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7 DICIEMBRE 2016
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>Entrevista a Frank Rodríguez, director de general de Sialsol

'La inseguridad en el sector energético ahuyenta las inversiones nacionales e internacionales'

Lucas de Haro

El pasado 19 de octubre el Congreso decidió no derogar, como sí pretendía el Senado, el artículo 4 y algunas disposiciones transitorias del Real Decreto Ley 6/2009 referente a medidas en el sector energético. ¿Qué se regula principalmente en ese Real Decreto?

La secuencia de hechos fue la siguiente: el día 7 de octubre, a petición de CiU y con el respaldo del PSOE, el Senado aprobó una enmienda para derogar el artículo 4 del RD Ley 6/2009. Sin embargo, debido a las fuertes presiones recibidas por diferentes entes políticos y asociaciones, el pleno del Congreso rechazó dicha enmienda. Lo que pretendía dicho Real Decreto es, al igual que ha ocurrido con el mercado de la energía solar fotovoltaica, establecer una serie de cupos máximos de potencia anuales para cada tecnología.

¿Qué dispone el artículo 4 del RD 6/2009? ¿Qué se pretendía con su derogación?

El artículo 4 pretende establecer unos mecanismos de registro de pre-asignación. Desde el Ministerio de Industria se trató de frenar, principalmente, el elevado número de plantas termosolares que se estaban promoviendo, imponiendo unas condiciones muy restrictivas para poder inscribirse en el registro de pre-asignación. Contrariamente a lo esperado, se presentaron en el plazo marcado por el RDL 06/2009 más de 80 proyectos de plantas termosolares (más de 4.000 MW de potencia), inicialmente con todas las condiciones exigidas. Con la derogación de este RDL 06/2009 se pretendía volver a la potencia tope del RD anterior, que estipulaba 500 MW de potencia máxima para la energía termosolar.

¿Considera trascendente esta "polémica derogatoria"? En su opinión, ¿qué consecuencias tiene para el sector energético, para las empresas inversoras y en, general, para la economía española?

Sí, ya que en la enmienda se incluía una modificación que significaría que las instalaciones que se registraran una vez cubiertos los 500 MW reflejados en el RD 661/2007 estarían fuera de prima y sólo cobrarían el precio de la electricidad del mercado. Esto paralizó de golpe todos estos proyectos, con enormes pérdidas. En la actualidad, el RD 661/2007 establece un año de moratoria una vez cumplido el 85% del objetivo fijado por Industria.

Las consecuencias para el sector energético, y por tanto para la economía española, están todavía por cuantificar y no lo sabremos a corto plazo; ya que, pese a que finalmente se rechazó dicha enmienda, la inseguridad creada ahuyenta las inversiones nacionales e internacionales. No olvidemos que cada planta termosolar requiere de una inversión aproximada de 300 millones de euros.

Volviendo a la ley de 2007 y centrándonos en la energía fotovoltaica, la prima se pagaba a 0,44 euros por KWh producido. Si cualquiera de nosotros mira la factura de electricidad de su casa, podría comprobar que paga 0,11 KWh consumido; es decir, un cuarto del valor de producción. Se desajusta aún más el balance si incluimos los costes de distribución. Se podría pensar que las energías renovables no son competitivas.

Es importante matizar este punto de vista. Es cierto que inicialmente las primas establecidas para la energía solar fotovoltaica eran elevadas (para potencias menores de 100 kW eran de 44,0381 céntimos de euro por kWh). En aquel entonces, con el fin de poder cumplir el Protocolo de Kyoto y reducir nuestras emisiones, así como nuestra dependencia energética del exterior, era necesario incentivar y ayudar a madurar una tecnología con un amplísimo desarrollo en nuestro país. Sin duda, el crecimiento de esta tecnología desbordó las previsiones iniciales. No obstante, es cierto que existían una serie de márgenes a lo largo de toda la cadena de desarrollo de un proyecto fotovoltaico que hacían parecer razonables estas primas. Sin embargo, a día de hoy, se ha comprobado que el coste de una instalación solar fotovoltaica se ha visto drásticamente reducido, de manera paralela al decremento de las primas y en consonancia con la maduración del sector. No obstante, hay que tener en cuenta los costes que conllevan el resto de las alternativas energéticas de este país. Tomo como ejemplo los costes que va a implicar el consumo del carbón nacional por parte de las empresas energéticas y cómo esto va a afectar al déficit tarifario. Por otro lado, cuando se compara el coste de las energías renovables frente a los hidrocarburos, todos ellos importados, se tiende a no contabilizar los costes de sus emisiones de CO2 en la tarifa. No olvidemos el acuerdo aprobado en el Parlamento Europeo que obliga a que en 2020 la Unión Europea emita un 20% menos de CO2, consuma un 20% menos de energía y genere el 20% de su energía primaria con fuentes renovables. Y pese a toda la polémica creada en torno a las energías renovables, España está muy lejos de cumplir ese paquete 20/20/20.

Sin embargo, la excesiva subvención del sector, ¿no ha generado una nueva burbuja especulativa análoga a la explotada inmobiliaria?

Pudiera ser que esto hubiera sucedido en el pasado, ya que no se reguló de manera conveniente y se permitió la entrada al mercado de la energía solar fotovoltaica a actores totalmente ajenos a este sector. No olvidemos que las plantas solares fotovoltaicas tienen un componente tecnológico limitado. Si bien en el caso del resto de las energías alternativas el complejo diseño y construcción de los proyectos desincentiva radicalmente la entrada de otros profesionales neófitos del sector.

¿Cómo es el modelo que están siguiendo otros países en este campo? ¿Llegarán todos los estados de la Unión Europea a producir un 20% de su energía con fuentes renovables?

Cada país ha optado por promover de diferente manera el desarrollo de las energías renovables. Por ejemplo, nuestro vecino galo establece una prima, al igual que en España, en función de si la instalación solar va en suelo o en cubierta. También depende de su ubicación geográfica; si la región es más soleada, la prima será inferior a si la región es menos soleada. También hacen mucho hincapié en la integración arquitectónica. En cualquier caso, las primas de los diferentes países son muy similares a las establecidas por nuestro Gobierno.

Con respecto a la segunda pregunta, creo que no revelo nada nuevo si afirmo que España es un país privilegiado para el desarrollo de las energías renovables (numerosas horas de sol para la energía solar, elevados sistemas montañosos con grandes saltos para la energía hidráulica y con grandes posibilidades eólicas) y que otros países de la Unión Europea no reúnen estas condiciones. Esto nos sitúa en una posición privilegiada, no sólo para cumplir con el paquete 20/20/20, sino para, tal y como permite la reciente Directiva Europea de Energías Renovables, exportar de manera estadística esta energía renovable para el cumplimiento de los objetivos de los estados miembros, siendo los proyectos financiados por estos últimos.

Se podría pensar, entonces, que el modelo productivo de renovables no es, en sí mismo, rentable económicamente; pero sí bajo criterios de sostenibilidad y criterios comerciales, ya que nos convierte en un país exportador.

La primera afirmación es incorrecta ya que, recientemente, Javier García Breva, presidente de la sección fotovoltaica APPA, aseguró que el consumo de los hidrocarburos a cada ciudadano que vivimos en España nos cuesta 20 veces más que el consumo de renovables. Los motivos ya han sido expuestos anteriormente. Si a esto le sumamos un criterio de sostenibilidad y criterios comerciales, creo que lo hemos de tener claro, ¿no? 

Esta capacidad exportadora de España, ¿se basa en la experiencia o en la tecnología? ¿Estamos a la cabeza internacional de I+D en renovables o sólo en currículum de MW instalado?

Depende de la tecnología de la que estemos hablando. En el caso de la energía solar fotovoltaica y la eólica, es patente que España es un país que se encuentra a la cabeza tanto en potencia instalada como en fabricación. En la industria termosolar, todo apunta a un crecimiento y a un mayor asentamiento en el primer puesto mundial en el desarrollo y promoción de la tecnología. En el otro lado de la balanza estarían las tecnologías de biomasa, biogás y geotérmica, de las que todavía nos queda por aprender de los países nórdicos.

¿Cree usted que energía nuclear y energía renovable son dos extremos incompatibles?

La dependencia energética, en cualquier país, de una sola fuente de energía no es sana ni coherente. Lo más inteligente es tener un mix energético diversificado en el que se encuentren las diferentes fuentes de energía. Eso sí, en un país como España, por razones obvias, ¡que el predominio sean las energía renovables!

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