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3 DICIEMBRE 2016
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>Fotografías de Helen Levitt

En la calle está la vida

Javier Restán

La exposición consta de tres partes netamente diferenciadas: la primera y fundamental es un retrato de las calles de Nueva York en los años 40. En segundo lugar una preciosa serie de fotografías sobre su incursión en la dura pobreza de México. Finalmente un conjunto de diapositivas y fotografías en color de los años 70 y 80 siempre sobre la vida cotidiana en las calles de Nueva York. Cuarenta años de distancia entre las primeras y las últimas. Una vida y una obra. Sin embargo la impresión es de una enorme continuidad temática y estética: escenas urbanas, el mismo estilo abigarrado, la misma frescura sin sentimentalismo.

En cualquier caso la imagen artística de Helen Levitt está ligada a las fotos de su primera época, que constituyen la parte fundamental de la exposición en Madrid: Manhattan años 40. Caos, desorden, miseria en la gran ciudad americana. Sí, pero Levitt descubre que en ella hay una convivencia acogedora, un extraordinario bullicio de vida hecho de juegos infantiles y de cálida expectación. Su fotografía no tiene dobles lecturas, pero tampoco es una fotografía documental supuestamente objetiva que pretenda dejar constancia de la dura vida de las clases urbanas pobres. Ese factor está presente, evidentemente, pero como parte de una lectura de la realidad más profunda y abierta, donde domina la afirmación de la vida y no, desde luego, la denuncia.

Helen, perteneciente a una familia de ascendencia judía centroeuropea, apenas terminados sus estudios secundarios, para ganarse la vida se puso a trabajar en un estudio de fotografía del Bronx. Fue por tanto, como muchos otros grandes de la historia de la fotografía, una autodidacta.

En un principio, tal vez afectada por la fuerte presencia en Nueva York de la Photo League (el activo grupo de fotógrafos filocomunistas norteamericanos), buscó un primer apoyo para sustentar su fotografía en las ideologías de la izquierda de la época. Pero fue una influencia superficial y pasajera. Quienes verdaderamente marcaron su trayectoria artística y personal fueron el escritor James Agee y el fotógrafo Walker Evans. Escritor y fotógrafo recorrieron juntos el centro de los Estados Unidos en la época de la Gran Depresión, fotografiando y narrando la pobreza rural por encargo del organismo oficial Farm Security Administration. La amistad con ambos y su colaboración profesional marcó la vida de Helen Levitt.

Parece ser que fue el propio Walker Evans quien encauzó la carrera fotográfica de la joven Levitt, algo que resulta muy visible en algunos rasgos de las fotografías expuestas en Madrid. Por ejemplo en la importancia que tiene la arquitectura urbana en sus fotografías. Fachadas de las viviendas de los barrios pobres de Nueva York, las escaleras omnipresentes, las perspectivas de las calles que son como un punto de fuga, muros lineales, laterales de altos edificios desnudos que muestran impúdicos sus pequeñas ventanas y su ladrillo viejo. La ciudad como conjunto arquitectónico no es sólo un objeto en la fotografía de Levitt sino un sujeto. Es una ciudad pobre, pero no decadente, al contrario: está llena de vitalidad y dinamismo. Pues bien, los edificios, las calles, las escaleras, las ventanas, aportan a sus fotografías el orden de las líneas y el encuadre donde se desarrolla la vida cotidiana de niños y adultos.

Si la arquitectura, los muros, los adoquines, ponen el marco, el movimiento lo pone la vida de los hombres, su vitalidad, sus intereses cotidianos. Helen Levitt no quería hacer retratos de personas, sino captar escenas de la vida. Nunca fue una retratista. Después de recorrer las más de 140 fotos de la exposición de Madrid en las que aparecen decenas de niños y adultos, puede que uno no recuerde ni un solo rostro. Porque no es lo que ella veía. Sus fotografías son escenas humanas, son siempre fotografías de la calle, el espacio donde se manifiesta la vida personal y social. Así la ciudad surge ante nuestros ojos como un lugar vivo, como una inmensa casa acogedora, que encuentra uno de sus mejores ejemplos en esa escena de unos niños alrededor de un marco de espejo roto, donde se pueden contar hasta 20 personas hablando, jugando, riendo, moviéndose tranquilos de un lado a otro. Como en casa.

Su búsqueda de escenarios de la vida hace que una de las características más notorias de su fotografía sea la composición recargada, su "barroquismo": la simpleza de las personas y las escenas está enmarcada en un contexto enormemente recargado. Mucha gente, muchos objetos, desorden aparente, graffitis (a los que se dedica toda una parte de la exposición) y a veces escombros y suciedad. Pero la "cantidad" es también parte de ese aspecto acogedor que transmiten sus fotografías.

Para ver esta exposición lo mejor es ir directamente a ver el cortometraje In the street, una síntesis de toda esta primera parte de la exposición. En poco más de diez minutos esta película realizada conjuntamente por Helen Levitt y James Agee, se puede comprender de golpe toda la obra de esta fotógrafa. Dicen que la gran Diane Arbus afirmaba: "Ves a alguien en la calle, y lo que adviertes sobre todo es el defecto". Es una opción. Exactamente la contraria que hizo Helen Levitt, que encontró el aspecto acogedor, sereno y vivo de toda la realidad, siguiendo en ese sentido a su coetánea Lisette Model. A eso, entre otros motivos, se debe su elección permanente por fotografiar niños, pues su simple existencia afirma la vida y el bien, incluso en el "defecto".

Junto a Evans y Agee, el otro gran nombre que jalonó su vida artística fue Edward Steichen, pues fue él quien, siendo ya director del Museum of Modern Art de Nueva York hizo de comisario de la primera exposición de Levitt en el MoMA en 1943, precisamente con muchas de las fotografías que ahora se exponen en Madrid. Más tarde fue también Steichen quien incluyó fotografías suyas en la histórica exposición de 1955, The family of man que reunía fotografías de más de 200 autores de todo el mundo.

Así pues la mano poderosa de Steichen, tal vez uno de los hombres más influyentes en la historia de la fotografía norteamericana, contribuyó decisivamente a que el nombre de Helen Levitt se abriese paso junto a los más grandes de sus contemporáneos.

La siguiente sección de la exposición la constituyen alrededor de 25 fotografías fruto de su visita a México contemporáneas de las tomadas en Nueva York. Aunque la lógica de su fotografía es la misma, su visión de la pobreza mexicana resulta más sórdida. Inevitablemente son fotos más "externas", era un mundo desconocido para ella y no tenía, tal vez, las claves para reconocer también allí, las posibilidades de la vida. En cualquier caso resulta un documento impresionante por su capacidad para reflejar el ambiente con realismo y respeto. Se trata de una estética cercana a las películas de Luis Buñuel en su etapa mexicana y de hecho parece ser que existió algún tipo de colaboración.

Por fin, la exposición termina con una larga serie de fotografías y diapositivas de los años 70 y 80, de nuevo en Nueva York. Levitt ha dejado su cámara Leica, el blanco y negro ha dado paso al color, la ciudad ha cambiado, hay menos niños en las calles. Pero la fuerte personalidad de su arte permanece idéntica. Es más, sería una pena que fascinados por la fuerza de su fotografía en blanco y negro de los años 40, estas magníficas fotos a color de Levitt pasaran desapercibidas. Son el colofón de una trayectoria artística y humana apasionante.

Helen Levitt. Lírica urbana.

Museo de Colecciones ICO

Zorrilla, 3. MADRID

Hasta el 29 de agosto.

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