Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
16 ENERO 2019

Entre muchas confusiones y unas pocas conclusiones surcan estas reflexiones

La escuela que libera

Comienza la etapa de solicitar colegio para los más pequeños de la casa. Algunos papás y mamás preocupados andarán mirando en foros, ránkings y demás sitios qué colegio es el más adecuado para que sus pequeños crezcan en sabiduría y en gracia, o por lo menos no se pierdan en el intento. Y yo, que últimamente pienso en este tema más de lo habitual por experiencias recientes, quiero tomar prestadas unas geniales palabras del escritor Daniel Pennac, que me sirven para hacer un acercamiento al porqué de mi defensa de la escuela pública, tristemente denostada por algunos sectores ideológicos.

En su libro autobiográfico Mal de escuela, Pennac explica que él, de niño, era tenido por todos como un zoquete que nunca llegaría a nada, y fue gracias a algunos maestros que creyeron en él, que finalmente llegó a terminar los estudios básicos, llegó a la universidad, se convirtió en maestro y, posteriormente, en escritor. Todo un cambio de rumbo, una bofetada a los que miran con tristeza a los alumnos «negados» y piensan en el «gasto» que supone su formación.

Pues bien, indagando en las posibles razones de su temprana incapacidad, comenta lo siguiente:

Tampoco puede obtenerse una explicación a partir de la historia familiar. Es una progresión social en tres generaciones gracias a la escuela laica, gratuita y obligatoria, un ascenso republicano, en suma, una victoria a la Jules Ferry... Otro Jules, el tío de mi padre, el Tío, Jules Pennacchioni, condujo hasta el certificado de estudios a los niños de Guargualé y PilaCanale, los pueblos corsos de la familia; se le deben generaciones de maestros, de carteros, de gendarmes y demás funcionarios de la Francia colonial o metropolitana... (tal vez también algunos bandidos, pero los habría convertido en lectores). El Tío, según dicen, obligaba a hacer dictados y ejercicios de cálculo a todo el mundo y en cualquier circunstancia; se dice también que era capaz de raptar a los niños obligados por sus padres a hacer novillos durante la recolección de las castañas. Los capturaba en el monte, se los llevaba a casa y avisaba al padre esclavista:

—Te devolveré a tu muchacho cuando tenga el certificado.

Si es una leyenda, me gusta. No creo que pueda concebirse de otro modo el oficio de maestro. Todo lo malo que se dice de la escuela nos oculta el número de niños que ha salvado de las taras, los prejuicios, la altivez, la ignorancia, la estupidez, la codicia, la inmovilidad o el fatalismo de las familias.

Así era el Tío.

La escuela que libera

Dios ha muerto

Hoy, Sábado Santo, una de las lecturas que encuentro más recomendables es El sábado de la historia, libro en el que se combinan unas reflexiones de Joseph Ratzinger (nuestro querido Papa emérito Benedicto XVI) y la obra pictórica del estadounidense William Congdom. Las palabras que he encontrado en las páginas que he leído han sido tan certeras, tan reflejo de lo que nos ocurre, que he querido compartiros algunos fragmentos que sirvan para la reflexión. Solo me hago eco de ello, comparto estas pequeñas gotas de verdad, pero, por supuesto, nada mejor que conseguir el texto entero y detenerse en todo él.

«El misterio terrible del Sábado Santo ha adquirido en nuestro tiempo una realidad aplastante. Ya que esto es el Sábado Santo: día de la ocultación de Dios, día de esa paradoja inaudita que nosotros expresamos en el Credo con las palabras "descendió a los infiernos", descendió dentro del misterio de la muerte».

«¿No es este, de una manera impresionante, nuestro día? ¿No comienza nuestro siglo a ser un gran Sábado Santo, día de la ausencia de Dios, en el que hasta los discípulos tienen un vacío helador en el corazón?».

«Dios ha muerto y nosotros lo hemos matado, recluyéndolo en la concha rancia de nuestros pensamientos habituales, exiliándolo a una forma de piedad sin contenido de realidad y perdida en el giro de las frases devocionales o de las preciosidades arqueológicas; nosotros lo hemos matado a través de la ambigüedad de nuestra vida, que ha extendido un velo de oscuridad también sobre él».

«La imagen que (los discípulos) se habían formado de Dios, en la que habían tratado de encerrarlo, debía ser destruida para que ellos, a través de los escombros de la casa derruida, pudieran ver el cielo, a él mismo».

«La Iglesia, la fe, ¿no se asemejan a una pequeña barca que parece naufragar, que lucha inútilmente contra las olas y el viento, mientras Dios está ausente? [...] Cuando la tempestad pase nos daremos cuenta en qué medida nuestra poca fe estaba cargada de insensatez».

Finaliza Ratzinger su meditación con una preciosa oración de un párrafo entero, que termina así:

«No permitas que tu palabra se pierda en el gran derroche de palabras de estos tiempos. Señor, danos tu ayuda, porque sin ti naufragaremos».

Dios ha muerto

sobre este blog
Susana

Hija, hermana, amiga, novia, tía, alumna, filóloga, monitora, getafense y persona humana en general.
Búsqueda en los contenidos de la web

>SÍGUENOS EN

El otro es un bien, también en política

Arte y pintura en Páginas Digital

El caballero de la mano en el pecho

David vencedor de Goliat de Caravaggio

>Boletín electrónico

Recibe los titulares de PÁGINASDIGITAL.es en tu correo electrónico
Darse alta y baja en el boletín electrónico

 

Darme de baja

>Últimos post

5 SEPTIEMBRE 2015

La carne tras el concepto

2 NOVIEMBRE 2014

#HazteElSanto

1 NOVIEMBRE 2014

#NoTeHagasElMuerto

31 OCTUBRE 2014

Adán y Eva (II)