Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
25 MAYO 2017
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La fragilidad y la educación

Elena Santa María

Tras el ciberataque que sufrieron grandes empresas de todo el mundo el pasado fin de semana, Pedro G. Cuartango escribía lo siguiente en El Mundo: "En cierta forma, la tecnología ha convertido en dioses a los seres humanos, que han accedido a avances que hace pocos siglos eran impensables. Hemos llegado incluso a creer que en el futuro podríamos ser casi inmortales gracias a las expectativas de los hallazgos en materia de biogenética. Pero llegados a este punto, nos topamos con la sorprendente evidencia de que estamos a merced de muchos factores que no controlamos y que nos hacen tan frágiles como una hoja sacudida por el viento. Nos ha sucedido como a Ícaro: hemos volado tan alto que el sol ha fundido nuestras alas. Estamos descubriendo que no somos muy distintos al hombre de hace 30.000 años, acurrucado con sus terrores en la oscuridad de las cavernas".

Ante esta constatación, que somos frágiles frente al mundo, el filósofo navarro Gregorio Luri afirma en ABC: "la vida es compleja, llena de incertidumbres, y con un sometimiento terrible al azar". Y con respecto a la educación añade: "Estoy empezando a pensar que hay un sector de educadores postmodernos que se han convertido en el aliado más fiel de la barbarie, que lo que hacen es ocultar la realidad y sustituirla por una ideología buenista, acaramelada, y de un mundo de «teletubbies». Personalmente, me resultan más atractivas la valentía y el coraje de afirmar la vida. (...) Estamos creando niños muy frágiles y caprichosos, sin resistencia a la frustración, y además convencidos de que alguien tiene que garantizarles la felicidad".

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La colaboración entre la Administración, la empresa privada y las entidades sociales para acabar con la pobreza farmacéutica

La pobreza farmacéutica es un problema cada vez más acuciante. “Es difícil escoger entre comer o medicarse y actualmente hay muchas personas que se encuentran en esta situación”, confirmó este sábado 13 de mayo en el Centre Cívic Cotxeres de Sants Jordi Bosch, director de la ONG Banco Farmacéutico, en la mesa redonda “La persona en el centro: con la audacia del realismo” en el foro de diálogo PuntBCN.

Banco Farmacéutico dedica su labor precisamente a luchar contra esta pobreza, colaborando, tal y como destacó Montse Mesas, delegada social del Grupo Clece, “con la administración pública, la empresa y las entidades sociales”.

La importancia del “acceso a la salud, el trabajo y la vivienda es fundamental para el desarrollo total de las personas”, aseguró Pilar Solanas, directora del programa de Salud del Ayuntamiento de Bacelona, porque la persona tiene muchas necesidades y, tal y como aseguraba el título de la conferencia, “debe estar en el centro”. Pero, dijo Solanas, “no solo es crucial el dinero, sino todo lo que hay alrededor de la persona”.

Pero trabajar con personas es difícil, o al menos así lo aseguró Mesas que dijo que “hay que saber potenciar en el valor de cada uno”. Por eso en el Grupo Clece, afirmó su representante, “participamos sobre todo con acciones y no tanto con dinero”.

Así, el Banco Farmacéutico tiene como objetivo a la persona en su totalidad y no solo una ayuda concreta para cubrir una necesidad farmacológica, sino que, a través de esa cobertura quiere entablar una relación humana más profunda “que llegue a cubrir todos los aspectos de la vida”, destacó Jordi Bosch.

Porque para el Banco Farmacéutico, dijo Pepita Rodriguez, ex responsable del Área del Trabajo Social de Barcelona, es muy importante la colaboración entre la administración, la empresa y el Tercer Sector, “ya que solos podemos pocas cosas, pero en coordinación con otros podemos hacer proyectos muy grandes”.

La colaboración entre la Administración, la empresa privada y las entidades sociales para acabar con la pobreza farmacéutica

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El 5 es aprobado... raspado

Antonio Amate

Durante las últimas semanas se ha hablado mucho sobre el nuevo Real Decreto que el Ministerio de Educación tiene que publicar para terminar de aclarar la evaluación final de la ESO y del Bachillerato. El protagonista del debate ha sido una cifra simbólica para la enseñanza, el tan maltratado 5. ¿Cuál era la sustancia de la polémica, el fondo de la cuestión? Pues un enredo político motivado por la contramarcha en la aplicación de la LOMCE que el Ministerio de Educación aceptó desde comienzo del presente curso escolar para “facilitar” el diálogo en el nuevo Pacto de Estado por la educación. La LOE existe, está vigente, modificada por la LOMCE desde diciembre de 2013, aunque actualmente su aplicación está paralizada en aspectos tan relevantes como las condiciones para la obtención del título de Secundaria y del Bachillerato. Hemos llegado al estrambote de una convivencia indefinida entre lo viejo y lo nuevo, creando una situación ridícula e incomprensible. ¿Aprobado con menos de un 5? Pues sí, porque cumple los requisitos de titulación, o al menos así se explicará en el título de la ESO junto a una calificación inferior a 5.

¿Cómo se ha llegado hasta aquí? Vamos por partes. El texto original de la LOE de 2006 era claro y generoso en relación a los requisitos mínimos para obtener el título de ESO. Se podía aprobar con dos asignaturas suspensas, e incluso tres excepcionalmente “cuando el equipo docente considere que la naturaleza de las mismas no le impide seguir con éxito el curso siguiente, se considere que tiene expectativas favorables de recuperación y que dicha promoción beneficiará su evolución académica”.

La LOMCE tenía como objetivo loable elevar un poco la exigencia de la evaluación final en esta etapa. Tan sólo un poco. Por ello, y para obtener el título de secundaria, era necesario alcanzar dos calificaciones de 5. El primero en el examen externo, “la archifamosa y siniestra reválida” y el segundo 5 en la ponderación entre la nota media de la ESO y esa prueba externa en una relación de peso entre ambas del 70% al 30%, siendo el 30% para la calificación de la prueba externa, en este momento desvirtuada y relegada a una especie de limbo, pues no tendrá efectos académicos.

Después viene el lío. Otro más. Cuando se quiere reformar lo reformado por la LOMCE sin claudicar ante el formato LOE primitivo. Y, además, con la emoción añadida de hacer todos estos cambios con el curso empezado. Todavía, a estas alturas de mayo, sigue sin estar publicado en el BOE ese Real Decreto que modifica a la actual LOE-LOMCE vigente y su sistema de calificación para la obtención de ambos títulos. Llegará en el último momento, como el 7º de caballería.

Como dije antes, a la espera de que seamos rescatados de este atasco monumental por un Pacto de estado educativo, “largo me lo fiais”, los restos legislativos de la LOMCE zombi se han transformado en obstáculos que hay que esquivar para poder transitar en los centros educativos a la hora de tomar decisiones. El famoso 5 final de secundaria es de los más folklóricos.

El 5 es aprobado... raspado

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Un musulmán, una judía, una protestante y una católica se sientan para hablar de convivencia en PuntBCN

La convivencia entre las diferentes religiones es muy complicada. Por eso el foro de diálogo PuntBCN celebrado este fin de semana organizó una mesa redonda en la que se han sentado juntos un musulmán, una judía, una protestante y una católica para, según ha descrito Enric Vendrell, director general d’Afers Religiosos de la Generalitat de Catalunya, hablar “de lo que tenemos en común los creyentes y que puede ayudar a nuestra sociedad”.

Mohamed El Amrani, musulmán y presidente de la Asociación cultural Xarxa de Convivència de Roses, ha manifestado la necesidad de “que los ciudadanos de Cataluña seamos abiertos y podamos entender que nuestra sociedad es muy rica y diversa”. Porque, tal y como ha destacado Ada Castells, escritora de origen protestante, “las diferencias que encontré cuando salí de mi núcleo familiar y empecé mi camino en el mundo laboral me hicieron crecer y ser la persona que soy hoy”.

“Cuando tenía ocho años pensaba que todo el mundo era protestante. Mi familia lo era, iba a un colegio protestante y todas mis amigas lo eran, no fue hasta mucho después que descubrí que había gente diferente”, ha relatado Castells. Un descubrimiento que, según afirma ella, no fue algo negativo, sino que le aportó una riqueza que es lo que “ha hecho que ahora yo sea escritora”.

Moriah Ferrús, directora de culto de la Comunidad judía Atid de Cataluña, ha defendido que “todos los creyentes tendríamos que juntarnos para transmitir el mensaje que albergan nuestras creencias, que al final es el mismo”. Porque para Ferrús, “la divinidad es una, miremos como la miremos, y todos formamos parte de su proyecto que no es otro que el de mejorar el mundo; que cada noche cuando vayamos a dormir sea un poquito mejor que cuando nos hemos levantado”.

Para Anna Almuni, delegada del Apostolado seglar del arciprestazgo de Barcelona, esta comunión entre las diferentes religiones debe ser continua y diaria, “escuchando al otro tal y como yo quiero ser escuchado por él y poniéndome en su piel”. “Porque vivimos en una aldea global, pero el peso de la xenofobia sigue siendo muy grande”, ha reconocido Almuni. Precisamente por eso, para la delegada del Apostolado seglar, es necesario trabajar esa convivencia teniendo claro que “la diversidad solo se puede alcanzar descubriendo nuestra propia identidad”.

El pluralismo como una realidad diaria

Todos los ponentes han estado de acuerdo en que la pluralidad y la diversidad es un hecho en nuestra sociedad. Almuni ha relatado cómo en un instituto público en el que trabajaba “la diversidad era vivida día a día, teníamos un 90% de inmigrantes y yo llegué a tener una clase con un alumno de cada país”.

Un musulmán, una judía, una protestante y una católica se sientan para hablar de convivencia en PuntBCN

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La necesidad de expresar algo

Elena Santa María

A propósito de la lectura de un libro de Ponç Puigdevall, Imma Montsó escribía esto en La Vanguardia: "es particularmente sobrecogedor contemplar cómo sólo a través de la escritura se eleva el autor por encima del caos, del spleen y del infierno descarnado que describe. No usa otros recursos para sublimar la miseria". Escribir es lo que han hecho Antonio López Ortega y Pilar Rahola, en El País y La Vanguardia respectivamente.

El primero lo hace sobre la situación venezolana: "si antes el dolor se obviaba, ahora está sentado en el corazón de nuestra cotidianidad (...), el dolor se alimenta de los seres perdidos, de los hijos extraviados, de los hogares rotos, de los parientes enfermos, de los prójimos que mueren de hambruna, de los estudiantes alcanzados por una bala, de los jóvenes que emigran para siempre. El país es un gran desangre y todos nos abocamos a cerrar esas heridas, intuyendo que ya es un poco tarde (...). El peso de las ideas muertas, fosilizadas, que tanto inmovilizan, es un fardo que lo condiciona todo: desde la mesa en la que se come hasta la cama en la que se duerme". Y añade: "Con ellos marchan los otros, sus otros, los que ya no pueden marchar porque han muerto, han enfermado o se han ido. Esa resquebrajadura que cada quien lleva dentro de sí, es la que se ve en las imágenes que dan la vuelta al mundo. Son rostros recios, desmedidos, expectantes, temerarios, de marcas profundas porque ya no hay llanto (...). Estas imágenes terminales de duelo indican que en la Venezuela de hoy la sensibilidad está de un solo lado: de los que viven para que la vida recupere algún sentido".

Por su parte, Pilar Rahola describe así su experiencia del pasado lunes por la mañana: "De camino al Tallat party de Basté, oí la noticia del terrible accidente de un castillo hinchable que acabó con la muerte de una pequeña de seis años. Era lunes y el día prometía noticias ruidosas: el resultado de las francesas, el paseíllo por el TSJC de Forcadell y Somí, la última cruzada del Estado español contra las urnas catalanas... la ensalada de siempre. El cerebro se disponía a imaginar las respuestas a las cuestiones del día y la inercia del lunes empujaba el coche hacia su meta, pero el relato de la tragedia paró en seco la mañana. Una niña de seis años, un castillo hinchable, un día de fiesta, una explosión, la muerte inesperada... Y a pesar de que el día continuó, inflexible en su tictac, y las noticias previstas deambularon por el micrófono, ávidas de alguna idea sugerente, y todo pasó como si fuera un lunes cualquiera, a pesar de todo, el alma quedó en suspenso, ahí, en ese castillo hinchable, en esa familia rota, en esa niña de purpurina y miel que, zas, se fue". Añade más adelante: "No pensaba hacer este artículo. Me dije: ‘¿Qué voy a escribir?’ (...) Pero al rato, buf, vuelve el impulso, la necesidad de expresar algo".

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La necesidad de expresar algo

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>Entrevista a Jordi Bosch

'Queremos quitar muros, vivir expuestos'

P.D.

Este fin de semana se celebra en Barcelona PuntBCN. Una de sus mesas redondas estará dedicada a las iniciativas de solidaridad. Moderada por Jori Bosch, director del banco Farmacéutico, estará dedicada a la “audacia y el realismo”. Bosch explica que “realismo y audacia van de la mano para poder ayudar a las personas que tienen que escoger entre comer o medicarse”.

Modera una mesa redonda en el PuntBCN sobre la colaboración entre el Tercer Sector, las Administraciones Públicas y la empresa. ¿Por qué este tema tiene cabida en el PuntBCN?

Porque en Punt BCN queremos quitar muros, vivir expuestos, fuera de los propios bastiones existenciales, desplazarnos a la periferia del otro, donde es posible el encuentro bello y desarmado. La experiencia en el Banco Farmacéutico ha sido un claro recorrido en esta dirección. Queremos explicar esta experiencia como esa posibilidad.

¿Por qué han querido titular el encuentro "Entre la audacia y el realismo"?

Porque respondiendo a la realidad de la pobreza farmacéutica que las trabajadoras sociales nos mostraban en una relación donde la persona y su necesidad estaban en el centro, nos dimos cuenta de que podíamos establecer de manera audaz un método, una experiencia que respondiese a esa situación. Realismo y audacia de la mano para poder ayudar a las personas que tienen que escoger entre comer o medicarse. De ahí ha surgido una relación de amistad con los diferentes protagonistas: trabajadoras sociales, personas de la Administración, de la empresa privada, etc. Queremos promover una cultura colaborativa entre personas de distintos ámbitos de la sociedad, que dé respuesta a la pobreza farmacéutica.

Usted dirige el Banco Farmacéutico. ¿Qué experiencia tiene de esta colaboración?

La figura de Director del Banco Farmacéutico es de hace un año, el tiempo que llevo en el Banco Farmacéutico. Como experiencia solo puedo decir que el deseo que tengo en el corazón se ve colmado por esta labor. Es una experiencia de gratuidad que responde plenamente a mi deseo. Poder presentar el Banco desde el origen, sin quitar nada de la gratuidad que nos hace nacer, es algo realmente precioso.

Catalunya tiene un amplio Tercer Sector. A menudo la Administración piensa que el Tercer Sector es subsidiario del Estado. Pero el principio de subsidiariedad clásico da el protagonismo a la sociedad. ¿Tenemos dificultad para entender el orden de los factores?

Tantas veces hay una dificultad en entender esto. Después de una larga experiencia como administrador en colegios concertados en Catalunya, he visto claramente esta dificultad. En ese camino, en el que he conocido CL, he visto cómo el método educativo era fundamental para poder entender de dónde podíamos partir, en esa perversión ideológica. Ya no es tanto una relación entre Administraciones y Tercer Sector; se trata de una relación entre personas que ponen en el centro a la persona y su necesidad. A partir del encuentro personal, la barrera ideológica sobre la concepción del principio de subsidiariedad cae, y la propuesta es otra. El principio de subsidiariedad tiene en cuenta la dignidad, libertad y diversidad de la sociedad y, por encima de todo, su capacidad para contribuir al bien común. En este sentido, el trabajo colaborativo desde diferentes ámbitos, público y privado, es la manera más eficaz y eficiente para dar soluciones a problemas sociales.

>Entrevista a Jordi Bosch

'Queremos quitar muros, vivir expuestos'

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¿Todo se viene abajo?

Elena Santa María

Durante una estancia en Buenos Aires con motivo de la feria del libro, Almudena Grande escribía esto en El País: "Qué bien, pienso solamente, qué gusto, y de repente, me acuerdo de mi teléfono móvil porque hace muchas horas que no lo veo. Se habrá descargado, pronostico, pero no, cuando lo saco del bolso le queda mucha batería. Y entonces lo entiendo, comprendo mi bienestar, esta inesperada alegría. Porque desde que llegué no he sabido nada de la Operacion Lezo, de la familia Pujol, de la Púnica, de la Gürtel, del fiscal Anticorrupción, de la Audiencia Nacional, de la cárcel de Soto del Real. La pestilencia de España no es lo suficientemente poderosa como para cruzar el océano, desde aquí no escucho el crujido que anuncia que tantas cosas se están viniendo abajo". Esta la sensación; que todo se está viniendo abajo.

Primero Europa, pendiente de los resultados de las elecciones francesas. En este marco, escribe Pilar Rahola en La Vanguardia: "la cuestión es saber cómo hemos llegado a esta situación, (...) añado la convicción de que Europa sufre un naufragio de valores que la ha dejado sin sentido profundo. Si la Europa del siglo XX murió en Auschwitz, la del XXI agoniza a las puertas de Turquía, en las playas de los niños muertos, en las rutas fallidas de los refugiados. Es una Europa sin ala, vendida a los intereses cortoplacistas, que deja a la ciudadanía sin referentes éticos. Y, ante el vacío de Europa, los ciudadanos retornan al relato interno. Es la defensa ante el desconcierto, el miedo ante la incerteza, el búnquer ante la amenaza". El antropólogo David Le Breton, francés, en un artículo de Analía Iglesias en El País, utiliza esta idea para explicar las conductas peligrosas de los jóvenes europeos, que van desde beber sin medida hasta enrolarse en ejércitos islámicos. "En el mundo contemporáneo, cada uno está librado a sí mismo: hay que inventar el propio camino y decidir permanentemente nuestros valores".

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Respetar, defender y promover la vida humana y la familia natural

Nicolás Jouve

Vivimos una etapa muy curiosa en la que la imaginación y el deseo de satisfacer las necesidades o los caprichos superan a la realidad y a la lógica de lo que es o no es, o de lo que se debe o no se debe hacer.

En el campo de la ciencia y su derivada aplicada, la tecnología, todo tiene un orden y una lógica, y hay equipos de personas y especialistas trabajando rigurosamente para generar conocimientos e innovación. Esto es necesario y bueno para el desarrollo tecnológico y el aprovechamiento de la sociedad y para contribuir a aumentar el bienestar de muchas personas… Pero para que los descubrimientos científicos lleguen del laboratorio a la calle hay que pasar antes por una valoración ética y un análisis sobre la conveniencia de una nueva aplicación, en términos de unos valores de respeto a la dignidad humana, pues no todo lo que técnicamente es posible es éticamente aceptable. En noviembre de1970 el papa emérito Benedicto XVI dirigió un memorable discurso en Roma, en la sede de la FAO, con ocasión de su 25º aniversario en el que dijo que «los progresos científicos más extraordinarios, las proezas técni¬cas más sorprendentes, el crecimiento económico más prodigioso, si no van acompañados por un auténtico progreso social y moral, se vuelven en definitiva contra el hombre».

Un ejemplo patente de la irresponsable precipitación con la que se desarrollan los usos y las tecnologías que impulsan el desarrollo industrial es el no exigir medidas suficientes para evitar la degradación de la tierra, de sus bosques naturales, la contaminación de las aguas, el suelo y el aire, hasta haber llegado a una situación de riesgo para la naturaleza y con ello de la misma humanidad como consecuencia de un cambio climático difícil, aunque no imposible, de controlar. En este sentido, el papa Francisco en su encíclica Laudato Si’ sobre el cuidado de la casa común dice que «si nos acercamos a la naturaleza y al ambiente sin apertura al estupor y a la maravilla, si ya no hablamos el lenguaje de la fraternidad y de la be¬lleza en nuestra relación con el mundo, nuestras actitudes serán las del dominador, del consumi¬dor o del mero explotador de recursos, incapaz de poner un límite a sus intereses inmediatos».

Respetar, defender y promover la vida humana y la familia natural

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Industria vs. internet, la nueva lucha de clases

Robi Ronza

En el mundo desarrollado se está dibujando el cuadro de un conflicto histórico que, por su peso y sus dimensiones, resulta análogo al que se dio entre capital y trabajo en los siglos XIX y XX. Se enfrentan dos alianzas. Por un lado, la que gira en torno a los dueños de internet, la web y todos sus servicios, con los nuevos monopolios y centros de poder multinacional que derivan de ahí. Por otro, la masa de aquellos que viven de la manufactura, los productos, el arte en el sentido más amplio de la palabra, el viejo y nuevo artesanado. En definitiva, todo aquello que implica la materia y presupone la estabilidad en todas sus formas, materiales o inmateriales. Junto a esta masa está también el ejército de personas desempleadas, subempleadas y jóvenes sin perspectivas en el futuro que el primero de ambos bloques está creando en todos los países de la antigua industrialización.

Es un fenómeno que la reciente campaña presidencial norteamericana ha puesto en evidencia, dedicándole por primera vez relevancia política. Todas las multinacionales de la red, de Google a Microsoft, Facebook y todos los grupos que fabrican ordenadores, teléfonos móviles, etcétera, se han movilizado abiertamente contra Trump. No es algo nuevo, desde siempre el gran capital en Estados Unidos, como en todas partes, ha tenido sus preferencias políticas. Sin embargo, hasta la última campaña presidencial estas preferencias consistían en ayuda material, pero nunca en abiertas declaraciones de apoyo. Para confirmar el hecho de que ahora estamos ante un cambio de época, el año pasado vimos por vez primera a los grandes grupos industriales participando como tales en la campaña electoral, situándose en contra de uno de los candidatos.

Es el choque de dos modelos productivos. Pero la cuestión no es solo económica, aunque supone el reflejo de dos visiones distintas del mundo. Está claro que el actual y gigantesco progreso de las tecnologías de información y comunicación, las llamadas TIC, participan hoy en cualquier actividad humana. Por tanto, la diferencia entre ambos modelos no consiste en el uso o no de las TIC sino en el papel que se les asigna, si constituyen un medio o un fin, si conservan su papel de servicio o si se convierten en centro de la experiencia humana.

A grandes rasgos, el primero de estos dos modelos se basa en la proyección, comercio y control monopolístico de los sistemas telemáticos y todas sus posibles aplicaciones, ofrecidas de manera indiferenciada en un mercado global que ya equivale actualmente a casi la mitad de la población mundial y que tiende a alcanzarla entera. Este sector da empleo relativamente a poquísima gente, muy bien pagada, a la que se le pide no pensar en otra cosa y ser totalmente ajena a cualquier punto de vista. Un mundo cuya representación gráfica puede ser Silicon Valley. Eso explica por qué los grandes de este mundo y sus fundaciones son portaestandartes, grandes financiadores y promotores de cuestiones como la banalización del aborto, la filosofía de género y todo lo que pueda ser útil para la transformación de la humanidad en una masa indiferenciada de consumidores privados de todo vínculo, idealmente sin familia, sin tierra, sin identidad, sin fe, sin pasado y a fin de cuentas también sin futuro. Es la gélida paz, por otro lado imposible, que cantaba John Lennon en su famosa “Imagine”.

Teniendo bajo control monopolístico a nivel planetario la producción, el desarrollo y la venta de sistemas y aplicaciones, según este modelo todo lo demás se puede hacer y comprar donde cueste menos y, mientras cueste menos, dispuestos a desplazarse en cualquier momento allí donde convenga, dejando aquí y allá fábricas vacías y gente sin trabajo. Es una máquina que avanza por el mundo como una apisonadora gigantesca que tiene por delante masas cada vez más escasas de jóvenes que se entregan con la esperanza de ser invitados al banquete, como productores o bien solo como consumidores, y por detrás masas cada vez más grandes de gente de todas las edades explotada y abandonada. La globalización es una realidad de hecho, por lo que no se puede prescindir de ella. Pero hay que gobernarla. Trump quizás no sea la solución, pero tiene el mérito de haber planteado el problema. Por eso ha ganado las elecciones, a pesar de la campaña contra él de casi todo el periodismo norteamericano, que cree estar triunfalmente por encima de la apisonadora cuando me temo que en cambio ya está entre sus ruedas.

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Pacto Educativo. ¿Ahora sí?

Antonio Amate

Muchos pensamos que un Pacto Educativo en España sería un gran avance para el interés general de todo el país. Y si es necesario alcanzar un Pacto es porque existe un conflicto o, mejor dicho, una colección de conflictos que impiden, distorsionan y dificultan el objetivo principal del sistema escolar: el éxito académico y personal del alumnado, o al menos de una gran mayoría.

Nuestro sistema educativo (sin contar las 83 universidades) es una inmensa maquinaria que presta servicio a más de 8 millones de alumnos, con 670.000 profesores y cerca de 27.000 centros educativos, sobre el que se toman decisiones en 18 cuarteles generales y cuyos resultados son bastante dispares, tal y como se desprende del último Informe Pisa 2016. Esto no es Finlandia. La gestión de este gigantesco edificio escolar es compleja por sus dimensiones, por la multiplicación de modelos y realidades (18 subsistemas en la práctica) y más compleja aún por las tensiones que genera el pulso permanente que sostienen las dos visiones mayoritarias de la educación de nuestro país en su intento de imponerse: la socialista-progresista y la liberal-conservadora.

Este Pacto no es un asunto fácil, sobre todo si recordamos experiencias pasadas, aunque no quiero decir con ello que sea imposible culminar la negociación algún día con éxito. Los programas de los partidos políticos en los últimos procesos electorales –y también el habitual de las organizaciones sociales– contienen modelos sobre educación muy distantes, incluso opuestos. Por poner un ejemplo de constante actualidad, tenemos el caso de los conciertos educativos. En un extremo están quienes pretenden simple y llanamente su desaparición, sin contemplaciones. En medio, quien los considera subsidiarios de la escuela pública o quien los define como complementarios atendiendo a la demanda social. En el otro extremo, apostando también por la supresión de los conciertos, quien apuesta por la fórmula del “cheque escolar” como financiación directa a las familias.

Si observamos la información que se genera en relación a la cuestión educativa en nuestro país, podríamos determinar con facilidad los temas más polémicos, que suscitan los debates más enconados, y que son los mismos desde hace ya 40 años: “La coexistencia de la red pública con la red concertada (y en los últimos años, una derivada de la anterior sobre el concierto de la enseñanza diferenciada –la mal denominada segregación por sexos–); la distribución territorial de las competencias, con el tema estrella del debate lingüístico; la cuestión de la laicidad y la presencia de la asignatura de religión en el currículo; la comprensividad del sistema escolar (la llamada clasificación y selección temprana del alumnado y el encaje entre la vía formativa académica y la vía formativa profesional –FP–); y, por último, y como conclusión de todos los temas anteriores, está el problema de la financiación pública de la educación”.

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>Entrevista a Francisco Romo

«Solo es posible educar si partimos de nuestras preguntas. El drama es que hoy no se escucha»

Carlota Fominaya

«Si hay algo que define la relación del hombre con el mundo es su capacidad de preguntar, de mantener viva la curiosidad y estupor frente a las cosas. Esto es lo único que nos libra de todas las respuestas parciales e ideológicas», afirma Francisco Romo, director del Colegio San Ignacio de Loyola de Torrelodones. Y por eso también para este doctor en Humanidades y licenciado en Sociología y Filosofía, «solo es posible educar si partimos de nuestras preguntas, porque expresan el interés del hombre por lo real y la posibilidad de encontrar una respuesta satisfactoria».

Romo ha sido el encargado de dar el pistoletazo de salida al Ciclo de Conferencias 2017 de la Fundación Botín. Esta organización celebra por segunda vez estas jornadas que buscan convertirse en un espacio para pensar y debatir sobre la Educación, en mayúsculas. Tras una primera cita en 2016, donde se pusieron en valor la figura del profesor, la del alumno y de su entorno, y algunos de los contenidos que pueden formar parte de la educación que la sociedad está buscando, «este año es el turno de trabajar con otros valiosos ingredientes como el arte, la curiosidad, el silencio, el entusiasmo y el fracaso, entre otros. Porque estamos convencidos de que la educación que queremos es posible hoy», afirman.

Usted asegura que la educación hoy está sometida al pragmatismo. ¿Qué quiere decir con esto?

Parece que hoy lo importante, a la hora de educar a los niños, es hacer muchas cosas. Y en muchas ocasiones ni se pregunta el sentido de por qué las hacen, lo cual es terrible, como si fuera el mero hecho de hacer lo que le da sentido, cuando siempre es al revés. El hombre, si no piensa antes lo que hace, está perdido, porque termina pensando según hace. O peor aún, siendo borrego de los que han decidido lo que tenemos que hacer.

¿Qué le parece el momento actual en la educación y cuál es el mayor reto al que nos enfrentamos?

Estamos en un momento interesantísimo para educar, donde se hace cada vez más evidente que el centro es la persona. La tentación es reducir la educación a futuro, a preparar a los niños para el mercado de trabajo, que evidentemente hay que hacerlo, o reducir la educación a la socialización, a hacer buenos ciudadanos, que es otra de las tentaciones. Cuando el verdadero centro de la educación es hacer emerger toda la capacidad que la persona tiene dentro. Y esto es lo fundamental. El tema es cómo se consigue. Cuáles son los distintos métodos que se pueden promover. Lo bueno ahora mismo es que hay una pluralidad de métodos donde elegir, aunque también es verdad que dominan las modas. Se ponen de moda las inteligencias múltiples, todo el mundo las trabaja. Luego se pone de moda la inteligencia emocional, y todo el mundo trabaja la inteligencia emocional... En parte todo tiene algún valor, como decía Chesterton, que apuntaba que toda mentira tiene una parte de verdad. Pero hay que saber sacar la verdad de las cosas.

¿Cuál es el sentido del profesor en un mundo lleno de instrumentos conectados a internet?

>Entrevista a Francisco Romo

«Solo es posible educar si partimos de nuestras preguntas. El drama es que hoy no se escucha»

Carlota Fominaya | 0 comentarios valoración: 3  175 votos
>El Kiosco

Nosotros y ellos

Elena Santa María

Esta semana Reino Unido ha activado el artículo 50 del Tratado de la UE, dando así comienzo al proceso que le llevará a salir de la Unión, un proceso que se prevé duro y doloroso para ambas partes. Aquí en España, el Tribunal Supremo ha inhabilitado a Francesc Homs, quien al marcharse se declaró feliz por haber defendido la voluntad de los catalanes. Mientras tanto, siguen llegando oleadas de refugiados a nuestras costas. El martes, El Periódico publicaba un artículo de Ernest Alós sobre Pietro Bartolo, el único médico de la isla italiana de Lampedusa. "En su opinión -la del médico- la indiferencia con la que responden los ciudadanos y las instituciones europeas al drama de los refugiados es ‘peor que la inacción ante el Holocausto, porque en este caso sí que no podemos decir que no sabemos nada, porque está sucediendo todo delante de nuestros ojos, lo sabemos todo y tenemos una responsabilidad enorme, que será una mancha en nuestra conciencia por toda la eternidad’. Bartolo es consciente de que su papel es el de primeros auxilios, curar, y aún antes que eso dar calor humano, ‘que vean que llegan a un país donde no les harán daño’".

En estos ejemplos hay un nosotros y un ellos, cada vez más distanciados entre sí. En una columna sobre el odio en nuestras sociedades, publicada por El País, Adela Cortina dice: "el derecho al reconocimiento de la propia dignidad es un bien innegociable en cualquier sociedad que sea lo bastante inteligente como para percatarse de que el núcleo de la vida social no lo forman individuos aislados, sino personas en relación, en vínculo de reconocimiento mutuo. Personas que cobran su autoestima desde el respeto que los demás les demuestran. Y, desde esta perspectiva, los discursos intolerantes que proliferan en países de Europa y en Estados Unidos están causando un daño irreparable. Por sus consecuencias, porque incitan al maltrato de los colectivos despreciados, y por sí mismos, porque abren un abismo entre el ‘nosotros’ de los que están convencidos equivocadamente de su estúpida superioridad, y el ‘ellos’ de aquellos a los que, con la misma estupidez, consideran inferiores".

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Nosotros y ellos

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>Entrevista a Francisco Igea, portavoz de Sanidad de Ciudadanos

'La gente quiere vivir'

Fernando de Haro

La semana pasada el portavoz de sanidad de Ciudadanos protagonizó un provocativa intervención en el Congreso al oponerse al proyecto de ley de muerte digna de Podemos.

Hablamos con él.Ha dicho usted en el Congreso que en España se muere mal. ¿Por qué?

En España se muere mal porque se sigue muriendo con dolor innecesario, con sufrimiento innecesario, y se sigue muriendo mal porque muchos de nuestros ancianos siguen muriendo atados, bajo toneladas de neurolépticos… Se sigue muriendo mal por muchas cosas que los que tenemos experiencia en estos asuntos sabemos que, a pesar de que se ha mejorado y la gente sabe lo que es la sedación y reconoce sus derechos, la verdad es que todavía en muchos casos se ven cosas como una habitación de tres con una mujer muriéndose por un cáncer avanzado, una enfermera que tiene que atender a treinta botones… La Sociedad de Cuidados Paliativos y nosotros creemos que es urgente realizar un cambio en esto.

Decía usted que también se muere mal por falta de información, porque no se le explica al paciente en qué situación está. ¿Usted cree que hay que informar exhaustivamente de que estás en los últimos días de tu vida?

Yo creo que todo lo que tenemos en esta vida es tiempo y que decidir cómo manejas tu tiempo es muy importante. Hemos tenido una cultura muy paternalista desde el punto de vista de la medicina. Yo soy hijo, nieto, bisnieto y padre de médicos y he vivido todo ese cambio.

¿En qué ha consistido ese cambio?

La gente no sabe que cuanta más información das, cuanto más acompañas a los enfermos en la realidad, mejor se aceptan las cosas. Yo siempre pongo un ejemplo que es un poco burdo, pero a mí me sirve y siempre se lo ponía a los pacientes: todos tenemos una fecha de caducidad; la única diferencia entre tú y yo es que a ti te han levantado la tapa y te la han enseñado. Esa es la diferencia, y es una diferencia importante porque la gente en esos tiempos decide cosas, decide despedirse de una manera, decide organizar su tiempo. Aunque parezca durísimo, yo tengo recuerdos terribles de gente de mi edad y más joven a los que he tenido que decirles que les quedaban seis meses y después de fallecido han venido familias a verme para darme las gracias por decírselo por cómo cambiaron las cosas y por cómo tuvo ocasión de afrontar el asunto de manera diferente.

Usted decía que el proyecto de ley de Unidos Podemos era una ley para pocos porque la gente quiere vivir.

>Entrevista a Francisco Igea, portavoz de Sanidad de Ciudadanos

'La gente quiere vivir'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  193 votos
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Generación millennial

Elena Santa María

A los nacidos entre 1982 y 2004 nos llaman la generación millennial. Nacimos en años de prosperidad pero al llegar a la veintena nos hemos encontrado con la crisis. La Fundación Porcausa habla de nosotros como "el colectivo de los sueños rotos". Javier Ayuso, en un artículo para El País afirma que los millennials se ven a sí mismos "como una generación perdida en el camino entre dos mundos”. Como decía una joven millennial de forma gráfica esta misma semana en un conocido programa de radio: "Somos una generación de transición. Somos la última en muchas cosas y la primera en otras tantas. Estamos entre lo viejo, que no acaba de morir, como el papel o el bipartidismo, y lo nuevo, que no acaba de nacer. Una generación que compra las entradas de cine en Internet y luego las imprime". En esa incertidumbre, "Vivir la vida" es una frase que repiten cuando les preguntas a qué aspiran. Para Elías Rodríguez, de 25 años, esa expresión se resume en "tener un buen sueldo trabajando poco". Amalia Barrigas, de la misma edad, es más contundente: "La generación millennial aspira a vivir la vida, pero porque creo que no tiene ni puta idea de lo que es la vida". Esta sensación la explica bien Leila Guerriero, también en El País, cuando habla de sus deseos de la infancia. Ella quería ser como la "gente que andaba por ahí sin más rumbo que la inmensidad, que no se quedaba nunca en ninguna parte, que no tenía más patria que la de su sombra, más ansia que la de partir".

Con esta incertidumbre, este no saber a dónde ir, miramos a nuestro alrededor, a lo que nos ofrece la sociedad. Desde Suecia, un país referente en muchos aspectos, nos llega la "teoría sueca del amor", con dos ingredientes: independencia y soledad. Inma Monsó nos pone algunos ejemplos en La Vanguardia: "una clase de sueco para refugiados procedentes de Siria y Eritrea. La profesora les recuerda que respondan con monosílabos: los suecos son poco comunicativos. Los alumnos se quejan de la falta de inmersión lingüística: no pueden practicar por falta de suecos dispuestos a conversar. Otra escena: como los bosques en Suecia son inmensos y los suecos pasean solos, cada semana se pierden montones de ellos. De modo que se organizan grupos de buscadores (sólo un alto concepto del civismo logra agrupar a los suecos) que hacen batidas los fines de semana". Más adelante cita a Bauman: "La independencia, dice, ‘es cómoda y por tanto adictiva: cuando la tienes quieres más y más’ (bueno, no podemos olvidar que Bauman ha sido el filósofo de la modernidad líquida y también que de¬sarrolló una interesante teoría del temor al vínculo y al compromiso). Luego Bauman nos invita a preguntarnos sobre el papel del Estado de bienestar en este malestar individual. ¿Debemos concluir que las cotas de bienestar social alcanzadas por los suecos son en parte responsables de este estado de cosas? ¿O que el bienestar social impecable al que tan ávidamente aspiramos los países del sur ha de desembocar necesariamente en la soledad y, por tanto, en otro tipo de malestar aún más insidioso que el de la miseria?".

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Generación millennial

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Ayudemos a los migrantes en su casa, ¿pero cómo?

Giorgio Paolucci

Desde hace doce años la Fundación de la Subsidiariedad publica la revista Atlántida, donde aborda temas de actualidad con una mirada abierta a las dimensiones del mundo entero. Les mueve una pasión y una curiosidad por la realidad y por todos los aspectos de lo humano, con el deseo de dar voz a la multiplicidad de culturas. Por eso el eslogan de la revista es “un mundo que hace hablar a otros mundos”.

En los últimos tiempos, han acentuado esta apertura de miras con una serie de números especiales dedicados a temas como la libertad religiosa —un bien universal amenazado en muchas partes del mundo—, las migraciones —turbador testimonio del cambio de época que estamos atravesando—, y la cooperación al desarrollo, un tema íntimamente conectado con el de las migraciones, aunque no se puede abordar desde una perspectiva que se agote en sí misma. Profesores universitarios, analistas, representantes de instituciones, responsables de ONG, voluntarios implicados sobre el terreno orecen análisis de fondo de carácter internacional y narran experiencias vivas en África, Oriente Medio y América Latina.

“Ayudémosles en casa” es un eslogan ampliamente repetido en muchas partes a propósito de este problema. Un eslogan que se puede usar como pretexto para no tener que afrontar la dramática actualidad de los flujos migratorios o evadir el deber de una acogida generosa y responsable a la vez, o bien como una indicación de método que invita a tener una mirada abierta, un enfoque amplio a la hora de afrontar los desplazamientos de millones de personas que salen de sus países de origen e intervenir con más eficacia en los desequilibrios entre el norte y el sur del planeta.

El debate sobre la eficacia de las ayudas, que no solo va ligada a su dimensión cuantitativa, se remonta a siglos atrás y vuelve a tomar actualidad comprensiblemente en tiempos de crisis económica. Hay tres críticas de fondo. La primera va unida al hecho de que a menudo las intervenciones sirven para resolver problemas específicos pero no hacen crecer al país receptor: es la llamada paradoja micro/macro. La segunda denuncia el riesgo de crear una dependencia endémica: cuando terminan las ayudas del proyecto, todo se queda parado. La tercera crítica apunta que la diseminación de las ayudas no contribuye a la formación de un sistema institucional local más eficiente en los países destinatarios, sobre todo a causa de la corrupción y el mal funcionamiento de sus gobiernos y administraciones públicas.

¿Qué hacer para que las ayudas resulten realmente eficaces? No existen recetas sencillas para problemas complejos, pero las soluciones propuestas —para ser eficaces— deben ir hasta el fondo de los problemas. Por ello, muchos expertos subrayan lo imprescindible que es adoptar un “enfoque participativo”, que favorezca el protagonismo de las poblaciones locales como principal motor del desarrollo, y que incentive el diálogo entre todos los actores en juego: instituciones internacionales, donantes, ONG.

Un desarrollo auténtico se realiza dentro de un proceso relacional, la persona descubre su propia identidad y sus potencialidades, propias y de la comunidad a la que pertenece, mediante el encuentro con otras personas: al sentirse afirmada, querida y amada, toma conciencia de su propio valor, se redescubre a sí misma y recupera su capacidad para implicarse en iniciativas nuevas.

Ayudemos a los migrantes en su casa, ¿pero cómo?

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Pacto de Estado por una mejor Función Pública española

Francisco Medina

El Gobierno resultante de las elecciones generales celebradas en 2016, tras arduas negociaciones, ya está constituido desde hace algo más de dos meses. Los ministros ya están nombrados, pero está todo muy en el aire. Aparentemente, con el Real Decreto 415/2016, de 3 de noviembre, y el Real Decreto 424/2016, de 11 de noviembre, todos los Departamentos Ministeriales están creados, pero lo único que se está moviendo es el traspaso de funciones y competencias que han de sufrir algunos de los Ministerios que han sufrido una reestructuración mayor, como son el caso del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad –cuyo titular es Luis de Guindos– y el del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital –capitaneado por Álvaro Nadal, antiguo director de la Oficina Económica y Presupuestaria de Presidencia del Gobierno–. Algún cambio menor en los Ministerios de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente y en el Ministerio de Hacienda y Función Pública, al que se ha desgajado la parte relativa a las relaciones con las Administraciones territoriales para engarzarla en la Vicepresidencia del Gobierno, cuya titularidad la ostenta Soraya Sáenz de Santamaría. En el fondo, ha cambiado todo y no ha cambiado nada.

Y poco más. Han pasado más de tres meses desde el acuerdo alcanzado entre el PP y C´s, abstención mediante del PSOE –tras la salida de Pedro Sánchez– para la formación de Gobierno y no se está haciendo más que tramitar algunos proyectos de Reales Decretos de estructura orgánica básica, como el del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte; mientras las negociaciones que se están llevando a cabo entre los Ministerios de Luis de Guindos y Álvaro Nadal en orden al traspaso de las competencias y los medios materiales y personales aún no han concluido. Nada es seguro, quizá porque aún se está a la espera de la aprobación de los Presupuestos, hecho que no es posible dar por descontado, a la vista de la incertidumbre del resultado de las elecciones primarias que tendrán lugar en el seno del PSOE por el mes de mayo: el fantasma de Pedro Sánchez –a quien muchos creían políticamente muerto– asoma de nuevo.

Por un lado, es cierto que, en este contexto de incertidumbre, resulta muy difícil tomar decisiones políticas y legislativas de cualquier calado. Las mayorías absolutas, como las que se han dado en España, pueden constituir una especie de rodillo o apisonadora para adoptar medidas que pueden ir contra el interés común de todos los españoles, pero también han proporcionado una estabilidad que ha permitido el funcionamiento de las instituciones y la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, con las dotaciones necesarias para la formulación y ejecución de políticas públicas en materia de sanidad, educación, I+D+i, seguridad ciudadana, defensa, energía, medio ambiente, telecomunicaciones y demás. Es obvio que este tipo de escenarios ya han pasado a la historia.

Pacto de Estado por una mejor Función Pública española

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Fillon no se mueve

Robi Ronza

Una gran manifestación de solidaridad y apoyo en París ha vuelto a colocar en buena posición a François Fillon, el candidato republicano a las elecciones presidenciales francesas del próximo 23 de abril, con segunda vuelta el 7 de mayo. Fillon estaba contra las cuerdas por la noticia publicada el pasado mes de enero por el histórico semanario satírico Le Canard Enchaîné, según el cual había asignado dinero público para pagar un sueldo como asistente a su mujer, Penelope. Más allá del propio asunto, que se puede considerar inoportuno aunque no ilícito según la legislación francesa, a muchos disgustó que Fillon y su esposa comentaran la noticia desde el principio con declaraciones reticentes y confusas. Habría sido mejor que lo admitieran desde el principio aduciendo las justificaciones que solo después ofrecieron.

Sobre este episodio, la mayor parte de la prensa francesa que le es hostil montó inmediatamente una gran campaña que le costó la pérdida de muchos apoyos. Aunque de momento parece obvio que la candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen, ganará la primera votación pero sin alcanzar la mayoría absoluta, los demás siguen en liza por el segundo puesto. De hecho, se cree que un candidato capaz de recoger gran cantidad de votos podría vencer en la segunda vuelta a Marine Le Pen. Hasta que llegó el scoop de Le Canard Enchaîné, Fillon tenía el segundo puesto en el bolsillo, pero luego se vio superado por Emmanuel Macron, exministro del gobierno socialista de Manuel Valls, que se presenta con un programa definido como “de centro”. No por el apoyo del partido socialista, que alcanza mínimos históricos tras el fracaso político del presidente saliente François Hollande, sino por el de una nueva organización, En Marche!, creada ad hoc para apoyarlo.

El éxito de la manifestación de apoyo a Fillon –que congregó el domingo a una multitud de al menos cuarenta mil personas en la monumental plaza del Trocadero– hace pensar que la partida todavía sigue abierta. Fortalecido por este apoyo popular, Fillon resiste ante los que desde dentro de su partido querían que se retirara. Para dibujar un cuadro claro de lo que está en juego, es importante tener en cuenta un elemento sistemáticamente censurado por los grandes medios: Fillon es un católico explícito y consciente, mientras Macron es un “laico” cercano a posiciones más radicales que las socialistas de Manuel Valls, inscrito desde hace tiempo a una logia masónica del Grand Orient de Francia.

Fillon no se mueve

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Solo las atributivas son verdaderas

Fernando de Haro

Han corrido ríos de tinta durante los últimos días sobre dos sucesos que se han producido de forma casi simultánea. Todo el mundo ha opinado ya sobre el autobús que ha recorrido Madrid con afirmaciones sobre la identidad sexual, afirmaciones que el colectivo LGTB ha percibido como ofensivas y contrarias a su dignidad. Como también todo el mundo ha tomado postura ante la gala que ponía final a los carnavales de Gran Canaria. En ella uno de los concursantes ha utilizado la figura de la Virgen y de Cristo para hacer una parodia, lo que ha sido percibido por los cristianos como una ofensa.

Los dos casos van más allá de la anécdota. Son ejemplo del creciente conflicto propio de las sociedades plurales. Conflicto entre libertad de expresión y derecho a que la propia identidad no sea ofendida. El contenido de los dos casos es bien diferente pero los dos supuestos tienen puntos en común y nos ayudan a entender los grandes retos que tenemos por delante. El reto de la vida en común y el reto de encontrar un modo de afirmar la verdad que no la descalifique (a la propia verdad, se entiende).

Un análisis sosegado sobre el contenido de los dos gestos nos llevaría a concluir que no son de la misma naturaleza. Pero está claro que estamos, en los dos supuestos, ante la colisión entre dos derechos fronterizos (libertad de expresión/identidad). Nuestras sociedades democráticas y plurales han evolucionado de un modo muy rápido. Las evidencias compartidas que no había que discutir han ido desapareciendo y el espacio de lo que pacíficamente y objetivamente se reconoce como un bien es cada vez más reducido. Por eso las fronteras entre derechos son cada vez más ásperas.

El artículo 10.2 de la Convención Europea de Derechos Humanos (1950) establecía que la libertad de expresión tiene como límite la moral. Una afirmación que casi 70 años después exigiría un debate sobre qué afirmaciones morales son compartidas. La moral no es derecho y siempre pasa a través de la libertad. A buen seguro que el caso Handyside versus Reino Unido sobre el Libro Rojo del Cole (colisión libertad de expresión/tutela de la infancia) no provocaría hoy la misma sentencia que en los años 70.

El Tribunal Supremo se ha pronunciado recientemente delimitando qué puede ser considerado delito de odio en los casos de enaltecimiento del terrorismo. Pero en otros supuestos no está tan claro cómo definir las fronteras. El delito del “hate speech” se introduce en el Código Penal en la reforma de 1995. Se define como el hecho de promover “odio, hostilidad, discriminación o violencia” (...) “por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de género, enfermedad o discapacidad”. La jurisprudencia es zigzagueante al aplicar el tipo penal porque estamos ante el problema de evaluar un sentimiento y no una conducta. El mismo problema generan los delitos por ofensa a los sentimientos religiosos (caso Rita Maestre).

Solo las atributivas son verdaderas

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La pregunta del millón

Elena Santa María

En esta semana cargada de polémicas ha sucedido un hecho -igual de mediático- que nos ha dejado desarmados. La muerte de Pablo Ráez, en el fin de semana de carnaval, nos quitó la máscara de golpe. Dice Antoni Puigverd en La Vanguardia que "todos vamos dando vueltas y cambiando de máscaras cada vez más deprisa, incapaces de parar, aterrorizados por la idea de parar y contemplarnos en el espejo tal cual somos". El sábado, al menos por un instante, tuvimos que hacerlo.

Esta semana las páginas de la prensa se han llenado de artículos sobre la enfermedad. Cito dos: escribe Leila Guerriero en El País sobre una visita al hospital: "Cuántos de nosotros vendremos a este lugar buscando la superstición del antibiótico, la destreza de la radiografía, y saldremos muertos. Ya no camino tan altiva por aquí. Hubo un tiempo en que lo hice: un tiempo en que fui más potente que los médicos potentes. Ahora solo veo una máquina de enmascarar la muerte (pero quizás es mi imaginación, esa forma atroz del infortunio). Abro la puerta del cuarto 2012. Y lo veo. La soberbia no muere por el paso del tiempo. Muere cuando ves aquí, en este sitio, a quien fue tu par, tu compañero, tu pequeño amor durante los —pocos— años en los que fuiste inocente”. Por su parte, Inma Monsó afirma en La Vanguardia: "Hoy, cuando una sentencia de mal pronóstico cae sobre una familia, la enfermedad se apodera de la totalidad de la vida y apenas nos deja margen para respirar el aire del presente. Saturados de información, internautas ávidos, usuarios de una sociedad sobremedicalizada, hace mucho que perdimos la posibilidad de ser ingenuos ante la enfermedad como solo un niño puede serlo".

Vivimos tiempos en los que reconocer el bien que supone el otro no es natural. Pedro Simón, en El Mundo, describe así a los españoles: "El deporte nacional ya no es tanto hablar mal de paisaje que es España, sino despellejar cada mañana a un español en concreto y almorzárselo crudo. Si por norma hablas mal de tu vecino, si por norma te cebas en bajito con algún compañero del trabajo, si casi siempre le gritas al futbolista de tu equipo que no llega al balón...". Recientemente Pilar Rahola ha presentado una novela, y aprovecha la ocasión para explicar en La Vanguardia por qué escribe: "la literatura me permite un ejercicio de transformación que difícilmente se puede conseguir de otra manera: la posibilidad de entrar en otras pieles, de entender otros latidos, otras emociones y, por el camino de descubrir otras vidas, intentar entender la propia. Al fin y al cabo, por muchos relatos que inventamos, por muchos paisajes históricos, físicos, humanos que construimos, todo escritor hace siempre el mismo recorrido: intentar entender la condición humana. No somos nada más que seres asustados y desconcertados, en búsqueda constante de una explicación".

Vuelvo al artículo de Pedro Simón, tras la larga lista de todo lo criticable y criticado en España, cambia de tercio con un ejemplo de hacia dónde cree él que deberíamos mirar (los españoles): "Habría que purgarnos de lunes a viernes en un silencio de caracoles. Habría que tener el músculo de Pablo Ráez. Y acabar diciendo lo obvio: que ese chico de 20 años que ha muerto de leucemia, que ese chico que decía ‘la muerte no es triste, lo triste es que la gente no sepa vivir’, que ese chico que escribió «demos más sonrisas, demos más abrazos, demos más paz, demos la mejor versión de nosotros mismos», que ese chico que consiguió él solo disparar las donaciones de médula en España y sale en todas las fotos sonriendo a pesar de todo; ese chico, decimos, como el oficinista del bisbiseo o la víbora del comedor, también era español. En concreto de Málaga".

Y es que esta semana la muerte de Pablo Ráez ha reabierto la pregunta del millón, como bien describe Juan Bosco Martín en Lainformacion.com: "La vida nos ofrece constantes oportunidades para meditar el porqué de lo que parecen desgracias sin explicación. El ser humano siempre trata de encontrar sentido a lo que le pasa -sobre todo a lo malo que le pasa- porque intuye, casi de forma instintiva, como un imperativo tan natural como el comer, que existe un porqué de las cosas".

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La pregunta del millón

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EncuentroMadrid calienta motores

El pasado domingo, 26 de febrero, desde las 10 de la mañana, cientos de personas acudieron a Villanueva de la Cañada para correr la carrera familiar solidaria #FamilyRace, organizada por la Asociación Cultural EncuentroMadrid.

Familias y amigos disfrutaron de diferentes recorridos, de 5 y 10 kilómetros, en cuya organización ha colaborado generosamente el Colegio Internacional Kolbe del municipio y el Ayuntamiento de Villanueva de la Cañada, con su alcalde Luis Partida a la cabeza. Tras las carreras de adultos, llegó el turno de los más pequeños: niños desde los cuatro años dieron lo mejor de sí, bajo la mirada orgullosa de todos.

Además de con sus zapatillas, los corredores llegaban a la línea de salida con un kilo de alimentos no perecederos que se han donado a las acciones de Avanza ONG, formada por más de 700 voluntarios que asisten a 8.000 familias desfavorecidas de nuestro país y que, como contaba Emilio de Villota, quiere unir a personas que están deseando ayudar con familias que necesitan ser ayudadas.

El padrino de honor del evento, el atleta internacional Iván Fernández Anaya (héroe del fair play y eneacampeón de campo a través), se desplazó desde Vitoria para colaborar con esta carrera familiar y solidaria; donde se encontró con el periodista Fernando Martín, que quiso sumarse a la carrera por segundo año consecutivo. Ambos resaltaron que esta iniciativa, además de promover los valores del deporte, les había permitido disfrutar de un día soleado con la familia y amigos, un día donde lo importante no era ganar, sino correr juntos por una meta solidaria.

Muy destacada fue también la presencia IMEDIA Comunicación. Su directora, África Orenga, tras correr los 10 kilómetros, contaba que apoyar las iniciativas solidarias y deportivas que fomenten el encuentro, la belleza y la superación es uno de sus objetivos. Y el deporte, una de sus mayores pasiones.

La #FamilyRace ha vuelto por segundo año para dar a conocer el evento cultural EncuentroMadrid, que se celebra cada primavera en el recinto ferial de la Casa de Campo y que busca crear espacios de diálogo en los ámbitos de la política, la economía, la cultura, la educación y la religión a través de exposiciones, conciertos, espectáculos, mesas redondas y conferencias que dan forma a una realidad única en el panorama cultural español. Este año tendrá lugar del 21 al 23 de abril, en el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo.

Como ocurre en EncuentroMadrid, la #FamilyRace se ha organizado con el trabajo de decenas de voluntarios durante meses de trabajo, y con el apoyo de patrocinadores como IMEDIA Comunicación, Coca-Cola, Aneto y Kinder, sin los cuales no habría sido posible la carrera.

EncuentroMadrid calienta motores

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