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11 DICIEMBRE 2016
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>El movimiento de los Sin Tierra en Brasil

Otro modelo de desarrollo

Actualmente existe un fuerte debate en el seno de la comunidad científica y de las instituciones financieras internacionales acerca de la eficacia de la ayuda internacional a los países en vías de desarrollo, las políticas que favorecen el crecimiento y la reducción de la pobreza, además de los instrumentos más adecuados para diseñar y poner en marcha este tipo de medidas. De hecho, las políticas (y las ayudas) de inversión en capital físico y humano (educación) no han obtenido los resultados esperados, lo que pone en evidencia que el problema es complejo y comprende dimensiones diferentes y complementarias (económica, social, institucional, etc.). Puede haber varios motivos que expliquen la escasez de resultados: desde razones de tipo técnico-metodológico (calidad de los datos, indicadores utilizados, problemas endógenos...) hasta la relación entre diversos factores que influyen en el crecimiento de un país a largo plazo, como la calidad del contexto macroeconómico, institucional y social de los países beneficiarios.

La complejidad del problema y su multidimensionalidad requieren estrategias de acción más atentas a la especificidad de las situaciones, de los contextos y de los actores implicados. Si bien todos están de acuerdo en la necesidad de un enfoque country specific y country ownership, las opiniones chocan a la hora de llevar a la práctica este nuevo enfoque. Para algunos, complejidad y especificidad pueden afrontarse sólo a partir de planes globales y comprensivos que hagan un seguimiento simultáneo de las diferentes dimensiones necesarias para alcanzar la eficacia en la actividad y que parten de la idea de que quien administra sabe y conoce las necesidades de la gente. Pero la ineficiencia y la corrupción de los aparatos burocráticos ha hecho emerger con fuerza la idea de "dar voz" y "favorecer la participación" de los pobres en la definición y actuación según su propio sentido de crecimiento y desarrollo. La idea de que las personas -individualmente o como grupo social- son los mejores conocedores de sus propias necesidades es la base del planteamiento liberal que sostiene la necesidad de proporcionar algunas reglas básicas, asegurar ciertos derechos fundamentales y dar las ayudas justas para que los individuos se muevan para mejorar sus condiciones de vida.

Aun así, en ambas posiciones el problema de cómo los individuos y los grupos sociales de determinados contextos económicos y culturales responden a las ayudas y aprovechan las oportunidades queda devaluado. Se concibe al "sujeto" predefinido, autosuficiente, capaz de responder eficazmente (y mecánicamente) al dato de la realidad, de reconocer y valorar las ayudas que se le ofrecen (como la posibilidad de ir a la escuela, por ejemplo) y disfrutarlas al máximo. En las políticas basadas en grandes planes, más que la presunción de "saber" qué mueve a los sujetos y qué los hace responsables, es enorme la tentación de sustituirlos y convertirlos en el terminal "pasivo" de actividades que respondan a sus necesidades.

Recientemente he podido estudiar dos casos de experiencias de desarrollo en acto, en los que se puede reconocer las dinámicas de cambio en las posiciones de algunos sujetos respecto a los objetivos que persiguen en su vida y su capacidad de actuar (personas que pasan de una posición pasiva/reivindicativa/resignada a un protagonismo constructivo). Ambos casos están relacionados con intentos de solucionar un problema de vivienda en Brasil, si bien en dos contextos extremadamente diferentes. En Salvador se trata de un problema de suburbios urbanos donde se trata de mejorar las condiciones de vida de casi 135.000 personas en situación de pobreza extrema que viven en condiciones muy precarias y peligrosas a través del Proyecto de Asistencia Técnica y Social (PATS) del Programa Ribeira Azul (PARA) del Estado de Bahía. En el proyecto PATS, iniciado en septiembre de 2001 y terminado en marzo de 2006, ha participado la Fundación AVSI junto a actores nacionales e internacionales como el Banco Mundial. En Sao Paulo he conocido la experiencia de la Asociación de los Trabajadores Sin Tierra (ATST), una asociación local nacida a mediados de los 80 con el objetivo de ayudar a personas y familias con pocos recursos, que viven en condiciones precarias o tienen que gastar una gran parte de su renta familiar en el alquiler de un lugar para vivir. La asociación no se limita sólo a ofrecer apoyo técnico, sino que ayuda a las personas a tomar conciencia de su potencialidad y facilita la formación de relaciones sociales y humanas basadas en la confianza. El objetivo de este análisis ha sido verificar hasta qué punto la participación en el proyecto PATS o en la actividad de la asociación ha modificado la actitud de las personas, aumentando su capacidad de asumir riesgos y de emprender nuevas iniciativas.

A pesar de las profundas diferencias entre los dos casos, coinciden los factores que han permitido a las personas percibir una posibilidad de cambio de su propia condición y perseguirla. Esos factores han sido: el encuentro con personas que dejaban ver una posibilidad positiva para la propia vida o una mirada diferente, que ha cambiado la percepción del propio valor y de las propias posibilidades; la disponibilidad para esforzarse personalmente para conseguir los objetivos; la experiencia de una relación con esas personas que no se limita a una necesidad específica sino que implica todos los aspectos de la vida cotidiana en un camino de confianza recíproca (acompañamiento, en otros términos, un camino educativo); la progresiva realización de algo que parecía imposible.

En resumen, las experiencias examinadas indican que, siendo necesario el esfuerzo de los socios y beneficiarios para percibir el valor de cualquier forma de ayuda, ese esfuerzo está íntimamente vinculado con la trama de relaciones de confianza que rodea a la persona, como indica la presidenta de la ATST: "(el desarrollo) es enseñar a la persona a mirarse, a quererse bien, a mirar su belleza... sólo una compañía, no el dinero sino sólo la compañía, puede ayudar al otro a cambiar, hasta que no cambia la persona no se alcanza un desarrollo económico. Antes de nada, el desarrollo es para la persona. Si quieres ayudar a alguien, primero tiene que ayudarte a mirarte como persona. Después puedo ayudarse a encontrar una casa..." (Cleuza Ramos, de una entrevista realizada en Sao Paulo en abril de 2009).

Ilaria Schnyder von Wartensee es investigadora del Departamento de Desarrollo y Cooperación Internacional en la Fundación para la Subsidiariedad

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