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8 DICIEMBRE 2016
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'Para que nada, ni nadie sea olvidado'

Compañía de las Obras (Chile)

Por una parte, la exitosa política de protección social de la actual administración no ha impedido que la salud pública se erosione en la atención a las personas en tantos hospitales, ni que miles de profesores abandonen las aulas para anclarse en demandas salariales históricas. Por otro lado, la economía se recupera con alto desempleo y no logra dialogar con tasas bancarias adecuadas. Una Araucanía en llamas exige territorialidad a cambio de sus demandas, mientras en el Transantiago navega con sus conocidos déficit; la percepción de la inseguridad ciudadana crece en barrios y comunas y los índices de corrupción -otrora bajos- ya no se ostentan como valor país. "Nuestro propio proceso de ‘globalización' -podríamos decir- nos muestra cada vez ‘más cercanos, pero menos hermanos'" (Caritas in veritate).

Por otra parte, la campaña presidencial ha oscilado entre descalificaciones personales, mesianismos generacionales y de cambio, el interés de legislar sobre el aborto y el tamaño del Estado, sin priorizar las reales necesidades de un país.

Pero, ¿qué es lo que está en juego en estas elecciones que pueda despertar lo humano y que renueve la democracia chilena?

1.- La política es afirmar el valor del otro. Se requiere fuerza moral APRA reconocer el valor de la convivencia entre distintos. Es la pasión por el hombre y su realidad lo único que sostiene una democracia adulta. Septiembre culminó entre el dolor del 11-S y la anestesia de las fiestas patrias, mientras algunos murales reclamaban irónicamente: "para que nada, ni nadie, sea olvidad". Pero este desafío exige ante todo acoger el valor de la vida, también del que está por nacer, de la misma forma que a adversarios y necesitados.

2.- El desarrollo de la sociedad civil y el bien común. Camino al Bicentenario, el binomio Estado-mercado exige una apertura: salir de la lógica del "dar por deber" del primero y del "dar para tener" del segundo Caritas in veritate). La lucha por afirmar el bien común coincide con potenciar la sociedad civil como espacio de gratuidad y solidaridad, valorando lo que ya existe y la tensión ideal de la cual nacen experiencias e iniciativas, desde aquéllas de genuina excelencia hasta las más sencillas.

3.- El paso hacia una democracia real exige liderazgos que afronten las exigencias y necesidades de las personas y las comunidades, ante todo como generación de renovadas oportunidades:

El trabajo: el desarrollo integral de un pueblo es posible si cada hombre vive el trabajo como expresión de sí mismo, redescubriendo su valor incansablemente y enseñándolo a otros. Éste es el cambio. Una sociedad que reaprende el valor del trabajo.

La salud: que cada enfermo pueda vivir su enfermedad con dignidad. Una gran iniciativa como el AUGE tiene que ser perfeccionada: mejorar la espera, integrar más la iniciativa privada, eliminar el IVA de los medicamentos.

Empresa y medio ambiente: favorecer el emprendimiento es el camino para romper el status quo socio-económico. La riqueza del emprender está en la cultura de un país antes que en su PIB. El desarrollo sostenible concilia la riqueza con el aprecio por el hábitat.

La educación: una tensión ideal constructiva se sostiene dentro de una experiencia educativa en la que se enseña por amor a la persona y se aprende por amor a la verdad, y que hace que el ánimo del hombre perciba la realidad como una promesa de bien para sí y los demás. Por eso, la educación constituye la emergencia y la prioridad absoluta. Entonces, para superar el "desinterés institucionalizado" y la uniformidad, que siempre es discriminación, aunque lo ampare la ley, ¿por qué no legislar para favorecer una alianza entre corporaciones y fundaciones privadas con la educación municipal, como acontece hoy ante el llamado de la Iglesia a acoger a los alumnos de 4º medio?

Hoy no está en juego perder o ganar el poder, sino fortalecer e incrementar una convivencia política reconciliada con sus ideales y su tradición, que dialogue con cada minoría, sin perder la propia identidad. ¿Cómo no estar agradecidos de las personalidades y los conglomerados que han dado estabilidad al país? Pero sería una irresponsabilidad que, ante la adversidad de los resultados, se pase de la autocrítica a la autodestrucción.

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