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20 MARZO 2019
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Macron y los hijos del paraíso

Antonio R. Rubio Plo

Emmanuel Macron ha publicado en destacados medios de comunicación una carta abierta a los ciudadanos europeos con motivo de las elecciones del 26 de mayo. Una redacción bien estudiada y algunas propuestas concretas que tienen el propósito de revindicar al presidente francés como un líder europeo, por no decir el único líder europeo en unos tiempos en que la todavía gran dama de Europa, Ángela Merkel, pasa por horas bajas, un tanto prisionera de una coalición en la que los socialdemócratas nunca se han sentido a gusto porque no la consideran rentable a largo plazo.

Si alguien se proclama europeísta, tendría forzosamente que reconocerse en Macron, aunque en su país de origen el presidente se haya visto cuestionado en los últimos tiempos. Sin embargo, Macron tiene un punto débil: creer que fuera de él mismo no hay más Europa, y sobre todo no alcanzar un consenso suficiente en Francia para sumar con otras fuerzas políticas, al menos en lo que a Europa se refiere, una defensa decidida del proyecto europeo. Lo malo es que el presidente francés consiguió llegar al Elíseo con una gran amplitud de votos conquistados a su izquierda y su derecha, y esto es algo que no le perdonarán los partidos tradicionales que siempre le consideraron un advenedizo. Macron es un presidente posmoderno, sin perfiles políticos bien definidos, pero que parece estar más cerca de un partido que no existe en Francia: un partido liberal progresista a la anglosajona, en la tónica de los demócratas norteamericanos o los liberales canadienses. En el caso de Francia, esta orientación política resultará insuficiente, por no decir descafeinada, si no va acompañada de un cierto estímulo nacionalista sin caer en los extremismos, por supuesto. Los electores, y la opinión pública en general, deben de percibir que cuando Macron habla de Europa, está a la vez hablando de Francia, y que no aspira a diluir el genio francés en el proyecto europeo. Sin dejar de ser europeísta, no se puede bajar la guardia en lo referente al componente nacional, pues sería dar armas a una extrema derecha que no ha renunciado, pese a su abultada derrotada en la segunda vuelta de las elecciones de 2017, a disputar la presidencia francesa para producir un cataclismo histórico tan espectacular como estéril en sus resultados venideros.

Macron y los hijos del paraíso

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>Editorial

Europeos en suelo nuevo

Fernando de Haro

Las elecciones de mayo van a confirmar, salvo que todas las encuestas se equivoquen de forma rotunda, que la Europa de la postguerra se ha convertido en un fenómeno minoritario. Las dos familias políticas, la socialdemócrata y la popular (democratacristiana), las que inspiraron la gran reconstrucción de hace más de 60 años y han sido hegemónicas desde entonces, sumarán en torno a 318 diputados, según la media de las encuestas. La nueva Cámara contará con 705 escaños (pierde 45 por el Brexit). Algunas de las modificaciones serán consecuencia de la salida de los diputados británicos. Pero el mayor cambio lo provocará la falta de confianza en la Europa de siempre. El populismo de izquierda y de derecha, las formaciones antieuropeas y extremas de Italia, España, Alemania y Francia van a tener un peso considerable, dificultando el funcionamiento de las instituciones. Solo los liberales de ALDE, un grupo con ideologías muy diferentes, mejoras sus resultados.

Esta “pérdida de las esencias” en el seno de las instituciones europeas se ha acelerado a raíz de la crisis económica, pero venía ya produciéndose desde los primeros años del siglo. En Alemania, después de la unificación y durante todos los años 90, se mantuvo la hegemonía del SPD y la CDU con una suma de voto ligeramente inferior al 77 por ciento. Al cambiar el siglo, el porcentaje cae drásticamente. Aunque repunta de nuevo tras la segunda crisis de 2012, ahora estaría en el 45 por ciento. La derecha clásica y los socialistas franceses nunca tuvieron tanto apoyo como los alemanes, pero van a acabar en el mismo porcentaje. Antes de la crisis, en España, el PP y el PSOE se repartían el 84 por ciento de los diputados europeos. Esta vez no van a superar el 40 por ciento. En Italia la descomposición de la “Europa de siempre” ha sido mucho más acelerada. Antes de la crisis estaba en el 70 por ciento y ahora va a terminar por debajo del 30 por ciento.

>Editorial

Europeos en suelo nuevo

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>Entrevista a Jürgen Habermas

'Querida Europa, recupera tu alma o morirás populista'

Isabelle Aubert y Jean-François Kervégan

La lección de los clásicos, desde Platón hasta Kant. El vínculo indisoluble entre la política y el derecho. La lucha contra las desigualdades como dique frente al extremismo. El filósofo repasa los grandes retos a los que debe hacer frente la UE en la actualidad.

En sus trabajos, usted da una importancia considerable a los clásicos (Kant, Hegel, Marx, pero también a Durkheim, Weber, Adorno, Mead...) y a la historia de la filosofía, pero eso ya no es muy común entre los filósofos contemporáneos.

Hans-Georg Gadamer explicó el calificativo “clásico”, que utilizamos también para esos pensadores que han instituido una tradición en la historia de la filosofía. Gracias a sus obras, estos filósofos siguen siendo contemporáneos, tanto para las generaciones siguientes como para nosotros. Por eso, no solo nosotros gozamos del privilegio de poder disfrutar en cierta medida de manera sistemática del contenido sustancial de las intuiciones innovadoras contenidas en sus escritos –yendo más allá de la interpretación que puede darse desde el punto de vista histórico–, sino que también tenemos el derecho de comportarnos así. Siempre hemos leído a Platón como un analista de conceptos. Fue el primero en desarrollar un concepto de los conceptos e identificó en el análisis conceptual la vía maestra de la filosofía. Un ejemplo más cercano lo tenemos en Kant que, con la noción de “autonomía”, introdujo un concepto completamente nuevo de libertad de la voluntad.

Aunque usted ya ha hablado mucho de esto, nos interesa volver a la importancia creciente que atribuye usted al derecho en su reflexión crítica sobre la sociedad.

Desde el principio, desde la “Historia y crítica de la opinión pública”, me interesan las tensiones existentes entre el Estado constitucional democrático y el capitalismo, y la contradicción entre los principios básicos que rigen su respectivo funcionamiento. Esto explica también el interés que he ido madurando por la filosofía del derecho de Hegel, por la historia del derecho natural y por la confrontación entre las dos revoluciones constitucionales del siglo XVIII.

¿Cómo concibe actualmente la relación entre derecho y política, y en consecuencia entre filosofía del derecho y filosofía política?

No veo ninguna alternativa al cuerpo de principios del Estado social democráticamente constituido. Pero actualmente nuestras instituciones democráticas son cada vez más una pura fachada para adaptar el Estado nacional a los imperativos del mercado mundial. En una sociedad cada vez más fragmentada políticamente pero altamente integrada a nivel económico, no disponemos de organizaciones que puedan compensar esta diferencia y combinar por tanto la capacidad de acción y control democráticos. Hoy faltan las premisas mínimas para la formación de regímenes políticos más amplios y mejor dispuestos para cooperar, capaces de domar los mercados financieros no regulados a escala mundial con el fin de disminuir las desigualdades sociales patentes que existen en el seno de las sociedades nacionales, pero sobre todo entre estados y continentes.

¿Cómo puede situarse la teoría crítica respecto a los estudios post-coloniales? ¿Está siendo víctima de un etnocentrismo occidental?

>Entrevista a Jürgen Habermas

'Querida Europa, recupera tu alma o morirás populista'

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Un cerdo es un cerdo: el Brexit

Ángel Satué

Escuchando hace unos miércoles la malograda –por 19 votos– moción de censura contra Theresa May, primera ministra británica, después de que el Parlamento le tumbara un día antes su acuerdo sobre el Brexit con la Unión Europea, una de las diputadas laboristas sostuvo que debía convocarse un segundo referéndum puesto que los británicos votaron contra el Gobierno, y no a favor del Brexit. Votaron, según ella, contra un mal funcionamiento del Sistema Nacional de Salud, los precios de la vivienda y el combustible, por la educación, por unas mejores infraestructuras… En definitiva, pidiendo una intervención del gobierno de Su Majestad más eficaz, más eficiente.

De acordarse esta nueva consulta popular, serían tres en menos de cinco años, para tratar de plantear soluciones definitivas a asuntos no menores como la independencia de Escocia o el Brexit.

El nuevo referéndum parece que es la opción preferida por las élites europeas, incluido Tony Blair, ex líder laborista y ex primer ministro británico.

Para el ex mandatario, en juego está ser una especie de Noruega (a la que le aplica el derecho comunitario con relación al mercado único –libertad de circulación de personas, trabajadores, capitales y mercancías–, sin voto, pero no la política agrícola, la de justicia, interior o la unión aduanera, pudiendo celebrar acuerdos comerciales con terceros e imponer aranceles) o bien de Canadá, en cuanto a gozar de más o menos soberanía en la relación con la Unión Europea omitiendo, sin embargo, el importante acuerdo comercial firmado entre la ex colonia británica y la Unión.

Pero seamos honestos, sinceramente no se ponen todas las fuerzas de un país en marcha para que el Reino Unido acabe siendo solo una especie de Noruega –de 5 millones de habitantes–, pero rodeada por agua.

Por otro lado, las personas de las clases más populares, que leen prensa amarilla, muy tocadas por los vientos de la crisis de 2008, y que achacaron todos sus males a Bruselas, tradicionalmente de sensibilidad laborista, ven en un segundo referéndum un ataque a la propia democracia británica, como si fuera una democracia plebiscitaria y no una democracia parlamentaria desde su revolución Gloriosa, en 1688.

Teniendo en cuenta que May es conservadora, y que su Acuerdo no ha prosperado, es muy posible que ejerza de líder conservadora. A saber, apostará por controlar las fronteras, también las de Irlanda, la inmigración y las costumbres de los de fuera, mientras hará todo lo posible por proteger su industria y su comercio, a sus ciudadanos residentes fuera del Reino Unido pero, sobre todo, a la City, primero de la Unión Europea, después de las regulaciones de propio gobierno, y tratará de que el Brexit se conduzca bajo el principio del “best value from money”, es decir, buscando el mejor uso del dinero de los contribuyentes británicos, o buscando el peor de los contribuyentes del continente. En resumen, un Brexit duro.

Un cerdo es un cerdo: el Brexit

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Brexit: entre el aburrimiento y la incertidumbre

Antonio R. Rubio Plo

Más allá del rechazo del acuerdo del Brexit por el parlamento británico y sin entrar en cuestiones técnicas sobre la salida del Reino Unido de la UE, habría que subrayar que el balance del Brexit, sin haber concluido aún el proceso, es desolador. Lo es para la política interior y exterior británicas, y en definitiva para el prestigio del país.

No cabe, sin embargo, cargar todas las culpas sobre Theresa May porque el problema viene de muy atrás, sobre todo de las divisiones profundas y guerracivilistas del partido conservador. Lo de menos fueron las extravagancias antieuropeas del exministro y exalcalde Boris Johnson, que parece no haber renunciado a sus ambiciones de primer ministro, y quizás haya que remontarse al célebre discurso de Brujas de Margaret Thatcher en 1988. Allí se agitó el fantasma de un superestado europeo, encarnado por la Comisión, que estaría cercenando todo tipo de libertades, incluida la económica. Aquella visión gruesa y simplista de Europa, con aspiraciones a representar la verdadera Europa, la de las naciones, frente a otra falsa y burocratizada, ha alimentado las chirriantes afirmaciones de que los partidarios del Brexit son los continuadores de la lucha épica de Churchill en la II Guerra Mundial. Y no han faltado otras absurdas comparaciones como la de que la UE era como el Imperio romano, una estructura opresora de pueblos entre los que se contaban los primitivos britanos.

David Cameron, que ostenta ahora un discreto cargo oficial y es un conferenciante bien remunerado, pecó de imprudente al pensar que la racionalidad, que él confundía con el pragmatismo, se impondría sobre las emociones desatadas y peligrosas de los antieuropeos. No fue así y esto le costó su carrera política. Su sucesora, Theresa May, que había jugado la carta de la ambigüedad respecto a Europa, se sintió al principio de su mandato con un nivel elevado de autoestima. Las encuestas le sonreían y decidió convocar elecciones anticipadas en espera de que la historia le otorgara el papel de nueva Dama de Hierro. Pero para ser como Thatcher no solo hacía falta ser euroescéptica, si es que May lo fue realmente alguna vez, sino que había también que saber manejar las situaciones. La premier se limitó a jugar con los términos del Brexit, el suave o el duro, y lo que ha conseguido es una humillante derrota parlamentaria que no solo ha sentenciado su futuro político, sino que ha dañado, más todavía si cabe, al partido conservador. Se quiera o no, la única vencedora ha sido la UE que, gracias al extenuante proceso del Brexit, está dando clases prácticas de lo que puede pasar si otro Estado miembro decidiera dar la espalda a Europa.

Brexit: entre el aburrimiento y la incertidumbre

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>Entrevista a Olivier Roy

¿Europa sigue siendo cristiana?

Isabelle de Gaulmyn y Jean-Christophe Ploquin

Olivier Roy es profesor de Ciencias Políticas en el Instituto Europeo de Florencia. En esta entrevista, publicada en el diario galo La Croix, el politólogo francés explica la compleja relación que mantiene hoy Europa con el cristianismo, tema al que dedica su último libro.

Usted es conocido como experto en el islam político. ¿Por qué este libro sobre el cristianismo europeo?

En realidad, mis primeras investigaciones versaban sobre el cristianismo. Mi libro La santa ignorancia suscitó un gran debate en el ámbito cristiano. Hoy estamos asistiendo en Europa a todo un movimiento que subraya la identidad cristiana en oposición al islam. Pero estoy seguro de que el problema del islam, en Europa, es el árbol que no nos deja ver el bosque. Hay tendencias que se remontan a mucho antes de su aparición. El islam no es lo que ha vaciado las iglesias, y los católicos en Francia no se han manifestado contra el islam, sino contra el matrimonio homosexual. Por tanto, lo que intento es descubrir qué es lo que se corresponde con aquella famosa “identidad cristiana” europea.

¿Todavía se puede hablar de una Europa cristiana?

Europa se sigue percibiendo como cristiana. Pero la secularización ha llevado a una profunda descristianización. Desde 1968, Europa ha vivido un cambio antropológico muy importante, que separa profundamente los valores de la sociedad de los de cristianismo. La verdadera descristianización no es tanto el derrumbe de la práctica cristiana sino la referencia a una nueva antropología centrada en el deseo individual, totalmente contrario al cristianismo. En compensación, y esa es la auténtica paradoja, en todos los países, a excepción de Inglaterra, una mayoría de europeos se sigue declarando cristiana. Pero esto ya no tiene nada que ver con la fe. Por el contrario, se constata una ignorancia total de los elementos básicos del cristianismo.

El discurso sobre la identidad cristiana, ¿no es signo de un retorno a lo religioso?

Mi tesis es que aquellos que reivindican para sí una identidad cristiana sin referirse a los valores cristianos aceleran la descristianización. Precisamente aquellos que quieren promover las raíces cristianas no predican en absoluto un retorno a la fe, pues ni ellos mismos la practican. Esto no tiene nada que ver con la religión.

¿Pero la religión no necesita acaso una relación con la cultura?

Sí. Y hoy la distancia entre la comunidad de fe y la cultura es muy grande, un divorcio. Benedicto XVI y Juan Pablo II han sido muy claros sobre esto. Sin embargo, la Iglesia católica sigue enorgulleciéndose de esta relación entre cultura y fe. En Europa, hoy estamos viviendo una crisis cultural mucho más que religiosa. Ciertas religiones como el salafismo y el evangelismo se aprovechan de esta deculturación generalizada. El divorcio de la cultura es mucho más doloroso para el catolicismo. Frente a esta cultura que se les ha hecho tan extraña, su problema es saber cómo situarse en la sociedad.

Usted indica tres actitudes posibles: replegarse sobre uno mismo, la lucha política o el retorno a los valores.

>Entrevista a Olivier Roy

¿Europa sigue siendo cristiana?

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>Entrevista a Rémi Brague

'Europa debe defenderse del laicismo hipócrita'

Daniele Zappalà

“Europa debe plantearse preguntas claras y dejar de atrincherarse tras la hipocresía del laicismo militante. La felicidad de nuestros jóvenes depende de esto”. El famoso filósofo francés Rémi Brague lleva años realizando un trabajo de elucidación sobre los fundamentos del hecho religioso, a lo que ha dedicado su último ensayo “Sobre la religión”.

¿Por qué ha querido escribir una obra sobre la religión en general?

Por un cierto fastidio a causa del modo en que se emplea, como algo banal, este término extraordinariamente ambiguo. Muchos dicen “las religiones” metiéndolas todas en el mismo saco, a menudo en el mismo saco de basura. He optado por un título plano porque quería reconsiderar así esta noción, planteando preguntas sencillas: ¿de dónde proviene la palabra y su uso?, ¿pertenece al pasado, o estamos en cambio ante la aparición continua de nuevos ídolos, aún más sanguinarios que antes?, ¿qué relación tienen las religiones con el derecho, la política, la violencia?

Sus tesis sobre las raíces cristianas de Europa, expuestas hace más de un siglo, se acogen ahora más favorablemente, incluso fuera del mundo católico y cristiano. ¿Es otro pequeño signo de una reflexión que, de un modo u otro, se abre paso en los países europeos?

Esas tesis me permitieron salir del microcosmos académico. Me alegra poder ayudar a reflexionar sobre el significado de Europa, que es mucho más antiguo y profunda que la UE. Europa bebe de fuentes culturales (prefiero esta metáfora a la de las “raíces”) que son un tesoro. Sería estúpido desprenderse de ellas. Todavía seguimos viviendo gracias a estas fuentes.

En nuestra época, marcada por las preocupaciones ecológicas, ¿las religiones siguen siendo el fundamento más sólido para legitimar nuestro llamamiento a la existencia de las generaciones futuras?

Realmente no veo otro. Los que hablan de “trascendencia horizontal” y nos ofrecen una versión precocinada del viejo mito del progreso no saben lo que dicen. El porvenir, las generaciones futuras, dependen de nuestra voluntad. ¿Cómo podría trascendernos lo que depende de nosotros? Las generaciones futuras existirán si decidimos ahora llamarlas a existir. Pero ciertamente no podemos pedirles su opinión, ni podemos estar totalmente seguros de que serán felices. Solo tenemos derecho a hacerlas nacer si la vida es un bien, un bien sólido y un bien en sí mismo. ¿Cómo afirmarlo si no creemos que todo lo que existe ha sido creado por un Dios bueno?

En Francia, y fuera de ella, los ámbitos laicistas suelen agitar los fantasmas de las guerras de religión. ¿Estas críticas o miedos tienen un fundamento concreto en la Europa actual?

Francia es un país que, después de dos siglos de relativa paz civil, sacudida por revueltas rurales, probó la sangre durante la revolución y no la perdió después, como vimos con la represión y la resistencia que siguió a las purgas de la posguerra. Hay una cierta ironía en el hecho de que los defensores de una laicidad militante, y por tanto guerrillera, quieran causar molestias a los creyentes evocando violencias pasadas. Además, imputándolas a la religión y olvidando el contexto que envenenó las diferencias religiosas, es decir, el nacimiento del estado moderno y su política secularizada, con Maquiavelo o Hobbes.

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'Europa debe defenderse del laicismo hipócrita'

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Reino Unido y la Unión Europea. ¿Rule Britannia?

Ángel Satué

“Hay niebla en el canal. El continente queda aislado”. Es una de las frases que describen el genio del espíritu británico. Esta niebla ahora podría ser el borrador de Acuerdo de 585 páginas sobre el Brexit que se alcanzó esta semana pasada. Un borrador de Acuerdo cuestionado por dos dimitidos ministros y cinco que aún lo son –entre aquellos, el que estaba a cargo del Brexit (¡!)– y por una porción nada desdeñable de diputados tories, y que teniendo en cuenta que tampoco es apoyado –por ahora, pero ya conocemos a los nacionalistas– por el partido norirlandés con representación en el Parlamento –que amenaza también con bloquear los presupuestos generales– , hará muy complicada su aprobación. También la supervivencia de una May que era antes de que ganara el Brexit una de las “remainers” (pro Unión Europea), y no una “brexiter”.

Mi valoración es que se trata de un mal acuerdo para los “brexiters”, que se quieren ir, porque se van a cámara lenta y sin dar un portazo, y un mal acuerdo para los “remainers”, porque se van en todo caso, y porque este acuerdo no fuerza (aún) un segundo referéndum, que en todo caso casaría mal con la democracia (votar y votar hasta que salga quedarse).

No le gusta a nadie, y tal vez sea lo único que haga bueno el acuerdo a ojos de la opinión pública, así como que May se pliegue a gobernar una salida en la que no creía aceptando la voluntad de la mayoría –lo cual es valorado por los más acérrimos defensores de la tradición inglesa–. En cualquier caso, si tiene un logro este acuerdo es generar la sensación en la conciencia de la sociedad británica de que no hay vencedores y vencidos, de que todos pierden. En España, esta conciencia es al revés. Sólo unos piensan que han perdido y otros no creen haber ganado. Todo a pesar del abrazo que se dio la “Generación del 78”. Abrazo que quedó retratado en la Constitución. Volviendo al caso inglés, en cuanto a la percepción de que gana la Unión, para una parte muy sustancial de la población es así, lo cual no es bueno “in fine” para la causa de la unidad europea en el Reino Unido, pero es un aviso a navegantes al resto de países de la Unión.

A primeros de diciembre del año pasado se sentaron las bases para este Acuerdo sobre tres grandes victorias para los intereses de la Unión Europea: los derechos de los ciudadanos comunitarios en las islas; el coste del divorcio; la no existencia de frontera entre Irlanda y el territorio británico de Irlanda del Norte.

Con el nuevo acuerdo, la Unión se garantiza un período de tutela sobre el Reino Unido de, mínimo, dos años, en que ésta no tendrá ni voz, ni voto, ni representantes en el Parlamento europeo, y sí le aplicará todo el acervo comunitario.

Reino Unido y la Unión Europea. ¿Rule Britannia?

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Merkel y Europa. ¿Nuestro pato cojo?

Ángel Satué

En EE.UU. cuando un presidente inicia su segundo mandato presidencial, se le llama pato cojo o rengo, o en inglés “a lame duck”. Es muy interesante esta figura en el mundo de la política, porque verdaderamente es cuando el líder puede ser más líder, o mejor dicho, más él.

Hace pocas semanas hemos sabido que la canciller alemana Angela Merkel ha renunciado en diciembre a liderar la CDU, y que tampoco repetirá en 2021 como candidata a canciller. Si llega a esa fecha y no hay adelanto electoral –el 52% de los alemanes piensa que habrá elecciones anticipadas–, llegará a estar como canciller el mismo tiempo que su padrino y predecesor, un europeo de pro, y amigo del socialdemócrata Felipe González, Helmut Khöl.

Por tanto, la mujer de hierro alemana lleva unos pocos días siendo libre, y tiene en sus manos modelar su legado. Puede apostar por apoyar a un declinante Macron en un impulso de la Unión Europea –en su vertiente fiscal, monetaria y presupuestaria–, o mirar hacia adentro, y consolidar la coalición con el SPD alemán (socialistas y socialdemócratas), lo cual es muy improbable, o simplemente apostar por que su legado sea el haber traído a Alemania un millón de inmigrantes y refugiados, lo cual parece imposible.

En estos momentos, es muy posible que Merkel sea la última de los líderes europeos que cree aún y bastante en el sistema de gobernanza mundial actual, basado en estados donde impera la ley, la democracia representativa y un sistema de instituciones internacionales y supranacionales que, a pesar de caracterizarse por una esquizofrénica competencia y cooperación, puede regular ciertas materias globales (por definición, el comercio, las finanzas, las catástrofes, el cambio climático, la paz).

En mi opinión, y puedo equivocarme, será fundamental para conocer el pensamiento y el legado de Merkel su discurso en la próxima cumbre internacional que tenemos más cercana, esto es, la primera edición del Foro de París sobre la Paz, que se celebrará en Francia este 11 de noviembre, en conmemoración del armisticio entre los Aliados y el Imperio alemán en la Primera Guerra Mundial (o civil europea).

Además, como informa el think tank Elcano, “el Partido Popular Europeo, en su congreso en Helsinki, debe elegir esta semana a su candidato a la presidencia de la Comisión Europea. El socialcristiano bávaro alemán Manfred Weber parte como favorito. Representa un giro a la derecha y la apertura a las derechas radicales que puede necesitar el Partido Popular Europeo tras las elecciones de mayo al Parlamento Europeo”.

Merkel y Europa. ¿Nuestro pato cojo?

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'De momento la polarización no ha afectado a las clases medias'

P.D.

Manuel Mostaza, consultor de administraciones públicas, analiza con paginasdigital.es la situación política y social en España. Mostaza sostiene que el espacio público es cada vez más emocional y menos racional. La polarización actúa como vía de escape.

¿Qué impresión tienes de la situación política actual, que has definido como una hoguera continua?

La sensación que tengo es que el escenario de polarización en que llevamos años metidos no decrece sino que va a más, y eso va generando una especie de hoguera continua y enorme, que no se apaga, que se alimenta, y creo que eso se carga un poco la conexión de ciudadanía, la concordia de ciudadanos que respetan al adversario. Me parece preocupante desde el punto de vista del ciudadano, más incluso que como analista, porque al final la democracia se basa en el respeto a las instituciones, el respeto a las formas y también el respeto al adversario. Y está siendo una cosa demasiado demoledora.

¿Crees que esa polarización se acaba trasladando a la sociedad?

Creo que son dos cosas diferentes. Esa polarización sí cala en el aspecto del debate público, pero como esta es una sociedad de clase media y no la de los años treinta, digamos que la sangre no llega al río. Porque para que la sangre llegue al río necesitas una sociedad empobrecida, muy enfadada. Aquí el enfado se sustancia de manera simbólica a través de esa polarización, pero es verdad que estas cosas degradan los usos y la convivencia, y acabamos aceptando como normal cosas que son auténticas barbaridades. Eso degrada la calidad democrática de un país pero creo que estamos muy lejos de que esa polarización afecte de verdad a la convivencia. En Cataluña sí se parte, pero al final son sociedades de clases medias, insisto, y las sociedades de clases medias es muy complicado que entren en conflicto civil entre ellas o dentro de sí mismas, porque la gente tiene cosas que perder y eso es la mejor vacuna contra las aventuras.

Entonces, ¿hay como dos niveles? Por un lado la polarización política y mediática, y por otro las clases medias construyendo empresa, sociedad.

Eso es. Hace tiempo que nos hemos dado cuenta de que la comunicación y el espacio público es cada vez más emocional y menos racional, y si hace treinta años lo racional en el espacio público tenía un peso y la gente hacía análisis sesudos, se escuchaban o se leían con respeto y autoridad, como esto se ha ido convirtiendo en algo muy emocional, la polarización se lo está comiendo. Pero insisto en que creo que eso es el debate público, el espacio público. Luego, en la vida privada de la gente, eso es una válvula de escape en una situación de crisis pero una sociedad donde la gente tiene unos ingresos, podemos discutir si son muchos o pocos, pero esto no es la España del año 30, donde la gente se moría de hambre, y eso es una garantía de paz social. En ese sentido, la polarización actúa como válvula de escape de la frustración.

Pero que haya esos dos niveles al final genera una especie de esquizofrenia: por un lado una vida más concreta, más normal, pero por otro un discurso que no tiene nada que ver con la realidad.

'De momento la polarización no ha afectado a las clases medias'

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¿Qué Europa hace falta después de Salzburgo? Esta seguro que no

Robi Ronza

La cumbre de Salzburgo de la semana pasada entre jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea era una cita informal. Eso significa que la reunión tenía un orden del día que pretendía favorecer un intercambio de ideas, pero no el objetivo de llegar a decisiones concretas y comprometidas. En ese sentido, no estaba prevista la publicación de comunicado alguno al término de las sesiones. Paradójicamente, eso hacía el encuentro aún más interesante desde el punto de vista político. No teniendo la obligación de llegar a la firma conjunta de un documento final, los 28 líderes podían manifestar mucho más libremente sus respectivas posiciones.

De la cumbre ha salido por tanto un cuadro bastante claro de la situación actual de Europa y más concretamente de la UE. Lo bueno es que ese cuadro está claro, lo malo que la situación es evidentemente desastrosa. No tanto por los resultados inmediatos de la cumbre, que de hecho son mejores de lo que se podía esperar, sino por el vacío de ideas y de perspectiva que lo ha caracterizado. También podemos decir que esto no es una novedad, sino solo la confirmación de una situación que lleva años así. El problema es que mientras tanto el mundo no para de cambiar, y eso hace que la inercia de Europa sea cada vez menos sostenible, no solo para Europa sino para el mundo entero.

Incluir en la agenda, como se ha hecho, sustancialmente solo la cuestión de la inmigración irregular y la salida de Gran Bretaña de la Unión significa cerrarse en un perímetro defensivo de corto respiro. Afrontar estas dos cuestiones debe tener sin duda toda la importancia táctica que merece. Sin embargo, a pesar de todo lo que la prensa cuenta, las prioridades estratégicas son bien distintas. Hasta el presidente del Consejo europeo, Donald Tusk, fiel portavoz de Bruselas, lo ha tenido que reconocer respecto a los flujos migratorios de los que se decía que, “a pesar de la retórica agresiva, las cosas se están movimiento en la dirección adecuada”. Los resultados obtenidos hasta el momento se deben “principalmente al hecho de que nos hemos centrado en el control de las fronteras externas y en la cooperación con terceros países, que ha reducido el número de migrantes irregulares de casi dos millones en 2015 a menos de cien mil este año”. En definitiva, el problema se ha afrontado y se ha alejado de la fase de emergencia. Y todo gracias al hecho de que a fin de cuentas, mientras se ponía en la picota a los “malvados” que se alineaban en contra del flujo caótico e incontrolado de inmigrantes, en la realidad de las cosas se han puesto en marcha las políticas y controles que estos proponían en virtud de cuatro puntos: aumento de inversiones en África, reforma del tratado de Dublín, revisión de la operación Sophia, reforma de la Agencia europea para el control de fronteras externas de la Unión.

¿Qué Europa hace falta después de Salzburgo? Esta seguro que no

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>La Unión Europea y China

¿San Jorge y el dragón chino?

Ángel Satué

No es fácil comprender la realidad de las relaciones exteriores de la Unión Europea en los últimos meses. Confluyen intereses nacionales de los estados europeos y muchos asuntos de geopolítica internacional, como la cuestión nuclear iraní, la guerra de Siria, las relaciones con EE.UU. en la OTAN, con el propio Trump, los oleoductos desde Qatar y el Cáucaso pasando por los gaseoductos desde Rusia, la lucha contra los terroristas musulmanes, etc. Además, están los nuevos retos de política global, como el tradicional comercio internacional, el cambio climático, el uso del espacio o el gobierno o arbitraje de la globalización.

En este juego de geopolítica, recientemente, la Unión Europea y China en su 20ª reunión bilateral, han acordado reforzar su “asociación estratégica” (strategic partnership) y su compromiso con las reglas del orden mundial actual, aunque China trabaja por construir un sistema propio, con instituciones mundiales propias.

Esta asociación, que no llega a alianza, incluye la adhesión al sistema de comercio internacional al que China se incorporó hace pocos años, la lucha contra el cambio climático –con una importante cita en diciembre de 2018 en Polonia– y la cooperación en materia de seguridad y en asuntos exteriores, poniendo el acento sobre todo en los progresos en materia de protección recíproca de inversiones. Por cierto, un capítulo este último donde España es un enano en comparación con el nivel de inversión chino en Italia, Francia y Alemania.

En cambio, por otro lado, China (pero también Rusia, buscando su salida al Mediterráneo, y Turquía, buscando su expansión histórica) se vuelca en los Balcanes y el este europeo. Sin duda alguna, el flanco geopolítico más débil de la Unión Europea, sin contar con el ensanchamiento del Océano Atlántico, con la salida del Reino Unido de la Unión. Las relaciones entre China y la Unión vemos que tienen cada vez más importancia. Somos, no en vano, una península euroasiática.

El este de Europa (sin contar la guerra-crisis entre Rusia y Ucrania) es nuevamente el tablón de ajedrez del continente – imperio europeo (Kaplan) que es la Unión Europea, y China quiere estar presente. La Unión, en paralelo, refuerza la europeidad de la región. Prueba de ello es la victoria política a cuya consecución la diplomacia europea no ha escatimado tiempo y recursos, con relación a la denominación del país Macedonia. Este país, junto con Albania, ha comenzado sus conversaciones para entrar en la Unión Europea.

Es en esta región en la que el dinero chino, que igual compra deuda yankee que da créditos a Bulgaria para construir una carretera, comienza a extender sus redes político-económicas, sin pretender “dividir la Unión Europea” en palabras del primer ministro chino, Li Keqiang (excusatio non petita, acusatio manifiesta). En cambio, vemos cómo a primeros de julio tuvo lugar un nuevo encuentro del grupo de países 16+1, donde ese 1 es China y, de los 16, 11 estados pertenecen a la Unión Europea, más otros cinco que no (Estonia, Letonia, Lituania, Hungría, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Bosnia-Herzegovina, Croacia, Macedonia, Montenegro, Serbia, Eslovenia, Albania, Bulgaria y Rumanía).

>La Unión Europea y China

¿San Jorge y el dragón chino?

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>Entrevista a Francisco Aldecoa Luzárraga

'El tejado del edificio europeo es la reforma federal'

Ángel Satué

Francisco Aldecoa Luzárraga, catedrático de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid, ha sido recientemente elegido presidente del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo en sustitución de Eugenio Nasarre, que ha estado al frente del mismo los últimos seis años.

El Consejo es una de las 39 secciones del Movimiento Europeo Internacional, constituido en 1949. Tradicionalmente, su presidencia recae en una persona afín ideológicamente al gobierno de turno, y en este caso se ha vuelto a cumplir con esta regla no escrita que es un pacto entre caballeros. Una organización al servicio de Europa para propiciar una identidad europea y que España sea un factor dinamizador en el proceso de construcción de la Unión.  

Recientemente ha colaborado y coordinado con Eugenio Nasarre la edición de un libro llamado “Europa como tarea”. Cuando para unos la Unión ha llegado al máximo de sus posibilidades como superestructura política, mientras que para otros no es sino el comienzo de un proceso federativo mundial, ¿qué tarea es la que queda por hacer aún en Europa?

Me encuentro entre los que entienden que estamos en un momento avanzado del proceso de creación de la Federación Europea., esto es, poner tejado al edificio de la construcción europea. El tejado es la reforma federal. Por otro lado, el proceso federativo mundial de momento es otra cosa, y está parado.

¿Cómo se pueden trasladar las conclusiones e ideas del libro a la sociedad?

La idea del libro es que la Unión Europea está inacabada y hay que dar pasos sucesivos. En el Congreso de la Haya nace Europa, por impulso de la sociedad civil. Es esta la que debe estar presente en la profundización de lo que falta por hacer. Espontáneamente o, mejor, de forma canalizada, por la vía de una mejor participación.

Usted está acostumbrado a las lides europeas, es asiduo a los mentideros de Bruselas y de otras capitales europeas, está conectado con la juventud desde su cátedra en la Universidad Complutense y en asociaciones europeístas, ¿tiene Bruselas un modo tecnocrático de hacer política y economía, hasta llegar a ser un fin en sí misma para sus dirigentes?

Yo creo que no. Esta acusación, tan manida, sobre Bruselas es una exageración. Los hitos políticos importantes los ha hecho el Parlamento europeo. A veces ha habido excesos de regular cosas, si me permite la expresión, “tontas”, pero no en lo fundamental. El proceso político, hoy, es equivalente al de los países democráticos y, si cabe, menos tecnocráticos que el de los Estados miembros.

¿Se puede seguir hablando de déficit democrático en la Unión Europea?

No. El fundador de la Unión Europea de Federalistas, Spinelli, ya dijo que existía en el  84 un déficit democrático. Para solucionarlo nace la iniciativa del Parlamento Europeo de establecer un nuevo tratado. Posteriormente, ha habido cinco reformas de los tratados para mejorar el sistema, y actualmente el sistema democrático de la Unión es equivalente al de sus Estados miembros, o incluso en algunos casos es mejor, lo cual no quiere decir que no sea mejorable su calidad democrática, como el caso de nuestro Estado  español.

>Entrevista a Francisco Aldecoa Luzárraga

'El tejado del edificio europeo es la reforma federal'

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Italia en desgobierno. La Unión Europea tocada

Ángel Satué

“Cuando Dios quiere joder a alguien lo hace nacer en Sicilia. Cuando lo quiere joder dos veces, lo hace nacer en Palermo”. Es lo que dice Robero Merra, miembro de una familia de latifundistas y jueces, comunista de juventud, socialista radical de Craxi más tarde y en 2007 miembro de Forza Italia, y una de las historias que cuenta el libro “Cómplices. De Corleone al Parlamento”, una historia real de mafia, poder y política italiana.

Esto mismo parece pensar la mayoría de los votantes de la Liga Norte (Salvini), desde luego, y cambiando Sicilia y Palermo por Bruselas, lo pensarán muchos votantes del Movimento 5 Estrellas (Di Maio), más pesimistas y eurófobos. También piensan que cuando los quiere fastidiar tres veces, simplemente es el presidente de Italia, Sergio Matarella, precisamente nacido en Palermo, el que les niega la composición de gobierno a los partidos más votados de Italia.

Esto es lo que ha pasado. El presidente italiano Sergio Mattarella ha declarado solemnemente que no podría encargar gobierno a la coalición populista-nacionalista de extrema derecha identitaria, liderada por un profesor desconocido –Giuseppe Conte– del sur del país, el primero en 30 años. El motivo, que la coalición propuso como ministro de economía a un “euroescéptico”, un economista de 80 años contrario a la moneda única europea.

Las bases de ambos partidos han protagonizado en redes sociales un ir y venir de peticiones de dimisión hacia el presidente Mattarella, acusaciones de golpe de estado, de extralimitación de funciones, de golpe de estado de Alemania, de amenazas recordando el asesinato del hermano del presidente a manos de la Cosa Nostra, de estar al servicio de Bruselas y de Berlín, de no ser una verdadera democracia, etc. Mensajes apoyados por Le Pen y por el asesor de Trump y de Vox, Steve Bannon.

Sin embargo, no es la primera vez que un presidente ejercita su poder de veto, aunque sí ha sido la primera vez que la coalición postulante ha declinado volver a presentar un candidato. Ante esta tesitura, Mattarella, alegando que un nombramiento como el de Paolo Savona –define el euro como “la jaula alemana”– pondría en juego la estabilidad de la economía italiana y de Europa, reconoció que el nombramiento de esta cartera ministerial es trascendente, pues o trae la calma o incendia los mercados.

En estos momentos Italia, que compite en atracción de inversión extranjera con España, tiene una deuda del 130% del PIB que debe financiar, y no se puede permitir (ni el estado ni las familias) que los tipos suban por subir la prima de riesgo del país ante la incertidumbre de salir del euro.

La salida del euro supondría el fin de la moneda única, con lo que es de suponer que la propuesta por parte del Movimiento 5 Estrellas y la Liga Norte era de todo menos inocente.

Italia en desgobierno. La Unión Europea tocada

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Europa merece, una vez más, que la defendamos y que la refundemos

Miguel de Haro Izquierdo

En días pasados conmemoramos la festividad del día de Europa. Para muchos europeos la festividad era lo más parecido a un lúgubre cumpleaños que quiere ser olvidado y silenciado con los amigos más cercanos, ante la fatiga de una celebración vacía, sin esperanza y carente de sentido. Parece como si uno pudiera “palpar en nuestras sociedades cómo se expande la idea y el sentimiento de una Europa cansada y envejecida, no fértil y vital, donde los grandes ideales que inspiraron a Europa parecen haber perdido fuerza y atracción”, tal y como exponía el Papa Francisco en su discurso al recoger el Premio Carlomagno en el año 2016.

Los acontecimientos políticos y sociales generados en muchas naciones europeas en los últimos años han minado la confianza europeísta. La corriente euroescéptica de Gran Bretaña, con un demoledor brexit que daña tanto al país anglosajón como al resto de miembros de la UE por las consecuencias de su separación en el ámbito social, económico, y sobre todo por la ruptura de la unidad del ideal de proyecto común europeo. El problema del euro y el futuro de nuestra política económica y fiscal común. El incremento de partidos anti-integracionistas. La crisis de los refugiados que ha sido incapaz de ser asumida tanto a nivel humanitario como a nivel político y social. Los frecuentes ataques terroristas en Francia, Alemania, España… y el terror que conlleva la pérdida de vidas y su inmediata generación de sentimientos de inseguridad entre la población. La incapacidad de dar respuesta a nuestras fronteras en el sur del Mediterráneo, donde millones de personas mueren soñando poder llegar a un paraíso personal de condiciones más favorables.

Nuestra política exterior y de acción común también se observa debilitada ante un nuevo escenario mundial en que naciones comercialmente superiores a nuestros recursos toman posición ante el futuro de un nuevo orden mundial económico. Nuestra presencia en el conflicto de Siria, las deterioradas relaciones políticas con Rusia y EE.UU, ahonda la sensación de una esclerosis múltiple europea.

Ante tanto desconcierto creo que es importante hacer referencia a dos personalidades que han tenido una especial trascendencia estas semanas, y que pueden recuperar en el presente el liderazgo y el origen de la verdadera Europa. Por un lado, Emmanuel Macron, al concederse el premio Carlomagno en Aquisgrán, y por otro Antonio Tajani, al recibir el premio Carlos V en Yuste.

El presidente francés ha resaltado y recomendado que “no seamos débiles, no nos dividamos, no tengamos miedo, no esperemos” frente a todos los retos y debilidades de nuestro continente. Ante el derrumbe de los principios democráticos y del populismo, “no tengamos miedo del mundo en el que vivimos, de lo que somos, de nuestros principios. No los traicionemos”. Frente a todas las incertidumbres no podemos "estar enfrentados a las tentaciones de abandonar los fundamentos de nuestro Estado de derecho. No cedamos nada".

Europa merece, una vez más, que la defendamos y que la refundemos

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¿Qué laicidad para Francia? Sobre el discurso de Macron a los obispos

Jean Duchesne

El presidente francés Emmanuel Macron visitó el pasado mes de abril el Colegio de los Bernardinos, centro cultural de la diócesis de París en un magnífico edificio medieval restaurado, al que llegó invitado por la Conferencia Episcopal francesa. Allí pronunció un discurso de más de una hora que marcó un punto de inflexión, si no en la historia al menos sí respecto al papel de la Iglesia en la sociedad francesa.

Rechazando claramente un laicismo intransigente, que querría relegar a todas las religiones a la esfera privada, marginadas y excluidas del espacio público, el presidente se presentó como “garante de la libertad de los creyentes y no creyentes”, pero no como “el inventor o promotor de una religión de Estado que sustituya a la trascendencia divina con un credo republicano”. Afirmó que “los vínculos entre la nación francesa y el catolicismo son indestructibles”, y que “Francia se hace más fuerte con el compromiso de los católicos”.

El objetivo de Macron era claramente el de “reparar” el vínculo “dañado” entre Iglesia y Estado, no como hizo Nicolas Sarkozy en 2007 recordando simplemente que la historia daría derechos a los católicos, sino afirmando que “la linfa católica debe contribuir ahora y siempre a mantener viva nuestra nación”, aunque “este país siga manteniendo las distancias con las religiones”. El presidente Macron señaló que “la política se ha dedicado a instrumentalizar e ignorar” a los católicos, mientras estos se han hecho portavoces de “cuestiones que nos afectan a todos, al país entero, a la humanidad entera”, así como “en el diálogo con otras religiones”.

El presidente también animó a los creyentes a no atrincherarse en guetos y seguir actuando como lo están haciendo, para ayudar a aliviar la miseria en todas sus formas, “en un momento de gran fragilidad social”. Esta no es la visión de un líder de partido sino de un hombre de Estado consciente de que las religiones ayudan a vivir y a veces incluso a sobrevivir en un mundo donde los progresos no impiden que las cosas funcionen mal y favorezcan el individualismo más que la solidaridad. Macron invitó a los católicos a participar en los debates, a hacerse notar, a no temer ser “inoportunos” y a presentarse como “voz que sabe ser incómoda”.

El jefe de Estado también marcó límites. La Iglesia, dijo, puede hacer “recomendaciones” pero no “requerimientos”. Macron declaró firmemente que es competencia de las instancias democráticas, de su gobierno y de sí mismo deliberar y emitir las leyes que todos deben respetar. Así el presidente tomaba distancias de monseñor Pontier, arzobispo de Marsella y presidente de la Conferencia Episcopal, que al recibirlo se refirió al problema de la inmigración y la bioética.

En el primer caso, afirmó que hay que conciliar los “principios de humanidad” con la cautela necesaria frente a los “flujos masivos” migratorios. Respecto a la fecundación asistida, los “vientres de alquiler” y la eutanasia, pero también sobre las familias “en sentido amplio” y las parejas homosexuales, señaló que no se pueden dar respuestas simples en nombre de principios abstractos. Macron añadió que la Iglesia debería ser consciente de esto cuando acompaña a personas en situaciones complicadas donde el desafío es encontrar el mal menor y establecer empíricamente lo esencial a preservar.

¿Qué laicidad para Francia? Sobre el discurso de Macron a los obispos

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Dos Europas frente a frente en Hungría

Antonio R. Rubio Plo

Tal y como se esperaba, el primer ministro Viktor Orban ha ganado las elecciones legislativas del 8 de abril de 2018. Algunos dirán que ha sido gracias a un discurso antieuropeo, pero en realidad al primer ministro húngaro, y a su partido Fidesz, no le oiremos clamar contra Europa. Hungría es Europa, un concepto que no tiene que coincidir con Bruselas, aunque la capital belga sea la principal sede de la organización en la que los húngaros se integraron en 2004. Fidesz encarna un acentuado soberanismo, que se muestra escéptico ante el proceso de integración europea, que se ve no como una oportunidad sino como una amenaza para uniformizar los distintos pueblos y culturas que integran nuestro continente.

En contraste, la oposición socialdemócrata da a sus conciudadanos una visión de Europa que no comparte una gran mayoría de húngaros. Por eso solo ha obtenido una veintena de diputados. Y es que los defensores de la integración europea no tienen buena prensa en una Hungría nacionalista, en la que todo europeísmo es sospechoso de limitar la soberanía recuperada por la nación tras la caída del comunismo. Europa, o mejor dicho Bruselas, es una especie de mal necesario. No se trata de abandonar la UE, aunque ésta haga amagos de sancionar o recriminar a Hungría y a otros países centroeuropeos, sino de defender la idea de que Europa, ante todo, es un conjunto de estados soberanos. Tan Europa es Budapest como Berlín, París o Roma. Puede compartirse soberanía en algunos aspectos, sobre todo económicos, pues son ventajosos para países con menor nivel de renta, aunque no se darán pasos significativos hacia una unión más plena, y si esto conlleva estar alejado del pelotón de cabeza, presente en Europa occidental, no importa. Antes bien, habrá que encontrar a países en con planteamientos semejantes para hacer un frente común. Tal parece ser el enfoque del grupo de Visegrado, compuesto por Polonia, Hungría, Chequia y Eslovaquia.

Los gobiernos de esos países en el poder, empezando por el del propio Orban, se han dado perfecta cuenta de que la economía y el bienestar material, en general, no son ilusionantes para un pueblo, no despiertan a los electores de su rutina diaria. El economicismo, asociado a la globalización, y por supuesto a la UE conllevaría el riesgo de dejar en un segundo plano los intereses nacionales y la propia cultura. Consecuencia lógica es la reafirmación de la identidad nacional, que a veces se reviste de defensa de Occidente, de la civilización europea e incluso del cristianismo. La globalización, el mundialismo, se propone liquidar la cultura y la identidad nacional, y los nacionalistas ponen un rostro visible a la amenaza: la inmigración. ¿Por qué han de venir a Hungría sirios y afganos, de religión y cultura musulmana? Para un nacionalista centroeuropeo esto no es xenofobia. Hay otros países, dominados por el multiculturalismo y con mayor nivel económico, que pueden acogerlos. La multiculturalidad solo trae conflictos. El rechazo a este tipo de inmigración no sería xenofobia sino un servicio a la civilización europea.

Dos Europas frente a frente en Hungría

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Europa en punto muerto

Ángel Satué

Nuestro dictador ha ganado. Es lo que seguramente haya vuelto a decir el presidente de la Comisión europea, Juncker, del Partido Popular Europeo, al que pertenece el partido húngaro Fidesz vencedor de las pasadas elecciones en Hungría.

Lo lidera Víktor Órban, que ha pasado de militar en posiciones muy liberales en 1980 contra el régimen comunista a, ya en democracia, militar en el conservadurismo nacionalista.

Su partido, que en absoluto es extrema derecha pues hay otro partido en la cámara que es abiertamente xenófobo y antisemita, ha obtenido 133 escaños de los 199 posibles, en coalición con el Partido Popular Demócrata Cristianos (KDNP). La izquierda apenas tiene una representación del 25%, hundiéndose el partido socialista, heredero del que había antes de 1989, y actualmente en el Partido Socialista Europeo.

La participación del 70% en un estado de unos 10 millones de habitantes ha supuesto un record. Todo hay que ponerlo en la perspectiva de que en 1990 el partido Fidesz era un partido minoritario en la cámara con apenas 20 escaños. Sin embargo, ha ido incrementando su resultado, ganando por primera vez en 1998 hasta 2002, y como colofón esta última vez, la tercera consecutiva desde 2010.

Durante la campaña el partido de Órban ha puesto el acento en su stop inmigrantes musulmanes, y su oposición a la política de distribución de los mismos mediante cuotas de la Unión Europea de Merkel –política de cuotas que está siendo en todo caso un estrepitoso fracaso, y que comenzó con una derogación implícita de las normas sobre fronteras de la UE–. También ha centrado el foco en el origen judío del multimillonario de izquierda liberal Soros (si los millonarios tienen ideología), que le pagó sin embargo, según informaciones, parte de sus estudios de Derecho en Inglaterra.

Han sido muchas las críticas en la prensa internacional a ciertas medidas electoralistas como la reducción de la factura del gas para la clase media trabajadora húngara en vísperas electorales. Para los críticos, tanto estas actuaciones como que el Banco Mundial haya empeorado la calificación en materia de corrupción del país, son el botón de muestra para medir la calidad de la democracia húngara. Siempre un escalón por debajo de la Europa occidental y del norte.

Indagando en las razones de una victoria tan rotunda, Hungría y en general los países de “Mitteleuropa” –la Europa del este, antes de la caída del Telón de Acero–, y por supuesto los otros países balcánicos, han hecho una difícil transición desde el sistema de economía centralizada (sin mercado) a una economía de mercado (con intervención del estado). Estas dificultades hacen que muchos húngaros vean el pasado como una etapa de seguridad y de ciertas cotas de bienestar social que hoy añoran. Sucede lo mismo en Rumanía.

Europa en punto muerto

Ángel Satué | 0 comentarios valoración: 3  28 votos

'Islam en Francia' o 'islam de Francia'. El reto de Macron

Jean Duchesne

El presidente francés Emmanuel Macron tiene la ambición de renovarlo todo, pero debe afrontar problemas que sus predecesores no han sido capaces de resolver y para los que ni la transformación del panorama político ni la evolución de la legislación ni los grandes proyectos ofrecen solución.

Entre las cuestiones más embarazosas que arrastra está la integración de la religión islámica en la sociedad francesa. La République se pretende laica, pero reconoce la libertad de conciencia y la existencia de “cultos” que deben ser gestionados por asociaciones oficiales que gozan de derechos pero que también se someten a sus leyes.

Este sistema, solo erigido de manera progresiva mediante la negociación y el compromiso en el siglo XX tras la conflictiva separación entre el Estado y la Iglesia en 1905, se concibió para y con los católicos, y de manera marginal también los protestantes y judíos, ¿pero también puede aplicarse al islam?

La terminología oficial es ya en sí significativa. El objetivo no es organizar “el islam en Francia” sino “un islam de Francia”. Dicho de otro modo, no se trata solo de tener en cuenta la pluralidad de corrientes islámicas que existen en el país y pedirles que se organicen y se doten de unas instancias comunes y representativas que actúen como el interlocutor que los poderes públicos necesitan. La idea es ante todo crear una suerte de islam nacional que, sin eliminar sus diferencias internas, consiga conciliar la pertenencia religiosa con la ciudadanía y la adhesión a los “valores” compartidos por el resto de franceses.

Esto es lo que Macron volvía a proponer en una entrevista que concedió al Journal du Dimanche. El presidente distingue dos líneas de trabajo. Una se sitúa en un plano formal y prevé una estructuración institucional que englobe las diversas corrientes del islam presentes en Francia. La segunda se refiere a la sustancia, es decir, la compatibilidad e incluso la posible convergencia entre las exigencias del islam y los ideales republicanos y laicos. Su todo es prudente y medido, y las motivaciones y objetivos razonables: no importar a Francia las divisiones que laceran al islam en otros lugares del mundo, dar a los musulmanes su lugar y papel en la vida sociocultural, algo que su presencia hace ya inevitable, no acelerar las cosas y avanzar propuestas solo después de una consulta a 360 grados.

¿Qué probabilidad tienen estas laudables intenciones de generar resultados concretos? Obstáculos no faltan. Sobre todo persisten los elementos por los cuales los predecesores del presidente actual no lograron federar el islam de Francia. El Conseil français du Culte musulman, creado en 2003, sigue sin funcionar a causa de desacuerdos internos entre las asociaciones que engloba y que viven en su mayoría de patrocinios extranjeros.

Argelia, Marruecos, Arabia Saudí, los países del Golfo, los Hermanos Musulmanes, Turquía, por no hablar de los salafitas y yihadistas, tienen sus “clientes”, a los que envían predicadores y/o dinero. Unir a todas estas facciones no es nada obvio porque no les interesa. El gobierno no tiene presupuestos para contrarrestar estas influencias externas, y además el Estado no puede financiar ningún “culto”.

Alsacia y los cursos de islamología

'Islam en Francia' o 'islam de Francia'. El reto de Macron

Jean Duchesne | 0 comentarios valoración: 2  23 votos
>Entrevista a Fausto Bertinotti

Nos han robado la revolución

I.S.

“Creo que volveremos a votar rápidamente porque la revolución no ha terminado y si se detiene podría acabar volviéndose contra aquellos que la representan”, es decir, el Movimiento 5 Estrellas y la Liga. Son palabras de Fausto Bertinotti, fundador en 1991 de Refundación Comunista y expresidente de la cámara italiana.

¿Cómo valora los resultados electorales?

La victoria del M5S y la Liga es la manifestación de una revuelta larvada durante mucho tiempo, que no se ha expresado hasta ahora por la falta de sujetos políticos capaces de darle forma.

¿Y los demás partidos?

Se ha acabado con los últimos residuos de tradición política italiana, Forza Italia y PD, que son el fruto de una larga metamorfosis respecto a lo que eran antes.

¿Cree que están en fase terminal?

En mi opinión, sí. Luego la burocracia puede sobrevivir a todo, pero ya como construcciones inertes.

Quedan por tanto la Liga y el M5S, ¿cómo los definiría?

Son dos realidades políticas concurrentes, formadas sobre la onda de una presión política anti-elitista. Ambas hunden las raíces de su éxito en cruzar la línea que ha marcado el paso del anterior sistema político al actual, que todavía no está bien delineado.

¿Cómo ve usted ese anti-elitismo?

Ambiguo. Contiene un elemento importante: la crítica a un poder que ya no tiene legitimación democrática. La moción anti-elitista de la Liga y del M5S es fundada y positiva, la duda está en que esta revuelta oscurece, en vez de sacar a la luz, el verdadero problema de fondo, que es el modelo de desarrollo.

¿Qué podemos perder?

El núcleo del problema es la desigualdad. Y la desigualdad no solo ha sido la gran ausente de la campaña electoral, nos dicen continuamente que el 5% de la población italiana posee el 30% de la riqueza del país pero todos estos datos se dejan al margen, confinados a la esfera de la comunicación pero sin llegar a tocar la esfera política. Nunca había pasado. Antes las clases políticas intentaban hacer ver por todos los medios que podían acabar con la desigualdad, ahora no.

¿La política ha acabado en una burbuja?

Eso es exactamente lo que estoy diciendo. El enfrentamiento con las élites es totalmente fundado, pues las élites son las principales responsables de la burbuja, pero la ofensiva, aunque justificada, contra ellas acaba siendo el alfa y la omega del conflicto político.

M5S y Liga, las dos fuerzas concurrentes, ¿pueden encontrarse bajo el mandamiento de la gobernabilidad?

No. El bloque social del sur es necesariamente portador de una exigencia basada en el tener, porque está empobrecido y derrotado. El norte pide protección frente a la amenaza que supone el riesgo de que la riqueza producida se redistribuya entre otros, el riesgo que representan los inmigrantes para la seguridad y el trabajo, etcétera, etcétera.

Los votantes del norte también han votado contra el liberalismo europeo.

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>Entrevistas

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Arranca la campaña

Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  11 votos
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>Reconectar el voto y la experiencia social

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P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
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>Reconectar el voto y la experiencia social

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P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  15 votos
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>Entrevista a Francisco Igea

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F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

F.H. | 0 comentarios valoración: 2  21 votos
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>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

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Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

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Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

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Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

'La democracia es incompatible con la noción de enemigo'

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>Entrevista a Joseba Arregi

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Juan Carlos Hernández

Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

Últimamente se ha hablado mucho de los movimientos feministas. ¿Cuál es su valoración?

'El populismo es peligroso cuando tiende a convertirse en totalitarismo'

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>Entrevista a Tulio Álvarez

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Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

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El otro es un bien, también en política

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