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7 DICIEMBRE 2016
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Un derecho y una justicia para el hombre

Miguel de Haro

Nuestros sistemas jurídicos se ven normalmente determinados por dos corrientes de interpretación y aplicación de las normas. El legalismo, posiblemente la posición que lleve a un uso más ideológico del derecho, a través de la cual se apoya la aplicación de la norma en su literalidad y la pura función reguladora del derecho. Y, por otro lado, el relativismo jurídico, que ingenuamente cree que se puede evitar el medirse con la objetividad del derecho, de manera que confía todo a la abstracción relativista de la norma.

Ambas corrientes, legalismo y relativismo jurídico, niegan la realidad última de la experiencia jurídica de ser una ciencia que utiliza la razón como medio para alcanzar soluciones equitativas a los problemas difíciles de la sociedad. El derecho, por tanto, no es sólo una herramienta arbitraria al servicio del poder, como elemento constitutivo del orden social, ni tampoco, para el jurista, puede convertirse en el ejercicio del profesional técnico de la aplicación del derecho.

Por otro lado, el reconocimiento de los derechos humanos ha permitido establecer principios esenciales para la integración y estabilización de las sociedades actuales, sin embargo el mundo moderno concibe el derecho y los derechos fundamentales no para unir, sino para dividir, de este modo se separa al hombre y a la mujer, a la madre del hijo no nacido, los derechos de los deberes, etc. Todo ello se ha producido en los últimos tiempos como consecuencia de la lógica de unos derechos fundamentales entendidos de manera individual, y como una justificación de la ruptura y emancipación de los derechos y las obligaciones, como consecuencia de la única afirmación de la voluntad propia del sujeto que no dispone de ningún tipo de condicionantes.

Sin embargo, el derecho en su verdadera experiencia jurídica responde al deseo de justicia, de verdad que tiene el corazón del hombre y del cual se puede construir una verdadera sociedad que permita establecer las bases de una auténtica convivencia regulada y dirigida al bien común, a la belleza, a la verdad y a la justicia. Este criterio de diálogo es el que ha centrado los múltiples encuentros jurídicos del último Meeting de Rímini.

De la propuesta comentada, podremos comprender por medio de dos ejemplos, entre otros muchos, la profundidad de los debates realizados, en los que emerge un escenario de diálogo que aborda el derecho como una posibilidad de justicia para el hombre. El primero de ellos es la mesa redonda que se celebró con la finalidad de repensar y valorar las instituciones penitenciarias partiendo del trabajo realizado por la sociedad civil, bajo el título "Justicia y legalidad: ¿cuál es el papel de la asociaciones sin ánimo de lucro?". En el acto estaban presentes diversos magistrados, abogados y responsables de asociaciones implicadas en el acompañamiento a presos en las cárceles, los cuales enjuician juntos la situación decrépita del sistema penitenciario italiano. Frente a esta realidad proponen un cambio de mentalidad, ya que la sociedad entiende la relación entre la culpa y la pena desde un punto de vista farisaico, sin que se parta de un factor fundamental y esencial de la realidad, y es que el hombre está hecho para el bien, aunque se equivoque. Frente al justicialismo de nuestra sociedad, en el que se establece únicamente como binomio del delincuente la suma de la culpa más la pena, existe la posibilidad, a través del acompañamiento en el día a día carcelario que realizan voluntarios a los presos, de que la persona pueda ser acompañada y rescatada, dando una dignidad a su yo durante el proceso de cumplimiento de la condena.

El segundo de los encuentros es el que convocó al profesor de la New York University, David Kreztmer, y a la profesora de Derecho Constitucional de la Universidad Milano Bicoca Marta Cartabia. Ambos centraron su intervención sobre la situación actual de los derechos humanos, identificando tres factores que han transformado nuestro sistema actual de derechos fundamentales. El primero de ellos es el hecho de que, ante poderes políticos cada vez más débiles, la justicia asume y amplía su radio de acción, cubriendo el poder abandonado por la política. En segundo lugar, el hecho determinante del cambio de mentalidad sobre los derechos humanos es el que se produce en nuestra época tras la caída del muro de Berlín, donde se ha asistido a la multiplicación de los derechos fundamentales. En tercer lugar se ha podido observar en los últimos años una absolutización de los derechos humanos, como si éstos pudieran convertirse en la fórmula mágica para la solución de todos los problemas del mundo.

Como indicaba el profesor Kraemer en la citada tertulia, "los derechos humanos sirven para crear una sociedad en la que todo ciudadano pueda conseguir los deseos del corazón", sin embargo es necesario, tal y como concluía el moderador de este acto, Carmine Di Martino, la implicación personal y compromiso real de cada de uno de nosotros frente a nuestro sistema jurídico actual: "Ésta es la responsabilidad de todos. Pues aquello que fue creado con una función crítica está sujeto a la crítica. Por lo que debemos poner en movimiento el corazón para juzgar aquello que sucede: el sueño de la razón genera únicamente monstruos".

Nos interesa, a la sociedad española y a cualquier sociedad que se entienda como moderna, mirar al Meeting, no para copiarlo miméticamente, sino para aprender a dialogar, a debatir y enjuiciar la realidad de nuestros sistemas jurídicos y de nuestra legalidad, pues lo humano reclama normas e instituciones que den espacio al corazón.

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