Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
4 DICIEMBRE 2016

Todo nace de un agradecimiento y deseo de dar a conocer lo que a mí ya me ha sido dado gratuitamente.

La pincelada impresionista, búsqueda de lo imposible

Soy como un escolar. La página blanca tiene que estar bien escrita y ¡paf!... una mancha. Tengo cuarenta años y todavía estoy con las manchas. Fui a ver a Rafael a Roma: es hermoso y debería haberlo visto antes. Está lleno de sabiduría. No buscaba como yo cosas imposibles. Pero es hermoso.

Urculo, E. (1989). El mundo de los grandes genios, Renoir. Madrid: Orbis.

La pincelada impresionista, búsqueda de lo imposible

Una mirada humana hacia la libertad del hombre

Aquí el tema es "¿Qué es la libertad del hombre delante de Cristo?". Era un tema recurrente en el periodo de la Contrarreforma y normalmente la Magdalena era la prostituta redimida por el encuentro con Cristo. La penitencia quiere decir amor a Cristo. Habitualmente en este tipo de cuadros se veía a la Magdalena agotada por el ayuno y los flagelos. La penitencia era vista como un sacrificio que nos hacía más feos. En cambio, aquí la Magdalena es más bella. Caravaggio elige como modelo a una de sus favoritas: Anna Bianchini, era preciosa. Sin embargo, para representar la penitencia, más que el abandono de los perfumes y collares, Caravaggio representa a la Magdalena abandonada; representa el abandono de una mujer enamorada, porque la penitencia es el abandono.

Una mirada humana hacia la libertad del hombre

El grito de cada hombre expresado en una de las obras más célebres del pintor noruego Munch

Edvard Munch, uno de los predecesores del Expresionismo, con una infancia trágica, refleja vivencias personales en sus obras. Pues el mismo pintor afirma que no se deberían pintar más interiores con hombres leyendo y mujeres bordando. Debería pintarse gente viva, que respira, siente, sufre y ama.

Hoy mostramos su obra más célebre, El Grito, en donde se expresa la angustia absoluta, la soledad del hombre ante la vida y la muerte, reflejo de la incomunicación. Un hombre que siente el grito enorme, infinito, de la naturaleza.

Al contemplar esta obra resulta inevitable que surja en nosotros esta pregunta, ¿existe un hombre que sea capaz de responder a esta angustia expresada en el rostro?, ¿es posible volver a comenzar, tener ganas de vivir intensamente cada instante, a pesar de las circunstancias? Nos detenemos, miramos a nuestro alrededor y comprobamos que sí.

La última palabra no es la enfermedad, la muerte, la angustia, es decir, las circunstancias, sino saber que somos amados cada instante. El tiempo corre a nuestro favor.

 

 

El grito de cada hombre expresado en una de las obras más célebres del pintor noruego Munch

El Misterio cristiano del encuentro entre un pecador y Cristo a través de una de las pinturas más conocidas de Caravaggio

Caravaggio pinta en la Vocación de San Mateo el Misterio cristiano del encuentro entre un pecador y Cristo. ¡Mateo no está rezando! Está contando el dinero. Cristo encuentra al hombre ocupado en la realidad. Se da cuenta de que es Cristo solo los jóvenes, curiosos y Mateo. La luz que se ve en el cuadro es natural, sin embargo, su significado es sobrenatural; es la luz de la Gracia, que “viene” de Cristo y no de la ventana.

El Misterio cristiano del encuentro entre un pecador y Cristo a través de una de las pinturas más conocidas de Caravaggio

Pintar música. Del mundo visible a una sinfonía abstracta de colores.

«Bello es lo que emerge de la necesidad emocional interior. Bello será lo que sea interiormente bello» (Kandinsky, De lo espiritual en el arte)

El sol funde Moscú y lo convierte en una mera mota que, como una tuba enloquecida, hace que vibre todo nuestro ser interior, toda el alma… Es  solo el acorde final de la sinfonía que intensifica los colores hasta su máxima viveza… Rosa, púrpura, amarillo, blanco, verde pistacho, iglesias y casas de un rojo encendido -cada una, una canción en sí misma- el agudo verde del prado, el profundo bordón de los árboles…  Pintar esta hora, pensé, representaría la felicidad más improbable y elevada de un artista.

Kandinsky, W. (1980): Colleted Writings I.

Pintar música. Del mundo visible a una sinfonía abstracta de colores.

«Amar a una persona es decirle: tú no morirás jamás (G.Marcel), tú debes existir, tú no puedes morir».

Muchas han sido las páginas escritas acerca de Guernica, muchos han sido los estudios realizados sobre las figuras del toro y el caballo y lo que estos representan. Sin embargo, consideramos interesante volver a detenernos en en esta obra. Esta vez con el objetivo de centrar nuestra atención en dos figuras, la mujer con la lámpara y la madre que tiene entre sus brazos a su hijo muerto. Figuras que bajo nuestro punto de vista reflejan con mayor intensidad lo que es el hombre.

Las mujeres de esta obra son mujeres que sufren, es una consecuencia de la barbarie, del bombardeo, de una masacre en la que murieron personas. La mujer que sostiene a su hijo entre sus brazos grita, su rostro refleja las palabras de G. Marcel «Amar a una persona es decirle: tú no morirás jamás», es decir, «tú debes existir, tú no puedes morir». A ello se une que todos los personajes que aparecen gritan de dolor, sufrimiento.

Guernica no era solo un testimonio del bombardeo, ni siquiera de la Guerra Civil española, era también un alegato contra la guerra, contra la barbarie y todos los desastres que conlleva la sinrazón. Un símbolo de paz. El cuadro trasciende la Guerra Civil española para convertirse en representativo del dolor y la muerte que causa cualquier guerra. Sin embargo, nosotros consideramos que en este dolor existe una promesa de Bien, representado en la mujer con la lámpara. Es el único punto luminoso en una escena de horrores, sin ella no habría esperanza, puede considerarse como el estandarte de la justicia y de la esperanza.

Ante esta situación de dolor, de guerra, representada en esta obra y que acontece cada día en diversos rincones del mundo, nos encontramos con hombres, como Luigi Giussani, que dicen: «‘Mujer, ¡no llores!’. Este es el corazón con el que miran la tristeza, el dolor de todos aquellos con los que se relacionan, por la calle o por el camino, mientras dura su viaje. ‘Mujer, ¡no llores!’. ¡Qué inimaginable es que Dios – ‘Dios’, aquel que hace el mundo en este momento- al mirar y escuchar al hombre pueda decir: ‘Hombre, ¡no llores!’, ‘Tú, ¡no llores!’. ‘No llores, ¡porque no te hice para la muerte, sino para la vida!’. ¡Por ello te traje al mundo y te rodeo de una gran compañía de gente! Hombre, mujer, chico, chica, tú, vosotros, ¡no lloréis! Existe una mirada que os penetra hasta los tuétanos y un corazón que os ama hasta vuestro destino».

Cuando uno ha sido alcanzado por esta mirada, el corazón descansa, resulta inevitable comenzar a contemplar Guernica con otros ojos, con una mirada llena de esperanza y ternura hacia aquel que tenemos delante y hacia nosotros mismos.

 

«Amar a una persona es decirle: tú no morirás jamás (G.Marcel), tú debes existir, tú no puedes morir».

Beethoven: conmovidos ante lo real

«¿Por qué hay gente que llora al escuchar una sinfonía o al ver una obra de arte?», se preguntaba Michael O’ Brien, un escritor irlandés contemporáneo.

Podemos preguntarnos lo mismo respecto a la obra de Beethoven en particular. ¿Qué es lo que le pasa a uno al escuchar una de sus obras? ¿Por qué uno termina conmocionado y agitado tras escucharlas? ¿Cómo se puede explicar tal sentimiento ante esta potente música? ¿Ante la sonata Claro de luna o ante el primer movimiento de la Sexta Sinfonía? ¿O el segundo movimiento de la Séptima? ¿O el tan reproducido Himno a la Alegría? Se podría seguir esta lista interminable, sin embargo, no es necesario para entender que dentro de la vastísima obra de Beethoven existen ciertas piezas célebres, y no tan célebres, que dejan lleno de estupor el corazón. Esta música, que ha sido banalizada y repetida hasta el hartazgo, lleva en sí misma, sin embargo, una fuerza, una potencia y una sensibilidad ante el problema humano como ninguna otra.

La profunda tristeza, la nostalgia y el deseo de algo más grande dentro de ella –que solo aflora cuando se intuye la contextura profunda de la realidad– se expresan, por ejemplo, en el primer movimiento de la sonata Claro de Luna y en el segundo movimiento de la Séptima Sinfonía, y contrastan impresionantemente con la vigorosa y triunfante afirmación de la positividad de la vida, marcada en el primer movimiento de la Sexta Sinfonía o, lo que es más evidente, en el cuarto movimiento de la Novena Sinfonía. ¿Cómo puede suceder esto?

 

Beethoven: conmovidos ante lo real

Un paseo por la Capilla Sixtina

Hay en Miguel Ángel, en su platonismo trágico, una profunda afinidad con el idealismo monista romántico. La belleza ideal no puede ser nunca para él, como lo era para la tradición académica, una conjunción más o menos armónica de cualidades diversas. Su análisis es por tanto radicalmente imposible. La belleza es fundamentalmente unitaria, mana de una única fuente que es el Bien Supremo y la Inteligencia Suprema: Dios.

Veggio nel tuo bel viso, signor mio,

quel che narrar mai poussi in questa vita

l’anima della carne ancor vestita

con esso è già più volte ascesa a Dio

A quel pietoso fonte onde siàn tutti

S’assembra ogni beltà che quà si vede...

Veo en bello rostro, señor mío,

algo que narrar no puedo en esta vida

el alma de la carne aún vestida

muchas veces con él ascendió al cielo…

A la piadosa fuente que las reúne

Semejan todas las bellezas visibles…

(Miguel Ángel, Rime, Ed. Girardi, 83)

La creación artística es así homóloga de la creación divina. El artista, como Dios, crea un mundo; o mejor dicho (para mantenernos más fieles a la intención de Buonarroti) participa de la creación divina; es  a la vez criatura y creador. Es así como en definitiva se forja a sí mismo; o mejor dicho (pensando de nuevo en las fórmulas de Buonarroti) forja su salvación eterna.

T’is to create, and in creating live

A being more intense, that we endow

With form our fancy, gaining as we give

The life se image, even as I do now.

What am I? Nothing: but not so art thou

Soul of my thought!…

Para crear y, creando, vivir

Un más intenso ser, para eso damos

Forma a nuestra imaginación

Ganando, al tiempo que la concedemos,

La misma vida imaginada

¿Qué soy yo? Nada. Todo lo eres tú

Arte mío, alma de mi pensamiento…

(Byron, Childe Harold, III, IV)

Un paseo por la Capilla Sixtina

Roberto Rosellini y su incesante búsqueda de la verdad

Soy un realizador de films, no un esteta, y no creo poder indicar con absoluta precisión qué es el realismo. Sin embargo, si puedo decir cómo lo siento yo, cuál es mi idea sobre él.

Una mayor curiosidad hacia los individuos. Una necesidad específica del hombre moderno, de decir las cosas como son, de darse cuenta de la realidad de forma, diría, despiadadamente concreta, correspondiente al interés, típicamente contemporáneo, por los resultados estadísticos y científicos. Una sincera necesidad, también, de ver con humildad a los hombres tales como son, sin recurrir a la estratagema de inventar lo extraordinario con rebuscamiento. Un deseo, finalmente, de aclararnos nosotros mismos y de no ignorar la realidad cualquiera que ésta sea.

Dar su exacto valor a cualquier cosa, significa conocer su sentido auténtico y universal. Todavía hay quien considera el realismo como algo externo, como una salida al exterior, como una contemplación de harapos y padecimientos. El realismo, para mí, no es más que la forma artística de la verdad. Cuando se reconstruye la verdad, se obtiene la expresión. Si es una verdad de pacotilla, se advierte su falsedad y no se logra la  expresión.

El objeto vivo del film realista es “el mundo”, no la historia, ni la narración. Carece de tesis pre-constituidas porque surgen por sí mismas. No es amante de lo superfluo ni de lo espectacular, que al contrario rechaza; va al meollo de la cuestión. No se queda en la superficie, sino que busca los hilos más sutiles del alma. Rechaza los lenocinios y las fórmulas, busca las motivaciones que están dentro de cada uno de nosotros.

El film realista es el film que plantea y se plantea problemas: el film que pretende hacer pensar.

Todos nosotros hemos asumido, en la posguerra, este compromiso. Para nosotros lo importante era la búsqueda de la verdad, la correspondencia con la realidad. Para los primeros directores italianos, llamados neorrealistas, se trató de un verdadero acto de valor, y esto nadie puede negarlo. Posteriormente, a la zaga de los que podrían ser definidos como innovadores, llegaron los vulgarizadores: éstos últimos  son tal vez más importantes aún, difundieron el neorrealismo a niveles  más amplios de comprensión. Luego, como era de esperar, llegaron también  las falsificaciones y las desviaciones. Pero para entonces el  neorrealismo ya había recorrido un buen trecho de su camino.

La aparición del neorrealismo hay que buscarla, en primer lugar, en  ciertos documentales novelados de la posguerra, después en films de  guerra con argumento y finalmente, y sobre todo, en algunos films menores, en los que la fórmula, si podemos llamarla así, del  neorrealismo se va configurando a través de las creaciones espontáneas de los propios actores. El neorrealismo surge, pues, inconscientemente como film dialectal; más tarde adquirirá conciencia en plena efervescencia de los problemas humanos y sociales de la guerra y de la posguerra. Y, a nivel de film dialectal, el neorrealismo se remite históricamente a antecedentes menos inmediatos.

Con Roma, ciudad abierta el llamado neorrealismo se reveló, de forma más impresionante, al mundo. De entonces acá, y desde mis primeros documentales, ha habido una sola y única línea aunque a través de distintos caminos. No tengo fórmulas ni ideas previas, pero considerando mis films retrospectivamente, advierto sin duda elementos que son constantes en todos ellos y que van repitiéndose no programáticamente, sino con toda naturalidad. Sobre todo la “coralidad”. El film realista es en sí mismo coral (los marineros de La nave blanca son tan importantes como la población de Roma, ciudad abierta, y como los partisanos de Paisà o los frailes de Francesco, juglar de Dios .

Luego la forma “documental” de observar y analizar; por tanto, el continuo retorno, incluso en la documentación más estricta, a la “fantasía”, ya que en el hombre hay una parte que tiende a lo concreto y otra que tiende a la imaginación. La primera tendencia no debe sofocar a la segunda. Por último, la “religiosidad”. En la narración cinematográfica, la “espera” es fundamental; toda solución surge de la espera. Es la espera la que hace vivir, la espera la que desencadena la realidad, la espera la que, tras la preparación, permite la liberación.

Roberto Rosellini y su incesante búsqueda de la verdad

Leopardi y Van Gogh: dos hombres con un mismo deseo

Vicent van Gogh, La noche estrellada (1889). Museo de Arte Moderno, Nueva York.

«No poder estar satisfecho por cosa terrena. Ni siquiera, por el mundo entero. Considerar la inmensidad inabarcable del espacio, el número y la mole de estrellas y encontrar que todo es poco, pequeño para la capacidad del alma. Imaginar el número de mundos infinitos, y el universo infinito y sentir que nuestro ánimo y nuestro deseo son más grandes que el universo; y acusar siempre la insuficiencia y nulidad de las cosas, y padecer carencia, vacío, y aburrimiento, paréceme el mayor signo de grandeza y de nobleza que se puede ver en la naturaleza humana». (Giacomo Leopardi, Zilbadone)

Mi profesor de Teoría del Arte, Guillermo Solana, decía que a diferencia de Gauguin, Van Gogh se resistía a pintar composiciones de tema cristiano de su propia invención; sin embargo, no renunció a copiar cuadros religiosos de Rembrandt o Delacroix, ni a introducir un simbolismo místico latente en sus retratos y paisajes. El tema de la noche estrellada le sirvió en este sentido. Ante todo, era un desafío a toda concepción estrictamente óptica y naturalista de la pintura; pues la oscuridad de la noche roza los límites de lo representable. Pero además, el nocturno podía expresar la superación del tiempo y el anhelo de eternidad. Van Gogh creía que la muerte podía ser sólo el umbral de otra vida, el comienzo de un viaje a las estrellas, donde se continuaría la existencia en su nivel superior (en sus cartas compara el cielo estrellado con un mapa con las ciudades a las que uno puede dirigirse). Este paisaje es una imagen de la muerte, pero no un memento mori pavoroso ni un apocalipsis donde el cielo se viene abajo, como a veces se ha interpretado. Van Gogh no quería pintar la noche en blanco y negro, como ausencia de color, sino con colores más intensos y exaltados que el día. Con tales colores pretendía conjurar el terror y ofrecer una imagen embellecida, eufemística, de la muerte como promesa de paz y vida eterna.

Leopardi y Van Gogh: dos hombres con un mismo deseo

La ley de la vida es el Amor

Hoy comparto con vosotros una fotografía que realicé hace dos años en el centro de Río de Janeiro, en concreto, en la Praça Floriano. Recuerdo que cuando vi a aquel hombre sentado en la farola, me vinieron a la cabeza las palabras que leíamos en el colegio a nuestros compañeros para invitar a Caritativa, una iniciativa que consistía en compartir parte de nuestro tiempo con un grupo de mujeres deficientes un domingo por la tarde al mes y en el que se nos enseñaba que la ley de la vida es el Amor. Aquella experiencia me permitió mirar a aquel hombre con esperanza y escribir hoy esta entrada en el blog no con el fin de lamentarme ante la situación precaria en la que viven miles de personas, sino con el deseo de que cada uno de nosotros podamos llegar a ver con la misma mirada con la que la Madre Teresa de Calcuta abrazó y cuidó a aquel hombre que encontró al lado de la alcantarilla.

 

La ley de la vida es el Amor

La única alegría en el mundo es comenzar

Dedicamos con especial afecto la primera entrada de nuestro nuevo blog a María de Villota, puesto que ella ha sido un ejemplo vivo de las palabras del esritor italiano Cesare Pavese con las que damos comienzo a esta nueva aventura. Gracias, María.

«La única alegría en el mundo es comenzar. Es bello vivir porque vivir significa comenzar, siempre, a cada instante».

La única alegría en el mundo es comenzar

sobre este blog
María Pizarro
Licenciada en Historia del Arte y apasionada por la enseñanza de la lengua y cultura española, a la que se dedica desde hace varios años.
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