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4 DICIEMBRE 2016
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>Terremoto en Chile

Después de que la tierra temblara, ¿qué se puede aprender?

Andrés Palma (Santiago de Chile)

Lo que ha ocurrido en Chile refleja algo de nuestra sociedad actual, la que hemos construido los últimos veinte años. Independiente de la evaluación que se tenga que hacer sobre la capacidad de reacción del Gobierno y del Estado frente a los efectos del terremoto, lo que se puede constatar es que la falta de redes sociales y de sociedad  civil es abismante. Con la excepción de los bomberos, no hay organización social, ni siquiera efectivas juntas de vecinos. Las juntas de vecinos  han sido atomizadas por la política, se prohibió que pueda haber más de una por unidad vecinal, nunca pudimos convencer a la derecha de corregir  la legislación. Pero el efecto que se revela ahora es que no hay verdaderas redes sociales a las que se pueda acudir o con las que se pueda construir.

Están los municipios, pero también es cierto que en su gran mayoría o en su totalidad (siempre habrá excepciones como Peñalolén, con la que, hace unos tres años, hicimos un trabajo desde la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales para formar dirigentes sociales) el trabajo de los alcaldes es más asistencial que promocional, para volver a usar un lenguaje que describió las diferencias de propuestas en su momento.

Todo hoy refleja una sociedad atomizada en lo organizacional y en la que la relación es directa, o se cree que es directa, entre el Estado y las personas, sin que los "cuerpos intermedios" se vean como necesarios.

Ello ha sido favorecido por los cambios tecnológicos como internet, que permiten una información directa y crean la sensación de diálogo y comunicación, que en la relación con el Estado no es efectiva. También ha sido favorecido por el triunfo ideológico de las ideas liberal individualistas, que han desarrollado un eficaz discurso contrario al desarrollo comunitario, la democracia representativa y la política.

Estos días son miles de jóvenes los que han salido a la calle a colaborar en recolectar ayudas, retirar escombros y prestar algún tipo de servicio. Ha habido momentos en que la cantidad ha superado la capacidad de atender o trabajar. Ello muestra que frente a la adversidad se tiene la disposición de aportar. Pero también esas multitudes reflejan falta de organización e incapacidad de canalizar esas voluntades por parte de la sociedad.

Entonces me he preguntado estos días: ¿qué podemos aprender de esta situación? ¿Podremos corregir algo de lo que hemos o no hemos hecho?

La necesidad de restablecer la educación cívica, el interés por lo político, por la organización social se revela como una demanda imperiosa, pero ¿será esto un diagnóstico compartido?

En los últimos años esto lo hemos advertido varias veces, pero nunca se ha creído que la necesidad fuera tan apremiante. Ojalá aprendamos de esta catástrofe.

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