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2 DICIEMBRE 2016
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>Testimonio de un cooperante del CESAL

Nuestro compromiso con el gran pueblo de Haití

Jordi Bach Codina

Escribo desde la oficina de CESAL en el municipio de Fonds-Verrettes, fronterizo con la República Dominicana, a unas tres horas de Puerto Príncipe. El terremoto aquí no ha producido daños ni heridos. Sin comunicación telefónica, ni señal de televisión ni radio, las informaciones que nos llegan son escasas. Apenas un hilo de voz difícil de entender proveniente de una emisora dominicana cuenta alguna cosa del desastre. Los pobladores de Fonds-Verrettes saben lo que es sufrir un desastre, pues en 2004 el pueblo fue destruido en la temporada de huracanes. El terremoto de hoy revivió viejos miedos.

Aquí todos tienen algún familiar en la capital, desde que en las últimas décadas miles de personas del campo empezaron a emigrar a la ciudad buscando salir de la miseria, poblando los barrios de chabolas "bidonbiles" que se esparcen en las laderas de Puerto Príncipe. La gente está inquieta, y cada uno busca la manera de ir a la capital a visitar a los suyos. La mayoría subirán, casi escalando, los altos camiones de transporte de mercancías, para hacer el viaje de más de cuatro horas, colgados entre sacos de patatas, cabras y gallinas. Pero nadie se queja, pues ya se habituaron a viajar así. Cientos de personas se concentran en el mercado para despedirlos y para interrogar toda moto o vehículo que llega al pueblo, en busca de las últimas noticias.

Luego éstas correrán boca a boca por campos y montañas, como un gran eco humano. Los niños y niñas no van a clase, todos se quedan en las casas, cerca de sus mamás. Al mediodía sabemos que los principales edificios de Puerto Príncipe se derrumbaron: el palacio nacional, el edificio de las Naciones unidas, hospitales, escuelas, comisarías, la catedral, grandes supermercados llenos de gente, etc. Miles de personas engullidas por los escombros. Las oficinas de la Cáritas de Puerto Príncipe, nuestro socio local, han sido destruidas. En Puerto Príncipe la gente vaga por las calles y pasará la noche al aire libre, nadie quiere entrar de nuevo en los edificios.

Al final del día empiezan a llegar los expedicionarios que partieron por la mañana. Cientos de familiares los reciben y se producen escenas tanto de júbilo como de dolor, en función de la noticia traída. Las réplicas al terremoto se van sucediendo durante el día, la más fuerte hacia las 5 pm. Es por ello que la protección civil recomienda no desplazarse en las próximas horas, pues todavía hay un riesgo alto de seísmos. Parece que las rutas de entrada y salida de la ciudad están también dañadas. El teléfono sigue sin funcionar, pero milagrosamente empieza a llegar la señal de internet a nuestro teléfono móvil. Leo los mails de apoyo que llegan de mi familia, amigos, compañeros de CESAL. También empiezo a conocer el paradero de algunos amigos cooperantes, técnicos o miembros de la MINUSTHA. Carolina, una española que trabaja en Haití, elabora una lista de correos y empieza a recopilar el paradero de cada uno. La mayoría de españoles responden y comunican su estado y la situación de la gente que conocen. También se confirman las primeras muertes o desaparecidos.

Espero poder bajar mañana a Puerto Príncipe si las condiciones lo permiten, y poder evaluar junto a AVSI y la Cáritas de Puerto Príncipe los daños y necesidades más urgentes, uniéndome al trabajo de emergencia que seguro están haciendo ya. Aquí nos estamos preparando psicológicamente para lo que nos vamos a encontrar al llegar a Puerto Príncipe. Mucha de la gente y lugares que conocimos y aprendimos a querer ya no existen. El sufrimiento y la desgracia en Haití parecen no conocer descanso, empecinados en castigar al más pobre.

Sólo nos queda reafirmar nuestro compromiso y solidaridad con este gran pueblo de Haití, alegre, fuerte y orgulloso, que seguro saldrá adelante, con la ayuda de la comunidad internacional.

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