Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
28 ABRIL 2017
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Respetar, defender y promover la vida humana y la familia natural

Nicolás Jouve

Vivimos una etapa muy curiosa en la que la imaginación y el deseo de satisfacer las necesidades o los caprichos superan a la realidad y a la lógica de lo que es o no es, o de lo que se debe o no se debe hacer.

En el campo de la ciencia y su derivada aplicada, la tecnología, todo tiene un orden y una lógica, y hay equipos de personas y especialistas trabajando rigurosamente para generar conocimientos e innovación. Esto es necesario y bueno para el desarrollo tecnológico y el aprovechamiento de la sociedad y para contribuir a aumentar el bienestar de muchas personas… Pero para que los descubrimientos científicos lleguen del laboratorio a la calle hay que pasar antes por una valoración ética y un análisis sobre la conveniencia de una nueva aplicación, en términos de unos valores de respeto a la dignidad humana, pues no todo lo que técnicamente es posible es éticamente aceptable. En noviembre de1970 el papa emérito Benedicto XVI dirigió un memorable discurso en Roma, en la sede de la FAO, con ocasión de su 25º aniversario en el que dijo que «los progresos científicos más extraordinarios, las proezas técni¬cas más sorprendentes, el crecimiento económico más prodigioso, si no van acompañados por un auténtico progreso social y moral, se vuelven en definitiva contra el hombre».

Un ejemplo patente de la irresponsable precipitación con la que se desarrollan los usos y las tecnologías que impulsan el desarrollo industrial es el no exigir medidas suficientes para evitar la degradación de la tierra, de sus bosques naturales, la contaminación de las aguas, el suelo y el aire, hasta haber llegado a una situación de riesgo para la naturaleza y con ello de la misma humanidad como consecuencia de un cambio climático difícil, aunque no imposible, de controlar. En este sentido, el papa Francisco en su encíclica Laudato Si’ sobre el cuidado de la casa común dice que «si nos acercamos a la naturaleza y al ambiente sin apertura al estupor y a la maravilla, si ya no hablamos el lenguaje de la fraternidad y de la be¬lleza en nuestra relación con el mundo, nuestras actitudes serán las del dominador, del consumi¬dor o del mero explotador de recursos, incapaz de poner un límite a sus intereses inmediatos».

Respetar, defender y promover la vida humana y la familia natural

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Industria vs. internet, la nueva lucha de clases

Robi Ronza

En el mundo desarrollado se está dibujando el cuadro de un conflicto histórico que, por su peso y sus dimensiones, resulta análogo al que se dio entre capital y trabajo en los siglos XIX y XX. Se enfrentan dos alianzas. Por un lado, la que gira en torno a los dueños de internet, la web y todos sus servicios, con los nuevos monopolios y centros de poder multinacional que derivan de ahí. Por otro, la masa de aquellos que viven de la manufactura, los productos, el arte en el sentido más amplio de la palabra, el viejo y nuevo artesanado. En definitiva, todo aquello que implica la materia y presupone la estabilidad en todas sus formas, materiales o inmateriales. Junto a esta masa está también el ejército de personas desempleadas, subempleadas y jóvenes sin perspectivas en el futuro que el primero de ambos bloques está creando en todos los países de la antigua industrialización.

Es un fenómeno que la reciente campaña presidencial norteamericana ha puesto en evidencia, dedicándole por primera vez relevancia política. Todas las multinacionales de la red, de Google a Microsoft, Facebook y todos los grupos que fabrican ordenadores, teléfonos móviles, etcétera, se han movilizado abiertamente contra Trump. No es algo nuevo, desde siempre el gran capital en Estados Unidos, como en todas partes, ha tenido sus preferencias políticas. Sin embargo, hasta la última campaña presidencial estas preferencias consistían en ayuda material, pero nunca en abiertas declaraciones de apoyo. Para confirmar el hecho de que ahora estamos ante un cambio de época, el año pasado vimos por vez primera a los grandes grupos industriales participando como tales en la campaña electoral, situándose en contra de uno de los candidatos.

Es el choque de dos modelos productivos. Pero la cuestión no es solo económica, aunque supone el reflejo de dos visiones distintas del mundo. Está claro que el actual y gigantesco progreso de las tecnologías de información y comunicación, las llamadas TIC, participan hoy en cualquier actividad humana. Por tanto, la diferencia entre ambos modelos no consiste en el uso o no de las TIC sino en el papel que se les asigna, si constituyen un medio o un fin, si conservan su papel de servicio o si se convierten en centro de la experiencia humana.

A grandes rasgos, el primero de estos dos modelos se basa en la proyección, comercio y control monopolístico de los sistemas telemáticos y todas sus posibles aplicaciones, ofrecidas de manera indiferenciada en un mercado global que ya equivale actualmente a casi la mitad de la población mundial y que tiende a alcanzarla entera. Este sector da empleo relativamente a poquísima gente, muy bien pagada, a la que se le pide no pensar en otra cosa y ser totalmente ajena a cualquier punto de vista. Un mundo cuya representación gráfica puede ser Silicon Valley. Eso explica por qué los grandes de este mundo y sus fundaciones son portaestandartes, grandes financiadores y promotores de cuestiones como la banalización del aborto, la filosofía de género y todo lo que pueda ser útil para la transformación de la humanidad en una masa indiferenciada de consumidores privados de todo vínculo, idealmente sin familia, sin tierra, sin identidad, sin fe, sin pasado y a fin de cuentas también sin futuro. Es la gélida paz, por otro lado imposible, que cantaba John Lennon en su famosa “Imagine”.

Teniendo bajo control monopolístico a nivel planetario la producción, el desarrollo y la venta de sistemas y aplicaciones, según este modelo todo lo demás se puede hacer y comprar donde cueste menos y, mientras cueste menos, dispuestos a desplazarse en cualquier momento allí donde convenga, dejando aquí y allá fábricas vacías y gente sin trabajo. Es una máquina que avanza por el mundo como una apisonadora gigantesca que tiene por delante masas cada vez más escasas de jóvenes que se entregan con la esperanza de ser invitados al banquete, como productores o bien solo como consumidores, y por detrás masas cada vez más grandes de gente de todas las edades explotada y abandonada. La globalización es una realidad de hecho, por lo que no se puede prescindir de ella. Pero hay que gobernarla. Trump quizás no sea la solución, pero tiene el mérito de haber planteado el problema. Por eso ha ganado las elecciones, a pesar de la campaña contra él de casi todo el periodismo norteamericano, que cree estar triunfalmente por encima de la apisonadora cuando me temo que en cambio ya está entre sus ruedas.

Industria vs. internet, la nueva lucha de clases

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Pacto Educativo. ¿Ahora sí?

Antonio Amate

Muchos pensamos que un Pacto Educativo en España sería un gran avance para el interés general de todo el país. Y si es necesario alcanzar un Pacto es porque existe un conflicto o, mejor dicho, una colección de conflictos que impiden, distorsionan y dificultan el objetivo principal del sistema escolar: el éxito académico y personal del alumnado, o al menos de una gran mayoría.

Nuestro sistema educativo (sin contar las 83 universidades) es una inmensa maquinaria que presta servicio a más de 8 millones de alumnos, con 670.000 profesores y cerca de 27.000 centros educativos, sobre el que se toman decisiones en 18 cuarteles generales y cuyos resultados son bastante dispares, tal y como se desprende del último Informe Pisa 2016. Esto no es Finlandia. La gestión de este gigantesco edificio escolar es compleja por sus dimensiones, por la multiplicación de modelos y realidades (18 subsistemas en la práctica) y más compleja aún por las tensiones que genera el pulso permanente que sostienen las dos visiones mayoritarias de la educación de nuestro país en su intento de imponerse: la socialista-progresista y la liberal-conservadora.

Este Pacto no es un asunto fácil, sobre todo si recordamos experiencias pasadas, aunque no quiero decir con ello que sea imposible culminar la negociación algún día con éxito. Los programas de los partidos políticos en los últimos procesos electorales –y también el habitual de las organizaciones sociales– contienen modelos sobre educación muy distantes, incluso opuestos. Por poner un ejemplo de constante actualidad, tenemos el caso de los conciertos educativos. En un extremo están quienes pretenden simple y llanamente su desaparición, sin contemplaciones. En medio, quien los considera subsidiarios de la escuela pública o quien los define como complementarios atendiendo a la demanda social. En el otro extremo, apostando también por la supresión de los conciertos, quien apuesta por la fórmula del “cheque escolar” como financiación directa a las familias.

Si observamos la información que se genera en relación a la cuestión educativa en nuestro país, podríamos determinar con facilidad los temas más polémicos, que suscitan los debates más enconados, y que son los mismos desde hace ya 40 años: “La coexistencia de la red pública con la red concertada (y en los últimos años, una derivada de la anterior sobre el concierto de la enseñanza diferenciada –la mal denominada segregación por sexos–); la distribución territorial de las competencias, con el tema estrella del debate lingüístico; la cuestión de la laicidad y la presencia de la asignatura de religión en el currículo; la comprensividad del sistema escolar (la llamada clasificación y selección temprana del alumnado y el encaje entre la vía formativa académica y la vía formativa profesional –FP–); y, por último, y como conclusión de todos los temas anteriores, está el problema de la financiación pública de la educación”.

Pacto Educativo. ¿Ahora sí?

Antonio Amate | 0 comentarios valoración: 3  115 votos
>Entrevista a Francisco Romo

«Solo es posible educar si partimos de nuestras preguntas. El drama es que hoy no se escucha»

Carlota Fominaya

«Si hay algo que define la relación del hombre con el mundo es su capacidad de preguntar, de mantener viva la curiosidad y estupor frente a las cosas. Esto es lo único que nos libra de todas las respuestas parciales e ideológicas», afirma Francisco Romo, director del Colegio San Ignacio de Loyola de Torrelodones. Y por eso también para este doctor en Humanidades y licenciado en Sociología y Filosofía, «solo es posible educar si partimos de nuestras preguntas, porque expresan el interés del hombre por lo real y la posibilidad de encontrar una respuesta satisfactoria».

Romo ha sido el encargado de dar el pistoletazo de salida al Ciclo de Conferencias 2017 de la Fundación Botín. Esta organización celebra por segunda vez estas jornadas que buscan convertirse en un espacio para pensar y debatir sobre la Educación, en mayúsculas. Tras una primera cita en 2016, donde se pusieron en valor la figura del profesor, la del alumno y de su entorno, y algunos de los contenidos que pueden formar parte de la educación que la sociedad está buscando, «este año es el turno de trabajar con otros valiosos ingredientes como el arte, la curiosidad, el silencio, el entusiasmo y el fracaso, entre otros. Porque estamos convencidos de que la educación que queremos es posible hoy», afirman.

Usted asegura que la educación hoy está sometida al pragmatismo. ¿Qué quiere decir con esto?

Parece que hoy lo importante, a la hora de educar a los niños, es hacer muchas cosas. Y en muchas ocasiones ni se pregunta el sentido de por qué las hacen, lo cual es terrible, como si fuera el mero hecho de hacer lo que le da sentido, cuando siempre es al revés. El hombre, si no piensa antes lo que hace, está perdido, porque termina pensando según hace. O peor aún, siendo borrego de los que han decidido lo que tenemos que hacer.

¿Qué le parece el momento actual en la educación y cuál es el mayor reto al que nos enfrentamos?

Estamos en un momento interesantísimo para educar, donde se hace cada vez más evidente que el centro es la persona. La tentación es reducir la educación a futuro, a preparar a los niños para el mercado de trabajo, que evidentemente hay que hacerlo, o reducir la educación a la socialización, a hacer buenos ciudadanos, que es otra de las tentaciones. Cuando el verdadero centro de la educación es hacer emerger toda la capacidad que la persona tiene dentro. Y esto es lo fundamental. El tema es cómo se consigue. Cuáles son los distintos métodos que se pueden promover. Lo bueno ahora mismo es que hay una pluralidad de métodos donde elegir, aunque también es verdad que dominan las modas. Se ponen de moda las inteligencias múltiples, todo el mundo las trabaja. Luego se pone de moda la inteligencia emocional, y todo el mundo trabaja la inteligencia emocional... En parte todo tiene algún valor, como decía Chesterton, que apuntaba que toda mentira tiene una parte de verdad. Pero hay que saber sacar la verdad de las cosas.

¿Cuál es el sentido del profesor en un mundo lleno de instrumentos conectados a internet?

>Entrevista a Francisco Romo

«Solo es posible educar si partimos de nuestras preguntas. El drama es que hoy no se escucha»

Carlota Fominaya | 0 comentarios valoración: 3  90 votos
>El Kiosco

Nosotros y ellos

Elena Santa María

Esta semana Reino Unido ha activado el artículo 50 del Tratado de la UE, dando así comienzo al proceso que le llevará a salir de la Unión, un proceso que se prevé duro y doloroso para ambas partes. Aquí en España, el Tribunal Supremo ha inhabilitado a Francesc Homs, quien al marcharse se declaró feliz por haber defendido la voluntad de los catalanes. Mientras tanto, siguen llegando oleadas de refugiados a nuestras costas. El martes, El Periódico publicaba un artículo de Ernest Alós sobre Pietro Bartolo, el único médico de la isla italiana de Lampedusa. "En su opinión -la del médico- la indiferencia con la que responden los ciudadanos y las instituciones europeas al drama de los refugiados es ‘peor que la inacción ante el Holocausto, porque en este caso sí que no podemos decir que no sabemos nada, porque está sucediendo todo delante de nuestros ojos, lo sabemos todo y tenemos una responsabilidad enorme, que será una mancha en nuestra conciencia por toda la eternidad’. Bartolo es consciente de que su papel es el de primeros auxilios, curar, y aún antes que eso dar calor humano, ‘que vean que llegan a un país donde no les harán daño’".

En estos ejemplos hay un nosotros y un ellos, cada vez más distanciados entre sí. En una columna sobre el odio en nuestras sociedades, publicada por El País, Adela Cortina dice: "el derecho al reconocimiento de la propia dignidad es un bien innegociable en cualquier sociedad que sea lo bastante inteligente como para percatarse de que el núcleo de la vida social no lo forman individuos aislados, sino personas en relación, en vínculo de reconocimiento mutuo. Personas que cobran su autoestima desde el respeto que los demás les demuestran. Y, desde esta perspectiva, los discursos intolerantes que proliferan en países de Europa y en Estados Unidos están causando un daño irreparable. Por sus consecuencias, porque incitan al maltrato de los colectivos despreciados, y por sí mismos, porque abren un abismo entre el ‘nosotros’ de los que están convencidos equivocadamente de su estúpida superioridad, y el ‘ellos’ de aquellos a los que, con la misma estupidez, consideran inferiores".

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Nosotros y ellos

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>Entrevista a Francisco Igea, portavoz de Sanidad de Ciudadanos

'La gente quiere vivir'

Fernando de Haro

La semana pasada el portavoz de sanidad de Ciudadanos protagonizó un provocativa intervención en el Congreso al oponerse al proyecto de ley de muerte digna de Podemos.

Hablamos con él.Ha dicho usted en el Congreso que en España se muere mal. ¿Por qué?

En España se muere mal porque se sigue muriendo con dolor innecesario, con sufrimiento innecesario, y se sigue muriendo mal porque muchos de nuestros ancianos siguen muriendo atados, bajo toneladas de neurolépticos… Se sigue muriendo mal por muchas cosas que los que tenemos experiencia en estos asuntos sabemos que, a pesar de que se ha mejorado y la gente sabe lo que es la sedación y reconoce sus derechos, la verdad es que todavía en muchos casos se ven cosas como una habitación de tres con una mujer muriéndose por un cáncer avanzado, una enfermera que tiene que atender a treinta botones… La Sociedad de Cuidados Paliativos y nosotros creemos que es urgente realizar un cambio en esto.

Decía usted que también se muere mal por falta de información, porque no se le explica al paciente en qué situación está. ¿Usted cree que hay que informar exhaustivamente de que estás en los últimos días de tu vida?

Yo creo que todo lo que tenemos en esta vida es tiempo y que decidir cómo manejas tu tiempo es muy importante. Hemos tenido una cultura muy paternalista desde el punto de vista de la medicina. Yo soy hijo, nieto, bisnieto y padre de médicos y he vivido todo ese cambio.

¿En qué ha consistido ese cambio?

La gente no sabe que cuanta más información das, cuanto más acompañas a los enfermos en la realidad, mejor se aceptan las cosas. Yo siempre pongo un ejemplo que es un poco burdo, pero a mí me sirve y siempre se lo ponía a los pacientes: todos tenemos una fecha de caducidad; la única diferencia entre tú y yo es que a ti te han levantado la tapa y te la han enseñado. Esa es la diferencia, y es una diferencia importante porque la gente en esos tiempos decide cosas, decide despedirse de una manera, decide organizar su tiempo. Aunque parezca durísimo, yo tengo recuerdos terribles de gente de mi edad y más joven a los que he tenido que decirles que les quedaban seis meses y después de fallecido han venido familias a verme para darme las gracias por decírselo por cómo cambiaron las cosas y por cómo tuvo ocasión de afrontar el asunto de manera diferente.

Usted decía que el proyecto de ley de Unidos Podemos era una ley para pocos porque la gente quiere vivir.

>Entrevista a Francisco Igea, portavoz de Sanidad de Ciudadanos

'La gente quiere vivir'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  108 votos
>El Kiosco

Generación millennial

Elena Santa María

A los nacidos entre 1982 y 2004 nos llaman la generación millennial. Nacimos en años de prosperidad pero al llegar a la veintena nos hemos encontrado con la crisis. La Fundación Porcausa habla de nosotros como "el colectivo de los sueños rotos". Javier Ayuso, en un artículo para El País afirma que los millennials se ven a sí mismos "como una generación perdida en el camino entre dos mundos”. Como decía una joven millennial de forma gráfica esta misma semana en un conocido programa de radio: "Somos una generación de transición. Somos la última en muchas cosas y la primera en otras tantas. Estamos entre lo viejo, que no acaba de morir, como el papel o el bipartidismo, y lo nuevo, que no acaba de nacer. Una generación que compra las entradas de cine en Internet y luego las imprime". En esa incertidumbre, "Vivir la vida" es una frase que repiten cuando les preguntas a qué aspiran. Para Elías Rodríguez, de 25 años, esa expresión se resume en "tener un buen sueldo trabajando poco". Amalia Barrigas, de la misma edad, es más contundente: "La generación millennial aspira a vivir la vida, pero porque creo que no tiene ni puta idea de lo que es la vida". Esta sensación la explica bien Leila Guerriero, también en El País, cuando habla de sus deseos de la infancia. Ella quería ser como la "gente que andaba por ahí sin más rumbo que la inmensidad, que no se quedaba nunca en ninguna parte, que no tenía más patria que la de su sombra, más ansia que la de partir".

Con esta incertidumbre, este no saber a dónde ir, miramos a nuestro alrededor, a lo que nos ofrece la sociedad. Desde Suecia, un país referente en muchos aspectos, nos llega la "teoría sueca del amor", con dos ingredientes: independencia y soledad. Inma Monsó nos pone algunos ejemplos en La Vanguardia: "una clase de sueco para refugiados procedentes de Siria y Eritrea. La profesora les recuerda que respondan con monosílabos: los suecos son poco comunicativos. Los alumnos se quejan de la falta de inmersión lingüística: no pueden practicar por falta de suecos dispuestos a conversar. Otra escena: como los bosques en Suecia son inmensos y los suecos pasean solos, cada semana se pierden montones de ellos. De modo que se organizan grupos de buscadores (sólo un alto concepto del civismo logra agrupar a los suecos) que hacen batidas los fines de semana". Más adelante cita a Bauman: "La independencia, dice, ‘es cómoda y por tanto adictiva: cuando la tienes quieres más y más’ (bueno, no podemos olvidar que Bauman ha sido el filósofo de la modernidad líquida y también que de¬sarrolló una interesante teoría del temor al vínculo y al compromiso). Luego Bauman nos invita a preguntarnos sobre el papel del Estado de bienestar en este malestar individual. ¿Debemos concluir que las cotas de bienestar social alcanzadas por los suecos son en parte responsables de este estado de cosas? ¿O que el bienestar social impecable al que tan ávidamente aspiramos los países del sur ha de desembocar necesariamente en la soledad y, por tanto, en otro tipo de malestar aún más insidioso que el de la miseria?".

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Generación millennial

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Ayudemos a los migrantes en su casa, ¿pero cómo?

Giorgio Paolucci

Desde hace doce años la Fundación de la Subsidiariedad publica la revista Atlántida, donde aborda temas de actualidad con una mirada abierta a las dimensiones del mundo entero. Les mueve una pasión y una curiosidad por la realidad y por todos los aspectos de lo humano, con el deseo de dar voz a la multiplicidad de culturas. Por eso el eslogan de la revista es “un mundo que hace hablar a otros mundos”.

En los últimos tiempos, han acentuado esta apertura de miras con una serie de números especiales dedicados a temas como la libertad religiosa —un bien universal amenazado en muchas partes del mundo—, las migraciones —turbador testimonio del cambio de época que estamos atravesando—, y la cooperación al desarrollo, un tema íntimamente conectado con el de las migraciones, aunque no se puede abordar desde una perspectiva que se agote en sí misma. Profesores universitarios, analistas, representantes de instituciones, responsables de ONG, voluntarios implicados sobre el terreno orecen análisis de fondo de carácter internacional y narran experiencias vivas en África, Oriente Medio y América Latina.

“Ayudémosles en casa” es un eslogan ampliamente repetido en muchas partes a propósito de este problema. Un eslogan que se puede usar como pretexto para no tener que afrontar la dramática actualidad de los flujos migratorios o evadir el deber de una acogida generosa y responsable a la vez, o bien como una indicación de método que invita a tener una mirada abierta, un enfoque amplio a la hora de afrontar los desplazamientos de millones de personas que salen de sus países de origen e intervenir con más eficacia en los desequilibrios entre el norte y el sur del planeta.

El debate sobre la eficacia de las ayudas, que no solo va ligada a su dimensión cuantitativa, se remonta a siglos atrás y vuelve a tomar actualidad comprensiblemente en tiempos de crisis económica. Hay tres críticas de fondo. La primera va unida al hecho de que a menudo las intervenciones sirven para resolver problemas específicos pero no hacen crecer al país receptor: es la llamada paradoja micro/macro. La segunda denuncia el riesgo de crear una dependencia endémica: cuando terminan las ayudas del proyecto, todo se queda parado. La tercera crítica apunta que la diseminación de las ayudas no contribuye a la formación de un sistema institucional local más eficiente en los países destinatarios, sobre todo a causa de la corrupción y el mal funcionamiento de sus gobiernos y administraciones públicas.

¿Qué hacer para que las ayudas resulten realmente eficaces? No existen recetas sencillas para problemas complejos, pero las soluciones propuestas —para ser eficaces— deben ir hasta el fondo de los problemas. Por ello, muchos expertos subrayan lo imprescindible que es adoptar un “enfoque participativo”, que favorezca el protagonismo de las poblaciones locales como principal motor del desarrollo, y que incentive el diálogo entre todos los actores en juego: instituciones internacionales, donantes, ONG.

Un desarrollo auténtico se realiza dentro de un proceso relacional, la persona descubre su propia identidad y sus potencialidades, propias y de la comunidad a la que pertenece, mediante el encuentro con otras personas: al sentirse afirmada, querida y amada, toma conciencia de su propio valor, se redescubre a sí misma y recupera su capacidad para implicarse en iniciativas nuevas.

Ayudemos a los migrantes en su casa, ¿pero cómo?

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Pacto de Estado por una mejor Función Pública española

Francisco Medina

El Gobierno resultante de las elecciones generales celebradas en 2016, tras arduas negociaciones, ya está constituido desde hace algo más de dos meses. Los ministros ya están nombrados, pero está todo muy en el aire. Aparentemente, con el Real Decreto 415/2016, de 3 de noviembre, y el Real Decreto 424/2016, de 11 de noviembre, todos los Departamentos Ministeriales están creados, pero lo único que se está moviendo es el traspaso de funciones y competencias que han de sufrir algunos de los Ministerios que han sufrido una reestructuración mayor, como son el caso del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad –cuyo titular es Luis de Guindos– y el del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital –capitaneado por Álvaro Nadal, antiguo director de la Oficina Económica y Presupuestaria de Presidencia del Gobierno–. Algún cambio menor en los Ministerios de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente y en el Ministerio de Hacienda y Función Pública, al que se ha desgajado la parte relativa a las relaciones con las Administraciones territoriales para engarzarla en la Vicepresidencia del Gobierno, cuya titularidad la ostenta Soraya Sáenz de Santamaría. En el fondo, ha cambiado todo y no ha cambiado nada.

Y poco más. Han pasado más de tres meses desde el acuerdo alcanzado entre el PP y C´s, abstención mediante del PSOE –tras la salida de Pedro Sánchez– para la formación de Gobierno y no se está haciendo más que tramitar algunos proyectos de Reales Decretos de estructura orgánica básica, como el del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte; mientras las negociaciones que se están llevando a cabo entre los Ministerios de Luis de Guindos y Álvaro Nadal en orden al traspaso de las competencias y los medios materiales y personales aún no han concluido. Nada es seguro, quizá porque aún se está a la espera de la aprobación de los Presupuestos, hecho que no es posible dar por descontado, a la vista de la incertidumbre del resultado de las elecciones primarias que tendrán lugar en el seno del PSOE por el mes de mayo: el fantasma de Pedro Sánchez –a quien muchos creían políticamente muerto– asoma de nuevo.

Por un lado, es cierto que, en este contexto de incertidumbre, resulta muy difícil tomar decisiones políticas y legislativas de cualquier calado. Las mayorías absolutas, como las que se han dado en España, pueden constituir una especie de rodillo o apisonadora para adoptar medidas que pueden ir contra el interés común de todos los españoles, pero también han proporcionado una estabilidad que ha permitido el funcionamiento de las instituciones y la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, con las dotaciones necesarias para la formulación y ejecución de políticas públicas en materia de sanidad, educación, I+D+i, seguridad ciudadana, defensa, energía, medio ambiente, telecomunicaciones y demás. Es obvio que este tipo de escenarios ya han pasado a la historia.

Pacto de Estado por una mejor Función Pública española

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Fillon no se mueve

Robi Ronza

Una gran manifestación de solidaridad y apoyo en París ha vuelto a colocar en buena posición a François Fillon, el candidato republicano a las elecciones presidenciales francesas del próximo 23 de abril, con segunda vuelta el 7 de mayo. Fillon estaba contra las cuerdas por la noticia publicada el pasado mes de enero por el histórico semanario satírico Le Canard Enchaîné, según el cual había asignado dinero público para pagar un sueldo como asistente a su mujer, Penelope. Más allá del propio asunto, que se puede considerar inoportuno aunque no ilícito según la legislación francesa, a muchos disgustó que Fillon y su esposa comentaran la noticia desde el principio con declaraciones reticentes y confusas. Habría sido mejor que lo admitieran desde el principio aduciendo las justificaciones que solo después ofrecieron.

Sobre este episodio, la mayor parte de la prensa francesa que le es hostil montó inmediatamente una gran campaña que le costó la pérdida de muchos apoyos. Aunque de momento parece obvio que la candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen, ganará la primera votación pero sin alcanzar la mayoría absoluta, los demás siguen en liza por el segundo puesto. De hecho, se cree que un candidato capaz de recoger gran cantidad de votos podría vencer en la segunda vuelta a Marine Le Pen. Hasta que llegó el scoop de Le Canard Enchaîné, Fillon tenía el segundo puesto en el bolsillo, pero luego se vio superado por Emmanuel Macron, exministro del gobierno socialista de Manuel Valls, que se presenta con un programa definido como “de centro”. No por el apoyo del partido socialista, que alcanza mínimos históricos tras el fracaso político del presidente saliente François Hollande, sino por el de una nueva organización, En Marche!, creada ad hoc para apoyarlo.

El éxito de la manifestación de apoyo a Fillon –que congregó el domingo a una multitud de al menos cuarenta mil personas en la monumental plaza del Trocadero– hace pensar que la partida todavía sigue abierta. Fortalecido por este apoyo popular, Fillon resiste ante los que desde dentro de su partido querían que se retirara. Para dibujar un cuadro claro de lo que está en juego, es importante tener en cuenta un elemento sistemáticamente censurado por los grandes medios: Fillon es un católico explícito y consciente, mientras Macron es un “laico” cercano a posiciones más radicales que las socialistas de Manuel Valls, inscrito desde hace tiempo a una logia masónica del Grand Orient de Francia.

Fillon no se mueve

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Solo las atributivas son verdaderas

Fernando de Haro

Han corrido ríos de tinta durante los últimos días sobre dos sucesos que se han producido de forma casi simultánea. Todo el mundo ha opinado ya sobre el autobús que ha recorrido Madrid con afirmaciones sobre la identidad sexual, afirmaciones que el colectivo LGTB ha percibido como ofensivas y contrarias a su dignidad. Como también todo el mundo ha tomado postura ante la gala que ponía final a los carnavales de Gran Canaria. En ella uno de los concursantes ha utilizado la figura de la Virgen y de Cristo para hacer una parodia, lo que ha sido percibido por los cristianos como una ofensa.

Los dos casos van más allá de la anécdota. Son ejemplo del creciente conflicto propio de las sociedades plurales. Conflicto entre libertad de expresión y derecho a que la propia identidad no sea ofendida. El contenido de los dos casos es bien diferente pero los dos supuestos tienen puntos en común y nos ayudan a entender los grandes retos que tenemos por delante. El reto de la vida en común y el reto de encontrar un modo de afirmar la verdad que no la descalifique (a la propia verdad, se entiende).

Un análisis sosegado sobre el contenido de los dos gestos nos llevaría a concluir que no son de la misma naturaleza. Pero está claro que estamos, en los dos supuestos, ante la colisión entre dos derechos fronterizos (libertad de expresión/identidad). Nuestras sociedades democráticas y plurales han evolucionado de un modo muy rápido. Las evidencias compartidas que no había que discutir han ido desapareciendo y el espacio de lo que pacíficamente y objetivamente se reconoce como un bien es cada vez más reducido. Por eso las fronteras entre derechos son cada vez más ásperas.

El artículo 10.2 de la Convención Europea de Derechos Humanos (1950) establecía que la libertad de expresión tiene como límite la moral. Una afirmación que casi 70 años después exigiría un debate sobre qué afirmaciones morales son compartidas. La moral no es derecho y siempre pasa a través de la libertad. A buen seguro que el caso Handyside versus Reino Unido sobre el Libro Rojo del Cole (colisión libertad de expresión/tutela de la infancia) no provocaría hoy la misma sentencia que en los años 70.

El Tribunal Supremo se ha pronunciado recientemente delimitando qué puede ser considerado delito de odio en los casos de enaltecimiento del terrorismo. Pero en otros supuestos no está tan claro cómo definir las fronteras. El delito del “hate speech” se introduce en el Código Penal en la reforma de 1995. Se define como el hecho de promover “odio, hostilidad, discriminación o violencia” (...) “por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de género, enfermedad o discapacidad”. La jurisprudencia es zigzagueante al aplicar el tipo penal porque estamos ante el problema de evaluar un sentimiento y no una conducta. El mismo problema generan los delitos por ofensa a los sentimientos religiosos (caso Rita Maestre).

Solo las atributivas son verdaderas

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La pregunta del millón

Elena Santa María

En esta semana cargada de polémicas ha sucedido un hecho -igual de mediático- que nos ha dejado desarmados. La muerte de Pablo Ráez, en el fin de semana de carnaval, nos quitó la máscara de golpe. Dice Antoni Puigverd en La Vanguardia que "todos vamos dando vueltas y cambiando de máscaras cada vez más deprisa, incapaces de parar, aterrorizados por la idea de parar y contemplarnos en el espejo tal cual somos". El sábado, al menos por un instante, tuvimos que hacerlo.

Esta semana las páginas de la prensa se han llenado de artículos sobre la enfermedad. Cito dos: escribe Leila Guerriero en El País sobre una visita al hospital: "Cuántos de nosotros vendremos a este lugar buscando la superstición del antibiótico, la destreza de la radiografía, y saldremos muertos. Ya no camino tan altiva por aquí. Hubo un tiempo en que lo hice: un tiempo en que fui más potente que los médicos potentes. Ahora solo veo una máquina de enmascarar la muerte (pero quizás es mi imaginación, esa forma atroz del infortunio). Abro la puerta del cuarto 2012. Y lo veo. La soberbia no muere por el paso del tiempo. Muere cuando ves aquí, en este sitio, a quien fue tu par, tu compañero, tu pequeño amor durante los —pocos— años en los que fuiste inocente”. Por su parte, Inma Monsó afirma en La Vanguardia: "Hoy, cuando una sentencia de mal pronóstico cae sobre una familia, la enfermedad se apodera de la totalidad de la vida y apenas nos deja margen para respirar el aire del presente. Saturados de información, internautas ávidos, usuarios de una sociedad sobremedicalizada, hace mucho que perdimos la posibilidad de ser ingenuos ante la enfermedad como solo un niño puede serlo".

Vivimos tiempos en los que reconocer el bien que supone el otro no es natural. Pedro Simón, en El Mundo, describe así a los españoles: "El deporte nacional ya no es tanto hablar mal de paisaje que es España, sino despellejar cada mañana a un español en concreto y almorzárselo crudo. Si por norma hablas mal de tu vecino, si por norma te cebas en bajito con algún compañero del trabajo, si casi siempre le gritas al futbolista de tu equipo que no llega al balón...". Recientemente Pilar Rahola ha presentado una novela, y aprovecha la ocasión para explicar en La Vanguardia por qué escribe: "la literatura me permite un ejercicio de transformación que difícilmente se puede conseguir de otra manera: la posibilidad de entrar en otras pieles, de entender otros latidos, otras emociones y, por el camino de descubrir otras vidas, intentar entender la propia. Al fin y al cabo, por muchos relatos que inventamos, por muchos paisajes históricos, físicos, humanos que construimos, todo escritor hace siempre el mismo recorrido: intentar entender la condición humana. No somos nada más que seres asustados y desconcertados, en búsqueda constante de una explicación".

Vuelvo al artículo de Pedro Simón, tras la larga lista de todo lo criticable y criticado en España, cambia de tercio con un ejemplo de hacia dónde cree él que deberíamos mirar (los españoles): "Habría que purgarnos de lunes a viernes en un silencio de caracoles. Habría que tener el músculo de Pablo Ráez. Y acabar diciendo lo obvio: que ese chico de 20 años que ha muerto de leucemia, que ese chico que decía ‘la muerte no es triste, lo triste es que la gente no sepa vivir’, que ese chico que escribió «demos más sonrisas, demos más abrazos, demos más paz, demos la mejor versión de nosotros mismos», que ese chico que consiguió él solo disparar las donaciones de médula en España y sale en todas las fotos sonriendo a pesar de todo; ese chico, decimos, como el oficinista del bisbiseo o la víbora del comedor, también era español. En concreto de Málaga".

Y es que esta semana la muerte de Pablo Ráez ha reabierto la pregunta del millón, como bien describe Juan Bosco Martín en Lainformacion.com: "La vida nos ofrece constantes oportunidades para meditar el porqué de lo que parecen desgracias sin explicación. El ser humano siempre trata de encontrar sentido a lo que le pasa -sobre todo a lo malo que le pasa- porque intuye, casi de forma instintiva, como un imperativo tan natural como el comer, que existe un porqué de las cosas".

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La pregunta del millón

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EncuentroMadrid calienta motores

El pasado domingo, 26 de febrero, desde las 10 de la mañana, cientos de personas acudieron a Villanueva de la Cañada para correr la carrera familiar solidaria #FamilyRace, organizada por la Asociación Cultural EncuentroMadrid.

Familias y amigos disfrutaron de diferentes recorridos, de 5 y 10 kilómetros, en cuya organización ha colaborado generosamente el Colegio Internacional Kolbe del municipio y el Ayuntamiento de Villanueva de la Cañada, con su alcalde Luis Partida a la cabeza. Tras las carreras de adultos, llegó el turno de los más pequeños: niños desde los cuatro años dieron lo mejor de sí, bajo la mirada orgullosa de todos.

Además de con sus zapatillas, los corredores llegaban a la línea de salida con un kilo de alimentos no perecederos que se han donado a las acciones de Avanza ONG, formada por más de 700 voluntarios que asisten a 8.000 familias desfavorecidas de nuestro país y que, como contaba Emilio de Villota, quiere unir a personas que están deseando ayudar con familias que necesitan ser ayudadas.

El padrino de honor del evento, el atleta internacional Iván Fernández Anaya (héroe del fair play y eneacampeón de campo a través), se desplazó desde Vitoria para colaborar con esta carrera familiar y solidaria; donde se encontró con el periodista Fernando Martín, que quiso sumarse a la carrera por segundo año consecutivo. Ambos resaltaron que esta iniciativa, además de promover los valores del deporte, les había permitido disfrutar de un día soleado con la familia y amigos, un día donde lo importante no era ganar, sino correr juntos por una meta solidaria.

Muy destacada fue también la presencia IMEDIA Comunicación. Su directora, África Orenga, tras correr los 10 kilómetros, contaba que apoyar las iniciativas solidarias y deportivas que fomenten el encuentro, la belleza y la superación es uno de sus objetivos. Y el deporte, una de sus mayores pasiones.

La #FamilyRace ha vuelto por segundo año para dar a conocer el evento cultural EncuentroMadrid, que se celebra cada primavera en el recinto ferial de la Casa de Campo y que busca crear espacios de diálogo en los ámbitos de la política, la economía, la cultura, la educación y la religión a través de exposiciones, conciertos, espectáculos, mesas redondas y conferencias que dan forma a una realidad única en el panorama cultural español. Este año tendrá lugar del 21 al 23 de abril, en el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo.

Como ocurre en EncuentroMadrid, la #FamilyRace se ha organizado con el trabajo de decenas de voluntarios durante meses de trabajo, y con el apoyo de patrocinadores como IMEDIA Comunicación, Coca-Cola, Aneto y Kinder, sin los cuales no habría sido posible la carrera.

EncuentroMadrid calienta motores

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¿Horas superficiales?

Elena Santa María

"El uso cínico del discurso del 'nosotros contra ellos' provoca una agenda deshumanizadora basada en discursos de culpa, odio y miedo a escala nunca vista desde los años 30". Esta frase, recogida por El Mundo, la pronunció Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional España, durante la presentación del Informe Anual 2016-2017 sobre la situación de los derechos humanos en el mundo. Una de las consecuencias de todo lo que ha sucedido en el mundo en los últimos meses es el escepticismo. "A pesar de sus actitudes esencialmente diferentes frente a la tecnología y la globalización, la Gente Web y la Gente Muro tienen una cosa en común: tanto una como la otra son profundamente escépticas respecto a las instituciones existentes. Piensan que la democracia representativa ha colapsado y ven el potencial creativo de la disrupción", afirma Mark Leonard en El País.

En esta dinámica también entran los niños, que siempre habían sido símbolo de inocencia y sencillez. También en El País, describe Catherine L'ecuyer a los niños de hoy; "niños y niñas que lo han visto y hecho todo, a los que nada sorprende e interesa, porque todo lo tienen a un clic y al instante, antes de desearlo. Desde los dos años, dejados a sí mismos navegando en sus cunas, sus delicados deditos encontraron imágenes dañinas que quedaron para siempre grabadas en sus mentes inocentes. Con cuatro años, bailaron el festival de fin de curso moviendo la cadera y enseñando el ombligo como Jazmín de la Disneylandia que de tanta garantía que da, acaba adormeciendo como por arte de magia a la conciencia del padre que aplaude y graba el sensual baile, para el recuerdo de una infancia despejada. Con seis años celebró el Halloween vestida de Monster High y el Carnaval vestida de sensual enfermera. Niños atraídos por el feísmo y erotizados por pantallas sin otros filtros que los de su irresistible perfil Instagram. Niños cínicos que han disparado y matado cientos de miles de veces por videojuego, y que han perdido la sensibilidad y la capacidad de interpretar una mirada y de tratar a otros con delicadeza. Niños sin asombro, que se han quedado ciegos ante la belleza de la realidad, incapacitados para sintonizar con ella".

Pero la realidad es tozuda. "¿Cómo vamos a vivir de espaldas a la muerte si a diario y sin avisar muestra su rostro tan afilado como invisible?", se pregunta Joana Banet en La Vanguardia. "Es imposible no olerla. Está en los periódicos: toneladas de muertos cuyo destino se ha desbocado prematuramente; cadáveres de lujo y de todo a cien, porque también hay clases en la muerte. Se sienta en el banco del parque, donde unos abuelos flacos levantan la barbilla hacia el sol. La trae escrita en el entrecejo la amiga con cáncer, que la ahuyenta con coraje, dignidad y quimioterapia. La llevamos en el apellido, define quiénes somos: seres, sí, pero mortales, conocedores de que el vivir humano es un sinvivir; individuos irrepetibles en peligro de extinción, en amenaza permanente. Siempre que paso por la autovía de Castelldefels, frente al hospital de Bellvitge –donde desahuciaron a mi padre hace más de diez años–, la intuyo bien alojada, desplegando su voluntad con determinación. No hay otro muro tan real frente a nuestra capacidad de vivir. En cambio, pocas veces, acaso cuando se nos mueren los nuestros, la nombramos y nos preguntamos qué perdura tras ella".

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Es el momento de acabar con la incertidumbre en la enseñanza concertada

Jesús Pueyo

Es el momento, el momento de la renovación de forma generalizada de los conciertos educativos suscritos entre distintas administraciones públicas y centros educativos de iniciativa social. Es el momento, y de las decisiones de las Consejerías de Educación dependerá que los conciertos continúen, lo que va unido a cierta inquietud y preocupación en aquellos territorios que están a la espera de lo que suceda.

Para no caer en la exageración, en la inmensa mayoría de los casos se cumplirá con el procedimiento administrativo y todo continuará igual. Pero esto no quita para que, como consecuencia de la escasez de alumnado, habrá unidades, tanto de la red pública como de la concertada, que no podrán seguir abiertas. Por eso hay que trabajar para que esta reducción sea mínima, pensando en que lo ideal sería poder dar un tratamiento individualizado a los alumnos –sí reduciendo el número de ellos por aula, no reduciendo aulas– lo que, si duda, contribuiría a atajar las altas tasas de abandono y fracaso escolar que tanto lastran nuestro sistema escolar.

Y en este momento, ¿por qué hay inquietud en los centros concertados, en los profesionales o en las familias? Partiendo de la premisa de que el derecho de los padres a la libre elección del tipo de educación que desean para sus hijos no es absoluto, tal y como deja claro reiterada jurisprudencia, las administraciones públicas tienen la obligación de garantizar que todos los ciudadanos tengan una plaza escolar, para lo que deben respetar ese derecho de elección realizando para ello una programación de la oferta educativa teniendo en cuenta, entre otras cuestiones, la demanda social. Es por esta razón por la que en sus manos está tomar decisiones o adoptar medidas que puedan favorecer este derecho o, por el contrario, dificulten su ejercicio.

Dicho esto, ahora podemos entender la inquietud por parte de un amplio sector de la comunidad educativa en aquellas comunidades donde los responsables políticos ya han deslizado mensajes que anuncian la aplicación del falaz principio de subsidiariedad de la enseñanza concertada respecto de la enseñanza pública, a pesar de la ilegalidad de este enunciado, tal y como sentenció recientemente la justicia de nuestro país.

Y lo peor no es el mensaje, sino la ejecución del mismo, que se está traduciendo no solo en la negativa a incrementar las aulas concertadas en aquellos centros que están acreditando un exceso de demanda, sino que se están cerrando unidades y se están denegando los conciertos a centros que hoy ya tienen suficiente número de alumnos, a los que, en contra de los deseos de sus familias, se les está derivando a centros públicos que tienen plazas vacantes, lo que a todas luces es un ataque directo al derecho de los padres a elegir libremente, derecho que una administración responsable debe proteger y que, sin embargo, queda supeditado a la imposición de un centro educativo que no han elegido.

Es el momento, el momento de recordar que el Tribunal Supremo, el pasado 25 de mayo, como consecuencia de un procedimiento iniciado por el sindicato FSIE frente a una decisión administrativa que atacaba frontalmente la libertad de enseñanza, dictó una importante sentencia que anulaba tal decisión. Dicha administración aplicaba el citado principio de subsidiariedad de la enseñanza concertada con respecto a la enseñanza pública para justificar el cierre de un aula concertada con suficiente número de alumnos para trasvasarlos a un aula de un centro público que estaba prácticamente vacío.

Es el momento de acabar con la incertidumbre en la enseñanza concertada

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>Entrevista a Alicia Miyares

'¿Realmente los deseos pueden estar por encima de los derechos?'

Fernando de Haro

Últimamente se habla mucho de los vientres de alquiler, sobre todo porque hay quien quiere en el Partido Popular que se debata. Hay quien lo defiende, hay quien lo critica. He leído con mucho interés un manifiesto firmado por un grupo de feministas, el grupo Notable. Un manifiesto con el que yo personalmente no coincido en todo, pero que me ha parecido muy provocativo. Una de las personas que ha apoyado este manifiesto, titulado “No somos vasijas”, es Alicia Miyares, filósofa, ensayista, escritora, con una trayectoria feminista acreditada.

Lo primero que ustedes dicen en este interesante manifiesto es que no se utilicen eufemismos en esta cuestión, que no se hable de “gestación subrogada” sino que se le llame a esto por su nombre. ¿Por qué son ustedes tan críticas con esto del eufemismo?

Evidentemente, cuando tú utilizas, para referirte a una mujer embarazada, el término “gestante”, cuando omites la palabra embarazo y hablas de “gestación”, lo único que quieres hacer es que las personas que se enfrentan a esta situación por primera vez no tomen conciencia de que estamos hablando de una mujer embarazada, de un embarazo y de un parto. Lo de la “gestante” últimamente empieza a sonar como un árbol frutal.

También critican lo de “alquilar” o “comprar”, que esto es una mercantilización de la mujer. Hablan ustedes claramente de un neoliberalismo que mercantiliza y usan una expresión muy interesante, la “cosificación” de las personas. ¿Es la transformación del ámbito de lo humano en un producto mercantil?

En esta práctica de vientres de alquiler, es eso. Cuando tú utilizas un lenguaje donde no quieres hablar del proceso de embarazo ni parto, sino que hablan de eso tan extraño que la gente no entiende, ¿qué es eso de la gestación subrogada? Se trata de que las personas no tomen conciencia de que estamos hablando de que una mujer, por contrato, antes de que se produzca el embarazo ha de renunciar a sus derechos de filiación y custodia para cedérselo a terceras personas. Eso es de lo que estamos hablando.

Renuncia a su hijo y vende un servicio que es algo que no se puede contratar como prestación de servicios. No todo es prestación en la persona, ¿no?

Totalmente de acuerdo. Nosotras precisamente salimos en su momento para decir que la práctica de los vientres de alquiler tiene unas consecuencias éticas y jurídicas que de momento todavía nadie quiere hablar de ellas. ¿Realmente como sociedad no vamos a poner un límite a lo que se pueda comprar y vender? Estamos hablando de personas. No estamos hablando solo de una mujer embarazada sino también de una criatura que nace. ¿Y realmente vamos a aceptar que esto se mercantilice? Hay una cosa en los defensores de esta práctica que realmente llama la atención. Le llaman técnica de reproducción asistida. Yo pregunto, sobre todo a las que son madres: ¿realmente el embarazo es una técnica?

El embarazo es una relación que tú tienes con tu hijo o hija.

Niegan. En el fondo están negando el vínculo.

Comercializando el vínculo.

Eso por supuesto. Pero esa es una implicación ética que, como sociedad al menos, debemos plantearnos. Luego está la implicación jurídica, de la que nadie quiere hablar.

>Entrevista a Alicia Miyares

'¿Realmente los deseos pueden estar por encima de los derechos?'

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¿Cuál es nuestra historia?

Elena Santa María

La conversación se muere. Así titula Isabel F. Lantigua su artículo publicado en El Mundo sobre el libro “En defensa de la conversación” que ha publicado Sherry Turkle en España esta semana, en el que la autora analiza "el riesgo que corremos al perder la capacidad de hablar a la cara, al eliminar el contacto visual, al negarnos la espontaneidad en una charla en persona", "la tecnología ha hecho que estemos experimentando una huida de la conversación cara a cara" y esto tiene consecuencias muy negativas porque "la conversación es la base de la democracia y los negocios, sustenta la empatía y es básica para la amistad, el amor, el aprendizaje y la productividad". Sin ella, dice esta experta, "perdemos aquello que nos diferencia del resto de las especies, perdemos nuestra humanidad". En el libro "Turkle constata que ahora ‘esperamos más de la tecnología y menos del otro’ y que ‘hemos sacrificado la conversación por la mera conexión’. Pero que tras esto se esconde una dolorosa realidad: ‘la sensación de que nadie nos escucha’". Añade la autora del artículo que "en una entrevista con EL MUNDO, Turkle comenta que al poco de empezar a investigar se dio cuenta de ‘la estrecha relación que existía entre la huida de la conversación y la huida de la soledad. La gente tiene miedo de pasar tiempo a solas. Trabajos realizados con estudiantes universitarios demuestran que éstos prefieren administrarse descargas eléctricas a sí mismos antes que estar a solas con sus pensamientos, sin teléfono, sin dispositivos o sin un libro. Para estos jóvenes, la soledad, con su carencia de estímulos externos es algo literalmente insoportable’".

"La presencia de dispositivos interactivos que siempre llevamos encima implica que nunca más tenemos que sentirnos solos. Esto se hace evidente en la cola del supermercado o en un semáforo en rojo: la gente no se permite tiempo para reflexionar. Pero la capacidad para pasar tiempo con uno es un requisito para cualquier relación", añade la autora. Y es importante porque trasciende el ámbito privado. Lo explica Turkle: "Ahora mismo en EEUU estamos viviendo un momento en el que necesitamos pensar profunda y críticamente sobre cuestiones políticas. No podemos limitarnos a reaccionar sin más", a tuitear sin más, "necesitamos pensar las cosas con calma. Reflexionar las consecuencias. Hablar con uno para poder hablar luego con los demás". Pero esto no está ocurriendo. "Hacemos cosas que eran muy raras pero a las que nos hemos acostumbrado muy rápido. Por ejemplo, mandamos sms o entramos en Facebook durante reuniones corporativas. Chateamos en funerales. Nos alejamos de nuestro duelo para meternos en el móvil", cita de nuevo Isabel a Turkle.

En El País, Manuel Cruz escribe sobre otro libro, “Hannah Arendt y la literatura”. "Calificamos de enorme la importancia de lo narrativo porque va más allá de la mera constatación de su relevancia gnoseológica, asunto sobre el cual las manifestaciones arendtianas son de una inequívoca rotundidad (‘ninguna filosofía, análisis o aforismo, por profundo que sea, puede compararse en intensidad y riqueza de significado a una historia bien narrada’), para adentrarse en el terreno en cierto modo más básico, constituyente, de la definición del ser humano en cuanto tal (así, al comienzo de su trabajo sobre Rahel Varnhagen, destaca Arendt la significativa afirmación: ‘¿Qué es el hombre sin su historia? Un producto de la naturaleza, nada personal’). Pero tampoco esta última dimensión consigue agotar la formidable potencia de las narraciones, que, finalmente, deben ser consideradas también a la luz de la relación que son capaces de establecer con la vida de los hombres y, más en particular, con su sufrimiento (‘todos los sufrimientos se hacen soportables si se ponen en una historia o se cuenta una historia sobre ellos’, escribe en “La condición humana”, haciendo suya una frase de Isak Dinesen)", explica Cruz.

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¿Cuál es nuestra historia?

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Deseo

Elena Santa María

Esta semana la revista Jot Down ha publicado una entrevista con Julián Carrón, presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación. En esta entrevista se abordan diferentes temas que preocupan en la actualidad. El periodista Ángel L. Fernández le pregunta por la crisis antropológica que atravesamos. Carrón responde así: “Lo estamos viendo suceder ante nuestros ojos, cómo se derrumban ciertos pilares que creíamos inamovibles. Pensemos en los inmigrantes, en la reacción de muchas personas respecto al fenómeno de los refugiados. Quién iba a imaginar, solo hace algún decenio, que podríamos levantar muros en Europa después de haber deseado durante tantos años abatir el Muro de Berlín. Pensemos en el vacío que domina en la sociedad, que después se puede transformar, como vemos, en terrorismo, en violencia. O vemos cómo reaccionan Estados Unidos o Europa ante los grandes desafíos de nuestro tiempo. Esta situación genera inseguridad y miedo”.

Y añade más adelante: “Esa falacia -que el otro se convierta en una amenaza- solo se rompe si uno de los interlocutores no responde a la amenaza del otro con la misma moneda. Yo pienso que el otro es un bien, porque independientemente de que estés de acuerdo o no estés de acuerdo con sus ideas, o de cómo el otro te perciba, a mí siempre me hace madurar. Muchas veces he vuelto a casa herido porque algunas cosas que decía una persona me habían molestado y al día siguiente me levantaba con ellas, y no podía leer el periódico o escuchar a un amigo o leer algo que me interesara sin el dolor producido por esa herida. Esto no quiere decir que el otro tuviera razón. A veces podría no tenerla, pero no era esa la cuestión. Su provocación me ha ayudado a estar despierto, a estar atento, a tener preguntas abiertas con las que poder interceptar respuestas que de otra manera me hubieran pasado absolutamente inadvertidas. Y en ese sentido, cualquier ocasión de estas ha sido un bien para mí”.

En un artículo relacionado con esto y publicado en Iton Gadol, Pilar Rahola se cuestiona, con motivo del Día Internacional de las víctimas del Holocausto, "cuántos, cuántos de todos ellos, de esos hombres comunes, veían los trenes repletos de seres humanos, las casas de los vecinos saqueadas, sus amigos judíos perseguidos como ratas, el humo que salía de los campos. ¿Cuántos? Y cuántos eran esos funcionarios formados en la educación alemana que hacían bien su trabajo, vigilaban las filas, ponían los nombres en las fichitas oficiales, les quitaban sus pertenencias, miraban los dientes de los niños, estudiaban sus enfermedades y las agravaban para ver los resultados, hacían el recuento diario… Cuántos de esos seres humanos normales, que nunca habrían imaginado grandes ideas, ni se habrían implicado en grandes gestas épicas, ni conocían otra grandeza que la propia de su vida cotidiana, cuántos se embarcaron eficazmente en la industria de la muerte sólo porque seguían, porque no se hacían preguntas".

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La responsabilidad de los países de origen en la inmigración

Robi Ronza

Resulta difícil decir si el malestar provocado por la suspensión durante 90 días, decretada por el presidente Trump, de la entrada en EE.UU de personas procedentes de siete países de mayoría musulmana se debe a las lagunas de dicho decreto o a otros motivos. Más aun teniendo en cuenta que a fin de cuentas no se trata de un gran número de personas, se habría podido dejar entrar a los que ya estaban de viaje o en posesión del visado, controlando igualmente a los eventuales sospechosos. Así Trump habría evitado echar más leña al fuego de las manifestaciones de protesta en su contra.

A la sombra de este tipo de polémicas pueden acabar ciertos aspectos fundamentales de la cuestión migratoria que siguen quedando fuera del debate. En primer lugar, el hecho de que la mayor parte de estos migrantes irregulares deja su tierra de origen por motivos económicos, y no políticos. En segundo lugar, que ante estos migrantes por motivos económicos la responsabilidad de sus países de origen está antes que la de sus países de destino. Los imperios coloniales salieron de escena hace más de cincuenta años. Por tanto, es una falta de respeto, y paradójicamente una forma de paternalismo fuera de lugar, seguir diciendo que todos los problemas actuales de los estados que fueron colonias derivan de su pasado colonial. Donde, de un modo u otro, ha tenido lugar algún proceso de desarrollo, la situación ha mejorado, en algunos casos llamativamente, al menos lo necesario para reducir el empuje hacia éxodos temerarios fruto de la desesperación.

Más que dejar siempre la puerta abierta a la migración por motivos económicos, que por otro lado supone una seria pérdida de energías para los países de origen, sería especialmente importante favorecer el saneamiento de sus economías e instituciones. Esto es lo que podría desafiar a Trump, más que la pretensión de que EE.UU siga siendo la gran meta de la inmigración que fue históricamente, en tiempos que está muy lejos de hoy, y más en general la pretensión del reconocimiento de un supuesto derecho general de inmigración desde el hemisferio sur hacia los países más desarrollados.

Dicho esto, no es irracional que un nuevo presidente, elegido entre otras cosas por su promesa de reformar la política migratoria, mientras está elaborando dicha reforma decida como medida cautelar una suspensión temporal, aunque sea una de los procedimientos más discutidos. Pero, de hecho, se trata de eso: de una suspensión durante 120 días del programa de admisión de refugiados en EE.UU, y durante 90 días de la entrada por cualquier motivo en el país (salvo el caso de diplomáticos y personal de la ONU) de personas procedentes de Irán, Iraq, Libia, Somalia, Sudán y Yemen; además de una suspensión durante tiempo indefinido a los refugiados de Siria. Aparte de este procedimiento temporal, será muy interesante ver los contenidos de la reforma en la que Trump está trabajando. Es decir, si será simplemente una política de puertas cerradas, impopular e imposible en la práctica; o bien una política inspirada en programas de saneamiento como las ya mencionadas.

La responsabilidad de los países de origen en la inmigración

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De Franco a la globalización

Ángel Satué

Los líderes de los partidos españoles son todos niños más o menos formales y aplicados, de clase media, acostumbrados a perseguir balones imposibles en un patio de colegio, todos a una, a la melé, entre cuatro muros bien altos.

Incluso los políticos que la propaganda llama antisistema –para beneficio de la polarización social– también forman parte en su mayoría (o aspiran a estar) de esa amplia clase media española creada por el franquismo, que lo soportó hasta su lecho de muerte, para más tarde superarlo y tunearlo como opción político-cultural-sociológica ya en democracia.

Se nos ha dicho como un mantra que la clase media es la única clase capaz de sustentar una democracia. Se olvida además que ésta, en España, comenzó a ampliar su base social durante la dictadura, por un esfuerzo consciente del estado. El sistema franquista manejaba un concepto de clase social economicista que buscaba, en mi opinión, ordenar la sociedad hacia la estabilidad, lo previsible, la seguridad en todos los órdenes, el orden y la paz social, lo que implicaba, y de hecho implicó, progreso del bienestar. Esto explica los bajos niveles de asociacionismo y participación política en España.

¿Dónde queda la libertad y la persona en esta ecuación? No están porque sencillamente no son necesarios para medir el progreso en términos de un cierto bienestar, cuando es el estado el que se encarga de buscar el bienestar necesario para la estabilidad social. La persona no es necesaria, no es el fin del estado, sino un medio para la estabilidad.

Por tanto, puede convenir que las personas, ante promesas de progreso del bienestar y de seguridad total, o totalizante, incluso en democracia, olviden el gusto por el ejercicio de su libertad y el goce del disfrute de un sistema de libertades occidental. Más si cabe en nuestra democracia, que está fuertemente imbuida de los principios estatalistas y paternalistas del estado franquista.

Aquí hay un riesgo para la libertad, que no se ha dado en todas sus posibilidades en los 38 años que llevamos de régimen democrático. Sin embargo, junto a cierto bienestar, la estabilidad de la sociedad española y del estado también se sustenta, y mucho, en la homogeneidad cultural, ideológica, religiosa, en valores, social, educativa, económica y racial de la clase media española y, en general, de todos los españoles.

Además, todos, absolutamente todos nuestros políticos con mando y plaza, son deístas del estado, antes centralista y franquista, ahora social y autonómico. Todos representantes de la clase media homogénea española. Unos forjados en el franquismo, otros modelados en democracia a la imagen de la clase media franquista. Unos disfrutan de las mieles del sistema desde los años 50, 60 y 70, otros aspiran a darle un toque original, pero en la línea.

De Franco a la globalización

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