Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
29 SEPTIEMBRE 2016
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La stamina de Donald Trump

Antonio R. Rubio Plo

Cuando el debate del pasado lunes entre Trump y Clinton llegaba a su fin, el candidato republicano echó mano de un término, que ha utilizado en otras ocasiones, para desacreditar a su oponente demócrata. Se trata de stamina, cuya traducción sería la de aguante, fortaleza o agallas, entre otros significados. Este término derivado del latín implicaría tener algo esencial para ejercer la presidencia. Según Trump, Clinton carece de ello, pues “para ser presidente de este país, se necesita una tremenda stamina”.

Tener stamina será una cualidad para Donald Trump, pues él debe sentirse investido de ella, pero nos parece que esto es una visión política de corto alcance. La stamina es la cualidad de un resistente, y no tanto de quien toma iniciativas. Implica tener fortaleza y capacidad de aguante. Responde al viejo eslogan de “resistir es vencer” y representa, en consecuencia, una estrategia defensiva, de ciudadela sitiada. En ella, el enemigo tendría que replegarse ante las férreas posiciones de quien defiende lo que considera una única verdad, la suya. La stamina supone la imposibilidad de cualquier tipo de pactos, pues serían una traición a unas convicciones políticas incapaces de admitir un término medio. Históricamente las resistencias armadas o las sociales no eran un fin en sí mismo sino un método de contribuir a una victoria que debía llegar más adelante. La stamina, entendida como capacidad de resistencia, sólo encuentra su justificación en el poder por el poder, en el gobierno de un político omnisciente con la innata cualidad de saber lo que más le conviene a su pueblo.

Un partidario de Donald Trump nos diría que la stamina es mucho más que resistencia. Es también habilidad para llevar a cabo determinadas tareas. En su asimilación de la política con los negocios, el candidato republicano piensa que Clinton no tiene la habilidad que él posee para los negocios. Si la política exterior se identifica, en gran parte, con las relaciones económicas, la ex secretaria de Estado carecería de la habilidad suficiente para defender los intereses norteamericanos. Trump ve las cosas de un modo simplista: si las alianzas militares cuestan cientos de millones de dólares, estamos haciendo un mal negocio con Arabia Saudí o Japón, entre otros países. Está convencido de que Clinton no tendrá la suficiente stamina para hacérselo saber y, sobre todo, para obligarles a pagar más por su defensa. En cambio, el candidato republicano presume de agallas al respecto, también con los países que forman parte de la OTAN. En el fondo, el economicismo de Trump socava las relaciones de Washington con sus aliados, pues prescinde de unos valores comunes compartidos y cuestiona la relación trasatlántica, por no decir el propio concepto de Occidente. Alimenta además el antiamericanismo europeo, que se encontrará complacido, en caso de una hipotética victoria de Trump, con el hallazgo de un nuevo chivo expiatorio para sustituir a George W. Bush. ¿Y cuál puede ser la reacción de un Trump presidente? Hacer acopio de grandes dosis de stamina, por supuesto.

La stamina de Donald Trump

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Vence un nuevo pacto social

Giovanna Parravicini

“El resultado electoral constituye una vez más una reacción de nuestros ciudadanos ante las presiones que llegan desde fuera de Rusia, con amenazas, sanciones, intentos de desestabilizar la situación de nuestro país desde dentro”. Son palabras de Vladimir Putin la semana pasada, tras conocer los resultados definitivos de las elecciones y que ofrecen una clave de lectura de lo sucedido en Rusia durante la jornada electoral del 18 de septiembre.

Los resultados son buenos y malos para el gobierno actual, pues sale vencedor pero al mismo tiempo derrotado en varios aspectos. Vencedor porque Rusia Unida ha obtenido 343 escaños y la mayoría absoluta de la Duma. El nuevo parlamento conserva los mismos cuatro partidos que la legislatura anterior; además del partido en el gobierno, los comunistas tendrán 42 escaños, los demócratas liberales (LDPR, el partido de Zhirinovski) 39, y Rusia Justa 23. Por comparar con el año 2011 y la Duma saliente, el partido de Putin obtuvo entonces 238 escaños, los comunistas 92, LDPR 64 y RJ 56.

Hace cinco años, en diciembre de 2011, unas elecciones que parecían obvias, después de una serie de fraudes electorales de dimensiones realmente excesivas incluso para Rusia, dieron lugar a una gran oleada de protestas y desacuerdos que solo se aplacaron con el paso de los años. Ahora, para evitar posibles problemas de este tipo, el gobierno de Medvedev ha hecho todo lo posible por dar legitimidad a la votación. En 2015 cambió la ley electoral, introduciendo un sistema mixto (proporcional y mayoritario), redujo el umbral del siete al cinco por ciento para permitir una mínima participación, permitiendo entrar incluso, por primera vez a nivel federal, al partido disidente Parnas, fundado por el ex vice primer ministro Boris Nemcov, asesinado en Moscú. También admitió la participación de 18 candidatos apoyados por el oligarca “enemigo” Chodorkovski. Al frente de la Comisión electoral se situó a Ella Pamfilova, respetada presidenta de Transparency International-Rusia», donde sustituye a Curov, que en 2011 fue el primer objetivo de las protestas contra el fraude. Ahora se dice que el fraude no habría sido tanto. Pamfilova, que la víspera de la votación prometió su dimisión en caso de “fiasco”, ha determinado que las elecciones pueden considerarse “legítimas” si bien no “inmaculadas”. Además, el informe de la OSCE tampoco ha sido negativo en términos generales.

Hasta aquí la victoria. ¿Y la derrota? Sin duda se sitúa en la caída de la afluencia a las urnas: 47,8%, la tasa más baja de toda la historia de Rusia. Aunque ya lo veía venir el centro estadístico Levada, que unos días antes reveló una flexión de los apoyos a la mayoría y sobre todo una caída en el interés por la convocatoria electoral, por lo que inmediatamente fue acusado de ser un “agente extranjero”.

Vence un nuevo pacto social

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Boko Haram se divide en tres, ¿cambia algo para los cristianos?

Massimo Introvigne

Hace unos días se anunció la “destitución” de Abu Bakr Shekau, líder de Boko Haram, el grupo terrorista nigeriano famoso por sus secuestros de jóvenes cristianas y por sus masacres en iglesias, que han causado la muerte de casi nueve mil cristianos en los últimos diez años. Parece que Boko Haram se considera parte del califato del Isis y el califa Al-Baghdadi, molesto con algunas tesis de Shekau, ha decidido sustituirlo por Abu Mus'ab al-Barnawi. En realidad, según un estudio publicado por el historiador Roman Caillet y el centro suizo Religioscope, las cosas son más complicadas, y Boko Haram se habría dividido en tres grupos distintos, aunque todos ellos capaces de atacar y reconquistar las posiciones que el ejército nigeriano arrancó a los terroristas durante los últimos años.

Ante todo conviene recordar qué significa "Boko Haram". La palabra "haram", contrapuesta a "halal", indica en el islam algo que es impuro e ilícito. "Boko" en Nigeria es originariamente un atributo despreciativo, que significa “engañifa”, procede del alfabeto latino que los colonizadores ingleses intentaron imponer en lugar del árabe, pero por extensión comprende la cultura, la educación y las ideas occidentales, cristianismo incluido. Todo ello es declarado ilícito por Boko Haram —que, como suele suceder, no nació con este nombre, pero cuando se lo adjudicaron los medios no lo rechazaron— y por tanto objeto de destrucción. El movimiento fue fundado originalmente por el influyente imán Muhammad Yusuf (1967-2009). Entonces no era una organización terrorista ni tenía un ejército propio con la aspiración de controlar porciones de territorio nigeriano ni atacar incluso a los países limítrofes. Estas transformaciones siguieron al asesinato de Yusuf en una cárcel de Nigeria en 2009 y al ascenso de Shekau, reconocido como líder del grupo en 2010.

Shekau es un extremistas que considera lícito matar a los musulmanes sunitas que no se rebelen contra un gobierno “apóstata” como el nigeriano. Boko Haram ataca sobre todo a los cristianos, pero también destruye mezquitas favorables al gobierno. Esto provoca en 2012 el cisma de una parte de Boko Haram llamada Ansaru, que se adhiere a Al-Qaeda, quien paradójicamente tiene una línea más moderada respecto a la licitud de matar a musulmanes y atacar mezquitas sunitas. Esta división se refleja en la de Iraq, entre Al-Qaeda e Isis. De hecho, cuando en 2014 el Isis se separa de Al-Qaeda en Iraq, el grupo mayoritario de Boko Haram, guiado por Shekau, se adhiere al Isis.

Pero la adhesión oficial no se anuncia hasta 2015, parece que debido a las dudas del Isis sobre el extremismo de Shekau y sus pretensiones de liderazgo mundial, que le convertían en rival del califa Al-Baghdadi. Efectivamente, la relación entre Boko Haram (facción Shekau) y el Isis dura solo de marzo de 2015 a agosto de 2016, cuando el Isis destituye a Shekau y pone en su lugar a Al-Barnawi. Este último se ha apresurado a declarar que matar a civiles musulmanes sunitas que no manifiestan abiertamente su hostilidad al califato no es lícito, aunque esta cuestión tiene su controversia en el seno del Isis y Caillet recuerda las posiciones similares a las de Shekau sobre Abu Omar al-Koweiti, aliado del Isis en Siria antes de ser ajusticiado por extremismo por el propio Isis en 2014.

Sin embargo, Shekau no acepta la destitución y el resultado por el momento es que en Nigeria hay tres Boko Haram: el grupo mayoritario de Al-Barnawi, adherido al Isis; Ansaru, que forma parte de Al-Qaeda; y la facción independiente y extremista de Shekau. Un mundo donde todo es provisional y los enemigos de hoy pueden aliarse de nuevo mañana. La fragmentación y el consiguiente debilitamiento de Boko Haram debería ser una buena noticia para los cristianos nigerianos. O no: porque las diversas facciones podrían competir a golpe de atentado para demostrar su existencia y su poder.

Boko Haram se divide en tres, ¿cambia algo para los cristianos?

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Idas y venidas de la ley de construcción de iglesias en Egipto

Tewfik Aclimandos

Desde hace más de dos meses, los coptos egipcios esperan que una nueva ley sobre la regulación de la construcción de lugares de culto pueda poner fin a la discriminación de su comunidad. La nueva legislación debería superar el llamado “escrito imperial”, en vigor desde 1856, que ponía la edificación de iglesias bajo jurisdicción del gobernante, más las diez condiciones que en 1934 añadió el ministerio egipcio de Interior, convirtiendo la construcción de iglesias en una cuestión burocrática larga y espinosa.

El pasado 25 de agosto, tras meses de tensión entre la Iglesia copta y el gobierno, el Sínodo de la Iglesia copta anunció haber alcanzado un acuerdo de compromiso con las autoridades, pocos días después de haber atacado las propuestas de enmienda propuestas por el Parlamento a este proyecto de ley tan esperado. Ahora la ley tendrá que ser enviada al gobierno para su aprobación, antes de ser ratificada por el Parlamento. Los retrasos de esta norma han suscitado una creciente preocupación en el Papa Tawadros, patriarca de la Iglesia ortodoxa copta, que recientemente ha publicado un artículo en la prensa egipcia donde resume las dificultades que los coptos encuentran para ejercer su culto desde el siglo VII, lo cual agudiza las tensiones y los desencuentros confesionales entre cristianos y musulmanes en Egipto, donde los coptos representan el 10% de una población de casi 90 millones de habitantes.

Los coptos, que vivieron con aprensión, por no decir terror, la llegada al poder de los Hermanos Musulmanes en 2012, han pasado del miedo –traducido en numerosas salidas hacia otros países– a la esperanza. No solo millones de personas se manifestaron contra los islamistas el 30 de junio de 2013, sino que inesperadamente Egipto eligió al presidente más filo-copto de su historia reciente. Un presidente que multiplicaba sus llamamientos a llevar a cabo una “revolución religiosa”, renovando los discursos de los doctores del islam, y los gestos simbólicos, participando en la misa de navidad y felicitando a los fieles, una novedad total en la historia de este país. Los progresos siguieron creciendo. El Parlamento nunca ha tenido tantos diputados coptos, nunca ha habido tantos llamamientos a la fraternidad y tan sinceros, nunca el espectro del fundamentalismo salafita o ligado a la Hermandad había estado lejos durante tanto tiempo. La institución militar ha animado a reflexionar sobre un concepto de ciudadanía que implica igualdad. Los incidentes confesionales se hicieron más esporádicos.

Pero la primavera pasada, el Papa Tawadros volvió a empezar a preocuparse. El presidente empezó a hablar solo de “rectificación” del discurso religioso, cada vez menos a menudo. Los organismos de seguridad retomaron las negociaciones con los Hermanos Musulmanes y el nuevo liderazgo en el poder de Arabia Saudí se fue haciendo menos anti-islamista y más implicado en la política de Al-Azhar que en tiempos del difunto rey Abdalá. La ley sobre lugares de culto, reclamada por la Iglesia, se quedó parada en fase de estudio.

En mayo, los enfrentamientos confesionales tuvieron un aumento muy brusco, con una frecuencia inédita en los incendios de iglesias, y ataques a negocios y viviendas de cristianos. Las causas, siempre las mismas: coptos que construyen o son acusados de construir lugares de culto sin autorización, historias de amor entre personas de comunidades distintas que suscitan la ira de terceros, a menudo –aunque no siempre– salafitas. Estos incidentes se “gestionan” de la misma manera que antes. La ley no se aplica, los oficiales locales niegan la existencia del incidente o lo minimizan, y consejos de conciliación tradicionales llegan a una pseudo-solución sin castigar a los culpables. O peor aún, los ataques contra la comunidad ya no resultan ser solo la reacción de una multitud encolerizada y manipulada, son que aumentan las acusaciones de complicidad contra las administraciones locales.

Idas y venidas de la ley de construcción de iglesias en Egipto

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>Entrevista a Remi Brague

'Hay que distinguir entre islam y musulmanes'

Remi Brague, profesor emérito en la Sorbona, repasa el reto que supone el islamismo en una reciente entrevista concedida a firstthings.com

¿Qué cuenta del hecho de que a nuestros líderes políticos, de François Hollande para abajo, les cueste nombrar a nuestros enemigos? Hay un pánico extraño a mezclar islam con islamismo. ¿Por qué?

¿Tenemos algún líder político? ¿Hay algún piloto en este avión? Sería una grata sorpresa descubrir que alguien tiene el control. El miedo a poner nombre al enemigo viene de lejos. ¿Quién, antes de que cayera el muro de Berlín, se atrevió a dar un nombre verdadero al marxismo-leninismo o a la Unión Soviética? La gente prefería hablar vagamente de "ideologías". El plural era una niebla conveniente.

Esto sucede de nuevo hoy cuando la gente habla de "religiones". Del mismo modo, algunas personas prefieren usar el acrónimo DAESH, que sólo los escolares árabes entienden, antes que decir "el Estado islámico" porque el adjetivo nos remite al islam. Y no hay una verdadera línea divisoria entre islam e islamismo. Es una cuestión de grado y no de clase. Por esta razón es necesario distinguir verdaderamente entre, el islam por un lado, con todos sus niveles de intensidad, y por otro los musulmanes de carne y hueso. El rechazo legítimo a mezclar islam e islamismo conlleva la distinción de la gente concreta desde el sistema religioso que prevalece en su país de origen.

El sentimiento de mudez y angustia producido por el atropello de Niza (armando un camión, matando niños), ¿es síntoma de una cultura que ha perdido su sentido de la tragedia, su conciencia del mal y de la muerte?

La gente dice que estamos en guerra. Pero nadie tiene el coraje de hacer lo que hizo Churchill, y decirnos que no tiene nada que ofrecernos excepto sangre, sudor y lágrimas. Desde el final de la guerra en la que Churchill dejó su país, ha habido 70 años de paz y prosperidad. Eso se ha convertido en lo normal para nosotros, y pensamos en ello como nuestro derecho, como un hecho que es así sin que haya que decirlo. Guerra, hambruna... son cosas que le pasan a otra gente. Nuestro proverbio dice que "la gente feliz no tiene historia". Pero no nos hemos hecho a nosotros mismos más felices por imaginar que hemos escapado de la historia.

La intención de estos atropellos era dejarnos mudos, y los medios de comunicación con su cobertura continua están ayudando a conseguir ese objetivo. Olvidamos que la violencia es principalmente un medio, y que necesitamos quitar los ojos de la violencia en sí misma y preguntarnos cuál es el objetivo que persigue. Ese objetivo es establecer a lo largo del mundo un sistema legal que sea una especie de sharía y que legisle el comportamiento de los individuos, de las familias, de la economía, y a largo plazo, todo el sistema político. Nos hemos fijado en el aspecto espectacular de los atropellos, en las decapitaciones como las que el Estado Islámico pone ante nosotros con mucho cuidado y habilidad. Pero todo eso nos está distrayendo de la verdadera cuestión, que es la finalidad de estas cosas. Este final podría conseguirse a través de medios que son más discretos pero igualmente efectivos, como acusar de culpabilidad al enemigo, la presión social, incesante propaganda de guerra, cualquier tipo de truco.

La violencia quizá es un medio, sin la necesidad de implicar mucha acción. Todo lo que necesita es una amenaza lo suficientemente grande para forzar al adversario a rendirse sin luchar. Por un lado, el uso de la violencia psicológica podría ser contraproducente, en el sentido de que podría provocar un levantamiento del enemigo. Sería más inteligente tranquilizar a la gente con bonitas palabras o demostrar el poder sin utilizarlo.

En “L'Europe la voie romaine (Eccentric Culture: A Theory of Western Civilitation)”, muestra cómo nuestro continente fluye desde los griegos, los romanos y los cristianos. ¿Pueden Europa y Francia hacer una resistencia sólida a la amenaza islamista sin basarse en el legado intelectual que está en su ADN?

>Entrevista a Remi Brague

'Hay que distinguir entre islam y musulmanes'

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Volvamos al encuentro de Cuba, desde arriba y desde abajo

Zelinskij Vladimir

Es un encuentro del que se llevaba hablando décadas. Los papas y patriarcas iban cambiando, y la espera se prolongaba indefinidamente. Siempre que he tenido que hablar de ortodoxia, al final se me acaba planteando la misma pregunta: ¿cuándo podrá el Papa (Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco…) ir a Moscú? Pues bien, ha sucedido. De momento, no a Moscú sino a una tierra alejadísima de Rusia, pero en todo caso a una zona de influencia rusa. Un cruce que parecía casi de improviso, pero que se había preparado hasta el último detalle. Un encuentro fraterno, aunque sin una oración compartida. Una visita ecuménica, pero sin tocar ningún punto caliente teológico.

Cuando pienso en ese encuentro, imagino un precioso lago bajo el sol. Sobre la superficie, dos grandes naves que avanzan una hacia otra y que paran un momento para luego proseguir el viaje juntas, en una dirección común. Así se suele presentar la escena a los ojos de espectadores occidentales. Pero las aguas del lago se mueven. Bajo su reflejo hay corrientes profundas. El Papa Francisco puede ignorarlas y no mirar hacia abajo, hacia un fondo poco transparente: su nave en todo caso se sostiene bien. Con el patriarca es diferente. Habría debido considerar todas las piedras ocultas bajo el agua, todos los riesgos que le comportaría ese encuentro.

Los comentarios de la prensa europea que he podido leer partían de la premisa indiscutible de que Moscú estaba representada por él, patriarca “de todas las Rusias”. Pero hay “Rusias” muy discordes, sobre todo en el tema del ecumenismo. La misma palabra “ecumenismo” tiene una tonalidad distinta en Rusia y en Occidente. En Italia ha llegado a ser un lugar común, algo indiscutible al menos desde el Vaticano II, pero en el mundo ortodoxo, sobre todo en Rusia, especialmente desde su salida del comunismo, esta hermosa palabra suena a veces casi como una ofensa. No para todos, pero sí para muchos fieles, si bien no fuertes numéricamente hablando aunque sí por su influencia interna. Para algunos de ellos, el hecho mismo del encuentro del Patriarca con el Papa fue una traición a la verdadera fe, su rendición ante la herejía de las herejías, que es como la llamada “derecha ortodoxa” llama al ecumenismo. ¿Pero qué ecumenismo?, se podría objetar. Oficialmente, ¿el Papa y el Patriarca no se encontraron solo para declarar su preocupación por la suerte de los cristianos perseguidos en Oriente Medio? Dejemos estar a la política, responden otros, el hecho mismo de un contacto entre el Patriarca y el Papa significa el reconocimiento abierto del líder de “otra iglesia” (mientras que la Iglesia no puede ser más que una, fundada por Cristo) y del papismo, rechazado durante mil años por el Oriente cristiano. El abrazo entre ambos sería el texto más importante de la declaración, un texto acordado en cada palabra mucho tiempo antes.

Personalmente, el Patriarca puede ser ecuménico o no (Kiril es ecuménico), pero hay dos cosas más fuertes que él, que en este momento teme la Iglesia rusa: perder la metrópolis ucraniana (y por tanto también las demás diócesis de los estados independientes ex-soviéticos) y sufrir un cisma. Cualquier cambio (el calendario, la lengua eclesiástica eslava, el acercamiento a Roma…) puede provocar un terremoto y el Patriarca lo sabe demasiado bien. Nadie ha olvidado los dos cismas, el de los viejos creyentes y el de los innovadores, que sacudieron la Iglesia rusa en los siglos XVII y XX. Estas heridas aún no han cicatrizado. Todavía es pronto para hablar de cisma ahora, pero ya se perfila una pequeña grieta. Después de este acontecimiento, algunos sacerdotes del patriarcado de Moscú han dejado de conmemorar al Patriarca durante la divina liturgia por considerarlo hereje.

¿Sabía él de estos riesgos? Claro que lo sabía. Pero su encuentro con el Papa también llevaba dentro un mensaje político. ¿Alguien duda de que bajo el abrazo cubano no estaba también la mano de Putin, que con su aislamiento actual trata de utilizar la diplomacia oficiosa? Más aún, este encuentro tuvo lugar en el contexto del Concilio panortodoxo, los medios de todo el mundo llevaron a Moscú (que ocupa el quinto puesto en el díptico de las iglesias ortodoxas) a primerísima plana, pero los encuentros del Papa con el Patriarca ecuménico ya no son un acontecimiento extraordinario. Entre todos estos riesgos y cálculos, conviene dejar espacio al Espíritu Santo, capaz de entrar en los proyectos humanos, incluso en los que son demasiado humanos.

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Qué tiene que ver la matanza de Niza con el golpe en Turquía

Robi Ronza

En un contexto internacional tremendamente inestable, cada vez se hace más evidente la delicadeza de esta fase de transición que se está produciendo entre el final de la presidencia de Obama y el inicio de una nueva presidencia americana más imprevisible que nunca. En periodos así se abren vacíos que, si no se llenan de otra manera, acabarán remitiendo a fuerzas oscuras de matrices de lo más diverso: fuerzas que en otras circunstancias quedarían confinadas a los pasadizos subterráneos de la historia.

Más allá de los detalles específicos más relevantes, la masacre terrorista en el paseo marítimo de Niza, eslabón de una larga cadena de ataques terroristas islamistas, y el golpe en Turquía, contraataque a la aventura neo-otomana de Erdogan en Oriente Próximo, se encuentran en esa misma categoría. El problema es arduo, aunque todavía no es insuperable. Pero para afrontarlo hacen falta al mismo tiempo energías espirituales y culturales, materiales y físicas, personales y sociales, individuales y políticas.

Es evidente que el malestar de los franco-musulmanes de origen norteafricano es resultado de un largo proceso de segregación social y cultural, en parte inducido pero en parte también buscado, al que no se podrá poner remedio en un santiamén. Por eso conviene meterle mano lo antes posible. En el caso del atentado de Niza llama la atención la banalidad, la “normalidad” tanto de la persona como del instrumento que ha utilizado para cometer la masacre. Hay sin duda cientos, si no miles, de individuos en Francia con un perfil socio-psicológico análogo al de este terrorista. Usando de un modo perverso las técnicas modernas de persuasión masiva se pueden difundir odio y sugerencias técnicas para convertir en asesino a más de uno. Ni siquiera hace falta elegir concretamente a alguno. A una cierta cantidad de “promoción” en ese sentido, se le puede calcular un cierto resultado. La defensa inmediata ante tal peligro solo puede ser la policía, pero a largo plazo tiene que ser necesariamente una defensa cultural.

De la misma manera, también en el caso de Turquía vemos que el origen está en un vacío mal llenado. Se trata del vacío provocado por el incipiente éxodo de Estados Unidos del Mediterráneo, que ha desatado las ambiciones neo-otomanas de Erdogan. A su modo, Turquía es un país democrático, uno de los países más democráticos de la zona del mundo en que se encuentra, que es Oriente y no Europa. Pero se trata de una democracia no carente de ciertas particularidades importantes. Una es que se trata de un país muy “laico”, pero donde si no eres musulmán no puedes acceder a ningún cargo público de cierta relevancia.

Hay griegos, armenios y siriacos cristianos de nacionalidad turca, pero no se recuerda a ninguno que haya llegado a ser alcalde, ministro, alto oficial o director general de un ministerio. Otra particularidad reside en el papel asignado a las fuerzas armadas por el propio Mustafà Kemal Atatürk, fundador de la Turquía moderna, democrática y republicana en los primeros años 20 del siglo pasado. De hecho, por su voluntad las fuerzas armadas tienen derecho a intervenir en la vida pública incluso suspendiendo el gobierno civil democráticamente elegido si sus jefes consideran que ya no es fiel a los principios sobre los que se fundó la Turquía moderna. Lo que quiere decir que en Turquía el golpe de Estado militar no es una revuelta sino una institución.

Qué tiene que ver la matanza de Niza con el golpe en Turquía

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La 'victoria' sobre el Isis no supone una victoria sobre el yihadismo

Felice Dassetto

Dice un manual del buen yihadista “para lobos solitarios y pequeñas células” que circula por internet, y que resume las lecciones impartidas en campos de entrenamiento yihadista, que “el factor sorpresa ya es la mitad de la victoria, pues sorprender al enemigo en el momento y en el lugar ofrece las mayores posibilidades de éxito”. Mientras nos preparábamos para ataques con explosivos y kalashnikov la semana pasada nos sorprendía el horror que nos golpeaba de una manera sencilla: un camión contra la multitud.

Otra enseñanza del manual en cuestión es la seguridad de las operaciones en función de su éxito, que depende de la adecuación de los objetivos a los medios disponibles y a la posibilidad de reacción del enemigo. Lanzar un camión contra una muchedumbre efectivamente puede causar daños terribles antes de que la primera reacción tenga tiempo de poner fin a la operación. El objetivo que, según las palabras del Corán que cita el yihadismo, consiste en “aterrorizar al enemigo” ya estaba conseguido, y más aún en un momento especialmente simbólico para Francia, como era el 14 de julio.

Este atentado se encuadra en las lógicas contemporáneas del yihadismo, cuya doctrina, elaborada desde los primeros años 2000 por figuras como Al-Suri o Naji, puntos de referencia del mundo yihadista, consiste en promover una estrategia de la yihad cada vez más extendida y una estrategia del caos. En otras palabras, se trata de promover la difusión de la yihad en la vida cotidiana del enemigo, golpear allí donde sea posible, promoviendo una lógica de la tensión mutua y permitiendo ampliar el campo en que sea posible instaurar un orden islámico. La guerra que se está produciendo en Siria ha permitido al Daesh desde 2014 arraigarse e imponerse infiltrándose en medio del caos sirio. Del mismo modo, ha permitido a Al-Qaeda en el Maghreb islámico extenderse por el África subsahariana.

El Daesh será golpeado duramente, sin duda, Mosul y el territorio del que extrae considerables recursos financieros serán reconquistados por el ejército iraquí, apoyado por América y Occidente, pero la “victoria” sobre el Daesh no corresponderá a una victoria sobre el yihadismo, igual que la victoria sobre los talibanes y Al-Qaeda en Afganistán no significó una victoria sobre el radicalismo yihadista. Harán falta décadas de lucha contra el radicalismo, y costarán muy caras a las arcas públicas. Seguro que mañana se podrán retirar los soldados de las calles, o reemplazarlos por otras fuerzas policiales. La privatización de la seguridad a la que nos encaminamos con la ilusión de una perspectiva limitada en el tiempo no permitirá hacer frente a la necesaria seguridad de los ciudadanos.

Esto por lo que respecta a la seguridad inmediata y a la acción orientada a la lucha contra el radicalismo, que es el primer aspecto. Pero también habría que aprender las lecciones de los años 2000. Habíamos pensado que la eliminación armada de los grupos yihadistas, de los talibanes o de Al-Qaeda sería suficiente para secar la fuente del yihadismo. Fue una gran ilusión. Así lo demuestra la prolongación del yihadismo en los años 2000 y su expansión en 2011. De hecho, el yihadismo no es más que la punta visible del iceberg que emerge de un background cultural muy extendido y que ha constituido el terreno fértil para el yihadismo.

La 'victoria' sobre el Isis no supone una victoria sobre el yihadismo

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Tres islas, una sola unidad

Adriano Dell`Asta

Tres islas en la historia de la Iglesia y de la confirmación de su unidad: primero Cuba, luego Lesbos y ahora Creta. Después de los dos primeros encuentros (entre Francisco y Kiril en Cuba; luego entre Francisco, Bartolomé y Jerónimo en Lesbos), no era descabellado esperar un tercero con motivo del tan esperado Concilio Panortodoxo. Cincuenta años de discusiones y encuentros preliminares, después de que durante todo el siglo XX se sucedieran varios intentos fallidos y después de una historia plurisecular en que las Iglesias ortodoxas no han sido capaces de reunirse todas juntas. Y aunque el resultado ha sido claramente menos feliz de lo esperado, resulta exagerado decir que se ha producido un “cisma de facto”; con la ayuda del Espíritu Santo (que todos siguen invocando sinceramente), podemos esperar que en el futuro la situación se convierta en una ocasión de renacer, aunque por el momento parezca bloqueada en un callejón sin salida.

El pasado mes de enero se decidieron la fecha y el lugar, y se publicaron los documentos programáticos finales sobre los temas a debate, que fueron “completamente aprobados” por las Iglesias que se preparaban para celebrar el Concilio, mientras que un documento sobre el matrimonio que había suscitado la contrariedad de la Iglesia georgiana, contraria a los matrimonios mixtos, fue eliminado para mantener la unanimidad. Luego, inesperadamente, a partir de primeros de junio, empezaron las defecciones y de las catorce Iglesias que debían estar presentes quedaron diez: los patriarcados de Constantinopla, Alejandría, Jerusalén, Serbia y Rumania, las Iglesias de Chipre, Grecia, Polonia, Albania, Chequia y Eslovaquia; mientras que han declarado su indisponibilidad para presenciar la asamblea de Creta los patriarcados de Bulgaria, Antioquía, Georgia, y por último el de Moscú.

Qué ha pasado y por qué es una cuestión muy compleja y obviamente es objeto de polémicas más o menos encendidas. Algunos han señalado que es como si un estudiante se diera cuenta la noche previa al examen de que no ha leído los textos del programa. Otros tratan de explicarlo con motivos no del todo convincentes o rigurosos. En efecto, parece discutible negarse a participar en un encuentro tan importante por la controversia entre los patriarcados de Antioquía y Jerusalén sobre la pertenencia canónica del territorio de Qatar, o por la discusión sobre si a Georgia le corresponde el sexto o el noveno puesto en el orden de importancia. Se han aducido otras motivaciones, algunas tal vez más realistas, pero otras más dolientes. Que dentro de una Iglesia ortodoxa se haya desarrollado una fuerte oposición a las aperturas hacia el exterior; que concuerde mal la idea de concilio con un presunto “papismo de Constantinopla” o con un “imperialismo griego”; que moleste la idea de perder identidad ante una creciente influencia de Roma; que varias Iglesias toleren mal el hecho de que en los documentos preparatorios (por otro lado ya aprobados) se utilizara el término “Iglesias” para referirse a católicos y protestantes (en vez de considerarlos heterodoxos cuando no incluso herejes); y, por último, que en el orden del día pudiera incluirse la cuestión de la independencia de Moscú respecto a la Iglesia ortodoxa ucraniana, que actualmente depende del patriarcado moscovita.

Esto y mucho más se ha dicho pero, más allá de todo eso, queda la dolorosa constatación a la que han llegado muchos ortodoxos rusos: la ausencia de una jerarquía única y, más profundamente, la ausencia de un centro real de unidad, independiente de intereses particulares (ya sean de honor, étnicos, territoriales, económicos o de poder, etcétera), hace que la ortodoxia actual sea extremadamente débil ante los desafíos del mundo contemporáneo, y sobre todo ante la necesidad de testimoniar una perspectiva de vida fascinante y una salvación eficaz.

Tres islas, una sola unidad

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Terror islámico en los lugares sagrados del islam

Amr Al-Shubaki

Si un terrorista suicida del Isis pone en su punto de mira a las fuerzas de seguridad saudíes durante el mes sagrado, en el momento de la llamada a la oración vespertina, y además en las inmediaciones de la tumba del Profeta, eso significa que estamos ante una metamorfosis de las operaciones terroristas.

En el impacto, cuatro agentes de seguridad perdieron la vida, una escena que ha alterado los sentimientos religiosos de cualquier musulmán, así como la propia humanidad. Quien cierre los ojos ante los crímenes del Isis porque este ponga en su punto de mira a otras confesiones y religiones podría ser considerado cómplice del terrorista. De hecho, los crímenes que comete esta organización contra los árabes y musulmanes sunitas son mayores que los que comete contra los musulmanes chiítas o los no musulmanes. Quien haya permanecido en silencio ante la explosión en el barrio de Karrada en Baghdad, que causó más de 130 víctimas, en su mayoría chiítas, y haya pensado que lo sucedido en Al-Qatif, de mayoría chií, no se repetiría en Medina o La Meca, sería igualmente culpable, pues el terrorismo del Isis es un terrorismo asesino y sus criminales no tienen patria, religión ni confesión.

Un terrorista que se hace estallar cerca de la mezquita del Profeta refleja la transformación de los grupos terroristas y el paso de la fase del grupo yihadista que acusa de descreídos (takfīr) a un gobernante o a un sistema pero restringe el asesinato de ciudadanos civiles y no comete operaciones suicidas, a la fase de los grupos takfiristas que no ponen límite alguno a los asesinatos o degollaciones cotidianas, como sucede en Iraq, Siria, Egipto, Túnez, Francia, Turquía y América, llegando hasta el corazón de las tierras sagradas de los musulmanes, Medina.

La metamorfosis de los grupos terroristas comenzó probablemente después de los ataques del 11 de septiembre y la guerra de América contra el terrorismo, que favoreció la difusión de este último. Por aquel entonces, apareció una nueva especie de terroristas, diferentes de los viejos terroristas. Los nuevos eran en parte usuarios de las redes sociales, pero procedían en su mayoría de organizaciones ideológicas que banalizan las normas relativas a la “dār kufr (casa de los incrédulos)”, “dār ridda (casa de los apóstatas)”, “dār Islām (casa del islam)”, “dār da‘wa (casa de la llamada)”… hasta llegar a realizar operaciones terroristas en las inmediaciones de la tumba del Profeta del islam.

Los grupos terroristas han pasado del conflicto contra el poder interno, con el objetivo de hacerlo caer y llevar a cabo su proyecto islamista, a la venganza contra el mundo y la humanidad, aunque saben bien que no son capaces de derrocar un régimen ni en Oriente Medio ni en Occidente, sino solo de buscar venganza contra el sistema, democrático o autoritario, y contra el pueblo, musulmán o no musulmán. De hecho, estos grupos han crecido al ritmo de eslóganes superficiales y takfiristas que se repiten en las redes sociales y que en pocas semanas forman a jóvenes frustrados para que emprendan operaciones suicidas, desconocidas por las organizaciones yihadistas del siglo pasado.

Iraq y Siria se han convertido en las fuentes por excelencia del nuevo terrorismo porque ofrecen un ambiente fértil que atrae a personas frustradas, movidas por el deseo de dominación, venganza o dinero, y privadas de formación doctrinal. A un joven de Tanzīm Al-Jihad o de Jamā‘at Islāmiyya le sometían a años de preparación psicológica, doctrinal y religiosa antes de agarrar un arma y matar a una persona. Ahora, en cambio, un joven está preparado para tomar las armas en pocos días, y en pocas semanas para cometer un atentado. Lo cual se debe a que no le guían impulsos propiamente doctrinales sino la venganza, la situación de marginación y, a veces, el dinero, aunque todo ello se rellene con términos religiosos.

Los sociólogos y psicólogos, y no solo los expertos en seguridad, deberían estudiar a fondo los motivos que han movido al terrorista suicida de Medina. Forma parte de una organización que odia al islam y a los musulmanes, y combate tanto a los sunitas como a los chiítas. Dios se apiade de los mártires del terrorismo en Arabia Saudí y en todo el mundo.

Terror islámico en los lugares sagrados del islam

Amr Al-Shubaki | 0 comentarios valoración: 2  17 votos

Oriente Medio, el trabajo que falta

José Luis Restán

En un reciente coloquio sobre la situación de los cristianos en Oriente Medio, el Nuncio apostólico en Bagdad, Alberto Ortega, comentaba el shock que provocan en muchos musulmanes sencillos las terribles matanzas cometidas invocando el nombre de Alá y la enseñanza del Corán. Personas que trabajan y cuidan a sus familias, que rezan y ayudan a los necesitados, que se sienten parte de una comunidad y herederas de una sabiduría de siglos, se encuentran de pronto con la aberración de que algunos invocan la religión a la que ellos pertenecen para justificar la inhumanidad más absoluta. Pero es preciso ir al fondo de esa conmoción y extraer consecuencias.

Los últimos días han sido terribles en la región, como si la furia asesina ya experimentada tantas veces hubiese desbordado cualquier pesadilla. Primero el atentado en el aeropuerto de Estambul, después el asesinato a sangre fría de rehenes en un restaurante de Dacca, y por último el aquelarre sangriento en un barrio chií de Bagdad, que ha provocado doscientos muertos entre una población que había salido a la calle para festejar el final del Ramadán. Hay algo demoníaco en esta orgía sangrienta, como ha dejado ver el Patriarca de los caldeos, Louis Raphael Sako, que acudió al lugar de los hechos para rezar y consolar a las familias. Es la pretensión de dominar el mundo mediante la eliminación de cualquier obstáculo, el odio convertido en palanca de un delirante proceso histórico.

Mar Sako, que ha prodigado todo tipo de gestos de cercanía y solidaridad práctica con los musulmanes de Irak, no ha dejado de advertir que este cáncer amenaza desde dentro al propio islam, y requiere por tanto un combate mucho más decidido, compacto y tajante. La intervención del patriarca caldeo ha sido, como siempre, concreta y aguda, señalando la necesidad de una condena sin fisuras del uso de la violencia, que no puede quedar restringida al momento de shock provocado por los atentados. La condena de la violencia requiere una traducción educativa sostenida en el tiempo y apoyada en medidas concretas. Es necesaria una relectura auténticamente religiosa de la tradición musulmana, una nueva forma de educación, reclamada insistentemente en Egipto por el presidente Al Sisi; una apertura a la experiencia de ciudadanía, que implica mucho más que la mera tolerancia, implica cancelar definitivamente el sectarismo y emprender la cooperación con los miembros de otras comunidades. Sako ha hablado de construir un verdadero “Estado laico” que custodie el mosaico cultural y religioso de Irak. Y no hay otro camino, aunque sea largo y fatigoso.

La sensación que uno tiene es que el coro de las meras condenas resulta ya estéril y cansino, lo cual explica en este caso la ira de la población contra unas estructuras institucionales que no terminan de poner el dedo en la llaga. Estos días terribles de sangre y de fuego han tenido su momentáneo epílogo con varios atentados en Arabia Saudí, junto al corazón mismo del islam sunní, lo que demuestra que el monstruo no acepta territorios protegidos. El complejo mundo saudí sabe mucho de la génesis de esta monstruosidad que se llama Daesh y que ahora también le golpea. Y desde Teherán ha llegado una extraña invitación a cerrar filas, sunníes y chiíes contra un terror sin fronteras que ha desbordado ya todas las líneas imaginables. No es mala pista, siempre que exista verdadera voluntad de afrontar la raíz de este mal. Porque una cosa está clara, nuestro mundo no está haciendo lo suficiente, no está acertando con la tecla para afrontar este terrible mal.

Quizás nos vendría bien a todos (países occidentales y árabes, musulmanes y laicos secularizados, intelectuales, periodistas y autoridades religiosas, incluso militares y agentes de inteligencia) refrescar aquella vieja lección de Benedicto XVI en Ratisbona. Tanta sangre inocente reclama algo más que agitación y condenas formales. Frente a un gran mal, también las palabras tienen que recobrar su peso y su filo.

Oriente Medio, el trabajo que falta

José Luis Restán | 0 comentarios valoración: 3  24 votos
>Entrevista a monseñor Louis Raphael Sako

'Debemos crear juntos un Estado laico'

P.V.

Doscientos muertos y otros tantos heridos constituyen el balance de los atentados cometidos durante la noche del pasado sábado en un barrio popular de Bagdad. Un camión frigorífico cargado de explosivo estalló mientras la gente celebraba el Ramadán por las calles. El Estado islámico ha reivindicado el atentado afirmando que se trató de una operación kamikaze. Esa misma noche se produjo un segundo atentado cuando una bomba colocada al borde de la carretera explotó en un mercado, causando la muerte de dos personas. Hablamos con monseñor Louis Raphael Sako, presidente de la Asamblea de obispos católicos en Iraq, presidente del Sínodo de la Iglesia caldea y patriarca metropolitano de los caldeos en Bagdad.

Monseñor Sako, ¿cómo ha vivido estos atentados en Bagdad?

El lunes por la mañana me acerqué a visitar el lugar de los atentados para reunirme con los padres que todavía buscaban a sus hijos. Se cuentan 400 personas entre muertos y heridos. Recé y encendí las velas para mostrar nuestra solidaridad y cercanía con nuestros hermanos musulmanes, la mayoría de las víctimas, a las que se añaden también dos cristianos. Para mí ha sido la ocasión de condenar estos actos de terrorismo y enviar un mensaje al gobierno iraquí para que supere sus diferencias internas.

¿Por qué estos atentados se han cobrado tantas víctimas?

Se han producido en un barrio popular. Los terroristas han aprovechado la noche porque el clima es bueno y durante el Ramadán la gente sale después de anochecer. Los musulmanes van a hacer la compra, comen, se reúnen.

¿Qué siente la población de Bagdad?

La gente se ha acostumbrado un poco a estos atentados. En Bagdad residen siete millones de personas y no se puede vivir recluido. Salen de casa y nadie sabe cuándo será la próxima explosión. El gobierno tiene la tarea de garantizar la seguridad y proteger a la gente.

¿La gente piensa en marcharse?

No, en primer lugar porque la sociedad iraquí se fundamenta aún en gran parte sobre familias patriarcales donde hay comunión de bienes y afectos. Por tanto, un iraquí no puede pensar en marcharse solo. Además, aquí la gente tiene casa y trabajo, y la economía sería incluso floreciente si no fuera por la corrupción de los miembros del gobierno. Los iraquíes están muy apegados a su patria. Muchos cristianos se han marchado, pero cuando uno se va lleva consigo un gran sufrimiento en el corazón.

¿Dónde tienen puesta su esperanza los iraquíes?

Tenemos mucha esperanza en el hecho de que el mal no tiene futuro, las guerras terminarán y llegará la paz. Por tanto, hay que tener paciencia y colaborar con todos, empezando por los musulmanes, para construir un futuro mejor. Hay que construirlo día tras día, no es algo que se prepare por arte de magia. Mi deseo es que se camine hacia un régimen laico, no teocrático ni totalitario, cuya base sea la ciudadanía y no la religión, teniendo en cuenta que los musulmanes también deben separar la religión del Estado.

¿Por qué los medios occidentales han prestado tan poca atención al atentado de Bagdad?

Porque hay dos pesos o medidas. Cuando matan a un occidental, todo el mundo lo comenta, en Bagdad tenemos 400 personas entre muertos y heridos y parece una noticia de segundo nivel. Lo considero un escándalo, es la documentación de un mundo sin valores. ¿Quién es responsable de todo este mal que vive hoy la gente de Oriente Medio, en Iraq, Siria, Líbano, Yemen, Libia, Egipto? ¿Quién está detrás y cuál es la razón?

¿Qué podría responder usted?

Son los intereses de Occidente. ¿Qué sentido tiene, por ejemplo, cambiar un régimen por otro peor, o crear el caos y la anarquía? Si se quiere cambiar el régimen, primero hay que ayudar a la población. Además, ¿quién está detrás del Isis financiándolo? ¿De dónde vienen las armas, el dinero, los militantes? Hoy el Isis quiere dominar el mundo entero con su ideología, atacar cualquier país y matar al mayor número posible de personas para desatar el pánico.

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'Debemos crear juntos un Estado laico'

P.V. | 0 comentarios valoración: 2  14 votos

Por qué el Líbano lleva dos años sin presidente

Rolla Scolari

Hay un pequeño país oriental que lleva dos años sin presidente. El hecho de que el Parlamento del Líbano se haya reunido hace unos días para sumar su 40º fracaso para elegir jefe de Estado ya es una noticia que no es noticia, que pasa inadvertida. La próxima sesión será el 23 de junio, pero poco importa, porque entonces volverá a proponerse un esquema que se lleva manteniendo desde hace 24 meses. El Parlamento no alcanza el quorum legal porque el bloque político formado por los diputados chiítas de Hezbolá y sus aliados cristianos guiados por el general Michel Aoun boicotea la votación.

El ex presidente Michel Sleiman lleva meses acusando al equipo apoyado por el régimen sirio de Bashar al-Assad e Irán de provocar un bloqueo institucional. Según el complicado acuerdo constitucional libanés, fundamentado sobre el reconocimiento de las diversas comunidades religiosas del país, el presidente de la República debe ser un cristiano maronita, el primer ministro un musulmán suní, y el presidente del Parlamento un musulmán chií. Si las fuerzas de Hezbolá y sus aliados cercanos a Siria apoyan al general Aoun, el líder del bloque rival, apoyado por Riad, el suní Saad Hariri, ha utilizado recientemente una carta que ha hecho agitarse a sus adversarios. En vez de proponer para la presidencia un nombre sólidamente anclado en su campo, ha volcado la partida con la propuesta de Sleiman Franjieh, conocido por su cercanía a Damasco y a la familia Assad. Pero no ha sido suficiente para remover el impasse. El pequeño Líbano, durante años uno de los escenarios del mayor enfrentamiento regional entre Arabia Saudí e Irán, pasa en este momento a un segundo plano respecto a los intereses de las dos potencias en Siria. El partido y las milicias de Hezbolá tampoco parecen interesados en retomar la vida institucional, que podría devolver a la palestra el debate sobre su desmilitarización, justo ahora que miles de combatientes libaneses luchan en una guerra al otro lado de la frontera. Además, el movimiento busca una reforma de la ley electoral en sentido proporcional, que no favorecería a los defensores de Hariri.

“La prudencia, según Aristóteles, es una gran virtud política. Creo que los libaneses en este momento están practicando esta virtud”, afirma Antoine Messarra, miembro del Consejo constitucional libanés y profesor en la Universidad Saint-Joseph de Beirut. Según Messarra, Líbano es un país que sirve a ciertos actores regionales para tomar postura en la política de la zona, pero al mismo tiempo es el único país donde, en comparación con el resto de la región árabe, hay un clima de libertad y un pluralismo reales, “aunque falta el sentido de Estado. Hoy el Líbano no está ocupado por tropas sobre el terreno sino por fuerzas políticas internas subordinadas a fuerzas externas: un eje sirio-iraní que paraliza las instituciones. Pero los libaneses se han hecho más sabios gracias a sus experiencias. Aunque los diputados, según los términos de la Constitución, consiguieran elegir un nuevo presidente, ¿ese presidente conseguiría llegar a palacio, lograría gobernar efectivamente?”, se pregunta el profesor. “Por eso los libaneses son prudentes”. A pesar del larguísimo bloqueo institucional, el país sigue siendo igualmente una de las extrañas zonas de estabilidad en la región.

Para elegir al jefe de Estado hacen falta dos tercios de la asamblea parlamentaria, 86 de los 128 diputados. De momento, nada parece indicar avances en las próximas semanas. No es la primera vez que el Líbano se queda sin presidente. Sucedió en 1998, luego en 2007, pero nunca durante más de seis o siete meses. El bloqueo actual indica, como ha insistido la prensa internacional, un claro cortocircuito y un mal funcionamiento de las instituciones internas. La prueba sería la auto-prolongación con que en 2013 el Parlamento, avalado por el Consejo constitucional, extendió su propio mandato hasta mayo de 2017. Messarra, que es miembros de dicho Consejo constitucional, defiende esa decisión como garantía de estabilidad. “Ha evitado la ampliación del vacío institucional”. Y cuando le preguntas si el impasse político indica la necesidad de una revisión de la Constitución, responde: “No hay un problema constitucional, no hay que cambiar la Constitución. Lo que hay en la Constitución libanesa es lo máximo a lo que podemos aspirar”. El bloqueo, dicho de otro modo, es puramente político.

Por qué el Líbano lleva dos años sin presidente

Rolla Scolari | 0 comentarios valoración: 2  16 votos

Erdogan paga la 'traición' al califa

Renato Farina

Atacar un aeropuerto no es igual que atacar el corazón de un país, pero sí supone quererlo aislar, cerrarlo, significa cortarle las manos para llegar a otros, coartar el deseo de acercarse a un pueblo amigo.

Eso es lo que pasó el martes por la tarde en Estambul, la puerta europea de Turquía, en el aeropuerto de Ataturk. Tres o cuatro terroristas irrumpieron en la terminal de vuelos internacionales. Dispararon a la multitud y luego se inmolaron. Quien, como el que escribe, ha viajado últimamente a Estambul sabe que los controles son rigurosos, no solo en los embarques sino también en la entrada. Pero contra alguien que usa su propio cuerpo como bomba no existe el remedio del último minuto, la única posibilidad es identificar las células asesinas antes de que se muevan de sus bases, y eso implica un gran trabajo de inteligencia.

Hasta ahora se contaban ya seis atentados en los que va de año en territorio turco. El gobierno de Erdogan prefiere endosar sistemáticamente la responsabilidad a los extremistas kurdos, que no son tímidos precisamente, pero ahora los que atacan son los hombres del califa, que se sienten traicionados por el país y el gobierno que hasta el año pasado era una especie de Estado amortiguador, neutral cuando no implícitamente favorable a la yihad de Al Baghdadi, aliada con los milicianos del Isis en su lucha contra Bashar al Assad y los guerrilleros kurdos.

Es totalmente necesario romper el aislamiento de Turquía, ofreciendo a Erdogan la vía para relanzar relaciones de colaboración más firme con Occidente. Es el único camino. El terrorismo ataca a quien está aislado. Erdogan ha marcado un curso político a su Turquía que está cargado de contradicciones: abre el acuerdo con la Unión Europea para acoger a los refugiados previo pago convenido (tres mil millones de euros), luego amenaza a los países que reconocen el genocidio armenio, cierra acuerdos intra-sunitas con los palestinos de Hamás, acaba de firmar un acuerdo de pacificación y buenas relaciones con Israel (en clave anti-iraní), critica a Moscú por su ayuda a Assad en Damasco, y ahora pide perdón por el jet ruso abatido recientemente en la frontera con Siria.

Probablemente, con este atentado, por la técnica utilizada, el califa da el acuse de recibo de la decisión de hostilidad de Erdogan y le manda una terrible señal. Quiere aislar al país, acabar con el turismo, impedir la mezcla de islámicos e “infieles”. Por nuestra parte, en este momento se trata de crear condiciones de amistad, democracia, derechos humanos y seguridad para poder implicar a Turquía en la Unión Europea, según niveles de pertenencia graduales pero sin humillaciones. Hay por medio razones de justicia y solidaridad hacia un gran pueblo, y también sanos cálculos de realismo político. No podemos permitirnos dejar en la puerta a un gigante económico, militar, cultural, geopolíticamente esencial. Una guerra total con el califato en sus más diversas ramificaciones no permite la neutralidad de nadie.

Erdogan paga la 'traición' al califa

Renato Farina | 0 comentarios valoración: 1  11 votos
>Entrevista a Wael Farouq

'Hay palabras, y deberían ser como las del Papa'

Lorenzo Maria Alvaro

En la pista del Pulse, un local gay de Orlando, quedaron 49 personas. Sus vidas se vieron segadas, como ya habíamos visto en París, por un terrorista armado con un fusil ametrallador que, una vez dentro, empezó a disparar. Al día siguiente, mientras por todo el mundo se multiplicaban las manifestaciones de solidaridad, llegó también la reivindicación del Isis.

Hablamos de lo sucedido con Wael Farouq, vicepresidente del Meeting de El Cairo, presidente del Centro Culturale Tawasul y profesor en el Instituto de Lengua Árabe de la Universidad Americana de El Cairo. La primera impresión de uno de los observadores más atentos de las dinámicas del islam en Occidente es que toda esta historia se ha analizado y planteado de manera equivocada.

“En mi opinión, las dos posiciones, una que habla de atentado homófobo y otra, igual y contraria, que habla en cambio de una reacción a la provocación homosexual, están igualmente alejadas del núcleo”. Para él, “los muertos no son homosexuales. Son personas, seres humanos. Esa es la cuestión. Concentrarse en el tema de género es un error. Igual que es un error concentrarse en el perfil del terrorista. En los últimos tres años todos los atentados producidos en EE.UU han tenido un solo rasgo común: las armas. Los muertos en las escuelas y en las universidades, la violencia con las personas con discapacidad o con la comunidad afroamericana; el único hilo rojo es esta facilidad para tener armas de fuego. Las víctimas de esa discoteca representan a toda la humanidad, como las de París. No solo a los homosexuales. Son personas a las que se ha arrancado su futuro”.

El arma utilizada por el asesino, un AR15, no solo es legal sino que la compró por internet. “Obama ha dicho que no tiene palabras”, subraya Farouq. “Es evidente que permitir a cualquiera adquirir armas como esas es infravalorar la vida humana. Debería hallar las palabras, y deberían ser parecidas a las pronunciadas por el Papa Francisco hablando de los fabricantes de armas: ‘No son cristianos’”.

Respecto al silencio presidencial, el profesor árabe señala otro tema fundamental. “Otra tendencia es la falta de memoria. No podemos olvidar todos los demás atentados. No podemos hacer como si hubiéramos olvidado que EE.UU apoyan en Siria a gente como este Omar Mateen. Y no sabemos por qué hemos perdido la memoria, no vemos el contexto de esta violencia”.

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'Hay palabras, y deberían ser como las del Papa'

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'En la bomba de Estambul parece estar la impronta del PKK'

P.V.

La bomba que estalló el martes en un autobús de la policía en el centro de Estambul ha causado al menos 11 víctimas y 36 heridos. El explosivo estaba en un coche aparcado y fue detonado en el momento en que el vehículo policial pasaba por el barrio histórico de Beyazit en plena hora punta. Se trata del cuarto atentado en Estambul en lo que va de año, a los que hay que añadir otros parecidos en Ankara. Hablamos con Ammar Waqqaf, activista sirio residente en Londres.

¿Quién está detrás de este enésimo atentado?

La tipología del ataque, así como el hecho de que no se haya tratado de un kamikaze, indican que podrían haber sido los kurdos del PKK. En el pasado este grupo ya cometió ataques contra las fuerzas policiales, como venganza por la opresión turca.

¿A qué se refiere cuando habla de opresión turca?

En los últimos nueve meses el gobierno de Ankara ha realizado operaciones militares en las zonas kurdas. En las elecciones del 7 de junio del año pasado, el AKP resultó derrotado y el partido kurdo HDP obtuvo el 30% de los votos. El partido de Erdogan decidió entonces poner en juego el factor nacionalista con medidas orientadas a demonizar a los kurdos después de dos o tres años de negociaciones. El PKK está acostumbrado a venganzas directas en esta campaña militar.

¿Hay elementos que podrían hacer pensar en el Isis?

Sí. El hecho de que se haya atacado a una zona turística de Estambul introduce otro dato que nos puede llevar al Isis.

¿Es posible que el Isis haya atacado Turquía por un deterioro en las relaciones entre ambos?

Turquía y el Isis no son enemigos, sino que cohabitan y a veces incluso colaboran directamente. Ankara ha permitido a combatientes y armas atravesar sus territorios para llegar a las zonas controladas por el Isis. Por este motivo, al menos de momento, el Isis no considera a Turquía como un objetivo principal. Por otro lado, Erdogan no considera que el Isis sea una amenaza demasiado radical, mientras que el pueblo turco se identifica con una forma de islam más moderada.

En los últimos meses, ¿las relaciones Isis-Turquía siguen siendo positivas?

No lo sabemos. Lo que sabemos es que hubo un deterioro en las relaciones entre julio y agosto del año pasado, cuando Turquía unió sus fuerzas a las de Estados Unidos, permitiendo que los americanos usaran sus bases para lanzar ataques contra el Isis. Desde entonces se han producido varios atentados suicidas que se pueden interpretar como una especie de advertencia por parte del Isis para que Erdogan no se adhiera completamente a la línea de Washington.

¿Qué ha sucedido entonces?

'En la bomba de Estambul parece estar la impronta del PKK'

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Pakistán y esa ley que legaliza la persecución

Claudio Fontana

La ley pakistaní de la blasfemia permite que “la persecución contra los cristianos y otras minorías sea indiscriminada”, afirma Juan Carlos Pallardel, jesuita peruano responsable desde hace años del diálogo con el islam y otras religiones en Lahore, provincia de Punjab, donde residen más del 90% de los cristianos del país. “Esto nos afecta en la vida diaria, tenemos que pensar bien lo que hacemos y decimos porque sabemos que en cualquier momento nos pueden acusar”.

En Pakistán, la ley de la blasfemia ofrece una justificación jurídica dentro de la cual se expresa “un problema más amplio, sobre todo social”. De hecho, muchas acusaciones se instrumentalizan para resolver disputas personales o para ganar terrenos, según el jesuita. También es un problema porque en la mayoría de los casos “las víctimas pertenecen a los estratos más pobres de la población, que se ven obligados a sufrir los abusos de los más ricos. Los católicos, por ejemplo, están entre los más pobres de Pakistán, y por tanto entre los más vulnerables”.

El aumento de casos de blasfemia

En 1987, cuando el general Zia ul-Haq convirtió la islamización de Pakistán en un punto fuerte de su presidencia, la ley de la blasfemia, introducida en el subcontinente indio en tiempos de dominio británico, se endureció y asumió la forma actual, que prevé la pena de muerte para cualquiera que ofenda al profeta Mahoma, sin posibilidad de perdón o renuncia a la acción penal. Los datos recogidos por la ONG Engage Pakistan ponen en evidencia que el año 1987 fue un punto de inflexión. Desde ese año, los casos de blasfemia han aumentado un 17.500%, pasando de 7 en el periodo 1947-1987 a 1.335 en el periodo 1988-2014. Según esta ONG, que confirma las palabras de Pallardel, no es que de repente los pakistaníes se hayan hecho blasfemos. Simplemente, “la ley se usa como instrumentos de persecución y opresión”. Engage Pakistan muestra así la dimensión sectaria de las acusaciones de blasfemia: sobre un total de 1.335 casos, 633 acusaciones se dirigen contra musulmanes, 494 contra ahmadíes, 187 contra cristianos y 21 contra hindús. Esto significa que las minorías, que en total constituyen apenas el 4% de la población pakistaní, serían responsables de más del 50% de los delitos.

El cuadro se complica si tomamos en consideración que “muchas de las acusaciones ni siquiera llegan a juicio porque a los presuntos culpables los matan antes”, explica Pallardel. Es el caso de Salman Taseer, ex gobernador de Punjab, asesinado por su guardaespaldas por criticar la ley de la blasfemia, o más recientemente el activista Khurram Zaki, asesinado en Karachi. Según el informe de Engage Pakistan, también en este caso 1987 es el año decisivo: +2.750% de asesinatos extrajudiciales desde que se cambió la ley.

La decisión del Tribunal Supremo

El gobierno de Nawaz Sharif, primer ministro desde junio de 2013, parece ser consciente de las dimensiones del problema y, según Pallardel, está llevando a cabo acciones, también militares, para luchar contra el fundamentalismo religioso que exacerba la religiosidad y fomenta la rabia de las masas contra aquellos que son considerados culpables de blasfemia. Una señal importante llegó del Tribunal Supremo pakistaní en el caso de la condena de Mumtaz Qadri, el asesino de Salman Taseer, ahorcado a finales de febrero. A propósito de este caso, el Tribunal estableció que poner en discusión la ley de blasfemia no es, en sí mismo, un insulto al islam ni por tanto un acto blasfemo punible con la muerte. La conclusión no es en absoluto banal, subraya Pallardel, pues la mayor parte de los barelvi, una de las principales organizaciones sunís del país, defiende con determinación la ley de la blasfemia. Se trata, según Pallardel, de una conclusión importante porque “el solo hecho de que ahora se pueda discutir significa que un cambio es posible”.

El cambio posible

Pakistán y esa ley que legaliza la persecución

Claudio Fontana | 0 comentarios valoración: 2  13 votos

Trump y el sueño americano

Giorgio Vittadini

Existe algo aún “más inescrutable que los misterios sobre el origen del universo”, según el gran astrofísico Stephen Hawking: la popularidad de Donald Trump. Desde hace meses, el mundo de la información se empeña, a uno y otro lado del océano Atlántico, en tratar de entender lo que está pasando en América. En realidad, el éxito de candidatos tan “extraños” como Bernie Sanders (único miembro del Congreso americano que se define socialista) y Donald Trump (el personaje que ha infringido todas las reglas de la dialéctica tradicional) es solo la punta del iceberg de un profundo cambio que hay que estudiar para entender lo que realmente está pasando.

Por encima de todo, la disolución del sueño americano. Para la mayoría de los estadounidenses, sobre todo los más jóvenes, no es más que una “bullshit”. Pocos creen que pueda repetirse lo que sucedía hace 100-150 años, cuando los inmigrantes que llegaban a los USA, como todos los emigrantes de todos los tiempos, podían mejorar sus condiciones de vida. En Estados Unidos, el llamado “ascensor social” siempre resulta más problemático y una vida digna, que iguale los parámetros europeos, parece que solo está al alcance de los ricos, en una jungla de desigualdades sociales de dimensiones nunca vistas.

¿Por qué se habla entonces de una América que ha superado la crisis económica? La realidad es que las empresas han vuelvo a empezar a crecer sobre la base de salarios bajos y estancados. Según el National Employment Law Project, el 42% de los trabajadores americanos gana menos de 15 dólares la hora, lo que corresponde a 31.000 dólares al año. La renta real está por debajo de la del año 2001, llevando a condiciones de pobreza no solo a las clases tradicionalmente pobres sino también a gran parte de la clase media, cada vez más reducida. A esto hay que añadir que, según un sondeo de Gallup, el 14% de los trabajadores (es decir, 22 millones de personas) está infra-empleado.

No sorprende entonces que en este contexto, según el Census Bureau, 47 millones de americanos vivan bajo el umbral de la pobreza, con 23.550 dólares de renta anual para una familia de cuatro personas, y que 16 millones de niños –el 22% del total– viva en familias por debajo del nivel de renta mínima.

Entremos ahora en el gran tema de la sanidad. La salud está garantizada de manera parcial y el Obamacare ha cambiado poco, sobre todo por la resistencia de los lobbies financieros del mercado sanitario. Todo esto aumenta la distancia de la gente respecto al mundo de la riqueza virtual de Wall Street, que ha vuelto a niveles pre-crisis. El mercado financiero, que maneja riquezas enormes, no responde en absoluto al servicio de las exigencias de la gente.

La situación económica se agrava por la soledad que parece dominar la vida del americano medio. Un estudio publicado en 2006 por American Sociological Review refleja el hecho de que el 25% de los americanos no tiene a nadie con quien discutir sobre sus problemas personales ni celebrar sus logros, un porcentaje que dobla el dato de 1985. Si excluimos a los familiares, el porcentaje sube al 50% y, según el Washington Post, seguirá creciendo con el incremento de las jornadas laborales. Más soledad significa un aumento de los infartos cardiacos, las enfermedades psico-somáticas, trastornos psiquiátricos graves, incluso suicidios. Según el National Center for Health Statistics Federal Data, la tasa de suicidios ha crecido un 24% entre 1999 y 2014, sobre todo entre las mujeres. El fenómeno de la depresión está especialmente presente a nivel juvenil, convirtiéndose en el rasgo dominante de muchos estudiantes.

Trump y el sueño americano

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Continúa el martirio del pueblo sirio

Robi Ronza

Una sarta de hipocresía en la cara de los directamente interesados, manipulando la buena voluntad y los buenos sentimientos de mucha gente. Este sería en síntesis el juicio que se puede dar, llegados a este punto, sobre la gestión de la emergencia de los refugiados. Por un lado, los países de la Unión Europea no afrontan, sino que más bien exasperan la situación y la crisis que ha dado origen a estos éxodos; y por otro, con la política del traslado preestablecido de los inmigrantes en mar abierto de las barcazas a las naves “de socorro”, dan un apoyo estable a un sistema criminal de tráfico de seres humanos que por su naturaleza provoca masacres de inocentes.

Sigue ahí toda la competencia y dedicación de los equipos de las naves enviadas “de socorro” y el traslado en mar abierto con embarcaciones sobrecargadas de gente agotada y desesperada, que tiende a acabar en tragedia. No en vano a veces es precisamente la nave “de socorro” al acercarse la que provoca la catástrofe. De hecho, al verla, nadie puede impedir que los refugiados que se amontonan en su barca corran a colocarse todos en un mismo lado hasta provocar el vuelco o casi el hundimiento.

Entonces hay quien se salva y quien perece, pero un cierto número de víctimas resulta siempre inevitable. Luego se encienden las cámaras y quizás se suscite cierta conmoción por la pequeña huérfana lactante que toma el biberón en brazos de una mujer vestida de uniforme. Una conmoción natural y obligada, pero que no debería impedirnos exigir las razones de un sistema a causa del cual la muerte en el mar de la madre y de la niña no es un incidente imprevisible sino más bien la consecuencia inevitable de decisiones erróneas. Sin quitarle nada a los méritos de los que se acercan a hacer estos rescates, queda intacta la responsabilidad de los gobiernos que con esta política no solo no hacen frente al tráfico de seres humanos sino que más bien les aseguran un desarrollo constante. Del mismo modo que queda intacta la responsabilidad de los directores de los telediarios que convierten en espectáculo la historia de estos náufragos sin ayudar nunca a su público a entender qué se podría hacer para evitarlo.

Luego está la responsabilidad específica respecto al caso de Siria. “La retórica sobre los refugiados que huyen de la guerra siria resulta hipócrita si al mismo tiempo se sigue provocando el hambre, impidiendo la asistencia sanitaria, negando el agua potable, el trabajo, la seguridad, la dignidad a los que se quedan en Siria”, afirman los obispos sirios de Alepo y el Custodio emérito de Tierra Santa, Pierbattista Pizzaballa, en un llamamiento que por desgracia ha pasado bastante inadvertido contra la renovación de las sanciones de la UE en contra de Siria. Sanciones que no sufre ni el gobierno de Assad ni sus opositores armados, sino más bien la población civil. El “no” de un solo estado miembro habría bastado para evitar su renovación durante otro año más, hasta el 1 de junio de 2017. En cambio, de manera callada, el Consejo europeo así lo ha votado por unanimidad, mientras la atención de los medios estaba totalmente dedicada al G-7 reunido en Japón y al discurso de Obama en Hiroshima.

Continúa el martirio del pueblo sirio

Robi Ronza | 0 comentarios valoración: 2  16 votos
>Entrevista a Matthew Hassan Kukah, obispo de Sokoto

'El Estado nigeriano no protege a los cristianos'

John L. Allen Jr.

Kukah, de 63 años, es uno de los intelectuales católicos más representativos de Nigeria. Se doctoró en la London's School of Oriental and African Studies, ha escrito una larga lista de libros y tiene el don de hacer accesibles ideas complejas y de forma provocativa.

El ejército nigeriano se ha anotado algunos éxitos recientes contra Boko Haram, y el presidente Muhammadu Buhari dice que ya no controlan ningún territorio. ¿Cuál es la situación sobre el terreno?

La situación se ha vuelto muy, muy compleja. Los propios nigerianos, incluso los nigerianos musulmanes mismos, luchan para entender qué es lo que representa Boko Haram. Es verdad que Boko Haram se ha encaminado en los últimos seis meses o así, y se ha hecho un progreso significativo. Técnicamente ya no controlan ningún territorio nigeriano, lo que es una buena noticia. De todas formas, no estamos del todo seguros de lo que puede pasar en otros lugares, o de si ellos están a lo largo de la frontera reorganizándose. Tampoco estamos seguros de qué relación tienen con otros grupos radicales como el ISIS. Sabemos que tienen apoyo por alguna parte. Nuestra experiencia en Nigeria es que si nosotros simplemente negociamos con una organización local la batalla se prolongará durante más tiempo. Ha habido una movilización tremenda de recursos y personal (por parte de Boko Haram) que va claramente más allá de la capacidad de la comunidad musulmana local.

¿De dónde viene ese apoyo?

Es difícil decirlo. Sabemos que Boko Haram ha conseguido una tonelada de dinero de los secuestros, del tráfico de drogas, del tráfico de seres humanos y de este tipo de cosas. Existe la sospecha de que, por ejemplo, podrían estar usando a las niñas de Chibok como moneda de cambio, una suerte de "recurso natural" que intentan explotar para sacarle rentabilidad. Más allá de esto, es muy difícil saber cuáles son sus recursos financieros directos, pero lo que sí sabemos es que mucha gente de fuera ha dado mucho dinero para Boko Haram.

Ha dicho que, al principio, la ira de Boko Haram no era directamente contra los cristianos, o incluso el Gobierno nigeriano, sino contra las corruptas élites islámicas locales. ¿Lo sigue creyendo?

Ese sigue siendo mi punto de vista. Básicamente, lo que reflejó Boko Haram, por lo menos en sus orígenes, es una lucha con la propia comunidad musulmana para definir qué constituye la pureza islámica. Esto sucede todavía, como vemos en la tragedia del Estado de Kaduna, con la muerte de 347 miembros de un grupo chiíta por parte de las fuerzas de seguridad. La verdad sobre este hecho es que Boko Haram y estos otros movimientos salafistas están comprometidos en batallas internas del islam, por lo que solo está parcialmente dirigido a los cristianos.

¿Es Boko Haram "anti-cristiano"?

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