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24 ENERO 2017
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Trump a través de su discurso: la familia es lo primero

Ángel Satué

Benjamin Franklin dijo en uno de sus escritos que conoció a un tal Steele, protestante, que decía que la única diferencia entre la Iglesia Católica y la de Inglaterra era que la primera era infalible, mientras que la segunda siempre tenía razón. Pues bien, Trump parece infalible y, además, él cree que siempre tiene razón. Esta gran seguridad en sus formas y tono, que acaso esconda soberbia, algo que el lenguaje corporal parece dejar entrever, se refuerza con un discurso muy simple, de corte nacionalista, aunque se vista de patriotismo, y populista, aunque se vista de justicia.

El discurso del 45º presidente de los EE.UU. de Norteamérica (América para él), pronunciado después de su juramento y en el marco de fastos, desfiles, bailes y cenas de gala en Washington, villa y corte tejano-versallesca de las Américas por unos días, se resume en lo siguiente: Trump es un personaje demasiado conservador para ser revolucionario, y demasiado revolucionario para ser conservador.

El trumpismo, que no es solo una manera de hacer negocios, sino que será un “political case” a estudiar en las escuelas de políticas, sociología y comunicación del mundo, tiene lo que tienen los liderazgos populistas, que están hechos a medida del líder. La cuestión a dilucidar en los próximos cuatro años será el precio a pagar por las instituciones representativas y los sistemas de pesos y contrapesos, y si saldrán reforzados o debilitados tras los probables intentos de control desde el ala oeste de la Casablanca, o no.

Recordemos que cuando Reagan llegó al poder en 1981, la propia efectividad de la institución del presidente estaba puesta en cuestión, dados los retos del mundo a finales del siglo XX. En este sentido, Michael Kazin (profesor de historia en la Universidad de Georgetown y editor de Dissent), como dice en el número de diciembre de 2016 de la revista Foreign Affairs -dedicada al fenómeno populista- , puede tener razón al advertir, no sin cierto fatalismo, que “el populismo puede ser peligroso, pero puede ser necesario” para revitalizar la democracia cada cierto tiempo. La historia americana ya ha vivido antes este fenómeno y salió reforzada.

Al comenzar el discurso dio las gracias también a los ciudadanos del mundo, como todo buen César del mundo. Comenzó su retórica sobre la base de la idea de devolver el poder “a la Gente” desde el traidor “establishment” (poderes fácticos), ante el cual hablaba, y del que se desmarcaba asombrosamente pese a ser parte de él y haber nombrado un gabinete en que varios miembros son mil y dos mil y tres mil millonarios.

El carácter mesiánico de su mensaje y tono, y la apelación a volver a hacer grande a América (“Make America Great Again”), así como su alegato en defensa de los legítimos intereses de EE.UU. apelando al eslogan “primero, América, y más alto” (“America First and Higher”) -y después, ya si eso, los demás, y ya veremos si…, como diría el humorista manchego José Mota-, fueron los ejes de su mensaje alrededor de cuarto de hora.

Como le recordó en su bendición un pastor protestante, cuando comenzó a hablar Dios le bendijo, pues comenzó a llover. Es una interpretación. Otra sería la de las lágrimas del dios de la lluvia azteca Tlaloc, que lloraría por los mexicanos y migrantes, perseguidos por un nuevo Diocleciano.

Trump a través de su discurso: la familia es lo primero

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Nuevo presidente en EE.UU, nueva oportunidad para relanzar el proyecto europeo

Carlos Uriarte

La Unión Europea debe adelantarse a los nuevos posibles cambios en positivo y con una política reactiva de propuestas. Ante el nuevo escenario habrá que ser más creativos que nunca y relanzar el proceso de construcción europeo que el 25 de marzo de 2017 cumplirá 60 años después de la firma del Tratado de Roma. En este proceso de relanzamiento del proyecto europeo la redifinición de las relaciones entre la Unión Europea y los EE.UU. deben ocupar un papel central.

El 8 de noviembre todo el mundo quedó sorprendido por la clara victoria de Trump en las elecciones presidenciales de los EE.UU. en las que todas las encuestas daban vencedora a Hillary Clinton. Nos acabamos de enterar por un informe de la CIA de que un ciberataque ruso pudo muy probablemente tener como objetivo interferir en el resultado de las elecciones celebradas en EE.UU.

El nuevo periodo que puede abrirse respecto a las relaciones transatlánticas entre los EE.UU y Europa, que debe de ser visto en clave de oportunidad podría resumirse en:

- Una nueva política comercial con Europa: ¿qué ocurrirá con el TTIP? Todo indica que permanecerá congelado hasta que se celebren las elecciones en Francia, Países Bajos y Alemania. Los expertos indican que muy probablemente este tiempo sea utilizado por la administración Trump para seguir negociando con la Unión Europea, pues ésta tiene interés en proseguir con este diálogo. No obstante, parece ser que el nuevo presidente electo prefiere una relación comercial con la Unión Europea basada en la negociación de acuerdos sectoriales y no en la firma de un gran acuerdo global de comercio e inversiones. Además, Trump preferirá la negociación bilateral y en cierta medida defenderá el aislacionismo frente al intervencionismo en un campo más amplio de las relaciones internacionales.

- Una nueva política exterior de los EE.UU que puede afectar a la seguridad europea: frente a esto la Unión Europea mantiene su coherencia con nuevas sanciones respecto a Rusia dejando claro cuál es su posición respecto a la agresión rusa sobre Ucrania. En este sentido, produce cierta contrariedad la nueva relación que podría entablarse entre EE.UU y Rusia provocada por la buena sintonía entre Trump y el presidente Putin. Esto preocupa sobremanera a los europeos que en Ucrania ven un problema no resuelto que enturbia las relaciones de la Unión Europea con Rusia. Estos confían además en el sólido sistema de contrapesos de la democracia norteamericana.

- Una nueva política de seguridad y defensa de EE.UU que solicita a los europeos que sean responsables de su propia seguridad: esto no es nuevo y ya había sido requerido por anteriores administraciones. Y se había manifestado de manera patente en el requerimiento de la OTAN en la cumbre de Cardiff en el que se solicitaba a los Estados miembros de la Alianza Atlántica que incrementaran sus presupuestos hasta alcanzar la cifra del 3%. En este sentido, la Unión Europea se ha propuesto desarrollar un “Paquete de Defensa y Seguridad de la Unión Europea”, que implemente la Estrategia Global de la Unión Europea.

Nuevo presidente en EE.UU, nueva oportunidad para relanzar el proyecto europeo

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>América Latina

Las elecciones que vienen en 2017

Alver Metalli

Tres presidenciales y algunas legislativas modificarán sensiblemente el panorama electoral latinoamericano antes de que estallen los fuegos artificiales a fines de 2017. Ecuador elegirá al reemplazante de Rafael Correa en febrero, Chile al de Michelle Bachelet en noviembre y Honduras concurrirá a las urnas para confirmar en un segundo mandato al actual presidente Juan Orlando Hernández o sustituirlo. En los dos primeros casos los presidentes salientes no participarán en la contienda electoral, en el tercero sí.

En Ecuador, las elecciones se han fijado para el 19 de febrero; si ninguno de los candidatos alcanza la mayoría absoluta habrá segunda vuelta, prevista para abril, entre los dos candidatos más votados en la primera. En esa misma jornada electoral los ecuatorianos deberán votar también por 137 diputados de la Asamblea Nacional, el Parlamento unicameral creado por la Constitución de 2008 que se renueva completamente cada cuatro años.

El candidato de la coalición oficialista, una alianza de quince partidos, Lenín Moreno, muestra una ventaja prácticamente en todos los estudios de opinión con el 30% de aprobación, y aunque en los últimos tiempos los relevamientos preelectorales en América Latina terminaron ruidosamente desmentidos, como ocurrió también en otras latitudes, es previsible que el candidato de Alianza PAIS sea el nuevo presidente de Ecuador. Exempresario y miembro destacado de su partido, Moreno fue vicepresidente de Correa en su primer mandato (2007-2013) y recibió del secretario general de las Naciones Unidas Ban Ki Moon el nombramiento de Enviado Especial para la Discapacidad y Accesibilidad. Desde 1998 él mismo se encuentra recluido en una silla de ruedas debido a la lesión provocada por un disparo a quemarropa durante un intento de robo. En caso de triunfar, Moreno tendrá la no fácil tarea de recoger la herencia política de Correa, sin duda uno de los presidentes más populares de la historia reciente de Ecuador. Sus opositores en las elecciones de febrero no han logrado converger en un único nombre y se presentarán en forma independiente con los tres candidatos que catalizaron más votos en los sondeos realizados hasta el momento: Guillermo Lasso, de centro derecha, ex super ministro de Economía en el gobierno de Jamil Mahuad entre 1998 y enero de 2000, Cynthia Viteri, del Partido Social Cristiano, que en agosto fue expulsada de Venezuela porque visitó a algunos presos políticos, entre ellos los famosos Antonio Ledesma y Leopoldo López; y Paco Moncayo, un exmilitar que fue alcalde de Quito durante dos mandatos consecutivos y se ubica en una línea política de centro izquierda que coincide en muchos puntos con el presidente saliente Rafael Correa.

La elección presidencial en Chile se celebrará a fin de año, en noviembre. Puede tener una segunda vuelta con balotaje, como prácticamente todos los países de América Latina. Con diez meses por delante, las previsiones son muy aleatorias y por el momento solo a título de orientación se puede hacer referencia a algunos estudios –cinco para ser más exactos– que dan una ventaja del 26 por ciento en la intención de voto al expresidente Sebastián Piñera. Detrás de él, a poca distancia, se ubica el senador independiente Alejandro Guilliere, con un pasado de periodista en la prensa escrita, radio y televisión que le ha dado una amplia popularidad y una carrera política en el Partido Radical Socialdemocrático que confluyó en la alianza Nueva Mayoría. El tercer puesto en las encuestas lo ocupa el socialista Ricardo Lagos, político de larga trayectoria y presidente de Chile desde el 11 de marzo de 2000 hasta el 11 de marzo de 2006.

>América Latina

Las elecciones que vienen en 2017

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El adiós a la historia del presidente Obama

Antonio R. Rubio Plo

La era Obama ha terminado. Pocas veces un presidente despertó tantas esperanzas y expectativas. En el verano de 2008 era un candidato singular, capaz de reunir multitudes en la puerta de Brandenburgo berlinesa, como si de un nuevo Kennedy se tratara, y un año después se le otorgaba el Premio Nobel de la Paz, no tanto por los méritos realizados sino por las ilusiones despertadas. Al recoger su galardón en Oslo, el presidente pronunció un discurso sobre la guerra justa que ningún líder de la Europa posmoderna hubiera asumido, pero los políticos europeos y los medios de comunicación optaban entonces por una Obamanía acrítica, un producto más de imagen que de contenidos.

Barack Obama tenía un sentido de la Historia al que no están acostumbrados los políticos europeos, con la posible excepción de los franceses, y seguramente tampoco lo están sus compatriotas de la segunda década del siglo XXI. Se trata de una visión de la Historia en la que son habituales las comparaciones con otras presidencias del pasado, y ese enfoque histórico llega a ser utilizado por los analistas –y los propagandistas– para escudriñar el rumbo de la presidencia. En el primer mandato, se diría que Obama pretendía transformarse en un Lincoln, al ser el primer presidente negro que llegaba a la Casa Blanca o al desplegar una amplia capacidad para integrar a sus rivales del partido demócrata. Con todo, al ser una época de crisis económica, las comparaciones más socorridas podían ser las de un Roosevelt, con sus programas de intervención del Estado en la economía. Además, si se trataba de desplegar ilusiones colectivas, el modelo imprescindible parecía el de Kennedy, con atractiva pareja presidencial incluida.

Hace ocho años, Obama declaró que su filósofo de cabecera era el teólogo protestante Reinhold Niehbur, el hombre que en “La ironía de la historia americana” denunció las tentaciones del poder y puso en duda que EEUU fuera la “nación indispensable”. Con el paso del tiempo, Obama dejó de mencionar a esta voz crítica de los años posteriores a la II Guerra Mundial, acaso porque un presidente no puede cuestionar abiertamente la política exterior de sus predecesores, si bien esto no le impidió marcar distancias con George W. Bush al retirar a las tropas americanas de Iraq a finales de 2011. Decisiones de este tipo sirvieron para que los adversarios de Obama compararan su política exterior con la de Jimmy Carter, considerado un hombre indeciso y un blanco de humillaciones. Estos reproches se avivaron tras el asalto al consulado americano en Bengazi y el no cumplimiento de la promesa de atacar al régimen de Asad en Siria por haber utilizado armas químicas.

¿Cómo respondió Obama a sus críticos? Presentándose como un admirador del presidente republicano Eisenhower, que no quería llevar al país a guerras costosas e impopulares. Las crisis de Suez y Hungría en 1956 pretendieron ser una demostración, aunque ello exasperara a algunos aliados, de que la fuerza militar no siempre sirve para resolver los problemas. De hecho, Obama citó a Eisenhower en un discurso en la academia militar de West Point en 2014, al asumir su percepción de que la guerra es trágica y estúpida, y que no es conveniente buscarla y menos aconsejarla. En este sentido, al igual que Eisenhower, Obama prefería las operaciones encubiertas, tal y como se demostró con la eliminación de Bin Laden y el uso habitual de drones.

Obama presumía de no tener una doctrina específica en política exterior, aunque muchos quisieran encasillarle en las filas del realismo. Decía admirar a George H. Bush, que en la guerra del Golfo (1991) no quiso terminar el trabajo de liberar Kuwait con la caída del régimen de Sadam Hussein, pues temía las consecuencias de alterar el estatus quo. Se dio además el caso de que se le comparara con Richard Nixon, el presidente que se retiró de Vietnam y abrió una nueva era de relaciones con China. Sin embargo, Obama se marchó de Iraq sin lograr por ello un acercamiento a Irán.

El presidente Obama, audaz y ambiguo al mismo tiempo, pretendió alcanzar un complejo equilibrio entre intereses y valores. El problema es que, quizás sin pretenderlo, decepcionó a muchos de los aliados de Washington en Oriente Medio, Asia y Europa. Seguramente no creía en el excepcionalismo americano, pero los aliados no querían desprenderse de la sombra protectora de EEUU y menos todavía alterar el escenario geopolítico. El vacío de poder, o la apariencia del mismo, les produce pánico, y esta percepción puede influir negativamente en el juicio de la Historia sobre el presidente Obama.

El adiós a la historia del presidente Obama

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Diálogo, a pesar de todo

Luis Badilla

Invitado por Marco Burini, conductor del programa “El diario del Papa Francisco” de Tv2000, mons. Claudio Maria Celli, enviado del Papa para acompañar en Venezuela el diálogo entre el gobierno y la oposición, puso de relieve que la situación sigue siendo difícil porque el país afronta emergencias graves. El prelado reconoció que, pese a los progresos, “Venezuela tiene que resolver cuestiones decisivas. Es un pueblo valiente que a pesar de los problemas conserva la esperanza. La cuestión es siempre la misma para todos: ¿cuál es el país que la generación actual quiere dejarle a sus hijos? Cuatro ex presidentes y yo mismo como enviado del Papa desempeñamos un rol de acompañamiento para que las partes asuman el protagonismo de este diálogo. En ambas partes hay muchos que no tienen confianza, pero todos deben comprender que no hay otro camino. El diálogo es la única vía. No hay otra salida”. Mons. Celli considera que se requiere un gran compromiso de todos; un compromiso que involucra la responsabilidad de todos. “Esta responsabilidad se expresa también en el respeto por la seriedad de los compromisos asumidos en los coloquios. El diálogo no es solo conversar. Aquí se habla para encontrar soluciones para problemas urgentes que afectan a un pueblo que está sufriendo desde hace mucho tiempo”.

En relación con la famosa expresión del Papa “tercera guerra mundial en pedazos”, mons. Celli reflexionó sobre los muchos intereses que están en juego en el plano internacional y que determinan diversas y numerosas situaciones de conflicto, y agregó: “pienso sobre todo en Venezuela y digo que si en este país fracasa el diálogo, la única salida que queda es la violencia y eso es inadmisible. Por lo tanto, el esfuerzo que todos debemos hacer es apoyar con seriedad el diálogo necesario y el encuentro urgente. La violencia lleva a más violencia y en el escenario latinoamericano eso podría ser muy peligroso”. Mons. Celli calificó como algo muy positivo la reciente liberación de algunos presos de la oposición y observó: es un gesto que demuestra que el diálogo es eficaz.

Cuando le preguntaron sobre la relación Iglesia-diplomacia, mons. Celli respondió: “si la diplomacia es bien común, paz, respeto de la dignidad humana, obviamente todo esto tiene que ver con la Iglesia; es más, estas ideas y valores son parte de la misión de la Iglesia. A veces usamos la palabra ‘diplomacia’ para indicar lo que en cambio debería ser el lenguaje y el comportamiento de todos. Por eso hay que tener muy claro el significado de la palabra diplomacia”. El prelado concluyó recordando la necesidad de dialogar siempre, contra toda esperanza, porque –reiteró– no existe otra alternativa.

Entre tanto, en Venezuela se espera la llegada de mons. Claudio Maria Celli. Después de los dos primeros encuentros entre las partes, en octubre y noviembre, y el fracaso del coloquio previsto para diciembre, el gobierno y la oposición acordaron encontrarse el 13 de enero, o por lo menos eso fue lo que aseguraron tanto el presidente Nicolás Maduro como la Mesa de Unidad Democrática (MUD) a la UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas), que encabeza la mediación y al enviado del Papa, mons. Celli, que es uno de los “acompañantes” de estos diálogos.

Diálogo, a pesar de todo

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>Entrevista a Gaspar Romero

'Si hoy mi hermano estuviera aquí, lo hubieran matado de nuevo'

Alver Metalli

A las diez de la mañana la temperatura ya llega a 30 grados. Navidad con 40º no es algo raro en estas latitudes, donde los árboles navideños no conocen los copos de nieve. No lo es para Gaspar Romero, que se defiende del calor sentado junto a la puerta de una sala que da al patio, lleno de plantas verde intenso. Es el menor de los siete hermanos nacidos del matrimonio de Santos Romero y Guadalupe Galdámez, y lo separan doce años del segundo, el famoso Óscar Arnulfo. Es jovial y lúcido, desde lo alto de sus 87 años. Le informo sobre el encuentro que acabo de tener con el sacerdote Rafael Urrutia, quien estuvo a cargo de la causa de beatificación de su hermano Óscar, y sobre la noticia de que la documentación sobre un cuarto milagro, por el que tal vez sea reconocido como santo, acaba de ser enviada a Roma para que la examinen los miembros de la congregación vaticana encargada del tema. Los otros dos casos de presuntas curaciones inexplicables, la de un ecuatoriano y la de un mexicano, están siendo estudiados pero todavía en El Salvador. Gaspar Romero escucha con atención, visiblemente interesado. Después de asimilar las noticias que le estoy transmitiendo, me pregunta si estuve en la cripta de monseñor Romero, en el subsuelo de la catedral metropolitana. Me recomienda que vaya y observe con atención una pintura “muy bonita” de un doctor Usulutan, quien agradece al beato Romero un milagro recibido. “Me han contado, a mí personalmente, de muchas curaciones y gracias recibidas por muchos fieles, pero que no tienen base científica, y muchas personas que por la intercesión de monseñor han recobrado la salud o encontrado trabajo…”.

Le muestro una foto tomada del sitio salvadoreño Supermartyrio. En la imagen, desteñida por el tiempo, se ve a la madre, Guadalupe Galdámez de Romero, con largos cabellos oscuros, y sus hijos. Óscar Arnulfo acurrucado en el borde de una silla junto con Zaida, Rómulo en los brazos de su madre y el mayor, Gustavo, de pie a su lado. La fotografía –explica el sitio que la publicó por primera vez– fue tomada el 21 de noviembre de 1922, cuando Óscar Arnulfo tenía cinco años y es, a todos los efectos, la imagen más antigua de Romero niño que se conoce.

Pero usted no está en la foto.

Gaspar Romero la toma con la punta de los dedos, como si fuera una hostia.

“Vine después”, dice sonriendo. “Los de esta foto murieron todos”.

Los únicos que todavía viven son él y Tiberio Arnoldo Romero, radicado en San Miguel, el pueblo donde Óscar fue primero seminarista y luego obispo. “Yo vengo después que él. Mi hermana ya falleció”.

¿Qué se siente o cómo se vive con un hermano casi santo?

Gaspar Romero admite que nunca pensó que aquel hermano con el que creció pudiera llegar a ser santo. “Vivíamos juntos y veía su carácter…”. Se ve que busca la palabra apropiada para definirlo. “Diferente”, dice después en tono muy contenido. “Pero recuerdo una predicción de mi madre”, revela. Era el año 1942, Romero todavía se encontraba en Roma para completar su formación académica en la Pontificia Universidad Gregoriana. “Hablando con ella del cumpleaños de Óscar Arnulfo el 15 de agosto, día de la Asunción de María, recuerdo perfectamente que me dijo que llegaría muy arriba”. No dice si pensaba en el cielo de los beatos o de los santos, y con pudor desvía la conversación sobre el Papa actual, al que no conoce personalmente sino “solo por correspondencia”, como aclara. Pero le gusta mucho. “Él fue quien sacó el proceso de beatificación del pantano en el que se encontraba. Sé que no progresaba por la oposición que había aquí entre nosotros”, en El Salvador. Da algunos nombres, unos bastante conocidos y otros menos. Le recuerdo que el Papa, después de la beatificación, dijo una expresión muy fuerte, de martirio sufrido incluso después de su muerte, un martirio “que continuó después de su asesinato” por las calumnias de “sus hermanos en el sacerdocio y en el episcopado”.

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'Si hoy mi hermano estuviera aquí, lo hubieran matado de nuevo'

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>Venezuela

Las llagas de un conflicto explosivo

Luis Badilla

En la gigantesca confusión venezolana, alimentada a partes iguales por el Gobierno, sus aliados y amigos, y por el archipiélago de partidos políticos y grupos de la oposición, confusión a menudo poco honesta, la carta del cardenal Pietro Parolin dirigida a “las partes” en diálogo tiene sobre todo el gran mérito de hablar claro, poniendo el dedo en las diversas y sangrantes llagas de esta crisis. Desde la primera hasta la última línea, la carta es un conjunto de reflexiones llenas de verdad, muy cercanas, es más, extremadamente cercanas, a lo que siente y piensa la gran mayoría del pueblo venezolano, la víctima sacrificial de esta horrible tragedia que se prolonga entre el cinismo y el acostumbramiento.

Las reacciones

La carta de la Santa Sede nunca fue publicada oficialmente. El texto que circula corresponde a la transcripción que se hizo de las fotografías que algunos medios venezolanos reprodujeron días pasados. Por eso dicho texto, que tampoco fue nunca desmentido, se considera verídico. Con toda probabilidad los responsables de la divulgación de las fotografías son los miembros de la oposición, que fueron los primeros que revelaron la existencia del documento y luego lo difundieron. La reacción del gobierno no se hizo esperar.

El diputado Diosdado Cabello, ex militar, ex presidente ad interim, ex presidente de la Asamblea Nacional y actual primer vicepresidente del partido chavista (Partido Socialista Unido de Venezuela), cuando atacó al secretario de Estado card. Pietro Parolin confirmó la existencia de la carta. Básicamente Cabello acusó a la Sede Apostólica de flagrante injerencia en los asuntos internos pese a que todas las cuestiones que se tocan en el documento vaticano son argumentos que ya habían discutido el gobierno y la oposición, y sobre algunos ya han firmado acuerdos preliminares. En este sentido, la carta es una exhortación a aplicar dichos acuerdos y a no demorar el cumplimiento de los compromisos acordados. En la carta del card. Parolin no hay ningún tema nuevo que pueda justificar la acusación de una intromisión por parte de la Santa Sede. Posteriormente a las críticas de Cabello se sumó, aunque con un lenguaje más soft y cauteloso, el mismo presidente Maduro.

¿Una respuesta a la carta?

Elías Jaua, diputado chavista, declaró que el gobierno de Venezuela había respondido a la carta del cardenal Parolin, agregando que las autoridades están dispuestas a difundir el contenido de la misma si el Vaticano hace oficialmente pública su misiva. Concretamente, Jaua dijo que el jefe de la Delegación del Gobierno en la Mesa de Diálogo, Jorge Rodríguez, envió al Vaticano una respuesta. Obviamente no anticipó nada sobre su contenido.

Es cierto que no pasará mucho tiempo antes de que se publique también ese documento, si bien el Vaticano no difundirá oficialmente su carta a las partes. Este mecanismo es un hábito y forma parte de la crisis venezolana, donde las partes utilizan con gran habilidad los recursos de la guerra mediática. Con toda probabilidad las polémicas sobre estas comunicaciones se convertirán en una tormenta mediática muy apropiada para evitar hablar de las cosas verdaderamente graves y urgentes: el diálogo, los acuerdos y los padecimientos de los venezolanos.

La simetría de los extremismos

Cuando se habla de las “partes” del diálogo en Venezuela no hay que olvidar que dentro de los dos bloques –el Patriótico (gobierno) y el de la Mesa de Unidad Democrática (oposición)– existen grupos consistentes y agresivos, así como opiniones extremistas y fanáticas, y que muchas veces han sido estos elementos los que hicieron saltar por los aires cualquier acuerdo o acercamiento. Son agregaciones y personas que juegan a la guerra civil y que cuando actúan, de manera irresponsable y delirante, cambian continuamente las cartas, sembrando desconcierto, agudizando la polarización y el odio, y alentando al uso de la violencia. Un verdadero diálogo debería aislar estas posiciones. En Venezuela, en este momento, el diálogo vive momentos críticos entre otras cosas porque los extremismos no pocas veces consiguen imponer sus palabras de orden, y sus tensiones arrastran a los políticos de una y otra parte, que temen quedar relegados por los más “duros”.

>Venezuela

Las llagas de un conflicto explosivo

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>Entrevista a Miguel Otero, director de El Nacional

Venezuela, cada vez más cerca de la revuelta

Arturo Illia

La MUD (Mesa de Unidad Democrática), organización que reúne a los partidos de la oposición en Venezuela, se ha retirado de la mesa de diálogo, lo que supone un dato importante y por desgracia muy grave para el futuro de un país que, a causa de la táctica de la espera (inconstitucional por cierto) del presidente Maduro, corre el riesgo de alejar una posible solución pacífica para la inevitable alternancia en el poder. Al mismo tiempo, debido a esta decisión, se pone punto final a la protesta de tres mujeres (la madre di Leopoldo López, su esposa, y la de Antonio Ledesma) que se habían encadenado en la plaza de San Pedro para invocar la liberación del alcalde de Caracas, el líder de Voluntad Popular, partido opositor, y todos los presos políticos. Hablamos con Miguel Otero, miembro de la oposición, director y propietario de El Nacional, el principal periódico de Venezuela, actualmente en el exilio.

A pesar de los últimos reveses, de la recogida de más firmas de las necesarias y de la Constitución, Maduro no dimite y se niega a celebrar un referéndum.

Chávez ganó las elecciones imponiendo sucesivamente un modelo basado en discursos que tenían una relación directa con que todos pudieran compartir la enorme riqueza del país. El problema es que se ha destruido completamente el aparato productivo, convirtiendo a Venezuela en un país importador, y el sistema se ha hecho altamente represivo, con una estructura estatal inmensa. Maduro ha instaurado un sistema muy controlado y con una represión gigantesca que lo mantiene dentro de su enorme inestabilidad, gracias al comando militar y a un poder judicial a su servicio. Los dos grandes sentimientos de Venezuela son el miedo y la tristeza, factores que mantienen una dictadura en su fase final.

¿Cuál puede ser en esta situación la solución que permita una alternativa de poder?

Existen medios para una solución pacífica, incluso constitucionalmente, pero el poder los rechaza y la gente ha empezado a perder la esperanza. La Constitución en estos casos autoriza la rebelión. Lo cierto es que sería de esperar una presión internacional enorme, pero si eso no tiene efecto porque Maduro no quiere dejar el poder, violando así abiertamente la Constitución, la única solución sería una revuelta venezolana.

¿Qué papel ha tenido hasta ahora la Iglesia en el proceso de democratización del país?

La Iglesia es muy importante en Venezuela y la Conferencia Episcopal, donde hay obispos favorables y contrarios al chavismo, hoy está íntegramente unida en la oposición. La gran maniobra del Papa actual, con la elección de Baltazar Porras como segundo cardenal, ha ofrecido un signo muy importante para la democracia venezolana, y quién sabe si este hecho podrá tener consecuencias cuando se retome el diálogo, ahora interrumpido. La Iglesia ya ha hecho saber que su presencia no debe considerarse como excusa para aplazar y temporizar, aunque sea para evitar un choque inevitable, ya que más del 80% de la población está en contra de Maduro y la situación es realmente catastrófica. Está claro que hay que evitar llegar a soluciones violentas, pero esto es algo que solo Maduro puede decidir.

>Entrevista a Miguel Otero, director de El Nacional

Venezuela, cada vez más cerca de la revuelta

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Fidel Castro: lecturas para el epílogo de una vida

Antonio R. Rubio Plo

“La Historia me absolverá” es una conocida frase de Fidel Castro. Pero no fue esa absolución escrita en los libros sino otra, basada en el arrepentimiento, la que habría deseado el sacerdote jesuita Armando Llorente, su profesor en el colegio de Belén de La Habana, el mismo que escribió en el anuario de la graduación de su promoción: “Se distinguió en todas las asignaturas relacionadas con las letras…Cursará la carrera de Derecho y no dudamos que llenará con páginas brillantes el libro de su vida”.

El padre Llorente tenía razón: Castro era un lector empedernido y sus lecturas alimentaron sus interminables discursos. Hombre de la palabra y de la puesta en escena, en la que el personaje importa más que la ideología, el líder cubano tuvo ocasión de escribir variadas y desbordantes páginas del libro de su existencia, pero no todos las calificarían de brillantes. No, desde luego, su antiguo profesor, que hubiera deseado, desde su exilio de Miami, viajar a Cuba para darle un abrazo y recordar “las aventuras que tuvimos juntos, que fueron innumerables y muy bonitas”. Armando Llorente recordaba además en una entrevista que en 1958 viajó a Sierra Maestra para encontrarse con Castro, que, nada más verle, le aseguró que había perdido la fe. La respuesta del jesuita fue muy directa: “Fidel, una cosa es perder la fe y otra la dignidad”. El padre Llorente murió en 2010 sin haberse encontrado de nuevo con su ex alumno.

Tendría que ser otro jesuita, el papa Francisco, el que llevara a Fidel Castro en 2015 el recuerdo del padre Llorente al regalarle un libro y dos CD de sus homilías. Según se cuenta, el cubano habría pedido a Benedicto XVI, en su visita a Cuba en 2012, libros de religión, pero estaba lejos de imaginarse el libro que le traería el papa Bergoglio. No sabemos hasta qué punto pudo emocionarse, pero es perfectamente verosímil que un ser humano, cuando está en la recta final de su existencia, guste de mirar atrás e incluso añorar los días de su infancia y juventud. Es lo que algunos llaman la nostalgia de la inocencia perdida, lo que también suele asociarse con la aspiración de sentirse amado. Y no hay duda de que Armando Llorente quería al joven Fidel, pues la talla de un buen profesor no solo lo da la competencia académica sino la capacidad de hacerse cercano a sus alumnos.

El papa Francisco elevará plegarias por el eterno descanso de Fidel Castro, en palabras de su telegrama de condolencia, pero un año antes, en su único encuentro personal, quiso llamar la atención por medio de los libros a aquel apasionado lector que, en los años de prisión bajo el régimen de Batista, presumía de haber leído no solo literatura marxista sino también a grandes clásicos de la literatura universal. Entre ellos estaban las obras completas de Dostoievski. Es una lástima que Castro no hubiera profundizado en el humanismo del gran novelista ruso. Le pudieron más, como a tantos otros, los dogmas políticos, porque debió de pensar que todo era exceso de sentimentalismo y había que pasar la acción. El joven Castro no debía de ser diferente en ese sentido de aquel cineasta soviético, Sergei Einsenstein, admirador de las denuncias sociales de las novelas de Dickens, pero a la vez crítico del escritor inglés por considerarlo un representante de la burguesía. No es casual que en el régimen soviético, y en el castrista, se hiciera apología, en un discurso ajustado a los cánones oficiales, de Don Quijote. Se le presentaba como encarnación de los ideales de justicia y de la defensa de los oprimidos en eterna lucha contra los molinos de viento de la opresión capitalista. Se entiende que uno de los primeros libros de edición masiva en Cuba, tras el triunfo de la revolución, fuera el Quijote.

Fidel Castro: lecturas para el epílogo de una vida

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>Entrevista al Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel

La fuerza de la esperanza

Stefania Falasca

Para que quede bien claro, no escatima las palabras: «Espero que el nuevo presidente Trump tenga sentido común y comprenda que con los pueblos de América Latina debe tener una actitud de colaboración y no de prepotencia». Con Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz, nos encontramos en el Teatro Argentina de Roma al terminar su lectio magistralis sobre «La fuerza de la esperanza». Con su habitual lucidez y libertad, describe un panorama general de las posibles perspectivas de su continente y los efectos del nuevo curso estadounidense. Del poscastrismo y el futuro de Cuba, de los “golpes blancos”, las nuevas “dictaduras del capital” y el poder nefasto de los narcos. Y no en último lugar de la situación en su país, Argentina.

Después de Fidel Castro, ¿qué futuro tendrán las relaciones entre La Habana y Washington?

Se han restablecido las relaciones con Washington y eso abre grandes posibilidades de colaboración recíproca. Lo mejor que podría hacer el nuevo presidente Trump en este momento es cancelar el embargo y solucionar los problemas que todavía existen, respetando las diferencias de cada una de las partes. Estados Unidos debe cambiar su mirada sobre Cuba y América Latina. Ya no puede comportarse como en el pasado y resolver los problemas enviando armas.

Trump dijo que tiene intenciones de reforzar el embargo y que no seguirá adelante con el proyecto de Obama. ¿Por qué resultaría beneficioso mantenerlo para Estados Unidos?

Obama logró algunas cosas, pero no consiguió levantar el embargo. Es de esperar que el nuevo presidente le reconozca a Cuba su derecho a la autodeterminación. El problema es ideológico, pero si actúa en consecuencia, Estados Unidos va en contra de sus propios intereses porque los empresarios estadounidenses quieren ir a Cuba. De todos modos, Estados Unidos debe entender que no puede seguir manteniendo una cárcel en Guantánamo o seguir oprimiendo pueblos, y debe acatar, por ejemplo, las múltiples resoluciones de la ONU que piden a Washington que termine el bloqueo contra Cuba. Trump ha conquistado el gobierno de Estados Unidos, pero no el poder de su país. El poder estadounidense no está en la Casa Blanca sino en el complejo industrial y militar, y en las grandes corporaciones. Por lo tanto yo creo que de Trump podemos esperar discursos, pero la realidad de ese poder al que me refiero lo obligará a tener una visión más realista y menos ideológica del mundo. Ya veremos.

¿Qué peso cree usted que tiene para el destino de Cuba la cuestión de los exiliados cubanos que viven en Estados Unidos, sobre todo en Miami?

Me causó muy mala impresión ver los festejos que hubo en Miami por la muerte de Castro. En Miami la mayoría son descendientes de los que siempre se opusieron a la revolución, porque hace cincuenta años perdieron los privilegios que tenían en la isla. Es cierto que tienen poder económico, sobre todo en Miami. Son profesionales del disenso que estuvieron al servicio de los intereses de Estados Unidos. Eso está documentado. Pero pienso que son un grupo agotado políticamente.

¿Cree que después de que Raúl Castro salga de escena en 2018 Cuba puede volver a ser para Estados Unidos lo que era antes de la era castrista?

No creo que haya ninguna posibilidad de dar marcha atrás. Las condiciones del mundo y del pueblo cubano de hoy no son las mismas que ayer. Hay más conciencia política, más conciencia unitaria. Los tiempos son distintos. Es cierto que también hay contradicciones dentro de Cuba. Y esos desafíos son tarea de las nuevas generaciones que vienen después de Raúl Castro. Es evidente que Cuba necesita muchos cambios internos, pero sin renunciar a los progresos y avances conquistados. Como por ejemplo en el campo de la educación, de las ciencias y de la medicina. En eso no puede haber marcha atrás, en todo caso los nuevos dirigentes tendrán la misión de profundizarlos y alcanzar nuevos objetivos.

América Latina está viviendo un momento complejo y contradictorio. ¿Cómo cree usted que afrontará el continente el nuevo curso de Trump?

Hasta ahora los discursos de Trump han sido prepotentes, pero como dije, veremos. En América Latina ese comportamiento ya no se tolera. Espero que el nuevo presidente sepa usar el sentido común, que es el menos común de los sentidos. Es decir, que sea capaz de entender que con los pueblos de América Latina debe tener una actitud de colaboración y no de prepotencia, de diálogo, dejando de lado cualquier veleidad de imposición. El respeto del derecho de los pueblos hoy es fundamental. Si se desea gobernar construyendo un liderazgo, en este momento hay que hacerlo con ideas, con el diálogo, y no con las armas.

>Entrevista al Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel

La fuerza de la esperanza

Stefania Falasca | 0 comentarios valoración: 3  71 votos

El nuevo sueño cubano

Giovanna Parravicini

"Cuba libre". Así dice el cartel pegado en un bar en la esquina de la calle donde está la sede de nuestro centro en Moscú, la Biblioteca del Espíritu. Y ayer la revista “Literaturnaja gazeta” dedicaba un poema al “comandante Fidel”, invocándolo en los puntos calientes de hoy en día, desde el Donbass hasta Damasco y Alepo.

Con la muerte de Fidel Castro se cierra para Rusia toda una época de mitos nunca superados, ni siquiera en la época en que cayeron muros e ilusiones. Para generaciones de soviéticos y exsoviéticos sigue quedando una leyenda del comandante que llevó la revolución a las puertas de América. Pero desde hace casi un año Cuba ha vuelto a aparecer en el horizonte de los rusos en otro contexto muy distinto: como lugar del encuentro histórico del 12 de febrero entre el patriarca Kiril y el papa Francisco.

Quizás también por esto, al leer la noticia de la muerte de Fidel Castro la primera imagen que me ha venido a la mente es la que Francisco definió como “icono” de lo que hemos celebrado este año santo, la “misericordia y la mísera”, el encuentro entre Cristo y la adúltera.

No se trata ciertamente de apelar a los sentimientos personales de la fe del último líder comunista del siglo XX, aunque sus largos discursos sobre lo divino y lo humano lo convirtieron en un caso anómalo entre tantos políticos pragmáticos y burócratas ideológicos. En estos días alguno lo ha definido, probablemente con razón, como “un nacionalista redentor, que se apropió de categorías de la religión aprendidas en su juventud y en nombre de la liberación nacional se sometió al peor de los imperialismos”.

Recientemente, el cardenal Jaime Lucas Ortega, arzobispo emérito de La Habana, recordaba una frase pronunciada por Benedicto XVI después de su visita a Cuba: “La Iglesia debe ser para el diálogo. La Iglesia no está en el mundo para cambiar gobiernos sino para penetrar con el Evangelio en el corazón de los hombres. Este debería ser siempre el camino de la Iglesia”. Benedicto era consciente de que había podido visitar Cuba, como hizo antes Juan Pablo II, precisamente porque la Iglesia local –destaca Ortega– había mantenido una posición dialógica. De nuevo el cardenal Ortega citó pocos meses después, durante el cónclave, estas palabras de Ratzinger a Bergoglio, que le respondió: "Esta frase del papa Benedicto habría que ponerla en un cartel a la entrada de todas las ciudades del mundo”.

Fidel Castro es un personaje difícil de clasificar dentro de un esquema. Si Putin le ha rendido homenaje llamándole “amigo sincero de Rusia” y definiendo a su Cuba como “libre e independiente” y un “ejemplo de inspiración para muchos países”, algunos documentos desclasificados del Politburo publicados por el periódico Kommersant muestran que la historia de las relaciones con la URSS estaba llena de desacuerdos y desconfianzas, incluso de escándalos como las declaraciones del líder al periodista americano Herbert Matthews en 1967: "Los países comunistas como Rusia se están volviendo cada vez más capitalistas, cada vez más basados en estímulos materiales”.

El nuevo sueño cubano

Giovanna Parravicini | 0 comentarios valoración: 3  76 votos

Cuba después de los hermanos Castro

Luis Badilla

Raúl Castro cumplió 85 años el pasado 3 de junio y en 2018, según lo que él mismo dijo durante el cónclave del máximo órgano del Partido Comunista de Cuba (VII Congreso nacional – La Habana, 16-19 de abril de 2016) no presentará su candidatura para dirigir el país por un tercer mandato. Este será el momento clave en la historia actual de Cuba y no la desaparición de Fidel Castro o la elección de Donald Trump en Estados Unidos. Aunque pueda parecer curioso, estos dos eventos citados no tienen en realidad ninguna influencia.

Se conoce poco, se minimiza o se lee mal la poderosa conducción del Partido Comunista de Cuba al frente del Estado y del país, y por eso se imaginan escenarios sin fundamentos reales. Se ignora o se descarta un hecho fundamental, e indiscutido: el Partido Comunista de Cuba tiene una presa sobre la población, un control capilar, cotidiano y profundo y a eso se debe agregar el de una gran parte de los ciudadanos que no son comunistas sino castristas. Guste o no, ésta es la verdadera realidad cubana y ningún análisis que prescinda de ella se acerca a la verdad.

Los cambios en Cuba, de cualquier tipo que sea su naturaleza o dirección, llegarán, y siempre gradualmente, a partir del momento en que Raúl Castro ya no gobierne la isla; del momento que se podría llamar “Cuba sin los hermanos Castro”; líderes que pensaron, diseñaron y guiaron la transición tumultuosa que vive el país y que terminará su primera gran etapa en el instante en que el mando pase a las nuevas generaciones del Partido, dentro de dos años. Y en ese traspaso la existencia o no del embargo estadounidense también será una condición decisiva para el futuro del país. El que espere cambios en Cuba a partir del 4 de diciembre, día del funeral de Fidel, se equivoca rotundamente. El gobierno del presidente Raúl Castro seguirá aplicando hasta 2018 el programa que decidió en el Congreso y por tanto nada detendrá o cambiará el proceso, gradual y lento, para introducir en el sistema cambios, correcciones y ajustes. Si Donald Trump pone realmente en práctica sus amenazas, como revisar o cancelar los Acuerdos para la normalización de las relaciones bilaterales que comenzaron el 17 de diciembre de 2014, en Cuba no cambiará nada. Trump tendría, junto con la mayoría republicana del Congreso, que bloquear por tiempo indeterminado cualquier intento de derogar el embargo, y encontrará oposición incluso en sus propias filas, y además debería romper de nuevo las relaciones diplomáticas con La Habana, expulsar al embajador cubano en Washington, José Ramón Cabañas. Cuba, por su parte, haría cerrar la Representación estadounidense invitando al embajador Jeffrey De Laurentis a dejar la isla. Para llevar a la práctica el confuso y contradictorio “pensamiento Trump”, las anunciadas hostilidades anti cubanas deben atravesar necesariamente/no pueden esquivar estas etapas.

¿Pero realmente Trump podría tomar esas decisiones? Sin duda, existe la posibilidad de semejante locura (con él existen todas las posiblidades, incluso las impensables o escalofriantes) pero las probabilidades son muy escasas. Es posible que Trump use el recurso de “decir y no hacer”, método al que nos está acostumbrando. A Trump, sus consejeros más equilibrados y serios, y los poderes paralelos a la Casa Blanca (¡que en Estados Unidos tienen peso!) muy probablemente le advertirán que Cuba ha resistido las políticas hostiles, incluso los complots, de 11 presidente estadounidenses. Y seguramente agregarán una consideración no secundaria: una decisión de ese tipo no solo hace girar hacia atrás las agujas del reloj de la historia más de medio siglo en las relaciones con La Habana, sino también con toda América Latina. Los Estados Unidos de hoy no son los mismos que en los tiempos del presidente Dwight D. Eisenhower. Con Cuba, Trump se juega la relación con los 32 países de América Latina y el Caribe, desde México hasta Chile.

Cuba después de los hermanos Castro

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Panzer, pero sonriente: nace el estilo Trump

Robi Ronza

Entre los valores que la Ilustración había creído en vano que podría mantener vivos e incluso hacer crecer aun separándolos de su raíz cristiana, estamos empezando a ver que estaba también la democracia, como confirman las reacciones que la victoria de Trump está provocando en los círculos ilustrados y progresistas de la cultura y la prensa dentro y fuera de Estados Unidos.

En el sentido moderno, universal, de la palabra, la democracia se basa en el principio de la igualdad y en la fraternidad entre todos los hombres en cuanto tales, ya sean hombres o mujeres, cultos o incultos, compatriotas o extranjeros. Pero si no se cree que todos tenemos no solo una mente sino también un alma, y sobre todo un mismo padre común que nos ama a todos con el mismo amor, entonces sentirse iguales y hermanos se convierte con mucho en una empresa harto difícil.

Los primeros síntomas de la crisis ya los hemos podido advertir en la misma patria principal de la democracia moderna, Gran Bretaña, cuando después de la victoria del Brexit en los órganos de prensa considerados como sacrosantos baluartes de las libertades democráticas algunos empezaron a preguntarse si era justo que el voto de los más ancianos y de los residentes fuera de las zonas metropolitanas tuviera el mismo peso que el de los más jóvenes y residentes en Londres. Luego, con la victoria de Trump en las presidenciales americanas tal murmullo se ha ido convirtiendo cada vez más en grito. Con esa hermosa capacidad de dar la vuelta con elegancia a la tortilla, que caracteriza el mundo de los salones burgueses progresistas, en la prosa de los tertulianos más conocidos, lo que en un tiempo fue la mítica clase obrera se ha convertido en una opaca masa de “blancos de mediana edad, poco instruidos, jubilados o desempleados”.

En realidad, el voto de todos ellos, por otro lado favorable a Trump, no basta en ningún caso para explicar su victoria. Con las cuentas en la mano, es evidente que a eso se ha sumado también el voto de un buen número de mujeres y americanos de origen no europeo. ¿Pero cómo reconocerlo? Ni el Washington Post ni el New York Times pueden admitir que a esos blancos de mediana edad, poco instruidos y poco afortunados, también se añaden los negros e hispanos coetáneos suyos y con los mismos problemas, por no hablar de blancos, negros e hispanos igualmente arrugados, en su mayoría de baja estatura y con sobrepeso, que han votado a Trump a pesar de estar a años luz de Melania, Ivanka y todas esas chicas del clan, rigurosamente altas, rigurosamente rubias y rigurosamente en forma. Resumiendo, una gran cantidad de gente “out” que sin embargo ha votado a Trump en vez de Clinton, y quizás no por motivos fútiles.

Llegados a este punto, las dudas sobre la positividad de la democracia quedan a un lado de momento, pero no para dejar espacio a un saludable examen de conciencia. Tampoco para preguntarse si hay algo que no funciona en la propia cultura política y en las propuestas que de ella derivan: en absoluto. Se ha abierto un nuevo camino: el de la búsqueda y si fuera necesario el de la invención de la enorme diferencia que existe entre el Trump presidente y el Trump candidato. Como si quisieran decirnos que el hombre se ha hecho un poco el loco para ganar votos, pero a fin de cuentas sabe que debe hacer lo que nosotros digamos. En realidad, si vamos a ver el texto original de las declaraciones del nuevo presidente que ocupan los titulares de los periódicos, nos daremos cuenta de que el hombre no se mueve ni un milímetro de los objetivos sobre los que se había comprometido con sus electores.

En este periodo tan delicado, en que aún no está en el cargo y está formando su gobierno, sencillamente usa un tono más benévolo y conciliador en la forma. Eso es todo. Sobre esto hay un documento que merece atención. Se trata de los apuntes de su reciente encuentro a puerta cerrada con el estado mayor del New York Times. Trump tuvo el gesto de ir él mismo para encontrarse con el director y algunas firmas importantes de esta cabecera en su propia sede. Es significativa la documentación fotográfica de la entrada de Trump en el patio de la sede del periódico, recibido por una multitud de gente que le hacían fotos con sus smartphones desde las barreras. De la lectura de los apuntes de la conversación, difundidos por internet a medida que el encuentro tenía lugar, podemos entender lo astuto y decidido que es Trump, y lo incapaces que son sus interlocutores de entender la nueva realidad que tienen delante.

Panzer, pero sonriente: nace el estilo Trump

Robi Ronza | 0 comentarios valoración: 3  85 votos
>COLOMBIA

A la segunda, la vencida

Luis Badilla

Tal como lo anunció en la capital colombiana Santa Fe de Bogotá el presidente Manuel Santos, Premio Nobel de la paz 2016, se firmó el Acuerdo definitivo de paz entre el gobierno y la ex guerrilla de las FARC. Después será el turno del Congreso, que deberá refrendar, tras una primera votación general y una amplia discusión posterior, la entrada en vigor del Acuerdo renegociado en La Habana a consecuencia del triunfo del “no” en el referendo del pasado 2 de octubre.

Las oposiciones, en particular el ex presidente Álvaro Uribe y como era más que previsible, han descalificado el nuevo texto fruto de la renegociación, en el curso de la cual se incorporaron 56 de las 57 modificaciones que requerían los grupos y partidos del “no”.

Los partidos que apoyan el Acuerdo –Unidad por la paz– representan en el Congreso el 80% de los votos y por lo tanto parece segura la aprobación cuando el texto sea entregado a los parlamentarios. Mauricio Lizcano, presidente del Congreso colombiano, declaró que “hay unas mayorías amplias que respaldamos la paz. Sabemos que es una necesidad del pueblo colombiano. Entendemos que deseamos poder vivir en paz y estamos a la espera de que así sea. Tenemos que sacar adelante este proceso por la paz, porque el cese al fuego es inestable, porque tenemos que darle una salida definitiva”, agregó.

La prensa local interpreta estas declaraciones como una respuesta severa al ex presidente Álvaro Uribe, líder del “no”, que sigue oponiendo un fuerte rechazo al acuerdo renegociado. No faltan las críticas contra el ex gobernante porque muchos consideran que “el rechazo es solamente un pretexto para continuar en el centro del escenario político y acrecentar sus expectativas electorales para una nueva presidencia”.

Una vez en el Congreso, es probable que se introduzcan modificaciones en el texto, pero solo secundarias, destinadas a perfeccionar o puntualizar determinados aspectos. Cuando el texto sea aprobado, el Acuerdo entrará en vigor inmediatamente, sin ulteriores pasos institucionales. Está previsto entregar una copia del documento al Papa en la segunda semana de diciembre, cuando reciba la visita del presidente Manuel Santos, quien a lo largo de estos meses ha mantenido continuamente informado a Francisco sobre el desarrollo de las negociaciones.

>COLOMBIA

A la segunda, la vencida

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Los obispos de USA expresan su preocupación y un optimismo cauteloso en relación con Trump

Michael O` Loughlin

Mientras el presidente electo Donald Trump considera cómo cumplir sus promesas de la campaña acerca de construir un muro fronterizo, los obispos católicos han elegido para sus puestos de liderazgo a dos prelados de Estados fronterizos con México, la región de EEUU en la que el catolicismo está creciendo más rápido.

El cardenal Daniel DiNardo, arzobispo de Galveston-Houston, ha sido elegido presidente de la Conferencia Episcopal estadounidense, y el arzobispo de Los Ángeles, José Gomez, vicepresidente. Estas elecciones representan un reconocimiento de que la Iglesia está creciendo en el suroeste, gracias en gran parte a la afluencia de hispanos católicos. Esa realidad la destacó el Papa Francisco en un vídeomensaje para los obispos.

Al promover una reunión de católicos hispanos en EEUU para 2018 con el nombre de Encuentro, el Papa urgía a los obispos americanos a continuar trabajando para abrazar el multiculturalismo de la Iglesia estadounidense. "Nuestro gran desafío es crear una cultura del encuentro que aliente a los individuos y grupos a compartir la riqueza de sus tradiciones y experiencia", decía Francisco, "para romper muros y construir puentes".

El Papa urgía a la Iglesia estadounidense "a salir dela zona de confort" y "ser signo de profecía". "Estamos llamados a ser portadores de buenas noticias para la sociedad, desconcertada por los cambios sociales, culturales y espirituales, y por el incremento de la polarización", decía Francisco.

El cardenal DiNardo, el nuevo presidente, era hasta ahora vicepresidente de la Conferencia, una posición que le sirve como plataforma de lanzamiento para alcanzar la primera posición. Si esa tradición se mantiene, el arzobispo Gómez, nacido en México, se podría convertir en el primer hispano líder de la Conferencia en 2019.

Los dos son tradicionalistas –el Cardenal DiNardo cuestionó las reformas defendidas por el Papa Francisco y el arzobispo Gómez fue ordenado sacerdote del Opus Dei– pero también son defensores francos de una reforma migratoria integral en Estados Unidos, lo que podría llevar a un choque con la administración Trump.

Durante una conferencia de prensa después de su nombramiento, los dos arzobispos advirtieron contra el intento de predecir el futuro, pero dijeron que la Iglesia continuaría defendiendo los derechos de los inmigrantes. Los obispos respetarán al Gobierno, dijo el cardenal DiNardo, pero ellos "también tienen corazón de pastor". "Si hay alguien hambriento, iremos a alimentarle. Si hay alguien sediento, iremos a darle de beber", dijo. "Y si hay alguien que se siente extraño, queremos hacer que se sienta bienvenido".

Trump ha hablado de sus planes de deportar a tres millones de indocumentados que viven en EEUU, menos de lo que había dicho en un principio, que se estimaba en 11 millones. La revisión de esa cifra da esperanzas al menos a un arzobispo.

"Espero que exista la posibilidad de que abran algunas puertas en el muro que quiere construir", dijo el arzobispo Thomas Wenski de Miami en una conferencia de prensa el 14 de noviembre. Dijo que él entiende la ansiedad que algunas familias están experimentando con la victoria de Trump, pero pide calma. "Yo no quiero quitar el miedo o la incertidumbre que muchos tienen por su falta de estatus, pero querría decirles que se lo tomen con calma", dijo. "Es tiempo de tomar aire y continuar con nuestra defensa".

En sus observaciones introductorias del lunes, el arzobispo Joseph E. Kurtz, que acaba de terminar su mandato como presidente de la Conferencia, ofreció un mensaje firme a las familias preocupadas por la deportación. "Dejadnos repetir a nuestras hermanas y hermanos que han venido a América huyendo de la persecución y trabajando duro para construir una vida mejor para sus familias: estamos con vosotros", dijo a todo el cuerpo de obispos.

Los obispos se reunieron en Baltimore, en el hotel Marriott Waterfront, para la asamblea general anual de otoño. Las relaciones entre la Iglesia americana y el Gobierno federal se han enfriado en los últimos años; bastantes instituciones católicas, incluyendo algunas diócesis, han chocado con la administración Obama por reglas relacionadas con la anticoncepción y la orientación sexual. El cardenal DiNardo fue especialmente crítico con Obama, llamando a sus políticas "coactivas" en el intento de restringir la libertad religiosa.

Los obispos de USA expresan su preocupación y un optimismo cauteloso en relación con Trump

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Un bien presente

José Medina (Washington)

¿Qué recursos tenemos para construir una nación para todos, desde la humilde plataforma de nuestras casas, trabajos y vida diaria?

Una semana después de la conclusión de la campaña electoral, la especulación y la incertidumbre no han disminuido. Buscando una respuesta a la inquietud, algunos han tomado las calles para marchar y gritar como protesta. Muchos se están organizando para la próxima batalla política. Y otros todavía confían en que el sistema democrático siempre prevalecerá y corregirá cualquier abuso. Frente a una aparentemente infructuosa demostración de desafección o frente a la confianza en un sistema sin rostro, nos hemos quedado con un sentimiento de impotencia para influir en un cambio significativo del escenario nacional. ¿De qué terreno común podemos partir, especialmente tras un año cargado de ideología y división? ¿Qué recursos tenemos para construir una nación para todos, desde la humilde plataforma de nuestras casas, trabajos y vida diaria?

Sólo una experiencia presente de "el bien" nos permitirá volver a construir. Como escribe el novelista Wendell Berry, "es la presencia de bien –buen trabajo, buenos pensamientos, buenos actos, buenos lugares– lo que nos hace saber que el presente no tiene que ser una pesadilla sobre el futuro". Experiencias de bien pueden generar hombres y mujeres que se comprometan con los otros con curiosidad en vez de sospecha. Un bien presente engendra esperanza, y la esperanza hace estallar el deseo de compartir y dialogar en lugar de atrincherarnos en nuestras creencias.

He encontrado este bien presente en realidades humanas frágiles, en las que la esperanza y la alegría brillan a pesar de las circunstancias. Lo he visto en el padre Ibrahim, un párroco de Alepo, Siria. Este hombre se encontró con un musulmán en el pozo de un convento franciscano que le dijo: "Padre, cuando veo cómo la gente viene a por agua aquí, con una sonrisa y una gran paz en sus corazones, sin luchas, sin gritarse... yo, que he recorrido todo Alepo y he visto como se matan por los pozos, estoy alucinado. Estás lleno de paz y alegría... Hay algo diferente en vosotros".

He visto el bien presente en una veterana que sufría trastorno por estrés postraumático hasta tal punto que no soportaba escuchar a los pájaros por la mañana. Empezó trabajando en la Casa de Habilitación de Los Ángeles (Los Angeles Habilitation House), una organización sin ánimo de lucro que ofrece trabajo y oportunidades a personas discapacitadas. Después de un año allí, dijo: "sigo sin poder dormir, pero ahora he empezado a amar el canto de los pájaros. Algo se ha despertado en mí. Estando con vosotros algo ha renacido en mí".

Podemos descartar el bien presente como una estrategia fallida por su fragilidad. Diálogo y encuentro, podríamos argumentar, son ineficaces y, por tanto, quizá es más fácil rezar por aquellos que eligen el poder para influir en el cambio. Gran parte del cambio social que admiramos nació de una posición de debilidad, y no de fuerza. La paz en su raíz es en última instancia ineficaz. La libertad no se puede imponer, sólo se puede ofrecer libremente. Los hombres y mujeres que recientemente han cambiado nuestros paradigmas sobre el cambio político –Martin Luther King, Madre Teresa, Dorothy Day, Gandhi– lo han hecho desde una posición impotente, desarmada, invitando al otro a un bien presente.

Una sociedad libre podrá prosperar cuando hombres y mujeres sean testigos atentos, en vez de predicar sus principios más queridos. Ninguna estrategia política podrá sustituir un espíritu de cooperación. Y ese espíritu siempre empieza por el ejemplo vivo de una nueva mirada, una mirada como la del sacerdote de Alepo o la del personal de la Casa de Habilitación de Los Ángeles, una mirada que afirma al otro antes que a sus creencias. Sólo un bien presente me hace querer ser bueno.

Ahora que las elecciones son pasado, empieza el trabajo. En palabras de Wendell Berry, solo necesitamos "renunciar a salvar el mundo y empezar a vivir decididamente en él".

Un bien presente

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Después de la sorpresa, aumenta la tensión

Damian Bacich

En la mañana del 8 de noviembre, día de las elecciones presidenciales, fui a un taller para arreglar mi coche. Mientras me preparaba para pagar la cuenta, el dueño del taller me interpeló sobre las elecciones de ese día. Era un inmigrante de Asia meridional, y estaba lleno de entusiasmo por decirme que había votado a Trump. Según él, Trump iba a cambiar el gobierno, que iba a poner aranceles sobre los productos chinos, y para colmo iba a echar a los inmigrantes ilegales. Y no sólo eso, sino que todos sus amigos, todos, habían votado a Trump.

Esta conversación no tuvo lugar ni en Texas ni en Michigan, sino en California, en Silicon Valley para ser precisos, el centro tecnológico de los EE.UU. En ese momento supe que la elección iba a estar reñida, todo lo contrario de una victoria fácil de Hillary Clinton. Sin embargo, no me esperaba una victoria de Trump, y para la gran mayoría de mis conciudadanos, el resultado de las elecciones fue una verdadera sorpresa. El área metropolitana de San Francisco es uno de los lugares más progresistas del país, y para muchas personas que viven aquí, las tendencias parecían apuntar a un progresismo cada vez mayor a nivel incluso nacional, y por lo tanto una victoria de Hillary era obvia.

A pesar de lo que dijo el dueño del taller, los datos demuestran que los votantes californianos apoyaron a Hillary Clinton de forma abrumadora. Y sin embargo, siguen siendo idiosincráticos. Votaron, por ejemplo, para legalizar el uso recreativo de la marihuana, así como para reafirmar la pena de muerte. En la parroquia católica a la que asisto, los feligreses estaban divididos entre quienes votaban Clinton y quienes votaban Trump. Algunos votaron por Trump, o porque creían que era el menor de dos males, o porque confiaban en sus declaraciones de apoyo al movimiento provida. Otros apoyaron a Hillary Clinton porque querían ver a una mujer en la Casa Blanca o bien porque tenían miedo de lo que Donald Trump podría hacer si llegara a la Casa Blanca. Un buen número, insatisfecho con cualquiera de las dos opciones, votó por candidatos de terceros. Todos tenían sus razones, y todos estaban de acuerdo en que querían salir de una campaña electoral tan crispada y pesada. Tras la derrota de Hillary, muchos católicos que votaron por Trump han expresado alivio, ya que representaba una continuación de las políticas de la administración Obama, sobre todo en temas de libertad religiosa. Mientras que otros, partidarios de Clinton, expresaron consternación por que alguien tan crudo y abiertamente despreciador de las minorías y de las mujeres pudiera llegar a la posición más poderosa en el mundo.

Las divisiones ideológicas han favorecido un aumento de la tensión. Ha habido protestas en lugares como Berkeley y Los Ángeles, y en los campus universitarios. Llegan noticias de episodios de violencia. Ambas partes denuncian ataques: parece que entre algunos la elección se ha convertido en una excusa para desencadenar agresiones a aquellos que representan una ideología diferente a la suya.

La sensación más palpable, sin embargo, es la de incertidumbre. La pregunta más compartida entre todos, tanto los que apoyaron a Trump como los que no lo hicieron, es si el presidente electo cumplirá con sus declaraciones durante la campaña. Y nadie está más interesado que el gran número de inmigrantes latinoamericanos, muchos de los cuales son indocumentados. La mayoría tiene familiares y amigos que viven con un avivado miedo de ser deportados o sometidos a los efectos de la ley. Muchos son jóvenes: en virtud de un programa federal que comenzó en 2012, más de 700.000 adolescentes indocumentados proporcionaron sus datos personales al gobierno a cambio de permiso para asistir a la universidad y trabajar en los EE.UU. Si el presidente Trump revoca o elimina este programa, estos jóvenes se quedarán expuestos a posibilidades reales.

Por el momento, nadie sabe cómo será la presidencia de una administración Trump. Algunos esperan que se dedique a realizar su promesa de introducir cambios reales, mientas otros esperan que su experiencia como empresario le llevará a decisiones razonadas y prácticas. Algunos temen un nuevo autoritarismo y otros, que todo siga igual que antes. Para todos, la elección de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos nos ha funcionado como una lupa, poniendo las esperanzas y los miedos de cada uno en un foco nítido. En las próximas semanas y meses la realidad nos revelará cuáles de ellos son bien fundados y cuáles no.

Después de la sorpresa, aumenta la tensión

Damian Bacich | 0 comentarios valoración: 3  77 votos

El riesgo de vivir en una pompa de jabón

Sean Patrick O`Malley

He trabajado durante veinte años en Washington con inmigrantes provenientes de El Salvador, Guatemala, Nicaragua, y en general de toda América Latina. La mayoría de ellos no tenía un estatus legal y muchos habían llegado a Estados Unidos escapando de la violencia de las guerras civiles en América Central. Ya conté muchas veces, y ahora me parece útil hacerlo de nuevo, la historia de los primeros días que pasé en el Centro Católico y aquella vez que vino a hablar conmigo un hombre proveniente de El Salvador. Se sentó delante de mi escritorio y empezó a llorar mientras me entregaba una carta de su esposa, que había quedado en su país: la mujer le reprochaba porque la había abandonado a ella y a sus seis hijos en la pobreza y el hambre. Cuando el hombre pudo reponerse, me explicó que había venido a Estados Unidos y hasta Washington, como tantos otros, porque la guerra había invadido su país y resultaba imposible mantener una familia con el trabajo en el campo.

Entonces un coyote (las personas que hacen pasar ilegalmente la frontera) lo llevó a Washington y en aquel momento compartía una habitación con muchos otros hombres que se encontraban en una situación parecida. Su trabajo consistía en lavar los platos en dos restaurantes, uno en el almuerzo y otro en la cena. Para ahorrar, comía las sobras que quedaban en esos mismos platos. Iba a trabajar a pie para no gastar ni siquiera el dinero de un pasaje en los medios de transporte. Haciendo esa vida, podía enviar todo el dinero que ganaba a su familia. Me dijo que había enviado dinero todas las semanas y estaba trastornado porque ahora, después de seis meses, su esposa le decía que nunca había recibido una carta suya y lo acusaba de haberla abandonado. Le pregunté si había enviado cheques o había hecho transferencias de dinero. Me contestó que había mandado dinero en efectivo. Y me explicó: “Cada semana puse el dinero que había ganado en un sobre con todas las estampillas necesarias y lo deposité en el buzón azul de la esquina”. Todo el problema consistía en que aquello no era un buzón sino un tacho de basura.

Esa pobre historia me ayudó a ver lo que estaba ocurriendo y a comprender mejor las dificultades y las humillaciones que sufrían tantas personas que vienen a Estados Unidos huyendo de la pobreza y de la opresión, para darles una vida mejor a sus hijos. Desafortunadamente muchos inmigrantes pasan años y años sin poder enviar nada a sus seres queridos y ocurre que muchos abuelos que se quedan en su país tienen que hacerse cargo de los nietos, porque los padres han emigrado a Estados Unidos en busca de trabajo para, tarde o temprano, ganar dinero y enviarlo a casa. El Papa Francisco nos alienta a salir a las “periferias” y mirar a nuestros prójimos que se encuentran en situaciones oscuras y dolorosas.

El sistema de inmigración que tenemos en Estados Unidos ha fracasado y atormenta a los inmigrantes que llegan a nuestras fronteras en busca de una vida mejor para sí mismos y para sus niños. Somos un país de inmigrantes, y como tal deberíamos sentirnos identificados con ellos y trabajar para que terminen los sufrimientos y el dolor que provoca nuestro sistema de inmigración, que no funciona bien y es injusto. Estados Unidos es una nación de inmigrantes, de hijos de inmigrantes, de nietos y bisnietos de personas que venían de todas partes del mundo. Debido a la gran hambruna irlandesa (a mediados del siglo XIX) y de la opresión política, mi gente vino aquí desde Irlanda. Miles y miles de personas murieron de hambre en aquellas circunstancias. En los barcos donde viajaban los inmigrantes irlandeses murió un tercio de los pasajeros. Los tiburones seguían las naves, esperando los cuerpos que se “sepultaban” en el mar. Sospecho que solo los esclavos que fueron traídos al Nuevo Mundo por los barcos negreros tuvieron un transporte y una suerte peor que la de ellos.

El escritor Frank McCourt, autor del famoso libro “Las cenizas de Ángela”, escribió una obra de teatro titulada “The irish… and how they got that way” (“Los irlandeses y cómo tomaron este camino”). En una escena, los inmigrantes irlandeses se dejan llevar por los recuerdos y dicen: “Vinimos a América porque pensábamos que las calles estaban empedradas con oro. Cuando llegamos descubrimos que las calles no solo no estaban empedradas con oro sino que ni siquiera estaban empedradas. Y descubrimos también que debíamos empedrarlas nosotros”. El trabajo duro y el sacrificio de muchísimos inmigrantes es el secreto del éxito de este país. A pesar de los sentimientos xenófobos de una parte de la población, nuestra gente inmigrada contribuye muchísimo a la economía y al bienestar de Estados Unidos.

El riesgo de vivir en una pompa de jabón

Sean Patrick O`Malley | 0 comentarios valoración: 3  79 votos

El previsible continuismo de la política exterior de Trump

Antonio R. Rubio Plo

Navegar por la agenda exterior de Donald Trump, dos meses antes de la toma de posesión de su presidencia, es una labor compleja. El analista no puede limitarse a recordar las propuestas que ha hecho a lo largo de su campaña electoral y que han sembrado la alarma entre algunos aliados de Washington. Alguien dijo alguna vez que las promesas electorales se hacen para no cumplirlas, pero no deja de ser una afirmación superficial pues un candidato quiere llevar a la práctica su programa, aunque solo sea en parte si las circunstancias no acompañan. Lo que lleva a cuestionar un programa político es que pueda darse de bruces con la realidad, y aun así hay líderes políticos que lo sacrifican todo o a su ideología, o a sus apetencias personales.

Es fácil decir que Trump supone una ruptura con Obama pero, ¿será realmente así en política exterior? Al actual presidente se le ha acusado de ejercer un liderazgo entre bastidores, el famoso “leading from behind”. Esta opinión sirve para considerarle un presidente que opta por la ambigüedad y practica un aislacionismo que no se atreve a confesar su nombre. También se dijo de él que no podía ser considerado el líder del mundo libre, como los presidentes de la guerra fría, y que haría un excelente papel si hubiera llegado a ser primer ministro de Canadá. Una política opuesta a este planteamiento requeriría un mayor intervencionismo en el exterior, pero no es eso lo que cabe esperar de Trump. Es cierto que el eslogan del presidente electo es “Make America great again”, aunque esto solo puede ser entendido desde otro eslogan tradicional de los republicanos, “America first”. Tras los fracasos exteriores de la presidencia de Bush y la crisis económica de 2008, se diría que la grandeza de América reside en el interior, y en ese sentido se comprende la afirmación de Obama de que las tareas de “nation building”, en la línea de las practicadas con escaso éxito en Afganistán e Iraq, deben ejercitarse, ante todo, en casa. Donald Trump estaría de acuerdo con su predecesor. No debemos esperar de él ni políticas neoconservadoras ni mucho menos de internacionalismo liberal.

¿Es Trump un aislacionista, al igual que los republicanos de las décadas de 1920 y 1930? En el mundo de hoy no caben esas posturas extremas, pero lo cierto es que la victoria de Trump supone más dosis de soberanismo y nacionalismo en la que sigue siendo la primera potencia mundial. La cooperación internacional siempre ha tenido en la diplomacia norteamericana un alcance limitado, con independencia de quien ocupara la Casa Blanca. Un demócrata como el célebre diplomático George Kennan creía en el equilibrio de las potencias, como en la Europa del siglo XIX, o un republicano como Henry Kissinger compartía similares postulados al referirse al triángulo diplomático Rusia-China-EEUU. Los norteamericanos, y en esto no son diferentes de rusos y chinos, prefieren la diplomacia bilateral aunque formen parte de foros multilaterales. Trump no será precisamente quien cambie las cosas.

Se habla mucho de la buena relación personal entre Vladimir Putin y Donald Trump. De ahí el pronóstico de una mejora de las relaciones entre Rusia y EEUU. A este respecto, deberíamos recordar el acercamiento de George W. Bush al presidente ruso tras el 11-S, y mucho más reciente el reset escenificado por Hillary Clinton y Serguei Lavrov al comienzo de la presidencia de Obama. ¿Quién se acuerda hoy de eso? Más allá de los elogios personales, Rusia espera de la administración Trump un levantamiento de las sanciones por el conflicto de Ucrania. ¿Cabe esperar que ambos países sean nuevos socios estratégicos? ¿Está dispuesto Washington a sacrificar a los vecinos de Rusia que son sus aliados? Lo que Rusia siempre esperará de EEUU es su reconocimiento implícito de que sigue siendo una gran potencia como en la época de la guerra fría. ¿Lo es en realidad, o más bien es una potencia regional con aspiraciones que la sobrepasan? La desproporción, que no se mide en aspectos militares ni en el poder de las oscilantes fuentes de energía, es evidente. ¿Qué ventaja comparativa, si hablamos en términos exclusivamente económicos, aporta Rusia a EEUU? Está claro que la relación personal es totalmente insuficiente.

El previsible continuismo de la política exterior de Trump

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>Entrevista a Giorgio Vittadini

'Sanders habría ganado a Trump'

Marco Dotti

Miles de personas salieron a las calles de Nueva York después de la noche electoral bajo el grito «he's not my president». Pero la rabia del día después, acompañada de los eslóganes radicales de moda, sirve de muy poco y explica todavía menos. Por ejemplo, no explica la razón por la cual casi sesenta millones de americanos eligieron el 8 de noviembre a Donald Trump y su versión del american dream.

Entre las “murmuraciones” de las élites decepcionadas y el grito silencioso de una América profunda que espera pero mientras tanto pone sus esperanzas en una figura equivocada, ¿de verdad no hay otra opción? Ese grito esconde un malestar radical, que nace del yo y sale a la luz, ¿pero hasta dónde va a llegar, teniendo en cuenta que la política, siempre dispuesta a adaptarse a las instancias financieras, ya no sabe escuchar el corazón de un país?

Hablamos con Giorgio Vittadini, presidente de la Fundación por la Subsidiariedad, profesor de Estadística en la Universidad Estatal de Milán, que visitó hace poco los Estados Unidos y tiene una opinión muy precisa al respecto: “con Bernie Sanders las cosas habrían sido muy distintas”.

Profesor Vittadini, francamente, ¿usted se esperaba este triunfo de Trump?

No me lo esperaba. Pensaba que el stablishment americano, que se había puesto del lado de Clinton, desplegaría todos sus recursos en contra de Trump. Recordemos que las cien mayores empresas norteamericanas han financiado a Clinton, todos los grandes periódicos estaban en contra de Trump. Clinton unía el poder de Washington y el financiero.

En el lugar que considerábamos la “izquierda” demócrata se abre ahora una gran vorágine.

No se tiene en cuenta que en Estados Unidos la primera causa de mortalidad por debajo de los 40 años es la sobredosis, que existe un número creciente de suicidios juveniles, una violencia que no deja de crecer, masacres continuas y una tensión racial que está al límite, y no se ha producido polarización en torno a estas cuestiones. Es evidente que hay un poder al que no le importan estos temas, ni el empeoramiento de las condiciones de vida de la clase media, donde muchos no llegan a final de mes y donde la movilidad vertical se ha reducido considerablemente. La clase dirigente parece estar cada vez más lejos. Y no solo el poder político, también el de la información.

¿La América profunda ya no sigue ciertos puntos de referencia y se rebela?

La costa este y California no son “América” sino una de las dos Américas. La otra es la del centro, el medio oeste y el sur, donde el Bible Belt (“cinturón de la Biblia”) se une con el “cinturón de hierro”, los viejos estados de la industrialización que ahora están en declive. Evidentemente, esta América no está hecha de grandes metrópolis donde se concentra la riqueza, sino de una clase trabajadora que vive de su esfuerzo cotidiano en su realidad local.

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