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3 DICIEMBRE 2016
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Rubalcaba va a correr mucho, demasiado

Fernando de Haro

Había sido Basagoiti el que había hablado de esa nueva tregua que podría ser inminente. El líder del PP en realidad se hacía eco de un anuncio que los socialistas también consideran inmediato. Natividad Rodríguez, viuda de Fernando Buesa, en el último boletín de la Fundación que lleva su nombre - titulado "Hoja de ruta ante un fin próximo de ETA"- da por hecho que se va a producir una declaración en la que de algún modo se hable del fin de la "lucha armada".

Rodríguez pertenece al entorno de Javier Rojo, presidente del Senado, y de otros insignes socialistas vascos. La viuda de Buesa asegura que no se pueden hacer concesiones políticas a los terroristas por abandonar las armas pero sí apuesta por medidas de reinserción para los presos. Dicho de otro modo, el socialismo vasco ya está planteando cómo debe ser el escenario tras el fin de ETA, que considera cercano. No estamos hablando del PSE de Jesús Eguiguren, presidente de la formación, teórico y práctico del primer proceso de negociación de Zapatero, del que mantiene abierto el canal de diálogo con los terroristas que lleva su nombre - la llamada "vía Txusito", que está certificada por la documentación incautada a ETA-. Estamos hablando del PSE de las víctimas, que revindica al Zapatero que detiene comandos.

Los próximos meses en la vida política española van a estar dominados por los efectos de la crisis, la conversión de Zapatero a la doctrina del ajuste y de las reformas estructurales y las negociaciones para sacar adelante los presupuestos. Pero, con toda probabilidad, la esperada declaración de ETA va a pasar al primer plano y va a convertirse en objeto de una intensa polémica. Vamos a debatir si son o no suficientes los términos en los que se anuncia el fin del terror. De hecho, las palabras de Rubalcaba a comienzo de semana pueden interpretarse como un recuerdo de las condiciones que el Gobierno estaría dispuesto a aceptar para que los sucesores de Batasuna puedan presentarse a las elecciones. O renuncia a las armas o nada, no es suficiente la tregua. Y si ETA renuncia a la violencia, ¿por qué no permitirle a su entorno estar presente en las elecciones?, ¿por qué no ser generosos con sus presos como pide la viuda de Buesa?

La ecuación es sencilla y Rubalcaba lleva razón: sin bombas hay política, no hay política con violencia. El problema está en los tiempos. No hay tiempo material entre un anuncio del fin de la violencia y las elecciones para certificar su veracidad. La distancia va a ser, a lo sumo, de año y medio. En ese intervalo no se puede constatar que se ha producido el desarme o que se ha destruido el arsenal. Se argumentará, sin duda, que en el caso irlandés entre la declaración de renuncia a la violencia del IRA de julio de 2005 y la certificación, en septiembre de ese mismo año, de que se habían destruido las armas por la Comisión Internacional Independiente de Decomiso (IIDC), que presidió el general canadiense John de Chastelain, no mediaron más que semanas. Pero en realidad pasaron siete años porque el acuerdo de Stormont, con el que comenzó el proceso, es de 1998.

Se necesita "acelerar" el reloj. Para que Zapatero tenga algo que presentar antes de las elecciones generales y para que el PNV cambie de opinión y apoye los presupuestos. Y aquí es donde Rubalcaba puede jugar un papel decisivo. Desde el fin de la última tregua el ministro del Interior se ha acreditado ante la opinión pública como el hombre serio que persigue a los terroristas, que descabeza a la banda, que no está dispuesto a pasar ni una. No se le puede reprochar nada. Es el ministro con credibilidad acreditada para certificar que realmente ETA se ha acabado y que los batasunos pueden estar en los ayuntamientos. Y entonces Rubalcaba correrá demasiado. Ya lo hizo en la tregua de la primera legislatura cuando negó que ETA hubiese robado 350 pistolas que luego utilizaron los terroristas, cuando preparaba informes positivos mientras la banda extorsionaba y se rearmaba. Si se cumple esta "hoja de ruta", la paz habrá sido a cambio de una cesión política, esa cesión que la viuda de Buesa rechaza.

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