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16 OCTUBRE 2019
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Ghadi

Juan Orellana

La semana próxima se estrena la película Ghadi, una tierna y conmovedora historia sobre un niño con síndrome de Down, dirigida por el debutante cineasta libanés Amin Dora, y que representó a su país en los Oscar. Ghadi también ha recibido el premio del público en los festivales de cine de Busán, Arabian Sights y Mannheim-Heidelberg además de ser galardonada como mejor película y mejor actor en los Premios de la Academia de Cine de Líbano.

El argumento nos lleva a un pequeño barrio cristiano de la costa libanesa, donde vive desde que nació Leba (Georges Khabbaz). Primero fue un niño marginado e incomprendido. De adulto se convirtió en un apreciado profesor de música, casado con la bella Lara (Lara Rain). Su vida parece petrificarse cuando le anuncian que su primer hijo varón va a nacer deficiente. Entonces se plantea abortar. A partir de ese momento se desarrolla una fascinante película, imaginativa, divertida y a la vez conmovedoramente seria.

Ghadi se puede entender como una fábula para adultos, con un humor muy mediterráneo, y una mirada positiva y tierna sobre el ser humano, un poco al estilo de cierto cine italiano. De hecho el cineasta reconoce al cine italiano y al indie americano como sus dos puntos de referencia. La película habla de muchas cosas, como los prejuicios, la envidia, el egoísmo… pero fundamentalmente es un homenaje a tantos niños con síndrome de Down que alegran la vida de los que conviven con ellos. Niños de los que siempre se ha dicho que son ángeles en la tierra, aunque haya quien les mira con pánico y angustia, seguramente porque no han pasado tiempo con ellos. Y como telón de fondo, una comunidad humana entretejida de tradición cristiana y con una religiosidad natural a flor de piel. Se trata de una película muy coral, en la que cada personaje aporta un disparate y un encanto particular. Pero hay dos personajes que tienen la última palabra en cuanto a sabiduría y sentido común, el profesor de música que Leba tuvo de niño, el único que creyó en él, y el sacerdote cristiano del barrio, con una intervención pequeña pero esencial. No se trata de la típica película pro-life en sentido habitual y mucho menos militante. Digamos que aquí el rechazo al aborto va de suyo, con toda naturalidad, ajeno a cualquier dialéctica contaminada ideológicamente.

El proyecto viene de Gabriel Chamoun, que es quien ha producido el film. Él se lo propuso a Amin Dora, que no había estrenado ningún largometraje, pero que era famoso en Líbano como artista visual y que había ganado en 2010 un premio Emmy por la dirección de Shakaboot, la primera webserie dramática árabe sobre la vida en Beirut. Además es profesor en la Academia Libanesa de Bellas Artes. El guión se lo encargó a Georges Khabbaz, muy valorado por la sensibilidad social de sus trabajos, el cual además interpreta al personaje principal de Leba.

Ghadi

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Del revés

Juan Orellana

Llega este viernes la última película de Pixar. Sus creativos siempre están buscando la manera de salirse de lo trillado y situarse siempre “más allá”, dar con algo inexplorado, un reto de novedad. Esa actitud es su gran virtud, pero también su espada de Damocles, ya que en el cine la repetición de fórmulas en una manera de asegurar cierto éxito y minimizar riesgos.

En esta película, dirigida por Pete Docter (Monstruos S.A., Up), los protagonistas son las cinco emociones que dirigen los sentimientos de la preadolescente Riley (alegría, tristeza, ira, miedo y asco). La película nos introduce en el cerebro de la niña, a punto de irrumpir en la adolescencia, y allí asistimos a los debates y conflictos entre sus emociones, rodeadas de recuerdos, fantasías y momentos vitales decisivos. El director cuenta que se le ocurrió la idea del guión cuando su hija, divertida y risueña, se transformo en una adolescente callada, triste e irascible.

Como es fácil adivinar, la imaginativa cinta de Pixar, considerada ya por muchos una obra maestra, tiene mucho de psicológica profunda o psicoanalítica, y puede que no sea del todo accesible para los más pequeños por su complejidad. De hecho resulta algo barroca desde un punto de vista conceptual, y hay dentro mucho más de lo que se puede descubrir en un primer visionado, lo cual no es necesariamente bueno. Aun así, Del revés es tan brillante en tantos aspectos que la valoración global que merece, no sólo por su guión sino por su extraordinaria animación, es muy positiva. Lasseter, el productor del film y padre fundador de Pixar, insistió en declarar en Cannes que en Hollywood se menosprecia la inteligencia de los niños y que ellos, por el contrario, apuntan alto cuando se plantean qué es lo que puede entender un niño.

Del revés ofrece, entre otros, un mensaje muy interesante: la tristeza es un sentimiento que también se puede usar a favor de uno mismo. Y lo mismo se puede decir de la rabia, del miedo… Una vez más Pixar vuelve a defender los vínculos familiares, nos ofrece momentos muy emotivos, y un inteligente sentido del humor.

Del revés

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El niño 44

Víctor Alvarado

No suele ser muy habitual que en un thriller aprovechen la oportunidad para criticar a regímenes de la órbita comunista. No obstante, existen excelentes excepciones como La vida de los otros o Bárbara. Hace unas semanas se estrenó El niño 44, que es una adaptación del éxito de ventas de Tom Rob Smith en la que se habla del psicópata Andrei Chikatilo, más conocido como “El Carnicero de Rostov”, que mató a gran cantidad de personas, sobre todo niños, de ahí el título de la obra.

La dirección ha corrido a cargo de Daniel Espinosa que, aunque suene a español, es sueco, siendo su tercer trabajo tras El invitado y Dinero fácil. Tengo que decir que este drama de suspense me parece impecable y que, no resultando demasiado inquietante, te atrapa por lo bien contada que está la historia y por lo bien que van dosificando la información, donde ninguna conversación tiene desperdicio.

El reparto lo encabezan Tom Hardy, recordado por la última entrega de Mad Max, y Naomi Rapace, protagonista de la saga de Stieg Larsson, Millennium. Y si las caracterizaciones son magníficas, las buenas interpretaciones hacen el resto. Tom Hardy interpreta a un agente dedicado a detectar traidores a Stalin, tal y como declaró a Fotogramas: “Es un huérfano que se convierte en héroe de guerra, un símbolo del comunismo que cae en desgracia cuando pierde la fe en el régimen y se niega a denunciar por traición a su esposa”.

El citado escritor de la novela en la que se basa esta película declaró a Cinerama que lo estupendo de las historias de detectives y de investigaciones policiales es que reflejan mucho sobre la sociedad en la que se producen. Si se quiere entender el mundo, no hay nada más que fijarse en cómo actúa la policía de un determinado lugar. Lo que da pie para hablar del protagonista que, a pesar de ser un policía político, muestra una ética que le impide actuar en contra de sus principios. Es interesante el modo en que este va evolucionando, dándose cuenta de que esos ideales que defendía eran una falsedad. Por último, el director presta una especial atención al valor de la acogida.

Por otra parte, la cinta deja caer la dureza de los gobiernos totalitarios, en este caso el comunista, cuyas barbaridades han sido silenciadas por algunos medios de comunicación, llama la atención cómo liquidaban a quien no pensaba como ellos o la forma en que los trasladaban a los temidos gulags.

El niño 44

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Con todas nuestras fuerzas

Juan Orellana

Julien (Fabien Héraud) es un adolescente tetrapléjico que vive con su familia en los Alpes franceses. Su madre (Alexandra Lamy) es peluquera y tiende a sobreprotegerle; su padre, Paul (Jacques Gamblin), está en paro y sobrevive haciendo trabajos de bombero local. Las cosas marchan más o menos hasta que Julien se empeña en realizar un sueño casi imposible: participar en la prueba de triatlón conocida como “Ironman”, que se celebra anualmente en Niza, una de las más duras del mundo. El hijo del famoso cineasta Bertrand Tavernier, el consagrado documentalista Nils Tavernier, dirige esta película concebida por él mismo y que busca conmover a un público amplio.

Como historia de superación no es demasiado original, aunque están tan bien trazados los personajes y tan bien resueltas las escenas deportivas, que consigue transmitir la emoción que pretende. Como es fácil imaginar, la trama deportiva no es más que el catalizador de la relación paternofilial, verdadero núcleo dramático del film. En la película no sólo se propone la reconstrucción de un vínculo deteriorado por el dolor y el miedo, sino que se plantea la relación educativa como un “hacer con”, una implicación total del adulto en el camino el adolescente. La minusvalía del protagonista permite subrayar esa necesidad del “otro” y a la vez la afirmación de la propia identidad personal.

Con todas nuestras fuerzas no abandona los límites del cine convencional, pero tiene el gran mérito de no caer en el terrorismo emocional, ni en el sentimentalismo superficial, sino que dosifica equilibradamente el drama, poniendo el acento siempre en lo más importante, que es un conflicto absolutamente realista y cercano: el pánico inmovilizador de un padre a la enfermedad incurable de su hijo, y el horizonte que se abre cuando uno sale de sí mismo y coge el toro de la realidad por los cuernos.

Con todas nuestras fuerzas

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Ahora o nunca

Víctor Alvarado

La directora María Ripoll, alejada de las tesis ideológicas de sus compañeros de profesión, ofrece un cine fresco, diferente y entretenido como ha demostrado con notables producciones como Lluvia en los zapatos o la reciente, y con valores, Rastros de sándalo. En esta ocasión ha optado por una comedia protagonizada por dos actores como Dani Rovira y María Valverde. No obstante, aunque le podemos dar un aprobado, este trabajo está muy por debajo del nivel de la cineasta. Para prepararse el papel, la citada actriz estuvo viendo La cosa más dulce y La boda de mi mejor amigo, mientras que Rovira se inspiró en el inolvidable Peter Sellers.

Después de 10 años de noviazgo, Alex y Eva toman la decisión de casarse en el lugar donde se conocieron, un pueblecito de la campiña inglesa. Sin embargo, no todo sale como ellos pensaban porque los últimos días antes del esperado evento se convierten en una odisea.

Ahora o nunca recuerda a Confidencias a medianoche por sus encuentros telefónicos, acuérdense de esas chispeantes conversaciones entre Doris Day y Rock Hudson, siendo una mezcla entre comedia romántica y gamberra. Por lo visto, ambos intérpretes apenas coinciden en pantalla. Todo transcurre a base de llamadas telefónicas. Por eso María Valverde explicó lo siguiente a Fotogramas: “En una relación es mucho más fácil crearla mirándose a los ojos que por teléfono. Por eso era importante que, en las llamadas, estuviéramos presentes los dos, dándonos la réplica”. Esta comedia presenta escenas realmente divertidas. Al mismo tiempo nos encontramos otras escenas que se alargan innecesariamente y no son todo lo graciosas que debieran. Por otra parte, utiliza un lenguaje, en un par de ocasiones, que puede ofender a las creencias de la personas.

El largometraje expresa el sentir de la juventud actual desencantada de las relaciones de pareja. En contraposición con lo negativo, destacamos la forma de pensar del protagonista, al que apodan el “planes”, transmite la idea, a lo mejor sin ser consciente, de la necesidad de tener un proyecto de vida, que no es que esté desarrollado en profundidad, pero el hecho de que quiera planificar cómo le gustaría que fuese su vida, ya es un paso de cierta importancia.

Ahora o nunca

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Viaje a Sils Maria

Juan Orellana

En los últimos meses se han estrenado diversas películas sobre el mundo de la interpretación. Y no nos referimos sólo a la aclamada Birdman, sino a películas más recientes como Maps of the stars, La sombra del actor o Moliere en bicicleta. Viaje a Sils Maria es una obra del francés Olivier Assayas y se aproxima al mundo personal de una famosa actriz, Maria Enders, interpretada por Juliette Binoche, y de su agente y asistente personal Valentine, magníficamente encarnada por Kristen Stewart.

Maria se hizo famosa de joven interpretando a la protagonista de la obra Maloja Snake, escrita por Wilhelm Melchior. Ahora, en plena madurez, y tras el fallecimiento de Melchior, le ofrecen el papel antagonista de la misma obra. Maria tendrá que luchar con su pasado, y sobre todo contra el personaje que creó 25 años atrás.

Viaje a Sils Maria es una de las películas más serias y menos histriónicas que se han hecho sobre el universo actoral. Todo aparece ahí (conflictos, inseguridades, paparazzi, escándalos, egos…) sin aspavientos ni caricaturas, con la sobriedad y delicadeza suficientes como para hacerlo creíble y aceptable. Una interesante reflexión sobre la relación entre identidad y paso del tiempo. Y probablemente la mejor interpretación hasta ahora de Kristen Stewart.

Viaje a Sils Maria

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Phoenix

Juan Orellana

Hace dos años celebrábamos el triunfo en Berlín de la película alemana Bárbara, de Christian Petzold, un ejercicio brillante de revisionismo histórico sobre la Alemania del Este, en la que de forma sutil e inteligente se hacía un retrato de la devastadora influencia del comunismo en la vida de la gente. Nina Hoss interpretaba magistralmente a Bárbara, marcada por el miedo a la Stasi. Ahora, con Phoenix, Petzold vuelve a contar con Nina Hoss para interpretar a Nelly, una cantante que ha acabado en un campo de concentración nazi tras la supuesta traición de su marido.

El guión se basa en una novela de Hubert Monteilhet y hace un boceto escalofriante de la fragilidad humana, encarnada en aquellos que cedieron a connivencias con los nazis para salvar el tipo, los oportunistas que se sirvieron de la desgracia ajena para obtener beneficios, en definitiva, los que se aprovecharon del caos de la guerra para sacar algún tipo de ventaja.

El mal no es patrimonio de los nazis, sino que habita en el corazón del hombre, y es muy interesante que haya películas que relean la historia, no en clave maniquea, sino a la luz de la compleja condición humana real. A esa cuestión de fondo se le añade la trama principal, que podríamos llamar romántica por centrarse en la relación de Nelly con su esposo, y que está llevada con la sensibilidad y parquedad de la que ya hizo gala el director en Bárbara.

Phoenix

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Nuestro último verano en Escocia

Víctor Alvarado

La mejor forma de vender esta película sería del siguiente modo: si te gustó Pequeña Miss Sunshine, este largometraje te encantará, pues se mueve en los mismos temas que su predecesora reflexionando sobre la familia.

Los encargados de llevar este proyecto a buen puerto han sido los británicos Andy Hamilton y Guy Jenkin, recordados por la exitosa comedia de situación Outnumbered que los ha catapultado hasta el estrellato, ya que, por otra parte, Nuestro último verano en Escocia ha obtenido buenos resultados en taquilla. Las dos primeras semanas de recaudación fueron muy potentes en Gran Bretaña, superando los 2.700.000 euros en 10 días en cartel. Estamos ante una comedia alocada que guarda ciertos paralelismos con un cómic. El guión es brillante, salvo por haber creado un personaje muy forzado y metido con calzador, que hace un guiño a la ideología de género. Se percibe que los directores son auténticos cinéfilos, al haber incluido un chiste sobre la cinta animada Wallace y Gromit junto a muchos detalles de la inolvidable Vikingos de Richard Fleischer, protagonizada por Kirk Douglas y Tony Curtis.

La producción está protagonizada por Rosamund Pike, que triunfó el año pasado por la intensa y desagradable Perdida. A la actriz le acompaña Andy Tenant, un popular actor televisivo que participó en Doctor Who y que cuenta con muchos seguidores en la serie Broadchurch. Los niños son extraordinarios, parecen sacados de la vida real, destacando por la naturalidad y frescura de sus interpretaciones.

Este largometraje, si uno se queda en la superficie, sólo puede servir para pasar una deliciosamente entretenida tarde de cine. Sin embargo, si uno presta una pizca de atención, puede sacar interesantes conclusiones. Nuestro último verano en Escocia ofrece una radiografía de la sociedad actual del estado en que se encuentran los matrimonios en continua crisis, lo que provoca inseguridades y problemas psicológicos en los hijos, que se encuentran desorientados cuando sus padres discuten o se separan. Por otra parte, podemos decir que está abierta a la trascendencia, aunque de forma bastante sui generis, tan sólo entendible en esta obra con tintes surrealistas.

No deben perderse al personaje del abuelo y la relación que establece con sus nietos, pues sabe ver lo que otros no ven en ellos, enseñándoles, a su particularísimo modo, a crecer como personas y a ser felices.

Finalmente lanzamos la siguiente pregunta: ¿qué tiene que decir el perdón en toda esta historia?

Nuestro último verano en Escocia

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>It follows

¿Hacia dónde va el cine de terror?

Juan Orellana

El director de El mito de la adolescencia dirige a una excelente Maika Monroe en una historia desasosegadora. Una chica sale corriendo de su chalet como loca, yendo de un lado para otro sin aparente criterio. Mira para atrás como si alguien la siguiera. Pero no vemos a nadie. Es el comienzo de una historia incomprensible en la que el sexo no sólo puede transmitir la vida, sino también la muerte.

Esta película de David Robert Mitchell viene precedida por un entusiasmo seguramente excesivo de cierta crítica especializada. Mariló García, de la revista Cinemanía, la califica de “obra maestra” y le concede cinco puntos sobre cinco. Sergi Sánchez, de Fotogramas, le concede cuatro y se pregunta si habrá nacido un nuevo John Carpenter o si Jacques Tourneur habrá vuelto de la tumba. Por su parte Noel Ceballos la tilda de “clásico instantáneo”. ¿Qué tiene esta película que despierta tanta adhesión? Sólo una cosa: su puesta en escena, alejada de los cánones típicos del género. En realidad, el director opta por narrar la historia con el tempo y la estética propios del drama indie americano, y la ubica más cerca del lirismo melancólico que del efectismo gore del terror posmoderno.

En It follows no hay sustos, no hay efectos musicales con el clásico sting chord aterrador, no hay demonios de aspecto abominable. Tampoco existe una lógica previsible que nos adelanta cansinamente lo que va a suceder. Lo que consigue el director es una película inquietante, muy inquietante y cargada de un fuerte magnetismo. No interesa el desenlace –bastante anodino– sino el instante con todo su misterio turbador. Incluso el sexo, ingrediente fundamental de la trama, no juega con la seducción del eros, sino con la angustia del thanatos.

Llama la atención la absoluta ausencia de referentes adultos para nuestros jóvenes protagonistas. Ello contribuye a sumirles en una soledad e inseguridad que acrecientan su vulnerabilidad ante el mal sin rostro.

>It follows

¿Hacia dónde va el cine de terror?

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La profesora de Historia

Víctor Alvarado

Les confieso que soy un apasionado de la historia, aunque soy consciente de que a todas las personas no les gusta. No obstante, eso depende del libro que te hayas leído o de la persona que te haya hablado de ella, que si es capaz de entusiasmarte seguro que te acabas enganchando. Yo he tenido profesores razonablemente motivadores y un padre enamorado de la materia. La directora Marie-Castille Metion-Schaar ha demostrado que es posible lograrlo, incluso en los ámbitos menos propicios.

Esta mujer de cine ha dirigido La profesora de Historia, basada en hechos reales, pues cuenta la labor de una entregada educadora en el Liceo León Blum. Se percibe el gran trabajo de documentación no sólo sobre la labor de la profesora, sino porque refleja a la perfección lo que ocurre en las aulas del multiculturalismo galo, una realidad extrapolable a España, ya que bien sabemos el estado tan lamentable en el que se encuentra la secundaria en este país por falta de disciplina y las dificultades que tienen los profesores para fomentar el esfuerzo. Por lo visto, la profesora en cuestión es temida por sus alumnos, pero llama la atención que al finalizar el curso se muestren apenados cuando llega la hora de la despedida. La realizadora francesa declaró a la prensa las pretensiones de su trabajo: “Me parece que la película se articula por la cuestión de la herencia. ¿Qué se hereda? Pero también, ¿qué se deja a nuestros “herederos”? ¿Qué se hace de su historia? ¿Es posible ignorarla y comprender la herencia de otros? ¿Qué se conserva?”.

La película gira en torno a una profesora que, tras la desmotivación de los alumnos por la asignatura, les propone participar en un concurso que tiene por objeto la transmisión de unos valores que defiendan los derechos del hombre y los principios de la democracia. El Concurso Nacional de la Resistencia y la Deportación viene respaldado tanto por el Ministerio de Educación como por el del Ejército en sus más de 50 años de existencia.

La auténtica estrella del largometraje es la actriz Ariane Ascaride, que se mostró muy comprometida con lo que la película defendía. Esta producción pretende que reflexionemos sobre nuestra vocación y nuestro grado de implicación, saltando la siguiente pregunta: ¿qué eres capaz de arriesgar para estar satisfecho de tu trabajo?, o ¿cómo se educa al desorientado joven del siglo XXI? Por otra parte, los alumnos que aparecen en la película han sufrido en sus vidas y se enfrentan a compañeros de procedencia muy heterogénea. La realizadora ha intentado que pensemos en que es posible con mucho esfuerzo despertar el interés por la cultura a quienes muchos daban por perdidos, mostrando la fe que la protagonista tiene en el ser humano y que la educación es el modo que tienen para promocionar a los más desfavorecidos.

Finalmente, esta película trata el tema del Holocausto planteando dos interesantes ideas. La primera que sirve para explicar que los que sobrevivieron a semejante desastre fueron los judíos que no perdieron la esperanza. La segunda idea está planteada desde el existencialismo, aunque todo creyente seguro que también se la ha hecho alguna vez en su vida: ¿dónde estaba Dios ante tal fracaso del ser humano?

En contraposición con lo negativo, no se entiende el laicismo de una persona culta, dedicada a la enseñanza, pues cada vez que comenta a sus alumnos las distintas obras de arte de carácter religioso siempre habla de las sombras del cristianismo, olvidándose de sus luces que, a nuestro juicio, son muy abundantes y positivas para entender, por ejemplo, el concepto de Europa que tan claro tenían los políticos fundadores de la CEE.

La profesora de Historia

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Princesa

Juan Orellana

El director coreano Lee Su-jin escribe y dirige este drama adolescente con ribetes de thriller. Han Gong-ju (Chun Woo-hee) es una joven que se ve obligada a abandonar precipitadamente su casa y su instituto tras un misterioso y grave incidente del que ella aparece como sospechosa de culpabilidad. En su nueva casa e instituto tendrá que empezar de cero, ocultando el pasado suceso. Pero ese hecho traumático la persigue en su mente y le impide llevar una vida normal.

Una película dura que afronta un tema de desgraciada actualidad: los abusos sexuales y su relación con un ambiente familiar desestructurado, así como con las drogas. La película tiene un montaje muy posmoderno, deconstruido, dando como resultado un rompecabezas que el espectador debe ir ordenando en su cabeza. A pesar de lo sórdido del asunto y de un par de escenas explícitas, la película no busca tanto recrearse en el hecho en sí, como rastrear las heridas psicológicas que deja en la adolescente un hecho tan brutal. También se subraya lo decisivo que es tener unos padres irresponsables y desentendidos, así como, por el contrario, contar con alguien que crea en ti incondicionalmente. Una singular expresión del cine coreano, muy diferente de las cintas de acción y aparatosidad que nos llegan desde allí.

Princesa

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Suite Francesa

Juan Orellana

El realizador londinense Saul Dibb, que ya mostró sus dotes para la dirección de películas de época con La duquesa (2008), nos presenta ahora una historia ambientada en la Francia ocupada de 1940. El guión de Matt Charman y del propio director se basa en la novela homónima de Irène Némirovsky, una novelista de origen ucraniano afincada en Francia, que murió en 1942 en Auschwitz por su origen judío, a pesar de haberse convertido al catolicismo años antes. Su obra Suite francesa fue mantenida oculta por sus hijos durante la guerra y no se publicó hasta 2004.

El argumento se centra en Lucile Angellier (Michelle Williams), una joven francesa que vive en un pueblo del centro de Francia. Su marido está en la guerra y vive con su asfixiante y endurecida suegra (Kristin Scott Thomas). Sus vidas cambian cuando un regimiento de soldados alemanes se establece en esa localidad, y el teniente Bruno sitúa su residencia en la villa de los Angellier.

La película es un retrato de las contradicciones morales que se vivieron en la Francia de Vichy. Lo mejor y lo peor de cada individuo se ponía en juego en la convivencia con el enemigo: la traición, el colaboracionismo, las envidias, los ajustes de cuentas, la lujuria se entrelazan con el heroísmo, la compasión, la integridad, el honor y la justicia. Todo en ebullición en un pequeño pueblo donde los habitantes se conocen –o creen conocerse– unos a otros. Suite francesa refleja el arco de transformación de una joven frágil y comedida a quien la guerra convierte en una mujer audaz, dura y con carácter. También es interesante el personaje de Bruno, un oficial alemán que, bajo su apariencia de frío nazi, esconde a un cobarde al que asquean las órdenes que no se atreve a desobedecer. Un interesante mosaico humano, bien templado por una solvente puesta en escena y unas impecables interpretaciones.

Suite Francesa

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Felices 140

Víctor Alvarado

El cine español de mejor nivel y menos parcial lo forman un grupo de mujeres que nos tienen encantados. Recordamos algunas de ellas como Iciar Bollaín, María Ripoll, Belén Macías o Gracia Querejera,

Esta última cineasta, hija del gran productor Elías Querejeta, tiene varias películas de alto nivel como Héctor, 7 mesas de billar francés o 15 años y un día. Este año estrena Felices 140, que cuenta lo que pasa entre un grupo de personas cuando una de ellas cuenta que le ha tocado el premio del euro-millón.

Aunque no toda la crítica apoya esta cinta que cree poco en el ser humano, rompemos una lanza a favor de la realizadora porque consigue atraparte con una historia que parece que no es nada del otro mundo, pero en la que vemos situaciones que siempre terminan por sorprender. Y es que pasa todo tan rápido que, cuando te quieres dar cuenta, todo ha terminado porque se pasa el tiempo volando. Llama la atención el sencillo pero inquietante final, que da más miedo que una película de terror.

La familia es un tema importante dentro de la filmografía de la directora madrileña que disecciona con acierto, ofreciendo una visión más o menos positiva, aunque no idílica de esta institución. En esta ocasión, muestra su lado más oscuro y el modo de entender la vida de la sociedad actual. Las declaraciones de esta realizadora a Fotogramas, si uno tiene principios, nos permiten reflexionar sobre cómo la ausencia o presencia de decisiones éticas puede influir en la educación de nuestros hijos: "En el caso del chaval de la película, me interesaba la idea de un padre que trataba de convencer a su hijo de que quiere hacer lo contrario, cuando todo el mundo sabe que no lo es”. La autora, apoyándose en el guión de Santos Mercero, quiere profundizar en la condición humana, en la forma en que la gente saca su peor cara cuando el dinero aparece en sus vidas. La codicia, que tan bien refleja Tolkien en su personaje de Gollum y su conocido tesoro, aparece como el peor de los defectos que destruye o pudre todo lo que hay alrededor.

La cineasta ha contado con su actriz fetiche Maribel Verdú, una de mis actrices favoritas, que lo vuelve a bordar. El reparto es coral y destacan Marian Álvarez, Nora Navas y dos actores muy consolidados como Antonio de la Torre y el camaleónico Eduard Fernández. Nos ha gustado el personaje del citado en último lugar, pues sirve para explicar el modo en que la conciencia de las personas influye en que tomemos la decisión adecuada o inadecuada para que nuestro ser se quede tranquilo o no.

Felices 140

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Girlhood

Juan Orellana

Llega a nuestras pantallas una interesante película francesa de Céline Sciamma, en la que la cineasta vuelve al mismo tema de su anterior cinta, Tomboy, a saber, hasta dónde es capaz de llegar un adolescente para sentirse aceptado por un grupo. En este caso, nuestra protagonista es Marienne (Karidja Touré), una franco-africana de las afueras de París cuya madre está siempre ausente por trabajo, y cuyo hermano mayor la somete a un control férreo y violento. Marienne se siente sola, es tímida y desea integrarse en un grupo de compañeras que forman una pequeña banda. Traspasará los límites que haga falta para conseguir pertenecer a la misma.

Girlhood recuerda mucho a Thirteen, de Catherine Hardwicke, en el sentido de que hace un diagnóstico crudo de la situación de desconcierto de tantos jóvenes que carecen de referencias adultas para caminar, referencias que no encuentran ni en su propia familia. Al final tanto Marienne como sus amigas lo único que buscan son unas relaciones de afecto donde sentirse mínimamente acogidas y aceptadas.

El largometraje está rodado con la elegancia que caracteriza a Sciamma, incluso en las escenas más desagradables, y es capaz de reflejar en sus encuadres la soledad y el dolor de una mujer cuyo criterio moral es conseguir sentirse querida a toda costa. Aunque pueda sonar paradójico, Girlhood es un hermoso retrato de la devastación humana de nuestros días.

Girlhood

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 3  203 votos

La dama de oro

Víctor Alvarado

La actriz Helen Mirren ha demostrado sus habilidades para el biopic como pudimos comprobar en The Queen (2006) y nos hizo creer a todos que se trataba de la auténtica Reina de Inglaterra. Estamos convencidos de que muchos no sabríamos distinguir entre la original y la copia. La Mirren, en la película en cuestión, nos ofrece un amplio abanico de miradas que con gran economía de gestos expresan gran variedad de matices que sin palabras nos desvelan muchos detalles del sentir de esta persona. La citada intérprete explicó a Fotogramas lo siguiente: “Esta es la clásica historia de David venciendo a Goliat con la que todos nos identificamos fácilmente”.

La dirección ha correspondido a Simon Curtis, al que recordamos por una película con encanto como fue Mi semana con Marilyn, que decidió hacer esta película utilizando como fuente un documental de la BBC titulado Buscando al pintor Klimt, para hablarnos de la vida de María Altman. Y es que en 1998, el gobierno austriaco aprobó una ley en la que el Estado devolvería a sus propietarios todas las piezas u obras de arte requisadas a los judíos por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Su realizador nos cuenta la lucha de esta mujer para recuperar su patrimonio. El referente más cercano es Monuments Men, dirigida por George Clooney. La cinta presenta un ritmo razonablemente dinámico, teniendo en cuenta que los diálogos priman sobre la acción, que se reduce a una escena. Por otra parte, algunas veces somos críticos con el abuso de los flashback en el cine actual. Sin embargo, en este caso, se usan en el momento adecuado y para explicar los sentimientos de la protagonista en unas situaciones concretas del pasado.

La dama de oro es una película histórica con ciertos toques caprianos en la que se apoya al más indefenso, defendiendo una causa justa. No solo nos entretendremos con su visionado, sino que nos invita a pensar que nunca hay que rendirse ante una injusticia y que, a veces, el esfuerzo tiene sus frutos. El valor de la familia se potencia y se muestra el daño que causa una separación traumática en la que se explica el modo de afrontarla, destacando la necesidad de mantener el recuerdo vivo para no olvidar todo lo que te dieron sin esperar nada a cambio.

La dama de oro

Víctor Alvarado | 0 comentarios valoración: 3  224 votos

Tras las huellas de Ozu

Juan Orellana

Está demostrado que una civilización que ama su tradición y bebe de ella nunca agota su veta artística y creativa. Así fue en Occidente durante siglos. Pero se acabó. En el cine las películas empiezan a ser remakes, franquicias, spin off y reboots, porque se han acabado las ideas, se ha secado el manantial.

Pero curiosamente, en el lejano Oriente, a pesar de sus innumerables contradicciones y perplejidades, todavía pervive un peso cultural enorme de sus propias tradiciones. Por eso, desde hace varias décadas, gran parte del cine más humanista que acogen nuestras pantallas viene de allá, de maestros como Zhan Yimou, Chen Kaige, Hirozaku Koreeda o Hayao Miyazaki. Esta semana se estrenan dos ejemplos de nacionalidad nipona.

La casa del tejado rojo

Yoji Yamada es un octogenario cineasta que en este film hace poesía con un retrato familiar, adaptando una novela de la escritora Kyoko Nakajima, y buceando –una vez más– en las relaciones intergeneracionales. Aunque ciertamente es algo inferior a su Una familia de Tokio (2013), magnífico homenaje que Yamada rindió a su maestro Yasujiro Ozu –Cuentos de Tokio (1953)–. Ahora vuelve a las mismas inquietudes para adaptar una novela de Nakajima (2010) que tiene en su centro de gravedad las relaciones familiares.

El guión de la película ofrece varios niveles temporales y narrativos enlazados con bastante sencillez. El primer nivel, del presente, definido por la muerte de Taki (Chieko Baishô), que es la anciana tía-abuela soltera de Takeshi (Satoshi Tsumabuki). El segundo nivel es cronológicamente anterior y nos cuenta cómo Takeshi lee y corrige la autobiografía que está escribiendo su tía-abuela Taki. Y el tercer nivel, que constituye la columna vertebral del film, relata, en flashback, el contenido de esa autobiografía, es decir los años de juventud de Taki (Haru Kuroki) como doncella de servicio de la familia Hirai. Años en los que podría decir que ella no tiene vida propia, sino que vive por y para la familia Hirai, especialmente para el niño enfermo y para su madre Tokiko Hirai. Entre señora y criada hay una complicidad femenina que se pone a prueba cuando Tokiko inicia un discreto romance extramatrimonial.

¿Quién es la verdadera protagonista de esta película? Si el criterio es la acción dramática, la protagonista sería claramente Tokiko con sus aventuras amorosas. Pero en realidad no es así. Yamada rinde culto a tantas mujeres como Taki cuya vida consistió –y sigue consistiendo en tantos casos– en estar a la sombra de los demás, como contrafuerte y coro de la vida de los otros. Sirviendo y amando. Esa es la blancura y bondad del personaje de Taki, tan luminosamente interpretado por Haru Kuroki que le valió el premio a la mejor actriz en el Festival de Berlín.

El cineasta nipón no se conforma con ofrecernos el entrañable retrato poético de un alma pura como el de Taki, sino que nos ofrece una mirada crítica sobre el Japón de entreguerras, especialmente sobre el irracional belicismo de sus dirigentes y la infravaloración social de la mujer. Una de las cosas más interesantes, que Yamada ya profundizó en Una familia de Tokio, es la reflexión intergeneracional. Takeshi es un chico moderno, que ha nacido en el mundo tecnológico de la hiperinformación y al que le llena de perplejidad la lectura subjetiva que su tía-abuela hace de los acontecimientos históricos de los años treinta. Una mirada esta llena de romanticismo y pureza que choca con el cinismo de una sociedad que está de vuelta de todo.

El gran acierto de Yamada está en convertir la prosa de una historia sencilla y cotidiana en un ejercicio poético de gran altura, ensamblado con la magnífica fotografía de Masashi Chikamori y la partitura de Joe Hisaishi, el compositor habitual del maestro Miyazaki. La luz artística, poética y humanista del film eclipsa cualquier sombra que un frío analista quiera encontrar.

Tras las huellas de Ozu

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 3  206 votos

Cenicienta

Juan Orellana

Ya hace tiempo que parece que se han acabado las ideas y todo son remakes, adaptaciones de best sellers y franquicias. Pero en este caso, el remake que la Disney hace de su propia película, en imagen real, parece incluso mejor que la precedente. Al frente, un prestigioso director británico, Kenneth Branagh, que se hizo famoso por sus adaptaciones de Shakespeare a la gran pantalla.

Para el guión, la Disney ha contado con Chris Weitz que, aparte de series televisivas, tiene en su haber los guiones de películas infantiles como la cargante La brújula dorada o Un niño grande, El profesor chiflado II y Hormigaz. En esta ocasión se mantiene bastante fiel a la historia tal como la contó la Disney en 1950, en la versión dirigida por Clyde Geronimi, Wilfred Jackson y Hamilton Luske. Las diferencias fundamentales se refieren a que aquí los animales no hablan –aunque sí se comunican–, no es una película musical –aunque sí hay canciones– y, sobre todo, que en esta versión se cuenta la historia familiar de la Cenicienta, lo cual enriquece enormemente al personaje.

La protagonista se llama Ella y es una niña feliz, nacida en el seno de un maravilloso matrimonio. Su padre tiene negocios que le obligan a viajar mucho, pero es un marido encantador y se desvive por su hija. La madre tiene una gran complicidad entrañable con su hija, con la que comparte una máxima que le acompañará toda su vida: “Ten valor y sé siempre bondadosa”. Una vez que fallece la madre y el padre se casa por segunda vez, comienza la historia tal y como la conocemos. Una Ella adolescente, a la que da vida con convicción la actriz Lily James, trata de aceptar a su nueva familia hasta que su padre fallece en uno de sus viajes. La elegante actriz australiana Cate Blanchet encarna a una estilosa madrastra, llena de celos y complejo de inferioridad, que enseguida va a dirigir todas sus frustraciones contra su intachable hijastra.

La Cenicienta de Branagh es una película de estilo absolutamente clásico, un cuento de hadas en toda regla, pero más luminosa y brillante que su antecesora. En primer lugar porque las aportaciones del guión ofrecen una lectura mucho más realista y adulta de los personajes y sus conflictos, lo que permite una identificación mayor del espectador y una profundización en elementos antropológicos de calado (las relaciones paterno-filiales, la familia como el cimiento de una personalidad, la humildad, el agradecimiento, el perdón…). Por otra parte, la puesta en escena de Kenneth Branagh, debido a su tradición shakesperiana, no es nada fofa o sentimentalmente blanda, sin dejar de ser un cuento infantil. Además, el despliegue de medios en el departamento de arte hace que en algún momento, como en la secuencia del baile en palacio, nos veamos trasportados al Gatopardo de Visconti.

Afortunadamente, la animación digital está al servicio de la historia, sin autocomplacencia, y resuelve muy bien los elementos mágicos, como por ejemplo todo lo que tiene que ver con los favores del hada madrina. Hada, por cierto, interpretada por Helena Bonham Carter, en un papel que no carece de ironía al tratarse de la actriz “bruja” por excelencia. Y es que toda la película está atravesada de un fino sentido del humor que viene muy bien para una historia que tiene tanto componente trágico. También resulta irónico ver al actor Stellan Skarsgård, uno de los más duros del panorama interpretativo actual, haciendo del duque –patético personaje en la versión animada–. Y para coronar los homenajes shakesperianos, la película cuenta con la actuación de Derek Jacobi, famoso por sus papeles en adaptaciones de Shakespeare en los noventa. Una excelente y elegante versión del cuento, que podrán disfrutar pequeños y adultos sin sorpresas incómodas o guiños posmodernos.

Cenicienta

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 3  244 votos

El año más violento

Víctor Alvarado

Desde American Gangster dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Rusell Crowe y Denzel Washington hace 8 años, no veía una gran película de este género. El año más violento, aunque no es el tipo de historia que más me guste, me ha sorprendido gratamente.

Está ambientada en el inicio de la década de los ochenta, concretamente en 1981. En esas fechas, el índice de delincuencia de la ciudad de Nueva York batió su récord y el empresario, Abel Morales, deberá poner todos los medios de que dispone para campear el temporal, pues muchos de esos delitos afectan directamente a su empresa, ya que hay alguien que intenta echarle el negocio a pique.

La dirección ha corrido a cargo de J.C. Chandor, que debutó con la interesante Margin call en la que se intentaba demostrar cuál fue el origen de la última gran crisis, que afectó a la economía mundial. El año más violento tiene todos los ingredientes para que el engranaje de la misma funcione a la perfección. Entre otras cosas porque está escrita y filmada por Chandor que lo controla absolutamente todo. El libreto es muy sólido y no se le escapa ningún detalle. Como he leído en alguna crítica, los personajes, sin desvelar muchos pormenores, dejan entrever las luces y las sombras que acompañan a su personalidad. Los diálogos recuerdan a las grandes producciones clásicas de género, protagonizadas, entre otros, por James Cagney y Humphrey Bogart. El resto lo hacen actores de la talla de Óscar Isaac, al que merece la pena que no le perdamos la pista. Jessica Chastain, sin excesos, ni histrionismos, consigue que no la distingamos de un papel a otro. En El árbol de la vida hizo de comprensiva madre católica, mientras que en La deuda nos hizo creer que era una eficaz agente secreta. En este caso, interpreta un papel ambiguo, intentando transmitir la idea de que detrás de un gran un hombre hay una gran mujer.

Esta cinta parece que quiere explicar que en el país de los “sueños” no todo es un camino de rosas. El personaje protagonista es una especie de Bruce Wayne; es decir, Batman, pero realista (como apunta un secundario) para el que no todo vale para conseguir un objetivo. La ética de Abel no le permite tomar atajos que le facilitarían los negocios porque busca el camino recto, sorteando obstáculos y actuando con astucia. No obstante, sus principios serán puestos a prueba en situaciones límite.

Finalmente, hay que decir que funciona bien hasta la única escena de persecuciones que, sin ser una fantasmada tipo Misión imposible, resulta más inquietante que cualquiera de las que hayamos visto en cine de acción.

El año más violento

Víctor Alvarado | 0 comentarios valoración: 3  211 votos

Calvary

Víctor Alvarado

En una semana de estrenos intrascendentes aprovechamos la oportunidad para rescatar de semanas anteriores una pequeña gran joya como Calvary.

La historia comienza cuando el comprometido y honrado padre James confiesa a una persona que afirma haber sufrido abusos sexuales por parte de otro presbítero, y amenaza con matarle. A partir de esa primera impactante escena comienza una curiosa y original trama de intriga.

Si hace un par de años vimos a Brendan Gleeson de tipo duro en El Irlandés, este año se ha reformado y se le ha ablandado el corazón porque interpreta a un cura en una cinta del cineasta John Michael McDonagh con el que repite. Este buen actor es el padre del simpático Domhnall Gleeson que triunfara en la magnífica comedia romántica Una cuestión de tiempo. Este veterano actor declaró lo siguiente a Fotogramas: “He interpretado a muchos antihéroes, algo fácil cuando vivimos en este estado de desilusión. Pero en esta película hemos nadado a contracorriente al presentar a un personaje cuya máxima aspiración es la bondad”.

El citado realizador ha sido capaz de demostrar que se puede construir un relato de suspense en un largometraje que explica con rigor y sin caricaturas, a diferencia de lo que ocurre en el cine español, el funcionamiento real de una parroquia en la que observamos a un sacerdote volcado con sus feligreses: celebrando la eucaristía, consolando a una persona que acaba de perder a un ser querido, acompañando a un anciano o animando a pecadores que buscan una nueva oportunidad para pasar de hombre viejo a hombre nuevo como le ocurrió a San Pablo.

Deben prestar especial atención a los dilemas y reflexiones que giran en torno al tema del perdón, muy presente en todo el largometraje, una de las piezas esenciales del cristianismo al igual que el calvario por el que pasa un servidor de Cristo.

Calvary

Víctor Alvarado | 0 comentarios valoración: 3  206 votos

El ocaso de los dioses

Juan Orellana

Se han dado cita en nuestras carteleras tres de los titanes del cine contemporáneo. Y los tres nos han decepcionado. Paul Haggis, Paul Thomas Anderson y Stephen Frears. Al canadiense Haggis le debemos películas llenas de hondura como Crash o En el Valle de Elah; el californiano Anderson dirigió, por ejemplo, la emblemática Magnolia y la aclamada Pozos de ambición; el británico Frears, con una carrera más dilatada, tiene en su haber cintas como Las amistades peligrosas, Café irlandés o The Queen. Pero en esta ocasión las historias que dirigen carecen de verdadera sangre en sus venas, y se convierten en ocasiones desaprovechadas. Quizá ya no tengan nada que decir.

En tercera persona, de Paul Haggis, es un sofisticado y esmerado envoltorio que, una vez desenvuelto, contiene muy poco en su interior. Y ese poco, además, carece de originalidad. No hay nada más irritante que disfrazar de complejidad una idea simple, que revestir de intelectualidad y profundidad lo que no es más que un juego lleno de trampas. El envoltorio es ciertamente atractivo: una excelente dirección de actores, una convincente creación de atmósferas, una puesta en escena vigorosa. Pero el cine es una forma de contar cosas: tiene forma, pero también cosas que contar. Y lo que aquí nos cuenta Haggis es muy pobre. Un novelista separado escribe historias de amor y desamor a partir de experiencias propias o imaginadas. Eso está bien si se hace con la ligereza y poca solemnidad con la que Woody Allen utiliza tantas veces ese argumento. Pero investirlo de un dramatismo shakesperiano no deja de tener algo –o bastante– de engaño al espectador que, después de haber contenido la respiración durante dos horas descubre que el asunto no merecía desvelo alguno. Y experimenta una gran decepción, si no enfado.

Menos duro es el juicio que merece Paul Thomas Anderson por Puro vicio, adaptación de la novela de Thomas Pynchon ambientada en la California de los 70. En esta película tenemos un detective –Joaquin Phoenix– que reúne en sí todas las características imaginables del antihéroe, y que decide ayudar a su ex en un turbio caso con un magnate del imperio inmobiliario. Tanto el planteamiento narrativo, con una voz en off que cuenta y glosa lo que sucede, como lo estrambótico y extravagante de personajes y situaciones, dificultan al espectador el necesario proceso de identificación, que asiste entre asombrado y divertido a un espectáculo tan chocante como pasajero. Anderson no nos toma el pelo, pero nos ofrece un producto menor, de escaso calado dramático, con vocación de vagabundeo por los estantes de cine de culto.

Y a Stephen Frears le sucede algo parecido con Doble o nada. Una historia del mundo de las apuestas en Las Vegas en formato blandito, menor, pequeño, escaso, tímido… Dink (Bruce Willis) tiene una pequeña empresa de apuestas, y contrata a una buscavidas (Rebecca Hall) que se enamora de él, que está casado con una endurecida mujer (Catherine Zeta-Jones). La película es tan naif que provoca cierta ternura, y además todos los personajes dan una cierta lástima. Pero es todo tan pequeño, de interés tan limitado, que se puede aplaudir como una opera prima, pero no como la penúltima película de un Stephen Frears. Hay que reconocer que su elogio de la fidelidad matrimonial está tratado de una forma muy sorprendente, aunque sospecho que en los sótanos del film habita el fantasma de Frank Capra.

En fin ¿baches?, ¿películas alimenticias?, ¿momentos de descanso?… ¿o es que estos genios ya lo han dado todo y no tienen nada que decir? Habrá que esperar a sus próximas películas para saberlo.

El ocaso de los dioses

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 3  206 votos
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