Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
24 JULIO 2019
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En el aparcamiento del Supremo

Fernando de Haro, Lahore

Nuestra cita es a la entrada de la Ciudad Vieja de Lahore, en la parada de autobuses que vienen de los pueblos a la capital. Junto a un mercado lleno de trajín, de hombres con largas barbas blancas, de mujeres vestidas a lo indio con trajes de vivos colores, con mujeres de hiyabs negros a los que solo se les ven los ojos. Se desayuna en los restaurantes populares, se grita y se comercia, el ruido del tráfico es ensordecedor. A la entrada de la Ciudad Vieja, los antiguos edificios de los hindúes que se marcharon con la partición son como fantasmas congelados de una belleza decadente. Las fachadas pintadas de rosa, de azul brillante, de turquesa acusan la falta de cuidado, los remiendos, los árboles que les salen por las junturas, los cables del tendido eléctrico prendidos de cualquier manera, arracimados, formando nudos. La vida no se detiene, pero el Lahore del esplendor colonial se ha quedado definitivamente en el pasado.

Adnan no tiene ojos ni para el bullicio, ni para el mercado, ni para fachada alguna. Se baja del autobús cubierto con una gorra, con un pañuelo que le llega hasta la boca y con unas gafas de sol. En sus movimientos hay nerviosismo. Luego me confesará que siempre que viene a la ciudad tiene miedo, teme que la asociación radical que le ha amenazado de muerte le quite la vida. Adnan tiene cita en el Tribunal Supremo de Lahore. Ha viajado parte de la noche. Lleva siete años acusado por blasfemia. Pasó cinco años en prisión y ahora está en libertad provisional. Todo su caso comenzó porque intentaron que se convirtiera al islam y rechazó hacerlo. En comisaría lo torturaron y en prisión tuvo que sufrir una clara discriminación respecto a los otros presos. Anthony lo defendió en otros tiempos. Ahora está en manos de otro abogado, pero ha acudido esta mañana a recogerlo. Anthony ha tenido una vida difícil desde que decidió dedicarse a la defensa de personas acusadas por la ley de la blasfemia. Hoy no viste el uniforme habitual de los letrados en Pakistán, herencia británica, que se compone de pantalón negro y camisa de algodón blanca. Quiere pasar inadvertido y se ha puesto una camisa de cuadros. Antes de llegar al Tribunal Supremo, nos bajamos del coche y nos escondemos tras unos árboles del parking que usan los abogados. Anthony me explica que entre sus compañeros de profesión hay dos asociaciones islamistas que le amenazan y le presionan a menudo. Suele aguantar sus invectivas, pero hoy es mejor que no le vean. Esperamos media hora a tener noticias. Pasado ese tiempo Adnan llama a Anthony y le informa de que los acusadores no se han presentado y que la vista se ha pospuesto para dentro de unas semanas. Anthony me explica que es una técnica habitual. Los jueces no cumplen los plazos establecidos, dilatan los tiempos y lo hacen con la complicidad de acusadores y de abogados. Denunciantes, magistrados y abogados están en el mismo frente. La inseguridad jurídica es absoluta, nunca se sabe cuándo va a acabar el proceso y las víctimas ven hipotecadas sus vidas.

En el aparcamiento del Supremo

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>Entrevista a Francesco Strazzari, profesor de Relaciones Internacionales en la Escuela Superior Santa Ana de Pisa

Argelia y Sudán, ¿primaveras árabes 2.0?

Claudio Fontana

Argelia y Sudán están viviendo, desde marzo de 2019 y diciembre de 2018 respectivamente, manifestaciones en las calles que han llevado a la caída de Abdelaziz Bouteflika, presidente argelino desde 1999, y Omar al-Bashir, en el gobierno de Jartum desde 1989.

¿Qué está pasando en Argelia y Sudán? ¿Estamos delante de una nueva “primavera árabe”?

Algunos observadores hablan de una “fase 2” de las primaveras árabes. Se trataría de una nueva oleada que en cierto modo habría “digerido” las lecciones de la fase precedente, y especialmente los elementos de ingenuidad y las expectativas a las que respondió el cambio político desatado en 2011. Las semejanzas no faltan. Las manifestaciones en ambos casos están motivadas por problemas relacionados con el encarecimiento de la vida y la pérdida de poder adquisitivo de los ciudadanos, que es un fenómeno evidente tanto en Argelia como en Sudán, dos países fuertemente ligados a la exportación de hidrocarburos. En Sudán, el aumento de precios de los alimentos ha provocado manifestaciones que han llegado a la capital, desembocando en una gran movilización para hacer caer el régimen. En el caso argelino, las dificultades para distribuir los ingresos por gas y petróleo han provocado la entrada en una fase de declive de la vida económica. Al principio de su cuarto mandato, Bouteflika se comprometió con sus promesas habituales. Sustancialmente, invertir esos beneficios en subsidios para mantener el poder adquisitivo de la población, en contra de las indicaciones de los organismos financieros internacionales. Acercándose a su quinto mandato, el presidente octogenario intentó jugar la misma carta, pero esta vez a la población no le ha parecido suficiente y la protesta contra el “sistema” se ha ampliado.

Aparte de los factores económicos, ¿hay otros elementos que compartan con las revueltas de 2011?

Un elemento es el protagonismo de los militares, especialmente el ejército. Luego hay un papel más oscuro que desempeñan otros aparatos de seguridad como las llamadas “tropas en la sombra” de las que se habla en Sudán. En todo caso, tanto en Sudán como en Argelia los aparatos de inteligencia tienen un papel muy controvertido. El ejército refleja y en cierto modo trata de interceptar la pregunta que procede de la movilización popular. Esta acción militar recuerda a la función “termidoriana” y restauradora que llevó a cabo el ejército egipcio con el golpe de estado contra Mohammed Mursi, que fue elegido tras la caída de Hosni Mubarak. De hecho, en aquella ocasión hubo grandes manifestaciones que pedían a voces la intervención del ejército para hacer frente a los fracasos del gobierno vinculado con los Hermanos Musulmanes.

Otra similitud con 2011 se refiere a la aparición de una opinión pública, una sociedad civil y un espacio transnacional de circulación de ideas, que vemos por el hecho de que en la retórica de la calle se observan estandartes y manifestaciones donde argelinos y sudaneses se reclaman mutuamente. También comparten el hecho de que los componentes islámicos no están ausentes en las calles (sobre todo en Argelia) pero no son ellos los que llevan las riendas en estas manifestaciones.

>Entrevista a Francesco Strazzari, profesor de Relaciones Internacionales en la Escuela Superior Santa Ana de Pisa

Argelia y Sudán, ¿primaveras árabes 2.0?

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En el nuevo pueblo de Yadum

Fernando de Haro, Lahore

Yadum ya no vive en su pueblo de siempre, en su pueblo del Punjab donde era pastor. Su nuevo pueblo está cerca del viejo, pero no lo ha vuelto a pisar. El nuevo pueblo de Yadum no tiene las calles asfaltadas y en esta, que es la temporada de lluvias, se forma un barro oscuro. A la entrada hay una pequeña escuela, en el segundo piso de la casa del maestro. Una escuela con tres aulas pequeñitas, con pupitres de madera, sin ventanas, todavía en construcción. Los cuadernos de trabajo están muy bien ordenados en sus anaqueles. Uno de ellos es de inglés, los niños de este pueblo saben decir Hello y te saludan con una gran sonrisa. Desde la terraza de la escuela se ve la aldea completa, de ladrillo, levantada sin orden, según le va llegando el dinero a sus vecinos.

El maestro combate el calor intenso y húmedo cerrando las puertas y las ventanas a cal y canto, sesteando. El maestro está mayor y ahora no trabaja porque es tiempo de vacaciones. El maestro tiene dos nietas guapas y coquetas, vestidas de colores, descalzas, que se cubren la cabeza con un pañuelo y a las que no le gusta que las veamos pelar cebolla. A la entrada del nuevo pueblo de Yadum también hay una iglesia en construcción, con su cruz en la puerta, para que quede claro que es un templo de cristianos. Dos hombres trabajan en terminar el techo. El agua que corre por la calle principal del pueblo de Yadum no está limpia, es agua de letrina. A la puerta de cada casa hay una cortinilla de colores, y detrás un patio con una cocina de gas en el suelo, y después una sola habitación con una gran cama donde duermen todos los miembros de la familia. Las mujeres se asoman al vernos pasar, con rostros tostados, con una belleza sana en medio de la pobreza. En varias esquinas, tiendecitas en las que se venden golosinas. Un hombre gordo, semidesnudo, duerme desparramado a la puerta de su casa. Está tumbado en una de las hamacas del Pakistán que se parecen a las hamacas de la India. Encontramos la casa de Yadum cuando el pueblo se acaba y se hace campo, un campo fértil, casi tropical. Cerca pasa un río y las vacas cruzan por la puerta de la casa de Yadum al volver de abrevar. Son vacas grises con los cuernos cortos y retorcidos. Bajo una acacia tres mujeres, sentadas en el suelo nos ven entrar donde Yadum. Lo encontramos a la puerta, sacando tierra de una carretilla para plantar una pita en una maceta. La nueva casa de Yadum no está acabada. Los muros en pie, el techo cerrado, pero no hay más puerta que la de entrada y no hay nada enlucido. Pero Yadum quiere plantas en su casa y se afana en preparar los tiestos. Yadum está desnudo de cuerpo para arriba, sonríe mucho. Y me explica que se han venido a vivir a un sitio donde el terreno es muy barato.

En el nuevo pueblo de Yadum

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El dedo de la blasfemia

Fernando de Haro, Islamabad

Basharat es un hombre fornido, con una amabilidad reservada. Vive en una casa de dos pisos en un barrio pobre de Islamabad. En realidad la planta baja es un garaje acondicionado. Llamamos a la puerta de metal. Varios vecinos nos miran con curiosidad desde los balcones cercanos. Basharat nos hace pasar con prisa a una sala cerrada a cal y canto. Es costumbre en esta ciudad mantener algunas estancias cubiertas con pesadas cortinas para que no entre ni un rayo de luz durante el verano. Nos pide que no le tomemos imágenes en la calle y que escondamos la cámara, que es demasiado grande para su voluntad de pasar inadvertido en el barrio. “En esta zona casi todos son musulmanes”, nos dice Basharat mientras abre la palma de la mano y se la pone delante de la barbilla para simular una barba larga.

Basharat enseguida nos saca un gran aperitivo, con hojaldres salados. Se acomoda en uno de los grandes sillones de sala, sillones de invierno para un verano con un calor que desde muy temprano es una especie de mazazo. En la parte alta se oye ajetreo de chiquillos. Durante nuestra conversación irán apareciendo hasta cuatro. El más pequeño de poco más de un año, una fuerza de la naturaleza, tiene pasión por los videos musicales que escucha y baila en el móvil de su padre. La hermana mayor, espigada, seria, intentará meterlo en cintura. La segunda, coqueta, será la única que consiga dominarlo. Basharat trabajó con Shahbaz Bhatti, el ministro cristiano asesinado en 2011 por oponerse a la ley de la blasfemia. Cuando le menciono el nombre del mártir casi se le humedecen los ojos. “Su sangre corre ahora por mis venas”, me dice.

Basharat conoce en su propia piel qué significa sufrir una acusación falsa por la ley de la blasfemia, modificada por el General Zia en 1987 y utilizada como una herramienta de persecución. “Habíamos puesto en marcha un proyecto para la construcción de una iglesia a las afueras de Islamabad. Conseguimos el dinero y compramos el terreno”, me explica Basharat. Cuando iban a empezar las obras, un grupo vinculado a los talibanes formuló una falsa acusación de blasfemia. La policía se presentó en el lugar donde se iba a construir la iglesia y se llevó preso a Basharat. Estuvo cinco meses en la cárcel sin que se precisara cargo alguno contra él. “El período en la cárcel fue duro, pero para mí significó un cambio. Me pasaba el día con la Biblia, la leía a todas horas, dormía con ella, comía con ella, me hacía compañía y eso me transformó”, explica. “En una ocasión decidí ayunar varios días y los carceleros que me vigilaban se conmovieron con ese gesto porque lo hacía por Dios, para mí fue todo un signo”, añade.

El dedo de la blasfemia

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Cristo no puede ser funcionario

Fernando de Haro, Islamabad

La vida hierve en el Barrio 66, uno de los suburbios de Islamabad. El Barrio 66 está a miles de kilómetros de distancia de las zonas residenciales de las afueras, donde viven los altos cargos del ejército, en bonitos chalets con patios interiores en los que el rigor del verano se suaviza con sombras de árboles cuidados y el olor intenso y algo embriagador del jazmín. Aquí es todo bullicio, en las casas de pocos metros cuadrados, construidas sin permiso y sin título de propiedad, una habitación y una cama sirve de dormitorio para toda la familia y la cocina son dos hornillos en un pasillo. Los que han prosperado se han construido una pequeña azotea. Por las calles sin asfaltar pasean jóvenes del brazo, mujeres que se cubren la cabeza con pañuelos de colores, hombres con grandes mostachos y el pelo recio y negro de los indios. No hay barbas largas de piedad en los varones ni sombreros pastunes, ni hiyabs. Pero, por lo demás, nadie puede reconocer por su modo de vestir a los cristianos, que son mayoría en el Barrio 66 y que han llegado aquí, en su mayoría, huyendo de la miseria del Punjab.

Los carniceros exponen, sobre un mostrador de piedra, su producto. Sentados junto a piezas de cordero, espantan sin mucha convicción las moscas con unos latiguillos de plástico. Alguno con inclinaciones por la invención ha construido un artefacto con un motorcillo para no tener que esforzarse mucho. Junto a las carnicerías, dos pequeñas iglesias protestantes. La casa de Younas está en un recodo, con su nombre completo en la puerta. Younas se vino con sus padres del Punjab siendo pequeño. Su camisa y su pantalón, a la europea, están impolutos. Nos invita a entrar. Mónica, su mujer, anda entre fogones y nos saluda con timidez. Nos sentamos en una pequeña salita y Younas nos saca enseguida algunas bebidas. Algunos de los hermanos de Younas han buscado mejor vida en Europa, pero él ha preferido quedarse en Pakistán, a pesar de que las cosas no le han sido fáciles. Su primer hijo sufrió un atentado y anda con dificultad. Las ayudas del Gobierno no han llegado.

El primer nombre de Younas es de origen musulmán, pero el segundo, que usa habitualmente, es Masih, que significa “Cristo”. Younas no ha renunciado a su segundo nombre aunque le ha impedido acceder a un cargo en la Administración. Younas hace veinte años quiso convertirse en funcionario público. Su formación se lo permitía. Pero, a pesar de haberlo solicitado más de quince veces, fue rechazado. “Estoy convencido de que me rechazaron porque me llamo Cristo”, explica Younas. “Creo que afortunadamente las cosas han cambiado en los últimos años”, sostiene. Pero lo cierto es que los estudios hechos por prestigiosos centros de estudios muestran que la discriminación laboral es muy frecuente todavía en Pakistán para los bautizados. El acceso a los altos puestos de la Administración está prácticamente vedado.

Cristo no puede ser funcionario

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Ojos sin amargura

Fernando de Haro, Islamabad

El padre Nasir tiene una sonrisa acogedora, hay algo en sus gestos que destila jovialidad. No se queja a pesar de que hemos acudido a la cita con una hora de retraso. Islamabad ha amanecido con un bochorno de lluvia. Nuestro conductor se ha retrasado y nosotros nos hemos retrasado grabando los rostros de un mercado que nos ha imantado. Las caras de Islamabad, la capital de Pakistán, se parecen muchas veces a las caras de la India, con mujeres engalanadas con los colores más bonitos del mundo. Pero en otras ocasiones se parecen a las caras de Afganistán, con el gesto severo de los pastunes, con sus gorros que parecen tartas de trapo, con sus barbas largas que quieren demostrar una gran piedad.

Nasir nació en Sarguda, un pueblecito del Punjab, una de las regiones más pobres de Pakistán donde se quedaron buena parte de los cristianos del país tras la partición de la India. No tuvo una infancia fácil: era el único bautizado del colegio, no podía beber en la misma fuente que sus compañeros musulmanes porque si lo hacía, la contaminaba. Han pasado más de treinta años pero la situación no ha cambiado. “Hay niñas que están en el colegio y que tienen que andar mucho para poder beber”, me comenta. Nasir no se arredraba con facilidad y quería ser el líder de los alumnos. El director de la escuela le explicó que solo podría lograrlo si lograba memorizar una buena cantidad de suras del Corán. El reto era especialmente complicado porque la lengua materna de Nasir no es el árabe sino el urdu. “El árabe no es difícil cuando sabes urdu, muchas veces es una cuestión de pronunciación”, añade. Nasir le pidió a su padre permiso para estudiar el Corán, memorizó las suras y pasó la prueba mejor que sus compañeros.

“El problema de la discriminación de los cristianos se sufre en las zonas rurales como las mías, donde la gente no está bien educada”, añade Nasir. Los cristianos –explica el sacerdote– suelen tener los peores trabajos y es frecuente que los contraten para hacer algo y que luego les paguen menos de lo acordado. Las condiciones laborales muchas veces son prácticamente de semi-esclavitud. No es extraño que los patronos llamen a sus empleados cristianos a trabajar en el campo a medianoche. Si prosperan acaban acusándolos de blasfemia a la policía.

Ojos sin amargura

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Oportunidades y desafíos de las minorías islámicas en el mundo

Yahya Sergio Yahe Pallavicini

En el siglo XXI, tal vez por primera vez en la historia, las comunidades islámicas están presentes en todos los países del mundo, incluso allí donde el islam no es mayoritario. En Europa hay 25 millones de musulmanes, en China casi 30. Esto supone una serie de desafíos inéditos para la umma, la comunidad islámica. Los instrumentos sapienciales de la tradición no faltan pero hoy hace falta un nuevo esfuerzo de interpretación, adaptado a los tiempos posmodernos y las sociedades occidentales secularizadas.

Precisamente sobre esto discutieron el pasado mes de mayo en Abu Dhabi más de 550 representantes religiosos, intelectuales, científicos y figuras políticas procedentes de diversas instituciones islámicas, hombres de negocios y otras entidades de más de 140 países de todo el mundo. “El futuro del musulmán: oportunidades y desafíos” fue el título de esta primera conferencia internacional de minorías islámicas bajo el patrocinio del ministro de Estado por la Tolerancia de los Emiratos Árabes Unidos, S.A. Shaykh Nahyan Bin Mubarak Al Nahyan, donde se firmó una declaración final con objetivos claros y compartidos.

Seguridad y ciudadanía

La presencia de musulmanes fuera de los países de mayoría islámica se ha valorado por parte de los sabios de Abu Dhabi como una “riqueza” y no como un elemento de posible “amenaza” a una identidad meramente dependiente de fronteras geográficas o nacionales. Por eso hacen falta instrumentos operativos concretos para la “integración de las comunidades islámicas en el contexto no islámico”, como señala la Carta Global de las Comunidades Musulmanas redactada y adoptada por este congreso a su término. Entre otros puntos, se pide “a los musulmanes que cumplan con su deber en sus comunidades y países con el fin de alcanzar la paz y la seguridad social, y proteger a sus hijos de las corrientes extremistas y de los movimientos separatistas”.

Respeto a las leyes y jurisdicciones

El congreso reafirmó su adhesión a todas las cartas de derechos humanos “que prohíben la discriminación racial, religiosa y la limpieza étnica, que minan las bases más importantes sobre las que se funda la ONU, como salvaguarda de la paz y de la seguridad internacional, la democracia y el respeto a los derechos humanos”. En otras palabras, se pide a los países de acogida que acepten las exigencias de ciudadanía de los musulmanes y, a los países islámicos, que ofrezcan un apoyo intelectual adecuado para una justa definición de las exigencias educativas y religiosas de los musulmanes allí donde son minoritarios.

Dignidad y fraternidad interreligiosa por los valores sagrados

Oportunidades y desafíos de las minorías islámicas en el mundo

Yahya Sergio Yahe Pallavicini | 0 comentarios valoración: 1  11 votos

El hilo que une Abu Dabi con Rabat

Michele Brignone

En el mapa del mundo árabe, Abu Dabi y Rabat se encuentran en las antípodas: en el extremo oriente y junto al golfo Pérsico la primera, en el extremo occidente y orientada hacia el Atlántico la segunda. Pero estos días su distancia geográfica se ha visto colmada simbólicamente por la presencia del papa Francisco. La secuencia extraordinariamente cercana de ambos viajes papales no parece simple coincidencia. De hecho, ambos países tienen varias características en común.

La primera viene representada por su compromiso para hacer frente al extremismo religioso. Marruecos y los Emiratos, que comparten además su pertenencia a la escuela jurídica maliki, han reaccionado con determinación al desafío lanzado por el terrorismo yihadista, promoviendo en su patria y en el exterior una lectura abierta y conciliadora del islam. La monarquía marroquí fue la primera en moverse, respondiendo a los atentados de Casablanca en 2003 con una significativa reforma de la estructura religiosa del país. A diferencia de Marruecos, que alberga una de las universidades islámicas más antiguas del mundo (Qarawiyyin di Fes) y cuyo jefe de Estado es llamado el “comandante de los creyentes”, los Emiratos no disponen de instituciones religiosas tradicionales tan prestigiosas. Sin embargo, en el contexto marcado por las revueltas árabes de 2011 y después con la afirmación del yihadismo terrorista, Abu Dabi impulsó la creación de nuevas organizaciones religiosas que rápidamente transformaron los Emiratos en un centro de referencia para el mundo musulmán contemporáneo.

En 2016, el esfuerzo de ambos estados asumió la forma de una iniciativa conjunta, la Conferencia de Marrakech sobre los derechos de las minorías religiosas en el mundo islámico, promovida por el Ministerio marroquí de Habous o Asuntos Islámicos, y por el Foro para la Promoción de la Paz en las Sociedades Musulmanas, una fundación con sede en los Emiratos Árabes Unidos dirigida por Abdullah Bin Bayyah.

No es casual que en sus viajes el papa Francisco haya visitado dos lugares simbólicos de la política religiosa de estos países, el Consejo de Sabios musulmanes de Abu Dabi, una red de ulemas presidida por el gran imán de Al Azhar, Ahmad al-Tayyeb, y el Instituto Mohammed VI para la formación de imanes en Rabat, nacido en 2015 para formar guías religiosos preparados frente a las interpretaciones fundamentalistas.

Pero la afinidad entre Emiratos y Marruecos no se limita al islam que promueven. También les caracteriza la presencia, en su territorio, de consistentes comunidades de inmigrantes. Hacia el país del Golfo convergen millones de personas procedentes de países asiáticos (India, Filipinas, Bangladesh, Pakistán, etc.); por su parte, Marruecos es territorio tanto de residencia como de tránsito para migrantes que llegan del África subsahariana. A este fenómeno va unida la presencia de la Iglesia tanto en el Golfo como en el extremo occidente norteafricano. Y ya sabemos la importancia que estas realidades tienen para el Papa, que nos tiene acostumbrados a mirar el mundo desde sus periferias.

Uno de los intelectuales más valorados por el papa Francisco, el pensador uruguayo Alberto Methol Ferré, leía las relaciones entre las iglesias europeas y latinoamericanas a la luz de la distinción entre “iglesia-fuente” e “iglesia-reflejo”. La elección de Bergoglio al solio pontificio marca en este sentido la consagración de la tradición latinoamericana como “fuente” para toda la Iglesia universal.

El hilo que une Abu Dabi con Rabat

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Entre Netanyahu y Gantz, si vía de salida palestina

Filippo Landi

Apagados los focos sobre Gaza, la campaña electoral en Israel retoma su curso “normal”. La política israelí, en esto, resulta un poco extraña a ojos europeos. El problema de encontrar solución al conflicto con los palestinos se ha convertido en un obstáculo a las estrategias de partidos, viejos y nuevos, que se disputan la mayoría de los 120 diputados de la Knéset, el parlamento israelí. Se habla de todo, de Jerusalén al Golán, de la confrontación con los países árabes “moderados” a la guerra latente con Irán, del apoyo de Donald Trump a Israel a las nuevas posibles alianzas con Arabia Saudí, Egipto…

Por estas razones, misil disparado desde Gaza que explotó en la periferia de Tel Aviv no ha desviado el curso de la campaña electoral. El primer ministro Netanyahu ha intentado evitar una nueva guerra a poco más de una semana de las elecciones, ha debido considerar que el impacto electoral no sería positivo.

El pasado domingo se reabrieron los puestos de control en la frontera entre Israel y Gaza, el de Kerem Shalom para el paso de mercancías y el de Erez para el tránsito de personas. Todo ello a pocas horas de los últimos bombardeos, pero esa reapertura formaba parte del compromiso no escrito que llevó, el día anterior, a contener la rabia de los palestinos de Gaza, que salieron a la calle para recordar el primer aniversario de la Marcha del Retorno de refugiados. Hace un año, en mayo, en un solo día murieron casi setenta palestinos. El pasado sábado, el balance de víctimas fue de cuatro jóvenes muertos a manos de soldados israelíes y un centenar de heridos. Un balance dramático, sin duda, pero contenido. El gobierno de Netanyahu ofreció en las horas previas una serie de aperturas para aliviar las consecuencias del asedio de Gaza en la población: camiones de mercancías y ayuda humanitaria, ampliación de la zona de pesca frente a las costas de Gaza, energía eléctrica más horas al día, luz verde a las ayudas financieras prometidas por Qatar.

Cuando parece que ha vuelto la calma, Netanyahu y su nuevo principal adversario, el ex general Benny Gantz, junto a los líderes de una miríada de pequeños partidos posibles aliados unos de otros, han vuelto a la “confrontación”. Los sondeos afirman que el nuevo partido de “centro” Azul y Blanco de Gantz podría llegar a 31 escaños, distanciándose del Likud de Netanyahu, que podría quedarse en 27. Pero el bloque los partidos de centro-derecha, empezando por los que se nutren de los votos judíos ultraortodoxos, podría regalar a Netanyahu la mayoría en la Knéset, haciéndole superar el listón de los 60 votos necesarios para la mayoría. Ya pasó en las elecciones de febrero de 2009, cuando Tzipi Livni, líder de Kadima, derrotó al Likud de Netanyahu, pero nada pudo contra el bloque de sus aliados.

Entre Netanyahu y Gantz, si vía de salida palestina

Filippo Landi | 0 comentarios valoración: 1  9 votos
>Entrevista a Nihal Batdal

La nueva fuerza que ha derrotado a Erdogan en Turquía

I.S.

La derrota de Erdogan en Turquía ha sido dura, tanto que esta vez ha sido él quien ha denunciado un fraude electoral exigiendo un recuento de votos, sobre todo en Ankara, la capital de país, que ha pasado a la oposición después de 25 años. Pero no solo Ankara. La oposición laica ha ganado en las principales ciudades turcas, desde el centro industrial de Adana al turístico en Antalya. Pero, sobre todo, pierde Estambul. Hablamos con la periodista turca Nihil Batdal.

¿Ya se ha confirmado la derrota en Estambul?

Por lo que dicen hasta las agencias estatales, en Estambul, aunque por pocos miles de votos, ha ganado el candidato del partido republicano, Ekrem Imamoglu. Es un dato de enorme importancia. El propio Erdogan dijo en campaña que perder Estambul significaba perderlo todo.

Estas grandes victorias en los principales centros metropolitanos, ¿eran esperadas o ha sido una sorpresa?

La gente no se lo esperaba, muchos ni siquiera han ido a votar porque ya están desilusionados y empiezan a pensar que es imposible hacer algo contra un gobierno que lo controla todo. Por suerte, ha habido mucha gente que ha votado de todas formas, a pesar de estar segura de que la victoria no era posible. La gente era muy pesimista.

Entonces la sorpresa ha sido doble, pero en Anatolia y en la Turquía rural Erdogan ha ganado. ¿El país está dividido después de estas elecciones?

La pérdida de las grandes metrópolis supone una gran pérdida, el propio Erdogan empezó su carrera política como alcalde de Estambul, le interesaba especialmente mantener su control. La pérdida de Ankara es también muy importante, era algo que no pasaba desde hace muchos años. Pero no diría que la nación está dividida en dos, como dice el gobierno.

¿Qué importancia ha tenido en estas elecciones la profunda crisis económica de Turquía y el voto anti-Erdogan?

La crisis económica es el principal motivo de esta victoria, pero la novedad que nos muestran estas elecciones es que se han unido dos fuerzas. El voto político anti-Erdogan no bastaba para conseguir el cambio que se ha logrado, se ha unido la clase intelectual y cultural con la clase medio-baja que necesita un bienestar económico. Las dos cosas juntas han dado lugar a esta victoria.

Erdogan ya ha dicho que habrá que esperar a las próximas elecciones dentro de cuatro años, mientras que en Turquía siempre se ha votado una vez al año, ¿es señal de que el presidente está asustado?

Sí, porque cuando uno tiene miedo al cambio obviamente prefiere la estabilidad. Se votaba una vez al año para confirmar su poder, en cambio, ahora que sabe que corre el riesgo de perderlo todo prefiere espaciar el voto cada cuatro años, con la esperanza de recuperar apoyos.

¿Se puede decir que Turquía asiste por fin a un cambio inesperado?

>Entrevista a Nihal Batdal

La nueva fuerza que ha derrotado a Erdogan en Turquía

I.S. | 0 comentarios valoración: 1  12 votos
>Entrevista a monseñor Mario Zenari, arzobispo de Damasco

'El hambre está matando a más niños que las bombas'

I.S.

Según Unicef, en 2018 murieron en Siria 1.106 niños, es el mayor número de niños muertos en un año desde que empezó la guerra. Pero la realidad seguramente es más grave que los números proporcionados por la ONU. Números que dicen que la guerra en Siria está muy lejos de haber acabado a pesar de las proclamas de Trump y Putin. En Siria la gente sigue muriendo y, como siempre, la población civil paga el precio más alto.

Como señala en esta entrevista monseñor Mario Zenari, arzobispo de Damasco –aunque es una noticia que nunca se ha difundido en Occidente, lo que hace pensar en cuántos casos se conocen y cuántos se ignoran– cerca de 70 niños menores de cinco años de edad han muerto de frío y de hambre intentando llegar a los campos de refugiados, huyendo de Baghouz, el último bastión del Isis.

Monseñor Zenari, Unicef habla de más de mil niños muertos en 2018, la cifra más alta desde que empezó el conflicto. ¿La situación sigue siendo tan dramática?

Por desgracia, la ONU es una fuente fiable. Por tanto, estas cifras son verídicas. La gente sigue muriendo en Siria. Aparte de los campos de minas, diseminados por todas partes, o los explosivos abandonados, también se muere de hambre y de frío. Desde diciembre, entre los niños y las madres que huyeron de Baghouz hacia los campos de refugiados, muchos murieron, hubo unos setenta niños menores de cinco años que murieron en la calle a causa del frío, la deshidratación y la desnutrición.

¿Pero la guerra no se encamina hacia su conclusión?

Es un gran disparate decir que la guerra ha terminado, no es así. En la provincia de Idlib (donde se encuentran los milicianos del Isis huidos del resto del país) todavía viven tres millones de civiles y nadie sabe qué va a pasar. Hay zonas, como Damasco y Homs, donde ya no caen bombas, pero la población tiene que enfrentarse a otro tipo de bomba: la pobreza. La ONU ha declarado que ocho de cada diez personas en Siria viven por debajo del umbral de la pobreza.

En esta situación tan dramática, los países occidentales siguen manteniendo las sanciones contra Assad. ¿Qué le parece?

Hablar de eso quiere decir abrir un capítulo infinito y difícil de abordar. Hay en marcha varios tipos de sanciones, desde las personales, que afectan a 277 personas que no pueden viajar a Europa, hasta las comerciales y de productos petrolíferos. Y eso doblega a Siria.

La Iglesia siempre ha estado en primera línea ayudando a la población, ¿cómo están las cosas actualmente?

Cada uno hace lo que puede. El grueso de la ayuda viene de Naciones Unidas, que debe atender a casi 13 millones de personas necesitadas de asistencia humanitaria. Las iglesias siempre intentan llegar a la gente en la medida de sus posibilidades.

¿Se ha retomado la actividad comercial en Damasco?

En el centro de la ciudad las tiendas siempre han estado abiertas, así como los restaurantes, también porque allí están las embajadas y los palacios de gobierno. Pero Damasco no refleja lo que pasa en el resto de Siria. Basta ir a la periferia, donde hay barrios enteros donde falta comida y trabajo.

>Entrevista a monseñor Mario Zenari, arzobispo de Damasco

'El hambre está matando a más niños que las bombas'

I.S. | 0 comentarios valoración: 2  12 votos
>Entrevista a Olivier Roy

'Una guerra más racial que religiosa'

Lorenzo Cremonesi (Corriere della sera)

“Los terroristas que han cometido la masacre en Nueva Zelanda son auténticos neonazis. La suya no es una guerra de religión, sino de raza. No se presentan como yihadistas cristianos contra los musulmanes. Todo lo contrario, son paganos blancos que se ven como paladines de la raza blanca y van a la caza de los negros. No se trata de un fenómeno social, no representan un movimiento, su base política es casi nula. Pero son muy peligrosos, bastarían veinte o treinta fanáticos como ellos, dispuestos a atacar en Estados Unidos, Europa o Australia, para crear problemas muy serios”. Con palabras del politólogo francés Olivier Roy, experto en radicalismo islámico, que recientemente ha publicado un libro sobre el estado de la identidad cristiana en Europa. “Pero en este caso las categorías interpretativas son diferentes. Para entender el mensaje de los nuevos racistas paganos tenemos que remontarnos a los textos de Arthur de Gobineau y a los teóricos del racismo laico del XIX europeo, a los padres del antisemitismo nazi. Sin duda, un supremacista blanco muy cercano a su sensibilidad es Oswald Mosley, el fundador del fascismo británico”.

¿No le parece paradójico y extraño que, justo cuando el Isis está a punto de ser abatido en Siria y el terrorismo islámico parece aquietarse, estos terroristas blancos ataquen mezquitas en un lugar remoto y tranquilo?

Diría que no es extraño en absoluto. Hay que leer sus documentos para comprender que ellos se conciben como héroes mártires solitarios, vanguardia de una batalla en devenir. Como Ander Breivik, el terrorista de Oslo en 2011, o Timothy McVeigh, responsable de la matanza de Oklahoma City en 1995. Su gesto quiere ser una piedra en el estanque. Afirman que la democracia occidental no se sabe defender, que es cobarde ante la invasión migratoria. Son puros gestos demostrativos. Casan totalmente con la teoría de la “gran sustitución” del autor francés Renaud Camus: la Europa blanca está en peligro por el hecho de que está siendo sustituida por los inmigrantes. Junto a él, citan también a Jean Respail y su novela más famosa, “El campamento de los santos”. Aquí también predomina la idea de que el peligro de la migración radica en su carácter silencioso, progresivo, no violento. Si les dejamos, los inmigrantes harán suyas nuestras casas. El diferente siempre se ve como alguien hostil y astuto en su falsa quietud. A sus ojos, la masacre de las mezquitas desata las contradicciones, enciende los focos.

¿Pero por qué en Nueva Zelanda?

Porque siempre ha sido considerada como una región periférica. Es un lugar simbólico, una señal de alarma: si los de fuera llegan hasta aquí, estamos acabados.

¿Qué relación tienen con los nuevos populismos?

Los consideran moderados y decadentes, aliados que han perdido el rumbo. Por ejemplo, acusan a Marine Le Pen por haber bajado el tono y haber sido derrotada en las últimas elecciones presidenciales. Se consideran intérpretes de la pequeña burguesía blanca empobrecida, se quejan del feminismo y de la caída de la masculinidad. Quizás por un instante creyeron a los populistas, pero ya no. Dicen que no es el momento de ir a votar sino de cargar la ametralladora. Me recuerdan a los anarquistas nihilistas que mataban a reyes y príncipes como gestos demostrativos. Se creen instrumentos de un plan histórico superior.

¿Pueden captar adeptos?

>Entrevista a Olivier Roy

'Una guerra más racial que religiosa'

Lorenzo Cremonesi (Corriere della sera) | 0 comentarios valoración: 2  14 votos

Irán. Los orígenes de la revolución islámica

Carlo Cereti

“Sah raft, Imam amad”. Esta frase es la que mejor capta la esencia más profunda de los acontecimientos que tuvieron lugar el 16 de enero y el 1 de febrero de 1979 respectivamente, abriendo camino, el 11 de febrero de aquel mismo año, a lo que daría lugar a la República Islámica de Irán.

Un soberano cansado y enfermo abandonaba Irán, poniendo fin a la dinastía Pahlaví, cuyo fundador, Reza Khan, se inspiró en la república kemalista de Turquía y fue llevado por el propio clero a tomar la corona. Con el paso de los años, un enérgico ayatolá se presentaba como símbolo del nuevo Irán, líder inesperado de una revolución con muchas caras, hija de un proceso de modernización autóctono que dio comienzo en los primeros años del siglo XX para luego tejerse mediante miles de hechos puntuales.

Una revolución imprevista y tal vez imprevisible, dominada por la carismática figura de Ruhollah Jomeini, su guía incontestable. Una revolución marcada por los mismos ritmos que la religión, construida sobre manifestaciones que respetaban cadencias rituales, días de respeto y luto a los mártires, con himnos de alabanza a Dios. Todavía recuerdo el clima de aquellos días frenéticos que siguieron al nacimiento de la república islámica. En los primeros meses, la revolución latía en miles de almas con un movimiento desordenado pero tendente a un futuro mejor. Luego, tras la toma de la embajada de los Estados Unidos de América el 4 de noviembre, llegaron la tensión y la preocupación, un creciente aislamiento internacional, un estado de conflicto permanente. Hasta la agresión del Iraq guiado por Saddam Hussein, que imaginaba un Irán demasiado dividido para reaccionar y quiso aprovechar la ocasión para hacerse con el control del río Shat al-Arab y los campos de petróleo del Kurdistán iraní. El 22 de septiembre de 1980, el dictador iraquí ordenó a sus tropas marchar hacia las fronteras con Irán, cambiando así la historia de la recién nacida república y de hecho de todo Oriente Medio. La guerra que siguió solo fue la primera de un rastro ininterrumpido de sangre que llega hasta nuestros días.

Fazlollah Nurí y la revolución constitucional

Pero vayamos por orden. Las más antiguas raíces culturales y religiosas de lo que pasó nacen en las llanuras de Karbala, donde el tercer imán chiita Hussein encontró la muerte, o quizás antes aún, en las prodigiosas capitales de los imperios persas de la antigüedad, donde se formó la identidad iraní, un sentimiento de ser nación que aún hoy permea la política nacional.

De manera más sencilla, las raíces políticas de la revolución hay que buscarlas en los años de la Revolución Constitucional, entre 1906 y 1909, especialmente en la figura de un eminente líder del clero, Sheij Fazlollah Nurí, que jugó un importante papel en aquellos acontecimientos, primero como promotor de aquel movimiento y luego como paladín de la restauración monárquica, hasta que fue condenado a muerte cuando los constitucionalistas volvieron al poder.

La revolución constitucional consagró el nacimiento de la alianza entre clero y bazar, que unía rasgos de marcada conservación con aspiraciones reformadoras y sinceramente democráticas. Fazlollah Nurí, hombre de cualidades fuera de lo común, dio voz a las convicciones del clero, cuestionando la legitimidad del parlamento para legislar en ausencia de consenso entre jurisprudentes.

Irán. Los orígenes de la revolución islámica

Carlo Cereti | 0 comentarios valoración: 1  17 votos

Conferencia de Seguridad de Múnich. Pence, Merkel y Biden.

Ángel Satué

Este fin de semana tuvo lugar en Múnich la 55ª Conferencia de Seguridad, creada en el marco de la relación transatlántica EE.UU.–Europa, durante la guerra fría. Un encuentro privado al que acuden dirigentes políticos, think tanks, periodistas, militares, organismos internacionales, industrias de seguridad y defensa, en torno a una de las materias de mayor interés global: la seguridad global.

Como siempre en este tipo de foros, durante tres días se suceden encuentros entre bambalinas con declaraciones a los medios, ruedas de prensa, entrevistas, discursos, etc., con el objetivo inconfesable de influir en aliados y adversarios. España brilla por su ausencia en este tipo de encuentros, salvo por alguna que otra personalidad.

Son decenas de expertos y responsables de asuntos exteriores y de defensa, la mayoría grandes desconocidos para la opinión pública mundial, pero tienen toda una cosa en común, se encuentran condicionados por EE.UU. y las relaciones del hegemón con el resto. Por eso conviene posar la mirada en lo que dicen los que representan o lo han hecho a esta república “imperial”. En este baile de máscaras cada uno cumple su papel, mantiene su discurso y rara vez hay sorpresas (Putin, en 2007, la dio, “rompiendo” con Occidente, como apuntó en estas páginas Antonio Rubio Plo).

Por EE.UU. habló su vicepresidente, Pence, que fue recibido por un gélido tendido, poco dado a la euforia transatlántica, si el que está en la otra orilla es un enviado de Trump. Pence construyó un discurso formalista, lleno de florituras para loa y justificación de la política exterior de EE.UU. que pudo ser percibido como una sucesión de órdenes y avisos a aliados y adversarios, en una línea difícil ya de trazar desde que Trump entró en la Casa Blanca. Si Europa mira al este, Pence advirtió con un rostro severo, una mirada desafiante, una mandíbula apretada, EE.UU. no podrá asegurar su defensa. Afirmó que era el momento de pasar a la acción contra Irán, y de que Europa siguiera su política de embargos comerciales. Definió el concepto de liderazgo americano, cuando aseveró que era decirle a sus socios de la OTAN que invirtieran al menos el 2% de su PIB, cosa que, según dijo, ha logrado que la mitad lo cumpla ya, y sobre el resto les pidió unos planes a supervisar para llegar a esa cifra, de la que al menos un 20% deberá ser para adquisiciones de material ¿americano? Prosiguió con un discurso en que situaba como grave amenaza el interés de China por la tecnología y las empresas occidentales de telecomunicaciones, nombrando explícitamente a Huawei.

Ante este dechado de virtudes diplomáticas, Joe Biden, el anterior vicepresidente, que también habló en la Conferencia, puso el contrapunto.

Conferencia de Seguridad de Múnich. Pence, Merkel y Biden.

Ángel Satué | 0 comentarios valoración: 2  13 votos
>Conferencia de seguridad de Múnich

Discursos reiterativos y escepticismo sobre Trump

Antonio R. Rubio Plo

En mi opinión, muchos de los discursos de la Conferencia de Seguridad de Múnich, que desde hace más de medio siglo tiene lugar en la capital bávara, han ido perdiendo interés por la reiteración de los argumentos de los líderes políticos internacionales. Unos afirman y otros niegan, todos exponen sus alegatos, pero sus percepciones de la realidad y del escenario internacional son muy distintos. Hay quien hace un balance positivo de las décadas pasadas, sobre todo si se trata de políticos norteamericanos y europeos. Otros, en cambio, no dudan en arremeter contra la visión satisfecha de los occidentales y les acusa de llevar un doble rasero. Las intervenciones públicas y las ruedas de prensa marcadas por la dialéctica, y no tanto por el diálogo, están al orden del día. El apasionamiento y la virulencia de los discursos queda, sin embargo, muy por debajo del ya histórico discurso en este mismo foro del presidente Putin en 2007, que marcó la ruptura definitiva entre Rusia y los países occidentales, que en los años siguientes se confirmó plenamente y llego a su punto álgido en 2014 con la crisis de Ucrania.

Pero algunos oradores no pueden sustraerse a una realidad marcada por la sospecha o por la percepción de que el presidente Trump no se siente identificado con el título de líder del mundo libre que se atribuyó tradicionalmente a los inquilinos de la Casa Blanca desde los inicios de la guerra fría. En este sentido, se comprende el panegírico que de Donald Trump ha hecho el vicepresidente Mike Pence, al que ha presentado como un hombre que cumple con sus compromisos, un político más de acción que de palabras, y no ha podido por menos de sustraerse a la evocación del antológico discurso de Trump en Varsovia en julio de 2017, que muchos analistas consideraron una defensa apasionante de los valores occidentales al hilo de la historia reciente de Polonia. Pero el que Trump lo pronunciara en la capital polaca en vez de en una capital de Europa occidental para muchos solo es un signo de que el mandatario norteamericano siempre ha pretendido dividir a Europa, con el fomento de los soberanismos y de las relaciones bilaterales por encima del proceso de integración europeo, en el que evidentemente Trump no cree. Esta semilla de división se vería acaso confirmada por el hecho de que las maniobras de la OTAN más importantes desde el final de la guerra fría se desarrollen en Noruega, Letonia o Polonia, una respuesta al desafío ruso, pero también una confirmación de que es Washington, y no Bruselas, quien garantiza la seguridad europea. Y esto no deja de ser cierto, por mucho que algunos crean que ha llegado el momento de la Europa de la seguridad gracias al tratado de Aquisgrán, en el que hay quien solo ve un piadoso ejercicio de voluntarismo.

>Conferencia de seguridad de Múnich

Discursos reiterativos y escepticismo sobre Trump

Antonio R. Rubio Plo | 0 comentarios valoración: 1  11 votos

Asia Bibi y el poder islamista en Paquistán

Tasnim Altaf Butt

El 31 de octubre de 2018, el Tribunal Supremo paquistaní ordenó la liberación de Asia Bibi, la mujer cristiana y madre de familia condenada a muerte en 2010 por blasfemia tras una banal disputa en un pueblo rural. Pero la cuestión sigue lejos de resolverse. Las autoridades paquistaníes tardaron unos días en dejarla salir, trasladándola a una localidad secreta donde espera el asilo de algún país occidental, como Alemania, Francia o Canadá. Sin embargo, parece que su partida podría provocar una grave crisis política y desde su liberación se han producido violentas manifestaciones de islamistas que durante tres días paralizaron el país y obligaron al gobierno a aceptar una revisión de la sentencia, entre otras cosas impidiendo que Asia Bibi salga del país.

La paradoja paquistaní: pocos islamistas, pero poderosos

Dejando al margen los aspectos jurídicos, el caso de Asia Bibi ha puesto en evidencia la influencia que ejercen en Paquistán los partidos islamistas que, si bien rechazados en las urnas y políticamente minoritarios, han logrado imponer su voluntad al Estado. Por ejemplo, en 2017 bloquearon las principales autopistas de la capital con violentas manifestaciones contra un pequeño cambio en la ley electoral que permitiría a la minoría musulmana ahmadí participar en las elecciones.

Aunque el gobierno se empeñó en rectificar el “error”, los islamistas siguieron presionando hasta obtener no solo la dimisión del ministro de Justicia, Zahid Hamid, sino también la liberación de sus activistas. En general, concesiones como estas comprometen la autoridad del Estado paquistaní, al que le resulta muy complicado gestionar el factor islamista.

El contexto islamista en Paquistán

Ante todo hay que distinguir entre islamistas y yihadistas. Los primeros actúan generalmente dentro de un escenario institucional. Se suelen constituir en auténticos partidos políticos, con programas y afiliados, reconocen la legitimidad del Estado paquistaní y aceptan el método electoral como vía privilegiada de acceso al poder. Por el contrario, los yihadistas se constituyen en grupos armados que, sobre todo en el caso de los más organizados, tienen secciones dedicadas a la predicación. No reconocen la legitimidad del Estado y en general no participan en las elecciones. Desde esta perspectiva, la violencia se erige para ellos como la única vía de acceso al poder.

Los movimientos islamistas y yihadistas son muy numerosos en Paquistán. Entre ellos se encuentran tanto los sunitas como los chiítas. Los sunitas se dividen en tres grupos principales: los barelvi, los deobandi y los Ahl-e-Hadith, a los que hay que añadir Jamaat-i-Islami, un partido político que no hace referencia a ningún grupo en concreto.

Asia Bibi y el poder islamista en Paquistán

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Rohani en el punto de mira

Giorgia Perletta

El “Joint Comprehensive Plan of Action”, más conocido como “Acuerdo nuclear iraní”, ha alcanzado un éxito histórico para la diplomacia multilateral. El acuerdo alcanzado en Viena en julio de 2015 apuntaba a abolir las sanciones contra Teherán a cambio de una restricción de su programa nuclear. La noche del acuerdo, miles de iraníes invadieron las calles de la capital festejando y repitiendo con entusiasmo y optimismo: “El mundo ha cambiado”, como decía el titular del día siguiente en el diario reformista Etemad.

Efectivamente, desde aquella noche muchas dinámicas cambiaron, dentro de Irán y fuera. Los desafíos relacionados con la seguridad nacional, la reconstrucción y la gestión de los flujos de refugiados confirmaron que Irán debería reintegrarse plenamente en la región, a pesar de que los Estados Unidos intentaron frenar esta tendencia desde el principio de la era Trump. Irán no es solo un actor fundamental en la lucha contra el Estado Islámico en Iraq, sino que además tiene un papel clave en el desarrollo de la situación siria.

La república islámica ya no está aislada sino directamente implicada en las diversas disputas que se libran en Oriente Medio, y seguirá manteniendo sus prioridades geopolíticas con o sin el reconocimiento internacional. La implicación de Irán garantizaría por tanto una mayor seguridad en la región y en Europa, como ha señalado insistentemente Federica Mogherini, alta representante para los Asuntos Exteriores y la Política de Seguridad de la Unión Europea.

Restauración de sanciones

Internamente, en Irán, las expectativas puestas en el acuerdo por desgracia se están desvaneciendo. Después del “implementation day” en enero de 2016, cuando el acuerdo entró oficialmente en vigor, un número considerable de empresas extranjeras empezó a invertir allí. Sin embargo, en mayo de 2018, Estados Unidos se retiró unilateralmente del acuerdo y anunció su intención de imponer a Teherán sanciones secundarias, que en consecuencia castigarían a terceros países implicados comercialmente con Irán. Las sanciones americanas se fueron restaurando en dos rondas: una preliminar en agosto, que impactó en el acceso de Irán al dólar, el software industrial, el comercio de metales y el sector automovilístico; la segunda en noviembre, limitando las transacciones financieras y las exportaciones de crudo. Ya en abril, la exportación de crudo y condensado iraní había caído al 39%.

Con la repentina salida unilateral de EE.UU. del acuerdo, las empresas extranjeras abandonaron Irán para evitar las sanciones norteamericanas, mientras la administración Trump mostraba una postura explícitamente anti-iraní. John Bolton, consejero de Seguridad Nacional, y Mike Pompeo, secretario de Estado, advirtieron a Irán de que si no modificaba su comportamiento en la región tendría que prepararse para sufrir las “sanciones más duras de la historia”. Estas amenazas no iban vinculadas al acuerdo, puesto que Irán siempre respetó sus términos, como demuestran los controles realizados por la Agencia de Energía Atómica Internacional. En realidad, el objetivo de las sanciones estadounidenses es debilitar la economía iraní, provocar desórdenes internos y descontento en la sociedad, generar inestabilidad política y allanar el camino al colapso del régimen.

Mientras la UE intentaba, de manera totalmente inadecuada, mantener con vida el acuerdo, mediante un reglamento de bloqueo y un “Special Purpose Vehicle”, la imposición de sanciones secundarias ha provocado el freno de las inversiones en Irán por parte de las empresas europeas.

Rohani en el punto de mira

Giorgia Perletta | 0 comentarios valoración: 1  12 votos
>Entrevista a Olivier Roy

'Los islamistas se radicalizan en la cárcel'

P.R.

“Radicalizarse en prisión significa ante todo recuperar la dignidad perdida”, afirma el orientalista y politólogo francés Olivier Roy. “Además, la conversión a un islam extremo te puede hacer entrar en una fraternidad que te ayuda a combatir la violencia en las cárceles. Cuando formas parte de un clan musulmán, los demás se lo piensan dos veces antes de agredirte porque tienes a tus ‘hermanos’ para defenderte”.

¿Este es el motivo por el que la mitad de los terroristas franceses tienen antecedentes penales?

Sí, la delincuencia y la prisión suelen preceder a la islamización más extrema. Pero radicalizarse en la cárcel también es una forma de autoafirmarse. Da la impresión de que has llegado a ser alguien, porque la prisión también es una contra-sociedad con sus dinámicas perversas, a las que los grupos islamizados resisten mejor. El que se convierte al islam, o a un islam más “puro”, se siente “renacer”.

¿Pero cómo se radicalizan en prisión?

Nunca hemos identificado un imán enviado a las cárceles para radicalizar a los jóvenes delincuentes. Eso sucede siempre por voluntad individual. El que predica suele tener más carisma que los demás y u n poder de convicción que hace que todos le escuchen, no es por su sabiduría real sino por su prestigio. Luego, los presos están abandonados a su suerte y en una celda con seis personas basta una radicalizada para convencer fácilmente a las demás.

¿Radicalizarse puede ser también una forma de revuelta?

Claro, es una revuelta generacional contra el orden del mundo, contra el islam de sus padres, contra los valores de la sociedad, y no es para nada una construcción ideológica.

¿Todos los que se radicalizan en la cárcel son jóvenes, pobres y desempleados de los suburbios?

No son necesariamente pobres y desempleados, pero dos tercios de ellos son inmigrantes de segunda generación que viven en barrios complicados.

Lo que está claro es que no ha bastado con derrotar al Califato en Raqqa y Mosul para acabar con los atentados.

No, porque no es el Estado islámico el que recluta a estos terroristas, sino que son los jóvenes radicalizados los que quieren enrolarse en sus filas. Dicho esto, gracias a la destrucción de gran parte de su logística en Siria e Iraq, en los últimos dos años los atentados terroristas en Europa han sido artesanales e individuales, es decir, realizados por gente que puede haber sido contactada por algún emisario yihadista.

¿Es posible detenerlos?

Puesto que no se trata de fenómenos sociales ni grupos organizados ni movimientos de masas, la única carta que les queda a las autoridades es la de la inteligencia, que funciona bastante bien, pues Chérif, el terrorista de Estrasburgo, estaba en la lista de posibles terroristas para ser detenido. Gracias a esto, muchos jóvenes radicalizados han sido encarcelados antes de que cometieran un atentado.

Entonces, ¿debemos acostumbrarnos a la idea de que cualquier lobo solitario pueda cometer una masacre en Europa?

Habrá una cadena de atentados, pero se irá desvaneciendo con el tiempo. Algo parecido pasó en Italia. Después de que el Estado derrotara a las Brigadas Rojas, durante un tiempo aún hubo algunos atentados esporádicos, pero luego se acabó. Y creo que la estrategia yihadista está actualmente muy debilitada.

>Entrevista a Olivier Roy

'Los islamistas se radicalizan en la cárcel'

P.R. | 0 comentarios valoración: 2  26 votos

Gran imán de Egipto: 'No queremos conquistar Europa'

Francesco Battistini

“No queremos construir una civilización islámica en Europa, solo queremos una civilización humana y del corazón”. En el gran salón de su residencia, a dos pasos de la universidad de Al Azhar, el gran imán sunita recibe a una delegación del Meeting de Rímini citando a Juan Pablo II (“no queremos construir una civilización cristiana…”). Son días complicados. El caso Khassoggi golpea al islam y reabre en Occidente las preguntas sobre a quién defender y a quién no…

El noble jeque Ahmad al-Tayyeb es educado pero está un poco cansado al volver de un viaje al Vaticano. No habla de política. Solo de san Francisco y del sultán, de su amistad con el papa Francisco. Luego, la foto con un libro de Luigi Giussani en árabe. Y los temas del extremismo religioso, el sufrimiento de los pobres, porque en la ayuda a los últimos el gran imán encuentra un terreno común con el mundo cristiano. “Nosotros no creemos en las teorías del choque de civilizaciones –dice– sino en el encuentro y en el reconocimiento mutuo”.

Encontrarse, reencontrarse: seamos realistas, decían en el 68, pidamos lo imposible. O al menos lo improbable. Por ejemplo, entrando en el reino del faraón Al Sisi –donde es mejor no hablar de revoluciones– con una exposición sobre el 68 y la revolución de las costumbres. Y llegar a las raíces del sunismo para llevar el evento más arraigado del catolicismo italiano, el Meeting de Rímini. En definitiva, salir al encuentro de este papa de los musulmanes de medio mundo. Por primera vez desde las primaveras árabes, Comunión y Liberación ha viajado a Egipto para intentar llevar a cabo un diálogo que a decir verdad nunca se ha roto del todo pero sí se ha deshilachado un poco.

Bajo el signo del “pluralismo que construye el yo”, se ha celebrado un encuentro de tres días entre la Biblioteca de Alejandría y El Cairo, reiterando a una platea islámica que “yo soy el otro y el otro es un bien para mí”, como resume Roberto Fontolan. “El concepto de la libertad religiosa es un derecho de la persona sobre el que se fundamenta nuestra sociedad plural. Hay que encontrar una tierra media entre el fundamentalismo y el relativismo”. También porque las preguntas que se plantea la juventud egipcia, recuerda la presidenta del Meeting, Emilia Guarnieri, “no son distintas de las que se planteaban los jóvenes a finales de los años sesenta”.

“Es importante interrogarse sobre el extremismo que nació después del 68 –señala el escritor Ahmed Bahaa el-din Shaaban, que era universitario en aquellos años de contestación–, especialmente ahora que nos asedia otro extremismo. Entonces, ninguno de nosotros se interesaba por la religión. Pero al final fue la religión quien se interesó por nosotros”. Se muestra de acuerdo el intelectual Sayed Mahmoud: “La frustración del 68 se parece a la de los jóvenes de las revueltas de la plaza Tahrir contra Mubarak. El caos expresivo del 68 fracasó igual que el de 2011. Lo que queda es la esperanza de una mayor tolerancia y de un posible diálogo”.

Gran imán de Egipto: 'No queremos conquistar Europa'

Francesco Battistini | 0 comentarios valoración: 2  20 votos

Memoria, esperanza, perdón: la respuesta de los cristianos de Oriente ante la persecución

Amal Marogy

“Pero ten cuidado y guárdate bien de olvidar las cosas que han visto tus ojos y que no se aparten de tu corazón mientras vivas; cuéntaselas a tus hijos y a tus nietos” (Dt 4,9). Son las palabras que Moisés dirige a los israelitas en el desierto tras haber derrotado a Sijón, rey de los amorreos, y Og, rey de Basán. Resumen perfectamente la herencia de mi familia y la de tantas otras familias cristianas que recientemente han vuelto a sus ciudades, en los pueblos liberados del Isis al norte de Iraq y en la llanura de Nínive. ¿Pero qué pide Dios a los israelitas y cuál es esta herencia?

“Congrégame al pueblo y les haré oír mis palabras para que aprendan a temerme mientras vivan en la tierra, y las enseñen a sus hijos” (Dt 4,10). A primera vista, la respuesta podría sorprender, puesto que hablar del temor de Dios en tiempos de persecución sería difícil de aceptar. Frente al sufrimiento, ¿acaso no es el temor lo que nos esforzamos en evitar? Ante esta paradoja, el principio de la hermenéutica de la continuidad del papa Benedicto XVI podría ayudarnos, por analogía, a distinguir un rasgo significativo y en sintonía con el comportamiento y la respuesta de los cristianos de Oriente Medio a la persecución que sufren.

Solo poniendo el acento en la respuesta cristiana al sufrimiento y a la persecución, resulta más claro ver que el temor de Dios siempre ha sido el antídoto al odio y a la desesperación. Lo más asombroso de vivir en el temor de Dios en tiempos de persecución es que eso nos pueda empujar a recordar su bondad pasada y confiar en su providencia. El temor de Dios no es más que una solicitud de sabiduría y comprensión, y la oración para no perder el sentido de nuestro ser pecadores, vulnerables.

Por eso, cuando la oleada de persecuciones disminuye, los supervivientes se enfrentan a tres preguntas existenciales: cómo dar sentido a un pasado trágico; cómo afrontar un presente desconsolador, marcado por lo que se ha perdido y por la incertidumbre; y qué futuro podemos garantizar a nuestros hijos y nietos. Estas preguntas nos permiten centrarnos en tres palabras clave que, a lo largo del tiempo, engloban la respuesta cristiana a la persecución: la memoria, la esperanza y el perdón.

Los perseguidos también han visto golpeada su posibilidad de sostenimiento cotidiano y han sufrido pérdidas materiales, exilio y humillaciones. Muchos han pagado con el sacrificio último. Aliviar las necesidades materiales inmediatas de nuestros hermanos y hermanas supone por tanto una cuestión de justicia y caridad. Sin embargo, no podemos sucumbir a la tentación de convertir estas ayudas en la respuesta principal, en condición sine qua non para la supervivencia de la Iglesia perseguida. De hecho, los perseguidos tienen necesidades espirituales a las que hay que responder con igual celo y fervor. Hacerse cargo espiritualmente de los perseguidos no es un deber sino un privilegio. Aún debe madurar una adecuada atención pastoral orientada especialmente a las víctimas de persecución, tanto durante como después de la misma.

Memoria, esperanza, perdón: la respuesta de los cristianos de Oriente ante la persecución

Amal Marogy | 0 comentarios valoración: 2  26 votos
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