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30 SEPTIEMBRE 2016
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La vaca

Juan Orellana

En los tiempos que corren, oscuros y terribles, dentro del cine independiente hay cineastas que entienden que su arte debe estar al servicio de la esperanza y no limitarse a constatar el desastre. Ya lo hicieron los neorrealistas italianos tras el horror de la Segunda Guerra Mundial. Ahora que el islam es una amenaza real para Occidente, no sólo por el terrorismo sino por su imparable enraizamiento en Europa, no nos es fácil mantener una mirada libre sobre él. De Francia nos llega una historia argelina, tan pequeña y sencilla en sus pretensiones como grande e inteligente en sus resultados. La dirige Mohamed Hamidi, muy condicionado por su amor al film de Fernandel La vaca y el prisionero (Duvivier, 1959). La vaca nos cuenta la peripecia de Fatah, un hombre de campo que con su mujer e hijas vive en un pueblo perdido de Argelia y que decide presentar a su vaca Jacqueline al concurso de la Feria de Agricultores de Port de Versalles (París). Pero para esta aventura no va a contar con el apoyo de su mujer, que piensa que se trata de un capricho insensato, ya que, al no tener dinero, tendrá que llevar la vaca a pie desde Marsella hasta París. Pero tal es la ilusión de Fatah que emprende su viaje a pesar de las burlas de muchos del pueblo. Por el camino encontrará diversas personas y hará nuevos amigos, poniéndonos de manifiesto paulatinamente la pureza de su corazón.

Mohamed Hamidi reconoce que esta divertida y simpática road movie tiene ciertos paralelismos con Una historia verdadera, de David Lynch, aunque aquí el tono es deliberadamente cómico, más a lo Pequeña Miss Sunshine, de Jonathan Dayton, y el aspecto social y comunitario es mucho más importante. También su tono humano nos puede recordar a ciertas películas de Berlanga o a algunos títulos del citado neorrealismo italiano, como Milagro en Milán de Vittorio de Sica. Por su parte el actor argelino Fatsah Bouyahmed, que interpreta al protagonista, tiene ecos de Roberto Benigni. En fin, a pesar de sus posibles referentes, La vaca tiene su propia personalidad, desbordante de sensibilidad humana y con un guión lleno de detalles inteligentes. Guión de Alain-Michel Blanc en el que han colaborado tanto el director como el actor protagonista, especialmente en los diálogos. La vaca elogia la pureza de un hombre bueno y pobre, frente a la complicada vida occidental, llena de problemas artificiales o secundarios. Pero también quiere mostrar una mirada crítica sobre ciertos aspectos de la vida de Argelia, a la vez que exalta la solidaridad y la conciencia de "pueblo". El film contiene muchos pequeños mensajes, como la posible convivencia entre religiones o el poder las nuevas redes sociales. Para nuestra colección de delicatesen.

La vaca

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 4  4 votos

El hombre de las mil caras

Juan Orellana

Siempre nos quejamos de la falta de cine histórico-crítico en España, y nos comparamos con los americanos que saben hacer eso muy bien. El hombre de las mil caras es el ejemplo de que el cine español también es capaz de hacer revisiones inteligentes de nuestro pasado reciente cuando quiere, sin recurrir a la manida guerra y posguerra civiles.

La película indaga en uno de los agujeros negros de nuestra democracia: el caso Roldán, el director de la Guardia Civil que se fugó de España con 1.500 millones pesetas de la Benemérita. Pero el verdadero protagonista del film es Francisco Paesa, el James Bond español, un agente secreto del Gobierno famoso por sus golpes a ETA. Paesa ayudó a Roldán a escapar y luego se la jugó. Y se quedó con todo el dinero. Aunque él lo niega. Quién sabe.

La cosa es que es que Alberto Rodríguez, que siempre ha retratado con talento el lado oscuro de nuestra España contemporánea, ha vuelto a dar en el clavo con este thriller nada maniqueo ni ideológico. Recordemos no sólo los aclamados thrillers La isla mínima, ambientado en la transición, y Grupo 7, situado en los previos de la Expo de Sevilla, sino por ejemplo El traje (2002), una humanísima historia sobre la inmigración; o After (2009), un dedo en la llaga de la sociedad en la que vivimos. Es decir, que estamos ante un cineasta sensible y conocedor de la España de los ochenta, la España del felipismo. Con el caso Roldán era fácil hacer una astracanada, o una película de cartón-piedra o, en fin, un compendio de tópicos y lugares comunes. Pero no. Ha hecho una película de personajes, de conflictos dramáticos, sin renunciar a las características del género y a la necesaria dosificación inteligente del suspense. Esto no hubiera sido posible sin el trabajo impecable de Eduard Fernández (Paesa), realmente memorable. Le da la réplica un José Coronado, único personaje de ficción, que hace de narrador de la historia en su condición de amigo fiel de Paesa. Por su parte, Roldán –probablemente el papel más difícil– está interpretado por Carlos Santos, superando el reto con dignidad. Consigue que el espectador sienta cierta compasión por un hombre tan inmoral como triste y patético. Y esta es otra virtud del film. Que no juzga, no condena, no busca una fácil moraleja. Simplemente despliega todo el abanico del drama humano, con sus grandezas y miserias, y deja que el espectador haga su propio camino y llegue a sus propias conclusiones.

En fin, un film brillante, entretenido, interesante, y que sin duda debería tener su ración de Goyas este invierno.

El hombre de las mil caras

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 2  17 votos

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Vista de la Vïa Láctea desde el Macizo Jura en Berna (Suiza). Fotografía de Anthony Anex.

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