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2 DICIEMBRE 2016
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Una sentencia contra Europa

Mario Mauro

Me parece fundamental subrayar que la Corte de derechos humanos no es un organismo de la Unión Europea. De hecho, en el grupo de siete jueces que han emitido la sentencia estaban presentes también un juez turco y otro serbio. En los periódicos y telediarios aparecen titulares engañosos que responsabilizan o destacan a la Europa que "rechaza el crucifijo en las aulas escolares".

Esta sentencia es el fruto del trabajo de una Corte que, bajo el auspicio del Consejo de Europa, pretende alterar el sentido propio del proyecto europeo. La decisión de la Corte de Estrasburgo constituye un ejemplo clásico de imposición laicista dirigida a aislar a la religión, en especial a la cristiana, en un gueto. En esta perspectiva se enmarcan las motivaciones de la sentencia, que afirma que la exposición de cualquier símbolo religioso viola el derecho de elección de los padres sobre cómo educar a sus hijos, así como el derecho de los menores a creer o no, y que lesiona además el "pluralismo educativo".

"La presencia de crucifijos en las aulas escolares constituye una violación del derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones, y viola la libertad religiosa de los alumnos". Y además: "La Corte no puede entender cómo la exposición, en las clases de la escuela estatal, de un símbolo que puede ser razonablemente asociado al catolicismo puede servir al pluralismo educativo, esencial para la conservación de una sociedad democrática tal como la concibe la Convención europea de los derechos humanos, un pluralismo que reconoce el Tribunal Constitucional italiano".

El juicio de la Corte resulta ilógico y, cuando menos, parece incierto en su contenido más profundo. Si no puede entender de qué modo la exposición del crucifijo puede servir al "pluralismo educativo", no se entiende cómo puede sentenciar que el Estado italiano ha violado ese "pluralismo educativo".

El crucifijo representa un símbolo religioso, cultural e identitario, y precisamente por eso nunca ha asumido un valor coercitivo, en contra de lo que parece admitir la Corte en su sentencia. Como demuestran decisiones precedentes tomadas por los jueces en Italia, el crucifijo representa un elemento de cohesión en una sociedad que no puede prescindir de su tradición cristiana. Si quitamos el crucifijo de las escuelas, en cuanto lugares públicos, también tendremos que quitar todas las cruces y magníficas obras sacras presentes en nuestras calles y plazas, lo que sin duda sería absurdo.

La sentencia desconoce el papel de la religión, sobre todo la cristiana, en la construcción del espacio público y promueve una indiferenciación religiosa que se contradice profundamente con la historia, la cultura y el derecho del pueblo italiano. Sobre este punto, me limito a recordar que la Constitución italiana rechaza la imposición laicista, de matriz ilustrada, según la cual el hecho religioso tiene una naturaleza meramente individual y está destinado a quedarse en el ámbito de la esfera exclusivamente privada. La Constitución valora, sin embargo, el papel de la religión y de las confesiones religiosas, como demuestran los artículos 7, 8, 9 y 20.

La disciplina constitucional, al asegurar la libertad religiosa, reconoce las confesiones particulares como parte de la realidad social. La Constitución, como demuestra claramente su redacción, reconoce a las confesiones religiosas la misma libertad, pero no igualdad de trato. Es curioso que la Corte, en vez de reclamar esta carencia constitucional, haga, por el contrario, referencia a ciertas posiciones laicistas de la jurisprudencia del Tribunal Constitucional.

¿Puede tener algo que ver con el hecho de que entre los jueces de la Corte de Estrasburgo esté el hermano de un ex presidente del Tribunal Constitucional que ha tenido mucho que ver con la afirmación de una concepción ilustrada y laicista del papel de la religión en la vida pública?

Una integración civil auténtica no puede prescindir de una propuesta educativa que tenga la valentía de proponer a todos los alumnos los puntos de referencia que fundamentan nuestra sociedad. Nos encontramos frente a una sentencia que es el manifiesto político de aquéllos que buscan el ocaso definitivo de un proyecto que nos ha regalado más de 50 años de paz y bienestar, en nombre de una ideología que tiene como objetivo primordial el de privar a un pueblo de su propia identidad, y someter a todos los ciudadanos europeos a la dictadura de la nada.

Espero que todas las fuerzas políticas italianas y europeas apoyen con contundencia el recurso que presentará el Gobierno italiano en contra de una sentencia propia del peor régimen totalitario.

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