Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
4 DICIEMBRE 2016
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Algo que pide atención

Elena Santa María

El pasado sábado, La Vanguardia publicó una columna de Remei Margarit titulada “El Suspiro”. Empieza así: "En este mundo tan racional y acelerado en el que vivimos aquí en Occidente, lo más difícil es encontrar un tiempo para uno mismo. Y con eso quiero decir un tiempo de calma, de tranquilidad, de quietud, sin ruido alguno, en una palabra: de silencio". Muchas veces este tiempo para uno mismo, que decía Margarit, de silencio (que no es tal) se deja en manos de otros, que nos ahorran el trabajo no siempre fácil de estar en silencio con uno mismo. Un ejemplo de ello es la politización de todo cuanto nos incumbe. Lo confirma Joaquín Luna en La Vanguardia, cuando dice que "la campaña en curso por la reforma horaria de la Generalitat pisa fuerte: si su vida es gris, infeliz o agobiante es porque no deja que nosotros –los funcionarios públicos– organicemos su agenda personal, laboral y privada". Y esto tiene consecuencias. Afirma José Andrés Rojo en El País, hablando de Cuba, que "cuando las sociedades se politizan al máximo, enseguida se impone la diabólica dialéctica entre los míos y los otros (...) para entrar en esa dinámica toca abandonar la distancia crítica y olvidar que tienes que dar tú mismo nombre (y palabras) a tus afectos y que la vida está llena de grises. Eso sí, por ahí es más fácil conquistar la pringosa camaradería de la tribu: nosotros contra ellos".

"Sin ese tiempo no podemos escuchar lo que nos pasa, cuerpo y alma adentro" –continúa Margarit– "Prima el hacer sobre la sencillez de ser o tan sólo de estar. Y es por eso que a veces, desde dentro de la persona se nos escapa un suspiro, un suspiro entrecortado, como el que hacen los niños después de llorar, cuando la pena todavía no les ha abandonado del todo. Y nos sorprende esa cosa que sale de no se sabe dónde y que no teníamos pensado expresar. Ni sabemos tan sólo el porqué, si las circunstancias que estamos viviendo no le convocan. Pero sale y sin permiso, tal cual, por la sencilla razón de que existe y quiere expresarse. ¿Y por qué personas adultas y conscientes de sus palabras y hechos no pueden contener un suspiro? Pues tal vez porque la pequeña criatura que todos llevamos dentro quiere llorar y quizás incluso ya llora aunque no seamos conscientes de ello. Y de repente, el suspiro sale de las entrañas, convertido en testimonio de ese llanto, como diciendo: ‘Este maltrato no lo quiero ya más, necesito mi tiempo’". Ese testimonio nos lo solemos guardar para nosotros. Dice Joana Bonet, también en La Vanguardia, que "es difícil creer que exista alguien que no practique el habla interna, que no se explique el paisaje que contempla desde la ventanilla del coche, que no se narre la extrañeza que le recorre la espalda en un hotel anodino de una ciudad fantasma, la tarde vacía".

"Y sería bueno escucharlo porque en este mundo tan sólo tenemos el tiempo, que no se puede despilfarrar en cosas fútiles y ambiciones desbocadas. Se necesita tiempo para escuchar el llanto que provoca el suspiro y eso quiere decir que también se necesita un espacio donde poder expresarse; es una parte importante de la persona porque surge de sus raíces más primarias", insiste Remei Margarit. A Jordi Llavina le enseñó a expresarse su profesora, lo cuenta en La Vanguardia: "aquella auténtica maestra a muchos de nosotros nos marcó más que ningún otro profesor, más que ninguna otra figura pública, célebre, de esos tempranos ochenta. Porque nos enseñó a describir, cargados de palabras y argumentos, las cosas de la existencia que gozan de un tacto blando y poroso como el de la piel de una mandarina. Pero, aún más, nos preparó para combatir todo lo que nos resulta áspero e ingrato como el restregamiento de una lima por la carne viva de una herida, recurriendo al goce de las palabras. A mí me regaló la herramienta más valiosa de toda mi experiencia como estudiante: una suerte de Allen de la sensibilidad. Un tesoro, en definitiva, que tiene que ver con el intangible de la literatura y con las cosas que cuentan de verdad".

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Algo que pide atención

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Las mismas preguntas

Elena Santa María

"Revueltas en este continente devastado que es el nuestro se mezclan ruinas y novedades. Dominan las poderosas máquinas que nacen ya bellamente muertas. Palacios deportivos en los que cabe una entera ciudad, colosales hoteles tachonados de piedras preciosas, ciegan el sol cristalino depósitos de mercancías, puentes de titanio cruzan mares, trenes supersónicos se deslizan sobre bolsas de aire. Y al pie de estas quimeras técnicas, los sillares mohosos de una catedral desmochada, una Venus sin piernas, un fresco medieval que se cae a pedazos". Es la descripción de nuestro mundo que hace Félix de Azúa en El País, en un artículo homenaje al poeta T.S.Eliot. "Precisamente a nosotros, supervivientes de una muerte que ocultan las pantallas tras su centelleo idiota, un poeta como él nos representa" dice Azúa.

En este contexto, Pedro Simón escribe en El Mundo: "Se ha escrito mucho del olvido como forma de enfermedad. Pero no tanto del olvido como una forma de defensa. Esa decisión que toma una persona sana y feliz y que consiste en no querer recordar algo, ese encono en borrar de cuando en cuando el disco duro como purga de balneario, la determinación de mirar al otro lado cuando no nos gusta lo que vemos en la acera o en la prensa". Y pone un ejemplo: "‘Yo ya he decidido no leerte’, me dijo un amigo el otro día. ‘¿Y eso?’. ‘Porque me recuerdas cosas que no quiero recordar’. Les hablo de la niña que estalla en mil pedazos en Alepo después de confundir una bomba con un juguete. De la anciana de Reus que no tiene para pagar la luz y muere en un incendio provocado por una vela. De los dos menores que se ahogan cada día en el Mediterráneo. De a los que les persiguen los recuerdos”.

Es la misma idea que expone Luis Ventoso en ABC comentando la siguiente observación de un amigo suyo: "los hombres podemos vivir solo porque en todo momento jugamos a ignorar la realidad más importante de nuestras vidas, que es el hecho cierto de que vamos a morir. Si nos parásemos a pensarlo en serio, ni nos levantaríamos". Ante esta afirmación Ventoso dice: "Es verdad. Todos somos como el caballero cruzado del Séptimo Sello de Bergman, que disputa una desesperada partida de ajedrez con la parca. Pero preferimos no ver el tablero (...) La muerte se oculta y hasta se sueña con derrotarla. Además la ingeniería genética podría llevarnos a una pesadilla a lo Huxley, donde los ricos serían más inteligentes, longevos y atractivos que los pobres. Se sueña incluso con regresar de la última frontera. Una niña londinense de 14 años, que agonizaba víctima de un cáncer crudelísimo, ganó un pleito para que su cuerpo fuese conservado en un tanque de nitrógeno líquido, a la espera de que en un futuro remoto la ciencia le devuelva vida y salud. ‘Me muero, pero volveré dentro de doscientos años’, musitó esperanzada en su agonía".

El periodista Juan Cruz preguntaba al actor José Luis Gómez García en El País Semanal: "¿Está preparado ya para hacer el personaje de José Luis Gómez?" "¿La persona? -contestaba el actor- Estoy en ello". "¿Y cómo es, cómo viste?", insistía el periodista. "Más o menos como yo, relativamente discreto, un punto coqueto, con miedo a desaparecer y demasiado bajito”. Previamente José Luis había dicho que "el trabajo del ser humano consigo mismo es lograr ser uno", y que "hay algo que está detrás de las apetencias. Esa es la pesquisa que hay que hacer. Y hay algo que está detrás de las circunstancias, de las apetencias, de la satisfacción, del éxito. Unos lo llaman el ser".

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>Entrevista a Catherine L`Ecuyer

'La verdad y la bondad llegan al corazón del niño a través de la belleza'

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Catherine L´Ecuyer, autora del libro “Educar en el asombro” (Plataforma Editorial). La autora aboga por educar en el asombro, que es un deseo innato del niño, frente al paradigma de la estimulación temprana.

En su libro “Educar en el asombro” plantea la educación del niño como un “proceso de desarrollo, de eclosión del potencial del niño”. Asimismo hace una crítica a la educación actual que mediante la sobreestimulación, ya a edades tempranas, perjudica seriamente su capacidad de asombro. ¿En qué ve usted esta sobreestimulación?

Los neurobiólogos confirman que necesitamos una cantidad “mínima” de estímulos en un entorno “normal”. Eso lo ofrece lo cotidiano. Cuando el niño tiene los sentidos saturados (exceso de deberes, extraescolares, ruidos, consumismo, ritmos frenéticos que no se armonizan con su orden interior, adelanto de las etapas, etc.) deja de desear, porque tiene las cosas antes de desearlas. El paradigma de la estimulación temprana viene de los neuromitos.

¿Qué son los neuromitos?

Malas interpretaciones de la literatura neurocientífica aplicadas a la educación. No es cierto que “tenemos una inteligencia ilimitada”, que “usamos solo el 10% de nuestro cerebro”, o que “hay ventanas críticas de aprendizajes durante los tres primeros años de vida que se pierden para siempre después de ese periodo”. Todas esas falsas creencias nos hicieron llegar a la conclusión de que “más y antes es mejor”. La estimulación temprana considera al niño como un cubo vacío al que vamos echando información sin contar con el niño. El punto de partida es que todo, tanto el movimiento como el aprendizaje, se estimula a través de un entorno enriquecido y no se desarrolla en un entorno normal. La educación en el asombro es un cambio radical respecto a esa visión mecánica y conductista del ser humano. Reconoce que tenemos un deseo para conocer. Tomás de Aquino llamaba al asombro “deseo para el conocimiento”.

¿Qué es lo que asombra a nuestros hijos?

¡La belleza! Los griegos la definían como “la expresión visible de la verdad y de la bondad”. No hablamos de belleza cosmética, la cual está sujeta a cambios, a gustos y obliga. La belleza metafísica a la que se referían los griegos no está sujeta a cambios o a gustos, es profunda. Y sobre todo, nunca obliga. Por ese motivo, la verdad y la bondad llegan al corazón del niño a través de la belleza que seduce al ojo del alma. Nunca se impone. Si nuestros hijos no experimentan asombro antes las realidades naturales y trascendentes, tendrán una existencia impersonal y no harán nunca suyas esas realidades.

¡Papá, ven a ver esto! Muchas veces estando con mis hijos me sorprendo con ellos mirando el cielo, o parándonos a ver unas hormigas… ¿Somos los adultos los primeros educados en la relación con nuestros hijos?

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'La verdad y la bondad llegan al corazón del niño a través de la belleza'

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Fragmentos (de la semana)

Elena Santa María

Seguimos dando vueltas a la victoria de Trump, con nuestra XII legislatura recién estrenada -ayer lo hizo oficialmente el rey-. Populismos, nacionalismos, el futuro de Europa, y aquí en España, pactos, especialmente en educación. Son muchos los temas sobre la mesa (y la prensa).

"Sucede que a las dificultades objetivas se unen los inconvenientes de una deliberación sometida a un ritmo apresurado, y a un marco interpretativo que favorece una opción desenfocada. A la hora de resolver la crisis, se nos insta a los ciudadanos a hacerlo de inmediato, buscando la gran decisión, el acto de voluntad suprema por el que otorgar nuestra confianza a unos salvadores u otros" -decía Víctor Pérez Díaz en El Mundo- "Para la ciudadanía de a pie, el resultado de combinar tanto estrés acumulado en tan poco tiempo con semejante disyuntiva es un alto riesgo de ofuscación mental, incluso para discernir lo que pudiera haber de razonable en los dos extremos. Porque la razón requiere alguna forma de conversación amistosa, lejos del ruido compulsivo de las descalificaciones mutuas; y una dosis de tiempo y calma".  

Por su parte Javier Redondo se expresaba así en el mismo periódico: "Desde hace medio siglo se emplean modelos matemáticos para tratar de predecir el comportamiento humano. La modelización se basa en la estratificación clásica de las sociedades y se elabora desde la influencia y relación entre los actores tradicionales del sistema -medios, élites, instituciones, partidos, líderes...-. Sin embargo, las respuestas son incompletas y parceladas. Algo pasa y nos lo estamos perdiendo, empeñados en segmentar, ordenar y aglutinar preferencias en sociedades atomizadas".

Educación. "Por mucho que se elaboren eruditos planes de estudios, por sofisticadas que sean las herramientas técnicas, por generosos que sean los presupuestos, un aula es siempre el espacio sagrado de relación entre el maestro y el alumno. Un hombre brillante y ocurrente se busca las vueltas. Encuentra el camino hacia el corazón y la mente del chico. ¿Acaso no es esa nuestra experiencia? ¿Acaso de un mar de rostros grises no emerge con fuerza el rostro de ese apasionado ser que nos inoculó el virus del latín, la matemática o la literatura dejándonos para siempre enfermos de avidez de saber?", comentaba Cristina López en La Razón.

Desde luego, para Antonio Lucas, Louis de Aragon es un maestro. Así habla de él en su artículo de El Mundo: "es uno de esos hombres que lanzan el idioma más lejos que la vida. Y ahí nos convoca. Y ahí conviene a veces instalarse por un rato, cuando nada queda de ese mundo de afuera que Aragon celebraba, pero aún tenemos por delante su verdad que viene, su embriaguez, su corazón a tiras, su compromiso y esa condición mineral de unos ojos que te miran desde la piel de sus poemas. Es decir, que alumbran, que acompañan, que por un rato también son tu país y tu querer desgraciado. Tu desengaño. Tu alegría. Tu desnudo. Estos poemas tienen esa condición susurrante de la libertad. De la emoción. De la certeza de no estar solo. De no desfallecer: ‘Ya que el vivir no supo cansarme de la vida’".

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Fragmentos (de la semana)

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Ya tengo lo que buscaba en esa botella

Por su interés, publicamos el manifiesto que han escrito algunos estudiantes de bachillerato de la parroquia de San Martín de la Vega tras la muerte de una chica de 12 años del municipio a causa de un coma etílico el pasado 1 de noviembre.

1. El pasado 1 de noviembre nos despertábamos con la triste noticia de la muerte de una compañera de instituto de nuestro municipio de San Martín de la Vega por causa del alcohol. La muerte de Laura es infinitamente provocadora. ¿Por qué es más atractivo beberse a palo seco una botella hasta caer fulminado que otra cosa?

Seguro que son muchas las razones, pero mirando la propia experiencia descubrimos algunas de ellas. Nos preguntamos dichas razones porque sabemos que a «la solución a los problemas que la vida plantea cada día, no se llega afrontando directamente los problemas, sino profundizando en la naturaleza del sujeto que los afronta». Hay algo dentro de nosotros que nos empuja a conocer cosas nuevas, tenemos un deseo muy grande de que nuestra vida tenga valor, no queremos pasar desapercibidos en esta vida. Ser importantes, estimados, preferidos es el motor de nuestros pensamientos, palabras y acciones. Pero a veces es muy caro el precio que hay que pagar para conseguir el puesto que queremos en el ambiente que nos rodea. Aparentar lo que no somos, hacer cosas que no queremos, excesos... la lista ya la conocemos todos.

2. ¿Qué se puede hacer? Son muchas las opiniones que hemos visto circular en nuestras conversaciones durante estos días. Más control en las calles, más actividades de ocio y deporte, más información... Pero, ¿no tenemos ya todo esto a la mano? ¿Es solo una cuestión de intensificarlo? ¿Será suficiente? ¿Estas propuestas responden realmente a nuestra necesidad? ¿Qué tienen que ver todas esas propuestas con el deseo de ser estimados y valorados como algo único e irrepetible en el mundo?

Hay algunas cosas que tenemos claras:

a) No renunciar, por nada del mundo, al deseo de ser felices, de ser amados de ver-dad que nos constituye.

b) Que el cumplimiento de dicho deseo no tenga precio.

c) La necesidad de personas que se tomen en serio este deseo sin reducirlo a los "pequeños" deseos y decidan acompañarnos en esta aventura.

3. Pero inmediatamente nos surge una pregunta: ¿quién puede estar a la altura de este deseo de felicidad? ¿Quién está en condiciones de ponerse con gratuidad delante de nuestro deseo con la pretensión de colmarlo?

Muchas personas nos repiten que tenemos que ser nosotros mismos, tener personalidad, no dejarnos influir por lo que piensan los demás, etc. Pero, ¿cómo se hace eso? ¿Es suficiente solo con desearlo?

Entendemos que lo que nos hace ser nosotros mismos, ser auténticos, no nace de un esfuerzo o iniciativa nuestra, sino de encontrar personas que nos quieran de verdad, ante los que no tenemos que dar la talla para ser queridos, para los que el valor de nuestra vida no es un cálculo de éxitos y errores. Para los que nuestra sola existencia es un bien infinito.

Si yo tengo este amor, ¿para qué voy a hacer algo que no me llena solo por sentirme querida? ¡Ya tengo lo que buscaba en esa botella!

Ya tengo lo que buscaba en esa botella

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Señorías, lean y tómense en serio el pacto educativo

Jesús Pueyo

Nuevo presidente del Gobierno y viejos asuntos sobre la mesa. El Pacto Nacional por la Educación que Mariano Rajoy comprometió con Ciudadanos en su acuerdo de investidura no puede esperar más si se cumple lo firmado y ha empezado la cuenta atrás de los seis meses de plazo para alcanzar un consenso dentro de la Subcomisión parlamentaria creada para tal fin en el Congreso de los Diputados.

Y como es “cuestión de Estado” y las minorías parlamentarias obligan al entendimiento, todos los partidos de la oposición han acelerado las acciones presentando una proposición en las Cortes para paralizar el calendario de aplicación de la LOMCE y abrir la puerta a su posterior derogación. ¿Y ahora qué?

Pues ahora, y siendo conscientes del calado del asunto que sus señorías tienen entre manos, es momento de demostrar altura de miras, generosidad, preocupación por el interés general, y trabajar con el convencimiento de que se necesita mejorar el sistema educativo como elemento esencial de toda sociedad, y el primer paso debe ser alejarlo de decisiones partidistas y coyunturales con un pacto nacido del más alto grado de consenso y apoyo parlamentario, en el que la comunidad educativa no quede al margen, y cuyo fin último sea garantizar la estabilidad que todo proceso educativo necesita.

A nadie se le escapa que existen escollos ideológicos. Temas como la libertad de elección, la convivencia de una red pública y una red concertada, la existencia de una demanda diversa y la necesidad de una oferta amplia, la formación religiosa como opción libre en la escuela, el centralismo o las competencias autonómicas deben ser abordados en este momento en que nos acercamos a rubricar un pacto, si queremos que sea, como tanto se predica, de todos y para todos. Pero también se plantean otros asuntos que, aunque a priori más sencillos, no por ello son menos fundamentales para el presente y futuro de nuestros educandos.

Hagamos un repaso y pongamos negro sobre blanco de qué hablamos. Para empezar, y aun sabiendo las carencias de la LOMCE, el planteamiento no puede ser derogarla sin más. Por responsabilidad, y sabiendo que de otra forma habrá graves consecuencias derivadas de un vacío normativo, los pasos deben encaminarse a la aprobación de una nueva ley de Educación que permita dejar atrás la vigente.

En paralelo, se debe trabajar para aprobar por primera vez en este país una ley que regule la profesión docente, abarcando a todos los profesionales con independencia del tipo de centro en el que trabajen. Es vital mejorar la formación inicial, incluyendo prácticas tutorizadas y retribuidas durante al menos dos años, hay que facilitar la formación permanente y apostar por la innovación y la investigación. Además, se hace imprescindible dotar a los docentes de una carrera que incentive y reconozca su profesionalidad, devolviéndoles su autoridad y dignificando una labor que sólo los ignorantes no reconocerían como esencial para la construcción de la sociedad del futuro.

El pacto no puede ser sordo a las recomendaciones del Parlamento Europeo y del Consejo Escolar del Estado sobre las bondades de extender la formación obligatoria hasta los 18 años, garantizando su gratuidad, y siendo conscientes de que si bien no se puede obligar a los mayores de 16 años a estudiar contra su voluntad, sí se pueden buscar fórmulas que permitan compatibilizar el acceso al mundo laboral con la formación de estos adolescentes como ciudadanos.

Señorías, lean y tómense en serio el pacto educativo

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Jerome Lejeune. Una razón que ama

Nicolás Jouve

Algunas veces se ha dicho que la investigación es como una religión a la que muchos científicos e investigadores se entregan con una dedicación casi monástica. El problema es cuando aquello que va descubriendo el investigador colma de tal manera sus aspiraciones personales que le lleva a desconectarse del objetivo principal de su trabajo, que ha de ser el de observar y descubrir los secretos de los fenómenos naturales y ponerlos a disposición de la humanidad. Esto es lo que el médico y genetista francés Jerome Lejeune (1926-1994), el descubridor de la causa del síndrome de Down –la trisomía del cromosoma 21–, señalaba en uno de sus más conocidos discursos: «estamos ante un dilema que es el siguiente: la técnica es acumulativa, la sabiduría no. Seremos cada vez más poderosos. O sea, más peligrosos. Desgraciadamente no seremos cada vez más sabios».

Lejeune, como muchos grandes científicos y pensadores a lo largo de la historia, entendió su trabajo como una respuesta a una serie de inquietudes interiores. Trató de ampliar el horizonte, desde lo inmediato y perceptible de sus descubrimientos al sentido trascendente y misterioso de la vida humana y del mundo que nos rodea y, como otros científicos católicos, conectó el atractivo y la satisfacción subjetiva de sus propios descubrimientos con una verdad que está por encima, que lo explica y lo invade todo. Lejeune en su trabajo puso por delante el pensamiento cristiano…., el amor…, el tú antes que el yo.  

Jerome Lejeune participaba de la idea de que la vida es un don de Dios y que todo ser humano debe ser tratado con la misma dignidad, con independencia de su condición física o su salud.

El profesor Jerome Lejeune reclamaba el amor como fruto de la razón y de la forma de ser del hombre en el mundo, y estaba convencido de la importancia de los beneficios que los avances de la ciencia pueden aportar a la vida humana. No sólo tuvo una altísima categoría como científico, sino que era una persona excepcional. Compatibilizó la ciencia con su disponibilidad para las familias, cuidando a los niños enfermos y viajando por el mundo dando cientos de conferencias sobre genética. Dedicó buena parte de su trabajo y esfuerzos a devolver la dignidad a los niños con síndrome de Down, lo que le llevó a enfrentarse con buena parte de la comunidad médica.

Lejeune insistió en la defensa firme de los niños con síndrome de Down a costa incluso de su posición como médico entre sus colegas, por enfrentarse abiertamente a la práctica del aborto. Él les decía cosas como estas… «nuestro enemigo no es el enfermo… es la enfermedad»… «matar a un niño por estar enfermo es un asesinato»… «nosotros somos médicos. Yo no hablo desde un púlpito. Yo hablo de niños de carne y hueso y yo no los quiero matar porque son enfermos».

Un día después de su fallecimiento, el 14 de abril de 1994, el demógrafo luterano Pierre Chaunu, miembro como él del Instituto de Francia, en una sentida semblanza de homenaje dijo de Lejeune: «más impresionantes y más honrosos aún que los títulos que recibió son aquellos de los que fue privado en castigo a su rechazo de los horrores contemporáneos… no podía soportar la matanza de los inocentes; el aborto le causaba horror. Creía (...), antes incluso de tener la prueba irrefutable, que un embrión humano es ya un hombre, y que su eliminación es un homicidio; que esta libertad que se toma el fuerte sobre el débil amenaza la supervivencia de la especie y, lo que es más grave aún, de su alma… era un sabio inmenso, más aún... un médico, un médico cristiano y un santo".

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Trump y el mundo líquido

Elena Santa María

El pasado miércoles nos levantamos perplejos con la noticia de la victoria de Donald Trump. Desde ese momento se han sucedido en la prensa toda clase de artículos de lamentos o que intentan buscar una explicación. El sentimiento que reina es la incertidumbre. ¿Y ahora qué?

Antonio Lucas recordaba a Walt Whitman en El Mundo, aquel poeta que escribía: "no dejes que termine el día sin haber crecido un poco, (...) no abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario". Lucas compara la América de Whitman con la de Trump, "casi nada de lo suyo se parece a lo nuestro. Como debe ser. Sin embargo mantiene vivo el fondo de su mensaje. La democracia. La libertad. Esa forma de entender al otro con tan respetable interrogación. Tal forma de creer en lo que se ve con ese brillo posible de querer o de amistad. Nadie nos había hablado así jamás".

En una entrevista de Gonzalo Suárez (El Mundo) al sociólogo polaco Zymunt Bauman, el periodista explica que, "en su nuevo ensayo, el polaco, de 91 años, engarza la crisis de refugiados con la idea capital de su obra: la modernidad líquida. Es decir, cómo los pilares sólidos que apuntalaban la identidad del individuo se han ido licuando hasta escupir una ciudadanía acongojada por la zozobra permanente y el miedo a quedarse atrás". Lo que pasa -le dice Bauman en un momento de la entrevista- es que "la antigua forma de hacer las cosas ya no funciona, pero aún no hemos encontrado la nueva forma de funcionar, (...) el verdadero debate es cómo llenar este vacío". Por ejemplo, "ahora tenemos acceso a más información que nunca. Al mismo tiempo los jóvenes actuales nunca se habían sentido más ignorantes sobre qué hacer, sobre cómo manejarse en la vida... ¡Todo es tan tembloroso ahora!". Respecto a los refugiados dice: "su aparición en masa nos hace conscientes de cuán frágil es la presunta seguridad de nuestras vidas". Y más adelante: "el político justifica su existencia (frente a los poderes globales) generando ansiedad, miedo".

Volviendo a Estados Unidos, Marc Bassets decía en El País citando a la novelista Marilynne Robinson: "cada cuatro años los americanos se informan a sí mismos sobre quiénes son y dónde están en el espectro de la tradición y la aspiración que normalmente enmarca nuestras políticas". Y añadía él: "esta elección es una radiografía del país: sus obsesiones y sus traumas, sus miedos y sus esperanzas". Concluía Luz Sánchez Mellado su columna en El País así: "igual, de ahora en adelante, habrá que ir y preguntar a la gente por qué vota lo que vota".

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Competencias y trabajo: desafíos para la escuela de hoy

Ignacio de los Reyes

Be Education organiza el 11 y el 12 de noviembre en Torrelodones un Congreso educativo para profundizar en la relación entre escuela y mundo del trabajo. Además de personalidades como Giorgio Vittadini (Fondazione per la Sussidiarietà), Luis H. de Larramendi (Mapfre), Ignacio Bosque (RAE), el pintor Rafa Macarrón o José María Alvira (director de Escuelas Católicas), el congreso contará con otras iniciativas y asociaciones del ámbito educativo, como las escuelas creativas de Ferrán Adrià, la Fundación Pro-maestro, el colegio Padre Piquer y J. H. Newman o Educaixa.

El momento que atravesamos, que bien puede denominarse un “cambio de época”, exige por parte de la escuela una respuesta constante y seria. Si se genera una barrera entre escuela, universidad y empresa no sólo tendremos grandes dificultades para generar empleo, sino que abocaremos a nuestros alumnos a una suerte de aislamiento y desinterés. Sólo si la escuela favorece el vínculo con la realidad y la experiencia de nuestros estudiantes, en todas sus dimensiones y aspectos, podremos volver a recuperar su entusiasmo por el estudio, su interés por toda la realidad.

Con frecuencia, una preparación seria y un curriculum extenso no aseguran ni el acceso al mundo laboral ni el desempeño adecuado del trabajo exigido. La escuela y la universidad tienen así una doble responsabilidad. Por un lado, la de ofrecer una preparación académica seria y rigurosa. Por otro, ayudar a que la persona crezca, favorecer el crecimiento de la persona en todas sus dimensiones. Solo cuando se cumplen estas dos condiciones escuela y universidad ofrecen un verdadero servicio, realizan la misión a la que están llamadas.

El congreso de Be Education presenta así dos grandes objetivos. En primer lugar, queremos profundizar en algunas competencias fundamentales que los estudiantes deben adquirir y desarrollar en su etapa escolar para enfrentarse de manera adecuada al mundo del trabajo. En segundo lugar, queremos mostrar de qué manera estas competencias pueden desarrollarse en el mundo de la escuela, potenciando tanto el rigor académico como el crecimiento personal.

Pensamos que la escuela no puede ser concebida como un peaje, sino como un lugar de encuentro. La escuela será capaz de generar un bien, tanto social como económico, si favorecemos espacios en los que nuestros alumnos puedan crecer de manera plena, atendiendo tanto a sus necesidades personales como a los grandes desafíos de nuestro contexto.

Más información sobre el programa, los ponentes y las modalidades de inscripción en www.cbe16.es

Competencias y trabajo: desafíos para la escuela de hoy

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Noviembre

Elena Santa María

Otra vez es noviembre. Lo decía Manuel Fraijó en El País, "y por mucho que se la intente esquivar, la muerte siempre sale airosa, jamás falta a su cita; y nunca nos encuentra preparados".

A las puertas de noviembre, después de más de 300 días, por fin ha habido investidura. El debate ha dejado muchos titulares. También Pedro Sánchez, que tras dejar su acta de diputado concedió una entrevista en exclusiva en Salvados. "Quizá tenga razón Umbral en aquello de que ser de izquierdas no es instalarse en la izquierda, sino desinstalarse en favor de las preguntas. Es decir: estar en vilo, asumir la provisionalidad de las certezas, avanzar con el ánimo dispuesto a sumar voces, preguntarse por los otros y abrirse a muchas cosas", decía Antonio Lucas en El Mundo.

Por otro lado Antón Costas, en La Vanguardia, reflexionaba sobre la recién estrenada legislatura: "no será fácil acabar con esa imagen demoníaca (del PP). Especialmente en el caso del PSOE y en el de los soberanistas. Por otro, corresponde al nuevo Gobierno de Mariano Rajoy mostrar señales de cambio. Pero, en cualquier caso, no deberíamos descartar que surja un espacio para el posibilismo político que trae toda nueva legislatura". Sin embargo, muchos no son optimistas. En un artículo titulado "Una nueva época, un mundo infeliz" de El País, Antony Beevor afirmaba: "la democracia no puede sobrevivir sin una base de respeto hacia los demás, acompañada por el respeto a la verdad". Pero ese respeto solo se da a regañadientes, es imposible, piensan algunos. Dos ejemplos: Carmen Rigalt, en El Mundo, explicaba que "a los adversarios los respetamos porque no queda más remedio, pero no los respetamos. Yo no conozco a ninguna persona que sienta respeto por lo que piensa la gente de signo opuesto al suyo". El otro es José María Ruiz Soroa, hablando de la sociedad vasca, en El País: "la sociedad vasca no necesita para ser una sociedad normal -conflictiva- ninguna reconciliación ciudadana. Le basta, como a todas las sociedades democráticas, con que todos acaten las normas, aunque sea a regañadientes y con miradas torvas".

Delante de esto Vicente Lozano recordaba en El Mundo la intervención de Ana Oramas durante el debate: "es distinto ser contrincante político a enemigo político. No se puede negociar ni sacar adelante nada desde el odio y el rencor".

A las puertas de noviembre, puente de todos los Santos y de los difuntos, Jordi Llavina recuerda en La Vanguardia a nuevos y viejos poetas que hablan de damas muertas. "Todas esas chicas, como a la postre haremos todos, se convirtieron en 'tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada'. ¿En nada? Hoy recordamos a nuestros difuntos. Y la poesía sirve para darnos a entender cuán verdaderamente solos nos quedamos los que permanecemos aquí".

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Noviembre

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Cuando el Cielo se oscurece demasiado, Dios suscita a sus santos

Federico Pichetto

Cuando uno se adentra en la historia de otro país, aunque sea por motivos informativos, hay que hacerlo con pies de plomo. En Schmöll, Alemania, un joven somalí alojado en un centro de acogida, que llevaba tiempo sufriendo trastornos depresivos, amenazó primero con tirarse por la ventana del quinto piso del edificio y luego, tras la llegada de la policía que intentó disuadirlo por todos los medios, cedió a la instigación de la multitud reunida, que le animaba a tirarse mientras varias personas de los edificios colindantes, según testigos, lo filmaban todo con su teléfono móvil. El joven murió por las heridas causadas y –si todo esto no fuera dramáticamente real– llevaría a pensar en la ambientación de una novela de Pirandello más que en un hecho que ha sucedido realmente.

El problema no es alemán ni tampoco occidental. Lo que ha pasado tiene que ver con lo humano en cuanto tal, y exige una profunda reflexión. Los hechos de Schmöll hablan de qué quiere decir hoy vivir inmersos en la nada. La nada es la constante de nuestro tiempo, porque todo instante parece destinado a acabar en nada. El instante ya no es un paso hacia el todo, hacia el futuro, sino que se ha convertido en un espacio desesperado, a merced de un corazón que brama por la plenitud –y que no soporta el vacío– y de una sociedad que ha perdido el sentido de la presencia de una persona, reduciéndola a “nada”. Por tanto, la nada lleva consigo el vacío, configurando una postura existencia donde la depresión y la reducción de la vida a “cosa” resultan vencedoras.

Sin embargo, la cuestión ya no se puede resolver con las categorías típicas de una cierta retórica antimoderna que lleva a buscar en el pensamiento de Nietzsche, Marx y Freud el origen cultural de todo esto. La globalización que comenzó en los años noventa del siglo pasado, apoyada por la difusión de las redes y el colapso del sistema colectivista, ha generado un nuevo monstruo, la mundialización de la nada y –como suele decir el Papa con gran dolor– de la indiferencia. Ha surgido una nueva civilización global que lo banaliza todo en virtud de una ausencia de la que se siente amenazada y en la que se siente inmersa. El origen de todo esto, de la soledad y de la incomunicación que experimenta el hombre de hoy está en la ruptura con el pasado, en el decaer de una pertenencia que los movimientos nacionalistas y ultraconservadores tratan de recuperar ahora reivindicando fronteras e identidades que han sido ampliamente superadas por la historia.

El joven somalí de Schmöll es solo el último eslabón de una cadena de rostros e historias que han perdido el contacto con la historia y, por tanto, la percepción de cuál es su lugar en el mundo. El problema de nuestro tiempo es un problema de “vocación”, de conciencia del propio rol y del propio destino, y es solo el punto final de un efecto dominó que empieza en el momento en que el ser humano –en cualquier latitud y longitud de esta tierra– niega la perspectiva infinita de la necesidad que le habita y de las preguntas que le asedian. Buscando en cosas finitas la promesa Eterna y sin tener ya una tradición con la que confrontarse por el camino de esta búsqueda, el yo percibe todo el vértigo del vacío y de la nada. Entonces es posible hasta burlarse por el suicidio de un hombre, y filmar la escena para tener por fin algo que contar al de al lado, y uno puede morirse siendo prisionero de las mentiras de su propia mente.

Volver a empezar no es fácil. Mi abuela solía decir que “cuando el Cielo se oscurece demasiado, entonces Dios suscita a sus santos”. No es entonces casual que todo esto haya sucedido coincidiendo con el inicio de la novena de la fiesta de Todos los Santos. Casi parece un aviso, confuso entre todas las voces de la tierra, para no dejar de buscar los rostros y miradas de aquellos que, incluso en lo más oscuro de la noche, siguen siendo antorchas humeantes de una luz, testigos de una nostalgia que hace morir al resto de los hombres y que les hace cínicos y temerosos delante de todo, por ese miedo que se condensa al final de la vida en esa nada que nos atenaza y que nos quita el gusto de vivir.

Cuando el Cielo se oscurece demasiado, Dios suscita a sus santos

Federico Pichetto | 0 comentarios valoración: 3  19 votos
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Apuntes de un cambio de época

Elena Santa María

"Algo importante se ha deshecho delante de nuestros ojos". Con esta frase describía José Francisco Serrano en ABC la hipótesis del libro “La belleza desarmada” de Julián Carrón, que presentó el autor la semana pasada a la prensa española. "No vivimos en una época de cambios, sino en un cambio de época. Las grandes convicciones ya no resisten. Se han derrumbado las evidencias, lo que sirvió para humanizar Europa".

El propio Carrón apuntaba en un artículo también publicado por ABC que "no es extraño que la convivencia humana se resienta. No sólo en España, donde es evidente la incapacidad de llegar a acuerdos más allá de las ideologías". Los ejemplos son claros: "pensemos en el auge en Europa y Estados Unidos de una política de muros para defenderse de los inmigrantes, o simplemente de los vecinos otrora amigos (como manifiesta el Brexit). O pensemos en la inseguridad que genera el terrorismo internacional".

En otros artículos también se percibe el problema: "¿Qué país de Europa (y no digamos del mundo) puede afirmar de sí mismo en estos tiempos que es estable y que está preparado para afrontar el futuro? Ni Reino Unido ni Francia. Tampoco Italia o Polonia. Los países se tambalean igual que los iconos de un iPhone. El tambaleo se obvia con horror, pero la sensación de desorientación y de pérdida del suelo bajo los pies permanece. Cuando hasta veteranos agentes secretos estadounidenses como Michael V. Hayden dicen que nunca han vivido un mundo tan complicado como el actual, es que le estamos viendo las orejas al lobo". Lo decía Andrea Seibel en El País. Y añadía: "Pero, ¿acaso el miedo y el catastrofismo han servido de algo alguna vez? ¿Putin, Siria, los refugiados, el Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y Canadá, la crisis del euro? En esta época tan compleja, ¿no sería mejor una cierta equidad, un estado de calma cultivada, consciente de sus reservas de indulgencia? Porque sucede que, junto a la fealdad, siempre hay belleza y bondad".

De nuevo Carrón, en el artículo citado preguntaba: "¿De dónde partir para una construcción nueva?”, y cita a Hannah Arendt: “Una crisis nos obliga a volver a plantearnos preguntas y nos exige nuevas o viejas respuestas pero, en cualquier caso, juicios directos. Una crisis se convierte en un desastre sólo cuando respondemos a ella con juicios preestablecidos, es decir, con pre-juicios".

Pero hay algo que no ha cambiado. En una columna dedicada a la lectura de los clásicos, Pedro G. Cuartango decía: "Cuando uno lee a Shakespeare se puede dar cuenta de que los sentimientos de los hombres no han cambiado en 4 siglos y que la tecnología es un barniz que apenas cubre una fractura interior que todos llevamos dentro".

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Apuntes de un cambio de época

Elena Santa María | 0 comentarios valoración: 2  21 votos

'Educación' con E mayúscula y entre comillas

Jesús Pueyo

A propósito de la cercanía de un próximo gobierno, no está mal recordar a aquellos que en breve tomarán las riendas de este nuestro país que, aun sabiendo de las muchas preocupaciones que seguro tendrán, no deben olvidar una compartida por muchos: la “Educación” con E mayúscula y entre comillas.

A pesar de que hablar de política es hablar de ideología, todavía algunos confiamos en que el sentido de Estado se imponga en cuestiones tan vitales como la que nos ocupa, porque queremos pensar que nadie olvida que la “Educación” es la base del futuro de una sociedad, y no podemos caer en las tendencias de un debate interesado para olvidarnos de construir.

Es momento entonces de dejar a un lado los rifirrafes banales que llenan portadas e informativos y llamar a la responsabilidad y a la coherencia, limando diferencias y mirando hacia un mismo horizonte.

¿De verdad el problema de nuestro sistema educativo es la existencia de una doble red formada por escuelas públicas y escuelas concertadas? Está claro que no. En contra de las tesis que algunos se empeñan en defender sobre que la enseñanza pública se ve afectada por la existencia de centros concertados que le restan financiación, nada más lejos de la realidad, puesto que ambas fórmulas son complementarias y, tal y como ha dictado recientemente el Tribunal Supremo, en ningún caso la segunda subsidiaria de la primera. De hecho, a estas alturas, y sin conocer el coste real del puesto escolar, nos atrevemos a decir que los centros concertados cuestan menos a las arcas públicas que los públicos, ofreciendo una alternativa a las familias que los siguen demandando. Y es esta demanda, por otra parte, la que los hace necesarios si queremos salvaguardar el derecho fundamental recogido en el artículo 27 de nuestra Constitución y que garantiza la libre elección de los padres de la educación que deseen para sus hijos.

Y esto nos lleva a enlazar con otro de los temas candentes: la Religión. ¿De verdad es la responsable de los problemas que tiene nuestros sistema educativo? Nos atrevemos a decir que tampoco. La Religión es de oferta obligatoria para los centros educativos, pero de libre y voluntaria elección por parte de las familias y los alumnos. Suprimirla, como algunas voces proponen, no es sino atacar nuevamente el derecho a elegir que antes mencionábamos, abocándonos a una educación única, pública y laica. No decimos que no se deba replantear el contenido de la asignatura, pero recordamos que el hecho religioso como tal, su conocimiento y su aprendizaje desde un ámbito ecléctico y multidisciplinar, es patrimonio cultural.

¿Entonces? ¿Qué es lo realmente importante? No hace falta ser una mente privilegiada para saber qué es lo que, dejando a un lado las cuestiones ideológicas, debe servir para trazar una hoja de ruta que realmente contribuya a atajar los problemas que aquejan a nuestro sistema educativo. En primer lugar, pongamos la meta a la que nos queremos acercar. Eso pasa por aspirar a una “Educación” apoyada sobre los pilares de la calidad, la excelencia, la equidad y la inclusión. Una “Educación” que fije su objetivo en formar a generaciones preparadas para una sociedad moderna, que parta de la igualdad de oportunidades para todos y que reconozca los diferentes talentos, sin menospreciar capacidades.

'Educación' con E mayúscula y entre comillas

Jesús Pueyo | 0 comentarios valoración: 2  21 votos

Sin el otro no hay amor

Jorge Martínez Lucena

En El País del 10 de octubre, el catedrático de Sociología de la UNED Luis Garrido Medina firmaba una tribuna titulada “Adiós al amor”, de muy recomendable lectura. Lo que decía en ella no es nuevo. Se limitaba a verificar empíricamente, con datos españoles actuales, las tesis de Lipovetsky o de Bauman: que el “narcisismo correcto”, que usa las relaciones amorosas meramente para incrementar el bienestar y las elimina cuando suponen dificultad, reduce el éxito social del matrimonio tradicional. Esto es, que las relaciones amorosas posmodernas son mucho más “líquidas”, menos plegadas al compromiso incondicional, a la duración “para toda la vida”, y más supeditadas a la circunstancia y a las ventajas laborales y vitales que puedan producir. Es uno de esos modos sutiles que tenemos de reducir al otro a un cálculo de los propios intereses.

El artículo nos muestra cómo el amor ha caído en desprestigio hasta el punto de tener el Estado que asumir sus funciones. De lo que no habla tanto este texto es de los problemas que plantea esta nueva situación caracterizada por políticas públicas endémicamente orientadas a los pensionistas y no a la natalidad: una pérdida de razones para tener hijos –si no lo impide la inmigración, en España se venderán en breve más pañales para ancianos que para niños, como ya sucede en Japón–, lo cual abocará a una situación en que el Estado ya no podrá seguir pagando pensiones y los jubilados acabarán con un mínimo subsidio y sin demasiadas redes relacionales para sostenerlos en la vida. A este paso, la ley de eutanasia será muy útil para muchos, ya que, caso de no haber por medio un plan de pensiones digno, uno siempre tendrá la posibilidad de hacer mutis por el foro.

Lo previsible, poniéndonos apocalípticos, es lo que defiende el historiador israelí Yuval Noah Harari en su ensayo superventas “Homo Deus”: que el hombre de nuestro futuro inmediato dejará de valer por su condición humana y pasará a valorarse en función de su pertenencia a determinados colectivos adinerados o “útiles”. O sea, adiós al viejo Occidente y a la conquista de los derechos humanos.

De hecho, esto es algo ya apreciable en el presente, en muchos datos empíricos referentes a la exclusión social. Son numerosos los ciudadanos que cada vez cuentan menos política, económica y socialmente. Y también esto vale en el mundo de las rupturas conyugales. Según advierten los demógrafos, el divorcio en las sociedades avanzadas ha sufrido una notable transformación. Mientras que en un principio eran las clases altas las que más rompían lazos para defender su áurea emancipación, ahora las separaciones se concentran en las clases más desfavorecidas. Así, atrapados en una especie de círculo vicioso, los más frágiles son precisamente los que quedan más desprotegidos, porque acaban teniendo menos lazos. Lo cual sucede, muy probablemente, porque las clases modestas persiguen la misma emancipación, promovida sin tasa por los media, que los más adinerados y cultos tienden a gestionar mucho mejor, aunque solo sea porque saben buscar partenaires más sensibilizados con la igualdad de género y con la inserción de la mujer en el mercado laboral, por ejemplo.

Sin el otro no hay amor

Jorge Martínez Lucena | 0 comentarios valoración: 3  22 votos

Demasiada política, menos educación

Antonio Amate

La última semana de octubre concentra todos los eventos oficiales para la nueva sesión de investidura y, en su caso, la elección de presidente del Gobierno. Coincidiendo con estas fechas de tanta actualidad política, se produce el apoyo de la Plataforma por la Escuela Pública a la huelga de este 26 de octubre convocada por el Sindicato de Estudiantes y la CEAPA contra las reválidas. ¿Quiénes son los integrantes de esta “plataforma”?

Coinciden con las conocidas siglas de la izquierda educativa (CCOO, STES, UGT, CGT, CEAPA, Sindicato de Estudiantes, etc.) Atención a la denominación-objetivo de la plataforma “por la escuela pública”, porque lleva a engaño fácilmente. Estas organizaciones actúan sólo en defensa de su modelo de escuela pública, que ahora está en una posición dominante, pero que –no olvidemos– es un modelo particular de entender la educación de titularidad pública, tan legítimo como puede ser cualquier otro, y que lo imponen desde hace muchos años en régimen de monopolio con guante de hierro, no ya mal atribuyéndose la exclusividad en la defensa de la escuela pública, sino la cuasi propiedad de la escuela pública, gobernada hoy por su modelo ideológico en todos sus variados aspectos, desde los pedagógicos a los organizativos y laborales.

Por ello, no es una sorpresa que, una vez más, sean esas razones fundamentalmente ideológicas las que den soporte a las protestas para la retirada de las pruebas externas de evaluación en ESO y Bachillerato, denominadas malintencionadamente reválidas, porque según sus detractores “atentan contra la educación integral y la evaluación continua realizada a lo largo de la etapa”. Se echa en falta, como ya es costumbre, que primen en el debate de estos temas los argumentos académicos y pedagógicos desde una reflexión más sosegada y más técnica, no envenenada por el debate identitario izquierda-derecha y como siempre, de fondo, el pulso por alcanzar el poder desde la hegemonía cultural y la resonancia pública o el grito de la calle. Porque lo que está en juego no es la lucha por la equidad social en la escuela, o una determinada concepción de la escuela como herramienta para una transformación social también muy determinada, sino el papel protagonista que la educación debe tener en la igualdad de oportunidades y en la posibilidad de obtener gratuitamente una buena preparación, sólida y rigurosa de nuestros jóvenes, y particularmente de quienes proceden de las capas sociales más desfavorecidas. Poner una formación de calidad al alcance de todos, con los medios que sean necesarios, es en mi opinión el verdadero objetivo de una escuela pública. No que apruebe como sea la mayoría, que aprendan lo que pueda cada uno, y que todo el conocimiento alcanzado por el alumnado cuente lo mismo a la hora de alcanzar los títulos, a todas luces desvirtuados y devaluados, como son el del actual Graduado en Enseñanza Secundaria Obligatoria y Bachillerato.

¿Por qué si no ese temor a saber lo que se sabe realmente? ¿Por qué ese pánico a fijar conocimientos mínimos –y muy mínimos, dicho sea de paso–, para obtener una cualificación como la que da un título? ¿Por qué se consiente con ser tan laxos en la actual evaluación académica y sin embargo se es tan riguroso y exigente, por ejemplo, al considerar el rendimiento deportivo donde las marcas y los goles son omnipresentes, o para permitir que alguien despegue un avión con 250 pasajeros a bordo? ¿No tienen el mismo fundamento? ¿Cualificar para actuar? ¿Aprender para saber? Coincido plenamente con Gregorio Luri cuando afirma en una reciente entrevista que “no existe el aprendizaje fácil de cuestiones complejas por una sencilla razón: la cultura es siempre elitista. Quien no entienda la diferencia entre las obras completas de Georgie Dann y un cuarteto de cuerda de Beethoven no puede llamarse culto. Esto ha sido siempre así, pero hoy lo es aún más, porque las diferencias entre los intereses espontáneos de un niño y las demandas de conocimiento de la vida adulta son cada vez mayores”.

Demasiada política, menos educación

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¿Caben las verdades desnudas en las redes sociales?

Francisco Pou

Son ya no solo los medios de comunicación en el siglo 21; son los medios de información en los que se narran las cosas que pasan. Por más que los periódicos “de papel” luchen para hacer ver que “influyen”, el 80% de la población es consumidora de redes sociales y la mitad de usuarios reconocen que es allí, en las redes, donde reciben información. ¿Quién decide lo que puede aparecer y lo que no puede aparecer en Facebook, Twitter o Instagram? Se lo preguntaba esta semana Jeffrey Rosen en la Harvard Kennedy School. Rosen, que escribe a menudo en Atlantic, es el CEO del National Constitution Center y hablaba sobre “The deciders”: el futuro de la libertad de expresión en la era digital.

La foto de Nick Ut de la niña vietnamita huyendo del Napalm fue retirada y prohibida por Facebook, que prohibía la desnudez infantil. Sólo tras una controversia con el editor de un periódico noruego que había iniciado la polémica, Mark Zuckerberg consintió en seguir publicándola tras la insinuación del editor de mostrar la “promoción de la estupidez” de la red social. El pasado mes de julio Facebook retiró también las imágenes en las que la policía batía a Philando Castile en St. Paul, Misessota, aduciendo “inconvenientes técnicos” que nunca ha sabido explicar tras la reposición del video ante la presión en las redes, que sumaron dos millones y medio de visitas en los dos primeros días.

En Estados Unidos, el país del pragmático caso Watergate en el que la independencia de dos periodistas fue capaz de abatir las presiones del poder político para esconder sus irregularidades, el país donde la Primera Enmienda a la constitución parece respaldar la libertad de expresión a toda costa, con las redes sociales parece que la “tranquilidad” de la “ciudadanía” pasa por encima de la libertad de las personas. Incluso con la estupidez. Con el mismo razonamiento de la niña vietnamita, el censor (casi un robot) podría prohibir un cuadro de un Nacimiento navideño o los querubines desnudos de muchas cúpulas barrocas.

En Europa, donde las leyes anti-trust y anti monopolio son estrictas (como lo han sido también en Estados Unidos por ejemplo con los bancos), parece que el monopolio de empresas de redes sociales que han triunfado en número de usuarios y en valor en bolsa escapan a las garantías políticas constitucionales. Las garantías políticas de la libertad de expresión en las que se enraíza una democracia. No todas las verdades son cómodas para el editor, pero la verdad necesita poder ser defendida frente al lector.

¿Caben las verdades desnudas en las redes sociales?

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Miedo a la muerte, miedo a la vida y una revolución

Elena Santa María

La propuesta del Gobierno de Holanda de ampliar la asistencia al suicidio a aquellas personas que estén cansadas de vivir ha reabierto el debate sobre la eutanasia. Salía en su defensa Fernando Pedrós en Público: "Si el humano no es meramente un organismo que respira, sino que es consciente de su existencia, que goza de libertad y decisión en su vida, porque no puede reflexionar y desde sus vivencias sentir que la vida ya no le dice nada, no tiene ilusión por vivir, está cansado y el vivir para él es un peso desagradable de soportar". El biogerontólogo Aubrey De Grey trabaja para lo contrario, derrotar a la muerte a través de la ciencia. En una entrevista publicada por El País explica que algún día la ciencia podrá dar la oportunidad de vivir más, pero añade que "hay que saber por qué la gente se cansa de vivir". En los dos artículos es común está pregunta: ¿por qué la gente se cansa de vivir?

La Razón recogía esta semana unas declaraciones del actor Javier Bardem con el título: "Javier Bardem asume con resignación tener que 'perder' a la gente que quiere". El actor reconocía que "a medida que me voy haciendo mayor creo con más fuerza que existe algún tipo de energía que trasciende lo físico". La columnista de El País Leila Guerriero también anda buscando: "Voy a una exposición de gatos en un hotel del centro (...) No sé por qué voy. ¿Por qué soy así, qué busco?". Y al final: "Subo el volumen, intentando evocar algo que no sé qué es, pero no pasa nada. Regreso a casa. Enciendo el televisor. En domingo late afuera como un fantasma o como un miedo". Otro que pregunta es el arquitecto holandés Rem Koolhass, quien afirmaba en una entrevista concedida a El País Semanal que "no creo que se puedan tener creencias fijas, inquebrantables. La vida se encarga de cuestionarlas". También decía: "Necesitamos una relación más activa y directa con la realidad. Volver a tocar el mundo".

"¿De qué modo la propuesta cristiana puede atraer al hombre de hoy?", preguntaba Belén Tobalina, en una entrevista para La Razón, a Julián Carrón, presidente de Comunión y Liberación. "Sobre todo viviéndola, que uno pueda encontrar a una persona que vaya a trabajar contenta o que tenga una relación con sus amigos que a otro le gustaría tener. Eso es la belleza. Algo que se puede tocar".

De esta belleza que se puede tocar habló Pilar Rahola en el pregón del Domund: "¡Qué idea luminosa, qué ideal tan elevado sacude la vida de miles de personas que un día deciden salir de su casa, cruzar fronteras y horizontes, y aterrizar en los lugares más abandonados del mundo, en aquellos agujeros negros del planeta que no salen en los mapas! ¡Qué revuelta interior tienen que vivir, qué grandeza de alma deben de tener, qué amor a Dios que los lleva a entregar la vida al servicio de la humanidad! No imagino ninguna revolución más pacífica ni ningún hito más grandioso".

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Dolor

Elena Santa María

En varias ocasiones el líder del Podemos, Pablo Iglesias, ha repetido que su partido debe trabajar en la politización del dolor. Juan Cruz le respondía desde El País: "La política es la búsqueda del bienestar, el dolor es malestar; pero no es tan solo malestar opuesto al Estado de bienestar, es malestar por el dolor mismo. Quién no ha visto el dolor haciéndose, y el dolor sufriendo; quién no ha estado en los hospitales o en las clínicas, o al borde de las carreteras, quién no ha visto las imágenes de dolor en el mundo, el dolor en Siria, el dolor en las fronteras, el dolor ante los muros terribles de los que escribe, con tanto dolor, John Berger... Quién no ha sufrido dolor, arriba y abajo en la sociedad, pues el dolor y su consecuencia más terrible no se paran ante las casas grandes ni ante las casas chicas". Y añadía: "decir dolor no es sentir dolor; cuando se siente el dolor éste no tiene adjetivos, ni siquiera es parte de un eslogan político ni el núcleo de un poema. Es dolor es dolor es dolor (...) El dolor es algo perfectamente serio y se ha de decir a solas".

Ante el dolor, que bien describe Juan Cruz, cada uno reacciona como puede, compadece (padece con el otro) como puede. Pablo Ordaz citaba en un artículo titulado “Italia, puerto solidario” a la profesora Daniela Pompei, que explicaba: "nuestros corredores humanitarios han hecho suscitar cosas impensables en toda Italia, incluso en los pueblos más pobres del sur. Han revitalizado el núcleo de muchas familias, han dado vida a muchas asociaciones que estaban ensimismadas y que ahora enseñan la lengua italiana o un oficio a los recién llegados".

Los periodistas se enfrentan de otro modo al dolor. Leila Guerriero empezaba su última columna, “Pavor”, diciendo: "siempre preguntan lo mismo: si a uno, periodista, no le da miedo hacerse daño escuchando historias dolorosas de la gente. A mí no. Lo que me da pavor es la escritura". Se refiere a escribir de ella misma. Y más adelante: "Es patético, es doloroso, es humillante y aterrador. Y, como pasa con todas las cosas que realmente importan, nunca nadie pregunta. Menos mal". También lo decía Manuel Jabois: "hay pocas maneras más humildes de entender el periodismo que la de convertirse, a mitad de un reportaje, en un hombre de ideas derrumbadas".

Esta debilidad, que es el dolor, de la que hablan Jabois y Guerriero, cada vez más se intenta tapar (nunca nadie pregunta, menos mal), o al menos huir de ella. Un ejemplo claro, en otro ámbito, lo describía Luis Garrido en su artículo “Adiós al matrimonio”: "el emparejamiento, el matrimonio, y más aún, la maternidad, se temen como formas de dependencia abrumadoras y prescindibles. Y se posponen. La soledad va ganando adeptos entre los que tienen los recursos suficientes para llevar una vida acomodada sin ninguna colaboración relacional".

También podemos traspasar esto al plano político. "La reconfiguración de las lealtades y de la identificación partidista en el nuevo mapa político hace que los partidos estén menos dispuestos a tomar decisiones en contra de un electorado que no tiene anclado. Su temor es salir de la retaguardia, situar el proyecto político por delante de sus votantes y ver que, al girarse, han perdido a parte de su ejército de electores", explicaba Sandra León en “Retaguardia”.

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Dolor

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Vivimos tiempos confusos

Elena Santa María

El pasado domingo todos nos sorprendimos por la inesperada victoria del “no” en el referéndum para ratificar los Acuerdos de Paz con las FARC en Colombia. Algunos han aplaudido esta decisión de los colombianos, muchos se han llevado las manos a la cabeza. Joaquín Villalobos expresaba en El País: "la polarización es claramente la amenaza más grave al posconflicto y ha venido creciendo exponencialmente entre las principales fuerzas políticas, dividiendo no solo a la sociedad, sino a las familias (...) El empate del referéndum obliga a que los políticos se reconcilien para detener y revertir la polarización y esto es buena noticia. La guerra ha concluido y ha comenzado la política".

Hablar de política, así entendida, en España nos interesa mucho. "¿Puede alguien que aspira a la presidencia del Gobierno tener como única guía la negación del adversario?", se preguntaba Santiago González en El Mundo. "En España se ha extendido el 'no' como método y principio –se quejaba José Ignacio Torreblanca en El País– el 'no' es la nada", añadía.

Otro gran desafío de nuestros días es la guerra en Siria. El filósofo Bernard-Henri Lévy explicaba la situación en El País: "Alepo asediada, rota, sin rendirse, muriendo de pie". ¿Y Europa? "Europa en primera línea que, aunque solo sea por la presión de un pueblo al que no ha sabido proteger y que llama a sus puertas para que lo acoja, se juega su futuro y una parte de su identidad".

"Vivimos tiempos confusos –parece responder Joana Bonet, en La Vanguardia, a Lévy– En su último ensayo, Gilles Lipovtesky reflexiona sobre el hecho diferencial de que 'el ciudadano hipermoderno ya no siente la ambición de cambiar el mundo'". Cuartango decía algo parecido en El Mundo: "vivimos sin ser conscientes de muchas de las cosas que pasan a nuestro alrededor (...) Nos protegemos de la realidad externa mediante una capa de insensibilidad que nos aísla porque no queremos que nada perturbe nuestras rutinas cotidianas". Y añadía: "en la medida que perdemos la capacidad de sentir las cosas empezamos a estar muertos. Y ello porque vivir es experimentar dolor y frustración consustanciales a todo lo humano".

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Lo que no se dice de los niños con ADN de tres progenitores

Nicolás Jouve

La historia de los niños con tres progenitores (dos madres y un padre) comenzó en febrero de 2015, cuando la Cámara de los Comunes del Reino Unido aprobó la solicitud de un equipo de investigación canalizada a través de la Human Fertilisation and Embryology Authority (HFEA). La técnica, desarrollada en Newcastle, utiliza una versión modificada de la fecundación in vitro para combinar las mitocondrias sanas de un óvulo procedente de una donante, con el ADN de los núcleos celulares de los otros dos padres (óvulo y espermatozoide).

Para ello, primero se extrae el núcleo del óvulo de donante, a continuación se extrae el núcleo del segundo óvulo que corresponde a una madre que tiene el ADN de las mitocondrias alterado que se trasplanta al óvulo de la donante. Finalmente, obtenido este óvulo híbrido con ambiente celular (citoplasma) de la donante y el núcleo de la madre, se procede a una fecundación in vitro con esperma del padre. De esta forma, el embrión que se produjera procede de tres padres ya que tendría ADN de tres procedencias: el ADN citoplásmico o mitocondrial, de la primera madre, y el ADN de dos núcleos (segunda madre y padre).

La técnica persigue facilitar que las madres portadoras de enfermedades debidas a alteraciones en el ADN mitocondrial puedan tener hijos.

Hay que recordar que en la fecundación humana, como en la de los organismos superiores con reproducción sexual, el cigoto que se produce recibe todo el citoplasma a través del gameto femenino. El cigoto, la primera realidad corporal de la vida humana, posee dos tipos de información genética, la del núcleo y la del citoplasma, siendo la primera procedente de ambos parentales, mientras que el citoplasma solo lo aporta la madre. De todos modos hay grandes diferencias cuantitativas y cualitativas. El ADN nuclear de cada gameto tiene unos 21.000 genes repartidos en 23 piezas -los cromosomas-, mientras que el ADN citoplásmico o mitocondrial se reduce a unos anillos de ADN portadores de solo 37 genes. De este modo, la información mitocondrial respecto a la del núcleo se limita a menos del 0,1% de la información genética.

A pesar de que las mitocondrias solo se transmiten por vía materna, tienen un papel importantísimo dado que aportan la información necesaria para la síntesis de moléculas que intervienen en el metabolismo celular. Las mitocondrias son las baterías de las células, de tal modo que las alteraciones en determinados genes mitocondriales pueden determinar la transmisión de algunas enfermedades por fallos metabólicos. Esto sucede en una proporción de 1 en 5.000 niños nacidos vivos. Entre ellas, hay algunas enfermedades raras de mayor o menor importancia, que pueden producir un deterioro progresivo de determinados órganos después del nacimiento. Lo que se persigue con la producción de los embriones de tres parentales es obviamente evitar la transmisión de mitocondrias portadoras de genes alterados. De los dos óvulos se trata de aprovechar el citoplasma de uno, el donante, y solo el núcleo del segundo cuando sus mitocondrias tienen ADN alterado.

Hasta aquí los elementos para entender lo que se pretende. El caso es que la revista de divulgación científica New Scientist anunció hace unos días que el primer niño probeta con tres padres, de nombre Abrahim Hassan, había cumplido 5 meses. En este caso se trataba de librarle de una grave enfermedad neurodegenerativa, el síndrome de Leigh, debido a alteraciones en el ADN mitocondrial de su madre, y esto está bien si no escarbáramos nada más. Sin embargo, sobre lo que parece una buena noticia hay que hacer una serie de observaciones.

Lo que no se dice de los niños con ADN de tres progenitores

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Vista general de un colorido pueblo conocido por los lugareños como Kampung Warna-Warni en Malang, Java Oriental (Indonesia). Fully Handoko (EFE)

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