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19 MARZO 2019

Este blog surge ante la necesidad que reconocer lo verdadero que encierra la cultura escénica y cinematográfica y poder entender estas artes como una auténtica escuela de vida.

Punk Rock

El retrato de una generación perdida puede sonar a topicazo y a algo ya muy visto. Tienen razón si piensan esto, los adultos suelen mirar a la generación que les precede con negatividad, preguntándose qué será del futuro con ellos. Todos, cuando miramos atrás, pensamos que en nuestro tiempo las cosas eran mejores. Pero ¿éramos mejores o los tiempos eran mejores? En Punk Rock esta generación grita con un lenguaje incomprensible para muchos, pero tan agudo y desesperado que la angustia te petrifica en la butaca.

Para arrancar la nueva temporada La Joven Compañía arriesga con un texto de Simon Stephens, dramaturgo inglés de referencia en la actualidad. Los siete jóvenes de Stockport (pueblo cercano a Manchester) que protagonizan esta tragedia retratan una juventud animalada, salvaje, perdida... Cada uno distinto, pero en el fondo iguales, perdidos en una sociedad que aborrecen y critican, son el reflejo mimético de lo que no quieren llegar a ser. Son jóvenes que juegan a ser adultos, autosuficientes, pero que deambulan por la vida sin un horizonte siquiera intuido; siempre juntos en la misma sala pero infinitamente lejos los unos de los otros; amigos en la forma pero enemigos en el corazón. Son la generación sin pertenencia a lugar alguno, incapaces de reconocerse en el tiempo que les toca vivir y la cultura que les rodea: huérfanos sociales.  Como dice el tema de Linkin Park que suena en la obra: “just stuck, hollow and alone […] I wanna heal, I wanna feel like I´m close to something real. I wanna find something I wanted all along, somewhere I belong”. ¿Cómo encontrar el lugar al que pertenezco si no me han permitido descubrir mi propia humanidad?

Si ya nos sorprendieron con la adaptación de Fuenteovejuna y se “salieron” con El Señor de las Moscas, La Joven Compañía, en este caso, arriesga fuerte y gana. Una puesta en escena brutal con proyecciones audiovisuales que realmente expresan la historia, un arranque magistral en la primera escena que encierra ya toda la obra, una música muy bien escogida en la que las letras no están de más y unos actores que se entregan apasionadamente. Punk Rock es una producción teatral propia de los grandes y experimentados pero les recuerdo que esta compañía de teatro está formada íntegramente por jóvenes entre 18 y 25 años. Como ven, estos jóvenes son la antítesis de sus personajes. La Joven Compañía está acercando al teatro a un público adolescente que en otras circunstancias no pisaría una sala. Sin embargo creo que en esta ocasión Punk Rock es una historia que les queda grande a los alumnos de secundaria y bachillerato. No por la violencia o la crudeza (ven cosas peores en la televisión o por internet) sino porque se pueden quedar en la superficie y no ahondar en la raíz de la tragedia. Simon Stephens describe el conflicto pero no muestra salida.

Les confieso que me he hecho “follower” de La Joven Compañía y estoy expectante ante sus  próximos proyectos: Hey boy, hey Girl, Romeo y Julieta y una nueva versión de Fuenteovejuna.

@Chema_Alejos

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Punk Rock

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El Señor de las Moscas

¿Qué es lo originario en el hombre: la bondad o la maldad? ¿Es la sociedad la que nos perturba como señala Rousseau en Emilio? ¿Qué función tienen la autoridad, las normas y el orden? ¿Existe el 'buen salvaje'? La novela de William Golding, El Señor de las Moscas, plantea estas preguntas y muchas más. Ha sido llevada al cine en dos ocasiones, 1963 y 1990 (la primera versión personalmente me parece una joya) y adaptada al teatro por Nigel Williams en 1996. Por primera vez se estrena esta versión teatral en España después de haber arrasado en Reino Unido y más de 20 países.

La novela narra la situación extrema que viven un grupo de niños supervivientes de un accidente aéreo en una isla desierta. No hay adultos, ni autoridad, ni reglas. Esta exótica aventura se convierte poco a poco en el reflejo de lo profundo de la naturaleza humana. Con palabras del filósofo francés Rene Girard, se manifiesta lo mimético, la violencia de las sociedades primitivas y la necesidad de lo sagrado. Es una historia que no deja indiferente a nadie.

Golding propone en sus niños náufragos la tensión de la sociedad donde muchas veces lo irracional -Jack y su grupo-  acallan y ridiculizan el sentido común -Piggy, Ralph y los suyos-. Es conmovedor y muy sugerente el inicio de esta adaptación: el grupo de niños uniformados entonando un Kyrie Eleison. Es la plegaria que brota de lo profundo del corazón porque si Alguien no nos rescata, esto es lo que nos sucede. Aquí hay mucha tela que cortar y mi tentación es convertir esta crítica en una reflexión de antropología teológica sobre qué es lo original en el ser humano. Pero no lo voy a hacer.

Poner sobre el escenario esta adaptación de Williams es un reto que sólo una compañía osada, con fuerza y amante del teatro puede realizar. No sé si me impresionó más la historia en sí o ver que este proyecto está siendo realizado por un equipo de jóvenes que quieren contagiar su pasión por las artes escénicas. La Joven Compañía es esto. Desde los actores hasta iluminación, decorados, acogida o comunicación lo llevan chicos y chicas que quieren acercar el teatro a su generación. Esta producción tiene un toque especial y merece que todas sus representaciones se llenen.

La escenografía, iluminación y música están muy cuidadas y dan un toque cinematográfico que seguro agradecerán los jóvenes que vayan a verla. Sin sacarte de escena acompañan muy bien la acción dramática. Los decorados son muy sugerentes y ofrecen constantemente la sensación de peligro, de un hábitat que no está hecho para un niño.

No me atrevo a hablar de actores “amateur” porque, aunque jóvenes, tienen tablas y se dejan la piel en el escenario. Esta Joven Compañía ya nos demostró su potencial y talento en la adaptación de Fuenteovejuna. Espero que sigan ofreciéndonos más proyectos la próxima temporada y que su ideal de acercar el teatro a la juventud no sea una utopía sino algo real. Ya saben como apoyar esta iniciativa, ¿verdad? Yendo al teatro.

@Chema_Alejos

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El Señor de las Moscas

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La Vida Resuelta

Cuando uno es pequeño y se proyecta al futuro se ve apagando fuegos, salvando vidas, siendo una estrella de rock, astronauta... La imaginación nos lleva a apuntar siempre a lo más alto, a las profesiones más espectaculares porque las identificamos con la felicidad. Cuando uno se hace mayor reduce ese listón de heroicidad por cosas más banales como el dinero, una gran casa, vacaciones lujosas, una novia mucho más joven... pero sigue habiendo un punto en común: buscamos la felicidad. El corazón del ser  humano no se conforma con menos.

El hilarante  drama que viven los personajes de La vida resuelta está marcada por este deseo infinito que nos mueve a todos pero que, cuando uno no lo alcanza rozando los cuarenta, es un peso que agota. La caricatura de toda una generación que se enfrenta de bruces con respuestas que no corresponden con la vida.  

Luis (Carlos Santos) y Laura (Laura Domínguez) son un matrimonio que se ha intercambiado los roles, ella trabaja como arquitecto y él se encarga de la casa y del hijo. Jaime (Javier Mora) se acaba de separa de su mujer y vive una vuelta a la juventud enrollándose con Lluvia (Adriana Torrebejano) una chica veinte años más joven. Y Raquel (Cristina Alcázar) es madre soltera que pasados los treinta añora formar la familia perfecta que parece que otros tienen. Estos personajes se encuentran solicitando plaza en una de las mejores guarderías de la ciudad. La espera en ese aula llena de juguetes y sillas para niños hará que afloren todas las contradicciones que viven día a día.

El guión de Marta Sánchez y David S. Olivas es ágil, cargado de genio, giros inesperados y muy sensato. No recurre a ocultar la realidad para ofrecer mayor comicidad, más bien partiendo de situaciones muy reales las eleva y deja caer de golpe para dirigir, cual director de orquesta, la risa y el pesar de todo el patio de butacas. Parten de situaciones cotidianas en personajes muy creíbles, tan creíbles que aquel que parece más imposible, Lluvia, poco a poco es el menos ficticio de todos. Adriana Torrebejano seguro que termina conquistándoles el corazón.

La vida resuelta es una comedia de contrastes: adultos encerrados en un espacio de niños, niños que sueñan con ser mayores, hombres y mujeres que juegan a ser padres perfectos, príncipes azules que destiñen, la vida ofreciendo felicidad a borbotones y ellos buscándola donde no está.

¿Alguno ha alcanzado a ser lo que deseaba de pequeño? ¿La felicidad prometida, la hemos alcanzado? Vayan al Teatro Infanta Isabel y ríanse todo lo que puedan, me lo agradecerán, pero si escrutan un poco más allá en esta historia verán que hay ciertas preguntas que tarde o temprano tenemos que responder. Eso sí, hagan como en La vida resuelta y no censuren el humor en este camino de jugar a ser mayores.

@Chema_Alejos

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La Vida Resuelta

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En el estanque dorado

Solamente por ver a Lola Herrera y a Héctor Alterio, dos de los grandes en un mismo escenario, merece la pena acudir al Teatro Bellas Artes a ver En el estanque dorado. Aquí debería acabar mi crítica, pero créanme que si les esbozo un poco, sólo un poco más de la obra, verán que no hay más opción que ir al teatro a verla.

El libreto de Ernest Thompson es conocido porque se llevó a la gran pantalla en los 80, pero la dirección de Magüi Mira aporta a esta historia un toque mucho más humano y por ello más cercano, casi familiar, al drama que viven Norman y Etel. Ya con 70 años parece que uno tiene la vida resuelta, pero no es así. 49 años de matrimonio no aseguran nada; es más, quizá cuanto más tiempo va pasando, más exigencia de entrega urge en la pareja, porque cuanto más se acerca uno al otro, más incomprensible resulta, más misterioso, y por ello más necesitado de amor.

Les confieso que tener delante, aunque sea de una forma ficticia, un matrimonio de ancianos que se quieren, no de forma ideal sino concreta, provoca el deseo de querer vivir esa misma experiencia, porque el amor es tal cuando está por encima del sentir y se vive desde la donación. Así es como vive Etel (Lola Herrera): se entrega a su marido a pesar de los obstáculos que él pone, porque “amo a este viejo tonto”. Pero Norman (Héctor Alterio) ha tirado la toalla, no de amar a su mujer, sino de vivir. La vejez, y por ello la muerte, está presente en el horizonte como ese estanque que, sin verlo durante toda la obra, el espectador no olvida que está. Habrá que cruzarlo antes o después, como la laguna Estigia, para alcanzar la otra orilla, para adentrarnos en lo que no conocemos y nos asusta. El estanque es el personaje omnisciente, una presencia que ha sido testigo de la vida de este matrimonio, y que les ha permitido durante años levantar la mirada y dejarse asombrar por la belleza de la realidad. La simbología clásica del agua es muerte y vida. Este estanque dorado es un punto de fuga.

La vejez pone a Norman frente al sentido de su existencia porque se da cuenta de que está perdiendo memoria, de que tiene miedo al mundo, de que su papel como padre ha sido un fracaso y de que su apellido acabará con él. El deseo de inmortalidad aflora, no como una lucha contra la naturaleza, sino como un deseo de permanecer en la historia. “Dejar huella quería”, como dice Jaime Gil de Biedma. El “sentido” llega a Norman con el rostro de un adolescente maleducado de 15 años, Billy Rey hijo (Mariano Estudillo). Héctor Alterio llena el escenario y carga sobre sus hombros una historia que sería “una más” si no fuera por su soberbia actuación.

En el estaque dorado aborda muchos temas: la familia, las relaciones, el amor, la muerte, la vejez, la aceptación de la realidad, las consecuencias de nuestras decisiones… pero, sobre todo, acentúa el drama tan actual de la incomunicación. En una familia tan pequeña como ésta, el drama se marca porque no se pueden encontrar entre ellos. La exigencia de unos hacia otros, la dificultad generacional, el egoísmo, el propio choque entre sexos… No hay comunicación porque no hay escucha, y no hay escucha porque se ven pero no se miran. Por eso el espectador es privilegiado: porque mira y entiende, sufre y ríe, juzga y perdona a unos personajes que nos perfilan a todos nosotros. Como Norman, nos escudamos en el sarcasmo para no afrontar la incómoda realidad, o como Etel, nos desvivimos por maquillar lo imperfecto, o como Chelsi (Luz Valdenebro), nos asusta descubrir que somos como aquel que odiamos.

Sin embargo, frente a tantos desencuentros, nudos, rencillas, dolores, enfermedades, insatisfacciones, y un largo etcétera, En el estanque dorado nos enseña que la realidad está cargada de positividad, que una caricia, un beso o una sonrisa valen más que todo lo anterior. El determinismo es mentira. Uno va construyendo la vida en cada decisión, y cada decisión, cada vaciarse de uno por el otro, va llenando de sentido la existencia. El estanque está ahí, y cada año que pasa parece que es más real que uno mismo. Pero ese estanque, no se olviden, es dorado, aunque uno nunca se pare a contemplarlo.

Supongo que ya tienen suficientes motivos para ir a ver esta obra, ¿verdad? Pues falta uno más: hay más comedia que drama.

@Chema_Alejos

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Amantes de Vicente Aranda

Hacer una adaptación de Amantes para teatro es una apuesta segura. Y no lo digo porque sea o no una obra redonda, sino porque contiene objetivamente los elementos necesarios para colgar el cartel de “no hay localidades” día sí y día también. ¿Qué elementos? Adaptación de una polémica película de principios de los 90 por sus escenas de cama, rostros conocidos de series de tv y una historia facilita de seguir. Auguro una temporada larga sobre los escenarios.

El argumento es fiel a la obra cinematográfica del olvidado Vicente Aranda (La Pasión Turca, Celos, La Mirada del otro, Juana la Loca, Carmen...). Ambientada en el Madrid de los años 50, el joven Paco (Marc Clotet), que acaba de terminar el servicio militar, tiene toda una vida por construir junto a su novia Trini (Natalia Sánchez). Ella, dulce y trabajadora, quiere una vida plena y anhela casarse, cuidar de su marido y trabajar para él si hace falta porque entiende que el amor se expresa en la entrega. Luisa (Marta Belaustegui) alquila una habitación a Paco. Ella es una mujer madura, viuda, zarandeada por la vida, pasional que busca amor. Mujeres antagónicas para un joven inmaduro que no discierne entre el amor y la pasión. No llega a comprender la entrega total y verdadera que busca Trini pero sí el coito inmediato que le ofrece Luisa y que les creará una dependencia mortal. Son tres personas que se mueven en tres niveles distintos de la realidad por lo que más que encontrarse, se chocan entre ellos.

La historia no da para más; es predecible. No es culpa de la adaptación sino del guión original firmado por Carlos Pérez Merinero, Vicente Aranda y Álvaro del Amo. La película de Aranda adolece de los mismo. Es cierto que en la adaptación se ha introducido un pasado a los personajes pero no les hace lo suficientemente consistentes para entender sus actos. No están bien dibujados en el guión y hace que no sean creíbles. Marta Belaustegui, Natalia Sánchez y Marc Clotet hacen un muy buen trabajo sobre un guión que pierde ritmo y tensión.

Fiel a la película protagonizada por Victoria Abril, Maribel Verdú y Jorge Sanz, Amantes contiene escenas que pueden resultar muy incómodas para el espectador (y creo que también para los actores). Se puede provocar más al espectador cuando se sugiere que cuando se explicita Cuando una escena erótica no está justificada en la trama y no es crucial para el argumento, está de más. Sería una pena que el reclamo de una obra radique en la cantidad de carne y no en su calidad dramática.

La escenografía de Paco Azorín y la música merecen un aplauso. Los personajes se mueven sobre tres niveles, el más bajo son dos tarimas inclinada en forma de “V” que sugiere cómo esta situación pasional hace que los personajes no puedan pisar en firme y estén en el constante riesgo de caer. Es muy sugerente.

Amantes es cine adaptado al teatro, el movimiento contrario al que estamos acostumbrados, y que seguramente este tipo de adaptaciones se empiecen a hacer mucho más frecuentes.

@Chema_Alejos

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Amantes de Vicente Aranda

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