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5 DICIEMBRE 2016
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Rajoy espera y Zapatero se mueve ¿hacia ETA?

Fernando de Haro

El último barómetro del CIS refleja que un 16,8 por ciento de los españoles está preocupado por los políticos, es el tercer problema después del paro y la situación económica. Pero algunos, no pocos, esperan que todavía Zapatero tenga algo interesante que decir. La novedad de su largo monólogo, la entrevista fue demasiado cómoda, no está en la cuestión económica. Reapareció -se ha destacado poco- la negociación con ETA. El presidente del Gobierno volvió a utilizar la expresión "proceso de paz" para ponerlo en valor, para atribuirle avances en la lucha contra el terrorismo. La frase la dejó caer. La pronunció sin uno de esos énfasis suyos que destruyen -también en este ámbito- la entonación natural. Marcha atrás, vuelta atrás en el diálogo con los terroristas. Reflejo de lo que tiene en la cabeza el presidente.

Las advertencias son un clamor. Siguen llegando de los suyos. Almunia ha explicado este lunes en Madrid que las previsiones de Moncloa son demasiado optimistas. Felipe González ha tenido uno de esos calculados accesos de sinceridad que hacen que su cinismo conserve algo de interés. Ha sido este fin de semana, en el Congreso del PSOE en Andalucía en el que Manuel Chaves ha dejado una herencia de paro y subsidio. González, en una mesa redonda con María Antonia Iglesias de moderadora y Cándido Méndez de compañero, se trajo de la memoria las dos huelgas generales que le montaron los sindicatos por modernizar las relaciones laborales y el sistema de pensiones. Recordó también que si no hay crecimiento por encima del 2 por ciento no hay creación de empleo.

La subida del IVA a partir de julio va a provocar un frenazo a la que podría ser una recuperación demasiado suave. Las previsiones de la Fundación de las Cajas de Ahorro, FUNCAS, apuntan a una subida del PIB del 0,8 por ciento en 2011, con una tasa de paro muy similar a la actual para el final de la legislatura. Las previsiones del Gobierno, sin embargo, apuntan a que en 2011 el crecimiento será del 1,8 por ciento y en 2012 del 2,9 por ciento. Si así fuera llegaríamos a las generales en plena recuperación y creando empleo con ritmos similares a los que se registraban antes de la crisis. Zapatero podría conseguir entonces un vuelco similar al que parece estar a punto de alcanzar Gordon Brown frente a David Cameron en el Reino Unido. Rajoy lee las previsiones de los expertos, de las agencias de calificación y de los organismos internacionales, y sigue convencido de que en 2012, con un paro como el que sufrimos en este momento, Zapatero caerá por su propio peso. Moody´s, por ejemplo, habla de un "ajuste prolongado y doloroso".

El presidente del Gobierno ataca a las agencias de calificación pero sabe que puede llegar a las generales con datos económicos todavía muy negativos, después de haber sufrido un importante revés en las catalanas de este año y con malos resultados en las municipales y autonómicas de 2011. No va a rendirse. No es ese carácter que refleja García Abad en su Maquiavelo de León (Esfera). Zapatero puede, de hecho, haberse empezado a mover. No en el terreno económico. Pasado el susto de comienzos de febrero, tranquilizados los mercados, ganado el tiempo político necesario con ese Pacto para la crisis del Palacio Zurbano del que no sale nada más que distracción de la opinión pública y autojustificación de los partidos, no va a haber cambio de política. La reforma laboral se quedará en nada o en muy poco. La reducción del gasto público prevista hace imposible cumplir con el objetivo de reducir el déficit al 3 por ciento en 2013. Zapatero no hará caso al recado que le ha mandado González.

La diferencia de renta con los países más ricos de la OCDE se seguirá ampliando como viene sucediendo desde 2003, ahora es de 25 puntos. El diferencial de productividad con este selecto club seguirá en el entorno de los 20 puntos. Zapatero seguirá explotando la resistencia que una inmensa mayoría de españoles tienen al cambio. Esa resistencia irracional explica que el actual mercado laboral no haya provocado una revuelta civil. Y hará política, política de la fácil, de la mala, de la que ha hecho siempre, como explica García Abad. La política mala y fácil está en ETA, en una ETA debilitada, cinco veces descabezada en los últimos meses, cercana a un final. ¿Por qué no acelerar el final? ¿Por qué no realizar el sueño de todo presidente de la democracia? Seis años después se han terminado de estudiar los 70.000 mensajes de condolencia que los españoles dejaron en las estaciones de trenes tras los atentados del 11-M. La palabra más escrita fue "paz". Una "paz" que muchos quieren, una "paz" para ganar las elecciones que salte por encima de Patxi López (el lehendakari cree que tiene opciones de sustituir a un Zapatero fracasado), que deje a Rubalcaba en la cuneta, que además de pobres nos vuelva canallas. A lo peor Mayor Oreja vuelve a tener razón.

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