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4 DICIEMBRE 2016
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Animales nocturnos

Juan Orellana

Si hay una película a la que sienta como un guante la calificación de “thriller psicológico” es esta. El director Tom Ford (Un hombre soltero) adapta libremente Tony and Susan, la novela escrita en 1993 por el neoyorkino Austin Wright (1922-2003). El argumento cuenta la historia de Susan Morrow (Amy Adams), una mujer que tras abandonar a su primer marido, el escritor Edward Sheffield (Jake Gyllenhaal), hace más de veinte años, se casó de nuevo con un alto ejecutivo (Armie Hammer). De repente recibe un paquete con el original de Animales nocturnos, una novela de su ex, dedicada a ella. Se trata de una novela negra ambientada en el Oeste. Aprovechando la ausencia de su marido, de viaje, Susan se sumerge en la narración, y va descubriendo en ella muchas cosas que le remueven por dentro.

La película es un drama moral en el que la protagonista se ve obligada a remover su conciencia al son de una novela que aparentemente no tiene nada que ver con ella. En cierto modo, es como si la novela fuese una sutil venganza de su exmarido por la forma en la que fue tratado por ella. La puesta en escena es indudablemente turbadora. Por un lado la trama principal es fría, recuerda a esas películas nórdicas de personajes solitarios en medio de una opulencia impersonal. La belleza de la protagonista contrasta con su amarga vaciedad. En segundo lugar, la trama que reproduce la novela bebe del género propio del western y del cine negro, y recuerda en momentos a Tarantino, a los Cohen o Tommy Lee Jones. Y por último, diversos flashbacks van relacionando episodios de la novela con situaciones de la vida pasada de Susan. Episodios que ella interpreta como metáforas de su propia relación pretérita con Edward.

Una película desasosegadora, que habla de decisiones incorrectas, de escala de valores equivocada, del dolor de los males cometidos. Pero no es una película con esperanza, sino fatalista y claustrofóbica. Interesante el tratamiento que hace del aborto y curioso el planteamiento que propone de la justicia. Una película potente que pone a Amy Adams en buena posición de cara a los Oscar.

Animales nocturnos

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Los exámenes

Juan Orellana

Esta película nos cuenta la historia de Romeo, un médico de casi 50 años, desencantado y adúltero, cuyo único interés ahora es conseguir para su hija Eliza, de 18 años, un futuro mejor. Tras los exámenes finales, la joven irá a estudiar a una prestigiosa escuela en Inglaterra. Pero en la víspera de dichas pruebas, la hija sufre un intento de violación, que naturalmente le descentra de sus exámenes. A partir de ese momento, su padre hará todo lo posible para garantizar el buen resultado de los mismos.

El director rumano Cristian Mungiu (Más allá de las colinas, 4 meses, 3 semanas, 2 días) siempre se ha movido en el terreno de los dramas morales, y lo ha hecho habitualmente desde una deliberada ambigüedad, evitando así un juicio posicionado, y dejando al espectador la última palabra. En el film que nos ocupa se moja un poco más y, aunque no condena a ningún personaje, sí que muestra las consecuencias de actos inmorales. De hecho, la idea que se desprende de Los exámenes es que, una vez que cruzas la barrera de lo inmoral y de “prohibido”, aunque sea movido por un fin noble, ya nada vuelve a ser como antes.

La película es valiosa por los temas que plantea y el tratamiento realista de los mismos. Pero le perjudica un excesivo metraje, desgraciadamente habitual en la filmografía del director y que irremediablemente hace decaer el film en su tramo final. Además la resolución de la trama es demasiado abierta para el gusto de la mayoría de los espectadores. Hay que resaltar las interpretaciones de Adrian Titieni y Maria-Victoria Dragus, que son veraces y eficaces, y la puesta en escena muy esencial y realista.

Los exámenes

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 2  18 votos

La llegada

Juan Orellana

Doce naves extraterrestres llegan a la Tierra y el gobierno americano contrata a la doctora Louise Banks, experta lingüista, para intentar averiguar si los alienígenas vienen en son de paz. Conforme la mujer aprende a comunicarse con los extraterrestres, comienza también a experimentar visiones de su propia vida que llegarán a ser la clave que dará significado a la verdadera razón de esta visita misteriosa.

La película recorre sus primeras tres cuartas partes rozando la obra maestra, pero el último acto se hunde en terreno pantanoso, e impide que el film entre en el Olimpo de la ciencia ficción, donde habitan Kubrick y Tarkovsky. Desde el punto de vista estético, La llegada es impecable. Se notan muchos ecos de Terrence Malick, con lo que siempre hay que tener cuidado, pues se acaba tildando de copia lo que debiera ser un original. Pero, trasunto o no, el resultado es fascinante. No sólo por la composición de los planos, escrupulosa, sino por el tempo, la delicada puesta en escena, y el paradójico intimismo de su atmósfera. Detrás está el director de fotografía premiado en Sundance Bradford Young.

Harina de otro costal es el guion de Eric Heisserer, que se inspira en el relato corto Story of your life, de Ted Chiang. Magnífico al comienzo, decepcionante al final. Es tan realista en la primera parte, que las inverosimilitudes de la segunda frustran el buen camino iniciado. La cuestión de la traducción del lenguaje de los alienígenas, amén de confusa e insuficientemente explicada, es poco creíble, algo que se agrava al convertirse en la clave de bóveda del argumento. Por otra parte, la resolución –cuya fidelidad a la novela ignoro– es un salto en el vacío difícilmente aceptable, tramposo y nada convincente. Curiosamente, el argumento –la búsqueda de un lenguaje que nos comunique con los extraterrestres– tiene mucho que ver con Encuentros en la Tercera Fase, pero aquella –por la época y el director– supo cerrar el guion con una limpieza clásica, sin recurrir a imposibles hipótesis científico-filosóficas. También, como en Gravity, sobre la protagonista pesa el drama de la desaparición de una hija, pero si Cuarón lo encuadraba en la metafísica occidental tradicional, Villeneuve opta por un bucle crono-psicológico confusamente determinista y racionalmente inaceptable.

Hechas estas críticas, volvemos a destacar aspectos positivos del film, en el que deslumbra la interpretación de Amy Adams, frágil y sensible, al que da una réplica proporcionada Jeremy Renner. El personal militar es mucho más burdo y tópico como diseño de personajes, aunque alegra reencontrarse con Forest Whitaker en el papel del coronel Weber. No podemos dejar de citar la banda sonora de Jóhann Jóhannsson, realmente inquietante y envolvente, muy coherente con luz y el cromatismo del film. En cualquier caso es una notable película difícil de olvidar.

La llegada

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 1  23 votos

El último acto

Juan Orellana

Un legendario actor, Sir Michael Gifford (Brian Cox), que vive recluido en su mansión de campo, sufre desde hace años una enfermedad degenerativa que le ha convertido en una persona intratable e irascible, que rechaza a todas las cuidadoras que su hija Sophia (Emilia Fox), y su ama de llaves, Milly (Anna Chancellor), le proporcionan. En un último esfuerzo contratan a Dorottya, una joven húngara que secretamente aspira a convertirse en actriz. A pesar del temperamento de Sir Michael y de la desconfianza de su familia, el amor que ambos comparten por Shakespeare y el teatro les ayudará a afrontar un “último acto”. El húngaro János Edelényi dirige esta coproducción entre Inglaterra y Hungría. La película nace de sus experiencias personales, tanto de la enfermedad como del exilio, y consigue combinar comedia y drama en una película nada sentimental, pero sí muy cercana al espectador. El guion está escrito por los guionistas Gilbert Adair y Tom Kinninmont.

Ciertamente, el guion no responde a un esquema muy original, ya que el contraste entre el anciano cascarrabias y la chica joven que le reconcilia con la vida lo hemos visto muchas veces, declinado de muy diferentes modos. A pesar de ese posible inconveniente, la película funciona bien, y resulta fresca e interesante, logrando eclipsar ese posible aire de dejá vú. A ello contribuyen, sin duda alguna, unos actores de la fuerza de Brian Cox y la joven Coco König, que llena la pantalla con su espontánea naturalidad. Un coro de secundarias de gran personalidad como Emila Fox y Anna Chancellor ponen el broche de oro a un gran reparto. “El último acto” deja claro que los deseos humanos no se jubilan con la edad, y que la necesidad de ser fecundo y disfrutar de la vida no caducan. Sir Michael y Dorottya, a pesar de sus diferencias de edad y cultura, comparten la misma pasión por el teatro, y desde ahí podrán construir una pequeña historia común que será positiva para ambos.

El último acto

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Maggie's plan

Juan Orellana

Maggie (Greta Gerwig) es una profesora que cree que ya está preparada para ser madre. Como se siente incapaz de encontrar un marido estable, ya que sus amantes no le duran más de seis meses, decide ser madre soltera gracias a un donante de semen. Pero ese intento de controlar su vida no da resultado, ya que va a aparecer John (Ethan Hawke), casado con Georgette (Julianne Moore), que va tirar por tierra el plan de Maggie.

A veces ocurre que un actor determina el sentido y estilo de las películas en las que trabaja, sea quien sea el director. Greta Gerwig es un buen ejemplo. Ella ha trabajado con directores muy diversos, incluyendo su marido, Noah Baumbach (Mistress America, 2015). Es el caso de Daryl Wein (Lola versus, 2012), Whit Stillman (Damiselas en apuros, 2011), Alison Bagnall (The dish and the spoon, 2011)… y otros muchos. En este caso, es la directora Rebecca Miller, ya curtida en dramas familiares, la que dirige esta historia de treintañeros sentimentalmente desconcertados, la especialidad de Greta. Esta actriz es, en cierto modo, el Woody Allen femenino, ya que sus personajes suelen vivir en permanente inseguridad emocional y perplejidad afectiva. Una vida sexualmente promiscua es normalmente la contrapartida de una insatisfacción existencial y de una búsqueda infructuosa de un compromiso estable. Todo esto va acompañado habitualmente de largos parlamentos, no exentos de cierta filosofía “urbana” cosmopolita.

Esta película va más allá de una mera comedia de enredos, y es como un retrato impresionista de la confusión, una desdramatización del drama, y pone sobre la mesa la cuestión de la maternidad y del matrimonio en claves posmodernas. Al final triunfa una tesis muy cercana a Woody Allen: no es posible someter la vida a un plan prefijado, porque el caos tiene sus propias reglas. Queda abierta la pregunta entonces de dónde va a parar el papel de la libertad y de la voluntad. Una película tan agradable como inquietante.

Maggie's plan

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Verano en Brooklyn

Juan Orellana

El director judío norteamericano Ira Sachs, activista gay, que aprovechó su anterior film (El amor es extraño, 2014) para acusar a la Iglesia de homofobia, vuelve a Nueva York para ambientar su última película. Ahora nos lleva al barrio de Brooklyn para contarnos una historia tan fresca como inquietante. Jack (Theo Taplitz) y Tony (Michael Barbieri) son dos chavales de trece años que se hacen muy buenos amigos. El primero quiere ser pintor y el segundo actor. Su amistad transcurre por caminos de felicidad cuando ocurre algo que les va a afectar directamente: el padre de Jack, Brian (Greg Kinnear), dueño del edificio donde la madre de Tony, Leonor (Paulina García), tiene una tienda de moda, se ve obligado a triplicarle el precio del alquiler. El argumento se inspira en un suceso real ocurrido en la vida de Mauricio Zacharias, coguionista del film y guionista de “El amor es extraño”.

La película describe exquisitamente unas relaciones humanas que se van complicando por culpa del vil metal. El director lo hace como un miniaturista, con realismo, sin exageraciones ni giros melodramáticos. Por un lado, el dibujo que hace de la amistad entre los muchachos es brillante. Se trata de dos chicos sanos, que comparten sus aptitudes artísticas, que se apoyan y se defienden mutuamente cuando es preciso. Por otro lado, frente a esa limpia inocencia, las relaciones entre los adultos aparecen lastradas por una forma de vivir en la que el dinero impide ser libres a las personas. No hay “malos” en este film. El mal está en las reglas del juego que nos hemos impuesto como sociedad, unas normas en las que la generosidad no tiene artículo propio.

“Verano en Brooklyn” se estrenó en el prestigioso Festival de Sundance y cosechó muy buenas críticas. Sin embargo, esos merecidos elogios no deben llevarnos a pensar que la película resuelve las tramas de forma complaciente y convencional. La apuesta por el realismo obliga a Ira Sachs a llevarnos por caminos que no son quizá los que más desearíamos. Una maravillosa película… de sabor agridulce.

Verano en Brooklyn

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 2  44 votos

Después de nosotros

Juan Orellana

Después de nosotros se limita a describir de manera muy realista cómo es la relación de un matrimonio que ha decidido divorciarse pero que por diversas razones aún convive bajo el mismo techo. Además, tienen dos hijas pequeñas en las que se observa la debacle que supone la situación de sus padres.

El divorcio como argumento ha estado presente en el cine contemporáneo sobre todo a partir de Kramer contra Kramer (Robert Benton, 1979). En la medida en que la institución matrimonial se ha visto avasallada por el tsunami del actual cambio de época, el cine se ha hecho eco de alguna manera de las consecuencias devastadoras de la desestructuración familiar. Curiosamente, la globalización también ha afectado a esta crisis, como demuestra la película iraní Nader y Simin, una separación (Asghar Farhadi, 2011). La película que ahora nos ocupa es una producción belga dirigida por Joachim Lafosse, director curtido en dramas sobre relaciones violentas o enfermizas.

En el reparto, Bérénice Bejo (The Artist) es Marie y Cédric Kahn, Boris, y encarnan a esta joven pareja que ha decidido poner fin a su matrimonio por razones que el film no explicita. Y está bien que no lo haga, porque el director no pretende repartir culpabilidades u obligarnos a tomar parte por alguno de ellos. No es una película maniquea ni parcial, únicamente trata de describir el infierno en el que viven dos personas que se amaron, pero que ya no son capaces de seguir adelante. De hecho, el director consigue despertar nuestra ternura al mostrarnos las torpezas de los personajes, son esfuerzos vanos por no sucumbir, su intrínseca fragilidad. Y lo hace sin crear situaciones extremas, sin elegir las exageraciones y sin caer en el fácil atajo del melodrama desgarrado y violento. Opta por un realismo puro, desnudo, sin costuras ni artificios.

Quizá por ello el film pueda parecer frío y poco emotivo, precisamente porque busca respetar la libertad del espectador ante una situación perpleja y ambigua ante la que, más que un juicio moral, se precisa una honda reflexión antropológica. Algo que en algún momento apunta el personaje de la abuela (Marthe Keller), cuando alude a la forma en la que estas cosas se afrontaban en el pasado, apuntando al cambio epocal que citábamos al principio. Probablemente está menos logrado el retrato de las niñas, interpretadas por las gemelas Soentjens, ya que así como muestran el destrozo educativo que supone la experiencia que están viviendo (se vuelven caprichosas, chantajistas…), no reflejan bien el sufrimiento y la tristeza reales que estas situaciones generan en los hijos. En cualquier caso, el film es inteligente e interesante, y supone la constatación muy auténtica de una experiencia que se ha convertido en una auténtica epidemia.

Después de nosotros

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La vaca

Juan Orellana

En los tiempos que corren, oscuros y terribles, dentro del cine independiente hay cineastas que entienden que su arte debe estar al servicio de la esperanza y no limitarse a constatar el desastre. Ya lo hicieron los neorrealistas italianos tras el horror de la Segunda Guerra Mundial. Ahora que el islam es una amenaza real para Occidente, no sólo por el terrorismo sino por su imparable enraizamiento en Europa, no nos es fácil mantener una mirada libre sobre él. De Francia nos llega una historia argelina, tan pequeña y sencilla en sus pretensiones como grande e inteligente en sus resultados. La dirige Mohamed Hamidi, muy condicionado por su amor al film de Fernandel La vaca y el prisionero (Duvivier, 1959). La vaca nos cuenta la peripecia de Fatah, un hombre de campo que con su mujer e hijas vive en un pueblo perdido de Argelia y que decide presentar a su vaca Jacqueline al concurso de la Feria de Agricultores de Port de Versalles (París). Pero para esta aventura no va a contar con el apoyo de su mujer, que piensa que se trata de un capricho insensato, ya que, al no tener dinero, tendrá que llevar la vaca a pie desde Marsella hasta París. Pero tal es la ilusión de Fatah que emprende su viaje a pesar de las burlas de muchos del pueblo. Por el camino encontrará diversas personas y hará nuevos amigos, poniéndonos de manifiesto paulatinamente la pureza de su corazón.

Mohamed Hamidi reconoce que esta divertida y simpática road movie tiene ciertos paralelismos con Una historia verdadera, de David Lynch, aunque aquí el tono es deliberadamente cómico, más a lo Pequeña Miss Sunshine, de Jonathan Dayton, y el aspecto social y comunitario es mucho más importante. También su tono humano nos puede recordar a ciertas películas de Berlanga o a algunos títulos del citado neorrealismo italiano, como Milagro en Milán de Vittorio de Sica. Por su parte el actor argelino Fatsah Bouyahmed, que interpreta al protagonista, tiene ecos de Roberto Benigni. En fin, a pesar de sus posibles referentes, La vaca tiene su propia personalidad, desbordante de sensibilidad humana y con un guión lleno de detalles inteligentes. Guión de Alain-Michel Blanc en el que han colaborado tanto el director como el actor protagonista, especialmente en los diálogos. La vaca elogia la pureza de un hombre bueno y pobre, frente a la complicada vida occidental, llena de problemas artificiales o secundarios. Pero también quiere mostrar una mirada crítica sobre ciertos aspectos de la vida de Argelia, a la vez que exalta la solidaridad y la conciencia de "pueblo". El film contiene muchos pequeños mensajes, como la posible convivencia entre religiones o el poder las nuevas redes sociales. Para nuestra colección de delicatesen.

La vaca

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El hombre de las mil caras

Juan Orellana

Siempre nos quejamos de la falta de cine histórico-crítico en España, y nos comparamos con los americanos que saben hacer eso muy bien. El hombre de las mil caras es el ejemplo de que el cine español también es capaz de hacer revisiones inteligentes de nuestro pasado reciente cuando quiere, sin recurrir a la manida guerra y posguerra civiles.

La película indaga en uno de los agujeros negros de nuestra democracia: el caso Roldán, el director de la Guardia Civil que se fugó de España con 1.500 millones pesetas de la Benemérita. Pero el verdadero protagonista del film es Francisco Paesa, el James Bond español, un agente secreto del Gobierno famoso por sus golpes a ETA. Paesa ayudó a Roldán a escapar y luego se la jugó. Y se quedó con todo el dinero. Aunque él lo niega. Quién sabe.

La cosa es que es que Alberto Rodríguez, que siempre ha retratado con talento el lado oscuro de nuestra España contemporánea, ha vuelto a dar en el clavo con este thriller nada maniqueo ni ideológico. Recordemos no sólo los aclamados thrillers La isla mínima, ambientado en la transición, y Grupo 7, situado en los previos de la Expo de Sevilla, sino por ejemplo El traje (2002), una humanísima historia sobre la inmigración; o After (2009), un dedo en la llaga de la sociedad en la que vivimos. Es decir, que estamos ante un cineasta sensible y conocedor de la España de los ochenta, la España del felipismo. Con el caso Roldán era fácil hacer una astracanada, o una película de cartón-piedra o, en fin, un compendio de tópicos y lugares comunes. Pero no. Ha hecho una película de personajes, de conflictos dramáticos, sin renunciar a las características del género y a la necesaria dosificación inteligente del suspense. Esto no hubiera sido posible sin el trabajo impecable de Eduard Fernández (Paesa), realmente memorable. Le da la réplica un José Coronado, único personaje de ficción, que hace de narrador de la historia en su condición de amigo fiel de Paesa. Por su parte, Roldán –probablemente el papel más difícil– está interpretado por Carlos Santos, superando el reto con dignidad. Consigue que el espectador sienta cierta compasión por un hombre tan inmoral como triste y patético. Y esta es otra virtud del film. Que no juzga, no condena, no busca una fácil moraleja. Simplemente despliega todo el abanico del drama humano, con sus grandezas y miserias, y deja que el espectador haga su propio camino y llegue a sus propias conclusiones.

En fin, un film brillante, entretenido, interesante, y que sin duda debería tener su ración de Goyas este invierno.

El hombre de las mil caras

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 1  56 votos

Antes de ti

Inmaculada Navas

No soy una experta en crítica de cine, pero creo que me puedo atrever a decir algo sobre esta película que trata de modo tan directo sobre el tema de la discapacidad, sobre lo que sí cuento con una larga experiencia.

La trama es clara desde el principio (no desvelo ningún secreto). Will Traynor, un hombre con gran éxito profesional y personal, tiene un desafortunado accidente que le deja postrado en silla de ruedas. Su familia le ofrece la posibilidad de cuidarle con todo tipo de lujo (inalcanzable para la inmensa mayoría de los discapacitados reales) e incluso le proporciona un enfermero-fisioterapeuta particular y una asistente personal que le acompañe (la señorita Clark o “Lou”). La relación entre ellos no es fácil inicialmente, pero poco a poco la dulzura de ella, su natural alegría y su persistencia va calando en la coraza de amargura del corazón de Will y florece una relación verdaderamente bella entre ambos. Ella es capaz de hablarle de las cosas cotidianas de las que disfruta y en él se empiezan a esbozar sonrisas y la posibilidad de gozar de nuevos amaneceres y tormentas. Parece que la vida empieza de nuevo en el corazón de este chico, en el que todo se había acabado. Una vida distinta sí, no una vida de éxitos financieros ni de amores frívolos, sino una vida con su carga de sufrimiento, pero también bordada con gestos verdaderos, cariño y amor sincero. Una vida distinta, opuesta a las imágenes que él tendría en la cabeza sobre sí mismo, pero pensemos seriamente, ¿era tan mala esta vida de después? ¿No había ganado nada?

Y estamos tranquilamente, disfrutando del recorrido dulce de la película cuando surge con fuerza el drama, el drama más dramático que el hecho de haberte quedado discapacitado para siempre. No estoy hablando del drama que muestra la película (el de la decisión tomada de antemano), ni siquiera del segundo drama que parece esbozar (el de respetar o no su decisión). Para mí el verdadero drama es si abrazar o no lo que viene dado después. Sí, ¡lo que te es dado! Después del accidente, después de la discapacidad, después de todas las decepciones, después de comprender que no vas a volver a caminar. ¡Cuántas cosas suceden después, cuántas luchas propias y de la gente que te quiere, cuántos amores verdaderos descubiertos, cuántos tiempos perdidos que ya no volverán a serlo! ¿Verdaderamente esto se puede echar a perder? ¿Esto no vale nada? Y esto sí sucede en la vida real, también de los discapacitados que no son millonarios. No estoy diciendo que la enfermedad sea un bien, pero puede haber un bien mayor que uno descubre después de la enfermedad (como se ve muy claro en la película), y esto uno puede abrazarlo, y quererlo, y entender que la vida puede merecer la pena seguir viviéndola. Pero uno también puede seguir aferrado a su imagen de lo que querría vivir. Ese es para mí el verdadero drama. No el drama de la gente con discapacidad. El drama probablemente de cada uno de los hombres.

Y la película en mi opinión no esconde sólo este verdadero drama, sino una gran mentira. Y me perdone la autora de la novela, pero creo firmemente que es así. No se quita uno de en medio y no pasa nada. No se queda una sin el amor de su vida y la vida sigue como si nada. La experiencia de perder un hijo o la persona amada es terrible. Cuando esta pérdida es fruto de una decisión voluntaria genera un dolor aún más intenso, con mil dudas añadidas, con mil preguntas sin responder. No es la solución fácil, ni mucho menos. Ojalá viviéramos en una sociedad donde se facilitaran los derechos de la gente con discapacidad, donde fuera fácil que estuvieran integrados, donde se mirara con buenos ojos que lucharan por vivir. Sería un bien no sólo para ellos, sino para todos nosotros, ganaríamos en humanidad, y no se aplaudirían películas aparentemente inocentes donde la vida se deja ir tranquilamente como una hoja se cae de un árbol.

Antes de ti

Inmaculada Navas | 0 comentarios valoración: 1  150 votos

Expediente Warren: El caso Enfield

Víctor Alvarado

Tengo que reconocer que el género de terror no es plato de mi gusto porque me aburre o simplemente porque no me apetece o no me interesa. No obstante, las películas del cineasta James Wan tienen una magia especial capaz de envolverte, ya que asustan no por un golpe de volumen, sino porque crea una atmósfera que te predispone a pasarlo mal y lo consigue.

Eso fue exactamente lo que ocurrió con <i>Insidious</i>, que nos ofrece una primera parte realmente atractiva que decae un tanto en la segunda parte de la producción. Sin embargo, la obra maestra de este director fue <i>Expediente Warren: The Conjuring</i>, que a mi juicio es la mejor película que se ha hecho sobre casas encantadas, pues estaba basada en hechos reales, ya que se trata de un conocido matrimonio católico, expertos en fenómenos paranormales, que se tomaban en serio su trabajo, intentando a toda costa no dar gato por liebre.

Los actores que dan vida a los personajes de esta secuela que mezcla algunos subgéneros siguen siendo Patrick Wilson y Vera Farmiga, que lo bordan. Esta mujer nos ha deleitado con un abanico amplísimo de registros.

El cineasta explicó a Fotogramas las razones que le llevaron a repetir con un proyecto que había funcionado con anterioridad: “Sólo me atrevo con una secuela cuando sale de forma natural. La prueba está, entiendo, en que no he dirigido ninguna continuación de la saga <i>Saw</i>. Pero Ed y Lorraine son dos personajes muy ricos y me apetecía volver a sus vidas, saber y contar más cosas sobre ellos. Soy un fan absoluto del cine de terror y, al contrario de lo que se piensa, en este género los personajes son tan importantes como el guión, la atmósfera y los sustos. Si amas a tus personajes, cualquier situación te funcionará porque no quieres que les pase nada malo”.

Estas palabras del director nos dan pie a constatar lo trabajados que están los personajes, puesto que, con pequeñas pinceladas, nos hacen caer en la cuenta de que se trata de personas de una sólida formación, buenos principios y gran coherencia cristiana. Ellos, antes de aventurarse a pensar que se trata de un fenómeno paranormal, se aseguran y descartan que no se trate de una enfermedad de tipo psiquiátrico. Estos dos profesionales son buscadores de la verdad con mayúsculas. No estamos, por tanto, ante los típicos personajes esquemáticos de la mayoría de las cintas de terror adolescente. Se deduce que el realizador se ha documentado acertadamente para dar a conocer el modo de pensar de la Iglesia Católica sin desvirtuar su mensaje. El valor de la familia queda patente tanto en la realidad de las víctimas como en la de los héroes, como el lugar en el que se sanan las heridas, se comprende al otro y se liman las diferencias.

Cambiando de tema, este cineasta es un profundo conocedor del género. Te introduce en la historia mediante una presentación muy impactante que, a mitad de metraje, cuando está casi en su punto álgido, se le va un poco de las manos, pero que sabe reconducir, manejando los sustos en el momento adecuado, no dejando ningún cabo suelto para que no quede duda de la gran calidad de su guión.

Expediente Warren: El caso Enfield

Víctor Alvarado | 0 comentarios valoración: 1  148 votos

Mi hija, mi hermana

Víctor Alvarado

Todos hemos disfrutado con películas del oeste protagonizadas por John Wayne como El dorado y Río rojo de Howard Hawks o las dirigidas por Raoul Walsh, ¿se acuerdan ustedes de Murieron con las botas puestas o Una trompeta lejana? Pues bien, la cinta en cuestión es un homenaje al mejor cineasta de la historia, John Ford, autor de la “Trilogía de la caballería” o Centauros del desierto, producción que guarda ciertos paralelismos con Mi hija, mi hermana. La diferencia del afrontamiento de dos generaciones distintas ante esa situación traumática entre el padre y el hermano de la secuestrada es un signo de distinción con respecto al western del citado cineasta de origen irlandés.

Alain es un francés que todos los años disfruta con su familia del festival de música country de su país con una fragancia a Far West. Ese mismo día su hija desaparece, con lo que la familia queda destrozada. Este hombre moverá Roma con Santiago para localizar a su hija con la ayuda del hermano de ésta.

Este trabajo ha sido dirigido por Thomas Bidegain. Se trata de un guionista de prestigio ganador de los César al Mejor Guión por Un profeta y Óxido y hueso. Además, ha escrito el libreto de la taquillera La familia Belier. Como habrán podido imaginar, esta cinta tiene un claro aroma a western con buenos paisajes, presentando un ritmo pausado, que invita a la reflexión para comprender la odisea del personaje, pero que puede resultar cansino para el espectador medio acostumbrado otro tipo de cadencia.

El protagonista de esta producción es François Damiens, al que recordarán por su excelente trabajo en la melancólica pero intensa La delicadeza, basada en la novela de David Foenkinos. El actor transmite la autenticidad y la serenidad necesarias para no ponerse nervioso en situaciones de extrema tensión.

Mi hija, mi hermana refleja la necesidad que tenemos de saber lo que pasa con nuestros seres queridos. Vemos la actitud de un padre coraje que no se resigna y la entrega generosa y desinteresada de un hermano capaz de sacrificar su juventud. La película deja entrever la problemática de las personas que caen en las redes del islamismo radical, elemento que encaja a la perfección en una sociedad como la gala donde se fomenta el multiculturalismo, al tener unas raíces superficiales que permiten ser manipuladas con facilidad. Nos parece imprescindible el juego de miradas de los últimos fotogramas del largometraje para comprender el calvario de los protagonistas y, con gran economía de gestos, se transmite esperanza; y la escena final pone los pelos de punta.

Mi hija, mi hermana

Víctor Alvarado | 0 comentarios valoración: 1  48 votos

Si Dios quiere

Víctor Alvarado

La película que les presentamos viene avalada por el éxito en la taquilla italiana, donde el debate sobre ateísmo y fe se contrapone en una divertida producción.

La dirección corresponde a Edoardo Falcone, nacido en Roma, autor del guión de “Viva la Italia” y del libreto de una pequeña película bastante interesante como “¿Te acuerdas de mí?”, que nos recordaba que el amor es una conquista diaria. Para este arrollador debut cinematográfico, el realizador ha pensado que era posible generar un conflicto entre un prestigioso, altivo y ateo cirujano con un hijo muy creyente que quiere ser sacerdote, mostrando que el humor no está reñido con la profundidad. El realizador se muestra admirador de la comedia de su país y sus directores como Mario Monicelli, Dino Risi, Pietro Germi o Ettore Scola. El humor blanco e inteligente brilla por su presencia con ciertos toques, en momentos puntuales, que rozan la astracanada, recordando a Muñoz Seca, aunque salvando las distancias. Si a esto le añadimos unos cuantos giros argumentales, el resultado final roza el notable.

El reparto lo encabezan Marco Giallini y Alesandro Gassman, hijo del archiconocido Vittorio Gassman, lo que confirma nuestra teoría de que el enchufismo en el cine funciona, que lejos de lo anecdótico habría que decir que no sería justo no reconocer el indudable talento del actor.

El planteamiento del realizador novel no está exento de dificultades porque, a diferencia de la mayoría del cine español actual, no se hace caricatura del cura a pesar del tono cómico, siendo mostrado como ese sacerdote que todos conocemos que, con sus defectos y cualidades, orienta con cariño a sus feligreses; conoce la realidad que les rodea; se acuerda de los más necesitados; es un buen amigo capaz de ver más allá. Te plantea la vocación, pero dejando libertad y respetando las decisiones individuales. Nos ha gustado particularmente cómo es mostrada la juventud que está harta de todo y se encuentra vacía y que tiene la valentía de hacerse preguntas y tener ciertos gestos para cambiar su vida de otra manera, convirtiéndose en seguidor de Jesucristo.

Si Dios quiere

Víctor Alvarado | 0 comentarios valoración: 2  36 votos

Una madre imperfecta

Víctor Alvarado

El cine ha mostrado en innumerables ocasiones los distintos tipos de madres que pueden existir, como se puede leer en el libro “Madres de cine” (Alianza) de Óscar López y Pablo Vilaboy. “Una madre imperfecta” nos ofrece el particular punto de vista de Lorene Scafaria, que nos cuenta una historia que tiene mucho que ver con la relación de la cineasta de origen italiano con su madre.

La directora declaró lo que nos íbamos a encontrar del siguiente modo: “Mi madre se pasa mucho tiempo sola. Me siento muy culpable por eso. Tengo mucho resentimiento por esa culpa, y luego más culpa por ese resentimiento, con muchas capas de amor entre medias. Ojalá pudiera llenar el vacío que dejó mi padre, pero era alguien fuera de lo común. Y lo echo muchísimo de menos. Tras la muerte, mi madre y yo lloramos de forma tan distintas que costaba encontrar puntos en común. Pero al verla sobrellevar su dolor de forma tan maravillosa y tan optimista, quería contar su historia”.

Se trata de una película más bien episódica con varios momentos perfectamente olvidables que no dejan de ser entretenidos porque el humor hace acto de presencia. No obstante, parece que no queda claro por dónde quiere llevarnos la cineasta. La excepción la encontramos en la memorable primera escena en la que el actor JK Simmons aparece, donde se crea una situación “mágica” con Susan Sarandon en la que la química entre ambos es muy especial porque la conversación que mantienen destaca por su naturalidad y realismo. El juego de gestos y miradas sin excesos hace el resto. Tampoco hay que perderse la conversación que mantiene la protagonista con la familia del marido, que refleja los valores de la familia tradicional italiana.

La película nos cuenta la historia de una optimista viuda que está dispuesta a ayudar a cualquiera que quiera aceptar sus consejos, ya sea a una señora enferma; ya sea a organizar la boda de una mujer que se casa en un claro guiño a la ideología de género; ya sea apoyando a su hija que necesita superar una mala racha. En definitiva, la cinta intenta mostrarnos los aciertos y errores de una madre mediterránea, preocupada por el bienestar de la familia, que da muestras de su generosidad y sinceridad, ya que busca lo mejor para sus hijos, recordándonos que uno es padre y madre para el resto de su vida.

Una madre imperfecta

Víctor Alvarado | 0 comentarios valoración: 2  41 votos

X-men: Apocalipsis

Víctor Alvarado

Aunque hayan podido pasar desapercibidas las dos sagas que se han hecho de los X-men entre tanto Spiderman, Los Vengadores, Superman y Batman, las películas que se han realizado sobre la Patrulla X, que es como se les conoce en España, destacan por su intriga, por el intenso drama de sus miembros rechazados por el mundo, por la complejidad llevadera de sus tramas, por el alma que transmite el profesor Xavier a sus alumnos y por la extraordinaria calidad de los dibujos y guiones de los cómics en los que se basan. De este modo, si el anterior episodio de la saga X-men “Días del futuro pasado” estaba inspirado en la novela gráfica de John Byrne y Chris Claremont de homónimo título, X-men Apocalipsis se basa en la serie Factor X de Bob Layton y Jackson Guice, donde apareció por primera vez el supervillano que da lugar a este largometraje, aunque con algunas licencias por lo que se deduce de las declaraciones de su director a Fotogramas: “Con la cinta anterior borré las tres primeras entregas. No tengo que atenerme a una continuidad porque manipulamos el tiempo. Podríamos coincidir con otras franquicias como Deadpool o ir hasta el punto de partida de la primera de este equipo de superhéroes. Eso es lo que contamos en esta producción, su creación. Apocalipsis es a la vez el origen de los X-men y el cierre de seis películas”. Por cierto, ya era hora de que Cíclope y Jane Grey ocuparan el lugar que se merecen.

Por otra parte, el reparto lo conforman, entre otros, Oscar Isaac, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence y James McAvoy, mientras que Bryan Singer, recordado por la película “Sospechosos habituales”, continúa dirigiendo el universo en cuestión. Lo que más llama la atención de este trabajo cinematográfico es que las tramas se suceden sin solución de continuidad e, incluso, hay tiempo para profundizar en el perfil de los personajes. El director ha creado una atmósfera desasosegante que provoca la emoción necesaria para introducirse en los sentimientos que pasan por la mente de sus protagonistas. En cuanto a las escenas de acción hay que decir que la escena final se alarga innecesariamente. Sin embargo, debemos prestar especial atención, por lo simpática que nos ha parecido, a la aparición de una especie del primo hermano del Flash de la compañía DC, pero con claro aroma Marvel. Merece la pena no perderse los créditos que dan inicio a la cinta por sus guiños al cristianismo y al renacimiento, detalle que puede que sorprenda a algún espectador.

Nos interesa particularmente el contraste entre el malvado Apocalipsis representante de la New Age frente al comando de valores como la ética y la capacidad de sacrificio del profesor Xavier; la lealtad de Bestia; la intensa oración de un cristiano católico como Rondador Nocturno; la fe en los mutantes de Tormenta; la capacidad de empatía y de liderazgo en la sombra de Jane Grey; la confianza de Scott Summer en su maestro o el intento de redención de Mística. En definitiva, la esperanza de los que distinguen entre el bien y el mal frente a una especie de nihilismo esotérico.

Finalmente, la pregunta que nos hacemos es que si tantas películas de superhéroes estrenadas en el plazo de cuatro meses no producirán empacho.

X-men: Apocalipsis

Víctor Alvarado | 0 comentarios valoración: 2  40 votos

La punta del iceberg

Víctor Alvarado

Al salir de la sala tuve la impresión de que el problema de esta historia radicaba en que no resultaba verosímil, pero cuál fue mi sorpresa al descubrir que estaba basada en los hechos ocurridos en la Renault francesa en los años 80. No obstante, mi respeto hacia esta producción crece a medida que pasan los días tras su visionado.

Sofía es una directiva de una importante multinacional, a la que le encomiendan la difícil misión de descubrir qué se esconde detrás del suicidio de tres empleados pertenecientes a una filial de la empresa matriz.

El director novel David Cánovas ha sido el encargado de dirigir este largometraje que ha tardado dos años en estrenarse, ya que el rodaje terminó en diciembre de 2014. Este realizador adapta la obra de teatro de Antonio Tabares, transmitiendo la lógica frialdad de este tipo de corporaciones en las que el ser humano es considerado una simple pieza del engranaje que, como dice uno de los personajes, recuerdan a la célebre película de Charles Chaplin Tiempos modernos. Los diálogos resultan muy clarificadores y se mantiene la intriga hasta final. En pequeños detalles se nota la inexperiencia del director, su montaje no es del todo redondo. Sin embargo, con estos buenos mimbres, el presente y el futuro de este realizador están garantizados.

Tanto los actores secundarios como los principales, como Carmelo Gómez, están muy bien. Maribel Verdú expresa la impotencia de una gran mujer enfrentándose a una especie de Goliat que se las sabe todas. Por cierto, los citados intérpretes ya habían trabajado juntos en la tierna Canción de cuna de José Luis Garci.

Salvando las distancias, porque no está abierta a la trascendencia, esta historia recuerda a los largometrajes de Frank Capra. La punta del iceberg presenta un aroma capriano por esas personas que se enfrentan a un ente que les supera, luchando por una causa que consideran justa. Si en algunas ocasiones hemos criticado la incoherencia y la limitación de la libertad del sistema de producción comunista, esta interesante cinta es una denuncia al capitalismo feroz, que no tiene en cuenta los derechos del trabajador y la vida personal de sus empleados, olvidándose de su dignidad, puesto que solo sé fija en los beneficios económicos, deshumanizando la vida laboral. Este aspecto del buen trato es cuidado por algunos empresarios, aunque cada vez más se está entendiendo en muchos de ellos el desprecio por los trabajadores.

Finalmente, la cinta refleja las graves secuelas psicológicas que el aborto deja en las mujeres y las presiones a las que estas se ven sometidas para no quedarse embarazadas si quieren ascender, un hecho muy generalizado en la sociedad del siglo XXI.

La punta del iceberg

Víctor Alvarado | 0 comentarios valoración: 2  126 votos

El libro de la selva

Víctor Alvarado

Parece inevitable que la maquinaria de la factoría Disney frene su nueva política, dado el éxito de transformar sus películas de animación en largometrajes de personajes de carne y hueso como ya hizo con Maléfica y Alicia en el país de las maravillas, por poner un par de ejemplos.

Mowgli es un niño criado por una manada de lobos. Este pequeño deberá abandonar la selva porque el tigre Shere Khan le persigue. Sin embargo, el chaval no está solo, ya que algunos animales, como un oso y una pantera, le protegen.

El encargado de llevar a buen puerto este proyecto ha sido un especialista en el cine de superhéroes. John Favreau nos hizo reír y vibrar en la butaca gracias a sus trabajos en las dos primeras partes de Iroman, protagonizadas por Robert Downey Jr. El cineasta se enfrenta a un reto porque El libro de la selva ha tenido buenas adaptaciones cinematográficas de la novela de Rudyard Kipling. Por lo visto, la producción combina tanto las técnicas más avanzadas en animación como las nuevas tecnologías que permiten capturar el movimiento de los animales para que todo parezca lo más real posible y uno se introduzca totalmente en la historia. Como dato curioso, el director compara la relación de Mowgli y Baloo con la de él y su abuelo. Además, el realizador explicó que para él no sólo la técnica es suficiente, sino que se deben transmitir emociones. Una de las claves para entender el buen funcionamiento del largometraje ha sido alcanzar el equilibrio entre el drama y la acción trepidante, sin olvidar ciertos toques de humor y nostalgia que, lógicamente, nos hace mirar hacia 1967 y Wolfgang Reitherman que nos tocó el corazón en la archiconocida y divertida cinta de de dibujos animados que se homenajea.

Tanto cineasta como guionista han tratado no sólo de entretener, sino de ser fieles a los valores que transmiten los textos del escritor nacido en el siglo XIX, como el de la amistad de dos puntos de vista, el de su mentor Bagheera y el de un espíritu libre como el de Baloo. Merece la pena prestar atención al tema de la acogida, puesto que ha sido tratado con un gusto exquisito, lo que permitiría plantear un cine fórum por el sacrificio que supone este gesto y la enorme recompensa. Por otro lado, el concepto de trascendencia se sugiere sutilmente por el enorme respeto que profesan todos los animales hacia los elefantes, a los que consideran los creadores de ese “paraíso” terrenal. Y es que, en este caso, hay que reconocer que Disney cuida esos pequeños detalles que mejoran y engrandecen a sus antecesoras como ya se hizo en el planteamiento inicial de la versión del año anterior de Cenicienta.

El libro de la selva

Víctor Alvarado | 0 comentarios valoración: 2  164 votos

Batman v Superman: El amanecer de la justicia

Víctor Alvarado

Cuando dos titanes como Batman y Superman se enfrentan en la pantalla, las expectativas suelen ser muy elevadas y, aunque la película resulta entretenida, nos parece mejorable por varios motivos.

Esta producción guarda cierta relación con Trinidad de Matt Wagner; Batman: El regreso de un caballero oscuro de Frank Miller y Klaus Janson; y Superman/Batman: Enemigos públicos de Jeph Loeb y Ed McGuinnes, que amablemente han sido cedidos por la editorial ECC para hacer un análisis comparativo.

Batman v Superman: El amanecer de la justicia es la secuela de El hombre de acero que dirigiera Zack Snyder, que repite como cineasta. La película no está bien diseñada porque 150 minutos se nos antojan excesivos, teniendo en cuenta que la mayoría del tiempo se dedica a la acción, introduciendo demasiadas tramas. A pesar de no olvidarse del intenso drama de los personajes, se deja mucho a la imaginación, simplificando con un par de frases escuetas en cada diálogo. La banda sonora y la fotografía son inmejorables. El final queda totalmente abierto y todo apunta a la primera entrega de La Liga de la Justicia. Hay una escena que demuestra la capacidad de los americanos para trascender, pues se escucha la plegaria de una persona que teme por su vida y llama la atención la falta de complejos de éstos hacia su patria y su bandera.

La principal diferencia con respecto a los cómics es que tanto Superman como Batman presentan unas manchas en sus expedientes, ya que Superman viene de partirle el cuello a Zod y El Hombre Murciélago tiene un gatillo fácil, lo que choca bastante, pues en los tebeos Superman siempre defiende la vida, mientras que Batman pasa ciertas rayas, pero nunca mata a sus rivales por su ética bien entendida. Por otra parte, el realizador estadounidense conserva la esencia de los protagonistas, pero profundiza poco, puesto que Batman tiene un pasado oscuro por la muerte traumática de sus padres, tan importantes en la infancia de un chavalito. Este hombre hace justicia de un modo peculiar, generando miedo en los delincuentes para combatir el mal. En cambio, para Clark Kent, el ejemplo a seguir lo ha encontrado en sus padres, que siempre le han guiado por el buen camino; le han hecho la vida fácil, animándole en su vocación. No obstante, el lado inocente de Superman de los cómics queda empañado en la película.

El carácter mesiánico del hombre de acero queda patente en el amor que profesa a Lois Lane y a la humanidad, lo que se convierte en su punto débil porque frena su potencial desde el punto de vista de Batman, mientras que Bruce Wayne, como buen detective, no deja que los sentimientos interfieran en sus acciones. De hecho, a pesar de que se le atribuya a Bruce fama de mujeriego, para él es difícil llevar una relación de pareja por su cruzada contra el mal. Sin embargo, este último aspecto no aparece en la película.

Finalmente, los protagonistas Henry Cavill, Ben Affleck y Amy Adams están razonablemente bien. Jessey Eisenber en el personaje de Lex Luthor no presenta ese toque de ambigüedad y de ingenio que hizo grande a Gene Hackman, mientras que Jeremy Irons no encaja en el papel de Alfred porque resulta muy frío, faltándole ese punto de humanidad que le caracteriza.

Batman v Superman: El amanecer de la justicia

Víctor Alvarado | 0 comentarios valoración: 2  154 votos

El cuento de la princesa Kaguya

Víctor Alvarado

Una de los pocas producciones que pudo hacer sombra a la gran y positiva cinta de Disney el año pasado, Big Hero 6, en la lucha por el Oscar a la Mejor Película de Animación, fue El cuento de la princesa Kaguya, que por fin se ha estrenado en España. Una pareja de entrañables ancianos se encuentran a una niña diminuta y la cuidan con mimo hasta que se acaba convirtiendo en una guapa mujer, pretendida por todos, que esconde un secreto.

El encargado de llevar a cabo este proyecto ha sido Isao Takahata, uno de los estandartes de los estudios Ghibli junto al inolvidable Hayao Miyazaki. A este cineasta lo recordamos por un dramón de dibujos animados, llamado La tumba de las luciérnagas, así como obras maestras de la televisión como Heidi o Ana de las tejas verdes. Y si hace dos años se despidió Miyazaki con El viento se levanta, el año pasado fue el turno de la otra estrella del anime japonés que, en teoría, se despide con El cuento de la princesa Kaguya, basada en el cuento popular del siglo IX El cortador de bambú.

Sin embargo, no se engañen, el realizador de este largometraje hace un tipo de animación más apropiada para el público adulto que para el infantil. Las situaciones vividas te acaban dejando tocado, acuérdense de la serie Marco. Podemos decir que el punto luminoso de los estudios Ghibli lo pone Miyazaki, mientras que Takahata presenta un toque más pesimista. Algunos pueden pensar que la cinta se alarga innecesariamente y no les quitamos la razón, porque 137 minutos son excesivos, teniendo en cuenta la parsimonia nipona. Lo que pasa es que se recrea en los paisajes, a cada cual más bonito, ya que cada plano es un cuadro que merecería una exposición.

Esta producción intenta concienciarnos de que la ambición del ser humano puede ser un obstáculo para disfrutar con las personas a las que queremos. Por otra parte, su visionado nos sugiere que la felicidad no la da la posición social, sino el saber mirar al corazón de los demás. Por último, el valor de la acogida tiene gran importancia en este relato y la escena, de bella factura, donde la princesita gatea y da los primeros pasos expresa esa idea.

El cuento de la princesa Kaguya

Víctor Alvarado | 0 comentarios valoración: 1  81 votos

Poveda

Juan Orellana

El director afincado en Ciudad Rodrigo, Pablo Moreno, fundador de Contracorriente-Three Columns Entertainment, que sorprendió al público con Un Dios prohibido, sobre los mártires de Barbastro en la Guerra Civil, vuelve a esa época de nuestro pasado para acercarnos a algunos momentos de la vida de San Pedro Poveda, que fue asesinado en las tapias del cementerio de la Almudena de Madrid el 28 de julio de 1936.

Poveda arranca en el momento del arresto de Pedro Poveda (Raúl Escudero) nada más estallar la guerra. Un miliciano, Felipe (Miguel Berlanga) decide interrogarle para saber quién es realmente, y ese va a ser el recurso narrativo para que, a base de flashbacks, conozcamos algunos momentos clave en la vida y obra del santo. Así, vamos a asomarnos a su trabajo educativo con los cueveros de Guadix, a su creación en Asturias de una Academia Femenina para estudiantes de Magisterio, y a la fundación de la Institución Teresiana, entre otras cosas. También seremos testigos de sus dificultades intraeclesiales, así como del recelo que sus iniciativas pedagógicas van a despertar en los líderes del laicismo educativo del momento.

Pablo Moreno es un director y guionista solvente, que ha vuelto a demostrar que sabe rentabilizar al máximo los presupuestos de que dispone, normalmente limitados para lo que es una película de época. Aunque es el primer biopic, al menos contemporáneo, que se realiza sobre Pedro Poveda, es fácil encontrar ecos en la película de cintas recientes como Don Bosco, Encontrarás dragones, Prefiero el paraíso... y otros elementos más puntuales que evocan títulos como La Misión o Los chicos del coro.

No cabe duda de que uno de los mayores aciertos del film es el recurso, ya usado en su anterior film, de "humanizar al antagonista", en este caso el miliciano Felipe. Esta fórmula es útil para evitar caer en guerracivilismos, algo difícil y que Pablo Moreno ha sabido resolver siempre muy bien. Por otra parte, resulta muy sugerente y políticamente incorrecto que la película ponga el acento en la promoción de la mujer frente a un machismo instalado en la propia República de izquierdas. La película, además de su interés histórico y divulgativo, tiene una tremenda actualidad en cuestiones como la libertad de enseñanza y la emergencia educativa.

Poveda

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 2  91 votos
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Vista general de un colorido pueblo conocido por los lugareños como Kampung Warna-Warni en Malang, Java Oriental (Indonesia). Fully Handoko (EFE)

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