Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
22 MAYO 2018
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Un cuento de hadas de verdad que despierta nuestra nostalgia

Federico Pichetto

¿Qué se esconde tras la atención que todos los medios y la gente de a pie ha dedicado a la boda entre el príncipe Harry y la hermosa Meghan? Sin duda la complicidad de quien al menos una vez en la vida se ha identificado con el novio o la novia; tampoco es nada secundario el morbo propio de la naturaleza humana cuando se asoma a la vida privada de otros indagando, escrutando y tratando de captar los secretos que puedan ocultarse; sin duda también abunda una buena dosis de sempiterna envidia social por las bodas de cuentos de hadas. Todo esto está, pero también hay algo más.

No solo es la parábola del hombrecillo blasonado que tantos recuerdan desfilando siendo aún un niño tras el féretro de su madre, muerta trágicamente en el túnel del Alma. Un chaval que tuvo que crecer solo, afrontando todo el malestar de un milenial y todo el honor de ser una personalidad pública, y que al final consiguió encontrar a la bella e independiente princesa que le redimiera y lo convirtiera en icono de un Imperio, el británico, temeroso de estar en primera línea. Aparte del drama humano, aparte de la curiosidad de sus súbditos y de los demócratas de otros países terriblemente huérfanos de sus reyes y reinas, lo que invade la atmósfera que se respira en torno a Windsor es la nostalgia. Nostalgia no de una Europa aristocrática y centro del mundo –que quizás también– sino sobre todo nostalgia de una fiesta a la que todos, en el fondo, se sienten invitados.

La verdad es que la nada en que vivimos, el terror de que cualquier sombra pueda ser algo malo, un enemigo que nos atenaza, al final no nos convencen. Como tampoco nos convence el sentimiento de frustración e injusticia que anima nuestras pulsiones más fervientes, que se transforma con gran facilidad en rabia y violencia. La noticia de las bodas del príncipe es como si viniera a rescatarnos. Como si la nada, la debilidad, la confusión y la maldad de nuestro tiempo no tuvieran la última palabra, como si esas bodas fueran también nuestras, mías. Hay una fiesta en el castillo y nuestra humanidad quiere ir allí, quiere participar, cansada de sentirse maltratada por los que engañan y mortifican nuestro corazón.

En la Odisea, Penélope, cuando reconoce por fin en el extranjero que tiene delante a su marido, justifica así su incertidumbre, su aparente cinismo. “Mi corazón se estremecía dentro del pecho por temor a que alguno de los mortales se acercase a mí y me engañara con sus palabras, pues muchos conciben proyectos malvados para su provecho”. La percepción de encontrarnos ante una auténtica fiesta, un cuento hecho realidad, reabre inesperadamente nuestro deseo de vivir y nos empuja a salir corriendo, todavía un poco escépticos, a ver qué puede haber de nuevo “en este maldito país”.

Un cuento de hadas de verdad que despierta nuestra nostalgia

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>Entrevista a Francisco Igea

Eutanasia. 'Entre el suicidio y el horror hay un gran campo en el que trabajar'

P.D.

El diputado Francisco Igea, portavoz de Sanidad de Ciudadanos en el Congreso, valora para Páginas Digital la propuesta presentada por el partido socialista para regular la eutanasia en España.

¿Qué valoración hace de la propuesta del PSOE, de la oportunidad y necesidad de una regulación de la eutanasia en España en este momento?

Sorprende el cambio del PSOE porque su propuesta es muy similar a la que trajo Podemos en su momento. Nosotros pensamos que no podemos entrar en ese debate mientras no hayamos concluido el desarrollo de la ley, que nosotros entendemos que es el marco ideal, como lo entendía el PSOE en el debate anterior. Si la gente no sabe si tiene asegurado el derecho a la información veraz, a la suspensión del tratamiento, a los cuidados paliativos, a la intimidad, a la sedación…, si la gente no sabe todo eso, no podemos abrir el debate. Entre el suicidio y el horror, tenemos que construir un campo grande, en el que se mueve el 90% de la población. Nosotros no nos oponemos a abrir este debate, siempre que haya un consenso social y sepamos que tenemos todo esto asegurado, sabiendo primero que todo esto está resuelto. Y de momento no lo está.

¿Qué es lo peor de la propuesta que ha hecho el PSOE?

Desde mi punto de vista, lo peor que se hace es mezclar las dos cosas. Entiendo el debate del derecho a decidir en situaciones que no son irreversibles ni progresivas. Pero si lo mezclas con el debate sobre lo que hay que hacer con un enfermo con una enfermedad terminal progresiva, lo que haces es trampas. Y esta propuesta lo mezcla. Por eso nosotros insistimos en acabar el primer debate, en asegurar a enfermos terminales progresivos un final razonable con derechos garantizados y luego, si se quiere, abrimos el debate sobre si uno tiene el derecho a quitarse la vida o no. Con la norma vigente, yo conozco a un paciente con el que recientemente se pudo optar a una sedación para dar tiempo a la familia a despedirse sin que el enfermo sufriera dolor y fue una cosa bastante calmada. Pero si la gente no sabe esto, si no terminas de desarrollar la norma actual y apruebas la siguiente, introduces la eutanasia, y entonces para acceder a esa sedación tienes que ir de comité a comité rellenando papeles, cumpliendo plazos, y se complica todo mucho más en una situación que no tiene por qué liarse tanto. Porque la gente en esa situación no necesita lío sino compasión, cabeza, sentido común, información para decidir. Por eso no solo es peligroso por el debate que abre, por la cuestión filosófica que introduce, sino porque puede entorpecer la buena asistencia.

¿Qué es entonces lo que queda por resolver y concretar de la anterior regulación?

Primero, que todos los derechos que planteamos en la ley queden en la ley como derechos, todos los derechos citados en la pregunta anterior; que tenemos las garantías suficientes, es decir, un régimen sancionador administrativo eficaz. No tiene sentido es que la gente cuando se está muriendo tenga que estar en el juzgado, o su familia. Hay un acuerdo básico que tenía un respaldo muy importante, construyamos sobre ese marco y luego vemos qué es lo que queda y hablamos.

>Entrevista a Francisco Igea

Eutanasia. 'Entre el suicidio y el horror hay un gran campo en el que trabajar'

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La sospecha de no ser queridos

Federico Pichetto

La violencia es hija de una promesa traicionada. Los informativos están llenos de sucesos que hablan de abusos sexuales extremos y crímenes atroces que nos sobrecogen uno tras otro. ¿Qué es esta ola de terror que avanza lenta pero inexorablemente entre nosotros, que enseguida volvemos a distraernos con el ruido de la política y los medios? ¿De dónde viene todo este mal que parece permear y corroer nuestra sociedad entera?

Todo nace de la soledad, de concebir al otro –la relación con el otro pero también el pensamiento del otro sobre mí– como aquel o aquella de quien lo esperamos todo. A veces nos parece que nuestra vida “funciona” porque conseguimos todo lo que queremos y los otros tienen una opinión estupenda de nosotros. Se crea así una especie de sistema mental donde mi felicidad depende de ti, tú eres quien –por obligación o por amor– puedes darme todo lo que necesito, tú eres la vida que se me ha prometido.

Martin Buber, gran filósofo hebreo del siglo XX, afirmaba que en nuestro tiempo el Tú del otro se ha reducido al Ello, fruto de un proceso de cosificación de las relaciones humanas destinada a despersonalizar a las personas y, por tanto, a considerarlas “a disposición” del capricho de turno. Por tanto, si tú me das la felicidad, si mi felicidad no existe sin ti, eso significa que en el momento en que tú traiciones la promesa que portas dejarás de tener valor y por consiguiente quedarás reducido simplemente a una cosa. Vivimos rodeados de cosas sobre las que ponemos grandes expectativas. Sobre la necesidad de que el bien exista, que el bien entre en mi vida, se instila la tentación de reducir lo que mi corazón espera a lo que mis ojos ven. Apenas el que tenemos delante deja de estimarnos, de seguir nuestro juego, en cuanto pone en discusión quiénes somos o cómo amamos, ahí, en ese preciso instante, estalla la violencia.

El nuestro es entonces un deseo encogido, un deseo que se conforma con lo que ve, un deseo que ya no es capaz de reconocer toda la amplitud y profundidad del corazón y por tanto se deja engañar por todo. La violencia no cesa por el enésimo sermón televisivo, por la enésima acción educativa o el enésimo castigo. La violencia cesa cuando vuelve a abrirse el deseo, cuando el corazón vuelve a empezar a desear cosas grandes y se da cuenta de que el que tiene delante no es lo que esperaba sino el inicio de aquello que su corazón espera realmente. Nuestra sociedad no cambiará cuando la crisis acabe, sino cuando experimente un Bien tan imponente que haga desvanecerse en la nada la sospecha más terrible que aflige al hombre de hoy, la sospecha de no ser querido.

La sospecha de no ser queridos

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Alfie no era nuestro

Peter Cousins

En las últimas semanas, el caso de Alfie Evans ha generado interés, polémica y pasión en el Reino Unido y alrededor del mundo. Mientras la cobertura en los medios convencionales se enfocó en los desarrollos médicos y legales, otros artículos –varios de sectores religiosos– se preguntaron qué nos recordaba este caso sobre el valor de la vida. Pocos comentarios han procurado poner a dialogar directamente estas perspectivas, siendo éste el propósito principal del presente escrito. Cabe destacar que no soy experto ni en medicina, ni en derecho, y tampoco en teología, aunque en mi familia se encuentra personal médico, incluyendo una partera y un pediatra, y mis conversaciones con ellos han informado las opiniones expuestas aquí.

Alfie Evans era un bebé de 23 meses de edad cuando murió el pasado sábado 28 de abril, por la patología degenerativa cerebral que sufría. El lunes anterior el personal médico del hospital Alder Hey de Liverpool lo desconectaron de su máquina de soporte vital, insistiendo en la imposibilidad de su recuperación, decisión que los padres de Alfie habían tratado de disputar en los tribunales ingleses.

Algunos puntos contextuales: el Sistema Nacional de Salud (NHS, por sus siglas en inglés) es un tesoro nacional para los británicos. Se financia con los impuestos del pueblo y su principio rector en toda su actividad es ‘gratis en el momento del uso’. Es decir, cualquier ciudadano o residente en el Reino Unido tiene derecho a atención médica sin desembolsar una libra, trátese de una consulta con el médico general, una operación, una ambulancia o un tratamiento a largo plazo. En el caso de Alfie, el niño llevaba unos 16 meses (desde diciembre 2016) en soporte vital. Y he aquí la primera evidencia de que no estamos ante un caso de desprestigio de la vida: el NHS lo cuidó intensivamente durante mucho más de un año, hora tras hora, día tras día.

¿Por qué, entonces, terminó el caso en las Altas Cortes del Reino Unido? Contextualicemos nuevamente: esto se ha presentado en algunos sitios como los instintos de un gobierno dominante que sólo ve la cuestión de la vida en términos de utilidad. El gobierno, propiamente entendido como el Ejecutivo, no ha intervenido de ninguna manera en los argumentos sobre Alfie. Como en otros países donde se ha comentado el caso, existe en el Reino Unido la separación de poderes. Son jueces independientes de los padres, de los médicos y del gobierno, que sí han sido llamados a hacer un juicio.

Fue un proyecto de ley de 1989 el que brindó la base jurídica para el involucramiento de las Cortes en casos de menores. En esos momentos se empezó a construir un marco legal para salvaguardar los derechos de los niños que hubieran sufrido abusos por parte de sus padres, pero con el paso del tiempo se ha convertido en una herramienta para que la minoría de los padres que se encuentran en desacuerdo con la opinión médica tengan una opción viable para ponerla a prueba. A pesar del respeto y cariño que le tiene el pueblo británico, nadie simula que el NHS sea infalible, y mis familiares sugieren que, en este caso, lo más probable es que el último diagnóstico de Alfie lo formularan hasta cuatro o inclusive cinco expertos de todo el mundo.

Alfie no era nuestro

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>Crónicas del Punt BCN

Pilar Rahola: 'El cristianismo ya no es una religión de poder y se vuelve a visibilizar la vigencia de su esencialidad'

PuntBCN ha recogido varios testimonios que han mostrado la necesidad de un encuentro desarmado entre las diferentes ideologías y sensibilidades. Allí donde las guerras, el hambre, las miserias del ser humano han arrasado con el corazón de los hombres, los pobres y débiles nos recuerdan la esencialidad del mensaje cristiano. La hospitalidad solo se entiende por la fuente de la que emana, evidente en aquél que no tiene nada, el necesitado.

El filólogo Jordi Amat fue el primero en presentar su libro “La conjura de los irresponsables”. En el encuentro el autor reflexionaba sobre los retos que la situación en Cataluña y España plantea a la política. Más allá de limitarse a una mera relación de hechos, Amat explicó cómo el desarrollo territorial de la Constitución del 78 ha generado un conflicto institucional que se explica con diferentes relatos poco realistas. Esto se enmarca en un fenómeno global, el de la crisis de representatividad, que evidencia que los Estados no responden a las necesidades del yo. Por todo esto, lejos de continuar generando interpretaciones, es necesario trabajar para neutralizar la confusión y hacer política para los hombres y mujeres. “Hay una falta de lealtad a una idea de consenso por parte de las Instituciones, por eso es necesario generar espacios de encuentro donde se pueda hacer frente a los problemas de las personas. El mundo con el que empieza el ‘procès’ es más simple que el que sale; será necesario entonces construir teniendo en cuenta los retos que vienen y la esperanza de la gente”.

Después Pilar Rahola presentó su libro “S.O.S Cristianos” con el periodista Fernando de Haro. Rahola subrayó el interés que el concepto cristiano de prójimo le genera, como idea original de la solidaridad que hay en el mundo. Por eso, como hija de la Ilustración, confesó que necesitaba entrar en la razón para comprender y defender a los cristianos, sobre todo en un siglo XXI que es el siglo del martirio. “Perdón y martirio son provocaciones poderosas al orgullo. El testimonio de estos mártires es testimonio de vida que con su humildad vence al poder y cambia la sociedad. Por todo esto y porque el cristianismo ya no es una religión de poder, se vuelve a visibilizar la vigencia de su esencialidad”. Asimismo Rahola fue muy crítica con el papel de la ONU en la cuestión de la falta de actuación en la persecución política. En medio de todas estas redes de poder, Rahola dijo que el cristianismo lanza un rayo de luz. “El cristianismo es un acontecimiento de luz en medio del desconcierto y la oscuridad de nuestra sociedad. A mí el cristianismo me interesa, y le interesa a mi sociedad”.

>Crónicas del Punt BCN

Pilar Rahola: 'El cristianismo ya no es una religión de poder y se vuelve a visibilizar la vigencia de su esencialidad'

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1.700 alumnos han participado de la formación universitaria de posgrado en el Centro de Humanización de la Salud

El Centro de Humanización de la Salud presenta la oferta de formación de posgrado para el nuevo curso 2018-2019 con el aval de 29 años experiencia.

Nuestro Centro, por el que ya han pasado más de 1.700 alumnos de posgrado, se caracteriza por ofrecer un acompañamiento personalizado y una formación de calidad a todos sus alumnos homologada por la Universidad Ramón Llull. Además posee instalaciones completamente equipadas con Cámara Gesell para las prácticas y un campus virtual que facilita los procesos de aprendizaje a distancia.

Todo ello nos ha llevado a obtener la certificación EFQM +500, que acredita al Centro como entidad enmarcada en el modelo de la Excelencia Europea, especialmente por la coherencia entre sus valores y la gestión y por el compromiso permanente de calidad y mejora.

Esta propuesta de formación se dirige prioritariamente a profesionales de los ámbitos sociosanitario, educativo, de la gestión, de la pastoral y a toda persona que quiera mejorar su relación con los que sufren o realizar un camino de crecimiento personal.

Primer Máster de Intervención en Duelo en España

Este Máster presenta la experiencia del Centro de Escucha San Camilo, que lleva más de 17 años acompañando a personas en situación de duelo. Atendiendo a más de 800 personas al año y que ha dado lugar a más de 35 centros repartidos por la geografía española y 6 en Latinoamérica.

Máster de Counselling

El Máster de Counselling acredita una experiencia de 16 años formando a alumnos que desean especializarse en el acompañamiento a personas que viven una situación de crisis, dificultad o necesitan asesoramiento en toma de decisiones. El modelo de aprendizaje del Centro de Humanización de la Salud es muy práctico con entrevistas supervisadas en cámara Gesell con actores, con compañeros y el análisis de entrevistas en grupo.

Diploma de Especialización Universitaria de gestión y atención a la Dependencia

Más de 700 alumnos han cursado en el Centro de Humanización de la Salud el Diploma de Especialización Universitaria en Gestión de centros y Servicios para personas mayores y atención a la Dependencia.

Esta titulación se dirige fundamentalmente a aquellas personas que dirigen o quieran liderar un centro o servicio de atención a la dependencia. De hecho, este curso habilita para la dirección de centros residenciales y servicios sociales conforme a la normativa de la Comunidad de Madrid.

De modalidad semipresencial, cuenta con un valor añadido notable: el Prácticum, con el que los alumnos pueden presenciar, vivir y participar de la planificación de actividad residencial en el Centro Asistencial San Camilo.

Diploma de Especialización Universitaria en modalidad a distancia en Cuidados Paliativos Multidisciplinares,

Humanización de la Salud e Intervención Social y

Pastoral de la Salud, con sesiones presenciales opcionales:

El Diploma de Especialización Universitaria en Cuidados Paliativos se dirige a todos los profesionales vinculados con personas al final de la vida: sanitarios, religiosos, trabajadores sociales, educadores, asistentes espirituales… Y ofrece un Prácticum, consistente en la realización de prácticas supervisadas en la Unidad de Cuidados Paliativos San Camilo, Unidad que ha cumplido 14 años de vida.

1.700 alumnos han participado de la formación universitaria de posgrado en el Centro de Humanización de la Salud

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>Crónicas del PuntBCN

'Nunca nadie me había dado nada gratis'

PuntBCN abrió sus puertas con un acto titulado “Prostitutas y publicanos os precederán”, dando voz al testimonio de Astrid Daniela, ex prostituta y transexual, y Nacho Sánchez, fundador de la Asociación María Magdalena. Este último contó por qué empezó a preocuparse por la vida de las prostitutas que trabajan en el Camp Nou y cómo empezó a visitarlas, mostrándoles una estampa de la Virgen María y ofreciéndoles una compañía sencilla. “Debemos ponernos en los zapatos de todas las personas, todos somos queridos en nuestras circunstancias”. Sánchez destacó la generosidad y agradecimiento de Astrid y el resto de transexuales amigas que se han acercado a la asociación. “Ellas tienen muy claro qué han hecho bien y qué han hecho mal, no como muchos de nosotros que estamos viendo de qué manera estafar, engañándonos a nosotros mismos. Ellas viven como pajarillos del campo, repartiendo lo que tienen”.

Astrid conmovió a un auditorio lleno –más de 150 personas– con el relato de su vida marcada por la relación con los hombres (un padre ausente, una violación de un hombre cuando tenía 5 años, las más de 35 puñaladas y disparos de bala que tiene en el cuerpo, la intervención de cambio de sexo, etc.). Reconoce cómo todas estas dificultades y pruebas forman parte de una historia que tiene un significado último. A partir del encuentro con Nacho sus circunstancias han sido una ocasión para renacer y entender su aportación al mundo. “Nunca en la vida tanta gente me había demostrado su amor tan intensamente. Quiero que mi corazón se llene de la escasez, la Asociación María Magdalena es la familia que nunca tuve”. En su testimonio destacó sobre todo la necesidad que tiene de trasladar su experiencia al mundo, su preocupación por sus amigas, y pidió la colaboración de los presentes en este camino de dignificación. “Tal vez estoy empezando un camino, pero en cada paso que doy no pienso en mí, pienso en toda esta gente que necesita que su vida cambie, como me cambió a mí”.

>Crónicas del PuntBCN

'Nunca nadie me había dado nada gratis'

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El amor es inventivo hasta el infinito

Una gota. Y qué fuerza hemos visto que puede tener esa gota. Las dimensiones y la repercusión social de PuntBCN son como una gota en medio de un océano de indiferencia. Pero durante tres días hemos mirado con atrevimiento algunos de los desafíos más acuciantes de nuestro mundo. De este mundo; no el imaginado. No el mundo posible.

Si bien muchos de nuestros problemas empezaron en el mundo de nuestros padres, el periodista Jordi Amat ha subrayado que “es necesario construir teniendo en cuenta el mundo que viene”. En un contexto de crisis de la representatividad de los Estados, o específicamente en el marco delicado de la situación de bloqueo institucional en Cataluña, no podemos seguir elaborando interpretaciones. Es necesario trabajar para neutralizar la confusión. Hacer política. Construir. Si nos centramos en la lucha por reivindicar la ciudad que cada uno desea, “corremos el riesgo de ser irresponsables ante el reto de la convivencia en el contexto actual”. “Hay que generar espacios de encuentro para afrontar los problemas de hoy”, ha insistido Amat.

¿Qué ha sucedido estos días? ¿Qué hemos aprendido y qué aportación podemos ofrecer? Solo es posible salir de la confusión si se está dispuesto a acoger una novedad pertinente. Es posible romper la lógica de la agitación y el bloqueo. El método es el de la acogida. No el de la reivindicación de lo propio. Paradójicamente, lo más pertinente para reivindicar lo propio es dar espacio al otro.

La historia ya nos ha mostrado qué sucede cuando se trata de conquistar espacios de poder para cambiar el mundo. Pilar Rahola, que ha vuelto a estar presente en PuntBCN, también nos ha recordado qué aportación puede hacer una experiencia verdadera: “En su discreción, en su humildad, el cristianismo que no se identifica con el poder es revolucionario porque desafía las estructuras de poder”. Pequeños gestos de humanidad que cambian la vida. Así lo ha afirmado con contundencia Farhad Bitani. El excapitán del ejército afgano ha reconocido que su razón empezó a abrirse por el encuentro con algunos cristianos, cuyos gestos de humanidad desafiaron su percepción reducida e ideológica del islam: “he cambiado por el encuentro con otro”. En el mismo sentido, el testimonio de Astrid Daniela nos ha conmovido: “nunca nadie me había dado nada gratis hasta que conocí a los amigos que vienen a cuidar a las chicas del Camp Nou”. Esa gratuidad le permitió empezar a salir de la confusión. Y ella, ¿qué nos ha dado ella a nosotros al confiarnos su vida, una vida en la que el amor ha vencido en la más oscura de las situaciones?

¡Cuánto necesitamos el encuentro desarmado! Salir de la lógica de los bloques y generar espacios de gratuidad. Porque solo una gota puede entrar en el corazón del hombre y liberarlo de los muros de la indiferencia. Es pertinente dejarse alcanzar por esos pequeños gestos de humanidad que, como insistentemente repite el papa Francisco, no buscan la conquista de espacios de poder, sino que inician procesos: “tal vez estoy empezando un camino –ha reconocido Astrid–, pero en cada paso que doy, no pienso en mí, pienso en toda esta gente que necesita que su vida cambie, como me cambió a mí”.

La pertinencia de un gesto como PuntBCN es su interés por construir estos espacios de gratuidad. Porque ofrece una alternativa cultural necesaria para afrontar los retos de la convivencia. Es una aportación adecuada por la experiencia que ofrece. ¿Quién se atreve a reivindicar el diálogo desarmado, sin miedo? PuntBCN es un gesto que además se construye por el compromiso de ciudadanos libres que desean vivir de esta paradoja: son voluntarios. En PuntBCN no buscamos reivindicar el propio interés. Es un intento de construir junto con otros. Es un intento de ir a buscar al otro. ¡PuntBCN existe para reivindicar la presencia del otro! Esta es la fuerza de nuestra propuesta: la gratuidad. Una relación de amistad que permite vivir cotidianamente los retos de nuestro tiempo.

No hay nada más poderoso que el amor gratuito, frágil y discreto como una gota, que se inventa para alcanzar el corazón de todos los hombres. Esta es la revolución imposible que cambia el mundo. Es la revolución que nosotros necesitamos y de la que solo nosotros podemos decidir si queremos participar.

El amor es inventivo hasta el infinito

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El nuevo Lepanto que desafía a los católicos

Federico Pichetto

El periodista Aldo Cazzullo estrenó la Pascua en el Corriere della Sera llamando la atención sobre la cuestión más importante que el catolicismo de esta segunda década del siglo XXI tiene que afrontar, la toma de conciencia de la estrecha vinculación entre las dimensiones personal y social de la fe. Partiendo del caso de Arnaud Beltrame, el agente francés que ofreció a los terroristas su propia vida a cambio de la de una mujer a la que no conocía, el periodista señala que “esta semana santa el país más laico de Europa ha estado discutiendo de cómo puede incidir la religión en la vida privada y pública” de todo un país.

Beltrame tal vez sea el ejemplo más llamativo de una trayectoria que la Iglesia ha emprendido hace unos años y que hoy empieza a mostrar toda su fuerza. Después de años dominados por la dialéctica entre opción religiosa y presencia pública de los creyentes, parece salir a la luz toda la distancia que existe entre una gran capacidad de movilización social por parte de la Iglesia y una incapacidad última –en la vida diaria– de movilizar el corazón de cada creyente concreto frente a Cristo. En las mentes más lúcidas de nuestro tiempo, como la del Papa Benedicto, se ha puesto de manifiesto explícitamente el urgente desafío que tiene el cristianismo hoy ante sí, es decir la fe. ¿Se puede ser socialmente católicos cuando ya no se es personalmente cristiano? ¿Se puede seguir buscando en una pureza mítica del estado, laico o cristiano, la solución a todo el drama y el trabajo al que está llamada nuestra libertad? El verdadero cambio de nuestro mundo, ¿proviene de la ley, de un poder externo al yo, o necesita pasar por la conversión de la persona?

Entre una visión intimista, que encierra el cristianismo en la sacristía y lo convierte en súbdito del espíritu de su tiempo, y una visión teocrática, que reduce el espacio del cristianismo al espacio del poder que consigue conquistar, emerge un camino antiguo y nuevo a la vez, una visión vocacional de la experiencia cristiana, donde se toma conciencia de que las fuerzas que hacen al hombre feliz son las mismas que mueven la historia, y que no es posible ningún cambio en la historia sin un cambio real del corazón, sin que el corazón vuelva a hacerse familiar con Cristo.

Arnaud Beltrame es el fruto maduro de este camino. La única guerra que realmente nos interesa para el futuro de nuestro mundo y de la fe es la que se libre en el yo de cada uno de nosotros. Ese es el campo de batalla en el que hoy, igual que en Lepanto hace cuatrocientos años, se decide el futuro y el destino de todo Occidente.

El nuevo Lepanto que desafía a los católicos

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François-Xavier Bellamy, el valor de la tradición y la experiencia en educación

Luis Rubalcaba, catedrático de la Universidad de Alcalá

Hace 10 días tuve la fortuna de participar en un excepcional congreso sobre educación organizado por la plataforma Be-Education y un grupo de colegios de España. Más que un congreso era un encuentro de gente que compartía su pasión por las personas, los alumnos en particular, y su deseo de aprender y vivir la vida en plenitud. La calidad del congreso y el nivel de los ponentes y discusiones merecen la atención de cualquier educador. Aunque el entorno era la educación escolar, algunos profesores universitarios también estábamos presentes y pudimos beneficiarnos de estar allí. ¡Cuánto bien supone para los profesores universitarios que nos recuerden que también nosotros somos educadores!

Quiero solamente centrarme en lo que he aprendido del encuentro con Francois-Xavier Bellamy, profesor de filosofía, político en Francia, y autor de un libro recientemente publicado en España (Los Desheredados, Ediciones Encuentro). Su historia merece la atención de cualquiera que tenga interés por la educación. Representa la mejor expresión de una tradición educativa única con la que vive y genera experiencias excepcionales en sus alumnos, hasta el punto de conseguir que chavales con problemas de integración cultural y social adquieran gusto por la lectura, la poesía, la educación en general, y más en general aún, por su propia vida. Bellamy critica con mucha razón el sistema educativo francés, basado en pedagogías modernistas, que ha desheredado a los alumnos de las tradiciones culturales desde las que debía partir su camino educativo de verificación/refutación. Pero lo interesante de Bellamy no es que defienda una cierta tradición educativa, con la que se puede estar más o menos de acuerdo, sino que representa, en acto, lo mejor de una tradición que se hace viva y potente en su quehacer educativo y político, con iniciativas que construyen realmente e integran a jóvenes de todo tipo, raza y condición.

François-Xavier Bellamy, el valor de la tradición y la experiencia en educación

Luis Rubalcaba, catedrático de la Universidad de Alcalá | 0 comentarios valoración: 3  30 votos

Hace 10 días tuve la fortuna de participar en un excepcional congreso sobre educación organizado por la plataforma Be-Education y un grupo de colegios de España. Más que un congreso era un encuentro de gente que compartía su pasión por las personas, los alumnos en particular, y su deseo de aprender y vivir la vida en plenitud. La calidad del congreso y el nivel de los ponentes y discusiones merecen la atención de cualquier educador. Aunque el entorno era la educación escolar, algunos profesores universitarios también estábamos presentes y pudimos beneficiarnos de estar allí. ¡Cuánto bien supone para los profesores universitarios que nos recuerden que también nosotros somos educadores!

>Entrevista a Lluís Bou, presidente de Punt BCN

'Queremos indagar qué posibilita la relación con el otro'

P.D.

Este fin de semana se celebra la tercera edición de Punt BCN, un foro de encuentro en una Cataluña polarizada. Nos desvela las claves de lo que va a suceder en Barcelona su presidente.

Es la tercera edición del Punt BCN, ¿por qué este lema? “El amor es inventivo hasta el infinito”. ¿Es un juicio histórico, es la propuesta que vosotros hacéis en este momento?

Es un poco de todo. Parece que estamos en un momento de colapso, de cansancio generalizado, de bloqueo, en el que predomina sobre todo un clima de búsqueda del propio interés y de reivindicación de lo propio. Cuando nos preguntamos qué tipo de ciudad queremos, se produce como una especie de lucha entre los mundos posibles.

El lema del año pasado era “El diálogo es la relación con el otro, sea quien sea y sea como sea”, queríamos ahondarlo, queremos indagar qué posibilita entrar en relación con el otro. Y hemos visto que tiene que haber una posición humana previa, la de querer entrar en relación con el otro. Muchas veces el diálogo no es tal, no es un diálogo, es simplemente una reivindicación de la propia posición. La pregunta no es por tanto qué ciudad queremos. Hay una cuestión previa, cómo convivimos. Si no hay un cierto amor a la propia vida y al propio contexto, al momento histórico que se vive, difícilmente saldremos del bloqueo. Necesitamos propuestas que sean inventivas.

¿Esta es también una reflexión o una propuesta para el momento político y social que vive Cataluña? ¿Punt BCN aspira a proponer esto en el contexto político y social?

Aspira a ofrecer un juicio que aborde de un modo pertinente la situación. Si estamos en un momento de bloqueo institucional, oscilamos entre la agitación por un lado, sobre todo más bien virtual, en redes sociales, aunque también ha habido grandes movilizaciones de personas, y por otro lado el bloqueo, porque estamos cada uno reivindicando una percepción de lo posible, del mundo que quisiera. Pero se hace violencia al no tener en cuenta al que piensa diferente, y se hace necesaria una alternativa, una aportación que sea novedosa y pertinente, que no esté dentro de la lógica estructuralista de los bloques.

¿Pero cómo es posible, por ejemplo, en el Punt BCN, superar la lógica de polarización que está en este momento dominando Cataluña? ¿Qué ofrece el Punt para superar esa lógica?

En primer lugar, la propia naturaleza de lo que es Punt BCN, que no es sencillamente un evento cultural, sino que por definición es un gesto que se construye por el compromiso de ciudadanos libres que en primera persona quieren poner en medio de la ciudad algo así. Por su propia definición es un acontecimiento cultural que nace de la gratuidad, no nace de la búsqueda del propio interés ni de la reivindicación de lo propio, sino que en sí mismo es un intento de construir junto con otros, es un intento de ir a buscar al otro. En su misma naturaleza, en su ADN está ya contenido el horizonte de esa respuesta que queremos dar. En su genética ya está inscrito el inicio de resolución de la problemática de esos bloques polarizados.

>Entrevista a Lluís Bou, presidente de Punt BCN

'Queremos indagar qué posibilita la relación con el otro'

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Instrucciones para salvarse de los esquemas

Giuseppe Frangi

“Contra la cultura: la literatura por fortuna”. Así reza el título del último libro de Silvano Petrosino, un estudioso de la filosofía experto en hacer itinerarios (y lecciones) fascinantes. Si el título resulta intrigante, lo es aún más el contenido que desarrollan sus páginas. Sustancialmente, Petrosino opone el concepto de cultura al de literatura. O mejor dicho, la experiencia de la una a la experiencia de la otra. Cultura es un proceso de sistematización que pone las cosas en su sitio, que traza cuadros de conjunto, que establece una escala de valores. Dice Petrosino que la cultura “gratifica y consuela” porque se mueve en el horizonte de lo “interesante”, recurriendo a veces a la retórica de las hipérboles sobre la belleza, sobre los valores artísticos, sobre la universalidad de las obras maestras. Hoy la cultura ha adoptado un aspecto noble que ya no incomoda porque se queda siempre en el ámbito de algo “ya sabido” (los principios no negociables, las obras maestras, la espiritualidad “superior”, los maestros del pensamiento, intocables por definición). Por eso la cultura se presta perfectamente a los mecanismos del consumo, tanto es así que ya se habla de manera generalizada de “bienes culturales”. La literatura, por el contrario, es una experiencia que se adentra en terrenos inexplorados, tiene una vocación a hacer que se tambalee el status quo y a causar inquietud. La literatura siempre está atravesada por un drama. “El saber que pone en movimiento la literatura”, afirma Roland Barthes, “nunca es ni absoluto ni definitivo. La literatura no dice que sabe algo, sino que sabe de algo”. No trabaja con certezas sino con indicios.

Se trata de una síntesis esquemática desde un cierto punto de vista, sin duda estimulante y original, que desenmascara esa retórica que hoy se da demasiado a menudo en torno a la idea de cultura. Sin embargo, hay un desarrollo de esta línea de pensamiento que resulta aún más interesante y actual. Es un pensamiento de Vladimir Nabokov, el escritor ruso autor de Lolita. Nabokov dice que la cultura puede transformarse en un ejercicio de conformismo, es decir, de búsqueda de autoconfirmaciones dentro de grupos de pertenencia preestablecidos. Frecuentando terrenos familiares, se gira en torno a conceptos compartidos a priori, se confronta entre semejantes con dialécticas ficticias que son pura apariencia. Esta tendencia no solo se refiere a la cultura sino también al modelo que el poder está poniendo en marcha para favorecer ciertas agregaciones. Naturalmente es un poder de fisonomía distinta de la que estamos acostumbrados a asignar a las entidades que presumen de esta palabra, tiene la forma fascinante y conquistadora de ese “intelecto general” que propone progreso e innovación, y que por tanto gusta y recoge un consenso general inevitablemente. Últimamente, siguiendo esta lógica del “intelecto general”, tanto Facebook como Instagram han modificado sus algoritmos para tranquilizar a sus usuarios, privilegiando las relaciones con sus comunidades de referencia. El resultado es que las redes sociales favorecen el atrincheramiento en comunidades homogéneas, dentro de horizontes donde ya no se confrontan con el que piensa diferente.

Pero luego, cuando inevitablemente en la vida real el que es diferente termina apareciendo, por ignorado, por no conocido, se le acaba viendo como un enemigo. Y los resultados sociales de este tipo de dinámicas por desgracia están actualmente al orden del día.

Instrucciones para salvarse de los esquemas

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Ciencia, bioética y 'neolengua'

Nicolás Jouve

En determinados foros se han planteado dudas de naturaleza no biológica sobre el inicio de la vida humana y el significado de la etapa embrionaria y fetal, cuya existencia se reconoce pero cuyo valor se niega. Cuando esto ocurre es usualmente por razones ideológicas ya que no suele ir acompañado de argumentos que, en base a datos objetivos y científicos, apoyen las tesis que sostienen y que expliquen el por qué de su opinión sobre el menor valor de la vida humana en determinadas etapas o circunstancias de la vida. Deberían explicar por qué otorgan un menor valor a la vida humana de un embrión o un bebé en gestación, sea o no portador de alguna deficiencia genética, o de una persona adulta con alguna deficiencia mental o en determinadas situaciones de pérdida de conciencia o riesgo de muerte.

En cualquier caso, dada la existencia de posturas tan opuestas, se hace necesario considerar dos tipos de perspectivas o dimensiones que ayuden a comprender el valor de la vida humana naciente. Estas son la “científica”, y en particular de la biología y la genética, y la ética, es decir de la “bioética”. La ciencia aporta los datos y la bioética los debe tener cuenta siempre, para medir las acciones que son aceptables de las que no lo son de acuerdo con una valoración moral.

De estas dos perspectivas, la “científica” es realmente fácil de asumir en el momento presente dada la acumulación de conocimientos que se han ido produciendo por las ciencias relacionadas con el inicio de la vida, como la Biología Celular, Biología Molecular, Embriología, Genética, etc. Son datos objetivos y como tales no admiten discusión. La segunda perspectiva, la de la “bioética”, es sin embargo más volátil, por la variabilidad de criterios morales o de escalas de valoración que se podrían aplicar de acuerdo con las creencias o los dogmas de cada uno. Estos van desde el respeto absoluto a la vida humana como un bien irrenunciable que hay mantener por razones de dignidad -la vida como un fin en sí mismo y nunca como un medio-, a la de quienes miden el valor de la vida humana en función de parámetros físicos o psíquicos, grado de consciencia, etc. y que por tanto determina la relatividad del valor de cada vida…. Son los extremos en que se mueve hoy la bioética y que van desde una perspectiva “personalista”, que respeta la dignidad y reclama la defensa de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, a una perspectiva “utilitarista”, que relativiza el valor de la vida humana y sostiene que los embriones o los fetos tienen menos valor que un adulto por no haber desarrollado aun la consciencia. Entre ambos extremos hay otros modos de abordar estos temas, pero que en realidad no son más que posturas intermedias, de consensos imposibles o de conveniencias inverosímiles, ya que casi siempre renuncian a las verdades objetivas o los datos de la ciencia.

Ciencia, bioética y 'neolengua'

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Más allá de las modas pedagógicas

Ferrán Riera, director de Escola Llissach

El tiempo de la pantalla y del selfie, de la relación virtual, del autodiagnóstico y la automedicación a través de internet, de la sabiduría popular substituida por la arrogancia del yo que lo sabe todo porque de todo ha oído hablar… es el tiempo de las descripciones de cosas que no tienen que ver con uno mismo, de los adjetivos que se aplican a substantivos que no conocemos o de los que no tenemos experiencia. El lenguaje en los medios de comunicación, en la vida social y política y en las tertulias sirve paras subministrar un substituto de la experiencia personal. Cuanto más difícil y enrevesado o cuanto más vestido de “conocimiento” se dicen las cosas, más validez y legitimidad se le dan, tengan o no nada que ver con la propia experiencia.

El mundo escolar es un gran escaparate de discursos que todos más o menos compramos o que tenemos que comprar si no queremos quedar fuera del mercado. Es obligatorio tener nombre y apellidos adecuados para la propuesta pedagógica y…, después, ya veremos qué significa. De la omnipresente “educación en valores” de los primeros años del siglo XXI se ha pasado a la educación competencial, a los entornos amigables, a las comunidades de aprendizaje y servicio, a la escuela lenta, cooperadora, democratizante, colaboradora, mediadora, vertebradora, plurilingüe, internacional, a tiempo completo, equitativa y cohesionadora donde empoderamos a los niños que elevamos en un ascensor social. Es inevitable entrar en este bosque inmenso de la nomenclatura pedagógica. Lo que ya no está tan claro es si en los colegios tenemos la capacidad de asumir el significado de todas estas cosas sin que sean modas pasajeras y se pueda generar una verdadera experiencia educativa.

Para que un hecho, un acontecimiento educativo, genere experiencia real hace falta, entre otras cosas, que se pueda extender en el tiempo y en el espacio, que no quede cerrado en el universo de quien lo ha vivido, que pueda replicarse y reproducirse aunque cambien los protagonistas.

¿Pero es posible reivindicar esta estabilidad de la experiencia en un mundo que te reclama constantemente al cambio? ¿Es posible doblegarse a la objetividad de lo que sucede en las aulas y en las familias en vez buscar constantemente en la realidad excusas para defender la propia intuición y manía? ¿No habremos puesto a la escuela en un callejón sin salida del que no es posible salir sin romper nada?

Los colegios que no quieren perder el compás del tiempo ni el tren de la discusión pedagógica, que buscan lo más verdadero de cada nueva propuesta y que no se casan con ninguna metodología porque tienen la capacidad de valorar la utilidad de cada una de ellas, saben cuándo y por qué aplican algo. Son colegios que requieren un factor de cohesión y unidad a su quehacer. De otro modo se convierten en supermercados de ofertas educativas, vendedores de modas pedagógicas.

Más allá de las modas pedagógicas

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Drama e indiferencia, las dos caras de una crisis del corazón

Federico Pichetto

Extraña guerra la que tiene lugar en Siria. Masacres tantas veces ignoradas, éxodos bíblicos ya incontables y periódicamente titulares de apertura en páginas web y emisoras de televisión sobre bombas químicas que atacan objetivos sensibles. De las causas y objetivos de esta guerra circulan por la red informaciones tan contradictorias y disparatadas que en el fondo ya nadie sabe cuál es la verdad más fiable.

Toda esta confusión es la imagen de nuestros tiempos. Entre unas cosas y otras, hay una guerra entre nosotros. Una guerra de la que sabemos poco, excepto que es potencialmente muy peligrosa. Se alimenta de la incertidumbre, esa sensación de indefinición que atraviesa todo Oriente Medio y también el corazón de cada uno de nosotros. Lo que la motiva es la búsqueda del control, de la posesión, como única posibilidad de realización y promoción de uno mismo. El mal que vemos fuera, los ruidos que nos llegan en medio del desierto, son solo un eco de lo que sucede dentro.

Tal vez por eso no somos capaces de entenderlo, porque no está claro para qué sirve todo este dolor que llevamos encima y que se agudiza con cada tuit, con cada frase a medias pronunciada por quien no te esperarías y que inevitablemente hace más difícil soportarse, acogerse. Nuestro interés por esta situación es fragmentado, informe, líquido, pasamos de la crisis más aguda a la indiferencia más total. A pesar de ello, precisamente por ello, todos sabemos que no es posible ignorarlo. Cada uno tiene su propia lectura, su opinión, sus expectativas. Pero, en el fondo, nadie sabe cómo salir.

Luego te llegan noticias de algunos amigos que viajan a Alepo justo los días de los bombardeos americanos, que están allí junto a los pobres, huérfanos y viudas, que les sonríen y celebran la vida. Entonces, como los discípulos en los días siguientes a la Pascua, cuesta creer lo que estás viendo, una vida que vuelve a empezar, una humanidad que no renuncia a ponerse en camino. Porque incluso bajo las bombas, incluso en medio de la crisis más oscura, lo que marca la diferencia es una presencia, una historia particular, que vuelve a empezar a amar y que –a través de ese bien tan gratuito– hace de nuevo posible mirar al futuro sin ser esclavos del mal ni rehenes de la necesidad de un poder que lo somete todo y que nos acaba matando.

Dentro de nosotros hay muchos pueblos que necesitan ser reconstruidos y también perdonados. Solo a partir de este nuevo inicio puede llegar la paz, el paso de la necesidad del poder al poder de la necesidad, del deseo definitivo de ser verdaderamente hombres. Pero sin un hecho histórico cargado de positividad y belleza es imposible librarse de la ilusión de que basta con poseer para disfrutar, y entonces todo, absolutamente todo, puede ser manipulado.

Drama e indiferencia, las dos caras de una crisis del corazón

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El caso Zuckerberg y la soledad

Riro Maniscalco (EE.UU)

Yo uso Facebook. Un poco. No es que haga allí grandes cosas. Más que nada, cuelgo mis artículos, los eventos que quiero dar a conocer al mundo entero y consulto la lista de cumpleaños. De vez en cuando cambio la foto de portada. En definitiva, soy uno de los dos mil millones de seres humanos a los que Mark Zuckerberg ha congregado en esta enorme comunidad virtual nacida de la nada en los últimos 14 años. En California tengo amigos que trabajar allí. Una idea genial, un desarrollo imprevisible, un negocio multimillonario, un montón de cosas buenas e interesantes… ¿y ahora? Ahora pasa que el Sr. Zuckerberg, el empresario prodigio treintañero que nunca acabó la universidad (cosa que no le afectó especialmente), tiene que comparecer ante dos comisiones del senado que lo van a freír a causa del uso impropio de los datos personales de millones de usuarios.

Hay más. El año pasado Facebook ya admitió que casi 1,8 millones de personas habían empezado a seguir ciertas páginas asociadas a una entidad rusa no identificada, extremadamente activa durante la campaña presidencial norteamericana. No es para bromear, la cosa es seria. Y Zuckerberg plenamente consciente, tanto que tanto él como Sheryl Sandberg, jefa de operaciones del coloso de Menlo Park, empezaron hace tiempo su campaña pública de petición de perdón, con una oleada de entrevistas que los medios nunca habían ni soñado. Para decir que “no hicimos lo suficiente para impedir que estos instrumentos se utilizaran para fines dañinos”. Y que obviamente están trabajando en ello.

Sea como sea, qué hace falta para controlar a un mastodonte como Facebook es algo que no me atrevo ni siquiera a imaginar, pero yo no soy Zuckerberg ni tengo que sentarme en la parrilla ardiente de la comisión del senado. Yo tengo mis preocupaciones. Pero lo que más me llama la atención en la aventura de Facebook es cómo se ha introducido en ese limbo terrenal, en ese sutil y casi invisible espacio entre la privacidad y la soledad que es la residencia habitual de tantos americanos y cada vez más en el mundo occidental. Con Facebook, la privacidad, un cierto tipo de privacidad, desaparece, y no es cuestión de rusos ni de consultores ingleses que quieren comernos el cerebro.

Aunque nadie renuncia a poner ciertos límites entre mi casa y la del vecino, desde que Zuckerberg entró en nuestras vidas nada me frena a la hora de informar al mundo entero (con imágenes, palabras e incluso con música) de que me caso, soy abuelo, juego al lego, tengo que salir corriendo al baño, tengo un hámster o qué sé yo. De hecho, hoy igual que ayer, y posiblemente igual que mañana, cientos de millones de usuarios seguirán pinchando, comentando y compartiendo. El hecho de que Zuckerberg tenga que declarar ante el senado parece que no interesa demasiado ni que vaya a cambiar nuestro modo de relacionarnos con las redes sociales.

El caso Zuckerberg y la soledad

Riro Maniscalco (EE.UU) | 0 comentarios valoración: 2  16 votos
>Centro de Humanización de la Salud

El CEHS refuerza su apuesta por la humanización de los cuidados

La primavera en el Centro de Humanización de la Salud viene repleta de numerosos eventos formativos y celebrativos, en su esfuerzo por divulgar una cultura más humana. Así, en el mes de abril contaremos con dos notables Jornadas, las de Alzhéimer en su 21ª edición, y las de Humanización de la Salud, más veteranas aún (23ª edición).

Completamente gratuitas, ambas Jornadas precisan de inscripción obligatoria, en www.humanizar.es y en secretaria_arroba_humanizar.es (teléfono 91 806 06 96).

XXI Jornadas de Alzhéimer, 11 y 12 de abril en el Centro San Camilo

Entre 500 y 600 personas se congregan en Tres Cantos (Madrid) cada año para aprender y ver cómo se asiste a las personas con esta enfermedad. Son muchos años contribuyendo a la atención de las personas con el mal de Alzhéimer, a sus familias y promoviendo formación en el sector.

Estas jornadas, año tras año, responden a la necesidad de profundizar en el Alzhéimer y las cuestiones que le rodean.

En esta ocasión se tratarán, en los talleres simultáneos, realidades como la innovación y roboterapia en la estimulación cognitiva para la demencia tipo alzhéimer, duelo ambiguo, counselling y alzhéimer –¿cómo comunicarnos?–, escuela de familia, o la nutrición e hidratación. De la mano de profesionales de psiquiatría, psicología, enfermería…

Los aspectos éticos en el cuidado de la persona con enfermedad de alzhéimer, protagonizarán una intensa sesión de trabajo interdisciplinar, con expertos del counselling, bioética, enfermería, teología y psicogeriatría.

También habrá un espacio sobre la espiritualidad en el enfermo y su familia, y un coloquio sobre el impacto de las publicaciones en la cultura del cuidado, con José Carlos Bermejo, director del Centro de Humanización de la Salud.

La tradicional celebración-homenaje al Alzhéimer, protagonizada por residentes y voluntarios del Centro San Camilo, pondrá el broche de oro a estas Jornadas, donde se leerá el siempre actualizado Manifiesto.

Pincha aquí para más información e inscripciones

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