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8 DICIEMBRE 2016
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Los haitianos, protagonistas

"Kembe fem" (mantén el coraje) es la frase que todo el mundo dice en Haití. Pese a todo lo ocurrido, los haitianos quieren salir adelante. Y lo están haciendo de manera admirable. Son ellos principalmente los que están removiendo los escombros buscando supervivientes. Son ellos los que han organizado en un primer tiempo los campos de refugiados en cada plaza y campo de fútbol, o las distribuciones de agua y comida. Claro que no están solos. Y ya se empieza a notar. La ayuda internacional lentamente va llegando, aunque no aún por todas partes.

El presidente Preval hace un llamado a la coordinación de la ayuda internacional durante una entrevista por televisión. Con un aspecto deplorable, explica a los oyentes, su pueblo, cómo el Gobierno gestionó la crisis en los primeros días. Supo que su ministro de Finanzas estaba buscando a su madre entre los escombros. Otro ministro estaba enterrando a sus pequeños fallecidos. Sin poderse comunicar con los otros debido a la falta de señal telefónica, el presidente buscó gente de su confianza. Entre los amigos a los que pudo localizar empezó a nombrar cargos. Un doctor reputado fue automáticamente nombrado como responsable de la salud en el país. Otro de sus amigos, nombrado responsable de los asuntos referentes al combustible. Y así, hasta formar una especie de gobierno improvisado con el que gestionar la crisis. Sin Palacio Nacional, ni Asamblea, ni Ministerios (todo ha desaparecido), Preval ha instalado su base en una comisaría cerca del aeropuerto. Dice que así le será más fácil recibir a los numerosos jefes de Gobierno que quieren visitar el país. Se bajan del avión y se van a la comisaria-gobierno que está enfrente. Ayer Leonel Fernández, el presidente dominicano, visitó Haití por sorpresa.

Ahora es muy visible la ayuda dominicana en masa. Ambulancias, bulldozers, médicos, etc. están por doquier. La colaboración y solidaridad entre los dos países será recordada por años. El terremoto ha logrado en una semana olvidar las tensiones históricas de muchas décadas.

Preval está organizando con Leonel una gran conferencia internacional sobre Haití para los próximos días en Santo Domingo. La MINUSTHA (fuerza militar de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití) también parece muy activa, después de que el terremoto acabara con su cuartel general, muriendo sus tres máximos superiores. He visto bomberos de Francia, Dominicana, Canadá, etc. Las ONG empiezan a desembarcar y a preparar sus bases. El aeropuerto ha sido entregado a la completa gestión de EEUU, nadie aterriza o despega sin su permiso. En el aeropuerto no existe personal del Ministerio de Inmigración, me dice Ignasi de Médicos Sin Fronteras. Los cooperantes que llegan por vía aérea entran al país sin llenar papel alguno. El Programa Mundial de Alimentos reparte comida en muchos campos de refugiados, de manera organizada y bajo la vigilancia militar. En otros lugares, helicópteros lanzan comida y agua directamente hacia la población. No hay tiempo para colas.

Aunque se reportan algunos pillajes y vandalismo, sobre todo en la zona comercial del centro, la gran mayoría de haitianos se están comportando con una admirable calma. Contrariamente a lo que leo en algunos periódicos, la gran mayoría de distribuciones de agua y alimentos se hacen en ordenadas colas y sin violencia. Hileras de personas bien organizadas llenan sus cubetas con el agua de los camiones cisterna. Las mujeres campesinas provenientes de Kenskoff llegan a Puerto Príncipe transportando cestas de mimbre sobre sus cabezas repletas de alimentos, camino a los mercados informales. Nadie las asalta, nadie las molesta. Pero claro, decir que millones de personas se están comportando cívicamente no vende diarios. Sí vende decir que "algunos cientos" de personas están saqueando los comercios, machete en mano. ¡Qué vergüenza! La ciudad, a pesar de todo lo que dicen, está bajo control.

Las ONG estamos trabajando sin ningún problema de falta de seguridad. Hasta en Cité Soleil y Martisans, dos de los barrios de peor fama de la ciudad, la ONG italiana AVSI, con quien compartimos trabajo y sede, ha montado carpas para acoger y cuidar a cientos de personas sin ningún impedimento. No oigo un solo disparo durante el día, apenas dos o tres durante la noche. Maurice, el guardián de la ONG AVSI, me dice que el haitiano es por naturaleza tranquilo, pero cuando pasa hambre (grangu) no responde de sí mismo. Claro, todo tiene un límite. Se me hace que ese límite está por llegar a mucha gente si la ayuda sigue sin repartirse de manera clara.

La Cáritas de Haití ha salido de la ciudad. Llegan noticias de que otras zonas de Haití han sufrido enormes daños. Son ciudades que no han recibido atención hasta el momento, puesto que la ayuda que empieza a llegar se destina exclusivamente a Puerto Príncipe. El 90% de las viviendas de Leogan han sido afectadas. Se reporta gran destrucción en Petit Goave, Gresier y Carrefour, esta última ciudad de más de 200.000 habitantes. Otras zonas del norte también han sufrido enormes daños. Hoy la Cáritas de Haití hará una evaluación de estas ciudades olvidadas. Haití entero se está cayendo, y ¡no es sólo la capital!

Por fin nos han llegado unos teléfonos satelitales, provenientes de Dominicana, mejorando así nuestro sistema de comunicación. Ya no dependemos de la señal intermitente de la telefonía haitiana. Nuestro problema ahora mismo es logístico. No hay combustible en la ciudad. Las gasolineras están cerradas. No nos queda carburante para más de dos días. Sin él, nuestros coches quedan inservibles y la ayuda que va llegando, sin distribuir. Mañana buscaremos el preciado líquido en el mercado negro. Médicos Sin Fronteras España parece que ha encontrado una persona capaz de "conseguir" algunos litros. Yo les presto mapas, una guía de Puerto Príncipe y un diccionario español-creole. Todos nos ayudamos, estamos pendientes los unos de los otros. En Puerto Príncipe tenemos presencia muy pocas ONG españolas, no más de tres o cuatro. Las que están llegando por la emergencia están desorientadas. No conocen la ciudad, la cultura, la lengua, la moneda ni dónde conseguir ciertos recursos. Los que llevamos aquí un tiempo tenemos la obligación de acogerles, orientarles y ayudarles para que sean operativos lo antes posible. Mañana colaboraremos con AVSI en el reparto de la ayuda del primer camión fletado desde Santo Domingo, entre las familias acogidas en sus carpas improvisadas de Cité Soleil y Martisans. La ayuda será un grano de arena, pero también un comienzo, una señal que sembrará la esperanza. Eso es muy importante, que la gente empiece a ver que llegan cosas. Es un golpe positivo psicológico. Todavía hoy siguen sacando gente viva debajo de los escombros. Es una carrera contra reloj. La ciudad parece haber sido bombardeada sin compasión.

Ya se empiezan a ver los efectos de cuatro días sin recogida de basuras. El hedor de los desechos amontonados flota en el aire. Quiero ser positivo, pienso que hoy hemos avanzado algo respecto ayer. La ayuda es totalmente insuficiente, pero empieza a llegar por fin. En el barrio de Pétion Ville, donde vivo, seguramente el menos afectado de la ciudad, llegó durante varias horas la corriente, suficiente para cargar las baterías de nuestras casas. Hay muchos hospitales de campaña organizados que parece que han mejorado la respuesta sanitaria. La radio anuncia sus direcciones, ¿será que la gente tiene posibilidad de oírla? Por la televisión, los tres canales que funcionan hablan del terremoto las 24 horas, dando consejos y orientaciones. Dos de las tres compañías telefónicas ya funcionan por la tarde. Aprovecho para llamar a mis amigos y amigas. No consigo comunicar con muchos de ellos, tampoco contestan los e-malis. Me temo lo peor.

Puerto Príncipe se ha convertido en una ciudad inhabitable. Miles de personas están saliendo de ella como pueden, hasta a pie, en dirección al campo. Un gran éxodo se ha puesto en marcha, en vista de que la ayuda tarda en llegar. Los famosos 10.000 soldados americanos que iban a llegar no se ven por ningún lado. Por ahora se mantiene la seguridad de forma general, aunque no sabemos hasta cuándo. Mientras la gente no pase hambre no habrá problema. Por desgracia, hay mucha gente que lleva días sin apenas comer.

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