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25 MARZO 2019
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En busca de la política

Elena Santa María

El pasado 5 de marzo David Trueba fue trending topic en Twitter España durante buena parte de la mañana. Lo fue por publicar un artículo en El País en el que decía que “la política actual parece empeñada en lograr que se odien los hombres con las mujeres, los de aquí con los de allá, los taurinos con los que tienen perro y los que van al gimnasio con los que escuchan a Bach. Todo eso es una puesta en escena de los odios más rentables. La locomotora electoral está alimentada por un combustible obsceno que se derrama por las calles, por los salones, a través de tertulias sostenidas con aspavientos y no con argumentos, por dicotomías imposibles donde has de decidir si prefieres matar a papá o a mamá. Muy ciegos hemos de estar para no escapar de ese bochornoso juego. Pero se estimula la ceguera. Nos lanzan ácido a los ojos. Nos sacuden donde más duele. Sentimos la espuela en el lomo. Somos caballos con anteojeras, galgos tras liebres, ratones hambrientos de queso rancio. Pero en realidad somos los dueños de todo esto. Necesitamos que nos muestren las diferencias evidentes entre unas prácticas políticas y otras, pero que lo hagan al mismo tiempo que exhiben su profesionalidad, su capacidad de acuerdo, su dinámica flexible y su talento para no transformar en algo personal lo que solo es una rivalidad saludable. Déjennos convivir”.

La viralidad de este mensaje demuestra que son muchos los que se suman a esa petición: “Déjennos convivir”. De hecho, estos días, con la máquina electoral en marcha, son muchos los artículos que aparecen denunciando la polarización, cada vez más creciente. Javier Pérez Andújar, también en El País, escribía: “se ha impuesto en el diálogo el conmigo o contra mí, que está dando al traste con el juego democrático. Este término nos advierte de que ya nada cabe en política al margen de la adhesión ciega. Los bandos se han conjurado contra las personas. Cualquier gesto hecho aparte de un grupo, de un partido, supone pertenecer al enemigo. Cualquier margen para respirar ha quedado proscrito, y cuanto más negro se pone el ambiente más se acusa de blanquear. Bajo la acusación de blanqueo yace una invocación a la pureza, una cruzada contra lo sucio. Porque sin la pureza es imposible el puritanismo, el agua limpia de la que bebe toda Inquisición. De esto nos están hablando nuestros políticos”.

Con otras palabras, Antón Costas en La Vanguardia, dice algo parecido: “Tenemos que dejar de pensar que nuestra visión está basada en buenos sentimientos y la de los demás en el odio. Tenemos que salir de nuestras respectivas tribus y ponernos de nuevo a escuchar y hablar entre nosotros. Y, en segundo lugar, necesitamos políticas públicas y empresariales que hagan que la economía y la democracia funcionen en favor de la mayoría. De lo contrario, tenemos populismos nacionalistas para rato”.

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Exigir una infinita felicidad genera violencia

Cristina Llanos

Muchos de los casos de violencia de género encierran un mal más profundo. En el encuentro con el otro que es tan limitado como yo puede haber la tentación de exigirle una infinitud de felicidad o intentar cambiarle para hacerle a mi medida. Todo esto genera violencia.

En mi larga experiencia como abogada de oficio defendiendo a los presuntos maltratadores nunca se me dio la circunstancia de defender a una mujer maltratadora. Esto me parece significativo ya que culturalmente el varón no se ve denunciando los malos tratos que recibe de una mujer. El varón vive esa violencia doméstica en soledad. La mujer es más proclive a compartir sus problemas, por ello se ve reforzada a denunciar también por un deseo de proteger a sus hijos.

He visto denuncias por mujeres contra sus maridos o parejas, cuyo término es un juicio rápido, donde se resuelve –entre otras– imponer al maltratador una medida de alejamiento. Pues bien, he presenciado cómo la esposa o la mujer maltratada, directamente o por una amiga, intenta localizar y contactar con el sentenciado, incumpliendo el mandato judicial.

Este hecho, no poco frecuente, podía darse por varios motivos: desconocimiento, provocación o deseos de reanudar la convivencia. Les he visto llegar de la mano al juzgado solicitando la suspensión de la medida cautelar de alejamiento; he oído a una mujer pedir al fiscal que interceda para que no juzguen a su pareja por haber quebrantado la condena de la prohibición a acercarse a ella a menos de 500 metros: es que fueron encontrados en un hotel celebrando san Valentín.

Me daba cuenta de que aquel odio que se introdujo entre ellos había desaparecido. Porque el mal, al no tener raíz, no anida entre nosotros. Estamos hechos para el bien, e inconscientemente volvemos a vivir agarrados de la mano esperando el cumplimiento de esa promesa de felicidad que nació entre nosotros cuando nos enamoramos.

Quien se violente ante esta inclinación natural va contra su propia humanidad, se invierte, se enajena.

También he visto denuncias por mujeres a sus maridos o parejas que no se ajustaban a la realidad. Sí, es verdad que, y con seguridad, se partía de un grave conflicto que ya en el hogar se estuviera viviendo, pero he presenciado cómo mujeres simulaban la realidad, mentían.

Con una denuncia de una mujer formulada por teléfono narrando un miedo creíble, el varón es conducido por la policía a comisaría. Luego se averiguará lo sucedido. Y podrán, inclusive después, archivarse las diligencias con la consiguiente libertad para aquel presunto maltratador, pero durmió en el calabozo una noche.

Una simulación de delito por parte de la mujer debe abrir unas diligencias contra ella. No presencié nunca ninguna actuación en este sentido. Sí, por el contrario, severas amonestaciones verbales, por el juez y el fiscal, tanto a ella como a él.

¿Qué he aprendido de esta experiencia? Que tú, del que me enamoré aquel día, abriste en mí la esperanza de que tú ibas a solucionarme todos los problemas, que tú ibas a darme toda la felicidad que yo deseo en cada instante. Pero al no ser así, porque eres tan limitado como yo, puedo hacer dos cosas: exigirte esta infinitud de felicidad o intentar cambiarte para hacerte a mi medida.

Todo esto genera violencia.

Exigir una infinita felicidad genera violencia

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>El futuro de la escuela

'Más que refundar la escuela hay que potenciar a los maestros'

P.D.

A raíz del nacimiento del primero de sus dos hijos, la periodista Eva Millet empezó a escribir sobre temas de educación y parenting. En 2014 puso en marcha un blog especializado en noticias que ayudan a educar.

¿En qué momento está nuestra escuela?

En una sociedad insatisfecha y exigente, que considera que tiene muchos derechos pero pocos deberes, la escuela, ya sea pública o privada, se cuestiona constantemente. Si a ello le sumamos los constantes cambios de los sucesivos gobiernos, que no han sido capaces de hacer el trabajo que deberían de hacer los políticos (lograr el "bien común", ¿les suena?), y ponerse de acuerdo y pactar una ley educativa para todos, que no cambie cada cuatro años, podría decirse que la escuela tampoco está muy bien tratada desde las administraciones.

Pero, pese a ello, yo quiero creer que la escuela, como institución, funciona. Porque la escolarización universal, gratuita y obligatoria es un éxito de toda sociedad, por mucho que se la ataque. Y yo, que he visitado muchas escuelas en los últimos años, con mis charlas sobre hiperpaternidad, puedo decirte que son lugares que me gustan, que funcionan: no he visitado una escuela que no me transmita buenas sensaciones.

¿Es necesaria una refundación? ¿En qué sentido?

En los últimos años han habido un montón de "refundaciones" de la escuela y del sistema educativo: de la obsesión por la estimulación precoz a finales de los 90/2000 al más reciente mantra de "darle la vuelta a las clases y a la escuela", acabar con el pasado, con las clases magistrales, sustituir al maestro por internet, sustituir al maestro por un coach, etc. ¡Uf! Creo que somos una sociedad un punto destructiva que no sabemos valorar lo que tenemos de bueno y arrasamos con el pasado reciente demasiado rápido.

También hay mucho márketing y mucha competencia entre centros (recordemos que cada vez hay menos niños) y mucha inseguridad de los padres. De repente, surge una nueva manera de enseñar que, nos aseguran, será "la definitiva" y hará más feliz/inteligentes y competentes a nuestros hijos y todos nos volvemos locos.

Es verdad que todos hemos de evolucionar, y la escuela no puede quedarse atrás, pero no creo que se esté quedando atrás, francamente. Mis hijos (ahora en la ESO, ambos en centro público) están estudiando cosas de la misma manera que las estudié yo y cosas de una manera completamente diferente. Ni mejor ni peor, distinta. Y estoy convencida de que una parte fundamental (creo que la más fundamental) del éxito de una escuela radica en la calidad de sus maestros: un buen maestro te cambia la experiencia escolar. Más que refundar la escuela, hay que potenciar a los maestros: ellos son clave. Sin olvidar la capacidad de esfuerzo de los alumnos y el compromiso, de colaboración (no intromisión) de los padres.

¿Qué reto y qué oportunidad supone la enseñanza de las STEM (Science, Technology, Engineering and Maths)? ¿Un enfoque en el desarrollo de habilidades STEM puede alejar de la reflexión?

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'Más que refundar la escuela hay que potenciar a los maestros'

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Locura ordinaria o compañía de personas reales

Giorgio Vittadini

¿Qué tiene que ver el aumento de sucesos violentos sin razón, el malestar y el sinsentido de las sociedades del mundo desarrollado, con la crisis de los cuerpos intermedios, los movimientos, las asociaciones, las compañías y las libres agregaciones de personas? Aparentemente, nada. Los cuerpos intermedios parecen estar en crisis irremediablemente por dos razones. La primera va ligada al derrumbe planetario de la confianza que estamos viviendo. Confianza entre países, entre ciudadanos de distinta procedencia, entre ciudadanos e instituciones, entre las personas y sus agregaciones.

El hombre contemporáneo ya lleva tiempo viviendo las dimensiones globales y “líquidas” de la sociedad, tan bien descritas por el sociólogo polaco Zigmunt Bauman. Todo eso ha llevado a pensar que toda forma de realidad organizada es portadora de intereses particulares contrarios al bien común y por tanto hay que mirarlo con sospecha. En escena solo quedan el Estado y el individuo. Cuando el capitalismo era industrial, necesitaba una mediación entre el individuo y la producción, como por ejemplo en la organización sindical. Pero eso ha cambiado con el tardo capitalismo, el financiero, que ve en la sociedad intermedia un obstáculo a la inmediatez de las transacciones económicas.

Luego hay una segunda razón que ha acelerado radicalmente el proceso. El acceso a la red global ha desatado los vínculos, hasta el punto –como hemos visto– de que muchos piensan que esta es una sociedad formada por mónadas, cada una con sus necesidades y deseos específicos, que contrastan con los de los demás.

En esta línea, Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, hace un año publicó un largo manifiesto en el que alaba a las comunidades tal como las conocemos (plazas, clubes deportivos, iglesia), pero subraya que están en declive, así como la confianza y la esperanza, y que para preservarlas hay que restablecer sus “conexiones” a través de las redes sociales. Estas, según Mr. Facebook, no alienan a la gente sino que tienen de hecho un efecto positivo, pues refuerzan el tejido social. Hay quien habla de las redes sociales incluso como los “nuevos cuerpos intermedios”, destacando el valor de su dimensión incluso física, más que virtual. Se trataría de formas de agregación más informales y fluidas, con objetivos más específicos y sin jerarquías fijas, más bien como ámbitos de relación, espacios de sociabilidad.

Pero estas nuevas formas de agregación tampoco están siendo capaces de contener la crisis de confianza que está minando no solo a los cuerpos intermedios, sino a toda la vida social. La desbandada actual afecta a los fundamentos de la existencia porque afecta a la posibilidad de realizar un camino de crecimiento y satisfacción en la familia, en el trabajo, en la vida cotidiana. Parece imposible pensar que la gente pueda estar determinada por una irrenunciable capacidad de bien, de construcción, de positividad. Los cuerpos intermedios no están en crisis porque se hayan vuelto superfluos, sino porque, aislándose, la gente ha perdido la conciencia de su necesidad de relacionarse.

Locura ordinaria o compañía de personas reales

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La convivencia es posible

Elena Santa María

Coincidiendo con San Valentín, que ha llenado redes y prensa de cursilerías y cantos y reflexiones sobre las nuevas formas de amor, varios columnistas habituales han abierto una rendija, a través de sus textos, para contar qué es el amor para ellos. Pilar Rahola, en La Vanguardia, lo hacía para felicitar el cumpleaños al "señor que acompaña mis pasos por la vida". "De golpe empiezan los recuerdos, se amontonan las vivencias y esa cosa pegajosa, pero linda, que es la nostalgia nos envuelve con ternura y nos da un momento nuestro, que no es de nadie. Pienso en la complicidad, ese barro sólido con el que cimentamos la convivencia, y me siento un poco orgullosa de lo que hemos construido, porque así lo hemos construido, pasito a pasito, verdad a verdad, reconstruyendo cada trocito de camino que se había degradado. No es fácil vivir con el otro sin ser el otro, pero el amor es justamente eso, un aprendizaje del otro, poquito a poquito, día a día".

Por otro lado, Juan Manuel de Prada respondía así en una entrevista de Iñako Díaz-Guerra en El Mundo, a raíz de su última novela: "La vida pierde misterio porque nosotros perdemos curiosidad. En cuanto al amor, por muy cínico que seas, por más sucedáneos que inventes, lo sigues necesitando. Todos aspiramos al amor porque hemos sido creados para estar unidos. Es el meollo de la existencia y del acto creativo. En mi novela, para el protagonista conocer a Lucía es dejar al hombre viejo y sufrir una metamorfosis completa. (...) Sé que ahora se dice que la mujer no tiene que ser musa. Es una monserga demencial de cierto feminismo. No veo mejor forma de cambiar eso que llaman el patriarcado que ser musa, porque la musa transforma radicalmente al hombre, te levanta de los escombros".

Tras describir una serie de casos que demuestran que "lo común es que te rompan el corazón en mil pedazos", Ana Sharife en Revista Contexto reconoce que "el amor nos proporciona una medida del tiempo y el espacio a través de la cual el mundo te pertenece por entero, parece hecho para ti. Una de las sensaciones más poderosas e intensas que la mente humana puede experimentar. Amar hasta sentir que el cielo roza el fondo dormido de los océanos".

También Sol Aguirre, en El Español, describe el amor al hablar de las enfermedades mentales. "Sostener al que, en un momento dado, no se sostiene por sí mismo nos pone a prueba, nos enfrenta con nuestros fantasmas, con nuestra propia debilidad. Esa que, inevitablemente, sentiremos en algún momento de nuestra vida y que, con suerte, o con ayuda, quedará en pura anécdota. Prestemos atención, a nosotros y a los nuestros. Insomnio, alejamiento de las amistades, incapacidad para afrontar los problemas cotidianos, abuso de drogas o alcohol, desórdenes alimenticios. Hagamos saltar la alarma. Querámonos mucho, cuidémonos en cuerpo y alma. No somos un ensayo".

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La convivencia es posible

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New York Encounter. Algo indestructible

Giorgio Vittadini

No es fácil contar a alguien que acabas de conocer qué es el New York Encounter, tres días de encuentros, exposiciones y espectáculos sobre temas de interés general, como científicos, económicos, sociales, religiosos. Después de visitar hace un par de semanas los locales del Metropolitan Pavilion de Manhattan, alguien comentaba: “Hay un programa lleno de encuentros, pero mucha gente parece haber venido aquí para pasar tiempo juntos. ¿Cuál es el objetivo de este evento? Sois católicos, ¿el objetivo de esta iniciativa es ampliar vuestra comunidad de pertenencia? Antes de venir pensaba que era un congreso cultural, pero en realidad en los encuentros se da mucho espacio al diálogo sobre experiencias personales”.

Efectivamente, pueden surgir ciertas dudas cuando al lado de la producción artística de Andy Warhol se habla de su experiencia religiosa, o cuando un importante jurista de la universidad de Princeton sube al escenario para hablar de Bob Dylan y tocar su música. O cuando un famoso columnista del New York Times cuenta su historia de caídas y recuperaciones porque uno puede estar “destrozado y cerrado o destrozado y abierto”.

Hay momentos en la historia en que hay que pararse a pensar cómo volver a empezar. Por eso hay que encontrarse, salir de los espacios en que uno se siente protegido. Hace falta mirarse a la cara, intentar entender y aprender del que tenemos delante. Para que se vuelvan a encender los motores, para aprender a desear más, para incrementar las ganas de conocer, construir, invertir en algo.

Esta es la convicción que ha llevado a los organizadores del NYE a poner en el centro de esta kermés precisamente ese “algo” que reacciona en nosotros, que se rebela, que no se rinde y que quiere volver a empezar. En esta edición se ha hablado del descubrimiento de nuevos planetas, de cómo hacer negocio humanamente, de cómo educar a los jóvenes, de migraciones, siempre con el objetivo de conocer, pero también de verificar si esta naturaleza nuestra que desea siempre más es realmente indestructible, si verdaderamente es “algo de lo que partir”, como decía el lema.

Para comprender la urgencia de esta pregunta, hay que ver qué ha pasado en América en los últimos años. “Las estadísticas no bastan, hay que mirar alrededor”, dice Angelo Sala, uno de los organizadores del Encounter: el malestar, la incertidumbre, la dificultad de vivir, incluso el miedo de mirar a los ojos al que tenemos delante son evidentes. Junto a una renovada exigencia de justicia (aun con fenómenos que a veces resultan excesivos, como podría ser el “Mee too”), el emerger de un tribalismo moderno, el aumento en la tasa de suicidios, la dependencia de drogas y opiáceos, la creciente soledad y el sofocante políticamente correcto que nos encierra en burbujas que limitan las posibilidades de expresarse.

Ni siquiera el deseo del éxito o de construir una familia es ya suficiente para afrontar el futuro con confianza. En vez de pararse a analizar lo que no funciona, los organizadores del NYE han querido poner en el centro de esta kermés experiencias personales donde se ve ese “algo” en nosotros que es indestructible. Como decía Luigi Giussani, recordado en una exposición realizada por alumnos de enseñanzas superiores, “amo a Cristo porque amo la vida, y no al contrario”.

New York Encounter. Algo indestructible

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Vientres

Inma Monsó

Por su interés, publicamos este artículo de Inma Monsó, de ayer en el diario La Vanguardia.

Un hijo no es un parche. No es un parche para cicatrizar la herida narcisista. No es un parche para suplir una vida en la que los encuentros amorosos no han colmado tus expectativas. No es un parche para completar la foto de esa familia feliz que nos han vendido y que jamás ha existido salvo a ratos, como todo en esta vida. Un hijo no es un parche, aunque desear hijos para parchear la vida es legítimo: nuestros deseos son libres. Ahora bien: empeñarse en hacer realidad ese deseo a cualquier precio es algo muy distinto.

Un deseo no es un derecho. Un deseo intenso de ser madre o padre es una obsesión que se cura con el tiempo (por no mencionar los deseos que al cumplirse se convierten en un infierno). Emprender una batalla larga y compleja para llegar a fabricar un hijo mediante el alquiler de un vientre ajeno es de un narcisismo que debería hacer reflexionar a muchos. Cuando la vida obstaculiza nuestros deseos es responsabilidad del adulto enfrentarse al deseo insatisfecho o aprovecharlo para más altas miras.

Un embarazo no es un estado de gracia. No en la mayoría de casos. Es un estado natural, eso sí, tan natural como la enfermedad o la muerte. Fragiliza el organismo, altera las constantes y provoca todo tipo de problemas como cualquier embarazada sabe, que se subliman y soportan (la naturaleza es sabia de vez en cuando), por la compensación del encuentro con la vida que llega. Cada una puede hacer con su propio cuerpo lo que crea oportuno. Pero alquilar el cuerpo de otra mujer es, se mire como se mire, una mercantilización abu­siva en toda regla. Para disimularla, en los debates sobre el tema suele aparecer ­como adorno la palabra altruismo, el altruismo de la mujer que alquila el vientre. La falacia se desmonta por sí sola: todas las mujeres dispuestas a alquilar su vientre tienen economías modestas. Sospechosa coincidencia: ¿ninguna mujer rica o de clase acomodada es altruista?

Soy partidaria de que el Gobierno solucione la situación de las familias retenidas en Kíev (lo hecho, hecho está, ahí están esas vidas y que sea para bien), pero no de legalizar la gestación subrogada. Facilitar a los ciudadanos que paguen a cualquier precio un deseo que dista mucho de ser ­legítimo pone a estos al nivel de las cria­turas: se los infantiliza creyéndolos incapaces de satisfacer ese deseo por otras vías o de renunciar a él. Se les atribuye una inmadurez que, en este caso, es un defecto especialmente relevante, pues está en juego un crío, y se supone que los críos han de ser educados por adultos, no por otros críos incapaces de dar mejor salida a sus frustraciones.

Un gobierno que legitima la gestación subrogada es un gobierno que declara a sus ciudadanos incapaces de ­entender algo tan sencillo (repitámoslo de nuevo) como esto: que un deseo no es un derecho.

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Inma Monsó | 0 comentarios valoración: 2  24 votos
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Demasiado tiempo con los ojos secos

Elena Santa María

El cantante Dani Martín se preguntaba en una entrevista reciente en Jot Down "¿por qué el mundo está como está ahora mismo? ¿Por qué un tío desde una ventana se pone a matar gente en Las Vegas? ¿Qué pasa en este planeta? ¿Por qué hay tanta desigualdad, por qué somos tan malos vecinos? (...) ¿Qué cojones está pasando aquí?".

¿Qué está pasando aquí? Carlos G. Reigosa en La Voz de Galicia responde que "la realidad es que el guirigay que tenemos en España, con más de media docena de versiones para explicar lo que sucede y lo que debería suceder, confunde hasta a los más hábiles y mejor formados". Y añade que, "sin embargo, debe recordarse que las verdades deben prevalecer y que caminar de su mano suele tener el premio de las decisiones sabias, que tan necesarias son para el buen funcionamiento de las sociedades, de los Estados y de los propios individuos. Porque la verdad sí existe y nos hace dignos y libres. ¿Acaso han olvidado esto nuestros políticos?".

¿Qué está pasando aquí? Pedro Simón, en El Mundo, responde con un ejemplo concreto de algo que también está pasando. Lo hace con el ejemplo de Luisa, una mujer sobre la que dice que "hubo un tiempo lejano en que le sobraban todos y le faltaba su espacio. No tenía tiempo para ella, ni espejo, ni pausa, y así fueron pasando los años. Hasta que poco a poco se le fue devolviendo todo de golpe. Las horas. El hueco en el sofá. El mando para ella sola. La soledad, claro. Y el miedo también. En España hay más de tres millones de personas que viven solas porque no les queda otra. Uno de cada cuatro mayores no recibe nunca visitas de familiares cercanos. Tienes no sé cuántas ocupaciones. Un montón de contactos en las redes. Muchas pantallas que mirar. Pero cuánto hace que no vas a ver a Luisa".

¿Qué está pasando aquí? Jorge Marirrodriga, en El País, dice que lo que pasa es que "cantamos a lo que no tenemos y aspiramos a lo que no podemos alcanzar. Somos humanos. Es cierto que esa búsqueda puede convertirse en persecución y esa inquietud, en enfermedad. Y si es generalizada, en una pandemia. Pero, si lo pensamos detenidamente, ese anhelo es el motor que, al final, nos mueve. Tal vez no se puede ser totalmente feliz todo el tiempo". Pero concluye que “seguramente perseguir la felicidad es doloroso y frustrante y encima puede que la cosa acabe mal. O no. En la duda –y la esperanza– que genera ese ‘o no’ reside lo importante. Chesterton decía que si de verdad vale la pena hacer algo, entonces vale la pena hacerlo a toda costa. Y ya lo canta Meat Loaf: recorrer todo el camino solo es el comienzo".

¿Qué está pasando aquí? Otra respuesta concreta de un hecho concreto. En este caso del día siguiente a la celebración de la gala de los Goya. Carlos Boyero, crítico de cine de El País, escribió entonces que "la revelación más gozosa, conmovedora y memorable de esta fiesta de pompa y circunstancias que este año les ha quedado tan correcta y previsiblemente empoderada (creo que se dice así) ha sido el discurso de agradecimiento de un señor muy bajito, calvo y con terribles problemas de visión llamado Jesús Vidal. Noto la cercanía de la lágrima (con causa o sensiblera, me da igual cómo aflore en estos ojos que llevan secos tanto tiempo) ante lo que cuenta y cómo lo expresa al recibir su premio. Ignoro si Jesús Vidal es un actor extraordinario, con capacidad para provocar en los receptores las sensaciones que le dé la gana, si su discurso estaba preparado o improvisado, pero fue precioso. Hablo de memoria, aunque no creo que me ofusque. Creo haber escuchado a Jesús Vidal lo siguiente: ‘Amar la vida con los ojos de la inteligencia y del corazón’ y ‘sí me gustaría tener un hijo como yo porque tengo unos padres como vosotros’. Destila emoción auténtica, cercanía sentimental, calidez, verdad". De nuevo la verdad que decía Reigosa que nos hace dignos y libres. Y en ese momento, con los ojos secos o no, todos la reconocieron.

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Julen, los medios y la educación

José Luis Rodríguez Torrego

En las últimas semanas las columnas de los periódicos se han llenado de juicios de valor sobre el comportamiento de los medios durante el rescate del pequeño Julen, en los que se sostienen posiciones discrepantes sobre el tratamiento que se ha dado a la noticia. Unos afirman que, en líneas generales, este tratamiento ha sido adecuado y razonable, mientras que otros consideran que la información se ha convertido en puro espectáculo. Resulta curiosa la transversalidad de las opiniones de los columnistas, que se han agrupado en posiciones contrarias sin atender a los criterios ideológicos que a menudo presiden sus textos.

Uno se pregunta por qué se da esta gran diferencia de percepción en un tema sobre el que no pesa el condicionamiento ideológico que habitualmente lastra la opinión pública. Y hablo de percepción porque el material con el que se han confeccionado estos juicios se reduce –inevitablemente– a impresiones. Estas opiniones no hacen referencia a estudios realizados sobre el tratamiento mediático de la noticia de Julen, en los que se establezca qué medios analizar, con qué metodología, y a qué criterios éticos apelar para juzgar los distintos comportamientos, o para llegar a una conclusión general.

De entrada, parece razonable hacerse preguntas previas sobre lo publicado del caso: ¿hablamos solo de lo que se ha visto en medios tradicionales o incluimos el último tuit descerebrado de nuestro timeline, o incluso el hoax que nos llega por whatsapp? ¿Nos limitamos a considerar el contenido de los informativos y de la prensa, o metemos en el saco a las tertulias con las que televisiones y radios llenan horas de programación a un coste asumible? La propia definición de medio de comunicación es, en la época de la sociedad red, una cuestión abierta.

En estas críticas a la prensa (curiosamente publicadas por los propios periódicos) resuena la antigua cuestión de la construcción de las noticias por parte de los medios de comunicación, y también las teorías pesimistas –que Umberto Eco llamaba “apocalípticas”– sobre la cultura y la incapacidad de los receptores de los mensajes de sustraerse a la influencia de los medios: Lippmann, Young, Lasswell, y otros, a los que se incorporan perspectivas más actuales que añaden como factor la irrupción de las nuevas tecnologías. Preocupaciones y simpatías de autores solventes como Bauman, Habermas o Castells, o de personajes dudosos como el anti-tecnológico Harari (una especie de Unabomber inconsecuente, pacífico y vegano).

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La pérdida y la espera

Elena Santa María

Poco a poco todo vuelve a la normalidad, pero la búsqueda y el posterior hallazgo del cuerpecito de Julen puso España patas arriba. Son muchos los que escribieron sobre lo que sucedió en esos días de rescate. Xavier Vidal-Folch escribió en El País que el rescate se hizo porque "tratando de rescatar lo imposible, esta sociedad por tantas cosas apurada pugnó por reencontrarse consigo misma, con sus valores elementales, la vida, la solidaridad frente al infortunio. Así, a todos los que no le conocíamos nos hizo mejores. A todos puso en disposición de alerta gratuita. Más importante que todo lo anterior. En el trato a Julen ha predominado lo mejor de la cultura obrera (que declina) de este país. La silenciosa sobriedad de los mineros asturianos. La disposición indómita de ingenieros y guardias. La habilidad técnico-industrial de los constructores de la caja metálica de salvamento. La cocina cotidiana de las mujeres del pueblo, ofreciendo antes que preguntando. Todos los que trabajaron perdiendo dinero, simplemente, porque había que hacerlo".

Pero tras el esfuerzo vino el hallazgo, y con él el silencio. También en El País, Félix de Azúa hablaba así de la muerte de un niño. "Toda pérdida es temible, pero la de un niño espanta en grado sumo. Es como si nos robaran la huella que debemos dejar por unos pocos años en este mundo. La sola memoria real a la que podemos aspirar. La pérdida de un niño es la experiencia más radical de la muerte. Puede morir un pariente o un respetado ciudadano y se le llora un tiempo, pero la muerte de un niño nos destruye hasta el tuétano, es una visión demasiado pavorosa de la fragilidad de nuestra condición. Basta doblar una esquina y la lluvia negra nos devora. Hace poco se publicó la fotografía de un niño ahogado tras el naufragio de una balsa. Estaba de rodillas y con los bracitos a lo largo del cuerpo, la cara hundida en la arena. No hay imagen más espantosa. Produce un miedo supremo ante la voracidad de la nada".

En una entrevista para ABC, Fernando Savater reconoce cuatro años después de haber perdido a su mujer que "el sufrimiento es permanente. Lloro a Sara todos los días, lo mismo en el primero que hoy. En eso no he cambiado en absoluto" y que "lo peor es descubrir que nada se derrumba después de la hecatombe, que mañana habrá otro amanecer y sus ojos no estarán para gozarlo. Lo peor es ver que los días se dilatan en su ausencia, y que no hay dolor que pare el tiempo".

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La Escuela que debe nacer de nuevo

Ferrán Riera

Los tiempos siguen cambiando y si algo caracteriza el nuestro es que la velocidad del cambio aumenta a la espera siempre de cosas nuevas que dejen atrás las anteriores. La tecnología sigue respondiendo a esa impaciencia estructural que se ha apoderado de los hombres. En los cafés y en los breves diálogos de la cola del supermercado nos quejamos de las prisas, de la dificultad para disfrutar el momento y de la imposibilidad para detenerse un momento y mirar. Nos quejamos y seguimos intentando no perder la base de ritmos suministrada por las noticias, los anuncios y los vaivenes económicos y sociales.

Ante este panorama difícil lo tienen las instituciones seculares que se dirigen a lo perenne, a lo que permanece. La escuela es una de ellas y en estos momentos se revuelve en la incomodidad de querer afirmar valores sólidos que puedan sostener a los hombres del mañana mientras se halla inmersa como lo estamos todos en la sociedad líquida para la que la única verdad reconocida parece ser el cambio.

Una rápida mirada a nuestro entorno político y social y podemos comprobar cómo en nuestro mundo se están poniendo patas arriba instituciones, tradiciones y estructuras que parecían intocables. Parece que las antiguas consignas de mayo del 68 (“bajo los adoquines está la playa”) y las proclamas inconformistas de quienes querían cambiarlo todo estén surtiendo efecto 50 años después. La democracia y el derecho tan reclamados por unos y otros están en crisis y a las puertas de un sistema que se ha vuelto inestable llaman a centenares de miles que huyen del propio y de su pobreza.

La escuela, como tantas otras herencias de nuestros padres, también ha sido sentada en el banco de los acusados. Se la acusa de no responder a las exigencias educativas del momento, de no estar al día, de no tener capacidad de reacción, de no ser útil, de intentar perpetuar un sistema que ha fracasado y los mejores maestros, los que se preocupan, van de un lado a otro intentando que los padres estén contentos, que los chicos aprendan y que no se pierdan nada. Subidos a la red boleando todas las pelotas que hay en juego deben estar atentos a que las piedras que caen no les pillen debajo y ya no les queda tiempo para pensar qué están haciendo ni cómo va el partido.

Pero si hay que pararse un momento es para mirar. El verbo más importante en educación es “mirar”. No podemos exigir otra cosa a los colegios que no sea esta. ¡Que los profesores miren! ¡Que la dirección mire! Que miren antes de actuar, antes de decidir, antes de reñir y antes de premiar. Que miren el entorno, el clima y el paisaje de sus alumnos, sus heridas y su necesidad.

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No estamos desbordados por los MENAS

Isabel Lázaro González

Desde que en la década de los noventa del siglo pasado comenzaron a llegar a España extranjeros solos que no alcanzaban la mayoría de edad, el mensaje que insistentemente ofrece el sistema desde su llegada es claro: “no os queremos”. No me refiero a respuestas defensivas o respuestas solidarias individuales. Hablo de las normas y recursos con los que articulamos política y jurídicamente el sistema.

Son muchas las cuestiones relevantes que plantea esta respuesta al jurista que considera que la defensa de los derechos humanos es la tarea esencialmente vinculada al corazón del Derecho. En las líneas que siguen voy a referirme a algunas de ellas que se generan dentro del sistema de protección de menores, dejando para otros momentos los puntos calientes sobre la determinación de la edad, la inaccesibilidad de hecho a la protección internacional por más que las normas consideren compatible la protección como menor con la protección internacional o la desprotección que puede darse cuando el niño llega a la edad adulta.

Cuando un extranjero menor de edad se encuentra en territorio español solo, sin un adulto responsable de él, procede declarar el desamparo y la asunción de la tutela administrativa por la entidad pública competente de la Comunidad Autónoma del lugar en el que el niño se encuentra. Así debe proceder la Administración siempre que, de hecho, a causa del incumplimiento, o del imposible o inadecuado ejercicio de los deberes de protección establecidos por las leyes para la guarda de los menores, los niños queden privados de la necesaria asistencia moral o material. Lo establecen de esta manera tanto la Ley de modificación del sistema de protección de la infancia y la adolescencia como el Código Civil. No juegan ningún papel en la declaración de desamparo ni la nacionalidad ni la residencia del niño. Solo el hecho de encontrarse en España basta cuando se da la situación descrita como causa del desamparo.

El fundamento de la declaración del desamparo colocando al niño bajo tutela de la Administración no puede ser otro que el interés superior del niño; es decir que los niños extranjeros que llegan solos a España deben quedar bajo tutela administrativa con el fin de proteger su interés que hemos reconocido como superior a cualquier otro interés presente en la situación (incluido el legítimo interés del Estado de controlar sus fronteras).

Estos niños ingresan primero en centros de primera acogida y después se distribuyen en acogimiento residencial según los recursos disponibles en la Comunidad Autónoma. Son precisamente las condiciones en las que se encuentran en estos centros las que han saltado a primer plano en los medios de comunicación en distintas ocasiones. La situación en los centros de Melilla o en el de Hortaleza en Madrid expresa la saturación del sistema.

El desbordamiento de los recursos es fruto de la inadaptación del sistema al incremento constante en las llegadas y no de un volumen imposible de afrontar por la sociedad española –a pesar de la impresión de “invasión” que se genera por imágenes y declaraciones de algunos políticos–.

No estamos desbordados por los MENAS

Isabel Lázaro González | 0 comentarios valoración: 2  17 votos

¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?

Ignacio Carbajosa

La búsqueda del pequeño Julen nos ha tenido a todos en vilo durante casi dos semanas. De algún modo las excavaciones para encontrar al niño han ido parejas a ese otro excavar en la profundidad de nuestro ser en busca de sentido. ¿Qué valor tiene la vida? ¿Para qué nacemos? ¿Qué es la muerte? ¿Son el azar y la fortuna los dueños de nuestra vida?

Estas preguntas, que solemos tener medio enterradas y que estos días se han abierto camino como entre zarzas, dicen ya mucho de nuestra naturaleza humana. No ha sido necesario explicitarlas, nos hemos movido de hecho con ellas. ¿Quién no se ha sorprendido encendiendo la televisión, la radio o accediendo a los periódicos digitales para conocer la última hora de un niño que ninguno conocemos? Pero aún llama más la atención el ingente operativo montado en la hasta ahora desconocida localidad de Totalán. Una obra de ingeniería que duraría meses se ha llevado a cabo en algo más de una semana. Se han movilizado medios públicos y privados, nacionales y extranjeros. Una brigada de mineros asturianos ha vivido “a pie de pozo” durante días, preparados para entrar.

“¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para darle poder?”. La pregunta del Salmo 8 me ha venido a la cabeza recurrentemente estos últimos días contemplando la movilización del país en torno a la vida del pequeño Julen. Las posibilidades de encontrarlo con vida eran pocas (tal vez ahora nos lo confesamos) y sin embargo no se han escatimado esfuerzos de todo tipo. Nos separan tres mil años de aquel salmista, pero su pregunta sigue dando forma a nuestra pregunta: ¿Qué es el ser humano, tan valioso y tan frágil?

La expresión del Salmo no es problemática y mucho menos escéptica. Nace más bien del asombro y la admiración por las obras de la creación: “Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, // la luna y las estrellas que has creado”. Si comparamos nuestra vida, siempre frágil, con la inmensidad del universo (que hoy conocemos mejor que hace tres mil años), nace de forma natural esta pregunta, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él? Aun siendo poca cosa, sólo el ser humano tiene conciencia de toda la realidad, sólo él es la “autoconciencia” del universo. Misterio entre los misterios, que estos días se movía entre la maquinaria presente en Totalán.

Pero ¿cómo censurar el desgarro y la perplejidad que nos han alcanzado cuando desde el pozo profundo han llegado noticias de muerte? Nos hacemos uno con el sufriente Job, que, en su dolor, convertía la pregunta admirada del salmista en un grito de protesta dirigido a Dios: “¿Qué es el hombre para que te ocupes tanto de él, para que pongas en él tu interés, para que le pases revista por la mañana y lo examines a cada momento? ¿Por qué no apartas de mí la vista y no me dejas ni tragar saliva?”. Admiración y dolor, grandeza y pequeñez, agradecimiento y protesta, vida y muerte, conviven en nosotros. ¿Quién puede penetrar en este misterio sin censurar ninguno de sus factores?

¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?

Ignacio Carbajosa | 0 comentarios valoración: 2  13 votos

The Good Doctor

Javier García Arevalillo

The Good Doctor no sólo me ha gustado, casi diría que me ha cautivado. Y para mí ha sido una sorpresa, porque la empecé a ver sin muchas expectativas. “Autista superdotado que es admitido como cirujano en un hospital”…, de entrada pensé: va a ser House pero sustituyendo a un sociópata por un autista. En algunos aspectos se parece, sobre todo en la estructura de cada capítulo: normalmente dos casos, muchos de solución aparentemente sencilla, pero hacia la mitad se complican misteriosamente.

Me ha llamado la atención el juego que le han sabido dar a un protagonista autista. Sobre todo porque han podido transmitir un trasfondo muy emotivo al personaje sin que este sea ñoño en ningún momento.

Shaun Murphy, autista superdotado, se escapó en su momento de una casa en la que era maltratado, acompañado por su hermano. Hasta que la desgracia se ceba con ellos y el hermano muere. Es precioso ver cómo, sin caer en la sensiblería, ese afecto del hermano es mucho más fuerte que los recuerdos de abuso, las diversas casas de acogida, el rechazo de tantos… hasta lograr su sueño: ser cirujano en un hospital de prestigio.

Lo que en House eran dificultades por su trato inhumano a pacientes y médicos, aquí es una mezcla curiosa más compleja y rica: prejuicios de unos (sobre todo sus jefes y compañeros, pero también algunos familiares de pacientes) y una honestidad sin filtros por parte de Shaun, que le da una frescura especial a la serie.

La actuación de Freddie Highmore, alias Charlie en la Fábrica de Chocolate, no sólo es para enmarcar. Hace necesario ver la serie en VO. Es entrañable la actuación de Richard Schiff como el doctor Glassman, amigo de Shaun y principal mentor para su entrada en el hospital, ejerciendo como una especie de figura paterna para Shaun. Su relación, junto a la que se va estableciendo con su vecina de piso, nos da algunos de los mejores momentos de la serie.

Afortunadamente, los que disfrutamos con el mejor House tenemos una nueva serie de médicos a su altura, a la que engancharnos en familia, con la que disfrutar de la ausencia de pelos en la lengua de Shaun, de su entrañable aprender la empatía… y los que somos unos hipocondríacos de libro, además, tendremos motivos de sobra para pensar que nos morimos cada dos por tres.

The Good Doctor

Javier García Arevalillo | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
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En busca de un lenguaje común

Elena Santa María

Tras describir la crisis que vivimos, Manuel Hidalgo en El Mundo dice que en este paisaje está ocurriendo algo interesante. "Preguntas individuales: ¿quién soy yo?, ¿qué quiero?, ¿pienso como siempre he creído y dicho que pensaba?, ¿qué clase de vida deseo vivir?". Y lo explica como "un suspiro de basta ya" o como "un murmullo de hastío que, como siempre, tiene que ver con la libertad, con su conquista o con su pérdida".

La sensación de que todo desaparecerá la describe Leila Guerriero en El País. "Supongo que creen que nunca estarán cansados. Cítricamente cansados. Como una piedra muerta. Supongo que creen que la vida les va a durar toda la vida. Que la alegría les va a durar toda la vida". Pero advierte con un poema de Mariano Blatt: "Vas a dejar cosas en el camino / hasta que al final vas a dejar el camino. / Vas a estar estancado pero sin cultivar enfermedad. / No te vas a pudrir, ni vas a provocar fermentación. / Lo que renueves, se renovará por sí. Lo que no circules, se renovará por sí. / No vas a promover conflictos: / nadie se pelearía por vos. Vas a carecer de valor".

Rosa Montero ha hecho este recorrido que describen Hidalgo y Guerriero en su columna de El País Semanal. Confiesa que "el otro día escuché en una radio la noticia de la muerte de Chérif Chekatt, el asesino del mercado navideño de Estrasburgo, que fue abatido en un tiroteo por la policía, y mi primer sentimiento fue de puro júbilo: un monstruo integrista menos, aplaudió mi miedo. Pero un instante después entró en funcionamiento la razón, que me hizo experimentar cierto de¬sasosiego. Porque por supuesto es lógico sentir un hondo alivio, pero ¿es imprescindible esa alegría feroz?".

Y añade: "no me gusto cuando soy así. Y no lo digo en defensa de la vida y de los principios del humanitarismo (que, en el fondo, también), sino sobre todo porque creo que entregarse sin trabas al odio no es bueno para nadie, ni individual ni socialmente. Y alegrarse de la muerte de un ser vivo es la culminación del odio. Es caer en un aborrecimiento tan extremo que deshumanizas al odiado". Esta experiencia suya la traslada a la sociedad. “El presente asusta y el futuro aterra. La violencia y el enfrentamiento suben en el mundo como la espuma, cosa que hace que se acreciente el miedo. Y lo más trágico es que ese miedo desaforado engendra el monstruo del odio, que a su vez provoca más enfrentamiento y más violencia”.

Pedro G. Cuartango, en su columna de ABC, parece completar a Montero. "Preferimos seguir mirando al pasado porque el porvenir nos aterra en la medida que hemos perdido el control de los cambios (...). Todo se ha vuelto incierto y volátil, lo que nos incita a buscar falsas seguridades en las cuales no vamos a encontrar nuestra salvación sino nuestra perdición".

>El kiosco

En busca de un lenguaje común

Elena Santa María | 0 comentarios valoración: 2  16 votos

La nueva época, marcada por los muros

Antonio Polito

Hace treinta años, la caída de un muro puso fin a la guerra fría. Treinta años después, América cierra sus puertas, la cerradura más larga de la historia, para construir un muro. Hasta 1989 Occidente quería abatir las barreras para liberar a los que habían quedado dentro. En 2019 quiere alzarlas para dejar fuera a los que quieren entrar. No hay nada más simbólico que una simple pared de cemento para entender cómo ha cambiado la historia del mundo en solo tres décadas. Con el Muro de Berlín acabó la gran ilusión del comunismo, para dar paso un nuevo orden liberal que ahora se desvanece.

Cambiamos globalización por cosmopolitismo y estamos pagando el precio con la venganza de las naciones. La historia, que al profesor Fukuyama le parecía acabada, ha vuelto a ponerse en marcha, pero hacia atrás. Cuando los berlineses se libraron del muro, había 16 muros en el mundo. Treinta años después, hay 63. Una cerca para mantener fuera a los mexicanos se levanta ya a lo largo de más de mil kilómetros, con sensores electrónicos y visores nocturnos, pero a Donald Trump no le basta. Por su parte, los mexicanos se han construido uno para mantener fuera a los guatemaltecos. Hungría, el país que inutilizó el Muro de Berlín desmantelando el alambre de espino electrificado en la frontera con Austria y abriendo así un paso hacia Occidente a los alemanes que huían del este, ahora ha reconstruido su propia barrera de alambre de espino, de 175 kilómetros de largo y 3,5 metros de alto, en la frontera con Serbia, para frenar a los inmigrantes.

Los pueblos que quedaron atrapados tras el Telón de Acero son hoy los más ansiosos por construir uno nuevo. Y donde hay mar, y no se pueden construir muros, se cierran fronteras, como con el brexit, o puertos, como Salvini. Desde que el mundo es mundo, las civilizaciones utilizan las obras de albañilería como si fueran un código político, un programa cultural, construyendo o derrumbando. El emperador Quin Shi Huang unificó China haciendo la Gran Muralla. Los comunes italianos, al culminar la unión, edificaron catedrales y torres. Osama bin Laden pasó a la historia por sus dotes demoledoras. Los que tienen miedo construyen muros, los que tienen confianza construyen puentes. Al final del siglo XIX, el Circo Barnum llevó al puente de Brooklyn a 21 elefantes para convencer a los neoyorquinos de que era estable y sólido. Génova todavía tiene que demoler el puente Morandi para poder tener uno así.

Los que tienen esperanza construyen calles. Por las vías del imperio romano ha pasado la civilización entera, mercancías e ideas, soldados y apóstoles. En su apogeo, la red se extendía por cien mil kilómetros de calles pavimentadas, que entre ellas unían a 32 naciones de nuestros días. Sin ellas el cristianismo nunca habría podido difundirse por la cuenca del Mediterráneo a tal velocidad, y la historia de Europa habría sido muy distinta. Digamos que más bárbara. Construir es el destino del hombre.

La nueva época, marcada por los muros

Antonio Polito | 0 comentarios valoración: 2  10 votos
>Entrevista a Julián Carrón

«Los soberanismos están condenados al fracaso»

Gian Guido Vecchi

«Recuerdo la impresión que me produjo la noticia de un inmigrante paquistaní: llegó extenuado a un centro de acogida italiano, y allí conoció a un voluntario que le llamó por su nombre y le preguntó si quería pasta sola o con salsa, carne o pescado. El hombre rompió a llorar, porque desde que había salido de su país nadie le había llamado hasta entonces por su nombre. Un gesto sencillo de humanidad le hizo cambiar de idea sobre los que, hasta ese momento, para él eran solo “infieles”». Julián Carrón, elegido por el fundador don Giussani como sucesor suyo, guía Comunión y Liberación desde 2005.

Han pasado diecinueve días antes de que alguien ayudase a las cuarenta y nueve personas que se hallaban en alta mar. ¿Qué está sucediendo en Europa para que haya hecho falta que interviniera Francisco en el Ángelus para despertar a los dirigentes?

«Es el signo de una crisis que no es ante todo política o económica, sino antropológica, porque tiene que ver con los fundamentos de la vida personal y social. Un ofuscamiento del pensamiento obliga al Papa a volver a poner delante de todos la realidad, antes que las ideas o los posicionamientos. Ya Benedicto XVI recordaba que la experiencia migratoria hace vulnerables a las personas: explotación, abusos, violencia. Por eso el pontífice actual reclama a todos a respetar el imperativo moral de garantizar a los migrantes la tutela de sus derechos fundamentales y a respetar su dignidad. El cristiano reconoce que los migrantes tienen necesidad de leyes y de programas de desarrollo, y también de “ser mirados a los ojos”, como decía Francisco: “Necesitan a Dios, al que encuentran en el amor gratuito”. Entonces todo puede cambiar».

Quizá el problema es que se habla de números, de «ilegales» en abstracto…

«Así es. Forma parte de nuestra mirada reducida, que nos impide percibir lo humano. Los migrantes, antes que números, son personas concretas, rostros, nombres, historias, como dijo el Papa en Lesbos en 2016. Debería ser algo evidente, pero ya no lo es, señal de que está en crisis nuestra relación con la realidad: por eso suenan tan “revolucionarias” sus palabras. Miramos todo a través de filtros que ya no llegan hasta la persona real. El Papa nos indica el método: “Solo se ve bien con la cercanía que da la misericordia”».

Francisco ha denunciado la reaparición de populismos y nacionalismos que «debilitan» el «sistema multilateral». ¿Por qué sucede esto?

«Con el tiempo, ha terminado prevaleciendo la dimensión universal, un intento que hunde sus raíces en la Ilustración: salvaguardar los valores –persona, vida, familia, sociedad– desligándolos de la pertenencia a la historia particular que los había generado. A la globalización, expresión última del intento ilustrado, se opone una concepción de pertenencia nacionalista. Pero tal reacción no resuelve el problema, únicamente lo traslada al futuro posponiendo su solución: un equilibrio correcto entre pertenencia a una historia particular y apertura a lo universal».

¿Cómo se puede remediar la estrategia del miedo?

>Entrevista a Julián Carrón

«Los soberanismos están condenados al fracaso»

Gian Guido Vecchi | 0 comentarios valoración: 2  26 votos
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Año nuevo, ¿vida nueva?

Elena Santa María

El cambio de año es un momento inevitable de balance del año que se va, de repasar los mejores y peores momentos y de hacer, o al menos intentarlo, "borrón y cuenta nueva". Edurne Portela, en El País, decía que "enseguida sustituimos el objeto roto por otro nuevo, despedimos el año viejo y abrazamos el nuevo como si de repente, por cambiar de número en el calendario, dejáramos atrás nuestras penas y dolores; nosotros a quienes no nos enseñan qué hacer con los afectos que se rompen salvo reprimirlos o relegarlos al olvido".

El 1 de enero llega siempre como una bocanada de aire nuevo, es la posibilidad de volver a empezar, de volver a vivir, aunque el panorama que tenemos por delante sea aparentemente oscuro. Decía Iñaki Gil en El Mundo que "pese a todas las incertidumbres mundiales, pese a que nuestra clase política parezca llena de replicantes, 2019 pinta mucho mejor que como lo imaginó Blade Runner". "Es tiempo de vivir", añadía. Pero, ¿qué pasa con esas penas y dolores que arrastrábamos en diciembre? "No tarda en aparecer la materia macilenta, eterna y común, de los viejos días, y con ella las cuitas y problemas que quisimos desterrados en diciembre", reflexionaba Juan Claudio de Ramón en The Objective. Su hipótesis es: "no seamos cenizos, y disfrutemos mientras dure la ilusión de una vida que hoy –refiriéndose al 1 de enero– al menos hoy, precisamente hoy, nos parece una pisada fresca en la arena".

Aunque, como vemos, cada uno responde como puede, lo que está claro es que los primeros días del año, incluso ya cuando empieza de nuevo la vorágine cotidiana, tienen un telón de fondo de silencio. Precisamente, "la práctica del silencio nos enseña a aprender a estar en la vida y no huir de ella", decía Manuel Llorente en El Mundo. Y continuaba: "hay que volver a lo que hay. Hay que saber estar en lo que estás, ahí está la vida".

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Año nuevo, ¿vida nueva?

Elena Santa María | 0 comentarios valoración: 2  24 votos

Penalización por maternidad y reto demográfico

Viviana González Hincapié

En España nacen 1,3 hijos por mujer. Quizás se trate de un dato ya conocido por muchos, gracias a la preocupación mediática y política que produce la situación demográfica actual. No se trata de un fenómeno nuevo: desde mediados de la década de los 70, el número medio de hijos por mujer (Indicador Coyuntural de Fecundidad) no ha dejado de disminuir, situándose por debajo del nivel de reemplazo generacional desde mediados de los 80. No se trata del único cambio de los últimos 40 años. En este mismo período de tiempo ha tenido lugar uno de los grandes cambios sociales en la España contemporánea: la incorporación creciente de la mujer al trabajo remunerado. Y es que, según datos de la Encuesta de Población Activa (INE), en 1977 las mujeres “activas” apenas superaban los 3,7 millones, con una tasa de actividad del 28%. En 2017, su número se había incrementado por encima de los 10,5 millones, alcanzando una tasa de actividad superior al 53%.

Mucho se ha escrito acerca de las desigualdades que ellas afrontan en el mercado de trabajo remunerado. Pero se ha analizado poco la incidencia de los “hijos” sobre las posibles desventajas que experimentan las mujeres que son madres en el mercado de trabajo —la llamada “penalización por maternidad”—. “¿Existe penalización por maternidad? Mujeres y mercado laboral en España desde una perspectiva de familia”. Así se titula el estudio que acaba de publicar la Unidad de Investigación de Acción Familiar junto al Grupo de Investigación en Políticas de Familia de la Universidad Complutense y profesores de la Universidad de Sevilla.

Utilizando microdatos de la Agencia Tributaria y la Muestra Continua de Vidas Laborales, el estudio concluye que son las madres jóvenes —hasta los 34 años— quienes experimentan una mayor penalización en términos de menor incremento salarial y mayor probabilidad de caer en desempleo. La interpretación de estos resultados requiere precaución: respecto al menor incremento salarial en mujeres que son madres, habría que distinguir qué parte corresponde a una discriminación —directa o indirecta— por parte del empleador, y qué parte responde a decisiones y opciones tomadas por parte de la propia trabajadora —por ejemplo, una reducción de jornada—. Porque una pérdida de incremento salarial no siempre constituye una “penalización”, sobre todo si responde a preferencias o necesidades personales de otro tipo, y si termina generando consecuencias positivas en la calidad de vida.

Resulta preocupante la mayor probabilidad de caer en desempleo que experimentan las madres jóvenes, teniendo en cuenta que alrededor del 60% de los nacimientos en España lo son de mujeres entre 20 y 34 años. La legislación española ampara a las mujeres embarazadas frente al despido, pero los datos indican que, de hecho, todavía operan lógicas distintas. Quizás la protección jurídica no sea suficiente o efectiva frente a la posible discriminación en el momento de la contratación. La estructura de las prestaciones sociales y del mercado de trabajo, unida a elementos culturales, podría estar operando una desincentivación de la contratación de mujeres madres jóvenes. Nuestros resultados obligan a plantearse la pregunta.

Penalización por maternidad y reto demográfico

Viviana González Hincapié | 0 comentarios valoración: 2  24 votos

¿Qué podemos ofrecer a estos jóvenes 'sin pasado'?

Federico Pichetto

El año que acabamos de empezar es el vigésimo del tercer milenio de la era vulgar. Eso significa que ya existe una generación entera que no ha visto el siglo XX, que eran muy pequeños el día que cayeron las Torres Gemelas y que no recuerdan a ningún Juan Pablo II. Las características de esta generación, que la hacen tan distinta de las anteriores, no dependen ni de las últimas consecuencias del proceso cultural fruto del 68, ni de un problema existencial de consistencia interior que a finales de los años 80 dio en llamarse de manera oportuna “efecto Chernobyl”. Sin duda estos datos existen, pero no son tan determinantes como antes.

Ahora lo que está en crisis es el propio concepto de experiencia. De hecho, para hacer experiencia de la realidad hace falta un espacio, un tiempo y un criterio de juicio. Pero, si bien el criterio de juicio sigue siendo el mismo –la alternativa tremenda que cada uno tiene de definirlo en virtud de la moda del momento o las exigencias de bien que llevamos dentro–, el espacio y el tiempo ya no son los de hace veinte años. Cuando en el colegio me peleaba con mi amigo Gigi, para aclarar las cosas –si no quería esperar a la mañana siguiente– tenía que pedir permiso a mi madre para llamar a la otra mamá y que me pasara con mi amigo. Este proceso de “intermediarios” hacía que mi rabia se fuera transformando y la plasmaba, la hacía reposar. Hoy, para hablar con Gigi basta un Whatsapp. El tiempo de la experiencia se ha reducido casi a cero. Si hace veinte años un laboratorio de investigación de Silicon Valley hacía un descubrimiento sensacional, hasta el punto de estimular mi ingenio por querer ver cómo se trabajaba en ciertos ambientes, el camino era muy sencillo: adquirir las competencias, los medios económicos y los permisos para ir hasta allí y buscar la manera de implicarme con ellos en algún itinerario formativa. Hoy, la propia Silicon Valley, a través de sus canales sociales, me permite asistir a ciertas clases y sesiones. Solo en el año que acabamos determinar he participado por skype en una veintena de conferencias en América y, por el momento, nunca he ido a América. El espacio se ha reducido casi a cero.

Esta doble y progresiva reducción a cero del espacio y el tiempo mina la posibilidad de hacer experiencia de la realidad o, mejor dicho, cambia la manera en que uno experimenta la realidad. Ya no hace falta hacer un trabajo para que una verdad llegue a ser mía. La reducción a cero de las coordenadas espacio-temporales lleva consigo la transformación de la relación con la realidad en consumo. Todo se consume a gran velocidad y ni siquiera el criterio de juicio, aunque se aplique, llega a sedimentar.

¿Qué podemos ofrecer a estos jóvenes 'sin pasado'?

Federico Pichetto | 0 comentarios valoración: 2  26 votos
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El peligroso coqueteo con el diseño (inteligente)

Juan Carlos Hernández

Analizamos en profundidad con Daniel Innerarity el momento de la campaña electoral. Para el catedrático de Filosofía Política, existe una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político.

En las campañas electorales se producen situaciones de polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido. ¿Exageramos cuando aseguramos que se disuelve el “nosotros compartido? ¿Hay alguna relación entre esta disolución y la aparición de cordones sanitarios a izquierda y derecha?

Me da la impresión de que hay estrategias de los partidos, de unos más que de otros, que han puesto en marcha dinámicas que luego son difíciles de parar. En términos estructurales me parece que se podría hablar de una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político. ¿En qué se caracteriza una campaña? En que polariza y se critica al adversario (a veces en exceso). El problema es que luego hay que pactar con él y aquellas estrategias que sirvieron para ganar dificultan posteriormente la acción de gobierno, cuando se requiere la colaboración del adversario.

¿La polarización política es un falso espejo de la vida social? ¿En nuestro espacio público hay sujetos que se narran, hay relaciones interpersonales y relaciones entre entidades sociales más sanas de las que se dan en la política de partidos?

Es normal que en la política haya una dramatización de los antagonismos que no tiene por qué coincidir con el que hay en la vida real. En la política hay siempre esos dos elementos (antagonización y escenificación) y los ciudadanos tendríamos que aprender a descodificar un poco lo que observamos en la esfera política. Lo que ocurre es que a veces en la vida los personajes que interpretamos terminan devorando a la persona que somos.

Los estudios sociológicos reflejan un interés sostenido por lo político, pero una desafección hacia los líderes políticos. Parece imposible pensar en la política como una vocación animada por un ideal. ¿Qué nos ha pasado? ¿Tenemos graves carencias culturales y educativas?

En mi último libro “Comprender la democracia” analizo un problema que me preocupa desde hace tiempo. Hablamos de una ciudadanía que decide y controla, pero lo cierto es que carecemos de las capacidades necesarias para ello por falta de conocimiento político, por estar sobrecargados, incapaces de procesar la información cacofónica o simplemente desinteresados. El origen de nuestros problemas políticos reside en el hecho de que la democracia necesita unos actores que ella misma es incapaz de producir. Una opinión pública que no entienda la política y que no sea capaz de juzgarla puede ser fácilmente manipulable.

'El entrelazamiento de los destinos colectivos impide definir nuestro bien como el reverso del mal de otros'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 1  9 votos
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El peligroso coqueteo con el diseño (inteligente)

Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  18 votos
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>Reconectar el voto y la experiencia social

El peligroso coqueteo con el diseño (inteligente)

P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
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El peligroso coqueteo con el diseño (inteligente)

P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

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>Entrevista a Daniel Gascón

El peligroso coqueteo con el diseño (inteligente)

Juan Carlos Hernández

Entrevistamos a Daniel Gascón, es escritor, traductor y editor de la edición española de la revista Letras Libres. “A pesar de las circunstancias actuales, de una conversación pública irresponsable y propensa al antagonismo, las instituciones de la democracia liberal resisten”, afirma el articulista del periódico El País.

En un editorial de este periódico se afirmaba que “la democracia requiere de una conciencia del nosotros, de un bien común para aquellos que pertenecen a una comunidad siempre superior a los intereses de los grupos particulares y a sus diferencias. Es lo que ha desaparecido”. ¿Qué le sugiere esta afirmación?

Me parece que se produce una especie de rechazo a ciertos impulsos disgregadores: social y culturalmente rompen algunos vínculos; económicamente estamos en una situación más inestable e individualista. El mundo del trabajo ya no es como antes, una cierta idea de identidad que tenía que ver con la clase, con lo que eras y hacías, se debilita. El Estado-nación tampoco sirve para muchos de esos problemas. No hay otro modelo económico viable que la economía de mercado desde el 89, pero este tiene fallos y produce injusticias. Creo que son factores que influyen en una percepción de la identidad amenazada, y que eso tiene que ver con el rebrote de los nacionalismos, del repliegue. Defiendes algo que crees que corre peligro de desaparecer.

Muchos grupos tienden a intentar defender sus intereses particulares, que pueden ser legítimos, pero que a veces pueden caer en una estigmatización del que piensa distinto. Mark Lilla habla de una “política de la identidad”. ¿Podría ayudar el juicio de Lilla a explicar lo que está ocurriendo?

Estamos en un tiempo de subjetivismo y polarización. Es más importante el elemento expresivo, nuestra visión sobre el mundo, que lo que sucede fuera. Lilla dice que el énfasis en la identidad por parte de los progresistas ha sido contraproducente, porque debilita la unión que permitiría la victoria de la izquierda. Para él, tienes que ganar para defender los derechos de las minorías, tienes que buscar un discurso que unifique para luego implementar tu programa. Un problema de esa idea es que a lo mejor estás hablando de un mundo que ya no puede ser. El discurso encajaba en una comunidad más homogénea y afianzaba una coalición de votantes que ahora parece más complicada por muchos factores. Otros dirían que ese universalismo, que se presenta teñido de nostalgia, no dejaba de ser un particularismo, y que lo que se presentaba como algo para todos era menos inclusivo de lo que pensamos.

¿Cómo se pueden traducir sus ideas a la realidad española?

'Existe una percepción de la identidad amenazada, y es por los nacionalismos'

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>Entrevista a Francisco Igea

El peligroso coqueteo con el diseño (inteligente)

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

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>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

El peligroso coqueteo con el diseño (inteligente)

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

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Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

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Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

'La democracia es incompatible con la noción de enemigo'

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>Entrevista a Joseba Arregi

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Juan Carlos Hernández

Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

Últimamente se ha hablado mucho de los movimientos feministas. ¿Cuál es su valoración?

'El populismo es peligroso cuando tiende a convertirse en totalitarismo'

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>Entrevista a Tulio Álvarez

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Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

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