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16 OCTUBRE 2019
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La punta del iceberg

Víctor Alvarado

Al salir de la sala tuve la impresión de que el problema de esta historia radicaba en que no resultaba verosímil, pero cuál fue mi sorpresa al descubrir que estaba basada en los hechos ocurridos en la Renault francesa en los años 80. No obstante, mi respeto hacia esta producción crece a medida que pasan los días tras su visionado.

Sofía es una directiva de una importante multinacional, a la que le encomiendan la difícil misión de descubrir qué se esconde detrás del suicidio de tres empleados pertenecientes a una filial de la empresa matriz.

El director novel David Cánovas ha sido el encargado de dirigir este largometraje que ha tardado dos años en estrenarse, ya que el rodaje terminó en diciembre de 2014. Este realizador adapta la obra de teatro de Antonio Tabares, transmitiendo la lógica frialdad de este tipo de corporaciones en las que el ser humano es considerado una simple pieza del engranaje que, como dice uno de los personajes, recuerdan a la célebre película de Charles Chaplin Tiempos modernos. Los diálogos resultan muy clarificadores y se mantiene la intriga hasta final. En pequeños detalles se nota la inexperiencia del director, su montaje no es del todo redondo. Sin embargo, con estos buenos mimbres, el presente y el futuro de este realizador están garantizados.

Tanto los actores secundarios como los principales, como Carmelo Gómez, están muy bien. Maribel Verdú expresa la impotencia de una gran mujer enfrentándose a una especie de Goliat que se las sabe todas. Por cierto, los citados intérpretes ya habían trabajado juntos en la tierna Canción de cuna de José Luis Garci.

Salvando las distancias, porque no está abierta a la trascendencia, esta historia recuerda a los largometrajes de Frank Capra. La punta del iceberg presenta un aroma capriano por esas personas que se enfrentan a un ente que les supera, luchando por una causa que consideran justa. Si en algunas ocasiones hemos criticado la incoherencia y la limitación de la libertad del sistema de producción comunista, esta interesante cinta es una denuncia al capitalismo feroz, que no tiene en cuenta los derechos del trabajador y la vida personal de sus empleados, olvidándose de su dignidad, puesto que solo sé fija en los beneficios económicos, deshumanizando la vida laboral. Este aspecto del buen trato es cuidado por algunos empresarios, aunque cada vez más se está entendiendo en muchos de ellos el desprecio por los trabajadores.

Finalmente, la cinta refleja las graves secuelas psicológicas que el aborto deja en las mujeres y las presiones a las que estas se ven sometidas para no quedarse embarazadas si quieren ascender, un hecho muy generalizado en la sociedad del siglo XXI.

La punta del iceberg

Víctor Alvarado | 0 comentarios valoración: 3  972 votos

El libro de la selva

Víctor Alvarado

Parece inevitable que la maquinaria de la factoría Disney frene su nueva política, dado el éxito de transformar sus películas de animación en largometrajes de personajes de carne y hueso como ya hizo con Maléfica y Alicia en el país de las maravillas, por poner un par de ejemplos.

Mowgli es un niño criado por una manada de lobos. Este pequeño deberá abandonar la selva porque el tigre Shere Khan le persigue. Sin embargo, el chaval no está solo, ya que algunos animales, como un oso y una pantera, le protegen.

El encargado de llevar a buen puerto este proyecto ha sido un especialista en el cine de superhéroes. John Favreau nos hizo reír y vibrar en la butaca gracias a sus trabajos en las dos primeras partes de Iroman, protagonizadas por Robert Downey Jr. El cineasta se enfrenta a un reto porque El libro de la selva ha tenido buenas adaptaciones cinematográficas de la novela de Rudyard Kipling. Por lo visto, la producción combina tanto las técnicas más avanzadas en animación como las nuevas tecnologías que permiten capturar el movimiento de los animales para que todo parezca lo más real posible y uno se introduzca totalmente en la historia. Como dato curioso, el director compara la relación de Mowgli y Baloo con la de él y su abuelo. Además, el realizador explicó que para él no sólo la técnica es suficiente, sino que se deben transmitir emociones. Una de las claves para entender el buen funcionamiento del largometraje ha sido alcanzar el equilibrio entre el drama y la acción trepidante, sin olvidar ciertos toques de humor y nostalgia que, lógicamente, nos hace mirar hacia 1967 y Wolfgang Reitherman que nos tocó el corazón en la archiconocida y divertida cinta de de dibujos animados que se homenajea.

Tanto cineasta como guionista han tratado no sólo de entretener, sino de ser fieles a los valores que transmiten los textos del escritor nacido en el siglo XIX, como el de la amistad de dos puntos de vista, el de su mentor Bagheera y el de un espíritu libre como el de Baloo. Merece la pena prestar atención al tema de la acogida, puesto que ha sido tratado con un gusto exquisito, lo que permitiría plantear un cine fórum por el sacrificio que supone este gesto y la enorme recompensa. Por otro lado, el concepto de trascendencia se sugiere sutilmente por el enorme respeto que profesan todos los animales hacia los elefantes, a los que consideran los creadores de ese “paraíso” terrenal. Y es que, en este caso, hay que reconocer que Disney cuida esos pequeños detalles que mejoran y engrandecen a sus antecesoras como ya se hizo en el planteamiento inicial de la versión del año anterior de Cenicienta.

El libro de la selva

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Batman v Superman: El amanecer de la justicia

Víctor Alvarado

Cuando dos titanes como Batman y Superman se enfrentan en la pantalla, las expectativas suelen ser muy elevadas y, aunque la película resulta entretenida, nos parece mejorable por varios motivos.

Esta producción guarda cierta relación con Trinidad de Matt Wagner; Batman: El regreso de un caballero oscuro de Frank Miller y Klaus Janson; y Superman/Batman: Enemigos públicos de Jeph Loeb y Ed McGuinnes, que amablemente han sido cedidos por la editorial ECC para hacer un análisis comparativo.

Batman v Superman: El amanecer de la justicia es la secuela de El hombre de acero que dirigiera Zack Snyder, que repite como cineasta. La película no está bien diseñada porque 150 minutos se nos antojan excesivos, teniendo en cuenta que la mayoría del tiempo se dedica a la acción, introduciendo demasiadas tramas. A pesar de no olvidarse del intenso drama de los personajes, se deja mucho a la imaginación, simplificando con un par de frases escuetas en cada diálogo. La banda sonora y la fotografía son inmejorables. El final queda totalmente abierto y todo apunta a la primera entrega de La Liga de la Justicia. Hay una escena que demuestra la capacidad de los americanos para trascender, pues se escucha la plegaria de una persona que teme por su vida y llama la atención la falta de complejos de éstos hacia su patria y su bandera.

La principal diferencia con respecto a los cómics es que tanto Superman como Batman presentan unas manchas en sus expedientes, ya que Superman viene de partirle el cuello a Zod y El Hombre Murciélago tiene un gatillo fácil, lo que choca bastante, pues en los tebeos Superman siempre defiende la vida, mientras que Batman pasa ciertas rayas, pero nunca mata a sus rivales por su ética bien entendida. Por otra parte, el realizador estadounidense conserva la esencia de los protagonistas, pero profundiza poco, puesto que Batman tiene un pasado oscuro por la muerte traumática de sus padres, tan importantes en la infancia de un chavalito. Este hombre hace justicia de un modo peculiar, generando miedo en los delincuentes para combatir el mal. En cambio, para Clark Kent, el ejemplo a seguir lo ha encontrado en sus padres, que siempre le han guiado por el buen camino; le han hecho la vida fácil, animándole en su vocación. No obstante, el lado inocente de Superman de los cómics queda empañado en la película.

El carácter mesiánico del hombre de acero queda patente en el amor que profesa a Lois Lane y a la humanidad, lo que se convierte en su punto débil porque frena su potencial desde el punto de vista de Batman, mientras que Bruce Wayne, como buen detective, no deja que los sentimientos interfieran en sus acciones. De hecho, a pesar de que se le atribuya a Bruce fama de mujeriego, para él es difícil llevar una relación de pareja por su cruzada contra el mal. Sin embargo, este último aspecto no aparece en la película.

Finalmente, los protagonistas Henry Cavill, Ben Affleck y Amy Adams están razonablemente bien. Jessey Eisenber en el personaje de Lex Luthor no presenta ese toque de ambigüedad y de ingenio que hizo grande a Gene Hackman, mientras que Jeremy Irons no encaja en el papel de Alfred porque resulta muy frío, faltándole ese punto de humanidad que le caracteriza.

Batman v Superman: El amanecer de la justicia

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El cuento de la princesa Kaguya

Víctor Alvarado

Una de los pocas producciones que pudo hacer sombra a la gran y positiva cinta de Disney el año pasado, Big Hero 6, en la lucha por el Oscar a la Mejor Película de Animación, fue El cuento de la princesa Kaguya, que por fin se ha estrenado en España. Una pareja de entrañables ancianos se encuentran a una niña diminuta y la cuidan con mimo hasta que se acaba convirtiendo en una guapa mujer, pretendida por todos, que esconde un secreto.

El encargado de llevar a cabo este proyecto ha sido Isao Takahata, uno de los estandartes de los estudios Ghibli junto al inolvidable Hayao Miyazaki. A este cineasta lo recordamos por un dramón de dibujos animados, llamado La tumba de las luciérnagas, así como obras maestras de la televisión como Heidi o Ana de las tejas verdes. Y si hace dos años se despidió Miyazaki con El viento se levanta, el año pasado fue el turno de la otra estrella del anime japonés que, en teoría, se despide con El cuento de la princesa Kaguya, basada en el cuento popular del siglo IX El cortador de bambú.

Sin embargo, no se engañen, el realizador de este largometraje hace un tipo de animación más apropiada para el público adulto que para el infantil. Las situaciones vividas te acaban dejando tocado, acuérdense de la serie Marco. Podemos decir que el punto luminoso de los estudios Ghibli lo pone Miyazaki, mientras que Takahata presenta un toque más pesimista. Algunos pueden pensar que la cinta se alarga innecesariamente y no les quitamos la razón, porque 137 minutos son excesivos, teniendo en cuenta la parsimonia nipona. Lo que pasa es que se recrea en los paisajes, a cada cual más bonito, ya que cada plano es un cuadro que merecería una exposición.

Esta producción intenta concienciarnos de que la ambición del ser humano puede ser un obstáculo para disfrutar con las personas a las que queremos. Por otra parte, su visionado nos sugiere que la felicidad no la da la posición social, sino el saber mirar al corazón de los demás. Por último, el valor de la acogida tiene gran importancia en este relato y la escena, de bella factura, donde la princesita gatea y da los primeros pasos expresa esa idea.

El cuento de la princesa Kaguya

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Poveda

Juan Orellana

El director afincado en Ciudad Rodrigo, Pablo Moreno, fundador de Contracorriente-Three Columns Entertainment, que sorprendió al público con Un Dios prohibido, sobre los mártires de Barbastro en la Guerra Civil, vuelve a esa época de nuestro pasado para acercarnos a algunos momentos de la vida de San Pedro Poveda, que fue asesinado en las tapias del cementerio de la Almudena de Madrid el 28 de julio de 1936.

Poveda arranca en el momento del arresto de Pedro Poveda (Raúl Escudero) nada más estallar la guerra. Un miliciano, Felipe (Miguel Berlanga) decide interrogarle para saber quién es realmente, y ese va a ser el recurso narrativo para que, a base de flashbacks, conozcamos algunos momentos clave en la vida y obra del santo. Así, vamos a asomarnos a su trabajo educativo con los cueveros de Guadix, a su creación en Asturias de una Academia Femenina para estudiantes de Magisterio, y a la fundación de la Institución Teresiana, entre otras cosas. También seremos testigos de sus dificultades intraeclesiales, así como del recelo que sus iniciativas pedagógicas van a despertar en los líderes del laicismo educativo del momento.

Pablo Moreno es un director y guionista solvente, que ha vuelto a demostrar que sabe rentabilizar al máximo los presupuestos de que dispone, normalmente limitados para lo que es una película de época. Aunque es el primer biopic, al menos contemporáneo, que se realiza sobre Pedro Poveda, es fácil encontrar ecos en la película de cintas recientes como Don Bosco, Encontrarás dragones, Prefiero el paraíso... y otros elementos más puntuales que evocan títulos como La Misión o Los chicos del coro.

No cabe duda de que uno de los mayores aciertos del film es el recurso, ya usado en su anterior film, de "humanizar al antagonista", en este caso el miliciano Felipe. Esta fórmula es útil para evitar caer en guerracivilismos, algo difícil y que Pablo Moreno ha sabido resolver siempre muy bien. Por otra parte, resulta muy sugerente y políticamente incorrecto que la película ponga el acento en la promoción de la mujer frente a un machismo instalado en la propia República de izquierdas. La película, además de su interés histórico y divulgativo, tiene una tremenda actualidad en cuestiones como la libertad de enseñanza y la emergencia educativa.

Poveda

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 3  286 votos

La verdad duele

Víctor Alvarado

El cine deportivo no funciona demasiado bien en la taquilla española, aunque los americanos son genios en este género del que han salido obras maestras como El orgullo de los yanquis, Elegidos para la gloria o, la más reciente, El entrenador Carter. Todas ellas están basadas en hechos reales al igual que ocurre con la cinta La verdad duele, una producción con alto contenido de cine de denuncia.

La dirección ha corrido a cargo del periodista Peter Landesman, conocido por ser el excelente guionista de Matar al mensajero, que está preparando una interesante película sobre el enfrentamiento entre judíos y romanos en el sitio de Masada para la productora de Ridley Scott.

Este cineasta ha tratado de explicar las consecuencias de la práctica del fútbol americano para la salud de deportistas profesionales en declaraciones a Fotogramas: “Un partido es espectacular, aunque no somos conscientes de lo que esos golpes y choques violentos causan en el cerebro de los deportistas. Los equipos más importantes y las corporaciones que manejan la liga profesional no querían que se hiciera esta película. Que se emita un programa en televisión tampoco les inquieta, hay otras cadenas que dan partidos y noticias y que generan muchos dólares en publicidad. Pero si haces una película con una gran estrella, entonces les entra miedo e intentan boicotearte”. En cuanto a este relato cinematográfico hay que decir que entretiene y conmueve, pero presenta algún que otro bajón de intensidad.

Para ello, el realizador ha contado con la indiscutible estrella Will Smith. Este actor ha sido uno de los promotores de la campaña contra los Oscar 2016 por no haber ningún negro nominado en ninguna categoría. Sin querer entrar en polémica, tanto la interpretación como la película merecerían haber corrido mejor suerte en la carrera por los Oscar. Para ser sinceros, el citado actor afroamericano se luce en cada plano. Si echamos un vistazo a todas las nominadas, choca que una película como La gran apuesta haya entrado en la lucha por los Oscar, como ocurrió el año pasado con otra película del mismo director, David O Russell, como la nefasta La gran estafa americana, que parece que vive de las rentas.

Esta película cuenta la vida de un excelente médico, Bennet Omalu, que trata con la máxima dignidad a todos los sujetos a estudio por raro que pueda parecer, ya que se trata de un forense. Esta producción nos puede ayudar a reflexionar sobre cómo un cristiano coherente y comprometido debe actuar cuando su búsqueda de la verdad puede suponer un freno a su éxito profesional haciendo honor a la evangélica frase: “La verdad os hará libres”. Por otra parte, invita a pensar en qué puede pasar si dejamos nuestra vidas en manos de Dios para tomar decisiones importantes.

La verdad duele

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El renacido (The revenant)

Víctor Alvarado

De entre los western de aventuras que se han hecho a lo largo de la historia podríamos destacar algunos como Centauros del desierto, El oro de McKenna y Las aventuras de Jeremías Johnson, protagonizado por Robert Redford, con la que esta guarda ciertos paralelismos. La historia que se cuenta está basada en hechos reales y parte de la novela de Michael Punke. La vida de este hombre ya fue llevada a la gran pantalla por el cineasta C. Safarian, titulada El hombre de una tierra salvaje.

Hugh Glass es un experimentado trampero de la América profunda, que es traicionado por un miembro de su equipo. Este hombre demostrará su capacidad para resurgir de las cenizas e irá en busca del citado individuo para capturarlo.

Esta producción viene avalada por 12 nominaciones a los Óscar (esta es la mejor película de la temporada hollywoodiense junto a El puente de los espías y Marte), dirigida por un interesante director mexicano como Alejandro González Iñarritu, autor de Babel, 21 gramos o la excesivamente valorada Birdman. Este cineasta se ha superado, haciendo un gran favor al crepuscular género del oeste y nos encontramos ante el mejor de sus trabajos con diferencia. El film es duro e intenso. No deja tiempo al espectador ni para respirar a pesar de su extensión. La duración no es un problema porque se pasa en un suspiro. La fotografía es maravillosa y para conseguir ese tipo de iluminación se rodaba tres horas al día, lo que generó el consecuente agotamiento de los actores por la dureza del clima.

Los temas de la película son la capacidad de superación y el espíritu de venganza pero, con matices, ya que esta frase lo dice todo: “La venganza está en manos de Dios”, con lo que podemos decir que el protagonista confía en la Providencia y se encuentra con esos pequeños ángeles que se cruzan en su camino. La luz juega un papel trascendental en los acontecimientos y está cargada de simbolismo, ofreciéndonos algunas señales del acercamiento del director al catolicismo, puesto que su filmografía, si exceptuamos su éxito del año pasado, parece que progresivamente va trasmitiendo en su obra un mensaje esperanzador que busca el encuentro onírico, en este caso con Jesucristo, aunque podamos cuestionar las acciones del protagonista.

En el reparto destacan actores de la talla de Tom Hardy, Donhall Gleeson y un DiCaprio que vuelve a estar en la lucha por la ansiada estatuilla. Perdóname Leo por la confianza, pero si no la consigues en esta ocasión, nunca lo lograrás. Te lo mereces.

El renacido (The revenant)

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Creed. La leyenda de Rocky

Víctor Alvarado

Todos hemos oído decir que segundas partes nunca fueron buenas. El caso es que esta séptima entrega deja en mal lugar a ese refrán. En nuestra modesta opinión debería entrar en el ranking de las grandes películas de boxeo de la historia en las que estarían Gentleman Jim, Kid Galahad, Nadie puede vencerme, Marcado por el odio, The fighter, Huracán Carter o Cinderella man, todo ello sin olvidar la primera parte de Rocky y la obra en cuestión: Creed. La leyenda de Rocky.

En esta ocasión, este icono del pugilismo cinematográfico cuelga los guantes de boxeador para convertirse, haciéndose querer, en el entrenador del hijo de Apollo Creed, nada más y nada menos.

La dirección ha corrido cargo de Ryan Coogler, que se confiesa fan del personaje y que ha sacado lo mejor de la saga, aprovechando el poso dejado por los anteriores guiones, con lo que gran parte del trabajo ya estaba hecho. Tan sólo era necesario hacer una serie de ajustes para que el engranaje de la historia funcionara a la perfección, alcanzando el notable alto. El cineasta dosifica la información y hace pequeños giros argumentales para que el espectador no pierda la atención. El único pero lo encontramos en la trama amorosa, coincidiendo con lo dicho por un crítico de prestigio, ya que lastra el magnífico relato, donde no faltan las inolvidables coreografías y la famosa escalera del museo de Filadelfia (me encantaría subirla, escuchando su banda sonora).

La interpretación de Sylvester Stallone es merecedora de una nominación al Óscar, que me alegraría que ganase aunque parece que el actor Mark Rylance, que hacía de espía ruso en la sobresaliente El puente de los espías, tiene todas las papeletas para lograr la ansiada estatuilla. No obstante, el dato más interesante es su vuelta a la fe católica como se puede comprobar en las siguientes perlas que les mostramos de su espiritualidad: “Cuanto más voy a la iglesia y más profundizo en mi creencia en Jesús y escucho su Palabra, a la vez que dejo que su mano me guíe, siento cómo me libero de mis presiones. La iglesia es el gimnasio del alma”.

El tema principal de este largometraje es el valor de la acogida porque todos merecemos una oportunidad para intentar ser felices. Por otra parte, esta producción apunta la defensa de la dignidad de la persona con una certera frase de Rocky hacia su pupilo y la réplica de éste, en otro momento, animándole a que no se rinda ante la dificultad. Tampoco podemos olvidar que se trata de una cinta abierta a la trascendencia en la que Balboa habla con Adrien en una escena muy fordiana en un cementerio católico que nos puede hacer reflexionar sobre el amor auténtico y verdadero.

Creed. La leyenda de Rocky

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Odiosos ocho

Víctor Alvarado

Aunque las películas violentas no son santo de mi devoción, a Quentin Tarantino se le perdona casi todo, ya que saca no sólo lo mejor de los actores, sino que sus historias son muy buenas, acuérdense de Pulp Fiction, Malditos bastardos o Django Desencadenado, que sirvió para lucimiento personal de Christoph Waltz.

Este reconocido guionista y excelente director estrena su segundo western y ha conseguido revitalizar el género con tan sólo dos películas, la primera bastante mejor que esta segunda. Para la banda sonora ha contado con un compositor de campanillas como Ennio Morricone que, como curiosidad, se trata de un comprometido católico, razón por la cual le han negado algún que otro premio de prestigio. Por otra parte, de todos es conocido el amor que profesa el citado realizador por el cine, negándose a filmar en digital, al considerar que se pierde la esencia del séptimo arte y como buen cinéfilo explicó a Fotogramas que el cine refleja el sentir de una época del siguiente modo: “En el de los años 30, todo es blanco y negro. Los de la época de Eisenhower vendían la América ideal de los 50. Luego vienen los spaghetti-western de los 60 y los hippie western de los 70, cargados de cinismo”.

El hecho es que no es el mejor trabajo de Tarantino, a pesar de que guarda ciertos paralelismos en su desenlace con Malditos bastardos, porque la reivindicación que se hace o porque el modo de hacer justicia de este cineasta es particularmente sangriento. Estamos ante una historia brutal con moraleja que pretende hacernos reflexionar sobre el significado de rechazar a alguien por motivo de su raza.

El problema de esta producción, con aroma a película del oeste italiana de estética católica, que recuerda la novela de Agatha Christie Los ocho negritos, es su duración. Estamos ante la nada despreciable cifra de 187 minutos de reloj con diálogos interminables no siempre bien resueltos, ni demasiado brillantes. Sin embargo, existen varias escenas de humor bastante simpáticas. De todas formas, en este caso, a pesar de que hay muchos detalles que nos gustan, tenemos la impresión de que el talento se le ha subido a la cabeza o, en caso contrario, es que necesita un buen montador que hubiera hecho unos cuantos recortes; de haberlo logrado, hubiese llegado a su habitual nivel.

Las caracterizaciones de los actores nos parecen inmejorables y, como el propio título indica, la forma de ser de los personajes provoca un rechazo inmediato por parte del espectador. No obstante, a pesar de que Samuel L. Jackson, su actor fetiche, no está nominado a los Óscar, el repertorio de gestos y miradas lo convierte en el simbólico ganador de la estatuilla. En el reparto destacan intérpretes de la talla de Kurt Russell, Tim Roth y Jennifer Jason Leigh, nominada a los Óscar 2016.

Odiosos ocho

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Mia madre

Juan Orellana

Se estrena la última película del famoso director y actor italiano Nanni Moretti, al que llevábamos tiempo sin ver en nuestras pantallas (Habemus Papam, La habitación del hijo…) y que en esta ocasión nos ofrece un drama personal, dedicado a su madre, en el que sin duda hay muchos elementos autobiográficos.

Un ejemplo de esta sombra personal y biográfica es que la protagonista, Margherita (interpretada magníficamente por Margherita Buy), hace el papel de una directora de cine social, una mujer políticamente comprometida, como precisamente ha sido siempre Nanni Moretti. Margherita se está divorciando de Vittorio, un actor con el que tiene una hija adolescente, Livia. El hermano de Margherita (interpretado por Nani Moretti) decide dejar el trabajo para dedicarse completamente a su madre, gravemente enferma en el hospital. Curiosamente también Moretti se divorció de una actriz de tres películas suyas (Silvia Nono) y con la que tuvo un hijo que cumplirá ahora 20 años. Así pues estamos ante un film que nace del corazón de Moretti, de sus sentimientos de hijo, y que quizá quiera rendir homenaje a su madre a la vez que alcanzar una cierta catarsis personal.

La película analiza el alma dividida de la protagonista, que debe atender a su absorbente trabajo y cuidar a su hija adolescente, a la vez que acompañar a su madre en el tramo final de su existencia. La película no se recrea en culpabilidades ni ofrece un cargante psicoanálisis, solo habla del amor y del sufrimiento, desnudos, sin discurso, a lo Moretti (recordemos La habitación del hijo). Pero también, como en aquel film sobre la muerte –no de una madre sino de un hijo– se echa de menos una mínima apertura a las preguntas de sentido y a la trascendencia. Este tono dramático está compensado con el humor característico del director, en este caso servido a través del personaje de Barry Huggins (John Turturro), que hace de actor inseguro e histriónico en el rodaje que dirige Margherita. Esta aportación cómica es arriesgada pues no está claro que engarce bien con el tono dramático del film. En cualquier caso, estamos ante una película muy humana, que ofrece una mirada realista y positiva sobre la familia, y que obtuvo el Premio SIGNIS del Jurado Ecuménico en el Festival de Cannes, así como dos David de Donatello para las dos protagonistas femeninas.

Mia madre

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 3  212 votos

El hijo de Saúl

Juan Orellana

Polonia, 1944. Saúl Ausländer (Géza Röhrig) es un prisionero judío húngaro que es obligado a trabajar en los hornos crematorios de Auschwitz. Un día descubre entre los que van a ser incinerados el cuerpo de un joven a quien Saúl cree su hijo. Entonces lo oculta y busca un rabino para poder enterrarlo con dignidad. Todos sus compañeros le empiezan a considerar como un loco, que además pone en peligro sus planes de fuga.

Sorprendente opera prima del húngaro László Nemes (Budapest, 1977). Sus padres se instalaron en París huyendo del comunismo, con lo que Nemes tuvo una educación en gran parte francesa. Aprendió el oficio de la mano del cineasta Béla Tarr, quien le enseñó a mirar la realidad de una forma más artística. Quizá por ello esta película no se parezca a nada de lo que se ha hecho anteriormente sobre el Holocausto.

Casi toda la película está rodada desde el punto de vista del protagonista, casi como una sucesión de largos planos subjetivos. A esta arriesgada fórmula narrativa se añade la escasa profundidad de campo de los encuadres, que nos obliga a ver desenfocadas las escenas más terribles del exterminio de los judíos en las cámaras de gas. Se trata de una opción más ética que estética, ya que pone al espectador frente a esa tragedia moral sin hacer de ello un espectáculo. Por otra parte, el argumento mismo nos muestra a un hombre que por creer incondicionalmente en la dignidad de un ser humano particular acaba convirtiéndose en un loco a los ojos de propios y ajenos. Quizá por ello el director declara: “En una historia tan oscura como la aquí narrada, creo que también se palpa un gran sentimiento de esperanza: a través de la pérdida total de la integridad, de los valores y de la religión, un hombre comienza a escuchar una débil voz en su interior, que le empuja a realizar una hazaña aparentemente vana e inútil, para terminar encontrando moralidad y un afán de supervivencia en su interior”.

El hijo de Saúl obtuvo el Gran Premio del Jurado y Premio Fipresci en el pasado Festival de Cannes, y ha sido seleccionada por Hungría para los Oscar, en los que parte como una de las favoritas en la categoría de Película de habla no inglesa.

El hijo de Saúl

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Palmeras en la nieve

Juan Orellana

Clarence (Adriana Ugarte) descubre una carta olvidada durante años que le empuja a viajar desde las montañas de Huesca a Bioko para visitar la tierra en la que su padre Jacobo (Alain Hernández) y su tío Killian (Mario Casas) pasaron la mayor parte de su juventud, la colonia española de Fernando Poo. Allí Clarence desentierra el secreto de una historia de amor prohibido entre un colono y una guineana. Este es el argumento de Palmeras en la nieve, adaptación de la novela homónima de Luz Gabas, con guión de Sergio G. Sánchez, dirigida por Fernando González-Molina (Tengo ganas de ti, Tres metros sobre el cielo…) y protagonizada por el actor fetiche de este director, Mario Casas. Le dan la réplica Berta Vázquez, Macarena García, Adriana Ugarte, Emilio Gutiérrez Caba y Celso Bugallo, entre un elenco de más de setenta actores.

Aunque esta producción de Atresmedia es la película española de mayor presupuesto en los últimos años, el resultado no está a la altura de su inversión. Ciertamente el dinero se nota en el diseño de producción, en los sets de las formidables localizaciones de Colombia, Huesca y Gran Canaria, en la dirección artística, los diseños digitales y en los más de dos mil extras empleados en el rodaje. Pero lo más barato es lo que falla, el guión, que difumina los auténticos conflictos morales en un marco colonialista para centrarse en una historia demasiado mimetizada a los culebrones televisivos de sobremesa. Además el director, que ha dirigido más series televisivas que largometrajes, parece sentirse cómodo con este planteamiento formal. Pero hay otro elemento que resta fuerza al film, y es la interpretación de Mario Casas, poco convincente y escasa de registros. Al margen de todo esto, probablemente al film le pueda ocurrir el mismo fenómeno que le sucedió a Carne de Neón, también con Mario Casas: fracasó al incluir en una trama para adultos un actor de éxito juvenil. No fueron a verla ni unos ni otros por la ambigüedad de su propuesta. Palmeras en la nieve tiene una temática más cercana a un público maduro, pero el protagonismo de Mario Casas es un guiño a un target adolescente. Sólo un marketing abrumador podrá tratar de sortear este error de concepción. El arranque es una impactante escena sexual interracial que ya es una declaración de principios: la película quiere, sobre todo, vender. Todo lo demás está supeditado a la comercialidad del producto. Y eso es lícito, pero rara vez sale bien. Es una película más de ejecutivos que de cineastas.

Palmeras en la nieve tiene aspectos brillantes, amén de los ya aludidos, con algunas subtramas con interés; y la interpretación de la actriz ucraniana-etíope Berta Vázquez es formidable. También lo es la banda sonora de Lucas Vidal. Asimismo se agradece el tono equilibrado con el que muestra la presencia española en la isla. Pero la película se queda muy corta en el desarrollo de personajes, en la hondura dramática de los conflictos más allá de los tópicos, y queda como resultado una desproporción entre lo sofisticado del envoltorio y lo parco del contenido.

Palmeras en la nieve

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 3  286 votos

Niebla

Juan Orellana

Desde Corea y tras su paso por el Festival de San Sebastián nos llega este estremecedor drama de inmigración dirigido por el debutante Shim Sung-bo. Kang Chul-joo (Kim Yoon-seok) es el capitán de un viejo barco pesquero que no pasa por sus mejores días. Es marinero vocacional pero está amargado, entre otras cosas porque su mujer le engaña. Un día le hacen una propuesta que puede sanear sus finanzas: transportar inmigrantes provenientes de China. Todo va más o menos bien hasta que el encuentro con una patrullera coreana impondrá un giro drástico a la historia.

La película, rodada con esa desinhibición de la violencia característica del cine coreano, indaga con acierto en esa sutil barrera de la libertad y de la voluntad que lleva del bien al mal y viceversa. Los marineros del barco son buena gente, que no quieren hacer mal a nadie, y que sólo desean llevar adelante su vida. Cuando acceden al tráfico de seres humanos, casi por imposición del capitán, abren la puerta a unas situaciones nunca antes imaginadas que sacarán lo mejor o lo peor de cada uno de ellos, al estilo de “El señor de las moscas”, donde la isla es sustituida por un barco. Es la instintividad sexual la que se lleva la palma, amén del citado hiperrealismo violento.

Afortunadamente existe una trama romántica, protagonizada por el cantante y rapero coreano Micky YooChun que encarna a Dong-sik, y que es casi la única trama verdaderamente humana que sobrevive al desastre, y deja el buen sabor de boca de que la última palabra no la tenga el mal. Una película bien contada, bien rodada, pero muy extrema, muy coreana en definitiva.

Niebla

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 2  325 votos

Rams (El valle de los carneros)

Juan Orellana

Nos llega una película extraña. La Espiga de Oro en el último Festival de Valladolid fue a parar a esta película islandesa que constituye el segundo largometraje no documental de Grímur Hákonarson. Rams reúne algunas de las características de cierto cine escandinavo, como el de Aki Kaurismaki (El Havre) o el de Bent Hamer (Kitchen stories): un tempo sereno –no “lento” en el sentido despectivo con el que a veces se usa el término–, una extraña emotividad fría, una mirada tiernamente irónica sobre el ser humano, y una complicidad sutil y genuina con el surrealismo.

La película Rams trata de la historia de dos hermanos solteros entrados en años, Gummi (Sigurður Sigurjónsson) y Kiddi (Theodór Júlíusson), que se dedican a la ganadería bovina, ovejas y sobre todo carneros. Llevan cuarenta años enemistados y casi sin dirigirse la palabra, a pesar de que viven uno junto al otro. Pero sucede algo que les obligará a volver a relacionarse: la amenaza de un virus que puede acabar con su ganado, único recurso que tienen para sobrevivir.

El argumento de reencuentros fraternos tiene ciertos paralelismos con “Una historia verdadera” de David Lynch, en el sentido que cuenta la reconciliación de dos ancianos hermanos que llevan años enemistados y que en el fondo de su alma anhelan el perdón y la verdadera fraternidad. También se asemeja en el clima pausado y contemplativo de ciertos momentos de carretera del film. Sin embargo, en la islandesa se ilustra sobre todo el enfrentamiento fraterno, mientras que en la de Lynch el peso estaba en el camino de purificación y de perdón. También se diferencian en el horizonte ideal de los personajes, mucho más amplio en aquella y más reducido en Rams, en que parece que no hay nada en el mundo más allá de los carneros. Aun así, la cinta es muy honesta, cae muy bien por su ternura, y es entrañable en su resolución. Se nota la proveniencia del documental de su director por la forma casi “etnográfica” de introducirnos a la historia.

Rams (El valle de los carneros)

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 3  297 votos

Marte

Juan Orellana

Se estrena la esperada última película del veterano director Ridley Scott, que hace décadas entró en el mundo del cine pisando fuerte con películas como Blade Runner, Alien o Thelma y Louise. Posteriormente ha tenido una carrera más bien irregular y a menudo fallida. Con Marte ha vuelto a ese género que conoce bien y que es el de las aventuras de ciencia ficción. El argumento nos lleva a 2033, cuando una misión tripulada de la NASA en Marte tiene que abandonar precipitadamente el planeta ante la amenaza devastadora de una tormenta. En la operación muere Mark Watney (Matt Damon), uno de los tripulantes, cuyo cadáver queda abandonado y sepultado por el polvo. Unas horas después los directivos de la NASA se quedan anonadados al descubrir que Watney sigue vivo. Y la nave ya no puede dar la vuelta.

El best-seller de Andy Weir está en el origen del guion de Drew Goddard (Guerra Mundial Z), y la esencia del argumento recuerda a la magnífica El náufrago, de Zemeckis, en el sentido de que describe toda la creatividad de que un hombre es capaz para sobrevivir a la soledad en un entorno hostil. Sin embargo, carece de la agudeza antropológica de aquella cinta, al ofrecer una imagen del hombre muy autosuficiente, que solo puede confiar en la ciencia y la técnica, y que no tiene casi ninguna apertura a la trascendencia. Cuando el ser humano se encuentra en una situación límite, cara a cara con la muerte, salen a la luz los factores fundamentales de la conciencia que tiene de sí mismo, y en ese sentido Watney es prototipo del hombre posmoderno, autónomo, superviviente y adiestrado en controlar todo. Qué lejos quedan las preocupaciones metafísicas presentes en Blade Runner. Interesante para constatar el cambio cultural (epocal) que se ha operado en poco más de tres décadas.

No obstante, a la película hay que reconocerle el mérito de funcionar muy bien como entretenimiento, combina el suspense con el humor, ofrece una brillante paisajística marciana (excelente la fotografía de Dariusz Wolski –que ya hizo Prometheus para Ridlet Scott–) y cuenta con un reparto inmejorable (Jessica Chastain, Jeff Daniels, Michael Peña o Kate Mara entre otros).

Marte

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 3  281 votos

El coro

Juan Orellana

La cuestión educativa sigue invadiendo nuestras pantallas. El canadiense François Girard, que hace años nos sorprendió con El violín rojo, vuelve a los argumentos musicales con El coro, una película que protagoniza el niño Garrett Wareing (próximamente en Independence Day: resurgence), al que acompañan Dustin Hoffman, Kathy Bates, Debra Winger y Josh Lucas, entre otros.

Hay que decir que el argumento es convencional y ciertamente no muy original: Stet es un rebelde chico tejano con graves problemas sociales, hijo de madre soltera fruto de una relación adúltera, que encuentra en la belleza de la música y en su talento para el canto un camino de crecimiento y esperanza en su vida. Cuando consigue ingresar en la elitista National Boychoir Academy, hay personas que van a creer en él, como la directora de su colegio (Debra Winger), y otras que le dan por perdido, como su padre biológico. En medio está el director del coro, el profesor Carvelle (Hoffman), duro e intransigente en la línea del profesor de Whiplast, aunque sin llegar a aquellos extremos. La película tiene ciertos paralelismos previsibles con Los chicos del coro, sin duda más lograda, aunque esta no carece de aportaciones propias de gran interés. Es el caso de la trama del padre, quizá algo forzada, pero que ilustra con acierto la paternidad responsable; o las distintas mujeres que dan a Stet una oportunidad, como la directora de la academia (Kathy Bates), la citada directora del colegio, y en cierto modo también su madre o la esposa de su padre biológico. Todas son capaces de ver en él algo grande, más allá de sus violentos problemas de conducta.

Quizá por su carácter prioritariamente comercial, la puesta en escena es convencional, y quizá se le habría podido sacar más partido, pero el guión funciona y ofrece algunos puntos de giro eficaces. Quizá le falta emoción al film y le sobra academicismo, pero como película sobre la experiencia educativa, sin duda tiene cosas que decir.

El coro

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 3  253 votos

Regresión

Juan Orellana

La última película de Alejandro Amenábar nos sitúa en los años 90 en Minnesota. Al agente de policía Kenner (Ethan Hawke) le encargan un delicado caso: Angela (Emma Watson), de diecisiete años, acusa de abusos sexuales a su padre, John Gray (David Dencik). Este no recuerda nada, pero acepta su culpa porque cree sentirse parte de alguna trama satánica. Para ayudarle a recordar, la policía contrata los servicios del psicoanalista e hipnotista Dr. Raines (David Thewlis). Lo que va a ir saliendo en la terapia es crecientemente inquietante.

Amenábar es de esos directores que hacen siempre la misma película, o para no ser tan maximalista, que sólo tienen un tema, declinado cansinamente en todas sus producciones. Ojalá pronto se decida a rodar guiones en los que no participe, ya que es un excelente director, y deje de sermonear sobre ciencia y religión, apasionante debate para el que parece carecer de suficiente preparación. Por eso su mejor película fue Tesis, cine de género puro y duro, sin filosofías ni moralejas. El resto de su filmografía está lastrada por un decimonónico concepto de ciencia y por una idea de la religión convertida en mera superstición fanática. En este sentido, Los otros es su película más parecida a Regresión, al mostrar el cristianismo como veneno que intoxica la razón y nubla la conciencia. El problema no es que Amenábar asuma acríticamente esos tópicos con olor a naftalina, sino que se noten tanto sus intenciones en el guión, y por tanto en la película, que la historia vaya perdiendo verosimilitud, y los personajes, veracidad.

Hay que reconocer, insistimos, que Amenábar es un gran director. Ha bebido con inteligencia en el suspense de Hitchcock, y ha sabido inspirarse en grandes como Kubrick o Shyamalan a la hora de crear atmósferas. La música de Roque Baños es eficaz, y muy adecuada la iluminación de Daniel Aranyó, que ya trabajó en proyectos difíciles como Los últimos días o Invasor. Aun así, la puesta en escena comparte la frialdad típica de la filmografía de este director. Es una pena que tanta bazofia que se estrena últimamente de películas satánicas no encuentre en Amenábar la réplica racional que él pretende hacer, sino una caricatura más, pero de signo contrario. Si Amenábar se hubiera acercado más al tono de la obra teatral Las brujas de Salem, de Arthur Miller, que también tiene un origen crítico, todos hubiéramos salido ganando, película y espectadores.

Regresión

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 3  223 votos

La visita

Víctor Alvarado

Últimamente, la familia y el género de terror han hecho buenas migas, funcionando a la perfección y con cierta hondura dramática para tratarse de unas producciones que sólo pretenden entretener. No nos olvidamos de Expediente Warren. The conjuring, Insidious o, en este caso, La visita.

La actriz Kathrin Hahn interpreta a una mujer que tuvo una trifulca con sus padres cuando finalizaba la adolescencia por un amor incomprendido, marchándose de casa. Quince años más tarde, ella recibe la llamada de sus progenitores, que quieren conocer a sus nietos, por lo que los chavales viajan a su casa en el campo.

A la quinta llegó la vencida tras varios fracasos como La joven del agua, El incidente o Airbender, M. Night Shyamalan da una campanada relativa con su nuevo trabajo, La visita. La dirección ha correspondido a un cineasta que ha vuelto a dirigir una producción que va en la línea por la que muchos lo admirábamos y que era lo que le reclamaban sus seguidores, acuérdense de las inolvidables El sexto sentido, El protegido, que se ha convertido en una obra de culto con cada vez más adeptos, y Señales. El resultado es bastante satisfactorio y, sin ser el mejor de sus largometrajes o su creación más redonda, cumple las expectativas. Se ha buscado un amplio espectro de público, por lo que se podría calificar como una película no demasiado aterradora para ver en familia, aderezado con bastantes dosis de humor blanco después de cada susto. La pena es alguna que otra escena un tanto infantiloide. Por otro lado, el uso de la cámara al hombro agota en ciertos momentos y se agradece que se use en momentos puntuales.

Para ello ha contado con actores poco conocidos para evitar cualquier tipo de distracción. Por cierto, el realizador no tiene su habitual cameo a lo Alfred Hitchcock.

Como se puede comprobar en el libro escrito por Ramón Monedero en la editorial Encuentro, la familia tiene un especial significado en su filmografía. Piensen en La joven del agua, dedicado a sus seres queridos, o After Earth. Esta cinta defiende a la familia como el lugar donde se superan todas las dificultades, en la que el perdón puede que tenga o no la última palabra. Además, se hace referencia al daño que causa el rencor. Por otra parte, se refleja el dolor de los hijos cuando sus padres se separan y las huellas o secuelas psicológicas que se producen en los niños como la falta de autoestima o la aparición de manías.

La visita

Víctor Alvarado | 0 comentarios valoración: 3  211 votos

Francisco, el padre Jorge

Juan Orellana

Hoy ha llegado a nuestras pantallas, tras su estreno argentino, la primera película de ficción sobre la vida de Jorge Bergoglio, el Papa Francisco. Un emotivo bio-pic, coproducido entre España y Argentina, basado en Francisco, vida y revolución, la biografía escrita por la vaticanista Elisabetta Piqué, del diario La Nación, de Buenos Aires.

Francisco, el padre Jorge es como un cuadro impresionista que tiene la virtud de que, a través de un conjunto de breves pinceladas, nos ofrece una visión rica y atractiva de la vida de Bergoglio. El director gallego Beda do Campo ha sabido tejer un retrato del Papa argentino que, a pesar de ser inevitablemente incompleto, sugiere suficientes claves interesantes e imprescindibles para entender la identidad del Papa Francisco. Un retrato pintado con pinceles de drama, de humor, de poesía, de intriga, e incluso de melodrama. Se trata de un tapiz construido con mimbres muy humanos.

Estamos ante una película transparente, que evita las dobles lecturas y las enroscadas polémicas para “expertos”. No hay doblez ni en el guión, ni en la puesta en escena, ni en la interpretación de los actores, sin segundas intenciones. Dario Grandinetti, que a priori no recuerda mucho a Jorge Bergoglio físicamente, es creíble de cabo a rabo, y el espectador acaba confiando en su personaje como si de alguien real se tratara. Por su parte, la periodista que interpreta Silvia Abascal nos representa a todos, con nuestros dramas cotidianos, con las fatigas de cada día, y con el deseo de un cumplimiento bueno de la vida. Entre estos dos polos, el de una mujer que camina sobre la cuerda floja de su anhelo, y el de un hombre que vive de la certeza de la fe, se articulan las tramas que van trazando el boceto de un cristiano cabal, nada sofisticado, que llama al pan “pan” y al vino “vino”, devoto de la Virgen, compañero de camino de los pobres, consolador de los pecadores, poco amigo del poder y debelador de injusticias: el padre Jorge, “el más porteño entre los porteños”. El film también mira de frente las lacras de nuestro presente, el aborto, las drogas, la corrupción, la explotación de inmigrantes… incluso parece burlarse de ese periodismo sabelotodo tan frecuente.

Beda do Campo ofrece una mirada interesante sobre Benedicto XVI, y no sucumbe a los tópicos a los que estamos acostumbrados en las películas sobre la Iglesia. Ciertamente hay algún detalle suelto que quizá no responde del todo a la realidad de la Iglesia, pero es algo casi anecdótico y no ensombrece los aciertos de la película. Formalmente la película es pulcra, medida, mimada y juega muy bien con el tiempo narrativo, con ese cruce de pasados y presentes de sabor tan contemporáneo. Su puesta en escena es elegante y exprime al máximo sus posibilidades de producción. En resumen, una película bien hecha, luminosa, interesante y equilibrada. Lo que mucha gente sencilla llamaría una “bonita” película.

Francisco, el padre Jorge

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 3  241 votos

Antman

Víctor Alvarado

El éxito de Los guardianes de la galaxia ha provocado o ha permitido que Marvel/ Disney se lance a producir películas de superhéroes menos conocidos de la compañía creada por Martin Goodman. Varios han sido los personajes que se han enfundado el traje de Antman (agradecemos a Panini que nos haya enviado dos ejemplares como para poder hacer esta crítica comparada en profundidad). El primero, que es el más conocido de todos, fue el brillante científico Hank Pink creado por Stan Lee, Jack Kirby y Larry Lieber. Más tarde se enfundó el traje Scott Lang, un ladrón que renunciaba a la vida delincuente por su hija (John Byrne, Bob Layton y David Michelinie). Esta película relaciona a estos personajes, aunque sería injusto no reconocer que un gran experto en cómic como Robert Kirkman creó un tercer Hombre Hormiga bastante pícaro y travieso, llamado Eric O´Grady.

El protagonista de esta historia es el actor Paul Rudd, en la que también participa el veterano Michael Douglas y la joven Evangeline Lily, que reconoce que actuar no forma parte de sus prioridades y le permite hacer lo que quiere, que es escribir, estar con su familia y trabajar en la ONG que dirige pero que si se pasa dos años sin actuar, no pasa nada, según comentó a Fotogramas.

Esta producción, dirigida por Peyton Reed, experto en comedias como Separados y Abajo el amor, busca el entendimiento entre el Hombre Hormiga original, Hank Pink, y el otro más moderno, Scott Lang, inspirado en el número 47 y 48 de Marvel Premire en 1979. La diferencia del cómic con respecto a la película es que en los cómics el encuentro entre ambos es casual, mientras que en el largometraje es forzado, pues Hank necesita al hombre idóneo para su plan. Otra gran diferencia es que cuando Pink se encuentra con Scott, Hank Pink es Chaqueta Amarilla. En cambio, en el largometraje, Chaqueta Amarilla es el supervillano. De todas formas, los guionistas, a pesar de que hacen un flashback de la historia de amor entre el Dr Pink y Janet Van Dyne, desaprovecharon la oportunidad de desarrollar y contar detalles de ese poderoso romance entre él y la Mujer Avispa que tanto juego dio en los Vengadores, a los que se le hace un guiño. Las escenas de acción están muy bien rodadas. El humor escaso en los cómics originales hará las delicias de los muchos espectadores que se acerquen a ella. Sin embargo, aunque se agradecen algunos de esos chistes, da la impresión de que rompen el tono y le restan fuerza, pues ya se sabe el drama de muchos personajes de Marvel, pues se trata de héroes con los pies de barro. Seres imperfectos, que poseen un don, con los que nos sentimos identificados y que pueden hacer grandes sacrificios por amor a sus seres queridos o a la humanidad.

La relación casi paterno-filial que se establece entre los dos Hombres Hormiga invita inmediatamente a pensar en el valor de la acogida. Puede llegarse a ver la relación tan intensa que se produce entre un “padre” que es capaz de ver más allá de la apariencia y que mira al corazón del otro. Por otra parte, el poder curativo de la reconciliación puede que haga acto de presencia en una sencilla escena que transmite la idea de la esperanza en la familia. También destaca que el uso de la ciencia debe tener unas limitaciones porque el fin no justifica los medios. En definitiva, se trata de una entretenida cinta de superhéroes, no de las mejores, pero que deja buen sabor de boca, recordándonos la importancia de las segundas oportunidades.

Antman

Víctor Alvarado | 0 comentarios valoración: 3  312 votos
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