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4 DICIEMBRE 2016
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>Meg Meeker

Los 10 hábitos de las madres felices

Teresa Gutiérrez de Cabiedes

La vuelta al cole siempre supone enfrentarse cara a cara con lo más profundo de la condición humana: por una parte, el esfuerzo siempre genera en nosotros algo de rechazo; por otro lado, aunque la anarquía del verano tiene su regusto dulce, necesitamos rutina, cotidianidad, lo ordinario, para avanzar en nuestro proyecto de vida. Esta paradoja puede cortocircuitar el ánimo y producir la etiquetada «depresión postvacacional». Pero también, y quizás con más motivo, puede suponer un desafío a nuestra capacidad de innovar, de vivir creativamente los retos de la existencia.

Por eso, los comienzos de curso también traen consigo una especie de ritual de propósitos. La misma publicidad se encarga de ofertarnos todos los septiembres descuentos en el gimnasio, coleccionables de todos los colores y tamaños, y una incontable ristra de actividades extraescolares que nos recuerden que no todo es trabajo. Lo que pocos se esfuerzan en recordarnos es que todos esos reclamos debieran plantearnos una pregunta: ¿Qué me va a hacer más feliz en mi vida cotidiana? ¿Qué me llena? ¿Hacia dónde corro, con qué velocidad y por qué necesariamente he de correr?

Cuando cayó en mis manos este libro de Meg Meeker, terapeuta y pediatra, mis prejuicios se dispararon: instintivamente lo catalogué como otro intento más de autoayuda, nacido en el país de la Coca-cola (que sacia la sed un rato pero luego deja gusto reseco y exceso de calorías). Y, en efecto, es el típico libro estadounidense, más centrado en aspectos prácticos que en excursiones a la profundidad del alma. Sin embargo, estas páginas esconden mucha experiencia y gran sabiduría. Tiene el acierto de haberse centrado en nuestra posibilidad de adquirir hábitos saludables, por contraposición a los típicos librillos de «secretos», que relegan nuestros descubrimientos a meros fuegos de artificio. Las tres palabras del subtítulo ––pasión, éxito y equilibrio– definen muy bien la meta de la felicidad que busca la autora.

Este libro de ruta va dirigido a madres, pero su contenido sería muy beneficioso para cualquiera que quiera recobrar una relación armónica con el universo vital que nos rodea en el que parece que tenemos que ser capaces de hacer todo y de hacerlo todo bien. Para despegarnos de esa inercia cultural, un prontuario de consejos sabios nunca viene mal. Al fin y al cabo, mirar a una madre siempre genera una corriente de vida. Las madres son las que sostienen el mundo: las que despiertan el cariño en los hogares, y nutren el crecimiento de las familias, y sustentan la educación 24horas. Para aprender de ellas, para regalarles un respiro o para entender qué secreto amor buscamos, este libro marca un buen atajo.

>Meg Meeker

Los 10 hábitos de las madres felices

Teresa Gutiérrez de Cabiedes | 0 comentarios valoración: 3  743 votos

Los gestos insensatos de Grossman

Giovanni Maddalena

El hombre está hecho para la felicidad. No para una felicidad de papel (paper hapinness) sino para una felicidad real, de corazón y de razón, de mente y de cuerpo. Las largas rutas racionalistas propias de las ideologías no satisfacen este deseo más que sobre el papel de los textos del régimen de turno o los escritos sobre la próxima delación o adulación. Por eso Vassili Grossman es un clásico, si bien sólo ahora empieza a tener la fama que merece. Grossman puso luz sobre una ley fundamental del ser humano: el hombre tiende a ser ideológico pero dentro de sí lleva la posibilidad de resistir al poder de un modo profundo e invencible.

Desde este punto de vista, el nazismo, el comunismo y la general estadolatría del siglo XX son más un epifenómeno de algo siempre presente en el hombre que un episodio único. Desde los samnitas (y mucho antes) a los tutsi, o a los pueblos balcánicos, el exterminio masivo y el genocidio han sido siempre una posibilidad para el hombre porque representan el último terminal de la ideología. Y la ideología no es necesariamente política. Se puede ser ideológicos en todo: en la familia, en el afecto e incluso en la religión.

¿Qué es entonces la ideología? La construcción teórico-afectiva que se basta en un trozo de la realidad considerado exclusivo. Si el error es una verdad enloquecida –como decía Chesterton– la ideología es una verdad aislada e inflada. Un dedo que, separado del cuerpo, se considera un hombre. Un ídolo, decía la Biblia: parece vida pero no lo es, es sólo discurso. El discurso puede ser potente, es capaz –sobre todo desde que existen los medios de comunicación de masas– de entrar en las mentes y crear autómatas autoconvencidos.

Sin embargo, también el poder de la ideología tiene un límite más allá del cual deja de abrumar al hombre. Por mucho que se repita que Stalin es infalible, el corazón del coronel Novikov decide desobedecer a su jefe y retrasar ocho minutos el ataque para no sacrificar inútilmente la vida –¡el único bien!– de sus soldados. “Existe un derecho superior al de mandar a morir sin pensarlo dos veces. Es el derecho de pensarlo dos veces antes de mandar a alguien a morir. Y Novikov lo ejerció” (Vida y destino). Por mucho que los papeles documenten las confesiones de los primeros revolucionarios declarando haber atentado contra el nuevo poder staliniano, el corazón de Krymov no deja de preguntarse angustiosamente: “¿Por qué confiesan? ¿Es posible que sean conscientes?”.

Grossman sostiene que la única alternativa al poder son gestos buenos “insensatos”: dar pan al enemigo, defender al oprimido a costa de la propia seguridad, morir junto al débil. Si uno va más allá de esta “insensatez”, cualquier elemento de la historia del hombre que nace como bien, don y vida, se corrompe siempre haciéndose ideología, mentira y muerte. Cualquier bien, incluso el del Evangelio, si se teoriza, se convierte en mal.

Los gestos insensatos de Grossman

Giovanni Maddalena | 0 comentarios valoración: 3  234 votos

Un paraíso para rebeldes

Teresa Gutiérrez de Cabiedes

El despertar de la señorita Prim

Natalia Sanmartin Fenollera

Planeta, 2013

Una aguja en un pajar y la novela perfecta para saciar la sed del verano: con estas sensaciones se queda uno al sumergirse en esta historia. Porque cada vez se hace más difícil encontrar en el mercado editorial libros que no sólo sean nuevos en términos cronológicos sino literarios.

Imaginemos que tuviéramos la posibilidad de abandonar por un momento los defectos de la modernidad. Pensemos en un mundo en el que la prisa no devorase nuestros calendarios, en el que las madres no tuvieran que elegir entre cuidar de sus familias o hacer carrera profesional, en el que tuvieran valor los méritos y no los títulos, en el que la fe nutriera el aprendizaje de grandes y chicos, en el que los clásicos fueran los reyes de la cultura, en el que el saber se transmitiera en el entorno doméstico (con una contribución necesaria pero muy limitada de la escuela pública). Imaginemos que vivimos, entonces, en la fábula a la que despierta la Señorita Prim, cuando cambia su trabajo administrativo por el de bibliotecaria de un señor que habita en un palacio donde reinan la búsqueda del amor y la sapiencia; un hombre que ha adoptado a tres sobrinos huérfanos y se ha ido a vivir a San Irineo de Arnois, pequeña comunidad en la que no caben los convencionalismos actuales.

Esta opera prima sorprende por la virtud de cautivar al lector de principio a fin, por el profundo bagaje cultural y por la multitud de aciertos narrativos. Pero si por algo brilla El despertar de la señorita Prim es por una valentía revoltosa y rebelde. Basándose en la idea de que uno no puede construirse un mundo a medida, pero sí un pueblo, esta deliciosa historia apuesta por batallas que parecen haber perdido en nuestro mundo (el gozo de la familia, la degustación de obras de arte y literatura, la riqueza gastronómica de la cocina casera, la recuperación de un estilo de vida cercano a la naturaleza, la grandeza de la fe como modo de conocimiento, la afortunada herencia de un patrimonio religioso y cultural, la primacía de la amistad y la construcción de la sociedad sobre valores inmortales compartidos). La nostalgia por un paraíso de épocas pasadas no cae en la utopía, sino que recupera lo mejor de la tradición europea anterior a la revolución industrial.

La autora, Natalia Sanmartín, confiesa ser la primera sorprendida por su éxito editorial. Lo sorprendente, sin embargo, es que esta periodista que dirige la sección de opinión de Cinco Días, nos regale, en su primera novela, una historia tan lúcida y original.

Un paraíso para rebeldes

Teresa Gutiérrez de Cabiedes | 0 comentarios valoración: 3  115 votos

La imagen del día

Vista general de un colorido pueblo conocido por los lugareños como Kampung Warna-Warni en Malang, Java Oriental (Indonesia). Fully Handoko (EFE)

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