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10 DICIEMBRE 2016
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Escuela Oliver Twist, pasión por la educación

José Miguel García

El lector se podrá preguntar sobre qué tiene de particular semejante evento para que merezca ser reseñado. Varios son los motivos que obligan a prestar atención a dicha inauguración. En primer lugar, se trata de un hecho relacionado con la necesidad más urgente que tiene nuestra sociedad: la educación. Cada día se hace más evidente que algo falla en nuestro sistema educativo. Acontecimientos como los ocurridos recientemente en Pozuelo ponen de manifiesto no sólo la violencia con que los jóvenes tratan la realidad y las personas, sino también la no conciencia del valor y dignidad de la persona. Si la educación consiste no sólo en una instrucción, en una adquisición de conocimientos teóricos, sino sobre todo en la comunicación del significado de la vida, es claro que las nuevas generaciones no reciben una verdadera educación. Por lo general, cuando se habla de la crisis de la educación se intentan buscar soluciones mediante decisiones burocráticas o económicas, censurando siempre el verdadero problema educativo: la ausencia de adultos ciertos, capaces de comunicar el valor de la vida y, por tanto, el deseo de vivirla con pasión.

En segundo lugar, estamos ante una iniciativa que nace no de la decisión estatal, sino de la voluntad de cuatro familias. Es decir, esta escuela de formación profesional no es el resultado de un proyecto estatal decidido en los despachos del Ministerio de Educación, sino surge de la pasión de algunas familias por sus hijos y los de los vecinos. Esta iniciativa social brota de tomar en serio el deseo de significado y de felicidad que hay en el corazón de cada hombre. Es claro que la realización de una escuela es una empresa demasiado grande para la capacidad de unas cuantas familias; por tanto, sin la ayuda del Estado, ante todo, y de fundaciones u otras realidades sociales sería imposible llevar a cabo dicha iniciativa. Estamos ante un claro ejemplo de subsidiariedad, que es la dinámica más democrática que hasta ahora se haya descubierto. ¿De qué se trata? La subsidiariedad propone dar más espacio a las familias y grupos sociales en la construcción del bien común. El desarrollo social no puede ser el resultado de un proyecto imaginado y realizado por el Estado, nace más bien de las iniciativas que toman familias, grupos sociales y empresas para responder a las necesidades o problemas que se presentan en la vida cotidiana. Sintéticamente el principio de subsidiariedad se podría expresar en este eslogan: "Más sociedad y menos Estado". La mentalidad estatalista descalifica a menudo esta modalidad de gobierno identificando la subsidiariedad con la privatización y el abandono social por parte del Estado. Nada más lejos de la realidad.

En este sentido, es necesario hacerse eco de una intervención de Tony Blair el pasado mes de agosto durante la celebración del Meeting de Rímini. En su opinión, la eficacia social del Estado aumenta considerablemente cuando se une a los individuos o grupos sociales y no cuando los sustituye. Por eso, el poder del Estado se ejerce mejor desde abajo, en un contacto con las necesidades reales de los ciudadanos. Incluso Blair llegó a afirmar que "lo peor que se le puede hacer a una persona es hacerla demasiado dependiente del Estado cuando no es necesario". Si el Estado está al servicio de la persona, debe favorecer y sostener la iniciativa que nace de ella, apoyar la creatividad de los grupos sociales que sienten la urgencia de responder a las necesidades sociales que reconocen como más urgentes.

En tercer lugar, esta escuela profesional nace de la experiencia cristiana que vive este grupo de familias. La fe cristiana se ha mostrado como una fuerza decisiva en la construcción de una sociedad más justa y humana. Es verdad que la ideología laicista que reina en nuestros días se empeña en presentar al cristianismo como contrario al progreso, como defensor de posiciones retrógradas y oscurantistas. Pero la realidad histórica contradice con los hechos esta interpretación que nace del prejuicio y, por tanto, de una deslealtad con la realidad. Miremos el ejemplo de la escuela Oliver Twist. El edificio, construido dentro de la propiedad donde viven estas familias y mediante inversiones propias y de amigos, está a la vanguardia del punto de vista de las nuevas tecnologías (informática, pizarras interactivas, domótica, etc.), además de haber sido pensado en todos sus detalles, tanto exteriores como interiores, creando un ámbito de una gran belleza. Sólo unas personas conscientes de la grandeza y dignidad del ser humano pueden ser capaces de construir espacios que corresponden a las exigencias de belleza y bondad que anhelan todos los hombres.

Esta escuela, además, concilia admirablemente la excelencia y la igualdad de oportunidades. Un estudiante, llegando el primer día de clase, al entrar en la nueva escuela y ver su orden y belleza, no pudo por menos de exclamar: "¡Pero una escuela así sólo se construye para los hijos de papá!". Probablemente el modo de proceder habitual es el que expresaba este chico y, quizá, esta escuela sea una excepción. Una excepción, no se olvide, que es posible solamente por una experiencia viva de la fe cristiana. En cualquier caso, esta escuela, cuyas puertas están abiertas a todo el que desee aprender a ser un buen carpintero o decorador o camarero o cocinero, ofrece una educación excelente, mostrando que eficiencia e igualdad pueden convivir juntas también en la formación profesional, ofrecidas a los hijos de las familias más necesitadas y a los emigrantes recién llegados.

La escuela Oliver Twist nace de la experiencia cristiana de Cometa. No es el resultado de un proyecto concebido o imaginado teóricamente, como tampoco surge de una sensibilidad humana particular. En su origen está la gratitud y el deseo de compartir con todos la experiencia de bien que los hermanos Figini encontraron en la Iglesia. Afirma Innocente Figini: "La escuela de Cometa ha ido adquiriendo su fisonomía en relación con la realidad, con sus circunstancias, encuentros y donaciones. Toda nuestra energía e iniciativas las hemos confiado a Dios, deseando estar siempre disponibles a la aventura de la acogida, que es la fecundidad del amor de Cristo. A  Él hemos pedido siempre que Cometa sea un signo de paz y comunión". El encuentro con Cristo presente en la comunidad cristiana regenera continuamente la humanidad de estas familias; su adhesión a Cristo es el origen de una comunión capaz de incidir en la sociedad. La fe, acogida plenamente y vivida fielmente, es una fuente potente de cultura.

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