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2 DICIEMBRE 2016
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"La cruz se ha insertado en el código genético de Occidente sin traicionar nada"

Roberto de la Cruz

La sentencia de la Corte de Estrasburgo afirma que la exposición de cualquier símbolo religioso viola el derecho de elección de los padres sobre cómo educar a sus hijos. Según el Tribunal, la presencia de los crucifijos viola la libertad religiosa de los alumnos y lesiona el pluralismo educativo. ¿Qué piensa de estas motivaciones?

La sentencia Lautsi c. Italia es un ejemplo de cómo un tribunal puede caer en las redes del activismo político trasladando al ámbito judicial un tema emocionalmente sensible. La hipotética influencia de la presencia tradicional de crucifijos en la escuela en las conciencias infantiles es convertida en campo de batalla para recortar la posición de la religión en la esfera pública. Un estímulo para que los Estados sólo toleren la manifestación pública de valores morales que no sean religiosos o que, al menos, estén desprovistos de su connotación religiosa, a pesar de que esos valores constituyan, paradójicamente, el humus donde el mismo Estado tiene su origen. Una curiosa percepción de la laicidad del Estado que permite quedarse con los frutos siempre que se tale el árbol. Quedarse con el mensaje pero matando al mensajero. La exposición de ese símbolo no viola nada. Afirma valores respetables que nos conciernen a todos.

La sentencia parece manifestar un laicismo que tiende a excluir a la religión del espacio público. ¿Qué opina?

Lo sorprendente de esta sentencia es que se inserta en otra serie de ellas del TEDH que han apoyado políticas de eliminación de símbolos religiosos personales (sobre todo islámicos) en entornos educativos -en Francia y en Turquía- y que han sido duramente criticadas por juristas de muy diversos países y posiciones ideológicas. De ahí la preocupación manifestada por la United States Commission on International Religious Freedom (7 agosto 2009), que tiene por objeto analizar la situación de la tutela de la libertad religiosa en el mundo.

Comentando esta preocupación de la USCIRF, el profesor Martínez-Torrón, experto de la OSCE en materia de libertad religiosa, observaba con razón que el TEDH ha iniciado una deriva "demasiado tributaria de una concepción que entiende la laicidad no como neutralidad del Estado ante el hecho religioso o ideológico, sino como ausencia de visibilidad de la religión, es decir, como una situación artificial que garantiza entornos ‘libres de religión' pero no, sin embargo, libres de otras ideas no religiosas de impacto ético equiparable".

¿Qué representa el símbolo del crucifijo en la sociedad occidental?

Recuerdo que en 1988, Natalia Ginzsburg escribía lo siguiente en L'Unità, el diario fundado por Antonio Gramsci, entonces órgano del Partido Comunista italiano: "El crucifijo no genera ninguna discriminación. Calla. Es la imagen de la revolución cristiana que diseminó por el mundo la idea de la igualdad entre los hombres, hasta entonces ausente". Tal vez por eso, junto a su valor religioso, en Occidente se ha recalcado que representa toda una serie de valores civiles como la tolerancia, la solidaridad y la igualdad.

Repárese que, a la hora de elegir un símbolo, una de las organizaciones internacionales más respetadas y queridas por todos (incluidos los españoles) ha preferido la cruz. Me refiero a la benemérita Cruz Roja. Menudo lío se organizaría si alguien quisiera cambiarle el nombre, a ella o, por ejemplo, a la Media Luna Roja.

Por otra parte, banderas como las de Noruega, Suecia, Grecia, Dinamarca, Malta, Suiza, Escocia tienen como signo distintivo la cruz. Sin olvidar que el propio escudo de España y su bandera tiene tres cruces dominando las tres coronas que acompañan el símbolo. Es una muestra más de que la cruz se ha insertado en el código genético de Occidente sin traicionar nada.

A la espera del recurso del Gobierno italiano contra la decisión, ¿qué repercusiones cree que puede tener la sentencia en países como España, donde el Gobierno prepara la reforma de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa?

Potencialmente puede tener repercusiones no estrictamente positivas. Sin embargo, tengo confianza en que los redactores de la nueva Ley de Libertad Religiosa sean lo suficientemente prudentes para no desatar una especie de guerra de barricadas contra los símbolos. Sería paradójico que una ley que quiere defender la libertad religiosa de todos insertara medidas restrictivas de esa misma libertad. Ya no sería una Ley de Libertad Religiosa, sino una Ley contra la Libertad Religiosa.

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