Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
19 NOVIEMBRE 2017
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¿Son seguros los alimentos procedentes de organismos transgénicos?

Nicolás Jouve

La modificación genética de un ser vivo constituye una parcela muy especial de la Biotecnología. El caso más general consiste en aislar del genoma de un organismo una región de su ADN correspondiente a un gen que confiere alguna ventaja a su portador e insertarlo en algún lugar del genoma de otro organismo de la misma o diferente especie. Estas operaciones de “ingeniería genética” se vienen practicando desde finales de los años setenta. Los primeros experimentos trataron de modificar el genoma de bacterias con fines aplicados. Más tarde se extendieron a las plantas cultivadas y animales domésticos con fines de mejoramiento de sus propiedades aplicadas.

El proceso de modificación genética comienza con la identificación del gen responsable de una característica de interés de un organismo “donante”, que se aísla mediante técnicas de ingeniería genética y se inserta en el genoma de una célula del organismo “receptor”, una bacteria, una planta de cultivo, o una célula animal cultivada en el laboratorio. Hay diversos procedimientos para introducir genes en el genoma receptor (pistola de genes o biolística, electroporación, canalización a través de un vector natural de ADN como plásmidos bacterianos, etc.). Sea cual sea el método de modificación utilizado, la célula receptora incorpora entre sus genes el gen extraño, usualmente de forma aleatoria, por lo que es necesario identificar las células que habiéndolo incorporado lo mantienen en condiciones adecuadas. En el caso de las plantas esto se facilita gracias a su capacidad de regeneración vegetativa, en cultivos in vitro sobre medios inductores para el desarrollo. Las plántulas se analizan después para determinar si está presente el gen extraño y se seleccionan si funciona adecuadamente.

A los organismos modificados de esta forma se les denomina “organismos modificados genéticamente” (OMG) o “transgénicos”, y las aplicaciones han sido hasta el momento muy provechosas al permitir obtener bacterias que sintetizan fármacos (hormonas, enzimas, insulina humana, vacunas, vitaminas, factores de coagulación, etc.), variedades de plantas cultivadas resistentes a insectos, virus, bacterias, condiciones ambientales adversas, mejor calidad o producción, etc. y razas de animales domésticos de mejor calidad, más productivos o más resistentes a enfermedades.

La gran diferencia de la metodología para obtener los OMG y el mejoramiento genético tradicional, basado en el cruzamiento y selección, es que ahora se pueden saltar las barreras del aislamiento reproductor. De este modo se puede trasladar información genética de una especie a otra por muy alejadas que estén en la escala evolutiva sin recurrir a la vía del intercambio sexual. Además de conducir a la modificación de los caracteres de interés para su explotación comercial, la transgénesis abre la posibilidad de modificar los organismos en caracteres imposibles de abordar mediante la mejora genética tradicional.

Un par de ventajas más, desde el punto de vista de lo que supone la obtención de los OMG, es que el organismo adquiere la nueva propiedad de forma constitutiva. Hace suya la incorporación del gen extraño y su función será independiente de los agentes externos. Por otra parte, la modificación genética es mínima, apenas un gen o una región restringida del genoma de efectos conocidos, mientras que en la mejora genética tradicional basada en el cruzamiento y selección se mezclan los genomas de las formas parentales, lo que exige una labor de criba muy laboriosa a posteriori.

¿Son seguros los alimentos procedentes de organismos transgénicos?

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>Entrevista a Fernando Vidal

'La economía y el estado del bienestar no son sostenibles sin la persona'

Francisco Medina

Fernando Vidal es sociólogo, presidente de la Fundación RAIS, con un destacado recorrido en temas de agenda social y autor de numerosos e interesantes trabajos acerca del panorama social del mundo de hoy. Dialogamos con él acerca de las implicaciones de la llamada cultura del descarte y del derrumbe de las evidencias en torno al sujeto, y de las consecuencias de una sociedad líquida y de una economía capitalista que tenga en cuenta al sujeto.

En la ‘Laudato Si’ se hablaba de los efectos de la degradación ambiental en el desarrollo aparte de los efectos de la cultura del descarte. En tu opinión, ¿cuál es el diagnóstico que se puede dar en Europa, sobre todo en España, en qué crees que se concreta esto que dice el Papa de la cultura del descarte?

La modernidad es cierto que se construyó contra las personas. En el siglo XIX la opción fue construir grandes máquinas donde las personas quedaban muy empequeñecidas y ciertamente la economía en las ciudades, la burocracia, los partidos, los sindicatos, puede que también incluso las religiones, superaron mucho la escala humana y la persona se vio como algo que tenía que estar “en función de”. Después de los desastres y fracasos de la modernidad, lo que vemos es que es imprescindible que sea la sociedad la que esté en función de la persona, la economía en función de la persona. Por ejemplo, a principios del siglo XX en Nueva York morían siete mil niños por accidentes de tráfico, atropellados, y luego hay que decir que los niños fueron expulsados de la ciudad, que fue construida contra las personas, contra las familias. Ahora estamos de nuevo en un proceso de reapropiación de las ciudades por parte de las familias, con las puertas humanas, la rehumanización de espacios y plazas, de lugares vacíos, y creo que debe suceder en el conjunto, también en las empresas. Las empresas que no se humanizan no son sostenibles. En esto creo que el problema de los modelos de desarrollo reside en una modernidad que dio énfasis al funcionalismo por encima del humanismo. Ciertamente esto se manifiesta en todos los ámbitos, ambiental, económico, pero también en el propio crecimiento del Estado.

¿Cuáles crees que han sido las causas por las que se ha producido este vaciamiento, este derrumbe de evidencias sobre la persona?

>Entrevista a Fernando Vidal

'La economía y el estado del bienestar no son sostenibles sin la persona'

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Universitas: 20 años construyendo la universidad

José Díaz

Del interés por construir la universidad y por que la cultura recupere su lugar en la sociedad nace la asociación Universitas, una comunidad de profesores y académicos caracterizada por su interdisciplinariedad: desde los orígenes de la Unión Europea, revividos a partir de las figuras de Robert Schuman y Jean Monnet, hasta la transición española como paradigma histórico de la fuerza de la reconciliación; desde la aventura humana de La Rosa Blanca, el grupo de estudiantes universitarios que se opuso al régimen nazi, hasta la vida y la obra de Tolkien, Solzhenitsyn, María Zambrano o Jérôme Lejeune, descubridor de la trisomía que causa el síndrome de Down; o desde la extraordinaria combinación de circunstancias que han hecho posible la aparición y evolución de la vida en nuestro planeta, hasta los orígenes medievales de la ciencia moderna.

La clave del éxito de Universitas y de su interés por tantos y tan variados aspectos de la naturaleza y la cultura se resume bien en las palabras pronunciadas en 2008 por la profesora Guadalupe Arbona, entonces presidenta de la asociación, con motivo del anterior acto de homenaje a los socios de honor: “El tiempo transcurrido nos ha permitido comprobar, con sorpresa y agradecimiento, el valor inestimable de nuestra vocación. El legado que hemos recibido de nuestros mayores exige de nosotros una conciencia crítica y sistemática. Aprendemos que el hombre tiene un instrumento seguro: la propia experiencia original” –la exigencia de verdad, belleza, bien y justicia– “a la que se puede volver una y otra vez para descubrir el valor de la realidad. Así el profesor universitario cumple, profesionalmente, ese trabajo al que está llamado todo hombre”.

El viernes 17 de noviembre tendrá lugar un acto de reconocimiento y homenaje a sus nuevos socios de honor. En esta ocasión los homenajeados son cuatro grandes maestros de las ciencias jurídicas, naturales y sociales: Marta Cartabia, catedrática de Derecho Constitucional, magistrada y vicepresidenta del Tribunal Constitucional italiano; León Atilano González Sotos, catedrático de Ciencias de la Computación e Inteligencia artificial de la Universidad de Alcalá; Juan José Gómez Cadenas, profesor
de investigación del CSIC y director del grupo de Física de Neutrinos del Instituto de Física Corpuscular (centro mixto del CSIC y de la Universidad de Valencia); y Víctor Pérez Díaz, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y Premio Nacional de Sociología y Ciencia Política en 2014.

La novedad del acto no estará en glosar su currículum, sino en acoger su testimonio sobre lo que ha hecho crecer su humanidad desde dentro de su experiencia académica, lo que les mantiene apasionados por su trabajo, y lo que les ha permitido convertirse en maestros para otros. Ojalá que escucharles permita a los asistentes al acto percibir algo de la eterna juventud de la vida universitaria, esa que se vislumbra cuando el científico experimenta la fascinación del descubrimiento, el crítico vibra ante la belleza de la obra artística o literaria, o el jurista reconoce la contribución del derecho a la “vida buena” y el bien común. Pues, en palabras de Pavese, “la única alegría del mundo es comenzar. Es bello vivir porque vivir es comenzar, siempre, a cada instante”.

Día: viernes, 17 de noviembre.

Hora: 19:15.

Lugar: Fundación Ramón Areces (c/Vitruvio, 5).

Universitas: 20 años construyendo la universidad

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La respuesta invisible al nuevo yihadismo español

Fernando de Haro

“Non tinc por”. Ese fue el grito que salió de forma espontánea de cientos de gargantas que se habían congregado en la Plaza de Catalunya de Barcelona, horas después de los atentados que golpearon la ciudad y el pueblo costero de Cambrils. Antes de que se escuchara esa respuesta popular, muchos barceloneses habían dado muestras de una solidaridad llamativa para atender a las víctimas del atropello. Fueron muchos los voluntarios anónimos que, desafiando el desconcierto y el miedo sembrado por los terroristas, acudieron a atender a los heridos, dieron cobijo en hoteles y en domicilios particulares a los que habían quedado sin abrigo en una ciudad amenazada. Decenas de traductores se ofrecieron para echar una mano. Fue una primera respuesta que no se puede dar por descontada. Una respuesta que, frente a la voluntad de los terroristas de causar un mal irreparable, con la donación de tiempo y la disposición a asumir riesgos, limitaba de algún modo la primera espiral sucia del nihilismo. “Me he quedado sorprendido por los gestos de caridad y solidaridad con que los barceloneses han respondido al ataque, hubo una gran humanidad en ellos”, aseguraba el cardenal de Barcelona, Juan José Omella.

Trece meses después del atropello de Niza con el que comenzó el “yihadismo low cost” en Europa, España ha sido golpeada como lo fueron antes Francia, Reino Unido, Alemania y Suecia. Aunque parece que hay algunas diferencias respecto a los casos precedentes. No estamos ante un yihadismo de lobos solitarios que actúan de forma espontánea. Según las primeras investigaciones, el atropello masivo y el apuñalamiento se producen después de que los terroristas fracasaran en sus planes de producir un daño mayor con explosivos y bombonas de butano. Solo la deflagración accidental de una casa en el pueblo de Alcanar (Tarragona), donde un grupo de jóvenes de origen marroquí preparaban el ataque, provocó que se decidieran a realizar un atropello masivo. ¿Estamos ante una célula organizada como las que preparaba Al Qaeda, vinculada de forma jerárquica a la cúpula del Daesh? ¿Es este un atentado similar al que sufrió España el 11-M de 2004?

Todavía es demasiado pronto para responder las muchas preguntas del ataque. Según las últimas investigaciones, el atentado de 2004 tuvo como responsable a Amer Azizi, un hombre directamente vinculado a la cúpula de Al Qaeda. Hay, sin duda, similitudes con lo que ha ocurrido hace unos días. Azizi actuó como agente de radicalización de un grupo de personas de origen magrebí, como en este caso ha sucedido con el imán Abdelbaki es Satti. Pero este último no parece que tenga vínculos con la cúpula del Daesh ni que contara con una infraestructura financiera.

La respuesta invisible al nuevo yihadismo español

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¿Pacto Educativo o pactito con minúsculas?

Antonio Amate

Recientemente, ha sido publicado el documento denominado “Decálogo. Documento de Bases para una Nueva Ley de Educación", firmado por un colectivo de organizaciones sociales y políticas de la izquierda. Coincide en el tiempo con el registro de tres proposiciones de Ley en el Congreso por parte del PSOE el pasado mes de septiembre. Las siglas más conocidas que secundan esta nueva estrategia de cara a la futura ley educativa son PSOE, Podemos, Izquierda Unida, Esquerra Republicana, CCOO, STES, CGT, CEAPA, Sindicato de Estudiantes…

La temática de este documento y de esas proposiciones de Ley es poco innovadora: defensa a ultranza de la escuela pública, única y laica. Sus autores, en clave propagandística, describen un amplio y generoso repertorio de cualidades tan sólo al alcance de la enseñanza pública, la que es de todos y para todos. Para ello recurren a los viejos tópicos conocidos aderezados con elementos de la neolengua pedagógica de moda y concluyendo en lo de siempre: con dinero público, sólo escuela pública, y cuanto más mejor.

No faltan tampoco en el documento las inevitables críticas a la derecha neocon, que sigue empeñada en privatizar la enseñanza desviando recursos financieros hacia los colegios concertados, todavía mayoritariamente católicos, recursos que son indispensables para alcanzar de una vez por todas el ideal educativo de las fuerzas progresistas y que, según ellos, es el mejor de los posibles: “El derecho a la educación es un derecho universal que los poderes públicos están obligados a hacer efectivo para todos los ciudadanos y ciudadanas en términos de igualdad y, por tanto, de gratuidad. El instrumento para satisfacer tal derecho fundamental es la Escuela Pública, entendida como la institución que integra el conjunto del sistema educativo y de todos sus niveles, cuya regulación y garantía corresponde a las administraciones públicas”.

Resuelta la cuestión principal, que es la asignación de recursos públicos en exclusiva para la escuela pública (la concertada debe desaparecer, dicen ellos), la enseñanza privada queda relegada a la decisión del bolsillo de cada uno. Si alguien no está de acuerdo con las excelencias del modelo público, esa nueva Ítaca en la que el viaje educativo de las familias debiera recalar, pues ningún problema, que se den el capricho a cargo del presupuesto familiar; porque la libertad de enseñanza existe en España, está en el artículo 27 de la Constitución, pero sólo para quien quiera y pueda pagársela. Y, por supuesto, para que no falte la nota folclórica en este decálogo, se invoca a la trasnochada presencia de la Religión en la escuela, que la visión progresista considera un anacronismo a superar por el papel científico, técnico y crítico de un currículo moderno, y donde las creencias de cada uno deben relegarse a la esfera privada.

Ante este panorama, donde lo identitario del programa político se resalta en cada nueva oportunidad destinada a buscar espacios de encuentro y de acuerdo, las expectativas de detener el péndulo legislativo en un Pacto Educativo se han reducido, de momento, a un posible consenso sobre temas puntuales, o como mucho a un pactito. Y mientras tanto, ¿qué hace el Gobierno, que es quien ha apostado más fuerte en su discurso por alcanzar el Pacto con mayúsculas en la Subcomisión creada a tal efecto en el Congreso?

¿Pacto Educativo o pactito con minúsculas?

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Urgen políticas para el encuentro

Ferrán Riera, director de la Escola Llissach

Hace unos días este periódico publicaba una entrevista con Ferrán Riera, director de la Escola Llissach (Santpedor), a la que contestó el pensador Mikel Azurmendi. El diálogo continúa.

Querido Mikel:

Desde que leí tu carta (porque fue eso antes que un artículo) llevo en el corazón el deseo de responderte. No para justificar ni matizar lo que dije en la entrevista publicada en PáginasDigital el pasado 4 de octubre con el título “Despertaremos, quizás, con una Catalunya independiente y habrá mucho sufrimiento” y a la que aludías días después en tu artículo publicado en el mismo medio con el título “A propósito de una entrevista sobre la situación en Catalunya”. Más bien lo que me mueve es el deseo de que sigas ayudando a entender más lo que quiero decir al obligarme, por un lado, a usar palabras más adecuadas que expresen mejor lo que pienso y, por otro, a pensar y descubrir las incoherencias o lagunas en el propio razonamiento. Así que tan solo tengo palabras de agradecimiento a la seriedad con la que acoges nuestra amistad y la haces valer para escribirme a los pocos días de salir publicada mi entrevista.

Corrígeme si me equivoco, pero de tu mensaje entiendo que no es que la ideología te parezca mal sino que simplemente te parece algo inevitable de la condición humana y que por tanto el debate no está en ideología sí o ideología no sino en si la ideología es buena o es mala.

Antes de entrar en materia me parece que es bueno diferenciar “ideología” de “ideas”. Últimamente cualquier idea que lleva consigo una propuesta parece que va asociada a una “ideología”. Creo que sería útil a la discusión ponernos de acuerdo en considerar ideología al constructo de ideas, corolarios y dogmas que se crea alrededor de un “tema” o varios “temas” principales, con el cual se intenta dar respuesta a todos los ámbitos de la realidad social. Por eso podemos hablar de ideología fascista, comunista, nacionalista… etc. Desde esta perspectiva la “ideología” es una especie de andamiaje que te aleja de la realidad pero no se trata de algo inevitable y connatural a la condición humana. Opera por la imposición, por parte de unos pocos, de un sistema de pensamiento que, por otro lado, suele tener “asideros” en verdades o medias verdades que facilitan la asunción de dicho sistema por parte de la muchedumbre que sufre dicha imposición.

Urgen políticas para el encuentro

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La vacunación en España ¿recomendable u obligatoria?

Nicolás Jouve

Antes de hablar sobre la conveniencia de la vacunación es necesario conocer los datos sobre este importante apartado de la salud pública e individual. Las vacunas preparan el cuerpo humano para que en un futuro esté equipado con los recursos necesarios para evitar una infección. Las vacunas consisten en preparados de moléculas similares a “antígenos”. Es decir, moléculas que se comportan como las que suelen llevar en su superficie los virus, bacterias u otros patógenos, que se proporcionan esporádica o regularmente por vía oral, inhalación o inyección. Cuando se administran en las dosis adecuadas no van a provocar la enfermedad que generarían estos agentes, sino que van a estimular al sistema inmunológico de la persona a la que se le suministran, de modo que se activa su sistema inmunológico, los linfocitos y demás células de defensa y se sintetizan “anticuerpos”, específicos contra esos antígenos, que quedan en el organismo durante meses o años para destruir al patógeno que intente invadirlo.

En relación con la vacunación, hay una cuestión de ética colectiva y también de responsabilidad personal. Cuando una enfermedad contagiosa ataca a una población humana no protegida por vacunación, cada persona queda expuesta a adquirir la enfermedad con el único recurso de su propio sistema inmunológico. Normalmente serán los niños pequeños y los ancianos los más vulnerables, bien por no haber desarrollado los anticuerpos contra el virus, la bacteria o el agente causante, o por contar con un sistema inmunológico deprimido. Hay un principio de “inmunidad colectiva” que nos dice que en las circunstancias indicadas cuantas más personas se vacunen, más personas de la población se beneficiarán indirectamente, incluidas las que por alguna razón no se pudieran vacunar. Lo que se está haciendo es dificultar la propagación del agente infeccioso al haber más personas inmunizadas que hacen de barrera. El resultado es que a mayor proporción de personas vacunadas de la población menor será la proporción de personas afectadas. Los expertos señalan que lo ideal sería alcanzar no menos del 80% de la población vacunada para alcanzar el umbral de inmunidad colectiva y frenar así la propagación de un nuevo brote infectivo como un virus u otro agente infeccioso.

De modo que el hecho de vacunarse no es un capricho ni un antojo del que uno puede prescindir. Es una conquista de la ciencia desde que el médico rural inglés Edward Jenner (1749-1823), el “padre de la inmunología” descubrió la vacuna contra la viruela, partiendo de la observación de la inmunidad a esta enfermedad de las personas que trabajaban en granjas en contacto con el ganado vacuno. Obviamente, el virus de la viruela que ataca a las vacas no es infeccioso para el hombre, pero por su parentesco posee antígenos que inducen las defensas contra los anticuerpos del virus de la viruela humana. Tras este gran descubrimiento se produjo una oleada de investigaciones y poco a poco fueron siendo posibles más vacunas para un amplio abanico de infecciones.

La vacunación en España ¿recomendable u obligatoria?

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España valora cómo controlar a sus imanes

María de los Ángeles Corpas Aguirre

Las instituciones musulmanas estiman que en España hay actualmente 1.200 imanes. Después de semanas dedicadas a hablar de ello, tras los trágicos atentados de Barcelona, el mensaje final que se ha transmitido a la sociedad es que nadie les controla realmente. Nadie –ni dentro ni fuera de la comunidad islámica– parece tener la responsabilidad de su selección ni de su acción en los centros de culto, un hecho doblemente preocupando si tenemos en cuenta que España cuenta con una legislación avanzada y modificada para incrementar la seguridad tras la experiencia de los atentados de Madrid en 2004.

Según la ley 26/1992, los imanes tienen un carácter estable y ciertas funciones específicas. Deben contar con un certificado emitido por el Ministerio de Justicia y otro por parte de la comunidad de la que forman parte, siempre con el “nulla osta” de la Comisión islámica en España (art. 3.1). Económicamente, los imanes se asemejan a trabajadores por cuenta ajena y están incluido en el régimen general de la Seguridad Social. En 2004, el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero avanzó una propuesta de reforma de la ley de libertad religiosa y la creación de un registro de imanes. Sin embargo, los responsables de la comunidad islámica manifestaron su desacuerdo afirmando que se trataba de un atentado a sus derechos. Al calcular los efectos electorales que esta medida podía causar, los responsables políticos decidieron posponerla.

Después de los atentados de agosto en Barcelona y Cambrils, Riay Tatary, presidente de la Comisión islámica en España, declaró que “no existe control alguno” a los imanes y que se lleva trabajando en el registro desde 2016. Luego añadió que no está de acuerdo con el control a los sermones de los imanes, definiendo la propuesta como “propia de gobiernos dictatoriales”.

Pero la figura jurídica del imán está bien definida. Su elección es responsabilidad de la comunidad y está supervisada por la Comisión islámica. A pesar de ello, sus representantes admiten que esta realidad escapa a su control. Así lo afirmó explícitamente Lahsen Himmer, presidente de la comunidad islámica de Andalucía y miembro de la Comisión permanente islámica en España: “No existe un control real sobre los imanes”.

La verdadera pregunta es entonces qué se entiende por control sobre los imanes. La experiencia nos dice que para las autoridades del estado, “controlar” significa impedir que estas figuras formen parte de redes terroristas y sirvan como vehículos de radicalización, sin someter ningún tipo de presión sobre el islam “oficial”. Pero los hechos de Barcelona nos han mostrado cómo están las cosas realmente. Muchos imanes no están ligados a las comunidades a las que guían, viven al margen de ellas, supervisan los pagos en los lugares de culto, dan su sermón del viernes, la gran mayoría no conoce el español, en otros casos se inscriben en asociaciones culturales (no religiosas), huyendo así del control del Registro de entidades religiosas del Ministerio de Justicia.

España valora cómo controlar a sus imanes

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De Kurz a Kim Jong-un, en busca de un poder que colme el vacío

Federico Pichetto

El fulgurante éxito electoral que llevará a Sebastian Kurz a convertirse probablemente en el nuevo canciller abre las puertas a una reflexión en profundidad sobre la generación de los llamados millennials, los nacidos en las dos últimas décadas del siglo pasado, a la que yo también pertenezco, y que por primera vez llega al poder en Europa.

Normalmente la sociedad les llama “jóvenes” e incluye también entre ellos a los que han venido al mundo en los primerísimos años dos mil. A ellos se les dedica multitud de análisis, encuestas, opiniones y comentarios. Lo cierto es que son millennials los terroristas seducidos por el Isis que cometen matanzas en las ciudades de Occidente desde 2015, son millennials tanto los que se oponen con firmeza al brexit de Reino Unido como los que apoyan opciones de derecha moderada y radical que han llevado al poder a hombres como Trump, Macron y su coetáneo Kurz. También son millennials el príncipe William y su esposa Kate, Mark Zuckerberg, Fedez y las principales webstars de nuestro tiempo. Puede parecer curioso, pero conviene no olvidar que el coreano Kim Jong-un también es millennial, igual que los protagonistas de los sucesos más perversos y atroces de los últimos años.

Quiero acentuar esta “pertenencia generacional” porque a los que han crecido a la sombra del milenio siempre les han tratado como un problema. Era un problema su registro, su no haber visto nunca ni la guerra fría ni la caliente, su fragilidad afectiva, su existencia más allá de esquemas y fronteras tradicionales. Llevan euros en el bolsillo pero fueron testigos de los últimos retazos de sus monedas nacionales, escriben artículos de prensa con el smartphone pero alguna vez han llegado a utilizar una cabina telefónica, se desenvuelven perfectamente en la industria globalizada 4.0 pero todavía recuerdan los relatos de sus abuelos sobre la tradición de su tierra y de sus aldeas.

Wurz encarna perfectamente la esencia de estos nuevos protagonistas: solos, seductores y oportunistas. Para todos estos “chicos” el poder no es ni una vocación ni una necesidad dictada por un noble espíritu de servicio, sino una cura para el vacío que sienten en su interior. Esta afirmación puede entenderse mejor si tratamos de comprender la etimología de la palabra “poder”, que nace de la raíz indoeuropea pat- que significa “supervisar, estar pendiente”. Unida al verbo “ser” da vida al verbo latino “possum”, que se podría traducir por la locución “supervisar, estar pendiente del ser”.

Eso es el poder para los millennials: un modo de estar pendiente del propio ser, ese misterio desconocido del que sienten que proceden y al que se debe su inseguridad, su sentido de inadecuación. No logran mantenerse en el vacío, rendir cuentas con el vacío que le han transmitido sus padres, y les aterroriza que quede deshabitado, privado de amor. Por eso aferran el presente y se imponen impacientemente, para expulsar el fantasma de la nada y de la soledad.

De Kurz a Kim Jong-un, en busca de un poder que colme el vacío

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Spending review. ¿Es posible la responsabilidad fiscal?

Francisco Medina

El pasado 2 de junio el Consejo de Ministros acordó llevar a cabo una revisión integral del gasto público relativo al conjunto de las Administraciones, en el marco del proceso de consolidación fiscal que, a juicio del Gobierno, España está atravesando y que ha contribuido decisivamente a la recuperación económica y a la creación del empleo, preservando, el gasto social (es decir, el realizado en pensiones, educación, sanidad, protección por desempleo…).

El propósito de esta medida, según parece, sería hacer viable la conjunción sostenibilidad del gasto social-consolidación fiscal, a raíz de las recomendaciones formuladas por la Comisión Europea en su último informe sobre España, asumidas en el compromiso que España había adquirido a través del Plan Presupuestario remitido a la Comisión el 9 de diciembre del año pasado, así como en el Programa de Estabilidad 2017-2020, del pasado mes de abril.

Ha sido una de las decisiones que menos eco han tenido a nivel de opinión pública y, sin embargo, con importantes consecuencias, porque uno de los primeros ámbitos que resultan afectados son el sistema de ayudas públicas que se ha ido configurando en los últimos 30 años, y que se plasmó en la regulación adoptada con la Ley 38/2003, de 17 de noviembre, General de Subvenciones –aprobada en la última legislatura del Gobierno Aznar– y el Real Decreto 887/2006, de 27 de julio, de desarrollo de la Ley. Tal marco jurídico ha sustentado el conjunto de las ayudas otorgadas en los sectores diversos de la I+D, las ayudas a las PYMES, la energía, la minería del carbón, las ayudas al transporte o los proyectos de desarrollo en cooperación internacional. Estamos hablando de 25.000 millones de euros anuales que se dan en concepto de ayudas públicas (no sólo subvenciones, también en forma de préstamos y anticipos reembolsables); nada más y nada menos que un 2,5% del Producto Interior Bruto de nuestro país.

A primera vista, llama la atención que, existiendo órganos de fiscalización y control como la Intervención General de la Administración del Estado y sus Intervenciones Delegadas, así como la de la Seguridad Social, o el Tribunal de Cuentas, se haya confiado esta medida de spending review (revisión del gasto) a un organismo de nueva creación: la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIREF), dependiente del Ministerio de Hacienda y Función Pública, al que se le ha encomendado el cometido de elaborar un plan de acción, cuyas conclusiones ha de presentar antes de 2018. Cabe preguntarse: ¿es que el sistema actual de órganos de fiscalización ya no resulta eficaz? ¿No estamos de nuevo ante otro brote de inflación de órganos que ha venido paralizando el funcionamiento de la Administración durante décadas?

Spending review. ¿Es posible la responsabilidad fiscal?

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>El cambio climático y un modelo energético sostenible

Recuperar el papel de la sociedad civil

Francisco Medina

Hace unos días, se abrió el proceso de consulta pública previo a la elaboración del anteproyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA) y el Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital (MINETAD), fruto de la puesta en marcha de la iniciativa conjunta de ambos ministerios, materializada en la creación de un grupo de trabajo interministerial para la coordinación en la elaboración de tal anteproyecto, y en la que se incluyó la realización de unas jornadas de debate que contaron con la participación de más de 400 expertos en la materia.

Tal iniciativa es el fruto del compromiso asumido por España en los Acuerdos de París –que el gobierno Trump no ha aceptado– de avanzar hacia una economía baja en carbono, reduciendo las emisiones de CO2 y conjugar los objetivos de la seguridad de abastecimiento energético, la sostenibilidad ambiental (un modelo energético respetuoso con el medio ambiente) y el aumento de la competitividad y la creación de empleo.

Es verdad que la cuestión del cambio climático y de la sostenibilidad ambiental ha sido, en muchas ocasiones, el cacareado tema sacado por algunos lobbies ecologistas como arma arrojadiza a utilizar contra el derecho a la libre iniciativa empresarial y el desarrollo económico, o defender medidas neomalthusianas de control de la población. Pero forzoso es reconocer que, seguramente, estemos asistiendo a un cambio climático, aunque la gravedad de los efectos aún sigue siendo controvertida.

Según las previsiones, para 2035, las emisiones de CO2 aumentarán en un 25%, aunque la tasa de crecimiento será menor (posiblemente, por el uso de técnicas no convencionales de extracción de gas natural que se están desarrollando en EE.UU. o las previsiones de desaceleración del crecimiento de las emisiones en China para 2025), que aún está por ver. Habrá que tener en cuenta también el empuje de las energías renovables y la reducción del carbón y del petróleo en la cuota de energía.

En este sentido, la Unión Europea está empezando a adoptar decisiones y compromisos: ya desde la Comunicación de la Comisión, de 8 de marzo de 2011, se pretende avanzar hacia un modelo de economía baja en carbono para 2050, así como una serie de objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (greenhouse effect) y de eficiencia energética. Posteriormente, los Acuerdos de París y el paquete de medidas Energía Limpia para Todos.

Ciertamente, ha sido un tema que ha provocado rechazo, por las acusaciones de “dirigismo y de intento de manipulación de la población” que muchos sectores neocon han dirigido contra los diversos acuerdos adoptados a nivel supranacional. Pero es un hecho evidente el deterioro medioambiental grave que existe en muchas zonas del planeta –muchas zonas de China son un ejemplo–, o los perniciosos efectos de un desarrollo económico a cualquier precio con incidencia medioambiental y aumento de la pobreza. Tales efectos, que fueron denunciados en su día por el Papa Benedicto XVI, en su encíclica Caritas in Veritate, han sido puestos sobre la mesa por el Papa Francisco, en su encíclica Laudato Si’ de forma incisiva.

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Recuperar el papel de la sociedad civil

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Encrucijada

Gabriel Richi Alberti

“No conseguirán cambiar nuestra forma de vivir”. Esta es una de las expresiones que más se han repetido tras los terribles atentados de Barcelona y de Cambrils. La hemos escuchado en boca de políticos, de periodistas, de muchas de personas de buena voluntad que han manifestado públicamente su repulsa ante semejantes crímenes irracionales. “No conseguirán cambiar nuestra forma de vivir”. ¿Estamos seguros? De hecho, lo queramos o no, algunas cosas cambian: se acentúan las medidas de seguridad –cada vez más necesarias–, surgen brotes no solo de intolerancia, sino también de odio al islam y a los musulmanes que viven entre nosotros, brotes que pueden conducir a la violencia; y, sobre todo, se difunde una desconfianza generalizada respecto a lo diferente.

Ante esta expresión, sin embargo, se hace presente una batería de preguntas todavía más radicales: ¿cómo es que ahora hablamos de “nuestra forma de vivir”? ¿Qué significa ese “nuestra”? ¿Es posible identificar un núcleo de bienes y de valores comunes a todos por los que estamos dispuestos a trabajar juntos? ¿Qué hacemos entonces con el primado del individualismo que gobierna nuestra vida social? De repente, ante la hostilidad asesina del yihadismo, resurge de las cenizas la reivindicación de una “forma de vivir” –la occidental– que ha caracterizado Europa durante la llamada modernidad y que, casi solemnemente, se había dado ya por fenecida. Las muertes de los atentados parecen tener la virtud de resucitar el ideal ilustrado de una sociedad libre y racional, como si fuese un ideal socialmente compartido y anhelado por todos. Pero ¿es así? La fragmentación a todos los niveles que impera en la vida personal y social parece negarlo. Al menos el individualismo galopante de nuestra sociedad, que nos hace cada vez más incapaces de comunicar entre nosotros, no nos permite referirnos de forma pacífica e ingenua a una supuesta “forma de vivir” común. Basta pensar en las lógicas de exclusión que rigen la economía y la política y, por tanto, las relaciones sociales. La fragmentación impera hasta tal punto que se hace difícil poder decir con verdad que existe “nuestra forma de vivir”. En efecto, «el individualismo posmoderno y globalizado favorece un estilo de vida que debilita el desarrollo y la estabilidad de los vínculos entre las personas» (Francisco, Evangelii gaudium 67). Ciertamente la situación es más compleja. No faltan entre nosotros, en efecto, expresiones de solidaridad y trabajo común –las hemos visto en acto durante los años más duros de la crisis– que señalan una cierta persistencia de la idea de bien común. Y, sin embargo, dichas expresiones –verdaderas y generadoras de vida buena en la sociedad– no parecen tener la fuerza de modificar la mentalidad individualista dominante.

¿Entonces?

Ante estos atentados –respecto a los que es necesario reaccionar con todas las medidas oportunas que asegura el estado de derecho y a todos los niveles, también y fundamentalmente a nivel educativo– cada uno de nosotros se encuentra ante una alternativa radical. Puede ser más o menos consciente de ella, pero el modo en el que “recomience” su existencia cotidiana tras la noticia de los atentados mostrará cuál es su elección.

Encrucijada

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Libertad de educación, apertura a la razón

Giorgio Vittadini

En el estupendo libro de Marco Bersanelli, titulado "El gran espectáculo del cielo", se narra la historia de las relaciones entre Albert Einstein, descubridor de la teoría de la relatividad general, y George Lemaître, sacerdote y estudioso muy importante, aunque menos conocido fuera del ámbito de los especialistas. Lemaître avanzó tres hipótesis sobre la estructura del cosmos: su origen con el big bang, su expansión y la llamada constante cosmológica, hoy aceptadas como verdaderas por toda la comunidad científica. El hecho es que Einstein no solo rechazó al inicio las tres hipótesis sino que trató a Lemaître con suficiencia. Pero con el paso de los años se convenció de la primera tesis, y se hizo amigo de Lemaître, aunque nunca llegó a aceptar las otras dos.

Ni siquiera Einstein, hombre con amplitud de miras y de gran humanidad, fue inmune al riesgo de caer en prejuicios cerrados. No son raras estas situaciones en el mundo científico. Pasteur también fue ferozmente contestado por los científicos de su tiempo, que tenían miedo a perder sus privilegios si las teorías que defendían se veían confutadas. Delante de propuestas nuevas, un científico no puede preocuparse de defender su "patria", sino que debe ser en cierto modo "apátrida": abrirse a la novedad y verificar a quién dan la razón los hechos. Eso no significa renunciar a la propia tradición, sino someterla a crítica sin ahorrarse nada para ver si vale en el presente. Este enfoque realista, en el ámbito educativo, lo sugieren muchos libros de Luigi Giussani contra dos extremismos ideológicos opuestos: el empirista-relativista, que no tiene valores ni principios; y el idealista, que defiende a priori la propia convicción contra la evidencia.

Dice Giussani en "Educar es un riesgo": «Nosotros insistimos en una educación crítica: el muchacho recibe el pasado a través de una vivencia presente en la que está implicado, que le propone ese pasado y le proporciona sus razones; pero él debe tomar ese pasado y esas razones, ponérselas delante, compararlas con su corazón y decir: "es verdad", "no es verdad" o "dudo"».

Un enfoque así no pone en discusión el propio credo ni los propios ideales. No se trata de poner en discusión dogmas ni pertenencias, ni verdades morales, sino ver cómo respecto al mundo de lo cognoscible, siempre en movimiento, nunca igual a sí mismo, se puede tener en cuenta todo. No se puede juzgar una afirmación extrapolándola del contexto al que se refiere si no queremos ser incorrectos o incluso facciosos.

Libertad de educación, apertura a la razón

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Colegio: lugar para el encuentro

Ferrán Riera

Empezamos el curso escolar a medio camino entre los atentados de Barcelona y Cambrils y el desafío soberanista catalán cuyo punto álgido se prevé para el próximo 1 de octubre. ¿Qué tienen que ver ambos hechos –tristemente entrelazados por la mezquindad y la irresponsabilidad política de algunos cargos electos de nuestro país– con lo que va a suceder en las aulas de nuestras escuelas estos días? ¿Qué significa hoy para un colegio y para sus profesores tener en cuenta las circunstancias históricas que nos toca vivir a la hora de educar a nuestros chavales y jóvenes de un modo que esté a la altura de responder a la estatura de su corazón? Grande es el desafío y no menos grande debe ser nuestra respuesta si no queremos traicionar el destino y el cumplimiento de la vida a la que están llamados y al que, a su vez, te reclaman con su mirada cada vez que vuelven a entrar en el aula en la que los esperas.

En estos días nos han acompañado análisis y diagnósticos sobre lo sucedido el 17 de agosto. En muchos medios se ha apuntado a la educación como factor clave para evitar la ideologización de los musulmanes de 2ª o 3ª generación. En otros tantos se repartía esta responsabilidad con medidas políticas de incidencia social y económica. Muchos han insistido en desviar la causa de un hecho o militancia religiosa a la consecuencia del nihilismo y la falta de sentido de nuestro mundo occidental. Pocos han hablado de algo que en la tradición de la Iglesia se denomina como “misteryum iniquitatis” (misterio del mal).

En su gran obra literaria, Tolkien describe de forma paradigmática la dinámica a través de la cual el mal se extiende por la Tierra Media. No hay una causa contingente única sino que el propio mal (identificado con Sauron, el ojo de Mordor que todo lo ve y que no tiene cuerpo) aprovecha todos los factores a su alcance para extender su tenebrosa sombra y estos factores van asociados siempre al olvido que los hombres experimentan de los motivos de su existencia, de las razones que tenían para vivir y para morir. De hecho, tan sólo podrán hacer frente a la destrucción y al terror aquellos cuya compañía es el lugar de la memoria de aquellas razones que los hombres, reyes poderosos algunos, habían olvidado.

Nuestra sociedad líquida, la de la posverdad, no puede responder a la falta de significado del hombre de hoy. El consumo y la autorreferencialidad que se expresa en “la república independiente de tu casa” (según reza una famosa campaña publicitaria), en los selfies, el culto desmesurado al propio cuerpo, las interminables fiestas de cumpleaños y los proyectos educativos que transforman al niño de protagonista a rey de una monarquía absoluta, o aquellos que tan solo pretenden desarrollar la eficiencia del chico en un mundo que te mide por lo que eres capaz de hacer, son intentos de respuesta (a veces conmovedores) que se acaban convirtiendo en el envoltorio lujoso del vacío existencial que deja esa ausencia de significado.

Colegio: lugar para el encuentro

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No solo contra los muros, con un método para superarlos

Fernando de Haro

“Cien por cien pizza, cien por cien kebab”, es una de las frases que pronuncia unos de los protagonistas de la exposición Nuevas Generaciones. Es una de las exposiciones estrella en la edición del Meeting de Rimini de este año y refleja bien su espíritu. La muestra recoge, con varios vídeos, los testimonios de inmigrantes de segunda generación que se han integrado. La diversidad es una riqueza, dice alguno de ellos. La identidad no tiene por qué ser exclusiva o excluyente.

Con el mismo propósito, a lo largo de toda la semana, están teniendo lugar una serie de encuentros y conversaciones dedicados a los muros. Los muros que se levantan contra la inmigración, contra los otros. Hay un espacio especial dedicado a estos encuentros, que reflejan cien por cien la sensibilidad Francisco. De hecho, el vídeo que se proyecta en ese espacio muestra al Papa apoyado en el muro de la vergüenza de Palestina.

También uno de los encuentros centrales del Meeting, en los que participan varios miles de personas, ha tenido como título “Más allá de los muros”. Ha estado guionizado por la presidenta de la RAI Mónica Maggioni con un estilo muy televisivo. De hecho, los vídeos se han alternado con música, lectura de textos y cortos testimonios de protagonistas de lo que sucede en Venezuela, en Uganda y en países en vida de desarrollo.

En una de las pantallas gigantes se han proyectado las imágenes de la caída del Muro de Berlín, los rostros de alegría de los que por fin veían derribarse la terrible barrera. Y a continuación han aparecido las declaraciones de Trump, prometiendo la construcción del muro con México. Mientras los diferentes protagonistas de la mesa redonda contaban sus experiencias, la gran pantalla emitía los planos aéreos de la parte de la valla estadounidense que ya se ha levantado. Sobrecogedor el contraste.

Posición clara: no a los muros. Tomasi, muchos años nuncio de la Santa Sede ante Naciones Unidas, contaba su experiencia al cruzar el muro con algunos mexicanos. Todo no se acaba cuando se llega a suelo estadounidense. Alejandro Marius, trabajador social en Venezuela, relataba el muro del miedo que se ha levantado con la política de Maduro. Miedo por falta de libertad, por inseguridad, miedo a ponerse enfermo por la carencia de medicinas. Contundente la crítica de Rosemary Nyirumbe que se dedica a ayudar a los niños soldado en Uganda.

Aportaciones valiosas. Aunque la novedad del encuentro ha estado en la segunda parte, cuando los invitados han tenido que responder a una pregunta del moderador sobre cómo se consigue ir más allá de los muros, cómo se cruzan.

Contra los muros, pero sin la ideología “antimurista”.

No solo contra los muros, con un método para superarlos

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>Editorial

Meeting de Rímini: nuestra herencia no viene de ningún testamento

Fernando de Haro

“Nuestra herencia no proviene de ningún testamento”, decía el poeta surrealista René Char. Y, sin embargo, desde que estallara la crisis de las subprime hace diez años y desde que la globalización económica ha hecho notar sus efectos en todo el planeta, no se habla más que del testamento. De los testamentos legados por un pasado que se recuerda con nostalgia, como una época dorada. Sería la recuperación de ese pasado el que permitiría tener una identidad fuerte ahora que las soberanías nacionales están diluidas y solo impera el mercado. Esta operación está en la base de muchos de los fundamentalismos que han crecido a comienzos del siglo XXI.

En nombre del pasado, el salafismo quiere recuperar las tradiciones medievales del Golfo Pérsico. Pretende universalizarlas y convertirlas en la forma definitiva de un islam que se siente agredido por la modernidad. También en nombre del pasado el movimiento nacionalista hindú, que gobierna al 20 por ciento de la población mundial, y que ha crecido con la ruptura de las barreras culturales, pretende mantener estable un sistema de castas. Tiene 5.000 años -aseguran sus responsables-, ¿por qué tenemos que cambiarlo? Los tiempos pretéritos son, de igual modo, los que se invocan para conseguir un rearme moral que responda a las nuevas ideologías de la deconstrucción. El Meeting de Rímini ha comenzado este domingo. Tiene como lema: “Lo que heredaste de tus padres, vuelve a ganártelo para que sea tuyo”. Habla de una herencia pero, por lo que hemos visto en su arranque, no parece que sea una simple reivindicación del pasado.

En realidad, es imposible fundar una identidad en un testamento que per se tuviera la fuerza de mantenerse en pie. El hecho de que se invoque continuamente el pasado es la mejor constatación de que la tradición se ha roto. La tradición, cuando estaba viva, siempre era algo del presente. Se habla mucho de testamento, de legado, porque está perdido.

El fracaso para transmitir la tradición europea que se produjo hace décadas en la mayoría de nuestros colegios o la impotencia de muchas familias musulmanas para transmitir la pertenencia a una comunidad islámica, en un contexto occidental, ha provocado que los mercados de las ideologías coticen al alza las “identidades de sustitución”. Son barnices baratos, pertenencias virtuales que no tienen capacidad para desafiar la razón ni para sostener la fatiga del vivir. Muchos de los nuevos terroristas yihadistas, antes de atentar en nombre del Corán, se han dedicado a la droga y alcohol. No vienen de ninguna historia consistente relacionada con el islam. Cuanto uno más bucea en los orígenes del islamismo político suní y chiita, más se encuentra la pista del pensamiento revolucionario y rupturista que se enseñaba en las universidades europeas hace décadas. Lo mismo sucede con el hinduismo ideológico fabricado en el Reino Unido con los moldes del nacionalismo del XIX.

>Editorial

Meeting de Rímini: nuestra herencia no viene de ningún testamento

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El final de Charlie... el ultimo despropósito

Nicolás Jouve

Sobre Charlie Gard, el bebé de 11 meses que nació con una grave enfermedad mitocondrial, ya está casi todo dicho. Su patología determinaría un deterioro funcional que fue dictaminado como irreversible por los médicos del Great Ormond Street Hospital de Londres, aunque su evolución era controvertida y hubiera sido incierta de habérsele aplicado a tiempo algún tratamiento, si nos atenemos a las diferentes opiniones de otros médicos.

Desgraciadamente, cuando ya parecía ser tarde para detener el proceso de deterioro cerebral, muscular y respiratorio, los padres claudicaron de su intención de llevar al bebé a EE.UU. para seguir el tratamiento de nucleósidos, propuesto por el neurólogo americano Michie Hirano, jefe de la Unidad de Trastornos Neuromusculares y profesor de la Universidad de Columbia.

Lo último en este largo proceso fue la sentencia del juez del Tribunal Superior de Justicia de Gran Bretaña, Nicholas Francis, que dictaminó el 26 de julio que Charlie Gard fuera trasladado a un hospital de enfermos terminales, donde se le aplicarían unos cuidados que según señalaba prolongarían su vida algo más (?). Sin embargo, los padres del bebé, Connie Yates y Chris Gard, deseaban tenerlo en casa por el tiempo que le restase de vida. El martes dijeron que esperaban traer a su hijo a su hogar y tenerlo al menos hasta que cumpliera un año, lo que sucedería justo la semana que viene… El hecho es que el traslado al hospital de cuidados terminales, cuyo nombre no se ha señalado, supondría la retirada del respirador artificial y desde ese momento, en unas horas, se consumaría el final de la vida de Charlie…

El juez confiesa que ha sido una decisión muy triste. A quien esto escribe le asaltan todas las dudas sobre lo mal que se ha procedido en este caso y especialmente desde su judicialización. ¿Por qué ha decidir un juez sobre lo que es mejor o peor para la vida de un bebé?, ¿por qué se tardó tanto y al final, contra el deseo de los padres, se rechazó el traslado a un centro que ofrecía un tratamiento posible? Y al final, lo más asombroso y sorprendente de todo este triste caso, ¿por qué se resuelve que el bebé muera en un hospital en lugar de en su casa como desean sus padres?, ¿no sería preferible una atención paliativa domiciliaria en la que participaran los propios padres de Charlie? Seguro que esto les dejaría el mejor recuerdo de que tal vez el destino de su pequeño hijo estaba marcado y que no había nada que hacer, pero que ellos lucharon junto a él y lo tuvieron en sus brazos hasta el último momento.

El final de Charlie... el ultimo despropósito

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Borghesi: 'Las lágrimas de Scalfari valen más que 30 tratados de teología'. El periodista responde

Paolo Vites

Toma y daca entre el filósofo Massimo Borghesi y el fundador del diario La Repubblica, Eugenio Scalfari. Un toma y daca de alto nivel, como solo las mentes libres y abiertas al diálogo pueden hacer. Hace unos días Borghesi publicó un artículo en La Stampa donde analizaba el nuevo encuentro-entrevista entre el Papa Francisco y el periodista, que como ya sucedió en ocasiones anteriores parecidas, había suscitado cierto malestar en algunos ámbitos católicos. Borghesi subrayó la sorprendente amistad que une a dos personas aparentemente tan distintas, un hombre de izquierda y un pontífice. A Borghesi le había llamado la atención la conmoción de Scalfari delante de Francisco: “Sus lágrimas valen más que 30 tratados de teología”.

De modo que Scalfari respondió a Borghesi con un largo artículo en La Repubblica, titulado “Mi amistad con Francisco, la conciencia del yo y las falsas preocupaciones del alma”. En su escrito, el exdirector de La Repubblica reconoce la apertura del filósofo, citando la última parte de su artículo, donde Borghesi dice que esta amistad entre ambos es “un reconocimiento peligrosos. Tanto a los ojos de los laicos integristas como de los antipapa más firmes, así como de laicos ‘ortodoxos’ y de la ideología. (…) Más allá de estas oposiciones, aliadas en su lucha, se sitúa el espacio del encuentro entre un pontífice y un intelectual laico a quien le preocupa, a pesar de todo, el misterio de la vida”.

Scalfari afirma no sentirse “preocupado” pero reconoce que desde hace tiempo “la vida de nuestra especie, a diferencia de los demás seres vivientes vegetales o animales, está dominada por la existencia del yo. Nosotros somos y estamos dominados por la conciencia de nuestro yo, que se duplica: el yo que actúa y vive, y el yo que lo guía desde fuera y lo juzga. El yo humano es doble, en el sentido de que mientras vive, habla, lucha, se resigna, está alegre, insatisfecho, desesperado, triste, ama, odia, tiene valor, tiene miedo, y entretanto se mira desde fuera y se juzga. A menudo este juicio es negativo y no siempre pero muchas veces es justo, sin embargo en el trasfondo de cada uno de nosotros está este verse desde fuera mientras se actúa y se vive”.

Scalfari recuerda que hace veinte años escribió un libro titulado “Encuentro con Yo”, donde el protagonista es Odiseo, “el héroe moderno que suplanta conscientemente al yo (…) Soy consciente de que toda nuestra actividad, desde la más banal a la más significativa, está dominada por el yo aunque no siempre lo sepamos ni nos demos cuenta. Normalmente, las multitudes ni siquiera saben que el problema del yo existe. Siguen sus instintos, sus pulsiones, su timidez, su miedo o su coraje y su audacia, pero esto ya lo he dicho, lo que más escapa de ellos es la profunda diversidad de las variadas formas de la naturaleza humana”, añade.

Borghesi: 'Las lágrimas de Scalfari valen más que 30 tratados de teología'. El periodista responde

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¿Qué será de Charlie?

Ilaria Bertini

Desde hace días, la historia de Charlie Gard está ante los ojos de todos y ha desatado las reacciones más diversas, sobre todo de consternación, rabia y angustia. Reacciones sin duda más que naturales porque no parece otra cosa que un homicidio a manos del Estado donde los padres han quedado relegados en un rincón sin poder tomar decisión alguna respecto a la salud (o mejor dicho, salvación) de su propio hijo. ¿Pero cuántos de nosotros nos hemos preguntado si las informaciones que nos bombardean desde la prensa, los blogs, las redes sociales, etc, están describiendo de verdad la realidad de los hechos?

Ni siquiera ha bastado el testimonio de una enfermera que trabaja en ese hospital para interpelarnos, rápidamente se la ha etiquetado de visionaria. ¿Cuántos de nosotros, aparentemente tan interesados en “entender”, han encontrado tiempo y ganas de abordar las sentencias inglesas, las del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (donde además se incluyen todas las evidencias médicas recogidas durante meses) o los comunicados oficiales del hospital donde Charlie está ingresado para conocer mejor su historia, qué le ha llevado hasta allí y por qué su caso ha terminado ante los tribunales? Este es el único material del que disponemos. No hay que ser expertos en el oficio para poder hacerlo porque no se trata ante todo de un problema de vericuetos legales sino de verificar si lo que nos ofrecen como verdad realmente lo es. Entonces podremos dar la batalla para defenderla. Pero no antes.

¿Qué será de Charlie?

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Charlie Gard y la muerte digna

Nicolás Jouve

De verdad que resulta patético y causa un cierto dolor contemplar el espectáculo de tribunales de justicia, órganos internaciones de supuesta defensa de los Derechos Humanos, autoridades políticas, médicos y particulares pronunciarse sobre el caso de un bebé de 11 meses, Charlie Gard, aquejado de una enfermedad mitocondrial, y sentenciar que se le debe retirar todo tipo de cuidados médicos porque según señalan su enfermedad es irreversible. Un primer motivo de asombro se produce cuando se sabe que el niño no sufre y que los padres solo desean agotar todas las posibilidades médicas de paliar la enfermedad y mientras gozar de la presencia de su hijo.

Los médicos del Great Ormond Street Hospital de Londres que lo atienden opinan que el bebé tiene un daño cerebral invariable, que apenas puede moverse, ni llora, ni oye… Pero sus jóvenes padres, Connie Yates y Chris Gard, se aferran a la esperanza de algún tratamiento que al menos permita prolongar su vida. Desean la curación del bebé del que afirman no sufre ningún dolor y piden que se le permita agotar todas las posibilidades de tratamiento médico. Para ello, han recaudado una suma importante de fondos mediante un crowdfunding y están dispuestos a luchar por prolongar la vida del pequeño hasta el final.

La rara enfermedad de Charlie Gard es grave, pero hay distintos equipos médicos que afirman tener soluciones para al menos paliar los efectos de una enfermedad degenerativa mitocondrial que va minando las energías del bebé. Así, el Dr. Ramon Martí, líder del grupo de patología neuromuscular y mitocondrial, del Institut de Recerca de Vall d’Hebron (VHIR) de Barcelona y sus colaboradores, entre ellos varios de otros países, afirman tener un tratamiento experimental que han aplicado a 19 pacientes, 13 de ellos en España, con otra anomalía genética fisiológicamente parecida a la de Charlie Gard. ¿Qué se pierde por intentarlo?

El revuelo que ha causado este caso se parece mucho a otros que sirvieron para crear un caldo de cultivo favorable a alguna de las ideas que a la postre determinaron la implantación de alguna de esas leyes de “ingeniería social” que se disfrazan de progresismo… Se utiliza la emotividad para después justificar una ley de rango más amplio, aunque se lleve por delante principios o valores de orden superior, como la familia, la maternidad, la patria potestad, la vida del no nacido o la objeción de conciencia. No otra cosa es lo que pasó con el aborto en caso de violación o de enfermedades “graves” detectadas por diagnóstico genético prenatal, o con las leyes de protección de determinados colectivos, no particularmente con los discapacitados, o cuando se utiliza la llamada maternidad altruista, o el derecho a morir dignamente… y así sucesivamente.

Charlie Gard y la muerte digna

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