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3 DICIEMBRE 2016
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Don Giussani y el 'conocimiento por fe'

Giorgio Israel

Aludiré sólo a uno de ellos, el más importante del libro, con el que comienza, el tema del "conocimiento por fe": el conocimiento a través del otro, que es necesariamente indirecto y debe por tanto basarse en la confianza, en la fiabilidad de la persona que me lo comunica. Dice don Giussani que en el conocimiento por fe se funda la convivencia humana, la cultura y la historia.

La primera reflexión que me vino a la mente tiene que ver con mi relación como judío con el mundo cristiano. Me preguntaba: ¿qué pensaba cuando sostuve que el restablecimiento de la oración por los judíos en la misa latina no era ofensivo? En el fondo, hubo un tiempo en que esta oración -ciertamente, en una forma radicalmente distinta de la actual- abría una herida profunda entre los judíos. Y hoy cualquiera podría opinar que su restablecimiento, por ser parcial, oculta una mala intención. Decidí que no era así porque vi el contexto, porque percibí en aquel contexto -en todo cuanto se ha dicho y hecho en los últimos 30 años y en estos últimos tiempos en particular por Benedicto XVI- una fiabilidad que me parece indudable. No hay exámenes textuales de las palabras que basten, es necesario algo más, y esto es lo que he encontrado, como lo encontraron aquellos judíos que acogieron con tanto calor al Papa en Nueva York: la confianza.

La segunda reflexión se refiere a un tema que llevo en el corazón desde hace tiempo, el tema de la educación. Dice don Giussani que si se suprime el conocimiento por mediación (es decir, a través de un testigo), "hay que eliminar toda la cultura humana, toda, porque toda la cultura humana se basa en el hecho de que uno comienza por lo que otro ha descubierto y sigue avanzando. Si no pudiera ser así, el máximo exponente de la razón, que es la cultura, no se podría ejercer". Sin el conocimiento por el testigo "nos moveríamos en un metro cuadrado". "La cultura, la historia y la convivencia humana se fundan sobre este tipo de conocimiento que se llama fe, conocimiento por fe, conocimiento indirecto, conocimiento de una realidad a través de la mediación de un testigo".

En suma, la educación necesita de maestros, de figuras con las que recuperar la confianza, de testigos que presenten al joven el mundo, la historia pasada, el conocimiento pasado, y que se lo entreguen. Y el joven, el alumno, necesita de un maestro, de un testigo en el que creer y del cual fiarse.

Pensé entonces que esta educación es una gran vacuna contra uno de los caballos de Troya más insidiosos del relativismo contemporáneo: las teorías pedagógicas del autoaprendizaje que predican que el joven aprende de sí mismo, en aquel metro cuadrado, y el profesor queda reducido a un "facilitador" que se limita a acompañarle en tan reducida área, absteniéndose cuidadosamente de transmitirle nada que esté fuera.

Pensé también que quien se inspira plenamente en semejante educación recibe los anticuerpos para resistir a esa dramática crisis educativa que está devastando a nuestra sociedad y que tiene como principal causa la pérdida de confianza en la relación con el otro, la pérdida de la idea de que la educación y la cultura son sobre todo relación entre personas.

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