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3 DICIEMBRE 2016
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Testimonio de Fiammetta Cappellini, cooperante italiana en Haití

Intentaré ser breve porque estamos intentando ahorrar baterías. Como sabéis, el terremoto ha tenido lugar a las 17:00 hora local, cuando estábamos a punto de cerrar las oficinas.

La primera sacudida ha sido fortísima y ha durado más de un minuto. En cuanto hemos podido, hemos abandonado los locales. Viendo que no había daños relevantes, nos hemos ido todos a casa. Sin embargo, las calles se han convertido en una trampa. El coche que venía detrás, con Jean Philippe y un compañero haitiano, y el mío se han quedado bloqueados durante horas. Al final hemos decidido volver a la oficina. Nos hemos equipado con agua potable y cosas similares y nos hemos dirigido hacia la antigua casa de Carlo Zorzi (ex representante de AVSI en Haití, antes de Fiametta, y ahora en Costa de Marfil), la única meta a la que podíamos llegar.

Sin embargo, aquí nos ha sorprendido la segunda sacudida, y en ese momento hemos decidido dormir fuera. No pudiendo llegar a casa, hemos pedido hospitalidad en una estructura de la embajada brasileña de Port au Prince.

Cuando la situación por las calles se ha normalizado un poco, hacia las 10 de la noche, nos hemos dirigido a casa. Prácticamente hemos atravesado la ciudad. El panorama es devastador. Los edificios más importantes han desaparecido. Por todos sitios se registran daños ingentes. Edificios enteros de varios pisos se han quedado a ras del suelo. Un supermercado muy conocido, que a esa hora tenía que estar lleno de gente, ha sufrido gravísimos daños. Está reducido a ruinas.

Hacia medianoche he podido encontrar a mi marido, y hemos pasado por casa de Jean Philippe, el francés que trabaja con nosotros, que está gravemente dañada y claramente ya no es habitable. Así que por ahora se queda en mi casa. Por fortuna, nuestros compañeros están bien.

Atravesando la ciudad hemos visto devastaciones terribles. Sabemos que al menos dos compañeros han encontrado la casa completamente destruida. Además, la que está al lado de la mía ya no existe.

Por las calles vagan personas presas de crisis de pánico y de histeria, heridos buscando ayuda. Es difícil llegar a los hospitales, las calles de la capital son impracticables. Nuestro viaje a casa ha durado más de dos horas para hacer menos de 10 kilómetros. Y por suerte teníamos el jeep.

Hemos intentado ayudar como hemos podido para transportar a los heridos, al menos a los niños no acompañados, pero nos hemos dado cuenta de lo poco que servía respecto a la dimensión de esta tragedia. Desde los escombros se oyen gritos de socorro de los que se han quedado dentro, y los parientes se desesperan por la impotencia. Falta luz para iluminar la zona y poder seguir escavando por la noche. Sólo podemos esperar la mañana, pero esta noche es realmente negra para todos nosotros. El comisariado de Delmas 33, con la prisión anexa y el centro de detención de menores, un edificio de tres plantas, ya no existe. En el lugar la Minustah (Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití) ha montado luces de alta potencia para poder continuar con las actividades de rescate. El hotel Montana, donde he comido hoy, está semidestruido y han contado 200 desaparecidos. No tengo noticias de mi invitada de hoy. Espero que esté bien. Todos los medios de la misión de la ONU se han movilizado para ayudar, pero las mismas Naciones Unidas han sufrido daños graves, con su cuartel general destruido y varios empleados civiles desaparecidos.

En toda la ciudad la gente se queda en la calle: los que ya no tienen casa y los que temen una nueva sacudida. Tenemos noticias de la mayoría de los compañeros haitianos, igual que de muchísimos amigos y compañeros. Nos hemos encontrado por la calle con el director de proyecto de Action contre la faim. Nos ha contado que su edificio está completamente destruido y que han buscado durante horas a los compañeros que han sido víctimas del derrumbe. Un compañero haitiano falta. El mismo director de proyecto estaba herido e intentaba llegar a pie a su propia casa y tener noticias de su familia.

Lo que hemos visto con nuestro compañero Jean Philipe atravesando la ciudad es espantoso. Realmente no sé por dónde podremos recomenzar, pero lo haremos. Es terrible. Pienso en los cuatro niños que hemos rescatado esta tarde, cuatro hermanos que han terminado bajo una casa destruida sin sus padres, que todavía no habían vuelto del trabajo. Uno de ellos tenía heridas gravísimas y lloraba desesperado. Su hermana lloraba preguntando "¿cómo nos va a encontrar mamá si ya no está la casa?". Rezad por este país en desgracia.

CESAL ha puesto en marcha una campaña de emergencia para ayuda humanitaria a las víctimas del terremoto Haití. Las personas interesadas pueden colaborar con donaciones a la cuenta BSCH 0049-0001-56-2010058858 e informarse sobre la campaña en el 902 242 902 o  en la web www.cesal.org

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