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8 DICIEMBRE 2016
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Obama, ¿como Bush?

Lorenzo Albacete

Una cosa está clara, las acciones realizadas para responder a los ataques terroristas (al menos 75.000 millones de dólares en operaciones de inteligencia) se han mostrado insuficientes. Antes o después, los americanos despertarán y pedirán explicaciones al Gobierno.

Una parte de los republicanos está considerando la posibilidad de acusar a la administración Obama de haber debilitado las defensas americanas con su sumisa política exterior y su rechazo (al menos en público) al uso preventivo de la fuerza militar. Sin embargo, otros republicanos se dan cuenta de que la mayor parte de la década ha estado gobernada por su partido y parecen propensos a mantener una respuesta bipartidista a la amenaza terrorista.

Digo que los americanos "despertarán" frente a esta situación porque, al menos ésta es mi impresión después de algunas conversaciones en los bares, la mayoría de los americanos aún no se ha dado cuenta de la seriedad de lo que ha sucedido. He preguntado a mis interlocutores cuál es el tema habitual en los bares y me han dicho que, después del deporte, el tema principal es la economía, sobre todo el crecimiento del paro.

Hoy, los americanos están preocupados sobre todo por sus puestos de trabajo, no por el terrorismo y menos aún por la tan discutida reforma sanitaria. La atención que los medios han dado al intento de atentado de Navidad les hará, antes o después, tomar conciencia de la cuestión del terrorismo y esta vez no estarán tan dispuestos a aceptar fácilmente las propuestas del Gobierno para gestionar la crisis.

Después del 11 de septiembre de 2001, la gran mayoría de los americanos apoyó al presidente Bush en la invasión de Afganistán y en la guerra contra el Iraq de Saddam Hussein, y ofreció un apoyo cauto al envío por parte de Obama de otros 30.000 soldados a Afganistán. Ahora se habla de un tercer frente de guerra, el Yemen, donde los Estados Unidos están secretamente implicados militarmente en operaciones de inteligencia, entrenamiento de militares yemeníes y apoyo tecnológico.

Además, hay quien empieza a hablar de la posibilidad de que este incidente se pueda convertir para Obama en un problema "tipo Katrina". Cuando el huracán katrina devastó Nueva Orleans y gran parte de la costa del Golfo, el presidente Bush no pareció darse cuenta de la gravedad del hecho y se felicitó por la gestión de la catástrofe que había hecho el jefe de la agencia federal responsable de las intervenciones gubernamentales. Luego se supo que no estaba a la altura del puesto.

En este caso, han pasado tres días hasta que Obama ha respondido públicamente al ataque de Navidad. Nos podemos preguntar si la foto del presidente disfrutando de sus vacaciones en Hawaii, ordenando a sus subordinados que tranquilizaran a la población americana, le puede perjudicar políticamente, como el Katrina perjudicó a Bush.

A diferencia del Katrina, el ataque de Navidad no ha tenido éxito y no se ha cobrado vidas. Los agentes de Obama parecen utilizar el hecho de que no haya habido víctimas para demostrar que "el sistema ha funcionado bien". La Casa Blanca, sin embargo, ha comenzado a preocuparse por un posible síndrome Katrina y los portavoces han empezado a admitir que algo no va bien. Por fin, el presidente interrumpió sus vacaciones para garantizar a los americanos que él está al frente de la respuesta gubernamental ante la amenaza terrorista, que incluye posibles ataques preventivos.

Por último, está la dimensión religiosa de esta crisis. Hasta ahora, la mayor parte de los comentarios ha sido muy cauta al tratar el aspecto religioso de la amenaza terrorista, subrayando que ésta no es una guerra contra el islam, sino sólo contra una de sus deformaciones. Pero, ¿quién decide cuál es el "verdadero islam"? ¿El gobierno americano y su creciente visión secular de la religión? Y en el seno del mundo musulmán, ¿quién decide cuál es la auténtica doctrina islámica?

Esta cuestión tiene que ser afrontada, porque las raíces últimas de la crisis son de hecho religiosas. Los católicos tienen que tomar nota y tomar conciencia de la importancia cada vez mayor que tiene la unidad con los obispos en comunión con el Sucesor de Pedro, mientras que los demás cristianos tendrán que decidir cómo impedir que la fe cristiana pueda ser manipulada a favor de la intolerancia y la violencia.

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