Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
17 NOVIEMBRE 2018
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Educar la mirada

Juan Carlos Hernández

En el salón de actos de la Fundación Pablo VI se ha presentado el libro “El Abrazo” (Ed. Almuzara) de Mikel Azurmendi. El autor vasco relata su experiencia en los últimos años donde ha estudiado la vida de la “tribu”, por usar la expresión del autor, de Comunión y Liberación.

Mikel Azurmendi testimoniaba que el encuentro con estas personas fue “toparme con un darlo todo sin aspavientos, encontrar una alegría existencial y muchas certezas”. ¿Dónde podemos encontrar, hoy en día, personas con certezas? Los de Comunión y Liberación no argumentan desde los dogmas sino desde la verdad de su vida.

“Hay un momento, en unas vacaciones en La Masella, donde empiezo a dar crédito de lo que los cristianos dicen de sí mismos. Para llegar a este punto he tenido que cambiar la lente desde la que los miraba, he tenido que superar mis prejuicios. Si uno razona desde sus puntos de vista no puede llegar a entender al otro”.

Sorprende de Mikel cómo hace un ejercicio continuo de comparación entre lo que dicen los autores que lee, sus propias ideas y la vida que ve, con sus ojos sencillos, en la vida de la tribu de Comunión y Liberación.

En la presentación del libro también ha participado Joseba Arregui, que afirmaba que el libro le ha “sacado de quicio, le ha sacado de su zona de confort”. En Arregui se percibe la sorpresa de encontrarse con una novedad en alguien que ya creía saber todo. “El libro me hace replantearme de nuevo el sentido de la realidad. Yo creía que, a mi edad, ya no tendría que cambiar de nuevo mi pensamiento”.

Julián Carrón, presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación, conmovido por la intervención del exconsejero del Gobierno Vasco, reclamaba a “volver al cristianismo como cosas que suceden. El cristianismo o se comunica así, como un acontecimiento, o no nos saca de nuestra zona de confort. Lo que ha contado Arregui –decía Carrón– es la experiencia de los discípulos que se cuenta en el Evangelio. Nuestra responsabilidad ahora es darnos cuenta del regalo que nos ha dado Cristo dándonos una persona como Mikel, que nos ha enseñado a mirar y que nos ha devuelto la realidad que ya pensábamos conocer”.

“Tenemos mucho que hacer, tenemos mucho por delante que mirar”, reclamaba Fernando de Haro que moderaba la mesa. Ya que, como se afirma en el libro, “la realidad no son los conocimientos de la realidad […] La realidad no es, pues, la explicación de la realidad sino el juego mismo de la realidad. De la misma manera que el fútbol es fútbol y no comentarios del fútbol”.

Educar la mirada

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Historias urbanas

Ser alcalde de San Montemares es una de las cosas más apasionantes que me han pasado en la vida. Llevo ya varias legislaturas, que la verdad, se me han pasado muy rápido. Se lo comentaba a mi suegro, cerca ya de la centena, y me apuntó una cosa realmente interesante cuando le dije que la sociedad ahora reclama que los políticos no sean profesionales de la política, y que roten cada cierto tiempo, y vuelvan de donde se supone debieron venir, de sus trabajos, carreras y oficios.

Pues bien, Don Jacinto me dijo, con toda la retranca de un buen hombre que lo ha visto todo en la vida, que no hay talento ni líderes políticos para tanta rotación, que no hay tanta gente dispuesta a empeñar su vida en estas lides de la política, y menos ahora que te miran con lupa la talla del calcetín –me dijo otra prenda–, y que no hay gente tan preparada para los cometidos que deben desempeñar si llegan al gobierno.

Y tiene razón, al fin y al cabo los ciudadanos nos entregan a los políticos su Hacienda, y en algunas democracias y en todas las dictaduras, hasta la vida. El Código Fiscal y el Código Penal, por no decir el alma, como quieren ahora las sacerdotisas del género masculino, femenino y sobre todo neutro, y los sacerdotes de la memoria, arcanos de la Historia, custodios de las leyendas de esta tierra media cada vez más mediocre, como todas las de occidente.

Por una parte, si en San Montemares sigo como alcalde, es más bien porque mi gestión ha sido un bien para los vecinos, es decir, para el pueblo entero, y he de decir, no sin pena, que muchos de los aspirantes a entrar en política, contrincantes míos, no tuvieron esa vocación política que tan bien describió el bueno de Don Gabriel Elorriaga padre en su libro homónimo.

El sistema no es capaz de generar tipos que resistan los embates de la política partidista, interna y respecto de los adversarios, de aguantar un escrutinio sobre la vida personal y profesional, y que estén medianamente preparados para poder saber lo que es bueno y lo que es malo, lo que es legal y lo que es ilegal, lo que generará justicia y libertad, y lo que no.

Por supuesto, no diré que tengo esas cualidades, pero no diré tampoco que no las quiera para mí. Soy una rara excepción. Acaso, una invención. Hay que aspirar a esas cualidades mejores, superiores –esos carismas mejores que dijera San Pablo, y que nos recuerdan en casi todas las bodas actuales a las que asisto–, para poder quedarse unos peldaños más abajo.

Si una persona escucha una llamada a gastar su vida, literalmente, por su comunidad, no veo mejor ni mayor empeño que este. Si una persona desea para los demás lo que quiere para sus más cercanos y queridos, es decir, una vida próspera, honesta, más libre y en paz, no veo la razón para abandonar la política por cumplir determinada edad o llevar no sé cuántas legislaturas, siempre que funcionen las instituciones de control, los pesos y los contrapesos y el Código penal. Si no parece más un quítate tú, que me pongo yo, y los que me acompañan.

Historias urbanas

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Elogio de La España de Abel

Antonio R. Rubio Plo

Se ha publicado un libro que quiere hacer oír su voz en una España que está siendo sacudida por la crispación, una España que tendría que mostrarse orgullosa de su pasado reciente, con una transición hacia la democracia y una Constitución que fueron consideradas modelos en Europa y en América. Pero sobre esa España ha caído desde hace tiempo la sombra de la sospecha, a menudo acompañada de la acritud y los gestos adustos. Hay quien la considera una mentira, un engaño colectivo y pretende emborronar el legado surgido hace cuarenta años. Contra esta arrogante y falaz pretensión nace un libro, escrito por hombres y mujeres entre 30 y 45 años que dan su testimonio, iluminado por la sinceridad, de que otra España es posible, y no en un futuro hipotético: ellos mismos han vivido esa España, que no por casualidad ha ido acompañada de la integración en Europa, y que pretenden proclamar a los cuatro vientos su rechazo al retorno de la España cainita.

La España de Abel (ed. Planeta Deusto) es un ejemplo de que se puede hablar con optimismo, sin cargar las culpas sobre los otros, del futuro de España. En estas páginas no hay un debate sobre qué es una nación, pues no importan demasiado las elucubraciones histórico-jurídicas, por muy brillantes que sean. No es tampoco un libro noventayochista ni de nostalgias de la edad de plata de nuestra cultura, como pueden ser otros. Eso queda atrás, como deberían quedar atrás unas cuantas páginas de nuestra historia reciente. En este libro importa más la vida cotidiana, el trato con las personas, pues todas las personas son hijas de alguien, y es habitual que tengan hijos; y tomarse unas tapas en medio de una animada conversación en la que tenemos tiempo para escuchar al otro puede ser más “revolucionario” que todas las soflamas políticas. Sin embargo, esto no lo tienen en cuenta los cegados por ideologías mesiánicas, los representantes de la España cainita que siguen pensando, al igual que algunos de sus antepasados, que todo irá mejor cuando ganen los nuestros y arramblen con el poder. Hay quienes predican el retorno a una edad de oro que nunca existió, desmentida por la historia y el sentido común, y hay quienes aspiran a construir un supuesto paraíso terrenal en el que ellos pretenden ocupar los primeros puestos. Esa es la España cainita de la que no puedes esperar una auténtica sonrisa. En cambio, la España de Abel, la que encarnan los jóvenes autores de este libro, es una España alegre, en la que las lógicas discrepancias entre los seres humanos no tienen por qué solucionarse con las coacciones o con la violencia.

Elogio de La España de Abel

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>Entrevista a Edgardo Pinell

"Nicaragua ya es como Venezuela pero con buena economía"

P.D.

Edgardo Pinell, comunicador y activista de derechos humanos, se ha visto obligado a exiliarse de Nicaragua ante la presión de un régimen que persigue a los periodistas.

¿Por qué tuviste que salir de Nicaragua?

Porque realmente los comunicadores y los que hemos estado involucrados en la televisión, en la promoción de los derechos humanos, trabajo con estudiantes, etcétera ya hemos estado en el punto de mira del gobierno, y en ese sentido yo he recibido amenazas en redes sociales. Yo trabajaba en una revista donde tuve que ser bastante claro ante ciertas posturas de persecución y represión a los estudiantes, y parece ser que eso ha llegado a incomodar.

¿En este momento se puede decir que la situación actual en Nicaragua es la de una auténtica dictadura? La limitación de derechos de reunión, libertad de expresión y derechos fundamentales y la poca participación, ¿implican que es una dictadura o en el fondo, como Ortega ha sido elegido democráticamente, sigue siendo una democracia?

Es una dictadura incluso familiar en la que no solo está su esposa como vicepresidenta sino sus hijos, a través de los medios de comunicación, controlando y concentrando todos los poderes del Estado. En Nicaragua no hay una institución política, poder del Estado o entidad pública independiente, la Procuraduría de los Derechos Humanos no defiende los derechos humanos, hay una Fiscalía totalmente instrumentalizada para perseguir a los opositores, hay un poder judicial que trata de aparentar independencia pero no la tiene, como operadores políticos del gobierno; no hay separación de poderes. Es totalmente una dictadura. La única diferencia con Venezuela todavía es nada más una economía que aún resiste, pero no va a durar mucho tiempo.

¿Cómo ejerce el poder Ortega? ¿De qué mecanismos dispone para controlar el poder?

No es de manera inmediata. Ha ido acumulándolo desde su retorno, que efectivamente ha sido más o menos democrático, pero desde que dejó el poder en el 90 nunca lo perdió totalmente, como tampoco lo perdió el Frente Sandinista. Mantuvieron al menos una importante influencia sobre todo en el poder judicial, con mecanismos de financiación a través de favores político y este tipo de cosas. Al recuperar el poder efectivo en 2007 y ser reelegido en 2011, instaurando una mayoría parlamentaria fraudulentamente, luego va acumulando otros poderes del Estado, como el poder electoral, judicial, erario público, rendición de cuentas… Lo ha ido haciendo de manera paulatina, por eso ha sido tan difícil empujarlo hacia una transición democrática en estos meses. Eso ha sido complicado, pero él ya tiene en la práctica un soporte económico de Venezuela, de la dictadura venezolana, con 450 millones de dólares anuales desde 2007 que nunca pasaron por los presupuestos de la República, y eso ha supuesto otro mecanismo para mantener el poder, comprar medios de comunicación, grandes compañías para poder instaurarse como una dictadura tan férrea como la que tenemos.

¿Qué importancia ha tenido el cambio de posición de la Iglesia? Había antes cierta alianza o buena relación entre el sandinismo y la Iglesia y ahora en cambio eso se ha roto. ¿Por qué se ha roto y por qué es importante que se haya roto?

>Entrevista a Edgardo Pinell

"Nicaragua ya es como Venezuela pero con buena economía"

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Cataluña y el juicio a los jueces en España

Francisco Pou

Ha sido una semana letal para la reputación de la administración de justicia en España. Un Tribunal Supremo fracturado en sentencia y contrasentencia sobre quién debe pagar el impuesto sobre las hipotecas, en un lamentable espectáculo que ha causado indignación a todos, intentando solucionar un problema donde no lo había y creando uno mayor. La misma semana, el Tribunal de Estrasburgo sentencia parcialidad en la causa contra Otegui, con pena cumplida pero con una inhabilitación de cargos que ahora es recurrible. ¿Y qué tiene que ver todo esto con el “asunto de Cataluña”? Pues, como ocurre con las ideologías, todo tiene relación y todo lo explica el relato: “Madrid es el mal. ¿Es que no lo ven? Esa es la ‘comprada’ justicia que agrede a Cataluña” con las causas sobre el 1-O.

La división de poderes es un principio político básico de la democracia; una mala solución, sí, pero la mejor de todas de las que el hombre ha diseñado para la convivencia, la libertad política, y la eliminación del abuso de poder. Y probablemente lo que está ocurriendo en el sistema político español no es, exactamente, una injerencia del poder ejecutivo en el judicial, sino sobre todo un abandono de funciones que deberían ser propias de los políticos y que literalmente se trasladan a los jueces.

Pongamos el caso del “asunto catalán”. El fracaso político de los gobiernos del PSOE y del PP (sobre todo el PP) en Cataluña desde la transición hasta hoy ha consistido en aprovechar la falta de sintonía en Cataluña para pactar el atornillamiento en el sillón del poder en Madrid a costa de ceder. Ceder recursos prácticamente ilimitados de adoctrinamiento en educación y medios de comunicación que han devenido de lo que sólo era un “asunto” político que ajustar a lo que hay ahora; un endémico nacionalismo erupcionando odio, pobreza y un ataque de termitas que amenaza a toda la estructura política de la convivencia en España.

¿Es de verdad “Cataluña” sólo un asunto de los jueces?

Si pretendemos que “el remedio” es el juicio de los jueces quizá lo que evidenciamos es que somos nosotros los que estamos perdiendo el juicio, pensando que la “democracia” y todo su edificio legal es la solución perfecta de todos los problemas: es “asunto de las leyes”. Un prejuicio conductista que quiere explicar y simplificar nuestra conducta, acusando a norma positiva cuando vemos violencia de género, o una hipoteca que de repente es injusta (aunque es el impuesto estatal lo que de la encarece…) o una sociedad como la catalana que se fracciona. Que lo arreglen los jueces, decimos… ignorando que ha sido la educación, el ávido apetito impositivo del Estado y la mala praxis política los que las han causado respectivamente. Ha sido el hombre, no un “fallo en el mecanismo legal” que pretendemos que sea infalible.

Cataluña y el juicio a los jueces en España

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Los volcanes no avisan

Alver Metalli

Volver a Nicaragua después de cuarenta años produce impresión. Estuve aquí otras veces, pero ahora es diferente: termina un ciclo y cada cosa se presenta acompañada por una acumulación de imágenes. También la revolución sandinista está terminando un ciclo. En aquel momento, hace cuarenta años, Daniel Ortega era uno de tantos muchachos que habían salido a la calle cargando fusiles poco sofisticados, la Guardia Nacional de Somoza estaba en desbandada y el dictador con el resto de sus fieles se ponía provisoriamente a salvo en Miami. Un año después, en septiembre de 1980, el disparo de una bazuca lo hizo saltar por el aire en Paraguay, ajusticiado por la mano larga de una revolución que no le había perdonado la crueldad de los últimos años. ¡Cuántas conclusiones simbólicas! Ahora Ortega, casado entre tanto con la señora Murillo, se encuentra acorralado por jóvenes como él, nietos de aquellos que lo impulsaron hasta el vértice de la pirámide y que no le perdonan que haya disparado contra estudiantes universitarios. “Los volcanes no avisan” dice la escritora María López Vigil. Y así es. La catastrófica erupción llegó el 19 de abril y arrasó con todo, como el terremoto de 1972 del que todavía se pueden ver rastros en el centro de Managua. Las paredes del edificio político y social construido por Daniel Ortega están llenas de grietas que anticipan el próximo derrumbe.

Los volcanes no avisan

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>Editorial

Ojos que ven

Fernando de Haro

Esta semana se presenta en Madrid El Abrazo (Almuzara), el último libro de Mikel Azurmedi. El sociólogo, el profesor de filosofía, uno de los grandes artífices de la resistencia intelectual a ETA, el estudioso de la inmigración, referente en tantas cuestiones del pensamiento y de la poca vida cultural independiente que queda en España, se ha internado ahora en una indagación en la vida de los cristianos de Comunión y Liberación. “Mi indagación sobre estos cristianos tan especiales no ha buscado más que inquirir en el sentido de la vida”, apunta.

Azurmendi comienza su trabajo por una serie de encuentros fortuitos, precipitado de infinitas improbabilidades. En un momento de su vida en el que percibe “que los otros me reclamaban”, el sociólogo emprende un sorprendente camino. Un itinerario marcado por decenas de relaciones personales que mira con una capacidad de penetración portentosa. Buena parte de las grandes cuestiones de la filosofía y de la sociología moderna están presentes en esos ojos que llegan con la genialidad que solo tienen ciertos artistas, con un oído absoluto, al “mundo de la vida” que se hace juicio, posibilidad. Lo fascinante es que todo el aparato crítico que Azurmendi lleva encima no sea fuente de escepticismo ante historias humanas llenas de límites, que no alimente objeciones razonables en un noventa por ciento de sus motivos.

“Yo no he sido jamás ateo, pero desde mi juventud siempre pensé que la cuestión de Dios es insoluble”, confiesa en las primeras páginas. Azurmendi acepta la hipótesis que le llega en uno de sus primeros encuentros: “tú puedes llegar a ser un hombre renovado por tu abrazo con Jesús. Eso es el otro”. Y comienza un recorrido en el que el lector se sorprende por la comparación constante entre lo visto y el que mira. Quizás sea este ejercicio el que hace único el libro. Llega un momento en el que la comparación sorprende al propio sociólogo: “aquí donde me hallo levantando acta de lo que he visto, me detiene la perplejidad de haberme salido de la norma científica”. La exigencia de racionalidad es tan seria que abandona el método “de lógica y no de búsqueda de verdad, solo interesado en mostrar la coherencia interna entre creencias y prácticas”. El conocimiento del objeto es tan importante para Azurmendi que decide superar la regla impuesta por Danièle Hervieu-Léger, regla por la que “en materia de sociología, el investigador debe escapar a la comunión con su objeto”.

>Editorial

Ojos que ven

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>Entrevista a Vicente Lozano, columnista de El Mundo

"No es centralismo versus nacionalismo"

Juan Carlos Hernández

¿Cuál es su valoración de lo que llevamos de legislatura?

Es una legislatura muy complicada, como estamos viendo en los Presupuestos, que es la ley más importante que tiene que aprobar un gobierno cada año y, por tanto, un fracaso no poder aprobarla. Y da la sensación de que no va a poder sacarla. Es una legislatura muy complicada porque se trata de un gobierno en minoría que tiene que aliarse con partidos más pequeños y muy distintos unos de otros. A los independentistas les da igual lo que pase en España y Podemos es una izquierda radical que va a sacar el máximo partido también para su idea de España, que es muy distinta de la del PSOE. No es una coalición de gobierno que tiene un fin común que es mejorar el país, mejorar la cohesión social, etc. Luego, tenemos una oposición en una situación difícil porque un PP muy tocado por la corrupción tiene una nueva dirección que debe consolidarse. No se sabe qué va a pasar en las elecciones andaluzas y en función de ello tendrá que tomar un derrotero u otro. Tampoco hay una oposición cualificada por mucho que ahora Pablo Casado haya radicalizado la postura del PP en sus ataques al gobierno. Hay inestabilidad en todos los terrenos.

En un artículo reciente, a raíz de la victoria de Bolsonaro, afirmaba que “los partidos tradicionales ya no son capaces de encauzar las aspiraciones y objetivos de buena parte de los ciudadanos”. ¿Podría profundizar en dicha afirmación?

Brasil es un caso paradigmático. Recuerdo la alegría en muchos sectores cuando ganó Lula la presidencia porque por fin un partido de izquierda radical había llegado al poder. Lula había sido un sindicalista muy querido y, de repente, cae en picado por la corrupción. Su sucesora, una persona también con carisma, tiene que dejar el gobierno. Y ahora, ¿quién va a votar al Partido de los Trabajadores? La gente siente que le han defraudado. No son fallos en cuestiones puntuales, es que han hecho todo lo contrario a lo que estaban proponiendo. Entonces, la ciudadanía se va a otro lado. Y ¿qué hay en el otro lado? Al final, busca firmeza, solidez en los argumentos, aunque puedan ser argumentos muy preocupantes. La gente les vota al sentirse defraudada en sus aspiraciones. En cierta medida, ha pasado lo mismo con Trump. Sin duda, está creciendo el extremismo tanto de izquierdas como de derechas.

La irrupción de los populismos, ¿podría ser un síntoma?

Está claro y todos tienen una cosa en común: son firmes en sus convicciones. A Salvini no le importa fotografiarse delante de las inundaciones de Venecia y Bolsonaro no esconde su odio a los homosexuales… Pero en Brasil han votado a Bolsonaro casi 58 millones de personas y hay que preguntarse qué está pasando. La moderación se entiende como algo melifluo, que no tiene fuerza ni solidez y muchos ahora prefieren estos populismos...  Salvini, Orban… tienen muchos votos de ciudadanos que han vivido y viven en democracia. Esta es la contradicción.

>Entrevista a Vicente Lozano, columnista de El Mundo

"No es centralismo versus nacionalismo"

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Gran imán de Egipto: "No queremos conquistar Europa"

Francesco Battistini

“No queremos construir una civilización islámica en Europa, solo queremos una civilización humana y del corazón”. En el gran salón de su residencia, a dos pasos de la universidad de Al Azhar, el gran imán sunita recibe a una delegación del Meeting de Rímini citando a Juan Pablo II (“no queremos construir una civilización cristiana…”). Son días complicados. El caso Khassoggi golpea al islam y reabre en Occidente las preguntas sobre a quién defender y a quién no…

El noble jeque Ahmad al-Tayyeb es educado pero está un poco cansado al volver de un viaje al Vaticano. No habla de política. Solo de san Francisco y del sultán, de su amistad con el papa Francisco. Luego, la foto con un libro de Luigi Giussani en árabe. Y los temas del extremismo religioso, el sufrimiento de los pobres, porque en la ayuda a los últimos el gran imán encuentra un terreno común con el mundo cristiano. “Nosotros no creemos en las teorías del choque de civilizaciones –dice– sino en el encuentro y en el reconocimiento mutuo”.

Encontrarse, reencontrarse: seamos realistas, decían en el 68, pidamos lo imposible. O al menos lo improbable. Por ejemplo, entrando en el reino del faraón Al Sisi –donde es mejor no hablar de revoluciones– con una exposición sobre el 68 y la revolución de las costumbres. Y llegar a las raíces del sunismo para llevar el evento más arraigado del catolicismo italiano, el Meeting de Rímini. En definitiva, salir al encuentro de este papa de los musulmanes de medio mundo. Por primera vez desde las primaveras árabes, Comunión y Liberación ha viajado a Egipto para intentar llevar a cabo un diálogo que a decir verdad nunca se ha roto del todo pero sí se ha deshilachado un poco.

Bajo el signo del “pluralismo que construye el yo”, se ha celebrado un encuentro de tres días entre la Biblioteca de Alejandría y El Cairo, reiterando a una platea islámica que “yo soy el otro y el otro es un bien para mí”, como resume Roberto Fontolan. “El concepto de la libertad religiosa es un derecho de la persona sobre el que se fundamenta nuestra sociedad plural. Hay que encontrar una tierra media entre el fundamentalismo y el relativismo”. También porque las preguntas que se plantea la juventud egipcia, recuerda la presidenta del Meeting, Emilia Guarnieri, “no son distintas de las que se planteaban los jóvenes a finales de los años sesenta”.

“Es importante interrogarse sobre el extremismo que nació después del 68 –señala el escritor Ahmed Bahaa el-din Shaaban, que era universitario en aquellos años de contestación–, especialmente ahora que nos asedia otro extremismo. Entonces, ninguno de nosotros se interesaba por la religión. Pero al final fue la religión quien se interesó por nosotros”. Se muestra de acuerdo el intelectual Sayed Mahmoud: “La frustración del 68 se parece a la de los jóvenes de las revueltas de la plaza Tahrir contra Mubarak. El caos expresivo del 68 fracasó igual que el de 2011. Lo que queda es la esperanza de una mayor tolerancia y de un posible diálogo”.

Gran imán de Egipto: "No queremos conquistar Europa"

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Merkel y Europa. ¿Nuestro pato cojo?

Ángel Satué

En EE.UU. cuando un presidente inicia su segundo mandato presidencial, se le llama pato cojo o rengo, o en inglés “a lame duck”. Es muy interesante esta figura en el mundo de la política, porque verdaderamente es cuando el líder puede ser más líder, o mejor dicho, más él.

Hace pocas semanas hemos sabido que la canciller alemana Angela Merkel ha renunciado en diciembre a liderar la CDU, y que tampoco repetirá en 2021 como candidata a canciller. Si llega a esa fecha y no hay adelanto electoral –el 52% de los alemanes piensa que habrá elecciones anticipadas–, llegará a estar como canciller el mismo tiempo que su padrino y predecesor, un europeo de pro, y amigo del socialdemócrata Felipe González, Helmut Khöl.

Por tanto, la mujer de hierro alemana lleva unos pocos días siendo libre, y tiene en sus manos modelar su legado. Puede apostar por apoyar a un declinante Macron en un impulso de la Unión Europea –en su vertiente fiscal, monetaria y presupuestaria–, o mirar hacia adentro, y consolidar la coalición con el SPD alemán (socialistas y socialdemócratas), lo cual es muy improbable, o simplemente apostar por que su legado sea el haber traído a Alemania un millón de inmigrantes y refugiados, lo cual parece imposible.

En estos momentos, es muy posible que Merkel sea la última de los líderes europeos que cree aún y bastante en el sistema de gobernanza mundial actual, basado en estados donde impera la ley, la democracia representativa y un sistema de instituciones internacionales y supranacionales que, a pesar de caracterizarse por una esquizofrénica competencia y cooperación, puede regular ciertas materias globales (por definición, el comercio, las finanzas, las catástrofes, el cambio climático, la paz).

En mi opinión, y puedo equivocarme, será fundamental para conocer el pensamiento y el legado de Merkel su discurso en la próxima cumbre internacional que tenemos más cercana, esto es, la primera edición del Foro de París sobre la Paz, que se celebrará en Francia este 11 de noviembre, en conmemoración del armisticio entre los Aliados y el Imperio alemán en la Primera Guerra Mundial (o civil europea).

Además, como informa el think tank Elcano, “el Partido Popular Europeo, en su congreso en Helsinki, debe elegir esta semana a su candidato a la presidencia de la Comisión Europea. El socialcristiano bávaro alemán Manfred Weber parte como favorito. Representa un giro a la derecha y la apertura a las derechas radicales que puede necesitar el Partido Popular Europeo tras las elecciones de mayo al Parlamento Europeo”.

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Gesticulación contra la vida

Fernando de Haro

España se ha convertido en el ejemplo claro de un país en el que las élites políticas y mediáticas han construido, artificialmente, una agenda polarizada. Esa agenda pretende colonizar, incluso de un modo subconsciente, el mundo de la vida social que transita por caminos más tranquilos. Se produce el espejismo de que los españoles están enfrentados en posiciones irreconciliables y se tiende a darle poco peso a las experiencias de bien común. La imagen es la de una expansión hacia los extremos, mientras que la vida real transcurre en el centro. Hay razones coyunturales que fomentan la polarización. Pero también somos víctimas de una imagen de democracia que la reduce a la ley y a sus instituciones: no se percibe la mutua dependencia propia de la vida en común.

Sin duda la mayor fuente de polarización es el Gobierno de los socialistas, apoyado en una minoría muy reducida de diputados, que tiene que buscar apoyo en múltiples formaciones también minoritarias. El PSOE, partido que para la inmensa mayoría de sus votantes es un partido de centro (especialmente en Andalucía) o de centro izquierda, como se ha empeñado en gobernar, necesita permanentemente hacer concesiones (la mayoría simbólicas) a partidos que apuestan por la secesión de Cataluña o a Podemos (populismo de izquierda). La consigna es resistir en el Gobierno para recuperar apoyo electoral. Los socialistas no tienen el respaldo necesario para realizar las reformas de calado (educación, competitividad, mercado laboral, pensiones, demografía, etc). Por eso se dedican a cuestiones de alta tensión ideológica (Franco y la memoria histórica) o a lo que quedaba pendiente de los llamados nuevos derechos (eutanasia). Un partido con votantes de centro o centro-izquierda, tradicionalmente defensor de la unidad de España, por oportunismo, se ve escorado hacia las posiciones secesionistas o de la izquierda radical. Sánchez no consigue recuperar el equilibrio después de haberse puesto en una posición inestable.

En la oposición, el centro derecha del PP y el centro liberal de Ciudadanos también gesticulan en exceso, alejados de la sensibilidad de la mayoría de sus bases. El nuevo líder del PP, Pablo Casado, tiene que competir con el Gobierno, con el avance de Ciudadanos y con la herencia tecnocrática de su predecesor Rajoy. Demasiados frentes a la vez. Apuesta, así, por una nueva intervención en Cataluña para suspender al Gobierno autónomo, acusa a Sánchez de golpismo y enfatiza que la política económica lleva al país al desastre.

La economía y el modo de afrontar la situación en Cataluña, cuando se despejan todas las hipérboles, reflejan hasta qué punto los dos partidos mayoritarios juegan en una casilla mucho más similar de lo que parece.

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Terapia para una democracia

Fernando de Haro

Tarde en una de las mayores residencias psiquiátricas de Madrid. Más de 1.000 internos en tratamiento por enfermedades mentales y por trastornos de conducta. En algunos televisores se puede seguir la ceremonia de los Premios Princesa de Asturias, los prestigiosos galardones que, mientras su hija no crezca, sigue entregando el Rey Felipe VI.

Estamos en tiempo libre. Los internos pasean por la residencia, mientras P, uno de sus especialistas, me explica su mayor desafío: “la mitad de los internos que tenemos en realidad no son enfermos mentales, son jóvenes que sufren un trastorno de conducta. No los podemos curar. Son víctimas de lo que llamamos el ‘mal del capitalismo’, el problema que tienen es de identidad”, me cuenta P.

En las pantallas de televisión aparece Michael J. Sandel. Es el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales de este año, un auténtico filósofo-estrella. Las clases de Sandel en Harvard son un auténtico acontecimiento. Los alumnos pugnan por poder sentarse a escuchar sus clases y los videos que las recogen en YouTube tienen decenas de miles de visitas. Sandel cuenta en Oviedo la historia de Reginaldo, un recogedor de basura casi analfabeto que encontró en un estercolero el diálogo de Platón en el que se relata el juicio a Sócrates. Explica que aprendió a leerlo. Y que discute de su contenido, en su favela, con sus amigos. “Reginaldo y yo –explica Sandel– queremos invitar a los ciudadanos a hacer preguntas difíciles sobre cómo debemos convivir. En un momento en que la democracia se enfrenta a tiempos oscuros, hacer estas preguntas es nuestra mayor esperanza”.

La intervención de Sandel me ha distraído de la larga explicación que me ha hecho P. Soy consciente de que me he perdido algo importante. Quiero que me lo repita. “Entiendo –le digo–. ¿Pero entonces en qué consiste ‘el mal del capitalismo’?”. “No es una cuestión de dinero –me repite pacientemente–. El problema es que estos jóvenes no han tenido una identidad que les viniera dada por sus relaciones, muchos de ellos acusan la falta de la figura del padre, la buscan en mí. Se han fabricado una identidad a su medida que no proviene de relaciones reales”.

Veo a Sandel bajar del estrado con su premio. La obra del este profesor de Harvard ha sido, en buena medida, una respuesta al libro Theory of Justice (1972) de John Rawls. La democracia es algo más que un procedimiento de ciudadanos que eligen libremente, “yoes independientes”, desarraigados, libres de ataduras morales y cívicas. No es posible separar nuestra identidad de ciudadanos de nuestra identidad de personas. Sandel ha defendido que “más allá de los yoes y de los estados soberanos”, la virtud cívica que hace posible la democracia echa raíces en “las memorias y pensamientos, incidentes e identidades que nos sitúan en el mundo y dan su particularidad moral a nuestras vidas”. Esa virtud cívica se ve corrompida cuando las identidades apuntalan fronteras y establecen fronteras insalvables entre los de fuera y de los dentro.

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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 1  480 votos

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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