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17 ENERO 2018
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>Entrevista a José Carlos Bermejo, director del Centro San Camilo

`El Centro San Camilo es un hervidero de solidaridad compasiva`

P.D.

Con casi tres décadas décadas a sus espaldas de experiencia en relación de ayuda, duelo, pastoral de la salud… y con más de 40 libros publicados, José Carlos Bermejo, director del Centro San Camilo (Centro Asistencial y Centro de Humanización de la Salud), reflexiona sobre el hermoso oficio de contribuir al desarrollo humano.

El Centro San Camilo lleva 28 años cuidando y enseñando a cuidar.

El Centro Asistencial nació como Residencia para mayores y abrió sus puertas en 1983. Fue decisión de los religiosos camilos de España la de dejar la Clínica San Camilo de Madrid y construir un Centro para mayores, que poco a poco ha ido ampliando sus servicios, añadiéndose el Centro de Día, la Unidad de Cuidados Paliativos, y coordinándose con la ya existente Atención a domicilio desde mediados del siglo pasado. Por su parte, el Centro de Humanización de la Salud vio su luz en 1989, fruto de la apuesta de los camilos por reforzar la parte del carisma relacionada con la cultura humanizadora de los cuidados. Fue un proyecto escrito como trabajo académico mientras estudiaba en Roma, y nos apasionamos por llevarlo a la práctica en sus diferentes vertientes de formación, publicaciones (libros y revista HUMANIZAR), Centro de Escucha e investigación.

Desde hace unos meses, la humanización “está de moda” (empieza a ser considerada una prioridad en la planificación y gestión de los servicios sanitarios de muchas comunidades autónomas), un concepto que viven y practican los Religiosos Camilos desde hace 400 años… ¿Qué aportan de forma práctica a este “desafío” hoy día?

Los Camilos, desde el Centro de Humanización de la Salud aportamos un conjunto de servicios que contribuyen a generar cultura humanizadora. Nuestra especificidad es que podemos contrastar aquello que proponemos con los servicios asistenciales que prestamos. Hablamos y practicamos. Escribimos y nos comprometemos. Con nuestros límites, pero intentando ser referentes. Por otro lado, nos inspira una fuente maravillosamente poderosa: el Evangelio. La antropología de fondo es humanizadora por antonomasia. No somos una moda sin contenido sólido, sino que tenemos solera en las claves inspiradoras, que desde el Centro intentamos encarnarlas en la cultura de hoy y en nuestro mundo de la salud y del sufrimiento actuales.

Cuidar y enseñar a cuidar en la fragilidad humana, en la dependencia, en el final de la vida, en el duelo… ¿Qué camino nos falta por recorrer o, al menos, iniciar?

Para humanizar en nuestro entorno nos falta por recorrer caminos de accesibilidad y universalidad de los servicios. En teoría tenemos todos derechos reconocidos en el campo de la salud y del alivio del sufrimiento. En la práctica, nos toca esperar, no hemos alcanzado modelos de intervención personalizados, los planes de formación en las profesiones de salud responden a paradigmas muy biologicistas, conservamos miradas que no son suficientemente solidarias con los más pobres de nuestro planeta, nos queda mucho por recorrer en interdisciplinariedad y mirada holística del ser humano.

Acompañar el sufrimiento inevitable e intentar eliminar el sufrimiento evitable… ¿De verdad es posible?

>Entrevista a José Carlos Bermejo, director del Centro San Camilo

'El Centro San Camilo es un hervidero de solidaridad compasiva'

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>Entrevista a Miguel Ángel Quintana

'Las ideas sobre género no están organizadas congruentemente'

Juan Carlos Hernández

El profesor Quintana, estudioso de lo que denomina las ideas o teorías sobre el género, propone en esta entrevista en www.paginasdigital.es un diálogo sobre las relaciones entre los términos sexo y género.

Usted ha venido afirmando recientemente que la “ideología de género no existe”. ¿Podría explicar a qué se refiere con esta afirmación?

Si me lo permite, voy a empezar diciendo a qué no se refiere esa frase, con que titulé un artículo mío de hace unos meses; ya que por desgracia he comprobado que mucha gente de buena fe la ha malinterpretado por completo.

En primer lugar, lo que no quise decir, naturalmente, es que todo lo que se dice sobre el género sea correcto o valioso. Entre otras cosas, esto sería imposible, porque muchas de las cosas que se dicen al respecto son contradictorias entre sí.

Tampoco quise decir que lo que muchos llaman “ideología de género” se refiera a cosas que tengan todas que ser aceptables. El problema es englobar bajo una sola etiqueta, y tan inadecuada, un montón de cosas muy distintas entre sí; pero uno tiene perfecto derecho a no aceptar cada una de ellas en particular.

Tampoco negué que últimamente se haya producido una difusión, tanto en el mundo académico como en la política y en los medios de comunicación, de ideas al respecto del género y del sexo que pueden resultar especialmente novedosas y, por supuesto, perfectamente criticables. Es más, yo soy firme crítico de muchas de ellas. Pero (de nuevo) eso no significa que constituyan una ideología. En primer lugar, porque no están organizadas teóricamente entre sí en un conjunto más o menos congruente (que es condición sine qua non de toda ideología). En segundo lugar, porque el problema de esas teorías no es que empleen el término “género” (que es perfectamente aceptable, e incluso imprescindible hoy en día, por cualquier investigador serio de estos asuntos; sobre esto volveré más adelante); sino que su problema es otro bien distinto.

¿Qué es entonces lo que sí quería decir al titular uno de sus artículos “La ideología de género no existe”?

Bueno, cuando alguien habla de “ideología de género” parece que se refiere, como he dicho, a un conjunto más o menos organizado de ideas defendidas por un movimiento determinado. De hecho, ese es el sentido que le da a la palabra “ideología” el diccionario de la RAE. Ahora bien, cuando uno ve todo lo que se incluye dentro de lo que la gente llama “ideología de género”, comprueba que se trata de ideas muy distintas entre sí, a menudo opuestas, y que no son defendidas por un solo movimiento, sino por varios, frecuentemente enfrentados entre sí de manera voraz. Por lo tanto, no hay una cosa llamada ideología de género, sino ideas y movimientos muy diferentes que hablan sobre género; algunos de los cuales serán aceptables, otros lo serán parcialmente y otros lo serán aún menos. El término omniabarcante “ideología de género” ahorra ese análisis minucioso que, empero, cualquier intelectual serio debería acometer.

¿Podría ponerme un ejemplo de esto que señala?

>Entrevista a Miguel Ángel Quintana

'Las ideas sobre género no están organizadas congruentemente'

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>Entrevista a William Chislett

'La sociedad española está envejeciendo rápidamente y eso supondrá un reto'

Juan Carlos Hernández

William Chislett es investigador asociado al Real Instituto Elcano y autor del libro “A New Course for Spain: beyond the crisis” publicado hace tres años, donde el autor analiza de forma ponderada una gran cantidad de datos sobre la situación en nuestro país desde la última crisis vivida.

En su libro afirma que ha sido la institución de la familia unos de los soportes que nos han permitido afrontar la crisis de los últimos años. Con nuestra actual tasa de natalidad y teniendo en cuenta que cada vez las parejas tienen su primer hijo con mayor edad, en una hipotética crisis dentro de cincuenta años ¿quedará familia para ayudarnos a afrontar la crisis?

No es fácil hacer pronósticos demográficos con certeza pero todo parece indicar que España va a combinar una larga esperanza de vida con baja natalidad, y esto va a incrementar el coeficiente de dependencia de la tercera edad. De hecho, hace poco la OCDE ha dicho que España tendrá 76 jubilados por cada 100 personas en edad laboral en 2050 en comparación con solo 13 personas en 1950, 19 en 1975 y 27 en 2000. Será la segunda ratio más alta de los países de la OCDE solo superado por la japonesa. Los españoles ya viven de media de 83 años, casi tres años más que la media de los países de la OCDE y la tasa de fertilidad es de 1,3 hijos por mujer, uno de los más bajos en el mundo y por debajo de la tasa de reemplazo de la población. Si no fuera por el flujo de inmigrantes en los últimos 20 años la población española hubiera caído fuertemente. La sociedad española está envejeciendo rápidamente y esto, según la OCDE, supondrá un reto “sobre la sostenibilidad financiera y la adecuación de los ingresos de los sistemas de pensiones”. Por supuesto, la tasa de fertilidad podría aumentar en las próximas décadas, pero no creo que la esperanza de vida vaya a bajar. Lógicamente todo esto necesita reformas.

¿Qué medidas se pueden tomar para ayudar a las familias y poder incrementar así la natalidad?

Las políticas familiares en España no son muy generosas (tipo reducciones de impuestos, ayudas, etc). Siempre he opinado que una medida esencial para poder incrementar la natalidad es crear una red extensa y gratis de guarderías, como hay en los países nórdicos e incluso en Alemania.

Destaca en su libro los bajos niveles en ranking internacionales de nuestras universidades. Sin embargo, algunas facultades o escuelas de negocios están entre las mejores del mundo. España gasta mucho más en juegos de azar y loterías que en I+D. Así es muy difícil poder dar un salto de calidad.

>Entrevista a William Chislett

'La sociedad española está envejeciendo rápidamente y eso supondrá un reto'

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Quien no te quiere no te ayuda

Jean Koulio

Jean Koulio es originario de Guinea Conakry. Llegó a España hace tres años pero tardó dos en llegar porque tuvo que recorrer toda la mitad norte de África, atravesando varios países, yendo y viniendo, hasta llegar a Melilla. Ha sido uno de los protagonistas de la campaña de la ONG Cesal de estas Navidades. La campaña “¿Dónde está mi hogar?” está dedicada a cuatro proyectos de acogida. Reproducimos el relato que Koulio hace de su experiencia.

Por África pasé por casi la mitad de los países del norte. Para mí es una historia que hace que me duela la cabeza cada vez que la cuento porque quiero olvidarla, pero en el mundo hay siempre felicidad y llanto. En África, antes de llegar a Melilla, pasé momentos muy difíciles, durmiendo en el bosque, comiendo lo que la gente tiraba a la basura, y todo eso era para mí una lección de vida. Algo que no te mata te hace fuerte. Como no me ha matado, es para mí una lección para seguir viviendo más fuerte, para luchar por lo que quiero. Al salir de África, siete metros después de la valla de Melilla vi que por delante tenía un cambio, pero este cambio, ¿quién me lo podía asegurar? Solo yo y la ayuda de Dios. Así que, a partir de ese momento, me puse a buscar, a pensar, a ver qué podía encontrar. Porque salir de tu país, llegar a un sitio donde no tienes padre ni madre, ¿cuál es tu arma? La paciencia y el buen comportamiento. Así que a partir de ese momento me puse a aprender español porque me decía que en un país, antes que defenderte, debes hablar su cultura, hay que saber para defenderte porque nadie te va a defender, podrán ayudarte pero tus propias habilidades son tu mejor defensa. La persona que mejor te puede defender eres tú. Pasé entonces dos meses en Melilla estudiando el idioma. Como le dije una vez a un formador, yo quería aprender las palabras pero no el alfabeto, eso ya lo sabía. De Melilla me trajeron a Madrid seis meses después, donde viví en un centro de refugiados otros seis meses.

Quien no te quiere no te ayuda

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>Entrevista a Sebastián Mora (II)

'Siempre se ha criticado a la Iglesia por estar cerca de los pobres, incluso desde dentro'

Francisco Medina

Continuamos el diálogo con Sebastián Mora, exsecretario general de Cáritas, acerca de la situación social en España, las causas y los retos a afrontar a nivel social y, sobre todo, eclesial.

Entro en un tema espinoso. En ciertos círculos sociales e, incluso, eclesiales se denuncia que, cuando se habla de opción por los pobres en la Iglesia, existe el riesgo de una cierta podemización en la labor asistencial de la Iglesia, por cuanto se hace insistencia en la garantía de cubrir necesidades básicas (vivienda digna, empleo digno, etc.) ¿Nos cuesta a los católicos asumir este acento en el que la Iglesia –y ahora el Papa Francisco– ha insistido?

Siendo provocador. ¿Podemos hablar de podemización de la asistencia de la Iglesia o eclesialización de la doctrina de Podemos? La Iglesia lleva predicando la opción preferencial por los pobres muchísimos siglos antes de que existiera Podemos, y siempre ha sido nuclear. A la Iglesia se la ha acusado de comunista en los tiempos del comunismo, se la ha acusado de socialista en los tiempos del socialismo, se la ha acusado de podemita en los tiempos de Podemos, pero la Iglesia siempre ha tenido muy claro cuál es su espacio: cerca de los pobres y con los más pobres. Y eso podemos verlo en Juan XXIII, en Pablo VI, en Juan Pablo II, en Benedicto XVI y en el Papa Francisco. Siempre, siempre, siempre se ha criticado a la Iglesia cuando hablamos de los pobres. Lo que pasa es que tenemos muy poca memoria, pero cuando Juan Pablo II escribió la Sollicitudo Rei Socialis hubo muchas críticas a determinados elementos que comentaba esa encíclica. Entre otras cosas, cuando habló del pecado estructural o estructuras de pecado, y cuando habló incluso de enajenar bienes de la Iglesia para ayudar a los pobres, pero tenemos la memoria muy corta y nos quedamos en Francisco, que es más social que otros papas, y no es verdad. También lo fue Juan Pablo II, pero tenía otras vertientes. La Sollicitudo Rei Socialis es una encíclica de una potencia social que el Podemos de hoy en día no iría más allá de ella. Siempre, y esto me gustaría destacarlo, se ha criticado a la Iglesia por estar cerca de los pobres, incluso la gente de dentro de la misma Iglesia; más aún, especialmente la gente de la misma Iglesia.

¿Una cierta influencia del neoliberalismo?

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'Siempre se ha criticado a la Iglesia por estar cerca de los pobres, incluso desde dentro'

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La polémica francesa entre islamosfera e islamofobia

Jean Duchesne

Recientemente se ha desatado en Francia una polémica en torno al islam que resulta un tanto extraña desde muchos puntos de vista. En primer lugar, porque solo una minoría de los protagonistas de la discusión es musulmana y se toman en consideración aspectos muy superficiales del islam. También porque el debate empezó por una serie de declaraciones de responsables de movimientos asociativos que en su momento no llamaron la atención pero luego su circulación por redes sociales desató toda una cadena de reacciones.

A partir de ahí ciertos medios, sobre todo Le Figaro Magazine, sirvieron de megáfono cuando aún no habían despertado pasiones entre el gran público, al que le cuesta tomar postura. La perplejidad que produce esta indiferencia nace sobre todo del hecho –y este es el tercer elemento desconcertante– de que los dos campos opuestos están todavía poco definidos y pertenecen a ámbitos de lo que se sigue llamando “la gauche”, la izquierda, aunque no está del todo claro qué significa esto tanto política como filosóficamente.

El objetivo no era solo el islam

Ninguna de las dos facciones rivales se ha dado un nombre. Por un lado está la “islamofobia”, la corriente en la que empezaron los ataques. El objetivo no era explícitamente el islam sino las religiones en general, punto de mira en virtud de la amenaza que representan para la laicidad.

En esta corriente encontramos organizaciones como los Printemps Républicain (con el sociólogo Laurent Bouvet, el filósofo Marcel Gauchet, el politólogo e islamólogo Gilles Kepel), el Gran Oriente de Francia (la principal obediencia masónica, ferozmente anticlerical desde hace 150 años), la LICRA (Liga Internacional contra el Racismo y el Antisemitismo, que pronto cumplirá cien años y que se opone, en nombre de la igualdad y de los derechos del hombre, a las expresiones públicas de las especificaciones culturales), personalidades como el exprimer ministro Manuel Valls o el académico Alain Finkielkraut (que parece considerar al islam como intrínsecamente represivo), así como partisanos del movimiento político La France Insoumise de Jean-Luc Mélenchon. La mayoría de esta gente pide que “la religión quede confinada entre las paredes de casa o los lugares de culto” y se haga lo más discreta posible en la sociedad, esperando, piensan, su ineluctable desaparición, como requeriría “el sentido de la historia”.

Si bien el cristianismo tiende a considerarse hoy como minoritario, el judaísmo lo es, digamos, constitutivamente y, a pesar de sus progresos, también sigue siendo minoritario el budismo, este discurso antirreligioso tiene como objetivo tácito al islam, sospechoso de ambiciones de conquista. La acusación se vuelve directa cuando se trata de la condición de las mujeres y del “conservadurismo moral” de la tradición musulmana.

La polémica francesa entre islamosfera e islamofobia

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>Entrevista a Francisco Igea

'Las leyes, si no se hacen desde el corazón del hombre, son solo tiranía'

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Francisco Igea sobre la Ley de Derechos y Garantías al final de la vida. Acompañar a la muerte es la parte más difícil del oficio, pero es también la más hermosa, afirma este médico diputado por Valladolid.

“Quiero vivir un poco más. Un verano más en las rías, un otoño más en el hayedo de Irati, un invierno más de densa niebla en Valladolid”. Así expresaba usted en un artículo reciente una conversación con un paciente. Ante lo inexorable de la muerte, ¿predomina aún el deseo de vivir?

El deseo de vivir acompaña al hombre en todo su camino, pero vivir no es solo respirar, alimentarse y cumplir las funciones fisiológicas. Vivir es poder relacionarme con el entorno, disfrutar del afecto, dirigir mi existir… Morir es la última parte del vivir y poder despedirse con humanidad y conscientes de que hemos hecho nuestro camino. Hay un tiempo para cada cosa. Un tiempo para abrazar y un tiempo para despedirse.

¿Se pueden humanizar las leyes cuando tienen en cuenta la experiencia humana?

Las leyes, si no se hacen desde el corazón del hombre, son solo tiranía. El sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado. Es deber del legislador poner su foco en el ciudadano. El ciudadano que es, a su vez, hacedor de la ley y receptor de la misma. Nosotros no somos, ni podemos ser, más que los encargados de trasmitir la voluntad mayoritaria, voluntad para asegurar los derechos individuales. Ese es el quid de la ley: saber interpretar como querríamos la mayoría que nos tratasen, si nosotros fuéramos la minoría. No podemos hacer leyes solo para cumplir el deseo de la mayoría. Debemos hacer leyes para respetar a los individuos asegurándonos de que ese respeto a lo individual no afecta de manera grave o decisiva a la convivencia en libertad de la colectividad.

¿Qué pretende la Ley de Derechos y Garantías al final de la vida que ustedes proponen?

La ley pretende, simplemente, reconocer a los españoles como poseedores de plenos derechos hasta el final de sus días. Los ciudadanos deben saber que el estado les garantiza su derecho, también en la situación de máxima debilidad. Es esa situación de máxima debilidad la que requiere del legislador un mayor interés en garantizar un trato digno y acorde con las convicciones de cada cual. El derecho a mantener el timón hasta el final del viaje, el derecho a evitar un sufrimiento innecesario, el derecho a renunciar a una pelea que se considera imposible de ganar, el derecho al acompañamiento y a un trato digno y humano, respetando tus convicciones.

¿Dónde está la frontera entre la sedación paliativa y la eutanasia? ¿Qué criterios objetivos podríamos usar?

>Entrevista a Francisco Igea

'Las leyes, si no se hacen desde el corazón del hombre, son solo tiranía'

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>Entrevista a Sebastián Mora (I)

'La relación entre el Estado y la sociedad civil no es un juego de suma cero'

Francisco Medina

Sebastián Mora ha sido durante ocho años secretario general de Cáritas, con un amplio recorrido en el ámbito de la acción social en la atención a los sectores más desfavorecidos. Dialogamos con él acerca de la situación social en España, las causas y los retos a afrontar a nivel social y, sobre todo, eclesial.

Recientemente, se han publicado los resultados del último informe Eurostat sobre los índices de riesgo de pobreza y exclusión social en los países de la Unión Europea; en especial, en España. A pesar de que se dice que, en nuestro país, estamos saliendo de la crisis económica, según los resultados del informe Eurostat, en España ha aumentado el riesgo de pobreza a un 27,9%. ¿Cuáles son los efectos de esta cultura del descarte, de la que se ha hecho eco el Papa Francisco? En concreto, ¿cuál crees que es nuestra situación real, a nivel social, en nuestro país?

Este tema es complejo porque todas las estadísticas muestran que en España hay cierta mejoría en los datos sociales y una mejoría muy buena en los datos económicos, es decir, nos está mostrando que la economía va a un ritmo y las personas van a otro ritmo, y que la pobreza nota mucho cuando hay una crisis económica, con su incremento, pero nota poco cuando la economía va bien en el decrecimiento de la pobreza. Es lo que se llama el carácter contracíclico de la pobreza, que en periodo de crisis aumenta de manera intensa y en periodo de crecimiento económico no disminuye en la misma proporción. En España tenemos una situación económica positiva, -podría ser más positiva, pero es positiva-, pero que solo permite que mejoren mínimamente los datos de pobreza, incluso la pobreza, y este es un tema que nos parece preocupante, empieza a no correlacionar con el tema del empleo. Tenemos buenos datos en términos generales de empleo, pero sin embargo los datos de pobreza mejoran en menor proporción que el empleo, y eso quiere decir que hay trabajadores que son pobres, en torno al 14% según la Encuesta de Población Activa (EPA).

¿Significa, entonces, que el empleo que se crea es precario?

Podríamos discutir sobre el término, porque el término “precario” creo que muchas veces se utiliza mal, pero la verdad es que tener un empleo hoy en día no asegura una integración social como hace diez años. Con lo cual, aparte del empleo se necesitan otros mecanismos para la integración social.

¿Qué factores crees que se deberían darse para que esta mejora de la situación económica pueda repercutir en una disminución la pobreza?

>Entrevista a Sebastián Mora (I)

'La relación entre el Estado y la sociedad civil no es un juego de suma cero'

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>Entrevista a Marta Cartabia, vicepresidenta del Tribunal Constitucional de Italia

'La ley no puede impedir lo que la conciencia social no reconoce'

Fernando de Haro

Marta Cartabia, catedrática de Derecho Constitucional, vicepresidenta del Tribunal Constitucional de Italia, ha visitado Madrid para intervenir en el acto en el que la Asociación Universitas la ha nombrado socia de honor. www.paginasdigital.es ha conversado con ella sobre la reforma constitucional, los retos de fraguar el nuevo consenso y sobre la relación entre moral y ley.

En El Federalista (publicación que recoge la discusión entre los constituyentes estadounidenses) ya se produce una discusión interesante entre Jefferson y Madison sobre el tiempo en el que debe estar en vigor una constitución. Jefferson argumenta que en cada generación se debe cambiar porque los jóvenes tienen que renovar el acuerdo político de sus mayores. Madison, sin embargo, apunta que la nueva generación da un consentimiento tácito. Es una discusión que adquiere nuevo interés. No solo para España, donde se debate la conveniencia de la reforma de la Carta Magna, sino en toda Europa: estamos dominados por la quiebra generacional de los principios constitucionales de postguerra. ¿Quién lleva razón, Jefferson o Madison?

No es solo una discusión entre Jefferson y Madison porque en la revolución francesa existía la idea de que una generación no se puede vincular a la siguiente. Se pensaba que hacía falta un consenso, identificando la democracia con la voluntad del pueblo. Esta es una visión que ha quedado superada con las constituciones rígidas de la segunda posguerra. Rígidas no significa congeladas. “Rígida” es una expresión técnica que se refiere a las constituciones que no pueden ser modificadas con el procedimiento habitual que se utiliza para el cambio de las leyes ordinarias sino con el apoyo de unas mayorías cualificadas de las que sostienen a un Gobierno.

En mi opinión, el pacto fundante requiere una estabilidad. No se puede reformar la casa todas las semanas. La Constitución, decía un gran padre constitucional italiano, La Pira, es la Casa Común. Por tanto, se pueden hacer trabajos de mantenimiento. Pero no se puede restructurar continuamente la casa y vivir dentro de ella. Creo que una cierta estabilidad en el tiempo es necesaria porque si no la vida política se centra en discutir sobre cómo hacer reformas. Si se reforman las estructuras debe ser para responder mejor a las necesidades de la gente. Pero ciertamente tampoco se puede hacer de la Constitución un mito de modo que tocarla suponga un atentado al Estado. Modificar la Constitución no es un sacrilegio. Puesto que la Constitución expresa la vida de un pueblo, es muy importante que sea dinámica: ya sea a través de la interpretación que de ella hacen las Cortes -que desarrollan su contenido respondiendo a nuevas necesidades-, ya sea a través de su modificación.

>Entrevista a Marta Cartabia, vicepresidenta del Tribunal Constitucional de Italia

'La ley no puede impedir lo que la conciencia social no reconoce'

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El diálogo con los musulmanes empieza dialogando entre nosotros

Angelo Scola

Derrotar al yihadismo y a las otras formas de terrorismo, ¿es una posibilidad real? Responder a esta pregunta es todavía más urgente tras los últimos atentados en España e Inglaterra. No basta el miedo, la condena firme, la rabia ante las atrocidades cometidas. Ni el trabajo necesario para poner en marcha medidas adecuadas de seguridad. En todo caso nunca serían suficientes para evitar la acción letal de los hombres bomba.

A menudo, la respuesta que llega desde los europeos –“No cambiaremos nuestros estilos de vida”– tiene más el tono de un manifiesto de firmeza que de la indicación de un camino. Es una respuesta a la que no le falta valentía. Siempre que seamos conscientes de que plantea un interrogante aún más radical. “¿Cuáles son, de hecho, nuestros estilos de vida?”. ¿Bastó en su momento con afirmar: “Volveremos al Bataclán, al estadio, al paseo marítimo de Niza”?

Nosotros, hombres del tercer milenio, para afrontar el cambio histórico actual que el Papa Francisco ha definido como “un cambio de época, no una época de cambios”, no podemos evitar afrontar una cuestión decididamente más comprometida: “¿Quién quiere ser el hombre del tercer milenio?”. Es la cuestión del sentido, es decir, del significado y de la dirección que queramos dar a nuestra vida personal y social. Independientemente de la cosmovisión en la que nos inspiremos los cristianos, los otros creyentes y los no creyentes, no podemos seguir huyendo de esta provocadora pregunta.

La cuestión del sentido

El trabajo realizado en Oasis desde hace quince años muestra analíticamente, entre otras cosas, el desafío que nos  ha planteado una parte del mundo musulmán. “Sois una ‘no civilización’. Habéis perdido toda fe, habláis de derechos y luego los pisoteáis. Sobre todo, no habéis dejado de recorrer, por vías cada vez más engañosas, el camino del dominio”. No podemos adentrarnos aquí en el análisis de las problemáticas que, a nivel religioso, civil, político, económico y ecológico, nos afligen. Ni rendir cuentas de una civilización que genera pobreza y exclusión, aquí y en muchas otras partes del mundo. Por no hablar de la facilidad que tenemos para olvidar la historia mundial en su integridad. Una historia que no solo registra violencia en nuestras relaciones con los musulmanes y que, por ello, deberíamos hacernos abandonar el lenguaje del “nosotros” y “ellos”.

Se trata de buscar el sentido adecuado del vivir y compartirlo en una confrontación apasionada que busque un reconocimiento mutuo. Y para hacerlo con los musulmanes hay que empezar a hacerlo aquí, entre nosotros.

Un instrumento abierto a todos: Oasis

El poeta T.S. Eliot hablaba en su tiempo de hombres “de paja”. Podría ser una descripción pertinente para nosotros, occidentales del tercer milenio, perdidos en un narcisismo autista que nos impide amar al otro porque no nos dejamos amar por Dios. Tal vez, deberíamos partir de este humilde reconocimiento en el diálogo con cualquiera de nuestros “hermanos los hombres”, por citar la expresión de Karl Barth. También con los musulmanes. Un conocimiento mutuo y amante que sepa narrar la belleza del vivir juntos es el único antídoto frente a cualquier forma de terrorismo.

La Fundación Internacional Oasis quiere ser un instrumento abierto a todos, sobre todo a aquellos que quiere construir una “civilización de la verdad y del amor”, por usar la expresión de san Juan Pablo II.

El diálogo con los musulmanes empieza dialogando entre nosotros

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Universitas: experiencia y razón de maestros

Una jurista, un físico, un matemático y un sociólogo dialogando entre sí un viernes por la tarde: ¿qué puede haber hecho que se reúnan estos profesores, con un reconocimiento altísimo en su propio campo, tan distintos entre sí? Es obligado preguntarse quién ha podido convocar un acto así. Universitas, una asociación de profesores y doctorandos que a lo largo de 20 años ha ido creando, a partir de su experiencia cristiana, una trama de relaciones de amistad y trabajo científico en la universidad española.

Uno de los aspectos más originales del acto fue que todos los ponentes aceptaron describir su currículum académico vinculándolo con su experiencia humana. Marta Cartabia, catedrática de Derecho Constitucional y vicepresidenta del Tribunal Constitucional italiano, fue la primera en intervenir. “Todo ha nacido de dos coordenadas: acoger lo que la realidad me ofrecía y seguir a grandes maestros”. La jurista insistió en que su camino “no ha sido fruto de una estrategia, sino de un ir siguiendo lo que se me ponía delante, las posibilidades y puertas que se me abrían, y también algunos desengaños”. Así sucedió cuando, por ejemplo, tuvo que trasladarse a una universidad que no le interesaba particularmente. “Allí conocí a Joseph Weiler, que me marcó definitivamente. He ido aprendiendo qué significa tener una identidad bien definida que permite entrar de manera constructiva y abierta en los problemas jurídicos”.

Este acento particular de describir episodios de la propia vida continuó con los demás invitados, que mostraron, de forma más o menos implícita, que hay una unidad profunda entre lo que se estudia, enseña o investiga, y el propio camino de experiencia vivida.

Los nuevos socios de honor de Universitas conceden una excepcional importancia al proceso educativo, la mayoría de ellos remitiéndose a un maestro como figura decisiva en la propia vida. Puede haber sido ya de adulto, como es el caso de Cartabia o Juan José Gómez Cadenas, director del grupo de Física de Neutrinos del Instituto de Física Corpuscular (centro mixto del CSIC y de la Universidad Politécnica de Valencia), a quien un eminente investigador norteamericano facilitó por pura gratuidad el acceso a la tecnología imprescindible para su proyecto; pero también en la niñez, como les sucedió a León Atilano González Sotos, catedrático de Ciencias de la Computación e Inteligencia artificial de la Universidad de Alcalá de Henares, y Víctor Pérez Díaz, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense y Premio Nacional de Sociología y Ciencia Política en 2014, quien resaltó cómo un niño, a través de las grandes lecturas, puede entrar en un mundo de admiración, de disponibilidad para el aprendizaje y de posibilidades de relación radicalmente nuevas, evitando así quedar sometido al control del poder o de la mentalidad dominante.

“En las matemáticas encontré por primera vez cosas indiscutibles que podía comprender por mí mismo”. Para González Sotos este campo de conocimiento supuso (él era un “niño tímido”) un factor de educación importante en la formación de su personalidad. Defiende que la vida, cuando no tienes la posibilidad de que el conocimiento alcance certezas, es más pobre. Estas certezas pueden ser de tipo matemático, como las que encontró él, o abrirse también a otros aspectos de la vida, como le ha sucedido al sociólogo Pérez Díaz.

Universitas: experiencia y razón de maestros

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'La belleza desarmada' ante la emergencia educativa

Mª Carmen Carrón

Sorprendidos por la preciosa experiencia de los diálogos que durante todo el año pasado tuvieron lugar en las presentaciones del libro “La belleza desarmada” de Julián Carrón y educados y movidos por la fecundidad a la que ha dado origen en todo el mundo, ARCYP, siendo una asociación de padres y profesores, ha decidido este curso comenzar a poner en la plaza pública la tercera parte del libro dedicada a la emergencia educativa.

La forma será también la de un diálogo abierto a 360°, al que invitaremos a profesores, alumnos, padres y algunas otras personalidades relevantes en dicho ámbito a confrontarse con el contenido de este libro.

Los capítulos de la tercera parte son tres (10-11-12) y por eso haremos tres encuentros coincidiendo con cada uno de los capítulos y con cada uno de los trimestres del curso escolar.

En el primero de los tres encuentros nos ocuparemos del capítulo 10, cuyo título, “Introducir en la realidad según la totalidad de los factores”, corresponde a la definición de educación que hemos aprendido de Luigi Giussani, quien a su vez la retoma de J.A. Jungmann.

Que esta definición no hable ni de contenidos ni de metodología ni de actitudes o comportamientos sino de la realidad es cuanto menos sorprendente. ¿Qué significa que educar sea “introducir en la realidad según la totalidad de los factores”? Quizás en este preciso momento es más fácil que nunca entenderlo siendo tan frágil la relación que los chicos tienen con la realidad. La evidencia de esta fragilidad nos la muestra el modo con el que se relacionan con ella. Lo sabemos bien los padres y los educadores. Por tanto, la pertinencia de hacernos esta pregunta y responder a ella es mayor, si cabe, que en otros momentos históricos. Nos va la vida en ello: nuestros hijos necesitan nuestra ayuda.

Por eso, para dialogar sobre esta cuestión y todas sus implicaciones, hemos querido invitar a tres profesores que puedan dar cuenta desde primaria a la universidad, si lo que el autor del libro propone como posibilidad de respuesta a esta pregunta se revela como adecuado al momento desafiante que vivimos. Ellos nos aportarán su experiencia y nos ayudarán seguramente a entender mejor el libro y, sobre todo, la realidad.

Dedicar un tiempo a mirar esta emergencia educativa, acompañados por sus protagonistas, es la mejor forma de continuar el curso (no esperando solo a que lleguen los puentes o las vacaciones) sino disfrutando de la belleza que nos permite levantarnos los lunes para hacer la tarea más necesaria y correspondiente a los problemas de nuestra sociedad y de nuestro país.

Porque como advierte el Papa Francisco: los educadores son «“artesanos de humanidad” y “¡constructores de la paz y del encuentro!”. Ojalá los gobiernos tomaran conciencia de la magnitud de su tarea».

Por eso os esperamos a todos aquellos a los que haceros esta pregunta os pueda ayudar a entender mejor la importancia de esta tarea. Invitar a aquellos que puedan beneficiarse es alargar la conciencia de esta tarea.

Cuándo: viernes 24 de noviembre a las 19:00h

Dónde: Colegio Mayor Juan XXIII Roncalli (C/ Ramiro de Maeztu, 3)

'La belleza desarmada' ante la emergencia educativa

Mª Carmen Carrón | 0 comentarios valoración: 2  41 votos

La trampa del otoño

Federico Pichetto

“La corrupción acaba con la esperanza”, ha repetido insistentemente el papa Francisco en estos años. La cuestión es que llegados a un cierto punto de la vida, pública o personal, después de haber visto muchas cosas, nace en el corazón la tentación de pensar que todo es inútil y que la única vía realmente posible es la de ponerse a salvo, pensar en uno mismo y en la mejor manera de llevarse a casa algo “concreto”, abandonando para siempre los estériles ideales de la juventud. Se abre paso así un corazón cada vez más resignado y cínico, dispuesto a ver un complot en cada cosa, sospechoso tanto de la política como del Papa, de los compañeros de trabajo como de los vecinos de casa.

Comienza así una nueva época de egoísmos y resentimientos que buscan justicia y venganza sin recordar siquiera el motivo por el que se llegó a desear que el mundo –y la vida– no acabaran así. Se busca el dinero, el placer, la satisfacción, y nos alejamos cada vez más del punto en el que todo comenzó. Todo comenzó con un gran dolor, una gran desilusión, una traición a las expectativas del corazón que fue llenando la existencia de aridez, alejando cada vez más las esperanzas de la primavera y encogiendo los deseos del verano. Es el tiempo del otoño, el momento en que el final parece ya escrito y el desencanto parece ser la única salida posible.

Andrés es un chaval de dieciséis años con una historia difícil a sus espaldas, con abandonos y violencia. El otro día, en un pequeño centro de la periferia, le propusieron que guiara una visita de un grupo de alumnos de tercero a su instituto de enseñanza superior. Al tomar la palabra, empezó diciendo que él no sabía qué decir de su instituto, más allá del hecho de que en los últimos tres años se había dado cuenta de que entrar en clase significaba decidir entrar en una relación. Y que esta había sido la única novedad real en su vida.

“Porque cada día lo que te hace esperar no es aquello que consigues, sino aquello que miras. El problema es que muchas veces cuesta mirar la vida de frente, y pensamos que lo que sucede es más bien una desgracia. Pero las cosas pasan para que tú puedas recordar que antes de ese dolor, antes de esa rabia, antes de esa traición, tú eras una persona que solo quería ser feliz”. Cuando acabó de hablar nadie se atrevió a interrumpir el misterioso silencio que se había creado en el aula.

Ha habido un momento en que todos hemos salido de casa, hemos ido a la universidad, o nos hemos casado para ser felices. El problema es que lo hemos olvidado. Ante la corrupción, la única respuesta posible es mirar a Andrés, el milagro de un Andrés que vuelve a esperar porque se ha dejado mirar. A veces, la gente o los estados solo necesitan dejarse guiar por ese poco de bien que existe y que vive. En lo más secreto de su libertad, aunque quizá ellos no lo sepan, se juega todo su futuro.

La trampa del otoño

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¿Son seguros los alimentos procedentes de organismos transgénicos?

Nicolás Jouve

La modificación genética de un ser vivo constituye una parcela muy especial de la Biotecnología. El caso más general consiste en aislar del genoma de un organismo una región de su ADN correspondiente a un gen que confiere alguna ventaja a su portador e insertarlo en algún lugar del genoma de otro organismo de la misma o diferente especie. Estas operaciones de “ingeniería genética” se vienen practicando desde finales de los años setenta. Los primeros experimentos trataron de modificar el genoma de bacterias con fines aplicados. Más tarde se extendieron a las plantas cultivadas y animales domésticos con fines de mejoramiento de sus propiedades aplicadas.

El proceso de modificación genética comienza con la identificación del gen responsable de una característica de interés de un organismo “donante”, que se aísla mediante técnicas de ingeniería genética y se inserta en el genoma de una célula del organismo “receptor”, una bacteria, una planta de cultivo, o una célula animal cultivada en el laboratorio. Hay diversos procedimientos para introducir genes en el genoma receptor (pistola de genes o biolística, electroporación, canalización a través de un vector natural de ADN como plásmidos bacterianos, etc.). Sea cual sea el método de modificación utilizado, la célula receptora incorpora entre sus genes el gen extraño, usualmente de forma aleatoria, por lo que es necesario identificar las células que habiéndolo incorporado lo mantienen en condiciones adecuadas. En el caso de las plantas esto se facilita gracias a su capacidad de regeneración vegetativa, en cultivos in vitro sobre medios inductores para el desarrollo. Las plántulas se analizan después para determinar si está presente el gen extraño y se seleccionan si funciona adecuadamente.

A los organismos modificados de esta forma se les denomina “organismos modificados genéticamente” (OMG) o “transgénicos”, y las aplicaciones han sido hasta el momento muy provechosas al permitir obtener bacterias que sintetizan fármacos (hormonas, enzimas, insulina humana, vacunas, vitaminas, factores de coagulación, etc.), variedades de plantas cultivadas resistentes a insectos, virus, bacterias, condiciones ambientales adversas, mejor calidad o producción, etc. y razas de animales domésticos de mejor calidad, más productivos o más resistentes a enfermedades.

La gran diferencia de la metodología para obtener los OMG y el mejoramiento genético tradicional, basado en el cruzamiento y selección, es que ahora se pueden saltar las barreras del aislamiento reproductor. De este modo se puede trasladar información genética de una especie a otra por muy alejadas que estén en la escala evolutiva sin recurrir a la vía del intercambio sexual. Además de conducir a la modificación de los caracteres de interés para su explotación comercial, la transgénesis abre la posibilidad de modificar los organismos en caracteres imposibles de abordar mediante la mejora genética tradicional.

Un par de ventajas más, desde el punto de vista de lo que supone la obtención de los OMG, es que el organismo adquiere la nueva propiedad de forma constitutiva. Hace suya la incorporación del gen extraño y su función será independiente de los agentes externos. Por otra parte, la modificación genética es mínima, apenas un gen o una región restringida del genoma de efectos conocidos, mientras que en la mejora genética tradicional basada en el cruzamiento y selección se mezclan los genomas de las formas parentales, lo que exige una labor de criba muy laboriosa a posteriori.

¿Son seguros los alimentos procedentes de organismos transgénicos?

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>Entrevista a Fernando Vidal

'La economía y el estado del bienestar no son sostenibles sin la persona'

Francisco Medina

Fernando Vidal es sociólogo, presidente de la Fundación RAIS, con un destacado recorrido en temas de agenda social y autor de numerosos e interesantes trabajos acerca del panorama social del mundo de hoy. Dialogamos con él acerca de las implicaciones de la llamada cultura del descarte y del derrumbe de las evidencias en torno al sujeto, y de las consecuencias de una sociedad líquida y de una economía capitalista que tenga en cuenta al sujeto.

En la ‘Laudato Si’ se hablaba de los efectos de la degradación ambiental en el desarrollo aparte de los efectos de la cultura del descarte. En tu opinión, ¿cuál es el diagnóstico que se puede dar en Europa, sobre todo en España, en qué crees que se concreta esto que dice el Papa de la cultura del descarte?

La modernidad es cierto que se construyó contra las personas. En el siglo XIX la opción fue construir grandes máquinas donde las personas quedaban muy empequeñecidas y ciertamente la economía en las ciudades, la burocracia, los partidos, los sindicatos, puede que también incluso las religiones, superaron mucho la escala humana y la persona se vio como algo que tenía que estar “en función de”. Después de los desastres y fracasos de la modernidad, lo que vemos es que es imprescindible que sea la sociedad la que esté en función de la persona, la economía en función de la persona. Por ejemplo, a principios del siglo XX en Nueva York morían siete mil niños por accidentes de tráfico, atropellados, y luego hay que decir que los niños fueron expulsados de la ciudad, que fue construida contra las personas, contra las familias. Ahora estamos de nuevo en un proceso de reapropiación de las ciudades por parte de las familias, con las puertas humanas, la rehumanización de espacios y plazas, de lugares vacíos, y creo que debe suceder en el conjunto, también en las empresas. Las empresas que no se humanizan no son sostenibles. En esto creo que el problema de los modelos de desarrollo reside en una modernidad que dio énfasis al funcionalismo por encima del humanismo. Ciertamente esto se manifiesta en todos los ámbitos, ambiental, económico, pero también en el propio crecimiento del Estado.

¿Cuáles crees que han sido las causas por las que se ha producido este vaciamiento, este derrumbe de evidencias sobre la persona?

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'La economía y el estado del bienestar no son sostenibles sin la persona'

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Universitas: 20 años construyendo la universidad

José Díaz

Del interés por construir la universidad y por que la cultura recupere su lugar en la sociedad nace la asociación Universitas, una comunidad de profesores y académicos caracterizada por su interdisciplinariedad: desde los orígenes de la Unión Europea, revividos a partir de las figuras de Robert Schuman y Jean Monnet, hasta la transición española como paradigma histórico de la fuerza de la reconciliación; desde la aventura humana de La Rosa Blanca, el grupo de estudiantes universitarios que se opuso al régimen nazi, hasta la vida y la obra de Tolkien, Solzhenitsyn, María Zambrano o Jérôme Lejeune, descubridor de la trisomía que causa el síndrome de Down; o desde la extraordinaria combinación de circunstancias que han hecho posible la aparición y evolución de la vida en nuestro planeta, hasta los orígenes medievales de la ciencia moderna.

La clave del éxito de Universitas y de su interés por tantos y tan variados aspectos de la naturaleza y la cultura se resume bien en las palabras pronunciadas en 2008 por la profesora Guadalupe Arbona, entonces presidenta de la asociación, con motivo del anterior acto de homenaje a los socios de honor: “El tiempo transcurrido nos ha permitido comprobar, con sorpresa y agradecimiento, el valor inestimable de nuestra vocación. El legado que hemos recibido de nuestros mayores exige de nosotros una conciencia crítica y sistemática. Aprendemos que el hombre tiene un instrumento seguro: la propia experiencia original” –la exigencia de verdad, belleza, bien y justicia– “a la que se puede volver una y otra vez para descubrir el valor de la realidad. Así el profesor universitario cumple, profesionalmente, ese trabajo al que está llamado todo hombre”.

El viernes 17 de noviembre tendrá lugar un acto de reconocimiento y homenaje a sus nuevos socios de honor. En esta ocasión los homenajeados son cuatro grandes maestros de las ciencias jurídicas, naturales y sociales: Marta Cartabia, catedrática de Derecho Constitucional, magistrada y vicepresidenta del Tribunal Constitucional italiano; León Atilano González Sotos, catedrático de Ciencias de la Computación e Inteligencia artificial de la Universidad de Alcalá; Juan José Gómez Cadenas, profesor
de investigación del CSIC y director del grupo de Física de Neutrinos del Instituto de Física Corpuscular (centro mixto del CSIC y de la Universidad de Valencia); y Víctor Pérez Díaz, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y Premio Nacional de Sociología y Ciencia Política en 2014.

La novedad del acto no estará en glosar su currículum, sino en acoger su testimonio sobre lo que ha hecho crecer su humanidad desde dentro de su experiencia académica, lo que les mantiene apasionados por su trabajo, y lo que les ha permitido convertirse en maestros para otros. Ojalá que escucharles permita a los asistentes al acto percibir algo de la eterna juventud de la vida universitaria, esa que se vislumbra cuando el científico experimenta la fascinación del descubrimiento, el crítico vibra ante la belleza de la obra artística o literaria, o el jurista reconoce la contribución del derecho a la “vida buena” y el bien común. Pues, en palabras de Pavese, “la única alegría del mundo es comenzar. Es bello vivir porque vivir es comenzar, siempre, a cada instante”.

Día: viernes, 17 de noviembre.

Hora: 19:15.

Lugar: Fundación Ramón Areces (c/Vitruvio, 5).

Universitas: 20 años construyendo la universidad

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La respuesta invisible al nuevo yihadismo español

Fernando de Haro

“Non tinc por”. Ese fue el grito que salió de forma espontánea de cientos de gargantas que se habían congregado en la Plaza de Catalunya de Barcelona, horas después de los atentados que golpearon la ciudad y el pueblo costero de Cambrils. Antes de que se escuchara esa respuesta popular, muchos barceloneses habían dado muestras de una solidaridad llamativa para atender a las víctimas del atropello. Fueron muchos los voluntarios anónimos que, desafiando el desconcierto y el miedo sembrado por los terroristas, acudieron a atender a los heridos, dieron cobijo en hoteles y en domicilios particulares a los que habían quedado sin abrigo en una ciudad amenazada. Decenas de traductores se ofrecieron para echar una mano. Fue una primera respuesta que no se puede dar por descontada. Una respuesta que, frente a la voluntad de los terroristas de causar un mal irreparable, con la donación de tiempo y la disposición a asumir riesgos, limitaba de algún modo la primera espiral sucia del nihilismo. “Me he quedado sorprendido por los gestos de caridad y solidaridad con que los barceloneses han respondido al ataque, hubo una gran humanidad en ellos”, aseguraba el cardenal de Barcelona, Juan José Omella.

Trece meses después del atropello de Niza con el que comenzó el “yihadismo low cost” en Europa, España ha sido golpeada como lo fueron antes Francia, Reino Unido, Alemania y Suecia. Aunque parece que hay algunas diferencias respecto a los casos precedentes. No estamos ante un yihadismo de lobos solitarios que actúan de forma espontánea. Según las primeras investigaciones, el atropello masivo y el apuñalamiento se producen después de que los terroristas fracasaran en sus planes de producir un daño mayor con explosivos y bombonas de butano. Solo la deflagración accidental de una casa en el pueblo de Alcanar (Tarragona), donde un grupo de jóvenes de origen marroquí preparaban el ataque, provocó que se decidieran a realizar un atropello masivo. ¿Estamos ante una célula organizada como las que preparaba Al Qaeda, vinculada de forma jerárquica a la cúpula del Daesh? ¿Es este un atentado similar al que sufrió España el 11-M de 2004?

Todavía es demasiado pronto para responder las muchas preguntas del ataque. Según las últimas investigaciones, el atentado de 2004 tuvo como responsable a Amer Azizi, un hombre directamente vinculado a la cúpula de Al Qaeda. Hay, sin duda, similitudes con lo que ha ocurrido hace unos días. Azizi actuó como agente de radicalización de un grupo de personas de origen magrebí, como en este caso ha sucedido con el imán Abdelbaki es Satti. Pero este último no parece que tenga vínculos con la cúpula del Daesh ni que contara con una infraestructura financiera.

La respuesta invisible al nuevo yihadismo español

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¿Pacto Educativo o pactito con minúsculas?

Antonio Amate

Recientemente, ha sido publicado el documento denominado “Decálogo. Documento de Bases para una Nueva Ley de Educación", firmado por un colectivo de organizaciones sociales y políticas de la izquierda. Coincide en el tiempo con el registro de tres proposiciones de Ley en el Congreso por parte del PSOE el pasado mes de septiembre. Las siglas más conocidas que secundan esta nueva estrategia de cara a la futura ley educativa son PSOE, Podemos, Izquierda Unida, Esquerra Republicana, CCOO, STES, CGT, CEAPA, Sindicato de Estudiantes…

La temática de este documento y de esas proposiciones de Ley es poco innovadora: defensa a ultranza de la escuela pública, única y laica. Sus autores, en clave propagandística, describen un amplio y generoso repertorio de cualidades tan sólo al alcance de la enseñanza pública, la que es de todos y para todos. Para ello recurren a los viejos tópicos conocidos aderezados con elementos de la neolengua pedagógica de moda y concluyendo en lo de siempre: con dinero público, sólo escuela pública, y cuanto más mejor.

No faltan tampoco en el documento las inevitables críticas a la derecha neocon, que sigue empeñada en privatizar la enseñanza desviando recursos financieros hacia los colegios concertados, todavía mayoritariamente católicos, recursos que son indispensables para alcanzar de una vez por todas el ideal educativo de las fuerzas progresistas y que, según ellos, es el mejor de los posibles: “El derecho a la educación es un derecho universal que los poderes públicos están obligados a hacer efectivo para todos los ciudadanos y ciudadanas en términos de igualdad y, por tanto, de gratuidad. El instrumento para satisfacer tal derecho fundamental es la Escuela Pública, entendida como la institución que integra el conjunto del sistema educativo y de todos sus niveles, cuya regulación y garantía corresponde a las administraciones públicas”.

Resuelta la cuestión principal, que es la asignación de recursos públicos en exclusiva para la escuela pública (la concertada debe desaparecer, dicen ellos), la enseñanza privada queda relegada a la decisión del bolsillo de cada uno. Si alguien no está de acuerdo con las excelencias del modelo público, esa nueva Ítaca en la que el viaje educativo de las familias debiera recalar, pues ningún problema, que se den el capricho a cargo del presupuesto familiar; porque la libertad de enseñanza existe en España, está en el artículo 27 de la Constitución, pero sólo para quien quiera y pueda pagársela. Y, por supuesto, para que no falte la nota folclórica en este decálogo, se invoca a la trasnochada presencia de la Religión en la escuela, que la visión progresista considera un anacronismo a superar por el papel científico, técnico y crítico de un currículo moderno, y donde las creencias de cada uno deben relegarse a la esfera privada.

Ante este panorama, donde lo identitario del programa político se resalta en cada nueva oportunidad destinada a buscar espacios de encuentro y de acuerdo, las expectativas de detener el péndulo legislativo en un Pacto Educativo se han reducido, de momento, a un posible consenso sobre temas puntuales, o como mucho a un pactito. Y mientras tanto, ¿qué hace el Gobierno, que es quien ha apostado más fuerte en su discurso por alcanzar el Pacto con mayúsculas en la Subcomisión creada a tal efecto en el Congreso?

¿Pacto Educativo o pactito con minúsculas?

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Urgen políticas para el encuentro

Ferrán Riera, director de la Escola Llissach

Hace unos días este periódico publicaba una entrevista con Ferrán Riera, director de la Escola Llissach (Santpedor), a la que contestó el pensador Mikel Azurmendi. El diálogo continúa.

Querido Mikel:

Desde que leí tu carta (porque fue eso antes que un artículo) llevo en el corazón el deseo de responderte. No para justificar ni matizar lo que dije en la entrevista publicada en PáginasDigital el pasado 4 de octubre con el título “Despertaremos, quizás, con una Catalunya independiente y habrá mucho sufrimiento” y a la que aludías días después en tu artículo publicado en el mismo medio con el título “A propósito de una entrevista sobre la situación en Catalunya”. Más bien lo que me mueve es el deseo de que sigas ayudando a entender más lo que quiero decir al obligarme, por un lado, a usar palabras más adecuadas que expresen mejor lo que pienso y, por otro, a pensar y descubrir las incoherencias o lagunas en el propio razonamiento. Así que tan solo tengo palabras de agradecimiento a la seriedad con la que acoges nuestra amistad y la haces valer para escribirme a los pocos días de salir publicada mi entrevista.

Corrígeme si me equivoco, pero de tu mensaje entiendo que no es que la ideología te parezca mal sino que simplemente te parece algo inevitable de la condición humana y que por tanto el debate no está en ideología sí o ideología no sino en si la ideología es buena o es mala.

Antes de entrar en materia me parece que es bueno diferenciar “ideología” de “ideas”. Últimamente cualquier idea que lleva consigo una propuesta parece que va asociada a una “ideología”. Creo que sería útil a la discusión ponernos de acuerdo en considerar ideología al constructo de ideas, corolarios y dogmas que se crea alrededor de un “tema” o varios “temas” principales, con el cual se intenta dar respuesta a todos los ámbitos de la realidad social. Por eso podemos hablar de ideología fascista, comunista, nacionalista… etc. Desde esta perspectiva la “ideología” es una especie de andamiaje que te aleja de la realidad pero no se trata de algo inevitable y connatural a la condición humana. Opera por la imposición, por parte de unos pocos, de un sistema de pensamiento que, por otro lado, suele tener “asideros” en verdades o medias verdades que facilitan la asunción de dicho sistema por parte de la muchedumbre que sufre dicha imposición.

Urgen políticas para el encuentro

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La vacunación en España ¿recomendable u obligatoria?

Nicolás Jouve

Antes de hablar sobre la conveniencia de la vacunación es necesario conocer los datos sobre este importante apartado de la salud pública e individual. Las vacunas preparan el cuerpo humano para que en un futuro esté equipado con los recursos necesarios para evitar una infección. Las vacunas consisten en preparados de moléculas similares a “antígenos”. Es decir, moléculas que se comportan como las que suelen llevar en su superficie los virus, bacterias u otros patógenos, que se proporcionan esporádica o regularmente por vía oral, inhalación o inyección. Cuando se administran en las dosis adecuadas no van a provocar la enfermedad que generarían estos agentes, sino que van a estimular al sistema inmunológico de la persona a la que se le suministran, de modo que se activa su sistema inmunológico, los linfocitos y demás células de defensa y se sintetizan “anticuerpos”, específicos contra esos antígenos, que quedan en el organismo durante meses o años para destruir al patógeno que intente invadirlo.

En relación con la vacunación, hay una cuestión de ética colectiva y también de responsabilidad personal. Cuando una enfermedad contagiosa ataca a una población humana no protegida por vacunación, cada persona queda expuesta a adquirir la enfermedad con el único recurso de su propio sistema inmunológico. Normalmente serán los niños pequeños y los ancianos los más vulnerables, bien por no haber desarrollado los anticuerpos contra el virus, la bacteria o el agente causante, o por contar con un sistema inmunológico deprimido. Hay un principio de “inmunidad colectiva” que nos dice que en las circunstancias indicadas cuantas más personas se vacunen, más personas de la población se beneficiarán indirectamente, incluidas las que por alguna razón no se pudieran vacunar. Lo que se está haciendo es dificultar la propagación del agente infeccioso al haber más personas inmunizadas que hacen de barrera. El resultado es que a mayor proporción de personas vacunadas de la población menor será la proporción de personas afectadas. Los expertos señalan que lo ideal sería alcanzar no menos del 80% de la población vacunada para alcanzar el umbral de inmunidad colectiva y frenar así la propagación de un nuevo brote infectivo como un virus u otro agente infeccioso.

De modo que el hecho de vacunarse no es un capricho ni un antojo del que uno puede prescindir. Es una conquista de la ciencia desde que el médico rural inglés Edward Jenner (1749-1823), el “padre de la inmunología” descubrió la vacuna contra la viruela, partiendo de la observación de la inmunidad a esta enfermedad de las personas que trabajaban en granjas en contacto con el ganado vacuno. Obviamente, el virus de la viruela que ataca a las vacas no es infeccioso para el hombre, pero por su parentesco posee antígenos que inducen las defensas contra los anticuerpos del virus de la viruela humana. Tras este gran descubrimiento se produjo una oleada de investigaciones y poco a poco fueron siendo posibles más vacunas para un amplio abanico de infecciones.

La vacunación en España ¿recomendable u obligatoria?

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