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3 DICIEMBRE 2016
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¿Un problema moral?

Lorenzo Albacete (Nueva York)

Con ocasión de un discurso importante sobre la necesidad de reformar la política nacional de inmigración, Obama ha sido presentado por el prominente ministro evangélico Reverendo Bill Hybells, de la Willow Creek Community Church de Illinois. Estaban también presentes otros tres famosos pastores evangélicos, signo de la importancia que el presidente da a este insólito grupo político. En el New York Times del pasado 19 de julio, Laurie Goodstein publicaba un interesante artículo sobre las posibilidades de este desarrollo.

El hecho es que la mayor parte de los evangélicos se opone al presidente en casi todos los temas, poniéndose de lado del Partido Republicano. Pero, como escribe Goodstein, llegados a este punto la alianza entre evangélicos y republicanos empieza a declinar. Goodstein cita a Matthew D. Staver, fundador y presidente del Liberty Council, un estudio jurídico religioso conservador: "Personalmente, estoy de acuerdo con el presidente Obama en muy pocas cosas. Por otro lado, sin embargo, no dejaré que mis valores sean sometidos a la retórica de la política o de la afiliación partidista, y si en este punto él tiene razón, yo le apoyaré".

¿Qué hay detrás de este desarrollo? Goodstein habla del "trabajo de los pastores evangélicos hispanos implicados en la política, que en los últimos años han empezado a relacionarse con pastores no hispanos en la lucha común contra el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo". Estos pastores hispanos intentan convencer a toda costa a los demás líderes evangélicos de la prioridad que debe tener la reforma sobre la inmigración como problema moral.

Por lo que parece, un número creciente de líderes evangélicos están convencidos de que los hispanos son la clave no sólo para el crecimiento del movimiento evangélico sino también para la reforma de la sociedad americana según su sistema de valores. Para el Reverendo Richard D. Lang, presidente de la Comisión para la ética y la libertad religiosa, el brazo político de la Southern Baptist Convention, "los hispanos son religiosos, defienden la familia, el movimiento pro-life, tienen espíritu emprendedor... son naturalmente conservadores, a menos que estos valores se disuelvan".

Algunos líderes evangélicos no hispanos han puesto en guardia a Lang y le han advertido de la división que sufre la coalición conservadora, pero él responde que "podría romperse la vieja coalición conservadora, pero no la nueva. Y si esta nueva coalición llega al gobierno, contará con muchos hispanos activos frente a la retórica anti-inmigración y anti-hispana".

Las palabras del Reverendo Lang ponen de manifiesto que el debate entre los conservadores evangélicos no se agota en una política de inmigración conforme a su visión de la fe cristiana (véase el debate actual sobre el significado en los textos bíblicos de los términos "extranjeros" o "amnistía"), sino que implica otras estrategias políticas.

Los números son éstos: en Estados Unidos hay actualmente cerca de 12 millones de inmigrantes ilegales, la mayoría hispanos. Casi el 70% de ellos se consideran católicos y el 15% evangélicos, mucho más cercanos al Partido Republicano que los católicos.

Para los evangélicos, unirse a la coalición por la reforma de la inmigración según las líneas dibujadas por el presidente significa navegar por aguas turbulentas. Esta coalición agrupa a católicos, protestantes, judíos, musulmanes y laicos. Los evangélicos que hablan de la "América cristiana" o de "valores judeo-cristianos" no tendrán una compañía muy comprensiva, pues para una parte de los que apoyan la reforma, la cuestión va ligada a valores distintos.

Por ejemplo, todos están de acuerdo en que las políticas de inmigración deben respetar el derecho de las familias a permanecer unidas, pero ¿qué constituye a una familia? J. Kenneth Blackwell, candidato republicano a gobernador de Ohio en 2006 y ahora miembro del Family Research Council, reconoce que "todos los esfuerzos serían en vano si la ley definitiva extendiera los programas de reunificación familiar a las parejas homosexuales. Esto haría saltar por los aires cualquier posible acuerdo".

El artículo de Goodstein no cuenta cómo la Iglesia católica navega en estas agitadas aguas ecuménicas, pero las cifras muestran por sí solas hasta qué punto es importante educar a los católicos hispanos para que descubran las implicaciones razonables de su fe y que las puedan proponer a todos. Los obispos americanos lo han hecho con el aborto y el matrimonio, pero es evidente que hace falta realizar un nuevo esfuerzo según las líneas sugeridas por David Schindler en la revista teológica Communio (sobre este tema me detendré en otra ocasión).

Un desarrollo prometedor para la Iglesia católica en América es el nombramiento de un hispano como arzobispo de Los Ángeles, la archidiócesis hispana de los USA. El arzobispo Gómez se ha encontrado con una tarea cortada a su medida.

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