Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
4 DICIEMBRE 2016
Búsqueda en los contenidos de la web

La belleza desarmada en España, un diálogo que rompe muros

Elena Santa María

El lunes por la noche Julián Carrón, presidente de la fraternidad de Comunión y Liberación, presentó su libro “La belleza desarmada” en Madrid. Le acompañaban en la mesa Mikel Azurmendi, antropólogo y filósofo, y Juan José Gómez Cadenas, físico y escritor. Moderaba Ignacio Carbajosa, que introdujo el acto explicando el porqué del libro: "este libro nace de la preocupación de este principio de siglo". Se refiere a la crisis, violencia, falta de diálogo, cuestión educativa, afecto, política... y también al papel de la Iglesia en el mundo. ¿Puede un hombre moderno creer en Jesucristo?

"Este es un libro muy serio –comentó Azurmendi al inicio de su intervención– que responde a tres grandes preguntas". Estas son: ¿por qué los cristianos abandonan el cristianismo?, ¿por qué estas evidencias, este prolijo pensamiento y libertad, parece que están agotados?, ¿estamos en un cambio de época o en una época de cambios? Las tres están respondidas, explicó el filósofo. Dijo también que todo el libro gira en torno a un doble eje, el de la teología y la teleología. Todos los pueblos tienen un carácter, una manera de vivir y de ver el mundo que tiene que ser coherente con su estilo de vida. Pero nuestra sorpresa ante el mundo es inexplicable: el mal, el sufrimiento... ¿por qué? "Este libro –añadió Mikel– ancla la teleología (la vida tiene un fin) en una teología nueva. Nueva porque nace de un encuentro, de un acontecimiento que sucedió". Lo explicó citando a Aristóteles: "lo maravilloso es el infinito como el deseo de la esposa que está esperando al esposo", y añadía él: "para los que estamos enamorados creemos que Carrón ha dado en el clavo".

Azurmendi concluyó su intervención diciendo: "me doy cuenta de que lo que propone Carrón es un cambio de paradigma en el sentido etimológico de la palabra. Yo estoy muy alejado de la Iglesia, pero veo que aquí hay una religión primitiva, en el sentido originario que es el asombro de estos tíos (se refiere a los discípulos de Jesús). Esto ha sucedido, y de esto que ha sucedido ha venido esta Europa. Este libro presenta un modelo nuevo, un cambio de lo que yo vivía en la Iglesia a una posibilidad de vivir la fe de una forma razonable. Yo lo definiría así: del sentido de la ley a la ley del sentido. En este libro el sentido religioso es el sentido común".

Por su parte, Gómez Cadenas se sirvió de un artículo publicado en la revista Jot Down, en el que el autor examina los conceptos de belleza y verdad referidos al ajedrez. "Más allá de la lógica y la razón se encuentra el bosque oscuro, el misterio", citó de dicho artículo. ¿Es la belleza el camino de la verdad?, reflexionó Cadenas. "Existe el riesgo de que el arte sea engaño y la belleza una ilusión". Utilizó también la Divina Comedia de Dante para su explicación. "La belleza solo aparece cuando en el paraíso se encuentra a Beatriz, ella es su pasaporte hacia la eternidad, es una belleza que emana de la divinidad". Puede que la belleza no sea más que la ilusión, y la verdad no es siempre halagüeña. Explicó esta tesis con un ejemplo: el universo, que es bello, va a tener un final trágico, y no deja de ser verdad. Continuó citando a Rilke, su poeta favorito y una de las razones por las que aceptó presentar el libro (Carrón lo cita en el libro): "¿Quién si yo llorara me escucharía?", y añadió él: "Rilke dice que la belleza es terror, el terror de no encontrar nada a lo que agarrarse". El libro dice que no hay que confiar en la doctrina cristiana sino en un hombre que es hijo de Dios.

Concluía Cadenas: "Este es el catecismo que me habría gustado que me enseñaran de niño. Tiene mucho que decir y es interesante incluso cuando uno no lo suscribe. La osadía que tenéis me atrae mucho. La verdad que busca Carrón y que buscamos todos es como Ítaca, el lugar donde nos espera la felicidad y la redención, pero quizá no está allí Penélope o no lleguemos nunca. Pero en el viaje hacia allí necesitamos la belleza".

La belleza desarmada en España, un diálogo que rompe muros

Elena Santa María | 0 comentarios valoración: 3  19 votos

Belleza en gerundio

F.H.

Auditorio Pablo VI. Ciudad universitaria. Madrid. Tarde de un otoño ya frío. Julián Carrón presenta su Belleza Desarmada en diálogo con el antropólogo Mikel Azurmendi y el físico Juan José Cadenas, dos agnósticos. 800 asistentes. Algunos sentados en el suelo del gran auditorio. Hora y media de una conversación intensa. Silencio atentísimo solo interrumpido por algunos aplausos y algunas risas cuando la conversación se distiende. Tres hombres inteligentes, leales y cultos hablando como casi nunca se habla. A ratos se escapa un suspiro de sorpresa, de satisfacción. Por estar asistiendo a una conversación que tiene algo de milagrosa y mucho de bonita. ¿Quién dijo que un gerundio es feo? En realidad solo es hermoso lo que está en gerundio, como ponen de manifiesto los ponentes.

Azurmendi empieza dando las gracias: "tengo que agradecer que me hayáis hecho leer este libro. Es un libro muy serio para gente como yo, que busca la vida buena. Hay tres preguntas a las que responde este libro: ¿por qué los cristianos abandonan el cristianismo?; ¿por qué ese prodigio que supusieron las evidencias europeas está agotado?; ¿estamos en una época de cambios o un cambio de época?”. “Pero además en el libro hay un eje doble en torno al que rota todo –añade Azurmendi–. El de la teleología, estamos para algo, y el de la teología. Toda gira en este volumen en torno a las cuestiones del sentido”. Pronto sale el antropólogo que recuerda que los hombres en las culturas antiguas afirmaban un fin, lo que generaba una cosmovisión. Siempre hay una relación entre una cosmovisión y el estilo de vida. Pero, según el pensador vasco, La Belleza Desarmada se ancla en una teología nueva, en un acontecimiento. En Juan, y en Andrés, y en Zaqueo, y en la Magdalena, que creyeron por un acontecimiento y de ahí surgió un ethos nuevo.

“Carrón ha dado en el clavo, este libro propone un cambio de paradigma –añade Azurmendi–. Frente al paradigma pelagiano y moralista, aquí se bebe en las fuentes primigenias del asombro. Este libro es una cartografía para vivir la fe de un modo nuevo, para vivir de un modo más razonable del cristianismo, más razonable de cómo nos lo propusieron a nosotros”.

Juan José Cadenas expresa con franqueza sus preguntas. “¿Es la belleza el camino a la verdad? Lo cierto puede ser feo. La belleza puede ser una ilusión. ¿No puede ser la belleza una construcción de nuestra mente? Carrón cree que hay una conexión entre la belleza, la verdad y el amor. Yo no estoy seguro. El universo es bello. No seré yo quien cuestione su belleza. ¿Pero a qué verdad conduce esa belleza? Porque el universo se expande y su final es la soledad. No hay Beatriz, como en la Divina Comedia, al final del camino”. Cadenas confiesa que comparte con el autor de La Belleza Desarmada la pasión por Rilke. Pero Rilke asegura que la belleza es el umbral del terror. El físico lee unos versos del poeta que concluyen con un dramático interrogante: ¿a quién, a qué, entonces, podemos confiarnos? Carrón responde que a la osadía de un Dios hecho hombre. “No creo en ello, pero me atrae. Disiento de que sea necesario creer en la divinidad de Jesús. Pero, en última instancia, este libro es el catecismo que me hubiera gustado oír en mi niñez. Este es el catecismo que habría que poner como libro de texto. Me gusta la osadía, el descaro de esta gente de Comunión y Liberación”, concluye Cadenas en su primera intervención.

Belleza en gerundio

F.H. | 0 comentarios valoración: 3  27 votos
>ENTREVISTA A CAMINO CAÑÓN

'Cuando se ha conocido la verdad, no hay vuelta atrás. Se ha entrado en el terreno de la belleza desarmada'

F.H.

La presidenta del Foro de Laicos, Camino Cañón, comparte con PáginasDigital la lectura del último libro de Julián Carrón, “La belleza desarmada”, que se acaba de presentar en Madrid.

¿Qué reacción ha tenido ante el enfoque que se le da a la presencia cristiana en el libro de "La Belleza Desarmada"?

La de quien se encuentra con algo muy bien formulado y fundamentado que expresa lo que de maneras más de andar por casa he formulado yo misma muchas veces. Por eso, mi reacción fue de gratitud.

Carrón insiste una y otra vez en que a la verdad solo se accede a través de la verdad. ¿Considera pertinente esta insistencia? ¿Por qué?

Cuando la apariencia de una afirmación es de paradoja o de círculo vicioso solo la insistencia posibilita el acercamiento buscando algo genuino y no trivial. En el caso de la verdad, se podría decir de muchos modos, la verdad la llevamos inscrita en la búsqueda no solo de nuestra razón, sino también de nuestro corazón, el ser humano para ser, para vivir como tal, necesita andar en verdad. No puede andar a oscuras, sin saber si es engaño y apariencia o si hay suelo firme. La posverdad de la que se habla estos días es una expresión más de la decadencia a la que las negaciones de la realidad, como referente de lo dicho, han llevado. Cuando se ha conocido la verdad, no hay vuelta atrás. Su búsqueda y su propuesta alcanzan a todo el vivir. Se ha entrado en el terreno de “la belleza desarmada”.

¿El proyecto ilustrado está agotado?

>ENTREVISTA A CAMINO CAÑÓN

'Cuando se ha conocido la verdad, no hay vuelta atrás. Se ha entrado en el terreno de la belleza desarmada'

F.H. | 0 comentarios valoración: 2  10 votos

El otro es un bien

Julián Carrón

La conciencia de que el otro es un bien es la base sobre la que se puede construir Europa. Si no recuperamos la experiencia elemental de que el otro no es una amenaza, sino un bien para la realización de nuestra persona, será difícil salir de la crisis en la que nos encontramos en las relaciones humanas, sociales y políticas. De aquí deriva la urgencia de que Europa sea un espacio en el que se puedan encontrar los diferentes sujetos, cada uno con su identidad, para ayudarse a caminar hacia el destino de felicidad que todos anhelamos.

Solo en el encuentro con el otro podremos desarrollar juntos el “proceso de argumentación sensible a la verdad” del que habla Habermas. En este sentido, podemos darnos cuenta todavía más del alcance de la afirmación del Papa Francisco: «¡La verdad es una relación! De hecho, todos nosotros captamos la verdad y la expresamos a partir de nosotros mismos: desde nuestra historia y cultura, desde la situación en que vivimos, etc» (Francisco, “Carta a los no creyentes”, la Repubblica, 11 de septiembre de 2013, p. 2). Solo en un encuentro renovado podrán volver a estar vivas esas pocas grandes palabras (la persona, el valor absoluto del individuo, la libertad y dignidad de cada ser humano…) que generaron Europa. Porque, como nos recuerda Benedicto XVI, «incluso las mejores estructuras funcionan únicamente cuando en una comunidad existen unas convicciones vivas capaces de motivar a los hombres para una adhesión libre al ordenamiento comunitario. La libertad necesita una convicción; una convicción no existe por sí misma [ni la puede generar una ley], sino que ha de ser conquistada comunitariamente siempre de nuevo» (Spe salvi, 24). Esta reconquista de las convicciones fundamentales solo se produce dentro de una relación. El método con el que han salido a la luz de forma plena las «convicciones fundamentales» es el método con el que pueden ser conquistadas de nuevo, no existe otro.

La inteligencia de la realidad

Nosotros, cristianos, no tenemos miedo a entrar sin privilegios en este diálogo a campo abierto. Para nosotros esta es una ocasión extraordinaria de verificar la capacidad que tiene el acontecimiento cristiano para mantenerse en pie ante los nuevos desafíos, puesto que nos ofrece la oportunidad de testimoniar a todos lo que sucede en la existencia cuando el hombre se encuentra con el acontecimiento cristiano en el camino de su vida. En el encuentro con el cristianismo, nuestra experiencia nos ha mostrado que la savia vital de los valores de la persona no son las leyes cristianas, o estructuras jurídicas y políticas confesionales, sino el acontecimiento de Cristo. Por eso nosotros no ponemos nuestra esperanza ni la de los demás en nada que no sea el acontecimiento de Cristo, que vuelve a suceder en un encuentro humano. Esto no significa en modo alguno contraponer la dimensión del acontecimiento y la de la ley, sino reconocer un orden genético entre las dos. Es más, lo que permite que la inteligencia de la fe se convierta en inteligencia de la realidad es precisamente que vuelva a suceder el acontecimiento cristiano, hasta el punto de poder ofrecer una contribución original y significativa reavivando esas convicciones que pueden introducirse en el ordenamiento común.

El largo camino que ha recorrido la Iglesia para aclarar el concepto de «libertad religiosa» puede ayudarnos a entender que defender un espacio de libertad puede que no sea tan poca cosa. Después de un largo trabajo, la Iglesia llegó a declarar en el Concilio Vaticano II que «la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa», mientras sigue a su vez profesando que el cristianismo es la única «religión verdadera». El reconocimiento de la libertad religiosa no es una especie de compromiso, como si dijese: como no hemos conseguido convencer a los hombres de que el cristianismo es la religión verdadera, defendamos al menos la libertad religiosa. No, la razón que ha empujado a la Iglesia a modificar una práctica vigente durante siglos, muchos siglos, ha sido profundizar en la naturaleza de la verdad y en el camino para alcanzarla: «La verdad no se impone sino por la fuerza de la misma verdad».

Solo si Europa se convierte en un espacio de libertad, en donde cada persona pueda ser inmune a la coacción, en donde cada uno pueda hacer su propio camino humano y compartirlo con aquellos con los que se encuentra en él, solo así podrá despertarse el interés por el diálogo, por un encuentro en el que cada uno ofrezca como contribución su propia experiencia para alcanzar esa «certeza compartida» que es necesaria para la vida común.

Nuestro deseo es que España y toda Europa se conviertan en un espacio de libertad en el que puedan encontrarse quienes buscan la verdad. Merece la pena comprometerse por esto.

El otro es un bien

Julián Carrón | 0 comentarios valoración: 3  24 votos
>Entrevista a Juan José Gómez Cadenas

'Me ha impresionado, como agnóstico, la afinidad con Carrón'

F.H.

El lunes 28 de noviembre se presenta en Madrid La belleza desarmada, libro de Julián Carrón, presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación. Juan José Gómez Cadenas, uno de los físicos de más prestigio en España, será uno de los ponentes. PáginasDigital ha hablado con él.

F.H.

¿Qué le ha sorprendido de la lectura de La belleza desarmada?

Más que sorprendido, yo diría que me han impresionado las numerosas afinidades con el autor y sus puntos de vista. Hace un año esto hubiera sido motivo de sorpresa, dada mi posición como agnóstico y la suya como creyente. No obstante, estos últimos meses he tenido ocasión de conversar en varias ocasiones con Javier Prades, cuya visión del mundo creo que está bastante cerca a la de Julián Carrón. Estas conversaciones, muy gratas para mí, nos han permitido, creo, establecer entre ambos algo que yo llamaría un “puente humanista”, apoyándonos en la razón por una parte y en la convicción de que el ser humano es redimible. Todo esto está también en el libro de Julián, así como la apuesta tenaz por el diálogo. Y otra cosa. Carrón gusta de citar a Rilke, mi poeta favorito. Tampoco estoy seguro de que me sorprendiera (la cita era tan natural y venía tan a cuento que se imponía por necesidad), pero eso sí, se lo agradecí muchísimo.

Carrón, siguiendo a Benedicto XVI, señala un agotamiento del proyecto ilustrado. ¿Es una buena hipótesis para explicar la crisis en la que estamos?

No son pocos los pensadores que han apuntado ese famoso agotamiento. Yo no estoy tan seguro. Creo que el hombre ilustrado, como el hombre cristiano (no son sinónimos, pero tampoco antagónicos) están siendo cuestionados en nuestras sociedades opulentas y a la vez injustas, totalmente conectadas y sin embargo alienantes, basadas en la ciencia y por otra parte proclives a la superstición tecnológica, social o política. Es cierto que no son pocos los intelectuales desanimados ni faltan voces que avisan de que los bárbaros ya están en el ágora. Pero mi punto de vista es que hay que repensar al hombre ilustrado como creo que Carrón, Prades y otros están repensando al hombre cristiano. De hecho, creo que hay que repensarlos a la vez. Y puede que en el proceso haya que darle voz a los bárbaros, que tampoco son necesariamente una maldición, como nos cuenta Kavafis.

¿Qué le parece la insistencia en el valor de la libertad?

Me encanta, tanto la forma en que defiende ese valor (que compartimos) como la claridad con que expone sus argumentos.

¿Qué destacaría de los capítulos dedicados a la educación?

La pasión con la que Julián apuesta por los jóvenes, la convicción de que pueden “salvar el mundo” si se les permite descubrir la verdad. La palabra clave aquí es “descubrir”, Carrón no apuesta por “inculcar valores”, aunque él los suyos los tiene muy claros, sino que está convencido de que el ejercicio de la razón (que a su vez requiere las herramientas que proporciona una cultura científica y humanista) lleva a la verdad. Y aquí vuelvo a estar de acuerdo con él a pesar de que mi verdad y la suya no son idénticas. La búsqueda de la verdad (y de la belleza), la convicción de que es posible darle sentido ético y estético a la vida son elementos claves en los que coincidimos.  

>Entrevista a Juan José Gómez Cadenas

'Me ha impresionado, como agnóstico, la afinidad con Carrón'

F.H. | 0 comentarios valoración: 3  15 votos
>Entrevista a José Francisco Serrano

'El libro de Carrón, la primera respuesta completa'

Elena Santa María

El libro La belleza desarmada de Julián Carrón se presenta el próximo lunes 28 de noviembre en Madrid. El periodista José Francisco Serrano comenta su contenido en esta entrevista a Páginas Digital.

En un artículo que escribió en ABC decía que la visita de Julián Carrón para presentar su libro “La belleza desarmada” había sido provocadora. ¿Por qué él libro de Carrón es una provocación? ¿Por qué es interesante este libro en un momento como este?

El pontificado del Papa Francisco supone una interpelación de primer orden a la conciencia cristiana, tanto respecto a las prioridades de los contenidos de la propuesta como a la forma del testimonio público de la fe y de sus consecuencias. El libro de Carrón es, según mi modo de ver, la primera respuesta completa sobre cuáles son los fundamentos de referencia de esa nueva forma de testimonio de la esperanza que exige el cambio de época en el que estamos inmersos. Ante un tiempo que se ha acabado y uno que no acaba de nacer, Carrón nos interpela en primera persona y nos zarandea para que no nos quedemos satisfechos en las rutinas a las que nos hemos acostumbrado, en la instituciones en las que nos hemos recostado. Carrón nos pide una parada en activo, un momento de reflexión activa, un examen de conciencia sobre cómo formulamos la propuesta, sobre la relación entre la realidad y las expectativas, dos ámbitos en los que nos jugamos siempre la felicidad. Por cierto, se podría decir que este libro es una pequeña contribución a la reforma de la vida cristiana, que es parte de la de la Iglesia.

Una de las preguntas clave que aparece en el libro es si un hombre culto de nuestros días puede seguir creyendo. ¿Es razonable la fe hoy?

La cuestión que plantea el libro es cuál es la racionalidad interna de la fe y cuál es la racionalidad predominante en el mundo en orden al diálogo y al encuentro. Cuando hablamos de racionalidad estamos hablando de la capacidad de percibir el sentido, de expresar el sentido y de converger en una propuesta de sentido, tanto personal como social. La racionalidad, por ejemplo, especulativa, escolástica, que puede partir de un santo Tomás de Aquino no bien digerido y que nos puede llevar a un idealismo más o menos hegeliano, a la hora de formular el testimonio público, nos ha podido conducir al filo del abismo de las ideas y de las tentaciones de convertir la fe en ideología. Lo mismo ocurre en esta tentación especulativa de la fe con la cuestión moral. De ahí que Carrón nos pregunte sobre qué marcos cognitivos, expresivos, lingüísticos, conceptuales, elaboramos y articulamos la racionalidad creyente. Un dato: qué capacidad tenemos de generar lenguajes que sean comprensibles en el contexto vital de nuestro tiempo; hasta qué punto argumentaciones silogísticas sobre cuestiones disputadas de la sociedad civil nos impiden un diálogo público que sea percibido de forma adecuada para la propuesta.

Cuando presentó el libro a la prensa Carrón decía: "No hay otra posibilidad de que el cristianismo pueda ser presentado si no es con una belleza desarmada". ¿Qué le parece esta afirmación?

Carrón, y en esto sigue a Giussani después de su vuelta de Norteamerica -con perdón por esta exégesis de la vida y pensamiento de Giussani-, abre en este libro la reflexión a la vía estética del testimonio y a la actualización de esa vía estética como condición de viabilidad. La belleza desarmada también de una belleza sin adherencias, sin los oropeles de los géneros y formas de una historia pasada que han hecho decir a no pocos de nuestros contemporáneos que la belleza de la fe era una buena pieza de museo, casi una reliquia. La belleza de la fe nace de la misma experiencia de la fe. Es por tanto también una invitación a recuperar la experiencia auténtica.

>Entrevista a José Francisco Serrano

'El libro de Carrón, la primera respuesta completa'

Elena Santa María | 0 comentarios valoración: 3  14 votos

Las razones de un Nobel que no se retira

Paolo Vites

En los años 70 aquel bootleg, con una calidad sonora más que óptima, era algo de lo que estar muy orgullosos. Nos permitía no solo escuchar sino casi tocar con nuestras manos aquella gira maravillosa, cuando Bob Dylan, acompañado de músicos que después dieron la vida a la extraordinaria aventura de The Band, cambió para siempre la historia de la música rock.

Descubrimos el sonido de aquella revolución, pudimos ser partícipes y testigos aunque con diez años de retraso. Era el año 1966 y en Inglaterra esos conciertos eran duramente contestados por ciertos espectadores, que parecían contratados directamente por grupos políticos de izquierda para boicotear al Dylan pop, traidor a la contestación, vendido a la música comercial, como describe el libro "Like the night (revisited): Bob Dylan and the road to the Manchester Free Trade Hall", de CP Lee, que reconstruye la historia de aquella gira con numerosos testimonios. Esos grupos políticos estaban tan anclados a una visión ideológica que no entendían cómo una guitarra eléctrica podía llegar a ser un arma revolucionaria mucho más potente que el juglar folk que cantaba “Blowin' in the wind”. En cambio, todos los jóvenes del mundo captaron su fuerza subversiva.

Aquel bootleg se llamó por error "Royal Albert Hall", en referencia al lugar de Londres donde Dylan actuó el 26 de mayo, pero en realidad contenía el concierto de unos diez días antes en el Free Trade Hall de Manchester. La diferencia de lugar no habría sido tan importante si el Free Trade Hall no hubiera sido el lugar donde tuvo lugar el momento más dramático, y a la vez el más épico con retrospectiva, de aquellos encuentros que tenían lugar cada noche entre el artista y su público. Fue cuando un espectador le llamó “¡Judas!”, seguido de un aplauso tronador. Otro gritó: "I'm never listening to you again, ever!" (nunca volveré a escucharte, jamás) y Dylan le respondió: "I don't believe you" (no te creo). Luego hubo una pausa y Dylan volvió a la carga: "You're a liar" (eres un mentiroso). Al final, enardecido, Dylan se giró hacia los músicos pidiéndoles que tocaran “jodidamente fuerte” (“Play it fuckin' loud!”). Lo que siguió fue la más abrasadora, apocalíptica y devastadora versión de “Like a rolling stone”.

La corrección del lugar del evento llegó con el cuarto volumen de la Bootleg Series publicado en 1998, titulado irónicamente "The ‘Royal Albert Hall’ Concert". Nuestro viejo bootleg, que entre otras cosas solo contenía la parte eléctrica del show y que con el paso del tiempo ha ido adquiriendo cuotas bastante más elevadas en el mercado de coleccionistas, se podía quedar guardado en la estantería para siempre.

Ahora, para cerrar el círculo, llega "The Real Royal Albert Hall", el concierto de Londres del 26 de mayo, un doble CD que sale el 25 de noviembre y que es un extracto de un monumental cofre de 36 CD, "The 1966 Live Recordings", que contiene casi todos los espectáculos de aquella gira que desde Hawai a Australia atravesó los Estados Unidos hasta llegar a Irlanda, Francia, Suecia e Inglaterra.

Tras la publicación de este cofre se esconden motivos relacionados con los derechos de copyright. El año pasado se publicó otro cofre monumental con todas las grabaciones en estudio de Dylan en 1965. La ley sobre derechos de autor establece que, pasados 50 años, el artista y la casa discográfica ya no tienen derechos sobre lo ya registrado. Para recuperarlos basta con publicarlo todo de manera oficial. Así que, si no cambia la ley, podemos esperar en los próximos años aluviones similares.

Sobra decir que el box, aunque no supone precios desorbitados, será una buena compra solo para coleccionistas, fetichistas e historiadores de la música, pues la escaleta de conciertos es idéntica a otras publicaciones, con poquísimas excepciones. El doble CD "Royal Albert Hall" tampoco presenta grandes diferencias con el concierto de Manchester desde el punto de vista del repertorio aunque, junto al anterior, permite tener una visión suficiente de aquella gira tan emocionante.

Las razones de un Nobel que no se retira

Paolo Vites | 0 comentarios valoración: 1  5 votos
>Entrevista* a Julián Carrón

'Solo con la frescura del origen'

Fernando de Haro

Julián Carrón, presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación, presenta estos días en Madrid “La belleza desarmada” (Ediciones Encuentro), un libro en el que se sintetiza su modo de ver el mundo actual. Conversamos con Carrón buscando los puentes de esta última obra, escrita en Italia, con la situación de nuestro país.

A menudo utiliza una expresión del Papa Francisco: este tiempo no es una “época de cambios sino un cambio de época”. ¿En qué consiste ese cambio de época?

Ese cambio de época no es un cambio cualquiera. En los últimos siglos ha habido cambios que han afectado profundamente a la vida de todos, por ejemplo la Revolución Industrial. Pero, a pesar de esos cambios, el contenido fundamental de la convivencia, lo que sostenía la trama de la relación entre las personas dentro la sociedad, permanecía. El problema es que ahora se han derrumbado las bases fundamentales de la convivencia. Prueba de ello es la dificultad que tenemos de entrar en relación con los otros, de ponernos de acuerdo. En España lo vemos claramente por lo que ha sucedido con el Gobierno. En Europa vemos levantarse, de nuevo, muros. Todo esto, ¿qué significa? Esta es la pregunta que tenemos que hacernos para poder entender por qué el Papa habla de cambio de época.

En el libro habla de la necesidad de reconocer al otro como un bien. Llega a decir que el otro es un bien, incluso en política. Se nota que usted es español porque la historia reciente de España, con la excepción de la Transición, ha sido una historia donde a menudo hemos estado metidos en las trincheras. Y a medida que avanza la globalización nos sentimos más inseguros y siempre buscamos el chivo expiatorio en el otro ¿Cómo se sale de esta dinámica?

Se sale, me parece, observando lo que ya hemos tenido, reconociendo nuestra historia. Cuando nosotros hemos considerado al otro como el enemigo a batir o eliminar, hemos creado más líos de los que hemos resuelto. Hay algo en nuestro modo de relacionarnos con el otro que quizá no es adecuado. En algunos momentos luminosos, como en la Transición, hemos visto que abrirnos a la posibilidad del otro y a crear un espacio en el ámbito común no solo no es una desgracia sino la única posibilidad de vivir juntos. A lo mejor es un poco más lento de lo que algunos querrían, pero sin crear una trama de relaciones en las que cada uno pueda encontrarse como en casa, será difícil que podamos crecer. Todos tenemos una experiencia elemental de que el otro es un bien. Cuando un padre tiene un hijo, cuando uno se enamora, cuando uno encuentra a una persona que es significativa para su vida tiene esa experiencia. El otro no es por definición un adversario, un enemigo, es alguien que me hace crecer. Si nosotros no descubrimos esto - aun con el que parece que tiene rasgos que no me convencen del todo-, si no descubrimos aquello que nos puede unir, será difícil generar los vínculos que nos permitan vivir juntos.

Usted es cristiano, pero en el libro hay una permanente referencia a la sociedad plural, a la necesidad del diálogo con los no cristianos, con los no creyentes. ¿Por qué este deseo, esta tensión permanente a encontrarse con los que no comparten su fe?

>Entrevista* a Julián Carrón

'Solo con la frescura del origen'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  26 votos

La belleza desarmada en Madrid

P.D.

“Hacía tiempo que la editorial Rizzoli en Italia me había pedido material para publicar un libro, pero yo no tenía particular interés en la publicación porque ya estaba bastante ocupado con la responsabilidad del movimiento de Comunión y Liberación. Al final cedí porque me parecía una ocasión de hacer un balance de lo que había dicho y de entrar en el debate del momento sobre el futuro de Europa, la inmigración, el terrorismo o los nuevos derechos”,  señala Carrón en una intervención en la que el acento extremeño le vuelve en algunas frases.

El autor indica que el libro es un intento de entender en qué consiste el cambio de época del que habla Francisco. ¿Qué se ha derrumbado? El cristianismo era la base fundamental de Europa. “Tras la reforma se produjeron las guerras de religión. La religión dejó de ser la base común de los europeos. Y entonces se intentó salvar la razón como elemento de unión. La Ilustración intentó salvar las verdades fundamentales y se buscó una evidencia que quedara a salvo de las disputas religiosas. Se pretendía así que las grandes convicciones del cristianismo resistieran. La libertad, el valor de la vida, o la dignidad humana parecían un patrimonio común”, añade. Pero, según Carrón, el intento de fundar una evidencia prescindiendo de la historia particular que le dio origen ha fracasado, como ha señalado el Papa Benedicto. Tenemos dificultad para reconocer las cosas más elementales, tenemos miedo de traer hijos al mundo, tenemos miedo de la libertad. Lo que antes era evidente ha dejado de serlo.

El presidente de la Fraternidad de CL cita a Arendt:  la crisis nos fuerza a volver a preguntarnos. La crisis exige preguntas viejas y nuevas. Si afrontamos la crisis con prejuicios la agravamos. La crisis, por eso, puede ser una ocasión. ¿Qué es lo que no funciona en Europa? ¿Qué es lo que nos hace estar juntos?

“El desafío afecta a todos. Hace algunos años nos hubiera parecido imposible lo que está sucediendo en la campaña electoral de Estados Unidos o que se quiera levantar un muro en Calais. Tenemos preguntas sin respuestas inmediatas. El cristianismo también tiene este desafío. ¿Sigue siendo pertinente el cristianismo? ¿Un hombre culto de nuestros días puede seguir creyendo?”, se pregunta el autor.

En este momento, apunta el responsable de CL, la fe tiene una posibilidad única para ofrecer las respuestas a estos desafíos. Eso sí, a condición de que el cristianismo haga también examen de conciencia. “La Iglesia también ha tenido parte de responsabilidad en el derrumbamiento de las evidencias. El cristianismo ha dejado de ser interesante para los propios cristianos. ¿Qué hemos perdido por el camino? Solo si el cristianismo recupera su ser puede ser atractivo”, añade.  

Carrón lanza una pregunta: ¿Cómo puede ser el cristianismo presentado en este momento? “La libertad es lo que más estimamos –responde-. Y la Iglesia con la cuestión de la libertad ha hecho un gran camino. No hay otra modalidad de proponer el cristianismo que la fuerza de la verdad misma. No hay otra posibilidad de que el cristianismo pueda ser presentado si no es con una belleza desarmada. Esto no depende de una dialéctica, no sirve una defensa en abstracto. El problema no es quién tiene razón sino cómo se puede vivir. Habrá un nuevo interés por el cristianismo si la gente se encuentra con una nueva modalidad de vivir la vida. Solo a través de la belleza que resplandece el cristianismo puede ser interesante”.

Según el autor de La Belleza desarmada, el problema del nihilismo, origen de muchos de los problemas actuales, no se resuelve con muros. En este tiempo somos todos menos presuntuosos y eso nos permite encontrarnos con gente que en otros tiempos calificábamos como enemigos y que ahora pueden enseñarnos cosas.

“¿Y cómo se responde a la ideología de género?”, ha preguntado uno de los asistentes. “Se responde si los que defienden esa ideología se encuentran con otra posibilidad –ha asegurado Carrón-. Nos parece poco que, por ejemplo, el hijo de una pareja homosexual vea la belleza de que otro compañero tenga padre y madre. Pero son esos hechos los que abren una brecha en el muro. Lo que puede vencer a la ideología son hechos que desafíen. Se ha luchado por los valores de una forma ideológica. Y eso ha fracasado. Los valores fracasan si no están ligados con su origen histórico. A la ideología se la desafía con la vida, con la vida que vibra en nosotros, con un acontecimiento. Esto puede parecer ingenuo, pero no lo es. A veces lo que hemos hecho pasar por cristianismo no lo es, es ética kantiana”.

La belleza desarmada en Madrid

P.D. | 0 comentarios valoración: 3  39 votos

Yihadismo: el último totalitarismo del siglo XX

Chiara Pellegrino

Se acaba de publicar en Francia un libro titulado “Le jihadisme. Le comprendre pour mieux le combattre”, escrito a tres manos y destinado al gran público, en un intento de ofrecer algunas coordinadas que permitan a los ciudadanos europeos comprender el fenómeno del yihadismo en tres niveles: histórico, sociológico y jurídico. Philippe Migaux, experto en seguridad internacional, ofrece una panorámica sobre los orígenes históricos de la ideología yihadista, definida como el último totalitarismo del siglo XX, y sobre el nuevo tipo de terrorismo que ha generado, muy distinto –precisa desde las primeras páginas– del terrorismo revolucionario, que apunta a cambiar radicalmente la forma de un Estado (Brigadas Rojas); del terrorismo de liberación, que reclama la independencia de una parte del territorio del Estado (Frente de Liberación Nacional); o del terrorismo de Estado, que sostiene con medios ilegales la diplomacia del gobierno (Siria, Iraq, Libia antes de la guerra).

Migaux recorre brevemente las etapas de la formación del pensamiento yihadista, desde el nacimiento del salafismo con Ibn Taymiyya y la aparición del wahabismo teorizado por Ibn ‘Abd al-Wahhāb (m. 1792), hasta la aparición de los Hermanos Musulmanes en Egipto en 1928, cuya elaboración de un sistema global fundado en la religión habría contribuido silenciosamente a modelar la peligrosa ideología del Estado islámico. “Dios es nuestro objetivo, el mensajero de Dios nuestra guía, el Corán nuestra Constitución, la yihad nuestra vía”, decía Hassan al-Banna, fundador de la Hermandad. El pensamiento político de este último, que todavía no preveía la lucha armada, se radicalizó después con Sayyid Qutb, quien reactivó la idea de “jāhiliyya”, la ignorancia pre-islámica, aplicándola a las sociedades no islámicas o redes de gobernantes impíos a los que era lícito combatir hasta la efusión de sangre, y la práctica de la yihad para permitir al islam, según explica Migaux, asegurarse el liderazgo de la humanidad. A este breve excursus histórico le sigue una panorámica muy útil sobre la evolución de la estrategia yihadista.

De la dimensión histórica del fenómeno se pasa a la sociológica, antropológica y psicológica con la contribución de Farhad Khosrokhavar, experto franco-iraní del islam chiíta y europeo. Su reflexión se centra en el atractivo poder que la yihad ejerce entre los jóvenes musulmanes en Europa, originando dos tipologías diferentes de actores: lo jóvenes socialmente excluidos residentes en las banlieue francesas o en los poor districts ingleses por un lado, y los cada vez más numerosos adolescentes y neo-conversos de clase media. Según Khosrokhavar, a los jóvenes yihadistas europeos no les atrae tanto el islam en sí sino lo que representa. Se ha convertido en la “religión de los oprimidos y por eso atrae tanto a los jóvenes inmigrantes de segunda, tercera o cuarta generación (…) como a los jóvenes conversos de clase media que encuentran en el islam radical una dimensión anti-imperialista encarnada en los años 70 por los movimientos de izquierda”.

El libro se cierra con una breve aportación de David Bénichou, jurista y vicepresidente del polo antiterrorista del tribunal de París. Aborda las implicaciones jurídicas del yihadismo, ilustrando las 23 medidas adoptadas en Francia en el año 2014 para combatir contra las filas sirias –y que se han mostrado evidentemente insuficientes a la vista de los atentados de 2015– así como otras cuestiones diversas, como el ciber-terrorismo y la toma de rehenes. Aparte de notas muy técnicas y documentadas, llaman la atención ciertas consideraciones polémicas y provocadoras, que no añaden nada a los contenidos pero que alimentan en sentido negativo la reflexión: el miedo a que la laïcité francesa, conquistada tras una larga lucha de emancipación de la Iglesia, pueda ser “malvendida a las corrientes más extremistas y minoritarias del último de los monoteísmos”.

Yihadismo: el último totalitarismo del siglo XX

Chiara Pellegrino | 0 comentarios valoración: 2  18 votos

Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 1  143 votos

La Utopía de Tomás Moro y ese 'más allá' que ayuda a no huir de la realidad

Elisabetta Sala

Entre los muchos aniversarios célebres que se celebran este año, como los de Shakespeare y Cervantes, también tenemos en 1516 la publicación del libro “Utopía”, de Tomás Moro. Ríos de tinta se han dedicado a interpretar su mensaje: ¿qué quería decir el futuro santo y mártir cuando nos hablaba de una comunidad ideal (y pagana) que vivía según la razón y la virtud? Identificar una respuesta aun parcial exigiría demasiado espacio, así que señalaremos solo dos o tres cosas.

Primero. Tomás Moro no nos hablaba a nosotros, sino a la Europa de su tiempo. En particular, hablaba a un personaje que seguramente le habría leído pero que no recibía nada bien las críticas, Su Majestad Enrique VIII Rey de Inglaterra.

Segundo. No olvidemos que la descripción del país ideal ocupa solo el segundo libro de la obra. El primero va dedicado a los numerosos males que afligen a Inglaterra (¿entonces?, ¿hoy?), en una crítica muy amarga al sistema social. Tan amarga como veraz, que lleva al autor a enmascararse detrás de un narrador ficticio, el viajante portugués Hytlodeus, que será quien nos describa Utopía. Un narrador ambiguo, su nombre significa “aquel que miente”.

Tercero. Respecto al llamado “comunismo” en Utopía, es verdad. En ese país no existe la propiedad privada y todos los bienes se ponen en común. Pero en esto Moro no fue en absoluto un profeta del comunismo, sino que aplica a la sociedad entera el ideal monástico. De hecho, tenía especial afecto a dos comunidades religiosas, los cartujos y los franciscanos, dos órdenes que el rey persiguió salvajemente.

Para los que quieran profundizar, se acaba de publicar un interesante ensayo de Paolo Gulisano titulado “Un hombre para todas las utopías” que, además de situar la obra en su contexto histórico, la compara a textos de autores contemporáneos, como “El príncipe” de Maquiavelo, o “Elogio de la locura” de Erasmo; y traza el itinerario del género utópico (y distópico) desde los orígenes hasta nuestros días.

El autor parte de la “República” de Platón, pasando por “La ciudad de Dios” de Agustín, pero deteniéndose también en la mitología celta del más allá. Hablando de la herencia de Moro, se centra también en la “Nueva Atlántida” de Bacon, así como en la “Ciudad del Sol” de Campanella, incluso en la “Tempestad” de Shakespeare, que por otra parte era un óptimo conocedor de la obra de Moro, del que se nutrió para su “Ricardo III”. También llega hasta Hobbes y su “Leviatán”, y hasta “Robinson Crusoe”. Tampoco podía faltar Jonathan Swift con sus satíricos y devastadores “Viajes de Gulliver” ni la utopía moderna de Wells, que nos lleva inevitablemente a las distopías tremendas de Huxley y Orwell entre otros. La isla que ya ni siquiera es una isla, sino un estado totalitario que ha transformado el mejor de los sueños en la peor de las pesadillas.

Pero hay una esperanza. Y no solo en “El amo del mundo” de Benson. El ensayo se cierra de hecho con una mirada a un más allá distinto de los inquietantes esbozos del “Nuevo Mundo” o del “Gran Hermano” que nos mira. Nos referimos a los mundos paralelos de Lewis y Tolkien, a su mitopoiesis, que no es huir de la realidad sino justo lo contrario. “Cuando describen su mundo son totalmente serios, no engañan al lector haciéndole entender que, a fin de cuentas, todo es una fábula mientras que el mundo real es muy distinto. Lo más hermoso de esta literatura no es el esfuerzo por ser lo más original posible, sino que identifica las cuestiones fundamentales”.

Respecto al llamado “comunismo” de Moro, este encontró su interpretación más afortunada en el distributismo de Chesterton, una especie de tercera vía entre socialismo y capitalismo, en un intento de fundar una sociedad realmente más justa, no basada en la abolición de la propiedad privada ni en la propiedad exclusiva de ricos y poderosos, sino en una propiedad de todos los bienes realmente compartida por todos. Exactamente lo mismo que sucedía en la isla de Moro.

La Utopía de Tomás Moro y ese 'más allá' que ayuda a no huir de la realidad

Elisabetta Sala | 0 comentarios valoración: 2  24 votos

El realismo cristiano de Guardini

Massimo Borghesi

Recientemente se conoció la noticia de que la archidiócesis de Munich y Freising ha abierto la causa de beatificación de Romano Guardini. La apertura oficial del proceso debería hacerla en el término de un año el cardenal Reinhard Marx. Constituye un evento muy especial, porque en cierta forma sella la continuidad ideal que une, con la evidente diversidad de estilos, al Papa Benedicto y al Papa Francisco. En efecto, Guardini fue el pensador ítalo alemán que marcó la formación intelectual y espiritual tanto de Ratzinger como de Bergoglio. Jorge Mario Bergoglio estuvo varios meses en Alemania en 1986, en la Facultad de Filosofía y Teología Sankt Georgen de Frankfurt, con el propósito de escribir una tesis doctoral sobre Guardini. Posteriormente debió abandonar el proyecto, pero no tanto como para olvidarlo. Bergoglio volvió después en varias ocasiones sobre su trabajo, sobre la idea guardiniana de la vida como oposición polar que encontramos en el centro de algunos pasajes fundamentales de la Evangelii Gaudium. La admiración y el aprecio que el pontífice actual nutrió siempre por el testimonio cristiano y el pensamiento de Guardini sin duda no son extraños a la decisión de comenzar el proceso de beatificación. Un regalo de Francisco –quizás el más grande– a su predecesor.

¿Cuál es entonces, desde el punto de vista cristiano, el elemento de fondo del pensamiento guardiniano, el más actual, que explica el hilo rojo que une a Ratzinger con Bergoglio? La historicidad de la fe entendida como resultado del “encuentro con la realidad”, con la carne de Dios en la carne del mundo.

Guardini nació en Verona el 17 de febrero de 1885 y su familia se trasladó a Alemania un año después. Aquí se ordenó sacerdote en 1910 y en 1924 fue nombrado profesor de Filosofía de la Religión y Visión del Mundo Católico en la Universidad de Berlín, cátedra que fue suspendida por el régimen nacional socialista en 1939. En la posguerra volvió a la enseñanza en la Universidad de Tubingen y posteriormente en Munich, donde falleció el 1 de octubre de 1968. En el contexto del pensamiento cristiano Guardini se consideraba alguien que “camina solitario” (einzeganger), un outsider que escapaba de los esquemas comunes. En él, el elemento dominante era una atención y una pasión por la realidad, por una mirada plena sobre el ser. Los esquemas y los conceptos venían después; debían ayudar a abrir un resquicio de luz en el mundo, no a doblegarlo violentamente al propio arbitrio. Si la realidad era comprendida y mantenida en su concreción, la revelación cristiana podía también manifestarse en todo su espesor. Así como, a la inversa, solo cuando el cristianismo es real, el mundo puede ser acogido en su totalidad, sin censurar nada. Dice en su diario: “En el cristiano lo que decide todo, absolutamente todo, pensamiento, acción, ser, es que la realidad de Dios se perciba, que esté en la existencia como lo real, en última instancia como lo único real. Todo lo demás viene determinado por esto; y por lo tanto o está vivo o es solo algo pensado, o mejor, hablado”.

El realismo cristiano de Guardini

Massimo Borghesi | 0 comentarios valoración: 2  61 votos

Cuadros de pintores, en la National Gallery de Londres

Mª Fe Viñarás

En plena resaca del Brexit, ha habido inauguraciones en dos de los principales museos públicos de arte del Reino Unido: una exposición temporal en la National Gallery de Londres, y la ampliación del edificio y presentación de la nueva colección y programación de la Tate Modern. En mi visita a sendas propuestas culturales, llevaba en la mente esta cuestión del resultado del referéndum. Probablemente por esto, ambos sitios me han sorprendido recordándome ese poema de John Donne titulado Ningún hombre es una isla (No Man Is an Island  ). Para explicarme, dejaré mi comentario sobre la vista a la Tate Modern para una próxima ocasión, y me centraré en la exposición de la National Gallery titulada “Cuadros de pintores”.

La muestra trata de las colecciones de pintura de los propios pintores. La idea surgió en el museo a partir del hecho de que una reciente adquisición, La mujer italiana de Corot, despierta hoy más interés por haber pertenecido al pintor Lucian Freud, y por lo que pueda tener en común con sus características, que por los valores intrínsecos de esta pintura del gran pintor francés del siglo XIX. Entonces decidieron elegir como casos de estudio ocho reconocidos artistas de su propia colección que hubieran tenido colecciones importantes de pintura, y se preguntaron qué adquirían, cómo, para qué y con qué consecuencias.

Es una pequeña selección, pero significativa. Presenta pintores de los últimos 500 años. La mitad de los pintores coleccionistas son nacidos en el Reino Unido, Reynolds, Lawrence, Watts y Frederic, Leighton, y la otra mitad fuera, Degas, Matisse, Van Dick y Lucian Freud. No obstante, estos dos últimos desarrollaron en parte (el flamenco Van Dyck), o totalmente (el berlinés, luego nacionalizado inglés, Freud), su carrera en Gran Bretaña y son parte fundamental de la pintura inglesa. Los otros dos, aunque nacieron y desarrollaron su carrera en Francia, son imprescindibles para explicar el desarrollo del arte moderno, al menos, en Occidente.

Muchos de los cuadros pertenecen al propio museo. Aparte de obvias razones prácticas y económicas, hay una razón de más peso: su colección se formó, y se sigue formando, en gran parte, a base de colecciones de pintores y con el asesoramiento de pintores. Sin embargo la mitad de las casi 100 obras que componen la exposición son préstamos, y algunos muy poco conocidos. De entre estos destacaría varios de Cezanne, como la extraña fantasía erótica Tarde en Nápoles, que sirvió de inspiración a Freud para su escena de triste orgía particular, After Cezanne. No solo le interesaba el tratamiento tan curioso de un tema clásico de la historia del arte, sino también la elaborada, y aparentemente dificultosa y prolongada, factura. Freud trabajaba despacio y añadía muchas capas de óleo hasta conseguir esa sensación táctil de sus famosas carnes. Otro apasionado con una obra de Cezanne fue Matisse. Tres bañistas del Petit Palais, Musée des Beux-Arts de la Ville de Paris, motivó, entre otras cosas, una serie de grandes relieves de desnudos femeninos de espaldas que trabajó durante muchos años, y fue una fuente para desarrollar sus propias ideas artísticas. Consideraba que “había llegado a conocerla bastante bien, aunque esperaba que no del todo”. También Degas adquirió una obra del maestro de Aix-en-Provence cuando todavía era poco valorado, a pesar de no llevarse bien con él.

Cuadros de pintores, en la National Gallery de Londres

Mª Fe Viñarás | 0 comentarios valoración: 3  20 votos

Invasión de Iraq: el error fue ignorar la antropología

Olivier Roy

El Informe Chilcot sobre la invasión de Iraq en 2003 ha vuelto a desatar la polémica por una intervención que en el tiempo se ha demostrado más que desgraciada. No había armas de destrucción masiva, la amenaza de Sadam se sobrevaloró y la actuación en el país explica gran parte de la situación actual. La campaña en Iraq fue una campaña promovida por los neoconservadores. Olivier Roy, en su libro "El islam y el caos", hace un diagnóstico muy preciso del error de fondo: un proyecto de democratización que no tiene en cuenta los presupuestos culturales y antropológicos. Proponemos a nuestros lectores el extracto de algunas páginas.

¿Qué motivó la decisión estadounidense de invadir Iraq, si exceptuamos el simple deseo de “acabar el trabajo” empezado en la primera guerra del Golfo? Un proyecto ideológico coherente, encarnado en el programa del “Gran Oriente Próximo”.

Donald Rumsfeld se lanzó a un proyecto de reforma del ejército estadounidense para aligerarlo y adaptarlo a las operaciones a corto plazo que, aunque pueden ser masivas, se basan en el principio de “shock and awe” (choque y terror).

El instrumento que se construyó es exactamente lo contrario de lo que la situación en Iraq requiere, aunque cumpliese perfectamente su papel en la campaña propiamente militar.

El equipo de los neoconservadores fue el único que propuso un programa “constructivo” después del 11 de septiembre.

La reforma de los países musulmanes estuvo en el corazón de la estrategia de los neoconservadores. No tenían, al menos al principio, una visión negativa del islam, y su política era lo contrario del choque de civilizaciones de Huntington. Estaban de acuerdo con la izquierda, que quería eliminar el terrorismo mediante el tratamiento político y social de sus causas, pero excluían de ellas el impacto de la política estadounidense.

Y defendían el concepto de sociedad civil, aunque para ellos esta estaba basada en los individuos emprendedores y en las personalidades democráticas, más que en los movimientos colectivos.

Eran intervencionistas y recuperaban la teoría del derecho de injerencia elaborada en ambientes más bien de izquierdas.

La ideología del desarrollo es central, ya que sintetiza toda la evolución de la cuestión humanitaria.

Para los conservadores y toda la corriente del “desarrollo sostenido”, el actor es el individuo. Son antitotalitarios, pero consideran que la democracia se basa en las virtudes del individualismo y del mercado. Su negativa a tener en cuenta la dimensión colectiva les lleva a desdeñar la importancia de los factores culturales, empezando justamente por la pertenencia nacional y las identidades religiosas.

El problema radica en encontrar una política de democratización inmersa en la realidad antropológica de la sociedad. Y, sin embargo, se pasa de la una a la otra sin articularlas: tan pronto se organizan elecciones como si el escenario político estuviera formado por partidos estructurados que presentasen programas de gobierno, como se vuelve, tal como han hecho los británicos en Iraq del Sur, a una política de coaptación de notables locales, que reciben diversas ventajas a cambio de su fidelidad.

Invasión de Iraq: el error fue ignorar la antropología

Olivier Roy | 0 comentarios valoración: 2  23 votos

Michael Lüders, el pensamiento esférico y las guerras de Occidente

Roberto Graziotto

Dice un proverbio chino que cuando el viento sopla, algunos construyen muros y otros, molinos de viento. De que en la política y en la historia mundial soplan vientos fuertes, por no decir explícitamente vientos de guerra, no cabe duda. Para el hombre acostumbrado a reflexionar, es imposible no plantearse la pregunta sobre la propia identidad y sobre los criterios con lo que “discernir” lo que se lee, se ve y se oye.

Cuando se reavivó violentamente la batalla para reconquistar Alepo, el Frankfurter Allgemeine Zeitung dio la noticia posicionándose contra el régimen de Assad y su “padrino” Vladimir Putin. El periódico de Frankfurt no consideraba necesario comprobar quién había destruido dos hospitales en Alepo, le parecía evidente que el régimen sirio, que contradice todas las normas del derecho internacional, y Putin habían decidido acabar con todos los esfuerzos internacionales por resolver el conflicto y poner fin a la tregua que había permitido a Alepo un momento de respiro.

Michael Lüders, que fue corresponsal del semanario de Hamburgo Die Zeit, publicó un libro cuyo título en español viene a decir “Quien siembra vientos. Lo que la política occidental provoca en Oriente”, donde intenta reconstruir un itinerario donde se ve de manera crítica el papel de Occidente en la política mundial a partir de la caída del primer ministro iraní Mohammed Mossadegh en 1953, causada por el gobierno británico de entonces, que no quería una distribución más equitativa de los recursos energéticos iraníes a favor del Estado iraní, hasta la guerra en Gaza en 2014, pasando por la lucha contra Saddam Hussein, Muamar Gadafi, y hasta Bashar al-Assad. Con un enorme bagaje de informaciones concretas, el autor muestra que es Occidente (USA y UE) quien actúa continuamente en contra del derecho internacional para defender sus propios intereses. Por citar solo algunos datos que abundan en el libro: en los 50 días de guerra en Gaza en julio y agosto de 2014 murieron 2.200 palestinos, 500 niños, y 71 israelíes, seis de ellos civiles. El autor también presenta cifras precisas, en la medida de sus posibilidades, de los muertos que costaron las intervenciones americanas y europeas en las guerras de “liberación” en Afganistán, Iraq, Libia y Siria.

Lüders analiza la incapacidad absoluta por parte de Occidente para comprender lo que está en juego con el islam, las diferencias confesionales entre chiítas y sunitas. Refleja lo que implican las alianzas occidentales con el wabahismo (Arabia Saudita), la criminalización de movimientos como los Hermanos Musulmanes, que también hicieron un gran trabajo social y caritativo pero que, una vez llegados al poder en Egipto no supieron proponer un modelo político adecuado. La simpatía occidental por un dictador como el presidente egipcio Abdel Fattah Al-Sisi, la actitud totalmente acrítica contra las tendencias etnocráticas religiosas de Israel, son otros factores importantes de esta historia de la intervención occidental, estadounidense y europea, en Oriente Medio y Próximo, analizados en el libro de este periodista alemán.

Los errores de comprensión occidental sobre lo que sucede en Oriente Medio y Próximo tal como los presenta Lüders revelan una colosal falta de “discernimiento de los espíritus” en juego. Su crítica es mucho más interesante por su atención a los hechos y a las fuentes que cuentan los hechos, siempre buscadas con especial atención. Por ejemplo, en su crítica al papel de Israel en el conflicto medioriental, Lüders cita siempre fuentes críticas israelíes, y no solo árabes.

El error de fondo en la comprensión occidental consiste en una forma “esférica” del pensamiento: en el centro estamos los occidentales y alrededor, los demás, siempre vistos como un problema y no como un bien para nosotros. La complejidad del escenario político mundial no puede replantearse y comprenderse con este método esférico. El Papa Francisco ha propuesto en sus discursos “políticos” (Estrasburgo, Washington) un método poliédrico alternativo al esférico, que tenga en cuenta más realidades del poder mundial. El autor, que no cita nunca al Papa (igual que nunca cita a Juan Pablo II al hablar del conflicto en Iraq en 2004), propone una solución parecida cuando dice que hay que tener en cuenta a todos los actores del escenario mundial: China, Rusia (Lüders dice que hay que dialogar con Putin), los llamados estados Brics como Brasil, India, Sudáfrica. Al leer el libro, me vino espontáneamente a la cabeza la idea de los “estados continentes” del filósofo latinoamericano Alberto Methol Ferré, amigo del Papa, como superación de este modelo esférico.

Michael Lüders, el pensamiento esférico y las guerras de Occidente

Roberto Graziotto | 0 comentarios valoración: 2  21 votos

Una Europa que refundar. Palabra de Benedicto XVI

Robi Ronza

Habrá que ver el precio que nos quieren hacer pagar las élites que hasta el momento han pretendido, con éxito, construirse una Europa a su medida pretendiendo que fuese también nuestra Europa. Pero lo primero que hay que decir del referéndum británico a favor o en contra de la Unión Europea es que ha sido un acto de gran libertad, y abre grandes esperanzas. En Gran Bretaña los electores han votado principalmente contra un orden constituido, político y mediático, que ha hecho todo lo que ha podido para que votara de otro modo.

En declaraciones a la RAI en su informativo matinal, de máxima audiencia, el ex presidente de la República italiana Giorgio Napolitano se ha permitido calificar de “incauto” al premier británico Cameron por haber sometido a referéndum popular la cuestión de la permanencia o no de su país a la UE. En cuestiones de tal importancia, según Napolitano, es mejor que el pueblo quede al margen. Dando muestras de una notable falta de pudor, su pupilo Mario Monti ha dicho aún más. El que fue jefe de un gobierno impuesto al Parlamento, y para ello nombrado senador pocos días antes de su entrada en el cargo, Monti ha afirmado que al convocar el referéndum Cameron habría nada menos que “abusado de la democracia”.

Resumiendo, cuando un pueblo vota según su propio parecer, y no como querrían ellos, a las élites acostumbradas a considerar como “cosa nostra” las instituciones europeas se les cae la máscara. En estos días, los Napolitano y Monti de toda Europa están fuera de sí, hasta el punto de ser ya incapaces de ocultar el autoritarismo recóndito, ya sea post-comunista o masón, que caracteriza su visión política desde hace no poco. Aunque en mi opinión el Brexit puede ser un shock saludable para la Unión Europea, sin duda no es algo que suceda todos los días. Como decía, las élites que no lo querían intentarán hacer pagar al mundo entero el fracaso de su proyecto, convirtiéndonos en chivo expiatorio sobre el que descargar emergencias que no tienen nada que ver con esto.

Es el caso, por ejemplo, de las acciones de grandes grupos bancarios que no saben qué puede pasar con el éxodo de Londres de la UE. Habrá pues que dar por descontado que nos esperan días turbulentos en los mercados internacionales, y quien tenga la capacidad de hacerlo debería intervenir para estabilizarlos. Entretanto, ya se ha disparado la “máquina” de la mistificación del significado más profundo del Brexit. En último término, el episodio en sí es un signo clamoroso del fracaso de la pretensión de construir la Europa política basándose solo en sus intereses y prescindiendo testarudamente de su propia historia y de los valores que la caracterizan. Europa solo se puede salvar si cambia decididamente de camino para redescubrir lo mejor de sí misma. Por el contrario, ya se está intentado difundir la idea de que, para salir de la crisis que ha puesto en evidencia el Brexit, no hace falta cambiar de rumbo sino seguir adelante con la cabeza gacha, como si nada.

Por motivos que son evidentes, las claves de la solución de esta crisis están en gran parte en manos de la gente de fe. Pero solo si la gente de fe es a su vez fiel a lo que ha encontrado. En ese caso, es buen momento para retomar un documento que hoy resulta más actual que nunca: el discurso de Benedicto XVI a los participantes en el congreso de la Comisión de los Episcopados de la Comunidad Europea, reunida en Roma el 24 de marzo de 2007, en vísperas del 50º aniversario de los tratados constitutivos de las primeras organizaciones europeas. Después de destacar los aspectos positivos del proceso que dio comienzo entonces, Benedicto XVI observó que Europa “de hecho está perdiendo la confianza en su propio porvenir. (…) No todos comparten el proceso mismo de unificación europea, por la impresión generalizada de que varios ‘capítulos’ del proyecto europeo han sido ‘escritos’ sin tener debidamente en cuenta las expectativas de los ciudadanos”.

Una Europa que refundar. Palabra de Benedicto XVI

Robi Ronza | 0 comentarios valoración: 3  25 votos

Cien años del Genocidio armenio: un siglo de silencio

Fernando José Vaquero Oroquieta

Armenia sigue siendo una gran desconocida para la inmensa mayoría de españoles; y ello a pesar de la presencia de unos 35.000 armenios entre nosotros, procedentes en su inmensa mayoría de la antigua Armenia soviética, y de unos cientos de argentinos de origen armenio radicados hace ya varias décadas en España.

Tal vez sea esta circunstancia la que ha empujado al periodista Arthur Ghukasian, fundador de Armenia Press y español de adopción, a desarrollar una notable labor difusora de la –varias veces– milenaria historia de su pueblo y del hecho que le marcó para siempre: el Genocidio armenio.

A pesar de tal desconocimiento, Armenia y España tienen no pocos puentes en común, particularmente sus raíces cristianas. De hecho, Armenia fue, además de una de las más antiguas del mundo, la primera nación cristiana de la Historia; antes, incluso, que la propia Roma.

Pese a tan glorioso tránsito, en la segunda década del pasado siglo el pueblo armenio pudo desaparecer por completo de la mano del ejército turco. No fue la primera agresión sufrida mientras la Sublime Puerta rigiera sus destinos. Ya en 1880 miles de armenios fueron asesinados en un primer pogromo. En 1896 lo serían otros 300.000 bajo el sultanato de Abdul Hamid II. Y en 1908 fueron masacrados unos 30.000 armenios en la ciudad de Adaná. Pero fue en 1915 cuando se desplegó una cuidada estrategia que pretendía la eliminación de toda la población armenia residente en territorio turco, perpetrándose el que constituyó primer genocidio moderno. Se inició en febrero de ese año cuando unos 60.000 reclutas armenios del ejército turco fueron fusilados. Inmediatamente, todos los varones armenios con edades comprendidas entre los 15 y 45 años fueron enrolados en el ejército; siendo maltratados y explotados hasta la muerte casi en su totalidad.

Como fecha crucial en la memoria histórica del pueblo armenio y su genocidio se ha establecido la del 24 de abril de aquel año. No en vano, 600 de sus líderes (intelectuales, periodistas, políticos, comerciantes, sacerdotes…) fueron detenidos en Estambul y ejecutados; de ahí su gigantesco valor simbólico. Los genocidas no se detuvieron: la restante población armenia de Anatolia –niños, mujeres y ancianos– fue desalojada de sus localidades y organizada en unas «marchas de la muerte» hacia el desierto de Siria y el mar Negro; falleciendo por hambre, sed y malos tratos en su inmensa mayoría. Aún, a finales de la Primera Guerra Mundial, unos 300.000 armenios fueron masacrados en el Cáucaso controlado por Turquía. Y entre 1920 y 1923 se perpetraron las últimas matanzas.

A lo largo de aquellos terribles años, decenas de miles de mujeres y niños fueron raptados y violados; el patrimonio personal y cultural del pueblo armenio fue destruido; su riqueza, expropiada… Y todo ello ante la pasividad internacional; limitándose las potencias europeas a unas escasas advertencias nominales y mínimas investigaciones. De los dos millones de armenios que vivían en Anatolia en 1914, una vez finalizadas las diversas oleadas genocidas apenas sobrevivía una cuarta parte; refugiada en Líbano, Francia, Argentina y en la casi residual Armenia soviética. Los responsables de este exterminio sistemático fueron los «Jóvenes Turcos»: militares nacionalistas que perpetraron tamaña «limpieza étnica» en el marco del proyecto de una Turquía «moderna» concebida por Mehmet Tallat, Ismael Enver y Ahmed Jemal.

Todavía hoy, Turquía sigue sin reconocer el Genocidio armenio; persistiendo en un tozudo e inflexible negacionismo; tanto en su interior como en la acción diplomática exterior. Por el contrario, el pasado 2 de junio, el Parlamento alemán, siguiendo los pasos de otros estados, aprobó una resolución que reconocía como genocidio las matanzas y deportaciones de armenios cristianos perpetradas durante el Imperio Otomano, pese a las amenazas del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan; quien había advertido a Berlín en el sentido de que esa decisión perjudicaría a las relaciones diplomáticas, económicas, políticas y militares existentes entre ambos países. Una nueva crisis diplomática que enlaza con otra previa más “caliente” abierta –en la región del Cáucaso– con la reactivación del conflicto armado en Nagorno Karabaj a partir del pasado 2 de abril y que ha vuelto a enfrentar a Armenia con su vecino Azerbaiyán.

Cien años del Genocidio armenio: un siglo de silencio

Fernando José Vaquero Oroquieta | 0 comentarios valoración: 3  25 votos
>A propósito de ´La española inglesa´, de Miguel de Cervantes

Una deseable 'amistad' para nuestro tiempo

Guadalupe Arbona

Se preguntarán los lectores si Cervantes puede decir algo útil para nuestro tiempo. He releído estos días una de sus ‘novelitas’, la titulada “La española inglesa”. Y aunque solo buscaba en ella descanso para días de fatiga –Cervantes siempre proporciona peripecias, aventuras, amores y hermosuras–, resulta que me he encontrado, en su urdimbre, una verdad y una libertad nada ajenas a nuestro siglo XXI. Esa verdad que trae la ficción, precedida por un libérrimo Cervantes que, viviendo su tiempo con intensidad, ve más allá de él. La verdad de una amistad que rompe las durezas de la enemistad y la libertad de un juicio cultural que apuesta por la unidad y la concordia. Cervantes habla para nuestra época. Su obra cobra actualidad en la España y el mundo nuestro, que se debate entre la globalización y los movimientos identitarios excluyentes. Un mundo en el que los otros –en política, en religión, en lengua, en raza– llaman a las puertas de nuestra cultura. En los hilos de la trama de esta novela ejemplar se descubren cuestiones muy actuales: ¿Acaso lo otro, lo diferente puede ser un bien? ¿Es posible que el abrazo a lo distinto contribuya al conocimiento y crecimiento de los deseos y al entendimiento entre los pueblos?

“La española inglesa” cuenta las penurias de la niña gaditana Isabela, raptada en el saco de Cádiz por los ingleses en 1596. Su raptor, Clotaldo, noble inglés, cría a Isabela en Londres, junto con su mujer y su único hijo Ricaredo. La belleza, discreción y entendimiento de Isabela hacen que sea tratada como hija de la casa, más que como criada. Clotaldo y su mujer Catalina son cripto-católicos al servicio de la reina Isabel de Inglaterra, dura defensora del antipapismo de su padre Enrique VIII. En este entorno los dos jóvenes –la española inglesa y el hijo de la casa– se enamoran. Y a partir de este momento, la historia particular de Ricaredo e Isabela se convierte en un dardo que atraviesa y desafía la historia cultural, social y política del mundo que les rodea. El mundo de dos naciones enfrentadas tras la derrota de la Armada, llamada Invencible, en aguas inglesas en 1588, que abrió un hondo desánimo en el Imperio español; la Europa de las continuas y violentas desavenencias religiosas entre católicos y protestantes y la división de las guerras que hace a sus habitantes vencedores o vencidos, cautivos o libres. La historia de amor de Cervantes, colocada en este marco histórico, permite ver el carácter beneficioso de la convivencia entre los diferentes, cosa que le hará intervenir al mismo narrador para hacer valer la historia de amor –hermosa y virtuosa– como causa de admiración, que llega a “enamorar aun hasta los mismos enemigos”. Más aún, es ejemplo de “cómo sabe el cielo sacar de las mayores adversidades nuestras, nuestros mayores provechos”.

La historia es rica y llena de acontecimientos. Avalle-Arce la llamó un “Persiles (última novela larga de Cervantes) en miniatura”, pero lo que interesa en esta lectura es ver cómo, a través del relato, Cervantes rompe las fronteras de separación y aborda, dando soluciones nuevas, las formas de exclusión de los otros. El manco de Lepanto cultiva todo aquello que siendo personal y particular muestra su bondad en la experiencia. Los personajes de la obra prueban cómo para abrazar a los otros no necesitan renunciar a lo más querido y cómo el deber con uno mismo, con la propia cultura, identidad y fe, lejos de ser impedimentos, son una aportación valiosa para el mundo en el que viven. Isabela es parte de su tierra, hija de sus padres, amante de su lengua, mas no por ello deja de admirar su pueblo de adopción y contribuye al entendimiento entre leyes, culturas y lenguas, por eso todos la llaman la “española inglesa”. En el apodo de la protagonista que da título a la novela se condensa esa reunión de lo enfrentado. El narrador confía de tal modo en la ejemplaridad de su personaje, encarnación del ‘diálogo’, que al final del relato, se le pide que ponga por escrito su historia. Esa historia que Ricaredo dice que “tiene tanto de milagrosa como de verdadera”.

>A propósito de ´La española inglesa´, de Miguel de Cervantes

Una deseable 'amistad' para nuestro tiempo

Guadalupe Arbona | 0 comentarios valoración: 3  20 votos

Aleluya para todos

P.D.

Las niñas de Chibok han vuelto a ser noticia. En 2014 el mundo entero descubrió las atrocidades de Boko Haram, cuando fueron secuestradas más de 200 jóvenes que habían acudido a realizar un examen en la localidad nigeriana de Chibok. “Aleluya” relata las circunstancias de ese secuestro y recoge el testimonio de otras personas que han estado en manos de los terroristas durante meses. Aleluya, el nuevo documental de N Medio sobre cristianos perseguidos ya está disponible en vimeo.com/ondemand/aleluya

Aleluya una película dedicada a Nigeria. A sus mártires, a su gente. Está grabada en la capital y en varias ciudades del norte de un país donde el terrorismo de Boko Haram y el islamismo golpean con fuerza desde hace 15 años. ¿Cómo puede un documental dedicado a la persecución de los cristianos africanos titularse así? Es una de las muchas provocaciones que contiene esta cinta y que el espectador descubre con asombro a medida que se adentra en ella. Su director ha realizado numerosas entrevistas de víctimas de la violencia islamista. Aleluya no es una película morbosa ni triste. De Nigeria nos llega, con este documental, la vida de un pueblo que canta, que baila, que perdona, que permanece fiel y que agradece la fe recibida.

Esta película, Aleluya, es el tercer documental de una serie dedicada a los cristianos perseguidos. El primero de ellos, “Walking next to the Wall”, fue rodado en Egipto y está dedicado a los coptos. El segundo, Nasarah, grabado en el Líbano, está dedicado a los sirios e iraquíes perseguidos por el Daesh. Los tres están disponibles en la plataforma Vimeo. La serie está dirigida por Fernando de Haro a través de la productora N Medio. El proyecto se lleva a cabo con el patrocinio del Instituto CEU de Estudios Histórico y la Fundación Ignacio Larramendi.

Aleluya para todos

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  23 votos
12  | 3  | 4  Siguiente >

La imagen del día

Vista general de un colorido pueblo conocido por los lugareños como Kampung Warna-Warni en Malang, Java Oriental (Indonesia). Fully Handoko (EFE)

>SÍGUENOS EN

Julián Carrón sobre los desafíos de Europa

Marcados con la N de nazareno

Persecución en Kaduna

Arte y pintura en Páginas Digital

El caballero de la mano en el pecho

David vencedor de Goliat de Caravaggio

Ministerio de educación y cultura

>Boletín electrónico

Recibe los titulares de PÁGINASDIGITAL.es en tu correo electrónico
Darse alta y baja en el boletín electrónico

 

Darme de baja

>DESCARGA NUESTRA APP