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4 DICIEMBRE 2016
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Giussani: anuncio lleno de entusiasmo de que Dios se ha hecho hombre

¿Podría resumir el carisma del movimiento?

Giussani explicaba que la esencia del carisma de Comunión y Liberación es resumible en el "anuncio, lleno de entusiasmo y de estupor, de que Dios se ha hecho hombre y que este Hombre está presente en un signo de concordia, de comunión, de comunidad, de unidad de pueblo: sólo en el Dios hecho hombre, sólo en su Presencia, solo a través de su Presencia, el hombre puede ser hombre y la humanidad puede ser humana". De aquí, surge la moralidad y la misión. Esta sensibilidad tiene una serie de implicaciones metodológicas en la vida del movimiento, en la experiencia educativa que caracteriza a Comunión y Liberación (CL). Una de las más decisivas es una simpatía profunda hacia todo lo humano. Lejos de entender los límites, las dificultades o los deseos propios de toda experiencia humana como un obstáculo, el carisma de don Giussani nos enseña que la preguntas y las exigencias que marcan la vida no constituyen una premisa para llegar a la fe, que después deben dejarse de lado, sino un instrumento siempre necesario para entender el alcance de la revelación cristiana.

Todo carisma es un don del Espíritu Santo para el enriquecimiento de su Iglesia. En concreto, el carisma de CL es una gracia histórica que viene a responder a unas circunstancias, las de la segunda mitad del siglo XX, en las que, para muchos, la fe ha dejado de ser incidente en la vida. En el humus cultural de nuestra época la misma fe es considerada como un absurdo, contraponiéndola a la razón, o bien se le priva de su pretensión, reduciéndola a vaga religiosidad o a un conjunto de valores. En este contexto don Giussani ha vuelto a proponer el cristianismo en toda su razonabilidad y en todo su atractivo humano, desvelando, además, los fundamentos filosóficos y antropológicos que hacían complicado responder afirmativamente a la pregunta de Dostoievski: "Un hombre culto, un europeo de nuestros días, ¿puede creer, realmente creer, en la divinidad del Hijo de Dios, Jesucristo?".

¿Qué presencia tiene Comunión y Liberación en España?

CL insiste en tres aspectos esenciales de la fe (misión, cultura y caridad), eso ha provocado el nacimiento en nuestro país de iniciativas sociales promovidas por los miembros del movimiento. Dos están presentes en el mundo universitario: la ‘Asociación Atlántida', que reúne a estudiantes, y la ‘Asociación Universitas', formada por profesores. En el ámbito de la educación, algunos profesores y padres de familia han creado colegios y han puesto en marcha iniciativas como la plataforma ‘Tiempo de Educar' para defender la libertad de enseñanza. La libertad educativa se defiende ejerciéndola y por eso es interesante que desde hace algunos años un grupo de profesores trabaje de forma libre en una revisión de los contenidos y los métodos pedagógicos a partir de su experiencia de fe.

También, es un fruto sorprendente la vida que se ha desarrollado en torno a la obra de ‘Familias para la Acogida', realidad que expresa de un modo provocativo cómo la gratuidad es siempre un ángulo abierto al Infinito. Desde sus orígenes, los miembros de ‘Comunión y Liberación' en España han tenido relaciones muy estrechas con Ediciones Encuentro. Entre las iniciativas de los adultos de este movimiento, destaca la ONG de cooperación internacional ‘CESAL' y el evento "EncuentroMadrid" que se celebraba todos los años en abril en la Casa de Campo. Las personas vinculadas a CL han creado también la ‘Compañía de las Obras', una asociación que reúne a pequeñas y medianas empresas y entidades sin ánimo de lucro. Las provincias en las que está presente CL son: Alicante, Asturias, Ávila, Barcelona, Cáceres, Cantabria, Córdoba, A Coruña, Granada, Madrid, Málaga, Mallorca, Murcia, Navarra, Sevilla, Soria, Tarragona, Tenerife, Toledo, Valencia, Valladolid y Zaragoza.

El próximo 22 de febrero se cumple el 5º centenario del fallecimiento de monseñor Luigi Giussani, ¿qué aspectos destacaría del fundador del movimiento?

Es difícil responder a una pregunta así. Si debo destacar un aspecto, me remontaría al episodio del primer día en que don Giussani entró en un Instituto laico de Milán, en 1954, para comenzar sus clases de religión, después de dejar la enseñanza de la Teología. En un ambiente poco propicio para el profesor de religión, un alumno, interrumpiendo sus primeras palabras, le dijo: "Es inútil que nos venga a hablar de fe porque todos sabemos que la fe no tiene nada que ver con la razón". Don Giussani, comprendiendo el desafío que aquella objeción suponía para la fe y para su dignidad cultural, aceptó el reto y, dirigiéndose a todos, les preguntó: ¿qué es la razón? No contestó ninguno. ¿Y la fe? Se produjo el silencio. Entonces comenzó todo su trabajo, verdadero germen del movimiento de CL, de explicar qué es la fe y qué es la razón. Y todo ello con una implicación total con la vida de los chavales que tenía delante.

¿Ha habido algún cambio relevante en Comunión y Liberación en estos cinco años o se mantiene la misma línea?

Las circunstancias históricas por las que el Misterio nos hace pasar no son indiferentes, forman parte de nuestra vocación. Se cumplen ahora cinco años de la muerte de Giussani y en este período hemos asistido, con el mismo asombro del inicio, a la consolidación de un pueblo en torno a la persona de Julián Carrón, nuevo presidente de la Fraternidad de CL. Un hecho que es fruto de una paternidad, la de don Giussani, que, lejos de decaer, se está dilatando más que nunca.

En este tiempo no han parado de suceder acontecimientos que ponen de manifiesto la potencia del carisma que el Señor ha querido suscitar en su Iglesia. El encuentro de CL con el movimiento de los ‘Sin Tierra' en Brasil, las nuevas responsabilidades asumidas en la Iglesia, el crecer de nuestra experiencia en España y en otras partes del mundo, muestran hasta qué punto la continuidad de un carisma no se reduce a leer e interpretar los textos del fundador. Es necesario seguir la dinámica que está en el origen del carisma: personas vivas en las que la continuidad histórica de la resurrección de Cristo se manifiesta por una diversidad humana que invita a la razón a recorrer el camino de la fe. Se puede decir por eso que, en cierto modo, como ya sucediera en otras ocasiones, el movimiento está viviendo un nuevo inicio.

Ante el modelo relativista que se impone desde el Gobierno, ¿cómo definiría la propuesta de la Iglesia?

Hoy, como hace dos mil años en un contexto muy parecido, la Iglesia parte del anuncio de un acontecimiento: el Misterio que nos ha hecho, al que todas las religiones tienden, el Misterio que de mil maneras anhela el corazón de todos los hombres, se ha hecho carne, ha entrado en la historia. Jesucristo, Dios hecho hombre, permanece, a través de la potencia de su Espíritu, en la humanidad nueva de la Iglesia. Dilatar esta humanidad nueva es nuestra tarea. Y nuestra sociedad, cada vez más deshumanizada, cada vez más triste y desesperada, lo pide a gritos.

Las circunstancias culturales que atraviesa nuestro país son una ocasión para que la fe muestre toda su potencia y su capacidad de generar una criatura nueva. La tentación, siempre al acecho, es la de no partir de la fe, del acontecimiento de Cristo, sino de la defensa a ultranza de un conjunto de valores que están siendo atacados. Pero esos valores no se sostendrán en el tiempo si no hay una humanidad nueva que los genera continuamente. No basta la reacción ante una política injusta. Estamos llamados a construir una presencia original, no reactiva. Decía Giussani que "una presencia es original cuando brota de la conciencia de la propia identidad y del afecto a ella, y en eso encuentra su consistencia". En los últimos años, a través de nuestras tomas de postura sobre el aborto, sobre la asignatura de Educación para la Ciudadanía, a través de obras como el Encuentromadrid, a través de iniciativas de caridad o del diálogo con muchas personas entre los que hay judíos y no creyentes, hemos comprobado que nuestra tarea en España no es demostrar nuestras capacidades dialécticas o estratégicas, sino únicamente testimoniar la novedad que la fe ha introducido en el mundo y que nos ha conquistado a nosotros en primer lugar. Una novedad que se convierte en criterio cultural para juzgar toda la realidad y para construir obras, espacios de humanidad y de libertad.

¿Qué postura tiene ante la reforma de la Ley del Aborto?

CL ha tomado postura clara con un manifiesto y con numerosos actos en los que ha denunciado la injusticia de la normativa que promueve el Gobierno, que convierte en un derecho la muerte de un inocente. Ésta ha sido también una ocasión no para defender un determinado perímetro sino para construir la cultura de la vida desde el primer instante. Y eso significa entender y abrazar a las mujeres que perciben la vida de su propio hijo como una amenaza para su felicidad, plantearnos a qué soledad se enfrentan muchas de ellas, retomar las razones que permiten afirmar la vida en cualquier circunstancia no de forma teórica sino con aquella ternura de Jesús, que ante la mujer que ha perdido a su hijo exclama conmovido: "mujer, no llores". Está siendo una ocasión para educarnos y para encontrarnos en los barrios, en los ambientes de trabajo, en las universidades con mucha gente que no piensa como nosotros pero que tiene una herida abierta.

¿Considera necesaria una reforma de la Ley de Libertad Religiosa? ¿Qué pasará con los crucifijos y los símbolos religiosos en los lugares públicos?

La libertad religiosa es la que fundamenta todas las libertades. Nuestra Constitución y la ley vigente tutelan de forma efectiva la aportación que la dimensión religiosa, la que define al hombre, hace a la democracia. Habrá que estar atentos a las propuestas de modificación que vengan desde el Gobierno. Porque en ellas se verán la concepción que cada uno tiene de lo que es el hombre y de lo que es su dimensión religiosa. En este sentido, sería un error enfrentar libertad de conciencia y libertad religiosa. Como sería un error que el Estado, que nace de la libre voluntad de autogobierno de una sociedad, pretendiera constituirse en fundamento (y generador) último de derechos y libertades, sustituyendo implícitamente al hombre libre por el "ciudadano".

El crucifijo es más que un símbolo, es la memoria de Uno que sigue presente entre nosotros. Se pueden quitar las cruces de las paredes, pero su Presencia es inextirpable de la historia. Nosotros, pobres hombres, somos testimonio humilde de ello. Antes de retirarlos, lo más razonable sería preguntarse por qué los crucifijos han llegado hasta esas paredes, qué representan en nuestra sociedad y cuál ha sido el fruto del acontecimiento que representan. ¿Alguien tiene miedo de este debate?

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