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3 DICIEMBRE 2016
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Y si Europa vuelve a estar amenazada...

Raquel Martín

¿Quién tuvo la culpa? ¿Quiénes fueron los responsables del mayor sinsentido de la historia de la humanidad? ¿A quién hay que señalar con el dedo? Todo el mundo busca poner nombre y apellidos al último responsable de la Segunda Guerra Mundial, ahora que toca hacer un balance histórico en su 70 aniversario. Como si al identificarle todos nos sintiéramos más aliviados de la gran responsabilidad que pesa sobre nuestras conciencias ante la mayor tragedia humana nunca conocida hasta ahora por el hombre. Entre otros motivos, porque ha sido obra del hombre.

Además, junto con la necesidad casi asfixiante de identificar un culpable, cuando se recuerda este horror de magnitudes nunca antes conocidas, surge otra imperiosa necesidad: el deseo ardiente y sincero de que nunca se vuelva a producir. Ambas consideraciones han sido repetidas por los actuales responsables políticos de los países que se vieron implicados como protagonistas en la Segunda Guerra Mundial.

Quién fue el culpable y el grito del nunca más. Es muy justo y humano desearlo. Es imposible no preguntárselo ante los 50 millones de fallecidos en una contienda a escala planetaria. Aquí estamos todos. En la condena de la máxima maldad al servicio de la ideología, hay una clara conciencia 70 años después. También en el propósito de evitar que se vuelva a repetir.

Sin embargo, si ahora en 2009 se volviera a producir una amenaza tan clara como fue el nazismo para Europa en 1939, ¿quién se pondría en pie para defender la libertad y la democracia como hicieron tantos pueblos europeos en la Segunda Guerra Mundial?

Pienso en tantos europeos que desde la más pequeña a la máxima responsabilidad dieron literalmente su vida por unos ideales irrenunciables, por una defensa de la concepción de la vida contraria al nazismo y que lucharon, como se hace en una guerra, para oponerse a una amenaza que supondría la liquidación de su historia, tradición y dignidad como países y como personas, y me surge un sincero agradecimiento. Yo soy europea, con toda la carga de identidad que tiene, gracias a que esta batalla, esta guerra se luchó y se ganó.

Pretensiones totalitarias pueden volver a producirse. El hombre puede volver a caer en su pretensión idealista de imponer una ideología por la fuerza. La avaricia, el poder, el mal existieron en el siglo XX y que yo sepa no han desaparecido en el siglo XXI.

Ahora las amenazas pueden ser otras y más sutiles que las que dieron origen a la Segunda Guerra Mundial. Quizás el gran enemigo de la libertad ahora no sea una gran ideología, sino un relativismo y un nihilismo que arrase a Europa y a sus pueblos sus señas de identidad. O quizás la historia nos depare una seria imposición a los europeos de otras culturas fanáticas y violentas que tengan como pretensión la desaparición de los pilares de Occidente, pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿quiénes se levantarían con la valentía con la que lo hicieron muchos países para frenarla a costa de un conflicto armado? ¿Quién daría la vida con la dignidad y la conciencia con la que lo hicieron los seis millones de judíos?

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