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19 NOVIEMBRE 2017
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Una belleza más fuerte que el odio

Aliosha Miranda

«La belleza salvará al mundo» escribió Dostoievski. Sí, pero ¿qué belleza? ¿Qué belleza tiene el poder de pararse frente al mal y redimirlo? ¿Qué belleza puede salvar a Venezuela? ¿Qué nos puede salvar, entre otras cosas, de toda la violencia, la inseguridad y el odio que hay en el país?

La inseguridad en Venezuela es terrible: si se comparan cifras del Observatorio Venezolano de Violencia con cifras del Iraq Body Count, se observa que el número de muertes violentas entre 2011 y 2016 que hubo en Venezuela es similar al número de muertes de civiles que hubo en la guerra de Iraq entre 2003 y 2011. En mi país hay tantas muertes como en una guerra, se ha vuelto común que un amigo te sorprenda con una noticia diciéndote que mataron a alguien cercano, en mi país da rabia ver cómo tantas vidas se pierden en manos de la inseguridad y que nuestros gobernantes no mueven un dedo para afrontar este problema. Además, la impunidad es impresionante, aquí sabes que si le das un tiro a una persona lo más probable es que no te vaya a pasar nada; el sistema judicial es inútil; el Poder Judicial no hace nada en contra de quienes asesinan, pareciera que su única función es inhabilitar y apresar dirigentes opositores.

Y lo peor de todo: ¿cómo podemos consolar a todas las personas que han sufrido en carne propia este flagelo? A esa madre que con el corazón destrozado debe enterrar a su hijo, a ese hijo que con el corazón destrozado debe enterrar a su madre, a esas personas que ven a los asesinos de sus seres queridos cometiendo más fechorías mientras la asamblea nacional constituyente programa otra elección fraudulenta, promulga una palurda ley contra el odio y busca la manera de apresar a otro líder opositor. A esas personas en las que el rencor puede ser algo totalmente comprensible. ¿Qué se les puede decir? ¿Cómo pararse frente a esas personas, mirarlas a los ojos y decirles “no sientas odio hacia el que te ha hecho daño”? Pareciera imposible, incluso injusto, hacer algo así. ¿Cómo podemos evitar que el odio en el país se convierta en una espiral de violencia sin fin?

En una situación como esta uno podría pensar que la belleza no tiene nada que hacer, pareciera absurdo e idealista pensar que el origen de la solución a los problemas en mi país esté en la belleza. Pareciera que frente al odio y el rencor la belleza no tiene nada que hacer.

Sin embargo, Dostoievski también vivió situaciones dramáticas, basta decir que fue apresado y condenado a muerte injustamente, pero no dudó al escribirlo: «La belleza salvará al mundo».

Sí, pero ¿qué belleza? ¿Qué belleza es más fuerte que el odio? Para estas grandes preguntas, la organización “Caracas mi convive” ofrece una respuesta, ellos testimonian que esta belleza tiene un nombre concreto: el perdón.

Una belleza más fuerte que el odio

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Votantes decepcionados (y enfadados) que pueden acabar con Trump

Carl Larky

La actual crisis política en Estados Unidos va más allá de las controversias sobre Donald Trump y afecta a aspectos más generales, que llegan incluso al escenario europeo. Un primer problema viene del riesgo de violar ese principio fundamental para la democracia estadounidense, y en general para la democracia, que es el juego de equilibrios entre los diversos poderes del Estado, legislativo, ejecutivo y judicial. Aunque está bajo ataque constante y por muchos motivos resulte un presidente cojo, sus casi nueve meses de mandato han visto 51 órdenes ejecutivas, un número claramente superior en comparación con los emanados, en el mismo periodo de tiempo, de todos los presidentes que le han precedido en los últimos sesenta años. En concreto, dobla los de Barack Obama.

Otra polémica es la surgida con motivo del asesinato de cuatro soldados americanos en Níger, en una emboscada yihadista a principios de octubre. A pesar de la presencia en el país africano de al menos 800 militares estadounidenses, varios senadores han declarado no ser conscientes de ello, incluidos ciertos “halcones” republicanos. En cambio, el Pentágono y la Casa Blanca afirman que informaron debidamente al congreso. La polémica recuerda a la que hubo contra Obama por intervenir en Libia sin aprobación parlamentaria. En varios países europeos, la percepción de la presencia de los propios militares en el extranjero también parece estar un poco ofuscada y tampoco parece adecuadamente discutida en el Parlamento.

Tanto el partido republicano como el demócrata están atravesando crisis profundas en su seno y con sus respectivos votantes. En el partido demócrata, Hillary Clinton se enfrente a las acusaciones de haberse hecho de manera inapropiada con el control del comité nacional del partido, perjudicando gravemente a Bernie Sanders, su adversario en las primarias. Vuelven a la palestra las modalidades poco ortodoxas con que gestionó informaciones reservadas cuando ocupaba la secretaría del Estado. También se está movilizando el mundo feminista que, huérfano tras la derrota de Clinton, parece haber encontrado nueva candidata en la senadora Elizabeth Warren, punta de lanza del ala progresista del partido demócrata. Warren podría entrar en la lista de posibles candidatos demócratas a la presidencia, junto al exvicepresidente Joe Biden y Sanders. En la fecha natural de 2020 o incluso antes, si consiguieran hacer dimitir a Trump.

La presencia nada desdeñable en la escena política de personajes como Warren y Sanders es indicativa de un desplazamiento a la izquierda entre los demócratas, algo que parece interesar más a los electores que al partido. La dirigencia y el aparato todavía parecen estar alineados detrás de Clinton y Obama y una parte del electorado les acusa de estar más interesados en Wall Street que en Main Street.

Votantes decepcionados (y enfadados) que pueden acabar con Trump

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Tras los resultados de las elecciones

Aliosha Miranda

Es evidente que la coalición opositora en ningún momento se planteó este escenario, en ningún momento la oposición se preguntó: «¿Qué hacemos si el régimen hace trampa y se queda con la mayoría de las gobernaciones? ¿Cómo podemos demostrar ese hipotético fraude? ¿Cómo podemos usar esta trampa a nuestro favor para dejarlos en evidencia frente al mundo?». La oposición nunca pensó en una derrota en las elecciones, estaban seguros de que no había manera de que el régimen los venciera en una contienda electoral; y así fueron a los comicios, sin un plan de acción, sin una estrategia, sin una respuesta ante una astuta trampa de parte del gobierno.

Esto fue un grave error, un gravísimo error, y los errores, sobre todo en la política, se pagan muy caro. Cerca de las 10 de la noche se anunciaron los resultados que confirmaban una aplastante victoria del chavismo sobre la oposición, eso que nadie se había imaginado, eso que ninguna encuestadora había predicho, ese escenario que ningún líder opositor se planteó era la realidad que teníamos en ese momento.

Luego de los resultados de las elecciones había un pensamiento común en los venezolanos: «esperemos las declaraciones de la oposición». Pasaban los minutos, minutos que se convirtieron en horas y la oposición seguía en silencio, tuvimos que esperar hasta la madrugada del día siguiente para escuchar una desanimada denuncia de fraude que no tenía ninguna prueba. Evidentemente, los líderes opositores estaban tan sorprendidos como los venezolanos por los resultados de esa noche, quizás aún más.

Lo que siguió a esto fue una total fractura de la oposición en el país. Lo que hace algunos meses se conocía como la Mesa de la Unidad Democrática ya no existe, es una organización que ahora tiene muy poca credibilidad de parte de los venezolanos; y es que luego de las elecciones los gobernadores opositores electos prometieron no arrodillarse ante la fraudulenta asamblea nacional constituyente, sin embargo el pasado 23 de octubre, tras varias amenazas de parte del gobierno, cuatro de los cinco gobernadores opositores acudieron a este ente espurio para juramentarse, violando así la Constitución de Venezuela una vez más. Luego de esto, luego de ver a quienes prometieron enfrentar al gobierno arrodillarse ante él, la confianza en la oposición está por los suelos, las personas que quieren un cambio en el país se sientes huérfanas de un líder con fuerza y credibilidad. Por si fuera poco, durante el último mes hemos visto a Henrique Capriles atacando públicamente a Ramus Allup, hemos visto a María Corina Machado y a Raúl Almagro criticando a quienes decidieron participar en las elecciones, a partidos políticos enteros diciendo que no volverán a participar en comicios electorales con las condiciones actuales; en fin, hemos visto cómo la oposición se consume a sí misma mientras el gobierno consigue aquello por lo que ha luchado durante los últimos años: tiempo.

Tras los resultados de las elecciones

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Elecciones en tiempos de dictadura

Aliosha Miranda

Cerca de las diez de la noche del pasado 15 de octubre Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), se dirigió al país para anunciar los resultados de las elecciones regionales en Venezuela. Sí, Tibisay Lucena, esa que ha sido víctima de sanciones internacionales por sus atentados contra la democracia en el país, esa que apoya abiertamente el régimen de Nicolás Maduro, esa que pasó un año impidiendo el referéndum revocatorio pero aprobó las elecciones para la constituyente en cuestión de días, auspiciando así el mayor fraude electoral de nuestra historia; repito, esa que auspició el mayor fraude electoral de nuestra historia es la principal responsable de garantizar la transparencia en los procesos electorales del país.

Así de adversas están las cosas para los dirigentes opositores, pensemos un poco antes de destruirlos con nuestras críticas emocionales.

Los resultados anunciados por esta funcionaria pública fueron contrarios a lo que todas las encuestas y las expectativas predecían antes de las elecciones: con un 61,2% de participación, de los 23 estados del país el chavismo se adjudicó 17 gobernaciones mientras que la oposición solamente logró cinco, quedando así una gobernación en proceso de escrutinio. Estos resultados generan mucha suspicacia; minutos antes de los anuncios de Lucena la dirigencia opositora había advertido al país y a la comunidad internacional: los resultados de la elecciones serían fraudulentos, además, según un estudio liderado por el economista Omar Zambrano, para este índice de participación la oposición se acreditaría al menos 12 gobernaciones y, por otro lado, cuesta pensar que un pueblo que está pasando por todas las vicisitudes que atraviesa Venezuela, un pueblo que estuvo cuatro meses en la calle pidiendo un cambio, un pueblo que muere porque no hay comida ni medicinas, dé su apoyo a un gobierno que, en primer lugar, es el gran responsable de esta situación y además no hace nada por encontrar una solución.

Aquí no podemos dejar de mencionar todas las irregularidades que hubo antes del proceso electoral llevado a cabo el 15 de octubre: los candidatos oficialistas prácticamente tenían financiamiento del Estado para realizar sus campañas electorales, llevaban bolsas de comida a la población para comprar sus votos, dos días antes de las elecciones el CNE cambió de su centro electoral a cerca de un millón de personas arbitrariamente. Todo esto hace pensar que las elecciones del 15 de octubre no son más que un fraude. Es como si las elecciones fueran una fachada con la que el régimen sólo busca un poco de credibilidad internacional para poder encontrar financiamiento que les permita seguir pagando la deuda externa en los plazos fijados. Pareciera que las leyes son sólo una construcción más que la dictadura ha hecho para mantener su mentira frente al mundo.

Sobre esto, debo decir dos cosas.

Elecciones en tiempos de dictadura

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Venezuela hoy

Aliosha Miranda

Oliver Sacks decía: «lo mejor que podemos hacer es escribir –inteligentemente, creativamente, evocativamente– acerca de cómo es vivir en la realidad en que vivimos». Pues bien, cuando se viven tiempos como los que se viven hoy en Venezuela es necesario contar el drama que se vive, no para quejarnos y sentarnos a llorar, sino para que se evidencie el sinsentido que una ideología puede traer a un pueblo entero, para que el sufrimiento humano nos ayude a salir de la banalidad irritante en que vivimos, para dejar claro que la esperanza de la vida no puede estar en un proyecto político, para ver los terribles resultados que puede traer el odio hacia el otro.

Sin embargo, no es fácil.

No es fácil contar lo que pasa aquí. La situación nos ha llevado a ver situaciones humanamente horribles, genera tanto dolor todo lo que se está viviendo en mi país que resulta difícil ver a Venezuela hoy sin que te invada una sensación de tristeza.

Es difícil ver a Venezuela hoy.

Es difícil ver que se fue la luz y dos bebés murieron.

Sí, eso fue lo que pasó el pasado 19 de septiembre en la Maternidad Concepción Palacios de Caracas. Se fue la luz en la madrugada, cerca de la 1:00 AM, la planta eléctrica dispuesta para casos de emergencia no funcionó y el hospital quedó a oscuras; y esto bastó, esto fue suficiente para que dos bebés que estaban en cuidados intensivos perdieran la vida. Así de mal están los hospitales en este país. No, no hace falta un terremoto, una epidemia o una catástrofe, sólo hace falta que la luz se vaya. No, no fue ineficiencia de los médicos, ellos hicieron lo que pudieron, se fue la luz y ni siquiera la planta servía. El sistema de salud que ofrece la dictadura es tal que basta un apagón para destrozar el corazón de dos madres, para negarles la posibilidad de ver crecer a sus hijos y educarlos.

Algunos días después, el 27 de septiembre, Germán Rojas, miembro de la directiva nacional de la Sociedad de Pediatría, informó que hasta el 16 de septiembre habían fallecido 198 neonatos solamente en el estado Nueva Esparta. Es difícil recordar que en mayo del presente año el Ministerio de Salud (cifras oficiales) admitió que 11.466 recién nacidos murieron durante 2016 y que lo más probable es que este año la cifra aumente. Pareciera que en Venezuela ya no existe el derecho a nacer, es como si la dictadura estuviese empeñada en quitarles el derecho a la vida a nuestros bebés.

Es difícil ver a la gente buscando comida en la basura.

Venezuela hoy

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Venezuela. Sed de libertad

Aliosha Miranda

¿Qué se puede decir sobre la libertad? ¿Qué se ha dicho sobre la libertad?

«El mayor don que Dios, en su liberalidad, nos hizo al crearnos, como más conforme a su bondad, y el que más aprecia, fue la libertad». Así le dice Beatriz a Dante en el V canto del Paraíso. Para el poeta italiano, la libertad es el mayor don que Dios nos ha dado. Por su parte, el Ingenioso Hidalgo le dice a su noble escudero: «La libertad, Sancho, es uno de los dones más preciosos que a los hombres han dado los Cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra, ni el mar encubre. Por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida». Según el Quijote, debemos aventurar la vida por la libertad. Por su parte, el entonces cardenal Ratzinger, un hombre que vive en un contexto mundial muy distinto al de Cervantes y Dante, dice: «en la conciencia actual de la humanidad la libertad aparece en gran medida como el bien supremo por excelencia».

La libertad es el mayor don, se debe aventurar la vida por ella, es el bien supremo por excelencia.

Ahora bien, desde que se instaló la asamblea nacional constituyente (minúsculas adrede) se ha perdido cualquier vestigio de democracia en Venezuela, la dictadura no ha hecho más que perseguir al que piensa distinto, perseguir a una fiscal incómoda que tiene pruebas de corrupción, crear controles económicos que son sencillamente ridículos y que agravan la situación y, por si fuera poco, el pasado 18 de agosto la asamblea nacional constituyente asumió las competencias de la Asamblea Nacional. Pareciera que el gobierno tiene control sobre todo, que tiene control sobre todo lo que pasa en el país y que se hace únicamente lo que ellos desean, no pasa nada sin que ellos lo permitan o sin que se den cuenta. Es como si en este país no hubiese espacio para la libertad.

Sin embargo, en medio de este contexto dictatorial en el que falta la libertad, en Venezuela han resonado dos grandes palabras: diálogo y elecciones.

Con respecto al diálogo, vimos que el ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Yves Le Drian, anunció el 12 de septiembre que se retomaría el diálogo entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición venezolana. Aquí, es necesario observar lo que ocurrió días antes.

A principios de septiembre Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, y otros miembros de la oposición iniciaron una gira por Europa para denunciar la situación venezolana, los dirigentes venezolanos fueron recibidos por varios de los políticos más importantes del viejo continente.

Venezuela. Sed de libertad

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Es difícil decir cuánto más grave sería la situación

Aliosha Miranda

Durante los últimos cuatro meses la situación de Venezuela ha resonado en todo el mundo. Todo occidente y varios países de Asia se han pronunciado formalmente sobre la crisis que azota a la nación. La miseria, la pobreza, la gente que busca comida en la basura, los bebés que mueren en los hospitales por falta de insumos, los miles de venezolanos que huyen del país, las protestas y la crueldad de la dictadura venezolana, todo esto se ha escuchado en todo el mundo. La situación es grave, muy grave. Todos se han conmovido, al menos por un instante, ante la terrible destrucción que una ideología puede traer.

Todos se han conmovido.

Esta crisis genera situaciones de miseria, la miseria genera una triste conmoción; esta tristeza a veces se convierte en rabia, otras veces en desesperanza -tantas veces vemos rostros quebrados ante lo que sucede en mí país- pero otras veces, en ocasiones excepcionales, la tristeza se convierte en movimiento, en un movimiento capaz de responder a la miseria que hay en la realidad, un movimiento capaz de atender las necesidades del pueblo, un movimiento de esperanza.

En ocasiones, la tristeza genera un movimiento de esperanza.

Soló por poner un ejemplo. El pasado 12 de junio, en medio de fuertes manifestaciones y una brutal represión, en medio de días tristes, leímos una buena noticia: el programa Alimenta la Solidaridad de Roberto Patiño inauguró, ese día, su octavo comedor; cientos de niños se benefician de esta iniciativa, cientos de niños caraqueños pueden comer gracias a este joven que alimenta la solidaridad.

Sobre su golpeada Checoslovaquia Havel decía algo que hay que decir sobre Venezuela: «Es difícil decir cuánto más grave sería la situación si no hubiera continuamente una infinidad de hombres laboriosos, que simplemente no pueden evitar comprometerse a hacer lo mejor que pueden lo que se puede hacer». Pues bien, es necesario que el mundo también conozca a estos venezolanos laboriosos, no para que se olvide la triste y dramática realidad que esta dictadura está haciendo vivir al pueblo, ¡no! No hay que olvidar lo que se vive, sino constatar que en medio del dolor brilla el trabajo de muchas personas que, siguiendo su vocación, siguiendo el llamado de la realidad, son capaces de generar espacios que atienden las necesidades del pueblo, son capaces de generar esperanza en medio del sufrimiento.

Havel decía: «es difícil decir cuánto más grave sería la situación», y sí, es difícil decir cuántos niños más hubiesen muerto sin el trabajo de Ana Isabel Otero. Esta mujer y su fundación Comparte por una Vida están abasteciendo de fórmula láctea a más de 30 centros de salud en todo el territorio nacional, su proyecto está muy lejos de ser una improvisación, ya tiene más de un año funcionando y siguen trabajando para seguir creciendo, siguen trabajando para que más niños puedan tener alimentos. En una entrevista, la fundadora afirma: «no puedo saber que un niño no está comiendo, que se puede morir de hambre y no hacer nada». Desde Alejandro Sanz y Marc Anthony hasta venezolanos sencillos que quieren hacer más y criticar menos, toda clase de personas se ha sumado a ayudar a la iniciativa de Ana Isabel Otero que, según una nota de prensa de Noticias al Día, está dando alimentos a al menos 15.000 bebés.

Es difícil decir cuánto más grave sería la situación

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>Editorial

Venezuela: un cambio que puede tardar

Fernando de Haro

La palabra dictadura ha dejado de ser una metáfora para describir lo que sucede en Venezuela. El inicio de los trabajos de la falsa Constituyente, la destitución de la fiscal general Luisa Ortega -una de las pocas voces libres del chavismo que se alzaba todavía contra Maduro-, el modo en el que los opositores Leopoldo López y Antonio Ledezma han ido y vuelto desde sus casas a la prisión de Ramo Verde son todos ellos indicios más que suficientes. La decisión del Vaticano de reclamar la suspensión de la Asamblea, elegida de forma fraudulenta para redactar una nueva Constitución, supone la constatación de que el presidente venezolano ha volado todos los puentes.

La Secretaría de Estado está convencida de que en este momento no hay diálogo posible. Roma apuró hasta el final las posibilidades de un entendimiento, apuesta que muchos no entendieron. Es lógico que la Iglesia hablara con una voz a través de los obispos locales y con otra desde el Vaticano. Es una fórmula tradicional. Las críticas que ahora se formulan desde la Sede de Pedro pueden ser un buen ejemplo para Zapatero. El expresidente español intentó también una negociación que se ha visto frustrada por un régimen que no tiene ninguna voluntad de encontrar una salida a la situación. Ahora convendría que hablara.

Algunos exiliados cubanos encuentran muchas similitudes entre lo que está sucediendo este verano en Venezuela y lo que ocurrió en Cuba en enero de 1959, cuando Fidel Castro tomó el poder. No hay que exagerar los parecidos. No estamos ante un golpe sino ante un autogolpe de Estado. A diferencia de lo que ocurrió hace casi 60 años, en este caso hay un sólido bloque opositor que está resistiendo heroicamente al tirano, ahora no hay una Comunidad Internacional confundida (Estados Unidos reconoció el primer Gobierno de Fidel). Pero sí existe una alta posibilidad de que fragüe una dictadura sostenida por el ejército y por el negocio del narcotráfico de algunos de sus líderes. Una dictadura que, paradójicamente, no puede presentarse como la solución a la miseria del pueblo, al clima de terror y de violencia sino como una prolongación de una postración que dura ya demasiado tiempo.

>Editorial

Venezuela: un cambio que puede tardar

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La prioridad y el origen de la constituyente

Aliosha Miranda

El pasado 30 de julio el gobierno realizó la ilegítima elección de la asamblea nacional constituyente (minúsculas adrede). En la tarde de ese día, Diosdado Cabello, uno de los más grandes referentes del chavismo, dijo en una entrevista que “una de las primeras propuestas que haré en la constituyente será remover la inmunidad parlamentaria de los diputados opositores”. Por su parte, el presidente Nicolás Maduro, en horas de la noche, dijo que lo primero que debía hacer la asamblea nacional constituyente era retirar a la fiscal general del Ministerio Público, recordemos que, en los últimos meses, la fiscal general de la República se ha convertido en uno de los más grandes rivales de la dictadura.

Remover inmunidad parlamentaria a los diputados, retirar a la fiscal general; estas son las prioridades de la constituyente. No, no importa la crisis que vive el país, no importa la escasez de medicinas, no importan los miles de niños que mueren por desnutrición, no importan los padres que pasan hambre para que sus hijos puedan comer, estos son problemas menores, secundarios; lo más importante es eliminar al otro, eliminar a la oposición. Esta es la prioridad de la asamblea nacional constituyente: destruir al que se oponga al régimen, no lo digo yo, lo dice el régimen.

El pasado 30 de julio el gobierno realizó la ilegítima elección de la asamblea nacional constituyente, el pasado 30 de julio fue uno de los días más tristes en la historia de Venezuela, el pasado 30 de julio se le dio el golpe de gracia a la democracia en el país.

Fue un día triste, hubo 6 muertes en las manifestaciones en contra de la iniciativa constituyente, la cifra de muertos llegó a 125 desde que empezaron las protestas en abril, empleados públicos eran amenazados con ser despedidos si no iban a votar, hubo pronunciamientos de militares en los que afirmaban que cualquier intento de protesta sería reprimido, vimos cómo el poder en Venezuela le daba la espalda al clamor del pueblo, vimos muchos abusos y mucha injusticia.

Una de las cosas más indignantes –y al mismo tiempo, esperadas– fueron los resultados oficiales de estas elecciones. Según el poder electoral, la votación fue de cerca de 8,1 millones de votos, éste es un resultado absurdo. Basta decir que las encuestadoras más serias del país estimaban que la votación apenas podría superar los 3 millones, basta decir que en las elecciones parlamentarias de 2015 el chavismo obtuvo 5 millones y medio de votos, y luego, por arte de magia, la votación del chavismo aumentó 2 millones y medio en medio de una crisis terrible, basta decir que ni siquiera Chávez, en su clímax político, obtuvo tal cantidad de votos; esto sin mencionar la soledad en los centros de votación que los venezolanos observamos durante el 30 de julio. Los resultados ofrecidos por el poder electoral no sólo son un absurdo, son una calumnia, una blasfemia, una burla hacia todos los venezolanos. Pero, lamentablemente, esa burla era algo totalmente esperado.

Todos estos abusos sólo por llevar a cabo una iniciativa que, según el régimen, no busca solucionar la grave crisis que se vive en Venezuela, sino eliminar al que piensa distinto.

La prioridad y el origen de la constituyente

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Venezuela. De la esperanza al escepticismo

Aliosha Miranda

El pasado 16 de julio se dio en Venezuela uno de los actos más grandes de democracia de toda su historia. 14 días después, el 30 de julio, se llevará a cabo uno de los actos más bochornosos y totalitaristas de toda su historia.

Así están las cosas en este país, en cuestión de dos semanas hemos visto muestras elevadas de democracia, que evidencian el deseo de paz y de libertad de un pueblo, vimos la alegría y el entusiasmo de un pueblo que dejaba claro que puede expresarse en paz y que desea una salida no violenta para la crisis que se está viviendo, vimos cómo la esperanza reinaba en los corazones de la gente aquel día. Pero también hemos visto a un régimen que sigue reprimiendo y asesinando, hemos visto que nuestros gobernantes reciben sanciones internacionales en las que pierden cientos de millones de dólares que, evidentemente, le han robado al pueblo. Hemos visto cómo, muy rápidamente, a medida que se acerca la elección de la asamblea nacional constituyente, la esperanza se ha convertido en escepticismo, pareciera que el 30 de julio es el día Juicio, que como no se pudo evitar esta elección ya no hay nada que hacer, que todo está perdido.

En dos semanas el ambiente ha pasado de la esperanza al escepticismo.

Pero hay razones para ello.

La semana pasada, luego del 16 de julio, luego de esa clamorosa expresión de libertad y democracia, la oposición, a través del poder legislativo, procedió a nombrar un nuevo poder judicial, lo que pasó luego de esto fue que varios de los magistrados de este nuevo poder judicial fueron arrestados por la dictadura; el régimen, a pesar de todo, no cambió su tónica de intransigencia y represión, no le importó privar su libertad a unos magistrados designados por una Asamblea Nacional legítimamente elegida; por si fuera poco, hubo detenciones arbitrarias, allanamientos, el alcalde de Lechería (opositor) fue destituido por la dictadura y no hubo ningún indicio de diálogo o negociación entre el gobierno y la oposición.

El inicio de esta semana estuvo marcado por la convocatoria de un paro cívico por la oposición. Ante la posición del gobierno, el miércoles y el jueves de esta semana la oposición convocó un paro cívico, es decir, durante esos días la oposición propuso no salir, no trabajar, no abrir negocios, no hacer nada, quedarnos todos en nuestras casas en señal de protesta. Sí, porque Venezuela sigue protestando, porque Venezuela está peor que cuando comenzaron las protestas.

Venezuela. De la esperanza al escepticismo

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>VENEZUELA

La esperanza, el poder electoral y el poder de los sin poder

Aliosha Miranda

«La esperanza, dice Dios, que esos pobres niños vean todos los días cómo va eso, y que todos los días crean que irá mejor la mañana del día siguiente, que todas las mañanas al levantarse crean que el día será bueno, y que olviden de momento los días malos. Que crean, a pesar de todo, que esta mañana esto va bien. Eso me confunde, eso me excede y no salgo de mi asombro. Soy tan viejo, he visto tanto y he hecho tanto. Pero no salgo de mi asombro.» Así afirma el poeta católico Charles Péguy en “El Pórtico del Misterio de la Segunda Virtud”. Según este escritor, no hay nada más conmovedor que un rostro lleno de esperanza en medio del sufrimiento; para Péguy, un corazón lleno de esperanza es capaz de sorprender al mismísimo Dios.

Pues bien, el pasado domingo el Creador seguro estaba muy asombrado con lo que acontecía en Venezuela.

Recordemos que el pasado 3 de julio la oposición a la dictadura del país sudamericano convocó una consulta popular en la que el pueblo podía expresarse, votar en contra del régimen; a través de las tres preguntas propuestas por la oposición en la consulta, el pueblo podía decir no a la asamblea nacional constituyente, el pueblo podía decir basta a la represión que se ha vivido en los últimos tres meses, el pueblo podía pedir una renovación de los poderes públicos en Venezuela. A través de esta consulta, los venezolanos teníamos la posibilidad de ejercer uno de los derechos que la dictadura nos ha robado: votar.

La consulta se llevaría a cabo el 16 de julio.

En ese momento, la propuesta generó muchas dudas. En primer lugar, porque la organización de este evento no tendría el apoyo del poder electoral de Venezuela, así como tampoco contaría con las fuerzas de seguridad del estado para resguardar el proceso. De hecho, se temía que la Guardia Nacional Bolivariana y la policía reprimieran los centros de votación. Es decir, era una gran incógnita si la oposición tenía la capacidad técnica y publicitaria para organizar un evento que arrojara resultados significativos. En segundo lugar, dado que la consulta estaba fuera de la institucionalidad electoral venezolana, los resultados de la misma no generarían cambios en los puestos políticos del país, al menos no en el corto plazo. Y, en tercer lugar, no se sabía si la gente acudiría de manera multitudinaria a expresarse en este acto organizado por la oposición, ya eran casi 100 muertos en más de 100 días de protestas, ¡más de 100 días de protestas!, y el gobierno no había otorgado ninguna concesión, ninguna señal de querer negociar, sólo daba señales de querer eliminar a todo aquel que pensara distinto con tal de perpetuarse en el poder. Había mil y un razones para que los venezolanos estuvieran escépticos y desesperanzados y no salieran a votar, era totalmente comprensible.

Pero el 16 de julio no reinó el escepticismo, reinó la esperanza.

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La esperanza, el poder electoral y el poder de los sin poder

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¿Es posible la reconciliación después del Terror?

Horacio Morel (Buenos Aires)

La violencia política de la década de los 70 en la Argentina es la historia de la politización creciente de la sociedad y la radicalización de algunos grupos iniciada hacia fines de los 60, una efervescencia que involucró a toda la sociedad bajo el influjo de la protesta obrero/estudiantil del 68 y la Revolución Cubana. Hubo varios grupos armados. Los principales fueron Montoneros, que hunde sus raíces en el nacionalismo católico que simpatizaba con el peronismo, y el ERP, de orientación troskista.

Desencadenó en una serie interminable de atentados, secuestros y represión, que no se interrumpió pese a la llegada al gobierno mediante el voto popular de Juan Domingo Perón –por tercera vez, y tras casi dos décadas de proscripción–. Con el golpe militar del 76, el Estado opta por la clandestinidad, provoca desapariciones, tortura, secuestra, detiene en centros clandestinos sin proceso legal de por medio, asesina y deposita los cuerpos en fosas comunes, o los tira al mar aún con vida en los llamados "vuelos de la muerte". El concepto jurídico de "genocidio", acuñado por el jurista polaco Raphael Lemkin tras el Holocausto, se ha visto necesariamente ampliado desde entonces como consecuencia del incremento de la crueldad en el mundo, y le cabe a la locura fratricida encarnada por la última Junta Militar que usurpó el poder en la Argentina. La cifra total de "desaparecidos" sigue siendo indeterminada con exactitud, y por ello, motivo de discusión aún hoy –pasados más de cuarenta años desde los hechos–, desde los 8.960 casos registrados por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) en el "Nunca Más" hasta los míticos 30.000 agitados desde siempre por los organismos de derechos humanos. Prueba de ello es la ridícula ley de reciente sanción en la Provincia de Buenos Aires por la cual cada vez que la palabra "desaparecidos" sea incluida en un documento oficial, debe estar obligatoriamente acompañada por el número "30.000": esta iniciativa política convertida en norma exhibe un grosero desconocimiento jurídico, ya que la calificación de genocida del régimen militar del 76/83 no está en riesgo a causa del número de víctimas. Además, la herida argentina es tan profunda, tan evidente, tan vergonzante, que no hay espacio social ni cultural para el negacionismo.

¿Es posible la reconciliación después del Terror?

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El plebiscito, el 5 de julio y Leopoldo López

Aliosha Miranda

El pasado 3 de julio la oposición convocó una consulta popular en todo el país. Según el diputado opositor Freddy Guevara dicha consulta pretende ser “el acto de desobediencia civil más grande que haya visto la humanidad”, es decir, ante la convocatoria ilegal a una Asamblea Nacional Constituyente del presidente Nicolás Maduro, la oposición se ha planteado la realización de un plebiscito a nivel nacional para que la gente exprese su rechazo hacia la iniciativa del presidente, esto como una prueba cuantitativa de que el presidente está actuando de una manera totalmente despótica y en contra de la voluntad del pueblo. Se llevará a cabo el próximo domingo 16 de julio.

Esta propuesta opositora está fundamentada en los artículos 333 y 350 de la Constitución de Venezuela. ¿Qué dicen ambos artículos?

Artículo 333. Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella. En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia.

Artículo 350. El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos.

Es decir, partiendo del hecho de que el gobierno de Venezuela ha roto el hilo constitucional y ha evidenciado su propósito de instaurarse como una dictadura a través de un proceso constituyente, la oposición ha convocado un plebiscito en el cual la gente pueda expresarse. Esto implica que dicha consulta no contará con el apoyo técnico del poder electoral y tampoco con el apoyo de las fuerzas de seguridad del estado. En el país todos los poderes, salvo la asamblea nacional, son apéndices del ejecutivo, por lo que la oposición deberá realizar una labor titánica e histórica para, con sus medios, hacer que en todo el país al menos 15 millones de venezolanos puedan expresar su rechazo a las acciones de la dictadura.

¿Tiene la oposición la capacidad para llevar a cabo esta titánica tarea? Esto está en tela de juicio, y más cuando, faltando seis días para la consulta, la oposición convoca a manifestaciones de más de diez horas en lugar de usar ese tiempo para organizarse y trabajar en el plebiscito. Lo cierto es que el gobierno no da señales de querer negociar.

El pasado 5 de julio se celebró el día de la independencia en Venezuela. Todos los 5 de julio se celebra el día de la independencia en Venezuela, se celebra la libertad y la soberanía. Se supone que debe ser un día en el cual se conmemoran con alegría hechos fundamentales en nuestra historia. Al igual que en todos los países, el día de la independencia es un día para celebrar. Pero el 5 de julio de 2017 no hubo razones para celebrar, no hubo razones para la alegría, sólo hubo razones para el lamento y la tristeza.

El plebiscito, el 5 de julio y Leopoldo López

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López: lo mucho que puede el poder de los sin poder

P.D.

La debilidad de Maduro es la razón de que Leopoldo López haya sido trasladado de la prisión de Ramo Verde a su casa después de más de tres años. Las declaraciones del presidente de Venezuela, pocas horas después del traslado, han sido muy ilustrativas. Maduro ha querido vender la increíble historia de que él no ha tenido nada que ver en el procesamiento, condena y encarcelamiento del líder opositor. En Venezuela hace mucho tiempo que no existe separación de poderes pero el hecho de que el líder bolivariano quiera recurrir a la farsa demuestra hasta qué punto está desgastado. En este momento si Maduro sigue en el poder es porque cuenta con el apoyo de la facción del ejército más vinculada al narcotráfico. Hay muchos militares que “miran y esperan” antes de tomar una decisión, pueden retirarle su apoyo en cualquier momento.

La consulta convocada por la Asamblea Nacional para el próximo domingo 16 de julio, destinada a frenar la mentira del nuevo proceso constituyente –que quiere consolidar la dictadura– es decisiva. En los próximos días se van a producir movilizaciones más intensas y puede suceder cualquier cosa.

En cualquier caso, si la causa de la libertad se puede abrir paso en Venezuela es gracias al poder de los sin poder. A un pueblo que muy mal alimentado, sin medicinas, lleva más de cien días protestando de forma pacífica y en la inmensa mayoría de los casos desarmado frente a la maquinaria represiva del Estado.

Leopoldo López bien podría considerarse un emblema de lo que le ha pasado a muchos venezolanos. En prisión ha rezado, ha meditado, se ha hecho más amante del diálogo. Es el poder de los sin poder.

López: lo mucho que puede el poder de los sin poder

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Venezuela: lo mejor en lo peor

Aliosha Miranda

Ya son 100 días de protestas, 100 días viendo cómo la gente sale a las calles a protestar para pedirle al gobierno un cambio, 100 días viendo que el deseo de libertad se hace cada vez mayor, viendo que comunidades enteras salen a la calle a rezar juntos el rosario para pedirle al Creador que se detenga la violencia, 100 días protestando para que haya democracia, justicia y para que cesen las violaciones a los derechos humanos, 100 días viendo cómo los gobernantes permanecen indiferentes frente al sufrimiento de todo un país.

100 días de protestas pueden parecer demasiado, una exageración, algo sin sentido; pero para un venezolano no es así, para un venezolano pasar 100 días protestando no es más que una respuesta justa, una respuesta justa a un gobierno que, en nombre de una ideología, ha llevado al país a una situación terrible e inhumana. Una situación terrible e inhumana, esto también puede parecer una exageración, por ende, es necesario explicar, así sea de manera muy general, dicha situación.

La crisis económica que vive el país es de las peores del mundo. Las políticas intervencionistas del gobierno, principalmente los fuertes controles de precios y del tipo de cambio, así como el acoso a la propiedad privada y un uso ineficiente de recursos públicos ha generado el desmoronamiento del aparato productivo del país. Por otra parte, la caída de los precios del petróleo, recurso del cual Venezuela obtiene casi la totalidad de sus divisas, ha resentido mucho la economía del país.

La conjunción de todos estos factores ha hecho que casi un tercio de la población venezolana no pueda comer 3 veces al día, la escasez de alimentos es feroz, a tal punto que decenas de miles de niños han abandonado la escuela para ir todos los días a buscar comida. También ha originado una escasez de medicinas que está cerca del 90%, una escasez que, entre otras cosas, se cobró la vida de 11.466 niños menores de un año en los hospitales del país en 2016, ha hecho de la diabetes la tercera causa de muerte en la población, una escasez que ha hecho que todos los venezolanos suframos cuando salimos a buscar una medicina, que ha hecho desesperar a familias mientras ven que sus ancianos mueren por no conseguir medicamentos; por si fuera poco, Venezuela registra la inflación más alta del mundo, 720% en 2016. No es una exageración, es una situación terrible e inhumana.

Por su parte, la situación social no es mucho mejor. La violencia es brutal, tanto que el número de asesinatos que hubo en Venezuela desde 2011 hasta 2016 fue de 150.000, este fue el mismo número de asesinatos que hubo en la guerra de Iraq desde 2003 hasta 2011. Venezuela no está en guerra, pero su número de asesinatos es el de un país en guerra, y una muy sangrienta. Por otra parte, la sociedad está polarizada, hay muy pocos espacios para el diálogo. No es una exageración, es una situación terrible e inhumana.

Venezuela: lo mejor en lo peor

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El día D

Tulio Álvarez

La pregunta es más que pertinente, ¿hasta qué punto está dispuesto Maduro a proseguir la trágica estrategia de la Asamblea Nacional Constituyente? Al cierre de mayo, las dos encuestadoras más serias, si cabe el término en Venezuela, coinciden en el rechazo del 80% de la población a la entreverada propuesta del régimen. Pero lo que resulta sorprendente por demás es la data de un apoyo aproximado al 73% a la protesta que desde hace dos meses se desató en las calles.

Esto permite prever que, lejos de amainar, la movilización popular se mantendrá mientras tenga el combustible de la desesperante situación económica; y, un incentivo muy poderoso y nada despreciable, la lucha de sectores convencidos de “un ahora o nunca” libertario. Estos son los que tozudamente no han cejado en el enfrentamiento, en cada oportunidad en que se les ha provocado. ¿Acaso no era previsible este anárquico panorama? ¿Se confiaron tanto en el coyuntural éxito obtenido con el “diálogo fraterno”?

Al parecer, la desaceleración de noviembre era para tomar impulso en 2017. El robo del referendo revocatorio y las elecciones regionales ayudó bastante en una definición. Pero el mayor servicio vino de los firmantes de las famosas sentencias 155-17 y 156-17 de la Sala Constitucional, anulando el ámbito de atribuciones de la Asamblea Nacional y asumiendo el ejercicio de las mismas. Gracias a ellos se fueron desatando los demonios y no los han podido contener. De ahí viene la apresurada ejecución de una estrategia constituyente que estaba planteada para el mes de junio de 2018, no en este tiempo.

No me pregunten cómo lo sé, pero lo sé. Maduro está indignado con Escarrá porque planteó un proyecto tan incompleto que primero fue comunal con 500 asambleístas; inmediatamente, el mismo que tenía que presentar un proceso acabado y que solo tuvo ingenio para copiar mal y parcialmente las bases de convocatoria de 1999, desdice al mismo presidente indicando que sería por elección universal, directa y secreta; luego, al publicar los Decretos NOS 2830 y 2831 del 1º de mayo de 2017, lo comunal queda definitivamente sepultado con lo sectorial, aumentando a 540 asambleístas. Pero Maduro no puede actuar por dos razones: la patada merecida solo confirmaría el desastre y, lo que resulta más grave, Escarrá tiene su padrino, el militar.

Entonces, ocurre un absurdo, el Consejo Nacional Electoral en su apresurada carrera por enajenarse al esquema madurista, el mismo que en realidad no lo es, modifica las bases presentadas al percatarse de que no cuadran. Y suben los asambleístas a 545. Pero el equipo de Jorge Rodríguez observa que la única forma de solapar el desastre es llevar la ANC a un número cercano a los 700 constituyentistas. En eso están, atrapados por la improvisación; sin listados sectoriales confiables, salvo el de trabajadores que se reduce al seguro social; con frentes abiertos en el propio gobierno, el PSUV, el TSJ, el CNE y con los militares. ¿Por qué?

El día D

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Lecciones de Havel para Venezuela

Bernardo Guinand Ayala

Corría el año 1993, el último chance en mi infructuoso intento por estudiar ingeniería. Ya creía tener claro que no era lo mío y sin embargo una materia me dio luces para el futuro. Humanidades III, impartida de manera muy particular por el P. Manolo Ríos, un jesuita maracucho que rápidamente captó mi interés. Entre discutir de béisbol con ese fanático de las Águilas o comentar acerca de nuestras películas favoritas, aquellas clases me acercaron de alguna manera a lo que luego de aquel semestre sería mi nuevo destino: las ciencias sociales.

Recuerdo una oportunidad que nos dio a leer un texto sobre Vaclav Havel, para ese momento presidente de la República Checa de quien no había oído hablar nunca en mi vida. La pasión del Padre Ríos por Havel me hizo emocionarme también con aquel personaje que encaminaba una nueva república democrática luego de 40 años de opresión. Quizás aquella inspiración inicial sembrada por Ríos, sumada a la situación que nos ha tocado vivir en los últimos 18 años, me han hecho revisar algunos textos escritos por Havel y encontrar en ellos tremendas similitudes con lo que sucede en la Venezuela de hoy.

Guardando las distancias –de tiempo, de historia, de kilómetros de longitud– quisiera aventurarme a presentar tres ideas reiteradas en los textos de Havel que me impresionan al pensar en nuestro país.    

I La mentira como base del sistema totalitario

Al entrar en la cuenta de Twitter del periodista Luis Carlos Díaz, suele tener un tuit fijo que dice: “El gobierno miente. No importa cuando leas esto”. Nada más real que esas tres simples palabras para describir a un régimen totalitario como el chavista-madurista. Recuerdo que, en sus inicios, antes de mostrar a cada rato la constitución de 1999, Chávez solía mostrar con cierta frecuencia “El arte de la guerra” de Sun Tzu, pues evidentemente su origen militar le hizo plantear su gobierno como una batalla que debía librar. Quien lea Sun Tzu se podrá dar cuenta que la lección más clara de todo el libro reza: “El arte de la guerra se basa por completo en el engaño” y así, en nuestra cara y con poco disimulo, la mentira –cada vez más burda– ha sido lo único sostenido por el gobierno.

En su célebre obra “El poder de los sin poder”, escrita en 1977-78 [13 años antes de llegar al poder] Havel toca la mentira, como uno de los ejes centrales del libro para describir al régimen:

Lecciones de Havel para Venezuela

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La paz y la guerra en el Vaticano

Nello Scavo

“Es un gran honor en mi vida encontrarme con Su Santidad el Papa Francisco. Dejo el Vaticano más determinado que nunca a buscar la paz para nuestro mundo”. Ese fue el texto del tuit que escribió el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, después de su encuentro con Francisco. “Durante las cordiales conversaciones –informa un comunicado del Vaticano– se ha expresado la satisfacción por las buenas relaciones bilaterales existentes entre la Santa Sede y los Estados Unidos de América, así como por el compromiso común en favor de la vida y de la libertad religiosa y de conciencia. Se ha manifestado el deseo de una colaboración serena entre el Estado y la Iglesia Católica en los Estados Unidos, comprometida en el servicio a la población en los campos de la salud, la educación y la asistencia a los inmigrantes”.

En realidad, los 30 minutos que duró el encuentro (la mitad, si consideramos el tiempo que requieren las traducciones) no fueron suficientes para encarar a fondo todos estos temas pero, según lo trascendido, Francisco se propuso escuchar al presidente buscando puntos de contacto en vez de afrontar argumentos conflictivos. Los aspectos políticamente más importantes, en efecto, se trataron en los 50 minutos de diálogo de Trump con el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin.

Desde el muro en la frontera con México (“una persona que piensa sólo en hacer muros, sea donde sea, y no hacer puentes, no es cristiano”, había dicho el Papa en el vuelo de regreso de México, respondiendo una pregunta sobre Trump) hasta el intento de expulsar a todos los islámicos de Estados Unidos, pasando por la contrarreforma del Sistema de Salud para desmantelar el Obamacare y la proverbial antipatía de Donald Trump por la lucha contra el cambio climático (“el concepto de calentamiento global fue inventado por y para los chinos, para lograr que la industria norteamericana dejara de ser competitiva”, según sus propias palabras). Son muchos los temas sobre los que la Santa Sede y Washington se encuentran en veredas opuestas.

“Las conversaciones también han permitido un intercambio de puntos de vista sobre algunos temas relacionados con la actualidad internacional y con la promoción de la paz en el mundo a través de la negociación política y el diálogo interreligioso, con especial referencia a la situación en Oriente Medio y a la tutela de las comunidades cristianas”.

Pero Francisco no dejó de subrayar algunas cosas en el momento de los regalos, entregándole a Trump –como hace con todos los jefes de estado– sus tres documentos magisteriales, Evangelii Gaudium, Amoris Laetitia y la encíclica Laudato Sì “sobre el cuidado de la casa común”. No antes de realizar un gesto inédito e imprevisto: entregarle su último mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, dedicada este año al tema de la “no violencia”. A propósito de la encíclica sobre la creación, Trump afirmó: “Voy a leerla”. Señal de que probablemente no conocía a fondo el pensamiento del pontífice y de la Iglesia sobre ese tema. “No olvidaré lo que usted me ha dicho”, agregó el presidente, quien, por su parte, le regaló al Papa algunos libros de Martin Luther King, personalidad que Francisco conoce muy bien y citó con ocasión de su visita al Congreso de Estados Unidos.

La paz y la guerra en el Vaticano

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'En Venezuela hay adolescentes que han perdido 30 kilos por el hambre'

P.D.

Roberto Patiño ha estudiado en Harvard, ha colaborado con numerosos movimientos sociales, y con el partido Primero Justicia. Y es uno de los muchos venezolanos que lleva más de 50 días luchando en la calle por la libertad.

Parece que Maduro ha perdido el apoyo de la fiscal general. ¿Hay fisuras en el régimen?

Hay fisuras en el régimen. Ya hemos visto no solo a la fiscal general sino varios magistrados y figuras relevantes del chavismo, como es el caso de Mari Pili Hernández, que se han estado manifestando en contra de la forma de actuar del Gobierno.

¿Qué puede hacer la comunidad internacional para apoyar la lucha por la democracia?

Desde mi punto de vista, la comunidad internacional puede ayudarnos a presionar por dos vías. Por un lado, presionar en todo lo que se refiere a la violación de los derechos humanos que está ocurriendo en Venezuela, en particular en las movilizaciones pacíficas y no violentas que estamos realizando. Por otro lado, dejar muy claro que no habrá colaboración con un régimen dictatorial que no representa a la mayoría de los venezolanos. En caso de que haya un cambio en Venezuela, contaremos con el apoyo de esa comunidad internacional para atender la urgencia humanitaria que estamos viviendo en este momento en el país.

¿Cuál es la situación alimentaria y de sanidad?

La situación alimentaria y de sanidad es extrema. Nosotros hacemos mucho trabajo comunitario y social y nos encontramos con múltiples personas, sobre todo niños que están en una situación desesperada de hambre. Hemos visto casos extremos de niños y adolescentes que han perdido más de 30 kilos, incluso ha habido muertes muy lamentables por desnutrición crónica. La escasez es insoportable, extrema. Vemos que el Gobierno hace politiquería con eso, en vez de buscar soluciones estructurales utiliza mecanismos como la comida importada: exige a la gente lealtad política a un proyecto fracasado para poder tener acceso a ella.

¿Cómo es ahora la vida cotidiana en Caracas con tanta represión?

La vida cotidiana en Caracas es una vida muy complicada, no solo por la situación de la comida, el hambre y la falta de medicamentos, sino también por la violencia. Caracas es hoy una de las ciudades más violentas del mundo. Eso ha ido rompiendo muchos lazos sociales y generando mucho miedo en la ciudadanía. La violencia tiene distintas expresiones, no solo la criminalidad, también sufrimos la violencia del estado en todas sus formas, la violencia que está asociada a políticas de mano dura en nuestras comunidades: hay escuadrones de la muerte ajusticiando personas. Es la misma violencia que vemos en las manifestaciones pacíficas que hace la oposición, las fuerzas de seguridad del estado ya se han cobrado la vida de más de 55 venezolanos a nivel nacional.

¿La falsa constituyente llegara a constituirse?

'En Venezuela hay adolescentes que han perdido 30 kilos por el hambre'

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Un Trump secular afronta el conflicto religioso

Robi Ronza

Se puede estar más o menos de acuerdo con su proyecto político, pero no sirve para nada seguir pretendiendo, como hace la mayor parte del sistema mediático occidental que le es hostil, que Trump sea un aficionado peligroso. Es evidente que su primer viaje de estado al exterior como presidente de los USA ha sido cuidadosamente ideado y preparado.

Puede ser muy interesante ver el discurso de Trump en Riad ante los representantes de casi 55 países musulmanes reunidos en la cumbre árabe islámica americana, donde Trump ha lanzado a todos los hombres de buena voluntad un llamamiento a una movilización planetaria contra el terrorismo. “Esta no es una batalla entre credos, visiones del mundo o civilizaciones distintas. Esta es una batalla entre bárbaros criminales que quieren aniquilar la vida humana y gente respetable de cualquier credo que intenta defenderla. Es una batalla entre el bien y el mal”. Y después no ha vacilado en añadir que “esto implica que nos confrontemos sin reservas con la crisis provocada por el extremismo islamista y los grupos terroristas que lo inspiran. Lo cual significa movilizarse juntos contra la muerte de musulmanes inocentes, la opresión de la mujer, la persecución de los judíos y la masacre de los cristianos”.

No había un lugar más sorprendente en el que lanzar un llamamiento así si tenemos en cuenta que Arabia Saudí es el corazón del wahhabismo, un movimiento islámico riguroso del que derivan Al-Qaeda, el Isis y todas las formas actuales de terrorismo islamista. Sin lugar a dudas, desde Arabia Saudí y otros estados árabes presentes en la cumbre de Riad llega desde hace años apoyo financiero a las filas del terrorismo islamista, y que el Isis o el Daesh, sin ese apoyo, no habría podido afirmarse. Entonces, ¿por qué Trump viaja precisamente a Rida para lanzar esta movilización internacional contra el islamismo (lo que se podría llamar una cruzada si no fuera porque esta palabra resulta totalmente inoportuna)? Probablemente, porque valora mucho, y puede que no se equivoque, que Arabia Saudí se esté dando cuenta de que ya no le es posible evitar la recaída en el seno de ese terrorismo islamista que ha apoyado desde aquí la presencia suní en el contexto de su lucha contra el chiismo y por tanto contra Irán. De hecho, en los últimos años –por cierto, sin que los grandes medios occidentales hablaran de ello más que con algunas menciones esporádicas– en Arabia Saudí el terrorismo no ha causado menos víctimas que en Europa.

Un Trump secular afronta el conflicto religioso

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