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24 ENERO 2017
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En 2017... la educación tiene grandes retos que afrontar

Jesús Pueyo

Ha transcurrido poco de este recién estrenado 2017 y predecir qué es lo que nos deparará el nuevo año en lo que a educación se refiere parece osado, teniendo en cuenta los mimbres que tenemos. Así que mejor abandonar el ejercicio adivinatorio y centrarse en algunas de las cuestiones que conforman los grandes retos que se deben afrontar si nuestra meta es aprovechar lo que nos resta de año para mejorar el sistema educativo.

En 2017, es esencial que los partidos políticos tomen conciencia de la importancia que la educación tiene en la sociedad, hecho lo cual deberían actuar en consecuencia y entender que no puede utilizarse como arma dentro de su habitual confrontación dialéctica. Es momento de entender que no pueden tener primacía los cortoplacistas intereses electorales si queremos avanzar. Es momento de entender que jugar con el presente y futuro de miles de alumnos que mañana liderarán el destino de un país es una responsabilidad de tal calado que debe resultarles suficiente para ponerse a trabajar en lo que parece que todos están de acuerdo: el pacto educativo. Y a pesar de la poca esperanza en que este pacto se alcance en los ya arrancados “6 meses” que se anunciaron como plazo, y conscientes de que no es asunto baladí como para que haya cristalizado antes de que estemos preparando la llegada de 2018, no podemos permitirnos desaprovechar el tiempo y dejar de dar pasos para tomar decisiones que permitan que sea una realidad cuanto antes. Los próximos meses nos darán pistas.

Y metidos en materia, y fuera del debate sobre un pacto o sobre una nueva ley educativa, ¿alguien se ha preguntado qué es lo que realmente necesita la educación española? Pues la respuesta puede ser fácil si analizamos los ingredientes del pastel: alumnos, centros, financiación, libertad de elección, profesionales…

En 2017, hay que trabajar en reformar en profundidad la profesión docente, perdón, reformarla y regularla primeramente, puesto que carecemos de una carrera profesional que dignifique y prestigie una profesión que más que importante es esencial en la sociedad. ¿Sorprendidos? Aunque pueda parecer increíble, no existe en España una carrera docente, ni una ley de la función docente, ni incentivos ni reconocimientos de la labor del profesional, ni posibilidad de mejora o promoción, por no hablar de si la formación inicial de nuestros docentes es la adecuada o si la formación permanente es la que se requiere en una realidad tan cambiante como la que nos ha tocado vivir.

Aunque resulte duro decirlo, los docentes han estado y están abandonados a su suerte. Se les forma en las facultades universitarias para algo que luego no se encuentran en la escuela. ¿Es lo mismo prepararse para ser químico trabajando en un laboratorio que para ser profesor de química? Evidentemente no. ¿Y sobre la vida?, ¿qué se enseña a los docentes sobre los problemas que encontrará en el aula que van más allá de lo académico y pedagógico?, ¿se les prepara para afrontar problemas sociales, de convivencia o económicos?, y ¿qué decimos de las numerosas trabas burocráticas con las que tiene que lidiar? Ya no basta con ser docente, hay que ser asesor familiar, psicólogo, pediatra, mediador, experto en nuevas tecnologías, saber idiomas, dedicar tiempo personal y dinero de tu bolsillo a mejorar la formación, innovar, investigar… y además, si es que cabe un “más”, ser espectador atónito de continuos cambios de legislación sin tener, sorprendentemente, voz para decir tu parecer. Cambios que en la mayoría de ocasiones impiden saber qué es lo que funciona realmente o no, porque lamentablemente se derivan de criterios políticos, alejándose del tinte profesional e independiente que debería marcarlos. Y lo más grave de todo es que aún no se ha entendido que será difícil mejorar el sistema educativo mientras no se mejore la situación profesional y laboral en la que se encuentra el profesorado, porque se está desaprovechando el enorme potencial de estos profesionales, que es mucho y de gran calidad.

En 2017... la educación tiene grandes retos que afrontar

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Confesionalismo de género

Benigno Blanco

El proyecto de ley integral del reconocimiento del derecho a la identidad y expresión de género en la Comunitat Valenciana, como otros similares aprobados recientemente en distintas CCAA, supone algo novedoso y preocupante en nuestra democracia: la asunción por la ley –y a través de ella por la Administración pública– de una ideología, renunciando así a la neutralidad ideológica de los poderes públicos, con el consiguiente riesgo cierto para la libertad de aquella parte de la sociedad que no comparte esa ideología que pasa a ser la única oficial. Por eso me he referido en alguna ocasión a este tipo de leyes como a un nuevo “confesionalismo”: el confesionalismo de género.

Hasta ahora las opiniones sobre la sexualidad pertenecían al ámbito de la libertad de pensamiento e ideológica de los ciudadanos. De aprobarse esta norma, en la Comunidad Valenciana habrá una visión de la sexualidad asumida por el poder público y, en consecuencia, los ciudadanos que no comparten esa visión o ideología verán restringida su libertad de pensamiento y expresión en la materia.

Este proyecto de ley es un peligro para las libertades dada la asunción de ese confesionalismo de género y además, por su carácter intervencionista hasta el agobio, pues pretende aplicarse –como indica su art. 2.1– “a cualquier persona física o jurídica, pública o privada, cualquiera que sea su edad, domicilio o residencia, que se encuentre o actúe en el ámbito territorial de la Comunitat Valenciana”.

Es decir, no solo será de aplicación a la Administración pública, sino también a todas las personas e instituciones y en todos los ámbitos de la vida pública y privada, personal, familiar y social. Basta repasar el índice de los títulos de su articulado para comprobar que contiene normas para la imposición del nuevo “confesionalismo de género” en las Administraciones públicas, en la sanidad, en la educación, en las relaciones laborales, en las empresas, en la formación de los funcionarios y de los profesores, en las familias, en el ocio, la cultura, la cooperación internacional y hasta en los medios de comunicación.

Para redondear este carácter impositivo e intervencionista, la ley se dota de un aparato sancionador y compulsivo (el Título sexto, art. 46 a 54) con multas de hasta 45.000 euros y prohibiciones de prestar servicios públicos, recibir subvenciones o contratar con la Administración para quienes no acepten la nueva ideología oficial sobre sexualidad y se resistan a conformar su conducta y actuación pública o privada –incluso en la intimidad de la familia– a los postulados ideológicos de la nueva ley.

La ideología que hace suya el proyecto de ley supone las siguientes afirmaciones que yo –y supongo que muchos valencianos– no compartimos porque entendemos que son opiniones científica y filosóficamente erróneas sobre el ser humano:

a) primer supuesto ideológico: hay una identidad sexual o de género de la persona que se identifica con ésta y que solo cada uno puede definir y tiene derecho a imponer a los demás como rasgo definitorio de su personalidad y que determina un status jurídico singular y distinto del propio del resto de seres humanos. Esta es la idea que se formula expresamente en la exposición de motivos del proyecto de ley desde su párrafo inicial y que se explicita en sus art. 1 y 3 y en el 4, especialmente en los números 1 a 5 al definir los conceptos de identidad de género, expresión de género, persona trans, transxesual y transgénero.

Confesionalismo de género

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Cuestiones centrales en el marco del desarrollo de la nueva ley educativa

Ferrán Riera

Con independencia de lo que pueda suceder con el programa de implantación de la LOMCE, todo parece indicar que está activo el rumbo hacia lo que se denomina “una nueva educación”. Este artículo, sin intención de ser exhaustivo, pretende poner sobre la mesa algunos elementos a tener en cuenta en el análisis de la toma de decisiones que los centros educativos tendrán que llevar a cabo en los próximos cursos.

Vientos de cambio en el paradigma educativo

Cataluña se encuentra actualmente atravesada por un huracán, un vendaval de propuestas educativas. No hay un solo día en que no salga en artículos o programas de televisión lo que se conoce como la “construcción de una nueva escuela catalana”, donde se recogen de forma fiel los postulados competenciales de la nueva ley y se propone como modelo a seguir la escuela de innovación tecnológica, basada en gran parte en la teoría de inteligencias múltiples de Gardner y en los nuevos conocimientos que ha dado la neurociencia de cómo el cerebro aprende, en el marco de la sociedad tecnológica y cambiante del siglo XXI.

Se aprovecha el desarrollo de la nueva ley para proponer con todos los medios posibles una apuesta pedagógica estructurada sobre cuatro ejes. El primero de estos ejes considera que el objetivo de la educación es proporcionar competencias a los chicos y chicas, esto es, que “sepan hacer”. El segundo eje postula que las prácticas de aprendizaje deben estar basadas en el conocimiento de la manera en que el alumno aprende y, por tanto, conviene que sean prácticas basadas en sistemas colaborativos, de aprendizaje-servicio, etc. El tercer eje es la centralidad de la autoevaluación, la autorregulación del propio alumno en el proceso de aprendizaje. En cuarto lugar y último eje tenemos la organización autónoma y flexible de la misma escuela.

Hay cosas positivas en todo esto. La primera es que se percibe que alguna cosa se está moviendo y, por tanto, que la olla está en ebullición. Esto en sí ya es bueno pero corremos el riesgo de sentirnos (sobre todo en los colegios pequeños con dificultades económicas para subsistir) como quien está delante de una ola gigante que se nos viene encima, y que sí o sí nos va a arrastrar.

El papel del maestro

¿Qué debemos hacer los maestros ante todo esto? Se trata de una situación en la que no vale dejarse arrastrar simplemente. El respeto hacia la propia profesión, a la sagrada vocación de enseñar, requiere que los maestros hoy, desde infantil hasta Bachillerato, se planteen con seriedad y rigor qué experiencia han hecho y hacen dentro de las aulas para poder decidir (con la libertad necesaria para después poder educar) qué tren cogen y en qué vagón se instalan para poder desarrollar su profesión y, por tanto, también una parte significativa de su vida.

En su libro “El arte de educar”, el profesor Franco Nembrini (posiblemente uno de los genios educativos más brillantes que ha tenido el sur de Europa en los años 90 y 2000) dice que el profesor “tiene la responsabilidad del encuentro entre el chaval y la realidad”. Esto quiere decir que el profesor no es simplemente un puente entre el alumno y la realidad sino que es responsable de este encuentro, y lo es en la medida en que es testimonio de su propia relación con la realidad.

Si siguiendo los postulados de la vanguardia pedagógica hoy en día todos estamos de acuerdo en que “una definición, para que no sea la imposición de un esquema, ha de ser la consecución de algo que ha sido previamente conquistado”, entonces, dentro de esta dinámica, podemos entender que el maestro es testimonio delante del alumno (y no un mero mediador) porque documenta con su propia presencia esta “conquista” e impulsa al joven a ponerse en marcha para realizar la suya.

El objetivo de la educación

Cuestiones centrales en el marco del desarrollo de la nueva ley educativa

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Desmontando tópicos sobre la libertad de educación en España (I)

Francisco Medina

La cuestión de la subsidiariedad –entendida como protagonismo de la sociedad civil en cuanto ésta es capaz de actuar responsablemente en los asuntos públicos– y de la libertad de los padres para educar a sus hijos han sido esgrimidos, en los últimos años, como valor no negociable por parte de quienes defienden el sistema de la educación concertada en España. Se niega que la educación sea un servicio público que ha de garantizar el Estado, en base a que los padres son quienes educan a los hijos. Y no es que no sea verdad este último aspecto, pero no recoge toda la verdad de una necesidad a la que los poderes públicos han de responder.

No puede negarse, en mi opinión, que el debate sobre la cuestión educativa –como ya comenté en su momento– está enormemente viciado, tanto por la corriente socialdemócrata –que tiende a minusvalorar el papel de los padres en la educación– como por el liberalismo social imperante (no sólo en el PP, también en la mayoría de la comunidad católica en nuestro país). Los árboles han impedido ver el bosque: la cuestión de los colegios concertados ha nublado la perspectiva. El resultado es una gran confusión provocada, en su mayor parte, por la difusión de un concepto erróneo sobre la subsidiariedad que tanto se invoca por parte de muchos católicos. En medio de esta niebla, necesitamos claridad.

Empecemos por el origen: el papel y los derechos de los padres. Ya me he referido en estas Páginas al precepto constitucional que recogía el derecho a la educación y a la libertad de elección de centros docentes. Pues bien, a pesar de todas las objeciones que puedan ponerse –especialmente por un gran sector de la educación concertada (FERE, CONCAPA…)–, la realidad es que el derecho de los padres a la elección del centro docente que estimen más adecuado para sus hijos ya vino consagrado en la Ley Orgánica 8/1985, de 3 de julio, reguladora del Derecho a la Educación (la famosa LODE, aprobada por el Gobierno de Felipe González), cuyo artículo 4 –en su redacción dada por la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación– merece la pena poner delante, cuando consagra como derecho de los padres:

• A que sus hijos reciban una educación con la máxima garantía de calidad.

• A escoger centro docente –público o privado–.

• A que sus hijos reciban la formación religiosa y moral de acuerdo con sus propias convicciones.

• A estar informados sobre el progreso del aprendizaje e integración social y educativa de sus hijos.

• A participar en el proceso de enseñanza y aprendizaje de sus hijos y en la organización, funcionamiento y evaluación del centro educativo.

• A ser oídos en aquellas decisiones que afecten a la orientación académica y profesional de sus hijos.

Este derecho de los padres en ningún modo resulta cuestionado. Prueba de ello es que la Ley Orgánica 2/2006, aprobada por el Gobierno Zapatero, en su artículo 108, vuelve a reconocer la libre elección de centro, al menos sobre el papel: “6. Los padres o tutores, en relación con la educación de sus hijos o pupilos, tienen derecho, de acuerdo con lo establecido en el artículo 4 de la Ley Orgánica 8/1985, de 3 de julio, reguladora del Derecho a la Educación, a escoger centro docente tanto público como distinto de los creados por los poderes públicos, a los que se refiere el apartado 3 del presente artículo”.

Pues bien, y por si fuera poco, el apartado 2 del citado artículo atribuye a los padres su papel de primeros responsables de la educación de sus hijos, como el de garantizar que sus hijos cursen la enseñanza obligatoria y asistan a clase, o estimularles a que realicen las tareas, o participar en la evolución de su proceso educativo, así como fomentar el respeto al personal docente. No deja de resultar triste que una Ley Orgánica tenga que recordar el papel insustituible de los padres en la educación de los hijos, aunque se entiende por la triste realidad de muchas familias en las que la tarea de acompañamiento educativo resulta ausente –y no tienen por qué ser entornos de desestructuración, la cultura del consumo salvaje hace estragos también en familias con cierto poder adquisitivo–. El legislador únicamente viene a recordar que esa tarea educativa es una responsabilidad principal de los padres, no del centro. ¿Es esto intervencionismo de los poderes públicos?

Desmontando tópicos sobre la libertad de educación en España (I)

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Los hechos -no la ideología- determinan la realidad

Nicolás Jouve

Hace unos meses conocíamos un importante, extenso y documentado informe del ámbito de la psiquiatría, firmado por los americanos Paul R. McHug y Lawrence S. Mayer, titulado “Sexualidad y género. Conclusiones de la Biología, la Psicología y las Ciencias Sociales”. Este informe fue publicado en la revista americana de tecnología y sociedad The New Atlantis [1]. En el informe se señala que algunas de las afirmaciones más frecuentemente oídas sobre sexualidad y género carecen por completo de evidencia científica y que la orientación sexual y la identidad de género se resisten a cualquier explicación teórica simplista. El informe de los Dres. Paul R. McHug y Lawrence S. Mayer es concluyente: las pruebas científicas no respaldan la visión de que la orientación sexual es una propiedad innata y biológicamente fija del ser humano (la idea de que los individuos “nacen así”). El informe revela además que existen índices más altos de problemas de salud mental en poblaciones de personas que se definen como lesbianas, gays, bisexuales o transexuales (LGBT), y se pregunta sobre la base científica del tratamiento de los niños que no se identifican con su sexo biológico. Cada una de las conclusiones del informe está basada en la evidencia científica existente desde los distintos campos de investigación que confluyen en este campo, multidisciplinar, incluyendo la epidemiología, la genética, la endocrinología, la psiquiatría, la neurociencia, la embriología, la pediatría, la psicología y la sociología.

Los primeros interesados en tener en cuenta este documento deberían ser aquellos a los que se les llena la boca con la defensa de los intereses sociales. Es decir, a nuestros políticos nacionales y autonómicos, que en una delirante carrera por apuntarse a lo postmoderno, y dedicados al corto y pego y a la imitación demagógica de ver quién da más, llevan tiempo dedicados a legislar sin reparar en las consecuencias para las personas y la sociedad en su totalidad y desde luego al margen de la ciencia, y a aprobar unas leyes contra la vida, la familia y la salud.

La imposición de la “ideología de género” desde las administraciones públicas españolas, a través del sistema educativo y mediante duras sanciones económicas, es ya una realidad operativa en buena parte del territorio nacional, siendo ya once de las 19 autonomías las que han aprobado leyes en ese sentido en los últimos años.

A la hora de legislar en este tema se ignoran los datos de la ciencia, como se ignoraron antes de la implantación de la ley del aborto. Allí se ocultó la realidad de que el ciclo vital de un ser humano empieza tras la concepción y que, una vez terminada ésta, estamos ante una nueva vida que, en contra de lo legislado, debería ser protegida como lo que es, una realidad humana en sus primeras fases de desarrollo. Aún tenemos que oír que la Ley del Aborto de 2010 ha supuesto una reducción del número de abortos, simplemente porque desde 2009 a 2014 se ha pasado de 111.482 abortos a 98.144, sin reparar en factores como el descenso general de la natalidad, la disminución de emigrantes y el sórdido hecho de que antes de 2010 los abortos eran justificados mayoritariamente por una falsa alegación a los riesgos para la salud física o la vida de la embarazada y tras la Ley de 2010, 9 de cada 10 abortos se realizan “a petición de la mujer” y sin aducir ningún tipo de causa.

Los hechos -no la ideología- determinan la realidad

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Es invierno

Elena Santa María

"Deja el zorro su rastro sobre la nieve. La tierra duerme un sueño de muerte. Crujen bajo las pisadas los charcos helados del páramo. Tiembla desnudo el roble. Y el cielo se derrumba sobre el sotobosque (...) Los bueyes se recogen en la cuadra, los conejos dormitan en sus madrigueras, las serpientes mudan de piel. Y los hombres se acoplan a los ritos de sus padres, que son los mismos que los de sus abuelos. Castilla eterna, callada, invisible, que apenas sobrevive de sus pesares". Así describe Pedro G. Cuartango el invierno de Castilla en El Mundo.

Es invierno. La niebla es característica de esta estación. Inma Monsó recuerda en La Vanguardia las tardes de niebla de su infancia: "ese contraste de dureza y alegría, la de llegar a la casa que mi pobre madre intentaba hacer acogedora y cálida, me dejó recuerdos imborrables y siempre busco y deseo la niebla cuando estoy ahí (...) Cuando está presente, no siempre es tan densa como entonces: los días de enero en que he estado ahí ha sido niebla alta, tan alta que parecía una de esas ciudades centroeuropeas que ni tienen el excitante enigma de la niebla ni la alegría de los días soleados. Otras veces es como una de esas neblinas semisucias de Barcelona: un manto de vapor light, poco íntegro, indeciso y posmoderno, que deja pasar algunos rayos de sol. Y esa es la peor presentación, porque ni tiene la gracia alada de la neblina rural ni la consistencia de lo que fue (y aún es a veces) la misteriosa y exuberante niebla de Ponent, que a cada paso prometía una aventura insospechada".

Luz Sánchez-Mellado describe en El País esta búsqueda de la 'aventura insospechada' de otra manera; la llama 'ansia viva': "Son diez, quince minutos, media hora los peores días, pero esa eternidad en la que se te agarrota el espinazo, se te sale el corazón del plexo, se te viene el estómago a la boca y no te llega el pijama al cuerpo no te la quita nadie. Eso, sin que te pase nada ni a ti ni a los tuyos sino las prisas, las penas, las presiones, la vida. Nada distinto de lo que te pasaba anoche, cuando cogiste la cama como quien coge el último tren de vuelta al útero y cerraste al tiempo las pupilas y las rendijas del pánico a los peligros de ahí fuera. Bendita cama. Bendito sueño. Bendita tregua. Porque la guerra sigue. Cuando vuelves en ti de repente, siempre a la misma hora de la madrugada oscura del alma, malditos biorritmos, ahí sigue el dinosaurio (...) Entonces, debajo de la manta, o del nórdico gordo, o de la sabanilla fina en verano, tratas de recuperar el resuello y convencerte de que no, la mancha que te ha salido en la frente no es el aviso de un melanoma que te va a devorar viva. De que no, en el trabajo no se van a dar cuenta de que eres una impostora y te van a dar puerta. Y de que no, no van a caer sobre ti una tras otra las siete plagas de Egipto. Luego te levantas, te duchas, te pones la armadura de enfrentarte al prójimo, te tomas el primero de los equis placebos con los que vas engañando a la bestia a lo largo del día y parece que el tigre se domestica hasta que te arrea el próximo zarpazo y te vuelve a dejar tiritando de miedo a todo y a nada. Quien lo ha sentido sabe de lo que hablo".

De la niñez y del ansia viva habla Juan Cruz en El País: "Se acabó la Navidad, que incluye los Reyes; la sustancia, desmentida por el extremo uso del comercio, es el afecto; la gente se regala para regalarse a la vez. Y todo es caro, menos lo que queda de la mirada de los niños. Ellos no conocen aún las estadísticas ni los precios de la felicidad impostada que se exhibe en los escaparates y que luego forma parte de sus cuartos. Después vendrán otras ambiciones, la edad adulta, las distintas versiones brumosas de la ruina. Dice el poeta canario José Luis Pernas que hay que buscarse una esperanza para seguir viviendo. Y eso es la vida, la búsqueda de una esperanza para seguir viviendo". Pero continúa: "hay una imagen, escolar y adulta, que no nos deja nunca, que es una fortuna y a la vez una ilusión retrospectiva que marca y ejecuta la escultura de niebla que es el futuro. La imagen del maestro, ese hombre que levanta las persianas de la escuela y que luego maneja, con el saber de enseñar, con el saber de aprender él a la vez que enseña, el momento más importante de todos: cuando la vida se sitúa en el exacto momento en que todo puede ser posible o todo se puede ir al garete".

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Es invierno

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¿Qué nos espera en 2017?

Ángel Satué

Es momento de recapitulación. Estas fechas invitan a echar la mirada atrás y ver ese camino machadiano, lleno de álamos, de ríos y campos de oro. También es momento de mirar el trecho por recorrer en 2017. Un camino que se ha de andar por uno mismo, pero que estamos llamados a hacerlo en compañía. Por eso me gusta el análisis del panorama internacional, porque es una oportunidad para comprender cómo avanza el mundo en esto de llevarse bien, de preocuparse por el otro, de ver si somos más libres y prósperos, de ver si compartimos más, o si han variado las formas en que competimos por los recursos.

Tal vez las relaciones internacionales tengan el tono, la prosa, el estilo y la narrativa de Paul Auster. Hay azar, intriga, destino, laberintos y pasadizos escurridizos, personajes con sus fantasmas reales, una realidad del mundo vista por unos ojos minuciosos, relatos que se superponen, como los intereses nacionales, y que trazan líneas muy dispares en el concurrido espacio-tiempo. Y leer a Auster puede ser pesado y aburrido, pero llega a enganchar cuando se comprende al personaje y su historia.

En mi opinión, visión y cosmovisión, la de un europeo de nuestros días, en 2017 arreciarán los vientos del Este (expansionismo ruso, terrorismo basado en la peor interpretación del islam, reafirmación económica china), que han ido soplando convulsamente desde finales de 2015 y durante todo 2016, y nos situaremos no ante el final de la globalización, si no iniciando una nueva fase radicalmente diferente.

Esta se caracterizará por mayor autorregulación de las multinacionales en la gestión de los retos globales, e intentos de la sociedad civil en cada país de conectarse globalmente y de incidir en las políticas globales, la pérdida de capacidad de maniobra de la ONU (y de prestigio), la reacción de los estados frente a sus opiniones públicas –consolidadas o incipientes– buscando ambos su papel en el gobierno de los asuntos económicos mundiales, aumento del proteccionismo, aislacionismo y de las guerras comerciales, y con un comercio internacional compartimentado regionalmente (fin de los grandes acuerdos), y sobre todo digitalizado, convirtiendo en anticuadas las fronteras nacionales y los modelos basados en la competición entre países.

En economía, el caso de la empresa germana Adidas será muy frecuente. Se dispone a replegarse desde China hasta Alemania, gracias a la robotización industrial, y planifica acercarse a sus mercados clave construyendo fábricas, aprovechando las nuevas tecnologías digitales. El mercado nacional y los países toman fuerza, al tiempo que son incapaces de gestionar por sí mismos los retos globales. ¿Lo propiciará también Trump?

En 2017 asistiremos a diversos estertores del estado-nación, como muestras de poder a la vieja usanza, y a la generación de conflictos como si se tratase del siglo XX, pero imposibles de gestionar con la tecnología institucional global actual. Esto evidenciará las limitaciones del estado-nación en la nueva era, también luchando contra el terrorismo.

En el mundo desarrollado, los focos del escenario creo que alumbrarán una serie de problemas que salen a la luz a causa de la globalización. Así, la pérdida de productividad, la ausencia de trabajo para todos, la digitalización (tecnologización) y robotización de los procesos industriales y sobre todo de los servicios, generarán muchas tensiones sociales. Con una menguante clase media, colchón antirrevolucionario y sin esperanza laboral ni hijos, Europa será incapaz de avanzar en su unidad y EE.UU. estará más desunido que antes.

¿Qué nos espera en 2017?

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>Entrevista a Flavia Chevallard

'Ante el drama de los refugiados no podemos encerrarnos en un pequeño mundo seguro'

Elena Santa María

Flavia Chevallard es cooperante de CESAL en Líbano, está en España presentando la campaña impulsada por CESAL: "#Refugiadosmigrantes. Manos a la obra para cambiar el rumbo".

¿En qué situación viven los refugiados en Líbano?

Muchos de ellos viven en asentamientos informales que han surgido por todo el país. Estos asentamientos son precarios, las familias viven en tiendas que no reparan del frío del invierno o del calor en verano. Otros viven en los pueblos y ciudades, entre la población libanesa. Es importante entender que Líbano no es signatario de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, que establece los derechos y garantías mínimas de protección y asistencia para los refugiados. Por otro lado, el gobierno no ha querido que se establecieran campos de refugiados formales para evitar que los refugiados se establecieran indeterminadamente en el país, visto el precedente de los refugiados palestinos que llevan décadas en Líbano. Esto, junto con la prohibición de trabajar, hace que la situación de los refugiados sea realmente precaria. No se trata sólo de la necesidad material, sino de la inestabilidad de su situación, que para algunos se alarga desde hace ya cinco años. Muchos trabajan informalmente, en la agricultura o en la construcción, pero los sueldos son verdaderamente bajos y el precio de la vida en Líbano es alto, de forma que no pueden afrontar los gastos básicos de la familia. Lo positivo es que un país que fue invadido por Siria hoy acoge a más de un millón y medio de personas procedentes de allí.

¿Cómo es tu vida allí?

Trabajo en la oficina cerca de Beirut y visito los asentamientos en los que trabajamos, en el sur del país, regularmente. Líbano es un país de contrastes, e incluso allí, tan cerca de la guerra y con el drama de los refugiados tan presente, uno podría decidir mirar hacia otro lado y llevar una vida tranquila. En cualquier caso hay una tensión evidente, Líbano tiene una historia compleja de conflictos en las últimas décadas. Son cosas que incluso un extranjero recién llegado, aunque no comprenda hasta el fondo, puede percibir. Pero tomando precauciones lógicas (que tomarías en cualquier lugar), puedes viajar por casi todo el país y la gente en general es amable y acogedora, creo que es algo que sorprende y alecciona cuando estás acostumbrado a mirar estos lugares con desconfianza y miedo.

¿Qué tarea hacen allí organizaciones como CESAL?

Hay mucho por hacer. Nosotros trabajamos coordinadamente con la ONG AVSI, que se encuentra presente en el país desde varios años antes de que estallara la guerra en Siria y llegaran los refugiados a Líbano. Hasta ahora habíamos apoyado las necesidades básicas de la población refugiada en los asentamientos informales en la región de Marjayoun, al sur del país: mantas y combustible para el invierno, medicinas, alimentos, productos de higiene… Es algo que no debe dejar de hacerse porque existe la necesidad, pero este año queremos apoyar también los proyectos educativos, que tratan de integrar a los niños sirios en las escuelas libanesas para evitar que se conviertan en una generación perdida a través de la educación básica y la integración. Este es el proyecto del que he hablado en diferentes conferencias a lo largo de dos semanas (Mallorca, Murcia, Sevilla, Madrid, Barcelona…) en la campaña Manos a la Obra que impulsa CESAL a lo largo de estos meses y cuyo lema es “#Rerfugiadosmigrantes. Manos a la Obra para cambiar el rumbo”.

Tras los atentados de los últimos meses muchos perciben a los refugiados como una amenaza para Europa. ¿Cómo se ve la situación a pie de campo?

>Entrevista a Flavia Chevallard

'Ante el drama de los refugiados no podemos encerrarnos en un pequeño mundo seguro'

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Literatura y cultura

Elena Santa María

"Este año leí a Joan Didion y sentí con ella el vértigo de la ausencia, cambié radicalmente de vida, trabajé más que nunca, vi a Eschenbach suspender el tiempo, me aburrí del fútbol, me despedí de personas a las que no dejaré de añorar, fui feliz en el Índico y aprendí que la belleza es una fuerza imparable y que ante su capacidad destructiva es inútil todo lo que no sea resignarse. No vivimos lo suficiente como para que exista un solo año anodino en nuestra historia personal". Este es el balance del año 2016 que Rafael Latorre comparte en El Español. Y es que, en estos días del año, la prensa se llena de esas "historial personales" bien contadas.

Lola García contaba en La Vanguardia su viaje a Pearl Harbor, un lugar visitado por muchos japoneses -igual que muchos estadounidenses visitan Hiroshima- y del que destaca que percibía la "ausencia de odio". Allí se encontró a un veterano que sobrevivió al ataque de Pearl Harbor hace 75 que le decía: "¡Lo que nunca imaginé es que me casaría con una japonesa!".

En el mismo periódico Juliá Guillamon imaginaba un día con su mujer: "Cenaremos mirando una película antigua y, al terminar la cena, pasaremos al sofá. Cuando falten veinte o veinticinco minutos de película, nos dormiremos abrazados uno al otro. Me despertaré antes que tú y te llevaré a la cama dulcemente. A la mañana siguiente, en la agenda que te regaló Albert y que te hizo tanta ilusión apuntarás: ‘¡Qué gran día!’. Yo pasaré a tu lado, veré lo que escribes y te besaré en el cuello".

También en La Vanguardia, Lluis Foix aprovechaba estos días de descanso para contemplar la naturaleza: "Son alicientes en estos días en los que la naturaleza parece que está triste y dormida pero no es así. Mantiene su vitalidad como en el resto de estaciones del año. El sol invernal se apaga en el horizonte y la noche fría y transparente se adueña de la oscuridad".

Pedro G. Cuartango reflexionaba El Mundo sobre el tiempo en este fin de año: "Ahora que se acaba el año y comienza un nuevo ciclo me parece útil recordar que somos porque estamos hechos de tiempo. El tiempo es nuestro tesoro, nuestro único activo porque todo se construye en ese viaje por la banda deslizante de la temporalidad. No podemos salirnos de ella, al igual que una flecha avanza a un punto indeterminado del espacio. Como esa flecha, todo tiene un origen para llegar a un destino. Y la distancia es un fragmento de un recorrido infinito al igual que la vida es un momento en la inmensidad de lo real. Toda indagación nace o vuelve al problema del tiempo, ese gran misterio que acuna nuestra existencia".

Por su parte, José Blasco del Álamo decía en El Español, a propósito de estas fiestas: "Si en la Edad Media fue la religión la que elevaba al ser humano hacia algo superior, en la Edad Moderna pasó a ser la cultura. Hoy en día, el valor que más cotiza en la sociedad de consumo es la belleza, el culto al cuerpo, la negación de la muerte. El mundo del siglo XXI es tan materialista como el Imperio Romano. En dicho imperio, en un contexto de grave crisis religiosa, apareció Jesús. ¿Viviremos otra vez alguna aparición similar? (...) ¿Sería mejor un mundo sin Dios…? Manuel Jabois piensa que sí: ‘Sería un mundo sin coartadas, tanto para hacer el mal como para hacer el bien’. Otros, como el agnóstico Vargas Llosa, responden negativamente, alegando que sobrevendría ‘una barbarización generalizada de la vida social’. Los dos argumentos me parecen plausibles -¿qué otras coartadas buscarían algunos fanáticos para seguir matando?, ¿cuántos misioneros abandonarían África si perdiesen la fe de repente?-, aunque también me pregunto si la verdadera respuesta a quién ganará la Batalla de Nochebuena se encuentra en un lugar indeterminado entre la moral y la belleza, en el amor: nuestro anhelo de inmortalidad tal vez sea un anhelo de ser amados y, como pensaba Dostoievski, Dios sea necesario -siquiera en la imaginación- porque es el único que puede amar eternamente".

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Literatura y cultura

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La cuestión del género, más allá de la irritación y del miedo

José Luis Restán

En un memorable artículo de hace pocas semanas, el expresidente del Foro de la Familia acuñaba el término “confesionalismo de género” para definir el conjunto de leyes que se están aprobando en las Comunidades Autónomas sobre la identidad sexual de las personas. Se trata, supuestamente, de combatir cualquier rastro de discriminación por motivos de orientación sexual, pero semejante pretexto no resiste un mínimo análisis. Afortunadamente nuestras leyes ya disponen de los instrumentos necesarios para proteger a las personas frente a esos abusos, que ciertamente han existido y deben ser completamente erradicados. De lo que se trata ahora es de imponer desde el poder político una determinada visión antropológica (la ideología de género), con una batería de coacciones que producen perplejidad y comprensible preocupación.

Lo sucedido estos días en el colegio Juan Pablo II de Alcorcón, cuyo director ha sido sancionado tras exponer severas críticas al contenido de la correspondiente ley en Madrid, y en Valencia, donde se amenaza a los padres que no reconozcan la identificación sexual expresada por sus hijos con ser denunciados por maltrato infantil, es solo una mínima consecuencia de la aplicación de este aparato jurídico delirante.

No estamos aquí ante una evolución social decantada de forma natural, fruto del debate libre o del desgaste de anteriores presupuestos culturales. Estamos ante una verdadera obra de ingeniería social ajena al sentir de la gran mayoría de la sociedad pero amparada en una férrea protección de los grandes centros de poder cultural (especialmente, aunque no sólo, los medios de comunicación), que han conseguido generar una auténtica espiral de silencio. De hecho, oponerse públicamente a los dogmas de la ideología de género implica en muchos casos poner en riesgo la propia carrera profesional o académica, así como afrontar un verdadero estigma social. Así se explica la cortina de silencio que rodea a un asunto en el que la inmensa mayoría de la gente no se siente reconocida, pero ante el que la mayoría prefiere ponerse de perfil.

La violencia (porque es propiamente una violencia) que se exhibe contra quienes disienten de esta nueva confesión forzosa sería inimaginable en cualquier otro campo de la vida civil. Pensemos, por ejemplo, en la dureza de las críticas a las leyes laborales, o las que se relacionan con temas de seguridad pública: como es natural en una sociedad pluralista el debate es muy vivo, y a nadie se le ocurriría condenar al ostracismo a quienes denuncian la reforma laboral o la ley de seguridad ciudadana.

Y es que el nuevo “confesionalismo de género” es una peligrosa novedad en el ámbito jurídico-político de las democracias occidentales. Tampoco nos engañemos, España no es el primer escenario. Es conocida la violencia con que fueron reprimidas algunas manifestaciones contra el matrimonio homosexual en Francia, o las penas de cárcel contra padres que se han negado a que sus hijos sean adoctrinados en algunos Länder alemanes, o la forma en que han perdido su trabajo funcionarios británicos que no han aceptado el rodillo.

La cuestión del género, más allá de la irritación y del miedo

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Libertad de educar, compromiso con la sociedad

Francisco Medina

Me he resistido un poco a hablar de un tema tan candente como éste: meterse a dar un juicio siempre es un riesgo, por la cantidad de elementos e intereses en juego. Y es que el debate público sobre la cuestión educativa está trufado de propaganda: a izquierda y a derecha se van repitiendo, constantemente, eslóganes y se sigue aún en un bombardeo mediático sobre la educación pública vs. educación concertada. La confusión se ha ido agrandando como bola de nieve. ¿De dónde partir, pues?

Quizá pueda ayudar a entender la cuestión educativa examinando el marco normativo.

En efecto, el tan invocado artículo 27 de nuestra Constitución consagra el derecho de todos a la educación y la libertad de enseñanza, recogiendo, entre sus previsiones, el derecho de los padres a elegir la formación moral y religiosa para sus hijos y el derecho a la creación de centros docentes. Para empezar, el reconocimiento de estos derechos en nuestra Norma Fundamental ya constituye, per se, una garantía; al menos, se encuentra entre los derechos justiciables en materia de recursos ante los órganos judiciales y el Tribunal Constitucional.

Sabemos que la cuestión no es ésta, sino las consecuencias derivadas de la configuración del sistema educativo; primero, con la Ley Orgánica 8/1985, de 3 de julio, Reguladora del Derecho a la Educación (la LODE); actualmente, con la Ley Orgánica 6/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOE), modificada por la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, de mejora de la calidad educativa (LOMCE).

Con carácter previo, no se debe perder de vista que la libertad de enseñanza y el derecho a la educación, tal como queda configurado en nuestro ordenamiento, implica una dimensión de prestación por parte de los poderes públicos, quienes han de garantizar que todos tengan un acceso a la educación (STC 86/1985, de 10 de julio), empleando para ello las herramientas de planificación, promoción y ayuda a los centros docentes. En este contexto, ha de entenderse el concierto educativo como instrumento jurídico que busca garantizar la gratuidad de la enseñanza y el derecho de los padres a elegir la formación moral y religiosa. Hasta aquí, intuyo que todas las partes estarían de acuerdo. Para garantizar la oferta educativa, nuestro ordenamiento prevé tres tipos de centros: los públicos, los concertados y los privados (que se rigen por el libre mercado).

En consecuencia, y frente a algunos defensores del principio de subsidiariedad, hay que negar la mayor: no rige el principio de subsidiariedad en el régimen de conciertos. No hay que olvidar que, siendo los colegios concertados centros privados, se financian con fondos públicos, estando obligados, en consecuencia, a impartir los niveles de enseñanza obligatoria en régimen de gratuidad. Estamos, en este caso, ante una figura jurídica de naturaleza convencional (son convenios suscritos entre la Administración y los titulares del centro) y sinalagmática (significa que ambas partes asumen obligaciones recíprocas). Por un lado, la Administración asume los costes que supone la enseñanza para el centro privado y, por otro, éste se obliga a la prestación del servicio educativo.

En el fondo, no deja de ser una subvención otorgada por convenio, previo cumplimiento de una serie de requisitos previstos legalmente (artículo 116 de la Ley Orgánica 2/2006; y el Real Decreto 2377/1985, de 18 de diciembre, por el que se aprueba el Reglamento de Normas Básicas sobre Conciertos Educativos), y –lo que se silencia convenientemente– se tramita mediante un procedimiento asimilable al de concesión de subvenciones, aunque con especialidades. Que es un procedimiento iniciado de oficio por la Administración lo muestra la convocatoria realizada en enero de cada año para aquellos centros que desean acogerse al régimen de concierto; que se sujeta a evaluación por la Comisión competente; que existen elementos reglados que sirven de base para conceder o no el concierto (los llamados criterios de preferencia); que existe propuesta de resolución y, en suma, la concesión del concierto a través de resolución motivada. Si esto no es procedimiento administrativo, ¿qué es entonces?

No deja de resultar curioso el clamoroso silencio que, por parte de algunos defensores de la enseñanza concertada, se hace respecto a algunas cuestiones, como el cumplimiento de los criterios de preferencia, sin los cuales no se concedería a un centro privado el régimen del concierto. Y es que no olvidemos que una de las finalidades que dicho régimen tiene es satisfacer necesidades de escolarización de aquellos sectores de población de condiciones socioeconómicas desfavorables y dar cabida a experiencias de interés pedagógico para el sistema educativo. Además de dar prioridad a los centros que funcionen en régimen de cooperativa.

Libertad de educar, compromiso con la sociedad

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Así llegamos a Navidad

Elena Santa María

Esta semana un nuevo atentado ha conmocionado a Europa. Esta vez en Berlín, en un mercadillo navideño. Tras el impacto inicial, en seguida buscamos la seguridad, atentos a si capturan a los responsables, cuestionando ciertas políticas, etc. "En esta tormenta perfecta, los fanáticos consiguen su objetivo: rompernos y llevarnos a las formas más primarias de organización, la pura supervivencia, la muralla perpetua. Todo lo que amamos -la libertad, la solidaridad, la justicia, el bienestar- pierde sentido y sólo vemos la trinchera. Todo lo que ellos odian desaparece de facto, y nosotros dejamos de ser lo que pensábamos ser", escribía Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia.

El atentado nos ha sorprendido en los frenéticos días previos a la Navidad, una fiesta que cada vez menos gente quiere celebrar. Son muchos los artículos que critican estas fiestas en las que nadie entiende por qué hay que hacer regalos y reunirse con la familia (para algunos una gran desconocida). Un ejemplo de esto es lo que afirma Inma Monsó en La Vanguardia: "tarde o temprano, casi todos acabamos rebelándonos en algún momento contra las obligaciones familiares navideñas, aunque sea poquito, aunque sea sólo una vez en la vida, aunque no lo hagamos abiertamente sino mediante subterfugios (...) alguna vez, la transgresión es fatal: ‘Este año no estaremos’. Ah, ¿quién no ha deseado alguna vez decir esta frase? ¿Quién no ha soñado irse de crucero a Tahití? O, más barato: ¿Quién no ha soñado hacer coincidir una intervención quirúrgica para pasar una Navidad exenta de obligaciones, medio anestesiado en un tranquilo hospital?".

En estas fechas emergen con más facilidad la soledad y la nostalgia. En un artículo publicado en El Español, Ángel F. Fermoselle decía que "la mayoría de las personas intenta que el resto del mundo ignore sus debilidades; y, con todo el esfuerzo necesario, las disimula, las disfraza, las esconde (...) El coraje de mostrarte ante el mundo como verdaderamente eres apaga el incendio que se propaga, incansable, mientras intentas ser otro, ése que los demás quieren que seas, o ése que crees que los demás prefieren que seas (...) Con frecuencia, el intento de ser otro, o de mostrarte como otro, surge de la necesidad de batallar la soledad, posiblemente, el gran mal de estos tiempos en los que prevalece la relación tecnológica, vía pantallas y auriculares, entre los humanos".

Sirva de conclusión este extracto del artículo de Antonio Lucas en El Mundo: "Hay un exceso de confianza en el móvil, en Google, en cualquier soporte que dispense una memoria inducida. Como si hubiésemos abdicado de ese don. De esa inquietud tan íntima. De esa lumbre prodigiosa. La memoria duele igual que alegra. Recordar no es echarse a vivir en lo de atrás, sino encontrar aquí y ahora claves necesarias de lo que tenemos, de lo que somos, de lo que nunca llegará o de lo que ya está aquí y aún no lo estamos viendo".

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Así llegamos a Navidad

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Cómo vivir en Egipto, en Siria o aquí

Elena Santa María

El pasado fin de semana hubo siete atentados en seis países distintos: Turquía, Nigeria, Iraq, Somalia, Yemen y Egipto. En total más de 200 muertos y centenares de heridos. Ese mismo fin de semana, Isabel Coixet escribía en XL Semanal que "vivir, vivir de una manera auténtica ni es fácil ni sencillo ni indoloro. Requiere esfuerzo físico e intelectual, requiere sacrificio, requiere tiempo y agallas. Y no existen fórmulas mágicas, ni atajos ni secretos absurdos ni reglas que invariablemente se deban seguir. Uno debe construir su camino de vida aceptando que otros, mejores y más sabios que nosotros, estuvieron antes destilando conocimientos e ideas que sirvieron de camino a otros. El eureka de Arquímedes no se produjo la primera vez que Arquímedes se tomó un baño: le costó muchos baños y muchas horas y años de exprimirse el cerebro. En estos tiempos de la posverdad (el concepto que más miedo me da en el mundo), donde Zuckerberg se codea con la Trilateral, hay que recordar más que nunca quiénes somos y de dónde venimos. Sólo así podremos saber adónde vamos. Aunque sea a ninguna parte". También el atleta Usain Bolt, en una entrevista para El País Semanal confesaba seguir buscando, aunque haya alcanzado todos los éxitos: "para mí es triste (retirarse), pero también es liberador porque se acaba. Este capítulo se cierra y ahora puedo relajarme, irme de vacaciones. Puedo simplemente vivir".

Y en estas estamos en estos días previos a Navidad, en los que ya empiezan a llegar aquellos que se han ido. Jordi Amat narraba en La Vanguardia el reencuentro con su amigo Arnau Selga, cooperante en Haití. Allí dirige una serie de acciones para minimizar el riesgo de pérdida de vidas ante desastres naturales. "Es instructivo escuchar la cotidianidad de Arnau para no perder la perspectiva. Sobre todo porque no adorna su relato de exotismo ni hace ética con la miseria que combate. Me habla, por ejemplo, de los dispensarios de calidad que tiene instalados el Gobierno cubano. De las pocas horas de electricidad diarias y de generadores que se estropean. De que puede salir a pasear de noche y que es una suerte: la inseguridad es una amenaza real en los lugares donde los cooperantes se desplazan para ayudar. Y hablamos, como siempre, de música y de cómo ahora enchufa su teléfono en los aparatos de los bares para poder escuchar la que le gusta. A mediados de enero volverá a marcharse".

Igual de instructivo que escuchar a Arnau, es leer a Pilar Rahola en La Vanguardia, conmocionada por los atentados antes citados: "es importante recordar que las comunidades cristianas en tierra musulmana son, hoy por hoy, un objetivo sensible de la ideología islamista, y son la minoría religiosa que sufre más persecución, prohibición de culto y ataques violentos en todo el mundo, a excepción de los judíos. Están matando a cristianos, y no mueren porque estaban en el lugar equivocado o por fuego cruzado. Mueren por ser cristianos, lo cual obliga a una afirmación rotunda: miles de cristianos en el mundo han vuelto a la época de las catacumbas". O a Jorge Marirrodriga en El País: "La matanza sistemática y diaria de cristianos en Oriente Próximo muestra que el reparto Sykes-Picot no funciona. Y ahora, como entonces, para Occidente no es un problema. Mientras el ISIS está resucitando el califato abasí del año 750, los kurdos han establecido de facto su propio país. Tal vez haya que pensar en un nuevo Estado que proteja a los cristianos, los defienda y en el que puedan refugiarse. No van a estar siempre pidiendo una ayuda que nunca llega".

Por su parte, el enviado especial de ABC a Alepo, Mikel Ayestaran, acababa su última crónica así: "por mucho que viajas, lo vives y lo escribes, nunca puedes ponerte en su lugar. En Alepo ocurre lo mismo: llegas, ves y estás deseando largarte porque vivir aquí es un milagro. ¿Cómo no van a intentar buscar una nueva vida entre nosotros?".

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Cómo vivir en Egipto, en Siria o aquí

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>Entrevista a Ferrán Riera, director de Escola Llissach

'Para garantizar la libertad educativa hay que buscar otros ingresos'

Elena Santa María

Comienzan las negociaciones para un pacto educativo. Se volverá a discutir sobre el valor de los conciertos. Ferrán Riera, director de dos colegios concertados en Cataluña, defiende la necesidad de buscar vías alternativas de financiación.

Estamos en pleno debate sobre el pacto educativo y una de las cuestiones espinosas es la de los conciertos. ¿Qué papel tienen los colegios concertados en España? ¿Qué función tiene la concertada?

Los colegios concertados tienen un papel relevante como garantía de la libertad de educación. Que existan conciertos es dar espacio real a la libertad de educación porque permiten que una iniciativa social se pueda dirigir a todo el pueblo llegando a todos los estratos sociales, no solo a una clase más pudiente. Y posibilita la oferta de una propuesta educativa diferente a la oficial, permite un acceso a un proyecto que no es el estatal, es decir, a lo que el poder dicte directamente.

Además permite que la gente libremente se pueda organizar para hacer más cosas si quiere. Un colegio concertado permite una vida alrededor del mismo que, por cómo ha sido hasta ahora, en las escuelas estatales no se ha podido dar. Una vida de relación, de espacio de encuentro, de educación en el tiempo libre, de iniciativas alrededor del colegio, que se convierte en un punto de encuentro para mucha gente.

¿Funciona bien este modelo?

Me parece que ha sido modélico en muchos aspectos. Tiene sus puntos débiles, porque donde hay espacio para la libertad hay espacio para el error. Pero en cuanto a la libertad funcional bien. El déficit que tiene en estos momentos, por decirlo así, es que el sistema de conciertos de España exige un esfuerzo económico mayor a las personas que eligen un tipo de escuela no estatal. En ese sentido no funciona bien. Si se pudiera abrir la posibilidad de elección para todos, con el mismo esfuerzo para todos, sería un modelo fantástico. Pero el modelo es así de sencillo, el Estado reconoce a las iniciativas sociales de educación, que además demanda la sociedad, las hace posible y permite que las personas que lo demandan tengan acceso. Y después el Estado se encarga de evaluar eso, de ver los resultados. La administración tiene que velar por que los resultados sean adecuados.

¿Y hacia dónde va?

La clase media en España está adelgazando mucho, va a desaparecer y se está polarizando mucho. Si encima desaparecen los conciertos, se va a generar una polarización mayor, una separación mayor entre clases pudientes y clases bajas. La única solución para seguir garantizando la libertad de educación de todo el mundo va a ser que nos organicemos nosotros, que establezcamos centros educativos que tengan la capacidad de generar a su alrededor unidades de negocio, formas de ingresos atípicos, etc, que permitan sostener una educación que pueda llegar a todos los estratos sociales. Los colegios se tienen que convertir en centros de vida, que no sean centros en los que el punto central sea solo el proyecto educativo, sino un proyecto educativo que se desarrolla en diversos ámbitos, también entrando en el mundo empresarial, el mundo económico... Eso requerirá recursos humanos potentes, gente con mucha capacidad para hacer eso. Y equipos de trabajo que, teniendo en el centro el proyecto educativo y la libertad, tengan la inteligencia de generar todo eso.

¿Cuáles son los grandes desafíos a los que debería hacer frente el pacto educativo, o la política educativa? ¿Qué es lo más urgente?

Lo más urgente es establecer qué mínimos creemos esenciales en el modelo educativo de nuestro país, fijarlos, y no tocarlos durante mucho tiempo. Antes de consensuar mínimos tendríamos que ponernos de acuerdo en una cosa que es más complicada, que es el ideal educativo. Si nos pusiéramos de acuerdo en el ideal educativo sería más fácil después concretar esos mínimos. Esos mínimos son estructurales, de cuestiones económicas y cuestiones del organigrama. La administración tendría que garantizar esos mínimos y también garantizar a quien quiera entrar en el sistema con un proyecto educativo que cumpla esos mínimos que pueda hacerlo.

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'Para garantizar la libertad educativa hay que buscar otros ingresos'

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Miseria y belleza

Elena Santa María

Ese suspiro del que hablábamos la semana pasada (Algo pide atención) sigue haciéndose un discreto hueco en las páginas de la prensa. Antonio Lucas ha dedicado su columna en El Mundo a recordar los diarios de la poetisa estadounidense Sylvia Plath. A la que describe como "una mujer que se desangra por dentro". "Todos los diarios tienen algo de vestigio de un naufragio. Sobre todos los felices, que son los menos", argumenta. Por su parte, Joana Banet, en La Vanguardia, en un artículo sobre la posverdad, deja escapar en un párrafo: "a pesar de que las cosas no vayan mal del todo, hay noches en que nos sentimos como una auténtica piltrafa porque alguna emoción nos ha noqueado; noches en las que prevalece un abatimiento que nos ha secuestrado por encima de la verdad". Incluso Pedro Simón, en un artículo sobre un partido de fútbol en El Mundo, deja leer un suspiro: "Lo mejor de los descansos también era que había tiempo para pensar. El descanso como respiro, el intermedio como borrón y cuenta nueva. La sensación de que no estaba todo dicho. Lo imprevisible como posible. Ese momento bisagra en el que todos tenemos muy claro que le podemos dar la vuelta a lo que sea. La posibilidad de cambiarlo todo en el segundo tiempo. El descanso es bueno porque te permite girarte y ves a los otros, porque eres consciente de tu lugar en mitad de la masa, porque tomas aire y distancia. La certeza de tener aún 45 minutos por delante, que en el fútbol equivale a media vida".

También en el mundo de la educación, un factor a tener en cuenta estos días que se discute sobre el posible pacto educativo, tiene cabida este suspiro. "Ignoramos un problema central de nuestro sistema educativo -resalta José Ignacio Torreblanca en El País- que es enormemente aburrido. Porque se aburren los que aprueban, los que suspenden, y hasta los que encuentran la disciplina y la concentración para sacar sobresaliente". También en El País, parece que Manuel Cruz le responde: "la única manera de enseñar filosofía es filosofando, esto es, intentando establecer esa relación viva con la propia tradición a la que nos instaba Hannah Arendt. Porque enseñar a filosofar es, en sustancia, enseñar a asombrarse, y asombrarse es precisamente no dar por bueno lo que por parte de la mayoría es tenido por obvio y, por tanto, es dejado fuera de discusión (...) La descripción es casi literal: cuando un filósofo imparte una clase, ofrece una charla o simplemente dialoga con alguien puede sucederle que, de pronto, advierta que la mirada de su interlocutor se ha iluminado con un nuevo brillo. La experiencia tiene algo de mágica y la conocen bien quienes han hecho de perseguirla el motor de sus vidas: se produce en el instante en que prende en los ojos del otro el fuego del asombro, y a los que se lo entregaron les es dado constatar la intensidad con la que ha empezado a arder".

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Miseria y belleza

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¿Es nuestra mente una secreción del cerebro?

Nicolás Jouve

En el momento actual la neurociencia se ha convertido en una de las áreas más dinámicas y de mayor expectativa social de la investigación biomédica. Ello se debe a dos tipos de motivos. En primer lugar por el auge de las nuevas tecnologías que permiten analizar las causas de las enfermedades mentales y neurodegenerativas, y en segundo lugar por contribuir a un nuevo espacio de discusión sobre la relación entre el cerebro y la mente.

Refiriéndome a esto último, algunos científicos se afanan por demostrar la existencia de un determinismo biológico de nuestra conciencia, y como consecuencia de nuestra conducta, y por lo tanto de nuestra libertad, lo que de llegar a confirmarse conduciría a la negación de la existencia del alma. El intento por naturalizar la mente queda clara en la afirmación de que todo lo espiritual es un producto de lo neuronal, proclamada por Antonio Damasio, neurofisiólogo Premio Príncipe de Asturias 1985, en su obra «Y el cerebro creó al hombre» (Ed. Destino-Planeta, Barcelona 2010). De demostrarse tal afirmación, tendría razón la Dra. Brigitte Falkenburg, profesora de Filosofía de la Ciencia de la Universidad Tecnológica de Dortmund, que señalaba que «si hubiera tal determinismo el conocimiento sería como un órgano totalmente inútil y nosotros seríamos como zombis».

Sin embargo, reducir la mente a circuitos neuronales, impulsos eléctricos, canales de iones o reacciones químicas es difícil de abordar desde el punto de vista experimental. ¿Cómo probar que algo inmaterial y por tanto inmanejable, como la mente, surja de algo material, como lo es el cerebro?, ¿cómo demostrar el determinismo biológico de algo etéreo como nuestra conciencia? El primer problema está precisamente en la inaplicabilidad del método científico a la resolución de un problema que carece de materialidad. A este respecto me parecen acertados los análisis del problema de dos autores españoles. En primer lugar el Prof. Juan Arana Cañedo-Argüelles, catedrático de Filosofía de la Universidad de Sevilla, que en un reciente ensayo titulado “La Conciencia Inexplicada” (Biblioteca Nueva, Madrid, 2016), revisa los principales hechos y argumentos que abogan por una explicación naturalista de la conciencia, evidenciando cómo todos esos intentos han sido infructuosos. ¿Es posible explicar todos los aspectos y dimensiones de nuestra mente con el método experimental y sobre la base de la estructura del cerebro? No, no hay evidencia empírica ni demostración experimental que lo explique.

En segundo lugar y sobre el mismo asunto, el Prof. Francisco José Soler Gil, Doctor en filosofía de la física por la Universidad de Bremen, en su obra «Mitología materialista de la existencia» (Ediciones Encuentro, Madrid. 2013) incide sobre el empeño de algunos científicos por ignorar el método propio de la ciencia e instalarse en la especulación filosófica, como cuando se nos vende como ciencia lo que no es sino filosofía materialista y se insiste en que la base de todo es la materia y no lo mental, lo que lleva a afirmar que la mente es un derivado, un producto, un segregado de la materia. En coincidencia con los doctores Brigitte Falkenburg y Juan Arana, el Dr. Soler Gil afirma que si pudiéramos explicar la conciencia en términos materiales, la libertad de decisión no sería más que una ficción del cerebro. Una ficción útil, seguramente, pero no por ello menos ilusoria. La vida subjetiva, mental -por ejemplo, las decisiones conscientes o lo que consideramos decisiones libres-, no serían tales, sino el resultado de tal o cual parámetro cerebral. Esto nos llevaría a la negación de nuestra existencia como personas, seres libres y capaces de obrar moralmente, y nos obligaría a modificar toda la legislación al pasar de seres éticos y responsables de nuestros actos a meros autómatas obedientes al dictado de nuestras neuronas y de nuestros genes.

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Algo que pide atención

Elena Santa María

El pasado sábado, La Vanguardia publicó una columna de Remei Margarit titulada “El Suspiro”. Empieza así: "En este mundo tan racional y acelerado en el que vivimos aquí en Occidente, lo más difícil es encontrar un tiempo para uno mismo. Y con eso quiero decir un tiempo de calma, de tranquilidad, de quietud, sin ruido alguno, en una palabra: de silencio". Muchas veces este tiempo para uno mismo, que decía Margarit, de silencio (que no es tal) se deja en manos de otros, que nos ahorran el trabajo no siempre fácil de estar en silencio con uno mismo. Un ejemplo de ello es la politización de todo cuanto nos incumbe. Lo confirma Joaquín Luna en La Vanguardia, cuando dice que "la campaña en curso por la reforma horaria de la Generalitat pisa fuerte: si su vida es gris, infeliz o agobiante es porque no deja que nosotros –los funcionarios públicos– organicemos su agenda personal, laboral y privada". Y esto tiene consecuencias. Afirma José Andrés Rojo en El País, hablando de Cuba, que "cuando las sociedades se politizan al máximo, enseguida se impone la diabólica dialéctica entre los míos y los otros (...) para entrar en esa dinámica toca abandonar la distancia crítica y olvidar que tienes que dar tú mismo nombre (y palabras) a tus afectos y que la vida está llena de grises. Eso sí, por ahí es más fácil conquistar la pringosa camaradería de la tribu: nosotros contra ellos".

"Sin ese tiempo no podemos escuchar lo que nos pasa, cuerpo y alma adentro" –continúa Margarit– "Prima el hacer sobre la sencillez de ser o tan sólo de estar. Y es por eso que a veces, desde dentro de la persona se nos escapa un suspiro, un suspiro entrecortado, como el que hacen los niños después de llorar, cuando la pena todavía no les ha abandonado del todo. Y nos sorprende esa cosa que sale de no se sabe dónde y que no teníamos pensado expresar. Ni sabemos tan sólo el porqué, si las circunstancias que estamos viviendo no le convocan. Pero sale y sin permiso, tal cual, por la sencilla razón de que existe y quiere expresarse. ¿Y por qué personas adultas y conscientes de sus palabras y hechos no pueden contener un suspiro? Pues tal vez porque la pequeña criatura que todos llevamos dentro quiere llorar y quizás incluso ya llora aunque no seamos conscientes de ello. Y de repente, el suspiro sale de las entrañas, convertido en testimonio de ese llanto, como diciendo: ‘Este maltrato no lo quiero ya más, necesito mi tiempo’". Ese testimonio nos lo solemos guardar para nosotros. Dice Joana Bonet, también en La Vanguardia, que "es difícil creer que exista alguien que no practique el habla interna, que no se explique el paisaje que contempla desde la ventanilla del coche, que no se narre la extrañeza que le recorre la espalda en un hotel anodino de una ciudad fantasma, la tarde vacía".

"Y sería bueno escucharlo porque en este mundo tan sólo tenemos el tiempo, que no se puede despilfarrar en cosas fútiles y ambiciones desbocadas. Se necesita tiempo para escuchar el llanto que provoca el suspiro y eso quiere decir que también se necesita un espacio donde poder expresarse; es una parte importante de la persona porque surge de sus raíces más primarias", insiste Remei Margarit. A Jordi Llavina le enseñó a expresarse su profesora, lo cuenta en La Vanguardia: "aquella auténtica maestra a muchos de nosotros nos marcó más que ningún otro profesor, más que ninguna otra figura pública, célebre, de esos tempranos ochenta. Porque nos enseñó a describir, cargados de palabras y argumentos, las cosas de la existencia que gozan de un tacto blando y poroso como el de la piel de una mandarina. Pero, aún más, nos preparó para combatir todo lo que nos resulta áspero e ingrato como el restregamiento de una lima por la carne viva de una herida, recurriendo al goce de las palabras. A mí me regaló la herramienta más valiosa de toda mi experiencia como estudiante: una suerte de Allen de la sensibilidad. Un tesoro, en definitiva, que tiene que ver con el intangible de la literatura y con las cosas que cuentan de verdad".

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Algo que pide atención

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Las mismas preguntas

Elena Santa María

"Revueltas en este continente devastado que es el nuestro se mezclan ruinas y novedades. Dominan las poderosas máquinas que nacen ya bellamente muertas. Palacios deportivos en los que cabe una entera ciudad, colosales hoteles tachonados de piedras preciosas, ciegan el sol cristalino depósitos de mercancías, puentes de titanio cruzan mares, trenes supersónicos se deslizan sobre bolsas de aire. Y al pie de estas quimeras técnicas, los sillares mohosos de una catedral desmochada, una Venus sin piernas, un fresco medieval que se cae a pedazos". Es la descripción de nuestro mundo que hace Félix de Azúa en El País, en un artículo homenaje al poeta T.S.Eliot. "Precisamente a nosotros, supervivientes de una muerte que ocultan las pantallas tras su centelleo idiota, un poeta como él nos representa" dice Azúa.

En este contexto, Pedro Simón escribe en El Mundo: "Se ha escrito mucho del olvido como forma de enfermedad. Pero no tanto del olvido como una forma de defensa. Esa decisión que toma una persona sana y feliz y que consiste en no querer recordar algo, ese encono en borrar de cuando en cuando el disco duro como purga de balneario, la determinación de mirar al otro lado cuando no nos gusta lo que vemos en la acera o en la prensa". Y pone un ejemplo: "‘Yo ya he decidido no leerte’, me dijo un amigo el otro día. ‘¿Y eso?’. ‘Porque me recuerdas cosas que no quiero recordar’. Les hablo de la niña que estalla en mil pedazos en Alepo después de confundir una bomba con un juguete. De la anciana de Reus que no tiene para pagar la luz y muere en un incendio provocado por una vela. De los dos menores que se ahogan cada día en el Mediterráneo. De a los que les persiguen los recuerdos”.

Es la misma idea que expone Luis Ventoso en ABC comentando la siguiente observación de un amigo suyo: "los hombres podemos vivir solo porque en todo momento jugamos a ignorar la realidad más importante de nuestras vidas, que es el hecho cierto de que vamos a morir. Si nos parásemos a pensarlo en serio, ni nos levantaríamos". Ante esta afirmación Ventoso dice: "Es verdad. Todos somos como el caballero cruzado del Séptimo Sello de Bergman, que disputa una desesperada partida de ajedrez con la parca. Pero preferimos no ver el tablero (...) La muerte se oculta y hasta se sueña con derrotarla. Además la ingeniería genética podría llevarnos a una pesadilla a lo Huxley, donde los ricos serían más inteligentes, longevos y atractivos que los pobres. Se sueña incluso con regresar de la última frontera. Una niña londinense de 14 años, que agonizaba víctima de un cáncer crudelísimo, ganó un pleito para que su cuerpo fuese conservado en un tanque de nitrógeno líquido, a la espera de que en un futuro remoto la ciencia le devuelva vida y salud. ‘Me muero, pero volveré dentro de doscientos años’, musitó esperanzada en su agonía".

El periodista Juan Cruz preguntaba al actor José Luis Gómez García en El País Semanal: "¿Está preparado ya para hacer el personaje de José Luis Gómez?" "¿La persona? -contestaba el actor- Estoy en ello". "¿Y cómo es, cómo viste?", insistía el periodista. "Más o menos como yo, relativamente discreto, un punto coqueto, con miedo a desaparecer y demasiado bajito”. Previamente José Luis había dicho que "el trabajo del ser humano consigo mismo es lograr ser uno", y que "hay algo que está detrás de las apetencias. Esa es la pesquisa que hay que hacer. Y hay algo que está detrás de las circunstancias, de las apetencias, de la satisfacción, del éxito. Unos lo llaman el ser".

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'La verdad y la bondad llegan al corazón del niño a través de la belleza'

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Catherine L´Ecuyer, autora del libro “Educar en el asombro” (Plataforma Editorial). La autora aboga por educar en el asombro, que es un deseo innato del niño, frente al paradigma de la estimulación temprana.

En su libro “Educar en el asombro” plantea la educación del niño como un “proceso de desarrollo, de eclosión del potencial del niño”. Asimismo hace una crítica a la educación actual que mediante la sobreestimulación, ya a edades tempranas, perjudica seriamente su capacidad de asombro. ¿En qué ve usted esta sobreestimulación?

Los neurobiólogos confirman que necesitamos una cantidad “mínima” de estímulos en un entorno “normal”. Eso lo ofrece lo cotidiano. Cuando el niño tiene los sentidos saturados (exceso de deberes, extraescolares, ruidos, consumismo, ritmos frenéticos que no se armonizan con su orden interior, adelanto de las etapas, etc.) deja de desear, porque tiene las cosas antes de desearlas. El paradigma de la estimulación temprana viene de los neuromitos.

¿Qué son los neuromitos?

Malas interpretaciones de la literatura neurocientífica aplicadas a la educación. No es cierto que “tenemos una inteligencia ilimitada”, que “usamos solo el 10% de nuestro cerebro”, o que “hay ventanas críticas de aprendizajes durante los tres primeros años de vida que se pierden para siempre después de ese periodo”. Todas esas falsas creencias nos hicieron llegar a la conclusión de que “más y antes es mejor”. La estimulación temprana considera al niño como un cubo vacío al que vamos echando información sin contar con el niño. El punto de partida es que todo, tanto el movimiento como el aprendizaje, se estimula a través de un entorno enriquecido y no se desarrolla en un entorno normal. La educación en el asombro es un cambio radical respecto a esa visión mecánica y conductista del ser humano. Reconoce que tenemos un deseo para conocer. Tomás de Aquino llamaba al asombro “deseo para el conocimiento”.

¿Qué es lo que asombra a nuestros hijos?

¡La belleza! Los griegos la definían como “la expresión visible de la verdad y de la bondad”. No hablamos de belleza cosmética, la cual está sujeta a cambios, a gustos y obliga. La belleza metafísica a la que se referían los griegos no está sujeta a cambios o a gustos, es profunda. Y sobre todo, nunca obliga. Por ese motivo, la verdad y la bondad llegan al corazón del niño a través de la belleza que seduce al ojo del alma. Nunca se impone. Si nuestros hijos no experimentan asombro antes las realidades naturales y trascendentes, tendrán una existencia impersonal y no harán nunca suyas esas realidades.

¡Papá, ven a ver esto! Muchas veces estando con mis hijos me sorprendo con ellos mirando el cielo, o parándonos a ver unas hormigas… ¿Somos los adultos los primeros educados en la relación con nuestros hijos?

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Fragmentos (de la semana)

Elena Santa María

Seguimos dando vueltas a la victoria de Trump, con nuestra XII legislatura recién estrenada -ayer lo hizo oficialmente el rey-. Populismos, nacionalismos, el futuro de Europa, y aquí en España, pactos, especialmente en educación. Son muchos los temas sobre la mesa (y la prensa).

"Sucede que a las dificultades objetivas se unen los inconvenientes de una deliberación sometida a un ritmo apresurado, y a un marco interpretativo que favorece una opción desenfocada. A la hora de resolver la crisis, se nos insta a los ciudadanos a hacerlo de inmediato, buscando la gran decisión, el acto de voluntad suprema por el que otorgar nuestra confianza a unos salvadores u otros" -decía Víctor Pérez Díaz en El Mundo- "Para la ciudadanía de a pie, el resultado de combinar tanto estrés acumulado en tan poco tiempo con semejante disyuntiva es un alto riesgo de ofuscación mental, incluso para discernir lo que pudiera haber de razonable en los dos extremos. Porque la razón requiere alguna forma de conversación amistosa, lejos del ruido compulsivo de las descalificaciones mutuas; y una dosis de tiempo y calma".  

Por su parte Javier Redondo se expresaba así en el mismo periódico: "Desde hace medio siglo se emplean modelos matemáticos para tratar de predecir el comportamiento humano. La modelización se basa en la estratificación clásica de las sociedades y se elabora desde la influencia y relación entre los actores tradicionales del sistema -medios, élites, instituciones, partidos, líderes...-. Sin embargo, las respuestas son incompletas y parceladas. Algo pasa y nos lo estamos perdiendo, empeñados en segmentar, ordenar y aglutinar preferencias en sociedades atomizadas".

Educación. "Por mucho que se elaboren eruditos planes de estudios, por sofisticadas que sean las herramientas técnicas, por generosos que sean los presupuestos, un aula es siempre el espacio sagrado de relación entre el maestro y el alumno. Un hombre brillante y ocurrente se busca las vueltas. Encuentra el camino hacia el corazón y la mente del chico. ¿Acaso no es esa nuestra experiencia? ¿Acaso de un mar de rostros grises no emerge con fuerza el rostro de ese apasionado ser que nos inoculó el virus del latín, la matemática o la literatura dejándonos para siempre enfermos de avidez de saber?", comentaba Cristina López en La Razón.

Desde luego, para Antonio Lucas, Louis de Aragon es un maestro. Así habla de él en su artículo de El Mundo: "es uno de esos hombres que lanzan el idioma más lejos que la vida. Y ahí nos convoca. Y ahí conviene a veces instalarse por un rato, cuando nada queda de ese mundo de afuera que Aragon celebraba, pero aún tenemos por delante su verdad que viene, su embriaguez, su corazón a tiras, su compromiso y esa condición mineral de unos ojos que te miran desde la piel de sus poemas. Es decir, que alumbran, que acompañan, que por un rato también son tu país y tu querer desgraciado. Tu desengaño. Tu alegría. Tu desnudo. Estos poemas tienen esa condición susurrante de la libertad. De la emoción. De la certeza de no estar solo. De no desfallecer: ‘Ya que el vivir no supo cansarme de la vida’".

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