Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
9 ABRIL 2020
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Ecuador. Entre la vida y la muerte, una humanidad más verdadera

Stefania Famlonga

El martes 17 de marzo comenzó en Ecuador la cuarentena contra el coronavirus, con toque de queda en todo el país desde las dos de la tarde hasta las cinco de la madrugada siguiente. En el momento de escribir estas líneas, aquí se han registrado casi 3.500 casos y 172 muertes por Covid-19 según datos oficiales, aunque el presidente Lenín Moreno ha tenido que admitir que estos datos no reflejan la realidad. De hecho, desde hace semanas, en la ciudad de Guayaquil (la más golpeada por el coronavirus) hay cada día cientos de muertos que, debido al colapso del sistema sanitario y funerario, no llegan ni siquiera a diagnosticarse y mueren en sus casas (por Covid-19 o cualquier otra enfermedad) y solo van a recogerles varios días después. Mientras tanto, por miedo al contagio, muchos cuerpos son envueltos con sábanas y abandonados en las calles. Hace unos días, el Gobierno respondió implicando a la policía y el ejército en la recogida de cuerpos e instalando salas mortuorias fuera de los hospitales, donde dejan los cadáveres que recogen por la calle a la espera de ser identificados por sus familiares. Al mismo tiempo, parece que el Gobierno está tratando de ayudar a las familias con más dificultades para darles sepultura en los cementerios. Una auténtica tragedia.

Llevo 16 años viviendo en Quito, donde el contagio de momento es menor, unos trescientos casos. El 22 de marzo, a las cinco de la mañana, un amigo de Guayaquil me llamó porque su madre, que sufre diabetes desde hace años, murió de repente en su cama, después de un episodio de fiebre y tos. Logró darle sepultura dignamente, en presencia de su padre y sus dos hermanos. Ese día comprendí mejor que con este virus lo que está en juego es el hecho de vivir o morir. No solo porque el coronavirus puede afectar a cualquiera, sino porque hay una vida que deseamos y podemos vivir incluso con el virus.

Trabajo en ciertos barrios pobres de la ciudad de Quito y todos los días acompañamos a niños, jóvenes y adultos, oreciendo espacios educativos y relaciones que les ayuden a vivir. Estos días, todo el trabajo lo hacemos desde casa con los medios tecnológicos de los que disponemos. Me llama la atención la creatividad que veo surgir entre mi gente, el deseo de acompañarse y apoyarse mutuamente, algo que en esta situación es como si se hubiera centuplicado, la ayuda que uno querría prestar para que la gente no se quede sin comer.

Hay todo un mundo de solidaridad que también aquí se ha puesto en marcha y es conmovedor. Existe una unidad que supera las muchas divisiones que siempre he visto en este país, entre ricos y pobres, entre los que tienen la piel de un color u otro, una unidad que deja sin palabras. Como recordando que todos somos iguales frente al Destino que nos espera, porque lo que nos llevaremos allí no es lo que hayamos recogido en este mundo.

Ecuador. Entre la vida y la muerte, una humanidad más verdadera

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Impotentes ante un enemigo peor que el 11-S

Riro Maniscalco

El 31 de marzo de 2020 el virus superó ya el número de víctimas mortales del 11 de septiembre, que para Estados Unidos constituye una piedra angular. Se imponía así un enemigo sin rostro al que no sabemos combatir. Solo podemos defendernos, pero ni siquiera eso sabemos hacerlo.

Las previsiones suenan a profecía apocalíptica. Las cifras crecen con una rapidez trágica, exponencial en las zonas densamente pobladas, como New York City, y al menos de momento más moderadamente en la Norteamérica “en medio de la nada”, donde el “social distancing”, más que una elección, es una dimensión cotidiana de la vida. Trump ya nos avisó de que nos preparáramos para dos semanas “very painful”, dos semanas muy dolorosas. Nadie se lo podía imaginar, pero solo oír las palabras “very painful” ya dolía. Sobre todo dicho por ese hombre que, ante los desastres que se estaban materializando en Europa, durante mucho tiempo –demasiado– se obstinó en repetir que nosotros nos libraríamos de eso.

No hace mucho el presidente soñaba con un país “open for business” en Pascua. Declaraciones que siempre sonaban a aproximaciones y superficialidades, ciertamente con la intención de animar, de dar aliento, pero apoyadas sobre un optimismo infundado. Sin embargo hoy, junto al miedo y el desempleo, lo único que parece crecer en Estados Unidos es la popularidad de Donald Trump. ¿Por qué?

Objetivamente, dan ganas de decir que frente a la crisis del coronavirus el presidente no ha dado una. El cóctel de arrogancia y facilonería con que ha afrontado el problema, el desdén hacia expertos y científicos, la dramática falta de preparación en que nos encontramos, la incapacidad evidente para gestionar lo que somos en medio del caos, la alarma, los requerimientos y procedimientos locales de todo tipo en los diversos Estados, de este a oeste, de norte a sur, empezaban a dar señales de la gravedad de la situación.

Todo esto son hechos inequívocos, a la vista de todos, como el colapso de los hospitales en Nueva York, las tiendas de campaña montadas a toda prisa en Central Park, el gran hospital de campaña instalado en un barco sobre el río Hudson. Pero en medio de todo ello está esa “enfermedad de los no enfermos” que en Trump encuentra la medicina necesaria y en cambio otorga al presidente un consenso nunca visto en estos tres años largos.

La “enfermedad de los no enfermos” es la pesadilla de que todo lo que estamos viviendo ahora pueda llegar a ser “normal”. Si los que combaten contra el coronavirus luchan por su vida, los que por gracia de Dios no han contraído el virus luchan contra una nueva pesadilla: que quizás esto nos esté arrastrando a una nueva vida normal que nunca habríamos imaginado. Una vida sin proyectos, sin encuentros, sin salir de casa, sin verse con los compañeros de trabajo ni tampoco con los amigos, lejos de nuestros seres queridos. Una vida sin dinero, que en un país sin Estado de bienestar significa el infierno en la tierra. Una vida despojada de todo aquello que parecía sostenerla.

Impotentes ante un enemigo peor que el 11-S

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América Latina. Los movimientos del Covid-19 alimentan una bomba social

Arturo Illia

El Covid-19 golpea el mundo, y por tanto también América Latina, pero aquí, como sucede en Australia y en todo el hemisferio sur, le cuesta desarrollarse sobre todo, según dicen los expertos, por el factor estacional. El verano, que está acabando, y el calor han actuado como factor determinante para impedir, al menos de momento, una difusión masiva. Pero lo del calor es una variable que para muchos científicos importa poco o nada, para otros sí, y se sostiene con datos pero, en comparación con Asia y Europa, resultan irrelevantes.

La cuestión parece carecer de la importancia global propia de una guerra bacteriológica que ya ha invadido literalmente todos los medios, hasta llegar incluso a la publicidad, pero lamentablemente el optimismo, por no hablar del descaro ostentado por Bolsonaro en Brasil y López Obrador en México (dos presidentes que animan a la gente a no preocuparse y seguir relacionándose), nos hace estar literalmente en las manos de Dios, por dos motivos.

El primero es la incapacidad, al menos de momento, para realizar controles masivos a la población y la oposición de varios gobiernos a realizarlos, por considerar al Covid-19 como un virus importado, y por tanto se piensa que basta con el cierre del espacio aéreo como medida selectiva para evitar su propagación. Pero también en el caso de medidas de cuarentena general, ya en marcha en muchos países latinoamericanos, hay una bomba a punto de estallar que, en ciertos aspectos, resulta tan peligrosa como el propio virus: la social.

Porque aquí, como en todo el sur, el trabajo en negro ya campa a sus anchas, a lo que se suma la marginación masiva en las favelas y villas miseria donde es imposible no ya realizar un control médico sino incluso velas por el cumplimiento de las normas.

Todo ello pone en riesgo la creación de una situación extremadamente explosiva, también por decisiones francamente increíbles por parte de algunos gobiernos (concretamente el argentino) que han decidido cerrar los bancos durante la cuarentena. Ergo, para poder sacar el dinero necesario uno tiene que dirigirse a los cajeros automáticos con tarjetas de crédito o débito. Pero muchos subsidios, como por ejemplo las pensiones sociales, suelen pagarse en efectivo y eso supone un problema: bancos cerrados, cajeros que por tanto pronto se quedarán sin dinero con la imposibilidad de cargarlos de otro modo, de modo que empeoran la ya crítica situación de grandes masas que si no sufren en su vida diaria la falta de empleo (el trabajo en negro prácticamente desaparece cuando no se permite la movilidad), sufrirán la falta de dinero en efectivo. Pero eso no es todo. Hace unos días, por motivos de trabajo, se me permitió acercarme a una de las mayores villas miseria de Buenos Aires. El espectáculo era increíble, pues en su interior la vida social continuaba como todos los días, sin ningún control operativo como los que se realizan incluso al nivel del toque de queda en más de cien barrios de la capital argentina, como en todo el país.

América Latina. Los movimientos del Covid-19 alimentan una bomba social

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Catástrofe y recuperación, la semilla del futuro solo está en el corazón

Riro Maniscalco

A primera vista, cuando uno mira por la ventana parece que todo es normal, tranquilo, silencioso, como cualquier domingo por la mañana. Uno casi pensaría que demasiado tranquilo para un barrio que ya de por sí suele ser bastante pacífico, como el barrio donde vivimos. New York City no solo está hecha de los rascacielos de Manhattan. Pasan poquísimos coches, no se ve a nadie por las calles y al fondo el parque también se ve desierto.

Una Nueva York fantasmal, como en una película de ciencia-ficción, de esos que te cortan la respiración, pendiente de no se sabe muy bien qué va a pasar pero que seguro será catastrófico. Los neoyorquinos también vemos esta ciudad igual que vosotros, a miles de kilómetros, al otro lado del océano. Vemos nuestra Nueva York por televisión, igual que vemos por televisión cómo se llenan sus hospitales, cómo se extreman las condiciones de trabajo de los sanitarios y cómo aumentan los boletines de guerra de las autoridades. Por televisión, igual que vosotros, sentados en el sofá, al lado de lo que está pasando pero al mismo tiempo tan lejos. Tanto que parece un mundo ajeno, no el nuestro. Mientras la salud nos asista.

Cada uno ve lo que le ofrece el marco de su ventana: un par de árboles, calles desiertas y un silencio inmenso. Los más afortunados, como nosotros, incluso ardillas y flores. En el patio, flores y ardillas saben que ha llegado la primavera, no se saben la pandemia. No es que nosotros sepamos mucho más que ellas, aunque algo más podremos entender.

Hay una gran incertidumbre respecto a todo, hay sensación de confusión, hay quien empieza a pensar –y escribir– que estamos librando una batalla perdida, que hasta nuestra fortificación defensiva, nuestra barricada en casa, llegado a un cierto punto cederá. Será el día del juicio final. También hay quien se obstina en bombear optimismo, tratando de convencer y convencerse de que este desastre pasará y nosotros estaremos entre los que podremos contarla. Aunque cada día decenas de miles de personas pierdan trabajo y salario, hay que pensar que hasta la economía se recuperará rápidamente, y tal vez esos dos trillones de dólares del plan de estímulo que acaban de aprobar las cámaras serán el ventilador que nos devuelva el aire. Catástrofe y recuperación, resultados opuestos anunciados por profetas incapaces de ver y vivir lo que hoy es más evidente e importante: el presente.

La semilla del futuro está por entero en el corazón y en las obras de quien ofrece lo que puede y lo que está llamado a hacer. Ahora. Hoy.

Que Dios bendiga América.

Catástrofe y recuperación, la semilla del futuro solo está en el corazón

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El camino a las elecciones en Venezuela puede pasar por Argentina

Arturo Illia

Los últimos acontecimientos en Venezuela han resonado en toda América Latina, generando una profunda incertidumbre frente al futuro de todo el conteniente. El retorno de Guaidó a la presidencia ad interim de la Asamblea Nacional después de la farsa interpretada por Maduro para intentar apropiarse de una institución donde sigue siendo minoría le ha reforzado, dejando en ridículo al dictador que, aunque sigue gozando del apoyo de gran parte de las fuerzas armadas, empieza a mostrar profundas grietas a nivel institucional y político. Es evidente que un régimen como el de Caracas solo puede mantenerse con vida mediante la fuerza, elemento que últimamente ha disuadido a la población de manifestarse intensamente como hacía no hace tanto tiempo. Pero esa fuerza se mantiene porque un cambio eventual en los vértices del poder significaría para los militares que le apoyan la pérdida de jugosas comisiones tanto en el control del estado como en el narcotráfico, que sigue representando un poder oculto, aunque no demasiado.

¿Qué cambio podría permitir a Venezuela volver a la democracia? Es una pregunta muy difícil de responder porque los intereses económicos mantienen la solidez de la dictadura, ¿pero hasta cuándo? Porque en efecto, después de este paso, una economía ya destruida en todos los sentidos, con una inflación tan fuerte que hace que resulte aleatorio difundir las cifras, precipitaría al país en un caos total… y con ello en un bonito problema para una Rusia que, aun exprimiendo las riquezas venezolanas hasta la última gota, nunca podría sostener una normalización (ni siquiera tiene todos los medios para provocarla), debido al efecto del embargo internacional que todavía sufre Venezuela.

Entonces volvería a hacerse necesario una negociación para gestionar los cambios de poder precisos, movimientos que podrían partir de México, Uruguay y Argentina, países no alineados en el embargo, también político, impuesto por las condenas no solo de la ONU sino también de la OEA (Organización de Estados Americanos), confirmadas recientemente por el golpe fallido de Maduro. Especialmente Argentina, después del retorno del peronismo kirchnerista al poder (con medidas económicas que hacen palidecer frente a las del anterior gobierno de Macri y que han golpeado duramente a la clase media y a todo el sector productivo del país), necesita urgentemente a EE.UU para resolver al menos la reestructuración de su deuda con el FMI. Para obtener ese apoyo, debe inventarse algo, así que ahí está la propuesta (ya no tan velada) de encargarse de una intermediación que pueda llevar al tan esperado cambio democrático venezolano.

Aunque Alberto Fernández, el flamante presidente argentino, condenó los hechos de los últimos días, se abstuvo de confirmar la postura de la OEA y, como guinda del pastel, depuso a la embajadora de Buenos Aires que Macri en cambio había reconocido, Elisa Trotta, nombrada por Guaidó. Una política ambigua, por tanto, pero también un pasaporte para poder dialogar con Maduro sobre un eventual retiro a Santo Domingo (donde posee una propiedad fabulosa) y convencer a los líderes militares que lo rodean con una carta de amnistía general. Provocando así un recambio que con el tiempo pueda llegar a las tan ansiadas elecciones.

El camino a las elecciones en Venezuela puede pasar por Argentina

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Argentina se la juega con el FMI para evitar el default

Arturo Illia

Sobre el hecho de que el Gobierno argentino del presidente Alberto Fernández sea de clara (aparte de fuerte) matriz kirchnerista ya no cabe la más mínima duda. Todos los componentes principales están firmemente en manos de la vicepresidenta Cristina Kirchner, que utiliza una técnica de comunicación mediática bastante original, aunque sugerida desde antes de las elecciones presidenciales de 2019 por sus consultores vinculados a Podemos. Se trata de hablar lo menos posible y demostrar su poder con hechos.

Siguiendo fielmente este guion, la que durante sus dos mandatos presidenciales la llevó a inundar los canales televisivos con discursos a la nación, con motivo de inauguraciones de obras públicas o por trabajos que nunca llegaron a cumplimiento, no solo decidió presentarse candidata a la vicepresidencia sino elegir también a su propio candidato para el cargo más alto del país, un hecho único en la historia no solo argentina sino también de la democracia. Y sobre todo someterse a un silencio sepulcral, algo rarísimo si exceptuamos la arenga extremadamente larga pero también irrespetuosa con la ley que tuvo en uno de sus once procesos en curso.

Luego, como es sabido, las elecciones las ganó Alberto (también Fernández), pero desde el primer día de su presidencia las promesas de la campaña electoral se vieron ampliamente desatendidas. Tanto que a día de hoy, si se volviera a votar, el anterior gobierno de Mauricio Macri, acusado de neoliberalismo extremo, ganaría tranquilamente. Durante los años de su presidencia, la antigua oposición (hoy en el gobierno) peronista y kirchnerista, a través de los movimientos sociales y de protesta, organizaba manifestaciones que bloqueaban la actividad de las ciudades casi a diario. Cuando el Gobierno Macri decidió vincular las pensiones con la inflación, sustituyendo los incrementos periódicos de los anteriores gobiernos kirchneristas, corrió el riesgo de la ocupación del Parlamento por parte de los manifestantes (obviamente patrocinados políticamente, hasta el punto de que muchos participaban previo pago de auténticos sueldos) y se recogieron toneladas de piedras que destruyeron la preciosa plaza del Congreso y que impactaron con las fuerzas del orden que se enfrentaron a aquellos vándalos, que llegaron incluso a utilizar un bazooka de producción casera para lanzar proyectiles incendiarios.

Al llegar el nuevo Gobierno, ¿qué hace? Los impuestos registran aumentos hasta del 70%, las pensiones se ven bruscamente recortadas y se elimina la “escala móvil” inflacionaria, los precios de los alimentos se ponen por las nubes, a pesar de los controles y la amenaza de sanciones a la cadena de venta (que nunca se llevaron a cabo), los sueldos se congelan… resumiendo, Fernández se muestra más neoliberal que su predecesor, pero por arte de magia, a pesar de la rabia general, tanto los sindicatos como las organizaciones sociales no protestan lo más mínimo, aceptando en la práctica unas condiciones mucho peores que antes.

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En el impeachment contra Trump, primero las reglas

Riro Maniscalco

Empecemos por situarnos en medio del procedimiento contra el presidente Trump, un auténtico “proceso”. Pero no se trata solo de un proceso ordinario sino un itinerario judicial que los Estados Unidos, en su relativamente joven historia, ha experimentado dos veces, con Andrew Johnson (1868) y Bill Clinton (1998). Las reglas del juego en un desafío como este cuentan bastante: el tiempo que se dé a las partes para presentar sus tesis y pruebas, la autorización de citas a testigos. Toda una complejidad de situaciones y personajes que presentan su historia, desde los “House Managers”, es decir, la acusación demócrata, a los defensores de la Casa Blanca, guiados por Kenneth Starr, que puso a punto el informe que determinó el impeachment de Clinton, o el juez John Roberts, que preside el proceso y el Tribunal Supremo. Todo ello delante de cien senadores, 53 republicanos, 45 demócratas y dos independientes. ¿Será solo la razón de partido la que dicte el voto? Si así fuera, las cifras ya nos darían el veredicto antes de empezar. Pero quién sabe lo que puede pasar.

Para empezar, la primera sorpresa ha llegado en el terreno minado de la admisión de testigos, una de las grandes reglas del juego. Ya hemos escuchado muchos falsos testimonios antes pero últimamente han aparecido grabaciones, declaraciones, documentos que serían relevantes para la acusación. Dados los números, se podría esperar un rechazo total de la cuestión, un no rotundo de los 53 senadores republicanos a la admisión de ciertos testigos. Además, el portavoz del Senado, Mitch McConnell, responsable de guiar la creación de las “reglas del juego”, es un defensor declarado de la tesis republicana según la cual Trump no ha “abusado” sino que sencillamente ha “usado” el poder. Poder del que ha sido investido mediante un proceso democrático de elecciones, es decir, popular porque aquí al presidente lo vota la gente, “don’t forget that”. Inesperadamente, todos los senadores, es decir, literalmente cien sobre cien, acordaron no deliberar sobre la cuestión y decidieron esperar la presentación de las tesis, de defensa y de acusación, antes de decidir sobre la admisión de nuevos testigos. En otras palabras, escuchemos a las partes y luego razonemos sobre ello. Extraña aparición de un criterio distinto del de la pertenencia partidista.

Entonces, ¿todos contentos? Nada de eso. Al presidente y a los hombres de la Casa Blanca no les ha gustado nada. ¿Por qué? Sencillo. Que la gran batalla campal del impeachment comience con un respetuoso intento de encontrar reglas comunes no es para nada una buena señal para quien confía en el partidismo que, con los números en la mano, garantizaría una absolución total y allanaría el camino de cara a una posible reelección.

Pero estoy convencido de que a Trump no le preocupa en absoluto. Se puede lugar por ser el presidente de todos o del 51% de la nación. Él ya tomó su decisión cuando se metió en política. ¡Y que Dios bendiga a América!

En el impeachment contra Trump, primero las reglas

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Venezuela. El caos de un país con dos parlamentos

Arturo Illia

Los que aún tenían dudas sobre si lo de Venezuela era una dictadura ya pueden solventarlas a menos que, como suele pasar con los populismos, se insista en creer en las “fábulas revolucionarias antiimperialistas”. Hace unos días tuvieron lugar dos hechos muy graves. A los diputados de la oposición a Maduro se les negó el acceso a la sede de la Asamblea Nacional (donde son mayoría) y se eligió sin elección alguna (puesto que no se lograría alcanzar el quorum necesario) a Luis Parra como presidente. Antiguo aliado de Juan Guaidó, Parra se hizo famoso, junto a otros diputados, por estar implicado en un escándalo de ayuda alimentaria, un programa de donación de cajas de alimentos a cargo del Gobierno.

Junto a otros diputados, como José Gregorio Noriega, José Brito, Adolfo Superlano, Conrado Pérez y otros, Parra fue acusado de utilizar su papel en la Comisión de control para favorecer al empresario colombiano Alex Saab, señalado por EE.UU. como hombre de paja de Maduro. Expulsado del partido centrista Primero Justicia, Parra y los demás convergieron, con la ayuda del partido socialista en el poder, en la agrupación parlamentaria que en la práctica se alió con el dictador en una farsa que se acabó transformando en su elección, donde claramente se expresó como objetivo el de convocar elecciones libres. Obviamente, el adjetivo “libre” es puramente metafísico, puesto que la maniobra, realizada en un palacio rodeado de fuerzas armadas, milicias populares y agentes de los servicios secretos venezolanos, impidió la entrada de más de cien diputados que acabaron reuniéndose en la sede del diario El Nacional, donde tuvieron una asamblea que confirmó a Guaidó como presidente ad interim.

De modo que el país se encuentra con dos parlamentos, el primero (impuesto por Maduro) claramente forzado, y el segundo reconocido por varios países. El movimiento de Maduro, que quería ocupar así el único organismo que no tiene bajo control reforzando, al menos en teoría, su dictadura, ha llegado distanciándose de las negociaciones que tuvieron como epicentro tiempo atrás a Noruega como país garante para poder llegar a organizar unas elecciones libres.

Después de su elección, Parra tuvo un momento de indecisión porque no sabía cómo proceder con tanta irregularidad, hasta que el líder revolucionario Francisco Torrealba, “director de orquesta” durante toda la farsa, le gritó: “Siéntate, nos quedamos todos aquí, nadie se va”.

Pero al día siguiente tuvo lugar otro suceso gravísimo. El hotel donde se alojaban los diputados de Guaidó fue ocupado por las fuerzas de seguridad que les obligaron a abandonarlo con la excusa de un aviso de bomba, pero una vez fuera ya no se les permitió volver a entrar y se rechazó su presencia.

Venezuela. El caos de un país con dos parlamentos

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Argentina. Se acaba la 'fiesta'

Arturo Illia

La jornada del 10 de diciembre en Argentina fue en ciertos aspectos un día memorable debido a la ceremonia de toma de posesión de la presidencia por parte de Alberto Fernández, un hecho que supone el retorno del peronismo al poder. Al llegar al palacio del Congreso de la nación conduciendo su propio coche, el nuevo presidente fue recibido en la Cámara de diputados por un auditorio que se puso a entonar la marcha peronista, seguida de un grito de “¡Volvimos!” en una platea formada por gran parte del peronismo y acompañada en la plaza por una multitud de gente que llegó en una cadena interminable de autobuses escolares en una excursión que incluía hasta el almuerzo y también, en muchos casos, un ticket de asistencia de casi 800 pesos.

Con ello no quiero decir que todos los presentes se sirvieran de dicho bono, puesto que ideológicamente Argentina nunca ha sido capaz de quitarse de encima el atuendo fascista de un militar que llegó al poder con un golpe de Estado en 1943 para encarnarse después en el creador del populismo latinoamericano que aún sobrevive a pesar de que siempre ha provocado gravísimas crisis en el continente, peores incluso que el liberalismo más desenfrenado. Pero el peronismo en Argentina, especialmente en los últimos 30 años, siempre ha tenido la audacia de ceder el poder cuando la bomba de la crisis estaba en el aire, dejando un Estado con las cajas vacías para luego, puesto que las recuperaciones requieren años y son caminos llenos de sacrificios para todos, presentarse como la solución mágica de la situación, siempre en nombre del pueblo pero con el único resultado de preparar otra bomba… repitiendo la historia cíclicamente.

Pero esta vez, en su discurso inicial, el flamante presidente, que recientemente también prometió intervenciones rápidas para resolver lo que él mismo ha definido como una emergencia social, económica y alimentaria, enseguida apuntó que no usará la varita mágica y que la solución de los problemas heredados del gobierno de Macri llevará tiempo.

“Pero hay que tener en cuenta –declara el analista y economista Agustín Etchebarne, de la Fundación Libertad y Progreso– que la positividad de un discurso sustancialmente equilibrado, con propuestas concretas de un Estado de derecho dotado de una justicia independiente, el Nunca Más de los bajos fondos de la política y sus implicaciones con los servicios secretos, tiene como contrapeso a movimiento ultrakirchnerista de La Campora y a Cristina Fernández de Kirchner. Se repite así una situación ya vivida con el retorno de Perón en los años 70, soportado por las agrupaciones FAP y Montoneros, cuyos hijos y nietos parece que estamos viendo. Con el resultado de transmitir una cierta tensión dentro del propio equipo del presidente”.

De hecho, el aire “festivo” que lo rodeaba se vio interrumpido inmediatamente por varios episodios que se podrían definir (como otros ya preparados por Fernández antes de la investidura) de errores que provocaron la huida del enviado de Trump, Mauricio Claver-Carone, que abandonó el aula al darse cuenta de que entre los invitados también estaba el expresidente ecuatoriano Correa (buscado por su país) y el actual ministro venezolano de Comunicación, Jorge Rodríguez, que figura con prohibición de entrada tanto en Argentina como en otros 19 países por ser considerado responsable de actividades criminales en su país.

Argentina. Se acaba la 'fiesta'

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>Entrevista a Carlos Hoevel, profesor de Filosofía de la Economía en la Universidad Pontificia de Chile

'En América Latina hay hartazgo por la endémica cultura del privilegio'

Fernando de Haro

Carlos Hoevel repasa para www.paginasdigital.es las causas de las protestas en América Latina. No están animadas solo por cuestiones económicas, según Hoevel, que apunta a cuestiones antropológicas. El profesor de la Universidad Pontificia de Argentina repasa y juzga los acontecimientos que han marcado las últimas semanas en su país y en Argentina.

¿Hay algún denominador común en las protestas que se están produciendo en Colombia, Bolivia, Ecuador y Chile?

Tiendo a interpretar el movimiento de protestas en América Latina dentro del contexto de las protestas que observamos en muchas partes del mundo. Lo común que veo tanto en Santiago como en El Cairo, en Bogotá como en París o en La Paz como en Hong Kong, es un descontento muy grande con la clase dirigente en general, sea esta última de izquierda, de centro o de derecha. En muchas partes parece registrarse un fin de la tolerancia por parte del ciudadano común, a una clase dirigente que, al mismo tiempo que acumula cada vez más privilegios y sospechas de corrupción, no ofrece soluciones a los problemas de su vida cotidiana. También veo en común el papel que están teniendo las nuevas tecnologías de la comunicación para potenciar enormemente -y a veces de modo irrealista- tanto las expectativas de progreso como las posibilidades de acción conjunta, rápida y sorpresiva, de los hasta hace no mucho tiempos silenciosos y dispersos disconformes.

Un tercer elemento en común es la crisis de la globalización que ha detenido, de modo bastante abrupto, el crecimiento del consumo y la mejora del bienestar en estos países. Hay que tomar en cuenta el hecho de que por primera vez en la historia de América Latina -gracias a la prosperidad inédita por el auge del precio de los commodities durante el vertiginoso ascenso de China- muchas personas han logrado salir de la indigencia o la pobreza crónica e ingresado ya sea a un estado de pobreza más tolerable o al estrato más bajo de la clase media. Pero al detenerse el flujo de dinero que entraba por las exportaciones, este ascenso que venían disfrutando se ha detenido. A esto hay que sumarle el uso puramente consumista que han hecho varios gobiernos -populistas o no- del dinero ingresado en los últimos tiempos de prosperidad. Muchos se han concentrado en cobrar impuestos, aumentar el gasto estatal, fomentar inversiones estatales o de empresas subsidiadas no competitivas, generando una cultura consumista de base económica débil que produce expectativas poco realistas y desmesuradas de progreso rápido y fácil, y han descuidado la inversión privada genuina a largo plazo que es la que crea empleos competitivos y estables.

¿Y el factor de la desigualdad?

>Entrevista a Carlos Hoevel, profesor de Filosofía de la Economía en la Universidad Pontificia de Chile

'En América Latina hay hartazgo por la endémica cultura del privilegio'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  124 votos

Carlos Hoevel repasa para www.paginasdigital.es las causas de las protestas en América Latina. No están animadas solo por cuestiones económicas, según Hoevel, que apunta a cuestiones antropológicas. El profesor de la Universidad Pontificia de Argentina repasa y juzga los acontecimientos que han marcado las últimas semanas en su país y en Argentina.

>Entrevista a Federico Ponzoni, profesor de la Universidad Católica de Chile

'Lo que pide Chile es un nuevo pacto de convivencia'

Lola Martínez

Las protestas sacuden desde hace días “el oasis chileno”. El profesor Ponzoni, de la Universidad Católica, ofrece las claves de lo que está sucediendo, relativizando la importancia de la desigualdad.

¿Cuál es la causa de las protestas que se están produciendo en Chile?

Desde mi perspectiva no hay una sola causa sino varias. La desigualdad que ha bajado, pero no suficientemente. La configuración de la globalización en este momento está creando incertidumbre, miedo y rabia en todo el mundo. Porque divide entre quien es parte de su círculo y quien es excluido de ella. La cultura del abuso difundida a todo nivel en la sociedad chilena. El escándalo de la Iglesia católica, en realidad, es espejo de una sociedad profundamente abusiva, en el interior de la familia, en las relaciones de trabajo incluso en la manera en la que se conduce en el tráfico. El "desmoronamiento de antiguas certezas" que actúa a todo nivel. No hay certeza de que lo que se dice en los medios sea verdad. No hay certeza de que mi trabajo sirva a un propósito más grande. No hay certeza de que las mismas palabras tengan significado y por lo tanto la forma de hacerse escuchar es la violencia. Un sistema educativo que no educa en la democracia, en el cual las humanidades están relegadas en un rincón del currículum y donde no se enseña ni educación cívica ni habilidades de pensamiento crítico, reflexivo y dialógico.

El 18-O además no se explica sin una falla profunda de los órganos de inteligencia estatal. Las anteriores cuatro causas hacen de Chile un pasto seco muy apto para quemar, pero existe un cierto consenso en que la chispa desde la que estalló el incendio hubiese podido y debido ser prevenida con una obra paciente y seria de los servicios de seguridad nacional.

¿Es un problema económico o de expectativas democráticas?

Ni lo uno ni lo otro. Es un problema de una crisis profunda del pacto social que ha regido el país por los treinta años de vuelta a la democracia. Mucho de lo que se pide en la calle tiene que ver con un ajuste al sistema económico: mejores pensiones, mejor sistema de salud, mejor acceso a la educación, etc. Pero junto a esos pedidos se añade el del fin de los abusos y el de una nueva constitución. Me parece poder afirmar que lo que Chile pide es un nuevo pacto de convivencia social sobre bases más igualitarias. Desde otra perspectiva, pero es un problema de sentido. Muchos de los jóvenes que protestan sienten que el gesto de rebeldía, la expresión de la rabia, la pertenencia a algo más grande que dé finalmente sentido a una vida que de otra forma no lo tendría. Uno de los eslóganes más terribles que se ha escuchado ha sido "Luchar hasta que tenga sentido vivir".

¿Qué importancia tiene la desigualdad?

Voy a atreverme a afirmar que tiene una importancia relativa. Me parece que, como hemos dicho antes, la desigualdad es sólo una de las causas del 18-O. El malestar que se expresa en las marchas no va sólo dirigido a obtener mayores beneficios sociales, es un grito desordenado y desestructurado que pide una vida llena de sentido. De hecho, con una nueva constitución no se va a obtener más igualdad.

>Entrevista a Federico Ponzoni, profesor de la Universidad Católica de Chile

'Lo que pide Chile es un nuevo pacto de convivencia'

Lola Martínez | 0 comentarios valoración: 2  46 votos
>Editorial

¿Qué pasa en América?

Fernando de Haro

En América, no en Estados Unidos. ¿Qué pasa? En Chile se ha celebrado en los últimos días la manifestación más masiva desde la vuelta a la democracia (1990) contra el presidente Sebastián Piñera. Lenin Moreno en Ecuador se ha visto obligado a echar atrás las medidas de ajuste por las protestas. Morales en Bolivia se enfrenta a una grave crisis de legitimidad, después de haberse proclamado de nuevo presidente, tras una primera vuelta de las presidenciales en la que el recuento de votos ha dado sobrados indicios de fraude.

Hay fundamentalmente dos grandes “relatos” sobre lo que está sucediendo en la América que habla español. Son expresión de las claves interpretativas que han dominado en la región durante las últimas décadas. La que Moisés Naim denomina la “teoría de la conspiración” apunta a que en las protestas, “Cuba pone la inteligencia, el régimen de Maduro pone el dinero y Rusia la tecnología digital que ayuda a sembrar el caos”. Estaríamos ante la cuarta o la quinta ola de lo que Enrique Krauze llama “redentores”, caudillos del siglo XIX, marxistas del siglo XX, populistas del XXI que atacan a “los valores liberales y republicanos que dieron origen” a las naciones americanas. Las revueltas serían un ejercicio, ahora en plena revolución digital, “de la transferencia de la esfera religiosa a la laica, de los padres redentores a los redentores civiles y revolucionarios”. Para abonar esta tesis se puede mostrar el apoyo que los distribuidores rusos de fake news han dado a los que querían derribar a Lenin Moreno o el sostén que han prestado a Morales (después de que haya dinero de Moscú para la construcción de una central nuclear en El Alto). Las manifestaciones en Ecuador han estado alentadas por el expresidente Rafael Correa desde Bruselas. Y Correa ha sido y es uno de los populistas más hábiles de la región.

La otra historia es la que explica lo ocurrido con las claves “progresistas”. Las que culpan al FMI de haber provocado, con sus recetas neoliberales, una década perdida en los 80. Los errores no se habían corregido en lo sustancial, desde entonces. Si Ecuador se ha levantado no es porque la mano negra de Correa haya estado detrás de las protestas de los movimientos indigenistas, sino porque las medidas de ajuste recetadas por el FMI vuelven a no tener alma y a ser despiadadas con los más pobres. Ya veremos lo que sucede después de las presidenciales en Argentina porque, gane quien gane, el país depende del rescate y de las políticas que dicte el Fondo. Sin duda el factor de la desigualdad no se puede nunca olvidar en la región. Aunque la miseria se ha reducido desde el año 2000, uno de cada diez latinoamericanos vive en pobreza extrema. La crisis de 2008 apenas se notó gracias al boom de las materias primas, y hay barrios, por ejemplo en Lima, que son irreconocibles. Pero ahora ese boom se ha acabado, la desaceleración es evidente y la zona se ha quedado muy atrás respecto a Asia y a África.

>Editorial

¿Qué pasa en América?

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Trabajar hoy en Venezuela

Rodolfo Casadei

Después de que la perspectiva de la caída del régimen de Nicolás Maduro dejara de parecer inminente, Venezuela ha dejado de ocupar las primeras páginas de la prensa. Para estar al día de la catástrofe económica, social y humanitaria que sufre este país latinoamericano hay que buscar informaciones en webs especializadas, y así podemos saber que este año se han producido 23.860 apagones eléctricos, que el 95% de los venezolanos no dispone de agua corriente continua, que el salario mínimo mensual es inferior al equivalente a cinco euros mientras que una familia necesitaría una cifra 30 veces superior para hacer la compra y sobrevivir, que productos básicos como azúcar, harina, papel higiénico son imposibles de encontrar durante varios días.

Así que cuando te enteras de que un venezolano (de orígenes italianos) va a hablar en un encuentro público, te esperas un grito de dolor y un llamamiento a la conciencia de la opinión pública del mundo entero. Pero no. Alejandro Marius, fundador y presidente de la asociación Trabajo y Persona, habla de “un irreductible deseo de bien”. No reserva ni siquiera una frase ni un pensamiento a la crisis política actual sino que cuenta lo que, con un término que ahora está muy de moda, muchos definirían como una historia de resiliencia. “Hace tiempo en Caracas hubo un apagón que afectó a toda la ciudad, una capital de dos millones de habitantes. Salimos a tumbarnos en el jardín para contemplar el cielo. Nunca había visto un cielo estrellado tan hermoso, una belleza que iluminaba dentro, en el alma”.

Qué hace Trabajo y Persona

La persona que dice estas cosas no es un soñador propenso a evadirse de la triste realidad, sino un directivo que ha renunciado a una carrera internacional para crear, hace diez años, una obra social comprometida en afirmar la dignidad de la persona y del trabajo mediante cursos de formación profesional y empresarial. Trabajo y Persona está presente en 14 regiones de Venezuela y colabora con entidades locales. No dispone de centros formativos propios, colabora con los que ya existen, como escuelas salesianas, universidades, cámaras de comercio, empresas locales o multinacionales, etc. Imparte cursos de peluquería, carpintería, mecánica, chocolatería y últimamente también de cuidados. “Debido a la emigración que en los últimos años ha hecho que muchos venezolanos salgan del país, en Venezuela hay ahora muchos ancianos que viven solos y sobreviven con el dinero que sus hijos y nietos les envían desde el extranjero. Necesitan cuidados, y si alguien puede ofrecerlos podría ganarse la vida de esta manera. Por eso hemos empezado con la formación en cuidados”.

Trabajar hoy en Venezuela

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Los evangélicos y el poder en América Latina

Alver Metalli

Desde una actitud de distancia, pasando por el colateralismo, hasta llegar al compromiso político directo, el camino del movimiento pentecostal latinoamericano prácticamente ha completado su recorrido. El creyente de fe protestante que medio siglo atrás se cuidaba mucho de involucrarse en política, ahora considera completamente natural que “el hermano debe votar por el hermano”. Habiendo alcanzado la mayoría de edad, los modernos herederos de la antigua Reforma protestante enarbolan las banderas de la política partidaria prácticamente en todo el continente. Porque los evangélicos – escribe un atento estudioso de su encarnación y desarrollo en América Latina, el peruano José Luis Pérez Guadalupe – “llegaron al continente latinoamericano para quedarse, se quedaron para crecer y crecieron para conquistar”.

¿A qué se debe esta transformación que en realidad ha sido sorprendente y relativamente rápida, de la visión tradicional del evangelismo latinoamericano?

La metamorfosis evangélica, el paso del proclamado distanciamiento al neocolateralismo y de allí al compromiso político, con partidos y candidatos propios es, en primer lugar, el resultado de su misma expansión y por tanto de la consciencia de que constituyen una fuerza de choque electoral capaz de modificar los equilibrios políticos de un país y de una región.

Los estudios sobre las modificaciones del universo religioso en el continente latinoamericano no son muchos, y entre los pocos que hay conviene citar aquellos más conocidos: los de la Corporation Latinobarómetro, una agencia privada con sede central en Santiago de Chile, y los del Pew Research Center, un think thank estadounidense con sede en Washington, ambos especializados en sondeos de opinión sobre temas de alcance continental. Según un informe de la primera de dichas instituciones, Latinobarómetro, el catolicismo latinoamericano ha disminuido 13 puntos porcentuales entre 1995 y 2014, con retrocesos más acentuados en países de América Central como Nicaragua (-30), Honduras (-29) y Costa Rica (-19). En estos mismos países los evangélicos crecieron de manera inversamente proporcional al retroceso católico, confirmando de esa manera que la gran mayoría de los herederos de Lutero en América Latina son nuevos conversos provenientes de las filas católicas.

Los resultados del Pew Research Center, actualizados también a 2014, muestran que los católicos latinoamericanos bajaron al 69% de la población total, mientras los evangélicos en su conjunto subieron al 19%. En los tres países de América Central anteriormente citados – Nicaragua, Honduras y Costa Rica – la realidad evangélico pentecostal ha crecido a tal punto que en el futuro próximo podría quitarle a la Iglesia Católica su primado histórico, cubriendo la distancia que todavía la separa del catolicismo romano (6 puntos porcentuales en Honduras, 7 en Guatemala y Nicaragua y 10 puntos en Panamá).

Los evangélicos y el poder en América Latina

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Amistad con el pueblo venezolano

CL América Latina

Por su interés, publicamos el comunicado emitido por Comunión y Liberación en América Latina para apoyar y acompañar al pueblo venezolano en todo el mundo.

La radiografía de un país reside en la vida cotidiana de sus habitantes. Es paradójico que Venezuela, con la mayor reserva de petróleo del planeta, no consiga resolver los problemas básicos de sus ciudadanos, quienes desde hace años viven con precarios servicios públicos, como agua, electricidad, gas y transporte público, junto con la falta de alimentos, medicinas y otros productos de primera necesidad. El estado de escasez generalizado, aunado a la situación política, ha creado un éxodo que afecta a más de tres millones de personas. A través de las fronteras con Colombia y Brasil, todos los días abandonan el país millares de personas que viajan en situaciones de extrema precariedad; traduciéndose en la crisis migratoria regional más importante del siglo.

Esta crisis social y política se ha sostenido por años, pero adquirió dimensiones internacionales cuando en 2017 la mayor parte de los países occidentales no reconocieron a la Asamblea Nacional Constituyente, conformada solo por el partido del gobierno, así como las elecciones presidenciales anticipadas convocadas por ésta, donde vence Maduro en mayo de 2018. En consecuencia, luego del 10 de enero al jurar Maduro por un nuevo mandato, no se produce su reconocimiento por la Asamblea Nacional electa en 2015 por la mayoría del pueblo venezolano. Con base en el artículo 233 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, se proclama presidente interino con el apoyo de EEUU, el Grupo de Lima y, posteriormente, la Unión Europea.

Maduro a su vez continúa luchando por mantener el poder con las fuerzas armadas a su favor y gracias al apoyo de China, Rusia, Turquía, Cuba, Nicaragua y Bolivia; al mismo tiempo que ha rechazado todos los intentos de ayuda humanitaria y exige a la comunidad internacional que no interfiera en los asuntos internos de su país.

Frente a todo esto, algunos países –que se declaran neutrales– encabezados por México y Uruguay, se han reunido en Montevideo junto con cancilleres de la Unión Europea para ofrecer propuestas de diálogo ante este conflicto.

La Santa Sede ha sido llamada nuevamente a tomar partido o a ser mediadora del diálogo, y ha respondido recordando que para que éste sea viable es necesario el consentimiento de ambas partes; también el papa Francisco en reiteradas ocasiones ha manifestado la comunión con los obispos venezolanos, en particular se destaca lo expresado en la Visita Ad Limina Apostolarum en septiembre de 2017, cuando afirmó: “En la voz de los obispos venezolanos también resuena la mía”. Igualmente ha manifestado reiteradamente su dolor por el sufrimiento al cual ha sido sometido el pueblo venezolano, deseando que reine la concordia.

Amistad con el pueblo venezolano

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Algo se esconde tras el apoyo de China y Rusia a Maduro

Mario Mauro

En el momento más dramático de las protestas contra Maduro, elegido presidente de Venezuela después de unas elecciones declaradas irregulares por el grueso de la comunidad internacional y poco después de dar comienzo a su segundo mandato, Juan Guaidó, joven líder de la Asamblea nacional y casi desconocido líder de la oposición al gobierno, se autoproclamó presidente de la república bolivariana. Estados Unidos y muchos países de la OEA (Organización de Estados Americanos) lo han reconocido como presidente, Rusia y China apoyan a Maduro, y la UE se muestra favorable a un proceso democrático. El hecho es que las sangrientas tensiones que está viviendo este país pueden acabar en una guerra civil.

Maduro presidente es el fruto de las elecciones fraudulentas del 20 de mayo de 2018. Cuenta con el reconocimiento de Cuba, Nicaragua, Bolivia, Rusia, China y Turquía. Auténticas dictaduras o países que han hecho evolucionar sus constituciones hacia la transformación del papel del presidente en un puesto vitalicio, aunque en Bolivia el intento ha fracasado.

Pero no son los únicos. También grupos terroristas como Hamás y Hezbolá han emitido dos comunicados oficiales declarando su apoyo al líder del Partito Socialista Unido de Venezuela (Psuv). Las organizaciones islamistas acusan al gobierno de Donald Trump de promover un “golpe de Estado” en Venezuela, omitiendo las irregularidades del proceso electoral que habría ganado Maduro.

Según Hamás, “el intento de Estados Unidos de organizar un golpe de Estado es una continuación de la política agresiva americana (…) y viola los principios democráticos y la libre voluntad del pueblo”. En su opinión, la postura estadounidense “representa una amenaza para la seguridad y estabilidad del mundo”.

El mismo tono utilizan las declaraciones de Hezbolá. En un comunicado difundido por la emisora libanesa Al-Manar, se lee que “todos saben que el objetivo de Estados Unidos no es defender la democracia y la libertad, sino apropiarse de los recursos del país y castigar a todos los estados que se oponen a la hegemonía estadounidense”.

El subcontinente latinoamericano, que hasta hace pocos meses era considerado un laboratorio de políticas progresistas, tiene ahora que afrontar una crisis política que corre el riesgo de convertirse en una matanza. Refiriéndose directamente al bolivarismo revolucionario, el ex líder venezolano Hugo Chávez promovió un tipo de socialismo, el “socialismo del siglo XXI”, basado en una exaltación de la democracia directa y en inversiones sociales masivas orientadas a la inclusión de las clases más desfavorecidas, a las que se asocia con una explícita postura anti-estadounidense y un proyecto pan-latinoamericano. Con la muerte de Chávez en 2013, un sucesor menos carismático, Nicolás Maduro, siguió gobernando Venezuela ante una creciente hostilidad interna e internacional. Guaidó, delfín de Leopoldo López, rival histórico de Chávez y líder del partido opositor Voluntad Popular, ha jurado la Constitución en Caracas, ante miles de personas, autoproclamándose presidente ad interim de la nación y ha invitado a las fuerzas armadas a comprometerse para “restablecer la Constitución”.

Desde el Palacio de Miraflores, Maduro ha calificado esta iniciativa del diputado opositor como un “golpe de Estado fascista”, exhortando a sus defensores a resistir contra el golpe orquestado, en su opinión, entre los muros de la Casa Blanca. Maduro también ha interrumpido sus relaciones diplomáticas con Washington y ha amenazado a los enviados estadounidenses presentes en Venezuela, dándoles pocas horas para abandonar el país.

Algo se esconde tras el apoyo de China y Rusia a Maduro

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>Entrevista a Tulio Álvarez

'En Venezuela no se enfrentan dos actores políticos, hay un régimen de facto contra un pueblo'

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

>Entrevista a Tulio Álvarez

'En Venezuela no se enfrentan dos actores políticos, hay un régimen de facto contra un pueblo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 3  74 votos
>Editorial

Venezuela, el cambio desde abajo

Fernando de Haro

El proceso de transición que ha puesto en marcha Juan Guaidó, el presidente juramentado de Venezuela, tiene muchos de los ingredientes necesarios para convertirse en el cambio que necesita el país. La materialización de ese cambio depende, en gran medida, de un giro del ejército en el que Cuba tiene mucho peso. Pero Guaidó lidera una reconstrucción del sujeto democrático sin el que el final del chavismo no es posible.

Venezuela ha puesto de manifiesto en los últimos días hasta qué punto el eje que separa, en el mundo, a los países sustancialmente demócratas de las potencias no demócratas o con una “democracia iliberal” sigue siendo determinante. Por eso constituye un error el retraso y el reconocimiento condicional de Guaidó que ha hecho la Unión Europea (no el presidente del Consejo ni el Parlamento que fueron contundentes). El modo en el que ha reaccionado Bruselas confirma, una vez más, la debilidad en política exterior de los europeos. Debilidad que ha sido incrementada por la falta de liderazgo del Gobierno español del socialista Pedro Sánchez. No es razonable argumentar que no se puede hacer seguidismo de Trump.

El proceso de transición que Guaidó impulsa desde el 23 de enero ha sido posible por un renacer de la oposición social y política que no puede darse por descontado. Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional (el único órgano elegido de una forma democrática), se proclama presidente interino después de que se hayan celebrado 300 cabildos. Estas asambleas ciudadanas desde la base han encendido unas cenizas en favor de la libertad que estaban muy apagadas por la represión y la falta de unidad de la oposición. Guaidó parece haber aprendido lo mejor del segundo Leopoldo López, el que fundó Voluntad Popular junto con la llamada “generación de 2007”, apoyándose en su experiencia de redes populares.

Las manifestaciones de los últimos días han podido sumar a muchos vecinos de “los barrios”, las zonas más desfavorecidas de Caracas y de otras ciudades donde el chavismo tenía un apoyo masivo. No son los tres millones de refugiados que ha provocado Maduro, los cuatro millones de personas subalimentadas (el 12 por ciento de la población según datos de la FAO), ni el hecho de que más de la mitad de los niños sufran desnutrición o que el 87 por ciento de los venezolanos sean pobres lo que ha provocado las movilizaciones en un país donde toda la información es controlada por el oficialismo. La situación parece nueva.

Ahora Guaidó y todo lo que se mueve en torno a él ha tenido la virtud de generar esperanza. El presidente interino ha tenido el acierto de proponer una amnistía para los militares y policías. Y de difundirla en reuniones por las calles. La amnistía es un gesto muy significativo en la que durante mucho tiempo ha sido una Venezuela despiadadamente polarizada. No se entiende la llegada al poder de Hugo Chávez sin la polarización entre pobres y ricos. No se entiende Venezuela sin una polarización entre el Gobierno y los demócratas que, a su vez, han mostrado una división casi perpetua en los últimos años.

>Editorial

Venezuela, el cambio desde abajo

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Estados Unidos reconsidera su mítico derecho a la felicidad

Giorgio Vittadini

Las elecciones de medio mandato de Estados Unidos del pasado 6 de noviembre, desde el punto de vista del analista político no han tenido nada realmente excepcional. El pato no ha acabado cojo del todo, como se suele decir en el mundo anglosajón, con la imagen que identifica a un presidente de EE.UU que pierde la mayoría en el Congreso. Resumiendo mucho, al perder la cámara, Donald Trump podrá ver bloqueadas sus leyes fundamentales sobre política interna, como impuestos e inmigración, pero reforzado en el Senado no tendrá condicionamientos importantes en política exterior, que es de su estricta competencia, y podrá ver confirmados muchos de los nombramientos importantes que vaya a hacer.

Si se confirma el hecho de que las elecciones de medio mandato se usan tradicionalmente para reequilibrar el poder entre fuerzas políticas, y resulta por tanto habitual que suelan ir acompañadas de un castigo al presidente en el cargo (también la pasó a líderes considerados de éxito, como Ronald Reagan o Barack Obama), podríamos concluir que no hay nada nuevo bajo el sol. Pero en realidad, EE.UU está viviendo la crisis de identidad más aguda de toda su historia. Hasta el punto de que, como me comentaba un amigo californiano, el sentimiento dominante está atravesado por preguntas angustiosas, como “¿todavía existe un pueblo americano?, ¿qué significa ser americanos?, ¿qué es capaz de unir?”. Otro amigo neoyorquino me decía: “Nunca he visto un país tan partido en dos: dos sociedades totalmente divididas que parecen no tener nada que decirse y tampoco quieren intentarlo”.

En realidad, hay muchísimas facciones, tantas que se vuelve a hablar de tribalismo. Los Estados Unidos nacieron con una gran ambición, la de afirmar el derecho de todos a perseguir el progreso y la felicidad, como recita la Constitución de 1776. “Los pueblos americanos reconocen la dignidad de la persona, y sus constituciones nacionales reconocen que las instituciones jurídicas y políticas, que regulan la vida de la sociedad humana, tienen como principal objetivo la tutela de los derechos esenciales del hombre y la creación de condiciones que le permitan realizar un progreso espiritual y material, y alcanzar la felicidad”.

Es la idea de que cualquiera puede hacerse rico, elevarse socialmente, favorecerse del dinamismo excepcional de la vida económica. A fin de cuentas, es la misma idea de la conquista del Oeste, la frontera que se convierte en dinámica cotidiana: aun afrontando peligros, dificultades enormes, incluso violencia y abusos –muchos, en comparación con el resto del mundo–, lo conseguirán. Una selección basada en el mérito, en las capacidades, en el valor, tal como documenta la mayoría de las películas que vienen del otro lado del charco. Pero se trata de una afirmación de igualdad que ha producido en cambio profundas desigualdades. Pensemos en el genocidio de los nativos americanos, la discriminación racial que ni siquiera la guerra civil consiguió resolver. Así como los incontables perdedores que siguen poblando esta sociedad.

Estados Unidos reconsidera su mítico derecho a la felicidad

Giorgio Vittadini | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
>Entrevista a Edgardo Pinell

'Nicaragua ya es como Venezuela pero con buena economía'

P.D.

Edgardo Pinell, comunicador y activista de derechos humanos, se ha visto obligado a exiliarse de Nicaragua ante la presión de un régimen que persigue a los periodistas.

¿Por qué tuviste que salir de Nicaragua?

Porque realmente los comunicadores y los que hemos estado involucrados en la televisión, en la promoción de los derechos humanos, trabajo con estudiantes, etcétera ya hemos estado en el punto de mira del gobierno, y en ese sentido yo he recibido amenazas en redes sociales. Yo trabajaba en una revista donde tuve que ser bastante claro ante ciertas posturas de persecución y represión a los estudiantes, y parece ser que eso ha llegado a incomodar.

¿En este momento se puede decir que la situación actual en Nicaragua es la de una auténtica dictadura? La limitación de derechos de reunión, libertad de expresión y derechos fundamentales y la poca participación, ¿implican que es una dictadura o en el fondo, como Ortega ha sido elegido democráticamente, sigue siendo una democracia?

Es una dictadura incluso familiar en la que no solo está su esposa como vicepresidenta sino sus hijos, a través de los medios de comunicación, controlando y concentrando todos los poderes del Estado. En Nicaragua no hay una institución política, poder del Estado o entidad pública independiente, la Procuraduría de los Derechos Humanos no defiende los derechos humanos, hay una Fiscalía totalmente instrumentalizada para perseguir a los opositores, hay un poder judicial que trata de aparentar independencia pero no la tiene, como operadores políticos del gobierno; no hay separación de poderes. Es totalmente una dictadura. La única diferencia con Venezuela todavía es nada más una economía que aún resiste, pero no va a durar mucho tiempo.

¿Cómo ejerce el poder Ortega? ¿De qué mecanismos dispone para controlar el poder?

No es de manera inmediata. Ha ido acumulándolo desde su retorno, que efectivamente ha sido más o menos democrático, pero desde que dejó el poder en el 90 nunca lo perdió totalmente, como tampoco lo perdió el Frente Sandinista. Mantuvieron al menos una importante influencia sobre todo en el poder judicial, con mecanismos de financiación a través de favores político y este tipo de cosas. Al recuperar el poder efectivo en 2007 y ser reelegido en 2011, instaurando una mayoría parlamentaria fraudulentamente, luego va acumulando otros poderes del Estado, como el poder electoral, judicial, erario público, rendición de cuentas… Lo ha ido haciendo de manera paulatina, por eso ha sido tan difícil empujarlo hacia una transición democrática en estos meses. Eso ha sido complicado, pero él ya tiene en la práctica un soporte económico de Venezuela, de la dictadura venezolana, con 450 millones de dólares anuales desde 2007 que nunca pasaron por los presupuestos de la República, y eso ha supuesto otro mecanismo para mantener el poder, comprar medios de comunicación, grandes compañías para poder instaurarse como una dictadura tan férrea como la que tenemos.

¿Qué importancia ha tenido el cambio de posición de la Iglesia? Había antes cierta alianza o buena relación entre el sandinismo y la Iglesia y ahora en cambio eso se ha roto. ¿Por qué se ha roto y por qué es importante que se haya roto?

>Entrevista a Edgardo Pinell

'Nicaragua ya es como Venezuela pero con buena economía'

P.D. | 0 comentarios valoración: 1  22 votos
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