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20 JULIO 2017
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La mirada tímida. Fotografías de Lisette Model

Javier Restán
Coney Island Bather. New York

Lisette Model recorrió el periplo que tantos judíos de la época tuvieron que emprender empujados por la tensión antisemita que se vivía en Centroeuropa. Su padre cambió el apellido de la familia, Stern, precisamente para evitar que su origen judío les pudiese acarrear problemas. De su Viena natal se trasladó a Francia. Allí se inició profesionalmente como fotógrafa y conoció al pintor ruso Evsa Model, con el que se casó pronto. Ambos emigraron a los Estados Unidos y fue en Nueva York donde se abrió camino desde la nada, contra viento y marea (y contra el Comité de Actividades Antiamericanas) llegando a ser una reconocida profesora y una de las fotógrafas más estimadas de la época.

Según parece, Lisette Model enseñaba en sus clases, a las que se dedicó desde los años 50, que "hay que fotografiar con las tripas". Yo, sin embargo, no logro ver esas tripas en sus fotos.  Veo un respeto distante, tal vez una pasión contenida que se vuelca por igual sobre todas las personas que fotografió: pobres y burgueses, hombres y mujeres, enérgicos cantantes y hombres travestidos en espectáculos patéticos. Desde el viejo Vendedor de flores de París (1933) dormido en su silla callejera y al que se le ha caído el cigarrillo y la boina, hasta sus instantáneas en el bar de la bohemia neoyorquina, el Sammy's (que también inmortalizó su amigo Weegee), prácticamente Model sólo fotografió personas. Buscaba personas, buscaba algo en las personas.

Su amigo y colega Walker Evans le enseñó que "la verdad debe ser descubierta, no construida". Esta sí es una huella visible en la obra de Lisette Model. Sus fotografías pueden gustar más o menos, pero no son falsas, no son muecas. No hay impostura en ellas. Están pegadas a la realidad. Se acercan a ella de un modo intensamente femenino. Con toda claridad lo expresaba ella misma al describir la fotografía de la época: "Dos tendencias dominan el campo de la fotografía hoy: una llena de subterfugios artificiales, fantasías glamurosas y una histérica tendencia hacia lo chocante, mientras la otra busca el realismo, la sinceridad, la verdad...". Model eligió este último camino y lo transitó con autenticidad desde el principio hasta el final de su obra.

La exposición de la Fundación MAPFRE sigue el itinerario vital de Model con fotografías tomadas a lo largo de más de 25 años, desde los 30 hasta mediados de los años 50, dejando fuera solamente las colecciones de fotografía que tomó en sus viajes a Roma y Venezuela. De esta forma es posible tener una idea completa y cercana de la obra esencial de nuestra fotógrafa: París, Niza, las calles de Nueva York y sus habitantes, y finalmente el submundo de las noches neoyorquinas.

Las Vegas. On the bar (1949)

Preciosas sus primeras fotografías del París de los años 30. Seleccionaba con su cámara escenas sobre la vida de los pobres de la gran capital: Durmiendo junto al Sena, Hombre ciego, Vendedor de flores son fotografías llenas de ternura y ajenas a cualquier otra intención que no fuese la compasión humana. Pero cuando se desplazó a la Riviera francesa y fotografió, en contraste absoluto con su visión de los pobres de París, la plácida vida de la alta burguesía francesa en su serie Promenade des Anglais, esta mirada no cambió sustancialmente. Cambian las miradas de quienes fotografiaba, ahora hoscas y a veces despectivas, pero no la suya, que sigue sin tener ninguna pretensión y no quiere dar lecciones. Aunque estas fotografías fueran interpretadas por alguna revista socialista de la época como un ejercicio de crítica social, en realidad es imposible reconocer esa intención.  

En 1938 emigró a los Estados Unidos junto a su marido. Impresiona el hecho de que sus dos primeras series de fotografías sobre Nueva York son fotografías "indirectas". En primer lugar Reflections, una mirada sobre la ciudad de Nueva York desde los reflejos que produce en los escaparates de sus avenidas. Y, al mismo tiempo, su famosa serie de fotografías tomadas a ras de tierra, donde sólo vemos los pies de los viandantes: pies a la carrera, piernas de hombres y mujeres andando sobre las aceras de las grandes avenidas neoyorquinas. En ambos casos, Lisette Model no mira de frente a la ciudad, sino que se aproxima a ella de modo indirecto. El resultado es de una gran eficacia: la confusión, el movimiento frenético, la intensidad de la vida urbana, los rascacielos reflejados en el vidrio de los comercios transmiten la esencia de la ciudad más fielmente que el reportaje más completo. Pocos años después acomete otra nueva aproximación a la misma, Pedestrians, serie de retratos urbanos, furtivos, espontáneos, tomados todos colocando la cámara a la altura de la cintura.  

La exposición termina con un puñado de fotografías del mundo de la bohemia en La Bowery. Cantantes, borrachos, parejas que se miran desde una lejanía infinita, payasos y travestidos son fotografiados acogedoramente por la artista, que encontró en ese ambiente de clubs nocturnos, circo y espectáculos, una libertad que le atraía y le abría nuevas posibilidades de adentrarse en ese misterio que es el hombre.

La mirada tímida de Lisette no elude nada de lo que ve. Es una mirada llena de pudor, pero incisiva. Prácticamente todas sus fotos están tomadas en contrapicado, nunca son primeros planos frontales. Model recortaba sus fotos para centrarse en lo esencial. No tenía problema en prescindir de los detalles. Las personas que escoge para sus fotografías son en su inmensa mayoría corpulentas, sus cuerpos imponentes absorben toda la atención, y la mirada del espectador viaja de abajo a arriba recorriendo el volumen de los fotografiados.

Running Leg, Fifth Avenue, New York 1940-41

Una de las fotos con las que se ha identificado toda su obra es la enorme y sonriente Bañista en Coney Island, rotunda afirmación de la vida real. Pero también el volumen es el protagonista en la mujer que viene de la compra en Lower East Side, el apostador de Hipódromo del parque Belmont, o en esas dos fotografías de una mujer sentada delante de la puerta de la casa, ocupando todo el espacio con su enérgico y temible gesto.

Lissette Model se convirtió en maestra de muchos y pasa por iniciadora de una  "corriente" en la fotografía sin que posiblemente hubiese sido capaz de pretender tanto. De hecho Model no defendió grandes teorías sobre la fotografía, ni se puede decir que tuviese un proyecto artístico definido en ningún momento de su trayectoria. Su genio artístico se fue formando a medida que se dejaba influir por muchos de los grandes críticos y fotógrafos de la época, con los que forma parte, como ya se ha dicho antes, de una gran generación de fotógrafos, norteamericanos de nacimiento o por adopción.

Su primera formación artística en Viena había contado, entre otros, con el pintor Oskar Kokoschka y, sobre todo, con el maestro Arnold Schönberg, uno de los músicos más influyentes del siglo XX. Llevaba la música dentro, e intentó realizar un trabajo sobre el mundo del jazz que consideraba expresión genuina de la Norteamérica que amaba. La exposición también presenta alguna fotografía de esta serie truncada, entre ellas una de Ella Fitzgerald y otra de Louis Amstrong.

Lisette Model no juzgaba a quienes fotografiaba. Miraba atentamente. Estaba a la expectativa. Y nos dejó un magnífico testimonio de su espera.

Lisette Model

Fundación MAPFRE - Sala de Exposiciones Azca

Avenida del General Perón, 40 (Madrid)

Hasta el 10 de enero de 2010

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