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4 DICIEMBRE 2016
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17-O: todo acaba de empezar

Raquel Martín

Siempre impresiona ver el 31 de diciembre la Puerta del Sol minutos antes de las 12 de la noche llena de gente esperando con una especial ansiedad el año nuevo. En el ambiente se percibe un enorme deseo de alcanzar la felicidad, de añorar un año lleno de cosas buenas y positivas... es un grito que sale del corazón de cada uno y habría que ser muy, muy escéptico para que ninguno lo desee también o niegue la posibilidad de desearlo a alguien.

Algo parecido ha sucedido también en la Puerta del Sol este 17 de octubre. El escenario era el mismo. El punto céntrico de la capital estaba todavía más abarrotado, masas de gente y, en el fondo, en el fondo: ganas de vivir, ganas de disfrutar la vida, un enorme deseo de felicidad, de gritar que la vida es buena, que merece la pena ser vivida. Que a pesar de tener familiares y amigos en paro, problemas para llegar a fin de mes, dificultades en la educación de los hijos... nadie, igual que todos los jóvenes que van a tomar las uvas medio borrachos ya, negaría que la vida merece ser vivida. Al menos lo quiere el 31 de diciembre. Por lo menos un día alguien tiene la valentía de expresar esta alegría públicamente.

Había muchos jóvenes también este 17-O en el centro de Madrid. Es uno de los puntos más llamativos de cualquiera que se haya estado paseando durante la manifestación puede destacar. Adolescentes, pero también jóvenes universitarios ya talluditos que saben ya algo del dolor se puede sufrir en la vida. Han acudido este sábado en riadas, grupos enormes, pandillas, cuadrillas, sin padres que les tutelaran ni imposiciones formales impuestas. Han ido porque han querido, porque se han adherido libremente y... si se les observaba con detenimiento, estaban contentos, cantando con los amigos, muchos también dedicando su tiempo en el servicio de orden ayudando. Con mucha naturalidad, daba gusto verles.

Creo no equivocarme al afirmar que la juventud ha sido una de las grandes protagonistas de este 17-O. Y ojalá sepamos mantener en todos estos jóvenes que tenían sus caras pintadas con las sencillas palabras "sí a la vida" este gusto por vivir.

Eran la envidia para los miles y miles de jóvenes matrimonios que con hijos de corta edad, en la primera infancia, han acudido con carritos, cochecitos, bocatas para un largo día... padres y madres que saben por pura experiencia propia, cero rollos, discursos o palabras bonitas, el sacrificio que supone sacar un hijo adelante pero, a la vez, han comprobado que se trata del cumplimiento de su vida. Un hijo, dos, tres o cuatro... porque entre la Puerta del Sol y la Puerta de Alcalá se han visto innumerables familias numerosas. A contracorriente de una sociedad que sólo impone la ley del mínimo esfuerzo, por supuesto que ninguna gratuidad y mucho egoísmo.

También acompañando a todas estas familias, muchos mayores. Abuelos forrados de pegatinas y banderas en los brazos que impresionaba verles gritando, como todos, "¡cada vida importa!", "sí a la vida". Qué dignidad la de todos ellos y qué ejemplo para todos. ¿Cómo es posible que con 70 años no hayan sucumbido al escepticismo por la vida? ¿Cómo se puede ser un anciano, salir a la calle y estar de pie más de dos horas, y además seguir esperando todo de la vida? Una curiosidad: muchos llevaban con orgullo las ecografías de 12 ó 14 semanas de sus futuros nietos en pancartas caseras. "Éste es Ricardo, mi nieto, tiene 12 semanas", decía una de ellas. Antes de nacer, ya están acogiendo a sus nietos.

Algún que otro sacerdote o religiosa también se han dejado ver... y algún político pero puedo asegurar que no he visto ni la sombra de la caverna con la que desde el poder se quiere clasificar a esta gran familia que se ha manifestado este sábado.

¿Caverna?, ¿qué caverna? Porque en la manifestación por la vida no se ha percibido. No ha habido ni un solo grito reaccionario, ni un insulto, poquísimas referencias a Zapatero, Aído y su Gobierno. Alguna pancarta y algún que otro eslogan pidiendo la dimisión del presidente, pero pocos. Los gritos eran principalmente en defensa de la vida, en positivo. La gente lo tenía clarísimo, había como una conciencia común de que se ha salido a la calle a intentar expresar públicamente con su presencia que "cada vida importa", no para silbar fácilmente contra el presidente. Y así ha sido.

Y sin lugar a dudas, lo mejor de todo: el llamamiento de Benigno Blanco a cada uno a una nueva cultura de la vida en nuestros ambientes. Pase lo que pase con la nueva ley que va a permitir el aborto libre en España, Blanco nos ha puesto a todos en movimiento. Ha apelado a nuestra responsabilidad a poner en juego en nuestros ambientes familiares y de trabajo lo que significa el valor de la vida. Con un enorme realismo, ha pedido que ninguno de los miles que estábamos allí sigamos indiferentes ante las mujeres embarazadas con dificultades y que podemos tener cerca. Sin esperar a leyes utópicas o a los servicios sociales de turno. Ha asegurado que esta bella batalla de la defensa de la vida no ha hecho más que comenzar en España... que está todo por hacer, que hay que ponerse manos a la obra.

Y no ha cargado contra Zapatero, no ha habido revanchas. "Una sociedad sana y humana no puede convivir con una ley permisiva del aborto, ni con la actual ni con la anunciada ni con ninguna. Os pedimos que escuchéis el clamor de la calle y defendáis la vida y a la mujer sin componendas ni temores de ningún tipo". 

Se acabó la que ya se denomina la manifestación más multitudinaria de nuestra democracia. Es más que probable que el Gobierno haga oídos sordos al clamor gritado en Madrid este 17-O, los manifestantes se iban a sus casas casi seguros de que la nueva ley del aborto no va a ser cambiada ni en una coma... pero en los rostros de los hombres y mujeres que aglutinaban el metro, se subían a un autocar para viajar más de cuatro horas o esperaban cansados en la parada del autobús la manera de volver a casa no había resignación. No les he visto tristes... no había ni un ápice de desesperanza y tampoco de triunfalismo. He visto volver a sus hogares a personas más libres y más conscientes de lo que nos jugamos entre manos. Todo empieza ahora.

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