Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
22 FEBRERO 2017
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Los traficantes de migrantes aumentan sus tarifas

Alver Metalli

Los obispos estadounidenses ya dijeron que con el muro los migrantes correrán mayores riesgos. Pero emprender el viaje hacia la frontera y pasar del otro lado no solo será más peligroso sino también más caro, cada vez más caro desde que el presidente Trump apretó las clavijas a los indocumentados que quieren entrar a su país. Tiempos duros para aquellos y buenos para los coyotes, como llaman a los traficantes de migrantes que se mueven entre las dos fronteras. En todas sus variantes. Están los coyotes viajeros, que se desplazan con los indocumentados hasta la frontera de Guatemala con México, o hasta Ciudad de México, para entregar la mercadería a los coyotes locales que la llevan hasta la frontera norte. Está el señor coyote, el que controla el tráfico sin moverse de su casa, gracias a internet. Aprendió el oficio en el terreno, fue coyote viajero y ahora aceita los engranajes de la red sentado ante su escritorio. La red está formada por otros coyotes, la policía en los puntos de paso y las mafias de distinto tipo. Después puede haber imprevistos, accidentes propios del oficio con los consiguientes daños colaterales que implican arrestos, secuestros y muertes a lo largo del camino.

“Innominado” es un coyote completo, de los que encuentran al migrante y aceitan la cadena que debe llevarlo hasta el otro lado. Fue entrevistado por El Faro, diario on line de El Salvador, que se comprometió a proteger su anonimato “porque lo que hace es un delito penado por la ley con ocho años de cárcel”. Es una entrevista de la que se puede aprender mucho. “Innominado” viaja todas las semanas de un punto a otro de El Salvador –el más pequeño, por superficie, de los países de América Central– para buscar clientes, darles seguridades “o responder las dudas de la madre de la joven que debe viajar”. Y, naturalmente, para acordar la tarifa.

Esa tarifa –explica el periodista de El Faro Óscar Martínez, quien recibió las confidencias de “Innominado”– no es fija sino que varía según la presunta solvencia del cliente, la distancia y las dificultades del trayecto, y los ganglios que hay que aceitar. “En 2014 por ejemplo, cuando 64.000 niños entraron a Estados Unidos sin visa, la cuota era más o menos siete mil dólares para llegar hasta la ciudad elegida. En 2017, con Trump en el poder y su promesa de construir un muro en los 2.100 kilómetros de frontera que faltan, el mismo servicio cuesta alrededor de ocho mil dólares”.

Por boca del coyote “Innominado” nos enteramos de que para mover al cliente de ganglio en ganglio, o trasladarlo a lo largo de la cadena, hacen falta tres cosas: primero, un policía o agente del Instituto Nacional de Migraciones de México que avisa cuándo está de turno en un puesto migratorio de control de vehículos. “En México los compras por pocos pesos”, afirma “Innominado”. Segundo, es la parte más difícil, “un contacto con el cártel”. Normalmente esta conexión se obtiene a través de algún señor coyote mexicano que trabaja en la frontera con Estados Unidos, tiene relaciones con los Zeta o con el Cártel del Golfo y recibe los clientes del coyote de El Salvador. Tercero, el coyote mexicano que, habiendo obtenido el vía libre, cruzará con sus migrantes la frontera con Estados Unidos y, si han pagado por esto, los llevará hasta la ciudad de destino. El monto pactado para esa última etapa del viaje la cobra en su totalidad el coyote mexicano. “El salvadoreño –explica “Innominado”– no recibe nada por esa parte del trayecto y obviamente tampoco por el contacto con el coyote del norte ni el soborno del funcionario mexicano”.

En la cadena descrita, los anillos están bien conectados. “Sin un coyote salvadoreño no hay cliente centroamericano. Sin coyote mexicano no hay viaje seguro ni cruce a los Estados Unidos”.

Los traficantes de migrantes aumentan sus tarifas

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Con Trump se acaba el atlantismo

Robi Ronza

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca pone un punto final explícito al “atlantismo”, que de hecho ya acabó con Obama. Pero fingir que todavía duraba le resultaba cómodo, tanto a él como a los líderes europeos. De modo que, a pesar de la evidente retirada de Estados Unidos de Europa y del Mediterráneo, a la sombra de una retórica cada vez más lejana de la realidad, el establishment europeo había seguido acunándose en la ilusión de que aún no habían terminado los buenos tiempos, que comenzaron en 1949 con la firma del Pacto Atlántico (más conocido como OTAN), cuando EE.UU. necesitaba tanto una alianza con la Europa occidental para pagar generosamente los gastos ocasionados. Entonces tenían medios abundantes para podérselo permitir.

Confirmando lo que había anunciado en entrevistas publicadas en vísperas de su entrada en el cargo, durante su discurso como nuevo presidente norteamericano empezó diciendo que gobernará pensando ante todo en el interés nacional de su país. Lo extraño sería lo contrario. Ese es el primer deber de cualquier gobernante en cualquier parte del mundo. El interés de cualquier otro estado viene obviamente después, aunque pueda imponerse en el escenario del deber común de construir y garantizar la paz, que solo será estable si se fundamenta en la justicia. Pero como desde finales de la Segunda Guerra Mundial hasta hoy EE.UU siempre se había preocupado de aparecer en el tablero europeo, aunque con interés decreciente, con la careta de Papá Noel, que ahora Trump nos diga “¡arregláoslas!” nos causa cierta impresión. Al menos a los más ingenuos, y también a los más apegados a Estados Unidos. En realidad, las relaciones entre Europa y los USA siempre han sido menos afables de lo que querían parecer, pero en todo caso la máscara resultó creíble. No se puede decir lo mismo de otros lugares del mundo, desde América Latina hasta Extremo Oriente, pero con nosotros era así.

Gracias a este interés incondicional por la estabilidad de Europa, hasta años recientes los Estados Unidos habían corrido con los gastos de la defensa estratégica del continente europeo. Tal defensa estaba orientada evidentemente hacia los intereses norteamericanos, que entonces coincidían ampliamente con los de Europa. De ese escenario derivaron enormes ventajas sobre todo para Europa occidental, que con un gasto modesto en armamento ha podido no solo desarrollarse sino también dotarse de importantes sistemas de seguridad social. Con Trump esta etapa llega a su fin de manera explícita. En efecto, la red estratégica con que Estados Unidos envolvió al mundo no desaparecerá, pero cada vez coincidirá más con la llamada anglo-esfera, es decir, con Gran Bretaña y con los países que son herederos directos de su pasado imperial. Aparte de Norteamérica, dicha red asumirá un carácter sustancialmente insular o litoral, que deja fuera a la Europa continental.

En esta nueva situación, la Europa continental, y por tanto la UE que es su mayor parte, o se mantiene por sí misma o bien, al estar muy poblada y desarrollada, se convertirá en la presa designada por las grandes potencias actuales o futuras de desarrollo medio, como son en este momento Rusia y China, salvo nuevas llegadas de momento no previstas. En la situación moderna, eso no implica necesariamente la conquista en el sentido clásico del término. También puede consistir en amplias formas de dependencia económico-financiera, con todas sus consecuencias. Por eso no hace falta imaginar malvadas voluntades poderosas. En el ámbito de las relaciones internacionales, rige la regla del equilibrio de fuerzas. Cada estado, cada uno de los actores de la política internacional debe ocupar y mantener ocupado su propio estado, y si decae puede provocar una inestabilidad que acabe causando crisis y guerras. En este sentido, Europa debe volver a descubrir y asumir sus responsabilidades, no solo por su propio interés sino por su propio deber con el resto del mundo.

Las dos crisis actuales en la región del Mar Negro y en Oriente Próximo respectivamente ya suponen una prueba dramática de los impactos negativos que está provocando la lentitud de la Unión Europea. Es más urgente que nunca que en Europa, en la UE, se den cuenta de que el atlantismo ha terminado, que se emancipe de la mentalidad que aquello generó, que se delineen cuanto antes las políticas internacionales más adecuadas para la nueva situación.

Con Trump se acaba el atlantismo

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>Entrevista a Guido Olimpio, corresponsal en Washington

Cae la primera cabeza de la 'guerra' entre Trump y el aparato

P.V.

“La dimisión del general Michael Flynn a veinte días de la inauguración oficial de la presidencia Trump dice a las claras que la Casa Blanca es un gran caos donde nadie es capaz de controlar la situación”. Según Guido Olimpio, corresponsal en Washington del Corriere della Sera, el caso Flynn no debe llamar a nadie a sorpresa, aunque “lo asombroso es que llegue tan pronto”. El hombre que tanto quería Trump al frente del Consejo Nacional de Seguridad parece hacer sido víctima de una filtración de informaciones de los servicios de inteligencia. “Es la primera pero no será la última víctima de esta división que sacude todos los niveles de la sociedad y de la administración norteamericana desde la elección de Donald Trump”.

¿Qué hay detrás de la dimisión de Michael Flynn, la incapacidad de Trump para elegir a sus colaboradores o sencillamente un error humano?

Flynn es un personaje archiconocido en los medios norteamericanos. Todo el mundo sabía que era problemático. Trump también lo sabía. El hecho de que haya ignorado estos problemas se debe en parte a la arrogancia del personaje Trump, y en parte a que el nuevo presidente tenía una deuda con él.

¿De qué se trataba?

Aunque no desde el principio, Flynn durante la campaña electoral se mostró como el más fiel defensor de Trump, actuando para él como consejero en asuntos militares. Ambos comparten la misma postura ante la lucha contra el islam radical y la línea dura contra Irán. Así que tenía que premiarle de alguna manera, y lo hizo poniéndole al frente del Consejo Nacional de Seguridad.

¿Sin preocuparse de las consecuencias?

Eso parece. Cuando se nombran cargos de este nivel hay que valorarlos a fondo. Trump aprovechó que este nombramiento no estaba sujeto a la valoración del Congreso, por lo que Flynn no tenía que responder a preguntas que pudieran resultarle embarazosas.

¿Cree que las acusaciones contra Flynn son fundadas?

No cabe duda de que las revelaciones sobre Flynn han salido en los medios porque alguien se las ha proporcionado desde fuentes sólidas. Entre Flynn y parte de la inteligencia no hay buenas vibraciones, así que es probable que hayan sido hombres de los servicios de inteligencia los que hayan proporcionado esa información. Si fuera mentira, Flynn no habría dimitido, aunque hay que aclarar ciertas cosas.

¿Cuáles?

Flynn no ha dimitido por hablar de las sanciones contra Rusia con el embajador sin tener permiso para ello, sino porque mintió al vicepresidente y al presidente, diciéndoles que no lo había hecho. Pero esto es solo el principio, en Washington muchos dicen que las revelaciones sobre los rusos no han acabado, hasta el punto de que los demócratas ya han pedido una comisión de investigación.

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Cae la primera cabeza de la 'guerra' entre Trump y el aparato

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>ENTREVISTA A ADOLFO PÉREZ ESQUIVEL

'Trump hará mucho daño'

Alver Metalli

Combativo como siempre y con 85 años bien llevados. La marcha por las calles estrechas y polvorientas, entre cobertizos y casas sin terminar, para recordar a dos jóvenes muertos por la policía en una villa miseria de la periferia de Buenos Aires no lo ha dejado exhausto ni mucho menos. A Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz 1980, arrestado y torturado por los militares argentinos en 1977, todavía le quedan energías para mandarle un mensaje a ese Trump que tanto aprecia la tortura y quisiera volver a usarla. “Es un hombre que hará mucho daño”, dice sacudiendo la cabeza blanca. “Es propio de una mentalidad arrogante y totalitaria pensar que el castigo corporal induce a decir la verdad, incluso la que no es verdadera, con tal de que termine la tortura”. Concluye su intervención el día de la memoria del asesinato de los dos villeros alentando a “no dejar de sonreírle a la vida” y baja del precario palco de tablones sostenido por el brazo del padre José María di Paola.

¿Hay buenas razones para sonreírle a la vida?

El día que dejemos de hacerlo, querrá decir que hemos perdido la esperanza y que nos han derrotado. Fíjese bien que cuando se pierde la esperanza, también se pierde la capacidad de luchar, la convicción de que se puede cambiar una determinada situación. Para sostener el compromiso hay que tener una esperanza, un objetivo, un sentido de la vida y de la lucha. De esa manera se puede sonreír a la vida en cualquier situación, resistir, no bajar la guardia. Eso es lo que da la fuerza para seguir adelante. El que lucha por cambiar la vida no puede vivir amargado.

¿Cree que en Argentina está vivo ese espíritu de lucha, ese buscar el cambio?

Nos encontramos en una situación contradictoria, como es inevitable. Hubo algunas conquistas sociales, otras quedaron a mitad de camino. Muchas veces por cálculo político, por especulación, por haber eludido el deber de una edificación social, cultural y política. La democracia no es gratis, no es poner una boleta en una urna cada cuatro años, es una construcción permanente y colectiva, día a día. Democracia y derechos civiles son valores inseparables; si estos se violan, la democracia se debilita hasta que deja de serlo.

Usted fue torturado cuando lo arrestaron en la época militar, en 1977. El nuevo presidente de Estados Unidos acaba de decir que los interrogatorios con ciertas prácticas de tortura han dado resultado. Tanto es así que no sería un error volver a usarlas… ¿Con usted dieron resultado?

¡No! [carcajada]

¿Qué efecto le produce un comentario como ése, a favor de la tortura?

Es propio de una mentalidad totalitaria pensar que el castigo corporal induce a decir la verdad, incluso la que no es verdadera, con tal de que termine la tortura. Trump es un hombre que hará mucho daño, y ya lo está haciendo por la manera como enfoca la cuestión migratoria, la xenofobia que demuestra, el racismo que alienta. Habrá que ver hasta dónde llega, pero si sigue así, poniendo en práctica lo que ha dicho durante la campaña electoral, le hará mucho mal al mundo pero también al pueblo de Estados Unidos, que afortunadamente está reaccionando. Habrá que ver…

Entonces usted cree que hay posibilidades…

En mi opinión, en Estados Unidos no gobierna el presidente; el verdadero poder lo tienen el complejo industrial-militar y las grandes empresas. Ellos serán los que le pongan límites. Obama no pudo hacer grandes cosas; hablaba de cerrar la cárcel de Guantánamo, de terminar la guerra en Iraq y en Afganistán, de darle al mundo más seguridad, y ya vimos que no pudo hacerlo. Me lo dijo en una carta. Los republicanos también están divididos y las divisiones se agudizarán; tienen la mayoría en el Congreso pero no son unánimes dentro del partido. Algunos de ellos, aunque son de derechas, tienen una ética y valores, y sienten que Trump los está pisoteando.

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'Trump hará mucho daño'

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Andrew Jackson y Donald Trump: ¿opuestos o paralelos?

Antonio R. Rubio Plo

António Pedro Barreiro, un joven estudiante portugués de Ciencias Políticas, ha tenido la oportunidad de publicar en el diario digital observador.pt “A moral da Historia”, un interesante artículo en el que invita a una reflexión histórica para tratar de comprender estos convulsos inicios de la presidencia de Donald Trump. Resulta significativo que algunos lectores le hayan felicitado por el rigor histórico, si bien otros ponen en duda que se puedan sacar enseñanzas de la Historia. Para muchos, la Historia se reduce a una acumulación de datos, una especie de trabajo de documentación adicional, pero que poco tendría que enseñarnos porque las circunstancias actuales son muy diferentes.

Lo de que la Historia se repite a la manera hegeliana, que los acontecimientos del pasado tienen su correlación, a veces casi automática, en el presente y que, en consecuencia, podemos prever el futuro se ha repetido, a modo de consigna ideológica, durante casi dos siglos. Ha sido la influencia del marxismo, sin duda, aunque otras ideologías de signo opuesto han participado de los mismos planteamientos. Sin embargo, el mecanicismo histórico no existe porque el ser humano es, ante todo, un ser libre, pero el conocimiento de la Historia puede ser útil a la hora de comparar situaciones. Las conclusiones también serán libres. Pese al auge de la tecnología y de la globalización, las pasiones humanas son las mismas, las reflejadas en las tragedias griegas o en las de Shakespeare. Ni que decir tiene que la política, con sus procesos de ascensión y caída de los líderes, tiene bastante de tragedia.

La comparación hecha por Barreiro se refería a la presidencia de Andrew Jackson, elegido en 1828. Era un hombre de carácter arrogante y difícil. Hasta entonces se había dedicado a la abogacía y desarrollado una carrera militar, combatiendo a los británicos en 1812. Fue implacable en la lucha contra los indios creek a quienes expulsó de los actuales estados de Alabama y Georgia. Se presentó a las elecciones de 1824, pero sus adversarios invalidaron su elección, pese a tener la mayoría de los votos populares; y la presidencia pasó a John Quincy Adams, hijo de un anterior presidente. Jackson fue el candidato favorito de los pioneros y colonos, hijos de un ambiente en el que convivían el rifle y la Biblia. Con todo, Jackson desagradaba a una burguesía mercantil e industrial, procedente de las primitivas trece colonias, la que calificaba de patán, demagogo e ignorante a aquel hijo de irlandeses que se había hecho a sí mismo. Nada nuevo bajo el sol. El hombre de la América profunda luchando contra las élites tradicionales de la costa noreste.

Andrew Jackson y Donald Trump: ¿opuestos o paralelos?

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>Entrevista a Jorge E. Traslosheros

'Lo del muro no es nuevo y México debe ser inteligente al negociar con Trump'

F.H.

Una de las conmociones de la semana pasada ha sido el anuncio hecho por Trump respecto al muro, la deportación, asegurando que va a ser México quien pague el muro. Hablamos con Jorge Eugenio Traslosheros, investigador de la Universidad Nacional de México.

Hay que viajar mucho en el tiempo para encontrar precedentes a algo como lo que ha hecho Trump esta semana, ¿no?

En el caso de nuestra relación con Estados Unidos, no mucho. Siempre ha sido una relación muy conflictiva. Es la frontera que más movimiento tiene en el mundo. Desde antes de la revolución mexicana –estamos hablando de 1910– y sobre a partir de la hambruna de 1927, empezó a haber una migración tremenda hacia EE.UU. Este es un factor. El otro factor de gran conflicto en la frontera siempre ha sido que muchísimos mexicanos que viven de aquel lado suelen decir que ellos nunca cruzaron la frontera, que la frontera los cruzó a ellos.

Bueno, eso históricamente es cierto.

Totalmente cierto, una guerra de conquista muy al estilo del siglo XIX, donde los conflictos de regiones territoriales se gestionaban mediante la guerra. Entonces, todos sabemos que una cuarta parte de lo que hoy es el suroeste de Estados Unidos era México, ahí siempre se ha vivido una situación de gran conflictividad. Nadie lleve llamarse a sorpresa y creo que hay que tomarse las cosas, como se dice por aquí, con calma y dos hielos.

¿Porque a lo mejor no es tanto lo que viene luego?

Yo creo que sí va a ser una situación difícil. Lo que quiero decir es que eso no significa que sea nuevo. No es que no haya habido ningún precedente. Pensemos en lo siguiente: Obama es el presidente de EE.UU que más mexicanos deportó en toda la historia, Obama deportó a más mexicanos que todos los presidentes del siglo XX juntos. Hay que empezar a diferenciar un poco, y creo que Trump indudablemente es un barbaján, un impresentable como dicen en España. Yo creo que el que mejor ha entendido la personalidad de Trump es Carlos Slim, que la semana pasada dio una conferencia de prensa fantástica, donde dijo: “No es Terminator, en Negociator. Trump es un negociador muy eficaz, muy agresivo, pero finalmente no es más que un negociador”.

Entonces, ¿podemos tener alguna esperanza de que las cosas cambien?

Yo creo que más que una esperanza. Pienso que aquí hay dos problemas. El primero es que Trump ganó y ganó a la invencible, a Hillary Clinton, que representaba todo un proyecto cultural y político a nivel internacional, también muy impresentable, porque este proyecto es el que hundió a Oriente Medio en una guerra, dio la espalda a los cristianos que están allí, que iba en contra de la libertad religiosa. Recordemos que los primeros que empezaron a redefinir el concepto de libertad religiosa en Estados Unidos han sido Obama y Clinton. Entonces, un proyecto muy agresivo, por la eutanasia, la eugenesia, el aborto… Son igual de impresentables, solo que son más elegantes. Esa es la diferencia. Yo sí creo que, independientemente de todo, hay mucho enojo, mucho miedo a que la llamada derecha europea tome el poder. En este sentido, pienso que Trump, siendo un barbaján, me parece que ni es Hitler, ni se acerca a nada por el estilo. La segunda cosa que hay que entender es que cuidado con el patriotismo mexicano.

¿Por qué?

>Entrevista a Jorge E. Traslosheros

'Lo del muro no es nuevo y México debe ser inteligente al negociar con Trump'

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En mayo las FARC serán un partido, si Trump no interfiere...

La transformación que comenzó hace cuatro años con la decisión de negociar acuerdos con el gobierno del presidente Santos se encamina hacia el final y de la crisálida de la guerrilla colombiana más numerosa de América Latina muy pronto surgirá la esperada criatura que tomará definitivamente el lugar de las armas. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia fijaron la fatídica fecha en el mes de mayo de este año solar. El Estado mayor de la guerrilla –que para la ocasión decidió duplicar el número de sus miembros pasando de 32 a 61– eligió el mes tradicionalmente dedicado por los católicos a la Virgen como fecha de nacimiento para la nueva fuerza política. Para esa fecha anunciaron que estará terminado el documento programático y los estatutos que lanzarán un número aún no precisado de dirigentes a la arena electoral. Si Trump no interfiere, habría que precisar, considerando que el nuevo secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, anunció que se propone “revisar los detalles del reciente acuerdo de paz y determinar hasta qué punto Estados Unidos debería seguir apoyándolo”.

Para el triple salto mortal carpado en la política nacional, el más difícil y espectacular en la disciplina del salto, las FARC han designado a 60 dirigentes que –con un lenguaje insólito para un movimiento que estaba en armas no hace mucho tiempo– “harán pedagogía de paz por todo el territorio nacional”. Lo que significa que explicarán los alcances de los acuerdos y los beneficios que supone la decisión de llevarlos a la práctica para que no haya sorpresas en sus propias filas. Con este propósito los misioneros de la democracia política en formato FARC se establecerán en las zonas previstas para la concentración de los guerrilleros en proceso de desmovilización para convencer a todos sobre las bondades del nuevo partido. Luego saldrán todos a la palestra para disputar con las armas de la persuasión y con el voto lo que poco tiempo atrás se disputaba con las armas.

En mayo las FARC serán un partido, si Trump no interfiere...

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Los muros no son la solución

El presidente del Comité Episcopal de Migración en Estados Unidos ha criticado la decisión del ejecutivo de Donald Trump de construir un muro en la frontera entre EE.UU y México, afirmando que esa medida “pone la vida de los inmigrantes innecesariamente en peligro”.

Joe S. Vasquez, obispo de Austin, Texas, que está al frente de dicho comité, también ha criticado la decisión de Trump de aumentar las detenciones y deportaciones, lo que “separará a las familias y desatará el pánico entre las comunidades”.

Trump aprobó ambas medidas el pasado miércoles durante una visita al Departamento de Seguridad Nacional. Antes, el secretario de prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, afirmó que el muro, piedra angular de la campaña electoral de Trump, “frenará el flujo de drogas, crimen e inmigración ilegal” a lo largo de la frontera sur, lo que afirmó que encabeza la lista de prioridades de Trump en seguridad nacional.

Horas después, el obispo Vasquez emitió un comunicado diciendo que la construcción de ese muro “hará a los inmigrantes, especialmente a los más vulnerables, mujeres y niños, aún más susceptibles de caer en manos de traficantes y contrabandistas. Además, la construcción del muro desestabilizará a las comunidades que viven pacíficamente interconectadas a lo largo de la frontera. En este momento, en vez de construir muros, mis hermanos obispos y yo optamos por seguir el ejemplo del papa Francisco, intentaremos construir puentes entre las personas, puentes que nos permitan derribar los muros de la exclusión y la explotación”.

Durante su visita a México en febrero de 2016, el Papa Francisco viajó a la frontera en Ciudad Juárez para interesarse por la situación de los inmigrantes. Dijo que los que se niegan a ofrecerles un pasaje y un lugar seguros deshonran y destruyen sus propios corazones endurecidos y “pierden la sensibilidad ante el dolor”.

Monseñor Vasquez ha afirmado que los obispos respetan el derecho del gobierno a controlar sus fronteras y garantizar la seguridad de todos los americanos, pero “no creemos que un aumento a gran escala de las detenciones de inmigrantes y una intensificación en el uso de la fuerza en las comunidades inmigrantes sea la manera de alcanzar sus objetivos. En lugar de eso, nos mantendremos firmes en nuestro compromiso con una reforma integral, compasiva y de sentido común”.

Ha asegurado que las nuevas políticas “harán mucho más difícil el acceso de los más vulnerables a los sistemas de protección en nuestro país. Todos los días, mis hermanos obispos y yo somos testigos en nuestro ministerio pastoral de los efectos nocivos de la detención de inmigrantes. Vemos el dolor de las familias y sus graves dificultades para mantener la apariencia de una vida familias normal. Nos encontramos en nuestras escuelas y en nuestras iglesias con niños traumatizados y las medidas anunciadas ahora solo contribuirán a hundir aún más a las familias inmigrantes”.

“Seguiremos apoyando y solidarizándonos con las familias inmigrantes. Recordamos a nuestras comunidades y a nuestro país que estas familias tienen un valor intrínseco como hijos de Dios. Y a todos los afectados por esta decisión les decimos que estamos aquí para caminar con vosotros y acompañaros en este viaje”, dijo monseñor Vasquez.

En el informe de la Casa Blanca correspondiente al miércoles 25 de enero, Spicer reiteró que México terminará y pagará la construcción del muro, y que Trump trabajará con el Congreso para encontrar el dinero necesario para sufragar la construcción, señalando que “hay muchos mecanismos financieros que se pueden utilizar”. Respecto a la segunda medida de Trump, el secretario de Seguridad Nacional, John F. Kelly, también ha comentado que buscarán la manera de cortar los flujos financieros federales a las ciudades que sirven de puntos de llegada a inmigrantes ilegales. Spicer ha calificado estos lugares como “ciudades santuario” que suponen un problema para los que pagan impuestos. “Hay gente americana trabajando por ahí” y sus impuestos van a parar a lugares donde no se cumple la ley, ha comentado. Estas medidas aprobadas no abordan la cuestión de los programas dedicados a los menores ni la inmigración procedente de Oriente Medio, dos temas que según Spicer se afrontarán más adelante.

Los muros no son la solución

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El modelo Trump

Antonio R. Rubio Plo

La política debería ser previsible y aburrida. Sería un indicador para señalar que las cosas van bien, o no del todo mal, en un país. Sin embargo, si la política se convierte en un continuo espectáculo, en el que importa menos la gestión del día a día que los titulares llamativos, no tanto de la página principal de los medios como de una cuenta de twitter, podemos decir que el país tiene un problema. Es lo que está pasando con Donald Trump. Algunos analistas suponían que dejaría de lado sus impulsos y trabajaría con un equipo de gobierno capaz de restañar las heridas de las primarias en el partido republicano.

No ha sucedido nada de esto. Trump sigue mostrándose tan desinhibido como en la campaña electoral y hasta puede permitirse el lujo de ser excéntrico, algo que se decía antes de los millonarios. Sesudos analistas afirman que sus propuestas son un error y, por supuesto, utópicas. Por tanto, debería adaptarse a la realidad de las cosas. Los hechos son tozudos, pero bien podría decir el presidente que peor para los hechos. En la mente de Trump quizás puede haber este argumento: si estos supuestos errores me han permitido ganar las elecciones, ¿por qué cambiar de registro? La gente me ha votado porque mi lenguaje es directo, sencillo y claro, lejos de las peroratas de los expertos. No todo son análisis excesivamente documentados que fomentan la duda y la toma de decisiones. La intuición también existe y la audacia no es ajena a la improvisación. Cuando se atisba una posible solución, por encima de todas las cavilaciones de los expertos, hay que ir a por ella sin perjuicio de ligeras rectificaciones posteriores. Esta mentalidad es propia de ciertos hombres de negocios a los que se les enciende, con frecuencia, la bombilla luminosa de su intuición, compran y venden aquí, y mañana allí... Son los que creen, como si fuera un dogma casi religioso, que solo el que arriesga gana, y todos aplauden sus decisiones si hay un final feliz.

Transportar este modelo a la política solo puede crear inquietud y desasosiego entre los amigos y los adversarios. La política entendida como diálogo o cooperación al servicio de fines comunes entre los ciudadanos de un mismo país choca radicalmente con esta forma de concebir el mundo. Por el contrario, la política se convierte en una partida de póquer en la que el ganador se lo lleva todo o, al menos, a eso aspira. Y cuando existe el diálogo, se basa exclusivamente en algo tan poco sólido como los intereses respectivos que, por naturaleza, pueden ser cambiantes. En esa clase de diálogo nunca está ausente la desconfianza. Ni que decir tiene que el modelo Trump es el del “self made man”, que no debe nada a nadie. Además guarda relación con el héroe solitario de las películas de Hollywood e incluso con el “bad goodman”, que hizo fortuna en la pantalla a partir de la década de los sesenta. Aquí va una anécdota reciente: en las redes sociales apareció una información de que el actor Harrison Ford comparaba a Trump con Indiana Jones y Han Solo, personajes que él había encarnado. Lo único cierto de esta información es que a Donald Trump le gustan este actor y sus personajes. No creo que desdeñara, medio en broma y medio en serio, echar mano del látigo y el sombrero como Indy. Sin embargo, Harrison Ford dijo que el sentimiento de admiración no era mutuo. En cualquier caso, Donald Trump se considera un héroe americano de nuestro tiempo. La multiplicación de sus ingresos así lo demostraría. El presidente es la perfecta conjunción entre un nacionalismo con raíces en los mitos populares, alimentados por el cine y otros medios de comunicación, y un mercantilismo que es indiferente a las razones de la política.

Y si hablamos de cultura popular americana, ¿cómo no pensar en la comedia musical? Un clásico es “Anything goes” de Cole Porter, estrenado en 1934. La letra de su canción principal, de idéntico título, criticaba a la alta sociedad de los años de la gran depresión. Por cierto, también aparecía en “Indiana Jones y el templo maldito”. El estribillo de esta canción bien podría seguir siendo actual. “But now, God knows, Anything goes”. Todo vale. Encaja perfectamente en la era de la posverdad.

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Trump a través de su discurso: la familia es lo primero

Ángel Satué

Benjamin Franklin dijo en uno de sus escritos que conoció a un tal Steele, protestante, que decía que la única diferencia entre la Iglesia Católica y la de Inglaterra era que la primera era infalible, mientras que la segunda siempre tenía razón. Pues bien, Trump parece infalible y, además, él cree que siempre tiene razón. Esta gran seguridad en sus formas y tono, que acaso esconda soberbia, algo que el lenguaje corporal parece dejar entrever, se refuerza con un discurso muy simple, de corte nacionalista, aunque se vista de patriotismo, y populista, aunque se vista de justicia.

El discurso del 45º presidente de los EE.UU. de Norteamérica (América para él), pronunciado después de su juramento y en el marco de fastos, desfiles, bailes y cenas de gala en Washington, villa y corte tejano-versallesca de las Américas por unos días, se resume en lo siguiente: Trump es un personaje demasiado conservador para ser revolucionario, y demasiado revolucionario para ser conservador.

El trumpismo, que no es solo una manera de hacer negocios, sino que será un “political case” a estudiar en las escuelas de políticas, sociología y comunicación del mundo, tiene lo que tienen los liderazgos populistas, que están hechos a medida del líder. La cuestión a dilucidar en los próximos cuatro años será el precio a pagar por las instituciones representativas y los sistemas de pesos y contrapesos, y si saldrán reforzados o debilitados tras los probables intentos de control desde el ala oeste de la Casablanca, o no.

Recordemos que cuando Reagan llegó al poder en 1981, la propia efectividad de la institución del presidente estaba puesta en cuestión, dados los retos del mundo a finales del siglo XX. En este sentido, Michael Kazin (profesor de historia en la Universidad de Georgetown y editor de Dissent), como dice en el número de diciembre de 2016 de la revista Foreign Affairs -dedicada al fenómeno populista- , puede tener razón al advertir, no sin cierto fatalismo, que “el populismo puede ser peligroso, pero puede ser necesario” para revitalizar la democracia cada cierto tiempo. La historia americana ya ha vivido antes este fenómeno y salió reforzada.

Al comenzar el discurso dio las gracias también a los ciudadanos del mundo, como todo buen César del mundo. Comenzó su retórica sobre la base de la idea de devolver el poder “a la Gente” desde el traidor “establishment” (poderes fácticos), ante el cual hablaba, y del que se desmarcaba asombrosamente pese a ser parte de él y haber nombrado un gabinete en que varios miembros son mil y dos mil y tres mil millonarios.

El carácter mesiánico de su mensaje y tono, y la apelación a volver a hacer grande a América (“Make America Great Again”), así como su alegato en defensa de los legítimos intereses de EE.UU. apelando al eslogan “primero, América, y más alto” (“America First and Higher”) -y después, ya si eso, los demás, y ya veremos si…, como diría el humorista manchego José Mota-, fueron los ejes de su mensaje alrededor de cuarto de hora.

Como le recordó en su bendición un pastor protestante, cuando comenzó a hablar Dios le bendijo, pues comenzó a llover. Es una interpretación. Otra sería la de las lágrimas del dios de la lluvia azteca Tlaloc, que lloraría por los mexicanos y migrantes, perseguidos por un nuevo Diocleciano.

Trump a través de su discurso: la familia es lo primero

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Nuevo presidente en EE.UU, nueva oportunidad para relanzar el proyecto europeo

Carlos Uriarte

La Unión Europea debe adelantarse a los nuevos posibles cambios en positivo y con una política reactiva de propuestas. Ante el nuevo escenario habrá que ser más creativos que nunca y relanzar el proceso de construcción europeo que el 25 de marzo de 2017 cumplirá 60 años después de la firma del Tratado de Roma. En este proceso de relanzamiento del proyecto europeo la redifinición de las relaciones entre la Unión Europea y los EE.UU. deben ocupar un papel central.

El 8 de noviembre todo el mundo quedó sorprendido por la clara victoria de Trump en las elecciones presidenciales de los EE.UU. en las que todas las encuestas daban vencedora a Hillary Clinton. Nos acabamos de enterar por un informe de la CIA de que un ciberataque ruso pudo muy probablemente tener como objetivo interferir en el resultado de las elecciones celebradas en EE.UU.

El nuevo periodo que puede abrirse respecto a las relaciones transatlánticas entre los EE.UU y Europa, que debe de ser visto en clave de oportunidad podría resumirse en:

- Una nueva política comercial con Europa: ¿qué ocurrirá con el TTIP? Todo indica que permanecerá congelado hasta que se celebren las elecciones en Francia, Países Bajos y Alemania. Los expertos indican que muy probablemente este tiempo sea utilizado por la administración Trump para seguir negociando con la Unión Europea, pues ésta tiene interés en proseguir con este diálogo. No obstante, parece ser que el nuevo presidente electo prefiere una relación comercial con la Unión Europea basada en la negociación de acuerdos sectoriales y no en la firma de un gran acuerdo global de comercio e inversiones. Además, Trump preferirá la negociación bilateral y en cierta medida defenderá el aislacionismo frente al intervencionismo en un campo más amplio de las relaciones internacionales.

- Una nueva política exterior de los EE.UU que puede afectar a la seguridad europea: frente a esto la Unión Europea mantiene su coherencia con nuevas sanciones respecto a Rusia dejando claro cuál es su posición respecto a la agresión rusa sobre Ucrania. En este sentido, produce cierta contrariedad la nueva relación que podría entablarse entre EE.UU y Rusia provocada por la buena sintonía entre Trump y el presidente Putin. Esto preocupa sobremanera a los europeos que en Ucrania ven un problema no resuelto que enturbia las relaciones de la Unión Europea con Rusia. Estos confían además en el sólido sistema de contrapesos de la democracia norteamericana.

- Una nueva política de seguridad y defensa de EE.UU que solicita a los europeos que sean responsables de su propia seguridad: esto no es nuevo y ya había sido requerido por anteriores administraciones. Y se había manifestado de manera patente en el requerimiento de la OTAN en la cumbre de Cardiff en el que se solicitaba a los Estados miembros de la Alianza Atlántica que incrementaran sus presupuestos hasta alcanzar la cifra del 3%. En este sentido, la Unión Europea se ha propuesto desarrollar un “Paquete de Defensa y Seguridad de la Unión Europea”, que implemente la Estrategia Global de la Unión Europea.

Nuevo presidente en EE.UU, nueva oportunidad para relanzar el proyecto europeo

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>América Latina

Las elecciones que vienen en 2017

Alver Metalli

Tres presidenciales y algunas legislativas modificarán sensiblemente el panorama electoral latinoamericano antes de que estallen los fuegos artificiales a fines de 2017. Ecuador elegirá al reemplazante de Rafael Correa en febrero, Chile al de Michelle Bachelet en noviembre y Honduras concurrirá a las urnas para confirmar en un segundo mandato al actual presidente Juan Orlando Hernández o sustituirlo. En los dos primeros casos los presidentes salientes no participarán en la contienda electoral, en el tercero sí.

En Ecuador, las elecciones se han fijado para el 19 de febrero; si ninguno de los candidatos alcanza la mayoría absoluta habrá segunda vuelta, prevista para abril, entre los dos candidatos más votados en la primera. En esa misma jornada electoral los ecuatorianos deberán votar también por 137 diputados de la Asamblea Nacional, el Parlamento unicameral creado por la Constitución de 2008 que se renueva completamente cada cuatro años.

El candidato de la coalición oficialista, una alianza de quince partidos, Lenín Moreno, muestra una ventaja prácticamente en todos los estudios de opinión con el 30% de aprobación, y aunque en los últimos tiempos los relevamientos preelectorales en América Latina terminaron ruidosamente desmentidos, como ocurrió también en otras latitudes, es previsible que el candidato de Alianza PAIS sea el nuevo presidente de Ecuador. Exempresario y miembro destacado de su partido, Moreno fue vicepresidente de Correa en su primer mandato (2007-2013) y recibió del secretario general de las Naciones Unidas Ban Ki Moon el nombramiento de Enviado Especial para la Discapacidad y Accesibilidad. Desde 1998 él mismo se encuentra recluido en una silla de ruedas debido a la lesión provocada por un disparo a quemarropa durante un intento de robo. En caso de triunfar, Moreno tendrá la no fácil tarea de recoger la herencia política de Correa, sin duda uno de los presidentes más populares de la historia reciente de Ecuador. Sus opositores en las elecciones de febrero no han logrado converger en un único nombre y se presentarán en forma independiente con los tres candidatos que catalizaron más votos en los sondeos realizados hasta el momento: Guillermo Lasso, de centro derecha, ex super ministro de Economía en el gobierno de Jamil Mahuad entre 1998 y enero de 2000, Cynthia Viteri, del Partido Social Cristiano, que en agosto fue expulsada de Venezuela porque visitó a algunos presos políticos, entre ellos los famosos Antonio Ledesma y Leopoldo López; y Paco Moncayo, un exmilitar que fue alcalde de Quito durante dos mandatos consecutivos y se ubica en una línea política de centro izquierda que coincide en muchos puntos con el presidente saliente Rafael Correa.

La elección presidencial en Chile se celebrará a fin de año, en noviembre. Puede tener una segunda vuelta con balotaje, como prácticamente todos los países de América Latina. Con diez meses por delante, las previsiones son muy aleatorias y por el momento solo a título de orientación se puede hacer referencia a algunos estudios –cinco para ser más exactos– que dan una ventaja del 26 por ciento en la intención de voto al expresidente Sebastián Piñera. Detrás de él, a poca distancia, se ubica el senador independiente Alejandro Guilliere, con un pasado de periodista en la prensa escrita, radio y televisión que le ha dado una amplia popularidad y una carrera política en el Partido Radical Socialdemocrático que confluyó en la alianza Nueva Mayoría. El tercer puesto en las encuestas lo ocupa el socialista Ricardo Lagos, político de larga trayectoria y presidente de Chile desde el 11 de marzo de 2000 hasta el 11 de marzo de 2006.

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Las elecciones que vienen en 2017

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El adiós a la historia del presidente Obama

Antonio R. Rubio Plo

La era Obama ha terminado. Pocas veces un presidente despertó tantas esperanzas y expectativas. En el verano de 2008 era un candidato singular, capaz de reunir multitudes en la puerta de Brandenburgo berlinesa, como si de un nuevo Kennedy se tratara, y un año después se le otorgaba el Premio Nobel de la Paz, no tanto por los méritos realizados sino por las ilusiones despertadas. Al recoger su galardón en Oslo, el presidente pronunció un discurso sobre la guerra justa que ningún líder de la Europa posmoderna hubiera asumido, pero los políticos europeos y los medios de comunicación optaban entonces por una Obamanía acrítica, un producto más de imagen que de contenidos.

Barack Obama tenía un sentido de la Historia al que no están acostumbrados los políticos europeos, con la posible excepción de los franceses, y seguramente tampoco lo están sus compatriotas de la segunda década del siglo XXI. Se trata de una visión de la Historia en la que son habituales las comparaciones con otras presidencias del pasado, y ese enfoque histórico llega a ser utilizado por los analistas –y los propagandistas– para escudriñar el rumbo de la presidencia. En el primer mandato, se diría que Obama pretendía transformarse en un Lincoln, al ser el primer presidente negro que llegaba a la Casa Blanca o al desplegar una amplia capacidad para integrar a sus rivales del partido demócrata. Con todo, al ser una época de crisis económica, las comparaciones más socorridas podían ser las de un Roosevelt, con sus programas de intervención del Estado en la economía. Además, si se trataba de desplegar ilusiones colectivas, el modelo imprescindible parecía el de Kennedy, con atractiva pareja presidencial incluida.

Hace ocho años, Obama declaró que su filósofo de cabecera era el teólogo protestante Reinhold Niehbur, el hombre que en “La ironía de la historia americana” denunció las tentaciones del poder y puso en duda que EEUU fuera la “nación indispensable”. Con el paso del tiempo, Obama dejó de mencionar a esta voz crítica de los años posteriores a la II Guerra Mundial, acaso porque un presidente no puede cuestionar abiertamente la política exterior de sus predecesores, si bien esto no le impidió marcar distancias con George W. Bush al retirar a las tropas americanas de Iraq a finales de 2011. Decisiones de este tipo sirvieron para que los adversarios de Obama compararan su política exterior con la de Jimmy Carter, considerado un hombre indeciso y un blanco de humillaciones. Estos reproches se avivaron tras el asalto al consulado americano en Bengazi y el no cumplimiento de la promesa de atacar al régimen de Asad en Siria por haber utilizado armas químicas.

¿Cómo respondió Obama a sus críticos? Presentándose como un admirador del presidente republicano Eisenhower, que no quería llevar al país a guerras costosas e impopulares. Las crisis de Suez y Hungría en 1956 pretendieron ser una demostración, aunque ello exasperara a algunos aliados, de que la fuerza militar no siempre sirve para resolver los problemas. De hecho, Obama citó a Eisenhower en un discurso en la academia militar de West Point en 2014, al asumir su percepción de que la guerra es trágica y estúpida, y que no es conveniente buscarla y menos aconsejarla. En este sentido, al igual que Eisenhower, Obama prefería las operaciones encubiertas, tal y como se demostró con la eliminación de Bin Laden y el uso habitual de drones.

Obama presumía de no tener una doctrina específica en política exterior, aunque muchos quisieran encasillarle en las filas del realismo. Decía admirar a George H. Bush, que en la guerra del Golfo (1991) no quiso terminar el trabajo de liberar Kuwait con la caída del régimen de Sadam Hussein, pues temía las consecuencias de alterar el estatus quo. Se dio además el caso de que se le comparara con Richard Nixon, el presidente que se retiró de Vietnam y abrió una nueva era de relaciones con China. Sin embargo, Obama se marchó de Iraq sin lograr por ello un acercamiento a Irán.

El presidente Obama, audaz y ambiguo al mismo tiempo, pretendió alcanzar un complejo equilibrio entre intereses y valores. El problema es que, quizás sin pretenderlo, decepcionó a muchos de los aliados de Washington en Oriente Medio, Asia y Europa. Seguramente no creía en el excepcionalismo americano, pero los aliados no querían desprenderse de la sombra protectora de EEUU y menos todavía alterar el escenario geopolítico. El vacío de poder, o la apariencia del mismo, les produce pánico, y esta percepción puede influir negativamente en el juicio de la Historia sobre el presidente Obama.

El adiós a la historia del presidente Obama

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Diálogo, a pesar de todo

Luis Badilla

Invitado por Marco Burini, conductor del programa “El diario del Papa Francisco” de Tv2000, mons. Claudio Maria Celli, enviado del Papa para acompañar en Venezuela el diálogo entre el gobierno y la oposición, puso de relieve que la situación sigue siendo difícil porque el país afronta emergencias graves. El prelado reconoció que, pese a los progresos, “Venezuela tiene que resolver cuestiones decisivas. Es un pueblo valiente que a pesar de los problemas conserva la esperanza. La cuestión es siempre la misma para todos: ¿cuál es el país que la generación actual quiere dejarle a sus hijos? Cuatro ex presidentes y yo mismo como enviado del Papa desempeñamos un rol de acompañamiento para que las partes asuman el protagonismo de este diálogo. En ambas partes hay muchos que no tienen confianza, pero todos deben comprender que no hay otro camino. El diálogo es la única vía. No hay otra salida”. Mons. Celli considera que se requiere un gran compromiso de todos; un compromiso que involucra la responsabilidad de todos. “Esta responsabilidad se expresa también en el respeto por la seriedad de los compromisos asumidos en los coloquios. El diálogo no es solo conversar. Aquí se habla para encontrar soluciones para problemas urgentes que afectan a un pueblo que está sufriendo desde hace mucho tiempo”.

En relación con la famosa expresión del Papa “tercera guerra mundial en pedazos”, mons. Celli reflexionó sobre los muchos intereses que están en juego en el plano internacional y que determinan diversas y numerosas situaciones de conflicto, y agregó: “pienso sobre todo en Venezuela y digo que si en este país fracasa el diálogo, la única salida que queda es la violencia y eso es inadmisible. Por lo tanto, el esfuerzo que todos debemos hacer es apoyar con seriedad el diálogo necesario y el encuentro urgente. La violencia lleva a más violencia y en el escenario latinoamericano eso podría ser muy peligroso”. Mons. Celli calificó como algo muy positivo la reciente liberación de algunos presos de la oposición y observó: es un gesto que demuestra que el diálogo es eficaz.

Cuando le preguntaron sobre la relación Iglesia-diplomacia, mons. Celli respondió: “si la diplomacia es bien común, paz, respeto de la dignidad humana, obviamente todo esto tiene que ver con la Iglesia; es más, estas ideas y valores son parte de la misión de la Iglesia. A veces usamos la palabra ‘diplomacia’ para indicar lo que en cambio debería ser el lenguaje y el comportamiento de todos. Por eso hay que tener muy claro el significado de la palabra diplomacia”. El prelado concluyó recordando la necesidad de dialogar siempre, contra toda esperanza, porque –reiteró– no existe otra alternativa.

Entre tanto, en Venezuela se espera la llegada de mons. Claudio Maria Celli. Después de los dos primeros encuentros entre las partes, en octubre y noviembre, y el fracaso del coloquio previsto para diciembre, el gobierno y la oposición acordaron encontrarse el 13 de enero, o por lo menos eso fue lo que aseguraron tanto el presidente Nicolás Maduro como la Mesa de Unidad Democrática (MUD) a la UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas), que encabeza la mediación y al enviado del Papa, mons. Celli, que es uno de los “acompañantes” de estos diálogos.

Diálogo, a pesar de todo

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>Entrevista a Gaspar Romero

'Si hoy mi hermano estuviera aquí, lo hubieran matado de nuevo'

Alver Metalli

A las diez de la mañana la temperatura ya llega a 30 grados. Navidad con 40º no es algo raro en estas latitudes, donde los árboles navideños no conocen los copos de nieve. No lo es para Gaspar Romero, que se defiende del calor sentado junto a la puerta de una sala que da al patio, lleno de plantas verde intenso. Es el menor de los siete hermanos nacidos del matrimonio de Santos Romero y Guadalupe Galdámez, y lo separan doce años del segundo, el famoso Óscar Arnulfo. Es jovial y lúcido, desde lo alto de sus 87 años. Le informo sobre el encuentro que acabo de tener con el sacerdote Rafael Urrutia, quien estuvo a cargo de la causa de beatificación de su hermano Óscar, y sobre la noticia de que la documentación sobre un cuarto milagro, por el que tal vez sea reconocido como santo, acaba de ser enviada a Roma para que la examinen los miembros de la congregación vaticana encargada del tema. Los otros dos casos de presuntas curaciones inexplicables, la de un ecuatoriano y la de un mexicano, están siendo estudiados pero todavía en El Salvador. Gaspar Romero escucha con atención, visiblemente interesado. Después de asimilar las noticias que le estoy transmitiendo, me pregunta si estuve en la cripta de monseñor Romero, en el subsuelo de la catedral metropolitana. Me recomienda que vaya y observe con atención una pintura “muy bonita” de un doctor Usulutan, quien agradece al beato Romero un milagro recibido. “Me han contado, a mí personalmente, de muchas curaciones y gracias recibidas por muchos fieles, pero que no tienen base científica, y muchas personas que por la intercesión de monseñor han recobrado la salud o encontrado trabajo…”.

Le muestro una foto tomada del sitio salvadoreño Supermartyrio. En la imagen, desteñida por el tiempo, se ve a la madre, Guadalupe Galdámez de Romero, con largos cabellos oscuros, y sus hijos. Óscar Arnulfo acurrucado en el borde de una silla junto con Zaida, Rómulo en los brazos de su madre y el mayor, Gustavo, de pie a su lado. La fotografía –explica el sitio que la publicó por primera vez– fue tomada el 21 de noviembre de 1922, cuando Óscar Arnulfo tenía cinco años y es, a todos los efectos, la imagen más antigua de Romero niño que se conoce.

Pero usted no está en la foto.

Gaspar Romero la toma con la punta de los dedos, como si fuera una hostia.

“Vine después”, dice sonriendo. “Los de esta foto murieron todos”.

Los únicos que todavía viven son él y Tiberio Arnoldo Romero, radicado en San Miguel, el pueblo donde Óscar fue primero seminarista y luego obispo. “Yo vengo después que él. Mi hermana ya falleció”.

¿Qué se siente o cómo se vive con un hermano casi santo?

Gaspar Romero admite que nunca pensó que aquel hermano con el que creció pudiera llegar a ser santo. “Vivíamos juntos y veía su carácter…”. Se ve que busca la palabra apropiada para definirlo. “Diferente”, dice después en tono muy contenido. “Pero recuerdo una predicción de mi madre”, revela. Era el año 1942, Romero todavía se encontraba en Roma para completar su formación académica en la Pontificia Universidad Gregoriana. “Hablando con ella del cumpleaños de Óscar Arnulfo el 15 de agosto, día de la Asunción de María, recuerdo perfectamente que me dijo que llegaría muy arriba”. No dice si pensaba en el cielo de los beatos o de los santos, y con pudor desvía la conversación sobre el Papa actual, al que no conoce personalmente sino “solo por correspondencia”, como aclara. Pero le gusta mucho. “Él fue quien sacó el proceso de beatificación del pantano en el que se encontraba. Sé que no progresaba por la oposición que había aquí entre nosotros”, en El Salvador. Da algunos nombres, unos bastante conocidos y otros menos. Le recuerdo que el Papa, después de la beatificación, dijo una expresión muy fuerte, de martirio sufrido incluso después de su muerte, un martirio “que continuó después de su asesinato” por las calumnias de “sus hermanos en el sacerdocio y en el episcopado”.

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>Venezuela

Las llagas de un conflicto explosivo

Luis Badilla

En la gigantesca confusión venezolana, alimentada a partes iguales por el Gobierno, sus aliados y amigos, y por el archipiélago de partidos políticos y grupos de la oposición, confusión a menudo poco honesta, la carta del cardenal Pietro Parolin dirigida a “las partes” en diálogo tiene sobre todo el gran mérito de hablar claro, poniendo el dedo en las diversas y sangrantes llagas de esta crisis. Desde la primera hasta la última línea, la carta es un conjunto de reflexiones llenas de verdad, muy cercanas, es más, extremadamente cercanas, a lo que siente y piensa la gran mayoría del pueblo venezolano, la víctima sacrificial de esta horrible tragedia que se prolonga entre el cinismo y el acostumbramiento.

Las reacciones

La carta de la Santa Sede nunca fue publicada oficialmente. El texto que circula corresponde a la transcripción que se hizo de las fotografías que algunos medios venezolanos reprodujeron días pasados. Por eso dicho texto, que tampoco fue nunca desmentido, se considera verídico. Con toda probabilidad los responsables de la divulgación de las fotografías son los miembros de la oposición, que fueron los primeros que revelaron la existencia del documento y luego lo difundieron. La reacción del gobierno no se hizo esperar.

El diputado Diosdado Cabello, ex militar, ex presidente ad interim, ex presidente de la Asamblea Nacional y actual primer vicepresidente del partido chavista (Partido Socialista Unido de Venezuela), cuando atacó al secretario de Estado card. Pietro Parolin confirmó la existencia de la carta. Básicamente Cabello acusó a la Sede Apostólica de flagrante injerencia en los asuntos internos pese a que todas las cuestiones que se tocan en el documento vaticano son argumentos que ya habían discutido el gobierno y la oposición, y sobre algunos ya han firmado acuerdos preliminares. En este sentido, la carta es una exhortación a aplicar dichos acuerdos y a no demorar el cumplimiento de los compromisos acordados. En la carta del card. Parolin no hay ningún tema nuevo que pueda justificar la acusación de una intromisión por parte de la Santa Sede. Posteriormente a las críticas de Cabello se sumó, aunque con un lenguaje más soft y cauteloso, el mismo presidente Maduro.

¿Una respuesta a la carta?

Elías Jaua, diputado chavista, declaró que el gobierno de Venezuela había respondido a la carta del cardenal Parolin, agregando que las autoridades están dispuestas a difundir el contenido de la misma si el Vaticano hace oficialmente pública su misiva. Concretamente, Jaua dijo que el jefe de la Delegación del Gobierno en la Mesa de Diálogo, Jorge Rodríguez, envió al Vaticano una respuesta. Obviamente no anticipó nada sobre su contenido.

Es cierto que no pasará mucho tiempo antes de que se publique también ese documento, si bien el Vaticano no difundirá oficialmente su carta a las partes. Este mecanismo es un hábito y forma parte de la crisis venezolana, donde las partes utilizan con gran habilidad los recursos de la guerra mediática. Con toda probabilidad las polémicas sobre estas comunicaciones se convertirán en una tormenta mediática muy apropiada para evitar hablar de las cosas verdaderamente graves y urgentes: el diálogo, los acuerdos y los padecimientos de los venezolanos.

La simetría de los extremismos

Cuando se habla de las “partes” del diálogo en Venezuela no hay que olvidar que dentro de los dos bloques –el Patriótico (gobierno) y el de la Mesa de Unidad Democrática (oposición)– existen grupos consistentes y agresivos, así como opiniones extremistas y fanáticas, y que muchas veces han sido estos elementos los que hicieron saltar por los aires cualquier acuerdo o acercamiento. Son agregaciones y personas que juegan a la guerra civil y que cuando actúan, de manera irresponsable y delirante, cambian continuamente las cartas, sembrando desconcierto, agudizando la polarización y el odio, y alentando al uso de la violencia. Un verdadero diálogo debería aislar estas posiciones. En Venezuela, en este momento, el diálogo vive momentos críticos entre otras cosas porque los extremismos no pocas veces consiguen imponer sus palabras de orden, y sus tensiones arrastran a los políticos de una y otra parte, que temen quedar relegados por los más “duros”.

>Venezuela

Las llagas de un conflicto explosivo

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>Entrevista a Miguel Otero, director de El Nacional

Venezuela, cada vez más cerca de la revuelta

Arturo Illia

La MUD (Mesa de Unidad Democrática), organización que reúne a los partidos de la oposición en Venezuela, se ha retirado de la mesa de diálogo, lo que supone un dato importante y por desgracia muy grave para el futuro de un país que, a causa de la táctica de la espera (inconstitucional por cierto) del presidente Maduro, corre el riesgo de alejar una posible solución pacífica para la inevitable alternancia en el poder. Al mismo tiempo, debido a esta decisión, se pone punto final a la protesta de tres mujeres (la madre di Leopoldo López, su esposa, y la de Antonio Ledesma) que se habían encadenado en la plaza de San Pedro para invocar la liberación del alcalde de Caracas, el líder de Voluntad Popular, partido opositor, y todos los presos políticos. Hablamos con Miguel Otero, miembro de la oposición, director y propietario de El Nacional, el principal periódico de Venezuela, actualmente en el exilio.

A pesar de los últimos reveses, de la recogida de más firmas de las necesarias y de la Constitución, Maduro no dimite y se niega a celebrar un referéndum.

Chávez ganó las elecciones imponiendo sucesivamente un modelo basado en discursos que tenían una relación directa con que todos pudieran compartir la enorme riqueza del país. El problema es que se ha destruido completamente el aparato productivo, convirtiendo a Venezuela en un país importador, y el sistema se ha hecho altamente represivo, con una estructura estatal inmensa. Maduro ha instaurado un sistema muy controlado y con una represión gigantesca que lo mantiene dentro de su enorme inestabilidad, gracias al comando militar y a un poder judicial a su servicio. Los dos grandes sentimientos de Venezuela son el miedo y la tristeza, factores que mantienen una dictadura en su fase final.

¿Cuál puede ser en esta situación la solución que permita una alternativa de poder?

Existen medios para una solución pacífica, incluso constitucionalmente, pero el poder los rechaza y la gente ha empezado a perder la esperanza. La Constitución en estos casos autoriza la rebelión. Lo cierto es que sería de esperar una presión internacional enorme, pero si eso no tiene efecto porque Maduro no quiere dejar el poder, violando así abiertamente la Constitución, la única solución sería una revuelta venezolana.

¿Qué papel ha tenido hasta ahora la Iglesia en el proceso de democratización del país?

La Iglesia es muy importante en Venezuela y la Conferencia Episcopal, donde hay obispos favorables y contrarios al chavismo, hoy está íntegramente unida en la oposición. La gran maniobra del Papa actual, con la elección de Baltazar Porras como segundo cardenal, ha ofrecido un signo muy importante para la democracia venezolana, y quién sabe si este hecho podrá tener consecuencias cuando se retome el diálogo, ahora interrumpido. La Iglesia ya ha hecho saber que su presencia no debe considerarse como excusa para aplazar y temporizar, aunque sea para evitar un choque inevitable, ya que más del 80% de la población está en contra de Maduro y la situación es realmente catastrófica. Está claro que hay que evitar llegar a soluciones violentas, pero esto es algo que solo Maduro puede decidir.

>Entrevista a Miguel Otero, director de El Nacional

Venezuela, cada vez más cerca de la revuelta

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Fidel Castro: lecturas para el epílogo de una vida

Antonio R. Rubio Plo

“La Historia me absolverá” es una conocida frase de Fidel Castro. Pero no fue esa absolución escrita en los libros sino otra, basada en el arrepentimiento, la que habría deseado el sacerdote jesuita Armando Llorente, su profesor en el colegio de Belén de La Habana, el mismo que escribió en el anuario de la graduación de su promoción: “Se distinguió en todas las asignaturas relacionadas con las letras…Cursará la carrera de Derecho y no dudamos que llenará con páginas brillantes el libro de su vida”.

El padre Llorente tenía razón: Castro era un lector empedernido y sus lecturas alimentaron sus interminables discursos. Hombre de la palabra y de la puesta en escena, en la que el personaje importa más que la ideología, el líder cubano tuvo ocasión de escribir variadas y desbordantes páginas del libro de su existencia, pero no todos las calificarían de brillantes. No, desde luego, su antiguo profesor, que hubiera deseado, desde su exilio de Miami, viajar a Cuba para darle un abrazo y recordar “las aventuras que tuvimos juntos, que fueron innumerables y muy bonitas”. Armando Llorente recordaba además en una entrevista que en 1958 viajó a Sierra Maestra para encontrarse con Castro, que, nada más verle, le aseguró que había perdido la fe. La respuesta del jesuita fue muy directa: “Fidel, una cosa es perder la fe y otra la dignidad”. El padre Llorente murió en 2010 sin haberse encontrado de nuevo con su ex alumno.

Tendría que ser otro jesuita, el papa Francisco, el que llevara a Fidel Castro en 2015 el recuerdo del padre Llorente al regalarle un libro y dos CD de sus homilías. Según se cuenta, el cubano habría pedido a Benedicto XVI, en su visita a Cuba en 2012, libros de religión, pero estaba lejos de imaginarse el libro que le traería el papa Bergoglio. No sabemos hasta qué punto pudo emocionarse, pero es perfectamente verosímil que un ser humano, cuando está en la recta final de su existencia, guste de mirar atrás e incluso añorar los días de su infancia y juventud. Es lo que algunos llaman la nostalgia de la inocencia perdida, lo que también suele asociarse con la aspiración de sentirse amado. Y no hay duda de que Armando Llorente quería al joven Fidel, pues la talla de un buen profesor no solo lo da la competencia académica sino la capacidad de hacerse cercano a sus alumnos.

El papa Francisco elevará plegarias por el eterno descanso de Fidel Castro, en palabras de su telegrama de condolencia, pero un año antes, en su único encuentro personal, quiso llamar la atención por medio de los libros a aquel apasionado lector que, en los años de prisión bajo el régimen de Batista, presumía de haber leído no solo literatura marxista sino también a grandes clásicos de la literatura universal. Entre ellos estaban las obras completas de Dostoievski. Es una lástima que Castro no hubiera profundizado en el humanismo del gran novelista ruso. Le pudieron más, como a tantos otros, los dogmas políticos, porque debió de pensar que todo era exceso de sentimentalismo y había que pasar la acción. El joven Castro no debía de ser diferente en ese sentido de aquel cineasta soviético, Sergei Einsenstein, admirador de las denuncias sociales de las novelas de Dickens, pero a la vez crítico del escritor inglés por considerarlo un representante de la burguesía. No es casual que en el régimen soviético, y en el castrista, se hiciera apología, en un discurso ajustado a los cánones oficiales, de Don Quijote. Se le presentaba como encarnación de los ideales de justicia y de la defensa de los oprimidos en eterna lucha contra los molinos de viento de la opresión capitalista. Se entiende que uno de los primeros libros de edición masiva en Cuba, tras el triunfo de la revolución, fuera el Quijote.

Fidel Castro: lecturas para el epílogo de una vida

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>Entrevista al Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel

La fuerza de la esperanza

Stefania Falasca

Para que quede bien claro, no escatima las palabras: «Espero que el nuevo presidente Trump tenga sentido común y comprenda que con los pueblos de América Latina debe tener una actitud de colaboración y no de prepotencia». Con Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz, nos encontramos en el Teatro Argentina de Roma al terminar su lectio magistralis sobre «La fuerza de la esperanza». Con su habitual lucidez y libertad, describe un panorama general de las posibles perspectivas de su continente y los efectos del nuevo curso estadounidense. Del poscastrismo y el futuro de Cuba, de los “golpes blancos”, las nuevas “dictaduras del capital” y el poder nefasto de los narcos. Y no en último lugar de la situación en su país, Argentina.

Después de Fidel Castro, ¿qué futuro tendrán las relaciones entre La Habana y Washington?

Se han restablecido las relaciones con Washington y eso abre grandes posibilidades de colaboración recíproca. Lo mejor que podría hacer el nuevo presidente Trump en este momento es cancelar el embargo y solucionar los problemas que todavía existen, respetando las diferencias de cada una de las partes. Estados Unidos debe cambiar su mirada sobre Cuba y América Latina. Ya no puede comportarse como en el pasado y resolver los problemas enviando armas.

Trump dijo que tiene intenciones de reforzar el embargo y que no seguirá adelante con el proyecto de Obama. ¿Por qué resultaría beneficioso mantenerlo para Estados Unidos?

Obama logró algunas cosas, pero no consiguió levantar el embargo. Es de esperar que el nuevo presidente le reconozca a Cuba su derecho a la autodeterminación. El problema es ideológico, pero si actúa en consecuencia, Estados Unidos va en contra de sus propios intereses porque los empresarios estadounidenses quieren ir a Cuba. De todos modos, Estados Unidos debe entender que no puede seguir manteniendo una cárcel en Guantánamo o seguir oprimiendo pueblos, y debe acatar, por ejemplo, las múltiples resoluciones de la ONU que piden a Washington que termine el bloqueo contra Cuba. Trump ha conquistado el gobierno de Estados Unidos, pero no el poder de su país. El poder estadounidense no está en la Casa Blanca sino en el complejo industrial y militar, y en las grandes corporaciones. Por lo tanto yo creo que de Trump podemos esperar discursos, pero la realidad de ese poder al que me refiero lo obligará a tener una visión más realista y menos ideológica del mundo. Ya veremos.

¿Qué peso cree usted que tiene para el destino de Cuba la cuestión de los exiliados cubanos que viven en Estados Unidos, sobre todo en Miami?

Me causó muy mala impresión ver los festejos que hubo en Miami por la muerte de Castro. En Miami la mayoría son descendientes de los que siempre se opusieron a la revolución, porque hace cincuenta años perdieron los privilegios que tenían en la isla. Es cierto que tienen poder económico, sobre todo en Miami. Son profesionales del disenso que estuvieron al servicio de los intereses de Estados Unidos. Eso está documentado. Pero pienso que son un grupo agotado políticamente.

¿Cree que después de que Raúl Castro salga de escena en 2018 Cuba puede volver a ser para Estados Unidos lo que era antes de la era castrista?

No creo que haya ninguna posibilidad de dar marcha atrás. Las condiciones del mundo y del pueblo cubano de hoy no son las mismas que ayer. Hay más conciencia política, más conciencia unitaria. Los tiempos son distintos. Es cierto que también hay contradicciones dentro de Cuba. Y esos desafíos son tarea de las nuevas generaciones que vienen después de Raúl Castro. Es evidente que Cuba necesita muchos cambios internos, pero sin renunciar a los progresos y avances conquistados. Como por ejemplo en el campo de la educación, de las ciencias y de la medicina. En eso no puede haber marcha atrás, en todo caso los nuevos dirigentes tendrán la misión de profundizarlos y alcanzar nuevos objetivos.

América Latina está viviendo un momento complejo y contradictorio. ¿Cómo cree usted que afrontará el continente el nuevo curso de Trump?

Hasta ahora los discursos de Trump han sido prepotentes, pero como dije, veremos. En América Latina ese comportamiento ya no se tolera. Espero que el nuevo presidente sepa usar el sentido común, que es el menos común de los sentidos. Es decir, que sea capaz de entender que con los pueblos de América Latina debe tener una actitud de colaboración y no de prepotencia, de diálogo, dejando de lado cualquier veleidad de imposición. El respeto del derecho de los pueblos hoy es fundamental. Si se desea gobernar construyendo un liderazgo, en este momento hay que hacerlo con ideas, con el diálogo, y no con las armas.

>Entrevista al Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel

La fuerza de la esperanza

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El nuevo sueño cubano

Giovanna Parravicini

"Cuba libre". Así dice el cartel pegado en un bar en la esquina de la calle donde está la sede de nuestro centro en Moscú, la Biblioteca del Espíritu. Y ayer la revista “Literaturnaja gazeta” dedicaba un poema al “comandante Fidel”, invocándolo en los puntos calientes de hoy en día, desde el Donbass hasta Damasco y Alepo.

Con la muerte de Fidel Castro se cierra para Rusia toda una época de mitos nunca superados, ni siquiera en la época en que cayeron muros e ilusiones. Para generaciones de soviéticos y exsoviéticos sigue quedando una leyenda del comandante que llevó la revolución a las puertas de América. Pero desde hace casi un año Cuba ha vuelto a aparecer en el horizonte de los rusos en otro contexto muy distinto: como lugar del encuentro histórico del 12 de febrero entre el patriarca Kiril y el papa Francisco.

Quizás también por esto, al leer la noticia de la muerte de Fidel Castro la primera imagen que me ha venido a la mente es la que Francisco definió como “icono” de lo que hemos celebrado este año santo, la “misericordia y la mísera”, el encuentro entre Cristo y la adúltera.

No se trata ciertamente de apelar a los sentimientos personales de la fe del último líder comunista del siglo XX, aunque sus largos discursos sobre lo divino y lo humano lo convirtieron en un caso anómalo entre tantos políticos pragmáticos y burócratas ideológicos. En estos días alguno lo ha definido, probablemente con razón, como “un nacionalista redentor, que se apropió de categorías de la religión aprendidas en su juventud y en nombre de la liberación nacional se sometió al peor de los imperialismos”.

Recientemente, el cardenal Jaime Lucas Ortega, arzobispo emérito de La Habana, recordaba una frase pronunciada por Benedicto XVI después de su visita a Cuba: “La Iglesia debe ser para el diálogo. La Iglesia no está en el mundo para cambiar gobiernos sino para penetrar con el Evangelio en el corazón de los hombres. Este debería ser siempre el camino de la Iglesia”. Benedicto era consciente de que había podido visitar Cuba, como hizo antes Juan Pablo II, precisamente porque la Iglesia local –destaca Ortega– había mantenido una posición dialógica. De nuevo el cardenal Ortega citó pocos meses después, durante el cónclave, estas palabras de Ratzinger a Bergoglio, que le respondió: "Esta frase del papa Benedicto habría que ponerla en un cartel a la entrada de todas las ciudades del mundo”.

Fidel Castro es un personaje difícil de clasificar dentro de un esquema. Si Putin le ha rendido homenaje llamándole “amigo sincero de Rusia” y definiendo a su Cuba como “libre e independiente” y un “ejemplo de inspiración para muchos países”, algunos documentos desclasificados del Politburo publicados por el periódico Kommersant muestran que la historia de las relaciones con la URSS estaba llena de desacuerdos y desconfianzas, incluso de escándalos como las declaraciones del líder al periodista americano Herbert Matthews en 1967: "Los países comunistas como Rusia se están volviendo cada vez más capitalistas, cada vez más basados en estímulos materiales”.

El nuevo sueño cubano

Giovanna Parravicini | 0 comentarios valoración: 3  171 votos
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