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5 DICIEMBRE 2016
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El inquebrantable ánimo del pueblo haitiano

Jordi Bach

Cada día que pasa tenemos la sensación de que es mejor que el anterior. El transporte ha mejorado, las comunicaciones, el abastecimiento de los abrigos (campos de desplazados), los centros de salud están mejor abastecidos... Pero sobre todo se recupera el inquebrantable ánimo de los haitianos, acostumbrados a las mil y una penurias y sacrificios antes del terremoto. Sólo ellos podían resistir a algo así.

No obstante la mejoría, el sufrimiento de la gente es de una magnitud enorme. Miles de heridos, de gente desposeída de todo, de niños y niñas sin padres, siguen viviendo en los abrigos, en las calles, luchando por sobrevivir. Nadie ha vuelto a sus casas. Millones de personas duermen bajo las estrellas, haciendo sus necesidades al aire libre, bañándose públicamente en la calle, sin ningún pudor. Ayer hubo otro terremoto, este de más de 6 grados. ¿Cuándo va a acabar esta pesadilla?

Los aviones no paran de llegar. Desde la base española en el aeropuerto es difícil tener una reunión a causa de los despegues y aterrizajes. La primera reunión con la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo) ha sentado las bases de la coordinación entre las ONG españolas y la Agencia. Establecemos mecanismo de comunicación y demanda de ayuda. A todos nos extraña la visión parcial que están transmitiendo los medios de comunicación sobre la reacción del pueblo haitiano y cada uno comparte sus anécdotas sobre el gran comportamiento de las familias haitianas en este duro trance. Marta, una cooperante de Tenerife, está viviendo en un abrigo, durmiendo en el suelo junto a las familias. No tiene ningún miedo, sólo palabras de agradecimiento a las familias que la están acogiendo. Las calles están llenas de pancartas en inglés a la entrada de los abrigos, pidiendo agua, comida, medicamentos.

Los haitianos están respetando en todo momento al personal humanitario, pero están cansados de los medios de comunicación. Así me lo han hecho saber. Identificarnos nos irá muy bien. Hoy he visitado Cité Militaire, la zona que nos toca coordinar para identificar el trabajo en los abrigos de la zona. Me han acompañado Oswal, chófer de Cáritas que va conmigo a todas partes, y tres técnicos de AVSI (promotores) que son de la zona. Todos hablan en creole que gracias a Dios entiendo. A simple vista Cité Militaire tiene un 15% de las casas caídas, pero con un 60-70% de casas con daños y fisuras. Es una zona marginal, como Cité Soleil, de hecho es un barrio de este municipio. Hablando con los notables de la zona me informan de que hay cuatro abrigos: Parroquia Notre Dame de Lourdes (1.500 personas); Centro de Formación Maurisse Bonneficie (3.500 personas); Cannan (800 personas) y Mont Carmel (300 personas). En total 6.100 personas. Me ha dado tiempo a visitar dos de los cuatro abrigos, los más grandes. Cuento el primero.

En el abrigo de la Parroquia de Notre Dame de Lourdes no han ocurrido episodios de abusos sexuales, violencia o robos. Las 1.500 personas están en el patio de la parroquia, que está en buen estado. Hay pocas tiendas, unas 50 de lona regaladas por la parroquia. La mayoría de personas tiene plásticos para cubrirse y un grupo duerme sin nada encima. Hay ventas de bolsas de agua en la entrada y comida, un mercado informal. La gente sale a buscar agua, normalmente se encuentran camiones cisternas en las proximidades. No reciben ahora ni comida ni agua externamente. He visto a brigadas cubanas repartiendo medicinas y vacunando. Se escucha a mucha gente toser, creen que por gripe. Calculan 200 heridos no graves. Hay tres cadáveres justo en la entrada, esperando que los recojan.

La ayuda no acaba de llegar del todo. Dos problemas nos estamos encontrando. Primero, no hay lugares seguros donde almacenar estos materiales que llegan. Esto se va resolviendo. Hoy nos confirman un gran almacén a nuestra disposición cedido por Cáritas. Segundo, no se puede llegar a los abrigos a repartir la ayuda sin una previa sensibilización y organización que evite los desórdenes, totalmente comprensibles en una población desesperada. Con Cáritas hemos probado un sistema de distribución que creo el adecuado. Primero explicamos cómo distribuiremos la ayuda al comité responsable del abrigo y éstos lo hacen a la población. Elaboramos un listado de familias con nombre y apellidos, no tanto de personas. Se entrega un papel sellado con un número, por familia. Como cada familia tiene un "papel" en la mano, saben que van a recibir algo, se tranquilizan. Entonces llega el camión con los materiales, la gente hace su cola. Se entregan las cosas y devuelven el papelito. Lo ideal es repartir las cosas a todos en la misma jornada, para evitar frustraciones y enfados. Así al día siguiente la gente sabe cómo tiene que proceder y están mucho más tranquilos.

Por el contrario, en las distribuciones hechas por soldados desde camiones, sin preparación previa, la gente se agolpa y se producen altercados, todos tienen necesidad. Son dos formas de entender la cooperación y la ayuda.

Todos los haitianos buscan trabajo, ingresos para vivir. Porque la ciudad es un gran mercado informal en la calle, donde se encuentra de todo. Sólo se necesita dinero. Acabo de contratar para que me ayude en la casa a Bertha, una mujer con seis hijos que vende calcetines  por la calle. No hay espacio en esta crónica para explicar su humanidad y sencillez.

Miles de hombres rodean el aeropuerto, quietos, mirando los miles de coches  y camiones que entran y salen. Sólo buscan trabajo, no arman ningún desorden. No lo entiendo. ¿Por qué los haitianos no protestan? Saben que la ayuda ha llegado a Haití, pero no acaba de ser distribuida por problemas logísticos y de organización para evitar altercados. Se resignan, esperan, aguantan. Son ellos mismos quienes se están alimentando. Esto es increíble y espero que alguien más lo diga. Los bancos abren hoy en las provincias cercanas y el sábado en Puerto Príncipe. Esto facilitará el flujo de dinero, tan necesario ahora. Todo lo que contribuya a normalizar la vida económica es la mejor garantía para evitar la inseguridad. Son más efectivos los empleos que los soldados.

Hoy llega a Puerto Príncipe David Pizarro, compañero de CESAL en República Dominicana. Cada vez estoy más acompañado. ¡Qué alegría! Haití sigue en un estado deplorable, la ayuda que nos proporciones nunca será suficiente, pero sí eternamente agradecida por este pueblo. ¿Cómo un ser humano puede sufrir tanto con tanta dignidad? Sólo un pueblo humilde y sencillo como el haitiano está al alcance de tales virtudes.

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