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30 SEPTIEMBRE 2016
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Grandes preguntas

Elena Santa María

Durante esta semana, tan ajetreada como incierta, han aparecido grandes preguntas en la prensa con un denominador común. Leila Guerriero citaba en su columna de El País el poema de Ana Blandiana “El sol de más allá” y “El reflejo de los sentidos”: «Me ahogo en la realidad: mis pasos ya no son anónimos (...) Ya no me reconozco. Me he olvidado. Me gustaría volver. Pero, ¿hacia quién?». Este poema recuerda a la explicación de Joseba Arregui en El Mundo sobre cómo votan los vascos: «lo que vota el ciudadano vasco es la bendición que parece venirle de la mano del Gobierno vasco del PNV para que no tenga que mirarse en el espejo y preguntarse qué hizo, dónde estuvo mientras duró la historia de terror de ETA».

«Miro el televisor y tengo tan llena la retina de dolor (...) que intento entender por qué somos tantos buena gente, y tanta buena gente resulta tan indiferente», provocaba Pilar Rahola en La Vanguardia. «El lenguaje de la conciencia trasciende la banalidad y la cotidianidad y aterriza en ese lugar inconcreto y temido del alma en el que aún nos hacemos preguntas». Parece que Pedro G. Cuartango le contesta en El Mundo: «estamos condenados a no saber y es posible que jamás lleguemos a resolver el misterio de quiénes somos y de dónde venimos».

El protagonista indudable de la semana ha sido el PSOE. Algunos apuntan a que no es tan diferente su crisis de estas preguntas que planteaban distintos columnistas. En una entrevista concedida a El Mundo, César A. Molina confesaba que «yo me impliqué en un momento dado con el PSOE por ser un partido heredero de esto [de la Constitución], pero ahora no veo que se sienta heredero, que conozca sus orígenes, que ni siquiera sepa bien quién era Pablo Iglesias, el verdadero. Ahora hay en el PSOE una tremenda orfandad». En el mismo periódico y en la misma línea reconocía Vicente Lozano que «el problema de fondo del PSOE no es el liderazgo de Sánchez, sino la crisis de identidad de la socialdemocracia desde finales del siglo».

Llegados a este punto, algunos se atreven a señalar hacia la educación. Juan Manuel Escourrido explicaba en El País que hay que defender las Humanidades mostrando «su indispensabilidad para entender a otros; para promover la igualdad y la justicia social; (...) para la convivencia democrática; para la comprensión de las fuerzas históricas que construyen la realidad; y para aprender, entender y moverse con soltura en el conjunto de las mejores respuestas que la humanidad ha dado a sus grandes preguntas». También César Molina en la entrevista citada decía: «lo que no se conoce no se ama».

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Grandes preguntas

Elena Santa María | 0 comentarios valoración: 1  1 votos
>Entrevista a Fernando de Haro

«El cristianismo es una gran provocación histórica»

Rosa María Jané Chueca

Ayuda a la Iglesia Necesitada nos invita el jueves 29 de septiembre, a las 19.00, a visionar en la Institución Javeriana (c/ Avellà, 1 – Barcelona) el documental Aleluya de Fernando de Haro. Se trata de un film centrado en la realidad de Nigeria, enmarcado en una serie que el periodista Fernando de Haro dedica a la persecución de los cristianos en el mundo. De momento, ha realizado cuatro sobre Egipto, Líbano, Nigeria e India. Como explica De Haro, «existe una cierta unidad, que es el reflejo de la situación de los cristianos en los países donde hay restricciones serias de libertad religiosa».

¿Qué encontramos en este documental?

Nigeria es un país donde los cristianos sufren una persecución durísima protagonizada por Boko Haram. Tiene un gran valor testimonial la fe de esos cristianos perseguidos que viven la fe en unas circunstancias muy difíciles y complicadas. En Aleluya podemos descubrir la fe de los cristianos nigerianos, que está hecha de mucha alegría, de mucha intensidad en la celebración, de caridad y de afecto de gente sencilla. La película nos pone ante la gran provocación de estos mártires y testigos. La inmensa mayoría de los cristianos entregan la vida por su fe. Y eso, para una Europa cansada, escéptica, sin certezas... es una intensa provocación. Toda la película es un contraste entre la dureza de la persecución y la sencilla alegría y gratitud de quien vive la fe como algo novedoso. Esto para los occidentales y europeos, que hemos perdido esa frescura en cuanto aparece el sacrificio y lo cuestionamos todo, es una interesante provocación de belleza y de paradoja: vivir la alegría en la más desfavorable de las circunstancias, que es el sacrificio de entregar la vida.

¿Podemos caer en la tentación del impacto pasajero?

Yo tenía la necesidad profesional de contar lo que allí sucede. El reto, para mí, ha sido no solo reflejar un impacto momentáneo, sino facilitar que el espectador se ensimisme con estos testigos de la fe que nos llegan de África. Mi tarea es no solo provocar un impacto inmediato, sino que aquellas historias que se cuentan se conviertan en compañeras del espectador. Que los testigos vayan más allá del impacto inmediato. Mi interés es reflejar, contar, mostrar, no solo el impacto, que es importante y que hay que cuidar, sino transmitir la compañía de los testigos, que viven de otra manera la vida.

¿Qué es lo que más le ha impresionado?

La alegría de gente sencilla que estima la gracia recibida más que la vida; que en un contexto muy difícil de violencia no se quejan ante las circunstancias, sino que viven con alegría. Otra cosa muy importante es el valor de una educación auténtica, que supera la violencia, la pobreza, la miseria... es la obstinación positiva de la alegría, de transmitir la fe.

¿Cuántos cristianos más deben morir para que el mundo reaccione?

No lo sé. Ya han muerto muchos y siguen muriendo muchos. Las estimaciones son de 150.000 muertos al año. Esto es un genocidio y lo que es incomprensible es que el derecho a la libertad religiosa se considere menos derecho que otros. Todo tipo de discriminación que provoca la muerte debe ser combatido. Creo que es un prejuicio ideológico de izquierdas y de derechas. Y la ideología impide reconocer que el derecho a la libertad religiosa es un derecho fundamental. Estamos ante una auténtica epidemia de persecución religiosa, especialmente sufrida por el cristianismo. El cristianismo es una gran provocación histórica, irrumpe con una experiencia de igualdad y de dignidad humana que los poderes de este mundo muchas veces no quieren aceptar. La geografía de la persecución es la geografía de la lucha entre el poder y la libertad. El poder frente al testimonio del amor y de la caridad, de la dignidad y la igualdad de la persona... las raíces de la persecución tienen mucho que ver con un poder que no tolera una diversidad antropológica generada por la fe.

Tertuliano decía que la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos...

Absolutamente cierto. En los países que he visitado no solo he realizado un viaje geográfico, sino que tengo la impresión de estar viviendo en el siglo I-II del cristianismo. Es como un viaje en la historia. Es sorprendente cómo el martirio, la fuerza de la caridad y el testimonio, hace una Iglesia mucho más fuerte y «en salida» como dice el papa Francisco. El martirio es el testimonio del amor y provoca fascinación y admiración, genera interrogantes, mueve las conciencias y los corazones. Es así.

Entrevista publicada en Catalunya Cristiana

>Entrevista a Fernando de Haro

«El cristianismo es una gran provocación histórica»

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Cuando está nublado los cerebros oscurecen

Francisco Pou

Ahí estaba, atrapada en el tiempo, desde abril de 1934. En la ciudad polaca de Zlozienic ha aparecido un cilindro sellado que contenía dos volúmenes de Mein Kampf de Hitler, acreditaciones nazis, monedas, algunos periódicos de la época y un cuaderno ilustrado con información de la vida diaria de la localidad. ¿Con qué animo se depositó esta “captura de tiempo”? El colegio de mis hijos, que iniciaba ahora unas obras de un nuevo edificio, depositó también hace unos días una “cápsula” sellada para extraer del hormigón al cabo de 100 años. Periódicos, fotografías, cartas. ¿Ganas de prevalecer?

¿Se sabía lo que pasaba?

No sé si los polacos (¿o invasores nazis?) que enterraron esa “radiografía” preservada de una época y un momento hicieron el ejercicio de pensar cómo sería la vida 83 años después, esto es, la semana pasada. Pero sí que intuían que Mein Kampf y los nazis no iban a pasar de puntillas por la Historia. No muy lejos de la cápsula con vocación arqueológica hoy se alza, en piedra para siempre, el macabro campo de concentración de Auschwitz, a 43 kilómetros de Cracovia, donde se calcula que fueron enviadas cerca de un millón trescientas mil personas, de las cuales murieron un millón cien mil, la mayoría judías. ¿No intuían esos “enterradores del cilindro del tiempo” de Zlozienic (entonces llamada Falkenburg) el trágico fin de la aventura ideológica del super-hombre y la super-nación “distinta” y la cruel criminalidad de sus métodos? Probablemente sí. O, mejor dicho, probablemente preferían no saber más.

Hace seis años se publicaron los cuadernos del funcionario alemán Friederick Kellner, escritos entre 1939 y 1945, y que habían sido custodiados por la familia. El título es tan expresivo como las columnas de humo de los campos de concentración: “Cuando está nublado todos los cerebros oscurecen”. Esta “cápsula del tiempo” rompe el mito de que “el pueblo alemán no se enteraba de lo que estaba pasando”. Sus comentarios de la vida cotidiana y algunas transcripciones de periódicos y radios de la época son definitivos. Cualquier persona con dos dedos de frente podía deducir con una mínima posición crítica la conclusión a la que Friederick, crítico con el sistema, llegaba: “Está claro (escribe horrorizado), se trata del exterminio de los judíos y los polacos”. Friederick irónico con la propaganda oficial, se fija hasta en el anormal crecimiento de las esquelas en los periódicos como en el Hamburger Fremdenbalt: 281. Extrapolando esa información a las esquelas en otras ciudades, la cifra de alemanes muertos (300.000 al año daría ese cálculo, anotando que “la cifra debe ser más alta porque muchos soldados rasos –¿y los judíos?– no reciben el honor de una esquela”) no cuadraba con la propaganda oficial que hablaba de “algunos casos aislados”. “¿Dónde ha ido la familia Stein?”. En las calles de Alemania, en las tiendas, se preguntaba poco y se contestaba menos, o mucho más; con silencio.

¿Se repite la Historia?

Cuando está nublado los cerebros oscurecen

Francisco Pou | 0 comentarios valoración: 2  19 votos

Hacia un juramento hipocrático de la ciencia

Nicolás Jouve

Se puede considerar el siglo XX como el más fructífero en el avance del conocimiento científico, especialmente con los espectaculares progresos en la teoría general de la relatividad, las partículas subatómicas y sus propiedades, los superconductores, el big-bang y la expansión del universo, la radiación cósmica de fondo, la síntesis de moléculas orgánicas a partir de las inorgánicas, la transmisión hereditaria, la estructura de la “molécula de la vida”, el ADN, y su sistema de codificación, la explicación de la evolución en términos genéticos, las bases genéticas de la diferenciación celular y el desarrollo, la neurotransmisión, los fósiles de nuestros ancestros humanos, el genoma humano, la capacidad de modificación genética, etc. Toda una cadena de conocimientos que han contribuido a los progresos en el bienestar social, con extraordinarias aplicaciones en los campos de las comunicaciones, el transporte, la agricultura, el medio ambiente y la salud. Otra cosa es cómo se acepta todo este torrente de conocimientos y también cómo se está aplicando y quién se beneficia de ellos. Dejaré para un futuro comentario el asunto de a quién y cómo llegan los frutos de la ciencia y me referiré en este breve análisis a los aspectos más formales sobre la admisión de la ciencia y cómo se ejerce o, a mi modo de ver, se debería ejercer.

En cuanto a la aceptación de lo que la ciencia nos revela, el primer elemento son las distorsiones o las falsas interpretaciones de los datos de la ciencia, unas veces por razones ideológicas, que en el fondo se deben a la concepción que cada uno tenga del propio hombre y otras por razones políticas o económicas, muy perniciosas al distorsionar el verdadero sentido de lo que se supone es la tarea de desvelar las causas de los fenómenos naturales del prodigioso mundo en el que vivimos. Por poner un ejemplo importante, carece de sentido negar que en las especies superiores con reproducción sexual el inicio de la vida, lo que delimita el paso de la no existencia a la existencia, tiene lugar al quedar constituida la identidad genética, de la que depende el desarrollo, es decir, tras la fecundación. Como tampoco es lógico negar la existencia de un ser humano hasta que se produzca la anidación, o se conforme el sistema nervioso, el cerebro… o incluso la capacidad de raciocinio. Esto son opiniones, aquello es certeza, ya que la capacidad de desarrollo, la conformación del sistema nervioso o del cerebro o la de adquirir capacidad de raciocinio son consecuencia de algo que ocurrió mucho antes, la constitución de la identidad genética. La fecundación es el big-bang de la vida.

Dado el carácter objetivo de la ciencia, exenta de prejuicios y derivada de la capacidad de raciocinio y creatividad propia del ser humano, los descubrimientos científicos deben aceptarse, no interpretarse.

La ciencia es algo serio. Ni es razonable la postura arrogante de algunos científicos, que están convencidos de que por medio de la ciencia llegaremos a comprenderlo todo y a dominarlo todo, como es el caso de los cientificistas, ni lo es la de quienes se aferran a opiniones o creencias, de modo que si lo demostrado científicamente me gusta lo acepto y si no lo interpreto a mi manera o simplemente lo rechazo.

Hacia un juramento hipocrático de la ciencia

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Nunca hay viento favorable para el que no sabe a dónde va

Elena Santa María

"¿De qué si no esas vidas sin arrugas, sin dolor, sin granos, sin tedio, sin ansiedad y sin celulitis de Instagram? ¿De qué, si no, esas perfectísimas vidas sin vida?". Esas vidas sin vida que describe Luz Sánchez-Mellado en su columna de El País recuerdan inevitablemente al hastío frente a la situación política. "Cuando la excentricidad se vuelve normativa, el cuadro deja de ser surreal y desciende a tedioso costumbrismo", explicaba Jorge Bustos en El Mundo. Sobre el problema catalán añadía: "la pereza atenaza pues al independentismo, pero no menos que a todos los demás, que son la mayoría".

Parece pues que el peligro de nuestros días es el tedio. "Es ya nada todo aquello a lo cual el tiempo devolverá a la nada. Lo que es igual: todo está enfermo", dice Gabriel Albiac en ABC. Muchos suscriben estos días sus palabras: todo está enfermo. El mundo está enfermo, Europa está enferma; de hecho Lluis Bassets recogía en El País las palabras de Juncker pronunciadas durante el debate del Estado de la Unión: "nuestra UE atraviesa una crisis existencial, ¿vamos a dejar que se descomponga ante nuestros ojos?”.

Sobre la situación en España afirmaba Santiago González en El Mundo: "quizá sea muy tarde para la tarea que el PSOE debió afrontar tras el desastre Zapatero: la refundación. Los socialistas deben plantearse qué quieren hacer en el futuro (...) nunca hay viento favorable para quien no sabe a dónde va". Así lo describía Rafael Jorba en La Vanguardia: "hace medio año me preguntaba si la política española sería capaz de salir del largo círculo vicioso en el que se encuentra para entrar en un círculo virtuoso. Me mostraba pesimista y repetía la pregunta que se hizo Gaziel en 1935: ¿vale la pena seguir escribiendo?".

Pero Jorba introduce una idea nueva: "en tales épocas (de recesión) -dice citando a Zweig- todos los problemas del hombre que no quiere perder su humanidad (...) convergen en uno solo: ¿cómo mantenerme libre?". Continúa Jorba: "es decir, cómo mantener el espíritu crítico en medio de las facciones en lucha, cómo preservar el rostro del otro difuminado por estereotipos y amalgamas, cómo salvaguardar los frágiles puentes de diálogo". Y cita de nuevo a Zweig: "sólo aquel que se mantiene libre frente a todo y a todos, conserva y aumenta la libertad en la tierra".

Nunca hay viento favorable para el que no sabe a dónde va

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Polémicas y otras cuestiones sobre las 'reválidas'

Jesús Pueyo

Con el curso ya en marcha, y a pesar de que no faltan los temas de debate, parece que las reválidas se han convertido en las grandes protagonistas de todo lo que se habla sobre educación en estos días en que los estudiantes de nuestro país vuelven a las aulas. Más allá de la falsa controversia sobre si se trata de “reválidas”, entendidas como el “examen que se hacía al acabar ciertos estudios” según define la RAE, o por el contrario hablamos de “evaluaciones”, lo que está claro es que estas “pruebas finales de etapa”, por las que tienen que pasar los alumnos de 6º de Primaria, 4º de la ESO y 2º de Bachillerato, son la mejor muestra de una ley fracasada desde su inicio por la falta absoluta de diálogo y negociación del Ministerio de Educación.

Alejándonos de los intereses partidistas y políticos que rodean este debate, conviene poner sobre la mesa algunas de las cuestiones que generan el rechazo prácticamente de toda la comunidad educativa.

Para empezar, la evaluación ha de tener como objetivo permitir conocer la situación del alumno, sus problemas y dificultades y sus aspectos más positivos. De ahí que esté ligada también a que el profesorado necesita corregir aquello que no esté permitiendo lograr los objetivos planificados. Es evidente que las evaluaciones externas son necesarias, pero siempre que tengan un carácter de diagnóstico de la situación y puedan servir al alumno, al docente, al centro y al conjunto del sistema educativo como instrumento de mejora.

Por eso, y a tenor de lo expuesto, si las evaluaciones que propone la LOMCE se hacen al final de la etapa, la pregunta es obvia: ¿para qué le sirven al alumnado que las ha hecho si ya no puede rectificar o mejorar su situación? ¿No parece más lógico que se realicen en 3º o 4º de Primaria y 2º de ESO? El cambio sería significativo porque una vez detectados los problemas hay tiempo para adoptar las decisiones que pueden solucionarlos.

La otra cara de esta moneda son los alumnos que resolvieron su etapa positivamente. La evaluación continua que realizan los profesionales durante tantos cursos permite conocer a los estudiantes de una forma más profunda y significativa, yendo más allá de la nota que puede obtener en una única prueba y que podría tirar por tierra una trayectoria. A todas luces parece injusto y poco fiable, además de acabar con el derecho a recibir el título académico correspondiente sin tener que jugárselo todo a una carta.

Dejémonos de falacias. Si fuera verdad que el alumnado se va a esforzar más, que el sistema educativo va a mejorar, que la superación de esta prueba ligada a la obtención del título académico nos devolverá mejores titulados en ESO y Bachillerato, ¿qué nos impide exportar el modelo a la universidad para así conseguir mejores profesionales?, ¿por qué no les dicen los políticos a los universitarios que tras superar todas las materias y cursos de sus grados deben realizar una sola prueba y que si la aprueban obtendrán el título y si la suspenden se quedan sin él?

Polémicas y otras cuestiones sobre las 'reválidas'

Jesús Pueyo | 0 comentarios valoración: 3  42 votos

La educación desvertebrada

Antonio Amate

Se inicia un nuevo curso escolar, el 2016-2017, y lo hace atrapado en los mismos dilemas e incógnitas que despidieron al anterior. La LOMCE y el “Pacto educativo” son sus principales claves interpretativas. Estamos en un momento político inédito. El rechazo de la candidatura de Mariano Rajoy a presidente del Gobierno por parte de la mayoría de la Cámara a finales de agosto, prorroga la situación de interinidad política en la que vive España desde la disolución de las Cortes en octubre del año pasado. Por el camino, dos procesos electorales y la hipótesis nada desdeñable de un tercero a final de año. Sin Gobierno, la actual ley educativa prosigue el calendario de aplicación acercándose ya a su término con las polémicas evaluaciones finales de Secundaria y de Bachillerato, uno de los centros neurálgicos de la reforma de Wert.

Mucho se está escribiendo sobre la incapacidad de los políticos para llegar a acuerdos o pactos con los que traducir en un programa de gobierno la voluntad que, en seis meses, los españoles han expresado por dos veces en las urnas. Pero se echa de menos una mirada más atenta sobre la falta de contenido ideológico de esos líderes tanto en sus discursos parlamentarios durante las sesiones de investidura como en sus declaraciones o, por supuesto, en las dos campañas electorales. También, y principalmente, sobre educación.

Todos invocan continuamente el Pacto escolar en una letanía aburrida y vacua, pero sus discursos se reducen al manoseado no absoluto a la LOMCE de las izquierdas y los partidos nacionalistas y el sí, pero con reformas y matices muy imprecisos de Ciudadanos y el propio Partido Popular. Creo que si algo tienen claro los profesionales de la enseñanza y los ciudadanos son los vetos y las fobias de los principales partidos y, por supuesto, que todos han culpado a los otros de no ceder lo suficiente para que hubiera un Gobierno y, a la vez, un consenso mínimo para construir de una vez por todas un Pacto educativo. Así están hoy día las cosas.

Mientras tanto, se sigue gobernando y se toman decisiones en las Comunidades Autónomas, que son quienes tienen las competencias en educación. Y gobernar es principalmente “elegir”, como manifestaba Pablo Iglesias, el líder de Podemos, en la última campaña electoral. Tras las decisiones políticas no es posible ninguna forma de camuflaje, porque los hechos son observables y sus consecuencias muy visibles.

Por un lado, hay que contar con la férrea oposición de doce Comunidades Autónomas a la aplicación de la LOMCE y, particularmente, a las pruebas finales de ESO y Bachillerato. Es bastante probable que se nieguen a ponerlas en marcha. Ya ocurrió a final del curso pasado con la evaluación de 6º de Primaria, una prueba mucho más inofensiva que las reválidas que, aun así, gestionaron de forma irregular catorce autonomías (las populares Galicia y Castilla y León incluidas). Una de las motivaciones principales del ministro Wert –dar mayor coherencia y uniformidad al conjunto del sistema educativo en España–, hace aguas por todas partes, dominado por una enorme cantidad de particularidades muy difíciles de revertir (por ejemplo, Cantabria estrena este curso sus polémicas vacaciones alternativas, con una semana libre cada dos meses de clase).

Además, las Comunidades gobernadas por partidos de izquierda inician continuamente incendios políticos, algunos de gran magnitud, pensando exclusivamente en el beneficio electoral y, sobre todo, en busca de la hegemonía cultural e ideológica que los perpetúe en el poder a medio o largo plazo. Los montes que incendian una y otra vez nuestros conocidos pirómanos progresistas son el de los conciertos educativos y el de la asignatura de Religión. Dos temas centrales del Pacto educativo que debe alcanzarse en seis meses según algunos, ¡ahí es nada! Lamentablemente, ambos están produciendo ya daños humanos y laborales irreparables, destruyendo derechos, empleo, pluralidad educativa y libertades de la sociedad civil.

La educación desvertebrada

Antonio Amate | 0 comentarios valoración: 3  33 votos

El populismo navega en las aguas de la 'posverdad'

Antonio R. Rubio Plo

Una de las últimas portadas de The Economist está dedicada al arte de la mentira en política, aunque, en realidad, el término empleado es un neologismo: post-truth, la “posverdad”. No deja de ser una consecuencia del “siento, luego existo” tan frecuente en las sociedades posmodernas y que parece haber sustituido desde hace tiempo al “pienso, luego existo” cartesiano. No importa, por tanto, la realidad de los hechos sino lo que a mí me parece que es verdad porque lo he cultivado en el reducido marco de mis sentimientos. ¿No se parece esto al mito de la caverna de Platón, en el que las sombras no son meras ilusiones sino entes con existencia propia en nuestras mentes? Lo malo es que al rebajar los niveles de exigencia de la verdad, al huir de los análisis rigurosos, se desemboca en una visión simplista de la política y de la vida, en general, que identifica con necia facilidad quiénes son los malos y los buenos.

La “posverdad” encuentra terreno fértil en la realidad fragmentada de nuestro mundo. La sobreabundancia de información contribuye a ello. Triunfa así un escepticismo que concibe el mundo como una representación trazada por el individuo, algo que fundamentó la conocida afirmación de Nietzsche: “No existen los hechos, sino las interpretaciones”. Hoy esta frase se podría leer de la siguiente manera: “No existen los hechos, sino los sentimientos”. De ahí no hay más que un paso para dejarse llevar por las teorías de la conspiración, con tantos seguidores en nuestros días. Los cultivadores del método de la sospecha nos acompañan de continuo en los medios de comunicación, aunque esos supuestos difusores de luz no producen más que oscuridad y mayores dudas. Pese a todo, les jalea un público deseoso de ahondar en misterios que les distraigan de su vida rutinaria y que suele creer más en las explicaciones extraordinarias que en las ordinarias.

No es casualidad que los populismos de todo signo sacrifiquen la verdad a los sentimientos. El ascenso de Donald Trump a la candidatura republicana o el inesperado triunfo del Brexit son un lamentable ejemplo de la victoria de los sentimientos sobre el sentido común. Por lo demás, sentimiento y nostalgia van juntos. Abundan hoy ciertas nostalgias nacionalistas o de una supuesta edad de oro que nunca existió. Se podría decir que se ha asumido, conscientemente o no, la convicción totalitaria, resaltada por Orwell, de que la historia es más para ser creada que para ser comprendida. Un historiador serio fracasaría en su intento de salir al paso de las tergiversaciones. Le pasaría como a ese personaje de “El hombre que mató a Liberty Balance” de John Ford, el senador Ramsom Stoddart, interpretado por James Stewart. En realidad, Stoddart no mató a un temible pistolero, pero el editor del periódico que le entrevista, nunca publicará la verdad de lo sucedido porque no sería de utilidad para el territorio al que el senador ha contribuido a llevar la ley y el orden.

Los outsiders metidos en política, los representantes de la antipolítica o de una supuesta nueva política, navegan a sus anchas en las aguas de la “posverdad”. No es un fenómeno nuevo. En este sentido, se ha comparado a Donald Trump con Huey Long, un populista gobernador de Louisiana en la década de 1930, y que fue el personaje inspirador de la novela “Todos los hombres del rey” (1946) de Robert Penn Warren. Long era demócrata, y Trump es republicano. Sin embargo, coinciden en su procedencia del mundo de los negocios. Fomentan la falacia de que quien alcanza el éxito empresarial, lo consigue también en el ámbito de la política. Detestan a los políticos de carrera y se consideran a sí mismos como los verdaderos representantes del pueblo. Hay una frase atribuida a Huey Long que todavía resulta inquietante y es un ejemplo de la manipulación de la “posverdad”: “Un hombre no es un dictador cuando recibe un mandato de la gente y lo lleva a cabo”.

Conviene no engañarse. La “posverdad” no distingue entre democracias y sistemas dictatoriales. En ambos modelos existen políticos que, al igual que Huey Long, piensan que, llegado el caso, el bien debería engendrarse del mal porque es lo único que existe para engendrarlo. Si realmente creen esto, su concepto del bien resulta reducido y, en cambio, puede ser muy amplio el número de aquellos a quienes consideran sus enemigos. Y es que los cultivadores de la “posverdad” no creen en que la política, en el mejor sentido, se base en el arte del compromiso. El compromiso auténtico implica sinceridad y lealtad mutuas, virtudes ajenas por completo a los estereotipos de la “posverdad”.

El populismo navega en las aguas de la 'posverdad'

Antonio R. Rubio Plo | 0 comentarios valoración: 2  16 votos

Inmigrantes que desmontan la 'historia global'

Danilo Zardin

Las barcazas destrozadas regurgitan el cargamento humano que desbordan. Para muchos, ya no hay esperanza. Las gélidas aguas del mar los devoran como una tumba sellada tal vez para siempre. Muchos en cambio sobreviven a la travesía sin retorno. Luego los vemos desembarcar agotados en los muelles de nuestras fronteras. Algunos encuentran algún hueco por el que colarse, en busca de asideros que les permitan no precipitarse en el abismo. La huida hacia el mítico norte del bienestar soñado a veces funciona. Otras veces quedan encallados en los más bajos fondos de nuestras periferias.

A la larga, el resultado es una mezcolanza creciente. Hemos entrado en la era del mestizaje pluricultural y todos los días experimentamos sus efectos, basta con salir a la calle y entrar en uno de los santuarios modernos consagrados a los ídolos del libre comercio. Las escuelas de nuestros hijos y nietos se han llenado de rostros de mil colores. Los medios de transporte son arcas que transportan a hombres y mujeres separados por exóticas barreras de lenguas indescifrables. Incluso puede ser que nos crucemos con alguno de los más desafortunados de entre todos estos extranjeros que vienen de lejos, abandonado como un desecho en la esquina de alguna plaza en pleno centro, con cuatro bolsas de plástico como todo su precario patrimonio personal, víctima del oscuro lamento de quien vive en la agonía de un “consummatum est” sin vía de salida, sin siquiera una cara amiga o un Dios cercano en el que confiar.

Tragedias microscópicas, consumadas una a una, y dramas epocales que se adueñan de la escena pública. Son las dos caras de la misma moneda. No cabe la más mínima duda de que la sociedad en que vivimos está cambiando de estructura. La intensificación de los flujos migratorios y la movilidad forzosa, que son sus signos paroxísticos, ponen en evidencia el destino que le espera al progreso moderno: las zonas ricas donde se concentra la acumulación de beneficios actúan como un imán que atrae hacia sí las realidades humanas más frágiles, pobres en recursos y destrozadas por conflictos internos desestabilizadores. Pero las corrientes en sentido único propias de los éxodos contemporáneos no hacen más que extremar las consecuencias de una realidad de fondo que en el pasado, en condiciones más estáticas, tendíamos a infravalorar. La civilización occidental no es una fortaleza precintada, construida sobre el tronco de una autonomía cerrada en defensa de su primacía invencible, resto de una superioridad que le viene de la remota noche de los tiempos.

En todo caso, se la podría imaginar como un oasis injertado en un gran archipiélago de islas fértiles, con las que no solo ha existido una relación de dominio expansivo sino un estrechísimo cruce de intercambios, movimientos, contagios, compartiendo continuamente hombres, ideas, bienes económicos, prácticas sociales, productos de la cultura y de la vida espiritual. Concretamente, tanto la vida antigua como la más reciente en nuestro jardín ya no puede concebirse separada del contexto mediterráneo.

Este punto de vista ya inspiró el inteligente ensayo de Rémi Brague titulado “El futuro de Occidente. En el modelo romano, la salvación de Europa”. Seguir el rastro de las huellas puede ser una manera sencilla de captar toda la provocación intelectual que representan los desafíos que apremian la conciencia que tenemos de nosotros mismos y del mundo al que pertenecemos. Durante mucho tiempo nos han enseñado que toda identidad cultural tiene una genealogía propia, en virtud de la cual el presente se constituye como resultado de una tradición. Entrar como protagonistas en la arena de una civilización colectiva implica conocer sus raíces, sus fundamentos “clásicos”, sus pilares históricos más estables y más fecundos.

Inmigrantes que desmontan la 'historia global'

Danilo Zardin | 0 comentarios valoración: 2  12 votos

Un curso escolar clave e incierto

Jesús Pueyo

Este 1 de septiembre arrancó el curso académico 2016-2017 y el panorama no parece el más favorable ni para el sistema educativo ni para los miles de estudiantes que comienzan una etapa decisiva y lo hacen sin saber si la acabarán con la misma normativa con la que ahora empiezan.

A día 1 de septiembre, los alumnos de 4º de ESO, que han tenido que optar entre “enseñanzas académicas”, dirigidas a quienes quieran estudiar bachillerato, y “enseñanzas aplicadas”, para quienes pudieran elegir luego cursar la FP, tienen sobre su mesa unos itinerarios curriculares que quizá solo existan este curso. Ellos y los alumnos de 2º de Bachillerato tendrán que afrontar en unos meses, por primera vez, las pruebas de evaluación final que establece la ley.

A día 1 de septiembre, y tras lo acontecido con la evaluación de Primaria el curso pasado, en el que la mayoría de las Comunidades Autónomas no la realizaron o hicieron otra prueba distinta a la establecida en la ley, nadie puede asegurar que ahora no vaya a pasar lo mismo. De momento ya hay administraciones autonómicas que han anunciado que no aplicarán las pruebas de la ESO y el Bachillerato.

Y mientras en los despachos no hay una postura ni clara ni unánime, el alumnado y el profesorado están haciendo un esfuerzo enorme en un contexto de incertidumbre y desconocimiento sobre lo que va a suceder.

El reciente acuerdo entre el Partido Popular (PP) y Ciudadanos (C’s), que hoy por hoy seguimos sin saber si podrá ser la hoja de ruta de un futuro gobierno del candidato popular Mariano Rajoy o un papel más sin valor alguno, contempla entre sus 150 medidas la paralización de la LOMCE en todo aquello que no haya entrado en vigor. Pero, ¿de qué se está hablando?

A día 1 de septiembre conviene decir que todo el nuevo currículo de la LOMCE de los diferentes niveles educativos y sus evaluaciones están ya en vigor con el comienzo del nuevo curso. Por eso, no parece serio que se haga este anuncio, sobre todo cuando no se dice con claridad qué es lo que se va a paralizar y qué será a lo que docentes y alumnos tendrán que atenerse.

Al igual que reflejaba hace unos meses el acuerdo firmado por el Partido Socialista (PSOE) y C’s para la fallida investidura del candidato socialista Pedro Sánchez, esta vez se vuelve a pretender alcanzar el tan demandado Pacto Educativo en un plazo de seis meses. A la vista de la situación, parece que no se ha tenido en cuenta que se trata de un tema lo suficientemente serio como para hacer propuestas tan ligeras, sobre todo pensando en que el objetivo es difícil, el tiempo escaso, y el resultado debería ser respaldado por una amplia mayoría parlamentaria, por no hablar de que en ningún momento se cita en el mencionado acuerdo el papel que, sin duda, debe jugar en todo esto la comunidad educativa, porque sin ella, sin la voz de la sociedad, no podemos engañarnos sobre la consecución de ningún pacto.

Y para no dejar que la negatividad sea quien gane, se podrían resaltar positivamente dos cuestiones entre las medidas acordadas por ambas formaciones. La primera es el compromiso de aprobar un Estatuto del Personal Docente basado en el Libro Blanco de la Función Docente elaborado por el profesor José Antonio Marina. Mejorar la formación inicial y permanente del profesorado, estableciendo por fin los criterios de una carrera profesional, es absolutamente imprescindible para que el sistema educativo pueda mejorar. Eso sí, sin olvidar que estas medidas deben ser para todos los profesionales que se dedican a la docencia, con independencia de que su puesto de trabajo sea en un centro público, privado o concertado.

La segunda medida es facilitar la libre elección por parte de los padres del tipo de educación que quieren para sus hijos y dar un claro respaldo a la enseñanza concertada, aunque la redacción de este punto no es del todo correcta. Decir que se respalda la enseñanza concertada “en apoyo a la educación pública” implica un cierto grado de subsidiariedad que el Tribunal Supremo, en una reciente sentencia (Sala de lo Contencioso Administrativo nº1180/2016) ganada por la Federación de Sindicatos Independientes de Enseñanza (FSIE), ha dejado claro que no existe, defendiendo que la educación pública y la concertada son dos ejes complementarios de nuestro sistema educativo, por lo que deben tener igual trato y condiciones.

A día 1 de septiembre, a día 2, a día 3… sea el día que sea, debemos exigir a los dirigentes políticos que actúen con responsabilidad y, en materia de educación, lo hagan siempre pensando en el bien de los miles de alumnos y docentes afectados por esta situación, pensando en cómo sus decisiones pueden perjudicarles a nivel formativo, en un caso, y a nivel laboral, en otro.

Un curso escolar clave e incierto

Jesús Pueyo | 0 comentarios valoración: 2  20 votos

La enseñanza concertada no es subsidiaria

Jesús Pueyo

Ya son muchos años escuchando que la enseñanza concertada nació como subsidiaria de la enseñanza pública y que debe existir, en todo caso, en aquellos lugares a los que no lleguen los centros públicos. Es tal el poder que tiene esta afirmación que, fruto de esta concepción excluyente y a todas luces errónea de lo que realmente es nuestro sistema educativo, algunas administraciones han entendido que pueden llevar a cabo políticas que en su fondo han propiciado que la enseñanza concertada se haya reducido pese a tener una gran demanda social en sus territorios.

Sin embargo, no todos compartimos esta visión sesgada, y algunos, como la Federación de Sindicatos Independientes de Enseñanza (FSIE), llevamos esos mismos años luchando porque se respeten las normas, y se acepte por parte de las administraciones, partidos políticos y otras organizaciones e instituciones que la enseñanza concertada es complementaria de la pública, no subsidiaria.

En 2013 una Consejería de Educación tomó la decisión de reducir un aula en un centro concertado, aplicando el principio de subsidiariedad. Su argumento esencial era la existencia de plazas vacantes en el colegio público del municipio, ante lo cual denegó el concierto al centro afectado a pesar de que este había tenido más peticiones de escolarización que la ratio establecida por ley. Sin duda, la decisión y el criterio aplicado para tomarla constituían un ataque frontal a la enseñanza concertada y, lo que es más grave, a las libertades amparadas por nuestra Carta Magna. La libertad de enseñanza y la libertad de elección de los padres quedaban totalmente difuminadas y la Administración entendía que estaba legitimada para cerrar un aula llena de alumnos y «trasvasarlos» al centro público que estaba vacío.

Ante esta quiebra de los principios legales recogidos por la Constitución y las leyes orgánicas de Educación, FSIE decidió recurrir tal decisión ante los tribunales. Y como no podía ser de otra manera, el Tribunal Supremo dictó sentencia este pasado 25 de mayo, reconociendo los argumentos de FSIE y anulando la decisión de la Consejería que denegaba el concierto.

Pero este reconocimiento no se queda solo ahí, ya que el Alto Tribunal analiza en su escrito el denominado «principio de subsidiariedad», fundamento esencial de la iniciativa de la Administración. Y, para aquellos que aún están dudosos, quizá todavía convencidos por el poder de la afirmación que nos lleva a escribir estas líneas, el Supremo dictamina que «no resulta de aplicación el principio de subsidiariedad en relación con la enseñanza concertada(…). Esa afirmación no puede compartirse porque es contraria a la letra y al espíritu de la Constitución y de la Ley Orgánica del Derecho a la Educación». Según se puede leer en la sentencia, «la Ley reguladora del Derecho a la Educación de 1985 y la Ley Orgánica de Educación de 2006 establecen un régimen dual para la prestación del servicio educativo, en lo relativo a la enseñanza obligatoria y gratuita. Es decir, el sistema pivota sobre dos ejes, la enseñanza privada concertada y la enseñanza pública». Y por si con esto no bastara para despejar las posibles dudas, léase la contundencia con la que se pronuncia: «No se otorga, en dicha regulación legal, a los centros privados concertados un carácter secundario o accesorio respecto de los centros públicos, para llegar únicamente donde no lleguen estos últimos, es decir, para suplir las carencias de la enseñanza pública».

Ante estas palabras no hay más poder que el de la realidad y la legalidad. Ahora solo queda que los partidos políticos que han concurrido a las elecciones del día 26 de junio, tomen buena nota de lo que los tribunales de Justicia dicen. El equilibrio, la complementariedad entre la red pública y la red concertada ha de quedar garantizada y superar de una vez este estéril en enfrentamiento que tiene muy poco que ver con la calidad y la mejora del sistema educativo.

Desde FSIE esperamos que esta sentencia marque las negociaciones políticas a partir de ahora en materia de educación, porque creemos que el futuro de un país está ligado a la educación de sus ciudadanos, un tema nada menor en el que no puede haber voces disonantes que vayan más allá del único interés legítimo que debería propiciar un necesario pacto que devuelva la importancia que tiene a un tema que siempre debió estar alejado de los vaivenes partidistas y políticos.

La enseñanza concertada no es subsidiaria

Jesús Pueyo | 0 comentarios valoración: 2  59 votos

Lo que Río grita

Fernando de Haro

Brasil ya no es Gisele Bündchen. La supermodelo deslumbró en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Río. El estadio de Maracaná quedó fascinado el pasado viernes ante los encantos de la que, según la revista Rolling Stone, es la chica más guapa del mundo. Pero Brasil ya no es como ella, un país sexy y mestizo que encandila al mundo. La apertura de los primeras olimpiadas que se celebran en Sudamérica bien puede considerarse un retrato del momento que atraviesa la que fue una de las naciones más prometedoras hasta hace algunos años. Un retrato también del resto del planeta. El deporte, con toda su grandeza y con todas sus limitaciones, ofrece, al menos en forma de espectáculo, una universalidad que no tienen los países participantes y tampoco el organizador.  

En 2009 cuando Brasil conseguía convertirse en sede olímpica tuvimos la sensación de que se le otorgaba el premio definitivo, la corona que culminaba el gran milagro que había convertido a uno de los países emergentes en nuevo protagonista del planeta. ¿Logro de la globalización? Aquel Brasil era el Brasil de Lula, con una década de crecimiento intenso, orgulloso de haber incorporado a 40 millones de pobres a la clase media. El Brasil que había aplicado lo no visto hasta ahora en Latinoamérica: unas políticas de izquierda nada populistas y algo cercanas a las de la socialdemocracia europea. El vigor de la sociedad brasileña, la fuerza de su mestizaje, la energía de su sociedad parecía abrir una larga promesa. Brasil era el símbolo de que otro mundo era posible. El Brasil que ahora se ha dado cita en Maracaná tiene a Lula investigado por corrupción, está pendiente del impeachment definitivo de Dilma Rousself (impeachment que en realidad es una revancha política) y está regido por un Michel Temer sin legitimidad y sin apoyo social.  

La nueva clase media brasileña, que paga unos impuestos serios, muestra su insatisfacción por los servicios públicos que recibe. El futuro económico del país está comprometido por una crisis de difícil salida. El salto adelante dependía demasiado de las materias primas que ahora se venden mal en el mercado internacional, el mundo empresarial que antes parecía tan flexible y creativo ahora se revela poco productivo. Cualquier futuro Gobierno necesita el apoyo de muchos partidos, algo que parece imposible. El particularismo, la identidad conflictiva, domina Brasil como domina a todo el planeta. El nordeste social, que apuesta por el Partido de los Trabajadores, no se reconoce con el sur conservador que quiere más mercado. No, la globalizacion, económica, al menos esta globalización económica , no ha sido suficiente para construir la unidad, ni la nacional ni la planetaria. Más bien ha servido para acelerar las reacciones nacionalistas, la afirmación de identidades conflictivas e incluso la violencia.  

La inauguración de los Juegos de Río no se ha parecido en nada a la de Londres de 2012. Todavía hace 4 años, en el Reino Unido, era posible mantener la ilusión de que la crisis se había superado, era posible reivindicar la épica de la revolución industrial y de un sistema de salud como el británico. En cuatro años el tiempo se ha acelerado, el mundo está más perplejo, los centros se multiplican, los liderazgos desaparecen y emergen, de nuevo, los viejos imperios que ganan terreno alimentándose de la incertidumbre. Michael Phelps, el mejor nadador de todos los tiempos, el abanderado de Estados Unidos bien puede considerarse una metáfora de la situación de su país. Phelps sigue siendo un líder sin rival pero ha llegado a Río después de atravesar una profunda crisis existencial y de superar alguna adicción. La diferencia entre Estados Unidos y Phelps es clara: el país que abandera no ha superado la crisis que él sí ha dejado atrás. También bajo la enseña de las barras y las estrellas el descontento provocado por la globalización alimenta a un candidato xenófobo a la presidencia y una fractura nacional no conocida desde la independencia.  

Juegos en un mundo multipolar, desconcertado y descontento por una globalización que produce insatisfacción y violencia. Esperemos que liberales y progresistas, defensores de la globalización sin alma, de la globalización tecnocrática -barnizada de valores morales sin raíces- , de la globalización que ha dado por supuesto al hombre concreto, caigan en la cuenta que sin una mundialización cultural, que rastree la verdadera universalidad, de la que el deporte puede ser profecía, estamos todos condenados al fracaso. Es lo que Río grita.

Lo que Río grita

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Fundamentalismo y deseo de una vida plena

Giuseppe Zaffaroni (Puerto Rico)

Una de las características más significativas del cambio de época que estamos viviendo es, sin duda, el hecho de que el fundamentalismo islámico ha sustituido a las ideologías revolucionarias del siglo pasado como líder en la lucha contra el estilo de vida, los valores y las instituciones políticas de Occidente. A primera vista, la ideología revolucionaria comunista y el fundamentalismo islámico son lo más opuesto y, sin embargo, también presentan fuertes analogías por su común carácter “ideológico”: en ambos se tiene toda la verdad en un pensamiento único, rígidamente cerrado a los datos de la experiencia; los demás que no comparten este pensamiento son el mal, son enemigos que hay que eliminar; la sociedad perfecta o el paraíso están siempre y exclusivamente en el futuro, de la historia (comunismo) o del más allá (fundamentalismo religioso).

De todas las características ideológicas anteriormente mencionadas, esta última tal vez no se ha considerado con la debida atención, mientras me parece que constituye uno de los motivos más presentes en los actos de terrorismo suicida-homicida de los últimos tiempos. El islam, en su versión simplificada por el fundamentalismo, promete una salvación que se cumplirá solo en el más allá. La vida presente no se puede “salvar”, pero es posible rescatarla de golpe, con un único gesto suicida-homicida, que al mismo tiempo permite acabar con una existencia vacía e inútil (a veces fracasada) y conquistar la deseada felicidad plena del paraíso.

Aquí se encuentra el desafío más agudo a nuestra cultura occidental, relativista y consumista, que ha intentado fascinar y conquistar el mundo entero con la promesa de una felicidad posible ya desde ahora gracias al gozo ilimitado de los bienes presentes. Pero, ¿y si alguien no tiene acceso a estos bienes? Y más dramáticamente, ¿si alguien que tiene acceso a estos bienes se da cuenta de que no bastan para satisfacer los deseos del corazón? ¿Si alguien desea ser protagonista de la historia y dar la vida por algo verdaderamente grande? El fundamentalismo islámico se ofrece precisamente como respuesta a estas inquietudes: es la razón por la cual también jóvenes que no tienen una afiliación directa con Isis o Al Qaeda pueden de repente decidirse por una acción terrorista.

Estaríamos bien equivocados si la tratáramos como una problemática exclusiva de los jóvenes inmigrados en Europa: estas son las preguntas de todos los que no nos resignamos a que la vida sea solo el pequeño disfrute de bienes de consumo, sin horizonte ni ideal. ¿Hay una alternativa al obtuso disfrute presente del consumidor y a la felicidad futura del fanático fundamentalista? ¿Dónde encontrar a alguien capaz de dar un horizonte grande a la vida presente y de hacerla amar con pasión en todos sus aspectos? Necesitamos encontrar experiencias, no discursos. Tal vez sea precisamente esta la secreta exigencia que llevará a Cracovia, junto al papa Francisco, también a tantos jóvenes puertorriqueños para la inminente Jornada Mundial de la Juventud.

Fundamentalismo y deseo de una vida plena

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Niños, sacerdotes, discapacitados... ¿de dónde nace tanto odio?

Federico Pichetto

En este largo verano de terror y locura, resulta realmente difícil contener la rabia. Después del “martirio de Rouen”, que ha devuelto al continente europeo la sangre de un sacerdote asesinado solo por ser cristiano, el cuadro que se está pintando es lúgubre y triste. El terrorismo islámico parece haber desatado un círculo mortal, donde un hombre puede matar en Tokio a 19 discapacitados gritando su “inutilidad”, del mismo modo que en Estados Unidos se mata a agentes policiales y a personas de color en una carnicería racial que lleva al mundo cuarenta años atrás.

De repente parece que la eterna solución fácil para cualquier problema, es decir, propiamente su eliminación, vuelva a ser el camino maestro para afrontar las circunstancias de la vida con los vientos de la ideología de una violencia mezquina. “Tú eres un mal para mí”, “si tú mueres, mi vida será mejor”, “yo te odio”. En un resentimiento creciente hacia el otro –auténtico obstáculo para mi felicidad– el odio, núcleo de todas las matrices religiosas, políticas y psíquicas que existen y que deben mirarse por lo que son, nos invade a nosotros mismos y a lo que nos rodea.

Así, la percepción de que cualquiera en nuestro entorno podría decidirse a actuar de esta manera se convierte en una pesadilla, una psicosis que provoca el cierre de paradas de metro, estaciones, lugares públicos, y nos condena a pensar que “yo no me puedo fiar de ti”. Todo esto empieza antes que el terrorismo. Es la carcoma que se insinúa entre el hombre y la mujer, entre amigos, entre compañeros de trabajo, entre padres e hijos.

La desconfianza, hija de una desconfianza lejana cultivada en el jardín del Edén hace mucho tiempo, habla de algo aún más atroz e inconfesable: nuestra percepción inconsciente de no sentirnos amados, de sentirnos solos y abandonados. La violencia surge siempre de la soledad, de la ausencia de un afecto que se haga cargo de nuestro dolor. No nos sentimos “amables”, no nos sentimos adecuados, y en el fondo esperamos que la vida nos lo haga pagar.

¿Por qué? ¿De dónde nace esta tristeza? ¿Dónde empieza a moverse esta condena ya escrita que temes que cualquiera pueda ejecutar, desde el revisor del autobús hasta tu jefe, pasando por tu mujer o el amigo de toda la vida? Justamente en estos momentos en que sería fácil ceder al populismo y al “ansia de venganza”, es necesario volver a partir de aquí, de la necesidad que somos y que llevamos dentro, que nos constituye. En todas partes y de todas formas.

Sobre esta necesidad hunde luego sus raíces la locura de una religiosidad demente, el nihilismo de una sociedad extenuada, el sadismo escondido que siente placer al percibir físicamente el dolor que cada uno lleva consigo. Sí, pero todo eso viene después. Antes estoy yo, estás tú, está esa vida que no sientes como una “promesa de felicidad” sino como una “sentencia a la espera de ejecución”. Para todo eso, la única medicina es la misericordia. No el perdón a buen precio ni la justificación a toda costa, sino un bien que está antes que cualquier mal, antes que cualquier percepción de mí mismo. ¿Dónde puedo beber de esa agua? ¿Dónde puedo encontrar todo esto? Tenemos necesidad hasta las lágrimas de que alguien nos diga: “no es así, tú no morirás”.

Niños, sacerdotes, discapacitados... ¿de dónde nace tanto odio?

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Capacidad de pactar

Luis Carbonel Pintanel

Resulta curioso que, aunque los principales partidos políticos dicen desear suscribir con urgencia el necesario Pacto Educativo, no hayan sido capaces después de tantos años de conseguir ni siquiera un triste pacto de mínimos. Tampoco los diferentes sectores educativos –cada cual con su particular sensibilidad e ideología– han conseguido nada al respecto.

Lo sorprendente es que, supuestamente, todos estamos de acuerdo –sociedad y políticos– en la necesidad de mejorar la calidad educativa de nuestros estudiantes, porque sabemos que esta es la única forma de mantener el denominado estado del bienestar, de garantizar el desarrollo personal y de conseguir la inserción en la sociedad a través del trabajo. Pese a ello, no hemos sido capaces de convenir un marco legal común que permita dotar de estabilidad al sistema educativo, alejándolo de los cambios políticos, para poder centrarse en lo que verdaderamente importa: conseguir la mejor formación para nuestros hijos. Para complicar todavía más las cosas, las diferentes Comunidades Autónomas, en lugar de intentar homologar niveles de transparencia, exigencia y contenidos, han contribuido a una mayor disparidad del sistema educativo, hasta el punto de que hoy existe una diferencia de nivel en más de un curso entre algunas de ellas.

Quiero creer que la mayoría de los partidos políticos y agentes educativos tienen realmente un deseo sincero por mejorar la educación –pese a que algunos todavía cuestionan los resultados de los informes internacionales, como PISA–, por lo que se ha de concluir que existe una incapacidad generalizada para conseguir acuerdos, consecuencia quizá de que priman otros intereses espurios. De esta incapacidad surge la reflexión sobre la necesidad de educar desde la familia y la escuela en el diálogo constructivo, fundamentalmente en saber escuchar, valorar y comprender al otro, como único camino para construir acuerdos. La incapacidad de pactar –renunciando a una parte de nuestras pretensiones– la hemos visto escenificada recientemente en el espectáculo estéril al que nos han sometido los partidos políticos después de las últimas elecciones y, en mi opinión, es una de las lacras de nuestro país, por cuanto supone de individualismo insolidario.

Es urgente contemplar al otro como compañero de viaje y no como contrincante a batir, por el simple hecho de que no comparta nuestra visión o modelo educativo, y esto sólo se puede conseguir desde el diálogo y el respeto. Es cierto que la habitual dinámica de los partidos políticos y de la mayoría de los medios de comunicación está más interesada por el espectáculo que supone la confrontación, con su colección de consabidos y fáciles clichés, que en potenciar el diálogo y la reflexión.

Por eso, debe ser la sociedad civil la que tome la iniciativa y se imponga el reto de reflexionar y conseguir acuerdos: las principales confederaciones de padres, los medios de comunicación y el mundo de la empresa, la universidad, las patronales y sindicatos, los profesores de centros privados, públicos o concertados… Todos deberían comprometerse en elaborar sus “libros blancos”, su hoja de ruta, con propuestas honestas que sólo busquen conseguir para España la mejor educación posible. En tal sentido, pese a la actual interinidad política, el ministro de Educación tuvo el acierto de proponer un libro blanco que, lamentablemente, no ha conseguido el debate y los resultados que muchos esperábamos.

Tal vez haya que empezar logrando pequeños pactos o llegando a consensos en las etapas menos conflictivas como infantil o primaria; lo que en todo caso resulta urgente es ponerse a trabajar para que el Pacto Educativo pase de ser una abstracción, de la que todo el mundo opina, a convertirse en una realidad, lo que exigirá grandes dosis de respeto y generosidad por parte de todos.

Es necesario, en fin, que los intereses políticos no entren en juego en esta partida, y que las familias y demás agentes educativos potencien el encuentro y vayan por delante porque sus decisiones van a ser fundamentales en la determinación de su propio futuro.

Capacidad de pactar

Luis Carbonel Pintanel | 0 comentarios valoración: 2  17 votos

Cuando la política antepone la doctrina a la realidad

Antonio Amate

La escuela concertada se está convirtiendo estas últimas semanas en uno de los temas centrales de la campaña electoral del 26-J. El hecho activador está en la Comunidad Valenciana, en la nueva política personificada por el consejero Marzá y en la importante reacción social que ha provocado en numerosos colectivos; principalmente entre las familias con hijos en edad escolar y los trabajadores del sector. Se reabre así un nuevo capítulo de la paleolítica guerra escolar que pone en el punto de mira a los conciertos educativos: su definición, su existencia, su papel y su financiación están otra vez en la bronca política. Los argumentos a favor y en contra, por muy elaborados y fundamentados que puedan estar, son secundarios. Lo principal es la doctrina que defiende la nueva izquierda, representada en este caso por Compromís, y los objetivos que se fijaron desde el principio. Lo demás es simplemente garabatear.

Mónica Oltra, hace más de un año, cuando no era todavía gobierno lo manifestaba sin ambigüedad alguna a los medios: “los conciertos seguirán existiendo, y en la medida en que haya infraestructuras públicas, se irán eliminando”. Es decir, conforme se construyan colegios públicos se destruirán conciertos.

El actual presidente, el socialista Ximo Puig, tampoco parecía tener muchas dudas entonces; no suprimiría la enseñanza concertada ya existente, aunque “lo que no vamos a hacer es concertar la enseñanza obligatoria cuando hay plazas libres ni regalar solares a empresas privadas”.

Por el camino, los apestados de la educación española serán las primeras víctimas sin ningún diálogo o negociación posible; los centros de educación diferenciada y la asignatura de religión en la escuela pública. Sólo les queda el parapeto de la LOMCE, mientras exista.

Esta es la doctrina política, reducir los conciertos educativos y trasvasar el alumnado a los centros públicos laicistas progresivamente. Como decía antes, luego se construyen los argumentos que hagan faltan, veraces o no. Los instrumentos del cambio se ponen en marcha con decisión política: incremento de plazas públicas, principalmente de 0 a 3 años (en las condiciones que sea), recurrir de nuevo a la zonificación para poner un corralito a la demanda de los padres, limitar en el futuro el concierto a la enseñanza obligatoria –supresión del bachillerato concertado–, utilizar los decretos de admisión de alumnos como arma, reducción del horario de la asignatura de religión y de sus contenidos al ridículo gnoseológico, etc.

Esta maniobra de asfixia a la concertada puede extenderse, como ya de hecho está empezando a ocurrir, a otras comunidades donde Podemos apoya gobiernos, como es el caso de Extremadura y otras.

El tema de la financiación siempre está presente, por acción o por omisión. O ambas a la vez, como suele ser endémico en la intransigente doctrina de la izquierda. Por un lado, se denuncia el cobro de cuotas voluntarias a las familias como una irregularidad a extirpar del sistema por razón de justicia social, por otro lado, se omite con toda desfachatez entrar en el debate del coste real del puesto escolar, porque pagar poco y exigir mucho es la triste realidad cotidiana que impone una financiación de los módulos de concierto intencionadamente deficitaria por parte de las Administraciones, de manera ya endémica. Pero, a la postre, esa es una de las razones prácticas por las que se perdona la vida todavía a la escuela concertada, porque sale más barata, sobre todo, y mucho, el salario de sus profesores.

Mientras tanto, las libertades individuales de los ciudadanos son pisoteadas en nombre del progresismo y de la democracia 2.0 versión Podemos y sus derivados. Su modelo de escuela única, pública y laicista seguirá adelante si los votos y el tiempo se lo permiten a los actuales gobernantes y a sus aspirantes a gobierno. Las familias tendrán que acabar pidiendo perdón por escolarizar a sus hijos en la escuela que prefieran a modo de exorcismo social y democrático, porque la realidad, que es plural y muy diversa, no importa (demanda social altísima y estable en las escuelas concertadas), lo único que importa es la doctrina, y ahora la doctrina es la ley.

Cuando la política antepone la doctrina a la realidad

Antonio Amate | 0 comentarios valoración: 3  35 votos

Tender puentes: una conversación con Javier María Prades y Juan José Gómez Cadenas

Ángel L. Fernández Recuero

Por su intentés publicamos la conversación publicada por Jot Down

Conversamos con Javier Prades (Madrid, 1960) y Juan José Gómez Cadenas (Cartagena, 1960). Javier es licenciado en Derecho y doctor en Teología. Actualmente ejerce como rector de la Universidad Eclesiástica de San Dámaso. Juanjo estudió Ciencias Físicas en la Universidad de Valencia y más tardé completó su formación académica realizando estudios de posgrado en la Universidad de Stanford. Ahora lidera el proyecto internacional NEXT, cuyo objetivo es comprender la naturaleza intrínseca del neutrino y de la materia oscura.

Sus tesis doctorales fueron muy diferentes. La de Javier se denomina El misterio de la inhabitación de la Trinidad en los escritos de Santo Tomás; la de Juanjo lleva por título Estudio del calorímetro electromagnético forward de Delphi: Aplicación a la búsqueda del Boson de Higgs HO en LEP-I. Quedamos con ambos para comer en el restaurante ecológico Mama Campo con el objetivo de buscar, si los hubiera, puntos de encuentro entre la ciencia y la religión. Juzguen ustedes.

En 2012 Richard Dawkins y Rowan Williams (entonces arzobispo de Canterbury y cabeza de la Iglesia de Inglaterra y la Comunión Anglicana) protagonizaron un debate sobre ciencia y religión que fue seguido por muchísimas personas. ¿Qué pueden aportar este tipo de diálogos a la sociedad?

Javier: Lo primero es ayudar a remover las dificultades que se han arraigado por una historia difícil, con momentos de conflictos graves. Hay que tener en cuenta que cierta divulgación social sigue a veces dominada por ideas como que la ciencia y la religión —o la ciencia y la teología— son dos esferas separadas, en el fondo incompatibles o incluso opuestas, donde la victoria de una es la derrota de la otra. Creo que hoy tenemos margen para retomar la cuestión en otros términos y este tipo de diálogos ayudan a acercarla al público.

Juanjo: Dawkins es un ateo militante, y un aguerrido defensor del método científico. Sus libros han tenido una influencia enorme. Rowan Williams es un eminente teólogo y su proyección humana y social es impresionante. Vale la pena ver el debate y darse cuenta de cómo este par de intelectuales, a pesar de sus profundas discrepancias, se esfuerzan en encontrar áreas comunes, e incluso cuando difieren nos enriquecen con su inteligencia y erudición. Es un debate que te permite disfrutar del puro ejercicio de la razón, algo extraordinario en unos tiempos, como los que nos ha tocado vivir, en los que se da por sentado que razonar es innecesario. El debate político en los últimos tiempos, plagado de clichés, eslóganes y falsedades, es un buen ejemplo de esta triste situación.

Ambos habéis nacido en 1960 y dedicáis vuestra vida a la docencia y a la investigación. ¿Qué tienen en común un doctor en Teología y un doctor en Física, además del nivel universitario?

Tender puentes: una conversación con Javier María Prades y Juan José Gómez Cadenas

Ángel L. Fernández Recuero | 0 comentarios valoración: 3  18 votos

La concertada debe comprometerse con las cuestiones sociales

Jesús Pueyo

Estamos sin estarlo en campaña electoral y, aun no siendo oficial, lo cierto es que todos los esfuerzos ya están dirigidos al 26-J. Es por ello que los cuatro partidos políticos con mayor número de votos y escaños han vuelto a reafirmar públicamente su disposición a alcanzar un Pacto Educativo que todos ellos consideran necesario.

Matizando que el Pacto no es imprescindible para que el sistema educativo funcione, sí que es necesario si lo que se pretende es dar estabilidad a la educación y alejarla de una excesiva ideologización política.

Y como la realidad siempre termina por imponerse, no tardaremos en comprobar si estamos de nuevo ante meras manifestaciones vacías de contenido o si efectivamente podemos afrontar en los próximos meses un asunto tan importante y demandado por la sociedad como es el acuerdo político y social en materia de educación.

Si bien mantengo el optimismo sobre que, en algún momento, pueda cristalizar y ser un hecho, lejos de caer en una excesiva ingenuidad, a día de hoy la verdad es que siguen sin observarse acciones concretas que indiquen que pueda resolverse en seis meses tal empresa, como apuntaba el fallido pacto PSOE-Ciudadanos que apoyaba la investidura del candidato a la presidencia Pedro Sánchez.

Si es verdad que estos cuatro partidos tienen tan claro su deseo y compromiso de alcanzar un acuerdo, cabe preguntarse ¿por qué no han estado trabajando en ello durante estos meses? o ¿por qué no están trabajando ahora?, ¿es que para dialogar e intercambiar ideas y textos dependemos de los votos y escaños que consigan en las elecciones?, ¿va a seguir todo girando alrededor de quien gane o pierda los comicios? Está claro que ésta no parece la dinámica correcta para que el pacto sea posible entre todos.

De una u otra forma, hay cuestiones que se deben abordar y resolver, y esto es inaplazable. Si abordamos el tema desde el punto de vista académico y técnico, hay que plantear una nueva regulación y estructura del sistema educativo: en definitiva, lo que nuestros educandos deben aprender y adquirir en la escuela. Es momento de convenir unos mínimos que todo ciudadano del Estado debe ir atesorando a lo largo de su paso por las etapas del sistema, garantizando desde las administraciones el derecho de acceso a esa formación en igualdad de condiciones y adoptando todas las medidas que se consideren necesarias para garantizar la imprescindible equidad del sistema. En este punto, parece evidente que deberían ser los centros educativos quienes en función de su autonomía y de sus proyectos educativos, idearios, metodologías, opciones pedagógicas e innovación educativa, ejecuten la acción educativa que permita a los alumnos alcanzar dichos mínimos y otros muchos aspectos que pudieran contemplar en su oferta.

Si abordamos el tema desde el punto de vista profesional, es cuestión fundamental regular la profesión docente, porque aunque todos hablan de la enorme importancia del profesorado, la realidad es que se trata de una profesión olvidada y abandonada. Con independencia del tipo de centro en el que se pueda desarrollar el trabajo docente, hay que definir el perfil profesional que se necesita, regular la profesión desde las condiciones necesarias para acceder a la formación universitaria, sistematizar la formación en la propia escuela por profesionales preparados para ello, desarrollar una auténtica carrera profesional que incentive la continua mejora de los docentes… Todas ellas son cuestiones que necesitan regularse con urgencia, y no tener esta norma legal es tan perjudicial como aprobar leyes educativas sin consenso.

La concertada debe comprometerse con las cuestiones sociales

Jesús Pueyo | 0 comentarios valoración: 3  84 votos

A los amigos periodistas, después de Eurovisión

Isabel Almería (Moscú)

Amigos periodistas, os hablo de Eurovisión. Abro la aplicación de noticias rusa y la de euronews y me encuentro la misma foto con sendos titulares: en ruso (del periódico Komsomolskaya Pravda [La Verdad del Komsomol]): “Ciudadanos de más de 50 países exigen la revisión del total de votos de Eurovisión”. (El contenido de la noticia es imaginable, dejando muy clarito, eso sí, que la iniciativa NO ha partido de Rusia). Euronews: Jamala llega a Ucrania mientras su triunfo se considera un éxito político sobre Rusia.

En fin, está claro que una de esas partes en las que se está desarrollando la tercera guerra mundial son los medios de comunicación. Y, a mi parecer, estos son el arma más poderosa. Porque las bombas matan, pero la "opinión pública" corrompe el corazón, haciendo que odiemos al otro aunque no le conozcamos, incluso por una cosa tan "banal" como un concurso musical.

No es que se me hayan acabado las reservas de vodka de casa. Es que siento la urgencia de compartirlo con alguien. Se me ponen los pelos de punta cuando al leer las noticias se percibe, camuflado entre el sutil estribillo de "saquemos la verdad a la luz", solo el odio de unos contra otros: el odio de Rusia a Ucrania, el odio de Europa a Rusia, etc...

Después veo lo que está pasando entre los cristianos que frecuento, la comunión inaudita y los milagros de unidad entre rusos, ucranianos, europeos, católicos, ortodoxos y protestantes, que son fruto de una cosa sola: la fidelidad al propio deseo de felicidad y la mirada puesta en Cristo, capaz de vencer todas las heridas, incluso las que provoca el odio de la "opinión pública". Y sé que aún hay esperanza. Que esta es la única esperanza.

Solo puedo desearos que seáis siempre fieles a ella, para que, en vuestras manos, las armas de la prensa no las cargue el diablo, sino el Señor de la paz.

A los amigos periodistas, después de Eurovisión

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Virus zika. No hay razones para la alarma social

Nicolás Jouve

El virus del zika ha dado lugar a una declaración de emergencia sanitaria por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a comienzos de este año. Este virus pertenece al grupo de los Flavivirus, que incluye entre otros a los agentes causantes de enfermedades como el dengue y la fiebre amarilla. Estos virus tienen en común ser transmitidos por los mismos tipos de mosquitos, siendo el más común el Aedes aegypti. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre con los casos del dengue o la fiebre amarilla, los efectos del zika no son graves para las personas infectadas. Apenas padecerán algo de fiebre, sarpullido, dolor en las articulaciones, conjuntivitis, dolores musculares y erupciones cutáneas, síntomas todos ellos que desaparecen en unos pocos días. El revuelo que ha causado este virus de baja agresividad se debe a su inesperada expansión, en zonas de América Central y el Caribe, y a su posible implicación en la aparición de casos de microcefalia y otros defectos en el desarrollo del cerebro en el feto en el caso de que la infección afecte a mujeres embarazadas.

¿Existe realmente una relación entre la microcefalia y la infección? Son muchos los trabajos de investigación que tratan de desvelar este asunto. En una reciente revisión sobre el tema publicada en el New England Journal of Medicine [1] se incluyen evidencias de la detección del virus zika en los tejidos cerebrales de fetos y de niños nacidos afectados. En este análisis, a la vista de un buen número de estudios, se llega a la conclusión de que existe la relación zika-microcefalia, pero se añade que no hay una prueba concluyente de que la infección sea la causa de la microcefalia y que hay que seguir investigando para conocer mejor el grado de riesgo relativo y absoluto de resultados adversos sobre los fetos en mujeres que fueron infectadas en diversos momentos a lo largo de su embarazo.

Como todo esto causa una cierta alarma social -nadie desea que sucedan cosas así, sobre todo si son evitables¬-, hay que puntualizar que si durante el embarazo hubiese una infección por el virus zika, eso no significa que vaya a haber necesariamente problemas de salud para el bebé, sino solo que existe el riesgo de que eso ocurra. Los estudios, durante el brote actual de zika en países como Brasil y Colombia, demuestran que muchas mujeres infectadas han traído al mundo bebés perfectamente sanos.

En todo caso, Tom Frieden, director del CDC (Centers for Disease Control and Prevention, Atlanta, USA) cree que la acumulación de evidencias científicas testifican la sospecha inicial e insta a las mujeres embarazadas a tomar todas las medidas preventivas necesarias para evitar la infección del zika.

A primeros de marzo el Dr. Declan Butler, editor y colaborador de la revista Nature, comentó en este medio el primer caso de un niño con microcefalia nacido en Colombia, cuya madre había sido infectada por el virus zika. Pero como bien señalaba dicho artículo un caso no puede ser considerado significativo entre miles de personas infectadas como ocurre en Colombia que es el segundo país en el que más presencia del zika hay después del Brasil. En el artículo se presupone la relación zika-microcefalia pero se apunta que han de seguir investigándose otras posibles causas, incluyendo un grupo de infecciones que colectivamente se llaman STORCH (sífilis, toxoplasmosis, sarampión, infección del cytomegalovirus y herpes simplex), que desde hace tiempo se sabe que pueden ejercer efectos negativos sobre el desarrollo fetal [2].

Virus zika. No hay razones para la alarma social

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