, a las que los grupos islamizados resisten mejor. El que se convierte al islam, o a un islam más “puro”, se siente “renacer”.

¿Pero cómo se radicalizan en prisión?

Nunca hemos identificado un imán enviado a las cárceles para radicalizar a los jóvenes delincuentes. Eso sucede siempre por voluntad individual. El que predica suele tener más carisma que los demás y u n poder de convicción que hace que todos le escuchen, no es por su sabiduría real sino por su prestigio. Luego, los presos están abandonados a su suerte y en una celda con seis personas basta una radicalizada para convencer fácilmente a las demás.

¿Radicalizarse puede ser también una forma de revuelta?

Claro, es una revuelta generacional contra el orden del mundo, contra el islam de sus padres, contra los valores de la sociedad, y no es para nada una construcción ideológica.

¿Todos los que se radicalizan en la cárcel son jóvenes, pobres y desempleados de los suburbios?

No son necesariamente pobres y desempleados, pero dos tercios de ellos son inmigrantes de segunda generación que viven en barrios complicados.

Lo que está claro es que no ha bastado con derrotar al Califato en Raqqa y Mosul para acabar con los atentados.

No, porque no es el Estado islámico el que recluta a estos terroristas, sino que son los jóvenes radicalizados los que quieren enrolarse en sus filas. Dicho esto, gracias a la destrucción de gran parte de su logística en Siria e Iraq, en los últimos dos años los atentados terroristas en Europa han sido artesanales e individuales, es decir, realizados por gente que puede haber sido contactada por algún emisario yihadista.

¿Es posible detenerlos?

Puesto que no se trata de fenómenos sociales ni grupos organizados ni movimientos de masas, la única carta que les queda a las autoridades es la de la inteligencia, que funciona bastante bien, pues Chérif, el terrorista de Estrasburgo, estaba en la lista de posibles terroristas para ser detenido. Gracias a esto, muchos jóvenes radicalizados han sido encarcelados antes de que cometieran un atentado.

Entonces, ¿debemos acostumbrarnos a la idea de que cualquier lobo solitario pueda cometer una masacre en Europa?

Habrá una cadena de atentados, pero se irá desvaneciendo con el tiempo. Algo parecido pasó en Italia. Después de que el Estado derrotara a las Brigadas Rojas, durante un tiempo aún hubo algunos atentados esporádicos, pero luego se acabó. Y creo que la estrategia yihadista está actualmente muy debilitada.

>Entrevista a Olivier Roy

'Los islamistas se radicalizan en la cárcel'

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Gran imán de Egipto: 'No queremos conquistar Europa'

Francesco Battistini

“No queremos construir una civilización islámica en Europa, solo queremos una civilización humana y del corazón”. En el gran salón de su residencia, a dos pasos de la universidad de Al Azhar, el gran imán sunita recibe a una delegación del Meeting de Rímini citando a Juan Pablo II (“no queremos construir una civilización cristiana…”). Son días complicados. El caso Khassoggi golpea al islam y reabre en Occidente las preguntas sobre a quién defender y a quién no…

El noble jeque Ahmad al-Tayyeb es educado pero está un poco cansado al volver de un viaje al Vaticano. No habla de política. Solo de san Francisco y del sultán, de su amistad con el papa Francisco. Luego, la foto con un libro de Luigi Giussani en árabe. Y los temas del extremismo religioso, el sufrimiento de los pobres, porque en la ayuda a los últimos el gran imán encuentra un terreno común con el mundo cristiano. “Nosotros no creemos en las teorías del choque de civilizaciones –dice– sino en el encuentro y en el reconocimiento mutuo”.

Encontrarse, reencontrarse: seamos realistas, decían en el 68, pidamos lo imposible. O al menos lo improbable. Por ejemplo, entrando en el reino del faraón Al Sisi –donde es mejor no hablar de revoluciones– con una exposición sobre el 68 y la revolución de las costumbres. Y llegar a las raíces del sunismo para llevar el evento más arraigado del catolicismo italiano, el Meeting de Rímini. En definitiva, salir al encuentro de este papa de los musulmanes de medio mundo. Por primera vez desde las primaveras árabes, Comunión y Liberación ha viajado a Egipto para intentar llevar a cabo un diálogo que a decir verdad nunca se ha roto del todo pero sí se ha deshilachado un poco.

Bajo el signo del “pluralismo que construye el yo”, se ha celebrado un encuentro de tres días entre la Biblioteca de Alejandría y El Cairo, reiterando a una platea islámica que “yo soy el otro y el otro es un bien para mí”, como resume Roberto Fontolan. “El concepto de la libertad religiosa es un derecho de la persona sobre el que se fundamenta nuestra sociedad plural. Hay que encontrar una tierra media entre el fundamentalismo y el relativismo”. También porque las preguntas que se plantea la juventud egipcia, recuerda la presidenta del Meeting, Emilia Guarnieri, “no son distintas de las que se planteaban los jóvenes a finales de los años sesenta”.

“Es importante interrogarse sobre el extremismo que nació después del 68 –señala el escritor Ahmed Bahaa el-din Shaaban, que era universitario en aquellos años de contestación–, especialmente ahora que nos asedia otro extremismo. Entonces, ninguno de nosotros se interesaba por la religión. Pero al final fue la religión quien se interesó por nosotros”. Se muestra de acuerdo el intelectual Sayed Mahmoud: “La frustración del 68 se parece a la de los jóvenes de las revueltas de la plaza Tahrir contra Mubarak. El caos expresivo del 68 fracasó igual que el de 2011. Lo que queda es la esperanza de una mayor tolerancia y de un posible diálogo”.

Gran imán de Egipto: 'No queremos conquistar Europa'

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Memoria, esperanza, perdón: la respuesta de los cristianos de Oriente ante la persecución

Amal Marogy

“Pero ten cuidado y guárdate bien de olvidar las cosas que han visto tus ojos y que no se aparten de tu corazón mientras vivas; cuéntaselas a tus hijos y a tus nietos” (Dt 4,9). Son las palabras que Moisés dirige a los israelitas en el desierto tras haber derrotado a Sijón, rey de los amorreos, y Og, rey de Basán. Resumen perfectamente la herencia de mi familia y la de tantas otras familias cristianas que recientemente han vuelto a sus ciudades, en los pueblos liberados del Isis al norte de Iraq y en la llanura de Nínive. ¿Pero qué pide Dios a los israelitas y cuál es esta herencia?

“Congrégame al pueblo y les haré oír mis palabras para que aprendan a temerme mientras vivan en la tierra, y las enseñen a sus hijos” (Dt 4,10). A primera vista, la respuesta podría sorprender, puesto que hablar del temor de Dios en tiempos de persecución sería difícil de aceptar. Frente al sufrimiento, ¿acaso no es el temor lo que nos esforzamos en evitar? Ante esta paradoja, el principio de la hermenéutica de la continuidad del papa Benedicto XVI podría ayudarnos, por analogía, a distinguir un rasgo significativo y en sintonía con el comportamiento y la respuesta de los cristianos de Oriente Medio a la persecución que sufren.

Solo poniendo el acento en la respuesta cristiana al sufrimiento y a la persecución, resulta más claro ver que el temor de Dios siempre ha sido el antídoto al odio y a la desesperación. Lo más asombroso de vivir en el temor de Dios en tiempos de persecución es que eso nos pueda empujar a recordar su bondad pasada y confiar en su providencia. El temor de Dios no es más que una solicitud de sabiduría y comprensión, y la oración para no perder el sentido de nuestro ser pecadores, vulnerables.

Por eso, cuando la oleada de persecuciones disminuye, los supervivientes se enfrentan a tres preguntas existenciales: cómo dar sentido a un pasado trágico; cómo afrontar un presente desconsolador, marcado por lo que se ha perdido y por la incertidumbre; y qué futuro podemos garantizar a nuestros hijos y nietos. Estas preguntas nos permiten centrarnos en tres palabras clave que, a lo largo del tiempo, engloban la respuesta cristiana a la persecución: la memoria, la esperanza y el perdón.

Los perseguidos también han visto golpeada su posibilidad de sostenimiento cotidiano y han sufrido pérdidas materiales, exilio y humillaciones. Muchos han pagado con el sacrificio último. Aliviar las necesidades materiales inmediatas de nuestros hermanos y hermanas supone por tanto una cuestión de justicia y caridad. Sin embargo, no podemos sucumbir a la tentación de convertir estas ayudas en la respuesta principal, en condición sine qua non para la supervivencia de la Iglesia perseguida. De hecho, los perseguidos tienen necesidades espirituales a las que hay que responder con igual celo y fervor. Hacerse cargo espiritualmente de los perseguidos no es un deber sino un privilegio. Aún debe madurar una adecuada atención pastoral orientada especialmente a las víctimas de persecución, tanto durante como después de la misma.

Memoria, esperanza, perdón: la respuesta de los cristianos de Oriente ante la persecución

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La Europa del presidente Trump

Antonio R. Rubio Plo

La agenda europea de Donald Trump en julio de 2018 habla por sí sola: presencia en la cumbre de la OTAN en Bruselas, visita a Theresa May en Londres y encuentro con Vladimir Putin en Helsinki. Tres eventos claramente diferenciados entre sí. La Europa de Trump es poliédrica y multilateral, y no tanto un encuentro de amigos y aliados. El sentimiento mutuo de serlo parece que se está desvaneciendo.

Con ocasión de otras cumbres atlánticas, un presidente americano visitaba sucesivamente diversas capitales de los aliados europeos. En estos momentos todo eso carece de significado: no nos imaginamos a Trump visitando a Merkel en Berlín. Tuvieron suficiente tiempo de hablar de sus divergencias comerciales en la cumbre del G7. Visitar a Macron tuvo su ocasión en 2017 cuando el presidente estadounidense estuvo presente en el desfile militar del 14 de julio. Viajar a Varsovia tuvo su momento hace un año con un discurso muy elaborado en el que repasaba la historia heroica de Polonia en los últimos dos siglos. ¿Y otros países europeos? Sencillamente no pasan por la mente de Trump. Además, para algunos jefes de gobierno hasta resultaría una incomodidad perturbadora de sus asuntos domésticos. Otros, en cambio, estarían encantados, pero su peso en la escena europea no es tan relevante como para recibir una visita del inquilino de la Casa Blanca.

¿Qué queda entonces tras la cumbre de la OTAN? Sencillamente Gran Bretaña, pero no parece que sea para recordar la alianza forjada por Winston Churchill, hijo de británico y americana. En la mente de Trump estará más presente el Brexit, por no decir las cuestiones comerciales, que otra cosa, aunque en los discursos haya un lugar para aquello de “nunca tantos debieron a tan pocos” o “sangre, sudor y lágrimas”. En apariencia, lo primero es la economía, o a lo mejor habría que decir el comercio internacional, donde los proteccionistas pasan por librecambistas y los librecambistas por proteccionistas. De la agenda de la cumbre de la OTAN pocos se quedan con lo de la ‘smart defence’, las maniobras en las fronteras de Rusia o las complejidades que acarrea la ciberguerra. Lo único que merece la atención es el estribillo del incremento de los gastos de defensa, que vuelve a sonar aunque algunos aliados, pero no todos, hayan prometido, por activa o pasiva, que alcanzarán el objetivo del dos por ciento del PIB en 2024. De todos modos, la visita a May sirve para recordar, a quien no quiera recordarlo, que las relaciones bilaterales para Trump son más importantes que las multilaterales. Para esto es útil el encuentro con los primos anglosajones, aunque ese encuentro carezca de sustancia, en un tiempo en que el gobierno de Theresa May vive horas bajas.

La Europa del presidente Trump

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Fuera cristianos de Jerusalén

Fernando de Haro, Jerusalén

Abu Walid, musulmán, echó los dientes en el Hotel Imperial. Lo regentaba su padre y muy de niño aprendió el negocio. El hotel, a pocos metros de la puerta de Jaffa, una de las puertas principales de la Ciudad Vieja de Jerusalén, está a la entrada del barrio cristiano y del barrio armenio. Un enclave estratégico. Desde su terraza, Abu Walid nos muestra las cúpulas de la Basílica del Santo Sepulcro, la Explanada de las Mezquitas donde estuvo el templo, y la Torre de David. El padre de Abu Walid fue arrendatario, como él, de la iglesia ortodoxa a la que pertenece el Hotel Imperial. Su despacho está lleno de fotos del propio Abu Walid con mandatarios de Oriente Próximo y líderes eclesiales.

Abu Walid, que está a punto de cumplir los 75 años, derrocha energía. Mientras contesta a mis preguntas, atiende al teléfono, escucha a sus clientes, anota reservas. El hotel se construyó a finales del siglo XIX, y ha sido remozado en varias ocasiones. Pero hay rincones que necesitarían una mano de pintura, un repaso. Pero a Abu Walid no le dejan ni cambiar una bombilla sin permiso de las autoridades. A Abu Walid y a la Iglesia ortodoxa en realidad le quieren quitar el Hotel Imperial. Es una más de las operaciones en marcha para reducir la presencia de los cristianos en la ciudad en la que murió y resucitó Jesús.

En el breve mandato (2004-2005) del patriarca ortodoxo Ireneo se vendieron y se cedió el usufructo de una serie de propiedades de la Iglesia a tres sociedades internacionales vinculadas a la sociedad nacionalista judía Ateret Cohanim. La sociedad tiene como propósito la colonización judía de la parte cristiana de Jerusalén. La cesión del usufructo se hizo en evidente fraude de ley, por un importe muy inferior al precio de mercado (un millón de euros) y aprovechando las debilidades del patriarca. A pesar del claro engaño, los tribunales de Israel le han dado la razón a los representantes de Ateret Cohanim. El caso está en el Tribunal Supremo y se espera una resolución para el mes de octubre.

Abu Walid lleva más de diez años batallando para que el hotel no pase a manos judías. Han sido años difíciles. Recibe todo tipo de presiones. Cada poco tiempo le hacen una oferta y los compradores le explican que puede determinar la cantidad que considera conveniente, que el dinero no es el problema. Durante ocho meses una periodista le estuvo siguiendo para grabar su vida familiar, su tiempo libre, su tiempo de trabajo, con el fin de producir un documental. En el documental Abu Waid aparece solo tres minutos. No es extraño que algunos guías lleven a sus clientes al hotel para enseñárselo y para explicarles que el alojamiento es de origen judío y que está, de forma temporal, en manos cristianas. Por eso Abu Waid ha decidido colgar en la entrada un gran retrato del actual patriarca.

“Me paso las noches pensando qué puedo hacer para evitar el desalojo, pero ya no sé muy bien cómo seguir”, confiesa Abu Waid. “Los judíos nos mandan a su gente para quedarse con esta parte de la Ciudad Vieja y los cristianos no hacen nada”, añade.

Fuera cristianos de Jerusalén

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Manos de caridad

Fernando de Haro, Gaza

Son las cuatro de la tarde. Y un sol de justicia me hace buscar las sombras del casco viejo de la ciudad de Gaza. El asentamiento tiene 4.000 años, lo fundaron los cananeos. Al comienzo tampoco fue fácil la vida para los cristianos en esta localidad. Incluso después de Constantino, la iglesia principal se construyó fuera de las murallas para evitar los ataques. Las dos parroquias que siguen abiertas, la ortodoxa de San Porfirio y la católica de la Sagrada Familia, no están identificadas con cruces en sus puertas.

A San Porfirio, a pesar del calor, entran mujeres y hombres vestidos de negro, traen sus mejores galas. Suben al primer piso de los locales parroquiales, y allí, separados por sexos, se les ofrece un café negro fuerte y agua fresca. Han venido a participar en el memorial que se celebra a la semana del fallecimiento de un miembro de la comunidad. En este caso se trata de una mujer, muy querida por todos, que ha muerto con poco más de 60 años de cáncer. Obtuvo el permiso del Gobierno de Israel para salir de la Franja en los dos primeros ciclos de quimioterapia, pero no para el tercero. Los conocidos se acercan durante toda la tarde para dar sus condolencias a la familia. Entre ellos hay musulmanes.

Jaber, un laico que en gran medida hace de líder parroquial, les invita a visitar la iglesia y les explica los tesoros que contiene. El templo, cuya primera factura es del siglo V, ha quedado semienterrado. La entrada principal da directamente al coro. Jaber se detiene ante los iconos, ante la tumba de San Porfirio, y les explica a dos mujeres cubiertas con velo el significado de lo que ven. “Nuestra convivencia con los musulmanes aquí no tiene ningún problema”, me dirá luego Jaber. No quiere hablar de los ataques que sufrió el convento y el colegio de las Hermanas del Rosario (católicas) hace once años. “Fue cosa de algunos pocos extremistas, no de Hamas”, me comenta otro de los parroquianos. En San Porfirio no se oyen críticas contra el gobierno de los islamistas, en realidad en San Porfirio no se quiere hablar de ningún Gobierno. Los cristianos de Gaza prefieren no hablar ante los periodistas, tienen miedo, no se quieren hacer notar, su entrada y salida de la Franja, su posible tratamiento, su visita a Jerusalén depende de unos permisos que en la pasada Pascua no se concedieron.

Jaber enseña a los visitantes también el pequeño cementerio que hay junto a la iglesia de San Porfirio. Un trozo de terreno con tantas tumbas que resulta difícil caminar. Se detiene ante la de su madre y reza. “Nuestras raíces están aquí”, me explica. “¿Y no temes que dentro de poco de los cristianos de Gaza solo queden sus tumbas?”, le pregunto. “Eso no va a suceder –me dice con esperanza– seremos pocos, pero seguiremos aquí”. Un grupo nutrido de jóvenes scout pasa junto a nosotros rompiendo el recogimiento en el que nos hemos quedado.

Manos de caridad

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No lejos del pesebre

Fernando de Haro, Belén

Claire me enseña con orgullo una talla de madera de olivo en la que aparece la Sagrada Familia y de fondo un muro que se quita y se pone. Claire está muy orgullosa de haber sido ella la que ha diseñado este recuerdo de Belén. Es uno de los productos que se ofrecen en su tienda, un local muy poco visitado al que sólo cada media hora llega algún estadounidense o algún ruso extraviado.

La tienda de Claire se encuentra en los bajos de su casa. Una casa en la que se ve el muro que separa a los vecinos de Belén de Jerusalén, desde la habitación de invitados, y desde el lado opuesto, desde la cocina y el huerto. La casa de Claire está literalmente rodeada por el muro de la vergüenza. Lo levantaron en una noche, en la que era la carretera principal a Jerusalén y ahora hace un recodo frente al hogar de esta cristiana. Antes de que levantaran en una noche los bloques de hormigón, Claire tuvo durante mucho tiempo, enfrente de su ventana, a un grupo de francotiradores del ejército israelí. Una noche, de eso hace muchos años, puso música y los invitó a bailar. Y bailaron. Pero la mayor parte del tiempo no dejaban su fusil ni para dormir. Fueron meses, años, oyendo disparos. Incluso para subir a la azotea para abrir las cisternas del agua les tenía que pedir permiso. “Entonces fue cuando aprendí a confiar en la fuerza del Espíritu Santo. Fue el Espíritu Santo el que nos salvó. Esta es la tierra de los milagros, y que no muriéramos en la guerra de los años 90 fue un auténtico milagro”. Claire espera a sus clientes con paciencia y mientas me cuenta que hay muchos cristianos de Belén que pueden viajar por todo el mundo pero no recorrer los pocos kilómetros que les separan de Jerusalén para celebrar la Navidad o la Pascua. No pueden hacerlo si las autoridades israelíes no les dan un permiso. “A pesar de todo yo no pienso marcharme. Esta es mi tierra, esta es la tierra en la que nació Jesús, nuestra misión es estar aquí, ¿qué sería de la tierra de Jesús si nos marchamos?” –comenta–. “El muro caerá, más tarde o más temprano. Dios hizo milagros conmigo durante la guerra, los hará con el muro” –sentencia–.

No lejos del pesebre

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Qué futuro para los huérfanos de la yihad

Claudio Fontana

Alepo, la ciudad siria más poblada, capital económica del país antes de la guerra, lleva cuatro años dividida en dos: la parte occidental, controlada por las fuerzas gubernamentales y las milicias aliadas a Damasco, y la oriental, bajo control de la galaxia de fuerzas opositoras al presidente Bashar al-Assad.

Con el decisivo y controvertido papel de las fuerzas rusas e iraníes, la batalla de Alepo terminó a finales de 2016 con el abandono de la zona oriental por parte de los rebeldes y de las milicias yihadistas.

Más de dos mil huérfanos

Pero una ciudad destruida por los bombardeos y miles de muertos no son la única herencia del conflicto en esta zona de Siria. En los años de la ocupación de parte del centro urbano, a los milicianos de Jabhat al-Nusra, grupo yihadista originariamente ligado a Al-Qaeda, y del Estado islámico se sumaron sus esposas, pues se casaron con mujeres del lugar y secuestraron a las jóvenes que pertenecían a minorías religiosas para convertirlas en esclavas sexuales.

De estas uniones han nacido miles de niños que hoy, muertos o huidos sus padres, han quedado huérfanos y sin reconocimiento por parte del Estado. Algunos de ellos ya tienen seis o siete años. “Es una parte de la sociedad a la que nadie quiere mirar, un problema que se suele esconder para no crear escándalo”, afirma un documento de la Asociación Pro Terra Sancta.

“Un nombre y un futuro”

Para hacer frente a esta emergencia la Iglesia ha puesto en marcha un proyecto con este nombre dedicado enteramente a estos niños y a sus madres y hermanas. De momento ya atiende a casi 200 niños abandonados que, después de haber sufrido los traumas de la guerra y de los bombardeos, corren el riesgo de ser víctimas de redes criminales o terroristas. Son niños que no reciben ningún tipo de asistencia, el Estado no se hace cargo de ellos y además se les suele “mirar con hostilidad porque son considerados hijos del pecado”, según narran los dos sacerdotes responsables de esta iniciativa, fray Firas Lutfi y monseñor Abou Khazen, vicario apostólico latino de Alepo.

El primer punto de este proyecto pide modificar la legislación siria y promover la aprobación de una norma que permita “censar” a estos niños, sin que se les endose la culpa de sus padres. Actualmente, la ley se está discutiendo en el Parlamento. Paralelamente a esta primera fase, gracias a la estructura organizativa puesta a disposición de la asociación Pro Terra Sancta, encargada de la recogida de fondos, se quiere atender las necesidades esenciales de 500 familias, en términos de alimentación, ropa y otros bienes de primera necesidad.

Pero el proyecto, a cargo conjuntamente de las comunidades católicas locales –que según monseñor Abou Khazen tienen un papel de “puente”– y de las autoridades musulmanas, va más allá de la asistencia básica. Mediante el apoyo a nivel psicológico, pedagógico y con la participación en proyectos educativos específicos, esta iniciativa quiere permitir que cada niño pueda integrarse totalmente en la sociedad, favoreciendo la superación de los traumas causados por la guerra.

Qué futuro para los huérfanos de la yihad

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En Siria cada uno libra su propia guerra

Giovanni Parigi

Siete años desde que comenzó la guerra civil, en marzo de 2011, el final del conflicto en Siria parece estar lejos y la situación sobre el terreno sigue siendo crítica e incierta. Más aún, el escenario sirio deja entrever lo que podrían ser los síntomas de un nuevo y preocupante ciclo de conflictos cruzados.

Francia ha asegurado su apoyo y ha ofrecido su mediación para estabilizar la región norte de Siria, controlada por los kurdos, aliados desde hace años de Europa y América en su misión anti-Isis. Esta zona es escenario de una operación militar de Turquía desde el 20 de enero. Parece que París está dispuesta a enviar tropas al Manbij para evitar una ofensiva turca en la ciudad controlada por las Fuerzas Democráticas Sirias. Se trata de milicias árabes sunitas, turcomanas y asirias, pero compuestas de hecho por fuerzas kurdas de la Unidad de Protección Popular (YPG), un grupo considerado terrorista por Ankara. Tras el encuentro del presidente francés Emmanuel Macron con una delegación de este movimiento, la reacción contrariada del gobierno turco no se hizo esperar. “Rechazamos cualquier esfuerzo dirigido a promover un diálogo, contacto o mediación entre Turquía y estos grupos terroristas”, declaró el portavoz de la presidencia turca, Ibrahim Kalin.

Pero este contraste entre turcos y sirios kurdos frente al posible despliegue francés solo es un episodio más en una serie de conflictos paralelos surgidos en estos años de guerra en Siria.

Sobre el terreno

Con la caída de Raqqa en Siria y Mosul en Iraq, el estado islámico quedó relegado a áreas marginales. De hecho, con muchas ambigüedades, la lucha contra el Isis aparentemente ponía de acuerdo a todos los actores presentes en Siria. Ahora, con la derrota del califato, pierde fuelle la justificación que muchos utilizaron para participar en el conflicto, y emergen de manera evidente los intereses particulares.

En segundo plano, la “Pax Russica”, el proceso de estabilización puesto en marcha desde Moscú para salvar el régimen de Bashar el-Assad, no termina de despegar. Una cosa es ganar la guerra contra los rebeldes anti-gubernamentales, otra es imponer una paz que supere los vetos cruzados entre los propios aliados. En otros términos, Rusia, aun manteniendo su alianza con Turquía, Irán y el gobierno sirio, no consigue equilibrar los intereses de los aliados y obligarles a aceptar un compromiso de no beligerancia.

Pero entretanto, Moscú se ve obligada a unos equilibrismos políticos y diplomáticos a la larga insostenibles, que la exponen a un juego muy peligroso. Por ejemplo, el Kremlin tiene buenas relaciones tanto con Israel como con Irán, pero abastece con armas a las fuerzas sirias e iraníes que Israel bombardea; otro ejemplo de la ambigua posición de Moscú está en su coordinación sobre el terreno con Ankara, mientras mantiene buenas relaciones con los movimientos kurdos sirios, a los que se opone la acción del presidente y aliado Recep Tayyip Erdogan.

Además, después de negociar duramente la creación de cuatro zonas de distensión, Rusia ve ahora cómo dos de estas sufren los ataques del propio gobierno sirio al que apoya, el Ghouta e Idlib.

En Siria cada uno libra su propia guerra

Giovanni Parigi | 0 comentarios valoración: 2  25 votos
>Entrevista a Camille Eid

'No es verdad que haya ganado Hezbolá'

I.S.

Las primeras elecciones libanesas después de nueva años dejan un panorama confuso de un país dividido y a merced de grandes coaliciones como la de Hezbolá. Hablamos con el profesor libanés Camille Eid.

Lo primero que llama la atención es la baja participación, menos del 54% en las últimas elecciones de hace nueve años. ¿A qué se debe?

Personalmente, me esperaba una participación al menos del 60% pero evidentemente la nueva ley electoral, de tipo proporcional, le ha parecido demasiado confusa a los electores. Esta abstención se agrava aún más porque de un millón y medio de inmigrantes con ciudadanía libanesa solo han solicitado el voto 90.000, y de estos han votado 50.000.

¿Es fruto de la desconfianza en la política durante estos nueve años?

Exactamente, el país hoy queda muy dividido entre posiciones antitéticas.

Se habla de una victoria de Hezbolá, ¿es así realmente?

No, de ninguna manera. Cuando se habla de Hezbolá y de elecciones, hay que hablar de una coalición llamada 8 de Marzo que contiene fuerzas muy distintas entre sí, por ejemplo una parte del partido cristiano maronita. Se habla de 67 escaños conquistados por Hezbolá, pero si Hezbolá llega al 12% ya es mucho. Se trata de 27 escaños chiítas divididos entre Amal y Hezbolá. También hay que decir que en su fortaleza electoral Hezbolá ha perdido dos escaños de diez, que han ido a parar uno a una lista rival y otro a las Fuerzas Libanesas.

Fuerzas Libanesas, un grupo cristiano de matriz anti-iraní y anti-siria, ha doblado sus escaños, llegando a 15, ¿cómo es posible?

Expresa un crecimiento del sentimiento anti-íraní y anti-Hezbolá debido a la guerra en Siria. De hecho, la nueva ley electoral ha roto el monopolio de las coaliciones, que ahora están obligadas a repartir la tarta con otros grupos.

Estados Unidos y Arabia Saudí apostaron por Hariri, actual jefe del gobierno, pero a él tampoco le ha ido muy bien, ¿qué supone esto?

Todos recordamos el humillante episodio en que Haariri fue prácticamente detenido en Riad por el delito de romper la alianza con Hezbolá. Esto redujo el número de libaneses favorables a Arabia Saudí, pero Hariri no fue capaz de recuperar su popularidad, dañada por la sospecha de connivencia con los árabes. Probablemente será de nuevo el jefe de gobierno, como prevé la constitución libanesa, con un primer ministro suní, un presidente de la cámara chiíta, y un presidente de la república cristiano. Sin duda se verá obligado a llegar a ciertos compromisos, permitiendo entrar como ministros de su gobierno a miembros de Hezbolá.

¿Qué significa para Israel este resultado electoral?

No cambia gran cosa. El problema es qué pasará a nivel geopolítico, tenemos por delante una semana caliente en la que Trump viajará a inaugurar la embajada norteamericana en Jerusalén. Si luego el presidente americano deja realmente el acuerdo nuclear iraní, el Líbano terminará situado en medio de un conflicto que le afectará.

Sobre el conflicto entre Israel e Irán que debería combatirse en territorio sirio, ¿cuál es la importancia de Beirut en todo lo que está en juego?

>Entrevista a Camille Eid

'No es verdad que haya ganado Hezbolá'

I.S. | 0 comentarios valoración: 2  25 votos

A todas las naciones, ¡escuchad y someteos!

Por su interés, publicamos la declaración conjunta de los patriarcas greco-ortodoxo, siriaco-ortodoxo y greco-melquita católico de Antioquía y de Todo el Oriente sobre el bombardeo contra Siria.

Nosotros los Patriarcas,

 Juan X, Patriarca greco-ortodoxo de Antioquía y de Todo el Oriente;

 Ignacio Efraín II, Patriarca siriaco-ortodoxo de Antioquía y de Todo el Oriente y

 José Absi, Patriarca greco-melquita católico de Antioquía, de Alejandría y de Jerusalén,

condenamos y denunciamos la agresión brutal que tuvo lugar la mañana del pasado 14 de abril contra Siria, nuestro tan querido país, por parte de Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, bajo alegaciones de uso de armas químicas por el gobierno sirio.

Elevamos nuestras voces para afirmar lo siguiente:

1. Esta agresión brutal constituye una violación manifiesta de las leyes internacionales y de la Carta de las Naciones Unidas ya que se trata de una agresión injustificada contra un país soberano, miembro de la ONU.

2. Sufrimos al comprobar que esos bombardeos han sido perpetrados por países poderosos a los que Siria no ha causado ningún tipo de perjuicio.

3. Las alegaciones de Estados Unidos y de otros países, según las cuales el ejército sirio usa armas químicas y Siria es un país que posee y utiliza ese tipo de armamento, son injustificadas y no se basan en pruebas suficientes y claras.

4. El calendario de esta agresión injustificada contra Siria socava el trabajo de la Comisión Investigadora internacional e independiente, que está a punto de viajar a Siria.

5. Esta agresión brutal destruye las posibilidades de alcanzar una solución pacífica y provoca una escalada de la violencia y más complicaciones.

6. Esta agresión injusta estimula a las organizaciones terroristas y las impulsa a proseguir sus actos barbaros.

7. Demandamos al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que asuma su papel aportando paz en lugar de contribuir a la escalada de guerra.

8. Hacemos un llamado a todas las Iglesias de los países que participaron en el bombardeo a cumplir con sus deberes cristianos, según las enseñanzas del Evangelio, a condenar esta agresión y a que llamen sus gobiernos a comprometerse en la protección de la paz internacional.

9. Saludamos el coraje, el heroísmo y los sacrificios del Ejército Árabe Sirio, que protege Siria con valentía y garantiza la seguridad de su pueblo. Rezamos por las almas de los mártires y por el restablecimiento de los heridos. Estamos seguros de que el Ejército no se inclinará ante las agresiones terroristas externas o internas; de que seguirá luchando valientemente contra el terrorismo hasta que cada centímetro de la tierra siria sea purificado del terrorismo. Saludamos igualmente la posición valiente de los países aliados de Siria y de su pueblo.

Elevamos nuestras plegarias por la seguridad, la victoria y la liberación de Siria frente a todas las formas de guerra y de terrorismo. Rezamos igualmente por la paz en Siria y en el mundo entero y llamamos a redoblar los esfuerzos en pro de la reconciliación nacional con vista a proteger el país y a preservar la dignidad de todos los sirios.

A todas las naciones, ¡escuchad y someteos!

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¿África nos salvará?

Robi Ronza

¿África nos salvará? Probablemente sí. Nos salvará o al menos contribuirá a salvarnos, y no solo desde el punto de vista económico. La gran censura que caracteriza la tendencia dominante en el circo mediático mundial no hace justicia a su realidad, que no solo está hecha de lo que nos suelen contar. Tanto a nivel cultural como de desarrollo, África está jugando hoy una parte mucho más importante que la que los grandes amos de la comunicación dejan que nos cuenten.

Para empezar, sin los votos de los estados africanos, siempre movilizados en defensa de la vida y de la familia natural, la ONU ya se habría convertido en el principal motor de empuje hacia la transformación del nihilismo y el relativismo cultural en el pensamiento único del mundo contemporáneo. Por poner un ejemplo, el pasado mes de diciembre los países africanos, junto al pequeño estado caribeño de Santa Lucía, no dudaron en exigir que se introdujera en un documento de la ONU el derecho de los padres a la hora de tomar decisiones relativas a la educación sexual de los niños, oponiéndose a países del norte de Europa que presionaban en sentido contrario. Una posición nada fácil teniendo en cuenta que se trataba de oponerse a países que son los grandes donantes de ayuda al desarrollo. Por otro lado, es sobre todo gracias al bloque de los países africanos que el aborto no haya pasado oficialmente como un “derecho humano” reconocido por la ONU.

Mientras nos lo muestran tan solo como una parte del mundo sin futuro de la que huyen todos los que puede, África es hoy el único continente que crece de manera significativa tanto económica como demográficamente. Según las últimas valoraciones del Fondo Monetario Internacional, el PIB del África subsahariana crecerá un 3,3% en 2018 y un 3,5 en 2019. Pero esta tendencia se sigue enfrentando a la falta de acceso en grandes zonas a la energía tanto eléctrica como térmica, a lo que se añade la ausencia de las llamadas “redes de interconexión”, como ferrocarriles, carreteras, gaseoductos o líneas de alta tensión. Para ayudar a cerrar esta brecha, la Unión Europea ha creado un fondo específico de inversiones externas dotado con 3.400 millones de euros que en veinte años debería poner en marcha inversiones por casi 4.400 millones de euros. Se abren así nuevos e interesantes mercados empresariales que deberían abordar nuestros gobiernos europeos.

Mientras tanto, África camina. Como muestra de ello, después de dos años de negociaciones, el pasado 21 de marzo 44 países africanos firmaron en Kigali (Ruanda) un acuerdo para la creación de una zona de libre comercio continental. Ahora cada país tendrá que ratificarlo a nivel nacional y entrará en vigor en el arco de seis meses. Por el momento, quedan fuera las dos principales economías de la zona, es decir Nigeria y Sudáfrica, pero existe la esperanza de que en la próxima cubre, prevista para el próximo mes de julio en Mauritania, se creen las condiciones necesarias para que sus reservas se diluyan.

¿África nos salvará?

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Bombardeo en Siria

Miguel García García-Revillo

Afortunadamente, el reciente bombardeo por parte de Estados Unidos, Francia y el Reino Unido de instalaciones sirias que, según los autores del ataque, se dedicaban a la producción y almacenamiento de armas químicas no ha causado muertos ni heridos, civiles o militares.

Ciertamente, el uso reiterado de armas químicas, prohibidas por el Derecho Internacional, del que se acusa al régimen sirio de Bachad El Asad, causando numerosas víctimas, es un hecho muy grave y de trascendencia internacional. Pero en esto, como en tantas otras cosas, no hay atajos. La respuesta por la Comunidad Internacional tiene que ser con arreglo al Derecho, a la ley.

En Derecho Internacional, el uso de la fuerza (como el producido por los bombardeos de la semana pasada) únicamente está permitido en caso de legítima defensa o si media una autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, mediante una resolución aprobada en virtud del Capítulo VII de la Carta de la ONU. No hay otras excepciones.

Ninguna de las circunstancias mencionadas concurre en el presente caso. No hay legítima defensa, porque los autores del bombardeo no defienden a Siria de un ataque armado de otro Estado ni han recibido una petición del Estado agredido para defenderle. Y no hay autorización del Consejo de Seguridad porque cuatro de los cinco Estados con derecho a veto en dicho Consejo, precisamente Estados Unidos, Reino Unido y Francia, por una parte, y Rusia, por la otra, han hecho imposible esa resolución.

A falta de cobertura jurídica, provocada en gran parte por la sobreprotección de Rusia a uno de sus viejos aliados de la Guerra Fría en Oriente Medio, el régimen sirio de los Asad, padre e hijo, Estados Unidos, el Reino Unido y Francia, con el apoyo político de otros Estados occidentales, han decidido saltarse el procedimiento y actuar unilateralmente, volviendo, una vez más, a las políticas de fuerza, al margen del Derecho, propias de siglos pasados.

Cometen un grave error, reincidiendo además en errores anteriores. Al saltarse el mecanismo legal, habilitan a Rusia y China para saltárselo también, con el pretexto que prefieran, cuando, donde y como lo consideren oportuno (lo que han hecho, igualmente, de manera reiterada); desautorizan además al Consejo de Seguridad, que ellos deberían ser los primeros en defender, siendo como son miembros permanentes y privilegiados por el derecho de veto, desacreditando al mismo tiempo a la propia ONU en su conjunto; y transmiten al mundo la sensación de que hay causas para las que todo vale, siempre que sean propias, y de que hay una doble vara de medir los comportamientos y los regímenes, según sean amigos o enemigos. No es teoría, es práctica: lo más práctico es potenciar el mecanismo, no desacreditarlo.

Obviamente, me siento mucho más cercano a regímenes democráticos con un alto nivel de exigencia en la defensa de los derechos humanos fundamentales (EEUU, Reino Unido y Francia) que a regímenes dictatoriales (Siria) o cuyas democracias están más que puestas en cuestión (Rusia). Sin embargo, precisamente por eso, me parece un serio error saltarse las normas, sobre todo cuando quienes se las saltan son países que se denominan a sí mismos Estados de Derecho.

Bombardeo en Siria

Miguel García García-Revillo | 0 comentarios valoración: 2  25 votos
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>Entrevistas

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Iraq: Wojtyla tenía razón

Fernando de Haro

CESAL es una de las ONG españolas más consolidadas en España de las que se dedican a la cooperación internacional. paginasdigital.es conversa con Pablo Llano, su director general, sobre el valor de su experiencia para la construcción de una sociedad en la que sea cada vez más frecuente un diálogo real, sobre la relación más adecuada entre Estado y sociedad civil. Abordamos también el reto de la migración y le pedimos que nos defina el mejor Gobierno para su labor.

CESAL es una ONG que desde hace más de 30 años viene trabajando en el campo de la cooperación internacional y de la intervención social. ¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho en este tiempo?

La historia de CESAL se ha ido construyendo a través de personas apasionadas por la realidad del hombre y por el mundo. Desde la humildad de saber que no tenemos respuestas para todo pero con la certeza de tener una hipótesis que poner en juego y a través de la cual podemos afrontar el desafío de responder juntos a las necesidades y aspiraciones de tantas personas que no cuentan con oportunidades ni nadie que los acompañe en el camino.

De esta forma, nos hemos ido encontrando con personas, con iniciativas, con experiencias que nos han ayudado a conocer y a adentrarnos más en el corazón del desarrollo. Y también hemos ido tejiendo una red de relaciones que nos han mostrado la posibilidad de construir con cualquiera, siempre que se esté dispuesto a un diálogo abierto y sincero que no parta de prejuicios sino de un mismo deseo de aprender, de construir, de generar respuestas que responden a problemas reales de las personas. De esta forma, se han dado relaciones y alianzas inimaginables con personas e instituciones que desde orígenes y presupuestos diferentes comparten una misma pasión y un mismo interés

De esta experiencia, ¿qué puede tener valor como método y como contenido para el conjunto de la sociedad española?

En primer lugar, el diálogo sobre problemas reales que afectan a personas con un rostro identificable. No porque renunciemos a incidir en políticas públicas, al contrario, pero si el diálogo no parte de la realidad es fácil abstraer y reducir el diálogo a un debate ideológico.

En segundo lugar, hay un aspecto de método muy arraigado en la forma de trabajar de CESAL que considero que sería un bien en los debates sociales y políticos y es el “partir de lo positivo”. Existe un valor y una riqueza muy grande de la que partir, hay múltiples iniciativas que ya tratan de responder con creatividad y entusiasmo a los problemas que nos afectan. Y, en última instancia, la propia persona encierra un potencial muy grande que hay que ayudar a desvelar y desarrollar.

Si en lugar de amenazas viéramos oportunidades, provocaciones que nos ayudan a crecer y ser mejores, se generaría una cultura del encuentro más creativa y constructiva.

'Un Gobierno abierto a la sociedad civil, no ideológico y con sensibilidad social'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  7 votos
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Iraq: Wojtyla tenía razón

Juan Carlos Hernández

Analizamos en profundidad con Daniel Innerarity el momento de la campaña electoral. Para el catedrático de Filosofía Política, existe una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político.

En las campañas electorales se producen situaciones de polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido. ¿Exageramos cuando aseguramos que se disuelve el “nosotros compartido? ¿Hay alguna relación entre esta disolución y la aparición de cordones sanitarios a izquierda y derecha?

Me da la impresión de que hay estrategias de los partidos, de unos más que de otros, que han puesto en marcha dinámicas que luego son difíciles de parar. En términos estructurales me parece que se podría hablar de una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político. ¿En qué se caracteriza una campaña? En que polariza y se critica al adversario (a veces en exceso). El problema es que luego hay que pactar con él y aquellas estrategias que sirvieron para ganar dificultan posteriormente la acción de gobierno, cuando se requiere la colaboración del adversario.

¿La polarización política es un falso espejo de la vida social? ¿En nuestro espacio público hay sujetos que se narran, hay relaciones interpersonales y relaciones entre entidades sociales más sanas de las que se dan en la política de partidos?

Es normal que en la política haya una dramatización de los antagonismos que no tiene por qué coincidir con el que hay en la vida real. En la política hay siempre esos dos elementos (antagonización y escenificación) y los ciudadanos tendríamos que aprender a descodificar un poco lo que observamos en la esfera política. Lo que ocurre es que a veces en la vida los personajes que interpretamos terminan devorando a la persona que somos.

Los estudios sociológicos reflejan un interés sostenido por lo político, pero una desafección hacia los líderes políticos. Parece imposible pensar en la política como una vocación animada por un ideal. ¿Qué nos ha pasado? ¿Tenemos graves carencias culturales y educativas?

En mi último libro “Comprender la democracia” analizo un problema que me preocupa desde hace tiempo. Hablamos de una ciudadanía que decide y controla, pero lo cierto es que carecemos de las capacidades necesarias para ello por falta de conocimiento político, por estar sobrecargados, incapaces de procesar la información cacofónica o simplemente desinteresados. El origen de nuestros problemas políticos reside en el hecho de que la democracia necesita unos actores que ella misma es incapaz de producir. Una opinión pública que no entienda la política y que no sea capaz de juzgarla puede ser fácilmente manipulable.

'El entrelazamiento de los destinos colectivos impide definir nuestro bien como el reverso del mal de otros'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 1  10 votos
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Iraq: Wojtyla tenía razón

P.D.

Entrevista a Juan Sánchez Corzo, presidente de la Compañía de las Obras, una asociación que engloba a iniciativas empresariales y sin ánimo de lucro en toda España.

La CdO es una realidad que agrupa desde hace ya algunos años a empresas y entidades no lucrativas. ¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho en este tiempo?

La CdO es un lugar de encuentro entre personas y realidades de muy distintos ámbitos. Es un lugar en el que las distintas realidades se acompañan entre sí, se hace networking, se comparten experiencias, se producen encuentros, se imparte formación, nos ayudamos mutuamente... se amplían los horizontes, se recupera la ilusión por los quehaceres cotidianos. Uno de sus elementos originales, en efecto, es que entidades con y sin ánimo de lucro comparten el mismo patio, un mismo lugar común.

Son las obras asociadas las que sostienen en primer lugar esa tarea de construcción social, ya sea generando empleo y riqueza o ayudando a los menos desfavorecidos. En la CdO nos ocupamos de las obras asociadas o de quienes las promueven. ¿Cómo? Te pongo un ejemplo. Uno de los grandes déficits de la pyme española es la gestión, motivada en gran medida por la falta de experiencia y de conocimientos del pequeño y mediano empresario. Pues bien, desde hace algún tiempo venimos teniendo sesiones periódicas en las que un grupo de empresarios –en este caso del sector servicios–, compartiendo experiencias y necesidades y poniéndolas delante de un consultor de empresas, tratan de mejorar determinados aspectos de la gestión de la empresa (recursos humanos, tecnología, marketing, proyectos, internacionalización...). En el ámbito de las obras sociales, se encuentran con una cierta periodicidad para trabajar aspectos de su vida cotidiana, tales como, por ejemplo, el trabajo con voluntarios o la financiación de proyectos.

De esta experiencia, ¿qué crees que tiene un valor para el conjunto de la sociedad española?

Siempre que tenemos oportunidad, compartimos experiencias, incluso negativas, enriquece muchísimo y genera confianza. ¡Qué pocas veces nos ponemos realmente en juego con los demás y qué formalistas solemos ser! 

'Voto a quien creo que me garantiza un mayor grado de libertad'

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Iraq: Wojtyla tenía razón

Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

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>Reconectar el voto y la experiencia social

Iraq: Wojtyla tenía razón

P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

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>Reconectar el voto y la experiencia social

Iraq: Wojtyla tenía razón

P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

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>Entrevista a Daniel Gascón

Iraq: Wojtyla tenía razón

Juan Carlos Hernández

Entrevistamos a Daniel Gascón, es escritor, traductor y editor de la edición española de la revista Letras Libres. “A pesar de las circunstancias actuales, de una conversación pública irresponsable y propensa al antagonismo, las instituciones de la democracia liberal resisten”, afirma el articulista del periódico El País.

En un editorial de este periódico se afirmaba que “la democracia requiere de una conciencia del nosotros, de un bien común para aquellos que pertenecen a una comunidad siempre superior a los intereses de los grupos particulares y a sus diferencias. Es lo que ha desaparecido”. ¿Qué le sugiere esta afirmación?

Me parece que se produce una especie de rechazo a ciertos impulsos disgregadores: social y culturalmente rompen algunos vínculos; económicamente estamos en una situación más inestable e individualista. El mundo del trabajo ya no es como antes, una cierta idea de identidad que tenía que ver con la clase, con lo que eras y hacías, se debilita. El Estado-nación tampoco sirve para muchos de esos problemas. No hay otro modelo económico viable que la economía de mercado desde el 89, pero este tiene fallos y produce injusticias. Creo que son factores que influyen en una percepción de la identidad amenazada, y que eso tiene que ver con el rebrote de los nacionalismos, del repliegue. Defiendes algo que crees que corre peligro de desaparecer.

Muchos grupos tienden a intentar defender sus intereses particulares, que pueden ser legítimos, pero que a veces pueden caer en una estigmatización del que piensa distinto. Mark Lilla habla de una “política de la identidad”. ¿Podría ayudar el juicio de Lilla a explicar lo que está ocurriendo?

Estamos en un tiempo de subjetivismo y polarización. Es más importante el elemento expresivo, nuestra visión sobre el mundo, que lo que sucede fuera. Lilla dice que el énfasis en la identidad por parte de los progresistas ha sido contraproducente, porque debilita la unión que permitiría la victoria de la izquierda. Para él, tienes que ganar para defender los derechos de las minorías, tienes que buscar un discurso que unifique para luego implementar tu programa. Un problema de esa idea es que a lo mejor estás hablando de un mundo que ya no puede ser. El discurso encajaba en una comunidad más homogénea y afianzaba una coalición de votantes que ahora parece más complicada por muchos factores. Otros dirían que ese universalismo, que se presenta teñido de nostalgia, no dejaba de ser un particularismo, y que lo que se presentaba como algo para todos era menos inclusivo de lo que pensamos.

¿Cómo se pueden traducir sus ideas a la realidad española?

'Existe una percepción de la identidad amenazada, y es por los nacionalismos'

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>Entrevista a Francisco Igea

Iraq: Wojtyla tenía razón

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

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>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

Iraq: Wojtyla tenía razón

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

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Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

Iraq: Wojtyla tenía razón

Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

'La democracia es incompatible con la noción de enemigo'

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>Entrevista a Joseba Arregi

Iraq: Wojtyla tenía razón

Juan Carlos Hernández

Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

Últimamente se ha hablado mucho de los movimientos feministas. ¿Cuál es su valoración?

'El populismo es peligroso cuando tiende a convertirse en totalitarismo'

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>Entrevista a Tulio Álvarez

Iraq: Wojtyla tenía razón

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

'En Venezuela no se enfrentan dos actores políticos, hay un régimen de facto contra un pueblo'

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El otro es un bien, también en política

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