Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
6 JUNIO 2020

Quiero que nada humano me sea ajeno. Absolutamente nada: Libertad, libertades, educación, libertad de educación, matrimonio, familia, amor, sexualidad, maternidad, paternidad, infancia, demografía, defensa de la vida, ciencia, conciencia, ciencia con conciencia, Religión, razón, Fe, verdad, Política, mentira, manipulación del lenguaje, ‘política’, políticos, Derecho, derechos, paz, guerras, violencia, terrorismo, víctimas del terrorismo…

Médicos sin Fronteras... ¡y sin coherencia!

Vicente A. Morro López

Médicos sin Fronteras es una institución creada en 1971 en Francia. Ha recibido diversos reconocimientos internacionales, como el Premio Príncipe de Asturias en 1991 o el Nobel de la Paz en 1999. Su labor, fruto del trabajo abnegado de miles de voluntarios, es humanitaria y benemérita en la inmensa mayoría de los casos, pero no en todos.

En un documento de la organización, titulado “Identidad de Médicos sin Fronteras” se indica expresamente que «la razón de ser de Médicos Sin Fronteras es contribuir a la salvaguardia de la vida y al alivio del sufrimiento, respetando la dignidad.» Desgraciadamente esto no se cumple siempre y ahí radica su falta de coherencia. Su postura ante el aborto es, como mínimo, calculadamente ambigua. Igual sucede en el caso de otros organismos y entidades internacionales, también supuestamente humanitarios: Amnistía Internacional o UNICEF, por ejemplo. ¿Son compatibles «salvaguardia de la vida» y aborto? La ciencia nos dice que no; la ideología justifica lo contrario.

«Ser humano salva vidas», dicen en una reciente campaña de captación de fondos. Tienen razón, mucha razón. Claro que sí, ser humano salva vidas, por eso el aborto es radical, esencialmente inhumano. Por eso son incompatibles «salvaguardia de la vida» y aborto. El aborto provocado, al eliminar deliberadamente una vida humana, se sitúa en las antípodas de la humanidad. Es cierto que ser humano salva vidas, como hacen miles de voluntarios de Médicos sin Fronteras, y de otras muchas organizaciones. Pero también es verdad que muchos seres humanos se dedican a destruir vidas, en ocasiones bajo un halo de justicia, progreso, falsa piedad o libertad. Por ejemplo, los médicos que practican abortos y quienes les ayudan o asisten. También los que promueven, justifican y promocionan esa forma violenta de acabar con una vida humana: incipiente, pero humana; en formación, pero humana; dependiente de su madre, pero humana; débil e indefensa, pero humana.

«El sufrimiento humano no admite dilemas», añaden en su campaña. También en esto tienen razón, pero también falla la coherencia. El sufrimiento de un feto al ser abortado tampoco debería admitir dilema alguno, para nadie. Está sobradamente acreditado el sufrimiento del pequeño ser humano en algunos de los procedimientos abortivos más cruentos. Tampoco el sufrimiento de la madre debería admitir dilemas. La madre sufre, en algunas ocasiones en el propio acto y, en un alto porcentaje, a posteriori. Está descrito clínicamente el denominado síndrome post-aborto, por más que algunos quieran negar su existencia: también en esto hay falta de humanidad.

¿Por qué estos dilemas se ignoran? Seguramente, por un equivocado relativismo moral, en ocasiones casi inconsciente, inducido por la ideología dominante. Ésta, un progresismo difuso, imbuido de ideología de género, conforma un pensamiento único políticamente correcto al que nuestra sociedad se somete de forma automática y acrítica, casi mística. Como toda ideología, se sitúa por encima de cualquier principio, ya sea moral o científico, y por supuesto religioso. Este pensamiento único se adjudica el papel de verdad universal y pretende dejar, de forma más o menos radical o violenta, en el ostracismo a toda forma de pensar que no acate los dogmas oficiales. En el caso del aborto se ve esto con meridiana claridad… si se quiere ver, obviamente.

Esta sumisión social a una supuesta verdad repetida miles de veces es la única explicación que se me ocurre para que una entidad, que en la mayoría de sus acciones se dedica a salvar vidas, admita, tolere o fomente en ocasiones la práctica del aborto. No se me ocurre otra razón para tan grave incoherencia.

El Consejo Internacional de Médicos sin Fronteras, en un documento de 21 de noviembre de 2004, afirmaba que «la disponibilidad del aborto seguro debe integrarse como una parte de los cuidados sanitarios especializados en reproducción en todos los contextos en que sea relevante.» Desde luego, no es nunca «seguro» para el niño cuya vida va a ser eliminada. Y en muchas ocasiones tampoco para la madre. Quizá se pretenda que sea seguro sanitariamente, evitando complicaciones como hemorragias o infecciones. Pero no será nunca emocional ni vitalmente «seguro».

Médicos sin Fronteras... ¡y sin coherencia!

Vicente A. Morro López | 113 comentarios valoración: 3  513 votos
sobre este blog
Vicente Agustín Morro López

Gracias a Dios, 30 años felizmente casado y padre de 5 hijos. Trabajando, por maldición bíblica, y estudiando, por amor a la sabiduría y a la Verdad. Miembro del Foro de la Familia y de la Federación Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos de Valencia. Luchando por la vida,  la libertad y la familia. Mi lema, el del caballo Boxer (Rebelión en la granja): ¡Trabajaré más fuerte!
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