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4 DICIEMBRE 2016
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Panzer, pero sonriente: nace el estilo Trump

Robi Ronza

Entre los valores que la Ilustración había creído en vano que podría mantener vivos e incluso hacer crecer aun separándolos de su raíz cristiana, estamos empezando a ver que estaba también la democracia, como confirman las reacciones que la victoria de Trump está provocando en los círculos ilustrados y progresistas de la cultura y la prensa dentro y fuera de Estados Unidos.

En el sentido moderno, universal, de la palabra, la democracia se basa en el principio de la igualdad y en la fraternidad entre todos los hombres en cuanto tales, ya sean hombres o mujeres, cultos o incultos, compatriotas o extranjeros. Pero si no se cree que todos tenemos no solo una mente sino también un alma, y sobre todo un mismo padre común que nos ama a todos con el mismo amor, entonces sentirse iguales y hermanos se convierte con mucho en una empresa harto difícil.

Los primeros síntomas de la crisis ya los hemos podido advertir en la misma patria principal de la democracia moderna, Gran Bretaña, cuando después de la victoria del Brexit en los órganos de prensa considerados como sacrosantos baluartes de las libertades democráticas algunos empezaron a preguntarse si era justo que el voto de los más ancianos y de los residentes fuera de las zonas metropolitanas tuviera el mismo peso que el de los más jóvenes y residentes en Londres. Luego, con la victoria de Trump en las presidenciales americanas tal murmullo se ha ido convirtiendo cada vez más en grito. Con esa hermosa capacidad de dar la vuelta con elegancia a la tortilla, que caracteriza el mundo de los salones burgueses progresistas, en la prosa de los tertulianos más conocidos, lo que en un tiempo fue la mítica clase obrera se ha convertido en una opaca masa de “blancos de mediana edad, poco instruidos, jubilados o desempleados”.

En realidad, el voto de todos ellos, por otro lado favorable a Trump, no basta en ningún caso para explicar su victoria. Con las cuentas en la mano, es evidente que a eso se ha sumado también el voto de un buen número de mujeres y americanos de origen no europeo. ¿Pero cómo reconocerlo? Ni el Washington Post ni el New York Times pueden admitir que a esos blancos de mediana edad, poco instruidos y poco afortunados, también se añaden los negros e hispanos coetáneos suyos y con los mismos problemas, por no hablar de blancos, negros e hispanos igualmente arrugados, en su mayoría de baja estatura y con sobrepeso, que han votado a Trump a pesar de estar a años luz de Melania, Ivanka y todas esas chicas del clan, rigurosamente altas, rigurosamente rubias y rigurosamente en forma. Resumiendo, una gran cantidad de gente “out” que sin embargo ha votado a Trump en vez de Clinton, y quizás no por motivos fútiles.

Llegados a este punto, las dudas sobre la positividad de la democracia quedan a un lado de momento, pero no para dejar espacio a un saludable examen de conciencia. Tampoco para preguntarse si hay algo que no funciona en la propia cultura política y en las propuestas que de ella derivan: en absoluto. Se ha abierto un nuevo camino: el de la búsqueda y si fuera necesario el de la invención de la enorme diferencia que existe entre el Trump presidente y el Trump candidato. Como si quisieran decirnos que el hombre se ha hecho un poco el loco para ganar votos, pero a fin de cuentas sabe que debe hacer lo que nosotros digamos. En realidad, si vamos a ver el texto original de las declaraciones del nuevo presidente que ocupan los titulares de los periódicos, nos daremos cuenta de que el hombre no se mueve ni un milímetro de los objetivos sobre los que se había comprometido con sus electores.

En este periodo tan delicado, en que aún no está en el cargo y está formando su gobierno, sencillamente usa un tono más benévolo y conciliador en la forma. Eso es todo. Sobre esto hay un documento que merece atención. Se trata de los apuntes de su reciente encuentro a puerta cerrada con el estado mayor del New York Times. Trump tuvo el gesto de ir él mismo para encontrarse con el director y algunas firmas importantes de esta cabecera en su propia sede. Es significativa la documentación fotográfica de la entrada de Trump en el patio de la sede del periódico, recibido por una multitud de gente que le hacían fotos con sus smartphones desde las barreras. De la lectura de los apuntes de la conversación, difundidos por internet a medida que el encuentro tenía lugar, podemos entender lo astuto y decidido que es Trump, y lo incapaces que son sus interlocutores de entender la nueva realidad que tienen delante.

Panzer, pero sonriente: nace el estilo Trump

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>COLOMBIA

A la segunda, la vencida

Luis Badilla

Tal como lo anunció en la capital colombiana Santa Fe de Bogotá el presidente Manuel Santos, Premio Nobel de la paz 2016, se firmó el Acuerdo definitivo de paz entre el gobierno y la ex guerrilla de las FARC. Después será el turno del Congreso, que deberá refrendar, tras una primera votación general y una amplia discusión posterior, la entrada en vigor del Acuerdo renegociado en La Habana a consecuencia del triunfo del “no” en el referendo del pasado 2 de octubre.

Las oposiciones, en particular el ex presidente Álvaro Uribe y como era más que previsible, han descalificado el nuevo texto fruto de la renegociación, en el curso de la cual se incorporaron 56 de las 57 modificaciones que requerían los grupos y partidos del “no”.

Los partidos que apoyan el Acuerdo –Unidad por la paz– representan en el Congreso el 80% de los votos y por lo tanto parece segura la aprobación cuando el texto sea entregado a los parlamentarios. Mauricio Lizcano, presidente del Congreso colombiano, declaró que “hay unas mayorías amplias que respaldamos la paz. Sabemos que es una necesidad del pueblo colombiano. Entendemos que deseamos poder vivir en paz y estamos a la espera de que así sea. Tenemos que sacar adelante este proceso por la paz, porque el cese al fuego es inestable, porque tenemos que darle una salida definitiva”, agregó.

La prensa local interpreta estas declaraciones como una respuesta severa al ex presidente Álvaro Uribe, líder del “no”, que sigue oponiendo un fuerte rechazo al acuerdo renegociado. No faltan las críticas contra el ex gobernante porque muchos consideran que “el rechazo es solamente un pretexto para continuar en el centro del escenario político y acrecentar sus expectativas electorales para una nueva presidencia”.

Una vez en el Congreso, es probable que se introduzcan modificaciones en el texto, pero solo secundarias, destinadas a perfeccionar o puntualizar determinados aspectos. Cuando el texto sea aprobado, el Acuerdo entrará en vigor inmediatamente, sin ulteriores pasos institucionales. Está previsto entregar una copia del documento al Papa en la segunda semana de diciembre, cuando reciba la visita del presidente Manuel Santos, quien a lo largo de estos meses ha mantenido continuamente informado a Francisco sobre el desarrollo de las negociaciones.

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A la segunda, la vencida

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Los obispos de USA expresan su preocupación y un optimismo cauteloso en relación con Trump

Michael O` Loughlin

Mientras el presidente electo Donald Trump considera cómo cumplir sus promesas de la campaña acerca de construir un muro fronterizo, los obispos católicos han elegido para sus puestos de liderazgo a dos prelados de Estados fronterizos con México, la región de EEUU en la que el catolicismo está creciendo más rápido.

El cardenal Daniel DiNardo, arzobispo de Galveston-Houston, ha sido elegido presidente de la Conferencia Episcopal estadounidense, y el arzobispo de Los Ángeles, José Gomez, vicepresidente. Estas elecciones representan un reconocimiento de que la Iglesia está creciendo en el suroeste, gracias en gran parte a la afluencia de hispanos católicos. Esa realidad la destacó el Papa Francisco en un vídeomensaje para los obispos.

Al promover una reunión de católicos hispanos en EEUU para 2018 con el nombre de Encuentro, el Papa urgía a los obispos americanos a continuar trabajando para abrazar el multiculturalismo de la Iglesia estadounidense. "Nuestro gran desafío es crear una cultura del encuentro que aliente a los individuos y grupos a compartir la riqueza de sus tradiciones y experiencia", decía Francisco, "para romper muros y construir puentes".

El Papa urgía a la Iglesia estadounidense "a salir dela zona de confort" y "ser signo de profecía". "Estamos llamados a ser portadores de buenas noticias para la sociedad, desconcertada por los cambios sociales, culturales y espirituales, y por el incremento de la polarización", decía Francisco.

El cardenal DiNardo, el nuevo presidente, era hasta ahora vicepresidente de la Conferencia, una posición que le sirve como plataforma de lanzamiento para alcanzar la primera posición. Si esa tradición se mantiene, el arzobispo Gómez, nacido en México, se podría convertir en el primer hispano líder de la Conferencia en 2019.

Los dos son tradicionalistas –el Cardenal DiNardo cuestionó las reformas defendidas por el Papa Francisco y el arzobispo Gómez fue ordenado sacerdote del Opus Dei– pero también son defensores francos de una reforma migratoria integral en Estados Unidos, lo que podría llevar a un choque con la administración Trump.

Durante una conferencia de prensa después de su nombramiento, los dos arzobispos advirtieron contra el intento de predecir el futuro, pero dijeron que la Iglesia continuaría defendiendo los derechos de los inmigrantes. Los obispos respetarán al Gobierno, dijo el cardenal DiNardo, pero ellos "también tienen corazón de pastor". "Si hay alguien hambriento, iremos a alimentarle. Si hay alguien sediento, iremos a darle de beber", dijo. "Y si hay alguien que se siente extraño, queremos hacer que se sienta bienvenido".

Trump ha hablado de sus planes de deportar a tres millones de indocumentados que viven en EEUU, menos de lo que había dicho en un principio, que se estimaba en 11 millones. La revisión de esa cifra da esperanzas al menos a un arzobispo.

"Espero que exista la posibilidad de que abran algunas puertas en el muro que quiere construir", dijo el arzobispo Thomas Wenski de Miami en una conferencia de prensa el 14 de noviembre. Dijo que él entiende la ansiedad que algunas familias están experimentando con la victoria de Trump, pero pide calma. "Yo no quiero quitar el miedo o la incertidumbre que muchos tienen por su falta de estatus, pero querría decirles que se lo tomen con calma", dijo. "Es tiempo de tomar aire y continuar con nuestra defensa".

En sus observaciones introductorias del lunes, el arzobispo Joseph E. Kurtz, que acaba de terminar su mandato como presidente de la Conferencia, ofreció un mensaje firme a las familias preocupadas por la deportación. "Dejadnos repetir a nuestras hermanas y hermanos que han venido a América huyendo de la persecución y trabajando duro para construir una vida mejor para sus familias: estamos con vosotros", dijo a todo el cuerpo de obispos.

Los obispos se reunieron en Baltimore, en el hotel Marriott Waterfront, para la asamblea general anual de otoño. Las relaciones entre la Iglesia americana y el Gobierno federal se han enfriado en los últimos años; bastantes instituciones católicas, incluyendo algunas diócesis, han chocado con la administración Obama por reglas relacionadas con la anticoncepción y la orientación sexual. El cardenal DiNardo fue especialmente crítico con Obama, llamando a sus políticas "coactivas" en el intento de restringir la libertad religiosa.

Los obispos de USA expresan su preocupación y un optimismo cauteloso en relación con Trump

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Un bien presente

José Medina (Washington)

¿Qué recursos tenemos para construir una nación para todos, desde la humilde plataforma de nuestras casas, trabajos y vida diaria?

Una semana después de la conclusión de la campaña electoral, la especulación y la incertidumbre no han disminuido. Buscando una respuesta a la inquietud, algunos han tomado las calles para marchar y gritar como protesta. Muchos se están organizando para la próxima batalla política. Y otros todavía confían en que el sistema democrático siempre prevalecerá y corregirá cualquier abuso. Frente a una aparentemente infructuosa demostración de desafección o frente a la confianza en un sistema sin rostro, nos hemos quedado con un sentimiento de impotencia para influir en un cambio significativo del escenario nacional. ¿De qué terreno común podemos partir, especialmente tras un año cargado de ideología y división? ¿Qué recursos tenemos para construir una nación para todos, desde la humilde plataforma de nuestras casas, trabajos y vida diaria?

Sólo una experiencia presente de "el bien" nos permitirá volver a construir. Como escribe el novelista Wendell Berry, "es la presencia de bien –buen trabajo, buenos pensamientos, buenos actos, buenos lugares– lo que nos hace saber que el presente no tiene que ser una pesadilla sobre el futuro". Experiencias de bien pueden generar hombres y mujeres que se comprometan con los otros con curiosidad en vez de sospecha. Un bien presente engendra esperanza, y la esperanza hace estallar el deseo de compartir y dialogar en lugar de atrincherarnos en nuestras creencias.

He encontrado este bien presente en realidades humanas frágiles, en las que la esperanza y la alegría brillan a pesar de las circunstancias. Lo he visto en el padre Ibrahim, un párroco de Alepo, Siria. Este hombre se encontró con un musulmán en el pozo de un convento franciscano que le dijo: "Padre, cuando veo cómo la gente viene a por agua aquí, con una sonrisa y una gran paz en sus corazones, sin luchas, sin gritarse... yo, que he recorrido todo Alepo y he visto como se matan por los pozos, estoy alucinado. Estás lleno de paz y alegría... Hay algo diferente en vosotros".

He visto el bien presente en una veterana que sufría trastorno por estrés postraumático hasta tal punto que no soportaba escuchar a los pájaros por la mañana. Empezó trabajando en la Casa de Habilitación de Los Ángeles (Los Angeles Habilitation House), una organización sin ánimo de lucro que ofrece trabajo y oportunidades a personas discapacitadas. Después de un año allí, dijo: "sigo sin poder dormir, pero ahora he empezado a amar el canto de los pájaros. Algo se ha despertado en mí. Estando con vosotros algo ha renacido en mí".

Podemos descartar el bien presente como una estrategia fallida por su fragilidad. Diálogo y encuentro, podríamos argumentar, son ineficaces y, por tanto, quizá es más fácil rezar por aquellos que eligen el poder para influir en el cambio. Gran parte del cambio social que admiramos nació de una posición de debilidad, y no de fuerza. La paz en su raíz es en última instancia ineficaz. La libertad no se puede imponer, sólo se puede ofrecer libremente. Los hombres y mujeres que recientemente han cambiado nuestros paradigmas sobre el cambio político –Martin Luther King, Madre Teresa, Dorothy Day, Gandhi– lo han hecho desde una posición impotente, desarmada, invitando al otro a un bien presente.

Una sociedad libre podrá prosperar cuando hombres y mujeres sean testigos atentos, en vez de predicar sus principios más queridos. Ninguna estrategia política podrá sustituir un espíritu de cooperación. Y ese espíritu siempre empieza por el ejemplo vivo de una nueva mirada, una mirada como la del sacerdote de Alepo o la del personal de la Casa de Habilitación de Los Ángeles, una mirada que afirma al otro antes que a sus creencias. Sólo un bien presente me hace querer ser bueno.

Ahora que las elecciones son pasado, empieza el trabajo. En palabras de Wendell Berry, solo necesitamos "renunciar a salvar el mundo y empezar a vivir decididamente en él".

Un bien presente

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Después de la sorpresa, aumenta la tensión

Damian Bacich

En la mañana del 8 de noviembre, día de las elecciones presidenciales, fui a un taller para arreglar mi coche. Mientras me preparaba para pagar la cuenta, el dueño del taller me interpeló sobre las elecciones de ese día. Era un inmigrante de Asia meridional, y estaba lleno de entusiasmo por decirme que había votado a Trump. Según él, Trump iba a cambiar el gobierno, que iba a poner aranceles sobre los productos chinos, y para colmo iba a echar a los inmigrantes ilegales. Y no sólo eso, sino que todos sus amigos, todos, habían votado a Trump.

Esta conversación no tuvo lugar ni en Texas ni en Michigan, sino en California, en Silicon Valley para ser precisos, el centro tecnológico de los EE.UU. En ese momento supe que la elección iba a estar reñida, todo lo contrario de una victoria fácil de Hillary Clinton. Sin embargo, no me esperaba una victoria de Trump, y para la gran mayoría de mis conciudadanos, el resultado de las elecciones fue una verdadera sorpresa. El área metropolitana de San Francisco es uno de los lugares más progresistas del país, y para muchas personas que viven aquí, las tendencias parecían apuntar a un progresismo cada vez mayor a nivel incluso nacional, y por lo tanto una victoria de Hillary era obvia.

A pesar de lo que dijo el dueño del taller, los datos demuestran que los votantes californianos apoyaron a Hillary Clinton de forma abrumadora. Y sin embargo, siguen siendo idiosincráticos. Votaron, por ejemplo, para legalizar el uso recreativo de la marihuana, así como para reafirmar la pena de muerte. En la parroquia católica a la que asisto, los feligreses estaban divididos entre quienes votaban Clinton y quienes votaban Trump. Algunos votaron por Trump, o porque creían que era el menor de dos males, o porque confiaban en sus declaraciones de apoyo al movimiento provida. Otros apoyaron a Hillary Clinton porque querían ver a una mujer en la Casa Blanca o bien porque tenían miedo de lo que Donald Trump podría hacer si llegara a la Casa Blanca. Un buen número, insatisfecho con cualquiera de las dos opciones, votó por candidatos de terceros. Todos tenían sus razones, y todos estaban de acuerdo en que querían salir de una campaña electoral tan crispada y pesada. Tras la derrota de Hillary, muchos católicos que votaron por Trump han expresado alivio, ya que representaba una continuación de las políticas de la administración Obama, sobre todo en temas de libertad religiosa. Mientras que otros, partidarios de Clinton, expresaron consternación por que alguien tan crudo y abiertamente despreciador de las minorías y de las mujeres pudiera llegar a la posición más poderosa en el mundo.

Las divisiones ideológicas han favorecido un aumento de la tensión. Ha habido protestas en lugares como Berkeley y Los Ángeles, y en los campus universitarios. Llegan noticias de episodios de violencia. Ambas partes denuncian ataques: parece que entre algunos la elección se ha convertido en una excusa para desencadenar agresiones a aquellos que representan una ideología diferente a la suya.

La sensación más palpable, sin embargo, es la de incertidumbre. La pregunta más compartida entre todos, tanto los que apoyaron a Trump como los que no lo hicieron, es si el presidente electo cumplirá con sus declaraciones durante la campaña. Y nadie está más interesado que el gran número de inmigrantes latinoamericanos, muchos de los cuales son indocumentados. La mayoría tiene familiares y amigos que viven con un avivado miedo de ser deportados o sometidos a los efectos de la ley. Muchos son jóvenes: en virtud de un programa federal que comenzó en 2012, más de 700.000 adolescentes indocumentados proporcionaron sus datos personales al gobierno a cambio de permiso para asistir a la universidad y trabajar en los EE.UU. Si el presidente Trump revoca o elimina este programa, estos jóvenes se quedarán expuestos a posibilidades reales.

Por el momento, nadie sabe cómo será la presidencia de una administración Trump. Algunos esperan que se dedique a realizar su promesa de introducir cambios reales, mientas otros esperan que su experiencia como empresario le llevará a decisiones razonadas y prácticas. Algunos temen un nuevo autoritarismo y otros, que todo siga igual que antes. Para todos, la elección de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos nos ha funcionado como una lupa, poniendo las esperanzas y los miedos de cada uno en un foco nítido. En las próximas semanas y meses la realidad nos revelará cuáles de ellos son bien fundados y cuáles no.

Después de la sorpresa, aumenta la tensión

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El riesgo de vivir en una pompa de jabón

Sean Patrick O`Malley

He trabajado durante veinte años en Washington con inmigrantes provenientes de El Salvador, Guatemala, Nicaragua, y en general de toda América Latina. La mayoría de ellos no tenía un estatus legal y muchos habían llegado a Estados Unidos escapando de la violencia de las guerras civiles en América Central. Ya conté muchas veces, y ahora me parece útil hacerlo de nuevo, la historia de los primeros días que pasé en el Centro Católico y aquella vez que vino a hablar conmigo un hombre proveniente de El Salvador. Se sentó delante de mi escritorio y empezó a llorar mientras me entregaba una carta de su esposa, que había quedado en su país: la mujer le reprochaba porque la había abandonado a ella y a sus seis hijos en la pobreza y el hambre. Cuando el hombre pudo reponerse, me explicó que había venido a Estados Unidos y hasta Washington, como tantos otros, porque la guerra había invadido su país y resultaba imposible mantener una familia con el trabajo en el campo.

Entonces un coyote (las personas que hacen pasar ilegalmente la frontera) lo llevó a Washington y en aquel momento compartía una habitación con muchos otros hombres que se encontraban en una situación parecida. Su trabajo consistía en lavar los platos en dos restaurantes, uno en el almuerzo y otro en la cena. Para ahorrar, comía las sobras que quedaban en esos mismos platos. Iba a trabajar a pie para no gastar ni siquiera el dinero de un pasaje en los medios de transporte. Haciendo esa vida, podía enviar todo el dinero que ganaba a su familia. Me dijo que había enviado dinero todas las semanas y estaba trastornado porque ahora, después de seis meses, su esposa le decía que nunca había recibido una carta suya y lo acusaba de haberla abandonado. Le pregunté si había enviado cheques o había hecho transferencias de dinero. Me contestó que había mandado dinero en efectivo. Y me explicó: “Cada semana puse el dinero que había ganado en un sobre con todas las estampillas necesarias y lo deposité en el buzón azul de la esquina”. Todo el problema consistía en que aquello no era un buzón sino un tacho de basura.

Esa pobre historia me ayudó a ver lo que estaba ocurriendo y a comprender mejor las dificultades y las humillaciones que sufrían tantas personas que vienen a Estados Unidos huyendo de la pobreza y de la opresión, para darles una vida mejor a sus hijos. Desafortunadamente muchos inmigrantes pasan años y años sin poder enviar nada a sus seres queridos y ocurre que muchos abuelos que se quedan en su país tienen que hacerse cargo de los nietos, porque los padres han emigrado a Estados Unidos en busca de trabajo para, tarde o temprano, ganar dinero y enviarlo a casa. El Papa Francisco nos alienta a salir a las “periferias” y mirar a nuestros prójimos que se encuentran en situaciones oscuras y dolorosas.

El sistema de inmigración que tenemos en Estados Unidos ha fracasado y atormenta a los inmigrantes que llegan a nuestras fronteras en busca de una vida mejor para sí mismos y para sus niños. Somos un país de inmigrantes, y como tal deberíamos sentirnos identificados con ellos y trabajar para que terminen los sufrimientos y el dolor que provoca nuestro sistema de inmigración, que no funciona bien y es injusto. Estados Unidos es una nación de inmigrantes, de hijos de inmigrantes, de nietos y bisnietos de personas que venían de todas partes del mundo. Debido a la gran hambruna irlandesa (a mediados del siglo XIX) y de la opresión política, mi gente vino aquí desde Irlanda. Miles y miles de personas murieron de hambre en aquellas circunstancias. En los barcos donde viajaban los inmigrantes irlandeses murió un tercio de los pasajeros. Los tiburones seguían las naves, esperando los cuerpos que se “sepultaban” en el mar. Sospecho que solo los esclavos que fueron traídos al Nuevo Mundo por los barcos negreros tuvieron un transporte y una suerte peor que la de ellos.

El escritor Frank McCourt, autor del famoso libro “Las cenizas de Ángela”, escribió una obra de teatro titulada “The irish… and how they got that way” (“Los irlandeses y cómo tomaron este camino”). En una escena, los inmigrantes irlandeses se dejan llevar por los recuerdos y dicen: “Vinimos a América porque pensábamos que las calles estaban empedradas con oro. Cuando llegamos descubrimos que las calles no solo no estaban empedradas con oro sino que ni siquiera estaban empedradas. Y descubrimos también que debíamos empedrarlas nosotros”. El trabajo duro y el sacrificio de muchísimos inmigrantes es el secreto del éxito de este país. A pesar de los sentimientos xenófobos de una parte de la población, nuestra gente inmigrada contribuye muchísimo a la economía y al bienestar de Estados Unidos.

El riesgo de vivir en una pompa de jabón

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El previsible continuismo de la política exterior de Trump

Antonio R. Rubio Plo

Navegar por la agenda exterior de Donald Trump, dos meses antes de la toma de posesión de su presidencia, es una labor compleja. El analista no puede limitarse a recordar las propuestas que ha hecho a lo largo de su campaña electoral y que han sembrado la alarma entre algunos aliados de Washington. Alguien dijo alguna vez que las promesas electorales se hacen para no cumplirlas, pero no deja de ser una afirmación superficial pues un candidato quiere llevar a la práctica su programa, aunque solo sea en parte si las circunstancias no acompañan. Lo que lleva a cuestionar un programa político es que pueda darse de bruces con la realidad, y aun así hay líderes políticos que lo sacrifican todo o a su ideología, o a sus apetencias personales.

Es fácil decir que Trump supone una ruptura con Obama pero, ¿será realmente así en política exterior? Al actual presidente se le ha acusado de ejercer un liderazgo entre bastidores, el famoso “leading from behind”. Esta opinión sirve para considerarle un presidente que opta por la ambigüedad y practica un aislacionismo que no se atreve a confesar su nombre. También se dijo de él que no podía ser considerado el líder del mundo libre, como los presidentes de la guerra fría, y que haría un excelente papel si hubiera llegado a ser primer ministro de Canadá. Una política opuesta a este planteamiento requeriría un mayor intervencionismo en el exterior, pero no es eso lo que cabe esperar de Trump. Es cierto que el eslogan del presidente electo es “Make America great again”, aunque esto solo puede ser entendido desde otro eslogan tradicional de los republicanos, “America first”. Tras los fracasos exteriores de la presidencia de Bush y la crisis económica de 2008, se diría que la grandeza de América reside en el interior, y en ese sentido se comprende la afirmación de Obama de que las tareas de “nation building”, en la línea de las practicadas con escaso éxito en Afganistán e Iraq, deben ejercitarse, ante todo, en casa. Donald Trump estaría de acuerdo con su predecesor. No debemos esperar de él ni políticas neoconservadoras ni mucho menos de internacionalismo liberal.

¿Es Trump un aislacionista, al igual que los republicanos de las décadas de 1920 y 1930? En el mundo de hoy no caben esas posturas extremas, pero lo cierto es que la victoria de Trump supone más dosis de soberanismo y nacionalismo en la que sigue siendo la primera potencia mundial. La cooperación internacional siempre ha tenido en la diplomacia norteamericana un alcance limitado, con independencia de quien ocupara la Casa Blanca. Un demócrata como el célebre diplomático George Kennan creía en el equilibrio de las potencias, como en la Europa del siglo XIX, o un republicano como Henry Kissinger compartía similares postulados al referirse al triángulo diplomático Rusia-China-EEUU. Los norteamericanos, y en esto no son diferentes de rusos y chinos, prefieren la diplomacia bilateral aunque formen parte de foros multilaterales. Trump no será precisamente quien cambie las cosas.

Se habla mucho de la buena relación personal entre Vladimir Putin y Donald Trump. De ahí el pronóstico de una mejora de las relaciones entre Rusia y EEUU. A este respecto, deberíamos recordar el acercamiento de George W. Bush al presidente ruso tras el 11-S, y mucho más reciente el reset escenificado por Hillary Clinton y Serguei Lavrov al comienzo de la presidencia de Obama. ¿Quién se acuerda hoy de eso? Más allá de los elogios personales, Rusia espera de la administración Trump un levantamiento de las sanciones por el conflicto de Ucrania. ¿Cabe esperar que ambos países sean nuevos socios estratégicos? ¿Está dispuesto Washington a sacrificar a los vecinos de Rusia que son sus aliados? Lo que Rusia siempre esperará de EEUU es su reconocimiento implícito de que sigue siendo una gran potencia como en la época de la guerra fría. ¿Lo es en realidad, o más bien es una potencia regional con aspiraciones que la sobrepasan? La desproporción, que no se mide en aspectos militares ni en el poder de las oscilantes fuentes de energía, es evidente. ¿Qué ventaja comparativa, si hablamos en términos exclusivamente económicos, aporta Rusia a EEUU? Está claro que la relación personal es totalmente insuficiente.

El previsible continuismo de la política exterior de Trump

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>Entrevista a Giorgio Vittadini

'Sanders habría ganado a Trump'

Marco Dotti

Miles de personas salieron a las calles de Nueva York después de la noche electoral bajo el grito «he's not my president». Pero la rabia del día después, acompañada de los eslóganes radicales de moda, sirve de muy poco y explica todavía menos. Por ejemplo, no explica la razón por la cual casi sesenta millones de americanos eligieron el 8 de noviembre a Donald Trump y su versión del american dream.

Entre las “murmuraciones” de las élites decepcionadas y el grito silencioso de una América profunda que espera pero mientras tanto pone sus esperanzas en una figura equivocada, ¿de verdad no hay otra opción? Ese grito esconde un malestar radical, que nace del yo y sale a la luz, ¿pero hasta dónde va a llegar, teniendo en cuenta que la política, siempre dispuesta a adaptarse a las instancias financieras, ya no sabe escuchar el corazón de un país?

Hablamos con Giorgio Vittadini, presidente de la Fundación por la Subsidiariedad, profesor de Estadística en la Universidad Estatal de Milán, que visitó hace poco los Estados Unidos y tiene una opinión muy precisa al respecto: “con Bernie Sanders las cosas habrían sido muy distintas”.

Profesor Vittadini, francamente, ¿usted se esperaba este triunfo de Trump?

No me lo esperaba. Pensaba que el stablishment americano, que se había puesto del lado de Clinton, desplegaría todos sus recursos en contra de Trump. Recordemos que las cien mayores empresas norteamericanas han financiado a Clinton, todos los grandes periódicos estaban en contra de Trump. Clinton unía el poder de Washington y el financiero.

En el lugar que considerábamos la “izquierda” demócrata se abre ahora una gran vorágine.

No se tiene en cuenta que en Estados Unidos la primera causa de mortalidad por debajo de los 40 años es la sobredosis, que existe un número creciente de suicidios juveniles, una violencia que no deja de crecer, masacres continuas y una tensión racial que está al límite, y no se ha producido polarización en torno a estas cuestiones. Es evidente que hay un poder al que no le importan estos temas, ni el empeoramiento de las condiciones de vida de la clase media, donde muchos no llegan a final de mes y donde la movilidad vertical se ha reducido considerablemente. La clase dirigente parece estar cada vez más lejos. Y no solo el poder político, también el de la información.

¿La América profunda ya no sigue ciertos puntos de referencia y se rebela?

La costa este y California no son “América” sino una de las dos Américas. La otra es la del centro, el medio oeste y el sur, donde el Bible Belt (“cinturón de la Biblia”) se une con el “cinturón de hierro”, los viejos estados de la industrialización que ahora están en declive. Evidentemente, esta América no está hecha de grandes metrópolis donde se concentra la riqueza, sino de una clase trabajadora que vive de su esfuerzo cotidiano en su realidad local.

>Entrevista a Giorgio Vittadini

'Sanders habría ganado a Trump'

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>Brasil

La difícil reinvención del Partido de los Trabajadores

Rafael Ruiz

Demoré un poco en escribir este artículo porque preferí esperar a que se conocieran los resultados definitivos de las elecciones municipales, a fin de tener una idea exacta de las dimensiones del desastre del Partido de los Trabajadores de los ex presidentes Lula y Dilma. No fue un desastre sino una hecatombe o, si se prefiere, un verdadero tsunami. Los números son suficientemente claros como para comprender lo que ha ocurrido.

En 2012 el PT tenía 644 municipios y ahora, en 2016, ha ganado sólo en 254; por lo tanto la población incluida pasó de 38 millones a menos de 6 millones. Vale decir que el PT no sólo ha perdido más de la mitad de los municipios sino que ha ganado únicamente en ciudades muy pequeñas y en ninguna capital de Estado, salvo Rio Branco, la capital del Estado de Acre, en plena selva amazónica cerca de la frontera peruana.

Por su parte el PSDB, el partido que disputó la elección presidencial hace un año –y que perdió ante Dilma Roussef– ha pasado a gobernar sobre 48,7 millones de personas en 2016, mientras en 2012 lo hacía sobre 25,8 millones. El partido de Temer (PMDB) sigue prácticamente igual: si en 2012 tenía 1.017 municipios, ahora tiene 1.038.

Sin embargo, el hecho más relevante quizás sea la victoria de Crivella, obispo de la iglesia universal que, compitiendo con el PSOL, partido a la izquierda del PT, ha ganado el importantísimo municipio de Río de Janeiro.

No hay muchas dudas con respecto al cuadro general resultante de estas elecciones. El PT, que estaba en el poder, en realidad ha perdido mucho más de lo que se podía imaginar, y el PSDB, que en las cuatro últimas elecciones presidenciales (dos de Lula y dos de Dilma) había sido escogido por el mismo PT como partido de oposición y símbolo de todo aquello que el PT combatía y consideraba nefasto para el país, ha resultado el gran vencedor. Y eso no es todo.

Actualmente Lula está involucrado en tres procesos y en cualquier momento puede ser declarado culpable. Además, dos hombres fuertes de su gobierno, los ministros Palocci y Mantega, están en la cárcel con prisión preventiva, a la espera del juicio y la sentencia definitiva.

Algunos afirman que al juez Sergio Moro, el principal referente de la megaoperación conocida como Lava Jato, solo le interesa atacar al PT. Pero no parece ser el caso, o por lo menos no en forma exclusiva. Moro ha enviado a la cárcel al superpoderoso Eduardo Cunha del PMDB, expresidente de la Cámara de Diputados, y ya tiene en la mira a José Serra, actual ministro de Relaciones Exteriores –y potencial candidato a la sucesión presidencial– debido a las declaraciones del empresario arrepentido Marcelo Oderbretch, quien recién ahora, después de estar un año preso, ha firmado un acuerdo con la justicia y ha empezado a contar lo que sabe. Esta circunstancia ha provocado un revuelo de miedo en Brasilia muy parecido al que podría causar el anuncio de una bomba atómica.

Entretanto, en São Paulo ganó las elecciones el empresario João Dória, con el apoyo del gobernador del Estado Geraldo Alckmin, ambos del PSDB. Pero lo más significativo de esa elección paulista es que Doria haya ganado en la primera vuelta, cosa que nunca había sucedido antes, mientras que Haddad, del PT, no superó el 16% de los votos. Es más, la campaña de Doria se basó en el discurso retórico de que no se trata de un político y que no hará política. Él es un gestor o administrador y lo que hará (o pretende hacer) es solo administrar São Paulo.

Qué significa eso lo sabremos recién cuando empiece su mandato. Por el momento, lo único seguro es que el PT prácticamente ha desaparecido del escenario político y tendrá que reinventarse si quiere volver a él con un mínimo de protagonismo.

Rafael Ruiz es profesor de Historia de América en la Universidad Federal de São Paulo

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La difícil reinvención del Partido de los Trabajadores

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El superpopulista Donald Trump: Presidente del mundo

Angel Satué

Donald Trump ha ganado las elecciones. Mientras anochece en Asia, y Europa, Oriente Próximo y África se amanecen, los Estados Unidos de América se van a la cama con un nuevo presidente.

A las 8 de la mañana hora peninsular española estaba muy cerca de ser presidente gracias a los 20 representantes de Pensylvania. A las 8:03 John Podesta, líder del Partido demócrata mandaba a dormir a un auditorio que le ha silbado. Hillary Clinton no va a comparecer. Algo inaudito en España.  

Donald Trump como presidente de los EE.UU. significará para el mundo la incertidumbre total. Su carácter impredecible, faltón, contradictorio muchas veces, va a suponer un conjunto de retos:

- para sus vecinos, a un nivel diplomático, en temas de intercambio de mercancías y tránsito de personas (inmigración).

- para sus aliados de la OTAN y en el resto del mundo (oriente próximo: Arabia; y sudeste asiático: Japón y Corea del Sur), pues se desconoce si habrá un repliegue hacia posturas aislacionistas, las propias del partido republicano antes de la I guerra mundial.

- para el cambio climático, el comercio internacional y asuntos globales (programa del milenio de ONU), pues su aislacionismo va unido al proteccionismo económico, con aumento de aranceles. Sin duda, su acreedor chino va a ver como va a ser más dificil vender en EE.UU. perjudicando su balanza comercial.

- para sus relaciones con Rusia, es posible que se abra un reparto de zonas de influencia, lo cuál deja a Europa en manos del oso ruso, salvo que se una en una federación más fuerte, cosa que no parece. China sería la gran perjudicada.

- para la convivencia pacífica en un país que ha quedado dividido en dos después de una campaña populista por parte de Trump, y en la que Clinton se le ha visto como posible corrupta y además, una inconsciente para la seguridad nacional.

El voto protesta de los estadounidenses ha ido a parar a Trump (posiblemente también algún porcentaje del voto de Sanders, socialista a la izquierda de Hillary), que aun siendo rico, se le ve y se presenta (éxito de comunicación) como un "outsider" de la política y nada que ver con los que mandan, el famoso "establishment".

El superpopulista Donald Trump: Presidente del mundo

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Falta una educación para el pueblo

Fernando de Haro

Trump ha obtenido una victoria clara. Y el resultado de las presidenciales de Estados Unidos ya no es tan sorpresa como fue el Brexit. Estamos ante el Brexit II. Ante una ola de nacionalismo populista que recorre el mundo: extrema derecha en Alemania y en Francia, movimiento anti–Europa en los países de Visegrado, islamismo en Oriente Próximo, hinduismo político en la India… la lista es muy larga. ¡USA, USA, USA!… gritaban los seguidores de Trump cuando lo han visto aparecer esta madrugada en Nueva York.

Clinton era una mala candidata, las encuestas mostraban un empate técnico y, otra vez, no han sido capaces de detectar el voto oculto. El país está dividido por la mitad. No sirven los viejos esquemas. Ya no hay una minoría negra, una minoría hispana, una minoría católica. Hay negros, hispanos (muchos hispanos), católicos (muchos católicos) que votan por Trump. Hay una mayoría que cuestiona el sistema de partidos, que no cree en la democracia tal y como ha funcionado hasta ahora, que a pesar de la evidente recuperación económica culpabiliza a la globalización de su pérdida de poder adquisitivo. Los otros son los responsables de la situación.

La victoria de Trump es la victoria de la queja, del lamento, de quien quiere mandar a freír puñetas a la élite. Su primer discurso tras hacerse con la victoria ha sido el de un presidente que promete el paraíso: un plan de infraestructuras, la riqueza para todos, la América que volverá a ser grande. Solo una profunda mutación antropológica explica que, con estas y otras promesas, con su desprecio a medio país, un candidato así haya podido ganar. Trump encarna el fenómeno de la identidad de sustitución que despierta la mundialización. Los vínculos sociales más tradicionales se han destruido. Las iglesias, las familias, los centros de pertenencia más propios del país se han disuelto de modo silencioso (como en otros lugares del mundo) y ha aparecido una nueva América virtual, disfrazada de la América de siempre. Es la América de internet, la de las cadenas de televisión segmentadas, la de los mensajes consumidos en solitario que alimentan los instintos y que no hacen razonar. El pueblo desconcertado, enfadado, dispuesto a comprar chatarra política porque no hay pastores que amplíen su horizonte. Porque pocos hacen frente al descontento con mensajes y experiencias positivas en la base, porque la unidad elemental, el respeto por las instituciones, que hasta hace pocos años era un dogma, algo que pertenecía a la conciencia, ha desaparecido.

En este triunfo del populismo la responsabilidad de los líderes es considerable. Los líderes religiosos no han sabido ver que la amenaza del viejo radicalismo en cuestiones de familia de Clinton era mucho menor que la de un pueblo encandilado por el odio. Los líderes políticos, empresariales y sociales de las dos costas no han sabido ver en qué país viven. Están alojados en sus burbujas universitarias, burbujas de negocios e intelectuales que les alejan del sentir de muchos estadounidenses.

A corto plazo la política que pueda hacer Trump es una incógnita. La esperanza es que la presión institucional y la del partido republicano frene sus promesas xenófobas, proteccionistas, sus inclinaciones prorrusas y sus ocurrencias económicas. Pero a largo plazo es evidente que lo más necesario, en Estados Unidos y en el resto del mundo, es una educación popular que esté a la altura de los retos que ha traído la globalización.

Falta una educación para el pueblo

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¿Por qué los americanos han elegido a Trump?

Riro Maniscalco

Volví justo a tiempo para votar. El primer martes después del primer lunes de noviembre, como cada cuatro años. Un día laboral, un día cualquiera, en que todos los ciudadanos tienen que sacar de sus muchos o pocos compromisos el tiempo necesario para acercarse a las urnas. Yo voté a la hora de comer, a dos pasos de mi casa, en un colegio donde me encontré con una larga fila de jubilados y amas de casa, cosa comprensible dadas las horas.

Nunca dejará de sorprenderme la “variedad humana” de Brooklyn, blancos, negros, asiáticos, mediorientales con o sin velos, hispanos… muchos de ellos incapaces de pronunciar una palabra en inglés. Quién sabe qué habrán entendido de esta campaña electoral. Pero votan exactamente igual que yo, y como yo vuelven a casa con una bonita pegatina en el pecho que dice "I Voted".

En cualquier caso, sabíamos que esta iba a ser una jornada histórica. Ella sería la primera mujer. Él, el primer presidente que no es político. Ha sido una campaña larga, llena de golpes bajos, cotilleos y muy pobre en contenidos. Y eso que no solo se elegía nuevo presidente. También se elegía a los componentes del Senado, que constituye la llave maestra para sacar adelante las políticas presidenciales.

A las ocho de la tarde los llamados estados pendulares empezaban a anunciar sus veredictos. Florida, Carolina del Norte, Ohio, Virginia, Pennsylvania, Michigan han representado históricamente el eje de la balanza. El que gana allí acaba en la Casa Blanca. Aunque siempre hay que esperar hasta el final. Una cosa son las opiniones y proyecciones de los expertos, y otra lo que la gente secretamente ha decidido. Hoy vemos que muchos han votado a Trump aunque no lo digan.

Cada cinco minutos iba cambiando de la CNN a la FOX, de la sede de los sabios demócratas al borde de un ataque de nervios a la de los republicanos divididos e inesperadamente sorprendidos por los resultados que van llegando. Había que seguir esperando, y mientras esperaba pensaba en los diez últimos días que he pasado en mi país de origen, Italia, presentando mi libro, titulado precisamente “God Bless America”, donde también trato de abordar cuestiones de la política americana referentes a estas elecciones. Si hay algo que nadie entiende es cómo ha llegado Trump a donde está. Ni siquiera sus competidores republicanos han entendido cómo pudo ganar la nominación al son de “I will make America great again”, sin propuestas concretas sobre nada (aparte de la locura del muro) y con un mensaje aparentemente carente de contenido alguno.

Sin embargo, sí hay un contenido soterrado en Trump y es el rescoldo de un sueño americano que parece haberse marchitado entre la crisis económica, el empobrecimiento de las clases medias y los conflictos raciales e ideológicos. Los que han votado a Trump expresan confusamente la rebelión ante un sistema que de hecho ya no cree en este sueño. ¿Tendría razón Sanders al querer sustituirlo por su imagen de la socialdemocracia?

Lo cierto es que el resultado es totalmente distinto a los que los expertos y las encuestas predecían y predicaban hasta pocas horas antes. A su manera, América ha sorprendido al mundo, y también a sí misma. Unos ríen, otros lloran, y los analistas de profesión ya están manos a la obra intentando explicar lo que ha pasado, cuando ni ellos mismos lo saben, ni son capaces de entenderlo. Probablemente hasta los que han votado a Trump están ahora asustados, pues Donald era la respuesta equivocada a cuestiones reales.

A las dos de la madrugada comparece la responsable de la campaña demócrata, dando las gracias a todos e invitando a todos los presentes a que se vayan a dormir, pues dice que hasta por la mañana no se sabrá nada. Todo está hecho. Donald Trump es el 45º presidente de los Estados Unidos y por lo que parece Hillary esta noche no hará declaraciones. Otro signo de lo profundas que son las divisiones que separan a este país.

Empiezan las lecturas y las interpretaciones. Yo dejo el micrófono a los que se dedican a estas cosas. Pero un hecho está claro: Trump ha ganado. Ahora habrá que vivir con las consecuencias de esta victoria. Él, nosotros y el mundo entero. Hoy más que nunca, God bless America!

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>Entrevista a Javier Rupérez

'Produce escalofríos pensar en Trump como presidente. No sabe dónde está el mundo'

Fernando de Haro

Javier Rupérez, el que fuera embajador español en Washington en la época de Aznar, hombre de la transición y de la UCD, afincado en Estados Unidos desde hace años, asegura que la victoria del candidato republicano en las elecciones de este martes sería una catástrofe.

Los demócratas están intentando movilizar lo más posible el voto porque no las tienen todas consigo. ¿Se atreve a hacer un pronóstico?

Mi opinión es una más y no tengo la bola de cristal. Creo que va a ganar Hillary Clinton, lo digo con todo tipo de reservas porque efectivamente la situación en este momento es muy incierta. Creo que va a ganar Hillary Clinton, creo que va a conseguir por lo menos esos 270 compromisarios que son los que dan la presidencia. Este es mi pronóstico, también tiene algo de deseo. No es que la señora Clinton me produzca una emoción especial, pero creo que es el mal menor, lo de Trump sería una catástrofe desde todos los puntos de vista.

Una victoria de Clinton, ¿qué significaría para la política internacional? La candidata demócrata reivindicó la intervención de Bush en Iraq, reivindica una victoria en Siria sobre el ISIS sin contar con Rusia.

Básicamente significaría una cierta continuidad con respecto a lo que hemos conocido en los últimos dos o tres decenios: Estados Unidos sería, en la esfera internacional, un país previsible en sus comportamientos, un país que mantendría una cierta estabilidad con respecto a las normas del derecho internacional. La de Clinton sería una política exterior bastante más activa de la de Obama. Luego los detalles habría que examinarlos. A Hillary Clinton la situaría no tanto en línea con Obama, del que al fin y al cabo ha sido secretaria de Estado, sino con su marido. Y en cierto sentido también con la política exterior de Bush, con todas sus alteraciones.

¿Y con Trump? ¿Habría un acercamiento a Rusia o la relación de Trump con Rusia es circunstancial?

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'Produce escalofríos pensar en Trump como presidente. No sabe dónde está el mundo'

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Methol Ferré y aquellas consideraciones latinoamericanas sobre el Concilio y la reforma protestante

Alver Metalli

En el año 2007, poco antes de que comenzara la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida, Brasil –que fue inaugurada por Benedicto XVI y cerró Bergoglio con el documento de síntesis que ya anticipaba las grandes líneas de su pontificado–, el filósofo e historiador uruguayo Alberto Methol Ferré, bien conocido por el arzobispo de Buenos Aires y futuro Papa Francisco, reflexionó sobre la cumbre eclesial haciendo un aporte que se publicó en el libro “La América Latina del siglo XXI”. Publicamos un fragmento del capítulo “Apogeo y crisis de la modernidad”, considerando la pertinencia de las reflexiones que allí se hacen en relación con el viaje ecuménico a Suecia del Papa Francisco para la conmemoración de los 500 años de la Reforma, en consonancia con la aplicación del Concilio.

¿Cómo sintetizaría los grandes resultados del Concilio?

Con el Concilio, la Iglesia trasciende tanto la reforma protestante como la Ilustración secular. Los supera, en el sentido de que asume lo mejor de uno y de otro. Podemos también decirlo así: recrea una nueva reforma y una nueva Ilustración, que eran además las dos grandes cuestiones que habían quedado sin resolver, con las que nunca se habían cerrado verdaderamente las cuentas. Con el Concilio, la reforma y la Ilustración se vuelven, finalmente, algo del pasado, pierden sustancia y razón de ser, y realizan lo mejor de sí mismos en la intimidad católica de la Iglesia. La Iglesia, al asimilarlos, los anula como adversarios y recoge su potencia constructiva.

¿Qué significa que los asimila?

Para responder a todos los desafíos la Iglesia tenía que reasumir al conjunto de la modernidad, de la que se había defendido en el curso del proceso de descomposición de la vieja cristiandad medieval y barroca. Los rasgos fundamentales de la modernidad se llamaban reforma protestante e Ilustración secular. La Iglesia había dado algunas respuestas a una y otra, pero limitadas y, de algún modo, insuficientes, en el sentido de que había refutado y rechazado algunos elementos inaceptables de la reforma y de la Ilustración pero no había distinguido lo suficiente la verdad del error. Un error es poderoso, precisamente, por la verdad que encierra, y sólo se puede responder a él comprendiendo el núcleo de verdad que tiene dentro. Paul Samuelson dice con ironía que hasta un reloj parado afirma la verdad dos veces por día. En mi opinión, el Concilio Vaticano II supera la modernidad por primera vez, comprendiendo lo mejor de la reforma protestante y lo mejor de la Ilustración.

¿Qué es “lo mejor” de la reforma?

La afirmación del pueblo de Dios y del laicado como pueblo sacerdotal. En cierto sentido, la reforma fue una gran protesta laical contra el clericalismo. En el viejo mundo campesino, la Iglesia era el sector más ilustrado, y dentro de ella el clero era el componente más letrado; los religiosos sabían leer y escribir, copiaban libros, transmitían el conocimiento, entonces controlaban la herencia cultural del pasado y su transmisión, mientras el conjunto de la sociedad era en su mayor parte analfabeto. Se puede considerar que lo “mejor” de la reforma es una reivindicación de la participación activa del pueblo en la Iglesia; es el pueblo elevado a la condición de realeza y pueblo sacerdotal.

Pero la reforma terminará restándole valor al sacerdocio ministerial y esto la conducirá a poner en tela de juicio la jerarquía, la sucesión apostólica, la totalidad de la tradición de la Iglesia, abriendo el camino a interpretaciones múltiples y subjetivas de las sagradas escrituras, vistas y tratadas no como depositum fidei del pueblo en su conjunto sino como posesión de cada uno, en el sentido individual. Es así como la reforma protestante se atomiza en múltiples iglesias. Basta observar que el protestantismo no se difunde por un movimiento de despliegue sino por una multiplicación incesante de comunidades desconectadas entre sí. Hoy la multiplicación se produce en forma sectaria.

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>ENTREVISTA A RYAN TURNER

'Las redes sociales han contribuido a que no toleremos a la gente que no piensa como nosotros'

Ángel Satué

Ryan Turner fue delegado del senador Bernie Sanders en la Convención Nacional Demócrata, elegido en tercer puesto para representar a la región EMEA (Europa, Oriente Medio y África) de Democrats Abroad (sección oficial en el extranjero del Partido Demócrata). Ryan es ex presidente de Democrats Abroad en Madrid y ha sido profesor de Relaciones Internacionales y Gobierno de Instituciones en el Centro Universitario Villanueva adscrito a la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente Ryan vive en Milán, donde está ampliando sus conocimientos de la lengua italiana.  

El próximo 8 de noviembre el pueblo americano votará por Trump o por Clinton (o por la abstención). Probablemente sea una de las elecciones que más ha dividido a un país tradicionalmente unido por sus símbolos, entre ellos la figura casi mística y salvífica del presidente. Durante la campaña electoral, hemos escuchado insultos y descalificaciones personales entre los propios candidatos, sobre todo por parte de Trump. Éste tiene un estilo faltón y fanfarrón, que recuerda al Mussolini de los años 30 y puede que tenga el mismo respeto por las formas democráticas que éste pues puede hasta que no reconozca el resultado electoral. Hillary, por su parte, también es parte de la élite norteamericana. Sobre ella recae la sospecha de conductas inapropiadas para la seguridad nacional, o el papel de la Fundación caritativa Clinton que, según los medios de comunicación, habría recaudado unos 2.000 millones de dólares desde su creación, y se le acusa de ser un vehículo del tráfico de influencias de la pareja Clinton. Este es el panorama.

¿Es posible trabajar por la generación de espacios de encuentro, diálogo y colaboración en EE.UU., o el pueblo americano ha quedado dividido para siempre?

El pueblo americano también está definido por su capacidad de cambiar y de evolucionar. Tanto para lo bueno como para lo malo. Desde el derribo del candidato Bernie Sanders en la convención nacional, varias organizaciones han estado trabajando para crear espacios y proyectos de colaboración para promover el espíritu progresista. Grupos como Democracy for America, Our Revolution and Brand New Congress están trabajando a fin de crear espacios de diálogo para militantes y simpatizantes de todos los partidos, para avanzar ideas progresistas y renovadoras. Democrats Abroad trabaja mucho más allá de las fronteras del país, para organizar eventos, charlas y sesiones para que los americanos fuera del país se puedan informar, votar y participar de manera activa en el diálogo sobre el futuro de EE.UU.

¿Cómo se puede recomponer un país que, no olvidemos, ha estado en varias ocasiones al borde del precipicio fiscal y de no poder aprobar o prorrogar sus presupuestos federales por falta de entendimiento entre sus representantes, y en el que vecinos, familias y compañeros de trabajo se han dejado de hablar por motivos políticos?

La historia de EE.UU. siempre ha sido un reto. Con sus raíces fundadas en la esclavitud, el desplazamiento de millones de personas indígenas y su eventual devastación, nuestra historia está llena de tristeza, pero también es una historia marcada por la perseverancia y el progreso. Estados Unidos es un país marcado por extremos que, debido a su diseño, hace que el progreso se realice siempre y cuando los extremos se junten en el medio y avancen poco a poco. Es decir, la hiperpolarización ha sido una característica de nuestra política desde la concepción de EE.UU. como país: proindependentistas contra promonárquicos, proesclavos contra antiesclavos, pro derechos civiles contra nacionalismo blanco, etc. Desde la lente macro es difícil sacar el contexto de todo eso. Sí, parece horrible que vecinos, familias y compañeros de trabajo se hayan dejado de hablar por motivos políticos, pero no olvidemos que hace muy poco la misma gente no se hablaba por motivos raciales, culturales o religiosos. Una parte de esa división está directamente relacionada con el ambiente creado por las propias elecciones, pero las cosas siempre se calman después de una elección presidencial. Esperemos que la gente se pueda apaciguar y asumir el resultado de las elecciones gane quien gane.

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'Las redes sociales han contribuido a que no toleremos a la gente que no piensa como nosotros'

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América Latina pide más unión política y económica

En América Latina, el 77% de la población está a favor de una mayor integración económica, el 60% considera que también es positiva una coordinación política más estrecha entre los Estados de la región pero desconfía de los gobiernos, a los que considera incapaces de proponerse tales objetivos. Paraguay, Uruguay y Venezuela son algunas de las naciones sudamericanas que más apoyan la integración económica regional (con 85, 87 y 89 por ciento, respectivamente). En Guatemala y Brasil, la aprobación baja al 59 y 66%, pero sigue siendo ampliamente mayoritaria. Estos fueron los resultados de un estudio realizado en 18 países en base a 20.204 entrevistas que llevaron a cabo dos instituciones de peso en el continente, el Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (INTAL) y la agencia Latinobarómetro, que realiza un sondeo regional periódico.

El informe final, titulado “El ADN de la integración regional”, revela, para sorpresa de los encuestadores, que «en la región, la integración recibe apoyos máximos del 89%, reflejando la clara vocación integracionista de muchos países, y marcando una característica distintiva en relación con otras regiones. En un mundo donde las tendencias proteccionistas cobran protagonismo, los latinoamericanos apuestan por la integración». En Brasil, hace notar el informe que acompaña los resultados del estudio, el apoyo a la democracia ha bajado 22 puntos, alcanzando el mínimo histórico del 39 por ciento, mientras el 66% de los interpelados declara que apoya la integración económica de su país con otros.

El segundo dato que provocó sorpresa en los encuestadores es que el 71% de la población de América Latina declara estar a favor de las inversiones extranjeras. Los latinoamericanos creen, incluso en contra de la opinión de algunos de sus gobernantes, que el capital extranjero beneficia a la economía nacional, mientras solo el 15% afirma que lo considera perjudicial.

América Latina pide más unión política y económica

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Viene de Venezuela el nuevo 'Papa negro'

Luis Badilla

Fue una verdadera sorpresa la elección del jesuita Arturo Sosa Abascal como 30º sucesor de san Ignacio de Loyola. Lo primero que llama la atención es que sea latinoamericano, un venezolano, y que en varios momentos su biografía es muy semejante a la de Jorge Mario Bergoglio. Muchos esperaban un italiano o un asiático y casi nadie había pensado en un jesuita de América Latina. El nuevo responsable es el primer latinoamericano desde la fundación de la Compañía en 1540, y todos le reconocen dos cualidades fundamentales: gran capacidad de escucha y gran capacidad de discernimiento.

A primera vista también resulta sorprendente que se haya elegido a un sacerdote cuya formación intelectual y política es muy sólida, profunda y extensa. Sus hermanos han dicho siempre que él “sabe leer el mundo”. Eso hace pensar que los jesuitas han elegido un nuevo Superior General no solo para gobernar la Compañía sino también para leer el mundo, su presente incierto, insidioso y turbulento, y sobre todo para leer los signos de los tiempos y de la esperanza.

El padre Sosa, fundado en una reconocida espiritualidad, ha dedicado gran parte de su vida a estudiar el poder y sus mecanismos, no solo porque considera que es la forma más alta y noble de servicio, como a menudo recuerda el Papa Francisco, sino también porque el poder es precisamente el embudo que puede facilitar u obstaculizar las aspiraciones humanas a la libertad, la dignidad y la realización de las personas y de los pueblos. Muchas de sus reflexiones se acercan notablemente a la visión de pueblo que tiene Francisco y como hijo de América Latina su sensibilidad en el ámbito de los derechos es particularmente aguda, a flor de piel.

La elección del padre Sosa, el primer responsable no europeo en cuatro siglos, con toda probabilidad marca también un cambio de rumbo en la Compañía de Jesús. Por una parte, parece implicar que los jesuitas se encaminan hacia una fidelidad sólida con el destino del papado pero conservando al mismo tiempo una autonomía afable, capaz de marcar también desacuerdos o visiones alternativas. El Papa Francisco tendrá en el padre Sosa un apoyo sólido y leal, como siempre hicieron los jesuitas con los Papas (a los que, como es sabido, están unidos de una manera especial), y al mismo tiempo una voz autorizada de referencia.

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>Colombia

¿Qué será de la anunciada visita del Papa en 2017?

Luis Badilla

Sobre la posible visita del Papa Francisco al pueblo y a la Iglesia de Colombia, anunciada extraoficialmente para el primer trimestre de 2017, mucho se ha escrito y varios prelados colombianos, políticos y representantes de la sociedad civil la apoyan decididamente e insisten en decir que, de todos modos, esta visita no depende del referendo del 2 de octubre, la consulta popular en la cual la mayoría del 40% de ciudadanos que ejerció su derecho al voto rechazó el Acuerdo de paz entre el gobierno y la ex guerrilla de las Farc, firmado el 26 de septiembre anterior.

Sin perder de vista que es el Papa y solo él quien toma la decisión, vale la pena recordar que las condiciones que requiere una visita de Francisco se han complicado y enturbiado bastante. Es decir que para la pregunta ¿irá el Papa a Colombia?, a la luz de lo que conocemos públicamente, solo puede haber una respuesta: depende.

Desde que se anunció que se había logrado un Acuerdo definitivo entre el gobierno de Bogotá y las Farc, el 4 de septiembre, el Papa Francisco subrayó siempre una cuestión: debe ser un acuerdo “blindado” (palabra usada por el mismo Francisco), es decir verdaderamente serio, definitivo y cristalino. De sus palabras se puede deducir que el Santo Padre siempre consideró que un acuerdo de este tipo estaba y sigue estando rodeado de insidias, y en consecuencia el blindaje significa concretamente que es irreversible. Y tal como se ha visto tras la firma del documento y sobre todo después del referendo del 2 de octubre pasado, esa irreversibilidad es inestable y precaria.

El primer elemento de inestabilidad es conocido: el resultado del referendo. El 40% del cuerpo electoral, puesto ante el “sí” o el “no” al Acuerdo, dijo que “no”, pese a que solo hubo una diferencia de 60.000 votos. La incertidumbre y la desorientación que cundió en el ámbito político y en la opinión pública como consecuencia de ese veredicto no terminaron en algo peor gracias a la firmeza del presidente Santos y los dirigentes de la ex guerrilla. La reacción inmediata de ambas partes fue clara: seguiremos buscando la paz y un acuerdo irreversible, y mientras tanto, el alto el fuego se confirma como una decisión definitiva. Ahora se ha vuelto a la negociación, en realidad a dos negociaciones. En La Habana, de conformidad con el resultado del referendo, el presidente Manuel Santos –quien entre tanto ha recibido el premio Nobel de la Paz 2016– debe poner nuevamente en marcha las negociaciones con la ex Farc. Al mismo tiempo, debe también negociar con los líderes del “no” y en particular con Álvaro Uribe, a quien le estrechó la mano hace pocos días después de seis años sin ningún tipo de comunicación. El ex presidente Uribe, un político que siempre estuvo convencido de que la vía militar es la única manera de derrotar la lucha armada, es la persona con la cual Santos debe tratar de entender qué desean renegociar. Ahora ya no son dos partes, sino tres.

Los observadores y expertos que siguen de cerca este espinoso nuevo dossier consideran que las cosas se pueden complicar mucho, porque piensan que en gran medida las exigencias de Uribe no serán fáciles de aceptar para la ex guerrilla. La renegociación podría alargarse mucho y probablemente deba superar momentos muy delicados y críticos. No parece que la cuestión se pueda resolver en seis meses. Desde fuera, observando y analizando con atención lo que está ocurriendo, no se ven las condiciones mínimas para una visita del Papa en lo inmediato. Considerando las palabras del Papa Francisco, no parece probable que pueda visitar un país sin guerra y sin paz, donde todavía se está negociando.

De todos modos, no hay que olvidar que el Papa Francisco sabe moverse muy bien en situaciones que aparentemente no tienen salida.

>Colombia

¿Qué será de la anunciada visita del Papa en 2017?

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Un 'horror show' que aumenta los indecisos

Riro Maniscalco

Se daban todas las premisas necesarias para una velada desastrosa. Entre los comentarios sexistas de Trump y el alma de Clinton vendida a Wall Street, lo que la gente esperaba de este segundo debate presidencial era un combate de golpes bajos. La única duda era si habría tiempo para otra cosa. Todos sabemos lo fácil que es quemar a cualquiera a fuerza de airear sus miserias. En una lucha leal, como enseña el noble arte, los golpes bajos están prohibidos. Pero en política no. En política, el golpe bajo puede noquear al adversario, pero lo que nunca podrá hacer es dar credibilidad a quien lo da. Y así fue.

Al menos durante la primera media hora no se vieron golpes por encima de la cintura. Los “moderadores” empezaron poniendo a Trump entre las cuerdas con el famoso video que nos ha acompañado todo el fin de semana. Mujeres, sexo y poder. Donald parecía un púgil acosado en el ring, contra las cuerdas, pero al menos esta vez se había preparado algo: el tono de su voz. Se le oía sosegado, comedido, relajado, casi no parecía él. Y con ese tono, nada más disculparse por esas palabras “en caliente”, se lanzó al contrataque desempolvando las penosas memorias de la familia Clinton. No las palabras (como en su caso) sino las relaciones extraconyugales de Bill. En primera fila, las presuntas víctimas del ex presidente hacían que la sala se pareciera más a un “tribunal moral” que a una universidad.

A los treinta minutos, un elector cualquiera como yo se preguntaba si es posible que América tenga que contemplar un “horror show” de este tipo para decidir quién será el nuevo presidente, aquel cuyas mentiras, engaños, tejemanejes y abusos parezcan menos tolerables que los de su adversario.

Después de hablar de sexo y correos electrónicos, por fin llegó lo demás, pero con la música de siempre. Sanidad pública, con una que quiere mejorar el ObamaCare y otro que lo quiere suprimir; impuestos, que si subirlos para ganar en justicia social, o bajarlos para relanzar la economía; islamofobia, inmigración, Siria, poquísimas ideas y muy confusas. Hillary, sin duda más articulada que Trump, parecía un poco más viva y animada que de costumbre, pero no fue capaz de dar la estocada y aprovechar las infinitas deficiencias de su contrincante.

Cuanto más hablaba Trump, más salían a la luz sus puntos débiles. Estos días, la mitad de su partido republicano lo ha desautorizado insistiendo en su retirada. Pero si no se retira él, nadie podrá quitarlo de ahí. Luego, la incapacidad de Hillary para ensanchar las grietas de su oponente la hacía parecer más débil que él. En vez de aprovecharse de un partido que se levanta contra su candidato, fue Trump quien echó en cara a Hillary el espectro de Sanders aceptando llegar a “pactos con el diablo”.

Cuando Clinton citó a Abraham Lincoln y su acción política para llevar adelante la enmienda número 13 (la que abolió la esclavitud) como inspiración para el balance de principios y estrategia, él respondió que los padres fundadores debían revolverse en su tumba al oírla. Sobre Siria y el régimen de Assad, la acusó de no tener ni idea de quiénes son los rebeldes a los que quiere apoyar. Cada vez que Trump no conseguía contenerse, su tono de voz se iba elevando, interrumpiendo a la adversaria, lanzando sus habituales monosílabos tan ácidos.

Estoy seguro (y sin duda no soy el único) de que hoy por hoy cualquiera de los numerosos rivales apartados por Donald Trump en el largo camino de las primarias (Jeff Bush, Rubio, Kasich e incluso Cruz) podría ser mejor. Igual que entre los demócratas podría haber prevalecido el sueño socialdemócrata americano si el partido no se hubiera limitado a la pecera con Hillary.

Los dos candidatos volvieron a convencer a los que ya estaban convencidos. Ni siquiera el formato del debate, con los candidatos rodeados de electores oficialmente “indecisos”, consiguió remover las aguas. Hillary confortó a sus fieles, Trump probablemente contuvo la hemorragia interna de su partido. Y eso es lo que hay.

Un 'horror show' que aumenta los indecisos

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>Entrevista a Juan Sebastián Vargas (Colombia)

'Después de la barbarie de la guerra, las víctimas desean otra cosa'

Elena Santa María

¿Qué le parece que Juan Manuel Santos sea reconocido con el Nobel de la Paz?

Me parece que el Nobel para Santos es un premio político y no se debe a los resultados obtenidos puesto que hemos visto que el proceso de paz en Colombia aún no ha finalizado (la mayoría del NO en el plebiscito muestra que no hay pleno consenso en la sociedad). Esperamos que este premio sirva para dar celeridad a las soluciones que están concertando entre las diferentes partes.

En los departamentos donde más daño ha hecho la guerrilla ha triunfado el SÍ. ¿Cómo se explica esto? ¿Por qué las víctimas perdonan?

No es totalmente cierto porque en Arauca y Meta (regiones afectadas por el conflicto) ganó el NO. Sin embargo podemos decir que existe un cansancio con respecto al conflicto en las poblaciones afectadas y por esto pienso que han votado SÍ. También es cierto que uno de los ejes de los acuerdos es el desarrollo rural integral que es positivo para las regiones afectadas. No sé si el perdón sea algo generalizado pero es cierto que, después de haber visto la barbarie de la guerra, las víctimas desean otra cosa.

Una de las razones del triunfo del NO es el miedo a que Timochenko pudiera llegar al Gobierno e instalar un régimen parecido al venezolano. ¿Es real esta posibilidad?

La posibilidad de que Timochenko sea presidente es real según los acuerdos en su estado actual. Este es uno de los temas en discusión entre los defensores del NO y del SÍ que deben resolver rápidamente: que los responsables de crímenes de lesa humanidad no puedan ser elegidos. Sin embargo la posibilidad de que Timochenko gane las elecciones es remota dado que las FARC no tienen apoyo popular. Es más realista decir que en las regiones de influencia de las FARC es muy probable que los gobiernos locales puedan ser tomados por las FARC como partido político.

En un artículo publicado por El País, Joaquín Villalobos decía que "el empate del referéndum obliga a que los político se reconcilien para detener y revertir la polarización" y añadía que la guerra ha concluido y ha comenzado la política. Teniendo en cuenta esta afirmación, ¿qué va a pasar ahora en Colombia?

En este momento los acuerdos entre el Gobierno y las FARC no tienen validez jurídica porque el NO ganó en el plebiscito. Este hecho obliga a generar consensos entre el gobierno y los defensores del NO para lograr una salida. El intento actual es el de llegar a una lista de puntos por corregir en los acuerdos, estos puntos serán remitidos a la mesa de negociación que intentará, a su vez, modificar los acuerdos de paz firmados. No será fácil porque las FARC tendrán que estar de acuerdo. Yo supongo que una vez modificados los acuerdos, se convocará a un nuevo plebiscito.

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'Después de la barbarie de la guerra, las víctimas desean otra cosa'

Elena Santa María | 0 comentarios valoración: 2  16 votos
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