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2 DICIEMBRE 2016
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>Entrevista al Patriarca de Venecia, Card. Angelo Scola

"La tensión entre libertad religiosa e identidad es buena" (I)

John Allen, del Nacional Catholic Reporter y analista de la CNN

El proyecto Oasis del Cardenal Angelo Scola, Patriarca de Venecia, es un intento de promover una red global de contactos entre cristianos y musulmanes, que atribuye una particular importancia a las voces y esperanzas de los cristianos de países con mayoría musulmana. El Centro Oasis está implicado en el patrocinio de convenios académicos y de una revista, también da voz a las experiencias de muchas personas, no sólo intelectuales y expertos.

Scola, de 66 años, es considerado por muchos un astro naciente del catolicismo. Su patrimonio basta para hacer de Oasis algo digno de consideración. Scola ha declarado que su objetivo no es ante todo llegar a los "musulmanes moderados" sino al "islam del pueblo", a aquellos creyentes que, profundamente ligados a sus tradiciones islámicas, no aprueban las formas radicales del islam.

Este mes, el comité científico de Oasis se reúne en Jordania. El tema de debate: la relación entre la verdad y la libertad, con una atención específica a la libertad de conciencia y de religión y a cómo los valores de la libertad religiosa pueden conciliarse con el respeto a la tradición religiosa de un pueblo determinado. Recientemente he tenido la oportunidad de hablar con Scola de Oasis y del encuentro de Amman. He aquí un extracto de nuestra conversación.

Vuestro comité hablará de una tensión entre valores que es cada vez más actual: el valor de la libertad religiosa y el de la identidad tradicional de un pueblo. Según usted, ¿cuáles son los principios básicos para armonizarlos?

La tensión entre libertad religiosa e identidad tradicional de un pueblo es un problema típico de nuestra sociedad globalizada. No es que antes no existiera, pero se situaba en una escala mucho más reducida. Pongo un ejemplo de la historia de Venecia: todos conocen las relaciones milenarias entre esta ciudad y el Levante musulmán. Su importancia evidente no debe hacernos olvidar que se daban sólo en una elite reducida porque la gran mayoría de la población seguía sólidamente anclada a su identidad tradicional.

Hoy ya no es así. En un cierto sentido, cualquiera puede encontrarse con cualquiera, sin redes protectoras. Y esto potencialmente es bueno porque libera fuerzas impensadas, pone en contacto realidades que hasta ahora ni siquiera conocían la existencia de las otras. A este inédito encuentro de pueblos, culturas y religiones es a lo que me refiero cuando utilizo la expresión "mestizaje de civilizaciones", un proceso histórico en acto, cuyo éxito no está de ninguna manera asegurado. Hay vínculos que renacen, pero hay otros que no.

En nuestro caso, el punto crítico es el siguiente: ¿qué sucede con nuestra identidad de pueblo si un número considerable de personas empieza a ponerla en discusión? En algunos países de mayoría musulmana, mientras se tolera un cierto grado de diversidad para quien nace en otra religión, la identidad de pueblo se considera amenazada si se concede la posibilidad de convertirse a quien ya es musulmán. Es interesante advertir la opción que se impone implícitamente a los neoconversos: si dejáis el islam, debéis dejar el país. Es como si dijeran: "a nosotros la dimensión personal nos interesa hasta cierto punto, pero queremos evitar el escándalo de un gesto público".

Por otro lado, el Estado moderno liberal está falto de respuestas frente a esta pregunta, porque concibe como interlocutor sólo al individuo, se plantea el problema únicamente en términos de libertad de la persona y no se atreve a mirar las implicaciones sociales de este hecho. Deja a las personas desamparadas. Es algo evidente en el fenómeno de la inmigración. Si queremos salir de este impasse, la solución hay que buscarla en el reconocimiento de un bien que está en la base de la diferencia, el bien de la relación. Es necesario partir de lo que es común a la humanidad, por eso hace falta ensanchar la razón y la libertad.

¿Se puede hablar de desafíos, problemas, tensiones, a propósito de la libertad religiosa también en países de tradición cristiana? Según usted, ¿cuáles son los principales retos?

La cuestión de la libertad religiosa va unida a lo que llamamos la "tradición mayoritaria de un pueblo". El pensamiento moderno ha tenido el gran mérito, innegable, de solicitar al cristianismo una reflexión más profunda sobre el nexo que une la verdad y la libertad. Ciertamente la libertad se cumple en la verdad, pero es necesario reconocer la verdad de la libertad a través de la referencia a la libertad de conciencia, entendida de un modo objetivo y adecuado. En cierto modo, me parece que ésta es una de las claves del extraordinario viaje de Benedicto XVI a Estados Unidos. Lo que ahora hace falta es entender cómo esta relación incide en la vida social. No deseamos poner en peligro las bases de la convivencia social en los países de mayoría musulmana, pero, para ser claros, pedimos el mismo respeto para nuestra tradición a quien llega aquí. El gran islamólogo egipcio Padre Anawati, en un bello diálogo que el Centro Oasis publicará dentro de unos meses, decía: "Yo no estudio la cultura musulmana para destruirla. ¿Destruirla, por qué? Es algo bello en sí mismo. Hay que valorarla". Al mismo tiempo, el respeto a la identidad comunitaria no puede agudizarse hasta violar la libertad personal de cada uno. Y en el fondo, ¿cuál es la ventaja de retener en una religión a personas que no creen? ¿Realmente es peor el abandono explícito que una profesión ficticia? Sobre esto nos gustaría discutir sinceramente con nuestros interlocutores musulmanes.

¿Por qué han elegido Amman? ¿Jordania tiene algo que enseñarles sobre esto?

Jordania es un país donde el 97% de la población es musulmana, pero donde la minoría cristiana goza de unas condiciones que, con excepción de alguna sombra, sin duda son completamente positivas, sobre todo si se compara con otras regiones. Es un país pobre de materias primas, pero con un nivel de vida más alto que algunos de sus vecinos, teóricamente más favorecidos por la naturaleza. De muchos modos, es la demostración viviente de lo que podría ser Oriente Medio si abandonase la lógica de la contraposición recíproca y se encaminara por la vía de la modernización. Sobre esto, la aportación que diversos miembros de la Familia Real están haciendo tanto al diálogo intermusulmán como al diálogo islamo-cristiano es universalmente reconocida y apreciada.

Publicado en All Things Catholic

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