Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
20 MARZO 2019
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Cartas para una política no ideológica (1)

Mikel Azurmendi / Fernando de Haro

Querido Mikel:

No sabes cuánto me alegra que hayas aceptado un diálogo sobre eso que en alguna ocasión has llamado tú "una política no ideológica". Si te parece, mientras nos volvemos a ver, podríamos hacerlo por escrito. No será lo mismo que un buen rato de charla delante de un plato de queso y un vaso vino, como el pasado verano en el Pirineo, pero así podemos ir avanzando.

Algunas mañanas doy un paseo antes de que amanezca y desde una colinilla que hay cerca de casa, con las primeras luces, se ven dos espadañas, una de ellas con algo de historia. En el instante en el que comienza el día, mirando esas dos espadañas recortándose en un cielo rosado, parece que casi todo es posible. Los comienzos son así, con ellos se reabre hasta la ilusión más fatigada. Tengo el mismo sentimiento al escribirte estas líneas. Pero voy ya al asunto.

Estos días unos amigos italianos han escrito un manifiesto en el que reclaman la conveniencia de recuperar el sentido del bien común en política. Ese pronunciamiento me ha hecho pensar en nuestra historia reciente.

Hasta hace 14 o 15 años, seguía más o menos en pie en España cierta unidad creada por la transición. Una unida frágil, poco cuidada, pero que de un modo inconsciente reconocía lo compartido como un referente. Desde entonces ha imperado una política principalmente defensiva (tanto en la izquierda como en la derecha), para afirmarse había que negar al otro. Y el “particularismo”, bien partidista, ideológico, o nacionalista-independentista, ha ido en aumento hasta llegar a un punto que se nos ha hecho insoportable. Hemos llegado a este punto cansados. ¿Qué dices de esto, maestro? He encargado ya en una librería de viejo tu Todos somos nosotros. Buen día.

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Querido Fernando:

Sobre todo no me llames maestro. Soy un pobre discípulo de la vida, un aprendiz consumado. O sea, cumplido e insuperable aprendiz... por todo lo que me queda aún por aprender. Pues errores, los voy viendo en mí cada día que pasa. Esto no es humildad beata ni vanidad impostada, es lo que hay.

Cartas para una política no ideológica (1)

Mikel Azurmendi / Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  36 votos

Los verdaderos archivos del Pentágono

Antonio R. Rubio Plo

La guerra de Vietnam vuelve a ser actualidad en estos días con motivo del estreno de “Los archivos del Pentágono” de Steven Spielberg y del medio siglo de la ofensiva del Tet, el comienzo del año lunar vietnamita en que el ejército de Vietnam del Norte y la guerrilla comunista del Vietcong lanzaron un ataque masivo contra los norteamericanos y sus aliados survietnamitas.

A finales de enero de 1968 las fuerzas comunistas lanzaron una ofensiva contra bases militares y zonas urbanas de Vietnam del Sur, en la que resultó alcanzada la propia embajada norteamericana en Saigón. Desde el punto de vista militar, el ataque fue rechazado y los comunistas perdieron más de 50.000 combatientes, siendo la guerrilla del Vietcong la más castigada. Y sin embargo, esta victoria sobre el terreno marcó el inicio de la retirada y derrota. La Administración Johnson fue incapaz de comprender que la batalla que más importa en nuestros días que es la de la opinión pública, la de la percepción de los hechos por el gran público, un enfoque que suele ser alimentado por los medios en un sentido o en otro. En esta batalla mediática lo de menos son las bajas causadas al enemigo, por muy numerosas que sean, o que este se retire del terreno que ocupa. Si el público cree que se ha iniciado una escalada de un conflicto que hasta entonces se limitaba a acciones de insurgencia y contrainsurgencia, no le bastarán las explicaciones de que el enemigo ha sido derrotado. Su percepción será la de que la situación ha empeorado y puede empeorar mucho más aún. En tales circunstancias, cualquier petición de aumentar el número de fuerzas propias para derrotar “definitivamente” al enemigo no será vista como un paso necesario para ganar una guerra sino como una medida tan peligrosa como contraproducente. En otras palabras, la ofensiva del Tet respondía a un esquema de guerra clásica hasta el momento ausente del escenario de los combates. Los norvietnamitas no volverían a repetirlo hasta la gran ofensiva de abril de 1975 con la que conquistaron todo Vietnam del Sur. Por lo demás, la victoria de 1968 constituyó un espejismo para los norteamericanos, que acaso les hizo creer que la guerra podía ganarse.

Los verdaderos archivos del Pentágono

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La lección de Arseny Roginsky

Adriano dell`Asta

Independentismo y centralismo, globalización y diversidad, patriotismo e internacionalismo, identidad y acogida, justicia y misericordia, libertad y verdad… Quién sabe cuántas parejas de palabras podríamos incluir en esta serie para dar idea de un mundo que parece entusiasmarse al pensar en construir nuevos muros o desesperarse por su incapacidad para impedir su construcción… ¿Cuántos valores expresados en estos términos podrían invocar razones válidas para apoyarlos? ¿Cómo ponerse delante de la historia, pasada y futura, con sus viejos muros que ya creíamos derruidos y los nuevos que están naciendo?

Podemos empezar diciendo algo que debería ser evidente pero que parece que todos han olvidado ya. Si palabras como verdad y libertad o justicia y misericordia se siguen contraponiendo, eso significa que algo no va bien en nuestra forma de tomarlas en consideración, porque realmente ¿quién de nosotros querría una libertad condimentada con mentiras vergonzosas, y quién de nosotros querría una verdad que se apoyara en una violencia no menos censurable?

Tal vez si tomamos algún ejemplo de la historia y de la memoria, podemos aclararnos. Es un tema que en muchos países civilizados y pacíficos de nuestra Europa sigue sembrando aún sangrientas divisiones dentro de las propias familias. En Rusia está el caso, recientemente conocido en primer plano, de quien ha descubierto que tenía dentro de su propia familia, al mismo tiempo, a víctimas y verdugos, gente que había acabado en un campo de concentración y gente que la había enviado allí. Los países bálticos nos ofrecen una historia aún más compleja. No solo es el viejo problema de cómo mirar a la Armada Roja, que indudablemente liberó a estos países de la tiranía nazi pero al mismo tiempo envió a los campos siberianos a decenas de miles de inocentes que la tiranía soviética consideraba enemigos potenciales. Una vieja historia a la que recientemente se ha sumado otra que, a decir verdad, no es menos vieja, la de patriotas que habían colaborado de alguna manera con los nazis. Entonces, ¿dónde está la verdad, dónde está el bien?

¿Cómo responder sin caer en un justicialismo que haría renacer viejas divisiones ni precipitarse en un relativismo que abriría una brecha aún mayor, añadiendo a las viejas divisiones también la de un pueblo que ya no sabe encontrar un lenguaje común ante su propia historia real y concreta? Porque otra cosa que debería ser evidente es que la verdad no es un concepto abstracto, ni mucho menos un documento hallado en un archivo, separado de su contexto y de su historia.

La lección de Arseny Roginsky

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La caja de Pandora del presidente Wilson

Antonio R. Rubio Plo

No es un centenario para celebrar en la América de Trump. El 8 de enero de 1918 el presidente Thomas Woodrow Wilson leyó ante el Congreso sus famosos catorce puntos para la paz y la organización de las relaciones internacionales con la vista puesta en el fin de la Primera Guerra Mundial. Cien mil soldados americanos murieron en las trincheras europeas y otros tanto fueron víctimas de la epidemia de gripe que barrió entonces el planeta. Hay quien piensa que EEUU debió de elegir otro método para convertirse en la primera potencia mundial. Inmiscuirse en los asuntos europeos contravenía el testamento de George Washington que había recomendado a sus compatriotas en 1796 justamente lo contrario. Un partidario de Trump, y que al mismo tiempo tuviera ciertas nociones de historia, nos recordaría que el demócrata Wilson llevó a su país a un gran error en política exterior: convertirse en apóstol de la democracia en el mundo. Fue la negación de America First, aunque los aislacionistas de la época de Roosevelt resultaron los verdaderos inventores de este eslogan, pero Wilson pensaba, sin duda, que EEUU ocuparía el primer lugar, en todos los sentidos, si asumía una activa participación en los asuntos mundiales.

Con Wilson primero, y más tarde con Roosevelt y Truman, surgió el concepto de EEUU como líder de Occidente o de lo que más tarde se daría en llamar mundo libre. Hoy en día es difícil, sin embargo, definir dicho mundo y más todavía designar a su líder. Tanto es así que algunos se preguntan si ese líder será Macron o Merkel. Más preocupante es que haya otros que afirmen que solo la Rusia de Putin encarna los auténticos valores de Occidente. Pero volvamos al centenario de un discurso del que salió la Sociedad de Naciones, la consagración del libre comercio internacional y la prohibición de la diplomacia secreta, aunque algunos condicionaron este límite a los tratados en su forma clásica y no a ningún otro tipo de acuerdo entre los gobiernos. Gran parte de los puntos abren la puerta al derecho de autodeterminación de los pueblos del Imperio austro-húngaro y otomanos, entre otros, además de reconocer la independencia de Polonia o garantías territoriales para los Estados balcánicos que lucharon en el bando de los aliados. Nada dicen, sin embargo, los puntos de la autodeterminación de Irlanda, que se habían sublevado contra los británicos en 1916.

La caja de Pandora del presidente Wilson

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>IGNACIO ZULOAGA

El último maestro de la gran escuela española de pintura

Elena Simón

La Fundación Mapfre avanza un paso más en su brillante trayectoria expositiva con la muestra “Zuloaga en el París de la Belle Époque (1889-1914)”, que cierra este domingo. En ella defiende la condición vanguardista, reconocida internacionalmente, de Zuloaga enfrentada al juicio negativo en su país, donde era considerado un divulgador vergonzoso de la España negra: estamos ante la “cuestión Zuloaga”.

La exposición trabaja cinco secciones: Sus años primeros en París. El círculo francés de amigos y maestros como Gauguin, Emile Bernard o Rodin. Zuloaga y sus retratos entre los famosos de este género en París. Su faceta coleccionista (El Greco, Zurbarán, Goya). La vuelta a las raíces y a los grandes maestros españoles.

Esta exposición se ha trazado el objetivo, y lo ha conseguido, de relanzar el prestigio de Zuloaga, europeo y vanguardista, gran viajero, quien vivió durante 25 años en París, al menos unos meses cada año, pues su alma inquieta le llevó a trabajar también permanentemente en Sevilla, Segovia o Zumaya, para retornar después cada año a su hogar francés en París, desde donde era proyectado con éxito hacia Europa y América.

Ignacio Zuloaga (1870-1945), natural de Eibar (Guipúzcoa), fue nieto del armero jefe de la Real Armería del Palacio Real de Madrid, e hijo de Plácido Zuloaga, el damasquinador más célebre de Europa. Se educó en Francia con los jesuitas y vivió envuelto en colecciones artísticas en su casa desde la cuna, y muy joven, con dieciséis años, decide romper los deseos de su padre, que anhelaba estudios de ingeniero para el chico, y dedicarse a la pintura. Solo su madre le apoya y le da a escondidas escasos dineros, por lo que tendrá que trabajar en lo que se tercie.

Tras copiar a los maestros del Prado, Velázquez, El Greco y Ribera, marcha con diecinueve años a una Roma decadente que le hace cambiar el rumbo hacia París, la meca del arte en aquel momento. Residirá en Montmartre, con Santiago Rusiñol entre otros, y formará parte del naciente grupo Simbolista, encabezado por Gauguin, a cuyas tertulias asistía, con Maurice Denis, Serusier, Toulouse Lautrec, etc. Se casó en París, con 29 años, con Valentine Dethomas, cartel de esta exposición, concebida en su figura romántica casi como El Caballero del Greco, en una pose realizada cuatro años antes de su compromiso. Era hermana de Maxime, amigo de Zuloaga y también pintor, quien había sugerido al pintor tomar a sus hermanas por modelos, gratuitamente, dado el escaso poder adquisitivo del artista. Valentine era hija de banqueros, de la alta burguesía parisina, lo que relacionó y promocionó a Ignacio entre las altas esfera de la ciudad.

Este gran retratista y paisajista, además de dramaturgo pictórico, retomaba a Velázquez, a Ribera, a Goya, y al Greco, al que redescubre, desempolvándolo ante la vanguardia europea y lo descubre a pintores como Modigliani, o Picasso, que se apasionó en su juventud por él.

>IGNACIO ZULOAGA

El último maestro de la gran escuela española de pintura

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Carta a Alessandro D'Avenia sobre el arte de ser frágiles

Antonio R. Rubio Plo

Estimado Alessandro: Me atrevo a escribirte porque tu libro me ha entusiasmado al leerlo en estas Navidades. Soy profesor como tú, en mi caso de historia, pero nunca he entendido el relato histórico como una sucesión de acontecimientos. Escribo a menudo sobre relaciones internacionales, si bien intento hacer más ensayo que crónica. Pienso que los hechos sirven para suscitar reflexiones y enseñanzas. Los hechos pueden ser didácticos aunque los protagonistas no estén dispuestos a cambiar sus actitudes y conductas en nombre de su libertad, reducida a una mera elección. Coincido también contigo en que más importante es la literatura que la mera historia de la literatura y, por cierto, la literatura es imprescindible para comprender la historia y la política.

En España han traducido tu libro como “El arte de la fragilidad”, pero me gusta más el original “L’arte di essere fragili”. Con todos mis respetos para los editores, el título me suena a un simple enunciado, un postulado impersonal. En cambio, la expresión italiana tiene más fuerza porque me parece mucho más personal y comprometida. Te confieso que quise leer tu libro para hacer una reseña, una entre las muchas que hago a lo largo del año, pero no es menos cierto que si había elegido tu libro, que por cierto nadie me recomendó, es porque intuía que me podía gustar e incluso entusiasmar. El interés y el entusiasmo han sido plenos no solo porque me he sentido identificado con algunas de tus experiencias como docente sino también porque tu libro es una invitación a la vida, al afán de saber en la búsqueda de la belleza y la verdad, al encuentro con los otros que es el descubrimiento de un nuevo mediterráneo en un mundo en que se nos predica que tenemos que ser autosuficientes.

En efecto, Alessandro, tienes razón cuando dices que vivimos en una época en la que solo tenemos derecho a vivir si somos perfectos. Ser perfecto, ser autosuficiente, no tener que depender de nadie. Entiendo que algunos lo sean y hasta que se lo crean, aunque si todos hacemos lo mismo, nos tomamos en serio el discurso oficial, lo único que conseguimos es un mundo de miradas desconfiadas, aislamiento, aburrimiento y desesperación. No llegaremos a esa sociedad feliz que surgirá espontáneamente cuando todos seamos autosuficientes. El paraíso posmoderno no tiene más lógica que el viejo paraíso del marxismo. A sus profetas les importa poco: cualquier defecto, debilidad o fragilidad parece estar prohibida. No la citas en tu libro, pero a mí me recuerda todo esto una paradoja del cristianismo, la que dice Pablo de cuando soy débil, entonces soy fuerte (2 Cor, 12,10).

Carta a Alessandro D'Avenia sobre el arte de ser frágiles

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>Entrevista a Clara Pastor, fundadora de la editorial Elba

'Parece que queremos destruir la belleza'

Fernando de Haro

La editorial Elba es uno de esos sellos independientes que han aparecido en el sector del libro en los últimos años y que crea adictos. Ha cautivado a no pocos lectores que son fieles a un catálogo en el que es difícil poner orden. www.paginasdigital.es conversa con su creadora, Clara Pastor. Una mujer formada en Estados Unidos, que después de trabajar en las grandes empresas del sector, decidió emprender una aventura por su cuenta.

Cuando uno repasa la colección de la editorial Elba se encuentra con cosas muy diferentes: artistas, pintores que escriben sobre sí mismos, reflexiones económicas, libros sobre viajes, ¿hay algún hilo conductor?

La desobediencia. Un día alguien me dijo: nunca hay que confundir tu biblioteca con tu editorial. Es un buen consejo, pero no lo sigo, confundo un poco mi biblioteca con mi editorial porque mi trabajo es artesanal. No soy empresaria. Cuando quieres empezar en un sector tan saturado como el editorial, lo inteligente es buscarte un filón para crearte una identidad. Los libros de viajes en sí no me interesan, pero sí la gente que viaja y escribe, como Cesare Brandi, fundador y director del Istituto di Restauro o Instituto para la restauración de monumentos, espléndido viajero y mejor escritor. Luego hay libros que tienen que ver con la crítica literaria, alguna que otra rareza como Sociedad Adquisitiva, que trata de economía pero que en realidad está dedicado a los valores. Es un catálogo que se va construyendo de una forma sensitiva e intuitiva. Son libros que normalmente dejo posar: no voy a las ferias de Frankfurt ni Londres, no tengo nada que hacer allí. Voy descubriendo libros –o me los descubren– y normalmente los leo. A no ser que sea una pasión a primera vista, que puede pasar, normalmente los dejo posar. Si me acuerdo de ellos los vuelvo a considerar. Tienen que ser libros que dejen un rastro, aunque suene esotérico. Los libros pueden ser casi sobre lo que sea, podría editar mañana un libro sobre búhos, que el otro día leí un artículo sobre búhos y tengo cien cosas en la cabeza sobre su relación con los humanos, la ecología… Esto tan disparatado es el hilo conductor: que me interese y que yo crea que puede aportar algo.

Te interesa la cuestión estética. ¿Te reconoces en una posición como la de Roger Scruton, digamos anti-68?

>Entrevista a Clara Pastor, fundadora de la editorial Elba

'Parece que queremos destruir la belleza'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  35 votos

La editorial Elba es uno de esos sellos independientes que han aparecido en el sector del libro en los últimos años y que crea adictos. Ha cautivado a no pocos lectores que son fieles a un catálogo en el que es difícil poner orden. www.paginasdigital.es conversa con su creadora, Clara Pastor. Una mujer formada en Estados Unidos, que después de trabajar en las grandes empresas del sector, decidió emprender una aventura por su cuenta.

Carta a un joven musulmán

Antonio R. Rubio Plo

Omar Saif Ghobash, un diplomático de los Emiratos Árabes Unidos, ha escrito un libro, Carta a un joven musulmán, dirigido a su hijo, Saif, de diecisiete años. La obra es una invitación a la reflexión, y toda una respuesta llena de realismo y sentido común a los extremismos. Es además un testimonio vital del autor que no se explica sin dos factores decisivos: tener una madre rusa, de familia de sacerdotes ortodoxos, y haberse quedado sin padre a los siete años, cuando desempeñaba el cargo de ministro de asuntos exteriores de los Emiratos y fue tiroteado por un palestino, que ni siquiera le conocía y que seguramente ignoraba que su víctima había sido un gran defensor de la causa palestina.

Las contrariedades podían haber llevado a Saif Ghobash a un ensimismamiento que en otros desemboca en la radicalización, pero no fue así. No renunció a su afán de conocimiento de múltiples saberes, propios y ajenos a su cultura, tal y como demuestra su surtida biblioteca mencionada en una de las cartas del libro. Tampoco renunció a su fe islámica, si bien se negó a identificarla con las soflamas incendiarias de predicadores musulmanes que conoció en su adolescencia en Inglaterra. El sentido común le indicaba que algo no funciona cuando los fieles salen de la mezquita con ganas de desatar la cólera y la violencia. Saif Ghobash no podía entender cómo esos devotos musulmanes no se iban a casa con el orgullo y la satisfacción de haber profundizado en los valores de la propia fe. Por el contrario, el mensaje recibido estaba marcado por la búsqueda de un supuesto purismo, de un retorno a los orígenes, al tiempo de los guerreros y conquistadores de los siglos VII y VIII. En la predicación que escuchó a los quince años, Saif Ghobash apreció que la razón estaba completamente separada de la fe y más tarde podría comprobar el sentido negativo que tiene la palabra filosofía para una mayoría de musulmanes. Los extremistas atribuyen todos los males recaídos sobre el mundo islámico en la falta de fe y de piedad, pero el autor ve un mal bastante grave en el hecho de que un setenta por ciento de la población musulmana del planeta no sepa leer y escribir. El analfabetismo, o un conocimiento estrecho y limitado, no pueden traer nada bueno. Podríamos añadir, sin lugar a dudas, que son incompatibles con la libertad. El contraste es grande con otro islam de siglos pasados, el de 1258, fecha en que los mongoles arrasaron Bagdad destruyendo, entre otras cosas, su gran biblioteca hasta el punto de ennegrecer las aguas del Éufrates.

Carta a un joven musulmán

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Natura

Elena Simón

La pintora expresionista Constanza López Schlichting desnuda su alma en la muestra que presenta hasta mediados de noviembre en la galería madrileña Montsequi, quien ya llevara su obra el pasado año a ESTAMPA, XXIV Feria Nacional de Arte Contemporáneo, en el Matadero de Madrid.

La artista hispano-germana se pone en juego en esta exposición con una poética del paisaje que se recrea en sí misma. La vida y el drama transcurren en ella, acogidos por un silencio vivo, contemplativo: naturalezas de movimientos agitados y naturalezas trepidantes y desbordadas, en el viento, en los árboles, en el fondo marino; y las rocas firmes, que vomitan aguas aceleradas, que se desbocan. El mundo natural grita como la vida misma. Pero también, como en la misma vida, el alma se serena y sobre la tierra antes estéril surge una presencia cálida, rosácea al alba, y la vida resucita en flor de almendro, cantando colores en la campiña veraniega. Ya en el interior del salón, las flores, de intenso carmesí, saltan apasionadas –como el prendedor meninesco de la velazqueña infanta Margarita– dejando apenas ver el jarrón blanco inmaculado que las sujeta con firmeza, en el gran espacio puro y apenas sugerido.

Por la ventana veo el paisaje del jardín, esmaltado de luz en su enlosado que, cual mojadas vidrieras, la lluvia ha disuelto en tornasoles cromáticos. Me sobrecoge la mística del momento. Y las niñas en acción, en un instante irrepetible, potentes, escultóricas, envueltas en color, indiferentes en su disfrute de la naturaleza al mundo y su drama. Así veo el expresionismo de Constanza.

Inició su trayectoria en Berlín con Kaus Flussman, y la continuó por su amistad con el berlinés Achim Niemann, adoptando un lenguaje sencillo y concreto, con su quehacer enriquecido paso a paso por otros amigos y maestros, a veces bien diversos, como el realista y genial Antonio López.

Schlichting se inició con la mancha y el color por pasión, con los ojos puestos en la figura humana, tan propia de la Escuela Española de pintura, que conoce bien por sus estudios de Historia del Arte. Le sedujeron las ciudades bulliciosas y sus gentes como Milán o Madrid, maternidades y de manera especial el mundo infantil. Vieron su trayectoria en Alemania y en Italia, en España, Panamá y EEUU.

En los últimos años la creación de Constanza continúa por derroteros nuevos, paisajes, floreros dialogantes que arrojan el color de sus flores, litografías, collages, en un expresionismo casi abstracto, de íntima y creciente síntesis, con una búsqueda permanente y fiel, la de aquella Presencia que abraza su realidad, la realidad toda.

Natura

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El yihadismo y la ruptura del vínculo entre religión y cultura

Olivier Roy

Las formas de violencia a las que actualmente estamos asistiendo, es decir, la yihad global y el terrorismo, son nuevas en cuanto a su conceptualización, ideologización y estética, pero no en los términos que la describen. De hecho, yihad es un término tan antiguo como islam.

Sin embargo, aparte de los textos de ideólogos como Sayyid Qutb o Muhammad Abd al-Salam Faraj, el primero que intentó instituir una yihad global y globalizada fue Abdallah Azzam (1941-1989). Palestino con pasaporte jordano y profesor en Arabia Saudí, Azzam lanzó un llamamiento a principios de los años 80 invitando a los jóvenes musulmanes de todo el mundo a combatir en Afganistán contra los soviéticos.

Su teoría de la yihad contrasta con la tradición dominante de los juristas. Para él, la yihad, lejos de ser una obligación colectiva, es un deber individual. En otras palabras, el hecho de que haya militantes comprometidos con la yihad no significa que los demás musulmanes queden dispensados de ello. La yihad afecta a todos.

Una nueva noción de yihad

Azzam se distancia así del derecho islámico clásico, según el cual la yihad se limita a un momento y un espacio precisos y solo puede ser proclamada por las autoridades competentes, aparte del hecho de que un menor solo puede participar con autorización de sus padres.

Ciertos pensadores de la galaxia yihadista llegan incluso a declarar que una mujer no necesita autorización de su marido para unirse a la yihad, lo que sin duda supone una ruptura con la tradición musulmana. Azzam añade además que no es necesario que un musulmán esté interesado personalmente en el ataque enemigo. No tiene que esperar una amenaza sobre su territorio sino que tiende a defender a cualquier país musulmán que pueda estar en peligro.

Para Azzam, la yihad no es simplemente una guerra para defender un territorio musulmán sino una forma de ascetismo, una acción espiritual durante la cual el yihadista debe aprender ante todo a separarse de sus vínculos personales, de su familia, de su nación, de su etnia y tribu. Por tanto, la idea es formar un cuerpo de caballeros de la fe que pueda trasladarse a cualquier parte del mundo, unido a un espíritu corporal sin ningún vínculo social.

El proyecto de Azzam no es crear un estado islámico. Se lo dijo muy claramente a los voluntarios que partían hacia Afganistán, a los que ordena no interferir en la vida política afgana. Una vez ganada la guerra –añadió– los voluntarios dejarían el país e irían a luchar a otra parte. Por último, conviene subrayar que esta concepción de yihad no es de naturaleza terrorista. En los años 80, los yihadistas internacionales no atacaban a civiles soviéticos, aviones de línea, diplomáticos… Su yihad es puramente militar.

Abdallah Azzam fue asesinado en 1989 por un grupo de desconocidos y la organización que fundó fue entregada en manos de Osama Bin Laden, que introdujo el terrorismo como método de acción.

El yihadismo y la ruptura del vínculo entre religión y cultura

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La mujer que inspiró a Bergoglio

Massimo Borghesi

Entre los contactos del Bergoglio de esa época, hay uno que fue especialmente importante. Es el que mantuvo con una pensadora de primer nivel: Amelia Podetti Lezcano (1928-1979), profesora de Introducción a la Filosofía e Historia de la Filosofía Moderna de la Universidad del Salvador y la Universidad Nacional de La Plata. Bergoglio sentía una gran admiración por ella. Estudiosa de Husserl, sobre el cual había publicado un libro (“Husserl: esencias, historia, etnología”, Editorial Estudios, Buenos Aires, 1969), Podetti había estudiado en París bajo la dirección de Jean Wahl, Paul Ricoeur, Ferdinand Alquié y Henri Gouhier.

Cuando regresó a su patria su principal objetivo, frente a la hegemonía del cientificismo positivista y el marxismo, fue dar vida a un pensamiento fundado en la tradición cultural del país en una confrontación de alto nivel con la filosofía continental europea. En 1975 fue nombrada Directora Nacional de Cultura y creó el Premio “Consagración Nacional”. Es probablemente la pensadora más significativa de la Argentina en los años ’70 y ofreció un aporte intelectual fundamental a la causa nacional peronista, la “Tercera posición”, que no se identifica con el individualismo ni con el colectivismo. «La intelectual más influyente de Guardia de Hierro en la USAL (Universidad del Salvador, ndt) fue Amelia Podetti, a la que Bergoglio conoció en 1970 y que le presentó a pensadores nacionalistas de izquierda como Arturo Martín Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz. Ella enseñaba las ideas de ambos en la Universidad y, posteriormente, en el Colegio Máximo, al tiempo que editaba la publicación Hechos e Ideas, una revista política peronista que Bergoglio leía. Hasta su prematura muerte en 1979 formó parte del grupo de pensadores – entre los que se encontraba el filósofo uruguayo Alberto Methol Ferré – que veían la Iglesia como instancia clave para el surgimiento de una nueva conciencia continental latinoamericana, la “patria grande”, que ocuparía su lugar en el mundo moderno e influiría de manera importante en él. Aquella era la familia intelectual de Bergoglio: un nacionalismo católico que miraba hacia el pueblo, más que hacia el Estado, que lo hacía también más allá de Argentina, hacia toda América Latina, y que veía Medellín como el principio de un viaje que haría que el continente se convirtiera en un faro para la Iglesia y para el mundo» (A. Ivereigh, “El gran reformador”).

“Influyó en mí el pensamiento de Amelia Podetti, decana de Filosofía de la Universidad, especialista en Hegel, que falleció joven. De ella tomé la intuición de las “periferias”. Ella trabajaba mucho en eso. Uno de sus hermanos sigue publicando sus escritos y apuntes. Leyendo a Methol Ferré y a Podetti tomé algunas cosas de la dialéctica, en una forma antihegeliana, porque ella era especialista en Hegel pero no era hegeliana” (Papa Francisco, Grabación en audio del autor del 3 de enero de 2017).

Lo que le interesaba a Bergoglio era sobre todo el tema de la inculturación de la fe cristiana en América Latina, uno de los temas que había tratado Amelia Podetti.

La mujer que inspiró a Bergoglio

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Giorgo La Pira, el peregrino de la paz

Antonio R. Rubio Plo

El 5 de noviembre de 1977 fallecía en Florencia uno de sus alcaldes más extraordinarios, Giorgio La Pira, que también fue un acreditado catedrático de Derecho Romano. Su vida y su obra han sido alabadas por el papa Francisco y actualmente está en proceso de beatificación. Mucho antes de que se hablara de la cultura del encuentro, La Pira apostó por ella, por salir de sí mismo y de las luchas partidistas para ir al encuentro del otro, del que estaba distante porque militaba en otra formación política o porque era ajeno a su modelo cultural. Este político militante de la Democracia Cristiana se daba perfecta cuenta de que las victorias electorales, con o sin pactos añadidos, eran insuficientes para construir una sociedad cristiana. Salía así al paso de la extendida mentalidad de que había que esperar cambios única y exclusivamente desde el exterior. La Pira fue al encuentro del ser humano concreto. Entre 1952 y 1956 convocó en Florencia a alcaldes de diversas ciudades del mundo, por encima de las distinciones entre bloques o regímenes políticos. Si las administraciones locales debían de estar al servicio del ciudadano de a pie, de ellas debía de salir el impulso para la construcción de una red de ciudades al servicio de una causa universal: la de la paz amenazada en un tiempo de guerra fría en la que la destrucción del hombre y de su planeta se convertían en una no tan lejana posibilidad.

Giorgio La Pira fue el peregrino de la paz a Moscú, Pekín, Hanoi, El Cairo o Jerusalén, particularmente entre las décadas de 1950 y 1970. En este período se estaba pasando lentamente desde las tensiones y las crisis localizadas a la distensión, aunque esto no impedía que La Pira fuera visto como sospechoso de filocomunismo, o al menos de un idealismo ingenuo e inútil. Escribió casi un millar de cartas privadas a los papas Pío XII, Juan XXIII y Pablo VI, en las que daba cuenta de sus gestiones. Muchas veces no obtuvo una respuesta explícita, ni tampoco él la esperaba porque tampoco quería comprometer a la Santa Sede, pero en privado los pontífices le animaron a seguir con su tarea. Como decía el cardenal Benelli, arzobispo de Florencia, en los funerales del ex alcalde florentino, al profesor La Pira solo se le puede entender desde la dimensión de la fe. En efecto, las cartas de La Pira, editadas en Italia por el historiador Andrea Riccardi, están llenas de pasajes bíblicos, en particular procedentes de Isaías, y en ellos se encuentra un fundamento de la auténtica paz universal. Sin embargo, el reino mesiánico, vislumbrado por La Pira, no era una empresa temporal. Antes bien, estaba convencido de que el mesianismo materialista no tenía ningún futuro. El marxismo ha sido la versión laica de las esperanzas contenidas en el Antiguo Testamento. No es extraño que los interlocutores soviéticos o chinos de La Pira se sintieran interpelados, según él mismo cuenta, con los pasajes de Isaías. Creían encontrar un cierto paralelismo con sus teorías políticas, pero el reino que ellos preconizaban era plenamente de este mundo.

Giorgo La Pira, el peregrino de la paz

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William Congdon. Ese punto de encuentro entre la carne y la tierra

Rodolfo Balzarotti

A finales de octubre se celebró en Grosseto (Italia) la “Semana de la Belleza”. En siete días se concentró una gran variedad de propuestas culturales, exposiciones, conciertos, mesas redondas y testimonios. Era la segunda edición y llevaba como lema “Los rostros de la esperanza”, que ha contado con el cardenal Angelo Scola, arzobispo emérito de Milán, invitado a dar una lectio magistralis sobre la esperanza y la belleza precisamente en Grosseto, la diócesis donde comenzó su ministerio episcopal en los primeros años 90.

En esta iniciativa también colaboró la Fundación William Congdon, con una exposición del gran maestro americano que todavía permanece abierta al público durante esta semana. Una selección de 28 obras que no siguen un orden cronológico sino que mezclan pinturas de épocas muy distantes entre sí y que ponen el foco en dos figuras centrales de la producción de este artista: la carne y la tierra. La carne es la de Cristo crucificado, del que se presenta una decena de versiones, todas realizadas en los años 70; la tierra es la Bassa milanesa, sujeto casi exclusivo de la última etapa en la vida de Congdon, entre 1979 y 1998, año de su muerte.

En efecto, la vocación divina de la tierra y la corporeidad –caro cardo salutis– atraviesa como un hilo rojo todo el itinerario artístico de William Congdon. Partiendo de sus vistas urbanas y monumentales de los años 50 hasta su última etapa, renovada por la luz y el color redescubiertos en los escombros, y en los campos de arroz, cebada, grano y maíz de la Bassa lombarda.

En medio, una singular y sorprendente meditación pintada sobre el cuerpo de Cristo crucificado, donde cruz y cuerpo nunca se distinguen y donde ambos están en pleno proceso de consumación, que es también consumación del cosmos, de la naturaleza, del paisaje, de nuestra propia forma de ver y mirar.

Si bien es cierto que en los resultados extremos la imagen canónica del Cristo crucificado ya no es reconocible, eso no se debe a una búsqueda exasperada de novedad u originalidad, sino más bien a una profunda identificación, hasta sentir la contemporaneidad con la Pasión de Cristo, ya no simplemente representada sino testimoniada en el cuerpo mismo de la pintura.

Un proceso análogo de identificación se puede ver en las obras dedicadas a la Bassa milanesa, donde Congdon descubrió una fecundidad insospechada siguiendo el ritmo del tiempo atmosférico, las estaciones y cultivos. La tierra, en su constante diálogo con el cielo, siempre la vio también como “cuerpo”, como dilatación de la pasión de Cristo. Las estaciones del Via Crucis siempre aparecen vinculadas a las estaciones de la tierra.

En las ordenadas partituras de color del último Congdon, la cruz revela en todo caso su doble valor. Por una parte, símbolo cósmico, del cosmos como “coordenada”, donde se cruzan los dos ejes, vertical y horizontal, del panel. Pero por otra parte sigue siendo el marco de la irreducible singularidad cristiana: el cuerpo del Crucificado.

William Congdon. Ese punto de encuentro entre la carne y la tierra

Rodolfo Balzarotti | 0 comentarios valoración: 2  19 votos

La sorprendente fascinación de un bandido

Giuseppe Frangi

Estos días me toca acompañan a menudo a gente que quiere visitar la exposición de Caravaggio en el palacio real de Milán. Una muestra que está siempre abarrotada, pues presenta veinte obras cuya atribución nadie pone en duda, y eso ya es noticia porque a menudo las exposiciones sobre Caravaggio se convierten en un pretexto para insertar en el catálogo obras muy dudosas por interés de sus propietarios.

En 1951 Milán albergó la exposición más importante de la historia sobre Caravaggio. Una exposición mítica, que supuso una novedad extraordinaria desde el punto de vista científico y que contó con un éxito de público nunca superado. Caravaggio hablaba entonces de un mundo aún familiar y bien conocido porque aquellos que hacían fila para admirar sus obras. Hoy el mundo ha cambiado profundamente y la mayoría de los sujetos representados por ese gran artista resultan “oscuros”, aunque su capacidad para atraer y conquistar al público permanece intacta.

Por ser más concretos, ver en 2017 a miles de personas con brillo en los ojos, que no pueden ocultar una conmovida admiración ante un cuadro como la Virgen de los Peregrinos, procedente de la iglesia romana de San Agustín, es algo que llama poderosamente la atención. No basta explicar esta atracción afirmando que obras como estas son de una belleza que irrumpe con evidencia. No basta, porque la belleza no es una categoría que se pueda abstraer del contenido representado ni de la experiencia de quien la hace entrar en una relación profunda y misteriosa con ese contenido. La belleza, para ser tal, siempre se “encarna” en una experiencia. La de Caravaggio, por ejemplo, era la experiencia de un hombre ciertamente al límite, no solo por su temperamento sino también por la dramática inquietud, a veces subversiva, que le invadía. Su historia nos muestra que la belleza nunca es fruto de mecanismos automáticos sino el resultado de una contaminación imprevista de diversos factores y a veces hasta incompatibles sobre el papel. En el caso de Caravaggio, puede suceder que una naturaleza bandida y un temperamento a veces ferozmente antagónico como el suyo desemboquen, por caminos totalmente misteriosos, en obras de una religiosidad intensa, profunda, viva. En el cuadro citado, es una religiosidad impregnada por el espíritu del oratorio de san Felipe Neri.

La belleza es, por tanto, fruto de esta combinación imprevista. Si un público tan vasto e indiferenciado se ve conquistado hoy por la belleza de estas obras, es precisamente porque percibe que esa belleza sigue siendo un proceso en acto: en acto ante los ojos y el corazón de quien los mira. Roberto Longhi, gran historiador de arte del siglo XX, cuando presentó aquella muestra milanesa en 1951, de la que era comisario, afirmaba que la fuerza de Caravaggio es la de saber llevarlo todo al “hoy”, y para subrayar la centralidad de este concepto escribió en cursiva la palabra “hoy”. La belleza de Caravaggio es una estupenda y sorprendente reliquia de un pasado. Es un hecho que sigue tocando el corazón en el presente. Incluso en un presente aparentemente tan lejano como el nuestro.

La sorprendente fascinación de un bandido

Giuseppe Frangi | 0 comentarios valoración: 2  19 votos

En nombre de la verdad, opciones ideológicas (teóricamente) contrarias al relativismo

Massimo Borghesi

www.paginasdigital.es publica un adelanto del libro de Massimo Borghesi, Jorge Mario Bergoglio, una Biografia Intellettuale, dedicado al pensamiento de Francisco.

En el arco de tiempo que va de finales de los años 90 a los primeros años 2000, Bergoglio pone el foco en las categorías que encontraremos en el centro del documento final del gran congreso de la Iglesia latinoamericana en Aparecida en el año 2007. La idea de fondo nace de una fórmula que Bergoglio halla ejemplarmente descrita en la Deus caritas est de Benedicto XVI: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”. Es la fórmula citada en la introducción del documento conclusivo de Aparecida y tiene un sabor decididamente “giussaniano”. El hecho de estar presente en Benedicto XVI y luego citada por Francisco en la Evangelii gaudium le confiere un valor especial. Indica el punto inicial de la fe, ayer igual que hoy, y al mismo tiempo supone un juicio histórico sobre la deriva “ética” que caracteriza al catolicismo de la era de la globalización. Una vez terminada la época candente del compromiso histórico de izquierdas, típico de los años ’70, marcados por las teologías políticas, la revolución, la esperanza, etcétera, asistimos desde los años ’80 a una suerte de reflujo, de encerramiento en un recinto protegido. El compromiso en el mundo se confía a la defensa de un conjunto, definido y seleccionado, de valores descendentes de la ética y de la antropología cristiana amenazados por la onda relativista que caracteriza a los nuevos tiempos. Paralelamente, decae la atención por la cuestión social y se atenúa considerablemente la percepción de una Iglesia misionera, proyectada, más allá de sus propios confines, hacia la dimensión del “encuentro”.

El proceso de secularización determina, en el mundo cristiano, una reacción ética. Con ella, la idea de Methol Ferré, compartida por Bergoglio, del testimonio cristiano vivido como respuesta adecuada al ateísmo libertino empieza a perderse. La Iglesia se opone pero no es capaz, positivamente, de ponerse, de afirmar una tipología humana en la que el “atractivo de Jesús” sea más fuerte que el atractivo estético de una sociedad opulenta. La deriva ética de la Iglesia indica una estrategia de resistencia, no una era de renacimiento. Esta tendencia ética, por la cual el encuentro cristiano pasa a un segundo plano, permite aclarar la corrección que propone Francisco en la Evangelii gaudium. Se trata de volver a poner en evidencia lo que primerea: la gracia de un anuncio transmitido por un testimonio humanamente creíble.

En nombre de la verdad, opciones ideológicas (teóricamente) contrarias al relativismo

Massimo Borghesi | 0 comentarios valoración: 2  42 votos

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Xi Jinping y la revolución de 1917

Antonio R. Rubio Plo

En un reciente artículo del diario Indian Express se señalaba que Xi Jinping, líder del Partido Comunista Chino (PCCh), ha enterrado el espíritu revolucionario de 1917. Y si la revolución rusa no es conmemorada por todo lo alto en la Rusia de Putin, aunque tampoco se oculte el centenario del hecho, menos habría de serlo en la China actual, pese a que Xi Jinping se proclame heredero de Marx, Lenin y Mao.

No puedo estar de acuerdo con esta opinión porque es un enfoque que mira a la revolución rusa desde los estrechos límites de la ideología. Si un régimen se adapta a los postulados clásicos del marxismo-leninismo, es fiel a la revolución. En caso contrario, no lo es. La principal objeción al régimen chino viene del lado de la economía. Su socialismo de mercado, o su capitalismo de Estado, sería la negación de unos dogmas económicos que apuestan por el colectivismo y rechazan la propiedad privada de los medios de producción. Pero otra objeción al PCCh es que no parece tener deseos de exportar su sistema político-económico al resto del mundo, algo que el maoísmo sí pretendía hacer.

Pese a todo, cualquier mínimo conocedor de los hechos históricos puede llegar a la conclusión de que sin la revolución de 1917 no hubieran sido posibles los actuales regímenes ruso y chino. En el caso de Rusia, la revolución puso fin a un sistema frágil en todos los aspectos, el de los zares, y convirtió al país, ahora bajo las siglas de la URSS, en una potencia global como nunca lo fue en su historia anterior. En consecuencia, la URSS no puede ser vista en la Rusia de Putin como una herencia negativa y vergonzante, tal y como pueda serlo el pasado comunista en países de Europa central y oriental. El comunismo sirvió para superar el estatus de potencia regional, al que Rusia volvió en la posguerra fría.

Xi Jinping y la revolución de 1917

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>Entrevista a Adolf Tobeña

'El progreso racional se acumula poco'

Fernando de Haro

Adolf Tobeña es catedrático de la facultad de Medicina en la Universidad Autónoma de Barcelona y ha escrito “La pasión secesionista” (ED Libros).

En el preludio de su libro, dice que su trabajo está dedicado a bucear “en vectores de la psicobiología del gregarismo, el etnocentrismo y la xenofobia como resortes del nacionalismo de base identitaria que se presentan como modernos”. ¿Todo esto es el secesionismo?

Eso y más. Pero puede brotar en cualquier lado.

Ha brotado en Cataluña.

Ha brotado en la mitad de los catalanes. Eso es importante. Por más buenos, espléndidos que hayan sido los movimientos de agitación y activismo que han puesto en marcha un movimiento de masas sensacional, solo ha captado como máximo a la mitad de los catalanes.

¿Y por qué la mitad de los catalanes se han visto afectados por estos fenómenos de gregarismo, etnocentrismo, xenofobia, nacionalismo que son engañosamente modernos? ¿Qué ha ocurrido?

Que la gente que lo ha montado ha sido fantástica, han sido unos profesionales de primerísimo nivel. Tanto los responsables del diseño de eslóganes, de la construcción de relato, de los movimientos de masa, de las procesiones que han ido montando en la calle a lo largo de los años, ha sido gente de un nivel fantástico, los mejores publicistas, la mejor gente de marketing, los mejores periodistas, los mejores comunicadores han estado detrás, los mejores diseñadores. Y como la influencia se ha ejercido sobre las clases medias, acomodadas, ilustradas y cosmopolitas que son la mayor parte de los secesionistas, es la gente rica, ilustrada, inteligente y ciudadana del mundo la que es secesionista en Cataluña, y son más bien los trabajadores y las capas marginadas y el conjunto de la emigración reciente y lejana los que no son secesionistas. Es decir, esto se ha producido porque los que lo han montado han sido muy buenos. Hablo de los que lo han montado en términos de convencimiento y de persuasión, no de los políticos.

Pero entonces, un hombre o mujer del siglo XXI, cosmopolita, de clase acomodada, etc, heredero de toda una tradición de racionalidad y de capacidad crítica…

Los siglos no cambian muchas cosas en esto. Este es otro error monumental.

¿El progreso no se acumula?

El progreso técnico sí, afortunadamente. Pero el progreso racional y moral, poco, muy poco.

Entonces estamos a merced de ese gregarismo, etnocentrismo y xenofobia aunque seamos ricos…

Sí. Y lo están todos los pueblos. También el resto de españoles lo está. En cada momento, en determinadas circunstancias y en determinadas sociedades, hay elementos para que si unos cuantos espabilados aprovechan esto se ponga en marcha.

¿Y no tiene algo que ver la globalización?

Nada, cero. Eso son pseudoexplicaciones. Cero.

¿Es la misma pasión del nacionalismo de comienzos del XX que llevaba a los chavales como locos a alistarse al ejército en la Primera Guerra Mundial?

Por ejemplo. En realidad hubo euforia en Europa. Los líderes, cuando lo pusieron en marcha y tuvieron sus dudas, tanto los alemanes como los franceses, como los italianos o austríacos o los húngaros, se quedaron perplejos de que después de 40 años de prosperidad y crecimiento urbano sensacional…

…se suicidaran de esta manera.

Exacto. Pero es que iban…

…como a una fiesta.

Exacto. Está retratado por los hermanos Lumiére en crónicas cinematográficas.

Y acababan en la trinchera.

>Entrevista a Adolf Tobeña

'El progreso racional se acumula poco'

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Aclaraciones sobre el origen del catalanismo

L. Seguí

Las obras de referencia del nacionalismo catalán son la Torras i Bages, la de Almirall y la de Prat de la Riba, aunque la primera tiene un sentido antagónico al de las otras dos. El núcleo del debate histórico en torno al catalanismo es si se trata de algo intrínseco al pueblo catalán o si, por el contrario, se debe al influjo “externo” sobre Cataluña y en qué medida.

Mientras que Prat de la Riba busca en la tradición catalana el origen que justifique el nacionalismo propio del resurgir cultural y político que supuso la Renaixença, Almirall en cambio apunta a la influencia que ejercieron las ideas revolucionarias y liberales.

El profesor Canals señala que el historiador Rovira i Virgili mantiene las tesis de Almirall, pero añade con inteligencia que “el entronque entre la influencia francesa y el movimiento catalanista no es directo –ya que la versión española del ideal revolucionario y jacobino condujo a la unidad legislativa y a la centralización estatal– sino indirecto, a través del movimiento romántico”. Pero advierte su complejidad, pues aunque por una parte el romanticismo catalán “se centró en la corriente tradicional e histórica, medievalista y cristiana”, por otra parte pertenece a la “España nueva” a la que Cataluña –por desgracia– se anticipó: la liberal europeizante.

Canals encuentra la clave interpretativa en las tesis del P. Casanovas S.I., que se separa de la interpretación del siglo XVIII como siglo meramente de muerte cultural para Cataluña (Decreto de Nueva Planta y Universidad de Cervera, supresión de los Estudios Generales catalanes, etc), y sostiene que el siglo de muerte fue el XVII y no el XVIII, que es el nexo con la Renaixença –en contra de las tesis que señalan a la Edad Media–, y que fueron precisamente los rasgos burgueses de esa cultura del XVIII los que constituyeron “el mayor esfuerzo por integrarse en la Ilustración europea”.

Por mediación del romanticismo “el resentimiento tópico ante lo borbónico y lo estatal pudo impulsar, oculta bajo la cortina de humo de aquellas confusiones, la real entrega a corrientes opuestas a la verdadera tradición catalana. El progresivo aburguesamiento y el uniformismo barcelonés de las últimas décadas del catalanismo, vino a injertar a la descendencia de los antiguos ‘vigatans’ en un tronco que, por la Renaixença y el Romanticismo, recibía precisamente, transformado por la cultura burguesa del siglo XVIII, el contenido del artificial humanismo ‘botifler’” –es decir, afrancesado y revolucionario.

Aclaraciones sobre el origen del catalanismo

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>Entrevista a Francesco Mercadante

'Nadie cree ya en los principios de la Revolución Francesa, ¿qué será de la democracia?'

Antonio Gnoli

Es uno de los máximos exponentes del pensamiento jurídico de inspiración católica. En su carrera como jurista y profesor universitario, además de la filosofía del derecho se ha dedicado también a la política, la teorética, el arte y la literatura.

Durante los últimos años me he preguntado varias veces qué habría sido de Francesco Mercadante, un hombre irónico, apartado, de escritura detallada y vasta erudición. Recuerdo su gran papel en la editorial Giuffrè, especializada en textos jurídicos, y uno de sus mejores libros, sobre el comentario de Leo Strauss sobre la Tiranía de Jenofonte, así como un volumen dedicado a los años setenta donde anticipaba las incursiones actuales en la democracia plebiscitaria, o un amplio y extraño libro con hechos y testimonios del terremoto de Messina. Recordando a este hombre tan versátil, fornido con un espíritu propio del XVII, discípulo indirecto de Giuseppe Capograssi, uno de los grandes juristas italianos del siglo XX, pensaba en las dunas de arena que cambian de forma por el soplo del viento pero siempre siguen siendo iguales. No cambian en la profundidad de su esencia.

Hace poco lo volví a ver. Se dirigía a las puertas de un palacio romano. De andares cautos, con paso todavía fuerte, figura baja y taurina, inconfundible a pesar del tiempo transcurrido. Sí, siempre él, a pesar de todo. “¿Cómo está, profesor?”, grité. Sorprendido, se giró. “Bien”, respondió, “cuidándome”. Era un estar bien sin lamentos, con el equilibrio nervioso de esas personas que piensan mucho y duermen poco. Me invitó a subir. Una semana después, volví a verle. Nos habíamos quedado en una frase.

Esa frase de Montesquieu refiriéndose a Dios: uno de nosotros es demasiado. No sé si la pronunció como un reconocimiento o como una advertencia.

Yo percibo la dificultad que tenemos cada vez que pensamos o nos medimos con lo absoluto. Aquel príncipe de los moderados exaltaba lo moderno con la cautela del jurista talentoso. A veces los viejos somos increíbles. Estaba releyendo “Los dioses tienen sed” de Anatole France, y pensaba que en esas páginas, no especialmente inspiradas, sobre la Revolución Francesa había algo que nos debía interpelar.

¿Qué era?

Diría que una fecha, 1789, el nacimiento de los principios inmortales. La verdad es que ya no se cree en ninguno. Así que la cuestión es cómo salvar a la democracia que se inspiraba en esos principios. A lo largo de estos dos siglos hemos logrado más libertad y más igualdad, pero los cambios del progresismo que se ha apoyado en estos valores resulta hoy innegable.

El siglo XX alternó progreso con dictadura.

Cada vez estoy más convencido de que las dictaduras del siglo pasado no han hecho más que copiarse unas a otras, rozando el delito de plagio. Los hombrecillos que se han convertido en dictadores son meras estampas que han secundado el cliché del crecimiento, con el aplauso entusiasmado de las multitudes, para luego caer cada vez más en la furia colectiva, hasta la más negra oscuridad. En ese antro de desolación psíquica que Salvatore Satta relató de manera incomparable en “De profundis”, se puede formular esta pregunta nada peregrina: ¿por qué los italianos aceptaron el fascismo?”.

Tal vez por una mezcla de seducción y espejismo.

>Entrevista a Francesco Mercadante

'Nadie cree ya en los principios de la Revolución Francesa, ¿qué será de la democracia?'

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Leyendo a Josep Pla: los excesos del romanticismo

Antonio R. Rubio Plo

No sé si en la Cataluña actual, o en la que aspiran a construir los independentistas, se seguirá leyendo a Josep Pla, pero mi respuesta tiene que ser negativa porque no es un escritor cómodo para quienes supeditan su existencia a una política en que la racionalidad brilla por su ausencia. A estos les resulta fácil tacharlo de conservador, cuando en realidad el escritor ampurdanés huyó de todo encasillamiento, incluso literario. El sentido del humor, que en Pla llega a ser socarronería, se da de bruces con formalismos postizos y engolados, bien sean de la política o de la cultura. ¿Qué habría pensado de los acontecimientos de la Cataluña de hoy?

Hombre de experiencias vitales y literarias, Josep Pla no habría necesitado de la formación de un jurista o de un politólogo para dar su punto de vista sobre la situación en su tierra catalana. Nos basta con releer algunos párrafos que escribió sobre el romanticismo, y que resultarían incómodos hoy en día, pues parecen escritos por alguien que no aprueba que el sentimiento sea elevado a la categoría de la religión: “El temperamento romántico implica dar más importancia al sentimiento que a la inteligencia, al instinto que a la prudencia. El romanticismo vive en un mundo hecho a su medida… El romántico, ciudadano de un mundo que no existe, tiene, en el mundo en que vive, un disgusto diario porque las cosas difícilmente se adaptan a sus deseos”. Basta con sustituir romanticismo por nacionalismo, sea del signo que sea, para comprender la clave de muchas cosas que están pasando. Y se llega además a una serie de conclusiones: el romanticismo, en todo lo que tiene de fantasía y de exaltación desorbitada de la imaginación, es forzosamente un movimiento antiintelectual, pone entre paréntesis a la razón y se deja llevar por el sentimiento hasta extremos irracionales. Eso no le podía gustar a Pla, que no creía ni en los porvenires gloriosos ni en esa insensata vulgaridad, atribuida a Stalin o a su apologista, el periodista Walter Duranty, de que para hacer una tortilla hay que romper necesariamente los huevos. No podía creer, ni muchos menos, en que las perturbados de hoy serán los prudentes gobernantes del mañana. No podía creer en los males necesarios que hay que padecer estoicamente, casi con los ojos vendados, para acomodarse en un futuro paraíso.

Pla identifica el romanticismo con la juvenil carencia de concreción. Hay que coincidir con el escritor en que el romanticismo se mueve a gusto en la inconcreción, y no estaría satisfecho si contemplara algún tipo de planificación del porvenir. Sería como matar la imaginación en la que se mueve. Concretar le resulta violento, pues es como si le privaran de su libertad. Con buen sentido, Josep Pla se pregunta qué puede construirse sobre la vaguedad. Se diría que ese romanticismo ha perdido deliberadamente la brújula y no desea recuperarla.

Leyendo a Josep Pla: los excesos del romanticismo

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>Entrevistas

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Eros es insuficiente

Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  11 votos
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>Reconectar el voto y la experiencia social

Eros es insuficiente

P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
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>Reconectar el voto y la experiencia social

Eros es insuficiente

P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  15 votos
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>Entrevista a Francisco Igea

Eros es insuficiente

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

F.H. | 0 comentarios valoración: 2  21 votos
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>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

Eros es insuficiente

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

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Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

Eros es insuficiente

Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

'La democracia es incompatible con la noción de enemigo'

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>Entrevista a Joseba Arregi

Eros es insuficiente

Juan Carlos Hernández

Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

Últimamente se ha hablado mucho de los movimientos feministas. ¿Cuál es su valoración?

'El populismo es peligroso cuando tiende a convertirse en totalitarismo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
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>Entrevista a Tulio Álvarez

Eros es insuficiente

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

'En Venezuela no se enfrentan dos actores políticos, hay un régimen de facto contra un pueblo'

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El otro es un bien, también en política

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