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4 DICIEMBRE 2016
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El error de marginar a los católicos de la política

Giorgio Vittadini

El Papa, en su homilía del domingo 20 de abril en el Yankee Stadium de Nueva York, volvió a subrayar la gran contribución que los católicos pueden hacer a la construcción de la vida pública y del bien común. "En esta tierra de libertad y de oportunidades, la Iglesia ha unido a gentes muy diferentes en la profesión de la fe y, a través de sus muchas obras educativas, caritativas y sociales, ha contribuido de forma significativa también al crecimiento de la sociedad americana en su conjunto... En esta tierra de libertad religiosa, los católicos han encontrado no sólo la libertad de practicar su propia fe, sino también de participar plenamente en la vida civil, llevando consigo sus convicciones morales a la arena pública, cooperando con los que tiene alrededor para formar una sociedad democrática vibrante".

La aportación de los católicos a la vida pública no es defensa corporativa de intereses particulares, sino la posibilidad de construir obras que respondan al deseo irreductible de cada hombre, y de concebir una política que defienda el desarrollo de esta operatividad social y, por tanto, el incremento del bien común. Es el mismo tema que abordó el cardenal Scola en la Universidad Católica en el encuentro del pasado 18 de abril organizado por la Fundación Europa y Civilización sobre el concepto de laicidad. Un tema de candente actualidad, también política, porque los católicos corren el riesgo de ser marginados de la vida política italiana. En la formación de centro-izquierda la indiferencia, en algunos casos hostilidad, hacia principios innegociables ha llegado a censurar contenidos y personas de orientación católica. El centro derecha tiende a desvalorizar a quienes, precisamente en nombre de una experiencia católica, han sido ejemplos de buen gobierno. Sin embargo, si esto sucediera, los que perderían más serían los que más se podrían beneficiar de estas aportaciones. Si se consolidara esta tendencia, la política italiana se vería cada vez más frágil y ajada, como demuestra la crisis de los partidos de centro derecha culturalmente laicistas, como sucede con el Partido Popular en España.

Aun así, la marginación de los católicos en política no sería lo peor. De hecho, peor que un poder no inteligente es, a largo plazo, la pérdida de originalidad, eso que hizo que ciertos católicos se volvieran insípidos y clientelistas en tiempos de la Democracia Cristiana; otros, comunistas, reducidos a muleta moral de la izquierda; y otros, liberales sin el espesor del centro derecha. Si, en vez de todo esto, frente a un poder que no les deja espacio, se siguiera construyendo en laboratorios locales junto a otras realidades culturales y políticas movidas por la subsidiariedad, por el respeto a la persona, por la búsqueda del bien común, en estrecha conexión y al servicio de realidades sociales, productivas, movimientos, lugares de creación de un nuevo saber... el tiempo correría a favor. El mejor ejemplo de las áreas más desarrolladas del país y de una nueva clase de políticos idealmente motivados podrá contribuir a resolver la grave crisis que ningún mediocre "yes, man" podrá resolver.

 

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